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HUMILDAD

l. Se suscitó entre ellos una contienda sobre quién de ellos había de ser tenido por mayor: Él les di-
jo: Los reyes de las naciones imperan sobre ellas y los que ejercen la autoridad sobre las mismas son
llamados bienhechores; pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el mayor entre vosotros será co-
mo el menor, y quien manda como el que sirve. Porque, ¿quién es mayor, el que está sentado a la
mesa o el que sirve? ¿No es el que está sentado? Pues yo estoy sentado entre vosotros como quien sirve
(Lc 22,24-27) .
Este es el nuevo orden de cosas que trajo el Señor a la tierra: los más grandes son aquellos que
más sirven, los más altos son aquellos que más se abajan, por amor a Dios y al prójimo.
«¿Quieres ser grande? -pregunta San Agustín-. Comienza por hacerte pequeño. ¿Piensas
construir un edificio de colosal altura? Dedícate primero al cimiento bajo. Y cuanto más ele-
vado sea el edificio que quieras levantar, tanto más honda debes preparar su base. El edificio
va subiendo: ya llega a las alturas; pero primero el que cavó los cimientos se hundió en lo pro-
fundo. Los edificios, antes de llegar a las alturas se humillan. El remate se levanta airoso des-
pués de la humillación» (Sermón 142). Solo a partir de la humildad viene la auténtica grande-
za: no puede existir una verdadera santidad si no está apoyada en la humildad.
La humildad, enseña Santa Teresa (Las Moradas, VI, 10), es la verdad, es el reconocimiento
verdadero de lo que somos y valemos ante Dios y ante los demás; es también el vaciarnos de
nosotros mismos y dejar que Dios obre en nosotros con su gracia. «Es rechazo de las aparien-
cias y de la superficialidad; es la expresión de la profundidad del espíritu humano; es condi-
ción de su grandeza» OVAN PABLO 11, Angelus4-1I1-1979).
2. La humildad consiste esencialmente en la conciencia del puesto que ocupamos frente a
Dios y frente a los hombres, yen la sabia moderación de nuestros deseos de gloria. Nada tiene
que ver la humildad con la timidez, la pusilanimidad o la mediocridad. La humildad no nos
prohíbe tener conciencia de los talentos recibidos, ni disfrutarlos plenamente con corazón rec-
to; solamente nos prohíbe el desorden de jactarnos de ellos y presumir de nosotros mismos.
La humildad descubre que todo lo bueno que existe en nosotros, tanto en el orden de la natu-
raleza como en el orden de la gracia, pertenece a Dios, porque de su plenitud hemos recibido to-
dos (I Corl, 4).
Todo lo bueno es de Dios, del hombre es propio la deficiencia y el pecado; por eso, frente a
Dios, se halla siempre en posición de deudor. El humilde es persona agradecida con Dios y
con sus semejantes, porque sabe que es mucho lo que debe.
3. La humildad está en la base de todas las virtudes, y, sin ella, ninguna otra existe. No hay
santidad si no existe lucha por adquirir esta virtud.

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IlUMfLDAD
ANTOLOGfA DE TEXTOS

La humildad es fundamento de todas las virtudes y, especialmente, de la caridad: en la medi-


da en que el hombre se olvida de sí mismo puede preocuparse y atender a los demás. En mu-
chas faltas de caridad han existido antes vanidad, orgullo, egoísmo, deseos de sobresalir, etc.
Faltas de humildad, en definitiva.
«Humildad y caridad son las virtudes madre; las otras las siguen como polluelos a su clueca»
(SAN FRANCISCO DE SALES, Epistolario, fragm. 17,1. c., 651).
Jesús es el ejemplo supremo de humildad. Nadie tuvo jamás dignidad comparable a la de Él,
nadie sirvió con tanta solicitud a los hombres: yo estoy en medio de vosotros como un sirviente.
4. A la humildad se oponen el egoísmo y la soberbia, entendido el primero como exclusiva re-
ferencia de las personas y de las cosas a uno mismo, y la segunda como falsa valoración de las
cualidades propias y deseo de gloria desordenado. La soberbia es «raíz y madre» de todos los
pecados, incluso de los capitales (cfr. SANTO TOMÁs, Suma Teológica, 2-2, q. 162, a. 7-8), yel
mayor obstáculo que el hombre puede poner a la gracia, a la vocación, a la vida en familia, a la
amistad, etc.
Con la humildad se relacionan las demás virtudes, pero de modo especial: la alegría, la obe-
diencia, la castidad, el deseo de recomenzar, la comprensión, la sencillez, la afabilidad, la mag-
nanimidad, etc. Entre los muchos frutos que produce en el alma esta virtud sobresalen los si-
guientes: una paz profunda, aun en medio de debilidades y flaquezas, sabiduría para entender
en las cosas que se refieren a Dios y, externamente, frutos abundantes en el apostolado.
La persona humilde tiene una especial facilidad para la amistad.

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


.:. Aprended de mí, que soy manso y humilde de cora- Dios para que os exalte al tiempo de su visita. 1 Pdr 5,
zón. Mt 11, 29. 5-6; Sallt4, 6.
.:. Cualquiera que se humillare como este niño, ese será .:. Cuando seas invitado, ve y siéntate en el postrer lugar,
mayor en el reino de los cielos. Mt 18,4. para que, cuando venga el que te invitó, te diga: Ami-
go, sube más arriba. Entonces tendrás gran honor en
.:. Quien se ensalzare será humillado, y quien se humilla- presencia de todos los comensales. Le 14, 10.
re será ensalzado. Mt 23, 12.
.:. Mi sacrificio, ¡oh Dios!, es un espíritu contrito. Un
.:. Derribó del solio a los poderosos, y ensalzó a los hu- corazón contrito y humillado, ¡oh Dios!, no lo despre-
mildes. Le 1, 52. cies. Sal 50, 19 .
.:. Os conjuro por el Señor que os portéis de manera dig- .:. Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús,
na del estado que habéis sido llamados, con toda hu- quien, a pesar de tener la forma de Dios, no reputó
mildad. E14, 1-2. como botín el ser igual a Dios; antes se anonadó, to-
mando la forma de siervo, haciéndose semejante a los
0;. Como escogidos que sois de Dios, revestíos de entra-
hombres; y así, por el aspecto, siendo reconocido co-
ñas de compasión, de benignidad, de humildad. Col
mo hombre, se humilló, haciéndose obediente hasta la
3, 12. muerte, y muerte de CtuZ [... ]. Flp 2, 5-8 .
.:. Humillaos en la presencia del Señor y Él os ensalzará. .:. [... ] En pos de mí viene otro más fuerte que yo, cuyas
Sant4, 10. sandalias no soy digno de desatar. Mt 3, 11 .
.:. Inspiraos todos recíprocamente la humildad, porque 0;. Y dijo: En verdad os digo, si no os volvierais y os hi-

Dios resiste a los soberbios, pero a los humildes les da ciereis como niños, no entraréis en el reino de los cie-
su gracia. Humillaos, pues, bajo la mano poderosa de los. Mt 18,3 .

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11UMILll \D
FRANCISCO FERN AN DEZ-CARVA)AL

.:. Detrás de la soberbia viene la deshonra, con la humil- ñor, y es glorificado por lo s humildes. Eclo 3, 20 .
dad llega la sabiduría. Prov 11, 2. .:. Porque excelso es Yavé y atiende al humilde, peto al al-
.:. La oración del humild e traspasa las nubes, y no des- tivo le conoce desde lejos. 5(/[137,6 .
cansa hasta que llega (a su destino) ni se retira hasta .:. Os digo que bajó es te (el publicano de la oración hu-
que el Altísimo fija en el la su mirada [.. .j. Eclo 35,21. milde) justificado a su casa y no aquel. Porque el que
.:. Cuanto m ás grande seas, humíll ate m ás, y hallarás se ensalza será humillado, yel que se humilla será en-
gracia ante el Señor. Porque grande es el poder del Se- salzado. Le 18 , 14.

SELECCIÓN DE TEXTOS
La humildad dispone al alma 2765 Si me preguntáis qué es lo más esen-
para acercarse a Dios cial en la religión y en la disciplina de Jesu-
cristo, os responderé: lo primero la humil-
2760 Dígase, pues, a los humildes, que al
dad, lo segundo la humildad y lo tercero la
par que ellos se abajan, aumentan su seme-
humildad (SAN AGUSTÍN, Epístola 118).
janza con Dios; y dígase a los soberbios que,
al par que ellos se engríen, descienden, a imi- 2766 La humildad dispone para acercarse
tación del ángel apóstata (SAN GREGORIO libremente a los bienes espirituales y divinos
(SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q . 161,
MAGNO, Regla Pastoral, 3, 18).
a. 5).
2761 Cuanto más se abaja el corazón por
2767 La humildad, como virtud especial,
la humildad, más se levanta hacia la perfec-
considera principalmente la sujeción del
ción (SAN AGUSTÍN, Sermón sobre la humil-
hombre a Dios, en cuyo honor se humilla so-
dad y el temor de Dios). metiéndose incluso a otros (SANTO TOMÁS,
2762 En cualquier época, en cualquier si- Suma Teológica, 2-2, q. 161, a. 1).
tuación humana, no existe más camino -para 2768 La humildad dispone para acercarse
vivir vida divina- que el de la humildad (SAN sin ataduras a la consecución de los bienes es-
JOSEMARÍA ESCRIvÁ, Amigos de Dios, 98). pirituales y divinos (SAN AGUSTÍN, Trat. sobre
2763 Todo valle será rellenado y todo monte la virginidad, 51).
y collado será abatido, porque los humildes re-
La humildad es «guardiana
ciben los dones que rechazan de sus corazo-
de todas las virtudes »
nes los soberbios (SAN GREGORIO MAGNO, y fundamento de la vida interior
Hom. 20 sobre los Evang.) .
2769 Porque la soberbia fue la raíz y la
2764 Solamente quien acepta los propios fuente de la maldad humana: contra ella po-
límites intelectuales y morales y se reconoce ne (el Señor) la humildad como firme ci-
necesitado de salvación puede abrirse a la fe, miento, porque una vez colocada esta debajo,
y en la fe encontrar en Cristo a su Redentor todas las demás virtudes se edificarán con so-
QUAN PABLO I1, Hom. 21-I-1980) . lidez; pero si esta no sirve de base, se destruye

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HUMILDAD
A NTOLOGfA DE TEXTOS

cuanto se levanta por bueno que sea (SAN 2775 Solo a pasos de humildad se sube a
JUAN CRIS6sTOMO, Hom. sobre S. Mateo, lo alto de los cielos (SAN AGUSTÍN, Sermón so-
15). bre la humildad y el temor de Dios) .
2770 Ni como hombre ni como fiel cris- 2776 Poseyendo la humildad, tenemos
tiano, el sacerdote es más que el seglar. Por también todas las demás (virtudes); pero, si
eso es muy conveniente que el sacerdote pro- nos falta, nada valen todas las demás (SANTO
fese una profunda humildad, para entender CURA DE ARs, Sermón sobre la humildad).
cómo en su caso también de modo especial se
cumplen plenamente aquellas palabras de 2777 (Es) madre y maestra de todas las
San Pablo: ¿qué tienes que no hayas recibido? virtudes (SAN GREGORIO MAGNO, Moralia,
(I COl' 4, 7) . Lo recibido ... ¡es Dios! Lo reci- 23,23).
bido es poder celebrar la Sagrada Eucaristía, 2778 Amad la humildad, que es funda-
la Santa Misa -fin principal de la ordenación mento y guarda de todas las virtudes (SAN
sacerdotal-, perdonar los pecados, adminis- BERNARDO, Sermón 1, en la Natividad del Se-
trar otros Sacramentos y predicar con autori- ñmJ.
dad la Palabra de Dios, dirigiendo a los de-
más fieles en las cosas que se refieren al Reino 2779 Nunca estaremos bastante convenci-
de los Cielos (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, dos de lo importante que es pap-Jos cristia-
Hom. Sacerdote para la eternidad, 13-IV- nos, y especialmente para los ~cerdo tes, el
1973) . esforzarse en practicar la humildad y el arro-
jar del espíritu toda presunción, toda vani-
2771 Si no tenéis humildad, podéis decir
dad, todo orgullo. No hay que ahorrar es-
que no tenéis nada (SANTO CURA DE ARS,
fuerzo ni fatiga para salir airosos en una
Sermón sobre la humildad).
empresa tan santa; y como es cosa que no se
2772 La humildad, maestra de todas las puede lograr sin la gracia de Dios, hay que
virtudes, es, a la par, el fundamento incon- pedirlo insistentemente, sin cansarse nunca
movible del edificio sobrenatural, el don por (J. PECCI -León XlII-, Práctica de la humil-
antonomasia y la gracia más excelsa del Salva- dad).
dor (CASIANO, Colaciones, 15, 7).
2780 La verdadera paciencia y tranquili-
2773 Como este edificio todo va fundado dad de alma solo puede adquirirse y consoli-
en humildad, mientras más llegados a Dios, darse con una profunda humildad de cora-
más adelante ha de ir esta virtud, y si no, va zón. La virtud que mana de esta fuente no
todo perdido (SANTA TERESA, Vida, 12,2) . tiene necesidad del retiro de una celda ni del
2774 No quieras ser como aquella veleta refugio de la soledad. En realidad, no le hace
dorada del gran edificio: por mucho que bri- falta un apoyo exterior cuando está interior-
lle y por alta que esté, no importa para la soli- mente sostenida por la humildad, que es su
dez de la obra. Ojalá seas como un viejo sillar madre y guardiana. Por otra parte, si nos sen-
oculto en los cimientos, bajo tierra, donde timos airados cuando se nos provoca, es indi-
nadie te vea: por ti no se derrumbará la casa cio de que los cimientos de la humildad no
(SAN JOSEMARÍA ESCRIvÁ, Camino, n. 590). son estables (CASIANO, Colaciones, 18, 13).

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HUMlLD ill
F RANCISCO FERNÁNDEZ-CARV,\jAL

2781 Aun las buenas acciones carecen de que llegue hasta el cielo, piensa primero en
valor cuando no están sazonadas por la virtud poner el fundamento de la humildad. Cuan-
de la humildad. Las más grandes, practicadas to mayor sea la mole que se trate de levantar
con soberbia, en vez de ensalzar, rebajan. El y la altura del edificio, tanto más hondo hay
que acopia virtudes sin humildad arroja pol- que cavar el cimiento. Y mientras el edificio
vo al viento, y donde parece que obra prove- que se construye se eleva hacia lo alto, el que
chosamente, allí incurre en la más lastimosa cava el cimiento se abaja hasta lo más profun-
ceguera. Por lo tanto, hermanos míos, man- do. El edificio antes de subir se humilla, y su
tened en todas vuestras obras la humildad cúspide se erige después de la humillación
[oo.] (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 1 sobre (SAN AGUSTÍN, Sermón 69).
los Evang.).
2786 La fe no es propia de los soberbios,
2782 Nada tengas por más excelente, nada sino de los humildes (SAN AGUSTÍN, en Cate-
por más amable que la humildad. Ella es la na Aurea, vol. VI, p. 297) .
que principalmente conserva las virtudes,
una especie de guardiana de todas ellas. Nada 2787 La guardiana de la virginidad es la ca-
hay que nos haga más gratos a los hombres y ridad, pero el castillo de tal guardia es la hu-
a Dios como ser grandes por el merecimiento mildad (SAN AGUSTÍN, Trat. sobre la virgini-
de nuestra vida y hacernos pequeños por la dad, 33,51).
humildad (SAN JERÓNIMO, Epístola 148, 20). 2788 Puedes salvarte sin la virginidad, pero
2783 Nadie puede alcanzar santidad si no no sin la humildad. Puede agradar la humil-
es a través de una verdadera humildad. dad que llora la virginidad perdida; mas sin
Cada uno debe dar pruebas de esta humil- humildad (me atrevo a decirlo) ni aun la vir-
dad, ante todo a sus hermanos. Pero también ginidad de María hubiera agradado a Dios
debe tributarla a Dios, persuadido de que, si (SAN BERNARDO, Hom. sobre la Virgen Ma-
Él no le protege y ayuda en cada instante, le dre, 1,5).
es absolutamente imposible obtener la santi- 2789 Hermosa es la unión de la virginidad
dad a que aspira y hacia la cual corre (CASIA- y de la humildad; y no poco agrada a Dios
NO, Instituciones, 12,23). aquella alma en quien la humildad engrande-
2784 Si por pereza dejas de poner los me- ce a la virginidad y la virginidad adorna a la
dios necesarios para alcanzar la humildad, te humildad (SAN BERNARDO, Hom. sobre la
sentirás pesaroso, inquieto, descontento y te Vúgen Madre, 1,5) .
harás la vida imposible a ti mismo y quizá 2790 La humildad es el fundamento de to-
también a los demás y, lo más importante, co- das las demás virtudes. Quien desea servir a
rrerás gran peligro de perderte eternamente; al Dios y salvar su alma, debe comenzar por
menos se te cerrará la puerta de la perfección, practicar esta virtud en toda su extensión. Sin
ya que fuera de la humildad no hay otra puer- ella, nuestra devoción será como un montón
ta por la que se pueda entrar O. PECCI -León
de paja muy voluminoso que habremos le-
XIII-, Práctica de la humildad, 49).
vantado, pero al primer embate de los vientos
2785 Si quieres ser grande, comienza por queda derribado y deshecho. El demonio te-
ser pequeño; si quieres construir un edificio me muy poco esas devociones que no están

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HUM ILDAD
A NTOLOGíA DE TE>''TOS

fundadas en la humildad, pues sabe muy bien ción, comprendió que él era solo una antor-
que podrá echarlas al traste cuando le plazca cha y temió ser apagado por el viento de la
(SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre la humil- soberbia (SAN AGUSTíN, Sermón 293).
dad).
2795 El verdadero humilde siempre anda
2791 Si el orgullo es la fuente de toda clase de dudoso en virtudes propias, y muy ordinaria-
vicios (Eccli 10, 15), podemos también afir- mente le parecen más ciertas y de más valor
mar que la humildad es la fuente y el funda- las que ve en sus prójimos (SANTA TERESA,
mento de toda clase de virtudes (Prov 15,
Camino de perfección, 38, 9) .
33); es la puerta por la cual pasan las gracias
que Dios nos otorga; ella es la que sazona to- 2796 La humildad no debe estar tanto en
dos nuestros actos, comunicándoles tanto va- las palabras como en la mente; debemos estar
lor, y haciendo que resulten tan agradables a convencidos en nuestro interior de que so-
Dios; finalmente, ella nos constituye dueños mos nada y que nada valemos (SAN JERONI-
del corazón de Dios, hasta hacer de Él, por MO, Comento sobre la Epíst. a los Efesios, 4).
decirlo así, nuestro servidor; pues nunca ha
podido Dios resistir a un corazón humilde (1 2797 Concibe un profundo sentimiento
Pdr 5, 5) (SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre de tu nada y hazlo crecer continuamente en
el orgullo). tu corazón a despecho del orgullo que te do-
mina. Persuádete en lo más íntimo de ti mis-
2792 (San Juan Bautista) perseveró en la
mo de que no hay en el mundo cosa más va-
santidad porque se mantuvo humilde en su
corazón (SAN GREGORIO MAGNO, Trat. sobre na y ridícula que querer ser estimado por
el Evang. de S. Lucas, 20,5). dotes que has recibido en préstamo de la gra-
tuita liberalidad del Creador Q. PECCI -León
La humildad es la verdad XI 11-, Práctica de la humildad, 2).
2793 Una vez estaba yo considerando por 2798 Nadie confíe en sí mismo al hablar;
qué razón era Nuestro Señor tan amigo de es- nadie confíe en sus propias fuerzas al sufrir la
ta virtud de la humildad, y púsoseme delante, prueba, ya que, si hablamos con rectitud y
a mi parecer sin considerarlo, sino de presto, prudencia, nuestra sabiduría proviene de
esto: que es porque Dios es suma Verdad y la Dios, y si sufrimos los males con fortaleza,
humildad es andar en verdad (SANTA TERESA, nuestra paciencia es también don suyo (SAN
Las Moradas, VI, 10). AGUSTíN, Sermón 216).
2794 Imitad el ejemplo de humildad del
2799 Abre los ojos de tu alma, y considera
Bautista. Lo toman por Cristo, pero él dice
que no tienes nada tuyo de qué gloriarte. Tu-
que no es lo que ellos piensan ni se adjudica
el honor que erróneamente le atribuyen. Si yo solo tienes el pecado, la debilidad y lá mi-
hubiera dicho: «Soy Cristo», con cuánta faci- seria; y, en cuanto a los dones de naturaleza y
lidad le hubieran creído, ya que lo pensaban de gracia que hay en ti, solamente a Dios, de
de él sin haberlo dicho. No lo dijo: reconoció quien los has recibido como principio de tu
lo que era, hizo ver la diferencia entre Cristo ser, pertenece la gloria (J. PECCI -León XlII-,
y él, Y se humilló. Vio dónde estaba la salva- Práctica de la humildad, 1).

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HUMILDAD
FRANCISCO FERN AN DEZ-CJlRVAjAL

Humildad y propio conocimiento si el rey os hace alguna merced que no la to-


méis, sino en tomarla y entender cuán sobra-
2800 y tened este cuidado: que en princi-
da os viene y holgaros con ella. Donosa hu-
pio y fin de oración -por subida contempla-
ción que sea- siempre acabéis en propio co- mildad que me tenga yo al emperador del
nocimiento. Y si es de Dios, aunque no cielo y de la tierra en mi casa, que se viene a
queráis ni tengáis este aviso, lo haréis aún ella por hacerme merced y por holgarse con-
más veces, porque trae consigo humildad y migo, y que por humildad no le quiera res-
siempre deja con más luz para que entenda- ponder ni estarme con Él ni tomar lo que me
mos lo poco que somos (SANTA TERESA, Ca- da, sino que le deje solo; y que estándome di-
mino de perfección, 39, 5). ciendo y rogando que le pida, por humildad
me quede pobre y aun le deje ir, de que ve
2801 La humildad es una antorcha que que no acabo de determinarme. No os cui-
presenta a la luz del día nuestras imperfeccio- déis, hijas, destas humildades (SANTA
nes; no consiste, pues, en palabras ni en TERESA, Camino de perfección, 28, 3).
obras, sino en el conocimiento de sí mismo,
gracias al cual descubrimos en nuestro ser un 2806 Ese celo apostólico, que Cristo ha
cúmulo de defectos que el orgullo nos oculta- puesro en nuestro corazón, no debe agotarse
ba hasta el presente (SANTO CURA DE ARS, -extinguirse-, por una falsa humildad. Si es
Sermón sobre eL orguLLo). verdad que arrastramos miserias personales,
también lo es que el Señor cuenta con nues-
2802 (La humildad) tiene su norma en el
tros errores. No escapa a su mirada misericor-
conocimiento, haciendo que nadie se juzgue
diosa que los hombres somos criaturas con
superior a lo que realmente es (SANTO To-
limitaciones, con flaquezas, con imperfeccio-
MÁs, Suma Teológica, 2-2, q. 161, a. 6).
nes, inclinadas al pecado. Pero nos manda
2803 Al cristiano que bien se conozca que luchemos, que reconozcamos nuestros
todo debe inclinarle a ser humilde, y especial- defectos; no para acobardarnos, sino para
mente estas tres cosas, a saber: la considera- arrepentirnos y fomentar el deseo de ser me-
ción de las grandezas de Dios, el anonada- jores (SAN JOSEMARfA ESCRIVÁ, Es Cristo que
miento de Jesucristo, y nuestra propia miseria pasa, 159).
(SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre La humiL-
dad). 2807 Si en la Comunión tu corazón está
inflamado de amor divino, tu espíritu debe
2804 A donde el demonio puede hacer estar penetrado de sentimientos de verdadera
gran daño sin entenderle es haciéndonos humildad. ¿Cómo no asombrarse al conside-
creer que tenemos virtudes no las teniendo , rar que un Dios infinitamente puro e infini-
que esto es pestilencia (SANTA TERESA, Cami- tamente santo llegue a esos extremos de amor
no de perfección, 38, 5). por una miserable criatura como tú, y se te dé
a Sí mismo, en alimento? Abísmate en las
Falsa humildad
profundidades de tu indignidad [... ]; pero
2805 Déjense de algunos encogimientos que el sentimiento de tu pobreza y de tu mi-
que tienen algunas personas y piensan que es seria no te lleve a cerrar tu corazón y a men-
humildad. Sí, que no está la humildad en que guar en nada esa santa confianza que debes

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ILLMILDAD
A NTOLOGfA DE T EXTOS

tener en tan ce!estial banquete (]. PECCI des, sino principalmente ocultarse a sí misma
-León XIII-, Prdctica de la humildad, 49). (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida
devota, 3, 5).
Algunas cualidades de la humildad
2813 Continua paz tiene e! humilde; mas
2808 La humildad no inquieta ni desaso- en e! corazón de! soberbio hay saña y desdén
siega ni alborota e! alma, por grande que sea, muchas veces (ToMÁs DE KEMPIS, Imitación
sino viene con paz y regalo y sosiego. Aunque de Cristo, 1, 7, 2).
uno de veras ruin entienda que merece estar
2814 Conoceremos si un cristiano es bue-
en e! infierno y se aflige y, a su parecer con
no por e! desprecio que haga de sí mismo y
justicia, todos le habían de aborrecer y que
de sus obras, y por la buena opinión que en
no osa casi pedir misericordia, si esta pena es todo momento le merezcan los hechos o los
buena humildad y viene en sí con una suavi- dichos del prójimo (SANTO CURA DE ARS,
dad y contento que no querríamos vernos sin Sermón sobre el orgullo).
ella; no alborota ni aprieta e! alma, antes la
dilata y hace hábil para servir más a Dios 2815 Si la obediencia no te da paz, es que
(SANTA TERESA, Camino de perfección, 39, 2). eres soberbio (SAN ]OSEMARíA ESCRIVA, Ca-
mino, n . 620).
2809 Verdad es que aquestas virtudes tie-
nen tal propiedad que se esconden de quien 2816 Que cada cual tenga a su amigo por
las posee, de manera que nunca las ve ni aca- más sabio y más santo que a sí mismo, estan-
ba de creer que tiene alguna, aunque se lo di- do plenamente convencido de que la verda-
gan; mas tiéne!as en tanto que siempre anda dera y perfecta discreción se halla más fácil-
procurando tenellas y valas perfeccionando mente en el juicio ajeno que en el propio
en sí (SANTA TERESA, Camino de perfección, (CASIANO, Colaciones, 16, 11).
10,4). 2817 Mientras te sea posible, manténte en
2810 Miren que la verdadera humildad silencio y recogimiento; mas que esto no sea
está mucho en estar muy pronto en conten- con perjuicio del prójimo, y cuando tengas
que hablar hazlo con contención, con modes-
tarse con lo que e! Señor quisiere hacer de
tia y con sencillez. Y si sucediera que no te es-
ellos y siempre hallarse indignos de llamarse
cuchan, por desprecio o por otra causa, no
sus siervos (SANTA TERESA, Camino de perfec-
des muestras de disgusto; acepta esta humi-
ción, 17, 6).
llación y súfre!a con resignación y con ánimo
2811 Es propio de la humildad y de la res- tranquilo (] . PECCI -León XIII-, Prdctica de
ponsabilidad cristiana no transmitir a quie- la humildad, 8).
nes nos sucedan nuestras propias opiniones,
2818 El verdadero humilde más quiere
sino conservar lo que ha sido recibido de
que otro diga que es miserable, que es nada,
nuestros mayores (SAN VICENTE DE LERINS,
que nada vale, que no decirlo él mismo; o,
Conmonitorio, n. 6).
por lo menos, cuando sabe que lo dicen así,
2812 La verdadera humildad no muestra no lo contradice, sino que de buena gana se
que lo es ni anda diciendo palabras humildes, conforma; porque como lo cree firmemente,
porque no solo desea ocultar las otras virtu- se alegra de que sigan su propia opinión (SAN

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HUMILDAD
FRANCISCO FERNÁN D EZ- CARVA) AL

FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota, que pienses siempre si lo que vas a hacer te
3,5). lleva o no a la humildad, para hacerlo inme-
diatamente o para rechazarlo con todas tus
2819 Hijo mío, atiende a la humildad,
fuerzas Q. PECCI -León XlII-, Prdctica de la
que es la virtud más sublime y la escalera para
humildad, 50).
subir a la cima de la santidad; porque los pro-
pósitos solo se cumplen por humildad, y las 2823 Conservad la verdadera humildad de
fatigas de muchos años por la soberbia que- corazón, que no consiste en demostraciones y
dan reducidas a la nada. El hombre humilde palabras afectadas, sino en un abajamiento
es semejante a Dios, y lo lleva consigo en el profundo del alma. Esa humildad se mostrará
templo de su pecho; el soberbio es odioso a con la paciencia, que será como una proyec-
Dios, y se asemeja al demonio (SAN BASILIO, ción de ella y como la señal más evidente. Y
Admoniciones a sus hijos espirituales). esto no precisamente cuando os atribuyan
crímenes que nadie va a creer, sino cuando os
2820 Aunque hayáis hecho grandes cosas,
quedéis insensibles a las acusaciones arrogan-
decid: somos siervos inútiles. En cambio, la
tes que se os harán y soportéis con manse-
tendencia de todos nosotros es la contraria:
dumbre y ecuanimidad las injurias que os in-
ponerse en el escaparate. Humildes, humil-
fieran (CASIANO Colaciones, 18, 11) .
des: es la virtud cristiana que interesa a noso-
tros mismos QUAN PABLO 1, Aloe. 6-IX- 2824 Cuando se te presente la ocasión de
1978) . prestar algún servicio bajo y abyecto al próji-
mo, hazlo con alegría y con la humildad con
2821 Un tipo de humildad es la humildad
que lo harías si fueras el siervo de todos. De
suficiente, otro la abundante y otro la supera-
esta práctica sacarás tesoros inmensos de vir-
bundante. La suficiente consiste en someterse
tud y de gracia Q. PECCI -León XlII-, Prdcti-
al que es superior a uno y no imponerse al
ca de la humildad, 32) .
que es igual a uno; la abundante consiste en
someterse al que es igual a uno y no imponer- 2825 A veces nos es muy provechoso para
se al que es menor; la superabundante consis- conservar la humildad que los otros conozcan
te en someterse al que es menor a uno mismo y reprendan nuestros defectos (TOMÁS DE
(SAN BERNARDO, Sentencias, n. 37). KEMPIS, Imitación de Cristo, 11, 2, 3) .
2826 La frecuencia en la Confesión y en la
Para crecer en esta virtud
Comunión te proporcionará la ayuda más
2822 Un enfermo que desea vivamente la eficaz para perseverar en la práctica de la hu-
curación procura evitar todo lo que pueda re- mildad Q. PECCI -León XlII-, Prdctica de la
trasarla; toma con temor aun los alimentos humildad,58).
más inofensivos y casi a cada bocado se para a
2827 No eres humilde cuando te humi-
pensar si le sentarán bien; también tú, si de-
llas, sino cuando te humillan y lo llevas por
seas de corazón curarte de la funesta enferme-
Cristo (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Camino, n.
dad de la soberbia, si verdaderamente anhelas
594).
adquirir esta preciosa virtud, has de estar
siempre en guardia para no decir o hacer lo 2828 Despreciar la comida y la bebida y la
que pueda impedírtelo; por esto, es bueno cama blanda, a muchos puede no costarles

515
HUMILDAD
A NTOLOG fA DE TEXTOS

gran trabajo. Pero soportar una injuria, sufrir mayorías . Dios nos libre, por su Pasión, de
un daño o una palabra molesta, no es nego- decir ni pensar para detenerse en ello «si soy
cio de muchos, sino de pocos (SAN JUAN Cru- más antigua en la Orden», «si he más años»,
S6STOMO, Hom. 3, sobre el sacerdocio). «si he trabajado más», «si tratan mejor a la
otra» . A estos pensamientos, si vinieren, es
2829 Si recibes algún favor extraordinario,
menester atajar con presteza, porque si se de-
júzgate indigno de él, y piensa que Dios te lo
tienen en ellos o los ponen en plática es pesti-
ha concedido por su largueza y misericordia.
lencia y de donde nacen grandes males (SAN-
No te complazcas vanamente atribuyéndolo a
TA TERESA, Camino de perfección, 12,4).
tus méritos. Si no recibes ningún don señala-
do, no te muestres descontento; considera 2834 Si te sobreviene alguna contradic-
que te queda mucho por hacer para merecer- ción, bendice al Señor, que dispone las cosas
lo, y que Dios tiene harta bondad y paciencia del mejor de los modos; piensa que la has
permitiendo que estés a sus pies; como el merecido, que merecerías más todavía, y que
mendigo que permanece durante horas ente- eres indigno de todo consuelo; podrás pedir
ras a la puerta del rico para alcanzar una pe- con toda sencillez al Señor que te libre de
q ueña limosna que remedie su miseria (J . ella, si así le place; pídele que te dé fuerzas
PECCI -León XlII-, Práctica de la humildad, para sacar méritos de esa contrariedad. En las
44). cruces no busques los consuelos exteriores,
especialmente si te das cuenta de que Dios te
2830 Por medio de la piedad, los santos se
las manda para humillarte y para debilitar tu
hacen humildes (SAN ACUSTfN, Sobre el Ser-
orgullo y presunción (J. PECCI -León XlII-,
món de la Montaña, 1, 18).
Práctica de la humildad, 23).
2831 La Confesión, por la que revelamos
2835 Todos los santos han abominado las
a uno que es semejante a nosotros las miserias
dignidades, las alabanzas y los honores y, por
más secretas y vergonzosas de nuestra alma,
el gran desprecio que sentían por sí mismos,
es el acto más sublime de humildad que Jesu-
no deseaban sino las humillaciones y los
cristo ha mandado a sus discípulos (J. PECCI
oprobios. ¿Eres tú quizá más santo que ellos?
- León XlI-, Práctica de la humildad, 58) .
(J. PECCI -León XlII-, Práctica de la humil-
2832 No creas que vas a adquirir la humil- dad,52).
dad sin las prácticas que le son propias, como
2836 Haz todas las cosas, por pequeñas
son los actos de la mansedumbre, de pacien-
que sean, con mucha atención y con el máxi-
cia, de obediencia, de mortificación, de odio
mo esmero y diligencia; porque el hacer las
de ti mismo, de renuncia a tu propio juicio, a
cosas con ligereza y precipitación es señal de
tus opiniones, de arrepentimiento de tus pe-
presunción; el verdadero humilde está siem-
cados y de tantos otros; porque estas son las
pre en guardia para no fallar aun en las cosas
armas que destruirán en ti mismo el reino del
más insignificantes. Por la misma razón prac-
amor propio [... ] (J PECCI -León XlII-, Prác-
tica siempre los ejercicios de piedad más co-
tica de la humildad, 7).
rrientes y huye de las cosas extraordinarias
2833 En los movimientos interiores se que te sugiere tu naturaleza; porque así como
traiga mucha cuenta, en especial si tocan en el orgulloso quiere singularizarse siempre, así

516
HUI\ULDAD
FRANCISCO F ERNÁNDEZ-CARVAjAL

el humilde se complace en las cosas corrientes nuestra pequeñez, de nuestra nada delante de
y ordinarias (J. PECCI -León XIII-, Prdctica los ojos de Dios [oo. ] (SAN JOSEMARÍA ESCRI-
de la humildad, 27). vÁ, Amigos de Dios, 144) .
2837 Si cometes alguna falta que es moti- 2840 Esto de no fiarse del propio parecer
vo para que te desprecie quien la presenció, nace de la humildad. Por ello el cap. II de los
siente un vivo dolor de haber ofendido a Proverbios dice que donde hay humildad,
Dios y de haber dado un mal ejemplo al pró- hay sabiduría. Los soberbios, en cambio,
jimo, y acepta la deshonra como un medio confían demasiado en sí mismos (SANTO To-
que Dios te envía para hacerte expiar tu peca- MÁs, Sobre el Padrenuestro, 1. c., 142).
do y para hacerte más humilde y virtuoso. Si,
por el contrario, el verte deshonrado te ator- 2841 La verdad huye del entendimiento
menta y te contrista, es que no eres verdade- que no encuentra humilde (SAN GREGORIO
ramente humilde y que estás todavía envene- MAGNO, Hom. 18 sobre los Evang.) .
nado por la soberbia (J. PECCI -León XIII-, 2842 La humildad se requiere para enten-
Prdctica de la humildad, 36). der (SANTO TOMÁS, Opúsculo 40).
2838 No habiendo cosa más provechosa 2843 Cuando uno se acerca con reveren-
para el progreso espiritual que el ser adverti- cia y corazón recto, consigue abundantemen-
do de los propios defectos, es muy conve- te la revelación de las cosas más ocultas; pero
niente y necesario que los que te hayan hecho el que no tiene estas sanas disposiciones no es
alguna vez esta caridad se sientan estimulados digno ni aun de oír las cosas que resultan fá-
por ti a hacértela en cualquier ocasión. Des- ciles para los demás (SAN JUAN CRISÓSTOMO,
pués que hayas recibido con muestras de ale- en Catena Aurea, vol. Iv, p. 99).
gría y de reconocimiento sus advertencias,
impónte como un deber el seguirlas, no solo Humildad y olvido de uno mismo
por el beneficio que reporta el corregirse, sino
también para hacerles ver que no han sido va- 2844 Solo quien ama en verdad a Dios no
nos sus desvelos y que tienes en mucho su be- se acuerda de sí mismo (SAN GREGORIO
nevolencia. El soberbio, aunque se corrija, no MAGNO, Hom. 38 sobre los Evang.).
quiere aparentar que ha seguido los consejos 2845 Muchas veces os lo digo, hermanas,
que le han dado, antes bien los desprecia; el y ahora lo quiero dejar escrito aquí, porque
verdadero humilde tiene a honra someterse a no se os olvide, que en esta casa -y aun en to-
todos por amor de Dios, y observa los sabios da persona que quiera ser perfecta- huya mil
consejos que recibe como venidos de Dios leguas de decir «razón tuve», «hiciéronme sin-
mismo, cualquiera que sea el instrumento de razón», «no tuvo razón quien esto hizo con-
que Él se haya servido (J. PECCI -León XIII-, migo». ¡De malas razones nos libre Dios! ¿Pa-
Prdctica de la humildad, 41) . réceos que había razón para que nuestro buen
Jesús sufriese tantas injurias tan sin razón he-
La sabiduría propia del humilde
chas? La que no quiere sufrir cruz sino la que
2839 Nuestra sabiduría y nuestra fuerza le dieren muy puesta en razón, no sé yo para
están precisamente en tener la convicción de qué está en el monasterio; tómese al mundo,

517
HUMILDAD
ANTOLOGlA DE TEXTOS

en el cual no le guardarán estas razones (SAN- Humildad y eficacia


TA TERESA, Camino de perfección, 13, 1).
2851 Tú, sabio, renombrado, elocuente,
2846 Así que si las cosas dichas no se ata- poderoso: si no eres humilde, nada vales.
jan con diligencia, lo que hoy no parece na- Corta, arranca ese «yo», que tienes en grado
da, por ventura mañana será pecado venial, y superlativo -Dios te ayudará-, y entonces
son de tan mala digestión, que si os dejáis no podrás comenzar a trabajar por Cristo, en el
quedará solo; es cosa muy mala para Congre- último lugar de su ejército de apóstoles (SAN
gaciones (se refiere la Santa a pequeños «pun- ]OSEMARfA ESCRIVÁ, Camino, n. 602).
tos de honra», que si no se atajan van siempre 2852 Vemos que un árbol, cuanto más
a más) (SANTA TERESA, Camino de perfección, cargado de fruto se halla, más inclina hacia el
13,3). suelo sus ramas; así también nosotros, cuanto
2847 Gustan de los primeros puestos en los mayor sea el número de nuestras buenas
banquetes, y de los primeros puestos en las sina- obras, más profundamente debemos humi-
gogas.. . (Mt 23, 6). Debe advertirse que no llarnos, reconociéndonos indignos de que
prohíbe el que sean saludados en la plaza, Dios se sirva de tan vil instrumento para ha-
ocupen o se sienten en los primeros puestos cer el bien. Solamente por la humildad pode-
aquellos a quienes se deben estos respetos por mos reconocer a un buen cristiano (SANTO
razón de sus cargos o dignidades, pero sí nos CURA DE ARs, Sermón sobre el orgullo).
enseña que nos guardemos como de unos 2853 Solo los débiles y pacientes pueden
malvados de aquellos que exigen injustamen- combatir los combates del Señor (CASlANO,
te de los fieles todas estas cosas, tengan o no Colaciones, 7, 5).
derecho a ellas (RABANO MAURO, en Catena
2854 La humildad nos empujará a que lle-
Aurea, vol. I1I, pp. 105-106).
vemos a cabo grandes labores; pero a condi-
2848 No hay nadie más rico, ni más libre, ción de que no perdamos de vista la concien-
ni más poderoso que aquel que sabe dejarse a cia de nuestra poquedad [... ] (SAN ]OSEMARfA
sí y a toda cosa y ponerse en el más bajo lugar ESCRIVÁ, Amigos de Dios, 106).
(TOMÁS DE KEMPIS, Imitación de Cristo, I1,
2855 [... ] los humildes siempre son los
11, 5).
instrumentos de Dios (SAN ]UAN CRISOSTO-
2849 La gloria del hombre es Dios (SAN MO, Hom. sobre S. Mateo, 15).
IRENEO, Trat. contra las herejías, 3, 20).
2856 Por eso os digo que os será quitado el
2850 Aquella que le parece que es tenida reino y será entregado a un pueblo que rinda sus
en menos entre todas se tenga por más dicho- frutos (Mt21, 43). La viña fue entregada a
sa y bienaventurada; y ansí lo es si lo lleva co- otro, como sucede con el don de la gracia,
mo debe llevar, que no le faltará honra en es- que el soberbio menosprecia y el humilde re-
ta vida ni en la otra (SANTA TERESA, Camino coge (RABANO MAURO, en Catena Aurea, vol.
de perfección, 13, 3). I1I, p. 48).

518
HUMILDAD
F RANC ISCO F ERNÁN D EZ- CARVAj AL

2857 El don de la gracia que desprecia el rías [... ]. Si una es humilde gana más fortale-
soberbio enriquece al humilde (SAN BEDA, en za en esta virtud y aprovechamiento, si el de-
CatenaAurea, vol. VI, p. 377). monio la tienta por ahí, porque está claro que
ha de dar vuelta sobre su vida y mirar lo que
2858 Sola la humildad es la que puede al-
ha servido con lo que debe al Señor y la gran-
go, y esta no es adquirida por el entendi-
deza que hizo en bajarse de Sí para dejarnos
miento, sino con una clara verdad, que com-
ejemplo de humildad y mirar nuestros peca-
prende en un momento [...] lo muy nada que
dos y adónde merezca estar por ellos; y con
somos y lo muy mucho que es Dios (SANTA
estas consideraciones sale el alma tan ganan-
T ERESA, Camino de perfección, 32, 13).
ciosa que no osa tornar (el demonio) otro día
2859 Si el Señor no construye la casa, en va- por no ir quebrada la cabeza (SANTA TERESA,
no se cansan los albañiles. El Señor es quien Camino de perfección, 13,6) .
construye la casa [.. .]. Muchos son los que tra-
2863 Dios defiende y libra al humilde, y
bajan en la construcción, pero si él no constru-
al humilde ama y consuela, al humilde se in-
ye, en vano se cansan los albañiles. ¿Quiénes son
clina, y al humilde da grande gracia, y des-
los que trabajan en esta construcción? Todos
pués de su abatimiento lo levanta a honra. Al
los que predican la palabra de Dios en la Igle-
humilde descubre sus secretos, y le trae dul-
sia, los dispensadores de los misterios de Dios.
cemente a sí y le convida. El humilde, recibi-
Todos nos esforzamos, todos trabajamos, to-
da la injuria y afrenta, está en mucha paz,
dos construimos ahora; y también antes de no-
porque está en Dios y no en el mundo (To-
sotros se esforzaron, trabajaron, construyeron
MÁs DE KEMPIS, Imitación de Cristo, II, 2, 3) .
otros; pero si el Señor no construye la casa, en
vano se cansan los albañiles (SAN AGUSTfN, Co- 2864 Refiérese en la vida de San Antonio
mento sobre el salmo 126) . que Dios le hizo ver el mundo sembrado de
lazos que el demonio tenía preparados para
«El Señor es custodio de los humildes» hacer caer a los hombres en pecado. Quedó
de ello tan sorprendido, que su cuerpo tem-
2860 Si somos humildes, Dios no nos
blaba cual la hoja de un árbol, y dirigiéndose
abandonará nunca. Él humilla la altivez del
a Dios, le dijo: «Señor, ¿quién podrá escapar
soberbio, pero salva a los humildes (SAN Jo-
de tantos lazos?». Y oyó una voz que le dijo:
SEMARÍA ESCRIVÁ, Amigos de Dios, 104).
«Antonio, el que sea humilde; pues Dios da a
2861 Verdad es que, sirviendo con humil- los humildes la gracia necesaria para que pue-
dad, al fin nos socorre el Señor en las necesi- dan resistir a las tentaciones; mientras permi-
dades; mas si no hay de veras esta virtud, a te que el demonio se divierta con los orgullo-
cada paso -como dicen- os deja el Señor. Y sos, los cuales caerán en pecado en cuanto
es grandísima merced suya, que es para que le sobrevenga la ocasión. Mas a las personas hu-
tengáis y entendáis con verdad que no tene- mildes, el demonio no se atreve a atacarlas»
mos nada que no lo recibimos (SANTA TERE- (SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre la humil-
SA, Camino de perfección, 38, 7). dad) .
2862 Parece que al verdadero humilde no 2865 Humillémonos si alguna cosa buena
osará el demonio tentarle en cosas de mayo- hacemos; no nos llenen de orgullo nuestras

519
HUMILDAD
A NTOLOGfA DE TEXTOS

obras [... ]. Por el contrário, acerca de los hu- su oración (SAN BASILIO, Admoniciones a sus
mildes dice Dios p¿r boca del Salmista: El Se- hijos espirituales).
ñor es custodio de los humildes (Ps 114, 6)
2870 El que se ensalza será humillado y
(SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 28 sobre los
quien se humilla será ensalzado. Ni todo el
Evang.).
que se ensalza delante de los hombres es hu-
2866 La infinita misericordia del Señor no millado, ni todos los que se humillan en su
tarda en acudir en socorro del que lo llama presencia son ensalzados por ellos. Pero el
desde la humildad. Y entonces actúa como que se engríe por su mérito, será humillado
quien es: como Dios Omnipotente. Aunque por el Señor: y el que se humilla por sus be-
haya muchos peligros, aunque el alma parez- neficios, será ensalzado por Él (SAN BEDA, en
ca acosada, aunque se encuentre cercada por CatenaAurea, vol. VI, p. 167).
todas partes por los enemigos de su salvación,
2871 Así como todos los vicios conducen
no perecerá. Y esto no es solo tradición de
al infierno, especialmente la soberbia, así todas
otros tiempos: sigue sucediendo ahora (SAN
las virtudes conducen al cielo, especialmente la
JOSEMARÍA ESCRIVA, Amigos de Dios, 104).
humildad; por eso es muy natural que sea en-
2867 Quien no quiere humillarse no pue- salzado el que se humilla (SAN JUAN CRlSOS-
de tampoco ser salvado (SAN BEDA, Comento TOMO, Hom. sobre S. Mateo, 15).
sobre el Evang. de S. Lucas, 1).
Humildad y flaquezas
«El humilde será ensalzado»
2872 No obstante, aunque tengamos
2868 Hay muchos que, siendo soberbios, conciencia de ser pecadores, no por eso debe-
se colocan en los últimos sitios, y por el orgu- mos privarnos de la comunión del Señor. Al
llo de su corazón les parece que se sientan a la contrario, tenemos que ir a recibirla con más
cabeza de los demás; y también hay muchos avidez, para encontrar en ella la santidad del
humildes que, aun cuando se sientan en los alma y la pureza del espíritu. Si bien tenemos
primeros puestos, están convencidos en sus que alimentar sentimientos de humildad y de
conciencias de que deben ocupar los últimos fe, juzgándonos indignos de gracia semejan-
puestos (SAN JUAN CRlSOSTOMO, en Catena te, y buscando únicamente el remedio para
Aurea, vol. III, p. 106). nuestras heridas. Si esperamos a ser dignos no
comulgaremos ni una vez al año (CASIANO,
2869 El humilde se mantiene alejado de
Colaciones, 23, 21).
los honores terrenos, y se tiene por el último
de los hombres; aunque exteriormente parez- 2873 En la oración, la soberbia, con la
ca poca cosa, es de gran valor ante Dios. Y ayuda de la gracia, puede transformarse en
cuando ha hecho todo lo que el Señor le ha humildad. Y brota la verdadera alegría en el
mandado, afirma no haber hecho nada, y an- alma, aun cuando notemos todavía el barro
da solícito por esconder todas las virtudes de en las alas, el lodo de la pobre miseria, que se
su alma. Pero el Señor divulga y descubre sus está secando. Después, con la mortificación,
obras, da a conocer sus maravillosos hechos, caerá ese barro y podremos volar muy altos,
le exalta y le concede todo lo que le pide en porque nos será favorable el viento de la mi-

520
HUMILDAD
F RANCISCO F ERNAN DEZ-CA RVA) AL

sericordia de Dios (SAN JOSEMARíA ESCRIVÁ, no te debes estimar por mejor: porque no sa-
Amigos de Dios, 249). bes cuánto podrás tú perseverar en el bien .
2874 Me limito a recomendar una virtud Todos somos flacos; mas tú no tengas a algu-
muy querida del Señor. Ha dicho: Aprended no por más flaco que a ti (ToMÁs DE KEMPIS,
de mí, que soy manso y humilde de corazón. Me Imitación de Cristo, 1, 2, 4).
expongo a decir un despropósito, pero lo di- 2879 Cuando cayere, pues, tu corazón, le-
go: el Señor ama tanto la humildad que, a ve- vántate suavemente, humillándote mucho en
ces, permite pecados graves. ¿Para qué? Para la presencia de Dios con el conocimiento de
que aquellos que han cometido estos peca- tu miseria, sin admirarte de tu caída; pues
dos, después, arrepentidos, se mantengan hu- ¿qué extraño es que sea enferma la enferme-
mildes QUAN PABLO 1, Aloe. 6-IX-1978). dad, flaca la flaqueza y la miseria miserable?
2875 Y, sepámoslo, nunca seremos venci- Sin embargo, detesta de todo corazón la
dos más fácilmente por nuestro rival que ofensa que has hecho a Dios y, llena de áni-
cuando le imitamos en la soberbia [.. .l, ni le mo y de confianza en su misericordia, vuelve
derribaremos con más empuje que imitando a emprender el ejercicio de aquella virtud que
la humildad de Nuestro Señor, ni le serán has abandonado (SAN FRANCISCO DE SALES,
nunca nuestros golpes más dolorosos y duros Introduc. a la vida devota, I1I, 9) .
que cuando curemos nuestros pecados con la
2880 ¡Ay de mí, Señor! ¡Ten misericordia
confesión y la penitencia (SAN AGUSTíN, Ser-
de mí! [... l. Yo no te oculto mis llagas. Tú
món 351,6).
eres médico, y yo estoy enfermo; tú eres mi-
2876 (Y vino a Él un leproso que, rogándole sericordioso, y yo soy miserable (SAN AGUS-
de rodillas, le decía: Si quieres puedes limpiar- TíN, Confesiones, 10).
me). Aquel hombre se arrodilla postrándose
en tierra -lo que es señal de humildad y de 2881 Es propio de los justos, a causa de su
vergüenza-, para que cada uno se avergüence humildad, desmentir diligentemente, y de
de las manchas de su vida. Pero la vergüenza una a una, sus buenas obras narradas en pre-
no ha de impedir la confesión: el leproso sencia de los mismos; y es propio de los poco
mostró la llaga y pidió el remedio. Su confe- rectos dar a entender -excusándose- que no
sión está llena de piedad y de fe . Si quieres, tienen culpas, o que son leves y pocas (ORí-
dice, puedes: reconoció que el poder curarse GENES, en Catena Aurea, vol. 111, p. 247).
estaba en manos del Señor (SAN BEDA, Co- 2882 [... l en la vida interior se da un
mento sobre S. Marcos). perpetuo comenzar y recomenzar, que impi-
2877 La humildad saca al hombre del de que, con soberbia, nos imaginemos ya per-
abismo de sus pecados (SAN JUAN CRISOSTO- fectos (SAN JOSEMARíA ESCRIvA, Es Cristo que
MO, en CatenaAurea, vol. VI, p. 303). pasa, 75).
2878 Gran sabiduría y perfección es sentir 2883 Algunos hay guardados de grandes
siempre bien y grandes cosas de otros, y te- tentaciones, que son vencidos muy a menudo
nerse y reputarse en nada. Si vieres a alguno de pequeñas para que se humillen y no con-
pecar públicamente, o cometer cosas graves, fíen en sí en cosas grandes, ya que son flacos

521
HU1\ULDAD
A NTOLOG fA DE TEXTOS

en cosas tan chicas (TOMÁS DE KEMPIS, Imi- 2889 Reprende el Señor nuestra soberbia,
tación de Cristo, 1, 13,8). porque no sabemos apreciar a los hombres
por los hombres; solamente apreciamos las
Humildad y caridad cosas que los rodean, no vemos su interior, y
tampoco reconocemos en ellos el honor de
2884 La morada de la caridad es la humil-
Dios (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 28 so-
dad (SAN AGUSTÍN, Sobre la virginidad, 51).
bre los Evang.).
2885 No hay camino más excelente que el 2890 Lo mismo la humildad que la cari-
del amor, pero por él solo pueden transitar dad tienden a derribar a la soberbia (SAN AM-
los humildes (SAN AGUSTÍN, Comento sobre el BROSIO, Epíst. a Demetrio, 10).
Salmo 141).
2891 El ser manso y humilde es la custo-
2886 Cuanto mayor parezca uno ser, tan- dia de la caridad (SAN AGUSTÍN, Comento so-
to más debe humillarse y buscar no solo su bre la Epíst. a los Gálatas).
propio interés, sino también el de los demás
2892 Por consiguiente, si un hermano fal-
(SAN CLEMENTE, Carta a los Corintios, 46).
ta en alguna cosa y es necesario corregirle, se
2887 Nunca anheles ser amado de manera le corregirá ciertamente. No obstante, hay
singular. Puesto que el amor depende de la que hacerlo de suerte que al querer aplicar el
voluntad, y la voluntad está inclinada hacia el remedio al doliente -cuya fiebre no es grave
bien por naturaleza, ser amado, y ser amado por ventura-, no caiga aquel, por efecto de la
como bueno, es una misma cosa; ahora bien, ira, en la enfermedad más temible de la ce-
el afán de ser estimado por encima de los de- guera (CASIANO, Instituciones, 8, 5).
más es inconciliable con una sincera humil- 2893 No prohíbe el Señor la reprensión y
dad (J. PECCI -León XlII-, Práctica de la hu- corrección de las faltas de los demás, sino el
mildad, 26) . menosprecio y el olvido de los propios peca-
2888 Estas dos virtudes, es decir, la humil- dos, cuando se reprenden los del prójimo.
dad y la caridad, son tan indivisibles y tan in- Conviene, pues, en primer lugar examinar
con sumo cuidado nuestros defectos, y en-
separables, que quien se establece en una de
tonces pasemos a reprender los de los demás
ellas de la otra forzosamente se adueña, por-
(SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea,
que así como la humildad es una parte de la
vol. 1, p. 421).
caridad, así la caridad es una parte de la hu-
mildad. Si nos paramos a mirar las cosas que 2894 Muestra siempre un gran respeto y
el Apóstol llamó estériles sin el bien de la ca- reverencia a tus superiores, una gran estima y
ridad, observamos que esas mismas son tam- cortesía a tus iguales y una gran caridad a los
bién infructuosas si falta la verdadera humil- inferiores; persuádete de que el obrar de otra
dad. Y en verdad, ¿qué fruto puede dar la manera solo puede ser efecto de un espíritu
ciencia con la soberbia, o la fe con la gloria dominado por la soberbia (J. PECCI -León
humana, o la ostentación con la limosna, o el XlII-, Práctica de la humildad, 11) .
martirio con el orgullo? (SAN AMBROSIO, 2895 [oo.] porque quien se ensalza y engríe
Epíst. a Demetrio, 10). por cosas transitorias, no sabe respetar en el

522
HUMILDAD
FRANCISCO FERNÁNDEz-CARVAjAL

prójimo lo que es permanente y duradero laetitiae, causa de nuestra alegría. Eva, después
(SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 28 sobre los de pecar queriendo en su locura igualarse a
Evang.). Dios, se escondía del Señor y se avergonzaba:
estaba triste. María, al confesarse esclava del
2896 Él, aun siendo Dios y Señor, no se
Señor, es hecha Madre del Verbo divino, y se
avergüenza de llamarse Padre nuestro, y no-
llena de gozo. Que este júbilo suyo, de Madre
sotros ¿nos cerraremos a los que son de nues-
buena, se nos pegue a todos nosotros: que sal-
tra misma condición? (SAN GREGORIO NA-
gamos en esto a Ella -a Santa María-, y así nos
CIANCENO, Disertación 14).
pareceremos más a Cristo (SAN JOSEMAlÚA Es-
2897 La reprensión, que hace mejorar a CRIVÁ, Amigos de Dios, 109).
los humildes, suele parecer intolerable a los
soberbios (SAN CIRILO, en Catena Aurea, vol. Humildad y sencillez
VI, p. 52).
2902 Me pesaba mucho de que me tuvie-
sen en buena opinión como yo sabía lo secre-
La alegría está íntimamente relacionada
to de mí (SANTA TERESA, Vida,7, 1).
con la humildad
2903 (La sencillez) inclina al hombre a ca-
2898 No concedáis el menor crédito a los
llarse acerca de sus propias cualidades (SANTO
que presentan la virtud de la humildad como
TOMÁs, Suma Teológica, 2-2, q. 109, a. 4).
apocamiento humano, o como una condena
perpetua a la tristeza. Sentirse barro, recom- 2904 Tenga presente quien manda que la
puesto con lañas, es fuente continua de ale- verdadera humildad es el mejor de los ejer-
gría [... ] (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Amigos de cicios. Así como quien asiste a diversos heri-
Dios, 108). dos y se cuida de curarlos quienesquiera que
sean, no toma el mando para enorgullecerse,
2899 Vos, Señor, no dabais a mis oídos
así mucho más el que se encarga de curar las
gozo, ni alegría, ni se alegraban mis huesos,
enfermedades de sus hermanos, como tendrá
porque no eran humillados (SAN AGUSTíN,
que dar cuenta de cada uno de ellos, debe
Confesiones, 4, 5).
cuidar de andar muy solícito. Por ello, el ma-
2900 Si encontramos amarga la admirable yor hágase como el menor (SAN BASILIO, en
suavidad del yugo del Señor, ¿no será porque Catena Aurea, vol. VI, p. 444).
la corrompe la amargura de nuestra falta de
2905 Mientras se disponían los moradores
correspondencia? Si la alegre ligereza de la
de la ciudad para salir a recibirle, Él no ignora-
carga divina nos es tan pesada, ¿no será por-
ba lo que aún permanecía oculto en el fondo
que, llevados de una orgullosa presunción,
de sus corazones, y por eso se presentó a ellos,
despreciamos a aquel que nos ayuda a llevar-
no montado en carroza tirada por caballos en-
la? (CASIANO, Colaciones, 24, 24).
jaezados con frenos de plata y guarniciones
2901 Mirad a María. Jamás criatura alguna claveteadas de oro, sino sentado sobre humilde
se ha entregado con más humildad a los desig- jumento, puestas debajo las vestiduras de los
nios de Dios. La humildad de la ancilla Domi- Apóstoles, que no creo fuesen de las más pre-
ni (Le 1,38), de la esclava del Señor, es el mo- ciosas de aquella tierra [.. .] (SAN BERNARDO,
tivo de que la invoquemos como causa nostrae Sermón para el Domingo de Ramos, 2, 4) .

523
HUMILDAD
ANTOLOGIA DE TEXTOS

2906 Se nos ha dado a conocer cómo de- 2912 Jesús, humilde, no quiso hacer nada
bemos andar este camino. Ama a Dios, que te por ostentación (TEOFILACTO, Comento sobre
creó [... ]; sé sencillo de corazón y rico en e! el Evang. de S. Marcos).
espíritu [... ]. No te ensalces a ti mismo, sé 2913 Este divino Salvador ha vivido la hu-
humilde en todo; no te arrogues la gloria a ti mildad hasta el extremo de hacerse el oprobio
mismo (Epíst. De Bernabé, 19, 1-3). de la tierra, para abajar lo más elevado y curar
la llaga de nuestro orgullo, enseñándonos con
La soberbia ver nn. 4955-5014.
su ejemplo el único camino que lleva al cielo.
Esta es, para hablar con propiedad, la lección
El ejemplo humilde de Jesús
más importante de! Salvador: Aprended de
2907 Otro motivo poderoso que debe im- mí, que soy manso y humilde de corazón; y ha-
pulsarte a practicar la hermosa virtud de la llaréis paz para vuestras almas (]. PECCI -León
humildad es e! ejemplo de nuestro divino XIII-, Práctica de la humildad).
Salvador, al cual debes conformar toda tu vi-
2914 Aprende, pues, ¡oh hombre!, y cono-
da. Él ha dicho en e! santo Evange!io: Apren-
ce a qué extremos llegó Dios por ti. Aprende
ded de mí, que soy manso y humilde de corazón (en Belén) esa lección de humildad tan grande
(Mt 11, 29) (J . PECCI -León XIII-, Práctica que te da un maestro sin hablar todavía. En el
de la humildad, 51). paraíso, tú tuviste tal honor que pudiste poner
2908 El que no cabe en todo el mundo, se nombres a todos los animales, y aquí tu Crea-
encerró en las entrañas de una Virgen (SAN dor se ha hecho tan niño, que ni aun puede
JUAN CRlS6STOMO, en Catena Aurea, vol. 1, dar a la suya e! de madre. Tú, en aquel vastísi-
p.437) . mo lugar de ricos bosques, te perdiste desobe-
deciendo. Él se ha hecho hombre mortal en
2909 Cristo, a quien el universo está suje- tan estrecha posada para buscar, muriendo, al
to, estaba sujeto a los suyos (SAN AGUSTíN, que estaba muerto. Tú, hombre, quisiste ser
Sermón 51). Dios y pereciste. Él, Dios, quiso ser hombre y
2910 A cualquier alma que visita a Jesús te salvó. ¡Tanto pudo la soberbia humana que
en el Santísimo Sacramento le dice este Señor necesitó de la humildad divina para curarse!
[... ]: Alma que me visitas, levántate de tus (SAN AGUSTíN, Sermón 183).
miserias, pues estoy aquí para enriquecerte de 2915 Jesucristo, Señor Nuestro, con mu-
gracias. Date prisa, llega a mí, no temas mi cha frecuencia nos propone en su predicación
majestad, porque está humillada en este Sa- e! ejemplo de su humildad: aprended de mí,
cramento, para apartar de ti e! miedo y darte que soy manso y humilde de corazón (Mt 11,
toda confianza (SAN ALFONSO Ma DE LIGO- 29). Para que tú y yo sepamos que no hay
RlO, Visitas al Stmo. Sacramento, 8). otro camino, que solo e! conocimiento since-
ro de nuestra nada encierra la fuerza de atraer
2911 ¿Te duele quedar rebajado por la hu-
hacia nosotros la divina gracia (SAN JOSEMA-
mildad?, nos pregunta e! Señor. Mírame a
lÚA EscRIVÁ, Amigos de Dios, 97) .
Mí; considera los ejemplos que yo te he dado,
y verás la grandeza de esta virtud (SAN JUAN 2916 El misterio de nuestra salvación, este
CRlS6STOMO, Hom. sobre S. Mateo, 38). misterio que e! fundador de! mundo ha creí-

524
HUMILDAD
F RANCISCO FERNÁNDEZ-CARVAjAL

do digno de ser pagado con su sangre, se ha insolente de la nobleza de su persona (SAN


realizado, desde el día de su nacimiento físico AMBROSIO, Comento sobre el Evang. de S. Lu-
hasta el fin de su Pasión, por una humildad cas, 3).
largamente practicada (SAN LEÓN MAGNO,
Sermón 12, en la Ascensión del Señor). La humildad de la Virgen
2917 Qesús quiso bautizarse) para encare- 2922 ¡Qué humildad, la de mi Madre
cemos con su humildad lo que a nosotros era Santa María! -No la veréis entre las palmas
de necesidad (SAN AGUSTÍN, Sermón 51). de Jerusalén, ni -fuera de las primicias de Ca-
ná- a la hora de los grandes milagros. -Pero
2918 La soberbia del diablo fue la causa no huye del desprecio del Gólgota: allí está,
de nuestra ruina, y el fundamento de nuestra «juxta crucem Jesu» -junto a la cruz de Je-
redención, la humildad de Dios (SAN GRE- sús-, su Madre (SAN JOSEMARÍA ESCRIVA,
GORIO MAGNO, Regla Pastora!, 3, 18). Camino, n. 507).
2919 Si buscas un ejemplo de humildad, 2923 «Esta hermosa virtud, dice San Ber-
mira al crucificado: él, que era Dios, quiso ser nardo, fue la causa de que el Padre Eterno
juzgado bajo el poder de Poncio Pilato y mo- mirase a la Santísima Virgen con complacen-
rir (SANTO TOMAs, Sobre el Credo, 6, 1. c.). cia; y si la virginidad atrajo las miradas divi-
2920 Es de notar, en la genealogía del Sal- nas, su humildad fue la causa de que conci-
vador, que no se nombra a ninguna de las biese en su seno al Hijo de Dios. Si la
mujeres santas, sino a las reprendidas en la Santísima Virgen es la Reina de las vírgenes,
Escritura, a fin de que borrase los pecados de es también la Reina de los humildes» (Hom.
todas, naciendo de pecadores, al que ha veni- 1. super Misus est, 5) (SANTO CURA DE ARs,
do por los pecadores; de ahí que entre aque- Sermón sobre la humildad).
llas se cite a Ruth, la moabita (SAN JERÓNI- 2924 Aun con haber merecido alumbrar al
MO, en CatenaAurea, vol. I, pp. 45-46). Hijo del Altísimo, era ella humildísima, y al
2921 San Lucas prescindió de estas muje- nombrarse no se antepone a su esposo, di-
res para presentar inmaculada la serie de la ciendo: «Yo y tu padre», sino: Tu padre y yo.
estirpe sacerdotal; pero el motivo de San Ma- No tuvo en cuenta la dignidad de su seno, si-
teo no es sin razón y justicia; puesto que él no la jerarquía conyugal. La humildad de
anunció la genealogía de Cristo según la car- Cristo, en efecto, no había de ser para su ma-
dre una escuela de soberbia (SAN AGUSTÍN,
ne, tomaba sobre sí los pecados de todos,
quedó sujeto a los ultrajes, sometido al sufri- Sermón 51).
miento, y no quiso que pudiera decirse ajeno 2925 Si quieres que Dios te conceda más
a su bondad el no rehusar la afrenta de un fácilmente la humildad, toma por abogada y
origen manchado, ni que su Iglesia debiera protectora a la Santísima Virgen. S. Bernardo
avergonzarse de estar formada de pecadores; dice que «María se ha humillado como nin-
y por último, para bosquejar ya en sus ante- guna otra criatura, y siendo la más grande de
pasados el beneficio de la redención, y que todas, se ha hecho la más pequeña en el abis-
nadie creyera que la mancha de origen pueda mo profundísimo de su humildad» Q. PECCI
ser impedimento para la virtud, ni se jactase -León XIII-, Prdctica de la humildad, 56).

525
HUMILDAD
ANTOLOGfA DE TEXTOS

2926 Y esta práctica (del pudor y de la (SAN BERNARDO, Hom. sobre la Virgen Ma-
modestia) será una lección viva y atrayente dre, 4, 9).
enseñanza, que arrastre a las almas hacia la
santidad. Pero habéis de hacerlo con la hu-
2928 María es, al mismo tiempo, una ma-
mildad de María, que oye a todos como dis- dre de misericordia y de ternura, a la que na-
cípula y aprendiz de virtudes, aunque era die ha recurrido en vano; abandónate lleno
doctora consumada en la difícil ciencia de de confianza en el seno materno, pídele que
ellas (SAN AMBROSIO, Sobre las vírgenes, 2, 9). te alcance esta virtud (de la humildad) que
Ella tanto apreció; no tengas miedo de no ser
2927 He aquí, dice, la esclava del Señor.
atendido, María la pedirá para ti de ese Dios
¿Qué humildad es esta tan alta que no se deja
vencer de las honras ni se engrandece en la que ensalza a los humildes y reduce a la nada
gloria? Es escogida por Madre de Dios y se da a los soberbios; y como María es omnipoten-
el nombre de esclava [... ]. No es cosa grande te cerca de su Hijo, será con toda seguridad
ser humilde en el abatimiento, pero es muy oída (J. PECCI -León XIII-, Práctica de la hu-
grande y muy rara ser humilde en el honor mildad, 56).

526
l. La tradición y el Magisterio han declarado sin interrupción el origen divino de la Iglesia co-
mo objeto fundamental de nuestra fe (cfr. CONC. VAT. 1, Const. Pastor aeternum) , y la Iglesia
ha visto especialmente en la Cruz su propio nacimiento del costado de Jesucristo, quien, des-
pués de la resurrección, entregó a los Apóstoles el poder que les había prometido: Como mi
Padre me envió, así os envío también a vosotros ... Un 20,21 ss). Momentos antes de su Ascen-
sión les encargó: Id por todo el mundo, predicad el Evangelio a todas las criaturas (Mc 16, 15).
Instruid a todas las naciones, bautizdndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu San-
to, enseñdndoles a observar todas las cosas que yo os he mandado (Mt 28, 19-20).
Después, los Apóstoles recibieron el Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras
(Hech 2, 1 ss). Los habitantes de Jerusalén se congregan alrededor de los Apóstoles; Pedro les
habla de Cristo y ellos recibieron la gracia y se bautizaron, siendo incorporadas a la Iglesia aquel
día unas tres mil almas (Hech 2,41). Es el nacimiento de la Iglesia ante el mundo: la gracia de
Dios comienza a actuar entre los hombres, ya través de los hombres que componen la Iglesia.
A esa misión conferida a los Apóstoles corresponde en los fieles una grave obligación: El que
creyere y fuere bautizado se salvard, pero el que no creyere se condenard (Mc 16, 16).

2. La Iglesia es una realidad que, encontrándose presente en este mundo, al mismo tiempo lo
trasciende. La Sagrada Escritura nos muestra su naturaleza mediante diversas figuras: como
redil cuya puerta es Cristo, rebaño que tiene por pastor a Jesucristo, que dio su vida por las
ovejas; campo y viña del Señor; edificio cuya piedra angular es Cristo, que tiene a los Apóstoles
como fundamento y en el que los fieles realizan la función de piedras vivas. Del mismo modo
que el alma es para el cuerpo el principio de la vida, en la Iglesia, el Espíritu Santo es común a
la cabeza y a los miembros, comunicando a todos los miembros de ese Cuerpo místico la mis-
ma vida de Jesucristo, a través de los sacramentos, especialmente de la Sagrada Eucaristía.
Esta doctrina, recordada por el Concilio Vaticano II (cfr. Const. Lumen gentium, n. 7), se ex-
presa en una verdad que repetimos en el Credo y que Pablo VI recoge en su Profesión de fe:
«Creemos en la comunión de todos los fieles de Cristo, de los que aún peregrinan en la tierra,
de los difuntos que cumplen su purificación, de los bienaventurados del Cielo, formando to-
dos juntos una sola Iglesia, y creemos que en esta comunión el amor misericordioso de Dios y
de los Santos escucha siempre nuestras plegarias».
Esta fe nos lleva a la petición y mortificación diarias por el Romano Pontífice, Vicario de
Cristo en la tierra, por el resto de la jerarquía y por todos los fieles. Del mismo modo, confia-
mos en la eficacia de nuestra oración y obras meritorias ofrecidas en sufragio de los fieles que
aún se purifican en el Purgatorio.

5;1 7
IGLESIA
ANTO LOG IA DE T EXTOS

La Iglesia, en cuanto Pueblo de Dios (cfr. CONC. VAT. Il, Consto Lumen gentium, 9), se nos
aparece como una comunidad de creyentes en Cristo que viven una misma fe, participan de
unos mismos sacramentos, tienen un mismo origen y caminan hacia el mismo destino. Es,
además, un instrumento de salvación, una institución permanente, mediante la cual los hom-
bres se salvan.
3. Todos los Símbolos de fe confiesan la existencia de unas notas características de la Iglesia
por las que puede ser reconocida por todos como la verdadera Iglesia de Jesucristo.
Quiso Jesús que su Iglesia fuera una. Efectivamente, nunca habla de las iglesias o de sus igle-
sias, sino de la Iglesia y de su Iglesia. Él dio a su Iglesia un vínculo común de fe y de bautismo,
la confió a un solo Jefe y rogó en la Última Cena para que los fieles sean una sola cosa, como
lo es Él con el Padre. La verdadera Iglesia debe tener entonces la unidad como característica:
unidad de doctrina, unidad de Sacramentos y unidad bajo una sola cabeza.
Quiso Jesús que su Iglesia fuese santa, esto es, quiso santificar por medio de la Iglesia a todos
los hombres, prometiendo que confirmaría la santidad de sus discípulos con milagros y con
dones extraordinarios Un 14, 12; Mc 16, 17).
Quiso Jesús que la Iglesia fuese también católica o universal, enviando a los Apóstoles a predi-
car a todos los pueblos hasta los últimos confines de la tierra (Hech 1, 8) .
Quiso Jesús que su Iglesia fuese apostólica. La fundó sobre los Apóstoles y a ellos dio el encar-
go de predicar (Mt 28, 16) Y les prometió su asistencia hasta el fin de! mundo. Será, por tan-
to, verdadera aquella Iglesia que cuente con la apostolicidad del ministerio -o sea, con pasto-
res que provengan de los Apóstoles- y con la apostolicidad de la doctrina.
La indefectibilidad de la Iglesia significa que esta tiene carácter imperecedero, es decir, que
durará hasta el fin del mundo, e igualmente que no sufrirá ningún cambio sustancial en su
doctrina, en su constitución o en su culto.
La razón de la indestructibilidad de la Iglesia está en su íntima y sustancial unión a Cristo,
que es su fundamento primario. Jesús edificó su Iglesia sobre roca viva y le hizo la promesa de
que los poderes del infierno jamás podrían contra ella (Mt 16, 18). Antes de subir a los cielos
prometió a los suyos que les enviaría el Espíritu Santo para que les enseñase toda la verdad Un
14, 16), Y cuando les envió a predicar por todo e! mundo, les aseguró que Él estaría siempre
con ellos todos los días hasta e! fin del mundo (Mt 28, 20).
La Iglesia da muestras de su invencibilidad resistiendo, inconmovible, todos los embates de
las persecuciones y de las herejías. La fe nos atestigua que esta firmeza en su constitución y en
su doctrina durará siempre «hasta que Él venga» (1 Cor 11,26).

528
IGLESIA
FRANCI SCO FERNÁNDEz- CARVAjAL

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


1 . La Iglesilt, fundada por Jesucristo .:. Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella para santi-
.:. Jesucristo fundó una sociedad con doce Apóstoles es- ficarla. Ef5, 25-26 .
cogidos entre sus discípulos. Mt 10, 1-4; Mc3, 13-19; .:. Se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos de to-
Le6 , 13-16. do pecado. Tit2, 14.
.:. Les dio potestad para predicar con autoridad. Mt 28, .1. Catolicidad
18-19; Me 16, 15-20. .:. Cristo vino a iluminar a todos los pueblos. Le 2,
.:. Comunicó la potestad de perdonar los pecados. Jn 20 , 31-32 .
21-23. .:. Mandó predicar el Evangelio a todas las gentes . Mt
.:. Nombró a San Pedro Pastor supremo de esta sociedad. 28,19; Me 16,15-20; Le24, 47; Hee!? 1, 8 .
JII21,15-17. .:. El Evangelio será predicado a todas las naciones antes
.:. Les prometió que les enviaría al Espíritu Santo. Le 24, del fin del mundo. Mt24, 14; Me 13, 10 .
49;JII 14, 16-1 7. .:. En toda la tierra resonó la voz de los Apóstoles. Rom
.:. Prometió su perpetua asistencia a los Apóstoles y sus 10, 18 .
sucesores. Mt28, 20. .:. El Evangelio se propaga en todo el mundo, donde
fructifica y va creciendo. Col 1, 6 .
.:. Jesús pide a su Padre la unidad para su Iglesia. JII 17,
21-23. /l. Apostolicidad
.:. Jesucristo fundó una sola Iglesia sobre una sola piedra. .:. Los Apóstoles, encargados de la predicación del Evan-
Mt 16, 18-19. gelio. Mtl0, 15-42; Me 6, 7-12; 16, 15; Le9, 1-6.
.:. Quiere un solo rebafio y un solo pastor. Jn 10, 16. .:. Los Apóstoles deben instruir y bautizar a todas las
gentes. Mt 28, 19-20 .
.:. San Pablo pide, en nombre de Jesucristo, que no haya
divisiones entre los fieles. 1 COI" 1, 10. .:. Predicación de los Apóstoles. Hee!? 5,42.
.:. Todos hemos sido bautizados en un mismo espíritu .:. Veneración que les muestra el pueblo. Hee!? 5, 13-16 .
para formar un solo cuerpo, ya sean judíos o griegos, .:. Dan a conocer su misión de predicar y orar. Hee!? 6,4.
esclavos o libres. 1 COI" 12, 13. .:. Los cristianos están edificados sobre el fundamento de
.:. San Pablo defiende con energía la unidad de la fe. 2 los Apóstoles. Ef2, 20 .
COI" 11,46; GaLl, 6-10. .:. La Jerusalén celestial, la Iglesia, tiene doce cimientos,
.:. No hay más que un solo cuerpo y un solo espíritu, así y en ellos están los nombres de los doce Apóstoles .
como también hemos sido llamados por nuestra voca- Apoe21,14 .
ción a una misma esperanza. No hay más que un Se- oS. Rápida ]J1'O]Jagació"
fiar, una fe, un bautismo. Ef3, 3-6. .:. Jesús manda a los Apóstoles ensefiar y bautizar a todas
.:. Celo de San Pablo por la unidad de la fe . Col2, 1-5; 1 las naciones. Mt28, 19-20; Me 16, 15-16.
Tim 1, 3. .:. Les promete estar siempre con ellos. Mt28, 20 .
.:. San Pablo exhorta a Timoteo a que guarde puro e in- .:. Primeros discursos de San Pedro. Frutos de la Iglesia
tacto el depósito de la fe. 1 Tim 1, 3. en Jerusalén. Hee!? 2, 41; 4, 4.
2. Santidad de la Iglesia .:. Crecimiento de la Iglesia y elección de los siete Diáco-
.:. Jesucristo pide a su Padre que santifique a los suyos. Jn nos. Hee!? 6, 1-7 .
17, 17. .:. Propagación de la Iglesia en Judea. Hee!? 8, 1-4 .
.:. Dios nos ha colmado en Cristo de toda suerte de ben- .:. Propagación de la Iglesia en Samaria. Hee!? 8, 12-25 .
diciones espirituales [... ] para ser santos. Ef 1, 3-4. .:. Propagación de la Iglesia en las comarcas limítrofes .
.:. La Iglesia es santa e inmaculada. Ef5, 27. Hee!? 8,40; 9, 32; 10,48; 11, 18.

529
lCLESIA
A NTOLOGfA DE TEh'T OS

SELECCIÓN DE TEXTOS
El misterio de la Iglesia cumplen ciertos preceptos, que piensan de
forma parecida. Pero eso no sería la Santa
2929 Es cosa normal que, en medio de es-
te mundo tan agitado, la Iglesia del Señor, Iglesia (SAN JOSEMAIÚA ESCRIvÁ, Hom. Elfin
edificada sobre la piedra de los Apóstoles, sobrenatural de la Iglesia, 28-V-1972).
permanezca estable y se mantenga firme so- 2933 Gens sancta, pueblo santo, compues-
bre esta base inquebrantable contra los furio- to por criaturas con miserias: esta aparente
sos asaltos de la mar (efr. Mt 16, 18). Está ro- contradicción marca un aspecto del misterio
deada por las olas, pero no se bambolea, y de la Iglesia. La Iglesia, que es divina; es tam-
aunque los elementos de este mundo retum- bién humana, porque está formada por hom-
ban con un inmenso clamor, ella, sin embar- bres y los hombres tenemos defectos: omnes
go, ofrece a los que se fatigan la gran seguri- homines terra et cinis (Eccli 17, 31), todos so-
dad de un puerto de salvación (SAN mos polvo y ceniza.
AMBROSIO, Carta 2, 1-2). Nuestro Señor Jesucristo, que funda la Iglesia
2930 Cristo es la luz del mundo e ilumina Santa, espera que los miembros de este pue-
a la Iglesia con su luz. Y como la luna recibe blo se empeñen continuamente en adquirir la
su luz del sol para poder ella a su vez iluminar santidad. No todos responden con lealtad a
la noche, así la Iglesia, recibiendo su luz de su llamada. Y en la Esposa de Cristo se perci-
Cristo, ilumina a todos los que se encuentran ben, al mismo tiempo, la maravilla del cami-
en la noche de la ignorancia [... ]. Cristo es, no de salvación y las miserias de los que lo
pues, la luz verdadera que ilumina a todo atraviesan (SAN JOSEMARlA ESCRIVÁ, Hom.
hombre que viene a este mundo (In 1, 9) , Y la Lealtad a la Iglesia, 4-VI-1972).
Iglesia, recibiendo su luz, se convierte ella en 2934 La Iglesia, enriquecida con los dones
luz del mundo, iluminando a los que están en de su Fundador y observando fielmente sus
las tinieblas (Rom 2, 19) (ORíGENES, Hom. so- preceptos de caridad, humildad y abnegación,
bre el Génesis, 1). recibe la misión de anunciar el reino de Cristo
2931 Nacida del amor del Padre Eterno, y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos, y
fundada en el tiempo por Cristo Redentor, constituye en la tierra el germen y el principio
reunida en el Espíritu Santo, la Iglesia tiene de ese reino. Y, mientras ella paulatinamente va
una finalidad escatológica y de salvación, que creciendo, anhela simultáneamente el reino
solo en el siglo futuro podrá alcanzar plena- consumado, y con todas sus fuerzas espera y
mente (CONC. VAT. 11, Const. Gaudium et ansia unirse con su Rey en la gloria (CONC.
spes, 40). VAT. 11, Const. Lumen gentium, 5).
2932 Hace falta que meditemos con fre- 2935 La Iglesia sabe de dos vidas, ambas
cuencia, para que no se vaya de la cabeza, que anunciadas y recomendadas por el Señor; de
la Iglesia es un misterio grande, profundo. ellas, una se desenvuelve en la fe, la otra en la
No puede ser nunca abarcado en esta tierra. visión; una durante el tiempo de nuestra pe-
Si la razón intentara explicarlo por sí sola, ve- regrinación, la otra en las moradas eternas:
ría únicamente la reunión de gentes que una en medio de la fatiga, la otra en el des-

530
IGLESIA
FRANCISCO FERNANDEZ-CARVAjAL

canso; una en el camino, la otra en la patria; 2941 Nada hizo Él ni padeció que no fue-
una en el esfuerzo de la actividad, la otra en el ra por nuestra salvación, para que todo lo que
premio de la contemplación (SAN AGUSTÍN, de bueno hay en la cabeza lo posea también
Trat. Evang. S. Juan, 124). el cuerpo (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 15, so-
bre La Pasión) .
2936 Allí donde está la Iglesia, allí está el
Espíritu de Dios; y allí donde está el Espíritu 2942 También directamente y por sí mis-
de Dios, allí está la Iglesia y toda la gracia mo, nuestro divino Salvador gobierna y rige la
(SAN IRENEO, Trat. contra Las herejías, 3, 24). sociedad por él fundada [... ]. Con este gobier-
no interior no solo tiene cuidado de cada uno
Cristo presente en su Iglesia en particular como Pastor y guardián de nues-
2937 Cristo, el único Mediador, instituyó tras aLmas (J Pdr2, 25), sino que, además, mi-
y mantiene continuamente en la tierra a su ra por toda la Iglesia, ya sea iluminando y for-
Iglesia santa, comunidad de fe, esperanza y tificando a sus jerarcas para que cumplan fiel y
caridad, como un todo visible, comunicando fructuosamente sus respectivos cargos, ya sea
-en circunstancias muy-graves sobre todo-
mediante ella la verdad y la gracia a todos
suscitando en el seno de la madre Iglesia,
(CONC. VAT. 11, Consto Lumen gentium, 8).
hombres y mujeres insignes por su santidad, a
2938 Pase lo que pase, Cristo no abando- fin de que sirvan de ejemplo a los demás cris-
nará a su Esposa. La Iglesia triunfante está ya tianos para acrecentamiento de su Cuerpo
junto a Él, a la diestra del padre. Y desde allí místico. Añádese a esto que Cristo desde el
nos llaman nuestros hermanos cristianos, que cielo mira siempre con particular afecto a su
glorifican a Dios por esta realidad que noso- Esposa inmaculada, que sufre en el destierro
tros vemos todavía en la clara penumbra de la de este mundo, y, cuando la ve en peligro, por
fe: la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostóli- sí mismo o por sus ángeles o por Aquella que
ca (SAN JOSEMARÍA ESCRIvA, Hom. Lealtad a invocamos como auxilio de los cristianos y por
La IgLesia, 4-VI-1972). otros abogados celestiales, la libra de las olea-
2939 Bajó, pues, del cielo, por su misericor- das de la tempestad y, una vez calmado y apa-
dia, pero ya no subió él solo, puesto que noso- ciguado el mar, la consuela con aquella paz que
tros subimos también en él por la gracia. Así sobrepuja todo entendimiento (FLp 4, 7) (PÍo
pues, Cristo descendió él solo, pero ya no as- XII, Enc. Mystici Corporis Christi) .
cendió él solo; no es que queramos confundir 2943 La Iglesia, pues, nada puede perdo-
la divinidad de la cabeza con la del cuerpo, pe- nar sin Cristo, y Cristo nada quiere perdonar
ro sí afirmamos que la ¡unidad de todo el cuer- sin la Iglesia. La Iglesia solamente puede per-
po pide que este no sea separado de su cabeza donar al que se arrepiente, es decir, a aquel a
(SAN AGUSTÍN, Setmón sobre La Ascensión, 1-2). quien Cristo ha tocado ya con su gracia. Y
Cristo no quiere perdonar ninguna clase de
2940 El Espíritu Santo la impulsa a coo-
pecados a quien desprecia a la Iglesia (BEATO
perar para que se cumpla el designio de Dios,
ISAAC, Sermón 11).
quien constituyó a Cristo principio de salva-
ción para todo el mundo (CONC. VAT. 11, 2944 Y sobrevino un gran aLboroto en eL
Consto Lumen gentium, 17). mar, de modo que Las oLas cubrían La barca. La

531
IGLESTA
ANTOLOCrA DE TF.xTOS

nave es la Iglesia, en la que Jesucristo atravie- mos un solo cuelpo, en Cristo (Rom 12, 5). Y
sa con los suyos el mar de esta vida, calman- no solamente ha de ser uno e indiviso, sino
do las aguas de las persecuciones (SANTO To- también algo concreto y perceptible (Pío XII,
MÁs, en CatenaAurea, vol. 1, p. 502). Enc. Mystici COlporis Christi).

