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Kant o la Moral incomprendida

Amarás al Señor Dios tuyo


con todo tu corazón, y con toda tu alma,
y con toda tu mente y con todas tus fuerzas;
este es el mandamiento primero;
el segundo, semejante al primero es:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Marcos 12: 30, 311

The universal dream


For those who wish to see
Those who wish to be
Must put aside the alienation
Get on with the fascination
The real relation
The underlying theme.

Neil Peart2

Si hubiésemos de señalar sólo un sistema moral como aquel imposible de pasar

desapercibido tanto para la crítica fácil como para el análisis filosófico serio desde su

publicación y hasta el día de hoy, nadie nos encararía fácilmente si nombráramos el

kantiano como siendo ese. Ensalzadas tanto como vilipendiadas, las ideas de Kant en lo

general y en particular aquellas referentes a la moral no han dejado de ser objeto de

escrutinio hasta la fecha. A pesar de la relevancia de su obra, no es poco frecuente

encontrar en las argumentaciones que se escuchan y leen aquellas que, en alarde de

simplicidad como quien creyera que al criticar el color de una casa se tiraran sus cimientos,

le adjudican a Kant adjetivos sempiternamente disímbolos. A Kant se le ha llamado

“liberal” y “conservador”, “cristiano” y “ateo”, “cosmopolita” y “adversario de la

diversidad”, “Aristotélico”, “deontológico” –la más académica– y la más recurrente,

“formalista”. Mas, ¿qué tan llenos de contenido se encuentran estos juicios que se dejan

1
Evangelio de Marcos, La Sagrada Biblia, traducción autorizada por la Conferencia Episcopal de Colombia,
2 de marzo de 1992.
2
Limelight, canción popular incluida en el álbum Moving Pictures, Rush, Polygram Records, Canada, 1981.
caer pesados como somnolientos párpados –con perdón del poeta- sobre la propuesta

kantiana en materia de moral? Una sucinta y cuidadosa reconstrucción de la propuesta del

filósofo de Königsberg nos ayudará sin duda a contestar esta pregunta.

Con su filosofía, Kant hace sistema3. Así, el prusiano cree firmemente y, conforme a

sus lineamientos, demostrar la existencia de una funcionalidad operacional básica de la

razón sin con ello provocar detrimento en la diferencia existente tanto de sus facultades

entre sí como en la manifestación de los efectos de éstas. Por lo tanto queda claro que en

Kant, si la razón especulativa opera única y llanamente de acuerdo a las formas que le dan

existencia4, la razón práctica hace lo propio5 por formar ambas parte de lo que en sí misma

se conoce en la propuesta filosófica del prusiano bajo el término razón pura6.

Ahora bien, si paralela y aunadamente una de las funciones básicas de la razón

especulativa da como resultado el hallazgo y/o generación de patrones principalmente

causales, referidos siempre a objetos entendidos como externos al sujeto (fenómenos),

llamados leyes universales –esto es necesarias y a priori, y por tanto indiscutiblemente

calificables bajo el adjetivo de objetivas7–, o al menos de su posibilidad, esto es hipótesis y

3
Bajo tal concepto, en Kant, debe entenderse “la unidad de los diversos conocimientos bajo una idea” (die
Einheit der mannigfaltigen Erkenntnisse unter einer Idee), siendo ésta aquí entendida como “el concepto
racional de la forma de un todo” (der Vernunftbegriff von der Form eines Ganzen) y cuya finalidad es evitar
que aquellos “formen una rapsodia” (Eine Rhapsodie ausmachen). KANT, I., K.r.V., AA III, p. 538. La
presente nota aclaratoria se torna necesaria para evitar confusiones con el sentido político que generalmente
conlleva la palabra sistema.
4
Vid. Supra, consideraciones preliminares, p. 18, nota 22, y más específicamente KANT, I., K.r.V, AA III p.
90 y ss. donde Kant específica lo que entiende bajo el concepto forma, categoría o concepto puro del
entendimiento.
5
KANT, I.. K.p.V., AA V, p. 66. Tanto las del entendimiento como las de la libertad, las categorías son
siempre de cantidad, cualidad, relación y modalidad.
6
KANT, I., idem, p. 3 y K.r.V., AA III , p. 8.
7
Sobre la objetividad, Kant afirma que “El criterio para saber si el tener por verdadero es convicción o mera
persuasión es (...) externo, y consiste en la posibilidad de comunicarlo y en comprobar su validez para toda
razón humana. En este último caso parece al menos que la causa de concordancia de todos los juicios residirá,
a pesar de la diversidad de sujetos entre sí, en la comunidad de fundamento, es decir, en el objeto.” En el
original: “Der Probirstein des Fürwahrhaltens, ob es Überzeugung oder bloße Überredung sei, ist also
äußerlich die Möglichkeit, dasselbe mitzutheilen, und das Fürwahrhalten für jedes Menschen Vernunft gültig
zu befinden; denn alsdann ist wenigstens eine Vermuthung, der Grund der Einstimmung aller Urtheile
teorías8; la razón práctica, en consecuencia con el rigor sistemático kantiano, produce un

símil a estos patrones o posibilidades de éstos. En el caso de la razón práctica, éstos

prescriben acciones como medios para la transformación del mundo en consecución a fines

determinados por el sujeto mismo, al tiempo que pueden determinarlo a llevarlas a cabo9.

