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CAPÍTULO XXIV

LA INFLUENCIA DEL EROTISMO ORAL SOBRE


LA FORMACIÓN DEL CARACTER (1924) 207

SEGÚN LA OPINIÓN corriente, la formación del carácter debe atribuirse


en parte a una dispoSición ingénita, y en parte a los efectos del me-
dio ambiente, entre los cuales tienen especial importancia los de la
educación. La investigación psicoanalítica ha llamado la atención por
primera vez hacia fuentes de la formación del carácter que hasta
ahora no han sido consideradas suficientemente. Sobre 'la base .de la
experiencia psicoanalítica hemos aceptado la hipótesis de que los
elementos de la sexualidad infantil que son excluídos de Ja vida sexual
del adulto, sufren en parte una transformación que los convierte en
ciertos rasgos de carácter. Como es bien sabido, Freud fue el primero
en demostrar que ciertos elementos del erotismo anal del niño sufren
una transformación de esta clase. Algunas partes de este erotismo
anal ingresan en la organización final de la vida sexual madura,
algunas son sublimadas, y algunas pasan a formar el carácter. Estas
contribuciones de las fuentes anales al carácter deben considerarse
normales. Ellas hacen posible al individuo la adaptación a las exi-
gencias de su ambiente respecto a higiene, amor al orden, y semejan-
tes. Además de esto, sin embargo, hemos aprendido a reconocer un
"carácter anal" en el sentido clínico, el cual se distingue por una
acentuación extrema de ciertos rasgos; pero debe observarse que la
excesiva afición a la limpieza, la parsimonia, y tendencias similares
que se encuentran en tales caracteres, nunca predominan completa-
mente; encontramos invariablemente los extremos opuestos más o me-
nos desarrollados.
Ahora bien, la experiencia nos enseña que no todas las .desviacio-
nes de la· formación del carácter final, de la etapa genital, se originan
en las fuentes anales ya mencionadas. Encontramos que el erotismo oral
es también una fuente de la formación del carácter. Podemos ver
asimismo que los elementos de este origen pueden estar dentro de
lo normal, o bien excederlo ampliamente. Por consiguiente, si nues-
tras Observaciones son correctas, podemos hablar de fuentes orales,

201 (NO 99, B. A.).


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anales y genitales de la formación del carácter; al hacerlo así, sin


embargo, estamos descuidando concientemente un aspecto del pro.
blema, pues sólo tomamos en cuenta aquellas contribuciones a la for-
mación del carácter que provienen de las zonas erógenas, y no aque-
llas que derivan de los instintos componentes. Este descuido, empero,
e! más aparente que real; por ejemplo~ la estrecha relación, en la vida
instintiva infantil, del componente de la crueldad con el erotismo
oral, se hará evidente en la formación del carácter del individuo, del
mismo modo que en cualquier otro aspecto, así que prácticamente
no será necesario llamar especialmente la atención sobre él.
Lo que diré acerca de los rasgos de carácter de origen oral será
quizá decepcionante en algunos puntos, porque no puedo ofrecer un
cuadro comparable al del carácter anal por lo completo. Por lo
tanto, comenzaré señalando algunas diferencias entre ambos a las.
que no habría que perder de vista, y que moderarán nuestras expec-
taciones respecto al carácter oral hasta proporciones más adecuadas.
En primer lugar, debe recordarse que de las tendencias placen-
teras vinculadas con los procesos intestinales, sólo una pequeña parte
puede llegar a formar parte del erotismo normal de una manera no
reprimida; mientras que puede seguirse empleando en la vida poste-
rior una parte incomparablemente mayor de la catexia libidinal de
la boca que caracteriza a la infancia. De este modo, los elementos ora-
les de la sexualidad infantil no necesitan ser transformados en la
formación del carácter ni sublimados en la misma medida que los
anales. .
En segundo lugar, debemos tener en cuenta que una formación
retrógrada del carácter, t~l como la que está asociada a la aparición
de ciertos trastornos neuróticos, se detiene en lo principal en la etapa
anal. Si prosigue más allá y se produce una intensificación patoló-
gica de rasgos orales, como se describirá luego, éstos aparecerán mez-
clados con rasgos pertenecientes a la fase anal; y en ese caso debemos
esperar encontrar una combinación de los dos tipos de rasgos de
carácter, antes que un desarrollo exclusivo de los orales.
Si estudiamos más profundamente estos productos mixtos de dos
fuentes diferentes de la formación del carácter, hacemos un nuevo
descubrimiento, a saber, que el origen del carácter anal está estrecha-
mente relacionado con la historia del erotismo oral, y no puede ser
completamente entendido sin referencia a este último.
La experiencia clínica condujo a Freud a la teor_ía de que en
muchas personas, la particular acentuación libidinal ligada a los pro-
cesos intestinales es un factor constitucional. No puede dudarse de
esto. Sólo es necesario recordar que en ciertas familias se observan
f~nómenos positivos de erotismo anal, así como rasgos de carácter
anal, en los miembros. más diversos. No obstante, aunque esta hipóte-
sis es correcta, el hecho admite una explicación ulterior a la luz de
las siguientes observaciones psicoanalíticas.
PSICOANÁLISIS CLÍNICO 303

