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EL CONTRATO SOCIAL CONTEMPORÁNEO.

Por Eduardo Barbarosch

Si se logra comprender que la organización de toda sociedad y el destino que le


depara a las personas que la componen depende del diseño de su estructura básica, o lo que
es lo mismo de las instituciones fundamentales que la regulan, no cabe menos que pensar
que la justicia sustantiva de esas instituciones tiene un papel de enorme trascendencia. No
podemos ignorar que la forma y el contenido de como hayan sido estructuradas dichas
instituciones, determinará los planes y las perspectivas de vida de cada uno de los
individuos que integran el conjunto de la sociedad.

Las diversas concepciones del contrato social, que se originan en autores como
Hobbes, Locke, Rousseau o Kant, han sido la materia fundamental de la filosofía política
de la modernidad. Esas concepciones, diversas en su contenido, han influido de manera
relevante en la conformación de las instituciones políticas de la sociedad moderna. No cabe
duda de que el constitucionalismo moderno tiene una deuda con la mayoría de esos autores.
Locke, Rousseau y Kant, perpetuaron sus ideas de filosofía política en la obra de los
constituyentes de la modernidad. Las libertades o derechos individuales, el sistema
democrático de gobierno, las garantías a esas libertades que emanan de las cartas
constitucionales liberales y democráticas, el derecho igual a una participación política 1,
fueron el claro resultado de la presciencia de estos filósofos contractualistas. Si bien
Hobbes no puede ser considerado un precursor directo de la democracia, no es menos cierto
que su contribución a la filosofía política ha sido relevante2. Su concepción de la
racionalidad de los agentes humanos, de naturaleza egoísta o auto-interesada, no se ha
desdibujado en el horizonte del contrato social. Muchos autores contemporáneos han
intentado fundar el contrato social sobre esos presupuestos, como puede advertirse en la
obra de David Gauthier.3 Este autor, de reconocida filiación hobbesiana, se propone
desarrollar una teoría moral como parte de la teoría de la elección racional y así afirma: “
[...] Sostendremos que los principios racionales necesarios para hacer una elección o para
tomar decisiones dentro de las acciones posibles incluyen algo que restringe de manera
imparcial la acción del actor que persigue su propio interés. Y eso es lo que identificamos
como principios morales”

1
El derecho a la igual participación política responde en gran parte al influjo y la orientación de Rousseau.
Rawls nos dice que este filósofo moral entendió el voto como la expresión ideal de nuestra opinión acerca de
qué alternativa promueve mejor el bien común. Cfr. John Rawls, El liberalismo político, Crítica,1996
Barcelona.
2
Algunos autores entienden que la teoría de Hobbes puede ser reinterpretada sobre la base de la teoría de los
juegos. El resultado de la aplicación de esta teoría no aseguraría la elección de una monarquía absoluta. Esta
forma de gobierno sólo sería uno de los resultados posibles de la interacción natural. Si los contratantes
decidieran preservar la autonomía que tienen en el estado de naturaleza, el Estado constitucional sería el
resultado probable de la negociación. Cfr. David Gauthier Egoísmo, moralidad y sociedad
liberal.Paidós.1998, Introducción de Pedro Francés, pag, 17
3
Morals by Agreement. Oxford Univesity Press.1986
2

Sin embargo, John Rawls4 ha sostenido, en uno de sus más recientes trabajos, que la
tarea de la filosofía política es de orientación y eminentemente práctica. De ella depende,
en parte, que se puedan delinear las bases de un acuerdo moral que estreche las profundas
diferencias que suelen dividir a los ciudadanos en cualquier sociedad. Solo así sería posible
mantener las bases de la cooperación social. Para fijar ideas nos invita a considerar un
ejemplo: el conflicto siempre latente, en cualquier sociedad, entre dos grandes ideales que
pertenecen a la tradición del pensamiento democrático, por un lado pretensión de libertad y
por el otro la de igualdad. El prolongado debate no ha logrado concluir en un acuerdo que
concilie ambos valores. La división, aparentemente inconciliable, encuentra su origen en
dos tradiciones del pensamiento contractualista de la modernidad. Una tradición proviene
del pensamiento de Locke, quién puso el acento en lo que se denominara “las libertades de
los modernos”; una clase de libertades que incluye la libertad de pensamiento, la libertad de
conciencia, los derechos básicos de las personas, el derecho de propiedad e incluso la
noción del Estado de derecho. La otra tradición deriva de Rousseau, quién, según Constant,
hizo hincapié en lo que denominó las “libertades de los antiguos”; en estas libertades tiene
un papel principal las libertades políticas iguales y los valores de la vida pública5.

Se podría interpretar que ambas tradiciones confluyen, sin conflicto, en lo que hoy
conocemos como las democracias constitucionales liberales. Pero esto no es así, por el
contrario, las libertades negativas, o de los modernos, suelen colisionar con las libertades
positivas o de los antiguos. Y en esa colisión subyacen las profundas discrepancias que
existen de como conciliar la libertad y la igualdad 6. La libertad y la igualdad resultan
inconciliables entre sí, si se pretende darle un sesgo libertario a las instituciones que
regulan la estructura básica de la sociedad, reduciendo la igualdad a lo estrictamente
formal de las libertades. Las concepciones libertarias de la justicia para una sociedad,
entienden que el Estado debe garantizar la igualdad formal de las libertades, esto es el
Estado debe cumplir un papel mínimo. Asegurar las libertades negativas, no interferir con
ellas, garantizar el perímetro protector de esas libertades, son los límites de su función, pues
toda invasión más allá del perímetro o “coto vedado”7, constituye una violación de
derechos, que la vertiente libertaria considera absolutamente inmoral.

Esta concepción, defensora de las libertades negativas, que descree de la libertad


positiva, de que el Estado pueda tener una función que va más allá de las funciones
mínimas, que se opone a admitir como moral la existencia de deberes positivos, tanto de los

4
Justice as Fairness. A Restatement. The Belknap Press of Harvard University Press. Cambridge
Massachusetts London, England. 2001
5
Estas libertades eran propias de la polis griega. Quienes gozaban de esas libertades de participar en la vida
democrática era solo un sector: los ciudadanos libres y varones. En esa época no eran conocidas las libertades
individuales (de los modernos) que son una consecuencia del liberalismo y la ilustración.
6
El ideal de igualdad requiere de la libertad positiva.
7
Expresión utilizada por Ernesto Garzón Valdez, aunque con un sentido disímil al de los libertarios.cfr.
Derecho, Ética y Política. CEC. 1993. Madrid.
3

particulares como del Estado,8 no puede considerarse liberal, sino más bien libertaria. Se ha
dicho de ella que es una forma de empobrecer a la concepción liberal.

