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OSWALDO ANDRES PEREZ ULLOA

ALAN ANDRADE ZABALETA

La Construcción de identidades emergentes para construir una ciudadanía


intercultural

Para empezar, la identidad ciudadana se encuentra construida a partir de la homogenización


y no solamente se ha visto fuertemente erosionada por las interpelaciones de las cuales es objeto,
sino que resulta complicada su articulación, hablando desde una perspectiva integradora.

Debemos comprender, para ir entrando en materia, que cada individuo está condicionado
por los recursos conceptuales que el mismo usa cuando se identifica, entonces la identidad necesita
la reproducción de lo cultural y la cultura tiene su cuna en las zonas geográficas en las que habita,
además, hoy por hoy, existen muchos legados culturales diferentes, lo que a su vez genera
diferentes identidades culturales, que en muchas ocasiones generan tensiones y exclusiones,
trayendo problemas y conflictos sociales en muchas ocasiones difíciles de solucionar.

Ahora, la identidad ciudadana, es un proceso de interacción de estilos de vida por lo que


cabe mencionar que cada ser humano tiene su propia forma de actuar y de ver el mundo, de
entenderlo y de decidir cómo quiere vivir en él.

Lo anterior, es una perspectiva sistémica, la cual parte de la base de que el mundo en que
están involucrados los seres humanos se compone de una multitud de totalidades y sistemas que
están interrelacionados entre sí, entonces, para interpretar la identidad colectiva, es necesario
entender la interculturalidad, vista esta como un proceso permanente de relación, de comunicación
y de aprendizaje entre personas, grupos, conocimientos, valores y tradiciones distintas, orientada
a generar, construir y propiciar un respeto mutuo, y a un desarrollo pleno de las capacidades de los
individuos, por encima de sus diferencias culturales y sociales.

Cabe anotar que la misión que se le asignaba tradicionalmente a la escuela era la de crear
grupos con valores comunes, para que los mismos compartieran dichos valores que tenían en
común, en aras de formar ciudadanos homogéneos; de esto se puede señalar entonces en relación
a la idea de nación, que no era otra cosa sino integrar a todos los individuos en la vida de una
comunidad política y para esto debían ignorar las particularidades de sus miembros; en otras
palabras, la herencia de la escuela moderna fue la formación de una ciudadanía que se asentaba en
la socialización de valores comunes y universales, con desconocimiento de las especificidades de
los distintos grupos que conformaban la nación. tal construcción, además, era funcional a los
grupos socialmente dominantes.

Conviene distinguir entonces que el comportamiento de un sistema social está determinado


por las personas que le pertenecen y cada persona plantea su propio proyecto de vida, de aquí
entonces la cuestión central de la educación es cómo la ciudadanía construye identidades desde a
interculturalidad, viendo el “interculturalismo” como una respuesta adecuada en cuanto a la
coexistencia política por una convivencia civil sobre las bases del respeto, la participación en
igualdad de condiciones de las diversas culturas, es por esta razón que se deben aceptar los
principios constitucionales en el espacio de la cultura política, además de el respeto de la identidad
cultural.

Resulta interesante también anotar que a partir de lo expuesto con anterioridad,


encontramos pues, un gran desafío para la educación en cuanto a la inclusión, en donde la
formación ciudadana debe ser abierta a todos los estudiantes sin que exista ningún tipo de
discriminación, en la que se incluya al individuo y se incentive a una construcción de ciudadanos
con iguales derechos, pero reconociendo sus diferencias, teniendo en cuenta siempre el
compromiso de participar en el campo de lo político y lo social, revitalizando el tejido de la
sociedad civil.

Desde lo anterior, vemos que el aprender a vivir juntos supone la capacidad de intercambiar
ideas, de razonar, de comparar y valorar lo propio y lo ajeno, nos enseña que todos los cambios
exigen una nueva concepción y una nueva práctica de la ciudadanía, lo que nos hace pensar que
estamos en una sociedad diversa, heterogénea, multicultural, que promueve y garantiza el respeto
en lo particular y en lo comunitario.

En todos modos, la escuela debe promover el diálogo y dar a entender que la educación es
para todos y que hoy en día se necesitan espacios de participación ciudadana, en donde se
promueva la educación intercultural, creando una nueva ciudadanía, que no solo respete las
diferencias de los demás, sino que también esté muy atenta a las condiciones generadoras de
exclusión, así como también al fortalecimiento de la sociedad civil en cuanto a las
transformaciones y las distorsiones que se puedan generar dentro de ella.

Además, para ir finalizando, la educación crear una ciudadanía intercultural inclusiva,


puede contribuir a la transformación social, si se vive un proceso dinámico que vincule las
realidades sociales, las realidades políticas, la diversidad cultural como agentes transformadores,
en aras de formar ciudadanos activos y críticos dispuestos a cambiar su realidad social.