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CARNAVAL DE BARRANQUILLA

PATRIMONIO ORAL E INMATERIAL DE LA HUMANIDAD

CONTENIDO

I. LAS RUTAS DEL CARNAVAL DE BARRANQUILLA

EL CARNAVAL LLEGA POR EL RÍO

AY, LA CANDELARIA CUANDO LLEGARA

II. SITIO DE LIBRES Y CARNAVAL

BARRANQUERA DE LIBERTAD

DEL SITIO DE LIBRES A LA CIUDAD PROFANA

III CARNAVAL DE BARRANQUILLA EN SIGLO XX

CARNAVAL Y SOCIEDAD

CUMBIAMBAS, CONGOS, DANZAS Y MUSICA

MOMO, REINAS Y JOSELITO CARNAVAL

DESFILES, VERBENAS Y FESTIVALES

IV CARNAVAL, LA FIESTA CARIBE

COMPARSAS, ESCUELAS, DISFRACES Y CARNAVAL DE LOS NIÑOS

¡QUIEN LO VIVE, ES QUIEN LO GOZA!

CRONOLOGIA DEL CARNAVAL


BIBLIOGRAFÍA

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I LAS RUTAS DEL CARNAVAL DE BARRANQUILLA

EL CARNAVAL LLEGA POR EL RIO

“Hacen fiestas unos a otros o al que quieren que le ayuden para hacer su roza o su buyo,
les hacen fiesta, con gaiteros que tañen unas flautas muy largas, huecas con cera de la
tierra, y tienen puesto un cañón de ave que meten en la boca para tañer, y hacen una
música traída del infierno”. En esta cita del historiador Hermes Tovar; donde narra lo
ocurrido en la población de Tenerife a orillas del río Magdalena, revela la curiosidad de los
conquistadores al toparse con seres lejanos de España y Europa, festejando con tanto
alborozo la culminación de la labranza de la tierra. Para los indígenas era la celebración de
la fertilidad, lo que la tierra, por intermedio de sus dioses, les ofrecía en frutos diversos.

Este pasaje no hace más que verificar lo que ya conocemos en los estudios de nuestras
culturas prehispánicas, la existencia antigua de una ritualidad de los ciclos de fertilidad de
la tierra, celebrados en nuestro planeta por la mayoría de los pueblos primitivos antes de la
era cristiana.

Es la gran cuenca del Río Magdalena, la que en últimas va a permitir el amalgamiento, los
encuentros y desencuentros de las culturas que habitaron y llegaron a estas tierras de
América. Son sus meandros sinuosos, ciénagas, esteros, afluentes y brazos fluviales, los
que transportarían constantemente en canoas, piraguas, champanes y barcos de vapor por
más cuatro siglos, la cosmogonía indígena y africana con el santuario católico español y
portugués.

Así se evidenció en los siglos siguientes a la escena presenciada en Tenerife.


Efectivamente, en el siglo XVIII, a la par que en las ciudades coloniales importantes como
Cartagena y Santa Marta se buscaba la forma constante de denunciar y buscar la
prohibición a las manifestaciones festivas en tiempo de carnaval, en las aldeas, pueblos y
ciudades a lo largo de las márgenes occidental y oriental del río, se vivía el mismo clima
de tensión con las autoridades, principalmente eclesiásticas.

La mayoría de las preocupaciones e intenciones prohibitivas de los obispos y gobernadores,


era principalmente que, después de una noche agitada, llena de cantos, tambores,
movimientos lascivos, sudor, aguardiente o guarapo, se quedaran descansando la fatiga, y
no asistieran a la misa del santo al cual se le efectuaba la celebración al día siguiente. Pero
además preocupaba que asistieran enguayabados unos, embriagados otros, y rendidos de
sueños los demás, restándole atención y devoción al acto litúrgico.

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Esta tensión se vivió por igual tanto en las poblaciones de Tenerife, Chilloa, El Banco,
Tamalameque, Chiriguaná, Santana, Guamal, Plato, Mompóx, Magangue, Ciénaga, como
en las ciudades grandes coloniales como Cartagena y Santa Marta. Algunos informes de la
época así lo evidencian, mostrando inclusive preocupación por el tipo de festejo. Es
conocida la historia en la cual el Rey de España, hacia 1768, le ordena al gobernador de
Cartagena Gregorio de la Sierra, le informe cómo es el modo como se ejecutan tan
deshonestos y torpes bailes o fandangos, que los lleva a que pongan en peligro la devoción
y la fe católica.

Sin embargo, mientras en las ciudades grandes la mayoría de veces se aplicaban las
prohibiciones y reglamentaciones más severamente; en las aldeas o poblaciones más
pequeñas, se era más permisivo, dependiendo de las condiciones políticas de estabilidad
del gobierno español en las colonias, lo que algunas veces creaba tensiones entre la iglesia
y el poder civil.

Esa tensión entre la iglesia y el poder civil, regentado por el gobernador desde la capital de
la provincia y el Rey desde la metrópolis, fue aprovechada en las aldeas y poblaciones de la
llanuras del río y de las ciénagas para moldear una manera de rendirle culto a sus
antepasados, a sus dioses, a través de la celebración festiva. Por eso, en muchas poblaciones
del río, los rituales de bailes, danzas, músicas y juegos, podían arrancar desde la
celebración de la Inmaculada Concepción, el 8 de Diciembre, y terminar antes del
miércoles de ceniza, pasando por el nacimiento de Jesús, la Epifanía, San Sebastián y la
fiesta de la Virgen de la Candelaria.

La mayoría de estas fiestas, que eran principalmente celebraciones religiosas católicas


impuestas por los españoles, fueron el espacio predilecto de indígenas, negros, mulatos,
zambos y mestizos ribereños, para mezclar sus creencias y ritos religiosos, originando un
sincretismo diferente en el ritual, más profano y desprovisto de la carga moral estrecha del
catolicismo español.

El aspecto interesante a tener en cuenta en este proceso sincrético, es que en su desarrollo


se instituyó que antes de cualquier celebración religiosa católica, era vital para estos
pobladores dar rienda suelta a la diversión, que en un comienzo era en el día de la víspera
del santo patrón, pero con el transcurrir de los siglos se ampliaron a varios días hasta
llegar a extenderse por una o varias semanas de festividad.

Si los españoles querían que se le rindiera culto y devoción a sus santos, poco a poco les
tocó aceptar que tenían que permitir, no sin antes hacer los esfuerzos por prohibirlos
temporalmente en cada siglo, el jolgorio, la fiesta con todas sus implicaciones. Así se fue
formando un imaginario que responde más a los imaginarios religiosos ancestrales de los
pueblos primitivos, en los cuales cualquier milagro o gracia divina para el bienestar
colectivo e individual, era celebrado con sonoras y prolongadas festividades.

En el proceso de fundación, o de refundación, de las poblaciones de la zona del río


Magdalena, los españoles, conquistadores primeros y colonizadores después, impusieron
casi simultáneamente las celebraciones religiosas y las fiestas de carnaval , enriquecidas

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por indígenas, negros y mestizos. En cada población, según el día de refundación,
colocaban santo patrono o cambiaban el nombre indígena que encontraban y lo bautizaban
con el nombre del santo correspondiente en el calendario religioso. El primer ejemplo de
ello fue el descubrimiento del río al que colocaron de la Magdalena por haberse
descubierto el día de esa santa, en 1510.

Así continuó con San Sebastián de Tenerife, por ser descubierta un 20 de Enero, a pesar de
que esta población le da más importancia a San Luis Beltrán, festejado el 1 de Octubre.
Lo mismo ocurrió con Santa Cruz de Mompox, inicialmente refundada el día de la cruz de
mayo, el 3 de ese mes, pero que después tuvo varios patronos lo que hoy en día se refleja
en la existencia de varias iglesias como Santa Bárbara, San Francisco, La Inmaculada
Concepción, Santo Domingo, San Juan de Dios y San Agustín.

Cuando se consolida la evangelización cristiana, realizada entre el siglo XVI y XVII, y se


da el acontecimiento de los carnavales en la colonia, inicialmente en la ciudades de mayor
movimiento, aparecen también los rasgos predominantes en las carnestolendas de España
y Europa. Sin embargo, es importante resaltar, que la experiencia religiosa y mitológica de
nuestra cultura prehispánica y africana, jugó un papel decisivo en el desarrollo de un
carnaval diferente.

Los documentos de la época nos describen en Cartagena, en el último cuarto del siglo
XVIII, la existencia de diversión con máscaras de carnaval y de fiestas efectuadas en
recintos cerrados para militares y gente inmersa en el poder colonial. Lo mismo que el baile
alrededor del minué y la contradanza.

En otras ciudades como Magangué y Mompox, hacia finales del mismo siglo, la
celebración del carnaval involucraba los diversos juegos como los de ‘combite’, de ‘liente’,
‘azar’ y ‘Vijas’, mezclándose ya en ese momento, mucho antes de las narraciones de
Posada Gutiérrez, en el siglo XIX, los hijos de familia con esclavos y las mujeres que
‘perdían el sentido de las obligaciones’. Nos podemos imaginar que las obligaciones
serían con el esposo, la atención de los menesteres de la casa y la observación de buena
postura en estas épocas de festividades carnavaleras.

AY, LA CANDELARIA CUANDO LLEGARA

Noche del dos de Febrero


Fiesta de la Candelaria
Nace el millo, suena el cuero,
Y un ritmo mestizo y paria

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Las ceremonias religiosas van moldeando el ciclo festivo de la gran llanura del bañada por
el río Magdalena, poco a poco algunos acontecimientos van ajustando, las manifestaciones
musicales y danzarias de los indígenas, negros y mestizos al calendario religioso. Y éstos,
a su vez , ante el peligro inminente de desaparecer, y como una estrategia para sobrevivir,
van asimilando ese ajuste que se ira haciendo flexible con el l transcurso del tiempo, según
su espíritu festivo. Es conocido como en Santa Marta, a fines del siglo XVII, se cambian
los días de carnaval para la celebración de la Inmaculada Concepción, en Diciembre.

En otras poblaciones como Tamalameque y Plato, a esta veneración se le adicionan las


corridas de toros, las luces, los faroles, y mucho chandé, mucho canto de pajarito, mucha
tambora. Tamboras que se extendían a lo largo de estas poblaciones hasta fines de
Diciembre.

El día de San Sebastián, el 20 de Enero, se fue convirtiendo a través de los últimos siglos en
la fecha especial en la cual arrancaban muchos carnavales en las riberas del río. Es de notar
que El Banco, al ser refundada por los españoles, un dos febrero del siglo XVIII, fue
llamada Nuestra Señora de la Candelaria del Banco. La celebración de las fiestas patronales
se convirtió, se convirtió con el trascurrir del tiempo, en el marco religioso de unas fiestas
que empataban con los días de carnaval en febrero.

El sincretismo intenso que vivió la zona del río y su desplazamiento hacia las poblaciones
del bajo Magdalena hasta Cartagena, Ciénaga, Santa Marta y, después en el siglo XIX hacia
Barranquilla, pueden explicar como aparece con mucha fuerza la celebración de la fiestas
de la Candelaria en Cartagena, en el primer cuarto del siglo XIX.

En el afán evangelizador no solamente se impusieron santos, vírgenes, cantos religiosos, y


militares, sino que se integraron al drama litúrgico danzas como la de los diablos, de origen
europeo, y que fueron asimiladas y recreadas por los indígenas. La descripción realizada
por el obispo Martínez de Compañon en el siglo XVIII es ilustrativo de este hecho.
Existían en ese momento danzas como la del diablo, de los venados o los doce pares de
Francia.

De estas danzas es muy conocido en nuestra historia religiosa , que en la celebración del
Corpus Christi se vinculó la danza de los diablos traída de España con la procesión, pero
con el tiempo no solamente se recrearon los diablos sino que se juntaron con las cucambas,
danza indígena alusiva a la fauna del río, principalmente a las aves llamadas paco pacos y
que las distinguían con colores y atuendos particulares para danzar.

Estas danzas para el Corpus Christi se extendieron a lo largo de la zona de influencia del
río, por Mompox, Guamal, Chilloa, Ciénaga, El Banco, Chiraguaná, Talaigua, Sabanalarga
y otras poblaciones de la costa Caribe , así como en ciudades de la región andina
colombiana. Cabe anotar que esta celebración también se dió a lo largo del continente,
generando otros procesos similares de sincretismo religioso y cultural.

Fue tan fuerte este elemento religioso, quizás porque era el único espacio de supervivencia
de las expresiones culturales de indígenas y africanos en los siglos XVI, XVII y XVIII, que
a su vez sirvió de marco para que se desarrollaron ciertas formas de espacios bailables, los

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cuales al ser nombrados por las autoridades eclesiásticas y civiles españolas para
identificarlos en las solicitudes de prohibición y reglamentación de esos espacios
peligrosos, lascivos y pecadores, quedaron con nombres para diferenciar desde el siglo XIX
hasta el presente, los ritmos musicales, formas de bailes y danzas que identifican a la región
del Caribe Colombiano. Los términos gaitas, fandangos, currulaos y cumbiambas, quedaron
incorporado al imaginario y por ende al vocabulario cultural de la región.

