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INTRODUCCION

La deontología jurídica trata sobre la moral del abogado y la forma de actuar


con su cliente, el profesional del derecho, tiene que defender los intereses del
patrocinado, siempre actuando con la verdad y siempre teniendo en cuenta su
ética profesional.

• El abogado que es honesto tiene como deber ético el guardar reserva de los
asuntos vinculados a la vida privada de sus clientes. Ello por qué se debe
proteger el bien jurídico correspondiente a la intimidad de la vida privada de las
personas protegidas por la normatividad jurídica.

• La ética constituye el ámbito que inspira y cobija los más nobles sentimientos
del ser humano, sin ética el hombre estaría sin hogar, a la intemperie,
desamparado en el que solo imperaría la ley de la selva y de los más bajos
instintos.

• IMPORTANTE, es el deber de las facultades de derecho y de los colegios de


abogados preocuparse seriamente y con sentido de responsabilidad de
recordarle a los que ejercen o han de ejercer la abogacía cuáles son sus
deberes.

“Si no consideras a tu profesión como la más noble sobre la tierra


abandónala, por que entonces no eres abogado”.

Las interpretaciones, reflexiones y pensamientos que emergen de la sociedad


configuran un entramado de deberes y valores que las personas se ven
obligadas a considerar a la hora de tomar decisiones. Por ello, es en la
conducta humana que se encuentra el ethos (comportamiento social que se
ejecuta de manera individual pero siempre interrelacionado con el
temperamento y condiciones de grupo), .A este respecto, actualmente nuestro
país experimenta una crisis de valores que ha penetrado las relaciones
sociales desencadenando complejos problemas de conducta como la
corrupción, el narcotráfico, los conflictos de interés dentro de la clase política, y
un sinfín de situaciones que promueven la desolación, el miedo y la frustración
social. Empero, algunos expertos señalan con cierto optimismo que la crisis
nos llevará al cambio y se generarán nuevos mecanismos y políticas en favor
de la justicia y el orden. No obstante, hay que estar conscientes que este orden
se generará a partir de nosotros, por lo que es interesante cuestionarnos
¿cómo participar para generar ese cambio?, ¿cómo mejorar la convivencia y
condiciones materiales de la sociedad? y ¿qué clase de orden necesitamos
para vivir armónicamente? Las universidades como autoridades morales del
conocimiento deberían implementar en sus planes y programas de estudio
asignaturas como: Filosofía, Ética, Deontología y algunas otras que estimulan
el acercamiento del hombre con su ser para facilitar esta tarea. Por ello es
importante que los alumnos de Derecho aprendan a resolver los problemas
cotidianos desde el ámbito de la ética y la moral, reconociendo la importancia
de entender la relación que hay entre la teoría y la práctica para explicar los
principios, leyes y teorías en casos concretos de la realidad.

LA DEONTOLOGIA JURIDICA
DEFINICION

La deontología jurídica es la rama de la filosofía que trata sobre la moral del


abogado y la forma de actuar con su cliente. El profesional del derecho tiene
que defender los intereses de su patrocinado actuando siempre con la verdad y
teniendo en cuenta su ética profesional. 

La deontología es la disciplina que se ocupa de los deberes de los


profesionales. En el caso de los abogados se trata de una multiplicidad de
deberes consigo mismo, con la sociedad, con la profesión, con los clientes, con
los colegas, con los jueces, con el Colegio.

Es aquella parte de la ética profesional que se ocupa de los deberes éticos de


los abogados como servidores del Derecho, de analizar y valorar la ética del
abogado y su actuación en el ejercicio profesional en relación con los principios
deontológicos y su relación con los clientes, colegas y demás implicados en el
proceso jurídico.

El jurista trabaja a favor de la justicia, en defensa de la paz que toda sociedad


necesita para su armónico desarrollo. Cada vez más se hace evidente
la necesidad de profesionales del Derecho íntegros y capaces de resistir a las
presiones de cualquier tipo, que la sociedad exige.

DIFERENCIA CON LA ONTOLOGIA JURIDICA

PRINCIPIOS Y FUENTE

 Integridad profesional
 Secreto profesional
 Libertad profesional e independencia del abogado
 Diligencia
 Desinterés
 Lealtad profesional

1. Integridad profesional
La integridad profesional supone que el abogado sea fiel a su cliente, por
fidelidad debemos entender lealtad, nobleza, confianza, franqueza, honestidad.
Un abogado es digno de confianza cuando antepone los intereses de su cliente
a los propios y se conduce con probidad, es decir, con hombría de bien y cobra
honorarios justos, mismos que como señala el Código de Ética de la Barra
Mexicana Colegio de Abogados: “no deben pecar de exceso ni de defecto”.

