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EL BOSQUE MARAVILLOSO.

Á N G E L A L U C Í A AN G A R I TA F O R E R O

En un bosque muy lejano había un castillo en el que vivía una


hermosa princesa que tenía miles de vestidos. Cada uno poseía un
poder mágico: el amarillo la hacía volar; el púrpura la hacía volver
chiquita; el verde la llevaba adonde quisiera; y el rojo la volvía más
bella.
Una mañana muy temprano, cuando apenas salía el sol, la princesa, muy feliz de empezar un nuevo día, se levantó, abrió
su ventana como de costumbre y observó el bosque. Le encantaba escuchar el canto de los pajaritos y el sonido del río que
pasaba por allí.
De repente, aterrizó un pajarito en su ventana. La princesa pensó:
“¿Necesitará mi ayuda?”. Tomó al pajarito en sus manos y le preguntó qué le pasaba, y el pajarito, muy preocupado, le
respondió:
—Ayúdame, me perdí y no sé cómo encontrar a mi familia.
La princesa quiso ayudarlo, pero para eso debía ponerse el vestido amarillo que la hacía volar. Se lo colocó y salió de su
castillo
junto con el pajarito a buscar a su familia. De camino se encontró a
su amigo el búho, quien los ayudó en la búsqueda. Pasaron horas y
horas y aún no los encontraban. Entonces la princesa vio a lo lejos
una familia de pajaritos muy preocupada y triste. Viendo esto, la
princesa preguntó al pajarito:
—Amigo mío, ¿esa no será tu familia?
En ese preciso momento el pajarito voló lo más rápido que
pudo hacia ese lugar, y sí, era su familia. Le dieron las gracias a la
princesa por haber ayudado al pajarito a encontrarlos, se despidieron y ella regresó al castillo.
Al día siguiente, la princesa se levantó pensando por qué las
hormigas trabajan tan duro. Les preguntó a sus sirvientes, y ellos le
respondieron que en los libros de la biblioteca se podía encontrar
cualquier cosa que quisiera averiguar. La princesa, muy emocionada, bajó las escaleras para buscarla. Cuando llegó, buscó
libros
sobre las hormigas y encontró muchísimos que tenían la respuesta,
pero ella no podía creerlo. Quiso conocer a las hormigas en persona. Subió otra vez las escaleras para llegar a su
habitación y se puso el vestido púrpura que la hacía volver chiquita para así poder
viajar por el mundo de las hormigas y conocerlas un poco más.
Salió de su castillo y partió al hormiguero que quedaba muy
cerca de allí. Se veían grandes las flores y los árboles. Cuando llegó
al hormiguero, vio hormigas caminando de allá para acá y de acá
para allá. La princesa decidió entrar. Cuando entró, se encontró a
la reina hormiga diciéndoles a las demás que ya se acercaba la época de escasez y que debían trabajar más duro. La
princesa les dijo:
—¿Puedo ayudarlas? Si trabajamos juntas, habrá suficiente comida para los días de escasez.
Y así fue. Todas trabajaron juntas y llenaron el hormiguero de
comida. Las hormigas agradecieron a la princesa y todas comieron juntas ese día. Después de eso la princesa regresó a su
castillo
para descansar.
Esa misma noche dijeron por el periódico que los árboles de la
Torre de los Huracanes se estaban acabando y los koalas, una especie muy común allá, se estaban extinguiendo porque
todos los huracanes que pasaban tumbaban los árboles. Viendo esta situación a la princesa se le ocurrió una gran idea que
iba a servir mucho.
Se acostó muy temprano para levantarse a la mañana siguiente a
primera hora y ver qué era lo que sucedía.
Al día siguiente la princesa se levantó y se puso el vestido verde
que la llevaría adonde quisiera, y dijo las palabras mágicas. En un
segundo había llegado a la Torre de los Huracanes. Cuando llegó,
había cientos de árboles en el pasto. La princesa le habló a uno de
los koalas que andaba por ahí:
—Amigo, veo que tu hábitat se está acabando, y eso no puede
pasar. Tengo una gran idea, y creo que la puedo poner en práctica,
pero necesito ayuda. Reúne a tus amigos para contárselas a ver si
les gusta.
El koala llamó a los otros y les dijo que fueran a donde la princesa que tenía una gran idea y necesitaba de su ayuda. Todos
los
koalas se reunieron. La princesa les dijo que la gran idea era que
iban a crear un árbol indestructible y a sembrar nuevos árboles
para que crecieran y no los derrumbaran tan rápido.
Así fue. Con madera, hojas, paja, piedras y palos crearon el
árbol más grande que hubiera existido. En ese momento llegó un
huracán y no lo derrumbó. La princesa estaba muy orgullosa de
lo que había hecho, y sus amigos koalas le dieron las gracias por
el gran trabajo. Los huracanes no pudieron destruir el árbol. La
princesa se fue muy feliz, el día había sido muy pesado y estaba
muy cansada. Cuando llegó a su castillo lo primero que hizo fue
acostarse y descansar.
Al día siguiente las hormigas organizaron una ceremonia sorpresa para agradecer a la princesa su ayuda. Invitaron a todos
los animales del bosque. Ella oía muchos ruidos, miró por su ventana
para ver qué estaba pasando y vio que los animales estaban con
globos, gorros y un ramo de rosas. Inquieta, se puso el vestido rojo
que la hacía más bella y salió hacia el bosque para ver qué estaba
sucediendo. Al llegar, los animales quedaron asombrados por su
belleza y, muy felices, la coronaron como reina y protectora del
bosque. Todos estuvieron de acuerdo con la coronación de la princesa y vivieron muy felices por siempre.