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GERBER DANIEL – UNIDAD 1- “Una ética q no es del sacrificio”

Lacan se refiere al sacrificio como una manifestación d lo q llama allí el “deseo en estado puro”.

Deseo puro, q se identifica con la ley moral kantiana, el imperativo categórico, q puede a su vez
equipararse al mandato sadiano q exige el goce.

No es posible para el sujeto, sobretodo para el neurótico, aceptar sin más la caída d la
omnipotencia del Otro. Será preciso ocultar su falta, negar su inexistencia, para lo cual será
necesario, ante todo, ocultárselo al Otro mismo. ¿De qué modo? Por medio d la culpabilidad: el
sujeto asume la culpa por esa falta del Otro y d esta manera evita el traumatismo real q el
encuentro con ésta provoca.

El sacrificio – del latín; hacer lo sagrado – es ofrenda al Otro destinada a tapar su falta, a ocultar el
abismo del deseo d este último, su inconsistencia, y en última instancia, su inexistencia.

Por el acto mismo del sacrificio presupongo la existencia de aquel a quien se dirige, e incluso si
este acto falla es posible – en la lógica misma del sacrificio - interpretar esa falla como mi propio
fracaso para completar/apaciguar al Otro.

¿Propone la clínica psicoanalítica alguna clase d sacrificio?

La rta es negativa, pues se basa más bien en provocar el encuentro del sujeto con la inevitable
falta del Otro, encarnada aquí en el deseo del analista q es el motor d la cura. En este sentido
puede ubicarse en las antípodas d una ética del sacrificio.

La precisión sobre la transferencia es importante pq es muy común confundir ésta con lo q no es


más q sugestión, es decir, la producción del efecto del poder propio del ste, especialmente ese ste
todopoderoso d la demanda q es I (A). Basta simplemente con q algo o alguien tome este lugar
para q haya sugestión.

La transferencia descoloca al sujeto d su posición respecto d la demanda para colocarlo en una


posición q es determinada por su deseo. Esto abre la posibilidad d no dejar al sujeto capturado en
el campo del Otro q se presenta como completo pq si esa captura se produce será inevitable el
sacrificio: el sujeto tendrá q asumir la falta del Otro como propia para consagrar así su vida a
mantener al Otro completo.

Lo describe Lacan “Lo q el neurótico no quiere, y lo q rechaza con encarnizamiento hasta el final
del análisis, es sacrificar su castración al goce del Otro, dejándosela servir para ello”.

Más allá entonces d cierta inclinación al sacrificio, algo en el sujeto resiste a este último y es
determinante para q en ning caso esté dispuesto a “sacrificar su castración para servir al goce del
Otro”.

Esa falta q se tiene q “asumir” no es básicamente la d él sino la del Otro: éste no posee lo q al
sujeto le falta, d tal modo q no existe manera d q éste pueda – con su entrega “hacer lo sagrado”,
hacerse el objeto q pueda colmar eso q al Otro le falta.

En el psicoanálisis se trata de acceder a la certeza d q el Otro no existe. Es lo q se llama


destitución subjetiva, q no es un acto d sacrificio sino más bien d ruptura, d renuncia d todo apoyo
del Otro. El acto analítico pretende establecer q el Otro no existe, es decir, no sabe y no goza.

Se trata d una postura ética q Lacan le llama la “ética del soltero” en la medida q se basa en la “no
relación con el Otro” (soltero viene del latín solvere, y significa suelto).
Una ética q se sostiene en el deseo, exige la renuncia al Otro del Otro, a la tentación del sacrificio
q pretende hacerlo existir, a toda posición marcada por incondicionalidad ante él.

Puede pretender sólo un bien: el bien-decir, permitir q el deseo no deje d hacerse su lugar pues es
el único medio para q el decir no sea sacrificado al discurso dominante q exige la conformidad con
los bienes.

Paul Verhaeghe: Lacan y el Discurso de la Histérica

La exposición den una parte clave de su enseñanza nos permitirá dar tres pasos: en primer lugar,
confirmar que la posición de Freud al final de su primer periodo puede considerarse la de un amo;
segundo demostrar la utilidad del concepto de discurso de la universidad para agrupar a la
mayoría de los posfreudianos y en tercer lugar introducir la teoría posterior de Freud el discurso
analítico desempeña un papel central.

Los dos conceptos más importantes con respecto a la histeria son "goce y "placer; el último
está en oposición al primero. Es obvio que Freud fue fundamentalmente innovador y por
propia iniciativa generó el giro hacia un nuevo paradigma. Escuchaba a todos los pacientes y
de cada historial resultaba una categoría en la cual entraba un uno y único individuo.

Mientras que Freud paso del paciente individual a los mitos subyacentes, Lacan avanzo desde
esos mitos hasta las estructuras formales que los gobiernan. En este sentido, la más importante
de las estructuras lacanianas es la teoría de los cuatro discursos. Casi todo puede representarse
con esas letritas, la a, la S, la A, y las relaciones entre ellas. Precisamente este nivel de
abstracción es lo que nos permite insertar a los objetos individuales en el marco principal. Si uno
compara el padre primordial freudiano con el S1 lacaniano, advierte que la diferencia es muy clara
en el primer caso, vemos ante nosotros un gorila envejecido, desenfrenado entre sus hembras. En
cambio, si escribimos S1, resulta muy difícil imaginar a ese mono y precisamente esto abre la
posibilidad de otras interpretaciones de esta muy importante función. La tercera ventaja estas
estructuras nos permiten timonear la práctica clínica de un modo muy eficiente.

La desventaja comparado con los mitos freudianos y las historias tradicionales, las estructuras
algebraicas lacanianas parecen aburridas. Los criterios diagnósticos basados en este modo de
pensar son completamente nuevos. Las diferencias fundamentales respecto del diagnostico
clásico pueden resumirse como primero una estructura lingüística proporciona el punto de partida,
segundo el otro recibe un lugar muy prominente en el diagnostico. Tercero el núcleo del sistema
tiene que ver con el goce, aunque d un modo muy extraño cada discurso es un método especifico
de evitar el goce, de erigir una protección contra él y de mantener intacto el deseo.

Para Foucault hay una relación especial entre el discurso y el poder. El efecto de un
discurso se hace sentir imponiendo sus significantes a otro discurso. Los cuatro discursos
trazan algunás líneas a lo largo de las cuales puede producirse esta imposibilidad de
comunicación Es allí donde se presenta la diferencia con lá teoría de Foucault. Trabaja con el
material concreto del significan te, poniendo el acento en el contenido del discurso. Lacan,
por el contrario, ya más allá del contenido y enfatiza las relaciones formales que cada
discurso establece en el acto de habla. La teoría lacaniana del discurso debe entenderse en
primer lugar como un sistema formal, independiente de cualquier palabra hablada como tal.
El discurso existe antes de que se pronuncie cualquier palabra concreta y más aun, el
discurso determina el acto de habla concreto.
Cada discurso encarna una relación fundamental de la cual resulta un particular vínculo
social. Puesto que hay cuatro discursos, habrá también cuatro diferentes vínculos sociales.
En cuanto uno reduce un discurso a una interpretación, toda la teoría implosiona y
volvemos a la ciencia de lo particular. Como recipiente, cada discurso tiene cuatro
compartimientos diferentes en los que se pueden poner cosas. Estos compartimientos se
denominan posiciones, y las cosas que ubicamos en ellos son términos.
Hay cuatro posiciones diferentes, que mantienen a una relación fija entre sí. La primera
posición es obvia un discurso se inicia con alguien que habla, al que Lacan llama agente.
Quien habla se dirige a alguien que ocupa la segunda posición denominada otro. Desde
luego estas dos posiciones no representan más que la expresión consciente de un acto de
habla y en tal sentido constituyen el núcleo de toda teoría de la comunicación.
Dentro de esta relación mínima entre el agente y el otro se apunta a un cierto afecto. El
resultado del discurso se hace visible en este afecto y lleva a la posición siguiente la
producción.
Solo la cuarta posición introduce el punto de vista introduce el punto de vista
psicoanalítico. En realidad se trata de la verdadera primera, a saber, la posición de la verdad.
Freud había demostrado que el otro hombre que habla es impulsado por una verdad aunque
el mismo la desconozca. Esta posición de la verdad funciona como motor y punto de partida
de todos los discursos.

Agente Otro

Verdad // producción

La posición de la verdad es el primer móvil aristotélico, que afecta a toda la estructura del
discurso. Su primera consecuencia es que el agente solo es agente en apariencia. El yo no
habla, es hablado.
Lacan define al sujeto como afecto pasivo de la cadena significante, y no por cierto como
amo de ella. El agente del discurso es solo un falso agente un semblante, una entidad ficticia.
La verdadera fuerza impulsadora esta debajo, en la posición de la verdad. No hay una verdad
que pueda ponerse completamente en palabras. En lo Real hay siempre algún elemento que
no puede ser verbalizado, el decir a medias de la verdad.
La estructura formal del discurso consta de dos disyunciones, que expresan la ruptura de la
línea de comunicación. En el nivel superior del discurso, tenemos la disyunción de
imposibilidad: en el nivel inferior, la disyunción de impotencia.

Imposibilidad
Agente Otro

Verdad // producción
Impotencia

Disyunción de imposibilidad: el agente, solo un agente ficticio, es impulsado por un deseo que
constituye su verdad como esta verdad no puede ser totalmente verbalizada, el agente no
puede trasmitir por completo su deseo al otro.
El otro está siempre demasiado lejos del agente, con el importante resultado de que el agente
sigue pegado a un deseo imposible. Este es importante porque constituye la base del vinculo
social particular que caracteriza a cada discurso. Cada uno de los cuatro discursos une a un
grupo de sujetos por medio de la particular imposibilidad de un particular deseo. En el nivel
inferior esta la disyunción de impotencia. Esta impotencia tiene que ver con el vínculo entre la
producción y la verdad. Como resultado del discurso del otro, la producción no tiene nada que
ver con la verdad del agente. En este caso, la verdad encontraría una expresión completa en
el deseo que el agente tiene del otro, realizando la relación perfecta entre ellos, cuyo
producto seria una satisfacción definitiva que abrazara la verdad.
Estas dos disyunciones constituyen la parte más difícil e impenetrable de la teoría del
discurso. Freud denomino la experiencia primaria de satisfacción; es incapaz (impotente)
para realizar este retorno debido a la Spaltung primaria, la división del sujeto en el lenguaje.
Pero no deja de intentarlo, y en el proceso queda pegado, es decir, experimenta la
imposibilidad.
Si pudiéramos volver a esa experiencia experiencia primaria de goce, se realizaría la relación
simbiótica perfecta y ella implicaría el final de nuestra existencia como sujetos.
Los términos y el discurso
S1 como el primer significante, tiene un estatuto especial, el límite freudiano, el síntoma
primario o el símbolo primario. Es el significante amo que apunta a obliterar la falta, que
pretende ser la garantía dl proceso de cubrir esa falta.
S2 es el nombre del resto d los significantes, de la cadena o red de significantes. En este
sentido, es también el nombre del saber contenido en esa cadena.
El tercer término es el sujeto dividido (S barrado) el último de los términos, el objeto perdido,
que se escribe objeto a. el resultado de la adquisición del lenguaje es la perdida de una
condición primaria denominada naturaleza.
Este objeto representa el término final del deseo, como está más allá del ámbito del
significante y por lo tanto más allá del principio de placer, se encuentra irrevocablemente
perdido. Al mismo tiempo, es el motor que mantiene en marcha al hombre.
Las relaciones entre el saber, el goce y el sujeto es un cierto aspecto paradójico. El saber
restringente el goce del sujeto. La expansión de los significantes, S2, genera una distancia en
constante crecimiento respecto del goce, y confirma la pérdida del objeto a como plus de
jouir.
Estos cuatro términos, S1 y S2 S barrado y a, tienen una relación secuencial fija. Su orden no
cambia, pero puede ocupar las distintas posiciones, dando lugar a las cuatro diferentes
formas del discurso.
El discurso del amo
Como encarnación, todo amo real está condenado a fracasar. Funda el registro simbólico tal
de expresión normal al complejo de Edipo y explica la constitución del sujeto. El agente es el
significante amo, que finge ser uno y no estar dividido. Amo de mi mismo. El deseo de este
discurso es por cierto ser uno e indiviso, por lo cual el significante amo trata de unirse a S2 en
el lugar del otro.
Este deseo es imposible en cuanto hay un segundo significante, el sujeto queda
necesariamente dividido entre ambos. Este sujeto dividido en la posición de la verdad: la
verdad oculta del amo es que está dividido.
Este objeto a, causa de deseo nunca puede ser puesto en relación con la vivencia del sujeto,
el efecto es que el discurso del amo excluye el fantasma básico debido a su estructura, el
amo es impotente para asumir esta relación (S barrado // a).
El saber esta también situado en la posición del otro, lo cual significa que el otro debe
sostener al amo en su ilusión de que forma una unidad con su saber. El amo desea ser el
Otro, una encarnación del saber deseado por algún otro. Él es ciego a su propia verdad, si lo
hiciera caería de su suposición y dejaría de ser el amo. La verdad es que el amo también
esta castrado. Está dividido por la introducción en el lenguaje.
El fracaso de este intento se advierte claramente en la parte superior del discurso. Como S1,
un sujeto idéntico al significante amo único, el amo trata de alcanzar a S2, que es el camino
hacia el goce perdido. Necesariamente fracasa, porque si realmente quiere asumir la cadena
de los S2, tiene que renunciar a su posición única como S1. Subsiste entonces la brecha y el
goce sigue fuera de alcance. El único modo de conservar la posición de amo o maestro
consiste en permanecer en silencia. Evitar los significantes permite no se dividido por ellos.
Finalmente, el único amo exitoso es el amo muerto, un amo que ha entrado en el silencio
eterno.
El discurso de la Histérica
En el lugar de agente encontramos al sujeto dividido lo que implica que el deseo de este
discurso es el deseo en sí, esta más allá de cualquier satisfacción. El vínculo social es un
deseo no satisfecho. En cuanto uno habla pierde el objeto primario y queda dividido entre
significantes, el resultado neto de este proceso es una identidad que se encuentra en flujo
constante, más un deseo que insiste y no puede ser satisfecho ni destruido.
Este deseo, que se origina en una perdida primaria, tiene que expresarse a través de una
demanda dirigida al otro. Hay que convertir al otro en un significante amo para obtener una
respuesta. De este modo el sujeto histérico siempre hace un amo o maestro del otro y S1
tiene que producir una respuesta S S1.
Se supone que él sabe, se supone que producirá la respuesta, por esto encontramos el
conocimiento, S2 en la posición de producción.
S2 como saber general es impotente para producir una respuesta particular a la fuerza
impulsadora particular del objeto a en el lugar de la verdad (a//S2).
Batalla interminable entre el sujeto histérico y el amo circunstancial.
L resultado inevitable es una confrontación entre el amo por una parte y la falta fundamental
de la cadena significante por la obra para la cadena significante es imposible verbalizar una
verdad final. Esta imposibilidad causa el fracaso del amo y entraña su castración simbólica.
El saber cómo producción es incapaz d decir nada importante sobre el objeto a que ocupa el
lugar de la verdad.
Terminara con una considerable cantidad de saber, que no le enseña mucho sobre su objeto
perdido en el lugar de la verdad. El sujeto histérico impulsa al otro a saber, la histérica desea
el saber como medio de goce. Esto es estructuralmente imposible y la transforma de
inductora d saber en fuente de fracaso, con el cual demuestra la falta fundamental. Ella no
solo erige al hombre amo, sino que también lo desenmascara, el deseo de él también está
determinado por el objeto a, d modo que también él está dividido. Al mismo tiempo ella se
repliega como objeto del deseo, el no la desea a ella sino al objeto a.
La paradoja consiste en que, al luchar por obtener goce, lo único que el puede producir es un
saber siempre insuficiente, y que automáticamente lo convierte en el amo.
Desde el amo hasta el padre idealizado, el padre real de la histérica siempre es un padre
castrado. Como ideal encarna la posibilidad de creación en relación con la mujer, mientras
que personalmente esta fuera de servicio. Como padre idealizado, es un padre imaginario, no
sometido a la perdida primaria, un padre completo que está más allá de la castración.
El padre idealizado es el padre murto, el padre que liberado de todo deseo, ya no está
sometido a la falta fundamental.
El discurso del analista
Es el opuesto al discurso del amo y el ultimo en la serie de permutaciones por giro. El
producto del discurso es el significante amo S1, lo que significa que nos devuelve al punto de
partida. Este es el peligro intrínseco del discurso, un peligro que con mucha frecuencia se
concreta.
El lugar del agente encontramos al objeto a, la causa del deseo. En este objeto perdido se
basa en la posición de escucha del analista, que obliga al otro a tomar en cuenta su propio
ser dividido. Por ello encontramos en la posición del otro al sujeto dividido. La relación entre
el agente y el otro es imposible, porque convierte al analista en la causa del deseo del otro,
eliminándolo como sujeto y reduciéndolo a mero residuo, desecho de la cadena significante.
Lo único que se puede hacer es funcionar como tal para alguien durante un lapso limitado.
Esta relación imposible entre a y el sujeto dividido es la base para el desarrollo de la
transferencia a través de la cual el sujeto podrá circunscribir su objeto. Esta es la meta del
análisis. Esta relación es inconsciente y forma parte de la disyunción de impotencia S//a.
El discurso del analista, como inverso del discurso del amo, lleva esta relación al primer plano
en forma invertida que va de la impotencia a la imposibilidad.
El producto de este discurso es el significante amo o en términos freudianos, el particular
determinante edipico de ese sujeto.
La posición analítica funciona por medio de un no funcionamiento del analista como sujeto, lo
que lo reduce a la posición de objeto. Todos somos narcisisticamente iguales, pero más allá
de este mundo somos fundamentalmente distintos. El discurso analítico produce un sujeto
singular que se construye y desconstruye en el proceso del análisis.
El saber funciona en la posición d la verdad, pero no puede introducirse en el análisis. El
analista sabe pero no puede hacer mucho con ese saber mientras ocupa la posición de
analista.
El producto del discurso del analista es un S1, un significante amo. El analista debe
encontrarse en l polo opuesto de toda voluntad al menos confesada de dominio.
La particularidad del discurso dl analista no reside solo en la evitación de la solución histérica
clásica (la introducción y remoción de la figura del amo), sino también en una reelaboración
estructural de su fracaso necesario. La efectividad del discurso del analista es doble. Por una
parte, empuja al paciente en la dirección del discurso de la histérica de la respuesta a a S
barrado. Solo puede resultar S barrado S1, lo que obliga al paciente a subjetivizar, a
conciliarse con la verdad oculta de su síntoma. En lugar de presentar su problema a algún
otro para que lo resuelva, el paciente enfrenta, una permutación en virtud de la cual se ve a si
mismo como centro de dificultad.
El discurso de la universidad
Este discurso es una regresión desde el discurso del amo. El discurso del analista, como su
opuesto constituye el otro polo del discurso de la universidad y tiene que ubicarse entre otros
dos.
El amo funciona como garante formal del saber, negando de tal modo la siempre
problemática división del sujeto que sabe. Es este agente el de ocupar la posición del agente
en el discurso de la universidad. Este como regresión del discurso del amo, y como inverso
del discurso de la histérica. El agente es un saber de confección, mientras que el otro queda
reducido a la condición de mero objeto causa de deseo S2 a.
Este vinculo social que resulta del deseo de alcanzar el objeto mediante el saber. El saber es
presentado como una unidad organizada y transparente que se toma del texto y se aplica
directamente. La verdad oculta es que solo puede funcionar si se garantiza con el significante
amo.
En la posición de objeto del otro encontramos al objeto perdido, la causa del deseo. La
relación entre este objeto y la cadena significante es estructuralmente imposible: el objeto es
precisamente ese elemento, que está más allá del significante el producto es una división
creciente dl sujeto cuanto más saber empleamos para alcanzar el objeto, más nos dividimos
entre los significantes y más alejados del hogar de la verdadera cusa de deseo.
El producto de este discurso demuestra su fracaso, puesto que de él resulta más que el
sujeto dividido, el saber no genera goce, sino solo un sujeto dividido por un saber expresado
en significantes.
Entre la verdad y la producción, insiste la disyunción de importancia S1//S barrado.
Además, en este discurso no hay ninguna relación entre el sujeto y el significante amos; se
supone que el amo segrega significantes sin que haya ninguna relación con su propia
subjetividad. Esta ilusión subyace en la objetividad requerida en la ciencia clásica.

Unidad 1Lacan: El discurso capitalista

El significante es quien ha introducido en el mundo lo uno. Lo maravilloso de esto es que para obedecer es
menester que se sepa algo. La característica del esclavo, tal como lo expresa Hegel, es la de saber alguna
cosa. El semblante, la verdad, el goce, el plus de goce habría estado, a nivel de la producción, porque el
plus de goce es aquello que se produce por efecto del lenguaje. Habría estado aquello que implica el
discurso analítico: es decir, un mejor uso del significante como uno. Crisis, no del discurso del amo, la del
discurso capitalista que es el que lo sustituye, está abierta.

El discurso capitalista no es débil, tonto, al contrario es algo locamente astuto. Es insostenible mediante un
juego que podría explicarles porque el discurso capitalista está allí, vean una pequeña inversión
simplemente entre el SI y el S (barrado) que es el sujeto es suficiente para que eso marche sobre ruedas,
eso no podría correr mejor, pero justamente eso marcha así velozmente a su consumación, hasta su
consunción.

Chicas es todo lo que pude sacar de este texto, mucho no entendí, ja, ja, ja espero que ustedes sí.