En vez de leyes naturales, estos patrones serán nombrados principios prácticos, los cuales

son “enunciados que encierran una determinación general de la voluntad; determinación

que tiene bajo de sí diversas reglas prácticas”10. De la pretensión de validez de estas reglas

se desprende que éstas pueden ser tanto subjetivas, dado el caso de que su principio

condicionante sólo sea factible de ser aceptado como deseable por el sujeto cuya razón es el

agente formulante; tanto como objetivas, situación dada cuando aquella posibilidad es

factible de serlo por todo ser racional; ambas situaciones dadas, cabe resaltar, en el

entendimiento del sujeto. En el primer caso se estará hablando de máximas (Maxime),

mientras que en el segundo de leyes prácticas (Gesetze)11. En otras palabras y bajo

condiciones que garantizaran infalibilidad, las máximas serían, pues, reconocidas por la

razón del sujeto que las formula como contingentes (zufällig), mientras que las leyes

prácticas lo serían como necesarias (notwendig). Las reglas prácticas –como se dijo arriba,

subordinadas a lo determinado por los principios– se relacionan con la intención o fin del

sujeto al indicarle a éste, a un nivel en mayor o menor grado abstracto, los medios para la

ungeachtet der Verschiedenheit der Subjecte unter einander werde auf dem gemeinschaftlichen Grunde,
nämlich dem Objecte, beruhen“. KANT, I., K.r.V. p. 532. Vid también KANT, I., K.p.V., AA V, p. 20. Un
ejemplo de estas leyes universales (o naturales) indiscutiblemente objetivas son las matemáticas y las leyes
newtonianas de la física operando en nuestro planeta.
8
Ejemplo de éstas dos posibilidades de patrones, lo serían por un lado las especulaciones que no cuentan ya
sea con el consenso de la comunidad científica, como la fusión nuclear en frío (hipótesis, por otra parte y en
este caso demostrada como fallida), o con contraparte alguna que le de validez empírica, como los principios
cuánticos de la física (teorías, aun no demostradas como fallidas, pero tampoco comprobadas
indiscutiblemente como para alcanzar el status de leyes).
9
KANT, I., K.p.V., AA V, p. 15
10
En el original: “Praktische Grundsätze sind Sätze, welche eine allgemeine Bestimmung des Willens
enthalten, die mehrere praktische Regeln unter sich hat”. Idem, p. 19.
11
Idem.
realización de aquellos. Paralelamente, ya que el actuar del sujeto libre (absoluta o

relativamente) sólo está determinado por el arbitrio y sus deseos –sean estos resortes

(Triebfeder) quereres, siempre racionales, o anhelos, siempre extraídos de la sensibilidad–,

las reglas prácticas son formuladas como casos imperativos, esto es, enunciados que

explícita o implícitamente prescriben un deber (ein Sollen) que –a no ser por la existencia

de causas ajenas en cualquiera de los dos sentidos antes mencionados12– conectan de forma

causalmente necesaria la voluntad y la acción, aunque no por ello la materialización de lo

deseado por medio de la acción, pues la razón es falible en sus conclusiones13 y la voluntad

en ocasiones insuficiente14. Cabe mencionar que, además de las “causas ajenas”, un factor

más puede impedir el vínculo voluntad-acción, pues siendo lo ordenado un deber subjetivo

éste en ocasiones entra en conflicto con un principio objetivo:

“El imperativo dice, así pues, qué acción posible por mí sería buena, y

representa la regla práctica en relación con una voluntad que no porque una

acción sea buena la hace en seguida, en parte por que el sujeto no siempre sabe

que es buena, en parte porque, aun cuando lo supiese, las máximas del mismo

podrían ser sin embargo contrarias a los principios objetivos de una razón
15
práctica” .

Así, todo imperativo representa una regla práctica buena, mas buena para algo,

siendo entonces relativa y contingente, o buena en sí misma, siendo así, autónoma y

necesaria. Cuando estos imperativos para ser enunciados toman en consideración sólo al

12
Idem.
13
KANT, I., K.r.V., AA III , p. 262 y ss.
14
Cfr. KANT, I., K.p.V., AA V, p. 20 y GMS, AA IV, p. 413.
15
En el original: “ Der Imperativ sagt also, welche durch mich mögliche Handlung gut wäre, und stellt die
praktische Regel in Verhältniß auf einen Willen vor, der darum nicht sofort eine Handlung thut, weil sie gut
ist, theils weil das Subject nicht immer weiß, daß sie gut sei, theils weil, wenn es dieses auch wüßte, die
Maximen desselben doch den objectiven Principien einer praktischen Vernunft zuwider sein könnten”.
KANT, I. GMS, AA IV, p. 415.
objeto externo del deseo se les denomina hipotéticos16, esto es, por ser indicadores de

medios en relación a la voluntad, llevan en su formulación además del “deber” un “si”

condicional”: “si se desea X se debe Y”. Éstos son por su propia forma pragmáticos –

denotando sagacidad (Klugheit) en el sujeto– y problemáticos –denotando habilidad

(Geschicklichkeit) –17. Los son, por su parte, categóricos cuando su objeto es la realización

de la acción misma por ser representada como necesaria en sí misma sin referencia a

ningún otro fin, eso es, como objetivamente necesaria18, buena en sí misma19. En este caso,

la acción ordenada es en sí misma absolutamente deseable para la razón del sujeto y es lo

que –afirma Kant– el sujeto racional reconoce como Ley de la moralidad (Gesetze der

Sittlichkeit)20. Ahora bien, el imperativo categórico es único y su formulación, nos

comparte el prusiano, reza el famoso enunciado: “obra sólo según la máxima a través de la

cual puedas querer al mismo tiempo que se convierta en una ley universal” o bien “obra

como si la máxima de tu acción fuese a convertirse por tu voluntad en una ley universal de

la naturaleza”21. Resulta necesario entender que el imperativo categórico es una forma

abstractísima de la razón práctica moral contenida de manera implícita en cada uno de los

juicios normativos prescriptivos. Dicho de otra forma, el imperativo categórico nada nos

dice de manera concreta e inmediata sobre qué acción encuentra la razón como objeto

general de su querer, sino que sólo establece una única condición que ha de cumplir el