Entiendo que la concepción de la “justicia como equidad”, desarrollada, como una


teoría de la justicia para las sociedades democráticas y constitucionales, por John Rawls,
constituye el aporte más serio contemporáneo, de base contractual, para superar esas dos
tradiciones que colisionan con fuerza inusitada en el campo de las ideas y en la vida misma
de las sociedades.

La propuesta rawlsiana parte de la idea de que la justicia es la primera virtud de las


instituciones sociales y así como una teoría científica si es falsa debe ser desechada, de la
misma manera si las instituciones son injustas deben ser abolidas. John Rawls es un
defensor de la inviolabilidad de la persona humana. Ningún individuo debe ser sacrificado
ni sus derechos vulnerados aun cuando se busque el bienestar colectivo. Ello hace que su
teoría sea presentada como una concepción de la justicia que es alterna a la del utilitarismo.
La razón principal del desarrollo de su concepción de la justicia fue la de encontrar una
alternativa que diese respuestas satisfactorias a ciertas consecuencias inicuas que devienen
de la aplicación del principio de utilidad. Esta última concepción es moralmente
comprensiva, y nos brinda un solo principio para juzgar cualquier acción humana. Este
principio cuya formulación prescribe que toda acción es correcta si maximiza el bienestar
de la mayoría de las personas, no solo es un principio consecuencialista, sino teleológico: la
corrección de una acción esta vinculada con su finalidad. Si esta es buena, porque satisface
las preferencias de la mayoría de la gente, la acción que se encamina a su búsqueda es
necesariamente correcta, aun cuando intuitivamente resulte repudiable. Si el mundo
estuviera mejor en cuanto a felicidad, porque ello satisface las preferencias de una mayoría,
toda acción que incremente la bondad de un estado de cosas está claramente justificada9.

Rawls se permite discrepar con el utilitarismo mostrando que una teoría fundada en
la noción del contrato social, puede brindar una concepción de la justicia para una sociedad
superadora de la tradición del utilitarismo clásico. No pretende, como el utilitarismo lo
hace, formular una concepción moral comprehensiva, solo es su finalidad brindar un
contenido sustantivo de justicia para las instituciones básicas de la sociedad. La moral
como un todo no es parte de su teoría. Por ello es que en sus obras posteriores a “ A
Theory of Justice”10 nos habla de una concepción política de la justicia que incluso intenta,
en su fundamentación, dejar de lado cualquier vestigio metafísico que pudiera haber vertido
en aquella obra.

8
Los individuos solo pueden tener deberes positivos en tanto los hayan contraído voluntariamente. El Estado,
que se origina como una delegación que realizan los individuos en forma consensuada, no puede tener más
facultades que los derechos que originariamente detentan los particulares. El Estado mínimo solo tiene las
facultades que le delegan los particulares. Al Estado mínimo en la versión explicativa de Nozick se arriba por
un proceso de mano invisible más una decisión deliberada de incorporar a ciertos sujetos denominados
independientes. Todo el proceso que lleva al Estado mínimo es moralmente legítimo, toda función que exceda
el mínimo justificado es inmoral.
9
La satisfacción de las preferencias racionales es una de las formas de alcanzar la felicidad para alguna de las
variantes del utilitarismo.
10
A Theory of Justice. Revised Edition. Harvard University Press. 1999. En adelante TJ.
4

El utilitarismo es una teoría que produce una ruptura con la fundamentación


trascendental o divina de la moral. Descree, en consecuencia, de las raíces metafísicas que
la tradición clásica de la moral presuponía como fundamento último de los principios
morales. Dos fuentes, señaló Bentham en su momento, son el motor que mueve a los
hombres a elegir sus acciones: el placer y el dolor, y estos son motivos de naturaleza
empírica. La felicidad supone, para el fundador del utilitarismo, que todo agente realiza un
balance entre estos dos factores con el propósito de maximizar el placer y minimizar el
dolor. El contrato social que nos propone Rawls, al menos en las últimas versiones de su
concepción política de la justicia, requiere que los fundamentos empíricos no sean
ignorados. Su concepción sostiene es política mas no metafísica. Así señala con énfasis:
“...Me gustaría evitar, por ejemplo, reivindicar pretensiones de verdad universal o
pretensiones sobre una naturaleza esencial o sobre la identidad de la persona. Mi objetivo
es explicar justamente lo contrario” 11 Su teoría pretende que sea una concepción de la
justicia en una sociedad democrática. Y es bueno de destacar que en una nota advierte que
su trabajo “ Kantian constructivism” no debe ser interpretado como una asimilación a las
ideas de Kant, sino, más bien, con ciertos rasgos análogos al constructivismo moral de ese
filósofo.

La discrepancia con el utilitarismo, sin embargo, es profunda. Rawls considera que


esa doctrina moral comprehensiva12, al soslayar como se distribuye el bienestar producido
por la cooperación social, ignora francamente a los individuos como personas separadas. El
consentimiento unánime, hipotéticamente requerido, para elegir los principios de justicia no
se lograría a favor del principio de utilidad, como sí es factible que ocurra con los
principios de la justicia como equidad. En una situación hipotética de elección deberíamos
pensar en agentes que fueran altruistas perfectos para que estuvieran dispuestos a acordar
un principio que solo redundaría en beneficio de un mayor número de personas. Nadie que
no fuera un altruista sería tan benevolente para sacrificar su posición futura a fin de
beneficiar a una mayoría que podría llegar a no integrar.

La concepción rawlsiana de la justicia es deontológica. Una concepción de esta


naturaleza afirma una prioridad de lo correcto sobre lo bueno. Lo correcto es independiente
de lo bueno. Ninguna acción puede ser considerada correcta por la sola circunstancia de
que conduzca a realizar algún principio de bondad. Si bien Rawls afirma que ninguna teoría
puede ignorar a que consecuencias lleva su aplicación, y en ese sentido tienen un rasgo
consecuencialista, ello no obsta a que lo correcto no debe quedar sujeto a la bondad de
ciertas finalidades de las acciones. El deontologismo de Rawls le lleva a formular dos
principios de justicia, que siempre, supone, serían el resultado de una elección unánime que
establece un orden lexicográfico, de manera tal que el primer principio es prioritario sobre
el segundo. ¿Cuáles son estos principios y por qué un orden lexicológico? Es importante
destacar que en TJ, Rawls vertebra una concepción general de la justicia de la cual pueden
luego extraerse los dos principios. Esta concepción general la expresa de la siguiente
manera: “Todos los valores- libertad y oportunidad, ingresos y riquezas y las bases sociales
11
“Justice as Fairness: Political not Metaphysical” .Collected Papers. John Rawls. Edited by Samuel
Freeman. Harvard University Press. 1999.
12
Rawls atribuye al utilitarismo una visión comprehensiva similar a la de otras doctrinas religiosas o morales.
Ello se debe no solo a que el utilitarismo es una doctrina moral y no solo política, sino al hecho de que asume
el postulado del individualismo sin atenuación.
5

del auto-respeto- habrán de ser igualmente distribuidos, a menos que una distribución
desigual de alguno de ellos, o de todos esos valores, resulte ventajoso para todos.” 13 La
injusticia consiste en aquellas desigualdades que no son ventajosas para todos.

