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Los pasos de Alejandro de Humboldt por la

minería novohispana

por Eduardo Flores Clair y Cuauhtémoc Velasco Ávila

Abstract. – Due to his intellectual formation, Alexander von Humboldt was inclined to
sciences and industrial progress in mining. At the beginning of the 19th century, the
mines of New Spain were going through one of their most splendorous periods. The Ger-
man scientist’s visit contributed to increase the glow of precious metals exploitation.
Upon his arrival in Mexico, he had the fortune of participating in a high level academic
ambience and took advantage of the scientific advances to incorporate them in his writ-
ings. As a matter of fact, the Ensayo político sobre el reino de la Nueva España was
independent Mexico’s presentation card for the rest of the world.

La vida y obra de Alejandro de Humboldt tiene un gran significado


para la historia de México; como bien se dice, era un personaje multi-
facético y a través de su obra nos legó valiosos conocimientos que
siguen teniendo una enorme vigencia. En este sentido, en la historio-
grafía mexicana el Ensayo político sobre el reino de la Nueva España1
representa un antes y un después, es un texto que sigue al pie de la
letra los postulados de las ciencias de la Ilustración. Por su método de
exposición se convirtió en un modelo que de manera reiterativa se
intentó imitar y, con el tiempo, se convirtió en una referencia obligada
de varias generaciones de estudiosos. Cabe añadir que hoy en día se ha
hecho un abuso de sus opiniones, los escritos se retoman como verda-
des absolutas, sin que medie ninguna reflexión de sus alcances.

1
En México existen diversas ediciones del Ensayo político. Sin embargo, la versión
más difundida es la publicada por la editorial Porrúa, que desde 1966 se ha encargado de
imprimir cuantiosas reediciones. Dicha publicación estuvo a cargo de Juan A. Ortega y
Medina, quien elaboró un estudio preliminar e incorporó notas y anexos para enriquecer
la obra. Véase Alejandro de Humboldt, Ensayo político sobre el reino de la Nueva Es-
paña (México, D.F. 1991).

Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas 42


© Böhlau Verlag Köln/Weimar/Wien 2005
48 Eduardo Flores Clair/Cuauhtémoc Velasco Ávila

Es importante apuntar que desde los primeros años de conquista en


los territorios americanos, la industria minera ocupó un lugar muy
excepcional en los intereses europeos. Los metales preciosos fueron la
atracción prioritaria de los españoles y de todos sus socios del Viejo
Mundo. Disminuida la inmensa riqueza de las minas andinas, la
Nueva España se convirtió en el primer productor de plata a escala
internacional. No obstante, las cantidades de oro que se extraían no
fueron nada despreciables para mantener el lustre de la Corona. En
Nueva España los centros mineros se encontraban muy dispersos, los
principales fueron Zacatecas, Guanajuato, Taxco, Bolaños, Catorce,
Pachuca, Sombrerete y otros muchos. Estas condiciones geográficas
resultaron imprescindibles para mantener, estimular, sostener y ali-
mentar al comercio global.2
Cabe aclarar que en estas líneas se abordarán dos aspectos de las
múltiples relaciones de Alejandro de Humboldt con la minería novo-
hispana. En primer lugar, presentaremos un panorama general sobre el
vínculo que se estableció con la comunidad científica del Real Semi-
nario de Minería y, en segundo término, las observaciones del experto
con relación al estado que guardaban los trabajos en los reales mine-
ros.

EL INTERCAMBIO

En octubre de 1822, estando en un congreso en Verona, Alejandro


comunicó a Wilhelm – su hermano mayor – su deseo por regresar a
tierras americanas. Decía:
“tengo un gran proyecto [para establecer una] central de ciencias en México, para toda
la América libre [...] tengo la idea fija de terminar mis días de la manera más agradable
y la más útil para las ciencias en una parte del mundo donde soy extremadamente
querido y donde [tendré] una feliz existencia. Es una manera de no morir sin gloria, de
reunir a mí alrededor muchas personas instruidas y de gozar de esa independencia de
opiniones y de sentimientos que es tan necesaria para mi felicidad”.3

