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DAR PARA RECIBIR ES LEY DIVINA

Conferencia pública

Hermanas y Hermanos, damas y caballeros, buenos días. Para todos ustedes, un saludo cordialísimo en
nombre de los Grandes Seres que constituyen la “Divina Jerarquía Blanca”, inspiradora y rectora espiritual
de esta singular y maravillosa Escuela de la Fraternidad Rosacruz Antigua.

El tema que hemos escogido para hoy, “Dar para recibir, es Ley Divina”, vamos a desarrollarlo en el
sentido de una charla amable, con profundos toques de espiritualidad, entre amigos del alma -porque eso
somos ¿verdad?- Sí! somos amigos, quizá todos con ansiedades de infinito.

Entonces me parece que para este tema, podemos apoyarnos en un lindo poema referente al Sol, dejado por
nuestro inolvidable y amado Maestro y fundador, por allá entre un sin número de libretas de apuntes -todos
maravillosos- porque él sabía recoger en sus notas escritas, solamente lo noble, lo grande, lo luminoso, lo
verdadero. Dice así el precioso poema a que aludimos:

HIMNO AL SOL, GENEROSO DADOR UNIVERSAL

Estrella de la mañana,
Luz del amanecer,
Divina fontana
de todo acontecer.

La plenitud del mundo


se alimenta en tu Luz,
que en accionar profundo
eclosiona en la Cruz.

Tu nos das alegría


y nos das tu calor;
fuente eres de vida
de armonía y de amor.

Por eso yo te adoro


Oh radiante dador,
de Luz y de vida
en sublime esplendor.

Vamos a inspirarnos pues en este lindo poema... Es una inspirada y bella oración, a esa inefable Luz que
nos da la Vida con amor infinito; y como dice el poema, “con sublime esplendor”.

Es un bellísimo poema indudablemente; inspirado por la magnanimidad de ese Rey Universal del amor, de
la generosidad, de la largueza, del Sentido Divino de Dar; y lo hemos traído con el fin de que aprendamos
de él, a practicar con altruismo y generosidad, la acción de dar; dar amor, dar alegría, dar verdadera
sabiduría, dar palabras de aliento, dar ayuda a quienes la necesitan, sin alardes ni ostentaciones, sino con la
satisfacción interna de hacer el bien, por Amor al Bien.

Si somos cuidadosos y nos fijamos un poco en las actitudes humanas, veremos que en cualquier terreno, así
sea afectivo, social, político o económico, se suscitan grandes diferencias y dificultades, debido a que la
gran mayoría de gentes, obran en función de un razonamiento personal y egoísta.

Esa es la tónica siempre; cada uno “jala” para su lado, puesto que su norma de siempre, su regla, su ideal, es
acaparar; tomarse lo que no le corresponde. Y se han ingeniado múltiples formas de “tornar” o “acaparar”!.
Si la humanidad estuviera instruida y orientada por guías conscientes y sabios, que les indicara lo negativo y
pernicioso de esa actitud de tomarse lo indebido, naturalmente evitarían esa costumbre, que es como una
tremenda oscuridad, en la que se suele andar a pasos perdidos, siempre insatisfechos, y siempre en actitud
de destruirse tanto moral como físicamente; o destruir a los demás.

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No estamos exagerando; si echamos una “ojeada” a nuestra sociedad, vemos que en ella todo esta
organizado para satisfacer a la naturaleza inferior, con sus instintos primitivos y salvajes.
Todas las normas, todos los criterios, todo afán de la colectividad humana, están concebidos en función de
esta mentalidad personalista: “barrer para adentro”; es decir, acaparar, amontonar dentro, sin pensar en la
suerte de los demás.

Que tal que nuestro Sol, amontonara dentro de sí todo el poder vital, toda la luz y todo el calor vivificante
que recibe del infinito Cosmos, y no lo irradiara al mundo; no existiríamos nosotros, ni nuestro mundo, ni
nada!...

No obstante, me parece que es bueno recordar aquí, que cuando el hombre fue creado según la imagen de la
divinidad, la inteligencia cósmica sembró en él unas semillas maravillosas; destinadas a desarrollarse cual
árboles frondosos, cuyos frutos deberían ser, modos y formas de las más altas cualidades y virtudes.
Precisamente son esas mismas virtudes que despliega nuestro padre Sol, con tanto amor y sentido de
servicio a nuestra vida y a la vida del mundo en el cual transitamos.