Cuerpo Místico de Cristo Los poderes del infierno no prevalecerán


2945 En ese cuerpo, la vida de Cristo se contra ella. Confianza y seguridad
comunica a los creyentes, quienes están uni- 2949 Tú eres Pedro, esto es: «Yo soy la pie-
dos a Cristo paciente y glorioso por los sacra- dra inquebrantable, yo soy la piedra angular
mentos, de un modo arcano, pero real que hago de los dos pueblos una sola cosa, yo
(CONC. VAT. Il, Consto Lumen gentium, 7). soy el fundamento fuera del cual nadie puede
2946 Y del mismo modo que todos los edificar; pero también tú eres piedra, porque
miembros del cuerpo humano, aun siendo por mi virtud has adquirido tal firmeza, que
muchos, forman, no obstante un solo cuer- tendrás juntamente conmigo, por partici-
po, así también los fieles en Cristo (cfr. 1 Cor pación, los poderes que yo tengo en propie-
12, 12). También en la constitución del cuer- dad».
po de Cristo está vigente la diversidad de y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y los po-
miembros y oficios. Uno solo es el Espíritu, deres del Infierno no la derrotardn. «Sobre esta
que distribuye sus variados dones para el bien piedra firme -quiere decir- edificaré un tem-
de la Iglesia según su riqueza y la diversidad plo eterno, y la alta mole de mi Iglesia, llama-
de ministerios (I Cor 12, 1-2) (CONC. VAT. da a penetrar en el cielo, se apoyará en la fir-
Il, Consto Lumen gentium, 7). meza de esta fe».
Los poderes del infierno no podrán impedir
2947 La Cabeza de este cuerpo es Cristo. esta profesión de fe, los vínculos de la muerte
Él es la imagen de Dios invisible, y en Él fue-
no la sujetarán, porque estas palabras son pa-
ron creadas todas las cosas. Él es antes que to- labras de vida. Ellas introducen en el cielo a
dos, y todo subsiste en Él. Él es la cabeza del
los que las aceptan, hunden en el infierno a
cuerpo, que es la Iglesia (CONC. VAT. Il,
los que las niegan (SAN LEÓN MAGNO, Ser-
Consto Lumen gentium, 7) .
món 4,2-3).
2948 Para definir y describir esta verdade-
2950 La Iglesia vacilará si su fundamento
ra Iglesia de Cristo -que es la Iglesia santa,
vacila, pero ¿podrá vacilar Cristo? Mientras
católica, apostólica, romana- nada hay más
Cristo no vacile, la Iglesia no flaqueará jamás
noble, nada más excelente, nada, en fin, más
hasta el fin de los tiempos (SAN AGUSTÍN,
divino qué aquella expresión que la designa
Comento sobre el Salmo 103) .
como «el Cuerpo místico de Jesucristo» [... ].
Que la Iglesia es un cuerpo, lo dice muchas 2951 No es de extrañar que, en medio de
veces la Sagrada Escritura. Cristo -dice el un mundo tan agitado, la Iglesia del Señor, edi-
Apóstol- es la cabeza del cuerpo de la Iglesia ficada sobre la roca apostólica, permanezca es-
( Col 1, 18). Y si la Iglesia es un cuerpo, ha de table y, a pesar de los furiosos embates del mar,
ser necesariamente uno e indiviso, según resista inconmovible en sus cimientos. Las olas
aquello de San Pablo: Aunque muchos, flrma- baten contra ella, pero se mantiene firme y,

532
lGLESIA
F RANCISCO FERNÁN DEz-CA RVA)AL

aunque con frecuencia los elementos de este eso no te apartes de la nave y ruega a Dios.
mundo choquen con gran fragor, ella ofrece a Cuando fallen todos los medios, cuando el ti-
los agobiados el seguro puerto de salvación món no funcione y las velas rotas se convier-
(SAN AMBROSIO, Carta. 2, 1-2). tan en mayor peligro, cuando se haya perdido
2952 Muchas son las olas que nos ponen la esperanza en la ayuda humana, piensa que
en peligro, y una gran tempestad nos amena- solo te resta rezar a Dios. Quien de ordinario
za: sin embargo, no tememos ser sumergidos impulsa felizmente a puerto a los navegantes,
porque permanecemos de pie sobre la roca. no ha de abandonar la barquilla de su Iglesia
Aun cuando el mar se desate, no romperá es- (SAN AGUSTfN, Sermón 63, 4).
ta roca; aunque se levanten las olas, nada po- 2956 Aunque la nave padezca turbación,
drán contra la barca de Jesús (SAN JUAN CRl- sin embargo, es la nave. Ella sola lleva a los dis-
S6STOMO, Hom. antes del exilio). cípulos y recibe a Cristo. Peligra, ciertamente,
2953 Yo te daré las llaves del reino de los cie- en el mar, pero sin ella de inmediato estamos
los; y todo lo que atares sobre la tierra serd atado perdidos (SAN AGUSTíN, Sermón 15, 3).
en el cielo; y todo lo que desatares sobre la tierra
serd desatado en el cielo. Representaba a la Las notas de la Iglesia
Iglesia universal, que en este mundo es azota- 2957 La Iglesia ha de ser reconocida por
da por las lluvias, por las riadas y por las tor- aquellas cuatro notas, que se expresan en la
mentas de sus diversas pruebas; pero, a pesar confesión de fe de uno de los primeros Con-
de todo, no cae, porque está fundada sobre cilios, como las rezamos en el Credo de la
piedra, de donde viene el nombre de Pedro Misa: Una sola Iglesia, Santa, Católica y Apos-
(SAN AGUSTfN, Trat. Evang. S. Juan, 5). tólica (Símbolo Constantinopolitano, Dz-
2954 La nave de Jesús no puede hundirse Sch 150). Esas son las propiedades esenciales
[... ]. Las olas no quebrantan la roca, sino que de la Iglesia, que derivan de su naturaleza, tal
se tornan ellas mismas espuma. Nada hay como la quiso Cristo. Y, al ser esenciales, son
más fuerte que la Iglesia. deja, pues, de com- también notas, signos que la distinguen de
batirla, para no destrozar tu fuerza en vano. cualquier otro tipo de reunión humana, aun-
Es inútil pelear contra el cielo. Cuando com- que en estas otras se oiga pronunciar también
bates contra un hombre, o vences o eres ven- el nombre de Cristo (SAN JOSEMARÍA ESCRl-
cido; pero si peleas contra la Iglesia, el dilema VÁ, Hom. Lealtad a la Iglesia, 4-VI-1972) .
no existe. Dios es siempre más fuerte (SAN
JUAN CRlS6STOMO, Hom. antes del exilio). Una única Iglesia de Cristo

2955 El vendaval que sopla es el demonio, 2958 Esta es la única Iglesia de Cristo, que
quien se opone con todos sus recursos a que en el Símbolo confesamos como una, santa,
nos refugiemos en el puerto. Pero es más po- católica y apostólica, y que nuestro Salvador,
deroso el que intercede por nosotros, el que después de su resurrección, encomendó a Pe-
nos conforta para que no temamos y nos dro para que la apacentara (cfr. Jn 21,17),
arrojemos fuera del navío. Por muy sacudido confiándole a él y a los demás Apóstoles su
que parezca, sin embargo, en él navegan no difusión y gobierno (cfr. Mt 28, 18 ss), y la
solo los discípulos, sino el mismo Cristo. Por erigió perpetuamente como «columna y fun-

533
IGLESIA
ANTOLOG íA DE T EXTOS

damento de la verdad» (cfr. 1 Tim 3, 15) 2962 Las iglesias de las ciudades y de los
(CONC. VAT. I1, Consto Lumen gentium, 8). pueblos, aun siendo muchas, son una única
Iglesia. Porque Cristo, perfecto e indivisible,
2959 Es norma general que toda cosa debe
es único en todas ellas (ORíGENES, Hom. para
ser referida a su origen. Y, por esto, toda la
el tiempo pascual).
multitud de comunidades son una con aquella
primera Iglesia fundada sobre los Apóstoles, de 2963 Se equivocarían gravemente los que
la que proceden todas las otras. En este sentido in ten taran separar una Iglesia carismática
son todas primeras y todas apostólicas, en -que sería la verdaderamente fundada por
cuanto que todas juntas forman una sola. De Cristo-, de otra jurídica o institucional, que
esta unidad son prueba la comunión y la paz sería obra de los hombres y simple efecto de
que reinen entre ellas, así como su mutua fra- contingencias históricas. Solo hay una Iglesia.
ternidad y hospitalidad. Todo lo cual no tiene Cristo fundó una sola Iglesia: visible e invisi-
otra razón de ser que su unidad en una misma ble, con un cuerpo jerárquico y organizado,
tradición apostólica (TERTULIANO, Sobre la con una estructura fundamental de derecho
prescripción de los herejes, 20). divino, y una íntima vida sobrenatural que la
anima, sostiene y vivifica (SAN JOSEMARfA Es-
2960 Una y única es la Iglesia fundada por CRIVÁ, Hom. El fin sobrenatural de la Iglesia,
Cristo Señor; sin embargo, son muchas las Co- 28-V-1972).
muniones cristianas que se proponen a los
hombres como herencia verdadera de Jesucris- 2964 La Iglesia crece como una vid y se
to. Todos profesan, es cierto, que son discípu- extiende por toda la tierra; los malos pastores,
los del Señor, pero sienten de modo diverso y en cambio, son como sarmientos inútiles
caminan por vías distintas; como si Cristo mis- que, a causa de su esterilidad, han sido corta-
mo estuviese dividido. Tal división no solo dos por la podadera del agricultor, no para
contradice abiertamente la voluntad de Cristo, destruir la vid, sino para que esta continúe
sino que es también un escándalo para el mun- existiendo. Aquellos sarmientos, pues, han
do y perjudica a la causa santísima de la predi- quedado en el mismo lugar donde cayeron al
cación del Evangelio a toda criatura (CONC. ser cortados; la vid, en cambio, extendiéndo-
VAT. I1, decreto Unitatis redintegratio, 1). se entre todos los pueblos, reconoce como
propios los sarmientos que en ella permane-
2961 Esta unidad de la Iglesia está prefi- cieron, y considera como cercanos a sí aque-
gurada en la persona de Cristo por el Espíritu llos otros que le fueron cortados (SAN AGUS-
Santo en el Cantar de los Cantar'es, cuando di- TíN, Sermón 46, sobre los pastores).
ce: Una sola es mi paloma, mi hermosa es única
de su madre, la elegida de ella (Cant 6, 8). 2965 Por diversos que sean los lugares, los
miembros de Iglesia profesan una misma y
Quien no guarda esta unidad de la Iglesia, ¿va
única fe, la que fue transmitida por los Após-
a creer que guarda la unidad de la fe? Quien
toles a sus discípulos (SAN IRENEO, Trat. con-
resiste obstinadamente a la Iglesia, quien
tra las herejías, 1, 10) .
abandona la cátedra de Pedro, sobre la que
está cimentada la Iglesia, ¿puede confiar que 2966 Pero no ignoramos, por otra parte,
está en la Iglesia? (SAN CrPRIANO, Sobre la que esta salvación pertenece a la Iglesia única
unidad de la Iglesia, 5) . y que nadie puede participar en Cristo, ni ser

534
F RANC ISCO FERNANDEZ-CARVA)A L

salvo, fuera de la Iglesia católica y de su fe La caridad ,


(ORÍGENES, Hom. para el tiempo pascual). vínculo de unidad en la Iglesia
2967 Tenemos que mantener y defender 2969 Sabes cuál es la dulzura de la caridad
esta unidad, sobre todo los obispos, que tene- yel deleite de la unidad. No predicas sino la
mos la presidencia en la Iglesia [... ]. Nadie en- unión de las naciones. No aspiras más que a
gañe a la comunidad de hermanos con una la unidad de los pueblos. No siembras más
mentira, nadie deforme la verdad de la fe con que semillas de paz y caridad. Alégrate en el
una deformación infiel [... ]. La santa Iglesia es Señor, porque no ha sido defraudado en tus
una sola [... ]. Lo mismo que el sol tiene mu- sentimientos (SAN LEANDRO, Hom. en el final
chos rayos pero una sola luz, y el árbol tiene del Conc. 3°. de Toledo).
muchas ramas, pero un tronco único al que 2970 Dios, al conservar en la Iglesia la cari-
profundas raíces dan posición fija, y lo mismo dad que ha sido derramada en ella por el Espí-
que de una fuente saltan muchos arroyos, así ritu. Santo, convierte a esta misma Iglesia en
la unidad es conservada en el origen, aunque un sacrificio agradable <! sus ojos y la hace capaz
parezca que de ella brota una pluralidad en ri- de recibir siempre la gracia de esa caridad, espi-
ca abundancia. Si un rayo se aparta del cuerpo ritual, para que pueda ofrecerse continuamente
del sol, la unidad de la luz no sufre partición. a él como una ofrenda viva, santa y agradable
Pero se arranca del árbol una rama, y la arran- (SAN FULGENCIO, Libro 2, ll-12).
cada no volverá a poder nacer. Divide el arro-
yo de la fuente y, separado, pronto se secará. Y 2971 Hemos de ser comprensivos, cubrir
así también la Iglesia del Señor, inundada de todo con el manto entrañable de la caridad.
luz, envía sus rayos a todo el mundo. A pesar Una caridad que nos afiance en la fe, aumen-
de ello, es solo una luz que se extiende hacia te nuestra esperanza y nos haga fuertes, para
todas partes. Pero la unidad de su Cuerpo no decir bien alto que la Iglesia no es esa imagen
se divide [... ]. Y alguno cree todavía que esta que algunos proponen. La Iglesia es de Dios,
unidad, proveniente de la fuerza y virtud divi- y pretende un solo fin: la salvación de las al-
na, referida a los misterios celestiales, puede mas (SAN ]OSEMARíA ESCRIVÁ, Hom. El fin
ser destruida y dividida por escisión de opi- sobrenatural de la Iglesia, 28-V-1972).
niones opuestas (SAN C!PRIANO, Sobre la uni- 2972 Entrando el rey [. ..}, vio allí a un hom-
dad de la Iglesia, 6) . bre que no llevaba el traje de boda (cfr. Mt 22,
2968 Se dispersaron por toda la tierra, a 11). ¿Qué debemos entender por vestido de
causa del amor de los bienes del mundo, y bodas sino la caridad?, porque el Señor lo puso
son, en verdad, ovejas desperdigadas y sin de manifiesto cuando vino a celebrar sus bodas
rumbo por toda la tierra. Viven en diversos con la Iglesia. Entra, pues, a las bodas sin el
lugares; una única madre, la soberbia, las en- vestido nupcial quien cree en la Iglesia, pero
no tiene caridad (SAN GREGORIO MAGNO, en
gendró a todas, al igual que, una sola madre,
nuestra Iglesia católica, ha dado también a
CatenaAurea, vol. III, p. 66).
luz a todos los fieles cristianos esparcidos por 2973 Todo el que quiere vivir tiene de
todo el orbe (SAN AGUSTíN, Sermón 46, sobre dónde vivir y de qué vivir. Que venga y crea.
los pastores). Que se incorpore para ser vivificado, que no

535
ANroLOc fA DE T EXTOS

le atemorice la unión con los demás miem- 2977 Y habiendo salido sus siervos a los ca-
bros. Que no sea un miembro gangrenado minos, reunieron a cuantos encontraron, buenos
que haya que amputar, ni torcido, del que y malos, y la sala de bodas quedó llena de convi-
haya que avergonzarse. Que sea un miembro dados (Mt 24, 10) . Y dice esto, porque en la
robusto, adaptado, sano. Que se abrace fir- Iglesia no puede haber buenos sin malos, ni
memente al cuerpo (SAN AGUSTÍN, Trat. malos sin buenos, y no fue bueno aquel que
Evang. S. Juan, 26, 13). no quiso sufrir a los malos (SAN GREGORlO
MAGNO, en CatenaAurea, vol. III, p. 65).
2974 Si quieres amar a Cristo extiende tu
caridad a toda la tierra, porque los miembros 2978 La Santa Iglesia es comparada a una
de Cristo están por todo el mundo (SAN red de pescar, porque también está enco-
AGUSTíN, Comento 1 Epist. S. Juan, 10,5). mendada a pescadores, y por medio de ella, so-
mos sacados de las olas del presente siglo y lle-
2975 Entendí que solo el amor es el que vados al reino celestial, para no ser sumergidos
impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia y en el abismo de la muerte eterna. Congrega to-
que, si faltase este amor, ni los apóstoles da clase de peces, porque brinda con el perdón
anunciarían ya el Evangelio; ni los mártires de los pecados a los sabios e ignorantes, a los li-
derramarían su sangre. Reconocí claramente bres y a los esclavos, a los ricos y a los pobres, a
y me convencí de que el amor encierra en sí los robustos y a los débiles (SAN GREGORlO
todas las vocaciones, que el amor lo es todo, MAGNO, Hom. 1 sobre los Evang.).
que abarca todos los tiempos y lugares, en
una palabra, que el amor es eterno. 2978b Puede suceder que haya, entre los
Entonces, llena de alegría desbordante, excla- católicos, algunos de poco espíritu cristiano;
mé: «Oh Jesús, amor mío, por fin he encontra- o que den esa impresión a quienes les tratan
do mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he en un determinado momento.
hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lu- Pero, si te escandalizaras de esta realidad, darías
gar es el que tú me has señalado, Dios mío. En muestra de conocer poco la miseria humana
el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo se- y... tu propia miseria. Además, no es justo ni
ré el amor: de este modo lo seré todo y mi de- leal tomar ocasión de las debilidades de esos
seo se verá colmado» (SANTA TERESITA, Manus- pocos, para difamar a Cristo ya su Iglesia (SAN
JOSEMARÍA EsCRIVÁ, Surco, n. 367).
crito autobiográfico, 1. c., pp. 227-229).
2979 No en sí misma, sino en nosotros,
Santidad de la Iglesia sus miembros vivos, recibe la Iglesia las heri-
y miembros pecadores das, y por eso hemos de procurar no afligirla
2976 Dichosa Iglesia nuestra, a la que con nuestras caídas (SAN AMBROSIO, Trat. so-
Dios se digna honrar con semejante esplen- bre la virginidad, 48).
dor, ilustre en nuestro tiempo por la sangre 2980 ¡Santa, Santa, Santa!, nos atrevemos a
gloriosa de los mártires. Antes era blanca por cantar a la Iglesia, evocando el himno en ho-
las obras de los hermanos; ahora se ha vuelto nor de la Trinidad Beatísima. Tú eres Santa,
roja por la sangre de los mártires. Entre sus Iglesia, Madre mía, porque te fundó el Hijo de
flores no faltan ni los lirios ni las rosas (SAN Dios, Santo; eres Santa, porque así lo dispuso
CIPRIANO, Carta JO, 2-3) . el Padre, fuente de toda santidad; eres Santa,

536
IGLESU
F RANCISCO FERNÁNDEZ-CARVAjAL

porque te asiste el Espíritu Santo, que mora en se consumen con alegría en el servicio de los
el alma de los fieles, para ir reuniendo a los ru- hermanos en la fe y de todas las almas.
jas del Padre, que habitarán en la Iglesia del Considerad además que, si las claudicaciones
Cielo, la Jerusalén eterna (SAN JOSEMARÍA Es- superasen numéricamente las valentías, que-
CRIVÁ, Hom. Lealtad a la Iglesia, 4-VI-1972). daría aún esa realidad mística -clara, innega-
ble, aunque no la percibamos con los senti-
2981 No busquemos en la Iglesia los lados
dos- que es el Cuerpo de Cristo, el mismo
vulnerables para la crítica, como algunos que
Señor Nuestro, la acción del Espíritu Santo,
no demuestran su fe ni su amor [... ].
la presencia amorosa del Padre (SAN JOSEMA-
Nuestra Madre es Santa, porque ha nacido pu-
RíA ESCRIVÁ, Hom. El fin sobrenatural de la
ra y continuará sin mácula por la eternidad. Si
en ocasiones no sabemos descubrir su rostro
Iglesia, 28-V-1972).
hermoso, limpiémonos nosotros los ojos; si no-
Católica , universal
tamos que su voz no nos agrada, quitemos de
nuestros oídos la dureza que nos impide oír, en 2985 Nosotros somos la Santa Iglesia. Pe-
su tono, los silbidos del Pastor amoroso. Nues- ro no he dicho «Nosotros» como si me refi-
tra Madre es Santa, con la santidad de Cristo, a riera a los que estamos aquí, a los que ahora
la que está unida en el cuerpo -que somos to- me habéis oído. Lo somos cuantos, por gracia
dos nosotros- y en el espíritu, que es el Espíritu de Dios, somos fieles cristianos en esta Igle-
Santo, asentado también en el corazón de cada sia, esto es, en esta ciudad; cuantos son tales
uno de nosotros, si nos conservamos en gracia en esta región, en esta provincia, y aún más
de Dios (SAN JOSEMARÍA EsCRIVÁ, Hom. Leal- allá del mar, y hasta en todo el orbe de la tie-
tad a la Iglesia, 4-VI-1972). rra ... Tal es la Iglesia católica, nuestra verda-
dera Madre (SAN AGUSTíN, Sermón 213).
2982 Yo abrazo a una Iglesia llena de trigo
y de paja; con la palabra y la disciplina del Se- 2986 «Católica»: este es el nombre propio
ñor enmiendo a los que puedo, y tolero a los de esta Iglesia santa y madre de todos noso-
que no puedo enmendar (SAN AGUSTÍN, tros [... ], y es figura y anticipo de la Jerusalén
Contra el donatista Cmconio, 3, 25). de arriba, que es libre, y es nuestra madre, la
cual, antes estéril, es ahora madre de una pro-
2983 Y tal es la Iglesia virgen, unida a un
le numerosa (SAN CIRILO DE JERUSALÉN, Ca-
solo esposo, Cristo, que no admite ningún
tequesis 18, 26).
error; de modo que en todo el mundo goza-
mos, de una sola casta e íntegra unión (SAN 2987 Este carácter de universalidad que
LEÓN MAGNO, Epíst. 80, aAnatolio). distingue al Pueblo de Dios es un don del
mismo Señor con el que la Iglesia católica
2984 En el cuerpo visible de la Iglesia -en
tiende, eficaz y perpetuamente, a recapitular
el comportamiento de los hombres que la
toda la humanidad, con todos sus bienes, ba-
componemos aquí en la tierra- aparecen mise-
jo Cristo Cabeza, en la unidad de su Espíritu
rias, vacilaciones, traiciones. Pero no se agota
(CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, 13).
ahí la Iglesia, ni se confunde con esas conduc-
tas equivocadas: en cambio, no faltan, aquí y 2988 Jesucristo instituye una sola Iglesia,
ahora, generosidades; afirmaciones heroicas, su Iglesia; por eso la Esposa de Cristo es Una y
vidas de santidad que no producen ruido, que Católica: universal, para todos los hombres.

537
A NTOLOGíA DE TEXTOS

Desde hace siglos, la Iglesia está extendida por jías, de tal modo solo la Iglesia se ha apropia-
todo el mundo; cuenta con personas de todas do este nombre, que, aun queriendo llamarse
las razas y condiciones sociales. Pero la catoli- católicos todos los herejes, si un forastero
cidad de la Iglesia no depende de la extensión pregunta dónde se reúne la Católica, ningún
geográfica, aunque esto sea un signo visible y hereje tendrá la osadía de señalar su basílica o
un motivo de credibilidad. La Iglesia era Cató- su casa (S . AGUSTÍN, Contra la epístola de los
lica ya en Pentecostés; nace Católica del Cora- Maniqueos, 4, 5).
zón llagado de Jesús, como un fuego que el Es-
2991 Admirable es el testimonio de San
píritu Santo inflama (SAN JOSEMARÍA EsCRIVÁ,
Fructuoso, obispo. Como uno le dijera y le
Hom. Lealtad a la Iglesia, 4-VI-1972).
pidiera que se acordara de él y rogara por él,
2989 La Iglesia se llama católica o univer- el santo respondió: «Yo debo orar por la Igle-
sal porque está esparcida por todo el orbe de sia católica, extendida de Oriente a Occiden-
la tierra, del uno al otro confín, y porque de te». ¿Qué quiso decir el santo obispo con es-
un modo universal y sin defecto enseña todas tas palabras? Lo entendéis, sin duda;
las verdades de fe que los hombres deben co- recordadlo ahora conmigo: «Yo debo orar por
nocer, ya se trate de las cosas visibles o invisi- la Iglesia católica; si quieres que ore por ti, no
bles, de las celestiales o las terrenas; también te separes de aquella por quien pido en mi
porque induce al verdadero culto a toda clase oración» (SAN AGUSTÍN, Sermón 213) .
de hombres, a los gobernantes y a los simples
2992 La Iglesia católica: este es el nombre
ciudadanos, a los instruidos y a los ignoran-
propio de quien es Madre Santa de todos no-
tes; y, finalmente, porque cura y sana toda
sotros; ella es también Esposa de N. S. Jesu-
clase de pecados sin excepción, tanto los in-
cristo (SAN CIRILO DE JERUSALÉN, Catequesis
ternos como los externos; ella posee todo gé-
18,26).
nero de virtudes, cualquiera que sea su nom-
bre, en hechos y palabras y en cualquier clase
Apostólica. Actitud misionera
de dones espirituales (SAN CIRlLO DE JERUSA-
de la Iglesia
LÉN, Catequesis 18,23-25).
2993 Este solemne mandato de Cristo de
2990 Además de esta sabiduría, otras mu-
anunciar la verdad salvadora, la Iglesia lo re-
chas cosas hay que me retienen muy justa-
cibió de los Apóstoles con orden de realizarlo
mente en el seno de la Iglesia. Es el consenti-
hasta los confines de la tierra (cfr. Hech 1, 8).
miento de los pueblos y naciones; es la
Por eso hace suyas las palab ras del Apóstol:
autoridad, comenzada con milagros, sosteni-
¡Ay de mí si no evangelizare! (I Cor 9, 16)
da por la esperanza, aumentada por la cari-
(CONC. VAT. 11, Const. Lumengentium, 17).
dad, robustecida por la antigüedad. Me retie-
ne la sucesión de los sacerdotes, que trae su 2993h La revelación de Dios se hace defini-
origen de la misma sede de Pedro Apóstol, a tiva y completa por medio de su Hijo uni-
quien el Señor, después de la resurrección, génito: Muchas veces y de muchos modos habló
encomendó las ovejas para guardarlas y llega Dios en el pasado a nuestros Padres por medio
hasta el presente episcopado; me retiene, fi- de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha
nalmente, el mismo nombre de Católica, por- hablado por medio del Hijo a quien instituyó
que no sin razón, entre tan numerosas here- heredero de todo, por quien también hizo los

538
IGLESIA
FRANCISCO FERNÁNDEz -CARVAJAL

mundos (Heb 1, 1-2; cfr. Jn 14, 6). En esta 2997 La actitud misionera comienza siem-
Palabra definitiva de su revelación, Dios se ha pre con un sentimiento de profunda estima
dado a conocer del modo más completo; ha frente a lo que «en el hombre había» Un 2,
dicho a la humanidad quién es. Esta autorre- 25), por lo que él mismo, en lo íntimo de su
velación definitiva de Dios es el motivo fun- espíritu, ha elaborado respecto a los proble-
damental por el que la Iglesia es misionera mas más profundos e importantes; se trata de
por naturaleza. Ella no puede dejar de procla- respeto por todo lo que en él ha obrado el Es-
mar el Evangelio, es decir, la plenitud de la píritu, que «sopla donde quiere» Un 3, 8). La
verdad que Dios nos ha dado a conocer sobre misión no es nunca una destrucción, sino
sí mismo OVAN PABLO II, Enc. Redemptoris una purificación y una nueva construcción
por más que en la práctica no siempre haya
missio, 7-XII-1990, n . 5).
habido una plena correspondencia con un
2994 La Iglesia lleva a Cristo a los hom- ideal tan elevado. La conversión que de ella
bres: quiere comunicarles la vida que apare- ha de tomar comienzo, sabemos bien que es
ció la noche de Navidad con el Verbo hecho obra de la gracia, en la que el hombre debe
carne; quiere proclamarles la esperanza del hallarse plenamente a sí mismo OVAN PABLO
eón futuro, que ya alborea en el siglo presen- II, Enc. Redemptor hominis, 12) .
te; quiere dilatar, aun entre los sufrimientos 2997b Es necesario mantener unidas estas
del mundo, esa paz que anunciaron los ánge- dos verdades: la posibilidad real de la salvación
les en Belén, y ese amor de beneplácito con el en Cristo para todos los hombres y la necesi-
que Dios nos ha abrazado, dándonos al Hijo: dad de la Iglesia en orden a esta misma salva-
Gloria in excelsis Deo et in terra pax hominibus ción. Ambas favorecen la comprensión del
bonae voluntatis (Lc 2, 14) QVAN PABLO II, Al único misterio salvífico, de manera que se pue-
Sacro Colegio Cardenalicio 22-XI-1980). da experimentar la misericordia de Dios y
2995 La Iglesia realiza en todas partes su nuestra responsabilidad. La salvación, que
siempre es don del Espíritu, exige la colabora-
propia universalidad acogiendo, uniendo y
ción del hombre para salvarse tanto a sí mismo
elevando, en el modo en que le es propio y
como a los demás. Así lo ha querido Dios, y
con solicitud maternal, todo valor humano
para esto ha establecido y asociado a la Iglesia
auténtico. Al mismo tiempo, ella se afana, en
a su plan de salvación OVAN PABLO II, Ene.
cualquier área geográfica y en cualquier situa-
Redemptoris missio, n. 9).
ción histórica, en ganar para Dios a cada
hombre y a todos los hombres, para unirlos 2998 La Santa Iglesia se compara a una
entre sí y con Él en su verdad y en su amor red barredera, porque está encomendada a
OVAN PABLO II, Enc. Slavorum Apostoli, 2- pescadores y por ella todos son traídos desde
VI-1985, n. 19). las ondas del presente siglo al reino eterno
[... ]. Esta red recoge toda clase de peces, por-
2996 Esta misión de la Iglesia no se deli- que llama al perdón de los pecados a los sa-
mita al cuidado pastoral de sus fieles: se ex- bios y a los ignorantes, a los libres y a los es-
tiende a todos los hombres y a todos los tiem- clavos, a los ricos y a los pobres, a los
pos (A. DEL PORTILLO, Escritos sobre el poderosos y a los débiles. Por eso dice Dios al
sacerdocio, p. 40). Salmista (Sal 64, 3): A ti vendrán todos los

539
lGLESlA
A NTOLocfA D E T EXT OS

mortales. Red, esto es, Iglesia, que se llenará misteriosa corresponde a la misión incesante
del todo cuando dentro de ella se acoja lo úl- de la Iglesia, de cada una de las comunidades
timo del género humano; sacan la red y se en la Iglesia y de cada uno de los cristianos.
sientan a la orilla, porque, como el mar es fi- Lleva a los hombres vivos, a las almas huma-
gura del siglo, así la orilla del mar figura el fin nas, a la luz de la fe y a la fuente del amor;
del siglo, y allí los peces buenos son coloca- mostrarles el Reino de Dios presente en los co-
dos en los cestos y los malos son arrojados razones y en el designio de la historia de la hu-
fuera [... ] (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 11 manidad; reunir a todos en esa unidad, cuyo
sobre los Evang.). centro es Cristo: he aquí la misión continua de
la Iglesia UVAN PABLO II, Hom. 1O-II-1980).
2998b La Iglesia es misionera por su propia
naturaleza, ya que el mandato de Cristo no es 3002 (El fin de la Iglesia es) revelar a Cris-
algo contingente y externo, sino que alcanza to al mundo, ayudar a todo hombre para que
al corazón mismo de la Iglesia. Por esto, toda se encuentre a sí mismo en él, ayudar a las ge-
la Iglesia y cada Iglesia es enviada a las gentes neraciones contemporáneas de nuestros her-
UVAN PABLO Ir, Ene. Redemptoris mtsstO, manos y hermanas, pueblos, naciones, esta-
n.62). dos, humanidad, países en vías de desarrollo
y países de la opulencia, a todos, en definiti-
2999 El término democracia carece de
va, a conocer las insondables riquezas de Cristo
sentido en la Iglesia, que [... ] es jerárquica
(EI3 , 8), porque estas son para todo hombre
por voluntad divina. Pero jerarquía significa
y constituyen el bien de cada uno UVAN PA-
gobierno santo y orden sagrado, y de ningún
BLO Ir, Ene. Redemptor hominis, 11).
modo arbitrariedad humana o despotismo
infrahumano. En la Iglesia, el Señor dispuso 3003 La Iglesia no es un partido político,
un orden jerárquico, que no ha de transfor- ni una ideología social, ni una organización
marse en tiranía: porque la autoridad misma mundial de concordia o de progreso material,
es un servicio, como es la obediencia (SAN aun reconociendo la nobleza de esas y de
JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Hom. Elfin sobrenatural otras actividades. La Iglesia ha desarrollado
de la Iglesia, 28-5-1972). siempre y desarrolla una inmensa labor en
beneficio de los necesitados; de los que su-
Fin sobrenatural de la Iglesia fren, de todos cuantos padecen de alguna
manera las consecuencias del único verdadero
3000 La Iglesia desea servir a este único
mal, que es el pecado. Ya todos -a aquellos
fin: que todo hombre pueda encontrar a
de cualquier forma menesterosos, ya los que
Cristo, para que Cristo pueda recorrer con
piensan gozar de la plenitud de los bienes de
cada uno el camino de la vida, con la poten-
la tierra- la Iglesia viene a confirmar una sola
cia de la verdad acerca del hombre y del
cosa esencial, definitiva: que nuestro destino
mundo, contenida en el misterio de la Encar-
es eterno y sobrenatural, que solo en Jesucris-
nación y de la Redención, con la potencia del
to nos salvamos para siempre, y que solo en
amor que irradia de ella UVAN PABLO II, Ene.
Él alcanzaremos ya de algún modo en esta vi-
Redemptor hominis, 13) .
da la paz y la felicidad verdaderas (SAN JOSE-
3001 Cristo dijo a Pedro: En adelante vas a MARÍA ESCRIvÁ, Hom. Lealtad a la Iglesia, 4-
ser pescador de hombres (Lc 5, 10); esta pesca VI-1972).

540
IGLESIA
F RANC ISCO F ERNAN DEZ-CARVAjl\L

3004 La Iglesia, en consideración de Cristo 3008b María está presente en el misterio de


yen razón del misterio, que constituye la vida la Iglesia como modelo. Pero el misterio de la
de la Iglesia misma, no puede permanecer in- Iglesia consiste también en el hecho de en-
sensible a todo lo que sirve al verdadero bien gendrar a los hombres a una vida nueva e in-
del hombre, como tampoco puede permane- mortal: es su maternidad en el Espíritu San-
cer indiferente a lo que lo amenaza QUAN PA- to. y aquí María no solo es modelo y figura
BLO II, Enc. Redemptor hominis, 13). de la Iglesia, sino mucho más. Pues, «con ma-
terno amor, coopera a la generación y educa-
3005 La Iglesia que, por razón de su minis-
ción» de los hijos e hijas de la madre Iglesia.
terio y de su competencia, de ninguna manera
La maternidad de la Iglesia se lleva a cabo no
se confunde con la comunidad política y no
solo según el modelo y la figura de la Madre
está vinculada a ningún sistema político, es al
de Dios, sino también con su «cooperación»
mismo tiempo el signo y la salvaguardia del
QUAN PABLO Il, Enc. Redemptoris mate,;
carácter trascendente de la persona humana
n.44).
(CONC. VAT. II, Const. Gaudium et spes, 76).
3006 Debiéndose extender a toda la tierra, Amor a la Iglesia
la Iglesia entra en la historia de los hombres,
3009 Siendo nuestros argumentos de tan-
pero, al mismo tiempo, trasciende los tiempos
to peso, no hay para qué ir a buscar todavía
y los confines de todos los pueblos. En las ten-
de otros la verdad que tan fácilmente se en-
taciones de su camino, la Iglesia se ve sostenida
cuentra en la Iglesia, ya que los apóstoles de-
por la fuerza de la gracia de Dios, que le ha sido
positaron en ella, como en una despensa opu-
prometida por el Señor, para que por la debili-
lenta, todo lo que pertenece a la verdad, a fin
dad humana no se debilite la fidelidad perfecta,
de que todo el que quiera pueda tomar de
sino que permanezca digna esposa de su Señor ella la bebida de la vida. Y esta es la puerta de
y no cese de renovarse bajo la acción del Espíri-
la vida: todos los demás son salteadores y la-
tu Santo, a fin de que, a través de la cruz, llegue drones. Por esto hay que evitarlos, y en cam-
a la luz que no conoce ocaso (CONC. VAT. II,
bio hay que poner suma diligencia en amar
Consto Lumen gentium, 9). las cosas de la Iglesia y en captar la tradición
de la verdad (SAN IRENEO, Trat. contra las he-
Nuestra Madre la Iglesia
rejías, 3, 4).
3007 No puede tener a Dios por Padre
3010 El verdadero y auténtico católico es el
quien no tiene a la Iglesia por madre (SAN
que ama la verdad de Dios y a la Iglesia, cuer-
CIPRIANO, Sobre la unidad de la Iglesia, 6).
po de Cristo; aquel que no antepone nada a la
3008 No es coherente con la fe cristiana, religión divina y a la fe católica: ni la autoridad
no cree verdaderamente en el Espíritu Santo de un hombre, ni el amor, ni el genio, ni la
quien no ama a la Iglesia, quien no tiene con- elocuencia, ni la filosofía; sino que, despre-
fianza en ella, quien se complace solo en se- ciando todas estas cosas y permaneciendo sóli-
ñalar las deficiencias y las limitaciones de los damente firme en la fe, está dispuesto a admi-
que la representan, quien la juzga desde fuera tir y a creer solamente lo que la Iglesia siempre
y es incapaz de sentirse hijo suyo (SAN JOSE- y universalmente ha creído (SAN VICENTE DE
MAR1A ESCRlvA, Es Cristo que pasa, 130). LERINS, Conmonitorio, n. 20).

541
IGLESIA
ANTOLOGíA DE TEXTOS

3011 Cristo no excluyó a los pecadores de triarcas, los arzobispos, los obispos y los pá-
la sociedad por Él fundada. Si, por tanto, algu- rrocos, a quienes se ha encomendado directa-
nos miembros están aquejados de enfermeda- mente la cura de almas, fuesen tales que se les
des espirituales, no por eso debe disminuir pudiera confiar con toda seguridad el gobier-
nuestro amor a la Iglesia; al contrario, ha de au- no de la grey del Señor (SAN JUAN LEONARDI,
mentar nuestra compasión hacia sus miembros Cartas a Pablo V para la reforma de la Iglesia) .
(pro XII, Enc. Mystici Corporis Christz).
3015 De la Iglesia recibimos la predica-
3012 Si amas la Cabeza, amas también a ción de la fe, y bajo la acción del Espíritu de
los miembros (SAN AGUSTíN, Trat. Epist. S. Dios la conservamos como un licor precioso
Juan, 10, 3). guardado en un frasco de buena calidad (SAN
IRENEO, Trat. contra las herejías, 3, 3).
3013 ¡Qué alegría, poder decir con todas
las veras de mi alma: amo a mi Madre la Igle- 3016 La misión de la Iglesia, recibida de Je-
sia santa! (SAN JOSEMAlÚA ESCRIVÁ, Camino, sucristo, es única, y su cumplimiento se enco-
n.518). mienda a todos los miembros del Pueblo de
Dios que, por los Sacramentos de iniciación,
3013b Tener espíritu católico implica que ha
se hacen partícipes del sacerdocio de Cristo
de pesar sobre nuestros hombros la preocupa-
para ofrecer a Dios un sacrificio espiritual y
ción por toda la Iglesia, no solo de esta parcela
dar testimonio de Jesucristo ante los hombres.
concreta o de aquella otra; y exige que nuestra
Cada uno ha de realizar la parte que le compe-
oración se extienda de norte a sur, de este a
te dentro de esa misión total, en servicio yedi-
oeste, con generosa petición.
ficación de la comunidad (A. DEL PORTILLO,
Entenderás así la exclamación -la jaculatoria-
Escritos sobre el sacerdocio, p. 39).
de aquel amigo, ante el desamor de tantos ha-
cia nuestra Santa Madre: ¡me duele la Iglesia!
Santa María, Madre de la Iglesia
(SAN JOSEMARfA EsCRIVÁ, Forja, n . 583).
3017 Para gloria de la Virgen y consuelo
Responsabilidad de todos los fieles nuestro, Nos proclamamos a María Santísi-
y de la jerarquía ma Madre de la Iglesia, es decir, Madre de to-
do el pueblo de Dios, así de todos los fieles
3014 Procurarán con diligencia, a la ma-
como de los Pastores que la llaman Madre
nera de un médico precavido, conocer todas
amorosa, y queremos que de ahora en adelan-
las enfermedades que afligen a la Iglesia y que
te sea honrada e invocada por todo el pueblo
piden remedio, para poder aplicar a cada una
cristiano con este gratísimo título (PABLO VI,
de ellas el remedio adecuado.
Discurso final 111 Ses. Concilio Vaticano IL 21-
Por lo que mira a estos remedios, ya que han
XI-I964).
de ser comunes a toda la Iglesia [oo.], habría
que fijar la atención primeramente en todos 3018 Se trata de un título (Madre de la
aquellos que están puestos al frente de los de- Iglesia) [oo.] que no es nuevo para la piedad
más, para que así la reforma comenzara por el de los cristianos; antes bien, con este nombre
punto desde donde debe extenderse a las de Madre, y con preferencia a cualquier otro,
otras partes del cuerpo. Habría que poner un los fieles y la Iglesia entera acostumbran a di-
gran empeño en que los cardenales, los pa- rigirse a María. Ciertamente que este título

542
TGLESI \
FRANCISCO FERNÁND EZ-CARVA)AL

pertenece a la esencia de la devoción a María, ciora de que vive verdaderamente la vida de


encontrando su justificación en la dignidad su Maestro y Señor, que vive el misterio de la
misma de la Madre del Verbo Encarnado Redención en toda su profundidad y pleni-
(PABLO VI, Discurso finaL JI! Ses. ConciLio Vá- tud vivificante OUAN PABLO II, Ene. Redemp-
ticano IL 2l-XI-1964). tor hominis, 22).
3019 [... ] la Iglesia, siempre y en especial 3021 En las Escrituras divinamente inspira-
en nuestros tiempos, tiene necesidad de una das, lo que se entiende en general de la Iglesia,
Madre [... ]. virgen y madre, se entiende en particular de la
María es Madre de la Iglesia, porque en vir- Virgen María; y lo que se entiende de modo es-
tud de la inefable elección del mismo Padre pecial de María, virgen y madre, se entiende de
Eterno y bajo la acción particular del Espíritu modo general de la Iglesia, virgen y madre. Y
de Amor ella ha dado la vida humana al Hijo cuando los textos hablan de una u otra, dichos
de Dios, por eL cuaL yen eL cuaL son todas las co- textos pueden aplicarse indiferentemente a las
sas y del cual todo el Pueblo de Dios recibe la dos (BEATO ISAAC, Selmón 51).
gracia y la dignidad de la elección. Su propio
Hijo quiso explícitamente extender la mater- 3022 Habitaré en La heredad deL Señm: La
nidad de su Madre -y extenderla de manera heredad del Señor en su significado universal es
fácilmente accesible a todas las almas y cora- la Iglesia, en su significado especial es la Virgen
zones- confiando a ella desde lo alto de la María y en su significado individual es también
Cruz a su discípulo predilecto como hijo. El cada alma fiel. Cristo permaneció nueve meses
Espíritu Santo le sugirió que se quedase tam- en el seno de María; permanecerá en el taber-
bién ella, después de la Ascensión de Nuestro náculo de la fe de la Iglesia hasta la consuma-
Señor, en el Cenáculo, recogida en oración y ción de los siglos; y en el conocimiento y en el
en espera junto con los Apóstoles hasta el día amor del alma fiel, por los siglos de los siglos
de Pentecostés, en que debía casi visiblemen- (BEATO ISAAC, Sermón 51).
te nacer la Iglesia, saliendo de la oscuridad. 3023 Si toda la Iglesia está en deuda con la
Posteriormente todas las generaciones de dis-
Virgen María, ya que por medio de ella reci-
cípulos y de cuantos confiesan y aman a Cris-
bió a Cristo, de modo semejante le debe a
to -al igual que el apóstol Juan- acogieron
San José, después de ella, una especial grati-
espiritualmente en su casa a esta Madre, que
tud y reverencia (SAN BERNARDINO DE SIE-
así desde los mismos comienzos, es decir, des-
NA, Sermón 2, 7).
de el momento de la Anunciación, quedó in-
serida en la historia de la salvación y en la mi- 3024 Con su caridad cooperó para que
sión de la Iglesia. Así pues, todos nosotros, nacieran en la Iglesia los fieles, miembros de
que formamos la generación contemporánea aquella Cabeza, de la que Ella es efectivamen-
de los discípulos de Cristo, deseamos unirnos te Madre según el cuerpo (SAN AGUSTÍN,
a ella de manera particular OUAN PABLO II, Trat. sobre La virginidad, 6).
Enc. Redemptor hominis, 22).
El Espíritu Santo y la Iglesia
3020 María debe encontrarse en todas las
vías de la vida cotidiana de la Iglesia. Me- 3025 El Espíritu habita en la Iglesia y en
diante su presencia materna, la Iglesia se cer- el corazón de los fieles como en un templo

543
l(;LESIA - INFIERNO
ANTOLO GfA DE T EXTOS

(cfr. 1 Cor 3, 16; 6, 19), Y en ellos ora y da tre sí como con su excelsa Cabeza, puesto que
testimonio de su adopción como hijos (efr. reside todo entero en la cabeza, todo entero
Ca14, 6; Rom 8,15-16 Y 26). Guía a la Igle- en el cuerpo y todo entero en cada miembro,
sia a toda la verdad (cfr. Jn 16, 13), la unifica en los cuales varía la manera de estar presente
en comunión y ministerio, la provee y go- y de conceder su asistencia, según sus diver-
bierna con diversos dones jerárquicos y caris- sos cargos y funciones, según el grado más o
máticos y la embellece con sus frutos (cfr. Ef menos elevado de santidad de que gozan. Él
4, 11-12; 1 Cor 12, 4; Cal 5, 22). Con la es quien, con su soplo de vida celestial, debe
fuerza del Evangelio rejuvenece la Iglesia, la considerarse como el principio de toda activi-
renueva incesantemente y la conduce a la dad vital y verdaderamente saludable en to-
unión consumada con su Esposo. En efecto, das las partes del Cuerpo. Él es quien, aun-
el Espíritu y la esposa dicen al Señor Jesús: que por sí mismo se halle presente en todos
¡Ven! (efr. Apoe 22, 17) (CONC. VAT. II, los miembros y ejerza en ellos su divino influ-
Consto Lumen gentium, 4). jo, actúa en los inferiores por ministerio de
los superiores. Finalmente, es él quien, dando
3026 Una vez cumplida la obra que el Pa- cada día nuevos incrementos a la Iglesia bajo
dre había confiado al Hijo en la tierra; el día el influjo de la gracia, rehúsa habitar con la
de Pentecostés fue enviado el Espíritu Santo gracia santificante en los miembros totalmen-
para santificar incesantemente a la Iglesia, y te separados del Cuerpo (Pío XII, Enc. Mys-
para que los creyentes tuvieran así acceso al tiei Corporis Christt).
Padre por medio de Cristo en un solo Espíri-
tu (cfr. Ef2, 18) [... ]. Toda la renovación de 3027b Si la revelación suprema y más com-
la Iglesia [...] no puede realizarse a no ser en pleta de Dios a la humanidad es Jesucristo
mismo, el testimonio del Espíritu de la ver-
el Espíritu Santo, es decir, con la ayuda de su
dad inspira, garantiza y corrobora su fiel
luz y de su virtud (JUAN PABLO II, Carta en el
transmisión en la predicación y en los escritos
aniversario de los Cone. de Constantinopla y
apostólicos, mientras que el testimonio de los
Éftso, 25-III-1981, nO 7).
apóstoles asegura su expresión humana en la
3027 Al Espíritu de Cristo, como a princi- Iglesia y en la historia de la humanidad (JUAN
pio invisible, cabe atribuir que todos los PABLO II, Enc. Dominum et vivifieantem,
miembros del Cuerpo estén unidos tanto en- n.5).

1. Al mismo tiempo dird a los que estén a su izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego del in-
fierno preparado para el diablo y sus dngeles... (Mt25, 41).
Es de fe que existe el infierno, que es eterno y que descienden inmediatamente a él las almas
de los que mueren en pecado mortal (cfr. BENEDICTO XII, Consto Benedietus Deus).
Jesucristo habla de él en el Evangelio al menos quince veces. A propósito del infierno repitió

544
INFIERNO
F RANC ISCO F ERNANDEZ-CARVAjAL

Jesús las palabras de Isaías (66, 24): Su gusano nunca muere (pena de daño) y eL fuego nunca se
apaga (pena de sentido) (Mc9, 44).
La pena de daño es la privación eterna de la contemplación y goce de Dios. Nos es sumamen-
te difícil hacernos cargo de esta pena, en la que consiste propiamente el infierno. Hemos sido
creados para Dios. Y tenemos la prueba de ello en la nostalgia de una infinita felicidad. Mien-
tras estamos aquí abajo nos esforzamos en distraer, ya que no en saciar, esa sed infinita. Es
cierto que hallamos en este mundo destellos de Dios, reflejo de la bondad y belleza divinas.
Nosotros buscamos y amamos en las criaturas la hermosura y el bien. Pero con frecuencia ol-
vidamos que todo bien y hermosura no es más que una participación de Dios.
Incluso se podría intentar afirmar con palabras o con hechos que podemos pasar sin Dios. Pe-
ro en la otra vida se agiganta el deseo del único bien verdadero. Libre de las apariencias, el al-
ma se alza hacia Dios: si Él la acoge, porque ha 9brado rectamente, ha conseguido el cielo; si
la rechaza se encuentra en el infierno. Esa persona sabe que el único sentido del existir es en-
contrar a Dios, pero ya nunca podrá poseerle.
2. En La pena de sentido se dan grados, según dice la Escritura: Cuanto se ha regalado, dadLe otro
tanto de tormentos (Apoc 18, 7). Jesús dijo: Id aL fuego eterno (Mt 25, 41). La Iglesia interpreta las
palabras de Jesús en su sentido propio y entiende un fuego real, aunque de especial naturaleza.
Jesús declaró la eternidad de las penas del infierno. En el juicio dirá a los réprobos: Id, maldi-
tos, aL fuego eterno (Mt 25, 41). Es de fe que las penas del infierno son eternas. Por lo mismo,
hay que rechazar como ajena a la fe católica la doctrina de un perdón final para los demonios
y condenados (CONC. IV DE LETRÁN, Virgilios, Benedicto XII).
3. Sería un error no llevar este tema trascendental a nuestra consideración alguna vez o silen-
ciario en la predicación, en la catequesis o en el apostolado personal.
Dios quiere que nos movamos por amor, pero dada la debilidad humana, consecuencia del
pecado original, ha querido manifestarnos a dónde conduce el pecado, para que tengamos un
motivo más que nos aparte de él: el santo temor.
YeI Concilio Vaticano II nos aconseja que, «dado que ignoramos el día y la hora, es necesario,
como nos amonesta el Señor, que vigilemos asiduamente, para que, al terminar nuestra vida
terrena, merezcamos entrar con Él en el banquete nupcial y ser contados entre los bienaventu-
rados, y no se nos mande, como a siervos malos y perezosos, que vayamos al fuego eterno, a
las tinieblas exteriores, donde habrá llanto y rechinar de dientes» (Const. Lumen gentium, 48).

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


.:. Apartaos de mí , malditos , al fuego eterno, que fue (eterna) que tener dos manos e ir al infierno, en donde
destinado para el diablo y sus ángeles. Mt 25, 41 . el gusano que les roe nunca muere, y el fuego nunca se
.:. Murió también el rico y fue sepu ltado en el infie rno apaga. Me 9, 42-43 .
[... ]: me abraso en estas llamas. Le 16, 22-24. .:. Los que no obedecen al Evangelio sufrirán la pena de
.:. Si tu mano (si tu ojo ... si tu pie) te es ocasión de es- una eterna condenación. 2 Tes 1, 8-9 .
cándalo, córtala; más te vale el entrar manco en la vida .:. Mas en orden a los cobardes, incrédulos, homicidas,

545
ll'lFlERNO
A NTOLOGíA D E Tlx ros

deshonestos .. ., su suerte será en el lago que arde con .:. Cuanto se envaneció y entregó al lujo, dadle otro tan-
fuego y azufre: que es la muerte segunda. Apoc 21, 8 . to de tormento y duelo [.. .j. Apoc 18,7.
.;. Y al salir verán los cadáveres de los que se rebelaron .:. Dadle según lo que ella dio, y dadle el doble de sus
contra mí, cuyo gusano nunca morirá y cuyo fuego no obras; en la copa en que ella mezcló, mezclad le el do-
se apagará, que serán objeto de horror para toda carne. ble. Apoc 18,6.
Js 66,24.
.:. Irán al suplicio eterno, y los justos a la vida eterna. Mt
.;. Los hombres buscarán en aquellos días la muerte y no 25,46.
la hallarán, y desearán morir y la muerte huirá de
ellos. Apoc 9, 6. .:. .. . Los abandonaré y esconderé de ellos mi tostro, y los
devorarán y vendrán sobre ellos muchos males y aflic-
.;. Mientras que los hijos del reino serán arrojados a las ciones. Dt31, 17.
tinieblas exteriores, donde habrá llanto y crujir de
dientes. Mt8, 12. .;. Tierra de negrura y desorden, en la que la claridad es
como la oscuridad . Job 10, 22 .
.:. Si alguno adora la bestia y su imagen y recibe su mar-
ca en la frente o en la mano, este beberá el vino del fu- .:. Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la
ror de Dios, que ha sido derramado sin mezcla en la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición;
copa de su ira. Apoc 14,9. muchos son los que por ella entran. Mt 7 , 13 .
.;. Los poderosos serán poderosamente atormentados . .:. Como la sequedad y el calor funden la nieve, así arre-
Sab6,6. bata a los malvados el seo!. Job 24, 19.

SELECCIÓN DE TEXTOS
Eternidad 3031 Sobre todo, considera la eternidad de
y enormidad de las penas las penas, pues ella sola basta para hacer el in-
fierno insoportable. Si la picadura de una pul-
3028 Se hizo digno de pena eterna el hom-
ga en una oreja o el ardor de una ligera calen-
bre que aniquiló en sí el bien que pudo ser
eterno (SAN AGUSTÍN, La Ciudad de Dios, 11). tura es suficiente para que juzguemos
larguísimo e insufrible el corto espacio de una
3029 Y no se extinguirá la muerte, sino noche, ¡qué espantosa será la noche de la eter-
que será muerte sempiterna, yel alma no po- nidad con tantos tormentos! (SAN FRANCISCO
drá vivir sin Dios, ni librarse de los dolores DESALES, Introd. a la vida devota, 1, 15).
muriendo (SAN AGUSTÍN, Ibídem 21, 3).
3032 De manera que los que quisieren pasar
3030 Los malvados maldecirán eterna-
mente el día en que recibieron el santo bau- de aquí a vosotros, no pueden, ni de allí pasar
tismo, los pastores que los instruyeron, los aquí. En esto hay un argumento contra los he-
Sacramentos que se les fueron administrados. rejes, que dicen que habrán de tener término
¡Ay! ¿qué digo?, este confesonario, este co- las penas, y que llegará día en que los pecado-
mulgatorio, estas sagradas fuentes, este púlpi- res podrán unirse con los justos y con Dios
to, este altar, esa cruz, ese Evangelio o, para (TEÓFlLO, en CatenaAurea, VI, p. 254).
que lo entendáis mejor, todo lo que ha sido
objeto de su fe, será objeto de sus imprecacio- 3033 A los mártires les parecía frío el fue-
nes, de sus maldiciones, de sus blasfemias y go de los verdugos, porque tenían ante los
de su desesperación eterna (SANTO CURA DE ojos el huir de aquel que es eterno y nunca se
ARs, Sobre el misterio) . extinguirá (Martirio de S. Policarpo, 10).

546
INF1ERN()
F RANCISCO FERNÁN D EZ-CARVA)AL

3034 Estando un día en oración, me hallé males tan perpetuos y terribles (SANTA TERE-
en un punto toda, sin saber cómo, que me SA, Vida, 32, 1-4).
parecía estar metida en el infierno. Entendí
3035 Hay infierno. -Una afirmación que,
que quería el Señor que viese el lugar que los
para ti, tiene visos de perogrullada-oTe la voy
demonios allá me tenían aparejado, y yo me- a repetir: ¡hay infierno! Hazme tú eco, opor-
recido por mis pecados. Ello fue en brevísimo tunamente, al oído de aquel compañero ... y
espacio; mas, aunque yo viviese muchos de aquel otro (SAN JOSEMAIÚA ESCRIvA, Ca-
años, me parece imposible olvidárseme [... J, mino, n. 749).
sentí un fuego en el alma, que yo no puedo
entender cómo poder decir de la manera que 3036 Todas estas cosas se dicen para que
es. Los dolores corporales tan insoportables, nadie pueda excusarse basado en su ignoran-
que, con haberlos pasado en esta vida gravísi- cia, que únicamente cabría si se hubiera ha-
mos, y según dicen los médicos, los mayores blado con ambigüedad sobre el suplicio eter-
que se pueden acá pasar (porque fue encogér- no (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. sobre los
seme todos los nervios cuando me tullí, sin Evang.).
otros muchos de muchas maneras que he te- 3037 Me amenazas con un fuego que solo
nido, y aun algunos, como he dicho, causa- abrasa una hora y se extingue pronto; porque
dos del demonio), no es todo nada en com- tú no conoces el fuego del juicio futuro y del
paración con lo que allí sentí, y ver que eterno castigo que espera a los ateos (Martirio
habían de ser sin fin y sin jamás cesar. Esto de San Policarpo, 10).
no es nada, pues nada en comparación del
agonizar del alma, un apretamiento, un aho- Pena de daño
gamiento, una aflicción tan sensible y con 3038 Esa pena será inmensa en primer lu-
tan desesperado y afligido descontento, que gar por la separación de Dios y de los buenos
yo no sé cómo encarecerlo. Porque decir que todos. En esto consiste la pena de daño, en la
es un estarse siempre arrancando el alma, es separación, y es mayor que la pena de senti-
poco; porque aun parece que otro os acaba la do. Arrojad al siervo inútil a las tinieblas exte-
vida, mas aquí el alma misma es la que se des- riores (Mt 25, 30). En la vida actual, los ma-
pedaza. El caso es que yo no sé cómo encarez- los tienen tinieblas por dentro, las del
ca aquel fuego interior, y aquel desespera- pecado, pero en la futura las tendrán también
miento sobre tan gravísimos tormentos y por fuera.
dolores. No veía yo quién me los daba, mas Será inmensa, en segundo lugar, por los re-
sentíame quemar y desmenuzar a lo que me mordimientos de su conciencia [... ]. Sin em-
parece, y digo que aquel fuego y desespera- bargo, tal arrepentimiento y lamentaciones
ción interior es lo peor [... ]; fue una de las serán inútiles, pues provendrán no del odio
mayores mercedes que el Señor me ha hecho, de la maldad, sino del dolor del castigo.
porque me ha aprovechado muy mucho, así En tercer lugar, por la enormidad de la pena
para perder el miedo a las tribulaciones y sensible, la del fuego del infierno, que ator-
contradicciones de esta vida, como para es- mentará alma y cuerpo. Es este tormento del
forzarme a padecerlas y a dar gracias al Señor, fuego el más atroz, al decir de los santos. Se
que me libró, a lo que ahora me parece, de encontrarán como quien se está muriendo

547
INFIERNO
ANTOLOGfA DE TEXTOS

siempre y nunca muere ni ha de morir; por eso sido Él mismo muerto en la Cruz para que,
se le llama a esta situación muerte eterna, por- después de todo esto, penséis que os es lícito
que, como el moribundo se halla en e! filo de blasfemar y reír, y caminar sin temor, despo-
la agonía, así estarán los condenados [... ]. sarse con todas las disoluciones? Oh, no. De-
En cuarto lugar, por no tener esperanza alguna sengañaos, e! amor no es un juego, no se es
de salvación. Si se les diera alguna esperanza de amado impunemente por un Dios, no se
verse libres de sus tormentos, su pena se miti- es amado impunemente hasta la muerte. No
garía; pero perdida aquella por completo, su es la Justicia la que carece de misericordia, es
estado se torna insoportable (SANTO ToMAs, e! Amor quien os condena. El amor -lo he-
Sobre el Credo, 12,1. c., p. 113). mos experimentado en demasía- es la vida o
3039 Además de todos estos tormentos, la muerte; y si se trata de! amor de Dios, es la
hay otro todavía mayor, que es la privación y vida eterna o la muerte eterna (LACORDAIRE,
pérdida de la gloria de Dios, de la cual los Conferencias de Nuestra Señora, 72).
condenados están excluidos para siempre. Si
Absalón juzgó que e! estar privado de ver e! Pena de sentido
amable rostro de su padre David era más pe-
3042 Los condenados están en e! abismo
noso que su destierro, ¿cuál será, Dios mío, la
infernal como dentro de una ciudad mala-
pena de estar para siempre privado de ver
venturada, en la cual sufren indecibles tor-
vuestro dulce y suave rostro? (SAN FRANCIS-
co DE SALES, Introd. a la vida devota, 1, 15). mentos en todos los sentidos y miembros;
porque como emplearon en e! pecado todos
3040 La pena de! infierno es insufrible, es sus miembros y sentidos, sufrirán en todos
verdad; pero si alguno fuera capaz de imagi- ellos las penas correspondientes al pecado.
nar diez mil infiernos, nada sería e! sufri- Los ojos, por sus licenciosas e ilícitas miradas,
miento en comparación de la pena que pro- sufrirán la horrible visión de los demonios y
duce e! haber perdido e! cielo y ser rechazado
de! infierno; los oídos, por haberse deleitado
/ por Cristo (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. so-
con discursos malos, jamás oirán otra cosa
bre S. Mateo, 28).
que llantos, lamentos y desesperaciones, y así
3041 Si fuese solo la Justicia la que ha ca- de los restantes (SAN FRANCISCO DE SALES,
vado e! abismo, aún tendría remedio, pero es Introd. a la vida devota, 1, 15).
e! Amor quien lo ha cavado; esto es lo que
quita toda esperanza. Cuando se es condena- 3043 Entre aquellos que irán al infierno
do por la Justicia, se puede recurrir al Amor; habrá diferencias de tormentos: [... ] quien se
pero cuando se es condenado por e! Amor, ¿a condena [... ] queda hecho hijo de! infierno
quién recurrir? ¡Tal es la suerte de los conde- por cada una de las especies de pecados que
nados! El Amor que ha dado por ellos toda su comete, de manera que así como e! justo ten-
sangre, es e! mismo Amor que les maldice. drá aumento de gloria según sus méritos, así
¡Cómo! ¿Habría venido un Dios aquí abajo e! pecador tendrá una pena en e! infierno
por vosotros, habría tomado vuestra natura- proporcionada, según e! número de sus peca-
leza, hablado vuestra lengua, curado vuestras dos (ORíGENES, en Catena Aurea, vol. I1I, pp.
heridas, resucitado vuestros muertos; habría 117-118).

548
INFIERNO - INSTRUMENTOS DE DIOS
F RANC ISCO F ERNÁN DEZ-CARVAjAL

3044 Se nos dice que en aquel lugar habrá cuerpos cuatro taras corttrarias a las dotes de
llanto y crujir de dientes; de suerte que allí los cuerpos gloriosos. Serán oscuros: Sus ros-
rechinarán los dientes de los que, mientras tros, caras chamuscadas Us 13, 8). Pasibles, si
estuvieron en este mundo, se gozaban en su bien nunca llegarán a descomponerse, puesto
voracidad; llorarán allí los ojos de aquellos que constantemente arderán en el fuego pero
que en este mundo se recrearon con la vista jamás se consumirán: Su gusano no morirá, y
de cosas ilicitas; de modo que cada uno de los su foego no se extinguirá Us 66, 24). Pesados y
miembros que en este mundo sirvió para la torpes, porque el alma estará allí como enca-
satisfacción de algún vicio, sufrirá en la otra denada: Para aprisionar con grillos a sus reyes
vida un suplicio especial (SAN GREGORIO (Sal 149, 8). Finalmente, serán en cierto mo-
MAGNO, Hom. 38 sobre los Evang.). do carnales, tanto en alma como el cuerpo: Se
corrompieron los asnos en su propio estiércol
Los cuerpos de los condenados
(lo el 1, 17) (SANTO ToMAs, Sobre el Credo,
3045 El castigo eterno producirá en los 11,1. c., p. 109).

INSTRUMENTOS DE DIOS

1. Viendo los príncipes de los sacerdotes y los escribas las maravillas que hacía ya los niños que gri-
taban en el templo y decían: Hossana al hijo de David, se indignaron y le dijeron: ¿ Oyes lo que es-
tos dicen? Respondió jesús: Sí. ¿No habéis leído nunca: «de la boca de los pequeños y de los niños de
pecho has hecho brotar la alabanza»? (Mt21, 15-16).
Dios Padre escoge a los niños para elogiar la grandeza del Mesías. En todo el Evangelio en-
contramos con frecuencia este mismo pensamiento: se elige lo pequeño para confundir lo
grande. Abre la boca de los que saben menos, y cierra la de los que parecían sabios.
El Señor utiliza lo poco como instrumento de cosas grandes. Todos los hombres, que somos
poca cosa, podemos ser instrumentos del Señor para manifestar su gloria al mundo.

2. En todo instrumento existe una doble virtualidad: la instrumental, que le es comunicada de


modo transitorio, y la propia del instrumento en cuanto tal, que depende de su propia natura-
leza y cualidades. Y en las obras producidas por un instrumento cabe distinguir: la moción de
un agente principal (que utiliza el instrumento) y la acción derivada de su naturaleza propia.
El Señor, que podría no haber asociado al hombre a su obra redentora, ha querido hacerle co-
rredentor con Él. «El Espíritu Santo se sirve del hombre como de cierto instrumento» (SANTO
ToMAs, 2-2, q. 177, a. 1); pero como el hombre únicamente puede realizar obras proporcio-
nadas a su naturaleza, «el don de la gracia lo eleva para cosas que están por encima de su natu-
raleza» (2-2, q. 17 1, a. 2), y sus acciones cobran entonces una eficacia divina, desproporciona-
da a sus fuerzas. Como la herramienta, que de sí misma sería incapaz de producir nada y en

549
INSTRUMENTOS DE DIOS
ANTOLOGfA DE TEXTOS

manos de un buen profesional puede llegar a realizar una obra maestra. Así hace Dios con los
hombres.
3. Para ser un buen instrumento en manos de Dios, es necesario, además, la propia eficiencia
(que Dios no ha querido dejar de utilizar, como no dejó los pocos panes disponibles para dar
luego de comer a más de cinco mil hombres), la docilidad de la voluntad humana a la volun-
tad divina. El hombre, en las cosas de Dios, ha de poner todo lo que esté de su parte, los me-
dios humanos, junto a la humildad de saber que aquellos frutos son debidos a la gracia de
Dios en él. «¿Se levanta acaso un monumento a los pinceles de un gran pintor? Sirvieron para
plasmar obras maestras, pero el mérito es del artista. Nosotros -los cristianos- somos solo ins-
trumentos del Creador del mundo, del Redentor de todos los hombres» (SAN JOSEMAlÚA Es-
CRIVÁ, Es Cristo que pasa, 1).
Estas gracias «se conceden al hombre por encima de sus facultades personales y del mérito
personal» (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 1-2, q. 11, a. 1). Y Dios retiraría estas gracias si
fueran ocasión de perdición para el instrumento que las recibe, como es el caso en que le fue-
ran ocasión de soberbia.
El hombre se capacita para grandes obras cuando es humilde y cuida con esmero su trato con
Dios, la oración.

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


.:. Victoria de Gedeón y los trescientos escogidos, fue 7, .:. Como el barro en manos del alfarero, que le señala el
1-7. destino según su juicio, así son los hombres en manos
.:. David y Goliat. 1 Sam 17, 3l. del Hacedor, que hace de ellos según su voluntad. Eelo
33, 13-14.
.:. La borriquilla de Balaám; Num 22,21-34.
.:. ¿Debería acaso estar agradecido al siervo porque hizo
.;. Considerad si no, hermanos, vuestra vocación: no hay
lo que se le había ordenado? Le 17, 9-10.
muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos,
ni muchos nobles; mas Dios eligió lo necio del mundo .:. Que nos tengan los hombres por ministros de Cristo y
para confundir a los sabios, lo débil para confundir a dispensadores de los misterios de Dios. 1 Cor4, 1-2.
los fuertes, lo vil, lo despreciable, lo que es nada, para .:. Cada uno permanezca en la condición que Dios le ha
anular lo que es; para que nadie se gloríe delante de asignado, en la que tenía cuando fue llamado. Así lo
Dios. Por él vosotros estáis en Cristo Jesús, quien de dispongo en todas las Iglesias. 1 Cor 7, 17.
parte de Dios se ha hecho para nosotros sabiduría, jus- .:. Porque si predico el Evangelio, no tengo de qué glo-
ticia, santificación y redención, para que, como está riarme; es que tengo obligación. Pues ¡ay de mí si no
escrito, el que se gloríe, que se gloríe en el Señor. 1 Cor 1, evangelizare! Si hiciera esto por propia voluntad, me-
26-3l. recería recompensa; pero si lo hago por mandato,
.;. Poderoso es Dios para hacer que nazcan de las mismas cumplo con un cargo que se me ha confiado. 1 Cor9,
piedras hijos de Abraharn. Mt 3, 9. 16-17.

550
INSTRUi\ fENTOS DE mos
F RANCI SCO F ERNÁND EZ- CARVAjAL

SELECCIÓ N DE TE X TOS

Dios suele escoger idóneos para desempeñar la misión para la


«instrumentos desproporcionados » que fueron elegidos (SANTO TOMÁs, Suma
para que colaboren con Él Teológica, 3, q. 27, a. 4 c).
3046 Te reconoces miserable. Y lo eres. -A 3051 Nosotros somos simples braceros,
pesar de todo -más aún: por eso- te buscó porque Dios es quien siembra (SAN AGUST[N,
Dios. -Siempre emplea instrumentos despro- Sermón 73, 3).
porcionados: para que se vea que la «obra» es
suya. -A ti solo te pide docilidad (SAN JOSE- 3052 Les invita a la fe con la parábola del
MARÍA ESCRIvÁ, Camino, n . 475).
grano de mostaza; y les hace ver que, de to-
dos modos, se propagará la predicación del
3047 Mas la providencia de Dios, que Evangelio. Es necesaria la fe para comprender
quiere que los hombres se salven y vengan al co- esto. Los más pequeños, los más débiles entre
nocimiento de la verdad (I Tim 2,4), permite los hombres, eran los discípulos del Señor;
en ocasiones, por su magnífica liberalidad,
pero como había en ellos una eficacia divina
que incluso quien no se ha hecho digno de
grandiosa, esa fuerza se desplegó y se di-
predicar el Evangelio por una vida irrepro-
fundió por todo el mundo. Con esto quiso
chable, obtenga la gracia de la ciencia espiri-
dar el Señor una prueba de su grandeza (SAN
tual para la salvación de muchos (CASIANO,
JUAN CRIS6STOMO, Hom. sobre S. Mateo, 46) .
Colaciones, 14, 19).
304 8 El sacerdote presta (a Cristo) su len- Dios es quien actúa a través
gua y le ofrece sus manos (SAN JUAN CRIS6S- de su s instrumentos
TOMO, Hom. Evang. S. Juan, 86,4).
3053 Pecadores e ignorantes son enviados
304 9 Con frecuencia, escoge para esto a a predicar, para que se comprenda que la fe
personas aparentemente inadecuadas, pero de los creyentes está en la virtud de Dios, no
eleva de tal modo sus cualidades personales en la elocuencia ni en la doctrina (SAN BEDA,
que las hace capaces de realizar acciones abso- en CatenaAurea, vol. IV, p . 31) .
lutamente superiores a sus posibilidades. Y
3054 Nosotros os hablamos desde el exte-
esto lo hace no tanto para confundir la sabi-
duría de los sabios, como para poner de relie- rior, pero es él quien edifica desde dentro
ve su obra, que no necesita apoyos humanos, [... ] . Es él quien edifica, quien amonesta,
y para indicar más claramente a los hombres quien amedrenta, quien abre el entendimien-
cuál es la dignidad a que los eleva su gracia y to, quien os conduce a la fe; aunque nosotros
a qué grandeza puede y quiere conducirles cooperamos también con nuestro esfuerzo
bajo su guía (JUAN PABLO I1, Carta Apost. (SAN AGUST[N, ComentoSalmo 126, 2).
Amantissima Providentia, 14-VI-1980). 3055 Todos los que reciben el bautismo de
manos de un borracho, de un homicida, de
El Señor da las gracias necesarias
un adúltero, si el bautismo es de Cristo, por
3050 A los que Dios elige para una misión Cristo son bautizados (SAN AGUSTíN, Trat.
los prepara y dispone de suerte que resulten Evang. S. Juan 5, 18).

551
INSTRUMENTOS DE DIOS - IRA
ANTO LOGlA DE TEXTOS

3056 Hay que insistir en que los hombres que no es lo que ellos piensan ni se adjudica
no son más que instrumentos, de los que el honor que erróneamente le atribuyen.
Dios se sirve para la salvación de las almas, y Si hubiera dicho: «Soy Cristo», con cuánta
hay que procurar que estos instrumentos se facilidad le hubieran creído, ya que lo pensa-
encuentren en buen estado para que Dios ban de él sin haberlo dicho. No lo dijo: reco-
pueda utilizarlos (SAN Pío X, Haerent animo, noció lo que era, hizo ver la diferencia entre
4-VIII-1908). Cristo y él, Yse humilló.
3057 El Espíritu Santo se sirve de la pala- Vio dónde estaba la salvación, comprendió
bra del hombre como de un instrumento. Pe- que él era solo una antorcha y temió ser apa-
ro es Él el que interiormente perfecciona la gado por el viento de la soberbia (SAN AGUS-
obra (SANTO ToMAs, Suma Teológica, 2-2, q. TíN, Sermón 293,3).
177, a. 1 c).
3060 Ya puedes desechar esos pensamien-
3058 Si contamos exclusivamente con tos de orgullo: eres lo que el pincel en manos
nuestras propias fuerzas, no lograremos nada del artista. -y nada más. -Dime para qué sir-
en el terreno sobrenatural; siendo instrumen- ve un pincel, si no deja hacer al pintor (SAN
tos de Dios, conseguiremos todo: todo lo pue-
JOSEMAlÚA ESCRIVÁ, Camino, n. 612).
do en aquel que me conforta (Fil4, 3). Dios,
por su infinita bondad, ha dispuesto utilizar 3061 Rechaza las alabanzas que te hagan
estos instrumentos ineptos (SAN JOSEMAIÚA por el éxito obtenido, porque no se deben a
ESCRIVÁ, Es Cristo que pasa, 120). un vil instrumento como tú, sino a Él, que, si
así lo quiere, puede servirse de una vara para
La gloria para Dios. Humildad hacer brotar el agua de una roca, o de un po-
del instrumento co de tierra para devolver la vista a los ciegos
3059 Imitad el ejemplo de humildad del [...] O. PECC! -León XIII-, Práctica de la hu-
Bautista. Lo toman por Cristo, pero él dice mildad, 45).

1. La ira es justa y santa cuando se guardan los derechos de otros, de modo especial la soberanía
y la santidad de Dios. Así nos lo muestra con frecuencia la Sagrada Escritura. Es el caso de Da-
vid (2 Sam 12, 5), de Nehemías (Neh 5, 6), de Moisés (Ex 16, 20), de Elías (2 Rey 13, 19), etc.
En ocasiones, también vemos al Señor santamente airado frente a los fariseos y no prescinde
de la violencia física para arrojar a los mercaderes del templo (In 2, 13-17) .
Otra es la actitud del injustamente airado. La ira es un pecado capital del que se derivan otros
muchos pecados, especialmente contra la caridad y la justicia. Este pecado tiene sus grados,
que van desde la impaciencia y el mal humor hasta el furor y el odio, pasando por la irritación
y la violencia.

552
lRA
FRANCISCO F ERNÁNDEz-CARVAjAL

La Sagrada Escritura nos dice que la ira lleva a la injusticia (Prov 14, 17; 29, 22) Y acarrea des-
gracia: mina la salud, impide la misericordia divina y atrae el juicio de Dios (Prov 27, 4; Eclo
28,3-5; 30, 24) . El sabio es longánime; el iracundo, un necio (Prov 14, 29; 15, 18; 16,32;
14,17.29).
El Señor nos previene del arbitrario enojo contra los hombres, pues ello equivale al homicidio
(Mt 5, 22), Y la ira conduce a dichos y hechos que no pueden ser justos delante de Dios.
San Pablo nos enseña que la ira produce un daño grave (Col3, 8; Ef4, 31); la caridad no se
irrita (I Cor 13, 5). El colérico atenta contra los derechos de Dios (Rom 12, 19), da lugar al
diablo, porque el pecado acecha a las puertas del iracundo (Ef 4, 26 s). A la ira sigue el juicio
de Dios (Col3, 8; Apoc 11 , 18). Por eso, el cristiano no ha de irritarse ni provocar a otros a ira
(Ef6, 4). El que está cerca de Dios ha de dominar esta pasión (I Tim 2,8; Tit 1, 7) .
2. La ira está estrechamente relacionada con la soberbia.
Las dificultades son siempre para el soberbio un mal, porque ante ellas se siente postergado.
La soberbia responde entonces mediante la ira, que surge cuando se pretende rechazar a un
agresor injusto con procedimientos desproporcionados, o bien cuando se reacciona airada-
mente sin tener que rechazar a ningún agresor. Para que la reacción sea proporcionada debe
ser justa por el objeto, moderada en cuanto al ejercicio y caritativa en la intención.
La ira, según S. Gregorio Magno (Moralia, 4), es un gran obstáculo para el adelantamiento es-
piritual porque hace perder la prudencia, la amabilidad, el espíritu de justicia y el recogimien-
to interior.

3. Para poner remedio a este pecado capital, origen de otros muchos, es necesario: reflexionar
antes de obrar; despertar la afabilidad y la serenidad rechazando el fanatismo o cualquier forma
de apasionamiento desordenado, sin dialogar con él; olvidar las injurias; rechazar sospechas, ce-
lotipias y, en general, toda forma de pesimismo y amargura; y, sobre todo, pedirlo en la oración.
Cuando la ira haya desencadenado el odio se recomienda acudir a la mansedumbre, recordando
el ejemplo de Jesucristo que llamó «amigo» a Judas y nos enseñó a pedir a Dios que nos perdone
«así como nosotros perdonamos a nuestros deudores». Al luchar contra la ira aumenta la virtud
de la paciencia, mediante la que afrontamos con fortaleza las dificultades.

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


.;. El que se venga será víctima de la venganza del Señor, hombre pecador siembra la turbación entre amigos y
que le pedirá exacta cuenta de sus pecados. Eclo 28, 1. en medio de los que en paz están arroja la calumnia.
.:. ¿G uarda el hombre rencor contra el hombre, e irá a
Eclo 28, 10-11 .
pedir al Señor curación? ¿No tiene misericordia de su .;. A tenor del combustible se enciende y se alimenta el
semejante, y va a suplicar por sus pecados? Siendo car- fuego , y según el poder del hombre así es su ira; según
ne, guarda rencor. ¿Quién va a tener piedad de sus de- su riqueza crece su cólera, y se enciende según la vio-
lencia de la disputa. Pendencia súbita alumbra el fue-
litos? Acuérdate de tus postrimerías y no tengas odio.
go, y riña apresurada hace correr la sangre. Si soplas
Eclo 28, 3-6.
sobre brasas, las enciendes, y si escupes sobre ellas, las
.:. Aléjate de contiendas y aminorarás los pecados. Por- apagas; y ambas cosas proceden de tu boca. Eclo 28,
que el hombre iracundo enciende las contiendas. El 12- 14.

553
IR<\
A NTOLOG fA DE T EXTOS

-:. Toda amargura, ira y enojo y gritería [... ] destiérrese -:. Si al tiempo de presentar tu ofrenda en el altar te
de vosotros. E14 , 3 1. acuerdas que tu hermano tiene alguna queja contra ti,
deja allí mismo tu ofrenda [... ] y ve primero a reconci-
.;. Sea rodo hombre refrenado en la ira, porque la ira del liarte con tu hermano. Mt 5,23-24.
hombre no se compadece con la justicia de Dios. Sant
1, 19-20. .;. Si alguno dice; Yo amo a Dios, al paso que odia a su
hermano, es un mentiroso. 1 Jn4 , 20 .
.;. Si os enojáis no queráis pecar, no sea que se os ponga
.;. Con doblez esconde su rencor, pero su mali cia se des-
el sol estando airados. E14, 26.
cubrirá ante los demás. Prov 26, 26. .
.;. El que aborrece a su hermano en tinieb las está y en ti- .;. Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y
niebl as anda, porque las tinieblas le han cegado los anda a oscuras sin saber adónde va, porque las tinie-
ojos. 1 J112 , 11 . blas han cegado sus ojos. 1 Jn 2, 11 .
.;. Quienquiera que tome ojeriza contra su hermano, .;. No odies en tu corazón a tu hermano, pero repréndele
merecerá que el juez le condene. Mt 5, 22. para no cegarte tú por él con un pecado. Lev 19, 17.

SELECCIÓN DE TEXTOS
La ira y el odio perversión intrínseca (cfr. 1 Jn 3, 15), Y no
dejarse contaminar por él, para librarse con
3062 La ira es un movimiento que impul-
vigor de su espiral y no dejarse engañar por
sa a venganza de las injurias recibidas (SANTO
sus sugestiones . Sed, en cambio, apóstoles
ToMAs, Sobre los mandamientos, 1. c., p. 264).
perspicaces y generosos del amor (JUAN PA-
3063 En comparación del odio, la ira no BLO II, Aloe. 23-1I1-1980).
es más que una mota de paja, pero si la fo-
mentas llegará a viga. Si la desarraigas y la La ira deja sin luz el corazón
arrojas no es nada (SAN AGUSTfN, Sermón
3066 Quien lleva en sus ojos la viga de la
211 De .fraterna concordia).
indignación, ¿podrá observar serenamente la
3064 Hay que guardarse de que la ira pase paja del ojo de su hermano? (CASIANO, Insti-
al corazón, cosa que ocurre cuando se trans- tuciones, 8, 5).
forma en odio. La diferencia entre la ira y el
3067 Sea cual fuere la causa de esa eferves-
odio reside en que la primera es repentina y el
cencia que radica en la cólera, la verdad es
segundo es sostenido (SANTO ToMAs, Sobre
que ciega los ojos del corazón .(CASIANO, Ins-
los mandamientos, 1. c., p. 265).
tituciones, 8, 6).
Violencia y odio 3068 No olvidemos que cuando estamos
irritados perdemos por completo la libertad de
3065 La violencia que está destruyendo el
ponernos en oración y ofrecer nuestras plega-
tejido social de la nación italiana no es casual:
rias al Señor (CASIANO, Instituciones, 8, 22) .
parte de un programa preciso, nace del espíri-
tu del odio. Aquí está la matriz de la violen-
Consecuencias de la ira
cia; solo aquí. Es necesario no dejarse enga-
ñar por otras motivaciones. He aquí por qué 3069 (La ira) normalme~te provoca la in-
es muy necesario, por parte de los cristianos, juria (SANTO ToMAs, Suma Teológica, 2-2, q.
saber discernir este espíritu, comprender su 72, a. 4).

554
IRA
F RANCISCO F ERNÁND Ez-CARVAj AL

3070 Tu mal carácter, tus exabruptos, tus 3075 Si uno se encoleriza cuando debe, en
modales poco amables, tus actitudes carentes la medida que debe, por lo que debe encoleri-
de afabilidad, tu rigidez (¡tan poco cristiana!), zarse, etc., es entonces la ira un acto de virtud
son la causa de que te encuentres solo, en la (SANTO ToMAS, Sobre los mandamientos, 1. c.,
soledad del egoísta, del amargado, del eterno p.263).
descontento, del resentido, y son también la
causa de que a tu alrededor, en vez de amor, La virtud de la paciencia
haya indiferencia, frialdad, resentimiento y ver nn. 3967-4004.
desconfianza.
Es necesario que con tu buen carácter, con tu Remedios contra la ira
comprensión y tu afabilidad, con la manse- 3076 Así como es excelente remedio con-
dumbre de Cristo amalgamada a tu vida, seas tra la mentira desdecirse al instante que se ad-
feliz y hagas felices a todos los que te rodean, a vierte haberla dicho, también es remedio efi-
todos los que te encuentren en el camino de la caz contra la ira repararla prontamente con
vida (S. CANALS, Ascética meditada, pp. 72-73). su acto contrario, que es el de mansedumbre;
3071 Cuando somos zarandeados por la que las llagas, como se suele decir, se curan
ira estamos faltos de lucidez en el juicio, de la con más facilidad cuando están recién hechas
imparcialidad en el discernimiento, de la jus- (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida
ta medida indispensable para dirimir las dife- devota, I1I, 8).
rencias (CASlANO, Instituciones, 8, 1). 3077 Calla siempre cuando sientas dentro
3072 En toda nuestra actuación hemos de de ti el bullir de la indignación. -y esto, aun-
practicar dos virtudes, la justicia y la miseri- que estés justísimamente airado.
cordia. Pues bien, la ira cierra el camino a las -Porque, a pesar de tu discreción, en esos ins-
dos (SANTO TOMAS, Sobre los mandamientos, tantes siempre dices más de lo que quisieras
1. c., p. 266). (SAN JOSEMARfA ESCRIvÁ, Camino, n. 656).

3073 A veces, la tristeza no es más que 3078 La indignación debe mantenerse en


una consecuencia de la ira (CASlANO, Institu- secreto [... ]. Porque es de tal naturaleza que,
ciones, 9, 4). diferida, languidece y muere; manifestada, se
enciende más y más (CASIANO, Colaciones,
Existe una ira justa y virtuosa 16,27) .
3074 Quien se enfurece con causa no es 3079 A tu paso debes dejar el buen aroma
culpable; porque si la ira no existiese, ni apro- de Cristo -bonus odor Christi-: tu sonrisa ha-
vecharía la doctrina ni los tribunales estarían bitual, tu calma serena, tu buen humor y tu
constituidos, ni los crímenes se castigarían. alegría, tu caridad y tu comprensión. Debes
Así, quien no se enfurece, cuando hay causa asemejarte a Jesús que pertransiit benefocien-
para ello, peca: la paciencia imprudente fo- do, que pasó haciendo el bien.
menta los vicios, aumenta la negligencia e in- Quienes no conocen la mansedumbre de
vita a obrar el mal, no solo a los malos sino Cristo dejan tras de sí una polvareda de des-
también a los buenos (SAN AGUSTfN, Sobre la conrento, una estela de animosidad y de do-
Czudad de Dios, 105). lorosas amarguras; una secuela de heridas sin

555
IRA
AATOLOGfA DE Tfxros

cicatrizar; un coro de lamentos y una canti- 3082 Al despachar a sus hermanos de


dad de corazones cerrados, por un tiempo Egipto, el santo y famoso patriarca José, para
más o menos largo, a la acción de la gracia y que se restituyesen a la casa de su padre, solo
la confianza en la bondad de los hombres (S. les hizo este encargo: No os enojéis por el cami-
CANALS, Ascética meditada, p. 73). no. y pues esta miserable vida es camino de la
3080 Cómo el hombre encolerizado jamás bienaventurada, lo mismo te digo: no nos
tiene por injusto su enojo, alimenta su ira enojemos en el camino unos contra otros; ca-
con muchos falsos juicios. De lo dicho se in- minemos con nuestros hermanos y compañe-
fiere que vale más aprender a no enfadarse ros con dulzura, paz y amor; y te lo digo con
que intentar enfadarse con moderación y toda claridad y sin excepción alguna: no te
prudencia; y por si por imperfección o fla- enojes jamás, si es posible; por ningún pre-
queza nos sorprende la ira, más vale rechazar- texto des en tu corazón entrada al enojo (SAN
la al instante que entrar con ella en capitula- FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota,
ciones, pues, por poco lugar que se le dé, se 111, 8).
apodera de la plaza y hace como la serpiente, 3083 Recuerdo que, cuando vivía yo en el
que donde entra la cabeza fácilmente entra desierto, disponía de una caña para escribir,
todo el cuerpo (SAN FRANCISCO DE SALES, que, a mi parecer, era o demasiado gruesa o
Introd. a la vida devota, 111, 8). demasiado fina; tenía también un cuchillo,
3081 Pero conviene no forjarnos ilusiones. cuyo filo, embotado sobremanera, apenas si
La paz de nuestro espíritu no depende del podía cortar; un sílex cuya chispa no brotaba
buen carácter y benevolencia de los demás. lo bastante prontamente para satisfacer mi
Ese carácter bueno y esa benignidad de nues- afán de leer enseguida; y entonces sentía yo
tros prójimos no están sometidos en modo nacer en mí tales oleadas de indignación, que
alguno a nuestro poder y a nuestro arbitrio. no podía menos de proferir maldiciones, ora
Esto sería absurdo. Sino que la tranquilidad contra estos objetos insensibles, ora contra el
de nuestro corazón depende de nosotros mis- mismo Satanás.
mos. El evitar los efectos ridículos de la ira Ello es una prueba fehaciente de que de poco
debe estar en nosotros y no supeditarlo a la sirve no tener a nadie con quien enojarnos, si
manera de ser de los demás. El poder superar no hemos alcanzado antes la paciencia. Nues-
la cólera no ha de depender de la perfección tra ira se desencadenará incluso contra las co-
ajena, sino de nuestra virtud (CASIANO, Insti- sas inanimadas, a falta de alguien que pueda
tuciones, 8, 17). sufrir el golpe (CASIANO, Instituciones, 8, 17).

556
JESUCRISTO
J
1. Jesucristo es el Camino. Nadie puede ir al Padre sino por Él Un 14, 6), ya que no se nos ha
dado otro nombre bajo el cielo por el que podamos salvarnos (Hech4, 12).
Jesucristo restableció el plan divino de nuestra salvación, destruido por el pecado de Adán. El
amor de Dios hacia nosotros se manifestó enviando al mundo a su Hijo unigénito para que
nosotros vivamos por Él Un 4, 9). En adelante, Cristo será el único Camino para ir al Padre: na-
die viene al Padre sino por mí Un 14, 6). Sin Él no podernos nada Un 15, 5). Toda la preocu-
pación del cristiano ha de consistir en vivir la vida de Cristo, en incorporarse a Él. Porque es la
vid y nosotros los sarmientos; y la vida del sarmiento depende de la unión con la vid, que le
envió la savia vivificante. Separado de ella, se seca y es arrojado al fuego (cfr. Jn 15, 1-6).
Solo por Él, con Él y en Él podremos alcanzar la meta y el ideal querido por Dios (cfr. E/1,
5-6). La Iglesia nos lo recuerda todos los días en uno de los momentos del Santo Sacrificio del
altar: «Por Él, y con Él, yen Él, a Ti Dios Padre Omnipotente en unidad del Espíritu Santo
todo honor y toda gloria .. ,». Únicamente a través de Cristo, su Hijo muy amado, acepta el Pa-
dre nuestro amor y nuestro homenaje.
2. Cristo no solamente es el Camino: es también la Verdad. La verdad absoluta y total. Sabidu-
ría increada, comunicada a su Humanidad santísima, y a través de ella a nosotros.
La vida cristiana se reduce a ser por gracia lo que Jesús es por naturaleza: hijo de Dios. Esta ha
de ser la preocupación fundamental del cristiano: contemplar a Jesús y asim.ilar la actitud de
hijo delante de Su Padre celestial, que es también nuestro Padre. Nos lo ha dicho el mismo
Cristo: Subo a mi Padre ya «vuestro Padre», a mi Dios ya «vuestro Dios» Un 20, 17).
Enseña Santo Tomás que el motivo principal de la Encarnación del Verbo fue la redención del
género humano (cfr. Suma Teológica, 3, q. 1, a. 3) . Pero aparte de esta finalidad fundamental,
la encarnación tuvo también otras finalidades altísimas, entre las que, sin duda ninguna, figu-
ra la de darnos en Cristo un Modelo perfecto de todas las virtudes.
3. Cristo es nuestro Camino y nuestra Verdad; pero, además, es nuestra Vida.
De tres maneras principales puede decirse que Cristo es nuestra Vida: en cuanto que nos me-
reció la gracia, vida sobrenatural del alma; en cuanto que esa vida brota de Él; y en cuanto que
nos la comunica a nosotros.
Todas las gracias sobrenaturales que ha recibido el hombre después del pecado de Adán hasta
la venida de Cristo al mundo se le concedieron únicamente en atención a Él. Y todas las que
recibirá la humanidad hasta la consumación de los siglos brotan del Corazón de Jesús como
de su única fuente y manantial. Toda la gracia que poseemos, la de toda la humanidad caída y
reparada, es gracia de Cristo.

557
JESUCRISTO
A NTOLOGfA DE TEA'TOS

Esa gracia de Cristo se nos comunica a nosotros de muchas maneras; pero el manantial de
donde brota es único: su Humanidad santísima unida personalmente al Verbo.
Jesús es fuente de vida. Su santa humanidad es el instrumento unido a su divinidad que da la
vida sobrenatural.
Para comunicarnos la vida natural, Dios ha querido utilizar instrumentalmente a nuestros pa-
dres. Para comunicarnos su misma vida divina ha utilizado la Humanidad santísima del Se-
ñor: Cristo es nuestra vida. Ha sido constituido, por su Eterno Padre, Cabeza, Pontífice supre-
mo, Mediador universal, Fuente y dispensador de toda gracia.
4. Cristo nos llama a seguirle. Es nuestro Maestro, que nos enseña con su palabra y ejemplo.
Vive en nosotros y nos da luz y fuerza. Es nuestro mejor Amigo, que camina con nosotros a
través de las oscuridades de nuestra vida. Él dice: Quien me sigue no anda en tinieblas, sino que
tendrd la luz de la vida Un 8, 12).
Si seguimos a Cristo, nos preocupamos ante todo por la gloria de Dios, por nuestra eterna sal-
vación y por la de nuestros semejantes. Él nos dice: Buscad primero el reino de Dios y su justi-
cia; todo lo demds se os dard por añadidura (Mt 6,33).
Si seguimos al Señor, debemos pertenecerle por completo. Nadie puede servir a dos señores (Mt 6,
24). Por esto debemos guardar sus mandamientos y esforzarnos en evitar todo pecado, por pe-
queño que sea.
No podemos seguir a Cristo si no estamos dispuestos al sacrificio. Nos dice: El que no lleva la
cruz y no me sigue, no puede ser mi discípulo (Le 14, 27). Pero si le seguimos en su camino de la
cruz, nos promete: Al que venciere le haré sentarse conmigo en mi trono (Apoc 3, 21).

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


l. Nombres .:. Nuestro Señor. Rom 1, 3 .
.:. Cordero de Dios. fn 1, 29-36. .:. Buen Pastor. fll 10, 14 .
.;. Alfa y Omega. Apoe L 8. .:. Padre de fam ilia. Le 13, 25 .
.:. Nuestro abogado. 1 fll 2, 1. .:. Maestro. fl1 20, 16 .
.:. El que ha sido, el que es y el que será. Apoe 1, 8. .:. Resurrección y Vida. fll 11 , 25 .
.:. Cristo Señor. Le 2, 11 . .:. Rey. fIl18, 37; Mt2, 2 .
.;. Emmanuel. Mt 1, 23. .:. Cabeza del cuerpo de la Iglesia. Col 1, 18 .
.:. Hijo de Dios. Le 1, 35. .:. Salvador del mundo. f1l 4, 42 .
.:. Hijo del Altísimo. Le 1, 32. .:. Señor de la gloria. 1 COl' 2, 8 .
.:. Hijo de David. Le 1, 32. .:. Sacerdote Eterno. Heb 5, 6 .
.:. Hijo del hombre. fn 1, 51. .:. Sumo Sacerdote. Heb 3, l .
.:. Jesucristo. Mt 16,20; Rom 1, 3. .:. Cordeto Inmaculado. 1 Pdr l .
.;. El Justo. 1 fl1 2, l . .:. Cordero Inmolado. Apoe 5, 6 .
.:. La Luz. fll 1, 8 . .;. Auror de la vida y de la salud. Heb 2, 10 .
.:. El único Maestro. Mt 23, 8. .:. Consolación de Israel. Le 2, 25 .
.:. Mesías. fn 1, 41. .:. Hijo de Dios vivo. Mt 16, 16; fll 11, 27.