2
Entre otros, véase C. Sempat Assadourian, El sistema de la economía colonial. El
mercado interior. Regiones y espacio económico (México, D.F. 1983); David A. Bra-
ding, Mineros y comerciantes en el México borbónico (México, D.F. 1971); Cuauhtémoc
Velasco Ávila et al., Estado y minería en México (1767–1910) (México, D.F. 1988).
3
Alejandro de Humboldt, Tablas geográfico-políticas del reino de la Nueva Es-
paña y correspondencia mexicana (México, D.F. 1970), p. 121.
Los pasos de Alejandro de Humboldt 49

Estas líneas son un valioso testimonio sobre la excelente acogida que


la comunidad científica novohispana brindó al incansable explorador
y, de manera paralela, nos plantea que en México existía un puñado de
hombres que habían creado una importante atmósfera científica, com-
parable a los círculos académicos europeos. Desde su llegada a Aca-
pulco en 1803 Alejandro de Humboldt compartió preocupaciones e
intereses teóricos con un grupo de “hombres de letras” consagrados a
la minería y a otras disciplinas, como la botánica, la medicina, la astro-
nomía y las matemáticas – todas personas dedicadas al estudio y a
indagar los fenómenos naturales por medio de métodos empíricos,
aplicando reglas similares para observar, medir y comprobar sus ideas.
Eran hombres interesados en debatir, hurgar en los secretos y dominar
las ciencias de la tierra.
Entre las “personas instruidas” podemos distinguir, entre otros, a
los profesores y estudiantes del Real Seminario de Minería quienes,
desde algunos años atrás, eran los encargados de divulgar los conoci-
mientos “útiles” y fomentar la creatividad de nuevos inventos para
estimular la industria de los metales preciosos. Humboldt entabló bue-
nas relaciones con ellos; tenían intereses comunes, contaban con una
imaginación brillante, poseían una pluma notable y cautivaban con su
conversación – personas que representaban un nuevo saber en el
Nuevo Mundo y tenían un enorme apetito por las ciencias; personajes
que deseaban ser escuchados, conocer las últimas noticias de la histo-
ria natural y saciarse con las novedades teóricas de las ciencias expe-
rimentales.
El Real Seminario de Minería inició sus trabajos en 1792,4 momento
en el cual Alejandro de Humboldt concluía sus estudios en la Escuela
de Minas de Freiberg. La relación entre ambas instituciones no fue
casual. Los planes académicos novohispanos estuvieron inspirados y
recogieron las experiencias de la escuela sajona. A finales del siglo
XVIII Freiberg era uno de los centros académicos europeos más avan-
zados en las ciencias aplicadas a la minería; se distinguía por sus pro-
fesores, abundantes colecciones científicas y la extraordinaria biblio-
teca.5 Entre sus profesores más renombrados se encontraba Abraham

4
Santiago Ramírez, Datos para la historia del Colegio de Minería (México, D.F.
1982), p. 31.
5
Eduardo Flores Clair, Minería, educación y sociedad. El Colegio de Minería
1774–1821 (México, D.F. 2000), pp. 42–45.
50 Eduardo Flores Clair/Cuauhtémoc Velasco Ávila

Gottlob Werner, creador de la geognosia.6 Sobra decir que la escuela


sajona tuvo una gran influencia en los estudios mineros novohispanos
a través de sus planes académicos, libros de texto, teorías que impu-
sieron en distintas disciplinas y profesores. Cabe añadir que los prin-
cipales profesores de la escuela minera tuvieron la oportunidad de for-
marse en las aulas sajonas y fueron fieles discípulos de sus postulados.
En tierras mexicanas diversos sectores realizaron frecuentes actos
para demostrar la gran admiración que sentían por el trabajo científico
de Alejandro de Humboldt. Pero éste sabía que había llegado a una
comunidad que le permitía intercambiar experiencias y poner a debate
algunas de sus hipótesis; reconoció que los trabajos científicos de los
americanos tenían valor y le rindió un homenaje a Fausto de Elhuyar,
director general del Tribunal de Minería y director del Real Seminario
de Minería: siempre se refería a él como “el sabio”. De hecho, Elhu-
yar – quien se había formado en España, Francia y Sajonia – encabezó
una expedición científica a las minas americanas con el fin de moder-
nizar los procesos productivos, aplicar las ciencias en las labores
mineras y hacer más productiva la extracción de los minerales.7
En 1788 Elhuyar y una docena de técnicos sajones abandonaron
Europa y emprendieron una larga exploración en distintos reales mine-
ros. Por desgracia, los trabajos no lograron tener el éxito que se espe-
raba. Es innegable que el aporte más significativo de dicha expedición
fue el de investigar las peculiaridades de la naturaleza americana y acu-
mular una experiencia que proporcionó información muy valiosa para
los estudios de Alejandro de Humboldt. A través de largas conversacio-
nes y en forma detallada relataron sus observaciones y le comunicaron el
resultado de sus prácticas en los centros mineros novohispanos. Además,
los técnicos sajones y los estudiantes de minería se habían dado a la tarea
de compilar una enorme cantidad de datos y de redactar informes y tex-
tos, los cuales más tarde se convirtieron en el punto de partida para de-
sarrollar los temas del significativo Ensayo político de la Nueva España.8

