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Resúmenes

Haize Patricia Millán Pérez

Universidad de Deusto, Facultad de Psicología

Master Psicología General Sanitaria

Bilbao

2020
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Galán Rodriguez, A. (2018) A vueltas con la comparación de psicoterapias: en busca de la


supervivencia del profesional. Papeles del Psicólogo, 39(1), 13-21.
En los años 50 se vio la necesidad de demostrar la eficacia de los tratamientos psicoterapéuticos
mediante estudios empíricos. A pesar de la aparente superioridad de la Escuela Cognitivo-Conductual
los estudios no resultaron concluyentes, las psicoterapias se mostraban igual de eficaces. Esto dio
lugar a propuestas alternativas a la especificidad de los modelos terapéuticos: el movimiento de los
Factores Comunes, que defiende que los elementos necesarios para el cambio son comunes en todas
las corrientes, factores de relación como la empatía, la colaboración o la alianza terapéutica.
Relaciones terapéuticas basadas en la evidencia, algunos estudios concluyen que los elementos que
resultan efectivos de la relación terapéutica son la alianza, la empatía y recoger el feedback del cliente
(Norcross y Wampold, 2011). Las propuestas que se centran en el profesional abogan por que lo más
eficiente se sitúa en la destreza, la experiencia del experto, no tanto en la técnica que emplea.
Los profesionales no quedan indemnes de toda esta batalla que perdura aún hoy día, además de la
numerosa oferta formativa imposible de abarcar en su totalidad, las limitaciones económicas y
logísticas por ser formaciones largas y costosas resultan abrumadoras. Tras este esfuerzo intelectual,
el profesional se encuentra con una realidad que no se ajusta a los estudios asépticos de las
investigaciones, donde los cuadros clínicos se entremezclan, los compromisos de los pacientes son
débiles, y las demandas vagas. Por ello, se plantean algunas ideas que permiten ampliar las
perspectivas y los planteamientos expuestos, como la creatividad del terapeuta para poder adaptarse a
los pacientes, con una base teórica bien establecida. En esta misma línea, ser críticos sobre la propia
práctica, combinando la experiencia y la prudencia.
Por otro lado, reconocer ciertas limitaciones epistemológicas dónde se instaura una visión
constructivista y construccionista, desde las que la realidad no es independiente del observador. El
pensamiento Postmoderno nos remite a la complejidad, invitándonos a sistemas dinámicos, complejos
y no lineales. Algunos proponen considerar los trastornos mentales cómo conductas definidas dentro
de un contexto, un paradigma que se enfrenta a las clasificaciones clásicas. Finalmente, vemos que la
realidad está compuesta por matices, es conveniente ser flexibles, tolerantes, y pacientes, en lugar de
aferrarnos a ideas estancas y principios dogmáticos.

Fernandez Hermida, J. R.(2017) Cambiar para avanzar. Un análisis del debate sobre el
itinerario formativo de la Psicología Clínica en España, Papeles del Psicólogo, (2), 81-93.
En este artículo se defiende la secuenciación de la formación en Psicología Clínica, Grado- Master-
Especialidad, como el itinerario más lógico para pasar de una formación más general a una más
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específica. Aunque reconoce que actualmente el MPGS no tiene una preparación diferente a la del
PEPC, solamente se diferencian por el ámbito de intervención, privado o público respectivamente. La
escasa inversión pública en Salud Mental, la legalidad vigente y la preferencia del propio sistema por
formar a sus profesionales dentro de las instituciones públicas, hacen que las perspectivas de cambio
sean escasas.
El autor critica que la formación PIR está pobremente controlada, y que sus contenidos son muy
generalistas, eso sí tienen un tiempo de formación práctica superior al MPGS. Cuestiona la excesiva
rotación de los PEPC, convirtiéndolos en profesionales aún más generalistas, al no poder
especializarse realmente en un área de intervención concreta.
Compara la situación española con el resto de Europa donde no existe la denominación de PGS, el
planteamiento de 9 años y medio de formación para llegar a la especialidad no resulta excesivo, más
teniendo en cuenta que los 4 últimos años son remunerados, y añade que debería tenerse en cuenta los
30 créditos de práctica supervisada que reivindica el Europsy. Enfrenta el argumento de defensa del
actual itinerario formativo sobre la larga duración del itinerario Master- Especialización, según el cual
disminuiría la oferta de titulados, cuando la tasa de paro entre profesionales de la Psicología asciende
a un 26%, y los presupuestos son cada vez más restrictivos en este campo.
Resulta poco convincente que los psicólogos del sistema público de salud se encuentren
presionados por una excesiva demanda asistencial y en cambio no tengan ninguna exigencia en el
campo de la investigación y la innovación. En resumen, no se trata tanto de debatir sobre el
enfrentamiento de dos posturas sino de pensar en las mejoras que necesita el sistema para formar
profesionales con competencias tanto clínicas como de investigación, y que establezcan conexiones
útiles entre ellos, y no enfrentadas por la competitividad.

