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Gerard Martin MEDELLÍN.

TRAGEDIA Y RESURRECCIÓN 1975-2010


Convenio Interadministrativo NO. 4600017541 de 2009
ENTREGA ENERO 2011

CAPÍTULO 10

GUERRILLA, MILICIAS, CONVIVIR, PARAMILITARES

“Con la información acumulada en mis


experiencias periodísticas (…) puedo
asegurar que los directorios políticos sabían
de las complicidades de muchos caciques
regionales con grupos ilegales, llámense
estos guerrilleros o paramilitares. Y nunca
hicieron nada para remediar esta realidad.”

Hernando Corral (2008)

10.1 Grupos guerrilleros y milicias urbanas

Ya lo hemos dicho, la intensidad, letalidad, territorialidad y perdurabilidad del


fenómeno banderil duro y chichipato de los años 80 y 90, no fue únicamente
catalizado por la impunidad, la banda Escobar y el tráfico de cocaína. También
jugaron un papel fundamental las lógicas violentas y catalizadores que varios
grupos guerrilleros y, más tarde, paramilitares impusieron en la ciudad.

La presencia de estructuras guerrilleras en el departamento de Antioquia data de


finales de los años 60, y en Medellín de los 70. Como en el resto del país, las hubo
y en parte todavía las hay, con tendencias pro soviéticas y marxistas (FARC);
inspirados en la revolución china y el régimen Albanes de Enver Hoxha (EPL);
implicados con Cuba y las revoluciones centroamericanas de los años 80 (M19); o
marcados por la Teología de la Liberación y la presencia e influencia directa de
sacerdotes radicales europeos, entre ellos españoles, italianos, y belgas (ELN y
SRC). Las diferencias ideológicas respecto al credo revolucionario han provocado,
con frecuencia, confrontaciones mortales inter e intra grupales, un fenómeno
conocido en Colombia como canibalismo de izquierda. A esta se suma la historia
secreta de eliminaciones sistemáticas de civiles y dirigentes de organizaciones
sociales que resisten a ser puestos bajo la tutela de uno u otro grupo, o que ya
están alistados dentro de las filas de un grupo “enemigo”, y considerados objetivos
militares legítimos.

La influencia armada de grupos guerrilleros en Medellín se genera en particular


bajo la forma de milicias durante la segunda parte de los 80s y la década de los

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90s.1 A partir de 1998, su presencia militar en la ciudad empezó a ser disputada y


rápidamente reemplazada por las estructuras narco paramilitares AUC, con
numeros integrantes de las milicias mudando a las filas de los AUC.

En Medellín, las milicias urbanas de varios grupos guerrilleros se formaron a


inicios de los 80s, por razones estratégicas, en los barrios más periféricos, de
invasión y de asentamiento pirata, en concreto en la Comuna 1 (barrios los
Populares y Santo Domingo Savio), en la Comuna 2 (barrio Villa del Socorro), en
la Comuna 6 (barrio Picacho), en los barrios París y La Maruchenga (en la frontera
entre Medellín y Bello), en la Comuna 8 (barrios Villa Liliam y La Sierra), y en la
Comuna 13 (barrios las Independencias y Nuevos Conquistadores). La mayoría de
aquellos barrios se encontraban ubicados, donde lo urbano conecta con lo rural,
es decir, en lugares aptos para ser transformados en corredores estratégicos para
los grupos guerrilleros, aprovechados para tráfico de armas, reclutamiento urbano,
incursiones urbanas para realizar atentados, eliminaciones, secuestros, la
evacuación clandestina de los secuestrados hacia el campo, entre otras. La
comuna 8, por ejemplo, se ubica alrededor de la entrada a la zona rural de Santa
Elena, que a su vez comunica con el oriente del Departamento; y la Comuna 13
está en cercanía de la Carretera al Mar, que lleva a Santa Fe de Antioquia y de ahí
al Golfo de Urabá.

Al mismo tiempo, como hemos visto, estos barrios marginales estaban


confrontados con problemas de delincuencia, frente a los cuales la fuerza pública
– ausente, mal dotada, mal formada, con frecuencia abusiva y corrupta – no logró
dar respuestas contundentes. La estrategia guerrillera apuntaba entonces también
a que las milicias penetren y coopten el tejido social para asumir funciones de
vigilantismo y promover la organización político-militar y preparar jóvenes para
integrar en las filas guerrilleras.

Cuando la administración Betancur (1982-1986) abrió negociaciones de paz con


varios grupos de guerrilla, también acordó amplias amnistías, la excarcelación de
centenares de guerrilleros, la creación en varios lugares del país de los llamados
Campamentos de Paz. Estos eran lugares de concentración para inducir
formación política a los militantes guerrilleros que preparaban su desmovilización,
y para socializar estas ideas también con otros interesados. En Medellín, igual que
en otras ciudades del país, estos campamentos fueron ubicados justamente en
sectores donde ya operaban milicias. Por ejemplo, el M-19 instaló un campamento

1
Periodización propuesta por Pablo Emilio Angarita et allí, Dinámicas de Guerra y Construcción de Paz.
Estudio Interdisciplinario del conflicto armado en la Comuna 13 de Medellín, Universidad de Antioquia, 2008,
p. 19

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en los barrios los Populares, arriba en la Comuna 1 en la zona Nororiental.


Aunque “no era más que una casa por el estilo de cualquier directorio político (…)
la agrupación subversiva la utilizó con fines proselitistas, convirtiéndose en el
centro de capacitación militar y adoctrinamiento ideológico”2.

Entre los jóvenes que aprovecharon la posibilidad de hacer parte de estos


Campamentos de Paz, se encontraron también algunos ya involucrados en
actividades delincuenciales. Estos participaron más bien para que en caso de ser
sorprendidos o capturados por las autoridades, pudieran argumentar y probar
hacer parte de un Campamento de Paz y de estar en proceso de preparación para
una desmovilización. El gobierno gestionaba el proceso de paz a distancia, desde
Bogotá y posiblemente no se dio cuenta – o tal vez no quería darse cuenta – y no
tomó medidas, cuando era evidente, y los vecinos del barrio así lo decían, que los
Campamentos fueron utilizados por la guerrilla como fachadas para preparar
jóvenes en el manejo de armas para realizar operativos militares y para consolidar
estructuras insurgentes urbanas, llamadas después “Milicias Bolivarianas”.3

Cuando se rompieron las negociaciones (1985), el Gobierno Nacional formalmente


cerró los campamentos, pero varios de los jóvenes, ahora adiestrados en el
campo militar, conformaron grupos delictivos, o se afiliaron a los ya existentes, y
no se demoraron en pasarse a lógicas más violentas e incluso a prácticas de
sicariato.4 Aquellos jóvenes que de verdad habían querido abandonar la lucha
armada y reinsertarse, quedaron sin acompañamiento estatal nacional. La Alcaldía
de Medellín, con sus debilidades estructurales propias de la época pre-
descentralización, tampoco estaba en la capacidad para ofrecerles alternativas.
Además, la guerrilla permaneció, de manera clandestina, operando dentro de
Medellín, y pretendía más bien mantener estos jóvenes en su red.

Es así que, por ejemplo, en la Comuna 1, una vez cerrado el Campamento de Paz,
se formó ahí la banda de Los Nachos, integrada, entre otros, por jóvenes que
habían participado en el proceso. Dedicada al control territorial, la banda incurrió
pronto en prácticas de boleteo, robo, atraco, y venta de drogas ilícitas. Algunos
habitantes del barrio, cansados de los abusos, organizaron, hacia 1985 ó 1986,
con espíritu de autodefensa barrial, la banda Los Capuchos, que a su vez también
tenía entre sus miembros ex integrantes del M-19 y jóvenes salidos de los
Campamentos de Paz. Los Capuchos combinaron el vigilantismo con la limpieza

2
Diego Bedoya Marín, Op. Cit,, p. 38
3
Fabio Zambrano, “Prefacio” en Alonso Salazar y Ana María Jaramillo, “Medellín: las subculturas del
Narcotráfico”, CINEP, Bogotá 1992, p,13 ,
4
Alonso Salazar, No Nacimos Pa’Semilla, Cinep, Bogotá, p. 192.

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social de ladrones y consumidores de droga. Portaban capuchas, generando una


impresión tenebrosa en el barrio, y se hicieron pronto conocer en toda la ciudad
por reportajes en los medios. Hacia 1989, los Capuchos/los nachos CUAL DE LOS
DOS? anunciaron su intención de abandonar su actuar delincuencial, en particular
la extorsión, y concentrar su razón de ser en la oferta de protección, seguridad y
regulación social, tomando carácter de milicias. Este cambio de banda a milicia,
puede haberse generado como resultado del fortalecimiento de otra banda más
dura en el mismo sector. También puede ser que representó un intento de politizar
su actuar en el contexto de las negociaciones de paz iniciadas a finales del
gobierno de Virgilio Barco (1986-1990) con ocho grupos guerrilleros, entre ellos
varios con presencia en la ciudad (EPL, M19, ELN) y que resultaron, durante la
presidencia de César Gaviria (1990-1994), en la desmovilización, el desarme y la
reinserción de estos grupos guerrilleros, como ya hemos visto.

En este contexto, no solamente Los Capuchos, sino varios grupos de milicianos,


reposicionaron o reformularon un discurso más político. Sin embargo, entre una
decena de grupos milicianos activos,5 varios grupos entraron en negociaciones.
Este fue en concreto el caso de las Milicias del Pueblo y Para el Pueblo (MPPP),
cuyo centro de acción eran las Comunas 1 y 3 en la nororiental, en concreto los
barrios Popular I y II, Santo Domingo Savio y Granizal; y de las Milicias Populares
del Valle de Aburrá (MPVA), con presencia en los barrios Moravia y El Bosque,
lideradas por dirigentes cercanos al grupo guerrillero CRS, una división del ELN.

Aún re-politizados, las milicias innovaron poco en su actuar, es decir, seguían


eliminando ladrones de poca monta, sicarios chichipatos, jibaros, viciosos y demás
lumpen, con la intención de llegar a tener su propio cuarto de hora de legitimidad
social entre la comunidad. Ahora bien, la comunidad tampoco tenía mucho mas
opción que adaptarse a quien se imponía, y respetar la ley del silencio que el uno
u otro Leviatán ocasional imponía.

5
Entre los grupos milicianos existentes en 1993 estaban en particular (con en cursivo los
que entraran en negociaciones de paz en 1994): (i) con influencia ELN: las Milicias Data Acquisition Lab! 1/10/11 3:42 PM
Formatted: Not Highlight
Populares del Valle de Aburra, las Milicias 6 y 7 de Noviembre; (ii) con influencia EPL:
los Comandos Obreros Populares; (iii) con influencia FARC: las Milicias Bolivarianas; (iv)
con influencia de la Corriente de Renovacion Socialista: Milicias America Libre, Milicias
Populares Revolucionarias; (v) de caracter autonomo: Milicias Populares del Pueblo para
el Pueblo (MPPP), Milicias Pueblo Unido, Milicias Che Guevara, Milicias Obreras 1 de
Mayo, y Milicias Metropolitanas. Ver Ana Maria Jaramillo, “Milicias Populares en
Medellin: entre la guerra y la paz”, Corporacion Region, Medellin, 1994.

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La estructura de las milicias era vertical en términos militares, conformada por un


comandante máximo, mandos medios, milicianos de base y sectores
simpatizantes de la comunidad,6 pero su realidad sociológica era mucho más
compleja. Se formaron no solamente en los mismos lugares donde habían
comenzado a operar las bandas chichipatas, sino en parte con los mismos jóvenes
que también las integraron. Algunos de estos sicarios de poca monta se vieron de
golpe enganchados y reencauchados en un discurso revolucionario para superar
la pobreza y la explotación, sustentado en vaguedades conceptuales como el
“respeto al pueblo y la comunidad”, y “la lucha anti-capitalista y anti-estatal”. Bajo
estos lemas se involucraron, sin necesariamente abandonar sus vueltas sicariales,
en una especie de autodefensa barrial y vigilantismo comunitario, que tenía entre
sus principios básicos una intolerancia visceral hacia cualquier tipo de
transgresión.

Las milicias, en su realidad cotidiana, no eran el actor uniforme y racional al cual


sus dirigentes aspiraban, sino otro protagonista criminal barrial, que se sumaba al
panorama ya por si denso, de estructuras criminales en la ciudad.7 Es menos en
su operar que por su afiliación más o menos directa con estructuras guerrilleras,
que las milicias se distinguen de las bandas, que a su vez se mantienen más bien
influencias de las estructuras del narcotráfico en la ciudad.

Ahora bien, los que mandaron sobre las milicias intentaron que estos se
comportaran en esencia igual que las guerrillas rurales, cínicamente
reinterpretando las necesidades de la gente en cuyo medio operaron, ahí para
cooptar campesinos y colonos, aquí para cooptar pobladores urbanos pobres.
Algunos efectivamente impusieron algo de regulación y orden, tanto así, que
algunos vecinos les calificaron como “sicarios buenos”, que parece ante todo un
contradicció in terminus.8 Sin embargo, en la urbe, las cooptaciones terminaron
siendo más inestables y precarias que en lo rural, en parte porque tenían que
operar de forma más clandestina por la misma densidad demográfica y la mayor
presencia institucional. Por ejemplo, por débil y corrupta que pudiera ser la fuerza
pública, su presencia les impidió de todos modos un control total, sea cual fuere la
dosis de arbitrariedad y terror que aplicaron. Dependiendo del tipo de liderazgo y
de los antecedentes criminales de uno u otro jefe miliciano, del grado de
corrupción de la Policía en el respectivo sector de la ciudad, y del carácter de las

6
Ver Clara Lucía Pérez Arroyave e Inés Ofelia Londoño, “Caracterización de los Jóvenes de Medellín.
Sistematización de 130 fuentes bibliográficas”, Fundación Social, Secretaría de Bienestar Social, Corporación
Paisa Joven, 1997.
7
Ana María Jaramillo, Ramiro Ceballos y Marta Inés Villa, En la encrucijada: Conflicto y cultura política en el
Medellín de los noventa. 1998.
8
En entrevistas realizadas en la Comuna 13 en 2005 por Pablo Emilio Angarita et allí, Op. Cit, p. 78

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relaciones con otras organizaciones armadas ilegales en la zona, la ciudad, el


Valle de Aburrá o por fuera de ella, una estructura miliciana terminaba siendo más
o menos brutal, y dedicada en mayor o menor grado a actividades criminales,
como el control de plazas o casas de vicio y la extorsión. En algunas partes, como
Castilla, las milicias nunca lograron penetrar en serio, obstaculizadas por las
bandas duras y un tejido social con mayor organización comunitaria que en los
barrios piratas de las laderas altas.

En otras, como las comunas 8, 9 y 13, las milicias terminaron siendo, en los años
90, el actor ilegal principal. Estos sectores no habían participado de manera
decidida en el posicionamiento de bandas duras y chichipatas al servicio del
narcotráfico. Las FARC en particular, entendieron que sus milicias podrían en este
vacío encontrar oportunidades. Ahí, más que las bandas con sus híbridas lógicas
de criminalidad y limpieza social, o los paramilitares que vinieron después, eran
entonces las milicias guerrilleras las que impusieron la lógica del paredón. Los
llamados Comandos Armados del Pueblo (CAP), con influencia de las FARC,
tenían presencia en barrios de la Comuna 13, entre otras.

