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Cipitío

El Cipitío (también
llamado Cipitio, Cipitín, Cipitillo, Cipito, Cipe, Cepit, Juan o Tzipitío), llamado
originalmente Cipit, es un personaje legendario de
origen náhuatl en Nicaragua, Honduras, México, Guatemala1 y El Salvador. Proviene de
una historia religiosa de la época precolombina, que narra su árbol genealógico y los
motivos por los cuales fue castigado junto a su madre. Tiene vestimenta y costumbres
sumamente peculiares, se le atribuye una diversidad de habilidades, facultades y poderes
sobrenaturales que, sin perjuicio de nadie, usa para divertirse. En México se utiliza la
leyenda para lograr diversos fines educativos en niños.23
El personaje es parte importante de la cultura salvadoreña, tomando lugar como icono de
los vestigios ancestrales del país. Autores y guionistas han retomado la figura en sus
obras; además, ha sido fuente de inspiración para el rodaje de una serie televisiva que
trata problemas culturales y sociales salvadoreños desde la perspectiva de la leyenda del
Cipitío.

Historia[editar]
De acuerdo con la leyenda, nació de la relación que tuvo su madre, la diosa lunar Sihuet o
Sihuehuet, con el dios Lucero de la Mañana, traicionando así al dios Sol.43 Por ello, el dios
de dioses, Tláloc, condenó tanto a la madre como al hijo. A la madre la degradó de su
categoría de diosa Luna a mujer errante y al niño le condenó a nunca crecer, y
conservarse por siempre en la edad de diez años.56
Otra versión cuenta que su madre sedujo a un príncipe nahua Yeisun, hijo de Tláloc, con
quien tuvo un hijo a quien llamaron Cipit. Pero su madre nunca lo cuidó, descuidándolo
para irse con sus amantes. Tláloc, al enterarse de esto, maldijo a la madre ingrata y a Cipit
lo condenó a ser un niño de 10 años hasta el fin de los tiempos.7 Aunque también existen
otras versiones en donde Cipit muere a causa del descuido de su madre.
Durante siglos, Cipit fue el dios de las relaciones prohibidas y adulteras y su nombre se
relaciona con el dios Xipe Tótec.8 En la actualidad es un icono de la cultura
salvadoreña donde es representado como un niño alegre que vaga errante.9
El Cipitío es un ser propio del folklore salvadoreño, guatemalteco y mexicano. La leyenda
ha evolucionado de generación en generación, adaptando elementos de la misma para no
perder vigencia; aunque en el fondo, conserva su esencia ancestral.[cita requerida] El nombre
proviene del nahuat Cipit, que significa niño, de donde se deforma la palabra "Cipote"
utilizada para nombrar a los infantes en El Salvador.10 O también podría derivar
del náhuatl, tzipitl, que significa 'niño desmedrado'.11

Aspecto físico[editar]
El Cipitio es hijo de dioses, pero su aspecto es el de un niño de baja condición social y
económica. Su condición de niño queda en evidencia por su enorme barriga y el poder de
teletransportarse. Viste ropa de manta blanca, caites(sandalias) y un sombrero de palma
puntiagudo y de grandes alas.12
Al igual que el Boraro, el Cipitío tiene una deformación en los pies, teniéndolos al revés; y
por ello causando confusiones por donde camina. Los campesinos intentan seguir sus
huellas, perdiéndose puesto que, dada la deformación física, estos siguen el camino de
manera errónea, yendo al lado contrario al correcto.5 En el sur de México, sobre todo en
el estado de Chiapas, no utiliza sombrero.2
Costumbres[editar]

Departamento de San Vicente, donde se sitúa tradicionalmente el Cipitío.

Frecuenta los trapiches de las moliendas de caña, le gusta comer y bañarse con cenizas,
también gusta de frecuentar ríos y es un eterno enamorado de las muchachas a las que
constantemente espía, silba, o arroja piedrecitas y flores. Su alimentación está basada
en cenizas y guineos. Además la mitología cuscatleca lo ubica en San Vicente, aunque
puede teletransportarse con facilidad.9

Carácter[editar]
Aunque no es ofensivo, le divierte hostigar. Generalmente hace bromas con las cuales se
burla de las personas, riendo sonoramente.10 De igual manera, se ha escuchado
mencionar en la lengua salvadoreña que cuando una chica es objeto de su hostigamiento,
la solución para alejarlo es comer en el baño, frente a la taza de un inodoro; esto debido a
que se supone que él siente asco fácilmente con los malos hábitos de las personas; por lo
que se supone que ésta es la solución más efectiva cuando una mujer está siendo objeto
de sus hostigamientos.13