El abogado debe ser siempre puntual, comunicarse frecuentemente con su


cliente para informarle el estatus de los asuntos que le han sido
encomendados, aceptar sus errores y estar dispuesto a asumir la
responsabilidad que de ellos pueda derivarse.

2. Secreto profesional
El abogado debe guardar el secreto profesional y reconocer que es un deber
frente al cliente y un derecho ante las autoridades y terceros. No revelar las
confidencias que le revele su cliente, con motivo de la prestación de sus
servicios profesionales. Bajo ninguna circunstancia el abogado puede
convertirse en delator de su cliente, lo que no supone que se convierta en su
cómplice, pues no debe realizar acto alguno de carácter ilícito que suponga
encubrimiento o copar- ticipación, antes bien exceptúa el secreto profesional en
caso de que el cliente comunique al abogado que va a cometer un delito, en
este caso, el abogado debe prevenir a la posible víctima y a la autoridad, pero
sin delatar a su cliente.

3. Libertad profesional e independencia del abogado


El abogado debe ser libre en cuanto a la aceptación y rechazo de asuntos, sin
permitir influencia alguna en su decisión, a nadie tiene que dar cuenta sobre
de su determinación, cualquiera que sea. Asimismo, debe ser libre en cuanto a
la dirección del asunto.

Independencia.

El abogado debe evitar cualquier influencia externa que condicione su actuar


profesional, incluso sus propios intereses.

4. Diligencia

El abogado debe ser diligente, debe estar presto a servir a su cliente, poniendo
atención, celo, cuidado a los asuntos que le sean en- comendados y actuar con
esmero, dar lo mejor de sí, mantener sus conocimientos al día, en todo lo
referente a la profesión jurídica que desempeñe.

5. Desinterés
Lo que debe mover al abogado es el espíritu de servicio, con desprendimiento,
generosidad, altruismo y liberalidad, sin buscar el interés propio sino el de su
cliente.

6. Lealtad profesional
El abogado debe actuar con nobleza, devoción y amistad hacia su cliente y a la
causa o asunto que se le haya encomendado. Para Tol- kien:

“No es fiel aquel que se despide cuando se obscurece el camino”. La lealtad


supone la virtud de la fortaleza en el ejercicio profesional, afrontando las
dificultades que se presenten con valentía y jamás de- jar al cliente en
situación de desamparo, aun cuando la conducta de este no sea la esperada,
por ejemplo, si deja de pagar honorarios sin causa justificada, el abogado no
puede abandonar el asunto, hasta en tanto el cliente tenga quien lo asista.

El cumplimiento de los deberes deontológicos de la profesión supone


excelencia en el desempeño de la profesión del abogado.

LEER:
 Integridad es actuar con rectitud, honestidad, franqueza y justicia, es
decir, ser consecuente con los principios personales y morales. Es hacer
las cosas bien y, además, las cosas correctas, buscando siempre la
mejora continua, tanto propia como de los demás.

 La integridad también se manifiesta en la lealtad. Lealtad incluso con


quien no se lo merece, pues construye la confianza de los demás.
Cuando uno defiende o no acusa, aunque pudiera hacerlo, es una
persona íntegra, leal, que construye la confianza de los demás.

 Ser una persona íntegra produce beneficios en la gestión profesional y


concretamente en la toma de decisiones apostando por la conciliación
del bien propio y del bien común. Sólo el profesional íntegro tiene una
visión global de la situación y gestiona con prudencia. Elige el camino
correcto, aunque no sea una decisión deslumbrante.

 Esta visión amplia, propia de la persona íntegra, es la única que ofrece


garantía de acciones realistas, con el fin de conseguir el bien común por
encima del personal.

 La integridad da valor a la comunicación creando seguridad manifiesta


en una buena reputación basada en la rectitud, transparencia y
honestidad en sus acciones.

 Es importante cuidar el resultado pero también la forma de lograr los


objetivos. La integridad debe ser una constante en toda actividad
profesional.

