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P

“ uso a su hijo respeto, no con el ceño


airado, ni con la innoble fusta levantada -
que mal puede luego alzarse a hombre el que
se educa como siervo mísero;- no con la áspera
riña, ni la amenaza dura, sino con ese blando
consejo, plática amiga, suave regalo, tierno
reproche, que deja sin arrepentimiento tardío
el ánimo del padre, y llena de amoroso rubor
la frente del hijo...”
José Martí *

*
Martí Pérez, José. Discurso para honrar la memoria del poeta Alfredo Torroella,
Liceo de Guanabacoa; 28 de febrero de 1879, t 5 Pág. 83
ÍNDICE

¿Por qué la familia? 1

¿Que significa amar a los niños? 12

El estado emocional positivo. Condición indispensable para la 21


felicidad de los niños.

La naturaleza. Un tesoro para la educación de los niños pequeños. 33

Jugar en familia. Complicidad deliciosa entre niños y adultos. 46

Saber hablar a los niños y saber escucharlos: importantes 59


condiciones para educarlos.

¿Por qué es necesario leerles a los niños en los primeros años de 74


vida?

Palabras mágicas y buenas conductas que hacen más bella la vida. 86

Bibliografía 100
¿Por qué la familia?

La familia, desde tiempos inmemoriales sigue siendo, el puntal esencial de la


estructuración de la personalidad de los niños. Prácticamente en todas las
definiciones, más allá de la posición que se asuma para estudiar a la familia,
se hace referencia a los factores comunes: habitación común, descendencia
común, un mismo techo, mismos apellidos, mismos padres, mismo grupo,
misma historia.

Es, definitivamente, el primer contexto de educación, aprendizaje y desarrollo


para las personas y en este sentido es importante esclarecer que en su seno
aprenden no sólo los niños sino también los adultos. En la familia se ofrece
cuidado y protección a los hijos y se asegura su subsistencia en condiciones
decorosas. También ella contribuye a su socialización en relación con los
valores socialmente aceptados.

La naturaleza de las relaciones interpersonales es el factor clave del


desarrollo del niño en la familia, para que puedan ser autónomos,
emocionalmente equilibrados y capaces de establecer vínculos afectivos
satisfactorios.

Una función básica de la familia es la función socializadora. En ella, los


valores, las reglas, las costumbres de cada familia están al servicio de la
estabilidad familiar; funcionan como sello de identidad para las distintas
familias y favorecen el sentido de pertenencia.

Desde esta perspectiva, la familia se presenta como el mejor contexto para


acompañar a los nuevos vástagos, para transitar los cambios que implica
necesariamente la vida que se va construyendo, para dotarlos de las
capacidades para vivir en sociedad.
Si bien se podría decir que la familia no es el único contexto donde se educa,
es una realidad que el ambiente de proximidad e intimidad que en ella se
proporciona, la hace especialmente efectiva en esta tarea.

Las reglas familiares están, en general, implícitas y provienen de las familias


de origen y se transmiten de generación en generación. Las reglas pueden
funcionar como vehículos concretos de expresión de los valores, pues, en
general, responden a una determinada escala, sea esta explícita o no.

También pueden expresar la tradición y ser el principal obstáculo para el


cambio. Las reglas familiares constituyen indicadores de comunicación por
excelencia. Mediante ellos se determina quién habla, con quién, quién tiene
derecho a qué, cómo se expresan los afectos, qué se penaliza, que se
premia, a quién le corresponde hacer qué.

Las reglas cuando están en función de las metas y los valores familiares
contribuyen al crecimiento de la familia, pero si son excesivas, pueden
resultar un factor estresante. Lo importante aquí es la consistencia de las
reglas o sea, reglas claras que indican a las personas los límites entre lo que
se puede y lo que no se puede, que colaboran para dar seguridad a los hijos.

La familia se instituye así, como el primer paso importante hacia la cultura,


pues en ella se organiza el sistema de valores, la manera de pensar y de
comportarse de sus miembros, de acuerdo con la pertenencia cultural. La
familia instaura entonces el compromiso de cada uno de sus miembros con
un proyecto de relaciones que se construye en un determinado tiempo y
espacio y que define, por lo tanto, los valores que en cada unidad familiar se
ponen en juego.

“Más allá de la estructura, la historia, la cultura, la composición de la familia


sus funciones primeras siguen siendo las mismas: favorecer lo mejor posible
a nivel de las relaciones, las condiciones necesarias y suficientes de un
dispositivo que permita favorecer la capacidad psíquica de cada uno de sus
miembros para producir sentido a fin de inscribir su existencia en su historia y
la de los otros. La relación padres-hijos, a través de la educación en valores,
constituye la primer y fundamental escena de esta meta a lograr.” 1

La familia emerge como la instancia primera donde se experimenta y


organiza el futuro individual donde se dan las contradicciones entre:
"pertenecer a" y a la vez lograr la autonomía, parecerse y diferenciarse.

Un elemento importante en el contexto educativo de la familia es el sentido del


humor, tan obligatorio como lo son la disciplina, la educación académica o los
valores. Las relaciones entre padres e hijos son más sanas, menos tensas y
más cordiales cuando estos permiten y dedican más tiempo a las diversiones,
el buen humor y la risa.

Cuando existe un sentido del humor saludable en el seno familiar, los


problemas se analizan en su dimensión más precisa, sin llegar a extremos de
sobrevaloración o de subvaloración. De este modo, al asumir la perspectiva
del humor ante los errores y debilidades facilita reorientar situaciones que, de
otro modo, aumentarían las tensiones y los conflictos y, además, amplía el
campo de experiencias, pues como se conoce: se aprende tanto o más de los
errores que de los aciertos.

La risa es una de las expresiones que más beneficios aporta a la persona. Es


la expresión de una emoción tan importante como la alegría; aporta al cerebro
alivio y bienestar, libera tensiones y favorece una respuesta emocional única
orientada al optimismo y el bienestar. Todo esto se refleja también en la salud.
Y además, da lugar a un ambiente positivo y cordial. Al pasar más tiempo

1
Lefebvre, A. (2000) :De quelques fonctions paradoxales au sein de la relation parents-
enfants en: Le parent éducateur, de Jean Pierre Pourtois y Huguette Desmet , Paris: Presses
Universitaires de France.
juntos, en actividades lúdicas y divertidas, es posible enseñar a los niños a no
sobredimensionar los problemas mediante el buen humor y la alegría.

Pero hay que tener también muy en cuenta que el humor puede utilizarse para
perjudicar, ridiculizar o consolidar y reproducir estereotipos, por lo que es
necesario educar en la conciencia del daño que se puede hacer a los demás.
Este aprendizaje elemental ayudará a los niños a desarrollar su sentido del
humor sin perder la empatía (capacidad social básica que permite saber cómo
se siente el otro y actuar en consecuencia).

Otro asunto a destacar es, que las emociones desempeñan un papel


primordial en la vida del ser humano y tienen mucho que ver con el
comportamiento, por tanto, al regular las emociones, se puede lograr la
regulación del comportamiento. Todo lo que produzca una emoción o
sentimiento, es una clave que nos está revelando la importancia que en algún
sentido tiene ese hecho para nosotros, tanto si es positivo como si es
negativo.

En relación directa con lo anterior se encuentra la comunicación entre los


miembros de la familia. Siempre se ha asegurado que la buena comunicación
une la familia, pero debemos reflexionar acerca de que no existe una regla
básica para ello. Cada familia es un mundo distinto, que tienen un lenguaje
único. No obstante, se hace necesario encontrar fórmulas para mejorar la
comunicación en este ámbito y la clave para lograrlo está, en la voluntad, el
interés y la disposición, por parte de los padres, para que este espacio sea
creado y vivido intensamente, en la medida de lo posible.

Si lo que se quiere es una familia unida, la mejor vía, el más acertado camino,
es la comunicación. Por ello, se recomienda escuchar activa y reflexivamente
cada una de las intervenciones de los hijos y valorar hasta qué punto
merecen prioridad frente a la tarea que estén realizando los padres; en
cualquier caso, la respuesta ha de ser lo suficientemente correcta para no
menospreciar su necesidad de comunicación.

La práctica más favorecedora en el logro de una educación valiosa de los


hijos en el hogar, es hablar a los niños. El lenguaje es el primer sistema de
señales que emplea el bebé para relacionarse con su medio y para aprender
de lo que le rodea. Desde la más temprana edad, el niño aprende a identificar
los sonidos y su significado, e incluso a distinguir el tono del que le habla.

Desde los primeros momentos de la vida, el bebé capta la intensidad del


afecto, aprecia si se le sujeta o se le abraza; valora el tono afectivo de la
mirada del adulto cuando le acerca un juguete. También ocurre esto entre las
personas adultas y entre los miembros de una familia. El lenguaje es social, y
está limitado por los conocimientos de cada uno. Los símbolos son
personales, inagotables. La posibilidad de combinar ambos lenguajes (verbal
y gestual) implica comunicación.

Los gestos, las miradas, la expresión del rostro, ponen de manifiesto


actitudes, sentimientos, predisposiciones y motivaciones que permiten una
comunicación interpersonal trascendente y favorecen la armonía familiar.

Esta reflexión nos conduce a pensar en la coeducación familiar. Como se


sabe, los niños y las niñas son el reflejo de sus progenitores, como sus
modelos primeros y más cercanos; por tanto, un ambiente familiar cargado de
sexismo, en el que, pese a la aparente igualdad, los espacios, los tiempos, las
áreas en las que se involucran sus integrantes, son desiguales, y pueden
favorecer la transmisión de estereotipos que siguen limitando a la mujer al
ámbito doméstico, sobrecargada en sus funciones, dedicada, ella
exclusivamente, a la educación de sus hijos, y al servicio por entero de los
demás, y conferir al hombre un “poder” de elección y decisión mayor, que en
muchos casos impone y ejerce por la fuerza, y que se transfiere
indirectamente, en muchos casos a los hijos e hijas para conseguir sus
objetivos.

En este sentido se hace imprescindible cuidar la manera de actuar; es


importante “predicar con el ejemplo” y empezar a buscar igualdad en las
relaciones, en la vida personal, familiar, de pareja, y defender derechos de
igualdad, una participación y toma de decisiones equilibradas, tanto en la vida
privada (ámbito doméstico) como en la pública, que impida que los hijos e
hijas puedan pensar que es posible dominar a una persona, anularla,
controlarla.

Hablar de coeducación en la familia, no significa hablar de un patrón de


educación, ajeno a las diferencias individuales. Está claro que, en esencia,
ningún individuo es igual a otro, cada uno de los hijos e hijas, tiene
capacidades, cualidades y potencialidades diferentes y en función de ellas
requieren un tipo de normas educativas distintas, pero que nunca estarían en
función del sexo.

Si a las hijas se les pide que sean quienes se ocupen de las tareas familiares,
del cuidado de los mayores, de la realización de las tareas domésticas,
fundamentando en ello su feminidad; si se les inculca la importancia del
cuidado de su aspecto físico como único pilar de su autoestima; si se
matricula a los hijos en judo, en un equipo de pelota; si se les compran
pistolas, espadas, carritos y, a las hijas se les proporciona su ingreso al ballet,
la gimnasia rítmica y se les regalan muñecas, cocinitas y accesorios de
limpieza, etc. se estará contribuyendo a instaurar roles diferenciados que
fomentan la desigualdad.

Pasando a otro tema, cuando de educación familiar se trata lo primero que


viene a la mente es la educación de los buenos modales, las costumbres, el
buen comportamiento. Los niños deben saber cómo comportarse en cualquier
lugar donde se encuentren y es precisamente la familia el modelo a imitar
para lograr estos aprendizajes. El comportamiento adecuado y el empleo de
las eternas palabras mágicas “gracias”, “por favor”, “con permiso”, “disculpe”,
sin las cuales la vida se hace mucho más vulgar y triste, son retos muy
importantes que tiene ante sí la familia de hoy. Los pequeños hacen más lo
que ven hacer y no lo que se les dice que hagan. Un hogar donde haya
cooperación es un lugar donde se consigue y se vive el bienestar de todos.

Y no puede faltar una reflexión dedicada al tiempo libre bien aprovechado.


Dedicar parte del tiempo libre de los niños a convivir con la familia, no significa
que tienen que estar encerrados entre las cuatro paredes del hogar. Con la
familia se puede estar en la calle, en los paseos, haciendo deportes al aire
libre o compartiendo las diversas actividades sociales en que participan las
familias en la comunidad y fuera de ella.

Esta convivencia familiar, les llevará a ayudarse unos a otros. Ese es el


enriquecimiento personal y familiar, que los padres deben fomentar en la
educación de sus hijos, mediante el valor humano de la convivencia familiar.

En síntesis, podemos decir que la familia supone:

• Un proyecto vital de existencia con un propósito educativo compartido,


donde hay un fuerte compromiso emocional,
• Un contexto de desarrollo tanto para los hijos como para los padres,
hermanos, abuelos y otros miembros de esta célula,
• Un escenario de encuentro intergeneracional, matizado por la alegría
y el disfrute y el crecimiento de todos
• Una red de apoyo para las etapas de transiciones y para las crisis.

La familia es el pilar de la sociedad, que prosperará o declinará en función de


lo que hagan cada uno de sus componentes al interior de esta y lo que haga
el conjunto de las familias en la comunidad. Será mucho más fácil para los
hijos, recibir buena educación de los padres, si tienen un arraigado concepto
de pertenencia a la familia, pues, por esta razón, admitirán mucho mejor los
consejos y observaciones de los padres y otros adultos.

La familia es el terreno donde se comparten las alegrías y las penas, el lugar


donde se aprende a convivir en sociedad y donde se comparte, en beneficio
de los otros, todo lo material y espiritual que se posee. Es donde se aprende y
se enseña, donde se protege a los más débiles y donde se sienten protegidos
por los demás. En la familia se aprende a servir y a ser servido, a dar y a
recibir, sin cuestionamientos egoístas.

“La familia no es un hotel de paso, es el lugar donde se reúnen sus


componentes, para apoyarse unos con otros y disfrutar de la mutua compañía.
Es el refugio en la adversidad, pero también el hospital, donde se curan las
enfermedades o sentimientos de sus miembros” 2.

Los valores humanos de la confianza, la lealtad, la generosidad, la fidelidad, la


sinceridad, la laboriosidad, la solidaridad, la responsabilidad y el respeto
deben ser vividos en la familia para ser felices. Si el interior de la familia, es
una comunidad de amor, educación y formación, se decidirá mejor el éxito de
los hijos, pues aprenderán a ser más fuertes, más preparados y más
solidarios al heredar las virtudes y valores humanos de sus padres y abuelos.

Y a propósito de los abuelos, consideramos no puede excluirse en estas


reflexiones el tema de esos seres maravillosos que derraman amor por
dondequiera que van y que merecen el mayor respeto. Los abuelos pueden
proporcionar un apoyo colmado de experiencias y ofrecer una serie de
consejos útiles para atender a los niños en el hogar. El encuentro de los
abuelos con sus nietos es siempre muy enriquecedor para ambas partes. A

2
ESCUELA PARA PADRES El tiempo libre de los hijos. (III) La familia como valor humano.
http://blog.micumbre.com/2008/10/02/el-tiempo-libre-de-los-hijos-iii-la-familia-como-valor-
humano/
muchos pequeños les encantan estar con sus abuelos por diferentes razones.
Unos, porque al lado de los abuelos no reciben tantas órdenes ni
obligaciones. Otros, porque pueden hacer cosas distintas con ellos, como,
comer dulces y galletas, pasear y realizar una infinidad de actividades que
hacen que con ellos se sientan más libres. Algunos nietos ven a sus abuelos
como un amigo, una especie de guía; también como seres divertidos,
cariñosos, halagadores, mimosos y que gustan de estar con ellos.

En sentido general, los abuelos sienten mucho placer con sus nietos. Estar
con ellos es también una forma de renovarse personalmente. Es tener más
participación en la familia, y sentirse más jóvenes y actualizados. Si los
abuelos van a estar con los nietos, lo ideal es que haya un acuerdo entre las
partes, para el bien del niño y de todos. Para eso, es necesario que entre los
padres y los abuelos exista una relación sosegada, específica y verdadera,
libre de celos, en la que reine el respeto a las exigencias y a los hábitos del
otro.

Para cerrar, propongo leer y analizar algunas sentencias conocidas


relacionadas con la familia

• El amor empieza en la familia. Si no nos amamos los que convivimos


las 24 horas, ¿cómo vamos a amar a los que no vemos, más que
una sola vez en la vida?
• Para poder transformar el mundo, primero hay que dar tres vueltas
por la propia casa.
• Cada familia debe ser una escuela, donde los padres y los hijos,
puedan reflexionar y aprender juntos.

• De nada sirve complacer a los hijos en todos sus caprichos, si no les


brindamos una verdadera familia.
• La familia es el espejo de la sociedad y desde ella se fragua el futuro
de la humanidad
• La familia es una comunidad, en la que todos son amados por lo que
son y no por lo que tienen.
• Los trapos sucios de la familia, se lavan dentro de la casa.
• Por severo que sea un padre al juzgar a su hijo, nunca es tan severo
como un hijo al juzgar a su padre.
• Traten de estar más tiempo en casa, porque la familia es mucho más
que la casa donde se vive, es el lugar donde uno es esperado.

Concluyo mis reflexiones expresando que si no nos consideráramos


"cómplices", lo que significa estar íntimamente envueltos en la vida y la
felicidad de nuestros hijos, sería imposible cumplir bien el rol de padres y
madres. Nuestro papel es, independientemente de compañeros de viaje, el de
conductores. Debemos "sentarnos delante" y guiarlos, a veces empujando y a
veces frenando. No podemos ser sus "amiguitos", ni "sentarnos en su fila", ni
hacer de hijos, como en el juego de roles. Debemos hacerles disfrutar del
viaje de la vida, del que nosotros somos sus primeros guías.

Finalmente deseo expresar que este libro es el resultado de muchos


momentos de reflexión, de valoración acerca de la prioridad que se otorga en
nuestro país a la educación en el hogar y a la búsqueda de las mejores ideas
para su preparación y orientación, con el fin de lograr el protagonismo
imprescindible en la formación y desarrollo de los hijos. Con él me propuse
ofrecer algunas consideraciones relacionadas con diferentes temas actuales
que cobran en el hogar una importancia capital, por el lugar que ocupa la
familia en la sociedad.

En sus páginas los educadores y los propios padres podrán algunas


respuestas a la pregunta que encabeza estas palabras introductorias: la
importancia de amar a los niños en un clima de verdadera comprensión y con
la exigencia necesaria; el significado de propiciar un estado emocional
positivo para alcanzar la felicidad en el hogar; la importancia de saber
hablarles a los niños y saber escucharlos; el acercamiento a la naturaleza
para conocerla, comprenderla y cuidarla; el juego en el hogar y su relación
con el reforzamiento de los vínculos afectivos en la familia; el desarrollo del
gusto por la lectura desde tempranas edades y como un último tema, algunas
ideas acerca de la significación de educar las buenas costumbres y conductas
sociales desde el hogar.

Estas reflexiones pueden resultar útiles para los educadores preescolares en


su trabajo con la familia, fundamentalmente para favorecer ese ambiente de
comprensión, respeto, amor y bondad que siempre debe prevalecer en la
comunicación de los padres y los otros integrantes del grupo familiar, con los
pequeños miembros de ese núcleo humano, cuyas funciones constituyen la
base de la educación en la sociedad. Siempre es saludable recordar lo que
alguien dijo:

El mejor olor, el del pan;


el mejor sabor, el del chocolate;
el mejor amor, el de los niños
Amar a la persona
Lo importante para nosotros es el individuo.
Para amar a una persona, hay que acercarse a ella.
Si esperamos que haya un cierto número,
nos perderemos en la cantidad, y no podremos jamás
dar muestras de respeto y de amor a una persona en concreto.
Para mí, cada persona es única en el mundo.
Madre Teresa de Calcuta 3

Durante más de 40 años he trabajado para la educación de los niños, he


formado varias generaciones de profesionales de la educación de la primera
infancia; he ofrecido orientaciones de cómo debe ser su formación; con la
colaboración de muchos expertos he trabajado para concebir cómo debe ser
ese profesional, qué cualidades debe poseer, cómo debe prepararse para
guiar a los pequeños y educarlos integralmente; para que se relacionen
profesionalmente con los diferentes agentes educativos que actúan con los
pequeños (otros educadores, la familia y la comunidad) y cómo deben
preparar a la familia para esta responsabilidad mayúscula que les plantea la
vida al traer un niño al mundo.