En verdad, algunas de estas cualidades las vernos manifestarse de vez en cuando, en algunos seres
excepcionales; pero en relación con las grandes masas de seres humanos en evolución, es absolutamente
ínfimo el porcentaje.

En cambio vernos por todas partes, cómo la personalidad egoísta despliega sus destructoras hazañas; no
cesa en su labor desarmonizante, hostil y contraproducente; sabe desenvolverse dentro de ese círculo
nefasto, y crear conflictos que desarmonizan a la humanidad y al mundo. Esa es nuestra situación actual.

Todos vosotros sabéis, que en la personalidad encarnan todos los deseos egoístas y mundanos y que en ese
sentido no tiene ninguna moderación, ninguna piedad. La personalidad exige tenerlo todo, absorberlo todo;
es insaciable. Es un pozo sin fondo.

Y precisamente, esa ansiedad de tener y tener, sin dar absolutamente nada, es la que desarrolla en los seres
humanos todo tipo de tendencias perniciosas y negativas, tal corno la indolencia, la envidia, los celos, la
rebeldía, la crueldad, la venganza, los crímenes y todas las tragedias del mundo. Todas estas son secuelas
del egoísmo del personalismo.

La Individualidad en cambio, es “el Interno Sentido de la Unidad de la Vida”, que es lo que nos conduce a
la verdadera espiritualidad. La Individualidad es altruista por excelencia; sólo sabe dar; por este virtuosismo
bien puede ser comparada con el Sol, puesto que él todo lo da y nada pide. Alcanzar esa magnificencia, es
la finalidad del hombre a través de la evolución. Es nuestro trabajo y debemos empezarlo desde ¡ya!.

Y para esto nos dice el Maestro: el trabajo consiste, en convertir el “plomo” de la personalidad, en el “oro”
de la individualidad. Esto es, convertir nuestro egoísmo en Divino Altruismo.

Ahora, consideremos lo siguiente, para que aclaremos algo nuestra situación. Nuestro cuerpo físico, tiene
necesidad de muy nocas y muy simples cosas: cerca de dos litros de agua por día, bastan para su
subsistencia. E nuestro “cuerpo de deseos” el que ha creado la necesidad de alimentos y de bebidas variadas
y embriagantes, cada vez más refinadas y complicadas; por que los “deseos”, los apetitos, son infinitos.

Desde luego no podemos decir que esto sea malo en sí, por que en cuanto a los alimentos, tenemos que las
culturas y las civilizaciones, son el resultado de esa necesidad de saborear alimentos más elaborados; y por
otra parte, del deseo de poseer objetos cada vez más estéticos, fabricados con materias preciosas.

Vivir en cavernas, vestirse con pieles de animales, alimentarse con raíces, con frutos primitivos y con carne
cruda, beber agua de los ríos y desplazarse a pie, tal fue la existencia de nuestros antepasados; y no es
lógico considerar el hecho, de que deberíamos habernos contentado con esa clase de vida.

Pero desde luego que todos los deseos que surgen en nosotros los seres humanos, y que han estado
creciendo, dijéramos, desde el origen de las civilizaciones, si no son dirigidos, purificados e iluminados por
una sensibilidad y una consciencia bien evolucionadas, pueden ser la causa de nuestra ruina física y moral.

Es que nuestro cuerpo de deseos o cuerpo astral, es el centro de la personalidad; y de ahí vienen todas las
codicias, todas las ambiciones. De modo que nuestro cuerpo de deseos es la potencia, dijéramos que da el
impulso; en tanto que nuestro cuerpo mental bosqueja los planes, para darle satisfacción a los deseos.

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Así que son nuestros deseos los que dictan nuestro comportamiento; y aunque nuestra inteligencia tenga la
suficiente capacidad de imponerse a los deseos, la mayoría de las veces se pone a su servicio, por que la
fuerza de los deseos, supera aún nuestra capacidad intelectiva.

En la actualidad, Hermanas y Hermanos, señoras y señores, el mundo entero ha puesto su inteligencia al


servicio de sus apetitos, de sus codicias, de sus pasiones.

Todos los conocimientos y toda la riqueza cultural que el hombre posee, los emplea sin dilación para
satisfacer sus deseos, los cuales suelen fundamentarse en algo oscuro venido de no se sabe que abismo;
desde lo más profundo de su ser.

