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CAUTIVA POR EL ALFA

IRIS MONTES MESEGUER


© Montes Meseguer, Iris [Primera edición: Abril de 2020]
ISBN
Impreso por Amazon.
Todos los derechos reservados
Para todos aquellos que han creído en mí desde el principio.
En especial, quiero dar las gracias a todas las personas que
me siguieron en Wattpad e hicieron posible que creyera en
esta historia.
Y, por supuesto, a Gabriel por ser mi ángel de la guardia.
Índice:

Capítulo 1: 1

Capítulo 2: 8

Capítulo 3: 15

Capítulo 4: 22

Capítulo 5: 28

Capítulo 6: 35

Capítulo 7: 41

Capítulo 8: 47

Capítulo 9: 53

Capítulo 10: 61

Capítulo 11: 69

Capítulo 12: 76

Capítulo 13: 83

Capítulo 14: 90

Capítulo 15: 98

Capítulo 16: 104

Capítulo 17: 110

Capítulo 18: 116

Capítulo 19: 122

Capítulo 20: 129

Capítulo 21: 135

Capítulo 22: 141

Capítulo 23: 147

Capítulo 24: 154

Capítulo 25: 160

Capítulo 26: 166


CAUTIVA POR EL ALFA
Arwen es la hija del alfa de la manada del Sur y está a
punto de pasar a ser la líder del clan.
Kilian es el alfa de la manada del Norte y lleva con puño de
hierro las normas licántropas.
Arwen descubre a un Craig del Norte en su terreno y piensa
que puede tratarse de una amenaza contra sus lobos, por ello,
acompañará al furtivo hasta su tierra para pedir explicaciones.
Allí conocerá a Kilian quie, por motivos desconocidos, hará de
ella su cautiva.
¿Puede estallar una guerra por la decisión del lobo norteño
que parece un vikingo? ¿Y por qué esa apariencia tan varonil
le resulta irresistible a Arwen?
Decisiones arriesgadas…
Atracciones incontrolables…
El inicio de una guerra…
Un amor complicado…
¡VEN A DESCUBRIRLO!
Capítulo 1

Arwen
Destrencé mi cabello castaño caoba con tranquilidad
sentada frente a mi tocador. Había sido un día duro como
muchos otros, tener el péndulo de la crítica sobre mi cabeza
día y noche desde que se había hecho oficial el comunicado de
que mi padre, el alfa, delegaría en mí en los próximos meses,
no era fácil.
La cortina de pelo que llegaba hasta mi cintura estaba
ondulada tras el acto. Algo llamó la atención desde mi
posición. Una sombra posicionada detrás de los arbustos que
había bajo mi ventana.
Apagué la luz de mi habitación, era lo propio. Me agazapé
para acercarme, poco a poco, a la gran cristalera que estaba
abierta. No olvidé, ni por un instante, el hecho de que podía
tratarse de una amenaza, así que cogí una daga de gran filo y
empuñadora dorada con piedras preciosas decorando que
distinguía las armas de la casa del alfa.
El viento y el frío golpeó en mi cara cuando conseguí salir
al exterior lo más sigilosa posible. Allí abajo, alguien se movía
con total tranquildiad y un control, preocupante, de nuestra
vigilancia.
Pasó de largo mi habitación y giró a la izquierda en una de
las columnas corintias de nuestro jardín común. A pesar de ir
ataviada con la ropa de cama, salté para seguirle. Bien podría
ir directo al cuarto de mi padre.
Se detuvo en seco y empezó a tirar pequeñas piedras contra
una de las ventanas del castillo. Si quería romperlas debería
haber elegido una más grande. Mi cabeza me decía que
llamase a los guardias y que ellos se ocuparían de todo, pero
mi instinto rebelde y la valentía que mi padre aseguraba que
sólo era insensatez, me llevaron a ir directamente hacia el
hombre fuerte y alto que había irrumpido en mis tierras sin
permiso.
Empujé mi cuerpo contra el suyo cayendo con mis rodillas
en su espalda. Se dobló y gritó en sorpresa. Se revolvió debajo
de mí pero, para cuando pude mirar sus ojos cara a cara, ya
tenía mi daga en su yugular.
—Yo de ti, no haría nada insensato. —El hombre era fuerte
y grande, más de lo que había previsto. Aún así, mi posición
era de total superioridad. ¿Lo había visto alguna vez? Lo
dudaba. Algo me decía que recordaría haberme cruzado con
un hombre que parecía un vikingo. —¿Qué haces aquí?
—¿Por estas tierras es costumbre poner a mujeres en
pijama a custodiar los jardines? —Se río. Quizá no veía la
gravedad de su situación. O quizá no estaba pretando
suficiente el filo contra su nuez. Hice lo propio—. De acuerdo,
no intentaba hacer nada peligroso. —Subió las manos en señal
de rendición pero, por su imponente figura no me atreví a
soltarlo. —Suéltame, no me gustaría hacerte daño.
—¿Te atreves a amenazarme? —¿Por qué él no entendía
que estaba en un lugar donde si gritaba estaría muerto antes de
que pudiera pestañear? Se revolvió un poco y me tiró al suelo.
Noté un golpe en el hombro con la caída pero me incorporé
grácilmente.
—Te repito que no quiero problemas, pero no dejaré que
me pinches con eso. —Me sonó a amenaza, así que saqué del
muslo, del sitio donde otras se colocaban los ligueros, un
látigo. Hice que cayera barriendo sus pies. Me coloqué mejor
tras atarle las manos. Ya debía avisar a alguien para que me
ayudase a encerrarlo y determinar qué clase de amenaza era.
No me parecía normal que se colase nadie por la noche sin
intención alguna como alegaba.
—¡Brent! —Un grito horrorizado me sacó de mis
pensamientos y me hizo ponerme aún más en alarma. ¿Eran
más de uno? ¿Cómo no había podido verlo? Me giré para ver a
la nueva amenaza para encontrarme de frente con una de las
chicas que se encargaba de darme todo aquello que necesitara.
Alanna, una joven que tendría, prácticamente mi edad—. Ella
es la princesa. —Nunca entendí por qué me llamaban así si mi
padre no era un rey sino un alfa, pero desde que nací se
instauró entre la manada el mote y jamás, por mucho que me
negué a aceptarlo y luché como la que más, conseguí
quitármelo.
—¿Lo conoces? —Intenté recuperar el aliento que, por lo
visto, había malgastado. No es que supiera en exceso sobre
ello, pero, aquella situación parecía ser más un lío de faldas
que un ataque a la jerarquía.
—Él…yo….bueno…nos estábamos empezando a ver,
princesa. —Se agachó un poco en señal de sumisión.
—¿De dónde sales, Brent? —Me dirijí entonces al guerrero
que, sin duda, era un lobo también—. ¿Cuál es tu clan? —
Esperé la contestación ansiosa. Había clanes pequeños
alrededor, pero juraría que no lo había visto ni si quiera de
pasada.
—Mi hermano es Kilian Craig, de la manada del Norte. —
Había oído hablar sobre esa manada y, viendo su imponencia,
me creía que perteneciera a la misma. Se decían muchas cosas
y, no todas ellas eran buenas—. Sólo venía a ver a Alanna. —
Apuntó. Le solté dejando que se incorporara pero
advirtiéndole que no se quitara el látigo de las manos.
—De noche, colándote en las tierras, sin permiso y
pudiendo haber acabado muerto. —Añadí intentando decidir si
dejarlo ir o arrestarlo—. Haremos una cosa. —Miré hacia al
cielo, no quedaba tanto para el amanecer—. En cuanto sea una
hora razonable, te acompañaré a tu tierra. —La cara que puso
fue todo un poema—. Alanna tendrá que venir con nosotros.
No está permitido hacer lo que hacéis, así que, tendrá que ir a
ese clan. —No era que siempre me hubieran gustado las
estrictas normas sobre relaciones entre lobos de otras manadas,
pero, era lo que hacíamos desde hacía más años de los que
podría contar de historia. —Me llevaré también a alguien de
confianza. —Tendría que meditar muy bien a quién elegir. No
todos pensaban que yo pudiera entrar y salir a mi antojo, y
había aún menos que estuvieran de acuerdo con lo que quería
hacer. Qué lío. —Si honor tienes te quedarás aquí hasta que
llegue para empezar el viaje. De lo contrario, iniciaré una
guerra para que pagues tu ofensa hacia mí. —No pensaba
enserio aquello, pero esperaba que se quedase en ese mismo
lugar.
Tras mucho meditarlo y al ver que el sol comenzaba a salir
le dije a Bricia, que siempre me acompañaba a todas partes a
las que no podían entrar hombres en solitario conmigo, que
tenía que venir conmigo a esta misión. No se negó, nunca lo
hacía. Era una joven fuerte y altísima de rasgos morenos y
poca palabra.
—¿Esa va a ser tu gran defensa? —Brent no pareció creerse
mi decisión pero yo intenté aparentar seguridad.
—Mejor empieza a andar hacia tu manada, me gustaría
estar de vuelta antes del anochecer. —Dije todo lo altiva que
pude. Negó con la cabeza e incluso sonrió.
A cada paso que dábamos más segura estuve de que jamás
había representado una amenaza. Llegaría allí, le recordaría a
su hermano que los pactos entre manadas existían para
cumplirlos y me aseguraría de que Alianna fuera aceptada en
ese clan. Después, sintiendo que había cumplido mi deber,
volvería a mi rutinaria y aburrida vida en el castillo.
No fue hasta que tuvimos que cruzar el lago que me
pregunté cuán lejos estaba su casa. ¿Estaría haciendo lo
correcto? Él no tenía intención alguna de atacarnos e incluso
empezaba amables conversaciones, sobretodo con Alanna.
—He oído algo. —Bricia se detuvo en seco antes de
adentrarnos en el bosque que, según había indicado Brent,
estaba justo antes de llegar a su hogar. —Son vampiros. —
Anunció haciendo que, cada uno de nosotros, adoptara su
forma lobuna.
¿Qué hacían tantos vampiros atacando bajo el sol? El sol
debilitaba su fuerza y rapidez, y, además, sólo eran capaces de
soportarlo si tenían más de cien años, ya que, de lo contrario,
permanecían ciegos si la oscuridad no era total. Nos atacaban
por disntintos frentes. Me encargué de demostrar mi
supremacía casi tanto como el sorprendente guerrero. Bricia
me rondaba rematando a mi alrededor, era su deber como
protectora.
Acabamos con todos ellos, pero no salimos, ni mucho
menos ilesos. Contuve la herida de mi hombro arrancándome
parte de la camiseta y remendé las heridas de mi protectora
mientras Alanna hacía lo propio con Brent.
Alguna herida más debía tener porque, sin previo aviso, me
desmayé.
Capítulo 2

Kilian

El amanecer había hecho acto de presencia hacía ya un par


de horas y me impacienté mientras esperaba a mi hermano en
el salón. Solía saltarse las normas a menudo, pero, al menos
hasta hora, siempre había hecho acto de presencia a la hora
que le había pedido.
—Alfa. —Kevin, uno de los guerreros más leales entró con
una urgencia que me hizo dejar de desayunar. Era un hombre
de costumbres y mi desayuno era sagrado. Algo no empezaba
bien en mi día. —Hemos encontrado a tu hermano herido. —
Salté, literalmente de la mesa para seguirle. —¿Dónde está?
Me transformé en lobo para correr mas rápido. Fuimos
directo hacia el bosque y, conforme nos acercábamos, era más
capaz de oler y rastrear a Brent y, por lo visto, no estaba sólo.
¿Quién era aquella gente?
Al llegar a la escena me quedé paralizado.
—¿Qué es esto?
Tres mujeres y mi hermano estaban tendidos en el suelo.
Todos ellos con heridas que, sin ser muy grandes, parecían
llevar veneno de vampiro.
—Tenía que venir en cautiverio. —Señaló Kevin las manos
de mi hermano. Allí había signos evidentes de habler llevado
cadenas. —Debieron asaltarlos y nosotros sorprender a los
atacantes. —Por suerte…Así que se habían atrevido a
secuestrar a mi hermano. ¿Con qué fin? ¿Sacarme el dinero?
Desde luego, aquellas mujeres no eran de mis tierras.
—Llevadlos al castillo. Encerrad a las tres en una celda y
curarles las heridas. —Me centré en mi hermano y lo cargué.
Pocos a parte de mí podían con el cuerpo tan voluptuoso de
Brent. Aquel insensato, cualquier día, se iría para no volver
por su propia irresponsabilidad.
Esperé lo que me pareció una eternidad a que abriese los
ojos. Se desperezó con tranquilidad. El veneno posiblemente
se quemó rápido dentro de su cuerpo. Los lobos teníamos eso
de bueno y, aunque ellas también me quedaba claro que eran
lobas sólo por su olor, tardarían algo más en despertar. Ya
había dado órden expresa de avisarme en cuanto lo hicieran.
Quería saber exactamente a qué se debía el hecho de traerlo
esposado y, de paso, la identidad de quien había osado venir
hasta mi puerta con esa tesitura.
—Hermano… —Le agarré la mano. —Las mujeres… —Le
costaba bastante hablar. El vampiro de veneno tenía esos
indeseables efectos.
—Ya están donde tienen que estar, tranquilo. —Se echó
hacia atrás más relajado. Tenía que terminar de incorporarse al
mundo real conforme terminasen de disminuir los efectos.
Bajé a las celdas con parsimonia. Para mi sorpresa, una de
ellas acababa de despertarse e incorporarse de un salto. Su
melena estaba revuelta y era del color de la madera. Sus ojos
verdes me miraron furibundos. ¿De dónde había salido tal
singular mujer?
—¿Cómo te atreves a meterme en una celda? —Me gritó
acercándose tanto a los barrotes de que tuve miedo de que me
golpease a pesar de su estatura. —¿Quién te crees que eres? —
Le faltó escupir fuego por la boca de lo enfadada que estaba.
—Por lo pronto soy el alfa de esta manda, Kilian Craig y el
que supervisa todas estas tierras. —Fueron despertándose las
otras y gritando cosas inentendibles demasiado histéricas. La
primera de ellas intentó calmar a las otras. —¿Me podéis
prestar atención? —Dije ante el corrillo que se hacía frente a
mí.
—¿No ves que intento paliar la que has liado? —Me dijo la
pequeña furia para seguir hablando con las otras.
—¿Pero qué hacen aquí abajo, hermano? —Brent llegó y
pareció escandalizarse frente a las celdas. Debería estar
contento de que tome decisiones para protegerle en vez de
dejar que tenga lo que se merece. —¿Podemos hablar? —Iba a
mandar que les sacaran información pero, ante la insistencia
de mi hermano, decidí subir con él los peldaños que llevaban
al pasillo principal para alejarnos de las miradas curiosas de
las cautivas.
—¿Cómo acabaste dejándote capturar por tres chicas que,
así a priori, parecen tener carácter pero no una fuerza
descomunal? —Interrogué en cuanto decidió que lugar para
hablar estaba bien.
—Lo hice para evitar el conflicto. —Lucía nervioso y me
pregunté queé mosca le había picado. —Una de ellas, la que
gritaba, tienes que soltarlas ya. —No decía nada coherente.
¿Se habría dado un fuerte golpe en la cabeza? —Son de una
manada del Sur y ella es la hija del alfa, la apodan la princesa.
—¿Qué? Mandé bajar a por ellas inmediatamente y traerlas al
salón. No pude decir que me sorprendiese que la de más
carácter entrara pataleando al guardia que intentaba traerla.
—Intentemos aclarar la situación. —Comencé a decir para
ganarme que la tal “princesa” escupiera en mis suelo.
—Fue él quien se coló en mis tierras y mancilló a una loba
de mi clan. —Señaló a mi hermano. ¿Un lío de faldas había
traído todo Este lío? —Y que tú seas un animal no va a ayudar
para que tenga una mejor opinión de esta manada. —Me
sorprendió su fuerza y entereza. Su altivez y reacción. Era una
loba extraordinariamente inusual.
—Podrías haberle dejado venir con normalidad y enviar un
pergamino solicitando la integración de la chica. —Brent
señaló a la que era. —En mi manada. No tenías por qué pensar
que no la aceptaríamos. —Le expliqué más para ver lo que
contestaba. Estaba fascinado con aquel descubrimiento.
—No me fiaba de tu querido hermano, me sonó a excusa.
Tenía mi derecho a comprobar su versión. —Respondió
alzando la cabeza.
—En realidad ese derecho lo tiene el alfa de un clan y, que
yo sepa, tú aún no has asumido el mando. —Se calló de golpe
y entrecerró los ojos. ¿Por qué simplemente asumía que no
había estado del todo bien encerrarla y las dejaba ir? —Así
que tendría que haber venido tu padre. —Miré a mi alrededor
hasta localizar a Kevin. —Encierra a la princesa en una
habitación cómoda.
—¿Qué haces hermano? —Levanté la mano para frenar a
Brent.
—La chica con la que… —Comencé interrogativamente.
—Alanna. —Señaló una rubia bajita y delgada.
—Se quedará aquí y pasará a formar parte de nuestra
manada como mandan las leyes. Lo que hagáis o no con
vuestro romance es cosa vuestra. —Los amoríos de Brent me
metían en problemas siempre y, por lo visto, eso no hacía más
que aumentar. En muchas ocasiones las familias de las
muchachas venían a exigir una boda pero el enlace siempre
acababa en nada. —La otra, acércate. —Lo hizo. —¿Quién
eres?
—Soy Bricia, la protectora de la princesa. —¿No habría
sido mejor mandar a mínimo varios guerreros si era tan
importante protegerla?
—Bien, pues la hija del alfa se va a quedar aquí, por el
momento. —Anuncié frente a los pocos presentes que parecían
atónitos con lo que acababa de decir. —Así que ve y dile al
alfa de esa manada que ella está aquí bien y que tendrá que
venir a sus vecinos del Norte si quiere que se mantenga
nuestra paz. —Di por finalizada la conversación y mandé abrir
las puertas para dejarla marchar. Algunos la acompañarían de
lejos para asegurar que lelgaba sana y salva.
—Hermano te estás equivocando. —Brent se puso a mi
altura mientras me dirijía a buscar a Brenda, mi hermana
menor. —Ella es una alfa aunque aún no haya cogido el título.
Yo no hice las cosas bien. Estás pudiendo iniciar una guerra
por nada.
—No tengo intención alguna de hacer eso. —Me giré para
encontrar a Brenda pintando uno de sus bonitos cuadros. —
¿Puedes atender a nuestra cautiva? Que no le falte nada pero
que tampoco se sienta cómoda.— No dijo nada, casi nunca lo
hacía.
Dejé allí a mis dos hermanos plantados. No era que quisiera
iniciar una guerra, pero, por algún motivo no quería que la
susodicha se fuera sin más. Había demostrado demasiado
carácter y yo era un lobo algo cabezón. Además, ¿una guerra
contra el alfa del Norte? Ningún alfa en su sano juicio lo haría.
Todos mis primos convivían en las tierras colindantes. Incluso
quienes no pertenecían a mi clan eran como submanadas.
Capítulo 3

Arwen

—Encierra a la princesa en una habitación cómoda. —Dijo


el bárbaro lobo conocido como Kilian Craig. ¿Cómo iba a
encerrarme de nuevo? ¿Estaba bien de la cabeza?
No debía estarlo porque, a nadie en su sano juicio, se le
ocurriría poner en cautiverio a la alfa de un clan, aunque en
ese momento estuviera pendiente de coger el mando.
Cuando la puerta del cuato se entreabrió cogí lo primero
que tuve a mano, una lámpara, dispuesta a estampársela en la
cabeza a cualquiera que intentase hacerme daño o propasarse
conmigo, porque, estaba esa posibilidad. Me acaloré de
pensarlo y me coloqué sobre la cama para paliar la falta de
altura. Allí, por lo visto, todos eran gigantes.
Una chica más o menos de mi edad con largos cabellos a
tirabuzones rojos entró y, acto seguido, se puso a gritar al
verme en aquella posición.
—No grites. —¿Dónde se había visto, por todos los dioses,
que fuera la cautiva quien consolara y tranquilizara a la
persona que tene mantenía en cautividad? —¿Sabes dónde han
puesto a las otras dos chicas que venían conmigo? —Negó un
poco con la cabeza y dejó sobre el tocador una caja. —¿Qué
traes? —¿Era muda la muchacha o simplemente huía de mí?
—Es un neceser con ropa, toallas y otras cosas que puedes
necesitar. —Serío un poco al ver que bajaba el arma
improvisada. No quería hacer daño a una inocente. Aunuqe,
mirándola bien, también debía de tener más o menos un metro
ochenta de altura. ¿Qué comían en aquel lugar? —Mi hermano
quiere que estés cómoda durante tu… —¿Se podía decir
finamente la palabra secuestro? Ella, desde luego, estaba
intentando suavizar la situación. —Estancia.
—¿Y me puedes explicar a qué se debe que tu hermano,
que deduzco que es el bárbaro ese al que tenéis por alfa, quiere
mi “estancia” en Este lugar? —Grité un poco más de lo que
pretendía. —Fue tu otro hermano el que vino hasta mi tierra e
hizo algo que no debía. No tiene justificación alguna lo que
está haciendo. —Dije dejándome caer por un momento
infantilmente para sentarme sobre la cama.
—Tienes mucho carácter. —¿Y eso a qué venía? —No
puedo decirte algo que no sé…Tu nombre era… —Desde
luego aquella chica no me iba a sacar de ahí y no estaba siendo
mala conmigo.
—Arwen, hija del alfa de la manada del Sur. —Sentencié
para que quedara bien claro quién era. Quizá si se corría el
rumor los propios miembros de la manada instaran a su jefe a
que me soltara ya que no tendrían porqué querer iniciar una
guerra abSurda.
—Arwen…Bonito nombre. —¿Por qué parecía tan risueña
en momento de aquellas características? —Yo me llamo
Brenda. —Le hubiera dicho que encantada porque, en otras
circunstancias posiblemente habría estado más que contenta de
conocer a alguien amable. Por alguna razón las chicas de mi
manada no eran demasiado alegres. —Cualquier cosa que
quieras me la puedes pedir, me han dicho que intente que te
sientas lo más cómoda posible. —Se encogió de hombros para
sonreír después. ¿Estarían locos todos los ciudadanos de
aquella tierra?
—¿Y puedo salir aunque sea por aquí mientras decide, el
señor alfa estúpido y engreído, qué va a decirle exactamente a
mi padre? —Solté de nuevo más alto de lo que sería prudente.
—Justo venía a sacarte. —Me di la vuelta y me encogí al
ver que Kilian había entrado sigilosamente. Busqué con la
mirada un sitio por el que escapar. —Ni lo intentes. Aunque
salieras por esa ventana sin hacerte daño. —Me miró de arriba
abajo como evaluando mi condición física. —Llelgarías al
centro de los jardínes de esta residencia y allí, evidentemente,
tengo apostados guardias. —¿Por qué parecía tan complacido?
—¿Me acompañas?
Le seguí con un metro de distancia y con más cautela aún
cuando Brenda decidió abandonarnos a mitad de camino. Yo
sabía a la perfección que él sabía decir, sin volverse lo más
mínimo, mi ubicación exacta. Porque si era la mitad de
consciente de mí de lo que yo lo era de él…
—Kilian, ¿no? —Decidió, odiosamente, no contestarme así
que tuve que respirar hasta tres veces antes de dirijirme de
nuevo a él para que no saliera de mí todos los improperios que
estaba pensando. —Ahora, más calmados los dos y habiendo
pasado el susto inicial que entiendo que te llevases dada
nuestras condiciones cuando nos encontrásteis, me parece que
deberíamos hablar de lo que está pasando. No tiene ningún
sentido que me retengas aquí porque mi padre se enterará y
será un conflicto innecesario. Por otra parte, he de decirte que
tu hermano no cumplió nuestras reglas vigentes y sólo quería
asegurarme de que, bien sea un divertimento o no, cosa que
vería fatal por otra parte, Alanna se integrase en tu comunidad
como es debido. —No me callaba para hacerle reaccionar
pero, si pensó algo mientras que hablaba, no mostró ni el más
mínimo gesto de que así fuera. Andaba delante de mí con sus
treinta y cinco centímetros más de altura como muro de
indiferencia. Me irritaba sobre manera ese comportamiento. —
¿No piensas decir nada? —Fui a golpearle por detrás y se giró,
sorprendentemente rápido, para retener mi muñeca con
suavidad en alto. Así, tan cerca de él, podría aspitar su
fragancia masculina en un perfecto conjunto entre mar y una
llama candescente.
—¿Puedes parar de hablar un solo minuto? —Su mandíbula
era cuadrada, sus pómulos altos, sus labios carnosos y sus ojos
azules como la profundidad de los mares. El pelo rubio tenía
un tono ceniza que le daba un toque varonil y de guerrero. —
Quería ver a tu padre en persona mucho antes de que tú
llegases. —Mentía, ¿o no?. —Así que sólo me has dado la
escusa para hacerlo. —Se giró ante una puerta enorme de
roble. —Puedes deambular casi a tus anchas por mi castillo
pero no intentes huír. Eso sí podría ser motivo para iniciar una
guerra.
—Estás loco. —Dije sin ninguna intención de seguir su
juego abSurdo. —¿Qué te hace pensar que mi padre vendrá
pacíficamente hasta aquí para hablar contigo sin montar en
cólera o mover todas estas montañas llenándolas de mi
manada? —Mis gritos parecían no alterarle lo más mínimo y
eso, a cada segundo que pasaba, me molestaba más.
—Sé que lo hará. Le di un mensaje a tu protectora para él.
—¿Y con eso daba por finalizado su argumento? Puse mi cara
de incredulidad en exclusiva para ese ser horroroso que estaba
resultando ser el lobo con apariencia de vikingo. —También le
estoy haciendo llegar un mensaje oficial. La chica, Bricia, sólo
es una avanzadilla. —Aclaró mientras se sentaba en uno de los
bancos del exterior vallado del castillo. Me invitó con la mano
a hacer lo mismo, pero, evidentemente, no accedí.
—¡Claro! ¡Si has enviado también una carta eso lo cambia
todo! —Grité furiosa e irónica ganándome algunas miradas de
la manada que deambulaba por allí. Quizá se preguntaban
cómo me atrevía a hablar le así a su alfa, Kilian Craig, pero la
única cuerda de aquel lugar era yo que lo que no conseguía
entender es cómo tenían a un loco como jefe del clan. Para
colmo, estalló en carcajadas delante de mí. —¿Se puede saber
de qué te ríes? —Me acerqué intentando achantarlo.
—Arwen…—Se levantó acortando la distancia entre
nosotros al mínimo. Más hubiera dicho yo de lo que estaba
bien visto. Tragué saliva y levanté la mirada no dispuesta a
echarme atrás. —Dicen que te apodan “la princesa” más allá
de mis tierras. —Su gesto chulesco, su postura de
superioridad, su sonrisa perfecta… —No veo dónde ven eso,
yo creo que estoy ante una verdadera guerrera. —Y, contra
todo pronóstico, de todo lo que podía haber dicho, eligió lo
único que era capaz de desarmarme.
Capítulo 4