En Ja infancia, el individuo halla un intenso placer en el acto


de suc:;:cionar, y nos hemos familiarizado con Ja noción de que este
placer no debe atribuirse enteramente al proceso de la ingestión del
alimento, sino que está condicionado en un alto grado por el signi-
ficado de Ja boca en cuanto zona erógena.
Esta primitiva forma de obtener placer no es nunca completa-
mente abandonada por el individuo, sino que persiste bajo diferenteS
disfraces durante toda su vida, e inclusive es reforzada en ciertos
momentos y circunstancias particulares. No obstante, a medida que
crece, tanto física como psíquicamente, el niño renuncia en gran me-
dida a su placer original en succionar. Ahora bien, la observación
demuestra que toda renuncia al placer sólo tiene lugar sobre la base
de un trueque. Es este proceso de renunciación y el curso que toma
bajo condiciones diferentes, lo que merece nuestra atención.
En primer lugar está el proceso de irrupción de los dientes, que.
como es sabido, hace que una parte considerable del placer en suc-
cionar sea reemplazada por el placer de morder. Sólo necesitamos
recordar cómo durante esta etapa del desarrollo el niño se lleva a la
boca todos los objetos que puede, e intenta con todas sus fuerzas
destrozarlos con los dientes.
En el mismo período evolutivo el niño comienza a tener relacio-
nes ambivalentes con los objetos exteriores. Debe observarse que tanto
el aspecto amistoso como el hostil de esta acitud, están vinculados con
el placer. Aproximadamente al mismo tiempo se produce otro despla-
zamiento de sensaciones placenteras hacia otras funciones y zonas.
corporales. .
Lo que es de particular importancia, es que el placer en la suc..,
ción sufre una especie de migración. Casi al mismo tiempo de deste~
tarlo, también se educa al niño en los hábitos higiénicos. Un requi-
sito importante para el éxito de este último proceso reside en la
función, que evoluciona gradualmente, de Jos esfínteres anal y ure-.
tral. La acción de estos músculos es la misma que la de los labios al
succionar, y se modela evidentemente sobre ella. La original evacua-
ción incontrolada de las excreciones corporales fue acompañada por
una estimulación de las aberturas del cuerpo que fue indudablemente
placentera. Si el niño se adapta a las exigencias de la educación y
aprende a retener sus excreciones, también esta actividad nueva será
acompañada por placer. Las sensaciones agradables asociadas con el
órgano de este proceso, son el fundamento del placer psíquico en todo
tipo de posesión. Las investigaciones más recientes han demostrado
que la posesión de un objeto significa originariamente para la psique
infantil la incorporación de aquél al propio cuerpo. Mientras que al
principio el placer estaba asociado solamente con la ingestión de algo
proveniente del exterior o con la expulsión de los contenidos corpo-
rales, ahora se agrega el placer de retener estos contenidos, lo que con-
duce al placer en todas las formas de propiedad. La relación que
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mantienen entre sí estas tres fuentes de gratificación física y psíquica,