 La falta de integridad puede derivar en pérdida de la confianza y en


corrupción. Muchas veces se justifica con “todo el mundo lo hace”. A
largo plazo, la desconfianza es lo peor que puede sufrir un profesional y
restablecer esa confianza es muy difícil. La falta de integridad te lleva a
la cima en el corto plazo, pero a largo plazo puede incluso eliminarte
profesionalmente. Un profesional vale por lo que hace día a día y la
transparencia y la confianza son causa y efecto de una conducta
coherente.
 Un gestor con integridad sabe quién es y lo que es importante, y sabe
que integridad es confianza, su postura es sin ambigüedades, es
ejemplo. La confianza implica responsabilidad, ser predecible,
persistencia en el logro de metas, autenticidad.

 Un profesional íntegro dice “SI” a la verdad, aunque le cueste su


posición. Es un excelente trabajador, con relación cordial, diligente y con
buena actitud.

¿Qué es aquello a lo que podemos denominar bien en sí o bien incondicional?


En nuestro contexto sociocultural actual, es la dignidad de cada persona, que
debe ser admitida y garantizada jurídicamente y defendida políticamente. La
dignidad es aquello que debe constituir el núcleo principal de toda ética
filosófica y de toda deontología profesional que se aprecie.
La deontología es conocida también bajo el nombre de “teoría del deber” y, al
lado de la axiología, es una de las dos ramas principales de la ética normativa.
Un código deontológico es un conjunto de criterios, apoyados en la deontología
con normas y valores, que formulan y asumen quienes llevan a cabo una
actividad profesional.
El término deontología hace referencia, en términos generales, al estudio o la
ciencia de los deberes u obligaciones morales. El objeto de estudio de la
deontología son los fundamentos del deber y las normas morales. El concepto
de deontología fue acuñado por Jeremías Bentham, en su obra Deontología o
ciencia de la moral, donde ofrece una visión novedosa de esta disciplina. Para
Bentham, la deontología se aplica fundamentalmente al ámbito de la moral, es
decir, a aquellas conductas del ser humano que no forman parte de las
hipótesis normativas del derecho vigente, aquellas acciones que no están
sometidas al control de la legislación pública.
La deontología trata del espacio de la libertad del hombre sólo sujeto a la
responsabilidad que le impone su conciencia. Asimismo, Bentham considera
que la base de la deontología se debe sustentar en los principios filosóficos de
la libertad y el utilitarismo, lo cual significa que los actos buenos o malos de los
hombres sólo se explican en función de la felicidad o bienestar que puedan
proporcionar asuntos estos muy humanistas. Para Bentham la deontología se
entiende a partir de sus fines (el mayor bienestar posible para la mayoría, y de
la mejor forma posible)
La autora Ángela Aparisi establece que los “principios de la Deontología
jurídica” y la virtud profesional pueden entenderse como medios más
adecuados para alcanzar el fin de determinada profesión. Pero no existe
unanimidad de conceptos sino que algunos lo relacionan a principios éticos,
mientras que otros lo ven como verdaderos deberes generales. La autora
Aparisi, se inclina por entenderlo como el “el principio debido” y lo relaciona
directamente con la ética profesional. Los principios básicos tienen una
estrecha relación con la virtud profesional, que podrán llegar a hacerse realidad
en la medida en que se actualice mediante los mismos hábitos de la voluntad
conforme con las exigencias que presenta la razón práctica. En el lenguaje
profesional es muy difícil diferenciar entre lo que se entiende por principio
deontológicos y la virtud profesional. Así por ejemplo suele hablarse del
principio de lealtad profesional, cuando puede también llamarse como una
virtud del ser humano. Los principios deontológicos tienen grandes
coincidencias con los éticos de las diversas profesiones. Es por tanto que
puede decirse que en la Deontología profesional existen dos principios
universales aplicable a todos los profesionales intelectuales libres, tales como:
El Principio General de Obrar Según Ciencia y Conciencia.- Tal como expresa,
Aparisi en su libro, se puede afirmar que se trata de un principio universal, en el
sentido de que en él pueden confluir todas las valoraciones éticas de la
actividad profesional. Dicho principio implica nada más ni nada menos,
discernir el bien del mal, ver qué es lo que se puede y qué lo que no se puede
hacer, para así poder evitar esto último. Por ello, tal como expresa también
dicha autora, tal principio remite en primer lugar a la obligatoriedad de poseer
