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San José de Cúcuta, 23 de julio de 2019

El Despertador del Mundo

“…porque la luz es lo que hace que todo sea visible.


Por eso se dice: «Despiértate, tú que duermes,
levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo».
Efesios 5:14

Hace pocos días terminó el Gilgal G19-2 y aquellos que tuvimos la oportunidad de
estar allí … ¡No! Esto está mal. ¿Qué estoy diciendo? “… ¿aquellos que tuvimos la
oportunidad ?!, Esa frase es religiosa y mediocre. Esa frase hace caer en error,
como si la invitación a Gilgal fuera algo exclusivo, algo que se les ofrece a algunos
y no a todos, y entonces esa frase da pie a una serie de pensamientos justificantes
en los que se traslada la responsabilidad del estado de mi vida y de mis cosas a
otros, por ejemplo, a Dios.
No, lo siento, estoy en la primera línea del escrito y ya empecé a hablar sin
consciencia, como si estuviera dormido. Debo hacer un alto aquí y corregirlo ya.
Ténganme un poco de paciencia porque esto hasta ahora es la introducción.
No hay que esperar a que nos llegue del cielo la oportunidad de nada, porque la
oportunidad ya está aquí, la oportunidad de actuar y de hacer las cosas es
definitivamente cuando estamos vivos y eso es hoy, eso es ya.
Así las cosas, la oportunidad de haber estado en G19-2 no fue de pocos, de hecho,
me atrevería a decir que son miles los que escuchan este llamado, pero solo son
algunos los que lo atienden. ¿la razón?, no la sé, quizás la misma que explica todas
las cosas en la vida. La misma que responde a aquellos desgastados interrogantes
que saturan hasta hoy las oraciones cristianas: ¿Por qué otros prosperan y yo no?,
¿por qué otros realizan sus sueños y yo no?, ¿por qué otros son felices y yo no?
Estoy seguro, plenamente seguro, que no existe nadie en ningún lugar que no
quiera cumplir sus metas y ser feliz, y que conscientemente diga: “Quiero ser un
infeliz fracasado”. No, no creo que haya alguno así. Pero entonces, ¿por qué no
todos lo logran? De pronto falta algo en la preparación de la fórmula de los
campeones.
Para empezar, por supuesto, será necesario saber cuál es mi sueño, cuál es la
meta, tener plenamente identificado y definido el objetivo que busco. Porque de la
misma manera como se planean unas maravillosas vacaciones, primero sabiendo
a dónde queremos llegar, porque al definir el destino podremos alistar una maleta
adecuada, luego entonces elegir el camino, la ruta, calculando los gastos, los
medios, siempre estando dispuestos a cubrir todas las contingencias que puedan
surgir, (porque siempre surgen); debemos también trazar “La Ruta de los Sueños”.
La propia, la de cada uno, la de nuestra vida, la de nuestro corazón, y así, tener
perfectamente definido ese blanco que perseguimos, anhelándolo profundamente,
con ganas, con muchas ganas y no dejando nada al azar, al “quién sabe qué
pasará”, nunca.
Pero ahí no termina, porque el querer y las ganas se gastan rápido y se van
desvaneciendo en momentos de frustración. Entonces será necesario tener más
ganas, haber empacado muchísimas ganas, para poder avanzar hacia nuestra
meta, a pesar de encontrarnos continuamente cansados por el desgaste que nos
producen todas esas batallas a las que nos enfrentamos cada día y la evidencia, la
que siempre se presenta frente a nosotros, como un gigante que quiere aplastarnos
convenciéndonos de que solo estamos yendo hacia una inminente derrota.
Entonces, además de tener claro el objetivo (i), estar cargados de ganas (ii),
convencidos de querer alcanzarlo (iii) y con una visión que sobrepase lo evidente
(iv), se necesitará el factor que hace la diferencia entre los que llegan al final y los
que quedan en El Camino de los Intentos: La decisión de alcanzarlo. (v)
Una firme resolución, un juramento, un pacto, una promesa, el repetir “para esto
vine a este mundo”, el creer, “no hay plan B en mi vida”, el saber “o llego o muero
en el intento”, o como cada uno lo quiera llamar, pero siempre, siempre consistirá
en encaminar todas las fuerzas, los pensamientos, los recursos, los días, los años,
sin desmayar y, si se desmaya y si se cae, pues se levanta y continúa, cuantas
veces sea necesario a pesar del dolor, la angustia, el miedo, la escasez o la tristeza;
mirando más allá que acá, alzando los ojos hacia la meta, el galardón, todo para
lograrlo, todo para alcanzar aquello que es tu sueño.
Si la partida de este mundo nos sorprendiera así, viviendo intensamente en medio
del fragor de la batalla, en medio de la inagotable búsqueda y persecución, en el
momento cúspide del Allegro molto de nuestra sinfonía, no pasa nada y nada se
perderá; porque aquí es un reflejo de allá, y esto es una expresión de aquello, y lo
que logremos atar y desatar en esta tierra, será atado y desatado en los cielos 1,
porque nuestros días son porciones de la gran eternidad.2
Bueno, ahora sí, después de esta pequeña corrección de “estilo”, continuo con mi
escrito:
Hace pocos días terminó el Gilgal G19-2 y aquellos que DECIDIMOS viajar y estar
allí, pudimos vivir unos días de verdad maravillosos. Días que parecieran ser mucho
más largos que los que estamos acostumbrados a vivir en nuestros lugares, tal vez
porque al cruzar las puertas de Casablanca se entra como en otra dimensión, un
lugar donde todo va a cambiar, porque no sabes si terminarás marchando y

