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R. P. Juan R. de Legítima, o f. m.

MES DE MAYO
BREVÍSIMO
EN HONOR DE LA
Santísima Virgen
BREVÍSIMO MES DE MAYO

en honor de la

SANTÍSIMA VIRGEN

Por el

R. P. Juan de Legísima, o. f. m.

BIBLIOTECA FRANCISCANA

EDITORIAL VILAMALA
Valencia, 246
BARCELONA – 7

EDITORIAL CISNEROS
San Francisco el Grande, 1
MADRID
A mi inolvidable hermana Sarita,
modelo de hijas de María,
llamada al cielo en sus juveniles
años.

¡Sarita!

Tengo una deuda sagrada contigo, y


voy a pagártela en este ramillete de
plegarias marianas. No puedo olvidar
aquel afán tuyo constante de que
escribiera un brevísimo Mes de Mayo.
Creías que la ternura de mi devoción a
María sabría interpretar la ternura filial con
que tú la amabas. La Virgen, haciéndote
blanco de su predilección, quiso que el
Mes de María de 1923 lo celebrases ya a
su lado, como una flor más de sus altares,
en la primavera eterna del cielo. Allá, en
el regazo maternal de tu Mamá como
dulce y cariñosamente llamaste a la
Virgen hasta el último instante de tu
hermosa, breve y santa vida, allá el
cariño ya no tiene la fórmula fría de la
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palabra humana: tiene los deliquios y
caricias del amor divino. No escribo, pues
para ti, este brevísimo Mes de Mayo; lo
escribo por ti, porque tú lo quisiste,
porque tú verás desde el cielo con
fruición filial que en la tierra se ame y
bendiga a la Madre a quien tanto has
querido, y porque así te lo prometí el día
en que hice compañía a tu cuerpo
virginal camino del Camposanto de
Orense, en donde duermes el sueño
último, velado constantemente por los
tuyos…
MES DE MARÍA

Oración preparatoria para todos los días

Por la señal, etc.

¡Madre mía! Déjame que te llame así,


aunque sea el más pobre y el más malo
de tus hijos. Para los más pobres tienes Tú,
dulce madre, las más espléndidas
generosidades, y para los más malos, tus
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ternuras más maternales. Mírame, ¡oh
Madre mía!, mírame a tus pies, con esa
mirada de misericordia con que las
madres envuelven a sus pobres hijos. Soy
hijo tuyo, porque Jesús me ha confiado a
Ti, porque Tú me has aceptado por hijo,
porque yo te he escogido por Madre,
porque yo te confieso la mejor, la más
buena, la más tierna de las Madres. Soy
tuyo, Madre mía, y no puedes mirarme, a
pesar de mis miserias, ni con indiferencia,
ni con desamor, Mi ruindad misma, ¿no es
un título más que me hace acreedor a tu
benigna indulgencia, Reina y Madre de
misericordia? Aquí me tienes en brazos de
tu maternal bondad. Quiero rendirte un
tributo de cariño y gratitud durante este
mes de Mayo, mes florido para Ti. Mi alma
no tiene flores que ofrecerte, porque me
veo estéril para toda virtud, lleno de
miserias, pecados e imperfecciones.
Ofrézcote, en cambio, Madre mía, mi
vida entera, mi alma toda, en homenaje
de total entrega a Ti. Sé mi Reina, para
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compadecerte de mí; sé mi Madre, para
quererme. Compadéceme, quiéreme
siempre, no me desampares nunca, vela
por mí, para que sea un trofeo más de tu
misericordia y bondad, en la tierra y en el
cielo. Amén.

Léase ahora la reflexión propia para


cada día y termínese con la siguiente
oración:

Oración final para todos los días

¡Madre de Jesús y dulce Madre mía!


Antes de levantarme de tus pies y
arrancarme de tus brazos maternales
para cumplir los deberes de mi vida,
permíteme te salude e invoque en este
mes de Mayo como Flor del campo, Rosa
de caridad, Lirio de candor, Violeta de
humildad, las tres virtudes predilectas de
tu corazón. Infúndelas en el mío, ¡oh
María!, y que la caridad, la pureza y la
humildad broten en mi árido corazón,
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fecundadas con el calor de la gracia,
cuidadas por tus virginales manos. Así tus
ojos maternales y misericordiosos me
mirarán siempre aunque pobre pecador,
para no dejarme nunca sin amparo. ¡Lo
necesito tanto, Madre mía! Sin tu
protección, ¡qué triste sería el vivir, y cuán
horrible sería el morir! Con ella no temo ni
a la vida ni a la muerte. Ampárame
siempre, no me dejes nunca, pues confío
plenamente en Ti, para que calmes los
anhelos de mi alma, para que protejas a
los míos, remedies mis necesidades
espirituales y materiales, intercedas por
mis difuntos y en la hora de mi muerte no
te apartes de mí para alentarme,
defenderme y salvarme. Amén.