Joseph, L. , Gierlach, E. , Housley, J. y Beutler, L. (2005) La evolución de un campo: Examen


del desarrollo y la aceptación de la Psicología Clínica de la Salud. Papeles del Psicólogo, 26(91),
39-46.
En las últimas décadas se ha demostrado que numerosos trastornos físicos presentaban correlatos
psicológicos, siendo la Psicología Clínica de la Salud un progreso en la comprensión del papel del
bienestar psicológico en la salud física. Cuanto más avanzaba la Psicología en el ámbito de la salud,
más cuestionamientos planteaba el modelo biomédico basado en la dualidad mente- cuerpo. Viéndose
cada vez con más claridad la influencia que ejerce la conducta, los hábitos, los estilos de vida sobre la
salud y la enfermedad.
Actualmente el modelo teórico en boga es el biopsicosocial, que defiende que la salud física, y la
enfermedad son el resultado de la interacción de las características biológicas, las condiciones
sociales, y los factores comportamentales. Lo que ha dado lugar a intervenciones de la psicología
clínica de la salud diseñadas para disminuir conductas de riesgo, promocionar hábitos saludables y así
prevenir conductas nocivas para la salud física como el abuso de sustancias, y mejorar la calidad de
vida de personas con enfermedades crónicas como el cáncer, enfermedades cardiovasculares,
diabetes… Todas estas intervenciones han demostrado ser eficaces no solo en la práctica, sino
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también con el respaldo de estudios empíricos en los que se evidencia la reducción de síntomas de
dolor y la mejora de la calidad de vida y a adherencia a los tratamientos médicos incluso en población
pediátrica. La ciencia actual reconoce por fin que la mente tiene un papel fundamental en la etiología,
la prevención y el tratamiento de las enfermedades, de este modo, la psicología clínica de la salud se
ha hecho un hueco irremplazable en el ámbito de la salud física.

Moix, J. y Carmona, V. (2018). Los siete secretos mágicos de la efectividad terapéutica” Papeles
del Psicólogo, 39(1), 22-30.
Asumiendo la igualdad en la efectividad de los diversos modelos de intervención psicoterapéuticos,
se cuestiona cuales son los factores comunes que las hacen a todas eficaces por igual. A continuación,
detalla o categoriza siete conceptos comunes implicados en la efectividad de las mismas: La escucha y
la presencia: ofrecer una atención flotante, un silencio que acoge al paciente, sin querer entender
demasiado rápido. Y una presencia cuidadosa, no-manipuladora. La creatividad: el terapeuta debe
tener las herramientas necesarias para aunar la parte científica que unifica y la parte creativa que
individualiza los tratamientos. La intención: desear la mejoría del paciente, es un elemento común de
todas las corrientes. El placebo: las expectativas que el paciente proyecta en la psicoterapia son un
principio activo que favorece su efectividad. La poesía: de manera espontánea utilizamos las palabras
de manera poética, lo que de alguna manera permite al paciente conectarse con ellas y darles el
sentido que necesitan, en el momento adecuado. La humanidad: debemos tener en cuenta que nuestro
propio bienestar es tan importante como el de nuestros pacientes, tratando así de crecer en la misma
medida que ellos. El misterio: todos los psicólogos nos encontramos en cierta medida con fenómenos
que no podemos explicar, debemos aceptar una parte de misterio.