Notemos que Rawls introduce la noción de igualdad como un ideal vinculado a la


justicia que parece ser lo suficientemente obvio. La igualdad no requiere justificación. Toda
desigualdad debe, en consecuencia, estar justificada. Y podría estar justificada sí y solo sí
todos los individuos que son parte de la cooperación social resultaran beneficiados con la
desigualdad, i.e., estuvieran en una mejor situación con la desigualdad que con la igualdad.
No es fácil justificar una situación de desigualdad, si se parte de una premisa igualitaria. Un
igualitarista estricto14 no está dispuesto a admitir ningún tipo de desigualdad. Para el
igualitarista estricto el costo de la desigualdad es infinito y no existe ningún precio que
pueda compensar su costo.

Para Rawls, que puede considerarse un liberal igualitario, el costo de la desigualdad


no es infinito -pero el incremento de ingresos y riquezas para todos, una forma de tender a
la igualdad- no puede llevarnos al sacrificio de ciertas libertades básicas. En parte esto
integra la pregunta, formulada por muchos autores, si en realidad la teoría de Rawls es lo
suficientemente igualitaria15. Debemos precisar, entonces, cuales son los dos principios que
Rawls formula y la razón de ese orden lexicológico que apuntáramos.

Si como primer principio se elige aquél que nos prescribe el respeto de las libertades
básicas, para lo cual existen suficientes fundamentos, éste, como tal, debe ser prioritario
sobre el segundo principio. Las libertades básicas no deben estar sujetas a regateos o
negociaciones para beneficiar otros bienes que puedan ser deseables. Así es como Rawls
formula los dos principios:

a) Todas las personas son iguales en punto a exigir un esquema adecuado de derechos
y libertades básicos iguales, esquema que es compatible con el mismo esquema
compatible para todos; y en ese esquema se garantiza el valor equitativo a las
libertades políticas iguales, y sólo a esas libertades.
b) Las desigualdades sociales y económicas tienen que satisfacer dos condiciones:
primero, deben andar vinculadas a posiciones y cargos abiertos a todos en
condiciones de igualdad equitativa de oportunidades; y segundo, deben promover el
mayor beneficio para los miembros menos aventajados de la sociedad. 16

13
TJ,ob.cit. pag.54.
14
Se ha insistido que el igualitarismo estricto tiene en su simiente la envidia.
15
Se ha afirmado que el principio de diferencia es solo un segundo mejor pues admite que la gente reclame
incentivos – desigualdades de ingresos- y no que colabore espontáneamente al bien común.
16
La versión del segundo principio tal como se transcribe, es el resultado de una nueva formulación que tiene
como antecedente, el análisis de las cuatro interpretaciones posibles del segundo principio que se explican en
el texto. La primitiva formulación del segundo principio incorporaba solo las nociones de puestos asequibles
a todos y las desigualdades que sean ventajosas para todos. El segundo principio, en su versión final, es
considerado por Rawls como el que introduce las cuestiones de justicia básica para una sociedad
constitucional y democrática.
6

Rawls enfatiza algunas de las características de estos dos principios. Ellos tienden a
regular las instituciones en un dominio particular, no se refieren sólo a derechos básicos, a
las libertades y oportunidades, sino también a las exigencias de igualdad.17 La segunda
parte del segundo principio, denominada como principio de diferencia, juega un papel
primordial, para que las libertades del primer principio no sean meramente formales. La
exigencia de igualdad requiere atender al valor de las libertades y esto se vincula a un
índice de bienes primarios. El valor de las libertades se conecta con la posibilidad de que
todo partícipe de la cooperación pueda tener asegurado los medios -ya sean ingresos y
riquezas- para realizar sus planes racionales de vida. Se descuenta que ello encontraría
plena satisfacción en una sociedad bien ordenada, con escasez moderada, y dónde la
propiedad estuviera distribuida en amplio sectores y no concentrada en pocas manos. 18 El
valor de esas libertades, que garantiza el primer principio, no sería inteligible para los
individuos si su concreción en planes de vida fuera imposible. La importancia del principio
de diferencia se pone de manifiesto cuando Rawls sugiere: que el primer principio podría
venir precedido de un principio de prioridad lexicográfica, que estipulara que las
necesidades básicas de los ciudadanos deberían estar satisfechas hasta un punto en el que su
satisfacción les permitiera comprender y ejercer fructíferamente esos derechos y libertades
del primer principio.

La noción de ventajoso para todos, formulada ya en el principio que constituye la


concepción general de la justicia, criterio necesario para justificar moralmente las
desigualdades admisibles en una sociedad fundada en la cooperación, exige que su
significado sea aclarado. Rawls señala que existen cuatro interpretaciones posibles del
segundo principio tales como: 1) la libertad natural, 2) la igualdad liberal, 3) la aristocracia
natural,19 4) la igualdad democrática. La libertad natural puede ser asimilada a la
concepción que proponen las teorías libertarias que solo reconocen derechos negativos a
los sujetos de la cooperación social. Cada individuo tiene un perímetro protector que no
puede ser invadido por terceros ni por el propio Estado. Se identifica con el sistema del
capitalismo del “laissez faire.”20 Es un sistema en el cual el Estado tiene funciones
mínimas: proteger a las personas contra el robo, fraude y todo uso ilegítimo de la fuerza, y
respaldar con la fuerza el cumplimiento de los contratos celebrados entre los individuos.

