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FACULTAD DE

ESCUELA PROFESIONAL

TRABAJO ACADÉMICO

“LA ARQUITECTURA Y LOS ACABADOS

PROCESO DE LA ARQUITECTURA MUNDIAL


LA PROBLEMÁTICA DEL MOMENTO ACTUAL”

PRESENTADO POR:

ASIGNATURA:
INSTALACIONES EN EDIFICACIONES

DOCENTE RESPONSABLE:

CICLO:

PUCALLPA – PERÚ
2020
LA ARQUITECTURA Y LOS ACABADOS, PROCESO DE LA
ARQUITECTURA MUNDIAL, LA PROBLEMÁTICA DEL
MOMENTO ACTUAL

1. LA ARQUITECTURA Y LOS ACABADOS

Se denomina acabados de construcción a


todos aquellos trabajos que se realizan en
una construcción para darle terminación a
los detalles de la misma quedando ésta con
un aspecto estético y habitable. Se conoce
como acabados, revestimientos o
recubrimientos a todos aquellos materiales que se colocan sobre una
superficie de obra negra o bruta. Es decir, son los colocan sobre pisos,
muros, plafones, azoteas, obras exteriores o en huecos y vanos de una
construcción.

La función de los acabados.

Los acabados de construcción tienen por función o su


objetivo principal la de proteger todos los materiales
bases o de obra negra, así como de proporcionar
belleza, estética y confort. Para llegar a su acabado
final casi siempre es necesario utilizar antes otros
materiales llamados acabados intermedios. Por
ejemplo, para colocar un piso de duela de madera o un
mármol en un muro, necesitamos primero colocar un
bastidor de madera a base de barrotes de polín de pino o colocar un
aplanado de mortero, cemento, arena sobre el material base, en este caso
un firme de

concreto o un moro de tabique.

Tipos de acabados.

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 Acabados en Pisos,

 Acabados en Paredes y Divisiones,

 Acabados en Techos y Cielos falsos,

 Acabados en Puertas y Ventanas.

Existen diferentes tipos de materiales de acabados y recubrimientos. Los


hay elegantes, sencillos, rústicos, coloridos, brillantes, lisos, rugosos y para
todos los gustos.

Los materiales varían según el tipo de acabado que se desee, pero los más
empleados son: barro y cemento (tejas), mármol y cuarzo (incrustaciones),
piedra artificial (acabado rústico), pastas acrílicas (texturizados), pinturas de
diferentes colores.

Acabados en muros.

Los acabados deben definirse a partir de la consistencia y ubicación del


concreto, es decir, si se realizan en concreto fresco.

Acabado liso. La superficie no recibe acabado adicional, se produce


perfectamente al aplicarse.

2. PROCESO DE LA ARQUITECTURA MUNDIAL

La arquitectura representa los inicios del arte, pues en sus inicios el arte
todavía no ha hallado para la representación de su contenido espiritual, los
materiales apropiados ni las formas correspondientes. Los materiales con
los que trabaja este primer arte están desprovistos de espiritualidad; se trata
de la pesada materia sometida a las leyes de la gravedad; en cuanto a la
forma, consiste en reunir de modo regular y simétrico las formaciones de la
naturaleza exterior.

Al buscar los primeros inicios de la arquitectura encontramos, ante todo, la


cabaña, habitación del hombre y el templo, recinto que alberga al dios y a la
comunidad de sus fieles.

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Prehistóricos

Antes de registrar la historia, los seres humanos construyen montículos de


tierra, círculos de piedra, megalitos y estructuras que a menudo
desconciertan los arqueólogos de hoy en día. Arquitectura prehistórica
incluye estructuras monumentales, como Stonehenge, viviendas en los
acantilados de las Américas, y las estructuras de paja y barro que se
perdieron en el tiempo.

Antiguo Egipto

3050 AC a 900 AC En el antiguo Egipto, los gobernantes poderosos


construyeron pirámides, templos y santuarios monumentales. Lejos de lo
primitivo, las enormes estructuras como las pirámides de Guiza fueron
hazañas de la ingeniería capaces de alcanzar grandes alturas.