3
Madre Teresa de Calcuta: La alegría de darse los demás, Ediciones Paulinas, 1978,
pp. 97 y 98.
En todo este tiempo he escuchado muchas ideas, he leído numerosas obras
acerca de la educación de los niños de la etapa preescolar; he debatido en
diversos foros sobre su cuidado, su alimentación, su educación y he tenido y
tengo la oportunidad de hallarme en contextos donde se discute qué significa
amar a los niños, qué significa querer a los más pequeños de la sociedad y
qué se debe hacer para que se conviertan en personas integrales desde todos
los puntos de vista.

En todo este tiempo me he dado cuenta de que por mucho que se diga que
los niños han cambiado, yo pienso que no es así. Los niños de hoy tienen las
mismas necesidades, los mismos intereses, los mismos gustos y se
manifiestan de igual manera que los niños de antes, solo que viven en otro
momento del desarrollo de la sociedad.

Yo fui niña, fui una niña feliz y cada vez que estoy preparando alguna clase,
alguna conferencia, algún documento relacionado con la educación de los
niños o la formación de sus educadores, recuerdo lo que a mí me gustaba, a
lo quería jugar, lo que me complacía más y también lo que no satisfacía mis
necesidades, lo que me entristecía. Recuerdo también lo que podía hacer y lo
que no podía; llevo en mi memoria siempre el cariño de mis padres y al propio
tiempo sus exigencias. Fui una niña que jugó mucho y que aprendió mucho
jugando, haciendo cosas de niña, con padres exigentes.

Estoy convencida de la gran importancia que tienen el juego, la actividad de


recreación, el buen humor, el ambiente alegre, en el desarrollo de la mujer y
del hombre. Si fuésemos adultos responsables y nos diéramos cuenta del
hecho de que quién ha podido jugar bien y bastante de niño será después un
adulto mejor, más sano, más sereno y productivo, no solo entenderíamos a
los niños sino que trataríamos que el juego fuese considerado como es
exactamente: no solo un derecho sino también un deber.
Lamentablemente lo que ha sucedido no es que los niños hayan cambiado,
sino que son los adultos los que no son iguales y esto está generando
situaciones nuevas en su educación.

Una parte de los padres (he conocido a algunos) ya no tienen claro qué
significa querer a un hijo y educarlo bien. Las generaciones anteriores,
equivocadas o no, con buenos o adversos resultados, sabían qué clase de
adultos deseaban que fuesen sus hijos y la educación se orientaba hacia ese
fin.

Pero hoy, se obvian las metas y existe tanto miedo a equivocarse, que se mal
educa. Los niños tienen la posibilidad de "hacer lo que quieran". No se les
imponen muchos límites para no "frustrarlos" y no se les exigen
responsabilidades, en un acto exagerado de protección (léase,
sobreprotección)

Ser niño en el presente siglo es una misión difícil y las nuevas generaciones
tienen que adaptarse a las exigencias que les imponen los padres, los
amiguitos y la sociedad.

En la sociedad actual se ha descubierto que los niños son importantes


"consumidores". Y, si bien no es el hijo quien decide la compra, es quién
ejerce la presión en los adultos para que esta compra se realice. De tal
manera se los hostiga por todos los medios posibles y existentes, tratando de
implantarles necesidades que en realidad no tienen.

Entre tantas cosas a consumir, también se idearán juguetes para "no jugar",
aparatos mecánicos “para romper”, complicadas máquinas que nada tienen
que ver con sus edades. Todos, objetos para ser coleccionados y exhibidos
como símbolos de estatus entre los niños o entre los padres.
Muchas familias, incluso aquellas que no tienen todas las posibilidades,
ceden y caen en “la trampa” ante el "quiero eso" y el "cómprame aquello",
justificando, "si todos lo tienen, ¿por qué él no lo va a tener?".

Por un lado estas familias ceden mucho y luego, por otro lado, las exigencias
para que este niño de hoy llegue a ser un adulto pleno, les imponen nuevas y
pesadas cargas. Sus obligaciones no culminan con lo que corresponde según
su edad y nivel de desarrollo, porque si queda algún rato libre, seguramente
se completa con una computadora puesta a su servicio, aunque aún sus
manitas no estén preparadas y el cerebro tampoco, para que se “entretenga o
vaya entrenándose” y, cualquier otra actividad que, supuestamente, los
preparan para el futuro y que les impide tener acceso al juego, a la diversión,
al ocio positivo.

Sí, porque en esta nueva función de ser niño, ya no hay lugar para el tiempo
libre, para jugar, para disfrutar, para divertirse o, simplemente, para ojear un
bello libro.

“Hoy este tiempo libre ha desaparecido. La ciudad peligrosa impide a los niños
salir de casa solos. Los padres prefieren que permanezcan en casa o que
frecuenten las escuelas de deportes de las tardes, de danza o de guitarra y si
debe salir, lo acompañan, posiblemente en auto” 4

Hoy en día muchos padres tratan de compensar esta carencia con sustitutos
materiales: ropas y calzado de marca, (en lo posible caros y ostentosos),
golosinas y pocos límites. Dicen: “El no va a tener las carencias que yo tuve”

4
Francesco Tonucci Conferencia ¿Qué significa ser niño hoy? El niño entre la revolución y la profecía
en la ciudad en tiempo de crisis II CONGRESO INTERNACIONAL DE EDUCACION MASTER
LIBROS, EDITORES. “Educando en tiempos de cambio” Italia, 1999.
Sin embargo, se limitan y controlan en muchos aspectos en los que deberían
ayudarlos a crecer, a desarrollarse, a independizarse, a recorrer de la mano
de los adultos, en forma gradual y progresiva, ese camino maravilloso que es
la infancia, que va desde los primeros pasos, las primeras palabras, pasando
por la independencia hasta llegar a un estado de mayor autonomía.

También, se les estimula más allá de lo que corresponde a su edad y etapa de


desarrollo. Incluso se les altera su régimen de vida. Tal es el caso de que se
les permite el acceso a películas, series, novelas, publicidad, revistas, etc.,
sin olvidar los supuestos espectáculos o programas televisivos donde se
muestran situaciones adultas trasladadas a la infancia, como si fuesen la
realidad del niño, y que él termina trasladándolas a su vida cotidiana, aunque
no pueda ser capaz de juzgarlas y operar con ellas. De este modo se acaba
por suprimir todo placer por el juego sano, alegre, cooperativo.

Por otro lado, a los pequeños se les limita la auténtica relación con el entorno
que los rodea, y hasta se ven obligados a pasar pruebas para que el
educador y los padres obtengan buenos resultados como se obtiene un trofeo,
en lugar de aprender para saber y para que les sirva en su vida cotidiana.

Las niñas de algunas generaciones atrás, jugaban a "la mamá" y ese juego
les permitía identificarse con su realidad y poder asimilarla. Así, ellas se
ponían en el rol de su propia madre y el muñeco eran ellas mismas o una
sencilla muñeca flexible, que se podía bañar despeinar, volver a peinar,
acostar a dormir, alimentar y llevarla a pasear. Pero muchas de las muñecas
modernas ya no son bebés o niños y niñas, sino mujeres adultas con cuerpos
adultos, que usan vestidos largos de baile, que se ponen zapatos de tacones
y que “tienen novios”.

Entonces me pregunto: "¿puede una niña de 5 ó 6 años jugar a ser la mamá


de una muñeca con novio?". Deberíamos reconsiderar acerca del modelo a
seguir, cuestión que ya traté en otro artículo en el que doy una mirada a los
juguetes, y su importancia.

Otra reflexión que considero interesante: los niños no caminan lo suficiente,


pues pese a estar aptos para hacerlo (entre los 2, 3 y hasta de 5 años y más),
viajan en cómodos cochecitos con un chupete en la boca. Cuánta falta les
hace a estos pequeños, saltar, correr trepar, competir con sus amigos. Ir de la
mano de los padres, en posición erecta, ejercitándose, mirando el mundo que
los rodea, fantaseando con las nubes, las aves, con la gente que pasa a su
alrededor, mediante esa pródiga imaginación que se les quiere limitar.

El niño es una persona especial, por ello necesita una atención especial, sin
descuidos, abandonos, maltratos, o exigencias por encima de sus
posibilidades pero, sin sobreprotección, aislamiento, menosprecio o
subvaloración. Es preciso, desde temprano, encontrar el equilibrio necesario
en la educación, a partir del propio hogar y en todos los contextos educativos.
En esta tarea no puede haber despreocupaciones o indolencia, porque puede
resultar peligroso, y además es posible perder espacios y momentos que será
muy difícil recuperar.

En el título de este material nos preguntamos: ¿QUÉ SIGNIFICA AMAR AL


NIÑO?

La respuesta sencilla y clara es esta: Cuando se ama verdaderamente a un


niño debe cuidársele con esmero, asegurarle las condiciones básicas de
salud, alimentación y protección; se le debe procurar su mayor socialización,
facilitarle al máximo posible, la educación y el desarrollo; se le debe educar
en cada momento de su vida, explicarle todo, porque él puede comprender si
sabemos comunicarnos.
“El amor, el afecto, se encuentran en la base de todas las formaciones
psíquicas infantiles” 5

La alegría, el bienestar, la satisfacción afectiva del niño o niña cuando mamá,


papá o los abuelitos le cargan o junto miran las ilustraciones de un libro de
cuentos, cuando juegan juntos, constituyen la plataforma para formar en los
niños los deseos de hacer algo: leer, aprender, jugar, etc. Y subrayamos que
no es por el hábito de hacerlo, sino por sentir la satisfacción y la alegría de
hacerlo.

Amar a un niño es saber que es un ser activo, pensante y casi siempre


asombroso; es conocer que se trata de una persona, pequeñita, sí, pero que
ya comenzó a andar por la vida y a enfrentar sus realidades, comenzó a
aprender desde que comenzó a vivir, pero que necesita de nosotros, de los
adultos para guiarlo en ese bregar.

Amar a un niño es desarrollarle sentimientos que son los que con más
pujanza los impulsará a actuar. Es procurar que los sentimientos estén
dirigidos por la inteligencia, pero eso también hay que enseñarlo, y al final, la
fuerza mayor estará en los sentimientos. Y si los dejamos a un lado, si no los
educamos, quedan en manos de la espontaneidad, y una persona regida por
la espontaneidad utiliza poco la inteligencia y procederá con poco acierto en
su vida.

La educación de los sentimientos es quizá una de las grandes tareas que hay
que comenzar a realizar desde muy temprano en la existencia de un niño. Es
importante, y así pienso, porque los sentimientos son una poderosa realidad
humana que ha sido un poco olvidada, que se ha descuidado bastante en esta
época.

5
Turner Martí, Lidia y Balbina Pita Céspedes. Pedagogía de la Ternura. Pág. 40
.En familia se aprende a cómo sentirnos respecto a nosotros mismos, y cómo
los demás reaccionarán a nuestros sentimientos. La vida en familia es la
primera escuela emocional del hombre.

Otra cuestión a tener en cuenta es que el amor por el niño no entra en


contradicción con las exigencias. ¿Por qué hay niños muy egoístas e
insensibles, con padres de gran corazón? El modelo es importante, pero no lo
es todo. Hay padres muy buenos, pero sus hijos son una calamidad por un
problema de falta de exigencia. Son hijos con poca autoexigencia, porque no
la hubo por parte de sus padres. Sin exigencia personal no se pueden llevar a
cabo proyectos serios, no se puede hacer nada sensato en la vida. Sin
exigencias, difícilmente se puedan educar los sentimientos.

La falta de exigencia en la educación de los niños, es una de las mayores


cargas que los padres pueden tener cuando sus hijos ya son adolescentes y
jóvenes. Una persona que no educa a sus retoños desde temprana edad, en
un clima de verdadero amor con la exigencia necesaria, los está convirtiendo
en seres desdichados. Y aunque suene muy fuerte, y quizá a más de una
persona le parezca injusto, es uno de los mayores fraudes que se pueden
cometer con una persona. Un fraude, además, bajo el manto del cariño, del
amor, equivocados, frecuentemente, por el exceso de cosas que se le
proporcionan: hay muchos niños a los cuales se les conduce al desastre y al
final, a la falta de austeridad en la vida.

En estas edades hay que prestar una atención primordial a la educación


moral. La educación moral no es algo que viene después, un apéndice donde
se dice: "... bueno, habría luego que ver las cuestiones morales. No. La
cuestión moral es definitiva para ver de qué modo va orientar su vida... Hay
que educar sabiendo mostrar el atractivo de la virtud, y en esto influyen de
forma decisiva los sentimientos”.6

De ahí lo importante que resulta prepararnos para su educación, de


orientarnos constantemente para responder a sus exigencias y exigirles a
ellos también a la altura de sus potencialidades. La sintonía entre padres y
educadores es cuestión significativa que no podemos perder de vista. Es
necesario que exista una atmósfera propicia, un clima distendido, de buena
comunicación, donde prevalezcan los momentos de más intimidad, en los que
afloren los sentimientos y sean compartidos y educados; sin un excesivo
pudor para manifestar los propios sentimientos; con facilidad para expresar a
los demás con lealtad y cariño lo que de ellos nos ha satisfecho y lo que nos
ha disgustado, etc. En un ambiente de buena comunicación en la familia y de
esta con los educadores es más fácil motivarse mutuamente.

¡No exorcicemos la infancia educándola en la novedad y la preocupación que


trae consigo, en las seguridades y con las costumbres adultas, en las
comodidades, con los regalos y los bienes de consumo, en las fabulosas
meriendas, la televisión, los cursos de idiomas y computación, el play station,
la ropa de marca. Recordemos que la educación en el consumo es la forma
más grave de violencia y de corrupción!

Recordemos lo que en su tiempo expresara José Martí:

“Siendo tiernos, elaboramos la ternura que hemos de gozar nosotros.


—Y sin pan se vive: —sin amor— ¡no!..” 7

6
Alfonso Aguiló, Transcripción de la conferencia : ¿Se pueden educar los sentimientos? Colegio
Retamar, 2.XII.00. tomado de http://www.interrogantes.net/
7
José Martí: Obras Completas., Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.
t. 16, p. 17
“Solo es feliz el Bueno.” 8
José Martí

Reflexionar acerca de la tarea de educar niños pequeños implica abrir la


mirada hacia diferentes direcciones. Esos ojos escrutadores, esas manitos,
esa lágrima. Esos sonidos primeros, esa leve sonrisa. Así comienzan a
comunicarse con el mundo, así empiezan a aprender lo que les gusta y lo que
les disgusta, a darse cuenta de lo que quieren. Nadie con más capacidad de
aprender que un niño.

Entonces la familia trata de satisfacer sus necesidades, saben "escucharlos",


entender ese idioma de miradas, de lágrimas y sonrisas. Así crecen,

8
Martí Pérez, José . “Por la bahía de Nueva York”, La Nación, Buenos Aires19 de septiembre de 1888
T. 12 Pág 24
aprenden, conocen el mundo familiar, se sienten seguros, comprendidos.
Inician de este modo el camino de la autonomía.

Cada hombre o mujer, al unirse como pareja, aportan a la familia recién


creada su manera de pensar, sus valores y actitudes; trasmiten luego a sus
hijos los modos de actuar con los objetos, las formas de relación con las
personas, las normas de comportamiento social, que reflejan mucho de lo que
ellos mismos en su temprana niñez y durante toda la vida, aprendieron e
hicieron suyos en sus respectivas familias, para así crear un ciclo que vuelve
a repetirse.

“La familia es un microcosmo del mundo. Para entender y cambiar el mundo hemos de empezar por
estudiar y cambiar a las familias”. Virginia Satir. (26 de junio de 1916 al 10 de septiembre de
1988 notable psicoterapeuta estadounidense, conocida especialmente por su enfoque de
terapia familiar)

Aquí debemos considerar el carácter evolutivo de la familia. Se trata no de


una formación estática, sino de un grupo en constante proceso de
transformación. Por tanto, la familia no solo está condicionada por el tipo de
sistema social imperante, sino que dentro de este, sus características varían
de una etapa histórica a otra. A su vez, a nivel individual, las particularidades
de los conflictos familiares cambian de una familia a otra y ello depende del
estadio del ciclo de vida de sus integrantes.

A partir de lo expuesto es fácil comprender que no es equiparable la


naturaleza de los conflictos familiares en sociedades ideológicamente
distintas, y, a su vez, son diferentes las características socio – psicológicas de
las familias aun en diferentes países bajo el mismo régimen social, por
razones étnicas, culturales, económicas y políticas.

Aunque, no es menos cierto que las familias, aun en un mismo país están en
continuo proceso de transformación, de acuerdo con el grado de desarrollo
alcanzado y, además, es bueno destacar que la naturaleza de los problemas
familiares difieren de una familia a otra, en concordancia con sus propias
regularidades socio psicológicas y de la etapa de desarrollo en que se
encuentran sus integrantes

En relación con lo anterior, en el seno de cualquier familia se pueden producir


las mismas luchas de poder, la misma falta de comunicación y de
entendimiento que se pueden dar entre países. Y si no somos capaces de
lograr un ambiente favorable en nuestra propia familia ¿Cómo podemos
siquiera imaginar la paz mundial?

Los padres y la familia en general, por lo tanto, tienen en sus manos una tarea
de gran responsabilidad, tal vez la más difícil. Con su actitud y su manera de
educar influyen de modo extraordinario, desde los primeros momentos de la
vida de ese nuevo ser humano, en lo que en el futuro serán como miembros
de una sociedad.

Esta es una labor ardua y continua, pues en cada decisión, en cada gesto,
con cada palabra, hasta con una mirada, los padres educan. Y además, es
esta una labor en la que no existen reglas fijas, pues ningún hijo ni ningún
padre o madre es igual a otro.

Comencemos por una pregunta: ¿Qué significa ser niño?

“Los niños son mensajes vivientes que enviamos al futuro”. Giuseppe Mazzini
(Revolucionario del Resurgimiento italiano (Génova, 1805 - Pisa, 1872).

Se dice siempre que los niños son el futuro. Es mejor decir que son el hoy.
Así, el lugar en el que crecen los niños desempeña un importante papel en el
desarrollo de su historia individual, pero también en la historia de la
humanidad.

En el mundo actual la infancia alcanza significados muy diversos según las


condiciones en que transcurre. Hay niños fustigados a crecer de golpe, y otros
que esperan una oportunidad para crecer. Están los que viven rodeados de un
ambiente estimulante y otros que viven en medio de privaciones y abandono.

Están los que disponen de tiempo para jugar, aprender y comprender y


quienes colman los tiempos con la nada. Algunos niños son halagados por las
estrategias de marketing, por la televisión, por la publicidad. Mientras que
otros son violentados por las situaciones de pobreza y hambre. Aunque son
objeto de los más democráticos discursos sobre la educación y los derechos
humanos, para muchos niños en el mundo está excluido el acceso a la salud,
la educación y la cultura.

No se debe olvidar que la infancia es un terreno fecundo, es un período


determinante en el desenvolvimiento del hombre total. Es el punto de partida,
donde se colocan los cimientos.