16
KANT, I. K.p.V., AA V, p. 20.
17
KANT, I., MPC, AA XXVII.1, p. 245 cfr. 255.
18
KANT, I., GMS, AA IV, p.414.
19
KANT, I. K.p.V., AA V, p. 061.
20
KANT, I. GMS, AA IV, p. 420.
21
En el original: “handle nur nach derjenigen Maxime, durch die du zugleich wollen kannst, daß sie ein
allgemeines Gesetz werde” y “handle so, als ob die Maxime deiner Handlung durch deinen Willen zum
allgemeinen Naturgesetze werden sollte”. KANT, I. Idem. p. 421. Uso aquí la traducción clásica del
imperativo, aclarando que una traducción precisa del término allgemein no implicaría ‘universalidad’, sino
‘generalidad’. Esta confusión es una fuente frecuente de los abusos en la interpretación que se le da a la teoría
moral kantiana.
enunciado que un actuar prescriba si ha de ser considerado una ley moral. El imperativo

categórico es, por lo tanto, directamente inaplicable en sí mismo a la existencia cotidiana, y

sin embargo indispensable al momento de la regulación legítima de conductas, pues, en

realidad, es la esencia de la moral expresada por Kant en términos lingüísticos. Mas ¿de

qué serviría un principio formal inaplicable? El imperativo categórico comienza, por así

decirlo, a descender a un plano concreto paulatinamente, primeramente mediante la nueva

formulación de enunciados con pretensión normativa más concreta, esto es, mediante las ya

mencionadas leyes morales. Ahora bien, ni las leyes morales, ni las reglas prácticas (para el

caso del imperativo hipotético) son en sí mismas concretas, aunque tampoco conllevan el

epíteto abstractísimo. Son, si se me permite la expresión, simplemente abstractas. Pasar por

alto esta distinción trae como consecuencia las en ocasiones disparatadas interpretaciones y

críticas al sistema moral de Kant, que le adjudican una imposibilidad de contraparte

práctica –adjudicándole un formalismo absoluto–. Pues, para el prusiano, resulta claro que

existen, diversos tipos de enunciados prescriptivos que se distinguen entre sí por su nivel de

abstracción o concreción, y su objetividad o subjetividad (autónomo o heterónomo22) (Vid

Fig. 1). El nivel de aplicabilidad in concreto de la ley moral –y por tanto del imperativo

categórico– se alcanza con la emisión de una máxima por parte del sujeto actuante, pues

éstas son el principio del obrar23, siempre que éste pueda querer (wollen können) que se

convierta en una ley general o universal24.

22
En el sentido de provenir de la esencia del sujeto o de causas ajenas, tema ya frecuentemente aclarado en
este trabajo.
23
Es así que una máxima en sí misma puede reflejar neutralidad moral, mas nunca carecer de pretensión de
aplicabilidad y transformación del mundo.
24
KANT, I. GMS, AA IV, p. 424.
Abstracto

I. H. I.C.

Pragmático (consejos de prudencia)

Subjetivo Objetivo

Regla práct. Ley práct.

Problemático (reglas de habilidad)

M. no moral Máxima moral


(instrumental)
Concreto

Fig. 1.25

Este poder querer una máxima como ley universal implica entonces una condición

de universalibilidad a ser llenado por el principio del obrar tanto en el plano lógico como

en el plano fáctico. Esto es, para saber si una máxima es universalizable, ésta no puede 1)

contener contradicción interna lógica, 2) partir de principios contingentes, ni 3) adolecer de

imposibilidad fáctica26. La relevancia de la segunda condición de imposibilidad la

evidencia Kant a lo largo de su obra, pues es sólo mediante su cumplimiento que se puede

hablar de leyes objetivamente prácticas, esto es, de la relación de la voluntad consigo

misma en su sentido de facultad elevada de desear –siempre determinada por la razón– y su

25
Así pues, mientras que el imperativo categórico nos indica lo arriba citado, una ley moral, por usar un
clásico ejemplo kantiano, juzgaría: “debes decir la verdad”, y la máxima congruente a la moral para el caso
concreto en que seamos cuestionados sobre alguna situación (inclusive cuando la vida de alguien corre
peligro) sentenciaría: “¡Di la verdad!”. Lo que los imperativos hipotéticos, sean pragmáticos o problemáticos
nos sentenciarían, dependería del fin externo que deseáramos se realizara, ya sea salvar la integridad física del
alguien cuya vida corre peligro, la nuestra o quizá incluso obtener algún beneficio material por delatar al decir
la verdad, por poner un ejemplo. Como sea, se muestra que mientras que los imperativos hipotéticos son
contingentes, las leyes prácticas son autónomas y necesarias.
26
Si el lector exigiera en este momento ejemplos concretos de estas tres imposiblidades, se le otorgarían con
facilidad, aunque no por ello incontrovertibles, afirmando que, al primer caso, el suicidio –ejemplo dado por
el mismo Kant– le caracterizaría con justeza, pues como el filósofo de Königsberg afirma, una máxima dada
por un ser que encuentra su vida tan desagradable que quiere acabar con ella, implica un principio de gozo de
vida, lo que convierte la vida en necesaria aún para la máxima que dijera “suicídate”, al haber contradicción,
no podría ser ésta elevada a ley universal. Lo mismo para el caso de un gobierno que prohibiera a sus
ciudadanos el asociarse con fines políticos. Ejemplo del segundo sería cualquier máxima heterónomamente
dada, como cuando un padre desea privar a su hija de ejercer su derecho a la sexualidad, bajo un “tú no
puedes tener sexo” o cuando un sistema fomenta la explotación de naciones militar o económicamente débiles
“ustedes nos abren sus recursos” o “no les pagamos aranceles”. Ejemplo del tercer caso nos lo otorgaría
fácilmente cualquier máxima irrealizable como la abstención de alimento en el faquirismo: “no comas”, o un
Estado que teniendo a su pueblo en la miseria le aumentara los impuestos: “aporten los bienes de que
carecen”.
facultad de transformar el mundo en consecuencia27. En todo enunciado con pretensión de

universalibilidad moral, la objetividad se presenta crucial, pues es ella por la que