Ahí están los relatos entusiastas y gozones de algunos generales como José Prudencio
Padilla o Joaquín Posada Gutiérrez sobre el 18 junio de1821 y el 2 de febrero de 1826. El
primero, al extasiarse en una noche en la población de Arjona cerca de Cartagena, con la
gaita y la cumbiambas de los indígenas que festejaban la celebración de San Juan. El
segundo , con la descripción detallada de la fiesta de la Candelaria al pie de la popa, aún
existente hoy en día, en la cual narra en detalle ruedas de músicos indígenas y de negros
esclavos y los bailes característicos de cada uno de ellos.

Este relato de Posada Gutiérrez ha servido en la historiografía del Carnaval de


Barranquilla y de la música del caribe colombiano, para argumentar la tradición histórica y
continuidad de las formas bailables como la cumbia, y de los conjuntos de cumbia y gaitas
con sus respectivos instrumentos, tal como los conocemos hoy en día. Además de
evidenciar la discriminación social latente desde la colonia.

Barranquilla no era ajena a estas celebraciones . Primero en las víspera de su primer


patrono, San Nicolás de Tolentino, y después con las fiestas de San Roque. En la primera
abundaba mucha música, muchos cohetes, buscapiés, tritraques, continuando con la bulla
de la plaza y las bolas de candela. Ventas portátiles de bebidas refrescantes, juegos de azar
en ruletas y boliches. Arepas fritas, caribañolas, buñuelos de fríjol, panes rellenos, dulces
de chaza, casadillas de coco, las butifarras de Soledad, jaleas de tamarindo de Sabanalarga,
conservitas envueltas en ojitas de bijao, chichas de maíz o arroz, guarapo y para las damas
finas, rosolios, una especie de licor aromatizado con canela o anís.

Corridas de toros se realizaban desde el día de la fiesta , y bandas de música acompañan las
procesiones de San Nicolás, y tenían además a Leonardo Viser, un negro curazaleño que
constestaba un estribillo muy popular en ese momento:

Al santo Dios Uno y trino


Como patrono constante
Por tus hijos pide amante
Nicolás de Tolentino

Toda esta amalgama de creencias religiosas con las festividades profanas, permitió que
algunos celebraciones como la de San Agatón, cumpliera un papel importante en los
carnavales del río y en algunas poblaciones del Magdalena.

Sus festejos comenzaban desde el viernes, antes del domingo de carnaval, organizándose
las grandes ventas de comida de chicharrones con sangre, pasteles de papa, postas
esmechadas, plátanos fritos, y la libación con ron hasta llegar los fieles borrachos a la

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procesión del Santo. Extendiéndose por la región el dicho, “San Agatón , el Santo
borrachón”.

Con el tiempo otros santos como el de San Martín, que sirvió como inicio de las
celebraciones del 11 de noviembre en Cartagena, adquirieron igualmente la fama de
borrachones.

Desde el principio hasta el fin


Es Noviembre tan sabroso
Nació un santo milagroso
Que se llama San Martín

Por eso este parrandín


Lleva un aire cumbiambero
Y yo me pongo el sombrero
Porque es noche de parranda

Baila la cumbiamba Santo


Bueno y parrandero

II. SITIO DE LIBRES Y CARNAVAL

BARRANQUERA DE LIBERTAD

Barranquilla es una ciudad que ha olvidado en los anaqueles de la historia a algunos


personajes que participaron en el proceso de su conformación. Pocos saben que un
venezolano, originario de Coro, Nicolás de Barros y de Guerra, llegó a estas tierras, como
muchos sin proponérselo, a participar en ese proceso desde su hacienda situada en los
alrededores de una Barranquera frente al majestuoso río. Mucho menos que lo que hoy es
un municipio adscrito al Distrito de Barranquilla, Galapa, fue hace trescientos años una
encomienda de la cual dependió el incipiente sitio de libres, para los menesteres
esclesiásticos. A medida que se dio la transformación del sitio de libres y absorvió más
población, fue perdiendo el nombre del hacendado venezolano y se quedó con el nombre
de un accidente geográfico, Barranquilla, que significaba en ese momento, orilla bajita.
Efectivamente, la ciudad no tiene más de 4 metros sobre el nivel del mar.

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Estos inicios de Barranquilla son fundamentales para entender como este hecho de haber
surgido desde un comienzo como sitio de libres, le planteó unas características diferentes a
las de otras ciudades.

El proceso de la ciudad, desde comienzos del siglo XVIII, va a responder más a una ardua
labor de liderazgo individual de algunos de sus miembros, que a un apoyo institucional del
poder central, por el compromiso de haber sido fundado a través de papeles firmados por
autoridades de civiles, militares, esclesiásticas y diferentes personas.

Por eso se entiende entonces el papel que jugaron los pobladores diversos, inicialmente
mestizos, indios y negros; posteriormente los carpinteros, navegantes, zapateros,
traficantes, mercaderes, bogas, pescadores, sastres, plateros, talabarteros, vaqueros,
labradores, armeros, herreros, entre otros oficios. En otras palabras, era una comunidad de
artesanos, transportadores y negociantes, que comenzaron a vencer los avatares fisícos de la
localización de Barranquilla.

Como bien lo expresa el historiador Agustín Blanco Barros “ la de una cálida


desembocadura fluvial, grande y diversificada en playones y acumulaciones de sedimentos
de diversa edad, caños y ciénagas en perpetuo proceso de cambio...Desembocadura de río
grande cargado de poderosa masa de materiales, en un mar tropical de débiles pleamares y
bajamares,...Delta imperfecto, ni arqueado ni pata de pájaro... Corrientes en cuyo curso con
facilidad se forman barras subacuáticas que pronto surgen a la superficie como islas de
contorno y tamaño rápidamente cambiantes”.

Así, mientras las mayoría de las poblaciones más antiguas se mantenían bajo el fuerte
régimen de la encomienda, y en otras ciudades existían fuertes restricciones esclavistas y
de las autoridades eclesiásticas, el sito de libres comenzaba a negociar por intermedio de
sus líderes sus espacios e iniciativas de libertad. Algunos hechos sucedidos entre el siglo
XVIII y XIX ilustran mejor esta situación.

En 1715 por ejemplo , el padre Luis Suárez lideró a una serie de vecinos para proponerle a
la propietaria de unas tierras, que en vez de cobrarles un arriendo más alto, mejor se las
vendieran. Igualmente, hacia 1853, llama la atención el movimiento que lideró otro
sacerdote, Rafael Ruiz, para la construcción del templo para el santo San Roque, debido a
la oposición del párroco de la otra iglesia , San Nicolás , y del obispo de Cartagena a que
se levantara dicho templo. Los roqueños apelaron al traslado de la jurisdicción del templo
de San Roque a la provincia de Santa Marta, consiguiendo de esa forma el objetivo de
poseer un sitio propio para los seguidores pobres de San Roque.

Estos dos acontecimientos acaecidos en el proceso de conformación de la ciudad,


evidencian la presencia de un espíritu de libertad y rebeldía contra lo establecido en los
papeles, en las diligencias escritas, que en determinado momento ahogaban las aspiraciones
o expectativas de sus pobladores.

Y lo realmente llamativo es que ambos hechos, que están ligados a los aspectos modernos
de autonomía liberal e iniciativa individual, van de la mano de la fe y las creencias

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religiosas. Pero de las creencias religiosas reelaboradas a través del sincretismo cultural
religioso. Del que señalábamos como eje central desarrollado en la zona de influencia del
Río Magdalena. Elemento que pone de relieve una lucha constante por ganar espacios de
libertad a través de la resistencia cultural.

Como bien lo señala el documento”Barranquilla , en busca de una segunda oportunidad”,


“dos aspectos marcan el asombroso desarrollo de Barranquilla desde finales del siglo
pasado hasta la década de los 40’s, que tienen que ver directamente con su condición de
doble puerto. Por un lado, sus facilidades de acceso al Río Magdalena que seguía siendo la
principal arteria de comunicación entre la Costa Atlántica y el interior del país y su
cercanía con el Mar Caribe, lo que le valió el nombre de “Puerta de oro de Colombia”; por
otro lado, la gran afluencia de extranjeros a la ciudad, que le imprimió un ambiente
cosmopolita y de vanguardia. Fueron ellos los abanderados de la modernización y el
desarrollo industrial, comercial y urbano como la planeación del barrio El Prado, la
constitución de la Empresas Públicas Municipales, el establecimiento de la Compañía de
aviación SCADTA y con ella el servicio de correo aéreo, la apertura de Bocas de Cenizas
para abrir el acceso al mar, el primer hotel turístico de talla internacional, El Prado, entre
otros.
El impacto de los inmigrantes extranjeros en la economía y en la sociedad costeña fue
notable. Gracias a su destreza, su mejor conocimiento del mercado y de su capacidad para
atraer capital, muchos de estos inmigrantes pronto ocuparon posiciones importantes en la
economía regional.

A la ciudad que fuera inicialmente de mestizos, se le suman entonces estos extranjeros,


sirios, chinos, libaneses, jordanos, israelíes, alemanes, italianos, ingleses, norteamericanos
entre otros, que han consolidado así una característica que se mantiene hasta nuestros días,
donde un gran porcentaje de la población proviene de afuera.” En 1938 más del 33 por
ciento de los extranjeros residentes en Colombia, vivían en la costa atlántica. Así mismo
desde mediados del siglo XIX Barranquilla se constituyó en el principal atractivo para
emigrantes del interior país. En 1950, más del 22 por ciento de los residentes en ella habían
nacido en el interior del país. Aún para las proyecciones censales de 1996 ,se estimaba que
el 32 por ciento de los residentes provendrían de otros departamentos.

En el marco de este florecimiento de la ciudad, y su inminente importancia a nivel regional,


se articula el Carnaval de Barranquilla como máxima expresión de la fiesta de la cultura
caribe en Colombia. El Carnaval ha sido considerado como una de las más grandes
expresiones folclóricas, donde se encuentran fácilmente diferentes grupos sociales para
celebrar un ritual anual en medio de la música, la fiesta, la danza y la representación.

En este carnaval juega un papel importante la confluencia de inmigrantes de los pueblos


que fueron asentándose en Barranquilla y el legado europeo expresado en los diferentes
actos como los desfiles de carrozas. Poco a poco, se irán incorporando diversos certámenes
que caracterizarán y darán la forma actual a la celebración del carnaval.

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Como bien lo anotara Gabo en cierta ocasión, “ es una cultura de fiesta, de transgresión, de
misterio, que rompe la camisa de fuerza de la realidad, y reconcilia por fin el raciocinio y la
imaginación, la palabra y el gesto, y demuestra de hecho que no hay concepto que tarde o
temprano no sea rebasado por la vida”.

Con el correr del tiempo, el carnaval de Barranquilla deja de ser una fiesta meramente
folclórica para constituirse en el ordenador de la vida de la ciudad. El año escolar empieza a
operar normalmente después de la terminación de la fiesta. El año nuevo comienza
ciertamente, el jueves después del miércoles de ceniza. El año nuevo es una fiesta que
existe en todo el mundo, el carnaval es sólo nuestro, se oye decir muchas veces en la calle.

DEL SITIO DE LIBRES A LA CIUDAD PROFANA

Algunos hechos son claves en el surgimiento de Barranquilla como una gran urbe moderna.
La capacidad de iniciativas individuales de sus pobladores la llevó a que, en 1852, sentara
las bases de su progreso en el futuro. Efectivamente , en Octubre de 1840 se conformó el
Estado soberano Federal de Barlovento con Barranquilla a la cabeza , aspirando a que se
habilitara el puerto de Sabanilla para el comercio exterior. Posteriormente, se negoció con
Cartagena la disolución del Estado a cambio de que se creara la provincia de Sabanilla con
el puerto ribereño como capital.

Al respecto, investigadores importantes como Posada Carbó han descrito muy bien las
ventajas de progreso que tuvo Barranquilla, “ A pesar de contar con sendas bahías naturales
formidables, el desarrollo portuario de Cartagena y Santa Marta se vio limitado por sus
dificultades de comunicación con el Río Magdalena. El problema de Barranquilla, como
puerto naturalmente ribereño, era, por el contrario, ganar acceso al mar. Y para ello utilizó
en distintos momentos, las radas de Sabanilla, Salgar y Puerto Colombia. El ferrocarril de
10 kilómetros, entre Sabanilla y Barranquilla, en 1871, superó en importancia a los puertos
de Cartagena y Santa Marta.

En ese año se proyectaba la construcción del largo muelle de 4.000 pies que , tras su
inauguración en 1893, le permitió al eje Barranquilla- Puerto Colombia consolidar su
dominio portuario en el Caribe. Dadas las limitaciones de Puerto Colombia para atender las
demandas nacionales del comercio internacional, se inició una denodada campaña por la
apertura de Bocas de Cenizas que se logró en 1936, confiriéndole de esa forma la doble
condición de puerto marítimo y fluvial.

Los puertos sobre el Mar Caribe se articulaban con los del Río Magdalena y sus afluentes
en busca de los mercados del interior andino. Ellos formaban el eje comercial de la región,
cuya dinámica económica dependía en buena parte del movimiento portuario. A mediados
del siglo diecinueve, una gran proporción de las poblaciones de más de 2000 habitantes se
encontraban ubicadas a orillas del mar, río o canales.

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A pesar de que existieron dificultades para el mantenimiento óptimo de los canales y los
ríos y la desembocadura en Bocas de Cenizas, tanto los puertos marítimos en el Caribe
como los ribereños a lo largo del Magdalena fueron, en gran medida, los principales centros
de la actividad económica de la región entre 1850 y 1950.