Clásico

850 AC a 476 AC Desde el surgimiento de la antigua Grecia hasta la caída


del imperio romano, grandes edificios fueron construidos de acuerdo a
reglas precisas. Los órdenes clásicos, que definen estilos de columna y
diseños de entablamento, siguen influyendo en el diseño de edificios en los
tiempos modernos.

Bizantino

527-565 AD. Después de que Constantino trasladó la capital del Imperio


Romano a Bizancio (hoy Estambul) en el año 330 DC, la arquitectura
romana se convirtió en un estilo elegante, de inspiración clásica que utiliza
ladrillo en lugar de piedra, techos abovedados, arcadas de medio punto y
elaborados mosaicos. El emperador Justiniano (527 dC a 565 dC),
encabezó la marcha.

Románico

800 a 1200 dC Como Roma se extendió por toda Europa, la arquitectura


románica también con el surgimiento de arcos redondeados. Las Iglesias y

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castillos de la época medieval temprana fueron construidos con paredes
gruesas y muelles pesados.

Arquitectura gótica

1100-1450 arcos puntiagudos, bóvedas acanaladas, arbotantes y otras


innovaciones condujeron a lo más alto, la arquitectura más elegante. Las
ideas góticas dieron lugar a magníficas catedrales como Chartres y Notre
Dame.

Arquitectura del Renacimiento

1400-1600 dC Un retorno a las ideas clásicas marcó el comienzo de una


“era del despertar” en Italia, Francia e Inglaterra. Andrea Palladio y otros
constructores buscaron los órdenes clásicos de la antigua Grecia y Roma.
Mucho después de que terminó la época del Renacimiento, los arquitectos
en el mundo occidental se inspiraron en la maravillosamente proporcionada
arquitectura del período.

Arquitectura barroca

1600-1830 dC En Italia, el estilo barroco se refleja en las iglesias opulentas


y dramáticas con formas irregulares y ornamentación extravagante. En
Francia, el estilo barroco muy ornamentado es combinada con mesura
clásica. Aristócratas rusos quedaron impresionados por Versalles en
Francia, e incorporaron las ideas barrocas en el edificio de San
Petersburgo. Los elementos del estilo barroco elaborado se encuentran en
toda Europa.

Arquitectura Rococó

1650-1790 dC Durante la última fase de la época barroca, constructores


construyeron edificios blancos agraciados con amplias curvas. Estos
edificios de estilo rococó están elegantemente decorados con volutas y
patrones geométricos delicados.

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Neoclasicismo en Arquitectura

1730-1925 AD Un gran interés en las ideas del arquitecto renacentista


Andrea Palladio inspiró un retorno de formas clásicas en Europa, Gran
Bretaña y los Estados Unidos. Estos edificios fueron proporcionados de
acuerdo con los órdenes clásicos con detalles tomados de la antigua Grecia
y Roma.

Arquitectura Art Nouveau

1890-1914 dC Conocido como el nuevo estilo, de estilo Art Nouveau se


expresó por primera vez en las telas y el diseño gráfico. El estilo se extendió
a la arquitectura y el mobiliario de la década de 1890. Edificios de estilo Art
Nouveau a menudo tienen formas asimétricas, arcos y superficies
decorativas con diseños curvos similares a las plantas.

Beaux Arts Arquitectura

1895-1925 dC También conocido como Beaux Arts Clasicismo, Clasicismo


Académico, o renacimiento clásico, la arquitectura Beaux Arts se
caracteriza por el orden, la simetría, el diseño formal, la grandiosidad, y la
ornamentación elaborada.

Arquitectura Arquitectura Neogótica

1905-1930 dC A principios del siglo XX, las ideas góticas fueron aplicadas a
los edificios modernos. Gárgolas, ventanas arqueadas, y otros detalles
medievales adornaron los altísimos rascacielos.

Art Deco Arquitectura

1925-1937 DC Patrones en zigzag con líneas verticales crean un efecto


dramático en la época del jazz. Curiosamente, muchos de los adornos de la
Arquitectura Art Déco se inspiraron en la arquitectura del antiguo Egipto.