La mayor parte de los padres quieren que sus hijos tengan éxito, que lleguen
a ser buenas personas, que no tengan problemas graves, que sean felices.
Por eso quieren que los atiendan buenos educadores, en un contexto
educacional de alta calidad; vigilan su alimentación, los cuidan. Pero la
educación no está completa si no se atiende el equilibrio emocional, que es
precisamente donde más desorientados acostumbran a estar los padres
actualmente y donde más niños pueden tener dificultades. Nunca debemos
olvidar que la forma en que seamos educados durante los prim eros
años, puede llegar a determinar, fuertemente, cómo seamos y
vivam os en el futuro.

Uno de los problemas más frecuentes en muchos hogares es que ambos


padres trabajan, y apenas se disfruta de tiempo compartido en familia. Esto
repercute en el espacio y la energía que debemos dedicar a la educación de
los hijos y contribuye a que se eduquen en cierta medida al libre capricho. Por
otra parte, a pesar de que se les dan múltiples posibilidades, a menudo los
hijos se sienten presionados por tener que llegar a la altura de las
expectativas de sus padres.

Las posibilidades del desarrollo infantil pueden ser aprovechadas


sustancialmente por los padres de familia y otros adultos que interactúan
directamente con el niño o la niña en el medio en que nace y crece.

La madre es quien generalmente prioriza esta mediación, y bien orientada,


puede resultar un agente muy significativo en las particularidades del
desarrollo de sus hijos. De la calidad de la relación de la madre, del padre y
otros adultos que se vinculan con el niño en el medio familiar, y de cómo
organizan sus interacciones dependen en grado sumo las particularidades de
ese desarrollo.

Este tipo de comunicación sienta las bases para la formación de


comportamientos, conocimientos, hábitos y habilidades sociales, emocionales,
intelectuales, que a su vez, posteriormente repercutirán, en su conjunto, en la
formación de cualidades, normas y valores.

Ser eficiente y tener éxito en la esfera laboral es lo que más se valora en la


actualidad, y los niños no escapan de este afán generalizado. Sin embargo,
mientras un niño no logre estar contento consigo mismo y sienta que los
demás también lo están, inevitablemente será infeliz, por muchas cosas que
consiga. A los niños se les debe enriquecer permanentemente su vida y por
ningún concepto, acelerar el desarrollo.

Para una correcta educación infantil se ha de tener en cuenta, ante todo, la


responsabilidad de los padres y madres quienes aportarán al niño o la niña,
en cada momento, aquello que necesitan, sin inhibir su independencia.
Brindarán en cada instante una educación de acuerdo con sus necesidades, y
respetarán siempre las particularidades del desarrollo en el período evolutivo
por el que transita cada niño y proporcionarán un modelo a imitar, un ejemplo
para el desarrollo integral de sus sucesores.

Esta labor de educativa ha de hacerse dentro de un contexto de afectividad,


de modo que el niño se encuentre en cada momento inmerso en un mundo
cordial y cariñoso que motive y estimule sus capacidades potenciales, en un
clima emocional positivo, con una imagen relajada, en la que la educación se
convierta en un algo esperado, más que un momento generador de ansiedad
y rechazo.

Otra cuestión ineludible es enseñarlos a valorarse a sí mismos. Es decir,


debemos educar con el necesario respeto y saber valorar la individualidad de
cada hijo, porque esa es la mejor manera de favorecer que se aprecie y
crezca con seguridad en sí mismo.

De ahí que la tarea principal de los padres sea la creación de un ambiente


humano positivo, en el que estén presentes las condiciones afectivas para un
desenvolvimiento apropiado del aprendizaje y para la formación del sano
desarrollo de la personalidad de sus niños.

¿Qué se debe hacer entonces?

DEDICARLES TIEMPO se trata de simplemente estar con ellos, disfrutar


conjuntamente con ellos, sus juegos, sus alegrías, sus triunfos.

EVITAR LAS ETIQUETAS las etiquetas (“eres torpe”, “nunca escuchas”…)


son como profecías que tienden a cumplirse. Es preferible aumentar su
autoestima y elogiar sus cualidades. Es preciso apoyarse en sus
potencialidades, y a partir de ellas conducirlos hacia adelante para que
eliminen las dificultades lógicas de la etapa de desarrollo.
TRATARLES CON RESPECTO intentar no humillarles en público y no
exigirles por encima de sus posibilidades.

DEMOSTRARLES AFECTO: el contacto físico nutre la relación con los hijos y


les permite vivir con mayor naturalidad.

AYUDARLES A SENTIRSE ÚTILES: se les pueden asignar tareas que les


resulten gratificantes y que puedan realizar sin problemas, de acuerdo con sus
posibilidades.

RECONOCER SUS NECESIDADES: tras una conducta irritante, desafiante o


apática, existe una necesidad que conviene descubrir y atender.

Conseguir que los niños tengan un buen equilibrio emocional no es una tarea
fácil, pero siempre es posible realizar transformaciones para lograr un
ambiente más favorecedor. Para eso es preciso que los padres, que llevan la
batuta familiar, sean más conscientes de sí mismos y de la relación que
mantienen con sus hijos; que desarrollen cierta apertura para aceptar los
cambios y se acompañen de un gran sentido del humor y paciencia para ese
largo proceso.

“El medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices”. Oscar Wilde.
(Dublín, 16 de octubre de 1854 – París, 30 de noviembre de 1900) fue un escritor, poeta y
dramaturgo británico-irlandés)

Ayudarlos a crecer y desarrollarse.

Los padres son los encargados, en el desarrollo de sus hijos, de plantar la


semilla, de regarla y ayudarla a crecer. Su función esencial es, pues, brindar
el sustento necesario, que es tanto físico como espiritual. Además de aportar
agua, el abono y la tierra fértil que necesita toda planta para elevarse fuerte y
sana, los padres deben procurar el afecto necesario para que los hijos
crezcan con una buena base de autoestima y seguridad en sí mismos. Pero
eso no se consigue simplemente aportando cariño: también requiere
conseguir que los niños acepten y cumplan ciertas normas para orientar su
crecimiento hacia una buena dirección. Así como se aligeran y se ponen guías
a algunas plantas y árboles, los hijos necesitan normas y límites para que su
conducta llegue a ser apropiada. Si esto no existe los niños se sienten
perdidos, sin referencias y no aprenden a aceptar la frustración que conduce a
no poder hacer siempre lo que desea.

Conseguir una medida equilibrada entre estas dos funciones es uno de los
mayores desafíos a los que se enfrentan los padres. La excesiva indulgencia
puede conducir a los niños hacia conductas cada vez más exigentes, a ser
manipuladores y a que los padres pierdan el control sobre ellos en una edad
en la que todavía no saben orientarse por sí solos. Mientras que la autoridad
excesiva comporta una relación distante e intimidadora, en la que el adulto
abusa de su poder, lo que casi siempre desemboca en una falta de confianza
del niño hacia los demás y hacia sí mismo.

Ser padres

Ser padres es un gran reto. Precisamente en la crianza de los hijos es cuando


más se descubren las propias carencias y defectos. Se puede utilizar la
ocasión para aprender más sobre uno mismo.

Por todo lo anterior, es importante:


Preservar la pareja
Antes que padres, se es una pareja. Para evitar sobrecargas y conflictos, es
trascendental que los cónyuges mantengan espacios propios sin los niños y
sean como una unidad bien consensuada en la labor de educar.

Valorarse:
Los padres son los consejeros y los modelos de autoestima para el niño. Por
eso, si no se valoran a sí mismos, difícilmente lo podrán transferir. La
paternidad y la maternidad puede ser un buen momento para edificar una
mejor autovaloración, para aprender a reconocer los aspectos positivos de
uno mismo y a aceptarse.

Revisar la propia historia:


Recordar lo que se vivió en su propia familia, así como analizar el papel que
desempeñó en la trama familiar, ayuda a conocerse mejor y a entender mejor
a los hijos.

No culparse
Casi todos los padres cuando miran atrás piensan que podrían haberlo hecho
mejor con sus hijos. Pero no existen padres perfectos y de nada sirve
inculparse por lo que puedo ser y no fue. Lo importante es preguntarse:¿Qué
puedo cambiar o mejorar ahora?

La necesidad de alimentar su autoestima


La clave para lograr un mayor equilibrio emocional es una buena autoestima.
Los niños que se valoran a sí mismos son físicamente más sanos, se
relacionan mejor, son más expresivos y corren menos riesgos de volverse
dependientes – ya sea a sustancias, personas o cualquier conducta adictiva -.
Su comportamiento corresponde a la imagen positiva que tienen de su
persona, y en la construcción de esta autoimagen participan, obviamente, los
progenitores.

Si los padres se encuentran estancados en los fallos con sus hijos y con
buena voluntad recalcan lo que les conviene corregir, ello normalmente no
surte el efecto deseado. En este caso pueden intentar dar un giro a su matiz y
esforzarse por hallar lo que les gusta de su hijo. Si empiezan a tener mayor fe
en él y a ver sus cualidades por encima de sus defectos es más probable que
el niño responda con una conducta conforme a esta imagen más satisfactoria
de sí mismo. O, por lo menos, se le darán más oportunidades para hacerlo.

La necesidad de una comunicación clara

Los niños en ocasiones se sienten culpables por lo que sucede a su


alrededor. Por esta razón es tan importante que en la familia la comunicación
tenga las mínimas barreras posibles. Los padres pueden aclarar al niño la
situación comunicándole directamente y con claridad lo que ocurre. También
ellos pueden sentirse con libertad de expresar comentarios o preguntas que
se agitan en su interior, lo cual les sirve para verificar o no sus sospechas.

Es importante no expresar mensajes contradictorios, pues estos provocan una


terrible confusión en los niños. Cuando una madre dice: “no estoy molesta
contigo”, mientras su rostro manifiesta enojo y malestar, atrapa a su hijo en
una situación difícil, sin salida. El niño no puede intentar remediar el disgusto
de su madre, puesto que ella no lo reconoce, pero por otro lado le está
transmitiendo que ha hecho algo mal. Es fundamental intentar ser lo más
exacto y sincero posible.

La unidad de criterios y el orden en la familia

Los hijos necesitan saber cuándo se comportan mal y cuándo hacen algo
bien. Esto requiere que los padres establezcan límites precisos y se
mantengan firmes en su posición. La coherencia y claridad a este nivel aporta
estabilidad a los hijos. Por eso es esencial que ambos padres no se
contradigan y lleguen a acuerdos antes de instaurar estos límites. De lo
contrario el hijo aprovechará esa brecha en la pareja para ganar poder, o se
sentirá dividido sin saber a quién obedecer.
Existe la necesidad de las reglas familiares, pero se han de ir modificando de
acuerdo con las necesidades crecientes de la familia. Si los hijos chocan con
una actitud rígida se les forzará a elegir entre el camino de la rebelión o el de
la sumisión, y ambas alternativas quebrantan la autoestima.

El orden en la familia también significa que el niño sepa cuál es su lugar. Si


los padres lo tratan como a un igual o como al más importante, confunden su
jerarquía, y de esta forma pierden autoridad. Pero también es esencial que el
niño no se encuentre en medio de las luchas de la pareja o tomando partido
por uno de los dos. A los hijos inmersos en los conflictos paternos les resulta
difícil desvincularse de esta posición; es como si cada uno de sus padres
tirase de él en direcciones contrarias.

Es preciso hacer todo lo posible por comprenderlos. El punto de conexión


entre padres y los hijos son las semejanzas que los unen. Y es que cualquier
persona, independientemente de la edad que tenga, alberga sensaciones y
sentimientos similares. En la búsqueda de esta afinidad, los padres pueden
entender y acercarse a sus hijos, e intentar imaginarse o recordando cómo se
pueden sentir, cómo se sentían ellos ante situaciones parecidas.

Cuando un adulto no reconoce ni expresa sus sentimientos le disgusta que los


manifiesten sus hijos. Así ocurre especialmente con emociones como la ira o
la tristeza. Comentarios como: “no deberías sentir eso”, son paradójicos, pues
el niño no puede evitar lo que siente, y transmiten la sensación de ser
inadecuado. Lo mejor para los hijos es vivir en un ambiente en el que tanto
adultos como niños se permitan manifestar lo que sienten. Aunque es
importante distinguir entre expresar y actuar un sentimiento. Se puede aceptar
que un niño hable o grite su soberbia, pero no que rompa cosas o haga daño
en plena rabieta.
Esta contención también significa poner límites y, es una tarea de los padres,
enseñar a manejar de manera constructiva las emociones. En eso, como en
casi todo, lo mejor es educar con el ejemplo. Los padres no ayudan a su hijo
si hacen cosas que ellos deben hacer, si intentan allanarle su camino para
que no tropiece o le agobian con sus inquietudes cuando se ha de enfrentar a
nuevos retos.
“No le evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles mas bien a
superarlas”. Louis Pasteu r ( (27 de diciembre de 1822 - 28 de septiembre de 1895,
químico francés cuyos descubrimientos tuvieron enorme importancia)

Los padres pueden animar y demostrar confianza, pero han de saber cuándo
no interferir en los aprendizajes de sus hijos. El amor también significa
respetar el espacio del otro, y para los hijos es muy importante saber que
pueden conseguir las cosas por sí solos para ganar seguridad en sí mismos.
Dar excesivas explicaciones y consejos puede resultar a veces
contraproducente, especialmente si el niño no los pide.

Considerarse aprobado sin condiciones en el núcleo familiar, permite que un


niño perciba la certidumbre de tener un lugar en el mundo. Pero, para que
todo funcione bien, ese apoyo paterno y materno también tiene que servir
como paso en la arrancada hacia una autonomía mayor. “Hay dos cosas duraderas
que podemos aspirar a dejarles a nuestros hijos: la primera es raíces, y la otra, alas”. Hodding Carter
(3 de febrero de 1907 - 4 de abril de 1972destacado periodista progresista del Sur de los

EEUU.)
Los paisajes, la luz, del día, las flores, los animales, todo el asombroso
mundo natural que nos rodea es una constante invitación a un contacto más
estrecho con los dones de la naturaleza, cuyas posibilidades son infinitas
para el goce, la educación y el desarrollo sano de los pequeños, porque
proporciona, además de placer, esparcimiento e información.

Cada vez es más evidente y se ha demostrado científicamente, los


beneficios que ejerce la naturaleza en el bienestar físico y psicológico de los
niños y de los mayores, incluidos la reducción del estrés, más salud física,
mayor creatividad y una mejor capacidad de concentración.

Lamentablemente para muchos niños en el mundo, puede ser una sorpresa


enterarse de la procedencia de los huevos o la leche y relacionarlos con los
animales que los producen, no saben nada de sus costumbres, ni de su
utilidad. Todo les llega preelaborado, congelado y listo para utilizar.
Sin embargo la necesidad y el deseo de acercarse a la naturaleza,
protegerla y mostrársela a los niños no deben disminuir a pesar del hábitat
urbano y las obligaciones laborales.
Todos sabemos que los niños se sienten atraídos por los animales, y por los
árboles, sus flores y frutos. En esta atracción existe un primer momento de
curiosidad que no tarda en pasar a un plano afectivo. Es por ello
imprescindible aprovechar esta predisposición de los niños para motivarlos
en el plano afectivo, cognoscitivo y ecológico.

Favorecer este contacto de los niños con la naturaleza es un propósito


excelente, fácil de realizar por la familia, tanto en las vacaciones como a lo
largo de todo el año, aprovechando los cambios de las estaciones para
enriquecer sus conocimientos.

Esto es tan grato para los niños como para los adultos.

Es importante que el niño se sienta cómodo y libre de temores durante la


exploración del mundo natural. De ahí que al introducirlo en este mundo, se
deba comenzar por el ambiente más inmediato y familiar. Debido a las
experiencias limitadas de los pequeños con los ambientes naturales, ellos
experimentan temor respecto a ciertos aspectos de la naturaleza. Pueden
temerle a la oscuridad de un área boscosa, o a pequeñas cosas que se
mueven, tales como insectos y arañas. Por esto, los niños necesitan una
exposición gradual y elemental al mundo de la naturaleza. Su familiarización
primera debe producirse con los árboles, arbustos y la vida salvaje en el
patio de la casa, en un parque cercano o en el jardín de la institución donde
se educan, antes de explorar sitios no familiares. Es preferible que observen
y se interesen por sus mascotas y las de sus compañeritos, antes de estar
listos para aceptar una oruga moviéndose en sus manos.

Los niños pequeños tienden a desarrollar vínculos afectivos hacia lo que les
resulta familiar y cómodo, y las experiencias positivas frecuentes al aire libre
los ayudarán a desarrollar un sentimiento de conexión con el mundo natural.
Se considera que lo óptimo, lo más provechoso sea que esto se produzca
todos los días.

Según Ruth Wilson, consultora de educación especial y ambiental de la


infancia temprana de la Universidad de Ohio “…con un solo viaje a un
parque o reserva natural se tendrá un impacto limitado en los niños
pequeños es mejor proporcionarles experiencias sencillas en el bosque, con
los árboles e insectos, en ambientes cercanos al hogar o la escuela que
gastar tiempo y energía organizando viajes de campo a lugares poco
familiares. El objetivo de la educación ambiental para niños pequeños no es
el de aprender hechos, más bien, es el de aprender respeto y apreciación y
a desarrollar un sentido por lo maravilloso. En realidad, los niños pequeños
aprenderán mejor a través de la experiencia que le proporcionan los
lugares, los sonidos, los sentidos, olores y sabores de la naturaleza en vez
de hablar al respecto. Por lo tanto, no se debe esperar que ellos “vean y
escuchen” por un periodo de tiempo determinado, ofrecerles muchas
oportunidades para el descubrimiento, la exploración inicial y la inmersión
en la naturaleza.9

La familia y los hijos en los paseos y excursiones.


«A los niños de hoy, especialmente a los que viven
en una gran ciudad, les falta la posibilidad de explorar,
de manipular, de experimentar por su cuenta.» 10
FRANCESCO TONUCCI

Quién duda la emoción y la alegría que sienten los niños cuando se proyecta
un paseo o una excursión, y si estos son en compañía de los padres,

9
Starting Early: Environmental Education during the Early Childhood Years. (Comenzar a una edad temprana:
Educación Ambiental durante los primeros años de la infancia).ERIC Digest ED402147, Educational Resources
Information Center Clearinghouse for Science,
Matemáticas y Educación Ambiental, 1996.

10
Autores varios Ciencia a los 5 años Experiencias de ciencia en Educación Infantil Una colaboración entre el
Parque de las Ciencias y la Editorial Santillana España 1998 Pág. 2
hermanos y otros familiares, proporcionan un rato de esparcimiento muy
gratificante para todos.

Una excursión es un recorrido o trayecto, generalmente a pie, cuyos fines


pueden ser varios: científicos, culturales, deportivos, recreativo. Es una
caminata, generalmente de pocas horas de duración y que se realiza en un
ambiente natural, con fines de estudio o de disfrute de la naturaleza.

Los componentes del mundo natural no solo proporcionan materia prima


para manipular, sino también motivan la experimentación y la exploración.
Por tanto, el ambiente natural ofrece un espacio invaluable para la
educación, pues aporta experiencias que se ajustan muy bien al proceso de
aprendizaje y desarrollo de un niño pequeño.

Al propio tiempo, mirar el mundo con ojos nuevos a cada instante o en cada
actividad, encierra un potencial de creatividad y diversión y los niños tienen
una gran capacidad para aprovecharlo. Las vacaciones y paseos en la
naturaleza son una buena oportunidad para la creación a partir del entorno y
es determinante en su educación

Un primer paso puede ser salir de paseo y orientar la atención de los


pequeños hacia la vegetación y ver sus diferentes tipos: los árboles, los
pequeños arbustos, la hierba o los cultivos; también la observación de los
animales: aves, peces, lagartos, hormigas, etc.

Estos paseos se pueden acompañar de un pequeño equipo compuesto por


una libreta para hacer anotaciones, prismáticos, lupa, así como bolsas
plásticas y pomos vacíos, para guardar muestras de insectos, hojas, plantas,
y rocas.
Es importante, que mientras se ofrecen informaciones a los pequeños, se les
sugiera el respeto que debe sentirse por la naturaleza y enseñarles a no
destruir ni estorbar a los otros seres vivos que habitan a nuestro alrededor
como son los animales y las plantas.

