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ee tener ARE GRRE TAN SONI ELS TARE ENE PT e Robert Malthus (1766-1834). El primer 3 economista de Cambridge Este ensayo de Lord Keynes se publicé por primera vez formando parte del volumen Essays in Biography, en 1933. Los textos entre corchetes, [], en las notas del autor, firma- dos Ed., son redaccién de Geoffrey Keynes, hermano de Lord acai que revisé la edicién definitiva de los Essays in Biography 1951). Bacchus —cuando un inglés se apellida Bacchus— viene de Bakehouse. Andlogamente, la forma original del raro y curioso apellido Malthus era Malthouse. La pronunciacién de los nombres propios ingleses ha mos- trado a lo largo de los siglos mds constancia que su or- tografia, que flucttia entre influencias fonéticas y etimo- Idgicas, y puede generalmente inferirse con alguna con- fianza del examen de las variantes escritas. Con arreglo a esta prueba (Malthus, Mawtus, Malthous, Malthouse, Mauthus, Maltus, Maultous) apenas cabe duda que Maul- tus, con la primera vocal como en la «malt» de los cer- veceros y la h prdcticamente muda, es como debemos pro- nunciarlo (7). No nos hace falta llegar, en los antepasados de Robert Malthus (2), mds atrds del reverendo Robert Malthus, gue fue hecho vicario de Northolt bajo Cromwell y depuesto con Ja Restauracién. Callamy le lama un «ted- logo_historiador, de poderosa inteligencia y fuerte en as Escrituras, de gran elocuencia y fervor, aunque de 9 10 JIM, Keynes feligreses Je + A uzs ingtin Provechoy, Sa ‘ ‘a exaccién de diezme ma aban en queja que ha ue hab vas contra nuestro ejécito clocucién defectuosa». Pero sus «un ministro muy inttil y de ni porque era muy estricto en |, al demandar su traslado aleg; «proferido expresiones invecti cuando éste estuvo estacionado en Escocia» oe que «Mr, Malthus es persona no sélo a “ei, sino, ademds, con un muy gran impedimento para ae nunciar»; por lo que parece probable que compartié con su tataranieto no sdlo el nombre y tratamiento de te. verendo Robert Malthus, sino también el defecto de un paladar deforme. Su hijo Daniel fue nombrado, por in. fluencia del célebre doctor Sydenham, boticario- del rey Guillermo, y después de la reina Ana (3), y legé a ser hombre de suficientes recursos para permitir a su viuda la propiedad de carruaje y caballos. Sydenham, el hijo de Daniel, funcionario de Ja Cancilleria y director de la South Sea Company, amplié el patrimonio familiar y fue lo bastante rico para dotar a su hija con 5.000 libras y . Poseer varias fincas rusticas en los condados vecinos a Londres y en Cambridgeshire (4). Alcanzada ya la dorada mediocridad de una prdéspera familia inglesa de la clase media, Daniel, hijo de Sy- denham y padre de nuestro héroe, se encontré en la Posicién que en Inglaterra se llama de «independencia» y_decidié aprovecharse de ella. Educado en el Queen's College, de Oxford, pero sin Megar a alcanzar ningtin grado, «viajé mucho por Europa y por todos los luga- res de esta isla», se establecié en una agradable vecindad, Mevé Ja vida de un modesto country gentleman inglés, cultivé aficiones intelectuales y amistades, escribié unas cuantas piezas andnimas (5) y consintié que la timidez do- minase a la ambicién. Ha quedado escrito que «posefa los més apradables modales y el corazén més bondadoso, como lo han experimentado todos los pobres alli donde puis» fo su muerte, el Gentleman’s Magazine (fe sonalidat 7800, P. 177) pudo escribir que era «una pet mninos, ntrica en el més estricto sentido del tér- Robert Malthus 11 En 1759 Daniel Malthus habia adquirido una «peque- fia y elegante residencia», cerca de Dorking, «conocida por el nombre de Chert-gate Farm, y aprovechando sus bellezas naturales, accidentes, cortientes de agua y atbo- lado para mostrarlos en su desnuda sencillez, la convir- tid en mansién de un gentleman, ddndole el nombre de The Rookery» (7). Alli, el 13 (8) de febrero de 1766, nacié Thomas Robert Malthus, su segundo hijo, el autor del Essay on the Principle of Population. Cuando el ni- fio tenfa tres semanas, el 9 de marzo de 1766, dos hadas madrinas, Jean-Jacques Rousseau y David Hume acu- dieron juntos a la Rookery (9), y puede suponerse que concedieron al pequefio, con un beso, diversos dones intelectuales. Porque Daniel Malthus no sdlo era amigo de Hu- me (10), sino un devoto, por no decir apasionado, ad- mirador de