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LA CULTUR
TODO LO QUE HAY QUE SABE
DIETRICH SCHWANITZ

La cultura
Todo lo que hay que saber

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DIETRICH SCHWANITZ

La cultura
Todo lo que hay que saber
Título: La cultura. T o d o lo que hay que saber
Título original: Büdung. Alies, mas man wissen muss
Traducción de Vicente Gómez Ibáñez
© Eichborn AG, Frankfurt am Main, Oktober, 1999
© Santillana Ediciones Generales, S.L.
© De esta edición: abril 2006, Punto de Lectura, S.L.
Torrelaguna, 60. 28043 Madrid (España) www.puntodelectura.com

ISBN: 84-663-0987-X
Depósito legal: B-53.864-2006
Impreso en España - Printed in Spain

Diseño de cubierta: Christina Hucke


Fotografía de cubierta: Chistopher Sykes/The Interior Archive
(Title: Barker/At Home With Books)
Mapas de interior: Nicole Delong
Diseño de colección: Punto de Lectura

Impreso por Litografía Roses, S.A.

Segunda edición: septiembre 2006


Tercera edición: diciembre 2006

Todos los derechos reservados. Esta publicación


no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte,
ni registrada en o transmitida por, un sistema de
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ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico,
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o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito
de la editorial.

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hombres; no pueden hablar o sólo saben balbucear; o son 2
incapaces de mantenerse de pie porque en vez de pies tie-
nen pezuñas. Esto hace que algunos de ellos estén conde- El mundo del libro y de la escritura
nados a vivir en el submundo, excluidos del reino del len-
guaje y de la cultura.

Libros-Escritura-Lectura

Hoy, antes de saber leer, los niños ven la televisión. Es-


te hecho no deja de ser problemático, pues lo cierto es que la
cultura sigue estando ligada a los libros o al menos a los tex-
tos que aparecen en la pantalla, esto es, a la escritura. ¿Por
qué es así? ¿Por qué no pueden las imágenes transmitir cul-
tura? ¿Por qué no es posible empezar a formarse viendo la te-
levisión? ¿Qué tiene de especial la escritura?
La televisión ofrece la comunicación oral tal y como se
da en situaciones más o menos reales (o simuladas); pero, en
ella, el sentido de lo comunicado permanece indisoluble-
mente ligado al medio de la comunicación: gestos, voces,
lenguaje corporal, etcétera. El sentido del mensaje está tan
unido a su forma de presentación que, aunque el sentido re-
sulta inmediatamente evidente, no es posible resumirlo sin
referirse a su contexto. Este fenómeno se pone de manifiesto
cada vez que personas simples o niños quieren relatar situa-
ciones especialmente divertidas que acaban de vivir, y para
revivirlas se sirven de un par de frases: «Y él ha dicho: "¡Eh,
tú!", y entonces ella ha dicho: "¡Oye!" ¡Y todos nos hemos
reído!»); pero los que escuchan estas frases y no pueden re-
cordar la situación, porque no la han vivido, se miran des-
concertados, pues no entienden dónde está la gracia.