“Las milicias independientes, se crearon luego de constatar el poder


que estaban adquiriendo las bandas juveniles en los barrios
populares; de evaluar el trabajo de control y vigilancia que en la zona
de Barrancabermeja ejercían guerrilleros del ELN y de hacer una
crítica profunda al anonimato, marginalidad y desentendimiento social
con el que actuaba la guerrilla urbana, este grupo de jóvenes
emprendimos la labor de armarnos y actuar dentro de los barrios, en
medio de una disposición autocrítica respecto a la misión
revolucionaria, que hacía parte de las convicciones surgidas durante
nuestra militancia en la izquierda, aunque sin pretender establecer
nexos con la guerrilla.”9

Aun así, algunas milicias obtuvieron un apoyo social tácito, por lo menos inicial, en
aquellos vecindarios donde en efecto lograron devolver algo de “tranquilidad y
justicia”, como decían los vecinos, aunque fuera aplicando juicios populares y
ejecuciones extra judiciales a ladrones, viciosos y otros desechables. Hay
evidencia de que un número significativo de los habitantes de las comunidades
afectadas contribuyeron sin mayor resistencia – y con pocas alternativas – al
sostenimiento de las milicias y su aplicación de sanciones duras. Había tolerancia

9
En http://www.oitcinterfor.org/public/spanish/region/ampro/cinterfor/temas/youth/doc/not/libro217/libro217.pdf.
280210

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y aceptación del actuar miliciano, aún entre familiares de quienes cayeron víctimas
de su furor: “(Era) como resignación, porque la gente decía ‘es que aquel
muchacho era malo’”. No fue excepcional que las mamás dijeran: “es que mi
muchacho andaba en cosas malas, y ya”.10 Esa sumisión al terror, solamente se
logra entender en el contexto de una fuerza pública desbordada y una
administración de justicia en esencia inoperante. Bajo aquellas condiciones, ¿qué
otra reacción se podría esperar de los habitantes de un vecindario frente a unos
jóvenes potentados armados, cuya arbitrariedad y terror parecía querer imitar las
lógicas de Pol Pot?

Las milicias eran a corto plazo viables ya que lograron fortalecerse a expensas de
la marginalidad, aprovechar la debilidad institucional, y movilizar cierta legitimidad
social. Sin embargo, sus esfuerzos de imponer de manera autoritaria un orden
privado, desplazando y liquidando formas tradicionales de regulación social,
siempre terminó en arbitrariedades y terror, y por ende en la pérdida de la poca
legitimidad que inicialmente habían logrado captar.

10.2 La negociación fracasada con algunas Milicias (1994)

La administración Gaviria (1990-1994) celebró a comienzos de los años 90, un


exitoso proceso de desmovilización, desarme y reinserción con unos 5.000
integrantes de ocho grupos guerrilleros11, entre ellos el M-19, el EPL, y la CRS con
presencia miliciana en Medellín; las FARC y el ELN no participaron. Varios ex
comandantes lograron acceder a cargos de elección popular, entre otros en el
Concejo de Medellín, la Asamblea de Antioquia y el Congreso de la República.
Aun así, el EPL sufrió, en particular en Urabá a manos de una disidencia de las
FARC. Entre los casos más sonados esta una masacre de 35 personas en el
barrio popular la Chinita en el municipio de Apartado. Entre las víctimas había un
número importante de trabajadores bananeros sindicalizados simpatizantes del
desmovilizado EPL. Otro caso era el atentado en Medellín contra Mario Agudelo,
uno de los comandantes desmovilizados con mayores opciones políticas. Agudelo,
siendo diputado a la Asamblea de Antioquia, recibió en 1997 por correo un libro
bomba que su hijo Pedro León, de 18 años, desempacó y que mató de forma
instantánea al joven.12

10
Entrevista con una mujer en la Comuna 13, 2005, realizada por el Pablo Emilio Angarita et alli, Op. Cit, p.
77.
11
M-19, el Partido Revolucionario de los Trabajadores - PRT, el Ejército Popular de Liberación - EPL, el
Movimiento Armado Quintín Lame, los Comandos Ernesto Rojas, la Corriente de Renovación Socialista y el
Frente Francisco Garnica.
12
El atentado tuvo lugar el 14 de abril de 1997. Ver Mario Agudelo, ¿Qué pasa en Cuba que Fidel no se
afeita? De las armas a la esperanza. Un diálogo con Jaime Jaramillo Panesso, Ed. ITM, Medellín, 2005, pp.

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La incapacidad del Estado para evitar la arremetida de las FARC contra los
reinsertados del EPL, resultó, en Urabá, en una alianza estratégica y poco
transparente, entre el desmovilizado EPL y la estructura de autodefensa ACCU de
los hermanos Castaño, quienes acababan de celebrar con los Pepes la
eliminación de Escobar. Fidel Castaño (alias Rambo) había desde 1990, en vano,
intentado llegar a algún arreglo con las FARC. Justo cuando se alistaba para la
guerra, y estaba reorganizando su aparato en Urabá un mes después de la
eliminación de Escobar, el mismo fue asesinado, y su hermano Carlos retomó la
jefatura de las ACCU. El conocimiento del EPL acerca de las lógicas operativas de
las FARC en Urabá será un ingrediente esencial en la sangrienta pero exitosa
estrategia de las ACCU en la región. A su vez, la protección de las ACCU permitió
que los desmovilizados del EPL lograran coronar exitosamente su transformación
en una fuerza política local, conquistando varias alcaldías en la región. Agudelo
mismo terminó siendo alcalde de Apartadó (2001-2003).

No obstante las particularidades en Urabá, en general, el proceso de DDR con los


ocho grupos guerrilleros al comienzo de los 90, contribuyó a una mejora en la
seguridad en Medellín y en el país. Es difícil, sin embargo, definir el impacto con
precisión, porque coincidió en el tiempo con otros procesos que tuvieron impactos
positivos sobre la seguridad en la ciudad, como la descentralización, la nueva
Constitución, la creación de la Consejería Presidencial para Medellín, y la misma
eliminación de Escobar y su banda (1993).

El 1992 Medellin mostro por primera vez en quince años una leve tendencia
descendiente de los homicidios en la ciudad, y al comienzo de 1993 el entonces
gobernador de Antioquia, Gilberto Echeverri Mejía13, solicitó en una carta al
presidente Gaviria considerar la posibilidad de abrir algún tipo de negociación
hacia un sometimiento a la justicia de las milicias urbanas en Medellín. El
gobernador estimó en su carta que había 5.000 milicianos en la ciudad, lo que era
una evidente exageración, sin duda para dar mayor peso político a la solicitud. A
finales de 1993, tres semanas después de la muerte de Escobar, el gobierno
Gaviria se apropió por fin de la propuesta e introdujo un marco legal específico
para el sometimiento a la justicia de las milicias.14

235-242 En un atentado anterior contra su vida perpetrado por las FARC con una granada en un
establecimiento público en Apartado, murió una joven y quedaron 12 personas heridas, incluso Mario.
13
Una década más tarde, el ex gobernador Gilberto Echeverri y el gobernador Aníbal Gaviria (2004-2007), del
cual el primero era el Asesor de Paz, serán secuestrados por las FARC y más tarde, durante una operación
de rescate por parte de la fuerza pública, asesinados por las FARC.
14
Ley 104 de diciembre de 1993.

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De los tantos grupos milicianos en la ciudad, únicamente las ya mencionadas


MPPP y las MIVA, con un total de unos 650 integrantes, decidieron acogerse a la
oferta.15 Con ellos el gobierno nacional firmó en mayo de 1994, el Acuerdo para la
Convivencia Ciudadana16 dando con ello inicio a su desmovilización, desarme y
reinserción – DDR –. A su vez, el micro proceso nacional de DDR en 1994 con el
pequeño grupo guerrillero Corriente de Renovación Socialista CNR (una
dissidencial del ELN), incluyo la desmovilizacion de un grupo miliciano en la
Comuna 3 (Aranjuez). Aunque algunos 4.300 milicianos (según los números del
Gobernador) se quedaron por fuera del proceso, la esperanza del gobierno
nacional era que si la reinserción inicial de los 650 y los del CNR lograba ser
exitosa, los demás grupos posiblemente también entrarían al proceso.

Este proceso de DDR fue liderado por el Programa Nacional de Reinserción –


PNR – y por la Consejería Presidencial para la Paz,17 y su oficina seccional en
Medellín. El alcalde electo Luis Alfredo Ramos (1992-94), creó a su vez, en 1994,
la Oficina Municipal de Paz y Reconciliación para apoyar el proceso. Otros
acompañantes del proceso eran Pastoral Social de la Arquidiócesis de Medellín; la
Consejería Presidencial para Medellín y el Valle del Aburrá; la ONG Corporación
Región, y monseñor Héctor Fabio Henao como garante moral.

El Acuerdo consistía en ofrecer a los milicianos, a cambio del desarme y la


confesión de una parte de sus crímenes, algunos beneficios jurídicos, entre ellos
modalidades de rebaja de penas, indulto y el reconocimiento político al MPPP y
MIVA.18 La concesión de beneficios políticos provocó una fuerte reacción por parte
de la Corte Constitucional, lo que complicó las negociaciones. Claramente, igual
que en lo pactado con Escobar, de la parte del gobierno hubo mucha
improvisación para sacar, como sea, actores del conflicto para lograr bajar la
intensidad de la violencia.

Por su carácter urbano y localizado, el acuerdo con las milicias revestía aspectos
diferentes a los celebrados con los ocho grupos guerrilleros rurales, aunque
también había similitudes. Primero, la Alcaldía de Medellín, en cabeza de Luis
Alfredo Ramos, se comprometió con la realización de obras de infraestructura vial
y mejora en servicios de educación, salud, recreación y equipamientos colectivos,
15
Participo tambien un grupo mucho mas pequeno, las Milicias Metropolitanas.
16
“Acuerdo final Gobierno-Milicias para la convivencia ciudadana”, se firmó con las Milicias Populares del
Pueblo y para el Pueblo, Milicias Independientes del Valle de Aburrá y Milicias Metropolitanas, el 26 de mayo
de 1994. Ver documento adjunto al Acta 131 del Concejo de Medellín del 27 de junio de 1994, pp.215-228. El
proceso se cumplió en la casa finca de la Media Luna, ubicada en la vía a Santa Elena, al oriente de Medellín.
17
El consejero presidencial de Paz era Carlos Eduardo Jaramillo.
18
El Acuerdo concertaba la favorabilidad política y la creación de circunscripciones electorales especiales
para los movimientos políticos surgidos de grupos desmovilizados.

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para áreas de influencia (no exclusiva) de estos grupos milicianos, es decir en las
cuatro comunas de la zona nororiental (la 1, 2, 3, y 4) y en la comuna 6 en la
noroccidental. Para estos fines la Alcaldía instaló por cada comuna afectada
mesas de trabajo para el análisis y la búsqueda de soluciones a los problemas que
confrontaba, según los vecinos, cada uno de estos sectores. Para evitar la
fragmentación de la inversión en pequeños proyectos sin impactos sociales
significativos, la Consejería Presidencial sugirió priorizar un par de proyectos más
ambiciosos. De esto, resultó la construcción de un colegio entre los barrios
Guadalupe y Granizal (Comuna 3) y alrededor de un proyecto de mejoramiento
integral de barrios, la consolidación de un Núcleo de Vida Ciudadana, liderado por
la Universidad Nacional, en Villa del Socorro (Comuna 2).

Los núcleos, con sus objetivos de una normalización de la vida ciudadana con
apoyo de la Consejería Presidencial y la Alcaldía, incluían servicios mejorados de
Inspección de Policía, de Conciliación de Conflictos, de Comisaría de Familia, de
Consultorio Jurídico, y de Derechos de la Comunidad, y ofrecían oficina para
reuniones de los organismos comunitarios de los barrios. La Policía Nacional
acompañó el esfuerzo con un programa de actividades cívicas y comunitarias para
bachilleres. La Consejería Presidencial garantizó cupos para la formación
empresarial de grupos de jóvenes entre 16 y 29 años y Pastoral Social capacitó a
cincuenta miembros de las Milicias para que colaboraran en el desarrollo de un
programa de promoción social. Como parte de los esfuerzos de generación de
empleo un grupo de ex milicianos recibió la permisión de crear una cooperativa de
seguridad, –Coosercom–, que fue dotada con armas amparadas,19 para garantizar
servicios de seguridad privada en barrios de influencia original de estos milicianos.

Otro aspecto del acuerdo era el apoyo del nivel nacional y local a la reinserción
propia de los ex milicianos, incluso la promoción del proceso y sus avances a
través de publicaciones, programas de televisión y radio; tramitación de cédula de
ciudadanía, libreta militar, pasado judicial, validación del bachillerato, realización
de convenios para estudios vocacionales y superiores; créditos para el desarrollo
de proyectos productivos; desarrollo de programas de vivienda y consecución de
subsidios. Además, se concertaba beneficios jurídicos, en particular posibilidades

19
Entrevista del autor con Hugo Acero, junio de 2008, Bogotá. quien era en ese entonces asesor del
Consejero de Modernización del Estado (Jorge Hernán Cárdenas) e invitado por el Consejero Presidencial
para la Paz (Carlos Eduardo Jaramillo) para ayudar con el tema de las negociaciones con las milicias en
Medellín. Posteriormente, de 1995 a 2003, durante las administraciones de Antanas Mockus y Enrique
Peñalosa, Hugo Acero fue sub-Secretario de Gobierno para la Seguridad y Convivencia de la Administración
Distrital de Bogotá. Según Hugo, toda la documentación correspondiente del proceso con las Milicias en
Medellín se dejó bien organizada y archivada en Presidencia.

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de indulto, cesación de procedimientos, resolución de preclusión de la instrucción


o resolución inhibitoria según fuera el caso.20

El Gobierno Nacional también se comprometió a prestar seguridad y protección a


los dirigentes de las Milicias mediante unidades de seguridad compuestas por
vehículos y escoltas, a las cuales a su vez podrían ingresar ex milicianos.

Como primera experiencia de desmovilización urbana en el país, el proceso atrajo


mucho interés.21 Había esperanza que el proceso lograra consolidar la pacificación
de Medellín, ahora que Escobar estaba muerto, que ocho grupos guerrilleros se
habían desmovilizado, que la nueva Constitución estaba vigente, y que la
Consejería Presidencial para Medellín y los alcaldes electos estaban trabajando
en bien de la ciudad.

Sin embargo, la desilusión no se dejó esperar. El asesinato entre 1994 y 1996 de


unos 100 milicianos reinsertados, ahora llamados “gestores de paz”, e incluso de
algunos de sus principales líderes, como Carlos Hernán Correa, alias Pablo
García, el carismático líder de las MPPP, minaron la confianza y terminaron
quitando legitimidad y apoyo oficial al proceso.22

El fracaso del proceso ha sido atribuido a una variedad de causas. Primero, a las
debilidades inherentes de una mini desmovilización que dejó intacto el grueso de
las milicias. Los gobiernos Nacional, departamental y municipal, igual que las
entidades facilitadores del proceso, esperaron, como vimos, que la negociación
con un puñado de grupos milicianos, en la medida que fuera exitosa, animaría a
las demás a entrar también, olvidándose de la intransigencia de las FARC y del
ELN. Pero, no se tomaron las medidas necesarias para blindar el proceso contra
las eventuales acciones hostiles de milicias u otros grupos armados que se habían
quedado, por su propia decisión, fuera del proceso. Además, el Gobierno Nacional
apoyó la reintegración, y garantizó la inversión social en barrios donde estos
grupos milicianos tenían presencia, lo que de manera implícita, era acordarles una
legitimidad política, no necesariamente bien recibida por otros grupos de milicias
todavía activos en los mismos barrios o sectores.