En México[editar]
En el estado de Chiapas, en particular la Costa y en Soconusco, la leyenda de los zipes
(también escrito como cipes) se refiere a que estos seres son animales con forma de
niños, que se caracterizan por tener los pies volteados, de tal manera que el talón va por
delante y los dedos para atrás. Aunque son de facciones correctas, son panzones y con
piernas delgadas.
Estos misteriosos seres no hablan, sólo balbucean «zipe», de ahí su nombre. Caminan en
manadas como los coyotes y se alimentan de cenizas, por eso son conocidos como
"Cenicientos". Estos animales-niños son difíciles de atrapar; cuando se intenta atraparlos
oponen gran resistencia y, chillan con desesperación y temor. Hay quienes afirman que
estos seres pueden ser domesticados, aunque se requiere de mucho tiempo y paciencia,
pero pueden llegar a ser muy serviciales.2
En localidades y ranchos más apartados se culpaba al Zipe de la desaparición de niños
pequeños que no habían sido bautizados, la gente decía que se los llevaba al monte para
convertirlos en sirvientes. En otros relatos este ser sobrenatural suele asustar a viajeros
solitarios que se aventuran a transitar caminos apartados por la noche, a esos incautos el
Zipe se les trepa a las monturas, mientras ríe y profiere bromas o insultos por algunos
minutos para después desaparecer en la oscuridad, también era común que se le
apareciera a las mujeres que se bañaban en los ríos con la intención de seducirlas.3

Guatemala[editar]
Artículo principal: Sombrerón

En Guatemala, se le conoce como el Sombrerón o Tzitzimite.14 El Tzitzimite es “un


hombrecito muy pequeño, vestido de negro, con un gran cinturón muy brillante. Tiene un
sombrero negro, pequeño también, y unas botas con tacones que hacen ruidito”.
A este personaje le gusta “subirse a los caballos y hacerles nudos en la cola y en las
crines. Estos nudos, que son así de menuditos, ‘cuesta un bigote’ deshacerlos”. Al
Tzitzimite también le agrada perseguir y molestar a las mujeres de pelo largo y ojos
grandes.
Cuando le gusta alguna muchacha, no la deja ni a sol ni a sombra: se le aparece en las
noches cuando está dormida, y después de haberle enredado el pelo, le baila y le canta
con su guitarra. También se le aparece a las horas de comida y le echa tierra en el plato.
No la deja comer, por lo que la joven mujer se va adelgazando.
De acuerdo con la idea popular, el Tzizimite tiene la altura de un dedo de la mano y cabe
escondido en la almohada. Es un espíritu juguetón y doméstico. Su sombrero es tan
grande que tiene que arrastrarlo, recorriendo a la hora del crepúsculo ciudades y campos.
Cuando encuentra a la mujer de sus amores, amarra sus mulas al primer poste que
encuentra, descuelga su guitarra que lleva al hombro y empieza a cantar y bailar.
En la tradición indígena este personaje también está arraigado. Tzitzimite es una figura de
primer orden en la cosmogonía indígena, puesto que con ese nombre se conoce al brujo
indígena.

Serie televisiva[editar]
Programa "Las Aventuras del Cipitío" de Canal 10 recibiendo premio de UNICEF por su ayuda a la
niñez, a inicios de los años noventa

Televisión Cultural Educativa de El Salvador produjo de 1990 a 1992 la serie "Las


Aventuras del Cipitío", protagonizada por el actor nacional José Rolando Menéndez
Castro,15 quien acompañado de actores locales, dio vida en la pantalla a un personaje
propio del país. En 2005, el Ministerio de Educación lanzó la serie "Las nuevas aventuras
del Cipitío", las cuales son transmitidas por canal 10. Las historias se ven enriquecidas con
personajes como el Brujo Barbujo (Manuel de Jesús Martínez, Lic. José Simeon Duarte,
Luis Menéndez y Juan Antonio Ruiz), Humazón (Danilo Colocho), Tamagás (Juan
Salomón Paredes), Malévolo (Neil Chávez, Julio Flores y Jose Fernandez), Todoloco (Raúl
Parada), La Bruja Malinchinela (Ana Celina Morataya y Kryssia Garcia), El Conde de
Contrafisco (Francisco Ramos), Beto Arrazador (Luis Mejilla), Don Progreso (Oscar
Morales) y Dora Metralla (Kenia Valencia).16
En cuanto a la fidelidad de la serie con respecto a la tradición, el aspecto físico del Cipitío
es casi exactamente calcado del tradicional, salvo por los pies al revés, que por ser un
actor humano, no podían simularse tan fácilmente. Las historias son bastante distantes de
la tradición, intentando tratar temáticas contemporáneas y responder a las necesidades
actuales de la niñez salvadoreña.

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