Récense tres Avemarías y una Salve.

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DÍA PRIMERO

María, Madre de Dios

I.- Es el mejor, el más excelso de tus


títulos… Dijiste Tú, Madre mía, que te
llamarían “bienaventurada todas las
generaciones”… ¡Cómo se apiña entorno
tuyo el mundo entero, el mundo del
dolor, sobre todo…! También yo he
pecado…, sufro…
II.- ¿Por qué, Madre mía, el mundo
entero acude a Ti?... ¡Porque eres Madre
del mismo Dios…! La carne y la sangre de
Jesús es hijo tuyo, te debe la vida de su
cuerpo… Por eso Tú eres mi vida, que me
has dado a Jesús… ¡Vida mía, Madre
mía…!

PROPÓSITO.- Invocada a María con


verdadero espíritu filial.

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DÍA SEGUNDO

María, Madre de los hombres

I.- La primera y natural condición de


una madre es amar, amar mucho a sus
hijos… ¡Cuánto me has querido, Madre
mía, pues por mi amor has sacrificado a
Jesús, tu hijo amadísimo…! Tu amor lleva,
pues, el sello de lo inequívoco, el sello del
sacrificio…

II.- Tengo en el cielo una Madre de


cuyo poder no puedo dudar: es Madre
de Dios…; de cuya bondad no debo
dudar: me ha querido hasta el sacrificio
de la cruz… Sus ojos me miran siempre…
Su corazón late por mí… Su manto es mi
coraza… Su regazo es mi refugio…
¡Madre, madre mía…!

PROPÓSITO.- Durante este día


conságrate como hijo a María.

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DÍA TERCERO

El Nombre de María

I.- Tu nombre, Madre mía, es un abismo


de grandeza y de ternura… ¡Qué
admirablemente te compendia y te
explica a mi corazón de hijo…!
Significará ”Iluminada e Iluminadora”,
“Estrella del mar”, “Señora”, “Mar”…, pero
siempre dirá a mi alma que eres luz de mis
ojos… sol de mi vida.. océano de dulzura
y de bondad… ¡Qué dicha llamarte así,
María!

II.- En las dudas, Sol de mi vida,


ilumíname y guíame…En las tristezas,
Océano de dulzura, embriágame … En
las tentaciones, Mar de fortaleza,
defiéndeme… En la vida y en la muerte,
“Señora” mía, tenme por tuyo… ¡María!

PROPÓSITO.- Repite frecuentemente el


nombre de María.
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DÍA CUARTO

Belleza espiritual de María

I.- ¡Qué hermosa eres, Madre mía!... El


Espíritu Santo dijo de Ti que “muchas hijas
acumularon riquezas, pero que Tú las
aventajaste a todas!” Por esto fuiste
“jardín de delicias”, lleno de flores y de
aromas… De Ti, en Ti, nació la belleza
increada… Eres madre de la misma
Belleza, Jesucristo, la cumbre del Arte
divino…

II.- ¿Por qué tanta hermosura?...


Porque eres madre de la divina gracia…
Nadie como Tú recibió más gracias…
Nadie las aprovechó mejor… Fuiste llena
de gracia… “Llena para Ti, desbordante
para mí…”

¡Made de la divina gracia, hazme fiel


a ella!

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PROPÓSITO.- Ser fiel a las divinas
inspiraciones.

DÍA QUINTO

La Inmaculada

I.- Desde la eternidad ocupas, Madre


mía, lugar privilegiado en la mente de
Dios… Predestinada a ser Hija predilecta
del Padre, Madre amadísima del Hijo,
Esposa santísima del Espíritu Santo, eres
“escogida como el sol”, como la criatura
más ligada a la Santísima Trinidad.
¡Cuánta perfección veo en Ti, Madre
mía…!

II.- “No hay sombra de mancha en Ti.”


“Eres toda hermosa”, dice el Espíritu Santo
al mirarte… Satanás, a quien venías a
humillar para siempre, no tuvo parte en Ti
no pudo mancharte con su baba
inmunda…¡Madre mía!, triunfadora de
Satán, humíllalo otra vez en mí… ¡Que yo,
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ayudado por Ti, triunfe de las tentaciones
con que me asalta…!

PROPÓSITO.- En las tentaciones invoca


siempre a María.