20
Bajo la Ley 104 de 1993, los milicianos podrían obtener beneficios por colaboración eficaz con la justicia,
siempre y cuando no fueran delitos de secuestro, delitos atroces, ni delitos cuya pena mínima legal excediera
los ocho (8) años de prisión.
21
Entrevista del autor con Hugo Acero, Junio 2008, Bogotá.
22
Carlos Hernán Correa fue asesinado, a los 28 años, el 8 de julio de 1994, con varios impactos de arma de
fuego, por dos personas que las autoridades nunca pudieron identificar, cuando regresaba a su residencia en
la zona Nororiental. Ver Ana María Jaramillo, Ramiro Ceballos y Marta Inés Villa, Op. Cit.,

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Había entonces un riesgo evidente de que otros actores pudieran atacar contra los
reinsertados, para contestar no solamente sus ambiciones políticas, sino también
sus juegos de poder, evidenciada en la Cooperativa de Seguridad, con su
pretensión de volver a manejar armas en el sector. Segundo, aunque fue evidente
que decenas de jóvenes milicianos desmovilizados continuaron relacionándose
con grupos de milicianos aún activos, jugando a dos bandas, el Gobierno
Nacional, la Alcaldía y las entidades que acompañaron el proceso, prefirieron
guardar silencio o intentar corregir estas “fallas” por fuera del debate público,
abriendo la vía a la desinstitucionalización del proceso. Tercero, no se
establecieron los recursos financieros necesarios para llevar a cabo un proceso
integral de DDR. No hubo mecanismos e instrumentos de seguimiento y
evaluación para monitorear cada componente del proceso, no se definieron y
aplicaron sanciones ejemplares para aquellos desmovilizados que no cumplieran
con sus responsabilidades asumidas bajo el Acuerdo. Tampoco hubo una
adecuada caracterización de los interlocutores. Cuarto, el modelo de reinserción
utilizado fue en esencia asistencialista, como lo había sido también con el EPL, el
M-19 y los otros seis grupos de guerrilla, aunque mucho menos bien estructurado.
El Gobierno entregó taxis y becas como incentivos, pero sin un acompañamiento
integral intensivo e individualizado por parte de un equipo profesional
interdisciplinario para garantizar la duración, la construcción y la concreción de
planes de vida por cada joven involucrado. Esto dejó a los jóvenes a expensas de
las mismas formas de socialización, muchas veces desviadas, que habían
frecuentado antes de la desmovilización, dificultando un cambio en sus trayectos
de desarrollo personal. Quinto, no se introdujo una atención diferenciada para
diferentes tipos de desmovilizados. Entre ellos había jóvenes quienes ya estaban
en carreras criminales e, inclusive, habían incurrido en homicidios u otros delitos
graves y que requerían sin duda proyectos de resocialización diferentes a
desmovilizados con antecedentes penales menos pesados. En el mismo sentido,
fue una ilusión poder transformar a todos los milicianos en microempresarios, y
menos aun en un plazo tan corto, como de algún modo el proceso pretendía.
Tampoco se introdujo un trato especial para los mandos medios, quienes
quedaron en el limbo entre la base y los dirigentes, estos últimos beneficiados con
un reconocimiento político oficial. Sexto, no se garantizó ninguna forma de verdad,
justicia y reparación a las víctimas y la comunidad, generando la impresión que
para recibir la atención del Estado, mejor era ser victimario que víctima. Séptimo,
la formula de permitir que los desmovilizados crearan y operaran una cooperativa
de seguridad para operar en barrios que continuaron calificándose entre los más
letales en la ciudad, con una tasa de homicidios todavía por encima del 200 per
100.000 habitantes, era inconsistente con los mismos propósitos del proceso y de

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hecho de una gran irresponsabilidad. Un funcionario que participó en el proceso


hace hoy la siguiente evaluación23:

“Hubo evidentes fenómenos de balcanización entre los diversos


grupos de milicias [desmovilizados o no], en concreto en la comuna
Nororiental, por el control territorial, más que por cualquier
posicionamiento político. Para garantizar seguridad en estos
territorios, la idea del ministro de Defensa, Rafael Pardo, era el
fortalecimiento de la fuerza pública, con una policía moderna y de
calidad. Sin embargo, por la época, la policía en Medellín, y en
todo el país en general, era todavía un actor en crisis, tanto por los
excesos perpetrados, como por la confrontación con el narcotráfico
y su corrupción por ella. Había una grave crisis de confianza mutua
entre Policía y comunidad. Entonces, la propuesta de ubicar
unidades policiales en los barrios afectados por el proceso de
desmonte de las milicias fue contestada no solamente por los
milicianos sino por líderes barriales, por las Juntas de Acción
Comunal, por la Iglesia Católica y otros actores sociales. Todos
decían: ‘No nos traigan policía, por favor’. Como la coyuntura era
de encontrar caminos novedosos, surgió la idea y el consenso de
crear una Cooperativa de Vigilancia Privada, llamada Coosercom.
El Estado les compró y entregó armas de una calidad mejor que la
de la misma Policía. Se hizo el esfuerzo de garantizar su
institucionalización: su creación pasó por la Superintendencia
Nacional de la Vigilancia Privada y se contrató a capacitadores, y
una asesora del proceso. Sin embargo, pronto aparecieron abusos
y el proceso se nos salió de la mano y se volvió una cosa
inmanejable, en parte porque el Gobierno no actuara de manera
inmediata y contundente una vez aparecieron los problemas.
Cuando los miembros de la Cooperativa comenzaron a llamar a
Bogotá, quejándose de que no se les estaban cumpliendo las
promesas: que los subsidios no les llegaban a tiempo, que fue
asesinado el uno, o eliminado el otro, desde Bogotá, no se dio una
respuesta coherente y se dejó podrir el proceso. (…) Así que se
diluyó la asesoría. Cuando mataron a alias Pablo García, líder de
uno de los dos grupos que participó en el proceso, que el Gobierno
tomó muy tardíamente medidas, formalmente acabando la

23
Entrevista (2008) con Hugo Acero.

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Cooperativa e intentando recuperar las armas, lo que se logró


únicamente en parte”.

En su momento, muchos estamentos sociales y expertos involucrados en el


proceso defendieron la creación de Coosercom como una buena solución para
garantizar la reinserción laboral de los ex milicianos, aún cuando reñía con la
aspiración explícita del gobierno de recuperar el monopolio de la fuerza. “El
monopolio institucional del uso de las armas no puede estar en discusión, aún en
los territorios con casi completa ausencia de autoridad en el cumplimiento de sus
obligaciones”24, juzgó posteriormente otro de los protagonistas del proceso. Pero
“en ese momento, no fuimos capaces de reemplazar esa para-institucionalidad por
la institucionalidad del Estado. Las consecuencias fueron fatales: se desataron
guerras mortales internas y externas que acabaron con todo el proceso…”25 La
poca intervención efectiva de la Policía y de la Superintendencia de Vigilancia y
Seguridad sobre Coosercom, y la carencia de una apropiación comunitaria del
proceso, contribuyeron a su fracaso.26 Otros han considerado que el apoyo e
interés de la Alcaldía de Sergio Naranjo (1995-97), quien retomó el proceso de la
Alcaldía de Alfredo Ramos (1992-94), fue insuficiente. “La Alcaldía de Sergio
Naranjo miró el proceso más en términos de un compromiso entre el poder central
y los desmovilizados; su Secretaría de Gobierno no intervino con la continuidad y
profundidad que requería la situación”.27 Pero en la medida que el proceso con las
milicias era formalmente liderado por la Presidencia, la degradación del proceso
debe ante todo ser entendida como su responsabilidad. Es por ejemplo evidente
que la administración Samper, inaugurada en agosto de 1994, abandonó el interés
prioritario que el presidente Gaviria, su antecesor, dio a Medellín.

“Con la posesión del presidente Samper en 1994, llegó un nuevo


Consejero Presidencial de Paz, Carlos Holmes Trujillo, quien era
del Valle del Cauca y no tenía mucha relación con la situación en
Medellín. Además, en Bogotá, muchos ya la consideraban [el
proceso con las milicias] un fracaso. La prioridad del nuevo
gobierno y del consejero, era buscar negociaciones con las FARC.
Consideraban que dar publicidad a los problemas con el proceso
de reinserción en Medellín sería contraproducente, ya que alejaría
a las FARC del camino de la negociación.”

24
Alex Chacón Usquiano, “Desarrollo del Acuerdo para la Convivencia Ciudadana. Santa Elena, Medellín, 26
de mayo de 1994. Comentarios”, en Ana Daza, Op. Cit., p. 217
25
Ídem, p. 218
26
Ídem, pp. 222, 224.
27
Ídem, p. 224

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En el terreno, las rencillas del pasado, las deudas pendientes, las disputas
intestinas por el poder, las vendettas en los barrios y las peleas por el control
sobre diversos negocios ilícitos, hicieron el resto y derivaron en otros 200
asesinatos adicionales en los rangos de los ex milicianos. Es decir, en los dos
primeros años del proceso, a partir de la firma del Acuerdo, murieron de manera
violenta la mitad de los 650 participantes.28

De los sobrevivientes, muchos retornaron a las armas, reclutados por otras


milicias, directamente por la guerrilla y luego, por los paramilitares de las AUC,
quienes terminaron de erradicar las milicias de la ciudad.

A primera vista, la negociación con las milicias en 1994 no figuró entonces como
una ruptura o un nuevo inicio. Aun así, el episodio contribuyó a que se comenzara
a definir un papel municipal en el tema de la desmovilización – con la creación de
la Oficina Municipal para Paz y Reconciliación –. Además, no es imposible que el
proceso haya de todos modos contribuido a la radical mejoría en el tema de
homicidios observada en la ciudad entre 1994 y 1995, cuando estos se redujeron
de forma radical, de 5.911 a 4.379 o sea una reducción en 1.532 casos, mientras a
nivel nacional, sobre el mismo período, la reducción era de 1.520 casos, de 26.828
a 25.398 homicidios.29 De todos modos, Cali también experimentó una reducción
significativa de los homicidios – de 3.140 (1994) a 2.209 (1995), o sea 931 casos
nominales – y Bogotá una más liviana (de 3.885 a 3.363, o sea 522 homicidios).
Faltaría un análisis más detallado para saber cuál parte de la mejora en Medellín
podría corresponder a un impacto del proceso de desmovilización miliciano,
cuánto por ejemplo, a la desmovilización de los ocho grupos guerrilleros, cuánto a
los programas de la Consejería Presidencial, o cuánto a reformas institucionales
resultados de la nueva Constitución.

Aunque lo de las milicias más bien fue un experimento ad hoc, que terminó siendo
una experiencia amarga, el compromiso que muchos en el sector público y privado
asumieron con este proceso, se tradujo en un mini boom de estudios y
publicaciones acerca del tema,30 y en una serie de lecciones aprendidas que serán
más tarde aprovechadas para el diseño del programa municipal de apoyo a la
reinserción de los paramilitares de las AUC desde 2003 en adelante.

28
El proceso fue objeto de varios debates en el Concejo, en 1995 y 1996, en los cuales intervinieron actores
públicos y privados, como el Defensor del Pueblo y el director del Instituto Popular de Capacitación – IPC –.
Ver Juan Carlos Vélez Rendón, “Conflicto y Guerra: la lucha por el orden en Medellín”, en Revista Estudios
Políticos, No. 18, Enero-Junio 2000, Medellín, p. 79
29
El año después, de 1995 y 1996, el descenso en Medellín es mucho más leve (300 homicidios nominales), y
en 1997 hubo nuevamente un leve incremento.
30
Ver los textos y artículos escritos sobre este proceso.

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10.3 Autodefensas barriales y Convivir

Incluso desde antes de los fenómenos banderiles y milicianos, en los sectores


populares de la ciudad había, por lo menos desde los 70s, expresiones de
autodefensa barrial, como una especie de justicia privada espontánea y sin fines
políticos. Barrios más consolidados como Prado, Castilla, y Aranjuez contaron con
vigilantes tradicionales de cuadra, los llamados guachimanes, algunos ya
veteranos, caracterizados por sus rondas a pie o bicicleta, armados de un silvato y
un bolillo, vestidos de típica ruana y kepi, y sostenidos de manera voluntaria por
vecinos con aportes voluntarios semanales, contratados a través de la palabra.
Sorprendentemente, en estos sectores, aunque fueron el objetivo de acciones en
su contra por parte de bandas y milicias en particular, estas formas de vigilantismo
comunitario no desaparecieron por completo. Aún en los años más calientes, es
decir los ochenta y noventa, algunos se mantuvieron y lograron que se les
respetara algún nicho de trabajo, como el vigilar de carros o motos estacionados
en la calle.

En barrios más informales, y periféricos, con su carácter medio ilegal por la falta
de títulos de propiedad y la abundancia de conexiones ilegales a la red de
servicios públicos, el vigilantismo comunitario tradicional encontró un terreno
menos fértil por la proliferación de bandas chichipatas, de grupos de limpieza
social, y más tarde de milicias, quienes todos a la vez aspiraron a imponer formas
de vigilantismo y de control social. Algo similar sucede en micro-territorios con alta
densidad de negocios ilegales o criminales, como en partes del barrio Antioquia,
con su tráfico de armas y de drogas ilícitas, o áreas como Niquitao y Lovaina con
su concentración de plazas de vicio. Ahí operan más bien los llamados
campaneros, quienes contratados por bandas o miembros de familias que
manejan plazas de vicio u otros negocios ilegales, están alertas y avisan con algún
grito u otro llamado de atención aleatorio preacordado – “todo bonito”, “hágalo”,
“nato” – de la llegada de los tombos, de la ley u otro actor no deseado. De
inmediato, compradores y vendedores se ponen mosca (atención), para que no les
pillen y los carritos, es decir las personas que andan con una bomba (equivalente
a 70 porciones de bazuco), o cualquier otra mercancía al por mayor, se pierden.

En zonas de clase media, de clase alta y en sectores comerciales, la gran mayoría


de apartamentos, casas privadas, empresas, y negocios contratan, desde los
ochenta, casi sin excepción, servicios de vigilancia privada. Estos se han hecho,
desde entonces omnipresentes en la portería de edificios, entradas de bancos,
empresas, negocios y centros comerciales, generando una bonanza de agencias

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de seguridad privada. Algunas ya estaban establecidas de vieja data, entre ellas


filiales de firmas internacionales de reconocida trayectoria, pero también se
crearon muchas nueva, con algunas, sin duda, fundadas por intereses criminales,
y todas las demás bajo el permanente riesgo de ser infiltradas por ellos.

Para regular y supervisar el mercado de la seguridad privada la administración


Gaviria creó en 1993, la Superintendencia Nacional de Vigilancia31 y en 1994 el
Estatuto de Vigilancia y Seguridad Privada.32 Este marco legal permitía, más allá
de regular el sector – con impactos reales – crear Cooperativas Comunitarias de
Seguridad, lo que daba lugar a organizaciones como la Coosercom creada por las
milicias, y las llamadas Convivir, creadas en diferentes partes del país por
sectores privados como una forma organizativa de apoyo civil anti-subversiva a la
fuerza pública. Las convivir fueron en particular creados en particular en zonas
rurales, donde las acciones de extorsión y de secuestro por parte de la guerrilla se
estaban incrementando de forma radical desde los 80.