En la primera mitad del siglo veinte, cerca del 80 por ciento del comercio exterior
colombiano se movía por sus puertos en el Caribe siguiendo, en buena parte, la ruta del río
Magdalena. Sin los puertos de los departamentos de la costa, escribió un extranjero a
comienzos del siglo, Cundinamarca, Tolima, Santander, Boyacá y Antioquia se estancarían.

El auge de la ciudad fue paralelo al auge de las exportaciones colombianas, del tabaco, la
quina, el café y el banano. En su conjunto el grueso de las exportaciones que salían por los
puertos del Caribe, particularmente desde el despegue del café, provenían en su mayoría de
las regiones productoras del interior andino.

Atada a la actividad portuaria se desarrolló la navegación fluvial en el río Magdalena. El


transporte fluvial por consiguiente fue una de las grandes fuentes de empleo en la costa
atlántica durante un extenso período, ya en los muelles, en la carga y descarga de
mercancías; ya en las importantes empresas, como tripulantes, contadores o capitanes de
vapores, ya en los rústicos bongos y champanes que lograron sobrevivir a la era moderna
del vapor.

Y al lado de las empresas fluviales, florecían la carpintería, la herrería y la mecánica, así


como una diversidad de oficios que extendieron la base original de artesanos, comerciantes,
empresarios y la conformación de una nueva mano de obra asalariada de considerable
importancia.

En resumen, durante mucho tiempo, el crecimiento comercial de Barranquilla, sumado


después a su desarrollo industrial, hacían de la ciudad un foco de encuentro regional, tanto
de personas, mercancías y servicios. Las oportunidades de empleo y la búsqueda de
mejores condiciones económicas fueron las principales causas de las migraciones
regionales hacia Barranquilla.”

III. CARNAVAL DE BARRANQUILLA

CARNAVAL Y SOCIEDAD

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¿En qué momento de la historia de Barranquilla surge el Carnaval? Así como aún no se
ha podido determinar el momento histórico preciso de la aparición de Barranquilla como
tal, pasa lo mismo con el Carnaval. Lo importante, más que el momento exacto de
surgimiento, es que con base en la escasa información documentada que se conoce,
podemos decir que el Carnaval de Barranquilla es una de la fiestas más antiguas, con unas
características bien particulares, que lo diferencian claramente de cualquier carnaval en el
mundo, incluido el más industrial y vistoso como lo es el de Brasil.

Varios hechos sucedidos a lo largo del desarrollo de esta fiesta, nos ilustran una relación
muy intrínseca ligada a los acontecimientos de la independencia de España, a los avatares
políticos, al desarrollo económico y social de la ciudad, así como a la evolución de los
diferentes cambios del Carnaval de Barranquilla.

Los hechos más conocidos datan del siglo XIX , el primero de ellos tiene que ver con la
independencia definitiva de Cartagena y los años iniciales de la república. El 12 de octubre
de 1821 a las 10 de la noche, llega a Barranquilla la noticia de la proclamación de libertad
de la Gran Colombia en Cartagena. Inmediatamente, según los registros, el pueblo lo
convirtió en vivas, salvas, danzas y todo tipo de diversiones hasta el amanecer. Al otro día
se leyó un bando al cual asistieron las autoridades civiles y militares, continuando el pueblo
con el jolgorio.

El día 14 hubo actos litúrgicos y desfilaron dos carros previamente adornados de una
forma disparatada: uno iba brillantemente adornado con damascos y espejos, con una niña
vestida lujosamente que semejaba a Colombia triunfante y con un séquito de jóvenes
acompañándola; el otro carro, previamente maltratado y sucio, mostraba a Fernando VII,
con sus símbolos de poder, como la corona y el cetro, caídos, y a su corte en una
estruendosa confusión.

Varios aspectos se destacan en este hecho, que insinúan un estado avanzado del carnaval
de Barranquilla y que tomarían auge con el tiempo. En primer lugar, el hecho de festejar
por fuera del calendario oficial del Carnaval este acontecimiento político, otorgándole las
características de los tres días de la fiesta, demuestra lo que he expuesto anteriormente: el
sincretismo cultural religioso desarrolló la costumbre, que cualquier acontecimiento
importante para la población, podría ser festejado con largos días de jolgorio, sin importar
la fecha o el calendario.

En segundo lugar, las expresiones de los festejos mezclan las danzas y vivas a la
independencia con el goce hasta el amanecer. Los actos solemnes como el bando, que se ha
mantenido hasta el carnaval de nuestros días, se alternaron con los actos religiosos y los
desfiles con carrozas. Lo que da la idea de que debió existir anteriormente a esa fecha, la
costumbre de los desfiles y la de los carros o carrozas. Lo que no significaba que se hiciera
regularmente todos los años. Así mismo, pone en evidencia, la existencia en ese momento
del marco medieval cristiano del Carnaval en la ciudad.

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El segundo registro, y el más elocuente sobre el Carnaval de Barranquilla, lo constituye
indudablemente el célebre relato del viajero norteamericano Rensselaer Van Rensselaer,
el 1 de mayo de 1829. En este relato, logra captar varios elementos que certifican una vez
más el grado de desarrollo de estas fiestas en Barranquilla. Por un lado, el calificativo de
Carnaval a las fiestas que presenció, con sus tres días exactos de duración. Por el otro,
destacar que el principal papel de las fiestas lo tenían los indígenas del país con todas sus
vestimentas y parafernalia. Y que estos protagonistas de la fiesta habían asumido que el
carnaval era ya un espacio de representación simbólico, festivo y burlesco, puesto que
durante los tres días evitaron encontrarse los grupos que representaban bandos diferentes:
uno como nativos guerreros y el otro como el conquistador cruel con sus indígenas
cómplices.

Igualmente, la representación de la batalla entre estos dos bandos, con victoria para el
bando de los conquistadores con el respectivo bautismo para uno de los vencidos, pone de
manifiesto dos elementos que ratifican la esencia del Carnaval de Barranquilla. El primero,
es la representación de la conquista española a manera de imaginario cultural permanente
sobre esta barbarie. Actualmente se realiza ‘la conquista’ el martes de carnaval en el sur de
Barranquilla, aunque con otros ingredientes. El segundo, es la reafirmación del carnaval
como espacio burlesco del poder, lo que origina, unas veces, la reafirmación de ese mismo
poder, o en otras, sugiere cambios en el mismo.

Como si fuera poco, aparecen en este registro de Rensselaer, grupos de gaiteros indígenas
y zambos en el Carnaval de Barranquilla, casi simultáneamente con los registros sobre los
mismo grupos de gaiteros, en las fiestas de la virgen de la Candelaria en Cartagena, en
1826.

Otro elemento que caracteriza a nuestro Carnaval, que aparece según las reseñas de 1864,
abriendo oficialmente las fiestas, es el Bando. Aunque ya lo vimos registrado en años
anteriores a esta fecha, el alcalde de entonces, David Pereira, convocó en lo que hoy es el
Paseo Bolívar, a toda la población para anunciarle la fiesta con muchos festones, flores,
cruzacalles, adornos, música con muchos tambores, ollas de millo y flautas de junco de
papaya, versos y décimas al Rey Momo.

Este aspecto es decisivo, ya que a través del Bando se va consolidando lentamente el marco
de una institucionalidad del carnaval por parte de los sectores dirigentes y políticos,
ajustándose a las instituciones que van surgiendo como resultado de las diversas guerras y
crisis políticas del país.

Proporcionalmente a la invitación festiva tipo europea, se involucran los aportes populares


en la música y la danza a través de los grupos de gaiteros y de millos, así como de otros
personajes de burlas como el Rey Momo y la participación de los decimeros y repentistas.
Entre estos últimos, son de destacar unos versos muy populares, surgidos entre el poeta
cartagenero Joaquín Pablo Posada y el rioachero Jorge Pombo Montero, por petición del
primero antes de su muerte.

Déjame Joaquín tu herencia

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Más no me dejes dinero
Ni lo tienes, ni lo quiero
Légame tu inteligencia
Tu poderosa elocuencia

La respuesta del poeta Posada, agonizante fue:

Más si no tengo dinero


¿Para qué pides mi herencia?

Hasta ese momento podemos decir que se mantenía los carnavales se mantenían en un
marco en el cual se integraban, a través de una normatividad y reglamentación, los
comportamientos públicos y privados de las personas. Recordemos las prohibiciones sobre
los disfraces contra la moral, de los actos violentos y sustancias ofensivas, y las personas
enmascaradas a determinadas horas de la noche durante el carnaval.

A medida que toma auge el desarrollo económico y social de Barranquilla, se da otro


cambio, y es una diferenciación social que recuerda a los bailes de blancas de castilla,
pardas y negras libres en la fiestas de Cartagena. Efectivamente, en el último cuarto del
siglo XIX, se diferencian los bailes como de clase tercera, de clase segunda y de clase
primera. Al de tercera se le conoció también despectivamente como Salones Burreros,
porque aseguran algunos, los que llegaban de las poblaciones vecinas dejaban los burros en
las afueras; o según otros, estos salones se parecían a los corrales con burros en el mercado.

A finales de ese siglo, continuó la diferenciación con los bailes de primera celebrados en el
salón fraternidad; los de segunda, en los patios de las casas grandes; y los de tercera, en las
calles y otros salones populares. Con la fundación del Teatro Emiliano, se trasladan a este
sitio los bailes de primera. Esta clasificación se mantuvo en el tiempo, y se trasladó a la
jerarquización de los impuestos que tenían pagar las diversas actividades del carnaval para
las fiestas, estableciéndose tarifas para salones de primera, segunda, tercera y cuarta clase.

Con este proceso, que va consolidándose con el desarrollo de la ciudad, aparece la Junta
Directiva del club Barranquilla como organizadora de las fiestas, lo que brinda mayor
coherencia y organización a las fiestas. Algunos han visto en este proceso, que comprendió
más de 30 años, las bases de un desarrollo diferenciado y poco equitativo en la ciudad.

La importancia del carnaval se hizo cada más decisiva en el ordenamiento de la vida de la


ciudad, en la regulación o distensión de las relaciones sociales ya que su organización cada
vez era vista como algo importante a definir. Regulado oficialmente por los alcaldes, con
un ente ejecutor de las fiestas, pero con la participación, en las decisiones finales, de los
clubes de Barranquilla, especialmente en la designación de las reinas, coronaciones,
realización y trazados de desfiles y otros eventos.

Hasta 1930 organizaron las fiestas las Juntas Directivas del Club Barranquilla;
posteriormente se recayó en comisiones organizadoras del carnaval, donde participaba la

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Sociedad de Mejoras Públicas. A partir de ese momento vendrían diferentes organismos,
como Juntas organizadoras, municipales y centrales, desde 1938 hasta 1966. Pero ya en
esa década de 1960, con el crecimiento urbano desordenado de la ciudad, la migración que
crearía los primeros barrios tuguriales, y el visible estancamiento del desarrollo de la
ciudad, pone de manifiesto los grandes problemas de pobreza, desempleo y falta de
servicios públicos. La clase política inicia su hegemonía y un vehículo para lograr sus
intereses será el control de los Carnavales de Barranquilla.

En 1967 se crea la Junta Permanente del Carnaval y años más tarde, la Corporación
Autónoma del Carnaval, en 1979. En 1983, la Cámara de Comercio de Barranquilla
convoca un foro sobre el carnaval, viendo que era necesario incluir a estas fiestas como
parte de una agenda con alternativas o soluciones a largo plazo a los problemas críticos de
la ciudad.

De este foro sale la propuesta de la creación de una empresa que maneje con criterios
administrativos el Carnaval y que se concretará en 1991, como Empresa Carnaval de
Barranquilla S.A. Cuando se funda la empresa, el municipio tenía más del cincuenta por
ciento de las acciones y el resto, la empresa privada. Posteriormente, la ejecución y
organización la realiza un operador conocido como Fundación Carnaval de Barranquilla.

CUMBIAMBAS, DANZAS, CONGOS Y MUSICA

CUMBIAMBAS

Música y baile que anda sueltas por todo el caribe colombiano y cada quién los interpreta
conforme a la identidad de los espacios culturales en que se desarrolle. La cumbia aparece
acondicionada social, económica y políticamente, al complejo entramado de la colonia con
la participación de sus diferentes grupos humanos étnicos y culturales.

Eran los tiempos en que se bailaba en las fiestas de la Virgen de la Candelaria y, como lo
mencionamos anteriormente, algunos investigadores y folklóricas le atribuyen los orígenes
tradicionales de la cumbia a estas festividades, por la descripción que Posada Gutiérrez
hace de tales fiestas en Cartagena. Especialmente cuando lo describe en forma de rueda,
golpeando el suelo con los pies cadenciosamente y en silencio, contrastando con una
percusión vigorosa de música mestiza que anunciaba la coreografía vistosa en las
cumbiambas y fandangos. Las mujeres erguidas con la cabeza adornada de flores, la
galantería del parejo que le obsequiaba las velas de sebo y el pañuelo para cogerlas.

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Es de observar que en su desarrollo se fue configurando y fortaleciendo con el aporte de
otras etnias, principalmente de lo indígena, lo negro y lo hispano: En la música percutiva y
las melódicas gaitas y flautas, en los vestidos atractivos y demás adornos para bailar la
cumbia.

Son las ruedas de cumbia el estilo de jolgorio en donde los asistentes, al escuchar las
melodías de una gaita o flauta de millo, sacaban pareja y empezaban el baile. Formándose
así la cumbiamba, que eran anunciadas durante el día con una bandera roja colocada en una
vara de guadua. Cuentan las crónicas, que ya por 1821, los primeros barrios de abajo y
arriba del río, con los pobladores del centro, competían en cumbiambas y danzas en las
fiestas de San Nicolás y durante la celebración del carnaval.