Esto es muy preocupante; por que hasta los hombres que consideramos más cultos e ilustrados, los más
desarrollados intelectivamente, están generalmente al servicio de la fuerza de los deseos y de los impulsos
equivocados, innobles e improcedentes.

Si revisáramos esta cuestión tan importante, llegaríamos a la conclusión de que en la mayoría de las veces,
actuamos con el fin de satisfacer a la personalidad y a dar gusto a sus instintos y a sus codicias; y para esto,
utilizamos todos los medios que la Vida Divina ha puesto a nuestra disposición, es decir: todas nuestras
facultades físicas, psíquicas e intelectivas; todas las fuerzas naturales que poseemos.

En esta forma, estamos utilizando los medios divinos, para realizar unos fines egoístas y ruines y satisfacer
así la fuerte y personal presión de nuestros deseos. Lo bueno sería que de ahora en adelante, hiciésemos
todo lo contrario; utilizar los medios divinos, para que todos los impulsos de nuestros deseos y de nuestra
naturaleza inferior, sirvan solamente para alcanzar el Mundo Sublime de la Luz, de la Bondad, del
Altruismo. Esta sería dijéramos “La Nueva Enseñanza”.

Entonces preguntarías vosotros: ¿cuál sería la vieja enseñanza y cuál la nueva enseñanza?. La respuesta la
dio a mediados del pasado siglo, un maestro de altísima sabiduría y de grata y profunda recordación para
nosotros, “la vieja enseñanza nos muestra corno “tomar”, corno adquirir, corno recibir, corno acumular; y la
nueva enseñanza nos enseña a DAR, DAR, siempre ¡DAR!..

La respuesta es breve, clara y contundente, aunque es preciso desde luego añadir algunas explicaciones,
para llegar a una comprensión verdadera de lo que significa DAR, en todos los aspectos de nuestra
existencia.

DAR, no es dar una limosna; no es dar algunos mendrugos de pan, o regalar algunos vestidos viejos que ya
no nos sirven; ¡hay tantas formas de dar verdaderamente!. Todo lo que hacemos es una acción de DAR, silo
hacemos con amor y para beneficio de todos nuestros hermanos en la evolución; si lo HACEMOS con
altruismo y con un sentido generoso y caritativo; si nos mostrarnos más libre y más comprensivos y
desinteresados, en nuestras relaciones con los demás.

La bondad, la generosidad, el altruismo, la abnegación, la comprensión; todas estas cualidades están


contenidas en la palabra DAR. En tanto que el egoísmo, los celos, la envidia, la intolerancia, están
contenidos en la palabra RECIBIR, “tornar para sí”.

Tornar para sí, es lo que hace la personalidad, que está continuamente alerta, en su afán de acaparar y de
imponerse; y si encuentra obstáculos para la realización de sus deseos, moviliza todos sus recursos
intelectuales, afectivos y voluntarios, hasta lograr sus FINES.

La individualidad, al contrario, no cesa de DAR, de proyectar, de irradiar; quiere iluminar, colorear, ayudar,
sostener. No trata de retener lo que posee, porque sabe que todos son “Dones Divinos” para la
supervivencia armoniosa de todos los seres; por eso es feliz al ver que gracias - - al sentido altruista, todo se
alimenta, se calma, se ilumina.

La cualidad fundamental del HOMBRE IMPERSONAL, es la de brillar, la de irradiar como el sol, que todo
nos lo da y no nos exige nada; y respecto a esto, debemos comprender que en realidad, “todas las virtudes
no son otra cosa que una irradiación”; una proyección de luz del centro a la periferia; es decir, de la
interioridad del ser, hacía todos los seres.

De manera que el HOMBRE IMPERSONAL es el hombre altruista; el hombre que transita los caminos del
mundo irradiando la luz del amor, de la bondad, de la nobleza del alma, de la comprensión.
Los egoístas, los personalistas, no tienen para proyectar luz alguna; por que la luz es el Divino Sentido de
amor a la Vida que el hombre debe cultivar dentro de sí, para luego irradiarlo al mundo con amorosa

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nobleza, colaborando así con la Obra Bendita del Logos Solar, que todo lo sostiene con su luz, con su amor
y con su afán de DAR.