El marco legal definía que las Convivir podría únicamente prestar apoyo a la
fuerza pública en términos de información, mientras la utilización de armas de
defensa personal y de radios de comunicación se hará bajo un estricto control. Sin
embargo, similar a lo que vimos ya en el caso de la Coosercom, la manera real de
operar de una serie de Convivir – no necesariamente todas – desbordó pronto su
marco legal, y era además muy difícil de controlar por una Superintendencia
operando desde Bogotá. Rápidamente, las Convivir comenzaron a ser duramente
criticadas por supuestamente incurrir en arbitrariedades y abusos de poder, por
portar armas largas, constreñir a la comunidad y operar no tanto bajo las órdenes
de la fuerza pública, sino de estructuras paramilitares, en concreto de las ACCU
en Urabá.

El entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe, y quien quince años anteriores


ya había sido alcalde de Medellín, y su Secretario de Gobierno, Pedro Juan
Moreno, también acogieron la fórmula de las Convivir como un mecanismo
oportuno de autodefensa anti-subversiva y apoyo a la fuerza pública. La
promovieron, tanto en zona urbana como rural, en el contexto de un rápido
incremento de las actividades guerrilleras y paramilitares. Al final de la gestión del
gobernador Uribe, en 1997, había siete Convivir en Medellín, ocho en el resto del

31
Ley 62 de 1993.
32
Decreto Ley 356 de 1994, autoriza la creación y el funcionamiento de Cooperativas de Vigilancia y
seguridad.

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Valle del Aburrá,33 trece en Urabá (creados en 1997, posterior a los de Medellín) y
otras tantas en otras zonas rurales del Departamento.

Por lo menos en Medellín, donde acababan de pasar por la desbandada de


Coosercom, la iniciativa del Gobernador de promover Convivir fue desde un
comienzo cuestionada, entre otros en debates en el Concejo Municipal, en mayo
de 1995 y en julio de 1996.34 En una ciudad donde se trataba precisamente de
garantizar el fortalecimiento del monopolio del Estado sobre el uso de las armas,
no pocos consideraron que la idea de promover Convivir, iba más bien en contra
de lo que se necesitaba. En los debates en el Concejo, se mencionaba que su
creación implicaría la pérdida de un monopolio básico del Estado; crearía un
espacio propicio para la penetración del paramilitarismo en la ciudad; generaría
confusión en la opinión pública, que precisamente, esperaba ver un fortalecimiento
de la fuerza pública; implicaría una inmersión del gobierno Departamental dentro
de la ciudad, cuando a partir de la descentralización y con la Consejería
Presidencial para Medellín, la administración municipal había comenzado a tomar
liderazgo en estos asuntos; motivaría el reenfoque de las políticas de seguridad
locales hacia temas de orden público, y de represión, más no de prevención.35
Había quejas acerca de la poca o nula coordinación entre la política departamental
de promover las Convivir y el nivel municipal.

Las críticas en Medellín y en otras zonas resultaron, en agosto de 1997, en un


fallo de la Corte Constitucional36 que les canceló sus personerías jurídicas a todas
las Convivir en el país. Desde el punto de vista del gobierno nacional, esta
decisión jurídica implicó, por si misma, que las Convivir – a nivel nacional
existieron posiblemente unos 40037 - dejaran de existir, es decir, que gracias a la
sentencia quedaran automáticamente desmontadas. No obstante, en la realidad,
muchas de estas cooperativas alcanzaron una segunda vida, insertándose en
firmas de seguridad privada, constituyéndose ellas mismas en una agencia formal
de seguridad, o continuando operando de manera informal contratadas por
comerciantes, hoteles, casinos y empresas de transporte, entre otras. Esta última
versión se dio por ejemplo en Medellín, en particular en las zonas más
comerciales de la ciudad, como el Centro. Sus integrantes, y los mismos

33
IPC, “Dinámicas que caracterizan el conflicto político armado en Antioquia”, inédito.
34
Ver Acta del Concejo No. 47 del 19 de mayo de 1995, y Acta del Concejo No 231 del 9 de julio de 1996.
35
Ver Juan Carlos Vélez Rendón, “Conflicto y guerra: …”, p. 78.
36
El fallo declaró exequible el Decreto 356 de 1994, pero prohibió el porte de armas de uso restringido y la
realización de labores de inteligencia. El fallo implicó algo así como una vigencia formal, pero una derogación
material.
37
Segun Mancuso – no la mejor fuente - existian hacia 1997 un total de 414 Convivir en el
pais. Ver Glenda Martinez, Mancuso: su vida, Bogota, Grupo Editorial Norma, 2004

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ciudadanos seguían refiriéndose a estas estructuras en términos de Convivir, en


una especie de irreverencia hacia las decisiones que llegan un día así, otra día
asa desde Bogotá, o según otros, en honor al entonces gobernador Uribe, sin que
éste haya sido consultado al respecto. Es así que hoy día, en el centro de
Medellín, los casinos, hoteles, restaurantes, casas de apuesta, comerciantes de
El Hueco, y muchos otros, siguen contratando su seguridad con grupos
informales de seguridad privada conocidos como Convivir. El personal de
seguridad de por ejemplo el histórico Hotel Nutibara, joya de Art Nouveau pero
hoy afectada por la degradación del centro, habla abiertamente de la presencia
de este tipo de organizaciones en el centro de la ciudad: “A mí me vinieron las
Convivir a preguntar si mejor no limpiamos seis cuadras alrededor del Hotel para
quitarnos todo este desorden de encima. Nuestra posición, sin embargo, ha sido
que esa no es la solución, ni nuestra manera de trabajar”.38

Las Convivir, igual que los Campamentos de Paz y Coosercom, representan


iniciativas que, aparentemente bien intencionados, son aprobadas desde el nivel
nacional por presiones desde lo local, a partir un desconocimiento casi total de las
dinámicas en el terreno, y que luego, una vez que surgen ser inconvenientes, son
igual livianidad cancelado en papel, abandonado a su suerte, sin que haya
investigaciones parlamentarias serias o atribucion de responsabilidad politica por
lo sucedido. Mientras tanto, los grupos de personas que integraron las Convivir
terminan como otra rama más en el labirintico árbol de redes armadas ilegales
operativas en la ciudad y en el país.

10.4 Narco paramilitares

La des-institucionalización de la seguridad, sin embargo, se jugará además a


escala mucho mayor. Una de sus primeras expresiones fue, el MAS (1981),
creado, como hemos visto, por una panoplia de capos en alianza con sectores
privados y posiblemente elementos de la fuerza pública para combatir el secuestro
extorsivo practicado por la guerrilla, y en concreto el secuestro de Martha Nieves
Ochoa por el M-19. Una vez probado el éxito de esta forma de actuar en colectivo,
Gacha (el mexicano),39 quería retomar la fórmula para la zona del Magdalena
Medio, donde tenía concentrado buena parte de sus laboratorios y haciendas. Ahí
un grupo de hacendados,40 estructurado bajo la Asociación Campesina de
Agricultores y Ganaderos del Magdalena Medio – ACDEGAM – con personería
38
Entrevista con directivo de un hotel en el Centro de Medellín. Octubre de 2008.
39
El asesinato de Guarín fue el 15 de noviembre de 1987.
40
Los capos de contrabando de esmeraldas, Víctor Carranza y Gilberto Molino, también jugaron en el
panorama. Para este tema, ver Carlos Medina Gallego, Autodefensas, paramilitares y narcotráfico, Colombia,
Bogotá, Edición Documentos Periodistas, 1990.

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jurídica aprobada por el Ministerio de Agricultura, y liderado en particular por un


carismático dirigente Liberal local, Pablo Emilio Guarín, había creado una
dinámica de autodefensa anti-subversiva, supuestamente, conforme a las
prácticas de autodefensa civil armada en aquel entonces permitido por el marco
legal nacional.

Guarín, y los hacendados, ganaderos, comerciantes, políticos y autoridades


locales que lo rodearon, habían durante un tiempo colaborado con las FARC,
pactando con ellos para evitar secuestros y robo de ganado, y pagando vacuna,
como una especie de seguro de seguridad. Una vez que el arreglo se mostro
demasiado inestable y las FARC demasiado abusivas, Guarín lideró la iniciativa de
autodefensa ACDEGAM a la cual se unieron incluso algunos desertores de las
FARC, como el alias Negro Vladimir. Guarín, sin embargo, fue asesinado por
Gacha, aparentemente por no permitir que intereses del narcotráfico hicieran
presencia en su organización. Gacha, muy hábilmente, atribuyó el asesinato a las
FARC, grupo con el cual el capo acababa de entrar en guerra, después de una
época de mutua cooperación, durante el cual El Mexicano pago gramaje para
poder transportar pasta y cocaína a través de territorios con presencia de las
FARC. Esta cohabitación – que permitió abrir amplias zonas en el oriente del país
al narcotráfico – se rompió, cuando Jacobo Arenas, el comandante de las FARC,
no quería responder por el robo de una mercancía, del cual Gacha acuso a uno de
los frentes. El capo les declaró entonces la guerra a las FARC, empezó a atentar
contra sus estructuras, y en esta lógica esperaba alistar también las autodefensas
ACDEGAM. Una vez eliminado Guarín, Gacha efectivamente cooptó la
ACDEGAM, y la transformó en una estructura narco paramilitar, con escuela de
sicarios a bordo – posiblemente una sugerencia de su amigo Escobar –, y con
mercenarios extranjeros – como los ingléses David Tomkins y Peter McAleese y el
israelí Yair Klein – como entrenadores y traficantes de armas. Esta estructura de
Gacha, quien además alistaba silencios, complicidad, entradas y apoyos de
sectores de la fuerza pública, de algunas autoridades locales, de varios dirigentes
políticos y de sectores de la sociedad, fue el co-autor, junto con las estructuras de
Escobar y más tarde de los Castaño, de los principales magnicidios y masacres
que ensangraron el país en la segunda parte de los 80s.

En cuanto a los hermanos Castaño, ellos escogieron para sus propios propósitos
anti-subversivos en Córdoba y Urabá, eclécticamente, del modelo MAS y del
modelo Acdegam, y crearon en 1987 las ya mencionadas Autodefensas
Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU), auto definidas como un “movimiento de
ciudadanos armados, de carácter antisubversivo, que no atenta contra el Estado y
tampoco depende ni es una prolongación de él”. Según Fidel Castaño, el primero

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de los hermanos a públicamente liderar la iniciativa, el Estado era demasiado débil


para realizar la defensa de los intereses ciudadanos en zonas como Urabá y
Córdoba que las ACCU pretendía defender contra la subversión. En palabras del
entonces periodista Francisco Santos, quien fue uno de los secuestrados políticos
de Escobar, se trataba de “un movimiento político militar con arraigo…”.41

La proliferación del fenómeno paramilitar no solamente en el Magdalena Medio, en


Córdoba y en Urabá, sino en otras regiones del país, llevó al servicio nacional de
inteligencia DAS a estimar que en 1987 estas estructuras tenían en total unos
5,000 miembros, pagados cada uno en promedio con dos salarios mínimos legales
vigentes. Ernesto Samper, quien será elegido presidente un lustro más tarde
(1994-98), opinó que mientras el gobierno Barco (1986-1990) estaba realizando
negociaciones con una serie de grupos guerrilleros – las que llevaron a su
desmovilización – también sería oportuno reconocer a los paramilitares como
“locutores necesarios a cualquier conversación…”42

Pero mientras el gobierno no logró definir qué hacer con los paramilitares –
combatirlos o negociar con ellos – y no logró aterrizar en una política uniforme
hacia el fenómeno,43 en territorios afectados, muchos habitantes y grupos de
interés llegaron a una convivencia pragmática con ellos. Desde ahí, precisamente,
nace en particular el caso de las ACCU en Urabá, su carácter hibrido, de lógicas
narco, paramilitar y anti-subversiva con apoyos activos y pasivos entre una
población rural desilusionada con la poca capacidad estatal en temas de
seguridad y justicia en particular, y terrorizada por la violenta cooptacion de las
organizaciones sindicales, campesina y de pobladores urbanos por las FARC y el
EPL, quienes, en abierta confrontación, asesinaron y massacraron
sistemáticamente la supuesta “base social” del otro, ademas de competir con
secuestros e extorsion por el control politico criminal de sectores de la economia
regional, en particular las plantaciones bananeras, el transporte, asi como el
chance y otros negocios lucrativos.

Mientras tanto, en Medellín, luego de la muerte de Escobar y los arreglos acerca


de su herencia, los capos y clanes reunidos en los Pepes, volvieron en parte a sus
negocios rurales. Con los hermanos Ochoa en la cárcel y supuestamente
decididos a no volver a sus andanzas criminales, y Carlos, después de la confusa
muerte violento de su hermano Fidel muy ocupado con sus operaciones
41
Ver Eduardo Pizarro, Una democracia asediada: balance y perspectivas del conflicto armado en Colombia,
Bogotá, Ed. Norma, 2004, pp., 43, 317 y 319. Francisco Santos fue vicepresidente en el gobierno Uribe (2002-
2010).
42
Eduardo Pizarro, Una democracia ..,, p. 322
43
Ídem, pp. 350-51

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antisubversivas y su ACCU, la gestión cotidiana de la plaza de Medellín quedo en


manos de la Oficina de Envigado, con, entre otros, Gustavo Upegui a cargo de las
finanzas y don Berna de la seguridad. Este último tenía de todos modos que
cuidarse, ya que pocos días después de la eliminación de Escobar, el gobierno le
dictó orden de captura a Berna por “conformación de grupos ilegalmente
armados”. Era una señal del fiscal de Greiff de que los Pepes también estaban en
la mira, por lo menos ahora que Escobar estaba muerto. Un par de meses
anteriores, de Greiff ya había dictado orden de captura contra cada uno de los tres
hermanos Castaño, lo que también puede explicar porque guardaron bajo perfil en
Medellín en lo de los Pepes, mientras en Urabá y Córdoba se estaban
transformando sin mucha inhibición en señores de la tierra y de la guerra.
Controlaban rutas de contrabando, redes de informantes y tenían entidades
públicas y privadas infiltradas o alistadas.

En cuanto a los capos del cartel de Cali, aunque colaboradores de los Pepes, la
relación con la gente de Medellín se terminaba retensionando. El 10 de junio de
1994, una bolsa-bomba exploto en el centro de Medellín, en el recién inaugurado
Parque San Antonio, al pie de una escultura en forma de pájaro del maestro
Fernando Botero, justo cuando se festejaba el Festival de Música del Caribe.
Murieron 22 personas y hubo más de cien heridas. El Parque San Antonio era
precisamente uno de los primeros esfuerzos municipales para regenerar el tan
sufrido centro histórico de la ciudad, con la creación de un nuevo espacio público.
Su realizacion era considerado, entre otros objetivos, ser un signo de esperanza,
estimular los ciudadanos a volver al espacio publico, y promover la convivencia
con actividades como las realizadas por la Alianza Francesa, que con audacia
decidio crear su nuevo sede en el borde del Parque. El atentado era entonces un
dramático llamado a la atención a que la muerte de Escobar, seis meses
anteriores, no implicaba el final de la barbarie y del terrorismo en la ciudad. Unos
atribuyeron la bomba a milicias de las FARC, otros a las del ELN, estos últimos
operando bajo dirección de un tal Antonio López, alias Job, quien pronto
abandonara la revolución para trabajar para las AUC y en concreto para el
también ex guerrillero don Berna. Otros opinaron que la bomba era un acto de
venganza por la captura de Gilberto Rodríguez Orejuela, uno de los capos del
cartel de Cali, el día anterior al atentado, y quien, según algunos fue sapeado por
la gente de Medellín.

