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bibliografía
PEDAGOGIA HISTORIA
BIB.BC

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JACQUES LE GOFF

I Hluno*. Illtilos puliliimíos:

IH | l'Yerly, En el serrallo
I1* I I iiinci, Mareo l'oln y el descubrimiento del mundo
.'0 II li lliinuiii, /fw/v, el profeta judío apocalíptico
'I | I Idi i, i iibullerin y caballería en la Hilad Media
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I i alvo, I Ii Híhiii ¡le la escritura
W 11• iiiljinli I, Ihi i y historia <h‘ ¡liza ario UNA LARGA
'I I A i i i i 'iMiiiim, Ihhi historia ilr Dios
'i I Un m Imil, A orillas delNilo
.'ii ii i IiiiliiiiI v I I’. Kngciiu, Atlas ih' los imperios
EDAD MEDIA
.' / | I V i l iiiiii I , /./ ¡iiiliriiliiii, hi m u ñ ir y el amor en la antigua Grecia
1H, ( I. S. Kiik, I.a naturaleza de los mitos griegos
¿‘I. J. I'. Vernaiu y I’. Vidal-Naquet, Mito y tragedia en la Grecia antigua, vol. I
10. J. 1’. Vernant y J’. Vidal-Naquet, Mito y tragedia en la Grecia antigua, vol. II
3 1. I. Mereu, Historia de la intolerancia en Europa
32. P. Burke, Historia social del conocimiento
33. G. Leick, Mesopotamia
34. J. Sellier, Atlas de los pueblos del Asia m eridional y oriental
35. D. C. Lindberg, Los inicios de la ciencia occidental
36. 1), I. Kertzer y M. Barbagli (comps.), Historia de la fam ilia europea, I
37. I). I. Kertzer y M. Barbagli (comps.), Historia de la fam ilia europea, II
IH, I ), 1, Kerlzer y M. Barbagli (comps.), Historia de la fam ilia europea, III
I'). I M. Bloom y S. S. Blair, Islam
■10, I I lugas!, La vida cultural en Europa entre los siglos XIX y XX
■II, |. limtlon, E l bazar del Renacimiento
■12, J. I ,c Golf, En busca de la Edad Media
43. T. Dutour, La ciudad medieval
44. 1). Buisseret, La revolución cartográfica en Europa, 1400-1800
45. E Seibt, La fundación de Europa
46. M. Restall, Los siete mitos de la conquista española
47. P. Grimal, Historia de Roma
48. J. Sellier, Atlas de los pueblos d e África
49. J. Le Goff y N. Truong, Una historia del cuerpo en la E dad Media
50. A. Kenr$, Breve historia de la filosofía occidental
51. R. Mankiewicz, Historia de las matemáticas
52. P Lévéque, E l mundo helenístico
5 3 . P. Burke, ¿Q u ées la historia cultural?
54. J. Le G off Una larga Edad Media
55. G. Chaliand, Guerras y civilizaciones
56. J. Le G off La Edad Media explicada a los jóvenes
PAID OS
Barcelona
57. K. Armstrong, La gran transformación Buenos Aires
México
Título original: Un long Moyeu Age
Publicado en francés, en 2004, por Tallandier Editions, París

Traducción de Antonio Francisco Rodríguez Esteban


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Cubierta de Joan Batallé Sumario
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P ró lo g o ...................................................................................................... 9 ta
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Primera parte ta
U na LARGA Y HERMOSA EDAD M EDIA
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1. La Edad Media de Jacques Le G o f f ............................................. 23


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2. La hermosa Edad Media existió realm ente............................... 37 ta
3. La Edad Media acaba en 1800 ..................................................... 49 ta
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bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra ta
por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografta y el tratamiento informático,
y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Segunda parte t-
Som bras y l u c e s d e l c r is t i a n i s m o m e d i e v a l
t*
© 2004 Éditions Tallandier/Histoire
© 2008 de la traducción, Antonio Francisco Rodríguez Esteban
© 2008 de todas las ediciones en castellano,

4. La cruzada. I: Jerusalén se convirtió en un sueño.
Ediciones Paidós Ibérica, S.A.,
Crónica de una gran d esg racia............................................... 67 *1
Av, Diagonal, 662-664 - 08034 Barcelona
www.paidos.com 5. La cruzada. II: Id cristianismo inventó la «guerra justa» . . . . 75
6. El cristianismo lia liberado a las m ujeres.................................... 83
ISBN: 979-84-493-1975-4 i\! *■
/. El rechazo del p la c e l........................................................................ 95 ■
Depósito legal: N A-807-2008 \i)
8. I ,a crisliam lad,,urna idea uuevar1 ................................................. 107
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VI *
8 UNA LARGA EDAD MEDIA

Tercera parte
L as c iu d a d e s , l o s h e r m a n o s , e l r e y

*), I,as órdenes mendicantes ............................................................ 121


lil I ,r mrniiíU'ión tic san Luis ......................................................... 131
II I .1 villa privada de san Luis ....................................................... 141 Prólogo
I 1 Relíalo del ley ideal ....................................................................... 149
IL Miii)ji alia e individuo: «¿ IÁxistió san Luis?» ............................ 163

( luarta parte
I T IMAGINARIO

14. Ll misterio del arte revelado: la sangre de Cristo y el


fruto de la v iñ a .................................................................................. 187
'15. ¿Reía Jesús? ....................................................................................... 193
16. La India maravillosa: «la antecámara del p a ra íso » .................. 199 La presente selección de textos es un conjunto de artículos publica
dos en la excelente revista L’Histoire entre 1980 y 2004; la revista inicio
su andadura en 1978.
Cronología ................................................................................................ 207 Este conjunto refleja el resultado de las principales investigaciones
y reflexiones que he realizado en este período respecto al principal
campo en el que he ejercido mi oficio de historiador: la Edad Media oc­
cidental. Estos artículos se escribieron al margen de las obras que he
publicado en este período y que constituyen las referencias a las que re­
miten.
No obstante, estos textos también son resúmenes o profundizacio-
nes de esas obras y he aceptado la proposición de Tallandíer Editions de
publicar la selección, puesto que representa el comentario y la prolon­
gación de aquellos libros. Arrojan luz sobre ellos y por esa razón espero
que no sean inútiles. Algunos textos también muestran la evolución de
mi reflexión en la elaboración de aquellas obras. Son explicaciones so­
bre su génesis.
La historia es, en efecto, una disciplina en perpetuo devenir, y estos
textos muestran el trabajo de un historiador que debe retomar sin cesar
los documentos en los que se apoya — lo que se conoce como fuentes—
e incesantemente confrontar la iluminación del pasado con la reflexión
sobre un presente en constante evolución.
En primer lugar quiero saludar al gran inspirador de mi trabajo co­
mo historiador, Marc Bloch (1886-1944), que insistió en la necesidad de
10 UNA LARCA I-DAD MEDIA PROLOGO 11

un constante vaivén del presente al pasado y del pasado al presente pa­ I ,a Edad Media avanzó en el dominio del tiempo mediante el esta­
ra comprender el desarrollo de la historia de los hombres en sociedad. blecimiento de nuevos calendarios basados en la semana, el ritmo de un
La historia es la ciencia de los hombres en el tiempo. El tiempo, el día He descanso y seis de trabajo (la Antigüedad, salvo los judíos, tenía
tiempo vivido, pensado, estructurado, imaginado por las sociedades hu­ calendarios basados en diez días) y numerosas fiestas de descanso (con­
manistas es, pues, uno de los objetos privilegiados de la exploración de secuencias «sociales» de la liturgia cristiana y del culto a los santos). La
los historiadores. medición del tiempo se difundió gracias a las campanas a partir del siglo
Este interés se manifiesta a partir de dos enfoques interrelacionados vil, y a finales del siglo XIII apareció un invento decisivo, el reloj mecá­
pero diferentes. nico, que se extendió por toda Europa en el siglo XIV. Su funcionamien­
El primero consiste en indagar qué concepciones del tiempo, qué to distó mucho de ser perfecto en ese período, pero estableció una he­
prácticas relativas al tiempo pergeña una sociedad.1 La Edad Media fue rramienta esencial de medición del tiempo en el mundo medieval: la
muy innovadora en materia de gestión del tiempo. Partió de la conside­ hora regular y el concepto de día dividido en veinticuatro horas iguales.
ración de un tiempo doble: un tiempo circular, el tiempo natural que se El reloj mecánico también favoreció una cierta laicización del tiempo.2
despliega según un ciclo anual y se descompone en meses, días (y no­ Estos esfuerzos por dominar el tiempo natural señalan cuál ha sido
ches), y un tiempo lineal, el de la historia. el principal progreso que el hombre medieval3 logró frente a la natura­
La actitud medieval a propósito del tiempo natural pone de relieve leza: la desacralizó. Tras haberle restado importancia ante la omnipo­
las relaciones entre el hombre y la naturaleza en la Edad Media. Duran­ tencia divina, en el siglo XII estableció un equilibrio entre Dios y la na­
te mucho tiempo se ha insistido en el hecho innegable y relevante de que turaleza, y así permitió el desarrollo de la ciencia, que será una de las
el hombre medieval estaba poderosamente sometido a la naturaleza y se características y fuerzas de Occidente.
mostraba francamente impotente frente a ella. Sin embargo, no se ha te­ El segundo enfoque que se impone a los historiadores en relación con
nido bastante en cuenta el progreso y los éxitos del hombre medieval an­ el tiempo es la elaboración de conceptos y métodos que les permitan un
te la naturaleza. La prehistoria y la Antigüedad empezaron a dominar el mejor dominio del tiempo de la historia.4 Creo que la más importante de
agua mediante las prácticas de irrigación. La Edad Media fue más lejos estas tentativas es la que divide el tiempo histórico en períodos.5
domesticando el agua de los ríos gracias a la primera «máquina» de O c­ El período se basa en la idea de que, durante una determinada ex­
cidente, el molino, y en los siglos XII y X III, en ciertas regiones litorales, tensión de tiempo, una sociedad, una civilización, un Estado o una
en especial en Flandes y Holanda, le ganó al mar la tierra de los pólder. economía presentan una coherencia, una serie de características que
Del mismo modo, dominó progresivamente el mar recurriendo a dos conforman una estructura que, al cabo de cierto tiempo, acaba por des­
novedades (que indudablemente no inventó pero que utilizó con efica­ hacerse y se sustituye por otra, según una mutación más o menos dilata­
cia; a menudo da la impresión de que los roles se reparten: Oriente in­ da o un cambio brusco que conocemos como «revolución». La noción
venta, Occidente hace fructificar el invento) que permitieron pasar de la de período — siempre que admitamos su carácter artificial, que provie­
circunnavegación de las costas y el abandono invernal de la navegación ne de los cambios de actitud de las sociedades humanas frente al pasa-
a la navegación en alta mar en todas las estaciones: el timón de codaste,
que sustituyó al timón lateral, en el eje del navio, proporcionando una 2. J. Le Goff, «Au Moyen Age: temps de l’Église et temps du marchand», en A m a ­
les ESC, 1960, reeditado en Pourun autre Moyen Age, París, Gallimard, 1977, págs. 46-65.
mejor dirección, y la brújula, que permitió regular la navegación me­
3. Me extendí en esta concepción del hombre medieval en J . Le Goff (comp.),
diante los astros. Hay que añadir la elaboración de mapas costeros (por­ L’H om m e médiéval, París, Seuíl, 1981 (trad. cast.: E l hombre medieval, Madrid, Alianza,
tulanos) y, más tarde, a partir del siglo XIV, de mapas marítimos. 1999).
4. Jean Leduc, Les Historiens et le temps. Conceptions, problématiques, écritures, P a­
rís, Seuü, 1999.
1. J. L e Goff, «Temps», en J. Le Goff y J.-Cl. Schmitt, Diclionnnirc raiuniné iIr l ’( V 5. Para una posición matizada del concepto de «periodización», véase Krzystof Po-
rídent médiéval, París, Fayard, 1999, págs. 1.113-1.122 (trad. cusí.. Dimanaría razonado mian, «Périodisation», en J. Le G off (com p.), La Nouvelle Histoire, París, Retz, 1978,
del Occidente medieval, Madrid, Akal, 2003). págs. 455-457 (trad. cast.: La nueva historia, Bilbao, Mensajero, 1988).
kumumvumuuuuuumi 12 UNA LARGA EDAD MEDIA PRÓLOGO 13

do, especialmente de los historiadores— tiene la ventaja de subrayar las nombre, procedente del siglo XV, indicaba) entre la Antigüedad y los
interacciones entre los diferentes aspectos de una sociedad en el tiempo tiempos modernos en los programas escolares y universitarios. En gene­
y de escrutar el proceso fundamental de la historia de las sociedades hu­ ral se la hacía comenzar con la caída institucional del Imperio romano
manas: una dialéctica entre la tendencia de estas sociedades a la estabili­ de Occidente en 476 y acabar con la conquista de Constantinopla por
dad y las fuerzas internas y externas que las hacen cambiar inevitable- los turcos en 1453 o el descubrimiento (inconsciente) de América por
mente. No existe una historia inmóvil ni una sociedad sin historia. Cristóbal Colón en 1492.
Todo se somete al ritmo de las mutaciones. Marc Bloch describió el Un período no sólo es objeto de una atribución cronológica (el siglo
licmpo histórico como un hojaldre de tiempos superpuestos, más o apareció a finales del XVI y se estabilizó en el XIX) sino también una ima­
menos sincrónicos. I.n un célebre artículo de 1958,6 Fernand Braudel gen extraída de la ideología y del imaginario.
propuso una concepción revolucionaria frente a una periodización do­ Hasta el final del siglo XVIII, la imagen dominante de la Edad Media,
minada poi los «aconlccimientos». La larga duración — que no es un elaborada e impuesta por los humanistas y más tarde por los filósofos de
licmpo muy amplio sino un ritmo temporal muy lento— es el tiempo del las Luces, fue la de una época bárbara y oscurantista, dominada por se­
cambio muy lento de las profundidades de las sociedades históricas, tan­ ñores incultos y depredadores y por una Iglesia opresiva que desprecia­
to en su evolución económica como en su evolución mental, siendo, en ba el verdadero saber. Era una edad de las tinieblas, definida en inglés
general, las mentalidades más conservadoras y resistentes al cambio, si como Dark Ages, «tiempos oscuros». Una edad bárbara, como señala
bien existen mentalidades innovadoras. bien la palabra gótico, que caracteriza su arte.
La periodización es una racionalización. Ofrece una serie de ventajas Chateaubriand y el romanticismo transformaron la Edad Media cu
como son permitir un enfoque «científico» del conocimiento del pasado un período de fe, exuberancia y plenitud. La catedral (que iluminó Víc­
y especialmente del pasado en relación con el presente, porque el perío­ tor Hugo) eclipsó al castillo del Loira y a Versalles. Tras hacer de la Edad
do se instala en una cadena temporal. Pero también presenta riesgos, en Media la matriz de la modernidad, Michelet la relegó a las tinieblas en be­
concreto los de la simplificación y homogeneización de la realidad histó­ neficio del Renacimiento y Lutero.8 Al final de siglo XIX, la Edad Media
rica. Las sociedades humanas son objetos (y sujetos) complejos, y su evo­ se iluminó, pero la modernidad y la luz empezaban realmente con el Re­
lución también es compleja. La periodización sólo es una buena herra­ nacimiento, cuando el suizo Jacob Burckhardt lo consagró en La Civili-
mienta para el historiador si su método científico es el de una ciencia que sation de la Renaissance en Italie (1860, traducción francesa de 1885).
carezca de la rigidez de las ciencias naturales, que se han erigido en mo­ En la década de 1930, quedé deslumbrado por el encanto de la Edad
delo omnímodo de toda ciencia. El éxito de las ciencias humanas y socia­ Media merced a la lectura de Walter Scott (y en concreto Ivanhoe, pu­
les en el siglo X X no impide que este modelo siga siendo dominante. blicado en 1819) y por las enseñanzas de mi profesor de 8o, Henri Mi-
Hablar de un período obliga a definir, distinguir, matizar. La Edad chel, un socialista que se convirtió en el gran especialista de la Segunda
Media no escapa — lejos de ello— a estas exigencias y esta complejidad.67 Guerra Mundial.
Cuando empecé a interesarme por la Edad Media, ésta era una épo­ En la Sorbona, al final de la década de 1940, me resistía a la imagen
ca lentamente individualizada y definida entre el humanismo de los si­ gris y molesta de una Edad Media dominada por una concepción esen­
glos XIV y XVI y las Luces del siglo XVIII, y que en el siglo X IX — el siglo cialmente jurídica del feudalismo y por campesinos que, en palabras de
de la historia— fue considerada un período intermedio (como su propio Lucien Febvre, «sólo trabajaban en los cartularios»."' Por último, a par-

6. Fernand Braudel, «Histoire et Sciences sociales. La longue durce», en Anuales 8. J. Le Goff, «Les Moyen Age de Michelet», en Michelet, Oeuvres completes, éd. P.
ESC, 1958, reeditado en Ecrits sur l :histoire, 1989, págs. 15-38 (tracl. casi.: Escritos sobre Viallaneix, Histoire de Trance, 1.1, París, 1974, págs. 45-63, reeditado en Pour un autre
la historia, Barcelona, Altaya, 1997). Moyen Age, págs. 1-45.
7. Me interesaron sobremanera las ideas de Edgar Morin sobre la complejidad en su * Manuscritos en los que se copiaban las escrituras originales de los archivos de la
obra LaM éthode, 6 vol., París, Seuil, 1977,2004 (trad. casi.: El Metíalo, Madrid, ( '.liledra, corona, iglesias, monasterios, localidades o personas privadas, con la intención de con­
1981-2003). servar sus privilegios si el original se perdía. (N. del t.)
14 UNA LAUCA RUAD MEDIA PRÓLOGO 15