Estilos modernistas en Arquitectura

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1900 hasta la actualidad. Los siglos 20 y 21 han producido cambios
dramáticos y asombrosa diversidad. Las tendencias de hoy en día incluyen
Art Moderne y la escuela Bauhaus acuñado por Walter Gropius, el
deconstructivismo, el formalismo, el Modernismo y el estructuralismo.

El postmodernismo en Arquitectura

1972 hasta la actualidad. Una reacción en contra de los enfoques


modernistas dio lugar a nuevos edificios que re-inventaron los detalles
históricos y adornos familiares. Sí miras de cerca a estos movimientos
arquitectónicos y es probable que encuentres ideas que se remontan a los
tiempos clásicos y antiguos.

3. LA PROBLEMÁTICA DEL MOMENTO ACTUAL

La arquitectura, desde los tiempos más remotos, ha tenido dos propósitos:


por una parte, el puramente utilitario de proporcionar calor y refugio; por
otra, la finalidad política de inculcar una idea a la humanidad por medio del
esplendor de su expresión en piedra.

El primer propósito bastaba, por lo que se refiere a la morada de los pobres;


pero los templos de los dioses y los palacios de los reyes fueron pensados
para inspirar temor a los poderes celestiales y a sus favoritos en la tierra. En
unos pocos casos no se glorificaba a monarcas individuales, sino a
comunidades: la Acrópolis de Atenas y el Capitolio de Roma ponían de
manifiesto la majestad imperial de aquellas orgullosas ciudades para
edificación de súbditos y aliados.

El mérito estético era considerado deseable en los edificios públicos y, más


tarde, en los palacios de plutócratas y emperadores, pero no se tenía en
cuenta en las chozas de los campesinos ni en las desvencijadas viviendas
del proletariado urbano.

En el mundo medieval, a pesar de la mayor complejidad de la estructura


social, el propósito artístico en arquitectura estaba igualmente restringido;
en realidad, más todavía, ya que los castillos de los grandes se proyectaban
con miras a la fortaleza militar, y si tenían alguna belleza era por accidente.
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No fue el feudalismo, sino la Iglesia y el comercio, lo que produjo la, mejor
arquitectura de la Edad Media.

Las catedrales exhibían la gloria de Dios y de sus obispos. Los


comerciantes en lana de Inglaterra y los Países Bajos, que tuvieron a su
servicio a los reyes de Inglaterra y a los duques de Borgoña, expresaban su
orgullo en las espléndidas lonjas y edificaciones municipales de Flandes y,
con menor magnificencia, en muchos mercados ingleses.

Pero fue Italia, el lugar de nacimiento de la plutocracia moderna, la que llevó


la arquitectura comercial a la perfección. Venecia, la novia del mar, la
ciudad que desviaba cruzadas y que atemorizaba a los monarcas unidos de
la cristiandad, creó un nuevo tipo de majestuosa belleza en los palacios del
dux y los de los príncipes mercaderes.

Contrariamente a los rústicos barones del norte, los magnates urbanos de


Venecia y Génova no necesitaban soledad ni defensa, sino que vivían unos
junto a otros, y creaban ciudades en las que todo lo visible para el
extranjero no muy curioso era espléndido y estéticamente satisfactorio.

En Venecia, especialmente, era fácil ocultar la miseria: los tugurios se


hallaban ocultos y alejados, en callejones interiores, donde nunca los veían
los ocupantes de las góndolas. Jamás, desde entonces, ha alcanzado la
plutocracia un éxito. tan completo y perfecto.

En la Edad Media, la Iglesia no solamente construyó catedrales, sino


también edificios de otra clase, más apropiados a nuestras necesidades
modernas: abadías, monasterios, conventos y colegios. Estaban basados
en una forma restringida de comunismo, y proyectados para una vida social
pacífica.

En esos edificios, todo lo individual era espartano y simple, y todo lo


comunal, espléndido y espacioso. La humildad del simple monje quedaba
satisfecha con una celda tosca y desnuda; el orgullo de la orden se exhibía
en la gran magnificencia de naves, capillas y refectorios.