Rousseau. Cuando Rousseau fue por prime- ra vez a Inglaterra, Hume se preocupé de instalarle en Surrey, en la inmediata vecindad de Daniel Malthus, quien, «deseoso de prestarle toda clase de servicios», le hubiera proporcionado grata compafifa y mantenido bajo su mirada protectora (11). Como casi todos los buenos propésitos de Hume hacia su diffcil visitante, el proyec- to se malogré. El cottage, al pie de Leith Hill, sefiala- do afios después a Fanny Burney como Vasile de Jean- Jacques (12), nunca fue ocupado por él, pero era, sin duda, el retiro que Daniel Malthus habia elegido como mds adecuado y Jean-Jacques visit6 (13) el 8 de marzo de 1766 y rechaz6 después. Quince dias més tarde Rousseau comenzaba su desastrosa estancia en Woot- ton (14), en el Peak de Derbyshire, donde, aterido, can- sado y solitario fragué en breves semanas su extraordi- nario altercado con Hume (15), Esta tan famosa cause jiteraria quiz4 nunca hubiera ocurrido, creo yo, si Jean-Jacques hubiese aceptado la tan insistente invitacién de Daniel Malthus. Pues se habria visto envuelto en afecto, entretenido y acompa- fiado, Sus apasionadas declaraciones de devocién hacia a... ' 12 JM, Keynes Jean-Jacques son, probablemente, la tnica ocasi vida en que Daniel Malthus abandona por entero serva (16). Creo que sdlo tres veces se vieron: SU re. Malthus visité Métiers como turista en la primavenn 1764, cuando Hume Ilevé a Rousseau a Ja Rooke en marzo de 1766, y cuando Malthus fue a verle a Woo ton, en junio del mismo aiio. Pero a juzgar por las trece cartas de Malthus a Rousseau que se han conservado sy una de Rousseau a Malthus (17), estas visitas tuvieron gran fortuna. Malthus adord a Jean-Jacques y Jean-Jac. ques le correspondié con cordialidad y afecto, hablando de «les sentiments d’estime et d’attachement que vous m’avez inspirés» y de la «hospitalité si douce» de Mal- thus, quien IHegé incluso a defender el cardcter de Hume sin verse envuelto por ello en el altercado. Hay muchas referencias a sus excursiones en comin para herborizar y Rousseau se lamenta de su incapacidad para identifi- car las plantas que ve en sus paseos por el Derbyshire; porque necesita, afirma él, «un quehacer que requiera ejercicio, pues nada me hace tanto dafio como estar sen- tado, o escribir o leer». Mds tarde (en 1768), encontra- mos a Daniel Malthus toméndose grandes trabajos para completar la biblioteca botdnica de Rousseau en una €po- ca en que éste, probablemente, estaba preparando sus Cartas a una dama sobre los elementos de la Botdnica, datadas en 1771; y dos afios después, Rousseau, que te nia la mania de deshacerse de sus libros de tanto en tanto, revendfa Ja biblioteca entera a Malthus, aportan- do como regalo una parte de su herbario (18). Estos bros reaparecen en el testamento de Daniel Malthus, ea que encontramos la siguiente disposicién: «A Mrs. Jane Dalton (19) dejo todos mis libros de Botdnica en los que esté escrito el nombre de Rousseau y una caja le plantas que me dio Mons. Rousseau». Dos de estos Har) gueden verse todavia en la biblioteca de an @ saber: Wy, boy propiedad de Mr, Robert Malthus (Ne le Ray, a Dae, Methodica Stirpium Britannicar' i » ¥ el Méthode pour connaitre les plantes par On de sy Robert Malthus Bb feuilles, de Sauvage, ambos con el nombre de Rousseau y muy subrayados (21). Otter afirma que Daniel Malthus fue albacea litera- rio de Rousseau. Parece improbable (22). Pero la Jealtad de Daniel Malthus perduré hasta cl final, y suscribié seis ejemplares, al coste de treinta guineas, de Ia obra pés- tuma de Rousseau Consolations des misdres de ma vie. Y ahora, en estas breves piginas, doy piadoso cumpli- miento a su deseo: «Si alguna vez se me conoce, sera por el titulo de amigo de Rousseau». Hay una encantadora referencia a los habitos de Da- niel en su carta a Rousseau del 24 de enero de 1768 (23). En los paseos para herborizar en el verano, participaban mi querida Henriette y sus hijos, y a veces éra- mos una familia herborizante, tumbados sobre la cuesta de aque- Ula colina, que quiz4 usted recuerde... Durante el invierno, algu- na lectura (siento ya el efecto de su carta, porque he dominado el Emile). Doy grandes paseos con mis hijos. Paso més tiempo en las cabafias que en los castillos de la vecindad. Siempre hay algo en qué ocuparse en una granja y ocasiones de pequefias ex- periencias. Cazo el zorro, lo que