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Sólo la escritura desliga el lenguaje de la situación con- Dímelo. ¿Qué hizo mi tío? ¡Dímelo de una vez, te lo supli-
creta y lo vuelve independiente de su contexto inmediato. co!» «... se encontró diez céntimos»). Hasta que se nos dé es-
Llamamos sentido a aquello que permanece idéntico durante ta información, hemos de ser capaces de ir reteniendo cada
este proceso: por eso, la transformación del lenguaje hablado uno de los elementos que vayan incorporándose a la oración,
en escritura es lo único que nos permite captar el sentido. És- y sólo cuando haya concluido podremos captar su sentido te-
te es el motivo de que las religiones más evolucionadas (ju- niendo en cuenta todas las palabras anteriores. Esto provoca
daismo, cristianismo, islam) identificaran sentido y escritura una tensión que hemos de aprender a soportar. Así nos lo en-
(Sagradas Escrituras). señan muchos chistes cuya gracia no descubrimos hasta el fi-
En la comunicación oral, en cambio, lo verdaderamente nal, transformando por completo el sentido que hemos ido
importante no es la objetividad de lo comunicado, sino su construyendo hasta ese momento.
vertiente emocional y sus múltiples connotaciones. Los tex- Karfunkel y su esposa visitan una exposición de arte
tos escritos han de estructurarse en torno a unos temas; la co- moderno. Se detienen ante una pintura de Picasso.
municación oral, por el contrario, se alimenta de la corriente «Es un retrato», afirma Karfunkel.
energética que produce su propia dramaturgia, y el sentido «¡No digas tonterías!», replica su esposa, «es un paisaje.»
surge y desaparece con ella. Sólo la escritura fija el lenguaje y «No, fíjate: es un retrato.»
lo somete al control de un sistema de reglas gramaticales. La «¡Es un paisaje!»
diferencia de ritmo existente entre el lenguaje hablado y la Discuten durante un tiempo, no llegan a ponerse de
escritura permite estructurar el sentido: la ordenación lineal acuerdo y finalmente deciden comprar un catálogo.
de sujeto-verbo-complemento directo («El hombre muerde El catálogo dice: «Almendro en la Riviera.»
al perro»), y de todos los complementos que podemos añadir «¿Lo ves?», dice Karfunkel, «Es un retrato».
a la oración, permite reproducir el orden lógico del pensa- A quien no tenga suficiente práctica, esta tensión le re-
miento en la secuencia (sucesión) de los elementos de la ora- sultará especialmente desagradable y tendrá la impresión de
ción, y de este modo someterlo a control. Esto ha de practi- que la estimulación del cerebro se paraliza. A medida que la
carse, pues requiere la capacidad de transformar la televisión ha ido ganando terreno, los maestros se quejan
estimulación simultánea de las distintas imágenes en una su- siempre de lo mismo: en los niños, el nivel de tolerancia ante
cesión ordenada. Además, ante una oración compleja, hay la frustración (la capacidad para soportar la frustración) ha ido
que saber esperar a que aparezca el predicado («Tu tío, disminuyendo, hasta el punto de que ya no son capaces de so-
quien, como ya sabes, tiene una vista de lince, ayer a las cin- portar la demora que comportan los procesos de formación
co de la mañana, cuando pasaba por la plaza en el tranvía...» de sentido. De ahí que no puedan concebir la clase como un
«¿Qué?», preguntarás. «Espera», dice la escritura y prosi- proceso de aprendizaje, sino como un entretenimiento.
gue: «... en el tranvía, que iba abarrotado, lo que a esa hora Víctimas de la ofuscación colectiva, los sucesivos minis-
no es nada extraño, aunque esto sólo ocurre en días labora- tros de educación han reducido progresivamente el valor de
bles...». Estás a punto de perder los nervios y gritas: «¿Qué? la expresión escrita en la escuela y en la evaluación de los

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alumnos, primando la expresión oral. En una época en la que tumbra a la televisión le resulta muy difícil luego desligar la
la comunicación oral gana cada vez más terreno, descuidan el percepción interna de la externa, es decir: no logra concen-
carácter modélico de la comunicación escrita. De este modo trarse. Cualquier texto que sobrepase el nivel expresivo de
han ido reduciendo lo que constituye la función más específi- los cómics y de sus característicos «wham» y «boing», es pa-
ca de la escuela frente a la familia. Solamente siguen adqui- ra él un auténtico embrollo. Los individuos que pertenecen
riendo el hábito de la lectura y la escritura aquellos niños en al grupo de los no lectores ven en los libros arduas tareas.
cuyos hogares estas actividades son algo obvio: los niños de Como no logran comprender a quienes aman la lectura, aca-
las capas cultas de la burguesía. En estos hogares, los padres ban por desconfiar de ellos. Conciben el mundo de los libros
vigilan y limitan el consumo de televisión de sus hijos inten- como una conspiración cuyo único objetivo parece consistir
tando que sean fundamentalmente los libros los que satisfa- en crearles a ellos remordimientos de conciencia. De este
gan su necesidad de fantasía. Los niños sólo deberían ver la modo desarrollan una auténtica aversión a los libros y, como
tele cuando la lectura haya dejado de ser para ellos una acti- también los libros técnicos los leen con desgana, en su traba-
vidad penosa y se haya convertido en un placer; de lo contra- jo se ven relegados a un segundo plano, lo que les lleva a in-
rio, la lectura les resultará una actividad fastidiosa durante cubar un odio hacia los molestos sabelotodo y a glorificar la
toda su vida. Quien crezca en estas circunstancias, después práctica. Al ignorar también que su déficit de lectura y su
sólo leerá lo que se le ordene leer, y de mala gana. hostilidad hacia los textos ha acabado afectando al estilo de
De este modo, la política educativa está produciendo su expresión oral, no se explican por qué obtienen tan poco
dos clases de personas: por una parte, están las personas habi- reconocimiento de los demás, y tienden a interpretar como
tuadas a la lectura, que absorben constantemente informa- un atentado contra su autoestima el hecho de que una perso-
ciones nuevas y están acostumbradas a estructurar mejor sus na intente desarrollar y expresar adecuadamente un pensa-
ideas tomando como modelo la escritura, lo que les permite miento complejo. Como resultado, tienden a evitar cualquier
tener una visión clara de la construcción de la oración, de la contacto con el mundo de los lectores y se van hundiendo
lógica del pensamiento que en ella se expresa y de las partes lentamente en el reino de las sombras de un nuevo analfabe-
que la componen. Al mismo tiempo, adquieren la capacidad tismo.
de construir distintos tipos de textos (informes, exposiciones, Quien lea de mala gana, debería plantearse seriamente
análisis, relatos, ensayos, etcétera). Todo ello les proporciona si no vale la pena superar su aversión a la lectura; de lo con-
una mayor facilidad para la escritura, al tiempo que les per- trario, los manjares de la cultura le resultarán tan inaccesibles
mite estructurar su expresión oral tomando como modelo los como la posibilidad de una mejor remuneración económica.
textos escritos. Quien todavía no haya adquirido el hábito de la lectura, de-
Por otra parte, están quienes leen únicamente cuando bería ejercitarse en ella empezando por temas que sean de su
se ven obligados a hacerlo; de lo contrario, se ponen a ver la interés, aunque se trate de novelas eróticas. Debería conside-
televisión. Pero las imágenes televisivas son sincrónicas con rar esta práctica como una especie dejogging, como un entre-
la necesidad de estimulación del cerebro, y a quien se acos- namiento destinado a mantener en forma su espíritu. La lec-