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En Inglaterra, de los monasterios y las abadías sobreviven principalmente
ruinas para agradar a los turistas; pero los colegios, en Oxford y en
Cambridge, todavía son parte de la vida nacional y conservan la belleza del
comunalismo medieval.

Con la expansión del Renacimiento hacia el norte, los toscos barones de


Francia e Inglaterra se dieron a trabajar para adquirir el refinamiento de los
italianos ricos.

Al tiempo que los Médicis casaban a sus hijas con reyes, los pintores, los
poetas y los arquitectos al norte de los Alpes copiaban los modelos
florentinos y los aristócratas reemplazaban sus castillos por mansiones
campestres que, con su indefensión contra el asalto, señalaban la nueva
seguridad de una nobleza cortesana y civilizada.

Pero esta seguridad fue destruida por la Revolución francesa, y desde


entonces los estilos arquitectónicos tradicionales han perdido su vitalidad.
Persisten donde las viejas formas de poder persisten, como es el caso de
las adiciones de Napoleón al Louvre; pero estas adiciones tienen una florida
vulgaridad, que muestra su inseguridad. Parece tratar de olvidar la
constante advertencia de su madre en mal francés: "Pourvou que cela
dure...".

Hay dos formas típicas de arquitectura en el siglo XIX, debidas,


respectivamente, a la producción maquinista y al individualismo
democrático: de un lado, la fábrica, con sus chimeneas; -del otro, las hileras
de minúsculas viviendas para las familias de la clase obrera.

Mientras la fábrica representa la organización económica determinada por


el industrialismo, las pequeñas casitas representan el aislamiento social a
que aspira una población individualista.

Donde el alto valor del suelo hace deseable la construcción de grandes


edificios, éstos tienen una unidad meramente arquitectónica, no social; son
bloques de oficinas, casas de apartamentos u hoteles cuyos ocupantes no

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forman una comunidad, como los monjes en un monasterio, sino que tratan,
en todo lo posible, de permanecer ignorantes de la existencia de los demás.

En Inglaterra, dondequiera que el valor del terreno no es demasiado


elevado, el principio de una casa para cada familia se reafirma. A medida
que se entra por ferrocarril a Londres o a cualquier gran ciudad del norte, se
pasa por calles sin fin, formadas por tales pequeñas viviendas, donde cada
casa es un centro de vida individual, y la vida comunitaria es representada
por la oficina, la fábrica o la mina, según la localidad.

La vida social fuera de la familia, en tanto que la arquitectura pude asegurar


tal resultado, es exclusivamente económica, y todas las necesidades
sociales no económicas han de ser satisfechas dentro de la familia o verse
frustradas.

Si han de juzgarse los ideales sociales de una época por la calidad estética
de su arquitectura, los cien últimos años representan el punto más bajo
alcanzado hasta ahora por la humanidad.

Si partimos de la suposición de que la teoría de la modernidad reflexiva


analiza correctamente algunas tendencias centrales de la sociedad actual,
tendremos que aceptar que la arquitectura no podrá sustraerse a esta
situación, la de una modernidad cambiada; pero sin adoptar,
necesariamente, una actitud programática frente a lo que denominamos
modernidad reflexiva.

Cabe mencionar que no existe ninguna nueva orientación arquitectónica


que lleve este título.

La modernidad reflexiva no es un estilo; pero después de todo, la actual


producción arquitectónica permite realizar algunas observaciones básicas
que muestran, al menos, una cierta correspondencia con el concepto de la
modernidad reflexiva. Entre estos rasgos reflexivos del desarrollo actual de
la arquitectura podrían enumerarse las siguientes tendencias:

• El fin del singular. Ya no existen estilos individuales dominantes que se


sucedan en sus respectivas épocas; hoy tenemos una coexistencia
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polimorfa con una igualmente amplia diversidad de límites disueltos,
mezclas y superposiciones.

La evolución darwinística, por así llamarla, está más bien siendo


sustituida por una disposición libre de todos los estilos. La doctrina pura
está siendo desplazada por la impureza, del purismo pasamos a la
inclinación por los híbridos.

• El distanciamiento de programas dimensionados a gran escala que


recarguen la arquitectura con mensajes poderosos y cometidos
exigentes. También la arquitectura desconfía de los grandes relatos.