Las cumbiambas irrumpen en el mismo desarrollo del carnaval, con la participación de


jóvenes, adultos y niños como actores sociales vitales, con una identidad definida que
muestra un carnaval dinámico, creador y transformador. Ellos ven en los desfiles, el
espacio festivo para gozar y bailar con la cumbia, relación musical inseparable del
barranquillero y de la forma de bailarla, expresión natural que lo une a la ciudad.

El carnaval es donde se muestran las cumbiambas en todo su esplendor. La forma circular


del baile la presentan en un evento que se denomina Noches de Cumbia, realizado en
espacios cerrados para la recreación y la distracción de quienes asisten al coliseo o al
estadio de turno. Ya en los desfiles de carnaval, estas cumbiambas realizan sus coreografías
en forma lineal, obedeciendo a la marcha del evento.

Al grito de ¡Viva el Carnaval ¡ ¡ Viva la Capitana! Recordamos cumbias de las décadas del
40 y 50, como la Arenosa de la familia Zambrano, el Páramo de las Nieves, los Patulecos,
La Gigantona, Agua p’a mi, Prende la vela, La Revoltosa, El Gallo Giro, La Guapachosa,
Que va Gallo que va, entre otras. Y con ellas recordamos los vestidos de los cumbiamberos,
hechos con las telas de los sacos de harina ‘Corona’ de los molinos Roncallo, a los que
había que desteñir para quitarles el estampado con la marca y lema de la citada empresa.

También quedó atrás la popular franela ‘amansaloco’(especie de franela con mangas


largas), lo mismo que el sombrero jipijapa de cumbiambero, que fue reemplazado por el
elegante sombrero ‘vueltiao’.

Algunas de estas cumbiambas continúan en la brega carnavalera, otras han desaparecido


para darle paso a las nuevas generaciones, que aparecen en el escenario de la fiesta con
poder de cambio y renovación, referida al modo de bailar y vestirse cada cumbiamba, en
cada barrio , como expresión de identidad y como espacio para hacer su carnaval.

Lo cierto es que los cambios en la última década, se han dado principalmente en el


vestuario de las mujeres, el cual ha mostrado en cada edición del carnaval una propuesta de
creatividad y desarrollo estético que no choca con los cánones supuestamente tradicionales
de la cumbiamba, sin que por el contrario la resalta y la reviste de valor monumental, de
forma que pueda ser asimilada de mejor manera por las actuales generaciones, encargadas
de de vivirla y proyectarlas, si que por el contrario los resalta y la reviste de valor

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monumental, para que sea mejor asimilada por la actual generación, que es la encargada de
vivirla y proyectarla.

DANZAS

La mayoría de las danzas, por su parte, llegaron al Carnaval de Barranquilla con las
migraciones procedentes de Cartagena, Santa Marta, Ciénaga, la depresión Momposina y
demás poblaciones del río Magdalena, con sus antecedentes de mezclas y sincretismo
cultural, por supuesto.

Estas expresiones, revestidas cada una de ellas de características especiales, se van a


convertir en la médula popular del Carnaval de Barranquilla hasta hace algunos años. En un
comienzo, estaban constituidos por cuadrillas de sólo hombres; posteriormente, se
aceptaron mujeres. Estas cuadrillas marchan por las calles, ataviadas con vestidos
sugestivos y acompañados por un conjunto musical con instrumentos típicos.

Los cantos son ritmos melódicos que expresan emociones y sentimientos frente a la
naturaleza, la cotidianidad de la vida y la memoria colectiva de sus comunidades. La
mayoría de estas danzas son el producto de la experiencia festiva popular y tradicional que
practicaron la mayoría de las poblaciones del Caribe Colombiano desde la época de la
Colonia.

Algunas de ellas subsisten por el peso de la tradición oral, sobre todo en las danzas más
antiguas, donde el papel de la familia y las diversas generaciones de integrantes ha sido
decisivo. Estamos hablando principalmente de las danzas de congos, de garabato y paloteos
entre otras.

En el carnaval de Barranquilla han existido múltiples danzas que se encuentran reseñadas


desde la época de Rensselaer, en 1829, hasta nuestros días. Muchas de ellas han
desaparecido tanto de su lugar de origen como del carnaval. Otras se han mantenido y
desarrollado en el tiempo, debido a sus características internas de organización de corte
militar, influenciadas algunas de ellas por los antiguos cabildos coloniales. También
existen algunas cuya presencia en la fiesta no ha sido constante, pero que son consideradas
tradicionales por sus antiguos antecedentes históricos.

La organización del carnaval, Carnaval de Barranquilla S. A. a través de la Fundación


Carnaval de Barranquilla, realizó desde hace unos cinco años una clasificación de las
danzas acordada con los representantes de los grupos folclóricos del Carnaval, con el
objetivo de “proteger, estimular y difundir el patrimonio cultural tradicional y popular del
Carnaval de Barranquilla”.

En esta clasificación se estipuló que a las Danzas Tradicionales pertenecen las Danzas de
Congos, de Garabatos y de Negros.

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Así mismo, son Danzas de Relación las que tienen argumentos que se relatan con versos
durante su ejecución. La actuación requiere de un sitio fijo. A ella pertenecen las Danzas
del Caimán, de los Coyongos, del Paloteo, de los Goleros o Gallinazos y las Pilanderas.

Las Danzas especiales son aquellas que tienen baile y coreografía tradicional de la región.
Tienen su argumento original sin versos. A ella pertenecen las Danzas de los Diablos, la
del Gusano, de la Farotas de Talaigua y de Indios.

Las Danzas de tradición, pero particularmente las llamadas de Relación, sufren el drama
constante de la modernización del carnaval, que las tiene en peligro de quedar por fuera
de los grandes desfiles y ser recluidas a sitios fijos indefinidos. Si este tipo de Danzas
quiere estar en los desfiles, tiene que sacrificar la parte de los versos y algunos de los
pasos básicos. He ahí un gran dilema del Carnaval de Barranquilla. Buscando solucionar
esta situación, se ha planteado la candidatura a la UNESCO para que el Carnaval de
Barranquilla, con sus danzas, sea declarado patrimonio cultural de la humanidad.

DANZA DE CONGOS

Las Danzas de Congos en Barranquilla se han consagrado como un símbolo no solamente


del Carnaval, sino de la ciudad; albergan todavía esa tradición escultórica de origen
africano, evidente en las máscaras de Toros, Tigres, burros, perros y chivos. Hasta hace
unos años incluían otra fauna viva como culebras e iguanas, pero las políticas y
reglamentaciones sobre el medio ambiente, hicieron desaparecer este elemento mítico. En
su defecto, y de una manera nostálgica, las han reemplazado, algunos, con imitaciones
hechas con materiales sintéticos modernos.

En las danza de Congos, los grupos han tenido nombres reminiscentes de clanes totémicos
como, el Torito Arribeño, el Toro Negro, el Congo tigre. En ese momento, la expresión
colectiva no residía únicamente en los hombres vestidos de congos, sino en la fauna
danzante.

Las máscaras de madera de tradición africana, como elemento de los congos que las lucen,
pertenecen a la esencia de la danza y a las historias que éstas relatan. La presencia física de
la máscara ha ido menguando, trasladando su simbolismo a la nostalgia narrativa oral,
como una forma de ajuste de la danza a los cambios modernos de la ciudad. Así mismo,
estos cambios han originado danzas de congos urbanizados como el Congo Reformado, el
Congo Carrizaleño, el Congo Moderno, el Congo Zanquero y varios más.

Antiguamente, en la danza del Toro Grande y la del Torito, ésta última la más investigada
en el carnaval, existían más máscaras de madera de animales danzantes que hombres
negros congos. Con el tiempo se incluyeron las mujeres, como reflejo de las tendencias y
cambios de la sociedad moderna. Hoy en día predominan más los hombres negros congos y
mujeres, que la fauna danzante.

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Ya llegó la fiesta brava
El Torito empezó a bramar
Por su lujo y por su fama
La que alegra el Carnaval
Las danzas de congos contienen versos pero no son de relación. Han permanecido durante
el carnaval y son elaborados de manera espontánea, siguiendo un patrón definido de canto
responsorial, con ritmo de congo.

De estas danzas, la más antigua es la danza del Toro Grande, ya que data de 1870 para
algunos o 1875 para otros, cuya sede era el sector del barrio Abajo y estaba constituida
por personas mayores de edad, varones, y prohibía la participación de niños, jóvenes y
mujeres.

En estas circunstancias fue fundada, en el barrio Arriba, la danza del Torito arribeño, en la
Calle del Comercio entre Concordia y Hospital, el 20 de Enero de 1878, día de San
Sebastián, fecha en la cual se lee el Bando del carnaval.

El año setenta y ocho


El torito se fundó
Y en recuerdo de su padre
Campo Elías la prosiguió

Hoy las danzas de Congos presentan algunos elementos cambiantes en la estructura de la


danza, debido a la adaptación a los desfiles cada vez más estrictos, a los parámetros
establecidos por la organización del Carnaval, acordados con sus representantes, tratando
de insertarse en el mundo moderno de la industria cultural. La misma situación precaria de
subsistencia de la mayoría de los directores e integrantes de estas danzas, los ha llevado en
muchos momentos históricos a negociar su tradición, tratando de perder lo menos posible
en esa tensión.

Las máscaras de madera que antes tenían un significado de regocijo en los cabildos de
negros y hacían parte de la parafernalia de las danzas, hoy son más un producto de artesanía
que ha adquirido valores costosos para los presupuestos de estas danzas.

DANZA DEL GARABATO

Su nombre proviene del ‘garabato’ que portan los hombres, el cual era utilizado en las
labores del campo para desmontar la tierra, por lo que se considera que era una alegoría a
la fertilidad y al triunfo del campesino sobre la inclemencia del tiempo y la necesidad de
despejar el camino del destino.

Es una danza que pertenece al grupo de las de Congos. Por eso la música es la misma para

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ambas. Sin embargo, cada una de ellas se identifica por la peculiaridad del tamborilero al
ejecutar el tambor alegre. Además de los cambios y estructuración de la danza, existe un
golpe para esta danza que se denomina ritmo de Garabato.

De los pocos tamborileros que quedan y recuerdan el golpe de la danza ancestral es Ñaño
Morales, quién acompañado de Mingo, verseador de la danza del Torito, destaca su
tradición.

Si lo toca el viejo Ñaño


Toca bueno de verdad
Tócame ese tamborito
Ñaño, el de Garabato
Tócame ese tamborito
Ñaño, el del garabato…

Según algunas investigaciones, esta danza probablemente llegó de Ciénaga y se estableció


en el barrio hoy llamado Rebolo, hacia 1870. A principio del siglo XX, la danza fue
retomada por Sebastián Mesura, descendiente de familia rebolera, y a partir de 1929 fue
dirigida por José Theran Meza, asesinado en 1947. Posteriormente es retomada por
Ruperto Castro de la Hoz hasta 1950, cuando toma la dirección un músico, de la danza
Adolfo Villalba. Pero la precariedad de recursos obliga a suspender la participación de
esta danza popular en la fiesta, para integrarse a la de Emiliano Vengoechea del Country
Club de la ciudad.

Esta danza popular tenía las mismas características coreográficas de los Congos. Se
diferenciaba en el vestuario del hombre y en la no utilización del turbante de congos, sino
un sombrero de alas cortas forrado con tela blanca, calzón negro hasta la rodilla, adornos y
encajes en la bocamanga a lo largo del pantalón, camisa amarilla con pechera azul bordadas
con lentejuelas y encajes a su alrededor, medias largas rosadas y en la mano un garabato.

Las mujeres llevaban falda largas negras con volantes de varios colores, blusa rosa con
escote de palangana y arandelas, con flores y otros adornos en la cabeza.

En 1937, por sugerencia de Luis Polanco Vives y Soledad Román de Vives, jóvenes de la
élite social de Barranquilla deciden copiar algunas de las danzas del pueblo, escogiendo la
danza del Garabato. Emiliano Vengoechea fue uno de esos jóvenes que primero salieron
desfilando como comparsa. Después, con la integración de Villalba y sus músicos,
retomaron algunos elementos más populares. Hoy en día es la comparsa bandera del
Country Club de Barranquilla.

A partir de 1960, algunas investigadoras folclóricas como Delia Zapata Olivella, realizaron
un montaje para proyecciones escénicas, en la cual incluyeron una representación de la
lucha entre la vida y la muerte. Cuando los miembros de las danzas, hombres y mujeres, se
encuentran en el éxtasis de la danza, aparece un disfraz de esqueleto humano blandiendo
una guadaña enorme representando la muerte. Intenta participar del éxtasis, pero los
danzantes lo rechazan. Comienza a llevárselos, hasta que una pareja decide enfrentarla en

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una lucha decisiva, en la cual la muerte termina venciendo.

En la última década han surgido grupos de garabatos, que conservan el diseño del vestido y
colores pero con telas más vistosas, coreografía más dinámicas y muchas veces
proclamando el triunfo simbólico de la vida sobre la muerte. Invirtiendo el significado
natural, como una forma de escape o de mensaje, a los que están empecinados en el país de
llevarlo constantemente al despeñadero de la muerte. Algunos de esos grupos son el
Cipote Garabato, Garabato del Norte, de Unilibre, de Sabanalarga y los Garabatos de la 8.