Brent

Yo no era el culpable de la situación. Me lo repetía una y


otra vez a mí mismo mientras me paseaba por la gran estancia
que era mi habitación. Puede que, en un inicio, la cosa se
desencadenase por mi culpa. Cuando conocí a Alanna un día
en el bosque y fue tan sugerente y encantadora con su timidez
engañosa me dejé tentar. Caí en una espiral de encuentros con
ella pero, a pesar de saber que tocaba territorio sureño, nunca
pensé que pasaría lo que estaba pasando. ¿Qué probabilidad
había de que me pillaran a escondidas en los jardines de una
manada que no era la mía? Y en el caso de que lo hicieran…
¿Iba a ser un guardia que no entendiera de líos de faldas? Los
lobos éramos algo golfos en algunos aspectos y aunque si te
metías con la chica equivocada estabas muerto, ella me había
asegurado que sólo era una doncella, que no tenía familiares
varones y que no estaba comprometida. ¿Cuál podía ser el
problema? Pues, catastróficamente fui a ser pillado por la hija
del alfa. No sabía si hubiera sido mejor que me hubiera
delatado. Pero era ahí exactamente el punto en el que dejó de
ser mi culpa.
No era que me hubiera hecho ilusión pero si “la princesa”
hubiera insistido en que debíamos respetar el código lobuno y
me tenía que llevar a Alanna a la manada de mi hermano
aunque no tuviera intención de contraer nupcias con ella, lo
habría hecho. ¿Era su culpa verdad? No debería haberse
encabezonado tanto en acompañarme para asegurarse de que
cumplía. Al fin y al cabo, la palabra de un lobo y más de un
Craig tenía fundamento de sobra. Pero después vino el ataque
de los vampiros para embarrarlo todo aún más. Entiendo que
mi hermano en un primer momento pensase que me habían
hecho daño, pero, ¿por qué aún sabiendo que no fue así
decidió quedarse a la chica en Cautividad? Arwen había
puesto el grito en el cielo contra él, dudadaba de que alguien
que estuviese viviendo en nuestro castillo no se hubiera
enterado. ¿Y no tenía razón la chica?
—Si sigues pensando a esa velocidad te va a salir humo de
la cabeza. —Brenda entró a mi cuarto sin llamar, siempre lo
hacía. Además era tan sumamente silenciosa que daba algo de
miedo. Me preguntaba en muchas ocasiones como era que
había salido tan extremadamente tímida. Tanto mi hermano
como yo, y más siendo Kilian el alfa teníamos amistades por
toda la región y hablábamos con más gente de la que seríamos
capaz de recordar sus nombres. Pero ella no. Hubo algún
momento que debió ser diferente y difícil para ella, pero no
nos debimos dar cuenta. Sólo era amigable con nosotros y
hablaba con muy pocas personas. —¿Por qué crees que Kilian
ha encerrado a la chica? ¿Qué pretende?
—No lo sé. —Había elegido venir a hacerle preguntas a
quien no tenía ni idea y sólo se preguntaba si todo aquello no
acabaría en una guerra. —Él nunca ha sido un alfa imprudente.
—No supe si intentaba convencerla a ella o a mí misma. —
Quizá tiene un plan. —Y esperaba que fuera bueno porque no
veía necesidad alguna de lo que estaba ocurriendo. De hecho,
en ese mismo instante iría a averiguar sus planes. No podía
dejar pasar un minuto más con esa incertidumbre creciendo
dentro de mí.
—A mí me cae bien. —Que Brenda dijera eso de cualquier
persona era toda una novedad así que desee que aquello
terminara bien. Quizá mi hermana pequeña consiguiera así
tener su primera amiga.
No llamé a la puerta de la biblioteca de Kilian. Tenía la
mala costumbre de no contestar si es que estaba sumergido en
algún plan, libro o posible batalla. Sonrió al verme y paró de
hacer lo que estuviera haciendo.
—¿Qué pasa, hermano? —Se me debía ver la inquietud en
la expresión.
—¿A qué esperas para soltar a la chica? —No me anduve
con rodeos. Desde muy pequeños aprendimos que es de
cobardes darle vueltas a una misma cosa sólo por la
posibilidad de que el otro se molestase. Herencias de familia.
—He invitado a su padre a venir a por ella. —¿Qué había
hecho qué? —No te preocupes, Brent. Ella está bien. —Ya
suponía que no la había mandado a hacer trabajos forzosos o
algo por el estilo pero dudaba de que ella estuviera dispuesta a
sentarse simplemente a esperar. Parecía tener mucho carácter.
—¿Qué te preocupa exactamente?
—Tu actitud. —Aquello pareció sorprenderle y disgustarle
a partes iguales. —Siempre he entendido tus decisiones, han
sido racionales y correctas pero, en esta ocasión, no veo más
motivo que un divertimento personal que tampoco sé
identificar. —Fui claro y conciso. Tal y como nos gustaban las
cosas. —No se juega con princesas, hermano.
—No estoy jugando con nadie. —El poco humor que
hubiera quedado dentro de él se esfumó de golpe. Cuando
estaba serio se notaba a la perfección por qué él era el alfa. Yo
medía casi dos metros y mi envergadura era cuanto menos
potencial para una batalla, pero había algo en su carácter duro
y especial. No me achanté pero decidí no tirar más del hilo. —
Estoy aprovechando Este desafortunado encuentro provocado
por ti para hacer una alianza con nuestros amigos lejanos del
Sur. —Así que era eso…¿Ella lo sabía y estaba de acuerdo o
esperaba que, aún secuestrando a su hija, estuviera complacido
de venir hasta aquí obligado? —Tengo cosas que preparar así
que… —Me invitó de forma poco elegante a irme. Así que lo
hice.
Fuera del despacho repasé la conversación algunas veces.
Seguro que había forma menos arriesgadas de tener una
conversación con el otro alfa para firmar o reafirmar la paz de
las tierras. Por no mencionar que la chica había dejado claro
que estaba a punto de coger el poder de su clan. Habría sido
mucho más fácil tratarla bien, hacer lo correcto, acompañarla a
su castillo sana y salva y en un último momento recordarle que
nuestra alianza, aún cambiando el mano de su padre a ella,
sería duradera.
¿Por qué me daba la impresión de que había más en juego
de lo que mi hermano estaba dispuesto a decirme?
Bajé a la taberna de la tierra colindante a tomar un buen
whisky. Había tantos lobos jugando cantidades insólitas
firmadas de palabra y con honor que después tendría que
resolver mi hermano en su sala de audiencias que me pregunté
por qué nos gustaba tanto seguir compitiendo para ver quién
tenía más vicios. Rosenda llegó hasta mí con su corsé bien
apretado dejando enseñando más de lo que tapaba. No había
razón alguna por la que negarse a tal placer. Sólo lamentaba, al
menos un poco, haber hecho cambiarse de clan a la pobre
Alanna sin tener ninguna pretensión seria. A veces, y sólo
cuando el alcohol que corría por mis venas era excesivo, me
preguntaba si no era injusta la posición que tenían las mujeres
en nuestro sistema licántropo.
Capítulo 5

Arwen

Ya llevaba en el castillo dos interminables días con sus


interminables noches y nadie venía a decirme nada sobre qué
pasaría conmigo. Sólo recibía visitas de Brenda, quien resultó
ser una agradable chica que, a pesar de ser bastante tímida,
tenía una ideología muy parecida a la mía. Era la hermana
menor del alfa y del otro lobo picaresco que, según me había
contado mi inesperada aliada, no tenía la más mínima
intención de salir con Alanna. Qué decepción se iba a llevar.
¿O no? Quizá ellos lo habían hablado y yo me había ido a
meter donde nadie me llamaba. Si no me hubiera empeñado en
que ella cambiara de clan cuando, seguramente, ella no quería
hacerlo, no estaría encerrada en el castillo del cromañón.
—Me he enterado de algo. —Casi me muro del susto
cuando Brenda entró de nuevo a la habitación que me habían
asignado, que, por suerte, era amplia, cómoda y lujosa. —Tu
padre llega hoy. —Grité, no sabía si de alegría o de miedo. —
Viene a por ti. —Lo dijo tan emocionada que me sorprendí.
¿Estaba contenta por mí?
—¿Tu hermano está nervioso? —Fue una manera muy sutil
de preguntar si se avecinaba una guerra de rescate.
—¡Para nada! —¿Cómo que no? —Está preparando un
gran banquete para recibir al alfa del Sur. Al parecer se ha
tomado más que bien que estés aquí y la invitación. —Se
sienta detrás de mí para cepillarme el cabello.
—¿Cómo lo ha hecho? ¿Qué clase de manipulador es? —
No me corté porque fuera su hermano. Ella tenía a bien
pasarme por alto los múltiples insultos que realizaba.
—Según he oído. —Porque era callada pero no por ello
menos cotilla. —Le explicó en su mensaje que, cumpliendo
con tu deber, habías acompañado a Alanna hasta aquí y que,
él, como buen y sabio alfa. —¿Era yo o había hecho
demasiado énfasis irónico en esa última parte? —Ha preferido
invitarle a un gran convite para asegurarse de estrechar
alianzas y, de paso, que volvieras sana y salva a casa. —Me
guiñó un ojo. Así que hacerme sufrir había sido innecesario y
parte de su diversión personal. Cada minuto que pasaba odiaba
más a Kilian.
Unos golpe en la puerta nos sobresaltaron a ambos. Kilian
entró y se quedó cuidadosamente quiero al ver a su hermana
junto a mí en modo afectuoso. ¿Por qué se extrañaba tanto?
Aunque él tuviera otra opinión de mí, yo, no era ningún
monstruo.
—¿Podemos hablar? —Brenda salió del cuarto y yo omití
decirle que, cuando tienes encerrada a una persona no hace
falta preguntarle su consentimiento. —Tu padre debe estar
llegando en Este momento al inicio de mis tierras. —
Comenzó.
—Lo sé, me lo ha dicho Brenda. —Abrió los ojos de nuevo
sorprendido con la información que le proporcionaba. La
pobre chica era algo tímida, pero, sin duda, era una buena
confidente y podría llegar a ser una buena amiga. No me
gustaría perder la relación cuando saliéramos de Este
embrollo.
—Vale. —Se rascó el cuello y terminó de entrar a la
habitación. La estancia parecía mucho más pequeña en la
presencia de sus dos metros de estatura. Agradecí que se
sentase en la banqueta del tocador. Era menos…amenazador.
—¿Cuál será tu actitud?
—¿Perdón? —¿Por qué me salía esa voz chillona?
—Arwen… —Demasiado encantador pronunció mi
nombre. —Vamos a dejar pasar lo que ha pasado. Tu padre
viene feliz a vernos. Está contento de que no te haya pasado
nada gracias a mí. —No me extrañaba que consiguiera
embaucar a los miembros de la manada.
—¿Y eso se te ocurrió antes o después de encerrarme por
segunda vez? —Grité. Era incapaz de controlarme.
—¿Eso es que la primera vez ya me la has perdonado? —
Su sonrisa bien podría haberme derretido en cualquier otra
circunstancia, pero, tras el encierro, tenía ganas de matarle. —
Mandaré a las muchachas a que te ayuden a arreglarte. Te
espero en el salón. —Dijo mientras daba por concluida nuestra
conversación.
—Que venga sólo Brenda. —Se volteó a mirarme como si
no me comprendiera. —Con ella estoy sobrada.
Me trajeron al menos cinco vestidos para elegir y otros
tantos adornos. Desde luego no le faltaban recursos a esa
manada. Decidí ponerme un vestido verde del color de los
bosques. Una diadema dorada y unos zapatos a juego. Brenda
me ayudó a rizarme el pelo, tenía buena mano.
Me bajé junto a ella, sin soltarle el brazo. Era mi único
punto de apoyo. Kilian y Brent nos miraron en silencio. Tenían
comportamientos extraños.
—¿Y tú, Brenda? ¿No tienes novio? —Aproveché la
“vuelta a la normalidad” para preguntar cosas jocosas. Al fin y
al cabo me iba a mi casa ese mismo día.
—¿Yo? —Bajo la mirada avergonzada. —No. Ni si quiera
creo que fuera posible con ellos vigilándome a todas horas.
Tampoco es que crea que alguien va a fijarse en mí. —En
efecto sus hermanos nos miraban en la distancia
milimétricamente. A lo mejor no era tan malo haber sido hija
única. Sólo por eso iba a heredar el mando. El varón, por
antiguo que me pareciese, precedía a la mujer en el mando de
la manada.
Pero yo iba a ser la primera alfa mujer en muchísimo
tiempo e iba a hacerlo bien, tanto que se cuestionarían esas
retrógradas reglas.
Al ver entrar a mi padre sentí alegría. Magnus iba seguido
de sus hombres de más confianza. Entraba por el pasillo como
si aquel castillo también le perteneciese, era una de sus
cualidades. Decía que “un alfa era un alfa en cualquier
situación”. Me vio enseguida pero decidió no acercarse a mí.
Imaginé que saber que estaba bien era suficiente para el gran
alfa. Se acercó a Kilian y ambos se dieron un abrazo con
sonoras palmadas en la espalda. El resto del salón respiró
tranquilo haciendo un pequeño sonido unánime. Quizá no era
la única que, hasta ese mismo momento, se había planteado la
posibilidad de que no fuera una visita tan amigable.
—Estamos encantados de recibirle en estas tierras que
espero que considere, amigas. —Dijo Kilian tan correcto que
tuve ganas de sonreír.
—Por supuesto. Un clan que ayuda a mi hija no podía ser
otra cosa que un firme aliado. —Se volvieron a dar la mano
sellando así una confirmación de la paz que manteníamos.
Nos sentamos más lobos de los que pude contar en el gran
comedor del castillo. En especial mi familia y la familia Craig
nos sentamos en una mesa aparte presidiendo el gran convite.
Si me fijaba en toda la comida que iban trayendo y llevándose
no había duda de que éramos lobos. —He de darte las gracias
por algo más. —Empezó a decirle a Kilian mi padre. Yo le
miré sin comprender qué decía. —A raíz de lo ocurrido me he
dado cuenta de que mi hija no debería ir sola de aquí para allá.
—Mis músculos empezaron a tensarse y mi pulso a palpitar.
—Si bien es cierto que está a punto de coger el mando de la
manada del Sur, deberá contraer matrimonio antes. —Se me
cayó, literalmente, la copa de vino al suelo haciéndose mil
añicos. No era posible que estuviera pasando eso. —Se abrirá
el tiempo de pretendientes, como se hacía antaño. Hay cosas
que es mejor no cambiar. —Nadie dijo nada en aquella mesa
excepto mi padrino Goliat que brindó con mi padre. —Ni que
decir cabe que si alguien de honor y valentía del clan norteño
desea participar en la selección, está invitado.
—No puedes hacerme eso. —Grité y todos los ojos se
posaron en mí. —Tú me aseguraste que yo sería la alfa. —Me
daba igual si estaba bien visto o no el espectáculo que estaba
montando.
—Y lo serás, junto a tu consorte. —Dijo mirándome
furibundo para que me sentara de nuevo. Brenda me apretó la
mano para darme apoyo.
—Pues que disfruten de su maldita cena. —Grité para
después irme corriendo al exterior. Todo había sido culpa del
miserable Kilian Craig.

Capítulo 6

Brenda

Cuando el padre de Arwen le dijo que tendría que casarse si


quería ser la alfa de su clan no pude más que apretarle la mano
para intentar que se tranquilizase. No le iba a ayudar en nada
montar un espectáculo por mucha razón que tuviera.
La encontré sollozando fuera y me pregunté si yo me lo
habría tomado del mismo modo. Por mucho que dijeran que
ella sería la alfa todos sabíamos que harían más caso a su
consorte que a ella. La sociedad lobuna era un tanto antigua
aún en tema de igualdad. Intenté ponerme en su lugar antes de
llegar a donde estaba pero no era capaz. Al fin y al cabo
siempre he sabido que era una mujer y la hermana pequeña de
dos lobos fortísimos que, en el caso de morir, sería por una
guerra tan grande que no pensaba sobrevivir.
—Yo…Lo siento. —Fue lo único que pude decirle. Se
abrazó a mí con fuerza pero, por mucho que yo quisiera, ya
que era la única persona con la que había congeniado como
amiga, yo no era su bote salvavidas.
—Esa etapa es terrible… —Dijo limpiándose las lágrimas
de un lado y otro de la cara para que siguieran saliendo a
borbotones.
—¿Qué etapa? —Pregunté curiosa.
—¿Nunca has ido a ningún proceso de pretendientes? —
Negué lentamente con la cabeza. —Es como una pantomima
muy grande. Lobos de todos los clanes, con ansias de poder en
mi opinión, van al castillo del varón que haya metido a su
pobre hija en ese lío, piden la mano de ella y él los acepta o no
como candidatos. —Hizo una expresión de estar muy cansada
de saber sobre ello. —Se supone que la chica en cuestión tiene
la última palabra, pero eso ya depende del padre. Hacen
competiciones amistosas, tienes “citas” y esas cosas…
—No parece tan malo. —Dije intentando calmarla.
—Lo es. —De nuevo se puso a sollozar. —¿Qué te hace
pensar que aunque se aun sólo candidato de los que acepte mi
padre va a gustarme? ¡Yo quería ser libre! —Gritó de tal forma
que hizo estragos en mi entereza. —Y encima tendré que pasar
por eso muy sola… Yo, seré la alfa, pero no tengo muchas
amigas. —Confesó y me hizo sentirme muy identificada. Yo
me sentía tan sola…
—Déjamelo a mí. —Dije de repente con un
convencimiento sorprendente.
Esperé toda la noche hasta que volvió a salir el sol. No
sabía cómo plantearle mi brillante idea a mi hermano pero
creía que era mi deber para con mi única amiga. Toqué a su
despacho y esperé a que contestase. Oí voces dentro y fui a
irme, pero me di cuenta de que se trataba tan sólo de mis dos
hermanos. En fin, no veía que daño podía hacerle a mi
solicitud que Brent estuviera delante. Entré y ambos me
dedicaron sus miradas diciéndome “No deberías haber
entrado” pero les ignoré. Me senté frente a Kilian totalmente
segura de lo que iba a hacer.
—Quiero que me des autorización para ir al castillo del Sur
junto a Arwen. —Me miró como si me hubiera vuelto
completamente loca. —Es tu culpa que la vayan a obligar a
casarse. —Brent le dio una palmada en el hombro mientras se
desconojonaba. —Así que creo que es al menos tu obligación
hacer que ese proceso sea menos duro para ella. —Le expliqué
mis buenos argumentos.
—¿Por qué iba a hacerle menos duro, en el caso de que
diera por válido que es un proceso duro y que es mi culpa, tu
presencia? —Arqueó las cejas en mi dirección. Podía ser muy
listo en algunas cosas pero en cuestión de mujeres, al menos el
intentar tenernos contentas, no se le daba muy bien.
—¡Porque somos amigas! —Le grité como si la duda
ofendiera.
—Amigas…—Repitió lentamente buscando ayuda en mi
otro hermano.
—Sí, amigas. Además imagino que en el algún momento de
mi existencia tendrás pensado hacerme pasar por un horrible
proceso de esos. —Dije.
—“Horrible proceso” Ya suena como Arwen —Dijo Brent
burlándose de la difícil posición de Kilian.
—¿Y ver el proceso de Arwen te ayudará? —Preguntó
mirándome con incredulidad. Nunca habíamos hablado de ello
y había llegado a la conclusión de que ningún hombre le
parecería bien a mi hermano si se trataba de mí. Eso unido a
mi difícil forma de hacer amistades selló una conversación
sobre mi matrimonio futuro que ni si quiera hizo falta
empezar. —¿Por qué te cae lo suficiente bien como para
querer irte con ella? ¿Sabes cuánto pueda durar un proceso de
esos?
—Pues no, pero no me importa. Necesito estar rodeada por
una vez de chicas. —Aquella confesión pareció impactarle. No
había sido fácil para mí criarme al lado de ellos. Nadie se
podía acercar a mí ni mucho menos hacerme daño. Dado que
el juego más común entre los lobos desde pequeños hasta la
adolescencia es la lucha…Me hicieron ser más diferente de lo
que, probablemente, yo ya lo era. —Por favor. —Pasé por
último a la fase de chantaje emocional. Si tanto me quería
algún efecto tenía que tener sobre él.
—De acuerdo. —Salté sobre él para abrazarle. —Pero
Brent te acompañará. —Fue entonces el turno de mi otro
hermano de comenzar a protestar. Kilian levantó la mano
indicando que no aceptaría ningún tipo de réplica. —Te
acompañará. —Volvió a asegurar severo. —Y también llevarás
a alguien que se quede en ese castillo. —Dio por zanjada la
conversación aunque parecía pensativo.
—¿Qué crees que me va a pasar estando con ella? —
Pregunté más por curiosidad que por réplica.
—Nada, pero, quizá, una vez allí… —Carraspeó un poco.
—No te sientas cómoda.
—Vale. —Podría haberle señalado por qué iba a sentirme
incómoda pero habría sido obligarle a entrar en una
conversación innecesaria sobre mi personalidad y mi
personalidad retraída.
Salí de allí emocionada. Lo había conseguido. ¿Por qué me
parecía que todo había sido demasiado fácil? Puede que ni yo
misma entendiera a mi hermano. Kilian era sin duda un buen
alfa, pero, a veces sus decisiones no las entendía, seguramente,
ni él mismo. Entré al cuarto donde se encontraba Arwen, tenía
ojeras y, aunque se alegró de verme, no se levantó.
—Tengo una noticia que creo que te alegrará. —Le dije.
—¿Van a cancelar ese maldito proceso? —Lo preguntó
pero ni por un momento lo creía.
—No, pero estaré ahí para apoyarte. Mi hermano deja que
vaya contigo al castillo de tu clan. —Se levantó rápida y me
abrazó.
Qué extraño era que la única persona a la que había
conseguido acercarme fuera la que por unos días, había sido la
prisionera de mi hermana. Ella tenía un carácter especial y
conciliador y, sobretodo, sabía lo que era venir de una familia
poderosa y sentirse sola por ello.