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tura se convierte entonces en una actividad a la que se dedica misma familia. Los demás los ignora del mismo modo que el
diariamente un tiempo determinado, hasta que acaba hacién- joven que se dirige a una cita desconoce a toda la gente con la
dose una costumbre. que se cruza en el bulevar. En una biblioteca hay que actuar
como hace el amante: para él, existe solamente un libro: el
Los libros que está leyendo en ese momento; y si todavía está buscando
uno, no piensa en la cantidad de libros existentes, sino en uno
Encontramos libros en las bibliotecas y en las librerías. solo que le espera en algún lugar. Es monógamo, aunque su
Al neófito le espantan, sobre todo porque su elevado número pareja no sea siempre la misma: cada libro es un compañero
le produce terror. Concentrados en un solo lugar, los libros le de lectura en un momento determinado de su vida.
parecen un ejército amenazante en el que todos gritan: «¡Por Si usted todavía se siente inseguro al entrar en una li-
favor, léeme!». El individuo poco habituado a la lectura se brería o en una biblioteca, primero ha de elegir el tema sobre
siente como un borracho en medio de una manada de cebras el que quiere informarse: este primer paso le permitirá igno-
que corren al galope y se marea. Tal cantidad de libros le inti- rar prácticamente todos los demás libros, por considerarlos
mida y le recuerda todo lo que no sabe: todas esas toneladas irrelevantes, y concentrar su atención sólo en unos pocos.
de saber son la mejor prueba de su ignorancia. Elegir uno de También le permitirá orientarse y evitar mareos producidos
estos volúmenes, abrirlo y empezar a leerlo le parece ridículo: por tantos volúmenes; además, se sentirá seguro y aparecerá
sería como intentar vaciar un océano sirviéndose de un dedal. ante los demás como alguien entendido en la materia. Si tie-
La visión de un solo estante basta para desmoralizarlo. ne determinados temas en la cabeza, en caso de apuro puede
Quien se deja afectar por esta impresión se deprime pro- preguntar a la librera. «¿Dónde están los estudios sobre las
fundamente. Entonces tiene una alucinación: la imagen de la aves de, la Patagonia?»: ahora es usted el que manda en el jue-
cafetería se le aparece como una isla que puede suponer la sal- go. O, en caso de que todavía no sepa exactamente lo que
vación para aquellos náufragos que, como él, corren el peligro quiere y los encargados de la biblioteca le importunen con la
de ahogarse en este mar de libros. Antes de morir ahogado pregunta: «¿Busca usted algo en particular?», siempre podrá
abandona corriendo la biblioteca, no sin mirar atrás y asom- responderles: «¿Dónde puedo encontrar los estudios dedica-
brarse de que los que permanecen tan tranquilamente en el dos a la extensión del uso del reloj de bolsillo durante el se-
recinto no se den cuenta del peligro que encierra la situación. gundo tercio del siglo xviii?». Esto los dejará fuera de juego
El aventurero que entra por primera vez en una biblioteca y entonces usted tendrá tiempo para orientarse tranquila-
puede muy bien experimentar esta clase de sentimientos. mente en la biblioteca.
Ciertamente, este sentimiento es muy natural, pero
también completamente absurdo. Ningún usuario de una bi- La vida interior del libro
blioteca se enfrenta a ella de este modo, pues no percibe la
gran cantidad de libros que tiene una biblioteca: ve única- No tenemos que leer de principio a fin todos los libros
mente el libro que está utilizando, y quizá algunos otros de la que caigan en nuestras manos, y antes de decidirnos por uno