los conocimientos técnico-jurídicos requeridos para actuar correctamente. En
segundo lugar, dicho principio destaca la libertad, y su inevitable consecuencia
como lo es la responsabilidad personal, por los propios actos.
Principio General de Integridad y Honestidad.- Como todo principio rector de la
conducta humana, y como expresado anteriormente, éstos exigen obrar según
ciencia y conciencia. Concretamente, éstos son una manifestación del precepto
clásico “honeste vivere”, del Derecho Romano. La honestidad e integridad
deben caracterizar la actuación de un profesional. Así, comportándose si-
guiendo a éstos rectores, nace lo que conocemos como confianza. La
confianza es la base de todas las relaciones, tanto personales como
profesionales, la cual se obtiene mediante dichos valores: honestidad e
integridad. Como bien nos explicó gráficamente un profesor de esta
universidad: “la confianza sube por la escalera y baja por ascensor”. Ésto nos
enseña lo que cuesta construirla, alcanzarla, obtenerla. Es en la confianza
donde el cliente y paciente se centra. Si no se logra tal confianza, la relación
profesional se corrompe y pierde su verdadera naturaleza.
Identidades y diferencias entre la ética y la deontología
Cuando hemos hablado de deontología, irremediablemente, hemos realizado
alusión a la ética y, en especial, a la ética profesional. Se propone que, “la ética
profesional es esa ética aplicada, no normativa y no exigible, que propone
motivaciones en la actuación profesional, que se basa en la conciencia
individual y que busca el bien de los individuos en el trabajo. La ética es, por lo
tanto, el horizonte, la configuradora del sentido y la motivación de la
deontología”.
Esta relación resulta sumamente estrecha, donde la deontología cuenta como
punto de referencia y motivo de regulación, la ética profesional. La primera no
subsiste sin la segunda y, de igual modo, la segunda no cuenta con sentido
práctico de regulación y cumplimiento obligatorio, sin identificarse con un
cuerpo normativo deontológico.
Principios deontológicos de la abogacía como profesión
La Deontología se inspira en unos principios generales que permiten identificar
sus líneas de acción y brindan cohesión al conjunto. Estos principios resultan
particulares cuando se trata de la abogacía, por ello, el interés en identificar los
mismos y conocer su contenido.
Justicia
a) La justicia como virtud es un principio operativo que nos dirige a ser justos
(9). Es virtud social, pues cada uno de nosotros llevamos, en forma consciente
o latente, una idea primera de lo que es justo, “todo lo simple que se quiera,
pero natural, incorruptible, aunque pueda estar soterrada bajo vicios, pasiones
e intereses y aunque muchas veces no se la quiera escuchar. Y el abogado es
–debe ser– el sacerdote de esa idea, que hace posible la convivencia y la
cooperación social en un ambiente de orden fecundo” (10).
En todo esto es interesante reconocer que el talento no es cualidad suficiente
en una profesión que se relaciona tan de cerca con la justicia. En este sentido,
la independencia y el desinterés constituyen las virtudes esenciales y
especialmente meritorias del abogado (11).
b) Justicia como resultado. La idea de justicia lleva implícita una noción de
reparto. El dar a cada uno lo suyo implica un conocimiento previo de lo que es
propio de cada cual, y una atribución a título personal de lo que hemos
individualizado como de su pertenencia (12).
Independencia profesional
Este principio tiene una relación directa con la abogacía, debido a que sus
características conducen a su identificación dentro del ámbito de la deontología
jurídica. Para algunos, como Carlo Lega, la independencia profesional no tiene
solamente relieve deontológico, sino que configura jurídicamente uno de los
bienes materiales de que es titular el ente profesional, que ha sido dotado del
poder deber de salvaguardarla (16).
Libertad profesional
El principio de libertad profesional tiene mucha afinidad con el principio de
independencia profesional. La libertad profesional se refiere al propio ejercicio
de la función de abogado.
Ciencia y conciencia
El principio deontológico, el cual tiene alcance universal, se refiere a “obrar
según ciencia y conciencia”. Este principio arroja dos conceptos que requieren
una precisión inmediata para desentrañar el contenido del mismo:
a) Cuando se habla de “ciencia” hacemos referencia a la ciencia propia
profesional; no solamente desde su aspecto teórico sino también práctico.
La ciencia propia del abogado es, esencialmente, una ciencia jurídica
comprensiva no sólo de la normativa en rigor, sino además de su aplicación