es de la mayor importancia práctica para la posterior conducta social
del individuo. Si el placer en obtener o tomar está en la relación
más favorable que sea posible con el placer en la posesión, así como
en el de dar, se ha dado un paso n¡uy importante para establecer los
fundamentos de las relaciones sociales del individuo. Pues cuando
está presente tal relación entre las tres tendencias, se ha cu~plido la
más importante condición previa a la superación de la ambivalencia
de la vida emocional.
En lo que se ha dicho hasta ahora, sólo hemos llamado la aten-
ción sobre. rasgos. aislados de un proceso evolutivo multiforme. Para
los fines de nuestra investigación es suficiente aclarar que el primer
paso, y quizá por ello el más importante, que efectúa el individuo
hacia la consecución de una actitud normal en sus relaciones sociales
y sexuales finales, consiste en el adecuado tratamiento de su erotismo
oral. Pero este importante proceso de desarrollo puede ser perturbado
de numerosas maneras. Para comprender esto, debemos tener en cuenta
que el placer del período de la succión es en gran medida un placer
de tomar, de recibir algo. Es evidente, por lo tanto, que toda dife-
rencia cuantitativa respecto al grado habitual de placer obtenido, pue·
de originar perturbaciones.
Dadas ciertas condiciones de nutrición, el período de la succión
puede ser en extremo desagradable para el niño. En algunos casos, su
primer anhelo de placer es imperfectamente gratificado, y se lo priva
así del goce de la etapa de succión 2 ºª· En otros casos, el mismo pe·
ríodo es anormalmente rico en placer. Es sabido cómo algunas madres
ceden ante la solicitación de placer por parte del niño, accediendo a
todos sus deseos. El resultado es que se hace extraordinariamente difí·
cil el destete del niño, y a veces requiere dos o tres años. En unos
pocos casos el niño sigue alimentándose por medio de la mamadera
hasta una edad avanzad<!. ·
Sea que en este primer período de la vida el niño no haya tenido
placer o lo haya tenido en exceso, el efecto es el mismo. Abandona
esa etapa con dificultades. Dado que su necesidad de placer, o no ha
sido suficientemente gratificada, o se ha hecho demasiado insistente,
se adhiere con particular intensidad a las posibilidades de placer que
se presentan en la etapa siguiente. Al hacer esto, se expone constan.
temente a sufrir una nueva decepción, ante la cual reaccionará más
rápidamente que el niño normal con una regresión a la primera eta·
pa. E_n otras palabras: en el niño que durante el período de succión
ha sido decepcionado o atendido en exceso, se acentuará especialmen·
te el placer en morder, que es también la forma más primitiva de
sadismo. De tal modo, la formación del carácter comienza en ese niño

208 Freud demostró hace tiempo que los trastornos estomacales e intestinales
en la infancia pueden tener un efecto nocivo sobre el desarrollo mental del niño.
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bajo Ja influencia de una ambivalencia emocional anormalmente pro-