DANZA DE NEGROS

En esta danza, la percusión es el elemento más fuerte, fiel característica de las


manifestaciones culturales que tienen influencia de los diversos grupos étnicos africanos
que llegaron a la región del Caribe colombiano. Usualmente en las Danzas de Negro, las
mujeres llevan faldas cortas con flequillos o volantes cortos que adornan el movimiento
acelerado pélvico de sus caderas, calzan zapatos planos o van descalzas, llevan flores o
sencillos turbantes en la cabeza.

El hombre lleva pantalón, algunas veces adornado, hasta la altura de la rodilla, y el torso
desnudo, usan abarcas o van descalzos.

Los movimientos de las caderas y la cintura de las mujeres pueden ser muy rápidos o
también lentos o sensuales. Bailan por parejas, hacen un semicírculo para lucirse
individualmente o por parejas. Es tradicional que lo hagan a ritmo de Mapalé. Actualmente
en Barranquilla, mantienen este tipo de danzas diferentes grupos negros de ascendencia
palenquera o del pacífico localizados en los barrios Abajo, Montecristo, El valle, Manga,
Nueva Colombia. Algunos grupos son bambazú, Nacimiento de Palenque y Mestizaje entre
otros.

De Cartagena llegan al carnaval algunas danzas con cierta elaboración académica que se
presentan como comparsas. Algunas de ellas son fantasía Africana y Ekobios.

Del municipio de Santa Lucía, al pie del canal de Dique en el departamento del Atlántico,
llegó al carnaval en los últimos años, la Danza Son de Negros. Danza que tomó un nuevo
auge por la labor de investigación del folclorista Manuel Antonio Pérez.

Es una danza de movimientos fuertes, sensuales y rápidos, destacándose los hombres por la
plasticidad de su cuerpo, la pantomima y la gestualidad morisquetera de su rostro. Esta
gestualidad se hace más vistosa, al untarse todo el cuerpo con negro de hollín, llenando el
espacio de alegría y entusiasmo burlesco. Su música está basada en el tema tradicional de
La Rama del tamarindo, llamado Son de Negro.

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DANZAS DE PALOTEO, FAROTAS, INDIOS, AVES Y DIABLOS.

Las danzas de Paloteo son de carácter guerrero, que simbolizan primordialmente las lucha y
la exaltación de valores patrióticos de algunas naciones de América previamente escogidas.
Para ello utilizan banderas, versos y bastones cortos de madera que usan en la pelea y
para darle ritmo a la danza.

En la coreografía se destacan varias pasos que son llevados al compás de una marcha
interpretada con redoblante y una dulzaina o acordeón. El paseo es una marcha donde se
pregonan los llamados versos de bandera y los versos de palos. El cuadro es la invitación a
la batallas con el enfrentamiento de los palos al unísono, después el cerrao y nuevamente el
paseo con su respectivo cierre.

La Farotas de Talaigua es una danza masculina en la que se baila todo el día. La integran
13 hombres y tienen un líder llamado ‘el mama’, que lleva el orden y la disciplina de la
danza. Todos van con vestidos de mujer floreados, con gola o sombrero, ‘amansaloco’ en
el pecho, pollerín, abarcas y una sombrilla. La organología es la misma de la cumbia y el
ritmo es de Farotas que desarrollan en doce pasos.

Es una danza muy vistosa, burlona, y su contenido narra la venganza de los indígenas
contra los españoles, por la forma como abusaban de sus mujeres. Esto se refleja en la
danza, cuando los hombres se disfrazan de mujeres para atraer el enemigo y ridiculizarlos.
En las últimas dos décadas le ha dado mucho entusiasmo al carnaval, donde ha encontrado
su espacio de proyección. Proviene de Talaigua Nuevo, cerca de Mompox y la dirige una
mujer, Etelvina Dávila.

La danza de Indios hace reminiscencias de las diferentes tribus nativas que poblaron las
llanuras del Caribe Colombiano, en especial la zona del río Magdalena. Semejan la
vestimenta de la época, y la música recuerda marchas indígenas rituales al son de la gaita,
el millo, los tambores y las maracas.

En el Carnaval son representadas por grupos como Indios e Indias de trenzas e indios
Farotos entre otros.

En esta clasificación de Danzas de Relación se ha incluido la Danza de los Coyongos, que


es una danza de tipo imitativo de las aves de la fauna de la región. Narra su temática a
través de versos ejecutados, y la faena de las aves cuando cazan y, a su vez, cuando son
cazadas por el hombre. Lo hacen a través de la representación del rey gurullón, la garza
gris, la blanca, la morena, el pato cucharo, el pisingo y otras aves de río y ciénagas.

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Los Coyongos son una especie de ave zancuda originaria de las riberas de los río, caños y
ciénagas. La danza es esencialmente masculina y, según algunas informaciones proviene,
de Chimichagua, en el Cesar. Logran en sus juegos coreográficos una vistosidad, que está
acompañada con el ritmo acompasado que ejecutan con el golpe de los picos. Existe,
hasta ahora, un solo grupo que representa a esta danza en los Carnavales de Barranquilla.
Esta danza conjuntamente con otras, como la del Imperio de la Aves, se han convertido en
símbolos del equilibrio ecológico que debe existir en las zonas lacustres de la región.

Idénticamente a esta clasificación pertenece la Danza de los Goleros o Gallinazos. Está


referida a la actividad diaria a la que se dedican estas aves carroñeras conocidas en otras
partes como chulos o gallinazos. El argumento relata la flojera crónica que padece el burro
del cazador, tanto que se echa a dormir plácidamente. De pronto sueña, en medio de esa
placidez, que el cazador lo mata convirtiéndose en presa fácil de los gallinazos y aves de
rapiña que se acercan para devorarlo.

El gallinazo rey y su compañera, la laura, hacen sentir su jerarquía comiendo de primeros,


al tiempo que entonan alegremente unos versos:

Señores yo soy el rey


Entre todos mis compañeros,
Malicioso y embustero
Que castigo con mi ley.
Por los campos me veréis
Marcando todos mis pasos,
Yo como y hago pedazos,
P’a goza de lo mejor.
Soy el jefe superior
De todos los gallinazos.

Pero el cazador cuando ve que van a devorarse al burro, se arrepiente de haberlo matado y
con su arma espanta a los gallinazos y levanta al cuadrúpedo con los siguientes versos:

Levántate camarada
De tu sueño tan profundo
Levántate dando patadas
Y no le pare bolas al mundo

El Festín de los Gallinazos es el grupo que participa con esta danza en el Carnaval. En
muchos períodos, en los cuales la corrupción política ha puesto en crisis el desarrollo y
bienestar de la ciudad, se ha utilizado el nombre de esta danza para señalar a los políticos y
sus grupos como aves carroñeras.

La Danza de los Diablos hace su presencia cada año en el Carnaval representado por los

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Diablos Arlequines de Sabanalarga, departamento del Atlántico. El disfraz de diablo con
vejiga de la época medieval cristiana europea, hace su aparición como comparsa en
América en la celebración del Corpus Christi, en la procesión y el ritual de la misa.

El prebístero Pedro María Revollo las recordó como una comparsa de diablos en las
poblaciones ribereñas, y que ocasionalmente, si se encontraban con otras danzas, entre
ellas las Cucambas, se tranzaban en una lucha ardua.

Los Diablos Arloquines, si bien conservan el disfraz no guardan ni escenifican en el


carnaval ningún ritual reminiscente de las antiguas fiestas religiosas del Corpus Christi.
Actualmente bailan alrededor de botellas e inician marchas de idas y venidas sonando los
cascabeles, las castañuelas y las espuelas. Saltan cruzando las piernas, imitando
movimientos y figuras de los arlequines, alternando los brazos hacia atrás, realizan
malabares sobre las botellas sin derribarlas. Unen los brazos y juntan las espaldas, al ritmo
de puya saltan y lanzan llamas por la boca, dando una imagen de mucho colorido circense
y de espectáculo.

LA MUSICA

Desde sus orígenes el Carnaval de Barranquilla comienza a caracterizarse por la producción


de una música jocosa, bailable, acorde a este tipo de festividad. La música en el Carnaval se
perfiló como música bailable, tanto en su expresión artística como en su función social,
constituyéndose poco a poco en un fenómeno sociocultural vital para su dinamización y
proyección. La difusión inicial de esta música se realiza a través del escenario natural,
destacándose en principio los ritmos indígenas y zambos que alborotaban las pocas calles y
la plaza principal de Barranquilla de comienzos del siglo XIX. Esta tendencia, caracterizada
por la tradición oral de ritmos y canciones, y los bailes callejeros, se mantuvo aún con la
oficialización de las fiestas del Carnaval en Barranquilla, hasta comienzos del siglo XX.

El Caribe colombiano, es una de las regiones del país más rica y diversa en manifestaciones
musicales folclóricas. La Cumbia, a lo largo de la historia del carnaval se constituyó en el
genero musical más importante. Sin embargo existen otras variantes que han enriquecido
tanto a la fiesta como a la industria de la música bailable de la región y el país. Algunas de
ellas son la puya, el porro, la gaita, el fandango, el merengue costeño, el mapalé, las
diferentes variaciones de la tambora, entre otros.

La Cumbia ha sido reina en escenarios aglutinantes, como las fascinantes rondas en las
calles de la ciudad, la noche y el ambiente exclusivamente popular, han sido el marco
cómplice en su tradición ancestral.

La música folclórica del carnaval se caracteriza por que sus células rítmicas están
fundamentadas en el compás binario. Es música principalmente de mucha polirritmia, y los

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formatos de los grupos esta basado principalmente en instrumentos de percusión, que
preparan y dejan escuchar ,exquisitas recetas rítmicas individuales en un acople singular y
seductor.

Los instrumentos musicales folclóricos con que se interpretan los ritmos específicos de las
danzas tradicionales son de origen africano, hispánico y precolombino. Todos son
instrumentos de fabricación artesanal que, en su mayoría, son construidos por los mismos
interpretes con materiales vegetales, animales y sintéticos, siguiendo formas y sistemas
antiquísimos en su ensamblaje.
La Tambora es un tambor de doble parche, tensionados con cuerdas de fique y cuñas de
madera. Se ejecuta con dos maderos que hacen la veces de baquetas, que intercalan su
toque sobre los parches y la estructura de madera que conforma la caja de resonancia. Es el
instrumento encargado de proyectar el ritmo en el espacio escénico en donde se desarrolla
la danza.

El Tambor alegre, es un instrumento de un solo parche. Se interpreta con golpes de las


manos sobre el parche y el ejecutante, además de dinamizar la interpretación del ritmo,
realiza improvisaciones que enriquecen la polirritmia característica de la Cumbia y sus
variantes musicales.

El Tambor macho es un tambor de un solo parche. Se interpreta con una mano que marca el
pulso sobre el cual se desarrolla el esquema rítmico de la cumbia.

Las Maracas son un instrumento elaborado de un calabazo o totumo esférico al cual se le


coloca un mango de madera y se le introducen semillas de acacia o de capacho y al agitarse
produce una sonoridad a contratiempo con la marcación del tambor macho.

La Gaita es el instrumento prehispánico indígena más antiguo y de plena vigencia en la


música folclórica y popular. Es un tubo cilíndrico extraído del tallo de la planta de cardón
(especie de cactus americano). El grupo tradicional está conformado por dos gaitas, una
denominada gaita hembra que tiene cinco orificios y registra la melodía y, otra,
denominada gaita macho que tiene dos orificios y marca el compás.

A la Gaita se le suma la Caña’e millo, un instrumento indígena , de lengüeta y construido


de un fotuto o caña vegetal, tallo de millo o sorgo de la familia de las gramíneas. Tiene
cuatro orificios y se interpreta transversalmente. Su sonido es agudo y se proyecta tanto
como el sonido de la tambora. Es el instrumento reina de la Cumbia, y su sonoridad
individual al inicio de cualquier interpretación, sirve para romper la monotonía y anunciar
la energía desbordante de la fiesta.

La Guacharaca también es de ascendencia indígena y se fabrica de caña de palma del


corozo ahuecada en el centro, en ella se le practican ranuras profundas, se rasca con un
tenedor de alambre. Se utiliza en el las danzas de Congo, de negros y algunas de relación.
Con la modernización pasó a ser parte de los grupos de música vallenata.

El Guache es un instrumento que se construye actualmente de un cilindre metálico, el cual


es llenado de semillas de acacias secas. Esta presente en los grupos musicales de las

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cumbiambas, en algunas danzas y en algunos casos remplaza a las maracas por tener una
mayor sonoridad.

Los instrumentos anteriores son el resultado, primero del zambaje y después del
mestizaje de las diferentes culturas sonoras. Sin embargo la fiesta ha ido incorporando, a
medida que el carnaval fue creciendo y que los desfiles se volvieron masivos y extensos,
otros instrumentos europeos modernos como el clarinete a los grupos de cumbia y las
bandas de metales para acompañamiento de comparsas, disfraces colectivos y algunas
danzas. En algunas ocasiones han hecho presencia, instrumentos de vientos hechos con
materiales modernos como tubos de pvc o de diversos metales.

Una vez que la música del carnaval ganó espacios en los diferentes espacios de los clubes
sociales, y los músicos creativos de la ciudad y la región la adaptaron a los formatos
instrumentales internacionales más aceptados como los Jazz Band y la orquesta cubana,
alcanzó importantes espacios de divulgación de la mano de la industria discográfica
nacional e internacional. Así se hicieron populares numerosos temas, que pasaron primero
la prueba de los carnavales.