También se pueden realizar actividades de mayor complejidad consistentes


en la construcción de un herbario, la recolección de piedras o grabar el canto
de los pájaros.

En paseos con estos objetivos, es bueno comenzar por estimular el espíritu


de exploración yendo en búsqueda de pequeñas formas naturales u objetos
fáciles de recoger, como piedras, caracoles, ramitas secas... Los adultos
pueden hacer de ayudantes del pequeño explorador, sin ánimo de controlar,
sólo para evitar peligros. Una vez que tenga su colección, le animamos a
contarnos algo sencillo de cada cosa: cómo llegó el caracol a esta playa,
cómo se cayó esta hoja (o rama) del árbol...

También puede ser objeto de estos paseos y excursiones, apreciar y analizar


la distribución del agua: mar, ríos, riachuelos, charcas, pequeñas cascadas,
así como los animales que habitan en ellas o en sus proximidades.

La observación de fenómenos naturales como la lluvia, el viento, las nubes,


el arco iris, puede añadirse también a estos recorridos con los niños por la
naturaleza. Cada uno de dichos fenómenos merece comentarios y
seguramente originarán una gran curiosidad y preguntas por parte de los
pequeños.

Estas prácticas quizás obliguen a los padres y otros miembros de la familia


a refrescar algunos conocimientos ya lejanos en la memoria, y ello,
naturalmente, será también muy provechoso para los adultos que pretenden
educar a sus hijos en el conocimiento, amor y protección de la naturaleza.
Una de las ventajas de este tipo de actividades es la estimulación de los
niños para obtener experiencias sensoriales, por lo que durante el paseo
hay que llamar su atención sobre los diferentes sonidos que pueden percibir:
el viento a través de las hojas de los árboles, el trino de un pájaro, la
diferencia entre el croar de la rana y el sonido que emite el sapo, el canto de
los grillos, entre otros.

A diferencia de lo que ocurre en los paseos en la ciudad, en el campo las


cosas se pueden tocar y percibir por el tacto, se puede mirar y diferenciar las
diferentes formas de las hojas de los árboles y el variado plumaje de los
pájaros, el diverso color del mundo natural.

Cuando se explore la naturaleza con sus niños, es indispensable hablarles y


hacerles preguntas abiertas. También es importante que los adultos
demuestren entusiasmo su amor por la naturaleza para modelar ese
entusiasmo en sus niños. Esta es la mejor manera de vincularse con ella.
Desarrollar un amor por la naturaleza durante la infancia es como sembrar
semillas que se convertirán en un árbol fuerte.

Cuando los niños son capaces de comprender explicaciones más


complejas, se les puede descubrir el funcionamiento de la naturaleza y es
este el momento de hacerles comprender que los árboles fabrican el oxígeno
que nos es indispensable y que sin ellos la vida sería imposible y hacer
énfasis en que todas las especies vivas, incluido el hombre, se necesitan
mutuamente para su supervivencia.

Relacionarse con la naturaleza cuando se vive en una ciudad es en realidad


más fácil de lo que parece. El contacto espontáneo con la naturaleza puede
ocurrir todos los días. Otra posibilidad es traer a la naturaleza a los hogares
o a las instituciones educativas: los insectos, plantas, y animales pueden
darle a los niños la experiencia que necesitan para empezar a vincularse con
la naturaleza. Una idea valiosa es crear un diario con los niños para registrar
sus experiencias y convertirlas en recuerdos duraderos.

En resumen, veamos algunas reglas básicas para las excursiones.


¿Qué verán, qué harán, y qué descubrirán?
Cualquier excursión puede ser una experiencia rica en aprendizaje En este
caso es muy motivante antes de iniciarla, formular algunas preguntas para
contestar, plantear problemas para resolver o una elaborar una lista de
"cosas para buscar". Así, durante la excursión se puede observar, dibujar,
escribir, fotografiar, grabar, contar, medir o tomar apuntes del lugar que
visitan.
¿Cómo irán?
A la excursión se puede ir caminando o en bicicleta. Estas son maneras
buenas de hacer ejercicio físico como parte de la excursión. Viajar en
ómnibus, en tren o en bote, podría aumentar la experiencia educativa.
¿Qué llevarán?
Merienda, pañales, toallitas, libros, mapas, papel y útiles para dibujar.
También podría requerir de otros objetos especiales como cámaras,
binoculares, grabadoras o bolsitas para coleccionar muestras. Todos los
objetos mencionados pueden llevarse en mochilas para dejar libres las
manos.
¿Cómo garantizar la seguridad de la familia en la excursión?
Los parqueos, los senderos y las multitudes de gente requieren
precauciones especiales de seguridad. De estas cosas hay que señalarlas
específicamente y ser firmes para que los niños sepan exactamente lo que
se debe hacer.
En las excursiones hay que divertirse:
Esto significa que no se deben planificar muchas cosas a hacer en las
excursiones. Se dejan algunas para otra ocasión. Si se hace necesario
esperar, es buen momento para experimentar con juegos o libros.
Hay que darle seguimiento a los paseos y excursiones
Después de la excursión, siempre se debe dedicas el tiempo necesario para
hablar con los hijos acerca de la experiencia; animarlos a que narren el
cuento de la excursión y los adultos pueden ir haciendo anotaciones de
dicho cuento mientras lo escucha y lo observa. Es muy útil y grato hacer un
álbum de recortes y fotos o una caja con la colección de muestras u otros
recuerdos de la excursión. Con estos objetos se puede posteriormente hacer
un juego de dramatización.

¡A disfrutar de la naturaleza! El período de vacaciones y la naturaleza.


Ver, escuchar y gustar son actitudes que se aprenden y la naturaleza tiene
mucho que enseñarnos en este sentido.

A veces, sin darnos cuenta, cuando viajamos con nuestros hijos, recorremos
kilómetros y kilómetros, sin percibir lo que pasa delante de los ojos y muchas
cosas quedan absolutamente inadvertidas, anónimas, desaprovechadas
para el disfrute y el conocimiento.

El verano es un buen momento para gozar del espectáculo de la naturaleza,


de su paz, de sus colores como un regalo para nuestro sosiego y
contemplación. Por ello debemos hacerlo sin prisas, disfrutando con gratitud
cada vez que nos encontremos con el verde de los campos y montañas o el
azul del mar.

Las vacaciones, ofrecen una magnífica ocasión para educar y mostrar a los
niños pequeños secretos sobre la vida animal y vegetal. En las instituciones
donde se educan quizá aprendan muchas cosas, pero es preciso ampliar,
enriquecer lo adquirido con una observación directa del mundo animal y
vegetal; ver cómo los pájaros alimentan a sus crías, cómo los árboles del
parque cercano empiezan a dar flores; podemos tocar y sentir la rugosidad
de sus troncos, oler los distintos aromas de las flores, hablar de ello y
explicar el valor de esa vida animal y vegetal.
Las vacaciones suponen, casi siempre, un mayor contacto con el medio
natural. Ya sea porque vayamos al campo, a la playa, a otro pueblo de viaje
o incluso, aunque nos quedemos en nuestro entorno habitual, siempre hay
un mayor contacto con el aire libre, el agua del mar o la brisa.

Cuando llega el verano, y con él las bien merecidas vacaciones, tenemos


más tiempo para el entretenimiento, para un período de trabajo quizá más
disipado, un ambiente más distendido en general.

Todo ello es una invitación al descanso del quehacer cotidiano y a una


actividad más lúdica, que nos permite disfrutar de aquellas cosas que nos
gusta hacer, pero que la falta de tiempo no nos lo permite en lo cotidiano.

El niño desarrolla habilidades al jugar en áreas naturales y al jugar al aire


libre tienden a ser más sanos y felices Por eso es tan importante motivar a
los pequeños a observar la naturaleza y a jugar en áreas naturales, pero
los padres deben mostrar su entusiasmo y curiosidad, también.

La época de las vacaciones en general, es también momento propicio para


intensificar las relaciones personales: hay más tiempo para estar con la
pareja, con los hijos, con la familia y con los amigos.

Simplemente, el hecho de tener que hacer planes conjuntos, forjar ilusiones


y tomar decisiones acerca del tiempo de ocio que se avecina, supone un
diálogo, una comunicación, una puesta en común de intereses y un ponerse
de acuerdo en los objetivos, lugares y tiempos. Entonces, estamos en el
deber de no desperdiciar la ocasión.

Ante los planes de vacaciones, podemos disfrutar juntos, no sólo de nuestro


ocio, sino también de nuestro amor, cariño y amistad. El intercambio de
pareceres y deseos, la buena comunicación, el escuchar los intereses de los
otros, sin querer imponer los gustos personales, podrá conducirnos a un
mayor disfrute y a nuevas experiencias enriquecedoras para todos los
miembros de la familia.

Ahora bien, todo esto hay que prepararlo, pensarlo muy bien; planificar lo
que se hará y no dejarlo a la improvisación, porque entonces, las
expectativas de cada uno se quedarán esperando y surgirán en forma de
enfrentamiento cuando no coincidan.

Lo importante es darle al niño oportunidades que pueda disfrutar para que su


contacto con la naturaleza sea emocional. Cuando el niño se siente cómodo
y feliz con sus padres, él querrá buscar este tipo de experiencias. Los
vínculos entre un niño y la naturaleza se pueden desarrollar poco a poco; lo
difícil es tener el tiempo y la disciplina para volverlo en un hábito, pero es
necesario hacer el esfuerzo.

Poner a los niños en contacto con el mundo de la naturaleza incrementa su


salud y bienestar. Los pequeños, al exponerse a la naturaleza demuestran
una mayor autoestima y seguridad en sí mismos y tienen menos ansiedad.
También hay menos obesidad entre los niños que disfrutan de juegos al aire
libre

EL respeto a la naturaleza. Una obligación ciudadana que se educa


desde temprano.

Cuánto nos irritamos al ver a niños y jóvenes que andan por la calle con
comportamientos que denotan una total falta de respeto por el entorno en el
que viven. ¡Y no les digas nada! Porque hasta pueden enfrentarse con uno.
Pero lo más triste es que no se trata sólo de niños y jóvenes, también
sucede con algunos adultos.
Entristece ver a niños cuando arrojan al suelo envoltorios de golosinas, latas
de refrescos, y otros muchos desechos ante la total indiferencia de sus
padres.

La familia siempre debe esforzarse por educar a sus hijos en ciertos valores
necesarios para la vida en la sociedad. El respeto a la naturaleza es, sin
duda, uno de estos valores.

La asimilación de valores y orientaciones de valor estables son


características de la adultez. Sin embargo, en los niños se manifiestan
conductas que son el resultado de sus vivencias y experiencias, de las
influencias educativas del hogar, de la institución y de los diferentes actores
sociales con los que interactúa; de las condiciones en que se desenvuelve,
del medio social en que vive y se desarrolla.

No se debe olvidar que “el desarrollo de la personalidad es inseparable de


la educación como vía de la expresión de influencias sociales y que opera
mediante los sistemas de la actividad y la comunicación por medio de los
cuales el niño, que luego será un joven y más tarde un adulto, se inserta en
la sociedad.” “Estas interacciones con el medio se dan mediante la
actividad y la comunicación entre los niños y los adultos y van desde una
posición de gran dependencia, a una de menor dependencia, hasta lograr
la autonomía. En el primer momento las personas más importantes en
estas interacciones, son la madre, el padre y la institución, luego se amplía
a otros miembros de la familia, otros adultos y los coetáneos. Por último el
espectro de las relaciones alcanza mayores dimensiones e incluye la
familia, los educadores, los coetáneos y la sociedad”. 11

11
Franco García, Olga y Margarita Pérez Morán. Particularidades de la educación en
valores en la edad preescolar. Tabloide VII Seminario nacional a educadores 2006.
Como puede observarse la familia siempre ocupará un lugar privilegiado en
estas relaciones, por el papel protagónico que desempeña en la educación
de sus hijos.

¿Cómo aprenderán a cuidar y amar lo bello? Esto puede lograrse si en el


hogar la familia constituye un ejemplo y si la educación que se le da se
destaca por el tono emocional que le impriman sus miembros a su relación
con el pequeño. En esta labor educativa, los padres deben ser coherentes
con los valores que fomentan. Por eso no estaría mal empezar por
preguntarnos cuál debe ser la actitud de los adultos actitud en cuanto al
respeto del entorno natural.

Durante los paseos, los padres siempre deben dar a sus hijos el máximo de
información sencilla sobre cuestiones concretas acerca del respeto por la
naturaleza y el ecologismo, como son el ciclo de la vida, el reciclaje y otros
temas, sin actitudes dogmáticas y visiones catastrofistas.

En tal sentido es importante enseñarlos a observar y explorar el entorno


inmediato con una actitud de curiosidad y cuidado, para que puedan
identificar las características y propiedades más significativas de los
elementos que lo conforman y algunas de las relaciones que se establecen
entre ellos y al propio tiempo la importancia que tienen para la vida.

De este modo, al enseñarles a conservar su entorno natural, se prepara su


mente para que cuando sea adulto se sienta implicado en los problemas
medioambientales. Estos contactos llevados de la mano de los padres y
otros familiares, serán muy beneficiosos para los pequeños, desde el punto
de vista afectivo y permitirá una relación gratificante, pues se trata de la
formación de su sensibilidad frente a la naturaleza.

Quizá algunos piensen que no saben mucho del tema, pero existen
magníficos libros y buenos mensajes en los medios de difusión para
informarnos y por supuesto para poder compartir con los niños. ¿Por qué no
leer juntos un libro en medio de una observación directa? ¿Por qué no
recordar un mensaje televisivo, una canción o un cuento infantil en que se
trate este actual problema? Estas son también maneras de enseñar y
aprender: jugar con los hijos.

En los centros educacionales y desde los medios de comunicación se realiza


un proceso de sensibilización respecto a estas cuestiones, pero los padres
también deben incidir en el tema del cuidado del medio ambiente. Los niños
necesitan aprender desde pequeños que de la naturaleza obtenemos los
recursos que necesitamos para la vida, los alimentos, el agua o las materias
primas.

Además, también es el entorno ideal de esparcimiento para las salidas de fin


de semana, las vacaciones y otras actividades de ocio. Por eso, hay que
animarlos a proteger estos espacios y exigirles que tengan mucho cuidado
para no estropearlo ni dañarlo, para que se pueda seguir disfrutando de él
durante años. Y no sólo eso, las plantas y más los animales son un valor de
la naturaleza, que debe ser respetado por lo que representan.

En educación, las experiencias morales, surgen como consecuencia de la


realización de actividades interesantes para los niños, en las cuales realizan
acciones de acuerdo con sus edades; acciones de la vida cotidiana, con
comportamientos que los niños asimilan como resultado de lo que mediante
el ejemplo y otros métodos educativos reflejan los adultos, todo lo cual, poco
a poco, intervendrá en la conformación de los futuros valores

Es preciso, pues, aprovechar el buen tiempo para hacer salidas a la


naturaleza, ya sea a parques, a zoológicos y allí hacer que los niños se den
cuenta de la riqueza del mundo animal y vegetal. Es cuestión de que los
padres le pongan un poco de imaginación y enseñen a sus hijos a fijarse en
la realidad y a observarla con ojos críticos, consiguiendo así forjar
ciudadanos sensibles a valores como el medio ambiente.

La importancia del ejemplo de los adultos en el desarrollo moral de los


educandos es incuestionable. En la educación de los pequeños las
relaciones interpersonales son directas, lo que significa prestar atención a
los procesos de comunicación, a la comprensión en el trato, a la
persuasión, la sensibilidad ante lo que nos rodea, la empatía, y la
afectividad en esas relaciones interpersonales.

Para concluir, reafirmamos que si a nuestros niños les damos oportunidades


frecuentes de entrar en contacto con la naturaleza, se formará en ellos un
hábito que será fuente de gozo a lo largo de sus vidas. Muchas personas
conocen muy poco de la Naturaleza porque nunca se dan el tiempo para
observar. Sin embargo, una vez que nuestros sentidos están alertas, la
Naturaleza nos ofrece tesoro, tras tesoro. Los niños disfrutan de manera
muy especial sus pequeños descubrimientos

Es recomendable dedicar un tiempo especial para la observación de la


Naturaleza, a los niños les parece que es un tiempo de descanso y alejado
de cuestiones más obligatorias. Como se sabe, los niños descubren ranas,
mariposas, escarabajos, lombrices, pajaritos, florecitas, hongos y corren
sobre arbustos, sin tener que sugerirlo.

Para observar la naturaleza no se necesita un campo o bosque cercanos. En


el propio jardín, parque o aún en masetas, puede apreciarse el crecimiento
de diversas semillas, pequeños insectos o los cambios de las estaciones.
Una visita al zoológico, a una granja o las propias mascotas ofrecen un
sinnúmero de temas interesantes para lograr el contacto de los pequeños
con ese mundo natural que muchas veces dejamos de advertir y cuidar.
La familia es el referente de vida de toda persona, es donde el ser humano
establece los primeros vínculos afectivos y donde se forma la personalidad,
los valores y los patrones de conducta.

Al considerar el importante rol que desempeña la familia en la formación de


sus hijos, es que se hace necesario procurar que exista un ambiente
adecuado entre sus miembros, que proporcione los elementos necesarios
para lograr el bienestar y el desarrollo óptimo de cada uno de ellos, para lo
cual es preciso que existan relaciones familiares armoniosas, caracterizadas
por la comunicación, la confianza, apoyo y unión entre todos.

El juego constituye una herramienta importante que reúne a la familia y


refuerza los vínculos afectivos. Es uno de los medios que permite la
interacción familiar. Por eso, compartir y jugar con los hijos, por lo menos en
un momento del día, es útil para favorecer la comunicación y la cohesión en el
hogar, y en esto no es tan importante la cantidad de tiempo que se les brinde
al juego, sino la calidad de esos momentos lúdicos.

El juego permite a los niños expresar su creatividad y desarrollar su


imaginación, su destreza manual y sus aptitudes físicas, cognitivas y
emocionales, de ahí su significación. Entre las virtudes del juego destaca
también que cuando varios niños se juntan aprenden a actuar en grupo, a
compartir, ponerse de acuerdo, resolver conflictos y a defender sus puntos de
vista. Y cuando tienen ocasión de jugar con sus padres, los niños perciben
que los adultos les prestan toda su atención lo que contribuye a construir
relaciones duraderas.

Psicólogos y pedagogos coinciden en señalar los múltiples beneficios que


proporciona el juego en el desarrollo de la personalidad durante la infancia. No
sólo por los valores educativos que aportan el juego y los juguetes a los niños,
sino porque son uno de sus primeros medios de socialización, en tanto que
herramientas que les permiten relacionarse por vez primera fuera de su
entorno familiar. Pero, independientemente de que esto ocurra, es
recomendable que los padres sean los primeros en compartir con sus hijos los
momentos de recreo. No hay mejores compañeros de juego para un niño que
sus propios padres y sus hermanos durante su primera etapa de desarrollo.

El juego en familia es uno de los principales hilos conductores del amor entre
padres e hijos además de cumplir una función educativa.

Jugar en el hogar ayuda a construir una relación familiar sólida y duradera. El


juego entre padres e hijos, entre hermanos, entre abuelos y nietos, contribuye
a fortalecer la complicidad entre los miembros de la familia, abre vías de
comunicación, permite poner de manifiesto los afectos, deja aflorar las
emociones de una forma natural y espontánea. Pero es necesario aprender a
jugar con los hijos: estar con ellos, mirarlos mientras juegan es importante,
pero no es suficiente.

¿Por qué es tan importante que la familia juegue con los niños en el
hogar?