DÍA SEXTO

Misión de María

I.- ¡Qué papel tan admirable, Madre


mía, te ha adjudicado Dios para mí…!
Asociada constantemente a la misión
redentora y salvadora de Jesús, por la
Encarnación, le robas a los cielos y le das
tu propia carne y sangre, para
dármela…; por la Redención ofreces a los
cielos en holocausto y expiación de mis
pecados esa carne y sangre adorables…;
por la Eucaristía, te constituyes en sangre
de Jesús, que son carne y sangre tuyas…
¡Qué bien cumples tus deberes de madre
para mí…!

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II.-Encarnación, Redención, Eucaristía,
misterios del amor divino, pero misterios
también del amor tuyo hacia mí, Madre
mía… Quiere meditarlos, venerarlos,
amarlos en este aspecto íntimo y
particular… ¡Qué madre eres, Madre
mía…!

PROPÓSITO.- Comulga Siempre con


vivo afecto y espíritu de unión a María.

DÍA SÉPTIMO

Santidad de María

I.- ¡Admirable santidad la tuya, Madre


mía!.. Predestinada para ser en la tierra
madre del Santo de los Santos, de la
Santidad misma, ¡de qué dones, gracias,
carismas y virtudes debió de
enriquecerte…! Tú fuiste el riquísimo
estuche que encerró la inapreciable joya
de Jesús… Y si las almas se santifican en el

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trato con Dios, ¡qué maravilla de
perfección y santidad eres…!

II.- Brota en tu alma, Madre mía, otra


fuente de santidad no menos rica. Bien
puedes decir: “Mi Amado para mí y yo
para Él”, porque si Dios “te eligió y
reeligió, como dice la Iglesia, ¡qué
dedicación y consagración la tuya a Él
…! Tu vida es un continuo acto de amor
a Dios, esencia y resumen de toda
santidad… ¡Santa Madre mía!

PROPÓSITO.- Haz frecuentes actos de


presencia de Dios.

DÍA OCTAVO

María, Reina

I.- No hay imperio como el tuyo, Madre


mía. El cielo y la tierra, los ángeles y los
hombres, el mismo Dios, tu Hijo, te
obedecen…. Vestida del sol, calzada de
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la luna, coronada de estrellas, a la diestra
del mismo Dios, levantas el cetro amable
de tu poder… Los hombres jamás
pudimos soñarla como Tú…

II.- Eres mi reina, Madre mía, por todos


los títulos… Los tienes todos a mi
veneración y cariño… ¿Hay poder y
belleza y bondad y benignidad como la
tuya? ¡Que grato vivir bajo tu cetro! Mi
alma y mi vida, como si no tuvieses tantos
títulos a su veneración y afecto, te eligen
su Reina por aclamación… ¡Reina y
Madre mía! ¡Vasallo e hijo tuyo!

PROPÓSITO.- Aclama frecuentemente


a María por Reina tuya.

DÍA NOVENO

Dulzura de María

I.- Eres para mí, Madre mía, un tesoro


de dulzura. Tu corazón se inclina siempre
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hacia mí, a pesar de tanta misericordia
como me rodea… Tus oídos me
escuchan siempre, cuando te llamo… Tus
ojos me envuelven en esa mirada de
Madre tan digna de Ti… Las amarguras
de la tierra y del alma, encuentran en Ti,
Madre mía, no sólo un dique, sino un
remedio.

II.- Madre de Aquel que es dulzura de


los cielos, has inundado la vida de
consuelo … Sin Ti, Madre mía, la vida sería
dura y amarga, y triste, como lo es un
hogar sin madre en el que no hay caricias
para los pequeñuelos… ¡Madre mía! Tú
has suavizado mi vida, tú la has llenado
de dulzura al llenarla de consuelos y
esperanzas…

PROPOSITO.- En las penas, pedir


siempre consuelo a María.

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DÍA DIEZ

María, refugio de pecadores

I.- Es para mí, Madre mía, este título


uno de los que más te honran y más me
consuelan… Pienso, al evocarte con él
que tu maternal compasión te hizo
olvidar las torturas del Calvario, causadas
por los pecadores, y que las hieles de la
pasión de tu Hijo, las has convertido en
mieles para tus pobres hijos…

II.- ¡Qué profundo y regalado


consuelo! Ya el demonio, el infierno y el
pecado no podrán atemorizarme ni
desesperarme… ¿Quién me separará de
tu maternal regazo? ¿Quién podrá
arrancarme de tus brazos? ¿Quién se
atreverá conmigo, Refugio mío, amparo
de este pobre pecador? ¡Oh, Madre mía,
qué confianza tan grande tengo en tu
protección!...

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PROPÓSITO.- En las tentaciones, acógete
al amparo de María.

