Está en la página 1de 1

EL AKAKILLU VANIDOSO

Cuento de Junin

Una tarde de sol en compañía de mi papá, sentados atrás de mis casa, espectando el
belio paisaje que presenta el resplandor de nuestro lago Chinchaycocha con su flora y
fauna, ingresó a la escena de tan maravilloso atardecer, aquella avecilla llamada
vulgarmente pito o carpintero andino que revoloteaba cual mariposa por las paredes de mi
casa, entonces corrí y lo espanté, como no hay árboles cercanos ésta avecilla fue a parar
a! suelo y me di cuenta de su extraño plumaje matizado y sus graciosos saltos al querer
escapar, en ese instante, muerta de risa y sorprendida, pregunté a mi papá: - ¿Por qué el
plumaje del pito es extraño y solo salta?- Al instante mi papá absorto por mi pregunta,
viajó a su recuerdos de hace años y me contestó con el siguiente relato. Hace mucho
tiempo Dios había elegido como mensajero a nuestro carpintero andino, éste cumplía con
todo lo que Dios le encomendaba, no dando motivo para un regaño y menos para un
castigo, más por el contrario Dios en mérito a su obediencia y apego le regaló su canto,
con lo que alertaba a las personas de su pronta llegada y un plumaje admirable digno de
un mensajero de Dios. Así paso mucho tiempo, hasta que un día soleado llevado por la
curiosidad de verse reflejado en una lagunilla se quedó contemplando horas y horas
diciéndose a sí mismo: -¡Soy muy hermoso y mi canto es bonito!- Todo esto dio lugar a
que Dios, se incomodara por la vanidad del ave y le reprendiera fuertemente así: -La
vanidad no es una actitud positiva, más por el contrario la humildad es digno de admirar-
El akakllu avergonzado por su accionar pidió disculpas a Dios, prometiéndole no volver a
mostrar una actitud igual o similar, Dios en su infinita sabiduría lo disculpó. No había
pasado mucho tiempo y el akakllu volvió a mostrar su vanidad, por lo que Dios {o castigó
dejándolo sin plumas, pasado tal hecho, el akaqllu arrepentido profundamente por su
último accionar, aún poseía su canto con lo que convocaba seres a su alrededor, pero en
esta ocasión lo hacía muy afligido, (o cual llamaba la atención de todos, entonces las
demás aves sorprendidas Por la apariencia del akakllu se congregaron y muy generosas,
decidieron regalarle una parte de su plumaje a nuestro akaqllu vanidoso. Ya con su nuevo
plumaje, nuestro pito se encaminó hacia Dios a pedirle perdón y estando a su frente le
prometía que no volvería a ser vanidoso; es ahí cuando Dios le recuerda su anterior
promesa, y luego de un pequeño diálogo, Dios decide perennizarle su desplazamiento por
el suelo a saltos, como lo hace hoy en día, con el fin de mantenerle presente su última
promesa...