nunciada. En la práctica, tal trastorno del desarrollo del carácter se
expresa en pronunciadas características de hostilidad y desagrado. Eso
explica la presencia de la envidia exacerbada que es tan común.
Eisler ya atribuyó a una fuente oral est"e rasgo de carácter 20 9. Estoy
de acuerdo totalmente con su opinión, pero quisiera destacar su rela-
ción con la etapa oral posterior. En muchos casos, un niño mayor,
que ya está en edad de alimentarse mordiendo y masticando, tiene
oportunidad de observar como se amamanta a uno menor. En tales
casos la envidia ~s especialmeilte forzada. A veces se la supera incom-
pletamente convirtiéndola en su opuesto; pero el sentimiento origi-
nal persiste bajo diversos disfraces, como puede verse fácilmente.
Pero si el niño escapa a la Escila de este peligro, lo amenaza la
Caribdis de otro. Intenta retomar el hábito abandonado de succio-
nar, en una forma alterada y con otra localización. Ya hemos hablado
de la actividad de succión de los esfínteres en las aberturas excretoras
del cuerpo, y hemos reconocido que un deseo desordenado de poseer,
especialmente en la forma de parsimonia y avaricia anormales, está
en estrecha relación con este proceso. Vemos así que esos rasgos, que
corresponden· a los fenómenos ·clínicos del carácter anal, están cons-
truídos sobre las ruinas de un erotismo oral cuyo desarrollo ha sido
malogrado. En el trabajo presente sólo describiré este modo de des-
arrollo defectuoso. Las observaciones precedentes bastarán para mos-
trar cuánto depende nuestra comprensión del carácter anal de un
conocimiento adecuado de los precedentes estadios del desarrollo.
Pasaremos a considerar ahora las contribuciones directas del ero-
tismo oral a la formación del carácter, y comenzaremos con un ejem-
plo tomado de la observación psicoanalítica corriente.
La parsimonia neurótica, que puede desarrollarse hasta llegar a
ser avaricia, se encuentra a menudo en personas que no pueden ga-
narse apropiadamente el sustento; y las fuentes anales de la forma-
ción del carácter no la explican. Está ligada de hecho a una inhibi-
ción en el anhelo de objetos, y esto indica que la libido ha sufrido
vicisitudes· especiales. El placer de adquirir los objetos deseados, parece
en este caso haber sido reprimido en favor del placer de retener las
posesiones existentes. Las personas en quienes encontramos esta inhi-
bición son perseguidas por el temor de perder la más pequeña parte
de sus posesiones. Esta ansiedad les impide hacer el intento de ganar
dinero, y las convierte en muchos modos en desvalidas en la vida
práctica. Comprenderemos este tipo de formación del carácter si exa-
minamos los síntomas relacionados con ella.
En ciertos otroS casos, todo el carácter de la persona está bajo la
influencia oral, pero esto sólo puede demostrarse después de realizar
un concienzudo análisis. Según mi experiencia, se trata aquí de per-

209 "El placer de dormir y la perturbación de la capacidad de dormir'" (1921).


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sonas en quienes la succión no sufrió perturbaciones y fue altamente