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deberíamos siempre tener alguna referencia. Si se trata de contrario se ocupa de temas fundamentales e importantes
una obra literaria podemos guiarnos por la celebridad de su —si se enfrenta con otros investigadores por pequeneces, es
autor; tal vez lo conozcamos por otras obras, o porque haya- señal de que no tiene nada que decir sobre cuestiones más
mos leído una recensión de su libro en alguna parte. Pero si trascendentales—.
estamos en una librería y tenemos el libro en nuestras manos, En la ciencia hay autores de primera, de segunda y de
leeremos un par de pasajes tomados al azar y echaremos un tercera categoría. Los de primera categoría abren un nuevo
vistazo al texto de cubierta. Como es lógico, estos textos son campo de investigación: delimitan su objeto, definen sus
un reclamo publicitario, por lo que primero nos dirán que el cuestiones e introducen sus conceptos fundamentales. Se les
libro encierra una magnífica obra literaria; pero, a pesar de reconoce porque los autores de segunda y de tercera catego-
este inconveniente, también nos dan otros muchos datos: ría los citan constantemente, y suelen convertirse en los clá-
normalmente nos informan del género al que pertenece sicos de su especialidad. Los libreros les reservan un buen lu-
(thriller, novela amorosa, saga familiar, etcétera); del público gar en las estanterías correspondientes a cada tema —así, en
al que está dirigido (señoras mayores, intelectuales) y del ni- la estantería dedicada a la sociología encontraremos nombres
vel de la obra (entretenimiento, kitsch, literatura de calidad). como Weber, Simmel, Parsons o Luhmann—; normalmente,
Asimismo, suelen proporcionarnos una fotografía del autor. también encontraremos en ellas estudios que nos sirven de
Aquí hemos de tener cuidado, pues su aspecto puede resul- introducción a la obra de estos clásicos.
tarnos simpático o antipático, pero esto no tiene nada que Cuando elijamos una obra científica para su lectura,
ver con la calidad de la obra. Los autores escriben de formas conviene que tomemos algunas precauciones y que sólo nos
muy diferentes, por lo que su aspecto no puede nunca refle- decidamos por una de ellas después de haber inspeccionado
jar tanta diversidad. Y es difícil que un buen escritor tenga cuidadosamente el terreno. El tiempo que invirtamos en ello
tan buen aspecto como su obra: de hecho, la mayoría de las lo recuperaremos después, pues hay un sinfín de obras cientí-
veces lo tiene mucho peor. ficas que son superfluas o sencillamente ilegibles. La explica-
Las obras de carácter científico o técnico raras veces de- ción es muy sencilla: hay muchos libros que no se escriben pa-
ben leerse enteras. Para someterlas a prueba, primero leere- ra informar al público o para fomentar el conocimiento, sino
mos el índice y después la bibliografía, esto es, el listado de li- para impresionar a un tribunal examinador. Las tesis doctora-
bros en los que el autor se ha apoyado para escribir su obra. les o los trabajos hechos para oposiciones constituyen los pri-
Si faltan estudios importantes, es que el autor no está a la al- meros pasos de una carrera científica; después, muchos estu-
tura de la investigación, por lo que podremos prescindir de dios sólo sirven para engrosar el listado de publicaciones que
su obra (una menos). Si el test bibliográfico da positivo, un profesor necesita para opositar a una cátedra. Este tipo de
echaremos una ojeada a las notas a pie de página, en las que el trabajos ocultan sus deficiencias teóricas tras un lenguaje her-
autor discute con otros investigadores; esto suele darnos pis- mético o tras una fachada conceptual pomposa. Ciertamente,
tas sobre la clase de intelectual que tenemos delante: sabre- a primera vista parecen inofensivos, pero en realidad su grado
mos, por ejemplo, si discute sobre menudencias, o si por el de peligrosidad todavía no ha sido bien estudiado: roban