El sistema de libertad natural es la primera interpretación posible de la noción


de “ventajoso para todos.” Las desigualdades estarían justificadas pues se conjugan dos
criterios que en apariencia no estarían sujetos a una crítica razonable . Ellos son por un lado
el óptimo de Pareto y, por el otro, la idea de que los cargos y posiciones en la sociedad
17
Los derechos del primer principio pueden ser considerados como esencias constitucionales.
18
Este sistema lo denomina Rawls property-owning democracy, que puede diferenciarse del laissez faire
-capitalism, del welfare- state capitalism, como también de otros sistemas como el state socialism with a
command economy y el liberal (democratic) socialism cfr. John Rawls: Justice as Fairness. A Restatement.
Harvard University Press.2001.
19
Esta interpretación no es muy relevante y se soslaya en el trabajo. Rawls cita como un mentor de esta
formulación a Santayana. La idea de ese autor es que un régimen aristocrático se justificaría probando que si
los que están en mejor posición tuvieran menos, los menos favorecidos estarían aún peor.
20
El sistema de libertad natural, tal como la califica Rawls, tiene un lúcido defensor en Robert Nozick, quien
a partir de su obra “ Anarquía, Estado y Utopía”, se propone fundamentar la defensa moral del Estado
mínimo.
7

deben ser asequibles a todos los individuos, midiéndose para acceder a ellos solamente los
talentos y capacidades. El óptimo de Pareto es un criterio que proviene de la teoría
económica, propuesto por Wilfredo Pareto y que ha tenido un acogimiento unánime en la
comunidad científica. Los economistas encuentran en éste criterio el paradigma de la
economía de bienestar. Sin embargo, la eficiencia paretiana, de eso se trata el óptimo de
Pareto, es absolutamente indiferente a la distribución de utilidades, de rentas o de cualquier
otra cosa, y tampoco tiene el menor interés en la equidad. Pero debemos explicitar como
funciona el criterio de Pareto. Si bien fue utilizado para considerar distintos estados de
cosas alternativos vinculados con cuestiones económicas, no deja de ser aplicable incluso a
las instituciones normativas.

El criterio de Pareto enuncia que el bienestar de un grupo está en su punto óptimo


cuando es imposible que ninguno mejore, en un estado alternativo, sin que al mismo tiempo
empeore al menos otro. La noción de Pareto no establece cual es la mejor distribución, sino,
en todo caso, una clase de distribuciones igualmente óptimas o eficientes. Una distribución
óptima no es mejor que una no óptima, sino superior, la primera domina a la segunda. Se
debe distinguir entre Pareto óptimo y Pareto superior. Pareto superior ordena un estado
social bajo las siguientes condiciones: Un estado en el mundo S1 es Pareto superior a otro
estado S si y solo sí ninguno estar peor en S1 que en S y al menos una persona está mejor
en S1 que en S. Que una persona se encuentre mejor en un estado que en otro depende de
su relación con el bienestar y se presume que cada persona es el mejor juez de su propio
bienestar. Así, Pareto superior es a veces definido: S1 es Pareto superior a S si y solo si,
nadie prefiere S a S1 y al menos uno prefiere S1 a S. Si alguien tiene una gran utilidad en
S1 sobre S y ninguno está peor en S1, que en S, entonces, pasar de S a S1, significa una
ganancia neta de utilidad total.

Pareto óptimo es por definición: S1 es Pareto óptimo si y solo si no existe un Sn tal


que Sn sea Pareto superior a S1. Para ilustrar las definiciones es posible dar algunos
ejemplos: supongamos que hay una mercadería C y 10 unidades de ella; 2 personas x e y
sobre las que recaerá la distribución. Ambas, se entiende, prefieren más de C que menos,
imaginemos dos estados distintos en lo que se distribuyen los recursos entre x e y.

S1: X tiene 10 unidades de C, y tiene 0 unidades de C.

S2 X tiene 0 unidades de C, y tiene 10 de unidades de C.

Ambos estados son Pareto óptimos, todo cambio mejora a alguno y empeora a otro.
Podría existir una tercera distribución:

S3 X tiene 5 unidades de C, e y tiene 5 unidades de C

Esta última distribución es también es Pareto óptima. Como se puede advertir


pueden existir un extenso número de estados Pareto óptimos a partir de una inicial
distribución de recursos. Así S1, S2, y S3 son todos óptimos y no comparables entre sí,
ninguno de ellos es Pareto superior sobre los otros.
8

Los economistas nos proporcionan un criterio que funciona de manera tal que se
asegure a la sociedad la posibilidad de alcanzar un estado Pareto superior. Las reglas, las
políticas y las instituciones de una sociedad serán eficientes si existe la seguridad de que
nadie puede ganar a expensas de otro. Toda modificación debe en este sentido mejorar a
alguno, sin perjudicar a ninguno. Recordemos que S1, S2, y S3 son todos estados
igualmente óptimos, solo difieren en la distribución de C entre x e y.

Los economistas sostienen que una vez alcanzada la frontera de posibilidades


de producción de una sociedad, es tarea del teórico o del filósofo determinar cual estado
eficiente resulta mejor. La eficiencia se vincula con el tamaño de la torta y el dominio de la
justicia y moralidad con la forma y la distribución del pastel. Naturalmente, para los
economistas lo que importa es aumentar el pastel, hacerlo lo mayor posible. En esta visión
la eficiencia es prioritaria sobre la equidad o la justicia. Sin embargo, en orden de hacer
justicia uno puede dejar de lado la eficacia. En este caso se da prioridad a la justicia sobre
la eficiencia.

La economía de bienestar requiere de determinados supuestos: un homo-


economicus, que interactúa en un mercado ideal. El mercado ideal presupone que: 1) la
información -acerca de los precios- que poseen los sujetos que intervienen en el mercado
sea completa; 2) que el derecho de propiedad sea estable; no existe la posibilidad de
existencia de una mercado ideal de estas características sin una asignación previa del
derecho de propiedad. 3) el individuo es considerado como un egoísta racional, tiene en
cuenta sus preferencias y estas pueden ser ordenadas en forma transitiva; 4) los costos de
transacción son nulos; 5) El mercado ideal carece de externalidades. En un mercado de
competencia perfecta toda interacción social se da dentro del mercado; 6) los productos
ofrecidos en el mercado no están diferenciados entre los ofertantes, en igualdad de
condiciones es indiferente comprar a uno u otro. Ninguno tiene suficientes poder para
alterarlos.
El óptimo de Pareto aplicado a una economía de libre mercado adquiere el
siguiente significado: “ En un mundo caracterizado por la escasez, y en el que los
individuos se comportan siempre como individuos racionales, maximizadores de sus
intereses privados, el máximo bienestar social, de eficiencia social, se conseguirá cuando en
un mercado de competencia perfecta – definido por un elevado número de compradores y
vendedores de forma que ninguno pueda influir sobre el precio, que poseen una
información completa en el proceso de determinación del precio y que todos los recursos
son libremente transferidos- se logre una situación de equilibrio que se denominará óptimo
de Pareto, caracterizada por el hecho de que ningún individuo podrá mejorar su situación
( su bienestar) sin perjudicar la situación de otro” 21

El sistema de libertad natural adopta el principio de eficacia adaptado a las


instituciones y lo conjuga con la noción de igualdad de acceso a las carreras que quedan
abiertas a los talentos. En estas condiciones, para esta interpretación, satisfecho el principio
de eficacia y en el que las posiciones están abiertas a los que tienen la voluntad de acceder a
ellas, y poseen talentos suficientes, toda distribución será eficiente y justa. Esta
interpretación incluye importantes elementos de justicia procesal pura.