La música popular bailable alcanzó desarrollo importantes hasta generar nuevas creaciones
rítmicas como el Merecumbé, La Macumba, el Jalaíto, el Chiquichá y otros. Hoy en día
algunas comparsas y escuelas producen hibridaciones como versiones de samba a lo criollo
o el toga-toga.

MOMO, REINAS Y JOSELITO CARNAVAL

En la mitología grecorromana, Momo es un dios menor que personifica la crítica jocosa y la


burla inteligente. Se le presentaba vestido de arlequín, escondido detrás de una máscara y
portando siempre un palitroque que termina en una cabeza de muñeco, símbolo de la
locura.

No era un dios serio. Por esas mofas que no soportaban los dioses, Momo fue expulsado del
Olimpo y condenado a vivir burlándose de los pobres terrenales, en las llamadas fiestas de
los locos. En la antigüedad romana fue adoptado como Rey de Burlas en las Saturnales.

En el carnaval de Barranquilla se tiene referencia para las fiestas de 1864, de la figura del
Rey Momo con el objeto prescindir la temporada e invitar a los carnestolendas. Hacia 1881,
aparece la figura del Rey del Carnaval, cuyo nombre fue José Enrique de la Rosa, en
reemplazo de la figura de ‘Presidente’ que se venia utilizando en años anteriores.
Para 1888, nuevamente aparece la figura del rey Momo, el cuál era coronado en los salones
burreros.

En 1949, Alfredo de la Espriella rescata nuevamente el símbolo del Rey Momo en estos
carnavales, presididos por la reina Leonor Gonzalez McCausland.

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A partir del año 1995 se revivió de nuevo la figura del Rey Momo. La empresa del
Carnaval respaldó esta iniciativa escogiendo cada año a personajes populares
sobresalientes de la fiesta, con el objeto de resaltar más los carnavales, al estilo del Brasil,
pero nuestro Rey no es seleccionado con los requisitos que demanda el gran espectáculo
brasilero. Nuestro Rey Momo bien puede ser bajito, delgado, de cualquier edad, y algunas
veces, como en el caso de la reina, será más o menos ostentoso en su vestimenta de acuerdo
con los recursos económicos que tenga o reciba.

En consecuencia, desde entonces, se elige como primer Rey Momo a Enrique Salcedo
Rivaldo, un artesano de disfraces que participó en el carnaval por más de dos décadas.
Desde ese momento han sido designados a difusores de legendarios sitios de salsa, como
Rafael Figueroa; directorez de grupos tradicionales de cumbia. Efraín Mejía; entusiastas
protagonistas de las fiestas como Luis Andrade Cortés. En 1999, bajo la administración del
Alcalde exsacerdote, Bernardo Hoyos Montoya, se designa como Rey Momo al cantante
popular Julio Jaramillo, hombre que posee un defecto físico como el jorobado de Notre
Dame de París, acentuando el simbolismo de Rey de Burlas en estas fiestas.

Posteriormente han desfilado empresarios de música popular como Robinson Albor,


director de grupos de cumbiambas como Bernardo Guzmán, el intérprete y compositor de
música folclórica, Pedro ‘Ramayá’Beltrán, el director de danzas tradicionales como
Leopoldo Klee y en el 2004, Ubaldo Mendoza, director de la cumbiamba La Revoltosa.

Posteriormente, la organización de las fiestas crea el desfile del Rey Momo en la avenida
17 y el Boulevard del Barrio Simón Bolívar, en el sur oriente de la ciudad, como una
alternativa a los requerimientos de muchos grupos folclóricos que estaban quedándose por
fuera de los desfiles principales del carnaval.

REINAS

A principio del siglo XX, después de la guerra de los mil días, el carnaval empieza tomar
una mejor imagen y todo se debe a que la nueva dirigencia comercial de la ciudad, forma
parte de las fiestas, integrándose a través de sus clubes sociales. En 1915 se cambia la
tradición de nombrar como presidente a hombres y en su lugar se designa a una mujer
como presidenta, a la señorita Elida de Castro.

Tres años después, se introduce otro cambio que va a durar a hasta nuestros días , eligiendo
en vez de presidentas a Reinas del Carnaval. La primera soberana fue Alicia Lafaurie
Roncallo y reinó los tres días que duró el carnaval.

Estos cambios corren paralelos al desarrollo económico de la ciudad y de la consolidación


de una dirigencia económica y social más coherente y homogénea, para lo cual la

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designación de una mujer como reina, resumía los elementos o rasgos de poder: patrones
específicos de belleza, familias con apellidos y estatus social de cierta tradición.

La designación de la reina iría paralela entonces, a los avatares políticos y económicos del
desarrollo de la ciudad. En épocas de prosperidad, las reinas desplegarían un entusiasmo y
un respaldo económico para la masificación de la fiesta, quedando la sensación en el
imaginario popular de que esos carnavales eran lo más ‘alegres’ y vistosos. En otros
períodos críticos, o no se designaban reinas, reemplazándolas por capitanes y capitanas de
los clubes, o si la había, su fiesta sería más austera y menos ostentosa.

En 1923 se designa como primera reina, elegida por voto popular a Toña Vengoechea, hija
del general “Carajo”, un militar que se disfrazaba a comienzos del siglo XX y que organizó
y realizó la primera Batalla de Flores del Carnaval en 1903. La prensa nacional destaca el
hecho, y la reina nombra al doctor Eduardo Santos su embajador en Bogotá. Las danzas
populares participaron del proceso de elección, siendo la Danza del Torito, la acompañante
de Toña Vengoechea hasta las instalaciones del Club Barranquilla. Allí, el director y
fundador de la Danza, Campo Elías Fontalvo, le entregó su turbante como muestra de
lealtad a su reinado.

A partir de 1929 y hasta 1934 no hubo reinas del carnaval. Los sectores dirigentes de la
ciudad, a través de los clubes sociales, mantienen su hegemonía en la fiesta. Los clubes
sociales decidieron elegir sólo capitanas, hasta 1942, cuando se retoma nuevamente la
iniciativa de nombrar reinas, acogiendo la idea de la Sociedad de Mejoras Públicas. Fue
nombrada en ese entonces Lolita Obregón.

Con el crecimiento de la ciudad, la aparición paulatina de los barrios obreros y populares,


productos del auge industrial y crecimiento urbanístico, se eligen reinas populares en los
barrios hacia 1943. Algunos Barrios como San Roque, Rebolo, Chiquinquirá, Atlántico,
Victoria Gómez, Alfonso López, San Isidro, entre otros, eligieron a sus reinas. Este
período va hasta 1947 con Ana María Emiliani, primera reina de Carnaval coronada en el
Estadio Municipal.

Con este arraigo popular, las reinas comienzan a convertirse en temas de inspiración para
compositores de música popular, destacándose algunos de ellos como Rafael Mejía
Romani con la letra Carmiña, reina de 1956, Francisco ‘Pacho’ Galán con Vilma de 1958.

Algunas reinas han transcendido por el rumbo curioso y el éxito que han tomado sus vidas.
Edith Munárriz Steffens de 1950, una vez terminado su reinado, ingresó a un convento
para dedicarse a la vida religiosa; Marbel Luz Moreno de 1959, llegó a destacarse como
una escritora de reconocimiento internacional; En el campo de la moda internacional
sobresale Silvia Tcherassi, reina en 1986. La primera reina de extracción popular, sin
apellidos de estatus social dirigente, fue Edith Ulloque de 1961. Ocasión que fue
aprovechada para vincular masivamente a la fiesta a la industria de cerveza más importante
de la ciudad y la región como Cervecería Aguila.

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Carmen Vergara de 1964 fue la primera reina del carnaval coronada en el coliseo cubierto
de la ciudad, inaugurándose además en ese año, otras de las innovaciones a la fiesta como
es el Festival de Orquestas.

Para los Carnavales de Barranquilla del 2004, fue elegida Olga Lucía Rodríguez.

JOSELITO CARNAVAL

Desde el mismo momento en que se inicia el período de las carnestolendas nace Joselito
Carnaval, el día sábado de carnaval con la Batalla de Flores hasta el martes antes del
miércoles de ceniza. En Barranquilla, el muñeco o la efigie aparece el día martes, para ser
llorado y enterrado. La reina del carnaval y su corte gritan y lloran a borbotones sobre el
Joselito muerto, que no es más que el entierro del Carnaval de Barranquilla y el final del
mandato de la reina.

Anteriormente el entierro del carnaval tenía un simbolismo religioso, se enterraban a los


dioses para que reencarnaran en el ciclo venidero, y así la tierra volvería a ser fértil y
pródiga.

En la vieja España y algunas de sus ciudades celebraban el Entierro de la Sardina como


símbolo de la muerte del Carnaval. Se realizaba este entierro con mucha fastuosidad
ceremonial y se acompañaba a la Sardina, que iba en un ataúd seguida de tambores y
clarines, con pendones satíricos, máscaras de toro y disfraces con adornos burlescos,
costumbre que aún se conserva en Madrid.

El origen de este personaje en las Fiestas del Carnaval de Barranquilla es aún incierto; se
desconoce el dato exacto de su aparición en el carnaval. Algunos investigadores aseguran
que la tradición fue introducida en el carnaval por Nicolás Ariza, otros que fue Joselito
Barrios, ambos eran cocheros, a quienes los dueños de la casa les concedían permisos el
último día de la fiesta para que se divirtieran. En una de esas borracheras se quedó dormido
en el coche. Al caer la tarde, sus amigos que no pudieron despertarlo de la borrachera,
resuelven hacerle una burla, y lo llevaron en el mismo guacal por todas las calles llorando a
‘medio palo’ la muerte de Joselito.

El martes de Carnaval salen niños, jóvenes, adultos, mujeres, hombres y gays a pie en
carros de mulas, automóviles unas veces, pero generalmente a pie, a recorrer las calles de
su barrio, comuna, localidad, u otros barrios de la ciudad a pregonar el dolor y llanto por la
agónica muerte de Joselito. El muñeco lo arman con pantalón, camisa, corbata y saco,
algunas veces. La calidad del vestido depende de las condiciones económicas de los
dolientes. Algunas veces lo acompañan de sombrero. El muñeco va relleno de papel, aserrín
o trapos viejos. Por lo general va en una camilla o ataúd sencillo de madera.

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En el séquito de acompañantes, unas veces van solo hombres disfrazados de mujeres
viudas con ropas y vestidos negros, otros, alternan hombres y mujeres, de las cuales
escogen a una viuda, que será permanentemente consolada por los amigos y amigas de la
viuda. Algunos aprovechan el entierro de Joselito para pedir dinero y costearse la última
rumba de los carnavales.

En Barranquilla existen múltiples Joselitos en los diversos barrios populares y


marginados de la ciudad. Algunos de ellos se las ingenian en los versos, para burlarse de
algún vecino del barrio, o criticar la gestión de los políticos y del gobierno de turno.

En 1999, la Fundación Carnaval de Barranquilla inició el concurso Joselito se va con las


cenizas, como una forma de estimular la recuperación y conservación de esta tradición,
porque, según la Fundación se estaba perdiendo este simbólico entierro de las fiestas. Otro
de los objetivos de este concurso es el de lograr una mayor integración y acercamiento de
los diversos sectores de la ciudad, el goce colectivo y el sentido de pertenencia. Para ello
se estableció un sistema de presentación y elección de los tres mejores Joselitos con sus
respectivos premios en dinero. Los premios en ese momento fueron de $1.000.000,
$800.000 y $640.000.

Para la promoción de este concurso se publican avisos en la prensa donde aconsejan


“vístete de negro y prepárate para despedir el carnaval con el Entierro de Joselito”. El
evento termina en un desfile de los Joselitos por el barrio Abajo y al final colocan una
tarima con orquestas bailables.

Cada año, las huestes de viudas alegres lloran incansablemente la muerte de este
parrandero, que será enterrado para que el próximo el Carnaval no falte a la cita con la vida.

¡Ay Jose, te fuiste para siempre


No te vayas Jose, no te vayas
Joselito Carnaval.

Al final, el colectivo sale purificado de ese caos, y aún con la cruz de ceniza fresca en la
frente, entre recuerdos carnavaleros, se prepara para el próximo carnaval, dándole un adiós
como lo expresara en una composición Lucho Bermúdez:

Joselito, Joselito
Joselito Carnaval
Te acabaste para siempre
Joselito Carnaval

DESFILES, VERBENAS Y FESTIVALES

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Los cuatros días que dura el Carnaval de Barranquilla son anunciados con todo el
esplendor, el 20 de Enero, día de San Sebastián. Con la lectura del Bando por la Reina de
los Carnavales, la ciudad comienza a transformarse. La Reina llega al lugar escogido
acompañada de su corte. Últimamente ha vuelto al Paseo Bolívar, con un espectáculo lleno
de mucha música y montajes con temas folclóricos y populares de mucho movimiento y
colorido.

Todos los protagonistas y el resto de habitantes de la ciudad, se preparan de diversas


maneras. Los primeros se toman las calles, parques, plazoletas, andenes, las salas de la
casas y apartamentos, convirtiendo la urbe en una gigantesca sala de ensayos. Estudiantes,
empleados, obreros, artesanos, vendedores de yuca, frutas, plátanos, funcionarios públicos,
ejecutivos, gerentes y dueños de industrias y empresas, no ven el momento de terminar sus
labores para irse a los diversos ensayos. El resto de los habitantes comienzan a hacer
cuentas, para ver que plata les queda para divertirse uno o dos días de la fiesta. También
buscando la oportunidad, de arriesgarse a participar en los diferentes negocios del carnaval.