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tiempo al lector, extravían al principiante, deprimen a quien
Pero, para sorpresa del general, el bibliotecario coge una esca-
busca la verdad y a veces dejan en el neófito heridas intelec-
lera, la apoya en una de las librerías, sube rápidamente, elige
tuales tan profundas que hacen que en adelante evite cual-
con seguridad uno de los libros y lo pone sobre la mesa. El ge-
quier obra científica. Esto es un verdadero crimen, pues en
neral lo abre y lo mira: se trata de una bibliografía de biblio-
manos de los auténticos expertos la ciencia es algo apasionan-
grafías (un listado de listados de libros). Probablemente, la de-
te: los científicos nos enseñan a ver el mundo de otra forma y
pendienta de una librería haría algo similar.
nos transmiten parte del sex appeal de la creatividad.
El temor a que la librería sea una especie de terreno
Así, pues, el neófito debería esforzarse por distinguir
pantanoso en el que uno corra peligro de hundirse en el fan-
entre las obras científicas de primera categoría y los mamo-
go de la confusión es un temor infundado. Basta con entrar y
tretos de tercera categoría, con objeto de no malgastar su
formular esta pregunta: «¿Podría echar un vistazo?», con lo
precioso tiempo en la producción académica barata. Lógica-
que despertará el entusiasmo del equipo de dependientas. En
mente, este consejo también es válido para los estudiantes
estos casos, lo más habitual es que empiecen a estirar los bra-
que se inician en una especialidad, que deberían empezar le-
zos, le muestren miles de volúmenes recién publicados y los
yendo a uno de los clásicos más recientes de su especialidad
pongan a sus pies. Después, podrá permanecer en la librería
(pues éstos han asimilado a los clásicos anteriores), y estu-
hasta la hora de cierre y leer todo lo que le interese. Pero si
diarlo afondopara procurarse una base sólida; después, todo
quiere marcharse antes de que cierren y tiene la impresión de
será más sencillo.
que esperan que compre un libro, cuando en realidad usted
Si desea acceder al mundo de los libros debe buscar una no quiere comprar nada, entonces pregunte por una biogra-
librería. Las librerías tienen la ventaja de que en ellas no hay fía del heresiarca de Lucqtan. Este fundador de una herejía es
tantos libros como en una biblioteca; en cambio, puede que mencionado únicamente en la reedición angloamericana de
sus dependientas, fingiendo amabilidad, le importunen pre- 1907 de la Enciclopedia Británica de 1902, concretamente en
guntándole si le pueden ayudar en algo, sabiendo a ciencia el volumen XXIII. A diferencia del original, este volumen
cierta que nadie les responderá: «Sí, por favor, presénteme us- contiene cuatro páginas más: las dedicadas al heresiarca. Y
ted una panorámica del mundo de los libros. Aconséjeme usted justamente esta reedición se ha perdido.
lo que podría resultarme más interesante, y después muéstre-
me el libro que contenga las ideas niás valiosas para mí». De Logrará un contacto más íntimo con el mundo de los li-
hecho, esta solicitud fue expresada en una ocasión, pero no en bros si encuentra una librería en la que se sienta como en su
una librería, sino en un libro: en la novela de Musil El hombre propia casa. Esta librería será su segundo hogar, como puede
sin atributos. En uno de sus episodios, el general Stumm von serlo un pub si conoce a sus clientes habituales y a su dueño.
Bordwehr entra en la Biblioteca Nacional y pide al biblioteca- Aquí, el dueño del pub es el librero. Él conoce sus intereses y
rio que le busque el libro que sea la quintaesencia de la biblio- le tendrá al tanto de las nuevas publicaciones; le dará conse-
teca. En verdad, el general contaba con que el bibliotecario re- jos y le contará chismes relacionados con el panorama litera-
chazaría esta solicitud por considerarla una exigencia absurda. rio y científico. Mientras rebusca en los expositores de nove-
dades, su librero favorito le contará algo sobre ellas. De este
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modo estará informado y sabrá más cosas de las que muchos Books. Sus recensiones tienen una forma especialmente logra-
ermitaños logran saber enfrascándose en la lectura. Toda da: en sus artículos, los autores de las reseñas se ocupan de
persona medianamente culta necesita tener su librería favori- varios libros dedicados a un mismo tema; su comparación si-
ta. Si está buscando una, tenga en cuenta que ofrezca la posi- túa el tema común en el centro de la discusión, de modo que
bilidad de sentarse, lo que le permitirá hojear allí mismo mu- los artículos especializados y las recensiones se complemen-
chos libros sin necesidad de comprarlos. tan maravillosamente.
En cualquier caso, conviene informarse regularmente
El suplemento cultural de los periódicos sobre las nuevas publicaciones y sobre todo lo relacionado
con el panorama literario y artístico. No obstante, no se ha
Todo periódico que se precie tiene una sección dedicada de tener una fe ciega en los suplementos de periódico. Sus
a la cultura, el denominado suplemento cultural. Éste fue in- artículos responden a determinadas condiciones del panora-
ventado por el abad Geoffroy para el Journal des Débats alre- ma cultural, que es necesario conocer para ser capaz de valo-
dedor de 1800, y en su origen estaba dedicado exclusivamente rarlos correctamente. He aquí algunos consejos para enfren-
a la crítica teatral. Entre tanto, se ha llenado de todo tipo de tarse a los distintos tipos de artículos.
cosas relacionadas con los medios de comunicación de masas, Recensiones de publicaciones científicas: toda crítica
el arte, la literatura, la música y la ciencia: recensiones, ensa- presupone que el crítico conoce mejor que el propio autor el
yos, informes sobre exposiciones de arte, congresos científi- tema del libro del que se ocupa; de no ser así, ¿cómo podría
cos, conciertos, estrenos cinematográficos, críticas televisivas, criticarlo? Pero, en realidad, esto no siempre ocurre o, mejor
etcétera. Su tono no es académico, sino ensayístico y ameno. dicho, no ocurre casi nunca. Naturalmente, el autor de la re-
Quien se interese por el mundo de los libros, por la lite- censión oculta al lector su desconocimiento del tema, pues
ratura y por la ciencia, debería elegir un diario o un semana- de lo contrario su autoridad resultaría seriamente dañada; y
rio que tenga un buen suplemento cultural. En el ámbito para no despertar ninguna sospecha, a través de su feroz crí-
de lengua alemana, los periódicos dotados de los mejores son tica introduce una distancia entre la ineptitud del autor y su
el Frankfurter Allgemeine Zeitung, el Süddeutsche Zeitung y el propia superioridad, tarea en la que la magnitud de su empe-
Neue Zürcher Zeitung. Recientemente, Die Welt trae un buen ño suele estar en proporción inversa con la de su ignorancia.
suplemento literario los sábados, y el Frankfurter Allgemeine Por eso, es conveniente saber que muchos críticos son ena-
Zeitung publica un suplemento científico los miércoles. El nos subidos a hombros de gigantes, y cuanto mayor es su pe-
semanario más difundido en Alemania, Die Zeit, cuenta con quenez, tanto más intentan confundir al lector en vez de pro-
un ambicioso suplemento cultural, con un suplemento litera- porcionarle una información. En este caso, no se ocupan del
rio y una sección dedicada a la recensión de libros: en él se contenido del libro, sino que dan por supuesto su conoci-
encontrará lo que se considera políticamente correcto. miento. Establecen comparaciones con obras desconocidas
Quien pueda leer inglés sin dificultad y busque reseñas («en lo que respecta al rigor, no puede compararse con el
originales e informativas, debería leer la New York Review of Viaje al ayer de P. O. Abele, una obra mucho más clara»),