Capítulo 7

Arwen

La llegada de nuevo a mi castillo no fue para nada sencilla.


Mi padre anunció que en unos días empezaría el proceso de los
pretendientes y todo el mundo recibió la noticia de buena
gana. Era sabido por todos que muchos de los miembros de
nuestra manada no veían con buenos ojos la idea de que una
mujer se ocupara sola de algo tan importante como el mando
del clan del Sur. Incluso llegaban a decir que una vez que yo
estuviera a la cabeza, los líderes de otros territorios se
atreverían a intentar invadirnos y conquistarnos. Estupideces
según lo que yo sabía. Aunque fuera verdad, y no digo que lo
fuese, que otros líderes estarían más dispuestos a atacarnos si
yo estuviera donde debería estar, la manada que lucharía sería
la misma. Así que….
DEsterré los pensamientos indignantes sobre lo retrograda
que era la sociedad lobuna para mi gusto. Pero era muy difícil
no recordarlo continuamente. Un montón de personal del
servicio iba de aquí para allá cargado de decorado para las
distintas habitaciones. Allí donde se celebraría la bienvenida
no paraba de almacenarse fruta, vino y distintas carnes. Sin
olvidar los barriles de cerveza. Era un convite inicial cuando
se cerraba la lista de candidatos.
Seguí paseando por la casa intentando, junto a mi querida
Brenda, no pararme demasiado en ningún lugar. Todos querían
hablar de cómo me sentía al respecto, pero no querían saber la
verdad de ello. ¿Por qué a todo el mundo sin excepción le
parecía genial de que hombres lobo que no habías visto en tu
vida vinieran a pedir tu mano?
—Yo aceptaré y denegaré a los candidatos. —Me dijo mi
padre en nuestra única conversación desde que volvimos. —
Pero tú tendrás la última palabra.
Eso me hizo caer aún más en una espiral negra de
disgustos. Brenda me aseguraba constantemente que tampoco
es que no fuera a aceptar a nadie de buen ver. Pero yo le
insistía en que, al líder del clan del Sur, le gustaba la gente de
valía. Nadie que no fuera reconocido por algún motivo entraría
en su criba.
—¿Sigues pensando en eso? —Brenda posiblemente me
había hablado de otras cosas mientras estaba cepillándome el
pelo. Pero no había sido capaz de escucharla. Era el día del
inicio de toda aquella farsa montada a mi alrededor. —Será un
buen día. ¿Y si entra alguien que hace que palpite tu corazón?
—Me parecía mentira que Brenda fuera la misma chica que
conocí hace días en el otro castillo. Estaba eufórica y feliz.
Posiblemente salir de las garras de sus hermanos la hacía
sentir libre aunque tuviera que estar veinticuatro horas pegada
a mí. Me hacía feliz su presencia pero, a veces, sentía que
cuando terminase todo, se me haría más difícil volver a estar
sola. Era bonito contar con una verdadera amiga.
—No creo que sea el caso. —Negó con la cabeza risueña y
se deslizó desde atrás hacia delante para empezar a maquillar
mi rostro. Yo no lo hacía a menudo, pero, era una ocasión
especial de obligado cumplimiento.
—¿Quieres que te diga algo? —No dije nada sabiendo que
lo tomaría como un sí. —La sala está llena de regalos. La
gente adora lo que está pasando. —Aplaudió contenta como
una niña. Recordé vagamente haber oído que sus padres
habían muerto al poco tiempo de nacer. Probablemente, vivir
aquello, era lo más parecido a una fiesta que había tenido. Se
decía que tanto Kilian como Brent eran demasiado estrictos en
su cuidado. Era cierto que ella parecía delicada, pero, llegado
el momento la expondrían igualmente a la obligación de elegir
un consorte.
—Ya… —DEsterré el decirle de nuevo que la gente sólo
enviaba aquellos regalos porque, en efecto, se encontraban
muy felices con la idea de que el poder a penas me rozase. No
es que yo hubiera descartado la idea de casarme pero, habría
preferido liderar el clan con tranquilidad. Hacerme a mi gente.
Conocer a quien debiera sin presión. —¿Crees que te puedes
enamorar en treinta días con sus treinta noches? —Eso era lo
que duraba el proceso. Las hijas de los líderes no eran las
únicas que pasaban por esos procesos. Cualquier hombre lobo
de rebombre ponía a sus hijas en un proceso para que el
hombre que la quisiera se ganara su puesto y su corazón. A mi
entender sólo acababan eligiendo al menos malo. ¿Qué otra
opción tenían cuando ya cerraban la lista de pretendientes?
—Seguro que sí. —Supuse que lo decía para animarme,
pero le agradecí el consuelo. —Estás preciosa. —Yo no me
veía para nada así.
Todo el mundo me repitió que aquel vestido dorado digno
de una princesa me hacía parecer más bella, más mujer. Pero
yo no quería ser aquella muñeca. Mi padre se sentó en el sillón
del líder en el centro de la sala. A su lado se sentó mi padrino
Goliat. Y en el otro lado me senté yo. Obligué prácticamente a
que le pusieran otro asiento a mi lado a Brenda. No era lo que
mandaba el protocolo pero si mi padre quería que no montase
una escena y me fuese de allí que era lo que quería hacer, era
lo menos que podía hacer por mí. Sólo por no quedar mal
transigió con mi exigencia. Le apreté la mano a Brenda
mientras que todos los miembros del clan ocupaban un lugar
en la sala. Quedaban escasos segundos para que se abriera la
puerta principal y empezaran a llegar hombres lobo a solicitar
participar en Este proceso. Por un momento deseé que nadie
me quisiera como esposa, que se abriera la puerta para estar
totalmente vacía. Pero sabía en el fondo que eso no pasaría.
Aunque nadie me quisiera como esposa, alguien seguro que
quería ser líder. Eso, desgraciadamente, me aseguraba una
gran lista de candidatos que esperaba que mi padre descartase
al ver sus intenciones.
—Que comience el proceso. —Dijo mi padre con su gran
voz autoritaria para dar la orden de que abrieran la pesada
puerta.
Capítulo 8

Arwen

Era indignante la gran cantidad de gente que iba entrando


por la puerta. Al parecer todos, absolutamente, todos los lobos
de mi edad e incluso un poco más mayores de mi manada
creían que estaban en condición favorable al pedir mi mano.
Por los ojos que ponía mi padre, entrecerrados y calculadores,
supe que eso no era cierto. Aprovecharía esta situación para
formar una alianza fuerte. Al fin y al cabo era un matrimonio
que duraría toda la vida. Entre todos ellos sólo aceptó como
candidatos a cuatro. El hijo de nuestro querido entendido en
alquimia, Ghalder, cuyo significado era el de magia negra. El
hijo del herrero del clan que nos proporcionaba las mejores
armas de entre las manadas licántropas, Ivar. Un muchacho
que nada se parecía a los otros dos fotachones. Más bien era
un encleque llamado Shelby cuyo padre era un burgués venido
a más al que le gustaba incordiar a mi padre más de lo
necesario. Sabía que lo había aceptado con la intención de que
yo misma lo eliminase más tarde. Alfa cobarde, derivando en
mí sus problemas. Y como último candidato aceptado de mi
propia manada, y no por ello menos sorprendente, aceptó a
Ragnar, hijo de mi padrino. Un rubio de más de metro ochenta
muy valorado en primera línea de batalla. ¿No éramos
prácticamente familia? No. Mi padre y mi padrino sólo eran
compañeros de guerra desde hacía mucho tiempo, pero no
había parentesco alguno. Sin duda, para mí, igualmente, era
raro.
Una vez terminada esa dichosa tanda de hombres lobo con
más interés en el mando que en mí y tras muchos apretones de
mano a la pobre Brenda que aguantaba el tipo como podía,
empezaron a llegar los pretendientes de otras tierras. Y ahí…
Había de todo.
Del clan del OEste se aceptó a dos valiosos guerreros, tras
muchos otros en los que tuve que mirar a mi padre
solemnemente para que no se le ocurriera de ningún modo
aceptar. Se presentaba gente de todas las edades, algunos,
podrían ser mis padres. Olsen e Iverson resultaron ser
hermanos. Los llamaban “los sombra”, sólo aquellos que
habían presenciado una batalla a su lado sabrían decir por qué
y, nadie, ni si quiera por un precio altísimo e indecente de
dinero estaba dispuesto a revelarlo. Sin duda el miedo era algo
que se valoraba de cierta forma en un líder. Sería uno de los
pocos motivos por los cuales aceptaría casarme con uno de
ellos. Tenían que tener sólo unos pocos años más que yo, pero,
ciertamente, su oscuridad les restaba tanta belleza como su
intriga les proporcionaba.
Del clan del Este llegó el candidato con el que le nació una
espléndida sonrisa a mi padre. Nadie más de ese clan llegó.
Pude entender por qué. Kol. Hijo del alfa del clan del Este se
presentó a pedir mi mano dejando mudo a todos los presentes.
Imaginé sin dificultad que se veía dentro de poco gobernando
ambas tierras en una potente alianza. No una simbolica ni una
con alguien que hubiera sido de su clan, sino una real. Él
siendo alfa de ambos clanes. Sentí algo parecido a la repulsión
por sus motivos, pero, sin duda, era uno de los candidatos más
atractivos. Su rostro era delicado y blanquecino y sus cabellos
pontencialmente rubios. Su altura era imponente pero su
delgadez me hacía preguntarme si era valioso como guerrero.
No dudaba de que, al menos su entrenamiento, debía de haber
sido de los mejores.
—Permitidme que haga entrega de un regalo a vuestra
preciosa hija. —Ninguno de los anteriores pretendientes había
hablado más allá de su presentación, procedencia y
declaración de intención. Pude ver a su madre y padre cerca de
la entrada con cara de satisfacción. Aquello, desde luego, les
agradaba.
—Así sea. —Dijo mi padre muy complacido con el giro de
los acontecimientos. Creí poder ver en él un atisbo de orgullo.
Quizá ni él mismo había imaginado que lobos de tal magnitud
vinieran hasta nuestras tierras interesados en mi mano.
Me entregó un colgante precioso y perturbador. Se trataba
de una esmeralda verde y brillante. No tenía ni unatisbo de
falsedad en ella y, eso, demostraba que era poseedor de una
cuantiosa fortuna. Lo cogí por obligación pero, anoté
mentalmente recordar que, un hombre que regala cosas es que
está acostumbrado a comprar lo que necesita.
Fue aclamado por mi gente entre aplausos. Nada superaría a
ese candidato y sabía de sobra que mi padre lo preferiría ante
todos. Quizá sólo me perdonaría que eligiese al hijo de mi
padrino en su lugar.
—Que entren los candidatos del clan del Norte. —Brenda
se incorporó un poco al oír el reclamo del narrador de la
ceremonia.
A pesar de que la puerta estaba abierta no entró nadie. Se
dieron varios segundos de rigor e incluso mi padre arrugú un
poco la frente. Puesto que todos los clanes habían enviado a
alguien quizá se estuviera planteando que los lobos de la
manda de los Craig me estaban haciendo alguna clase de
menosprecio.
Así que ya estaban ahí. Siete candidatos de inigualable
valía. Entre ellos estaría el hombre con quien debía compartir
el resto de mi vida.
—Perdonen la tardanza. —Kilian Craig entró en mi sala de
audiencias como si fuera suya. Vi entrar poco después a Brent
que, tras localizar a su hermana con la mirada, permaneció al
fondo apoyado en una de las columnas. Mi padre levantó la
mano en señal de que estaba perdonado. ¿Había decidido
acompañar a los pretendientes del Norte él mismo? Qué
considerado. —Soy Kilian Craig, alfa del clan del Norte, y he
venido a pedir la mano de su hija. —Los murmullos de
emoción corrieron por toda la sala como la pólvora. Aquello
era inaúdito.
—Que así sea. —Dijo mi padre sin meditarlo ni un
segundo. Que un alfa participase en un proceso de selección
era tan imposible y daba tanta posición a un clan que no dudé
de dos cosas. La primera, se acababa de convertir en el
favorito de mi padre. La segunda, Kilian Craig, me iba a hacer
ese proceso mucho más difícil.
Capítulo 9

Brenda

—No me lo puedo creer. —Fue lo primero que pude decirle


a Arwen tras la declaración de intenciones de mi hermano. De
todo lo que esperaría de él, y lo veía capaz de muchas cosas, y
mucho más si era para tener más poder, aquella no era una por
la que yo apostaría.
—Ni yo. —Miré a Arwen que apretaba mi mano como si
con ello fuera capaz de evadirse del proceso que había dado
comienzo con el cierre de la lista de candidatos. Cada uno de
los invitados, junto a su padre que estaba pletórico, la felicitó
por el hecho de haber reunido, para pedir su mano, a lo más
selecto de cada clan. —No lo entiendo. —Sabía a qué se
refería porque yo pensaba exactamente lo mismo. Era cierto
que la posición de Arwen era tan buena, a punto de heredar el
mando, que se sabía que atraería a gente importante, pero,
aquello, era inaudito. Yo misma me preguntaba si, con tanto
poder reunido y compitiendo no acabaríamos en una guerra.
—Ahora vengo. —Me solté como pude de su agarre
salvavidas mientras comenzaba a hablar con Ragnar, el hijo de
su padrino junto con los otros tres de su clan eran los únicos
que habían hablado alguna vez con ella en persona. Era su
obligación, como homenajeada, darles las gracias y animarles
a hacerlo lo mejor posible, pero, no sabía si iba a ser capaz de
contener su ira sin escupirle a alguien en un ojo.
—Brenda. —Kilian me saludó mientras yo me acercaba a
pasos agigantados y furiosos hacia él y Brent que permanecía
a su lado.
—¿A qué crees que estás jugando? —Me salió sólo. No
tuve que meditar cómo decirlo suavemente ni dando rodeos.
Los Craig éramos así. Por eso mismo esperaba que no faltara a
nuestro apellido contándome mentiras sobre sus intenciones.
—¿Qué haces aquí?
—Participar en el proceso de pedida de “la princesa” —Vi
diversión en su mirada y me atreví a darle una pequeña patada.
Su forma de mirarme se endureció advirtiéndome que no
quería ninguna clase de espectáculo. Él tendría que habérmelo
dicho. Yo le dije que quería venir con ella. Yo nunca me
llevaba bien con nadie y él estaba aquí…seguramente para
irritarla. —Alguien del Norte tenía que venir. —Se encogió de
hombros como si con eso se explicase todo cuando los tres
sabíamos que no explicaba absolutamente nada de su loco e
inconsciente comportamiento.
—¿Me estás diciendo que sólo podías venir tú en persona
porque de entre los cientos de hombres lobo solteros que hay
en nuestro clan nadie quería venir? —Sólo esperé que no
dijera que sí porque entonces le tendría que patear las pelotas y
eso no habría sido nada elegante.
—Quizá no había nadie de suficiente valía. —Vi pasar un
dEstello de estrategia por sus pupilas. Kilian Craig no se había
convertido en el alfa más respetado y temido de todos los que
habían pasado por el Norte siendo un tonto.
—Sabías quiénes iban a venir desde los otros clanes. —
Torció la cabeza sin querer afirmarlo ni negarlo. —¿Es por
Kol, del Este? —Le dio una palmadita en la espalda a Brent y
éste me cogió del brazo para alejarme de la escena cuando el
resto de participantes del proceso se acercaron a él.
Desde la esquina vi a los hombres que competirían
disfrazando de juegos y citas por Arwen, sin duda era un
elenco envidiable para cualquier mujer. Pero lo que vi en los
ojos de todos ellos me hizo tener un escalofrío. Nadie había
ido hasta allí por Arwen. Era alguna especie de lucha de poder
que no comprendía.
—¿No eres algo así como su primo, Ragnar? —Le preguntó
jovialmente mientras yo escuchaba negándome a irme muy
lejos.
—Mi padre es su padrino. La conozco mejor que cualquiera
de vosotros. —Le recriminó ensanchando su sonrisa. Era un
hombre extraordinariamente atractivo y por su fibroso cuerpo
habría sabido decir que había estado en un millón de batallas.
—¿Ah sí? —Mi hermano era capaz de sacar de quicio a
cualquiera, incluyéndome a mí misma. ¿Qué pretendía? —
¿Diríais vosotros que también tenéis ventaja por ser de Este
clan? —Preguntó a los otros tres sureños.
—Sé que puedo ganaros en muchas cosas, en otras es
evidente que no. —Ghalder, el hijo del “mago” dejó claro que
pensaba luchar con sus propias armas. Tenía tanta intriga
como miedo de saber cuáles serían esos “juegos”.
—Me da igual si tengo ventaja o no. —Shelby no escondió
su menosprecio por Arwen. ¿Por qué entonces su padre se
había empeñado en que se le aceptara como candidato? No me
fiaba de él. Expandía una sensación oscura muy parecida a la
frialdad que había en un ambiente de vampiros. Era un lobo,
pero me habría apostado todo a que no tenía un buen fondo.
—No voy a participar en esto. —Dijo Ivar, el hijo del
herrero, sorprendiendo a todos, incluido mi hermano. —No sé
qué clase de poder creéis que se juega. Pero yo, si he venido a
por Arwen. —Se fue tras decir esas impactantes palabras.
Apunté, en algún lugar de mi mente, mencionárselo a mi
amiga. Debía saber quiénes estaban y quienes no interesadas
en ella más allá de lo que representaba.
—El hijo de un alfa y un alfa. —Los sombras llegaron
haciendo enmudecer al resto por unos segundos. —Sin duda
será un honor competir con vosotros en alguno de los juegos.
—¿Se habían olvidado de Arwen? ¿Por qué?
—Será un honor que la princesa me elija. —Kol habló el
último antes de que mi hermano se decidiera a abandonar el
círculo. ¿Qué había sido todo aquello?
—Oye Brenda. —Kilian me retuvo cuando yo ya estaba a
punto de alcanzar a mi única amiga. Todo el mundo estaba
contenta por ella pero yo podía sentir lo encerrada que se
sentía en aquel lugar. —No le metas tus prejuicios sobre mí a
ella. —¿Qué? —No tengo pensado hacerle daño. —Más
faltaba que hubiera venido a su castillo con alguna mala
intención.
—¿Y has venido a ganar? —Le pregunté resoplando. Él
tenía seguro sus motivos pero yo necesitaba saber que no le
haría eso. No quería que le eligiera en su final. Mi hermano no
sabía querer y siempre, siempre, anteponía el bien mayor al de
alguien en particular.
—No. —Asentí dando por concluida la conversación.
Estaba bien. Que hiciera lo que hubiera venido a hacer hasta
aquí y se fuera. Ya me cobraría el estar callada cuando llegase
el momento de mi vuelta a casa. Por el momento tenía la
misión de consolar a Arwen.
—¿Estás bien? —Ella estaba tendida en la cama boca abajo
llorando. —Hay algunos chicos que.. —Comencé a decir
cuando se dio la vuelta furibunda.
—¿Sabías que él vendría? —Negué con la cabeza
entendiendo que hacía referencia a Kilian. —Sólo quiere
molestarme. —Gritó. —¿Y los otros? ¿Les has visto algún
interés en mí? ¡Yo no! —No podía ponerme en su piel. Debía
ser muy difícil saber que entre esos ocho hombres estaría la
persona con quien debía compartir el resto de su vida.
—¿Tu padre te dejará elegir a cualquiera de ellos? —Lo
habíamos hablado en los días anteriores a la lista de candidatos
y me había asegurado que sí, que él seleccionaría a los mejores
pero luego ella tendría la última palabra.
—Sí. —Se limpió con el dorso de su manga. —¿Por qué,
Brenda?
—Tengo la sensación de que… —Aunque no me gustaba
ser portadora de malas noticias con mi única amiga tenía que
darle mi sincera opinión. —De que eso puede haber cambiado
al ver los candidatos. Asegúrate de que sigues teniendo esa
libertad de elección antes de hacerla. —Se quedó pensativa y
asintió con cara de horror.
Capítulo 10