Aunque en los meses anteriores ya se han escogido temas, diseños, tipos de telas, grupos de
músicos, es el Bando el que pone en alerta de que ¡la vaina es en serio!

En esta temporada de precarnaval, la reina realiza visita a determinadas zonas


populares, para ir calentando la fiesta. Estas visitas por lo general son patrocinadas
por las empresas de licores y cervezas y convocan a público al son de orquestas y
grupos folclóricos de la ciudad y la región.

El primer desfile masivo, nocturno, lleno de luces en faroles, fulgor de polleras y colores,
de velas y música, lo constituye La Guacherna. Desfile de la reina del carnaval, de las
reinas populares, de comparsas, grupos de cumbiamabas, disfraces, en el cual todos
marchan a pie. Se realiza unos días previos al carnaval desde 1974, cuando era presidente
de la Junta del Carnaval Ernesto McCausland.

Este evento ha tenido como animadora principal a la compositora Esther Forero, y ha


contado que supo del desfile, cuando estaba pequeña en el barrio Abajo de Barranquilla.
Después apreció algo parecido en la Habana en forma de desfile, a ritmo de conga. Parece
ser, que es una tradición de varias fiestas del caribe y algunas poblaciones del Caribe
Colombiano. Con la popularidad que tuvo el tema de La Guacherna, grabada por Los
Vecinos de Nueva York, en ritmo de merengue dominicano, este evento tomo mucho auge
y entusiasmo.

Faroles de lucero
Girando entre la noche
La brisa es un derroche
De sones cumbiamberos

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Locura de colores
Las calles de curramba
Tambores de parranda
Ahí viene la guacherna

¡El sábado de carnaval es el día más esperado! Y con él llega el segundo desfile
conocido como La Batalla de Flores. Es el desfile tradicional en el cual las carrozas y
la reina del carnaval son los protagonistas principales, acompañada por las reinas
populares. Joselito se siente en el ambiente, al resucitar nuevamente. Participan los
grupos y disfraces que ganaron en la versión anterior de la fiesta. Se realiza desde el
mediodía en la vía cuarenta de la ciudad.

Simultáneamente se realiza el desfile del Rey Momo en la calle 17, el cual es presidido por
el Rey Momo, y al cual se le une la reina del carnaval al finalizar la Batalla de flores.
Hacen parte los grupos que no han sido ganadores o que participan por primera vez. Allí se
escogen los cinco mejores grupos que estarán en la batalla de flores del próximo año.

Después de intensa energía desplegada el sábado de carnaval, llega el domingo con el


tercer desfile oficial conocido como La Gran Parada de Tradición y folclor. Al contrario
del sábado, los protagonistas son las cumbiambas grandes y gigantes, las danzas
tradicionales como Congos, Garabatos, de Negros, disfraces individuales y colectivos, y
uno que otro cola’o con su gracia o disfraz particular. El derroche de imaginación, de la
música folclórica y popular es inmenso. Un grupo de jurados escoge los mejores en cada
una de las modalidades.

El lunes de carnaval y desde el año 2001 se viene realizando el desfile de la Gran Parada
de Fantasía, en el que participan las comparsas de fantasía y de tradición. Este evento en
poco tiempo se ha convertido en la tendencia moderna del Carnaval de Barranquilla. Cada
vez participan comparsas con mayor número de integrantes que llegan en determinados
grupos a más de 300 integrantes. El colorido, las coreografías, las innovaciones e híbridos
musicales están presentes en este evento. Algunos investigadores de la fiesta piensan, que
en la política de industrialización de la fiesta, este evento puede terminar siendo el más
importante en el futuro.

Alternativamente se realiza un evento importante por la tradición y el folclor que


encarna, es el Festival de Danzas de Relación, Especiales, Comedias y Letanías. A pesar
de ser un festival depositario de las tradiciones más viejas de la región del Caribe
Colombiano, aún no a encontrado un sitio ideal y que convoque al público masivamente.

Allí se pueden apreciar las danzas de tradición, como también Las Letanías y Comedias.
Las Letanías son estrofas rezo en coplas o de coro, que pueden ser leídas, cantadas o en
forma de rezo por un grupo de personas conformado en la mayoría de los casos de
hombres. Tienen un director que por lo general es el rezandero y coordina a los demás que
puedan llegar a tener varios miembros. Algunos ayudan en la afinación, armonía, compás y
ritmo para los coros, además aportan ideas y comentarios sobre temas de la realidad
cotidiana.

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Los grupos de Letanías y sus integrantes conocidos como letanieros, practican en carnaval
la mejor forma de ciudadanía carnavalera, analizando, opinando y criticando de una forma
poética la realidad de la ciudad, de la región, el país y el mundo globalizado.

No más a la cruel violencia


Que produce la emboscada
Viva el niño y la inocencia
Sin que explote una granada
Coro No esconda la tierra grata
Una mina quiebra pata

El martes de carnaval llega y con él se prepara el entierro de Joselito. Por lo general salen
los cortejos fúnebres desde la mañana y algunos culminan a comienzos de la tarde, en el
concurso Joselito se va con las cenizas. Cuando muchos realizan este simbolismo otro
festival se realiza en uno de los estadios de la ciudad, el Festival de Orquestas y
Acordeones.

Es una competencia musical maratónica de más de 12 horas de duración en la cual


concurren orquestas, conjuntos y grupos de acordeón por el Congo de Oro, máximo
galardón a las interpretaciones bailables puestas a prueba durante la temporada festiva

En los últimos años algunos grupos y asociaciones del carnaval han organizado otros
desfiles alternos que paulatinamente han ido obteniendo reconocimiento oficial, aunque no
ha sido muy fácil. Antes de los días del carnaval se celebran, el Desfile del Carnaval del
Suroccidente y el desfile del Carnaval Gay, de mucho derroche de vestuario y colorido. El
martes de Carnaval se realiza el desfile de la Conquista del Carnaval, el de la 84 y el de
Funfucab.

Últimamente ha surgido una Batalla de Flores del Recuerdo, otra Gran Parada que desfilan
el sábado, domingo y Lunes de Carnaval en la carrera 44 y en el barrio Simón Bolívar.

La gran variedad de desfiles que han ido surgiendo muestran como el carnaval se ha ido
constituyendo en el único espacio de inclusión en la ciudad. Demuestra también como la
gente quiere participar y construir ciudadanía desde diferentes ámbitos, desde lo
generacional, del sexo, lo social o lo cultural. ¿Hasta cuando seguirá creciendo esta
dinámica por la búsqueda de espacios de participación? Difícil saberlo. Lo único seguro es
que nadie quiere estar fuera de esta fiesta.

Desde que se abre la pretemporada de Carnaval surgen en algunas calles y canchas


de los barrios pobres y marginales un espacio bailable intenso: Las Verbenas. Es un
espacio cerrado. Las verbenas en Barranquilla no están sometidas solamente al
Carnaval. Se realizan los fines de semana o festivos como una forma de paliar la
cotidianidad. Allí se lleva a cabo un ritual, es el templo a la música y al baile.

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Pero hablar de Verbena es hablar de picó. De ese equipo de sonido de dimensiones
gigantescas y de colorido, con todos los aditamentos de las discotecas modernas.
Cuando comienza a sonar, empiezan a llegar los bailadores como por acto de magia.
Ya no son los tambores, los que los convocan, ahora lo que reúne a la tribu es el picó.
Ellos se encargan de popularizar los ritmos antillanos y africanos, incluyendo la
mixtura criolla de la champeta con su baile singular.

IV. CARNAVAL, LA FIESTA CARIBE

COMPARSAS, ESCUELAS, DISFRACES Y CARNAVAL DE LOS NIÑOS.

En épocas tan antiguas como en el año 1.100 a.c. los griegos conocieron las comparsas, las
cuales son tan antiguas como el carnaval. Se destacaban por sus alegres danzas, comparsas,
máscaras y su notable libertinaje. A España llegó este tipo de manifestación con disfraces y
desfiles alegóricos. Algunos de sus elementos como el libertinaje y los hechos de
violencia fueron paulatinamente eliminados.

América recibió, por la influencia Española, gran parte de este bagaje provenientes de
diversas regiones de la península Ibérica. A Barranquilla llegan algunas de ellas por la vía
del río Magdalena provenientes de las poblaciones de Ciénaga, Santa Marta, Cartagena y
Mompóx.

Las comparsas, desde su inicio hasta hoy, se han identificado por su pertenencia a
determinada clase social. En Barranquilla, hasta finales del siglo XX, en los clubes sociales
se realizaban comparsas organizadas y bailadas por los sectores dirigentes y se destacaban
por la fantasía, con mucho despliegue en los medios de comunicación, especialmente en la
prensa escrita.

Si bien se halla una actitud festiva llamativa, encontramos aspectos diametralmente opuesto
a las ideas primigenias del disfraz. Disfraz en tanto atuendo suntuoso realizado por
modistos famosos, que escenificaban extravagancias o motivos copiados de las metrópolis
europeas o norteamericanas.

Esas comparsas de los clubes sociales, que eran para socios e invitados especiales, en su
mayoría, han ido desapareciendo. Existen otras de carácter popular, que tienen como

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escenario las calles de Barranquilla, en los desfiles oficiales o tradicionales.

Estas comparsas callejeras, propias del carnaval de Barranquilla, no obedecen a los marcos
teóricos de la danza europea (clásica, moderna o pop). Inclusive rompen a veces con
algunos patrones folclóricos de nuestra cultura, para convertirse en una expresión única del
carnaval, manejando una temática original y popular dentro del espíritu de la fiesta.

Estas comparsas ya no obedecen a un carnaval del pasado, en donde sus integrantes eran
campesinos, pescadores, artesanos y representaban lo que era propio en un ambiente rural.
Hoy obedecen a la creatividad de un pueblo totalmente urbano, formado por profesionales,
estudiantes, empleados, que no han perdido su capacidad de sátira y espontaneidad,
conservando los elementos valiosos del carnaval, pero también presentando nuevos
argumentos de trabajo basados en nuestra cultura caribe carnavalera, que ha tenido un
escenario en Barraquilla.

Son expresiones callejeras, muy ricas y libres en sus gestos, y en sus pasos; los integrantes
coordinan esquemas coreográficos al ritmo y la melodía compuesta o escogida
convencionalmente, que represente emociones, sentimientos, situaciones e ideas propias de
la temática escogida.

Es un medio de expresión diferente a la danza y a las cumbiambas tradicionales, que


buscan su propio lenguaje en una manera diferente de danzar y concebir el baile. Su
acompañamiento musical es de alta resonancia, inspirado en el espíritu bailable de nuestras
principales creaciones gozonas rítmicas, como los garabatos, cumbias, porros, fandangos,
mapalés, chalupa, puya, tambora, merecumbés, y las fusiones rítmicas híbridas que van
apareciendo.

En períodos críticos de la ciudad, algunas comparsas han realizado montajes con el cual
han protestado, exigiendo solución a problemas de los servicios públicos. A mediados de
1980, cuando aún la ciudad padecía la escasez de agua potable, se hizo famosa la comparsa
¿ Y del Agua Que? dirigida por el bailarín profesional y folclorista, ya fallecido, Carlos
Franco Medina.

Actualmente existen diferentes modalidades de comparsas: las inspiradas en disfraces de


tradición popular, las de fantasía y otras que escapan a las clasificaciones anteriores.

Las comparsas poco a poco se fueron convirtiendo en un fenómeno popular de


participación en el Carnaval, sobre todo en las nuevas generaciones, por el despliegue de
fantasía, lo masivo de los grupos, el derroche del colorido en las telas, sus diseños, los
adornos y la música llena de energía y de híbridos modernos. Esto llevo a realizar, desde el
año 2001, en el lunes de Carnaval, un desfile especial para las comparsas denominado la
Gran Parada de Fantasía.

Las Escuelas y el nuevo auge de las comparsas van casi paralelo. Muchas de las propuestas
renovadoras en el Carnaval, han provenido de un grupo humano que busca expresar su

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permanencia y transformación en la fiestas a través de las Escuelas. Algunas de ellas han
revitalizado muchos temas de disfraces tradicionales, de ideas llenas de fantasía,
permitiendo una vinculación efectiva, con propuestas contemporáneas escenificadas en la
calle, con todo el esplendor musical coreográfico y de vestuario.

Estos montajes coreográficos son desarrollados por centros de educación formal y no


formal en su mayoría, encargados de educar y formar en las artes escénicas y musicales
populares, así como de difundir y proyectar las diferentes manifestaciones artísticas, en
especial las relacionadas con la danza.

Cada una de estas Escuelas lidera una comparsa para la época de carnaval. También
presentan grupos de proyección folclórica que identifican a la Escuela. Este espectáculo es
carnavalero, y es representado en su mayoría por bailarines profesionales.
Entre los primeros impulsores de este tipo de comparsas que se vincularon al carnaval e
identificaban a una escuela, se encuentra el folclorista Carlos Franco Medina, fallecido en
Enero de 1994, con su Escuela de Danzas Folclóricas de Barranquilla. También
encontramos a la Escuela de Arte Marleny Cortés con la comparsa Son de Mar; la
Corporación Cultural Barranquilla con la comparsa Torito en Carnavallderada por Mónica
Lindo y Robinson Liñan; la Escuela de Danzas de Marlio Cortés con la Comparsa
Afrocaribe, la Academia de Danzas de Gloria y Gacho Peña y la Comparsa Rey del Río,
entre otras.