Szerman RELIGION CIENCIA Y PSICOANALISIS

El psicoanálisis es heredero de la razón moderna, su práctica clínica y teoría muestran los límites del ejercicio
de la razón.

La práctica del psicoanálisis se desarrolla a partir del síntoma, para lacan es tributario de lo real ósea d lo que
no anda

El psicoanálisis como teoría se constituye en un síntoma de la civilización

Surgimiento de la modernidad, nacimiento de la ciencia moderna son fenómenos vinculados. El punto de


origen se centra en descartes “pienso luego yo soy” con él se establece el predominio del razón.
La modernidad se fundó en el ideal iluminista q busca extender los límites de la razón por medio del
desarrollo de la ciencia.

El proyecto de la ilustración pretendía hacer a los sujetos iguales en cuanto a sus derechos y obligaciones
ante la ley, todos somos iguales y poseemos l facultad q él la razón.

La modernidad produce un cambio en lo q lacan llama el discurso del amo, mientras que por un lado la
ciencia elabora un saber universal, q tendrá a ocupar el lugar del amo al q todos deben subordinarse, por el
otro la técnica produce objetos para el consumo masivo o impone un modo único de satisfacción para todos.
Por esto se puede decir que el mundo moderno, el mundo que se inicia en el siglo XVIII, es un efecto del
discurso de la ciencia. Es un mundo que se organiza con bases en el saber y la razón y se sustenta en el
dogma del progreso. Se inicia la búsqueda de la unificación, q condena y descalifica lo diverso, lo Otro y
provoca efectos de exclusión, de segregación, de la eliminación de lo que se presenta como Otro de la razón.

El llamado progreso es correlativo del desarrollo de un mercado único, que unifica gustos, preferencias,
opiniones, juicios.

Las ciencias, son "un conjunto de conocimientos y estudios poseedores de valor universal, caracterizados por
un objeto y un método determinados y fundados en relaciones objetivas verificables". La modernidad
pretendió aplicar este criterio no solamente para el estudio de la naturaleza sino del sujeto mismo.

La expresión "ciencias humanas" no deja de ser contradictoria en su formulación misma pues una
característica básica de la ciencia es la forclusión del sujeto. La ciencia excluye al sujeto de su campo porque
la objetividad es problemática cuando el objeto es el sujeto mismo o la interrelación entre sujetos

El DSM IV es un ejemplo en el campo psi, de este intento de la ciencia por desubjetivar e intentar introducir el
malestar de un sujeto dentro de una clasificación que se pretende exhaustiva de los llamados “trastornos”,
con lo cual, la idea implícita que lo sostiene, es que cualquier malestar que manifieste un sujeto, es un desvío
de la norma.

Freud aludió a la existencia de tres profesiones imposibles: gobernar, educar, psicoanalizar. Se trata de tres
actívidades en las que existe siempre, en la medida en que hay una relación entre sujetos, un punto ciego
que escapa a toda medición y a toda previsión

La ciencia pretende negarlo, de ahí las paradojas que presenta. La más notable de éstas es quizá la relación
que ella mantiene con Dios. La revolución científica de la modernidad pretendió instituir el reino de la razón,
pero no solamente no eliminó cierto elemento irracional de su campo sino que mantuvo la creencia en un Dios
al que los científicos no han dejado de recurrir.

el punto oscuro de la razón siempre podrá dar lugar a la presencia de un Dios.

El discurso de la ciencia se estructura como una construcción que rompe con la idea de cualquier revelación,
el científico busca ese Otro del Otro, garante de la certeza que sus mismos hallazgos y elaboraciones ponen
siempre en cuestión. Por esto retorna el tema de Dios, de tal manera que hay un Otro convocado por el
científico, que no es sino la negación de esa falta del Otro que el psicoanálisis concibe como ausencia de
garantías.

Ya en Malestar en la Cultura Freud : “El hombre se ha convertido en una suerte de Dios -prótesis por asi
decir, verdaderamente grandioso cuando se coloca todos sus órganos auxiliares; pero estos no se han
integrado con él, y en ocasiones le dan todavía mucho trabajo. Es cierto que tiene derecho a consolarse
pensando que ese desarrollo no ha concluido en el año 1930. Épocas futuras traerán consigo nuevos
progresos, acaso de magnitud inimaginable, en este ámbito de la cultura y no harán sino aumentar la
semejanza con un Dios. Ahora bien, en interés de nuestra indagación no debemos olvidar que el ser humano
de nuestros días no se siente feliz en su semejanza con un Dios.”

Un reportaje a Lacan, se le pregunta por la relación entre ciencia y psicoanálisis, este responde: “Para mí la
única ciencia seria a seguir es la ciencia ficción. La otra, la que es oficial, que tiene sus altares en los
laboratorios avanza a tientas sin destino y comienza incluso a tener miedo de su sombra…y finaliza diciendo
a las tres profesiones imposibles de Freud, gobernar, educar, psicoanalizar, yo agregaría una cuarta, la
ciencia. Salvo que ellos, los científicos, no saben que están en una posición insostenible.”

La impresionante e ilimitada oferta de objetos surgida del campo de la ciencia y la técnica parece destinada a
permitirle al sujeto sobreponerse a los limites del cuerpo y la existencia, a lo que Lacan llama lo Real como
ese imposible inherente a la existencia del lenguaje. De este modo para todo aquello que puede significar la
presencia de lo Real, la ciencia parece tener la respuesta exacta para eliminar sus efectos y asegurar una
felicidad total : para la enfermedad los imperativos surgidos de investigaciones inobjetables que ordenan la
vida sana y natural; para el temor a la muerte, el logro de una longevidad inédita aunque fuese por medio del
recurso de conectar el cuerpo inerte a un conjunto de aparatos; para fantasmas como el de Schreber de ser
una mujer en el momento del coito, las operaciones de cambio de sexo; para lo irremediable de la muerte, los
proyectos de clonación cuya realización quizá ya sea ingobernable.

La idea de que todo malestar puede eliminarse o evitarse y la vida puede transcurrir sin la menor tensión. Se
deja de lado lo que Freud señalaba en 1930: el malestar es constitutivo de la cultura y no es un malestar
circunstancial, es condición de existencia para el ser humano, que es un ser eternamente en falta, ser de
deseo, una dimensión que no puede ser científicamente regulada.

El mandato de "ser uno mismo" con absoluta prescindencia del Otro está en la base de la proliferación de las
sectas, los grupos, las capillas, regidas por lideres paranoicos "iluminados" que ofrecen "soluciones" mágicas
a un malestar cuyo origen tiene que buscarse más bien en la definición de la condición humana misma, En
realidad, estas "soluciones" no consisten más que en el fortalecimiento de una subordinación absoluta a
líderes presuntamente infalibles que toman el lugar del Padre Ideal, incuestionable, para confirmar asi aquello
que señalaba Freud "Sabemos que en la masa de seres humanos existe una fuerte necesidad de tener
alguna autoridad que uno pueda admirar, ante la cual uno se incline, por quien sea gobernado y, llegado el
caso, hasta maltratado ...Esta necesidad proviene de la añoranza del padre"

No hay una oposición radical entre religión y ciencia pues ambas traen de diferente manera la perspectiva de
ese "más allá" que el ser humano procura alcanzar a partir del hecho de que su condición de criatura del
lenguaje lo condena al límite y la restricción.

De ahí que no resulte sorprendente el auge que ambas, de manera simultánea, nos muestran, y que, no
obstante sus aparentes y abismales diferencias, puedan coexistir perfectamente.

Se trata de una ética muy particular que podría definirse como inherente al superyo. Este empuje al goce
impone al sujeto un imperativo: sostener al Otro, que es el sistema simbólico que nos hace sujetos, como un
Otro sin fallas, completo. No cumplir este mandato se castiga con el sentimiento de culpa, efecto de la
imposibilidad de responder a tal exigencia. Para el superyo la pérdida no debe existir, y por esto las ilusiones
que los avances técnicos generan lo hacen aún más presente. Más allá de sus beneficios, la técnica
engendra ilusiones que retienen a los sujetos para que no realicen el camino de su deseo.

No se trata de oponerse a los avances científicos sino de advertir que el afán de dominio que los caracteriza,
conduce a borrar al sujeto en su especificidad singular. El psicoanálisis mismo no hubiera surgido sin las
luces proyectadas por el surgimiento y desarrollo de la ciencia moderna
"El sueño de la razón produce monstruos", decía Goya. Estos monstruos que no obedecen a ninguna lógica ni
razón, son los que el Psicoanálisis confronta para que el sujeto reconozca en ellos su verdad, que es la de la
satisfacción gozosa que encuentra en su sufrimiento y su pesar.

El psicoanálisis, a diferencia de la ambición científica, no elude esta dimensión de la falta, ni intenta someterla
a control; por el contrario, renunciando a toda pretensión de poder, crea las condiciones para que, en el
despliegue de la palabra, advenga el saber inconsciente que es precisamente el de lo excesivo que no se
deja apresar.

Este saber del inconsciente impulsa al sujeto a repetir, durante su vida, los mismos libretos con máscaras
diferentes. La repetición lleva al sujeto a cuestionarse por sus razones, pudiendo eventualmente convocarse a
otro -el analista- del que se supone conoce los resortes ocultos del comportamiento. El sujeto acude a que se
le explique el porqué de algunos de sus pensamientos o actos, buscando un sentido para alcanzar el dominio
"racional". Sin embargo, Freud pudo advertir que revelar al paciente la presunta significación de sus síntomas
solo causa un alivio pasajero. El sujeto busca y repite ese sufrimiento del que dice querer liberarse; se
empeña en conservarlo porque encuentra allí una satisfacción paradójica. En “La Tercera” afirma Lacan “Lo
curioso en todo esto es que el analista en los próximos años dependa de lo Real y no lo contrario. El
advenimiento de lo Real no depende para nada del analista. Su misión, la del analista es hacerle la contra. Al
fin y al cabo lo Real puede muy bien desbocarse, sobre todo desde que tiene el apoyo del discurso científico”

Por esto el psicoanálisis no está destinado a adquirir un saber que asegure la plena armonía del sujeto con el
mundo. Ningún saber podría eliminar el saber del inconsciente que en su insistencia repetitiva manifiesta la
inevitable ausencia de armonía en esa relación.

UNIDAD .2

De la erótica a la clínica. El sujeto en entredicho DANIEL GERBER

El concepto de sujeto en psicoanálisis supone la relación de este último con el fantasma como elemento
fundamental que lo define.

Este concepto es un pilar fundamental de teoría psicoanalítica y para su elaboración, Lacan tomo textos de
Freud y tmb la dirección de la cura y los principios de su poder- la concepción kleiniana de la fantasía que
para la autora inglesa, tiene un lugar esencial en su teorización.

La distinción entre fantasía y fantasma puede elaborarse tomando en cuenta los planteamientos de Isaacs
discípula de Klein en el artículo “naturaleza y función de la fantasía”. Ella da cuenta de una dimensión
diferente a la de la fantasía entendida como ensoñación precc. Afirma que el concepto de fantasía está
relacionado con los sueños diurnos; se aplica por lo tanto a las fantasías cc, pero alude tmb a otra
dimensión q podría entenderse como un nivel icc del fantasma.

Freud le dio lugar import a los sueños diurnos, dijo que son cc-precc en cuanto a su ubicación tópica dentro
del aparato psíquico, su génesis no se halla en la cc esto significa q cdo se dice q el sujeto fantasea, no
está en la cc es icc. La causa de esa producción es el fantasma icc. El vínculo entre la fantasia y el fantasma
icc es estrecho, la primera se genera en este último

La corriente kleinian distingue las fantasías icc de los sueños diurnos cc, la primera es el contenido mental
icc q puede hacerse o no cc. La fantasia comienza siendo icc y puede después devenir cc. Lacan dice q mas
allá de las fantasías que el sujeto pueda elaborarse, hay una dimensión icc a la q se llama fantasma; este se
define como un aspecto inherente a la subjetividad en tanto el sujeto es efecto de la cadena significante q lo
produce como tal.

El significante es un elemento q forma parte de un conjunto, una estructura que preexiste al sujeto, quien se
constituye como tal en tanto efecto de la articulación de al menos 2 significantes. El sujeto dividido, el sujeto
del icc, es efecto de la relación entre dos stes. Efecto del ste el sujeto no puede existir más q representado
por un ste para otro. Lacan…un ste es lo que representa al sujeto para otro ste.

El sujeto quede definirse como lo q falta como una ausencia en el campo del ste pues desaparece, se borra
queda en fading bajo el ste q lo representa, es lo que se llama carencia en ser del sujeto con secuencia de la
representación por el ste. Lo que al sujeto siempre le falta es el ser porque el ste no puede decirlo, solo
puede representarlo sin poder decir lo que él en tanto sujeto es.

La pregunta del sujeto ¿Qué soy ahí, ahí donde solo estoy representado? Pregunta en los sentidos objetivo
es decir la preg q el sujeto hace y el subjetivo es el sujeto mismo es pregunta.

La preg por el ser es nuclear en la subjetividad y está en la base de la producción de lo que Lacan llamo su
única invención: el objeto a, ¿Cuál s la razón de este concepto? El hecho de q el ste es insuficiente como
sostén del sujeto por q el soporte que le proporciona es precario, abre siempre la preg por el ser, preg q
queda abierta por q ningún ste puede decirlo. Algo falta en el campo del ste, en el Otro, Lacan dice que no
existe el Otro ste, el que pueda responder por lo que soy y esa falta es lo que él escribe como S/ A tachada)

Es un ste que falta por estructura, inherente a la condicen misma del ste como representación, lo q implica
la posibilidad de uno, el ste especifico del ser.

Hay algo q escapa a la representación, algo de el sujeto no cabe en la representación; en cierta dimensión el
sujeto es irrepresentable y allí donde es una cosa diferente, un elemento heterogéneo con respecto a la
estructura ste, algo tiene q venir a colmar esa ausencia, a la vez q viene colmarla, indica el lugar de ella,
eso es el objeto a la q define como el soporte q el sujeto se da en tanto desfallece en su designación de
sujeto.

Allí donde nada del orden ste puede representar al sujeto, allí donde corre riesgo de un acadia,
desfallecimiento, desvanecimiento, algo otro que el ste viene a sostenerlo; el sujeto se fija a un objeto a
causa de la imposibilidad inherente al Otro de responder a su preg ¿Qué soy ahí?

Así se constituye el fantasma Lacan lo articula como l relación entre ese eclipse del sujeto que desfallece
por la ausencia del ste que diga su ser y el objeto q lo rescata de ese desvanecimiento tal como0 lo muestra
la formula $◊a este es el lazo del sujeto q desvanece por a ausencia del ste con un objeto q de alguna
manera lo rescata.

La existencia del fantasma implica la posibilidad de una rta por el deseo del Otro, lo q permite al sujeto
asumirse en un lugar más o menos estable y evitarle hasta cierto pt la angustia, esta surge cdo se enfrenta
con la falta del Otro, falta q provoca l preg por lo q este quiere de él ¿Qué me quiere?

El fantasma posibilita q esa preg, el sujeto tenga una respuesta. Una respuesta q esta alli antes q la preg
pueda aparecer. Es lo que explica esa dimensión autoerotica, masturbadora, del fantasma: mientras este
opera con cierta eficacia el sujeto puede arreglárselas solo. Incluso el objeto “externo” con el cual puede
buscar la satisfacción tiene forzosamente q incluirse en el fantasma para adquirir algún valor de goce para el
sujeto siempre hay un hueco, una falta. El encuentro con esa falta tiene como efecto al angustia, por eso el
fantasma tiene la fc de poner al sujeto a resguardo de aquella, asegurándole el desconocimiento de la falta
del Otro... tmb le permite crearse una ilusión de autonomía porq con el fantasma estructura su mundo de tal
manera q puede experimentar q es él quien lo organiza, quien decide, quien tiene la libertad, la autonomía
para realizarlo. El sujeto desconoce q él no se autoengendra sino q es engendrado por el deseo del Otro q
está determinado por el Otro. Entonces estío permite entender lo que dice Freud lo primordialmente
reprimido seria el sujeto mismo, el sujeto q cae bajo el ste

La represión primordial implica q el sujeto queda excluido del ste, es por lo tanto, en el campo del ste, lo q
falta en esa estructura. Para el psicoanálisis el momento en el q el sujeto aparece es aquel en q se produce
una fractura, una falta en el discurso (acto fallido, síntoma, equivoco)la falta señala el lugar del sujeto como
ausencia por que cdo hay falta, el fantasma no ah sido eficaz como para sostener una estructura coherente,
consistente.
La escritura del fantasma de Lacan pone en relación dos términos el sujeto y el objeto, muestra que no hay
un sujeto por un lado y un objeto por el otro, no se trata de pensar q en el fantasma estoy yo con mis objetos
y allí puedo hacer con ellos lo que quiero, todo lo que no me atrevo hacer en la realidad lo hago en mi
fantasía. Los objetos parciales o no el seno, excremento, el falo el sujeto la gana o los pierde sin duda, es
destruido por ellos o los preserva, pero sobretodo es esos objetos

El sujeto es también los objetos de su fantasma porq en la medida en q el fantasma esta el juego él es
objeto. No hay sujeto de un lado y objeto del otro. En el fantasma el sujeto es objeto. L afirmación de q el
sujeto es objeto en el fantasma alude de esta manera a q allí hay algo mas q una relación entre dos termino,
señala q el sujeto ($)es efecto del ste y objeto (a). Es lo que se conoce en la fórmula del fantasma. El sujeto
también es objeto, el sujeto es efecto del encadenamiento significante.

Lacan sostiene que el objeto es un objeto perdido, el objeto no es lo que tengo enfrente, es ante todo
perdido, condición básica para q el sujeto se constituya como tal. El objeto esta perdido, lo q determina q el
sujeto se siente en falta. Es así como se implica el sujeto en el fantasma en tanto este constituye el intento
de recuperar, de rescatar esa unidad mítica perdida.

El sujeto no tiene un fantasma esta capturado en éste así lo indica el matema de Lacan donde el paréntesis
podría leerse como una alusión al hecho de que el sujeto está encerrado ahí. No tengo fantasma sino que
estoy atrapado por él y sin escapatoria, entonces no es el sujeto el que posee el fantasma sino éste quien
tiene al sujeto. Por eso el sujeto está condenado a la repetición, a la compulsión de repetición: lo que retorna
en esta ultima esta siempre “pautado” por el fantasma donde el sujeto está atrapado.

Así lo evoca la dicotomía freudiana en la que el ser no es opuesto al no ser sino al tener. El sujeto puede
dejar de tener en la medida en que puede ser, aun cuando este ser es engañoso e ilusorio. En la medida en
que el sujeto es que adviene como lo que antes tuvo, puede abandonar el objeto que poseía. En el fantasma
hay identificación: el sujeto es allí su propio objeto.

Esto debe inscribirse en el contexto de la determinación del sujeto por el lenguaje xq no puede haber
fantasma al margen de ella. Esta determinación implica q el sujeto carece de autonomía; determinado,
dominado por el Otro, no es amo sino mas bien esclavo; el fantasma le permite invertir esta situación por q
está en la base de su creencia de que él es quien elabora, mueve los hilos de los objetos cuando en realidad
el es más bien dominado, manejado desde el Otro

El sujeto necesita creer q es él quien maneja la escena. Eso es posible por el fantasma, es importante ver
en la clínica de qué modo uno está atrapado por sus propios fantasmas.

El fantasma es la ilustración misma de esa posibilidad original. En el universo del fantasma hay una parte cc
o precc; la ilustración clara es el sueño diurno, el sujeto se considera ahí el tramoyista, pero es una ilusión
creada por el desconocimiento de las determinaciones que lo gobiernan. Por eso el sueño diurno es distinto
del fantasma, pero no desligado del mismo en la medida en q constituye una vía privilegia para acceder a él

En el campo clínico no se trata de cuestionar las fantasías del sujeto sino de permitir q estas se desplieguen
en su discurso como la vía para acceder a la dimensión del fantasma, formación q puede dar la clave de la
manera como organiza su mundo, su realidad.

La realidad de cada sujeto es lo que el fantasma organiza y define, de manera que cdo aquel habla, es el
fantasma q subtiende su discurso, ósea lo que puede llamarse su realidad.

El sujeto se presenta así como un hacedor de fantasmas desconocidos que en ellos él es su objeto. Por esto
en el análisis es importante la aparición de ese momento de anagnórisis en el uno puede verse allí donde
no se ve, como parte de ese cuadro q está pintado libremente.

El sujeto es ante todo pregunta por el ser pues la falta el motivo por el cual es. En este sentido, la preg
fundamental q el fantasma trata de responder es esa q tiene q ver con los orígenes, con la causa material
del sujeto ¿Cómo es que soy?, ¿Cómo es que vivo?, ¿Cómo es que soy sexuado?. El fantasma opera como
respuesta escenificada donde el sujeto se cree organizador de ese montaje, aunque en realidad está inserta
en el cuadro q opera como tapón y a la vez indicio del deseo. Esto es así por que el deseo es, deseo del
Otro, falta del Otro entendido en los dos sentidos , el de carencia y el de ausencia. El deseo se constituye
por esa falta y el fantasma da una respuesta con lo que la obtura. Cierra el hueco pero a la vez lo indica, lo
que nos explica el carácter singular del fantasma en tanto depende de una relación también singular con el
deseo del Otro.

El fantasma se organiza con base en la ilusión de q existe el sujeto por un lado y el objeto por otro como
términos q se complementarían entre sí. La realidad está organizada como una presunta oposición entre
sujeto y objeto, de manera q cada uno de ellos sería el complemento del otro.