Y nosotros... quizá de vez en cuando nos quejamos: Oh! ...hace años que estoy implicado en la vida
espiritual.., hace años que hago esfuerzos para transitar el camino de la interna evolución, pero siento que
no progreso nada... Esto sucede simplemente, por que todavía no hemos comprendido lo que es el verdadero
desinterés del altruismo; lo que hacernos lo hacemos siempre para nosotros, con un sentido absolutamente
personal.

Por ejemplo, trabajamos para quienes nos ocupan, pero solamente por el interés del salario; ni siquiera por
amor a la labor que desarrollamos, y mucho menos por amor a aquellos que se van a servir del producto de
nuestro trabajo; solamente para satisfacer nuestra personalidad, la cual, así se va convirtiendo
ineludiblernente, en el más grande obstáculo para nuestro progreso evolutivo.

Pero no es que estas cosas las estemos diciendo exclusivamente aquí en la Escuela de los Rosacruces;
recordemos que hace unos 2000 años, el Amante Señor de Nazareth también trató este aspecto de las dos
naturalezas, la individualidad y la personalidad, cuando el joven rico le dice: “Maestro, ¿qué debo hacer
para poseer la vida eterna? -Debes observar los mandamientos- le responde Jesús; ¿cuáles? -no matarás, no
cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falsos testimonios, honrarás a tu padre y a tu madre; y amarás
a tu prójimo como a ti mismo- El joven rico le dijo: he observado todas esas cosas; ¿Qué falta aún? Jesús le
dice: -si quieres ser perfecto, anda y vende todo lo que posees; dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el
cielo; después ven y sígueme- Una vez oídas estas palabras, el joven se fue muy triste, por que sus bienes
eran cuantiosísimos. Una vez más triunfó la personalidad, el egoísmo, el deseo de tener.

Luego después, el gran sabio Jesús, les dijo a sus discípulos: “En verdad os digo, que es más fácil que un
camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios”.

Tenía razón el amante y dulce señor de Nazareth, porque la avidez, la codicia, la tacañería, la avaricia y la
mezquindad, son manifestaciones de nuestro cuerpo de deseos, de nuestro cuerpo astral; y si no lo
educamos y lo dirigimos hacia la generosidad, hacia el desinterés; o en otras palabras hacia el sentido noble
y altruista, entonces se “hincha” cada vez más, y se vuelve como un tumor monstruoso que nos destruye,
tanto física como moralmente.

Este es el caso de todos aquellos que con su insaciable deseo de acumular cada vez más cosas que no
necesitan, acaban por tener un cuerpo de “deseos materiales” tan gigantesco, que les impide pasar por la
puerta del Reino de los Cielos, que es el Reino de las Divinas Energías de la Vida, el Reino de las Armonías
Celestes.

Debernos saber que este reino es de difícil acceso; y que sólo podemos entrar en él, por una puerta muy
estrecha, de la cual también nos habla el divino Nazareno, en otro pasaje de las Sagradas Escrituras. Dice:
Entrad por la puerta estrecha, que es la puerta de los justos; de los que dan en beneficio de los necesitados;
por que ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición; en verdad os digo, que la gran
mayoría transita por él”.

¡Así es! Por que en el reino de los justos, en el reino de la divina armonía, solo se aceptan seres que hayan
aprendido a dar.

Claro está que no se puede dar lo que uno quiere dar, si no lo posee; y no se puede poseer algo, si no se ha
recibido ese algo. ¿Verdad?.

La cuestión esta en saber de dónde, cómo y de quién recibirnos. Por que desafortunadamente, en el estado
actual de nuestra evolución, hay una gran mayoría de seres humanos que explotan a los demás; y en esta
forma les arrebatan poco a poco lo que poseen: su dinero, sus posesiones, sus fuerzas, sus ideas, sus
sentimientos, en fin; esta es una manera insana de adquirir. Por lo tanto las dádivas provenientes de aquí,
son negativas.

Nosotros debemos aprender a ser corno el sol!...cuando el sol sale por la mañana, tenernos la manifestación
más sublime del sentido de DAR! Esa irradiación, esa generosa entrega de dar de sí, luz a raudales; calor
vital, y armonía para todos los seres y los mundos, sin esperar nada de nosotros; es divino altruismo, El sol.
Es indudablemente el Rey Universal del Altruismo; y nuestra finalidad en la evolución, e llegar a ser como
El.

