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Tomar un baño en Roma

Conviene decir cuanto antes que la actitud de Epicteto no


ha de ser interpretada corno dejadez, pereza, fatalismo o
resignación exagerada. Hemos de hacer siempre todo lo
que podamos por mejorar nuestra suerte y la de nuestros
hermanos y hermanas en todo el mundo, con interés per-
sonal y compromiso social, corno deber de primer orden,
estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos. La
responsabilidad de nuestra existencia y la solidaridad
con todos los que sufren, carecen y están en necesiqad,
nos lleva a procurar siempre de manera efectiva y per-
severante el bien material, personal, social y espiritual
de todos a quienes nuestra· acción individual o conjun-
ta pueda de alguna manera llegar. Eso quede siempre
sentado y recordado. Epicteto sólo entra en acción
cuando en una circunstancia concreta y en un problema
personal, después de intentar todo lo posible por hallar
una solución, nos encontramos con que ésta no está en
nuestras manos. Y hay 1nuchas de estas situaciones en
nuestra vida. Entonces, en vez de maldecir nuestra suerte
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y entregarnos a la desesperación, es cuando cobra tod
su fuerza esta noble actitud de reconocer que, aunqu:
la situación no está en nuestras m~nos, lo que sí lo está
siempre es la manera en que escoJamos reaccionar ante
ella: si nos dejamos hundir en un mar de quejas, lamen-
tos y autocompasión; o si hacemos frente a la situación
con entereza, sabiendo que la última responsabilidad de
sentirnos bien o mal en cualquier circunstancia está en
nosotros mismos. Ese es el reto:

Nunca pretendas que suceda todo


a tu gusto y a tu modo,
antes conformarás, si se ofrecieran,
tu gusto a cuantas cosas sucedieran;
y esta advertencia bien ejecutada
hará que vivas vida sosegada
(293-298).
Un ejemplo de tiempos de Epicteto ... que quizá ten-
ga aún vigencia en el nuestro: los Juegos Olímpicos.
Entonces se celebraban en su sede original, Olimpia,
de la que derivan su nombre, y por lo visto no había
demasiadas facilidades en la "infraestructura turística"
de aquellos tiempos. Epicteto arguye: "¿No tienes bas-
tantes molestias en casa que te vas a buscar más aún a
Olimpia? El calor, las multitudes, la falta de baños, las
lluvias, los ruidos, los apretones ... Pero si has escogi~o
libremente ir allá, porque te compensa la magnificencia
del espectáculo de los juegos, no te quejes y aguanta las
molestias, pues tú mismo las has escogido".

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Un problema constante en Roma eran los baños. Aún
no había duchas, y pocos se podían permitir el lujo de
tener bañeras en sus casas. Había que acudir a los baños
públicos, y eso conllevaba riesgos inesperados de em-
pujones, robos, encuentros y sorpresas desagradables.
A Epicteto le viene bien ese ejemplo, de frecuente ocu-
rrencia entre sus vecinos, para explicar la ecuanimidad,
que debe preservarse en medio de lo imprevisto:

En cualquier negocio que emprendieras,


considera cuál sea
y de qué inconvenientes se rodea.
Si vas al baño, ten en la memoria
lo que sucede a los que van al baño:
unos que empujan, otros que te mojan,
otros dan vayas, otros te despojan
hurtando los vestidos;
mas tú, bien prevenidos
todos estos estorbos,
seguro irás si, cuando al baño fueras,
a tu firme propósito dijeras:
"Láveme, que es hoy lo que pretendo,
y si me sucediera lo que suele,
haberlo prevenido me consuele".
Harás lo propio en cosas superiores
adonde los estorbos son mayores.
Porque si en el bañarte
algún impedimento te sucede,
pues fácilmente sucederte puede,
debes decir: "No sólo
vine a lavarme y a volver enjuto,