jurisprudencial y, comprende, el conocimiento de la doctrina y de los
principios jurídico-filosóficos en que se basa la doctrina
“El abogado debe ser, además, un humanista. Su ciencia no es una colección
de principios abstractos y descarnados, sino aplicables a conflictos personales
y concretos. De aquí viene al abogado su vocación humanista. En el hombre
confluyen todos los saberes y todos ellos, como todo los humano, conciernen al
jurista, aunque no con la misma intensidad y profundidad en todos los casos”
(25).
b) El concepto conciencia lo debemos vincular al calificativo profesional.
Conforme lo anterior, prescindimos de las discusiones de la conciencia a nivel
de la filosofía, la psicología y la religión, pues su vinculación se realiza con la
ética profesional.
La conciencia profesional se encuentra vinculada con el conocimiento y, en
este sentido, con la autorresponsabilidad del profesional.
Este último “debe actuar no sólo con rigurosa atención
Probidad profesional
La probidad es la honradez. Un profesional debe ser una persona honesta,
donde su pauta de conducta sea su vida profesional y, además, privada. La
probidad es un concepto que tiene carácter universal y una inmediata relación
con la deontología, por lo que se aplica a todas la profesiones, incluida la
abogacía.Se incorpora al concepto probidad el adjetivo profesional, que
conduce a la identificación de la acepción más común de la probidad,
identificada con la naturaleza y función social de la profesión a que se refiera, y
de la que constituye un límite (30).
Debido al contenido amplio del concepto de probidad profesional, éste tiende a
ampliarse al ámbito de la conducta privada del abogado. Por ello, un proceder
inadecuado en la vida privada del profesional, podría repercutir en la reputación
personal de éste. El impacto podría trascender del ámbito privado y particular
del sujeto hasta el profesional, donde la reputación del abogado se podría ver
perjudicada y, en algunos casos, dar lugar a la aplicación del código
deontológico particular.
El principio de igualdad como elemento deontológico de validez de las Normas
Jurídicas
Cuando hablamos de igualdad nos estamos refiriendo a la igualdad en
derechos, un principio que se encuentra expresado nítidamente en la
Declaración universal de los Derechos Humanos, según la cual todos los seres
humanos “nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están
de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los
otros”.
La vulneración de este principio ha ocasionado que muchos seres humanos
experimenten situaciones de menosprecio y rechazo, falta de oportunidades,
hostigamiento y aun persecución, en suma, restricción de sus derechos
fundamentales en razón de su origen étnico o nacional, sexo, edad,
discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo,
lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, estado civil, entre otros
motivos.
En este tema hablaremos del principio de la igualdad como elemento
deontológico de las normas jurídicas. La igualdad, un principio y valor que debe
de estar presente en la sociedad para lograr construir una sociedad justa y
demócrata para lograr el equilibrio social.
Igualdad
La noción de igualdad, desde tiempos remotos, ha sido paralela a la
desigualdad. A lo largo de la historia estas ideas han coexistido y evolucionado
en forma conjunta. En un principio, la desigualdad se presentaba como la regla
y la igualdad solo constituía una excepción en el trato que gozaban las
personas con un cierto status. Hoy, afortunadamente, gracias a la evolución
favorable de los instrumentos normativos, el principio de igualdad ha sido
consagrado en muchos ordenamientos jurídicos. (1)
El estudio de la igualdad como un principio jurídico, desde la perspectiva del
derecho da como resultado, el tener siempre presente la existencia de
ordenamientos y su consideración, lleva al contraste entre leyes e instituciones
que nos hará entrever los coincidencias, semejanzas y diferencias que puedan
tomarse en cuenta cuando se pretenda reformar el orden jurídico nacional. Es
por esto que tener una noción acerca de lo que es en distintos órdenes
normativos el principio de igualdad, nos hará considerar los cambios que
puedan incluir en el ordenamiento jurídico mexicano.
El estudio del principio de igualdad, puede ser largo y complejo, por lo tanto
solo hablaremos del principio de igualdad como ordenamiento jurídico puesto
que es un tema que ha tenido sus principios en el pasado, tiene en la
actualidad y está llamado a tener en el futuro la importancia social.
¿Qué es el principio de igualdad?