“no necesitamos hacer investigación sobre los fundamentos de por qué algo

gusta o disgusta, sobre cómo el placer de la mera sensación se distingue del gusto

y si este se distingue de una complacencia universal de la razón, sobre en qué

descansa el sentimiento de placer y displacer, y cómo surgen de aquí apetitos e

inclinaciones, y de estos máximas por la colaboración de la razón, pues todo esto

pertenece a una doctrina empírica (…) en la medida en que está fundada sobre

leyes empíricas”.28

Es entonces que, precisamente por su principio de universalibilidad, la moral de

Kant es siempre incluyente, pues no parte de una manera de expresar moralidad, sino de

una forma necesaria de generarla que se encuentra presente en cualquier enunciado

normativo, sea ley o máxima congruente. De allí la necesidad de separar la filosofía moral

de la antropología moral –que, por cierto, sólo es despreciada por Kant en la ignorancia de

sus textos y no en su pensamiento, como se observará claramente un poco más abajo-. Por

lo tanto, el imperativo categórico lo piensa y formula Kant en su máxima abstracción pues,

es cosa sabida, busca impedir se cuele cualquier tipo de contingencia empírica y a

posteriori en un sistema de fundamentación moral sólido, ya que esta intromisión

eliminaría toda pretensión de necesidad de la moral, volviéndola un sistema relativo,

casuístico y contextual bajo cuyo manto podrían justificarse actos auto-referenciales y

egoístas, toda vez que sus principios provendrían, por ser empíricos, del sentimiento del

27
KANT, I. GMS, AA IV, p. 427.
28
En el original: “da haben wir nicht nöthig, über die Gründe Untersuchung anzustellen, warum etwas gefällt
oder mißfällt, wie das Vergnügen der bloßen Empfindung vom Geschmacke, und ob dieser von einem
allgemeinen Wohlgefallen der Vernunft unterschieden sei; worauf Gefühl der Lust und Unlust beruhe, und
wie hieraus Begierden und Neigungen, aus diesen aber durch Mitwirkung der Vernunft Maximen
entspringen; denn das gehört alles zu einer empirischen Seelenlehre(…) so fern sie auf empirischen Gesetzen
gegründet ist.” Idem.
gusto y por tanto de la subjetividad29. La moral sería hipotética y no categórica, un mero

sistema de posibilidades, encerradas en sí mismas, determinadas por causas ajenas, y no de

deberes, lo cual, por la definición propia de cualquier sistema moral, kantiano o no, resulta

un absurdo. “Cuando el principio de la moralidad estriba en el egoísmo descansa, por lo

tanto, en un fundamento contingente, ya que las acciones que me reportan placer o no se

basan en circunstancias muy aleatorias”30. Así, si en lugar de censurar los principios

abstractos motivadores de las acciones humanas, se censuran los actos en si mismos, lo que

se tiene es una elección arbitraria de hechos humanos aceptados o no ya no debido a la

congruencia o contravención del pensamiento moral, sino por favorecer o perjudicar los

intereses subjetivos de quien hizo esa elección. No es pues un enunciado vacío el que

afirma que lo único bueno en sí es la buena voluntad31.

Ahora bien, suficientemente claro le queda a Kant que si cierto es que la forma del

imperativo categórico es abstractísima, una moral, junto con el sistema que la explica, que

se queda en el plano de lo etéreo, lo irrealizado, no pasaría de ser una fútil bagatela que

tendría que “ser contabilizada entre las ficciones”32 y las tautologías, esto es “aquellas

proposiciones que no proporcionan los medios en virtud de las cuales puedan ser llevadas

a cabo”33; esto precisamente por que la moral –explica Kant– goza de una conexión

necesaria con la voluntad libre34 y es por tanto práctica. La moral contiene, entonces, una

indefectible constricción (Coactia) a su realización directamente proporcional a la libertad

29
KANT, I., MPC, AA XXVII.1, p. 253-254, cfr. KANT, I. Kritik der Urtheilskraft (KU) AA V, p. 203 y
204.
30
Idem.
31
KANT, I. GMS, AA IV, p. 393.
32
KANT, I., MPC, AA XXVII.1, p. 332.
33
Idem, p. 363.
34
KANT, I. GMS, AA IV, p. 427
del sujeto35. Ahora bien, lo único que motiva36 la voluntad a operar es un fin, mismo que no

puede llegar a concretarse sino a través de un medio, esto es, “aquello que contiene

meramente el fundamento de la posibilidad de la acción”37 que efectuará aquel y cuyo

valor es, por consiguiente, sólo relativo. Los fines, por su parte y en estricta congruencia

con su sistema, tienen que ser objetivos si es que han de ser considerados morales. Por lo

tanto, la voluntad, a diferencia de la facultad de anhelar, requiere de un algo cuya existencia

en sí misma tenga un valor absoluto, factible de ser un fin en sí mismo, que le permita

impulsarse al plano práctico. Kant, siempre honesto, reconoce por primera vez la

formulación de una única presuposición axiomática en su sistema:

“Ahora digo yo: el hombre y en general todo ser racional, existe como

fin en si mismo, no meramente como medio para el uso a discreción de esta o

aquella voluntad, sino que tiene que ser considerado en ésta y todas sus acciones,

tanto las dirigidas a sí mismo como también las dirigidas a otros seres
38
racionales, siempre a la vez como fin.”

35
Idem KANT, I., MPC, AA XXVII.1, p. 267 y 268. Aunque la invitación queda abierta para que el lector
acuda al texto mencionado, cabe resumirle. En él, Kant distingue obligación (Obligatio), siempre relacionada
a un tercero exigente, de la constricción –un sentimiento de acción representada como necesaria–, siempre
proveniente del sujeto que o se mueve patológicamente, o se determina por medio de la moral. Así, la
constricción moral libera, mientras que la constricción patológica (vid infra, nota siguiente) y la obligación
encadenan.
36
El uso de este verbo no es un accidente. Intencionalmente lo he elegido, pues Kant, en numerosas ocasiones
hace referencia a los motores de la voluntad libre (arbitrium liberum) con el término motiva moralia, mientras
que a los de una facultad de desear determinada por inclinaciones (arbitrium brutum) les llama resortes
(Triebfeder o Antriebe). Cada uno de estos conceptos es general y tiene, típico de Kant, especies distintas
entre sí. Mismas que, por cuestiones de espacio y por no ser esenciales para el buen desarrollo de esta
investigación no serán profundizadas. Sin embargo, vid. KANT, I., MPC, AA XXVII.1, caps. Coactia Moralis
y ss.
37
KANT, I. GMS, AA IV, p. 427.
38
En el original: “Nun sage ich: der Mensch und überhaupt jedes vernünftige Wesen existirt als Zweck an
sich selbst, nicht bloß als Mittel zum beliebigen Gebrauche für diesen oder jenen Willen, sondern muß in
allen seinen sowohl auf sich selbst, als auch auf andere vernünftige Wesen gerichteten Handlungen jederzeit
zugleich als Zweck betrachtet werden.” Idem, p. 428.
Axioma que va a dar como resultado una nueva condición abstracta de moral con la

que debe cumplir ya no una máxima, sino toda acción moral, esto es, el imperativo

práctico:

“Obra de tal modo que uses a la humanidad tanto en tu persona como en la persona de cualquier
39
otro siempre a la vez como fin, nunca meramente como medio”.