DÍA ONCE

María, esperanza mía

I.- Lo que el cielo sería sin sol, sería mi


vida sin Ti, Madre mía… La tristeza, el
miedo, el frío, la incertidumbre y la
muerte… Toda mi existencia es el
continuo despertar de la desilusión. Soy
como el niño corriendo tras las aladas y
frágiles mariposas… Sólo Tú no eres
desilusión, porque eres eterna Esperanza
mía… en Ti confío, como se confía en una
Reina y en una Madre…

II.- La Iglesia te llama “madre de la


santa Esperanza”, Madre mía. Me acojo a
esa dulce invocación… Espero, Madre,
que no te canses de mí, que me ames
siempre, que me defiendas, que me
consueles, que me salves… Espero en tu
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bondad… Espero en tu poder… Espero en
tu Corazón… espero en Ti, Madre mía.

PROPÓSITO.- Aviva frecuentemente tu


esperanza en María.

DÍA DOCE

María, Madre del Amor Hermoso

I.- ¿Por qué la Iglesia y las almas te


saludan, Madre mía, con este bellísimo
titulo? Eres, en verdad, la Madre del Amor
por excelencia hermoso, de Jesús… Pero,
no solamente eres Madre del Amor
hecho carne en tu carne purísima, sino la
amantísima Madre en las almas de ese
amor que es desvelo y afán, apoyo y
caricia, compasión y ternura en una
Madre como Tú… No hay hermosura
como la de tu amor maternal, que
engendra hermosuras de virtudes, purifica
a las almas, embellece los espíritus,
asemeja a Dios, santifica y salva…
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II.- Dame, Madre mía, las caricias de tu
Hijo, Amor hermoso hecho carne… dame
las tuyas, ¡Oh Madre!, que purifiquen,
santifiquen, embellezcan de amor puro y
santo mi vida entera…

PROPÓSITO.- Pedir frecuentemente a


María bendiga todos mis afectos.

DÍA TRECE

María, Madre de los Dolores

I.- No llevaría, ¡Oh Madre!, tu amor el


sello de lo maternal si no te hubiera
costado amargas lágrimas y prolongados
martirios… Por esto mismo venero y amo
con ternura de hijo tu Corazón
traspasado por tantas espadas de dolor…
ellas me hablan de tus penas acerbas en
el Templo, y en Egipto, y en la calle de la
Amargura y en el Calvario… Pero me
hablan aún más alto de tu amor, más
grande y perdurable que el mismo
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dolor… No hay amor como el tuyo,
porque tampoco hubo dolor como el
tuyo…
II.- Yo bien sé, Madre mía, que mis
pecados no son ajenos a tus dolores…
Siempre los desvaríos de los hijos son la
crucifixión y aún la muerte de las
madres… Pero las madres, más grandes
en su amor que en su dolor, aman tonto
más a sus hijos cuanto más
desgraciados…

Madre mía: ¡mira si esta razón no te


brinda un motivo más, ¡ay!, para
quererme…!

PROPÓSITO.- Medita con frecuencia en


los Dolores de María.

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DÍA CATORCE

María, Madre clementísima

I.- Permite, Madre mía, que mi egoísmo


de pobre pecador medite uno de los
títulos que más ligan tu bondad y poder a
mi ruindad y miseria… Siempre fue para Ti
un excelso honor el desempeñar oficios
de misericordia… ¡Misericordia!, es decir,
“corazón entregado el miserable”.
¡Madre mía! ¡Cuánto te obliga este título
para conmigo! ¡Cuánta confianza me
inspira en Ti!...

II.- Díjose ya desde muy antiguo que el


“miserable, el pobre, es cosa sagrada”.
Su propia miseria y desamparo le hacen
digno de compasión y lástima a los
buenos corazones… ¿Hay corazón más
clemente y bueno que el tuyo, Madre
mía? Tu vida entera en la tierra fue un
acto de clemencia y compasión de los
pecadores… Tu vida del cielo es la
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entronización de la Clemencia al lado de
la propia Justicia… ¡Oh, María! Tú eres
Madre del Juez y del reo… Libra al pobre
de las justas iras del divino Juez…

PROPÓSITO.- Sé misericordioso con tu


prójimo, para merecer la clemencia de la
Virgen.

DÍA QUINCE

María, fortaleza de las almas

I.- Nada hay, Madre mía, que tanto


valor infunda a un hijo como la sombra
de su madre. Cubierto y amparado por
ella, siéntese héroe, lucha, triunfa y muere
fiel a su deber… Tu manto, Madre mía, es
coraza para tus hijos; tu mano, escudo
protector… Tu mirada alienta al
heroísmo… A tu lado, mi alma se siente
fuerte contra los embates del mundo y
del demonio…

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II.- Quiero, Madre mía, luchar por ser
bueno a tu lado. Vencedora del pecado
y del infierno, Torre de fortaleza,
acógeme a tu abrigo y protección,
seguro de que tu nombre será mi égida y
mi amparo y mi galardón… No es posible
la derrota a tu lado…

PROPÓSITO.- Ten valor en las tentaciones,


confiando en María.