hago en parte por habito y en parte porque alimento en cierto modo mi imaginacién en la visién de la vida salvaje [*]. Con este deleitable pensamiento, nuestro apacible ha- cendado podia imaginarse a si mismo, cuando cazaba zo- tros, como el Noble Salvaje de Rousseau. Como amigo del autor del Emile, Daniel Malthus es- taba dispuesto a experimentar en pedagogia, y Robert, cuyas prometedoras dotes despertaron el amor y ambi- cién de su padre, recibié una educacién privada, en par- te por el propio Daniel y en parte con profesores. El primero de éstos fue Richard Graves, «un caballero de considerable saber y humor», amigo de Shenstone y au- tor de The Spiritual Quixote, sdtira de los metodistas, A los dieciséis afios se le pasé a Gilbert Wakefield, un clérigo herético, «violento, rebelde y paraddéjico en mu- chas de sus opiniones, polemista rapido y tenaz», que mantenfa correspondencia con Charles Fox. Discipulo de Rousseau, expresdé sus principios sobre educacidn asf: 14 JM, Keynes La mayor utilidad de la tutela en el estudio, para ; joven, consiste en mostrarle sus propias fuerzas, en evans tt ta las fronteras del conocimiento mediante €s€ proceso le has. que le descubre y fija su propio camino y Je permite pour gal consciencia de sus propias facultades Y su propia capacidet (24) ('). En 1799 Wakefield fue encarcelado en Dorchester por manifestar su deseo de que los revolucionarios franceses invadieran y conquistaran Inglaterra. Algunas cartas de Robert Malthus, atin muchacho, » que se han conservado (25) muestran que se sentia muy ape- gado a Wakefield. Este habia sido Fellow del Jesus Col- lege, en Cambridge, y por consecuencia de tal relacién Robert Malthus, el primer economista de Cambridge, en- tré como alumno interno en Jesus en el curso de in- vierno de 1784, a Ja edad de dieciocho afios. El 14 de noviembre de 1784 escribe a su familia: Estoy bien acomodado ya en mis habitaciones. Las clases co- mienzan mafiana; y como la semana anterior tuve tiempo de re- Pasar un poco mis mateméticas, me han pasado por el examen de ayer al curso siguiente al mfo. Empezaremos con la Mecé- nica y Maclaurin, Newton y la Fisica de Keill. Tendremos tam- bign clases, lunes y viernes, sobre la Légica de Duncan, y miér- coles y sébados sobre la Vida de Agricola de Tacito. He abierto pna cuenta con un librero, que me proporcionaré todos Jos li- bros necesarios. Tenemos gente inteligente en el College, y pa rece que se estudia bastante. La materia més importante es la matemdtica, porque de esta ciencia dependen, Jas buenas notas, y la gran aspiracién de estos hombres es conseguir una calificacién sobresaliente, Creo que también tenemos algunos buenos huma- nistas. He conocido a dos, uno de ellos esté en este curso; ¢, sin duda, extraordinatiamente inteligente y tendrdé muchas pto- fabilidades de Uevarse el premio en Clésicas, si no se abandona. He lefdo dos veces en Ia capilla [*]. dea’ Bastos ascendfan a cien libras anuales. Si pasa seguir envi ctib fa Daniel Malthus— el clero no pod i j ando sus hijos a la Universidad; en el extran jero, pel 7 paren - bras (2e, HiPeie, Podrfa _hacerse por veinticinco Robert Malthus 15 Por aquel tiempo la Universidad estaba despertando de un largo suefio, y Jesus, que habfa sido uno de los més aletargados, se estaba convirtiendo en centro de fer- mento intelectual. Malthus debe probablemente tanto al ambiente intelectual en que vivid durante sus afios en Jesus como a Ja influencia y afecto de su padre. Su tutor, William Frend, que habia sido discipulo de Paley y era intimo de Priestley, fue, en el tercer aiio (1787) de Mal- thus, el centro de una de las mds famosas controversias de la Universidad, por su secesién de la Iglesia de In- glaterra y su defensa del Unitarismo, la libertad de pen- samiento y el pacifismo. Paley (27) habia dejado Cam- bridge en 1775, pero sus Principles of Moral and Poli- tical Philosophy, 0, como se llamaron originariamente, Principles of Morality and Politics, se publicaron durante el primer afio (1785) de Malthus en Cambridge y tienen que colocarse muy alto (28), creo yo, entre las influen- cias intelectuales que recibié el autor del Ensayo sobre Ja Poblacién (29). Ademés, cayé en un pequefio grupo de brillantes alumnos, entre los cuales pueden destacarse principalmente el obispo Otter, su bidgrafo, y E. D. Clarke, viajero, excéntrico y profesor. Habfa