558
.JESU< :IUSTO
F RANCISCO F ERNÁN D EZ-CARVAJAL

.;. Hijo Unigénito del Pad re. JII 1, 14 . .;. Del mismo Judas, llamándole amigo. Mt26 , 49-50 .
.;. G lori a de Israel. Le 2, 32. .;. Pedía perdón por los que le crucificaba n. Le 23, 34 .
.;. Im agen de Dios. 2 Cor4, 4; Col 1, 15. .;. Nos ama como le ama a Él el Padre, y nos pide corres-
.:. Luz del mundo. JII 8, 12. pondencia. J Il 15, 9 .
.;. Mediador. 2 Tim 2, 9. .:. Nos amó has ta el extremo. JI/ 13, l .
.;. Pan de Dios, Pan de vida. JIl 6, 33-35. .:. Hasta darn os la mayor prueba, dando su vida por no-
.:. Pied ra angular. Mt 21,42. sotros. JI1 15, 13 .
.:. Ca mino, Verdad y Vida. JI/ 14, 6. .'. Quiere que nos amemos mutuamente como Él nos ha
amado. JII 13,34.
2. Vida ele unión c on Dios Padre
.:. Llam a amigos a sus discípulos, co mo prueba de amor.
.:. Jesús tiene la vida unida al Padre, por quien vive. JI1 6, JII 15, 15.
58;]11 5, 26-27.
.~. Relaciones ele J esús
.;. Está en el Padre y el Padre en Él; por eso, quien le ve a
Él, ve también al Padre. Jn 14, 9- 10. 20. a) COIl los pobres
.;. H ace siempre lo que es deseo del Padre. JI1 14, 3 1. .:. Nuestro Señor, modelo de pobreza. 2 Cor 8, 9 .
.;. Juzga según oye al Padre, por eso su juicio es justo , .:. La Santísima Virgen reclina al N iño Jesús en un pese-
porque no busca hacer su voluntad, sino la del que le bre. Le 2,7.
envió. JII 5, 30. .:. Huida de la Sagrada Fa milia a Egipto, y su es tancia al lí
.;. Está siempre con el Padre y hace siempre lo que agra- en medio de pri vaciones y pobreza. Mt2, 14-22 .
da al Pad re. JII 8,29 . .:. Pobreza de los Após toles. 1 Cor4 , 11 -13; 9, 12-13; 2
3. Vida ele omción Cor 11 ,27.
.:. Se retiraba de m adru gada a un lu gar solitari o para .:. N uestro Señor y sus Após toles padecen hambre. Mt
orar. Me 1, 35. 12, 1; 21, 19 .
.;. En la soledad hacía sus oraciones. Le 5, 16; 9, 18; 11, .:. No tenía n din ero para paga r los impues tos. Mt 17,
1; Mt26, 36; 14,23. 23-26 .
.:. O ra antes de elegir a los Apóstoles. Le 6 , 12. .;. Bienaventurados los pobres. Mt 5, 3; Sallt 2, 3 .
.;. Elevaba sus afectos a Dios, en todos sus actos más im- .;. Nuestro Seño r se gloría de eva ngelizar a los pobres. Mt
portantes: 11 , 5; Le4 , 18.
- al res ucitar a Lázato. JI/ 11 ,4 1-42.
.;. N ues tro Señor no q uiere la inquiet ud po r el día de
- en la multiplicación de los panes. J1I 6, 11 ; Mt 14,
mañana. M t 6, 25-34.
19.
- al institui r la Eucaristía. Me 14, 23; Le 22, 19. b) COII los ricos
.;. Ora con perseverancia durante la ago nía en el huerto. .:. José N icodemo se entrevista con Jesús. JI/ 3, 1-29 .
Le22 , 40-45. .:. Nicodemo y José de Ari matea se declara n discípulos
". Sentimientos interiores ele J eslÍs de Jesús y ungen su Cuerpo. Mt27, 57-60.
.:. Se anonadó tomando forma de siervo. Flp 2, 7. .:. Los Magos adoran a Jesús. Mt 2, 1-2 .
.:. No vino a ser servido, sino a servir y dar su vida por .:. Fe y humild ad del Centuri ón. Mt8, 5- 13; 7, 1- 10 .
nuestra redención. Mt 20, 28. .:. Lázaro , Marta y María, amigos de Jesús. JII 11 , 11 -44 .
.:. Es modelo de mansedumbre y humildad. Mt 11 , 29. .:. Jesús quiere hospedarse en casa de Zaqueo. Le 19,
.:. Se compadecía de las muchedumbres, viéndolas como 1-10.
ovejas sin pas tor. M t 9, 36; 14, 16; 15,32. .:. Jesús arroj a del Templo por dos veces a los mercaderes
.;. Se co mpadece de los enfermos. Me 1, 4 1. que intentaban enriquecerse. JIl 11 , 14- 17; Mt 11 , 11 .
.:. De la viuda de Naím. Le7, 13. .:. El rico de la parábola se condenó por haber empleado
.:. Al ve r la tristeza de las hermanas de Lázaro. JII 11 , mal sus bienes. Le 16, 19-3 1.
35-36. .:. El primer anatema de Jesús fu e co ntra los malos ri cos.
.:. Se compadece de la ad últera. JII 8, 11 . Le 6, 24-25; Sal/t5, 1-7 .
.:. De la caída de Pedro. Le 22, 61. c) COI1 los afligidos y el/ftrmos
.:. Del buen lad rón. Le 23, 43. .:. Jesús llora sobre Jerusalén. Le 19, 4 1.

55')
JESUCRISTO
ANTOLOGrA DE TEXTOS

.:. Se compadece de las almas que yacen como ovejas sin .:. A los mansos. Mt 5, 4.
pastor. Mt 10,36-38. .:. A los que lloran. Mt5, 5; Le6, 21.
.:. Se compadece de Marta y María, y resucita a Lázaro. .;. A los que tienen hambre y sed de justicia. Mt 5, 6.
Jft 11, 20-37.
.:. A los hambrientos. Le 6, 21.
.:. Se compadece de Jairo, cuya hija acaba de morir. Mt
9,18-26 ; Me5, 22-43; Le8, 41-46. .:. A los misericordiosos. Mt 5,7.
.:. Se compadece de la viuda de Naím, a quien dijo: «No .:. A los limpios de corazón. Mt 5, 8 .
llores más». Le7, 11-17. .:. A los pacíficos. Mt 5, 9 .
.:. Se olvida de sí mismo, y dice a unas piadosas mujeres: -:. A los que sufren persecuciones por la justicia. Mt 5,
«No lloréis por MÍ». Le23, 28. 10 .
.:. Lleno de compasión, dice a los afligidos: Venid a Mí
.:. A los que sufren persecuciones por su amor. Mt 5, 11;
rodas los que andáis agobiados con trabajos y cargas,
que yo os aliviaré. Mt 11,28.
Le6,22-23.
.:. ¡Bienaventurados los que lloran! Mt 5, 5. .:. A los gentiles. Mt 8, 11 .

0:' Salía de Él una virtud que curaba a cuantos se le acer- .:. Los gentiles oirán la voz del Buen Pastor. Jn 10, 16.
caban. Le 6, 19. .:. Jesús envía sus Apóstoles en busca de las ovejas perdi-
.:. La virtud del Sefior se manifestaba curando a los en- das. Mt 10, 6 .
fermos . Le 5, 1. .:. Él mi smo quiere poner sobre sus hombros la oveja
.:. En Cafarnaúm imponía sobre ellos las manos y los cu- perdida. Le 15, 4-6 .
raba. Mt8, 16; Me 1, 32-34; Le4, 40-41. 7. Maestro
.:. Antes de multiplicar los panes y los peces curó a todos .:. Vino para predicar el Evangelio. Me 1, 38.
los que le presentaron. Mt 15, 30; JIl 6, 2.
-:. Enseñaba en las sinagogas. Le 4, 15 .
.:. En la primera Pascua que estuvo en Jerusalén creyeron
en Él a causa de las curaciones que hacía. JIl 11, 23. .:. Recorría las ciudades y aldeas para ensefiar el Evange-
.:. El domingo de ramos, en el atrio del Temp lo, curó lio. Mt9, 35 .
también a cojos y a ciegos. Mt21, 14. -:. Vino sobre todo para evangelizar a los pobres. Mt 11,
d) Con los peCfldores 5; Le4, 18.
-:. Ha venido para salvar las ovejas perdidas de la casa de .:. Ensefió con sus palabras y con sus ejemp los. JII 13, 15;
Israel. Mt 15,24 . Heeh 1, 1.
.:. No ha venido por los justos, sino por los pecadores. .:. Vino para ensefiar la Verdad. JII 18, 34-37.
Mt9, 13; Me 11, 17; Le 5,32. .:. Nos dio a conocer al verdadero Dios. 1 JII 5, 20 .
.:. Hay más alegría en el cielo por la conversión de un so- -:. Manifestó el nombre de Dios a sus discípulos. JI1 17,
lo pecador que por la perseverancia de noventa y nue- 6.
ve justos. Le 15, 7 .
.:. Ensefió el camino de Dios según la pura verdad. Le
.:. Parábolas de Nuestro SeAor sobre el perdón de los pe-
20,21.
cadores: la oveja perdida. Mt 18, 12-14; Le 15, 3-7; la
dracma perdida, Le 15, 8-10; el hijo pródigo, Le 15 , .:. Todos sus oyentes admiraban su doctrina. Le4, 22.
11-31. .:. Jamás hombre alguno habló como Él. J11 7, 46 .
.;. Otorga muchas veces su perdón: .:. Sus palabras son espíritu y vida. Jn 6, 64.
-a la Samaritana. Jn4, 7-29 .
-al paralítico de Cafarnaúm. Me 11, 5-11. .:. Su doctrina es la de su Padre. J1I 7, 16.
-al publicano Mateo. Me 11 , 14-27; Le 5,27-32. -:. Tiene palabras de vida eterna. J/16, 69.
-a María Magdalena. Le7, 22, 61. .:. Busca la gloria del Padre. JII 7, 16-18.
-a la mujer adúltera. JIl 8, 42-43.
-a Zaqueo. Le 19, 1-10. .:. Su palabra nos hará libres, si la ponemos en práctica.
-a Pedro cuando le negó. Le 22, 61. J/1 8,31-32.
-a sus verdugos. Le23 , 34. .:. Su Evangelio es la espada que separa sus fieles de los
-al buen ladrón. Le 23, 42-43 . demás hombres. Mt 10, 34.
6. Promesas -:. Habla de muchas cosas por medio de parábolas. Mt
.:. A los pobres. Mt 5, 30; Le 6, 20. 13,3.

560
JESUCRISTO
FRANC ISCO FERNANDEZ-CARVAjAL

8. ]eSltcristo, Rey .;. De los niños caprichosos. Mt 11, 16-19; Le7, 3 1-35 .
.:. No temas, María [...], sábete que has de concebir en .;. Del buen sa maritano. Le lO, 30-37.
tu seno y parirás un Hijo, a quien pondrás por nom- .;. Del intendente. Le 12, 41-48; Mt24, 45-51.
bre Jesús [... ], al cual el Señor Dios dará el trono de su
padre David y reinará en la casa de Jacob eternamente .:. Del siervo despiadado. Mt 18,23-35 .
ysu reino no tendrá fin. Le 1,3 1-33. .;. Del huésped nocturno. Le 11, 5-8 .
.:. Replicóle Pilato: ¿Conque tú eres Rey? Respondió Jesús: .:. Del rico insensato. Le 12, 16-20.
así es como tÚ dices: yo soy Rey. Jn 28, 37; Le 23, 3. .:. De la higuera estéril. Le 13, 6-9 .
.:. Yo os preparo el reino como mi Padre me lo preparó a .:. De los invitados al banquete. Le 14, 16-24.
mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino.
Le 22, 29-30. .:. De la oveja perdida. Le 15, 3-7.
.:. De la dracma perdida. Le 15,8-10.
9. Principales parábolas
.:. Parábola de la casa bien o mal fundada. Mt 7, 24-27; .:. Del hijo pródigo. Le 15, 11-32 .
Le 6,47-49. .:. Del mayordomo infiel. Le 16, 1- 13.
.:. Del sembrador. Mt 13,1-23; Me4, 1-20; Le8, 4-15. .:. De los jornaleros enviados a la viña. Mt20, 1- 16 .
.;. De la buena semilla y de la cizaña. Mt 13, 24-30. .:. Del mal rico y del pobre Lázaro. Le 16, 19-31 .
.:. Del grano de mostaza. Mt 13,31-32; Me4, 30-32; Le .:. Del juez inicuo y la viuda. Le 18, 1-8 .
13, 18-19. .:. Del fariseo y el publicano; Le 18, 9-15 .
.;. De la levadura. Mt 13,33; Le 13, 20-21. .:. De las diez minas. Le 19, 11-27; Mt25, 14-30 .
.;. Del padre de familia. Mt 13, 51-52. .:. De los hijos enviados a la viña. Mt21, 28-32 .
.:. Acerca de lo que mancha o no mancha. Mt 15,10-20. .:. De los viñadores homicidas. Mt 21, 33-46; Me 12,
.:. Del tesoro oculto. Mt 13, 44. 1-9; Le20 , 9-1 7 .
.;. De la perla preciosa. Mt 13, 45-46. .;. De las bodas reales. Mt 22, 1- 14; repetición de la pa-
.;. D e la red. Mt 13, 47-50 . rábola de los convidados al festín. Le 14, 16-24 .
.:. De los obreros llamados a trabajar en la viña del Pa- .;. De las diez vírgenes. Mt25, 1-13 .
dre. Mt20, 1-16. .:. De los tal entos. Mt 25, 14-30; repetición de la pará-
.;. Del padre de familia que debe velar. Mt24, 42-44; Me bola de las minas. Le 19, 11-27 .
13,33-35; Le 12,35-38. .:. Del Buen Pasto r. JI1 10, 1-1 1.
.:. Del servidor fiel y prudente, y del servidor malo. Mt .:. Nuestro Señor debió de exponer otras muchas parábo-
24,43-51; Me 13, 33-37; Le 12, 39-40. las (Mt 13, 34; Me4, 33-34), que no han sido conser-
.:. De la lámpara. Le8, 16-18; Mt4, 2 1-22 . vadas .
.:. De la medida. Me 4, 24-25. ] O. Milagros
.:. Del grano de trigo que crece so lo. Mt4, 26-29. (Ver MILAGRO) .

SELECCIÓN DE TEXTOS
Verdadero Dios y verdadero hombre igual autoridad al Cielo, a la tierra y a los ma-
res (SAN AMBROSIO, Sobre las vírgenes, 3, 2) .
3084 No es diverso de quien lo engendra,
y tiene igual poder que Él. No se confunde 3085 ¿Qué felicidad más segura que la
con el Padre ni forma con Él un ser compues- nuestra, siendo así que quien ora con noso-
to. Y porque es distinto del Padre en la gene- tros es el que da lo que pide? Porque Cristo es
ración, es también hermano tuyo este que ri- hombre y Dios; como hombre, pide; como
ge con su cetro al Universo y señorea con Dios, otorga (SAN AGUSTfN, Sermón 211) .

561
JE:-il ICHI:-iTO
ANTOLOCIA DE TEXTOS

3086 El mismo Dios verdadero es tam- el hombre sin lo que es Dios (SAN LEÓN
bién hombre verdadero, y en Él, con toda MAGNO, Sermón 52).
verdad, se unen la pequeñez del hombre y la
3089 En la persona de Cristo hay una do-
grandeza de Dios.
ble naturaleza: es Hijo de Dios e Hijo del
[oo.] Cada una de las dos naturalezas realiza
hombre, pero un solo Señor. Porque si ha
sus actos propios en comunión con la otra
asumido la condición de siervo ha sido movi-
[oo.]. La misma y única persona, no nos can-
do por su misericordia y de ningún modo
saremos de repetirlo, es verdaderamente Hijo
forzado por la ley de la necesidad. Por virtud
de Dios y verdaderamente Hijo del hombre
de su poder se ha hecho paciente, se ha hecho
(SAN LEÓN MAGNO, Carta 28,3-4).
mortal y, para destruir el poder que detentaba
3087 Cada vez que los actores imitan la el pecado y la muerte, la naturaleza humana,
conducta de otros, aunque reproduzcan a la con su debilidad, se abrazó al sufrimiento sin
perfección su modo de actuar y de compor- que la naturaleza divina, con su fuerza, per-
tarse, ellos no son los personajes representa- diese nada de su gloria (SAN LEÓN MAGNO,
dos. En realidad, sirviéndome de términos Sermón 45 sobre la Cuaresma).
profanos, cuando un actor hace el papel de un
sacerdote o de un rey, él no es ni sacerdote ni 3090 Estaba por encima de la Naturaleza.
rey; terminada la representación teatral, cesa Tenía poder sobre ella. Esto es lo que hacía a
de existir también el personaje representado. los hombres maravillarse. Marineros experi-
Lejos de nosotros este impío e ignominioso in- mentados pueden valerse de los vientos y de
sulto hacia Cristo [oo.]. La fe católica, en cam- las olas para llegar a tierra. Más aún, incluso en
bio, afirma que el Verbo de Dios se hizo hom- medio de una tormenta saben cómo aprove-
bre hasta el punto de asumir todo lo que charse de ella, conocen lo que tienen que ha-
pertenece a nuestra naturaleza, y no por vía de cer, y están atentos para sacar provecho de to-
ficción o de apariencia, sino de una manera re- do lo que ocurre. Pero Nuestro Señor no
al y sustancial. Los actos humanos que llevaba condescendió a hacer esto. No les instruyó de
a cabo eran actos suyos propios, y no imitación cómo manejar las velas, ni de cómo gobernar
de actos de otro; su actuar era expresión de su la embarcación, sino que se dirigió directa-
ser. Como cuando nosotros hablamos, conoce- mente a los vientos y a las olas y los paró, obli-
mos, vivimos, existimos, no imitamos a los gándoles a hacer lo que era contra su naturale-
hombres, sino que somos realmente tales (SAN za (CARD. ]. H. N EWMAN, Sermón en el Dom.
VICENTE DE LERINS, Conmonitorio, n. 14). IV después de Epifanía; Cat. S. Cháud 1848).

3088 La fe católica enseña y exige que de- 3091 Dios no ha comenzado nunca a ser
bemos reconocer en nuestro Salvador dos na- cuerpo, ni el cuerpo cesará en ningún mo-
turalezas: aunque cada una conserva sus pro- mento de ser tal. El ejemplo de la naturaleza
piedades, están unidas ambas en una tan humana puede darnos alguna luz al respecto.
perfecta unidad que nosotros, desde el mo- Cada hombre está compuesto de alma y cuer-
mento en que el Verbo se hizo carne en el se- po, y así será siempre, y nunca sucederá que
no de la bienaventurada Virgen por amor al el cuerpo se cambie en alma o el alma en
género humano, no podemos pensar en la di- cuerpo. Puesto que cada hombre vivirá para
vinidad sin lo que es hombre, ni tampoco en siempre en lo sucesivo, en cada uno perma-

S62
JESUCRISTO
FRANCI SCO FERNÁNDEZ- CARVA)AL

necerá necesariamente siempre la diferencia y la raíz de todos los bienes está en que Dios
en las dos sustancias. Así también en Cristo, se ha hecho hombre; una vez verificado esto,
la propiedad característica de cada sustancia lo demás se sigue como una consecuencia ló-
persistirá por toda la eternidad, quedando gica (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S.
siempre a salvo la unidad de persona (SAN Mateo, 2) .
VICENTE DE LERINS, Conmonitorio, n. 13).
3097 La Iglesia adora una sola divinidad en
3092 Aunque hizo suya nuestra misma la plenitud de la Trinidad, y la igualdad de la
debilidad, no por esto se hizo partícipe de Trinidad en una única y misma majestad; pro-
nuestros pecados. fesa un solo Cristo Jesús, no dos; el cual es
Tomó la condición de esclavo, pero libre de igualmente Dios y hombre. Cree que en Él
la malicia del pecado, ennobleciendo nuestra hay una sola persona, pero dos sustancias; dos
humanidad sin mermar su divinidad, porque sustancias, pero una sola persona (SAN VICEN-
aquel anonadamiento suyo [.. .] fue una dig- TE DE LERINS, Conmonitorio, n. 13).
nación de su misericordia, no una falta de
poder. Por tanto, el mismo que, permane-
3098 Aunque nació de virgen en el tiempo
y como hombre según la carne, es, sin embar-
ciendo en su condición divina, hizo al hom-
bre, es el mismo que se hace él mismo hom- go, eterna su generación, porque lo engendró
bre, tomando la condición de esclavo (SAN el Padre antes de que las ~osas fueran hechas; y
LEÓN MAGNO, Carta 28,3-4). así, habiendo recibido de su madre la vida cor-
poral, en la cual depende de ella, permanece
3093 Hombre verdadero, Dios verdadero; no obstante unido al Padre por la virtud divina
Dios y hombre: Cristo total. Esta es la fe cató- (SAN AMBROSIO, Sobre las vírgenes, 3, 2).
lica [... ]; quien ambos términos confiesa, es ca-
tólico. Este tiene una patria y un camino [... ]. 3099 Todos los errores de los herejes acerca
Él es la patria a donde vamos, Él es el camino de Cristo se pueden reducir a tres clases: los
por donde vamos. Vayamos por Él a Él y no concernientes a su divinidad, a su humani-
nos extraviemos (SAN AGUSTíN, Sermón 93) . dad o a ambas a la vez (SAN AGUSTíN, Sobre
las herejías, 8).
3094 [.. .] en cuanto Dios, estar sentado a
la derecha del Padre significa ser de la misma 3100 ¡Gracias, Jesús mío!, porque has que-
categoría que Este; en cuanto hombre, quiere rido hacerte perfecto Hombre, con un Cora-
decir tener la absoluta preeminencia (SANTO zón amante y amabilísimo, que ama hasta la
TOMÁS, Sobre el Credo, 6, 1. c., p. 80) . muerte y sufre; que se llena de gozo y de do-
lor; que se entusiasma con los caminos de los
3095 Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi hombres, y nos muestra el que lleva al Cielo;
derecha. No se da la preferencia porque se sienta que se sujeta heroicamente al deber, y se con-
a la derecha, ni sufre menoscabo porque se le duce por la misericordia; que vela por los po-
manda; no hay grado de dignidad donde está la
bres y por los ricos; que cuida de los pecado-
plenitud de la divinidad (SAN AMBROSIO, en
res y de los justos ...
CatenaAurea, vol. VI, p. 389).
-¡Gracias, Jesús mío, y danos un corazón a la
3096 Llama a este libro el libro de la gene- medida del Tuyo! (SAN JOSEMARfA ESCRIvA,
ración, porque toda la economía de la gracia Surco, n. 813).

563
JESUCRISTO
A NTOLO GIA DE T EXTOS

3101 Dirás: ¿Cómo ha venido la luz a to- vive sin Jesús y riquísimo el que está con Je-
dos por medio de uno solo? ¿De qué manera sús (TOMAs DE KEMPIS, Imitación de Cristo,
está la divinidad en la carne? Como el fuego I1, 8, 2).
en el hierro: no desplazándose sino comuni-
3105 El tesoro. Imaginad el gozo inmenso
cándose. En efecto, el fuego no se lanza hacia
del afortunado que lo encuentra. Se termina-
el hierro, sino que, permaneciendo en su lu-
ron las estrecheces, las angustias. Vende todo
gar, le comunica su propia fuerza. Con lo
lo que posee y compra aquel campo. Todo su
cual él no ha quedado disminuido en nada si-
corazón late allí: donde esconde su riqueza
no que llena enteramente al hierro al que se
(cfr. Mt 6, 21). Nuestro tesoro es Cristo; no
comunica. De la misma manera, Dios, el
nos debe importar echar por la borda todo lo
Verbo, que puso su morada entre nosotros Un
que sea estorbo, para poder seguirle (SAN Jo-
1, 14), no salió fuera de sí mismo; el Verbo
SEMAIÚA ESCRlvA, Amigos de Dios, 254).
que se hizo carne no quedó sometido al cam-
bio; el cielo no se vio privado de aquel que lo 3106 Tu corazón, Jesús, es el rico tesoro, -
contenía y la tierra recibió en su propio seno la piedra preciosa que hemos descubierto en
al que está en los cielos (SAN BASILIO, Hom. tu cuerpo herido, como en campo cavado
para el Nacimiento de Cristo, 2, 6). (SAN BUENAVENTURA, Vitis Mystica, 3, 3).

3102 El que es Dios verdadero nace como 3107 (El nombre de Jesús es) «refugio de
hombre verdadero, sin que falte nada a la in- los penitentes, bandera de los que combaten,
tegridad de su naturaleza humana, conser- medicina de los que desfallecen, consuelo de
vando la totalidad de la esencia que le es pro- los que sufren, honor de los creyentes, es-
pia y asumiendo la totalidad de nuestra plendor de los evangelizadores, mérito de los
esencia humana. Y al decir nuestra esencia que trabajan, ayuda de los inconstantes,
humana, nos referimos a la que fue plasmada aliento de los que meditan, satisfacción de los
en nosotro-s por el Creador, y que él asume que oran, deleite de los contemplativos, glo-
para restaurarla (SAN LEÓN MAGNO, Carta ria de los que triunfan». Es la explicación que
28,3-4). da fray Bernardino a los doce rayos áureos
que en las tablillas circundan el «trigramma»
Redentor del mundo y de cada hombre IHS (SAN BERNARDINO, Sermón 49, sobre el
ver nn. 4556-4566. glorioso nombre de j esucristo).
3108 Por Él anhela quien repite sus pala-
En Cristo lo encontramos todo. En Él
bras y las medita en su interior. Hablemos
tenemos todos los ideales
siempre de Él. Si hablamos de sabiduría, Él es
3103 El Redentor del hombre, Jesucristo, la Sabiduría; si de virtud, Él es la Virtud; si
es el centro del cosmos y de la historia OUAN de justicia, Él es la Justicia; si de paz, Él es la
PABLO I1, Ene. Redemptor hominis, 1). Paz; si de la verdad, de la vida, de la reden-
ción, Él es todo esto (SAN AMBROSIO, Co-
3104 El que halla a Jesús, halla un tesoro
mento sobre el Salmo 36).
bueno, y de verdad bueno sobre todo bien. Y
el que pierde a Jesús pierde muy mucho y 3109 Escucha quién es el que le pide de
más que todo el mundo. Paupérrimo el que beber. Jesús le respondió: Si conocieses el don

564
J ESUCRISTO
FRANCISCO FERNÁNDEZ-CARVAj AL

de Dios y quién es el que te dice: «Dame de es vida. Si deseas el cielo, Él es el camino. Si


beber», seguro que se la pedirías tú a él, y él te refugio de las tinieblas, Él es luz. Si buscas
daría agua viva. manjar, Él es alimento (SAN AMBROSIO, Sobre
Pide de beber y promete una bebida. Se pre- la virginidad, 16,99).
senta como quien está necesitado, y tiene en
3114 Y antes que los astros, inmortal e in-
abundancia para saciar a los demás (SAN
menso, Cristo brilla más que el sol sobre to-
AGUSTÍN, Trat. Evang. 5. Juan, 15, 10-12) .
dos los seres. Por ello, para nosotros que cree-
3110 Considera lo más hermoso y grande mos en Él, se instaura un día de luz largo,
de la tierra ... , lo que place al entendimiento y eterno, que no se acaba: la Pascua maravillo-
las otras potencias ... , y lo que es recreo de la sa, prodigio de la virtud divina y obra del po-
carne y de los sentidos ... der divino, fiesta verdadera y memorial eter-
Yel mundo, y los otros mundos, que brillan no, impasibilidad que dimana de la Pasión e
en la noche: el Universo entero. -Yeso, junto inmortalidad que fluye de la muerte. Vida
con todas las locuras del corazón satisfechas ... , que nace de la tumba y curación que brota de
nada vale, es nada y menos que nada, alIado la llaga, resurrección que se origina de la caí-
de ¡este Dios mío! -¡tuyo!-, tesoro infinito, da y ascensión que surge del descenso (SAN
margarita preciosísima, humillado, hecho es- HIPÓLITO, Hom. de Pascua) .
clavo, anonadado con forma de siervo en el
portal donde quiso nacer, en el taller de José, 3115 Este árbol es para mí una plan ta de
en la Pasión y en la muerte ignominiosa ... yen salvación eterna; de él me alimento, de él me
la locura de Amor de la Sagrada Eucaristía sacio. Por sus raíces me enraízo y por sus ramas
(SAN JOSEMAlÚA EseRIVA, Camino, n. 432). me extiendo, su rocío me regocija y su espíritu
como viento delicioso me fertiliza. A su som-
3111 Si tú buscas descanso y ganancia en bra he alzado mi tienda, y huyendo de los
los hombres, muchas veces sentirás daño. grandes calores allí encuentro un abrigo lleno
Mas si en todo buscas a Jesús, muy de verdad de rocío. Sus hojas son mi follaje, sus frutos
hallarás a Jesús. Y si te buscas a ti mismo, mis perfectas delicias, y yo gozo libremente sus
también te hallarás; mas será para tu mal. Por frutos, que me estaban reservados desde el
cierto, más se daña el hombre a sí mismo que principio. Él es en el hambre mi alimento, en
todo el mundo y todos sus enemigos le pue- la sed mi fuente, y mi vestido es la desnudez,
den dañar (TOMAs DE KEMPIS, Imitación de porque sus hojas son espíritu de vida: lejos de
Cristo, I1, 7, 4). mí desde ahora las hojas de la higuera. Cuan-
3112 ¡Ah!, si amáis tanto una gota de do temo a Dios, él es mi protección; y cuando
agua, ¿qué será la misma fuente? (SAN AGUS- vacilo, mi apoyo; cuando combato, mi pre-
TÍN, Sermón 253, sobre el «alleluia»). mio; y cuando triunfo, mi trofeo. Es para mí el
sendero estrecho y el sendero angosto (SAN
3113 Todo lo tenemos en Cristo; todo es
HIPÓLITO, Hom. de Pascua) .
Cristo para nosotros. Si quieres curar tus he-
ridas, Él es médico. Si estás ardiendo de fie- 3116 Donde no está Jesús, se encuentran
bre, Él es manantial. Si estás oprimido por la pleitos y guerras; pero donde está presente,
iniquidad, Él es justicia. Si tienes necesidad allí todo es serenidad y paz (ORÍGENES, en
de ayuda, Él es fuerza . Si temes la muerte, Él Catena Aurea, vol. I1I, p. 360).

565
JESUCRISTO
ANTO LOGfA DE T EXTOS

Camino , Verdad y Vida si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos,


para el Señor morimos (SAN JUAN EUDES,
3117 Si buscas por dónde ir, sigue a Cris-
Trat. sobre el Corazón de Jesús, 1, 5).
to, porque es e! camino [...]. Y es mejor caer
en e! camino que correr fuera de él. Porque 3121 Fíjate que e! Señor dice en primer lu-
quien cae en e! camino, por poco que avance, gar: Yo soy el camino. Antes de decirte a dón-
algo se acerca al término; quien en cambio de, te indica por dónde: Yo soy -dice- e! ca-
anda fuera de él, cuanto más corra más se ale- mino. ¿El camino hacia dónde? La verdad y la
ja de! término (SANTO TOMÁS, Comento vida. Primero dice por dónde has de ir, luego
Evang. S. Juan, 14). a dónde has de ir. Yo soy e! camino, yo soy la
verdad, yo soy la vida. Permaneciendo junto
3118 Dos son las cosas que e! hombre
al Padre, es verdad y vida; haciéndose hom-
principalmente desea: en primer lugar, e! co-
bre, se hizo camino (SAN AGUSTfN, Trat.
nocimiento de la verdad, que le es propio; y
Evang. S. Juan, 34, 8-9).
en segundo lugar, la continuación de su ser,
que es común en todas las cosas. Ahora bien, 3122 Únete a Cristo, si quieres vivir segu-
Cristo es e! camino para llegar al conoci- ro; es imposible que te desvíes, porque Él es
miento de la verdad, ya que él mismo es la e! camino. Por esto, los que a Él se unen no
Verdad [... ]. Yes e! camino para llegar a la vi-van descaminados, sino que van por e! cami-
da, al mismo tiempo que él mismo es la vida no recto. Tampoco pueden verse engañados,
(SANTO TOMÁS, Comento Evang. S. Juan, 14) . ya que Él es la Verdad y enseña la verdad
completa, pues dice: Yo para esto nací, y para
3119 Cristo mismo es e! camino, y por
esto vine al mundo: para declarar, como testigo,
eso dice: Yo soy el camino. Cosa que es fácil de
en favor de la verdad. Tampoco pueden verse
entender, pues por él tenemos acceso al Padre.
decepcionados, ya que él es la Vida y dador
Pero como este camino no se halla distante
de vida, tal como dice: Yo he venido para que
de! término, sino unido a él, añade: la verdad
tengan vida, y que la tengan en abundancia
y la vida, con lo que es al mismo tiempo e!
(SANTO TOMÁS, Comento Evang. S. Juan, 14) .
camino y su término. El camino por su hu-
manidad, e! término por su divinidad. Y por 3123 Cristo se ha hecho para nosotros ca-
eso dice como hombre: Yo soy el camino; y mino, y ¿podremos así perder la esperanza de
añade como Dios: la verdad y la vida. Expre- llegar? Este camino no puede tener fin, no se
siones con las que se designa conveniente- puede cortar, no lo pueden corroer la lluvia
mente e! término de este camino (SANTO To- ni los diluvios, ni puede ser asaltado por los
MÁs, Comento Evang. S. Juan, 14). ladrones. Camina seguro en Cristo, camina;
no tropieces, no caigas, no mires atrás, no te
3120 Fuera de Él no hallarás la vida verda-
detengas en e! camino, no te apartes de él.
dera, ya que Él es la única fuente de vida ver-
Con tal que cuides esto, habrás llegado (SAN
dadera; fuera de Él no hallarás sino muerte y
AGUSTfN, Sermón 110, 11) .
destrucción. Él ha de ser e! único principio
de toda tu actividad y de todas tus energías; 3124 Fijaos que en la conclusión de las
debes vivir de Él y por Él, para que en sí se oraciones decimos: «Por nuestro Señor Jesu-
cumplan aquellas palabras: Ninguno de noso- cristo, tu Hijo»; en cambio, nunca decimos:
tros vive para sí y ninguno muere para sí. Que «Por e! Espíritu Santo». Esta práctica univer-

566
JESUCRISTO
FRANC ISCO FERNÁNDEZ-CARVA)AL

sal de la Iglesia tiene su explicación en aquel 3129 Cristo es la luz eterna de las almas,
misterio, según el cual, el mediador entre Dios ya que para esto lo envió el Padre al mundo,
y los hombres es Cristo Jesús (SAN FULGENCIO para que, iluminados por su rostro, podamos
DE RUSPE, Carta 14, 36-37). esperar las cosas eternas y celestiales, nosotros
que antes nos hallábamos impedidos por la
3125 No bastó a Dios indicarnos el cami-
oscuridad de este mundo (SAN AMBROSIO,
no por medio de su Hijo; quiso que él mismo
fuera el camino, para que, bajo su dirección,
Comento al Salmo 43).
tú caminaras por él (SAN AGUSTfN, Comento 3130 Quédate con nosotros, porque nos
sobre el Salmo 109). rodean en el alma las tinieblas y solo Tú eres
3126 Jamás daremos gracias suficientemen- luz, solo Tú puedes calmar esta ansia que nos
te por este don, en virtud del cual Cristo se ha consume. Porque entre las cosas hermosas, ho-
convertido en «nuestro compañero de cami- nestas, no ignoramos cuál es la primera: poseer
no», ha hecho con nosotros su camino, como siempre a Dios (SAN GREGORIO NACIAN-
nos recuerda el Evangelio [... ]. En medio de las CENO, Epístola 212).
sombras que a veces parecen condensarse so- 3131 El Señor dice: - Yo soy la luz del mundo;
bre la humanidad, sobre la convivencia social, el que me sigue no camina en tinieblas, sino que
sobre la civilización misma del hombre, tam- tendrá la luz de la vida. Esta breve sentencia
bién nosotros pedimos, impelidos por el im- contiene un mandato y una promesa. Cum-
pulso del Espíritu: Quédate con nosotros, Señor, plamos, pues, lo que nos manda, y así tendre-
porque atardece (Le 24, 29). Solo Cristo es mos derecho a esperar lo que nos promete
nuestra salvación, nuestra paz, nuestra alegría (SAN AGUSTfN, Y;-at. Evang. S. Juan, 34) .
OUAN PABLO II, Regina Coeli, 3-V-1981).
3132 Jesucristo sale al encuentro del hom-
3127 y yo buscaba el camino para adquirir bre de toda época, también de nuestra época,
un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, con las mismas palabras: Conoceréis la verdad
y no lo encontraba, hasta que me abracé al y la verdad os librará (]n 8, 32) OUAN PABLO
mediador entre Dios y los hombres, Cristo II, Ene. Redemptor hominis, 12).
Jesús, hombre también él, el cual está por en-
cima de todas las cosas, Dios bendito por los 3133 Él salió del seno de la Virgen como
siglos, que me llamaba y me decía: Yo soy el el sol naciente, para iluminar con su luz todo
camino, la verdad y la vida (SAN AGUSTfN, el orbe de la tierra (SAN AMBROSIO, Comento
Confesiones, 7, 10-18). al Salmo 18) .

Es la luz del mundo Sin Él nada podemos. Con Él


desaparecen todos los obstáculos
3128 Si el poder de los apóstoles era tan
grande, comprendemos por qué Zaqueo, al oír 3134 Él no necesitó de nosotros para sal-
que pasaba el Señor Jesús, subió a un árbol, ya varnos, nosotros sin él nada podemos hacer;
que era pequeño de estatura. Vio a Cristo y él a nosotros, sus sarmientos, se nos dio como
encontró la luz, lo vio y él, que antes se apode- vid, nosotros, separados de él, no podemos
raba de lo ajeno, empezó a dar lo que era suyo tener vida (SAN AGUSTfN, Trat. Evang. S.
(SAN AMBROSIO, Comento al Salmo 43). Juan, 84).

567
JESlJClUSTO
A NTOLOGfA DE TEXTOS

3135 Él es el Señor de la naturaleza y pue- Jesucristo es hoy el mismo que ayer.


de todo cuanto quiere, puesto que hace y dis- «No es una figura que pasó»
pone todas las cosas gobernando las riendas
3140 Jesús es el camino. Él ha dejado so-
de la vida y de la muerte (SAN JUAN CRISOS-
bre este mundo las huellas limpias de sus pa-
TOMO, en CatenaAurea, vol. V, p. 50).
sos, señales indelebles que ni el desgaste de
3136 Cuando Jesús está presente todo es los años ni la perfidia del enemigo han logra-
bueno, no hay cosa difícil; mas cuando está do borrar. Iesus Christus heri, et hodie; ipse et
ausente, todo es duro. Cuando Jesús no habla in saecula (Heb 13, 8). ¡Cuánto me gusta re-
de dentro, muy vil es la consolación; más si cordarlo!: Jesucristo, el mismo que fue ayer
Jesús habla una sola palabra, gran consola- para los Apóstoles y las gentes que le busca-
ción se siente (ToMAs DE KEMPIS, Imitación ban, vive hoy para nosotros, y vivirá por los
de Cristo, 11, 8, 1). siglos. Somos los hombres los que a veces no
alcanzamos a descubrir su rostro, perenne-
3137 Él se anticipó a sanamos, y conti-
mente actual, porque miramos con ojos can-
nuará interviniendo después para que alcan-
sados o turbios (SAN JOSEMARíA ESCRIVA,
cemos nuestro desarrollo; se adelantó para
Amigos de Dios, 127).
llamarnos, y nos seguirá hasta que logremos
la gloria; previno las cosas para que vivamos 3141 El coloquio de Jesús con el joven ri-
piadosamente, porque sin Él nada podemos co continúa, en cierto sentido, en cada época
(SAN AGUSTíN, Sobre la naturaleza y la gracia, de la historia; también hoy. La pregunta:
30, 35). «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para
conseguir la vida eterna?» brota en el corazón
3138 Y como les había hecho encargos de
de todo hombre, y es siempre y solo Cristo
gran importancia, queriendo animarlos les
quien ofrece la respuesta plena y definitiva.
dice: Y mirad que yo estoy con vosotros todos los
El Maestro que enseña los mandamientos de
días, hasta la consumación de los siglos (Mt 28,
Dios, que invita al seguimiento y da la gracia
28). Como diciendo: no digáis que es difícil
para una vida nueva, está siempre presente y
cumplir lo que se os manda, porque estoy
operante en medio de nosotros, según su pro-
con vosotros, que todo lo hago fácil. Y no di-
mesa: «He aquí que yo estoy con vosotros to-
jo que estaría solo con ellos, sino con todos
dos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,
los que creyeron después de ellos [... ], ya que
20). La contemporaneidad de Cristo respecto
los Apóstoles no iban a vivir hasta el final de
al hombre de cada época se realiza en el cuer-
los tiempos (SAN JUAN CRISOSTOMO, Hom.
po vivo de la Iglesia. Por esto el Señor prome-
sobre S. Mateo, 91).
tió a sus discípulos el Espíritu Santo, que les
3139 Habiéndose separado Jesús un poco «recordaría» y les haría comprender sus man-
de sus discípulos, no pudieron velar siquiera damientos (cfr. Jn 14, 26), y, al mismo tiem-
una hora en su ausencia; por cuya razón po, sería el principio fontal de una vida nueva
debemos rogar que no se separe de nosotros para el mundo (cfr. Jn 3, 5-8; Rom 8, 1-13)
el Salvador, ni aun por poco tiempo (ORíGE- QUAN PABLO 11, Ene. Veritatis splendor,
NES, Trat. sobre Ev. S. Mateo, 33). n.25) .

568
JESUCRTSTO
F RANC ISCO FERNAN DEZ- CA RVAJ AL

3142 Cristo vive, también como hombre, 3146 Cristo es, en efecto, quien apacienta
con aquel mismo cuerpo que asumió en la su rebaño; él es el único pastor que lo apa-
Encarnación, que resucitó después de la Cruz cienta en medio de los demás buenos pasto-
y subsiste glorificado en la Persona del Verbo res, que lo hacen por delegación suya (SAN
juntamente con su alma humana. Cristo, AGUSTíN, Sermón 47, sobre las ovejas).
Dios y Hombre verdadero, vive y reina y es el
3147 Cuando encuentra la oveja que se
Señor del mundo. Solo por Él se mantiene en había apartado de las otras cien, errante por
vida todo lo que vive (SAN JOSEMARlA ESCRI- los montes y colinas, la devuelve al redil, no a
vÁ, Es Cristo que pasa, 180). golpes y con amenazas ni agotándola de fati-
ga, sino que, lleno de compasión, la carga so-
E s el Buen Pastor,
bre sus hombros y la vuelve al grupo de las
que ctúda de cada uno de los suyos
demás.
3143 ¡jerusalén, Jerusalén ... ! ¡Cuántas veces Por esto también clamaba: Venid a mí todos
quise reunir a tus hijos.. .! Esta doble exclama- los que andáis rendidos y agobiados, que yo os
ción es propia del que se compadece, y del daré descanso (SAN MÁXIMO, Carta 11).
que ama mucho (SAN JUAN CRIS6sTOMO,
Hom. sobre S. Mateo, 75). «Pasó haciendo el bien»

3144 Todos los buenos pastores son, en 3148 Yen esto (en la maldición de la hi-
realidad, como miembros del único pastor, y guera) encontramos una prueba de la bondad
forman una sola cosa con Él. Cuando ellos de Jesucristo; porque, cuando quiso mostrar
apacientan es Cristo quien apacienta (SAN la salvación, ejerció su poderío sobre los cuer-
AGUSTíN, Sermón 46, sobre los pastores). pos de los hombres [... ]; pero ahora que va a
declarar la manera como tratará a los contu-
3145 De nadie puede decirse que sea maces, lo da a conocer a través de la maldi-
puerta; esta cualidad Cristo se la reservó para ción de un árbol. Por esto sigue: nunca jamás
sí; el oficio, en cambio, de pastor lo dio tam- nazca fruto de ti (SAN HILARlO, en Catena
bién a otros y quiso que lo tuvieran sus Aurea, vol. I1I, p. 23).
miembros; por ello, Pedro fue Pastor y pasto-
res fueron también los otros apóstoles, y son 3149 No vino a la higuera (cfr. Mt21, 18-
pastores todos los buenos obispos. Os daré 22) porque tuviera hambre, sino por sus dis-
-dice la Escritura- pastores conforme a mi co- cípulos; porque en todas partes hacía el bien
razón. Pero aunque los prelados de la Iglesia, y en ninguna mortificaba a nadie; y convi-
que también son hijos, sean todos llamados niendo dar a conocer su poder de castigar, no
pastores, sin embargo el Señor dice en singu- quiso, sin embargo, demostrarlo en los hom-
lar: Yo soy el buen pastor; con ello quiere esti- bres, sino en la higuera (SAN JUAN CRIS6STO-
MO, Hom. sobre S. Mateo, 68).
mularlos a la caridad, insinuándoles que na-
die puede ser buen pastor si no llega a ser una 3150 Muchas veces he ido a buscar la defi-
sola cosa con Cristo por la caridad y se con- nición, la biografía de Jesús en la Escritura.
vierte en miembro del verdadero pastor La encontré leyendo que, con dos palabras, la
(SANTO TOMÁS, Comento Evang. S. Juan, hace el Espíritu Santo: Pertransit benefociendo
10,3). (Hech ID, 38). Todos los días de Jesucristo en

569
.JE~llr.RT~T()
A NTOLOC rA DE TEXTOS

la tierra, desde su nacimiento hasta su muer- jate solo curar, ponte en sus manos (SAN
te, fueron así: pertransit benefoeiendo, los lle- AGUSTíN, Comento al Salmo 102) .
nó haciendo el bien. Yen otro lugar recoge la
3155 «Abrid de par en par vuestras puertas
Escritura: bene omnia fecit (Me 7,37): todo lo a Cristo». ¿Qué teméis? Tened confianza en Él.
acabó bien, terminó todas las cosas bien, no Arriesgaos a seguirlo. Eso exige evidentemente
hizo más que el bien (SAN JOSEMARÍA ESCRI- que salgáis de vosotros mismos, de vuestros ra-
V Á, Es Cristo que pasa, 16) . zonamientos, de vuestra «prudencia», de vues-
3151 La llegada de! Salvador es el aleja- tra indiferencia, de vuestra suficiencia, de cos-
miento de todo temor (SAN GREGORIO DE tumbt'es no cristianas que habéis quizá
NISA, Hom. para el día del Nacimiento del Se- adquirido. Sí; esto pide renuncias, una conver-
ñOfJ. sión, que primeramente debéis atreveros a de-
sear, pedirla en la oración y comenzar a practi-
3152 Se hizo hombre por los hombres, y car. Dejad que Cristo sea para vosotros el
se manifestó a ellos lleno de humildad y camino, la verdad y la vida. Dejad que sea
mansedumbre; no quiso castigar a los peca- vuestra salvación y vuestra felicidad. Dejad
dores, sino atraerlos hacia sí; quiso primera- que ocupe toda vuestra vida para alcanzar con
mente corregir con mansedumbre, para tener Él todas sus dimensiones, para que todas vues-
en el día del juicio a quién salvar (SAN GRE- tras relaciones, actividades, sentimientos, pen-
GORIO MAGNO, Hom. 30 sobre los Evang.). samientos sean integrados en Él o, por decirlo
así, sean «cristificados». Yo os deseo que con
Es Médico, y cura todas nuestras Cristo reconozcáis a Dios como el principio y
enfermedades fin de vuestra existencia QUAN PABLO 11, En
Montmartre,1-VI-1980).
3153 Eliseo, observando lo que dice la
Ley, no salió y tocó a Naamán, sino que lo 3156 Ninguna otra causa impulsó más a
envió al Jordán para que allí se lavase. El Se- Cristo a venir al mundo que salvar a los peca-
ñor demuestra aquí (en la curación dellepro- dores. Si se suprimen las enfermedades y las
so) que no obra como siervo, sino que, como heridas, la medicina no tiene razón de ser. Si,
Dios, toca y cura: la mano no se vuelve in- pues, un gran médico bajó del cielo, es por-
munda por haber tocado la lepra, sino que, que había un gran enfermo que curar, todo el
por el contrario, el cuerpo del leproso se vuel- mundo (SAN AGUSTíN, Sermón 175).
ve limpio al simple contacto de una mano 3157 ¡Ay de mí, Señor! ¡Ten misericordia
santa. El Señor no había venido solamente a de mí! [... ]. Yo no te oculto mis llagas. Tú
curar los cuerpos, sino también a guiar las al- eres médico, y yo estoy enfermo; tú eres mi-
mas por el camino de la verdadera sabiduría sericordioso, y yo soy miserable (SAN AGUS-
(SAN JUAN CRIS6sTOMO, Hom. sobre S. Ma- TíN, Confesiones, 10).
teo, 26).
3158 En verdad que no todos ven, ni to-
3154 Se curarán todas tus enfermedades. dos andan bien; solo los que entienden que
«Pero es que son muchas», dirás. Más pode- de nadie sino de Cristo necesitan para curar-
roso es e! Médico. Para e! Médico omni- se, y se acercan al Verbo de Dios, sanan (ORÍ-
potente no hay enfermedad insanable; tú dé- GENES, en CatenaAurea, vol. III, pp. 18-19).

570
JESUCRISTO
FRANCISCO FERNANoEZ-CARVA)AL

3159 Porque así como aplicamos calor o 202). Hubo también entre ellos arra diversi-
frío al enfermo según la orden del médico, dad: que los Magos eran sabios y poderosos,
para curarle, buscando la salud en diversas los pastores sencillos y de humilde condición.
medicinas, sin apartarnos un punto de su También se manifestó a los justos, como eran
mandato, antes obedeciéndole ciegamente, Simeón y Ana, y a los gentiles, como los Ma-
como quien espera de sus manos la vida, así gos. Se manifestó también a los varones y a
hemos de entender de nuestro médico, que es las mujeres -a Ana- para indicar por aquí
Cristo, que lo que Él manda es vida, yen de- que ninguna condición quedaba excluida de
sobedecerlo está nuestra mayor enfermedad la salud de Cristo (SANTO TOMAS, Suma Teo-
(SAN AMBROSIO, Sobre las vírgenes, 3, 24). lógica, 3, q. 36, a. 3).
3164 Ahora, cuando baja del monte, le si-
Busca a todos y espera con paciencia
guen muchas turbas que no habían podido
que volvamos
subir al monte, porque aquellos a quienes
3160 (Jesucristo) tiene sed de nuestra sed oprime el peso de la culpa no pueden subir al
(SAN GREGORIO MAGNO, Sobre el Bautismo, conocimiento de la sublimidad de los miste-
40,27). rios. Bajando el Señor, esto es, inclinándose
3161 Al ver la ciudad, lloró por ella, dicien- hacia la enfermedad e impotencia de los de-
do: Porque si conocieras tú ... Todo esto hizo más y compadeciéndose de su imperfección o
una vez cuando anunció que la ciudad había enfermedad, le siguieron numerosas turbas:
de ser destruida. Esto mismo hace continua- unos atraídos por el amor, la mayor parte por
mente nuestro Redentor por sus elegidos, la doctrina, y algunos porque los curaba y se
cuando ve que algunos de ellos se pasan de la cuidaba de ellos (ORíGENES, en Catena Au-
vida honesta a las costumbres reprobables rea, vol. 1, pp. 463-464).
(SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 39 sobre los
Nunca abandona
Evang.).
3165 Si destierras de ti a Jesús y lo pierdes,
3162 Volvimos la espalda ante el rostro de
¿adónde irás?, ¿a quién buscarás por amigo?
Aquel cuyas palabras despreciamos, cuyos
Sin amigo no puedes vivir mucho; y si no
preceptos conculcamos; pero aun estando a
fuere Jesús tu especialísimo amigo, estarás
nuestra espalda nos vuelve a llamar Él, que se
muy triste y desconsolado (ToMAs DE KEM-
ve despreciado y clama por medio de sus pre-
PIS, Imitación de Cristo, 11, 8, 3).
ceptos y nos espera con paciencia (SAN GRE-
GORIO MAGNO, Hom. 34 sobre los Evang.). 3166 Podemos decir que el Señor viaja
con aquellos que viven dentro de la fe [... ], y
3163 Y para que en el mismo .nacimiento
estará con nosotros (en este mundo) hasta
de Cristo se hallase figurado esto (la universa-
que saliendo de nuestros cuerpos nos reuna-
lidad), se dio a conocer a todas las condicio-
mos con Él en el cielo (ORÍGENES, Trat. sobre
nes de hombres; pues, como dice S. Agustín
S. Mateo, 33).
en su sermón de Epifanía: «los pastores eran
israelitas; los magos, gentiles. Aquellos eran 3167 Con tan buen amigo presente
cercanos, estos vinieron de lejos. Unos y otros -nuestro Señor Jesucristo-, con tan buen ca-
acuden como a la piedra angular» (Sermón pitán, que se puso en lo primero en el pade-

571
JESUCRISTO
ANTO LOGlA D E T EXTOS

cer, todo se puede sufrir. Él ayuda y da es- [... ]. No temáis al oír hablar de yugo, porque
fuerzo, nunca falta, es amigo verdadero (SAN- es suave; no temáis si hablo de carga, porque
TA TERESA, Vida, 22, 6-7). es ligera (SAN JUAN CRlSOSTOMO, Hom. sobre
3168 Bajó del cielo para estar cerca de los S. Mateo, 37, 2).
atribulados, para estar con nosotros en la tri-
bulación (SAN BERNARDO, Sermón 17). Humildad de Jesús, ver nn. 2907-2921.

Es Maestro, y nos enseña «Buscar a Cristo, encontrarle ,


el camino del Cielo tratarle, amarle»

3169 Pues juntaos junto a este buen Maes- 3174 Un auténtico cristiano no puede oír
tro y muy determinadas a aprender lo que os el nombre de Cristo sin emoción (CARD.
enseña, que Su Maj estad hará que no dejéis N EWMAN, Sermón del Dom. II de Cuaresma:
de salir buenas discípulas ni os dejará si no le mundo y pecado) .
dejáis (SANTA TERESA, Camino de perfección, 3175 En este esfuerzo por identificarse
26,9). con Cristo, he distinguido como cuatro esca-
3170 El madero en que están fijos los lones: buscarle, encontrarle, tratarle, amarle.
miembros del hombre que muere, es también Quizá comprendáis que estáis como en la pri-
la cátedra del maes tro que enseña (SAN mera etapa. Buscadlo con hambre, buscadlo
AGUSTfN, Trat. Evang. S. Juan, 119,2). en vosotros mismos con todas vuestras fuer-
3171 Es Maestro de una ciencia que solo zas. Si obráis con este empeño, me atrevo a
Él posee: la del amor sin límites a Dios y, en garantizar que ya lo habéis encontrado, y que
Dios, a todos los hombres. En la escuela de habéis comenzado a tratarlo y a amarlo, y a
Cristo se aprende que nuestra existencia no tener vuestra conversación en los cielos (cfr.
nos pertenece [.. .]. (SAN JOSEMARfA ESCRIVÁ, Fil3 , 20) (SAN JOSEMARfA ESCRIVÁ, Amigos
Es Cristo que pasa, 93). de Dios, 300).
3176 ¿Qué otra cosa podía deciros mejor
Su carga no es pesada
que esta? ¡Ap1-ended a conocer a Cristo y dejaos
3172 Cualquier otra carga te oprime y conocer por Él! Él conoce a cada uno de voso-
abruma, mas la carga de Cristo te alivia del tros de modo especial. No es conocimiento
peso. Cualquier otra carga tiene peso, pero la que suscite oposición y rebelión, una ciencia
de Cristo tiene alas. Si a un pájaro le quitas ante la cual sea necesario huir para salvaguar-
las alas, parece que le alivias del peso; pero dar el propio misterio interior. No es una
cuanto más le quites este peso, tanto más le ciencia compuesta de hipótesis, que reduce al
atas a la tierra. Ves en el suelo al que quisiste hombre a las dimensiones socioculturales. La
aliviar de un peso; restitúyele el peso de sus suya es una ciencia llena de sencilla verdad so-
alas y verás cómo vuela (SAN AGUSTfN, Ser- bre el hombre y, sobre todo, llena de amor. So-
món 126).
meteos a esta ciencia, sencilla y llena de amor,
3173 Venid, no para rendir cuentas, sino del Buen Pastor. Estad seguros de que Él co-
para ser librados de vuestros pecados; venid noce a cada uno de vosotros más que cuanto

572
JESUCRISTO
FRANCISCO FERNÁNDEZ-CARVA)AL

cada uno de vosotros se conoce a sí mismo de rectitud, tesoros de paz, suavidad de gracia
GUAN PABLO I1, Hom. Cracovia 8-VI-1979). [oo .]. Si cierras la puerta de tu alma, dejas
afuera a Cristo. Aunque tiene poder para en-
3177 Mirad que no está aguardando otra
trar, no quiere sin embargo ser inoportuno,
cosa [oo .] sino que lo miremos; como le qui-
siérades le hallaréis. Tiene en tanto que le vol- no quiere obligar a la fuerza (SAN AMBROSIO,
vamos a mirar, que no quedará por diligencia Comento al Salmo 18) .
suya (SANTA TERESA, Camino de perfección, 3182 Aunque nos separemos ahora unos de
26,3). otros, procuremos no separarnos de Él (SAN
3178 Temer es propio del que no quiere ir AGUSTfN, Trat. sobre Evang. S. Juan, 35).
a Cristo. No querer ir a Cristo es propio de 3183 Muestra una rama verde a una oveja
quien no cree que con Cristo va a empezar a y verás cómo atraes a la oveja; enséñale nue-
reinar (SAN CIPRIANO, Sobre la mortalidad, 2). ces a un niño y verás cómo lo atraes también
3179 Así la gloria del Salvador aparece to- y viene corriendo hacia el lugar a donde es
davía más admirable cuando, después de ha- atraído; es atraído por el amor, es atraído sin
ber privado a los hombres de una presencia que se violente su cuerpo, es atraído por
sensible que les inspiraba un respeto tan pro- aquello que desea. Si, pues, estos objetos, que
fundo, la fe pierde sus dudas, la esperanza sus no son más que deleites y aficiones terrenas,
timideces, la caridad sus tibiezas. Es, sin du- atraen, por su simple contemplación, a los
da, la fuerza de las almas grandes y el efecto que tales cosas aman, porque es cierto que
de la luz quien ilumina a las almas de los fie- «cada cual va en pos de su apetito», ¿no va a
les, para creer sin dudar lo que escapa a los atraernos Cristo revelado por el Padre? ¿Qué
sentidos y para elevar todos los deseos de sus otra cosa desea nuestra alma con más vehe-
corazones hacia un lugar que la mirada no mencia que la verdad? ¿De qué otra cosa el
puede alcanzar (SAN LEÓN MAGNO, Sermón hombre está más hambriento? (SAN
72, sobre la Ascensión del Señ01J. AGUSTfN, Trat. Evang. S. Juan, 26).
3180 Penetremos en el corazón humilde 3184 [oo.] no nos debemos mirar tanto a
de Jesús. La puerta es el costado abierto por nosotros mismos cuanto a Dios, yen Él de-
la lanza. Aquí está escondido el tesoro inefa- bemos encontrar ese «suplemento» de energía
ble y deseable de la caridad; aquí se encuentra que nos falta . ¿Acaso no es esta la invitación
la devoción, se obtiene la gracia del arrepenti- que hemos escuchado de labios de Cristo: Ve-
miento, se aprende la mansedumbre y la nid a mí todos los que estáis fotigados y carga-
paciencia en las adversidades, la compasión dos, que yo os aliviaré (Mt 11, 28)? Es Él la luz
con los afligidos; y, sobre todo, aquí se halla capaz de iluminar las tinieblas en que se de-
un corazón contrito y humillado (SAN BUE- bate nuestra inteligencia limitada; Él es la
NAVENTURA, Vitis mystica, 24, 3). fuerza que puede dar vigor a nuestras flacas
3181 El Padre y yo vendremos a fijar en él voluntades; Él es el calor capaz de derretir el
nuestra morada. Que cuando venga encuen- hielo de nuestros egoísmos y devolver el ar-
tre, pues, tu puerta abierta. Ábrele tu alma dor a nuestros corazones cansados GUAN PA-
para que pueda contemplar en ella riquezas BLO I1, Hom. 21-1-1980).

573
JESUCRlSTO
A NTOLOGfA DE TEXTOS

3185 ¿Qué es lo que nos ha prometido? aquí aprendemos también la lección de traba-
Seremos semejantes a él, porque le veremos tal jo. Nazaret, la casa del «Hijo del Artesano»:
cual es. La lengua ha expresado lo que ha po- cómo deseamos comprender más en este lu-
dido; lo restante ha de ser meditado en el co- gar la austera pero redentora ley del trabajo
razón. En comparación de aquel que es, ¿qué humano y exaltarla debidamente. [.. .] Quere-
puede decir el mismo Juan? ¿Y qué podremos mos finalmente saludar desde aquí a todos
decir nosotros, que tan lejos estamos de igua- los trabajadores del mundo y señalarles al
lar sus méritos? gran modelo, al hermano divino, al defensor
Volvamos, pues, a aquella unión de Cristo, a de todas sus causas justas, es decir: a Cristo,
aquella unión que nos enseña desde dentro lo nuestro Señor» (Pablo VI, hom. 5 enero
que nosotros no podemos expresar, y, ya que 1964 en Nazaret) (Catecismo de la Iglesia Ca-
por ahora nos es imposible la visión, sea tólica, n. 533).
nuestra tarea el deseo (SAN AGUSTíN, Trat. so-
bre la 10 carta de S. Juan, 4) . Conocer bien su vida
a través del Santo Evangelio
3186 Barred la mala levadura, vieja y agria-
da, y transformaos en la levadura nueva que 3189 El cielo y la tierra, por su naturaleza
es Jesucristo. Que Él sea la sal que os guarde a de cosas creadas, no son necesariamente in-
todos de la corrupción, pues por vuestro olor mutables, de manera que pueden no existir;
se os juzgará (SAN IGNACIO DE ANTIOQUfA, sin embargo, las palabras de Cristo, que tie-
Epist. a los Magnesios). nen origen en la eternidad, poseen tal fuerza
y poder que permanecen para siempre (SAN
3187 Si el alma llegara a levantar los ojos HILARlO, Comento sobre San Mateo, 26).
hasta su cabeza, que es Cristo [... ], sería real-
mente feliz por la penetración de su visión, al 3190 No basta con tener una idea general
poner sus ojos donde el mal no puede oscure- del espíritu de Jesús, sino que hay que apren-
cerlos (SAN GREGORIO DE NISA, Homilía 5). der de Él detalles y actitudes. Y, sobre todo,
hay que contemplar su paso por la tierra, sus
3188 La vida oculta de Nazaret permite a to- huellas, para sacar de ahí fuerza, luz, sereni-
dos entrar en comunión con Jesús a través de dad, paz. Cuando se ama a una persona se
los caminos más ordinarios de la vida humana: desean saber hasta los más mínimos detalles
«Nazaret es la escuela donde empieza a enten- de su existencia, de su carácter, para así iden-
derse la vida de Jesús, es la escuela donde se tificarse con ella. Por eso hemos de meditar la
inicia el conocimiento de su Evangelio. [... ] historia de Cristo, desde su nacimiento en un
Su primera lección es el silencio. Cómo desea- pesebre, hasta su muerte y su resurrección
ríamos que se renovara y fortaleciera en noso- [ ... ]. Porque hace falta que la conozcamos
tros el amor al silencio, este admirable e in- bien (la vida de Jesús), que la tengamos toda
dispensable hábito del espíritu, tan necesario entera en la cabeza y en el corazón, de modo
para nosotros. [... ] Se nos ofrece además una que, en cualquier momento, sin necesidad de
lección de vida fomiliar. Que Nazaret nos en- ningún libro, cerrando los ojos, podamos
señe el significado de la familia, su comunión contemplarla como en una película; de forma
de amor, su sencilla y austera belleza, su ca- que, en las diversas situaciones de nuestra
rácter sagrado e inviolable. [.. .] Finalmente, conducta, acudan a la memoria las palabras y

574
.IESllCnrSTO
FRANCISCO FERNÁNDE7.·CARVA)AI.

los hechos del Señor (SAN JOSEMAlÚA ESCRl- regalo ver una imagen de quien con tanta ra-
vA, Es Cristo que pasa, 107). zón amamos. A cada parte que volviésemos
los ojos la querría ver (SANTA TERESA, Cami-
3191 Acaece que muchos, aunque a me-
no de perfección, 34, 10-11).
nudo oigan el Evangelio, gustan poco de él,
porque no tienen el espíritu de Cristo. El que 3196 Al admirar y al amar de veras la Hu-
quiera, pues, experimentar todo el sabor de manidad Santísima de Jesús, descubriremos
las palabras de Cristo, conviene que procure una a una sus Llagas. Yen esos tiempos de
conformar con él toda su vida (TOMÁS DE purgación pasiva, penosos, fuertes, de lágri-
KEMPIS, Imitación de Cristo, 1, 1,2). mas dulces y amargas que procuramos escon-
der, necesitaremos meternos dentro de cada
3192 Desconocer la Escritura es descono-
una de aquellas Santísimas Heridas: para pu-
cer a Cristo (SAN JERÓNIMO, Comento sobre rifIcarnos, para gozarnos con esa Sangre re-
Isaías). dentora, para fortalecernos (SAN JOSEMAIÚA
ESCRIVÁ, Amigos de Dios, 302).
La Humanidad Santísima d e Cristo ,
camino hacia el Padre 3197 De tal manera tomó el Hijo de Dios
al hombre pasible, que la divinidad permane-
3193 y veo yo claro, y he visto después,
ció impasible: padeció el Hijo de Dios (no de
que para contentar a Dios y que nos haga una manera supuesta, sino real) todo aquello
grandes mercedes, quiere que sea por manos que atestigua la Sagrada Escritura, según
de esta Humanidad sacratísima, en quien di- aquello en lo que podía padecer, a saber, en
jo Su Majestad se deleita (SANTA TERESA, Vi- cuanto a la naturaleza que tomó (SAN JERÓ-
da,22). NIMO, en CatenaAurea, vol. 111, p. 306).
3194 Ir por medio del Verbo hecho carne 3198 Pues ya andaba mi alma cansada y,
al Verbo que era en principio con Dios (SAN aunque quería, no la dejaban descansar las rui-
AGUSTÍN, Trat. Evang. S. Juan, 13, 14). nes costumbres que tenía. Acaecióme que, en-
3195 Este, pues, es buen tiempo para que trando un día en el oratorio, vi una imagen
nos enseñe nuestro Maestro, para que le oiga- que habían traído allí a guardar, que se había
mos y besemos los pies porque nos quiso ense- buscado para cierta fiesta que se hacía en casa.
ñar, y le supliquéis no se vaya de con nosotros. Era de Cristo muy llagado, y tan devota que,
Si esto habéis de pedir mirando a una imagen mirándole, toda me turbó de verle tal, porque
de Cristo, bobería me parece dejar la misma representaba bien lo que pasó por nosotros.
persona por mirar el dibujo. ¿No lo sería si Fue tanto lo que sentí de lo mal que había
tuviéramos un retrato de una persona que agradecido aquellas llagas, que el corazón me
quisiésemos mucho y la misma persona nos parece se me partía, y arrojéme cabe Él con
viniese a ver, dejar de hablar con ella y tener grandísimo derramamiento de lágrimas, supli-
toda la conversación con el retrato? ¿Sabéis cándole me fortaleciese ya de una vez para no
ofenderle (SANTA TERESA, Vida, 9, 1).
para cuándo es bueno y caso en que yo me
deleito mucho?: para cuando está ausente la 3199 Nos narran los Evangelios que Jesús
misma persona y quiere darnos a entender no tenía dónde reclinar su cabeza, pero nos
que lo está con muchas sequedades, es gran cuentan también que tenía amigos queridos y

575
JESUCRISTO
ANTOLOGIA DE TE.'ITOS

de confianza, deseosos de acogerlo en su casa. 3202 Fue considerado Él mIsmo como


y nos hablan de su compasión por los enfer- carpintero, y fabricó obras de este oficio (yu-
mos, de su dolor por los que ignoran y ye- gos y arados) mientras estaba entre los hom-
rran, de su enfado ante la hipocresía. Jesús bres, enseñando por ellas los símbolos de la
llora por la muerte de Lázaro, se aíra con los justicia y lo que es una vida de trabajo (JUSTI-
mercaderes que profanan el templo, deja que NO, Didlogo con Trifón, 88, 8) .
se enternezca su corazón ante el dolor de la 3203 No puede vivir con Cristo el que
viuda de Naím. prefiere imitar a Judas y no a Cristo (SAN 0-
Cada uno de esos gestos humanos es gesto de PRIANO, Trat. sobre la oración).
Dios. En Cristo habita toda la plenitud de la
divinidad corporalmente ( Col 2, 9). Cristo es 3204 Por mucho que te humilles, jamás
podrás llegar tan bajo como llegó tu Señor
Dios hecho hombre, hombre perfecto, hom-
(SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Ma-
bre entero. Y, en lo humano, nos da a cono-
teo, 65).
cer la divinidad (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Es
Cristo que pasa, 108-109). 3205 Supongamos a un arquitecto que de-
seara construir en el espacio la bóveda de un
3200 Al llorar al amigo (Lázaro), manifes-
ábside. Debe trazar toda la circunferencia
tó la comunidad de naturaleza con nosotros;
partiendo de un punto clave: el centro.
y al propio tiempo nos libró de caer en el ex-
Guiándose por esta norma infalible, ha de
ceso por una u otra parte, no permitiendo
calcular luego la exacta redondez y el diseño
que nos afligiésemos demasiado ante las ad- de la estructura.
versidades, ni que tampoco fuésemos com- Quien intentara llevar a feliz término la obra
pletamente insensibles ante la desgracia (SAN haciendo caso omiso de este punto céntrico,
BASILIO, Hom. sobre la alegría). por más que presuma de su destreza y de su
ingenio es imposible que pueda obtener una
Jesucristo es el modelo
forma regular y sin defecto [.. .]. Para ello ne-
3201 Seguir a Cristo: este es el secreto. cesita referirse constantemente al modelo,
Acompañarle tan de cerca, que vivamos con que le permitirá conocer la exactitud de las
Él, como aquellos primeros doce; tan de cer- medidas. Con esta luz le será fácil entonces
ca, que con Él nos identifiquemos. No tarda- determinar con precisión el contorno interior
remos en afirmar, cuando no hayamos puesto y exterior de la obra. Así es como un solo
obstáculos a la gracia, que nos hemos revesti- punto se convierte en la clave fundamental
do de Nuestro Señor Jesucristo (cfr. Rom 13, de una construcción imponente (CASIANO,
14). Se refleja el Señor en nuestra conducta, Colaciones, 24).
como en un espejo. Si el espejo es como debe 3206 Cristo se sometió a la circuncisión
ser, recogerá el semblante amabilísimo de en el tiempo en que estaba vigente y así su
nuestro Salvador sin desfigurarlo, sin carica- obra se nos ofrece como ejemplo que imitar,
turas: y los demás tendrán la posibilidad de para que observemos las cosas que en nuestro
admirarlo, de seguirlo (SAN JOSEMARfA Es- tiempo están preceptuadas (SANTO ToMAs,
CRIvÁ, Amigos de Dios, 299). Suma Teológica, 3, q. 37, a. 1).

576
JESUCRISTO
F R,\NCISCO F ERNAN o EZ-C ARVAj AL

3207 Cristo, a quien e! universo está suje- tada por nadie, sino en virtud de su misma
to, estaba sujeto a los suyos (SAN AGUSTíN, esencia y naturaleza (SAN CIRlLO DE ALEJAN-
Sermón 51). DRíA, Comento sobre San Lucas, 10).

El reino de Cristo Sagrado Corazón de Jesús


3208 Verdad y justicia; paz y gozo en e! Es- 3213b Jesús, durante su vida, su agonía y su
píritu Santo. Eso es e! reino de Cristo: la ac- pasión, nos ha conocido y amado a todos y a
ción divina que salva a los hombres y que cul- cada uno de nosotros y se ha entregado por
minará cuando la historia acabe, y e! Señor, cada uno de nosotros: «El Hijo de Dios me
que se sienta en lo más alto de! paraíso, venga amó y se entregó a sí mismo por mí» (Cal 2,
a juzgar definitivamente a los hombres (SAN 20). Nos ha amado a todos con un corazón
JOSEMAlÚA EscRIVÁ, Es Cristo que pasa, 180) . humano. Por esta razón, e! sagrado Corazón
3209 El Señor viene con fortaleza y en su de Jesús, traspasado por nuestros pecados y
mano tiene e! reino, la potestad y e! imperio para nuestra salvación (cfr. jn 19, 34), «es
(SAN JERÓN IMO, Comento Evang. S. Mateo, considerado como e! principal indicador y
3, 19). símbolo [oo .] de! amor con que e! divino Re-
dentor ama continuamente al eterno Padre y
3210 ( Venga a nosotros tu reino). Puede su- a todos los hombres» (Pío XII, Ene. «Haurie-
ceder también que e! mismo Cristo sea e! rei- tis aquas»: OS 3924; cfr. OS 3812) (Catecis-
no de Dios que todos los días deseamos que mo de la Iglesia Católica, n. 478).
venga, y cuyo advenimiento mueve nuestro
deseo, apenas e! pensamiento nos lo repre- 3213c La oración de la Iglesia venera y
senta (SAN CIPRIANO, en Catena Aurea, vol. honra al Corazón de jesús, como invoca su
I, p. 358). Santísimo Nombre. Adora al Verbo encarna-
do ya su Corazón que, por amor a los hom-
3211 ¿Qué es e! advenimiento de Cristo? bres, se dejó traspasar por nuestros pecados.
La liberación de la esclavitud, e! principio de
La oración cristiana practica e! Vía Crucissi-
la libertad, e! honor de la adopción filial, la
guiendo al Salvador. Las estaciones desde e!
fuente de la remisión de los pecados y la vida
Pretorio, al Gólgota y al Sepulcro jalonan e!
verdaderamente inmortal para todos (SAN
recorrido de Jesús que por su santa Cruz ha
HIPÓLlTO, Hom. de Pascua).
redimido el mundo (Catecismo de la Iglesia
3212 Cristo no era Rey de Israe! para im- Católica, n. 2669).
poner tributos, ni para tener ejércitos arma-
dos y guerrear visiblemente contra sus enemi- Santa María, Madre de Dios
gos; era Rey de Israe! para gobernar las almas, ver también I1n. 5408-5419.
para dar consejos de vida eterna, para condu-
3214 El único nacimiento digno de Dios
cir al reino de los cielos a quienes estaban lle-
era el procedente de la Virgen; asimismo, la
nos de fe, de esperanza y de amor (SAN
dignidad de la Virgen demandaba que quien
AGUSTíN, Trat. Evang. de Sanjuan, 51,4) .
naciera de ella no fuere otro que el mismo
3213 Posee Cristo la soberanía sobre todas Dios. Por esto, el Hacedor de! hombre, al ha-
las criaturas, no arrancada por fuerza ni qui- cerse hombre, naciendo de la raza humana,

577
JESUCRISTO - JUICIO
ANTO LOG fA D E T EXTOS

tuvo que elegir, mejor dicho, que formar para hombres que después se han hecho sacerdotes
sí, entre todas, una madre tal cual él sabía que u obispos. No en este sentido, repito, María
había de serle conveniente y agradable (SAN Santísima es Madre de Dios, sino, como se
BERNARDO, Hom. sobre la Virgen Madre, 2). ha dicho antes, porque en su sagrado seno se
3215 [oo .] Al modo como usamos común- realizó el misterio sacrosanto por el cual, en
mente la expresión: madre de un sacerdote o razón de una particular y única unidad de
madre de un obispo, no porque estas mujeres persona, el Verbo es carne en la carne, y el
hayan engendrado a un presbítero o a un hombre es Dios en Dios (SAN VICENTE DE
obispo, sino porque han puesto en el mundo LERlNS, Conmonitm'io, n. 15) .

JUICIO

l. El fin del mundo sorprenderá a los hombres ocupados en sus negocios, sin advertir la inmi-
nencia de la llegada de Cristo.
Vendrá como Redentor del mundo, como Rey, Juez y Señor de todo el Universo. Y se mostra-
rá con señales extraordinarias ante aquellos que -en Él o en su Iglesia-le negaron; ante quie-
nes, no contentos con esto, le persiguieron; ante quienes vivieron ignorándole; también, y so-
bre todo, ante quienes le amaron con obras. La Humanidad entera se dará cuenta de que Dios
le ensalzó y le dio un nombre superior a todo nombre, a fin de que al nombre de jesús se doble toda
rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno, y toda lengua confiese que jesucristo es Señor para la
gloria de Dios Padre (Flp 2, 9-11) .
Es de fe definida que inmediatamente después de la muerte se decide la suerte eterna de todo
hombre (Benedicto XII, Conc. de Lyon, Conc. de Florencia), y que en el día del juicio uni-
versal comparecerán todos con sus cuerpos ante el tribunal de Cristo para dar cuenta de sus
actos (Benedicto XII, CONC. DE LETRÁN IV, Lyón 11). Todos los hombres, réprobos y elegi-
dos, resucitarán con sus propios cuerpos, los que ahora llevan, para recibir el premio o el cas-
tigo definitivo, según sus obras (Ibídem).
Los juicios particulares no serán ni revisados ni corregidos en el juicio universal, sino confir-
mados y dados a conocer públicamente. Mientras que en el juicio particular el hombre es juz-
gado como individuo, en el juicio universal será juzgado ante toda la humanidad y como
miembro de la sociedad humana. Entonces se complementarán el premio y el castigo al ha-
cerlos extensivos al cuerpo resucitado (cfr. SANTO TOMÁS, Suma Teológica, Supl., 88, 1) .

2. Todos comprenderán con entera claridad el valor de la vida cristiana; entenderán entonces
el valor de la abnegación, de la mortificación, del sacrificio. En la segunda venida de Cristo se
manifestará públicamente la gloria de los santos, porque muchos de ellos murieron desprecia-
dos, ignorados, incomprendidos, y serán ahora glorificados a la vista del mundo. Y muchos

578
JUICIO
F RANC ISCO FERNÁN D Ez-CA RVA)AL

exclamarán entonces: Nosotros, insensatos, tuvimos su vida por locura y su fin por deshonra. ¡CÓ-
mO son contados entre los hijos de Dios y tienen su heredad entre los santos! (Sab 5,4-5).
Los propagadores de herejías recibirán e! castigo que acumularon a lo largo de los siglos, cuan-
do sus errores pasaban de unos a otros, siendo un obstáculo para que muchos encontraran e!
camino de la salvación. De la misma manera, quienes llevaron la fe a otras almas y encendie-
ron a otros en e! amor de Dios recibirán e! premio por e! fruto que su oración y sacrificio pro-
dujo a lo largo de los tiempos. Verán los resultados en e! bien que tuvieron cada una de sus ja-
culatorias, de sus sacrificios, de su trabajo, de sus desvelos.
3. Se verá e! verdadero valor de hombres tenidas por sabios pero maestros de! error, que mu-
chas generaciones rodearon de alabanza y consideración, mientras que otros eran relegados al
olvido, cuando debieron ser considerados y llenos de honor. Recibirán entonces la paga de sus
trabajos, que e! mundo les negó.
El juicio de! mundo servirá para glorificación de Dios (cfr. 2 Tes 1, 10), pues hará patente Su
sabiduría en e! gobierno de! mundo, Su bondad y Su paciencia con los pecadores.

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


l. Juicio pClrticulClr bién os sentaréis sobre doce si llas y juzgaréis a las doce
tribus de Israel. Mt 19,28 .
.;. Está decretado a los hombres morir una sola vez, y
después el juicio. Heb 9,27. .;. Jesús nos mandó que predicásemos y testificásemos al
pueblo que Él es el que está constituido por Dios juez
.;. Cada uno de nosotros ha de dar cuenta a Dios de sí de vivos y muertos. Heeh ID, 42 .
mismo. Rom 14, 12.
.;. No queráis sentenciar antes de tiempo hasra que venga
.:. Es forzoso que todos comparezcamos ante el tribunal el Señor, el cual sacará a plena luz lo que está en los es-
de Cristo, para que cada uno reciba el pago debido a condrijos de las tinieblas, y descubrirá las intenciones
las buenas o malas obras que haya hecho mientras ha de los corazones. 1 Co/'4, 5.
estado revestido de su cuerpo. 2 Co/' 5, ID. .;. Los genti les darán también cuenta a Aquel que tiene
2. Juicio fillCll dispuesto juzgar a los vivos y a los muertos. 1 Pd/' 4, 5.
.;. Vi un gran so lio reluciente y a uno Oesucristo) senta-
.;. Cuando ~enga el Hijo del hombre [oo .) hará compare-
do en él [oo.) Y vi a los muertos, grandes y pequeños,
cer ante E l a todas las naciones, y separará a unos de estar delante del trono y abriéronse los libros; y abrió-
los otros. Mt25, 31-32; Me 13,26-27; Le21, 36.
se también el libro de la vida; y fueron juzgados los
.:. En el día de la resurrección, cuando el Hijo del hom- muertos por las cosas escritas en los libros [oo.], y se dio
bre se siente en el solio de su majestad, vosotros tam- a cada uno sentencia según sus obras. Apoe20, 11-13.

SELECCIÓN DE TEXTOS

Nos juzgará Jesucristo, la "cuenta" que le pedirá Nuestro Señor. No,


a quien hemos procurado servir para ustedes no será Juez -en e! sentido aus-
durante toda nuestra vida tero de la palabra- sino simplemente Jesús».
-Esta frase, escrita por un Obispo santo, que
3216 «Me hizo gracia que hable usted de ha consolado más de un corazón atribulado,

579
JurelO
A NTOLOGíA D E TEXTOS

bien puede consolar e! tuyo (SAN JOSEMARíA buenas obras nos siguen, las malas nos si-
ESCRIVÁ, Camino, n. 168). guen; y ninguna otra cosa tiene valor, ningu-
na otra cosa es más que broza. El torbellino y
3217 Plegue a Su Majestad que nos le dé a
la danza de los asuntos mundanos no es sino
entender antes que nos saque desta vida, por-
como e! torbellino de la broza y e! polvo, de!
que será gran cosa a la hora de la muerte ver
cual nada resulta. Dura en e! día, pero no se
que vamos a ser juzgadas de quien habemos
le encuentra a la noche. Y, sin embargo,
amado sobre todas las cosas. Seguras pode-
cuántas almas inmortales gastan su vida en
mos ir con e! pleito de nuestras deudas. No
nada mejor que aturdirse en este torbe!lino
será ir a tierra extraña, sino propia; pues es a
de ideas políticas, de partido, de opiniones
la de quien tanto amamos y nos ama (SANTA
religiosas o de cómo ganar dinero, de todo lo
. TERESA, Camino de perfección, 40,8).
cual nunca puede resultar nada (CARD. J. H.
3218 Cuando venga nuestro Señor Jesu- NEWMAN, Sermón para el Domingo de Septua-
cristo sacará a la luz lo que está oculto en las ti- gésima: el juicio).
nieblas, y pondrá al descubierto las intenciones
3222 Aunque tengas padres o hijos o ami-
del corazón, y vendrá a cada uno su alabanza
go o alguien que pudiera interceder por ti,
de parte de Dios. Entonces, con la presencia solo te aprovechan tus hechos. Así es este jui-
de este día ya no tendremos necesidad de cio: se juzga solo lo que has hecho (SAN JUAN
lámparas; no será necesario que se nos lean CRISÓSTOMO, Hom. sobre la Epist. a los Gála-
los libros proféticos ni los escritos de! Após- tas, 2-8).
tol; ya no tendremos que indagar e! testimo-
nio de Juan, ye! mismo Evange!io dejará de 3223 Ciertamente, e! día de! juicio no nos
sernos necesario. Ya no tendrán razón de ser preguntarán qué leímos, sino qué hicimos; ni
todas las Escrituras, que en la noche de este lo bien que hablamos, sino lo honestamente
mundo se nos encendían a modo de lámpa- que vivimos. Dime: ¿Dónde están ahora to-
ras, para que no quedásemos en tinieblas dos aquellos señores y maestros que tú cono-
(SAN AGUSTÍN, Trat. Evang. S. Juan, 35, 8-9). ciste cuando florecían en los estudios? Ya po-
seen otros sus rentas y, por ventura, de ellos
3219 En verdad os digo que no os conozco no se tiene memoria; en su vida algo parecí-
(Mt25, 12). Conoce e! Señor a los suyos, ye! an, mas ya no hay de ellos memoria (TOMÁS
. que no le conoce será desconocido (SAN JE- DE KEMPIS, Imitación de Cristo, 1, 3, 5).
RÓNIMO, en CatenaAurea, vol. I1I, p. 323).
Cada uno será juzgado
El verdadero valor de las cosas en el estado en que muera . Vigilancia
a la luz del juicio
3224 Cada cual ha de ser juzgado en e! es-
3220 Por e! poder divino se hará que a ca- tado en que salga de este mundo; y por esto
da uno se le representen en su memoria todas ha de velar todo cristiano, para que la llegada
sus obras (buenas y malas) (SAN AGUSTÍN, en de! Señor no le encuentre desprevenido (SAN
Catena Aurea, vol. I1I, p. 248). AGUSTÍN, en CatenaAurea, vol. I1I, p. 202).
3221 Bienaventurados los que mueren en el 3225 «Ha de venir a juzgar a los vivos y a
Señor, pues sus obras les siguen (Apoc 14). Las los muertos», rezamos en e! Credo. -Ojalá no

580
JUICIO
F RANC ISCO F ERNÁNDEz- C ARVAjAL

me pierdas de vista ese juicio y esa justicia y... 3230 ,Es de notar que la bienaventuranza
a ese Juez (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Camino, se otorga en proporción a la caridad y no en
n. 745) . proporción a cualquier otra virtud (SANTO
TOMÁs, Sobre la caridad, 1. c., 204) .
3226 La caridad, por tanto, es la fuente y
el origen de todo bien, la mejor defensa, el Solo llevamos las propias obras.
camino que lleva al cielo. El que camina en la Desprendimiento
caridad no puede errar ni temer, porque ella
3231 Ved cómo pesa todo cuanto hacéis
es guía, protección, camino seguro.
cada día; queráis o no, os aproximáis más al
Por esto, hermanos, ya que Cristo ha coloca-
juicio; el tiempo no perdona. ¿Por qué, pues,
do la escalera de la caridad, por la que todo
se ama lo que se ha de abandonar? ¿Por qué
cristiano puede subir al cielo, aferraos a esta
no se hace caso del fin a donde se ha de lle-
pura caridad, practicadla unos con otros y su- gar? (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 15 sobre
bid por ella cada vez más arriba (SAN FUL- los Evang.) .
GENCIO DE RUSPE, Sermón 3, 1-3).
3232 Somos actores en escena. Nadie se
«Te examinarán en el amor». crea rey ni rico, porque al final del acto nos
El juicio y la caridad encontraremos todo pobreza (SAN JUAN CRI-
SÓSTOMO, Hom. sobre Lázaro, 2, 3).
3227 A la tarde te examinarán en el amor.
Aprende a amar a Dios como Dios quiere ser Se juzgará la correspondencia
amado y deja tu propia condición (SAN JUAN a las gracias recibidas. Responsabilidad
DE LA CRUZ, Avisos y sentencias, n. 57).
3233 Cuando venga el juez exigirá a cada
3228 Cuanto más ames más subirás (SAN uno de nosotros tanto cuanto nos dio (SAN
AGUSTÍN, Comento sobre el Salmo 83, 10). GREGORIO MAGNO, Hom. 9 sobre los Evang.).

3229 El bienaventurado S. Juan Evange- 3234 Mirad que ya está cerca la vuelta del
lista, al final de sus días, cuando moraba en que se fue lejos, porque, aunque parece ha-
Éfeso y apenas podía ir a la Iglesia sino en berse alejado mucho quien se marchó lejos de
brazos de sus discípulos, y no podía decir esta tierra en que nació, vuelve enseguida a
pedir la cuenta [... ] (SAN GREGORIO MAGNO,
muchas palabras seguidas en voz alta, no solía
Hom. 9 sobre los Evang.).
hacer otra exhortación que esta: -«Hijitos,
amaos unos a otros». Finalmente, sus discí- 3235 Aquel hombre de talento que incli-
pulos y los hermanos que le escuchaban, abu- nó su voluntad al pecado en vano pedirá mi-
rridos de oírle siempre lo mismo, le pregun- sericordia, porque cometió el pecado sin ex-
taron: Maestro, ¿por qué siempre nos dices cusa, separándose de la voluntad divina por
esto? Y les respondió con una frase digna de su malicia; pero el hombre rústico e ignoran-
Juan: Porque este es el precepto del Señor y te la implorará con más razón a su juez (SAN
su solo cumplimiento es más que suficiente CrRILO, en Catena Aurea, vol. VI, p. 114).
(SAN JERÓNIMO, Comento sobre la Epístola a 3236 No se juzgan las cosas del mismo
los Gálatas, 3, 6). modo en todos, sino que a conocimiento ma-

581
JUICIO
A NTOLOGIA DE TEXTOS

yor corresponde mayor responsabilidad (SAN hombre (SAN JUAN CRlSÓSTOMO, en Catena
JUAN CRlSÓSTOMO, en Catena Aurea, vol. VI, Aurea, vol. I1I, p. 238) .
p. 114). 3242 Ahora, mientras te dedicas al mal,
llegas a considerarte bueno, porque no te to-
El juicio y la rectitud de intención
mas la molestia de mirarte. Reprendes a los
3237 Las lámparas de las vírgenes fatuas se otros y no te fijas en ti mismo. Acusas a los
apagan, porque sus obras, que aparecían cla- demás y a ti no te examinas . Les colocas a
ras exteriormente, a los hombres, quedarán ellos delante de tus ojos y a ti te pones a tu es-
oscurecidas interiormente a la venida del palda. Pues cuando me llegue a mí el turno
juez. No hallarán retribución de Dios, por- de argüirte, dice el Señor, haré todo lo con-
que recibieron por ellas de los hombres las trario: te daré la vuelta y te pondré delante de
alabanzas que desearon (SAN GREGORIO ti mismo. Entonces te verás y llorarás (SAN
MAGNO, Hom. 12 sobre los Evang.). AGUSTfN, Sermón 17, 5).
3238 Acudirán a declarar testigos infalibles, 3243 El que ahora lo ve todo sin ser visto,
a saber, las propias conciencias de los hombres juzgará todas las cosas; aparecerá, pues, para
(SANTO ToMAs, Sobre el Credo, 1. c., p. 86). juzgar especialmente en aquel tiempo en que,
olvidados todos de sus juicios, se crean como
3239 En la vida presente puede ocultarse a emancipados de Él en este mundo (SAN BE-
los hombres lo que se hace interiormente; pe- DA, en CatenaAurea, vol. VI, p. 285).
ro vendrá ciertamente el juez a quien no po-
drá ocultarse nada con callar, a quien no po- Una sentencia definitiva de salvación
drá engañarse negando (SAN GREGORIO o de condenación
MAGNO, Hom. 17 sobre los Evang.).
3244 Cada uno de nosotros ha de llegar a
No valdrán las excusas en el juicio. ese momento terrible en que comparecere-
Conocimiento propio; examen mos ante el dueño de la viña para responder
de las obras realizadas en la tierra, buenas o
3240 Cuando lleguemos a la presencia de malas. Queridos hermanos, habréis de pasar
Dios, se nos preguntarán dos cosas: si estába- por ello. Cada uno ha de sufrir su juicio par-
mos en la Iglesia y si trabajábamos en la Igle- ticular, y será el momento más silencioso y
sia. Todo lo demás no tiene valor. Si hemos terrible que jamás hayáis podido experimen-
sido ricos o pobres, si nos hemos ilustrado o tar. Será el momento tremendo de la expecta-
no, si hemos sido dichosos o desgraciados, si ción, en el que vuestra suerte para la eterni-
hemos estado enfermos o sanos, si hemos te- dad estará en la balanza y estaréis a punto de
nido buen nombre o malo (CARO . J. H . ser enviados en compañía de los santos o de
NEWMAN, Sermón para el Domingo de Septua- los demonios, sin que quede posibilidad de
gésima: el juicio) . cambio. No puede haber cambio; no cabe
3241 Concurrirán también (al juicio uni- vuelta atrás (CARO. J. H . NEWMAN, Sermón
versal) todos los ángeles, para dar testimonio para el Domingo de Septuagésima: el juicio) .
ellos mismos del ministerio que ejercieron 3245 Para los laboriosos y dispuestos para
por orden de Dios para la salvación de cada el bien, que no están sentados ni ociosos so-

582
JUICIO
F RANCISCO F ERNAN D Ez-CARVAjAL

bre la tierra, sino que se levantan en cuanto se a fin de que resultase para todos más notorio y
les dice: levdntate y anda, porque la tierra no grandioso, y para que todos tributasen a Dios
es tu lugar de descanso; para estos no será el alabanzas por su justicia y providencia, en vez
día aquel un día de lazo ni de peligro, sino un de aquella injusta queja que hasta los varones
día de triunfo (TEO FILO, en Catena Aurea, justos solían a veces exhalar como hombres
vol. VI, p. 421) . cuando veían a los malos engreídos de sus ri-
3246 Tema morir quien no está señalado quezas y alegres con sus honores [oo.].
por la Cruz y pasión de Cristo. Tema la Es necesario que se celebre un juicio univer-
sal, no dijeran acaso los hombres de Dios, an-
muerte quien va a ser atormentado por penas
y llamas eternas al salir de este mundo. Tema dando, paseándose de uno a otro polo del
morir aquel al que se le alarga el tiempo para Cielo, no se cuida de las cosas de la Tierra.
diferirle algo sus suplicios y dolores (SAN 0- Así pues, con razón, se incluyó esta fórmula
PRlANO, Sobre la mortalidad, 14).
de verdad entre los doce artículos de la fe
cristiana, para que, si algunos espíritus vacila-
El juicio universal ban acerca de la providencia y justicia de
Dios, se fortaleciesen por medio de esta ver-
324 7 En un solo lugar comparecerán al dad. Convenía, además, animar a los buenos
mismo tiempo todos los hombres ante el tri- y aterrar a los malos poniéndoles a la vista el
bunal del Juez supremo, para que, viéndolo y juicio, a fin de que, persuadidos de la justicia
oyéndolo los hombres todos de todos los si- divina, no desfalleciesen aquellos, y se aparta-
glos, sepa cada uno lo que se ha decretado y sen estos de los pecados con el temor y con-
juzgado de ellos mismos, y la publicación de vencimiento del castigo eterno. Por eso,
esta sentencia será para los hombres impíos y nuestro Señor y Salvador, hablando del últi-
malvados una parte, no la menor, de sus pe-
mo día, manifestó que habría algún día un
nas y tormentos; mas al contrario, los piado-
juicio universal, y describió las señales de este
sos y justos recibirán, con motivo de ella,
tiempo, para que, al verlas, entendamos que
grande premio y fruto, habiendo de verse cla-
está cerca el fin del mundo; y después, en su-
ro cuál fue cada cual en esta vida (Catecismo
biéndose al Cielo, envió ángeles para conso-
Romano, 1, VIII, 3) .
lar a sus Apóstoles, que estaban tristes por su
324 8 [oo .] Era razonable que no solo se esta- ausencia, diciéndoles: Este jesús que, separdn-
bleciesen premios para los buenos y castigos dose de vosotros, se ha subido al Cielo, vendrd
para los malos en la vida futura, sino que tam- de la misma suerte que acabdis de verle subir
bién se decretase en un juicio general y público, alld (Catecismo Romano, 1, VIII, 4).