Esta última explicación cogió mayor fuerza nueve meses más tarde, cuando en
una operación que la Policía se atribuyó con orgullo, fue dado de baja en Medellín,
el fugitivo José “Chepe” Santacruz, otro capo principal del cartel de Cali. Hoy
sabemos, sin embargo, que Chepe, después de haber escapado de la cárcel en

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Bogotá, se escondia en Medellin protegido por Carlos Castaño. La razon de su


prolongada estadia en Medellin, seria que tenia una novia en la ciudad. Castaño,
mientras tanto, se transformo de protector en verdugo e organizo una cita mortal a
su amigo Chepe,44 probablemente en un cruce con el oficial de la policía Danilo
González, miembro decorado del Bloque de Búsqueda, pero a su vez,
supuestamente, un enlace del cartel Norte del Valle.45 Fue Doblecero, el jefe
operativo de los Castaño en la ACCU y los Pepes, quien por órden de Carlos,
recogió a Chepe en el centro comercial El Obelisco, y lo llevó a una casa privada –
posiblemente la misma Casa Montecasino donde los Castana mantuvieron el
centro operativo de los Pepes. Ahí, un par de sicarios mataron el capo caleño.
Paso seguido, en vez de desaparecer el cadaver o abandonarlo en alguno de los
sitios de la ciudad conocida como botadero de cadaveres, lo entregaron en
secreto a contactos en la Policía. Pronto todo el pais se entero, con lujo de
detalles en sus declaraciones públicas, como la Institución había de manera
heroica confrontado e eliminado al capo.46

La verdad se demorara una decada a conocer. Era un falso positivo avant la lettre,
es decir, mucho antes de que estos se hicieran famosos durante la presidencia de
Uribe. Tambien se revelo una decada mas tarde, que quien llevo, por
negociaciones secretas con las autoridades, el cadáver de Chepe a Cali para
entregarlo a su familia, fue Nicolás Escobar Gaviria, el hijo de Roberto, en un
esfuerzo de los Escobar Gaviria de consolidar la paz con los Rodriguez Orejuela y
la gente de Cali.47

Alias Doblecero, quien llevo a Chepe desde el centro comercial a su ultimo


destion, pero aparentemente sin conocer el macabre plan de su Carlos Castano,
era hijo de abogados, nacido y crecido en Bogotá, donde estudió en un prestigioso
colegio jesuita, antes de entrar en el Ejército. Como no pocos otros, hjzó el pase
del Ejercito a la criminalidad, y termino trabajando en los 80s como secretario
privado de Fidel Castaño. En 1989 se alejó por dos años de las operaciones anti-
subversivas en Uraba y Cordoba para estar en cerca de su esposa – quien era
44
Fidel Castaño habría muerto en combate en Urabá en enero de 1994.
45
Como miembro decorado del Bloque de Búsqueda, González estaba supuestamente encargado de
mantener las relaciones secretas e informales con Fidel Castaño, y habría realizado por lo menos una reunión
con los Pepes en un apartamento en el Poblado, con aprobación de la cúpula de la Policía Nacional pero tal
vez no del Gobierno. Como ex oficial se hizo amigo con el cartel del Norte del Valle – Gonzáles mismo era
oriundo del departamento del Valle - en particular con los ex-policías Wilber Varela y Víctor Patiño; se
transformó en Jefe de Seguridad del capo alias El Jabón, y mantenía relaciones con Carlos Castaño.
Asesinado el 25 de marzo de 2004, posiblemente por otro ex colega retirado, Pedro Pineda (alias Pispis), que
también terminó trabajando para los narcos. En mayo de 2005 fue mencionado en los EEUU en una de las
más grandes incriminaciones federales para narcotráfico. Ver El Espectador, 14 de septiembre de 2008, p.2-5;
y David Adams, “Danilo’s War”, en www.sptimes.com/2005/01/03/worldnation/Danilo_s_war.shtml.
46
Aldo Cívico, Las guerras de “Doblecero”, Ed. Intermedio, Bogotá, 2009, p. 258
47
Ver Roberto Escobar, Op. Cit., p. 267

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muy allegada a la familia de Pablo Escobar – e una hija en Medellín, donde trabajo
como Jefe del Departamento de Servicios Generales de una gran empresa
exportadora de banano. Aunque no quede claro si la empresa conocía de sus
siniestros antecedentes, el contrario es poco probable, por el simple hecho de que
las empresas bananeras confrontaron muy complejas condiciones de seguridad en
terminos de extorsion, secuestros e asesinatos, y venian robusteciendo sus
sistemas de inteligencia y de informacion, precisamente tambien para evitar
infiltraciones subversivas en su personal.

En 1991 Doblecero regresó donde Fidel, justo cuando este estaba, como
contribución al proceso de desmovilización de los ocho grupos guerrilleros, y en
particular del EPL en Urabá y Córdoba, desarmando parte de su gente y, como
vimos, entregando siete fincas para un proyecto de cooperativas y de desarrollo
alternativo llamado Prodepaz. Enseguida, Doblecero se ensañó entonces con los
Castano en los Pepes, no obstante la cercanía de su esposa a la familia Escobar.

No obstante tener que haber visto y participado en cualquier cantidad de


operaciones de terror con las ACCU, la traición de Chepe por Castana habria
marcado profundamente a Doblecero, según su proprio hermano: “Después de
eso [la traición de Carlos Castaño contra El Chepe] le costó mucho volver a creer
en sus amigos, volver a creer en la posibilidad de la confianza (…). No podía
recordar eso sin que se le vinieran las lágrimas.”48 ¿Quién dijo que los matones no
viven de vez en cuando un trastorno emocional? Aun asi, por haber trabajado no
solamente con las ACCU, sino tambien con los Pepes, al lado de sanguinarios
como los Castano y don Berna, si Doblecero a este punto todavia no conocia el
carácter traicionera del mundo en el cual se habia sumergido, como hizo entender
su hermano, es evidente que no iba a durar mucho mas en el negocio. De hecho,
es muy probable que don Berna, por su cercanía a Castaño, también participo en
el plan de eliminar “Chepe”. Dice el hermano de Doblecero: “Don Berna es,
básicamente, un asesino que toda la vida se ha dedicado a extorsionar
narcotraficantes y a asesinar narcotraficantes y a matar gente por plata. Es un
asesino desalmado, y no es que él los mate con sus propias manos, sino que los
manda a matar”.49 Esto, desde luego, ya lo sabiamos.

Hacia finales de 1996, un año después de la eliminación de Chepe, el mismo


Berna casi dejó la vida en Medellín. En una operación de película, una banda

48
Ídem, p. 258.
49
Ídem, p. 65

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(posiblemente La Terraza50) paró el carro blindado del capo, se subió encima, y


proporcionó una serie de ráfagas fatales a través del techo. Quien murió, sin
embargo, fue el hermano de Berna. El capo no iba en el carro, pero la advertencia
era suficientemente clara. Berna abandonó la ciudad y se refugió donde Carlos
Castaño y sus paramilitares en el Nudo del Paramillo, en medio camino entre
Medellín y el Golfo de Urabá. Ahí también estaba Doblecero.

Con la salida de don Berna, se aflojó el control piramidal sobre los mercados
criminales en la ciudad. En sus fisuras se infiltraron una vez más las milicias
autonomas, del ELN y en particular de las FARC. Los capos mismos se vieron
afectados por el recrudecimiento guerrillero y miliciano. Es probable que fuera la
guerrilla quien secuestró en 1995 y 1996 los dos hijos de Gustavo Upegui, el
gerente de la Oficina de Envigado. Otra posibilidad es que los secuestros se
realizaron en relacion con tensiones por la distribucion de la herencia de Escobar.

Al tiempo, en Cali también hizo crisis la primera generación de capos. Durante la


administración Samper (1994-1998) los principales jefes del cartel de Cali fueron,
como ya vimos, capturados o dados de baja y varios terminaron extraditados a los
Estados Unidos. Según los analistas de la época, el tiempo de los grandes
carteles había pasado, pero la realidad era mas complejo, como estamos viendo.
Los capos socios de los Pepes, en concreto los Castaño, habían hábilmente
colaborado con la fuerza pública – y ésta con ellos – para eliminar no solamente la
banda de Escobar, sino también los capos de Cali, mientras gozando de differntes
grados de permisividad institutional, habian no solamente cooptado ellso mismos
buena parte de las viejas estructuras de la banda Escobar y logrado dar
continuidad a lo suyo, sino reconstruido otro “cartel”, en terminos de un conjunto
de clanes que cooperaron mutuamente en sus objetivos de narcotrafico y
differentes formas de seguridad. No solamente, con la eliminación de Escobar, se
habian quedado con el control sobre la plaza criminal de Medellín, sino que a
través de Danilo Gonzales, su enlace en el Bloque de Búsqueda, y vía Don Berna
- el mismo oriundo del Valle del Cauca - entraron a cooperar y apoyar el auge del
denominado cartel del Norte del Valle – evidenciado en la eliminacion de “Chepe” -
, y de cooperar con los cartelitos de ciudades intermedias como Buenaventura,
Tumaco, Pereira, Montería y Santa Marta. Es cierto que operaron ahora – en parte
tambien por razones de seguridad - desde lo rural o desde ciudades intermedias, y

50
Algunas fuentes atribuyen el atentado a la banda La Terraza, que inició su vida, hacia mitad de los 80s, en
relación con la banda Escobar, y supuestamente evolucionó después en un brazo armado de don Berna y la
Oficina. Sin embargo, por la época del atentado, la relación se habría tensionado, posiblemente porque la
Terraza le robó una caleta a los Castaño o porque los Castaño y don Berna se vieron forzados, bajo presión
de determinados enlaces dentro de la fuerza pública, de recortar las alas a la Terraza después de que la
banda hizo una operación en la cual perdieron la vida varios miembros de la Institución.

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menos desde Medellin, pero los practicas no cambiaron tanto. Desde la provincia
se multiplicaron evidentes prácticas mafiosas de infiltración de agencias públicas y
privadas, y hubia nuevamente amplia complicidad de sectores de la fuerza pública.
En paralelo, los frentes de las FARC estaban también cada vez más involucrados
en el tráfico de cocaína, una plaga para los narcos, la misma que Gacha ya habia
intentado erradicar con sus esfuerzas paramilitares en el Magdalen Medio. Es
hacia este nebuloso conjunto de fuerzas criminales con su mezcla de narcotrafico,
antisubversion, paramilitarismo y practicas mafiosas que Castaño pronto lanza su
propuesta de federalización nacional de paramilitares en las AUC.

Medellín desapareció en los noventas en buena medida de las primeras páginas.


Cuando había noticias desde la ciudad, trataron ahora más bien de los novedosos
procesos instigados por la Consejería Presidencial para Medellín y el Valle de
Aburrá, las iniciativas audaces o creativas de su sociedad civil, y los avatares y
costos exorbitantes de la construcción del Metro. Además, el número de
homicidios bajaba a un ritmo sostenido y realmente impresionante, para llegar a
unos 3,000 en 1998, o sea menos de la mitad de lo registrado en 1991. Era a toda
evidencia un logro muy importante. Aun asi, Medellín continuaba siendo la ciudad
más violenta del país y de la región y afichaba una tasa de violencia comparable a
lo que muestra hoy día Ciudad Juárez. El tráfico de cocaína, aunque en parte
desplazado a otras zonas del país, continuaba teniendo en el valle del Aburrá un
arraigo logístico y financiero importante, con la Oficina de Envigado en primera
línea, y otras oficinas de cobro, como la de la Floresta, sin interrumpir activos.

Al mismo tiempo, el mercado domestico de consumo se parece haber ampliado


durante los 1990s. La legalización (1994) a nivel nacional del consumo de una
dosis mínima de cocaína, heroína, marihuana, y algunos otros narcóticos era no
solamente radicalmente mas liberal que el marco normativo en los Paises Bajos, y
posiblemente en cualquier otro pais en el mundo, sino que introdujera ninguna
regulación paralela de su compra y venta. La ley era otra irresponsabilidad
producida en Bogota por congresistas mejor pagados que sus colegas europeas,
pero instalado en un operar folclorico, donde las leyes se formulan con un minimo
analisis de impacto, e una total negligencia de las lecciones aprendidas en otros
horizontes. La Ley dinamizó el mercado de consumo y tráfico doméstico, y en
concreto en Medellín. Con la multiplicación de plazas de vicio, se generó otro
mercado gris lucrativo para el crimen organizado en la ciudad.

10.5 Las AUC y Medellín

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Hacia 1996, don Berna se refugió como vimos donde Carlos Castaño, en la zona
de Urabá, justo cuando éste estaba planeando la expansión territorial nacional de
su nueva iniciativa paramilitar AUC, formalmente creado en 1997. Castaño
concebía las AUC como una federalización de iniciativas y estructuras
paramilitares ya existentes, como su propio ACCU, con el cual, asesorado por
desmovilizados del EPL, y en alianza con segmentos de la Fuerza Pública, venía
de librar una sangrienta pero exitosa campaña de expulsión de las FARC de
Urabá, o por lo menos de sus territorios económicamente más importantes, en
particular de su zona bananera, donde las FARC habían comenzado a eliminar
sistemáticamente los ex combatientes y dirigentes del EPL. La opinión pública
redescubrió el tema paramilitar precisamente por medio de las masacres y otros
horrores que acompañaron el accionar de las ACCU en Urabá.

Sin embargo, en Urabá misma, la expulsión a sangre y fuego de las FARC era
recibida con agrado no solamente por los reinsertados del EPL y por todos
aquellos que habían simpatizado con su proceso de DDR – entre ellos bananeros,
ganaderos, comerciantes y el obispo Duarte Cansino – sino por todos los que
requerían condiciones de seguridad para sus inversiones, por los que habían
sufrido en carne propia vacunas, extorsiones, secuestros y asesinatos, entre ellos
capataces y administradores de fincas, empresas de transporte, hoteles,
restaurantes y otros negocios comerciales, y por amplios sectores populares,
cansados de una década de guerras locales – en particular entre FARC y EPL – y
que habían dejado miles de muertos en la región. Con el EPL desmovilizado y las
FARC expulsadas, el leviatán ACCU garantizaba la paz. Una paz armada, pero
una paz de todos modos, en la medida que los homicidios disminuyeron
radicalmente en la región.