Arwen

—¿Cuál será la primera prueba? —Le pregunté a mi padre


en cuanto nos sentamos a desayunar. Agradecí enormemente el
hecho de que no tolerase que nada, ni si quiera el proceso
único, alterase nuestra costumbre de desayunar en familia. Él y
yo. Ni si quiera era bienvenido en ello mi padrino y su hijo.
Sabía que lo hacía por mi madre, bueno, por su recuerdo. La
realidad era que entre nosotros nunca había risas o
conversaciones familiares, pero solíamos ponernos al día sobre
los sucesos de la manada.
—No hay pruebas. —Si él quería engañarme a mí iba a
tener que hacerlo mucho mejor. —Hacemos juegos para que se
haga más entretenido Este proceso. Además de que podrás ver
la valía y las cualidades de los candidatos. —Cogió el vaso de
cristal donde se hallaba el zumo de naranja. Pude ver que
sonreía haciendo que se me revolvieran las entrañas. Estaba
tan feliz con todo lo que estaba pasando. —¿Has pensado ya
con quién tendrás la primera cita?
—Ese será mi problema. —Quise dejarle claro que podría
controlarlo todo del proceso menos las conversaciones que yo
decidiría tener con ellos. —Bueno… —Empecé a decir
tragándome mi mala leche. —¿Cuál será el primer juego
amistoso que harán nuestros amabilísimos invitados. —
Posiblemente notó en exceso mi ironía porque arrugó el
entrecejo.
—Tiro con arco. —Antiguo e innecesario. —Es un clásico
en la historia de los procesos. —¿Estaba orgulloso de su poro
ingenio? —Pero le hemos hecho alguna modificación. —
Levanté la vista de mi tostada de mermelada de fresa
sorprendida. —Si no podrás ver bien sus aptitudes. —Él estaba
tan obsesionado con eso…Veía tan claro que esperaba pasar su
mando directamente a uno de ellos.
Me fui. Estaba harta de aguantar aquella actitud. ¿No
debería intentar evitar a toda costa que ellos quisieran casarse
conmigo? Yo iba a ser la alfa, el que eligiera tenía que ser
conocedor de ese hecho y estar de acuerdo. Aprovecharía las
citas para preguntarles acerca de ese asunto. Por lo pronto
tenía que ir a vestirme para presenciar el dichoso tiro con arco.
—Te han llegado muchísimos vestidos. —Dijo Brenda en
cuanto entré a la habitación. —Tu padre no ha escatimado en
gastos. —Me dejé caer derrotada en la silla del tocador. Claro
que tenía lo mejor de lo mejor sobre la cama para elegir, al
parecer, aquellos lobos habían subido tanto el caché que,
prácticamente, toda la sociedad lobuna estaría pendiente del
proceso.
—Elige el que quieras. —Dije señalando la ropa. Parecía
emocionarse con lo que había dicho. Había pasado muy poco
tiempo pero, para mí, Brenda ya era una especie de hermana
pequeña. Me alegraba de que, al menos una de las dos,
disfrutara de toda aquella parafernalia. —¿Cómo se le da a tu
hermano el tiro con arco? —No debí preguntar. Ella sonrío
tímidamente. —Es sólo por hablar de algo. —Mentí. Por
alguna razón no podría quitármelo de la cabeza. Era extraño
cómo había jugado conmigo en su castillo haciéndome creer
que estaba secuestrada. ¿Le hará algún tipo de juego
psicológico para divertirse al resto de participantes? ¿Qué le
ha llevado a venir hasta aquí?
—Mi hermano es bueno en todo lo que hace. —No lo dijo
precisamente contenta. ¿Le desagradaba que se hubiera
presentado? ¿Había venido como mi amiga para huir, de
alguna forma, de Kilian. —Pero no te dejes impresionar. Él no
es para ti. —Aquella declaración me sorprendió por la
severidad de su tono. ¿A qué se refería?
Fuimos al valle donde ya estaban reunidos los miembros de
la manda, los participantes y los pocos familiares que habían
traído con ellos. Reconocí entre todos a Brent, parecía
realmente divertido de estar allí.
Cuando Harold, consejero de mi padre, explicó el juego,
abrí los ojos como platos. Era una especie de yincana de
rapidez, fuerza y escalada. Todo ello jugando a una especie de
pilla—pilla entre ellos en el si conseguían tocarse quedaban
eliminados. Si llegaban a la línea roja que había al final del
recorrido sin ser tocados podían entonces coger el arco y la
flecha para hacer la tradicional prueba de tiro con arco.
Shelby no pasó del inicio, Ragnar se encargó de ello
marcándole sin esfuerzo. Shelby no pareció enfadarse lo más
mínimo mientras iba junto a su padre que sí parecía furibundo.
Ghalder, del que se decía que había heredado conocimientos
de magia negra de su padre, tampoco duró mucho en el juego.
Los sombras eran rápidos y precisos. Tenían un aire peculiar.
Hermanos casi iguales, ambos morenos, de facciones duras. Su
altura no era muy imponente pues estarían sólo por el metro
ochenta, pero tenían fibrosos los cuerpos de hacer ejercicio
con su propio peso. Se les daba muy bien cualquier tipo de
acrobacia de mano con mano. ¿Eso no era alguna clase de
trampa? Al fin y al cabo ellos se estaban ayudando. Miré a mi
padre que no pareció darle ninguna clase de importancia. Iban
escalando ya una de los muros con piedras con Kilian a la
cabeza, era sorprendente su habilidad y destreza. Le sacaba
una cabeza sin esfuerzo a los demás. Ragnar iba sólo un poco
por detrás al igual que Kol. Ambos intentaban marcarse
mutuamente para eliminarse. Los sombras comenzaron a
escalar la pared y consiguieron eliminar a Kol y Ragnar que no
les esperaban tan sigilosos a sus espaldas. Los espectadores
gritaron eufóricos del giro que había dado el juego. Goliat, mi
padrino, apretó la mandíbula disgustado. Sinceramente había
esperado más de Kol también, era el hijo de un alfa al fin y al
cabo.
Kilian consiguió llegar a la línea. Cogió el arco. Irguió su
metro noventa y tras dedicarme una de sus miradas oscuras y
divertidas lanzó la flecha para clavarla justo en el centro. No
vi esfuerzo en lo que hizo, sólo una determinación por
demostrar que era el mejor. Mi padre me miró y asintió con la
cabeza como diciendo “mira qué hombre lobo”. Los sombras
estaban por llegar. Había entre ellos un pacto de no agresión,
era evidente que los dos iban a tirar a la perfección. Ivar, hijo
del herrero salió entonces de la nada y marcó a ambos.
Aplaudí hasta yo misma. Ya nadie se esperaba un giro. Cruzó
la línea y cogió el arco. Su pelo era castaño y sus facciones
duras pero relajadas. Me miró y alzó la flecha en dirección a
mí. Dedicándome el tiro. Ante la atenta mirada de todos, lanzó
y dio en plena diana. No lo hacía nada mal. Sonreí mientras
aplaudía. Tenía claro quién iba a llevarse mi primera cita.
—Ha sido impresionante. —Dijo Brenda en mi oído
fascinada con lo que acababa de pasar. —No me esperaba para
nada que llegara nadie más que mi hermano. —Pues ya podía
anotar en su mente que había más gente participando y no
podría ser el mejor en todo.
—Acércate a los ganadores, hija. —Mi padre nunca me
dejaba hacer las cosas a mi manera, así que me acerqué
resoplando muy fuerte.
—Felicitaciones. —Dije mirando a todos los participantes
pero centrándome en Kilian y en Ivar. —Tu estrategia ha sido
impresionante. —Le dije al hijo del herrero que parecía feliz.
—¿Podemos hablar? —Le pregunté. Cuando asintió nos
fuimos caminando ante la mirada de todos. Esperaba que su
interior fuera, más o menos, como su exterior. El hombre lobo
estaba de buen ver y no parecía tan creído como el resto.
—Recuerdo vagamente haberte visto por la herrería. —Fue
lo primero que dijo cuando ya nos encontrábamos solos. —
Pero nunca pensé que tendría aunque fuese una mínima opción
de conquistarte. —Me conmovió porque, quizá, eso
significaba que alguien se había presentado por mí.
Capítulo 11

Ivar

—¡No puedes pretender enserio presentarte al proceso! —


Mi padre me gritó como nunca antes lo había hecho. Riuk
había sido desde siempre el herrero de la manada del Sur. Leal
como ninguno al alfa con el que había combatido en todas las
guerras. —No te aceptarán y con razón. —Siguió vociferando.
—Pues no veo por qué. —Seguí fabricando la espada para
Ragnar, el hijo de Goliat, con todas mis fuerzas. —Soy un
buen hombre lobo —Lo pensaba de verdad. Era fuerte y hábil.
—Nadie lo duda, hijo mío. —Suspiró dejándose caer en la
silla de la herrería junto al incesante calor del fuego fundiendo
el metal. —Probablemente en cualquier proceso serías
aceptado como uno de los mejores candidatos, pero estamos
hablando de “la princesa”. —Nunca había sabido por qué la
llamábamos así. Ella no parecía tan delicada como querían
pintarla. De hecho, no sabía qué era lo que había llevado al
alfa a montar el proceso de candidatos. Siempre había pensado
que cogería el poder sin más y ella misma se encargaría de
decidir si quería o no casarse. —Creo, y pocas veces me
equivoco en mi instinto, que será un proceso complicado…
—¿Qué quieres decir? —Dejé de fabricar por un momento.
Acaricié el filo de la espada haciéndome un pequeño corte en
el dedo. Estaba bien afilada.
—He oído que vendrá el hijo de un alfa. —Le miré sin
entenderlo. —Convertirán esto en una lucha de poder y…no
hay sitio para un herrero entre esos candidatos. —Dio por
zanjada la conversación y tuve que ceder por el momento.
Cuando la luna salió aquella noche y mi padre ya roncaba,
decidí levantarme para mirarme al espejo. Medía metro
ochenta y mis músculos estaban bien marcados. ¿Quién decía
que no podía conquistarla? Recordé la primera vez que la vi
por la herrería.
Ambos debíamos tener quince años. Iba ataviada con un
vestido verde de terciopelo y su pelo castaño caoba a penas
sobrepasaba la altura de los hombros. Le enmarcaba la cara
donde se podía leer decisión y valentía. Dijo que quería una
buena espada y que estaba buscando a mi padre. Le pregunté
si su padre le había dado autorización y me dijo que ella era de
la familia del alfa y no necesitaba ninguna clase de permiso.
Mi padre se negó a hacerle la espada tras consultar con el
padre de ella que no lo vio apropiado. Recordé haberle hecho
yo misma una, envolverla y dejarla en su puerta.
Nadie podía haberme impedido presentarme a ese proceso.
Si me rechazaban estaba bien, pero quería intentarlo. Algo se
movía dentro de mí al pensar en Arwen…
Cuando entré en el salón de audiencias, a pesar de que
aquella mañana mi padre había insistido de nuevo en su
desaprobación, contuve el aliento. Miré al alfa a los ojos y le
presenté mi candidatura.
—Mi nombre es Ivar, soy el hijo del herrero de Este mismo
clan. —Me observó lo que me pareció una eternidad. Yo tensé
mi cuerpo apretando los puños. No quería que me eliminase
sin darme la oportunidad de hablar con ella…
—Eres un buen guerrero…Y tu padre es un extraordinario
herrero… —Levantó la mano en señal de aprobación ante la
atónita mirada de mi padre. Estaba dentro de los candidatos
aceptados.
Apenas estaba asimilando lo que acababa de ocurrir. Y no
me refería al hecho de haber sido aceptado que ya era toda una
noticia sorprendente. Sino al hecho de que hubiera en el
proceso un hijo de un alfa y un mismísimo alfa. ¿Qué hacían
allí? Lo vi claro cuando se reunieron tras el cierre de la lista de
candidatos. Hablaban muy al margen de querer ganare el
corazón de Arwen.
—No voy a participar en esto. —Dije antes de oír cualquier
declaración de superar al otro sólo por poder de territorio. Yo
demostraría que era el mejor hombre lobo, pero no por lo que
tenía, sino por lo que era. —No sé qué clase de poder creéis
que se juega. Pero yo, si he venido a por Arwen.
La explicación del primer juego, llamado así porque
“prueba” quedaba demasiado mal, era sencilla. Yincana, pilla
—pilla, arco. Estudié a mis contrincantes en un primer vistazo.
Ragnar, Kol y Kilian me parecían hábiles. Y los sombras me
parecían unos tramposos que se ayudarían entre ellos. El
resto…en esa prueba al menos no tendrían la menor
oportunidad. Me pregunté a por quién irían primero y la
respuesta era evidente. Primero los más frágiles y luego yo.
Sería humillante quedar descalificado por un simple herrero.
Así que hice lo que nadie se esperaba. Quedarme atrás. Shelby
y Ghalder cayeron enseguida y los demás corrieron
poniéndose trabas entre sí muy por delante de mí. En la pared
rocosa los sombras se encargaron de eliminar primero a Kol y
luego a Ragnar. Jugarían con ventaja en todas las pruebas
porque, a la hora de sorprender o acorralar, eran dos. Cuando
encabezaron la línea recta hacia la meta del arco ya no se
preocuparon en mirar hacia atrás. Pecaron de subestimar al
enemigo. Pude sorprenderlos saliendo a su espalda y marcando
a ambos. Kilian, el alfa del clan del Sur ya había llegado a la
meta. Vi a la mismísima Arwen aplaudir ante mi hazaña. Cogí
el arco y clavé la flecha en el centro de la diana dedicándoselo.
Se me daba bien cualquier tipo de arma. Yo las fabricaba.
—Felicitaciones. —Arwen se acercó a Kilian y a mí por
haber terminado la prueba—Tu estrategia ha sido
impresionante. —Dijo mirándome directamente a los ojos. No
pude evitar esbozar una tímida sonrisa —¿Podemos hablar? —
Me preguntó y asentí inmediatamente. ¿Si no quisiera hablar
con ella por qué me habría metido en ese proceso?
—Recuerdo vagamente haberte visto por la herrería. —Le
dije cuando estuvimos solos. Pareció interesada con ese hecho.
Imaginé que no era tan fácil para ella recordarme. —Pero
nunca pensé que tendría aunque fuese una mínima opción de
conquistarte. —Se llevó la mano al pecho un momento y luego
la bajó. Parecía emocionada.
—¿Ha venido a por mí, Ivar? —Casi me tropiezo con un
trozo de césped. Era tan directa la pregunta.
—De eso trata el proceso… —Carraspeé un poco nervioso.
—Sé que serás alfa y veo en tu mirada que todo esto no te
gusta. —Se echó un poco hacia atrás confirmándome mis
sospechas. —La mitad de ellos ha venido por lo que eres y no
por quién eres.
—¿Y tú? ¿Qué le hace al hijo del herrero querer casarse
conmigo? —Entendía su desconfianza. Las citas eran cortas.
Los guerreros éramos muchos y tendría que elegir en treinta
días con sus treinta noches.
—Yo te regalé la espada que sueles llevar. —Abrió los ojos
sorprendida. —La forjé cuando mi padre se negó a hacerlo. Sé
que te ves obligada a casarte, Arwen. Pero yo no quiero ser el
alfa, quiero ser tu media mitad. —Apareció una chica y se
acercó a nosotros.
—Me han mandado a decirte que debemos prepararte para
la comida. —La chica tenía un aire norteño y no me soba
haberla visto antes por la manada.
—Ya voy, Brenda. —Se apartó de ella para acercarse un
poco a mí. —Esa espada… —SuSurró muy cerca de mi oído.
—Es lo único por lo que algunos no se atreven a llamarme
princesa….Gracias Ivar. No lo olvidaré. —Con esa última
frase se fue y yo me sentí feliz.
Quizá, después de todo, Arwen entendería que yo era el
único que venía a por ella y decidiera mandar a sus castillos al
resto. Ragnar me preocupaba más que los demás, al fin y al
cabo, era el hijo de su padrino y podían haber tenido mucho
más contacto en todos estos años. Tendría que asegurarme de
eliminarlo prueba a prueba.
Capítulo 12

Kilian

No me esperaba para nada el hecho de que, aún habiendo


ganado la dichosa prueba del tiro con arco, Arwen decidiera
tener la primera cita con ese tal Ivar.
Indagué un poco haciéndome el simpático aquí y allá, pero
no obtuve nada de lo que esperaba. Resultó ser el hijo del
herrero del clan, un buen guerrero y con habilidad para hacer
armas. ¿Habría tenido algo que ver con que ganara la prueba?
¿Y por qué sólo quería encontrar algo que me dijera que tenía
la razón y que era un mal hombre? El resto de candidatos me
parecían más transparentes. Todos habían llegado hasta el
proceso buscando otra cosa distinta al matrimonio. Incluido yo
mismo. Sólo dudaba de Ivar, del que no sabía nada. Y de
Ragnar, al fin y al cabo, ellos debían de haberse criado juntos.
Fui directo hacia la sala dónde debía de estar el alfa sureño,
Alfred. Por lo poco que había descubierto nunca se separaba
de Goliat y, eso, haría más difícil mi tarea de acercarme a él,
pero no evitaría la amistad de nuestros clanes. Cuando entré
me sorprendí de ver a Kol riéndose con ellos a la mesa de
cartas. No me daba buena espina.
—Kilian, ven a sentarte con nosotros. —Alfred parecía bien
animado. Sin duda, el proceso de su hija le estaba sirviendo
para que su manada fuera el centro de atención además de
rodearle de hombres poderosos. —¿Tu estancia está siendo
agradable? ¿Has tenido una cita con Arwen?
—Se ha ido a dar una vuelta con Ivar. —Dije sin que me
hiciera demasiada gracia. No entendía por qué ni me había
mirado. Tenía claro no elegirme. Vi su cara de sorpresa cuando
entré por la puerta para presentarme, pero, pasada la
estupefacción inicial le desagradaba que estuviera allí. ¿Por el
hecho de que la había tenido secuestrada de broma durante dos
días en mi castillo? Qué tontería.
—Esta niña es… —Empezó a decir pero se calló de golpe.
—Freddy. Llamó a uno de los guardias que había cerca de
nosotros. —Que corten ya la cita. Que vaya a prepararse para
el gran convite que será comida. —Aquello me sorprendió y
me hizo prestar más atención. Al parecer, Alfred, tenía muy
claro a quién quería y a quién no cerca de su hija. ¿Así que
para él también esto trataba de mucho más que casar a su hija?
—Dime, Kilian… —Goliat me miró entrecerrando sus cejar
rubias muy parecidas a las de su hijo. —¿Cómo es que
tenemos el honor de contar con tu candidatura? —No me
gustó que hiciera referencia a “tener” en plural porque eso, de
algún modo, era reafirmar mis sospechas de que creía contar
con ventaja. ¿Sería así? ¿Podría él presionar para que su hijo
tuviera más citas?
—Cuando conocí a Arwen… —Intenté medir bien mis
palabras. No estaba precisamente ante hombres lobo tontos. —
Me quedé bastante impresionado con su belleza y su carácter.
—No era del todo mentira, pero había muchas otras cosas que
me habían motivado a ir hasta allí. Así como prohibir a
cualquier otro miembro de mi manada que se presentara por el
proceso. Me sorprendió ver que ya había señores de mis tierras
preparados para ir. Apenas la habían visto por el castillo. ¿Qué
se escapaba de mi control y mi entendimiento?
—Me alegro de ello, hijo. —Alfred me dio una palmada en
la espalda. Me animaba a seguir a por ello. Veintiocho días
quedaban y ella era mucho más difícil que eso.
—¿Y qué hay de ti, Kol? —Aproveché el momento de falsa
simpatía para intentar conocer sus cartas. No con las que
jugaba, si no las que traía desde sus tierras.
—Oí noticias por mis tierras, la hija de un alfa empezaría
un proceso…El Este y el Sur siempre fuimos aliados. —Eso
fue una puya. Un recordatorio de que el Sur y el Norte no
siempre fueron aliados aunque sí desde hacía mucho tiempo.
—Me permití venir hasta aquí para verlo con mis propios ojos.
Vi a Arwen paseándose por uno de los jardines exteriores
antes de la celebración de presentación y decidí que era, como
tú has dicho, muy hermosa. —¿Estaba usando mis propias
palabras para esconder que venía sólo porque le daría igual
como fuera la chica? —Decidí presentarme. Un futuro alfa
para una princesa. —Aquella frase iba directamente hacia mí.
Me recordaba, con sibilina educación, que se haría alfa al igual
que lo era yo. ¿Sería verdad lo que algunos pensábamos y allí
se estaba forjando una guerra?
—Bien chicos, la competitividad es buena. —Alfred tiró
sus cartas a la mesa mostrando que llevaba la mejor mano. —
Debemos ir a comer.
En el salón mi olfato me permitió localizar a Brenda
entrando junto a Arwen al comedor. Parecían contentas y me
pregunté de qué estarían hablando. Alguien tiró de mi manga
hacia una esquina tras una columna.
—¿Qué haces? —Miré a Brent disgustado con lo que había
hecho. —¿Qué te pasa? —Dije viendo su pulso acelerado y su
sudor incipiente.
—Vampiros. —Fue lo último que pudo decirme antes de
que la sala se llenara de gritos, cristales y trozos de comida por
los suelos.
Me transformé en el gran lobo de color canela que era y fue
todo lo rápido que pude hasta Brenda. Ella también estaba
transformada y, a su lado, Arwen aún en su forma humana.
—¿Qué haces? —Le grité como si se hubiera vuelto loca.
Aquello estaba siendo una cruda pelea entre razas. Habían
aprovechado nuestra debilidad y los festejos para improvisar
un ataque. —Conviértete.
—No lo haré. —¿Por qué? Podía salir realmente herida.
Ragnar llegó hasta nosotros, seguido de su padre y del padre.
—Proteger a la princesa. —Gritó Ragnar.
Todo pasó muy rápido pero no pasó desapercibido, y creo
que para ninguno de los forasteros, que todo el clan sureño
rodeaba a “la princesa”. Era como si todos tuvieran claro que,
ella, no iba a transformarse. ¿Por qué no lo hacía? Sabía que
podía hacerlo porque lo había hecho cuando le atacaron los
vampiros junto a mi hermano. ¿Entonces?
Para cuando conseguimos acabar con todos los vampiros,
cogí a mi hermano por la camisa y lo llevé a parte mientras se
aseguraban de poner a Arwen, junto a mi hermana y su
protectora Bricia, a salvo.
—¿Qué aspecto tiene Arwen cuando se transforma? —
Parecía intentar acordarse pero, cuanto más tiempo pasaba,
más claro tuve que no sería capaz de decírmelo.
—No lo recuerdo. —Las sospechas no hicieron más que
crecer poco a poco dentro de mí.
Capítulo 13

Arwen

Me molestó sobremanera que me interrumpieran en mi cita


con Ivar. “Yo te regalé la espada que sueles llevar. La forjé
cuando mi padre se negó a hacerlo. Sé que te ves obligada a
casarte, Arwen. Pero yo no quiero ser el alfa, quiero ser tu
media mitad”. No podía parar de pensar en las palabras de él.
¿Y si era el único que venía realmente a por mí?
—¿Y dices que él te regaló la espada esa de la que me
hablaste? —Le había contado a Brenda durante una de mis
múltiples conversaciones que era poseedora de una espada
genial. Era afilada y desde luego un arma excepcional, pero,
no era tan pesada como la que solían hacer para los guerreros,
sino una personalizada. También le gustaron mucho las piedras
de la empuñadora. Precisamente, por lo caro de las piedras
siempre pensé que era un regalo de mi padre, aunque nunca
hablamos de ello. —Eso es un detalle súper bonito. —No
sabía decir en aquel momento quién se encontraba más
emocionada. No dejaba de sorprenderme que no quisiera
animar a su hermano, pero prefería no pensar mucho en ello.
—Mira, ahí está. —Me lo señaló a lo lejos. Estaba hablando
con Ghalder animadamente, al fin y al cabo siempre habían
sido de la misma manada, mi manada, y se debían llevar bien.
Tenían la misma edad.
Todo estalló en pedazos a mi alrededor en un momento. El
caos se desató de una forma que no podía ni imaginar. Gritos,
cristales por los aires y todo el banquete por los suelos. Los
lobos empezaron a transformarse y venir corriendo hacia mí.
Brent y Kilian fueron los primeros en llegar, posiblemente
porque su hermana se encontraba a mi lado y no querían que
sufriera daño alguno. ¿Un ataque vampírico en un convite de
lobos? Era extraño.
—¿Qué haces? —Me gritó Kilian en su forma lobuna. Era
realmente impresionante. Un lobo canela de dimensiones
extraordinarias. Sus extremidades y sus fauces demostraban su
supremacía como alfa. —Conviértete. —Lo dijo como una
orden pero yo no estaba acostumbrada a recibirlas, y mucho
menos, a obedecerlas.
—No lo haré. —Dije enseguida siendo clara en mi
determinación. Ragnar llegó hasta nosotros junto a mi padre y
a mi padrino.
—Proteger a la princesa. —Gritó Ragnar a mi lado
haciendo que todos los de mi clan me rodearan para
protegerme. Sabían de sobra que no me transformaría así que
me protegerían con la vida como mandaba la ley lobuna.
—¿Estás bien? —Ragnar cogió mi mano cuando el ataque
se dio por finalizado. Le miré admirando sus duras facciones
que me resultaron tan familiares. Era como un primo para mí.
¿Podía llegar a verlo como un hombre? —¿Arwen?
—Estoy bien. —Mi padre le hizo un gesto y él, entendiendo
como sólo podían entenderse personas que habían convivido
desde siempre, me cogió de la mano para acompañarme a mi
habitación.
—Que venga Brenda y Bricia. —Le dije intentando
detenerme para esperarlas.
—Creo que el alfa podrá encargarse de su hermana. —
Kilian apareció ante nuestra vista y no pareció discutir, junto a
Brent, lo que acaba de decir Ragnar. —Y Bricia es mejor
guerrera que yo si hace falta. —Era cierto que era buena.
Cuando llegó a nuestra manada nadie quería que estuviera en
él. Vino de tierras muy lejanas al ser encontrada entre los
restos de una guerra. Era tan sólo un bebé y mi padre decidió
acogerla y entrenarla como cualquier otro guerrero. Cuando
fuimos adolescentes ambas, al ver que con ella no me llevaba
nada mal y ya que los guardias se quejaban de que siempre
intentaba huir, la pusieron como mi protectora personal.
—Ragnar. —Cuando entramos a la habitación me senté en
la cama algo inquieta por lo que acababa de ocurrir. —Ragnar.
—Tardó en mirarme más de lo que debería. —Quiero
preguntarte algo. —Vi en sus ojos la negativa. No quería
hablar.
—No creo que sea el momento. —Desviaba su mirada
hacia la puerta. Era improbable que quedasen vampiros dentro
de la mansión pero seguramente estarían haciendo una batida
importante en la que se asegurarían de comprobar cada rincón.