placentera. Han traído consigo. desde ese• feliz período, una convic-
ción hondamente arraigada de que todo les irá siempre bien. Enfren-
tan la vida con optimismo imperturbable, que de hecho las ayuda a
conseguir sus propósitos. Pero nos encontramos también con tipos de
desarrollo menos favorables. Algunas personas están dominadas por
la creencia de que siempre habrá algún ser bondadoso -un represen-
tante de la madre, por supuesto- que cuide de ellas y les dé todo lo
que necesitan. Esta cren!=ia optimista las condena a la inactividad.
Reconocemos nuevamente en ellas a individuos que han sido mima-
dos en el período de succión. Toda su actitud hacia la vida manifiesta
que esperan, por decirlo así, que el pecho de su madre fluya para
ellos eternamente. No hacen ningún tipo de esfuerzo, y en algunos
casos desdeñan inclusive emprender una ocupación que les permita
ganarse la vida.
Este optimismo, sea que se asocie con una conducta enérgica, o
que, como en el último caso, se dé junto a una descuidada indiferen-
cia ante el mundo, contrasta notablemente con un rasgo del carácter
anal que no ha sido suficientemente apreciado hasta el presente. Me
refiero a una melancólica seriedad que· se transforma en marcado pe-
simismo. Debo señalar. sin embargo, que en gran medida esta carac-
terística no tiene un origen anal directo, sino que deriva de la decep-
ción de deseos orales en los primeros años. En las personas de este
tipo está completamente ausente la creencia optimista en la benevo-
lencia del destino. Por el contrario, muestran consecuentemente una
actitud de aprensión ante la vida. y tienen la tendencia a destacar lo
peor de todas las cosas. y a encontrar dificultades en las empresas
más simples.
Un carácter arraigado de este modo en el erotismo oral, influye
sobre toda la conducta individual, así como en la elección de profe.
sión, predilecciones y aficiones. Podemos citar como ejemplo al tipo
de funcionario neurótico que sólo puede existir cuando todas las cir-
cunstancias de su vida le han sido prescritas de una vez para siempre.
Para él es condición necesaria de la vida el que sus medios de subsis-
tencia le sean garantizados hasta el final de sus días. Renuncia a todos
los ideales de progreso personal con tal de recibir un ingreso seguro·
y regular.
Hasta ahora nos hemos ocupado de personas cuyo entero carácter
se explica por la suposición de que su libido ha sido plenamente gra-
tificada en la etapa oral de su desarrollo. Sin embargo. en el psico-
análisis observamos a individuos que son abrumados durante toda
su vida por los efectos de un período de succión insatisfactorio. En
ellos no hay huellas de que haya tenido lugar tal desarrollo.
En su comportamiento social, estas personas pareC:en estar pi-
diendo siempre algo, sea en la forma de una modesta solicitación, o
en la de una exigencia agresiva. La manera en que expresan sus de-
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seos, tiene algo del carácter de una persistente succión; no se los des-
pide ni con actos duros ni con argumentos razonables. sino que con-
tinúan insistiendo en sus demandas. Podría decirse que "se aferran
como sanguijuelas" a otras personas. Les desgrada particularmente
quedarse solos, inclusive por un breve tiempo. La impaciencia es una
marcada característica suya. En algunos casos, aquellos en los que, la
investigación psicoanalítica revela una regresión de la etapa oral-sá-
dica a la de la succión, su conducta tiene también un elemento de
crueldad, que los hace asemejarse a vampiros.
Encontramos en las mismas personas ciertos rasgos de carácter
que pueden atribuirse a un peculiar desplazamiento en la esfera oral.
Su anhelo de eXperimentar una gratificación por medio de la succión,
se ha transformado en una necesidad de dar por medio de la boca, de
modo que al lado de un deseo permanente de obtener todo, hay una
constante necesidad de comunicarse oralmente con los demás. Esto
tiene por resultado una obstinada urgencia de hablar, relacionada en
muchos casos con una sensación, de flujo superabundante. Las perso-
nas de este tipo tienen la impresión de que su caudal de pensamien-
tos es inagotable, y le atribuyen a lo que dicen algún poder o valor
especial. Su principal relación con otras personas se efectúa por medio
de una descarga oral. La obstinada insistencia descrita anteriormente,
se expresa desde luego, principalmente por medio del discurso. Pero
esa función sirve al mismo tiempo para dar. Más aún, podría esta-
blecer regularmente el hecho de que estas personas pueden controlar
sus otras actividades tan poco como su palabra. Así, encontramos fre-
cuentemente en ellas una necesidad de orinar neuróticamente exage-
rada, que aparece a menud9 al mismo tiempo, o inmediatamente des-
pués de un estallido verborrágico.
También en aquellos rasgos de la formación del carácter que per-
tenecen a la etapa oral-sádica, el hablar toma el lugar de impulsos
reprimidos de otro sector. En algunos neuróticos es especialmente
notable el propósito hostil de su charla. En este caso, ella sirve al
fin inconciente de matar al adversario. El psicoanálisis ha demostrado
que en tales casos, en lugar de morder y devorar al objeto, aparece
una forma más moderada de agresión, aunque el órgano que se uti-
liza para eso sea todavía la boca. En ciertos neuróticos, el habla es
empleada para expresar toda la variedad de tendencias instintivas,
sean amistosas u hostiles, sociales o antisociales, y sin tener en cuenta
la esfera instintiva a la que pertenecían originarianiente. En ellos, el
impulso de hablar significa desear, y al mismo tiempo atacar, matar,
aniquilar, y todo tipo de evacuación corporal, inclusive el acto de
la fecundación. En sus fantasías, se somete al habla a la valoración
narcisista que su inconciente aplica a todas las producciones físicas
y psíquicas. Toda su conducta contrasta notablemente con la de las
personas reticentes, con una formación de carácter anal.
Las observaciones de esta clase atraen nuestra atención muy en-
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fáticamente sobre las variedades y diferencias que existen en el domi-