Como ya hemos comentado el juego, es clave para el desarrollo de los niños,


sobre todo en las edades más tempranas, y es recomendable hacerlo en
compañía de los padres. Cuando los pequeños juegan agudizan sus sentidos
-el tacto, la vista, el olfato y el oído - agilizan el movimiento de pies y manos, y
fortalecen su capacidad intelectual. En este sentido, según estudiosos, el
juego duplica la capacidad de concentración y de memoria del niño, por lo que
el aprendizaje resulta más sencillo cuando realiza este tipo de actividad.

El juego es especialmente importante hasta los tres años de edad, dado que
en ese periodo los niños juegan menos entre sí y prefieren a sus padres.

Pero esta actividad no sólo debe ser un simple entretenimiento, sino que ha
de cumplir dos objetivos: convertirse en uno de los principales hilos
conductores del amor y la relación entre padres e hijos y, al mismo tiempo,
tener una directriz educativa. Para que esto sea posible, el padre y la madre
deben aprender a jugar correctamente con los niños.

Diversos estudios demuestran que las familias que han hecho del juego una
base de unión en la infancia han tenido menos problemas en la difícil etapa de
la adolescencia. Así pues, los expertos recomiendan a los padres dedicar al
menos media hora diaria a jugar con sus hijos. Pero se pueden tener muy
buenas intenciones y no saber cómo hacer ese encuentro atractivo y
beneficioso.
Es habitual que los padres tengan problemas para inventar juegos para sus
hijos cuando éstos ya tienen cuatro o cinco años. No obstante, las dificultades
surgen cuando los niños son todavía unos bebés porque muchos padres
tienen la idea preconcebida de que no se percatan de lo que ocurre a su
alrededor. Sin embargo, en edades tempranas, los niños desean
constantemente ver cosas nuevas, escuchar sonidos distintos, tocar objetos
diferentes y, sobre todo, sentir el cariño del padre y de la madre mediante
gestos afectuosos y palabras bonitas. Jugar es una buena forma de
demostrarles ese cariño y a la vez, sirve a los pequeños para estimular sus
sentidos y fomentar algunos hábitos y habilidades elementales.

Cuando los niños juegan se educan en valores: aprender a esperar, a ceder, a


tolerar, a disfrutar con el éxito del otro, a saber perder... Puede decirse sin
temor a equivocaciones, que es un camino de convivencias, de amor
recíproco, de vida felizmente compartida. Si el niño vive con ejemplos
respetuosos de los deseos de los demás, pequeños o adultos, se forma en el
mejor modelo para el comportamiento social y es muy difícil, cualquiera sean
las circunstancias, que luego alteren este legado familiar.

Jugar no es acompañar a los hijos, no es contemplar como juegan, no es


ayudar. Jugar exige y significa algo más: diversión, disfrute, participación
plena... Para los niños el juego, más que una forma de evitar el aburrimiento,
es una manera de expresarse. Cuando colaboran, compiten o establecen
reglas, los niños nos dicen mucho de lo que piensan y de cómo quieren
relacionarse con los demás.

Los padres no pueden pasar por alto las grandes posibilidades de


comunicación y encuentro que proporciona el juego. Aquí no valen las
excusas de que “estoy cansado después de tanto trabajo”. Jugar con un niño
es más relajante y divertido que ver la televisión. No es una actividad que
requiera esfuerzo pero sí deseos y empeño.
Darle un juguete al niño y dejar de preocuparnos un rato es necesario en
algunos momentos, pero no debe ser la norma habitual. El juego no nos libera
del niño, sino, nos muestra cómo es, qué es lo que le hace disfrutar, qué
potencialidades tiene para inventar y buscar soluciones creativas o por el
contrario, si se le hace difícil tomar decisiones…

La demostración del afecto, del cariño, del malestar; en definitiva, la


demostración de las emociones dentro de la familia mediante una buena
comunicación, es síntoma de un buen clima familiar. El juego y el juguete se
han revelado como unos excelentes aliados de los padres para mantener esta
comunicación. A lo largo de todos estos años, muchos son los estudios que
han demostrado la validez del juego y el juguete, tanto como actividad natural
y propia de la infancia, como actividad didáctica al servicio de la educación y
el desarrollo del niño.

Jugar es una excelente posibilidad, una excelente “técnica” al servicio de los


padres, para fomentar en los niños las actitudes necesarias y para que
administren su tiempo de ocio de un modo positivo. Además de ser un juego
en sí, es una perfecta acción familiar:

• Jugar es una acción divertida y placentera que favorece el desarrollo de


actitudes lúdicas ante la vida.
• Jugar es la puerta de entrada y salida de la realidad. Permite a la
persona ser libre, decidir ante situaciones ficticias sin que pase nada.
• Jugar es hacer un ensayo de la realidad siendo consciente de lo ficticio
de la situación, aunque la situación se viva de un modo muy real.
Permite voluntariamente ser otro o ser uno mismo actuando de un modo
diferente o en otras circunstancias.
• Jugar supone estar activo, tomar decisiones, implicarse y estar
motivado.
• Jugar es mostrarse cada uno tal y como es, desde el interior de cada
persona.
• Jugar facilita el encuentro con los otros y con el entorno. Es uno de los
actos sociales y socializadores por excelencia.
• Jugar refuerza la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Capacidad
que por excelencia tiene la madre al percibir las necesidades y
sentimientos de los hijos, y la capacidad de los hijos de percibir las
preocupaciones, alegrías o inquietudes de sus padres.
• Jugar evita momentos de aburrimiento, renueva energía, repone del
cansancio y proporciona momentos de distensión y relajación.
• Jugar estimula la creatividad, la socialización y es un medio importante
de comunicación para los niños.

Al observar el juego de los niños se pueden descubrir sus habilidades, sus


gustos, preferencias, costumbres y sentimientos, porque precisamente es el
juego la manera por la cual el pequeño se comunica y canaliza sus
emociones. Estas características que han sido delegadas en muchas
ocasiones al juego infantil, son aplicables también a personas adultas.

Nadie puede negar que al jugar las personas (niños y adultos) se sienten
relajados, se divierten y hasta se olvidan de las preocupaciones, Más aún,
jugando en familia, se desarrollan conductas de capital importancia porque se
pueden acercar y darse a conocer más, mostrar las emociones y afectos en
un ambiente de diversión y confianza. Es que para jugar sólo se necesita un
momento del tiempo y los deseos de hacerlo.

El juego puede ser el pretexto perfecto para establecer y fortalecer relaciones


familiares armoniosas. Mediante el juego familiar se puede superar la
incomunicación, la falta de interacción, de apoyo y unión. Por otra parte, jugar
desarrolla la capacidad de disfrutar, de “sacarle el jugo” a las cosas más
cotidianas de la vida y hacer especiales momentos, que tal vez por sí mismos
no dejarían de ser una actividad de las que llamamos normales.

Jugar juntos no significa necesariamente jugar en un espacio predeterminado.


El juego puede nacer en cualquier momento, de cualquier circunstancia y en
cualquier espacio. Un viaje, el camino hacia el círculo o la escuela, una sala
de espera, la cola del mercado, una salida al campo o un paseo por la ciudad,
pueden ser un buen escenario para unos juegos de palabras o de ingenio,
unas carreras, unos juegos de memoria, etc. En definitiva, todo espacio es
adecuado para improvisar y provocar el acto de jugar. Toda ocasión es idónea
para disfrutar jugando.

Otra cuestión necesaria será planificar juntos las actividades desde que los
niños son pequeños pues esto ayudará a encontrar el equilibrio entre el
tiempo para todos y el tiempo de uno mismo. Además, permitirá a los padres
descubrir qué actividades les gustan, les interesa o les aburren. Por otro lado,
planificar lo que vamos a hacer juntos, hará sentir a los niños partícipes de las
acciones familiares y sentirán con más fuerza su pertenencia a la familia.

Jugar en familia proporciona muchos placeres y beneficios:

• El juego hace que las personas se sientan relajadas, libres,


auténticas y espontáneas.
• Favorece el encuentro, la unión familiar, la comunicación, la confianza
y el afecto entre los miembros de la familia.
• Ayuda construir una relación familiar sólida y duradera.
• Desarrolla la autoestima de los hijos, pues sentirán que los padres y
otros familiares dedican tiempo para divertirse juntos.

¿Qué actividades o juegos se pueden realizar en familia?


Cualquier tipo de juego que guste al niño, lo importante es que tanto padres
como hijos disfruten de compartir ese momento, los pequeños se sentirán muy
felices al jugar con sus padres y serán instantes que el jamás olvidará. Los
juegos pueden utilizarse en las actividades cotidianas o en momentos
dedicados exclusivamente para jugar.

Por ejemplo:

• Desde los primeros meses, los padres deben empezar a jugar con
sus hijos con juegos orientados a desarrollar sus sentidos, además de
brindarles cuidados y mucho afecto.
• Durante la hora de baño del niño, se puede jugar con él, soplando
burbujas de jabón y cantando juntos melodías conocidas o recordar
rimas y adivinanzas.
• Se puede jugar a los escondidos dentro de la casa y abrazarlo
cuando se encuentren.
• Jugar con témperas en un gran papel, utilizando toda la mano, es
algo que gusta mucho a los niños y a lo que se deben acostumbrar
los padres también.
• Cuando los niños jueguen representando roles, con carritos, muñecas
o a la cocinita, se debe aprovechar para participar del juego y ser
como un niño mas, mediante la adopción de un determinado rol.
• Es muy divertido jugar con disfraces y máscaras y también lo es
cuando se emplean títeres o un determinado muñeco, para estimular
la imaginación y la expresión de sentimientos entre los participantes.
• Algún día se puede organizar un juego deportivo que guste a la
mayoría de miembros de la familia, lo que permitiría la participación
de varias personas mayores.
• Los juegos de cooperación promueven la unión y el apoyo entre los
integrantes, por ejemplo armar entre todos un rompecabezas gigante
que puede ser elaborado mediante recortes de revistas. Este juego
puede mantenerse por varios días, lo que ayuda al desarrollo de la
constancia y la perseverancia.
• Los juegos de mesa, con loterías o dominós de figuras, colores,
formas, son una excelente oportunidad para compartir en familia.
Además de permitirle también aprender a competir porque el ganar o
perder ayudarán al niño en su desarrollo social.
• En época de carnavales, también podemos jugar en familia, tomando
las precauciones necesarias, propiciaremos un momento de
diversión, confianza y unión.

El juego transforma la rutina diaria en momentos sublimes con los seres


queridos. La búsqueda de un espacio en la apretada agenda diaria para jugar
con los hijos es casi tan importante para el desarrollo de los niños como una
buena alimentación. Sin embargo, no es tarea fácil. A muchos padres y
madres les puede resultar tedioso y, además, requiere un esfuerzo en el día a
día, marcado por el estrés y el poco tiempo libre.

El hombre es la única especie que puede reír. ¿No es eso maravilloso?

Somos consagrados, comprometidos, serios, pero aún tenemos la capacidad


para reír. Definitivamente viviremos más y sobre todo más felices si
recordamos que hay un niño interior en cada uno de nosotros que nos invita a
jugar. El juego nos da la posibilidad de realizar muchísimas actividades
divertidas e inventar otras, en casa, sin tener que gastar dinero para fomentar
la alegría familiar.

Dedicar un tiempo para jugar en familia, no sólo permitirá a los padres pasar
un momento grato con sus hijos, sino, encontrar espacios felices para
compartir en familia y esto dejará huellas importantes en cada uno de sus
integrantes.
Es bueno recordar lo que dijo Jean Château, uno de los conocidos estudiosos
del juego infantil, con esta frase excelente y esclarecedora: "Un niño que no
sabe jugar es un pequeño viejo y será un adulto que no sabrá pensar"

El Dr. Giovanni L. Villalón García, en su libro “Los juegos tradicionales en el


contexto escolar” aporta unas ideas fundamentales respecto al juego del
importante poeta chileno, Pablo Neruda: “…en mi casa he reunido juguetes
pequeños, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero
el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le
haría mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en
ella de la mañana a la noche.” “Confieso que he vivido”. (Tomado de David, J.
Juegos y Trabajo social. Un nuevo auxiliar de la práctica. Editorial Avmanitas.
Buenos Aires)

Por otra parte, el MSc. Rodrigo Espina, del Centro de Estudios sobre la
Juventud ha señalado que los juegos tradicionales constituyen “un todo
coherente, un cuerpo −casi podría afirmarse, un sistema por exceso− creado
por la sabiduría popular para propiciar el desarrollo de habilidades físicas (el
control muscular, la motricidad fina y gruesa, la lateralidad) e intelectuales
(percepción, imaginación, memoria, pensamiento, lenguaje) en el niño”12

Esto nos dice la necesidad que tienen los padres y otros miembros de la
familia de retomar todo lo que de juegos tradicionales recuerdan y jugarlos
con sus hijos. Seguro que un “Al ánimo”, una “Comadrita la rana” un juego al
Pon o a las prendas, resultarían perfectos en la casa, al participar niños y
mayores.

Los juguetes. ¿Para los niños o para los padres?

12
Tomado de la presentación en PPS. En el curso Pre-evento Pedagogía 2009. Palacio
Central de Computación, enero 2009
Seleccionar los juguetes

Los juguetes son una de los primeros recursos pedagógicos con los que
entran en contacto los niños. La percepción del juguete como una herramienta
de carácter exclusivamente lúdica es una visión parcial que es preciso
desterrar. Si bien los objetos recreativos pueden y deben servir para distraer a
los niños y estimular su imaginación, no está de más aprovechar el
componente educativo del juego para introducirles en las etapas iniciales del
aprendizaje escolar y, a medio plazo, inducirles a descubrir progresivamente
cómo desenvolverse en el mundo exterior.

Elegir los juguetes de sus hijos no es, o no debiera ser, una actividad
insignificante para los padres, especialmente en días significativos para los
niños. Estos esperan con ansiedad e incertidumbre el fruto de su buen
comportamiento durante todo el año, y a ningún padre gusta decepcionarlos.
Es una decisión más importante de lo que puede parecer: no en vano, en los
primeros años de vida, la principal actividad del niño, a la que dedica más
tiempo, energías e ilusión, es el juego.

Los juguetes tienen la característica de ser inanimados y su vitalidad la da


siempre un jugador, incluso cuando hablamos de los más modernos, que
también son juguetes que necesitan de un jugador para poder "ser", por
ejemplo, la muñeca que dice papá y mamá, termina siendo una muñeca
repetitiva en sus palabras y cansando al niño o niña, aunque estos no lo
manifiesten, olvidándola y cambiándola por otra que le dirá todos lo que ella
desea escuchar. En resumidas cuentas, esa muñeca no es pieza de un juego,
si el niño que la posee no oprime un botón para hacerla participe de alguna
aventura infantil.

En ocasiones, los padres utilizan los juguetes como una excusa para
descansar durante un rato del niño, olvidando que jugar en familia es una
práctica esencial para establecer una buena comunicación con sus hijos e
involucrarse en su educación.

No es válido regalar muchos juguetes para atenuar el poco tiempo que se


pasa con los pequeños hijos, porque a largo plazo, eso sólo contribuye a que
los niños se acostumbren a valorar más lo material ante lo que es realmente
trascendental para ellos: reconocer la figura de los progenitores como un guía
y modelo para su desarrollo en el mundo exterior.

Y aún hay otro extremo: los padres invocan a sus hijos como pretexto para
comprarse un juguete para sí mismos. Sólo así se entiende que se hagan
regalos tales como videoconsolas para niños de menos de 5 años, Está bien
mostrar entusiasmo por jugar con los hijos, pero no tanto comprar una Play
Station (que a menudo incorpora juegos no indicados para menores) equipo
que acaba sirviendo para ver las películas en DVD. O peor aún, para jugar a
videojuegos no recomendados para niños mientras éstos se quedan
embelesados con las habilidades de su padre al mando de la consola.

Las leyes del buen juguete


"…las capacidades intelectuales, psíquicas, emocionales y motoras del niño
se desarrollan de forma más eficaz a través del juego y de los instrumentos
necesarios para ponerlo en práctica, es decir, los juguetes" 13

Al elegir un juego o juguete para nuestros hijos, se deben tener en cuenta una
serie de recomendaciones que exponemos a continuación:

• que se adecue a los gustos y preferencias del niño, y al mismo tiempo,


que sea reconocible para él -es decir, que esté cercano a su universo
particular-

13
http: www. Ludomecum. com -la web española especializada en juegos y juguetes infantiles
• que se adapte a la personalidad del niño, a su edad y a las habilidades
que, padres y educadores consideren que el niño necesita potenciar
(esto implica conocer al niño y dedicar tiempo a jugar con él, saber qué
le motiva y qué le aburre)
• que sea un juguete seguro e inocuo (no nocivo).
• que contenga las instrucciones de uso en español y, en el mejor de los
casos, una explicación de los valores psicopedagógicos del juego.
• que sea posible utilizarlo para jugar con los amigos, o en su defecto
inculcar al niño los valores de compartir sus juguetes
• que estimule la creatividad del niño o cualquier otra capacidad
específica que se desee fomentar (que el niño se convierta en
protagonista del juego)
• que sea sólido y duradero o, en cualquier caso, que caiga en desuso
por iniciativa propia del niño y no por degradación. Es importante
enseñar a los niños a cuidar de sus juguetes, a recogerlos y a
guardarlos en su sitio una vez finalizado el tiempo de recreo.
• que no sea excluyente por su género. Los juguetes son asexuales e
igualmente recomendables para niños y niñas: no es bueno discriminar
en el momento de elegirlos. Un muñeco de peluche puede ser un
excelente regalo para un niño, del mismo modo que una pelota de
fútbol para una niña.
• que motive al niño por su diseño, forma o color
• que no suponga un desembolso excesivo, ni aunque el niño lo pida con
insistencia. El mejor juguete no tiene por qué ser el más caro

Los padres deben tener claridad acerca de que las habilidades intelectuales,
psíquicas, emocionales y motoras del niño y la niña se desarrollan de forma
más eficaz a través del juego y de los instrumentos necesarios para ponerlo
en práctica, los juguetes.
Se entiende por lenguaje la capacidad que tienen los hombres para expresar
su pensamiento y comunicarse por medio de un sistema de signos vocales y
ocasionalmente gráficos. A. Luria afirma que el elemento fundamental del
lenguaje es la palabra.

La función más importante del lenguaje es la comunicación, es decir, el


intercambio de informaciones. Aunque este no es el único sistema de
comunicación puesto que también empleamos otros: la mímica, las
posturas…. pero es el lenguaje oral el que ocupa un lugar predominante.

El empleo del lenguaje se entrelaza con otros campos, como la literatura, la


comunicación de la información, la enseñanza de idiomas, la sociología, la
ciencia política y la psicología. Los estudios sobre el uso del lenguaje tratan
sobre lo que dicen las personas, lo que piensan, lo que sienten y lo que
significa aquello que escriben o dicen para comunicarse. También se aborda
el estudio de los efectos de la lengua en la conducta humana.
Si concebimos el lenguaje como un medio de expresión y de comunicación,
hay que considerar también el estudio de los sonidos y los gestos. Como se
sabe, los animales igualmente emiten sonidos y producen gestos, pero su
lenguaje no es como el de los seres humanos.

Está claro que muchas especies animales se comunican entre sí, pero la
comunicación humana es diferente a la animal. Los lingüistas han formulado
algunas particularidades que permiten distinguirlas, aunque investigaciones
relacionadas con los primates han demostrado que algunas de dichas
particularidades no son exclusivas de los seres humanos. Veamos cuáles son
las que diferencian a la comunicación de estos últimos:

posee dos sistemas gramaticales independientes aunque interrelacionados


(el oral y el gestual);
siempre comunica cosas nuevas;
distingue entre el contenido y la forma que toma el contenido;
lo que se habla es intercambiable con lo que se escucha;
se emplea con fines especiales (detrás de lo que se comunica hay una
intención);
lo que se comunica puede referirse tanto al pasado como al futuro, y
los niños aprenden el lenguaje de los adultos, es decir, se transmite de
generación en generación.