—Es un buen momento, como lo sería cualquier otro. —Me
miró serenamente. —¿Por qué te presentaste al proceso? —Era
capaz de notar su pecho subiendo y bajando.
—Eres una loba extraordinaria. —Puede que no estuviera
mintiendo acerca de su percepción de mí, pero eso no
significaba más que eso.
—¿Te obligó mi padrino a presentarte? —Mi pulso aleteaba
rápido. Necesitaba ir conociendo las intenciones de cada
candidato. Parecía quedar mucho pero, lo cierto era que no me
daría a conocer a fondo a todos y que, mi elección no sólo
marcaría mi vida sino también la continuidad de la manada del
Sur.
—No. —Se sentó junto a mí en la cama. —Pero debía
hacerlo, Arwen. —Asentí aunque no le entendía. —Te
conozco desde siempre, sé que tienes capacidad para asumir al
mando. Hemos sido casi como de la misma familia y…tenía
pensado presentarme en su momento pero no creía que sería
tan pronto. —Lo vi sincero en sus palabras. Yo tampoco me
esperaba tener que casarme a tan corta edad. Pensaba coger el
mando, ir conociendo en el propio mando del día a día a los
lobos y puede que, en algún momento, profundizar. Nunca
pensé en hacer un proceso grande sino uno sencillo con los
pocos con los que hubiera conseguido abrirme. —El Sur tiene
que seguir siendo del Sur, Arwen. —Aquello produjo una
especie de punzada en mi pecho. —Sé que podríamos ser una
buena pareja de lobos. Sé que podría llegar a amarte. —Dijo
antes de que Bricia entrase.
—Tu padre quiere que vayas a su despacho. —Miró a
Ragnar y luego a mí. No supe descifrar qué estaría pensando.
Intentaría, entre el caos de mi cabeza, preguntarle. —Ragnar,
tu padre te espera en el comedor.
Mientras andaba tras Bricia me pregunté dónde estaría
Brenda, la necesitaba en ese momento. La conversación con
Ragnar no había hecho más que aumentar mis temerosas
sospechas. La mayoría de los candidatos no estaban ahí por
mí. “El Sur tiene que seguir siendo del Sur”. Me había dicho
que sería capaz de amarme pero, eso, siendo ambos lobos,
sabemos que es mentira. O al menos, no sería ese amor único
que Surge con tu mate. ¿Desde cuándo un proceso significaba
eso? Si ya de por sí las chicas que seguían haciendo procesos
debían estar confundidas con su elección. Intentar discernir el
interés político de ellos de su grado de interés por mí, estaba
siendo agotador.
—Hija. —Mi padre me hizo un gesto para que me sentase
en frente de él. —Tenemos que hablar de algo importante. Y
creo que no te va a gustar. —Mis nervios no hacían más que
aumentar con cada palabra que salía de su boca. —
Empecemos primero por el hecho de que tus candidatos no
saben lo de tu…transformación. Harán preguntas. —Una
lágrima estaba a punto de salir de mis ojos. Era tan difícil
ocultar ciertas cosas… —Ten cuidado. —No fue una amenaza
pero sí una advertencia. Mi padre había creado muchas
expectativas, por lo visto, en torno a mi futuro, no quería que
se le estropease. —Y ahora está lo de las malas noticias… —
¿No era esa? —Reduciré a quince el tiempo del proceso. Haré
más juegos en cada día. Intenta tú tener más citas.
—¿Qué? ¿Por qué? —Fue lo único que salió de mi
garganta. Si en veintiocho días me parecía imposible, en
quince… ¿Tenía que decidir al azar mi esposo? En realidad…
es que para él, si no leía mal su expresión y no solía hacerlo,
sólo había tres candidatos posibles para él: Ragnar, Kol o
Kilian.
Capítulo 14

Kol

Me di cuenta de que los rumores que habían llegado hasta


las tierras de mi padre, Nahir, alfa del Este, bien podían ser
ciertos. ¿Por qué sino no iba a transformarse ante una situación
de verdadero peligro como había sido el ataque vampírico?
Ataque que, por otra parte, no terminé de creerme que fuese
fortuito. ¿Por qué iban a atacar un convite lleno de hombres
lobo de semejante valía? Era un suicidio.
Arrastré mis pies hasta la sala de audiencias. Alfred y
Goliat estaban sentados en sus respectivos asientos esperando
a que los candidatos y un puñado de burgueses llegaran. Me
apoyé en una de las columnas marcando distancia con Kilian.
Un alfa, no había contado para nada con él en Este proceso.
¿Qué posibilidades había? ¿Habría oído lo mismo que yo?
—Estamos observando, lamentablemente, más
movimientos de los vampiros. —Mi padre los mantendría a
raya sin que entrasen en el Este. —Eso, junto al hecho de que,
en Este proceso contamos con hombres lobo que, sin ser mejor
que ningún otro, responde a una mayor autoridad dentro otros
clanes. —Presté más atención sabiendo que entraba en esa
referencia. —He tomado una decisión. —Podía notar la
respiración pesada de todos los candidatos y no pasaba
desapercibido para mí los murmullos que comenzaron entre el
resto de los presentes. —Se reducirá a quince días la duración
del proceso. —No podía ser. Ni si quiera había tenido la
oportunidad de tener una cita con Arwen aún y sólo habíamos
disputado un juego en el que, por otra parte, y por mi propio
descuido, no fue precisamente impresionante. —No queremos,
bajo ningún concepto, que nadie se tenga que retirar ni tenga
que lamentar haber permanecido aquí mientras su territorio
sufre alguna alteración. Espero que lo comprendáis y sigáis
dando lo mejor de vosotros. —Levantó la copa que debía ser
de vino hacia nosotros. —Y ahora, vamos a por un juego para
olvidar Este mal rato. ¿Qué os parece?
Lo preguntó casi como si algún candidato hubiera sido
capaz de contradecirle. Si nos negábamos a hacer alguna
actividad no tenía sentido que estuviéramos allí. Nos
desplazamos hasta el valle donde había un círculo dibujado en
el centro de unas gradas que debían de haber sido puestas en
esa posición para que se apreciara bien el combate. Porque eso
imaginé que sería lo que hiciéramos.
Vi entrar a Arwen y sentarse en el centro de la grada. Tenía
la cara desencajada. ¿Podía ser que a ella tampoco le hubiera
hecho gracia la reducción de días?
—Chicos. —Goliat se acercó a nosotros para explicar el
juego. No me parecía justo dado que su hijo participaba y nada
garantizaba que no le hubiera chivado antes de qué se iba a
tratar, pero dudaba, en realidad, que fuera lo que Alfred quería
para Arwen y, eso, Goliat lo sabía. —Sois ocho y tienen que
ser duelos de dos en un principio así que Iverson y Olsen
participarán uno contra el otro. —Eso les daba ventaja pero
sabían perfectamente que por orgullo nadie diría que no
podían con dos. —Los duelos se sortean sacando de esta bolsa.
—Señalo un pedazo de tela. —Una bolita de un color. Los que
tengan el mismo color compiten. —Tomó aire mientras yo
intentaba tener contacto visual con la loba que debía contestar.
No miraba a ninguno de nosotros, parecía lamentarse junto a
su protectora y la nueva chica que no se separaba de ella,
Brenda, que precisamente era la hermana de Kilian. No planeé
que todo fuera tan complicado.
— ¿Se puede? —Había sido invitado en privado para jugar
una partida de cartas con Alfred y Goliat. Al principio me
sorprendí, pero era una oportunidad para poner ciertas cartas
sobre la mesa.
—Bueno, hijo, espero que todo esté siendo de tu agrado. —
Dijo Alfred cuando me senté. —No tenía el placer de
conocerte en persona, pero siempre he tenido un trato cordial
con tu padre. —Eso no era del todo cierto. De hecho, si ellos
no hubieran sido alfas tan altivos, probablemente, no
estuviera allí.
—Tu hija tiene un carácter fuerte. —No supe cómo decir de
otro modo que no sabía cómo ganármela. A pesar de ser el
único que decidió llevarle un regalo en el momento de mi
presentación no ha parecido darle ninguna importancia a la
hora de elegir la primera cita.
—Sí, lo tiene, pero es una coraza. —Presté atención a sus
palabras intentando que me diera alguna pista tanto de si él
quería que yo acabase ganando como de si ella tenía algún
interés. —Precisamente por eso creo que necesita a alguien
fuerte, alguien con una educación de hierro y acostumbrado a
tratar con todo tipo de personas. —Iba a seguir preguntando
pero Kilian apareció como si fuese capaz de oler mis
intenciones. Nos miramos un largo rato retándonos en
silencio. Él había llegado a la misma conclusión que yo,
éramos los preferidos de Alfred aunque disimulase por Goliat.
—Kilian, ven a sentarte con nosotros. —Alfred no podía
disimular todo lo que le hubiera gustado la alegría de
tenernos a los dos a su mesa. —¿Tu estancia está siendo
agradable? ¿Has tenido una cita con Arwen?
—Se ha ido a dar una vuelta con Ivar. —¿Con el hijo del
herrero? Era cierto que había sido uno de los que terminó la
prueba pero debería descartarlo sólo por estatus. Que ella no
fuera elitista no me favorecía en Este caso.
—Esta niña es… —No le gustó, tal y como sospechaba —
Que corten ya la cita. Que vaya a prepararse para el gran
convite que será comida. —Aquello no me sorprendió. El día
que decidí venir a esta tierra y participar en el proceso
contaba con que mi presencia, siendo el hijo del alfa, sería
aceptada con agrado.
—Dime, Kilian… —Goliat m miró entrecerrando los ojos a
Kilian y agradecí el interrogatorio, quizá así podría sacar
algo en claro de sus intenciones. —¿Cómo es que tenemos el
honor de contar con tu candidatura?
—Cuando conocí a Arwen… —Empezó a decir pero me dio
la sensación de que medía mucho sus palabras —Me quedé
bastante impresionado con su belleza y su carácter. Me alegro
de ello, hijo. —Alfred se había quedado satisfecho con la
respuesta pero yo olía el secreto detrás de una verdad a
kilómetros. Había sido una manera astuta de dejarlo contento.
— ¿Y qué hay de ti, Kol? —Me preguntó Kilian
repentinamente.
—Oí noticias por mis tierras, la hija de un alfa empezaría
un proceso…El Este y el Sur siempre fuimos aliados. —Era
una verdad a medias. Siempre habíamos sido aliados pero, en
los últimos años, habían pasado ciertas cosas entre los alfas
que, aunque la mayoría de los miembros no se hubieran
enterado, habían enfriado la relación de los territorios. No
estaba, al menos yo, cien por cien seguro de que, en caso de
ataque o guerra uno acudiese a la llamada del otro. —Me
permití venir hasta aquí para verlo con mis propios ojos. Vi a
Arwen paseándose por uno de los jardines exteriores antes de
la celebración de presentación y decidí que era, como tú has
dicho, muy hermosa. —Arwen, en efecto, no era nada fea o
una loba débil, pero, aunque lo hubiera sido, me habría
presentado. De hecho, ya llevaba la joya que pensaba
regalarle. Quería ser un alfa fuerte y, para eso, necesitaba
aliados. ¿Qué mejor alianza que una boda? —Decidí
presentarme. Un futuro alfa para una princesa. —Si creía que
me iba a achantar porque él ya fuera un alfa que si no los
mismos, parecidos motivos tenía, estaba totalmente
equivocado. Yo venía a por Arwen y me la llevaría.
—Bien chicos, la competitividad es buena. —Alfred tiró sus
cartas a la mesa mostrando que llevaba la mejor mano. —
Debemos ir a comer.
—Ivar con Ragnar. Shleby con Ghalder. Los sombras entre
ellos como he dicho. —Intentaban de alguna forma paliar que
no fueran unidos, pero para ellos sería fácil hacer un buen
espectáculo y saber que uno de los dos quedaría ganador. —Y
Kol con Kilian. —Para mi suerte, y para la conveniente
emoción del público, habíamos caído uno en contra del otro.
¿Casualidad? Yo no creía en la casualidad. Y por la sonrisa de
Goliat, él tampoco. Quería que por fascinante que fuera
nuestro duelo, Ragnar ganara el suyo. —Es una prueba
sencilla. Tiráis de la cuerda cada uno. Conseguís que el otro
sobrepase la vuestra línea dibujada en el suelo de cada uno.
Una vez conseguido podéis soltar la cuerda e intentar sacar al
otro del círculo. Vale estar en forma humana o en forma
lobuna, vosotros elegís. Recordad que es sólo un juego. No os
hagáis daño. —Podía decir lo que quisiera, pero, vi en sus ojos
maldad. Sabía que no iba a ser precisamente un baile.
Capítulo 15

Arwen

Llegamos a las gradas donde parecía que se disputarían


luchas al estilo luchador. Sabía lo que quería que viera mi
padre. El potencial que tuviera cada uno. Para mí debía de ser
muy importante casarme con un hombre que pudiera
protegerme, pero, para eso, se suponía que existía la manada.
—Oye, Arwen… —Me fijé en que Brenda parecía
incómoda y me pregunté qué mosca le habría picado. —Sé que
te parecerá un poco raro pero…no entiendo por qué no te
transformaste cuando atacaron los vampiros. —Se rascó la
nuca algo nerviosa.
—Tú tampoco lo hiciste. —Le dije intentando sonar serena
mientras deseaba que salieran ya los luchadores y me librasen
de aquella conversación.
—No quería herirte transformándome justo a tu lado. —
Parecía lógico. Le faltó decir “Esperaba a que tú lo hicieses”.
—¿Fue por nervios o de verdad hay un motivo? —La miré
directamente a los ojos. Ella era mi amiga pero,
desgraciadamente, no era de mi clan. Por no hablar de que su
hermano estaba participando en el proceso y era posible que la
hubiera mandado a preguntar.
—Brenda, te quiero como a una hermana, pero entiendo
que no eres imparcial en esto. —No quería herirla pero no
estaba dispuesta a darle cierta información sabiendo que le
llegaría a él. Aunque, en realidad, no importaba, no tenía la
más mínima intención de elegir a Kilian Craig como lobo
ganador y esposo. El Norte era frío al igual que su líder y allí
debían de seguir estando.
Nos quedamos en silencio cuando se abrieron las puertas de
ambos lados de la arena para que entrasen los participantes.
Me sorprendió que hubieran puesto a Olsen contra Iverson
pero, quizá, así vería por primera vez qué eran capaces de
hacer por separado. El hecho de que ambos se hubieran
presentado como candidatos me decía dos cosas no muy
buenas sobre ellos. La primera, estaban dispuestos a colaborar
para dejar mal al resto. La segunda, no venían aquí porque les
gustase lo más mínimo. Miré a mi alrededor por un instante
hasta localizar a mi padre. Estaba pletórico. ¿Por qué había
decidido casarme antes de darme el mando sólo porque
desaparecí un día? ¿Habría pasado algo en mi ausencia que
desconocía? No me lo había planteado hasta ese momento,
pero era posible. ¿Quién había avisado en tan poco tiempo a
todos los territorios y cómo es que, finalmente, estaba allí lo
mejor de cada territorio? Tenía la sensación de vacío en el
estómago esa que solía tener cuando algo no me cuadraba.
Eran atractivos, fibrosos y de facciones duras. A pesar de
ser tan parecidos, tanto que debían de ser hermanos mellizos,
tenían como distinción las múltiples cicatrices y que Iverson
era un poco más alto que Olsen. Se saludaron como si fueran
luchadores de artes marciales representando su valor y respeto
y luego, dejando a todos sin aliento, se convirtieron en lobos
grandes de color azabache para empezar a tirar cada uno,
bestialmente, de la cuerda. No pudo pasar por alto para mí que
Iverson tenía una línea blanca en su cola. Tuve la corazonada
de que él ganaría y, cuando nuestros ojos se cruzaron, quise
que lo hiciera. Quizá no les había dado la oportunidad sólo por
no ser de mi territorio. Le quería preguntar sus motivos para
estar allí pero no tendría citas con ambos hermanos, para mí
aquello no estaría bien. El que ganara sería el candidato que,
para mí, seguiría en el proceso y, al otro, lo eliminaría
mentalmente. De todas formas, no tenía mucho tiempo. Cada
luna que pasaba estaba más cerca de la decisión.
Iverson, tal y como predije, tuvo una mejor estrategia. Soltó
un poco la cuerda y, ante el desequilibrio de Olsen, tiró con
fuerza. Se transformó rápidamente en humano y, con Olsen
aún como lobo, lo cogió en brazos y lo tiró fuera del círculo
dando por finalizada la batalla. Olsen volvió a su forma
humana entre los vítores de la gente por el buen combate, pero
yo pude fijarme bien en la fina línea que eran sus ojos. No le
había gustado nada perder aunque yo siempre había pensado
que, a ellos, les daría igual quien ganase. Era casi como si
hubiera tenido que conseguir mi mano para conseguir algo
más. Aquellos ojos reflejaban la perdida de algo que le hacía
ilusión y, desde luego, no era yo.
—¿Puedes decirle a Iverson que quiero hablar con él
cuando termine el juego? —Le dije a Bricia que estaba erguida
a mi lado preparada para protegerme. Vi que se extrañó del
hecho de que no se lo pidiera a Brenda pero asintió y se fue.
Las puertas se abrieron para que Ragnar e Ivar salieran
tranquilamente. Aquel combate, desde mi punto de vista, y
puesto que sabía cómo se le habían entrenado a ambos, estaría
muy igualado. Sentí una punzada de culpabilidad al darme
cuenta de que quería, sí o sí, que ganase Ivar. Ragnar, en
aquella conversación, había dejado claro de alguna forma que
nos llevábamos bien y que casi era su deber. ¿No debía de
haber buenos candidatos del Sur? Tomé entonces una decisión
casi sin darme cuenta. No elegiría a Ragnar aunque quedase
pletórico en cada prueba.
Decidieron hacerlo en forma humana. Tiraban agarrando
las cuerdas de todas las formas posibles. Ivar decidió darle
varias vueltas en su brazo. Ragnar, sin embargo, plantó los
talones en la arena impulsándose hacia atrás. Consiguió hacer
que Ivar cruzase la línea pero, aprovechando su posición al
llegar se agachó para tirar por los aires a Ragnar que casi sale
del círculo, pero consiguió agarrarse a la arena y propiciarle
una patada a Ivar que cayó al suelo. Todos los espectadores
mantuvimos el corazón en un puño. Estaban, sin duda,
igualados. Ragnar arrastró a Ivar hasta la línea del círculo. Le
fue a dar un puñetazo para asegurarse la victoria cuando Ivar
rodó hacia un lado. Se levantó y, de un fuerte empujón,
consiguió que fuera Ragnar el que se quedase fuera del
círculo. Los aplausos fueron ensordecedores. Había sido un
espectáculo singular. Mi padre y mi padrino pusieron mala
cara. Sabía, desde que interrumpieron mi cita, que mi padre no
estaba de acuerdo con que eligiese a Ivar. ¿Por qué entonces le
había aceptado como candidato? Tenía que averiguarlo.
No me sorprendió para nada que, cuando se volvió a abrir
la puerta se tratara de Ghalder contra Shelby. Aposté
mentalmente por Ghalder, no lo conocía mucho. Era el hijo del
alquimista y, por tanto, era bastante extraño. Estaba
acostumbrado a hacer otro tipo de cosas y no solía meterse en
peleas aunque no se debía a que no tuviera potencial físico.
Era alto, delgado y fibroso.
El primer tirón lo dio Ghalder y me alegré. Shelby ni si
quiera tendría que haber sido aceptado por mi padre. Era débil.
Inmediatamente me sentí algo culpable por mis pensamientos.
Yo…precisamente…no debía discriminar por debilidad. Al fin
y al cabo mi transformación no era…como debería ser.
Cuando Ghalder dio el siguiente tirón consiguió que Shelby
traspasase su línea tan rápido que cayó sobre el cuerpo de
Ghalder. Y entonces grité como todos. Ghalder cayó al suelo
repentinamente y, en su estómago, tenía clavado un puñal.

