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Revista Electrónica del Instituto Psicología y Desarrollo Página 1 de 6


Año II, Número 4, Abril 2005. ISSN 1811-847X
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CORONADA DE VIOLETAS, SONRISA DE MIEL, DIVINA SAFO.

Sonia Luz Carrillo 1

RESUMEN: La lírica griega representa aquel momento (a fines del siglo VII a
C.) que de los majestuosos cantos de realidades comunes: las composiciones
épicas, la sensibilidad del artista se vuelca hacia sí mismo. Descubre su
personalidad individual y ya no sólo contempla y describe el mundo fuera de él,
sino que hace objeto del canto su propio espíritu y sensibilidad y toma como
sola realidad poética pasiones, sentimientos y pensamientos de su propia vida.
De esta honda mirada surgirá una música ejemplar, íntima, humanísima y por
eso capaz de permanecer casi intacta ante el paso del tiempo.

PALABRAS CLAVE: Sago de Lesbos, Lírica griega, poesía amorosa, análisis


literario.

Desde el siglo VI a.C., una poeta nos habla. Es Safo de Lesbos a quien Platón
llamara de Décima Musa. Su voz para llegar a nosotros ha debido atravesar el
tiempo y sus avatares pero hay en ella tal esencialidad y fuerza auténtica que
sigue – y seguirá – iluminando por siglos el camino de la poesía.

La lírica griega representa aquel momento (a fines del siglo VII a C.) que de los
majestuosos cantos de realidades comunes: las composiciones épicas, la
sensibilidad del artista se vuelca hacia sí mismo. Descubre su personalidad
individual y ya no sólo contempla y describe el mundo fuera de él, sin que hace
objeto del canto su propio espíritu y sensibilidad y toma como sola realidad
poética pasiones, sentimientos y pensamientos de su propia vida De esta
honda mirada surgirá una música ejemplar, íntima, humanísima y por eso
capaz de permanecer casi intacta ante el paso del tiempo.

Del conjunto de líricos griegos2 que se ubican alrededor del siglo VI a.C., la
poesía eólica destaca, precisamente, por la original intimidad de su inspiración
unida a su excelencia formal. El eolio era la lengua de Lesbos isla en la que
muchos autores sitúan el nacimiento de Safo y también del Alceo, y en el decir

1
Periodista, poeta y profesora principal de la Facultad de Letras de la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos. Tiene numerosas publicaciones y artículos en revistas peruanas e
internacionales. Ha realizado diversas investigaciones en los campos de la comunicación, la
literatura y la cultura.
E-mail: soniluz@hotmail
2
En el territorio de la Hélade la expresión “lírico” tiene un sentido muy concreto: poesía cantada
al son de la lira. Los alejandrinos reúnen a los poetas de lírica monódica y coral realizando
creaciones en las que se supone como acompañamiento un instrumento de cuerdas que podía
ser la lira (lura),la cítara (kiqariV), o una especie de laud (formigx), ya solo, ya con flauta
(auloV).

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de Fánocles “…desde entonces el canto y el amble sonido de la cítara dominan


la isla y es de todas la más canora”3

Su existencia se sitúa en el último tercio del siglo VII a. C. y principios del siglo
VI. Platón, dos siglos después la nombra la Décima Musa: " Dicen algunos que
son nueve las Musas./¡Cuánto se engañan!/ Pues he aquí la décima Musa:
Safo de Lesbos"4 En el siglo V a.C. fue incluida por los filólogos alejandrinos
en el “canon” junto a Alceo, Estacícoro, Íbico, Simónides y Píndaro”5.

Safo de Lesbos vivió en la ciudad de Mitilene, donde pasó casi toda su vida de
la que tenemos pocas noticias, especialmente extraídas de los fragmentos de
su obra. Su fama ya desde la antigüedad mezcló pronto la realidad con
leyenda, Cantarella sitúa su nacimiento aproximadamente en el 612 y su
pertenencia a una familia “aristocrática y sin duda respetable, pues su hermano
Lárico fue copero en el pritaneo de Mitilene, oficio reservado a jóvenes de
noble condición”6