DÍA DIECISEIS

María, espejo purísimo

I.- El mismo Dios, Madre mía, se ha


mirado en Ti, como en espejo cristalino,
sin mancha… Nadie como Tu, ha
reflejado su Imagen; nadie la aprisionó
como Tú… Era para Jesús una de sus
mayores delicias mirarse en Ti y
contemplar la fidelidad con que El se veía
reproducido en Ti.

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II.- una de las mayores alegrías de la
maternidad, es la de sentirse prolongada,
continuada en los hijos… Quisiera, Madre
mía, que al mirarme, como a pobre hijo
tuyo, te sintieras reflejada en mí, por tu
pureza, humildad, obediencia… ¿No es
sagrado deber de un hijo el ser fiel a la
sangre y espíritu heredados! ¡Cómo debo
trabajar, Madre mía, por asemejarme
más a Ti!

PROPÓSITO.- Resuelve hacer más honor a


tu excelso título de hijo de María.

DÍA DIECISIETE

María, luz del alma

I.- Pobre niño, aunque los años hayan


pasado sobre mi vida, la incertidumbre, la
ignorancia, el halago y el miedo… ¡qué
triste influencia, Madre mía, ejercen en mi
alma! Parece que a cada paso que doy,
las tinieblas de la duda, del temor, de la
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inconstancia me rodean más densas y
tristes… ¡Madre!: Tú eres mi estrella polar,
la luz de mis ojos, guía firme y fidelísimo en
el laberinto de mi vida…

II.- Jesús, el Sol que ilumina, calienta y


vivifica, te eligió por Aurora, Madre mía.
La aurora es primicia dulce y blanda del
sol. Tras ella viene siempre el sol… ¡Qué
María ilumine siempre mi alma por su
protección y su ejemplo, y Jesús, Sol
divino, la calentará, vivificará y salvará…!

PROPÓSITO.- Pide siempre a la Virgen que


te ilumine y te lleve de la mano.

DÍA DIECIOCHO

María, Pastora de las almas

I.- La pobrecita oveja, tantas veces


díscola y extraviada, reconoce en Ti,
Madre mía, a su Pastora… Alimentas a tu
rebaño con tu propia carne y sangre, que
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son carne y sangre de Jesús… Lo
defiendes de los asaltos y ardides del
demonio, lobo hambriento y astuto que
gira en torno del redil… Lo proteges,
velando siempre, día y noche, en
preocupación e intercesión constantes,
por tus ovejuelas… Esperas, llamas,
buscas, acaricias, curas… a las tristes
ovejas descarriadas…

II.- ¡Cuántas ovejas, Madre mía,


perdidas si no fuera por Ti…! ¡Cuántas,
cuántas, salvadas por Ti! Yo me
encuentro en el número dichoso de
éstas… Tú me has llamado, buscado,
encontrado, traído al redil… Tú me has
guardado con solicitud amorosa, bajo tu
cayado de Pastora amabilísima.

PROPÓSITO.- Confía a la Virgen la


defensa y cuidado de tu almas afectos.

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DÍA DIECINUEVE

María, puerta del cielo

I.- Día triste aquel, Madre mía, en que


la madre de todos los mortales, Eva, salió
llorando del paraíso y vio cerrarse tras sí
las puertas del Edén… En las negruras de
este día, sólo brilla, como luz de
esperanza, la profecía de Aquel que,
siendo el Cielo, te escogería a Ti como
dorada Puerta del Cielo, Jesús…
II.- Por Ti, Madre mía, se va a Jesús…
Encontrarte a Ti es encontrarte a El… Para
ir a El, es preciso ir por Ti… Sois
inseparables… Por eso eres Puerta, de la
eterna vida, en donde Jesús, tu Hijo es la
Vida eterna de los suyos… ¡Qué dicha,
Madre mía, que Tu seas mi Puerta del
cielo…!

PROPÓSITO.- Da rendidas gracias a María,


porque te abrió las puertas del cielo.