tir de 1950, Maurice Lombard, la lectura de la literatura medieval, la vi­ Por lo tanto, en el seno de la larga Edad Media hay una «hermosa»
sión de su arte y el discernimiento de la antropología histórica me abrie­ Edad Media. Corresponde al gran desarrollo de Occidente entre los si­
ron el camino a la Edad Media que yo perseguía. glos XI y XIV y, más concretamente, al subperíodo 1150-1250, que sim­
Si bien entendí, en el trabajo de los historiadores que me habían pre­ boliza el tiempo de las grandes catedrales góticas.
cedido, que la Edad Media emergió de la Antigüedad en los siglos IV-V, A esa larga y hermosa Edad Media, que cada vez convence a más his­
no creía que finalizara en el siglo XV y se extinguiera completamente en el toriadores y amantes de la historia, está dedicada la primera parte de es­
XVI. La misma dependencia de una economía rural a merced de las ham­ ta selección de artículos.
brunas, la misma tosquedad de las máquinas, idéntica vida urbana en la La segunda parte ilustra mi concepción de una-Edad Media dividi­
que la burguesía no lograba hacerse con el poder, la misma presencia da entre las sombras y las luces. He querido mostrar la parte de luz en el
fuerte de la Iglesia, idéntica mentalidad «feudal» y el impacto siempre ro­ campo en el que la Edad Media siempre aparece como oscura: la condi­
tundo de la creencia en el milagro, los mismos ritos monárquicos prolon­ ción de la mujer. Si Georges Duby pudo hablar de una «Edad Media
gan la Edad Media. Así pues, creo en una dilatada Edad Media porque masculina», si a menudo la mujer permanece subordinada al hombre
no veo la ruptura del Renacimiento. La Edad Media conoció muchos re­ (aunque hubo reinas, abadesas y santas prodigiosas), la Edad Media
nacimientos: el carolingio en el siglo IX y especialmente el del siglo XII y aportó tal promoción del sexo femenino (la más impresionante consis­
el de los siglos XV-XVI se inscriben en este modelo. Indudablemente, el tió en elevar a la Virgen María a un rango casi divino) que afirmo que «el
nacimiento de la ciencia moderna en el siglo XVII (pero el asunto de Ga- cristianismo liberó a las mujeres». La institución sacramental del matri
lileo en 1633 pertenece a la Edad Media) y los esfuerzos de los filósofos monio descansa en la igualdad y el doble consentimiento del hombre y
de las Luces en el siglo XVIII anuncian una nueva era, pero habrá que es­ de la mujer. Tomás de Aquino explicó que si Dios creó a la mujer de la
perar al fin del siglo XVIII para que se produzca la ruptura: la Revolución parte media del cuerpo del hombre era para mostrar que no era ni su­
industrial en Inglaterra y luego la Revolución francesa en el terreno polí­ perior (la habría creado a partir de la cabeza) ni inferior (la habría crea­
tico, social y mental sellan el fin del período medieval. La Edad Media se do a partir de los pies) sino igual. Si la posición de la mujer en el amor
sitúa entre una lenta mutación, que desde hace un tiempo se denomina cortés es equívoca, la idealización de la dama en los medios aristocráti­
juiciosamente «Antigüedad tardía» en lugar de Alta Edad Media (que cos también es un signo.
comienza más tarde, hacia los siglos VII-VIIl), y una revolución al final del En el capítulo de las sombras, no he querido citar lo que es de sobra
siglo XVIII, aunque, como la historia conserva siempre una cierta conti­ bien conocido: la violencia (pero ¿acaso nuestra época puede lanzar la
nuidad, pervivan trazas de la Edad Media durante el siglo XIX. primera piedra al tiempo de los guerreros?), la Inquisición y la tortura
Esta larga Edad Media no es ni oscura, como pretendían los humanis­ (pero aquí, la guerra de Argelia, que nos pilla de cerca, ¿no ha sido «me­
tas y los hombres de la Ilustración, ni dorada, como imaginaban los ro­ dieval», y el universo de la censura y la tortura no está terriblemente ex­
mánticos y los católicos decimonónicos. Como todo período histórico, tendido en nuestro mundo? El progreso, ciertamente limitado, consiste
está tejido de luz y de sombra; sin embargo, como reacción contra el des­ en la existencia y la acción de Amnistía Internacional). No he recordado
precio respecto a los Dark Ages, he insistido en el aspecto de luz y crea­ que la tolerancia y la libertad (la palabra y el acto: libertad quiere decir
tividad de la Edad Media, que fue grande y presagió el futuro. ( lomo ad­ privilegio en la Edad Media) no han existido en esa época, pero nunca
vertimos en el presente, la Europa en construcción procede de la Edad he negado que afortunadamente ha habido progresos después, en el
Media, de sus ideales iluminados y sus proyectos de futuro. El arte gótico, mundo entero y en concreto en Occidente. Tampoco he mencionado la
que se ha considerado «bárbaro», es un arte de la luz. I /a escolástica, que
se ha juzgado oscurantista, es una combinación providencial de razón y le.9*
acaba de publicar un libro notable, Fiat Lux. Lum iére et luminaires dans la vie religieuse
du X lle au X V le siécle (París, Cerf, 20041. Recuerda el resplandor de la palabra de Cristo en
9. Una magnífica obra colectiva, recientemente publicada bnjo la dirección ilc Jac el Evangelio según san Juan: «Yo soy la luz del mundo», y la importancia de los signos y
ques Dalarun, ilustra L e Moyen Age en lumiére, París, Payan!, 2001, y ( .alltci iiu- Vincenl símbolos luminosos en la Edad Media: antorcha, vela, cirio, candil, vidriera.
16 (JNA LARGA EDAD MEDIA PRÓLOGO 17

persecución de los judíos, pero ¿acaso el antisemitismo racista no es más principio el Corán hizo ele la yihad , en sus diversas formas, uno de los
bien un agravamiento de estos comportamientos? La Shoah no es un deberes de los musulmanes, el cristiano se une a esta visión cuatro si­
acontecimiento medieval sino del siglo XX. glos más tarde. Creo que desde hace un tiempo los historiadores occi­
I‘intre las sombras menciono una actitud que en general no se pone dentales de las cruzadas son cada vez más sensibles a la violencia de los
de relieve: la negación del placer y un acontecimiento que durante mu- cruzados.*12 La consecuencia más nefasta de las cruzadas medievales me
i lio lieinpo ( )ccidentc ha glorificado en lugar de condenar: la cruzada. parece la persistencia de la idea de cruzada en la mentalidad occidental13
I '.n general se estigmatiza (este comportamiento tiene pocos defen- y la justificación tardía que en la actualidad ofrece al belicismo y terro­
sotes) el ascetismo medieval. Se ve en él un desprecio del cuerpo. Pero rismo en ciertos ambientes musulmanes.
las |H.11 tii as ascéticas me parecen un caso especial dentro de una con- Sin embargo, hay que reconocer el esfuerzo del cristianismo medie­
11 |o ion 1 1 isliana pervertida, más amplia y profunda, que para nosotros val por definir y practicar las guerras justas. En nuestro mundo conti­
aun :.igue siendo una herencia en mi opinión nefasta: la negación del pla- nuamente asolado por la guerra, este esfuerzo de domesticación de la
i er, ( Ibviamenle tío predico un hedonismo desenfrenado, pero la repre­ misma es una de las herencias positivas de la Edad Media.
sión del placer ligada a la valoración del sufrimiento me parece una de En este dilatado período, la hermosa Edad Media central, en concre­
las herencias más negativas del cristianismo medieval. El psicoanálisis ha to el siglo XIII, es la etapa que más ha suscitado mi interés. Los artículos
encontrado ahí una de sus fuentes, mientras que nuestra humanidad aún de la tercera parte de la presente selección se dedican a este tema.
porta el estigma patológico de esta perversión. Afortunadamente, hubo En ella he privilegiado tres fuerzas de innovación y progreso. 1,a pri
un humanismo medieval más positivo que se apoyó no en una extensión mera son las ciudades. El gran desarrollo urbano después del siglo xi
perversa del culto al Cristo de la Pasión, sino en la concepción del hom­ creó riqueza, nacida del artesanado, instituciones escolares, sociales, re
bre creado «a imagen de Dios» que se afirma en el siglo XII. 10 lígiosas y políticas que forjaron relaciones más equilibradas que las del
Lin cuanto a las cruzadas, también me esforcé en situarlas entre las feudalismo propiamente dicho entre hombres y mujeres y entre las cate­
sombras y las luces, aunque a largo plazo me parece (muchos aconteci­ gorías sociales, aun cuando no hicieron desaparecer las desigualdades e
mientos sobreviven largo tiempo y están sujetos a resurgimientos más o injusticias, en especial las que afectaban a los pobres. Y por último, una
menos poderosos y fieles) una de las manifestaciones más negativas de cultura, la de la plaza pública.
( kcidente. Sin duda, pasiones fundamentalmente religiosas — en espe­ Los arquitectos de esta civilización urbana fueron las órdenes men­
cial el mito de Jerusalén— explican la génesis de la cruzada en el siglo XI, dicantes, en concreto los predicadores y los hermanos menores, creados
así como la codicia de los cruzados en busca de tierras, poder y botín, y a finales del siglo XIII por dos figuras excepcionales, santo Domingo y
los objetivos políticos del papado. Sin embargo, la cruzada marca la cul­ san Francisco de Asís. Los mendicantes civilizaron (aunque a menudo lo
minación perversa de la inversión de la actitud de los cristianos hacia la hicieran sojuzgándola) la nueva sociedad.
guerra. Profundamente pacifistas según los preceptos del Evangelio, po­ La segunda de estas fuerzas fue la monarquía. La he estudiado espe­
co a poco la aceptan y, con las cruzadas, la sacralizan.11 Así, si desde el cialmente a partir de su modelo encarnado, el rey de Francia Luis IX ,
san Luis.14 Lo que me interesó en este estudio fue la personalidad del

10. H ace poco Nicolás Truong y yo lo esbozábamos en un ensayo sobre ( Jne histoi-
re du corps au Mayen Age (París, Liana Levi, 2003 [trac!, casi.: Una historia del cuerpo en me et l'Jslam , París, Seuil, 2002 (trac!, cast.: Guerra santa, Jihad, cruzada: violencia y reli­
la Edad Media, Barcelona, Paidós, 2005]), donde tratamos de mostrar la ambivalencia de gión en el cristianismo y el Islam, Granada, Universidad de Granada, 2004); La Guerre
la actitud de la Edad Media respecto al cuerpo humano. Junto a una concepción de des­ sainte. La form ation de l ’idce de croisade dans l ’Occidenl chrétien, París, Aubier, 2001
precio del cuerpo existió una actitud de respeto y aun de glorificación del cuerpo, visible (trad. cast.: Guerra santa: la form ación de la idea de cruzada en el Occidente cristiano , M a­
sobre todo en los ritos funerarios. Incluso en la Edad Media, el cristianismo enseña el drid, Trotta, 2003).
dogma de la resurrección del cuerpo, y si el cuerpo de los condonados se entrega a las un­ 12. Guy Lobrichon, 1099, Jérusdlem conquise, París, Cerf, 1998.
turas del infierno, el de los elegidos conocerá los gozos del paraíso. 13. Alphonse Dupront, L e Mythe de croisade, 4 vols., París, Gallimard, 1997.
11. Jean Flori, Guerre sainte, Jihad, Croisade. Vióleme et religión ¡Loo le chrislitiiiis 14. J. Le Goff, Saint Louis, París, Gallimard, 1996,
18 UNA I.AKGA EDAD MEDIA PRÓLOGO 19

rey, Héroe de la sociedad medieval,15 la importancia de los gestos y ritos dad científica y estimuló la imaginación; y como Oriente, el Oriente real
en la institución real (en especial en el linaje del Marc Bloch de los reyes pero sobre lodo el ( Mente soñado, fue para los hombres y mujeres de la
taumaturgos, la coronación del rey) y la emergencia del individuo. Para lidnd Media, con la Biblia, la principal fuente de prodigios, explorar las
realizar esta tarea me dediqué a una «deconstrucción» de los documen­ maravillas medievales es comprender cómo esa época se formó, en sus
tos que constituyen las fuentes para la historia de san Luis. La biografía relaciones con Oriente, una imagen de Occidente.19
sólo me pareció una forma significativa en la medida en que el persona­
je era un «objeto (o sujeto) global», que concentra en él un fragmento de J acq ues L e G o ff
la historia en su conjunto. En este sentido, considero mi Saint Louis co­
mo una «antibiografía».
El cuarto y último conjunto de artículos de esta selección remite a un
aspecto de la historia que he indagado especialmente a partir de la dé­
cada de 1970: el dominio del imaginario.16 Encontraremos tres ejemplos.
El primero ilustra el recurso constante al símbolo por parte de los
hombres y mujeres de la Edad Media. Dios ha creado un mundo simbó­
lico cuyos modelos están en el cielo, en lo sobrenatural. La mediación
del cuerpo (aquí, la sangre) es especialmente importante.17
El segundo texto se inscribe en mi interés por la actitud de la Edad
Media respecto a las manifestaciones que definen al hombre a través del
cuerpo. H e indagado especialmente el lugar que ocupa la risa en el hu­
manismo medieval. La Edad Media, que desterró la risa de los monaste­
rios, ¿rechazó la concepción de Aristóteles, uno de los grandes maestros
del pensamiento precristiano, cuando afirmaba «La risa es propia del
hombre»?
Por último, desde hace mucho tiempo vivo fascinado por la atrac­
ción de la Edad Media hacia los fenómenos extraños, poco habituales,
lo que la Antigüedad latina conocía como mirabilia y para los cuales
creó, entre lo milagroso y lo mágico, la categoría de lo maravilloso,18 que
desempeñó un papel fundamental en la Edad Media. Aguzó la curiosi­

15. J. L e Goff, Héros du Moyen A ge: le Saint et le roi, París, Gallimard, Quarto,
2004. Véase J . Le Goff, «Roi», en J . Le G off y J.-C l. Schmitt, Oictionnaire raisonné de
l'Occident médiéval, págs. 985-1.004.
16. J. Le Goff, LUmaginaire médiéval, París, Gallimard, 1977. Véase Évclync Paila
gean, «L’histoire de l’imaginaíre», en J. Le Goff (comp.), La Nouvelle liistoire, París,
Retz, 1978, y Bruselas, Complexe, 1988, págs. 307-334,
17. Véanse Michel Pastoureau, «Symbole», en J. Le Goff y J.-Cl. Schmitt, Diction-
naire raisonné de l’Occident médiéval, págs. 1.097-1.113, y M. Pastoureau, Ihic hisloirc
symbolique du Moyen A ge occidental, París, Seuil, 2004.
18. J. L e Goff, «Merveilleux», en J. Le Goff y J.-Cl. Schmitt, Dictionnaire raisonné
de l'Occident médiéval, págs. 704-724. Christine Ferlampin-Acher, Mcmcillcs ct topique 19. Catherine Gaullier-Bougassas, La Tentation de l’Orient dans le román médiéval.
meweilleuse dans les romans médiévaux, París, Honoré Champion, 2003. Sur l’imaginaire médiéval de l’Autre, París, Honoré Champion, 2003.
uuuuuuuummuM
P r im e r a pa rte

Una larga y hermosa


Edad Medía
L

Capitulo 1

La Edad Media de Jacques Le Goff1

L ’H lSTO IRE: Usted ha contribuido al conocimiento, a una perecí>


ción diferente, sobre todo en lo que respecta a lo que pudo haber sido la
vida de los hombres de la Edad Media, sus creencias, sus costumbres,
sus representaciones del Más Allá e incluso sus sueños... Una empre­
sa inmensa, si tenemos en cuenta que, en los manuales, la Edad Media
abarca desde el siglo V al siglo XV, es decir, unos diez siglos de historia
europea. Pero, precisamente, ¿le satisface esta definición clásica? ¿Qué
es para usted la Edad Media?
JACQUES L e G o f f : Ante todo, un período al que los humanistas atri­
buyeron ese nombre a partir del siglo XIV; Petrarca fue probablemente
el primero que utilizó esa expresión, que ha sobrevivido hasta nuestros
días, «médium tempus» o «media témpora». Se trataba de definir algo
que había tocado a su fin.
Los hombres pertenecientes a lo que conocemos como Renacimien­
to tenían la impresión de que la Edad Media era un oscuro período in­
termedio entre la Antigüedad y su presente, donde reaparecía1el culto a
las letras y el arte. Edad Media: en su espíritu era una expresión despec­
tiva.
Esta «devaluación» de la Edad Media se reforzó en el siglo XVIII; los
ilustrados añadieron a sus quejas contra este período el hecho de que en
él reinaba el oscurantismo religioso e intelectual. El más virulento es

1. Este artículo fue publicado en LHistoire, n° 236, octubre de 1999, págs. 80-86.
24 UNA 1 Aid,A V I HUMOSA I DAD MEDIA LA EDAD MEDIA DE JACQ UES LE G O F F 25

Voltaire: «Europa entera se pinino en ese envilecimiento hasta el siglo Edad Media, que se extendería desde la descomposición del Imperio ro­
XVI». Y también: «Es el último grado de una barbarie brutal y absurda mano y del mundo antiguo, en el siglo V, hasta el triunfo del humanismo,
para mantener, mediante delatores y verdugos, la religión de un dios que a finales del siglo XV: ¡un monstruo cronológico!
los verdugos hicieron morir».
Concluye Voltaire: «La comparación de estos siglos con el nuestro L ’HlSTOlRE: ¿ E s un p e río d o e x ce siv a m e n te larg o ?
(pese a ciertas perversidades y desgracias que en él podamos encontrar) JACQUES L e GOFF: Muy largo o no lo bastante. El Renacimiento no
ha de hacernos sentir nuestra fortuna». El dramaturgo alemán Lessing supone la ruptura absoluta, decisiva, que quiso ser: existe una larga
marca un hito: «¡Q ue se haga la noche de la Edad Media! ¡Pero noche Edad Media que se extendió hasta el fin del siglo XVIII. ¡ Se puede decir
resplandeciente de estrellas!».2 que este período concluyó con la Revolución francesa y la Revolución
No obstante, habrá que esperar al romanticismo para que la Edad industrial!
Media sea rehabilitada. Con exceso, por otra parte. Chateaubriand, en
el Genio del cristianismo, convierte las tinieblas góticas en misterios sa­ L ’HlSTOlRE: Volvamos por un momento a los «comentaristas» de la
grados: «Todo vuelve a trazar los laberintos de las leyes en la iglesia gó­ Edad Media. Usted ha citado a Voltaire. ¿La filosofía ilustrada ha sido la
tica, propiciando el horror religioso, los misterios de la divinidad». más profunda y radicalmente antimedieval?
Pero el gran cambio de actitud lo impuso Victor Hugo, que ya en las JACQUES L e G O FF: E s muy antimedieval; en este sentido, es la que
Orientales definió la Edad Media como «mar de poesía». Con Notre- ha ido más lejos. Siempre me ha sorprendido un prefacio de Leibniz,
Dame, el París de 1830, sin embargo «tan admirable», es eclipsado por escrito a principio del XVIII, para la edición de una enciclopedia que
el «perfil gótico» del París del siglo XV. La fascinación culmina a propó­ data de los albores del siglo XIII. Leibniz, bibliotecario del duque de
sito de la catedral, «especie de creación humana [...] poderosa y fecun­ Brunschwig, encontró este manuscrito en Wolfenbiiltel, dedicado al
da como la creación divina, de la que parece haber usurpado el doble ca­ emperador Otón IV, derrotado en Bouvines. Para presentar el texto, es­
rácter: variedad, eternidad». cribe: «Se preguntarán por qué edito este manuscrito, que es una autén­
Balzac también se sintió atraído por el encanto medieval. En Splen- tica mierda».
dcurs et misares des courtisanes, Luden de Rubempré, recluido en la
( '.onciergerie y a punto de suicidarse, se conmueve ante la belleza del pa­ L ’HlSTOlRE: ¿ L o dijo en latín ?
lacio medieval donde se encuentra: «Lucien contempló el palacio en to­ JACQUES L e G O FF: En latín, sí, emplea la palabra stercus, estiércol.
da su belleza primitiva. [ ...] La residencia de san Luis se le aparecía tal Esto señala hasta qué punto de grosería cayó el denominado siglo de las
como fue, y admiraba las proporciones babilónicas y las fuentes orienta­ Luces; el texto en cuestión, de Gervais de Tilbury, es sorprendente y
les. Aceptó esta visión sublime como un poético adiós de la creación ci­ muy moderno, ya que nos explica, en el siglo XIII, que no hay que consi­
vilizada». Así, el día antes de suicidarse, gozó de este «paseo en la Edad derar lo que se conoce como «maravillas» ( en su mayoría excepciones,
Media». particularidades, prodigios geográficos) como cosas sobrenaturales y
milagrosas.3
L ’HlSTOIRE: A sí p u e s , se p asó de co n sid e ra rla una ed ad d e las tin ie­ Gervais de Tilbury nos dice que lo extraño, y aun lo excepcional, no
b las a u n a v e rd a d e ra e d a d d e o r o . .. se encuentra menos sometido al orden de la razón, que es explicable: su
JACQUES L e GOFF: S í , también es algo extravagante. ( freo que lo que texto revela un pensamiento verdaderamente científico, un esfuerzo por
tratamos de aprehender como la verdadera Edad Media es, a un tiempo, desacralizar la percepción de la naturaleza. En este sentido es, por otra
una edad de tinieblas y una edad de oro. Añadamos - para acabar con parte, un precursor de Leibniz; ¿acaso por ello éste se ensaña con él?
el siglo XIX — que lo que hemos heredado de él es la delimitación de la
3. Sobre Gervais de Tilbury, véase Annie Duchesne, «Les merveilles du royanme
2. Citas extraídas de Christian Amalvi, Le Claiit iln Muyen l’utís, l’lon, 1996, d’Arles», L’Histoire, n° 169, págs. 86-93.
26 UNA LARCA Y HERMOSA EDAD MEDIA LA EDAD MEDIA DE JAC QU ES LE G O F F 27