6
Teoría conocida como “neptunismo”, la cual consideraba que las rocas se habían for-
mado por la precipitación del agua. En contraparte, el escocés James Hutton desarrolló la
teoría “plutonista”, la cual afirmaba que el origen de las rocas se debía a la creciente pre-
sión ejercida sobre las capas profundas de la tierra y su exposición al calor del fuego central.
7
Los nombres de los sajones contratados por Fausto de Elhuyar fueron: Luis Lind-
ner, Johann Fischer, Federico Sonneschmidt, Karl Gottlob, Johann Gottfried, Hans Suhr,
Hans Schoeder, Cristian Schoeder, Karl Schoeder, Gottfried Weinhold y Hans Adler.
8
Humboldt, Ensayo (nota 1), p. 81.
Los pasos de Alejandro de Humboldt 51

Otro de los apoyos que recibió Humboldt en sus investigaciones


fue la posibilidad de aprovechar la infraestructura del Real Seminario
de Minería. Como bien se sabe, la escuela logró formar una excelente
biblioteca especializada en ciencias constituida por cerca de tres mil
volúmenes. El acervo ayudó a reforzar los conocimientos impartidos
en las aulas y familiarizó a los alumnos con los problemas de la natu-
raleza. Además, Elhuyar promovió la publicación y divulgación de los
resultados de investigación de los profesores, la traducción de autores
europeos de prestigio y la elaboración de materiales pedagógicos de
apoyo a las cátedras. La biblioteca recogió, en buena medida, los
informes de las prácticas de campo de los alumnos, los cuales demues-
tran la calidad de la educación impartida y su alto nivel científico,
información toda de gran valía para la geografía minera del país.9
De manera similar, Humboldt intercambió con los estudiantes y
profesores su experiencia en la utilización de instrumentos científicos.
La escuela contaba con una gran cantidad de instrumentos, coleccio-
nes, herramientas y materiales de diversa índole. Muchos de los ins-
trumentos científicos procedían de los talleres de mayor renombre en
Europa, otros tenían su origen en las colecciones particulares, y algu-
nos más fueron elaborados para uso exclusivo de los estudiantes. Esta
colección se enriqueció con quince modelos distintos de instrumentos
de física y astronomía que Humboldt vendió al Real Seminario de
Minería antes de abandonar el suelo novohispano. Algunos de ellos
fueron un cronómetro de bolsillo, una brújula de inclinación, un an-
teojo de prueba con micrómetro y un grafómetro, entre otros.10
Resta decir que la primera generación de graduados fue una cola-
boradora inteligente en todas las investigaciones realizadas por el
científico europeo. Ayudó a establecer las coordenadas geográficas, a
levantar planos, a compilar datos estadísticos y a realizar cálculos. La
labor de estos “peritos facultativos” era ardua; su participación en la
industria minera progresaba día con día. Los cambios en las técnicas
empezaban a rendir frutos. Sin embargo, Humboldt estaba convencido