Queda claro entonces que mientras que el imperativo categórico es descriptivo de

todo juicio normativo40, el imperativo práctico es prescripitivo para toda acción, pues,

condiciona el actuar al sometimiento de la conducta a un fundamento supremo que vincula

al humano con la dignidad absoluta que permea su existencia en y por el conjunto al que

pertenece y nunca como una entidad aislada, situación, además, aunque concebible,

imposible. Para Kant, la universalibilidad del imperativo categórico y la objetividad del

fundamento práctico como motivum moralis, garantizan que lo único que queda excluido de

un sistema congruentemente moral es aquel sujeto que se entienda, rija y actúe como una

entidad aislada de su entorno social, egoísta en sus intereses y egocéntricamente

autosuficiente, esto es, precisamente, aquello cuya fundamentación filosófica achacan

algunos investigadores al gran filósofo41 descuidada, en el “mejor” de los casos, y

deshonestamente, en el peor de ellos. La moral de Kant, en resumen, no es una moral del

individuo, sino del hombre racional, sociabilizado, con todas sus manifestaciones

39
En el original: “Handle so, daß du die Menschheit sowohl in deiner Person, als in der Person eines jeden
andern jederzeit zugleich als Zweck, niemals bloß als Mittel brauchst.”. Idem. p, 429.
40
Entiéndase por consiguiente que Kant no hace recomendaciones del cómo se debe formular un juicio con
pretensiones de normatividad, sino una explicación de cómo se formula. Esta distinción es crucial, pues de
haber sido prescriptivo, se coquetearía con el peligro de una particularidad que se pretende dictadora absoluta
de parámetros. Al ser descriptivo, quedan automáticamente aceptados cualesquiera principios morales, esto
es, universalizables –no confundir con máximas– en tanto que todo juicio normativo implica el imperativo
categórico.
41
Vid. DIAZ-POLANCO, H., op. Cit., p. 53 y 54.
culturales, viviendo en una comunidad cuyas máximas son tan válidas como las de

cualquier otra en tanto que cumplan con las condiciones de universalibilidad arriba

mencionadas. La comunidad directa –y, vis globalis, hasta el contacto entre diversas

comunidades- resulta condición de posibilidad para el reconocimiento de congruencia

moral en sus contenidos, pues “someter nuestros conocimientos al juicio de muchas

cabezas [es la piedra de toque] (…) de otra manera no podría saber si me he equivocado o

no (…)”42. Aunadamente, que para Kant el estado de separación de la comunidad es

oprobioso queda claro, pues “el hombre tiene una tendencia a socializarse (…) pero

también tiene una fuerte inclinación a individualizarse (aislarse), por que encuentra

simultáneamente en sí mismo la insociable cualidad de querer doblegar todo a su mero


43
capricho” , la cual no proviene sino del incumplimiento a lo designado por las leyes

morales, esencia de su humanidad, de su “egoísta inclinación animal (la cual) le induce a

exceptuarse a sí mismo en cuanto puede”44. Igualmente enfático resulta el filósofo de

Königsberg al identificar las culturas con el valor social del hombre, contraponiéndolo al

estado de barbarie, mismo que por su parte es retratado, ya se ve, como el individualismo45.

Viendo esto mismo en sentido positivo, donde se hace presente además el papel implícito

del aprendizaje moral: “Los hombres se mueven por dos tipos de estímulos. Uno está

tomado de ellos mismos y es el estímulo del egoísmo o del amor a uno mismo, el otro es el

móvil moral, que está tomado de los demás y supone el estímulo del amor universal a la

42
Idem, p. 410.
43
En el original: “Der Mensch hat eine Neigung sich zu vergesellschaften (…)Er hat aber auch einen großen
Hang sich zu vereinzelnen (isoliren): weil er in sich zugleich die ungesellige Eigenschaft antrifft, alles bloß
nach seinem Sinne richten zu wollen.” KANT, I. Idee zu einer allgemeinen Geschichte in weltbürgerlicher
Absicht (IGwA), AA VIII, p. 21.
44
En el original: “so verleitet ihn doch seine selbstsüchtige thierische Neigung, wo er darf, sich selbst
auszunehmen.” KANT, I., idem, p. 023.
45
Idem, p. 21
humanidad”46. Por consiguiente, la diversidad cultural, y la vida en comunidad, como parte

de las dignas expresiones del ser del hombre y sus facultades racionales47 caben todas en

los contornos de validez moral en tanto congruentes con el principio de universalibilidad.

Baste citarle en un contexto concreto y práctico para corroborarlo:

“La religión natural debería constituir el último capítulo de la moral y

ser el colofón de la moralidad, (…) es la moralidad orientada hacia Dios. ¿Qué

tipo de religión debe ser colocada como fundamento de la religión natural? La

religión natural es práctica (…) moralidad y teología unidas configuran la

religión. (…) Un sacerdote egipcio se construye una imagen corpórea de Dios y,

si se le prohibiera este concepto, se quejaría amargamente pues antes podía

representarse en cierto modo a Dios y ahora no. La representación que se tenga

de Dios resulta indiferente de cara a la observancia de los deberes, pues basta

con que sea un fundamento para la moralidad.”48

Ahora bien, como se presentó arriba, si la moral con sus principios a priori,

proviene necesariamente, por su propia esencia, del pensamiento y facultades cognitivas

innatas del humano, Kant no deja por ello inocentemente de lado el importante, aunque

posiblemente propedéutico, papel que la educación y por lo tanto también el contorno