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abundan en complejísimas alusiones destinadas a supuestos ¿Acaso no fue él quien lo dio a conocer cuando publicó su
iniciados en la materia («recuerda mucho a aquella inolvi- primera novela? ¿Y le ha retirado alguna vez su ayuda desde
dable controversia...»), en dogmáticas etiquetas («sin duda, entonces? El crítico se siente como un entrenador de fútbol:
un delirio deconstruccionista») y en referencias cuyo propó- su crítica ha de servir de estímulo para que el rendimiento de su
sito es desmoralizar al lector y tacharlo de ignorante («así protegido sea todavía mayor. De ahí que no pueda darse por
pues, es mejor que nos atengamos a nuestro acreditado satisfecho con sus logros y que juzgue que su crítica no es
Gustav Württemberger»). La finalidad de todo esta paraferna- destructiva, sino estimulante y positiva.
lia no es procurar al lector una descripción objetiva de la obra Cuando considera a una autora como su hermana ma-
reseñada, sino ocultar la ignorancia del autor de la reseña. yor, se siente orgulloso de haber podido contribuir a su éxito.
En este caso, con su crítica intentará atraer la atención de es-
La crítica de novedades literarias ta gran autora, lo que logrará comprendiéndola mejor y más
profundamente que nadie. Su rival no es la autora, sino los
Los críticos mantienen con los escritores una relación otros críticos. Mientras escribe su crítica, se imagina que la
de afinidad muy compleja, a menudo marcada por unos pro- escritora la lee y se dice a sí misma: «Por fin hay alguien que
fundos celos hacia sus hermanos los escritores, pues los críti- me entiende, los demás no tienen ni idea, pero éste...».
cos suelen ser escritores frustrados. Dependiendo del lugar
que ocupe entre sus hermanos, el crítico trata al escritor co- La crítica teatral
mo un rival, como un hermano pequeño al que debe prote-
ger y ayudar, o, en caso de que el autor sea una mujer, como Las críticas teatrales deberían dirigirse a quienes toda-
a su hermana mayor a la que admira y adora. Cuando lo con- vía no han asistido a la representación de la obra, pero, en
sidera un rival, cuestiona su derecho a llamarse escritor me- realidad, el crítico se dirige a aquellos que ya han asistido a su
diante la comparación consigo mismo: él sí fue una persona estreno así como a otros críticos. También a la compañía de
lo bastante autocrítica como para comprender que su talento teatro y al director, pues es a ellos a quienes conoce personal-
no era suficiente, renunciando por ello al título de escritor. mente. Estas son las personas a las que verdaderamente tiene
Considera especialmente arrogantes y desvergonzados a en mente mientras escribe su crítica y no al público, que ni
quienes, teniendo menos talento que él, no tienen ningún es- conoce la puesta en escena, ni la obra, ni al autor de la mis-
crúpulo en ofrecer al público una obra que obtiene éxito, pe- ma. Y como él no desea aparecer como un ingenuo ante los
se a ser a su juicio una chapuza. En este caso, el crítico está ojos de los expertos, todos estos conocimientos los da por su-
convencido de que su tarea es prevenir al público contra es- puestos. No describe, enjuicia; no informa sobre el autor y la
tos charlatanes, por lo que se servirá de la crítica para desen- obra, extrayendo a partir de ellos los criterios de su crítica, si-
mascarar a este usurpador, tildándolo de impostor. En cam- no que se refiere a otras puestas en escena y a otros directo-
bio, si el crítico considera al escritor como su hermano res que el lector desconoce, debido en buena parte a que el
pequeño, se presentará a sí mismo como el autor de su éxito. teatro es un mundo de iniciados bastante hermético. Los

