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A los historiadores no nos sientan bien los resúmenes, dado que el análisis científico de

cualquier proceso histórico puede ser abordado desde diferentes dimensiones, escalas,
sociedades, culturas, instituciones, personas, para aproximarse a la causas y poder
establecer sus consecuencias en el tiempo.

Una alternativa que podría ser catalogada de síntesis, es a través de la realización de una
cronología de sucesos que el historiador establece, mediante determinados criterios que
aúnan en otras corrientes de “hacer” historia. Más que de “forma de”, habría que
considerar esto como una exigua parte del método, donde en el análisis no se pueden
establecer los enlaces lógicos necesarios para alcanzar el conocimiento.

El análisis del contexto histórico de acontecimientos puede también ser una forma de
llevar adelante el estudio para poder establecer la multicausalidad de estos, en contra del
determinismo histórico, político, económico, religioso, cultural, etc.

También se podría estudiar, teniendo en cuenta lo anterior, a las personas que estuvieron
vinculadas no solo directamente, sino indirectamente en el desarrollo del proceso. No en
términos de “biografía”, que también es una herramienta, sino como interactúan los
diversos factores a una escala más pequeña. La microhistoria se ha desarrollado y
establecido de forma sustancial es los últimos tiempos.

Sin embargo, esto ignora el imperativo categórico de para qué analizar históricamente
algún proceso, no como un fin en sí mismo. El “deber ser” indica que sirve para
“entender el presente y transformar el futuro”; una frase recurrente en el ámbito
académico. El “entender” el proceso implica conocer las “redes” que se establecieron en
el pasado y rigen en el presente, lo que es -como en la historia- dinámico; otra frase
recurrente. Esas “redes” podrían ser denominadas intereses, sean económicas, políticas,
y un sinfín más formas pero al final, son personas, grupos, partidos, gobiernos, una
clase, que utilizan el poder para perseguir sus objetivos, donde cada una de las acciones
va a alterar sustancialmente las posibilidades de otra simultánea y posterior -presente y
futuro- para “favorecerle” o “condicionarle”, en un movimiento dialéctico permanente.

Es imposible, aunque se realicen titánicos esfuerzos para lograr la “imparcialidad”, para


que el análisis no esté cargado de subjetividades, intereses y proyecciones propias,
grupales, partidarias, etc. La construcción del análisis del investigador está configurada
tanto del pasado, como del presente y del futuro. La especificidad de estas es difusa, a
menos que se tomen los recaudos necesarios para definir con exactitud qué y cómo se
procederá al análisis, en pos de la honestidad y no aún de la veracidad 1. También detrás
de la historia, más bien del científico social, hay una ética que puede ser negada pero no
por eso sigue sin estar presente y no se resume al reconocimiento de esta, sino con los
propósitos que esconden.

Analizar una fecha que conmemora a los trabajadores de forma mundial, trascendente a
la ideología política, a la religión, la cultura, el idioma, pero cabría preguntarnos ¿por
qué alcanza esta escala la solidaridad obrera internacional? Aproximarnos a las causas
que movilizaba a estos obrero, más allá de los reclamos por la reducción de la jornada
laboral para poder tener más tiempo a su disposición, desentrañando cuáles eran las
condiciones de explotación que hacían causa común y otorgaba el sentido para la lucha,
que se reforzaba en circunstancias extremas, ante más explotación, represión y muerte,
-a punto de entregar su vida a esta causa- y que se refuerce todavía más en el tiempo.

Se podrían enumerar una basta cantidad de luchas sea en el esclavismo, en el


feudalismo, aún más en el capitalismo y en el socialismo, y se podrían evocar
numerosas movilizaciones y discursos donde se expresan estas condiciones y donde se
exaltan al mayor grado poético, heroico, casi mítico, a estas luchas. Pero debemos
remitirnos a una en particular, a la que devino en las movilizaciones de la primer
semana de Mayo de 1886 y la Revuelta de Haymarket.