46
KANT, I. MPC, AA XXVII.1, p. 422 (Subrayado y énfasis del autor de este ensayo).
47
¿O es acaso que alguien se atrevería a decir que la cultura y expresiones comunitarias provienen de los
instintos o sentimientos? Quien así lo hiciera daría fácil pauta para considerar la vida comunitaria cuasi-
animalesca. Que las facultades racionales subordinen a las sensibles tomándolas como medios, en la danza, la
pintura, la literatura, los rituales, etc. para intensificar la realización de las intenciones dadas por la razón no
quiere decir que estos sean sus principios constituyentes.
48
En el original :” “Die natürliche Religion sollte billig in der Moral den Schluß machen, und das Siegel in
der Moralität sein, (…) ist die Moralität auf Gott angewandt. Welche Religion muß also in der natürlichen
Religion zum grunde gelegt werden? Die natürliche Religion ist praktisch (…) Moralität also un Theologie
verbunden, machen die Religion aus. (…) So machte sich ein egyptischer Priester ein feierlichen Bild von
Gott, und als man ihm diesem Begriff untersagte, so klagte es weinend, daß man ihm seinen Gott geraubt
hätte, denn vorher hätte e sich doch Gott einigermaßen vorstellen können, jetzt aber nicht”. KANT I., MPC,
AA XXVII. 1, p. 305 y 306.
cultural juegan en la generación de contenido a dicha fundamentación y en la formación del

sujeto:

“ (En referencia a la relación entre la educación y la imputación) Cuando uno

convierte una buena acción en costumbre a base de repetirla una y otra vez, tanto

más imputable le será esa acción. Esto vale asimismo para las malas acciones.

Así pues, los afectos innatos no son tan imputables como los adquiridos, llevados
49
a la necesidad mediante la repetición de estímulos”.

Como tampoco deja fuera, contrariamente al parecer de algunos, el fundamental

papel que juega el derecho del ser humano a una existencia feliz en la moral. Pues si

bien queda claro que ésta no es una facultad humana de la felicidad, sino más bien de

un tipo tal de constricción que por tener en cuenta al humano en su relación para

consigo y los demás podría en muchas ocasiones evitarle una realización directa e

inmediata de sentimientos de placer, también lo es que asegurar la propia felicidad es

un deber50. ¿Son entonces estas dos ideas contradictorias en su sistema? Kant señala

que la moral, aquí y propedéuticamente entendida como disciplina, no es una ciencia

que enseña cómo ser felices, sino cómo se ha de llegar a ser digno de ser feliz, sin que

esta búsqueda de dignidad implique por un solo momento la renuncia del hombre a su

fin natural (natürliche Zwecke) de la felicidad (Glückseligkeit), lo cual sería una

exigencia contraria a la tercera condición de imposibilidad, pero sí una abdicación a

ponerla como condición del cumplimiento de los mandatos morales. Así pues no se

debe nunca contemplar “la moralidad del hombre por sí misma, ni la felicidad por sí

sola, sino el supremo bien en el mundo, que consiste en la reunión y concordancia de

49
KANT, I. Idem, p. 292.
50
Idem, p. 268 cfr. Grundlegung zur Metaphysik der Sitten, AA IV, p. 395 y 399.
ambas (situaciones)”51, escenario que, cuando se da en el mundo, sólo se puede

entender como la felicidad universal del mundo entero. Trabajar hacia la realización de

esta meta constituye para Kant, precisamente, la dignidad de ser feliz52.

Ahora bien, existen algunos acertijos que se afirma Kant no ha podido resolver.

Indaguemos al respecto, advirtiendo que si se ha de encontrar la solución se tiene que

recordar que, en Kant, la libertad, la voluntad y la moral tienen una relación simbiótica. La

libertad es la condición de la ley moral (ratio essendi moralia), mientras que la moral es la

condición que nos permite adquirir conciencia de la libertad (ratio cognoscendi libertas)53.

Por su parte, la Voluntad es una forma de causalidad perteneciente a los seres vivos en

cuanto que racionales ya que puede ser operativa independientemente de causas ajenas

determinantes 54”: lo cual implica la “facultad de elegir sólo aquello que la razón reconoce

como prácticamente necesario, independientemente de cualquier inclinación55”. Teniendo

esto en mente abordemos los mencionados acertijos.

Primeramente, es recurrente enfrentarse al siguiente cuestionamiento: ¿cómo

encontrar legítima cualquier pretensión de encontrar objetos de querer personal como objetos

de querer universal sin que se esté coqueteando con la posibilidad de la intolerancia e

imposición? De mostrarse la propuesta de Kant al final y siempre ciertamente auto-referente,

y por tanto egocéntrica, no cabría sino aceptar una contradicción interna en su sistema, ya

que en nombre de la autodeterminación y por sus propias condiciones de posibilidad para

51
En el original: “weder die Moralität des Menschen für sich, noch die Glückseligkeit für sich allein, sondern
das höchste in der Welt mögliche Gut, welches in der Vereinigung und Zusammenstimmung beider besteht”.
KANT , I. Über den Gemeinspruch: Das mag in der Theorie richtig sein, taugt aber nicht für die Praxis
(üGTP), AA VIII, p. 279.
52
Idem.
53
Más argumentos al respecto en KANT, I. K.p.V., AA V, p. 4.
54
En el original: “eine Art von Causalität lebender Wesen, so fern sie vernünftig sind da sie unabhängig von
fremden sie bestimmenden Ursachen wirkend sein kann“, KANT, I., GMS, AA IV, p. 446.
55
En el original: “ein Vermögen, nur dasjenige zu wählen, was die Vernunft unabhängig von der Neigung als
praktisch nothwendig (…) erkennt”. Idem, p. 412.
considerar una voluntad libre se abriría la posibilidad para justificar la imposición de ideas y

juicios tanto en el ámbito interno del sujeto56 como en el ámbito externo del sujeto57. En

otras palabras, Kant estaría o: 1) uniendo también el concepto de voluntad con la posibilidad

de la realización del poder impositivo58: “El formalismo se torna filosofía ideológica del

sistema vigente, reflexión filosófica que parte de la ‘eticidad’ (etnicidad) dominante,

hegemónica, pero que oculta, como Kant, sus supuestos de ‘contenido’ (materiales)”59 o 2)
60
aceptando la posibilidad de determinación heterónoma del sujeto –lo cual Kant descarta

explícitamente–. Sin embargo, el primer entresijo encuentra su solución a través de mostrar

que el considerar a Kant un “adversario de la diversidad”61, opresor teórico de la libertad y

expresiones culturales de los pueblos no occidentales, tiene su origen más en la errónea

confusión de la propiedad de universalibilidad de los principios morales –propiedad que

tiene a la comunidad como condición de posibilidad–, con la del atributo de pretensión de

universalidad62 con que se pretende permear el decir del prusiano en referencia al imperativo