Las personas a lo largo de la humanidad han necesitado relacionarse con los


demás. Por eso, el hombre ha desarrollado formas de comunicación que
facilitan el intercambio de ideas, conocimientos o sentimientos. Entre ellas
destaca el lenguaje.

En este artículo expresaremos cuestiones relacionadas con la comunicación


que dicho de manera sencilla, es un acto en el que se transmite información
mediante signos que son interpretados por otro u otros.
Cuando el niño nace, realiza su primer acto de comunicación: llora para
reclamar la atención. Después, aprende signos, como los gestos y las
palabras, que les permiten relacionarse, primero, con familiares y luego con
los oras personas: educadores, amigos… Así, poco a poco, se va integrando
a la sociedad.

De ahí que la comunicación sea primordial en cualquier comunidad porque


todos tenemos necesidad de compartir lo que sabemos, pensamos y
sentimos.

La comunicación del adulto con los niños

Al comunicarnos, utilizamos la expresión oral. Esta es la forma más empleada


por el hombre para representar, mediante las palabras, acompañadas de
gestos y entonación, sus conocimientos, ideas o sentimientos; también para
relacionarnos con las otras personas y hasta con los animales y hacernos
comprender.

Una apropiada comunicación con los niños pequeños es importante para el


presente y para el futuro, pues los ayuda a desarrollar su confianza en sí
mismos y a asegurar sus relaciones con los demás. La comunicación
adecuada hace su vida y la de los que lo rodean, más placentera. Además, les
ayuda a acercarse a adultos con buenos sentimientos acerca de sí mismos y
con la posibilidad de comunicarse con los otros niños.

Una buena comunicación conduce a cálidas relaciones de cooperación y


sentimientos de autoestima. Una comunicación escasa conduce a relaciones
frustrantes, a conflictos y a sentimientos de inutilidad. En la educación de los
más pequeños, se revierte con una magnífica gratificación aprender a ser un
buen comunicador.
La comunicación tiene una estrecha interrelación no sólo con lo que decimos,
sino con el modo en que lo decimos. Este es un elemento clave en el
desarrollo exitoso de la personalidad. La comunicación con los niños de la
primera infancia implica además del empleo de palabras, las miradas,
sonrisas, gestos y mímicas. También los abrazos y mimos, e incluso el
silencio oportuno y necesario.

Cuando las palabras, ideas, gestos, mímica, acciones y sentimientos salen de


nuestros labios, de nuestro rostro, de nuestro cuerpo todo y llegan a los oídos
y ojos de un niño, estamos transmitiendo algo al pequeño. Esto es la
comunicación.

Generalmente los adultos se comunican con los niños cuando dan


orientaciones o explican los peligros que pueden existir a su alrededor. Sin
embargo, a veces presentan dificultades en comunicarse cuando los
sentimientos - del niño o los propios - están involucrados.

En la labor educativa con niños desde el nacimiento hasta los 6 años se


deben aplicar procedimientos que faciliten la comunicación en todos los
momentos de la vida y que al propio tiempo eduquen en todo momento
también. Estos procedimientos deben abarcar desde cómo empezar a hablar
y escuchar con sentimientos y cómo canalizar las palabras y los sentimientos
que serán escuchados.

Existen muchas maneras de conversar con los niños. Veamos algunas:


Comunicarnos para comprendernos y aceptarnos.

Cuando los niños saben que usted los comprende, los acepta tal como ellos
son, entonces pueden desarrollarse mejor, pueden cambiar y sentirse bien
consigo mismos y esto les proporciona mayor posibilidad de relacionarse
mejor con los demás.

El aceptar a los niños - tal como son - hace más fácil conversar con ellos. Los
niños que se sienten aceptados tienen más disposición a compartir sus
sentimientos y sus problemas, por lo tanto, usted puede tener más claridad
como padre o educador. Esto hará que ambos venzan las dificultades que se
puedan presentar.

Cuando los adultos amenazan, cuando dan órdenes, sermones; cuando


reprochan, los niños piensan: “No valgo nada"; "Soy malo" “No puedo hacer
nada bien”, “Tú no me quieres”

Un sencillo ejemplo puede ilustrar lo anterior:

Marta dice: “Mami, tengo miedo a dormir sola”


Exponemos dos respuestas:

A: ¡Debería darte vergüenza! Te estás portando como un bebé grande.


!Sabes que no hay nada de qué asustarse!

B. Sé que estás asustada. Voy a dejar encendida la luz y dejar la puerta


abierta para ti.

¿Cuál de las dos respuestas comunica aceptación?


También es necesario recordar que podemos aceptar a los niños sin aprobar
necesariamente su conducta. Por ejemplo, amamos y aceptamos a Alex, pero
no aceptamos su conducta cuando pellizca al bebé o hala la cola del gato.

Comunicarnos para convidar a hablar más.

Esta manera de comunicarse con los niños los convida a decir más, a
compartir ideas y sentimientos, que expresan a los niños que usted realmente
está escuchando y que pone interés en lo que ellos dicen. Pudiéramos decir
que se abren puertas con esta forma de comunicación, porque los niños
perciben que sus ideas son importantes y que son aceptados y respetados por
lo que están diciendo.

Por ejemplo, podemos decirle:

Cuéntame más; Ya veo...:¿Qué te parece si...? ¿Realmente? ... ¿Estas


seguro?; Dilo otra vez; a ver, quiero estar segura de haberte entendido. ¿De
veras? ¡Qué interesante! “Mm hmm, me parece que te quedó algo por decir”

Comunicarnos es escucharnos con atención.

Ponga atención a lo que los niños dicen. A veces podemos dejar de hacer
algo a fin de escuchar, o escuchar mientras hacemos algún quehacer.
Especialmente, los niños pequeños necesitan solamente algunos segundos
para compartir sus pensamientos, sus descubrimientos y su entusiasmo. Si
usted verdaderamente está ocupada - y todos los adultos están ocupados,
puede decir a los niños, "Estoy ocupada ahora, pero hablemos más tarde."

Lo importante aquí es no pretender que está escuchando, cuando en realidad


no lo está haciendo. Y cumpla la invitación de hablar luego, como prometió.
Comunicarnos sentimientos.

Hay "Mensajes " que describen los sentimientos de los niños y los impulsan a
expresar sus problemas.

Por ejemplo, no tema en decir a los niños:


Tú estás triste porque murió tu perro.
Tú estás molesta porque no ganaste el juego.
Tú estás enojada porque Mari no te dejó jugar con su muñeca.

Al permitir a los niños expresar libremente sus sentimientos negativos, éstos


parecen desaparecer como por arte de magia. Por otro lado, el ocultar
sentimientos negativos puede resultar autodestructivo. Estos sentimientos no
desaparecen, más bien pueden ocasionar dolores de cabeza, úlceras,
autodesprecio y violencia.

Comunicarnos para saber lo que hay que hacer y cómo no hacerlo mal.

Procure decirles a sus niños "qué hacer" en lugar de decirles "qué no hacer."

Diciendo “haz esto” en vez de “no hagas tal cosa” puede resultar difícil al
principio, pero, tendrá consecuencias positivas para una mejor relación, hará
que valgan la pena sus ideas y práctica.

Un ejemplo para ilustrar

¿Qué es mejor, a) o b)? :


a) Cuelga tu ropa de modo que no se arrastre por el suelo.
b) No arrastres tu ropa
a) Agarra al gatico con suavidad.
b) No sacudas al gatico.
a) Por favor cierra la puerta suavemente.
b) No des portazos.
a) Dibuja en esta página.
b) No dibujes en la mesa.

En materia de comunicación, estas reglas son válidas con los niños, pero
deben usarse también para hablar que con las personas adultas, con los
familiares, los amigos, los compañeros de trabajo….

Hay que hablar con los niños y no, hablarles a los niños

Nos expresamos oralmente, de forma espontánea, para llamar la atención de


quienes nos rodean, para narrarles lo que nos ha ocurrido, para expresar
nuestros sentimientos, deseos, estados de ánimo o problemas; para
argumentar nuestra opinión o manifestar nuestros puntos de vista sobre los
más diversos temas. La expresión oral por excelencia es la conversación, la
que utilizamos en las situaciones cotidianas de la vida.

Cuando nos referimos a HABLAR CON los niños, se trata de una


conversación bilateral. Pero si HABLAMOS A los niños, lo hacemos de
manera unilateral. Los adultos que hablan a los niños pueden excusarse
diciendo que un niño pequeño no puede conversar al nivel de un adulto, pero
en realidad, ese no es el punto.

Cuando decimos: "Ponte tu abrigo," "Vas a romper eso" y "Necesitas pelarte "
son ejemplos de "hablar a".

A nadie, absolutamente a nadie - incluyendo a los niños pequeños - le gusta


que se les hable a ellos. Trate de hablar con sus niños pequeños y vea los
resultados.
El hablar con los niños y escuchar lo que tienen que decir, deben convertirse
en hábitos desde muy temprano. Esta práctica dará muy buenos frutos
cuando los hijos llegan a la adolescencia.

Hay mensajes que representan declaraciones de hecho acerca de la persona


que habla. Estos mensajes pueden decir a los niños cómo se siente el que
habla por causa de su conducta. Puesto que los niños pequeños, cuando se
portan mal, no saben cómo afectará su conducta a otra gente, estos mensajes
son las mejores herramientas para la educación de los hijos.

Los mensajes que reflejan cómo piensa el que habla dan a los niños la
responsabilidad de cambiar su propia conducta. Por ejemplo, si el adulto dice:
"veo que hay una manchita de suciedad en tu cara", entonces el niño tiene la
responsabilidad de hacer algo respecto a esa suciedad.

Ahora bien, no utilice este tipo de mensaje para expresar enojo con niños
pequeños. Cuando escucha al adulto expresar su enojo se sienten muy
desconcertados e inseguros.

En vez de dejar salir la irritación, hay que tratar de usar un "mensaje de cómo
se siente” para expresar la emoción que usted experimentó antes del enojo.
Por ejemplo, si Marina derramó su vaso de leche durante una comida donde
había invitados, seguramente se experimentan apuros antes de sentir ira.
Diga entonces: "Realmente esto es incómodo, penoso" en vez de: "Estoy muy
enojada contigo."

Los mensajes de este tipo pueden ser:

Ahora necesito ayuda para organizar todo este desorden.


En este momento estoy muy cansado, no tengo ánimo de leer ahora.
Me siento muy molesta cuando veo el piso sucio.
No puedo escucharte con todo este griterío. No entiendo nada.

Nunca deben ser así:

Seguro que tú hiciste este tremendo desorden.


Eres muy insistente me vuelves loco.
Debería darte vergüenza de cómo pusiste el piso..
¡Mejor te callas! ¿Eres tonto?

Al comunicarnos, saber antes que tenemos una audiencia.

Asegúrese de que tiene una audiencia antes de empezar a hablar. Puesto que
los niños - y muchos adultos – pueden concentrarse sólo en una cosa a la
vez. Llame a los niños por su nombre, luego espere a que todos nos estén
mirando antes de empezar a hablar. Esto ahorra tiempo, frustración y
repetición en las partes interesadas.

Estos son algunos ejemplos:


"Jorgito" (Espere a que deje de jugar en la arena y le esté mirando a usted)
"Tienes diez minutos más para jugar ahí afuera."
"Mario" (Espere hasta que él deje de lanzar la pelota y le mire a usted.) "La
comida estará lista en 15 minutos."

Comunicarnos con encomiendas sencillas.

Los niños pequeños hacen su mejor esfuerzo para llevar a cabo una orden a
la vez. Les es difícil recordar una serie de pedidos, de modo que los adultos
que mejor se comunican con ellos son quienes hacen una sola encomienda
sencilla.
Por ejemplo, una niña de tres años, se confundiría si usted le dijera, "Anda a
tu dormitorio y cuelga tu ropa, pero primero recoge tus juguetes y saca afuera
al perro."

Más bien, separe sus encomiendas. Pida a la niña que recoja sus juguetes.
Cuando haya terminado esa tarea, pídale que saque al perro afuera. Cuando
el perro esté afuera y ella esté adentro, pídale que cuelgue sus ropas en el
dormitorio.

Comunicarnos con firmeza para pedir algo

Hablar con firmeza no significa gritar o dar órdenes. Ser firmes expresa
seguridad, consistencia, estabilidad, solidez, Asegúrese de que su tono de voz
se corresponda con su mensaje, especialmente cuando esté pidiendo cosas
importantes a los niños pequeños. Hable serenamente y dé a los niños la
razón de la encomienda que les solicita realizar.

Cuando estén jugando, es difícil a los niños volver su atención hacia usted. No
les gusta ser interrumpidos, del mismo modo que a usted no le gusta que lo
hagan cuando lee su periódico, una revista o un libro. Para desarrollar la
subordinación de motivos de conducta es necesario aplicar estas reglas que
darán resultados positivos.

Es preciso que siempre utilice un tono de voz adecuado.

1) "Vamos, niños, por favor, recojan sus mochilas. Así ya estaremos listos
para salir". .

2) "Vamos a salir y tenemos que llevar el agua y la merienda. ¿Quieren


recoger sus mochilas ahora?
La primera dice a los niños lo que usted desea y por qué.
La segunda hace pensar a los niños que tienen elección, cuando en realidad
no la tienen, además que no tienen un motivo por el cual deberían obedecer.

Comunicarnos mirándonos a los ojos

El contacto visual mejora la comunicación. Este es un elemento es muy


importante y debe ser aprovechado cuando se habla con los niños. Por ello
se recomienda que al comunicarse sería bueno inclinarse o sentarse para
estar al nivel de los ojos de los niños pequeños, así los resultados justificarán
el esfuerzo.

Algunos adultos no siempre se dan cuenta de cómo miran a los niños


pequeños. Para los ojos de un niño, los adultos resultamos ser gigantes. Lo
que pueda hacerse para minimizar la distancia y la diferencia de tamaño
ayudará a mejorar la comunicación. Después de todo. Seguro que siempre
responderíamos bien si un gigante de 30 pies de estatura bajara la mirada
hacia nosotros y moviera su dedo.

Comunicarnos con cortesía.

Para que los niños sean corteses deben tener modelos corteses. El primer
paso para enseñar la cortesía es ser cortés.

Los niños aprenden a hablar y a comportarse, imitando a las personas que


los rodean. No es cortés el insistir a un niño que diga "Por favor". En el curso
de una conversación normal se establece un buen ejemplo cuando uno dice
"Por favor", "Gracias", y "Por nada" a los niños, tal como se acostumbra entre
adultos.
Los niños necesitan contar sus historias

Deje que los niños le cuenten sobre sus aventuras sin interrumpirlos –desde el
principio hasta el final - lo más frecuentemente posible. Ellos necesitan
practicar hablar sobre sí mismos y necesitan elogios de su parte al final de sus
cuentos.

La práctica y los elogios incrementan la autoestima. Las continuas


interrupciones y la crítica cierran la puerta a las comunicaciones.

Por ejemplo, Patricia estaba bastante entusiasmada cuando llegó a casa.


Quería contar a su madre lo bien que lo había pasado jugando en casa de
Margarita.

La madre de Patricia la interrumpió - casi al final- para reprenderla por haber


ido a casa de Margarita sin permiso. Inmediatamente, la niña perdió interés en
compartir sus sentimientos con su madre.

En consecuencia, no hubo comunicación.

Aún cuando la madre de Patricia necesitaba recordar a su hija las reglas de la


casa, respecto a pedir permiso, podría haber escuchado primero y luego
haberle recordado esas reglas.

Comunicarnos gentilmente.

Las palabras amables rinden efectivos dividendos. Las palabras bruscas


ocasionan resultados infelices.

Trate de evitar palabras torpes que ridiculizan, avergüenzan o les ponen


"etiquetas" a los niños. Al ser llamados "bebés grandes" o "malos", estos no
se sienten queridos. Peor aún, pueden empezar a no quererse ellos mismos y
"aceptar" dichos rótulos, como por ejemplo "mentiroso" o "ladrón".

Las palabras torpes no ayudan, sólo empeoran las cosas.

Por el contrario, las palabras amables ayudan a que los niños se comporten
mejor y traten de hacer las cosas con empeño, para lograr más éxitos. Las
palabras gentiles comunican amor y respeto; ayudan a crear una atmósfera
donde los problemas pueden discutirse abiertamente, hasta alcanzar un
entendimiento.

Por ejemplo, suponga que un niño ha derramado algún alimento. Usted puede
decir:

"– ¡No seas tan torpe! – ¡Mira lo que has hecho!" – Estas palabras duras
pueden conducir a resultados insatisfactorios.
O usted puede respirar profundamente y decir:
"Aquí hay una esponja. Por favor ayúdame a limpiar lo que se derramó" – las
palabras amables pueden conducir a resultados mucho más beneficiosos.

Reiteramos, que en cuestiones de comunicación con los niños de la primera


infancia hay muchos modos de ganar en la educación de los más pequeños.
Por ello hay que encontrar los caminos más exitosos, aunque estos requieran
de un mayor esfuerzo de parte de los familiares y educadores.

No debemos olvidar para todo lo que nos sirve el lenguaje: para comunicar
contenidos (¡Hace frío!), expresar nuestros propios sentimientos (¡Qué
contenta estoy!), influir en otras personas (Dame un abrazo), comprobar que
nos escuchan o entienden correctamente (¿Me comprendes?)o hacer
atractivo y armonioso el mensaje haciendo que el receptor se complazca con
él (Tu amor me hace tan feliz que me parece que estoy en las nubes)
Por otra parte, cuando escuchamos sabiamente a los niños, reconocemos los
sentimientos que están detrás de lo que dicen y de lo que no dicen; esa
escucha reflexiva es como un espejo en el que el niño se ve a sí mismo con
más claridad y en donde se le brinda la oportunidad de hacer un examen de lo
que le preocupa y de sentirse comprendido.

Si escuchamos reflexivamente, nuestras respuestas serán abiertas y


reflejarán los sentimientos del niño y sus significados.
Desarrollar el gusto por la lectura en las nuevas generaciones tendrá que ser
siempre un empeño consciente y permanente de la familia y de la institución
educativa. “Los niños pequeños observan a los adultos cuando leen un
periódico o una revista y se percatan que estos quedan como “hipnotizados”,
como si ese acto les robara la atención y entonces, los pequeños
inmediatamente, desean experimentar o imitar lo que tanto placer produce. Si
la palabra convence, el ejemplo arrastra” dice en una entrevista, la MSc.
Sandra Bozza. 14

Y continúa anotando la autora citada que sucede lo mismo cuando vemos a


niños de 18 meses intentando utilizar un teléfono o interactuando con un
teclado de computadora. Ellos hacen tales cosas porque están incluidos
cotidianamente y culturalmente en esas prácticas, por ello es tan importante
que también se injerten en el mundo de la “lectura” desde pequeños. La
propia Sandra Bozza añade en su entrevista que “…leerles a los niños antes
14
Entrevista con Sandra Bozza “¡Leer es la posibilidad de ir adelante! Es poder llegar a cualquier lugar,
sin necesitar de un avión o de tren” en Revista Aprendizaje. Año 2 No. 9 (noviembre-diciembre 2008)
Editora “Melo”, Pinhais/ PR. Brasil. Pág.24
de dormir puede ser una buena contribución, siempre que se haga con placer,
magia y seducción. En estas edades se lee, no para formar lectores, sino para
provocar emociones, valores y fortalecer vínculos afectivos y, para compartir
los secretos de la vida, lo cual no es fácil”. 15

Queda claro entonces que el propósito del presente artículo es valorar la


significación de la literatura, los libros y la lectura antes de la LECTURA, en la
primera infancia.

La literatura infantil como fuente inigualable de conocimiento.

Cuando se habla de literatura, se piensa enseguida, obviamente, en libros.