ya obtenido Malthus su B.A. cuando Coleridge entré‘en la Universi- dad (1791). Mientras el joven Coleridge ocupé la habi- tacién del piso bajo, a la derecha de la escalera frente a la puerta principal, Jesus no pudo ser un lugar abu- trido, Conversaciones incesantes Ilenaban el patio: Como antafio, cuando del calmo dominio de las Musas Llegué, con el galardén de la Sabidurfa ya ganado; Cuando Ella deposité un laurel sobre mis sienes, Y encontrése con mi beso y casi correspondié a mis prome- {sas (30) ['}. «jQué tardes he pasado en aquellas habitaciones»!, escribié un contempordneo (31), «j/Qué cenas, o porciones, como se les amaba, he disfrutado, cuando se dejaban a un lado Esquilo, Platén y Tucidides, junto a un montén de diccionarios, para 16 Je Me Keynes discutir los libelos del dia, De ves en cnndo sulfa uno de ta siuma de Burke, No hacla falta tenerlo delante, Coletge tg habfa Iefdo en la mafiana,y @ Ia noche era capaz de repetir pit. ginas enteras de memoria, Se vela por entonces el proceso contra Biond, Las prensas hervian de folletos. Coleridye los haba letdo todos; y @ la noche, con nuestro Negus (*), los recibfamos de viva vor exaltadamente!» [*). Como Malthus habfa logrado una beca en junio de 1793, fue uno de los que aprobaron Ia siguiente deci- sién el 19 de diciembre de aquel aio: ‘Aprobamos que si Coleridge, que ha abundonado sin permiso el College, no volviese en el plazo de un mes a partir de hoy, y pagase sus deudas a su tutor, o diese razonable garantfa de que serin pagadas, se borre su nombre de Ins Listas (*). Parece que Coleridge se habfa alistado en el regimi to mimero 15 de Dragones, bajo el falso nombre de Si- Jas Tomkins Comberbach. No voy a extenderme mis so- bre la vida de Coleridge en Jesus (32), pero diré que a su vuelta, tras la huida, fue sentenciado a un mes de confinamiento en el recinto del College y a traducir al inglés las obras de Demetrio Phalereo. El violento ata- que posterior de Coleridge contra el Ensayo sobre la Po- blacién es muy conocido. iPor Ultimo, atencién esta Nacién poderosa, oigan sus gobet nantes y sus sabios —a Paley y— a Malthus! Triste es, triste (Literary Remains of Samuel Taylor Coleridge, p. 328). Declaro solemnemente que no creo que todas las herejfas y ianaed facciones que pueda haber engendrado Ja ignorancia, de- noms y maldad humanas fueran, todas reunidas, tan ignomi- 3 cde €n cuanto cristiano, filésofo, gobernante na 88) 03) 71 esta abominable doctrina (Table Talk, past Se e cionado alg ie en el College Robert Malthus fue afi- macién lat et ¥,# Patinar, obtuvo prensios en Dechi sell en 1786 y Declamacién inglesa, logré la beca Brun- ¥ se gradué con brillante calificacién en Mate- Robert Malthus 7 miticas en 1788. En una carta a su familia, muy poco antes de alcanzar su graduacidn, cuenta que est4 leyendo a Gibbon y en espera de los tres uiltimos voltimenes, que saldrfan a la luz unos meses después: He estado iiltimamente leyendo la Decadencia del Imperio Romano, de Gibbon. Proporciona util informacién sobre el ori- gen y progreso de aquellas naciones de bérbaros que hoy cons- tituyen los cultos Estados europeos y arroja alguna luz sobre el comienzo ‘de aquel oscuro perfodo que abrumé por tanto tiem- po al mundo y que no puede, creo yo, dejar de excitar nuestra curiosidad. Es, a’ mi juicio, un esctitor muy ameno; su estilo es a veces verdaderamente sublime, siempre interesante y grato, aunque, en general, quiz4 pueda calificarse de excesivamente flo- tido para la Historia. Me agradar4 mucho ver sus préximos vo- Timenes (17.de abril de 1788) (34) [*]. Mas adelante, a lo largo de su vida, la urbanidad y sosiego de Malthus pueden haber sido excesivos (35), pero en Cambridge era un compaiiero alegre. Su tinimo, festivo, dice Otter, prevalecié en toda su juventud y aun pervivié durante una parte de su madurez; y sobre todo en Cambridge, cuando estaba en vena, comenzando con una expresién sumamente cémica de sus tasgos y una peculiarfsima entonacién de voz,.era a menudo fuen- te de infinita diversién y delicia para sus compafieros [*]. Pero incluso en los afios de College se distinguia es- pecialmente, segtin Otter, por un grado de moderacién y prudencia muy raro en aquel tiem- Po, que Ilevaba hasta a sus deberes de estudiante. En éstos siem- pre se distingufa m4s por Ja firmeza que por el ardor de su esfuerzo, prefiriendo ejercitar