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SOY LLAMADO PARA DAR FRUTO

15» Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. 2 todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y
todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. 3 ya vosotros estáis limpios por la palabra que
os he hablado. 4 permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si
no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto, porque
separados de mí nada podéis hacer. 6 el que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se
secará; y los recogen, los echan en el fuego y arden. 7 Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en
vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho. 8 En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho
fruto y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en
mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los
mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea completo.
Éste es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. 1Nadie tiene mayor amor que
éste, que uno ponga su vida por sus amigos.  Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no
os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas
las cosas que oí de mi Padre os las he dado a conocer. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a
vosotros y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que
pidáis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Esto os mando: Que os améis unos a otros.

Gálatas 5.16-26. Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.
Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos
se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu,
no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación,
inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas,
disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas;
acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales
cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz,
paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay
ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos
por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos
unos a otros, envidiándonos unos a otros.

Como creyentes, todos queremos tener el fruto del Espíritu, pero como podemos saber si en verdad lo
tenemos Incluso los no creyentes pueden exhibir estas cualidades cuando las circunstancias son positivas.

Este fruto del Espíritu, que tiene nueve manifestaciones, no es lo que hacemos, sino lo que somos, y
básicamente salen a la luz cuando las circunstancias no son favorables. Dos características nos ayudan a
reconocer estas cualidades en nuestra vida.

1. Los creyentes que dan fruto no son controlados por su entorno. Todos pasamos por pruebas y
sufrimientos, pero quien tiene la llenura del Espíritu no pierde su fruto por sus circunstancias. Mantiene su
gozo aun cuando las dificultades le abrumen. Si alguien le habla con dureza, responde con amabilidad.
Porque el Espíritu Santo tiene el control, es libre para producir su fruto sin importar cuales sean las
circunstancias. A pesar de que estos creyentes pueden sentir dolor, enojo o deseo de venganza, optan
por confiar en que el Señor les protegerá y dirigirá el resultado.
2. Los creyentes que dan fruto se recuperan rápidamente después de una caída. Estos creyentes no son
perfectos, pero si sensibles al fallo condenatorio del Espíritu, y se apresuran a volver al Señor en
arrepentimiento. En realidad, están agradecidos por la corrección y alaban a Dios, no solo por haberles
revelado su debilidad, sino también por haberlos traído de vuelta a la obediencia. Nadie produce estas
asombrosas cualidades por si solo. El empeñarse en ser buenos nunca funcionara. La transformación del
carácter se produce cuando nos sometemos a Dios, dándole el control total de nuestras vidas.