Para explicar esto debemos remitirnos, de forma groseramente general, a las


transformaciones en el modo de producir en la sociedad contemporánea emprendida por
la emergente burguesía industrial y financiera en la que los trabajadores tuvieron que
realizar sus labores. Labores que, por las condiciones en las que tenían que
desarrollarlas, no eran óptimas. Las jornadas laborales se extendían prácticamente por el
tiempo que durara la luz del sol y no distinguía géneros, ni edades, pero si el salario que
percibían cada uno de ellos, aunque siquiera les alcanzara para poder satisfacer sus
necesidades básicas de ninguno de ellos. Eso impedía, por otra parte, cualquier
momento y forma de esparcimiento. A esto hay que sumarle las condiciones de
hacinamiento en las que vivian y convivían con numerosas familias en pequeños
apartamentos.

Las dificultades iban más allá cuando un trabajador enfermaba o tenía alguna dificultad
que le impidiera trabajar. No existía ningún tipo de “seguro de trabajo” que le

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garantizara la atención médica y el pago de compensaciones por parte de quien lo
empleaba. De esta forma empiezan a organizarse los primeros círculos de trabajo
obrero, para brindarse asistencia económica en tales circunstancias. Simultáneamente
fueron generándose otros espacios para la formación política e intelectual de los
obreros, que devendrían posteriormente en sindicatos y hasta en partidos políticos, que
organizarían a los obreros y empezarían a manifestarse en pos de mejorar no solo su
situación laboral, sino también sus condiciones de vida.

Chicago era el epicentro industrial de los Estados Unidos, al que nuevas personas
llegaban constantemente desde todos los extremos de ese país para emplearse en las
fábricas. Esta situación se repetiría en otros lugares, configurando nuevos patrones de
asentamiento que asentuarian la marginilidad y la precariedad sometiéndolos a
condiciones de riesgo ante la ausencia de infraestructura y servicios básicos.

Las manifestaciones se sucedìan casi cotidianamente. La represión, la detención y la


prisión eran frecuentes para quienes se movilizaban.

La particularidad de los sucesos por los cuales se conmemora el día del trabajador posee
intrínsecamente el sentido de las denuncias que realizan los trabajadores, que exponen y
se evidencian en estos hechos, el entramado de maniobras cómplices entre el
empresariado industrial/financiero y el poder judicial y político para condenar los
obreros a trabajos (más)forzados unos, a cadena perpetua otro y pena capital a los más,
en un procedimiento jurídico absurdo.

Si bien el reclamo por la reducción de la jornada laboral representaba una demanda


importante, lo que más incomodaba a la clase dominante, era el cuestionamiento al
sistema que los favorece exclusivamente. Luchaban por un mundo distinto, en términos
de un sistema de producción distinto, un modo de organización político y social distinto.

Estos trabajadores se agrupaban particularmente en organizaciones anarquistas y


comunistas, que por esto eran el objetivo de las autoridades estatales ya que los
consideraban la principal amenaza para el sistema. En la represión y el enjuiciamiento a
estos grupos padecieron también la discriminación por ser “extranjeros”, alemanes en
este caso.

En Argentina, los sucesos van a mantener una característica bastante similar. Van a ser
los mismos sectores los que van a ser perseguidos, en que con el tiempo se irán
incorporando otros grupos con representación política particular. La discriminación a
los inmigrantes también era moneda corriente.

Nos comenta Osvaldo Bayer que, en Argentina, el primer mártir del 1 ero de Mayo es el
marinero Juan Ocampos, durante una movilización obrera donde se estima que se
reunieron 70,000 trabajadores, en una época signada por la represión del Gobierno del
entonces presidente Julio A. Roca, donde son reprimidos salvajemente por la policía
donde termina muriendo. Los obreros lo toman y lo llevan al local del diario “La
Protesta” y allí lo velan, hasta que, por la noche, la policía ingresa al local -no sin antes
repartir más golpes- y se llevan el cadáver para desaparecerlo.

También se puede decir que no existe margen de comparación con aquella época en
términos técnicos y tecnológicos pero esta situación no parece haber cambiado mucho
en el aspecto social, inclusive podríamos considerar que ha habido un retroceso en las
condiciones de trabajo.