nio de la forffiación del carácter. y muestran que el campo que
estamos investigando no es nada limitado, ni le falta diversidad. Las
diferencias más importantes son las que dependen de que tal o cual
rasgo del carácter se haya desarrollado sobre la base de la etapa más
temprana o más tardía; en otras palabras, de que sea la expresión
de una tendencia. inconciente a succionar o morder. En el último
caso, encontraremos asociados con ese rasgo de carácter a los más mar-
cados síntomas de ambivalencia; anhelos instintivos positivos y nega-
tivos, tendencias hostiles y amistosas; mientras que podemos afirmar
sobre la base de nuestra experiencia, que los rasgos de carácter deri-
vados del período de la succión no están sometidos a la ambivalencia.
Según mis observaciones, esta diferencia fundamental se extiende hasta
los menores detalles de la conducta de la persona. En una reunión
de la Sociedad Psicológica Britáhica (Sección Médica) , el Dr. Glover
leyó recientemente un trabajo en el que concedía una particular
consideración a estas diferencias 210 .
Los contrastes muy significativos que se encuentran en la forma:
ción del carácter de individuos diferentes, pueden ser atribuídos psi-
coanalíticamente al hecho de que las influencias decisivas sobre el
proceso de la formación del carácter han sido ejercidas, en un caso,
por los impulsos orales, y en otro, por los anales. Igualmente impor-
tante es la asociación de elementos instintivos sádicos con las mani-
festaciones de la libido que surgen de las diversas zonas erógenas.
U nos pocos ejemplos ilustrarán someramente este punto. En nuestros
psicoanálisis, podemos remonta~ los fenómenos de intenso anhelo hasta
la primera etapa oral. No necesita decirse que no excluímos otras
fuentes impulsivas como factores de esos fenómenos. Pero los deseos
que derivan de la primera etapa están todavía libres de la tendencia
a destruir al objeto, tendencia que es característica de los impulsos
de la etapa siguiente.
Los impulsos de codicia derivados de la segunda etapa oral con-
trastan fuertemente con el carácter modesto de la persona de cons-
titución anal. Pero no debemos olvidar que en ésta, la debilidad de
la tendencia adquisitiva está compensada por su obstinado aferra·
miento a las cosas que ya ha obtenido.
Son también características las diferencias en la inclinación a
compartir con otros las propias posesiones. La generosidad es un fre-
cuente rasgo de carácter oral. En esto, la persona oralmente gratifi-
cada se identifica con la dadivosa madre. En la siguiente etapa, oral-
sádica, las cosas son muy diferentes, pues la envidia, la hostilidad y
los celos hacen imposible tal conducta. De modo que en muchos casos
la conducta generosa o envidiosa se deriva de una de las dos etapas
orales del desarrollo; y del mismo modo, la inclinació~ a la avaricia

210 "El significado de la boca en el psicoanálisis (1924).


PSICOANÁLISIS CÚNICO 309

corresponde a la sucesiva etapa anal-sádica de la formación de ca-


rácter.
Hay también diferencias notables en la conducta social de la
persona según la etapa de. la libido de donde deriva su carácter. Las
personas que han sido gratificadas en la primera etapa, son vivaces
y sociables; aquellas fija das en la etapa oral-sádica son hostiles y ma-
liciosas; mientras que el malhumor, la inaccesibilidad y la reticencia
se dan juntameá.te con el carácter anal.
Además, las personas de carácter oral son accesibles a las nuevas
ideas, tanto en un sentido favorable como en uno desfavorable, mien-
tras que el carácter anal implica un comportamiento conservador
opuesto a todas Jas innovaciones, una actitud que por cierto impide
el abandono apresurado de lo que ha demostrado ser bueno.
Hay un contraste similar entre la importunidad impaciente, la
prisa y la inquietud de las personas de carácter oral, y Ja perseveran-
cia y persistencia del carácter anal, que por otra parte, tiende a las
dudas y dilaciones.
El rasgo de carácter de la ambición, que encontramos tan "fre-
cuentemente en nuestros psicoanálisis, ha sido atribuído hace tiempo
por Freud 21 1 al erotismo uretral. Tal explicación, empero, no parece
haber penetrado en las fuentes más profundas de esta característica.
De acuerdo con mi experiencia, y también con la del Dr. Glover, se
trata más bien de un rasgo de origen oral que luego es reforzado por
.otras fuentes, entre las cuales debe mencionarse especialmente a Ja
uretral.
Además_ de esto, ·se ha observado que ciertas contribuciones a la
formación del carácter que se originan en la primera etapa oral, coin-
ciden en aspectos importantes con otras derivadas de la fase final,
genital. Esto se explica probablemente por el hecho de que en esas
dos etapas, la libido está menos expuesta a perturbaciones por parte
de una ambivalencia emotiva.
Encontramos en muchas personas, además de los rasgos de carác-
ter orales ya descritos, otras manifestaciones psicológicas que debemos
derivar de las mismas fuentes instintivas. Se trata de impulsos que
no han sufrido ninguna modificación social. Como ejemplos, deben
mencionarse especialmente a un apetito morbosamente intenso, y a
una inclinación a diversas perversiones orales. Además, encontramos
muchos tipos de síntomas neuróticos que tienen determinantes orales;
y finalmente hay fenómenos debidos a la sublimación. Estos últimos
productos merecen una investigación independiente, que excedería los
límites de este trabajo; por lo tanto sólo daré un ejemplo.
El desplazamiento del placer infantil en succionar, a la esfera
intelectual, es de gran importancia práctica. La curiosidad y el placer
de observar reciben un importante refuerzo de esta fuente; y no sólo