Capítulo 16

Brenda

Me levanté horrorizada junto a Arwen cuando Ghalder cayó


con el puñal clavado en su estómago. Gritos bárbaros llenaron
el semicírculo en un instante. Aquello no estaba permitido de
ninguna forma. Siempre, y siempre es siempre, se debía ganar
con la fuerza. Daba igual si era en forma lobuna o humana e
incluso, si ambos acordaban armas en un duelo, podía estar
bien visto, pero en ese juego del proceso se había explicado
claramente que sólo se podía usar las propias características
físicas.
¿Qué Shelby estaba en desigualdad? Era posible que
Ghalder, el hijo del alquimista cuyos cabellos eran negros
como el azabache y sus ojos grises como la ceniza fuera más
voluptuoso, pero era el que le había tocado y, eso, no
autorizaba de ninguna forma a usar un arma.
No tardaron en quitar a Arwen de la grada y llevársela a
algún sitio. Ella estaba distante y podía entender por qué. Yo
era la hermana de uno de los participantes. Kilian siempre
tenía que estropearlo todo. Aún así había sido su padre, Alfred,
quien le había ordenado a Bricia en cuanto pasó que
abandonasen la grada y fueran a su cuarto de inmediato.
Desde que llegué a las tierras del Sur pensé que Arwen era
quien mejor me había entendido toda mi vida por la
sobreprotección que tenía que sufrir, pero, poco a poco, me di
cuenta de que ella estaba aún más encerrada. Ni si quiera era
capaz de entender cómo la habían entrenado como guerrera sin
querer que derramase ni una sola gota de sangre.
—¿Qué le va a pasar ahora? —Le pregunté a Kilian en
cuanto pasó por mi lado pero, al parecer, había decidido
ignorarme. —¿Lo van a eliminar?
—Deberían pero no lo sé. —Se rascó la nuca de forma
nerviosa como hacía siempre. Mirándole con atención pude
ver que se encontraba algo cansado y me repetí a mí misma
que aún no habíamos hablado del motivo que le había llevado
a venir aquí.
— ¿Y has venido a ganar? —Le pregunté resoplando. Él
tenía seguro sus motivos pero yo necesitaba saber que no le
haría eso. No quería que le eligiera en su final. Mi hermano
no sabía querer y siempre, siempre, anteponía el bien mayor
al de alguien en particular.
—No. —Asentí dando por concluida la conversación.
—¿Cómo es que aún con lo que ha pasado tienen que
pensárselo? —Estaba indignada. —Arwen no se merece un
cobarde. —Cruzamos miradas que decían más que callaban.
Esa frase para mí estaba cargada de ataque. Arwen había
conseguido ser mi única amiga desde que mi madre había
fallecido y todo aquel proceso no dejaría de ella más que las
cenizas. Cenizas…Los ojos de Ghalder… —¿Y Ghalder?
¿Cómo está?
—¿Por qué te preocupa? —Mi hermano tenía un instinto
agudo y perspicaz que le hacía adelantarse a los pensamientos
de los demás. Me maldije por ser tan evidente. —Nunca
Brenda, nunca, te fijes en alguien del gremio alquimista. —
Fue una amenaza clara y directa. También una declaración de
intenciones. Aunque no lo hubiéramos hablado antes él
decidiría con quién podía unirme y con quién no. —Creo que
su padre lo está curando. —Se fue dejándome con mis propias
dudas.
Era cierto que había algo en ese lobo de características
especiales que hacía que mi corazón se acelerase pero no
podía entender por qué. No sabía si era su musculatura fibrosa
pero delgada. Su metro ochenta. Su pelo de carbón o sus ojos
enigmáticos. Pero, en el fondo, creía que se trataba del halo de
misterio que le envolvía. Era casi como si prometiera
conseguir lo inimaginable. Y yo, en silenció, le pedí a la luna
que no quisiera conseguir a Arwen. ¿Cuándo había pasado?
¿Cuándo habían nacido mis sentimientos fuertes y decididos
por él? Ese era el problema de los lobos…nuestro mate
aparecía sin más y, el mío, estaba haciendo un proceso para
casarse con mi mejor amiga.
Decidí ir a hablar con Arwen. Ella tenía que saberlo. Ya que
no le gustaba en realidad ningún candidato según lo que me
había dicho, podría simplemente…eliminarlo de su elegante
lista. Tal y como había hecho con Ragnar y Olsen aunque no
lo hubiera manifestado más que en privado.
Bajando la ladera que llevaba a la entrada del castillo más
cercana a la habitación de “la princesa” oí gritos y no pude
más que detenerme y agazaparme. Venían de uno de los
cobertizos. Uno de los muchos que abarcaban las cosas para
los juegos. Los gritos subieron de intensidad y, aunque no
debí, anduve a cuclillas para acercarme a escuchar.
Probablemente mi imprudencia me mataría algún día.
—¿Cuál es el maldito problema? —Iverson le gritaba a su
hermano que se paseaba nervioso, por lo poco que se veía por
la escotilla, por toda la estancia. —¡Se suponía que uno de los
dos debía conseguirlo! Ella quiere una cita conmigo. ¿Cuál es
el problema, Olsen?
—Tú ni si quiera querías venir. —Vociferó el aludido. Mi
corazón empezó a encogerse como quien sabe que va a
descubrir algo que no le gusta. —De hecho, tuve que obligarte.
¿Por qué me has ganado a traición en el juego?
—Yo no he hecho trampas. Sólo tiré primero y gané. —
Suspiró fuertemente. —Que hayas perdido en un estúpido
juego tampoco significa que te vaya a descalificar.
—¿De verdad crees eso? Te recuerdo que le quedan catorce
días para decidir. De alguna forma tendrá que ir acortando sus
candidatos y centrarse en unos pocos. —No había notado que
le gustase Arwen de un modo tan feroz como para producir esa
reacción. —Y tú, si ganas, no serás capaz de hacerlo, Iverson.
Lo veo en tus ojos. —¿No será capaz de hacer qué?
—Sé a lo que he venido y sé que le debo al alfa del Oeste
mi lealtad. —No me gustó el tono que utilizaron. No podía
decir qué era lo que querían pero sabía que no era a Arwen.
Mierda.
Busqué corriendo a Kilian que resultó estar en la herrería.
¿Qué diablos estaba haciendo allí?
—¿Qué haces aquí? —No le contesté antes de revisar el
establecimiento y asegurarme de que Ivar, al menos en ese
instante, no estaba allí. —Le estoy esperando. —Dijo Kilian
como si yo le hubiese acusado de otra cosa. Y si le acusaba,
pero no era de robar… —¿Brenda?
—Me vas a decir cuál es el motivo exacto por el que has
venido. Y sé que no eres el único que busca lo mismo. —
Primero se quedó muy quieto y luego empezó a negar
lentamente con la cabeza. —No voy a tener el mínimo pudor
en desmontar toda esta farsa si no me lo explicas. —Habla ya,
hermano.
Capítulo 17

Kilian

—No deberías meterte en lo que no te incumbe, Brenda. —


Intenté ser lo más autoritario posible pero, eso, con mi
hermana hacía tiempo que había dejado de funcionar. —No
puedes decirle nada.
—Tú me dijiste que no venías a ganar pero vas con esa
actitud dominante dejando claro que eres el hombre lobo
macho, el de mayor jerarquía y el de más valía. —Se fue
enfureciendo poco a poco y me di cuenta de que, en cierto
modo, tenía razón. Yo no había venido a por Arwen. De
hecho, aunque no nos hubiéramos conocido, cuando hubiera
oído lo del proceso, habría venido. Pero eso… Brenda no
puede entenderlo. ¿A qué juegas? ¿Qué haces aquí?
—Tú eres quien no debería estar aquí. —No quise que
sonara tan agresivo pero era la verdad. Sólo había sido mala
suerte que ellas se hicieran tan amigas. Nunca contemplé la
posibilidad de que se convirtiera en un problema.
—Dímelo. —Exigió saber. Tenía que sacarla de allí antes
de que llegase Ivar porque mi conversación con él sí era
importante.
—Tu lealtad siempre debe ser para con la manada del
Norte. —Aullé bajo pero contundente llamando a Brent. —
Cría que te lo habíamos inculcado siempre. —Cuando llegó mi
hermano la agarró de ambos brazos. No me gustaba imponerle
nada pero no veía otra solución. —Llévala al Norte, Brent. Su
estancia aquí ha terminado.
Vi a Brent sacar con mucho trabajo a Brenda de la herrería.
Sabía que tendría problemas con ella cuando volviese a mis
tierras pero, de eso, ya me encargaría en su momento.
—¿Me estabas esperando? —Ivar me sobresaltó. Había
pasado ya un buen rato y, aunque en una primera espera estuve
atento, me había acabado relajando y sentándome en un
banquito de madera de la estancia. ¿Era normal que la herrería
estuviera tanto tiempo sin nadie que atendiera? Imaginé que
como todos los miembros de la manada estaban pendientes del
proceso no se dedicaban a buscar armas. Menos teniendo en
cuenta que Ivar estaba dándolo todo en el dichoso proceso. Me
estaba sorprendiendo hasta a mí.
—Quiero una espada. —Ivar entrecerró los ojos intentando
medir mis intenciones. —Me han comentado que eres el mejor
herrero de todo el Sur. —Eso no era del todo mentira pues en
varios círculos había oído que alababan sus habilidades.
—En realidad… —Empezó a hablar cauteloso mientras
avivaba el fuego para seguir trabajando en una pequeña pero
hermosa daga que había llamado mi atención cuando entré. —
El que hace magia en la fabricación de armas es mi padre.
¿Qué venías buscando exactamente? —Preguntó sin cruzar
ninguna mirada conmigo.
—Una espada.
—Eso ya lo has dicho. —No estaba seguro de por qué me
costaba entablar una conversación fluida. —Pero imagino que,
dado tu estatus, vendrás buscando unas características
específicas.
—¿Desprecias el estatus que vas buscando? —Lancé el
ataque ya que pareció que no íbamos a andarnos por las ramas.
—¿Qué te hace pensar que voy detrás del puesto que
siempre ha sido y será de Arwen? —Me había arrinconado con
su respuesta.
—¿Qué llevó a Alfred a aceptarte como candidato? No te
ofendas, no dudo de tu valía pero sí del porqué de tu
aceptación. Al igual que me da algo de intriga Ghalder y
Shelby. ¿No será consecuencia de que quedaba excesivamente
mal que la obligase a casarse con Ragnar? —Vi palpitar un
músculo en su mandíbula. Había dado en el clavo. —Lo que
no esperaba era el potencial de los candidatos extranjeros. De
hecho, no esperaba candidatos más allá del Sur… —Susurré
más para mí que para él.
—Puede ser. —Le vi mirar la daga e incrustarle unas
pequeñas gemas en la empuñadura. —¿Y cómo es que has
venido hasta aquí? ¿Qué buscáis?
—Quiero que sigamos viviendo todos los clanes en
armonía. He venido como candidato y tanto i gano como si
pierdo no iré por ahí conquistando a nadie. —Además de que
yo había venido por un solo motivo y no era ganar.
—No te haré una espada. —Dijo Ivar repentinamente. —
Porque, en algún momento, intentarás clavármela por la
espalda. —Contuve la respiración ante el sonido gutural de
advertencia que salió de su garganta. No me iba a transformar
en lobo para pelear. —Haz lo que vengas a hacer, firma la paz
que desees, pero, Arwen, es para mí —Me cerró bruscamente
la puerta en las narices.
Tal y como me había temido esperándole, era cierto que
Ivar estaba participando porque quería quedarse con Arwen.
Con ello se acabó mi oportunidad de sonsacarle qué era cierto
y qué no de lo que había llegado a mis oídos.
Tendría que ir a la otra fuente, Alfred. ¿Por qué le aceptó si
no iba a querer que le eligiera, bajo ningún concepto, a él? ¿Y
cómo era que el hecho de que los del exterior fuéramos de otro
estatus hacía que cambiase del todo su opinión?
Me dirigía convencido a la sala donde tuvimos la partida de
póker cuando una risa llamó mi atención. No debí, pero me
quedé a escuchar que decían. Alfred no iba a moverse de allí
hasta el siguiente juego.
—¿Entonces has descartado a mi hermano? —Dijo el que
reconocí como Iverson con una voz melosa muy distinta a la
que usaba con los demás.
—Sí, en realidad tenía que descartar a alguno de los dos.
No veía tan bien tener…más confianza con personas de la
misma familia. —Qué actitud más santurrona. Le pegaba que
fuera así. La apodaban por algo “la princesa”. —También he
eliminado ya a Shelby. —Eso estaba bien. Ni si quiera tenía un
portento físico adecuado. Si se casaran les atacarían enseguida.
Retarían a Shelby muy pronto. —Y a Ragnar. —Aquello me
dejó helado. Eso sí que no me lo esperaba. ¿Era consciente de
eso Alfred?
Tuve ganas de seguir escuchando pero la nueva revelación
me hizo darme prisa para ir a averiguar de alguna forma lo que
me intrigaba y me había llevado hasta allí: La profecía no
podía cumplirse y se me agotaba el tiempo.
Capítulo 18

Iverson

Vi los ojos del disgusto de Olsen en el momento en que


conseguí sacarlo del círculo. Yo no tenía la culpa, al fin y al
cabo, habíamos tenido el mismo entrenamiento. Y, en el Sur, la
misma misión.
—¿Cuál es el maldito problema? —Le grité a mi hermano.
¿Por qué se ponía de aquel modo? —¡Se suponía que uno de
los dos debía conseguirlo! Ella quiere una cita conmigo. ¿Cuál
es el problema, Olsen?
—Tú ni si quiera querías venir. —Eso era cierto. Yo
siempre tuve esa espina de pensar que lo que íbamos a hacer.
Venir al Sur a por una chica que sólo quiere casarse con el
objetivo de que el Oeste no saliera perjudicado era…cruel —
De hecho, tuve que obligarte. ¿Por qué me has ganado a
traición en el juego?
—Yo no he hecho trampas. Sólo tiré primero y gané. —
Suspiré fuertemente. —Que hayas perdido en un estúpido
juego tampoco significa que te vaya a descalificar.
—¿De verdad crees eso? Te recuerdo que le quedan catorce
días para decidir. De alguna forma tendrá que ir acortando sus
candidatos y centrarse en unos pocos. —Nadie contaba con
que redujeran los días. Todo por un estúpido ataque vampírico
poco conveniente en el tiempo. —Y tú, si ganas, no serás
capaz de hacerlo, Iverson. Lo veo en tus ojos. —Había estado
pensando en ello aunque no lo había comentado con Olsen. Yo
no veía a Arwen haciendo nada de lo que preveía la profecía
que llegó a los oídos del alfa del Oeste.
—Sé a lo que he venido y sé que le debo al alfa del Oeste
mi lealtad. —Fue lo último que dije antes de irme. No me
gustó el golpe que dio Olsen en la pared. No tenía buen perder
ni buen carácter. Éramos tan parecidos y tan distintos al mismo
tiempo…
Arwen estaba sentada en un banco blanco en el medio de
un jardín de rosas. Era un lugar bonito para tener una primera
cita pero algo intimidante.
—Me sorprendió gratamente que mandase a Bricia para que
tuviésemos una cita. —Se levantó sonriendo y empezó a andar
lentamente. —No me lo esperaba.
—¿Por qué? —Tuve que evitar mirar el enmarque que le
hacía el pelo castaño caoba. Parecía tan inocente que me costó
creer que lo que había llegado hasta el Oeste y había
provocado que el alfa nos animase a venir tasta aquí, fuera
cierto.
—Lo de la reducción de los días fue impactante. —Dije sin
parar de observarla. —Creíamos que los del Norte, y, en
especial, Ragnar, estaría a la cabeza. —Era cierto que
pensábamos que el tiempo jugaba en nuestra contra. —Mi
hermano y yo lo pensábamos. —Recalqué.
—Tu hermano, en realidad, está eliminado. —Dijo
pillándome por sorpresa.
—¿Entonces has descartado a mi hermano? —Por algún
motivo y ante la dulzura inesperada de Arwen me gustó esa
noticia.
—Sí, en realidad tenía que descartar a alguno de los dos.
No veía tan bien tener…más confianza con personas de la
misma familia. —Hizo una pequeña pausa en la que pude ver
su amplia sonrisa. —También he eliminado ya a Shelby. —
Nunca me cayó bien. Ese aire burgués creyéndose más era casi
no entender lo que significaba ser un hombre lobo. Nosotros
luchábamos y conseguíamos, no comprábamos lo que
queríamos. —Y a Ragnar. —Eso sí que no me lo esperaba. Era
un hombre lobo excepcional que había nacido en el Sur como
ella y, además, era casi de su familia. ¿Por qué eliminarlo?
—Entiendo que te preguntes por qué Ragnar no es una
opción para mí. —Cogió una rosa que se había caído al suelo.
Abrió un poco los pétalos y la acercó a su nariz para aspirar su
fragancia. —Pero, precisamente, para mí, es como un primo o
algo así. No lo habría elegido ni aunque no hubiera venido
nadie de fuera. —Se encogió de hombros con una pequeña
risita. —¿Cómo es que os enterasteis del inicio de mi proceso?
—Eso ya era un tema algo espinoso. La miré y me quedé
callado. No me resultaba precisamente imposible la idea de
enamorarme de ella. Tenía algo especial y enigmático. Una
mezcla perfecta de mujer fuerte y de dulzura femenina. —
¿Iverson puedo preguntarte algo? —Asentí poniéndome a la
misma altura que su paso. —He estado pensando y…veo
bastante claro que vinisteis por algún motivo que desconozco.
—Tragué saliva. ¿Qué podía decirle ante eso? —Digamos
que…no me importara del todo. —¿Qué? —¿Cuál sería el
porcentaje de tu interés por una cosa y por otra? —¿Sabía lo
de la profecía? —¿Cuánto es por poder y cuánto por mí? —
Abrí los ojos desmesuradamente. No era exactamente por ser
la hija del alfa ni porque fuera alfa. Era por la seguridad de los
pactos de paz. ¿Podía si quiera intentar explicárselo sin que se
hiciera un mal prejuicio sobre mí?
—Mira, Arwen, yo… —Me rasqué nervioso la nuca y la
cogí del antebrazo para que se detuviera. —Cuando la leyenda
de lo que significaría tu casamiento llegó a otras tierras, al
menos en el Oeste, supuso un gran revuelo. —Vi en sus
pupilas dilatadas que estaba sorprendida y confundida. —Pero
todo el mundo decía que “la princesa” tenía un carácter muy
fuerte y quedaba mucho para ese día. —Suspiré, ella, tal y
como pensaba, no tenía ni idea de lo que se decía que pasaría
el día que se casara. Su padre tenía que saberlo. —Y de
repente la noticia de que empezaría el proceso corrió como la
pólvora. Los alfas, al menos el del Oeste, se puso nervioso. Se
dijo que sólo se dejaría salir a buenos guerreros a presentarse
como candidatos y…
—¿De qué estás hablando? ¿Es por algo más que casarse
con alguien que será una alfa y coger más poder? —Empezaba
a entenderlo. Comprobé su inocencia y casi me enamoré de
esa parte de ella en ese mismo instante. —Habla Iverson. —Sí,
se lo contaría todo.
—Iverson del clan del Oeste. —Kol llegó vociferando hasta
donde estábamos. —Te reto a un duelo a muerte. —¿Qué?
¿Por qué? Me di cuenta en ese instante de que podía haber
oído mi inicio de confesión y no quería que Arwen lo supiera.
—¿Por qué? —Arwen se levantó y se puso entre ambos,
pero todos los presentes sabíamos que un duelo a muerte no
podía negarse, al menos sin una consecuencia gravísima.
—Acepto. —Dije preparado para ir a donde tuviéramos que
disputar la feroz pelea. Ganaría y, después le contaría toda la
verdad a Arwen. Ella era buena y, si me elegía, yo intentaría
ser un hombre lobo en el que se apoyara y con el que
compartiera su vida.

Capítulo 19

Arwen

—¿De qué estás hablando? ¿Es por algo más que casarse
con alguien que será una alfa y coger más poder? —Empecé a
temblar y dudar cuando me di cuenta de que, tal vez, Iverson,
podía revelarme cosas que, de ninguna otra forma iba a
conseguir averiguar. ¿De qué estaba hablando? ¿De qué iba
todo el misterio que envolvía mi proceso y no era capaz de
dilucidar? —Habla Iverson. —Su expresión me conmovió de
muchas formas. El primer día que lo vi junto a su hermano
pensé que eran prácticamente iguales pero, tras cada momento
de importancia me fui dando cuenta, sólo por su rostro que no
pensaban igual. Y en aquel instante pude leer que no quería
hacerme daño de ningún modo y que estaba, de alguna forma,
dispuesto a darme respuestas.
—Iverson del clan del Oeste. —Kol llegó vociferando tras
salir de detrás de un gran arbusto. ¿Nos estaba espiando? —Te
reto a un duelo a muerte. —Noté como Iverson cortó su
respiración de golpe.
—¿Por qué? —Me levanté y me puse en medio de ambos
sin entender bien qué estaba pasando.
—Acepto. —Dijo escuetamente Iverson. Vi su mirada
decidida como si acabase de llegar a una firme determinación.
Sólo esperé que ganase.
Los retos de duelo a muerte eran poco comunes pero
altamente efectivos por razones obvias. Fui a buscar a mi
padre. Sabía que no se atacarían mientras. Un duelo de ese
estilo tenía que hacerse mínimo frente a veinte personas. Era
una forma, antigua, de estar seguros de que no se hacía
ninguna clase de trampas. Nada de armas. Una lucha feroz por
demostrar quién era mejor lobo.
—Padre. —Entré de golpe a la sala donde solía jugar a las
cartas con mi padrino. Me quedé parada en seco cuando vi que
Kilian se encontraba allí con ellos.
—¿Qué pasa, hija? —Me preguntó preocupado porque, por
muy irreverente que yo solía ser, no entraba así sin siquiera
llamar. —¿Estás herida? —Kilian se levantó y vino hasta mí
más rápido que un rayo. Me intimidó lo cerca que se puso de
mi piel para luego aspirar mi fragancia.
—No lo está. —Aclaró separándose un poco de mí y
haciendo que mis pulmones pudieran volver a respirar con
normalidad.
—Es Kol. Ha retado a un duelo a muerte a Iverson. —Los
rostros de los tres fueron de auténtica sorpresa.
—Vamos. —Mi padre me cogió del antebrazo con fuerza
para hacerme seguirle de cerca. Silbó haciendo que,
prácticamente, todos los varones adultos de la manada fueran
hasta el valle. Bricia llegó hasta mí y se puso a mi lado. Al ver
a Iverson y a Kol parados mi corazón empezó a latir
demasiado rápido de nuevo. —Me ha dicho mi querida hija
que has retado a Iverson. ¿Por qué a muerte? —Alfred era
mucho más que mi progenitor, era un alfa cauteloso y con un
gran sentido del deber. —¿Cuál es la ofensa?
—Creo firmemente que intenta convencer a la princesa de
que el resto de candidatos viene con intenciones malignas, alfa
del Sur. —Fui a dar un paso al frente para intentar explicarme
cuando Bricia me apretó fuertemente la mano para detenerme.
¿Dónde estaba Brenda? Ella me hubiera apoyado. —Me siento
gravemente ofendido por la acusación y quiero lo que es justo.
Restauración del honor.
—Iverson. —Alfred carraspeó nervioso como pocas veces
había visto. —¿Estás seguro de que aceptas el reto?
—Yo no tengo nada que esconder. —Entendía que no podía
hacer otra cosa. Ganar, morir o vivir en el exilio y llevar,
además, dado el combate, la vergüenza al Oeste. —No tengo
problema en medirme con él.
—La princesa tiene que estar presente. —Ahogué un
gritito.
—¿Por qué? —Ivar llegó en ese momento. Era común que
los herreros dieran fe, una vez terminado el combate y si no
había contratiempo, de que no había ninguna herida que
pudiera ser der arma. Allí estaban, su padre y él con el rostro
más serio que le había visto hasta ese momento. —No es una
escena bonita para Arwen precisamente. —Esa frase me dio
aun más miedo. Eso iba a ser sangriento y yo…no quería que
muriera Iverson.
—Es el objeto de la ofensa. Lo mandan las leyes lobunas.
—Dijo Kol encarando a Ivar de cerca. ¿Qué pensaba hacer?
¿Retar a muerte a todo el que se pusiera por delante?
—Así es. —Afirmó mi padre con un semblante entre
preocupación y tristeza. —Arwen. —Me cogió de la mano
como hacía años que no hacía. —Ven aquí a mi lado. —Tragó
saliva y, el solo hecho de ver a mi padre con miedo hizo que
me temblara hasta la columna vertebral. —Ragnar, no te
separes de ella. —Fue un susurro pero no pude evitar oírlo. Un
segundo después empecé a notar como creía la gente a mi
espalda. Ragnar. Goliat. Ivar junto a su padre Riuk. Ghalder a
pesar de su herida y su padre el alquimista. Sólo gente del Sur.
¿Estaban en una formación muy extraña o era mi impresión?
Una voz dentro de mi cabeza me gritó que allí se estaban
preparando por si estallaba la guerra. —Sólo en forma de lobo
es honorable ganar. Sea cual sea el resultado no existe un
derecho de venganza porque es algo que han aceptado como
hombres lobo hacer de acuerdo a la ley lobuna. No se permite
ningún arma. Si uno de los dos se rinde debe ir al exilio que
gestionaréis en vuestros respectivos clanes… —Volvió a
apretar mi mano como si, por primera vez, necesitase mi
fuerza. —Que empiece el duelo. —Nos echamos hacia atrás
justo un segundo antes de que ambos se transformasen.
Deseé mientras se transformaban que Kol fuese tan
delicado en su aspecto lobuno como lo era en su forma
humana pero, la luna no lo había querido así en su nacimiento.
Era un gran lobo marrón con manchas rubias en algunas
partes. Su primer rugido fue ensordecedor y mi corazón se
encogió. Iverson no era pequeño tampoco. Un lobo gris fuerte
y robusto aunque algo más bajito. ¿Podía usar eso de alguna
forma como ventaja? Sólo crucé los dedos mientras deseé
cerrar los ojos. Se lanzaron uno contra el cuello del otro.
Rugidos, mordiscos y múltiples empujones. Ivar consiguió
alcanzarle y darle un buen mordisco en el lomo. Casi conseguí
verlo fuera de todo aquel embrollo, pero, su buen corazón le
hizo dudar a la hora de darle la mordida final en el cuello al
hijo del alfa del Este y esa, fue su perdición. Kol mordió una
de las patas de Iverson y, sin agilidad de movimiento no había
nada que pudiera hacer para defenderse. Kol arrancó en una
carrera hacia él para terminar con el combate. Tuve ganas de
taparme los ojos pero mi padre mantuvo mi mano entre las
suyas mientras Bricia agarraba la otra. Me decían en silencio
que no podía mostrar esa debilidad.
Iba a caer sobre Iverson. Iba a acabar con su vida. Estaba
decidido. Pero, en ocasiones, el destino es caprichoso. Una
estrella de acero golpeó el gran pecho de lobo de Kol
haciéndolo caer mal herido. Un arma. Giramos todos las
cabezas y entonces lo vimos. Olsen no había sido capaz de
dejar que su hermano muriera y, aquello, era el inicio de algo
mucho peor.
Capítulo 20