1
Mateo 18:18
2
PEÑA, Alfredo. Unas Palabras de Amor - 1996.
cantando a la una de la mañana o si de repente un domingo será lunes y un viernes,
domingo.
El hermano Alfredo fue una catarata de sabiduría, conocimiento y enseñanzas.
Fluyó como un torrente con gran revelación en cada palabra que pronunció.
Revelación que es irrepetible (e in-escribible).
No sé qué tanto pudo recibir cada uno de los que presenciamos esta magia, eso es
personal, cada uno en un concierto se lleva de acuerdo a su expectativa. No hay
regla para recibir los regalos que vienen del cielo más que un corazón dispuesto
con humildad, agradecimiento y alegría.
Podría aventurarme a decir que todos recibimos mucho, muchísimo. Y lo haría
basado en lo que pude ver, un cambio notorio en los rostros de mis hermanos. El
semblante fue mudando poco a poco, día tras día, pasando del desconcierto y el
cansancio a esa cara de confianza que sólo la produce el sentirse, el saberse
amado. Pues si el hermano Alfredo demostró, (como siempre pero más que nunca),
tremendo poder en la Palabra, más lo hizo, en el poder del amor.
Hablar de lo que yo recibí tampoco es fácil, porque es intentar describir con algunas
palabras lo que experimentas y observas cuando te sumerges por primera vez en
el océano con una careta. Solo los que lo han hecho lo entenderán.
Debo eso si decir, que llegué a esa encantadora finca con mucha de aquella hambre
y sed de la que nada en este mundo puede saciar. Pero no imaginaba los tremendos
regalos milagrosos que llegarían del cielo cada día. Tantísima sobreabundancia de
la Verdad. Palabra que nunca en ningún lugar se ha pronunciado y por tanto ningún
ser humano ha podido escuchar. Palabra que, como un silbido suave, empezó a
permear todas las capas de la carne y del alma hasta entrar al corazón y atravesarlo,
llegando a lo profundo del espíritu. Un manantial de agua viva en el que todo nuestro
ser fue sumergido, lavado, sanado y saciado.
He sido testigo de grandes cosas en este mundo, pero nada que haya podido vivir
es comparable a ser testigo de cómo es que Dios viene, porque cuántos han
escuchado que el Señor viene 3, pero ¿cómo viene?. Porque sí está viniendo y yo
pude ver cómo viene, lo vi que se acercó, casi imperceptible, pero poderoso, en lo
que parecían ser unos devocionales silenciosos y unas inofensivas charlas
matinales del hermano Alfredo. Y así, mañana tras mañana y risa tras risa, (porque
el sentido del humor del hermano Alfredo ha ido en aumento y se perfecciona), el
Señor venía, y llegaba, y nos cubría, y nos amaba. El que se sumergió alguna vez
en el océano me entenderá y el que no lo ha hecho, lo invito a hacerlo.
Muchas cosas dentro de nosotros cambiaron para siempre cuando no nos dimos
cuenta. Nuestras almas se sanaron y muchas heridas cerraron, mientras reíamos