a la vez su mente en los diversos departamentos de literatura que entonces se cultivaban en el Col- lege, mejor que entregarse exclusivamente a uno cualquiera [*]. El 10 de junio de 1793, cuando el movimiento para expulsar a Frend (36) del College estaba en su apogeo, le fue concedida una beca, y alli mantuvo irregularmen- 2, Malthus 18 J. M. Keynes te su residencia hasta que renuncid a ella por su matri- monio, en 1804. Habla tomado las érdencs_ religiosas hacia 1788 (37) y, a partir de 1796, divididé su tiempo entre Cambridge y una vicarfa en Albury, cerca de la casa de su padre. Fue clevado a la rectorfa de Walesby, Lincs, el 21 de noviembre de 1803, por presentacién de Henry Dalton, sin duda un pariente, y la conservé, como beneficiado no residente, por el resto de su vida, dejan- do la parroquia a cargo de una serie de vicarios (38). Unas cuantas cartas escritas por Danicl Malthus a su hijo cuando éste era estudiante en Jesus fueron impre- sas por Otter en su Memoir. Lo que sigue, parte de una carta escrita a Robert Malthus por su padre con ocasién de haber conseguido aquél una beca, merece citarse {n- tegramente por la luz que proyecta sobre las relaciones entre ambos: Te felicito cordialmente por tu triunfo; me proporciona un cierto placer que proviene de mi mismo pesar. Te deseo ain con mayor motivo las cosas que no he podido lograr en mi vida. Por desgracia, ya sé, mi querido Bob, que no tengo derecho a hablarte de ociosidad, pero cuando te escrib{ aquella carta que te ofendié me sentfa muy profundamente afectado por mis propios propésitos fallidos y mis imperfectos empefios; crefa adi- vinar en ti, por el recuerdo de mi propia juventud, la misma tendencia a perder los pasos ya ganados, con la misma dispo- sicién para el reproche a sf mismo, y deseaba que mi infortuna- da experiencia te fuese de alguna utilidad, Basté, ciertamente, que apenas Jo deseases para que me apresurase a ofrecértela, y te escribf con més cordialidad de Jo que, en general, quiero mostrar, y me descubrf yo mismo hasta un punto que hizo més dura la decepcién de tu respuesta, la cual me Ievd a encerrar me de nuevo en mf mismo, Me dices que has borrado de tu 4nimo aquella impresién, y tienes buena razén para haberlo he cho, porque he comprobado en ti el carécter mds irreprochable, cl trato més delicado, la conducta més juiciosa y afable, siempre incapaz de tirar piedrecillas a mi jardin, que, como sabes, no Seat fdcilmente, y sin excepcién agradando y encantando a ec ane Nada hubiecra echado de menos, aun si yo fuese mas impaciente y exigente, de lo que podria haber reque- Robert Malthus 19 rido en un compafiero; y nada, tampoco, de lo que hubiera de- seado para tu felicidad, salvo cuando mis deseos fueron capri- chosos, desatinados o muy probablemente etténeos. A menudo he estado a punto de asir tu mano y romper en l4grimas cuan- do procuraba negarme a mostrarte mi afecto; mi aprobacién, me he precipitado siempre a dartela. Escrfbeme, si puedo hacer algo ‘por tu iglesia, y si quieres cualquier cosa para ti, pues soy, créeme, querido Bob, tu més afectuoso ["], Daniel Malthus El primer ensayo de Malthus como autor, The Crisis, a View of the Recent Interesting State of Great Britain by a Friend to the Constitution, escrito en 1796, a los treinta afios, en critica del gobierno de Pitt, no encon- tré editor. Pérrafos citados por Otter y por Empson in- dican que ya entonces le interesaban los problemas so- ciales de la Economfa Politica e incluso la cuestién mis- ma de la poblacién: Sobre el tema de la poblacién —escribe— no puedo estar de acuerdo con el arcediano Paley, para quien el numero de per- sonas mide mejor que otra cosa alguna la cantidad de felicidad de cualquier pafs. Una poblacién creciente es el signo més se- guto posible de la prosperidad y felicidad de un Estado, pero la poblacién actual puede no ser sino el signo de una felicidad que pasé [*]. En 1798, cuando Malthus tenfa treinta y dos afios, se publica anénimamente An Essay on the Principle of Population, as it affects the future improvement of So- ciety: with remarks on the speculations of Mr. God- win, M. Condorcet, and other writers. Fue en una conversacién con Daniel Malthus cuando se le ocurrié a Robert la generalizacién que le ha hecho famoso. La conocida anécdota se basa en la autoridad del obispo Otter, quien la recibié del mismo Malthus. En 