211 "El carácter y el erotismo anal" (1908).


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durante la infancia, sino en toda la vida del individuo. En las perso-


nas. que manifiestan una inclinación especial a la observación de la
Naturaleza, y hacia muchas ramas de la investigación científica, el
psicoanálisis demuestra una estrecha conexión entre esos impulsos y
deseos orales reprimidos.
Una mirada al proceso de la investigación científica nos permite
reconocer cómo los impulsos correspondientes a las diversas zonas eró-
genas deben apoyarse y complementarse mutuamente para que puedan
conseguirse los resultados más favorables. El óptimo se alcanza cuando
se combina una enérgica "absorción" de observaciones, una suficiente
tenacidad y capacidad para "digerir" los hechos reunidos, y un fuerte
impulso a devolverlos al mundo, siempre que esto no se haga con
indebida prisa. La experiencia psicoanalítica nos presenta varios tipos
de divergencia de este óptimo. Así, hay personas con una gran capa-
cidad mental para absorber, pero que, sin embargo, son inhibidas en
la producción. Otras producen demasiado rápidamente. No es exage-
rado decir de tales personas que apenas han ingerido una cosa, la
devuelven. Cuando se las analiza, resulta a menudo que tienden a
vomitar los alimentos tan pronto como los comen. Son personas que
manifiestan una extrema incapacidad neurótica; falta en la estructura
de su carácter una combinación satisfactoria de impulsos orales que
impelan hacia adelante, con otros anales retardatorios.
En conclusión, me parece de particular importancia aludir una
vez más a la significación de esas combinaciones. En la formación del
carácter normal, descubrimos siempre derivados de todas las fuentes
instintivas originales, felizmente combinados con los demás.
Es importante, además, considerar las numerosas posibilidades de
tales combinaciones, porque ello nos impedirá sobreestimar algún as-
pecto particular, por importante que él sea. Si consideramos los pro-
blemas de la formación del carácter desde el único punto de vista
unificador que nos ofrece el psicoanálisis, el de la sexualidad infantil,
resulta evidente que en la esfera caracterológica todas las cosas están
entretejidas en un todo. El reino de la sexualidad infantil se extiende
sobre dos campos diferentes. Cubre toda la vida instintiva inconcien-
te del ser humano. Y es también el escenario de las muy importantes
impresiones psíquicas de los primeros años de la infancia, entre las
cuales debemos incluir a las influencias prenatales. Algunas veces nos
sentiremos descorazonados por la masa de fenómenos que encontramos
en el amplio campo de la mentalidad humana, desde el juego de
los niños y otros productos de la primera actividad de la fantasía,
pasando por el primer desarrollo de los intereses y talentos del niño,
hasta los más valiosos logros de los seres humanos maduros y las más
extremas diferencias individuales. Pero debemos recordar entonces,
que Freud nos ha proporcionado en la teoría y la práctica del psico-
análisis un instrumento para investigar este amplio tema, y para abrir
el camino hacia la sexualidad infantil, esa inagotable fuente de vida.