56
Esto se podría resumir en los enunciados a) “todos quieren o tendrían que querer lo mismo que yo” que va
de la particularidad a la pluralidad; y b) “yo quiero o tengo que querer lo mismo que todos” que, aunque es
menos autoritario es aún más contradictorio para el sistema kantiano que a) pues implica heteronomía. Este
último enunciado se dirige de la pluralidad a la particularidad.
57
Esto hace referencia al momento de la transformación de la realidad y se ejemplifica con el siguiente
enunciado: c) “ya que soy libre y racional, transformo el mundo legítimamente conforme a mi querer”.
58
En los enunciados a) y c).
59
DUSSEL, E., op. cit., p. 179.
60
En el enunciado b).
61
Vid. DIAZ-POLANCO, H., op. cit., p. 49.
62
Entiendo por atributo, aquella característica contingente que tiene una cosa en tanto que encontrada por el
sujeto cognoscente como acompañándole. Cualquier adjetivo es, por lo tanto un atributo. La carga de la
relación atributo-cosa se encuentra, así, en el sujeto cognoscente y no en la cosa existente. V. g. el enunciado:
“La taza es grande” atribuye. Paralelamente, entiendo por propiedad aquella característica que, sin ser la
esencia de la cosa, sí es esencial, por formar parte inherente de su definición, concepto o idea. Por lo tanto, las
propiedades son características necesarias e inherentes al objeto cognoscido cuando éste comprende un
sistema cerrado y suficiente en si mismo. V. g. A) El enunciado “La taza grande”, señalando una entre varias,
expresa propiedad (pues es un concepto en si mismo que en este caso simplemente sirve para diferenciar un
objeto sensible de otros), al igual que, B) cuando se entiende que todo “gigante” (ser de gran tamaño) es
grande, pues es una característica que forma parte de la definición.
Así, ningún atributo puede ser necesario y las propiedades sólo pueden existir en tanto que se refieran a
una definición o concepto cerrado. Debido a esto último, se puede considerar que la carga de la relación
propiedad-cosa se encuentra en el objeto cognoscido, sea éste una cosa existente (como la taza grande, que es
a su vez un concepto en sí mismo) o como idea (en el caso del gigante). Confundir en el pensamiento el
categórico. Atributo falaz que, claro, de ser cierto, implicaría el pretendido imperialismo

ideológico. Como esto ya ha sido abordado a detalle en páginas anteriores y apelando al

principio del nemo auditur propriam torpitudinem allegans, nada más hay que decir al

respecto. El segundo acertijo, un poco más difícil, pero no imposible de contestar, radica en

la tensión existente entre la determinación heterónoma del sujeto, misma que se puede

entender proviene de causas antropológicas, junto con el aniquilamiento de la libertad que

ella representa. Para resolverlo debe tenerse presente que la voz alemana fremd –usada por

Kant al referirse a las causas que pueden afectar una voluntad (libre)– tiene dos sentidos:

ajeno y extraño. Kant usa este vocablo en el sentido de ajeno, esto es aquello que no es

esencial al sujeto, pero que, como las inclinaciones, pertenece a él. La solución al acertijo se

extrae de leer la parte doctrinal de la moral kantiana63, la cual permite entender que las

causas antropológicas, al momento de la determinación de los juicios y enunciados

normativos por parte del sujeto, no están fuera de su espectro, ni implican un detrimento

necesario de su autonomía. Lo extraño al sujeto –entendido aquí como persona–, lo externo a

él, esto es, las entidades existentes en su entorno, quienes junto con él conforman y

transmiten los usos y costumbres, forman parte importante del sistema moral de Kant, pues

que para él el contacto con el exterior es el primer paso de todo conocimiento debe quedar

claro desde el primer enunciado de la introducción de la Primera crítica64. La enseñanza de

juicios normativos junto con su contenido es en innumerables ocasiones externa, más,

agente sobre el que cae la carga de la relación es una terrible falacia que lleva a afirmaciones como “Kant es
adversario de la diversidad”. Es, pues, falaz un atributo cuando se presenta formulado con pretensiones de
propiedad.
Cabe destacar, para que no se tome por no pensado, que una propiedad se puede entender también como
una característica que le pertenece al objeto en cuanto cosa en sí, pero, desde este punto de vista, por no poder
acceder el sujeto al conocimiento de la cosa en sí, al momento mismo de la enunciación de propiedades no se
pueden entender sino como atributos.
63
Vid. MS, AA VI y MPC, AA XXVII.1.
64
“No hay duda alguna de que todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia”. En el original: “Daß
alle unsere Erkenntniß mit der Erfahrung anfange, daran ist gar kein Zweifel”. KANT, I, K.r.V., AA III, p. 27.
primeramente debe todo lector de Kant entender que ésta puede llegar a ser parte inherente al

sujeto, ya que la costumbre –cuya relación con la educación es plausible y está dada

frecuentemente, como es evidente y como Kant explícitamente acepta y recomienda65–

agiliza la acción hasta convertirla en necesidad, tornando así al actuante en sujeto de

imputación y responsabilidad moral66; segundamente, el sujeto es factible de ulterior

valoración interna e independiente del juicio externo con pretensión de validez normativa

que le ha sido introyectado y la congruencia que el acto prescrito tiene con el principio

moral, gracias a lo cual puede generar sus propios juicios y enunciados normativos siempre