1793 habfa aparecido la Political Justice de Godwi En frecuentes discusiones, el padre defendfa y el hijo atacaba la doctrina de una edad futura de igualdad y fe- licidad perfectas. oy J. M. Keynes Y después de ser muy a menudo esta cuestién objeto de ani- madas discusiones entre ellos, en las que el hijo basaba SU po- sicién principalmente sobre los obstdculos que interpondria siem- pre en aquel camino Ja tendencia de Ja poblacién a crecer més de prisa que los medios de subsistencia, pensé en Poner por ¢s- ctito, para una consideracién més detenida, la esencia de su rae zonamiento, y el resultado fue el Ensayo sobre 1a Poblacién, Si el padre fue o no convertido, no lo sabemos, pero sf es cierto que quedé muy impresionado por Ja importancia de la visién y la ingeniosidad de los argumentos contenidos en el MS. y re- comendé a su hijo que sometiese al puiblico su trabajo [*]. La primera edicién, un volumen en octavo de unas 50.000 palabras, es un libro casi completamente distin- to y, para la posteridad, superior .a la segunda edicién, en cuarto, cinco afios después. Al llegar a su quinta edi- cién, el libro se habja inflado a unas 250.000 pala- bras, en tres volimenes. La primera edicién, escrita, co- mo Malthus explica en la segunda, «a impulso de la ocasién y a partir de los escasos materiales que tenfa a mi alcance en un medio rural», es esencialrnente una obra a priori, dedicada, de un lado, a Ja refutacién de los perfectibilistas y, del otro, a la justificacién de los mé- todos del Creador, a pesar de su apariencia contraria. El primer Ensayo no es sélo aprioristico y filoséfico en método, sino atrevido y retérico en estilo, con mu- cha bravura de lenguaje y sentimiento. En las ediciones posteriores, donde la filosoffa politica da paso a la eco- nomia politica, los principios generales se recubren con las comprobaciones inductivas de un iniciador de la his- toria sociolégica y desaparecen el brillo y entusiasmo del joven que escribia en los wltimos affos del Directorio. «Verbosidad y repeticién inttil», es el comentario mar- ginal de Coleridge en su ejemplar de la segunda edicién: eEs que se necesita un volumen en cuarto Para ensefiarnos que de la pobreza vienen grandes miserias y vicios y que la pobreza en su peor forma debe estar presente allé donde hay mds bocas que panes y més cabezas que sesos? [], Ropert Malthus 21 A juzgar por la rareza del libro, la primera edicién de- bid ser muy corta—Malthus afirmé en 1820 que no habia sacado de todos sus escritos arriba de 1.000 li- bras en conjunto (39)—, ysabemos que se agoté casi in- mediatamente, aunque hubieron de pasar cinco afios an- tes de que apareciese una segunda. Pero atrajo atencién inmediata y comenzé al instante la guetra de folletos (més de veinte, segtin el doctor Bonar, sélo en los cin- co afios anteriores a la segunda edicién), que jamds ha cesado en ciento treinta y cinco afios. La voz de la ra- zén objetiva se habia levantado contra un profundo ins- tinto que la lucha evolutiva venia inculcando desde el comienzo de la vida; y la mente del hombre, en la per- secucién consciente de la felicidad, se atrevia a reclamar las riendas del gobierno y a cogerlas de las manos del inconsciente impulso a sobrevivir por el numero. Hasta Paley se convirtid (40), quien habia argitido una vez que «la decadencia de la poblacién es el mayor mal que puede sufrir un Estado, y su mejora, el objeti- vo al que deben dirigirse todos los pafses con preferen- cia a otra finalidad politica cualquiera». Incluso los po- liticos se interesaron, y Otter registra una reunién de Pitt y Malthus en diciembre de 1801. Sucedié que Mr. Pitt realizaba por entonces una especie de visita electoral a la Universidad... En una cena en la residencia del Decano de Jesus, en compafifa de algunos jévenes simpa- tizantes, particularmente Mr. Malthus, etc., se vio Ievado a en- trar en una conversacién muy abierta sobre Sir Sidney Smith, la matanza de Jaffa, cl Pachd de Acre, Clarke, Carlisle, etc. ['*]. Un aifio antes, al retirar su nuevo proyecto de ley so- bre Beneficencia, Pitt, que en 1796 pensaba que un hom- re ha «enriquecido a su pais» procreando hijos aunque toda la familia fuesen pordioseros (41), habia afirmado en los Comunes que lo hacfa por deferencia a las obje- ciones de «aquellos cuyas opiniones se sentia obligado a respetar», aludiendo, se dijo, a Bentham y Malthus. El Ensayo de Malthus es una obra de genio juvenil. 