Kilian

—Padre. —Arwen entró de golpe a la sala donde había


conseguido juntarme de nuevo con Alfred. Era
extremadamente curioso cómo mientras los hombres lobo
competíamos nos hacíamos amigos de pega y sacábamos
información. Me levanté igual de rápido y asustado que el
resto.
—¿Qué pasa, hija? —Alfred no reaccionaba casi—. ¿Estás
herida? —Fui sin dudarlo hasta ella. Arwen tenía un olor dulce
en su piel que seguía, afortunadamente, intacto.
—No lo está. —Me separé un poco sin poder evitar mirarla
a los ojos para comprobar qué sentimiento pasaba por su
cabeza. Tenía miedo pero mi acercamiento, había producido
algo en ella.
—Es Kol. Ha retado a un duelo a muerte a Iverson. —¿Qué
había hecho ese tarado? No hacía falta ser muy listo para saber
que eso no podía, de ninguna manera, acabar bien.
Les seguí intentando permanecer tranquilo pero, no lo
estaba. Al menos podía contar con que mis hermanos estaban a
salvo en el Norte.
No pasó desapercibido para mí, ni por un momento, la
formación que hicieron alrededor de Arwen los miembros de
la manada del Sur. No dejaron que ninguno que no fuera
miembro se acercara lo más mínimo. Podía entender por qué.
Miré al círculo que se formaba en torno al duelo. Ya estaba
todo listo y sólo le pedí a la luna que, aquel combate, no
acabase de ninguna forma distinta a que Iverson muriera. No
tenía nada en contra de él. Ni si quiera el hecho de que notase
en la angustia de voz de Arwen que él no le desagradaba. Pero
era lo mejor que podía pasarnos a todos. Kol era el hijo de un
alfa y por mucho que hubiera sido él el que hubiera retado
primero, si caía, dudaba de que su padre no pidiera
explicaciones de manera poco amigable.
La pelea iba como debía con sus más y sus menos, pero
estaba a punto de acabar. Un lobo con una pata herida era igual
de inofensivo que una oveja. Iverson iba a morir y pesase a
quien le pesase, el proceso seguiría. Trece malditos días para
conseguir que todo saliera bien y, asegurarme, de que la
profecía era errónea o no había sido interpretada
correctamente.
En cuanto vi la estrella de acero que atravesó el pecho de
Kol evitando así que matase a Iverson lo supe. Al mirar a mi
derecha lo confirmé. Olsen no había sido capaz de respetar la
ley lobuna y dejarlo morir honorablemente en el duelo. Pero,
lejos de simplemente salvarlo, dio en un punto vital a Kol y…
eso…fue el principio del fin.
Los pocos acompañantes de Kol junto a otros participantes,
excluyéndome a mí, comenzaron a perseguir a Olsen y a
Iverson para asegurarse de que no escapaban. Alfred aulló y
todo el que era alguien en el Sur hizo una formación en torno a
la princesa. Mandó a unos pocos lobos al Este y otros al
OEste. Tenían que informar del duelo y del resultado pero eso
no daba ninguna garantía de que no le echasen la culpa al alfa
del Norte y a Este proceso.
Me transformé para asegurarme de no salir herido en la
reyerta. Alfred volvió a dar órdenes aullando. Una vez que
Iverson y Olsen pasaron la última línea fronteriza del Sur ya
no tenían jurisdicción así que, tras sacar a Kol del círculo y
encomendarlo al alquimista como única opción de salvación,
dijo que el proceso debía seguir.
—Arwen. Ve a tener una cita con Kilian. —Ella me miró
como si buscase que yo le diese una explicación. Ella no había
pedido tenerla. Pero yo tampoco supe por qué había sugerido
eso.
—Hijo. —Que Alfred me llamase así en un momento como
aquel me erizó la piel. —Confío en que podrás protegerla si
algo se tuerce. —Asentí entendiéndolo entonces.
Caminé detrás de Arwen que, por lo visto, caminaba con
prisa. Estaba visiblemente alterada y no era para menos
después de lo que acababa de pasar. Después de eso, lo lógico
hubiera sido que se suspendiera cualquier ejercicio del día
pero eso habría sido mostrar debilidad y un alfa nunca muestra
debilidad.
—¿Juegas a las cartas con mi padre para lloriquearle que te
dé una cita porque sólo no puedes conseguirla? —Me
sorprendió el tono mordaz que utilizó. Cambió el miedo por
rabia. Era, peligrosamente, atractiva en cuerpo y carácter.
—En realidad él no se fía de que otro de los candidatos
pueda protegerte si deciden atacarte. ¿No debería eso hacerte
reflexionar? —Pregunté tranquilo pero picándola más de la
cuenta.
—¿Insinúas que debería elegirte porque eres el único que le
cae bien a mi padre? —Se río tanto que acabó sentándose en
un banco cerca de un rosal. —No te elegiré, Kilian. —La miré
con una intensidad que no pude regular. Fue en el momento
exacto en el que lo dijo en el que me di cuenta de la cosa más
aterradora que me había pasado en la vida: No podía permitir
que ella se casara con otro. Ella era mía. ¿Cómo me había
pasado? ¿Cuándo? —¿Sabes por qué? Porque tú no has venido
aquí a por mí. Estás aquí por política lobuna. No te elegiré
porque ganar las pruebas para ti es tan fácil como respirar. No
te elegiré porque no sé dónde está Brenda pero seguro que tú
estás detrás de que ya no me dé apoyo. —Una lágrima
descendió por su mejilla aunque cada vez hablaba más bajito.
—Eres un alfa, Kilian, no deberías estar en Este proceso y lo
sabes. —No podía negarle lo que decía. Era verdad.
—Pero aquí estoy. —Me acerqué a ella en dos pasos. —No
me digas que no soy una opción porque no te considero una
princesa tonta que no ve las cosas. —Su respiración empezó a
volverse agitada e irregular. —Tu padre no te dejará elegir
libremente y menos con lo que ha pasado hoy aquí. —Empezó
a andar intentando librarse de la conversación pero la seguí sin
dejarle espacio. —Habiendo un alfa y un hijo de un alfa… ¿A
quién crees que te dejará elegir si no es a Ragnar o a nosotros?
—Se detuvo en seco. —Todo lo demás sería una ofensa en el
mundo lobuno, por no hablar de que Kol casi muere si es que
no lo acaba haciendo. —Se dio la vuelta y me abofeteó. —Si
eso te deja más tranquila…
—Dime por qué estás aquí. —Susurró muy cerca de mí.
Podría haberle dicho que una profecía aventuraba que una gran
loba blanca de cuya transformación nadie podía acordarse
apodada “la princesa” tendría un proceso que conllevaría el fin
de la paz lobuna. Pero no lo hice. En lugar de eso, decidí
acercarme aún más. No me lo pensé. Inundé su boca con la
mía.
Capítulo 21

Alfred

Sabía que aquella estrella de acero había sido el principio


del fin. Si Kol moría en mis tierras, el alfa der Este, Duncan,
no tardaría en venir a declararnos la guerra. No es como si
hubiera muerto por haber perdido… Tendría que haber
previsto que Olsen no dejaría que su hermano muriera pero
estaba tan inmerso en la protección y salvaguarda de Arwen
que había cometido un gran error. Uno con consecuencias
incalculables.
Anduve hacia el edificio de piedra apartado donde el
alquimista del clan estaba intentando salvarle la vida a Kol
seguido de Goliat. Daba igual la circunstancia, siempre podía
contar con su lealtad. Sólo esperaba que el Oeste castigase a
Iverson y a Olsen porque, si no, también nos encontrábamos
enemistados con esa parte del territorio.
—¿Cómo está? —El alquimista era un hombre callado y
meticuloso en lo que hacía. Aseguraba la sanación y el
nacimiento de los lobos del clan del Sur desde hacía más años
de los que era capaz de recordar. También fue él quien me
informó de la profecía que caía sobre la cabeza de mi hija
hacía mucho tiempo.
“—Será una loba blanca con un gran poder. —Dijo
Ghalder mientras yo sostenía la pequeña Arwen en brazos. —
Pero no todo está a su favor. —Echó un polvo de origen
desconocido en una hoguera y, esta, respondió con el crepitar
del fuego. —Cae sobre ella una profecía, Alfred. —No pude
más que contener la respiración. Lo terrorífico de las
profecías es que no hay nada que puedas hacer para
cambiarlas. —En lo días en que el casamiento pase por su
vida, la paz lobuna se acabará. —Sentí que me faltaba aire en
los pulmones. A penas tenía un año y ya debía tener en cuenta
que no podía casarse. —Pero no todo es malo en su futuro,
amigo. Ella será una gran loba blanca de cuya
transformación nadie podrá acordarse.
— ¿Para qué crees que le servirá a una loba que nadie
recuerde su transformación? Si esa es la parte buena, puedes
ahorrártela. —Me cabreé sin entender los designios del cielo.
No importaba. Decidí que sería una gran guerrera que
pudiese mandar sobre el Sur en solitario. Ella sería capaz de
burlar la profecía.”
—No tiene buena pinta. —Dijo sin quitar sus manos de un
ungüento que extendía a modo de plasma sobre la herida
profunda de Kol. —Está más cerca de morir que de vivir. —Si
moría no había nada que pudiera hacer para evitar una guerra.
Era su único hijo varón.
—Alfa. —Ragnar llegó presentando sus respetos. —Ya se
ve un centenar de lobos del Este llegando a la ladera. —¿Era
inevitable que se produjera una masacre?
—Puedo salvarle. —Levanté la cabeza al igual que Goliat
para mirar fijamente al alquimista. —Pero ambos sabemos que
la magia siempre tiene un precio. —Tragué saliva. A pesar de
convivir y aceptar sus poderes nunca pude acostumbrarme a
que fueran portadores de tal poder.
—Tendrás lo que quieras. La paz lo vale. —Aseguré
tendiendo la mano para que la estrechase y sellásemos un
trato.
—No voy a estrechar tu mano sin decirte de que se trata. —
Se río un poco enigmáticamente. —Sé que no te fías en exceso
de los alquimistas pero, quiero que veas que soy honesto y te
digo exactamente lo que me ofreces a cambio de la vida de
Este hombre lobo y, por tanto, de tu ansia de paz con el Este.
—Quiero la mano de tu hija para Ghalder. —Debí quedarme
blanco. Busqué con la mirada a Goliat y Ragnar que me
observaban con sorpresa y miedo. Arwen debía haber sido
libre de elegir entre sus candidatos pero, tenía que asumir mi
culpa. Yo no debí convocar nunca el proceso sabiendo el
contenido de la profecía pero me dio tanto miedo cuando vi
que los vampiros la habían atacado de camino al Norte…
—Hazlo. —Le di la mano para firmar con honor el trato y
salí de la casa con dos pensamientos. Cada cual de ellos más
difícil. Debía asegurarme de que a Kilian alfa del Norte, le
parecía bien mantener la paz entendiendo que Ghalder se
casaría con Arwen. Deseaba con toda la fuerza de mi corazón
que no se sintiese ofendido. La segunda cosa era aún más
complicada. Tenía que explicarle a Arwen que las
circunstancias no habían dejado otra opción. Tenía que
contraer nupcias con Ghalder. De todas formas, que yo supiera
por mis distintos informadores no había sentido nada por
ninguno de los candidatos ni tenido ningún tipo de
acercamiento. Ivar pasó a forma de duda por mi mente. Sabía
leer los sentimientos del hijo del herrero pero Riuk y yo
habíamos sido siempre buenos amigos y creía firmemente en
que contendría a su hijo.
—Kilian. —El alfa se acercó hasta mí y estrechó mi mano.
Sentí su juventud, fuerza y poder. En un duelo a muerte yo no
tendría nada que hacer. —No sé si has oído que las tropas del
Este están a punto de llegar. —Asintió lentamente. —He
tomado una decisión difícil pero necesaria y quiero que estés
al tanto de ella. El padre Ghalder salvará a Kol a cambio de la
mano de mi hija. —Oí como se elevaba su pecho en respuesta.
Para un alfa era fácil ver cuando un hombre estaba subiendo su
temperatura corporal al borde de la transformación. —Así
firmaremos la paz con el Este. El Oeste nos ha hecho un feo a
todos con su ofensa al no cumplir las leyes lobunas, habrá que
esperar a ver la reacción del alfa para con ellos para decidir si
se convierte en enemigo. —Él apretaba sus puños. No le
gustaba lo que estaba oyendo. —Quiero la paz con el Norte
pero aceptaré tu decisión. Entiendo que te puede parecer algo
desfavorable pero también sé que eres un hombre que persigue
la paz por encima de banales enfrentamientos. —Yo tenía la
certeza de que ese hombre, Kilian Craig, podía conseguir la
mujer que quisiera en su territorio o cualquier otro. El deber de
un alfa siempre era para con el bien del clan. —Así que, dime,
¿será una ofensa para el Norte el enlace? —Mi corazón se paró
en aquel instante. El alfa del Este entró en ese momento en la
sala de audiencias. Se acababa el tiempo de decidir. Si no
cerrábamos de buenas se convertiría en la mayor guerra lobuna
de la historia. Bajas en cada territorio, la oportunidad de oro de
los vampiros para cambiar las posiciones que habíamos
mantenido durante años.
—El Norte se considera afortunado de haber participado en
el proceso. Se alegra del trato alcanzado entre Sur y Este.
Tiende la mano a ambos y desea un buen enlace. —Respiré
tranquilo dejándome caer en el asiento cuando el pulso aún me
temblaba.
Capítulo 22

Kilian

—Kilian. —Me acerqué tras ser llamado por Alfred a la


sala de audiencias. Brent acababa de llegar y estaba
horrorizado de ver que las tropas del Este llegaban a ese paso
y con ese número de miembros a la frontera con el Sur. Eso
sólo podía significar que venían listos para la guerra. Mi pulso
era estable pero me costaba enormemente esconder mis
emociones. Algo en aquella llamada no me gustó desde el
primer momento. Sólo me consoló el hecho de haber dejado a
Brenda ya en el Norte. —No sé si has oído que las tropas del
Este están a punto de llegar. —Asentí sin explicarle que era
imposible no darse cuenta de ese hecho cuando cientos de
lobos corrían de un lado para otro para lo que bien podría
convertirse en el apocalipsis lobuno. —He tomado una
decisión difícil pero necesaria y quiero que estés al tanto de
ella. El padre Ghalder salvará a Kol a cambio de la mano de
mi hija. —Mi pecho subió involuntariamente. Arwen… Yo ya
me había dado cuenta de que era ella o ninguna, pero, en aquel
salón, me pregunté qué podía hacer. Mi temperatura crecía sin
control alguno posible. —Así firmaremos la paz con el Este.
El Oeste nos ha hecho un feo a todos con su ofensa al no
cumplir las leyes lobunas, habrá que esperar a ver la reacción
del alfa para con ellos para decidir si se convierte en enemigo.
—Apreté los puños intentando poner en una misma balanza a
Arwen y la paz. ¿Cómo se podía decidir entre dos cosas tan
diferentes? ¿No era siempre la obligación de un alfa proteger a
su manada ante todo? —Quiero la paz con el Norte pero
aceptaré tu decisión. Entiendo que te puede parecer algo
desfavorable pero también sé que eres un hombre que persigue
la paz por encima de banales enfrentamientos. —Lo pintaba
como si yo pudiera encontrar a otra como Arwen. No había
nadie como ella. La luna, a su lado, no brillaba. No sabía
cuándo ni cómo pero ella era mi mate. ¿Mi mate por la paz
lobuna? —Así que, dime, ¿será una ofensa para el Norte el
enlace? —El alfa del Este entró en ese momento en la sala de
audiencias. Respiré hondo. Ellos estaban pidiendo mi palabra
de paz pero, en realidad, yo era uno sólo en el Sur. ¿Qué
pasaría si decía que no? ¿Se lo habían dicho si quiera a
Arwen? Porque yo apostaba a que preferiría mil veces al idiota
ese de Ivar. Así que reflexioné.
—El Norte se considera afortunado de haber participado en
el proceso. Se alegra del trato alcanzado entre Sur y Este.
Tiende la mano a ambos y desea un buen enlace. —Dije ante
el alivio evidente de ambos alfas. —Solicito poder quedarme a
dicho enlace.
—¡Por supuesto! —Alfred estaba radiante en aquel
momento y me pregunté si hacía tantos años que no se
enfrentaban los territorios que había olvidado una cosa. Nunca
te fíes de lo que diga un enemigo cuando se encuentra en
visible desventaja.
Lo vi irse junto al alfa del Este, probablemente a ver a Kol
y a explicarle los términos que, cien por cien seguro, aceptaría
de buena gana. Que retase a Iverson a muerte sólo había
demostrado su inmadurez y la falta de preparación. Él, como
no podía ser de otra manera, había sido enviado por su padre
para asegurarse de que la profecía del fin de la paz no se hacía
realidad. Firmando la paz con la deuda de vida, estaba la
misión más que cumplida.
—Brent. —Bajé sensiblemente la voz, tanto que sólo
alguien de mi manada podía oírme en su cabeza. —Convoca a
todos los lobos guerreros. Que vayan a la frontera del Norte
que toca con el Oeste preparados para atacar. —Incluso en mi
cabeza fui capaz de ver la duda de mi hermano sobre mis
pensamientos. —Tú ve al Oeste en persona y ofréceles un trato
con el Norte a cambio de apoyo. —¿Qué estaba haciendo?
Brent no dudó ni una sola milésima de segundo en cumplir
mis órdenes. Me puse serio. Alfa. Dispuesto a todo. Era
cuestión de esperar.
Tal y como había previsto el alfa del Este aceptó de buena
gana lo que se le ofrecía. La vida de su hijo y la paz. Arwen a
penas parpadeaba durante el convite de celebración por la
futura boda. A esa misma hora del día siguiente se encontraría
en un matrimonio que, por su rostro, no había llegado ni a
pensar. Ghalder había salido herido con un puñal por el cerdo
de Shleby que simplemente habían dejado al margen de la
competición, pero, tras eso, no le vi tener el más mínimo
acercamiento con ella. ¿Habrían hablado alguna vez? No lo
parecía. Ambos permanecían muy erguidos y callados en sus
respectivos asientos contiguos.
Me pregunté sin poder evitarlo qué habría pasado si yo no
hubiera venido. Sin candidatos del exterior, posiblemente,
habría acabado enlazada con Ragnar. ¿No le habríamos hecho
un flaco favor? ¿Y por qué su enlace con él habría significado
el fin de la paz lobuna? No podía parar de darle vueltas al tema
y, en especial, al significado de la profecía. Algo en todo
aquello no me cuadraba. De todas formas, para mí esa noche
iba a ser muy distinta a todas las demás.
La luna ya prácticamente se escondía cuando lo hice. Me
colé por la ventana del cuarto de Arwen y, para mi sorpresa,
estaba despierta y vestida de negro.
—¿Qué haces aquí? —Probablemente quería gritarme pero
sabía que eso no nos convenía a ninguno de los dos.
—¿Te acuerdas de la primera vez que nos vimos? —Se
detuvo y pude comprobar que pensaba en ello. —¿Te sentías
cautiva? —Asintió sin poder leer el hilo de mis pensamientos.
—Pero no lo estabas.
—Es cierto. —Se río un poco dejándome soñar con hacerla
reír así cada día. —Ahora estoy mucho más cautiva que
entonces solo que no lo sabía. —Tal y como quise comprobar
ella no tenía ni un ápice de felicidad por casarse.
—¡No puedes casarte! —Casi mato a Brenda. Apareció de
la nada por la ventana. ¿Cómo había vuelto a venir hasta el
Sur? Tendría que reforzar la seguridad cuando saliese de Este
embrollo. —No con Ghalder. —Lo vi en sus ojos y me quedé
petrificado. Ella había encontrado a su mate en Ghalder y
eso…era otro maldito problema contando lo que pensaba a
hacer.
—No se va a casar con él. —Ambas me miraban con
preguntas en sus ojos. Brent subió para unirse a nosotros. —
Porque ella es mía. —No dudé en decirlo en alto.
De todas formas iba a enterarse. Con un movimiento rápido
y tocando en el sitio correcto se desmayó en mis brazos y
Brent hizo lo mismo con Brenda que ya amenazaba con
ponerse a gritar. Huiríamos al Norte antes de que nadie se
diera cuenta. Ella sería mía aunque para ello tuviera que ser mi
cautiva.
Capítulo 23

Arwen

—Arwen, tienes que casarte con Ghalder. Mañana mismo.