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mismos directores tampoco pretenden fundamentalmente embargo, la reacción del público es precisamente lo único que
dar a conocer de la forma más adecuada posible una obra al nos permite conocer la impresión general que ha causado la
público, sino distinguirse de otros directores; una tendencia representación. Cuando el público se divierte o se emociona,
reforzada por el hecho de que la crítica teatral los compare no suele interesarse por saber si este efecto es mérito de la
constantemente con los demás directores. De ahí que mu- obra, de la propuesta escénica, de las ocurrencias del director
chos críticos prefieran ocuparse de obras clásicas que de es- o del arte de los actores —en realidad, la mayoría de las veces
trenos de obras nuevas y desconocidas: les cuesta menos tra- se debe a una mezcla de todos estos factores—. El crítico, en
bajo, pues tales obras les resultan conocidas y sus puestas en cambio, se esfuerza por desligarlos y después se concentra en
escena les recuerdan a otras. Por el contrario, cuando se trata la puesta en escena; corresponde al lector adivinar la impre-
de obras nuevas el crítico no sabe qué ha de atribuir a la obra sión causada por la obra. En otras palabras: Hamlet es siempre
y qué a su puesta en escena. Para saberlo, debería leer la obra o una obra que vale la pena, independientemente de que su pro-
incluso informarse sobre su autor, en el caso de que se trate tagonista aparezca en escena ataviado con ligas, de que se pro-
de un autor extranjero que haya cosechado éxito en su país, yecte un vídeo o de que la dicción sea o no clara. O más exac-
pero que en el suyo todavía no sea conocido. tamente: cuanto mayor sea el énfasis del crítico sobre la
Por otra parte, no existe un lenguaje adecuado para juzgar propuesta escénica y el decorado (ya sea para elogiarlos o pa-
las puestas en escena y el estilo de los actores, lo que produce si- ra censurarlos), más desconfianza merece. Por el contrario, si
tuaciones similares a la del chiste del hombre que no busca su el crítico censura la falta de ideas del director y echa de menos
reloj donde lo ha perdido, sino donde hay luz porque allí le re- una verdadera propuesta escénica, pero menciona incidental-
sulta más cómodo buscarlo. Del mismo modo, el crítico se con- mente el júbilo del público que ha asistido al estreno, esto in-
centra en aquello que puede valorar más fácilmente: el decora- dica que tenemos la oportunidad de ver la representación de
do y el vestuario. Así se crea un circuito cerrado: como la crítica la obra más o menos como su autor la concibió.
da tanta importancia a este tema, los directores invierten tiem-
po y dinero en su propuesta escénica: Hamlet en el bunker, La línea política de un periódico
Hamlet en la Casa Blanca, Hamlet y la mafia, etcétera. y la crítica de libros de política
Todo ello conduce a que las críticas teatrales, cuando se
las lee desprevenidamente, estén entre los textos más engaño- Este tipo de críticas depende ampliamente de la orienta-
sos y sea necesario descodificarlos. La información más im- ción política de sus autores que, a su vez, están sometidos a la
portante se esconde allí donde se habla de la aceptación del línea •política del periódico. Velar por ella es la tarea que el
público. Algunas veces cuesta encontrarla, sobre todo cuando editor encomienda al director y a los responsables de las dis-
el texto practica una crítica despiadada que se distancia del jú- tintas secciones. En este sentido, los periódicos reflejan la si-
bilo del público: en estos casos, el texto no miente directa- tuación en que se hallan los medios de comunicación y la opi-
mente, pero relega el entusiasmo del público a un segundo nión pública de un país: son verdaderos monopolios de
plano, aludiendo a él en una simple oración subordinada. Sin opinión, como resultado de la conquista de la sociedad por