L ’HlSTOlRE: En la actualidad numerosos medievalistas hablan, y es­ i lernii a p an ir de siglo XIII; por último, incluso en la guerra justa Agus-
to nos recuerda a Gervais de Tilbury, de un esfuerzo realizado a partir lín re c o m e n d a b a mostrar misericordia con el enemigo.
de la Edad Media para liberar a la filosofía del peso de la teología, de las
«Luces» del siglo X II. .. En el decurso de la dilatada Edad Media, ¿hubo I ,’l llST< >IUE: Era un ideal.
períodos más breves, marcados por la decadencia o el «renacimiento»? J acq ues L e G o f f : Sí, y era ya algo muy positivo haber definido un
J a c q u e s L e G o f f : Ante todo, puede decirse que hubo un renaci­ ideal y asumir la tarea de alcanzarlo. La Iglesia tenía que transmitirlo y
miento carolingio. Este renacimiento político que desembocó en la re­ no siempre lo consiguió, pero en su conjunto se esforzó en cumplir esa
surrección de un imperio en Occidente (con Carlomagno en 800) se ba­ misión.
só en la fuerza militar y la capacidad cultural. La reforma de la escritura Por otra parte, todo esto reforzó el poder supremo de la Iglesia, es
(con la introducción de la minúscula Carolina), la revisión de la Biblia y decir, el papado: el papado que desencadenó, pero también reguló, las
la enseñanza de la gramática fueron los puntos fuertes de esa renovación cruzadas y que, en la larga guerra, de más de cien años, que enfrentó a
cultural que en parte sobrevivió a la descomposición política del siglo X. Francia e Inglaterra entre el siglo XII y el XV, trató de establecer treguas
Fue asegurada por los hombres cultos procedentes de todos los países duraderas y respetadas entre los beligerantes a falta de alcanzar la paz.
cristianos (irlandeses, anglosajones, españoles, italianos, y más tarde fran­ Le recuerdo que en el siglo XII los reyes ingleses, normandos y más
cos y sajones). tarde }os Plantagenet, quisieron reunir, bajo la corona inglesa, el con­
A continuación tuvo lugar, en efecto, el renacimiento del siglo XII, junto de países de los que eran señores a ambos lados de la Mancha. El
consagrado por un libro que se convirtió en un hito, The Renaissance o f propósito francés de anexionar soberanamente a la corona francesa las
the 12th Century, del medievalista norteamericano Charles Homer Has- posesiones inglesas en el continente se opuso a la empresa inglesa. El
kins.4 Su tesis ha sido confirmada por la mayoría de los estudios ulterio­ choque de ambas voluntades no tuvo otra salida que la guerra, en el
res sobre ese mismo período. El siglo XII experimentó un renacimiento transcurso de la que germinó en ambos bandos un sentimiento prena­
intelectual y también un movimiento de renovación social, ideológica, cional. La diferencia en las costumbres sucesorias (los franceses excluían
fundado en un gran desarrollo económico. Estoy de acuerdo en eso. Es­ de hecho, y luego por derecho, a las mujeres de la sucesión al trono)
te desarrollo cultural se integró en la prosperidad general de la sociedad. agravó el conflicto.
Las estructuras y los sentimientos «modernos» que la guerra en­
L ’HlSTOlRE: ¿Cuáles serían las características de la «verdadera» y lar­ gendró sustituyeron finalmente los esfuerzos del papado por atenuar el
ga Edad Media para una historiador de finales del siglo X X ? conflicto según el uso de las tradiciones de la cristiandad, basadas en la
JACQUES L e G o f f : La Edad Media conoció una gran aspiración a la coexistencia no conflictiva de los reinos cristianos. El interés de los ad­
naturaleza, a la paz, a la razón, y al mismo tiempo fue un período de vio­ versarios también era, a menudo, el de la concordia.
lencia, que se manifestó especialmente en la presencia endémica de la Mi Edad Media, por tanto, consiste en esto: una larga fase de la histo­
guerra, si bien la guerra en esta época, aunque entrañaba mucha des­ ria, un período de elaboración y construcción del mundo moderno que,
trucción e infortunio, no producía muchos muertos y estaba sometida a en el siglo XX, ha abandonado la relativa moderación de aquélla en la gue­
reglamentación: los hombres, los teóricos de la época se refieren casi rra. La Edad Media es nuestra juventud; tal vez sea nuestra infancia.
constantemente a la concepción de san Agustín de no autorizar sino las
guerras justas, es decir, las que se emprenden contra los infieles o con Ira L ’HlSTOlRE: A propósito, usted ha citado, en Pour un autre Moyen
los cristianos injustos; el príncipe es el único cualificado para declarar o Age, esta sorprendente frase de Michelet, que definía la Edad Media co­
detener la guerra, lo que además facilitó la construcción cleí Eslado ino mo «la que nos amamantó de pequeños, la que fue nuestro padre y nues­
tra madre, la que nos cantaba-dulcemente en la cuna». ¿Comparte esta
4. Charles Homer Haskins, The Renaissance 11/ the l.’lh i en tni y, I lia van I 11nivel sil y nostalgia lancinante? ¿La Edad Media sería, para el medievalista, el
Press, 1927, reeditado en Nueva York, Mericlian Hooks, tiempo sagrado y perdido de los orígenes?
28 UNA I AIU i A V lll'.UMOSA EDAD MEDIA I.A EDAD MEDIA DE JAC QU ES LE G O F F 29

JACQUES L e Gol'!': ¡ No, so lo aseguro! Por mi parte no hay ninguna JACQUES l.,K C!< )FE: C re o q ue, en e fe c to , la razó n h a p e n e tra d o en t o ­
nostalgia. La historia evoluciona, sigue su curso, no necesariamente me­ das las g ra n d e s relig ion es, p e ro q u e d e sg ra c ia d a m e n te h an p ersistid o
jorando: no profeso la ingenua religión de un progreso lineal, creo que m o v im ien to s relig io so s c o m p le ta m e n te irra cio n a le s. L a eclo sió n de las
hemos de vivir conforme al devenir histórico y que debemos intentar, en sectas y la p o sib ilid ad d e e x p re s a r c o n m ay o r lib ertad u n cie rto in tegrís­
nuestro lugar y con nuestros limitados medios, dejar una huella positiva imo relig ioso a lim en tad o p o r la irracio n alid ad es un fen ó m en o típ ico de
en esta evolución. Ahora bien, vuelvo a repetirlo, no me asalta ninguna n u estra é p o c a .
tentación de volver atrás. Y no me engaño sobre lo penoso que era vivir Evidentemente, la pregunta es ésta: ¿acaso esas gentes no son más
en la Edad Media. En su conjunto, ya se trate del trabajo, la técnica, de fanáticas que los fanáticos de la Edad Media? Tal vez sí: esta voluntad de
la enfermedad y la medicina o de la mentalidad, se puede definir la Edad aplicar íntegramente, al pie de la letra, los textos sagrados, me parece
Media como un período evidentemente arcaico. que nunca aconteció en la Edad Media, al menos no de esta manera.

L ’HlSTOIRE: Entendemos lo que quiere decir cuando hace referencia L ’HlSTOIRE: ¿ Q u é q u iere d e c ir « n o d e esta m a n e ra » ?
a las dimensiones materiales de la existencia. Pero ¿en qué sentido era JACQUES L e G O FF:En la actualidad, este integrismo, en lo que atañe
arcaica la mentalidad medieval? al cristianismo, se basa en la Biblia en su conjunto, incluido el Antiguo
JACQUES L e GOFF: ¡He aquí el asunto! Éste es, desde luego, el pun­ Testamento (y sobre todo el Antiguo Testamento); en la Edad Media,
to más delicado. Podría decirle que los hombres y mujeres de la Edad cuando se manifestaba, era un integrismo del Evangelio, y el Evangelio
Media se dejaban tentar más por lo irracional, por el miedo a la muerte defiende ante todo valores como la pobreza y la fraternidad, cuyo más
y el fin del mundo. Pero, pensándolo bien, si observamos lo que ocurre bello ejemplo es Francisco de Asís.
a nuestro alrededor... En la Edad Media, el fanatismo religioso consistía sencillamente en
Finalmente, lo que resulta determinante en la Edad Media es el in­ retomar la vita vere apostólica, la «verdadera vida apostólica»; podemos
flujo de un pensamiento religioso. La Biblia sigue siendo el texto de refe­ estar de acuerdo en que era reaccionario, pero una reacción contra las
rencia que explica el universo y la sociedad y regula el comportamiento derivas de la sociedad.
cultural, político y social. Lo que llamamos «economía» se reduce a
principios religiosos y morales que camuflan la creciente autonomía de L ’HlSTOIRE: ¿ Y c o e rc itiv o ?
este ámbito de actividad. Se persigue el objetivo del precio justo y una JACQUES L e G O FF: N o , en a b so lu to ; ad em ás, m u y a m e n u d o esos
moneda fuerte. La monarquía cristiana es una institución sagrada y el n u evos a d e p to s fu e ro n p erseg u id o s, acu sad o s d e h erejía.
rey es, ante todo, el defensor de la fe. El santo, que se reconoce cada vez
más en sus virtudes antes que en los milagros, es el modelo humano su­ L ’HlSTOIRE: ¿Y en el terreno político? ¿Cómo entrar en la mentali­
perior, aun cuando aparecen modelos más o menos laicos: el valiente, el dad de los hombres de la Edad Media? ¿Cómo veían al rey y a la nación?
hombre virtuoso. JACQUES L e G O FF: Repito que, en mi opinión, en la Edad Media no
Creo que la gran diferencia entre la mentalidad medieval y la menta­ había naciones ni espíritu nacional. Algunos historiadores han hablado
lidad moderna consiste en la ausencia, en la Edad Media, de un senti­ de sentimiento nacional en este período, pero creo que se trata de exa­
miento (y unas prácticas) de laicismo, aunque la distinción entre clérigos geraciones, de excesos y abusos del lenguaje.
y laicos es fundamental, pero también religiosa. Lo que existe en la Edad Media es el sentimiento patriótico, dinás­
tico. En Juana de Arco alienta la adhesión a varias patrias, la pequeña
L’HlSTOIRE: N o o b s ta n te , el p e n s a m ie n to religioso no es lo rzo sa- patria nacional y la gran patria del Estado en construcción. Por otro la­
m en te irracio n al: se p u e d e h a ce r un u so p o n d e ra d o , h um nn isla, tic la re­ do, este apego se encarna siempre en una dinastía. Los grandes enfren­
ligión. Y , c o m o c o n tra p a rtid a , a m e n u d o te n e m o s la im p resión d e q u e tamientos entre Capetos y Plantagenet, partidarios de Pedro de Casti­
n u estro fin d e siglo p rivileg ia un u so fa n á tico , o s e n r a n lis la ... lla y Enrique de Trastámara en la España del siglo XIV, gascones y
30 UNA I.AKt i A Y 11 l'.KMl )SA I I )A I ) MEDIA I.A EDAD MEDIA DE JA CQ UE S LE G O F F 31

borgoñones, Lancaster y York (guerra de las Dos Rosas) se basaban en Por ullimo, el honor inspira por ejemplo a Juan II el Bueno, prisio­
fidelidades dinásticas opuestas. nero bajo juramento en Londres, liberado a cambio de rehenes y que re­
gresa voluntariamente a su prisión cuando escapa el duque de Anjou,
L’HlSTOlRE: Tratar de representar o aprehender lo q u e era la m en ta uno de esos rehenes. Estos diferentes sentimientos se combinan de un
lidad de un hombre de la Edad Media parece una empresa extremada modo complejo en los protagonistas de la guerra de los Cien Años.6
mente ambiciosa. ¿Acaso en este ámbito el historiador no extrapola,
imagina e interpreta? L’HlSTOlRE: Después de la Edad Media, el medievalista... Usted ha
JACQUES L e GO FF: Es una pregunta que todos nos hemos planteado hecho escuela. Pero ¿de quién es heredero usted mismo? ¿Y qué es lo
tarde o temprano. Yo me la planteé especialmente cuanto escribía mi que le incitó a apasionarse por la Edad Media?
san Luis. No sé si es desilusión o prudencia, pero en todo caso desde JACQUES L e GO FF: Desde muy pronto quise enseñar, quizá porque
hace un tiempo me alejo un poco de esa idea comodín y borrosa de la mi padre era profesor de inglés. En mi caso, mi pasión era la historia;
«mentalidad». He escrito y sigo pensando que esa imprecisión ha sido ¿por qué? No sabría decirlo. Sólo puedo decir que cristalizó en 8o, cuan­
muy útil porque ha desplazado esquemas de descripción y explicación do tenía trece años; creo que fue en 1936: tuve un maravilloso profesor
demasiado rígidos: ha permitido introducir grandes matices en la histo­ de historia, Henri Michel, el gran especialista de la Segunda Guerra
ria de las ideas. Mundial, en el curso en que la Edad Media estaba en el programa; ese
Lo que se trata de estudiar aquí es cómo toman forma, en el espíritu mismo año, por recomendación de mi padre, leí Ivanhoe, de Walter
y los comportamientos del hombre común, las ideas y los conceptos que Scott. De este modo acabé 8o con una vocación de medievalista.
sólo los intelectuales o las categorías sociales más elevadas pueden ma­
nejar. Hay que tratar de aprehender las estructuras y contenidos del pen­ L ’HlSTOlRE: ¿Qué es lo que le gustó de Ivanhoe ?
samiento de los hombres y mujeres del pasado. Pienso que podemos lo­ JACQUES L e GOFF: Creo poder decir sin jactarme que, al margen de
grarlo si intentamos una historia de los valores.5 las cualidades literarias del libro, de lo novelesco, me gustó el trasfondo
político: sajones, normandos, un enfrentamiento de pueblos que confe­
L’HlSTOlRE: ¿Cuáles serían los valores característicos de la Edad Me­ ría un sentido a la historia; y luego la presencia más bien simpática de los
dia? judíos, la importancia de la monarquía, con ese gran tema medieval del
JACQUES L e G O FF: S o b re to d o la fid elid ad , la jerarq u ía y el h on or. buen y el mal rey — Ricardo Corazón de León y Juan sin Tierra— , y tam­
bién la vida, los colores, los lugares, el mercado, el torneo...
L’HlSTOIRE: ¿Cree que son estructurantes? Cuando llegué a París tras la guerra, como era un apasionado del ci­
JACQUES L e GOFF: S í . Son valores que, refractados según el nivel cul­ ne, me sedujeron los filmes hollywoodienses basados en obras de Walter
tural de cada categoría, se encuentran, más o menos vivaces y explícitos, Scott: son películas magníficas.
atravesando toda la jerarquía social. La fidelidad se desarrolla en el mar­
co feudal de las relaciones señor-vasallo. En cuanto a la jerarquía, aparte L ’HlSTOlRE: Tras ese descubrimiento un tanto afectivo y estético del
de la jerarquía eclesiástica muy estricta (sacerdotes, canónigos, obispos, período, ¿tuvo maestros del pensamiento que le indicaran cómo había
arzobispos, cardenales, el papa), superpone el señor feudal (señor del se­ que trabajar la Edad Media?
ñor) al simple señor (la idea de soberanía vinculada a la construcción del
Estado apareció lentamente). 6. Hoy diría que esos valores son ante todo aristocráticos. Véase Georges Duly,
«The Diffusion of Cultural Patterns in Feudal Society», en Past andPresent, n° 3 9 ,1 9 6 8 ,
págs. 1-8, reeditado en La Société chevaleresque, en Georges Duly, Qu'est-ce que la so-
5. Sobre la historia de los valores véase el artículo «Du cid sur la lene: la mutation ciétéféodale?, París, Flammarion, Mílle et une Pages, 2 0 0 2 , págs. 1.197-1.205. También
des valeurs du XXe au XIII' siécle dans l’Occident chrétien», en / li'ivs' du Mayen Age, le «Lhistoire des systémes de valeurs», en IdHistorien entre ethnologue et le futurologue
Saint et le Roí, París, Gallimard, «Quarto», 2004, págs. 1.20 i 1,2K /, (coloquio de Venecia, 1971), Mouton, 1972, págs. 251-263.
32 UNA LARGA Y HERMOSA EDAD MEDIA I A I U AIi MI OIA 1)1- | A<:o lli:S I.K G O IE 33

J a c q u e s L e G o f F: Tuve maestros, pero muy tarde: una de mis gran­ A pai ni del siglo XI, los reyes capetos intentaron difundirla idea de
des desilusiones fue comprender cómo era, salvo raras excepciones, la que habían recibido de I )¡os el don milagroso de curar a hombres y mu­
enseñanza en la Sorbona en los años 1945-1950: una abstracción y una jeres enfermos de escrófulas, una inflamación de las glándulas proce­
erudición completamente estériles. dente de la adenitis tuberculosa, mediante la imposición de manos en las
Afortunadamente, en 1950, cuando superé las oposiciones, habían partes heridas. Este don fue definitivamente reconocido en el siglo XIII,
nombrado presidente del tribunal a Fernard Braudel, que procedía de la y los reyes de Francia, desde san Luis a Luis X V I, curaron las escrófulas
incendiaria y reciente sección VI de la Ecole pratique des hautes études de este modo (Carlos X trató de avivar la costumbre milagrosa). Este
(ciencias económicas y sociales), había sido elegido para un puesto en el gesto asimiló a los reyes de Francia con los hacedores de milagros, los
( iollc'ge de Francia, donde Lucien Febvre acababa de jubilarse. El mis­ convirtió en reyes taumaturgos. Esa santidad vinculada a la función era
ino había recurrido, para la Edad Media, a un historiador extraordina­ en realidad una sacralización. La legitimidad y el prestigio de los reyes
rio, Maurice Lombard, que me fascinó profundamente. Maurice Lom- encontraban en esta virtud un fundamento definitivo.
bard aportaba una gran visión de la historia, la concepción fundamental Marc Bloch puso así de relieve el hecho de que un gesto sagrado era
de que la historia está relacionada con el espacio, que la historia trans­ capaz de conferir un estatus extraordinario a los monarcas, que encon­
curre en emplazamientos y territorios, a lo largo de los caminos, con­ traban en él la legitimación de su título derex chirstianissimus, rey muy
centrándose en determinados puntos nodales como la ciudad o el casti­ cristiano. Esta tesis unánimemente aceptada por los historiadores defi­
llo ... Y el hombre era maravilloso. nió a partir de 1942 las nuevas orientaciones de la historia política.
Más tarde leí los libros de alguien a quien desgraciadamente no co­ Al lado del nacimiento, del derecho, de los rituales religiosos ordi
nocí, pero que siempre ha sido mi modelo y referencia: Marc Bloch. narios (coronación de los reyes, a la que se vinculaba la imposición (lí­
manos en las escrófulas), la creencia en un poder encarnado en un geslo
L ’HlSTOIRE:Cuando empezó a leerlo... que atestiguaba la naturaleza sagrada del rey se convirtió en un fenóme­
Fue una sorpresa, una conmoción. Yo estaba en
JACQUES L e G o f f : no importante que escapaba a la historia «positivista». El libro de Marc
la Escuela Normal y mis maestros se burlaban si delante de ellos se pro­ Bloch apelaba a una renovación fundamental de la historia tradicional,
nunciaba el nombre de los Anuales. D e pronto aprendí que era posible a su sustitución por una antropología histórica. Lo simbólico — como
imaginar una historia global, una historia total, una historia de las men­ pronto las mentalidades, avatares de las creencias— se convirtió en un
talidades. Y todo ello de un modo muy concreto: leyendo a Marc Bloch elemento necesario de lo político.
comprendí cómo se cultivaban los campos, el campo abierto y la flores­ Fue una verdadera revolución para la historia política: en la actuali­
ta, y cómo las técnicas acompañaron a las mutaciones de la economía ru­ dad, la política aún se comprende a través de lo simbólico, del ceremonial.
ral, y el modo en que las relaciones de hombre a hombre, fundamento ¿Cómo comprender el comunismo soviético sin entender su ritualismo?
del feudalismo, iban mucho más allá de las simples consideraciones jurí­
dicas... Además, en Bloch existía la preocupación, que gloriosamente L ’HlSTOIRE: Ya que estamos en el comunismo, y puesto que usted
encarnó en su propia vida, de efectuar siempre una oscilación entre la nos habla de la preocupación, compartida con Marc Bloch, de estable­
historia del pasado y la historia del presente, lo que para mí es una acti­ cer un vínculo entre el pasado y el presente, ¿cómo explica su apego a
tud fundamental. Europa del Este? ¿Nutre de algún modo su trabajo de historiador? Y a
Por último, descubrí muy tarde la gran obra maestra de Marc Bloch, cambio, ¿se nutren estos países de su trabajo?
su libro más pionero, Les Rois thaumaturges, escrito en 1924, un estudio JACQUES L e G o f f : Ante todo, este apego obedece a razones muy
a un tiempo ideológico, político y muy material: realmente es una espe­ personales: realicé mi primer trabajo de investigación en Praga, en el
cie de aventura, de epopeya del cuerpo, con un extraordinario análisis momento de los abusos de autoridad soviéticos, en el invierno de 1947-
de la imposición de manos en las escrófulas, rilo constilulivo de la mo­ 1948. Después está Polonia, que para mí es una segunda patria. Mi pri­
narquía francesa. mera estancia allí se remonta a 1959: me envió Fernand Braudelpara tra­
UNA I.AltGA Y IIEIIMUSA MIAU MI DIA I.A EDAD MEDIA DE JACQ UES LE G O F F 35