Los libros son un mundo que se nos abre ante nosotros cuando al leer
descubrimos pensamientos, fantasías, ideas, razonamientos, etc. de distintos
autores. La literatura, fundada en la lectura, claramente es una fuente de
conocimiento extraordinaria. Entonces quien lea, siguiendo lo que se plantea,
es una persona más culta que quien no lo haga. El leer es una experiencia,
un aprendizaje que se incorpora a nuestro comportamiento. De ahí la
importancia de la literatura infantil y su empleo desde las más tempranas
edades.

La razón que se alude con lo planteado, es que la importancia de la literatura


infantil radica claramente es que desde niños podemos aprender a “leer” y así
incorporar ese hábito. De otra manera, si la persona no incorpora el leer,
tempranamente, ya en otro momento se hará más difícil hacerlo, aunque
tampoco sería imposible. Es por ello, que resulta de gran trascendencia que
en los espacios educacionales donde hay niños, como el hogar, las
instituciones, las vías no institucionales, etc. haya libros.

Si desde pequeños se estimula en los niños el gusto por los libros y la lectura,
estamos proporcionando una afición y a la vez una posibilidad de

15
Ibidem
esparcimiento, de alegría y de aprehender el mundo. Es aquí donde hay que
poner mucha atención, pues al hacer énfasis a la recreación, a lo lúdico, que
rotundamente forma parte de la vida de los niños en la primera infancia, se
puede establecer una relación entre la diversión y el saber.

Los niños familiarizarse con los libros y la lectura por entretenimiento pueden
tomarle el gusto a la lectura, y sean mayores con el hábito de leer
incorporado,, pueden utilizarlo para aprender, para que la lectura no les sea
indiferente. He ahí otro signo de la importancia de la literatura infantil.

La relación de los niños con los cuentos

La idea es que los niños no sólo se relacionen con los cuentos, sino que
puedan ser partícipes de ellos. Esto lógicamente tiene una vía principal en
estas edades: el juego. Los niños deben llevar los cuentos a sus juegos, así
ellos mismos son los protagonistas de las narraciones, de las historias que les
cuentan los adultos. La recreación del cuento en el juego infantil genera
imaginación y fantasía. Ello le otorga también gran significación a la literatura
infantil y potencia la lectura una vez que ya pueden leer ellos mismos. Aquí es
importante recalcar la necesidad de lograr que la lectura, la narración atraiga
a los niños, que se haga entretenida, gustosa y cause deleite, lo cual no es
una tarea fácil. De ahí que los adultos, padres y educadores, deban saber
seleccionar las buenas lecturas infantiles que aportan mucho más a su
educación y desarrollo.

Los libros y la cultura


“A pesar de que los modernos medios de comunicación, como la radio, el cine
y la televisión, pueden, en cierta medida, restarle protagonismo cultural al
libro, continúa constituyendo el principal medio de transmisión de
conocimientos, enseñanzas y experiencias tanto reales como imaginadas. Por
otro lado, aunque se ha especulado con la posibilidad de que el desarrollo de
las tecnologías informáticas —que han acelerado el proceso de creación de
libros, tanto en cuanto a la escritura como en cuanto a la producción industrial
y, por tanto, reducido su coste— tengan, paradójicamente, como efecto la
sustitución del libro por otras experiencias ligadas a la imagen (realidad virtual,
películas interactivas u otros), cabe, sin duda, la posibilidad de que, del mismo
modo que la reducción del precio del papel posibilitó la extensión del libro a
amplias capas de la población, la sustitución del libro tradicional por el libro
electrónico, con su consiguiente disminución de costos de producción y
distribución, permita hacer accesible el conocimiento y las experiencias
didácticas o de ocio que siempre han constituido su espíritu a la casi totalidad
de la población del planeta. De este modo se podría materializar, quizá, el
poder mágico de transformación de la realidad que el gran dramaturgo inglés
William Shakespeare atribuía a los libros en su más imaginativa obra, La
tempestad (1611), en la que Próspero, el duque de Milán expulsado de su
ciudad por su ambicioso hermano, recupera su ducado ayudado por los
conocimientos mágicos que le proporcionan sus amados libros” 16

Lo expuesto anteriormente revela la trascendencia del papel de los libros y la


literatura desde los tiempos más remotos.

La cultura infantil parte por los padres y educadores y está determinada por el
liderazgo que pueden ejercer los adultos en los niños, para infundirles el gusto
por los libros. Si esto es potenciado desde el hogar se propicia que la
literatura infantil tenga un sentido más íntimo, más personal.

Es necesario tener en cuenta lo expresado, pues son los adultos (familia y


educadores) quienes más les pueden aportar a los niños en este sentido y
demostrar, primero con el ejemplo y luego con la práctica sistemática, que la
lectura es la base fundamental de la cultura en la sociedad. Para lograrlo, a
los niños se les debe leer desde que son bebés, desde "la cuna". De este

16
Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005. © 1993-2004 Microsoft Corporation
modo crecen y se desarrollan en un ambiente marcado por la lectura y
adquieren en su formación este apego por los libros y lo que en ellos se narra.

Este panorama nos lleva a entender la importancia de la literatura; cómo esta


puede contribuir a que la sociedad sea más culta, cómo va haciendo que sus
miembros se conviertan en personas más inteligentes, más nobles, más
preparadas para enfrentar la vida. De tal modo la sociedad se puede convertir
en un mejor lugar. Por lo tanto, el valor de la literatura infantil, no puede ser
indiferente a los educadores, ni a los padres de familia, puesto que el hábito
de la lectura, el gusto por la literatura sólo puede ser instaurado en una
persona cuando es niño.

La comunicación con los pequeños, por lo tanto, será muy importante, pues la
forma en cómo le lleguen los educadores y los adultos en general a los niños
definirá su interés o no por los libros y la literatura. En este sentido, se pueden
emplear métodos de distinta índole, sobre todo los persuasivos, que
funcionarán aún mejor, si antes de ser usados son estudiados para saber
como emplearlos, de la mejor manera posible.

Los libros son un instrumento de cultura que favorecen los aprendizajes y


permiten que el niño desarrolle su capacidad de atención y expresión,
conozca el mundo que le rodea y amplíe su vocabulario.

Desde un primer momento los libros constituyen un medio excelente de


comunicación entre el adulto y el bebé. Con un libro en las manos, el adulto
habla, mira, acaricia y establece una relación afectuosa con el niño.

La lectura, es un acto donde el afecto tiene un rol destacado. El acto de leer


tiene que relacionarse con la satisfacción personal. Por ello, el papel de los
adultos es fundamental cuando de proporcionarles los libros y sus historias se
trata. Los padres pueden relacionar lo que hay en los libros con lo que el niño
conoce, con lo que les gusta, con lo que les satisface y necesitan.
La familia es un elemento determinante en el desarrollo del hábito de lectura
del niño, tanto más si tenemos en cuenta que los niños imitan modelos a
seguir como suscribimos al inicio. Es imprescindible que los padres cuenten,
lean en voz alta, y se conviertan, en definitiva, en referentes y catalizadores
del hábito lector de sus hijos, del gusto por leer.

Los libros y la literatura infantil. Su significado en la infancia.

Es inevitable que la cultura haga mejores seres humanos, es por eso


sumamente importante que todas las personas tengan acceso a ella. ¿Y qué
cosa mejor que empezar desde pequeños? Por ello es necesario educar a
nuestros niños y niñas con la mejor literatura infantil, llena de textos
maravillosos.

La lectura para niños debe abrirse como un espacio accesible para todos. Los
buenos cuentos infantiles ayudarán a un mejor uso del lenguaje, a una mejor
relación con el entorno, a conocer el mundo a través de ilustraciones o
historias cercanas a la vida cotidiana. Si acercamos la literatura a nuestros
niños, luego éstos nos lo agradecerán.

Los niños traen al nacer necesidad de historias.

Nunca es demasiado temprano para introducir los cuentos en la vida de los


niños. Mucho antes de saber leer, los bebés pueden relacionarse con los
libros, pues son capaces de escuchar, ver y sentir (sienten incluso antes de
haber nacido, según los especialistas), y es desde - y a través de - los
sentidos como se genera y amplía la curiosidad y el gusto por los libros y sus
historias.

Los bebés nacen con unas necesidades primarias de afecto, de sueño, de


alimento... y nacen también con necesidad de historias. Tienen necesidad de
estimulación hacia la palabra, tanto oral como escrita, con el adulto como
cómplice. Lo que un niño puede comprender no depende únicamente del
desarrollo intrínseco de sus capacidades interpretativas, sino que viene
condicionado por la presencia y familiaridad de esos elementos en su cultura.
Cuanto antes se ponga en contacto a los bebés con estos estímulos, mejor.
Desde la cuna es conveniente aportarle pensamiento y palabra por medio de
canciones, nanas, juegos corporales y de la narración de pequeñas historias.

Antes de los tres años la relación madre-hijo o padre-hijo crea situaciones


muy especiales para el desarrollo del lenguaje. Si esto se produce desde el
principio, supone enormes ventajas en el desarrollo posterior del niño. No
sabemos lo que entienden pero sí podemos saber qué es lo que prefieren. Y
todos ellos quieren historias, palabras especiales, sonoras, ¡sea cual sea su
significado! A los bebés, desde un primer momento, les podemos hablar de
formas diferentes:

- Con el lenguaje de los hechos, de los actos, de las situaciones, de lo


cotidiano. Es el lenguaje que normalmente utilizamos cuando lo
vestimos, lo alimentamos, lo mimamos.

- Con el lenguaje del relato, que tiene la misma capacidad de


comunicación de la lengua escrita. Este lenguaje lo utilizamos al contar,
al cantar, al recitar. No le interesan tanto los contenidos como la
sonoridad de las palabras. Con este lenguaje, el lenguaje cotidiano se
desarrolla.

- Con el lenguaje del silencio, necesario para que pueda interiorizar lo que
le estamos comunicando, y pueda responder a los estímulos.

El juego y la estimulación del niño con los libros


Hemos comentado que la relación del bebé con el libro evoluciona
paralelamente al proceso de maduración sensorial del niño. Por otro lado, la
necesidad de actividades lúdicas en los primeros años de vida fue reconocida
hace tiempo y de forma generalizada por los estudiosos de esta significativa
actividad en la primera infancia
Los encuentros iniciales con el libro deben hacerse, precisamente, desde el
juego y la socialización a través de los sentidos. En un principio el libro es
simplemente un objeto que atrae la atención del bebé. Pero más adelante, ese
mismo objeto le servirá para jugar con la imaginación, con el pensamiento y
con el lenguaje.

Con el libro se puede jugar desde que el niño nace.

Un libro en manos de un niño lo puede llevar a volar por mundos de fantasía,


de imaginación, de magia... y llegar a transformar este encuentro en un
verdadero torbellino de sensaciones, de voces y ruidos. Es que un libro es
también una gran herramienta de juego, y como tal, tiene que estar presente
en la vida de un niño desde su nacimiento. Un gesto tan sencillo como leer un
cuento a un niño puede eternizar una afición enriquecedora durante toda su
vida.

A modo de ejemplo, ofrecemos algunas ideas de cómo jugar con el libro.

EL JUEGO DE LAS VOCES

Cualquier cuento por pequeño que sea puede trasformarse en un juego de


voces y ruidos. A los más pequeños les encanta escuchar los cambios de
tono: las voces agudas, las graves, las que imitan a los niños, los sonidos del
agua, del viento, de los animales... Así aprenden a identificar a los distintos
personajes: los buenos, los malos, los más jóvenes o los más ancianitos. ¡Lo
cierto es que cualquier elemento creativo captará su atención!

Nota. Para niños y niñas desde 1 año en adelante

DIBUJA LA HISTORIA
Sólo se necesitan lápices de colores, cartulinas y un narrador. El juego
consiste en que los niños y niñas representen las distintas secuencias del
cuento: el principio, el nudo y el desenlace. Pueden hacer tantos dibujos como
quieran, lo importante es dejar libre su creatividad. Además, observando sus
dibujos se pueden aprender cientos de cosas: lo que más llama su atención
será lo más grande, lo que menos le gusta lo omitirá o será muy pequeñito...
¡Les encantará tener sus propias ilustraciones de los cuentos!

Nota: Para niños y niñas de 3 años en adelante

HACIENDO TEATRO

Es hora de sacar del baúl de los recuerdos: un sombrero, unos guantes,


collares de plástico, cinturones o un chaleco. Cualquier ropa antigua será el
perfecto disfraz, también ayudará un espacio de maquillaje infantil para
caracterizar unos bigotes, una cicatriz o unos coloretes. ¡Representarán su
cuento favorito!

Nota: Para niños y niñas de 5 años en adelante.

INVENTANDO OTRO FINAL

Seguro que hay algún libro con un final poco divertido, así que la solución es
tratar de inventar entre toda la familia el desenlace perfecto. Cada uno aporta
su idea y entre toda la familia se decide que "trocito de historia" es el mejor.
Es una forma de conversar sobre un libro: los personajes, el contexto, las
distintas situaciones, etc. El juego se puede complicar en función de la edad
de los participantes.

Nota: Para niños y niñas de 5 años en adelante. Este juego no tiene edad
y seguro que hay cientos de finales para modificar.

Algunos consejos a los padres para hacer de la casa una gran biblioteca.
1 - Para empezar, es necesario que su hijo lo vea, siempre que sea posible,
con un libro en la mano. Los niños sentirán más interés por leer un libro si ven
que este hábito está presente en su entorno. Piense que a los niños les
encanta imitar a los adultos. Esa es su forma de aprender. Si ellos notan que
a los padres y otros familiares les gusta leer y que tratan los libros con
cuidado y respeto, ellos probablemente, harán lo mismo.

2 - Es necesario estar convencido de que la lectura debe ser empleada como


una forma más de diversión y no como una obligación. Los libros no deben ser
introducidos a la vida cotidiana del niño solo cuando él esté aprendiendo a
leer o solo cuando ingrese en la escuela. El contacto con los libros debe
empezar mucho antes, incluso, antes de empezar a gatear.

3 - Cuando el bebé consiga sentarse firme en el suelo o en la cuna, ofrézcale


libros para que los maneje. Existen curiosos libros hechos con tela, e incluso
con material plástico indicados para el juego a la hora del baño. También se
han elaborado sencillos diccionarios para que el pequeño se vaya
familiarizando con las palabras, las letras, relacionándolas poco a poco a la
imagen. El secreto a esta edad, es hacer que el niño vea el libro como un
juguete más, con el cual podrá aprender, tornarse mayor, descubrir, crear
fantasías, y oír muchas historias interesantes y encantadoras. Al principio,
trate de dar preferencia a los libros ilustrados, con pocas palabras, y haga que
su hijo lo toque, lo acaricie, lo huela, y tenga todo tipo de contacto con ello.
Existen libros que contienen sonidos incluidos y también trozos de lana, y de
otros materiales para que los bebés disfruten también con el tacto. ¡Los hay
también con olores!

4 - Cuando sean más mayores, lo ideal es leerles en voz alta, siguiendo


siempre las historias del libro. Dé importancia especial al tiempo que dedica
para tomar a sus hijos en los brazos y compartir con ellos el placer de leer un
cuento, lejos de las distracciones de la televisión. Empiece con los cuentos
tradicionales, clásicos, pero fundamentalmente, elija libros que agraden a todo
el mundo. Si un libro resulta aburrido, olvídelo y busque otro que sea
interesante.
5 - Cuando su hijo ya esté a una edad en que consiga mantenerse más
tranquilo en los lugares cerrados, llévale a visitar una biblioteca. Estimúlelo
para que se familiarice con los libros, aprenda a manejarlos. De este modo
estará construyendo una amistad, un lazo con la lectura. El niño se sentirá
más cercano al lugar y deseará volver muchas veces para elegir el libro que
quiera.

6 - Otra forma de estimular el interés del niño por los libros, es convertir un
libro en un premio. Cada vez que tenga que premiar a su hijo por algo
importante, regálale un libro sobre su tema preferido.

7 - Cuando su hijo ya esté disfrutando de los libros y pueda leer, hágale


participar de la lectura. Cuando termine de leer el cuento pídale que le cuente
lo que pasó con algún personaje, o incluso haga con que el niño adivine lo
que pasará al final. Aproveche para hacer comentarios sobre las situaciones
positivas y negativas, hacer comparaciones de un trozo de la historia con sus
experiencias, como "¿qué harías en su lugar?" "¿Te acuerdas que te ocurrió
lo mismo un día?".

8 - Aunque sienta que su hijo ya se interesa por las historias, que se involucra
con la trama, se identifica con los personajes, que empieza a participar y a
imaginar distintos finales, y a vivir variadas sensaciones riéndose,
emocionándose, etc, no deje de sorprenderle con nuevos cuentos. Dé
continuidad a esta costumbre abasteciendo siempre el hogar con libros y con
revistas.

A lo largo de este material hemos intentado poner de manifiesto lo importante


que resulta que los niños adquieran el hábito de la lectura, y contribuir al
conocimiento de cómo situar a los niños en este camino. El interés por la
lectura puede ser sugerido al pequeño de una forma sencilla, espontánea y
duradera. El niño que empieza a tener contacto con los libros desde muy
temprano, incluso antes de aprender a leer, simplemente ojeándolos, se
encontrará más preparado para tener éxito en los estudios y en la vida en
general.

El acto de leer o simplemente de contemplar un libro hará niños más


inteligentes, imaginativos y creativos. Y si eso es lo que queremos para los
niños, no podemos perder el tiempo. Hay que empezar hoy mismo a construir
ese hábito diario tan enriquecedor para él y para todos.

Nunca debemos olvidar que narrar historias es crear un mundo de fantasías


en los niños de la primera infancia, es permitir que los pequeños hagan volar
su imaginación, que pasen a creer en los hechos narrados aunque estas sean
inventadas. Más adelante, leer será mucho más que un acto de procesar
informaciones. Es una invitación a las infinitas puertas del conocimiento, del
disfrute de la emoción.

En todo momento hemos reiterado la necesidad de proporcionar el apoyo y la


atención necesaria a los padres y a otros miembros de la familia porque ellos
seguirán siendo las personas más influyentes en las vidas de los niños. Quizá
los mayores y más duraderos efectos sobre un niño que aprende y se
desarrolla pueden venir de las mejoras en la capacidad de los padres para
proporcionar un ambiente de estímulo cultural en el hogar.
“Que ni una palabra ni una mirada obscena

manchen la casa en donde haya un niño”.

El ser humano en toda su existencia, está siempre descubriendo y


aprendiendo cosas nuevas. El hombre nació para aprender y apropiarse de
todos los conocimientos, desde el más simple hasta los más complejos, y es
eso lo que le garantiza la supervivencia y la integración en la sociedad como
ser participativo, crítico y creativo.

Esa búsqueda incesante de intercambio de interacciones, de apropiaciones es


educación, que no existe por sí, sino que es una acción conjunta entre
personas que construyen, que se comunican, que interactúan en la sociedad
con una visión histórica y cultural.

La educación, como elemento imprescindible de la sociedad, habrá


colaborado con el proceso de transformación social si contribuye a la
formación de niños y adolescentes en la búsqueda y en la defensa constante
de los valores sociales, por muchos olvidados.
En su libro: “Aprender a convivir”, de Gustavo Torroella asevera:

“El tipo de trato y de relaciones predominantes que tengamos con las


personas – y que ellas tengan con nosotros-, de buen o mal trato, de


Anónimo. Tomado de una presentación con diapositivas.
relaciones amables, o detestables, satisfactorias o frustrantes, en el
transcurso de la vida, determinan nuestro modo de ser, nuestra personalidad”
“...Si las relaciones sociales en que ha vivido el sujeto han sido favorables,
beneficiosas, positivas,... entonces la personalidad crecerá normalmente y el
sujeto estará en disposición y actitud de asimilar e interiorizar valores y
normas de la sociedad...” 17

En este material hacemos algunas reflexiones acerca de algunas normas de


comportamiento sociales como premisas de los valores y que deben
comenzar a desarrollarse en las tempranas edades: el respeto a las personas,
la solidaridad, la gratitud, la colaboración y junto a todo ello, el valor de
palabras significativas para el bienestar de todos, como "por favor", "con
permiso", "muchas gracias", palabras mágicas, como reza el título de este
trabajo, que no deben olvidarse jamás así como el uso del sentido común en
las más variadas situaciones.