referidos, claro, a su relación con el entorno o con él mismo como fenómeno67. Es así que la

acción que lleva a cabo –misma que puede ser resultado de formación social– le pertenece,

sin embargo, siempre a él –por sus propias formas o capacidades cognitivas innatas, que

tienen potencial para reformarla si no la encuentran reflejo de la norma universalibilizable, o

en caso contrario aceptarla tal cual es–. Ahora bien, se podría argumentar que el sujeto

carece de dichas formas, y que éstas son también resultado de las determinaciones del

entorno antropológico, como gustan de hacerlo en la llamada posmodernidad, pero eso nos

llevaría a una contradicción de términos lógicos digna de paralelo con la primera antinomia

descrita por Kant en su Crítica de la razón pura68. Para comprobarlo, baste el siguiente

razonamiento: Sin capacidades cognitivas e intelectuales innatas propias del funcionamiento

cerebral del humano, no habría abstracción, relación causa-efecto (en caso de que se deseara,

65
Vid subcapítulo Sobre los deberes en relación con las distintas edades en KANT, I., MPC, AA XXVII.1, p.
466-470.
66
Vid. KANT, I., idem, AA XXVII.1, p. 292 y ss.
67
Quien piense lo contrario, deberá renunciar a toda posibilidad de un mundo distinto, con mejores
condiciones de supervivencia y convivencia inter-subjetiva, comunitaria, nacional e internacional, pues, por
simple consecuencia lógica, no seríamos capaces de revalorar nuestras formas de coexistencia ni con respecto
a otros humanos distintos a nosotros –sea el sujeto entendido como una persona o como comunidad– ni con la
naturaleza.
68
Con respecto al principio del mundo. Vid. KANT, I., K.r.V., AA III , p. 294.
como lo hace Schopenhauer, argumentar el origen de la Moral en la asociación acto-

supervivencia), ni lenguaje –por mencionar sólo algunas–, requisitos sine cua non para la

generación de actos normalmente aceptados como antropológicos –como rituales,

ceremonias, conductas prescritas– que sean asociados con valoraciones no inherentes a ellos

– y por lo tanto abstracciones en sí mismas–, con lo que los usos y costumbres ni siquiera

hubieran llegado a ver la luz del día. Cualquier acto que sea valorado más allá de sí mismo

(el tabú, las danzas sacras, etc.) requieren de una abstracción, pues es esta misma la

valoración. Estas capacidades se desarrollan en el sujeto en mayor o menor grado, nadie lo

duda y menos Kant, dependiendo del entorno socio-económico-cultural por el que el sujeto

se vea rodeado, pero la capacidad (Fähigkeit o Kraft) cognitiva se encontraba ya en la

formación cerebral genética del mismo69. Si bien es cierto que el padre de Mozart era

músico, también lo es que tuvo hermanos y mascotas. Quede así respondido el segundo

problema.

El tercer problema al que se enfrenta Kant, es aquel que, aceptando ahora su solidez

lógica, la cual hace coherente su argumento pudiendo combatir así al escéptico70, le revela

una incapacidad argumentativa frente al cínico ser que, admitiendo la existencia y necesidad

de la moral se reafirma rebelándose ante ella y rompe con sus prescripciones. Pues, que el

sujeto formule imperativos en lo general, nada nos dice sobre el cumplimiento de los

mismos. Un tercer elemento debe fungir como, permitiéndome la expresión, agente

catalizador de la acción. Ésta es la verdadera piedra con la que Kant tropieza

invariablemente. Pues, claro, podrá el cínico no ser libre al no cumplir principios normativos,

69
Con lo cual Dussel fácilmente acordaría, por considerar el kantismo una beta de aprendizaje para la Ética de
la liberación en tanto que desarrolla como nadie el campo de la validez universal formal. Vid DUSSEL, E.,
Ética de la Liberación (…), p. 172.
70
Dussel mismo concuerda con esto. Vid. DUSSEL, E. Ética de la liberación…, pp. 464 y 465.
pero eso no parece amedrentarle en su omisión o desprecio de conductas que se adjudican ser

reflejo de la normatividad moral. Kant acepta que la razón en sí misma es insuficiente para

poner en marcha las acciones del sujeto, por lo que requiere de un factor ajeno a la razón que

sirva de motor. Ese motor, por lo tanto, lo acepta Kant, sólo puede provenir de un

sentimiento (Gefühl), en si mismo bueno, lo suficientemente fuerte como para neutralizar los

demás sentimientos siempre auto-referentes. Este sentimiento humilla las pretensiones

egoístas, debilitándolas primero y venciéndolas después. Kant nombra este sentimiento:

respeto (Achtung). Sin embargo, el respeto no es otorgado por la sensibilidad, sino,

extrañamente, por un fundamento intelectual que le otorga al sujeto la facultad de conocerlo

de manera a priori71. El respeto, se concluye, es pues necesario y universal. Entre más

racional se es, más fuerte es este sentimiento y más congruentes serán las acciones del sujeto

con sus determinaciones morales. Pero eso, claro, no le permite a Kant escapar de la

circularidad en que su afán por defender a ultranza la inmaculada dirección moral de la razón

le sitia. Finalmente, la cotidianidad, sin importar la esfera de realización de los actos, nos

muestra que la lógica argumentativa y el conocimiento de las normas autónomas de la moral

no resultan suficientes para que el sujeto tome la decisión, y actúe en consecuencia, de

tornarse en ser moralmente íntegro. Schopenhauer plantea el problema de una manera clara

cuando afirma que “una moral sin fundamentación, es decir, un mero moralizar, no puede

surtir efecto, por que no motiva”72 ¿Hay solución a este dilema? ¿Cómo argumentar entonces

frente al cínico? Este sigue siendo el problema al que los eticistas seguimos enfrentándonos

y nuestro más claro campo de compromiso filosófico.

71
Vid. KANT, I., K.r.V. AA III , p. 74.
72
En el original: “Eine Moral ohne Begründung, also bloßes Moralisiren, kann nicht wirken; weil sie nicht
motivirt” SCHOPENHAUER, A. WWV I, SW II, § 54, p. 434