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DÍA VEINTE

María, trono de Dios

I.- Nunca, Madre mía, adoro a Jesús


con tanta ternura como al verle
entronizado en tu virginal regazo… La
epifanía de Belén y del Calvario es
perpetua para mí… Muéstrese Jesús a las
almas en Belén, entronizado en tu regazo
maternal, como en solio de pureza y
amor, no temible, sino dulce y adorable.
El divino Niño me invita a caer de rodillas
ante El… Muéstrese en el Calvario, yerto
en tus brazos, Madre mía, muerto por mí,
amando, perdonando, redimiendo.

II.- Quiero, Madre mía, adorar a Jesús


en tus virginales brazos, unido a Ti. Así será
más mío, porque veré en El a tu Hijo y a
mi Hermano, y a Ti en medio,
reconciliándome en El… ¡Papel adorable
de una Madre como Tú!...

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PROPÓSITO.- Fomentar la devoción a la
influencia y pasión de Jesús.

DÍA VEINTIUNO

María, flor de las flores

I.- Fuiste Tu, Madre mía, la flor blanca,


pura y nacarada, en cuyo cáliz se posó el
rocío del cielo, Jesús… El Sol del cielo
besó ese cáliz, fecundándolo… La gracia
puso en Ti aromas y colores, que Te
hacen la Flor por excelencia bella… Te
levantas en el vergel florido de las almas
buenas como el lirio se yergue en la
pradera, para ser rey de los campos y de
las flores…

II.- Reina de las flores, gustas, Madre


mía, que las almas sean jardín florido,
bajo los rayos del Sol de la gracia, Jesús…
Las flores de estos jardines son la mejor
gala de tus altares en el mes de Mayo…
¿Hay flores en mi alma? Lirios de pureza,
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violetas de humildad, rosas de caridad,
pasionarias de penitencia…, ¿las hay en
mi alma? Quiero cuidar con más cariño el
árido, pobre jardín mío, hasta ahora tan
abandonado…

PROPÓSITO.- Ofrece todos los días a


María una flor espiritual.

DÍA VEINTIDÓS

María, senda del paraíso

I.- Los hombres vivían alejados del


camino de la verdadera vida… Cuarenta
siglos anduvieron errantes, a ciegas, sin
encontrarlo… Jesús vino a la tierra, y, sin
que nadie pudiese discutirle, dijo: Yo soy
el camino… Camino que lleva
indefectiblemente y seguramente a la
vida, que es el mismo Dios… Pero, Tú,
Madre mía, eres Jesús comenzado, el
principio de esa senda segura y hermosa

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del cielo… Encontrarte, tenerte a Ti, es
encontrar y tener a Jesús…
II.- Las madres enseñan a dar los
primeros pasos a sus hijos… Las madres los
llevan dulcemente de la mano, para que
no tropiecen… Madre mía, enséñame,
guíame en el camino del cielo… Tú eres
ese mismo camino… ¡Qué dicha la de
haberte encontrado! ¡Oh, no quiero
apartarme jamás de Ti!...

PROPÓSITO.- Confía a la Virgen la


dirección de tu alma.

DÍA VEINTITRÉS

María, escala del cielo

I.- Es cierto, Madre mía, que Jesús, tu


Hijo, fue el soberano reconciliador de los
hombres con Dios… El es, no sólo la
Víctima, Hostia y Sacerdote, sino también
el Medianero que vive siempre en el
cielo, según frase de los Libros Santos,
- - 31 - -
“intercediendo por nosotros”, como
Hombre Dios… Pero, esta misma
condición de Dios, ¿no pudiera ser motivo
de temor a las almas débiles, pusilánimes,
cargadas de crímenes, que han
provocado las justas iras de ese Dios?...
¿Cómo acudir a El por El…?

II.- Tu realizas, Madre mía, esa misión,


recibiendo en tus brazos de madre a
entrambos hijos: al ofendido y al
ofensor… Por esto mismo eres la escala
del cielo… Las almas débiles y
pusilánimes, acobardadas por grandes
pecados, pueden sin miedo acudir a Ti,
seguras de que el miedo no las hará
vacilar al subir por Ti a las alturas del Dios
del cielo…

PROPÓSITO.- Acudir siempre a Jesús por


María.

- - 32 - -
DÍA VEINTICUATRO

María, Señora mía

I.- No es preciso ponderar, Madre mía,


por qué soy tuyo… Tienes todos los títulos
a un dominio pleno sobre mí, como Reina
y Madre mía… Pero mi corazón, ansiando
ligarse aún más fuertemente a Ti, quiere
recrearse aún más fuertemente a Ti,
quiere recrearse en este título con que
hoy Te invoco… ¡Señora mía! No deseo
tener otro dueño que Tú… Quiero
pertenecerte entera y totalmente…

II.- Tú, Madre mía, eres mi señora, y yo


soy tu siervo humilde… Tú mandas en mí,
y yo quiero obedecerte… Tú no permitas
que alguien impere en mí, y yo no quiero
tener otra Señora que Tú… Tú vela y
cuida de mí, y yo me abandono
enteramente a tu protección… Tú recibe
mis humildes servicios y dame, Señora,

- - 33 - -
como mejor premio y salario el servirte
eternamente…

PROPÓSITO.- Ofrécete y conságrate a


María, como humilde esclavo suyo.