bar relación con los historiadores polacos; conocí a mi gran amigo Uro loim.id.i poi doscientas reproducciones procedentes de tarjetas postales
nislav Geremek, y a mi mujer, con la que me casé en Varsovia en IV62, de nn i olección, ordenadas según un cierto número de temas y acompa-
Recordemos que Bronislav Geremek ha sido, primero desde una i cu los de un comentario.9
perspectiva marxista y luego en un contexto menos ideológico, el gran I’or último, publicaré un texto del que ya he hablado en el san Luis:
historiador de los excluidos de la sociedad medieval. Publicó su prima- mi ordo, es decir, una descripción del ceremonial de la coronación de los
libro sobre los trabajadores en el artesanado parisino en los siglos XIII- reyes de Francia en Reims, que data de mediados del siglo XIII y proba­
XV, luego un resumen sobre los marginados parisinos de ese mismo pe­ blemente se destinaba a san Luis. La edición comentada de este docu­
ríodo y por último otro gran trabajo, La Potence ou la Pitié. L’Europe et mento excepcional — una serie de dieciocho miniaturas que muestran
les pauvres du Moyen Age d nos joursd las diferentes etapas de la coronación y que esperamos se puedan repro­
En su método histórico combinó la historia económica y social, la ducir en facsímil— será obra de Éric Palazzo, especialista en iconogra­
historia de las ideologías, la historia de las mentalidades y sensibilidades fía y liturgia; Jean Claude Bonne, historiador del arte; y yo mismo, que
y la historia de la cultura. Rompió definitivamente con el comunismo en sobre todo trataré la ideología política que expresan el ritual y las mi­
1968, se convirtió en uno de los principales opositores al régimen, ha si­ niaturas.
do uno de los principales inspiradores del movimiento Solidaridad, el Se trata de un verdadero espejo de príncipes en imágenes, al mismo
primer consejero de Lech Walesa y uno de los grandes artesanos de los tiempo que la ilustración de un rito de paso: la relación entre el rey y
compromisos entre Jaruzelski y la oposición en 1989. En la actualidad es Dios, el rey y el clero, juramentos que convierten al rey en un verdadero
ministro de Asuntos Exteriores en Polonia, un ministro que no olvida rey contractual; utilización del espacio y la arquitectura; relación entre la
que es historiador y que la historia medieval puede arrojar luz en el de­ armadura caballeresca, la coronación y la consagración; entrega de las
venir y los acontecimientos contemporáneos. insignias reales, las regalía-, personajes presentes; significación de los ges­
Al margen de estos vínculos personales, si quiere circunstanciales, tos, movimientos y desplazamientos; uso del co lo r...10
siento una cierta atracción por el mundo eslavo, que me parece uno de
los componentes más interesantes de Europa. Ahora bien, me anima lo L ’HlSTOIRE: Este mes publica un libro sobre san Francisco de Asís.
que casi definiría como un proselitismo a favor de la unidad europea... Después de san Luis, san Francisco... ¿Es otra biografía?
No concibo cómo puede imaginarse construir Europa sin estos países JACQUES L e G O FF: Con san Luis se burlaron mucho de mí: ¡míralo
del Este. escribiendo una biografía! Escribir una biografía de san Francisco es
una idea que se remonta a a la década de 1960. De un modo general, es­
L ’HlSTOIRE: Recientemente ha concluido su biografía sobre san Luis. ta empresa, tal como señalo en el prefacio de san Luis, se sitúa en la línea
¿Cuál será su próxima obra? de la evolución fundamental del movimiento de los Anuales, que consis­
JACQUES L e G o f F: Aparte de un diccionario razonado del Occiden­ te en interesarse por objetos globales, es decir, que permitan aprehender
te medieval,78 preparo una obra que será mi Edad Media en imágenes, el conjunto de un período y de sus problemas. ¿Qué hay más global que
un individuo? Especialmente si es un individuo de una cierta importan­
7. B. Geremek, Le Salariat dans l ’artisanat parisién aux XIIP-XV* siécles, París/La H a­ cia, de una cierta influencia social.
ya, Mouton, 1 9 6 8 Les Marginaux parisiens aux XIIF-XY siécles, París, Flammarion, 1976;
La Potence ou la Pitié. l'Europe et les pauvres du Moyen A ge a nos jours, París, Gallimard,
1987 (trad. cast.: La piedad y la horca: historia de la miseria y la caridad en Europa, Madrid, 9. La obra se publicó en Hazan en 2000, con el título Un Moyen A ge en images.
Alianza, 1998). Recientemente, B. Geremek ha dirigido un obra colectiva, La Culture 10, El texto y sus ilustraciones se han estudiado en el ámbito del grupo Images du
polonaise du Moyen A ge (XIV-XY siécles), Varsovia, Éditions de l’Institut d’histoire de G roupe d’Anthropologie historique de l’Occident médiéval (G A H O M ), que dirige J e ­
l’Academie polonaise des Sciences, 1997. an-Claude Schmitt en la Ecole des hautes études en Sciences sociales. L a obra fue pu­
8. E n colaboración con Jean-Claude Schmitt, Dictionnaire raisonné de l’Occident blicada, con la colaboración de Marie-Nóel Colette para la música, en la colección «Le
m édiéval, París, Fayard, 1999 (trad. cast.: Diccionario razonado del Occidente medieval, temps des images» de Gallimard en 2001, con el título Le sacre royal a l'époque de Saint
Madrid, Akal, 2003). Louis.
36 UNA LARGA Y HERMOSA EDAD MEDIA

Además, interesarse por un individuo es tener en cuenta su existen­ Capítulo 2


cia física, y ya le he dicho lo importante que es para mí la presencia del
cuerpo. Resulta que ambos personajes padecían graves enfermedades;
no los escogí por eso, pero es una realidad. Francisco, desde su juventud
hasi a su muelle, sufrió dos enfermedades: una dolencia délos ojos (al fi­
nal de su vida estaba casi ciego) y afecciones recurrentes del sistema di­ La hermosa Edad Media
gestivo. I’or su parte, laiis padeció enfermedades crónicas: erisipela11
existió realmente1
i eiieriidfl en la pierna derecha y paludismo, conocido entonces como
la hte\ ten ¡anas»; y enfermedades ocasionales: la disentería tras la cam­
pana . Min a Id', ingleses en el ( )estc francés en 1242, y, durante la cruza­
da en Lgipio, -la eiilermedad de la hueste» (es decir, el escorbuto) y el
i ilii',, que lo llevo a ( iariago en la segunda cruzada. Por otro lado, las prác-
0' as ir,célicas, aun reía l ivalúente moderadas, a que se entregaron ambos
sanios agravaron su mal estado de salud. El cuerpo está muy presente en
los textos que hablan de ellos y desempeña un destacado papel en su
mentalidad y espiritualidad: ambos expresan a un tiempo un cierto des­
precio del cuerpo (mediante la ascesis) y un gran respeto hacia él — en el Jacques Le G off nos habla aquí de la hermosa y floreciente Europa
Cántico del Sol, san Francisco habla de su «cuerpo fraterno».112 de los siglos XII y XIII. Una Europa feliz en el corazón de períodos más
Por lo tanto, sí, soy un biógrafo confeso, si se trata de escribir la bio­ oscuros. Una Europa que él nos ha ayudado a comprender y amar.
grafía de un personaje que hizo gravitar la sociedad de su tiempo alre­
dedor de su persona y encarna, exagerándolos, sus rasgos profundos. L ’HlSTOIRE: La idea umversalmente difundida es que la Edad Media
es una época oscura. ¿No es una paradoja hablar de una «hermosa Edad
Media»?
(Entrevista realizada por Véronique Sales) JACQUES L e G o f f : La expresión «hermosa Edad Media» es muy re­
ciente. Durante mucho tiempo ha sido considerada como un período os­
curo; en inglés, la Edad Media se definía, hasta una fecha reciente, como
«Dark Ages» («tiempos oscuros»).
Esta caracterización negativa sin duda empieza con las críticas que
se hicieron a la escolástica,2 a partir de mediados del siglo XIV, especial­
mente por Petrarca: parece una expresión de decadencia lingüística, cul­
tural y religiosa que oculta la pureza de la Antigüedad clásica y del cris­
tianismo original. Se difunde a través de los denominados «humanistas»
en los siglos XV y XVI y se refuerza con los filósofos ilustrados del XVIII:
acusan a la Edad Medía de ser un período oscurantista que habría im-

11. Enfermedad infecciosa contagiosa de la piel, caracterizada por una costra roja,
dolorosa, rodeada de un anillo tumefacto. 1. Este artículo se publicó en L ’Histoire, n° 28 3 , enero de 2004, págs. 36-41.
12. Recientemente he publicado, junto a Nicolás Truong, un ensayo titulado Une 2. Este método pedagógico, que se desarrolla en las escuelas urbanas en los siglos XI
histoire du corps auMoyen Á ge, París, Liana Levi, 2003 (tracl. cast.; I ina historia del cuer­ y XII y más tarde en las universidades, supone una inflexión decisiva en los procesos ra­
po en la Edad Media, Barcelona, Paidós, 2005). cionales del pensamiento, alejados de la vía mística de la cultura monástica.
38 UNA LARGA Y HERiMOSA EDAD MEDIA I A HERMOSA EDAD MEDIA EX I ST I Ó REALMENTE 39

pedido el desarrollo de la razón. Además, al siglo XVIII no le gusta el ar­ Por úliimo, y especialmente después de la Segunda Guerra Mundial,
te medieval: de esta época también data la difusión del adjetivo «gótico» se lia manifestado una viva reacción contra la idea de una Edad Media
(a partir de 1615), y luego del sustantivo (1716), de «goth», es decir, oscura, capitaneada, en principio, por Marc Bloch, y más tarde por Geor-
«bárbaro»... gcs Duby. Me permito inscribirme en esa línea.
Creo que debo precisar mi posición, que por otra parte es completa­
L ’HlSTOIRE: Sin embargo, el siglo XIX amó la Edad Media. Pensemos mente fiel al pensamiento de mis dos grandes predecesores: para tratar
en Victor Hugo y en Notre-Dame de P arís... de comprender lo que fue el período medieval es preciso renunciar tan­
JACQUES L e GO FF: S í , pero incluso este descubrimiento es ambiva­ to a la imagen oscura como a la imagen dorada. Como casi todas las épo­
lente. Observemos el romanticismo: por una parte rehabilita a la Edad cas, la Edad Media implicó un mestizaje de éxitos y fracasos, de alegrías
Media, un período vital, de pasiones positivas; finalmente, lo gótico se y dramas.
convierte en moda, así como el estilo del trovador; la catedral aparece
como una suerte de personaje ideal. Sin embargo, el romanticismo deja L ’HlSTOIRE: ¿Puede hablarse, entonces, de una «hermosa Edad M e ­
subsistir el carácter primitivo de la Edad Media, y en esta ocasión, en un dia», un período feliz en mitad de una época oscura?
sentido despectivo. JACQUES L e G O FF: En efecto. Para comprenderlo mejor tenemos
También hay que destacar que los grandes historiadores que en el si­ que remontarnos al origen de la expresión «hermosa Edad Media».
glo XIX se interesaron en la Edad Media a menudo cambiaron su pers­ Creo que encuentra su fuente hace más de cincuenta años, cuando I ai
pectiva. He estudiado al más grande de ellos, Michelet: pasa de una ad­ cien Febvre habló del «hermoso siglo XVI», que para él era una manera
miración casi beata a una condena muy virulenta.3 Así, escribe que en su de oponer dos períodos cronológicos: un primer siglo XVI más lumino­
seno se gestó «el gran movimiento progresivo, interior, del alma nacio­ so, el del Renacimiento y los castillos del Loira, hasta el fin del reinado
nal» y evoca «la piedra [que] se anima y espiritualiza bajo la ardiente y de Francisco I, y un oscuro fin de siglo, el de Catalina de Medicis, las
severa mano del artista». hambrunas y las guerras de religión.
Sin embargo, al reeditar su Histoire de France, entre 1835 y 1845, el La expresión «hermosa Edad Media» también corresponde a la
historiador oscurece el cuadro a medida que se afirma su anticlericalis­ idea de que en este dilatado período de más de mil años, entre la caída
mo, hasta el punto de hablar del «ladrido del siglo XIII»: «La fecha más del Imperio romano (finales del siglo v) y el descubrimiento de Améri­
siniestra y más oscura de toda la historia es, en mi opinión, el año 1200, ca (finales del siglo XV), hubo una época radiante entre períodos más
el 93 de la Iglesia». También reprocha la escolástica al siglo XIII: «Todo oscuros.
acaba en el siglo XIII; el libro se cierra, aquella fecunda efervescencia,
que parecía inagotable, fenece de improviso». L ’HlSTOIRE: ¿ A q u é p e río d o co rre sp o n d e esta é p o c a rad ian te?
La Edad Media suscitó un renovado y positivo interés al final del si­ JACQUES L e GOFF: Se puede sostener que, en términos generales, co­
glo XIX y en el siglo XX, con los simbolistas, que apreciaron el arte de esa rresponde al siglo XIII, o más exactamente a los cien años que comienzan
época: lo que habría podido utilizarse en su detrimento se convierte en a mediados del XII y terminan con el final del reinado de san Luis, hacia
una ventaja. Esta revalorización de la época medieval se prolonga en los 1260. A continuación se manifiestan elementos de lo que tradicional­
impresionistas. Creo que de nuevo la catedral pasó a ser un objeto de mente se conoce como «crisis».
culto. Pienso, en concreto, en los cuadros de la fachada de la catedral Pero cuidado, no olvidemos nunca que la periodización es práctica
de Rouen pintados por Monet, pero también en el preludio de Debussy: pero artificial, que la historia no se encierra en períodos y que aun los
La catedral sumergida, y en el libro de Husymans, La Cathédrale (1898). momentos más radiantes de la hermosa Edad Media convivieron con la
«oscura Edad Media».
3. Véase J. Le Goff, «Le Moyen Age de Michelet», en Pour un autre Moyen Age, P a­
rís, Gallimard, 1977, reedición «Quarto», 1999.
UNA I AIU.A Y HERMOSA EDAD MEDIA I A HERMOSA EDAD MEDIA E X I S T I Ó REA LM EN TE 41

I :i lis'l't >IKK: No obstante, hubo un período de luz... ¿En qué senti­ E s m u y d ilícil d e te rm in a r las cau sas d e e ste c re c im ie n to d e m o g rá fi­
do m o riré el siglo XIII, o más exactamente el período que se extiende de c o . E s v ero sím il q u e la m e jo ra a g ríco la y alim e n ta ria — m ás q u e el p r o ­
I I '>() a 1250, el calificativo de «hermoso»? g re so d e la m e d ic in a o d e la h ig ien e, e s ca s a m e n te p e rc e p tib le s en la é p o ­
)AC(.)Ui;s L e Gor-T: En mi opinión, y con algunos matices, la expre­ c a — h aya d e s e m p e ñ a d o un p a p e l d ecisiv o .
sión se justifica prácticamente en todos los ámbitos. Para analizar esta Pero hay que insistir en un punto: a lo largo de aquel siglo, los pro­
expresión debemos esforzarnos en recuperar el viejo ideal de los Anna- gresos tecnológicos y económicos vinieron acompañados de la valoriza­
Irs: confeccionar una historia total. Si la hermosa Edad Media conserva ción de la idea y las prácticas del trabajo. La hermosa Edad Media es
p a rle s de sombra, debe ser bella en todo y por doquier. Y todos los ám- una Edad Media de trabajadores. Hay que pensar en una masa de pro­
I tilos que distinguimos más o menos arbitrariamente han de relacionar- ductores cuya actividad empezó a ser un valor reconocido por la socie­
m iii el seno de un conjunto sintético. dad, como muestran numerosos textos. Si los campesinos no se ven muy
INio comienza con la economía. Lo que en mi opinión ha podido ali- afectados por esta valoración del trabajo, también ellos se benefician de
iMi niai la idea de una Edad Media oscura es su debilidad económica o una mejora de sus estatus jurídico y social, con el impulso de la libera­
mas concretamente las consecuencias que esto engendró para la vida de ción de los siervos.
las mujeres y hombres de esa época. Pienso especialmente en un fenó­
meno estructural de la economía medieval: las hambrunas. Evidente­ L ’HlSTOIRE: ¿ T a m b ié n se v a lo ra el tra b a jo de los c lé rig o s, aq u ello s a
mente, el siglo XIII no asistió al fin de las hambrunas, que tan sólo desa­ quien u ste d lla m a « in te le c tu a le s » ?
parecieron a finales del siglo XVIII en Francia y en el siglo XX en Rusia, por JACQUES L e G que efectivamente es más sorprendente y ha
o ff: Lo
ejemplo. Observamos, sin embargo, su retroceso en esta época. alimentado la idea de la existencia de una hermosa Edad Media, son las
¿Acaso ello tuvo su origen, al menos en parte, en transformaciones creaciones en tres ámbitos: el ámbito escolar e intelectual, el ámbito ar
climáticas, en un ascenso de las temperaturas? Es una hipótesis. No obs­ tístico y el ámbito urbano.
tante, aún sabemos muy poco de la historia del clima para afirmar que En el siglo XII asistimos a la fundación y desarrollo de las escuelas ur­
así haya sido. banas, que prosigue en el XIII. En las ciudades, y especialmente en las
I ,o que desempeñó un papel preponderante fue un conjunto de pro­ que poseen una catedral junto a la que se abre una escuela — tal como
gresos en la producción agrícola: desarrollo de un nuevo tipo de rotación ocurrió en Reims o Chartres— , hubo un gran progreso en la alfabetiza­
de cultivos, la rotación trienal, que sustituye a la rotación bienal y permi­ ción de los niños, y también de las niñas, aunque por el momento sólo
te introducir una tercera rotación de nuevos cultivos u obtener, en espe­ afectara a una pequeña parte de la población.
cial para los cereales, dos cosechas al año; aumento de la producción y Ante todo, aparece una enseñanza superior, con el nacimiento de un
del consumo de pan; mejora del empleo del arado con ruedas y del caba­ nuevo tipo de escuelas, que nosotros llamamos «universidades»4 y que
llo como animal de tiro, mejor que el buey; extensión de las superficies en la Edad Media se designaban con la expresión studium generale.
cultivadas, por desbroce y roturación — se produce un retroceso de los Ya no son escuelas monásticas reservadas a una élite. Aun cuando si­
bosques— o desecación de los territorios costeros: creación del pólder. guen siendo escuelas eclesiásticas, se abren más a los laicos. La primera
Lo que constituye sin duda el progreso más espectacular (y más se­ universidad propiamente dicha se fundó en Bolonia en la segunda mitad
guro) es el crecimiento demográfico. La población de la cristiandad se del siglo XII. Le siguió la Sorbona en 1215 y después la de O xford y
multiplicó al menos por dos entre el siglo XI y finales del siglo XIII, y el Cambridge a principios del XIII. Éste es el siglo de las universidades.
período 1150-1250 fue el de mayor crecimiento. A falta de censos antes
del inicio del siglo xrv, se puede calcular que la población de I'rancia pa­
só de 8 millones de habitantes en el año 1000 a ló I / millones en 1300 4. En sus inicios, la universidadjiesigna a un grupo de hombres unidos por su ori­
gen u oficio. En el siglo XII, el término empezó a designar la unión de maestros y alumnos
(es decir, entre 20 y 22 millones en las fronteras actuales de una I'rancia
que constituye una enseñanza superior y se abre a los laicos. Las universidades (las pri­
más extensa que en la Edad Media). meras son las de Bolonia, París y O xford) se convierten en grandes centros intelectuales.
42 UNA LARCA Y HERMOSA EDAD MEDIA LA HERMOSA EDAD MEDIA E X I S T I Ó REA LMENTE 43