Sin embargo, su fama ya desde la antigüedad mezcló pronto la realidad con la


leyenda: (algunos le atribuyen la misma edad que el poeta Alceo); de familia
noble, conocemos el nombre de su padre Escamandrónimo, su madre Cleis,
sus hermanos Lárico y Caraxo; estuvo casada, al parecer brevemente, con un
hombre rico, y fue desterrada a Sicilia hacia el 600 a C., pero regresó pronto.
Por uno de sus fragmentos sabemos que tuvo una hija: “Tengo una preciosa
niña, bella como las flores de oro/ Mi muy amada Cleis. No la daría yo, ni por
toda la Lidia…” y probablemente llegó a la edad madura porque en algún
momento nos dice con serena amargura: “Si mis pechos pudiesen aun dar de
mamar/ y mi matriz fuese capaz de llevar hijos/ con ágiles pies iría a un nuevo
lecho nupcial/ pero no/ la edad está trazando arrugas sobre mis carnes/ y el
amor no tiene ya prisa de volar hacia mí/ con su don de penas”7

Safo es la gran poeta del amor, Afrodita es para ella la diosa más importante,
como dadora de gracia y belleza. Le dedica poemas en los que adopta la
estructura de petición, pero el tono no es solemne, sino de amistosa intimidad.
“Inmortal Afrodita, la del trono pintado/ hija de Zeus, tejedora de engaños, te lo
ruego/ no a mí, no me sometas a penas ni angustias el ánimo, diosa”.

También se han hallado poemas compuestos para festividades religiosas o


rituales como el Lamento de Adonis, amante de Afrodita, dios de la vegetación
ligado a cultos antiguos, o los epitalamios o cantos de boda. El idioma, como

3
Rafaelle Cantarella La Literatura Griega Clásica. Buenos Aires, Losada, 1971 p. 33
4
García Gual, Obra citada p. 139
5
Cantarella, Op. Cit. P. 102
6
Cantarella, Obra citada, p. 152
7
Carlos García Gual, Antología de la poesía lírica griega. Madrid, Alianza Editorial, 1980 pp.
66-74

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he mencionado es el dialecto lesbio el mismo que usa con tal perfección que
muchos de los fragmentos nos han llegado a través de gramáticos como
ilustraciones de ese dialecto. Utilizó metros variados, de los que especialmente
uno, la llamada estrofa sáfica, va ligado a su nombre. Su poesía fue admirada
ya en el mundo antiguo; en la época helenística y romana: poetas latinos como
Catulo y Ovidio la conocen y la imitan. La calidad e intensidad de su poesía
amorosa ha traspasado las fronteras del tiempo.

Pero ¿Cómo ha llegado a nuestro tiempo? Fueron los filólogos alejandrinos


quienes dieron orden y forma y conservaron los textos mientras hubo una
tradición directa, es decir, hasta la época bizantina. Gracias a descubrimientos
del siglo XX Safo tenemos ahora un códice en pergamino del siglo VII. Sin
embargo, sigue siendo invalorable la edición alejandrina en la que:

“los poemas estaban distribuidos en nueve libros ordenados según el esquema métrico
de las composiciones; el primer libro contenía las odas sáficas con cerca de 1,320
versos, es decir, 330 estrofas; el segundo, los pentámetros eólicos; y así seguían los
demás libros con otros metros, pero el noveno comprendía epitalamios escritos en
metros muy variados…. / Esta tradición directa que se interrumpe en la época
bizantina, quedó completamente perdida hasta que en los últimos decenios,
numerosos papiros y también pergaminos provenientes de Egipto nos han aportado
importantes fragmentos de Alceo y Safo (hasta ahora 22 y 18 respectivamente, algunos
con estimables notas)/…/ Los fragmentos de Alceo son hoy 448 y los de Safo 213”8

Safo a quien Alceo describe “Coronada de violetas, sonrisa de miel, divina


Safo”, estuvo al frente de un thiasos, especie de escuela para muchachas
nobles donde se cultivaba la poesía, la música y el canto. De esta vida Safo
extraerá los motivos para su poesía; al igual que será el lugar donde nacerán
intenso afectos por algunas de sus jóvenes discípulas. Con respecto a este
punto fueron los posteriores comediógrafos áticos quienes crearon la leyenda
en torno a su identidad sexual. Este aspecto contribuyó a crear algunas
reticencias para la conservación y difusión de su obra en etapas posteriores.
Sin embargo, lo que ahora poseemos de ella es la alta poesía de un ser de
delicadísima sensibilidad que enseñó la forma de hacer poesía a partir de sí
misma y volcarse en una obra capaz de ser asumida por hombres y mujeres de
todos los tiempos.