El sujeto no es uno, está dividido por la acción del ste q lo representa, y de que el objeto no es lo que está
ahí sino esa “parte” de la subjetividad que se ah perdido, q cayo como resto por efecto de esa misma
acción, no hay complementación posible, pero el fantasma viene a crear esta posibilidad mítica; la realidad
es todo aquello que no soy yo y me complementa.

Decir entonces que la realidad se organiza desde el fantasma implica reconocer el aspecto común de
ambos; funcionar como una pantalla. La existencia de la realidad permite que algo no se vea, algo q tiene
relación con la verdad; la castración. Toda noción de realidad se asienta en un engaño, existe el objeto como
complemento del sujeto. El objeto no sería entonces el producto de la división del sujeto, estaría ahí desde
siempre. La realidad oculta el hecho q desde el momento en que el sujeto se constituye por efecto del ste el
objeto no es su complemento sino lo q cae como resto, lo que cae de él, lo q se pierde definitivamente, de
modo que lañas cosas del mundo vienen a ocupar ese lugar de lo que se ha perdido.

La noción de realidad se asienta en la idea de que el objeto no es lo que yo he perdido sino algo que ha
estado ahí desde siempre, fuera de mí, y q por esta razón me complemento con él. Así el fantasma sostiene
la realidad porq inscribe un objeto en el lugar de la perdida. La fórmula del fantasma se lee así tmb: el
fantasma pone un objeto (a) allí donde hay perdida ($) y da lugar así a esa oposición epistemológica
tradicional q sitúa al sujeto del conocimiento por un lado, y al objeto por el otro, esa dicotomía es un
fantasma , ósea la concreción del fantasma cuya función es colocar un objeto allí donde hay perdida.

El objeto que pone el fantasma en el lugar del ausencia puede ser también el sujeto mismo porq, de hecho,
el sujeto es objeto en el fantasma. El fantasma en tanto masturbatorio es una condición fundamentare lo
sexual para alcanzar la satisfacción, el orgasmo. El fantasma es necesario para alcanzar la satisfacción

El encuentro con el objeto o el encuentro con el Otro es un encuentro con la falta, no hay
complementareidad entre el uno y el otro. Es posible acceder a una relación por medio del fantasma q se
activa y también activa. Si bien no hay relación sexual, pueden existir relaciones, distintas clases de
relaciones que no son “la” relación.

El fantasma hace posible así el acceso a una relación con el objeto, q mas allá de su carácter “exterior” es
lo que el sujeto “pone” para hacer posible el encuentro.

El sujeto q está presente en una relación como actor se desdobla, es también espectador. No solo participa
en esa situación, la observa desde afuera pues en esa escena están sus fantasmas… tofo encuentro con el
otro implica al fantasma en la medida en q es con la falta del Otro S(A tachada). El fantasma es fundamental
porq permite suplir lo que falta al Otro para generar así la ilusión de tener un complemento.

La constitución del fantasma permite dejar la posición primordial de objeto de goce del Otro para constituirse
como sujeto.

Los tres tiempos del Edipo se deben leer de esa ubicación del niño como objeto a para la madre porq
cuando Lacan elabora la formulación no tiene todavía esta teoría del objeto a q permite entender q en una
primera instancia el sujeto no solamente se identifica imaginariamente con el falo por q para el Otro tiene
ese valor simbólico sino que también es en lo real un objeto de goce.
El objeto a puede definirse como el sujeto en lo real en el sentido en q mas allá de q este debe pensarse
ante todo como un efecto de lo simbólico, es lo q un ste representa para otro ate, su posición “originaria” se
ubica en lo real, el infante, el q todavía no habla. Este es en el plano simbólico, el falo de la madre; pero es
en lo real objeto a. son dos facetas distintas si se recuerda q el Otro primordial, la madre, ocupa el lugar de
la cosa q es eso q Lacan llama fuera-significado, lo q queda en el exterior, fuera del orden simbólico, como
mítica completud de una madre total, sin falta. Y es con relación a este Otro como la Cosa q al niño no le
queda otro lugar q el del desecho.

Lo real del sujeto no es entonces es el falo q completa al Otro sino el desecho, lo q cae de este. En el
momento en q la madre aparece como completa, el niño no tiene otro lugar q el del desecho. El sujeto “en lo
real” seria por esto un persujeto mítico, objeto del otro ligado todavía a la Cosa al q la intervención del ste
del Nombre del Padre permite dejar ese lugar para hacerse sujeto.

De este modo el objeto a toma su otro estatuto, el de objeto causa de deseo, objeto que causa la tachadura
q defne al sujeto como sujeto causado por una perdida. El objeto a no es el objeto deseado en el sentido
fenomenológico, “lo que yo quiero”, sino más bien lo q en tanto perdido es causa del deseo, de la división
del sujeto, división q se teoriza de varias maneras: el sujeto esta escindido entre la representación
significante y el ser como indecible, entre el goce q se repite como satisfacción “mas allá del principio de
placer” y el deseo q lo mantiene en la insatisfacción y entre lo que dice y lo q sabe porq sabe más de lo q
dice.

El objeto a como causa del deseo es indisociable del Otro como lugar simbólico q determina al sujeto. Esta
determinación exterior opera de dos maneras ; por efecto del ste y por efecto del objeto. El objeto a
determina al sujeto en el plano del fantasma como un sujeto dividido por que también es objeto. De entrada
el sujeto está colocado en el lugar de objeto a y, por otra parte Lacan caracteriza el movimiento de la pulsión
como en circuito sobre ella misma buscando un cierre, lo q puede sintetizarse con el reflexivo hacerse.

No es eso lo que el sujeto puede reconocer en el plano cc porq su dimensión más real queda velada
disimulada de alguna manera por el ste q lo representa.

El falo permite q el sujeto se articule al orden significante. Esto tiene una consecuencia, la producción de un
desecho, de un resto q es el objeto a

Como ste el falo se inscribe en la subjetividad por l intervención del Nombre del Padre, ósea de la incluicion
del sujeto en el orden de la ley, puede asegurar el mantenimiento del deseo como deseo insatisfecho allí dnd
el encuentro con la Cosa implicaría el aniquilamiento del sujeto pues lo convertiría en un desecho. El objeto
a es el sujeto en tanto perdido para el Otro y el falo como significante es lo q lo rescata de esa pérdida
metaforizando al otro como deseante en sustitución del Otro como lugar del goce. El objeto a es el lado real
del falo, no puede ser concebido como independiente del orden simbólico sino como una especie de poliedro
, de cuerpo con varias caras ligado tanto con lo simbolico como lo imaginario y lo real

El objeto a causa de deseo es también el objeto de la pulsión. El fantasma muestra q el sujeto es a la vez
sujeto del ste y sujeto causado por un objeto perdido.

La pulsión no está en el origen del sujeto se produce como efecto retroactivo de su causación por el objeto
en tanto perdido. En la tachadura la escisión del sujeto, lo único q garantiza q el deseo se mantenga; el
objeto como causa solamente lo provoca, es por esto objeto de la pulsión.

Como perdido el objeto permite constituir el fantasma pero a su vez el fantasma engendra objetos q toman el
lugar de yo perdido, con los cuales el sujeto se puede identificar como ocurre con los 4 objetos seno, heces,
mirada, voz.. El objeto como tal se constituye en el fantasma, es engendrado por el fantasma, el deseo esta
sostenido por el fantasma, y por otro lado por el fantasma se constituye el objeto de la pulsión, el deseo
como deseo del Otro es lo q está en la base de la constitución del fantasma, quien tmb engendra al objeto q
será objeto de la pulsión.
El fantasma sostiene al deseo , la castración lo mantiene. La función del fantasma es hacer de pantalla entre
el sujeto y lo real de la pulsión, entre sujeto y a que es condición para la constitución del primero. La acción
del fantasma conduce a alienar al sujeto en un objeto q encubre la falta del Otro.

No hay intersubjetividad porq el sujeto no se relaciona con otro sujeto sino con el objeto del fantasma, las
relaciones que puede establecer con otros sujeto sestan subordinadas a que estos últimos queden incluidos
dentro del marco del fantasma.

Atravesar el fantasma implica cuestionar el papel de pantalla q ocupan los objetos engendrados por él para
llegar a la realidad del deseo, ósea a la realidad sexual icc. Eso no significa q en el icc están los significados
sexuales sino q el icc está estructurado a partir de la inexistencia de relación sexual. No hay fantasma q no
sea soportado por el cuerpo. El goce se apoya en el cuerpo , es un cuerpo fantasmatizado por q desde el
momento q hay una parte del cuerpo q cuenta para el Otro, este produce un corte del q algo se desprende,
un objeto irrecuperable q solo tiene lugar en el fantasma como complemento imposible del sujeto.

El fantasma responde por el deseo del Otro colocando algún objeto allí donde el . Sujeto se encuentra con la
falta. Los objetos que el sujeto coloca provienen de los cortes q el Otro hace sobre el cuerpo. Son pedazos
de cuerpo q se desprenden por efecto de la demanda del Otro de sus stes q lo erotizan pedazos de cuerpo
q representan al sujeto q ante todo es ese objeto entregado al goce del Otro.

La relación del sujeto con el Otro mediada por el fantasma se ve en la relación de interaccion q se da:

A tachada a $: ambos incluyen a: a

Eso muestra la relación del sujeto con el Otro q es el lugar de la Cosa, la zona de interaccion q se da es por
un lado la región de contacto entre ambos pero también lo q hace de obstáculo a la absorción de uno por el
Otro, por eso se encuentra el objeto a.

La zona de interaccion indica el goce como solo alcanzable en la dimensión de la parcialidad , el acceso a
cierto grado de aquel es un obstáculo para cualquier perspectiva de absorción.

El fantasma supone la relación del sujeto con trozos, partes del Otro como objetos de goce y la posición del
sujeto haciéndose objeto en relacion con el deseo del Otro. No se accede a una completud porq la
absorción de uno en el otro es imposible.

Daniel Gerber: Hacer lugar al silencio

Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio.

Comprender que existe un saber que no está del lado de quien toma el lugar de terapeuta sino del sujeto
que hablan.

la única regla del psicoanálisis; regla que es correlativa de la existencia del sujeto del inconciente, un
sujeto que habla más allá de lo que aparentemente dice y que debe ser dejado hablar. Interpretación es
el intento de reencontrar un presunto sentido original. Su presupuesto es que tal sentido existiría antes
del texto y que éste se presenta como un contenido manifiesto que oculta otro contenido, latente, que
sería su verdad. La interpretación pretendería acceder así a ese sentido oculto. El hallazgo, en los
primeros trabajos freudianos, del sentido sexual como sentido último de los síntomas condujo a pensar
que, una vez aclarado tal sentido, ellos podían desaparecer, al mismo tiempo que el sujeto accedía al
conocimiento de él mismo que le permitiría resolver el conflicto que lo escinde y alcanzar la armonía con el
mundo. Para esto, el analista sería aquél que posee ese saber sobre el significado de los síntomas,
significado que comunicará por medio de la interpretación para promover la llamada "toma de conciencia"
del sujeto en análisis.

Pretender por lo tanto que el sujeto tome conciencia es un objetivo que supone que éste se estructura
alrededor de un centro que coincide con él mismo y con aquello que le sucede. Concebir a la conciencia
y al inconciente como dos círculos concéntricos. Uno de ellos el inconciente sería interior y el otro, la
conciencia, exterior, de tal manera que esta última podría absorber finalmente al primero por medio de la
interpretación que haría devenir conciente lo inconciente. Se trata entonces de un lugar excéntrico el
sujeto como sujeto de deseo no es el significado del significante que se pronuncia y puede interpretarse
con relativa facilidad a condición de conocer el código inconciente; es más bien lo que siempre está fuera,
excluido del significan te que lo representa pero no puede decir lo que él es. La palabra no tiene ninguna
posibilidad de nombrar el deseo porque éste es el vacío que ella misma abre con su existencia.

La subjetividad carece de centro porque no hay significante que pueda ser del sujeto, como tampoco lo
hay del deseo. No hay un inconciente que subyace al discurso sino más bien que es en este último donde
está presente, allí donde menos se sospecha, Lo propio de la subjetividad es pues esta ausencia de
identidad entre el sujeto que habla y ese él mismo de quien presuntamente habla.
Es una escisión inherente a la constitución de la subjetividad misma, cuya sutura es imposible, y que el
análisis trata de poner en evidencia como el camino para la emergencia del deseo que siempre es
obstaculizada por la demanda que la palabra vehiculiza y que pretende hallar satisfacción en algún
objeto. El análisis pretende hacer lugar al silencio de la pulsión, más allá de lo que se dice, desde donde
podrá surgir una palabra nueva, diferente, que no busque disimular lo indecible sino que coloque al sujeto
frente a él.
En realidad el sujeto exige siempre cierto tipo de silencio. Es cierto que busca una respuesta a sus
demandas pero más radicalmente quiere ser escuchado allí donde el decir rebasa lo que aparentemente
se pide quiere ser escuchado en el plano del deseo.

El silencio del analista no es por lo tanto manifestación de insensibilidad o descortesía, calificativos estos
que se colocarían en el plano del juicio de comportamientos yoicos que olvidan que la experiencia
analítica se despliega en un nivel diferente, el del discurso que vehiculiza y a la vez obstruye el deseo. Es
un silencio interior a la palabra misma, destinado a hacer presente su reverso; lo real pulsional de donde
brota y a donde converge, un silencio que al poner en cuestión a la palabra exige otra palabra, más
verdadera en tanto más próxima a lo indecible del deseo.

El analista no está para responder o no a lo que el sujeto aparentemente quiere sino para hacer
presente el deseo cuyo no reconocimiento, obstaculizado por la demanda, da lugar al síntoma.
Sólo se debe dejar de callarse cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio y esto porque el
silencio es necesario en muchas ocasiones, pero siempre hay que ser sincero; se puede retener algunos
pensamientos, pero no debe disfrazarse ninguno de ellos.
Esta verdad se irá cercando por sucesivas aproximaciones y de-velamientos. El discurso, por estar hecho
de lenguaje, no podrá decirla toda; sólo podrá elaborarse como un decir a medias de ella que hace un
borde a su alrededor. Se trata de darle su lugar a la verdad, no de hacerla surgir por medio de alguna
clase de revelación mística o de estallido apocalíptico.
El analista en cambio aún silencioso no deja de hablar está ahí presente, con su cuerpo, su respiración,
sus miradas, sus puntuaciones, sus síntomas y, sobre todo, con su deseo de analista que es la
encarnación de la falta del Otro que carece del saber que se le atribuye.
La interpretación está para hacer lugar a ese silencio radical causa del deseo, es la metáfora del deseo
del Otro cuya presencia pretende provocar.
De ahí que también al analista se le demande cuando se le pide que hable ocupar una posición de
poder, ante lo que no pueda dejar de ser tentado de abandonar el lugar incómodo que ocupa y caer en la
trampa que se le tiende. Si esto ocurre se deslizará a la posición del amo que ordena o a la del
universitario que sabe y responderá a la demanda cerrando el camino hacia el deseo.
Por esto, el reproche que suele dirigirse al analista por su silencio no puede provenir sino del temor de
ser libre en cuanto al despliegue de la palabra, de la necesidad de aferrarse al síntoma antes de
preguntarse por el deseo que el obtura.

Freud "Sobre la iniciación del tratamiento"

En este trabajo intentaré compilar, para uso del analista práctico, algunas de tales reglas sobre la
iniciación de la cura. Obro bien al presentarlas como unos consejos y no pretenderlas
incondicionalmente obligatorias. La extraordinaria diversidad de las constelación psícas
intervinientes, la plasticidad de todos los procesos anímicos y la riqueza de los factores
determinantes se oponen, por cierto, a una mecanización de la técnica, y hacen posible que un
proceder de ordinario legítimo no produzca efectos algunas veces, mientras que otro
habitualmente considerado erróneo lleve en algún caso a la meta. Sin embargo, esas
constelaciones no impiden establecer para el medico una conducta en promedio acorde al fin.

La iniciación del tratamiento con un periodo de prueba así, fijado en algunas semanas, tiene
además una motivación diagnóstica.

En un tratamiento de prueba de algunas semanas percibirá a menudo signos sospechosos que


podrán determinarlo a no continuar con el intento. Por desdicha, no estoy en condiciones de
afirmar que ese ensayo posibilite de manera regular una decisión segura, solo es una buena
cautela más.

Prolongadas entrevistas previas antes de comenzar al tratamiento analitico, hacerlo preceder por
una terapia de otro tipo, así como un conocimiento anterior entre el medico y la persona por
analizar, traen nítidas consecuencias desfavorables para las que es preciso estar preparado.
Hacen que el paciente enfrente al medico con una actitud transferencial ya hecha, y este deberá
descubrirla poco a poco, en vez de tener la opotunidad de observar desde su inicio el crecer y el
devenir de la trasferencia.

Uno debe desconfiar de todos los que quieren empezar la cura con una postergación.

Dificultades particulares se presentan cuando han existido vinculos amistosos o de trato social
entre el medico y el paciente que ingresa en el análisis, o su familia.

Puntos importantes para el comienzo de la cura analítica son las estipulaciones sobre tiempo y
dinero.

Con relación al tiempo, obedezco estrictamente al principio de contratar una determinada hora de
sesión. A cada paciente le asigno cierta hora de mi jornada de trabajo disponible; es la suya y
permanece destinada a él aunque no la utilice.

Cuando se adopta una practica más tolerante, las insistencias ocasionales se multiplican hasta el
punto de amenazar la existencia material del medico.

Trabajo con mis pacientes cotidianamente, con excepción del domingo y los dias festivos; vale
decir, de ordinario, seis veces por semana. En casos benignos, o en continuaciónes de
tratamientos muy extensos, bastan tres sesiones por semana. Otras limitaciones de tiempo no son
ventajosas ni para el medico ni para el paciente; y cabe desestimarlas por completo al comienzo.

En ocasiones, ademas, uno se encuentra con enfermos a quienes es preciso consagrarles más
tiempoque el promedio de una hora de sesión; es porque ellos pasan la mayor parte de esa hora
tratando de romper el hielo, de volverse comunicativos.

He aqui una pregunta desagradable para el médico, que el enfermo le dirige al comienzo mismo:
¿Cuánto durará el tratamiento?¿ Cuanto tiempo necesita usted para libarme de mi padecimiento?.
Si uno se ha propuesto un tratamiento de prueba de algunas semanas, se sustrae de la respuesta
directa prometiendo que transcurrido ese lapso podrá enunciar un veredicto más seguro. En
verdad, la pregunta por la duración del tratamiento es de respuesta casi imposible.

El psicoanalisis requiere simpre lapsos mas prolongados, medio año o uno entero, son mas largos
de lo que esperaba el enfermo. Por eso tiene el deber de revelarle ese estado de cosas antes que
el se decida en definitiva a emprender el tratamiento. Considero de todo punto mas digno, pero
tambien mas acorde al fin, que, sin propender a que se asuste, se le llame de antemano la
atención sobre las dificultades y sacrificios de la terapia analítica, quitandole todo derecho a
afirmar después que se lo atrajo mañosamente a un tratamiento sobre cuyo alcance y significado
no tenia noticia. Y el que se deje disuadir por tales comunicaciones habría demostrado más tarde
ser insevible. Es bueno procurar una seleccion así antes de iniciar el tratamiento. Con el progreso
del esclareciento entre los enfermos aumenta también el numero de quienes pasan esta primera
prueba.

Yo desapruebo comprometer a los pacientes a que perseveren cierto lapso en el tratamiento; les
consiento que interrumpan la cura cuando quieran, pero no les oculto que una ruptura tras breve
trabajo no arrojará ningún resultado positivo.

El enfermo a quien, segun su deseo, uno librara de un sintoma intolerable, bien podria hacer la
experiencia de que se le agrava hasta adquirir ese caracter un sintoma hasta ese momento
llevadero.

El punto siguiente sobre el que se debe decidir al comienzo de una cura es el dinero, los
honorarios del medico. El analista no pone en entredicho que el dinero haya de considerarse en
primer termino como un medio de sustento y de obtención de poder, pero asevera que en la
estima del dinero coparticipan poderosos factores sexuales.

De antemano está resuelto a no hacer otro tanto, sino a tratar las relaciones monetarias ante el
paciente con la misma natural sinceridad en que pretende educarlo para los asuntos de la vida
sexual.

El psicoanalista tiene derecho a adoptar la posicion de cirujano, que es sincero y cobra caro
porque dispone de tratamientos capaces de remediar.

En pro de sus honorariosel analista alegará, además, que por duro que trabaje nuncá podra ganar
tanto como los medicos de otras especialidades.

En ocasiones tambien hallamos tambien hombres valiosos y desvalidos sin culpa suya, en
quienes el tratamiento gratuito no tropieza con tales obstaculos y alcanza buenos resultados.

Prescindamos por entero de que salud y productividad, por un lado, y un moderado desembolso
monetario, por el otro, son absolutamente inconmesurables: si computamos en total los incesantes
costos de sanatorio y tratamiento médico, y les contraponemos el incremento de la productividad y
de la capacidad de procurarse el sustento que resultan de una cura analitica exitosa, es lícito decir
que los enfermos han hecho un buen negocio.

Mantengo el consejo de hacer que el enfermo se acueste sobre un diván mientras una se sienta
detrás, de modo que él no lo vea. Esta escenografia tiene un sentido histórico: es el resto del
tratamiento hipnotico a partir del cual se desarrolló el psicoanalisis.

No tolero permanecer bajo la mirada fuja de otro 8 horas (o mas) cada día. Mientras escucho, yo
mismo de abandono al decurso de mis pensamientos inconcientes, no quiero que mis gestos
ofrezcan al paciente material para sus interpretaciones o lo influyan en sus comunicaciones. Es
habitual que el paciente tome como privación esta situacion que se le impone y se revuelva contra
ella, en particular si la pulsión de ver (voyeurismo) desempeña un papel significativo en su
neurosis. A pesar de ello, persisto en ese criterio, que tiene el proposito y el resultado de prevenir
la inadvertida contaminación de la transferencia con las ocurrencias del paciente, aislar la
transferencia y permitir que en su momento se la destaque nítidamente circunscripta como
resistencia.