21
Pedro Mercado Pacheco. El Análisis Económico del Derecho. CEC. 1994. Madrid
9

Rawls distingue tres formas de justicia: la justicia procesal pura, la justicia


procesal perfecta y la justicia procesal imperfecta. 22 La primera carece de un criterio
independiente de justicia. Una práctica como el juego puede ejemplificar este tipo de
justicia. Si las reglas del juego en cuestión son respetadas por los participantes, el
procedimiento, cualquier resultado es justo. En el sistema de libertad natural, están dadas
las reglas, cualquier resultado que provenga de la práctica del mercado es justo. Existe una
suerte de distribución natural que no merece objeción alguna ya que es justa, pues nadie ha
violado las reglas, este es el único límite que deben respetar los que participan en la
práctica competitiva.

Esta interpretación considera que la justicia distributiva no debe ser pautada.


No son necesarios los principios de justicia distributiva. La justicia distributiva es de
resultados e histórica. Ejemplifica una posición de este tipo la defensa que hace de ella
Nozick en la obra que hemos citado. Este autor entiende que existen tres rasgos básicos
para una distribución justa fundada en derechos o títulos. La justicia de la adquisición
originaria de la propiedad, la justicia de las transferencias y la justicia de la rectificación.
La adquisición originaria de la propiedad es justificada sobre la base de los fundamentos
dados por Locke. El segundo rasgo es la justicia de las transferencias que establece que
cualquier cosa que es legítimamente adquirida puede ser libremente transmitida (venta o
donación) El tercer rasgo es la rectificación de las injusticias: cómo actuar frente a lo
poseído cuando es injustamente adquirido o transferido. Estos tres rasgos completan y
cubren íntegramente la materia de la justicia sobre las pertenencias de los individuos. El
autor considera que cualquier cosa que surge de una situación justa, a través de pasos justos
es en sí misma justa. No es otra cosa que algo análogo a una inferencia válida. De la misma
manera – nos dice- que la verdad se transmite en una deducción de las premisas a la
conclusión, la transición de una situación a otra que se efectúe acorde con lo especificado
por el principio de transferencia conservará la justicia del resultado.

Rawls introduce fuertes argumentos morales contra el sistema de libertad


natural. Piensa que el sistema de igualdad liberal morigera la iniquidad que subyace al
sistema capitalista del laissez faire. Si bien el sistema igualdad liberal mantiene la noción
de eficacia, el óptimo de Pareto, como esquema distributivo natural, introduce el principio
de una equitativa igualdad de oportunidades. La igualdad de oportunidades tiende a
asegurar que el punto de partida de los competidores en el mercado se iguale. Quienes
tienen iguales talentos o capacidades y la voluntad de desarrollarlos merecen iguales
oportunidades. Se entiende que la inicial distribución de los activos en un periodo de
tiempo está fuertemente influida por las contingencias naturales y sociales. La existente
distribución de ingresos y riquezas es el resultado acumulativo de una previa distribución
22
La justicia procesal perfecta como la imperfecta si tienen un criterio independiente de justicia, que
constituye un principio o pauta que debe cumplirse. Los casos de justicia procesal perfecta, son escasos,
raramente existe un principio de justicia que puede ser cumplido a la perfección. Rawls nos da como ejemplo
la distribución de una torta, el principio de justicia a cumplir es el de que debe distribuirse en porciones
iguales. El procedimiento para cumplir ese requisito consiste en que el que corta las porciones retira último.
La justicia procesal imperfecta puede ser ejemplificada con un juicio penal, si bien la pauta o principio
prescribe condenar al culpable y absolver al inocente, muchas veces, como el procedimiento es imperfecto
impide un resultado justo. La teoría de la justicia de Rawls, es dentro de estas clasificaciones un caso de
justicia procesal imperfecta.
10

de activos naturales. Esto es, nos señala Rawls, las habilidades y talentos naturales tal como
hayan sido desarrollados o dejado de desarrollarse, favorecidos o no por las contingencias
sociales, como por accidentes y buena fortuna. Todos estos elementos son arbitrarios desde
el punto de vista moral y es por ello la más obvia injusticia del sistema de libertad natural.
Es por ello que considera oportuna la interpretación que introduce el sistema de la igualdad
liberal que corrige e incrementa las condiciones para que las carreras sean abiertas a los
talentos y capacidades. Se requiere que las carreras no se encuentren abiertas solo en un
sentido formal, quienes tienen iguales capacidades y talentos deben tener las mismas
chances. No puede estar afectado el acceso a los cargos o posiciones sociales por la clase
social de la que provienen los candidatos, o por el nivel de ingresos o riquezas que posean
las familias de las cuales procedan. El sistema, tanto, privado o público de educación debe
asegurar iguales condiciones para adquirir conocimientos y habilidades. La educación, y el
acceso a ella, debe ser diseñada para compensar las barreras de clase.23

Aunque el sistema de la igualdad liberal es preferible, en palabras de Rawls, al


sistema de libertad natural, intuitivamente todavía presenta rasgos de defección ante la
injusticia. Si bien este sistema trabaja para eliminar la influencia de las contingencias
sociales, aún permite que la distribución de ingresos y riquezas esté determinada por la
distribución natural de los talentos y habilidades. Esto significa que la participación en la
distribución se ve en gran parte determinada por la lotería natural, la que, por sí misma, no
proporciona ningún crédito moral a los que han sido favorecidos por ella.