583
JillCIO TEMERARIO
A NTOLOG (A DE TEXTOS

J UlCIO TEMERARIO

1. Condenó el Señor el juzgar mal, por ligereza o malicia, de la conducta, sentimiento o in-
tenciones de los demás: No juzguéis -nos dice- y no seréis juzgados. Porque con el juicio con que
juzguéis se os juzgard, y con la medida con que middis se os medird (Mt 7, 1-2).
San Pablo, al hablar de la caridad, destaca como nota sobresaliente el no juzgar mal de los de-
más: la caridad es paciente, es benigna... , no piensa mal... (I Cal' 13,4 ss).
El juicio temerario nace de un corazón poco recto y se funda en leves apariencias. Santo To-
más explica así las causas de los juicios y de las sospechas temerarias: «La sospecha implica una
falta cuando se funda en ligeros indicios. Y esto puede suceder de tres modos: 1.0) Porque uno
es malo en sí mismo, y por ello fácilmente piensa mal de otros, según aquellas palabras de la Sa-
grada Escritura: el necio, andando en su camino y siendo él el necio, a todos juzga necios (Ecl10,
3).2. 0 ) Porque tiene mal afecto a otro; pues cuando alguien desprecia u odia a otro o se irrita y
le envidia, piensa mal de él por ligeros indicios, porque cada cual cree lo que le apetece. En
tercer lugar, la sospecha puede venir de la larga experiencia; por lo que dice Aristóteles que los
ancianos son muy suspicaces, ya que muchas veces han tenido experiencia de los defectos de
otros (SANTO ToMAs, Suma Teológica, 2-2, q. 60, a. 3).
2. Una manifestación de humildad es evitar el juicio negativo sobre los demás. Es más difícil
emitir ese juicio si se conocen las propias miserias.
Es un hecho comprobado que quien tiene deformada la vista, ve deformadas las cosas, aunque
sean rectas.
Cuando se juzga a alguien sin comprensión, se analiza fríamente su conducta, sin profundizar
en los verdaderos motivos que haya podido tener esa persona para actuar; o se le atribuye solo
lo menos bueno o lo malo. Nuestra visión será siempre limitada. Solo Dios lee en los corazo-
nes y da el verdadero valor a las circunstancias que acompañan a una acción.
3. Dios, que conoce las verdaderas raíces del actuar humano, es quien verdaderamente com-
prende, justifica y perdona; los hombres que las ignoran solo saben, con frecuencia, emitir un
juicio de condenación. Es la caridad la que puede evitar el juicio negativo. La comprensión
lleva a juzgar a los demás como quisiéramos que nos juzgaran a nosotros.
Incluso cuando haya que juzgar, es necesaria una excusa que quite parte de la posible dureza al
hecho que se juzga.

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA

.:. No juzguéis y no seréis juzgados, porque con el juicio .:. ¿Quién eres tú para juzgar al que es siervo de otro? Si
con que juzga reis seréis juzgados, y con la med ida con cae, o se mantiene firme, esto pertenece a su amo: pe-
que midiereis se os medirá. Mt7 , 1. ro firme se mantendrá, pues poderoso es Dios para
sostenerle. Rom 14, 4 .
.:. No queráis juzgar por las apariencias, sino juzgad por
un juicio recto. J11 7, 24. .:- ¿Por qué tú condenas a tu hermano ?, o ¿po r qué tú

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JUTCIO TEMERi\RW
F RANC ISCO F ERNÁN D EZ-CARVAjAL

desprecias a tu hermano, cuando rodas hemos de .;. Cuanto a mí, muy poco se me da ser juzgado por vo-
comparecer ante el tribunal de Crisro? Rom 14, 10. sotros o de cualquier tribunal humano, que ni aun a
.;. Uno solo es el legislador y el juez que puede salvar y mí mismo me juzgo. 1 Cor4, 3 .
puede perder. Tú, empero, ¿quién eres para juzgar a tu
prójimo? Sant4, 12-13. .;. Por lo cual eres inexcusable, ¡oh hombre! ,
.;. No nos juzguemos, pues, ya más los unos a los otros, y quienquiera que seas, tú que juzgas a otros, a ti mis-
mirad sobre roda que no pongáis tropiezo o escándalo mo te condenas, ya que haces eso mismo que conde-
al hermano. Rom 4, 13. nas. Rom 2, l.

SELECCIÓN DE TEXTOS
Se funda en leves apariencias y nace 3251 ¿De dónde nace esta apreciación in-
de un corazón poco recto justa con los demás? Parece como si algunos
tuvieran continuamente puestas unas anteo-
3249 No digas: «Fulano es un borracho»,
jeras, que les alteran la vista. No estiman, por
por haberle visto embriagado una vez; ni le
principio, que sea posible la rectitud o, al me-
llames adúltero por haber visto que cayó en
nos, la lucha constante por portarse bien. Re-
este pecado [... ]. Paróse una vez el sol para
ciben todo, como reza el antiguo adagio filo-
contribuir a la victoria de Josué; oscurecióse
sófico, según el recipiente: en su previa
otra en testimonio de la victoria del Salvador.
deformación. Para ellos, hasta lo más recto,
¿Diremos por esto que es innoble u oscuro?
refleja -a pesar de todo- una postura torcida
Una vez se embriagó Noé, otra Lot, y este,
que, hipócritamente, adopta apariencia de
además, cometió un gravísimo incesto; sin
bondad (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Es Cristo
embargo, a ninguno de los dos se puede lla-
que pasa, 67) .
mar borracho, ni a Lot incestuoso. No fue
San Pedro sangriento porque una vez derra- 3252 El juicio temerario es un pensamien-
mó sangre; ni porque blasfemó en una oca- to o una palabra desfavorables para el próji-
sión, blasfemo; que el nombre de vicioso o mo, fundados en leves apariencias. Solamen-
virtuoso se adquiere por la continuación y el te puede proceder de un corazón malvado,
hábito; así que es impostura tratar a uno de lleno de orgullo o de envidia; puesto que un
colérico o ladrón por haberle visto una vez buen cristiano, penetrado como está de su
encolerizarse o robar (SAN FRANCISCO DE SA- miseria, no piensa ni juzga mal de nadie; ja-
LES, Introd. a la vida devota, 3, 29). más aventura su juicio sin un conocimiento
cierto, yeso todavía cuando los deberes de su
3250 Si tuviésemos la dicha de estar libres
cargo le obligan a velar sobre las personas cu-
del orgullo y de la envidia, nunca juzgaría-
yos actos juzga (SANTO CURA DE ARS, Ser-
mos a nadie, sino que nos contentaríamos
món sobre el juicio temerario).
con llorar nuestras miserias espirituales, orar
por los pobres pecadores, y nada más, bien 3253 Contribuyen de ordinario en gran
persuadidos de que Dios no nos pedirá cuen- manera a producir sospechas y juicios teme-
ta de los actos de los demás, sino solo de los rarios el miedo, la ambición y otras semejan-
nuestros (SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre tes flaquezas del espíritu (SAN FRANCISCO DE
el juicio temerario). SALES, Introd. a la vida devota, 3, 28).

585
JUICIO TEMER1\RIO
A NTOLOGIA DE T EXTOS

No debemos juzgar a los demás, 3258 Evita como un mal gravísimo el juz-
si no existe un deber que lo exija gar los hechos del prójimo; antes bien, inter-
preta benignamente sus dichos y hechos, bus-
3254 A pesar de todos los datos y de las
cando con industriosa caridad razones con
señales al parecer más inequívocas, estamos
que excusarlos y defenderlos. Y si fuera impo-
siempre en gran peligro de juzgar mallas ac-
sible la defensa, por ser demasiado evidente el
ciones de nuestro prójimo. Lo cual debe in-
fallo cometido, procura atenuarlo cuanto
ducirnos a no juzgar jamás los actos del veci-
puedas, atribuyéndolo a inadvertencia o a
no sin madura reflexión y aun solamente
sorpresa, o a algo semejante, según las cir-
cuando tenemos por misión la vigilancia de
cunstancias; por lo menos, no pienses más en
la conducta de aquellas personas, en cuyo ca-
ello, a no ser que tu cargo te exija que pongas
so se encuentran los padres (SANTO CURA DE
remedio (J. PECCI -León XIII-, Prdctica de la
ARs, Sermón sobre el juicio temerario).
humildad, 14).
3255 No juzguéis y no serés juzgados, por-
3259 No admitas un mal pensamiento de
que con el juicio que juzgareis seréis juzgados
nadie, aunque las palabras u obras del intere-
(Mt7, 1-2) . Aparte de la razón apuntada, es
sado dan pie para juzgar así razonablemente
también peligroso juzgar a nuestros semejan-
(SAN ]osEMAR1A ESCRIvÁ, Camino, n. 442).
tes, porque ignoramos en absoluto la necesi-
dad o la razón que hace legítima o al menos 3260 Hemos de examinar muy detenida-
venial aquella acción que nos choca o nos mente los hechos, antes de emitir nuestros
sorprende (CASIANO, Instituciones, 5, 29). juicios sobre el prójimo, por temor de enga-
ñarnos, lo cual acontece con suma frecuencia
3256 No queramos juzgar. -Cada uno ve
(SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre el juicio
las cosas desde su punto de vista .. . y con su
temerario) .
entendimiento, bien limitado casi siempre, y
oscuros o nebulosos, con tinieblas de apasio- 3261 ¿Quién puede juzgar al hombre? La
namiento, sus ojos, muchas veces. tierra entera está llena de juicios temerarios.
Además, lo mismo que la de esos pintores En efecto, aquel de quien desesperábamos, en
modernistas, es la visión de ciertas personas el momento menos pensado, súbitamente se
tan subjetiva y tan enfermiza, que trazan convierte y llega a ser el mejor de todos.
unos rasgos arbitrarios, asegurándonos que Aquel, en cambio, en quien tanto habíamos
son nuestro retrato, nuestra conducta .. . confiado, en el momento menos pensado,
¡Qué poco valen los juicios de los hombres! cae súbitamente y se convierte en el peor de
No juzguéis sin tamizar vuestro juicio en la todos. Ni nuestro temor es constante ni nues-
oración (SAN ]OSEMAlÚA ESCRIVÁ, Camino, tro amor indefectible (SAN AGUSTíN, Sermón
n.451). 46, sobre los pastores, 24-25).
3257 Para juzgar sobre lo que hace o dice 3262 Puede suceder que quien interpreta
una persona, sin engañarnos, sería necesario en el mejor sentido se engañe más frecuente-
conocer las disposiciones de su corazón y la mente; pero es mejor que alguien se engañe
intención con que dijo o hizo talo cual cosa muchas veces teniendo buen concepto de un
(SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre el juicio hombre malo que el que se engaña raras veces
temerario) . pensando mal de un hombre bueno, pues en

586
JillCIO TEMERARIO - JUSTICIA
F RANCISCO F ERNÁNDEz-CARVAj AL

este caso se hace injuria a otro, lo que no ocu- ya fuera cierto (SAN AGUSTíN, Comento sobre
rre en el primero (SANTO ToMAs, Suma Teo- el Salmo 147, 16).
lógica, 2-2, q. 60, a. 4 ad 1).
3266 Aunque vierais algo malo, no juzguéis
3263 La causa de tantos juicios temerarios al instante a vuestro prójimo, sino más bien ex-
es el considerarlos como cosa de poca impor- cusadle en vuestro interior. Excusad la inten-
tancia; y, no obstante, si se trata de materia ción, si no podéis excusar la acción. Pensad que
grave, muchas veces podemos cometer peca- lo habrá hecho por ignorancia, o por sorpresa,
do mortal (SANTO CURA DE ARs, Sermón so- o por desgracia. Si la cosa es tan clara que no
bre el juicio temerario). podéis disimularla, aun entonces creedlo así, y
decid para vuestros adentros: la tentación ha-
Caridad y comprensión brá sido muy fuerte (SAN BERNARDO, Serm. so-
con las acciones de los demás bre el Cantar de los Cantares, 40).

3264 Al juzgar al prójimo, debemos tener 3267 ¿Quién eres tú para juzgar el acierto
del superior? -¿No ves que él tiene más ele-
en cuenta su flaqueza y su capacidad de arre-
mentos de juicio que tú; más experiencia;
pentirse (SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre
más rectos, sabios y desapasionados conseje-
el juicio temerario).
ros; y, sobre todo, más gracia, una gracia es-
3265 Si (el mal ajeno) es dudoso, puedes pecial, gracia de estado, que es luz y ayuda
lícitamente tomar precauciones contra él, por poderosa de Dios? (SAN JOSEMARfA ESCRIvA,
si es cierto; pero no debes condenarle como si Camino, n. 457).

JUSTICIA

l. El Señor nos habla muchas veces en el Evangelio de la justicia y nos anima a dar a cada uno
lo que le corresponde. Esta virtud regula las relaciones entre los hombres en sus múltiples ma-
nifestaciones. Para ser justos, «en ese dar a cada uno lo que le pertenece» tendríamos que fijar-
nos lógicamente, en primer lugar, en nuestras relaciones con Dios. Sin embargo, en este caso
no puede hablarse estrictamente de justicia, pues el hombre ha recibido de Dios tantos dones
que nunca podrá corresponderle como merece: nos encontramos siempre ante Dios como
aquel siervo que no tenía con qué pagar (cfr. Mt 18, 23-25). Por eso hemos de acudir fre-
cuentemente a la misericordia de Dios, para que haga con nosotros lo que con aquel hombre:
Compadecido de aquel criado, le dejó libre y le perdonó la deuda.
Por otra parte, aprender a perdonar. Si miramos a Dios, advertimos nuestros fraudes, nuestras
deudas para con Él. A la vez vemos que aquello que debemos perdonar a los demás -aun en
los casos más graves- es una insignificancia: no llega a cien denarios.
No suelen faltar pequeñas contrariedades, pequeñas molestias, que nacen del trato y de la
convivencia. Nuestra postura, si estamos en presencia de Dios, será la de quitarles importan-
cia (en realidad no la tienen), y saber disculpar, también, con elegancia humana. Así nos ase-

587
JUSTICIA
ANTOLOGfA DE T EXTOS

mejamos al Señor. Nada «nos asemeja tanto a Dios como estar siempre dispuestos al perdón»
(SAN JUAN CRlS6STOMO, Hom. sobre San Mateo, 19, 7). Y nuestra vida será también mucho
más alegre y no sufriremos por pequeñeces.
Al perdonar, somos nosotros los que obtenemos una mayor ganancia. Además, Dios condicio-
na su conducta misericordiosa con nosotros a la que nosotros tengamos con los demás. La
medida con que nos mide Dios es la misma con la que nosotros debemos medir. Y es una me-
dida amplia y misericordiosa.
No debemos cometer el error de aquel siervo mezquino que, habiéndosele perdonado a él tan-
to, no fue capaz de perdonar tan poco.

2. Por lo que se refiere a nuestras relaciones con los demás hombres, la justicia garantiza bási-
camente el respeto mutuo en el uso de los bienes que Dios nos ha otorgado, que son para to-
dos y que miran no solo a nuestra utilidad en este mundo, sino también para que nos ayuden
a llegar al Cielo.
Como consecuencia del pecado original, el hombre busca de modo desordenado y excesivo las
cosas materiales. Tenemos el riesgo -contra el que nos previene el Señor- de poner nuestro
corazón en las riquezas. Y ese afán desmedido por poseer cada vez más y mejores cosas puede
llevarnos a lesionar la virtud de la justicia. El séptimo mandamiento de la Ley de Dios defien-
de esta virtud cuando nos prohíbe tomar o retener injustamente lo ajeno, o causar algún daño
al prójimo en sus bienes, de cualquier modo. Es importante recordar que la justicia lesionada
no queda restablecida si no se restituye, si no se devuelve la cosa injustamente tomada o no se
repara el daño hecho injustamente a otros. Por eso, quien no tiene el propósito de restituir, es
señal de que tampoco está verdaderamente arrepentido de su pecado, no tiene firme propósi-
to de enmendarse; y esas disposiciones, como es sabido, son necesarias para recibir la absolu-
ción en la Confesión.
Nuestra preocupación por vivir la justicia no nos debe hacer olvidar algo evidente, y es que no
se pueden resolver los problemas entre los hombres aplicando solo la justicia. Así, en la vida
familiar, además de la justicia hace falta otra virtud, que está por encima de la justicia y la
completa: la caridad. Pero la caridad es necesaria no solo en la familia, sino que debe informar
todas las relaciones entre los hombres. La caridad llega donde la justicia no alcanza.

3. El entiquecimiento de la justicia a través de la misericordia lo ha señalado el Papa en su en-


cíclica Dives in misericordia. No solamente la justicia es entiquecida por la misericordia, sino
que propiamente sin esta quedaría desvirtuada aquella.
La justicia sin misericordia, sin perdón, termina por abocar «en un sistema de opresión de los
más débiles por los más fue rtes o en una arena de lucha permanente de los unos contra los
otros» (n.o 14); «la justicia por sí sola no es suficiente y [.. .], más aún, puede conducir a la ne-
gación y al aniquilamiento de sí misma, si no se le permite a esa forma más profunda que es el
amor plasmar la vida humana» (n.o 12); «es obvio que, en nombre de una presunta justicia
(histórica o de clase, por ejemplo), tal vez se aniquila al prójimo, se le mata, se le priva de la li-
bertad, se le despoja de los elementales derechos humanos» (n.o 12); «un mundo del que se
eliminase el perdón, sería solamente un mundo de fría e irrespetuosa j~sticia, en nombre de la

588
JUSTICIA
F RANC ISCO F ERNÁN D Ez-CARVAjAL

cual cada uno reivindicaría sus propios derechos respecto a los demás [... ]. Si desatendiéramos
esta lección, ¿qué quedaría de cualquier programa humanístico de la vida y de la educación?»
(n.o 14) . Sin misericordia, no es posible la justicia.
El Papa Juan Pablo II no ignora cómo «la mentalidad contemporánea [... ] parece oponerse al
Dios de la misericordia y tiende, además, a orillar de la vida y arrancar del corazón humano la
idea misma de misericordia», como una «pretensión de liberar de la misericordia las relaciones
interhumanas y sociales, y basarlas únicamente en la justicia». Pero no es posible semejante
pretensión, si se tiene en cuenta «la superioridad del amor respecto a la justicia». En efecto, «la
misericordia difiere de la justicia, pero no está en contraste con ella»; por el contrario, «la jus-
ticia se funda sobre el amor, mana de él y tiende hacia él». Los abusos cometidos en nombre
de la justicia muestran «hasta qué punto la acción humana puede alejarse de la misma justicia,
por más que se haya emprendido en su nombre».
En último término, «es imposible lograr establecer este vínculo -el de la fraternidad- entre los
hombres si se quieren regular las mutuas relaciones únicamente con la medida de la justicia»,
por cuanto «la estructura fundamental de la justicia penetra siempre en el campo de la miseri-
cordia», que «tiene la fuerza de conferir a la justicia un contenido nuevo».
De ningún modo significa esto una humillación para quien recibe misericordia. Ni entre los
hombres, puesto que «también aquel que da, queda siempre beneficiado»; ni, mucho menos,
en relación con Dios. Si nuestra «humanización» solo se alcanza en referencia a Dios, y esta
referencia es al Padre misericordioso, «quien es objeto de misericordia no se siente humillado,
sino como hallado de nuevo y revalorizado» (cfr. Ene. Dives in misericordia, nn. 2-14).

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


.:. Conformidad con el derecho. Ri'ge las relaciones del .:. (A Juan el Bautista). Respondióle Jesús: D éjame aho-
hombre con sus semejantes. ls 32, 1; Am 6, 12. ra , pues conviene que así cumplamos toda justicia.
Entonces le dejó. Mt3, 15 .
.:. En sentido más general es también santidad: se opone
.:. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justi-
al pecado. Gen 18,23; 2 Cor6, 14.
cia, porque ellos serán saciados. Mt 5, 6 .
.:. Consiste en obrar conforme a la voluntad de Dios. Ez .:. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justi-
18,5. También, recompensa que proviene de esta con- cia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Mt5, 10.
formidad ·con la voluntad divina. Dt 6, 25; 24, 13; .:. Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que
Pro/J 21,21; Le 1,6; Mt 23,29. la de los escribas y fari seos, no entraréis en el Reino de
.:. y cumplimiento de los mandamientos. Pro/J 8, 20; los Cielos. Mt 5, 20 .
Ec!o 16, 22; Sab 14, 7. .:. Porque vino Juan a vosotros caminando en justicia, y
no creísteis en él, mientras que los publicanos y las ra-
.:. Justicia y misericordia. Sai5!' 16; 65, 6. meras creyeron en él. Mt 2 1, 32 .
.:. Justicia y temor de Dios. Le 2,25; Heeh 10, 22. .:. (El Señor Dios) juró [oo .] concedernos que, libres de
.:. Justicia y justificación. Rom 5, 1; 9, 30; Gai2, 16,2 1. manos enemigas, podamos servirle sin temor en santi-
dad y justicia delante de él todos nuestros días. Le 1,
.:. La razón de nuestra justicia, y su fuente, es Cristo. 1
73.74-75.
Cor 1,30; 2 Cor 5,21.
.:. y cuando él venga, convencerá al mundo en lo re-
.;. El modo de participar en la justicia de Dios es la. fe en ferente al ' pecado, en lo referente a la justicia y en lo
Cristo. Rom 1,17; 3, 22; Flp3, 9. referente al juicio [:oo] . Jn 16, 8.

589
JUSTICIA
ANTOLOGfA DE T EXTOS

.:. En lo referente al pecado, porque no creen en mí; en no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.
lo referente a la justicia, porque me voy al Padre, y ya Mt6,1.
no me veréis [.. .]. Jn 16, 9-10 .
.:. Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de .;. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas co-
los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario sas se os darán por añadidura. Mt 6, 33.

SELECCIÓN DE TEXTOS
Dar a cada uno lo que es debido versas estructuras sociales, en particular del
Estado, como igualmente de las organizacio-
3268 La justicia es el hábito según el cual
nes internacionales. En este terreno amplio y
uno, con constante y perpetua voluntad, da a
diferenciado, el hombre y la humanidad bus-
cada cual su derecho (SANTO TOMÁs, Suma
Teológica, 2-2, q. 58, a. 1). can continuamente justicia; este es un proce-
so permanente y un cometido de la máxima
3269 Ser justo significa dar a cada uno lo importancia (JUAN PABLO Ir, Audiencia gene-
que le es debido. Esto concierne a los bienes ral, 8-XI-1978).
temporales, de naturaleza material. El mejor
ejemplo puede ser aquí la retribución por el La justicia y las demás virtudes
trabajo o el llamado así derecho a los futuros
3272 La fortaleza sin justicia es palanca
del propio trabajo y de la propia tierra. No obs-
del mal (SAN AMBROSIO, Sobre los oficios de
tante, al hombre se debe, además, el buen
los ministros, 1,35).
nombre, el respeto, la consideración, la fama
que se ha merecido. Cuanto más conocemos al 3273 El hombre no pone su vida en peli-
hombre, tanto más se nos revela su personali- gro de muerte más que cuando se trata de la
dad, su carácter, su inteligencia y su corazón. Y salvación de la justicia. De aquí que la digni-
tanto más nos damos cuenta -y debemos dar- dad de la fortaleza sea una dignidad que de-
nos cuenta de ello--- de con qué criterio «medir- pende de la anterior virtud (SANTO TOMÁS,
lo» y qué quiere decir ser justos con él (JUAN Suma Teológica, 2-2, q. 123, a. 12 ad 3).
PABLO Ir, Audiencia general, 8-XI-1978).
3274 En esta norma (el mayor entre vosotros,
3270 No basta para ser justos que alguno hágase como el menor) no se excluyen los que
quiera observar esta virtud esporádicamente tienen una posición elevada: no deben domi-
en algún determinado negocio, porque prác- nar estos a quienes viven más modestamente
ticamente no existe quien quiera obrar en to- [... ], ni deben ser ensalzados por sus alabanzas;
dos injustamente, sino que es menester que el pero deben obrar enérgicamente contra los que
hombre tenga la firme voluntad de conser- obran mal, por amor a la justicia (SAN BEDA,
varla siempre y en todas las cosas (SANTO To- en CatenaAurea, vol. VI, p. 445).
MÁs, Suma Teológica, 2-2, q. 58, a. 1 ad 3).
3275 La justicia, después de la prudencia,
3271 La justicia es principio de la existen- es más noble que cualquier otra virtud moral:
cia de la Iglesia como pueblo de Dios y prin- después, la fortaleza y la templanza (SANTO
cipio de coexistencia de la Iglesia y de las di- TOMÁS, Suma Teológica, 1-2, q. 66, a. 1 c. y 4).

590
JUSTICIA
F RANCISCO F ERNÁND Ez-CARVAj AL

3276 Aunque la justicia abraza a la vez to- 3281 La justicia y la misericordia están tan
das las virtudes, sin embargo, existen entre unidas que la una sostiene a la otra. La justi-
todas dos principales que no se pueden sepa- cia sin misericordia es crueldad; y la miseri-
rar de ella: la piedad y la equidad [... ]. La pie- cordia sin justicia es ruina, destrucción (SAN-
dad y la equidad son como su fuente; en ellas TO TOMÁS, en Catena Aurea, vol. 1, p. 247).
se funda toda la justicia. Sin embargo, la pri-
3282 Cristo nos ha dejado el mandamiento
mera es su cabeza y origen; la segunda, toda
del amor al prójimo. En este mandamiento se
su fuerza y razón (LACTANCIO, Instituciones
divinas, V, 15; PL 6,596). encierra todo lo que concierne a la justicia. No
puede haber amor sin justicia. El amor desbor-
3277 Mirad, amadísimos, y considerad da la justicia, pero, al mismo tiempo, encuen-
prudentemente qué raíces y frutos nacen de tra su verificación en la justicia. Hasta el padre
la estirpe de la avaricia, la cual la definió acer- y la madre, cuando aman al propio hijo, deben
tadamente el Apóstol como la raíz de todos ser justos con él. Si vacila la justicia, también el
los males (I Tim 6, 10), porque ningún peca- amor corre peligro QUAN PABLO II, Audiencia
do se comete sin deseo desordenado, y todo
general, 8-XI-1978).
apetito ilícito es enfermedad de esta codicia
[...]. No hay ningún vestigio de justicia en 3283 La paz es obra de la justicia, indirec-
aquel corazón donde habita la avaricia [... ] tamente, en cuanto remueve los obstáculos
(SAN LEÓN MAGNO, Sermón 60, 4) . que a ella se oponen; pero propia y directa-
mente proviene de la caridad, que es la virtud
«La caridad es el alma de la justicia » que realiza por excelencia la unión de todos
3278 La caridad es el alma de la justicia los corazones (SANTO TOMÁS, Suma Teológi-
QUAN PABLO II, Aloe. 6-IX-1978). ca, 2-2, q. 29, a. 3 ad 3) .

3279 ... Únicamente con la justicia no re- 3284 La justicia de los fariseos es no matar;
solveréis nunca los grandes problemas de la la justicia de los que han de entrar en el reino
humanidad. Cuando se hace justicia a secas, de los cielos es no enojarse sin causa (SAN
no os extrañéis si la gente se queda herida: pi- AGUSTÍN, Sobre el Sermón de la Montaña, 1,9).
de mucho más la dignidad del hombre, que
es hijo de Dios. La caridad ha de ir dentro y Lo primero: justicia con Dios
aliado, porque lo dulcifica todo, lo deifica: 3285 ... Primero, justicia con Dios. Esa es
Dios es amor (I Jn 4, 16) (SAN JOSEMARÍA Es- la piedra de toque de la verdadera hambre y
CRIVÁ, Amigos de Dios, 172). sed de justicia (Mt 5, 6), que la distingue del
3280 Amar la justicia no es otra cosa sino griterío de los envidiosos, de los resentidos,
amar a Dios. Y como este amor de Dios va de los egoístas y codiciosos ... Porque negar a
siempre unido al amor que se interesa por el Nuestro Creador y Redentor el reconoci-
bien del prójimo, el hambre de justicia se ve miento de los abundantes e inefables bienes
acompañada de la virtud de la misericordia que nos concede, encierra la más tremenda e
(SAN LEÓN MAGNO, Sermón sobre las biena- ingrata de las injusticias (SAN JOSEMARÍA Es-
venturanzas, 95). CRIVÁ, Amigos de Dios, 167).

591
JUSTICIA
ANTOLOG fA D E TEXTOS

3286 Es necesario, pues, que cada uno de construye también sabiamente lo que sobre
nosotros pueda vivir en un contexto de justi- ello estriba; así toda esa penitencia no vale
cia y, más aún, que cada uno de nosotros sea para nada si no se le añade y acompaña todo
justo y actúe justamente respecto a los seres lo que pide la justicia. El temor de Dios ense-
próximos y lejanos, respecto a la comunidad, ñe a la lengua a hablar lo que conviene, a no
respecto a la sociedad de la que es miembro ... decir cosas vanas, a conocer el momento y la
y respecto a Dios (JUAN PABLO I1, Audiencia medida en el hablar, y saber decir lo necesario
general, 8-XI-1978). y dar la respuesta oportuna; a no hablar tu-
multuosamente ya no dejar caer como una
3287 Cuando algo se encuentra de por sí en
granizada, por la impetuosidad en el hablar,
contradicción con el derecho natural, no puede
las palabras sobre los que nos salen al paso
ser justificado por la voluntad humana (SANTO
(SAN GREGORIO DE NISA, Sobre los pobres, 1;
TOMÁs, Suma Teológica, 2-2, q. 57, a. 2 ad 2).
PG 46, 453).
3288 Entended bien, pues, si os queda algo
3292 No debe entenderse que únicamente
de conocimiento, que los crímenes y la injusti-
sean ladrones los que cortan las bolsas o ro-
cia de los hombres consisten principalmente
ban en los baños, sino también los que están
en el culto que rinden a los dioses, y que las
constituidos en jefes de los ejércitos, y aque-
desgracias que les afligen continuamente tie-
llos a quienes se confía el gobierno de las ciu-
nen su origen en la ingratitud de haber
dades y de los pueblos, cuando toman furti-
abandonado al Dios único para seguir supers-
vamente alguna cosa o la exigen injustamente
ticiones extravagantes [... ] (LACTANCIO, Insti-
y por la fuerza (SAN BASILIO, en Catena Au-
tuciones divinas, V, 8; PL 6, 573). rea, vol. VI, p. 310).
No se reduce a una simple distribución 3293 La virtud cristiana es más ambiciosa:
de bienes materiales nos empuja a mostrarnos agradecidos, afa-
bles, generosos; a comportarnos como ami-
3289 ... ¡Qué pobre idea tienen de la justi-
gos leales y honrados, tanto en los tiempos
cia quienes la reducen a una simple distribu-
buenos como en la adversidad; a ser cumpli-
ción de bienes materiales! (SAN J OSEMARÍA
dores de las leyes y respetuosos con las autori-
ESCRlVA, Amigos de Dios, 169).
dades legítimas; a rectificar con alegría, cuan-
3290 La justicia es principio fundamental do advertimos que nos hemos equivocado al
de la existencia y la coexistencia de los hom- afrontar una cuestión. Sobre todo, si somos
bres, como también de las comunidades hu- justos, nos atendremos a nuestros compromi-
manas , de las sociedades y de los pueblos sos profesionales, familiares, sociales ... , sin as-
(JUAN PABLO Il, Audiencia general, 8-XI- pavientos ni pregones, trabajando con empe-
1978). ño y ejercitando nuestros derechos, que son
también deberes (SAN JOSEMARÍA ESCRIVA,
Manifestaciones de esta virtud Amigos de Dios, 169) .
3291 Como el fundamento de una casa y 3294 No es ciencia teórica. Es virtud, es
la quilla de una nave, por muy sólidos que capacidad del espíritu humano, de la volun-
sean , de nada valen ni aprovechan si no se tad humana y también del corazón. Es nece-

592
J USTI CIA
F RANC ISCO FERNANDEZ-CARVAj AL

sario, además, orar para ser justos y saber ser imagen de Dios, ni en la profundidad de su
justos (JUAN PABLO 11, Audiencia general, 8- persona ni en los diversos aspectos de su vida
XI-1978) . humana. Y así, mediante esta hambre de jus-
ticia, el hombre se abre a Dios, que «es la jus-
"Hambre y sed de justicia » ticia misma». Jesús, en el discurso de la mon-
taña, lo expresó de forma muy clara y concisa
3295 Todo hombre vive y muere con una cuando dijo: Bienaventurados los que tienen
cierta sensación de insaciabilidad de justicia, hambre y sed de justicia, porque ellos serán sa-
porque el mundo no está en condiciones de ciados (Mt 5, 6) (JUAN PABLO 11, Audiencia
satisfacer hasta el fondo a un ser creado a general, 8-XI-1978).

593
LECTURA ESPIRITUAL

1. La lectura espiritual da luces en la vida interior, propone ejemplos vivos de virtud, enciende
en deseos de amor a Dios y es una gran ayuda para la oración. Además, es medio para una
buena formación doctrinal. Muchos santos deben su conversión a esta práctica piadosa.
2. En las obras ascéticas de los Santos Padres se encuentran frecuentes y concretas enseñanzas
sobre la lectura espiritual. San Jerónimo, por ejemplo, aconseja que se lean unos versículos de
la Escritura cada día, y «escritos espirituales de hombres doctos, cuidando, sin embargo, de
que sean autores de fe segura, porque no hay que ir buscando el oro en medio del fango»
(Epístola 54, 10).
San Gregorio Magno añade a las tradicionales recomendaciones acerca de la lectura de la Sa-
grada Escritura la indicación de leer las vidas de los santos: «Debemos conocer la vida de los
santos, para afinar en la corrección de nuestra propia vida [... ], y así, el fuego de la juventud
espiritual, que tiende a apagarse por el cansancio, revive con el testimonio y el ejemplo de los
que nos han precedido» (Moralia, 24, 8, 15).
También el Magisterio de la Iglesia ha indicado frecueinemente la conveniencia de la lectura
habitual y devota de la Biblia, y en particular del Nuevo Testamento.
3. La gran variedad actual de libros de divulgación teológica facilita mucho la tarea de escoger
una lectura espiritual apropiada: pero hay que acudir al consejo de personas de buen criterio y
doctas, para evitar lecturas desorientadoras, o incluso peligrosas para la fe y las costumbres. En
general, más que obras que intenten presentar nuevos «problemas» teológicos (que interesan
solo a los especialistas de la ciencia teológica), es mejor elegir libros que ilustren los funda-
mentos de la doctrina común, exponiendo claramente el contenido de la fe. Respecto a este
último tipo de lectura espiritual vale de forma especial lo que se puede decir de todo tipo de
lectura hecha para progresar en la vida interior: que la intención, al leer, debe ser la de buscar
alimento para la piedad y la lucha ascética, no para la erudición o la curiosidad intelectual.

SELECCIÓN DE TEXTOS

Lectura espiritual poder también defender la verdad cristiana:


3296 Es lo que San Pablo aconsejaba a Ti- «Nunca caigan de tus manos los Libros Sa-
moteo: Dedícate a la lectura (1 Tim 4, 13) grados [... ], asimila la palabra fiel que está en
[... ], y lo que San Jerónimo recomienda para armonía con la verdad, para que puedas ex-

595
LECTURA ESPIRITUAL
ANTO LO GlA DE TEXTOS

hortar con doctrina sana y refutar a quienes 3298 De tan buena gana debemos leer los
enseñan lo contrario» [... l. ¿Quién ignora el libros sencillos y devotos como los profundos.
gran influjo que sobre el corazón de un amigo No mires si el que te escribe es de mucha o pe-
ejerce la voz de un amigo, que le corrige leal- queña ciencia, sino que te lleve a leer el amor
mente, le aconseja, le reprende, le anima y le de la pura verdad. No te preocupe quién lo ha
aparta del error? Dichoso aquel que encuentra dicho, mas mira qué ha dicho (TOMÁS DE
un amigo verdadero ... (Eccli 25, 12). El que lo KEMPIS, Imitación de Cristo, 1, 5, 1).
encuentra, ha encontrado un tesoro (Eccli 6, 3299 No dejes tu lección espiritual. La
14). Entre nuestros amigos más fieles debe- lectura ha hecho muchos santos (SAN ]OSE-
mos contar los libros piadosos. Ellos nos ha- MARIA ESCRIvÁ, Camino, n. 116).
cen recordar la seriedad de nuestros deberes y
las normas de la disciplina legítima; despier- 3300 Ten siempre a la mano algún libro
tan en nuestros corazones las voces celestiales bueno y devoto [.. .], y lee todos los días un
adormecidas; nos echan en cara el abandono poco con gran devoción, como si leyeras car-
de nuestros buenos propósitos; sacuden nues- tas que los Santos te hubiesen escrito desde el
Cielo para enseñarte el camino y animarte a
tra falsa tranquilidad; desenmascaran los
ir allá. Lee también las historias y vidas de los
afectos menos rectos y disimulados [... ]; su
Santos, en las cuales, como en un espejo, ve-
voz jamás es amarga, sus advertencias jamás
rás el retrato de la vida cristiana, y acomoda
son interesadas, su palabra jamás es tímida ni
sus acciones a tu provecho según tu vocación
engañosa. Muchos y famosos ejemplos de-
(SAN FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida
muestran la eficacia saludable de los buenos
devota, 11, 17).
libros; entre esos ejemplos sobresale el de San
Agustín, cuyos grandes méritos dentro de la 3301 A Dios hablamos cuando oramos, a
Iglesia tuvieron comienzo en la lectura: «To- Dios escuchamos cuando leemos sus palabras
ma y lee, toma y lee ... Yo tomé (las epístolas (SAN AMBROSIO, Trat. contra las herejías, 4, 32).
de S. Pablo), abrí y leí en silencio ... Como si 3302 La cual no ha de ser apresurada ni .
la luz de la seguridad se hubiese esparcido en corrida, sino atenta y sosegada; aplicando a
mi corazón, todas las tinieblas de mis dudas ella no solo el entendimiento para entender
se disiparon» (S. Pío X, Exh. Haerent animo, lo que se lee, sino mucho más la voluntad pa-
4-VlII-1908). ra gustar lo que se entiende. Y cuando hallare
3297 Guárdate, sobre todo, de los malos algún paso devoto, deténgase algo más en él
libros; por nada del mundo te seduzcan cier- para mejor sentirlo (SAN PEDRO DE ALCÁN-
tas obras muy admiradas de los cerebros dé- TARA, Thlt. de la oración y meditación, 1, 7).
biles que hacen gala de ponerlo todo en du- 3303 En la lectura -me escribes- formo el
da, de menospreciarlo todo y de burlarse de depósito de combustible. -Parece un montón
toda norma tradicional. Búscate, por el con- inerte, pero es de allí de donde muchas veces
trario, libros de sólida doctrina, cristianos y mi memoria saca espontáneamente material,
espirituales, para recrearte siempre (SAN que llena de vida mi oración y enciende mi
FRANCISCO DE SALES, Carta a un joven, 1. c., hacimiento de gracias después de comulgar
p.839). (SAN ]OSEMARIA ESCRIvÁ, Camino, n. 117).

596
LE( :TURA ESPIRITUAL - LIBERT-W
F RANC ISCO FERNÁNDEZ-CARVAJAL

3304 (Aconseja que se lean cada día unos guir lo bueno de lo malo, lo dulce de lo
versículos de la Sagrada Escritura, y) escritos amargo (SANTO TOMÁs, en Catena Aurea,
espirituales de hombres doctos, cuidando, sin vol. I, p. 51).
embargo, de que sean autores de segura doc-
3306 Debemos conocer la vida de los san-
trina, porque no hay que ir buscando el oro
tos, para afinar en la corrección de nuestra
en medio del fango (SAN JERÓNIMO, Epístola
propia vida [... ], y así el fuego de la juventud
54, 10) .
espiritual, que tiende a apagarse por el can-
3305 Después que uno estudia la Escritu- sancio, revive con el testimonio y el ejemplo
ra se vuelve sensible, es decir, adquiere el dis- de los que nos han precedido (SAN GREGO-
cernimiento y gusto de la razón para distin- RIO MAGNO, Moralia, 24,8).

LIBERTAD

1. La Iglesia defendió siempre la existencia de la libertad del hombre y ha condenado todo


atentado a la libertad verdadera.
Con el pecado original, la libertad del hombre quedó herida y también inclinada al mal, pero
con la Redención adquirió un nuevo sentido.
Por el bautismo, el cristiano adquiere la libertad de los hijos de Dios (Rom 8,21-23). Si per-
manecéis en mi palabra, decía el Señor a los judíos que habían creído en Él, seréis en verdad dis-
cípulos míos, y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres Un 8, 31-32)
Santo Tomás de Aquino explica el profundo contenido de estas palabras del Señor: «liberar en
este pasaje no se refiere a quitar cualquier angustia [... ], sino que propiamente significa hacer
libre, y esto de tres modos: primero, la verdad de la doctrina nos hará libres del error de la fal-
sedad [... ]; segundo, la verdad de la gracia librará de la esclavitud del pecado: La ley del espíri-
tu de vida que está en Cristo Jesús me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte (Rom 8, 2);
tercero, la verdad de la eternidad en Cristo Jesús nos librará de la corrupción (cfr. Rom 8,21)>>
( Comentario sobre S. Juan).
A estas palabras de libertad, los judíos le contestaron a Jesús: Somos linaje de Abraham, y de na-
die hemos sido jamás siervos; ¿cómo dices tú: Seréis libres? Jesús les contestó: En verdad, en verdad os
digo que todo el que comete pecado es siervo del pecado. El siervo no permanece en la casa para
siempre. Si, pues, el Hijo os librare, seréis verdaderamente libres Un 8, 33-36).
Los judíos pensaban que la libertad consistía en pertenecer al pueblo elegido. El Señor les di-
ce que la verdadera libertad es la de los hijos de Dios, que no están sometidos a la esclavitud
del demonio y del pecado. «El Salvador -comenta San Agustín- manifestó, con estas palabras,
no que quedaríamos libres de los pueblos dominadores, sino ,del demonio; no de la cautividad
del cuerpo, sino de la malicia del alma» (Sermón 48).

597
LIBERTAD
ANTOLOGlA DE TEXTOS

2. La libertad que Cristo nos ha ganado consiste sobre todo en la liberación del pecado (cfr.
Rom 6, 14-18) y, en consecuencia, de la muerte eterna (Apoe 2, 11; Col2, 12-14; Rom 5, 12)
Y del dominio del demonio Un 12, 31; Col2, 15; 1 Jn 3,8); nos hace hijos de Dios y herma-
nos de los demás hombres (Col 1,19-22).
Esta libertad inicial adquirida en el bautismo debe ser desarrollada después, con la ayuda de la
gracia, y aplicada a todos los campos de la existencia.
3. La esencia de la verdadera libertad no está en elegir un contenido contrario al fin del hom-
bre, sino en una decisión propia, personal, por la que el hombre busca en todas las cosas de su
vida a Dios; una decisión por la que libremente el hombre se adhiere a Él y así realiza su ser en
la plenitud a la que es llamado. «El hombre no puede ser auténticamente libre ni promover la
verdadera libertad, si no reconoce y no vive la trascendencia de su ser por encima del mundo
y su relación con Dios, pues la libertad es siempre la del hombre creado a imagen de su Crea-
dor. El cristiano encuentra en el Evangelio el apoyo y la profundización de esta convicción.
Cristo, Redentor del hombre, hace libres. Si el Hijo os librare, seréis verdaderamente libres, re-
fiere el apóstol Juan (8, 36). Y San Pabló añade: Allí donde estd el espíritu del Señor, allí estd la
libertad (2 COl' 3, 17). Ser liberado de la injusticia, del miedo, del apremio, del sufrimiento,
no serviría de nada, si se permanece esclavo allá en lo hondo de los corazones, esclavo del pe-
cado. Para ser verdaderamente libre, el hombre debe ser liberado de esta esclavitud y transfor-
mado en una nueva criatura. La libertad radical del hombre se sitúa, pues, al nivel más pro-
fundo: el de la apertura a Dios por la conversión del corazón, ya que es en el corazón del
hombre donde se sitúan las raíces de toda sujeción, de toda violación de la libertad» QUAN PA-
BLO 11, Mensaje para la «Jornada de la Paz», 8-XII-1980, n. 11).
Íntimamente unido al concepto de libertad está el de responsabilidad.

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


-:. Nuestro Señor ha venido a darnos la verdadera liber- -:. La falsa libertad es e! libertinaje. Cal5, 13.
tad. Lc4, 19.
-:. La verdadera libertad consiste en la práctica de la cari-
.:. Es e! conocimiento de la verdad y e! apartamiento de!
dad. Cal5, 13-18.
pecado. Jn 8, 31-36.
.:. Los que no quieren someterse a Dios se hacen esclavos .:. Como si sirviéramos a Nuestro Señor. E16, 5-8 .
de su propia carne. Rom 1, 19-32. .:. San Pablo pide a los Efesios que rueguen para que él
.:. O hijos de Dios o esclavos del pecado. Rom 6, 12-23. pueda, aunque preso, predicar libremente. El 6,
.:. La verdadera libertad consiste en estar en gracia y ser 19-20.
siervos de Dios. Rom 6, 22.
.:. Consejos de San Pablo a los siervos y a los señores. Col
.:. La libertad de la carne es la esclavitud del espíritu, es 3,22-25; 4, 1.
el pecado y la muerte; la libertad del espíritu es la su-
misión y la mortificación de la carne, es la vida en Je- .;. Los pecadores son cautivos del demonio; Dios los
sucristo. Rom 8, 1-2. puede traer a penitencia para que conozcan la verdad.
.:. Sumisión a las autoridades establecidas. Rom 13, 1-7. 2 Tim 2, 25-26 .
.:. La caridad nos hace siervos de todos. 1 Cor 9, 19-23. .:. Verdadera libertad de las almas que obedecen a la gra-
.:. Jesucristo nos ha hecho libres por la fe. Cal4, 21-31. cia y al Espíritu Santo. 2 Cor 3, 17.

598
LIBERTAD
F RANCISCO F ERNAN DEZ-CARVAjAL

SELECCIÓN DE TEXTOS
La libertad de los hijos de Dios . Entrega bien. Nos secunda y nos empuja a cumplirlo.
y más de una vez, sin percatarnos de ello y a
3307 No es pequeño fruto el desprecio de la
gloria humana; y es entonces cuando uno está nuestro pesar, nos atrae a la salvación. Es,
libre del yugo de los hombres (SAN JUAN Cru- pues, un hecho cierto que el demonio no
S6STOMO, en CatenaAurea, vol. 1, p. 380) . puede seducir a nadie, si no es a aquel que li-
bremente le presta el consentimiento de su
3308 Si estáis inclinados a la avaricia, pen- voluntad (CASIANO, CoLaciones, 7, 8).
sad con frecuencia en la locura de este peca-
do, que nos hace esclavos de lo que ha sido 3311 [... ] cuando una madre se sacrifica
creado para servirnos; pensad que a la muer- por amor a sus hijos, ha elegido; y, según la
te, en todo caso, será menester perderlo todo, medida de ese amor, así se manifestará su li-
dejándoselo a quien tal vez lo malversará o se bertad. Si ese amor es grande, la libertad apa-
servirá de ello para su ruina y perdición (SAN recerá fecunda, y el bien de los hijos proviene
FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota, de esa bendita libertad, que supone entrega, y
rv, 10). proviene de esa bendita entrega, que es preci-
samente libertad (SAN JOSEMAlÚA ESCRIVA,
3309 Eres, al mismo tiempo, siervo y libre;
Amigos de Dios, 30) .
siervo, porque fuiste hecho; libre, porque eres
amado de Aquel que te hizo, y también por-
No es absoluta
que amas a tu Hacedor (SAN AGUSTfN, Co-
mento sobre eL SaLmo 99, 7). 3311b En algunas corrientes del pensa-
miento moderno se ha llegado a exaltar la li-
3310 El afirmar que estos enemigos se opo-
bertad hasta el extremo de considerarla como
nen a nuestro progreso, lo decimos solamente
un absoluto, que sería la fuente de los valores.
en cuanto nos mueven al mal, no que creamos
En esta dirección se orientan las doctrinas
que nos determinen efectivamente a él.
Por lo demás, ningún hombre podría en ab- que desconocen el sentido de lo trascendente
soluto evitar cualquier pecado, si tuvieran o las que son explícitamente ateas. Se han
tanto poder para vencernos como lo tienen atribuido a la conciencia individual las pre-
para tentarnos . Si por una parte es verdad rrogativas de una instancia suprema del juicio
que tienen el poder de incitamos al mal, por moral, que decide categórica e infaliblemente
otra es también cierto que se nos ha dado a sobre el bien y el mal. Al presupuesto de que
nosotros la fuerza de rechazar sus sugestiones se debe seguir la propia conciencia se ha aña-
y la libertad de consentir en ellas. Pero si su dido indebidamente la afirmación de que el
poder y sus ataques engendran en nosotros el juicio moral es verdadero por el hecho mis-
temor, no perdamos de vista que contamos mo de que proviene de la conciencia. Pero,
con la protección y la ayuda del Señor. . de este modo , ha desaparecido la necesaria
Su gracia combate a nuestro favor con un po- exigencia de verdad en aras de un criterio de
der incomparablemente superior al de toda sinceridad, de autenticidad, de «acuerdo con
esa multitud de adversarios que nos acosan. uno mismo», de tal forma que se ha llegado a
Dios no se limita únicamente a inspirarnos el una concepción radicalmente subjetivista del

599
LffiERTAD
A NT OLOG rA D E TEXTOS

juicio moral (JUAN PABLO II, Enc. Veritatis masiado frecuentemente prefiere, de hecho,
splendOf~ n. 32). escoger bienes contingentes, limitados y efí-
meros. Más aún, dentro de los errores yopcio-
3311c Con esta imagen, la Revelación en-
nes negativas, el hombre descubre el origen de
seña que el poder de decidir sobre el bien y el
una rebelión radical que lo lleva a rechazar la
mal no pertenece al hombre, sino solo a
Verdad y el Bien para erigirse en principio ab-
Dios. El hombre es ciertamente libre, desde
soluto de sí mismo: «Seréis como dioses» (Cen
el momento en que puede comprender y aco-
3, 5). La libertad, pues, necesita ser liberada.
ger los mandamientos de Dios. Y posee una
Cristo es su libertador: «para ser libres nos li-
libertad muy amplia, porque puede comer
bertó» él (Cal 5, 1) (JUAN PABLO I1, Enc. Veri-
«de cualquier árbol del jardín». Pero esta li-
tatis splendOf~ n. 86).
bertad no es ilimitada: el hombre debe dete-
nerse ante el «árbol de la ciencia del bien y Libertad de las conciencias
del mal», por estar llamado a aceptar la ley
moral que Dios le da. En realidad, la libertad 3312 [.. .] los cristianos, comportándose
del hombre encuentra su verdadera y plena sabiamente con aquellos que no tienen fe, es-
r,ealización en esta aceptación. Dios, que solo fuércense por difundir en el Espíritu Santo, en
El es Bueno, conoce perfectamente lo que es caridad no fingida, en palabras de verdad (2
bueno para el hombre, y en virtud de su mis- Cor 6, 6-7), la luz de la vida con toda con-
mo amor se lo propone en los mandamientos fianza y fortaleza apostólica, incluso hasta el
(JUAN PABLO I1, Enc. Veritatis splendor, derramamiento de la sangre (CONC. VAT. II,
n.35) . Decl. Dignitatis humanae, 14).

3311 d La reflexión racional y la experiencia 3313 Es un crimen de irreligión arrebatar


cotidiana demuestran la debilidad que marca a los hombres la libertad de religión y prohi-
la libertad del hombre. Es libertad real, pero birles que elijan divinidad, es decir, no per-
contingente. No tiene su origen absoluto e mitirme adorar a quien yo quiero adorar y
incondicionado en sí misma, sino en la exis- forzarme a adorar a quien yo no quiero ado-
tencia en la que se encuentra y para la cual re- rar [.. .]. Bien es cierto que Dios es de todos
presenta, al mismo tiempo, un límite y una los hombres, queramos o no queramos, ya Él
posibilidad. Es la libertad de una criatura, o pertenecemos todos. Pero entre vosotros está
sea, una libertad donada, que se ha de acoger permitido adorarlo todo, menos al Dios ver-
como un germen y hacer madurar con res- dadero [... ] (TERTULIANO, Apologético, 24, 6
ponsabilidad (JUAN PABLO II, Ene. Veritatis y 10).
splendor, n. 86). 3314 Es uno de los capítulos principales
3311e La libertad se fundamenta, pues, en de la doctrina católica [... ], que el hombre, al
la verdad del hombre y tiende a la comunión. creer, debe responder voluntariamente a
Dios, y que, por tanto, nadie debe ser forza-
La razón y la experiencia muestran no solo la
do a abrazar la fe contra su voluntad (CONC.
debilidad de la libertad humana, sino también
VAT. II, Decl. Dignitatis humanae, 10).
su drama. El hombre descubre que su libertad
está inclinada misteriosamente a traicionar es- 3315 Hay que respetar las legítimas ansias
ta apertura a lo Verdadero y al Bien, y que de- de verdad: el hombre tiene obligación grave

600
LillEHTAD
F RANCISCO FERNÁND EZ-C¡\RV¡\J¡\L

de buscar al Señor, de conocerle y de adorar- más tiene más querrá; tratando de buscar sa-
le, pero nadie en la tierra debe permitirse im- tisfacción nunca está contento. En efecto, el
poner al prójimo la práctica de una fe de la que tiene un deseo está poseído por él; se
que carece; lo mismo que nadie puede arro- vende a lo que ama; buscando la libertad, si-
garse el derecho de hacer daño al que la ha re- guiendo sus apetitos con ofensa de Dios, se
cibido de Dios (SAN ]OSEMARfA ESCRIVÁ, hace esclavo del demonio para siempre (SAN-
Amigos de Dios, 32). TA CATALINA DE GÉNOVA, Le libre arbitre,
3316 Está [...] en total acuerdo con la Ín- 1. c., pp. 110-111).
dole de la fe el excluir cualquier género de co-
3319h El proyecto del utilitarismo, basado
acción por parte de los hombres en materia
en una libertad orientada con sentido indivi-
religiosa. Y por ello, el régimen de libertad re-
dualista, o sea, una libertad sin responsabili-
ligiosa contribuye no poco a fomentar aquel
estado de cosas en el que los hombres puedan dad, constituye la antítesis del amor, incluso
ser invitados a la fe cristiana, abrazarla por su como expresión de la civilización humana
propia determinación y profesarla activamen- considerada en su conjunto. Cuando este
te en toda la ordenación de la vida (CONC. concepto de libertad encuentra eco en la so-
VAT. II, Decl. Dignitatis humanae, 10). ciedad, aliándose fácilmente con las más di-
versas formas de debilidad humana, se mani-
El pecado oprime y hace esclavos fiesta muy pronto como una sistemática y
3317 No fuimos creados para la muerte, permanente amenaza para la familia. A este
sino que morimos por nuestra culpa. La li- respecto, se podrían citar muchas consecuen-
bertad nos perdió; esclavos quedamos los que cias nefastas, documentables a nivel estadísti-
aramos libres; por el pecado fuimos vencidos. co; aunque no pocas de ellas quedan escondi-
Nada malo fue hecho por Dios, fuimos noso- das en los corazones de los hombres y de las
tros los que produjimos la maldad. Pero los mujeres, como heridas dolorosas y sangrantes
que la produjimos somos también capaces de GUAN PABLO Il, Carta a las familias,
rechazarla (TACIANO, Discursos contra los grie- 2-II-1994, n. 14).
gos, 11).
3320 No pienses que aquellas hazañas son
3318 Responder que no a Dios, rechazar meros hechos pasados y que nada tienen que
ese principio de felicidad nueva y definitiva,
ver contigo, que los escuchas ahora: en ti se
ha quedado en manos de la criatura. Pero si
realiza su místico significado. En efecto, tú,
obra así, deja de ser hijo para convertirse en
que acabas de abandonar las tinieblas de la
esclavo (SAN ]OSEMAIÚA ESCRIVÁ, Amigos de
idolatría y deseas ser instruido en la ley divi-
Dios, 34).
na, eres como si acabaras de salir de la esclavi-
3319 Ya en esta vida servir a Dios es rei- tud de Egipto (ORíGENES, Hom. sobre el libro
nar. Cuando Dios libra al hombre del pecado dejosué,4, 1).
que lo hace esclavo, lo desembaraza de toda
servidumbre y lo establece en la verdadera li- 3321 La primera libertad es carecer de pe-
bertad. De otro modo, el hombre va siempre cados (SAN AGUSTÍN, Trat. Evang. S. Juan,
de deseo en deseo sin calmarse jamás. Cuanto 41,8).

601
LIBERTAD
A NTOLO GfA DE T EXTOS

3322 ¿Qué muerte más funesta para el al- se esconde una trágica servidumbre: porque
ma como la libertad de errar? (SAN AGUSTfN, la elección que prefiere el error, no libera; el
EpístoLa 105, 10). único que libera es Cristo (cfr. GaL 4,31), ya
que solo Él es el Camino, la Verdad y la Vida
Una justa autonomía (cfr. Jn 14, 6) (SAN JOSEMAlÚA ESCRIVÁ, Ami-
3322b La enseñanza del Concilio subraya, gos de Dios, 26) .
por un lado, la actividad de la razón humana 3325 Que Dios te conquiste y ya eres libre
cuando determina la aplicación de la ley mo- (SAN AGUSTfN, Trat. Evang. S. Juan, 41, 10).
ral: la vida moral exige la creatividad y la in-
3326 Cristo mismo vincula de modo par-
geniosidad propias de la persona, origen y
ticular la liberación con el conocimiento de
causa de sus actos deliberados. Por otro lado,
la verdad: Conoceréis La verdad, y La verdad os
la razón encuentra su verdad y su autoridad
Librard Un 8, 32) . Esta frase atestigua sobre
en la ley eterna, que no es otra cosa que la
todo el significado íntimo de la libertad por
misma sabiduría divina. La vida moral se ba-
la que Cristo nos libera. Liberación significa
sa, pues, en el principio de una «justa auto-
transformación interior del hombre, que es
nomía» del hombre, sujeto personal de sus
consecuencia del conocimiento de la verdad.
actos. La ley moral proviene de Dios y en Él
La transformación es, pues, un proceso espi-
tiene siempre su origen. En virtud de la razón
ritual en el que el hombre madura en justicia
natural, que deriva de la sabiduría divina, la
y santidad verdaderas en los diversos ámbitos
ley moral es, al mismo tiempo, la ley propia
de la vida social QUAN PABLO II, Audiencia
del hombre QUAN PABLO II, Enc. Veritatis
general, 21-II-79) .
spLendor, n. 40).
Libertad y Voluntad d e Dios
J esucristo nos ha ganado
la verdadera libertad 3327 Dios, queriendo que ángeles y hom-
bres siguieran la voluntad de Él, determinó
3323 Jesucristo mismo, cuando compare-
crearlos libres para practicar el bien, dotados
ció como prisionero ante el tribunal de Pilato
de razón para conocer de dónde vienen y a
y fue preguntado por él acerca de la :acusa-
quién deben el ser que antes no tenían; y les
ción hecha contra él por los representantes
impuso una ley por la que han de ser juzga-
del Sanedrín, ¿no respondió acaso: Yo para es-
dos, si no obran conforme a la recta razón
to he venido aL mundo, para dar testimonio de
(SAN JUSTINO, DidLogo con Trifón, 141, 1).
La verdad? Un 18, 37). Con estas palabras,
pronunciadas ante el juez en el momento de- 3328 Nuestra Madre escucha, y pregunta
cisivo, era como si confirmase, una vez más, para comprender mejor lo que el Señor le pi-
la frase ya dicha anteriormente: Conoced La de; luego, la respuesta firme: fiat (Lc 1, 38)
verdad y La verdad os hard Libres QUAN PABLO -¡hágase en mí según tu palabra!-, el fruto de
II, Enc. Redemptor hominis, 12) . la mejor libertad: la de decidirse por Dios
(SAN JOSEMAlÚA EsCRlVÁ, Amigos de Dios, 25) .
3324 Rechazad el engaño de los que se
conforman con un triste vocerío: ¡libertad, li- 3329 Pero como nadie será salvado con-
bertad! Muchas veces, en ese mismo clamor tra su voluntad (pues somos libres), desea

602
LIBERTAD - LIMOSNA
F RANC ISCO F ERNÁN D EZ-CARVA)AL

que nosotros queramos el bien (SAN JERONI- reino de los cielos es puro don de Dios y gra-
MO, Comento sobre la Epíst. a los Efesios, 1, 1, cia concedida de lo alto. Sin embargo, no por
11). ser don, Dios suprime la libertad (SAN JUAN
3330 El conocimiento de los secretos del CruSOSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 45).

LIMOSNA

1. En la Sagrada Escritura se nos presenta la limosna como una acción gratísima al Señor, que
nunca queda sin su recompensa. En ocasiones viene preceptuado directamente por Dios:
Nunca dejard de haber pobres en la tierra; por eso te doy este mandamiento: abrirds tu mano a tu
hermano, al necesitado y al pobre de tu tierra (Dt 15, 11). Según tus focu~tades, haz limosna y no
se te vayan los ojos tras lo que des. No apartes el rostro de ningún pobre, y Dios no los apartard de ti
(Tob 4, 7). El libro del Eclesiástico recomienda repetidas veces la limosna y se dice de ella que
es más útil que el oro y que obtiene de Dios la remisión de los pecados (3, 15.33; 17, 18; 29,
11). En el libro de Tobías, el Arcángel San Rafael compara la limosna con la riqueza: vale mds
hacer limosna que atesorar, y salva de la muerte y purifica de todo pecado (12, 8-9).
El Señor también nos invita frecuentemente a ser generosos con los más necesitados: Dad y se
os dard; se os volcard en el regazo una buena medida, apretada, llena, rebosante; porque con la
misma medida con que midiereis, seréis medidos vosotros (Le 6, 38). Vended lo que tengdis y dadlo
a los pobres; haceos bolsas que no se gastan, un tesoro inagotable en los cielos (Le 12,33) ...
Esto mismo predicaron los Apóstoles, y la Iglesia no ha cesado nunca de repetirlo y de practi-
carlo: El que tuviere bienes de este mundo ~ viendo a su hermano pasar necesidad, le cierra sus en-
trañas, ¿cómo mora en él la caridad de Dios? Hijitos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de
obra y de verdad (J Jn 3, 17-18). En los Hechos de los Apóstoles se alaba a Tabita por sus limos-
nas, y la conversión de Camelia se atribuye a su oración y a sus limosnas (9, 36; 10,4). Los
primeros cristianos vivieron con generosidad esta muestra de caridad, de modo especial cuan-
do los cristianos de Jerusalén se encontraban en grave necesidad (Rom 15,26; Hech 24, 17).

2. No ha pasado de moda la limosna. «La palabra limosna no la oímos hoy con gusto. Nota-
mos en ella algo humillante. Esta palabra parece suponer un sistema social en el que reina la
injusticia, la desigual distribución de bienes, un sistema que debería ser cambiado con refor-
mas adecuadas. Y si tales reformas no se realizasen, se delinearía en el horizonte de la vida so-
cialla necesidad de cambios radicales, sobre todo en el ámbito de las relaciones entre los hom-
bres ... Los profetas consideran este problema a nivel religioso: no hay verdadera conversión a
Dios, no puede existir religión auténtica sin reparar las injurias e injusticias en las relaciones
entre los hombres, en la vida social. Sin embargo, en tal contexto los profetas exhortan a la li-
mosna» OUAN PABLO II, Aloe. 28-III-79). La limosna brota de un corazón misericordioso que

603
LIMOSNA
ANTO LOGíA DE T EXTOS

quiere llevar un poco de consuelo al que está pasando una necesidad, o desea contribuir con
sus medios en una empresa de especial interés humano y sobrenatural.
El simple hecho de dar limosna ya es suficientemente expresivo de unos sentimientos huma-
nitarios y religiosos que reclaman un mínimo de respeto. La limosna es una muestra de gene-
rosidad que nos hace crecer por dentro, educa en el amor y contribuye a la verdadera unión
entre los miembros de una sociedad. «Cuando el Señor Jesús habla de limosna, cuando pide .
practicarla, lo hace siempre con el sentido de ayudar a quien tiene necesidad de ello, de com-
partir los propios bienes con los necesitados, es decir, en el sentido simple y esencial, que no
nos permite dudar del valor del acto denominado con el término limosna, al contrario, nos
apremia a aprobarlo: como acto bueno, como expresión de amor al próximo y como acto sal-
vífico» (ibídem). Como dice el Señor (Mc 14, 7), siempre habrá pobres entre nosotros que nos
tiendan la mano, y, por consiguiente, siempre tendremos necesidad de practicar la limosna
para remediar necesidades. Dios lo tendrá en cuenta para recompensar a los que le atendieron
a Él en la persona de los pobres.
3. San Cipriano hace este canto de la limosna: «Cosa excelsa y divina, hermanos carísimos, es
la limosna: obra de salvación, gran consuelo de los creyentes, medio saludable de nuestra se-
guridad, defensa de la esperanza, tutela de la fe, medicina del pecado, al alcance de quien la
quiere efectuar, grande y fácil a la vez, sin peligro de que nos persigan por ella, corona de la
paz, verdadero y máximo don de Dios, necesaria para los débiles, gloriosa para los fuertes.
Con ella, el cristiano alcanza la gracia espiritual, consigue el perdón de Cristo juez y cuenta a
Dios entre sus deudores [... ]. Nunca dejará el Señor de premiar nuestros méritos si, en el día
de la muerte o en el de la persecución, nos hallamos desembarazados, prestos, combatiendo
en la lucha de las obras de caridad. A los que vencieron en la paz les dará una corona blanca
por sus obras de misericordia, a los que lo fueron en la persecución les añadirá otra de púrpu-
ra» (De las buenas obras y de la limosna, 27; PL 4, 625 ss).
La limosna es un deber que obliga siempre que haya necesidad verdadera en el indigente y po-
sibilidad moral de dar por parte de aquel a quien se le pide. Según Santo Tomás, esta posibili-
dad moral existe en cuanto se tenga algo superfluo o por encima de lo necesario según la pro-
pia condición (Suma Teológica 2-2, q. 31 a. 5 ad 3).

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


.;. Es frecuentemente recomendada. Ex 23, 11 ; Lev 19, .;. Demos a aquellos que no nos lo pueden devolver. Le
10; 23, 22; Dt24 , 19-22; 1 Rey 17, 10-16; 50140,1; 14, 12-14.
81 , 4; Prov3 , 27 ... .:. Quien da su dinero a los pobres se granjea amigos en
.;. Produce ab undantes fr utos. Tob 4,7-12; 12, 9-12 ; el cielo. Le 16, 9 .
Eelo 3,33; 29, 15; DrllJ 4,24. .;. Dar de lo necesario. Me 12, 41-44; Le21, 1-4 .
.;. Dad limosna conforme a vuestros medios y todo será .;. Nuestro Señor desprecia las limosnas de los hipócritas.
puro en vosotros. Le 11 , 4 1. Mt 6, 1-4 .
.;. Hacerla secretamente esperando de Dios la recompen- .;. Estemos dispuestos a ayudar a nuestros hermanos con
sa. Mt6, 2-4. nuestras lim osnas. Rom 12, 13; y también a nuestrOS

604
LIMOSNA
FRANCISCO FERNÁNDEZ-CARVAjAL

enemigos. Rom 12, 20; los cristianos de Macedonia y .:. Los que venden lo que poseen para dar limosna consi-
Acaya sustentan con sus limosnas a los de Jerusalén. guen en el cielo un tesoro inagotable. Le 11, 33.
Rom 15, 30-3l. .;. San Pablo acepta con agradecimiento las limosnas de
.;. Pablo recomienda que ayuden a Febe, la diaconisa, co- los Filipenses. Flp 4, 16.
mo ella misma ayuda a los otros. Rom 16, 1-2. .:. San Pedro resucita a Tabita, cuyo milagro le pedían los
.;. La oración, limosna espiritual. Rom 15, 30-3l. pobres socorridos con sus limosnas. Heeh 9, 36-4 1.
.:. No avergonzar a aquellos que nada poseen. 1 COI" 11,22. .:. Las oraciones y las limosnas del Centurión Comelio
.:. Las limosnas sin la caridad son estériles, por grande son aceptadas por Dios, disponiéndole a la conver-
que sea su abundancia. 1 COI" 13,3. sión. Heeh lO, 2, 4, 3l.
.;. Colecta para los cristia nos de Jerusalén; motivos que .;. Que el que tenga dos túnicas dé una al que no tenga, y
Pablo hace valer. 1 COI" 16, 1-4; 2 Cor8, 9. aquel que tenga de comer haga lo mismo. Le 3, 11.

SELECCIÓN DE TEXTOS
----------------------------------------------------
Medio de conversión, de penitencia 3333 Continuamente encontramos a un
y obra de misericordia Lázaro, si lo buscamos, ya cada paso le vemos
aunque no le busquemos. Considerad que los
3331 La limosna y el ayuno, como medios
pobres necesitados se prestan a nosotros y nos
de conversión y de penitencia cristiana, están
suplican una limosna, cuando han de ser con
estrechamente ligados entre sÍ. El ayuno signi-
el tiempo nuestros intercesores (S . GREGORlO
fica un dominio sobre nosotros mismos [... ]. Y MAGNO, Hom. 40 sobre Los Evang.).
la limosna -en la acepción más amplia y esen-
cial- significa la prontitud a compartir con los 3334 Donde se da limosna no se atreve a
otros alegrías y tristezas, a dar al prójimo, en penetrar el diablo (S. JUAN CRlSOSTOMO, en
particular al necesitado; a repartir no solo los Catena Aurea, vol. VI, p. 170).
bienes materiales, sino también los dones del 3335 El pobre no es más que un instru-
espíritu. Y precisamente por este motivo debe- mento de! cual Dios se sirve para impulsar-
mos abrirnos a los demás, sentir sus diversas nos a obrar bien (SANTO CURA DE ARs, Ser-
necesidades, sufrimientos, infortunios, y bus- món sobre La Limosna).
car -no solo en nuestros recursos, sino sobre
3336 Dios puede, en realidad, alimentar a
todo en nuestros corazones, en nuestro modo los pobres; pero quiere que se unan, por amor,
de comportarnos y de actuar-los medios para los que dan con quienes reciben (S. JUAN CRI-
adelantarnos a sus necesidades o llevar alivio a SOSTOMO, en CatenaAurea, vol. VI, p. 312).
sus sufrimientos y desventuras (JUAN PABLO
I1, Carta a la diócesis de Roma, 28-I1-1979). 3337 Purifiquémonos, pues, no solo de co-
midas y bebidas, sino también de toda otra
3332 (La misericordia, la limosna) es e! contaminación inmunda, del perjurio, de la
lustre del alma, la enriquece y la hace apare- detracción, de la enemistad, de la intemperan-
cer buena y hermosa. El que piensa compa- cia y, señaladamente, de la avaricia, principio y
decerse de la misericordia de otro, empieza a fin que es de todos los males. El apartamiento
abandonar e! pecado [... ] (S. AGUSTíN, en de todo eso es la más brillante purificación, el
Catena Aurea, vol. VI, p. 48). ayuno verdadero e inculpable. Pero antes que

605
LllVIOSNA
A NTO LOC!A DE T EXTOS

esto y juntamente con esto ya la vez que esto que la misma bondad es una gran riqueza y
practiquemos la limosna, que es la que nos le- nunca puede faltarnos con qué dar, pues
vanta no ya al tercer cielo, sino hasta el Señor Cristo mismo es quien da el alimento y quien
mismo de todos los cielos la limosna, que, co- lo recibe. En todo este asunto interviene la
mo un carro de fuego y puesto sobre cielo, re- mano de Aquel que al partir el pan lo aumen-
cibe a los que suben de la tierra. Con ella, ta y al repartirlo lo multiplica (S . LEÓN MAG-
nuestro ayuno resultará brillante y acepto a NO, Sermón 10 sobre la Cuaresma) .
Dios, y nuestra oración se elevará como nube
3343 Que el temor a la pobreza que pueda
de incienso (NECTARIO, Hom. en la fiesta de S.
sobrevenir, no impida a la voluntad ser gene-
Teodoro, 15; PG 39,1833).
rosa en la limosna (S. JUAN CRISÓSTOMO, en
3338 Te vendiste al pecar, redímete ahora Catena Aurea, vol. 1, p. 384).
con tus buenas obras, paga tu rescate con tu
3344 Que el que distribuye limosnas lo
dinero. Viles son las riquezas, pero la miseri-
haga con despreocupación y alegría, ya que,
cordia es preciosa. «La limosna -dice- libra
cuanto menos se reserve para sí, mayor será la
del pecado» (Tob 12, 8). Y en el Evangelio di-
ganancia que obtendrá. (S. LEÓN MAGNO,
ce el Señor: Haceos amigos de las riquezas in-
Sermón 10 sobre la Cuaresma).
justas (Le 14, 9) [... l. Convierte tú, como
buen dispensador, las riquezas de instrumen- 3345 Sin la limosna es imposible ver el
to de la avaricia, en recurso de la misericordia reino; porque así como se corrompen las
(S . AMBROSIO, Libro de Elías y el ayuno, 20; aguas detenidas de una fuente, así sucede a
PL 14, 759) . los ricos cuando guardan para sí sus riquezas
(S. JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, vol.
Generosidad VI, p. 97).
3339 No seáis mezquinos ni tacaños con 3346 No está la limosna en dar poco de
quien tan generosamente se ha excedido con lo mucho que se tiene, sino en hacer lo que
nosotros, hasta entregarse totalmente, sin ta- aquella viuda, que dio todo lo que tenía; pe-
sa. Pensad ¿cuánto os cuesta -también econó- ro si tú no puedes hacer lo que la viuda, por
micamente- ser cristianos? (SAN JOSEMARlA lo menos da lo que te sobre (S . JUAN CRI-
ESCRIVÁ, Amigos de Dios, 126). SÓSTOMO, en Catena Aurea, vol. VI,
p.393).
3340 En ti debe haber una fuente, no una
bolsa (S. AGUSTíN, Sermón 355). 3347 El que da limosna no hace, a imita-
ción de Dios, discriminación alguna, en lo
3341 Las riquezas mal conservadas pue-
que atañe a las necesidades corporales, entre
den perderse fácilmente, si no de una manera
buenos y malos, justos o injustos, sino que
material sí en un sentido espiritual, porque
reparte a todos por igual, a proporción de
no aprovechan a su dueño a conseguir su sal-
las necesidades de cada uno, aunque su bue-
vación (S. JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Au-
na voluntad le inclina a preferir a los que se
rea, vol. 1, p. 385).
esfuerzan en practicar la virtud, más bien
3342 No temamos la pobreza que nos que a los malos (S. MÁXIMO , Sobre la Cari-
pueda resultar de esta nuestra largueza, ya dad, 1).

606
LIMOSNA
F RANCISCO F ERN ÁNDEZ-CARVAj AL

Todos podemos dar limosna excusas para no tener que dar limosna (SANTO
CURA DE ARs, Sermón sobre la limosna).
3348 Quizá no tenga pan con que soco-
rrer al necesitado; pero quien tiene lengua 3354 La limosna no se hace solo con dine-
dispone de un bien mayor que puede distri- ro, sino también con otras obras, como cuan-
buir; pues vale más el reanimar con el ali- do alguien protege a otro, o un médico cura,
mento de la palabra al alma que ha de vivir o un sabio aconseja (S. JUAN CRISOSTOMO,
para siempre, que saciar con el pan terreno al en CatenaAurea, vol. VI, pp. 96-97).
cuerpo, que ha de morir. Por lo tanto, herma-
nos, no neguéis al prójimo la limosna de Rectitud de intención
vuestra palabra (S. GREGORIO MAGNO, Hom.
3355 Cuando des limosna, no vayas tocando
4 sobre los Evang.).
la trompeta ... Quizá procuraban reunir al
3349 (Da al que te pida). Puede entender- pueblo cuando hacían algo bueno, para que
se también esto del dinero de la doctrina, que todos fueran a ese espectáculo (SANTO To-
nunca falta; sino que cuanto más se da, tanto MÁs, en CatenaAurea, vol. 1, p. 340).
más se multiplica (S. JERONIMO, en Catena
3356 Mientras estamos en este mundo, es
Aurea, vol. 1, p. 323).
preciso hacer cuantas limosnas podamos;
3350 Dad limosna: esta palabra se refiere a siempre seremos bastante ricos, si tenemos la
todas las obras de misericordia, porque da li- dicha de agradar a Dios y salvar nuestra alma;
mosna no solo el que da de comer al que tie- mas es necesario hacer la limosna con la más
ne hambre y otras necesidades por el estilo, pura intención. ¡Qué felices seríamos si todas
sino también el que perdona a quien le falta y las limosnas que hayamos hecho durante nues-
ruega por él, el que corrige a otro [...] (SAN tra vida nos acompañasen delante del tribunal
BEDA, en Catena Aurea, vol. VI, p. 49). de Dios para ayudarnos a ganar el cielo! (SAN-
3351 La limosna, denominación que in- TO CURA DE ARs, Sermón sobre la limosna) .
cluye una extensa gama de obras de miseri-
cordia, de modo que todos los fieles son ca- Dios premia con creces
paces de practicarla, por diversas que sean sus nuestra generosidad en la limosna
posibilidades (S. LEON MAGNO, Sermón 6 so- 3357 Jamás será pobre una casa caritativa
bre la Cuaresma). (SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre la limos-
3352 La pobreza no impide de ninguna na).
manera el andar por aquel camino de peni- 3358 Os pregunto, hermanos, ¿qué es lo
tencia que consiste en seguir el mandato del que queréis o buscáis cuando venís a la Igle-
Señor, distribuyendo los propios bienes -ha- sia? Ciertamente, la misericordia. Practicad,
blo de la limosna-, pues esto lo realizó inclu- pues, la misericordia terrena y recibiréis la
so aquella viuda pobre que dio sus dos pe- misericordia celestial. El pobre te pide a ti, y
queñas monedas (S. JUAN CRISOSTOMO, tú le pides a Dios; aquel un bocado, tú la vida
Hom. 6 sobre el tentador).
eterna. Da al indigente y merecerás recibir de
3353 El hombre de corazón duro es avaro e Cristo, ya que él ha dicho: «Dad y se os da-
insensible a las miserias del prójimo; hallará mil rá». No comprendo cómo te atreves a esperar

607
LIMOSNA
A NTOLOGfA DE T EXT OS

recibir si tú te niegas a dar. Por esto, cuando solo en el otro mundo, sino aun también en es-
vengáis a la iglesia, dad a los pobres la limos- te, pues nada hace prosperar tanto los bienes
na que podáis, según vuestras posibilidades temporales como la limosna [... ] (S. FRANCIS-
(S. CESÁREO DE ARLÉS, Sermón 25) . CO DE SALES, Introd. a la vida devota, III, 15).
3359 No serán solamente los pobres los
Limosna y pecados veniales
que rogarán por vosotros, sino las mismas li-
mosnas, las cuales vendrán a ser como otros 3363 .. . Ejercitaos en la limosna, en el
tantos protectores cerca del Señor que implo- ayuno y en la oración. Por estos remedios se
rarán benevolencia en vuestro favor (SANTO purgan los pecados diarios, que, a causa de la
CURA DE ARs, Sermón sobre la limosna). fragilidad humana, no pueden dejar de desli-
zarse en el alma. No despreciéis estos pecados
3360 La razón que debe inducirnos a dar
porque son pequeños, sino temedlos porque
limosnas de todo corazón y con alegría es el
son muchos. Atended, hermanos míos. Son
pensar que las damos al mismo Jesucristo.
pequeños, no grandes. No son como el león,
Leemos en la vida de Santa Catalina de Siena
que de un bocado se traga a uno; pero tam-
que, al encontrarse una vez con un pobre, le
bién, frecuentemente, muchos insectos pe-
dio una cruz; en otra ocasión, dio su ropa a
queños llegan a matar. Si fuera arrojado al-
una pobre mujer. Algunos días después, apa-
guien a un lugar lleno de pulgas, ¿acaso no
reciósele Jesucristo, y le manifestó haber reci-
moriría allí? No son grandes, pero la natura-
bido aquella cruz y aquella ropa que ella ha-
leza humana es débil y puede ser destruida
bía puesto en manos de sus pobres, y que le
por insectos diminutos. Así también los peca-
habían complacido tanto que esperaba el día
dos pequeños. Prestadles, pues, atención por-
del juicio para mostrar aquellos presentes a
que son pequeños, temedlos porque son mu-
todo el universo (SANTO CURA DE ARs, Ser-
chos (S. AGUSTÍN, Sermón 9).
món sobre la limosna).
3364 Pequeñísimos son los granos de are-
3361 Los misericordiosos y quienes hacen
na; pero si permites que entren demasiados
buenas obras no se verán reducidos a la mise-
en la barca, acabarán por hundirla de modo
ria, pero sí los mezquinos y quienes se desen-
que perezcáis. Las gotas de agua, aunque son
tienden de los demás [... ]. El ejercicio de la li-
pequeñas, ¿acaso no llenan los ríos hasta re-
mosna no solo remediará la necesidad de los
bosar y socavan las casas? No despreciéis,
santos, sino que os producirá la abundancia por
pues, los pecados menudos. Pero diréis:
las muchas acciones de gracias que se darán a
¿quién puede librarnos de ellos? Para que se
Dios (2 Cor9, 10-12), porque cuando la ora-
pudiera decir esto (porque verdaderamente
ción de los pobres dirige a Dios acción de
nadie puede), Dios misericordioso, viendo
gracias por nuestra limosna y obras buenas,
nuestra fragilidad, puso a nuestro alcance re-
Dios en retribución aumenta nuestros bienes
medios. ¿Cuáles? Tres: la limosna, la oración
(S. CrPRlANO, Sobre las buenas obras y sobre la
y el ayuno. Para que tu oración sea verdadera
limosna, 9; PL 4,627).
debes hacer limosnas perfectas. ¿Cuáles son?
3362 Has de disminuir alguna parte de tus Que de lo que te sobra, des al que no tiene; y
bienes dándosela de buena voluntad a los po- que cuando alguien te ofenda, le perdones (S.
bres, [.. .]. Verdad es que Dios te lo restituirá no AGUSTÍN, ibídem).

608
LUCHA ASCÉTICA
F RANCISCO F ERNÁNDEZ-CARVAj AL

LUCHA ASCÉTICA

1. Mientras estemos en este mundo, la vida del cristiano es una lucha constante entre el amor
a Dios y la tendencia a dejarse arrastrar por sus pasiones y por el pecado.
Correspondemos al amor a Dios cuando luchamos contra lo que nos aparta de Él. Es una lu-
cha que cuesta, pero no tanto porque tengamos que afrontar trabajos superiores a nosotros (el
Señor no permite que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas), sino porque debe ser
constante y continuada: quitémonos lo que estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la ca-
rrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: jesús (Heb
12, 1-2).
Lo que nos hará perseverar en esta lucha contra lo que nos separa de Dios es el amor a Él. Ese
amor nos dará confianza y serenidad ante las tentaciones, que no debemos exagerar, pues to-
davía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado (Heb 12, 4).

2. La vida interior exige estar dispuestos a corresponder siempre a nuevas gracias. Si procura-
mos corresponder, el Espíritu Santo se vuelca con ayudas más grandes. Cuando falta el inte-
rés, nos vamos incapacitando para esas gracias que el Señor desea darnos. Es clásico el princi-
pio de la vida interior: «quien no avanza, retrocede».
Es necesario estar dispuestos a luchar cada día, aunque sea en pequeños detalles, porque en
cada jornada vamos a encontrar obstáculos que nos separen de Dios. «Es inevitable que haya
muchas dificultades en nuestro camino; si no encontrásemos obstáculos, no seríamos criatu-
ras de carne y hueso. Siempre tendremos pasiones que nos tiren para abajo, y siempre tendre-
mos que defendernos contra esos delirios más o menos vehementes» (SAN JOSEMAIÚA ESCRl-
vA, Es Cristo que pasa, 75) . Cada día es un regalo de Dios para que lo llenemos de amor,
luchando en nuestras pequeñas batallas.
La vida interior ha de ir siempre en aumento hasta el término del viaje. Disponemos de un
tiempo para merecer, para negociar con los talentos recibidos.

3. La lucha ascética de cada día se concretará muchas veces en fortaleza para cumplir delicada-
mente nuestros actos de piedad con el Señor, sin abandonarlos por cualquier otra cosa que se
nos presente, sin dejarnos llevar por el estado de ánimo de ese día o de ese momento; se con-
cretará en el modo de vivir la caridad, corrigiendo formas destempladas del carácter (del mal
carácter), esforzándonos por tener detalles de cordialidad, de buen humor, de delicadeza con
los demás; en realizar bien el trabajo, que hemos ofrecido a Dios; en hacer un apostolado efi-
caz a nuestro alrededor; en poner los medios oportunos para que nuestra formación no se es-
tanque ... Ordinariamente será una lucha en lo pequeño. Una correspondencia a Dios en las
cosas pequeñas. «Oigamos al Señor, que nos dice: quien es fiel en lo poco, también lo es en lo
mucho, y quien es injusto en lo poco, también lo es en lo mucho (Lc 16, 10). Que es como si nos
recordara: lucha cada instante en esos detalles en apariencia menudos, pero grandes a mis
ojos; vive con puntualidad el cumplimiento del deber; sonríe a quien lo necesite, aunque tú
tengas el alma dolorida; dedica, sin regateo, el tiempo necesario a la oración; acude en ayuda

609
LL<:Ib\. <\SCÉTIC\
A NTO LOGf" DE T EXTOS

de quien te busca; practica la justicia, ampliándola con la gracia de la caridad» (SAN JOSEMA-
lÚA ESCRIVÁ, Es Cristo que pasa, 77).
Sin embargo, no siempre venceremos: habrá derrotas. Muchas de ellas no tendrán ninguna im-
portancia; otras sí la tendrán, pero el desagravio y la contrición nos acercarán todavía más al Se-
ñor. No debemos desalentarnos, porque siempre hay posibilidad de perdón, de volver a empe-
zar. Nos arrepentimos humildemente y Dios perdona y nos da la posibilidad de recomenzar.

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


.;. No pensé is que he ven ido a poner paz en la tierra; no .;. Los que son de Cristo Jesús han cru cificado la ca rne
vine a poner paz, sino espada. Mt 10, 34. con sus pasiones y concupiscencias. Cnl5, 24 .
.;. Entonces d ij o Jesús a sus discíp ulos; El que quiera ve- .;. C uanto a mí, jamás me gloriaré a no ser en la cruz de
nir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y nuestro Seño r Jesucristo, por quien el mundo está cru-
sígam e. Mt 16, 24. cificado para mí y yo para el mundo. Cnl6, 14.
.;. Pues yo sé que no hay en mí, esto es, en mi carne, co- .;. Que no es nuestra lu cha contra la sangre y la carne, si-
sa buena. Porque el querer el bien está en mí, pero el no contra los principados, co ntra las potestades, con-
hacerlo, no. En efecto, no hago el bien que quiero, si- tra los dominadores de es te mundo tenebroso, co ntra
no el mal que no quiero. Pero si hago lo que no quie- los espíritus malos de los aires. Ef6, 12.
ro, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado, que ha- .;. Pero nosotros, hijos del día, seamos sobrios, revestidos
bita en mÍ. Rom 7, 18-20 . de la coraza de la fe y de la caridad y del yelmo de la
esperanza en la salvació n. 1 Tes 5, 8 .
.;. Y quien se prepara para la lucha, de todo se abstiene, y
.;. Te recom iendo , hijo mío Timoteo, que, co nforme a
eso para alcanzar una corona corruptible; mas noso-
las profecías sobre ti hechas anteriormente, sos tengas
tros, para alca nzar una incorruptible. Y yo co rro no
el buen co mbate. 1 Tilll 1, 18.
como a la aventura; así lucho no como quien azo ta al
aire, sino que castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea .;. Co mbate las fatigas, como buen soldado de Cristo Je-
que, hab iendo sido herald o para los otros, resulte yo sús. El que milita, para comp lacer al que le alistó co-
descalifi cado. 1 COI' 9, 25-27 . mo soldado, no se embaraza co n los negocios de la vi-
da. 2 Ti1ll2, 3-4 .
.;. Por lo cual no desmayamos, sin o que mientras nuestro
.;. Y quienquiera que comp ite en el estadio no es coro na-
hombre exterior se corrompe, nuestro hombre interior
do si no compite legítimamente. El labrador ha de fa-
se renueva de día en día. 2 COl' 4, 16.
tigarse antes de percib ir los frutos. 2 Tilll 2, 5-6 .
.;. Pues aun llegados a Macedonia, no tuvo nuestra carne .;. H e co mbatido el buen co mbate, he terminado mi ca-
ningún reposo, si no que en todo fuimos atribul ados, rrera, he guardado la fe. Por lo demás, ya me está pre-
luchas por fuera, por dentro temores. 2 COI' 7 , 5. parada la coro na de la justicia, que me otorgará aquel
.;. Mas yo, por la misma ley, he muerto a la ley, por vivir día el Señor, justo juez, y no solo a mí, sino a todos los
para Dios; estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo que aman su manifestació n. 2 Tim 4,7-8 .
yo, es Cristo quien vive en m Í. Y aunque al presente .;. Porque todo el engendrado de Dios vence al mundo; y
vivo en carne, vivo en la fe del Hij o de Dios, que me esta es la victoria que ha vencido al mundo; nuestra fe.
amó y se entregó por m í. Cnl 2, 19-20. 1 f n 5, 4.

610
LOCHA ASCÉTICA
FRANCISCO F ERNÁNDEZ-CARVAjAL

SELECCIÓN DE TEXTOS
Lucha hasta el final se los deja en casa (SANTA TERESA, Camino de
de nuestros días perfección, lO, 1).
3365 Nuestra vida, mientras dura esta pe- 3370 Me pondré de centinela, me plantaré
regrinación, no puede verse libre de tentacio- en la atalaya, velaré para escuchar lo que me
nes; pues nuestro progreso se realiza por me- dice, lo que responde a mis quejas. Procuremos,
dio de la tentación y nadie puede conocerse a hermanos, ponernos también nosotros de
sí mismo si no es tentado, ni puede ser coro- centinela, porque la vida presente es tiempo
nado si no ha vencido, ni puede vencer si no de lucha (SAN BERNARDO, Sermón 5).
ha luchado, ni puede luchar si carece de ene-
migo y de tentaciones (SAN AGUSTíN, Co- 3371 Vuestro bautismo ha de ser para vo-
mento sobre el Salmo 60). sotros como vuestra armadura, la fe como un
yelmo, la caridad como una lanza, la pacien-
3366 No pertenece el Reino de los Cielos
cia como un arsenal de todas las armas; vues-
a quienes duermen y viven dándose todos los
tras cajas de fondos han de ser vuestras bue-
gustos, sino a quienes mantienen la lucha
nas obras, de las que recibiréis luego
contra sí mismos (CLEMENTE DE ALE]AN-
magníficos ahorros (SAN IGNACIO DE ANTIO-
DIÚA, Quis dives salvetur, 21).
QUÍA, Carta a S. Policarpo de Esmirna, 5).
3367 Así, la lucha que por disposición del
Creador se entabla en nuestra alma entraña, 3372 [.. .] La pretensión más alta de algu-
en cierto modo, una gran utilidad. Porque nos se reduce a esquivar lo que podría alterar
constituye un acicate, puesto que nos empu- la tranquilidad -aparente- de una existencia
ja, nos fuerza a subir a un estado mejor y más mediocre. Con un alma tímida, encogida,
perfecto. Si esa lucha cesara, se seguiría para perezosa, la criatura se llena de sutiles egoís-
nosotros una tranquilidad sobremanera per- mos y se conforma con que los días, los años,
niciosa (CASIANO, Colaciones, 4). transcurran sine spe nec metu, sin aspiraciones
que exijan esfuerzos, sin las zozobras de la pe-
3368 No podemos detenernos. El Señor
lea: lo que importa es evitar el riesgo del de-
nos pide un batallar cada vez más rápido, ca-
saire y de las lágrimas. ¡Qué lejos está de ob-
da vez más profundo, cada vez más amplio.
tener algo, si se ha malogrado el deseo de
Estamos obligados a superarnos, porque en
esta competición la única meta es la llegada a poseerlo, por temor a las exigencias que su
la gloria del cielo. Y si no llegásemos al cielo, conquista comporta! (SAN ]OSEMARfA ESCRI-
nada habría valido la pena (SAN ]OSEMARfA VÁ, Amigos de Dios, 207).