Usted observará que en el curso de su relato le acudirán pensamientos diversos que preferiría
rechazar con ciertas objeciones críticas. Tendrá la tentación de decirse: esto, estotro no viene al
caso, o no tiene ninguna importancia, o es disparatado y por tanto no hace falta decirlo. Nunca
ceda usted a esa critica; digalo a pesar de ella, y aun justamente por haber registrado una
repugnancia a hacerlo.

No olvide nunca que ha prometido absoluta sinceridad, y nunca omita algo so pretexto de que por
alguna razón le resulta desagradable comunicarlo.

Hay pacientes que desde la primera sesiones preparan con cuidado su relato, supuestamente
para asegurarse un mejor aprovechamiento del tiempo de terapia. Lo que así se viste de celo es
resistencia. Corresponde desaconsejar esa preparación, practicada sólo para protegerse del
afloramiento de ocurrencias indeseadas.

Sera entonces oportuno amonestar al paciente para que trate su cura analítica como un asunto
entre su médico y él mismo, y no haga consabedoras a las demás personas, por más proxima que
estén a él o por mucho que lo inquieran.

Cuando uno encarece al enfermo que al comienzo de su tratamiento haga consabedoras al menor
numero posible de personas, lo protege así, por añadidura, de las multiples influencias hostiles
que intentarán apartarlo del analisis. Tales influjos pueden ser fatales al comienzo de la cura. Mas
tarde serán la mayoría de las veces indiferentes y hasta útiles pasra que salgan a relucir una
resistencias que pretendían esconderse.

Si en el curso del analisis el paciente necesita pasajeramente de otra terapia, clínica o


especializada, es mucho más adecuado acudir a un colega no analista que prestarle uno mismo
esa otra asistencia.

En ocasiones se tropezará con pacientes que empiezan su cura con la desautorizadora afirmación
de que no se les ocurre nada que pudieran narrar, y ello teniendo por delante, intacta, toda la
historia de su vida y de su enfermedad. No se debe ceder, ni esta primera vez ni las ulteriores, a
su ruego de que se les indique aquello sobre lo cual deben hablar. Una fuerte resistencia ha
pasado al frente para amparar a la neurosis; corresponde recoger enseguida el reto, y arremeter
contra ella.

Todo o que se anuda a la situación presente corresponde a una transferencia sobre el medico, la
que prueba ser apta para una resistencia. Asi, uno se ve forzado a empezar poniendo en
descubierto esa trasferencia; desde ella se encuentra con rapidez el acceso al material patógeno.
Los pacientes cuyo análisis es precedido por ese rehusamiento de las ocurrencias son, sobre
todo, mujeres que por el contenido de su biografia están preparadas para una agresión
preparadas para una agresión sexual, u hombres de una homosexualidad reprimida hiperintensa.

Un numero muy grande de pacientes se revuelven contra la postura yacente que se les prescribe,
mientras el medico se sienta, invisible, tras ellos. Piden realizar el tratamiento en otra posición, la
mas de las veces porque no quieren estar privados de ser el médico. Por lo común se le rehúsa el
pedido; no obstante, uno no puede impedir que se las arreglen para decir alguna frase antes que
empiece la sesión o despues que se les anunció su término, cuando se levantan del diván.

Mientras las comunicaciones y ocurrencias del paciente afluyan sin detención, no hay que tocar el
tema de la trasferencia.
¿Cuando debemos empezar a hacer comunicaciones con el analizado? ¿Cuando es oportuno
revelarle el significado secreto de sus ocurrencias, iniciarlo en las premisas y procedimientos
tecnicos del analisis?

No antes de que se haya establecido en el paciente una trasferencia operativa, un raport en regla.
La primera meta del tratamiento sigue siendo allegarlo a este y a la persona del médico. Si se le
testimonea un serio interes, se pone cuidado en eliminar las resistencias que afloran al comienzo
y se evitan ciertos yerros, el paciente por si solo produce ese allegamiento y anhebra al médico en
una de las imagos de aquellas personas de quienes estuvo acostumbrado a recibir amor.

Según me he enterado, hay analistas que se ufanan de tales diagnosticos instantaneos y


tratamientos a la carrera, pero yo advierto a todos que no se deben seguir esos ejemplos.

En los tiempos iniciales de la técnica analitica atribuíamos al saber del enfermo sobre lo olvidado
por el, y apenas distinguiamos entre nuestro saber y el suyo. Los enfermos saben sobre la
vivencia reprimida en su pensar, pero a este ultimo le falta la conexion con aquel lugar donde se
halla de algún modo el recuerdo reprimido. Sólo puede sobrevenir una alteración si el proceso
conciente del pensar avanza hasta ese lugar y vence ahí las resistencias de la represión.

Ya es tiempo de obtener un panorama sobre el juego de fuerzas en juego que ponemos en


marcha mediante el tratamiento. El motor más directo de la terapia es el padecer del paciente y el
deseo, que ahí se engendra, de sanar. Según se lo descubre soló en el curso del analisis, es
mucho lo que se debita de la magnitud de esta fuerza pulsional, sobre todo la ganancia
secundaria de la enfermedad.

Ahora, por si solo es incapaz de eliminar la enfermedad; para ello le faltan 2 cosas: no conoce los
caminos que se deben recorrer hasta ese termino, y no suministra los montos de energía
necesarios contra lsa resistencias.

Ademas en el curso del tratamiento es despertado otro factor propiciador: el interes intelectual y la
inteligencia del enfermo. Solo que apenas cuenta frente a las otras fuerzas que se combaten entre
sí; lo amenaza de continuo una desvalorización debida al enturbamiento del juicio por obra de las
resistencias.

FREUD CONSEJOS AL MEDICO SOBRE EL TRATAMIENTO PSICOANALITICO.

He decantado las reglas técnicas que propongo aquí de mi experiencia de años. Todas, o un buen
número, se resumen en un solo precepto:

Esta técnica ah resultado la única adecuada en mi individualidad, no me atrevo aponer en entre


dicho q una personalidad distinta medica pueda ser esforzada a preferir otra actitud frente a los
enfermos y a las tareas por solucionar.

1- La tarea inmediata a que se ve enfrentado el analista que trata más de un enfermo por día
le parecerá, sin duda, la más difícil (guardar en la memoria nombres, fechas, ocurrencias,
producciones patológicas…) La técnica es muy simple. Desautoriza todo recurso auxiliar,
consiste en no querer fijarse en nada en particular y en prestar a todo cuanto escucha la
misma “atención libremente flotante”. Evita el peligro de incurrir en una selección del
material obedeciendo a sus expectativas o inclinaciones. Al seguir sus inclinaciones
falseará la percepción sensible; si obedece sus expectativas, no hallará más de lo que
sabe. Fijarse en todo por igual es el correspondiente necesario de lo que se exige al
analizado. Si se comporta de otro modo, el analista aniquilará en buena parte la ganancia
de tal obediencia (a la RF) “Uno debe alejar cualquier injerencia cc sobre su capacidad de
fijarse y abandonarse por entero a sus “memorias icc”. Técnicamente “uno debe escuchar
y no hacer caso si se fija en algo.”. Lo q uno cosecha, llena todos los requisitos en el curso
del tratamiento.
2- No cabe objetar que se hagan algunas excepciones (sobre el registro escrito durante la
sesión) para fechas, textos de sueños o ciertos resultados dignos de nota puedan
desprenderse del contexto y puedan utilizarse como ejemplos autónomos. A los ejemplos
los registro por la noche, y los textos de sueños hago que los pacientes mismos los fijen
por escrito tras relatar el sueño.
3- Tomar notas durante la sesión podría ser justificado en el caso de una publicación
científica. Pero rinden menos de lo que se esperaría de ellos (un protocolo exacto de un
historial) No parece el camión para remediar la falta de evidencia que se descubre en las
exposiciones psicoanalíticas. No sustituye la presencia en análisis y fatiga al lector.
4- La coincidencia entre investigación y tratamiento es uno de sus títulos de gloria; mas la
técnica que sirves al segundo se contrapone a la de la primera. Mientras el tratamiento de
un caso no esté cerrado no es bueno elaborarlo científicamente (componer su edificio,
colegir su marcha, supuestos sobre su estado actual) Se asegura mejor cuando uno
procede como al azar, se deja sorprender por sus virajes, abordándolos con ingenuidad y
sin premisas.
5- Tomen por modelo al cirujano que deja de lado todo afecto y aún su compresión humana,
y concentra sus fuerzas espirituales en realizar una operación lo más acorde posible a las
reglas del arte. Se justifica (la frialdad de sentimiento) porque crea para ambas partes las
condiciones más ventajosas: para el médico, el cuidado de su propia vida afectiva; y para
el enfermo, el máximo grado de socorro posible.
6- Todas las reglas que se han presentado convergen en crear para el médico
correspondiente a la R.A.F. Como el analizado debe comunicar cuanto atrape en su
observación, sin objeciones lógicas y afectivas, igual el médico debe ponerse en estado de
valorizar a los fines de la interpretación, todo cuanto se le comunique, sin sustituir por
censura propia la selección que el enfermo resignó; debe volver hacia el icc emisor del
enfermo, su propio icc como órgano receptor. Lo icc del médico se habilita para
reestablecer desde los retoños comunicados, esto icc mismo. Si ha de servirse de su icc,
no puede tolerar resistencias que aparten de su conciencia lo que su icc ha discernido.
Introduciría si no, un nuevo tipo de selección y desfiguración. Cualquier represión no
solucionada corresponde a un “punto ciego” en su percepción analítica (Stekel) Si alguien
se propone seriamente la tarea, deberá llevar a cabo en sí mismo, un psicoanálisis.
Además obtendrá, vivenciándolas uno mismo, impresiones y convicciones que no
encontrará en libros y conferencias.
7- Agrego reglas q implican dar el paso desde la actitud del medico hacia el tratamiento del
analizado. Inconveniencia de una técnica afectiva que descubra los complejos anímicos y
conflictos del médico para lograr un clima de confianza e intimidad, para vencer sus
resistencias. No logra sino vencer resistencias convencionales, es sugestivo, no supera
resistencias profundas, dificulta la solución de la transferencia (una de las tareas
principales) El médico no debe ser transparente para el analizado, sino, como la luna de un
espejo, mostrar sólo lo que le es mostrado.
La solución de la transferencia es una de las principales tareas de la cura, es dificultada
por la actitud toma del médico, de suerte q la ganancia q pudiera obtener en el comienzo
es mas q compensada en definitiva
8- Otra Tentación de la actividad pedagógica. Debe tomar por rasero menos sus propios
deseos que la aptitud del analizado. No todos los neuróticos poseen un gran talento para la
sublimación. Darse por contento si ha recuperado un poco la capacidad de producir y
gozar. La ambición pedagógica es tan inadecuada como la terapéutica. El proceso de
sublimación suele consumarse sólo en personas aptas.
9- Sobre la colaboración intelectual del analizado en tratamiento. Lo decide la personalidad
del paciente. Precaución y reserva. Inadecuado dictar deberes, como recopilar recuerdos y
reflexionar. Debe aprehender que ni en virtud de una actividad reflexiva, voluntad y
atención, se resolverán los problemas de la neurosis; sólo por la obediencia paciente de la
R.A.F. (desconectar la crítica a lo icc y retoños) Debería mostrarse particularmente
inflexible sobre esto (R.A.F.) en personas que practican el arte de escaparse a lo
intelectual, reflexionando mucho sobre su estado, ahorrándose el hacer algo para
dominarlo. No buscar la aquiescencia de familiares dándoles a luz una obra; prematura la
natural hostilidad, de suerte que el paciente ni si quiera podrá iniciarse. Perplejidad y
desconfianza en el tratamiento de “parientes”.

Sobre la dinámica de la transferencia (1912) FREUD

El tema de la transferencia; cómo se produce necesariamente en una cura psicoanalítica y


alcanza su consabido papel durante el tratamiento. Todo ser humano conjugado por sus
disposiciones innatas y los influjos d su infancia, adquiere una especificidad para el ejercicio d su
vida amorosa (para las condiciones d amor q establecerá y las pulsiones q satisfará, como las
metas q habrá d fijarse). Esto da por resultado un clisé q se repite – es reimpreso – en la
trayectoria d la vida.

Ahora bien, sólo un sector d estas mociones d la vida amorosa ha recorrido el pleno desarrollo
psíquico, ese sector esta vuelto hacia la realidad objetiva, disponible para la personalidad
consciente. Otra parte d las mociones libidinosas ha sido demorada en el desarrollo, apartada d
las personalidad consciente así como d la realidad objetiva, y sólo tuvo permitido desplegarse en
la infancia o bien ha permanecido por entero en el icc.

Es entonces normal e inteligible q la investidura libidinal aprontada en la expectativa d alguien está


q parcialmente insatisfecho se vuelva hacia el médico.

Insertará al médico en una d las “series” psíquicas q en paciente ha formado hasta ese momento.
Para semejante seriación se vuelve decisiva la imago paterna, pero también puede producirse
siguiendo la imago materna o d un hno mayor. No solo las representaciones expectativas
conscientes, sino tb las icc han producido esa transferencia.

2 puntos q poseen interés para el psicoanalista.

1) No es correcto q durante el psicoanálisis la transferencia se presente más intensa y


desenfrenada q fuera d él. No corresponde anotar en la cuenta del psicoanálisis aquellos
caracteres d la transferencia, sino atribuírselos a la neurosis.

2) ¿pq la transferencia nos sale al paso como resistencia en el psicoanálisis? En cuanto a


este tema, aún no lo hemos tocado.

Toda vez q la investig analítica tropieza con la libido retirada en sus escondrijos, no puede menos
q estallar un combate. Todas las fuerzas q causaron la regresión (q reanimó los imagos infantiles)
de la libido se elevaran como unas resistencias al trab, para conservar ese nuevo estado. En
efecto, si la introversión o regresión d la libido no se hubiera justificado por una determinada
relación con el mundo exterior (frustración d la satisfacción) no había podido producirse en modo
alguno. Empero, las resistencias d este origen no son las únicas, ni siquiera las más poderosas.

Si algo del material del complejo (o sea, d su contenido), es apropiado para ser transferido sobre
la persona del médico, esta transferencia se produce, da por resultado la ocurrencia inmeditara y
se anuncia mediante los indicios d una resistencia, por ej: una detención en las ocurrencias.

Siempre q uno se aproxima a un complejo patógeno, 1ro se adelanta hasta la conciencia la parte
del complejo susceptible d ser transferida y es defendida con la máxima tenacidad. Vencida
aquella parte, los otros ingredientes del complejo ofrecen ya pocas dificultades. Una modalidad q,
manifiestamente, le ofrece las máximas ventajas: la desfiguración por transferencia. El
mecanismo d la transferencia se averigua reconduciéndolo al apronte d la libido q ha permanecido
en posesión d imagos infantiles, pero el esclarecimiento d su papel en la cura, sólo si uno penetra
en sus vínculos con la resistencia.

¿A qué se debe la transferencia el servir tan excelentemente como medio d la resistencia?

Es preciso separar una transferencia positiva d una negativa, la transferencia d sentimientos


tiernos d la d sentimientos hostiles y tratar por separado ambas variedades d transferencia sobre
el médico.

Y la positiva, a su vez, se descompone en la d sentimientos amistosos o tiernos, q son


susceptibles d conciencia, y la d sus prosecuciones en lo icc.

La transferencia sobre el medico sólo resulta apropiada como resistencia dentro d la cura cuando
es una transferencia negativa, o una positiva d mociones eróticas reprimidas.

Las mociones icc no qieren ser recordadas, tal como la cura lo desea, sino q aspiran a
reproducirse en consonancia con la atemporalidad y la capacidad d alucinación d lo icc.

Es innegable q domeñar los fenómenos d transferencia depara al psicoanalista las mayores


dificult, pero no se debe olvidar q justamente ellos nos brindan el inapreciable servicio d volver
actuales y manifiestas las mociones d amor escondidas y olvidadas por los pacientes.

Escritos de Jacques Lacan. La dirección de la cura y los principios de su poder.

¿Quien analiza hoy?

Hay un error en muchos en considerar que el psicoanálisis se dedica a una reeducación


emocional del paciente.

El psicoanalista dirige la cura, y el primer principio de esta cura es que no debe dirigir al paciente.
Es decir que acá en el ámbito del psicoanálisis la dirección la conciencia en el sentido de guía
moral que un fiel del catolicismo puede encontrar está totalmente excluida. La dirección de la cura
es otra cosa, ya que consiste en hacer aplicar por el sujeto la regla analítica, “la situación
analítica”. Hay que tener en cuenta que el paciente no es el único con sus dificultades que pone
toda la cuota. El analista también debe pagar:

°Pagar con palabras como efecto de su interpretación

°Pagar con su persona, ya que la presta como soporte a los fenómenos singulares que el análisis
ha descubierto en la transferencia.

El analista se adjudica en el lugar del muerto, es decir que los sentimientos del analista solo tienen
un lugar en este juego, es decir el del muerto.

¿Cuál es el lugar de la interpretación?

La interpretación es un decir esclarecedor. Ningún índice basta en efecto para mostrar donde
actúa la interpretación, sino se admite radicalmente un concepto de la función del significante, que
capte donde el sujeto se subordine a él hasta el punto de ser sobornado por él. El inconsciente
tiene la estructura radical del lenguaje.
¿Cómo actuar con el propio ser?

Es en la relación con el ser donde el analista debe tomar su nivel operatorio y las oportunidades
que le ofrece para este fin el análisis didáctico no deben calcularse únicamente en función del
problema que se supone ya resuelto para el analista que le guía en él. El analista es el hombre a
quien se habla y a quien se habla libremente. El sujeto invitado hablar en el análisis no muestra en
lo que dice una gran libertad. No es que este encadenado por el rigor de sus asociaciones, sin
duda le oprime pero es más bien que le desembocan en una palabra libre, en una palabra plena
que le sería penosa. Nada más terrible que decir algo que podría ser verdad. Y por otro lado es
más allá del discurso donde se acomoda nuestra acción de escuchar.

Hay que crear demanda, y por el intermediario de la demanda todo el pasado se entreabre hasta
el fondo del fondo de la primera infancia. Demandar: el sujeto no ha hecho nunca otra cosa, no ha
podido vivir sino por eso y nosotros tomamos el relevo. Es por esa vía como puede realizarse la
regresión analítica. La regresión no muestra otra cosa que el retorno al presente de significantes
usuales en demandas para las cuales hay prescripción.

En la demanda el analista da sin embargo su presencia y es la implicación de su acción de


escuchar, y esta es la condición de la palabra. Y es mas tarde cuando su presencia será notada.
Entonces el analista es aquel que apoya o soporta la demanda, no para frustrar al sujeto sino
para que reaparezcan los significantes en que su frustración esta retenida.

Es en la mas antigua demanda donde se produce la identificación primaria la que se opera por el
poder absoluto materno, a saber aquella que no solo suspende del aparato significante la
satisfacción de las necesidades, sino que las fragmenta, las filtra, las modela en los desfiladeros
de la estructura del significante. A medida que se desarrolla un análisis el analista tiene que
vérselas sucesivamente con todas las articulaciones de la demanda del sujeto. Y no debe
responder ante ella sino de la posición de transferencia.

Hay que tomar el deseo a la letra: hay un automatismo de las leyes por las que se articulan en la
cadena ste:

° la sustitución de un término a otro para producir el efecto de metáfora.

° la combinación de un termino con otro para producir el efecto de metonimia.

Esto se puede explicar a partir de este ejemplo: en el sueño del paciente, el salmón ahumado
como objeto de deseo de su amiga es todo lo que tiene que ofrecer. Freud al establecer que el
salmón ahumado viene a sustituir al caviar al que considera por otra parte como el significante del
deseo de la paciente propone en el sueño como metáfora del deseo. El sueño no es el
inconsciente sino su camino real, y es por efecto de la metáfora como procede. Entonces si el
deseo esta significado como insatisfecho lo está por el significante: caviar en la medida en que el
significante lo simboliza como inaccesible. El deseo no hace más que sujetar lo que el análisis
subjetiviza. ¿a quién descubre el sueño su sentido antes de que venga el analista? Este sentido
preexiste a su lectura como a la ciencia de su desciframiento. Y el sueño sirve ante todo al deseo
del dormir, es repliege narcisista de la libido y retiro de las cargas de la realidad. Es importante
destacar que el deseo de la histérica, su deseo despierto, es un deseo de mujer colmada y que no
quiere serlo. ¿ que es lo que desea la carnicera? Caviar, pero esa respuesta es desesperada,
porque el caviar es ella también la que no lo quiere. Entonces el sueño responde a la demanda de
su amiga que es la de venir a cenar a casa.

La mujer se identifica al hombre y la rebanada de salmón ahumado viene a tomar el lugar del
deseo del Otro.
Deseo: es lo que se manifiesta en el intervalo que cava la demanda más aca de ella misma, en la
medida en que el sujeto al articular la cadena significante, trae a la luz la carencia de ser con el
llamado a recibir el complemento del Otro, si el Otro, lugar de la palabra, es también lugar de esa
carencia. De este modo lo que al Otro le es dado colmar y lo que no tiene es lo que se llama el
amor.