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Tenernos que empezar a comprender y sentir, lo que es ese momento divino que suele manifestarse a la
salida del Astro Rey; y entonces tendremos la dicha de sentir el poder, la luminosidad y la grandeza de ese
acto sublirne de DAR solamente por amor; y sin esperar recompensa alguna.

Seguramente que la comprensión y sentido cósmico de este acto singular de DAR, nos incitará a cambiarlo
todo dentro de nosotros; muy seguramente seremos muy felices de lograrlo y conseguirlo cada día mejor.

Con su esplendidez, cada mañana el Sol nos dice: abandona tus pensamientos y tus sentimientos egoístas; y
aprended de mí, a abrirte, a irradiar, a iluminar y a darle vida a todas las criaturas. ¡Que llamado más
encantador! Es un llamado a la prodigalidad y al altruismo, que son las virtudes que marcan el progreso en
lo físico y en lo espiritual; por que según la ley, la ley cósmica, la ley divina, entre más demos más
recibimos.

Esta es una ley universal, que opera en todos los planos de la vida; y si lo que damos es luminoso, radiante,
altruista y benéfico, por ley de causalidad recibiremos indudablemente y en proporción multiplicada,
elementos de la misma calidad, de la misma quintaesencia luminosa y radiante.

El sol es inagotable, por que su DESEO DE DAR, lo mantiene siempre inagotable; nos envía su luz y su
vida, pero al mismo tiempo no cesa de recibir de la infinitud Cósmica, nuevas energías. El que DA, recibe
con creces.

Mientras el Sol irradia permanentemente Luz y Vida hacia los planetas que giran a su alrededor, recibe al
mismo tiempo las potencias energéticas de la divinidad infinita y eterna. No tiene por que preocuparse ni se
preocupa de cómo volver a proveerse; le basta con DAR... y sabe que entre más DE, más recibe. Es pues
nuestro iluminador, nuestro inspirador, nuestro maestro y nuestro ejemplo.

Si comprendemos estas cosas divinas, estas cosas maravillosas de la vida, seguramente empezaremos a
mirar el Sol, “con los ojos del alma”; y entonces se producirán grandes cambios en la interioridad de
nuestro ser. Todo depende de la comprensión y de la manera de ver y de sentir las cosas.

Gracias a una comprensión profunda y sentida de las cosas, podemos empezar a dirigir sabia y
conscientemente las corrientes celestiales, las corrientes divinas dentro de nosotros, y entonces nos
transformamos; empezamos a DAR cariñosamente y descubrimos que nunca nos habíamos sentido tan
ricos, tan lúcidos, tan poderosos y tan felices.

Quiero advertiros, que cuando esta realidad interna se realice en nosotros, nos sentiremos protegidos de
todas las “formas de miedo” que suelen asaltarnos. El miedo es proverbial, en “la personalidad mundana”;
esa personalidad es la que tiene miedo, por que se siente pobre, indefensa y expuesta a todos los peligros.
Por eso solo se ocupa de TOMAR egoístamente; de acumular para sí, con el fin de avalar su subsistencia y
su estadía en este plano terrenal.

La verdad es, que cuando tenernos miedo no podemos actuar generosamente; no podemos realizar ningún
acto altruista, y ni siquiera podernos ser sinceros y honestos; nos volvernos falsos, nos volvernos hipócritas,
y tratamos de explotar cualquier situación así sea en detrimento de los demás. Sí! El sentido de
personalidad; y personalismo. “Tiene miedo”! y por eso precisamente, es capaz de todas las ignominias.

Volvámonos pues como el Sol, que es divinamente altruista; demos amor, demos bondad, demos aliento de
vida a través de una sonrisa, o de una palabra amable y consoladora; DEMONOS en servicio noble a quien
lo necesita; hagamos del “Sentido de dar”, el ideal de nuestras vidas, con la seguridad de que no hay ideal
más alto y más noble.

Procuremos siempre alimentar este noble ideal, para que seamos verdaderos discípulos de nuestro “Padre
Sol”, de nuestro Logos Divino y logremos “encender” e iluminar todo nuestro ser; estad seguros, de que
únicamente este alto ideal, puede hacer germinar todo lo grande y divino que palpita en nuestras almas y
nuestros corazones.