Lo más importante, en todo caso, es la aparición de nuevos grupos y Escuelas de


comparseros. Ellos constituyen un testimonio vivo de las nuevas creaciones, que
garantizan trascendencia y evolución de nuestras manifestaciones culturales danzadas. Sin
lugar a dudas, le han dado al carnaval una nueva visión, que lo acerca a un público de
turistas regionales, nacionales e internacionales que han pagado su entrada a los palcos
para recrearse con el espectáculo.

Entre el movimiento de las Escuelas y los grupos de comparsas parece estar la modernidad
definitiva del carnaval. Eso al menos es lo que se percibe, desde que se ha oficializado el
desfile de la Gran Parada de Fantasía, los lunes de Carnaval.
LOS DISFRACES

En el Carnaval de Barranquilla la gente se enmascaras no para un rito mágico, sino para el


divertimento, la travesura, la libertad plena pero fugaz de los días de la fiesta. Son las
máscaras a través de las cuales pasamos hacia la risa en la dificultad de vivir. El carnaval
que llega al nuevo mundo trae consigo toda su parafernalia: máscaras, disfraces, pinturas y
demás aditamentos. Pero al igual que los ritos, las danzas y la música van a conjugarse con
los aportes de los indígenas y negros esclavos, produciendo un enriquecimiento cultural
particular.

Al inicio de nuestras fiestas religiosas y en las carnestolendas en especial, comienzan a

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mostrarse las mismas máscaras y disfraces de Italia o España. Posteriormente, La Muerte
aparece en escena, los Matrimonios, el Doctor, el Arlequín, la Enfermera, las Gigantonas,
los Cabezones, el Diablo, los Héroes y Monstruos del cine hollywoodense, entre otros.

Por otra parte, los negros africanos aportan sus pinturas y las máscaras zoomorfas como el
tigre o el león. Lo mismo sucedió con los nativos, que a pesar de conservar como sagrada
sus máscaras y disfraces, con el tiempo los dieron a conocer, agregándole los tintes y
colores para pintarse el rostro y el cuerpo.

Al barranquillero le gusta pintarse el rostro, ponerse una careta. Tiene gracia, talento,
imaginación y picardía, además mama gallo, es descomplicado y ‘más legal que el carajo’,
condición imprescindible para disfrazarse.

Hoy, los desfiles y las calles siguen siendo el escenario principal de los disfraces. Allí
trasladan todo el ingenio y la picardía, ante un público que los espera ansioso para disfrutar
del mejor disfraz del año. La imagen del disfraz refleja la naturaleza de los opuestos y la
ambivalencia del carnaval, reúne los dos polos del cambio y las crisis: el elogio y la injuria,
la juventud y lo decrépito, lo alto y lo bajo, lo gordo y lo delgado, la alegría y la tristeza, la
violencia y la paz, la muerte y la vida, la ambivalencia en el uso de las máscaras del sexo
opuesto. El mundo al revés. Donde no nos preocupen las reglas, el temor que nos causa y la
ansiedad que nos produce. Sentirnos definitivamente libres.

Se usan abundantemente vestimentas colocadas al revés: vajillas usadas como sombreros u


accesorio, sacos de vestido, corbatas, pantalones, zapatos, camisas y caretas. Unas veces
como un disfraz sencillo con un pito de pea pea, otras veces algo más complejo como el de
Marimonda, al cual con el tiempo le han agregado otros elementos propios de inmigrantes o
buscando la sofisticación del vestuario para representarlo colectivamente. Se trata de una
manifestación particular de lo excéntrico, una infracción de todo lo habitual y lo común,
una vida fuera de todo lo corriente y lo normal.

La capacidad del disfraz para la sátira, la crítica política y social, ha servido para
ridiculizar a autoridades religiosas, sociales y política del país, lo que ha costado multas,
prohibiciones y censura a los disfrazados, como lo comprueban diversos hechos a través
de la historia.

En marzo de 1905, el periódico local El Estandarte que dirigió el padre Pedro María
Revollo, publicó la noticia en la cual destacaba que “hemos visto dos protestas firmadas por
varios caballeros y señores de Sabanagrande contra la profanación de la fe por una partida
de individuos, capitaneada por señor Eliécer Rosales, Alcalde de ese lugar, en los días de
carnaval quién salió disfrazado de Ministro Católico, burlándose de nuestra religión. La
población de Sabanagrande, indignada le hizo una lujosa manifestación al R.R. Mariano
Rodriguez, quién administra aquella parroquia, en reparación de la falta cometida por
Rosales y sus secuaces. El señor Prefecto de la provincia Julio Castro removió

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inmediatamente al susodicho Rosales del puesto de Alcalde, nombrando en su reemplazo al
Señor Pedro Casalins, persona culta y católica”.

Otro hecho en los últimos años tuvo que ver con el disfraz del Sátiro Alado. El disfraz fue
recreado por un actor profesional de teatro, y se refería a uno de los personajes que hacían
parte de la procesión y el cortejo de Dionisos en la antigua celebración festiva en Grecia.
Las Ménades, Ninfas y Sátiros eran los que bailaban exaltados y poseídos, reflejando un
estado de libertad o desenfreno en estos cortejos festivos. El disfraz presentado en el
Carnaval de Barranquilla mostraba esa libertad y desenfreno, no sólo en su tamaño ya que
se desplazaba sobre zancos, sino en un falo que sobresalía y se movía de acuerdo a los
movimientos del personaje.

El primer día de desfiles, el disfraz pudo pasar ante el jurado, pero fue sacado antes que
pasara por el palco de los invitados del gobierno nacional y otras autoridades. Al día
siguiente, el Sátiro salió sin el falo respectivo. No obstante, el jurado le dio premio como al
mejor disfraz, por la investigación histórica y la recreación rigurosa del personaje.

Muchos son los personajes que han hecho y están haciendo historia con sus disfraces: Juan
de la cruz con su disfraz de Muerte a finales del siglo XIX; El diablo, de un carnavalero de
apellido Arias; El disfraz de Enfermera de 1934, representado por Marcial Lastra Peralvo;
Guary Pérez de Cantiflas. En 1942 aparece Enrique Salcedo Rivaldo, a quién por la
creación y el diseño de disfraces con estructuras y fantasías, se le llamó el ‘Artesano del
Carnaval’. Posteriormente fue el primer Rey Momo de 1995, al revivirse esta tradición.

También se han destacado otros disfraces como El Descabeza’ o, de Ismael Escorcia que
viene saliendo desde la época de la violencia. El de La Loca de, Ninfa Barrios. Benjamín
García, El Drácula, personaje que tuvo que retirarse del carnaval porque los médicos
encontraron que el disfraz le estaba afectando sicológicamente. En su vida se inspiró la
historia de la película “El Ultimo Carnaval” del director y realizador barranquillero
Ernesto McCausland. Otros protagonistas, como el ya fallecido Emil Castellanos, con su
disfraz de mujer Maria Moñitos, pusieron su grano de arena a la tolerancia y libertad
efímera que se vive en el Carnaval de Barranquilla.

Con estos personajes de carne y hueso alternan la fantasía, el colorido, las máscaras
venecianas y demás estilizaciones de la industria del disfraz, ingredientes infaltables en el
espectáculo del mundo moderno.

EL CARNAVAL DE LOS NIÑOS

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En el barrio El Silencio de Barranquilla, sede de Voz Infantil, de la Asociación Caribeña de
redactores escolares, ACRE y de Hola Juventud, incluyeron dentro de su pl
esidad de elegir la reina central de este tipo de evento. Voz infantil acogió la iniciativa y
acordó algunos objetivos. Entre ellos estuvo el de dar mayor importancia a la necesidades
de diversión de la reina infantil protagonista, que a los intereses de los mayores. También
tuvo en cuenta promover la integración familiar teniendo como figura central a la niña
reina. Con ello se buscaba diferenciar la reina del Carnaval de los Niños, de la reina
infantil del carnaval. Entendiendo que la reina de los niños ayudaría a construir espacios
agradables para los menores, y un reconocimiento por el interés de la perpetuidad del
carnaval.

Antes de esta organización de los niños en el Carnaval, ellos siempre habían participado en
la fiesta desde diferentes espacios. Recordemos que en la fundación de la Danza del Torito
Arribeño en 1878, la excusa para su fundación es que jóvenes y niños se encontraban
excluidos de estas danzas. Posteriormente, cuando los sectores dirigentes de la ciudad
delimitaron aún más los espacios a bailes de primera, de segunda y tercera, realizaban
piñatas carnavaleras para los niños.

Lo mismo ocurrió con el auge de los clubes sociales, en los cuales organizaron grupos por
edad. Hubo bailes en horas de las mañanas conocidos como de ‘Mosquitos’. En el medio
día, los jóvenes cerca de la adolescencia bailaban como ‘Paco Pacos’ y los más
adolescentes se reunían como ‘Las Langostas’.

Una de las razones para entender en parte, por qué el Carnaval de Barranquilla ha tenido
continuidad en el tiempo por más de 180 años, esta en la dinámica de la fiesta basada en la
tradición oral y que es trasmitida de generación en generación. En esa dinámica , los niños
siempre han jugado un papel importante a lo largo de la historia de la fiesta. Unas veces
como convidados y bajo estrictos controles. Otras veces con espacios propios pero con
limitaciones de tiempo y otras más, como protagonistas con ciertas normas de organización,
como ocurre desde hace varios años.

En Barranquilla los niños han acompañado a sus padres en las cumbiambas, en las danzas
como los Congos, la de los Micos, Goleros, Gusanos, en los disfraces de payaso, arlequín,
de colombina, de tigre, gato, aves, burritos, de reina o de nuestros ídolos más populares
como Shakira, Vives, Juanes, Rentería o Montoya.. Pero también es cierto, que a medida
que fue creciendo la ciudad y los recorridos de los desfiles se hicieron más largos, exigió
demasiado esfuerzo para la participación. Por lo anterior surge el Carnaval de los Niños
como parte de la solución, pero con un agregado bastante positivo, de proyectarse como
una propuesta pedagógica.

Uno de sus impulsores importantes ha sido el profesor Julio Adán Hernández que ha
resumido la experiencia, resaltando principalmente que en los eventos anteriores eran los
adultos los que organizaban los acontecimientos, escenarios y actores, para obtener el
reconocimiento de la multitud y del jurado que evaluaba las presentaciones. Antes, les

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asignaban una discreta participación o aparecían al final de los grupos de mayores. De esta
forma, los esfuerzos eran grandes, porque además de las distancias excesivas, tenían que
ir al ritmo de los mayores. Esto exigió diseñar espacios protagónicos para los niños, como
estrategia de aprendizaje para la proyección de las fiestas.

Proyección que ha requerido mucha difusión de estrategias educativas y


comunicacionales, para estimular ambientes culturales propicios. Hoy, el Carnaval de la
Niños hace parte del calendario oficial de las fiestas, realizando la coronación de la reina,
y un domingo antes del Carnaval, un colorido y entusiasta desfile.
¡QUIEN LO VIVE, ES QUIEN LO GOZA!

Ya llegó la gozadera
A la tierra currambera

Carnaval de cabo a rabo


O me acabas o te acabo

Es difícil pensar en Barranquilla y al Caribe Colombiano sin su fiesta carnavalera. Hacen


parte de su esencia, en la cual se reafirma anualmente. Esta fiesta es el núcleo de nuestro
relato. De nuestra existencia. El año no acaba el 31 de diciembre. Nuestro año acaba el
martes de carnaval y miércoles de ceniza nace el nuevo año. La nueva vida. Creemos en
nuestro poder de la conversación para resolver los conflictos y terminar siempre en una
fiesta. En el elemento lúdico para propiciar la construcción de espacios de participación,
posibilitando una forma de entendimiento específica, generando solidaridad.

El Carnaval de Barranquilla surgido de aquel Sitio de libres, fue el resultado de los


primeros mestizos, indios, negros, criollos, de los inmigrantes regionales y europeos que
celebraron su existencia en este lugar. Y así sucesivamente, todos los que han ido
llegando, van integrándose a la fiesta. Una fiesta donde conviven en el espacio y el tiempo
lo nuevo y lo viejo, la tradición y la innovación. La vieja fiesta nueva.

Es una fiesta donde el color exuberante encandila como la luz del sol, del cielo, el mar o
las sonrisas y miradas de la mujer currambera y caribe. Ese brillo es el que embriaga al
calor de la música. Que acentúa esa luz radiante, con el movimiento acompasado y
enérgico de las caderas de bailarines y danzantes.

Donde el ritmo y las melodías misteriosas vibran a nuestro alrededor empujándonos al


goce pleno, al éxtasis infinito.

El Carnaval de Barranquilla es una fiesta total. Donde caben todo tipo de expresiones y

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creaciones. La poesía, la pintura, representaciones, el baile, los juegos, las máscaras, la
escenografía. Es una representación gigantesca, un gran teatro sin paredes y puertas. Un
espacio donde se invitados todas la creaciones y tradiciones de la región.

La fiesta resume a altas velocidades de genialidad los hechos cotidianos, bien para
gozárselos, para ridiculizarlos o mofarse de ellos En el Carnaval no queda títere con
cabeza, reza el refrán popular.

EL Carnaval a pesar de sus dificultades y problemas configuran el modo de ser de los


Barranquilleros. Es el hilo telúrico invisible de nuestro espíritu.

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