En palabras de Doblecero, lleno de autosatisfacción, lo logrado era ejemplar:

“Todo el mundo miraba hacia allá. Estamos hablando de la historia


del general [del ejército] Rito Alejo del Rio, “el pacificador de
Urabá’, y si hay pacificador es porque había paz, una paz romana,
porque había un control de un grupo y las actividades comerciales,
el comercio internacional y las actividades agroindustriales estaban
reactivadas. Prácticamente era la única zona donde no había
tomas guerrilleras todos los días, secuestros, atentados, y eso en
un país desesperado, con muy baja comprensión del conflicto, hizo
que empezara a llegar gente a Urabá de todo el país, del Valle, de
los Llanos Orientales, de Putumayo, de Cundinamarca, de La
Guajira, de Santa Marta, a buscar a Carlos Castaño, a los

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comandantes de la ACCU y a decirles: “Hombres, y ustedes por


qué no nos ayudan en nuestra zona?” (…) Entonces las ACCU
empiezan a dividirse en bloques y a mandar esos bloques en
comisión a las distantes zonas”.51

Hay que resaltar además, como ha explicado uno de los íntimos del conflicto en
Urabá, que los paras “lograron capitalizar a mandos medios y combatientes de las
FARC y de las milicias, desertores quienes se vincularon a sus filas y se
convirtieron en la fuente de información más importante para su accionar”.52

Es entonces por su éxito con las ACCU, que Carlos y Vicente Castaño crearon, en
1997, las Autodefensas Unidas de Colombia – AUC – con la aspiración de formar
reunir en una estructura nacional, organizaciones de autodefensa paramilitar e
anti-subversiva similar a las ACCU. La iniciativa recibió el apoyo de hacendados y
comerciantes cansados de los abusos de la guerrilla, políticos interesados en
presentarse electoralmente como defensores de estos intereses, narcotraficantes
y otras estructuras criminales, aunque insistieron en bajar el ritmo al terror, para no
generar tanto escandalo.53 En este espiritu, y tambien ante las voces de rechazo
de sectores nacionales e internacionales por las crueldades perpetradas en Urabá
por las ACCU, Carlos Castaño, en una de las primeras cumbres de las AUC,
realizada en 1997 en el municipio de San Pedro de Urabá, ,aseguró que las AUC
no recurrirían a magnicidios y homicidios múltiples, y que se concentrarían en la
lógica – esta si considerada necesaria – de eliminar líderes comunitarios, sociales,
políticos y barriales con supuestas relaciones con la subversión. La dificultad
inherente de concretizar en la practica un proyecto unitario nacional liderado por
los Castano, que respetara a la vez la autonomia de cada una de las estructuras
por federar, provocara pronto cualquier cantidad de tensiones internos, incluso
entre los dos hermanos. Carlos, acompanado por ex ideologos del EPL, y de la
vieja escuela de Escobar, comenzaba ademas a orientrar las AUC cada vez mas
políticamente, mientras Vicente operaba a la sombra, como el gran narcotraficante
que era.54

En Medellín y sus alrededores – por ejemplo en la prospera zona de cultivos de


flores al oriente cercano de la ciudad – , el incremento en boleteos y secuestros
extorsivos en la segunda parte de los 1990s llevó a que varias personas o grupos
de interés contactaran a Carlos Castaño, para que las AUC incursionaran para

51
Palabras del hermano de Doblecero, en A Cívico, p. 263.
52
Mario Agudelo, Op. Cit., p. 249
53
El Colombiano, “Se alían grupos de Autodefensa”, 21 de abril de 1997, página 2a.
54

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confrontar la subversión.55 Tales invitaciones se hicieron, posiblemente, de cara a


cara con Carlos Castaño en el Nudo de Paramillo, el cuartel general de las AUC, o
de forma más discreta, en la casa Montecasino o algún otro lugar, con Vicente,
otro hermano Castaño, y el poder en la sombra.56 Ya vimos que una vez que el
gobierno de Pastrana (1998-2002) garantizo a las FARC una zona desmilitarizada
de 42.000 km2 en el Caqueta, este grupo, aprovechando la disminución de la
presión militar por parte del gobierno en un esfuerzo de mejorar las condiciones
para negociaciar la paz, para fortalecerse, tanto en zonas rurales como en zonas
urbanas. Esto se tradujo en un dramático incremento de secuestros, atentados
contra estaciones de policía e infraestructura del ejército, eliminaciones de
alcaldes y concejales y, por primera vez desde 1991, en un auge en los homicidios
en el pais, incluso en Medellín. El ELN, pendiente de la definición de una zona de
distensión para sus propios diálogos en el sur de Bolívar en límites con el
Nordeste antioqueña, tambien estaba incrementando su presion.

Igual que en otras zonas del país, la consolidación guerrillera catalizó entonces
una contra-reacción en términos de apoyo a los grupos paramilitares, dando lugar
a una evidente polarización, como lo describe el analista francés Daniel Pecaut,
“las atrocidades (de) los actores armados, las masacres sistemáticas, en el caso
de los paramilitares; la destrucción de pueblos, los asesinatos y los secuestros, en
el caso de la guerrilla, inducen progresivamente, en el plano local, sobre todo,
pero no solamente, la división de la sociedad y la difusión del clima de guerra”.57 Al
mismo tiempo, en Medellín, tensiones alrededor de la Oficina de Envigado también
requerían medidas de Berna y Castaño, Upegui para salvaguardar sus intereses
criminales en el valle del Aburrá, complicando aún más el panorama.

Para mostrar que las AUC no era solamente una idea, a partir su fundacion se
creo tambien el Bloque Metro, para meterse con el Valle del Aburra y el Oriente
Cercano, ambos de manera incremental confrontado con operaciones del ELN y
de las FARC. El frente fue puesto bajo la direccion de Doblecero, y se integro
incicialmente por combatientes del ACCU y de algunos otros regiones, con el
objetivo de organizar Grupos de Autodefensa Urbana – Grau – para con ellos
desplazar las milicias y otras estructuras guerrilleras. En concreto esto implicaba
que la ocupacion de territorios por el Frente Metro se hara con su violento

55
Natalia Morales y Santiago de la Rotta, Op., Cit, p. 214. Según Don Berna, en declaración ante la Fiscalía
(28 de octubre de 2005), “muchos ciudadanos de Medellín de todas clases, industriales, comerciantes, le
pidieron a Carlos Castaño que llevara las autodefensas a la ciudad”. Sin embargo, en distintas ocasiones, las
declaraciones de Don Berna han probado ser falsas.
56
Otro hermano, Héctor Castaño, estaba desde 1989 encargado de gerenciar las propiedades de los Castaño
en Medellín, cuando estas todavía estaban cercanas a Escobar. Héctor fue capturado y pago dos meses de
cárcel, y se abstuvo aparentemente de volver a los negocios. Ver Aldo Cívico, Op. Cit, p. 232.
57
Daniel Pecaut, Guerra contra la Sociedad, 2001, p. 18

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sincretismo de reclutar e aniquilar estructuras armadas ya existentes, como


bandas duras y chichipatas, igual que milicias e estructuras guerrilleras. El Bloque
Metro comenzo a operar a la vez en las zonas rurales al oriente de Medellin y en
la ciudad perse. Una de sus primeras operaciones, estilo comando, era la
massacre de 14 campesinos en la zona rural del municipio El Carmen de Viboral,
el 3 de Mayo de 1997, seguido por ataques en municipios del Oriente Cercano
como Maranilla, El Retiro y la Ceja. Asi, mientras los medellinenses sentian que
dentro de la ciudad las cosas venian mejorandose, en el “Oriente Cercano”, zona
preferido para pasear los fines de semana, y donde estaba el aeropuerto
internacional y la industria de flores, habia una confrontación abierta entre guerrilla
y paramilitares. No era difícil imaginar que lo mismo podria pasar en la ciudad.

En 1999, las AUC, en una de sus tantas declaraciones con las cuales venia
inundando los medios y el pais, acusaron las FARC de incurrir en narcotráfico en
la zona de desmilitarización o despeje del Caguan, que se acababa de crear como
resultado de negociaciones de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana (1998-
2002) y el grupo guerrilleroen el departamento del Caquetá, donde continuaban a
abundar cultivos y laboratiorios de cocaine, casi dos decadas después de su
creación por Gacha. De hecho, quien habia continuado a gerenciar esta
infraestructura después de la muerte de Gacho (1989) era su antiguo socio
Leonidas Vargas, El Rey del Caqueta. Vargas, sin embargo, fue capturado en
1993 y sentenciado por una combinación de penas de 45 anos de prison, y
todavía eataba en prision (aunque saldra en 2001, después de haber pagado a
penas 8 anos de prision). No solamente las FARC habian logrado aprovechar la
semi-ausencia de Vargas, captando parte de sus negocios, sino que los Castano
sabian por supuesto quien era quien en las rutas por el Caqueta. De ahí que las
denuncias de las AUC no solamente eran muy concretas y precisas, sino que
concluyeron que las FARC, ademas de narcotraficantes, tenían carácter de para-
subversión, en la medida que el Estado, por omisión, les dejaba perpetrar en la
zona de despeje, a toda libertad, este e otros negocios crímenes.58 La
preocupación con la zona del despeja y la libertad dejado por Pastrana al actuar
criminal de las FARC, era compartido por mas de uno en el pais. Pescando en rio
revuelto, las AUC entendieron que tenian una oportunidad de oro. El proyecto
AUC y las ambiciones de Castaño comenzaron rápidamente a tomar un aire de
“un populismo autoritario de extrema derecha”59, como observaba un experto en
1998, pero ante todo un todo un aire política.

58
Ídem, pp. 201 y 462
59
Eduardo Pizarro, “Grupos paramilitares, de autodefensa o guerrillas de derecho?, en Revista Cambio, 26 de
enero de 1998, pp. 25-26

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En algunas otras zonas inhospitas o abiertamente selvaticos del pais, en particular


en algunas zonas del Pacifico, las estructuras rurales acopiadoras y exportadoras
de cocaína no tenían la capacidad de financiar un dispositivo propio de seguridad y
recurrían, para su protección, a frentes guerrilleros, que a su vez estaban ahí
tambien involcurados en el trafico. Con la creación de las AUC, y con su objetivo
de combatir la guerrilla, era inevitable que los mini carteles del narcotráfico,
aquellos ubicados en ciudades intermedias y el campo, buscaran de manera
prioritaria la protección de los paras. A su vez, las AUC, con su ambición nacional,
terminara logicamente involucrando a muchos narcos. De hecho, el
involucramiento de las AUC con el narcotráfico era igual de evidente que la
brutalidad de su operar, no obstante las afirmaciones al contrario hechas por
Castano al lanzar la red. Una de las primeras operaciones por fuera de Uraba era
una masacre de treinta personas en el departamento de Meta, en el municipio de
Mapiripán. Era el mismo lugar donde Gacha, una década anterior, había instalado
sus principales redes de acopio y cocinas del oriente del país, gracias a sus
acuerdos de gramaje celebrados con Jacobo Arenas, jefe supremo de las FARC.
Una década después, la zona de Mapiripán y todo el departamento del Meta,
continuaba siendo un territorio estratégico para, a la vez, el tráfico de cocaína y las
FARC.

Otra indicador de esta mezcla de narcos y paras en las AUC, es que hacia finales
de los 90s, reencontramos entre los comandantes de bloques regionales de las
AUC toda una serie de viejos conocidos de la época de Escobar. Ramiro “Cuco”
Vanoy, nacido en Cundinamarca, y quien se hizo en las esmeraldas, fue
lugarteniente de Gacha60, y figuraba ahora de comandante del sangriento Bloque
Mineros de las AUC, en la región del Bajo Cauca; Carlos Mario Jiménez, alias
Macaco61, que figuraba en los rangos de Escobar, ahora era el capo del Bloque
Central Bolívar, la estructura paramilitar AUC más grande y poderosa en el país,
con unos 5,000 hombres; Francisco Javier Zuluaga, alias Gordolindo, otro bandido
de los círculos de Escobar, también estaba de comandante. Las continuidades
eran más que evidentes.

Por supuesto, también aparecían figuras nuevas, como Salvatore Mancuso. Nació
en la ciudad de Montería, hijo de comerciantes italianos instalados ahí, y realizó
estudios técnicos agropecuarios, y se puso a cultivar arroz en el sur del
departamento de Córdoba. Por la presión extorsiva de la guerrilla, comenzó a
cooperar con la fuerza pública, y se convirtió en un líder local antisubversivo antes
de entrar en contacto con los Castano y sus ACCU, hacia 1996. Mancuso y su

60
Nació en Cundinamarca, en 1948, un año anterior a Escobar.
61
Hijo de un comerciante de carnes del municipio de Marsella (Risaralda).

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gente es entonces otro de las primeras que entran a cooperar bajo la estructura
AUC. Al mismo tiempo, parece que Mancuso se dejó ahora tambien tentar por
entrar también en el narcotráfico para financiar sus operaciones y aumentar su
riqueza personal. Ampliando por ejemplo sus 200 hectáreas de arroz a 60.000 de
las mejores tierras ganaderas en Córdoba.62

La unidad, confianza, y lealtad entre un conglomerado cada vez mas amplio e


híbrido de bandidos, narcos, testaferros, ganaderos con estructuras armados de
autodefensa y otro tipo de estructuras anti-subversivos o criminales eran lejos de
ser evidentes. Don Berna y Macaco, por ejemplo, tenían viejas peleas casadas. La
narcotización de las AUC únicamente podría intensificar estas tensiones. Al mismo
tiempo, sin embargo, el radical incremento de los secuestros, acciones belicos y
de terror por parte de las FARC genero en zonas rurales un fenomeno de
polarizacion que se tradujo en un apoyo para las AUC mucho mas publico y fuerte
que jamas habia existido para la guerrilla. Esto explica en parte el soprendente
crecimiento de las AUC de 4000 (1997) a 8.000 (2000), y a 23.000 (2003)
intergrantes, es decir un número de integrantes más o menos similar, pero
posiblemente mayor, a la de las FARC. Pero mientras las FARC iban por sus
cuarenta años, las AUC tenia apenas un lustro. El vertiginoso auge de las AUC, de
todos modos, tambien debe ser entendido como una reorganizacion de fuerzas ya
existentes, o sea no es en su totalidad una fuerza nueva. Ademas, habia un
interes en el cual coincidieron las AUC y las que criticaron su operar: inflar su
importancia numerica.

10.6 Guerrilla y paramilitares regresan a la ciudad.

Es en este contexto que los hermanos Castaño, al tiempo que crearon y alistaron
un gran número de bloques narco paramilitares en diferentes zonas del país,
encargaron a Doblecero liderar el Bloque Metro, que operaba inicialmente como
una satélite de las ACCU, para penetrar Medellín y la zona del oriente cercano.
Dentro de Medellín ya había de todos modos estructuras armadas que
simpatizaron con las AUC y que mantenían contactos con Berna, Vicente, o Carlos
Castaño. Uno de estos grupos era activo en la Universidad de Antioquia contra
supuestas influencias subversivas en el campus de la Universidad, que hospedaba
ahora unos 20.000 estudiantes.63

62
Ver Aldo Cívico, Op, Cit., p. 234. Según la misma fuente, Cuco Vanoy sería propietario de unas 25.000
has., don Berna de 45.000; Macaco de 50.000; Monoleche de 20.000; a Vicente Castaño se atribuye entre
otros la totalidad de la prosperidad – bien que titulado en nombre de empresas de testaferros, constituidos
entre 1997 y 2003 – de las 20.000 has. dedicadas a palma Africana en el sur de Urabá.
63
Carlos Castaño, Las Autodefensas…, pp. 206, 264, 266, 466, 623

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Doblecero ha explicado la manera como su Bloque Metro penetró zonas rurales y


urbanas para quitar terreno a la subversión:

“(La guerrilla) controlaba sus grupos poblacionales por medio de


ciertas personas que estaban infiltradas dentro de la población
civil, los milicianos, encargados de mantener el terror dentro de la
población civil. (…) La estrategia inicial era ubicar por medio de
inteligencia a los milicianos, darlos de baja, romper ese círculo de
terror, quitarles el apoyo de la población civil y luego entrar a
combatir al grupo armado. Esa estrategia incluía dar de baja a los
milicianos y había varias formas: caerles hasta bien adentro y
darlos de baja, o eliminarlos, pues, cuando dieran la oportunidad”.
(…) En algún momento del conflicto hay que hacer
contraterrorismo (…) enfocado hacia la mente de las personas, en
la medida que (ésta) está llena hasta aquí de terror de la guerrilla.
(Pero) eso no es una cosa casual, eso es algo premeditado, está
dentro de la estrategia de la guerra, de que hay que entrar duro
para impactar de alguna forma. Es que realmente lo que estas
guerras buscan, lo que define esta guerra, es como ganarse la
población civil y a la población civil definitivamente se la gana con
una estrategia del bueno y del malo, de zanahoria y garrote. Hay
que mostrarle el garrote y después hay que mostrarle la zanahoria.
¿Cierto? Porque si uno llega compartiendo dulces al campesino le
da más miedo el otro, o sea, entre el fusil de un guerrillero y un
dulce, el campesino va por el fusil. Entonces, inicialmente, hay que
mostrarle otro fusil”64

En Medellín, sin embargo, no tuvo mucho éxito, aparentemente por operar


demasiado aislado de las bandas criminales ya operativos en la ciudad. Doblecero
mismo sostenía en su momento que no logró sus objetivos en la ciudad porque no
quería mezclar su operación antisubversiva con intereses del narcotráfico, y que
no quería entonces hacer alianzas con la Oficina de Envigado, la banda de La
Terraza u otras estructuras criminales ya existentes. Otra explicación seria que
estas estructuras no estaban dispuestas a ayudarle, ya que mantenian relaciones
con Berna, y las relaciones entre Berna y Doblecero no eran los mejores, aun
cuando ambos eran cercanos a los Castano.