9
Archivo Histórico del Palacio de Minería (en adelante AHPM), Caja 100, doc. 23
(1799), “Catálogo de los libros existentes en la biblioteca, 2 de abril de 1799, elaborado
por Mariano Fernández”; Archivo General de la Nación (en adelante AGN), ramo
Minería, vol. 80, expediente 5 y 6, “Sobre la impresión de la segunda parte de los
elementos de la Orictognosia de Andrés del Río”.
10
AHPM, Caja 120, doc. 4 (1803), “Solicitud del señor director para la compra de
instrumentos para el Colegio de los que trajo de Europa el Barón de Humboldt”.
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de que las tradiciones en el mundo laboral tenían un fuerte arraigo y


consideraba el porvenir con poco optimismo. Al respecto, escribió que
“debemos repetir que las mudanzas no pueden ser sino muy lentas, en
un pueblo que no gusta de novedades y donde el gobierno tiene tan
poco influjo en los laboríos”.11

LA VISITA A LAS MINAS

Las impresiones que nos legó Alejandro de Humboldt de sus visitas a


los reales mineros son un valioso testimonio del estado en que se
encontraba la industria minera a principios del siglo XIX. En su afán
futurista, Humboldt aventuró para la industria minera un destino poco
promisorio. Pensaba que la verdadera riqueza mexicana se encontraba
en la agricultura y, en cambio, la minería ostentaba una “utilidad rela-
tiva”; su mayor mérito era el de propiciar el desarrollo industrial. No
obstante, a lo largo del virreinato las minas de hierro y plomo se tra-
bajaban a baja escala. De hecho, el modelo de explotación minera que
había prevalecido durante tres siglos era incapaz de distribuir los bene-
ficios.12
En su viaje, Humboldt primero visitó Tehuilotepec y Taxco, reales
que pasaban por mal momento; las últimas habían perdido el esplen-
dor de mejores épocas. Entre 1752 y 1761 las minas habían gozado de
una bonanza y se había obtenido en promedio anual 150 mil marcos de
plata mientras que en el momento de la visita sólo alcanzaban 60 mil
marcos en todo el distrito. José de la Borda, uno de los empresarios
más importantes del virreinato, logró amasar una cuantiosa fortuna,
pero la prosperidad llegó a su fin, y sólo quedaron algunos indicios de
aquella riqueza en la majestuosa iglesia de Santa Prisca, donde se con-
servaba una custodia de oro guarnecida con diamantes con un valor de
100 mil pesos. Esa visita también le sirvió para constatar que la esca-
sez de azogue en tiempos de las guerras europeas y la mala adminis-
tración de su distribución por el gobierno eran obstáculos importantes
para el desarrollo de todas las explotaciones mineras novohispanas.13

11
Humboldt, Ensayo (nota 1), p. 370.
12
Ibidem, p. 320.
13
Alejandro de Humboldt, Reise auf dem Rio Magdalena, durch die Anden und
Mexico, tomo I (Berlín 1986), pp. 318–321.
Los pasos de Alejandro de Humboldt 53

Tiempo después, en la visita a Pachuca, Real del Monte y Morán,


Humboldt logró constatar que las técnicas utilizadas desde los prime-
ros años de conquista aún tenían vigencia. Las bonanzas y borrascas
mineras le permitieron reflexionar sobre la inestabilidad de dicha
industria. Escribió:
“Las villas de México y Perú, cuya abundancia depende del estado de las minas, se
parecen en sus flujos y reflujos cada 40 o 50 años. Así Taxco estaba muy rico y
poblado cuando Guanajuato no daba sino poca plata. Hoy Guanajuato es la segunda
villa después de México. Sombrerete se levanta gracias a la industria de los Fagoa-
gas (marqués del Apartado). Catorce y Zacatecas están florecientes mientras Bo-
laños, Taxco y Batopilas no tienen sino el nombre de su antigua riqueza”.14