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sino por ejercer el instituto
que a la naturaleza se conforma,
teniendo por designio y por intento
que me guarde mi paz mi sufrimiento".
Porque si semejantes travesuras
te inquietan, vives ciego
y no puedes gozar paz y sosiego
(160-189).
Otro ejemplo, no menos griego y tratado con no
menos humor, es el de la guerra de Troya. La célebre
guerra tuvo lugar porque París, hijo de Príamo, rey de
Troya,
, raptó a la mujer de Menelao, rey de Esparta
Este decidió lavar su honra y recuperar a su n1ujer, para
lo cual organizó su ejército y acometió el ataque hasta
que, literalmente, "se armó la de Troya". Aquí razona
Epicteto que si, en vez de enfurecerse y vengarse, d
buen rey hubiera pensado que, si París le había raprad0
a su mujer era indudablemente porque su mujer había
querido marcharse con él, y que, si era así, bien idB es-
taba y no tenía sentido armar un guerra para re~obrar s
su mujer.... entonces no hubiera habido guerra de Troy-J
ni, consiguientemente, se hubiera escrito La !liada. que
es el canto homérico de la guerra de Troya, ni la Odist~.:.
que es la continuación de la /liada. La n1isn1a historia de
la literatura depende del modo de reaccionar de un rey.
La siguiente cita también es de Epicteto. pero nt1
del Manual traducido por Quevedo, sino de uno de sus
tratados, Y_ por eso va en prosa, aunque no por ello es
menos valiosa en su sentido:

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Estás solo: si lo llamas "soledad" sufres; si lo llamas
"tranquilidad", disfrutas. Estás en grupo: si lo llamas
"multitud", te ahogas; si lo llamas "compañía", te
relajas (Libro I ).
Todo está en cómo se mire la situación. En definitiva,
es nuestra manera de ver las cosas lo que nos afecta, y
si trabajamos esa manera nuestra de ver las cosas, po-
demos influenciar nuestra conducta y nuestro bienestar.
Epicteto decía de sí mismo: "El carpintero trabaja la
madera; el zapatero, el cuero; el herrero, el hierro. Yo
trabajo mis reacciones a los hechos". En el teatro, que
los griegos frecuentaban como principal entretenimien-
to, espectáculo, cultura y catarsis, existía la costumbre
de que el público votase al final de la representación
quién había sido el mejor actor en escena. La votación
se tomaba muy en serio, y si alguien votaba por un actor
que luego no salía escogido, se tomaba muy a pecho el
fracaso, y podía haber escenas violentas de disputas y
golpes. Epicteto, que gustaba de ir al teatro y de votar
al final, declara pícaramente que él no tiene problemas
con la votación, porque siempre sale el actor que él vota.
¿Y cómo es eso? Porque vota al que salga más votado.
"Si voto por Sofrón, puedo quedar avergonzado si no
sale elegido; pero si voto por el que, de hecho, gana ... ,
¡siempre gano! Es bien sencillo". Epicuro (no Epicteto
esta vez) dice en su carta a Idomeneo: "Si quieres hacer
rico a Pítocles, no aumentes sus riquezas, sino haz men-
guar su ansia por las riquezas".
Epicteto, en el capítulo sexto del libro segundo de sus
discursos, cuenta otro ejemplo más aleccionador y pro-
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fundo de la misma conducta: el emperador Domiciano
había condenado al destierro a Gratilla, mujer de grandes
cualidades humanas y literarias y opuesta políticamente
a Domiciano. Una vez en el destierro, una amiga suya
le enviaba cada mes, por el barco que hacía la travesía
mensual, provisiones para todo el mes. Le dijeron enton-
ces a esta mujer que Domiciano confiscaría todo lo que
ella enviara. Y ella contestó con dignidad y sabiduría:
"Que haga el emperador lo que le toque hacer al empera-
dor. Yo hago lo que me toca hacer a mí. Seguiré envian-
do las provisiones cada mes. Si Gratilla no las recibe,
que sea porque Domiciano las ha confiscado, pero no
porque yo deje de enviarlas". Bella expresión de liber-
tad e independencia, de satisfacción de hacer lo que uno
sabe que debe hacer, y de desprendimiento interior de
la necesidad de conseguir el resultado deseado. Yo hago
lo que me toca hacer, en conciencia y responsabilidad
personales; y no dejo de hacerlo por saber que en el otro
extremo alguien va a frustrar el resultado material de mi
acción. Yo ya he enviado las provisiones del mes, Yese
acto es ya ayuda moral a mi amiga y protesta social ant:
la actitud injusta del emperador. Gratilla ya encontrara
modos de subsistir en el destierro. No sé más de lo que
sucedió en la historia, pero admiro la postura de esta rnu-
J.er' que preserva su dignidad ' su nobleza, sus actos Ystl
independencia. Y con ello preserva tan1b. ., de su
1en ~a paz . ti-
alma y el mejor apoyo a su amiga en el desti erro. 't \.
miro el gesto de Epicteto de conservamos es t8 n1cm, ort~

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