1 autor tenfa plena conciencia del alcance de las ideas J. M. Keynes 22 |. Crefa haber encontrado Ja clave de la mi- eas importancia del Ensayo consiste a en Ja novedad de los hechos, sino en el aplastante impulso comunicado a una simple generalizacién ue surge i aquéllos. Cierto es que su idea motriz habfa sido amp ia- mente anticipada, en forma més oscura, por otros escri- tores del siglo xvitt, pero sin atraer la atencién. Este libro puede reclamar un lugar entre aquellos que han ejercido gran influencia en el progreso de’ las ideas. Est4 profundamente arraigado en la tradicién inglesa de las ciencias humanas —en esa tradicién del pensamiento inglés y escocés que ha mostrado, creo yo, una extraor- dinaria continuidad en su sensibilidad, si se puede de- cir asf, desde el siglo xvi hasta los tiempos presentes—, Ja tradicién que sugieren los nombres de Locke, Hume, Adam Smith, Paley, Bentham, Darwin y Mill, una tra- dicién caracterizada por su amor a la verdad y nobilisi- ma lucidez, por una prosaica sensatez libre de sentimen- talismo o metaffsica y por un inmenso desinterés y ci- vismo. Hay una continuidad en estos esctitos no sélo en sensibilidad, sino en la materia misma que les ocupa. A esta compafifa pertenece Malthus. El paso de Malthus desde los métodos a priori de Cambridge —fuesen Paley, los concursos de: mateméti- cas o los Unitarios— a la argumentacién inductiva de las tiltimas ediciones se vio asistido Por un viaje que emprendié en busca de materiales en 1799 «por Suecia, Noruega, Finlandia y parte de Rusia, tinicos pafses abier. tos entonces a los viajeros ingleses», y otto a Francia y Suiza durante la breve paz de 1802 (42). La excur- si6n nortefia fue en compafifa de Otter, Clarke y Cripps. Ouse Pa de amigos de Jesus, de los cuales Malthus y i Pp cron una parte de la jornada, agotados quizd por la tremenda y_excéntrica energia aE D. Clarke, viaj ioni ke y C IPPs con: . » Viajero y coleccionista nato. Cl y Cri » Cla: - tinuaron durante dos © tres afios, r cal por Co » ‘etornando por Cons- intidad de objetos de les descansan ahora en ttas de Clarke, muchas 8, muchos el Museo Fitzwilli Robert Malthus 23 de ellas impresas después en su Life and Travels, eran lefdas en voz alta por sus amigos en el Combination Room, en Jesus, con la mayor curiosidad e interés (44). Clarke legs a set después Senior Tutor en Jesus (1805), primer profesor de Mineralogia (1808) y, finalmente, bibliotecario de la Universidad (1817). Entretanto, Malthus habia continuado sus estudios eco- némicos con un folleto, publicado en forma andénima (como la primera edicién del Ensayo) en 1800, titulado An Investigation of the Cause of the Present High Price of Provisions. Este folleto tiene importancia por s{ mis- mo y por mostrar que Malthus estaba ya preparado para una orientacidn en el tratamiento de los problemas econé- micos practicos que iba a desarrollar después en su corres- pondencia con Ricardo; método que me es muy atrac- tivo y, creo yo, es mds probable que conduzca a con- clusiones acertadas que el enfoque alternativo de Ricar- do, Pero triunfé la construccién intelectual de Ricardo, més brillante, y fue éste quien, volviendo tan comple- tamente la espalda a las ideas de Malthus, aprisioné las cuestiones econdémicas durante cien afios completos en un surco artificial. Segiin la concepcién de Malthus, lena de sentido co- min, precios y beneficios son determinados primariamen- te por algo que él describe, aunque nunca con demasia- da claridad, como la «demanda efectiva». Ricardo fa- voreci6 un enfoque mucho més rigido, pasdé, dejando atrds la «demanda efectiva», a las condiciones subyacen- tes del dinero, por una parte, y los costes reales y la divisi6n real del producto, por la otra; concibié estos factores fundamentales como manifestdndose autométi- camente en una forma tnica e inequivoca y rechazé por muy superficial el método de Malthus, Pero Ricardo, en el proceso de simplificar las muchas etapas sucesivas de su tan abstracta argumentacién, se alejé, inevitablemente y mds de lo que él mismo advirtid, de los hechos reales, mientras que Malthus, por comenzar la narracién mucho mas cerca de su término, logré una comprensién mds firme de lo que puede esperarse suceda en el mundo i J. M. Keynes real, Ricardo es el padre de cosas como la teorfa