• El fin del vanguardismo. Ante la pérdida de un itinerario por la historia


universal que marque una pista del progreso en el espacio del futuro,
naturalmente será engorroso colocarse a la cabeza del movimiento,
dadas las dificultades de comprobar con certeza dónde está la
delantera.

Por cierto, esto también rige para el vanguardismo estético, en la medida en


que se haya consagrado a los objetivos de una nueva visión,
distanciamiento y cambio en los hábitos de percepción.

Esta posición se vuelve obsoleta cuando la sociedad misma se convierte en


un agente inalcanzable de la transformación continua y, como dice Giddens,
del desanclaje permanente. La sociedad se convierte en su propia
vanguardia.

• Como consecuencia del desarme programático general, también ha


perdido actualidad el concepto de "la gran diferencia". Animado, no en
último lugar, por el posestructuralismo francés, este concepto tuvo
entrada en los ochenta en la discusión arquitectónica internacional.

• En esa época, el concepto de "lo otro" había tenido un cierto auge,


incluso en la arquitectura. No se refería al progreso y al futuro, sino a lo
excluido, reprimido y desplazado sistemáticamente por la cultura.

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Aquí entraba en juego la tradición del concepto de lo excelso, y se
recurría, incluso, a Heidegger y Adorno como fuentes de inspiración,
siempre con un perceptible toque de crítica del sistema.

Entretanto, en este campo también tuvo lugar una reforma monetaria,


limitando la circulación a las monedas de menor cuantía. Y así, la gran
diferencia ya no existe; cuando mucho, subsisten las pequeñas
diferencias.

• Todas las tendencias hasta aquí expuestas desembocan en la renuncia


a una fuerte salida a escena, al objeto espectacular y a lo que —
haciendo referencia al museo de Gehry— denominamos el "efecto
Bilbao".

• Observamos una distancia crítica adoptada frente a la glorificación de la


forma o frente a una acentuación excesiva de lo gráfico en la
arquitectura. Una arquitectura que va más allá de la forma busca la
calidad de lo abierto, polivalente, cambiable, no establecido. La
arquitectura como pieza de exposición está siendo sustituida por una
especie de oferta estructural interactiva, que no funcionará tanto como
joya aislada, sino solamente dentro de su contexto.

• Pero contrariamente al patetismo del gran evento, cultivado por


Bernhard Tschumi, y en parte también por Rem Koolhaas, hoy ya no se
espera que las estructuras abiertas produzcan milagros, ni tampoco se
espera la aparición de algo nunca visto.

• Este nuevo enfoque abierto parte simplemente del entendimiento de


que, más allá de las pasadas certezas y teorías sobre el futuro, la
medida de lo que pueda determinarse claramente de antemano se ha
reducido considerablemente en la actualidad.

Por eso no resulta sorprendente que se perciba por doquier el deseo de


compensación, supresión e incluso de renovado encantamiento, aunque
fuese simulado. Indudablemente, la arquitectura también está en

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condiciones de reactivar una y otra vez la apariencia de lo bueno de hoy o
de lo bueno de ayer.

Después de todo, estas estrategias posiblemente funcionen bastante bien.


En la arquitectura, se está suscitando al respecto una tempestuosa
controversia sobre formas tradicionalistas y el nuevo urbanismo.

Posiblemente esta controversia sea ineludible y forme parte, prácticamente


genuina, de la situación general de una modernidad reflexiva, que en su
forma más pura probablemente no podría soportarse a sí misma. Como es
natural, los "viejos modernos" niegan radicalmente que la modernidad
ocasione pérdidas que posiblemente no logre mitigar con sus propios
medios.

Hoy en día ya no se puede contraponer simplemente una posición crítica de


la arquitectura a tal posición afirmativa.

El concepto tradicional de la crítica está ligado a la tradición de la


vanguardia estética y a un tipo social del capitalismo industrial. Ambas
hipótesis históricas han perdido vigencia. No obstante, no se debe
abandonar completamente el concepto de la crítica; pero sí habrá que
renovar su interpretación.

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