DÍA VEINTICINCO

María, sostén mío

I.- ¿No son los hijos siempre niños para


sus madres, dulce Madre mía?... Porque
lo son, se convierten ellas en el apoyo
más fiel, dulce y fuerte y constante de
ellos… en las horas de duda, lucha,
vacilación, están ellas al lado de sus hijos
con la ilusión y consagración de los días
de la infancia, para llevarlos de la mano,
sortear los peligros, calentarlos en su
regazo y cobijarlos con su pecho…

II.- Mi guía y sostén eres Tú, Madre mía


de mi alma… Pobre niño, vacilo, y
titubeo, y temo, y … no sé andar … Dame
- - 34 - -
Tú la mano blanda, acariciadora,
maternal, para que no tropiece, vacile y
caiga… ¿Quién mejor puede sostenerme
que Tú?... Madre mía, me apoyo en Ti,
con la confianza y dejadez de un niño…

PROPÓSITO.- Ten sentimientos infantiles


con relación a tu Madre, María.

DÍA VEINTISÉIS

María, gloria mía

I.- ¿Qué santo y legítimo es el orgullo


con que un hijo llama madre a la mujer
digna por todos los títulos, de este
augusto nombre…!
Madre, vale tanto como abnegación,
dedicación, providencia, ternura,
compresión, indulgencia, amor, amor,
amor … ¿con qué santo orgullo pienso
que Tú eres mi madre, ¿oh, dulce Madre
mía! … No hay dote excelsa que no brille
en Ti para mí… La grandeza, la bondad,
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la belleza, triple diadema hecha por Dios,
ciñe tus sienes… para mí…

II.- Tú, Madre mía, eres mi gloria,


porque jamás pude soñar, ni mucho
menos merecer, tenerte por madre… ¡Si
yo fuera gloria tuya…! ¡si pudiera ser para
Ti el timbre de orgullo que lo son los
buenos hijos para sus madres…! Quiero
serlo… Pero, al menos, acuérdate de que,
aunque no lo sea como debiera, siempre
lo será para Ti el ser buena hasta para los
malos… ¡Madre mía…!
PROPÓSITO.- No deshonres con tu vida el
excelso título de hijo de María.

DÍA VEINTISIETE

María, consuelo mío

I.- Es éste otro de los dulces oficios de


madre: consolar a los hijos… La vida es
lucha, hay derrotas… La vida es
inquietud, y en la inquietud hay torturas…
- - 36 - -
La vida es llanto, y en el llanto hay
duelo… La vida es un continuo agonizar,
y la agonía es el mayor dolor… En las
luchas, en las inquietudes, en las lágrimas,
en la agonía… ¿quién puede consolar,
sabe consolar y quiere consolar como
una madre…?

II.- Tú, Madre mía, fuiste para Jesús el


único consuelo de su vida… Sus divinos
ojos pudieron beber siempre el maternal
consuelo en los tuyos maternales… En su
destierro, en su vida apostólica, en su
pasión… el único lenitivo fuiste Tú…

Madre mía: Jesús, Dios no precisaba


tanto esos maternales consuelos como
yo, pobre, desgraciado hijo tuyo
también… ¿Qué profundamente necesito
en la vida, oh Madre, de tus consuelos…!

PROPÓSITO.- En las dificultades de la vida,


acude siempre a María.

- - 37 - -
DÍA VEINTIOCHO

María, Madre solícita

I.- Nadie vela con el interés de una


madre. Únanse en ella la intuición y el
instinto, el amor y el deber y la
abnegación para convertirla en la
providencia e los hijos… En el nido del
hogar extiende las calientes alas,
cobijando…; y clava los ojos, avizores, en
el horizonte, precaviendo peligros…; y
rasga el propio pecho, si es preciso, como
pelícano amoroso, dando la propia
sangre, y en ella la vida, a sus hijitos…

II.- solicitud, desvelo constante eres Tú,


Madre mía, para mí… Aquella escena de
las bodas de Caná, en que atiendes con
tierno interés la preocupación de los
jóvenes esposos, e impulsas a tu Hijo a
obrar el primer milagro… ¡Qué
constantemente se repite…! ¡No tienen
vino…!, exclamaste, dirigiéndote a
- - 38 - -
Jesús… ¡Madre mía! Con intuición de
Madre tú adivinas aun aquello mismo que
no sé decirte o no acierto a decirte…
Anticípate Tú a mis necesidades,
cuídame, defiéndeme… Interesa a Jesús
por mi…
PROPÓSITO.- Tener gran confianza en la
solicitud maternal de María, al mirar el
porvenir.