cuan titativa del dinero y la patidad del poder adquisitive ct las divisas. Cuando uno ha escapado, tras doloroses fuerzos, del dominio intelectual de estas doctrinas sends. aritméticas, ¢s capaz, quizd por primera vez después de cien afios, de entender el significado real de las vagas intuiciones de Malthus. La concepcién de Malthus sobre Ia «demanda efecti- va» esté ilustrada brillantemente en este temprano folle. to por «una idea surgida con tanta fuerza cuando se trasladaba a caballo de Hastings a Town», que se de. tuvo dos dias en su «garita de la ciudad», «en vela hhasta las dos de la madrugada para terminar antes de la reunién del Parlamento lo que pudiera resultar» (45), Se preguntaba por qué habjan subido los precios de las subsistencias muchisimo més de lo que pudiera atribuirse a una deficiencia de las cosechas. No invocé, como Ri- catdo, pocos afios después, la cantidad de dinero (46). Encontré la causa en el aumento de las rentas de la clase obrera como consecuencia de haberse elevado los subsi- dios parroquiales en proporcién con el coste de vida. Me siento sumamente inclinado a sospechar que el intento, en la mayor parte del reino, de aumentar Jos subsidios arroquiles ten proporcién al precio del srigo, combinado con la riqueza del pas, que es la que ha permitido llegar en aquel intento hasta Gonde se ha Iegado, es, en términos relativos, la tinica cause Que ha provocedo en este pals un alza del precio de las subsis- Sincias mucho mayor de Jo que el grado de escascz de éstas permitia esperar, y mucho mayor de lo que seria en cualquier ide’ no influyese esta causa... : Se dn eo ae as Bt sonas, de la cual, por algin fallo de la produccin, sip hay ser ficente para abastecer a cuarents. Si qulen onyps cuadragés partiendo de atriba, dispone de dos ra pasta mean y los treinta y nueve por Ore de Ju ine tis, en diversas proporcions, y los lez balo € se Gfectvo precio de este arcule, sein Jos genulnos prindeny i Gos chelines... Supongamos ahora que sleuict comercio, seré de dos Z 4 Ga a lor diez pobres que quedaron excluides un Robert Malthus 2B ‘uno, Los cincuenta pueden ahora oftecer dos chelines, el precio que antes se pedfa. De acuerdo con todos Jos verdaderos.prin- ccipios del comercio justo, esta mercancia debe subir inmediata- mente. Sino, me preguntarla: gen razin de qué principio se hha techazado a diez de los cincuenta que eran igualmente ca- paces de ofrecer Jos dos chelines? Pozque, segin el supuesto, sigue sin haber més que pata cuarenta. Los dos chelines de un pobre son tan buenos como los dos chelines de un rico; y si factuamos para impedir que la mercancfa suba hasta quedar fue- a del alcance de los diez més pobres, quienes quiera que sean, tendremos que echar a suertes, hacer una loterfa o luchar para nes serdn excluidos. Se sildrfa de mi presente cutir si uno de estos métodos seria preferible para Ja distribucién de Jas mercancfas de un pais, a la sérdida dis- tincién del dinero; pero lo cierto es que, segtin las costumbres de todas las naciones ilustradas y civilizadas, y segin todo prin- cipio del trato comercial, debe dejatse que el precio suba hasta el punto en que la adquisicién se encuentre fuera del alcance de diez de las cincuenta personas. Este punto seré, quizi precio de media corona o més, que seria entonces el precio fa. Dése ahora otto chelfa a cada uno de los i dos podrén asf ofrecer media corona. El precio it inmediatamente, como consecuencia, a tres cheli- nes o més, y ast toties quoties (*]. Las palabras y las ideas son sencillas. Pero aqui esté el comienzo del pensamiento econdmico sistemdtico. Hay mucho més en el folleto —casi todo él— que mereceria citarse. Esta Investigacién (47) es una de las mejores cosas que Malthus escribié en su. vida, aunque hay grandes pasajes en el Ensayo. Y ya bien embarcados en citas, no puedo impedirme continuar con aquel famoso pasaje de la segunda edicién (p. 571), que introduce, en diferente contexto, una idea anéloga en parte, pero re- vestida con mayor magnificencia (en su critica de los Rights of Man, de Paine): Un hombre nacido en un mundo que es ya propiedad de otros, si no logra obtener subsistencia de sus padres, a quienes puede en justicia demandar, y si la sociedad no requiere su tra- bajo, no puede pretender ‘el derecho a la menor potcién de alimentos y,- de hecho, no tiene nada que hacer alli donde esté.