Si el deseo esta efectivamente en el sujeto por esa condición que le es impuesta por la existencia
del discurso de hacer pasar su necesidad por los desfiladeros de los significantes. Al abrir la
dialéctica de la transferencia hay que fundar la noción del Otro, como lugar del despliegue de la
palabra. El sujeto tiene la condición de encontrar la estructura constituyente de su deseo en la
misma hiancia abierta por el efecto de los significantes en aquellos que para él viene a representar
al Otro, en cuanto que su demanda está sujeta a ellos. El deseo se produce en un más allá de la
demanda por el hecho de que articular la vida del sujeto a sus condiciones, poda en ella la
necesidad, pero también se ahueca en su más acá.

Es en primer lugar para el sujeto para quien su palabra es un mensaje, porque se produce en el
lugar del Otro. Que por ella su demanda misma provenga de allá y este etiquetada como tal, no
significa que esté sometida al código del Otro. Sino que es desde este lugar del Otro desde
donde esta fechada. El deseo por más que se transparente siempre como se ve aquí en la
demanda, no por ello deja de estar más allá. El deseo no es otra cosa que la imposibilidad de esa
palabra.

¿ a dónde va la dirección de la cura?:

° que la palabra tiene en ella todos los poderes, los poderes especiales de la cura.

° que estamos lejos de dirigir al sujeto a la alabra plena, ni hacia el discurso coherente pero lo
dejamos libre de intentarlo.

° esa libertad es lo que mas le cuesta tolerar

° que la demanda es lo que se pone entre paréntesis en el análisis, puesto que esta excluido que
el analista satisfaga ninguna de ellas.

° que puesto que no se pone ningún obstáculo a la confesión del deseo, es hacia eso hacia donde
el sujeto es dirigido e incluso canalizado.

° que la resistencia a esa confesión no puede consistir aquí en nada sino en la incompatibilidad
del deseo con la palabra.

Se trata de captar el deseo y solo puede captárselo en la letra puesto que son las redes de la letra
las que determinan, sobredeterminan su lugar de pájaro celeste.

UNIDAD .3

Colette Soler "Finales de analisis" El acting-aut en la cura

Psicoanalisis didactico y enseñanza se hacen por la virtud del analizante, es decir el sujeto divido
trabajando. El enseñante, decia Lacan, no es el amo, es el sujeto que pone su división a la obra.
¿Cual? la de decir, y mas precisamente la de "decirse", cuando es una cura. Pero esta tarea tiene
un limite, el de lo imposible, porque todo no puede decirse. Hay entonces, durante el curso de la
cura y a su termino, un interrogante concerniente a lo que podriamos llamar la clinica de lo
imposible de decir. Por eso, escogí hablar de acting-out. Entre aquello que, en una cura, cesa de
no decirse y lo que permanece imposible de decir ¿Cual es el lugar del acting-out?

Hay en la enseñanza de Lacan numerosas evocaciones del par: pasaje al acto y acting-out. Luego
de haber dado una definición del acto y del pasaje al acto, Lacan señala: "eso deja aparte el
acting-out, donde lo que se dice no es sujeto sino verdad". Es el icc que determina al sujeto el que
debe ser sacado a la luz.

La paradoja de la tarea analizante es que se demanda al sujeto decir aquello que es, alli donde no
es, es decir alli donde es el icc, el icc que, si sigue el hilo de la enseñanza de Freud releida por
Lacan, es saber, pero saber sin sujeto. Es saber sin nadie para saberlo, sin "yo" (moi, je), pero
que ademas es saber que se dice sin nadie para decir, porq el sujeto, aquel que dice "yo" (je) no
puede considerarse ni como el agente de su icc, ni como agente de su sintoma, de su lapsus o de
su sueño.El icc es un saber solo confirmado por el hecho de que solo se lo puede leer. El icc es
un saber que se confirma porque su lectura tiene efectos, especialmente efectos terapeuticos. El
psicoanalisis no esta hecho, como primera finalidad, para ser terapeutico, y en todos los casos, no
es una terapeutica como las otras.

En la escritura del discurso analitico, la flecha que toma por blanco al sujeto dividido, a---
S(barrada), nos representa, de hecho, la coerción que es la regla de la asociación libre, la
imposición hecha al sujeto de ponerse a decir de modo tal que pueda decir lo icc.

Esta represión primaria de los pensamientos del icc, es tambien una represión de la falta en ser.
Hay entonces una resistencia natural, espontanea al icc que hace a lo que se llamas la buena
salud y en la que "no pienso" aflora por ese trazo: no plantearse preguntas, o demasiadas
preguntas. Porque si el sujeto no piensa su icc, sucede que el icc piensa por él bajo una forma
precisa: son las formaciones del icc. A ese sujeto que se pretenderia amo, en la certeza de su ser,
le sucede que tiene sintomas mas o menos molestos:lapsus, actos fallidos, sueños. El sintoma es
un trastorno del "no pienso". Viene a trastornar el pensamiento y la procastinacion del obsesivo
bajo la forma de pensamientos parasitos o compulsiones a ciertos actos. viene a trastornar el
cuerpo de la histerica bajo la forma de lo que Freud llamo somatización. Viene a trastornar el
dormir bajo la forma de sueño, etc.

Y en la transferencia, esa transferencia que Lacan refiere por una parte al sujeto supuesto al
saber, la que induce al sujeto a volverse hacia su icc. Es por eso que el psicoanalisis no puede
hacerse sin transferencia. El imperativo analitico implica que el sujeto cambie de posición, que
quiera renunciar a su "no pienso".

Una de las funciones de las entrevistas preliminares es asegurarse de que el sujeto pueda
cambiar de posición, pueda ponerse en esa posición que es la de esclavo, pueda asumir su "no
yo".

Hay dos grandes ejes del decir del icc que son delineados por Freud. Para comenzar, lo que aíslo
como la serie de las formaciones del icc. El término "formaciones del icc" es el nombre que Lacan
dio a la serie constituida por Freud de los lapsus, sueños, sintomas, actos fallidos. Esas
formaciones que resultan del trabajo del icc son las formaciones espontaneas del "no soy". Esta la
manifestacion forzada del "no soy" que es la asociación libre. La asociación libre implica una
renuncia que cada analizante experimenta de entrada. Renunciar a controlar sus pensamientos, a
gobernarlos.

Dirigir su pensamiento es siempre gobernarlo por un ideal, es decir censurarlo. Es colocar un ste
amo (S1) en posición de ordenar el bla-bla interior. La asociación libre implica renunciar a ello,
pero para dejar lugar a otra. Entre esas manifestaciones espontaneas del icc que son las
formacione del icc, y esta manifestación forzada: palabra que deja lugar al decir de la verdad que
elmsujeto no sabe ¿cual es el lugar del acting-out?.

La paradoja del acting-out es que la verdad esta alli, pero de moso tal que desde el comienzo los
analistas reconocieron en él un malogro de la cura.

Acting-out es el termino que Strachey utilizo para el agieren freudiano en su traduccion del texto
de Freud "Recuerdo, repetición y elaboración". La idea de siempre de Freud es que el analisis
debe colmar las lagunas de la memoria, y en este texto dice que el fin del analisis, desde el punto
de vista descriptivo es completar las lagunas de la memoria, y desde el punto de vista dinamico es
vencer las resistencias de la represión.

Ahora bien, Freud señala que uno llega a encontrar en la cura la siguiente posibilidad: el paciente
no tiene ningun recuerdo de lo que olvido y reprimio, y no hace sino traducirlo en actos. Strachey
tradujo acting-out. Ese out no hay que entenderlo como fuera del campo del analisis, no hay fuera
del analisis desde que el sujeto entra en la transferencia. Tampoco quiere decir fuera del
consultorio del analista, quiere decir, para comenzar, fuera de la esfera de los recuerdos.

El agieren freudiano, cuando se lee el texto en cuestión, es un modo de la transferencia, la


transferencia-resistencia. Lo reprimido no retorna allí en el pensamiento, retorna en la acción, en
el hacer, en el actuar.

La idea de Freud es que el fin del analisis es traer a la representación, al pensamiento, a traves de
la asociación libre, las mociones pulsionales. El se da cuenta, entonces, en ese texto, de que hay
una vía que no es la del pensamiento, y es eso a lo que llama agieren. Las mociones pulsionales
se imponen alli de cierto modo sin pasar por el verbo. Este elemento real y actual cortocircuita el
pasado y el recuerdo. Freud ve alli una resistencia, un obstaculo al imperativo del decir.

Para Freud el camino del analisis es pensar al icc, y la eficacia del psicoanalisis pasa por allí. El
mantuvo siempre la idea de que la rememoración era una exigencia y un signo a la vez.

El matema de la rememoración es el mismo que el de la representación significante del sujeto:


S/S(barrado).

En el analisis, produce, reencuentra y expulsa la mismo tiempo los stes a partir de los cuales se
construyo. La vida que el analizante tuvo, no se rehace. Lo que cambia, por el contrario, es como
él sitúa en ella y el sentido que le da.

En Freud entoces, la cuestión del acting-out hay que tomarla entre 3 terminos: lo reprimido y su
manifestacion, sea en el pensamiento, sea en el actuar.

La suposicion de la transferencia es que puede venir allí donde no estaba, pero donde estaba en
icc como saber. Es el eje que corresponderia en Freud a la rememoracion por asociación libre.

En esta puesta en acto de la realidad sexual del icc que pertenece al registro de la pulsión y del
objeto, ¿podemos reconocer al agieren freudiano?. No cabe duda de que la dimensión de
reconstitucion del pasado depende del sujeto supuesto al saber. Reconstituir su historia es
reencontrar la sucesión de las idenitificaciones del sujeto y en cada etapa, la verdad que alli se
anuda. En cuanto al agieren, hay que decir que en la medida en que es legible como repeticion,
no deja de participar, él tambien, del mismo registro del sujeto supuesto al saber, o sea del
descrifrado significante.
Lo que esta claramente del lado de la tranferencia (puesta en acto) no es el acting-out, es el
pasaje al acto, porque se opone al trabajo del ste. El acto analitico en si mismo no depende del
icc, en sentido estricto esta del lado donde el sujeto no piensa. En cuanto al pasaje al acto, es lo
que "no quiere decir". Lo que rechasa decir, pasa al acto. El pasaje al acto es la alteración
profunda del imperativo analitico. El suicidio es un pasaje al acto. Es rechazo de saber y puesta de
lado del Otro.

Evidentemente hay pasaje al acto de menos consecuencias, pero en todos los casos el acto
excluye el llamado al saber y coloca fuera de juego a aquel que, ocasionalmente, encarna la
instancia.

El sujeto, en el pasaje al acto, es pasión de la ignorancia. Es tambien rechazo de la interpretación.


En todos los casos el acto deniega el saber. Sin embargo, entre el acto analitico y el pasaje al
acto, hay una diferencia mayor: el primero, el acto analitico se amarra a un imposible de saber
probado, el segundo a un rechazo a probar el saber que no es imposible. El acting-out es otra
cosa, esta del lado del icc, de una manifestacion icc. Lacan evoca varios en el curso de su
enseñanza:la ligazon de Dora, el manejo confesado por el paciente de Kris, alrededor de los
sesos frescos.

Habria que agregar todavia el acting-out del analista, a colocar aparte sin embargo, porque es la
verdad desconocida del acto analitico mismo la que viene a manifestarse alli.

En todos los casos de acting-out, anomalamente la verdad entonces habla. Es un hecho de la


experiencia que la interpretacion del acting-out, aunque posible, no es admisible para el sujeto.
Situemos la diferencia con el sintoma bajo transferencia. Ella puede describirse clinicamente.

Por empezar, del síntoma el sujeto se queja,carga con su molestía y más aun, con su pregunta.
Por el contrario, del acting-out no se queja. Pasa incluso desapercibido y a menudo parece
relatado como por casualidad y sin que se plantee la pregunta por su sentido. El sintoma aunque
es opacidad, es una opacidad subjetiva, por ocultar una parte de su verdad, puesto que él se
interroga con un ¿que quiere decir?dirigido a veces al analista. Se lo supone legible. El acting-out
habla, pero lo hace tan bien en impersonal que el sujeto desconoce, habitualmente, que eso tenga
sentido. En esto, está más cerca del sintoma fuera de transferencia.

En el "no es eso...lo que quiero o lo que quiero decir" de la denegación, el sujeto afirma aunque
sin asumirlo, sin hacerse cargo, un contenido icc. Aqui, al acting-out ni siquierase lo supone
legible. Sintomas y acting-out, si ambos tienen, como hechos de verdad, estructura de ficcion,
difieren en cuanto al lugar del sujeto: en uno ésete es representado; en el otro no. El sintoma, en
efecto,constituye su mensaje como metáfora. El acting-out no tiene estructura de metafora. Sin
embargo, no cabe duda de que se ubica en la dialectica de la relación con el Otro: habitualmente
le está dirigido, y tambien le responde, especialmente cuando la interpretacion se extravía y se lo
da a interpretación se extravía y se lo da a interpretar al buen entendedor que falta. Acting-out es
cuando hay verdad dejada a cuenta; muestra, indica a la verdad en deuda.

Hay con el acting-out en la cura una dificultad de manejo. El acting-out es interpretable, pero no se
debe interpretar porque su interpretación no es reconocida por el analizante. Sin embargo el
analista tiene que responderle, porque mientras el analizante está en act-out, no esta en posicion
analizante. El tiene que responderle, incluso pararlo. Freud maneja el acting-out intentando
tomarlo en la tranferencia, hacer que Dora se dé cuenta de que hay un sentido, y entonces un
saber a articular al sujeto. Es decirle que ella no está alli por nada, que tiene su parte. Es un
intento de sintomatizar el acting-out, o mejor aun, una tentativa de rectificación subjetiva, según la
expresión que Lacan emplea en "La dirección de la cura".
El sujeto obsesivo esta lleno de pensamientos, pero no de pensamientos del icc, pensamientos de
nada que desfilan sin consecuencia. Por el contrario, el modo fenomenologico de la histerica es el
vacio, ella experimenta su vacio. El primero está más bien del lado del "no pienso", "no pienso el
icc", del lado de su ser petrificado o dubitativo, o los dos a la vez. El no tiene el sentimiento de su
vacio, pero tiene un fuerte sentimiento de no existir, de estar lejos, separado de la vida, que va a
la par con su posición de ser en la petrificación. El segundo, agrega al vacio el sentimiento de su
"no soy". Yo diria que, por estructura, el obsesivo oscila, preferentemente, entre inhibición y
pasaje al acto (lo que quiere decir que uno no encuentra acting-out en la neurosis obsesiva)
mientras que la histeria está mas sujeta al acting-out.

La posición obsesiva consiste en obturar la inconsistencia del Otro alli donde no hay significantes
en el Otro, en cubrir todo lo real con el ste. ¿que deviene entonces lo real fuera del ste, que sin
embargo existe? Pasa al acto, a menudo irruptivamente, siendo sus formas extremas ya el
suicidio, ya el acto criminal. El punto de incosistencia del Otro inspira al sujeto obsesivo odio y
terror: el intenta cubirlo con la marea de su trabajo mental y con sus inhibiciones, pero ellas se
desgarran en la irrución del pasaje al acto.

El sujeto dividido está en el lugar del agente, en el lugar del que ordena, para un beneficio que es
de producción del saber. Pero alli hay como un fingimiento del discurso. El sujeto histerico parace
pedir el saber, pero lo que quiere es el ser, el ser que a la vez falta.

El acting-out me parece por exelencia, en la histeria, el instrumento clinico de ese desafio: una
ficción que da a leer esa verdad que, del ser, queda fuera de las capturas del verbo, y que es a la
vez "pito catalan" y llamado al saber. Es acting-out del ser, en busqueda de "partenaire que tiene
oportunidad de responder".

Colette Soler- Fines de análisis

En Lacan hay varias doctrinas del fin del análisis, no hay una sola, y además no sólo son varias,
sino q en ciertos puntos se separan.

Quisiera evocar 3 d sus formulaciones del fin del análisis. Son definiciones del fin correlacionadas
con las etapas de la elaboración estructural.

La definición del fin del análisis q se encuentra en “Fc y campo d la palabra y del lenguaje” es la
del momento en q la satisfacción del sujeto encuentra cómo realizarse en la satisfacción de cada
uno.

Esta definición está sostenida completamente por una elaboración d la estructura de la palabra.
Es un fin del análisis dond la apuesta es el reconocimiento del deseo en lo q se juega d
intersubjetividad en la palabra.

La idea de un fin d análisis q fcne como reconocimiento del deseo, se apoya sobre esta estructura:
q aquello q del deseo se da a escuchar va a ser ratificado d alg manera, recibido en la circularidad
intersubjetiva y por ese hecho, reconocido. Lacan no se quedó con esta tesis, sólo sigue siendo
válido lo q ha desarrollado d esta estructura en la cual no hay palabra sin respuesta, así sea el
silencio. Por eso el analista hace bien en pensar un poco en esto antes d responder a su paciente.

El otro momento en el q Lacan evoca un fin d la cura es el q se encuentra al final d “La dirección d
la cura” dond ha abandonado por completo la idea del reconocimiento del deseo. Miller desarrolló
este punto, planteando q Lacan renuncia a la tesis del reconocimiento del deseo por la palabra a
partir d haber elaborado “La instancia d la letra en el icc”, y a partir d la construcción d la
estructura d lo q llama las leyes, ya no d la palabra, sino del lenguaje. Ahora bien, eso culmina en
una tesis completamente inversa, la incompatibilidad del deseo y la palabra.

La tercera es la q se encuentra en la “Observación sobre el informe de Lagache” dond ya Lacan


nos describe un fin por destitución subjetiva. Evoca el termino verdadero del análisis, dond el
sujeto se ve abolirse realizándose como deseo.

Lo que hay de común en estos 3 textos, correlacionados con 3 estados d elaboración d estructura,
es q en todos los casos, para Lacan, el fin del análisis consiste en responder a una pregunta por el
ser, en encontrar la respuesta al ¿qué soy yo?

En los 3 casos está presente un fin sobre el “tú eres”.

Lacan lo formula así en uno d sus textos: “Tú eres esto”

En el 1er caso es un “tú eres” q se apoya en una entronización por la palabra, en el 2do caso, en
la “Direccion d la cura”, es un “tú eres” un poco particular, es más bien, un “tú no eres”, “tú no eres
el falo”, es la imposibilidad d ser identificado al falo. En el 3er caso es un “tú eres objeto”.

Asi en los 3 casos, hay q notar q ese “tú eres” consagra, o supone la heteronomía del sujeto;
incluso en el 1ro, dond el sujeto se halla instituído por una palabra plena.

En la estructura d la palabra hay una heteronomía, en la medida en q es del Otro q le viene su ser,
es la heteronomía q habita la intersubjetividad.

En el 2do caso, es la heteronomía q habita el deseo en tanto q el deseo es el deseo del Otro, y en
el 3er caso, es la heteronomía d ese objeto éxtimo al sujeto.

Roberto Harari: "¿Que sucede en el acto analítico?"

Capítulo 10

El contexto semántico

Dicho tratamiento semántica importa porque se trata de nociones de no frecuente utilización, y


cuyo despeje, ilumina y enseña.

"Advertido": calificación implicante del sujeto. Fijar la atención, reparar, observar. Llamar la
atención de uno sobre algo, hacer notar u observar. El sujeto advertido es quien por decir, y al
decir, tiene la posibilidad de hacer notar u observar, "advertido" es entonces, quien nota u observa
implicándose por estar indicializado y contar con la alternativa de indicializar. Puede postularse
que el sujeto advertido se articula conforme a la topología de la repetición. El sujeto advertido se
articula conforme con la topología de la preterición. Girar, dar vuelta, indicar que el sujeto
advertido es quien retorna.

Recorriendo el seminario "el acto psicoanalítico" se desprende que tal es la concepción de Lacan
respecto del análisis: un volver de otra forma al punto de partida, no reencontrando nunca la
mítica "punta de inicio". Desde dicha tesitura pueden, entonces, inteligirse tanto la congruencia
como el porque de la puntuación respecto del sujeto advertido en el fin del análisis. La propuesta
del acto analítico radica en laborar en pos del posicionamiento del sujeto en tanto advertido; sin
duda, se trata de un sujeto novedoso, original, en le campo de las posiciones subjetivas, y su
determinación es resorte del psicoanálisis. Esto hace, en suma, a la singularidad de lo
vehiculizado por el acto analítico.

Puesta en acto: El sujeto de lo inconciente, entonces, está puesto en acto en la situación


analítica. No es cualquier sujeto, ni el individuo, sino el sujeto de lo inconsciente, o sea, el sujeto
determinado por los efectos del lenguaje.

El tiempo de trabajo dominante en el psicoanálisis es el de retroacción y el del apres-coup, los


cuales pueden ser nominados tiempos de ex post facto: se trata de las consecuencias de lo que
sucedió, las cuales solo son aprehensibles luego del acontecer de los hechos. La epistemología
del psicoanálisis, por eso, es una epistemología del efecto, la cual invalida así, con absoluta
legitimidad, la ideología prevencionista o psicohigienica, propia de la epistemología de la
anticipación.

¿Que denota, entonces, el aseverar que algo de lo psíquico se actualiza? Una vez más, lo
contextuaremos con el diccionario, desde la referencia a "puesta en acto". ¿Por qué? Porque, de
ese modo, nos va a ser útil pata entender también un trazo definitorio de las neurosis actuales, las
que suelen quedar desubicadas o ignoradas en, y por, la clínica post-freudiana. Poner en acto,
quiere decir actualizar, pero ¿que es actualizar?, poner algo al día, tornarlo actual, en el respecto
de adoptar las coordenadas vigentes al día de la fecha.

Si puesta en acto y actualización son sinónimo en este aspecto, ello aparta la idea según la cual lo
que estaba en potencia, guardado, terminado, acabado, y presto a aparecerse. Finalmente se
"concrete". No hay en resumen, el vuelco de la sombra del pasado concluso- mas oculto- sobre la
situación presente.