Reflexiones que aspiramos, ayuden a educadores, padres y otros familiares,


para una actuación más consciente, efectiva y valiosa en la educación de los
miembros más pequeños de la familia.

Según Paulo Freire, la acción educativa, para ser válida, debe


necesariamente estar precedida por una reflexión sobre el hombre y de un
análisis del medio de vida concreto y particularmente, del niño a quien
queremos educar (o mejor dicho: a quien queremos ayudar a educarse)

Por tanto, todo lo que se haga con los hijos en el hogar por su formación y
desarrollo deberá ser antecedida por una reflexión para considerar las
condiciones reales del pequeño, sus necesidades, potencialidades y
vivencias.

17
Torroella, Gustavo. “Aprender a convivir”. Editorial Pueblo y Educación (Segunda edición corregida)
La Habana 2002
Asimismo, los niños deben ser participantes activos de este proceso, en el
que todos crecerán juntos, en un esfuerzo único de conocer la realidad que
se busca transformar, y pensar en el niño como sujeto histórico, con la
diversidad de relaciones en que está inmerso, como ser social que tiene una
identidad propia y singular, que requiere de autonomía y creatividad y que, en
el contexto en que vive, genera una serie de relaciones con los otros.

Los niños y las niñas son, en el momento de su nacimiento, las criaturas más
indeterminadas e inconclusas imposibles de imaginar. Lo que son y lo que
serán en un futuro se construye día a día, puesto que dependen, para
sobrevivir y desarrollarse de la atención, cuidado y educación que se les
ofrece, de lo que aprenden, más que de lo que heredan.

Hoy se exacerba la violencia en el mundo; ningún país está exento de este


mal. SI las relaciones en que vive el niño desde que nace han sido negativas,
las actitudes que han mantenido hacia él las personas que lo rodean, hostiles
y frustrantes y, si el medio en que se ha desenvuelto ha sido adverso en
sentido general, como resultado de ello, ese pequeño ser humano en
formación, responderá a la sociedad con similar actitud y trato. En tal caso,
esa actitud negativa se pondrá de manifiesto con una conducta también
negativa, no aceptable socialmente, por no haberse llevado a cabo, de
manera adecuada, el proceso educativo de socialización.

De ahí que el reto en los momentos actuales nos ponga frente a las tareas de:

• Revitalizar los valores sociales.


• Ocupar el tiempo de ocio de los niños, con ideas y acciones
constitutivas de valores.
• Contribuir a la formación de ciudadanos auténticos, independientes.
• Orientar y auxiliar a los padres y profesores en la educación de los hijos.
• Crear un ambiente de respeto y armonía en el ambiente familiar.
Actividades que contribuyen a la educación de los hábitos de
comportamiento social
• El Teatro y dramatizaciones referentes a los valores familiares y respeto
al bien común.
• Las lecturas, cantos y canciones con letras que incentiven el desarrollo
de la autoestima. Es importante despertar en el niño el hábito de
sentirse bien consigo mismo, respetándose y valorándose para que la
convivencia con las de más personas ocurra de la misma forma.
• Las prácticas diarias en la familia y la comunidad: ayudar en tareas
sencillas en el hogar, saludar cuando van con los padres, recoger algo
se le cayó al suelo a alguna persona, devolver lo que es prestado, etc.
• Las experiencias vivenciadas. Ej. : cuidado para mantener la casa
limpia, arreglar el dormitorio, tender la cama, poner la mesa junto con el
padre. Tener actitudes solidarias con los compañeritos, hermanos
primos, mantener organizados los juguetes siempre en un mismo lugar,
cuando no están jugando, otras.
• Practicar el uso de palabras que gratifican a todos: "muchas
gracias","por favor","discúlpeme", ¿puedo ayudar en algo? etc.
• Ver videos que enfaticen las buenas acciones...
• Practicar cómo presentarse a las personas y hacer la demostración,
como un juego, presentándose unos a otros, destacando sus cualidades
y características.
• Realizar dibujos con las situaciones vivenciadas y procurar que los niños
reflexionen y busquen comportamientos deferentes
Un mágnífico consejo para lograr los resultados esperados en esta tarea es
mantener las palabras positivas siempre en el aire. Ellas ayudarán a
desarrolarse en cualquier situación difícil. Los buenos modales, las normas de
comportamiento social nunca se han perdido; puede que muchos los hayan
olvidado, pero entre todos se puede construir una sociedad más educada,
comprensiva, más fraterna.
¿Cómo debe ser el comportamiento cuando caminamos por la calle?

Los hábitos de comportamiento en la calle pueden comenzar a formarse


desde los primeros años de vida para, paulatinamente, desarrollar actitudes
adecuadas sobre cómo debe ser el comportamiento en un lugar donde los
pequeños se encuentran con muchas personas y situaciones complejas que
en ocasiones representan peligros.

Es necesario enseñarles que cuando van por la calle deben tener una
manera de conducirse muy cuidadosa. Es necesario que en esos lugares
públicos, aprendan a respetar a los demás transeúntes, a mantener la
compostura cuando caminan por las aceras. Los padres al atender a tales
situaciones deben adiestrarlos a “andar” por las aceras, que aunque parece
sencillo tiene sus normas y, que en algunos casos se han olvidado.

Veamos lo que podemos enseñar a los niños para que sean buenos
transeúntes:

Con este propósito, muchas acciones interesantes y educativas pueden


realizarse con los niños y las niñas mediante juegos y otro tipo de actividades,
en los que pueden emplear su propio cuerpo, realizar dibujos grandes sobre
cartones situados en el suelo; utilizar juguetes pequeños para moverlos dentro
de un diorama elaborado con materiales desechables, y hasta mediante
experiencias en la propia vía, etc. que permitirán a los pequeños aprender a
comportarse y comprender la importancia de las conductas correctas en este
medio. Por ejemplo:

1.- Al caminar por las aceras, se mostrará a los niños que se camina siempre
por la derecha y se exigirá hacerlo así y lo más pegados a la pared posible(en
caso de la acera que queda a nuestra derecha)
2.- Si viene una persona mayor de frente o alguien que carga algún paquete,
es positivo cederle la derecha y desplazarse a la izquierda.

3.- Como excepción se les dirá a los niños, que si no hay aceras (por ser un
descampado, o un pueblo o urbanización sin aceras, etc.) entonces debemos
caminar por la izquierda, para poder ver los vehículos que vienen por el
camino o carretera, de frente. En este caso, si otra persona se dirige hacia
nosotros se deberá mantener el sitio que se ocupa la derecha y esa persona
tomará la izquierda, que es su derecha.

5.- Al encontrarse con amigos o familiares, los niños deben saber que no es
correcto detenerse a conversar y ocupar toda la acera. Se tratará siempre de
pararse en un sitio más apartado para no estorbar al resto de los transeúntes.

6.- Mientras se camina no se debe ir jugando y corriendo. Esto puede resultar


peligroso o se puede empujar e incluso tirar a alguna persona al suelo.
Tampoco jugar con el balón, lanzar objetos ni realizar otros juegos que
puedan afectar la buena circulación de los que andan por las aceras o la calle.

7.- Al tropezar con alguien, el primer deber es pedirle disculpas por ello y ver
si necesita ayuda.

8.- Cuando los mayores se detienen, los niños deberán mantenerse quietos a
su lado.
9.- Se debe insistir que en la calle siempre el comportamiento debe ser
correcto: cuidar los contenedores de basura, las señales, las paredes de las
casas o edificios públicos, los autobuses, etc. Los niños deben saber desde
temprana edad que es de muy mala educación escupir en el suelo, dar voces,
insultar a las personas, sentarse en los bancos de los parques con los pies
encima de ellos, etc. Hay que evitar estos comportamientos.
La vía más importante para estimular los comportamientos correctos es el
buen ejemplo, lo que se complementa con lo que aprenden en los libros, en
las canciones. Es importante que los adultos siempre tengan conductas
ejemplares para los pequeños en el hogar.

La idea de que los niños son como esponjas y que todo lo recogen, es
bastante acertado, por ello se debe estar alerta porque suelen tener una
particularidad, generalmente retienen mejor los malos ejemplos (las
palabrotas, los gestos incorrectos, etc.) De ahí la significación de los padres y
demás familiares y su forma de actuar.

Se les puede explicar lo que está bien o mal hecho siempre que sea posible, y
hacerlos razonar acerca de su comportamiento. No es recomendable reñirles
en público y poner en evidencia al niño. Esto si es necesario, debe hacerse
en privado. Tampoco es correcto discutir con otro u otros mayores el regaño o
castigo impuesto por una falta del niño. Si no está de acuerdo lo mejor es
discutirlo aparte con la persona que lo impuso. No debe cuestionar nunca en
público la autoridad de la otra persona (su madre, su padre, su abuela, etc.)
Tampoco es un comportamiento correcto dar "amparo” al niño, con mimos,
dejando en mal lugar a la persona que le ha regañado. Esto no es un buen
ejemplo para el niño, porque este propenderá a solicitar este "apoyo" siempre
que lo reprendan.

El comportamiento ajeno también es una buena fuente de aprendizaje.


Cuando otro menor hace algo correctamente ante una situación dada, este
puede ser un buen momento para indicarle al pequeño cómo se debe actuar
siempre en estos casos. En un parque, en un centro comercial, etc. puede
encontrar (afortunadamente) algunos ejemplos de lo que se debe hacer. Este
es un método eficaz a utilizar con los niños pequeños.
En ciertos momentos, es importante también explicarles a los más pequeños
las posibles consecuencias de su mal comportamiento. Que aprendan a que
ser maleducados o tener un comportamiento incorrecto les puede acarrear un
castigo o penalización (quedarse sin jugar, sin ir a una fiesta, sin ver su
programa favorito de la tele, etc.) Por el contrario, también puede premiar un
comportamiento correcto de los más pequeños cuando se portan bien en el
cine, en casa de un amigo o familiar, en la calle o en un parque, etc.

Recordemos que darles a nuestros hijos una buena educación, es un pilar


básico para toda su vida.

La buena conducta a la hora de las comidas

Recuerde que siempre es mejor razonar que imponer. Que siempre es mejor
premiar que castigar. Enseñar una buena educación y unos buenos modales a
la hora de la comida a los niños comprende no solo cómo utilizar bien los
cubiertos, cómo poner bien la mesa, saber lo que se permite o no hacer
mientras se está comiendo, sino que también se debe hacer hincapié en la
actitud que se debe tener frente al resto de personas sentadas a la mesa y
frente a la comida.
La hora de las comidas. Un momento educativo por excelencia.

La mayoría de los padres han tenido la experiencia de lo que sucede en la


hora de las comidas cuando hay niños pequeños en la familia. El qué y cuánto
se come se convierte muchas veces en un verdadero problema. Aquí es
donde deben entrar los padres, con sus mejores métodos para mostrar su
capacidad, para poder "controlar" estos comportamientos.

Las horas de las comidas, son las idóneas para tratar temas sobre las buenas
formas en la mesa, teniendo siempre en cuenta que estamos tratando con
niños. Utilizar el diálogo y procurar evitar, en todo momento, la violencia. Si se
les enseña desde pequeños algunas normas básicas, se logrará en un futuro
eliminar las pequeñas, pero dañinas, disputas y riñas a la hora de comer. Solo
hace falta tener un poco de paciencia con ellos.

Si el hijo se niega a comer, ante todo es preciso analizar las causas que le
llevan a rechazar la comida (falta de apetito, enfermedad,...) Si lo que quiere
es llamar la atención, entonces habrá que evitar darle nosotros más
importancia de la que merece. En estos momentos, lo mejor es tratar de
hablar de otros temas que no estén relacionados con la comida (su serie
favorita de dibujos animados, sus amigos del barrio o del círculo, etc.) Es
importante intentar crear un ambiente agradable a esta hora, con el fin
fomentar el "deseo" de los pequeños por comer, y crecer sanos y fuertes.

Por supuesto, no es una solución estar horas delante del plato hasta que el
niño coma (una cosa es la paciencia y otra, la lucha hasta la extenuación) Lo
mejor es conseguir hacerle ver, que todo lo hacemos por su bien, que de lo
contrario, no será un niño sano y fuerte y no podrá hacer las cosas que hacen
otros niños de su edad.
Es sumamente importante evitar, en la medida de las posibilidades, las
recompensas materiales; o sea, premiarlo si se come toda la comida. No debe
acostumbrárseles a esto. Es preferible la opción de recompensas no
materiales. Se le puede hacer ver al niño que si no come lo que debe, no
estará fuerte y saludable, no tendrá fuerzas para jugar bien, tendrá sueño y
entonces no podrá salir al parque con sus amigos, ni ver su serie favorita o no
podrá ir de visita a la casa de unos amigos. No obstante, es mejor no tener
que recurrir a estos términos. Hay que hacerle ver que comer es una
obligación no un capricho o un favor que ellos le hacen a los adultos.

Los niños, todos lo sabemos, por las características de la edad no pueden


estar mucho rato tranquilos en una misma actividad, por eso a veces se
comportan de una forma un poco "desordenada" a la mesa, o bien de una
forma inquieta. Esto es normal, pero siempre habrá que enseñarlos a respetar
los límites.

En la mesa, y también en otros lugares, hay que enseñarles a comportarse


con una cierta educación y compostura. Nunca es tarde para empezar,
aunque es mejor hacerlo desde sus primeros años.

Hay algunas conductas que no se pueden manifestar cuando se está a la


mesa.

Muchas de estas prácticas tampoco se deben hacer en otro momento pero


tienen una trascendencia mayor si se hacen a la hora de las comidas. Veamos
algunos ejemplos:

No bostezar. Si por cualquier motivo ha dormido mal, está cansado o tiene


sueño, y no puede reprimir el bostezar, deberá enseñársele a poner la mano
delante de la boca o hacerlo de una forma lo más discreta posible.
No rascarse. Los niños, con cierta naturalidad, tienden a rascarse la cabeza,
los brazos, etc. sin darle mayor importancia. Hay que enseñarles que no debe
hacerse en la mesa por que es una cosa poco correcta, que no es de mucha
higiene en un sitio donde hay comida y se come.

No hurgarse en la nariz ni en las orejas. Los niños son muy propensos a


hurgarse con el dedo en la nariz, y no es nada agradable en ningún momento,
pero menos sentados a la mesa. Hágale ver que no debe hacerlo, que es un
gesto feo y poco higiénico. Si algo les molesta, lo mejor es que se retire de la
mesa para ver si tiene algo dentro de ellas

No jugar con la silla. Las sillas han sido hechas para sentarse no para jugar,
ponerse en pie sobre ellas, etc. Hay que recordarles que además, se puede
dar un buen golpe si juega con la silla. Debe aprender a sentarse y a
mantenerse tranquilo durante toda la comida.

No descalzarse. Si los zapatos le aprietan o le molestan no debe quitárselos.


Si están en casa puede ponerles unas zapatillas, pero no debe
acostumbrárseles a sentarse descalzos a la mesa.

No jugar con la comida. Ni los niños ni los mayores pueden hacer bolitas con
la miga de pan ni jugar con alguna comida puesta en la mesa. Los alimentos
son para comer, no para jugar.

No comer sin ropa. Los niños tienen que saber desde temprana edad que a
la mesa se deben sentar siempre vestidos, no se podrá ir a comer desnudo o
solo con ropa interior. Hay que acostumbrarlos a sentarse a comer con su
ropa. A veces, cuando hace calor, los padres permiten que los niños no lleven
camisas o blusas (para que estén bien fresquecitos) Ni siquiera esto es
aconsejable.
No hablar en voz alta ni gritar. En la mesa no se grita, ni se dan voces. Las
cosas se piden sin levantar la voz. Si es preciso se repite, pero no se levanta
la voz.

Y no olvidar alabarlos cuando su comportamiento en la mesa es bueno.

Sobre el cumplimiento del horario.

En la educación de los niños es muy importante guardar los horarios de las


comidas, del sueño, hacerles sentir a gusto cuando están limpios.
Hay que tener en cuenta que los niños necesitan tener unos horarios de
acuerdo con su edad. Necesitan habituarse para darles seguridad. Conviene,
además, que relacionen estos hábitos con juegos y otras actividades para que
se establezcan mejor. Por ejemplo, si les acostumbramos a leerles un cuento
sabrán que este es el paso previo al sueño.

Para concluir queremos reiterar que en cualquier situación, con un poco de


imaginación, se puede educar: En la sala de espera del pediatra: Se pueden
preparar las situaciones previamente. Se pueden llevar pinturas y papel para
dibujar, cuentos para leerles, respetando el tono de voz para no molestar a los
demás. Se puede también jugar al veo, veo y mirar por una ventana, etc.

En la calle: La calle ofrece un montón de situaciones de aprendizaje que


debemos aprovechar. La conversación con nuestros hijos de aquello que ven
es fundamental para adquirir una conducta correcta.

En el mercado: Se puede crear antes cierta expectación como: "cuando


vayamos al mercado vamos a encontrarnos con cosas azules, rojas que
empiecen por la letra "T" a ver si eres capaz de decirme cinco... También se le
puede integrar en el juego de buscar cosas con determinadas características,
también se puede aprovechar para contarle cosas sobre los alimentos.
Fiestas infantiles: El cumpleaños de un niño puede ser un desastre si no se
tiene en cuenta que muchos niños juntos implican mucho alboroto y cambian
constantemente de actividad. Si esto se tiene en cuenta y por ello se deben
tener preparados diferentes juegos, que duren cada uno poco tiempo, los
niños disfrutarán mucho y no se portarán mal.

Cuando vienen vistas a la casa: Suele ser habitual que los niños quieran
llamar la atención, pero se debe contar con ellos y tratar de evitarlo. Hay que
buscar estrategias para mantenerlos alejados de la conversación y a la vez
entretenidos. En estas ocasiones se puede ponerles una película de dibujos
animados en vídeo.

No olvidar que todos los conocimientos que se les den a los hijos en materia
de educación en los buenos modales, se ganarán para la vida y que una
herramienta que ayuda extraordinariamente al trabajo educativo es "hacerlo
como un juego"

Es necesario que los padres y toda la familia se tornen potenciadores del


desarrollo infantil y en consecuencia puedan prevenir los problemas que en
dicho desarrollo se puedan presentar, es preciso que estén preparados para
asumir su función educativa.

La preparación para el desempeño de ese rol, incluye que los padres posean
una adecuada concepción del desarrollo psicológico. Y en consecuencia que
realicen acciones de estimulación de manera consciente, planificada y
sistemática orientadas al desarrollo integral de sus hijos, teniendo en cuenta
sus necesidades educativas específicas; y privilegien el empleo de una amplia
gama de métodos educativos adecuados.
En la familia es preciso crear un ambiente de ayuda, colaboración y respeto y
tratar a cada hijo como si fuera único e irrepetible, teniendo en cuenta sus
circunstancias. Si se consigue que cada hijo se sienta integrado en la familia
se habrá dado un paso importante para su futura integración en la sociedad.

En las familias con hermanos mayores, su ejemplo es también fundamental


para los más pequeños. Siempre, pero quizás hoy más que nunca, por la falta
de tiempo de sus progenitores, los abuelos han desempeñado un papel
importante en la educación de de los niños en el hogar. Por eso es tan
necesario enseñar a nuestros hijos a quererlos, respetarlos y ayudarles,
porque ellos pueden colaborar con sabiduría y cariño.

La educación de las buenas conductas y comportamientos sociales está


estrechamente relacionada con la educación en las virtudes. Si los padres y
educadores se empeñan en educar a los niños en el valor de la amistad, la
generosidad, el respeto, la paciencia, la responsabilidad, la alegría, la
comprensión... los buenos modales, conductas y hábitos, serán la
manifestación, por lo menos, de parte de esos valores
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