ESCRlVÁ, Es Cristo que pasa, 77). 3373 Si dijeses: «ya basta», has perecido.
3369 Ya parece que lo tenemos todo he- Añade siempre, camina siempre, adelanta
cho y que no hay ya que pelear con alguno. siempre; no te pares en el camino, no vuelvas
¡Oh hermanas mías!, no os aseguréis y os atrás, no te desvíes. Se detiene el que no ade-
echéis a dormir, que será como el que se lanta; vuelve atrás el que vuelve a pensar en el
acuesta muy sosegado, habiendo muy bien punto de donde había partido; se desvía el
cerrado sus puertas por miedo de ladrones y que apostata. Mejor es el cojo en el camino,

611
LUCHA ASCÉTICA
A NTOLOGfA DE TEXTOS

que el que corre fuera de camino (SAN AGUS- del Evangelio y los ejemplos de Jesús. «Domi-
TfN, Sermón 169). nar las inclinaciones» es disciplina. La frase
«un poco a la vez» indica disciplina, que re-
3374 Examínate y no te contentes con lo
quiere esfuerzo continuado, largo, no fácil:
que eres, si quieres llegar todavía a lo que no
incluso los ángeles vistos en sueño por Jacob
eres. Porque en cuanto te complaces de ti
no volaban, sino que hacían un escalón cada
mismo, allí te detuviste (SAN AGUSTfN, Ser-
vez; figurémonos nosotros que somos pobres
món 169).
hombres desprovistos de alas OUAN PABLO 1,
3375 El diablo no duerme, ni es aún la Al Clero Romano, Aloe. 1-IX-1978).
carne muerta, por eso no ceses de preparar-
te para la batalla. A la diestra y a la siniestra
3380 Una vez hubo el hombre adquirido
el conocimiento del bien y del mal, la tierra
están los enemigos, que nunca descansan
maldita en nuestros trabajos comenzó a pro-
(ToMÁs DE KEMPIS, Imitación de Cristo, 11,
ducir abrojos y espinas. Y estos retoños mal-
9,8).
ditos son los que sofocan las semillas natura-
3376 Luego hay que luchar siempre, por- les de las virtudes, y no nos permiten comer
que esta concupiscencia con que hemos naci- el pan que baja del cielo Un 6, 33) Y vigoriza el
do no puede tener fin mientras vivimos; pue- corazón del hombre (Ps 103, 15), sino con el
de menguarse, pero no extinguirse. Y en esta sudor de nuestra frente. Todo el género hu-
lucha andan toda su vida los santos (SAN mano, sin excepción alguna, está sujeto a esta
AGUSTfN, Sermón 151) . ley. No hay nadie, por santo que sea, que no
3377 Toda la tradición de la Iglesia ha ha- coma este pan con la fatiga de su trabajo y
blado de los cristianos como de milites Chris- mediante la vigilante aplicación del corazón
ti, soldados de Cristo. Soldados que llevan la (CASIANO, Colaciones, 23).
serenidad a los demás, mientras combaten
«Comenzar y recomenzal"»
continuamente contra las personales malas
inclinaciones (SAN JOSEMARfA ESCRIVÁ, Es 3381 Me da alegría ver que comenzáis ca-
Cristo que pasa, 74) . da día: no hay mejor medio para acabar bien
la vida que el de volver a empezar siempre, y
3378 Todos los días hay combates en nues-
no pensar nunca que ya hemos hecho bastan-
tro corazón. Cada hombre, en su corazón, lu-
te (SAN FRANCISCO DE SALES, Carta, citada
cha con un ejército. Los enemigos son la avari-
por TISSOT, La vida interior, p. 26).
cia, la gula, el bullicio; todos le hacen guerra.
A todos presenta batalla y aborrece, pero es di- 3382 Lo grave no es que quien lucha cai-
fícil que alguno no le cause alguna herida (SAN ga, sino que permanezca en la caída; lo grave
AGUSTfN, Comento sobre el Salmo 99). no es que uno sea herido en la guerra, sino
desesperarse después de recibido el golpe y no
3379 Se trata -escribe I'Abbé Chautard-
cure la herida (SAN JUAN CRIS6sTOMO, Ex-
de la actividad de un alma, que reacciona
hort. 11 a Teodoro, 1).
continuamente para dominar sus malas incli-
naciones y para conseguir, un poco a la vez, el 3383 No es tarde, ni todo está perdido ...
hábito de juzgar y comportarse en todas las Aunque te lo parezca. Aunque lo repitan mil
circunstancias de la vida según las máximas voces agoreras. Aunque te asedien miradas

612
LUCHA ASCÉTICA.
FRANCISCO F ERNÁNDEZ-CARVAjAL

burlonas e incrédulas ... Has llegado en un Constancia en la lucha a scética


buen momento para cargar con la Cruz: la
3387 Acabóseles el esfuerzo, faltóles áni-
Redención se está haciendo -¡ahora!-, y Jesús
mo. y ya que algunos le tienen para vencer a
necesita muchos cirineos (SAN JOSEMAIÚA Es-
los segundos, a los terceros se les acaba la
cJUVÁ, Vía Crucis, p. 51).
fuerza; y por ventura no están ni a dos pasos
de la fuente del agua viva (SANTA TERESA,
3384 La culpa repetida y frecuente tiene
Camino de perfección 19, 2).
sujeta al alma, para que no pueda levantarse
al estado de rectitud: trata de levantarse y cae, 3388 Como el agua de mar se filtra por las
porque en aquello en que ha persistido mu- rendijas del casco y, poco a poco, llena las bo-
cho tiempo por su propia voluntad, en eso degas, y si no se la saca sumerge la nave [... l.
mismo cae a pesar suyo (SAN GREGORIO Imitad a los navegantes: sus manos no cesan
MAGNO, Hom. 31 sobre los Evang.). hasta secar el hondón del barco; no cesen
tampoco las vuestras de obrar el bien. Sin
3384b La vida espiritual es -lo repito ma- embargo, a pesar de todo, volverá a llenarse
chaconamente, de intento- un continuo co- otra vez el fondo de la nave, porque persisten
menzar y recomenzar. las rendijas de la flaqueza humana; y de nue-
-¿Recomenzar? ¡Sí!: cada vez que haces un vo será necesario achicar el agua (SAN AGUS-
acto de contrición -y a diario deberíamos ha- TíN, Sermón 16).
cer muchos-, recomienzas, porque das a Dios
un nuevo amor (SAN JOSEMARíA ESCRIVÁ, 3389 Nos ocurre lo mismo que al soldado
FOfja, n. 384). valiente, que lo demuestra con cualquier cla-
se de armas, mientras al cobarde le estorban
todas (SAN JUAN CRlSÓSTOMO, Hom. al pue-
Prontitud para recomenzar blo antioqueno, 15).
3385 - No te desesperes; se te ha prometi- 3390 No os quedéis en el camino, sino pe-
do el perdón. lead como fuertes hasta morir en la demanda,
-Gracias a Dios por esta promesa; a ella me pues no estáis aquí para otra cosa sino para
atengo. pelear (SANTA TERESA, Camino de perfección,
-Ahora, pues, vive bien. 20,2).
-Mañana viviré bien.
3391 Son santos los que luchan hasta el fi-
-Te ha prometido Dios el perdón, pero el día
nal de su vida: los que siempre se saben le-
de mañana nadie te lo ha prometido (SAN
vantar después de cada tropiezo, de cada caí-
AGUSTíN, Comento sobre el Salmo 101).
da, para proseguir valientemente el camino
con humildad, con amor, con esperanza (SAN
3386 No digas, pues: «Mañana me con-
JOSEMAIÚA ESCRlvÁ, FOlja, n . 186).
vertiré, mañana contentaré a Dios, y de todos
mis pecados pasados y presentes quedaré 3392 El alma que ama a Dios de veras no
perdonado». Dices bien que Dios ha prome- deja por pereza de hacer lo que puede para
tido el perdón al que se convierte; pero no ha encontrar al Hijo de Dios, su Amado. Y des-
prometido el día de mañana a los perezosos. pués que ha hecho todo lo que puede, no se
(SAN AGUSTíN, Comento sobre el Salmo 144) . queda satisfecha y piensa que no ha hecho

613
LUCI-U ASCÉTICA
A NTOLO GfA DE T EXTOS

nada (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cdntico espiri- 3397 Esta es nuestra acción, tal es nuestra
tual, 3, 1) . milicia. En este combate peleamos, teniendo
a Dios como espectador; cuando nos batimos
3392b Se trata de un «enemigo doméstico»
en esta agonía, recurrimos a Dios auxiliador.
que reside en nuestro interior, y que es capaz,
Porque si Él nos ayuda, no digo vencer, pero
si echa fuerzas, de acabar por arruinar total- no podríamos ni pelear (SAN AGUSTÍN, Ser-
mente la obra de la gracia o la vida interior. món 156) .
Es, a las veces, como la hendidura de un mu-
ro sólido en apariencia, pero que no es tal; La paz , consecuencia de la lucha
como una grieta imperceptible, pero honda,
3398 No hemos de temer a adversarios ex-
en la bella fachada de un edificio, que una
teriores. El enemigo vive dentro de nosotros:
violenta sacudida puede hacer venir a tierra
cada día nos hace una guerra intestina. Cuan-
(R. GARRIGOu-LAGRANGE, Las tres edades de
do le vencemos, todas las cosas del exterior
la vida interior, vol. 1, p. 366). que pueden sernos adversas pierden su fuer-
za, y todo se pacifica y allana (CASIANO, Insti-
Jesucristo presencia nuestra lucha
tuciones, 5) .
y no nos abandona
3399 Un gran combate comporta una
3393 El que promete estar con sus discí- gran gloria, no humana ni temporal, sino di-
pulos hasta la consumación de los siglos, ma- vina y eterna (SAN AGUSTÍN, Sermón 214).
nifiesta que ellos habrán de vencer siempre, y
que Él nunca se habrá de separar de los que 3400 Si Dios consintió que su pueblo li-
brara estas batallas, no fue ciertamente por-
crean (SAN JER6NIMO, en Catena Aurea, vol.
que sintiera enojo ante su tranquilidad, ni si-
I1I, p. 433).
quiera porque abrigara contra él cierta
3394 La gracia se da a los que esperan en ojeriza, sino porque sabía que iba a sede de
Dios. Clama bajo la mano del enemigo, pídele provecho. Por eso permitió que fuera humi-
a Dios su ayuda; porque si tienes uno que lu- llado constantemente por la opresión de estos
cha contra ti, también tienes uno que te auxi- pueblos gentiles, para que reconociera Israel
lia; que contempla la pelea y te socorrerá en tu que no podía prescindir nunca del auxilio di-
combate; esto, si te encuentra esperanzado, vino, y se mantuviera siempre fiel al culto y
pues Dios aborrece al soberbio, al que confia servicio de su Dios. Al propio tiempo, ni la
en sus fuerzas (SAN AGUSTÍN, Sermón 145). tranquilidad enervante haría disminuir su co-
raje, ni echaría en olvido el arte de la guerra y
3395 El Señor nos libra del mal no cuan- el ejercicio de la virtud. Con frecuencia, la
do el enemigo deja de presentarnos batalla paz y la tranquilidad han postrado a aquellos
valiéndose de sus mil artes, sino cuando ven- que la adversidad no había podido vencer
cemos arrostrando valientemente las circuns- (CASIANO, Colaciones, 4) .
tancias (ORÍGENES, Trat. sobre la oración, 30).
3 4 01 Sin lucha, no se logra la victoria; sin
3396 Luchemos: nuestro combate se libra victoria, no se alcanza la paz. Sin paz, la ale-
en la presencia de quien nos mira y ayuda gría humana será solo una alegría aparente,
(SAN AGUSTÍN, Sermón 33). falsa, estéril, que no se traduce en ayuda a los

614
LlICIIA <\SCÉTIC\
FRANCISCO F ERNANDEZ-CARVAjAL

hombres, ni en obras de caridad y de justicia, 3407 En cosas muy pequeñas -como he


de perdón y de misericordia, ni en servicio de dicho otras veces- se puede acostumbrar para
Dios (SAN JOSEMARÍA ESCRIvÁ, Es Cristo que salir con victoria en las grandes (SANTA TERE-
pasa, 82). SA, Camino de perfección, 15,2).

3402 Si los soldados de este mundo consi- 3408 Hemos de convencernos de que el
deran un honor volver victoriosos a su patria mayor enemigo de la roca no es el pico o el
después de haber vencido al enemigo, un ho- hacha, ni el golpe de cualquier otro instru-
nor mucho más grande y valioso es volver mento, por contundente que sea: es esa agua
triunfante al paraíso después de haber venci- menuda, que se mete, gota a gota, entre las
do al demonio y llevar consigo los trofeos de grietas de la peña, hasta arruinar su estructu-
victoria (SAN OPRIANO, Fortunato, 13). ra. El peligro más fuerte para el cristiano es
despreciar la pelea en esas escaramuzas, que
3403 No alcanza el estado de suma paz, calan poco a poco en el alma, hasta volverla
donde reina el sumo silencio, sino el que con blanda, quebradiza e indiferente, insensible a
gran estrépito ha luchado con sus vicios (SAN las voces de Dios (SAN JOSEMARÍA ESCRIvÁ,
AGUSTÍN, Comento sobre el Salmo 9). Es Cristo que pasa, 77).

Lucha en lo pequeño Victorias y derrotas


3404 Tener gran confianza, porque con- 3409 Es inevitable: donde impera el tu-
viene mucho no apocar los deseos, sino creer multo de la guerra, es imposible evitar el ries-
de Dios que si nos esforzamos poco a poco, go de ser herido. Y quien se halla en el fragor
aunque no sea luego, podremos llegar con su de la lucha, aunque hiera a su adversario con
favor a lo mismo que muchos santos (SANTA heridas de muerte, es inevitable que, a despe-
TERESA, Vida, 13, 2). cho de su audacia y bizarría, sea herido algu-
na vez por la espada enemiga (CASIANO, Co-
3405 Mucho hace a los ojos de Dios quien
laciones, 11) .
hace todo lo que puede, aunque pueda poco
(SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la ora- 3410 Una persona que no se esforzara por
ción y meditación, 11, 1, aviso 1°). hacer lo que está de su parte, esperándolo todo
del auxilio divino, tentaría a Dios (SANTO To-
3406 Ese modo sobrenatural de proceder MÁs, Suma Teológica, 2-2, q. 53, a. 4 ad 1).
es una verdadera táctica militar. -Sostienes la
guerra -las luchas diarias de tu vida interior- 3411 Un jefe en el campo de batalla estima
en posiciones que colocas lejos de los muros más al soldado que, después de haber huido,
capitales de tu fortaleza. Y el enemigo acude vuelve y ataca con ardor al enemigo, que al que
allí: a tu pequeña mortificación, a tu oración nunca volvió la espalda, pero tampoco llevó
habitual, a tu trabajo ordenado, a tu plan de nunca a cabo una acción valerosa (SAN GRE-
vida; y es difícil que llegue a acercarse hasta GORIO MAGNO, Hom. 34 sobre los Evang.).
los torreones, flacos para el asalto, de tu casti- 3412 Si nos esforzásemos en la batalla co-
llo. -y si llega, llega sin eficacia (SAN JOSEMA- mo fuertes varones, ciertamente veríamos el
lÚA ESCRIvÁ, Camino, n. 307). favor del Señor sobre nosotros, porque está

615
LUCHA ASCÉTICA
A NTOLO GlA OE TEXTOS

pronto a socorrer a los que pelean y esperan encontrarán (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cdntico
en su gracia. Él nos procura ocasiones de pe- espiritual 3, 2) . .
lear para que alcancemos victoria (TOMÁS DE
3418 Si no hay lucha, también el que pa-
KEMPIS, Imitación de Cristo, 1, 11,4) .
rece estar alto puede estar muy bajo a los ojos
3413 Cuando un soldado que está comba- de Dios (SAN JOSEMARfA ESCRIVÁ, Es Cristo
tiendo recibe alguna herida o retrocede un que pasa, 81).
poco, nadie es tan exigente o tan ignorante
3419 Leemos en la historia que, viéndose
de las cosas de la guerra que piense que eso es
un solitario muy fuertemente tentado, oyó a
un crimen. Los únicos que no reciben heridas
su superior que le decía: «¿Quieres, amigo
son los que no combaten; quienes se lanzan
mío, que pida a Dios te libre de tus tentacio-
con más ardor contra el enemigo son quienes
nes?» -No, padre mío, contestó el solitario,
reciben los golpes (SAN JUAN CRlS6STOMO,
puesto que ello contribuye a que nunca me
Exhort. 11 a Teodoro, 5).
aparte de la presencia de Dios, toda vez que
tengo continua necesidad de acudir a Él para
Lucha ascética y amor a Dios
que me ayude a luchar (SANTO CURA DE ARs,
3414 El alma no puede permanecer inal- Sermón sobre las tentaciones) .
terable en una misma postura, sin crecer ni
3420 Para de veras encontrar a Dios no es
disminuir en perfección. Por eso, no adquirir
suficiente orar con el corazón y con las pala-
virtudes equivale a decrecer en ellas (CASIA-
bras, ni aprovecharse de ayudas ajenas. Esto
NO, Colaciones, 6).
hay que hacer, pero, además, esforzarse lo
3415 La diferencia entre un pecador y un que pueda en la práctica de las virtudes. En
santo no radica en que uno tiene más tenta- efecto, aprecia más Dios una acción que haga
ciones que el otro, sino en que el primero no la propia persona, que otras muchas que otras
se deja vencer por los asaltos más violentos, personas hagan en su favor (SAN JUAN DE LA
en tanto que el segundo cede ante la más leve CRUZ, Cdntico espiritual, 3, 2).
tentación (CASIANO, Colaciones, 18).
3421 Esta lucha del hijo de Dios no va
3416 No basta el deseo de perfección, si unida a tristes renuncias, a oscuras resigna-
no va acompañado de la firme resolución de ciones, a privaciones de alegría: es la reacción
alcanzarla (SAN ALFONSO Ma DE LIGORIO, del enamorado, que mientras trabaja y mien-
Prdctica del amor a jesucristo, p. 114). tras descansa, mientras goza y mientras pade-
3417 Hay quien no es capaz ni siquiera de ce, pone su pensamiento en la persona ama-
cambiarse de sitio por Dios. Quisieran sentir da, y por ella se enfrenta gustosamente con
gustos y consuelos de Dios sin hacer más es- los diferentes problemas (SAN JOSEMARfA Es-
fuerzo que tragar lo que Él les echa en la bo- CRlVÁ, Amigos de Dios, 219) .
ca, y gozar lo que les pone en el corazón sin
Materia de lucha ascética
mortificarse ellos en nada; sin dejar sus gus-
tos, consuelos y veleidades. Pero esperan en 3422 Hay también otras batallas que debe
vano. Porque mientras ellos no salgan a bus- sostener el cristiano: la lucha contra las pro-
car a Dios, por mucho que le llamen, no le pias pasiones y los malos deseos; y son mu-

616
LUCHA ASCÉTICA - LUG.ARES y OBJETOS DE CULTO
F RANC ISCO FERNAN D EZ-CARVAjAL

cho peor los enemigos domésticos que los ex- 3425 Procura vencer y evitar lo que más te
traños (SAN AMBROSIO, en Catena Aurea, vol. desagrada de los otros (TOMÁS DE KEMPIS,
VI, p. 400). Imitación de Cristo, 1, 25, 4).

3423 [ ... ] una parte de esa lucha ascética 3426 Siempre sientan mucho cualquier
para un cristiano, y concretamente para un falta [... J, y encomendarla mucho a Dios y
sacerdote, es el ejercicio constante de las vir- procurar hacer vos con gran perfección la vir-
tud contraria de la falta que os parece que
tudes morales, desarrollando así la propia na-
hay en la otra (SANTA TERESA, Camino de per-
turaleza humana hasta lo sobrenatural, por
fección, 7, 7) .
medio de la gracia (A. DEL PORTILLO, Escritos
sobre el sacerdocio, p. 30). Escrúpulos
3424 Así, algunos que se aíran, si sujetan 3427 ¡Todavía los escrúpulos! -Habla con
la ira a la razón, la convierten al servicio de sencillez y claridad a tu Director. Obedece ...
un celo santo. Otros son arrogantes, pero y no empequeñezcas el Corazón amorosísimo
cuando inclinan su ánimo ante el temor de del Señor (SAN JOSEMARfA ESCRIvÁ, Camino,
Dios, cambian su arrogancia en voz autoriza- n. 259).
da para defender la justicia. Otros padecen el 3428 Son como espinas, que no dejan al
peso de la carne, pero cuando sujetan el cuer- alma reposar y sosegar en Dios y gozar de la
po haciendo obras buenas, ganan mucha pie- verdadera paz (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA,
dad (SAN GREGORIO MAGNO, Moralia, 3). Trat. de la oración y meditación, II, 3).

LUGARES y OBJETOS DE CULTO

1. Y dijo David: Esta será la casa de Yahvé Dios y aquí estará el altar de los holocaustos para Israel
(I Cr 22, 1). Desde su construcción, el Templo de Jetusalén es considerado como el centro del
culto que el pueblo de Israel tributa a su Dios. Es ante todo la casa de Dios, y casa de oración:
Tú, SeñOl; que has elegido esta casa para que en ella fuese invocado tu nombre y fime casa de ora-
ción y de plegaria para tu pueblo (1 Mac 7, 37).
Y Jesús, como los profetas, siente profundo respeto por el Templo. En él es presentado por su
Madre (cfr. Lc 2,22-39). A él acude para las solemnidades, como a un lugar de encuentro con
su Padre (cfr. Lc2, 41-50). Aprueba el culto que en él se realiza, aunque condena el formalis-
mo que amenaza viciarlo (cfr. Mt 5,23 s; 23, 16-22), etc. En una ocasión, Jesús encontró
aquel lugar de oración y de culto convertido en una cueva de ladrones, dedicado a otras cosas
que nada tenían que ver con la adoración a Dios. Y no quiso tolerarlo. El Templo de Dios de-
be ser casa de oración, como estaba escrito. Y habiendo entrado en el Templo, comenzó a echar
fuera a los que vendían y compraban en él... (cfr. Lc 19, 45-48) .

617
LllC \RES y ()BJETOS DE CULT()
A NTOLO GfA DE TEXTOS

2. A lo largo de los siglos, también la Iglesia ha sabido manifestar su fe y su amor a Dios en el


cuidado esmerado del culto y en el decoro de los lugares y cosas que a él se refieren. Con una
mayor lógica cuando consideramos que en el Sagrario no hay una imagen de Dios o una pre-
sencia moral de Él, sino Dios mismo, en Persona. Y el Sacrificio que se ofrece sobre el altar es
el sacrificio real, pero incruento, del mismo Hijo de Dios. Con la llegada de Cristo a la tierra,
el templo es con plenitud y por excelencia el lugar de la presencia de Dios entre los hombres.

3. Nuestros templos tienen un Tabernáculo que jamás pudimos soñar los hombres: Cristo
mismo, realmente presente con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Allí hemos de tratarle
con toda reverencia, con todo amor. Y esto se ha de manifestar también en la generosidad,
limpieza y cuidado esmerado del templo, ornamentos, vasos sagrados, etc.
Los objetos del culto se han de venerar, respetar y cuidar con sumo esmero por su relación con
la Sangre y el Cuerpo de Cristo.
El incienso, las inclinaciones y genuflexiones, el tono de voz adecuado en las ceremonias, la
dignidad de la música sacra, la riqueza y dignidad de los ornamentos y objetos sagrados, el
trato y decoro de estos elementos del culto, su limpieza, etc., son la manifestación continua de
un pueblo creyente. El mismo esplendor de los materiales litúrgicos -sedas, piedras y materia-
les preciosos, bordados de oro, etc.- facilita el comprender que se trata de un homenaje a
Dios. Este cuidado en todos los detalles ayuda a reconocer la presencia del propio Dios.

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


.:. Dignidad de los objetos del culto. Gen 25, 10-20. do de cabecera, la alzó, como memoria, y vertió óleo
.:. Vestiduras sacerdotales. Ex 28, 2-43. sobre ella. Llamó a este lugar Betel, aunque la ciudad
se llamó primero Luz. E hizo Jacob voto diciendo: «Si
.:. El altar. Ex 30, 1-10.
Yavé está conmigo, y me protege en mi viaje, y me da
.:. El óleo de unción. Ex 30, 22-38. pan que comer y vestidos que vestir, y retorno en paz a
.:. El tabernáculo. Ex 36, 8-38. la casa de mi padre, Yavé será mi Dios; esta piedra que
he alzado como memoria será para mí casa de Dios, y
.:. El arca y la mesa de los panes. E'( 37, 1-16.
de todo cuanto a mí me dieres te daré el diezmo». Gen
.:. El candelabro y el altar de oro. Ex 37, 17-28. 28, 16-22 .
.:. El altar de los holocaustos y el atrio. Ex 38, 1-32. .:. Entró Jesús en el templo de Dios y arrojó de allí a
.:. Despertó Jacob de su sueño, y se dijo: «Ciertamente cuantos vendían y compraban en él, y derribó las me-
está Yavé en este lugar, y yo no lo sabía»; y atemoriza- sas de los cambistas y los asientos de los vendedores de
do, añadió: «¡Qué terrible es este lugar! No es sino la palomas, diciéndoles: Escrito está: «Mi casa será lla-
casa de Dios y la puerta de los cielos». Levantóse Jacob mada casa de oración», pero vosotros la habéis conver-
bien de mañana, y tomando la piedra que había teni- tido en cueva de ladrones. Mt21, 12-13.

618
LUGARES Y OBJETOS DE CULTO
F RANC ISCO F ERNÁN D EZ- CARVA) AL

SELECCIÓN DE TEXTOS
Piedad y arte cristiano cada día se renuevan todos los prodigios que
la omnipotencia de Dios obró en otro tiempo
3429 El arte cristiano tiene un carácter
en el Calvario para salvar a los hombres!
que casi querríamos llamar sacramental: no
(SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre el Jueves
ciertamente en el significado propio de la pa-
Santo).
labra, pero sí como medio e instrumento del
que se sirve el Señor para disponer los ánimos 3432 Entre las actividades más nobles del
a los prodigios de la gracia. Por él los valores ingenio humano se cuentan, con razón, las
espirituales se hacen como visibles, más cer- bellas artes, principalmente el arte religioso y
canos a la mentalidad humana, que quiere su cumbre, que es el arte sacro. Estos, por su
ver y tocar: la armonía de las estructuras, las naturaleza, están relacionados con la infinita
formas plásticas, la magia de los colores son belleza de Dios, que intentan expresar de al-
otrOS tantos medios que intentan aproximar guna manera por medio de obras humanas. Y
lo visible a lo invisible, lo sensible a lo sobre- tanto más pueden dedicarse a Dios y contri-
natural GUAN XXIII, Aloe. 27-X-I961). buir a su alabanza y a su gloria cuanto más le-
jos están de todo propósito que no sea cola-
3430 Me viste celebrar la Santa Misa sobre
borar lo más posible con sus obras para
un altar desnudo -mesa y ara-, sin retablo. El
orientar santamente los hombres hacia Dios.
Crucifijo, grande. Los candeleros recios, con
Por esta razón, la santa madre Iglesia fue
hachones de cera, que se escalonan: más al-
siempre amiga de las bellas artes, buscó cons-
tos, junto a la cruz. Frontal del color del día.
tantemente su noble servicio y apoyó a los ar-
Casulla amplia. Severo de líneas, ancha la co-
tistas, principalmente para que las cosas des-
pa y rico el cáliz. Ausente la luz eléctrica, que
tinadas al cul to sagrado fueran en verdad
no echamos en falta .
dignas, decorosas y bellas, signos y símbolos
-y te costó trabajo salir del oratorio: se estaba
de las realidades celestiales (CONC. VAT. I1,
bien allí. ¿Ves cómo lleva a Dios, cómo acerca
Consto Sacrosanctum Concilium, 122).
a Dios el rigor de la liturgia? (SAN JOSEMARÍA
EscRlvA, Camino, n . 543). 3433 Más aún, la Iglesia se consideró
siempre, con razón, como árbitro de las mis-
3431 ¡Oh, felices lugares -exclamaban-
mas, discerniendo entre las obras de los artis-
donde tantos prodigios se realizaron por
tas aquellas que estaban de acuerdo con la fe,
nuestra salvación! Pero, sin ir tan 1ejos, sin
la piedad y las leyes religiosas tradicionales y
tenernos que molestar en atravesar los mares
que eran consideradas aptas para el uso sagra-
y exponernos a tantos peligros, ¿no tenemos
do (CONC. VAT. I1, Consto Sacrosanctum
aquí, en medio de nosotros, a Jesucristo, no
Concilium, 122).
solamente como Dios, sino en cuerpo y al-
ma? ¿No son tan dignas de respeto nuestras 3434 (La Iglesia ha procurado siempre
iglesias como los lugares santos que visitaban que los fieles sean) tan cuidadosos del culto y
aquellos peregrinos? ¡Nuestra dicha es dema- del honor divino que puedan con razón lla-
siado grande!, jamás comprenderemos su al- marse celosos más que amantes [... ], para que
cance. ¡Pueblo feliz, el cristiano, al ver cómo imiten al mismo Jesucristo, de quien son es-

619
LUGARES Y OBJETOS DE CULTO
A NTOLOGfA DE T EXTOS

tas palabras: el celo de tu Casa me devoró Un ra entre nosotros (SANTO CURA DE ARs, Ser-
2, 17) (Catecismo Romano, 1II, 2, 27). món sobre el Jueves Santo).
3435 Los artistas que, llevados por su in-
Dignidad y veneración por los objetos
genio, desean glorificar a Dios en la santa
del culto
Iglesia, recuerden siempre que su trabajo es
una cierta imitación sagrada de Dios Creador 3439 Los cálices sagrados y los santos lien-
y que sus obras están destinadas al culto cató- zos y todo lo demás que pertenece a la Pasión
lico, a la edificación de los fieles y a su ins- del Señor [... ], por su consorcio con el Cuer-
trucción religiosa (CONC. VAT. 1I, Consto Sa- po y la Sangre del Señor, han de ser venera-
crosanctum Concilium, 127). dos con la misma reverencia que su Cuerpo y
que su Sangre (SAN JERÓNIMO, Epístola 114).
3436 Revísense cuanto antes [... ] los cáno-
nes y prescripciones eclesiásticas que se re- 3440 Aquella mujer que en casa de Simón
fieren a la disposición de las cosas externas el leproso, en Betania, unge con rico perfume
del culto sagrado, sobre todo en lo referente a la cabeza del Maestro, nos recuerda el deber
la apta y digna edificación de los templos, a la de ser espléndidos en el culto de Dios.
forma y construcción de los altares, a la no- -Todo el lujo, la majestad y la belleza me pa-
bleza, colocación y seguridad del sagrario, así recen poco.
como también a la funcionalidad y dignidad -y contra los que atacan la riqueza de vasos sa-
del baptisterio, al orden conveniente de las grados, ornamentos y retablos, se oye la ala-
imágenes sagradas, de la decoración y del or- banza de Jesús: «opus enim bonum operata est
nato (CONC. VAT. 11, Consto Sacrosantum in me» -una buena obra ha hecho conmigo
Concilium, 128). (SAN JOSEMARfA ESCRIvA, Camino, n. 527) .

Respeto hacia los templos Imágenes sagradas


y lugares de culto
3441 Siguiendo la enseñanza divinamente
3437 (Mi casa se llamará casa de oración) . inspirada de nuestros Santos Padres y la tradi-
Nadie haga cosa alguna en el oratorio, sino ción de la Iglesia católica [... ], definimos con
aquellas para las que está destinado, y de toda exactitud y cuidado que, de modo seme-
quien recibe su nombre (SAN AGUST!N, en jante a la imagen de la preciosa y vivificante
Catena Aurea, vol. 1II, p. 16). cruz, han de exponerse las sagradas y santas
3438 Cualquiera que sea el lugar donde imágenes, tanto las pintadas como las de mo-
nos encontremos, dirijamos con alegría nues- saico y de otra materia conveniente, en las
tros pensamientos, nuestros deseos, hacia santas iglesias de Dios, en los sagrados vasos y
donde está guardado este adorable Cuerpo, ornamentos, en las paredes y cuadros, en las
para unirnos a los ángeles que con tanto res- casas y caminos, las de nuestro Señor y Dios
peto lo adoran. Guardémonos de hacer como y Salvador Jesucristo, de la Inmaculada Seño-
aquellos impíos que no muestran el menor ra nuestra la santa Madre de Dios, de los pre-
respeto a los templos, tan santos, tan dignos ciosos ángeles y de todos los varones santos y
de reverencia, tan sagrados por la presencia venerables. Porque cuanto con más frecuen-
de Dios hecho hombre, que día y noche mo- cia son contemplados por medio de su repre-

620
LUGARES Y OBJETOS DE CULTO
FRANC ISCO FERNÁN D EZ-CARVAj AL

sentación en la imagen, tanto más se mueven así el arte cristiano se alza por encima del velo
los que estas miran al recuerdo y deseo de los de lo sensible para unir con Dios, acompañar
originales y a tributarles el saludo y adoración sus santas inspiraciones, facilitar y orientar
de honor, no ciertamente de latría verdadera, nuestras relaciones con Él (JUAN XXIII, Aloe.
que según nuestra fe solo conviene a la natu- 27-X-1961) .
raleza divina; sino que, como se hace con la
3444 Este, pues, es buen tiempo para que
figura de la preciosa y vivifican te cruz, con
nos enseñe nuestro Maestro, para que le oiga-
los evangelios y con los demás objetos sagra-
mos y besemos los pies porque nos quiso ense-
dos de culto, se las honte con la ofrenda del
ñar y le supliquéis no se vaya de con nosotros.
incienso y de luces, como fue piadosa cos-
tumbre de los antiguos. «Porque el honor de Si esto habéis de pedir mirando a una imagen
la imagen se dirige al original» (S. Basilio), y de Cristo, bobería me parece dejar la misma
el que adora una imagen adora a la persona persona por mirar el dibujo. ¿No lo sería si
en ella representada (CONC. II DE NrcEA, Ses. tuviéramos un retrato de una persona que
VIL- Denz 302-304) . quisiésemos mucho y la misma persona nos
viniese a ver, dejar de hablar con ella y tener
3442 A esta causa era tan amiga de imáge- toda la conversación con el retrato? ¿Sabéis
nes. ¡Desventurados los que por su culpa para cuándo es bueno y caso en que yo me
pierden este bien! Bien parece que no aman deleito mucho?: para cuando está ausente la
al Señor, porque si le amaran holgáranse de misma persona y quiere darnos a entender
ver su retrato, como acá aún da contento ver que lo está con muchas sequedades, es gran
el de quien se quiere bien (SANTA TERESA, Vi- regalo ver una imagen de quien con tanta ra-
da, 9, 2). zón amamos. A cada parte que volviésemos
3443 Así como los Ángeles son mensaje- los ojos la querría ver (SANTA TERESA, Cami-
ros de Dios y le presentan nuestras plegarias, no de perfección, 34, 10-11).

621
MAGNANIMIDAD

1. Santo Tomás define la virtud de la magnanimidad como la disposición del ánimo hacia las
cosas grandes «extensio animi ad magna» (Suma Teológica, 2-2, q. 129, a. 1); y la llama «el or-
nato de todas las virtudes» (Suma Teológica, 2-2, q. 129, a. 4). Esta disposición de acometer
grandes cosas por Dios y por los demás acompaña siempre a una vida santa.
2. Los santos han sido siempre hombres magnánimos hacia las empresas de apostolado y al
juzgar y tratar a los demás, a quienes han visto como a hijos de Dios, capaces también de co-
sas grandes. «La magnanimidad implica una fuerte e inquebrantable esperanza, una confianza
casi provocativa y la calma perfecta de un corazón sin miedo. No se deja rendir por la confu-
sión cuando esta ronda el espíritu, ni se esclaviza ante nadie, y sobre todo no se doblega ante
el destino: únicamente es siervo de Dios (cfr. 2-2, q. 129, a. 3 a 7)) Q. PIEPER, Las virtudes
fundamentales, p. 278).
La magnanimidad llevará en ocasiones al gasto justo de grandes sumas y a realizar grandes tra-
bajos para hacer el bien a los demás a través de importantes obras. En este caso, la magnani-
midad da lugar a la virtud de la magnificencia.
3. Los vicios opuestos a la magnanimidad son la pusilanimidad o pequeñez de espíritu, vicio
por el que no se intenta lo que está al alcance de nuestras fuerzas con la ayuda de la gracia, por
excesivo temor al fracaso. También se manifiesta en una visión pobre de los demás y de lo que
pueden llegar a ser con el auxilio divino. Por exceso se oponen la presunción que inclina a aco-
meter empresas superiores a nuestras fuerzas (por ejemplo, buscar un cargo para el que no es-
tamos capacitados); la ambición, que impulsa a procurarnos honores indebidos a nuestro esta-
do y merecimientos; y la vanagloria, que busca fama, honor y gloria de modo desordenado,
sin referencia alguna a Dios, para quien, en definitiva, debe ser toda la gloria.
A la magnanimidad se oponen también la mezquindad, que tiende a hacerlo todo «a escala pe-
queña y pobre», quedándose muy lejos de lo razonable y conveniente; yel despilforro, que lle-
va a un gasto desproporcionado, más allá de lo prudente y virtuoso. .
La magnanimidad y magnificencia se han de poner de manifiesto especialmente en las cosas
que se refieren a Dios.
Muy relacionada con la magnanimidad está la audacia. Es propio de esta virtud enfrentarse a
las dificultades con ánimo esforzado.

623
MAGNANIMIDAD
ANTOLOG fA DE TEnOS

SELECCIÓN DE TEXTOS
«Anllnarse a grandes cosas» menosprecio de las cosas terrenas y en el
aprecio de las del cielo. Esta grandeza de alma
3445 Cuentan que un día salió al encuen-
se diferencia de la arrogancia que nace del or-
tro de Alejandro Magno un pordiosero, pi-
gullo, como se diferencia la fortaleza de un
diendo una limosna. Alejandro se detuvo y
mandó que le hicieran señor de cinco ciuda- cuerpo sano de la obesidad del que está hi-
des. El pobre, confuso y aturdido, exclamó: drópico (SAN BASILIO, en Catena Aurea, vol.
¡yo no pedía tanto! Y Alejandro repuso: tú VI, p. 303).
has pedido como quien eres; yo te doy como 3450 Magnanimidad: ánimo grande, alma
quien soy (SAN JOSEMAlÚA ESCRlvÁ, Es Cristo amplia en la que caben muchos. Es la fuerza
que pasa, 160) . que nos dispone a salir de nosotros mismos,
3446 Quiere Su Majestad y es amigo de para prepararnos a emprender obras valiosas,
ánimas animosas, como vayan con humildad en beneficio de todos. No anida la estrechez
y ninguna confianza de sí; y no he visto a en el magnánimo; no media la cicatería, ni el
ninguna de estas que quede baja en este ca- cálculo egoísta, ni la trapisonda interesada. El
mino; ni ninguna alma cobarde, con amparo magnánimo dedica sin reservas sus fuerzas a
de humildad, que en muchos años adelante lo que vale la pena; por eso es capaz de entre-
lo que estos otros en muy pocos. Espántame garse él mismo. No se conforma con dar: se
lo mucho que hace en este camino animarse a da. Y logra entender entonces la mayor mues-
grandes cosas, aunque luego no tenga fuerzas tra de magnanimidad: darse a Dios (SAN JO-
el alma; da un vuelo y llega a muchos, aun- SEMAlÚA ESCRlvÁ, Amigos de Dios, 80).
que como avecita que tiene pelo malo, cansa 3451 Tened unos para con otros un cora-
y queda (SANTA TERESA, Vida, 13,2). zón grande, con mansedumbre, como lo tiene
3447 Quien tiene grandeza de alma, vea Dios para con vosotros (SAN IGNACIO DE AN-
lo que viere, y ocurra lo que ocurra, no se TIOQUlA, Carta a S. Policarpo de Esmirna, 5).
aparta de la fe (SAN BEDA, en Catena Aurea, 3452 Lo que necesita el cristiano, cuando
vol. VI, p. 265). es odiado por el mundo, no son palabras per-
3448 Padecer necesidad es algo que puede suasivas, sino grandeza de alma (SAN IGNA-
sucederle a cualquiera; saber padecerla es pro- CIO DE ANTIOQUlA, Carta a los Romanos, 3) .
pio de las almas grandes. E igualmente, 3453 Procurad entender en verdad que
¿quién no puede andar en la abundancia? Pe- Dios no mira tantas menudencias como vo-
ro saber abundar es propio de los que no se sotras pensáis, y no dejéis encoger vuestra
corrompen en la abundancia (SAN AGUSTíN,
ánima y ánimo, que se podrán perder mu-
Sobre el bien del matrimonio, 21). chos bienes. La intención recta y la voluntad
3449 Existe un «orgullo» laudable que determinada de no ofender a Dios, como
consiste en que el alma se haga magnánima, tengo dicho. No dejéis arrinconar vuestra al-
elevándose en la virtud. Tal elevación consiste ma, porque en lugar de procurar santidad sa-
en dominar las tristezas y en soportar las tri- cará muchas imperfecciones que el demonio
bulaciones con noble fortaleza; también en el le pondrá por otras vías; no aprovechará tan-

624
MAGNA NIl\UDAD
F RANCISCO FERNÁN D EZ-CARVAjAL

to a sí y a las otras como pudiera (SANTA TE- murió Jesucristo y veréis cómo no os faltará
RESA, Camino de perfección, 41, 8). aliento (SANTO CURA DE ARs, Sobre el respeto
humano).
3454. Señor, ¿cuántas veces deberé perdonar
a mi hermano? (Mt 18,21). No encerró el Se- 3460 ¡Oh grandeza de Dios! ¡Y cómo
ñor el perdón en un número determinado, si- mostráis vuestro poder en dar osadía a una
no que dio a entender que hay que perdonar hormiga! ¡Y cómo, Señor mío, no queda por
con prontitud y siempre (SAN JUAN CRls6s- Vos el no hacer grandes obras los que os
TOMO, Hom. sobre S. Mateo, 6). aman, sino por nuestra cobardía y pusilani-
midad! Como nunca nos determinamos, sino
3455 Que no se os haga pequeño el cora-
llenos de mil temores y prudencias humanas,
zón con la impaciencia. (CASIANO, Colacio-
así, Dios mío, no obráis Vos vuestras maravi-
nes, 16).
llas y grandezas. ¿Quién más amigo de dar, si
3456 Pararse en las pequeñeces del puesto, tuviese a quién, ni de recibir servicios a su
de la cortesía y del cumplimiento no es de al- costa? (SANTA TERESA, Fundaciones, 2, 7) .
mas grandes que tienen otras cosas en qué
3461 No hagas caso. -Siempre los «pru-
pensar, sino de gente desocupada. El que
dentes» han llamado locuras a las obras de
puede tener perlas no se carga con conchas, y
Dios. ¡Adelante, audacia! (SAN JOSEMARfA
el que busca la virtud no se afana por distin-
ESCRlvÁ, Camino, n. 479).
ciones (SAN FRANCISCO DE SALES, lntrod. a la
vida devota, I1I, 4). 3462 Todo os es posible con la gracia de
Dios. Acudid a Él a buscar la voluntad y la
Magnanimidad y audacia fuerza para hacer aquello para lo que Él os
llama. Nunca abandona a quien le busca
3457 [oo.] y tener una santa osadía, que
(CARD. J. H. NEWMAN , Sermón para el Do-
Dios ayuda a los fuertes y no hace acepción
mingo de Sexagésima: Llamadas de la gracia).
de personas (SANTA TERESA, Camino de per-
fección, 16, 12). 3463 Es inútil lamentarse de que los tiem-
pos son malos. Como ya escribía San Pablo,
3458 José de Arimatea y Nicodemus visi-
hay que vencer el mal haciendo el bien (cfr.
tan a Jesús ocultamente a la hora normal y a
Rom 12, 21). El mundo estima y respeta la
la hora del triunfo. Pero son valientes decla-
valentía de las ideas y la fuerza de la virtud.
rando ante la autoridad su amor a Cristo
No tengáis miedo de rechazar palabras, gestos
- «audacter»- con audacia, a la hora de la co-
y actitudes no conformes con los ideales cris-
bardía. -Aprende (SAN JOSEMARfA ESCRlvÁ,
tianos. Sed valientes para oponeros a todo lo
Camino, n. 841).
que destruye vuestra inocencia o desflora la
3459 Si es que teméis que os llegue a faltar lozanía de vuestro amor a Cristo OVAN PA-
el valor, dirigid vuestros ojos a la cruz donde BLO JI, Aloe. 8-XI-1978).

625
A NTOLOGfA DE TEXTOS

MANSEDUMBRE

1. Ya en el Antiguo Testamento se halla enunciada esta bienaventuranza: Depón el enojo y deja


la cólera, no te excites, no te dejes llevar al pecado ( ... ). Los mansos poseerán la tierra y gozarán de
gran paz (Sal 87, 8-11) .
Jesucristo quiere reinar en el corazón de todos los hombres precisamente a través de su manse-
dumbre y de su humildad: «Quizá una vez el Señor nos haya llamado con sus palabras al pro-
pio corazón. Y ha puesto de relieve este único rasgo: mansedumbre y humildad. Como si qui-
siera decir que solo por este camino quiere conquistar al hombre; que quiere ser el Rey de los
corazones mediante la mansedumbre y la humildad. Todo el misterio de su reinado está expre-
sado en estas palabras. La mansedumbre y la humildad encubren, en cierto sentido, toda la ri-
queza del Corazón del Redentor, sobre la que escribió San Pablo a los efesios. Pero también
esa mansedumbre y humildad lo desvelan plenamente; y nos permiten conocerlo y aceptarlo
mejor; lo hacen objeto de suprema admiración QUAN PABLO II, Aloe. 20-VI-1979).
El mismo Señor nos dijo: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis paz
para vuestras almas (Mt 11, 29). Ante la majestad de Dios que se ha hecho hombre, todo lo
que para nosotros se podría convertir en una gran contrariedad recobra sus justas proporcio-
nes. Junto a Él aprendemos a ser justos, a callar en muchas ocasiones, a sonreír, a tratar bien a
los demás, a esperar el momento oportuno para corregir una falta, etc.
Los mansos no son los blandos, ni los amorfos. La mansedumbre está apoyada sobre una gran
fortaleza de espíritu. Ella misma implica en su ejercicio continuos actos de fortaleza. Así como
los pobres, según el Evangelio, son los verdaderos ricos, los mansos son los verdaderos fuertes.
2. La materia propia de esta virtud es la pasión de la ira, a la que modera y rectifica de tal for-
ma que no se encienda sino cuando sea necesario yen la medida en que lo sea. En este senti-
do , la mansedumbre es parte de la templanza.
La mansedumbre se opone a las estériles violencias, que en el fondo son signos de debilidad.
Se opone a los desgastes inútiles de fuerzas, de enfados que no tienen sentido, ni por su origen
-muchas veces los grandes enfados han tenido su origen en pequeñeces- ni por sus resultados,
porque no arreglan nada.
De la falta de esta virtud provienen las explosiones de malhumor entre los esposos, que van
corroyendo poco a poco el verdadero amor; proviene la irascibilidad y sus consecuencias en la
educación de los hijos; no se encuentra paz en la oración, porque, en vez de hablar con Dios,
se rumian los agravios; en la conversación, la cólera debilita los argumentos más sólidos. El
dominio de sí mismos -que se encuentra dentro de la verdadera mansedumbre- es el arma de
los fuertes; nos contiene de hablar demasiado pronto, de decir la palabra que hiere y que lue-
go nos hubiera gustado no haber dicho nunca: la mansedumbre sabe esperar el momento
oportuno y matiza los juicios, con lo que estos adquieren toda su fuerza .
3. A un corazón manso y humilde, como el de Cristo, se abren de par en par las almas, y se
puede hacer un apostolado fecundo. A la mansedumbre, íntimamente relacionada con la no-
bleza de alma y con la humildad, no se opone una cólera santa ante la injusticia o cuando está

626
MANSEDU1VillRE
F RANCISCO FERNÁNDEZ-CARVAjA L

en juego la verdad. No es verdadera mansedumbre la que esconde la cobardía. A Cristo, que


solo va predicando amor, le veremos con una extraordinaria energía echando a latigazos a
quienes estaban profanando el templo.
Al hombre manso y humilde de corazón <mada puede apartarlo del amor de Dios, ni tiene ne-
cesidad de tranquilizar su ánimo, porque está persuadido de que todo es para bien: no se irri-
ta, ni hay nada que le mueva a la ira, porque siempre ama a Dios y a esto solo atiende» (SAN
CLEMENTE DE ALEJANDRíA, Stromata, 6, 9) . Esta serenidad habitual facilita la continua pre-
sencia de Dios y la caridad con los demás.

4. Los mansos poseerán la tierra. Primero se poseerán a sí mismos, porque no serán esclavos de
su mal carácter; poseerán a Dios, porque su alma se halla dispuesta para la oración; poseerán a
los que les rodean, porque un corazón así gana la amistad y el cariño aun de las personas que ·
parecían más alejadas.

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


.:. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la .:. Bendecid a los que os persiguen, bendecid los y no los
tierra. Mt 5, 4 . maldigáis. Rom 12, 14.
.:. Aprended de Mí, que soy manso y humilde de cora- .:. La falsa mansedumbre de los hipócritas: Rom 16, 18.
zón, y hallaréis reposo para vuestras almas. Mt 11, 29.
.:. Al siervo de Dios no le conviene el altercar, sino ser .:. Estemos siempre dispuestos a responder con dulzura y
manso con todos. 2 Tim 2, 24. respeto a quien nos pida razón de la esperanza en que
vivimos. 1 Pdr 3, 15 .
.:. Amonéstales que no sean pendencieros, sino modes-
tos, dando pruebas de mansedumbre con rodos los .:. Hermanos, si alguno fuere hallado en falta, vosotros,
hombres. Tit3, 1-2. los espirituales, corregid le con espíritu de mansedum-
.:. Los frutos del Espíritu Santo son: caridad ... manse- bre [... ]. GoL 6, 1.
dumbre ... GoL5, 22-23. .:. Así pues, os exhorto yo, preso en el Señor, a andar de
{. Oesucristo), un Rey lleno de mansedumbre. Mt21, 5. una manera digna de la vocación con que fuisteis lla-
.:. Consejos de mansedumbre. Mt 5, 38-42; Le 6, 27-30; mados. Ef 4, l .
Ef4, 31-32; CoL3, 12-15; 1 Pdr3, 8-9. .:. Inclina al pobre tu oído y con mansedumbre respón-
.:. Es una forma de la caridad: 1 COI' 13,4-7. dele palabras amables. Eclo 4, 8 .

SELECCIÓN DE TEXTOS
Mansedumbre, caridad y fortaleza (SAN FRANCISCO DE SALES, Carta 8-XIl-
3464 Te recomiendo la mansa y sincera 1616, 1. c., p. 839).
cortesía que, sin molestar a nadie, a todos 3465 Los justos también suelen algunas
obliga; que busca el amor con preferencia al veces indignarse con razón contra los pecado-
honor; que no se divierte nunca a expensas res. Mas una cosa es lo que se hace movidos
de otra persona, ni zahiere, ni rechaza, ni es por la soberbia, y otra lo que se verifica por
rechazada, a no ser alguna vez por excepción celo del bien: se indignan sin indignarse, de-

627
l\'lANSEDUMBRE
ANTOLOGfA D E T EXTOS

sesperan sin desesperar, mueven persecución de la Cruz-, contribuiremos a que otros vean
pero amando; porque, aunque exteriormente en la caridad el camino para encontrar la feli-
parecen extremar la represensión para corre- cidad (J. ECHEVARlÚA, Itinerarios de vida cris-
gir, interiormente conservan la dulzura en tiana, pp. 201-202).
virtud de la caridad. En su corazón prefieren
3468 El amor que Jesús desplegó a manos
las más veces a aquellos mismos a quienes co-
llenas y que pide a los suyos es verdadera-
rrigen, y tienen como mejores a aquellos a
mente universal, no admite límites: eco del
quienes juzgan (SAN GREGORIO MAGNO,
que rebosa en su Corazón, es decir, de ese
Hom. 34 sobre los Evang.).
amor de Dios que «hace salir su sol sobre
3466 Quien lleva en sus ojos la viga de la buenos y malos, y hace llover sobre justos y
indignación, ¿podrá observar serenamente la pecadores», que todo lo abarca y todo lo ll~­
paja en el ojo de su hermano? (CASIANO, Ins- na. Ese cariño se detiene en lo pequeño y en
tituciones, 8). lo grande; se extiende a lo cercano y a lo leja-
no; se desborda en obras, apenas advierte una
34 67 Esos dos enfoques -ver a Cristo en
necesidad. Ese amor se fundamenta en una
los demás, ser nosotros Cristo para los de-
raíz sobrenatural, puesto que no se guía por
más- se reclaman mutuamente y se comple-
simpatías o antipatías, sino que procede de
mentan, hasta perfilar los rasgos fuertes y
Dios mismo, que se nos revela -con su paso
comprometedores de la maravillosa virtud de
por la tierra- profundamente humano; pone
la caridad cristiana. A veces, las limitaciones y
en ejercicio los resortes de la afectividad que
los defectos de los otros no facilitan esa obli-
acompañan siempre a la caridad auténtica, ya
gación santa de reconocer en ellos la figura de
que -como afirmaba San Josemaría- «no po-
Jesús; yeso, falazmente, puede empujar a de-
seemos un corazón para amar a Dios, y otro
sinteresarse, a sentirse excusado, a pensar que
para querer a las criaturas: este pobre corazón
en ese caso disminuye o cesa el compromiso
nuestro, de carne, quiere con un cariño hu-
de amarlos. Pensemos que surge entonces an-
mano que, si está unido al amor de Cristo, es
te nosotros la imagen de Jesús, que ama en
también sobrenatural» (J. ECHEVARlÚA, Itine-
todo momento y en cualquier ocasión; de ese
rarios de vida cristiana, p. 203).
Jesús que perdonó a quienes lo clavaron en la
cruz y que perseveró en esa disposición en el 34 69 El que está en paz no piensa mal de
instante mismo en que los clavos desgarraban nadie. En cambio, el descontento e inquieto es
su carne. Del ejemplo del Maestro aprende- atormentado por muchas sospechas; ni des-
mos que nada -ni las insuficiencias de los cansa él ni deja descansar a los demás (ToMAs
otros, ni sus limitaciones, ni su mediocridad DE KEMPIS, Imitación de Cristo, II, 2-3).
real o aparente, ni sus eventuales ofensas- su-
3470 El Señor conoce más que nadie la
pone excusa o atenuante para no amar como
naturaleza de las cosas: él sabe que la violen-
Cristo quiere. Con la particularidad de que si
cia no se vence con la violencia, sino con la
actuamos así nos identificaremos más y más
mansedumbre (SAN JUAN CRISÓSTOMO,
con Jesús, experimentaremos la alegría de ca-
Hom. sobre S. Mateo, 33).
minar íntimamente unido como el amor se
revela contagioso -«pon amor donde no hay 3471 Bienaventurados los mansos porque
amor y encontrarás amor», escribe San Juan ellos en la guerra de este mundo están ampa-

628
M \N!:'ETHJl\'1BHE - MJL \CROS
FRANCISCO FERNANDEZ-CARVAjAL

radas del demonio y los golpes de las perse- 3473 Bienaventurados son los mansos
cuciones del mundo. Son como vasos de vi- porque tienen la virtud del imán, que atrae el
drio cubiertos de paja o heno, y que así no se hierro con atracción natural. No hay manera
quiebran al recibir golpes. La mansedumbre mejor de atraer y ablandar la dureza de los
les es como escudo muy fuerte en que se es- corazones ásperos que con la mansedumbre,
trellan y rompen los golpes de las agudas sae- como se lee del manso David (cfr. 1 Sam 24,
tas de la ira. Van vestidos con vestidura de al- 17-18), que muchas veces ablandó el corazón
godón muy suave que les defiende sin de su gran enemigo Saúl e incluso le hizo llo-
molestar a nadie (E DE OSUNA, Tercer abece- rar y le acercó a él con su misericordia (E DE
dario espiritual, I1I, 4). OSUNA, Tercer abecedario espiritual, III, 4) .

En el trato con los demás 3474 Era su labor profesional (de S. Jo-
sé) una ocupación orientada hacia el servi-
3472 Conviene no forjarnos ilusiones. La cio, para hacer agradable la vida a las demás
paz de nuestro espíritu no depende del buen familias de la aldea, y acompañada de una
carácter y benevolencia de los demás. Ese ca- sonrisa, de una palabra amable, de un co-
rácter bueno y esa benignidad de nuestros
mentario dicho como de pasada, pero que
prójimos no están sometidos en modo algu-
devuelve la fe y la alegría a quien está a
no a nuestro poder y a nuestro arbitrio. Esto
punto de perderlas (SAN JOSEMARÍA ESCRI-
sería absurdo. La tranquilidad de nuestro co-
V Á, Es Cristo que pasa, 51).
razón depende de nosotros mismos. El evitar
los efectos ridículos de la ira debe estar en no- 3475 No juzguéis y no seréis juzgados (Mt
sotros y no supeditarlo a la manera de ser de 7, 1) . Al decir esto, no descarta el discerni-
los demás. El poder superar la cólera no ha de miento y la sabiduría; lo que él llama juicio es
depender de la perfección ajena, sino de una condenación demasiado severa (ASTERlO
nuestra virtud (CASIANO, Instituciones, 8). DE AMASES, Hom. 13; PG 40, 355).

MILAGROS

1. En cierta ocasión, algunos fariseos y saduceos se acercaron a Jesús pidiéndole una nueva se-
ñal, un nuevo milagro. Y Jesús, que les ha dado ya sobradas pruebas, les dice que, de la misma
manera que saben discernir si habrá tormenta o hará buen tiempo según está el cielo, deben
aprender a conocer el misterio de Dios por las señales recibidas (cfr. Mt 16, 1-4) . El Señor los
deja estar, y dejdndoles, se fue. No están dispuestos a creer y no creerán por muchas palabras
que se les diga o señales que se les haga. A pesar del valor apologético que tienen los milagros,
si no hay buenas disposiciones, hasta los mismos milagros pueden ser mal interpretados. La fe
requiere buena voluntad. Sin esta, hasta las señales más evidentes pueden ser retorcidas y mal
interpretadas. Dios no nos fuerza a creer ni siquiera con milagros.
Los tres años de la vida pública del Señor muestran que los milagros no son imprescindibles

629
M1TAGROS
A NTOLOGfA DE TEA'TOS

para creer, y tampoco llevan necesariamente a la fe. San Juan comenta la actitud de muchos
judíos: El caso es que con haber hecho jesús delante de ellos tantos milagros, no creían en Él Un 12,
37) . La fe se apoya en la autoridad de Dios que nos ha revelado sus misterios, y que no puede
engañarse ni engañarnos; el milagro es una ayuda a la razón para creer. Pero si no hay rectitud
de vida y buenas disposiciones, la mente podrá ver oscuridad donde solamente existe luz; las
señales indicadoras pueden caer entonces en el vacío.
2. Si estamos bien dispuestos, el Señor nos dará su luz y le veremos cercano en todo lo que nos
rodea: en la naturaleza misma, en el dolor, en un aparente fracaso, en el trabajo .. . La historia
personal de cada hombre está llena de señales de Dios. La fe (también el conocimiento de la
propia vocación) la da el Señor cuando encuentra en el hombre una disposición humilde y
llena de autenticidad que excluya cualquier prejuicio. Y, junto a estas disposiciones funda-
mentales, es necesario también saber escuchar, porque el lenguaje de Dios, aunque perfecta-
mente inteligible, puede hacerse en ocasiones difícil de aceptar (porque no vaya de acuerdo
con nuestros deseos o nuestros caprichos), o bien sus palabras o señales no sean las que deseá-
bamos o esperábamos. A veces, el ambiente materialista que nos rodea puede también presen-
tarnos falsas razones, contrarias al lenguaje con el que Dios se manifiesta. Se nos presentan en-
tonces como dos idiomas distintos: el de Dios y el del mundo, con razones aparentemente
más «humanas». Además, ¡es tan fácil aceptar la mentira cuando viene en ayuda de la comodi-
dad, de la sensualidad, de la vanidad, de la pereza ... !
Muchos fariseos no cambiaron, no se convirtieron al Mesías a pesar de tenerle tan cerca y de
ser espectadores de muchos de sus milagros, por su falta de disposiciones: su orgullo no les de-
jó ver. Incluso llegaron a decir: expulsa a los demonios por arte del príncipe de los demonios
(cfr. Mt9, 34).
3. Hemos de estar atentos, porque el Señor pasa a nuestro lado con las suficientes señales para
verle y nos da la suficiente ayuda para que le sigamos. Es necesario purificar el corazón para
poder interpretar acertadamente los acontecimientos de nuestra vida, descubriendo a Dios en
ellos.

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


l. Fi,lll[ulad ele los milagros .:. La multiplicación de los panes prepara la doctrina del
.:. El fin principal de los milagros de Nuestro Señor fue Pan de Vida. Jn 12, 1-48 .
demostrar su misión divina y la verdad de su doctrina.
Jn 14, 21 ; 15,24. .:. Resucita a los muertos porque Él es la resurrección y la
vida. Jn 11, 25 .
.:. Para probar que puede perdonar los pecados cura a un
paralítico. Mt9, 6; Me 11, 10-11; Le 5,24.
.;. Todos los milagros, en fin, demuestran la compasión y
.:. Realiza varias curaciones en día de sábado para probar la inmensa bondad de Nuestro Señor. Mt 15,32; Me
que es dueño aun del sábado. Mt 12,8-13. 7, 34; 8, 2 .
.;. La liberación de los poseídos muestra que Nuestro Se-
ñor tiene poder de echar fuera al demonio, "príncipe .:. Nuestro Señor, en su bondad, cura hasta enfermos
de este mundo». Jn 7,31. que no se lo piden. Le 7 , 13-15 ;Jn5, 6.

630
M ILA(;H{)~
FRANCISCO FERNAN D EZ-CARVA) AL

.:. Así hace el milagro de las bodas de Caná, que no es, .;. O tocaba al enfermo. Mt8, 3.15.9,29; 17,7; 20, 34;
aparte de su significado místico, sino un acro de gran Me 1, 41; 7, 33; Le4, 40; 5, 13.
bondad. JIl 2, 3. .;. Otras veces hacía algunas recomendaciones. Le 5, 14;
2. 111il{/gros operados sobre cosas, anilllllles, JI19 ,7.
plantas o elementos .;. Curaciones obradas a distancia. Mt 8, 13; 15,28; JII
.:. Transformación en Caná del agua en vino. JIl 2, 1-11. 4,46-54 .
.:. Dos pescas milagrosas. Le 5, 1-11 ; Jn 21, 1-13. .:. Curaciones conseguidas por enfermos e inválidos que
tocan a Nuestro Señor. Mt9, 20-21; 14,36; Mc3, 10;
.:. La tempestad calmada. Mt8, 23-27; Me 14,35-40; Le 5, 27-34; 6,56; Le6, 19; 8, 44-47.
8,22-25.
.;. Nuestro Señor da a sus discípulos el poder de realizar
.:. El andar sobre las aguas. Mt 14, 25-31; Me 6, 48; JII curaciones sobrenaturales. Mt 10, 1; Me 16, 18; Le 9,
6, 19. 1; 10,9 .
.:. La moneda encontrada en la boca del pez. Mt 17 , ·1. Resurrecciones
23-26.
.;. Los Evangelistas no cuentan más que tres;
.:. La higuera seca. Mt21, 18-19; Me 11, 12-14; 19-21. -la del hijo de la viuda de Naím. Le7, 11-17 .
.:. Las dos multiplicaciones de panes. Mt 14, 15-21 ; 15, -la de la hija de Jairo. Mt 9, 18-26; Me 5, 22-33; Le
32-39; Me6,30-44; 8,1-10; Le11 , 10-17;JI16, 1-13. 8,40-56.
-la de Lázaro. Ju 11, 1-45.
3. Curaci.o nes
.;. Es probable que Nuestro Señor hiciera muchas otras
.:. Los Evangelistas hablan muchas veces de milagrosas
resurrecciones, según puede deducirse de las palabras
curaciones obradas por Nuestro Señor. Mt 4, 23; 8,
que dirigió a los enviados de Juan Bautista: «Los
16-1 7; 12, 15; 15,30-31; Me 1,32-34; 3,10-12; Le
muertos resucitan». Mt 11,5; Le7, 22.
4,40-41; 5, 17; 6, 18-19; 9,11.
.:;. Milagl'Os obmdos pOI' causa de Nuestl'O SeÑor
.;. Los Evangelistas hablan particularmente de la cura-
ción de personas a un tiempo enfermas y poseídas. Mt .;. Apariciones de Ángeles, en diversas épocas de la vida
8,28-34; 9, 32-33; 12, 22; 17, 14-20; Me 1, 23-37; 5, de Nuestro Señor. Mt 1,20; 2,13 Y 19; 28, 2-5; Me 1,
1-20; 9,13-28; Le8, 26-39; 9, 37-44; 11, 14. 13; Le 1, 26-38; 2, 9-10; 13-15; 22, 43; 24, 23;JIl20 ,
12 .
.;. Ciegos. Mt9, 27-31; 20, 29-34; Me 8,22-26; 10,
46-52; Le 17, 35-43; J1I9, 1-38 . .:. La estrella de los Magos. Mt 2, 2.
.:. Leprosos. Mt8, 2-4; Me 1, 40-45; Le 5,12-15; 18, 0;' La voz del Padre en el Bautismo de Nuestro Señor. Mt
11-19. 3,17; Mcl, 11; Lc3 , 22.
.:. Paralíticos. Mt9, 1-8; Me 2, 1-12; Le 5, 17-26; JI1 5, .:. La transfiguración. Mt 17, 1-3; Me 9, 1-16; Le 9,
1-14. 28-35.
.;. Un hidrópico. Le 14, 1-6. .:. La voz de Dios Padre en el Templo. Jn 12, 28 .
.:. Aparición del Espíritu Santo bajo la forma de una pa-
.:. Una mujer que tenía flujo de sangre. Mt9, 20-22; Me
loma. Mt3, 16; Me 1,10; Lc3, 22;JI11, 32.
5, 25-34; Le 8, 43-48.
.:. Aparición de Elías y de Moisés. Mt 17,3; Me 9,3; Le
.;. El hombre de la mano seca. Mt 12,9-13; Me 3, 1-5;
9,30.
Le6,6-10.
.:. Las tinieblas en la muerte de Nuestro Señor. Mt 27,
.:. La mujer encorvada. Le 13, 11-13.
45; Me 15, 33; Le 23,44-45 .
.:. El herido. Le 22, 40-51.
.:. El velo del Templo que se rasga. Mt27, 51; Me 15 ,
.:. y otras enfermedades. Mt 8, 5-13; 15,21-28; Me 1, 38; Le 23, 45.
29-31; 7, 24-30; Le4, 38-39; 7, 1-10;JI14, 46-54 . .:. El temblor de tierra y las piedras que se parten. Mt 27,
.:. Ordinariamente, Nuestro Señor curaba con una sola 51.
palabra. Mt9, 6-7; Me5, 33-34 . .:. La resurrección y la aparición de numerosos muertos .
.:. Otras veces empleaba ciertas acciones. Mt7, 33;Jn 9, 6. Mt27,52-53 .

631
MIL\GROS
ANTOLOG[A DE TEXroS

SELECCIÓN DE TEXTOS
Manifestación del poder de Dios siado difícil para Él. Y aún más, sabéis tam-
3476 Nadie tiene poder sobre la naturale- bién, como he dicho, que los milagros son los
za sino Aque! que la hizo. Nadie puede obrar signos y señales de la presencia de Dios. Pues
un milagro sino Dios. Si surgen milagros te- si Él está presente en la Iglesia católica, es na-
nemos una prueba de que Dios está presente tural esperar que hará algunos milagros, y si
[... ]. Es la llamada que Él hace a nuestra aten- no los hiciera estaríamos casi tentados de
ción. De esta manera nos recuerda que es e! creer que había abandonado a su Iglesia
Creador. Solo quien hizo puede deshacer. (CARO. J. H. NEWMAN, Sermón para el Do-
Quien construyó puede destruir. Quien dio a mingo IV después de Epifanía).
la Naturaleza sus leyes puede cambiarlas.
(CARO. J. H. NEWMAN, Sermón para el Do- Ayudas a la fe
mingo IV después de Epifanía). 3479 Aunque e! Señor realizó muchos mi-
3477 Como e! hombre se hace a todo y las lagros, no todos se escribieron. Como atesti-
cosas a que se acostumbra le producen menos gua e! mismo evangelista Juan, Cristo dijo e
o ninguna impresión, se reservó Dios en su hizo innumerables cosas que no se escribie-
misericordia realizar algunas cosas fuera de! ron (cfr. Jn 20, 30). Se eligieron para escribir-
curso y orden acostumbrados de la naturaleza, se las que parecían bastar para la salvación de
a fin de que los hombres, ante quienes habían los creyentes (SAN AGUSTÍN, Trat. Evang. S.
perdido valor los acontecimientos cotidianos, Juan, 49).
sintiesen admiración al ver, no cosas mayores, 3480 Quien ahora quisiese preguntar a
sino hechos más insólitos. Pues más admirable Dios o querer alguna visión o revelación, no
es, por ejemplo, e! gobierno de todo e! mundo solo haría una necedad, sino que haría agra-
que saciar con cinco panes e! hambre de cinco
vio a Dios no poniendo los ojos totalmente
mil hombres, aunque nadie admire lo primero
en Cristo, sin querer otra alguna cosa o nove-
y todos se maravillen de lo segundo, no por ser
dad (SAN JUAN DE LA CRUZ, Subida del monte
esto más estupendo, sino más raro (SAN AGUS-
Carmelo, 1, 2, cap. 22, nn. 3-4).
TÍN, Trat. Evang. S. Juan, 24).
3481 Los milagros fueron precisos al prin-
3478 ¿Por qué creéis en la resurrección de
cipio para confirmar con ellos la fe. Pero, una
nuestra carne? Lo creéis porque nada hay de-
vez que la fe de la Iglesia está confirmada, los
masiado difícil para Dios; porque por más
milagros no son necesarios (SAN JERÓNIMO,
maravillosa que pueda ser una cosa, Él puede
Comento Evang. S. Marcos).
hacerla. ¿Por qué creéis que los santos oyen
nuestras plegarias? Porque nada es demasiado
También hoy se r ealizan milagros
difícil para e! Señor.
Esto se aplica especialmente al gran milagro 3482 El cristiano sabe que Dios hace mi-
de! altar. ¿Por qué creéis que e! sacerdote lagros: que los realizó hace siglos, que los
transforma el pan en el Cuerpo de Cristo? continuó haciendo después y que los sigue
Porque Dios es omnipotente y nada es dema- haciendo ahora, porque non est abbreviata

632
FRANCISCO F ERNÁNDEZ-CARVAjAL

manus Domini (1s 59, 1), no ha disminuido el toriadores paganos; pero ahora se han con-
poder de Dios. vertido a Cristo todos, sabios, nobles, ricos,
Pero los milagros son una manifestación de poderosos y grandes, ante la predicación de
la omnipotencia salvadora de Dios, y no un unos sencillos, pobres y escasos predicadores
expediente para resolver las consecuencias de Cristo. O se ha realizado esto con milagros
de la ineptitud o para facilitar nuestra co- o sin ellos. Si con milagros, ya tienes la res-
modidad (SAN JOSEMARfA ESCRlvA, Es Cris- puesta. Si sin ellos, diré que no pudo darse
to que pasa, 50). milagro mayor que este de que el mundo en-
tero se convirtiese sin milagros. No necesita-
3483 Hizo allí (en Nazaret) algunos mila-
mos más (SANTO TOMAS, Sobre el Credo, 1. c.,
gros (Me 6, 1 ss) para que no pudieran excu-
p.33).
sarse del todo; pero hace todos los días mayo-
res milagros en medio de los hombres, no 3487 (Los judíos), queriendo imitar a
tanto por la salud de los cuerpos como por la Dios, no hacían nada en sábado, como si
de las almas (SAN BEDA, en Catena Aurea, Dios en este día hubiera dejado de actuar en
vol. IV, p. 138). absoluto. Es verdad que en sábado descansó
de la creación de nuevas criaturas, pero siem-
3484 Y si no vieren lo que ahora hay, no
pre y de forma continua actúa, conservándo-
lo echen a los tiempos; que para hacer Dios
las en el ser [.. .l. Dios es causa de todas las
grandes mercedes a quien de veras le sirve,
cosas en el sentido de que también las hace
siempre es tiempo (SANTA TERESA, Fundacio-
subsistir; porque si en un momento dado se
nes, 4, 5).
interrumpiera su poder, al instante dejarían
3485 Este demonio, según San Mateo, no de existir todas las cosas que la naturaleza
solo era mudo, sino también ciego. Luego hi- contiene (SANTO TOMAs, Comento Evang. S.
zo tres milagros en un solo hombre: siendo Juan, 5, 16).
ciego ve, siendo mudo habla, estando poseí-
do por el demonio, queda libre. Esto se ve- Nuestro milagro diario
rifica todos los días en la conversión de los
3488 El milagro que os pide el Señor es la
creyentes: primeramente, expulsando el de-
perseverancia en vuestra vocación cristiana y
monio, ven la luz de la fe, y después se desa-
divina, la santificación del trabajo de cada día:
tan en alabanzas al Señor aquellas bocas que
el milagro de convertir la prosa diaria en ende-
antes eran mudas (SAN BEDA, en Catena Au-
casílabos, en verso heroico, por el amor que
rea, vol. VI, pp. 23-24).
ponéis en vuestra ocupación habitual. Ahí os
3486 Si dijeras que nadie ha visto mila- espera Dios, de tal manera que seáis almas con
gros, te respondo: Es sabido que el mundo sentido de responsabilidad, con afán apostóli-
entero daba culto a los ídolos y perseguía la fe co, con competencia profesional (SAN JOSE-
de Cristo, según narran hasta los mismos his- MARÍA EscruvA, Es Cristo que pasa, 50).

633
M1S\
A NTOLOG iA DE TEXTOS

l. El sacrificio de la Misa y el sacrificio de la Cruz son un mismo Sacrificio. En la Misa es


ofrecido a Dios Padre el mismo Jesús que se entregó en la Cruz. Pero se ofrece de un modo
distinto, ya que en la Cruz hubo derramamiento de su sangre, yen el altar se anonada místi-
camente por el ministerio del sacerdote.
De esta forma, el Sacrificio de la Misa es sustancialmente el mismo de la Cruz, en cuanto que
el mismo Jesucristo que se entregó en la Cruz es el que se ofrece por mano de los sacerdotes,
sus ministros, sobre nuestros altares. La Santa Misa «no es una pura y simple conmemoración
de la Pasión y Muerte de Jesucristo, sino un sacrificio propio y verdadero, por el que el Sumo
Sacerdote, mediante su inmolación incruenta, repite lo que una vez hizo en la Cruz, ofrecién-
dose enteramente al Padre como víctima gratísima» (Pío XII, Ene. Mediator Del).

2. Siendo el sacrificio de la Misa el mismo sacrificio del Calvario, sus fines son también idén-
ticos. En la Cruz se efectuó un sacrificio de alabanza a Dios. Del mismo modo, en la Santa
Misa «los miembros se unen en el Sacrificio eucarístico a su Cabeza divina, y con Él, con los
Ángeles y los Arcángeles, cantan a Dios perennes alabanzas, dando al Padre Omnipotente to-
do honor y gloria» (Pío XII, Enc. Mediator Del).
Tiene también un fin eucarístico, puesto que solamente Jesucristo, Hijo predilecto del Padre,
pudo dar gracias con pleno conocimiento del amor del Padre hacia los hombres. Existe otro
fin en la Misa que es expiatorio y propiciatorio por nuestros pecados. Solo el Señor pudo satis-
facer de verdad a Dios Padre por los pecados de los hombres.
El cuarto fin de la Misa es la impetración: acudiendo al Sacrificio del altar, los hombres pue-
den obtener la mediación de Jesucristo, cuya petición en la Cruz fue escuchada con agrado
por el Padre y ahora, en el cielo, estd siempre vivo para interceder por nosotros (Heb 7,25) . Estas
gracias aprovechan al que ofrece, a quienes participan en el Santo Sacrificio y a aquellos por
quienes se aplica, pero de modo diverso.
3. Nos pueden ayudar a celebrar o a participar con fruto a la Santa Misa las siguientes consi-
deraciones:
- La Misa es el acontecimiento más importante que cada día sucede en la humanidad. La
Misa celebrada por el más sencillo de los sacerdotes, en el lugar más recóndito, es lo más gran-
de que en ese momento está sucediendo sobre la tierra. Aunque no asista ni un solo fiel.
- Es el centro de toda la vida cristiana. Los Sacramentos todos, la oración de todos los fieles,
las devociones, los sacrificios ofrecidos a Dios, el apostolado ... , tienen como centro la Santa
Misa. Si desapareciera el centro (si se abandonara conscientemente la asistencia a la Santa Mi-
sa) se hundiría toda la vida cristiana.
- Es lo más grato a Dios que podemos ofrecer los hombres.
- Es el mejor momento: para pedir tantas cosas como necesitamos (espirituales y materiales),
para dar gracias por tantos beneficios como recibimos (aunque a veces no nos demos cuenta),
para pedir perdón por tantos pecados y faltas de amor a Dios (que nos llevará a hacer una
buena Confesión), para adorar a la Santísima Trinidad.

634
MISA
FRANCISCO FERNÁNDEZ-CARVAj AL

Es un acto de Cristo en el que Él mismo se ofrece por toda la Humanidad, y, de modo espe-
cial, por toda la Iglesia.
«No temamos jamás que la Santa Misa nos cause perjuicio en nuestros asuntos temporales
-repetía el Santo Cura de Ars-, antes al contrario, hemos de estar seguros de que todo andará
mejor y de que nuestros asuntos alcanzarán mejor éxito» (Sermón sobre la Santa Misa).
4. Para que no nos acostumbremos y para enseñarnos a participar de la Santa Misa, nuestra
Madre la Iglesia quiere que asistamos, no como extraños y mudos espectadores, sino tratando
de comprenderla cada vez mejor, a través de los ritos y oraciones, participando de la acción sa-
grada de modo consciente, piadoso, activo, con recta disposición de ánimo, poniendo el alma
en consonancia con la voz y. colaborando con la gracia divina (cfr. Consto Sacrosanctum Conci-
lium, nn. 48 y 11). Prestaremos delicada atención a los diálogos, a las aclamaciones, haremos
actos de fe y de amor en los breves silencios previstos, en la Consagración, en el momento de
recibir al Señor ...
No echaremos en el olvido el valor de la puntualidad, delicada atención para con el Señor y
para con los demás; al modo de vestir, con sencillez, pero con la dignidad que tal Acción re-
quiere.
5. La acción de gracias después de la Misa completará esos momentos tan importantes del día
(o de la semana), que tendrán una influencia directa en el trabajo, en la familia, en la alegría
con que tratamos a los demás, en la seguridad y confianza con que vivimos el resto de la jor-
nada. La Misa, así vivida, nunca será un acto aislado: será alimento de todas nuestras acciones
y les dará unas características peculiares.

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


.:. Tomad y comed: este es mi cuerpo que por vosotros vé de los ejércitos. Pero vosotros lo profanáis, dicien-
será entregado: haced esto en memoria mía [... ]. Este do: La mesa de Yavé es inmunda, y despreciables sus
cáliz es e! Nuevo Testamento en mi sangre: haced esto alimentos. Y aún decís: ¡Oh, qué fastidio! , y lo despre-
en memoria mía. 1 COI' 11, 24-25; Le 22, 19-20. ciáis, dice Yavé de los ejércitos, y ofrecéis lo robado, lo
cojo, lo enfermo; lo presentáis como ofrenda. ¿Voy a
.:. El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es la comu-
complacerme yo aceptándolo de vuestras manos? Mal
nión de la sangre de Cristo?, ye! pan que partimos, 1, 11-13.
¿no es la participación de! cuerpo de! Señor? [... ]. Los
que comen las víctimas, ¿no tienen parte en e! altar (o .:. Que esta es mi sangre de la alianza, que será derrama-
sacrificio)? No podéis, pues, beber e! cáliz de! Señor y da por muchos para remisión de los pecados, Mt 26,
e! cáliz de los demonios; no podéis tener parte en la 28.
mesa del Señor y en la mesa de los demonios . 1 COI' .:. Y Melquisedec, rey de Salem, sacando pan y vino, co-
10,16-21. mo era sace rdote del Dios Altísimo, bendijo a Abra-
.;. Todas las veces que comiéreis este pan y bebiéreis este ham diciendo: «Bendito Abraham de! Dios Altísimo,
cáliz anunciaréis la muerte de! Señor hasta que venga. e! dueño de los cielos y tierra» Gen 14, 18-19.
1 COI' 11, 26. .;. Sin padre, sin madre, sin genealogía, sin principio de
.:. Desde e! orto de! sol hasta e! ocaso es grande mi nom- sus días sin fin de su vida, se asemeja en eso al Hijo de
Dios, que es sacerdote para siempre. Heb 7, 3.
bre entre las gentes, y en todo lugar ha de ofrecerse a
mi nombre un sacrificio humeante y una oblación pu- .:. Habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ora-
ra, pues grande es mi nombre entre las gentes, dice Ya- ciones y súplicas con poderosos clamores y lágrimas al

635
MISA
A NTOLOG tA DE TEXTOS

que era poderoso para salvarle de la muerte, fue escu- acercan a Dios y siempre vive para intercede r por
chado por su reverencial temor. Y aunque era Hijo , ellos. Heb 7,24-25.
aprend ió por sus padecimientos la obediencia, y al ser .;. Os ruego , pues, hermanos, por la misericordia de
consumado, vino a ser para todos los que le obedecen Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como hostia viva,
causa de salud eterna. Heb 5,7-9. santa, grata a Dios; este es vuestro culto racional. Rom
.;. Pero es te (Crisro Sacerdote), por cuanto permanece 12, l.
para siempre, tiene un sacerdocio perpetuo. Y es, por .:. Mas yo por la misma Ley he muerto a la Ley, por vivir
tanto, perfecto su poder de salvar a los que por Él se para Dios; estoy crucificado con Cristo. Ga12, 19.

SELECCIÓN DE TEXTOS
Sacrificio incruento de la cruz tanÍas del Sgdo. Corazón), el signo eficaz de
la gracia y de la reconciliación con Dios, la
3489 Si alguien dijese que el sacrificio de
prenda de la vida eterna GUAN PABLO 11, Enc.
la Misa es solamente de alabanza y de acción
de gracias, o una simple conmemoración del
Redemptor hominis, 11, 7).
sacrificio consumado en la cruz, y que no es 3492 Gracias a la transustanciación del
(un sacrificio) propiciatorio, o bien que apro- pan en el Cuerpo y del vino en la Sangre de
vecha solo a quien comulga, o que no se debe Cristo, así como está realmente presente su
ofrecer por vivos y difuntos, por los pecados, Cuerpo, también lo está su Sangre; y de esa
las penas, las satisfacciones y otras necesida- manera las especies eucarísticas, bajo las cua-
des, sea anatema (CON CILlO DE TRENTO, les se halla presente, simbolizan la cruenta se-
Denz. Seh., 1753) . paración del Cuerpo y de la Sangre. De este
modo, la conmemoración de su muerte, que
3490 La oblación es la misma, cualquiera
realmente sucedió en el Calvario, se repite en
que sea el oferente, Pablo o Pedro; es la mis-
cada uno de los sacrificios del altar, ya que
ma que Cristo confió a sus discípulos, y que
por medio de señales diversas se significa y se
ahora realizan los sacerdotes; esta no es, en
muestra Jesucristo en estado de víctima (Pío
realidad, menor que aquella, porque no son
XII, Enc. Mediator Dei).
los hombres quienes la hacen santa, sino
Aquel que la santificó. Porque así como las 3493 [... ] toda Misa, aunque sea celebrada
palabras que Dios pronunció son las mismas privadamente por un sacerdote, no es acción
que el sacerdote dice ahora, así la oblación es privada, sino acción de Cristo y de la Iglesia,
la misma (SAN JUAN CRISOSTOMO, Hom. so- la cual, en el sacrificio que ofrece, aprende a
bre la Epístola 2 a Timoteo) . ofrecerse a sí misma como sacrificio univer-
sal, y aplica a la salvación del mundo entero
3491 La Iglesia no cesa jamás de revivir su
la única e infinita virtud redentora del sacrifi-
muerte en Cruz y su Resurrección, que cons-
cio de la Cruz (PABLO VI, Mysterium Fidei, 3-
tituyen el contenido de la vida cotidiana de la
IX-1965, n. 4).
Iglesia. En efecto, por mandato del mismo
Cristo, su Maestro, la Iglesia celebra ince- 3494 El sacerdote habla en las oraciones
santemente la Eucaristía, encontrando en ella de la Misa en nombre de la Iglesia, en cuya
la «fuente de la vida y de la santidad» (cfr. Le- unidad está. Mas en la consagración habla en

636
MISA
FRANC ISCO F ERN AN DEZ-CARVAj AL

nombre de Cristo, cuyas veces hace por la po- hasta el fin de los siglos (SANTO CURA DE
testad de orden (SANTO TOMAs, Suma Teoló- ARs, Sermón sobre la Santa Misa).
gica, 3, q. 82, a. 7 ad 3). 3499b La Eucaristía es tensión hacia la me-
3495 La Misa [... ] es acción divina, trini- ta, pregustar el gozo pleno prometido por
taria, no humana. El sacerdote que celebra Cristo (cfr. Jn 15, 11); es, en cierto sentido,
sirve al designio del Señor, prestando su cuer- anticipación del Paraíso y «prenda de la gloria
po y su voz; pero no obra en nombre propio, futura». En la Eucaristía, todo expresa la con-
sino in persona et in nomine Christi, en la Per- fiada espera: «mientras esperamos la gloriosa
sona de Cristo, y en nombre de Cristo (SAN venida de nuestro Salvador Jesucristo».
JOSEMAlÚA EscRIVÁ, Es Cristo que pasa, 86). Quien se alimenta de Cristo en la Eucaristía
no tiene que esperar el más allá para recibir la
Santa Misa y redención del mundo. vida eterna: la posee ya en la tierra como pri-
Eficacia de la Santa Misa micia de la plenitud futura, que abarcará al
hombre en su totalidad. En efecto, en la Eu-
3496 Cada Misa que se celebra se ofrece
caristía recibimos también la garantía de la
no solo por la salvación de algunos, sino tam-
resurrección corporal al final del mundo: «El
bién por la salvación de todo el mundo (PA-
que come mi carne y bebe mi sangre, tiene
BLO VI, Mysteriumfidei, 3-IX-1965, n. 4).
vida eterna, y yo le resucitaré el último día»
3497 La obra de nuestra redención se efec- Un 6, 54). Esta garantía de la resurrección
túa cuantas veces se celebra en el altar el sacrifi- futura proviene de que la carne del Hijo del
cio de la Cruz, por medio del cual Gúto, que es hombre, entregada como comida, es su cuer-
nuestra Pascua, ha sido inmolado (J Cor 5, 7) po en el estado glorioso del resucitado. Con
(CONC. VAT. II, Consto Lumen gentium, 3). la Eucaristía se asimila, por decirlo así, el «se-
creto» de la resurrección [ ].
3498 Cuando celebro la Santa Misa con la Mientras nosotros celebramos el sacrificio del
sola participación del que me ayuda, también Cordero, nos unimos a la liturgia celestial, aso-
hay allí pueblo. Siento junto a mí a todos los ciándonos con la multitud inmensa que grita:
católicos, a todos los creyentes y también a los «La salvación es de nuestro Dios, que está sen-
que no creen. Están presentes todas las criaturas tado en el trono, y del Cordero» (Apoc 7, 10).
de Dios -la tierra y el cielo y el mar, y los ani- La Eucaristía es verdaderamente un resquicio
males y las plantas-, dando gloria al Señor la del cielo que se abre sobre la tierra. Es un rayo
Creación entera (SAN JOSEMAlÚA ESCRlvÁ, de gloria de la Jerusalén celestial, que penetra
Hom. Sacerdote para la eternidad, 13-N-1973). en las nubes de nuestra historia y proyecta luz
3499 La santa Misa alegra toda la corte ce- sobre nuestro camino (JUAN PABLO I1, Enc.
lestial, alivia a las pobres ánimas del purgato- Eccfesia de Eucharistia, 7 y 9) .
rio, atrae sobre la tierra toda suerte de bendi-
Jesucristo, Sacerdote y Víctima
ciones, y da más gloria a Dios que todos los
sufrimientos de los mártires juntos, que las 3500 El sacerdote es un representante del
penitencias de todos los solitarios, que todas Sacerdote eterno, Jesucristo, que al mismo
las lágrimas por ellos derramadas desde el tiempo es la Víctima (SAN JOSEMAlÚA ESCRl-
principio del mundo y que todo lo que hagan vÁ, Es Cristo que pasa, 85).