DÍA VEINTINUEVE

María, Reina y Madre del Purgatorio

I.- También en el Purgatorio, lugar de


expiación y de dolor, reinas Tú, Madre
mía… Las almas que allí viven te han
amado en la tierra, han muerto en tus
brazos, invocando tu Nombre… Te han
encontrado nuevamente en el Divino
Tribunal, como Abogada y Defensora…
Te aman ardientemente, cantando tus
bondades, mirándote suplicante en el
Purgatorio… ¿Puede una madre ver,
- - 39 - -
impasiblemente, sufrir a sus hijos?...
¿Podrá no estremecerse tu Corazón de
ternura al ver las almas del Purgatorio,
Madre mía?...

II.- ¿Qué poco invoco tu intercesión a


favor de tantas almas queridas como en
el Purgatorio tengo, Madre mía! ¡Qué
poco recuerdo que Tú también reinas y
amas en el Purgatorio…! ¡Qué poco te
recuerdo a quienes quiero y allí sufren…!
Debo rectificar mi conducta… Nadie
como Tú, Madre mía, puede y debe
interesarse por mis almas queridas del
Purgatorio… ¡Reina!: manda que se
rompan sus cadenas… ¡Madre!: llévalas a
Ti…

PROPÓSITO.- Haz, en honor de María y


provecho del Purgatorio, el voto de
ánimas.

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DÍA TREINTA

María, Reina de la paz

I.- Después del diluvio de desventuras


que el pecado trajo a la tierra, fuiste Tú,
Madre mía, no sólo el arco iris que brilló
en los cielos, anunciando el perdón y la
compasión de Dios, sino también la
blanca paloma que trajo el ramillete de
oliva al mundo, símbolo de la paz entre el
cielo y la tierra… Por Ti, los hombre se han
reconciliado con Dios… en Ti el Juez y el
reo se han encontrado, abrazándose…

II.- Nadie mejor que Tú puede llevar el


hermoso título de Reina de la paz… Por Ti
se reconcilió Dios con los hombres,
haciéndose Hijo tuyo, para ser Hermano
nuestro y constituir la gran Familia
cristiana, en la cual todos somos
hermanos, hijos de Dios, hijos tuyos… Por
eso eres Madre no sólo de justos, sino
hasta de pecadores, para que los
- - 41 - -
sentimientos de paz y fraternidad reinen
en tus hijos… Dame, Madre mía, la paz
para el mundo, para mi patria, para los
míos, para mí…
PROPÓSITO.- Pide frecuentemente a
María el bien de la paz.

DÍA TREINTA Y UNO

María, Abogada de la buena muerte

I.- Nunca las madres aparecen más


dignas de su augusto nombre como en el
trance de la muerte de sus hijos… El amor
y el dolor las transforma en tal manera,
que borrado el fondo de egoísmo que
existe en el ser humano, se idealizan en la
sublimidad… Nadie más madre que Tú
Madre mía… Nadie mejor madre que Tú,
Madre mía… ¡Cómo no auxiliarás a tus
hijos moribundos…!

II.- Recuerdo la agonía dolorosísima de


Jesús… Te veo a Ti, Madre, Amor y Dolor,
- - 42 - -
velando aquel morir lento y cruel de tu
Hijo… Contando los eternos minutos de su
angustia, amargada con su hiel, herida
con sus heridas, punzada con sus espinas,
taladrada con sus clavos y su lanza…
Desde entonces sé cuánto sabes con
sufrir con tus hijos… ¡Cuánto espero de Ti
en la hora de mi muerte!... ¡Madre!: Sélo
entonces de este pobre hijo tuyo…

PROPÓSITO.- Reza diariamente tres


Avemarías a la Virgen, para que te
ampare en la hora de la muerte.

- - 43 - -
NIHIL OBSTAT

Fr. Jerónimo Sanz, Censor

IMPRIMATUR
Fr. Antonio Martín
Vic. Gral. O.F.M.

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NIHIL OBSTAT

El Censor,
Dr. Cipriano Montserrat, Canónigo

IMPRÍMASE

Gregorio Arzobispo – Obispo de Barcelona

Por mandato de su Excía. Roma.


Dr. Luis Urpí Carbonell, Pbro.

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PRINTED IN SPAIN - M. CARMEN AGUILAR MARTIN