Ambos sistemas, en última instancia, depositan su confianza en la justicia que


proviene de la distribución natural del mercado, aunque la igualdad liberal tiende a igualar
a los participantes con iguales condiciones naturales en el punto de partida. No parece
ocioso destacar que estas concepciones parten de un criterio erróneo, se presupone que
ciertos aspectos del proceso económico son naturales y no requieren justificación. 24 El
principio de Pareto admite que una distribución es óptima aunque alguno lo tenga todo y
otro nada, ya que todo cambio en la distribución requiere que nadie se perjudique con ese
cambio. Si a ello se adiciona la tesis libertaria de que existen derechos naturales tales como
el derecho de propiedad que es inviolable, toda redistribución que se proponga al resultado
natural del mercado no sería permisible desde un punto de vista moral. Más aún la
distribución natural que se produce en un mercado competitivo legitima la adquisición no
solo por el mérito, éste sería en parte irrelevante, no debe considerarse un premio, sino
porque es un derecho moral. Cada uno tiene un derecho a sus pertenencias obtenidas según
las reglas del juego del mercado y nadie y menos el Estado está legitimado para redistribuir
aquello que se ha adquirido legítimamente.

Se puede afirmar que el sistema de laissez-faire, que venimos considerando en


dos visiones, una más extrema y otra más debilitada, solo se justifica en especial por la
existencia, entre otros derechos, de un derecho natural de propiedad. Cuando se decide
defender los derechos que hacen tal sistema posible, estamos ante una elección. Esta
elección, que tiene otras alternativas, nos lleva a recompensar a los que poseen una mayor
capacidad productiva (y sus herederos) a expensas de los que tienen menor capacidad y
habilidades. Pero si existen otras posibilidades de elección y ellas son justificables,
23
TJ, pag.63.
24
cfr. Thomas Nagel, Igualdad y parcialidad. Bases éticas de la teoría política. Paidós. Barcelona 1996
11

entonces a la sociedad le cabe la elección. Ningún proceso de mano invisible al que se


añada la existencia de derechos naturales previos, en un supuesto estado de naturaleza,
lleva a justificar un Estado mínimo en sus funciones. La explicación de la formación del
Estado mínimo por un proceso natural y consensuado, no es suficiente para justificar la
injusticia de la distribución y de las desigualdades sociales.

Las graves injusticias que se generan si se acepta el sistema de libertad


natural, aun morigerado por el de la igualdad liberal, son puestas de resalto por John Rawls,
y lo lleva a considerar que en la posición originaria las partes elegirían el sistema de
igualdad democrática. Rawls combina, como una factible interpretación de lo que podría
interpretarse como “ ventajoso para todos”, el principio de justa igualdad de oportunidades
introducido por el sistema de igualdad liberal y no admitido por el sistema de libertad
natural, con el principio de diferencia.

El principio de diferencia, como hemos visto, es el que establece que las


desigualdades de ingresos y riquezas se justifican si redundan en beneficio de aquellos peor
situados en el esquema de cooperación social. Debemos considerar que las desigualdades
en las perspectivas de vida de todos los ciudadanos durante su vida completa en sociedad se
encuentran afectadas, en la visión rawlsiana, por tres clases de contingencias:
a) La clase social de origen: clase en la que han nacido y crecen antes de la edad de la
razón.
b) Los activos naturales: inteligencia, capacidad, habilidades de nacimiento,
independientemente de su realización futura.
c) La mala o buena fortuna en el curso de la vida, i.e, como se vean afectados los
individuos por enfermedades y accidentes. A lo que deben adicionarse situaciones
de declinación económica, desempleo involuntario, etc.

Este es un principio de justicia distributiva que trabaja en tandem con los otros
dos. Se debe tomar como premisa que la cooperación social tiene también como objetivo la
producción de bienes. Sin la cooperación de los individuos en la sociedad, no habría nada
producido y nada para distribuir. Quienes se ven más afectados por las contingencias
señaladas son los menos aventajados en la sociedad. Son aquellos que participan junto con
todos los ciudadanos de las iguales libertades, e iguales oportunidades, pero aun así tienen
menos ingresos y riquezas.25

El principio de diferencia está concebido bajo la idea de reciprocidad. Esta


noción se contrapone a lo que se denomina ventaja mutua. Esa oposición exige comprender
la diferencia existente entre lo razonable y lo racional. Según Rawls, los individuos pueden
ser concebidos como personas morales. Esto no presupone, a partir de sus últimos trabajos,
que la noción de persona sea extraída de doctrinas metafísicas, o de la filosofía de la mente,
o de concepciones psicológicas. Tiene poca relación, señala, con las discusiones del yo,
propias de esas disciplinas. La persona moral es diseñada en su teoría desde un punto de
vista normativo y político. Teniendo este significado de personalidad moral, es factible
considerar que toda persona moral tiene dos facultades, que denomina los “dos poderes
morales.” Estos poderes morales los explica como sigue:

25
cfr. John Rawls, Justice as Fairness, ob.cit, pag, 65
12

a) Uno de ellos se identifica con la capacidad para tener un sentido de


justicia: esto es la capacidad de comprender, aplicar y actuar sobre la base
de ciertos principios de justicia política que especifican los términos de la
cooperación social. Esta es la capacidad de las personas morales que se
identifica con lo razonable.
b) El otro poder de las personas se sustenta en la capacidad de poseer una
concepción de lo bueno: esto es de tener, de revisar y perseguir
racionalmente concepciones de lo bueno. Estas concepciones fundamentan
la prosecución de nuestros planes de vida, y en general influyen en ellas
nuestras visiones comprehensivas acerca de los fines de la vida y su
significado. Nuestros planes de vida se insertan en la cooperación social y
la búsqueda de nuestras realizaciones requieren de lo que se identifica con
lo racional.26

Lo que intenta enfatizar Rawls, como una parte esencial de su teoría, es que lo
razonable se vincula con el sentido de justicia 27. Personas razonables estarán dispuestas a
proponer, o reconocer cuando las propuestas vienen de otros, los principios necesarios para
especificar los términos equitativos de la cooperación. Esas mismas personas entenderán
que ellas deben hacer honor a esos principios aun a expensas de sus propios intereses
cuando las circunstancias no los favorezcan. Es irrazonable no estar preparados para
proponer tales principios o no hacer honor a los términos equitativos de la cooperación
cuando los otros puedan esperar que razonablemente los aceptemos. Sería aun mucho peor
que lo irrazonable, si uno pareciera o simulara parecer que se propone honrar los principios,
pero está listo para violarlos en su propio beneficio cuando las circunstancias lo permiten.