La universidad de Bolonia se especializó en derecho, que entonces ciicntran los franciscanos y los dominicos. Ahora bien, estas nuevas ór­
revestía una gran importancia. También aquí hay que remontarse al me­ denes, que deben su nombre de «mendicantes» a su práctica, basada en
nos al siglo XII para asistir a un renacimiento del derecho romano y a la la humildad y la pobreza, y que introducen por medio de la predicación
afirmación del derecho canónico con el decreto de Graciano.5 A lo que una palabra abierta, de diálogo y convocatoria, y no de conminación y
se añade, en el siglo XIII, la redacción del derecho consuetudinario. dominación, son órdenes preponderantemente urbanas: sus miembros, a
Porque la hermosa Edad Media es un siglo de la escritura y la lectu­ imagen de san Francisco y santo Domingo, no viven en la soledad de los
ra y, obviamente, de maestros y estudiantes. En él aparecen grandes in­ monasterios sino, por el contrario, en medio de los hombres. En el Cán­
telectuales como Alberto el Grande, Tomás de Aquino o Ramón Lull. tico de las Criaturas, Francisco le canta a un universo fraterno iluminado
Además, sabemos que los lectores, cada vez más numerosos, practican al por el Hermano Sol y donde incluso la muerte es hermana del hombre.
fin la lectura silenciosa, lo que va parejo a la emergencia del individuo.
La ampliación del mundo de la lectura se encuentra en la difusión de L’HlSTOlRE: ¿Y los reyes? ¿También participan de esta iluminación
las obras literarias. Si la gran literatura cortesana conoció su auge en el general?
siglo XII, extiende su propagación en el XIII, más aún cuando se produce JACQUES L e G O FF: A n ivel p o lítico , los g o b e rn a n te s , y en esp ecial los
un acontecimiento importante: la aparición triunfal de la prosa, al lado rey es, m a n ifie s ta n u n a g ra n e x ig e n c ia d e in stru c c ió n .

de la poesía. Se rodean de consejeros y se apoyan en instituciones que les permi­


ten hacer reinar los dos ideales sociales del cristianismo que definen su
L ’HlSTOIRE: Sin embargo, para nosotros la «hermosa Edad Media» oficio: la justicia y la paz. La hermosa Edad Medía tendía, en efecto, a
sigue siendo el tiempo de las catedrales. ser más justa y pacífica. Los reyes trataron de limitar la guerra privada e
JACQUES L e G o f f : S í , es la época de una incomparable eclosión ar­ imponer el concepto y la práctica de la guerra justa. Los siglos XI y XII
tística: la época del gótico. Tin arte introducido en la iglesia abacial de habían pergeñado la idea de que la «paz de Dios» era la paz del prínci­
Saint-Denis, por el abad Suger, a mediados del siglo XII. Pero las gran­ pe; pese a numerosas excepciones, el siglo XIII pondrá en práctica ese
des catedrales góticas datan de finales del XII y sobre todo del siglo XIII. concepto.
Una eclosión tanto más espectacular para nosotros puesto que la mayo­ Y no sólo en la política. En la misma época se desarrolló lo que el so­
ría de estos monumentos se han conservado. ciólogo alemán N orbert Elias denimonó la «civilización de las costum­
Lo que también nos enseña el arte de las catedrales es que, si bien bres».7 Un libro de un gran teólogo y sabio parisino, Hugues de Saint-
tiene raíces rurales, la hermosa Edad Media es esencialmente urbana. El Victor, definió a partir del siglo XII los principios de las buenas maneras
crecimiento urbano se remonta muy lejos, al año mil. Pero alcanza su a la mesa: no comer con los dedos, no limpiarse las manos en el vestido,
apogeo en el siglo XIII. En ese momento las instituciones urbanas se de­ no volver a poner en el plato los pedazos comidos a medias o extraídos
sarrollan con sus monumentos de prestigio, en especial en Italia y Flan- entre los dientes, etc. En el siglo XIII se seguirá pensando en el «buen
des. Del mismo modo, en esta época comienza a vivir activamente la pla­ comportamiento» tanto en la mesa como en el modo de vestir.
za pública, lugar de renovación de la sociabilidad, del teatro y de la risa, Así, aparece un nuevo ideal de comportamiento, esencialmente laico,
como ha demostrado Mijail Bajtin.6 que se conocerá como «probidad». Se la podría definir como la alian
Incluso la religión se ve afectada. El siglo XIII vio el nacimiento y za perfecta entre la sensatez, el valor y la modestia. El rey de Francia
triunfo en Occidente de las órdenes mendicantes, entre las que se en- Luis IX , san Luis, será el modelo a seguir. En esta época, y de un modo
general, reina la mesura, desde la economía al arte, aunque en la arqui­
5. Se trata de un conjunto de textos redactados hacia 1 1 2 0 -1 130 y reunidos por un tectura gótica se observa una tendencia a la locura. La hermosa Edad
monje de Bolonia. El decreto de Graciano se impone como la posición oficial di: la Iglesia. Media es un período de moderación y equilibrio.
6. M. Bajtin, L'Oeuvre de Frangois Rabelais et la culture populaire uu Mayen A ge el
sous la Renaissance, 1970 (trad. cast.: La cultura popular en la lida/l Media y en el Renaci­
miento: el contexto de Frangois Rabelais, Madrid, Alianza, 1998). 7. N. Elias, La Civilisation des moeurs, París, Calmann-Lévy, 1973.
II UNA LARGA Y HERMOSA EDAD MEDIA LA HERMOSA EDAD ME DIA E X I S T I Ó REA LMENTE 45

I ,'l IlSTt HRK: ¿Todo este embellecimiento abarca el conjunto de Europa? También hubo un cambio en el ámbito de la sexualidad. En el siglo
J ací.iiihs L e G O FF: S í . La hermosa Edad Media afecta a Europa en- XIII se estableció firmemente la institución del matrimonio cristiano,
iria. lis un período en el que las periferias, que desempeñaron un im­ monógamo e indisoluble, completado en la práctica con la obligación
pelíanle papel en la elaboración déla sociedad medieval, desde Irlanda, de publicar las amonestaciones matrimoniales en las iglesias (impuesto
si no Islandia, a Sicilia, se recuperan de su retraso respecto al resto de por el cuarto Concilio lateranense en 1215); al mismo tiempo, se re­
Imimpa. La Islandia de las sagas, esas grandes narraciones escritas desde fuerza la persecución de los homosexuales. Por supuesto, la condena­
luíale:, i leí siglo xil al siglo XIV y que cuentan todo tipo de historias, déla ción de esta práctica se remonta al principio del cristianismo, pero la al­
Lililí.i l.e, glandes familias islandesas y los héroes histórico-legendarios ta Edad Media (siglos v-x) había sido relativamente tolerante en este
di la i ,l.i N i hnega, donde se elaboró un tratado sobre el rey ideal; los asunto. Incluso podríamos hablar de una «cultura gay» cristiana en la
p.n .1 .' I.ivi>■. y liungams, que contuvieron a los paganos del Este (pru- primera mitad del siglo X II. En el X III, con la elaboración del concepto
.i .i i i i i Iilnano ,, i uníanos),Klodos forman parte de esta hermosa Edad de contranatura, concomitante a la revalorización de la naturaleza, y la
M edia en el mismo nivel que la Francia o la Sicilia de los reyes norman­ asimilación de la sodomía a la homosexualidad, se recrudece el acoso a
do:, o el emperador Federico II. los homosexuales.10
Pero lo que perturba la pureza y los logros de la cristiandad es, ante
1 .1 liSTOIRF.: I labia del combate contra los paganos. Esta hermosa todo, la herejía. En el transcurso del siglo X II, los herejes se multiplican,
Edad Media también fue la época de las cruzadas... y a principios del XIII se convierten en uno de los principales problemas
JA CQ U ES L e G o f f : En efecto, tenemos que recordar la parte tene­ eclesiásticos, si no en el principal. La Iglesia y los reyes cristianos rcni
brosa del siglo X III, aunque los voceros de la cruzada tienden a agotar­ rren entonces a instituciones y métodos que, a ojos de la historia, entur­
se. El historiador inglés Robert Moore no dudó en definir este período bian la belleza de la Edad Media. Tal fue la instauración, en 1233, de una
como el nacimiento de una sociedad de la persecución.89 En los siglos nueva institución judicial dedicada a la lucha contra la herejía, la Inqui­
X 11-X III, la cristiandad tom ó conciencia de sus conquistas. A partir de sición, que practicó ampliamente la tortura, durante mucho tiempo re­
ese momento tendió a defender su territorio, rechazar lo que pudiera servada a los esclavos.11 Se multiplican las hogueras de herejes. Si la luz
perturbarla, lo que pusiera en peligro su pureza. penetra en las catedrales góticas, el resplandor de las hogueras empaña
Primera amenaza: los judíos. Entre judíos y cristianos la coexistencia la luz de la hermosa Edad Media. El siglo XIII es, pues, como el sol de
lúe, durante mucho tiempo, relativamente pacífica. Con la primera cru­ Paul Valéry; engendra una «mitad lóbrega», una parte de sombra.
zada, a finales del siglo X I, se manifestó una primera oleada de antisemi-
i ismo, con los pogromos que los cruzados perpetraron en Europa cen- ¿Qué cambió en la década de 1260?
L ’H lS T O lR E :

i ral. En el siglo X III, los judíos siguieron siendo una espina en el talón de JACQ U ES L e G o f f : La hermosa Edad Media empieza a desmoronar­
la cristiandad, pero fue en el XIV cuando se extenderá el recurso a la per­ se. Lo advertimos incluso en el espacio donde mejor se asentó: las ciu­
secución y la expulsión. San Luis encarna a la perfección las dudas de los dades, donde abundan las huelgas de trabajadores y las revueltas de los
cristianos ante los judíos: por un lado la política antisemita, con la lucha pobres. La expansión demográfica se debilita, los gobiernos decaen, las
contra el préstamo con intereses practicado por los judíos y el lanza­ obras de las catedrales quedan inconclusas. Si los herejes han sido más o
miento de una campaña de conversión; por otra parte, su protección en menos contenidos o reprimidos, se desatan los pogromos y la expulsión
ausencia de líderes políticos o religiosos pertenecientes a sus filas. de los judíos. Por último, a principios del siglo XIV, la hambruna regresa
con violencia.

8. Pueblo nómada originario de Siberia occidental y eslablecido en el sur de Rusia


en el siglo XI. 10. Veáse J . Rossiaud, «Com m ent l’Église a mis les sodomites hors la loi», entrevis­
9. R. I. M oore, La Persécution. Sa formation en l',nro/><\ A" \lir u n ir, I’arís, I ,es Ba­ ta, L es Collectiom d e l ’Histoire, n° 5, págs. 58-63.
iles Lettres, 1991. 11. Véase el dossier UHistoire, n° 259.
46 UNA LARGA Y HERMOSA EDAD MEDIA LA HERMOSA EDAD MEDIA E X I S T I Ó RE AL M EN TE 47

Finalmente, la hermosa Edad Media perderá incluso su capital, Ro­ c e en la s e g u n d a mitad del siglo XII, definido por el cisterciense Cesáreo
ma, cuyo jubileo en 1300 fue el punto culminante en la belleza de un re­ principios del XIII, como una esperanza para los cristia­
I le is ie rb a c h , a
ligioso siglo XIII y que los papas abandonaron por Aviñón en 1309 ante nos: las alm as pueden liberarse del Purgatorio merced a los votos huma­
la agitación de la población romana.12 Durante el siglo XIII construyeron n os ol re n d a d o s a Dios.15
los palacios que encaman su poder.13 Por supuesto, todos los hombres del siglo XIII son cristianos. Pero,
sin dejar de estar animados por la fe y por la expectativa de la salvación
L ’HlSTOIRE: Proliferación de catedrales góticas, fundación y é x ito de eterna, pueden esperar, a partir de entonces, que se conceda en esta vi­
las órdenes mendicantes, imperio de los papas e incluso, en su vertiente da. En cierto sentido, la hermosa Edad Media es la prefiguración de la
tenebrosa, cruzadas e Inquisición: ¿es también el siglo XIII el triunfo del salvación en la tierra.
cristianismo?
J a c q u e s L e G o f f : Con los siete sacramentos y los impuestos (diez­
mo) cobrados en todo el mundo cristiano, la Iglesia, merced al refuerzo (Entrevista realizada por Héloíse Kolebka)
del poder pontificio, domina más que nunca la cristiandad. Gracias a las
órdenes mendicantes, criticadas sin embargo por su intrusión en todos
los asuntos cristianos, los hombres y mujeres de la hermosa Edad Media
conocieron un ambiente religioso seguro y rico. La instauración de fies­
tas como el Corpus Christi simboliza el desarrollo de la liturgia. El IV
Concilio lateranense en 1215 impone la comunión anual de todos los fie­
les de ambos sexos a partir de los catorce años. En el siglo XIII los cris­
tianos se confiesan y comulgan; también practican obras de misericor­
dia, desde entonces una modalidad codificada de la caridad cristiana.
Asimismo, las creencias evolucionan. Por un lado, los hombres del
siglo XIII contemplan con una nueva mirada la figura de Cristo, que es
menos el Cristo glorioso de la Resurrección que el Cristo doliente de la
Pasión. Tal como comprendió bien Philippe Aries,14 la hermosa Edad
Media civilizó la muerte. Por otro lado, el culto mañano es objeto de un
fervor excepcional. Por último, la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu San­
to) comienza a entrar en la devoción habitual de los cristianos. El poli­
teísmo latente, que persistió en el fondo de las creencias pese a la firme
prédica del dogma monoteísta de la Iglesia, desapareció lentamente.
Siguiendo el modelo de la corte terrestre, la corte celestial se enri­
quece para atender a los cristianos del mundo: los valores del Cielo des­
cienden a la Tierra. Así, el Purgatorio, nueva región del más allá, aparc-

12. El papa francés Clemente V, elegido en 1305, se estableció en Aviñón en 1309.


A partir de 1378 hubo dos papas: uno en Roma y otro en Aviñón. Fue el (Irán ( Usina que 15. J . L e Goff, «D u ciel sur la terre: la mutation des valeurs du XIIe au XIII' siécle
acabó en 1417 y definitivamente en 1439. dans l’O ccident chrétien», en H éros du Moyen Age, le Saint et le Roí, París, Gallimard,
13. Véase Agostino Paravicini Bagliani, La courdes papes au XIII' París, 1995. «Q uarto», 2 0 0 4 , págs. 1.263 -1 .2 8 7 ; La'naissance du Purgatoire, París, 1981 (trad. cast.: E l
14. Ph. Aries, L’H om m e devant la mort, París, L e Seuil, 1977 (triul. rnst.: id hombre nacimiento d el purgatorio, M adrid, Taurus, 1981), reeditado en Un autre Moyen A ge,
ante la muerte, Madrid, Taurus, 1999). «Q uarto», 1999, págs. 771-1 .2 3 1 .
Capítulo 3

La Edad Media acaba en 18001

L ’H lSTO IRE: Cuando se dice que empezó en 395, fecha de la división


del Imperio romano, o en 476, fecha de la caída del imperio romano de
Occidente, y concluyó en 1453 — caída tic Constan!inopia o en 1492
— descubrimiento de América— , la Edad Media cubre un período de
algo más de mil años. Con una duración semejante, ¿realmente puede
hablarse del hombre medieval, título del libro que ha coordinado en
Editions du Seuil?
JACQUES L e G o f f : Absolutamente. La cultura medieval, en mi opi­
nión, marca una fase de la aventura medieval aún más larga que la
«Edad Media» de los manuales. Expresa un conjunto de valores — un
modelo de organización de los valores—- que se deshace entre 1750 y
1850 para acabar a lo largo de la década de 1950 con «el fin de las re­
giones» caro a Eugen Weber [La Fin des Terroirs, Fayard, 1983). La ex­
presión «hombre medieval» me parece tanto más fundada en cuanto
que en este período emerge con más fuerza una determinada idea del
hombre. Evidentemente, enseguida tenemos que matizar: el hombre
medieval estándar es imposible de encontrar. Lo que han existido siem­
pre son tipos diversos de hombres y mujeres, según fueran nobles, villa­
nos, ciudadanos, aldeanos, clérigos, soldados, etc. Pero todos estos per­
sonajes, tan variados, tenían en mente — a pesar de su diversidad— un
modelo común, ideal, «inhallable», de lo que era justamente el hombre.