637
MISA
ANTOLOGfA D E TEXTOS

3501 Cristo es a la vez la víctima y pontí- tán lejos y junta en una misma fe a los que se
fice . Pues el que ofrece el sacrificio al Padre encuentran corporalmente separados (SAN
en el altar de la cruz es el mismo que ofrece ATANASIO, Carta 5) .
su propio cuerpo como víctima (ORÍGENES,
3505 El día llamado del sol nos reunimos
Hom. sobre el Génesis, 8).
en un mismo lugar, tanto los que habitamos
3502 Jesucristo en verdad es sacerdote, pe- en las ciudades como en los campos, y se leen
ro sacerdote para nosotros, no para sí, al ofre- los comentarios de los apóstoles o los escritos
cer al Eterno Padre los deseos y sentimientos de los profetas, en la medida que el tiempo lo
religiosos en nombre del género humano. permite. Después, cuando ha acabado el lec-
Igualmente, Él es víctima, pero para noso- tor, el que preside exhorta y amonesta con sus
tros, al ofrecerse a sí mismo en vez del hom- palabras, en la medida que el tiempo lo permi-
bre sujeto a la culpa. Pues bien, aquello del te [... ]. Luego, nos ponemos todos de pie y ele-
Apóstol: tened en vuestros corazones los mismos vamos nuestras preces; y, como ya hemos di-
sentimientos que tuvo jesucristo en el suyo, exi- cho, cuando hemos terminado las preces se
ge a todos los cristianos que reproduzcan en trae pan, vino yagua; entonces, el que preside
sí, en cuanto al hombre es posible, aquel sen- eleva fervientemente oraciones y acciones de
timiento que tenía el divino Redentor cuan- gracias, y el pueblo clama: Amén. Seguida-
do se ofrecía en sacrificio, es decir, que imiten mente tiene lugar la distribución y comunica-
su humildad y eleven a la suma Majestad de ción, a cada uno de los presentes, de los dones
Dios la adoración, el honor, la alabanza y la sobre los cuales se ha pronunciado la acción de
acción de gracias. Exige, además, que de al- gracias, y los diáconos los llevan a los ausentes
guna manera adopten la condición de vícti- (SAN JUSTINO, Apología l. ti, 66-67) .
ma, abnegándose a sí mismos según los pre-
ceptos del Evangelio, entregándose voluntaria 3506 [...lla unidad de los fieles, que cons-
y gustosamente a la penitencia detestando y tituyen un solo cuerpo en Cristo, está repre-
confesando cada uno sus propios pecados sentada y se realiza por el sacramento del pan
[...] (Pío XII, Enc. Mediator Dei, 22). eucarístico (CONC. VAT. 11, Const. Lumen
gentium, n . 3).
3503 No es el hombre quien convierte las
cosas ofrecidas en el cuerpo y sangre de Cris- Preparación y acción de gracias
to, sino el mismo Cristo que por nosotros fue ver también nn. 35-47; 1038-1043.
crucificado. El sacerdote, figura de Cristo,
pronuncia aquellas palabras, pero su virtud y 3507 ¿Estáis allí con las mismas disposi-
la gracia son de Dios. Esto es mi cuerpo, dice. ciones que la Virgen Santísima estaba en el
y esta palabra transforma las cosas ofrecidas Calvario, tratándose de la presencia de un
(SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía sobre la mismo Dios y de la consumación de igual sa-
traición de judas, 1) . crificio? (SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre
el pecado).
Sacramento de la unidad
3508 Reunidos cada domingo, partid el
3504 Esto es lo admirable de esta festivi- pan y dad gracias, después de haber confesa-
dad: que él reúne para celebrarla a los que es- do vuestros pecados, a fin de que vuestro sa-

638
'1I~ . \
FRANCISCO FER NÁNDEZ-CARVA)A L

crificio sea puro (Doctrina de los doce apósto- 3512 No saldréis de la iglesia al momento
les, cap. 9). de terminar la santa Misa, sino que os aguar-
daréis algunos instantes para pedir al Señor
3509 La Misa acabada, recójase media hora
fortaleza en cumplir vuestros propósitos [... ]
a dar gracias y hólguese con el que en sus en-
(SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre la Comu-
trañas tiene, y aprovéchese de Él, no de otra
nión).
manera de como cuando acá vivía fue recibido
de Zaqueo o de Mateo, o de otro que se lea; Los ángeles y los santos ,
porque el más quieto tiempo de todos es aquel presentes en el Sacrificio eucarístico
mientras el Señor está en nuestro pecho, el
cual tiempo no se ha de gastar en otras cosas, si 3513 De la misma manera que vemos có-
extrema necesidad a otra cosa no nos constri- mo los ángeles se encuentran rodeando el
ñese ( . .. ) (SAN JUAN DE ÁVILA, Carta 5). cuerpo del Señor en el sepulcro, así debemos
creer también que se encuentran haciendo la
3510 A la celebración ha de seguir la ac- corte en la Consagración (SAN BEDA, en Ca-
ción de gracias [... ]. ¡Cuántos libros de pie- tena Aurea, vol. VI, p. 529).
dad exhortan e inculcan la acción de gracias
3514 Allí están presentes muchos ángeles
después de la Misa; pero ¿cuántos son los
[ ... J, para venerar este santo misterio; y así,
sacerdotes que la dan? [... ] La acción de gra-
estando nosotros con ellos y con la misma in-
cias después de la Misa no habría de terminar
tención, es preciso que con tal compañía reci-
sino con el día [... ]. El tiempo que sigue a la
bamos muchas influencias propicias. En esta
Misa es tiempo de negociar con Dios y de ha-
acción divina se vienen a unir a nuestro Se-
cerse con tesoros celestiales de gracias [ ... ]
ñor los corazones de la Iglesia triunfante y los
(SAN ALFONSO Ma DE LIGaRlO, Misa y oficio
de la Iglesia militante, para prendar con Él,
atropellados, 1. c., pp. 422-423).
en Él y por Él el corazón de Dios Padre, y
3511 La unión espiritual con Cristo, a la apoderarse de toda su misericol:dia (SAN
que se ordena el mismo sacramento, no se ha FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota,
de procurar únicamente en el tiempo de la II, 14).
celebración eucarística, sino que ha de exten- 3515 El santo abad Nilo nos refiere que su
derse a toda la vida cristiana, de modo que maestro San Juan Crisóstomo le dijo un día
los fieles cristianos, contemplando asidua- confidencialmente que, durante la santa Mi-
mente en la fe el don recibido y guiados por sa, veía a una multitud de ángeles bajando
el Espíritu Santo, vivan su vida ordinaria en del cielo para adorar a Jesús sobre el altar,
acción de gracias y produzcan frutos más mientras muchos de ellos recorrían la iglesia
abundantes de caridad. Para que puedan con- para inspirar a los fieles el respeto y amor que
tinuar más fácilmente en esta acción de gra- debemos sentir por Jesucristo presente sobre
cias, que de un modo eminente se da a Dios el altar. ¡Momento precioso, momento feliz
en la Misa, se recomienda a los que han sido para nosotros, aquel en que Jesús está presen-
alimentados con la sagrada comunión que te sobre nuestros altares! ¡Ay!, si los padres y
permanezcan algún tiempo en oración (PA- las madres comprendiesen bien esto y supie-
BLO VI, Eucharisticum mysterium, n. 38). sen aprovechar esta doctrina, sus hijos no se-

639
MISA.
ANTOLOC fA DE TEXTOS

rían tan miserables ni se alejarían tanto de los ofrenda, y adquieren así un valor nuevo. El
caminos que al cielo conducen. ¡Dios mío, sacrificio de Cristo presente sobre el altar da a
cuántos pobres junto a un tan gran tesoro! todas las generaciones de cristianos la posibi-
(SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre la Santa lidad de unirse a su ofrenda.
Misa). En las catacumbas, la Iglesia es con frecuen-
cia representada como una mujer en oración,
3515b A la ofrenda de Cristo se unen no
los brazos extendidos en actitud de orante.
solo los miembros que están todavía aquí
Como Cristo que extendió los brazos sobre la
abajo, sino también los que están ya en la glo-
cruz, por él, con él y en él, la Iglesia se ofrece
ria del cielo: La Iglesia ofrece e! Sacrificio Eu-
e intercede por todos los hombres (Catecismo
carístico en comunión con la santísima Vir-
de la Iglesia Católica, n. 1368) .
gen María y haciendo memoria de ella, así
como de todos los santos y santas. En la Eu- 3516c Lucha para conseguir que e! Santo
caristía, la Iglesia, con María, está como al pie Sacrificio de! Altar sea e! centro y la raíz de tu
de la cruz, unida a la ofrenda y a la interce- vida interior, de modo que toda la jornada se
sión de Cristo (Catecismo de la Iglesia Católi- convierta en un acto de culto -prolongación
ca, n. 1370). de la Misa que has oído y preparación para la
siguiente-, que se va desbordando en jacula-
«Centro y raíz » de la vida cristiana torias, en visitas al Santísimo, en ofrecimien-
3516 La Santa Misa nos sitúa de ese modo to de tu trabajo profesional y de tu vida fami-
ante los misterios primordiales de la fe, por- liar... (SAN JOSEMARÍA ESCRlvÁ, Fotja, n. 69).
que es la donación misma de la Trinidad a la
La Santa Misa en la vida del sacerdote
Iglesia. Así se entiende que la Misa sea el cen-
tro y la raíz de la vida espiritual del cristiano. 3517 La devota y sincera celebración de la
Es el fin de todos los sacramentos (cfr. SANTO Santa Misa -que se recomienda vivamente
TOMÁs, Suma Teológica 3, q. 65, a. 3). En la sea cotidiana- lleva e! alma de! sacerdote a
Misa se encamina hacia su plenitud la vida de penetrar vitalmente en e! sentido profundo
la gracia, que fue depositada en nosotros por de su existencia: que es sacrificio y comu-
e! Bautismo, y que crece, fortalecida por la nión, vida plenamente consagrada al Padre y
Confirmación (SAN J OSEMARÍA ESCRIVÁ, Es plenamente enviada, donada, comunicada al
Cristo que pasa, 87). mundo y a los hombres (A. DEL PORTILLO,
Escritos sobre el sacerdocio, p. 63).
3516b La Eucaristía es igualmente el sacrifi-
cio de la Iglesia. La Iglesia, que es e! Cuerpo 3518 En e! misterio de! sacrificio eucarís-
de Cristo, participa en la ofrenda de su Cabe- tico, en que los sacerdotes cumplen su princi-
za. Con Él, ella se ofrece totalmente. Se une a pal ministerio, se realiza continuamente la
su intercesión ante e! Padre por todos los obra de nuestra redención, y, por ende, enca-
hombres . En la Eucaristía, e! sacrificio de recidamente se les recomienda su celebración
Cristo se hace también e! sacrificio de los cotidiana, la cual, aunque pueda no haber en
miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, ella presencia de fieles, es ciertamente acto de
su alabanza, su sufrimiento, su oración y su Cristo y de la Iglesia. Así, al unirse los presbí-
trabajo se unen a los de Cristo y a su total teros al acto de Cristo sacerdote, se ofrecen

640
MISA
F RANCISCO FERNANDEZ-CARVAjAL

diariamente por entero a Dios y, al alimentar- 3523 La Iglesia, con solícito cuidado, pro-
se del cuerpo de Cristo, participan de cora- cura que los cristianos no asistan a este miste-
zón la caridad de Aquel que se da en manjar a rio de fe como extraños y mudos espectado-
los fieles (CONC. VAT. 11, Decr. Presbyterorum res, sino que, comprendiéndolo bien a través
Ordinis, 13). de los ritos y oraciones, participen conscien-
te, piadosa y activamente en la acción sagrada
3519 Para satisfacer esta exigencia de
(CONC. VAT. 11, Consto Sacrosanctum Conci-
unión con Dios y de entrega a los hombres, el
lium, 48).
sacerdote encuentra el centro y raíz de toda
su vida en el Sacrificio Eucarístico, donde, en 3524 Es menester que el rito externo del
unión con Jesucristo, se ofrece enteramente a sacrificio, por su misma naturaleza, manifies-
Dios en sacrificio de adoración, para llenarse te el culto interno; y el sacrificio de la nueva
a su vez de la caridad de Cristo pro mundi vi- ley significa aquel supremo acatamiento con
ta Un 6, 52) (A. DEL PORTILLO, Escritos sobre que el mismo oferente principal, que es Cris-
el sacerdocio, p. 54). to, y por Él todos sus miembros místicos,
hontan y veneran a Dios con el debido honor
3520 Todos los afectos y las necesidades (Pío XlI, Enc. Mediator Dei).
del corazón del cristiano encuentran, en la
Santa Misa, el mejor cauce: el que, por Cris- Vivir la Misa a lo largo del día
to, llega al Padre, en el Espíritu Santo. El
sacerdote debe poner especial empeño en que
3525 Encontramos en el libro de los Pro-
todos lo sepan y lo vivan. No hay actividad verbios: si te sientas a comer en la mesa de un
señor, mira con atención lo que te ponen delan-
alguna que pueda anteponerse, ordinaria-
te, y pon la mano en ello pensando que luego
mente, a esta de enseñar y hacer amar y vene-
tendrás que preparar tú algo semejante. Esta
rar a la Sagrada Eucaristía (SAN JOSEMA RfA
mesa de tal señor no es otra que aquella de la
ESCRIVÁ, Hom . Sacerdote para la eternidad,
cual tomamos el cuerpo y la sangre de aquel
13-N-1973) .
que dio su vida por nosotros. Sentarse a ella
Atención y participación en la Misa significa acercarse a Ila misma con humildad.
Mirar con atención lo que nos ponen delante
3521 ¡Cuántas almas saldrían del pecado, equivale a tomar conciencia de la grandeza de
si tuviesen la suerte de oír la Santa Misa en este don. Y poner la mano en ello pensando
buenas disposiciones! No nos extrañe, pues, que luego tendremos que preparar algo seme-
que el demonio procure en ese tiempo suge- jante, significa que, así como Cristo dio su vi-
rirnos tantos pensamientos ajenos a la devo- da por nosotros, también nosotros debemos
ción (SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre la dar la vida por los hermanos (SAN AGUSTfN,
Santa Misa). Trat. Evang. S. Juan, 84).
3522 Conviene, pues, venerables herma- 3526 Después de haber participado en la
nos, que todos los fieles se den cuenta de que Misa, cada uno ha de ser solícito en hacer
su principal deber y mayor dignidad consiste buenas obras, en agradar a Dios y vivir recta-
en la participación en el sacrificio eucarístico mente, entregado a la Iglesia, practicando lo
(Pfo XlI, Enc. Mediator Dei, n. 22). que ha aprendido y progresando en el servi-

641
\11:-1 \ - \lISEHICt ¡(WI \
A NTOLOG íA DE T EATOS

cio de Dios, trabajando por impregnar al Pero la gran miseria que nos hace sufrir, la
mundo del espíritu cristiano y también cons- gran necesidad a la que queremos poner re-
tituyéndose en testigo de Cristo en toda cir- medio es el pecado, el alejamiento de Dios, el
cunstancia y en el corazón mismo de la con- riesgo de que las almas se pierdan para toda la
vivencia humana (PABLO VI, Eucharisticum eternidad. Llevar a los hombres a la gloria
mysterium, n. 13). eterna en el amor de Dios: esa es nuestra as-
piración fundamental al celebrar la Misa, co-
La oración de petición en la Santa Misa mo fue la de Cristo al entregar su vida en el
3527 No hay momento tan precioso para Calvario (SAN JOSEMAR!A ESCRIVÁ, Hom.
pedir a Dios nuestra conversión como el de la Sacerdote para la eternidad, 13-IV-1973).
Santa Misa (SANTO CURA DE ARs, Sermón so-
bre la Santa Misa). La Virgen y la Santa Misa
3528 El Sacrificio del Calvario es una
muestra infinita de la generosidad de Cristo. 3529 ¿Cómo podríamos tomar parte en el
Nosotros -cada uno- somos siempre muy in- sacrificio sin recordar e invocar a la Madre
teresados; pero a Dios Nuestro Señor no le de! Soberano Sacerdote y de la Víctima?
importa que, en la Santa Misa, pongamos de- Nuestra Señora ha participado muy íntima-
lante de Él todas nuestras necesidades. mente en el sacerdocio de su Hijo durante su
¿Quién no tiene cosas que pedir? Señor, esa vida terrestre, para que esté ligada para siem-
enfermedad ... Señor, esta tristeza .. . Señor, pre al ejercicio de su sacerdocio. Como estaba
aquella humillación que no sé soportar por tu presente en e! Calvario, está presente en la
amor. .. Queremos el bien, la felicidad y la Misa, que es una prolongación del Calvario.
alegría de las personas de nuestra casa; nos En la Cruz asistía a su Hijo ofreciéndose al
oprime el corazón la suerte de los que pade- Padre; en e! altar, asiste a la Iglesia, que se
cen hambre y sed de pan y de justicia; de los ofrece a sí misma con su Cabeza, cuyo sacrifi-
que experimentan la amargura de la soledad; cio renueva. Ofrezcámonos a Jesús por medio
de los que, al término de sus días, no reciben de Nuestra Señora (P. BERNARDOT, La Virgen
una mirada de cariño ni un gesto de ayuda. en mi vida, p. 233) .

MISERICORDIA

l. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia, nos dice el Señor
(Mt 5, 7). Y aprendemos qué es la misericordia cuando nos fijamos en la actitud de Jesús fren-
te al dolor o la necesidad. «Jesucristo resume y compendia toda esta historia de la misericordia
divina» (SAN JOSEMARfA ESCRIVÁ, Es Cristo que pasa, 7). Al pasar -nos cuenta San Juan- vio
jesús a un hombre ciego de nacimiento Un 9, 1). «Jesús que pasa. Con frecuencia me he maravi-
llado ante esta forma sencilla de relatar la clemencia divina. Jesús pasa y se da cuenta ensegui-
da del dolor» (Ibídem, 67).

642
MISEIU< :ORDL<\
F RANCISCO FERNÁNDEZ-CARVA)AL

Jesucristo viene a saLvar lo que estaba perdido, a cargar con nuestras miserias para aliviarnos de
ellas, a compadecerse de los que sufren y de los necesitados. Él no pasa de largo; se detiene,
consuela y salva. Cada página del Evangelio es una muestra de su misericordia con todos..
«Jesús hace de la misma misericordia uno de los temas principales de su predicación [... ]. Baste
recordar la parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-32) o la del buen Samaritano (Lc 10,30-37),
Ytambién -como contraste-la parábola del siervo inicuo (Mt 18,23-35) . Son muchos los pa-
sos de las enseñanzas de Cristo que ponen de manifiesto el amor-misericordia bajo un aspecto
siempre nuevo. Basta tener ante los ojos al Buen Pastor en busca de la oveja extraviada (Mt 18,
12-14) o la mujer que barre la casa buscando la dracma perdida (Lc 15,8-10)>> OUAN PABLO
n, Enc. Dives in misericordia, 30-XI-1980, n. 3).
Nosotros tendremos una actitud misericordiosa con los demás si meditamos la vida del Señor,
si nos esforzamos en imitarle.
2. El campo de la misericordia es tan grande como la miseria humana que se trata de remediar;
pues eso es la misericordia, «compasión de la miseria ajena, que nos mueve a remediarla, si es po-
sible» (SAN AGUSTíN, La ciudad de Dios, 9, 5). En el orden físico, intelectual y moral, el hombre
puede estar lleno de calamidades y miserias. Por eso, las obras de misericordia son innumerables
-tantas como necesidades del hombre-, aunque tradicionalmente, a modo de ejemplo, se han se-
ñalado catorce obras de misericordia, en las que esta virtud se manifiesta de manera especial.
Nuestra actitud compasiva y misericordiosa ha de ser en primer lugar con los que habitual-
mente tratamos, con quienes Dios ha puesto a nuestro lado y con aquellos que están más ne-
cesitados.
La misericordia nos llevará a preocuparnos de la salud, del descanso, del alimento de quienes
Dios nos encomienda. Los enfermos merecen una atención especial: compañía, interés verda-
dero por su curación, facilitarles el que ofrezcan a Dios su enfermedad ...
3. También debemos practicar, junto a las llamadas materiales, las «obras espirituales de mise-
ricordia». En primer lugar, corregir aL que yerra, con la advertencia oportuna, con caridad, sin
que le ofenda; enseñar aL que no sabe iluminando su inteligencia con La Luz del Señor; aconsejar
aL que duda, con honradez y rectitud de intención; consolar al afligido, compartiendo su dolor;
perdonar aL que ofende, sabiendo disculparle con comprensión; socorrer aL que necesita ayuda,
excediéndonos en el servicio. Y, finalmente, rogar a Dios por los vivos y por Los difuntos.

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


.;. Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericor- .;. Nunca dejará de haber pobres en la tierra, por eso te
dioso. Le 6, 36. doy este mandamiento: abrirás tu mano a tu hermano,
.;. Sed más bien unos para otros bondadosos, compasi- al necesitado y al pobre de tu tierra. Dt 15, 11.
vos, y perdonaos los unos a los otros, como Dios os ha
.:. Libra al que es llevado a la muerte, al que está en peli-
perdonado en Cristo. Ef 4, 32.
gro de muerte, reténlo. Prov 24, 11.
.;. Si abundares en bienes haz de ellos limosna, y si estos
fuesen escasos, según sea tu escasez, no temas hacerla. .:. Según tus posibilidades socorre al prójimo [... ] . Eclo
Tob 4,8. 29,27.

643
MISERICORDIA
ANTOLOGIA DE TEXTOS

.:. Así habla Yavé de los ejércitos; juzgad conforme a la .:. Es un buen regalo la limosna en la presencia del Altísi-
verdad, practicad la piedad y la misericordia hacia mo para todos los que la hacen. Tob 4, 11.
vuestro prójimo. Zae7, 9. .:. Encierra la limosna en tus arcas, y te librará de toda
.:. ¿No convenía, pues, que tuvieras tú piedad de tu com- miseria. Eclo 29, 15 .
pañero, como la tuve yo de ti? Mt 18,33. .:. Por tanto, ioh rey! , sírvete aceptar mi consejo: redime
.:. No le digas al prójimo: Vete y vuelve, mañana te lo da- tus pecados con justicia y tus iniquidades con miseri-
ré ... Prov 3, 28. cordia a los pobres, y quizá se prolongará tu dicha.
.:. El que maltrata al pobre injuria a su Hacedor; quien Dan 4, 24 .
tiene piedad del pobre le honra. Prov 14, 31. .:. A Yavé presta el que da al pobre; Él le dará su recom-
.;. Y yo os digo: con las riquezas injustas haceos amigos, pensa. Prov 19-17 .
para que, cuando estas falten, os reciban en los eternos .:. Cuando des de tu pan al hambriento y sacies al alma
tabernáculos. Le 16, 9. indigente, brillará tu luz en la oscuridad y tus tinieblas
.:. El que tiene bienes del mundo y, viendo a su hermano serán cual mediodía. Js 58, 10. •
tener necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo la cari- .:. Yel que diere de beber a uno de estos pequeños solo
dad de Dios permanece en él? 1 JII 3, 17. un vaso de agua fresca en razón de discípulo, en ver-
.:. Por amor de la ley acoge al pobre y en su necesidad no dad os digo que no perderá su recompensa. Mt 10,42 .
le despidas de vacío. Eclo 29, 12. .:. El que da al pobre no tendrá pobreza, el que aparta de
.:. Bienaventurado el que se preocupa por el necesitado y él sus ojos tendrá muchas maldiciones. Prov 28, 27 .
el desvalido, en el día malo le librará Yavé. Sal 40, 2. .:. Bienaventurados los misericordiosos porque ellos al-
.:. Que no te abandonen jamás la bondad y la fidelidad, canzarán misericordia. Mt5, 7 .
átatelas al cuello, escríbelas en tu corazón y hallarás fa- .:. Pues os digo: el que escaso siembra, escaso cosecha; el
vor y dignidad ante Dios y ante los hombres. Prov 3, que siembra con largueza con largueza cosechará. 2
3. Cor9,6.
.:. y dirá a los de la izquierda: Apartaos de mi, malditos, .:. Dad y se os dará: una medida buena, apretada, colma-
al fuego eterno, preparado para el diablo y para sus án- da, rebosante, será derramada en vuestro regazo. La
geles; porque tuve hambre y no me disteis de comer, medida que con otros usareis, esa se usará con voso-
tuve sed y no me disteis de beber. Mt 25,41-42. tros. Le 6, 38 .
.:. El misericordioso se hace bien a sí mismo, el de cora- .;. Haz justicia y juicio, que eso es más grato a Yavé que
zón duro a sí mismo se perjudica. Prov 11,17. el sacrificio. Prov 21,3.

SELECCIÓN DE TEXTOS

Compasión de las miserias ajenas corazón, que nos impulsa a socorrerla si po-
demos (SAN AGUST(N, La Ciudad de Dios, 9).
3530 (Es) la tristeza del mal ajeno, pero en
cuanto se estima como propio (SANTO To- 3533 Se llama misericordioso al que [... )
MAs, Suma TeoLógica, 1-2, q. 35, a. 8). considera la desgracia de otro como propia, y se
duele del mal de otro como si fuera suyo (SAN
3531 Por misericordia se entiende aquÍ no REMIGIO, en CatenaAurea, vol. 1, p. 248).
solo la que se practica a través de las limosnas,
sino la que produce el pecado del hermano, 3534 La misericordia no se queda en una
ayudando así unos a otros a llevar la carga (SAN escueta actitud de compasión: la misericordia
JERÓNIMO, en CatenaAurea, vol. 1, p. 248). se identifica con la superabundancia de la ca-
ridad que, al mismo tiempo, trae consigo la
3532 (Se llama misericordia a) cierta com- superabundancia de la justicia. Misericordia
pasión de la miseria ajena nacida en nuestro significa mantener el corazón en carne viva,

644
MISERICORDIA
FRANC ISCO FERNAN DEZ- CARVAjAL

humana y divinamente transido por un amor camente en la mirada, aunque sea la más pe-
recio, sacrificado, generoso (SAN JOSEMARÍA netrante y compasiva, dirigida al mal moral,
ESCRIVÁ, Amigos de Dios, 232). físico o material: la misericordia se manifiesta
3534h La parábola del buen Samaritano en su aspecto verdadero y propio, cuando re-
(... ) indica cuál debe ser la relación de cada valida, promueve y extrae el bien de todas las
uno de nosotros con el prójimo que sufre. No formas de mal existentes en el mundo y en el
nos está permitido «pasar de largo», con indi- hombre. Así entendida, constituye el conte-
ferencia, sino que debemos «pararnos» junto nido fundamental del mensaje mesiánico de
a él. Buen Samaritano es todo hombre, que se Cristo y la fuerza constitutiva de su misión.
para junto al sufrimiento de otro hombre de Así entendían también y practicaban la mise-
cualquier género que ese sea. Esta parada no ricordia sus discípulos y seguidores. Ella no
significa curiosidad, sino más bien disponibi- cesó nunca de revelarse en sus corazones y en
lidad. Es como el abrirse de una determinada sus acciones, como una prueba singularmen-
disposición interior del corazón, que tiene te creadora del amor que no se deja «vencer
también su expresión emotiva. Buen Samari- por el mal», sino que «vence con el bien al
tano es todo hombre sensible al sufrimiento mal» (cfr. Rom 12, 21) (JUAN PABLO II, Enc.
ajeno, el hombre que «se conmueve» ante la Dives in misericordia, 30-XI-1980, n. 6).
desgracia del prójimo C.. ). A veces, esta com-
pasión es la única o principal manifestación Especialmente con los
de nuestro amor y de nuestra solidaridad ha- «hermanos en la fe»
cia el hombre que sufre. 3536 Con esto no queremos decir que no
Sin embargo, el buen Samaritano de la pará-
se deba dar limosna a los judíos pobres, ni a
bola de Cristo no se queda en la mera con-
los gentiles, ni a ningún pobre de cualquier
moción y compasión. Estas se convierten pa-
nación que sea, sino que prefiramos los po-
ra él en estímulo a la acción que tiende a
bres cristianos y creyentes a los incrédulos, y
ayudar al hombre herido. Por consiguiente,
distingamos entre los mismos cristianos a los
es buen Samaritano, en definitiva, el que
santos de los pecadores.
ofrece ayuda en el sufrimiento, de cualquier
De aquí viene que el apóstol San Pablo exhor-
clase que sea. Ayuda, dentro de lo posible,
te a hacer obras de caridad a todos los pobres,
eficaz (JUAN PABLO Il, Carta Apost. Salvici
doloris, ll-II-1984, n. 28). sin distinción, pero especialmente a los domésti-
cos en la misma fe (Gal 6, 10). Doméstico de la
3535 Quien practique la misericordia -di- fe es quien está unido a ti por el vínculo de la
ce el Apóstol-, que lo haga con alegría: esta misma religión y no le separan sus pecados de
prontitud y diligencia duplicarán el premio la comunidad de la fe. Pues si el apóstol nos
de tu dádiva. Pues lo que se ofrece de mala manda que si nuestros enemigos tienen ham-
gana y por fuerza no resulta en modo alguno bre les demos de comer, y si tienen sed les de-
agradable ni hermoso (SAN GREGORIO NA- mos de beber, y obrando así reunamos carbo-
CIANCENO, Disert. 14 sobre amor a los pobres). nes encendidos sobre sus cabezas (Rom 12,
3535h El significado verdadero y propio de 20), ¿cuánto más habremos de asistir a aque-
la misericordia en el mundo no consiste úni- llos que no son enemigos nuestros, sino cris-

645
MISERICORDIA
A NTOLOGfA DE TEXTOS

tianos y santos? (SAN JER6NIMO, Epístola 120 3541 No perdáis la ocasión de hacer obras
a Hebidia; PL 22, 983 ss). de misericordia, no ocultéis los remedios reci-
bidos (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 40 so-
3537 [... ] mirad, ciertamente, por todos
los indigentes con benevolencia general, pe-
bre los Evang.).
ro acordaos especialmente de los que son
Justicia y misericordia
miembros del Cuerpo de Cristo y nos están
unidos por la unidad de la fe católica. Pues 3542 La justicia y la misericordia están
más debemos a los nuestros por la unión en tan unidas que la una sostiene a la otra. La
la gracia que a los extraños por la comuni- justicia sin misericordia es crueldad; y la mi-
dad de naturaleza (SAN LE6N MAGNO, Ser- sericordia sin justicia es ruina, destrucción
món 89). (SANTO ToMAs, en Catena Aurea, vol. 1,
p.247).
El tiempo de la misericordia
3543 Amar la justicia no es otra cosa sino
3538 Las palabras de la lección sagrada amar a Dios. Y como este amor de Dios va
(parábola del mal rico y del pobre Lázaro) de- siempre unido al amor que se interesa por el
ben enseñarnos a cumplir los preceptos de la bien del prójimo, el hambre de justicia se ve
caridad. Todos los días, si lo buscamos, halla- acompañada de la virtud de la misericordia
mos a Lázaro, y, aunque no le busquemos, le (SAN LE6N MAGNO, Sermón sobre las biena-
tenemos a la vista [... ]. No perdáis el tiempo venturanzas, 95).
de la misericordia (SAN GREGORIO MAGNO,
Hom. 40 sobre los Evang.). 3544 [... ] la misericordia se hace elemento
indispensable para plasmar las relaciones mu-
3539 Ya ves qué bueno es nuestro negocio tuas entre los hombres, en el espíritu del más
con los pobres; estos no se encuentran allá (en profundo respeto de lo que es humano y de la
la otra vida), sino aquí; por tanto, aquí es don- recíproca fraternidad. Es imposible lograr es-
de conviene hacer acopio de aceite (de buenas tablecer este vínculo entre los hombres si se
obras de caridad) para que nos sirva allá, cuan- quiere regular las mutuas relaciones única-
do Jesucristo nos llame (SAN JUAN CRIS6STO- mente con la medida de la justicia. Esta, en
MO, en CatenaAurea, vol. I1I, p. 220). toda las esferas de las relaciones interhuma-
3540 Estas vírgenes no solo eran necias nas, debe experimentar por decirlo así, una
porque descuidaron las obras de misericor- notable «corrección» por parte del amor que
dia, sino también porque creyeron que en- -como proclama San Pablo- es «paciente» y
contrarían aceite en donde inútilmente lo «benigno», o dicho en otras palabras, lleva en
buscaban. Aunque nada más misericordioso sí los caracteres del amor misericordioso, tan
que aquellas vírgenes prudentes que por su esenciales al evangelio y al cristianismo. Re-
caridad fueron aprobadas, sin embargo, no cordemos, además, que el amor misericordioso
accedieron a la petición de las necias. De indica también esa cordial ternura y sensibili-
aquí aprendemos que a nadie podrán servirle dad, de que tan elocuentemente nos habla la
otras obras que no sean las propias (SAN parábola del hijo pródigo o la de la oveja ex-
JUAN CRIS6STOMO, en CatenaAurea, vol. lIl, u·aviada o la de la dracma perdida. Por tanto,
p.219). el amor misericordioso es sumamente indis-

646
¡\USERl< :ORDT-\
F RANCI SCO F ERNÁN DEZ·CARVAJAL

pensable entre aquellos que están más cerca- de otras virtudes principales e insignes, sin
noS: entre los esposos, entre padres e hijos, embargo, si no es misericordioso, no merece-
entre amigos; es también indispensable en la rá la misericordia. Bienaventurados -dice el
educación y en la pastoral QUAN PABLO I1, Señor- los misericordiosos, porque ellos alcan-
Enc. Dives in misericordia, 14). zardn misericoldia (Mt 5, 7) (SAN LE6N
MAGNO, Sermón 10) .
El Señor tendrá misericordia
con quien es misericordioso Obras de misericordia
3545 Dichosos los misericordiosos, porque 3549 Las obras de misericordia son la
ellos alcanzardn misericordia. Dulce es el prueba de la verdadera santidad (SANTO To-
nombre de misericordia [... ]. Todos los hom- MÁs, en CatenaAurea, vol. I1, p. 15).
bres la desean, mas, por desgracia, no todos
obran de manera que se hagan dignos de ella;
3550 Mejor sería que nadie tuviera ham-
todos desean alcanzar misericordia, pero son bre y no hubieses de dar pan a nadie. Supri-
pocos los que quieren practicarla (SAN CESÁ- me los menesterosos: ya están cumplidas las
REO DE ARLÉS, Sermón 25). obras de misericordia; pero ¿el fuego del
amor va a extinguirse por eso? (SAN
3546 Tanto se complace Dios en nuestros AGUSTíN, Comento 1. ti Epístola S. Juan, 8) .
actos de bondad para con los demás, que
ofrece su misericordia solamente a quienes 3551 La caridad no se practica solo con el
son misericordiosos (SAN HILARlO, en Catena dinero. Podéis visitar a un enfermo, hacerle
Aurea, vol. 1, p. 248). un rato de compañía, prestarle algún servicio,
arreglarle la cama, prepararle los remedios,
3547 Oh, hombre, ¿cómo te atreves a pe- consolarle en sus penas, leerle algún libro pia-
dir, si tú te resistes a dar? Quien desee alcan- doso (SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre la
zar misericordia en el cielo debe él practicarla limosna).
en este mundo. Y por esto, ya que todos de-
seamos la misericordia, actuemos de manera 3552 Las obras de misericordia son variadí-
que ella llegue a ser nuestro abogado en este simas, y así todos los cristianos que lo son de
mundo, para que nos libre después en el fu- verdad, tanto si son ricos como si son pobres,
turo. Hay en el cielo una misericordia, a la tienen ocasión de practicarlas en la medida de
cual se llega a través de la misericordia terrena sus posibilidades; y aunque no todos puedan
(SAN CESÁREO DE ARLÉS, Sermón 25). ser iguales en la cantidad de lo que dan, todos
pueden serlo en su buena disposición (SAN
3548 Quizá existan algunos ricos que,
LE6N MAGNO, Sermón 6 sobra la Cuaresma).
aunque no suelen ayudar a los más necesita-
dos de la Iglesia, sin embargo, guardan otros 3553 Dad limosna: esta palabra se refiere a
mandamientos divinos y estiman que ante todas las obras de misericordia, porque da li-
sus diversos méritos de virtud y probidad es mosna no solo el que da de comer al que tie-
leve que les falte la misericordia. Pero esta es ne hambre y otras necesidades por el estilo,
de tanta importancia que sin ella las demás, sino también el que perdona a quien le falta y
aunque existan, para nada sirven. Pues aun- ruega por él, el que corrige a otro [... ] (SAN
que uno sea fiel, casto, sobrio y esté adornado BEDA, en Catena Aurea, vol. VI, p. 49).

647
iVIlSERlCORDlA - MISERICOIW[A DIVINA
A NTOLO GfA DE T D CTOS

3554 El que ama al prójimo debe hacer Frutos de la misericordia


tanto bien a su cuerpo como a su alma, y esto
no consiste solo en acudir al médico, sino 3556 De dos modos podemos llevar la
también en cuidar el alimento, la bebida, el cruz del Señor: o afligiendo a nuestro cuerpo
vestido, la habitación, y proteger el cuerpo con la abstinencia o, por compasión al próji-
contra todo lo que pueda resultar molesto mo, considerando como nuestras sus necesi-
[... ] . Son misericordiosos los que ponen cor- dades. El que se conduele de las necesidades
tesía y humanidad al proporcionar lo necesa- ajenas lleva la cruz en su corazón (SAN GRE-
rio para resistir males y dolores [... ]. ¿No sa- GORIO MAGNO, Hom. 31 sobre los Evang.).
béis que tener misericordia significa hacerse
3557 Todo aquel que por amor se compa-
uno mismo miserable, condoliéndose del
dece de cualquier miseria ajena se enriquece,
otro? (SAN AGUSTÍN, Sobre las costumbres de
no solo con la virtud de su buena voluntad,
la Iglesia Católica, 1,28,56).
sino también con el don de la paz (SAN LEÓN
3555 No hay mejor misericordia que otor- MAGNO, Sermón 6 sobre la Cuaresma) .
gar el perdón a quien nos ha ofendido (SAN-
TO ToMAs, Sobre la caridad, 1. c., p. 226). 3558 El ayuno no da fruto si no es regado
por la misericordia, se seca sin este riego; lo
3555b La caridad con el prójimo, en las que es la lluvia para la tierra, esto es la miseri-
formas antiguas y siempre nuevas de las obras cordia para el ayuno (SAN PEDRO CRISÓLO-
de misericordia corporal y espiritual, repre- GO, Sermón 43).
senta el contenido más inmediato, común y
habitual de aquella animación cristiana del 3559 (La misericordia) es el lustre del alma,
orden temporal, que constituye el compro- la enriquece y la hace aparecer buena y hermo-
miso específico de los fieles laicos OUAN PA- sa. El que piensa compadecerse de la miseria de
BLO I1, Exhort. Apost. Christifideles laici, 30- otro, empieza a abandonar el pecado [... ] (SAN
XII-1998, n. 41). AGUSTÍN, en Catena Aurea, vol. VI, p. 48).

MISERICORDIA DIVINA

1. La misericordia de Dios es la esencia de toda la historia de la Salvación; el porqué de todos


los hechos salvíficos.
Dios es misericordioso, y ese divino atributo es como el motor que guía y hace la historia de
cada hombre. Así, cuando los Apóstoles pretenden resumir la Revelación (cfr. Heb 1, 1-3; El
3,3-12), aparece siempre la misericordia como la esencia de un «plan eterno» gratuito y gene-
rosamente preparado por Dios. Con razón puede el salmista asegurar que de la misericordia
del Señor estd llena la tierra (Sal 33, 5). Podemos decir que la misericordia es la actitud siste-
mática de Dios ante los errores de los hombres. Del mismo modo, el recurso a ella es el reme-
dio universal del que estos disponen.

648
MISERICORDIA DIVINA
F RANC ISCO F ERNÁN D EZ- C ARVAj AL

Con gran frecuencia se hace mención en la Sagrada Escritura de Dios todopoderoso, que ve la
aflicción del pueblo, oye sus clamores, conoce sus angustias y baja a consolarlo (Ex 3, 7 ss); está
siempre misericordiosamente presente.
En una gran variedad de adjetivos aparece la admirable trascendencia de la misericordia divi-
na. Es eterna, es decir, sin límite de tiempo; es inmensa, sin límite de lugar ni de espacio; uni-
versal, sin límite de razas. «La misericordia en sí misma, en cuanto perfección de Dios infini-
to, es también infinita. Infinita, pues, e inagotable es la prontitud del Padre en acoger a los
hijos pródigos que vuelven a casa. Son infinitas la prontitud y la foerza del perdón que brotan
continuamente del valor admirable del sacrificio de su Hijo. No hay pecado humano que pre-
valezca por encima de esta fuerza y ni siquiera que la limite. Por parte del hombre puede limi-
tarla únicamente la falta de buena voluntad, la falta de prontitud en la conversión y en la pe-
nitencia, es decir, su perdurar en la obstinación, oponiéndose a la gracia y a la verdad,
especialmente frente al testimonio de la cruz y de la resurrección de Cristo» QUAN PABLO 11,
Enc. Dives in misericordia, 13).
El campo que abarca la misericordia de Dios es tan amplio como el de las necesidades del
hombre. Toda necesidad física o moral parece conmover a Dios y obligarle a prestar su ayuda
al hombre (cfr. Dt 30, 1-9; 1s 49,8) .
2. Jesucristo es la encarnación de la misericordia de Dios. Vino a perdonar, a reconciliar, a sal-
var. Manso y humilde de corazón, brinda el alivio y el descanso a todos los atribulados (Mt 11,
28 ss). El Apóstol Santiago (5, 11) llama al Señor piadoso y compasivo. En la Epístola a los He-
breos, Cristo es el Pontífice misericordioso (Heb 2, 17); y siempre la misericordia es presentada
como el motivo de la acción salvadora de Dios (Tit2, 11; 1 Pdr 1,3 ... ).
También es ayuda gratuita en toda clase de necesidad (Me 5, 19; 1 COl' 7, 25), como la visita
de la Virgen María a Isabel para acompañarla y ayudarle; o los servicios del buen samaritano
(Le 10, 37). La súplica constante de los leprosos, ciegos, cojos ... a Jesús es: «ten misericordia»
(Mt9 , 27; 15,22; 17, 14; 20, 30; Me 10,47; Le 17,13).
«Obtener misericordia» es también conseguir la salvación. Y esto en un doble plano: en el
tiempo presente (cfr. Rom 11, 30-32), yen el eterno del juicio final (Mt5, 7; 2 Tim 1,18). De
ahí que la misericordia ocupe un lugar preferente en los saludos epistolares, alIado de la gracia
y la paz (I Tim 1,2; 2 Tim 1, 2; etc.).
«El auténtico conocimiento de Dios, Dios de la misericordia y del amor benigno, es una cons-
tante e inagotable fuente de conversión, no solamente como momentáneo acto interior, sino
también como disposición estable, como estado de ánimo. Quienes llegan a conocer de este
modo a Dios, quienes lo "ven" así, no pueden vivir sino convirtiéndose sin cesar a Él. Viven,
pues, in statu conversionis; es este estado el que traza la componente m ás profunda de la pere-
grinación de todo hombre por la tierra in statu viatoris» QUAN PABLO 11, Ene. Dives in miseri-
cordia, 30-XI-80, 13).
El Evangelio según S. Lucas es, todo él, un himno entrañable a la misericordia divina. Basta
recordar los cánticos «Magnificat» y «Benedictus», la preocupación por los necesitados y los
que sufren (Le 4, 18; 7, 22), por los pecadores (Le 5, 31; 7 , 36-50; 19, 1-10; 22, 61; 23,

649
MTSEHJCOnmi\ DlVINi\
A NTOLOGíA DE TE.·( T05

39-43). Particular relieve tienen las conmovedoras parábolas llamadas de la misericordia (Le
15). Se ha dicho de él que es el «evangelio de la misericordia».
3. Existe en ambos Testamentos una urgencia por parte de Dios para que el hombre tenga
sentimientos de misericordia. El supremo argumento es que Dios es misericordioso. Es la ley
de la santidad del Levítico, que en el Nuevo Testamento adquiere la forma especial: Sed miseri-
cordiosos como vuestro Padre es misericordioso (Le 6, 36). La misma idea se inculca en el Padre-
nuestro, y es el eje del mandamiento del amor (Mt22, 37ss;Jn 13,15; 15, 12-17) .

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


.;. Sed misericordiosos como también vuestro Padre es por eso se levanta, para tener misericordia de vosotros,
misericordioso. Le 6, 36. que es Yavé Dios justo, y cuantos se le acogen son bie-
.;. Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, naventurados. Is 30, 18 .
Padre de las misericordias y Dios de toda consolación . .;. Tienes piedad de todos, porque todo lo puedes, y disi-
2 Cor 1, 3. mulas los pecados de los hombres para traerlos a peni-
.;. Dios es rico en misericordia. E/2, 4. tencia. Sflb 11, 24 .
.;. Dios ejercita con todos su misericordia. Rom 11, 32. .;. A todos perdonas, porque son tuyos, Señor amador de
las almas. Sub 11 , 27 .
.;. La misericordia de Dios se derramará de generación
en generación. Le 1, 50. .;. En todas las cosas está tu espíritu incorruptible. Y por
.;. Os ruego encarecidamente, por la misericordia del Se- eso corriges poco a poco a los que caen, y a los que pe-
ñor, que le ofrezcáis vuestros cuerpos, como una hos- can los amonestas, despertando la memoria de su pe-
tia viva, santa y agradable. Rom 12, 1. cado, para que apartándose de la maldad crean, Señor,
en ti. Sub 12, 1-2 .
.;. Por su misericordia, Dios nos ha salvado. Tit 3, 5; 1
Pdr 1,3. .;. Como benigno es un padre para sus hijos, tan compa-
sivo es Dios para con los que le temen. Sfll102, 13 .
.;. Clemente y misericordioso es Yavé, lento a la ira y de
muy gran piedad. Sfll144, 8. .;. Himno a la misericordia divina. Jon7, 18-20.
.;. Pues es más grande que los cielos tu misericordia, y .;. Yjusticia. Ez33, 12-19 .
llega hasta las nubes tu fidelidad . Sflll07, 35. .;. La tierra está llena, ioh Yavé!, de tu piedad; enséñame
.;. Tengo siempre ante mis ojos tus misericordias, y ando tus mandatos. Sfll118, 64 .
en tu verdad. Sfll25, 3. .;. Cuán grande es la misericordia del Señor y su piedad
.;. Por eso os está esperando Yavé, para haceros gracia; para los que se vuelven a Él! Eclo 17, 28 .

SELECCIÓN DE TEXTOS
Supera cualquier medida humana nitivo a toda la tradición vétero-testamenta-
ria de la misericordia divina. No solo habla
3560 (La misericordia es) lo propio de
de ella y la explica usando semejanzas y pará-
Dios, y en ella se manifiesta de forma máxi-
bolas, sino que además, y ante todo, él mis-
ma su omnipotencia (SANTO TOMÁS, Suma
mo la encarna y personifica. Él mismo es, en
Teológica, 2-2, q. 30, a. 4).
cierto sentido, la misericordia. A quien la ve y
3560b Cristo confiere un significado defi- la encuentra en él, Dios se hace concretamen-

650
MISERICORDLI-\ DIVINA
F RANCISCO F ERNÁNDEZ-CARVAj AL

te «visible» como Padre «rico en misericordia» darnos (Sal 35, 8), y continuamente ha sido
OUAN PABLO 11, Enc. Dives in misericordia, confirmada (SaI116, 2). Dios, al ocuparse de
30-XI-1980, n. 2). nosotros como Padre amoroso, nos considera
en su misericordia (Sal 24, 7): una misericor-
3561 Dios se mostró magnánimo ante la
dia suave (Sal 108, 21), hermosa como nube de
caída del hombre y dispuso aquella victoria
lluvia (Eclo (35, 26) (SAN JOSEMAlÚA ESCRI-
que iba a conseguirse por el Verbo. Al mos-
vÁ, Es Cristo que pasa, 7).
trarse perfecta la fuerza en la debilidad, se pu-
so de manifiesto la bondad y el poder admi- 3566 Debemos comprender, si no somos
rable de Dios (SAN IRENEO, Trat. contra las insensatos, los sentimientos de bondad de
herejías, 3). nuestro Padre; Él nos habla, enseñándonos
cómo debemos acercarnos a Él, porque no
3562 Os aseguro que habrd en el cielo gran
quiere que le busquemos por caminos desvia-
alegría por un pecador que se convierta. Con
dos (Epístola de Bernabé, 2) .
este fin, a aquel hombre que cayó en manos
de los ladrones, que lo desnudaron, lo gol- 3567 El mismo Jesucristo, que conocía la
pearon y se fueron dejándolo medio muerto, malicia de los fariseos, condescendió con
Él lo reconfortó, vendándole las heridas, de- ellos para ganarlos, a semejanza de los buenos
rramando en ellas aceite y vino, haciéndole médicos, que prodigan más remedios a los
montar sobre su propia cabalgadura y aco- enfermos más graves (SAN CIRILO, en Catena
modándolo en el mesón para que tuvieran Aurea, vol. VI, p. 46).
cuidado de él, dando para ello una cantidad
3568 ¡Qué grande es la misericordia de
de dinero y prometiendo al mesonero que, a
nuestro Creador! No somos ni siervos dignos
la vuelta, le pagaría lo que gastase de más
y nos llama amigos. ¡Qué grande es la digni-
(SAN MÁXIMO, Carta 11).
dad del hombre al ser amigo de Dios! (SAN
3563 Se da prisa en buscar la centésima GREGORIO MAGNO, Hom. 27 sobre los
oveja que se había perdido [... J. ¡Maravillosa Evang.).
condescendencia de Dios que así busca al
3569 La suprema misericordia no nos
hombre; dignidad grande la del hombre, así
abandona ni aun cuando la abandonamos
buscado por Dios! (SAN BERNARDO, Sermón 1
(SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 36 sobre los
Dom. Adviento, 7).
Evang.).
3564 Como nuestros pecados nos impiden
3570 En ocasiones, Dios no desdeña visi-
en ocasiones dirigirnos a Él, viene Él a noso-
tarnos con su gracia, a pesar de la negligencia
tros: viene a sembrar su palabra misericordio-
y relajamiento en que ve sumido nuestro co-
sa, y lo hace copiosamente (SAN JUAN CRISÓS-
razón [... J. Tampoco tiene a menos hacer na-
TOMO, en CatenaAurea, vol. IV; p. 95).
cer en nosotros abundancia de pensamientos
3565 Si recorréis las Escrituras Santas, espirituales. Por indignos que seamos, suscita
descubriréis constantemente la presencia de en nuestra alma santas inspiraciones, nos des-
la misericordia de Dios: llena la tierra (SaI32, pierta de nuestro sopor, nos alumbra en la
5), se exiende a todos sus hijos, super omnem ceguedad en que nos tiene envueltos la ig-
carnem. (Eclo 18, 12), se multiplica para ayu- norancia, y nos reprende y castiga con cle-

651
MISEIUCORDIA DIV1NA
A NTOLOG IA DE T EXT OS

mencia. Pero hace más: se difunde en nues- ra para ellos [... ]. Porque a los hombres les des-
tros corazones para que siquiera su toque di- tina bienes y, sabiendo y sintiendo esto, los
vino nos mueva a compunción y nos haga sa- hombres son atraídos hacia Él. No irán a Dios
cudir la inercia que nos paraliza (CASIANO, hasta estar seguros de esto. Deben creer que es
Colaciones, 4). no solo omnipotente, sino también misericor-
dioso. La fe está fundada en el conocimiento
Acudir siempre a la misericordia de que Dios es omnipotente; la esperanza lo
de Dios. Confianza está en el conocimiento de que Dios es miseri-
cordioso. Y la presencia de Nuestro Señor y
3571 Todos los que vivimos esta vida mor-
Salvador Jesucristo nos mueve a esperar tanto
tal tenemos nuestras aflicciones. Vosotros te-
como a creer, porque su nombre, Jesús, signifi-
néis vuestras pesadumbres; pero cuando estéis
ca Salvador, y porque fue tan amante, dulce y
afligidos y las olas parezcan elevarse y estar
bondadoso cuando estuvo en la tierra (CARD.
prontas a sumergiros, haced un acto de fe, un
acto de esperanza en vuestro Dios y Salvador.
J. H. N EWMAN, Sermón para el Domingo IV
después de Epifonía).
Os llama Aquel que tiene su boca y sus manos
llenas de bendiciones para vosotros. Dice: Ve- 3574 No conviene a una Misericordia tan
nid a Mí todos los que estáis fotigados y cargados, grande como la vuestra olvidarse de una tan
que yo os aliviaré (Mt 11). Todos los que estáis se- grande miseria como la nuestra (SAN ALFON-
dientos-dice por su profeta- venid a las aguas... SO M a DE LIGORIO , Visitas al Stmo. Sacra-
Nunca entre en vuestra mente la idea de que mento, 16).
Dios es un amo duro, severo. Día llegará, es 3575
Pedid y recibiréis ... (cfr. Mt 7, 7-8):
verdad, en que vendrá como justo Juez, pero lo repite para recomendar a justos y pecado-
ahora es tiempo de misericordia. Beneficiaos de res la confianza en la misericordia de Dios, y
él, aprovechad el tiempo de gracia. Mirad que por eso añade: todo el que pide recibe; es decir,
ahora es el tiempo grato, mirad que ahora es el día
ya sea justo, ya sea pecador, no dude al pedir,
de la salvación (CARD. J. H. NEWMAN, Sermón para que conste que no desprecia a nadie [...].
para el Domingo IV después de Epifonía). No puede concebirse que Dios, cuando man-
3572 .. . En los momentos de angustia he in- da la gran obra de caridad de hacer bien a los
vocado al Señor. .. Libra, oh Señ01; mi alma de enemigos, imponga a los hombres el deber de
los labios mentirosos, de las lenguas que enga- que hagan lo que Él no hiciera, siendo bueno
ñan. ¡Señor!, me refugio en ti (SaI119, 12 Y (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea,
Sa17, 2). Conmueve esta insistencia de Dios, vol. 1, pp. 428-429).
nuestro Padre, empeñado en recordarnos que 3576 Ninguno es suficientemente fuerte
debemos acudir a su misericordia pase lo que por sus solas fuerzas, sino que está seguro por
pase, siempre (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, la misericordia de Dios (SAN CrPRIANO, en
Hom. Lealtad a la Iglesia, 4-VI-1972). CatenaAurea, vol. 1, p. 360).
3573 Recordáis que el endemoniado dijo: 3577 Para caer había muchos amigos que
¿Qué hay entre ti y nosotros, Hijo de Dios?¿Has me ayudasen; para levantarme, hallábame tan
venido aquí a destiempo para atormentarnos? sola que ahora me espanto cómo no me esta-
(Mt 8). La venida de Cristo no era confortado- ba siempre caída, y alabo la misericordia de

652
MISERICORDIA DIVINA
FRANCISCO F ERNÁN D EZ- C ARVA) AL

Dios, que era solo el que me daba la mano 3583 Dios, el pastor supremo y verdadero
(SANTA TERESA, Vida, 7, 8). agricultor, es poderoso tanto para hacer vol-
ver a la oveja al buen camino, como para in-
3578 Te ves tan miserable que te recono-
jertar el sarmiento desgajado (SAN AGUSTíN,
ces indigno de que Dios te oiga ... Pero ¿y los
Sermón 46, sobre fos pastores).
méritos de María? ¿Y las llagas de tu Señor?
Y... ¿acaso no eres hijo de Dios? 3584 No dudéis del perdón, pues por gran-
Además, Él te escucha «quoniam bonus .. . , des que sean vuestras culpas, la magnitud de su
quoniam in saeculum misericordia ejus»: misericordia perdonará, sin duda, la enormi-
porque es bueno, porque su misericordia per- dad de vuestros muchos pecados (SAN ]ERONI-
manece siempre (SAN ]OSEMARíA ESCRIVA, MO, Comentosobre el profeta ¡oel) .
Camino, n . 93). 3585 He aquí que llama a todos los que se
3579 De la misma forma que los cuidados han manchado, desea abrazarlos, y se queja de
del médico se manifiestan en los enfermos, que le han abandonado. No perdamos este
así Dios se manifiesta en los hombres (SAN tiempo de misericordia que se nos ofrece, no
lRENEO, Trat. contra fas herejías, 3). menospreciemos los remedios de tanta piedad
que el Señor nos brinda. Su benignidad llama a
3580 ¿Dónde me esconderé de Dios? los extraviados, y nos prepara, cuando volva-
¿Dónde te esconderás, hermano? En su mis- mos a Él, el seno de su clemencia. Piense cada
ma misericordia. Nadie puede huir de Dios cual en la deuda que le abruma, cuando Dios le
más que refugiándose en su misericordia aguarda y no se exaspera con el desprecio. El
(SAN AGUSTíN, Sermón 351) . que no quiso permanecer con Él, que vuelva; el
3581 Mi único mérito es la misericordia del que menospreció estar firme a su lado, que se
Señor. No seré pobre en méritos mientras Él levante, por lo menos después de su caída [... J.
no lo sea en misericordia. Y porque la miseri- Ved cuán grande es el seno de su piedad, y con-
cordia del Señor es mucha, muchos son tam- siderad que tenéis abierto el regazo de su mise-
bién mis méritos. Y aunque tengo conciencia ricordia (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 33 so-
de mis muchos pecados, donde abundó el peca- bre fos Evang.).
do, sobreabundó la gracia (SAN BERNARDO, Ser- 3586 Él nos ha prometido el perdón de
món sobre el Cantar de los Cantares, 61). los pecados y no puede faltar a su palabra, ya
que, al enseñarnos a pedir que sean perdo-
El pecador y la misericordia divina nados nuestras ofensas y pecados, nos ha pro-
3582 La profundidad del pozo de la mise- metido su misericordia paternal y, en conse-
ria humana es grande; y si alguno cayera allí, cuencia, su perdón (SAN CIPRIANO, Trat.
cae en un abismo. Sin embargo, si desde ese sobre la oración, 18).
estado confiesa a Dios sus pecados, el pozo 3587 Te contemplo, Señor, en aquel patí-
no cerrará su boca sobre él [... J. Hermanos, bulo en el que parecías hallarte sin auxilio al-
hemos de temer esto grandemente [... J. guno, y considero de qué manera envías de-
Desdeñada la confesión de los pecados, no lante a tu reino al buen ladrón en virtud de
habrá lugar para la misericordia (SAN AGUS- tu sublime potestad. Con esta elección nos
TíN, Comento sobre el Salmo 68) . enseñas de un modo bien manifiesto cuánto

653
MISERICORDIA DrvlNA
A NTOLOGfA DE TEXTOS

provecho has producido en los desampara- níamos que ir a Jesús; pero se interponía un
dos, de entre los cuales este fue e! primero doble obstáculo. Nuestros ojos estaban ciegos
que, coronado de gloria, fue constituido, en [... ]. Nosotros yacíamos paralizados en nues-
e! mismo día, ciudadano del paraíso y amigo tra camilla, incapaces de llegar a la grandeza
de la curia ce!estial (PSEUDO-CIPRIANO, De de Dios. Por eso nuestro amable Salvador y
cardinalibus operibus ChriStl). Médico de nuestras almas descendió de su al-
3588 (Dios a todos) los pecadores les pro- tura (SAN BERNARDO, Sermón 1 Dom. Ad-
mete misericordia para que se animen a le- viento, 78).
vantarse (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 34
sobre los Evang.) . María , Madre d e la misericordia
3589 Consideremos cuán grandes son las
3594 Nadie ha experimentado como la
entrañas de su misericordia, que no solo nos
Madre de! Crucificado e! misterio de la cruz,
perdona nuestras culpas, sino que promete e!
e! pasmoso encuentro de la trascendente jus-
reino celestial a los que se arrepienten de ellas
ticia divina con e! amor: e! «beso» dado por la
(SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 19 sobre los
misericordia a la justicia. Nadie como Ella,
Evang.).
María, ha acogido de corazón ese misterio:
3590 Este cometió muchos pecados, y se aquella dimensión verdaderamente divina de
hizo gran deudor; e! otro hizo pocos por ha- la redención, llevada a efecto en e! Calvario
berle llevado Dios de la mano. Si, pues, e! mediante la muerte de su Hijo, junto con el
uno le atribuye la remisión de los cometidos, sacrificio de su corazón de madre, junto con
arribúyale también e! otro e! no haberlos co- su «fiat» definitivo (JUAN PABLO 11, Enc. Di-
metido (SAN AGUSTíN, Sermón 99). ves in misericordia, 9).
3591 Salió un sembrador a sembrar... Se
acercó a nosotros vistiéndose de nuestra car- 3595 María, pues, es la que conoce más a
ne. Como no podíamos penetrar donde Él se fondo e! misterio de la misericordia divina.
hallaba, porque los pecados oponían un mu- Sabe su precio y sabe cuán alto es. En este
ro a nuestro acceso, hubo de venir Él a noso- sentido la llamamos también Madre de la mi-
tros. Y, ¿a qué salió? ¿A destruir la tierra pla- sericordia: Virgen de la misericordia o Madre
gada de espinas? ¿A castigar a los labradores? de la divina misericordia; en cada uno de es-
De ningún modo. Salió a labrarla, a cuidarla tos títulos se encierra un profundo significa-
ya sembrar la palabra de la piedad (SAN JUAN do teológico, porque expresan la preparación
CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 44). particular de su alma, de toda su personali-
dad, sabiendo ver primeramente a través de
3592 ¡Qué cercano está Dios de quien los complicados acontecimientos de Israel, y
confiesa su misericordia! Sí; Dios no anda le-
de todo hombre y de la humanidad entera
jos de los contritos de corazón (SAN AGUS-
después, aquella misericordia de la que «por
TíN, Sermón 11) .
todas las generaciones» nos hacemos partíci-
3593 No suelen los ricos ir a casa de los pes según el eterno designio de la Santísima
pobres, aunque tengan la intención de hacer- Trinidad (JUAN PABLO 11, Enc. Dives in mise-
les algún bien. Éramos nosotros los que te- ricordia, 9).

654
;VTOBTI FI(: -\( ;t()\
FRANC¡, CO FE·RN ÁN D EZ-CARVAJAL

MORTIFICACIÓN

1. Ellos le dijeron: Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oraciones, y asimismo los
de los fariseos; pero tus discípulos comen y beben. Respondióles Jesús: ¿Queréis vosotros hacer ayunar
a los convidados a la boda mientras con ellos está el esposo? Días vendrán en que les será arrebata-
do el esposo; entonces, en aquellos dfas ayunarán (Lc 5, 33-35) .
El Señor declara aquí su divinidad y llama a sus discípulos los amigos del esposo, sus amigos. Es-
tán con Él y no necesitan ayunar. En el Cielo, en la contemplación de Dios, no será tampoco
necesario el ayuno, ni ninguna otra muestra de penitencia. Sin embargo, cuando les sea arre-
batado el esposo, entonces ayunarán. Cuando Cristo no esté visiblemente presente, será necesa-
ria la mortificación para poder verle con los ojos del alma.
La Iglesia de los primeros tiempos conservó la práctica del ayuno, en el espíritu definido por
Jesús. Los Hechos de los Apóstoles mencionan celebraciones de culto acompañadas de ayuno
(cfr. Hech 18, 2 s; 14,22). San Pablo, durante su abrumadora labor apostólica, no se contenta
con sufrir hambre y sed cuando las circunstancias lo exigen, sino que añade repetidos ayunos
(cfr. 2 CorG, 5; 11,27) .
La Iglesia ha permanecido fiel a esta tradición, procurando mediante el ayuno disponernos a
recibir mejor las gracias del Señor. Hemos de practicarlo con fe, acompañado de oración, sa-
biendo que estamos haciendo algo muy grato a Dios.
y, junto al ayuno, otras muestras frecuentes de mortificación, porque si las abandonáramos,
nos dominarían las pasiones y dejaríamos de contemplar al Señor. Por el contrario, cuando el
alma se purifica mediante la mortificación, la vida interior progresa en el trato con Dios, por-
que la mortificación «purifica el alma, eleva el pensamiento, somete la carne propia al espíri-
tu, hace al corazón contrito y humillado, disipa las nebulosidades de la concupiscencia, apaga
el fuego de las pasiones y enciende la verdadera luz de la castidad» (SAN AGUSTÍN, Sermón 13).
Y la fuente de esta mortificación estará ordinariamente en la labor diaria.
En alguna ocasión, el dolor y la mortificación los encontrarnos en una gran dificultad, en una
enfermedad grave y dolorosa, en un desastre económico, en la muerte de un ser querido, en in-
comprensiones, en injusticias graves. Pero lo normal será que nos encontremos con pequeñas
contrariedades que se atraviesan en el trabajo , en la convivencia; puede ser un imprevisto con el
que no contábamos, el carácter de una persona con la que necesariamente hemos de convivil~
planes que hemos de cambiar a última hora, instrumentos de trabajo que se estropean cuando
más nos eran necesarios, dificultades producidas por el frío o el calor, pequeñas incomprensio-
nes, una leve enfermedad que nos hace estar con menos capacidad de trabajo ese día ...
Estas contrariedades pueden ser, cada día, ocasión de crecer en espíritu de mortificación,
paciencia, caridad, santidad en definitiva, o bien pueden ser motivo de rebeldía, de impacien-
cia o de desaliento. La contrariedad -pequeña o grande- aceptada produce paz y gozo en me-
dio del dolor; cuando no se acepta, el alma queda desentonada o con una íntima rebeldía que
sale enseguida al exterior en forma de tristeza o de malhumor.

655
MORTIFICACIÓN
A NTOLOG fA DE TEXTOS

2. Ante las mortificaciones pasivas de cada jornada hemos de tomar una actitud decidida. Nos
ayudará cada mañana considerar que ese día recién estrenado tiene su cruz. El cristiano que va
por la vida rehuyendo e! sacrificio no encontrará a Dios, no encontrará la felicidad. Rehúye,
también, la propia santidad.
Esta disposición abierta ante la mortificación no es fácil mantenerla a lo largo de! día. «Des-
preciar la comida y la bebida y la cama blanda, a muchos puede no costarles gran trabajo. Pe-
ro soportar una injuria, sufrir un daño o una palabra molesta no es negocio de muchos, sino
de POCOs» (SAN JUAN CruS6STOMO, Sobre el sacerdocio, 3).
Las contrariedades aceptadas y ofrecidas a Dios no oprimen, no pesan; por e! contrario, dis-
ponen e! alma para la oración, para ver a Dios.
3. La mortificación interior lleva al control de la imaginación y de la memoria, alejando pen-
samientos y recuerdos inútiles. De modo especial hemos de mortificar los movimientos desor-
denados de! amor propio, de la soberbia y de la sensualidad.
La mortificación debe ser también exterior, con referencia a los sentidos externos: la vista, el
oído, e! gusto, la lengua; evitando, por ejemplo, conversaciones inútiles, murmuraciones, etc.
Mortificación que hace referencia directamente al cuerpo: un poco menos de comodidad, ca-
prichos, etc.
También se manifestará en pequeñas mortificaciones a lo largo de! día, que mantienen e! alma
despierta y alegre y que son e! mejor medio para no caer en la desidia y dejadez espiritual. Mu-
chas de ellas nacen con e! mismo día: levantarnos a la hora prevista, venciendo la pereza en este
primer momento, ofrecimiento de la enfermedad, de! cansancio, trabajo bien hecho y acabado
en sus detalles pequeños, puntualidad, sobriedad en las comidas, contrariedades e imprevistos,
cuidado de las cosas que usamos, orden, frío, calor, guarda de los sentidos, vencimiento de!
propio egoísmo para que los demás estén alegres, sonreír cuando estamos cansados y los demás
necesitan de esa sonrisa, constancia en las tareas que emprendemos, rendir e! propio juicio, li-
mosna, ayuno especialmente en determinadas épocas de! año ... También mortificaciones cor-
porales, con e! oportuno consejo pedido en la dirección espiritual o en la confesión.
Con la mortificación nos elevamos hasta e! Señor; sin ella quedamos a ras de la tierra.

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


.:. En verdad, en verdad os digo, que, si el grano de trigo .;. Cuanto a mí, jamás me gloriaré a no ser en la cruz de
no cae en la tierra y muere, quedará solo; pero si mue- Nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está
re, lleva rá mucho fruto. Jn 12, 24. crucificado para mí y yo para el mundo. Cal6, 14 .
.:. Os digo, pues: Andad en espíritu y no deis sa tisfacción .;. El que ama su vida, la pierde; pero el que aborrece su
a la concupiscencia de la carne. Cal 5 , 16. vida en este mundo, la guardará para la vida eterna. JII
.:. Si padecemos con Él, también con Él viviremos. Si su- 12,25 .
frimos con Él, con Él reinaremos. 2 Tim 2, 1l. .:. Los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne
.:. Mejor que el valiente es el que aguanta, y el que sabe con sus pasiones y concupiscencias. Cal 5, 24 .
dominarse vale más que el que co nquista una ciudad. .:. Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mis-
Prov 16, 32. mo, tome cada dla su cruz y sígame. Le 9.23.

656
MORTlFH :ACIÓN
F RANCISCO FERNANDEz-CARVAjAL

.:. Llevando siempre en el cuerpo la Cruz de Cristo, para .;. Mortificad, pues, vuestros miembros de hombre terre-
que la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. 2 no. CoL3, 5.
Cor4, 10. .:. Necesidad de mortificar la carne y rodas las concupis-
.;. Si viviéreis según la carne, moriréis; mas si con el espí- cencias para tener la vida del espíritu. Rom 6, 12; 8,
ritu mortificáis las obras de la carne, viviréis. Rom 8, 12-13.
13. .:. La verdadera caridad impone privaciones para soco-
rrer al prójimo. 2 Cor8, 2-5 .
.:. Castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que habiendo
predicado a los otros venga yo a ser reprobado. 1 COl' .:. Mortificación de la lengua. Sallt 1, 26; 3, 3-12.
9,27. .:. La mortificación es principio de paz. Sa/lt4, 1-10.

SELECCIÓN DE TEXTOS
Necesidad de la mortificación ni serviría para encaminar en pos de Cristo
los pasos de los hombres. (J. ORLANDIS, Las
3596 (La penitencia) purifica e! alma, e!e-
bienaventuranzas, pp. 7-1-72).
va e! pensamiento, somete la carne propia al
espíritu, hace al corazón contrito y humilla- 3598 Al ser, pues, nocivo para el cuerpo el
do, disipa las nebulosidades de la concupis- demasiado cuidado y un obstáculo para su al-
cencia, apaga e! fuego de las pasiones y en- ma, es una locura manifiesta servirle y mos-
ciende la verdadera luz de la castidad (SAN trarse sumiso con él (SAN BASILIO, Discurso a
AGUSTíN, Sermón 13). los jóvenes).

3597 Tomar la cruz -el cumplimiento 3599 Este gusto por la virtud no se ad-
costoso de! deber o la mortificación cristiana quiere sino a trueque de una profunda con-
asumida voluntariamente- es [... ] compo- trición del corazón y una perfecta mortifica-
nente indispensable del seguimiento de Jesu- ción de los sentidos (CASIANO, Colaciones, 5).
cristo. Si alguno quiere venir en pos de mí -di- 3600 La pureza del alma está en razón di-
ce el Señor- niéguese a sí mismo, tome su cruz recta de la mortificación de! cuerpo. Ambas
cada día y sígame (Lc 9,23) . Estas palabras de van a la par. No podemos, pues, gozar de la
Jesús conservan hoy su vigencia de siempre perpetua castidad si no nos resolvemos a
porque son palabras dichas a todos los hom- guardar una norma constante en la tempe-
bres de todos los tiempos, y expresan una rancia (CASIANO, Instituciones, 5).
condición inexcusable del seguimiento de
Cristo: y el que no toma su cruz y me sigue, no 3601 El resultado de la mortificación debe
puede ser mi discípulo (Lc 14,27). Un cristia- ser el abandono de las malas acciones y de las
nismo del que pretendiera arrancarse la cruz voluntades injustas. Y esto no excusa de prac-
de la mortificación voluntaria y la penitencia, ticarla a quienes están enfermos, pues en un
cuerpo débil puede encontrarse un alma sana
so pretexto de que esas prácticas serían hoy
(SAN LEON, en Catena Aurea, vol. 1, pp. 281-
residuos oscurantistas, medievalismos impro-
282).
pios de una época humanista, ese cristianis-
mo desvirtuado lo sería tan solo de nombre; 3602 ¡Desde el momento en que un cristia-
pero ni conservaría la doctrina del Evangelio no abandona las lágrimas, el dolor de sus peca-

657
~1()HTlFIr: \UÚ'\'
ANTO LOG r" DE TEXTOS

dos y la mortificación, podemos decir que de cosas bajas y viles (TOMÁS DE KEMPIS, Imita-
él ha desaparecido la religión! Para conservar ción de Cristo, !, 6, 1).
en nosotros la fe, es preciso que estemos siem-
3609h La santidad tiene la flexibilidad de
pre ocupados en combatir nuestras inclinacio-
los músculos sueltos. El que quiere ser santo
nes y en llorar nuestras miserias (SANTO CURA
sabe desenvolverse de tal manera que, mien-
DE ARs, Sermón sobre la penitencia) .
tras hace una cosa que le mortifica, omite -si
3603 Donde no hay mortificación no hay no es ofensa a Dios- otra que también le
virtud (SAN JOSEMARfA ESCRIVÁ, Camino, n. cuesta y da gracias al Señor por esta comodi-
180). dad. Si los cristianos actuáramos de otro mo-
do, correríamos el riesgo de volvernos tiesos,
3604 Al decir porque son pocos los que la
encuentran (la senda estrecha), manifiesta la
sin vida, como una muñeca de trapo.
desidia de muchos; y por eso advirtió a los La santidad no tiene la rigidez del cartón: sabe
que le escuchaban que no atendiesen al bie- sonreír, ceder, esperar. Es vida: vida sobrenatu-
nestar de muchos, sino a los trabajos de los ral (SAN JOSEMARfA ESCRfVÁ, FOlja, n. 156).
pocos (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena
La oración acompañada de mortificación
Aurea, vol. 1, pp. 438-439).
3610 Creer que admite a Su amistad a
3605 El sacrificio del cuerpo y su aflicción
gente regalada y sin trabajos es disparate
es acepto a Dios, si no va separado de la peni-
(SANTA TERESA, Camino de perfección, 18,2).
tencia; ciertamente es un verdadero culto a
Dios (CLEMENTE DEALEJANDRfA, Stromata, 5). 3611 Si no eres mortificado, nunca serás
alma de oración (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ,
3606 La Iglesia exige la mortificación ex-
Camino, n. 172).
terna corporal para declarar las virtudes de un
siervo de Dios (BENEDICTO XIV, cfr. De bea-
«Mortificaciones pequeñas ». Algunos
tificacione Sanctorum, II!).
ejemplos y detalles
3607 Quien a Dios busca queriendo con- 3612 Es necesario [... ] ser muy generosas
tinuar con sus gustos, lo busca de noche y, de
[... ] y tener gran valor para despreciar nues-
noche, no lo encontrará (SAN JUAN DE LA
tras malas inclinaciones, nuestro mal humor,
CRUZ, Cdntico espiritual, 3, 3).
nuestras rarezas y sensiblerías, mortificando
3608 Si queremos guardar la más bella de continuamente todo esto en todas las ocasio-
todas las virtudes, que es la castidad, hemos nes (SAN FRANCISCO DE SALES, Pldtica XIV,
de saber que ella es una rosa que solamente Del juicio propio, 1. c.).
florece entre espinas; y, por consiguiente, solo
3613 En la comida no debes sentir disgusto
la hallaremos, como todas las demás virtudes,
cuando los alimentos no sean de tu agrado;
en una persona mortificada (SANTO CURA DE
haz, más bien, como los pobrecitos de Jesucris-
ARs, Sermón sobre la penitencia).
to, que comen de buen grado lo que les dan, y
3609 El que no es perfectamente mortifi- dan las gracias a la Providencia (J. PECCI
cado en sí, pronto es tentado y vencido en -León XIII-, Prdctica de la humildad, 24).

658
F RANCISCO FERNÁNDEZ-CARVAjAL

3614 Difícilmente se refrenarán las pasio- 3618 También es muy cierto que aquel
nes ocultas y más violentas de la carne, si [... ] que ama los placeres, que busca sus comodi-
se es incapaz de mortificar siquiera un poco las dades, que huye de las ocasiones de sufrir,
delicias del paladar (CASIANO, Colaciones, 5) . que se inquieta, que murmura, que reprende
y se impacienta porque la cosa más insignifi-
3615 Un buen cristiano no come nunca cante no marcha según su voluntad y deseo,
sin mortificarse en algo (SANTO CURA DE
el tal, de cristiano solo tiene el nombre; sola-
ARs, Sermón sobre la penitencia). mente sirve para deshonrar su religión, pues
3616 Debe ponerse en guardia contra es- Jesucristo ha dicho: Aquel que quiera venir en
tas tres especies de gula mediante una triple pos de mí, renúnciese a sí mismo, lleve su cruz
observancia. Ante todo, deberá esperar, para todos los días de su vida y sígame (SANTO CURA
comer, la hora fijada; luego, se contentará DE ARs, Sermón sobre la penitencia).
con una cantidad prudente, no permitiéndo- 3619 Prepárate [oo.] a sufrir por nuestro
se llegar hasta el exceso; por último, comerá Señor muchas y grandes aflicciones, y aun
de cualesquiera manjares y especialmente de también el martirio; resuélvete a sacrificarle
los que puedan obtenerse a un precio módico lo que más estimas si quieres recibirle, sea el
(CASlANO, Instituciones, 5). padre, la madre, e! hermano, e! marido, la
3616b Cuídame el ejercicio de una mortifi- mujer, los hijos, tus mismos ojos y tu propia
vida, porque a todo ello ha de estar preparado
cación muy interesante: que tus conversacio-
tu corazón; pero en tanto que la divina Provi-
nes no giren en torno a ti mismo (SAN JOSE-
dencia no te envía tan sensibles y grandes
MARíA ESCRIVÁ, Forja, n. 152).
aflicciones, en tanto que no exige de ti el sa-
361 7 Los cotidianos, aunque ligeros, actos crificio de tus ojos, sacrifícale a lo menos tus
de caridad: el dolor de cabeza o de muelas; las cabellos, quiero decir que sufras con pacien-
extravagancias del marido o de la mujer; el cia aquellas ligeras injurias, leves incomodi-
quebrarse un brazo; aquel desprecio o gesto; dades y pérdidas de poca consideración que
el perderse los guantes, la sortija o el pañuelo; ocurren cada día, pues aprovechando con
aquella tal cual incomodidad de recogerse amor y dilección estas ocasioncillas, conquis-
temprano y madrugar para la oración o para tarás enteramente su corazón y le harás de!
ir a comulgar; aquella vergüenza que causa todo tuyo (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd.
hacer en público ciertos actos de devoción; a la vida devota, 3, 35) .
en suma, todas estas pequeñas molestias, su- 3620 Donde más fácilmente encontrare-
fridas y abrazadas con amor, son agradabilísi- mos la mortificación es en las cosas ordinarias
mas a la divina Bondad, que por solo un vaso y corrientes: en e! trabajo intenso, constante
de agua ha prometido a sus fieles el mar ina- y ordenado; sabiendo que el mejor espíritu de
gotable de una bienaventuranza cumplida. Y sacrificio es la perseverancia por acabar con
como estas ocasiones se encuentran a cada perfección la labor comenzada; en la puntua-
instante, si se aprovechan son excelente me- lidad, llenando de minutos heroicos el día; en
dio de atesorar muchas riquezas espirituales e! cuidado de las cosas, que tenemos y usa-
(SAN FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida mos; en e! afán de servicio, que nos hace
devota, I1I, 35). cumplir con exactitud los deberes más peque-

659
MORTIFICACIÓN - MUERTE
A NTOLOGfA DE TEXTOS

ños; y en los detalles de caridad, para hacer cuenta de lo que sucede en torno. Ni siquiera
amable a todos el camino de santidad en el repara en la presencia de sus hermanos. El in-
mundo: una sonrisa puede ser, a veces, la me- feliz va meciéndose, cual si fueran verdad, en
jor muestra de nuestro espíritu de peniten- las fantasías que soñó despierto (CASIANO,
cia ... Tiene espíritu de penitencia el que sabe Instituciones, 11).
vencerse todos los días, ofreciendo al Señor,
3624 Si haces alguna mortificación extra-
sin espectáculo, mil cosas pequeñas (SAN JO-
ordinaria, procura preservarte del veneno de
SEMAJUA ESCRIvA, en Gran enciclopedia Rialp
la vanagloria, que destruye a menudo todo su
16, 336) .
mérito (J. PECCI -León XIII-, Práctica de la
La mortificación interior humildad, 34).

3621 Mas, me diréis vosotros, ¿cuántas 3625 Es ciertamente imposible que la


clases de mortificaciones hay? Hay dos: una mente no se vea envuelta en múltiples pensa-
es interior, otra es exterior, pero las dos van mientos; pero aceptarlos o rechazarlos sí que
siempre juntas (SANTO CURA DE ARs, Sermón es posible al que se lo propone. Aunque su
sobre la penitencia) . nacimiento no depende enteramente de no-
sotros, está desde luego en nuestra mano el
3622 Si la salud poco firme u otras causas
darles acogida o soslayarlos (con la ayuda de
no permiten a alguno mayores austeridades
la gracia) (CASIANO, Colaciones, 1).
corporales, no por ello le dispensan jamás de
la vigilancia y de la mortificación interior Alegría en la mortificación
(Pfo XII, Enc. Sacra virginitas, 25-III-1954) .
3626 Mortificación no es pesimismo, ni
3623 Así, aunque viva en la soledad o reti-
espíritu agrio (SAN JOSEMARfA ESCRIVA, Es
rado en una celda, la vanidad le hace deam-
Cristo que pasa, 37).
bular con la mente por casas y monasterios, y
le muestra en su fantasía una multitud de al- 3627 (Cuando ayunes, unge tu cabeza y la-
mas que se convierten al imperio y eficacia de va tu cara .. .). Aquí se habla de la costumbre
su palabra. El desgraciado, juguete de tales que existía en Palestina de ungirse la cabeza
quimeras, parece sumergido en un profundo los días de fiesta, y mandó el Señor que cuan-
sueño. De ordinario vive seducido por la dul- do ayunemos nos manifestemos contentos y
zura de estos pensamientos. Absorto en tales alegres (SAN JERÓNIMO, en Catena Aurea,
imágenes, ni advierte lo que hace ni se da vol. I, p. 380).

MUERTE

1. La historia del hombre está definida y determinada por un comienzo y un fin. Lo mismo
que el mundo, el hombre se comprende si examinamos su origen y su fin. Esta peregrinación
debe tener un sentido que solo se alcanza a la luz de la fe. «Mientras toda imaginación fracasa

660
MUERTE
FRANCISCO F ERNAN DEZ- CARVAj AL

ante la muerte, la Iglesia, aleccionada por la Revelación divina, afirma que el hombre ha sido
creado por Dios para un destino feliz situado más allá de las fronteras de la miseria terrestre»
(CONC. VAT. 11, Const. Gaudium et spes, 49).
2. La muerte no admite excepciones: todos hemos de morir, pues todos nacimos manchados
con el pecado original, autor de la muerte: as! como por un hombre entró el pecado en el mundo,
y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos hablan pecado (Rom
5, 12). Y un día nos tocará a nosotros, pues «lo mismo muere el justo y el impío, el bueno y el
malo, el limpio yel sucio, el que ofrece sacrificios y el que no. La misma muerte corre para el
bueno que para el que peca. El que jura, lo mismo que el que teme el juramento. De igual
modo se reducen a pavesas y a cenizas hombres y animales» (SAN JERÓNIMO, Epístola 39). To-
do acabará: cada cosa a su hora. El mundo y lo que en él hay está abocado a un fin.
3. La meditación de nuestro final en este mundo nos hace reaccionar ante la tibieza, ante la
desgana en las cosas de Dios», ante el apagamiento a una vida cómoda y materialista. Nos
ayuda a santificar el trabajo y a comprender que esta vida es un tiempo, corto, para merecer.
Cualquier día puede ser el último nuestro. Hoy habrán muerto miles de personas en circuns-
tancias diversísimas; no imaginaron que ya no tendrían más tiempo para merecer. «No soy na-
da. Se me ha enviado para hacer número; ni se me necesitaba, ni la función hubiera dejado de
representarse aunque yo me hubiera quedado tras los bastidores ...
»¡Qué lugar tan pequeño ocupamos en el mundo!» (BOSSUET, Sermón de la muerte). Solo
cuando estamos cerca de nuestro Padre Dios comprendemos el inmenso valor de la vida y la
importancia de aprovechar el tiempo de cara a la eternidad.
Puede ayudarnos mucho considerar serenamente que en cualquier día puede llegar nuestro fin
y que, en cualquier caso, ese momento «no puede estar muy lejos» (SAN JERÓNIMO, Epístola
39). y sabiendo que nos dirigimos tan deprisa hacia el Señor, le pediremos frecuentemente
con toda la Iglesia: «acuérdate, jesús piadoso, de que he sido la causa de tu obra; no me pierdas en
aquel día ... justo juez de los castigos: concédeme el perdón; antes del día en que he de dar cuenta»
(Misa de difontos, Secuencia).
La amistad con Jesucristo, el sentido cristiano de la vida, el sabernos hijos de Dios, nos permi-
tirán ver y aceptar la propia muerte con toda serenidad: será el encuentro con nuestro Padre
Dios, a quien hemos procurado servir a lo largo de esta vida.

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


.:. Por un hombre entró e! pecado en e! mundo, y por e! e! espíritu, para que descansen de sus trabajos, pues
pecado la muerte. Rom 5, 12. sus obras los acompañan. Apoe 14, 13 .
.:. El estipendio de! pecado es la muerte. Rom 6, 23. .:. Es cosa preciosa a los ojos de Yahvé, la muerte de sus
.:. Es tá decretado a los hombres morir una sola vez, y justos. Sal 115, 15 .
después e! juicio. Heb 9,27. .:. Pues sabemos que, si la tienda la nuestra mansión te-
.:. Bienaventurados los que mueren en e! Señor; sí, dice rrena se deshace, tenemos de Dios una sólida casa, no

661
lVIUERTE
ANTOLOGfA DE T EXTOS

hecha por manos de hombres, eterna, en los cielos, 2 .:. Como vestido, se envejece toda la carne, porque esta
Cor 5, l. es la ley de! principio: que has de morir. Como las ho-
.:. Cuando se dicen; «paz y seguridad» entonces, de im- jas verdes de un árbol frondoso, que unas caen y otras
proviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores de! brotan, así es la generación de la carne y de la sangre:
parto a la preñada. 1 Tes 5, 3. unos mueren y otros nacen . Toda obra humana se car-
come, al fin acaba, y tras ella se va e! que la hizo. Eclo
.:. No sabéis cuál será nuestra vida mañana, pues sois hu- 14, 18-20.
mo que aparece un momento y al punto se disipa. 1
.:. El número de los días de! hombre, cuando mucho,
Pd,.4,14.
son cien años; como una gota de agua en e! mar, como
.,. No queremos, hermanos, que ignoréis lo tocante a la un grano de arena, así son sus pocos años a la luz de!
suerte de los muertos, para que no os aflijáis como los día de la eternidad. EcLo 18, 8.
demás que carecen de esperanza. Pues si creemos que
.:. No te presentes ante e! Señor con las manos vacías.
Jesús murió y resucitó , así también Dios (Padre) to-
EcLo35, 6; Ex 23, 15.
mará consigo por Jesús a los que durmieron en Él. 1
Tes 4, 13. .:. Las almas de los justos están en las manos de Dios, ye!
tormento no los alcanzará. A los ojos de los necios
". Una es la entrada para todos en la vida, e igual la sali- aparecen haber muerto, y su partida es tenida por des-
da. 5ab 7, 6. dicha. Su salida de entre nosotros, por aniquilamien-
.:. No temas e! fallo de la muerte, acuérdate de los que te to; pero están en paz. Pues, aunque a los ojos de los
precedieron y de los que te seguirán, y que este es e! hombres fueron atormentados, su esperanza está llena
juicio de! Señor sobre toda carne. EcLo 4 1,5. de inmortalidad. 5ab 3, 1-4.

SELECCIÓN DE TEXTOS
El pecado y el misterio d e la muerte realidad para ti la muerte sino la sepultura de
los vicios y la resurrección de las virtudes?
3628 La muerte no es solo una necesidad
(SAN AMBROSIO, Trat. sobre el bien de la
natural. La muerte es un misterio [... ]. Cristo
muerte).
Hijo de Dios aceptó la muerte como necesi-
dad de la naturaleza, como parte inevitable 3631 Oh muerte, qué amargo es tu recuerdo
de la suerte del hombre sobre la tierra. Jesu- para el que vive tranquilo con sus posesiones,
cristo aceptó la muerte como consecuencia para el hombre contento que prospera en todo y
del pecado. Desde el principio, la muerte está tiene salud para gozar de los placeres (Ecl41,
unida al pecado [ ... ]. Jesucristo aceptó la 1). Temen mucho la muerte porque aman
muerte para vencer al pecado OUAN PABLO mucho la vida de este mundo y poco la del
I1, Hom. 28-I1-1979). otro. Pero el alma que ama a Dios vive más
en la otra vida que en esta, porque el alma vi-
El cristiano no d ebe t en er miedo ve más donde ama que donde anima (SAN
a la muerte JUAN DE LA CRUZ, Cdntico espiritual, 11, 10).