Robert Grave en La Diosa Blanca dice “Safo comprendía su responsabilidad.


No se debería creer en las mentiras malévolas de los comediógrafos áticos que
la caricaturizaron como una lesbiana insaciable” y líneas más adelante,
hablando de la calidad de su poesía, precisa “En cierta ocasión pregunté a mi
llamado Preceptor de Moral de Oxford, un erudito y apolíneo clásico, ‘Dígame
señor, ¿Cree usted que Safo fue una buena poetisa?’ Recorrió con la mirada

8
Ibídem, pp. 145-146

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la calle, para ver si alguien escuchaba, y luego me confesó ‘Si, Graves, en eso
está el engorro, ¡Era una poetisa muy, muy buena!” 9

En la literatura griega clásica la poesía de Safo deslumbra como un


“documento de absoluta sinceridad… fenómeno singular, pues mientras otras
mujeres han sido poetisas, incluso eminentes, solo de Safo se puede decir que
es verdaderamente y sólo poeta” dice en forma exaltada, Cantarella., para
luego recordarnos que, en los aspectos formales de la lírica griega, se trata de
versos endecasílabo, estrofas o estancias cortas: dísticos, trísticos, tetrásticos,
más raramente por períodos, la música que los acompañaba era ejecutada por
el propio poeta con la cítara “cuya característica local era la variedad llamada
bárbiton” 10

Respecto a los temas en la poesía de Safo, se repite que tal vez el gran tema
sea ella misma en relación con otros seres, con la naturaleza, con el placer, la
belleza e incluso el poder. Ella hará de todo lo que es posible sentir o
contemplar, un motivo poético. Sin embargo, entre todos, esplende el tema del
amor. Y de él ya exaltada y feliz o angustiada nos entrega siempre un retrato
imperecedero: “Amor ha sacudido mis sentidos/ como el viento que en el
monte/ arremete contra las encinas” dirá en un fragmento. En otro,
encontramos la misma idea de la irrupción del amor, expresada – so cabe- con
mayor intensidad: “…Y de nuevo amor me agita, hasta desarticular mis
miembros/ dulce amarga, invencible fiera…” En otro momento, la soledad es
convertida en delicada joya: “Se ocultó ya la luna y las pléyades/ es
medianoche, el tiempo pasa/ y yo yazgo sola”.

Imposible citar todos sus admirables fragmentos, sin embargo, no podemos


dejar de hacerlo con la famosa Oda, consignada por el autor de Lo Sublime
(obra anónima ahora situada en la primera mitad del siglo I d.C. recopilación de
grandes ejemplos del pasado, que ha conservado esta Oda que de otra
manera sólo hubiéramos conocido por la adaptación que de ella hiciera el
poeta latino Catulo).

“Semejante a los dioses me parece


el hombre frente a ti sentado y que muy de cerca y absorto escucha
mientras dulcemente hablas
y encantadora sonríes.
Esto transporta de pasión el corazón en mi pecho.
Apenas te miro y no puedo decir ya palabra
La lengua se me quiebra y sutil fuego
de pronto serpentea bajo la piel.
Con los ojos nada veo y zumban mis oídos
9
Robert Graves. La Diosa Blanca. Historia comparada del mito poético. Buenos Aires, Losada,
1961, p. 580
10
Cantarella, Obra cit. P. 145

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un sudor me invade, un temblor


toda me agita, más verde que la hierba pálida estoy.
Y apenas distante de la muerte
Me siento, infeliz” 11

La naturaleza es contemplada con ojos de mujer artista. Safo penetra en ella


de manera minuciosa y delicada y nos la devuelve en imágenes que continúan
deslumbrando: “Estrella de la tarde tú reúnes todo/ lo que dispersó la fúlgida
aurora, / traes la oveja/ traes la cabra/ traes junto a su madre al niño”. En otro
fragmento leemos: “Las estrellas en torno a la bella luna/ también oscurecen su
rutilante aura/ al tiempo que ella con plenitud alumbra/ sobre toda la tierra…
plateada”.