1. Este artículo se publicó en L’Histoire, n° 131, marzo de 1990, págs. 46-51.


50 UNA LARGA Y HERMOSA EDAD MEDIA la EDAD ME DIA ACABA EN 1 8 0 0 51

Por esa razón me rebelo contra las famosas disputas sobre las fechas, naba con proporcionar una constitución comunal a París; o de u n ja n
1453 o 1492, que tal vez son útiles para una historia de los aconteci­ I lus ( I ViV 14 14), que bosquejó la idea de una nación checa.
mientos o una historia estrictamente política. Y aún más, porque la idea Por supuesto, los revolucionarios ignorarán a sus predecesores para
misma de «Renacimiento», la lógica intelectual de los siglos XV y XVI, remontarse, de un modo bastante «ahistórico» (siempre es la búsqueda de
responde de un modo sorprendente a uno de los resortes fundamentales referentes eternos), a los antiguos romanos. Y son los hombres del siglo
de la cultura medieval, para la que innovar consiste siempre en volver XIX, un Augustin Thierry y sobre todo un Michelet, quienes invocarán es­
atrás, en encomendarse a las autoridades del pasado o a la Antigüedad. tos precursores medievales de la Revolución. En la actualidad los historia­
Así pues, creo que se debería limitar, en la medida de lo posible, al arte dores tienden a advertir en ambos casos (en la voluntad de remontarse a
y a la estética. los romanos o a precursores medievales) un error de perspectiva.
En cambio, si aspiramos a una historia profunda, la cesura Edad Me- Ahora bien, es justamente este error de perspectiva imputado a los
dia/Renacimiento tan sólo nos desvía de la investigación. Los siglos XV- actores de 1789 el que me interesa y me indica la existencia de una
XVI se caracterizaron por rasgos que marcaron otros muchos «renaci­ «Edad Media» hasta 1800. Estos hacedores de historia que fueron los
mientos». Renacimiento de los siglos V III-IX: en efecto, los carolingios revolucionarios nos enseñan, con su fijación en un régimen que se dice
fundan un humanismo a partir de una renovación de la cultura antigua. feudal o con su política religiosa (derivada en línea directa de las «here­
Renacimiento del siglo X II, con la profundización, en Chartres, del hu­ jías» medievales, condenan el estancamiento de la Iglesia en el siglo),
manismo cristiano a través de una naturaleza reconciliada con Dios; con que en la década de 1780 no se tenía nuestra visión de la historia, nues­
la construcción de un Estado cristiano en Inglaterra, Francia y el Impe­ tra definición de los valores ni nuestro modo de articular estos valores
rio Hohenstaufen, resultado de un equilibrio entre el poder espiritual y unos en relación con otros. Insisto en esto: tenemos que superar el con­
el temporal. Sin contar el modelo italiano de la comuna, de la ciudad-Es- cepto de historia de las «mentalidades», que nos conduce sin cesar a una
tado encarnada en el burgués/ciudadano. ¿Y por qué, si pasamos por fragmentación en períodos breves, para asumir una historia de los valo­
encima del tradicional Renacimiento de los siglos XV -X V I, no hacerlo res, de las referencias, más larga y sorprendente.
también con el «Renacimiento» de las luces del siglo XVIII?
Digamos de una vez por todas, ya que aquí sólo me atengo a los va­ L ’HlSTOIRE: ¿ Q u ié n es, p u e s, el « h o m b re m e d ie v a l» ?
lores, que cada renacimiento se acompaña de — incluye en él— formas JACQ UES L e G O F F : Pues bien, poco más o menos que el de la Decla­
económicas, sociales, institucionales. En efecto, el hombre medieval só­ ración de los Derechos del Hombre. Los medievales creían profunda­
lo avanza en la tierra firme del pasado; en este sentido, y lo que digo tal mente en una naturaleza humana abstracta y universal. Sus conflictos,
vez resulte sorprendente, la propia revolución de 1789 sigue siendo un sus sufrimientos, sus alegrías y hallazgos se organizan a partir de ese mo­
fenómeno típicamente medieval. delo, siempre presente hasta el fin del siglo XVIII: el Hombre, más allá de
las contingencias del espacio y el tiempo, corona el edificio de la Crea­
L ’HlSTOIRE: L a id ea es, c u a n d o m e n o s , in s ó lita ... ción, ha recibido la capacidad de trabajar en su cumplimiento y unirse al
J acques L e G tanto si consideramos la larga duración de la
o f F: N o Creador. Por supuesto, hay una gran diferencia entre el hombre de la
Edad Media. Evidentemente, no pretendo que no haya ocurrido nada Revolución y el de la Edad Media, pero es sobre todo porque Dios, que
entre san Luis y Luis X V I, ni que las sociedades sean idénticas, ni que es siempre la referencia, ha cambiado. El Ser supremo ya no es un Dios
cinco siglos de historia (¡y qué historia!) no hayan tenido lugar, ni que la que humilla al hombre, es un Dios en quien culminan la Naturaleza y la
Revolución no suponga el inicio de una ruptura con la Edad Media. Razón, que son los fundamentos de los derechos del hombre. Aun este
Simplemente, la idea de un Hombre que dirige a los actores de la Revo­ nuevo Dios había sido esbozado en el renacimiento del siglo X II, que
lución, los conceptos que representan, se asemejan a las referencias de prácticamente lo asimiló a la Razón.
un Arnaldo de Brescia (ejecutado en 1155), que sublevó a Roma contra Aquí es preciso subrayar un punto esencial. Este Hombre ideal, cen­
el dominio político del papa; de un Étienne Marcel (1316 13 58), que s o ­ tro del universo, también es un hombre pecador, que Cristo redimió y
52 UNA LARGA Y HERMOSA EDAD MEDIA I. A EDAD MEDIA ACABA EN 1 8 0 0 53

que debe compartir, sin tregua, la cruz del Salvador. Hombre doliente, Id liSTOlKL: En estas condiciones, ¿en qué indicios se reconoce el
humillado pero divino, hecho «a imagen de Dios», como recuerda viva- paso del hombre de la Antigüedad al hombre medieval?
nicnte i'I humanismo del siglo XII, el hombre medieval vive en la ambi­ JACQUES L e G ü FF: Como he dicho, en el papel de la Biblia. Pero es­
valencia. Puesto que la Iglesia proscribió rotundamente el maniqueísmo, te criterio tal vez sea demasiado intelectual, ideológico. También hay que
la oposición dualista entre el Bien y el Mal, los hombres medievales no buscar los valores medievales en lo concreto, en la modificación de los
podían decantarse por la gracia o la condenación absolutas. En todos los comportamientos. Y aquí, diría que uno de los primeros indicios —-un
grandes debales, tenían en mente un marco fijo, unas referencias nítidas, fenómeno fundamental— es, desde luego, la aparición de la pareja, la
en el interior cle las que se desencadenaban tensiones extremas. La defi- noción del hombre y la mujer en pareja. Digo bien: la pareja y no el ma­
11u ion del purgalorio a linales del siglo X II, que concede una oportuni­ trimonio.
dad de salvarse al hombre moderadamente pecador (el caso más «nor-
11 luí-), ah •■ligua esta i elisión, en el hombre, entre Dios y Satán. L ’HlSTOlRE: ¿ P o r q u é ese m a tiz ?
I labial de la cultura medieval es hablar, ante todo, del libro de refe- JACQUES L e G O FF: Porque el matrimonio, en la forma cristiana que
lem i.i , lanío en la religión como en la impiedad, en la adhesión como en conocemos, presente a partir d e la época carolingia (siglo IX), no se ins­
la herejía, en el conformismo o en la subversión: la Biblia. Independien­ taura realmente sino en el siglo X II, cuando se convierte en un sacra­
temente de su nivel cultural o sus conocimientos, los hombres de la mento de la Iglesia. Entonces marca la culminación de la idea de pareja,
Edad Media encontraron en la Biblia los fundamentos del saber y de que es muy anterior y que se desprende directamente de la difusión del
la verdad. Hasta la segunda mitad del siglo X IX , advertimos en los ser­ relato de Adán y Eva en el Génesis. En cierto sentido la cultura medie
mones o penitenciales, en la literatura divulgativa o en las viñetas, las val comienza cuando se considera al hombre y a la mujer como iiuliso
mismas estructuras y dialéctica, idénticos exempla2 que en los documen­ lublemente unidos, solidarios, a imagen de la pareja original. La Ami
tos comparables de los siglos X II y XIII. Además, sería más exacto hablar güedad no llegó a pensar en ningún momento en que los dos sexos
de la Vulgata, es decir, de la tradición latina de la Biblia, realizada por formaran una pareja.
san Jerónimo en el siglo IV. Revisar esa traducción fue una de las prime­ Este triunfo de la pareja («Hombre y mujer los creó», dice la Escri­
ras larcas de la universidad de París en el X III, un acto simbólico del pa­ tura) es de una extremada importancia teórica y práctica. En efecto, des­
pel cent ral de la Escritura. de el punto de vista intelectual, la mayoría de los teólogos afirma que
I ’or esta razón, no se puede hablar de la Edad Media hasta que una Eva recibió su alma directamente de Dios, como Adán. Así pues, recha­
Inerte impronta cristiana no se afianza en la sociedad grecorromana, zan la idea residual de que la habría recibido por mediación de Adán. La
porque a fin de cuentas es esta nueva forma de religión y cultura, el cris- leyenda según la cual se celebraron debates para saber si la mujer tenía
i ¡¡mismo, la que marca la diferencia con la Antigüedad tardía. ¿Acaso no alma forma parte de las necedades de las que jamás nos purgaremos. Re­
se han encontrado, a partir del siglo II, mentalidades y comportamientos pitamos, una vez más, que los concilios jamás pensaron en la mujer en
que durante mucho tiempo los historiadores atribuyeron sólo a la Edad ese sentido. Simplemente querían saber si el término hom o , el Hombre
Media, por ejemplo el rechazo del placer, la desconfianza respecto a la universal — el del Et hom o factus est del Credo-, «Y se hizo el Hombre»— ,
sexualidad o el elogio de la virginidad? Esto demuestra que esos rasgos se aplicaba al sexo masculino y al femenino. En el concilio de Macón
no definen al hombre medieval en lo que tiene de específico. No son es­ (585) se gestó una respuesta afirmativa, adoptando definitivamente el
tas características, sino la relación con la Biblia y la concepción existen­ término de hom o y no el de vir (exclusivamente masculino).
cia! de un «hombre nuevo», las que marcan este período. Esta afirmación de igual dignidad, que nunca se puso en duda, se en­
frenta permanentemente con la asentada convicción de una inferioridad
2. Los exempla designan anécdotas edificantes insertas en los sermones para incitar
en los hechos. E l hombre y la-mujer son iguales. Mejor: forman una pa­
al hombre, divirtiéndolo, a evitar el pecado y asegurar su salvación. Se incorporan a un reja. Pero en el interior de esa estructura sorprendentemente estable hay
fondo de relatos tradicionales que se nutren de una dilatada existencia oral. un conflicto latente.
54 UNA LARGA Y HERMOSA EDAD MEDIA I.A EDAD MEDIA ACABA EN 1 8 0 0 55

En la práctica, las consecuencias de semejante visión de la pareja son maldición Sin embargo, antes de la caída, la Biblia también nos dice que
considerables. Imponiendo el matrimonio a los campesinos y a los pro­ el hombre participaba del trabajo del Creador. Se perfilan tres temas.
pietarios de grandes señoríos, los carolingios siguen el movimiento espiri­ ( ionio colaborador de Dios, el hombre comparte su gloria dando los úl-
tual y lo aceleran en función de sus propias necesidades. Así, crean la cé­ i irnos loques a la creación. Como pecador, el hombre padece ese mismo
lula básica de la que nace el desarrollo demográfico, económico y cultural trabajo como un yugo físicamente degradante. Redimido por Cristo, el
de Occidente. A partir de la reforma gregoriana (mediados del Xl-media- hombre puede utilizar el trabajo como una mortificación para hacer
dos del XIl), sólo se proponen dos estatus: la pertenencia al clero o al mun­ penitencia y recuperar el esplendor original. De todo ello resultó una
do laico, es decir, no casado (o «casado» con la Iglesia) o casado. El (o la) concepción del trabajo asombrosamente estable hasta la Revolución
célibe pasa a ser, casi siempre, un ser marginal, objeto de fascinación-re- industrial, coronada con el reciente triunfo del sector terciario. Para el
pulsión. En esta cultura, quien no pertenece al clero, quien no está casa­ hombre medieval, el trabajo carece de un verdadero valor material: es
do, permanece en una posición inferior, subalterna, como si de un niño se ingrato, pesa en el cuerpo. En cambio, presenta un aspecto espiritual, in­
tratara. No diré que la Edad Media no quisiera a los niños: simplemente, ventivo, creativo, que siempre conviene buscar.
éstos no tenían consistencia social hasta que accedían al matrimonio.
Cuando consagra la evolución de la pareja, de la que es en gran me­ L ’HlSTOIRE: Es el lema de los benedictinos: «O ra y labora».
dida responsable, la Iglesia la dota, empero, de una contradicción inter­ JACQUES L e G o f f : Exactamente. Pero, como es habitual, con fre­
na típicamente medieval. El matrimonio es indisoluble, afirma, y ha de cuencia se ha malinterpretado como «Trabaja y calla». Lo que es un con­
descansar obligatoriamente en el libre consentimiento de los esposos (la trasentido manifiesto. Hay que comprenderlo bien: trabaja para trans­
coacción es una causa mayor de anulación). En resumen, en el interior figurar este material, que testimonia tu iniquidad, como medio para
de un sólido armazón colectivo, la Iglesia provoca la más poderosa pul­ elevarte. Por otro lado, se trata de una fórmula tardía que puede expre­
sión individualista: el amor como convicción íntima, objeto de examen y sar el equilibrio benedictino entre la oración y el trabajo; no pertenece a
discernimiento de uno mismo. Lo que obviamente no impide la perma­ la enseñanza directa de san Benito.
nencia del matrimonio de conveniencia decidido por las familias y que La importancia de la concepción monástica del trabajo — el trabajo
actúa como un medio de gestión. Basta con examinar las políticas matri­ como penitencia redentora— favorece así la extraordinaria «invención
moniales de las grandes o pequeñas dinastías... El movimiento no pue­ del tiempo» que manifiesta el Occidente medieval. En su obra L’Heure
de ser más claro: el amor desempeñará, en la evolución psíquica de O c­ qu’il est (Gallimard, 1987), David Landes lo señala acertadamente: hay
cidente, un papel que no conocía hasta entonces. que rezar sin tregua porque según el Evangelio nadie sabe el día ni la ho­
ra del Juicio Final. Esta oración incesante impone una regla que escapa
L’HlSTOIRE: Tal como lo presenta, el matrimonio parece depender al ritmo de los días y las noches, las lunas y las estaciones. E l tiempo co­
directamente del trabajo y de la economía. tidiano se mide, a partir de ese momento, de un modo abstracto, prime­
J a c q u e s L e G o f f : Decir que depende directamente sería un tanto ro con el uso del tiempo de las horas monásticas, escandido por las cam­
exagerado. Pero en la Edad Media el universo del trabajo es omnipre­ panas — una invención de los siglos V-VII— y más tarde en la ciudad con
sente. Esta cultura no piensa en el ocio, aunque los complejos juegos de el reloj mecánico que señala horas idénticas y mensurables, aparecido a
los días festivos dejan cierto margen. Naturalmente, en este contexto, la finales del siglo XIII. El tiempo ha cambiado de naturaleza: se convierte
pareja representa la unidad básica del trabajo y de la economía. Tanto en un espacio horario que se planifica y se organiza.
más cuanto que el trabajo, desde la difusión de la Biblia, alimentó una Util para el buen funcionamiento de la regla monástica, cuyas ple­
importante reflexión — contradictoria...— relacionada con el destino garias se suceden a horas fijas, el «uso del tiempo» altera la gestión del
de Adán y Eva. trabajo. También modifica la-relación con las máquinas. Las campanas
Sabemos que la Biblia muestra al hombre condenado a ganar el pan (y más tarde el reloj) son, junto al molino, los pilares del imaginario me­
con el sudor de su frente merced a su propia culpa. El trabajo es una dieval.
56 UNA LARGA Y HERMOSA EDAD MEDIA LA EDAD MEDIA ACABA EN 1 8 0 0 57

Por supuesto, la Edad Media no inventó el molino de agua: existía perturbaciones encontramos, evidentemente, política. Pero no creo que
desde la Antigüedad. Pero gracias a las nuevas relaciones del trabajo y el se trate de una característica fundamental. Además, podemos pregun­
tiempo, la Edad Media convirtió ese molino en una «máquina indus- tarnos si los hombres de 1789, aún impregnados por la larga Edad M e­
irial», cosa que no era antes. Además, y de un modo muy curioso, el te­ dia, no sufrieron por ser, pese a los filósofos ingleses y los de la Ilustra­
lar — otra técnica básica de aquella época— no tuvo un peso tan defini- ción, tan poco «políticos» en una cultura que mutaba y buscaba esta
livo en el imaginario. Alrededor del molino, cercano al convento antes nueva dimensión. No olvidemos que el hombre medieval no posee en
do urbanizarse, se despliega lentamente todo un mundo-máquina cuyas absoluto la concepción de lo económico y muy escasamente la de lo po­
consecuencias se dejarán sentir pronto en la mayoría de los trabajos, es- lítico. Lo que, evidentemente, no debe impedirnos explicar la Edad M e­
peci.límenle en la metalurgia. dia tanto con la historia económica como con la historia política, pero sin
Asimismo, la figura del molinero adquiere, al distinguirse del monje, perder de vista el hecho de que estamos usando conceptos modernos.
iiii csialns ambiguo, pues pertenece al mundo campesino sin formar Dicho esto, el hombre medieval posee los textos bíblicos, que le son
|i,u ie de el ( límpidamente. Tampoco pertenece a la ciudad, que lo ne­ necesarios y que resultan ser, como sospechamos, eminentemente con­
cesita, ( Il acias a su máquina, parece multiplicar y crear lo que no existía tradictorios.
untes. Transformado en diablo en la leyenda, a menudo desempeña, en En efecto, la época adopta la monarquía real, basada en la coronación
la práctica, el papel de usurero, otro personaje no menos inquietante y la unción recibida por David del profeta Samuel. El rey de Israel es el
que, de un modo abstracto e inexplicable, genera riqueza al margen de prototipo de todos los reyes de Occidente. No obstante, los hombres me­
la mano del hombre, producida —-gracias a los intereses— por el simple dievales saben que Dios — justo antes de aceptar que Israel tuviera un
paso del tiempo. ¡El hombre sigue enriqueciéndose cuando duerme! Al­ rey— le hizo a Samuel la crítica más rigurosa de la institución monárqui
rededor de estos temas se tejen numerosas ambivalencias y paradojas ca (primer libro de Samuel, capítulo octavo). Los hombres medievales
medievales sobre la máquina y las finanzas, que aún hoy en día distan también sabían que Cristo rechazó constantemente la realeza que le pro
mucho de sernos ajenas. ponían, para conocer tan sólo, con su Pasión, una monarquía irrisoria,
paródica, escarnecida. Por último, leen el Deuteronomio y los apostrofes
I ,’l IlSTOIRE: La salvación del alma, la redención del cuerpo, la pare­ de los profetas, que no pueden ser más claros: el rey es el rey, ungido por
ja, el trabajo. Hasta el momento no ha abordado la política. Sin embar­ el Señor, pero ay de él si no respeta la Ley divina, que es superior. El rey
go, para muchos de nuestros contemporáneos la Edad Media sigue sien­ es tan sólo el guardián de la ley, no la fuente de la que emana. Su legiti­
do la época de los reyes y los señores feudales. midad procede de Dios, siempre y cuando sepa conservarla...
JACQUES L e G o f f : Sinceramente, no creo que la política y la historia Por lo tanto, no hay que exagerar el aspecto tabú del monarca o de
política sirvan para esclarecer la especificidad medieval tan claramente los señores, que antes de su decadencia eran pequeños monarcas. A par­
como los valores y las costumbres. Hay tensiones sociales violentas (la re­ tir del siglo X II, los teólogos hablan, sin complejos, del tiranicidio, justi­
lación entre el campo y la ciudad, los señores y el pueblo llano). También fican el derecho a matar a un tirano (se invocará para el asesinato de
hay una persistente resistencia «herética» al poder controlado por los Luis de Orleáns en 1407) y muestran cómo una legitimidad se evalúa, se
clérigos. Pero estas herejías a menudo nacen de una necesidad de refor­ critica y aun se impugna. Por otro lado, en Bossuet encontramos temas
mar la conducta de los clérigos o de un rechazo de la historia lineal que que se trataron ya en los tiempos caloringios. Su Politique tirée de l’Ecri-
la Iglesia impone a una sociedad aún muy marcada por la idea de los ci­ ture sainte , como la mayor parte de los textos desde siglos atrás', repite
clos temporales, el eterno retorno y el milenarismo.I3 En medio de estas que el rey es rey mientras se conduzca rectamente.