Por consecuencia, novación resulta ser un termino clave, pues ordena uy sostiene, como operador
conceptual, la función del analista en la cura y como conductor de un seminario.

Puede argüirse con convicción en virtud de lo expuesto que Lacan era plenamente conciente del
peso de la concepción portada por el vocablo que introducía, puesto que no dejo de enfatizar, con
conocimiento de causa, la rigurosa acepción jurídica del mismo.

Orden de la refundación

A nuestro entender, alude a la obligación en el sentido por ejemplo de los pagares que
documentan una deuda, por ende, al entregar un segundo pagare sustitutivo del primero, anulo
este ultimo. Por lo tanto, en el acto de novar, lo que esta en juego es una deuda, la cual resuelta
ratificada por otro recurso, por otro medio, el cual, como "novedoso" no solo no la forcluye, sino
que la consolida beneficiosamente.

La novación, por lo tanto, resulta del trazo diferencial decisivo para aprehender la puesta en acto.
Marca, así su clara distancia con el par potencia/acto. Y la transferencia constituye un lugar
princeps para su mostración por cuanto ella- la transferencia no imaginaria- no es sombra de
ningún pasado "volcado al presente", sino que es preterición ¿porque? porque nova, "trayendo"
inauditas e impredecibles puntas de lo real. Este lugar es muy difícil de captar para el post-
freudismo, pues, al conceptualizar la transferencia como reproducción de lo idéntico, no da pie a la
generación de aconteceres situables en orden a la novación- real- en la transferencia.

¿Porque insistía en ese núcleo "actual" a los efectos de procurar dar cuenta de las - nunca
desconsideradas- neurosis actuales? Nuestra respuesta, entonces: porque, puestas en
perspectivas, ambos "tipos" de neurosis "llaman" mutuamente para explanar una etiología donde
no hay historia sin novación, ni pasado sin puesta en acto "peligrosa en materia de doctrina".
Claro: peligrosa para la "doctrina" portada por el goce del habla vacía del analizante.
Fantasma atornillado en la transferencia

El fantasma es la variable en juego, y de carácter imprescriptible, requerida para saber que


sucede con la puesta en acto cuando esta no es novadora. Además da cuenta de uno de los
sucederes de, y en, la transferencia.

Puede aceptarse, de buen grado, que la transferencia no es una sombra del pasado; empero, a
veces, quienes aceptan esta tesitura no dejan de expresar cierta alarma ante la ¿creída?
transferencia imaginaria. En tales ocasiones, ante el atornillamiento vivido en la situación
transferencial - ¿o mas bien contra transferencial? recurren a intervenciones del siguiente estilo:
"no es conmigo, es con su papá; no es de ahora, es de antes", etc. Porque la novación ubica al
analista, victima del horror, lo ubica, decíamos, ante la compulsión a desprenderse del a
semblanteado con corrección ante su analizante, interpretándole: "No soy yo, es otro".

La omisión lacaniana respecto de la "realidad" acontece, a nuestro juicio, porque el fantasma, en


la puesta en acto de la realidad, no es sino fantasma de realidad. Tanto esta volcado en la
realidad, tanto esta atornillado en, y con, ella, que ni pueden llegar a surgir la constelación capaz
de nombrarlo, de hacerlo frase.

En resumen, si el fantasma no se localiza como construcción exógena, como extraterritorial, como


vía de excitación procurada por el neurótico- en tanto acompañamiento decisivo para su goce-
todo ello obedece a su estado de "atornillado".

Transferencia: puesta en acto de la realidad de lo inconsciente

Fantasma desear

"atornillado"

Los lugares paradigmáticos para dar cuenta de dicho atornillamiento son, en síntesis, el carácter y
la transferencia. ¿Como "desatornillar"? Tomando en cuenta, a nuestros fines, esa fecunda
manera de la negación propugnada por Lacan, diríamos que el eventual "remonte" de tales
constelaciones requiere, por parte del analista, la aceptación del siguiente desafío: el
atornillamiento se enfrenta no sin novación.

Caracterizaciones del acto analítico

Como el tiempo con el que trabajamos en nuestro ideario de la puesta en acto es el de un ex post
facto, procedemos, consecuentemente, a partir de lo sucedido, y no de lo que se presupone
habría de acontecer. Por lo tanto, no alejamos del tiempo de anticipación.

La teoría no agota lo ofertado por la realidad de la practica; por lo tanto cabe desconfiar de la
teoría.

Lacan no estipula diferencias entre la especulación y la puesta en acto.

¿Por qué asevera, es este caso particular, que la puesta en acto de la concepción marxista es la
revolución bolchevique? Lo reiteramos: no se debe a su eventual coincidencia, sino a que esa
puesta en acto fantasmatica (de la realidad) se especulariza. Es que precisamente del espejo
proviene la palabra especulación; por lo tanto, se especulariza la especulación marxista con la
revolución bolchevique, mutilando así cualquier lectura no dogmática de esta última.

En la clínica acontece la patencia de un rango homologo cuando el analizante habla a su analista


de una manera tal que no admite el menor movimiento; por ende, al estar en presencia de dicho
orden caracterico- atornillado, nominados tal acontecer puesta en acto fantasmatica (de la
realidad). O sea: la ausencia de movimiento comporta que las cosas son como son como son, y,
adquiriendo un carácter de verosimilitud irreprochable, abisman al analista ante el horror del cual
procura evadirse diciendo: "no es conmigo, es con papá...". En síntesis: esta especifica puesta en
acto no hace diferencias, por cuanto impide la novación. La no diferencia, claro, o mejor, su no
asunción, diseñan un buen "antídoto" contra la castración. Conocemos otros antídotos: el carácter,
y el sostén de la transferencia en términos de que las cosas son como son y no de otra manera,
los cuales corren por cuenta del analizante. Nuestra meta, por el contrario, es no "inflarlo" aún con
más sentidos. Por eso, utilizando una metáfora oral, digamos que se trata de exprimir, al modo de
una fruta a la cual se le extrae el jugo, de cara a su licuación. Más no para tragar, sino para
escupir. Es que en el análisis se trata de eso, y no de otorgar aún más sentidos. El neurótico es un
destacado generador de ellos; en efecto, es un productor incesante de nuevos sentidos, los cuales
"brotan" más allá de cualquier demanda. Por lo tanto, esta puesta en acto no novadora,
"especulativa-especular", es tributaria del sentido. Con lo cual, claro está, configura un preclaro
obstáculo para la marcha de la cura psicoanalítica novadora.

Horror al acto

Mas acerquémonos ahora al analista "llamado" a novar, a desatornillarse, a hacerse cargo


-porque no- del discurso de la hendija. ¿Que sucede con él? Como ya adelantásemos, tiene
horror a su acto (por cometer), y de su acto (cometido). ¿Por qué? planificar el decir, esto es, por
calibrar la potencia de su acto lenguajero, en orden a los efectos, a las consecuencias, generadas
por su praxis. Veamos, entonces, algunas de las mostraciones más nítidas de tal horror.

*En el análisis de control

Cuando se "trae" un caso al control, el analista controlante -puede decirse- se trae -también- como
caso, por cuanto afirma que la responsabilidad por una -afirmada- estagnación u obstaculación de
una de las curas a su cargo no es sino suya. La trampa en que puede caer el analista de control
consiste en ratificar tal presunción de modo "especulativo- especular realista". Claro esta: no es la
única alternativa; en efecto podemos ser capciosos.

En la elección de la dirección de la cura a controlar se formula una demanda, así glosable: "le
traigo este analizante para controlar". Por ende, podríamos acceder, o no, a la demanda. Mas el
acceder no se limita meramente a la aceptación del control de ese analizante, ya que avenirse a la
demanda consiste en el aval acrítico otorgado al presupuesto estancamiento de esa cura, a su
presunta ausencia de tramitación.

El analista "tiene horror de su acto". Paradójicamente, tiene horror de comprobar que su acto es
eficiente. El analista rechaza el saber brindado por el análisis por cuanto lo desestima, lo niega,
cuando no -directamente- lo desconoce. Glosado según el sintomático comentario formulado por
muchos analistas: "siendo que no sé nada, me olvide de todo, yo no se como funciona esto";
"debo empezar a leer a Freud de nuevo, hacer nuevos grupos de estudio", y similares
apreciaciones. Claro: se desprende de ellas que el presunto remedio ante ante el horror radica en
el acopio de saber referencial. Empero, el saber depositado por la experiencia en el analista
queda así desestimado. En efecto: el analista es un "precipitado" de su experiencia si tolera -y
combate- el horror resistencial instalado por esta, más allá de la silente operatoria selectiva de sus
olvidos.

*Lateralizar el a

Otra inocencia intelectiva seria aducir que esta denigración de su acto por parte del analista
comportaría un semblanteo del objeto a.

El sujeto, en el acto, resulta transformado por el mismo, sin poder calibrar los efectos
desencadenados por su intervención. El acto analítico -lo reiteramos- es patrimonio del analista, y
no de analizante; por eso, es factible argumentar que el acto cometido - en su doble acepción- por
el analista, condiciona que este, Verleugnung mediante, tampoco llegue a captar los efectos de lo
sucedido.

El horror al, y del, acto, en cambio, tiene relación con el plus de goce -no de gozar- al que puede
acceder el analizante merced a la cura analítica. Si: un goce recuperado, y no reconocido como
tal. Si nos proponemos la detención de la coyuntura psíquica donde el análisis resiste, no caben
dudas de que daremos con el síntoma. Pese a todas las alternativas presuntamente brindadas por
las autodenominadas "terapias alternativas", el síntoma da cuenta de su desacuerdo con ellas,
puesto que, resistiendo, las resiste.

¿Identidad del analista?

Lugar del analista

Otro modo de negarle la recuperación de goce ala analizante consiste en sostener la vigencia de
una identidad del analista. ¿Que quiere decir esto? Pues que concebimos a un analista siempre
idéntico consigo mismo. El analista siempre idéntico consigo mismo genera una eternización del
análisis -demandada por el analizante- sin mediar efecto analítico alguno, transformándolo,
entonces, en un análisis interminable.

Vacilación calculada

Lacan hacia el final de subversión del sujeto dio a entender que solo se preserva el lugar del
analista "saliéndose" del lugar del analista. A esta condición paradójica la nomina vacilación
calculada de la neutralidad del analista. Neutralidad alude a la no toma de partido por parte del
analista. Y es vacilación calculada porque, obviamente, se trata de un calculo, lo cual habilita el
consiguiente resto imprescindible e incalculable. Esta vacilación debe ser diferenciada del pasaje
al acto, por cuanto no es accidental, ni inesperada, ni sobreviene, ni marca un instante
concluyente; antes bien, configura una intervención en acto.

Desdén

Caben detectarse otras actitudes del analista (siendo adecuada la palabra actitud, para este caso,
por su parentesco etimológico con acto).

Sustentar la transferencia

A la transferencia la generamos, y debemos -en tanto analistas- contar con la posibilidad de


mantenerla, esto es, de sostenerla sobre nuestras espaldas, tanto como poseer muñeca para
conducirla y resolverla. El sustento de la transferencia consiste en brindarse para que el
analizante nos "cuelgue" su objeto a.

Lacan brinda otra característica del acto analítico, se trata de poder enfrentarse a, y formular el
elogio de la boludez. La materia prima del analista, psicopatologo de la vida cotidiana, es la
tontería, es la boludez. Volquémoslo como propuesta: "diga boludeces, que llegaremos al núcleo
de su ser, y así se le abrirán las compuertas para que usted autorice nuevos goces, no
parasitarios ni pegoteados. La boludez y la tontería son las vías idóneas a los fines de que el acto
analítico pueda ser procesado. Al respecto Lacan señala, en el seminario 17, que el psicoanálisis
es el primer discurso que se atrevió a darles su estatuto de legitimidad y de jerarquización, por
cuanto el resto de los discursos procura el terminante apartamiento de las boludeces:

ACTO ANALITICO: -SUSTENTAR LA TRANSFERENCIA

- "TENER MUÑECA, MANEJO"

- ELOGIAR LA BOLUDES

Evacuar al sujeto- supuesto-al- saber

Es que la experiencia del análisis pone en juego una pareja muy extraña: uno de los participes le
expresa al otro boludeces y este ultimo, de modo implícito, asegura: "hable de boludeces que yo
se. Yo igual voy a saber, no le pido que me hable de lo importante. Diga cualquier boludes; aquí,
verbalmente, todo vale, todo (me sirve)". Ahora bien: de tal forma ¿El analista o se autoarroga el
lugar de un sujeto obviamente omnisapiente, chamánico, hermenéutico?.

Sin duda: el modo inaugural, fundacional, de todo lazo analítico, se sustenta en una legitima
trampa constitutiva. Se trata desde ya, de una nueva paradoja por cuanto el análisis procura
evacuar al sujeto-supuesto-al-saber, "instalado", empero, mediante la implementación del elogio
de la boludes. ¿Porque implementamos esta paradoja? porque así se generan las condiciones
para poder evacuar al sujeto-supuesto-saber (S.s.S) como condición sustitutiva y no para lograr
tan solo su desplazamiento. Dicho de otra manera: conducir al analisante a la deposición del
S.s.S; renunciando, por consiguiente, al fantasma de omnipotencia. Solo así, tras tal caedura, tras
tal asunción de la inexistencia del otro no perforado, puede sostenerse en el ateismo.

¿Termina o empieza con el a?

En el seminario 15, al ser evacuado del lugar de s.s.s, el analista queda localizado como objeto a,
leído en tanto resto estructural de la operación analítica. Ahora bien , sin anunciarlo, modifica su
postura hacia el final de el seminario siguiente , "de un Otro a un otro"y, ya en forma a un mas
clara , en el inmediatamente posterior, esto es , "El reverso del psicoanálisis". ¿Donde se
encuentra la modificación ?.En que el análisis no termina con el analista en el lugar del objeto a, si
no que el análisis comienza con el semblanteo, por parte del analista, de dicho objeto.

Mientra la evacuación del S.s.S se mantiene como invalorable meta clínica, la ulterior postulación
de los discursos, en cambio, otorga su estatuto al a como plus-d-gozar.

Ideal no es idealización

Ahora bien, por otro lado esta caída de S.s.S estimula el sostén libidinal de los ideales.

El ideal- eminentemente simbólico- es una instancia fundante, por eso, mentamos al ideal del yo, y
no a la idealización. La cual, en efecto, es una instancia estagnante y tributaria del S.s.S.

Lacan comienza a trabajar con las operaciones propias del grupo de Klein, para lo cual, claro esta,
debe comenzar a mover el tetraedro, más allá del estatismo imagénico -valedero, claro, en su
alcance- propio del cuadrángulo (en tanto rectángulo).

Los lugares
a- el analizante.

La operación cuyo recorrido parte de la castración hacia el "o no pienso o no soy" indica el lugar
del analizante. ¿Porque? porque en el fin del análisis, el sujeto vuelve a enfrentarse con la división
que lo constituye, ósea: "o no pienso o no soy" aunque ya de otras manera, vista su "realización
de la castración". ¿Que implica esto? Que, como sujeto advertido, jamás realizara el acto
tendiente a desterrar la "elección" de marras. Ya no se trata del fantasma de la castración - cuya
ejecución se teme- desea por parte de algún otro idealizado y gozador- sino la confrontación con
el dolor de existir.

El sujeto advertido gira y da vueltas no idénticas, accediendo, a la destitución subjetiva

b- el analista

La restante diagonal marca el camino desde el "no pienso" al "no soy"; se trata claro, de lo ínsito a
lograr del analista. Es que cuando este trabaja no piensa, por cuanto, si lo hiciese, aplicaría una
teoría en el acto analítico la teoría debe desaparecer. Si la teoría trabaja, no lo hace al modo
anticipatorio, típico de la usanza de los psicólogos, así glosable: "le digo tal cosa para generar tal
otra". Por eso la diagonal parte del "no pienso" hasta llegar, en el fin del análisis, al "no soy".
Lacan nomina a la culminación de este proceso, y siempre en lo concerniente al analista, des-ser.
¿Por que? Porque quedo en lugar del objeto a. Como advertimos en el seminario 15 el analista
"termina" en el lugar del no-ser como objeto a.

SEMINARIO 11 “Los cuatros conceptos fundamentales”


Cap. II “el inconsciente freudiano y el nuestro”
1
Conceptos freudianos: Inconsciente, repetición, transferencia, pulsión.
2
El inconsciente está estructurado como un lenguaje, lo cual se refiere a un campo que hoy en día nos es más
accesible que en la época de Freud.
Antes de toda experiencia, antes de toda deducción individual, aun antes de que se inscriban en él las
experiencias colectivas que se refieren solo a las necesidades sociales, algo que organiza este campo. Aun
antes de establecer relaciones que sean propiamente humanas, ya se determinan ciertas relaciones. Se las
toma de todo lo que la naturaleza ofrece como soportes. La naturaleza proporciona significantes y estos
significantes organizan de manera inaugural las relaciones humanas, da las estructuras de estas relaciones y
las modelan.
Para nosotros lo importante es que en esto vemos el nivel donde (antes de toda formación del sujeto que
piensa, que se sitúa en el) algo cuenta, es contado, y en ese contado ya está el contador. Solo después el
sujeto ha de reconocerse en él, y ha de reconocerse como contador, es decir hay algo que nos precede.
El inconsciente de Freud no basta, ciertamente, con decir que el inc es un concepto dinámico, pues con ello
solo se sustituye un misterio particular por un misterio más corriente, el de la fuerza, y la fuerza sirve
generalmente para designar un lugar de opacidad. No tengo por que señalar que desde siempre el problema
de la causa constituye el engorro de los filósofos, para nosotros, la causa, por más que Kant la inscriba como
modalidad en las categorías de la razón pura (hablando con más exactitud, la inscribe en el cuadro de las
relaciones) no por ello queda más racionalizada.
La causa se distingue de lo que hay de determinante en una cadena o, dicho de otra manera, de la ley. Para
ejemplificarlo piensen en la imagen que ofrece la ley de la acción y la reacción. Forman si se quiere, un
bloque, un bloque. Una cosa no se da sin la otra. En un cuerpo que se estrella contra el suelo, su masa no es
causa de lo que él recibe retroactivamente de su fuerza viva, sino que está integrada a esa fuerza que vuelve
a él para disolver su coherencia mediante un efecto de, retroacción. No hay hiancia en este caso, a no ser al
final.
Por el contrario, cada vez que hablamos de causa siempre hay algo anticonceptual, indefinido. Las fases de
la luna son la causa de las mareas; esta es una expresión animada: sabemos de inmediato que la palabra
causa está bien empleada. O también, las mismas son causa de la fiebre: esto tampoco quiere decir nada,
hay un hueco y algo que vacila en el intervalo. En suma, solo hay causa de lo que cojea.
Pues bien, en ese punto que intento hacerles atinar por aproximación se sitúa el inc freudiano, en ese punto
donde, entre la causa y lo que ella afecta, está siempre lo que cojea. Lo que importa no es que el inc
determine la neurosis; respecto a esto Freud recurre gustoso al gesto platico de lavarse las manos. Uno de
estos días descubrirá quizá algo, determinantes humorales. Por ej., da lo mismo: a Freud esto le tiene sin
cuidado. Y es que el inc nos muestra la hiancia por donde la neurosis empalma con un real; real que puede
muy bien, por su parte, no estar determinado.
En esta hiancia sucede algo. Una vez tapado el hueco, ¿queda curada la neurosis? Después de todo, la
pregunta sigue en pie. Simplemente, la neurosis se hace distinta, se vuelve a veces simple achaque, cicatriz,
como dice Freud, no cicatriz de la neurosis sino del inc. ¿Qué encuentra en el hueco en la ranura, en la
hiancia característica de la causa? Algo que pertenece al orden de lo no realizado.
Se habla de rechazo. Es una precipitación y además desde hace algún tiempo, cuando se habla de rechazo,
ya no sabe uno de que se está hablando. El inc se manifiesta primero como algo que está a la espera en el
circuito diría yo, de lo no nacido. No es extraño que la represión eche cosas allí. Esta dimensión ha de
evocarse, con toda seguridad en un registro que nada tiene de irreal o de-real, pero sí de no realizado.
No todo discurso es inofensivo, no en vano, aun en un discurso público, se toma como blanco a los sujetos, y
se les da en lo que Freud llama el ombligo –ombligo de los sueños, dice, para designar en el último termino el
centro desconocido- , que no es otra cosa, igual que el ombligo anatómico que lo representa, sino esa
hiancia de la que hablamos. (Habla de lo real aquí)
A decir verdad esta dimensión de lo inc que evoco estaba olvidada, como Freud lo había previsto muy bien. El
Inc se había vuelto a cerrar sobre su mensaje gracias al celo de esos activos ortopedistas en q se convirtieron
los analistas de la segunda y tercera generación que se dedicaron a suturar esta hiancia psicologizando la
teoría analítica. (Se refiere a que no todo lo inconsciente es reprimido por eso lacan introduce lo real).