La igualdad ante la ley fue así una conminación para aquellos que aplican la ley
a no hacer distinciones o excepciones que no estuvieran previstas por la propia
ley. Nacida de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de
1789, que afirma la universalidad de los derechos, esta igualdad crea un
derecho de todos los ciudadanos a la igualdad en los derechos. Así concebido,
este principio está llamado a garantizar una aplicación idéntica de la ley sin
consideración de quien se trate y así reducido a un imperativo de igualdad ante
la ley.(2)
El principio de igualdad es el que establece que todos los seres humanos son
iguales ante la ley, sin que existan privilegios ni prerrogativas de sangre o
títulos nobiliarios. Es un principio esencial de la democracia. El principio de
igualdad ante la ley es incompatible con sistemas legales de dominación como
la esclavitud, la servidumbre, el colonialismo o la desigualdad por sexo o
religión.(3)
Igualdad ante la ley, es el conjunto de deberes, derechos y garantías del
ordenamiento jurídico. El contenido de las leyes sea igual para todos, o
desigual si así corresponde, sobre la fase o en función de la justicia igualdad
ante la ley, implica que todos debemos cumplir el mandato de la ley, no solo los
órganos del Estado, como asimismo, tales órganos deben interpretar y aplicar
el ordenamiento jurídico, sin incurrir en discriminación.
Desde un punto de vista parcialmente distinto al que se ha expuesto en los
párrafos precedentes, el principio de igualdad puede ser estudiado a partir de
dos subconceptos del mismo: el principio de igualdad ante la ley y el principio
de igualdad en la ley. El primero consiste en el mandato de trato igual para las
autoridades encargadas de aplicar la ley, es decir, este mandato se dirige de
manera fundamental a los poderes Ejecutivo y Judicial. Por su parte, el
principio de igualdad en la ley es un mandato dirigido al legislador para que no
establezca en los textos legales diferencias no razonables o no justificadas
para personas que se encuentran en la misma situación, o para que no regule
de la misma manera y de forma injustificada a personas que se encuentran en
circunstancias desiguales
Otras Consideraciones
Carlos Arellano García en su Manual del Abogado, dice que la ética profesional
del abogado o deontología jurídica: “Es el conjunto de reglas de conducta, de
naturaleza moral, que tienden a la realización de bien, en el ejercicio de las
actividades propias de la persona física dedicada al derecho”16.
En los Lineamientos para un Código Deontológico de la Abogacía Mexicana,
los autores; Oscar Cruz Barney, Felipe Ibáñez Mariel, José Antonio Lozano
Díez y Cuauhtémoc Reséndiz Núñez, nos explican que los colegios de
abogados deben contar con “un código deontológico, entendido como un
ordenamiento en el que se identifiquen aquellos deberes, derechos y
obligaciones éticos aplicables al ejercicio profesional del derecho, que permitan
a los practicantes el ejercicio de la profesión conforme a las mejores prácticas,
así como el correspondiente control deontológico” 17.
Derechos humanos, igualdad y no discriminación ya son principios ético
profesionales explícitos y de obligatoriedad jurídica en las diversas profesiones
jurídicas dentro de la función pública. Los códigos ético profesionales dirigidos
al abogado independiente deben pues hacer explícito su compromiso con el
respeto a los derechos humanos, la igualdad y la no discriminación como
principios deontológicos
Cabe comentar con respecto a la profesión jurídica que los códigos
deontológicos de los colegios de profesionistas solamente obligan a sus
asociados. La Colegiación profesional de abogados en México no es
obligatoria, y cuando se propone que la colegiación para el ejercicio de la
profesión de Licenciado en Derecho o Abogado sea obligatoria en méxico, se
hace debido a que esta actividad profesional impacta directamente sobre
valores fundamentales de la persona, es decir, derechos humanos. Obligatoria
o no la colegiación de abogados, esta actividad es muy relevante en cuestiones
de derechos humanos.

FUENTES

CONCLUSIONES

Es de gran importancia para las universidades fomentar y poner en práctica las


normas deontológicas en cualquier ámbito social o del conocimiento en que
nos desarrollemos y específicamente a los estudiantes y profesionales del
derecho a fin de que esas normas y principios deontológicos realmente se
apliquen y se conviertan en una exigencia para el mejoramiento de la sociedad
y la dignificación de tan noble actividad de los profesionales del derecho.

BIBLIOGRAFÍA

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