3
2 Juan 1:7
comiendo galletas Oreo. Así es el Señor y así habitó en medio de este santo
campamento.
Vi a mis hermanos mayores y me gocé en hallarlos en perfecta fidelidad, rodeando
al maestro, comprometidos notoriamente con él y con la causa que él nos ha
enseñado a amar. Y mi gozo es completo, porque también sé que el hermano
Alfredo ve con satisfacción estas primicias de frutos que corresponden a su
monumental trabajo.
En más de cuarenta años, no ha escatimado esfuerzo, ni voluntad, ni recurso alguno
en enseñar, conducir y acompañar a los que su Padre le ha dado. Porque en los
días en que no había mayor valor en estas vidas, él se dedicó, invirtió, sembró,
trabajó, luchó, derrumbó, disciplinó, edificó; gastando por supuesto su propia vida
(hasta quedarse sin voz como también lo vimos). Y tomando de lo común ha hecho
maravillas, como el joyero del Rey, quien presenta ante la Majestad las piedras
talladas, hermoseadas y transformadas en joyas.
Hoy, el Hermano Alfredo, como el gran alquimista, se goza en ver el resplandor
propio de cada uno de estos ejemplos vivientes. (Luz, Sol, Luis, Nemesio, Erik y
Paloma). Bendita la tierra que es cada uno de ellos porque fueron tomados de lo
que no tenía valor ante el mundo y fueron hechos tesoros en los cielos.
Sin decir un 5% de lo que recibí, de aquello que estoy sintiendo, de lo que quisiera
gritar, pero de verdad no hay palabras, al menos no en el español, ya voy en la
cuarta hoja y corro el riesgo de empezar a aburrirlos, así que a terminar.
Por un sólo instante imagina que estás soñando que estás despierto. Todo lo que
vives es parte del sueño. Si te va bien o mal, si estás feliz o triste, si hay plata o
deudas, si tienes mucho o poco y hasta tu relación con tu Dios, tu oración, tu
alabanza, etc., todo hace parte del gran sueño. Bueno, más o menos así está la
cosa, pero un poco peor, porque el tiempo está corriendo y aún no despiertas y no
vas a despertar porque ni siquiera sabes, mi querido amigo miembro de la Nueva
Iglesia y creyente en el Señor, que tú, si tú, eres el dormido.
Es que la necesidad que tenemos del Señor es tan grande que no creemos que lo
necesitamos. Esa es la señal. Yo no puedo entender cuando me hablan de
“despertar” si yo me siento despierto. No entiendo por qué me hablan de los ciegos
si yo puedo ver muy bien. No comprendo cuando hablan de sordos si estoy seguro
que escucho divinamente. Siempre imagino que esos mensajes son para otros, de
pronto para esos ateos malos que están en tinieblas, porque yo si estoy en luz
porque ya hice mi oración de fe y me reúno, canto y hasta predico, por lo tanto,
Cristo me alumbra… ¡¿o no?!
Pues no, no es así. Este es el tiempo de despertar porque el Señor lo está diciendo,
y lo esta está diciendo a su casa, a los suyos: “Despiértate, tú que duermes”. Porque
son los hijos de Dios los que están dormidos. Porque el Señor nunca habla de más
y su Palabra siempre viene en el tiempo perfecto, así que mi hermano, quien quiera
que seas y estés donde estés, cree que el Señor te está hablando a ti, no al vecino,
y no en otro momento sino ahora.
Pero tampoco todo es drama y misterio, aquí hay acción y aventura y te tengo la
mejor noticia que recibirás en este mundo: El mismo Señor Jesús que nos da la
Palabra: “Despiértate, tu que duermes”, también nos ha enviado el despertador, sí
señor, El Despertador del Mundo.
Así que, no aplaces más lo eterno por lo temporal, porque somos muy privilegiados
de vivir en estos tiempos, en los días del hermano Alfredo Peña en la tierra, porque
de estos días ya se habla en la eternidad como los días de la verdadera gran
oportunidad, los días del gran despertar de la humanidad y muchos de los testigos
que hoy nos observan dirán: “ay, pero es que a ellos les dieron tremendo maestro y
se las dieron masticada, así cualquiera llega a la casa del Padre, así cualquiera
podía vencer”. Y sí, es cierto. Pero así funcionan las roscas y tú lo sabes. Somos
de los escogidos del Señor, de sus amados.
Entonces, ¿Para cuándo estás programando tu despertar? Solo un poco de
reflexión sobre el tiempo transcurrido y un poquito de consciencia sobre tu estado,
tu vacío y tu realidad, serían más que suficientes para entender que el tiempo de
despertar es ahora, que tienes una urgente necesidad de escuchar la voz, la
trompeta, el despertador, porque sólo así podrás levantarte, salir de las tinieblas y
romper las cadenas del miedo que tanto daño te han hecho.
Pero esta revolución solo comienza en el campamento de Gilgal, bautizándote en
ese espíritu de transformación, permitiéndote a ti mismo participar de esos milagros
que te cambian la vida y que son requisito indispensable para todo aquel que quiera
volver a la casa del Padre.
Sin despertar, no nos levantaremos de entre los muertos y no nos alumbrará Cristo.
Y déjame decirte algo después de tantos años, es el hermano Alfredo el único que
puede despertar a las mentes adormecidas que flotan sin rumbo en mares de
confusión y verdades a medias. Es al hermano a quien le correspondió ser aquella
trompeta que suena de tal manera que prepara a los valientes. Ha sido el hermano
el vaso escogido por el Señor Jesucristo para despertar a sus hijos. Él es el
despertador de este mundo. El que tiene ese timbre que te trae de la oscuridad del
sueño profundo, a la verdadera vida en la luz admirable. (Y el lugar es Gilgal.
Ningún otro)
PD: Para estar en Gilgal solo basta con decidir viajar.

Eduardo