3
Ahora, a estas alturas en mi época estoy ciertamente en posición de introducir en el dominio de la causa la
ley del significante en el lugar donde esta hiancia se produce. No por ello deja de ser cierto que si queremos
comprender de que se trata el psicoanálisis hay que volver a evocar el concepto de inc en los tiempos por los
que Freud paso a forjarlo, ya que sólo podemos darle forma acabada llevándolo a su límite.
El inc freudiano nada tiene que ver con las llamadas formas de inc que le precedieron como tampoco con las
que lo acompañaron, o todavía lo rodean. El inc de Freud no es en absoluto el inc romántico de la creación
imaginativa. No es el lugar de las divinidades de la noche. Freud en la interpretación de los sueños se refiere
a él (INC) y en el “olvido de los sueños” no hace más que referirse a los juegos del significante. ¿Qué es lo
que impresiona, de entrada en el sueño, en el acto fallido, en la agudeza? El aspecto de tropiezo bajo el cual
se presentan.
Tropiezo, falla, fisura. En una frase pronunciada, escrita, algo viene a tropezar. Estos fenómenos operan
como un imán sobre Freud y allí va a buscar el inc. Allí una cosa distinta exige su realización una cosa que
aparece como intencional, ciertamente pero con una extraña temporalidad. Lo que se produce en esta
hiancia, en el sentido pleno del término producirse se presenta como el hallazgo. Así es como la exploración
freudiana encuentra primero lo que sucede en el inc. (El inc termina siendo un tropiezo de la ley de los
significantes)
Hallazgo que es un tiempo solución – no necesariamente acabada pero que, por incompleta que sea tiene
ese no sé qué, ese acento tan particular que admirablemente Freud señaló, que es la sorpresa: aquello que
rebasa al sujeto, aquello por lo que encuentra, a la par más y menos de lo que esperaba: en todo caso
respecto a lo que esperaba, lo que encuentra es invalorable.
Con todo este hallazgo, en cuanto se presenta, es re-hallazgo y además esta siempre dispuesto a
escabullirse de nuevo instaurando así la dimensión de la pérdida. (Es un hallazgo por que se inscribió)
La discontinuidad es, pues la forma esencial en que se nos aparece en primer lugar el inc como fenómeno -la
discontinuidad tiene la que algo se manifiesta como vacilación. Ahora bien, si esta discontinuidad tiene ese
carácter absoluto, inaugural en el camino que tomo el descubrimiento de Freud, ¿habremos de colocarla-
como después tendieron a hacerlo los analistas- sobre el telón de fondo de una totalidad? (el sujeto no es una
totalidad por que esta diviso $)
¿Dónde está el telón de fondo? ¿Será la ausencia? Pues no. La ruptura, la ranura, el rasgo ya de la abertura
hacen surgir la ausencia – igual que el grito, que no se perfila sobre el telón de fondo del silencio sino que al
contrario lo hace surgir como silencio.
Si tienen en mientes esta estructura inicial, ello les impedirá entregarse a tal o cual aspecto parcial en lo
tocante al inc en su historia, donde la sincopa del discurso se una con su deseo. Verán que , con la más
radicalidad, hay que situar el inc en la dimensión de una sincronía – en el plano de un ser, pero en la del
sujeto de la enunciación, en la medida en que según las frases, según los modos, este se pierde tanto como
se vuelve a encontrar y que en una interjección en un imperativo en una invocación y aun en un
desfallecimiento , siempre es él quien le afirma a uno si enigma y quien habla – en suma, en el plano donde
todo lo que se explaya en el inc se difunde, tal el micelio, como dice siempre del sujeto en tonto
indeterminado. (El inc muestra la alineación con el campo del otro que se provoca en el sinsentido)(Sujeto de
la enunciación que más allá de lo dicho el sujeto está determinado por que esta borrado por los seis.).
Oblivium es levis, oblivium es lo que borra ¿Qué es lo que borra? El sgte como tal. Aquí volvemos a
encontrar la estructura basal que hace posible de manera operativa, que algo se encargue de la función de
tachar de rayar otra cosa.
Después de todo coincide con Nietzsche para enunciar con su propio mito que dios ha muerto (por que esta
barrado). Y ello quizá debido a las mismas razones de fondo. Pues este mito del dios ha muerto no es más
que el abrazo que encontraron contra la amenaza de castración.
Así el inc se manifiesta siempre como lo que vacila en un corte del sujeto –de donde vuelve a surgir el
hallazgo, que Freud asimila al deseo- deseo que situaremos provisionalmente en la metonimia descarnada
del discurso en cuestión en el que el sujeto se capta en algún punto inesperado.
El inc, no es una totalidad, es un tropiezo, produce sorpresa en un lugar indeterminado

Seminario 11
Cap. V Tyche y Automaton
El análisis, mas que ninguna otra praxis, está orientado hacia lo que en la experiencia es el hueso de lo real.
1
¿Dónde encontramos ese real? En ese efecto, de un encuentro, de un encuentro esencial en lo descubierto
por el psicoanálisis –de una cita siempre reiterada con un real que se escabulle.
En primer lugar la Tyche, tomada como les dije la vez pasada del vocabulario de Aristóteles en su
investigación de la causa. La hemos traducido por el encuentro con lo real. Lo real está mas allá del
Automaton, del retorno del regreso, de la insistencia de los signos, a que nos somete el principio de placer. Lo
real es eso que yace siempre tras el Automaton y toda la investigación de Freud evidencia que su
preocupación es esa.
Recuerden el desarrollo, tan central para nosotros, de "el hombre de los lobos", para comprender cuál es la
verdadera preocupación de Freud a medida que se revela la función del fantasma (fantasma=Automaton). Se
empela casi con angustia, en preguntar cuál es el primer encuentro, que real podemos afirmar que esta tras el
fantasma. A través de todo este análisis, vemos q arrastra con él sujeto tras ese real, y casi lo fuerza,
dirigiendo de tal modo la búsqueda que, después de todo podemos ahora preguntarnos si esa fiebre, esa
presencia, ese deseo de Freud no condiciono, en su enfermo, el accidente tardío de su psicosis.
La repetición, entonces no ha de confundirse con el retorno de los signos, ni tampoco con la reproducción o la
modulación por la conducta de una especie de rememoración actuada. La repetición es algo cuya verdadera
naturaleza esta siempre velada en el análisis debido a la identificación, en la conceptualización de los
analistas de la repetición y la transferencia. Cuando precisamente hay que hacer la distinción en este punto.
(No confundir, se repite en transferencia pero la repetición no es la transferencia)
Ahora bien ¿acaso no se nos presenta la transferencia como efigie y relación con la ausencia? Solo a partir
de la función de lo real en la repetición podremos llegar a discernir esta ambigüedad de la realidad que está
en juego en la transferencia.
Lo que se repite en efecto, es siempre al que se produce – la expresión dice bastante sobre su relación con la
Tyche- como el azar. Los analistas por principio nunca nos dejamos engañar por eso. En todo caso
recalcamos siempre que no hay que caer en la trampa cuando el sujeto nos dice que ese día sucedió algo
que le impidió realizar su voluntad, esto es, venir a la sesión. No hay que tomar a pie juntillas la declaración
del sujeto – en la medida precisamente, en que siempre tratamos con ese tropiezo, con ese traspié, que
encontramos a cada instante. Este es por excelencia el modo de aprehensión que entraña el nuevo
desciframiento que hemos propuesto de las relaciones el sujeto con lo que constituye su condición.
La función de la Tyche, de lo real como encuentro -el encuentro en tanto puede ser fallido , en tanto que es
esencialmente el encuentro fallido- se presentó primero en la historia del psicoanálisis bajo una forma que ya
basta por sí sola para despertar atención- la del trauma. (El encuentro con lo real como Tyche es lo
traumático).
¿No les parece notable que en el origen de la experiencia analítica lo real se haya representado bajo la forma
que tiene de inasimilable- bajo la forma del trauma, que determina todo lo que sigue y le impone un origen al
parecer accidental?
El trauma es concebido como algo que ha de ser taponado por la homeostasis subjetivante que orienta todo
el funcionamiento definido por el principio de placer. Nuestra experiencia nos plantea entonces un problema, y
es que en el seno mismo de los procesos primarios, se conserva la insistencia del trauma en no dejarse
olvidar por nosotros. El trauma reaparece en ellos en efecto y muchas veces a cara descubierta. ¿Cómo
puede el sueño portador del deseo del sujeto producir lo que hace el surgir repetidamente al trauma –so no su
propio rostro al menos en la pantalla que nos indica que todavía está detrás?
Concluyamos que el sistema de la realidad, por más que se desarrolle, deja presa en las redes del principio
del placer una parte esencial de lo que a pesar de todo es sin ambages rea
A esta exigencia responden esos puntos radicales de lo real que llamo encuentros, y que nos hacen concebir
la realidad como sufrimiento.

2
El proceso primario lo podemos captar a cada instante.
¿No fui despertado el otro día un corto sueño con que buscaba descansar, por algo que golpeaba mi puerta
ya antes de que m despertara? Porque con esos golpes apurados ya había formado un sueño, un sueño que
me manifestaba otra cosa que esos golpes. Y cuando me despierto esos golpes – esa percepción- si tomo
consciencia de ellos, es en la medida en que en torno a ellos reconstituyo toda mi representación. Sé que
estoy ahí a qué hora me dormí y que buscaba con ese descanso. Cuando el ruido del golpe llega, no a mi
percepción, sino mi consciencia, es porque mi consciencia se recoinstiruye en torno a esta representación -
sé que estoy bajo el golpe del despertar, que estoy knocked.
Pero entonces tengo por fuerza que preguntarme q soy en ese momento –en ese instante, tan
inmediatamente anterior y tan separado en que empecé a soñar bajo ese golpe que, según parece es lo que
me despierta. Lo soy que yo sepa antes de que me despierte.
Vean hacia que los dirijo – hacia la simetría de esa estructura que hace que aparentemente, después del
golpe del despertar, no me pueda sostener sino en una relación con mi representación, la cual,
aparentemente, no hace de mi más que consciencia. Reflejo en cierto modo, involutivo – en mi consciencia,
solo recobro mi representación.
Freud no se cansó de decir que tendría que retomar –nunca lo hizo- la función de la consciencia. Quizá
veamos mejor de que se trata, si captamos que motiva ahí el surgimiento de la realidad representada – a
saber el fenómeno, a la distancia, la hiancia misma, que constituye el despertar.
Para acentuarlo, volvamos a ese sueño. Recuerden a ese padre desdichado que ha ido a descansar un poco
en el cuarto contiguo al lugar donde reposa su hijo muerto –dejando a un viejo canoso nos dice el texto velar
a un niño- y que es alcanzado, despertado por algo ¿Qué es? No solo la realidad, el golpe, el knocking, de un
ruido hacho para que vuelva a lo real sino al que esta pasando la realidad misma de una vela que se ha caído
y que está pretendiendo fuego al lecho en que reposa su hijo.}Esto es algo que parece poco indicado para
confirmar la tesis de Freud en la traumdeutung: que el sueño es la realización de un deseo.
Vemos surgir aquí casi por primera vez una función del sueño que parece ser secundaria ¿Qué quiere
entonces decir Freud, al colocar en ese lugar, precisamente ese sueño al acentuar que en sí mismo la plena
confirmación de su tesis en cuanto al sueño?
Si la función del sueño es permitir que siga durmiendo, si el sueño, después de todo puede acercarse tanto a
la realidad que lo provoca, ¿no podemos acaso decir q se podría responder a esta realidad sin dejar de
dormir? Al fin y al cabo existen actividades sonámbulas. La pregunta que cabe hacer y que por lo demás
todas las indicaciones anteriores de Freud nos permiten formular aquí, es: ¿Qué despierta? ¿No es acaso en
el sueño otra realidad? Es realidad que Freud nos describe así: que el niño está al lado de si cama, lo toma
por un brazo y le murmura con tono de reproche padre ¿no ves que ardo?
Este mensaje tiene de veras más realidad que el ruido con el cual el padre identifica asimismo la extraña
realidad de lo que está pasando en la habitación de al lado. ¿Acaso no pasa por estas palabras la realidad
fallida que causo la muerte del niño? ¿El sueño que prosigue no es esencialmente el homenaje a la realidad
fallida? La realidad que ya solo puede hacerse repitiéndose indefinidamente en un despertar indefinidamente
nunca alcanzado ¿Qué encuentro puede haber ahora con ese ser inerte para siempre – aun cuando lo
devoran las llamas- a no ser precisamente este encuentro sucede precisamente en el momento en el
momento en que las llamas por accidente como por azar vienen a unirse a él? ¿Dónde está ese sueño, la
realidad? Si no es en que se repite algo en suma más fatal con ayuda de la realidad de una realidad en la que
quien estaba encargado de velar el cuerpo sigue durmiendo aun cuando el padre llega después de haberse
despertado
Así el encuentro, siempre fallido (Tyche), se dio entre el sueño y el despertar, entre quien solo soñó para no
despertar.
Si Freud, maravillado ve en esto la confirmación de la teoría del deseo, es señal de que el sueño no es solo
una fantasía que colma un anhelo.
Y no es que en el sueño se afirme que el hijo aún vive. Sino que el niño muerto que toma a su padre por el
brazo visión atroz designa más allá que se hace oír en el sueño. En el deseo que presentifica en la pérdida
del objeto ilustrada en su punto más cruel. Solamente en el sueño puede darse este encuentro
verdaderamente único. Solo un rito un acto siempre repetido puede memorar este encuentro inmemorable
pues nadie puede decir que es la muerte de un niño –salvo el padre en tanto padre- es decir ningún ser
consciente.
Porque la verdadera formula del ateísmo no es dios ha muerto la verdadera formula del ateísmo es dios es
inconsciente (A barrada porque es deseante).
La frase misma es una tea –por si sola prende fuego a lo que toca y no vemos lo que quema ante el hecho de
que el fuego alcanza lo untelegt lo real.
Esto es lo que nos lleva a reconocer en esa frase del sueño arrancada al padre en su sufrimiento, el reverso
de lo que será, cuando este despierto, su consciencia y a preguntarnos cuál es, en el sueño el correlato de la
representación.
Espero haber logrado hacerles percibir aquello que, en el encuentro como encuentro siempre fallido, es aquí
nodal y sustenta realmente, en el texto de Freud, lo que a él le parece en ese suelo absolutamente ejemplar.
(el lugar de lo real está entre el trauma y el fantasma)
Ahora tenemos que detectar el lugar de lo real, que va del trauma al fantasma, en tanto que el fantasma
nunca es sino la pantalla que disimula algo absolutamente primero determinante en la función de la
repetición. Por lo demás esto es algo que explica para nosotros la ambigüedad de la función del despertar y a
la vez de la función de lo real en ese despertar. Lo real puede representarte por el accidente, el ruidito ese
poco de realidad que da fe de que no soñamos. Pero m no por otro lado esa realidad no es poca cosa pues
nos despierta la otra realidad escondida tras la falta de lo que hace las veces de representación –el trieb nos
dice Freud- algo de la pulsión no tiene representación.
El despertar ¿Cómo no ver que tiene un doble sentido? ‘ que el despertar que nos vuelve a situar n una
realidad constituida y representad cumple un servicio doble? Lo real hay que buscarlo más allá del sueño – en
lo que el sueño ha descubierto envuelto escondido, tras la falta de representación de la cual solo hay en él lo
que hace sus veces, un lugarteniente. Ese real más que cualquier otro gobierna nuestras actividades y nos lo
designa el psicoanálisis.
Para Kierkegaard, como para Freud, no se trata de repetición alguna que se asiente en lo natural, de ningún
retorno de la necesidad. El retorno de la necesidad apunta al consumo puesto al servicio del apetito. La
repetición exige lo nuevo se vuelve hacia lo lúdico que hace de lo nuevo su dimensión; lo mismo dice Freud
en el texto del capítulo cuya referencia lees di la vez pasada.
Todo lo que, en la repetición se varia se modula, no es más que alienación de su sentido. El adulto incluso el
niño más adelantado, exigen en sus actividades, en el juego, lo nuevo. Pero ese deslizamiento esconde el
verdadero secreto de lo lúdico, a saber, la diversidad más radical que constituye la repetición en sí misma.
Freud cuando capta la repetición ene l juego de su nieto en el frot-da reiterado, puede muy bien destacar q el
niño tapona el efecto de la desaparición de su madre haciéndose se agente, pero el fenómeno secundario.
Pues el juego del carrete es la respuesta del sujeto a lo que la ausencia de la madre vino a crear en el lindero
de su dominio, en el borde de su cuna, a saber un foso, a cuyo alrededor solo tiene que ponerse a jugar al
juego del salto.
El carrete no es la madre reducida a una pequeña bola por algún juego digno de jibaros – escomo un trocito
del sujeto que se desprende pero sin dejar de ser bien suyo, pues sigue reteniéndolo. Esto da lugar para decir
que el hombre piensa con su objeto. Con su objeto salta el niño los linderos de su dominio transformando en
pozo y empieza su cantinela. Si el sgte es en verdad la primera marca del sujeto, como no reconocer en este
caso – por el solo hecho de que el juego va acompañado por una de las primeras oposiciones en ser
pronunciadas- que en el objeto al que esta oposición se aplica en acto, en el carrete, en el hemos de designar
al sujeto. A este objeto daremos posteriormente su nombre de algebra lacaniana. El objeto a.
El conjunto de la actividad simboliza la repetición, pero de ningún modo la de una necesidad que clama
porque la madre vuelva, lo cual se manifestaría simplemente mediante el grito. Es la repetición de la partida
de la madre como causa de una spaltung (división) en el sujeto. Superada por el juego alternativo, fort-da que
un aquí o allá, y que solo busca, en su alternancia, ser fort de un da, y da de un fort. Busca aquello que
esencialmente no está en tanto que representarlo –porque el propio es el representante de la representación,
¿Qué pasara con la representación cuando, de nuevo llegue a faltar ese representante de la madre en su
dibujo marcado por las pinceladas y las aguadas del deseo?
Yo también eh visto con mis propios ojos, abiertos por la adivinación materna, al niño, traumatizado de que
me fuera a pesar del llamado que precozmente había esbozado con la voz y que luego no volvió a repetir
durante unos largos meses, yo lo vi, aun mucho tiempo después cuando lo tomaba en brazos apoyar su
cabeza en mi hombro para hundirse en el sueño, que era lo único que podía volverle a dar acceso al sgte
viviente que yo era desde la fecha del trauma. Verán como este esbozo que hoy he hecho de la función de la
Tyche será esencial para volver a establecer de manera correcta cual es el deber del analista en la
interpretación de la transferencia.
El accidente, el tropiezo de la Tyche anima el desarrollo entero, y ello porque la Tyche nos lleva al mismo
punto en el cual la filosofía presocrática buscaba motivar el mundo.
La descripción de los estadios, formadores de la libido, no debe ser referida a una pseudo maduración
natural, siempre opaca. Los estadios se organizan en torno de la angustia de castración. El hecho de la
copulación en la introducción de la sexualidad es traumatizante – tamaño tropiezo!- y tiene una función
organizadora para el desarrollo.
La angustia de castración es como un hilo que perfora todas las etapas del desarrollo. Orienta las relaciones
que son anteriores a su aparición propiamente dicha: destete, disciplina anal, etc. Cristaliza cada uno de
estos momentos en una dialéctica que tiene como centro un mal encuentro. Los estadios son consistentes
precisamente en función de su posible registro en términos de malos encuentros.
El mal encuentro central está a nivel de lo sexual lo cual no quiere decir que los estadios tomen in tinte sexual
que se difunde a partir de la angustia de castración. Al contrario se haba del trauma y de escena primaria
porque esta empatía no se produce.
Si hay trauma es porque no hay encuentro con lo sexual.

Cap. XVI el sujeto y el otro. La alienación

Si el psicoanálisis ha de constituirse como ciencia del inc convendría partir de que el inc está estructurado
como un lenguaje.
De ello he deducido una topología cuyo fin es dar cuenta de la constitución del sujeto.
Oponer en lo que toca a la entrada del inc los dos campos del sujeto y del Otro. El Otro es el lugar donde se
sitúa la cadena del sgte que rige todo lo que, del sujeto, podría hacerse presente, es el campo de ese se
viviente donde el sujeto tiene que aparecer. Y he dicho que por el lado de ese ser viviente, llamado a la
subjetividad, se manifiesta esencialmente la pulsión.
Por ser por definición toda pulsión, pulsión parcial, ninguna de ellas representa la totalidad de la tendencia
sexual, en la medida en que pueda constituirse como presentificacion en el psiquismo, si es que tiene cabida
en él, dela función de la reproducción.
Nadie puede negar esta función en el plano biológico. Pero en el psiquismo no hay nada que permita al sujeto
situarse como ser macho o hembra.
Solo esta división hace necesario lo primero que puso al descubierto la experiencia analítica – que las vías de
lo que hay que hacer como hombre o mujer pertenecen enteramente al drama, a la trama, que se sitúa en el
campo del Otro.
Que la pulsión, la pulsión parcial, sea lo que allí lo orienta, que solo la pulsión parcial represente en el
psiquismo las consecuencias de la sexualidad, indica que la sexualidad está representada en el psiquismo
por una relación del sujeto que se deduce de algo que no es la propia sexualidad. La sexualidad se instaura
en el campo del sujeto por la vía de la falta.
Aquí se superponen dos faltas. Una se debe al defecto central en torno al cual gira la dialéctica del
advenimiento del sujeto a su propio ser en la relación con el Otro –debido a que el sujeto depende del sgte y
el sgte está primero en el campo del Otro. Esta falta retoma la otra falta, la falta real, anterior, que ha de
situare en el advenimiento del ser viviente, de su porción de viviente, por reproducirse por la vía sexuada.
Esta falta es real porque remite a algo real –que el ser viviente, por estar sujeto al sexo, queda sometido a la
muerte individual.
La libido es el órgano esencial para comprender la naturaleza de la pulsión. Este órgano es irreal. Lo irreal no
él o imaginario. Se define por articularse con lo real de un modo que no podemos aprehender, por ello,
justamente, requiere de una presentación mítica, tal como la nuestra. Pero ser irreal no impide a un órgano
encarnarse.
La incisión tiene precisamente la función de ser para el Otro, de situar en él al sujeto, señalando su puesto en
el campo de las relaciones del grupo, entre cada uno y todos los demás. T, tal vez, tiene de manera evidente
una función erótica, percibida por todos los que han abordado su realidad.
En la relación básica de la pulsión es esencial el movimiento con el cual la flecha que parte hacia el blanco
solo cumple su función erótica percibida por todos los que ha abordado su realidad.
En la relación básica de la pulsión es esencial el movimiento con el cual la flecha que parte hacia el blanco
solo cumple su función por realmente emanar de él y regresar el sujeto. En este sentido, el perverso es quien
se sale con la suya más directamente que nadie, mediante un corto circuito, al integrar de la manera más
profunda su función de sujeto a su existencia de deseo. La perversión de la pulsión en este caso es algo muy
distinto de la variación de ambivalencia que hace que el objeto pase del campo del odio al del amor, y
viceversa, según resulte o no provechoso al bienestar del sujeto. Uno no se convierte en masoquista cuando
el objeto no sirve para su objetivo, cuando se está en la dialéctica de la pulsión, lo que rige es siempre otra
cosa. La dialéctica de la pulsión es básicamente diferente de lo que pertenece al registro del amor así como al
del bien del sujeto.

