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Mtro.

Roberto Eduardo García Fernández

CEAA, El Colegio de México (2009)

La influencia de la presión social sobre algunos ritos funerarios prescritos en

el Vinaya

El Vinaya o código monástico ha sido de gran importancia en la conformación del budismo

casi desde sus inicios. Algunas reglas y prohibiciones contenidas en las diferentes versiones

surgieron a causa de motivaciones de carácter ético, relacionadas con los ideales de virtud

enseñados a los monjes, y otras tuvieron su origen en la tensión resultante de las relaciones

entre la comunidad monástica y los no-budistas.

Una de esas tensiones se refiere a las prácticas mortuorias. De acuerdo a la sección

704.7-07.5 del Mūla-Sarvāstivāda Vinaya, la comunidad temprana de monjes no realizaba

ritos funerarios y simplemente abandonaba los cadáveres. Por esta razón se volvió objeto de

críticas por parte de brahmanes y laicos no pertenecientes a los devotos budistas, quienes

cuestionaban por un lado la autoridad del Buddha para regular a su Orden, y por otro el

vacío ritual de la comunidad budista en torno a la muerte. Ante esta situación, el maestro se

ve obligado a prescribir reglas sobre el tratamiento del cuerpo tras la defunción.

Si bien no podemos afirmar que esta situación específica ocurrió tal como es relatada, es

muy probable que este tipo de conflictos haya existido desde la época en que la orden

monástica aun estaba en formación. Si consideramos que las primeras comunidades

budistas eran grupos con un grado considerable de ascetismo, entonces es posible plantear
que el tratamiento de los cadáveres no tenía preeminencia dentro de sus prácticas rituales,

ya que, ¿qué importancia podía tener el cuerpo muerto de otra persona para alguien que

tenía como ideal liberarse incluso del apego por su propio cuerpo? La narración plantea que

para esos monjes no existía ninguna falta ritual ni ética en el acto de abandonar el cadáver

sin realizar algún rito.

Este episodio del Vinaya revela que la opinión externa, tanto de miembros de corrientes

religiosas rivales como el brahmanismo, como de los laicos, tuvo un gran peso en el

moldeado de las reglas de la comunidad budista, en este caso las referentes a los ritos

funerarios. Lo que tanto para el maestro como para los monjes no tenía relevancia, para los

brahmanes y los laicos si la tenía. Estos reprobaban el vacío ritual de la Orden budista, la

cual, a diferencia de los brahmanes, no asistía a sus muertos. La crítica expuesta se refiere,

en parte, a la práctica ascética de dejar a la familia para unirse a la Orden; los detractores

afirman que “si no se hubiera unido a la orden, sus familiares ciertamente hubieran

realizado las ceremonias funerarias para él.” Se hace referencia al hecho de que, desde la

perspectiva brahmánica, las órdenes ascéticas eran un componente desintegrador de la

estructura familiar, y por lo tanto social, pues rompían el vínculo de responsabilidad y

asistencia entre el monje y sus parientes, dejando a aquel en un estado de vulnerabilidad

ante los acontecimientos posteriores a la muerte, los cuales muy probablemente eran objeto

de preocupación de la mayoría de los laicos.

Esta versión del código presenta a un maestro y a su comunidad en una posición sensible

y flexible ante las críticas planteadas desde fuera de ella. Estos reaccionan haciendo

concesiones a sus detractores. Lo que podría parecer una debilidad se presenta más bien

como una estrategia propagandística. Al autorizar la realización de ritos funerarios a los

monjes, la comunidad budista cede ante la presión externa, pero logra con ello conciliar sus
intereses con los de los otros. Por un lado, busca acallar las críticas de sus detractores de

otras corrientes religiosas, quienes ya no están en posición de difamarlos por no realizar los

ritos correspondientes; por otro, la preocupación de los laicos ante el vacío ritual en

relación con la asistencia tras la muerte se ve tranquilizada mediante la prescripción de

prácticas precisas y detalladas, las cuales les indican que, si se unen a la Orden, recibirán

los ritos funerarios adecuados. Así, la comunidad monástica toma sobre sí la

responsabilidad de la asistencia mortuoria, que de otra forma correspondería a los parientes,

y cubre las expectativas de aquellos que des

A pesar de que el texto nos indica que en este caso la presión era externa, no hay que

dejar de lado la posibilidad de que existiera también cierta presión interna, tanto de los

miembros de la comunidad monástica como de los adherentes laicos, quienes tendrían

preocupaciones similares sobre sus propias experiencias tras la muerte. Así, al ceder ante la

presión externa, la comunidad elabora una propaganda sobre los beneficios de pertenecer a

ella; y al flexibilizarse ante una posible presión interna, cubre las necesidades rituales de

sus propios miembros, a quienes reafirma en su adhesión.

Es posible concluir que la prescripción de reglas y prohibiciones en torno a este y otros

temas obedecía, en algunos casos, a la necesidad de la Orden budista por amoldarse a la

sociedad dentro de la cual se desarrollaba, y no necesariamente a preceptos doctrinales

relacionados con los principios éticos o la pureza ritual. La comunidad se vio en la

necesidad de mantenerse flexible ante las presiones de la sociedad, la cual exigía ciertas

concesiones. Así, en muchos de los casos la imagen que la Orden proyectaba hacia fuera

era sólo eso, una imagen construida con el propósito de acallar las críticas y ganar

adhesiones.