La poesía es también una manera de afrontar la vida “No es lícito que haya
canto de duelo en la casa/ de quienes sirven a la musas…No nos atañe eso.” Y
para Safo la poesía es garantía de permanencia, es triunfo sobre el olvido,
como lo expresa altiva: “Muerta yacerás y de ti no habrá nunca/ memoria ni
nostalgia en el futuro/ porque no participas de las rosas de Pieria; /
desconocida incluso en la morada de Hades/ vagarás errante entre oscuros
muertos”.

Sumamente interesante es la ruptura que establece con las valoraciones de


una época heroica que exaltaba el valor de la guerra. Safo trae un mensaje
heterodoxo al trasladar el mundo heroico al de los perfumes, las flores, los
himnos, la belleza física femenina y el mundo de los afectos: “Dicen unos que
un ecuestre tropel, infantería/ otros, y ésos, que una flota de barcos/ resulta lo
más bello en la oscura tierra/ pero yo digo que es lo que uno ama./ Y es muy
fácil hacerlo comprensible./ Pues aquella que mucho en belleza aventajaba/ a
todos los humanos, Helena, a su esposo, un príncipe ilustre/ abandonó y
marchóse navegando hacia Troya, / sin acordarse ni de su hija ni de sus
padres/ sino que la sedujo Ciprés. /…/ También a mí ahora a mi Anactoria
ausente me has recordado… / Cómo preferiría yo el amable paso de ella/ y el
claro resplandor de su rostro ver ahora/ a los carros de guerra de los lidios en
armas/ marchando al combate”.

Como señala Aurora Luque “Safo trasgrede las expectativas en la Grecia


Arcaica y Clásica al explorar un mundo asumido como espacio íntimo, sensible
y pasional: el mundo femenino, el espacio lírico./…/ Los epitalamios y los
poemas personales enumeran muchos de los objetos, olores o flores que se
constituyen en símbolos de la poesía sáfica. Manuel Galiano los ha sintetizado
así:

“rosas y lirios, melilotos y perifollos, hierba fresca de los prados, manzanos para el
dulce reposo de las siestas, guirnaldas de opio (...) vestidos, muchos vestidos teñidos

11
Versiones confrontadas de Cantarella y García Gual

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de mil colores (...) tuniquillas, mantos, bellos tocados de cabeza, diademas importadas
(...) calzados lidios(...) en la intimidad de los dormitorios , ungüentos y cremas, cajas
llenas de perfumes, jabones de tocador...¡Eterno todo ello, desde la más remota
antigüedad hasta nuestros días y mientras haya una mujer en el mundo!”12

Decíamos al inicio que probablemente llegó a la edad madura, desde ahí nos
dice: “Cual la manzana que se cubre de rojo en la alta rama/ en la rama más
alta, y los recolectores la olvidan/ ¡Pero no, no la olvidan es que a ella no
pueden llegar!”

Asombra a cada paso la serena conciencia del valor de su creación artística.


Ella conoce y se deleita con lujos y goces pero también supo del destierro y
las ausencias. Safo se eleva por encima de las circunstancias, su poesía es
poesía de afirmación. Su genio femenino, libre y seguro, no se dejó encerrar
por los barrotes de su tiempo y el fruto es una poesía rigurosa que ya
apasionada, ya leve, permanece ejemplar.

Fuentes Bibliográficas

Cantarella, Rafaelle. (1971) La literatura griega clásica. Buenos Aires, Losada


Carrillo, Sonia Luz. (1983) “La divina Safo” En: El caballo rojo. Suplemento
dominical de El Diario de Marka, Lima, 11/12/83 Nº 187
García Gual, Carlos. (1980) Antología de la poesía lírica griega. Madrid, Alianza
editorial
Graves, Robert. (1961) La Diosa Blanca. Historia comparada del mito poético.
Buenos Aires, Losada
Robert, Fernand. (1946) La literatura griega. México, editorial Diana.

12
Aurora Luque (Edición y traducción) en: Safo Poemas y testimonios. Barcelona, Acantilado,
2004 cita a Manuel Galiano El descubrimiento del amor en Grecia, Madrid, 1959, p.36.