Ahora bien, lo que es irrazonable no necesariamente coincide con lo


irracional. Si suponemos a las personas como libres e iguales, puede considerarse racional
que aquellos que se encuentran en una situación superior para negociar obtengan ventajas
derivadas de esa posición. En esta clase de situaciones uno podría sostener, como lo
entiende el sentido común que el resultado de la negociación es racional, pero irrazonable.
Lo razonable, afirma Rawls, se nutre de una idea moral, encierra cierta sensibilidad moral.28

El acuerdo unánime en el que culmina la elección de los principios de justicia,


en la posición original, ideada por Rawls como una hipótesis o mecanismo de
representación, está fundado en la noción de que las partes son racionales y razonables.
Pero pese a considerar que se dan estos rasgos en los participantes del acuerdo, en la
elección de los principios predomina lo razonable por aplicación del velo de la ignorancia.
El resultado, la elección de los principios, se funda en el criterio de reciprocidad y no en el
de ventaja mutua, como advirtiéramos. La mutua ventaja puede ser el resultado de una
negociación racional, a las que las partes no concurren en igualdad de condiciones, y el
26
cfr. John Rawls, Justicie as Fairness, ob.cit, pag, 19
27
El sentido de justicia ya aparece tratado por Rawls, en un trabajo intitulado: The Sense of Justice (1963), y
le atribuye su origen a una idea desarrollada por Rousseau. Cfr. Collected Papers, John Rawls. Edited by
Samuel Freeman. Harvard University Press 2001.
28
cfr. John Rawls, Justice as Fairness, ob,cit, pag, 7
13

resultado producto del regateo, de ciertas posiciones de fuerza, o de mayor riqueza de unos
frente a otros puede concluir en un acuerdo muy desigual.

Sostiene Rawls, para distinguir el contrato social que él propone de aquél que
proviene de un contractualismo fundado en las teorías de la decisión racional, que en la
justicia como equidad la idea de la posición original debe abstraerse de las contingencias
reales, los rasgos particulares y circunstancias de las personas. Esto supone eliminar, para
llegar a un acuerdo equitativo entre personas, las ventajas obtenidas por cualquier tipo de
regateo fundado en el egoísmo racional. Si se admitiera una especie de contrato real entre
las partes, sería inevitable que en cualquier momento el resultado acumulativo histórico
generara ventajas para algunos que podrían hacerse valer como amenazas para lograr un
acuerdo. El poder de facto, o la riqueza acumulada, o los activos naturales de los
individuos, influirían negativamente en los arreglos. Piensa Rawls que este tipo de contrato,
con rasgos de inequidad, es el que se deriva de las teorías de Nozick, Gauthier o Buchanan.
En esas teorías los derechos básicos, las libertades y oportunidades, aseguradas por la
estructura básica, dependen con exclusividad, de las contingencias históricas, las dotes de
nacimiento y las circunstancias sociales.

El principio de diferencia, uno de los rasgos novedosos de la teoría de la


justicia de Rawls, se hace cargo de las diferencias que provienen de los talentos y activos
naturales, considerados como el resultado de una lotería natural que no concede ningún
crédito moral a sus beneficiarios. Nadie merece el talento o los activos naturales que posee,
la suerte no puede tener un premio moral. En una sociedad fundada en la cooperación nadie
puede querer beneficiarse doblemente, esto es de su propia suerte y, además, obtener
mayores ventajas que lo razonable en el resultado de la cooperación social. Para Rawls, los
activos naturales son parte del acervo común de la sociedad. Esta idea ha sido cuestionada,
pues se entendió que Rawls contradecía su principio de la inviolabilidad de las personas.
Sin embargo, esta crítica ha sido respondida por Rawls. Él no sostiene que los individuos
con mayores talentos deban ser sacrificados, ignorando que son fines en sí mismo, sino que
los beneficios de la distribución originados en el talento pueden ser redistribuidos a fin de
mejorar la situación de los peor situados.

En verdad, en sus últimas obras Rawls trata de distinguir su teoría de la


justicia, fundada en un acuerdo unánime, de aquellas tesis bienestaristas que consideran al
Estado de bienestar como la mejor institución para compensar las desigualdades que el
laissez faire genera en una cooperación fundada en el rigor de la mano invisible. De ahí que
proponga un sistema al que denomina owning property democracy. Piensa que las
instituciones que se pueden proponer sobre la base de este concepto trabajarían a fin de
extender la propiedad entre las personas y no que ésta se concentre en pocas manos, de
manera tal que unos pocos controlen la economía e indirectamente, también, la vida
política.29 El sistema de welfare-state capitalism, si bien afirma la necesidad de una
redistribución de ingresos al final de cada periodo, permite, sin embargo, que una pequeña
clase sea propietaria de la mayor parte de los medios de producción.

29
cfr, John Rawls, Justice as Fairness, ob,cit, pag.139
14

Los menos aventajados, como los desafortunados o aquellos a los que las
contingencias de orden natural o social los han empujado a no poder insertarse con
dignidad o auto-estima en la sociedad, no deben ser objeto de la caridad y la compasión. En
verdad, son aquellos a los cuales la reciprocidad les es debida como materia de la justicia
política. Aunque controlen pocos recursos estarán insertos con una plena participación en la
sociedad en donde impera un principio de mutualidad consistente con la auto-estima.

En la justicia como equidad el principio de diferencia encuentra su


justificación en diversos argumentos desarrollados por Rawls originariamente, pero
también en otros dados en respuesta a sus críticos. En primer lugar, Rawls, considera que el
principio de diferencia, no solo es un principio que tiende hacia la igualdad, sino que se
compromete con el ideal de fraternidad. Recuerda que uno de los ideales de la Revolución
Francesa, fue este principio que nunca fue claramente especificado ni instrumentado. Si se
piensa a la fraternidad como el ideal que se propone concretar la amistad cívica entre los
ciudadanos, ello se logra con el principio de diferencia que se inclina por los menos
aventajados. Se supone que la fraternidad, promover el interés de los peor situados en la
sociedad, aun sacrificando parte del interés de los mejor posicionados, se asemeja a lo que
ocurre en las familias cuando los padres están dispuestos a sacrificar su bienestar o ingresos
para el progreso o bienestar de sus hijos.

En segundo lugar, se entiende que el principio de diferencia encuadra dentro


la segunda formulación del imperativo kantiano que prescribe: “ Actúa de tal manera que
trates siempre a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro,
nunca sólo como medio, sino siempre, al mismo tiempo como fin.” Tratar a las personas
bajo este principio de diferencia es considerar que los menos dotados no son medios para
los fines de los mejor dotados. Los más beneficiados solamente podrán hacer honor al
principio expuesto, si están dispuestos a considerar que aquellos peor situados deben poder
satisfacer sus planes de vida en un sistema de cooperación equitativa.