Cabe señalar que los vaivenes de la producción le ayudaron a explicar


los ciclos productivos de la minería. En otras palabras, la producción
minera no sólo seguía un ritmo acelerado de crecimiento, sino que, por
el contrario, las leyes de los metales imponían ciclos de corto y media-
no alcance. Así, se solía pasar del descubrimiento a la bonanza, luego al
abandono y, en algunos casos, a la renovación de las minas. Los
empresarios que agotaban sus recursos en busca de los mejores meta-
les eran desplazados por otros con mayores ímpetus renovadores o
simplemente con mayor suerte.
Una de las obras que más le llamaron la atención a Humboldt fue la
máquina de desagüe de la mina de Morán. El mecanismo hidráulico fue
construido por Pierre Lachaussée en Bruselas y tuvo un costo superior a
los 80 mil pesos. Esta bomba de columna de agua fue una de las prime-
ras de su tipo en América.15 Andrés Manuel del Río, profesor del Real
Seminario de Minería, fue el encargado de esa magna obra. El Tribunal
de Minería, con el fin de fomentar la explotación de las vetas de Pa-
chuca, había decidido participar en el desagüe de esta región. Para este
fin, invirtió una cantidad de sus recursos económicos y puso en práctica
los adelantos de la ciencia aplicada con el fin de resolver uno de los
problemas que más afectaban a esa industria. La bomba le era muy fami-
liar a Humboldt, pues en Freiberg se utilizaban máquinas similares para
extraer el agua de las minas y para otros usos. La bomba fue colocada en

14
Ibidem, p. 346.
15
En la mecanización del desagüe de las minas existe un importante antecedente.
Véase a Carlos Sempat Assadourian, “La bomba de fuego de Newcomen y otros arti-
ficios de desagüe: un intento de transferencia tecnológica inglesa a la minería novohis-
pana, 1726–1731”: Historia Mexicana L, 2, 199 (2001), pp. 385–457.
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un lugar que carecía de agua suficiente para mantenerla en constante


movimiento y por ello jamás tuvo los resultados que se esperaban.16
Al respecto, el viajero insistió en dos ideas. Por una parte que Del Río
había demostrado las ventajas de las bombas sobre los otros métodos rudi-
mentarios que se habían utilizado en la minería americana; y, en segundo
término, que los artesanos novohispanos eran muy hábiles y tenían la
capacidad para construir mecanismos muy complejos. Este hecho se re-
toma en el Ensayo, cuando Humboldt señala que era inexplicable que los
mineros, y aún los más ricos, seguían usando el “miserable medio de sacar
agua con cubos” de cuero en lugar de mecanizar el proceso por medio de
bombas y, sobre todo, aprovechar la fuerza de las ruedas hidráulicas.17
En Real del Monte se impresionó por el socavón de desagüe de la veta
Vizcaína que al terminarse en 1762 había producido enormes ganancias a
Pedro Romero de Terreros, que lo convirtieron en conde de Regla y en
uno de los hombres más ricos del virreinato. Como muestra de su pode-
río económico regaló al Rey dos navíos de guerra, prestó a la corte un
millón de pesos y construyó una enorme hacienda de beneficio que le
costó más de medio millón de pesos. Hoy en día todavía se le recuerda
por haber fundado el Monte de Piedad de la Ciudad de México.18
En agosto de 1803 Humboldt llegó a Guanajuato, donde encontró
el esplendor que buscaba y alrededor del cual no pudo contener su
entusiasmo. La riqueza de la veta madre y de las minas de la Valen-
ciana y Rayas era conocida en distintas partes del mundo, pues habían
puesto circular una gran cantidad de plata. Entre 1794 y 1802 la mina
de la Valenciana había producido casi catorce millones de pesos, y los
propietarios habían obtenido utilidades cercanas a los seis millones de
pesos.19 El viajero admiró la constancia excepcional que esta mina
había producido en 40 años. En su diario de viaje anotó que:

16
Para un seguimiento de la contabilidad y los problemas técnicos que acontecieron
en la instalación de la máquina de columna de agua, véase AHPM, M–L, 186 a 196 B,
“Libros de cargo y data, 1792–1817”.
17
Humboldt, Ensayo (nota 1), pp. 369–370.
18
Sobre Manuel Romero de Terreros se ha escrito mucho. También se ha publicado
recientemente una nueva biografía muy completa sobre la vida de este personaje. Véase
Edith Couturier Boorstein, The Silver King. The Remarkable life of the Count of Regla
in Colonial Mexico (Albuquerque 2003).
19
Existe una amplia bibliografía sobre la minería en Guanajuato, pero principal-
mente véase David A. Brading, Mineros y comerciantes (nota 2), Isauro Rionda Arreguin
(comp.), Testimonios sobre Guanajuato (Guanajuato 1989); idem, Capítulos de historia
colonial guanajuatense (Guanajuato 1993).
Los pasos de Alejandro de Humboldt 55