3629 Mi mayor bien es morir y ser llevado 3632 [... ] Cuando venga la muerte, que
vendrá inexorable, la esperaremos con júbilo
a Dios para que amanezca en él (SAN IGNACIO
como he visto que han sabido esperarla tantas
DE ANTIOQUfA, Epístola a los Romanos, 1,2).
personas santas, en medio de su existencia or-
3630 No te perturbe el oír el nombre de dinaria. Con alegría: porque, si hemos imita-
muerte, antes bien, deléitate en los dones que do a Cristo en hacer el bien -en obedecer y
te aporta este tránsito feliz. ¿Qué significa en en llevar la Cruz, a pesar de nuestras mise-

662
lVTUERTE
FRANCISCO F ERNÁN DEZ-CARVAJAL

rias-, resucitaremos como Cristo: surrexit el tiempo, en el lugar y del modo que más
Dominus vere! (Le 24, 34), que resucitó de convenga ..., enviada por tu Padre-Dios.
verdad (SAN JOSEMARfA ESCRIVÁ, Es Cristo -¡Bienvenida sea nuestra hermana la muerte!
que pasa, 21). (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Camino, n. 739).
3633 ... y les dijo: Retiraos, porque no está 3637 El que está lejos de su patria es natu-
muerta la niña, sino dormida. Estas palabras ral que tenga prisa por volver a ella. Para no-
[... ] nos enseñan, además, que no debemos te- sotros, nuestra patria es el paraíso; allí nos es-
ner miedo a la muerte; porque Él mismo había pera un gran número de seres queridos, allí
de morir, y valiéndose de la muerte de otros nos aguarda el numeroso grupo de nuestros
(como sucedió también con Lázaro: Nuestm padres, hermanos e hijos, seguros ya de su
amigo Lázam duerme), inspira confianza a sus suerte, pero solícitos aún de la nuestra (SAN
discípulos, y les enseña a sufrir con valor la CrPRlANO, Trat. sobre la muerte, 18).
muerte. Porque, desde su venida, la muerte no
es más que un sueño (SAN JUAN CRlS6STOMO, 3638 Si tienes miedo a la muerte, ama la
en CatenaAurea, vol. Ir, p. 33). vida. Tu vida es Dios, tu vida es Cristo, tu vida
es el Espíritu Santo. Le desagradas obrando
3634 No tiene gran importancia escapar a mal. No habita Él en templo ruinoso, no entra
la muerte si es por poco tiempo y hay que en templo sucio (SAN AGUSTÍN, Sermón 161).
morir después; pero gran cosa es escapar a la
muerte de manera definitiva, como ocurre 3638b Si alguna vez te intranquiliza el pen-
con nosotros, por quienes Cristo nuestra Pas- samiento de nuestra hermana la muerte, por-
cua se ha inmolado (ORíGENES, Hom. para el que ¡te ves tan poca cosa!, anímate y conside-
tiempo Pascual) . ra: ¿qué será ese Cielo que nos espera, cuando
toda la hermosura y la grandeza, toda la feli-
3635 En Cristo, la muerte ha perdido su cidad y el Amor infinitos de Dios se viertan
poder, le ha sido arrebatado su aguijón, la en el pobre vaso de barro que es la criatura
muerte ha sido derrotada. Esta verdad de humana, y la sacien eternamente, siempre
nuestra fe puede parecer paradójica, cuando a con la novedad de una dicha nueva? (SAN Jo-
nuestro alrededor vemos todavía hombres SEMARÍA ESCRlvÁ, Surco, n. 891).
afligidos por la certeza de la muerte y con-
fundidos por el tormento del dolor. Cierta- 3639 El hombre nace al mundo para el
mente el dolor y la muerte desconciertan al trabajo, y los elegidos pasan del mundo al
espíritu humano y siguen siendo un enigma descanso por la muerte (SAN BEDA, en Cate-
para aquellos que no creen en Dios, pero por na Aurea, vol. IV, p. 150).
la fe sabemos que serán vencidos, que la vic- 3640 El mejor favor que podéis hacerme
toria se ha logrado ya en la muerte y resurrec- es dejar que sea inmolado para Dios, mien-
ción de Jesucristo, nuestro redentor QUAN tras el altar está aún preparado: así, unidos
PABLO Ir, Hom. 16-Ir-1981).
por la caridad en un solo coro, podréis cantar
3636 No tengas miedo a la muerte. al Padre por Cristo Jesús, porque Dios se ha
-Acéptala, desde ahora, generosamente . . . , dignado hacer venir al obispo de Siria desde
cuando Dios quiera ... , como Dios quiera ... , el Oriente hasta Occidente. ¡Qué hermoso es
donde Dios quiera. -No lo dudes: vendrá en que el sol de mi vida se ponga para el mundo

663
Ml1EnTE
A NT OLO C fA DE T EXTOS

y vuelva a salir para Dios! (SAN IGNACIO DE deja caer pieza a pieza ese viejo edificio de tu
ANTIOQUlA, Carta a los Romanos, 1). cuerpo, es que quiere devolvértelo en mejor
estado, es que quiere reconstruirlo con mejor
Más allá de la muerte estilo: poco tiempo estará bajo el imperio de
la muerte, pero no dejará nada entre sus ma-
3641 No quedará sobre la tierra ni una se-
nos excepto la mortalidad [... ]. Como un vie-
ñal de lo que somos: la carne cambiará de na-
jo edificio irregular que se desecha para
turaleza; el cuerpo recibirá otro nombre; «in-
levantarlo de nuevo con un orden arquitectó-
cluso el nombre de cadáver no le durará por
nico más hermoso, así Dios deja caer en la
mucho tiempo; se convertirá -dice Tertulia-
ruina esta carne descompuesta por el pecado
no- en no sé qué cosa que no tiene nombre
y la codicia, para rehacerla a su modo y según
en ninguna lengua»: tan verdad es que todo
el primitivo plan de la creación: tiene que re-
muere en él, hasta los mismos términos fúne-
ducirse a polvo porque ha servido al pecado
bres con los que se nombraban sus restos
(BOSSUET, Sermón sobre la muerte, 1. c., t. rv,
mortales (BOSSUET, Sermón sobre la muerte,
p.279).
1. c., t. rv, p. 279).
3642 La muerte no es un punto final, es Nos espera el Señor
un tránsito. Al acabar nuestro viaje en el 3646 ¡Qué gran dignidad y seguridad, sa-
tiempo, viene el paso a la eternidad (SAN 0- lir contento de este mundo, salir glorioso en
PRIANO, Tratado sobre la muerte, 22). medio de la aflicción y la angustia, cerrar en
3643 Aunque mis amigos mueran, no un momento estos ojos con los que vemos a
muere mi amistad; antes bien, si algún cambio los hombres y el mundo para volverlos a abrir
se verifica es para que renazca más viva y firme enseguida y contemplar a Dios! (SAN OPRIA-
entre las cenizas, como una especie de fénix NO, Trat. a Fortunato, 13).
místico, pues, si bien las personas a quienes 3647 Llegará aquel día, que será el último
amo son mortales, lo que sobre todo amo yo y que no nos causa miedo: confiando fir-
en ellas es inmortal (SAN FRANCISCO DE SALES, memente en la gracia de Dios, estamos dis-
Epistolario, fragm. 112,1. c., p. 746). puestos desde este momento, con generosi-
3644 Misericordiosa conducta del que so- dad, con reciedumbre, con amor en los
corre nuestras necesidades. Existe el propósi- detalles, a acudir a esa cita con el Señor lle-
to [.. .] de rehacer la casa que nos han dado: vando las lámparas encendidas. Porque nos
mientras que la destruye y derriba para reha- espera la gran fiesta del Cielo (SAN JOSEMA-
RÍA ESCRlvÁ, Amigos de Dios, 40).
cerla de nuevo, nosotros tenemos que deso-
cuparla. Él mismo nos ofrece su palacio; nos 3648 Tu luz es tu Dios, él es tu aurora,
concede una habitación para que esperemos porque a ti vendrá después de la noche de es-
con calma la reparación completa de nuestro te mundo (SAN AGUSTÍN, Trat. Evang. S.
antiguo edificio (BOSSUET, Sermón sobre la Juan, 17) .
muerte, 1. c., t. rv, p. 279) .
3649 El cristianismo es un programa lleno
3645 Consuélate, alma: si este divino ar- de vida. Ante la experiencia cotidiana de la
quitecto que ha emprendido tu reparación muerte, de la que se hace partícipe nuestra

664
MIJERTE
F RANC ISCO FERNÁN D EZ-CARVAj AL

humanidad, repite incansablemente: Creo en JUAN CRISOSTOMO, en CatenaAurea, vol. VI,


la vida eterna. Y en esta dimensión de vida se p.249).
encuentra la realización definitiva de! hom-
3653 Si uno tuviera un hermano rey y se
bre en Dios mismo: Sabemos que... seremos se- hallara lejos de él, desearía marchar, encon-
mejantes a Él, porque le veremos tal cual es (1 trarse y vivir con él. Siendo Cristo hermano
Jn 3, 2) GUAN PABLO II, Hom. en el cemente- nuestro, debemos desear estar con Él, reunir-
rio de Roma, 1-XI-1979). nos con Él [: .. ]. El Apóstol sentía deseos de
3650 Mi amor está crucificado y ya no morir y estar con Cristo; estos deseos crecen
queda en mí e! fuego de los deseos terrenos; en nosotros al considerar su Encarnación
únicamente siento en mi interior la voz de un (SANTO TOMAs, Sobre el Credo, 3,1. c., p. 60).
agua viva que me habla y me dice: «Ven al Pa- 3654 Solo la virtud es la que acompaña a
dre» (SAN IGNACIO DE ANTIOQUfA, Carta a los difuntos; únicamente nos sigue la caridad
los Romanos, 4, 1-2). [... ] (SAN AMBROSIO, en Catena Aurea, vol.
VI, p. 86).
3651 No lo olvidéis nunca: después de la
muerte, os recibirá e! Amor. Y en e! amor de 3655 La muerte separa el alma de! cuerpo,
Dios encontraréis, además, todos los amores pero no cambia las disposiciones de aquella
limpios que habéis tenido en la tierra. El Se- (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea,
ñor ha dispuesto que pasemos esta breve jor- vol. 1, p. 454).
nada de nuestra existencia trabajando y, co- 3656 Para que los hombres encuentren al-
mo su Unigénito, haciendo el bien (Hech 10, go en su mano después de la muerte, deben
38). Entretanto, hemos de estar alerta, a la es- poner antes de ella sus bienes en manos de los
cucha de aquellas llamadas que San Ignacio necesitados (SAN GREGORIO MAGNO, en Ca-
de Antioquía notaba en su alma, al acercarse tena Aurea, vol. VI, p. 230).
la hora de! martirio: ven al Padre, ven hacia
tu Padre, que te espera ansioso (SAN JOSEMA- Nuestras obras a la luz de la muerte
RÍA ESCRIVA, Amigos de Dios, 221).
3657 ¿Quién se acordará y quién rogará
por ti después de muerto? Ahora, ahora, her-
La muerte revela la riqueza o la pobreza
mano, haz lo que pudieras, que no sabes
interior de cada hombre cuándo morirás, ni qué te acaecerá después
3652 Así como en los teatros, cuando to- de la muerte. Ahora que tienes tiempo, allega
do se acaba y los que representan se retiran y espirituales riquezas inmortales y no tengas
se quitan e! traje, los que antes parecían reyes demasiado cuidado, salvo de tu salvación y
o pretores aparecen ahora tal y como son con de las cosas de Dios. Hazte amigo de los san-
todas sus miserias, así, cuando viene la muer- tos, hóntalos imitando sus obras, para que
te y concluye e! espectáculo de esta vida, de- cuando salieras de esta vida te reciban en las
puestos los disfraces de la riqueza y de la po- moradas eternas (TOMAs DE KEMPIS, Imita-
ción de Cristo, 1, 23, 7).
breza, solo por sus obras se juzga quiénes son
verdaderamente ricos y quiénes pobres; quié- 3658 Las cosas están tocando a su térmi-
nes dignos y quiénes indignos de gloria (SAN no, y se nos proponen juntamente estas dos

665
MUERTE
ANTOLOGIA DE TEXTOS

cosas: la muerte y la vida, y cada uno irá a su ofrece sacrificios y el que no. La misma suerte
propio lugar. Es como si se tratara de dos mo- corre para e! bueno que para e! que peca. El
nedas, una de Dios y otra de! mundo, que que jura lo mismo que quien teme e! jura-
llevan cada una grabado su propio cuño (SAN mento. De igual modo se reducen a pavesas y
IGNACIO DE ANTIOQUíA, Carta a los Magne- a cenizas hombres y animales (SAN JER6NI-
sios, 1). MO, Epístola 39).
3659 Cuando llega e! anochecer ordena a 3663 Asistimos todos los días a la muerte
su pagador que les convoque y les dé sus jor- de muchos, celebramos sus entierros y fune-
nales por e! día transcurrido. El significado rales y seguimos prometiéndonos larga vida
de esto está muy claro. El dueño de la viña es (SAN AGUSTÍN, Sermón 17 ).
Nuestro Señor y Salvador. Nosotros somos
3664 Es absolutamente cierto que llegará
los trabajadores. El atardecer es la hora de la
nuestro último día, pero ignoramos de! todo
muerte, cuando cada uno de nosotros recibi-
cuándo, dónde y cómo será; solo sabemos,
rá la retribución por nuestro trabajo si hemos
como se ha dicho, que «la muerte está en el
trabajado bien [... ].
umbral de los ancianos y al acecho de los jó-
La hora de la muerte está bien descrita como
venes »... Y, como está acechando, debemos
un anochecer. En e! anochecer hay algo espe-
prepararla más, ya que no podemos ni verla
cialmente solemne y tranquilo, que represen-
ni librarnos de ella. Por lo tanto, la única se-
ta adecuadamente la hora de la muerte
guridad es no considerarse nunca seguro
(CARD. J. H. NEWMAN, Domingo de Septua-
(BEATO GUERRIC, Sermón 3. o para el Advien-
gésima, Sermón del juicio).
to,1. c., p. 119).
3660 Cuando viniere aquella hora postre-
3665 ¡Oh loco!, ¿por qué piensas vivir
ra, de otra manera comenzarás a sentir de to-
mucho, no teniendo un día seguro? ¡Cuántos
da tu vida pasada, y mucho te dolerás porque
han sido engañados y sacados del cuerpo
fuiste tan negligente y perezoso. ¡Cuán biena-
cuando no lo pensaban! ¿Cuántas veces oíste
venturado y prudente es e! que vive de tal
contar que uno murió a espada, otro se aho-
manera cual desea ser hallado en la muerte!
gó, otro cayó de lo alto y se quebró la cabeza,
(TOMÁS DE KEMPIS, Imitación de Cristo, 1,
otro comiendo se quedó pasmado, a otro ju-
23,2).
gando le vino su fin? Uno muere a fuego,
otro a hierro, otro con pestilencia, otro a ma-
Todos hemos de morir, y es incierto
nos de ladrones, y así la muerte es el fin de
el día de la muerte
todos, y la vida de los hombres pasa como
3661 Como los médicos, cuando diagnos- una sombra (ToMÁs DE KEMPIS, Imitación de
tican una enfermedad y la encuentran mor- Cristo, I, 23, 6).
tal, sentencian: «De esta muere; no hay esca-
pe», así, desde que nace e! hombre, hay que Aceptación de la muerte
diagnosticar: «No hay escape» (SAN AGUSTfN, de las personas queridas
Sermón 92).
3666 [... ] en las pérdidas temporales toque
3662 Lo mismo muere e! justo ye! impío, Dios y pulse por donde quiera, yen la cuerda
e! bueno y e! malo, e! limpio y e! sucio, el que que Él escoja de nuestro laúd nunca dejará de

666
MUERTE
FRANCISCO FERNÁNDEZ-CARVAjAL

producir una buena armonía. Jesús, Señor, CRlVÁ, Hoja informativa n.O 1, del proceso de
sin reservas, sin excepción, sin limitación, há- beatificación de este Siervo de Dios, p. 4).
gase tu voluntad sobre padre, sobre madre,
sobre hija, en todo y siempre. Es útil considerar la realidad
Aunque Dios nos lo quite todo, nunca nos de- de la muerte y la brevedad de la vida
jará sin Él, mientras no lo queramos. Pero hay 3669 Si así pensáramos al levantarnos ca-
más; nuestras pérdidas y separaciones no son da día por la mañana, no consideraríamos
más que por breve plazo (SAN FRANCISCO DE que hemos de llegar vivos a la noche, y al
SALES, Epistolario, fragm . 19,1. c., p. 653) . acostarnos no tendríamos por seguro que va-
mos a levantarnos por la mañana; así es de in-
La vida pasa d e prisa
cierta nuestra vida (SAN ATANASIO, Vida de S.
3667 Esta renovación continua del género Antonio, 19) .
humano, quiero decir los niños que nacen, a
3670 Por no pensar con frecuencia en
medida que crecen y avanzan, parece que nos
nuestra última hora, cometemos muchos pe-
empujan por las espaldas y nos dicen: Reti-
cados; porque si pensáramos que el Señor ha
raos, ahora nos toca a nosotros. Así como no-
de venir y que nuestra vida ha de concluir
sotros vemos que otros pasan, también otros
pronto, pecaríamos menos (TE6FILO, en Ca-
nos verán pasar, yesos darán a sus sucesores
tena Aurea, vol. VI, p. 111) .
el mismo espectáculo (BOSSUET, Sermón sobre
la muerte, 1. c., t . IV, p. 266) . 3671 Si alguno vive como si hubiese de
morir todos los días, porque es incierta nues-
3668 Este mundo, mis hijos, se nos va de
tra vida por naturaleza, no pecará, puesto que
las manos. No podemos perder el tiempo,
el temor grande apartará la mayor parte de
que es corto [... ]. Entiendo muy bien aquella
los malos deseos; yal contrario, el que se pro-
exclamación que San Pablo escribe a los de
meta una vida larga se llenará de ellos (SAN
Corinto: tempus breve est, ¡qué breve es la du-
ATANASIO, en CatenaAurea, vol. VI, p. 83).
ración de nuestro paso por la tierra! Estas pa-
labras, para un cristiano coherente, suenan en 3672 El monje debería darse al ayuno co-
lo más íntimo de su corazón como un repro- mo si tuviera que vivir cien años. Y debería
che ante la falta de generosidad, y como una refrenar las pasiones de su alma, olvidar las
invitación constante para ser leal. Verdadera- injurias, ahuyentar la tristeza y menospreciar
mente es corto nuestro tiempo para amar, pa- el dolor y la desazón, como si tuviera que
ra dar, para desagraviar (SAN JOSEMAIÚA Es- morir cada día (CASIANO, Instituciones, 5).

667
OBEDIENCIA

1. El Antiguo Testamento considera como virtud básica y fundamental la obediencia a Dios:


Teme a Dios y guarda sus mandamientos porque eso es el todo del hombre (Ecl12, 13). La obe-
diencia vale más que el sacrificio (I Sam 15, 22). A los padres y a los superiores se les debe
obediencia en atención a Dios (Ecl3 , 5 ss).
El Nuevo Testamento nos presenta el ejemplo de la perfectísima obediencia de Cristo a su Pa-
dre celestial Un 4, 34; Rom 5, 19; 2, 8), a sus padres terrenos y a las autoridades (Le 2, 51; Mt
17,26). Los Apóstoles establecieron el principio: Hay que obedecer a D~os antes que a los hom-
bres (Hech 5, 29). Por otra parte, recomiendan encarecidamente la obediencia a la autoridad
humana (Rom 13, 1; Ef6, 1; 1 Pdr 2, 13).
La misma Iglesia ha sido fundada sobre la obediencia: Quien os escucha a vosotros, me escucha a
mí; y quien os rechaza a vosotros, a mí me rechaza (Le lO, 16; cfr. Rom 15, 8; Heb 13, 17) . Ella
ha atestiguado desde siempre el valor moral y la eficacia salvadora de esta virtud.
Por otra parte, el Señor nos enseña que obedecer a sus palabras es manifestar que se le ama: el
que me ama guardará mi palabra. El que no me ama no guardará mis palabras (cfr. Jn 14 ,
23-29) Es una advertencia clara que no admite acomodadas interpretaciones.

2. El cristiano ha de rechazar la tentación de interpretar la obediencia como algo propio de


personas con escasa madurez. Quienes piensan así no han considerado que Cristo se hiz o obe-
diente hasta la muerte, y muerte de cruz (Flp 2, 8), Y que «con su obediencia realizó la reden-
ción» (CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, n. 3). El Señor obedece por amor; ese es el sen-
tido de la obediencia cristiana: la que se debe a Dios y sus mandamientos, la que se debe a la
Iglesia, a los padres, la que de un modo u otro rige en la vida profesional, social, etc. Dios no
quiere servidores de mala gana, sino hijos que quieran cumplir su voluntad con alegría.
Es necesario tener en cuenta que, cuando la voluntad se somete por la obediencia sacrifica la
libre elección de los actos, pero no renuncia a su verdadera libertad. Esta se conserva en la de-
terminación radical y firme de escoger lo bueno y lo verdadero. La cuerda que une al alpinista
con sus compañeros de escalada no es atadura que perturbe, sino vínculo que evita la caída en
el abismo. Los ligamentos que unen las partes del cuerpo no son ataduras que impiden los
movimientos, sino garantía de que estos se realicen con soltura y firmeza.
La verdadera libertad se ve amenazada ordinariamente: por la sensualidad desordenada, la es-
trechez de pensamiento originada en el egoísmo y en la voluntad individual. Estos obstáculos
son eliminados con la obediencia que eleva y ensancha la propia personalidad. La obediencia
lleva también consigo la purificación del carácter y la paz del alma, frutos especiales del sacri-

669
OBEDIENCL\.
ANTOLOG(A DE TEXTOS

frcio de la propia voluntad. Sirviendo a Dios a través de la obediencia se adquiere la verdadera


libertad: Deo servire, regnare esto
3. El espíritu de obediencia no cabe en quien está dominado por la soberbia. Solo el humilde
se siente gustosamente sometido a otro criterio distinto del suyo -el de Dios- al que debe
ajustar sus actos.
El que no es humilde rechazará abiertamente el mandato unas veces, y otras lo aceptará apa-
rentemente, pero en realidad no le dará cabida en su corazón, porque lo someterá a discusión
crítica y limitaciones, y perderá el sentido sobrenatural que tiene esta virtud.
La humildad permite realizar, hasta en los menores detalles, los mandatos. El humilde se sien-
te gozosamente libre al obedecer.
La verdadera obediencia -dice Santo Tomás- ha de ser sobrenatural, interna, pronta, alegre,
humilde y discreta (cfr. Suma Teológica, 2-2, qq. 104 Y 105; q. 108, aa. 5 y 8).

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


.:. Jesús, durante su estancia en Nazaret, obedecía a José .;. Cómo Pablo es obedecido por sus compañeros. Heeh
y a María. Le 2, 5 1. 2 1, 14- 15.
.:. Obediencia de María al serie comunicado el misterio .:. Obediencia de nuestro Señor a su Padre Dios. Rom 5,
de la Encarnación. Le 1,35-38. 19.
.;. Fruto de la obediencia de María: su maternidad divi- .:. Por la obediencia ha resca tado Nuestro Señor a los
na. Le 1, 35, 38. hombres. Rom 5, 19.
.:. Nuestro Seño r ve en los que cumplen la voluntad de .:. Todos los que obedecen al Espíritu Santo son los hijos
Dios a su mad re y a sus hermanos. Mt 12, 48-50; Me de Dios. Rom 8, 14.
3, 33-35; Le 8, 21. .:. La obediencia de los primeros cristi anos se hizo noto-
.;. Obediencia de José al ángel. Mt 1, 18-25; 2, 13-14. ria en todo el mundo, por lo cual los alaba San Pablo.
Rom 16, 19 .
.;. Obedienci a de José y María al decreto de César Au-
gusto. Le2, 2-5. .:. La obedien cia debe ser efectiva. Parábola de los hijos
enviados a la viña. Mt 2 1, 28-3 1.
.:. Obedi enci a de José y María a la Ley judaica. Le 2,
.:. Dios Padre otorga al Esp íritu Santo a los que obede-
21-24.
cen. Heeh 5, 32 .
.:. Obediencia de los Magos a la inspiración de Dios. Mt
.:. H emos de obedecer a Dios antes que a los hombres.
2, 1- 12.
Heeh 5,29 .
.'. La obediencia debe ser norma de todos nuestros actos.
.:. Hijos, obedeced a los padres en todo. CoL3, 20.
Mt3, 13- 16;JII13 , 3-9.
.:. Obedeced a vuestros superiores y estadles sujetos, que
.:. Obediencia a la vocación . Mt4, 18-22; 9, 9; Me 1, ellos velan sobre vuestras almas como quien ha de dar
16-20; 2,13-14; Le5, 27-28. cuenta de ellas, para que lo hagan con alegría y sin
.:. Obediencia del diácono Felipe. Heeh 8,26-27. queja, que esto sería para vosotros sin utilidad. Hee"
.;. Obediencia de Saulo. Heeh 9,5-9. 13, 17 .
.;. Aquel, pues, que escucha mis palabras y las pone por
.:. Obedienci a de Ananías. Heeh 9, 11 - 17.
obra, será el varón prudente, que edifica su casa sobre
.;. Obediencia del Centurión Cornelio. Heeb 10, 7-9. toca. Mt7, 24 .
.:. Obediencia de Pablo a una orden recibida en sueños .:. Se humilló haciéndose obediente hasta la muerte, y la
en Tróade. Heeh 16, 9-10. muerte de cruz. FLp 2, 8 .
.:. Cómo Pablo obedece primeramente a Dios. Heeh 18, .:. «Mejor es la obediencia que las víctimas». Saúl recha-
19, 11 -13. zado por Dios. 1 5f1m 15, 10-23.

670
OI:Elll E U \
F RANC ISCO FEIU'IANDEZ-CARVA)AL

SELECCIÓN DE TEXTOS

Facilidad y dificultades de la obediencia Frutos, eficacia y poder de la obediencia


3678 ¡Oh poder de la obediencia! -El lago
3673 Decir que dejaremos nuestra volun-
de Genesaret negaba sus peces a las redes de
tad en otra parece muy fácil, hasta que pro-
Pedro. Toda una noche en vano. -Ahora,
bándose se entiende que es la cosa más recia
obediente, volvió la red al agua y pescaron
que se puede hacer, si se cumple como se ha
«piscium multitudinem copiosam». -una
de cumplir (SANTA TERESA, Camino de perfec-
gran cantidad de peces -Créeme: el milagro
ción, 32, 5).
se repite cada día (SAN JOSEMARÍA ESCRIvÁ,
3674 Te mandan una cosa que crees estéril
Camino, n. 629).
y difícil. -Hazla. -y verás que es fácil y fecunda 3679 Para adquirir este tesoro, no hay me-
(SAN JOSEMAlÚA EsCRNÁ, Camino, n. 623). jor camino que cavar y trabajar para sacarle
de esta mina de la obediencia; que mientras
3675 Fueron, pues, los que habían sido en- más caváremos, hallarémos más, y mientras
viados, y hallaron al pollino... Así también de- más nos sujetáremos a los hombres, no te-
bemos hacer nosotros, que debemos acome- niendo otra voluntad sino la de nuestros ma-
ter con mucho afecto y gran solicitud cuanto yores, más estaremos señores de ella para con-
se nos mande, por bajo que sea, sabiendo que formarla con la de Dios (SANTA TERESA,
todo lo que se hace por Dios no es pequeño, Fundaciones, 5, 13).
sino digno del reino de los cielos (TITO Bos-
3680 Dios no necesita de nuestros traba-
TRENSE, en CatenaAurea, vol. VI, p. 349).
jos, sino de nuestra obediencia (SAN JUAN
3676 Díjome una vez (el Señor), que no CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 56).
era obedecer si no estaba determinada a pa- 3681 Tiene por compañeras la honra y la
decer; que pusiese los ojos en lo que Él había dignidad, porque no es esclavitud o servi-
padecido y todo se me haría fácil (SANTA TE- dumbre de hombre a hombre, sino sumisión
RESA, Vida, 26). a la voluntad de Dios, que reina por medio
de los hombres (LEÓN XIII, Ene. lmmortale
3677 A veces el Señor sugiere su querer Dez).
como en voz baja, allá en el fondo de la
3682 Yo creo que, como el demonio ve
conciencia: y es necesario escuchar atentos,
que no hay camino que más presto lleve a la
para distinguir esa voz y serie fieles.
suma perfección que el de la obediencia, po-
En muchas ocasiones, nos habla a través de
ne tantos disgusros y dificultades debajo de
otros hombres, y puede ocurrir que la vista
color de bien (SANTA TERESA, Fundaciones, 5,
de los defectos de esas personas, o el pensa-
10).
miento de si están bien informados, de si han
entendido todos los datos del problema, se 3683 Haz que tu padre espiritual te señale
nos presente como una invitación a no obe- las obras de piedad que has de practicar, y
decer (SAN JOSEMARÍA ESCRIvÁ, Es Cristo que con eso tendrán duplicada gracia y bondad,
pasa, 17) . una por sí misma, puesto que son piadosas, y

671
OBEDJENCL\
ANTOLOGfA DE TEXTOS

otra por la obediencia, que las ordena y en personalmente desde dentro y no bajo la pre-
cuya virtud se ejecutan. Bienaventurados los sión de un ciego impulso interior o de la me-
que obedecen, porque Dios no permitirá ja- ra coacción externa. El hombre logra esta
más que se extravíen (SAN FRANCISCO DE SA- dignidad cuando, liberándose de toda esclavi-
LES, Introd. a la vida devota, 3, 11). tud de las pasiones, persigue su fin en la libre
elección del bien y se procura con eficacia y
3684 Mientras nos sometemos humilde-
habilidad los medios adecuados para ello
mente a la voz ajena nos superamos a noso-
(CONC. VAT. II, Const. Gaudium et spes, 17)
tros mismos en el corazón (SAN GREGORIO
OUAN PABLO 11, Enc. Veritatis splendor,
MAGNO, Moralia, 35) .
n.42).
3685 Muchas veces me parecía no se po-
de'r sufrir el trabajo conforme a mi bajo natu- Seguridad de la obediencia
ral, me dijo el Señor: Hija, la obediencia da
3687 Obedecer. .. , camino seguro. -Obe-
fuerzas (SANTA T ERESA, Fundaciones, pról. 2).
decer ciegamente al superior... , camino de
3686 Si no entristeces a esta gracia, cono- santidad. -Obedecer en tu apostolado ... , el
cerás los secretos que el Verbo comunica por único camino: porque, en una obra de Dios,
medio de quien quiere y cuando quiere [... ]. el espíritu ha de ser obedecer o marcharse
Si te acercas atentamente, sabrás todo lo que (SAN JOSEMARíA ESCRIVÁ, Camino, n . 941).
Dios concede a los que verdaderamente aman
3687b Yo recuerdo como uno de los mo-
(cfr. 1 Cor 2, 9) .
mentos solemnes de mi existencia aquel en
Se convierten en un jardín de delicias; en
que, puestas mis manos en las del obispo, di-
ellos va a crecer un árbol fecundo y vigoroso
je «Prometo». Desde entonces me he sentido
que los colmará de ricos frutos. Ellos son el
comprometido para toda la vida y jamás he
terreno en que fueron plantados el árbol del
pensado que se tratara de una ceremonia sin
conocimiento yel árbol de la vida. Porque lo
importancia.
que mata no es el árbol del conocimiento, si-
Espero que los sacerdotes de Roma piensen lo
no la desobediencia (Epístola a Diogneto XI, 3
mismo. A ellos y a los religiosos, San Francis-
y XII, 2-3).
co de Sales les recordaría el ejemplo de San
Juan Bautista, que vivió en la soledad, lejos
Obediencia y libertad
del Señor, aun con su gran deseo de estar cer-
3686b La libertad del hombre, modelada cano a Él. ¿Por qué? Por obediencia. «Sabía
sobre la de Dios, no solo no es negada por su -escribe el Santo- que encontrar al Señor
obediencia a la ley divina, sino que solamente fuera de la obediencia es perderlo» (F. DE SA-
mediante esta obediencia permanece en la LES, Oeuvres, Annecy, 1896, p. 321) OUAN
verdad y es conforme a la dignidad del hom- PABLO 1, Aloe. 23-IX-1978).
bre OUAN PABLO 11, Enc. Veritatis splend01~
3688 ¡Oh, Señor, cuán diferentes son
n.42).
vuestros caminos de nuestras torpes imagina-
3686c La dignidad del hombre requiere, en ciones, y cómo de un alma que está ya deter-
efecto, que actúe según una elección cons- minada a amaros y dejada en vuestras manoS
ciente y libre, es decir, movido e inducido no queréis otra cosa, sino que obedezca y se

672
OBEDIENCIA
F RANC ISCO F ERNANDEZ- CARVAj AL

informe bien de lo que es más servicio vues- tamos más a nuestro placer (SANTA TERESA,
tro yeso desee! (SANTA T ERESA, Fundaciones, Fundaciones, 5, 5).
5,6). 3695 Es conveniente obedecer sin ningún
3689 Obediencia que con toda verdad género de fingimiento, porque no es a este o
puedo decir que es la virtud propia de la cria- a aquel obispo que vemos a quien se trataría
tura racional que actúa bajo la potestad de de engañar, sino que e! engaño iría dirigido
Dios; y también que e! primero y mayor de contra e! obispo invisible; es decir, en este ca-
todos los vicios es e! orgullo, que lleva al so ya no es contra un hombre mortal, sino
hombre a querer usar de su potestad para la contra Dios, a quien aun 10 escondido está
ruina, y tiene e! nombre de desobediencia patente (SAN IGNACIO DE ANTIOQUfA, Carta
(SAN AGUSTÍN, Sobre el Génesis, 8) . a los Magnesios, 1).
3690 Gran cosa es estar en obediencia, y 3696 Cada uno entienda que e! fin de to-
vivir debajo de prelado, y no ser suyo propio: dos estos ejercicios y de toda la vida espiritual
mucho más seguro es estar en sujeción que en es la obediencia de lps mandamientos de
mando (TOMÁS DE KEMPIS, Imitación de Dios y e! cumplimiento de la divina volun-
Cristo, 1, 9, 1). tad, para 10 cual es necesario que muera la vo-
luntad propia, para que así viva y reine la di-
3691 La obediencia es virtud que inclina vina, pues es tan contraria a ella (SAN PEDRO
la voluntad a cumplir e! mandato legítimo DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y medita-
del superior, en cuanto es manifestación de la ción, 11, 5).
Voluntad de Dios (SANTO TOMÁS, Suma Teo-
lógica, 2-2, q. 104) . Obedecer los consejos del confesor
3692 La humildad, como virtud especial, 3697 Yendo con limpia conciencia y con
considera principalmente la sujeción de! obediencia, nunca el Señor permite que e!
hombre a Dios, en cuyo honor se humilla so- demonio tenga tanta mano que nos engañe
metiéndose incluso a otros (SANTO TOMÁS, de manera que pueda dañar el alma; antes
Suma Teológica, 2-2, q. 161, a. 1) . viene él a quedar engañado (SANTA TERESA,
3693 ¿Qué importa que Dios nos mani- Fundaciones, 4, 2).
fieste su voluntad por sí mismo o por sus mi- 3698 Muchas veces me ha dicho e! Señor
nistros, ya sean ángeles, ya sean hombres? que no deje de comunicar toda mi alma y las
(SAN BERNARDO, De praeceptis et dispositioni- mercedes que e! Señor me hace con e! confe-
bus 9). sor, y que sea letrado, y que le obedezca. Esto
muchas veces (SANTA TERESA, Vida, 26, 3).
3694 Pierde ella (e! alma) su regalo, y lo
tiene por bien perdido porque no se acuerda 3699 Siempre que e! Señor me mandaba
de su contento, sino en cómo hacer más la una cosa en la oración, si e! confesor me de-
voluntad de! Señor, y así es en la obediencia. cía otra me tornaba e! mismo Señor a decir-
Sería recia cosa que nos estuviese claramente me que le obedeciese; después su Majestad le
diciendo Dios que fuésemos a alguna cosa volvía para que me 10 tornase a mandar (SAN-
que le importa, y no quisiéramos porque es- TA TERESA, Vida, 26, 5).

673
()BE()lE~CI \
A NTOLOG fA DE TEXT OS

Cualidades de qtúen ejerce la autoridad 3706 Purificad vuestras almas en la obe-


3700 Ninguno manda con seguridad sino diencia, la cual no debe proceder solo de la
el que aprendió a obedecer de buena gana (To- necesidad, sino de una franca voluntad y de-
MÁs DE KEMPIS, Imitación de Cristo, 1, 20, 3). seo de agradar a Dios. La voluntad del supe-
rior, sea como sea conocida por nosotros, ha
3701 (El ejercicio de la autoridad no es
de servirnos de precepto. Las consideraciones
más que) un oficio de amor (SAN AGUSTfN,
que deseo en vuestra obediencia se encierran
Trat. Evang. S. Juan, 123).
todas en una; pues no deseo más que la senci-
3702 (Recomienda la santa a la madre prio- llez, que rinde dulcemente el corazón a las ór-
ra): Procure que sea amada para que sea obede- denes y se siente feliz obedeciendo hasta en
cida (SANTA T ERESA, Constituciones, 9, 1).
las cosas que repugnan, y más en estas que en
Cualidades de la obediencia ninguna otra.
No deseéis, pues, nada más que lo que Dios
3703 El enemigo : ¿obedecerás ... hasta en quiere y haced lo que os diga el que os man-
ese detalle «ridículo »? Tú, con la gracia de
de, con tal que no haya pecado en ello. Que-
Dios: obedeceré ... hasta en ese detalle «heroi-
red lo que quieren los superiores y querréis lo
co» (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Camino,
que Dios quiere: con ello seréis de veras obe-
n.618).
dientes y dichosos (SAN FRANCISCO DE
3704 Has de obedecer cuando te manden SALES, Epistolario, fragm. 46, 1. c., p. 680).
cosas agradables, como es el comer y divertir-
se, pues aunque entonces no parece gran vir- 3707 La obediencia hace meritorios nues-
tud el hacerlo, el no hacerlo sería gran defec- tros actos y sufrimientos, de tal modo que, de
to; has de obedecer en las cosas indiferentes, inútiles que estos últimos pudieran parecer,
como ponerte talo tal vestido, ir por talo pueden llegar a ser muy fecundos. Una de las
por cual camino, cantar o callar, y esta será maravillas realizadas por nuestro Señor es ha-
una obediencia muy loable; has de obedecer ber hecho que fuera provechosa la cosa más
también en las cosas difíciles, ásperas y duras, inútil, como es el dolor. Él lo ha glorificado
y esta será obediencia perfecta; has de obede- mediante la obediencia y el amor. La obe-
cer, finalmente, con dulzura, sin enfado y, so-
diencia es grande y heroica cuando por cum-
bre todo, por amor (SAN FRANCISCO DE SA-
plirla está uno dispuesto a la muerte e igno-
LES, Introd. a la vida devota, 3, 11) .
minia (R. GARRIGOu-LAGRANGE, Las tres
3705 Hay tres modos diferentes de obede- edades de la vida interim; vol. JI, p. 683).
cer: separándonos del mal por temor al casti-
go, y entonces nos colocamos en una actitud El ejemplo de Jesucristo
servil; o por alcanzar el premio ofrecido, y en
este caso nos asemejamos a los mercenarios; o 3708 Jesucristo , en cumplimiento de la
por amor al bien y por afecto a aquel que nos voluntad del Padre, inauguró en la tierra el
manda, y entonces imitamos la conducta de reino de los cielos, nos reveló su misterio y
los buenos hijos (SAN BASILIO, en Catena Au- realizó la redención con su obediencia
rea, vol. VI, p. 207). (CONC. VAT. JI, Consto Lumen gentium, 3).

674
OREDIENCJ t\ - OFRECfMlENTO DE OBR \ S
FRANCISCO F ERNÁNDEZ-CARVA)AL

3709 Cristo, a quien el universo está suje- cuanto los hombres quieren. Así está sin mo-
to, estaba sujeto a los suyos (SAN AGUSTíN, verse por sí mismo, déjase estar donde lo po-
Sermón 51). nen, o expuesto en la custodia, o cerrado en
3709b Con la sumisión a su madre, y a su el sagrario; déjase conducir por donde lo lle-
padre legal, Jesús cumple con perfección el van, así por las calles como por las casas; per-
cuarto mandamiento. Es la imagen temporal mite que cualquiera le reciba en la comu-
de su obediencia filial a su Padre celestial. La nión, sea justo o pecador. Mientras vivió en
sumisión cotidiana de Jesús a José y a María este mundo, dice San Lucas, obedecía a Ma-
anunciaba y anticipaba la sumisión del Jueves ría Santísima y a San José, mas en este Sacra-
Santo: «No se haga mi voluntad ... » (Le 22, mento obedece a tantas criaturas como son
42). La obediencia de Cristo en lo cotidiano en el mundo los sacerdotes (SAN ALFONSO
de la vida oculta inauguraba ya la obra de res-
Ma DE LIGORIO, Visitas al Stmo. Sacramento,
tauración de lo que la desobediencia de Adán
25).
había destruido (cfr. Rom 5, 19) (Catecismo
de la Iglesia Católica, n. 532).
Obediencia de la Virgen
3710 La señal de la humildad es la obe-
3712 Tratemos de aprender, siguiendo su
diencia, mientras que la soberbia nos inclina
a hacer la propia voluntad y a buscar aquello ejemplo en la obediencia a Dios, en esa deli-
que nos ensalza, yana querer dejarnos dirigir cada combinación de esclavitud y de señorío.
por los demás, sino a dirigirlos a ellos. La En María no hay nada de aquella actitud de
obediencia es lo contrario de la soberbia. Mas las vírgenes necias, que obedecen, pero aloca-
el Unigénito del Padre, venido del cielo para damente. Nuestra Señora oye con atención lo
salvarnos y sanamos de la soberbia, hízose que Dios quiere, pondera lo que no entiende,
obediente hasta la muerte en la cruz (R. GA- pregunta lo que no sabe. Luego, se entrega
RRlGOU-LAGRANGE, Las tres edades de la vida toda al cumplimiento de la voluntad divina:
interim; vol. n, p. 683). he aquí la esclava del Señm; hdgase en mí según
3711 Baja del cielo por obedecer a un tu palabra (Le 1, 38) (SAN JOSEMARfA ESCRl-
hombre y se deja poner sobre los altares en vÁ, Es Cristo que pasa, 173).

OFRECIMIENTO DE OBRAS

l. San Pablo exhortaba a los primeros cristianos a ofrecer su día a Dios. Recomendaba a los
corintios: Ya eomdis, ya bebdis o ya hagdis alguna otra cosa, haeedlo todo para gloria de Dios (1
Cor 10,31). Ya los colosenses: Y todo cuanto hagdis de palabra o de obra, haeedlo todo en nom-
bre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por Él (CoI3, 17).

675
OFRECIMIENTO DE OBRAS
A NTOLOGfA DE TEJITOS

2. En este ofrecimiento matutino alertamos nuestro espíritu de servicio, previniéndolo contra


los riesgos de la soberbia, de la comodidad y de la irresponsabilidad.
«Renovad cada mañana, con un serviam! decidido -¡te serviré, Señor!-, el propósito de no ce-
der, de no caer en la pereza o en la desidia, de afrontar los quehaceres con más esperanza, con
más optimismo, bien persuadidos de que si en alguna escaramuza salimos vencidos podremos
superar ese bache con un acto de amor sincero» (SAN JOSEMARfA ESCRlVÁ, Amigos de Dios,
217).
Aunque, en principio, no hay que adaptarse a una fórmula concreta, es conveniente tener un
modo habitual de hacer esta práctica de piedad, tan útil para que marche bien toda la jornada.
Puede hacerse, por ejemplo signándose simplemente con la señal de la cruz. Otros recitan una
lección aprendida de pequeños ... o de mayores. Es muy conocida por muchos esta plegaria a
la Virgen, que sirve a la vez de ofrecimiento de obras y de consagración personal diaria a Ella:

¡Oh Señora mía!


¡Oh Madre mía!
Yo me ofrezco del todo a Vos,
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro,
¡Oh Madre de bondad!,
guardadme y defendedme como cosa
y posesión vuestra. Amén.

3. Aparte del ofrecimiento de obras, cada cual verá lo que estima oportuno añadir a sus preces
matutinas: alguna oración más a la Virgen, a San José, al Ángel de la Guarda. Es un momento
también oportuno para traer a la memoria los propósitos de lucha que se concretaron en el
examen de conciencia del día anterior, renovando el deseo y pidiendo a Dios la gracia para
cumplirlos.

SELECCIÓN DE TEXTOS

Ofrecimiento de obras 3714 ¿Y qué diré acerca de las primicias?


¿No es notorio que todos los fieles siervos de
3713 Se levantan antes del día o al rayar el Cristo las ofrecen todos los días? Porque ape-
alba, pero no se envuelven enseguida en los nas despertar, antes de enfrentarse de nuevo
cuidados familiares y demás menesteres de este con el trasiego de la vida, antes de concebir
mundo. Van antes al templo para consagrar en en su corazón cualquier impresión, antes in-
la divina presencia las primicias de sus accio- cluso de acordarse del cuidado de sus intere-
nes y trabajos (CASIANO, Colaciones, 21). ses familiares, consagran al Señor el naci-

676
OFRECIMIENTO DE OBRA~ - OMl~IONES
FRANCISCO FERNÁN DEZ-CARVAjAL

miento y principio de sus pensamientos (CA- palabras, obras, pensamientos y trabajos, que
sIANO, Colaciones, 21). es todo lo que hiciere y padeciere, para que
todo sea gloria y honra de su sanro nombre
3715 Todas sus obras, sus oraciones e ini-
(SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la ora-
ciativas apostólicas, la vida conyugal y fami-
ción y meditación, 1, 10).
liar, el cotidiano trabajo, el descanso de alma
y de cuerpo, si son hechas en el Espíritu, e in- 3718 Al elevar todo ese quehacer a Dios,
cluso las mismas pruebas de la vida, si se so- la criatura diviniza el mundo. ¡He hablado
brellevan pacientemente, se convierten en sa- tantas veces del mito del rey Midas, que con-
crificios espirituales, aceptables a Dios por vertía en oro cuanto tocaba! En oro de méri-
Jesucristo (cfr. 1 Pdr 2, 5), que en la celebra- tos sobrenaturales podemos convertir todo lo
ción de la Eucaristía se ofrecen piadosísima- que tocamos, a pesar de nuestros personales
mente al Padre junto con la oblación del errores (SAN JOSEMARfA ESCRIVÁ, Amigos de
cuerpo del Señor (CONC. VAT. II, Consto Lu- Dios, 308) .
men gentium, 34).
3719 Lo que se hace por Dios, se ofrece a
3716 El Señor no mira tanto la cantidad Dios y Él lo recibe; lo que se hace por los
que se le ofrece, como el amor que se pone en hombres, se convierte en aire (SAN JUAN CRI-
la ofrenda (SAN JUAN CRIS6STOMO, en Cate- S6STOMO, en CatenaAurea, vol. 1, p. 338).
na Aurea, vol. VI, p. 393).
3720 Aquello poco que desees ofrecer,
3717 Primeramente debe ofrecerse uno a procura depositarlo en aquellas manos de
sí mismo por perpetuo esclavo suyo, resig- María, graciosísimas y dignísimas de todo
nándose y poniéndose en sus manos para que aprecio, a fin de que sea ofrecido al Señor sin
haga de él todo lo que quisiere en tiempo y sufrir de Él repulsa (SAN BERNARDO, Hom.
en eternidad, y ofrecer juntamente todas sus en la Natividad de la B. Virgen María, 18).

OMISIONES

1. Después de hacer el Señor una llamada a la responsabilidad para estar vigilantes a lo largo
de la vida, propuso una parábola: Porque es como si uno al emprender un viaje llama a sus siervos
y les entrega su hacienda, dando a uno cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su
capacidad, y se va. Luego, el que había recibido cinco talentos se fue con ellos y ganó otros cinco.
Asimismo, el de los dos ganó otros dos. Pero el que había recibido uno se fue, hizo un hoyo en la tie-
rra y escondió el dinero de su amo (Mt 25, 14-18).
2. Hemos recibido la vida a modo de herencia para hacerla rendir, y de ella se nos pedirá
cuenta al final de nuestros días. Somos administradores de unos bienes que no son nuestros,
aunque los poseamos duranre un corto tiempo. Estos bienes (aun en el caso de quien reciba
un solo talento) son inmensos y distintos para cada uno: le dio -dice la parábola- a uno cinco
talentos, a otro dos y a otro uno ...

677
()MISIONES
A NTOLOG fA DE TEJITOS

El talento era a la vez un peso y una moneda. Como se utilizaba para pesar metales preciosos,
el talento llegó a utilizarse como unidad monetaria (2 Sam 12, 30; 2 Rey 18, 14) y, en tiempos
del Señor, el talento era equivalente a unos seis mil denarios. El denario aparece en el Evange-
lio como el sueldo diario de un trabajador del campo. Aun el que recibió en la parábola un so-
lo talento, recibió mucho. Todos hemos recibido bienes incontables.
Se nos ha dado, entre otros dones, la vida natural, primer regalo de Dios; la inteligencia; la ca-
pacidad de amar, de dar afecto a quienes nos rodean; las fuentes de la vida, de cuyo uso darán
cuenta a Dios quienes tienen vocación matrimonial; los hijos, de quienes los padres no son
dueños sino administradores; el tiempo, que es corto para servir y dar gloria a Dios; bienes
materiales, para hacerlos rendir en provecho de la familia y de la sociedad .. . En otro plano, in-
comparablemente más alto y de más valor, hemos recibido la vida de la gracia, participación
de la misma vida eterna de Dios; los sacramentos, especialmente el don inestimable de la Sa-
grada Eucaristía; incontables gracias del Espíritu Santo para ser mejores; un Ángel que nos
custodia y protege .. .
Dios quiere ver bien administrada su hacienda. Lo esperado por Dios es proporcional a lo que
hemos recibido. El premio es inmenso: «lo mucho» de aquí es considerado por el Señor como
poca cosa en relación a lo que nos tiene preparado, si hemos actuado en esta vida como fieles
administradores. Díjole su amo: Muy bien, siervo bueno y fiel, has sido fiel en lo poco, te consti-
tuiré sobre lo mucho; entra en el goz o de tu señor.

3. El tercero de los siervos enterró su talento en la tierra: perdió el tiempo y no sacó ningún
provecho. Su vida estuvo llena de omisiones y se presentó ante su Señor con las manos vacías.
Fue su vida un vivir inútil en relación con lo que realmente importaba; quizá estuvo ocupado
en otras cosas, pero no hizo lo que se esperaba de él.
Enterrar el talento, el tesoro que Dios nos ha confiado, sería, por ejemplo: haber tenido capa-
cidad para amar y no haber amado; haber tenido capacidad para hacer felices a los demás (to-
dos la tenemos) y dejarlos en la tristeza y en la infelicidad; haber tenido bienes y no haber he-
cho el bien con ellos; poder llevar a otros a Dios y haber desaprovechado la oportunidad que
presentaba el vivir en la misma casa, en el mismo trabajo, en la misma desgracia ... ; haber deja-
do en la mediocridad la propia vida interior destinada a crecer... Sería triste, en verdad, que,
mirando hacia atrás, contempláramos solo una gran avenida de ocasiones perdidas: que viéra-
mos improductiva la capacidad que Dios nos ha dado, por pereza, dejadez o egoísmo.
Es siempre escaso el tiempo con que podemos contar para realizar lo que Dios espera de noso-
tros; no sabemos hasta cuándo se prolongarán esos días que forman parte de los talentos reci-
bidos.
Cada día podemos sacar mucho rendimiento a los dones que Dios ha puesto en nuestras ma-
nos: multitud de pequeñas tareas, cosas pequeñas que el Señor y los demás aprecian y tienen
en cuenta.

678
Ui\lJSlOi'./ES
FRA NC ISCO FERNANOEZ-CAI\VAjAl

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


.:. Y dirá a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, abrigo, vestir al desnudo y no volver tu rostro ante tu
al fuego eterno, preparado para el diablo y para sus án- hermano. Entonces brotará tu luz como la aurora. 1s
geles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; 58,6-8.
tuve sed, y no me disteis de beber; fui peregrino, y no
.:. Tomando Jesús la palabra, dijo: Bajaba un hombre de
me alojasteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; en-
Jerusalén a Jericó y cayó en poder de ladrones, que le
fermo y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces ellos
desnudaron, le cargaron de azotes y se fueron, deján-
responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos ham-
dole medio muerto. Por casualidad bajó un sacerdote
briento, o sediento, o peregrino, o enfermo, o en pri-
por el mismo camino, y, viéndole, pasó de largo. Asi-
sión, y no te socorrimos? Él les contestará diciendo:
mismo un levita, pasando por aquel sitio, le vio tam-
En verdad os digo que cuando dejasteis de hacer eso bién y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de
con uno de estos pequeñuelos, conmigo dejasteis de
camino llegó a él, y, viéndole, se movió a compasión;
hacerlo. Mt25, 41-45.
acercóse, le vendó las heridas, derramando en ellas
.:. Le dijo Jesús: ¿Quieres ser curado? Respondió el enfer- aceite y vino; le hizo montar sobre su propia cabalga-
mo: Señor, no tengo a nadie que al moverse el agua dura, le condujo al mesón y cuidó de él. A la mañana,
me meta en la piscina, y mientras yo voy, baja otro an- sacando dos denarios, se los dio al mesonero y dijo:
tes de mÍ. Jn 5, 6-7. Cuida de él, y lo que gastares, a la vuelta te lo pagaré.
.:. Nosotros somos cooperadores de Dios, y vosotros sois ¿Quién de estos tres te parece haber sido prójimo de
arada de Dios, edificación de Dios. 1 COI' 3,9. aquel que cayó en manos de los ladrones? El contestó:
El que hizo con él misericordia. Contestóle Jesús: Vete
.:. Es preciso que los hombres vean en nosotros ministros y haz tú lo mismo. Le 10, 30-37.
de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios. 1
COI' 4, 1. .:. Mis guardianes son ciegos todos, no entienden nada.
.:. En todo debemos mostrarnos como ministros de Todos son perros mudos, que no pueden ladrar; soña-
Dios. 2 COI' 6, 4. dores, se acuestan, son amigos de dormir. Son perros
voraces, insaciables; son pastores que no entienden, si-
.:. Llega el otro, diciendo: Señor, ahí tienes tu «mina» guen cada uno su camino, cada cual busca su interés.
que tuve guardada en un pañuelo, pues tenía miedo 1s56,10-11 .
de ti, que eres hombre severo, que quieres recoger lo
que no pusiste, y segar donde no sembraste. Díjole: .:. Se muere mi pueblo por falta de doctrina. Os 4, 6.
Por tu boca misma te condeno, mal siervo. Sabías que .:. Alegraos con los que se alegran, llorad con los que llo-
yo soy un hombre severo, que cojo donde no deposité ran. Vivid unánimes entre vosotros, no seáis altivos,
y siego donde no sembré; ¿por qué, pues, no diste mi mas allanaos a los humildes. No seáis prudentes a
dinero al banquero, y yo, al volver, lo hubiera recibido vuestros propios ojos. No volváis mal por mal; procu-
con los intereses? Le 19, 20-23. rad el bien a los ojos de todos los hombres. A ser posi-
.:. Si el hermano o la hermana están desnudos y carecen ble y cuanto de vosotros depende, tened paz con to-
de alimento cotidiano, y alguno de vosotros les dijere: dos . Rom 12, 15-18.
Id en paz, que podáis calentaros y hartaros, pero no les .:. El que tuviere bienes de este mundo y viendo a su her-
diereis con qué satisfacer la necesidad de su cuerpo, mano pasar necesidad le cierra sus entrañas, ¿cómo
¿qué provecho les vendría? Sal1t 2, 15-16. mora en él la caridad de Dios) Hijitos, no amemos de
.:. ¿Sabéis qué ayuno quiero yo?, dice el Señor Yavé: [... ] palabra ni de lengua, sino de obra y de verdad. JI1 3,
partir tu pan con el hambriento, albergar al pobre sin 17-18.

SELECCIÓN DE TEXTOS
Omisiones y tibieza céis el relato: aquel hombre vuelve en diferen-
tes ocasiones a la plaza para contratar trabaja-
3721 El reino de los cielos se parece a un pa- dores: unos fueron llamados al comenzar la
dre de familia, que al romper el día salió a alqui- aurora; otros, muy cercana la noche.
lar jornaleros para su viña (Mt20, 1). Ya cono- Todos reciben un denario [... ]. Esta es la mise-

679
OM1SIONES
A NTOLOG fA D E TEXTOS

ricordia de Dios, que llama a cada uno de 3724 El que tiene talento procure no ser
acuerdo con sus circunstancias personales, perro mudo; quien tiene abundancia de bie-
porque quiere que todos los hombres se salven (J nes, no descuide la caridad; el que experien-
Tim 2, 4). Pero nosotros hemos nacido cristia- cia de mundo, dirija a su prójimo; el que es
nos, hemos sido educados en la fe, hemos reci- elocuente, interceda ante el rico por el pobre;
bido, muy clara, la elección del Señor. Esta es porque a cada uno se le contará como talento
la realidad. Entonces, cuando os sentís invita- lo que hiciere, aunque haya sido por el más
dos a corresponder, aunque sea a última hora, pequeño (SAN GREGORIO MAGNO, en Cate-
¿podréis continuar en la plaza pública, toman- na Aurea, vol. I1I, p. 236).
do el sol como muchos de aquellos obreros,
porque les sobraba el tiempo? 3725 Uno recibe la inteligencia, y por este
No nos debe sobrar el tiempo [.. .]. Si te sobra talento queda obligado a la predicación. Otro
tiempo, recapacita un poco: es muy posible recibe bienes terrenales, y este debe distribuir
que vivas metido en la tibieza; o que, sobre- su talento de esos bienes. Otro no recibió ni la
naturalmente hablando, seas un tullido. No inteligencia ni bienes terrenos, pero aprendió
te mueves, estás parado, estéril, sin desarro- el arte que profesa: a este se le reputa como ta-
llar todo el bien que deberías comunicar a los lento recibido su mismo arte. Otro nada de es-
que se encuentran a tu lado, en tu ambiente, to ha recibido, pero quizá mereció el trato de
en tu trabajo, en tu familia (SAN JOSEMARfA algún rico: este, por lo tanto, recibió el talento
ESCRlVÁ, Amigos de Dios, 42). de la familiaridad. Luego si no le habla en fa-
vor de los pobres, es condenado por la reten-
3722 Quien tenga entendimiento, cuide ción del talento. Luego el que tiene talento
de no estar siempre callado; quien tenga bie- procure no callar; el que tiene riquezas trate de
nes abundantes, vigile para no descuidarse en no cansarse en las obras de misericordia; el que
ejercitar la misericordia; quien posea un arte
posee un arte o profesión trate muy principal-
por el cual se sustenta, procure con gran dili-
mente de que su uso y utilidad redunde en
gencia que el prójimo participe en su uso y
provecho del prójimo (SAN GREGORIO MAG-
utilidad; quien tiene ocasión de hablar al ri-
NO, Hom. 9 sobre los Evang.).
co, tema ser castigado (por retención del ta-
lento) si, pudiendo, no intercede cerca de él 3726 Uno cayó en un pozo donde el agua
en favor de los pobres; porque el Juez que ha era bastante para que flotase sin morir ni aho-
de venir exige de cada uno de nosotros el ta- garle, no impidiéndole hablar, y acercósele
lento, o sea, cuanto ha dado (SAN GREGORIO otro y, al verlo, le dijo con admiración: «¿Có-
MAGNO, Hom. 9 sobre los Evang.). mo has caído aquí?» Y el otro le respondió:
«Por favor, mira a ver si puedes sacarme de
3723 No seamos perros mudos, no sea-
aquí y no me vengas con preguntas sobre có-
mos centinelas silenciosos, no seamos merce-
mo he caído» (SAN AGUSTíN, Epístola 167).
narios que huyen del lobo, sino pastores solí-
citos que vigilan sobre el rebaño de Cristo,
Se nos pedirá cuenta
anunciando el designio de Dios a los grandes
de los talentos recibidos
y a los pequeños, a los ricos y a los pobres, a
los hombres de toda condición y de toda 3727 El obispo que no sirve a los fieles
edad (SAN BONIFACIO, Carta 78). (predicando, guiando) es solamente flenus

680
OMlSTONES
FRANC ISCO F ERNÁNOEZ-CA RVAjAL

custos (guardián de paja), un espantapájaros 3732 También es esconder el talento el


colocado en los viñedos para que los pájaros negarse a ejercer la predicación (SAN HILA-
no coman las uvas (SAN AGUSTÍN, Miscel. RlO, en Catena Aurea, vol. m, p. 228).
Agust., Roma 1930, 1,568). 3733 Cuando veas a alguien que tiene fa-
3728 Así como hay peligro de que los doc- cilidad para enseñar y aprovechar a las almas,
y que oculta este don, aunque en la conversa-
tores oculten el talento del Señor, también los
ción manifieste cierta religiosidad, no dudes
oyentes pueden incurrir en la misma falta
en decir que este tal recibió un talento, pero
cuando se les exija los réditos de lo que se les lo tiene enterrado (ORíGENES, en Catena Au-
enseñó; a saber: si no han procurado penetrar rea, vol. m, p. 228).
en la inteligencia de lo que han oído median-
3734 A la omisión le es debida la pena de
te la meditación (SAN GREGORIO MAGNO, en
daño y la pena de sentido, por razón de la
CatenaAurea, vol. m, p. 233).
raíz de que procede, aunque no implique ne-
3729 Es enterrar el talento que se ha reci- cesariamente la adhesión temporal a ningún
bido, el ocupar el ingenio recibido en asuntos bien mudable (SANTO-TOMÁS, Suma Teológi-
puramente terrenales, el no buscar el lucro ca, 2-2, q. 79, a. 4 ad 4).
espiritual y el no levantar jamás el corazón de 3735 Las vírgenes fatuas conservaban la
los pensamientos terrenos (SAN GREGORIO castidad, la gracia y la modestia para propia
MAGNO, Hom. 9 sobre los Evang.). utilidad, pero no eran útiles a nadie. Por eso
fueron arrojadas fuera. Así son los que no ali-
3730 El siervo que no quiso negociar con vian el hambre de Cristo. Considera atenta-
el talento, lo devolvió al Señor con excusas mente que ninguno de ellos es acusado por
[... J, añadiendo el pecado de soberbia a los de faltas privadas, fornicación, perjurio o cual-
pereza y negligencia (SAN GREGORIO MAG- quier otra cosa, sino únicamente por no ha-
NO, en Catena Aurea, vol. m, p. 231). ber sido útiles a los demás. Yo pregunto: ¿Es
cristiano el que se conduce así? Si el fermento
3731 Y ninguno diga: yo no sirvo para
mezclado con la harina no la hace cambiar,
amonestar, no soy idóneo para exhortar. Haz ¿es verdadero fermento? Si el perfume no des-
lo que puedas, para que no se te pida cuenta pide buen olor entre los circunstantes, ¿lo po-
en los tormentos de lo recibido y mal guarda- dremos llamar perfume? (SAN JUAN CRls6s-
do (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 4 sobre los TOMO, Hom. 20 sobre los Hechos de los
Evang.). Apóstoles) .

681
OlUCIÓN
A NTOLOGfA DE TEl\'TOS

1. El diálogo íntimo de Jesús con su Padre fue continuo: para pedir, para alabar, para dar gracias,
en toda circunstancia. Cuando eligió a los doce, pasó toda la noche en oración (Le 6, 12). A Simón
Pedro le confiesa: Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca (Le 22, 32). Promete a sus discí-
pulos que, gracias a su oración, el Padre les enviará otro Abogado, que permanecerá siempre con
ellos. En su oración tiene siempre presentes a los demás; también cuando, clavado en la cruz, le
insultan sus verdugos: Padre, perdónalos, porque no saben lo que se hacen (Le 23, 34). Cuando pare-
ce que pide para Sí, en realidad pone todo el acento de su plegaria en la glorificación del Padre:
Padre, llegó la hora, glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique (In 17, 1).
Con frecuencia, el diálogo de Jesús con el Padre tiene el carácter de una acción de gracias an-
ticipada. Antes de resucitar a Lázaro, alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, te doy gracias porque
me has escuchado; yo sé que siempre me escuchas, pero por la muchedumbre que me rodea lo digo,
para que crean que tú me has enviado (In 11, 41-42). Esa invocación llena de ternura -¡Padre.L
estaba constantemente en los labios del Señor; con ella empezaba muchas veces sus acciones
de gracias, su petición o su alabanza.
En muchas ocasiones, Jesús se separaba de los hombres y se refugiaba a solas en un trato ínti-
mo con su Padre. Todos los grandes momentos de la vida del Señor están precedidos por estos
largos ratos de oración. «El Evangelista señala que fue precisamente durante la oración de Je-
sús cuando se manifestó el misterio del amor del Padre y se reveló la comunión de las Tres Di-
vinas Personas. Es en la oración donde aprendemos el misterio de Cristo y la sabiduría de la
cruz. En la oración percibimos, en todas sus dimensiones, las necesidades reales de nuestros
hermanos y hermanas de todo el mundo, en la oración nos fortalecemos de cara a las posibili-
dades que tenemos delante; en la oración nos fortalecemos para la misión que Cristo compar-
te con nosotros» OVAN PABLO I1, Hom. 13-1-1981).
El Señor también debió de aprender de labios de su Madre muchas oraciones que se habían
transmitido de generación en generación. De hecho, en su última oración al Padre antes de su
Muerte en la cruz, utilizará las palabras de un salmo (Sa121, 2). Nos dio también ejemplo de
aprecio por la oración vocal.
2. Hemos de aprender a tratar al Señor a través de la oración mental-esos ratos que dedica-
mos de modo exclusivo a hablarle calladamente de nuestros asuntos, a darle gracias, a pedirle
ayuda ... - y mediante la oración vocal, quizá también con oraciones aprendidas de pequeños
de nuestra madre. No encontraremos a lo largo de nuestra vida a nadie que nos escuche con
tanto interés y con tanta atención como Jesús; nadie ha tomado nunca tan en serio nuestras
palabras como Él. Nos mira, nos atiende, nos escucha siempre con extremado interés.
Nunca encontraremos a nadie cuyas palabras sean tan enriquecedoras, tan acertadas, tan alen-
tadoras como las que nos dirige el Señor.
La más alta aspiración del hombre es poder hablar con Jesús, hacer oración. Pero la oración
supone confianza, veneración y respeto.
La oración nos ayuda a ser fuertes contra las tentaciones. En ocasiones, podremos oír cómo el

682
ORACIÓN
F RANCISCO F ERNAN DEZ-CARVA)AL

Señor nos dice: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad para no caer en la tentación (Le 22,46) . He-
mos de rezar siempre, pero hay momentos en los que esa oración se ha de intensificar. Aban-
donarla sería dejar abandonado al Señor y quedar nosotros a merced de la tentación.
3. Nuestra oración diaria nos mantendrá vigilantes ante el enemigo, que acecha continua-
mente. Nos hará firmes ante pruebas y dificultades. Cuando el cristiano descuida su trato con
Dios, se encuentra fácilmente en manos del enemigo, que causa estragos en su alma; pierde la
alegría y queda sin fuerzas para ser fiel a sus compromisos adquiridos en el Bautismo.
La oración personal nos ayuda a hacer mejor el trabajo, a cumplir nuestras obligaciones y de-
beres con la propia familia y con la sociedad, a tratar mejor a los demás. «¡No dejéis de orar!
¡Que no pase un día sin que hayáis orado un poco! ¡La oración es un deber, pero también es
una gran alegría, porque es un diálogo con Dios por medio de Jesucristo! ¡Cada domingo, la
Santa Misa y, si os es posible, alguna vez también durante la semana; cada día, las oraciones de
la mañana y de la noche, y en los momenros más oportunos!» QUAN PABLO II, Aloe.
14-I1I-1979).
Ninguna persona de este mundo ha sabido tratar a Jesús como su Madre; y después de su Ma-
dre, San José, quien debió de pasar largas horas mirándole, hablando con Él, tratándole con
toda sencillez y veneración. Si acudimos a ellos aprenderemos muy pronto a hablar, llenos de
confianza, con Jesús.

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


l. Oración de ]eslwristo .;. Confiada. Me 11,23 .
.:. Oración del Señor en la intimidad con su Padre. Mt .;. El Señor nos concederá también lo indispensable para
14, 23; 11 ,25-26; Le6, 12, etc. la vida material. Mt 7, 7- 11 ; Le 11 , 9-13 .
.;. Oración de Jesús por sí mismo. Me 14, 35-35; Le 23, 3. Ú, omción de 1(/ Iglesi(/
34-36. .;. Los Apóstoles, unidos en la oración para recibir el Es-
.:. Oración por sus apóstoles y futuros discípulos. Le 22, píritu Santo. Heeh 1, 1.
32; JI1 17, 14 . .:. Fundamento de la Iglesia. Heeh 1, 24-26; 6, 6, etc.; 1
.;. La intercesión del Señor tiene carácter permanente. Tim 2, 8; Apoe 6, 9-14.
Heb 7,2 5. .;. Oración constante de acción de gracias. 1 COI' 1, 4;
.:. Junto a la oración personal la oración litúrgica. Me 14, Flp 1, 9.
26. .:. Se dirige al Padre por Jesucristo. Ef5, 20 .
.;. Usó de pasajes de los salmos para expresar una oración .;. Doxologías e himnos litúrgicos. Flp 2,6-11 ; 1 Tim
personal. Mt27 , 46 (SaI22, 2) ; Lc23 , 46 (SaI31) . . 1, 17.
2. Oración del cristi(/1IO .:. Los Apóstoles exhortan continuamente a los cristianos
.~ Necesaria para resistir la tentación. Mt 26, 41. a cuidar la oración. Rom 12, 12; Col 14, 2; 1 Pdr4, 7;
.:. Para obtener los dones necesarios. JII 4, 10; 6, 27. Sal1t5, 16 .
.:. Oración individual, en el secreto de la casa. Mt6, 5-6. .:. San Pablo se encomienda a las oraciones de los fieles.
Rom 15, 30 .
.;. Oración colectiva. Mt 18, 19-20.
.:. Los tiene continuamente presentes en sus oraciones .
.;. Debe ser discrera. Mt6, 7-8 (cfr. 1 Rey 18,26-29; Js 1, Rom 1, 9-10; Ef16; Co14, 12; 1 Tes 1, 2.
15).
.:. Los Sacramentos, especialmente la Penitencia y la Sa-
.:. Debe ser humilde. Le 18, 9-14 . grada Eucaristía, encuentros íntimos con el Señor. Mt
.:. Perseverante. Le 11 , 5-8; 18, 1-8. 9,2-8; Jn8 , 10-11 ; J116, 56 .

683
ORACIÓN
ANTOLOClA DE TEXTOS

SELECCIÓN DE TEXTOS
Qué es la oración ción es, ante todo, un acto de inteligencia, un
3736 No es otra cosa oración mental, a mi sentimiento de humildad y reconocimiento,
parecer, sino tratar de amistad, estando mu- una actitud de confianza y de abandono en
chas veces tratando a solas con quien sabe- Aquel que nos ha dado la vida por amor. La
mos nos ama (SANTA TERESA, Vida, 8, 2). oración es un diálogo misterioso, pero real,
con Dios, un diálogo de confianza y amor
3737 La oración es la elevación del alma (JUAN PABLO I1, Aloe. 14-1I1-1979).
hacia Dios y la petición de lo que se necesita
de Dios (SAN PEDRO DAMIÁN, en Catena Au- Necesidad de la oración
rea, vol. III, p. 304).
3744 Vuestro Dios está siempre cerca de
3738 (La oración es) la elevación de la vosotros, y aun dentro de vosotros: en él te-
mente a Dios para pedirle cosas convenientes nemos vida, movimiento y ser (Hech 17, 28).
(SAN JUAN DAMASCENO, Sobre la fe, 3). Aquí no le sale al paso un portero a quien de-
3739 Oración mental es ese diálogo con see hablarle; a Dios le gusta que tratéis fami-
Dios, de corazón a corazón, en el que inter- liarmente con él. Tratad con él vuestros asun-
viene toda el alma: la inteligencia y la imagi- tos, vuestros proyectos, vuestros trabajos,
nación, la memoria y la voluntad. Una medi- vuestros temores y todo lo que os interese.
tación que contribuye a dar valor Hacedlo sobre todo con confianza y el cora-
sobrenatural a nuestra pobre vida humana, zón abierto, porque Dios no acostumbra a
nuestra vida diaria corriente (SAN JOSEMARÍA hablar al alma que no le habla; si esta no se
ESCRIvÁ, Es Cristo que pasa, 119). acostumbra a conversar con él, comprenderá
muy poco su lenguaje cuando le hable (SAN
3740 La oración es la elevación de nuestro
ALFONSO Ma DE LIGORIO, Cómo conversar
corazón a Dios, una dulce conversación entre
la criatura y su Criador (SANTO CURA DE continua y fomiliarmente con Dios, 1. c., vol. 1,
ARs, Sermón sobre la oración). pp. 316-317).

3741 La adoración es el acto por el que 3745 ¿Quién de nosotros podrá oír, sin
uno se dirige a Dios con ánimo de alabarle llorar de compasión, a esos pobres cristianos
(ORíGENES, Trat. sobre la oración, 14). que se atreven a deciros que no tienen tiempo
para orar? ¡Pobres ciegos! ¿Qué obra es más
3742 La oración es el acto propio de la preciosa, la de trabajar por agradar a Dios y
criatura racional (SANTO TOMÁs, Suma Teoló- salvar el alma o la de dar de comer al ganado
gica, 2-2, q. 83, a. 10) . de las cuadras o bien llamar a los hijos o sir-
3743 La oración es el reconocimiento de vientes para enviarlos a remover la tierra o el
nuestros límites y de nuestra dependencia: estercolero? ¡Dios mío, cuán ciego es el hom-
venimos de Dios, somos de Dios y retorna- bre! ... ¡No tenéis tiempo!, mas, decidme, in-
mos a Dios. Por tanto, no podemos menos gratos, si Dios os hubiese enviado la muerte
de abandonarnos a Él, nuestro Creador y Se- esta noche, ¿habríais trabajado? Si Dios os
ñor, con plena y total confianza [.. .l. La ora- hubiese enviado tres o cuatro meses de enfer-

684
ORACIÓN
FRANCISCO FERNÁN DEz -CARVAjAL

medad, ¿habríais trabajado? (SANTO CURA DE 3752 Sin este cimiento fuerte (de la ora-
ARs, Sermón sobre la oración). ción), todo edificio va falso (SANTA TERESA,
Camino de perfección, 4, 5).
3746 El sendero, que conduce a la santi-
dad, es sendero de oración; y la oración debe 3753 Si la oración no mantiene este edifi-
prender poco a poco en el alma, como la pe- cio y sostiene todas sus partes conjugándolas
queña semilla que se convertirá más tarde en entre sí, no podrá ser firme y sólido, ni sub-
sistir por mucho tiempo (CASIANO, Colacio-
árbol frondoso (SAN JOSEMARfA ESCRIVÁ,
nes, 9).
Amigos de Dios, 295).
3754 Aquel que ora, ciertamente se salva,
3747 De lo que yo tengo experiencia pue-
y quien no ora, ciertamente se condena (SAN
do decir, y es que por males que haga quien la ALFONSO Ma DE LIGORIO, Visitas al Stmo.
ha comenzado (la oración) no le deje; pues es Sacramento) .
el medio por donde puede tornarse a reme-
diar, y sin ella será muy más dificultoso (SAN- 3755 Vuestro corazón es pequeño, pero la
oración lo agranda y lo hace capaz de amar a
TA TERESA, Vida, 8, 2).
Dios. La oración es una degustación anticipa-
3748 Todos los males que nos agobian en da del cielo, es un rebose del paraíso. Jamás
la tierra vienen precisamente de que no ora- nos deja sin alguna dulzura. Es una miel que
mos o lo hacemos mal (SANTO CURA DE ARs, desciende sobre el alma y lo endulza todo.
Sermón sobre la oración). Las penas se deshacen ante una oración bien
hecha, como la nieve ante el sol (SANTO CU-
3749 Es, pues, por la oración por la que RA DE ARs, Sermón sobre la oración).
todos los santos no solo se han salvado, sino
que han llegado a ser santos. Los condenados 3756 Siempre que sentimos en nuestro
corazón deseos de mejorar, de responder más
se han condenado por no haber orado; si hu-
generosamente al Señor, y buscamos una
bieran orado no se hubieran condenado (SAN
guía, un norte claro para nuestra existencia
ALFONSO Ma DE LIGORlO, Del gran medio de
cristiana, el Espíritu Santo trae a nuestra me-
la oración). moria las palabras del Evangelio: conviene
3750 La oración es el medio necesario y orar perseverantemente y no desfallecer (Lc 18,
seguro para conseguir la salvación y para ob- 1). La oración es el fundamento de toda la la-
tener todas las gracias necesarias para conse- bor sobrenatural; con la oración somos om-
guirla (SAN ALFONSO Ma DE LIGORIO, Del nipotentes y, si prescindiésemos de este recur-
so, no lograríamos nada (SAN JOSEMARfA
gran medio de la oración).
ESCRlvÁ, Amigos de Dios, 238) .
3751 Todo hombre está obligado a orar
por el hecho de que está obligado a procurar- Poder de la oración
se los bienes espirituales, que no le pueden 3757 La oración era entonces, como hoy,
venir sino de Dios y no pueden serle dados la única arma, el medio más poderoso para
sin que él los pida (SANTO TOMÁS, Comento vencer en las batallas de la lucha interior: ¿hay
Libro IV Sentencias, d. 15 q. 4, a. 1 ad 3). entre vosotros alguno que estd triste? Que se re-

685
O!{ \.UÚN
A NTO LO C IA DE T EXTOS

coja en oración (Sant 5, 13). Y San Pablo resu- 3763 Sin la oración de Esteban, la Iglesia
me: orad sin interrupción (J Tes 5, 17), no os no tendría a Pablo (SAN AGUSTfN, Sermón
canséis nunca de implorar (SAN JOSEMARIA 382) .
ESCRIvÁ, Amigos de Dios, 242).
3764 No nos extrañe, pues, que el demo-
3758 Orad, orad, orad; la oración es la lla- nio haga todo lo posible para movernos a de-
ve de los tesoros de Dios; es el arma del com- jar la oración o a practicarla mal, pues sabe
bate y de la victoria en toda lucha por el bien mejor que nosotros cuán temible sea ella al
y contra el mal. ¿Qué no puede la oración, infierno y cómo es imposible que Dios pueda
adorando, propiciando, suplicando, dando denegarnos lo que le pedimos al orar. ¡Cuán-
gracias? (Pío XII, Aloe. 4-IX-1940). tos pecadores saldrían del pecado, si acertasen
a recurrir a la oración! (SANTO CURA DE ARs,
3759 Elías, después de estar cerrado el cie-
Sermón sobre la Ol-ación).
lo a los impíos durante tres años y tres meses,
lo abrió de nuevo con su palabra divina; y es-
Cómo orar
to mismo hace siempre el que con su oración
obtiene para el alma la lluvia antes denegada 3764b Es posible que te asuste esta palabra:
a los hombres por sus pecados (ORfGENES, meditación. -Te recuerda libros de tapas ne-
Ti-at. sobre la or-ación, 14). gras y viejas, ruido de suspiros o de rezos co-
mo cantinelas rutinarias ... Pero eso no es me-
3760 Con la oración todo lo podéis, sois
ditación.
dueños, por decirlo así, del querer de Dios
Meditar es considerar, contemplar que Dios
(SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre la perse-
es tu Padre, y tú, su hijo, necesitado de ayu-
verancia).
da; y después darle gracias por lo que ya te ha
3761 Cuando hablamos con Dios en la concedido y por todo lo que te dará (SAN Jo-
oración, el Hijo está unido a nosotros, y SEMARÍA ESCRIVÁ, Surco, n. 661).
cuando ruega, el cuerpo del Hijo lo hace uni-
3765 Ha de hacer cuenta, el que comien-
do a su cabeza; de este modo, el único Salva-
za, que comienza a hacer un huerto en tierra
dor, Nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios,
muy infructuosa, que lleva muy malas hier-
ora por nosotros, ora en nosotros, y al mismo
bas, para que se deleite el Señor. Su Majestad
tiempo es a Él a quien dirigimos nuestra ora-
arranca las malas hierbas, y ha de plantar las
ción.
buenas. Pues hagamos cuenta que está ya he-
Ora por nosotros, como sacerdote nuestro;
cho esto cuando se determina a tener oración
ora en nosotros, como cabeza nuestra; recibe
un alma, y lo ha comenzado a usar. Y, con
nuestra oración, como nuestro Dios (SAN
ayuda de Dios, hemos de procurar, como
AGUSTfN, Comento sobre el Salmo 85).
buenos hortelanos, que crezcan estas plantas
3762 Los grandes prodigios que Samuel y tener cuidado de regarlas, para que no se
realizó, según las Escrituras, mediante la ora- pierdan, sino que vengan a echar flores que
ción, los pueden realizar también ahora cual- den de sí gran olor, para dar recreación a este
quiera de los que están verdaderamente dedi- Señor nuestro, y así se venga a deleitar mu-
cados a Dios (ORíGENES, Trat. sobre la chas veces a este huerta y a holgarse entre es-
or-ación, 13). tas virtudes (SANTA TERESA, Vida, 11, 2).

686
OH \C1Úr\
F RA NCISCO FEHN-i N DEZ-CARVA)AL

3766 En cuanto al lugar, hay que saber la estancia y hagámosle reverencia; allí nos
que todo lugar es apto para que haga oración verá, agradecerá nuestra paciencia y recom-
quien bien ora: Ofreced en todo Lugar a mi pensará nuestro silencio. Un día en que nos
nombre un sacrificio humeante, dice el Señor; hallemos desvanecidos , nos dará la mano,
y Quiero que Los hombres oren en todo Lugar. platicará con nosotros y dará en nuestra com-
Para practicar las devociones con más tran- pañía cien vueltas por las avenidas de su jar-
quilidad y menos expuestos a distracción se dín; pero, en tanto que no lo haga, confor-
puede, si es cómodamente factible, elegir en mémonos con que nuestro deber sea ir en su
las casas particulares un determinado lugar a busca, pensando que ya es gracia muy señala-
ello destinado , un recinto por así decir más da y honor demasiado alto el que nos sufra
santo, y allí hacer la oración (ORÍGENES, Ti'tlt. en su presencia (SAN FRANCISCO DE SALES,
sobre La oi'tlción, 30). EpistoLario, fragm. 149, 1. c., p. 784).
3767 Me ha parecido necesario exponer 3771 Será útil el recuerdo de Dios que es-
estas cosas al considerar el lugar de la oración tá presente y que capta todos los movimien-
y al establecer que el mejor lugar para ella es tos, aun los más leves, del alma, mientras esta
el de las asambleas de los santos que se con- se dispone a sí misma para agradar a quien
gregan piadosamente en la iglesia (ORÍGENES, sabe que está presente, y que va y examina el
Trat. sobre fa ol'tlción, 6). corazón, y que escruta las entrañas (ORÍGE-
NES, Ti'tlt. sobre La oi'tlción, 8).
3768 Dediquemos a esta norma de piedad
un tiempo suficiente; a hora fija, si es posible. 3772 Pensar y entender lo que hablamos y
Aliado del Sagrario, acompañando al que se con quién hablamos y quiénes somos los que
quedó por Amor. Y si no hubiese más reme- osamos hablar con tan gran Señor; pensar es-
dio, en cualquier parte, porque nuestro Dios to y otras cosas semejantes de lo poco que le
está de modo inefable en nuestra alma en habemos servido y lo mucho que estamos
gracia (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Amigos de obligados a servir, es oración mental; no pen-
Dios, 249). séis que es otra algarabía ni os espante el
nombre (SANTA TERESA, Camino de perfec-
3769 No son menester fuerzas corporales ción, 25, 3).
para ella, sino solo amar y costumbre; que el
Señor da siempre oportunidad si queremos
3773 Al principio costará; hay que esfor-
zarse en dirigirse al Señor, en agradecer su
(SANTA TERESA, Vida, 7, 4).
piedad paterna y concreta con nosotros. Poco
3769b Meditación. -Tiempo fijo y a hora a poco, el amor de Dios se palpa -aunque no
fija. -Si no, se adaptará a la comodidad nues- es cosa de sentimientos-, como un zarpazo
tra: esto es falta de mortificación. Y la ora- en el alma. Es Cristo, que nos persigue amo-
ción sin mortificación es poco eficaz (SAN JO- rosamente: He aquí que estoy a tu puerta, y
SEMARlA ESCRIvÁ, Surco, n. 446). ffamo (Apoc 3, 20) (SAN JOSEMARiA ESCRIvÁ,
Es Cristo que pasa, 8).
3770 En la oración, si podemos hablar al
Señor, hablémosle, alabémosle, roguémosle, 3774 Conténtese el hombre con hacer
escuchémosle. Si no podemos hablar con Él buenamente lo que es de su parte, que es ha-
porque estamos afónicos, permanezcamos en llarse presente a lo que el Señor padeció, mi-

687
ORACIÓN
ANTOLOGrA DE TEXTOS

rando con una vista sencilla y sosegada, y con Para esto no se nos ha de dar nada de no te-
un corazón tierno y compasivo y aparejado ner devoción -como tengo dicho-, sino agra-
para cualquier sentimiento que el Señor le decer al Señor que nos deja estar deseosos de
quisiere dar, lo que por Él padeció, más dis- contentarle, aunque sean pocas las obras. Es-
puesto para recibir el efecto que su misericor- te modo de traer a Cristo con nosotros apro-
dia le diere, que para exprimirlo a fuerza de vecha en todos los estados, y es un medio se-
brazos. Y esto hecho, no se acongoje por lo gurísimo para ir adelantando (SANTA TERESA,
demás, cuando no le fuere dado (SAN PEDRO Vida, 12).
DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y medita-
3779 Antes que entremos en la meditación
ción, 1, 12, aviso 3°).
es necesario aparejar el corazón para este san-
3775 Es sumamente provechoso al preten- to ejercicio, que es como quien templa la
der hacer oración ponerse -durante toda vihuela para tañer (SAN PEDRO DE ALCÁNTA-
ella- en actitud de presencia de Dios y hablar RA, Trat. de la oración y meditación, 1, 5).
con Él como con quien está presente y lo ve
(ORíGENES, Trat. sobre la oración, 8). 3780 De los que comienzan a tener ora-
ción, podemos decir son los que sacan el agua
3776 Que le oigamos dentro de nuestro del pozo, que es muy a su trabajo, como ten-
corazón, que le escuchemos con aquella aten- go dicho, que han de cansarse en recoger los
ción que pedía Jesús cuando dijo: el que ten- sentidos, que como están acostumbrados a
ga oídos que oiga (SAN AGUSTÍN, Sermón 25) . andar derramados, es harto trabajo (SANTA
3777 Si no era acabando de comulgar, ja- TERESA, Vida, 11,3). .
más osaba comenzar a tener oración sin libro; 3781 No calles, no guardes silencio en su
que tanto temía mi alma estar sin él en ora- presencia. Háblale para que tambIén Él te ha-
ción, como si con mucha gente fuera a pelear. ble (SAN BERNARDO, Hom. en la Natividad de
Con este remedio, que era como una compa-
la B. VÍ1gen María, 15).
ñía o escudo en que había de recibir los gol-
pes de los muchos pensamientos, andaba 3782 Quien no hallare maestro que le en-
consolada (SANTA TERESA, Vida, 4, 7). señe oración, tome este glorioso Santo (S. Jo-
sé) por maestro y no errará en el camino
3778 Puede representarse delante de Cris-
(SANTA TERESA, Vida, 6, 3).
to y acostumbrarse a enamorarse mucho de
su sagrada Humanidad, y traerle siempre
Distracciones y dificultades
consigo, y hablar con Él, pedirle para sus ne-
en la oración
cesidades y quejársele de sus trabajos, alegrar-
se con Él en sus contentos y no olvidarle por 3782b La dificultad habitual de la oraci6n
ellos; sin usar oraciones compuestas, sino pa- es la distracción. En la oración vocal, la dis-
labras conforme a sus deseos y necesidad. Es tracción puede referirse a las palabras y al
excelente manera de aprovechar, y muy en sentido de estas. La distracci6n, de un modo
breve; y quien trabajare para traer consigo es- más profundo, puede referirse a Aquel al que
ta preciosa compañía, y de veras cobrase oramos, tanto en la oraci6n vocal.pitúrgica o
amor a este Señor a quien tanto debemos, yo personal), como en la meditación y en la ora-
le doy por aprovechado. ción contemplativa. Dedicarse a perseguir las

688
ORACiÓN
F RANC ISCO F ERNÁNDEZ-CARVAjAL

distracciones es caer en sus redes; basta con tender qué cosa sea oración mental (SANTA
volver a nuestro corazón: la distracción des- TERESA, Camino de perfección, 22, 8).
cubre al que ora aquello a lo que su corazón
3787 A medida que nos entregamos a la
está apegado. Esta humilde toma de concien- oración, las mismas cosas que hicimos con
cia debe empujar al orante a ofrecerse al Se- gran complacencia las tenemos que sufrir
fiar para ser purificado. El combate se decide más tarde en nuestras oraciones como ino-
cuando se elige a quién se desea servir (cfr. portunas y violentas [... ]. Pero cuando insisti-
Mt 6, 21. 24) (Catecismo de la Iglesia Católi- mos vehementemente en nuestra oración, pa-
ca, n. 2729). ramos en nuestra alma a Jesús que pasa; pues
3783 Creo, pues, que, si el que va a la ora- se dice en el Evangelio: Mas, deteniéndose Je-
ción se recoge un instante y se compone a sí sús, mandó que se condujese al ciego a su presen-
mismo, se hallará más dispuesto y atento a lo cia. Ved que se detiene el que antes pasaba,
largo de toda la oración. Igualmente, si todas porque mientras que en la oración consenti-
las angustias de su alma y los pensamientos mos a las turbas de fantasmas, sentimos en
perturbadores los echa fuera y se esfuerza con cierto modo a Jesús que pasa; pero cuando
insistimos con vehemencia en la oración, Je-
todo interés en recordar la majestad de Aquel
sús se detiene para restituir la luz porque
a quien se va a acercar y qué impío es presen-
Dios se detiene en el corazón y este recupera
tarse a Él con laxitud, abandono y casi des-
la luz que había perdido (SAN GREG ORIO
precio. Finalmente, si aparta toda cosa ajena
MAGNO, Hom. 2 sobre los Evang.).
a la oración, viniendo a orar en esta forma;
extendiendo, por así decir, el alma ante las 3788 El corazón, como saben los que en-
manos; dirigiendo, más que los ojos, la men- tran en él, es todo puertas, y necesita de mu-
te a Dios; antes de ponerse en pie, levantando chos porteros, y que todos despidan con ese
de la tierra la razón y poniéndose en presen- no, cuyo valor conocen más los que más se
cia del Sefior de todo; rechazando, en fin, to- recogen, porque, en este caso del recogimien-
do recuerdo de las injurias que crea haber re- to, ese no afirma más que niega (F. DE OSU-
cibido de parte de otro [... ] (ORÍGENES, Trat. NA, Tercer abecedario espiritual, VII, 8) .
sobre la oración, 30). 3789 Y si [... ] te inquietaren los pensa-
3784 Siempre es bueno separarse de la va- mientos, y tú todavía perseverantemente les
nagloria, especialmente cuando se está en resistieres e hicieres lo que es en ti, debes te-
oración (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena ner por cierto que mucho más terreno ganas
Aurea, vol. 1, p. 346). en esta resistencia que si estuvieras gozando
de Dios a todo sabor (SAN PEDRO DE ALcÁN-
3785 El que no ora más que cuando está TARA, Trat. de la oración y meditación, 11, 4,
de rodillas, ora muy poco. Pero quien, estan- aviso 4°).
do de rodillas, se abandona a todas las dis-
3790 Muy muchas veces, algunos afias, te-
tracciones, no ora nada en absoluto (CASIA-
nía más cuenta con desear se acabase la hora
NO, Colaciones, 10).
que tenía por mí de estar y escuchar cuando
3786 No me estéis hablando con Dios y daba el reloj, que no en otras cosas buenas; y
pensando en otras cosas, que esto hace no en- hartas veces no sé qué penitencia grave se me

689
011 \CIÚN
A NTO LOG ÍA D E T EXTOS

pusiera delante que no la acometiera de me- 3794 Es como llegarnos al fuego, que aun-
jor gana que recogerme a tener oración (SAN- que le haya muy grande, si estáis desviadas y
TA TERESA, Vida, 8, 3). escondéis las manos malos podéis calentar,
aunque todavía da más calor que no estar a
3791 Contra la tentación de los pensa-
donde no hay fuego. Mas otra cosa es querer-
mientos importunos que nos suelen combatir
nos llegar a él, que si el alma está dispuesta
en la oración, el remedio es pelear varonil y
-digo que esté con deseo de perder el frío- y
perseverantemente contra ellos, aunque esta
se está allí un rato , queda para muchas horas
resistencia no ha de ser con demasiada fatiga
con calor (SANTA T ERESA, Camino de perfec-
y congoja de espíritu, porque no es este nego-
ción, 35, 1).
cio tanto de fuerza cuanto de gracia y humil-
dad (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la 3795 Aprovecha también considerar que
oración y meditación, I1, 4, aviso 4°). ni el demonio ni otra cosa es poderosa para
nos dañar, sin licencia de Nuestro Señor.
3792 Apenas nos demos cuenta de que
También aprovecha considerar que tenemos
nuestro espíritu se distrae, es necesario po-
al Ángel de nuestra guarda a nuestro lado, y
nerse de nuevo ante la presencia de Dios, hu-
en la oración mejor que en otra parte, porque
millarnos ante la divina Majestad y no dejar
allí existe él para nos ayudar y llevar nuestras
nunca la oración porque no experimentemos
oraciones al cielo y defendernos del enemigo,
gusto al orar. Por el contrario, hemos de pen-
que nos puede hacer mal (SAN PEDRO DE AL-
sar que, cuanta más pesadez sintamos, más
CÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, II,
meritoria será nuestra oración a los ojos de
4, aviso 5°) .
Dios, si perseveramos en ella siempre con la
intención de agradarle. Refiérese en la histo- 3796 Para que la mente no se altere con
ria que, en cierta ocasión, un santo decía a pensamientos extraños, conviene durante el
otro santo: «¿A qué será debido que, mientras tiempo de la oración olvidar todos aquellos
oramos, nuestro espíritu se llena de mil pen- asuntos ajenos a la misma (ORíGENES, Trat.
samientos ajenos, los cuales quizá no nos acu- sobre la oración, 9).
dirían, si no estuviésemos ocupados en la ora-
3797 ¿Que no ganáis nada en la oración?
ción? ». El otro le contestó: «Ello no es
Mostrad a Dios vuestra miseria. La más bella
extraño, amigo mío: ante todo, el demonio
introducción de los mendigos es descubrir a
prevé las abundantes gracias que por la ora-
nuestros ojos sus úlceras e indigencia. Pero, a
ción podemos alcanzar, y, por consiguiente,
veces, según me decís, ni a eso llegáis, sino
desespera de ganar a una persona que ore de-
que permanecéis como fantasma o estatua.
bidamente; además, cuanto mayor es el fer-
No es poco. En los palacios de los reyes y los
vor con que oramos más excitamos su furor»
príncipes se colocan estatuas, que no sirven
(SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la ora-
más que para deleitar la vista del monarca;
ción) .
contentaos con servir de eso en presencia de
3793 ¿Cómo deseas ser oído por el Señor, Dios. Él animará la estatua cuando quiera
cuando tú mismo no te oyes? (SAN C!PRIANO, (SAN FRANCISCO DE SALES, Epistolario,
en Catena Aurea, vol. 1, p. 348). fragm. 149,1. c., p. 784).

690
OR \U(¡i\'
F RANCISCO F EIU.,¡AN DEZ- CARVAj AL

3798 Cuando hagas oración haz circular ciones, para hacer que cesen las persecuciones,
las ideas inoportunas, como si fueras un para consolar a los abatidos, para deleitar a los
guardia del tráfico; para eso tienes la volun- magnánimos, para guiar a los peregrinos, para
tad enérgica que te corresponde por tu vida mitigar las tempestades, para impedir su ac-
de niño. -Detén, a veces, aquel pensamiento tuación a los ladrones, para alimentar a los po-
para encomendar a los protagonistas del re- bres, para llevar por buen camino a los ricos,
cuerdo inoportuno. ¡Hala!, adelante ... Así, para levantar a los caídos, para sostener a los
hasta que dé la hora. -Cuando tu oración por que van a caer, para hacer que resistan los que
este estilo te parezca inútil, alégrate y cree que están en pie.
has sabido agradar a Jesús (SAN JOSEMARÍA Oran los mismos ángeles, ora toda la creación,
ESCRIVÁ, Camino, n. 891). oran los animales domésticos y los salvajes, y
doblan las rodillas y, cuando salen de sus esta-
3799 En la oración pasaba gran trabajo,
blos o guaridas, levantan la vista hacia el cielo
porque no andaba el espíritu señor, sino es-
y con la boca, a su manera, hacen vibrar el aire
clavo; y así no me podía encerrar dentro de
(TERTULIANO, Sobre la oración, 28-29) .
mí, que era todo el modo de proceder que
llevaba en la oración, sin encerrar conmigo 3801 [... ] oración constante, de la mañana
mil vanidades (SANTA TERESA, Vida, 7, 6). a la noche y de la noche a la mañana. Cuando
todo sale con facilidad: ¡gracias, Dios mío!
Recogimiento Cuando llega un momento difícil: ¡Señor, no
ver también nn. 4491-4519. me abandones! Y ese Dios, manso y humilde de
corazón (Mt 11,29), no olvidará nuestros rue-
La oración da sentido a la vida gos, ni permanecerá indiferente, porque Él ha
en cualquier circunstancia afirmado: pedid y se os dará, buscad y encontra-
3800 Es solamente en la oración, en la inti- réis, llamad y se os abrirá (Le 11, 9) (SAN JOSE-
MARÍA EscRIVÁ, Amigos de Dios, 247) .
midad del diálogo inmediato y personal con
Dios, que abre los corazones y las inteligencias 3802 La Iglesia ora y quiere orar para res-
(cfr. Hech 16, 14), donde el hombre de fe pue- ponder a las necesidades que nacen de lo más
de ahondar en la comprensión de la voluntad profundo del hombre, que a veces está suma-
divina respecto a su propia vida (A. DEL POR- mente agobiado y acosado por las condicio-
TILLO, Escritos sobre el sacerdocio, pp. 92-93). nes contingentes de la vida diaria, por todo lo
que es temporal, la debilidad, el pecado, el
3800b La oración es lo único que tiene poder
abatimiento, y una vida que parece no tener
sobre Dios; pero Cristo no quiso que sirviera
sentido. La oración da sentido a toda la vida
para operar mal alguno, sino que toda la efica-
en cada momento y en cualquier circunstan-
cia que Él le ha dado ha de servir para el bien.
cia (JUAN PABLO 11, Aloe. 23-X-1978).
Por esto, su finalidad es servir de sufragio a las
almas de los difuntos, robustecer a los débiles, 3803 Por muchas que sean las penas que
curar a los enfermos, liberar a los posesos, abrir experimentemos, si oramos, tendremos la di-
las puertas de las cárceles, deshacer las ataduras cha de soportarlas enteramente resignados a
de los inocentes. La oración sirve también para la voluntad de Dios; y por violentas que sean
perdonar los pecados, para apartar las tenta- las tentaciones, si recurrimos a la oración, las

691
ORA(;¡ÓN
A NTOLOC fA DE T EXTOS

dominaremos (SANTO CURA DE ARs, Sermón ñana a la noche. Más aún: como nos recuerda
sobre la oración). la Escritura Santa, también el sueño debe ser
oración (cfr. Dt6, 6 y 7) (SAN JOSEMARfA Es-
3804 La verdadera prueba del hombre no
CRlvA, Es Cristo que pasa, 119).
es el gusto de la oración, sino la paciencia de
la tribulación, la abnegación de sí mismo y el 3809 La oración no consiste solo en las pa-
cumplimiento de la divina voluntad, aunque labras con que invocamos la clemencia divi-
para todo esto aprovecha grandemente así la na, sino también todo lo que hacemos en ob-
oración como los gustos y consolaciones que sequio de nuestro Creador movidos por la fe
en ellas se dan (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, (SAN BEDA, Comento Evang. S. Marcos).
Trat. de la oración y meditación, II, 5). 3810 Nada hay mejor que la oración y co-
3805 En tiempos pasados, la oración libe- loquio con Dios ... Me refiero, claro está, a
raba del fuego, de las bestias, de la falta de aquella oración que no se hace por rutina, si-
alimento, y sin embargo no había recibido no de corazón, que no queda circunscrita a
aún de Cristo su forma propia. unos determinados momentos, sino que se
¡Cuánta más eficacia no tendrá, pues, la ora- prolonga sin cesar día y noche (SAN JUAN
ción cristiana! Ciertamente, no hace venir el CRlS6STOMO, Hom. 6 sobre la oración).
rocío angélico en medio del fuego, ni cierra la 3811 La oración no es el efecto de una ac-
boca de los leones, ni transporta a los ham- titud exterior, sino que procede del corazón.
brientos la comida de los segadores (como en No se reduce a unas horas o momentos deter-
aquellos casos del Antiguo Testamento); no minados, sino que está en continua actividad,
impide milagrosamente el sufrimiento, sino lo mismo de día que de noche. No hay que
que, sin evitarles el dolor a los que sufren, los contentarse con orientar a Dios el pensa-
fortalece con la resignación, con su fuerza les miento cuando se dedica exclusivamente a la
aumenta la gracia para que vean, con los ojos oración; sino que, aun cuando se encuentre
de la fe, el premio reservado a los que sufren absorbida por otras preocupaciones [... ], hay
por el nombre de Dios (TERTULIANO, Trat. que sembrarlas del deseo y el recuerdo de
sobre la oración, 28-29). Dios [...] (SAN JUAN CRIS6sTOMO, Hom. 6
sobre la oración) .
3806 Hemos de orar con frecuencia, pero
debemos redoblar nuestras oraciones en las 3812 Pero ¿vamos a tener siempre hincadas
horas de prueba, en los momentos en que las rodillas, inclinado el cuerpo, las manos le-
sentimos el ataque de la tentación (SANTO vantadas, porque San Pablo diga: orad sin inte-
CURA DE ARs, Sermón sobre la oración). rrupción? Si en eso consiste la oración, creo que
no podemos hacerla sin interrupción. Hay otra
Oración continua oración interior e ininterrumpida: el deseo.
Hagas lo que hagas, si deseas el reposo del cie-
3807 El saludo es cierta especie de oración
lo, no ceses de orar. Por eso, si no quieres dejar
(SANTO ToMAs, en Catena Aurea, vol. 1, p.
de orar, no dejes de desear. Tu continuo deseo
334).
será como un clamor ininterrumpido. Y si de-
3808 Toda la jornada puede ser tiempo de jas de amar, caerás en el mutismo (SAN AGUS-
oración: de la noche a la mañana y de la ma- TíN, Comento sobre el Salmo 31).