Pérez Álvarez, M. y Hermida, J. R. F. (2008). Más allá de la salud mental: la psicología en


atención primaria. Papeles del Psicólogo. 29(3), 251-270.
Entre el 15 y el 18% de los pacientes que atienden los médicos de Atención Primaria tiene algún
trastorno mental, pero la falta de competencias y la escasa disponibilidad de estos profesionales tiene
como consecuencia que los pacientes no obtengan el mejor tratamiento, y que se traten casi
exclusivamente con psicofármacos. La ineficacia en los tratamientos se traduce finalmente en un
mayor sufrimiento, mayor gasto farmacéutico y en incapacidades laborales prolongadas.
Integrar psicólogos en Atención Primaria supondría numerosos beneficios como una menor carga
asistencial para los médicos, un menor gasto en psicofármacos, un mejor seguimiento de los casos,
una mejora de las acciones de prevención en la comunidad, y una mejora de la satisfacción de los
pacientes. Se propone un cambio a un modelo integrador, donde la colaboración médico- psicólogo
sea cercana e inmediata, por ello compartir el mismo espacio facilitaría mucho el trabajo.
La figura que se propone es la de un consultor conductual de salud (Rowan y Runyan, 2005),
desde una perspectiva de análisis funcional de la conducta que relacione los problemas con el
contexto, y que asesore al médico y al paciente para potenciar sus propias capacidades. Las
tradiciones clínicas que encajan en este modelo pueden ser variadas, desde la psicoterapia
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psicodinámica breve, pasando por las terapias conductuales-contextuales, o la terapia centrada en la


solución. Las habilidades básicas del consultor deberían incluir intervenciones breves basadas en la
evidencia, tomar decisiones en base a los factores de riesgo y vulnerabilidad asociados, y tener la
capacidad de trabajar en equipo, entre otras.
La eficacia de estas psicoterapias en Atención Primaria incidirían en la salud general de la
población, en los gastos asociados a consultas y psicofármacos ineficaces, así como en la reducción de
bajas laborales. Este cambio supone tratar los problemas psicológicos como problemas vitales,
ayudando a las personas a ser más fuertes y a hacerse cargo de sus vidas, situando al consultante ya no
como paciente sino como agente.

Piña, J. y Rivera, B. (2006). Psicología de la salud: Algunas reflexiones críticas sobre su qué y su
para qué. Universitas Psychologica, 5(3), 669-679.
Delimitar con precisión la definición de la Psicología de la Salud resulta esencial para su correcta
interpretación, y en base a ello procurar su evaluación sistemática, y la correcta comunicación entre
las disciplinas y profesionales involucrados. La Psicología de la Salud debe entenderse como un
campo de actuación profesional en el que los psicólogos tienen las herramientas, los conocimientos y
las competencias indispensables para investigar, prevenir, y rehabilitar una enfermedad y promover la
salud. El modelo teórico y metodológico en el que se enmarca esta disciplina corresponde a la
intersección del modelo psicológico de la salud biológica con los problemas de la investigación
biomédica y su aplicabilidad en el campo de la salud.
Pero ¿Cuál sería la definición más precisa de lo psicológico y su interacción con lo biológico y lo
social? Es importante tener en cuenta que los antecedentes no son otros que las mismas teorías
comportamentales y de la personalidad con los que la psicología cuenta es su intervención e
investigación. Partiendo de este marco, se concibe el continuo salud-enfermedad como a una
dimensión individualizada, donde los factores biológicos del organismo, y aquellos que constituyen la
acción funcional de las relaciones socioculturales están en interacción.
En definitiva, el psicólogo de la salud debe asumir el rol de “educador” capaz de identificar la
dimensión individual de los problemas psicosociales y su evaluación, capaz también de enseñar
procedimientos y técnicas para generar cambios en los comportamientos que afectan potencialmente a
la salud y su recuperación.

