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INFORME SOBRE LA CONFERENCIA “EL TEATRO LATINOAMERICANO” A CARGO DE LA DRA.

LAURIETZ SEDA

César Sánchez Vallejo

El pasado jueves 5 de noviembre, la Dra. Laurietz Seda impartió una espléndida conferencia
sobre teatro latinoamericano. La conferencia se trató en 4 puntos importantes, referidos a la
clasificación exclusiva que esta hizo de las etapas del teatro latinoamericano en el siglo XX y
XXI.

La primera etapa correspondía a los años 1928 – 1950, la vanguardia. Este período que surge
como una respuesta al realismo y al naturalismo, destaca por la aparición de los teatros
experimentales, que consistían en funciones presentadas en espacios más pequeños e íntimos,
en los que primaba la construcción artística por sobre el argumento. También se genera un
cambio de esquema en el cual el actor deja de asumir la responsabilidad principal de la calidad
artística y se la cede al director. Como última característica se señala la exploración de diversos
lenguajes escénicos en los que se rompe con la linealidad habitual, tanto de tiempo como de
espacio, y se aprovechan los nuevos recursos tecnológicos (principalmente la luz eléctrica)
para la expresión de un mensaje más abstracto y poético. Para complementar la exposición se
mencionan a algunos de los autores o escuelas más emblemáticos de esta etapa y a algunas de
sus obras. En México se resaltó la labor del Grupo Ulises (en especial la de Xavier Villaurrutia) y
la de Roberto Usigli por fomentar un nuevo teatro mexicano a través de obras como Invitación
a la muerte y Corona de sombra en las que se utilizan los símbolos nacionales, acontecimientos
históricos y otros más, como una invitación a la reflexión crítica de su identidad y a una toma
de conciencia estética. En Argentina se destacó al teatro independiente del grupo Boedo, que,
a través de obras como Saverio el cruel trató temáticas sociales más ligadas al pueblo, por lo
que también recibió el nombre de “teatro del pueblo”. En Puerto Rico se enfatizó la influencia
de la obra Vejigantes de Francisco Arrivi, miembro selecto del grupo Areyto, centrada en
problema racial del blanqueamiento. En chile se hizo una corta mención de la obra Luna de
Vicente Huidobro, y, finalmente, en el caso del Perú, se remarcó el genial trabajo de César
Moro, Luis Berninsone, Joel Marrokín y César Vallejo, cuyas obras abogaban por una
participación más activa del público.

La segunda etapa, el boom teatral, se ubicó en los años 1954 – 1969. Esta época es descrita
como la de mayor florecimiento para el teatro latinoamericano y se caracterizó por la extensa
variedad de temas y técnicas ejecutados. Respecto a los temas, a pesar de la diversidad, se
evidenció un claro sentido de revolución estética y sociopolítica que aunó a todos los
dramaturgos de la época. Respecto a la técnica, se incorporaron elementos europeos propios
del existencialismo, el teatro del absurdo, el teatro de la crueldad y el teatro ritual. También se
habló de las influencias del teatro brechtiano y pirandelliano, sobre todo, de su naturaleza de
mantener distancia con el público y, con ello, la toma de conciencia del espectáculo; en este
sentido, se diferencia del teatro de la vanguardia que más bien pretende una mezcla del
espectador con el espectáculo. Todas estas técnicas recogidas del viejo continente
respondieron a los problemas sociopolíticos e injusticias sociales propios de los países
latinoamericanos. Como prueba de ello se nos mencionan algunas de las obras más
reconocidas de este periodo, como los fantoches de Enrique Buenaventura, que expone el
clima sociopolítico cubano de la revolución, además de llevar a cabo una propuesta de
“creación colectiva” en la que todos los participantes de la obra fueron presentados a un
mismo nivel. También se nombraron las obras Los soles truncos de René Marqués, con clara
influencia existencialista, El cepillo de dientes de Jorge Díaz, de corte absurdista, La noche de
los asesinos de José Triana, con marcados elementos del cine ritual y otras más, entre las que
sobresalen Yo también hablo de la rosa de Emilio Carballido, Historias para ser contadas de
Osvaldo Dragún y Los siameses de Griselda Gambaro.

El tercer periodo es el del teatro posmoderno y este se generó en los años 70 y desarrolló en
los años 1980 – 2000, a raíz de los postulados de Jean François Lyotard en los que se denuncia
la desaparición de los grandes relatos (cristianismo, historicismo, marxismo, etc.). Este periodo
se caracterizó por el desmantelamiento discursivo de las tradiciones y convenciones
establecidas en américa latina, apuntando a conceptos como historia, cultura, género humano
e incluso el de teatro mismo, y exhibiéndolos como constructos. En lo que respecta a las
temáticas y técnicas empleadas se destacan entre las primeras el choque entre la cultura de
élites y la cultura popular, la parodia y el énfasis en la sexualidad y, entre las segundas, el
anacronismo, la metaficción y la intertextualidad. Los autores destacados en esta época son el
chileno Marco Antonio de la Parra con su obra La secreta obscenidad de cada día, el cubano
Joel Cano con su obra Timeball, el portorriqueño Roberto Ramos Perea con Mistiblú, el
argentino Mauricio Cartún con Chau Misterix y las argentinas Susana Torres Molina y Diana
Raznovich con Y a otra cosa mariposa y Matriz respectivamente, y la mexicana Sabrina Berman
con Águila o sol, El bigote y Entre Pancho Villa y una mujer desnuda. También se hizo un
especial detenimiento sobre el fenómeno de la globalización y cómo este repercutió en la
contemporánea forma de producir teatro, ya que la aceleración de interacciones
comunicativas y económicas favoreció la llegada de nuevas temáticas, técnicas y tecnologías
con las cuales replantear las puestas en escena, pero sin salir del marco de la posmodernidad.
Aquí se hace una mención especial de algunos autores como Víctor Hugo Roscán con su obra
Malinche, Carlos Canales y su obra Bony and Kin, nuevamente Sabrina Berman, esta vez con
eXtras, y, finalmente Guillermo Gomez Peña con su propuesta Mexterminator vs Global
Predator.

Finalmente, la Dra. Seda define un último periodo como “Teatro de la pandemia”, que vendría
a abarcar los últimos meses desde que comenzó el confinamiento social a raíz de la pandemia
por coronavirus. En esta etapa, se nos presenta la discusión sobre un nuevo sentido de teatro,
ya que lo que definía a todo el teatro anterior era en parte, el cuerpo del actor en el escenario
y su interacción con un público presente. Sin embargo, la situación actual nos obliga a
reformular este paradigma y a proponer nuevas formas de interacción virtuales de las cuales
es un ejemplo la obra Matemos el teatro de la portorriqueña Janilka Romero, en la que se
realiza un manifiesto de Teatro Virtual. A raíz de este manifiesto y de un pronunciamiento
bastante distinto de Jorge Dubatti se armó una concienzuda síntesis por parte de la Dra. Seda,
que trajo como consecuencia una provechosa ronda de preguntas en las que se trataron temas
como la posibilidad del teatro virtual, el choque cine-teatro, la esencialidad de la corporeidad,
entre otros.