692
ORACIÓN
FRANCISCO FERNÁN DEZ-CARVAjAL

3813 Se dice de nuestros hermanos de más agradable a Dios que este; este aroma de-
Egipto que dicen frecuentes oraciones pero be ser ofrecido a él por los creyentes (SAN
muy cortas, y jaculatorias pronunciadas de AGUSTfN, Comento sobre el Salmo 140).
modo secreto, temerosos de que la atención,
3817 Cuando insistimos en la oración con
que tan necesaria es al que ora, no puede pro-
toda vehemencia, Dios se detiene en nuestro
longarse mucho tiempo con fervor (SAN
corazón, y recobramos la vista perdida (SAN
AGUSTfN, en Catena Aun'a, vol. 1, p. 349).
GREGaRIO MAGNO, en Catena Aurea, vol.
3814 Ora sin cesar e! que a las obras debi- VI, p. 326).
das une la oración, y a la oración une las
3818 Dios, que es amoroso espectador
obras convenientes; pues la recomendación
de nuestro día entero, preside nuestra ínti-
orad sin cesar la podemos considerar como
ma plegaria: y tú y yo [... ] hemos de confiar-
un precepto realizable únicamente si pudiéra-
nos con Él como se confía en un hermano,
mos decir que la vida toda de un varón es una
en un amigo, en un padre (SAN ]OSEMARfA
gran oración continuada (ORíGENES, Trat. so-
ESCRIVÁ, Amigos de Dios, 246).
bre la oración, 12).
3819 No solo podemos siempre acercar-
3815 Mientras mantenemos esta habitual
nos a saciar nuestra sed, sino que además,
entrega amorosa a Dios y a su voluntad, esta-
siempre que lo pedimos, se nos concede acce-
mos orando también con nuestro trabajo ,
so al Salvador (SAN ATANASIa, Carta 5).
con nuestros sacrificios y nuestros sufrimien-
tos, aunque no realicemos actos de oración y 3820 Señor, no merezco que me oigas,
no pensemos en orar. Solo en virtud de ese porque soy malo, rezaba un alma penitente.
modo estable de ser de! alma nos es posible e! y añadía: ahora ... escúchame quoniam bonus
orar sin interrupción (I Tes 5, 17) , e! orar -porque Tú eres bueno (SAN ]OSEMAIÚA Es-
siempre que nos exige el Señor (Le 18, 1) . CRIVÁ, Surco, n. 469).
Hay momentos en que debemos concentrar
3821 Y aquellas palabras sabía que siempre
la atención en e! trabajo y no podemos pen-
me oyes (In 11, 42), pronunciadas por e! Se-
sar al mismo tiempo en Dios y en las cosas
ñor, muestran que quien siempre ora es tam-
divinas; esto nos ocurre continuamente a tra-
bién escuchado siempre (ORíGENES, Trat. so-
vés de la jornada; pero, no obstante, en vir-
bre la oración, 13).
tud de esa disposición habitual del alma, de
esa unión con Dios, de ese ánimo de hacerlo Cualidades de la buena oración
y sufrirlo todo por Dios, estamos orando
ininterrumpidamente (B. BAUR, En la intimi- 3822 La oración ha de ser confiada, recta,
dad con Dios, p. 174). ordenada, devota y humilde (SANTO ToMAs,
Sobre el Padrenuestro, 1. c., 121).
El Señor está atento siempre 3823 Toda la pretensión de quien comien-
a nuestra oración
za oración -y no se olvide que esto importa
3816 La oración que sale con toda pureza mucho- ha de ser trabajar y determinarse y
de lo íntimo de la fe se eleva como e! incienso disponerse, con cuantas diligencias pueda, a
desde e! altar sagrado. Ningún otro aroma es hacer su voluntad conforme a la de Dios [... ].

693
OH_ACIÓN
A NT O LOG IA D E T EXTOS

Quien más perfectamente tuviera esto, más discursos, mejor con lágrimas que con pala-
recibirá del Señor, y más adelante estará en el bras (SAN AGUSTíN, Epístola a Proba 121).
camino (SANTA TERESA, Las Moradas, II, 8) .
3830 Al orar no hemos de recitar palabras
3824 En lo que está la suma perfección cla- huecas, sino que hemos de hablar dignamen-
ro está que no es en regalos interiores ni en te con Dios. Y decimos cosas vanas cuando ni
grandes arrobamientos [... ], sino en estar nues- a nosotros mismos nos examinamos con seve-
tra voluntad tan conforme a la voluntad de ridad, ni examinamos las palabras que pro-
Dios, que ninguna cosa entendamos que quie- nunciamos en la oración (ORíGENES, Trat. so-
ra, que no la queramos con toda nuestra vo- bre la oración, 21) .
luntad (SANTA TERESA, Fundaciones, 5, 10). 3831 (Estemos atentos) para que entenda-
3825 La oración es perfecta cuando reúne mos con quién estamos hablando y que nos
la fe y la confesión; el leproso demostró su fe responde el Señor a nuestras peticiones. No
postrándose y confesó su necesidad con sus penséis que se está callando, que, aunque no
palabras (SAN JUAN CRIS6STOMO, Hom. sobre le oímos, bien habla el corazón cuando le pe-
dimos de corazón (SANTA TERESA, Camino de
S. Mateo, 25) .
perfección, 24, 5).
3826 No todos los deseos y afectos llegan
3832 Ved la manera de orar que tiene un
a Dios, sino solamente aquellos que nacen de
pecador suponiendo que ore, pues la mayor
amor verdadero (SAN JUAN DE LA CRUZ,
parte de los pecadores no lo hacen; veréis que
Cdntico espiritual, 2, 2).
se levantan y se acuestan como bestias. Mas
3827 No es menester dar voces para ha- observemos a aquel pecador orando: vedle re-
blar con Dios, porque Su Majestad dará a costado en una poltrona, o echado sobre la
sentir cómo está allí. De esta suerte rezare- cama rezando mientras se viste o se desnuda,
mos con mucho sosiego vocalmente y es qui- o va andando o gritando [.. .]. 10 Para que la
tarnos de trabajo, porque, a poco tiempo que oración sea agradable a Dios y provechosa al
forcemos a nosotras mismas para estarnos que la hace, es necesario hallarse en estado de
cerca de este Señor, nos será más fácil (SANTA gracia o al menos tener una firme resolución
TERESA, Camino de perfección, 29, 6). de salir cuanto antes del pecado, puesto que
la oración de un pecador que no quiere salir
3828 No es amigo de que nos quebremos del pecado es un insulto que se hace a Dios.
las cabezas hablándole mucho (SANTA TERE- 2. Para que nuestra oración esté bien hecha,
0

SA, Camino de perfección, 29, 6). es necesario habernos preparado antes. Toda
3829 Lejos de la oración las muchas pala- oración hecha sin prepararse es una oración
bras; pero no falte la oración continuada, si la defectuosa, y esta preparación consiste en
intención persevera fervorosa. Hablar mucho pensar un rato en Dios antes de arrodillarnos
en la oración es tratar una cosa necesaria con en su presencia, considerando a quién vamoS
palabras superf1uas: orar mucho es mover, a hablar y lo que le hemos de pedir (SANTO
con ejercicio continuado del corazón, a aquel CURA DE ARs, Sermón sobre la oración).
a quien suplicamos, pues, de ordinario, este 3833 Fue así como vivieron aquellos pri-
negocio se trata mejor con gemidos que con meros, y como debemos vivir nosotros: la

694
OR~CIÚN
F RANC ISCO F ERNÁN D EZ-CA RVAj AL

meditación de la doctrina de la fe hasta ha- buenas obras, de los resultados de la fideli-


cerla propia, el encuentro con Cristo en la dad ...
Eucaristía, el diálogo personal -la oración sin Como el soldado que está de guardia, así he-
anonimato- cara a cara con Dios, han de mos de estar nosotros a la puerta de Dios
constituir como la substancia última de nues- Nuestro Señor: yeso es oración. O como se
tra conducta (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Es echa el perrillo, a los pies de su amo.
Cristo que pasa, 134). - No te importe decírselo: Señor, aquí me tie-
nes como un perro fiel; o mejor, como un bo-
3834 Cuando yo veo almas muy diligentes
a entender la oración que tienen y muy enca- rriquillo, que no dará coces a quien le quiere
(SAN JOSEMARÍA ESCRIvÁ, FOlja, n. 73).
potadas cuando están en ella (que parecen no
osan bullir, ni menear el pensamiento, porque 3836 Advertid mucho en esto, que cuando
no se les vaya un poquito de gusto y devoción de estas cosas acaecen a un alma en la oración
que han tenido), trácese ver cuán poco entien- que he dicho de contemplación perfecta, y si
den del camino por donde se alcanza la unión se la ofrece no la pone por obra de perdonar
y piensan que allí está todo el negocio. Que cualquier injuria, por grave que sea, no fíe
no, hermanas, no; obras quiere el Señor y que, mucho de su oración (SANTA T ERESA, Cami-
si ves una enferma a quien puedes dar algún no de perfección, 36, 8) .
alivio, no se te dé nada en perder esa devoción
y te compadezcas de ella [... ] (SANTA TERESA, Frutos de la oración
Las Moradas, V, 3).
3837 Bien podemos decir que la oración
3835 Las palabras del que ora han de ser lo hace todo: ella es la que nos da a conocer
mesuradas y llenas de sosiego y respeto. Pen- nuestros deberes, la que nos pone de mani-
semos que estamos en la presencia de Dios. fiesto el estado miserable de nuestra alma
Debemos agradar a Dios con la actitud cor- después del pecado, la que nos procura las
poral y con la moderación de nuestra voz. disposiciones necesarias para recibir los sacra-
Porque así como es propio del falto de educa- mentos; la que nos hace comprender cuán
ción hablar a gritos, así, por el contrario, es poca cosa sean la vida y los bienes de este
propio del hombre respetuoso orar con un mundo , lo cual nos lleva a no aficionarnos
tono de voz moderado [.. .]. demasiado a lo terreno; ella, por fin, es la que
y cuando nos reunimos con los hermanos pa- imprime vivamente en el espíritu el saludable
ra celebrar los sagrados misterios, presididos temor de la muerte, del juicio, del infierno y
por el sacerdote de Dios, no debemos olvidar de la pérdida del cielo (SANTO CURA DE ARs,
este respeto y moderación (SAN C¡PRIANO, Sermón sobre fa oración) .
Trat. sobre fa oración, 4-6).
3838 Como fruto, saldrán siempre propó-
3835b La oración - recuérdalo- no consiste sitos claros, prácticos, de mejorar tu conduc-
en hacer discursos bonitos, frases grandilo- ta, de tratar finamente con caridad a todos
cuentes o que consuelen ... los hombres, de emplearte a fondo -con el
Oración es a veces una mirada a una imagen afán de los buenos deportistas- en esta lucha
del Señor o de su Madre; otras, una petición, cotidiana de amor y de paz (SAN JOSEMARÍA
con palabras; otras, el ofrecimiento de las ESCRIVÁ, Es Cristo que pasa, 8) .

695
ORACJÓN
A NTOLO GIA OE TEXTOS

3839 Por no estar arrimada a esta fuerte 3845 «Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y
columna de la oración, pasé este mar tempes- por los siglos», leemos en la Carta a los He-
tuoso casi veinte años con estas caídas (SANTA breos. Jesús, que venció a la muerte, vive. Po-
TERESA, Vida, 8, 1-4). demos tratarlo, porque no solo vive, sino que
se acerca hasta hacerse el encontradizo con
3840 Hay que orar, no para dejar de ser
nosotros. En las páginas del Evangelio, en los
tentados -cosa imposible-, sino para no ser
Sagrarios de las iglesias, en cualquier momen-
enredados por la tentación, como sucede a
to y lugar, Jesús se pone a nuestro lado. Más
los que son atrapados y vencidos por ella
aún, está en nuestro corazón, enviándonos,
(ORíGENES, 'Hat. sobre la oración, 29).
con el Padre, al Espíritu Santo, para fortale-
3841 Cuando una persona sale de alguna cer la fe, confirmar la esperanza y alimentar el
profunda y devota oración, allí se le renuevan amor.
todos los buenos propósitos; allí son los favo- El amor divino anula las distancias, abre cau-
res y determinaciones de bien obrar; allí el ce a la oración, al trato sencillo y continuado
deseo de agradar y amar a un Señor tan bue- con el Señor. Podemos escuchar a Jesús, revi-
no y dulce como allí se le ha mostrado, y de vir su paso por la tierra, abrirle nuestro cora-
padecer nuevos trabajos y asperezas, y aun zón, acercarnos a la intimidad con Él. En ese
derramar sangre por Él; y finalmente, rever- proceso, nuestra mirada se dirigirá a veces
dece y se renueva toda la frescura de nuestra también a quienes lo rodearon durante su pe-
alma (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la regrinar por Palestina, y ahora viven con Él
oración y meditación, 1, 1). en los Cielos -en especial, a María y a José-,
y les rogaremos que nos enseñen a tratar a
3842 La oración abre los ojos del alma, le Cristo como ellos lo hicieron, a amarlo como
hace sentir la magnitud de su miseria, la ne- ellos lo amaron. En otras ocasiones, partien-
cesidad de recurrir a Dios y de temer su pro- do de la condición humana de Jesús, de su vi-
pia debilidad (SANTO CURA DE ARS, Sermón da, de su pasión, de su muerte y de su resu-
sobre la oración). rrección, nos adentraremos en su divinidad, y
3843 En la oración tiene lugar la conver- descubriremos al Padre y al Espíritu Santo (J.
sión del alma hacia Dios, y la purificación del ECHEVARRfA, Itinerarios de vida cristiana,
corazón (SAN AGUSTíN, en CatenaAttrea, vol. pp. 104-105).
1, p. 352) . 3846 Así como los árboles y los cuerpos
3844 Son estos gozos de oración como de- humanos quieren sus riegos y mantenimien-
ben ser los que están en el Cielo, que como tos ordinarios, y en faltando esto luego des-
no han visto más de lo que el Señor -confor- fallecen y desmedran, así también lo hace la
me a lo que merecen- quiere que vean, y ven devoción, cuando le falta el riego y manteni-
sus pocos méritos, cada uno está contento miento de la consideración (SAN PEDRO DE
con el lugar en que está, con haber tan gran- ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación,
dísima diferencia de gozar a gozar en el Cielo, I1,3).
mucho más que acá hay de unos gozos espiri- 3847 La oración es luz del alma, verdade-
tuales a otros, que es grandísima (SANTA TE- ro conocimiento de Dios, mediadora entre
RESA, Vida, 10,3). Dios y los hombres. Por ella nuestro espíritu,

696
OHACIÓN
FRANCISCO FERNÁNDEZ-CARVAjAL

elevado hasta el cielo, abraza a Dios con abra- 3853 La luz para nosotros es la inteligen-
zos inefables; por ella nuestro espíritu espera cia, que se muestra oscura o iluminada, según
el cumplimiento de sus propios anhelos y re- la cantidad de luz. Si se descuida la oración,
cibe unos bienes que superan todo lo natural que alimenta la luz, la inteligencia bien pron-
y visible (SAN JUAN CRIS6sTOMO, Hom. 6, to se queda a oscuras (SAN JUAN CRIS6sTO-
sobre la oración). MO, en Catena Aurea, vol. IV, p. 102).
3848 La oración viene a ser una venerable 3854 La oración hace que hallemos menos
mensajera nuestra ante Dios, alegra nuestro . pesada nuestra cruz, endulza nuestras penas y
espíritu, aquieta nuestro ánimo (SAN JUAN nos vuelve menos apegados a la vida, atrae
CruS6STOMO, Hom. 6, sobre la oración). sobre nosotros la mirada misericordiosa de
Dios, fortalece nuestra alma contra el pecado,
3849 Si la fe falta, la oración es imposible.
nos hace desear la penitencia y nos inclina a
Luego, cuando oremos, creamos y oremos
practicarla con gusto, nos hace comprender y
para que no falte la fe. La fe produce la ora-
sentir hasta qué punto el pecado ultraja a
ción, y la oración produce a su vez la firmeza
Dios Nuestro Señor. Mejor dicho, mediante
de la fe (SAN AGUSTíN, en Catena Aurea, vol.
la oración agradamos a Dios, enriquecemos
VI, p. 297).
nuestras almas y nos aseguramos la vida eter-
3850 Su finalidad es servir de naufragio a na (SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre la ora-
las almas de los difuntos, robustecer a los dé- ción).
biles, curar a los enfermos, liberar a los pose-
sos, abrir las puertas de las cárceles, deshacer Perseverancia en la oración
las ataduras de los inocentes. La oración sirve
3855 Los cristianos, pues, debemos deci-
también para perdonar los pecados, para apar-
dirnos a tener vida de oración. En la zozobra
tar las tentaciones, para hacer que cesen las
y en la calma, cuando se presenta cualquier
persecuciones, para consolar a los abatidos,
necesidad o cuando experimentamos un
para deleitar a los magnánimos, para guiar a
triunfo; cuando el rezar se vuelve fácil y cuan-
los peregrinos, para mitigar las tempestades,
do -en tiempos de aridez- puede reclamar un
para impedir su actuación a los ladrones, para
especial esfuerzo; en las más diversas circuns-
alimentar a los pobres, para llevar por buen
tancias debemos buscar la conversación con-
camino a los ricos, para levantar a los caídos,
fiada con nuestro Padre Dios, la intimidad
para sostener a los que van a caer, para hacer
con Cristo, el trato con el Espíritu.
que resistan los que están en pie (TERTULIA-
Además, para que nos ayuden en el camino
NO, Trat. sobre la oración, 28-29).
hacia la Trinidad, contamos con nuestra Ma-
3851 Oración, que es a donde el Señor da dre Santa María y con los Santos del Cielo,
luz para entender las verdades (SANTA TERE- Así, solo así, con el esfuerzo vital de rezar con
SA, Fundaciones, 10, 13) . la boca y con el alma, experimentaremos lo
3852 Saben bien quienes se dedican con
que significa de verdad ser cristianos a. ECHE-
vARRfA, Itinerarios de vida cristiana, p. 107).
asiduidad a la oración, cómo aparta del peca-
do y cómo invita al ejercicio de las virtudes 3855b Mira qué conjunto de razonadas sin-
(ORíGENES, Trat. sobre la oración, 8). razones te presenta el enemigo, para que dejes

697
ORACIÓN
A NTOLOGíA DE TEXTOS

la oración: me falta tiempo -cuando lo estás la deja, crea que le sacará a puerto de luz
perdiendo continuamente-; esto no es para (SANTA TERESA, Vida, 19,2).
mí, yo tengo el corazón seco ...
3860 [...] entendiendo con quién habla-
La oración no es problema de hablar o de sen- mos [... ]. Yo lo he probado algunas veces, yel
tir, sino de amar. Y se ama, esforzándose en in- mejor remedio que hallo es procurar tener el
tentar decir algo al Señor, aunque no se diga pensamiento en la persona a quien endereza
nada (SAN JOSEMAIÚA ESCRIVÁ, Surco, n. 464). las palabras; por eso tened paciencia y procu-
3856 La oración es la fuente de todos los rad hacer costumbre de cosa tan necesaria
bienes y de toda la felicidad que podemos es- (SANTA TERESA, Camino de perfección, 24, 6).
perar aquí en la tierra. Siendo esto así, si nos 3861 Las fiestas se han hecho para promo-
hallamos tan pobres, tan faltos de luces y de ver la alegría espiritual, y esa alegría la produ-
dones de la gracia, es porque no oramos o lo ce la oración; por lo cual en día festivo se han
hacemos mal. Digámoslo con pena: muchos de multiplicar las plegarias (SANTO TOMÁs,
ni siquiera saben lo que sea orar, y otros solo Sobre los mandamientos, 1. c., p. 245).
sienten repugnancia por un ejercicio tan dul-
3862 Y aunque no halle gusto en estos ejer-
ce y consolador para todo buen cristiano. En
cicios, no desista de ellos, porque no se requie-
cambio, vemos a algunos orar pero sin alcan-
re que sea siempre sabroso lo que ha de ser
zar nada, lo cual proviene de que oran mal: es
provechoso (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, ñ-at.
decir, sin preparación y hasta sin saber lo que
de la oración y meditación, 11, 4, aviso 1°).
van a pedir a Dios (SANTO CURA DE ARs, Ser-
món sobre la oración). 3863 No por eso desmaye y deje la ora-
ción y de hacer lo que todas, que a las veces
3857 Si se abandona la oración, primero viene el Señor muy tarde, y paga tan bien y
se vive de las reservas espirituales ... , y des- tan junto como pagó en muchos años (SANTA
pués, de la trampa (SAN JOSEMAIÚA ESCRIVÁ, TERESA, Camino de perfección, 17,2) .
Surco, n. 445).
3864 Persevera en la oración. -Persevera,
3858 Todos ellos -dice la Escritura- perse- aunque tu labor parezca estéril. -La oración
veraban en la oración, con un mismo espíritu, en es siempre fecunda (SAN JOSEMAIÚA ESCRIVÁ,
compañía de algunas mujeres y María, la madre Camino, n. 101).
de jesús, y de los hermanos de este. Perseveraban
unánimes en la oración, manifestando con es- 3865 Pues ¿qué menos merece este Señor
ta asiduidad y concordia de su oración que para que burlemos de Él dando y tomando
Dios solo admite en la casa divina y eterna a una nonada que le damos? Sino que este po-
quito de tiempo que nos determinamos de
los que oran unidos en un mismo espíritu
darle -de cuanto gastamos en otras cosas y
(SAN CIPRIANO, Trat. sobre la oración, 8-9).
con quien no nos lo agradecerá-, ya que
3859 Digo que no desmaye nadie de los aquel rato le queremos dar, démosle libre el
que han comenzado a tener oración con de- pensamiento y desocupado y con toda deter-
cir: Si torno a ser malo, es peor ir adelante minación de nunca jamás se lo tornar a to-
con el ejercicio de ella. Yo lo creo, si se deja la mar, por trabajos que por ello nos vengan ni
oración y no se enmienda del mal; mas, si no por contradicciones ni por sequedades; sino

698
ORACIÓN
F RANCISCO F ERNÁNDEZ-CARVAj AL

que ya como cosa no mía tenga aquel tiempo favor del pueblo, pero no orando en nombre
y piense que me lo pueden pedir por justicia del pueblo (SANTO TOMÁs, Comentario alli-
cuando del todo no se lo quisiere dar (SANTA bro IV de las Sentencias, d. 8).
TERESA, Camino de perfección, 23, 2) .
3869 [.. .] la participación en la sagrada li-
3866 Todas las veces que el hombre perse- turgia no abarca toda la vida espiritual. En
vera en la oración con un poco de atención y efecto, el cristiano llamado a orar en común
cuidando y haciendo buenamente lo que debe, no obstante, entrar también en su cuar-
puede, al cabo sale de allí consolado y alegre to para orar al Padre en secreto (cfr. Mt6, 6);
(SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la ora- más aún, debe orar sin tregua, según enseña
ción y meditación, II, 4, aviso 1°). el Apóstol (cfr. 1 Tes 5, 17) (CONC. VAT. II,
Const. Sacrosanctum Concilium, 12).
El ejemplo de Jesús
3870 El cristiano, llamado a orar en co-
3867 Si Jesús practica la oraClon [... ], mún, debe, no obstante, entrar también en
¿quién de nosotros será negligente en ella? su cuarto para orar al-Padre en secreto; más
Dice, en efecto, S. Marcos: Ya la mañana, aún, debe orar sin tregua, según enseña el
mucho antes de amanecn; se levantó, salió y se Apóstol. (CONC. VAT. II, Const. Sacrosanc-
fue a un lugar desierto y allí oraba (Mc 1, 35). tum Concilium, n . 12).
Y S. Lucas: Yacaeció que, halldndose Éloran-
do en cierto lugar, así que acabó, le dirigió la 3871 Nuestro divino Salvador no solo vive
palabra a uno de sus discípulos; y en otro lu- en estrechísima unión con la Iglesia, su inma-
gar: Pasó la noche orando a Dios (Lc 11, 1; 6, culada esposa, sino que se halla también ínti-
12). Y por su parte, S. Juan describe la ora- mamente unido con el alma de cada uno de
ción de Cristo cuando nos dice: Esto dijo Je- los fieles y desea mantener, sobre todo des-
sús, y levantando sus ojos al cielo, añadió: Pa- pués de la sagrada comunión, un coloquio
dre, llegó la hora; glorifica a tu Hijo, para que íntimo con ellos [ ... ]. Estas oraciones contri-
tu Hijo te glorifique Un 17, 1) (ORíGENES, buyen también en gran medida al bien de to-
Trat. sobre la oración, 13). do el cuerpo místico. En efecto, todas las
buenas obras y todos los actos de virtud que
Oración pública y privada realizan los miembros del cuerpo redundan
en provecho de la totalidad en virtud de la
3868 Las oraciones por las que el pueblo
comunión de los santos (Pío XII, Enc. Mysti-
se ordena inmediatamente a Dios las dicen
ci Cmporis, n. 40).
solo los sacerdotes, que son mediadores entre
Dios y el pueblo: de estas, son pronunciadas 3872 El rezo del oficio divino es la oración
públicamente las que se refieren a todo el del cuerpo místico de Cristo, la cual se ofrece
pueblo, en cuyo nombre las expone a Dios a Dios en nombre y en beneficio de todos los
solamente el sacerdote, como las oraciones y cristianos [... ]. El espíritu y la perfección se
acciones de gracias; son pronunciadas priva- deriva de las palabras, que la Iglesia sugiere
damente otras que competen únicamente al [.. .], que deben rezarse digna, atenta y devota-
oficio del sacerdote, como las consagraciones mente [... ]. La piedad personal de nuestra al-
y oraciones de este estilo, que aquel hace en ma debe procurar corresponder a la alta dig-

699
ORACIÓN
A NTOLOGfA DE T EXTOS

nidad de esta plegaria de la Iglesia (Pío XII, vos, siquiera para hablar con crianza (SANTA
Enc. Mediator Dei, n. 35). TERESA, Camino de perfección, 22, 1).
3877 El corazón se desahogará habitual-
La oración vocal
mente con palabras, en esas oraciones vocales
3873 No olvides tus oraciones de niño, que nos ha enseñado el mismo Dios, Padre
aprendidas quizá de labios de tu madre. -Re- nuestro, o sus ángeles, Ave María. Otras veces
cítalas cada día con sencillez, como entonces utilizaremos oraciones acrisoladas por el
(SAN JOSEMARfA ESCRIvA, Camino, n. 553). tiempo, en las que se ha vertido la piedad de
millones de hermanos en la fe: las de la litur-
3874 Mirad que perdéis un gran tesoro y
gia -lex orandi-, las que han nacido de la pa-
que hacéis mucho más con una palabra de
sión de un corazón enamorado, como tantas
cuando en cuando del Pater noster, que con
antífonas marianas: Sub tuum praesidium ... ,
decirle muchas veces aprisa: estad muy junto
Memorare ... , Salve Regina (SAN JOSEMARfA
a quien pedís, no os dejará de oír; y creed que
ESCRIvA, Es Cristo que pasa, 119) .
aquí es el verdadero alabar y santificar de su
nombre (SANTA TERESA, Camino de perfec- 3878 La mayoría de las oraciones vocales,
ción, 31, 13). tanto las de la liturgia como las que fueron
compuestas por los Santos, han dado sus
3875 Si nos fijamos en lo que es absoluta- pruebas, han santificado a muchos cristianos
mente necesario, hay que distinguir en la ora-
antes que a nosotros y han sido escuchadas
ción vocal un triple efecto: meritorio, impetra-
muchas veces desde hace varios siglos. Cuan-
torio y cierto deleite espiritual que produce en
do recurrimos a ellas utilizamos la Comunión
el alma del que ora. Para los efectos meritorio de los Santos, y apoyamos nuestra fe sobre la
e impetratorio no es necesario que la oración fe de la Iglesia (G. CHEVROT, En lo secreto,
sea atenta de una manera constantemente ha- pp. 100-101)
bitual (como sería deseable), sino que basta y
es suficiente la intención virtual, que es aque- 3879 Si vas discurriendo por todas las ple-
lla que se puso al principio de la oración y garias de la santa Escritura, creo que nada ha-
perdura a lo largo de ella aunque se produz- llarás que no se encuentre y contenga en esta
can distracciones involuntarias. Desde luego, oración dominical (Padrenuestro) (SAN
si falta la primera intención, la oración no se- AGUSTíN, Carta 130, a Proba).
ría meritoria ni impetratoria. En cambio, la 3880 Padre nuestro que estás en los cielos. Y
atención actual es absolutamente necesaria al decir en los cielos, el Señor no pretende, co-
para obtener aquel deleite espiritual que lleva mo quien dice, encerrar a Dios en el cielo, sino
consigo la oración fervorosa, que es incompa- arrancar de la tierra al que ora (SAN JUAN CRI-
tible con la distracción, aunque sea involun- S6STOMO, Hom. sobre S. Mateo, 19).
taria (SANTO ToMAs, Suma Teológica, 2-2, q.
3881 (Santificado sea tu nombre). También
83, a. 13).
pedimos todos los días que sea santificado.
3876 Mas si estáis como es razón se esté Necesitamos de la santificación continua-
hablando con tan gran Señor, es bien que es- mente, porque los que pecamos todos los días
téis mirando con quién habláis y quién sois debemos purificar nuestros pecados mediante

700
OHAcrÓN
FRA NCISCO FERNÁNDEZ-CIRVA)AL

una contrición continua (SAN CIpRlANo, en el rico? Me atrevo a decirlo: necesita también
CatenaAurea, vol. 1, p. 357). el pan cotidiano (SAN AGUSTíN, Sermón 56) .
3882 Al decir santificado sea tu nombre nos 3887 Cuando decimos: Danos hoy nuestro
amonestamos a nosotros mismos para que pan de cada día, con el hoy queremos signifi-
deseemos que el nombre del Sefior, que siem- car el tiempo presente, para el cual, al pedir el
pre es santo en sí mismo, sea también tenido alimento principal, pedimos ya lo suficiente,
como santo por los hombres, es decir, que no pues con la palabra pan significamos todo
sea nunca despreciado por ellos; lo cual, cier- cuanto necesitamos, incluso el sacramento de
tamente, redunda en bien de los mismos los fieles, el cual nos es necesario en esta vida
hombres y no en bien de Dios (SAN AGUS- temporal, aunque no sea para alimentarla, si-
TíN, Carta 130, a Proba). no para conseguir la vida eterna (SAN AGUS-
TfN, Carta 130, a Proba).
3883 Cuando afiadimos Venga tu reino, lo
que pedimos es que crezca nuestro deseo de 3888 (Mas líbranos del ma~. Nada queda
que este reino llegue a nosotros y de que no- ya que deba pedirse al Sefior cuando hemos
sotros podamos reinar en él, pues el reino de pedido su protección contra todo lo malo;
una vez obtenida esta, ya podemos conside-
Dios vendrá ciertamente, lo queramos o no
rarnos seguros contra todas las cosas que el
(SAN AGUSTíN, Carta 130, a Proba).
demonio y el mundo pueden hacer. ¿Qué
3884 Cuando decimos: Hágase tu volun- miedo puede darnos el siglo, si en él tenemos
tad, en la tierra como en el cielo pedimos que a Dios por defensor? (SAN CIPRIANo, en Ca-
el Sefior nos otorgue la virtud de la obedien- tena Aurea, vol. 1, pp. 371-372).
cia, para que así cumplamos su voluntad co-
3889 Cuando digo Credo, razón me pare-
mo la cumplen sus ángeles en el cielo (SAN
ce que será entender y saber lo que creo; y
AGUSTíN, Carta 130, a Proba).
cuando Padre nuestro, amor será entender
3885 (Hágase tu voluntad, así en ... ). Se nos quién es este Padre nuestro y quién es el
manda aquí a cada uno de nosotros que ore- Maestro que nos ensefió la oración (SANTA
mos por todo el mundo ... ] para que desapa- TERESA, Camino de perfección, 24, 8).
rezca el error y se establezca la verdad, se des- 3890 En este entramado, en este actuar de
tierre la malicia y vuelva la virtud, y para que la fe cristiana se engarzan, como joyas, las ora-
ya no se diferencie el cielo de la tierra (SAN ciones vocales. Son fórmulas divinas: Padre
C!PRIANO, en CatenaAurea, vol. 1, p. 360). nuestro..., Dios te salve, María ..., Gloria al Pa-
3886 Cuando dices: El pan nuestro de cada dre y al Hijo y al Espíritu Santo. Esa corona de
día dánosfe hoy, te confiesas mendigo de Dios; alabanzas a Dios y a Nuestra Madre que es el
mas no te sonrojes; por muy rico que sea uno Santo Rosario, y tantas, tantas otras aclama-
en la tierra, es mendigo de Dios. Está el men- ciones llenas de piedad que nuestros hermanos
digo a la puerta del rico, y el rico a la puerta cristianos han recitado desde el principio (SAN
JOSEMAlÚA EscRIVÁ, Amigos de Dios, 248).
del Gran Rico. Al rico se le pide, y él pide a su
vez. Si no fuera mendigo, no llamaía con la 3891 Con objeto de mantener vivo este
oración en los oídos de Dios. ¿Y qué necesita deseo de Dios, debemos, en ciertos momen-

701
()H \C¡Úl\ - ()R\UÚN DE PETICl(¡:\
A NTOLOGIA D E TEATOS

tos, apartar nuestra mente de las preocupa- Orar para hablar de Dios
ciones y quehaceres que de algún modo nos
3893 (No ser como esos) predicadores va-
distraen de él, y amonestarnos a nosotros
cíos de la palabra que no la escuchan por
mismos con la oración vocal; no vaya a ocu-
dentro (SAN AGUSTÍN, Sermón 179).
rrir que nuestro deseo comience a entibiarse
y llegase a quedar totalmente frío, y, al no re- 3894 (El Bautista) escuchaba en su inte-
novar con frecuencia el fervor, acabe por ex- rior la voz de la verdad para manifestar al ex-
tinguirse del todo (SAN AGUSTÍN, Carta 130, terior lo que oía (SAN GREGORIO MAGNO,
a Proba). Hom. 20 sobre los Evang.).
3892 Porque sé que muchas personas, re- 3895 Antes de permitir a la lengua que
zando vocalmente -como ya queda dicho-, hable, el apóstol debe elevar a Dios su alma
las levanta Dios, sin saber ellas cómo, a subi- sedienta, con el fin de dar lo que hubiere be-
da contemplación (SANTA TERESA, Camino bido y esparcir aquello de que la haya llenado
de perfección, 30, 7). (SAN AGUSTÍN, Sobre la doctrina cristiana, 4).

ORACIÓN DE PETICIÓN

l. Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Porque quien pide recibe, el que
busca halla, y al que llama se le abrirá (Mt7, 7-8). El Señor sale fiador con su palabra de que
todo lo que pidamos, y sea para nuestro bien, se nos concederá: la petición es siempre eficaz.
Hay, además, una razón para ser perseverantes en la oración: cuanto más pedimos, más nos
acercamos a Dios, más crece nuestra amistad con Él. En la tierra, cuando se pide un favor a
un poderoso se busca algún lazo que nos una a él, el momento oportuno, que se le encuentre
de buen ánimo ... Con nuestro Padre Dios, a quien siempre encontramos dispuesto, la insis-
tencia en la petición «abre camino para una súplica más confiada aún. Por eso se lee en el sal-
mo: He gritado --es decir, he rezado con fe- y por esto me escuchaste, Dios mío, como si, intro-
ducidos en la intimidad divina por el primer ruego, pudiéramos implorar con mucha más
confianza la siguiente vez. Por eso, en la petición dirigida a Dios, la asiduidad, la insistencia,
nunca es inoportuna. Al contrario, le es agradable» (SANTO ToMAs, Compendio de Teología, JI,
cap. 2).

2. Les proponía una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desfallem; diciendo: En cier-
ta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. También había en aque-
lla ciudad una viuda, que acudía a él diciendo: Hazme justicia ante mi adversario. Y durante mu-
cho tiempo no quería. Sin embargo al final se dijo a sí mismo: aunque no temo a Dios ni respeto a
los hombres, ya que esta viuda está molestándome, le haré justicia, para que no siga viniendo a im-
portunarme. Concluyó el Señor: Prestad atención a lo que dice el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará
justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, y les hará esperar? (Lc 18, 1-7).

702
UH\C]()i\ DE PETIClOi\
FRANCISCO FERNÁNDEZ-C ARVA) AL

San Lucas ya nos indica el fin de la parábola: conviene orar con perseverancia, sin desfallecer; sin
cansarse. Así, tenemos la certeza de ser escuchados. Si un hombre, tan injusto como este juez,
es movido a hacer justicia a una persona que nada le importa, ¿cómo no va a escuchar el Señor
las peticiones de sus escogidos, que claman a éL día y noche?
La filiación divina nos lleva a la confianza. Somos hijos de Dios y nada que verdaderamente
necesitemos nos puede faltar. Él está siempre pendiente de sus hijos, y esto nos llena de segu-
ridad y de alegría: echad sobre ÉL vuestras soLicitudes -aconseja San Pedro-, pues ÉL tiene cuida-
do de vosotros (I Pdr 5, 7).
Hasta el fin de los tiempos, la Iglesia dirigirá ese clamor suplicante a Dios Padre, por medio
de Jesucristo, en la unidad del Espíritu Santo, porque son muchos los peligros y las necesida-
des de sus hijos. Es el primer oficio de la Iglesia y, por lo tanto, el primer deber de sus minis-
tros, los sacerdotes. Es lo primero también que hemos de hacer nosotros, porque estamos in-
defensos y nada tenemos.
«Rezar significa sentir la propia insuficiencia, sentir la propia insuficiencia a través de las di-
versas necesidades que se presentan al hombre, las necesidades que forman parte de su vida.
Como, por ejemplo, la necesidad del pan a que se refiere Cristo, poniendo como ejemplo al
hombre que despierta a su amigo a medianoche para pedirle. Tales necesidades son numero-
sas. La necesidad de pan es, en cierto sentido, el símbolo de todas las necesidades materiales,
de las necesidades del cuerpo humano, de las necesidades de esta existencia que nace del he-
cho de que el hombre tiene cuerpo. Pero la escala de estas necesidades es más amplia .. .» QUAN
PABLO Il, Hom. 27-VII-1980).
La razón que da el Señor en la parábola de ser siempre oída nuestra oración es triple: la bon-
dad de Dios, que tanto dista del juez impío; el amor que Dios tiene por sus hijos; yel interés
que nosotros mostramos perseverando en la petición.
3. Vamos a la oración con la confianza de hijos que van a ser escuchados. A medida que reza-
mos, identificamos nuestra voluntad con la voluntad de nuestro Padre Dios, conformamos
nuestra petición a la suya, nos identificamos con Él, nos hacemos más dignos de ser escucha-
dos.
Porque no queremos afirmar en la vida nuestros proyectos y deseos propios, sino los de Él,
que quiere para nosotros lo mejor. Si alguna vez no se nos concedió algo que pedimos humil-
·de y confiadamente, era que no convenía: «bien mira por ti quien no te da, cuando le pides, lo
que no te conviene», dice San Agustín (Sermón 126) . Esa oración habrá sido eficaz en otros
bienes o para otra ocasión en que era más necesaria. Pero, en todo caso, siempre es eficaz la
petición dirigida a Dios con las debidas disposiciones.
Condición de toda petición, junto a la constancia, es la humildad por la que nos abandona-
mos confiadamente en nuestro Padre del cielo.
Junto a la humildad, la confianza que hace que no dudemos en ningún momento de ser oídos
siempre. Dudar, pedir sin confianza, sería tener poca fe, no dar crédito a lo que con tanta in-
sistencia nos dejó dicho nuestro Señor: «Pídele sin titubear, y conocerás que su gran miseri-
cordia no te abandona, sino que dará cumplimiento a la petición de tu alma» (Pastor de Her-
mas, 9, 1).

703
ORACIÓN DE PETlClÚN
A NTOLOGfA D E TEXTOS

4. El pueblo cristiano se ha sentido movido a lo largo de los siglos a presentar sus peticiones a
Dios a través de Su Madre, María. Afirma San Bernardo que «subió al cielo nuestra Abogada,
para que, como Madre del Juez y Madre de Misericordia, tratara los negocios de nuestra salva-
ción» (Sermón en la Asunc. de la B. Virgen María, 1, 1).

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


1. Necesidad de In oración de petición ten misericordia de mí, que soy pecador. Os aseguro
-:. Conviene orar con perseverancia y no desfallecer. Le que este volvió a su casa justificado. Le 18, 10-14.
18, 1. .:. Dios se resiste a los soberbios, pero a los humildes da
.:. Orad para que no caigáis en la tentación. Me 14,38. su gracia. Sant 4, 6 .
.:. Orad sin intermisión. 1 Tes 5, 17. .:. La oración del humilde traspasa las nubes, y no des-
.:. Sed prudentes y velad en la oración. 1 Pdr 4, 7. cansa hasta que llega a su destino, ni se retira hasta
que el Altísimo fija en ella su mirada. Eclo 35 , 21 .
.:. Aplicaos a la oración, velad en ella con hacimiento de
gracias. Col4 , 2. b) Rectitud de intención
.:- Todos perseveraban unánimes en la oración [... ] con .:. Cuando oréis no seáis como los hipócritas, que se po-
María, la Madre de Jesús [.. .]. Heeh 1, 14. nen a orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de
las calles para ser vistos de los hombres. Mt 6, 5.
2. Fin y motivos de In omción de petición
.:. Orad los unos por los otros para que seáis salvos. Sant .:. Que los hombres oren en todo lugar; alzando las ma-
5,16. nos limpias, exentas de todo encono y disensión. 1
Tim2,8 .
.;. Rogamos a Dios que no cometáis mal alguno [... ] sino
que obréis bien. 2 COI' 13, 7. e) Perseverancia
.:. Ved, pues, cómo habéis de orar: Padre nuestro, que es- .:. Yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser ami-
tás en los cielos, santificado sea tu nombre [...] hágase go suyo, a lo menos por su perseverancia se levantará y
tu voluntad [... ]. Mt6 , 9-10; Le 11, 2. le dará cuanto necesite. Le 11, 8.
-:. Orad por los que os persiguen y calumnian [.. .]. Mt 5, .:. Conviene orar con perseverancia y no desfallecer. Le
44-45; Le 6, 28. 18, 1.
3. Eficacill de 1t, oración de petición el) Confianza
.;. Todo cuanto pidierais en la oración, si tenéis fe, lo al- .:. Todo cuanto pidáis en la oración [... ] lo obtendréis.
canzaréis. Mt21 , 22; Me 11 , 24. Mt21 , 22 .
.:. En verdad os digo que cuanto pidierais al Padre en mi .:. Si vosotros, pues, siendo malos, sabéis dar cosas bue-
nombre os lo concederá. JI1 16,23. nas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celes-
.:. Mucho puede la oración perseverante del justo. Sant tial dará cosas buenas a los que se lo pidan? Le 11, 13.
5,16. .:. Confía en Él, ¡oh pueblo! en todo tiempo, abrid ante
4. Condiciones de ICI omción de petición. Él vuestros corazones, porque Dios es nuestro asilo.
a) Humilde Sal61, 9.
.;. Dos hombres subieron al templo a orar: el uno era fa- .:. Si alguno de vosotros se halla falto de sabiduría, pídala
riseo, el otro publicado [... ]. El publicano ni se atrevía a Dios y le será otorgada, pues a todos da con largueza
a levantar los ojos al cielo [.. .], diciendo: Dios mío, y sin reproche. Sant 1, 5.

704
ORACIÓN DE PETICIÓN
FRANCISCO FERNÁNDEz-CARVAjAL

SELECCIÓN DE TEXTOS
Confianza en Dios al pedir ba en el mundo de solo tocar su ropa sanaba
los enfermos, ¿qué hay que dudar que hará
3896 También se fomenta el afecto de sú-
milagros estando dentro de mí -si tenemos
plica cuando los hombres dicen a Dios: Padre
fe- y nos dará lo que le pidiéremos, pues está
nuestro, y cierta confianza de que hemos de
en nuestra casa? Y no suele Su Majestad pagar
alcanzar lo que vamos a pedir, ya que antes de
mal la posada si le hacen buen hospedaje
pedir nada hemos recibido el don inmenso
(SANTA TERESA, Camino de perfección, 34,8).
de poder decir a Dios: Padre nuestro. ¿Qué
podrá negar ya a los hijos que le piden, ha- 3902 Nuestras oraciones han de ser hechas
biéndoles antes otorgado el que fuesen hijos? con confianza, y con una esperanza firme de
(SAN AGUSTfN, Sobre el Sermón de la Monta- que Dios puede y quiere concedernos lo que
ña,2). le pedimos, mientras se lo supliquemos debi-
damente (SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre
3897 Jamás Dios ha denegado ni denegará
la oración).
nada a los que le piden sus gracias debida-
mente (SANTO CURA DE ARs, Sermón sobre la 3903 Pedid y recibiréis (cfr. Mt 7, 7-8) : lo
oración). repite para recomendar a justos y pecadores
la confianza en la misericordia de Dios, y por
3898 El alma del hombre recto, al buscar
eso añade: todo el que pide recibe; es decir, ya
en la oración el remedio a sus heridas, se hace
sea justo, ya sea pecador, no dude al pedir,
tanto más acreedor a ser escuchado por Dios
para que conste que no desprecia a nadie [... ]
cuanto más rechazado se ve de la aprobación
(SAN JUAN CRIS6sTOMO, en Catena Aurea,
de los hombres (SAN GREGORIO MAGNO,
vol. 1, pp. 428-429).
Moralia, 10).
3904 Entre todas las cosas necesarias a
3899 Y de los que confían en las palabras
quien ora, ocupa un puesto muy destacado la
ciertas de Cristo, ¿quién no arderá en deseos
confianza: que pida con fe, sin vacilación algu-
de orar sin desmayo, ante su invitación: Pedid
na (Sant 1, 6). Por ello el Señor, al enseñar-
y se os dard, pues todo el que pide recibe? (ORÍ-
nos a orar, comienza por los motivos que dan
GENES, n-at. sobre la oración, 10).
pie a esa confianza. Uno es la bondad del Pa-
3900 Te ves tan miserable que te recono- dre; y así dice: «Padre nuestro». El otro moti-
ces indigno de que Dios te oiga ... Pero ¿y los vo es su inmenso poder; por eso dice: «Que es-
méritos de María? ¿Y las llagas de tu Señor? tás en los cielos» (SANTO TOMAs, Sobre el
Y. .. ¿acaso no eres hijo de Dios? Padrenuestro, 1. c., 128).
Además, Él te escucha «quoniam bonus ...
3905 Cristo nos enseñó también la forma
quoniam in saeculum misericordia ejus»:
de orar, él mismo nos inculcó y enseñó las co-
porque es bueno, porque su misericordia per-
sas que hemos de pedir. Quien nos dio la vi-
manece siempre. (SAN JOSEMARfA ESCRIvA,
da nos enseñó también a orar con aquella
Camino, n . 93).
misma benignidad con que se dignó dar y
3901 Que no perdamos tan buena razón y conferir los demás dones, para que, al hablar
que nos lleguemos a Él; pues si cuando anda- al Padre con la misma oración que el Hijo

705
OR\C1ÚN DE PETTClÚN
A NTOLOG IA DE TEXTOS

nos enseñó, más fácilmente seamos escucha- Constancia en la petición


dos (SAN CIPRIANO, Trat. sobre la oración, 2). 3909 Vete al Señor mismo, al mismo Con
3906 Habiendo Dios dotado a los demás quien la familia descansa, y llama con tu ora-
animales de la velocidad en la carrera, o la ra- ción a su puerta, y pide, y vuelve a pedir. No
pidez en el vuelo, o de uñas, o de dientes, o será Él como el amigo de la parábola: se le-
de cuernos, solo al hombre lo dispuso de tal vantará y te socorrerá; no por aburrido de ti:
está deseando dar; si ya llamaste a su puerta y
forma que su fortaleza no podía ser otra que
no recibiste nada, sigue llamando que está
la del mismo Dios: y esto lo hizo para que,
deseando dar. Difiere darte lo que quiere dar-
obligado por la necesidad de su flaqueza, pi-
te para que más apetezcas lo diferido; que
da siempre a Dios cuanto pueda necesitar suele no apreciarse lo aprisa concedido (SAN
(SAN ]UAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, AGUSTíN, Sermón 105).
vol. 1, p. 427).
3910 Lo que por tu debilidad no puedes
3907 En la oración hay un obstáculo que recibir en un determinado momento lo po-
consiste en pensar que la Providencia de Dios drás recibir en otra ocasión, si perseveras
no se ocupa de las cosas de este mundo (SAN- (SAN EFRÉN, Comentosobre Diatessaron 1).
TO TOMÁs, Compendio de Teología, 11, cap. 6).
3911 La oración dirigida a un hombre exi-
3908 El Sacrificio del Calvario es una ge previamente un cierto grado de familiari-
muestra infinita de la generosidad de Cristo. dad, gracias a la cual se tenga acceso a aquel a
Nosotros -cada uno- somos siempre muy in- quien se implora. Mientras que la oración a
teresados; pero a Dios Nuestro Señor no le Dios nos hace por sí misma Amigos de Dios,
importa que, en la Santa Misa, pongamos de- puesto que nuestra alma se eleva hacia él, con-
versa afectuosamente con él y le adora en espí-
lante de Él todas nuestras necesidades.
ritu y en verdad. Esta intimidad adquirida con
¿Quién no tiene cosas que pedir? Señor, esa
la oración incita al hombre a orar con confian-
enfermedad ... Señor, esta tristeza ... Señor,
za [oo .]. Además, en la oración a Dios, la asi-
aquella humillación que no sé soportar por tu
duidad o la insistencia en la petición no es im-
amor... Queremos el bien, la felicidad y la portuna, sino más bien del agrado de Dios;
alegría de las personas de nuestra casa; nos porque hay que orar siempre, dice el Evange-
oprime el corazón la suerte de los que pade- lio, y no desfallecer (Le 18, 1); y en otra parte,
cen hambre y sed de pan y de justicia; de los el Señor no invita a pedir: Pedid y recibiréis, di-
que experimentan la amargura de la soledad; ce, llamad y se os abrird (Mt 7, 7) (SANTO To-
de los que, al término de sus días, no reciben MÁS, Compendio de Teología, 11, C. 1).
una mirada de cariño ni un gesto de ayuda.
3912 La tercera condición que debe reunir
Pero la gran miseria que nos hace sufrir, la la oración para ser agradable a Dios es la per-
gran necesidad a la que queremos poner re- severancia. Vemos muchas veces que el Señor
medio, es el pecado, el alejamiento de Dios, no nos concede enseguida lo que pedimos;
el riesgo de que las almas se pierdan para toda esto lo hace para que lo deseemos con más ar-
la eternidad (SAN ]OSEMARiA ESCRIvÁ, Hom. dor o para que apreciemos mejor lo que vale.
Sacerdote para la eternidad, 13-IV-1973). Tal retraso no es una negativa, sino una prue-

706
ORACJÚN DE PETICIÓN
F RANCISCO F ERNÁN DEZ-CARVAj AL

ba que nos dispone a recibir más abundante- (SANTO TOMÁS, Compendio de Teología, 11,
mente lo que pedimos (SANTO CURA DE ARs, cap. 2).
Sermón sobre la oración).
3919 Cuando digo a alguno: Ruega a Dios,
3913 Quien te redimió y te creó no quiere pídele, suplícale, me responde: ya pedí una
que cesen tus oraciones, y desea que por la vez, dos, tres, diez, veinte veces, y nada he reci-
oración alcances lo que su bondad quiere bido. No ceses, hermano, hasta que hayas reci-
concederte. Nunca niega sus beneficios a bido; la petición termina cuando se recibe lo
quien los pide, y anima a los que oran a que pedido. Cesa cuando hayas alcanzado; mejor
no se cansen de orar (SAN JUAN CRIS6sTO- aún, tampoco entonces ceses. Persevera toda-
MO, en CatenaAurea, vol. VI, p. 294). vía. Mientras no recibas pide para conseguir, y
3914 (El Señor) nos estimuló firmemente cuando hayas conseguido, da gracias (SAN
a buscar, a pedir y a llamar, hasta que reciba- JUAN CRIS6STOMO, Homilía, 10) .
mos lo que pedimos (SAN AGUSTÍN, Sobre el
Sermón de la Montaña, 29). Otras condiciones
de la oración de petición
3915 Comprendan todas las almas que, si
Dios no les cumple enseguida lo que le piden 3920 Todo cuanto piddis en la oraczon,
y necesitan, no fallará a su debido tiempo si creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis
ellas son constantes y no desmayan y se desa- (Mc 11, 24). Por eso, la Iglesia acostumbra a
lientan (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cdntico espi- orar unánimemente todas las veces que se ve
ritual, 2, 4). necesitada de pedir algo al Señor; y no hay
medio tan eficaz sobre el querer divino como
3916 Dios quiere ser rogado, quiere ser la oración, al menos si se hace con fe, sereni-
coaccionado, quiere ser vencido por una cier- dad, humildad y perseverancia (SAN LOREN-
ta importunidad .. . (SAN GREGORIO MAGNO, ZO JUSTINIANO , Sermón en la fiesta de San
Sermón sobre el Salmo 50, 8,2). Matías, 1. c., pp. 339-340) .
3917 Jesús percibe la primera invocación 3921 Cuando nuestra oración no es escu-
de nuestra alma, pero espera. Quiere que nos chada es porque pedimos aut mali, aut male,
convenzamos de que le necesitamos; quiere
aut mala. Mali, porque somos malos y no esta-
que le roguemos, que seamos tozudos, como
mos bien dispuestos para la petición. Male,
aquel ciego que estaba junto al camino que
porque pedimos mal, con poca fe o sin perseve-
salía de Jericó (SAN JOSEMARfA ESCRIvÁ, Ami-
rancia, o con poca humildad. Mala, porque pe-
gos de Dios, 195) .
dimos cosas malas, o van a resultar, por alguna
3918 Se lee en el salmo: He gritado-es de- razón, no convenientes para nosotros (cfr. SAN
cir, he rezado con fe- y por esto me escuchaste, AGUSTÍN, La Ciudad de Dios, 20, 22).
Dios mío, como si, introducidos en la intimi-
3922 Es preciso no solo orar, sino orar co-
dad divina por el primer ruego, pudiéramos
mo es debido y pedir lo que conviene (ORí-
implorar con mucha más confianza la si-
GENES, Trat. sobre la oración, 2) .
guiente vez. Por eso, en la petición dirigida a
Dios, la asiduidad, la insistencia, nunca es 3923 ¿Quién hay, por desbaratado que
inoportuna. Al contrario: agrada a Dios sea, que cuando pide a una persona grave no

707
OR.ACIÓN DE PETICIÓN
A NTOLOG[¡\ D E TEXTOS

lleva pensado cómo le ha de pedir -para con- 3928 La necesidad nos obliga a rogar por
tentarle y no serle desabrido- y qué le ha de nosotros mismos, y la caridad fraterna, a pedir
pedir y para qué menester lo que le ha de dar, por los demás. Es más aceptable a Dios la ora-
en especial si pide cosa señalada, como nos ción recomendada por la caridad que la que es
enseña que pidamos nuestro buen Jesús? Co- impulsada por la necesidad (SAN JUAN CRI-
sa me parece para notar (SANTA TERESA, Ca- SÓSTOMO, en CatenaAurea, vol. 1, p. 354).
mino de perfección, 30, 1).
Eficacia de la oración bien hecha
3924 Hablar mucho en la oración es co-
mo tratar un asunto necesario y urgente con 3929 Haz tú lo que puedas, pide lo que
palabras superfinas. Orar, en cambio, prolon- no puedes, y Dios te dará para que puedas
gadamente es llamar con corazón perseveran- (SAN AGUSTíN, Sermón 43, sobre la naturaleza
te y lleno de afecto a la puerta de aquel que y la gracia) .
nos escucha. Porque con frecuencia la finali-
3930 Si tú oras por todos también la ora-
dad de la oración se logra más con lágrimas y
ción de todos te aprovechará a ti, pues tú for-
llantos que con palabras y expresiones verba-
mas también parte del todo. De esta manera
les (SAN AGUSTíN, Carta 130, a Proba).
obtendrás una gran recompensa, pues la ora-
3925 Cuando añade buscad y llamad dio a ción de cada miembro del pueblo se enrique-
entender que se debe pedir con mucha insis- cerá con la oración de todos los demás miem-
tencia y con la fuerza del que busca apartan- bros (SAN AMBROSIO, Sobre Caín y Abel).
do de la imaginación todo lo demás, fijándo-
3931 Ahora Pablo se alegra con Esteban,
se solo en lo que busca. El que pide viene con
goza con él de la gloria de Cristo, con él des-
ánimo vehemente y fervoroso (SAN JUAN
borda de alegría, con él reina. Allí donde en-
CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, vol. 1, p.
tró primero Esteban, aplastado por las pie-
428) .
dras de Pablo, entró luego Pablo, ayudado
3926 Podéis pedir cosas temporales, nos di- por las oraciones de Esteban (SAN FULGEN-
ce S. Agustín; mas siempre con la intención de CIO DE RUSPE, Sermón 3).
que os serviréis de ellas para gloria de Dios, pa-
3932 Cuando se llama continuamente en
ra salvación de vuestra alma y la de vuestro
la oración, se concede pronto auxilio en la
prójimo; de lo contrario, vuestras peticiones
tentación (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 35
procederían del orgullo o de la ambición; yen-
sobre los Evang.).
tonces, si Dios rehúsa concederos lo que le pe-
dís, es porque no quiere perderos (SANTO CU- 3933 El Santo Rosario es arma poderosa.
RA DE ARs, Sermón sobre la oración). Empléala con confianza y te maravillarás del
resultado (SAN JOSEMAlÚA ESCRIVÁ, Camino,
3927 No hemos nacido para comer y
n. 558).
beber y vestir lujosamente, sino para agradar
a Dios y alcanzar los bienes eternos. Y puesto 3934 ¡Hemos leído y oído tantos testimo-
que aquello ha de ser secundario en nuestro nios ciertos de su eficacia! La oración antigua
empeño, lo será también en nuestra oración era capaz de salvar del fuego, de las fieras y
(SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom sobre S. Ma- del hambre; yeso que no había recibido
teo, 22). la forma que le dio Cristo. Por consiguiente,

708
ORACIÓN DE PETICIÓN
F RANC ISCO F ERNAN DEZ· CARVAj AL

la eficacia de la oración cristiana ha de ser 3939 Porque nosotros no sabemos pedir lo


mucho mayor. Ella no envía ángeles que apa- que nos conviene: mas el mismo Espíritu aboga
guen las llamas, ni mantiene cerradas las fau- por nosotros con gemidos inefables, y el que es-
ces de los leones, ni trae pan a los hambrien- cudriña los corazones conoce cuál es el deseo del
toS, ni suprime ninguna impresión de los Espíritu, porque intercede por los santos según
sentidos por un don de la gracia; concede la Dios (Rom 8, 26-27). Es decir, mientras noso-
fe, que hace comprender lo que el Señor re- tros oramos, el Espíritu intercede intensa-
serva a los que sufren por el nombre de Dios mente (ORíGENES, n"tlt. sobre la oración, 14) .
(TERTULIANO, Sobre la oración, 28-29).
3940 Si solo ruegas por ti, también tú se-
3935 Si tanta fuerza tiene la oración de ca- rás el único que suplica por ti (SAN AMBRO-
da uno en particular, ¿cuánto más la que se SIO, Sobre Caín y Abel).
hace presidida por el obispo y en unión con
toda la Iglesia? (SAN IGNACIO DE ANTIOQUíA, Acompañar la petición de penitencia
Carta a los Efesios, 2). y buenas obras
3936 El único y general remedio para este 3941 Todos los que han querido rogar por
mal (se refiere a las distracciones en la ora- alguna necesidad, han unido siempre el ayu-
ción), como para los otros, es pedirlo a Aquel no (la penitencia) a la oración, porque el ayu-
que está aparejado para dar, si hubiere quien no es el soporte de la oración (SAN JUAN CRl-
siempre le quiera pedir (SAN PEDRO DE AL- S6STOMO, en Catena Aurea, vol. 1, p. 377).
CÁNTARA, n-at. de la oración y meditación, II,
4, av. 6°). 3942 «In te, Domine, speravi»: en ti, Se-
ñor, esperé -y puse, con los medios huma-
3937 ¡Cuántas veces venimos a la iglesia nos, mi oración y mi cruz. -y mi esperanza
sin saber a qué venimos ni qué queremos pe- no fue vana, ni jamás lo será: «non confundar
dir! Sin embargo, cuando se va a casa de cual- in aeternum»! (SAN JOSEMARíA EscruvÁ, Ca-
quiera, se sabe muy bien por qué uno se diri- mino, n. 95).
ge a ella. Los hay que parecen decirle a Dios:
«Vengo a decirte dos palabras para cumplir 3943 No alcanzamos la gracia si no la bus-
contigo ... ». Con frecuencia pienso que, cuan- camos, porque no se conceden los dones de
do venimos a adorar a nuestro Señor, conse- lo alto a los que los menosprecian. Llamad
guiríamos todo lo que quisiéramos, con tal por medio de la oración, de los ayunos y de
de pedirle con fe viva y un corazón puro las limosnas. De la misma manera que quien
(SANTO CURA DE ARs, Sobre la oración). llama a una puerta no llama solo con la voz,
así el que hace buenas obras llama también
3938 El ángel particular de cada cual, aun
con ellas (SAN JUAN CRlS6STOMO, en Catena
de los más insignificantes dentro de la Iglesia,
Aurea, vol. 1, p. 427).
por estar contemplando siempre el rostro de
Dios que está en los cielos, viendo la divinidad 3944 Si espera alcanzar misericordia, que
de nuestro Creador, une su oración a la nues- él también la tenga; si espera piedad, que él
tra y colabora en cuanto le es posible a favor también la practique; si espera obtener favo-
de lo que pedimos (ORíGENES, n"tlt. sobre la res de Dios, que él también sea generoso. Es
oración, 10). un mal solicitante el que espera obtener para

709
ORACIÓN DE PETICIÓN
ANTOLO GIA DE T EXTOS

sí lo que él niega a los demás (SAN PEDRO Pero estas dos cosas no tienen razón de ser
CRISOWGO, Sermón 43). cuando nuestra súplica va dirigida a Dios.
Cuando rezamos a Dios no le queremos dar a
3945 Quien desea ser escuchado en sus
conocer nuestra indigencia y nuestros deseos,
oraciones, que escuche él también a quien le
porque todo lo conoce [.. .]. No se trata tam-
pide, pues quien no cierra sus oídos a las peti-
poco de hacer que ceda la voluntad divina a la
ciones del que le suplica abre los de Dios a
persuasión humana, hasta hacerle querer lo
sus propias peticiones (SAN PEDRO CRISOW-
que antes no quería [... ]. Si la petición es nece-
GO, Sermón 43).
saria al hombre para obtener beneficios de
La oración de petición aumenta, en el Dios, es porque ejerce influencia sobre el mis-
que pide, su capacidad de recibir mo que pide. Porque debe detenerse a consi-
derar su poquedad y a desear con fervor y espí-
3946 Puede resultar extraño que nos ex- ritu filial lo que espera obtener con la oración.
horte a orar aquel que conoce nuestras nece- Así se hace capaz de recibirlo (SANTO TOMAs,
sidades antes de que se las expongamos, si no Compendio de Teología, II, cap. 2).
comprendemos que nuestro Dios y Señor no
pretende que le descubramos nuestros deseos, 3949 El que podía restituir la vista, ¿ignora-
pues él ciertamente no puede desconocerlos, ba acaso lo que quería el ciego? Jesús desea que
sino que pretende que, por la oración, se le pidamos. Conoce de antemano nuestras ne-
acreciente nuestra capacidad de desear, para cesidades y quiere remediarlas. Con mucha in-
que así nos hagamos más capaces de recibir sistencia nos exhorta a la oración y, no obstan-
los dones que nos prepara. Sus dones, en te, dice: Vuestro Padre conoce las cosas de que
efecto, son muy grandes y nuestra capacidad tenéis necesidad antes que se las piddis (Mt6, 8).
de recibir es pequeña e insignificante. Por Insiste para que se le pida e invita para mover
eso, se nos dice: Dilatad vuestro corazón el corazón a la oración [... ] (SAN GREGORIO
(SAN AGUSTíN, Carta 130, a Proba). MAGNO, Hom. 2 sobre los Evangelios).

3947 Cuando insistimos fervorosamente Dios concede siempre lo mejor


en nuestra oración, detenemos a Jesús que va y en mayor abundancia
de paso. Por eso se dice allí: Pardndose enton-
3950 Siempre da más de lo que le pedimos
ces jesús, mandó traerle a su presencia.. . y debe
(SANTA TERESA, Camino de peifección, 37, 4).
notarse lo que dice al ciego cuando llega:
¿Qué quieres que te haga? ¿Acaso el que podía 3951 No nos invitaría tanto a que pidiése-
dar la vida ignoraba lo que el ciego quería? mos, si no quisiera darnos. Avergüéncese la
No; pero quiere que se lo pida [... ]. Pregunta pereza humana, más quiere dar el Señor que
para esto, para que se lo pida; pregunta para nosotros recibir (SAN AGUSTfN, Sermón 29).
incitar al corazón a que ore (SAN GREGORIO
3952 Cuando no somos oídos al pedir al-
MAGNO, Hom. 2 sobre los Evang.).
guna cosa, es porque pedimos algo contrario
3948 Entre los hombres, la petición es nece- a nuestra salvación; o también porque lo im-
saria porque quien necesita algo ha de dar a pide la malicia de aquellos por quienes pedi-
conocer su indigencia, y tiene también que mos; o se dilata la concesión de la gracia pe-
ablandar el corazón del que acoge la súplica. dida para que crezcan los deseos y se reciba

710
ORA.ClÓN DE PETICIÓN
FRANCISCO FERNANDEZ-CARVAJAL

con más interés el bien que se pide (RABANO 3957 Bueno es el Señor, quien no siempre
MAURO, en CatenaAurea, vol. I1I, p. 24) . nos concede lo que deseamos, para conceder-
nos lo mejor (SAN AGUST1N, Epístola 50).
3953 Y ofrecía (el leproso) al Médico espi-
ritual un don espiritual; porque, así como se Cuando los dones pedidos tardan
satisface a los médicos de la tierra con dinero, en llegar
a Este con oraciones: ninguna otra cosa más
digna podemos ofrecer a Dios que una ora- 3958 El que tarda en dar quiere hacer más
ción bien hecha. En cuanto a lo que dice: Si vivo tu deseo con la tardanza, para que no
quieres, no duda que la voluntad de Dios está
parezca de poco mérito lo que da (SAN AGUS-
TíN, Sermón 29).
inclinada a todo lo bueno, sino que, como no
a todos conviene la perfección corporal, ig- 3959 Lo que, por tu debilidad, no puedes
noraba si a él le convendría aquella curación. recibir en un determinado momento lo po-
Dice, pues, si quieres, como si dijese: «Creo drás recibir en otra ocasión si perseveras (SAN
que quieres todo lo que es bueno, pero igno- EFRÉN, Comento sobre Diatessaron, 1).
ro si es bueno para mí lo que pido» (SAN 3960 Si algo acontece en contra de lo que
JUAN Crus6STOMO, en Catena Aurea, vol. 1, hemos pedido, tolerémoslo con paciencia y
pp. 465-466). demos gracias a Dios por todo, sin dudar en
3954 Uno pide en la oración le conceda lo más mínimo de que lo más conveniente
mujer para esposa según su deseo, otro pide para nosotros es lo que acaece según la volun-
una casa de campo, otro un vestido y otro pide tad de Dios y no según la nuestra (SAN AGUS-
se le den alimentos. Efectivamente, cuando TÍN, Carta 130, a Proba).
hay necesidad de estas cosas debemos pedírse- 3961 Bien mira por ti quien no te da,
las a Dios Todopoderoso; pero debemos tener cuando le pides, lo que no te conviene (SAN
siempre presente en nuestra memoria el man- AGUSTíN, Sermón 126).
dato de nuestro Redentor: Buscad primero el
3962 Acaso lo difiere con el fin de que, re-
reino de Dios y su justicia y las demds cosas se os
pitiendo con asiduidad y frecuencia tu plega-
dardn por añadidura (Mt 6, 33) (SAN GREGO- ria, conozcas lo que es la casa de Dios, y con-
RIO MAGNO, Hom. 21 sobre los Evang.). serves con celo las gracias recibidas: que todo
3955 Vergüenza para la desidia humana. lo que se adquiere con mucho trabajo se con-
Tiene Él más ganas de dar que nosotros de re- serva con gran empeño (SAN BASILIO MAG-
cibir; tiene más ganas Él de hacernos miseri- NO, Regla mondstica, C. 1).
cOl·dia que nosotros de vernos libres de nues- 3963 Cuando pides y no recibes es porque
tras miserias (SAN AGUSTíN, Sermón 105). pides malo sin fe o con ligereza o lo que no
3956 El Señor concede siempre más de lo te conviene o porque te cansas (de pedir)
que se le pide: el ladrón solo pedía que se (SAN BASILIO MAGNO, Regla mondstica, C. 1).
acordase de él, pero el Señor le dice: Hoy mis- 3964 Cuando el Señor tarda en conceder
mo estards conmigo en el paraíso (SAN AMBRO- lo que pedimos hace desear sus dones, pero
SIO, en CatenaAurea, vol. VI, p. 507). no los niega: las cosas que se desean por mu-

711
ORACIÓN DE PETICIÓN
A NTOLOGlA DE T EXTOS

cho tiempo se reciben con más gusto [... ]. Pi- te, sin desanirmarse, con perseverancia. -y
de, busca, insiste: pidiendo y buscando au- cómo logra. -Aprende (SAN JOSEMARíA Es-
menta el deseo para que recibas los dones con CRIVÁ, Camino, n. 502).
más gusto. El Señor te reserva lo que no quie-
3966 No dejéis de inculcar con todo cui-
re darte enseguida, para que aprendas a de-
dado la práctica del Rosario, la oración tan
sear mucho las cosas grandes: por ello con-
querida de la Virgen y tan recomendada por
viene orar siempre y no desmayar (SAN los Sumos Pontífices, por medio de la cual los
AGUSTfN, en CatenaAurea, vol. 1, p. 429) . fieles pueden cumplir de la manera más suave
y eficaz el mandato del Divino Maestro: Pe-
Imitar a la Virgen
did y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se
3965 María, Maestra de oración -Mira os abrird (Pío Xl, Enc. Ingravescentibus malis,
cómo pide a su Hijo, en Caná. y cómo insis- 29-IX-1937).

712
RCIENCIA p
1. El pasaje del Evangelio en el que el Señor señala la lucha y los sufrimientos en que se verán
envueltos sus discípulos concluye con las siguientes palabras: con vuestra paciencia poseeréis
vuestras almas (Lc 21, 19).
La paciencia, parte de la virtud de la fortaleza, se refiere a la capacidad de soportar con cierta
igualdad de ánimo, por amor a Dios, los sufrimientos físicos y morales, y las situaciones y per-
sonas difíciles.
San Pablo nos enseña que también es un fruto del Espíritu Santo y tiene una especial relación
con la esperanza y la caridad (cfr. Gal5, 22; Rom 8,25; 1 Cor 13,4). En el libro de los Pro-
verbios leemos que mejor es el varón paciente que el fuerte, y aquel que se domina en su ánimo,
mejor que el conquistador de ciudades (Prov 16, 32).
Son diversos los campos en los que el cristiano puede ejercitar esta virtud. En primer lugar,
consigo mismo puesto que es fácil desalentarse ante los propios defectos que, quizá, se repiten
una y otra vez, sin lograr superarlos. Es necesario saber esperar y luchar con paciente perseve-
rancia, convencidos de que, en la superación de un defecto o en la adquisición de una virtud,
en muchas ocasiones no se trata de grandes esfuerzos esporádicos, sino de la continuidad de la
lucha, la constancia de intentarlo cada día con la ayuda de la gracia. «Hay que tener paciencia
con todo el mundo -escribe S. Francisco de Sales-, pero, en primer lugar, con uno mismo»
(Epistolario, frag. 139,1. c., p. 774).
Paciencia, en segundo lugar, con quienes tratamos más a menudo, sobre todo si, por motivos es-
peciales, hemos de ayudarles en su formación, en su enfermedad, sus defectos, mal genio, fal-
tas de educación, suspicacias, etc., cuando se repiten con frecuencia, podrían hacernos perder
la paciencia y faltar a la caridad, romper la convivencia o hacer ineficaces los esfuerzos en su
atención. La comprensión y la fortaleza nos ayudarán a ser pacientes, sin dejar de corregir
cuando sea oportuno. Esperar un poco de tiempo, sonreír, dar una buena contestación puede
hacer que nuestras palabras lleguen al corazón de esas personas, ayudándoles a superar esas de-
ficiencias. La impaciencia solo causa destrozos y es ineficaz.
Paciencia también con aquellos acontecimientos que no tienen su causa en nosotros ni en
quienes nos rodean: el excesivo calor o frío; las enfermedades, la pobreza ... , las diversas con-
trariedades que se pueden presentar a lo largo del día, que nos quitarían la paz y nos harían re-
accionar de modo destemplado y malhumorado, quizá con quien no tiene ninguna culpa. La
visión sobrenatural, el ver la mano providente de Dios en todo, nos dará serenidad y paz. La
fe nos lleva incluso a gloriarnos en las tribulaciones, sabedores de que la tribulación produce la
paciencia; la paciencia, una virtud probada; la virtud probada, la esperanza. Y la esperanza no

713
PACIENCH
A NTOLOGfA DE TEXTOS

quedará confundida, pues el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por virtud del
Espíritu Santo, que nos ha sido dado (Rom 5,3-5).
2. Se oponen a esta virtud la impaciencia, que consiste en dejarse dominar por las contrarieda-
des de la vida, hasta e! punto de caer en la murmuración, en lamentaciones, quejas frecuentes,
arrebatos de ira, etc.; la insensibilización o dureza de corazón, cuando e! alma no se inmuta ni
impresiona ante las calamidades propias o ajenas, no por virtud, sino por falta de sentido hu-
mano y social.
La paciencia admite una mayor perfección conforme e! alma progresa en la vida interior. Las
almas más íntimamente unidas con Dios aceptarán con alegría las contradicciones y tribula-
ciones que padecen.
3. Facilita la práctica de la paciencia la consideración de la que tuvo Cristo en su Pasión, don-
de padeció por nosotros, ye! recuerdo de los males que provienen de la impaciencia (<<la im-
paciencia aumenta e! número y e! peso de los padecimientos»), especialmente contra la cari-
dad. De! ejercicio de la virtud de la paciencia surgirán abundantes mortificaciones que,
llevadas por amor a Dios, harán de! alma paciente un alma humilde y muy unida a Dios.

CITAS DE LA SAGRADA ESCRITURA


.:. El amor es paciente. 1 Corl3, 4. narse vale más que e! que conquista una ciudad. Prov
.:. ... Tenéis necesidad de paciencia para que, cumpliendo 16,32 .
la voluntad de Dios, alcancéis la promesa. Heb 10, 36. .:. ... En todo nos acreditamos como ministros de Dios
en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades,
.:. Por vuestra paciencia salvaréis vuestras almas. Le 21, 19.
en angustias [... ). 2 Cor 6,4 .
.;. ... Que nadie se inquiete por estas tribulaciones. Bien
.:- Desnudo salí de! vientre de mi madre, y desnudo tor-
sabéis que para eso estamos. 1 Ter 3, 3.
naré a él. Yahvé me lo dio, Yahvé me lo ha quitado.
.:. Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la venida de! iBendiro sea e! nombre de Yahvé! Job 1, 21.
Señor. Ved cómo e! labrador, con la esperanza de los .:. Hijo mío, si caes enfermo, no te impacientes y ruega
preciosos fruros de la tierra, aguarda con paciencia las al Señor [.. .). Eelo 38,9.
lluvias tempranas y las tardías. Sallt 5,7.
.:. El iracundo prom ueve contiendas, e! paciente aplaca
.:. Tomad, hermanos, por modelo de tolerancia y de las rencillas. Prov 15, 18.
paciencia a los profetas, que hablaron en nombre de!
Señor. Sant5, 10. .:. El hombre magnánimo espera su tiempo, pero al fin
triunfa. Eclo 1, 29 .
.:. ... Nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabedores
de que la tribulación produce la paciencia; la pacien- .:- [... ) tenga obra perfecta la paciencia, para que seáis
cia, una virtud probada; y la virtud probada, la espe- perfectos y cumplidos, sin faltar en cosa alguna. Sallt
ranza. Rom 5,3-4. 1, 4.
.:. En las grandes angustias de mi corazón, tus consuelos
.;. Porque tenéis necesidad de paciencia para que, cum-
alegraban mi alma. 50193, 19.
pliendo la vo luntad de Dios, alcancéis la promesa.
Heb 10, 36. .:. Hijo mío, si te das al servicio de Dios, prepara tu áni-
mo a la tentación. Ten recro corazón y soporta con
.:. Así pues, os exhorto yo, preso en e! Señor, a andar de
paciencia, y no te impacientes en e! tiempo de! infor-
una manera digna de vuestra vocación [... ], con toda
tunio [oo.], ten buen ánimo en las vicisitudes de la
humildad, mansedumbre y longanimidad, sobrelle-
prueba. Pues e! oro se prueba en e! fuego, y los hom-
vándoos los unos a los otros con caridad. Ef 4, 1.
bres graros a Dios, en e! crisol de la tribulación. Eclo 2,
.:. Mejor que e! fuerte es e! paciente, y e! que sabe domi- 1-5.

714
PACIENCIA
F RA NCISCO F ERNÁNDEZ-CARVAjAL

SELECCIÓN DE TEXTOS
Es parte de la virtud d e la fortaleza migos de su nombre, si se arrepienten de su
3967 Con paciencia y verdadera humildad delito [... ], los admite no solo al perdón, sino
nos hacemos más fuertes que todos los ene- a la recompensa de! reino de los cielos. ¿Qué
migos (ToMÁs DE KEMPIS, Imitación de Cris- más paciencia y más bondad puede haber?
to, 1, 13, 3). Pues recibe la vida de la sangre de Cristo e!
mismo que la ha derramado. Tal y tanta es la
3968 Quien se enfurece con causa no es
paciencia de Cristo, y, si no hubiera sido por
culpable; porque si la ira no existiese, ni apro-
ella, no tendría hoy en la Iglesia al apóstol Pa-
vecharía la doctrina ni los tribunales estarían
blo (SAN C1PRIANo, Tratado sobre la pacien-
constituidos, ni los crímenes se castigarían .
Así, quien no se enfurece cuando hay causa
cia, 8).
para ello, peca: la paciencia imprudente fo-
Para recomenzar muchas veces
menta los vicios, aumenta la negligencia e in-
en la vida interior
vita a obrar e! mal, no solo a los malos, sino
también a los buenos (SAN AGUSTíN, en Ca- 3971 En las batallas de! alma, la estrategia
tena Aurea, vol. 1, p. 283). muchas veces es cuestión de tiempo, de aplicar
3969 Para entender la Sagrada Escritura e! remedio conveniente, con paciencia, con to-
debemos tomar como criterio lo que Cristo y zudez. Aumentad los actos de esperanza.
los santos hicieron en la práctica. Pero Cristo Os recuerdo que sufriréis derrotas, o que pa-
no tendió a aquel hombre la otra mejilla. Ni saréis por altibajos -Dios permita que sean
tampoco Pablo la tendió. Interpretar, por imperceptibles- en vuestra vida interior, por-
tanto, literalmente e! sermón de la Montaña que nadie anda libre de esos percances. Pero
es falsear su significado. Dicho precepto se e! Señor, que es omnipotente y misericordio-
refiere más bien a la disposición de! alma a so, nos ha concedido los medios idóneos para
soportar, cuando sea preciso, sin dejarse llevar vencer. Basta que los empleemos con la reso-
por la amargura, una segunda afrenta igualo lución de comenzar y recomenzar en cada
todavía más grande de! agresor. A ello res- momento, si fuera preciso (SAN ]OSEMARfA
ponde la actitud del Señor al entregar su ESCRIVÁ, Amigos de Dios, 219).
cuerpo al último suplicio. Aquellas palabras
con que replicó han sido, por consiguiente, 3972 Tened paciencia con todo e! mundo,
de utilidad para nuestra enseñanza (SANTO pero principalmente con vos misma: quiero
TOMÁs, Comento Evang. S. Juan, 18) . decir que no perdáis la tranquilidad por causa
de vuestras imperfecciones y que siempre ten-
El ej emplo d e J esucristo gáis ánimo para levantaros. Me da alegría ver
3970 [... ] a sus mismos asesinos, si se vue!- que cada día recomenzáis; no hay mejor me-
ven y llegan a Él, los recibe, y con su pacien- dio para acabar bien la vida que e! de volver a
cia salvífica a nadie cierra las puertas de su empezar Siempre, y no pensar nunca que ya
Iglesia, para salvarnos con su gracia. A los ad- hemos hecho bastante (SAN FRANCISCO DE
versarios, a los blasfemos, a los eternos ene- SALES, Epistolario, fragm. 139, 1. c., p. 774).

715
PACIENCIA
A NTOLOClA DE TEXTOS

En la enfermedad y en las tribulaciones los graneros (SAN GREGORIO MAGNO, Hom.


3973 Es necesario sufrir con paciencia no 15 sobre los Evang.).
solo el estar enfermos, sino el estarlo de la en- 3976 Me parece buena virtud la que se
fermedad que Dios quiere, en el lugar que alaba en Job: En todo lo que le sobrevino no
quiere, entre las personas que quiere y con las pecó Job delante de Dios, afirmándose lo mis-
incomodidades que quiere, y lo mismo digo mo después de sobrevenirle la prueba (ORí-
de las demás tribulaciones (SAN FRANCISCO GENES, Trat. sobre la oración, 10) .
DE SALES, lntrod. a la vida devota, III, 3).
3977 Manténte firme como un yunque
3974 También suele dar el Señor enferme- golpeado por el martillo. A un gran atleta co-
dades grandísimas. Este es muy mayor traba- rresponde vencer a pesar de los golpes. Sobre
jo, en especial cuando son dolores agudos , todo soportándolo por Dios, para que Él
que en parte, si ellos son recios, me parece el también nos soporte (SAN IGNACIO DE AN-
mayor que hay en la tierra -digo exterior-, TIOQUlA, Epístola a San Policarpo) .
aunque entren cuantos quisieren; si es de los
muy recios dolores, digo; porque descompo- 3978 ¡Qué superioridad permanecer en pie
nen lo interior y exterior, de manera que sin doblarse en medio de tantas ruinas de los
aprieta un alma que no sabe qué hacer de sí, hombres, sin quedar derribado como los que
y de muy buena gana tomaría cualquier mar- no tienen esperanza en Dios, y alegrarse, en
tirio de presto que estos dolores; aunque en cambio, y aprovechar la ocasión que se nos
grandísimo extremo no duran tanto (que, en ofrece de alcanzar el premio de esta vida y de la
fin, no da Dios más de lo que se puede sufrir, fe de la mano del Juez, si damos pruebas mani-
y da Su Majestad primero la paciencia) (SAN- fiestas de nuestra fe con gran fortaleza y segui-
TA TERESA, Las Moradas, VI, 1, 7) . mos el camino estrecho que lleva a Cristo a
través de la paciencia en los trabajos! (SAN 0-
3975 Cuanto más alto llegue uno, tanto
PRlANO, Trat. sobre la mortalidad, 14) .
más tiene que sufrir en este mundo, porque
debilitándose el amor de nuestra alma hacia Ante la acusación injusta
las cosas del presente siglo, van aumentando
cada vez más sus adversidades. De aquí que 3979 Si te acusan justamente por una falta
vemos a muchos que obran el bien, y sudan que has cometido, humíllate profundamente
bajo el grave peso de las tribulaciones. Pero y confiesa que mereces aún más de lo que te
según las palabras del Señor, dan fruto por la acusan, y si la acusación es falsa, excúsate con
paciencia, porque recibiendo las pruebas con mansedumbre, negando la culpa por respeto
humildad, son admitidos después al descanso a la verdad y edificación del prójimo; pero si
en la gloria. De esta manera es pisoteada la después de excusarte con verdad y justicia
uva y se licua adquiriendo el sabor del vino; prosiguen aún acusándote, no te turbes ni te
de esta manera abandona la oliva sus heces, y empeñes en hacer creer tu disculpa: pues ya
su zumo se convierte en aceite puro, después has cumplido con la verdad, debes cumplir
de molida y prensada; de esta manera es co- también con la humildad, y de esta manera
mo, por medio de la trilla, se separa en las ni faltarás al cuidado que debes tener de tu
eras el grano de la paja, y es llevado limpio a buena fama, ni al debido amor de la paz, hu-

716
PACIENCIA
FRANCISCO F ERNÁNDEZ· C ¡\RV¡\J¡\L

mildad y dulzura de corazón (SAN FRANCIS- 3984 Sufre con paciencia los defectos y la
CO DE SALES, Introd. a la vida devota, I1I, 3). fragilidad de los otros, teniendo siempre ante
3980 Un anciano fundado en esta virtud los ojos tu propia miseria, por la que has de ser
vivía junto a Alejandría, perdido entre la ma- tú también compadecido de los demás (J. PEC-
sa heterogénea de los infieles. Estos le cubrían CI -León XlIl-, Prdctica de la humildad, 22).
de insultos y le hacían a porfía las más graves 3985 Las ocasiones de contrariedad jamás
injurias. Un día que le decían entre mofas: nos faltarán mientras estemos en contacto
«Pero ¿qué milagros ha hecho ese Cristo que
con los hombres. Las hace inevitables el cons-
adoras?», respondió: «El de que estas injurias
tante roce con ellos. Que no sean estas con-
y afrentas, y aun otras mayores que podríais
trariedades motivo para evitar su compañía
hacerme, no me conmuevan ni me ofendan»
(CASIANO, Colaciones, 12). (CASIANO, Instituciones, 9, 7) .
3986 Debemos soportar a los que corregi-
Evitar las quejas mos y corregir a los que soportamos (SAN
3981 Quéjate lo menos que puedas de los GREGORIO MAGNO, Hom. 17 sobre los
agravios que recibas, pues de ordinario peca Evang).
el que se querella; porque el amor propio
3987 Sobrellevaos mutuamente con amor;
siempre nos pinta las injurias mayores de lo
esforzaos por mantener la unidad del Espíritu,
que son; y, sobre todo, jamás digas tus resen-
timientos a personas propensas a indignarse y con el vínculo de la paz. De esta manera
a pensar mal. Pero si acaso conviene dar a al- demuestra que es imposible mantener la
guno la queja, o ya sea para remediar la ofen- unión y la paz si los hermanos no se toleran
sa, o ya para aquietar tu espíritu, ha de ser a mutuamente y si no conservan el vínculo de
personas pacíficas y que amen mucho a Dios; la unión fraterna mediante la virtud de la pa-
porque de otra manera, lejos de aliviar tu es- ciencia (SAN C!PRIANO, Trat. sobre la pacien-
píritu, lo llenarían de mayores inquietudes, y cia, 13 y 15).
en lugar de sacar la espina que picaba te la
3988 Lo que no puede un hombre en-
hincarían más en el pie (SAN FRANCISCO DE
mendar en sí ni en los otros, débelo sufrir
SALES, Introd. a la vida devota, I1I, 3).
con paciencia hasta que Dios lo ordene de
3982 La paciencia sabe soportarlo todo otra manera, y pensar que quizá es mejor así
con un corazón magnánimo (CASIANO, Insti-
para que te conozcas y tengas paciencia, sin la
tuciones, 7).
cual no son de estimar en mucho nuestros
merecimientos (TOMÁS DE KEMPIS, Imitación
Ante los defectos de los demás
de Cristo, 1, 16, 1).
3983 La tierra buena da buenos frutos por
la paciencia, porque ningún valor tienen las 3989 Mira la manera de sufrir con pacien-
obras buenas que hacemos si no toleramos cia cualesquier defectos y flaquezas ajenas, sa-
también las malas en nuestros prójimos (SAN biendo que tú tienes mucho que te sufran los
GREGORIO MAGNO, Hom. 15 sobre los otros (TOMÁS DE KEMPIS, Imitación de Cristo,
Evang.). 1, 16, 2).

717
PACIENCLt\.
A NTOLOG fA DE TEXTOS

Para ayudar a los demás 3993 El mismo Jesucristo, que conocía la


3990 El que sabe ser fuerte no se mueve malicia de los fariseos, condescendió Con
por la prisa de cobrar el fruto de su virtud; es ellos para ganarlos, a semejanza de los buenos
paciente. La fortaleza nos conduce a saborear médicos, que prodigan más remedios a los
esa virtud humana y divina de la paciencia enfermos más graves (SAN CrRILO, en Catena
[ ... ]. y es esta paciencia la que nos impulsa a Aurea, vol. VI, p. 46).
ser comprensivos con los demás, persuadidos
de que las almas, como el buen vino, se mejo- Frutos de la paciencia
ran con el tiempo (SAN JOSEMAIÚA ESCRNÁ,
3994 Esta virtud de la paciencia derrama
Amigos de Dios, 78) .
sus frutos con profusión y exuberancia por
3991 Sigue sacando y agotando las mis- todas partes [ ... ]. La paciencia es la que nos
mas exhortaciones, y nunca con pereza; actúa recomienda y guarda para Dios; modera
siempre con amabilidad y gracia [... ]. ¿No ves nuestra ira, frena la lengua, dirige nuestro
con qué cuidado los pintores unas veces bo- pensar, conserva la paz, endereza la conducta,
rran sus trazos, otras los retocan cuando tra-
doblega la rebeldía de la pasión, reprime el
tan de reproducir un bello rostro? No te dejes
tono de orgullo, apaga el fuego de los enco-
ganar por los pintores. Porque si tanto cuida-
nos, contiene la prepotencia de los ricos, ali-
do ponen ellos en la pintura de una imagen
via la necesidad de los pobres, protege la san-
corporal, con mayor razón nosotros, que tra-
tamos de formar la imagen de un alma,