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1 Mar 2020 - 12:00 AM. El Espectador.

Por: Rodrigo Uprimny


Duque, la ONU y los derechos humanos
El presidente Duque atacó duramente el informe anual de la Oficina de la alta comisionada de
Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Oacnudh), argumentando que era impreciso pues,
por ejemplo, no reconocía avances en la implementación de la paz o en la investigación de los
asesinatos de líderes sociales, ni condenaba suficientemente las atrocidades del Eln. Y tuvo un
ataque más fuerte: argumentó que era una intromisión en la soberanía colombiana que Oacnudh
recomendara que la Policía pasara al Ministerio del Interior.
Estos ataques son no solo injustificados, sino que contradicen otras posiciones del propio Gobierno.
Primero, quien es impreciso es Duque. Un solo ejemplo: no es cierto que el informe no reconozca
progresos en las investigaciones de homicidios de líderes sociales, pues valora positivamente que
haya avances en 55 % de los casos. Pero obviamente critica que no haya esclarecimiento sobre los
autores intelectuales de esos asesinatos y que su número siga siendo tan alto: 108 solo en 2019.
Segundo, esos ataques a Oacnudh por supuestamente infringir la soberanía desconocen la función
de la ONU y de los derechos humanos en el mundo contemporáneo.
La ONU nació para evitar la repetición de las atrocidades de los fascismos, que habían conducido a
la Segunda Guerra Mundial y habían mostrado que a veces el peor enemigo de las personas es su
propio Estado. Quedó claro que era necesario crear mecanismos internacionales para proteger a las
personas de sus propios Estados.
La Carta de la ONU estableció entonces que todos los Estados deben colaborar en el respeto de los
derechos humanos, que dejaron de pertenecer a la soberanía de los Estados y se convirtieron en un
tema de derecho internacional. Posteriormente, los propios Estados crearon instituciones para
promover y proteger los derechos humanos, como la propia Oacnudh. Cuando uno de esos órganos
internacionales se pronuncia sobre los derechos humanos en un Estado y le formula
recomendaciones, no está entonces infringiendo la soberanía de ese Estado, sino que está
ejerciendo una función que le ha sido encomendada por el derecho internacional.
Eso precisamente fue lo que hizo Oacnudh al recomendar a Colombia que la Policía quede bajo la
supervisión del Ministerio del Interior, que es además una petición muy razonable, a fin de que la
Policía deje de ser un cuerpo militarizado y sea realmente un cuerpo armado civil, como debe serlo
en una democracia genuina.
Finalmente, estos ataques de Duque a Oacnudh por supuestamente invadir nuestra soberanía
nacional contrastan con otras posiciones de ese mismo Gobierno. Por ejemplo, el Comité de
Derechos Humanos, también de la ONU, recomendó, con toda razón, que condenados como el
exministro Arias debían tener un recurso para impugnar la sentencia que los condenó en única
instancia. El gobierno Duque ha apoyado esa recomendación y la reforma que se ha tramitado en el
Congreso al respecto.
Para el gobierno Duque, la ONU es entonces legítima para recomendarnos que modifiquemos
nuestro proceso penal a favor de Arias, pero invade nuestra soberanía si recomienda que
reformemos a la Policía. Un doble estándar inaceptable. Pero, además, con esa actitud chauvinista
contra Oacnudh, Duque termina asumiendo la misma posición del gobierno de Maduro, que
siempre se ha opuesto a las críticas de los órganos internacionales de derechos humanos, como la
Comisión Interamericana, con el argumento de que es una injerencia en la soberanía venezolana.
Posdata. Por transparencia, aclaro que para el período 2019-2022 soy integrante del Comité de
Derechos Económicos Sociales y Culturales de Naciones Unidas. * Investigador de Dejusticia y
profesor de la Universidad Nacional.