Rawls nos enseña que el principio de diferencia incluye la idea de


reciprocidad. Los mejor dotados (quienes son los que tienen un mejor lugar en la
distribución de los activos naturales, y que moralmente no son merecidos) tendrán un
estímulo para adquirir mayores beneficios, (que los que ya tienen por la lotería natural)con
la condición de que ellos entrenen sus activos naturales y los usen de manera de contribuir
al bien de los menos dotados ( en la medida de que los menos dotados que ocupan un peor
lugar en la distribución no merecen esa situación)30 La reciprocidad es una idea moral que
está situada entre la imparcialidad que se vincula con el altruismo y la mutua ventaja que
podría sostenerse que se funda en razones de orden prudencial.

Como puede inferirse de lo dicho la teoría del contrato social de Rawls tiene
como una de sus premisas la idea de una sociedad como un sistema justo de cooperación.
La noción de cooperación se diferencia de la idea de comunidad y también de la de
asociación. Una sociedad democrática no puede ser una comunidad. La comunidad se
compone de un conjunto de personas unidas en la afirmación de una concepción moral
comprehensiva. Esta noción desconoce la pluralidad de ideas morales, filosóficas y

30
cfr. John Rawls, Justice as Fairness, ob, cit, pag.76
15

religiosas que coexisten en toda sociedad. Un pluralismo razonable excluye la afirmación


de una sola doctrina que solo podría imponerse por el uso de la fuerza o la coerción.
Tampoco la mera asociación resultado de la voluntad individual explica la idea de una
sociedad, pues nadie ingresa voluntariamente a ella, sus integrantes en la amplia mayoría de
los casos, pasan su vida completa en ella, allí despliegan sus planes de vida, y las más de
las veces no son verdaderamente libres para egresar de ellas.

La cooperación social requiere de un sistema de reglas públicas y ellas rigen la


vida en sociedad, por lo tanto debieran ser sustantivamente justas y equitativas. Entiende
Rawls que la mejor manera de elegir los principios de justicia que informarán esas reglas es
mediante el modelo del contrato. Así nos invita a pensar en una posición original. Esta
posición original es solo un modelo de representación, no consiste en una situación real o
históricamente dada. En esa posición las partes están colocadas en forma simétrica y son
libres e iguales. A fin de cancelar el egoísmo que puede de hecho imperar en cualquier
negociación, nos propone establecer un velo de ignorancia que establece un límite al
conocimiento de las partes. Ninguna las partes conocen con cuales activos naturales están
dotados, no saben la posición que ocuparán en la sociedad, que riquezas o ingresos tendrán.
Tampoco conocen en que tipo o clase de familia han nacido, ni cuales serán sus
concepciones morales, religiosas o filosóficas. Los participantes solo conocen los hechos
más generales de las teorías sociales y económicas. Tienen un conocimiento general de las
circunstancias de la sociedad. Existen ciertas circunstancias objetivas y subjetivas de la
justicia que favorecen un acuerdo cooperativo. La escasez moderada y ciertas
circunstancias permiten inferir que existen condiciones favorables para una democracia
constitucional.

Dadas estas condiciones las partes habrán de elegir de listas alternativas los
principios de justicia más razonables para fundar la cooperación social. Los principios de
justicia que habrán de ser elegidos deben tener la característica de ser generales, universales
y públicos. La generalidad excluye los nombres propios o descripciones definidas, ningún
principio de justicia puede favorecer a un individuo, o varios identificados mediante alguna
descripción, aunque no sea un nombre propio. La universalidad excluye que los principios
beneficien a un grupo, una clase etc. La publicidad es que deben ser conocidos por todos.
Se ha entendido que el principio de diferencia de Rawls podría ser denominado también la
regla maximin. Esta regla es aplicable en las situaciones de incertidumbre por aquellos que
tienen que tomar una decisión racional y tienen en alto grado una aversión al riesgo.
Algunos autores, se han preguntado, si la regla maximin puede funcionar como la base de
la moralidad. Pensando que el principio de diferencia sería asimilable a la regla maximin.
Recordemos que Rawls piensa en la posición original como una situación donde las partes
ignoran su posición futura y en cierto sentido esto podría verse como una situación de
incertidumbre. La regla maximin nos dice que en ese tipo de situaciones se deben
identificar los peores resultados de todas las alternativas puestas a consideración para la
elección y adoptar aquella alternativa cuyo peor resultado sea mejor que los peores
resultados de las otras alternativas. Rawls, finalmente rehúsa considerar a la regla maximin
y a la teoría de la decisión racional como parte de su esquema interpretativo de la posición
original, en todo caso entiende que ella es solo una idea intuitiva, pero no análoga.31

31
para un mayor desarrollo consúltese John Rawls, Justice as fairness, pags, 97 y ss.
16

Las partes en la posición original ingresan en una deliberación 32 donde


predomina lo razonable. Habrán de buscar en el proceso deliberativo acordar sobre ciertos
principios de justicia llevados a ese resultado a través de un procedimiento de justicia
procesal pura. No existen principios previos, un orden de valores previos a descubrir. La
posición original no es una instancia determinada por un derecho natural previo, es una
instancia constructiva de ciertos valores políticos razonables. Descartado el altruismo, la
envidia y el egoísmo como supuestos previos, la instancia deliberativa supone solo la
existencia de un sentimiento de justicia y el conocimiento que las personas no solo son
razonables sino también racionales, es decir, que buscan su propio interés. Pero si el deseo
superior de justicia prevalece, la instancia de lo razonable, los principios serán el marco
adecuado y los límites que toda persona tendrá en la sociedad cuando persiga sus propios
fines. Una posición original pensada de esta manera nos llevará a un acuerdo unánime
sobre los principios para una sociedad que aspira a ser justa.

Como puede advertirse la teoría del contrato social ha adquirido, con la obra
de Rawls, un nuevo impulso. No se le puede adjudicar, como en general se le atribuía al
contractualismo tradicional, una posición ideológica conservadora, cuyo manifiesto interés
era defender el papel pasivo del Estado. Este papel sólo debía garantizar con exclusividad
la libertad del mercado, abstenerse de impulsar toda redistribución por ser la causa no solo
de la ineficiencia de los mercados, la mala asignación de recursos, sino también por afectar
supuestos derechos naturales inmutables. Hoy podemos valorar una concepción política
liberal e igualitaria, en tanto asegura las libertades básicas y asimismo la igualdad necesaria
para diseñar una sociedad dónde los individuos ganan con la cooperación y no están
determinados por un sistema de laissez faire que los condena, en su mayoría, a la
resignación frente a la pobreza y la marginación social.

32
Una manera alternativa y a su vez complementaria de adoptar principios de justicia es el método del
equilibrio reflexivo que Rawls desarrolla en su obra. Cfr. Justice as Fairness,pags.26-29.