3. (Derivado del latín millenium.) En su origen, y en función de mui larga tradición Por extensión: espera del fin de los tiempos, regreso de la edad de oro y de un estado so­
apocalíptica judeocristiana, el milenarismo designa la creencia según la cual, tras la ani­ cial perfecto que culmine la historia. Después de san Agustín, la Iglesia consideró heréti­
quilación del anticristo, Cristo reinaría mil años en la tierra antes del <lia del Juicio final. cos a los milenaristas.
58 UNA EAKGA Y HERMOSA EDAD MEDIA I.A EDAD ME D IA ACABA EN 1 8 0 0 59

L ’HlSTOIRE: N o o b s ta n te , está la d isp u ta fu n d am en tal e n tre el p ap a piiíelic ámenle nada de mil años de su historia más próxima, su propia
y el e m p e ra d o r, e n tre el p o d e r esp iritu al y el p o d e r te m p o ra l. historia.
JACQUES L e G o e F: Se trata, efectivamente, del gran conflicto políti­ I )¡go esto sin pesimismo. ¿Acaso los historiadores no tienen, entre
co de la Edad Media, pero es un conflicto de teólogos, sabios y juristas. ot ras, la I unción de luchar contra los fallos de la memoria? Creo que es
Los fieles lo interpretaron más bien como el conflicto del profeta y del perfectamente posible conseguirlo. Insisto: el final de la Edad Media no
rey: lo atestiguan las reprimendas que Natán dirige a David. Creo que la significa que determinados valores hermosos y fuertes, de los que se nu­
dimensión política se percibía mal, porque el emperador y el papa se en­ trió, hayan muerto con ella. Simplemente, se piensan y se estructuran de
contraban muy alejados de la vida cotidiana. otro modo. Por ejemplo, si el concepto de «Occidente cristiano», como
En cambio, las delicadas relaciones, ambiguas y conflictivas, entre el totalidad sociorreligiosa global, queda definitivamente en el pasado, es­
rey y el obispo forman parte del paisaje diario. Tengamos presente que to no implica que los occidentales y los cristianos estén en vías de extin­
el papa, mucho más que hoy día, era considerado como el obispo de Ro­ ción. Por lo tanto, no hablamos de decadencia ni del año cero de algún
ma y que la noción de emperador no tenía el sentido que le confería la brave new world. Las cosas se organizan de otro modo, eso es todo; y, co­
Antigüedad. El emperador romano germánico es rey de sus tierras, así mo siempre, tenemos ciertas dificultades para pensar en lo que ocurre.
como el rey de Francia se considera emperador de su reino. Al margen
de sus pretensiones universales, la ideología imperial no se distingue, en la
práctica, de la ideología real. (Entrevista realizada por Jean-M aurice de Montremy)
La lucha del trono y del altar, la delimitación de las competencias de
lo espiritual y lo temporal, fermentan en las almas de la Edad Media. La
Reforma y la Contrarreforma tan sólo situarán el enfrentamiento en un
punto álgido, sin resolverlo realmente. Una vez más, habrá que esperar
a la década de 1850 para que los términos de este antagonismo se des­
placen y se resuelvan, como sabemos, a lo largo del siglo XX.
Desde hace cincuenta años, el modo en que se plantean los proble­
mas políticos y religiosos ya no es el mismo. La reciente conmoción a pro­
pósito de La última tentación de Cristo , de Scorsese, o del «velo islámi­
co», lo demuestran: los conceptos, aún vivos a principios de este siglo, ya
no parecen apropiados para los debates del presente. Se habla de inte-
grismo o antifanatismo y laicismo ahí donde antes se hablaba de blasfe­
mia o herejía, o de la «naturaleza» de Cristo. Los valores espirituales y
temporales ya no mantienen la misma relación, a la que nos había acos­
tumbrado la Edad Media.

L ’H La Edad Media se aleja...


is t o ir e :

Sí, y muy rápido, aunque quedan retazos. Sin


JACQUES L e G o f f :
duda, y gracias a ello, podemos estudiarla con menos a priori que hace
un siglo: no estamos tan «inmersos» en ella. En cambio, este alejamien­
to comporta ciertas pérdidas que se traducen en la opacidad del pasa­
do. Sin referencias a la Biblia y a la cultura de la Antigüedad — lo que
es la norma— , el hombre de hoy corre el peligro de no comprender
nmuuuuuuuuuMttUMtt
Para saber más

La E dad Media

Jacques Le G o ff (comp.), La Nouvelle Histoire , en Les Encyclopcdics du


savoir moderne, París, Retz, 1978 (con Roger Chartier y Jacques Re-
vel) (trad. cast.: La nueva Historia, Bilbao, Mensajero, 1988).
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dia, Barcelona, Gedisa, 1986).
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yen Age: 1060-1330, Bordas, «L’Histoire universelle», 1971.
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chrétienté, v. 1180-v. 1 3 3 0 , 1994.
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— , La Naissance du Purgatoire, París, Gallimard, «Blibliothéque des his­
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purgatorio, Madrid, Taurus,. 1981).
— , L’lm aginaire médiéval. Essais, París, Gallimard, «Bibliothéque des
histories», 1985; nueva edición, 1991.
62 UNA LARGA Y HERMOSA EDAD MEDIA PARA SABER MÁS 63

— , La Bourse et la vie. Économie et religión au Moyen Age, París, Ha- Je¡iii ( laude Sclimilt, Précher d ’exemples. Récits de prédicateurs au M o­
chette, 1986; nueva edición «Pluriel», 1997 (trad. cast.: La bolsa o la yen Áge, París, Stock/Moyen Áge, 1985.
vida: economíay religión en la EdadM edia, Barcelona, Gedisa, 1987). Jacques Berlioz y Marie Anne Polo de Beaulieu (comps.), Les Exempla
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— , Dieu au Moyen Age, París, Bayard, 2003 (con Jean-Luc Pouthier). 1983.
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Penitenciales

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Exempla

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plum, Turnhout, Prepols, 1982 (TSM AO, 40).
Seg u n d a parte

S o m b r a s y lu c e s
d d c n s t I a m s m o m e d ie v a l
» n i m
Capítulo 4

La cruzada. I: Jerusalén
se convirtió en un sueño.
Crónica de una gran desgracia1

La cruzada contribuyó indudablemente a forjar la identidad de ( )c


cidente. Sin embargo, estas desgraciadas expediciones no lograron sino
una gran incomprensión entre los pueblos al cabo de los siglos.

L ’H iST O IR E: ¿Cómo explica que la idea de la cruzada se impusiera


con tanta fuerza en Clermont en 1095? ¿Por qué en ese momento y no
en otro?
J a c q u e s L e G O F F : En mi opinión, hubo dos elementos determinan­
tes. El primero es el crecimiento demográfico que Europa conocía en­
tonces y que fue difícilmente absorbido. Segundo elemento: la voluntad
de la Iglesia, a la que le parecía escandaloso que los señores feudales
cristianos guerrearan unos contra otros; había que desviar las pasiones
bélicas de Occidente hacia aquellos a los que es justo atacar, es decir, los
herejes y los infieles.
Por último, hay que añadir, como han señalado muy bien Paul Al-
phandéry y Alphonse Dupront, las pulsiones de carácter estrictamente
religioso: es necesario conquistar la Jerusalén terrenal antes de alcanzar
la Jerusalén celeste. Lo maravilloso cristiano envuelve la cruzada en ese
fin de siglo, y es también una de sus causas.

1. E ste artículo se publicó en L’Histoire, n° 191, septiembre de 1995, págs. 36-38, y


después en «Collections de L'Hislotre», n° 4.
68 SOMBRAS Y LUCES DEL CRISTIANISMO MEDIEVAL I.A CRUZADA. I: [ . . . ] 69

L’I [iSTOIRE: ¿Cómo definiría esta idea de cruzada? L’11IST()IRK: Usted ha evocado la idea de guerra justa. ¿Podría expli­
JACQUES L e G o f f : Se sitúa en el punto de convergencia de dos fe­ carnos en qué términos se definió en la Edad Media?
nómenos muy distintos. El primero es el movimiento por la paz, que se JACQUES L e G O FF : Como a menudo ocurre en el cristianismo me­
desarrolla a partir del año 1000, pero que rápidamente dirige la Iglesia. dieval, lo esencial de la doctrina fue establecido por san Agustín en el si­
I ,os clérigos promulgarán limitaciones en tiempos de guerra. La idea de glo V, y no será modificado más tarde. Ahora bien, la actitud de san
exportar la guerra fuera de O ccidente deriva directamente de este tipo Agustín frente a la guerra es fundamentalmente pesimista: cree que es
de iniciativas. un mal inevitable, una de las consecuencias del pecado original. Escribió
Segundo fenómeno: el extraordinario desarrollo de la caballería, que lo siguiente: «E l deseo de hacer daño, la crueldad en la venganza, el
rada vez se define más por el carácter religioso de su función y su acción, espíritu implacable, insumiso; la ferocidad en la revuelta, el deseo de do­
romo alesi ig.ua la ceremonia de la investidura délos caballeros, en la que minar y otras actitudes similares, es lo que el derecho critica en las gue­
I,,'. i no:, i i isi ¡anos cobran progresivamente más importancia. De pronto rras» (Contra Faustum, Patrología latina, 42, 447). A partir de ese mo­
la gurí i a se eueueiilra justificada como nunca antes lo había estado. Por mento sólo queda definir las condiciones de una guerra aceptable, de
supuesto, hay que conducirla de acuerdo a los principios de la Iglesia, una guerra justa.
pelo, a partir de entonces, si obedece esos principios deja de ser un mal Para san Agustín, la guerra es justa si no se considera un fin en sí
y se transforma en un bien. Es un bien para los que la realizan y así ase­ misma sino un medio para restablecer la paz; si confirma la justicia; si ga-
guran su salvación; también es un bien para los que la sufren, porque rantizá lo que denomina «la tranquilidad del orden». Por último, la
reciben un justo castigo. guerra no puede servir de pretexto para las atrocidades, en concreto,
la profanación de iglesias. Más exactamente, y esto atañe directamente a
L ’HlSTOIRE: ¿ E s u n a g u e rr a sa n ta ? nuestro tema, san Agustín considera legítima una guerra que tenga por
JACQUES L e G o f f : Absolutamente. Pero hay que insistir en el hecho objetivo vengar los agravios o recuperar tierras injustamente usurpadas
de que la guerra santa se concibe, previamente, como una guerra justa: a su propietario, según la célebre fórmula: «Las guerras justas vengan las
no es una conquista sino una reconquista. No es casualidad que el fenó­ injusticias».
meno jurídico, institucional, de la cruzada aparezca en España más de En cambio, son condenables — y así será hasta el fin de la Edad M e­
l reinta años antes de Clermont, cuando en 1063 el papa Alejandro II de­ dia— las guerras que se emprendan por codicia o ansia de dominación.
clara que los cristianos deben realizar operaciones de reconquista contra En resumen, toda forma de guerra que no obedezca a los tres principios
los musulmanes. enunciados anteriormente se considera «bandidaje», lo que, para san
Sin embargo, la novedad que surge en Clermont es la idea de que Agustín, es el caso de todas las guerras de la Antigüedad pagana.
hay que reconquistar Jerusalén, tierra cristiana, a los turcos, que se la ha­
bían arrebatado a los fatimíes en 1076. Así pues, la guerra es santa por­ L ’HlSTOIRE: ¿ A q u ién r e c o n o c e san A g u stín el p o d e r d e d e cid ir la le ­
que consiste en recuperar la tierra original de los cristianos. Pero tam­ g itim id a d d e u n a g u e rr a ?
bién es santa porque la decide la Iglesia y el papa, que se afirma como JACQUES L e G O FF :Este es un punto importante: la guerra sólo la
jefe de la cristiandad. Por último, es santa porque se acompaña de ritos puede decidir y dirigir el príncipe. Hay un privilegio regio de la guerra.
específicos de penitencia; en Saint-Denis se adopta el estandarte de la San Agustín sólo reconoce este privilegio al emperador romano, pero
cruzada, uno de ios signos simbólicos necesarios en toda empresa sagra­ muy pronto será impugnado por el poder pontificio, que no dejará de
da; por otra parte, yo diría que la cruzada es más una guerra sagrada que afirmar su derecho en ese ámbito.
una guerra santa. Es una guerra dirigida por Dios y no por los hombres, En este aspecto dos papas jugaron un papel fundamental. En primer
que sólo son los instrumentos, los soldados de Dios. Se llamó a las cru­ lugar, Urbano II en su prédica de la cruzada en Clermont en 1095. Más
zadas Gesta Dei per Francos: «Los elevados designios de I )¡os realizados tarde, Inocencio III, que a principios del siglo XIII declara que sólo el
por mediación de los francos». papa puede decidir una cruzada: si los príncipes quieren emprenderla
*
LA C R U Z A D A . I : [ . . . ] 71 4
SOMBRAS Y LUCES DEL CRISTIANISMO MEDIEVAL
70
m
I .'I llSTi )ll<l.: I )c la perversión de la cruzada pasamos a su fracaso,
tendrán que pedirle autorización. D e ahí, a contrario , la desconfianza
cuando en I2'X) san Luis cae prisionero de los musulmanes. Algunos •
constante de la Iglesia ante las cruzadas populares, emprendidas sin el
años más tarde morirá de tifus ante Túnez en una segunda tentativa in- p
aval pontificio: a los ojos del clero son movimientos casi heréticos.
fluctuosa... a
J a c q u e s L e G o f f : E l caso de san Luis es especialmente interesante
L ’HlSTOIRE: En suma, la Iglesia siempre se ha sentido cómoda con la
porque su destino ilustra una modificación radical en la idea de cruzada. •
guerra... En primer lugar por la época en la que se inscribe y en segundo por el ^
J a c q u e s L e G o f f : La actitud de la Iglesia ante la guerra se parece a
papel personal que desempeñó. ^
la que mantuvo frente al matrimonio. En ambos casos considera que son
Empecemos por la época: es un momento en el que la opinión cris­
males necesarios. Y en ambos casos son actividades que se permiten a
tiana se muestra sensible a ciertas críticas virulentas que los herejes — cá- •
los hombres de estatus inferior, los laicos. Los clérigos tendrán prohibi­
taros, valdenses— realizaban respecto a la guerra, afirmando que el ^
da la participación en la guerra, prohibición que será muy severa en el
quinto mandamiento («No matarás») no debería sufrir ninguna excep- ^
caso de los monjes; sin embargo, no se respetó esta última prescripción:
ción.
la cruzada permitió la creación de órdenes militares, es decir, el enrola­
Asimismo, en esta época se modifica la concepción territorial e ideo- %
miento de ciertos clérigos que portarán armas e incluso serán glorifica­
lógica, identitaria, de la cristiandad: podemos afirmar que hasta ese mo- ^
dos por su pertenencia a aquella militia christi. No obstante, en teoría, la
mentó la cristiandad era la Europa romana y Tierra santa. Esto dejó de
guerra, como el matrimonio, crea un abismo entre el mundo clerical y el
ser así. El desarrollo del Occidente cristiano hace que, progresivamente,
mundo laico, porque en ambos casos hay impureza, mancilla, ya se vier­
el ser y el futuro de la cristiandad se sitúen en Europa: hay que aprove- &
ta sangre o esperma. char las extraordinarias conquistas materiales y espirituales que O cci ¿
dente ha adquirido en su territorio. Jerusalén se convierte en un sueño,
L ’HlSTOlRE: El ideal de la cruzada choca rápidamente con los hechos.
y para alcanzarlo se recupera la práctica habitual antes de la llamada de
Se advierte cómo las ambiciones políticas de los soberanos europeos se
Clermont: la peregrinación. $
desatan en tierra santa; los musulmanes recuperan Jerusalén en 1187 y la
Un ejemplo de este cambio en las mentalidades: Joinville, el biógra- ^
expedición de 1204 termina con el saqueo de Constantinopla... ¿Acaso
fo de san Luis, un cristiano más bien tradicional, es decir, sensible al
sus contemporáneos creyeron que Dios les había abandonado, habida
ideal de la cruzada y que acompañó al rey durante seis años en su pri­
cuenta que la guerra santa no parecía serlo tanto?
mera expedición a Tierra santa, no quiso volver a partir con él una se- ig
JACQUES L e G o f f : En efecto, puede decirse que a partir del fin del
gunda vez a pesar de la ferviente devoción que sentía por el soberano. *
siglo XII la idea de cruzada perdió parte de su fuerza en la opinión cris­
Dijo que su deber de señor cristiano era ocuparse de su tierra y de sus
tiana. Por un lado, debido a los fracasos que has señalado, y también
gentes, en Cham paña...
porque la mayoría de los grandes soberanos de O ccidente que partici­
Por último, el siglo XIII es la época en la que triunfa el ideal de la £
paron en ella se pusieron en entredicho. Antepusieron sus disputas a la
conversión, que debe mucho al franciscanismo: san Francisco, que fue a ^
lucha contra el infiel: basta recordar la rivalidad que enfrentó a Felipe
Tierra santa, volvió con la idea de que había que sustituir la cruzada por
Augusto y Ricardo Corazón de León en la tercera cruzada, iniciada en
la misión, que había que convertir a los infieles y no emprender una gue­
1189. Al mismo tiempo, el emperador Federico Barbarroja, a la cabeza
rra contra ellos. $
de su ejército, se ahogó en un río de Cilicia. Por último, el emperador
Federico II compró Jerusalén a los musulmanes en 1229, lo que no se
el papel personal de san Luis en este contexto?
L ’H lS T O lR E : ¿ Y
adecúa mucho al id eal... Por otro lado, el papado degrada el propio tér­
J acq ues L e GEl rey se convence de que la guerra contra el in-
o ff: ®
mino de cruzada: a mediados del siglo XIII, Inocencio IV llamará cruza­
fiel es justa, a condición de reforzar la conversión, y considera, siguien- £
da al conflicto que lo enfrenta con el propio Federico II.
do siempre a san Agustín, que en la cristiandad la guerra es justa cuan- _

-1
I
uuuuuuuuumuuuui do :,c
M IMIIKAS V LUCES DEL CRISTIANISMO MEDIEVAL

11 ala de d efen d erse, re c o n q u is ta r las tie rra s u su rp a d a s , c a stig a r la


Iclonía de un vasallo o la a p a ric ió n d e h e re jía s: a p ro b ó la c ru z a d a d e su
LA CRUZADA. I : [ . . . ]

islam integrista, respecto a O ccidente. En suma, aquellas desgraciadas


expediciones, que no llegaron a nada, han contribuido a una gran in­
73

p adre laiis VIII c o n tra los alb igen ses. comprensión entre los pueblos.
Pero san Luis también es muy interesante porque evidencia un sor­ Es evidente que la cruzada fue muy importante para la identidad
prendente cambio en la mentalidad de los cristianos de Occidente ante cristiana: semejante proyecto une a una comunidad, le confiere unidad.
los fracasos en Tierra santa. Cuando regresa a Francia en 1254, abatido, ¿Acaso Estados Unidos sería lo que es sin la conquista del Far West? Las
convencido de no ser digno de su pueblo, una sobrecogedora descrip- cruzadas son el Far West de los cristianos, aunque en este caso se trate
, mu del 1 1 mlisia benedictino inglés Mathieu París nos lo muestra cabal­ más bien de un fa r east. Tampoco quiero negar que en muchos prendió
gan, lo desde 11veres a París y encontrando en cada pueblo o ciudad un un gran fervor; no hay que limitar la cruzada a aquello que condenaba
|o vi ii pnpiilui que le deja estupefacto. san Agustín, la codicia y el deseo de poder o el placer de hacer la guerra.
bu electo, asistimos a la emergencia de un fenómeno fundamental Pero esos apetitos desempeñaron, no obstante, un gran papel y, a fin de
, ii |ii liisimiii de la sensibilidad medieval: hasta entonces, la imagen de cuentas, el resultado fue completamente nulo en lo inmediato y nefasto
|lio:, ei ii de majestad, de victoria sobre la muerte y el pecado. Ahora con el paso de los siglos.
bien, la religiosidad lia evolucionado de tal modo que a partir de enton­
ces aparece en primer plano la representación del Cristo doliente: el si­
glo XIII es el déla Pasión. Como san Luis era, en la perspectiva tradicio­ (Entrevista realizada por Véronique Sales)
nal de la ideología monárquica, la imagen de Dios en la tierra — su
entorno cuidó esta imagen crística: piensa en el modo en que tocaba y
alimentaba a los leprosos o cómo lavaba los pies de los pobres— , se con­
vierte, en aquella Tierra santa donde Cristo ascendió al Calvario, en una
encarnación de ese Dios compasivo. Para coronar esa identificación, to­
dos los hagiógrafos subrayan que murió ante Túnez a la misma hora que
( Visto: las tres de la tarde.
No obstante, este cambio extraordinario señala al mismo tiempo el
agotamiento de la cruzada. Su idea, a decir verdad, sobrevivió hasta la
segunda mitad del siglo X V I, hasta la batalla de Lepanto en 1571, que
aparece como la revancha definitiva sobre los musulmanes y que al mis­
mo tiempo justifica que ya no se les combata en Tierra santa.