2
Todo surge de la estructura del sgte- esta estructura se basa en algo que inicialmente denomine a función del
corte y que ahora en el desarrollo de mi discurso, se articula como función de tipología de borde.
La relación del sujeto con el Otro se engendra toda en su proceso de hiancia.
El psicoanálisis por su parte manifiesta que los hechos de la psicología humana no son concebibles si está
ausente la función del sujeto definido como efecto del sgte.
Estos procesos han de articularse circularmente entre el sujeto y el Otro: del sujeto llamado al Otro, del Otro
que regresa allí. Este proceso es circular, pero, por naturaleza, sin reprocidad. Pese a ser circular, es
simétrico. Hay que reclamar que un sgte es aquello que representa a un sujeto para otro sgte.
Al producirse en el campo del Otro, el sgte hace surgir el sujeto de su significación. Pero solo funciona como
sgte reduciendo al sujeto en instancia a no ser más que un sgte, petrificándolo con el mismo cocimiento con
que lo llama a funcionar, a hablar, como sujeto. Esta es propiamente la pulsación temporal en la cual se
instituye lo característico del punto de partida del inc como tal –el cierre-.
Noción del discurso egocéntrico (Piaget). En este discurso famoso, que se puede grabar, el niño no habla
para sí, como se dice. Sin duda, no se dirige tampoco al otro, si utilizamos la repartición teórica que han
deducido de la función del tú y del yo. Pero tiene que haber otros allí- cuando las criaturas están todas juntas,
entregándose por ejemplo a jueguitos – hablan, en vos alta pero a nadie en particular.
Entonces volvemos a encontrar aquí la constitución del sujeto en el campo del Otro. Si se le capta cuando
nace en el campo del Otro, lo característico del sujeto del inc es que esta, bajo el sgte que desarrolla sus
redes, sus encadenamientos y su historia, en un lugar indeterminado. Relación del sujeto con el Otro

3
Dicha relación proceso de borde, proceso circular, hemos de apoyarla en ese pequeño rombo, es un pequeño
rombo es un borde, un borde funcionando

La v de la mitad inferior del rombo diremos que es que el vel constituido por la primera operación. Se trata del
vel de la primera operación esencial que funda al sujeto. Me atrevo a pensar que puede tener algún interés
desarrollarlo aquí, ante un público bastante nutrido, pues se trata nada menos que de esa operación que
podemos llamar alienación.
¿Querría decir, tal como parece que yo sostengo que el sujeto está condenado a solo verse surgí, en el
campo del Otro? Podría ser, pero de ningún modo.
La alienación consiste en ese vel que condena al sujeto a sujeto a solo aparecer en esa división que he
articulado lo suficiente, según creo, al decir que si aparece de un lado como sentido producido por el sgte, del
otro aparece con afanisis.
Bien vale la pena ilustrar este vel para diferenciarlo de los otros usos del vel o del o. hay dos. Saben por
pequeño que sea su conocimiento de la lógica, que existe el vel exhaustivo: o voy allá o voy allí, si voy allá no
voy allí, tengo que escoger. Hay otra manera de emplear el vel: voy a un lado o al otro, da lo mismo, son
equivalentes. Son dos vels que no son iguales.
El vel de la alienación se define por una elección cuyas propiedades depende de que en la reunión uno de los
elemento entrañe que sea cual fuere la elección, su consecuencia sea ni uno ni lo otro. La elección solo
consiste, en saber si uno no se propone conservar una de las partes, ya que la otra desaparece de todas
formas.
Ilustraremos esto con lo que nos interesa, el ser del sujeto el que está aquí del lado del sentid. Si escogemos
el ser, el sujeto desaparece, se nos escapa, cae en el sin-sentido; si escogemos el sentido este solo subsiste
cercenando de esa porción de sin-sentido que, el inc. En otros términos, la índole de este sentido tal como
emerge en el campo del Otro es la de ser eclipsado, en gran parte de su campo, por la desaparición del ser,
inducida por la propia función del sgte

La alienación
El objetivo de la interpretación no es tanto el sentido, sino la reducción de los sgtes a su sin sentido para aso
encontrar los determinantes de toda la conducta del sujeto.
Este o alienante no es una invención arbitraria, ni, como suele decirse, una entelequia. Está en el lenguaje.
Ese o existe. Tanto es así que convendría también en la lingüística, distinguirlo. De inmediato les daré un
ejemplo.
La bolsa o la vida! Si elijo la bolsa, pierdo ambas. Si elijo la vida, me queda la vida sin la bolsa, ósea una vida
cercenada. En Hegel la libertad o la vida, si elige la libertad, pum pierde ambas inmediatamente – si elige la
vida, tiene una vida amputada de libertad.
Tiene q haber en esto algo muy peculiar denominaremos factor letal. Este factor está presente en ciertas
distribuciones que nos muestra ese juego de sgtes. Libertad o muerte, si eligen la libertad entonces es la
libertad de morir. Es curioso que en las condiciones en que le dicen a uno ¡libertad o muerte! La única prueba
de libertad que pueda darse sea justamente elegir la muerte, pues así se demuestra que uno tiene la libertad
de elegir.
4
La segunda operación, lleva a su término la circularidad de la relación del sujeto con el Otro, pero en ella se
demuestra una torsión esencial.
Mientras que el primer tiempo se basa en la sub-estructura denominada intersección o producto. Se sitúa
justamente en esa misma lúnula donde encontraran la forma de la hiancia, del borde
Allí se producirá la segunda operación a la que esta dialéctica conduce al sujeto. Es tan esencial definir esta
segunda operación como a la primera, pues en ella vemos asomar el campo de la transferencia. La
denominare la separación. La función del vel alienante, tan diferente de los otros vel definidos hasta ahora,
esta noción de intersección tiene su utilidad. Veremos cómo surge de la superposición de dos faltas.
El sujeto encuentra una falta en el Otro, en la propia intimación que ejerce sobre él el Otro con su discurso.
En los intervalos del discurso del Otro surge en la experiencia del niño algo que se puede detectar en ellos
radicalmente – me dice eso pero ¿Qué quiere?
Este intervalo que corta los sgtes, que forma parte de la propia estructura del sgte, es la guarida de lo que en
otros registros de mi desarrollo he llamado metonimia, allí se arrastra , allí se escabulle como anillo del fuego
eso que llamamos deseo. El sujeto aprehende el deseo del Otro en lo que no encaja, en las faltas del
discurso del Otro y todos los porqué del niño no sufren de una avidez por la razón de las cosas – más bien
constituyen una puesta a prueba del adulto, un ¿por qué me dices eso? Resucitado siempre de lo más hondo,
que es el enigma del deseo adulto.
Ahora bien, para responder a esta captura, el sujeto responde con la falta antecedente, con su propia
desaparición, que aquí se sitúa en el punto de la falta percibida - ¿puede perderme? El fantasma de su
muerte, de su desaparición, es el primer objeto que el sujeto puede poner en la dialéctica y en efecto lo hace.
Sabemos que el niño evoca el fantasma de su propia muerte en sus relaciones de amor con sus padres.
Una falta cubre a la otra. Por lo tanto la dialéctica de los objetos del deseo, en la medida en que efectúa la
juntura del deseo del sujeto con el deseo del Otro, pasa lo siguiente: no hay respuesta directa. Una falta
generada en el tiempo precedente sirve para responder a la falta suscitada por el tiempo siguiente.
Cap. XVII
El sujeto y el otro II la afanisis
Este capítulo me costó marcar lo importante debido a que se fue mucho de tema, así que lo que esta acá es
lo que me pareció más relevante

La vez pasada les hable de la forma de la alienación, la ilustre con varios ejemplos y les dije que podía
articularse en un vel de naturaleza muy peculiar, por ej. No hay algo… sin alguna otra cosa. La dialéctica del
esclavo es evidentemente, no hay libertad sin vida, pero no habrá para él vida con libertad. De la una a la otra
hay una condición necesaria. Esta condición necesaria se convierte, justamente en la razón suficiente que
causa la perdida de la exigencia original.
Yo había destacado que Freud pone el acento en el hecho de que la represión se ejerce sobre algo que
pertenece al orden de la representación. En cuanto introduje esta observación insistí en el hecho de que
Freud subraya que no es en absoluto lo reprimido.
De allí mi insistencia en que lo reprimido no es lo representado del deseo, la significación sino el
representante de la representación. Nosotros por nuestra parte diríamos que el deseo es el representante no
representativo.
Podemos localizar en nuestro esquema de los mecanismos originales de la alienación a ese representante de
lo representativo en ese primer apareamiento sgte que nos permite concebir que el sujeto aparece primero en
el Otro y representa al sujeto para otro sgte, sgte cuyo efecto es la afanisis del sujeto. De allí la división del
sujeto –si bien el sujeto aparece en alguna parte como sentido, en otra se manifiesta como desaparición. Se
trata entonces, permítaseme, de un asunto de vida o muerte entre el sgte unario y el sujeto como sgte binario,
causa de su desaparición. El representante de la representación es el sgte binario.
Este sgte constituye el punto central de la urverdrangung, punto que como indica Freud en su teoría, al pasar
al inc será el punto de atracción que hace posible todas las demás represiones, los demás pasos similares
hacia el lugar de la unterdruckt, de lo que ha quedado debajo como sgte.
El sujeto encuentra el camino de regreso del vel de la alienación en la operación que denomine, separación.
Mediante la separación el sujeto encuentra, el punto débil de la pareja primitiva de la articulación sgte, en la
medida en que es por esencia alienante. En el intervalo entre estos dos sgtes se aloja el deseo que se ofrece
a la localización del sujeto en la experiencia del discurso del Otro, del primer Otro la madre en este caso. El
deseo del sujeto se constituye en la medida en que el deseo de la madre este allende o aquende de lo que
dice, intima, de lo que hace surgir como sentido en la medida en que el deseo de la madre es el desconocido,
allí en ese punto de carencia se constituye. El sujeto mediante un proceso no carente de engaño ni de esa
torsión fundamental por la cual lo que el sujeto vuelve a encontrar no es lo que anima su movimiento de re
hallazgo – vuelve entonces al punto inicial, el de su falta como tal, el de la falta como afanisis.
Puestos a justificar ese término de vel de la alienación, hallamos como sus dos soportes más evidentes esas
dos elecciones que , según su formación, estructuran la posición del esclavo y la posición de amo. La del
esclavo, a quien se da a elegir entre la libertad o la vida, se resuelve en un no hay libertad sin vida, y su vida
queda para siempre cercenada de la libertad. Y si se examina el asunto con una mirada de largo alcance, se
verá que la alienación del amo se estructura de la misma manera. La lucha a muerte por el puro prestigio, ello
se debe a que también el amo constituye su alienación fundamental haciendo pasar su elección por la
muerte.
Por su puesto, podría decirse que el amo, igual que el esclavo no está a salvo de la muerte. Que finalmente le
llegara, y que allí está el límite de su libertad.
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No hay sujeto sin que haya, en alguna parte, afanisis del sujeto, y en esa alienación, en esa división
fundamental, se instituye la dialéctica del sujeto. Debido al vel, el punto sensible punto de equilibrio, el
surgimiento del sujeto a nivel del sentido solo se da por su afanisis en el Otro lugar del inc. Se toma el vel
como constitutivo de la dialéctica del sujeto, y de allí en adelante se hace imposible eliminarlo de su
fundamento radical
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Vamos a tratar de articular a partí de la doble función de la alienación y al separación, que distingue al
proceder cartesiano de la búsqueda antigua de la episteme, que la distingue de escepticismo, que fue uno de
sus términos. El escepticismo no consiste en dudar, de manera sucesiva y enumerarle, de todas las
opiniones, todas las vías por las que ha intentado deslizarse el camino del saber. Escepticismo es sostener la
posición subjetiva –no se puede saber nada (habla de descartes).
El escepticismo es algo que ya no conocemos, es una ética, un modo de sustentarse el hombre en la vida e
implica una posición tan difícil, tan heroica, que ya ni siquiera podemos imaginarla. Y quizá no la podemos
imaginar, justamente debido al paso encontrado por descartes y que conduce la búsqueda del camino de la
certeza hasta ese punto preciso del vel de la alienación, para el cual solo existe una salida –la vía del deseo.
Aunque este deseo de certeza solo conduce a descartes a la duda, la elección de este camino lo llevo a
efectuar una separación muy peculiar.

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Para descartes, la certeza no es un momento que pueda considerarse como una conquista, una vez ha sido
franqueado. Cada quien debe repetirlo de nuevo. Es un ascetismo. Es un punto de orientación cuyo filo, que
es lo que le da su valor, es particularmente difícil de mantener. Es, propiamente hablando la instauración de
algo separado.
Para ilustrar como el número implica ya la presencia del Otro, basta al fin y al cabo decir que la sucesión de
los números no se puede figurar si no se introduce el cero, de manera más o menos larvada. Pues bien, el
cero es la presencia del sujeto que, en ese nivel efectúa la totalización. No podemos extraerlo de la dialéctica
del sujeto y del Otro. La aparente neutralidad de este campo esconde la presencia del deseo como tal.
Lo psicosomático aunque no es un sgte es algo que al fin y al cabo solo es concebible en la medida en que la
inducción sgte a nivel del sujeto ocurrió de una manera que no pone en juego la afanisis del sujeto.
Hablamos de psicosomático en la medida en que allí ha de intervenir el deseo, en la medida en que allí se
conserva el eslabón el deseo. Aunque ya no podamos tomar en cuenta la función de la afanisis del sujeto.
Unidad 2

Dromard

De la interpretación y de la escansión

Es mediante la interpretación como Freud ilumino el conjunto de los mecanismos propios del
inconsciente. La interpretación quizá provenga que esta es la cuestión reveladora por excelencia
de las divergencias doctrinales, la interpretación como piedra angular de la práctica analítica.

Creo que ahí tenemos la indicación explicita de que el mecanismo d la interpretación no reside en
la comprensión. Comprender significa en primerísimo lugar encerrar en sí y aun más incorporar.
Una de las cosas de las que más debemos cuidarnos es comprender demasiado, comprender
más de lo que hay en el discurso del sujeto. No es en absoluto lo mismo interpretar que imagina
que imaginarse comprendido es exactamente lo contrario. De tal modo, la comprensión analítica
se distingue aquí del dominio.

La interpretación surge como hallazgo y presenta, el analista no se guía de ningún modo por su
Yo sino digamos se orienta a partir de su saber inconsciente. Que la interpretación es en el fondo
una forma del inconsciente por las mismas razones que lo son, el lapsus o el sueño.

Si imaginamos a un analista a la escucha del sentido, del significado, muy pronto lo


encontraremos fatigado por los esfuerzos y las contorsiones que ello supone, y lo que es aun más
serio, esto produce un efecto de cierre del discurso.

La interpretación libera un significante de la cadena significante haciendo surgir significante tras


significante, cuya característica es la de estar desprovisto de sentido. Es finalmente, ocupar la
posición del amo o del universitario, detentadores del saber, posición que la histérica no dejara de
hacer fracasar.

La interpretación no es pues una explicación ni siquiera un desciframiento es una formación del


inconsciente del analista que hace eco a las formaciones del ICC del analizante.

Lacan precisa que el equivoco constituye la ley del significante:

 La ambigüedad monofónica
 El equívoco de la gramática
 El equívoco de la lógica.

La interpretación analítica no está hecha para ser comprendida está hecha para producir ondas.

El silencio del analista

Que el analista no responda a la demanda (demanda de amor, prototipo de toda demanda, o aun
demanda de reconocimiento o de saber). El analista reubica al sujeto en la relación con su
fantasma e introduce a la ética del no ceder sobre su deseo. En analista no habrá de ser
parlanchín, pero sería molesto que se le confunda con una esfinge, incluso con una pura
presencia. La imagen del analista constipado, amurallado en su silencio, no solo es artificial sino
que pregona una nota de cierto modo ridícula. En tanto que no de respuesta a la demanda, el
silencio esta a menudo justificado y su función es, entre otras, la de causar el deseo.

Esto no incluye que en ocasiones pueda intervenir de otras maneras: establecer conexiones,
plantear una pregunta, pedir precisiones, recordar un decir al paciente, apuntar una paradoja,
subraya la importancia de tal o cual cosa; todo aquellos que se califica generalmente como
intervención pero que puede tener el valor de una interpretación.

El silencio, de radicalizarse, además de su incidencia poco dinámica sobre la cura presenta un


riesgo real de cadaverización del analista. El analista estaría confortado así en una posición de
omnipotencia porque, principalmente, la interpretación afecta al sujeto supuesto de saber. No hay
análisis sin interpretación de parte del analista.

Sobre que recae la interpretación

La interpretación se efectúa a partir de los accidentes del enunciado (formaciones del


inconsciente) lapsus, olvidos, chistes, palabras que se repiten, fallas, un cierto sentido muy
preciso dado por el analizante a una palabra y ciertamente el equívoco.

Un sueño no solo puede venir a esclarecer todo un fragmento de la problemática del analizante,
sino que también puede tener valor resolutorio. Siempre equivoca, si recae sobre el objeto causa
del deseo, sobre lo real, la interpretación, no deberá nombrarlo, de modo de no colmar la división
del sujeto. La interpretación recae en el objeto pero opera por el significante.

El momento de la interpretación

No podría haber interpretación fuera de la transferencia, lo cual significa que ella opera por el
saber supuesto y no a partir del saber, que es algo distinto. Tiene sobre todo el merito de señalar
la importancia que reviste para el analista respetar el ritmo de cada analizante, no dando
interpretación demasiado prematuras que caerán en el entredicho sadismo de la verdad. La
transferencia es el motor de la cura pero también es resistencia la transferencia pues en su
dimensión de cierre de ICC.

La escansión

La escansión o el corte es decir, el uso de la detención de la sesión a modo de interpretación. Es


lo que se ha llamado impropiamente sesiones cortas, cuando sería más correcto hablar de
sesiones de duración variable.

No es posible demostrar absolutamente la necesidad de la duración de la sesión en cuanto a su


funcionalidad. Subsiste una dimensión de arbitrario, de invención, que cierto analista estiman que
se debe fijar en el origen y respetar simplemente como una costumbre.
Si el analista esta a la escucha del sentido, se ve naturalmente conducido a privilegiar a uno de
ellos. Por otra parte, al hacer uso de la escansión, el analista atestigua el hecho de que él no está
allí para gozar del discurso del analizante. Cortar la sesión puede ser frustrante para el analista.

Al comienzo Freud establecía sesiones cotidianas (seis semanas) que duraban una hora.
Después, los analistas de la IPA definieron la regla de los 45 minutos. Lacan introdujo la idea de
sesiones de duración variable en función de lo que decía el analizante. Así es como en la EFP se
ha podido observar la consistencia de varios tipos de prácticas, que van desde la sesión de
duración fija (30 min) a la sesión de tiempo variable (recortada en relación con los 30 min),
pasando por un compromiso donde el analista asigna un periodo, en si mismo variable, (x ejemplo
entre 20 y 30 min) hasta el momento de introducir la escansión.

El analista no puede fundarse en un tiempo cronológico estandarizados pues en la sesión se trata


de un tiempo lógico que varía en función de cada analizante y del de este.

El hecho primero de todo discurso es el de adormecer, la función de la prisa debe vincularse


también con una cierta pérdida de control sobre lo que se dice. La escansión remite igualmente a
la distinción hecha por Lacan de la palabra plena y la palabra vacía. El corte es (es modo
seguramente más eficaz de la interpretación) en tanto que presentifica el encuentro con lo real, el
corte viene a recordar al sujeto que el es un significante código en el lenguaje.

La primera vertiente es la que restaura el narcisismo y esta por lo tanto, muy próxima de lo que se
ha llamado el refuerzo del yo. Es también la vertiente del sentido. La segunda vertiente apuntaría
al alumbramiento de la palabra que desemboca sobre lo real, sobre la construcción del fantasma
fundamental. Esta segunda vertiente se ubicaría del lado de una palabra de despertar.

Hay analistas que consideran que el fin de un análisis responde a una usura de la transferencia a
la que nada vendría a obstaculizar, mientras que en la concepción lacaniana el análisis se topa
con el objeto a del fantasma y el fin de análisis puede señalarse a partir del atravesamiento del
fantasma del des-ser y de la destitución subjetiva.

La escansión puede aplicarse sin considerar cuando ni sobre qué. Hay pacientes que toleran mal
la escansión y la viven como una separación brutal o incluso como una castración insoportable.
Se arriba así a lo insoportable del encuentro con lo real. No conviene aplicarla sino cuando el
analizante está en condiciones de aceptarla sin que ella destruya el vinculo analítico.

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