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parte de los partidos políticos. Los órganos de prensa se han 3
incorporado a este juego y por eso deben procurar que su per-
fil político resulte claramente identificable y reconocible. De Geografía política
este modo los periódicos se aseguran la fidelidad de sus lecto- para la mujer y el hombre de mundo
res, que constituyen auténticas comunidades de fieles con un
claro perfil social y a las que su periódico suministra una in-
formación siempre idéntica en lo que se refiere a su contenido
y a su color. Así, en Alemania están los lectores típicos de Der
Spiegel (críticos, profesionales, modernos), los lectores del
Frankfurter Allgemeine Zeitung (conservadores, cultivados,
tradicionalistas), los lectores del taz (ecologistas, alternativos, Es culto quien participa en la comunicación pública.
izquierdistas, antiautoritarios, multiculturales, feministas), los Hoy, ésta se ha vuelto internacional, fenómeno que divide a
lectores de Die Zeit (liberales de izquierda, gentes marcadas los miembros de cualquier sociedad en dos clases, la de aque-
por el espíritu del Mayo del 68, éticos, funcionarios, política- llos que participan en la comunicación internacional, y la de
mente correctos). Sin embargo, los periódicos de izquierdas quienes se limitan al horizonte de su ciudad.
son mucho más dogmáticos y conservadores que los de dere- Aparte de hablar inglés, quien quiera sobrepasar este es-
chas, debido a que los izquierdistas se definen mucho más a sí trecho horizonte debe dominar las formas internacionales de
mismos a través de opiniones, ideologías y programas que los trato. No es difícil causar una pésima impresión, y quien de-
conservadores. Como han llegado al poder fundamentalmen- see hacerlo no necesita más que creer que lo que vale en su
te por la vía del discurso y de la cultura, para ellos la rectitud ciudad vale también en el mundo entero.
de su línea política tiene una importancia mayor que para los Pero quien desee ganarse a sus interlocutores ingleses o
conservadores, que son quienes tienen el dinero. Esta rectitud italianos con su encanto, sus maneras y su simpatía, y desper-
se asegura a través de la moralización y de ahí que los izquier- tar en ellos el sentimiento de que es un placer charlar con él,
distas sean más proclives al dominio de la opinión y a la perse- ha de saber ponerse en su lugar, es decir, ha de tener una idea
cución de la herejía. Así pues, el contenido de los periódicos de cómo ve el mundo un italiano o un inglés; ha de saber qué
de izquierda es más previsible que el de los demás y lo mismo entiende normalmente un inglés por una persona educada y
cabe decir de las recensiones de libros de temática histórica y culta, o qué imagen tiene un italiano de sí mismo, cuáles son
política que encontramos en ellos. sus mitos, sus prejuicios y sus expectativas; y al menos ha de
Si se quiere acceder a una crítica medianamente objeti- tener una mínima idea de cómo se ve desde fuera lo que en su
va, sólo hay dos alternativas: o se lee dos periódicos —uno de propio país se considera normal. Así, por ejemplo, a los nor-
izquierdas y otro de derechas—, o se opta por la New York Re- teamericanos les cuesta tratar a los demás de «usted»; por eso
view ofBooks. debemos emplear el «tú».

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