Y oídrne una cosa: la máxima virtud que debemos buscar es la divina armonía del Sol espiritual; del Sol
erístico Que en cuanto empiece a fulgurar en nosotros, hace surgir todas nuestras buenas cualidades; tal
como nuestro Sol hace florecer la vida en toda la naturaleza.

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Corno ya hemos visto en el curso de este “Coloquio” entre amigos del alma, el Sol es el Símbolo Real y
Viviente de la generosidad y del altruismo universal; y por lo tanto debemos tomarlo como modelo para
nuestras vidas. ¿Por qué no, si él manifiesta cualidades divinas, muy grandes y muy superiores a las
nuestras?.

Consideremos por un momento —y ojala para siempre- que él es un Ego de una evolución
extraordinariamente grande! Y si vamos hacia él con el fin de “tomar” algo de su esencia divina,
indudablemente habremos de crecer junto a él; de mejorar nuestra inteligencia, de ser más nobles y
sencillos; y de cuidar nuestras enfermedades tanto físicas como espirituales. ¿Por qué, no hemos de imitarlo,
si es tan luminoso, tan noble y tan dadivoso?.

En alguna ocasión, el Gran Cristificado de Nazareth dijo muy sabiamente “En verdad de verdad os digo,
que los justos brillaran como el Sol”! Pues bien: según el antiguo y el nuevo testamento, los justos son
aquellos que con sus pensarnientos, sus sentimientos y sus actos, se conducen conforme a la Voluntad
Divina’ que es la que expresa siempre nuestro padre Sol: DAR.” PARA RECIBIR
PERMANENTEMENTE. DAR! DAR! Siempre DAR! Así es corno el Sol es nuestro servidor de siempre.

Si queremos convertirnos en Soles, debernos ser servidores por excelencia. DAR, es la característica
esencial de un servidor... Claro que cuando no’ comprendemos el significado profundo de esta palabra, no
quisiéramos ser servidores de nadie, por que pensamos que esta es una situación, que nos hace sentir
humillados, inferiores a los demás, y entonces no queremos ser servidores.

Acaso, Hermanos y Hermanas, señoras y señores, ¿pensarnos que el sol se siente humillado de ser nuestro
obsecuente y permanente servidor? “Que el más grande de vosotros sea el que más sirve”. -dijo Jesús a sus
discípulos- y ¿esto por qué? Porque para ser un servidor en el sentido esotérico de la palabra, hay que
poseer cualidades excepcionales; hay que ser como el Sol! Es decir, hay que trabajar intensamente para
poder servir en el sentido de DAR amor, bondad, luz, calor y vida. ¡Esto es lo que no debernos olvidar!.

Debemos acostumbrarnos a analizar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestros actos;


examinarlos cuidadosamente, hasta encontrar el interés que se esconde detrás de aquello. Claro que el
desinterés absoluto no existe en ninguna parte; aunque eso si, algunos grados más o menos “espirituales” de
interés.

Por ejemplo, cuando nos disponemos a trabajar por que los seres humanos sean más felices, más
autoconscientes de sí mismos, más irradiantes del sentido divino del amor, más amantes de la vida, más
comprensivos y más vibrantes; estamos trabajando por un “Interés espiritual”, pero de todas maneras un
interés: el interés de que a través de nuestro trabajo de DAR ciertos conocimientos, podamos llegar a ser
como el Sol.

Desde luego que esta clase de interés es tan sutil, que entra en otra categoría y se convierte en un interés
divino. Pero en realidad, seguirnos teniendo un interés.

Hermanas y Hermanos, señoras y señores: Yo tengo un interés luminoso y divino! El más grande y divino
de todos: el de dejar en vuestros corazones, en el fondo de vuestras almas; como un sello divino, las huellas
imborrables y eternas, acerca de ese saber maravilloso del DAR PARA RECIBIR; sin que olvidéis w jamás,
que DAR bondad, luz amor y servicio noble y desinteresado, es la más divina acción que podéis realizar en
vuestras vidas; y que entre más deis, más recibiréis de ese POTENTE Y UNIVERSAL DADOR de todo
bien. Y cuando el BIEN SUPREMO, sea con vosotros y estéis lejos de mi, elevad una sentida oración,
para que la luz sea conmigo y con todos los seres.

Muchas Gracias.

Jesús González Biássus.


Fraternidad Rosa cruz Antigua.

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