“[Fue] una época de las más fatigadas de mi vida. Me trepé con un barómetro en
todas las montañas, entré tres veces en Valenciana hasta los planes, dos veces a
Rayas, en Mellado, Fraustros, Ánimas, San Bruno, estuve en la mina de Villalpando,
dos días en Santa Rosa y en Los Álamos [...] Tuve un accidente peligroso en Fraus-
tros cayendo hacia atrás, por lo que tuve los más vivos dolores los 15 días posterio-
res ¡a causa de una contusión en el hueso del coxis! Con esta situación, la villa me
inspiró a la tristeza. Sufrí mucha melancolía. ¡Monotonía de la sociedad!”20

A pesar de esa dolorosa caída, tuvo tiempo de observar el movimiento


constante de la Valenciana, donde entraban diariamente 1.800 opera-
rios y otros 1.300 se encargaban de las labores en los patios de la
mina. Humboldt señaló que uno de los mayores defectos de operación
de las minas novohispanas era su falta de planificación interior, lo que
representaba un mayor costo, impedía la comunicación y obstruía la
circulación de aire. Era casi imposible el uso de carretones y otros
medios mecánicos de acarreo, y prevalecía el transporte a lomo de
hombre. Admiró “la fuerza muscular de los tenateros”, quienes per-
manecían “cargados durante seis horas con un peso de 225 a 350 libras
en una temperatura muy alta y subiendo ocho o diez veces seguidas
sin descansar, escaleras de 1.800 escalones”.21
En igual forma sintió admiración por la destreza de los operarios
encargados de barrenar las paredes de las minas pero señaló que se
hacía un gasto exagerado de pólvora. Los ademes tampoco eran dig-
nos de elogio, aunque la mampostería de los tiros estaba bien hecha.
Los tiros y socavones se construían con dimensiones desmesuradas
por la necesidad de utilizar varios malacates de desagüe en forma
paralela y por la falsa creencia de que ello ayudaría a la circulación del
aire. Se esmeró en repetir que los trabajadores mineros eran libres y
bien pagados en todo el virreinato para desmentir la idea de que el
gobierno virreinal mandaba trabajadores forzados a las minas.22
En sus ricas descripciones escribió sobre un Guanajuato atractivo,
dinámico y que cautivaba a los visitantes con sus costumbres. Decía
que “los alrededores de la mina [Valenciana] ofrecen el espectáculo

20
Humboldt, Reise (nota 13), p. 364.
21
Humboldt, Ensayo (nota 1), pp. 49 y 367–368.
22
Ibidem, p. 366. Al momento de la visita de Humboldt el trabajo forzado en las mi-
nas había decaido; no obstante, ésta había sido una práctica común en los siglos anterio-
res. Véase a Brígida von Mentz, Trabajo, sujeción y libertad en el centro de Nueva
España: esclavos, aprendices, campesinos y operarios manufactureros, siglos XVI a
XVIII (México, D.F. 1999).
56 Eduardo Flores Clair/Cuauhtémoc Velasco Ávila