Sirera, J. P. (2008). El psicólogo en atención primaria: Un debate necesario en el sistema


nacional de salud.”Papeles de psicólogo, 29(3), 281-290.
España se sitúa entre los países europeos con menos recursos destinados a la atención psicológica
de su población. Entre un 60-75% de las consultas de atención primaria tienen asociados estilos de
vida poco saludables, trastornos psicofisiológicos, somatizaciones, y trastornos emocionales. Pero los
médicos se ven incapaces de ofrecer una respuesta asistencial significativa, no farmacológica a éstos
problemas de carácter psicológico, tanto por falta de formación como por falta de tiempo.
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La atención primaria es la que regula con mayor incidencia la carga asistencial de los servicios
especializados, la falta de profesionales preparados para atender adecuadamente estas dolencias puede
provocar un deterioro mayor de las mismas, y en consecuencia incrementar la demanda de atención
especializada, ocasionando un enorme impacto social y económico. El tratamiento farmacológico no
demuestra mayor eficacia que el terapéutico, siendo a largo plazo éste ultimo más económico por
diversas razones, entre ellas, una mejor identificación de las necesidades de atención psicológica, o la
posibilidad de resolver correctamente estas dificultades, cuando son leves, con tratamientos de baja
intensidad, evitando así que estos pacientes se agraven.
Por tanto las alternativas que se ofrecen para la reducción de costes y la optimización de los
recursos, se refieren a modelos de colaboración donde el médico conserva la responsabilidad sobre el
tratamiento, y la figura de psicólogo ejerce un rol de consulta, formación en habilidades al equipo
asistencial, y de atención directa en intervenciones psicológicas breves. Éste es un modelo muy
estudiado, que ofrece así mismo una atención escalonada o por niveles, asumiendo que no todos los
usuarios necesitan un tratamiento de igual intensidad. Por último, un programa de derivación de casos
a psicólogos del ámbito privado con contratos de prestación de servicios por parte del sistema público
de salud. Todas estas propuestas inciden en la utilización óptima de los recursos, desde una
perspectiva integradora y de eficiencia económica.

Tortella-Feliu, M. y varios. (2016). Retos en el desarrollo de intervenciones psicológicas y la


práctica asistencial en salud mental. Clínica y Salud, 27(2), 65-71.
Este artículo se centra en la necesidad de mejorar y extender la prevención, la intervención
temprana y la promoción de la salud mental. También incide en la necesidad de divulgación e
investigación de los agentes implicados en la eficacia de los tratamientos psicológicos.
Se calcula que el 70% de los trastornos mentales tiene una incidencia en edades inferiores a los 25
años, por ello la prevención en jóvenes resulta primordial. Desatender esta población con medidas de
prevención adecuadas implica mayor riesgo de cronicidad en los trastornos, además de mayor
incidencia de otras alteraciones asociadas como el bajo rendimiento escolar o una inadecuada
inserción social. La prevención puede actuar no solo en los factores de riesgo sino en la promoción de
fortaleza y resiliencia como factores de protección ante el posible desarrollo de trastornos mentales.
Otra dificultad con la que nos encontramos es que la práctica clínica cotidiana sufre un
estancamiento en los tratamientos psicológicos empleados. Puede deberse a causas diversas, como la
baja realización de estudios sobre la eficacia de los tratamientos empleados, o la falta de formación de
los clínicos encargados de su aplicación. Algunas creencias de profesionales y pacientes como que los
problemas mentales son enfermedades irrecuperables, pueden favorecer la estigmatización y por tanto
también disminuir la eficacia de los tratamientos.
Se plantean varias medidas para atender de manera más eficaz a un mayor número de pacientes,
como ofrecer una aproximación escalonada de tratamientos, de menor a mayor intensidad según la
gravedad, o bien ofrecer tratamientos dirigidos a procesos comunes en diversos trastornos
psicológicos, con tal de optimizar los recursos asistenciales. Para concluir, la necesidad de investigar
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sobre los mecanismos psicológicos y neurológicos subyacentes a los problemas de salud mental es
esencial para seguir avanzando.

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