—Dijo sentándose frente a mí en el tocador de mi cuarto. Tuve
que pestañear varias veces. Quizá no le había entendido mi
padre o bien o me estaba tomando el pelo. Llegué de la cita
con Kilian sintiéndome aún confundida por el beso que, sin
previo aviso, me había dado. Yo misma había decidido huir de
allí. Con todo lo que había pasado yo… ¿Por qué sentí que se
me acababa el tiempo? Pues porque así era… —¿Me has oído,
hija?
—Te estoy escuchando pero quizá no soy capaz de
entenderte porque, papá, tú me metiste en Este proceso aún
sabiendo que yo quería ser alfa del Sur sin necesidad de un
macho a mi lado. Y ahora que estaba entrando y conociendo
por mi cuenta a los candidatos… ¿Qué? ¿Terminamos la farsa
y me entregas al más conveniente? —Grité enfurecida.
—Hija. —Se levantó y para volver a sentarse esa vez a mi
lado en la cama. No tenía recuerdos de él haciendo de padre
cariñoso desde que mi madre murió. —¿Sabes que un o una
alfa es alguien que vela por la seguridad de mucha gente? —
No respondí porque yo no iba a caer en ese discurso barato. —
No hay muchas opciones en esta historia, Arwen, y es tu deber
hacer lo correcto. —Concluyó cogiéndome la mano como si
eso fuera a arreglar algo. Ese algo era el lío en el que mi padre
me había metido cuando decidió que un maldito proceso
decidiría mi futuro. —El alquimista curará a Kol a cambio de
tu mano y Kilian no opondrá resistencia. —Eso, por alguna
razón, me dolió después de lo que había pasado entre nosotros.
—Eso supone una paz que nosotros promovemos. —Me besó
en la frente antes de irse.
Antes de derrumbarme, llamé mandar a Bricia. No era muy
habladora pero Brenda no estaba y yo necesitaba decirle a
alguien todo lo que me rondaba por la cabeza y me hacía estar
intranquila.
—No soy una buena confidente. —Dijo adelantándose a mi
intención. —Pero haré lo que pueda.
—No me entiendo a mí misma. Al fin y al cabo…no tenía
nada claro. —Empecé a explicarle. —Debería estar contenta
de no tener que tomar la decisión. Pero no lo estoy. —Me dejé
caer en la cama llevándome las manos a la cara. —Quería
seguir conociendo a Ivar porque él si vino a por mí. —Me tocó
una de las manos para que despejase mis ojos y la mirase.
—Ese no es un buen motivo para casarse con alguien,
princesa. —Nunca conseguiría que ella me llamase por mi
nombre. Me pregunté cómo hubiera sido si hubiera crecido en
sus tierras con la que entonces era su gente. —Porque los
lobos, todos sabemos cómo somos. Nos enamoramos sin razón
y no pensando en lo que más nos conviene. —Sonrió.
—Pero yo no me he enamorado de ninguno. Y tampoco he
tenido tiempo de sentir algo más. —Le repliqué.
—Si tú lo dices… —Decidió irse y me pregunté por qué era
así. Dejaba las cosas en el aire para hacerme pensar pero yo,
precisamente yo, ya tenía suficiente con pensar en lo que me
rondaba con anterioridad en mi gran cabeza.
Decidí que no me iba a quedar allí esperando simplemente
a que me entregasen en el altar. ¿Dónde quedaba mi derecho a
decidir al menos entre los que mi padre había autorizado a
participar? Me vestí de negro dispuesta a huir cuando un ruido
en mi ventana me sobresaltó.
—¿Qué haces aquí? —Me contuve de gritar para no atraer
atenciones que no deseaba pero al ver que Kilian Craig entraba
en mi cuarto de ese modo no me pude contener.
—¿Te acuerdas de la primera vez que nos vimos? —Me
detuve en seco pensándolo. —¿Te sentías cautiva? —Asentí
aunque desconocía a dónde quería llegar con ello. —Pero no
lo estabas. —Dijo. Era verdad. Sólo se burlaba de mí en
maldito castillo del Norte.
—Es cierto. —Me reí un poco ante la absurdez de la
situación. —Ahora estoy mucho más cautiva que entonces
solo que no lo sabía. —No habría acompañado a Alina por un
lío de faldas si hubiera podido imaginar, por un segundo, que
significaría un proceso y una boda.
—¡No puedes casarte! —Pegué un pequeño grito al ver una
cabeza entrando por la ventana. ¡Brenda! Gracias a la luna que
estaba allí de nuevo para apoyarme. —No con Ghalder. —La
forma en que lo dijo no me dejó lugar a dudas de que, al
menos, Ghalder le gustaba. Otro problema más porque no
quería recordarle que si seguían allí entorpeciendo mi plan de
fuga, iba a tener sí o sí que casarme con él.
—No se va a casar con él. —Le miré no entendiendo cómo
podía estar tan seguro. Brent entró por la misma ventana y me
pregunté por qué mi cuarto era en ese incómodo momento una
sala de audiencias. —Porque ella es mía. —¿Qué? ¿Por qué
había dicho eso? Noté la mano de Kilian en mi hombro y
después, todo se hizo borroso.
Abrí los ojos e incluso en la penumbra pude ver a Brenda
mirándome esperando ansiosa a que despertase.
—Por fin estás despierta. —Se acercó rápido hasta la cama.
—Todos están viniendo. ¡Estamos en plena guerra! —Me gritó
asustada.
No entendí que quise decir hasta que me asomé a la
ventana. El Norte y el Oeste se habían aliado contra el Sur y el
Este. Mi padre venía a por mí con toda la manda dispuesto a
todo. Kilian Craig me había secuestrado. “Ella es mía” resonó
en mi cabeza.
—¿Por qué? —Entré en el despacho de Kilian sin darle
opción a darme paso. —¿Por qué estoy aquí? Tenía que
casarme con Ghalder. —Estaba apalabrada la boda y el rapto
era una ofensa contra el Sur. El Este había ratificado su paz
con el Sur y venía dispuesto a ayudarme pero yo…no estaba
segura de si quería ser ayudada.
—Sientes lo mismo que yo. —Se acercó a mí y puso mi
mano derecha sobre su pecho desnudo. —Lo sabes, Arwen. —
Podía haber intentado rebatirle pero mi cuerpo me gritaba que
volviéramos a repetir el beso de nuestra única cita.
—¿Por qué viniste al proceso? —Tragué saliva esperando
su respuesta.
—Porque una profecía decía que tu boda sería la causa de
la guerra de los licántropos. Quise asegurarme de que mi clan
estaba a salvo pero no pensaba en ningún momento que me
eligieras. Sólo convencerte de que ratificaras la paz del Norte
con el Sur. —Así que era eso. Una profecía había llevado a
todos hasta mis tierras para que me conquistasen porque
pensaban que, de lo contrario, sus clanes estarían involucrados
en una guerra. Desde luego, era un buen motivo. —Pero me
enamoré de ti —Contuve la respiración antes de que me
besase. Mi alma se entregaba a ese beso con toda la pasión
posible. —Y voy a luchar precisamente por eso. —Se fue
corriendo y, ante los aullidos, supe que ya estaban aquí. La
guerra iba a empezar y yo…no sabía qué podía hacer. La
guerra estaba en la puerta del Norte.
Capítulo 24

Arwen

“La guerra estaba en la puerta del Norte”. Eso me hizo


darme cuenta de una cosa de vital importancia. Salí corriendo
preparada para saltarme cualquier barrera y obstáculo hasta
que viese a todos. No me iban a dejar pasar en mi forma
humana así que me transformé en la gran loba blanca que era.
Sólo tenía que recordar que hablar, tenía que hacerlo en forma
humana, por alguna razón nadie podía recordar mi forma
lobuna.
Me puse en medio de los cuatro alfas que ya tenían forma
lobuna y, sólo entonces, puse de nuevo mi forma humana.
Todos se quedaron quietos por un instante. Aquello podía
convertirse en la mayor masacre de lobos desde hacía décadas
y todo por nada.
—Esperad. —Kilian fue el primero en ponerse en forma
humana y después mi padre. Al fin y al cabo, yo era el motivo
de la supuesta guerra. —Esto es precisamente lo que decía la
profecía. Ya contaba con lo que haríamos todo. Con que mi
padre me protegiera. Con que finalmente hiciera el proceso.
Con que los demás acudierais. Con la herida de Kol. —
Respiré hondo convencida de lo que decía. —La profecía ya se
está cumpliendo, mirar a vuestra alrededor. Esta es la guerra
que se predijo.
—Él no tenía que haberte llevado. Tu mano es para
Ghalder. —Dijo mi padre. Vi en sus ojos miedo, posiblemente,
a que saliese herida en mitad de todo eso.
—Yo no quiero su mano de Este modo. —Ghalder me
sorprendió incluso a mí con su intervención. —Ella siempre
debió ser libre de elegir cuando se viera preparada. Para mí no
constituye ofensa alguna que no se case conmigo. —Eso era…
un impacto emocional. No conocía a Ghalder, pero debía ser
buena persona. Su padre le habría metido en eso cuando,
seguramente, él ni si quiera se lo habría planteado. ¿Habría
sentido lo mismo por Brenda que Brenda por él?
—Eso no significa que esté bien que ella se la haya llevado.
—Dijo Kol. Me alegró ver que se había recuperado rápido
gracias a los cuidados del alquimista.
—Sólo quería poner tierra de por medio a la celeridad del
matrimonio. —Mentí. —Pero en Este instante, con los cuatro
alfas reunidos y viendo a dónde nos ha llevado la profecía,
creo que deberíamos firmar de nuevo la paz. Yo volveré a casa
con mi padre y asumiré el puesto que siempre debió ser mío.
—Esperé a que digirieran lo que acababa de decir. Mi padre
me había asegurado que los alfas debían velar por la paz,
aquella era la mejor oportunidad para todos de hacerlo.
—El Sur acepta. —Dijo mi padre.
—El Este también. —Dijo el alfa mirando a su hijo que
sólo asintió.
—El Oeste pide perdón en nombre de sus guerreros,
tomaremos medidas a nuestra manera. —Me pareció una
forma bastante sutil de decir que no habría exilio para Iverson
y Olsen. Me alegré. Iverson…podía haber llegado a ser un
muy buen amigo. —Y acepta una paz.
—El Norte… —Kilian se detuvo mirándome fijamente. Mi
corazón se hinchó en ese preciso instante segura de que no
podría olvidar nada al alfa del Norte, pero era nuestro deber.
—Acepta.
Tan rápido como la guerra se había preparado, se disipó.
Me habría encantado despedirme de él y asegurarme de que
entendía las razones por las que no podía quedarme allí, pero
sabía a la perfección que si le veía y su orgullo le permitía
pedirme que me quedase, no me hubiera podido negar.
Caminé cabizbaja con el resto de la manada pero a la
cabeza algo apartada. Bricia iba a mi lado mirando al
horizonte. Admiraba su templanza.
—No soy buena confidente, ya te lo dije. —Susurró a mi
lado. —Pero sabía que querías irte y no dije nada. —Me dio
un golpecito cómplice. —Y tranquila, si tiene que ser, será. —
Sonrío antes de irse junto a Ragnar. Se conocían desde hacía
mucho tiempo pero quizá entonces vi que ellos se llevaban
muy bien.
—Hija. —Mi padre me sacó de mis pensamientos sobre los
amoríos de los hombres lobo. Era una jerarquía estricta y que
necesitaba ciertos cambios, pero me alegraba de que poco a
poco aflorasen sentimientos entre gente que a mí me caía bien.
—Creo que has sido muy valiente. —Apoyó su mano en mi
hombro. —Te daré el mando del Sur, Arwen. Ya has
demostrado que serás la mejor alfa que recuerden nuestras
tierras. —Aquello, viniendo de mi padre fue el mayor
cumplido que me podía haber dado.
Todo estaba tranquilo aquella noche. La manada
descansaba en la más absoluta paz sabiendo que estaba fuera
de peligro. Sólo una luz llamó mi atención en el territorio. La
herrería. Caminé hacia allí sin meditarlo mucho.
—Siento no haberte podido elegir. —Dije sin dar vueltas
innecesarias. —Si nosotros fuéramos humanos normales y
corrientes, estoy segura de que estaríamos caminando hacia al
altar en Este momento. Porque eres extraordinario. Porque me
has apoyado aún siendo mujer desde que te convertiste en
herrero dándome la espada ligera que pude aprender a manejar
con gracilidad. —Respiré hondo limpiándome una lágrima. —
Pero los dos sabemos que somos lobos y que amamos de una
forma ancestral e inexplicable. Tú no sientes eso por mí y yo
tampoco por ti. Llegará tu momento Ivar. Lo sé. —Susurré.
—Prefiero que haya sido así. —Me abrazó. —Eres una
mujer extraordinaria. Y espero que puedas elegir cuando sea el
momento. —Me dio un paquete envuelto. —Tómalo como un
regalo de boda adelantado. —Se trataba de una daga con una
empuñadora preciosa.
—Gracias Ivar, necesites lo que necesites, estaré aquí. —
Dije.
Al menos, de todo aquello, me llevaba amigos que serían
mis grandes aliados en mi mandato en el Sur. Sólo esperaba
poder devolver, en algún momento, la generosidad de muchos
que siempre estuvieron a mi alrededor.
Mirando la luna me tuve que preguntar si algún día también
sería mi momento. Esperé que así fuera. Sería una buena alfa y
una gran amiga. Y algún día, esperé que un gran amor.
Capítulo 25

Brenda

6 meses después…
Ya habían pasado seis meses desde aquel momento en el
que el corazón de toda la comunidad lobuna se pasó para
esperar la decisión de los cuatro alfas. Recordé cómo lo
miraba desde la ventana admirando el carácter de Arwen.
Había decido poner orden en su vida aunque eso significase
hacer cosas que, probablemente, ni había imaginado.
Mi intención fue escribirle una carta justo al día siguiente
pero, Kilian, me instó a esperar hasta estar seguros de que
todas las aguas volvían a la normalidad. No me he atrevido en
ningún momento a preguntarle a Kilian por su cambio visible
de humor. Estaba solitario y algo más terco de lo normal.
Brent incluso pasó a ocuparse de algunas cosas que antes sólo
eran llevadas por el alfa.
—¿Podemos hablar? —Entré decidiendo que no quería
esperar más tiempo. Sabía lo que quería y también entendía
que no había ninguna forma de volver a Ghalder que no fuera
abrir un proceso.
—No estoy de humor. —Dijo volviendo a leer lo que le
tuviera tan entretenido.
—Nunca estás de humor. —Recalqué ganándome un poco
su atención. —He estado pensándolo mucho y creo que ya ha
llegado el momento. —No dijo nada pero me miró fijamente.
—Quiero que me prepares mi proceso. —Pegó tal salto en la
butaca que movió la mesa haciendo caer varios objetos
insustanciales. —Quiero casarme, Kilian. —Aseguré
omitiendo el hecho de que quería que fuese precisamente
Ghalder el que entrase por esa puerta.
—No es el momento. —Se tocó el puente de la nariz
nervioso.
—Sí lo es. No tienes ninguna causa coherente para negarte.
Y, además, aprovecho para informarte que quiero que Arwen
esté a mi lado como yo lo estuve al suyo en su proceso. —
Abrió los ojos pero no pude descifrar si se trataba de una
dilatación de ilusión o miedo.
—Es una alfa. —Dijo como si yo no me hubiera enterado
de que, finalmente, su padre le había dado el poder que tanto
merecía. —No va a tener tiempo para presenciar procesos.
—Tú eras alfa y tuviste el tiempo de participar en uno. —
Sabía por su silencio que había dado en el clavo. —Vamos,
hermanito, no creo que te haga ningún daño que yo elija un
marido y puedas dejar de preocuparte veinticuatro horas los
siete días de la semana por mí. —Sabía que no tenía más
remedio que acabar aceptando pero si era sincera conmigo
misma, pensaba que se lo tomaría mejor.
Estaba entusiasmada porque, cuando una sabe que alguien
es para ella, no se tiene miedo a los imprevistos. Sobre mí, que
yo supiera, no pendía ninguna profecía. Ghalder sólo tenía que
venir a pedir mi mano junto a otros muchos que no me
interesaran y estar seguro de que le elegiría. ¿Qué podía salir
mal?
Escribí la carta a Arwen sin estar convencida de si se
presentaría allí. Éramos amigas pero era cierto, después de
todo, lo que había dicho mi hermano. Ahora que ella era la
alfa y se ocupaba de controlar y proteger todo el Sur, quizá, no
podía abandonar las tierras tan fácilmente. Aún así esperaba
que entendiera que era la única amiga que había tenido casi en
toda mi vida y que la necesitaba. Además, así seguro que traía
a Ghalder hasta aquí.
—Brenda. —Brent me sobresaltó un poco al entrar en mi
habitación. —Quiero decirte algo porque te conozco más de lo
que piensas. —Brent era el hermano bueno, pero no sabía
callarse las cosas. —Ellos decidieron que la paz era más
importante que lo que pudieran sentir. Tú no debes meterte en
ello. —Me había calado a fondo. Era cierto que quería ver a
Ghalder, estaba convencida al cien por cien de que se trataba
de mi mate, pero adelantarlo sólo era intentar que las cenizas
de la llama que se veía entre ellos consiguiera prender del
todo.
—Estoy convencida de que ellos son el mate del otro. —
Dije sin ocultarle mis pensamientos. De todas formas, si estaba
allí hablando conmigo era porque Kilian ya le había dicho lo
de mi proceso y él, conociéndome habría llegado a la
conclusión de lo que quería.
—Si de verdad son mate y no digo que no lo sean…El
destino los unirá, y lo sabes. —En eso tenía razón, pero veía
tan apagado a Kilian… —Además, Brenda, los procesos ya
has visto que se complican más de lo normal en ocasiones.
—Tengo claro el resultado de mi proceso antes de empezar.
—Aseguré.
—Yo ya te lo he advertido. —Miró por la ventana
tranquilo. —Pero que así sea. De hecho, creo que pronto
empezaremos a divertirnos con tu invento.
Unos aullidos me despertaron al alba. Miré por la ventana y
no pude reprimir mi sonrisa. Vi a Arwen encabezando un
grupito que venía del Sur. Ese día empezaba mi proceso y, con
un poco de suerte, ellos se confesarían lo que sentían el uno
por el otro.
—No podía perderme el proceso de la única amiga que
tengo. —Me abrazó y sentí que echaba de menos poder hablar
con alguien. —Estoy aquí. —Susurró en mi oído. —Y he
traído conmigo a Ghalder. —Sonreí entonces. Todo saldría
exactamente como yo quería. ¿Cuánto tardaría en tener a
Arwen como cuñada y a Ghalder como marido?
—No he recibido ninguna noticia de visita de alfas como
público para el proceso de mi hermana. —Kilian llegó hasta
nosotras para cortar el buen rollo. Vi su cara y, aunque era
inentendible, no tenía intención de ser ni un poco amable con
Arwen.
Capítulo 26

Arwen

Ya habían pasado seis meses desde que mi vida había


cambiado por completo. Lo había intentado todo para olvidar
el proceso, pero me era imposible. Mi padre me había dado el
mando al mes de mi vuelta que fue cuando yo le aseguré que
no tenía ninguna secuela emocional por todo lo que había
pasado. No era cierto.
Respiré hondo algo emocionada viendo como los niños de
la manada jugaban en el patio con tranquilidad. Era lo bueno
de la paz. Era en esos pequeños momentos en los que me
reconfortaba sabiendo que había hecho lo correcto aunque mi
corazón hubiera acabado algo pisoteado.
En ocasiones, quería dar macha atrás. Quizá haberme ido
con Ivar sabiendo el interés que tenía en mí. Quizá haber
hecho algo para que Iverson no aceptara el duelo encontrando
alguna forma de que no pudiera llevarse a cabo. Quizá no
yéndome de las tierras del Norte.
Cada noche me preguntaba los motivos que llevaron a
Kilian a besarme y, posteriormente, a secuestrarme. Pensaba
que podía deberse a un sentimiento mutuo pero, después de
seis meses, no había tenido ninguna noticia del Norte. Como si
alguien en la luna leyera mis pensamientos entró Bricia con
una carta en la mano.
—Es del Norte. —Arranqué el sobre de sus manos con el
corazón latiendo a mil por hora. Lo abrí todo lo rápida que
pude. Era una carta de Brenda. Una pizca de ilusión se
desinfló dentro de mí.
“Ha pasado más tiempo del que me gustaría admitir, pero
no con ello se ha ido nuestra amistad, al menos por mi parte.
He decidido meterme en un lío tremendo pero estoy
dispuesta a hacerlo porque creo que ha llegado el momento.
Será un gran evento casi como el tuyo. Voy a iniciar mi
proceso.
Sé que no eres tonta, nunca lo has sido. Así que entenderás
que lo hago porque, de no hacerlo, no hay forma de que gente
de otras tierras venga a pedir mi mano. Sé que no vas a
ponerle a Ghalder el más mínimo problema para que venga
hasta aquí y te lo agradezco de antemano pero, como si con
eso no bastara, me atrevo a pedirte que vengas a ayudarme.
Yo estuve ahí para ti y ahora te necesito aquí.
Si no pudieras lo entenderé. No todos los días una alfa
acude a un proceso.”
Releí varias veces la dichosa carta. Brenda me había puesto
entre la espada y la pared. Podía, perfectamente, dejar el
territorio días sueltos e ir viniendo a ver que todo estaba en
orden. Al fin y al cabo, mi padre estaba en pleno uso de sus
facultades y podía hacer de alfa en mi ausencia. Pero ese no
era el tema y Brenda lo sabía. “No todos los días una alfa
acude a un proceso” Me había tirado una puya entre líneas. Su
hermano vino hasta el Sur aún siendo el único alfa en sus
tierras. Debí hacerlo y lo sabía, pero no fui capaz de rechazar
la invitación. Era mi única amiga así que…Puse rumbo al
Norte al mismo tiempo que mi corazón gritaba que de ese
viaje, no habría vuelta.
Ya veía el Norte cuando me arrepentí por un segundo de mi
decisión. ¿Estaba Kilian cerca? Desterré ese maldito
pensamiento al ver a Brenda. Estaba visiblemente contenta y
eso me alivió antes de que se tirara a abrazarme.
—No podía perderme el proceso de la única amiga que
tengo. Estoy aquí. —Susurré consolándola como si tratase de
mi hermana pequeña—Y he traído conmigo a Ghalder. —
Sonrió al ver entre mis acompañantes al hijo del alquimista.
Serían una pareja preciosa.
—No he recibido ninguna noticia de visita de alfas como
público para el proceso de mi hermana. —Kilian llegó hasta
nosotras con una fina línea en su boca. Su rictus serio me
volvió a hacerme reflexionar sobre la decisión de estar allí.
—He sido invitada por la interesada, desconocía el
protocolo del Norte respecto al público del proceso. Mis
disculpas. —Si esperaba que me pusiera a gritarle todo lo que
pensaba de él iba a tener que provocarme mucho mejor.
—Dejadnos solos. —Para mi desgracia, todo el mundo
decidió obedecer. ¿Dónde iba la gente del Sur? ¿Por qué tenían
que hacer caso a esa orden? Esperó hasta que todos estuvieron
lo suficientemente lejos mientras yo no podía controlar mis
propias emociones. —No admitiré a ningún candidato del
Norte. —Abrí los ojos desmesuradamente ante esa inesperada
respuesta.
—¿Por qué? —Sentí que me ahogaba y se me oprimía el
pecho.
—Porque lo arrasáis todo y luego desaparecéis. —
¿Seguíamos hablando del proceso de Brenda? —¿Seis meses,
Arwen?
—¿Qué sugerías que hiciera? ¿Quedarme aquí sin saber
qué…pasa con nosotros para iniciar una maldita guerra? —
Mis defensas se bajaban demasiado rápido ante la intensidad
de su mirada y el calor que irradiaba su cuerpo.
—La habría ganado si eso era lo que necesitabas para
quedarte. —La elevación de su pecho me invitaba a poyar mi
mano en él para sentirle más cerca. —“La princesa” ahora es
la alfa de un gran clan. —Me reí sin darme cuenta de que una
lágrima rodaba por mi mejilla.
—De dos. —Le pillé por sorpresa pero le besé.
Habían pasado seis malditos meses pero, aunque hubieran
sido años, mi corazón sabía que el destino hablaría para
juntarnos. En Este caso fue por medio de Brenda. Cuando
encuentras a tu mate ni la peor de las circunstancias puede
separarte de esa persona. Me devolvió el beso como si fuera su
sustento. ¿Hacía falta algo más en el universo? No lo creía.
Tomé la determinación de entregarme sin condición al amor en
cuanto le volví a ver. Si alguna vez mi posición de alfa había
sido más importante y el deber me había obligado a alejarme,
no consentiría que lo hiciera nunca más. Y si eso significaba
ser su cautiva, que así fuera.

FIN
Agradecimientos:
Me gustaría dar las gracias a todas esas personas que
creyeron en mí desde el principio.
En especial, también, a todos los que me seguisteis en
Wattpad, leísteis la historia y me animasteis a publicarla y a
seguir escribiendo. Vuestro millón de lecturas fue decisivo en
mi iniciación como escritora.
También a todos mis amigos y personas que he conocido a
lo largo de los años.
Pero sobretodo, a mi familia. En especial a mi madre y a mi
hermana, sin las cuales no habría sido posible.
Sobre el Autor
Nacida en 1995 Iris Montes Meseguer es una lectora
empedernida y reseñadora de libros sin importar de donde
provengan.
Es autora de “Indomable pero mía”, una novela de corte
paranormal— romántica, y bajo Este título obtuvo más de 1
millón trescientas mil visitas en Wattpad.
También de otros títulos del mismo corte como “La alfa es
mía” “Los demonios también aman” o “La nerd es mía”
Se autocalifica como una amante de la literatura y de los
animales que no puede vivir un día sin llevar a cabo estas dos
cosas que forman parte de su modo de vida.
Podéis seguirla en las redes sociales:
@Iris_Meseguer
Y también en su blog:
www.agathatelocuenta.wordpress.com