De hecho, Berna estaba reorientandose sobre Medellin en relacion con una serie
de desafíos a su poder, en particular la captura, en 1998, por la fuerza pública, de

64
Aldo Civio, Op. Cit. p. 92, 93

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Gustavo Upegui, acusado de secuestro extorsivo y formación de bandas


sicariales. Habian pasado 10 anos, desde la incursion por parte del Bloque de
Busqueda en la finca el Bizcocho en la Avenida de las Palmas, durante los cuales
Upegui nunca fue capturado, y sin embargo habia logrado continuar a controlar la
Oficina de Envigado, primero para Escobar y despues para Berna. La de Upegui
no era el unico golpe. Varios de los más grandes capos que se habían entregado
en paralelo con Escobar, entre ellos los hermanos Ochoa, lograron salir
sorprendentemente rápido y sin mayor escándalo de la carcel de Itagui, donde
tanto el gobierno Gaviria como el de Samper les permitieron una bateria de
condiciones excepcionales en agradecimiento por su cooperación con la justicia,
es decir, por haber reconocido un solo hecho de narcotráfico. Jamas fueron
llamado a prestar testimonio en las investigaciones por magnicidios, massacres,
asesinatos, carros bombas o demas crímenes de impacto mayor perpetrados por
el MAS, los Extraditables o el mismo Cartel. Una vez salida de la carcel, y con sus
enormes riquezas en gran medida intacto, algunos de todos modos no dudaron en
retomar sus viejos hábitos. Así fueron capturados en 1999, en la Operación
Milenio conjunta entre autoridades colombianas e norteamericanas contra redes
de blanqueo y de tráfico de cocaine en Miami, Medellín una treintena de personas,
entre ellas Juan David Ochoa, el hermano menor del clan.65 Esta vez, el joven fue
de inmediato extraditado a Estados Unidos donde recibio una sentencia de varias
décadas de prisión. El acontecimiento rompio el corazon del patriarcho de la
familia, el viejo Fabio Ochoa Vasquez, quien tanto en su propria fantasmagoría,
como en la de la opinion publica colombiana, estaba por edad y postura mas alla
del bien y del mal.

Es en este contexto que Berna comenzó entonces a refortalecer su propia


presencia en la ciudad, reorganizando su gente en la ciudad bajo una estructura
nueva, el Bloque Cacique Nutibara de las AUC, integrando en ello tambien unas
estructuras armadas que Vicente Castaño mantenía en determinados sectores de
la ciudad, y que vendio o entrego ahora a Berna. Eventualmente, Berna compró
dos bloques más – el Héroes de Granada y …… -, en linea con otros narcos,
quienes también estaban comprando estructuras armadas ejn diferentes partes del
pais, que estaban de una o otra manera afiliadas a los Castaño. Según algunas
interpretaciones, esta venta representaba por parte de los Castaños (en particular
de Vicente) un esfuerzo para garantizar que los grandes capos del narcotráfico
estaban a bordo del proyecto AUC, única manera de construir un extenso control
territorial, de evitar competencia entre redes narcos y paras, y de mantener la
guerra financiada. Este conglomerado de bandas, pro forma parte de las AUC,

65
De estas, una década más tarde, 28 estaban libres….

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operaba en realidad con grandes autonomias locales en su actuar antisubversivo y


propriamente criminal.

Dentro del valle de Aburrá, el panorama era a la vez más complejo y mas simple.
Por un lado, Berna era muy cercano a Vicente Castano en particular, y sus
operaciones anti-subversivas dentro de la ciudad eran muy probablemente
fuertemente coordinado con los dos hermanos. Al mismo tiempo, sin embargo,
Berna, más allá del narcotráfico, ya tenía penetrada una variedad de sectores
grises de la economía local y se estaba ahora posicionando para aparecer como el
nuevo patron de ciudad. La diversificación de los narcos en el mercado criminal
local se fortalecia mucho durante los 1990s, y representaba, al comienzo del
nuevo siglo, una caracteristica mucho mas central del crimen organizado en la
ciudad que en la época de Escobar. EL hermano de Doblecero – no
necesariamente una fuente muy objetiva - ha dado el siguiente retrato de Don
Berna como nuevo capo del bajo mundo de Medellín:

“(Don Berna) era un hombre con gran poder coercitivo que hacía
de juez entre los narcos, cobraba cuentas, dirimía disputas, era la
fiscalía del narcotráfico. (…) Mi hermano [Doblecero] decía que el
problema de esa “fiscalía” es que era juez y parte; si había un
conflicto se dirimía en favor del que era socio de Don Berna. De
esa manera (él) llego a ser un hombre muy poderoso en el mundo
de lo ilícito (aunque), no tanto del narcotráfico, eso fue como
accesorio. La gente lo involucraba porque le interesaba como
socio, no porque fuera un amante del narcotráfico. El más bien era
amante de su oficina de cobros y del poder y del respeto que ese
poder le generaba. (Él) ya era muy respetado en el mundo del
hampo. (…) Medellín siempre ha sido feliz viviendo con los ojos
cerrados, pero para los que sabían que se movía detrás de la
cortina de la aparente paz, sabían que don Berna era uno de los
más importantes capos – si no él, quien más – del crimen
organizado en la ciudad (…): apuestas, casinos, contratación
pública, narcotráfico, vínculos con políticos de Envigado. Por
ejemplo, en esa época había un político muy reconocido, de mucho
peso en la política de Antioquia, y cuando yo lo conocí y el supo
que yo era hermano de Doblecero, me abrazó y me felicito y me
dijo que nosotros éramos de los mismos, y yo le pregunte: “¿Cómo
así, doctor?”, y me contesto: “Si, es que yo soy de don Berna”.66

66
Palabras del hermano de Doblecero, en Aldo Cívico, Op. Cit, p. 268

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Para meter orden en la pelea cada vez más abierta entre Berna con su bloque
Cacique Nutibara, y Doblecero son su bloque Metro, por el control del valle del
Aburrá, Carlos Castaño, como jefe de las AUC, terminó dividiendo el territorio:
“Usted [Doblecero] coja la zona de la comuna nororiental y de ahí coge el oriente
de Antioquia, y déjele el valle de Aburrá a don Berna”67. Para Doblecero, sin
embargo, la situación ya se estaba calentando. Otro capo, John Jairo Rendón
Herrera (alias Yesid) le hizo el siguiente consejo: “No se ponga a seguir peleando
por Medellín que lo salen matando y no se gana nada, porque Medellín, usted no
la conoce bien, Medellín es un nido de bandidos. (….) Déjele Medellín a Don
Berna.68 Doblecero no quiso aceptar el consejo. La situación le costara otra guerra
a la ciudad, y la muerte a Doblecero.

Berna, conforme a la decisión de Castaño, reestructuró sus redes de sicarios y


otras actividades criminales en Medellín, y las armonizó con el proyecto AUC.
Articuló su Bloque Cacique Nutibara en particular a una serie de bandas ya
existentes en la zona Nororiental de la ciudad, y solamente después comenzó a
poner la presión sobre las milicias en la comuna 8, donde Doblecero también
mantenía presencia, así como en la 13. Entre los que don Berna alistaba se
encontraban figuras como Antonio López, alias Job, quien en 1994, todavía como
militante del ELN, era según algunas fuentes, posiblemente responsable del
atentado en el Parque San Antonio – y posiblemente bajo contrato con el Cartel de
Cali - que dejo 22 muertos. Job se transformará en uno de los lugartenientes más
importantes de Berna en la ciudad. Coincidieron en sus trayectos personales y
carreras criminales: Berna mismo había hecho una década anterior el pase del
EPL al mundo de la mafia. Otros miembros de differentes tipos de milicias también
se pasaron a las AUC, donde ademas de Berna, encontraron otros antiguos del
EPL también. El bloque Cacique Nutibara operaba a la vez como un magnate para
toda la desbandada de bandas chichipatas en su rebusque cotidiano de quien
pone y contrata a lo mejor. Es asi que el Nutibara comenzaba a tomar el aire de un
especie de legion etrangere, integrando mercenarios – muchos gravissimas
antecedentes penales - de todas las bandas de tres decadas de crimen y violencia
en la ciudad e incluso el pais. Ya no era aquella estructura piramidal que lograba
reunir la banda Escobar y que era radicada, desde cualquier punto de vista,
territorialmente y socialmente radicada en la ciudad. Ni Berna, ni Castano, ni
Doblecero eran de Medellin, ni tampoco lo eran otros tantos de quienes integraron
sus bloques.

67
Ídem, p. 266, .267).
68
Palabras que el hermano de Doblecero afirma haber escuchado pronunciar. En Aldo CIvio, Op. Cit, p. 268-
269

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Berna, contrario a Doblecero, tenia la capacidad estrategica para superar el


desaventaje que resultaba de semejante situación. La prioridad era de enfrentar
las intrincadas milicias urbanas, cooptar las bandas y declarar objetivo militar a
quienes continuaron prestando apoyo e información a la guerrilla; por otro lado, de
afinar redes de extorsión y tributo. Lo segundo implicaba organizar y poner
nuevamente bajo un control más vertical las oficinas satelites de cobro, las
Convivir, y una serie de bandas criminales, entre viejas o nuevas en la ciudad..
Este sincretismo o “retoma” pragmático hacía posible que de un día a otro, por
todas las partes en la ciudad, se escuchaba decir que “llegaron los paras”, como
antes habían llegado los encapuchados, las milicias, los narcos, y el cartel.

Si uno miraba más de cerca, había todavia continuidades en personas que dirigían
tal oficina, Convivir o banda. Estas continuidades personales y micro-grupales, con
su know how del actuar micro-territorial, hacían posible que surgieran tan
rápidamente actores solamente en apariencia nuevos, como el Bloque Cacique
Nutibara, para apoderarse del bajo mundo en toda la ciudad. Berna incorporaba, él
mismo, aquella continuidad: guerrillero, guardaespalda de los Galeano miembro
del cartel de Medellín, mando operativo para los Castaño y Galeano dentro de los
Pepes, co-jefe de la Oficina de Envigado, asesor de las ACCU, comandante del
Bloque Cacique Nutibara y capo de las AUC. La opinión pública, los medios y la
fuerza pública desconocieron buena parte de todo esto, apenas comenzaron a
escuchar hablar de don Berna, pero lo escucharon mencionar como uno de los
tantos capos operativos en las AUC, de las cuales Carlos Castano, incluso dentro
de Medellin, continuaba a ser la cabeza visible.

Corrupción y debilidad de la rama judicial permitieron que Gustavo Upegui fuera


pronto dejado en libertad (1999), y la Oficina de Envigado todo parecía volver al
status quo. El municipio mismo entraba en su tercera década de ser el santuario
mafioso del Valle del Aburrá, donde Jorge Mesa Ramirez, venia de ser elegido en
1997 por la tercera vez (despues de 1988 y 1992), con 82,5% del total de votos,
“un caso de alta aticipidad”69 que hacia probable la influencia de intereses no
propriamente politicos en su eleccion. Según variadas fuentes, al comienzo del
siglo XXI, el crimen organizado continuaba teniendo sus entradas dentro de la
administración municipal y en otras entidades del municipio, de manera que
permite realmente hablar de una estructura mafiosa. “La clave de Envigado está
en la Secretaría de Tránsito. En las entradas del municipio hay siempre guardas
69
Ver Claudia Lopez, “La ruta de la expansion paramilitary y la tranformacion politica de
Antioquia. 1997 a 2007”, en Corporacion Arco Iris, Para Politica. La ruta de la expansion
paramilitary y los acuerdos politicos, Ed. Intermedio, Bogota, 2007, p. 163.

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de tránsito. Cuando ven movimientos sospechosos, carros con placas de Bogotá,


camionetas con placas oficiales, personas con cara de policías, dan la voz y
cuando los operativos llegan a su destino lo que encuentran es un lugar donde
nadie ha visto nada; todos se desvanecen como el aire”70. Por nada sorprende
entonces que Berna, para la reorganización de su red criminal en la ciudad, se alió
entre otros con un antiguo guarda de Tránsito de Envigado, Daniel Mejía, alias
Danielito, y lo hizo jefe del bloque Héroes de Granada. Danielito a su vez, se hizo
asesorar por Carlos Mario Escobar Echeverri, alias Rogelio, también de Envigado.

El último paso hacia la hegemonía criminal de Berna y su banda (el Bloque


Nutibara) en la ciudad era la eliminación de aquellos jefes de la banda La Terraza
que querian guardar autonomia o se habían dejado tentar por Doblecero, y alistar
el resto en su estructura. Al comienzo de 2000, la Terraza era todavía “la banda
más grande, organizada y tenebrosa de Medellín, conformada por unos 300
hombres, entre ex milicianos, delincuentes y ex policías.”71 El jefe de la Terraza,
alias Elkin Mena Sánchez, fue pronto asesinado en Córdoba, a ocho horas de
Medellín, en una operación montada por Berna y Castaño, cuando salió con cinco
carros de su finca Perra Perdida en el municipio Villanueva.72 Otros miembros de
la banda cayeron en Medellín.