más vivificante y el más interesante del mundo”. Centenares de muje-


res, ayudadas por infantes, se ocupaban de la labor del pepenado: “si
no brillan por su encanto [estas mujeres] interesan al menos por sus
cantos en coro, que acompañan con golpes simultáneos de sus mar-
tillos”. Se podía apreciar el constante movimiento de las carretillas en
pésimas condiciones en que trasladaban el mineral de un lado a otro.23
Preocupado tanto por el aspecto técnico como por el humano, señaló
las enfermedades propias del trabajo minero. La labor de los tenateros
era poco saludable si entraban a la mina más de tres veces a la semana.
Era frecuente que los barreteros, cuyo trabajo hasta la fecha se conoce
como la tarea más propensa a las enfermedades, murieran de silicosis
antes de cumplir los 35 años de edad y no resistían sino cinco o seis
años en este tipo de trabajo. Alabó los esfuerzos de los alumnos de la
escuela de minas por mejorar la circulación del aire en las minas,
quizá recordando sus propios esfuerzos por elaborar una máscara de
oxígeno para emergencias en Freiberg.24
En el Ensayo describió con detenimiento el proceso de la amalga-
mación americana, acerca del cual comentó que tenía “la gran ventaja
de la sencillez” y de adaptarse al tipo de minerales que podían extra-
erse de las vetas americanas. Señaló “el inconveniente de ser lento y
causar gran pérdida de azogue”, lo que significaba una marcada
dependencia de los envíos de ultramar. No se atrevió en este caso,
como muchos otros, a hacer una propuesta definitiva, ya que los mine-
ros sajones que lo antecedieron implementaron métodos europeos y
les fue imposible conseguir el éxito. De cualquier manera, supuso que
un mayor conocimiento por parte “de las personas que sacan la plata
de su mineral” respecto a “la naturaleza de las sustancias que se sir-
ven” colaboraría a mejorar los resultados prácticos.25
Debido a su experiencia en las minas de Sajonia, Humboldt criticó
duramente a las autoridades coloniales por la falta de interés y los abu-
sos que se cometían en la industria minera. Opinaba que uno de los
principales problemas que aquejaban a la explotación era la poca inje-
rencia de los funcionarios públicos para normar, orientar y sancionar
los toscos métodos productivos. Aseguraba que era imposible que
hubiese progreso, porque “el gobierno deja a los propietarios plena

23
Humboldt, Reise (nota 13), p. 370.
24
Humboldt, Ensayo (nota 1), p. 49.
25
Ibidem, pp. 378 y 381–382.
Los pasos de Alejandro de Humboldt 57

libertad de dirigir las obras a su antojo y arrancar los minerales del


seno de la tierra sin pensar en el porvenir”. Agregó que la imposibili-
dad de que los trabajos mineros en México fueran mejor administra-
dos estaba en que los laboríos estaban sujetos a los caprichos de sus
dueños y casi no existían “las compañías por acciones”, lo que impe-
día la influencia de las instancias de gobierno. Confiaba en la función
que debía desempeñar el conocimiento científico para el progreso
material. Por esta razón, le atribuyó enorme importancia a la relación
de los hombres de la ciencia con la explotación de recursos naturales.
Por último, no cabe duda que la historia de la minería y el desar-
rollo económico de México a lo largo del siglo XIX recibieron la
influencia del Ensayo de Humboldt. A pesar de las advertencias y pre-
cauciones que redactó antes de entrar a la escena del tesoro argentí-
fero americano, el viajero acabó convocando a aquella “alma inglesa”
que había buscado evitar. En un análisis de las inversiones inglesas en
la minería mexicana en los años inmediatos a la consumación de la
independencia, Henry George Ward expuso que el único conocimiento
que el público inglés tenía de las minas mexicanas provenía de una
“ligera familiaridad” con el Ensayo. Ahí había quedado expreso, en la
pluma de un prestigiado hombre de ciencia, que el error básico de la
administración de las ricas minas mexicanas consistía en la falta de
una dirección técnica adecuada que concretamente se expresaba en
ausencia de planeación de la arquitectura interior de las minas y utili-
zación de métodos adecuados que sustituyeran la fuerza humana por la
mecanización de los procesos productivos.
Aunque hubo muchos otros textos que describieron y analizaron las
condiciones de México, a lo largo del siglo XIX la obra de Humboldt
brilló con toda intensidad sobre el resto: no importaron las exagera-
ciones e imprecisiones. De hecho, se volvió a confirmar que las rique-
zas mineras se habían alimentado por medio del imaginario occidental
desde tiempos muy remotos y que el discurso científico jugó un papel
secundario.26 Se prefirió conservar una imagen fantástica que nos
favorecía y que gracias a ella ganamos un lugar en el mundo.

26
Como bien escribió Henríquez Ureña, Las corrientes literarias en la América His-
pana (México, D.F. 1945), pp. 13–14: “Colón había visitado nuestras Islas Tropicales
con la imaginación llena de reminiscencias platónicas y en sus viajes recordaba una y
otra vez cuanto había oído o leído de tierras y hombres reales o imaginarios leyendas y
fantasías bíblicas, clásicas o medievales, y particularmente las maravillas narradas por
Plinio y Marco Polo”.