La presión sobre la banda la Terraza era tal, que ésta lanzo en 2000 un grito al
cielo, con un comunicado publico, solicitando protección al presidente Pastrana
(1998-2002) contra “las mal llamadas AUC”.73 Según el comunicado, las AUC “no

70
Según el investigador Juan Diego Restrepo de la ONG IPC, en Natalia Morales y Santiago de la Rotta, Op.
Cit, p. 222
71
El Tiempo, “La poderosa banda la Terraza”, enero 13, 2000. Otros hablan de 200 integrantes. Ver Juan
Carlos Garzon, “La complejidad paramilitar: una aproximación estrategica”, en Alfredo Rangel (ed.), El poder
paramilitar, Bogota, Ed. Planeta, 2005, p. 64
72
Carlos Castaño, en Mauricio Aranguren, Op, Cit, pp 295-96
73
El comunicado de la banda La Terraza, fechado el 29 de noviembre de 2000, y que puede ser consultado
en internet, contenía otras explosivas denuncias – sin entregar ninguna prueba concreta - acerca de las
supuestas relaciones que las AUC y la Terraza mantenían con agencias del Estado. Mencionaba en particular
al general Luis Ernesto Gilibert, por supuestamente haber celebrado reuniones con los Pepes cuando era
Comandante de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá; al general Rosso Serrano que “junto con sus
hombres de confianza y algunos miembros del cartel del norte del Valle habían sido huéspedes de Carlos
Castaño en Tierralta Córdoba, donde Castaño entregó importante información de los Rodríguez Orejuela y
sus socios, a cambio de ayuda (….) pues Carlos Castaño fue escolta de Miguel Rodríguez y sabía mucho de
sus movimientos”; al general Alfredo Salgado Méndez, “alias Tragón”, y sucesor de Gilibert como comandante
de la Policía Metropolitana del valle del Aburrá, por supuestas reuniones con Upegui, Castaño y Don Berna y
formación conjunta del grupo Muerte a Jaladores de Carros (Mahaca); al general Luis Alfredo Rodríguez
Pérez, otro comandante de la Metropolitana por ser “el más criminal, el más deshonesto que de forma
fraudulenta y amañada cambiaba los informes que sus subalternos le presentaban”, y “fue el autor intelectual
de tantas muertes selectivas”. El comunicado de la Terraza también mencionó, con nombre propio, a un jefe
del grupo Gaula, un oficial de la Dijin y a un mayor supuestamente encargado de ejecutar el secuestro y la
desaparición de Jairo Bedoya, miembro de la Organización indígena de Antioquia OIA , y “a quien a principios
del año, nuestro grupo le hizo entrega de un carro Volkswagen Golf morado con material explosivo para que
se anotara un positivo en su hoja de vida.”; menciona con nombre propio a un mayor quien, supuestamente,
junto con subalternos y Castaño contribuyó a “capturar de confianza y luego asesinar a Chepe Santacruz (y)

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son más que una banda de mafia paramilitar al mando del general Jorge Enrique
Mora Rangel y del ex-general Harold Bedoya los cuales dan ordenes directas a su
marioneta de cabecera Carlos Castaño Gil.” En el mismo explosivo comunicado,
retomado por los medios, la banda (o una faccion de ella) denunciaba que una
serie de magnicidios entre 1997 y 1999, “fueron todos ordenados por el genocida
general Mora Rangel y (…) Carlos Castaño alegó que era un favorcito”. Entre
estos magnicidios se encontraron, según el comunicado, el de dos investigadores
del Centro de Investigación y Educación Popular CINEP en Bogotá, Elsa Alvarado
y Mario Calderón, y el padre de la primera74; el del defensor de derechos humanos
Jesús María Valle en Medellín, poco después de haber reemplazado el asesinado
Héctor Abad Gómez75; el del abogado comunista Eduardo Umaña Mendoza en
Bogotá76; el del profesor de antropología Hernán Henao en sus oficinas de la
Universidad de Antioquia77; y el del humorista Jaime Garzón en Bogotá78. Además,
según el comunicado de la Terraza, todas estas personas, excepto los
investigadores del Cinep, “las ejecutamos con la misma arma de fuego que
conservamos como prueba fundamental y se hará llegar a las autoridades
competentes cuando esta sea solicitada”. Terminaron diciendo que entendieron “la
gravedad de la denuncia, pero existen bases sólidas para sustentarla, ya que
nosotros estuvimos en las entrañas de ese nido de víboras por algunos años.”

Carlos Castaño, confrontado con estas revelaciones, dejaba entender, que por lo
menos en el caso del antropólogo Hernán Henao, no se trataba de una orden
suya, sino “de la iniciativa autónoma de alguna banda en Medellín [es decir: La
Terraza], que simpatizaba con las AUC y tenía voceros dentro de la Universidad

luego lo entregaron a una patrulla del GOES [Grupo Anti-Extorsión y Secuestro de la Policía Nacional]”; por fin
el Coronel Hernán Bonilla quien supuestamente “capturó a Elkin Sánchez [el jefe de la Terraza] a mediados
del año 97, (pero dejó que este último) recobrara su libertad a los ocho días (y el Coronel) aseguró que fue
una equivocación (y) se le hizo entrega de cinco millones de pesos fuera de su nomina mensual igual a la de
todos los altos oficiales de la nomina de siete millones de pesos”. Para el comunicado completo, ver Aldo
Civico, Op, Cit, p. 258
74
El asesinato de los dos investigadores del Cinep y del padre de uno de los dos tuvo lugar el 19 de mayo de
1997.
75
Valle fue asesinado el 27 de febrero de 1998 en Medellín. Valle había formulado en particular críticas sobre
una masacre en los sectores de El Aro y de La Granja del municipio de Ituango, donde era concejal, y la
implicación en ella de paramilitares y la IV Brigada del Ejército bajo la comandancia de Alfonso Manosalva
(muerto de manera sorpresiva en 1997). También sostuvo arduos debates acerca del tema con el entonces
gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe. Tres sindicados han sido condenados en ausencia por el asesinato de
Valle: Álvaro Goez y Jorge Eliécer Rodríguez ambos a 40 años de prisión, y Carlos Castaño a 20.
76
Eduardo Umaña Mendoza fue asesinado el 18 de abril de 1998. Mancuso, en una declaración, ha
reconocido la autoría de las AUC.
77
Hernán Henao fue asesinado el 4 de mayo de 1999. Carlos Castaño, en su libro Mi confesión, declaró que
ordenó asesinar a Henao porque, según creyó, colaboraba con la guerrilla y por escribir un libro contra las
autodefensas que fue difundido en Europa. En junio de 2006 Carlos Castaño (asesinado en 2004) fue
acusado en ausencia por la Fiscalía como autor intelectual del crimen en retaliación de un trabajo de Henao
sobre las familias desplazadas por la violencia en el Urabá antioqueño. Otros han argumentado que la acción
fue realizada de manera autónoma por La Terraza, en simpatía con las AUC.
78
Jaime Garzón fue asesinado el 13 de agosto de 1999.

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de Antioquia”. Aún así, explicó el capo, en su momento, él “aplaudía la


operación”.79

El impacto de este tipo de declaraciones en términos de deslegitimación de la


fuerza pública no debe ser subestimado. Dada la desconfianza y deslegitimidad de
las cuales sufría la fuerza pública en ojos de la opinión pública, no obstante una
importante modernizacion de la Policia en particular, este tipo de denuncias eran
lejos de ser automáticamente descartado por ella, conforme al dicho popular
“Cuando el río suena, piedras lleva.” Investigaciones judiciales muchas veces
terminaron post hoc dando razón denuncias a primera vista poco creibles por el
carácter mismo del mensajero.

Una revelación particularmente escandalosa acerca de la imbricación entre


personal del ejército y paramilitares se evidenció, por ejemplo, en 200080, cuando
las AUC y la IV Brigada del Ejército, con sede en Medellín, reclamaron ambos, de
manera independiente, la autoría por la eliminación, en cercanías de la ciudad, de
dos guerrilleros “reinsertados” de la Corriente de Renovación Socialista – CRS.81
En este caso, un sinnúmero de vecinos declararon ante el Colombiano e otros
medios, que con ojos propios vieron como unos cuarenta hombres fuertemente
armados, con brazaletes del bloque ACCU de las AUC, entraron en San Antonio
del Prado y secuestraron a los dos reinsertados, a un maestro, y a un joven de 17
años82, y después raptaron en una cooperativa llamada La Galleta a otro
reinsertado y su hermano. Al mismo momento que la prensa difundía estos
testimonios de primera mano, la IV Brigada presentó a los media los cuerpos sin
vida de los dos primeros reinsertados, y los califico como “guerrilleros del ELN
muertos en combate con el ejército”.83 El escándalo se intensificó, cuando el
Bloque Metro de las AUC, en sus propias declaraciones, se atribuyó también el
secuestro y la ejecución de los dos reinsertados, acusándoles de continuar a
participar, no obstante su desmovilizacion, en actividades guerrilleras, incluso en
pescas milagrosas para las FARC. El Bloque Metro también reconoció haber
eliminado al maestro y al joven – sus cuerpos sin vida ya habían sido encontrados
por vecinos – y acusaron a la cooperativa La Galleta de colaborar con la guerrilla.
El día siguiente de las revelaciones, un comando armado desconocido llegó en

79
Otro magnicidio de este período que ha quedado impune fue el de Fernando Landazábal Reyes,
comandante del ejército del presidente Turbay Ayala (1978-82) y Ministro de Defensa durante la
administración Belisario Betancur (1982-1986). Este asesinato tuvo lugar el 12 de mayo de 1998.
80
El 23 y 24 de enero de 2000. Data Acquisition Lab! 1/10/11 3:43 PM
81
Se trataba de Uberney Giraldo y José Evelio Gallo. Unos 750 guerrilleros que formaron el grueso de la Deleted: ,
Corriente de Renovación Socialista CRS – una división del ELN – se desmovilizaron en 1994. El grupo tenía
en especial presencia en el departamento de Córdoba, en la zona de Urabá y en la ciudad de Medellín.
82
El joven se llamaba Hildebrando Cañaveral. Data Acquisition Lab! 1/10/11 3:43 PM
83
Ver El Colombiano, Enero 24, 2000. Deleted: e

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varias camionetas a la morgue, y se llevó los cadáveres, que nunca más


aparecieron.84 De todos modos, los informes de la autopsia quedaron guardados y
la Fiscalía dejo constancia de sus identidades y de las condiciones de su muerte
violenta.

Respecto a este asunto, la Embajada de los Estados Unidos, en un informe


confidencial (hoy desclasificado) informó a sus superiores en Washington, que era
“difícil concluir diferente a que esta vez, la IV Brigada y los paramilitares,
simplemente fallaron en armonizar sus teorías”. También subrayó que la situación
parecía dar razón a informes de Amnesty Internacional y Human Rights Watch que
venían acusando a la IV Brigada, desde algún tiempo, de imbricación con las
organizaciones paramilitares.85 En el año 2000, los Estados Unidos estaban
entonces plenamente informados de la penetración paramilitar dentro de la fuerza
pública colombiana, como lo estaba la opinión pública colombiana. Lógicamente,
bien que mas preocupante aún, esta penetración también se daba en el ámbito
político, como lo dice bien un reconocido periodista de investigación colombiano,
Hernando Corral:

“Si se hace una exhaustiva investigación sobre los avales políticos


para aspirar a las corporaciones públicas, se encontraría que están
firmados por respetables miembros de tales directorios, los mismos
que hoy se rasgan las vestiduras ante las verdades que han salido a
flote. (Como) la clase política, con pocas excepciones, (también)
toleró con su silencio cómplice el permanente asesinato por parte de
las FARC de alcaldes, diputados, concejales liberales y
conservadores en las regiones.”86

Mientras don Berna surgió como el nuevo capo de todos los capos en el bajo
mundo de Medellín – aunque sin mostrarse en público, y sin que se le conozca
mansiones u otras propiedades, como era costumbre en la época de Escobar – la
guerra en la ciudad entre el Bloque Cacique Nutibara87 y el Bloque Metro se
degradó rápidamente. Como buen alumno de Escobar, Carlos Castaño prometió
ahora dos millones de pesos por cada muerto entre la gente de su viejo amigo
intimo Doblecero. La guerra entre los dos bloques, y la dada entre estos y las
milicias del ELN y las FARC, se calentó en particular en las comunas centro
orientales de la 8 y la 9 y en la centro occidental, la 13. Estos territorios se

84
Ver El Colombiano, enero 27, 2000
85
Ver http://www.gwu.edu/~nsarchiv/colombia/20000208.pdf
86
Hernando Corral, “El paramilitarismo que conocí: testimonio”, en Para Política. Verdades y Mentiras,
Bogotá, Ed. Planeta, 2008, p. 280, 283
87
Según Natalia Morales y Santiago de la Rotta, Op. Cit, p. 218.

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transformaron otra vez en campos de guerra, con la sociedad civil por medio.
Cada teatro tenia de todos modos sus particularidades. En la 8 y la 9 operaron
unas milicias del ELN en confrontación con la banda Los Chamizos, que ahora se
dejo articular a las AUC, sin necesariamente entender las peleas entre los dos
bloques AUC operativos en la ciudad. Otra confrontación fue la que sostuvieron
las bandas de los barrios Caicedo y La Sierra, en la cual se infiltraron tanto milicias
como paramilitares.88 En este mismo sector, otras milicias como las del 8 de
marzo, proclive al ELN, y los comandos urbanos 6 y 7 de noviembre, de origen
miliciano más independiente, también fueron eliminados o cooptados por las AUC
en su esfuerzo por tomar el control hegemónico criminal de la zona.

Las autodefensas, bajo sus formas iníciales, pretendían fortalecerse en territorios


que sufrieron los excesos de la guerrilla, y reclamar el derecho a la seguridad de la
propiedad privada que el Estado no lograba garantizar. Sin embargo, como ha
explicado el experto francés Daniel Pecaut en su libro Guerra contra la Sociedad,
una vez dotados de armamentos modernos y de recursos conseguidos con la
extorsión, el secuestro y el narcotráfico, estas organizaciones también se
transformaron en actores, ante todo, militares, sin necesidad de relacionarse con
una supuesta base social inicial. Ésta, a su vez, comenzó a resentir la
arbitrariedad de este nuevo actuar de unas autodefensas que hasta hace poco,
eran percibidas como el único protector contra la subversión, pero ahora estaban
autonomizándose en su operar, dejando claro que al fin de cuentas, no
representaban a nadie mas que a sus propios intereses; intereses que eran, desde
luego, criminales.

10.7 Conclusión

Así, bien que Medellín no figuró de manera explícita en el despliegue paramilitar


inicial, fue evidente no sólo la imbricación temprana entre narcos y paras en la
ciudad, sino la continuidad personal y organizacional de ella. Inicialmente, en
Medellín, la influencia directa de las ACCU y las AUC era reducida, aún cuando
los nexos con el bajo mundo eran evidentes. Por un lado, los hermanos Castaño,
Doblecero y Berna, socios principales y victoriosos en los Pepes, habían
mantenido control sobre partes del narcotráfico y del bajo mundo en el valle del
Aburrá después de la eliminación de Escobar, operando a través de la Oficina de
Envigado, su red de oficinas de cobro, y una u otra banda dura, y a través de ellas,
a la nebulosa de bandas chichipatas. Además, los enormes influjos de dinero
ilegal del tráfico de cocaína, aunque menos que antes, continuaban siendo

88
Este conflicto figura en el documental La Sierra (2005), realizado por Margarita Martínez y Scott Dalton.

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blanqueados e invertidos en la economía de la ciudad. Como consecuencia, la


plaza criminal local ya no incluía únicamente las rutas y otros eslabones del
tráfico, sino participaciones en sectores económicos locales como finca raíz, el
pagadiario,89 los mercados de extorsión, los juegos de azar, la prostitución y las
plazas de vicio, entre otras.

Lo que descubrimos ademas, es que un analisis en terminos de organizaciones


redes, estructuras, carteles, milicias, sin incluir de manera explitica tambien los
trayectos de personas concrestas que lideran dichas estructuras, el tipo de
relaciones que tejen con otros capos, es imposible visibilizar en toda su
complejidad las continuidades y rupturas en el mundo criminal de la ciudad. Mas
que un reciclaje de la violencia, lo que hay durante los 1990s y el comienzo del
siglo XXI, es un reciclaje de clanes y bandas criminales preexistentes, los cuales
no obstante multiples reestructuraciones, perduran en buena parte integrados por
personas provenientes del bajo mundo de los ochenta y noventa. Esto es
particularmente evidente en la forma bajo la cual las AUC terminen de tomar
aciento en Medellin.

Así, Medellín, en vez de participar desde la mitad de los 90 en un proceso de


pacificación como lo vivió Bogotá bajo el liderazgo ejemplar de alcaldes
carismáticos como Antanas Mockus (1995-1997; 2001-2003) y Enrique Peñalosa
(1998-2000), compartió más bien las duras experiencias de su hinterland rural, y
en concreto de zonas como Urabá, el bajo Cauca y el Magdalena Medio, donde
los enfrentamientos entre guerrilla y paramilitares mantuvieron en jaque a la
sociedad y la gobernabilidad. Además, aquellas guerras y las de Medellín eran
desde luego fuertemente imbricadas.

89
Sistema de pago “gota a gota” utilizado por aquellas personas de escasos recursos que requieren un
préstamo y no pueden acceder al sistema financiero regular. Manejado por agiotistas que llegan a cobrar un
700% anual de intereses.

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