L ’HlSTOIRE: En resumen, ¿una aventura positiva para el Occidente


cristiano?
JACQUES L e G o F F : Evidentemente no. No comparto en absoluto el
entusiasmo de algunos ante este fenómeno. Al contrario, considero que
las cruzadas causaron muchas desgracias en la propia época: la conquis­
ta de Jerusalén en 1099 o el saqueo de Constantinopla en 1204 son pá­
ginas vergonzosas de la historia del Occidente cristiano. Y nadie, entre
los contemporáneos, sintió el menor escrúpulo... En la actualidad, justa
o equivocadamente, pero es un hecho, la cruzada es una de las justifica­
ciones de la hostilidad del mundo musulmán, o al menos de un cierto
Capitulo 5

La cruzada. II: El cristianismo


inventó la «guerra justa»1

Cristo dejó un mensaje de paz. Sin embargo, los cristianos tomaron


las armas. ¿Cómo conciliar ambos imperativos? Este es el reto de la no­
ción de «guerra justa», que impregna profundamente el pensamiento
occidental.

L ’HlSTOIRE: ¿ S e o p u s o el c ristia n is m o a la g u e rra ?


JACQUES L e G o ff: R e c o r d e m o s q u e lo s h o m b re s d e la A n tig ü e d a d
I g r e c o r r o m a n a , si d e ja m o s a u n la d o la m a s a d e c a m p e s in o s y e scla v o s,
e ra n s o ld a d o s , y la g u e r r a e r a u n a a c tiv id a d n o só lo fr e c u e n te sin o e n ­
salzad a en la A n tig ü e d a d .
El cristianismo, por el contrario, transmite un ideal de paz que se re­
mite al ejemplo de Cristo. Este hizo que Pedro envainara su espada y le
dijo: «Quien a hierro mata a hierro muere». Podríamos incluso decir
que el cristianismo es antimilitarista.
Los primeros grandes teóricos cristianos latinos son generalmente
pacifistas. Citemos a Tertuliano (aprox. 155-225): «Al desarmar a Pedro,
el Señor desarmó a todos los soldados; no se nos permite ningún estado
que nos exponga a un acto ilícito». U Orígenes (aprox. 185-254): «H e­
mos cambiado la lanza con la que combatíamos por la hoz, ya no desen­
vainamos la espada contra una nación, porque gracias a Cristo nos he­
mos convertido en hijos de la.paz. El hecho de matar está prohibido. Se

1. Este artículo se publicó en UHistoire, n° 2 67, julio de 2 0 0 2 , págs. 32-34.


muuuunuuuuuuuuuüi /O M IMIIIIAS Y I.IK'.KS OKI. CRISTIANISMO MEDIEVAL

I n ni iih c ii mi mi ;i un h o m b re p o rq u e D ios q u iso q u e to d a v id a fu e ra sa-


I.A CRUZADA. I I : [ . . . ]

vemos en san Luis, que toma las medidas necesarias para prohibir las
77

; 'i .a la».
guerras entre los nobles y hacer respetar el monopolio regio en el ámbi­
to militar.
|,'| I istoihk : ¿No había soldados cristianos en la Antigüedad? Segundo punto: las motivaciones de la guerra. Ésta es «justa» cuan­
|Ai i.ii)l ;s I ,!■; ( ii )i i': Sí. Pero tomemos como ejemplo al primer gran do no está inspirada, y cito a san Agustín, por «el deseo de hacer daño,
■.aillo, .......... i, que vivió a finales del siglo IV. Era un oficial que al hacer- la crueldad en la venganza, el espíritu implacable, insumiso; la ferocidad
\r monje i oiulenó, de algún modo, el oficio militar. en la revuelta, el deseo de dominar y otras actitudes similares». Es decir,
I )|ii ai ile ii ii K Im i ieiupo el ejército (ue uno de los principales puntos que la Iglesia excluye la guerra de conquista. Tomar las armas sólo se jus­
. I, , mil li> lo lim e las ai il orillados públicas, paganas, y los primeros ens­ tifica para defenderse cuando nos atacan injustamente. San Agustín es
ílanos. que u i lia/.aban el juramento de los soldados al emperador. Así, fundamentalmente antipacifista: hay que saber combatir.
En definitiva, la guerra, consecuencia del pecado, también debe ser
i tu i a 111 a ii ni1, mui Iios mai i ii es enl re los guerreros.
un remedio al pecado. D e ahí la bella fórmula: «Las guerras justas ven­
gan las injusticias».
I.'l Ir.KHKL: ¿En qué momento cambiaron las cosas?
) ai :ni Mis I ,l'. ( i( >i i;: A partir del siglo IV. La razón esencial consiste en
¿Piensa san Agustín en conflictos concretos?
L ’H lSTO IR E:
que el crist ¡¡mismo se convirtió en religión del Estado; los cristianos fue­
o f f : S us palabras se atienen a la situación d e la época.
JACQUES L e G
ron integrados en la sociedad pública y no pudieron oponerse a una gue­
El Imperio romano sufre el ataque de dos enemigos: los bárbaros y los
rra impuesta: la sociedad romana era el blanco de múltiples ataques, en
herejes. Algunos príncipes y pueblos se convirtieron al arrianismo,3 co
especial por parte de los llamados «bárbaros». A partir de entonces fue
mo los godos. La lucha contra ellos es forzosamente militar.
necesario que los cristianos cristianizaran la guerra.

L ’H lSTO IRE: ¿La guerra justa se convirtió así en la doctrina de la Igle­


L’I ¿Cómo la justificaron?
ItSTOiRE:
sia?
JA CQ U ES L e G o f f : Aquí nos volvemos a encontrar, una vez más, al
JACQUES L e GOFF:-S í . Pero hay que tener presente que la actitud
gran pensador y pedagogo cristiano, san Agustín. Su actitud respecto a
cristiana ante las armas es ambivalente. Por un lado hay una legitimación
la guerra descansa en un pesimismo innato: el hombre fue corrompido
de la guerra justa, tal como la definió san Agustín; por otro, la actividad
por el pecado original, y la guerra es una de las consecuencias; como el
militar se relaciona con el pecado, malo y especialmente condenable
pecado original pesará en el hombre hasta el fin de los tiempos, la gue­
porque vierte el líquido impuro de la sangre. Consecuencia: sigue sien­
rra perdurará eternamente.
do el triste privilegio de los laicos, prohibido a los clérigos.
San Agustín propone, ante todo, poner límites a la guerra; al no po­
Sin embargo, esta prohibición tuvo excepciones. En la Chanson de
der erradicarla, trata de confinarla y, a continuación, someterla a una re­
Roland (siglo X l ) , el arzobispo Turpin es guerrero, aunque un guerrero
gla promulgada por el cristianismo.
más bien cobarde.
La primera regla esencial, que no siempre se subraya: no hay guerra
legítima, justa (bellum juslum), salvo la que declara una persona a quien
L ’H lS T O IR E : L o que no impidió que la Edad Media fuera sacudida
Dios atribuye la auctoritas (autoridad). Agustín precisa que esta persona
por la guerra...
es el príncipe. Esto es muy importante porque la Iglesia condenará toda
JACQUES L e G O FF: Desde luego. Hay una distancia inmensa entre la
forma de guerra que no decida y auspicie lo que hoy denominaríamos el
enseñanza cristiana y la realidad histórica.
«Estado», el poder público. Hablando en términos modernos, tratará de
erradicar toda forma de guerrilla.
Los príncipes explotarán estas prescripciones de la Iglesia cuando a 2. Esta herejía se desarrolló entre los siglos IV y VI. Condenada por el Concilio de
partir de los siglos XII-XIII traten de constmir el Estado, luí concreto, lo Nicea (325), negaba la igualdad del Hijo con el Padre en la Trinidad.
LA C R U Z A D A . II: [ . . . ] 79
78 SOMBRAS Y LUCES DEL CRISTIANISMO MEDIEVAL

Dicho esto, los preceptos de la Iglesia, aunque no fueran respetados, militar coexiste con una aspiración a la paz y que ambos movimientos no
resultan cont radictorios.
pesaron en las sociedades occidentales. Tomemos como ejemplo el con­
flicto entre ingleses y franceses (que se remonta al establecimiento, en la
Inglaterra del siglo XII, de la dinastía de los Plantagenet, y que llegó a su IA IlSTOIRE: ¿Cómo se plegaron los guerreros a esas exhortaciones a
la paz?
fin en la segunda mitad del siglo XV). En este asunto, Francia, que sufrió
numerosas derrotas y catástrofes militares, siempre se benefició de la JACQ UES L e Entre los siglos X y XIII, los guerreros fueron más
G O FF:

imagen, que alentaba, de país atacado y víctima de un perverso deseo de o menos dominados: ya no está presente el furor bárbaro del principio
conquista por parte de los ingleses. Así, paradójicamente, aprovechó su de la Edad Media. Lo que no impide la existencia de verdaderos gue­
rreros que obedecían a un desaforado instinto bélico.
incapacidad de combatir a Inglaterra.
En el siglo' X II, el trovador Bertrand de Born nos ofrece una sobre-
L ’HlSTOIRE: ¿ C ó m o in te r p r e ta r á n y a p lic a rá n lo s g u e rr e ro s el c o n ­
cogedora descripción. Fue compañero de Ricardo Corazón de León,
que era un guerrero sangriento — recordemos que Ricardo participó en
c e p to d e g u e rr a ju sta?
JACQUES L e G O FF: Ante todo hay que comprender la evolución de
la cruzada en Palestina en 1191-1192, y que llevaba un cordón de cabe­
Occidente en los siglos X y XI. Los clérigos desarrollan una nueva ima­ zas cortadas alrededor del cuello— . Este hombre, que acabará su vida
gen de la sociedad, compuesta por tres categorías, en la que encontra­ como monje cisterciense, sin embargo escribe: «Comer, beber o dormir
mos la división tripartita que Georges Dumézil descubrió en todas las no tienen el sabor de oír gritar “ ¡Adelante! ” por doquier y escuchar re­
sociedades indoeuropeas: oratores, los que rezan (el clero, seglar y regu­ linchar a los caballos desmontados en el bosque y escuchar los gritos que
lar, los monjes); laboratores , los que trabajan (en mi opinión se trata de piden auxilio, y ver cómo en las fosas de los prados caen grandes y pe­
una élite de trabajadores, campesinos o artesanos); bellatores , los gue­ queños, y observar a los muertos con las lanzas clavadas en las costillas y
sus estandartes...».
rreros.
Como nos encontramos en un mundo cristiano, estos soldados son
L ’HlSTOIRE: S in e m b a rg o , ¿la c ru z a d a n o e ra la q u in ta e se n c ia de la
los defensores de Dios, los defensores de la viuda, del huérfano y de los
g u e rr a ju sta?
pobres, lo que implica, paradójicamente, una gran revalorización del ofi­
JACQ U ES L e G O F F : La cruzada es más que una guerra justa. Es una
cio de las armas.
Así, el miles, el guerrero, fue cristianizado y se convirtió en un miles guerra santa, considerada como la forma superior de la guerra justa.
Christi, un caballero de Cristo. La entrada en la caballería se define, ade­ Este concepto fue precedido por la idea de yihad, sin que, en mi opi­
más, por un rito religioso, la ceremonia de la armadura. Y un guerrero nión, ninguno ejerciera una influencia en el otro. Para que la guerra sea
puede ser canonizado, algo impensable dos siglos antes. Es lo que ocu­ santa, hay que dirigirla contra los infieles. Se traslada a Tierra santa para
reconquistar Jerusalén. Es el objetivo de la primera cruzada, lanzada en
rrió con Géraud d’Aurillac3 en el siglo X.
Esta promoción del caballero se integra en una vasta corriente en 1095 tras la llamada de Clermont por el papa Urbano II. La guerra san­
torno al año 1000, que tradicionalmente se denomina «movimiento por ta implica una serie de privilegios, aun en el más allá: morir en el tras­
la paz» y que desemboca en la creación de una institución: la tregua de curso de semejante expedición prácticamente asegura el paraíso.4
Dios, que impone a los guerreros la obligación de dejar la contienda en Precisemos que la cruzada está relacionada con la evolución econó­
determinadas fechas, por orden de la Iglesia o del príncipe o merced a mica y social del Occidente cristiano: el crecimiento demográfico ha
un acuerdo con el enemigo. D e este modo, advertimos que la actividad creado una nueva categoría social, admirablemente descrita por G eor­
ges Duby: los hijos menores de la alta y media nobleza, en una sociedad
donde reina el derecho de primogenitura, se ven privados de lo que más
3. Véase «L ’aventure des chevaliers», Les Collections de IJHistoire, n" 16. Cléraud
fue el sujeto, poco después de su m uerte, de una Vida, escrita por el futuro abad de
4. Véase «L e temps des croisades», Les Collections de LH istoire, n° 4.
Cluny, Odón (927-942).
Mil M IMHHAS V LUCES Dl'.l. CRISTIANISMO MEDIEVAL I.A CRUZADA. 11: [ . . . ] 81

Ir importa ¡i un noble: i ierras y una mujer. Estos jóvenes se convierten en cando la justicia y la paz, no duda en recurrir a las armas. Es un bellator,
guerreros, muy alejados del modelo promovido por la Iglesia. Desde ese un guerrero. Su amigo y compañero Joinville escribió, al verlo en un di­
momento, se trata de que vuelvan al orden. que, montado a caballo y con la espada en alto, que nunca había visto un
Aunque a partir del siglo X se desarrolla una espiritualidad forjada a guerrero más hermoso.
partir de la imagen de Jcrusalén, la causa profunda de las cruzadas, en San Luis combatió en nombre de la guerra justa, lo que explica el fer­
mi opinión, es el deseo de la Iglesia, y en especial del papado (que tam­ vor con el que luchó, al inicio de su reinado, contra los ingleses en el oes­
bién i onsideru 11111 •ésla es la ocasión de asegurarse el dominio definitivo te de Francia: eran usurpadores que querían robar un territorio que no
de laerisi ¡andad), de desviar a los caballeros que combatían entre ellos, les pertenecía.
rn el ‘.eiio de la cristiandad, hacia hierra santa. A continuación participó en las guerras santas; partió dos veces a las
I",i.i lorma de guerra conducirá a una novedad muy importante en cruzadas, en 1248 y en 1270, para liberar la tumba de Cristo. Pero san
la lira oí i.i del i i isi ianismo medieval: la creación de las órdenes de caba- Luis prolonga este compromiso con una intención pacífica: su meta es la
Unía, Iorinadas por monjes desl ¡nados a la guerra. conversión de los infieles.
Su posición respecto a la guerra aparece en un texto que redacta en
1,1 lisia)IUK: I,a definición de guerra justa, tal como la expuso san los últimos meses de su vida, dirigido a su hijo: «Querido hijo, quiero
Agustín, ¿no ha evolucionado con el transcurso del tiempo? que no entres en guerra con ningún cristiano, y si te hacen algún mal,
JACQUES L e G O FF: Fue completada. La definición de guerra justa se procura agotar todos los caminos antes de la guerra, y cuida de evitar
retoma en uno de los documentos más importantes de la Edad Media, al los pecados que se cometen durante la contienda, y procura que te
que se atribuye, a mi parecer pertinentemente, el inicio del derecho canó­ aconsejen bien antes de emprenderla, que su causa sea completamen­
nico: el decreto de Graciano. Se trata de un conjunto de textos redactados te razonable, que hayas advertido al malhechor y hayas esperado bas­
hacia 1120-1130 y reunidos por un monje de Bolonia, que se difundirá en tante».
toda la cristiandad y se impondrá como la posición oficial de la Iglesia. Este documento retoma la clásica definición de guerra justa, pero
Según este decreto, una guerra es justa si se emprende con una in­ aporta algunos complementos interesantes para la época en que se es­
tención recta, bajo la dirección de una autoridad legítima y con un obje- cribió. .. así como para el futuro. Para san Luis, la guerra ha de ser el úl­
livo defensivo o para recuperar un bien injustamente usurpado. Aquí timo recurso de la diplomacia. Sólo debe utilizarse cuando todos los me­
encontramos las disposiciones descritas por san Agustín. dios pacíficos para reparar una injusticia se revelen vanos. Quien la
Hacia 1157, el canonista Rufin precisa la teoría en Summa decreto- emprende ha de verse obligado a ello por su adversario, debe tener el
ruin . Para él, una guerra es justa según tres criterios indisociables: 1) «en derecho de su parte y no ceder a un impulso.
función de quien la declara: que quien declare la guerra efectivamente o La diplomacia previa a la guerra, así definida, es tanto más intere­
la autorice tenga el poder ordinario de hacerlo»; 2) «en función de quien la sante en la medida en que aún inspira a determinados gobiernos e insti­
realice: que quien vaya a la guerra lo haga con un fervor bondadoso y sea tuciones internacionales.
persona que pueda batirse sin escándalo»; 3) «en función del que será
atormentado por la guerra: que merezca ser desgarrado por la guerra o L ’HlSTOIRE: ¿ E l c o n c e p to d e g u e rr a ju sta se sig u e u s a n d o en la a c ­
que al menos lo merezca de acuerdo a justas presunciones». No se aña­ tu a lid a d ?

dirá nada esencial. JACQUES L e GOFF: No sé si la expresión continúa vigente. M e pare­


ce que no. En cambio, sí se utiliza la palabra cruzada, ¡desgraciadamen­
L ’HlSTOERE: ¿ Q u ié n e n c a r n ó m e jo r e sta c o n c e p c ió n d e la g u erra cris te! Alphonse Dupront señaló acertadamente cómo esta idea ha sobrevi­
tia n a ?
vido hasta nuestros días.5 Incluso fue utilizada por George W. Bush para
JACQUES L e G O FF: L a a c titu d d e san I ,uis ( 1 2 2 6 1 2 7 0 ) m e p a re c e re
v e la d o ra del p ro b le m a d e la g u e rra cristian a en la E d a d M ed ia. Aun bus 5. Alphonse D upront, L eM y th e de croisade, París, Gallimard, 1997.
82 UNA LARGA LOAD MEDIA

definir su lucha contra el terrorismo y las operaciones militares desarro­


lladas en otoño de 2001 contra el gobierno de los talibanes.
Capítulo 6
Lo lamento, porque la cruzada fue un episodio dramático en la his­
toria de la cristiandad. Las masacres que siguieron a la conquista de Je-
rusalén por los cruzados en 1099 se cuentan entre las más terribles de la
historia.6 Y la cruzada fortaleció a la yihad, que estaba cayendo en el ol­ El cristianismo ha liberado a las mujeres1
vido. Incluso ahora pagamos las consecuencias: por absurdo que parez­
ca, los islamistas siguen haciendo referencia a ella.

L ’HlSTOIRE: E n su o p in ió n , ¿ c u á l es el m o m e n to c ru c ia l en la h is to ­
ria d e la g u e rra ?
J a c q u e s L e G o f f : Para m í es la aparición de la guerra nacional, de
la nación en guerra, con el grito de G oethe en Valmy: «En este lugar y
este día comienza una nueva era en la historia de la humanidad».

(Entrevista realizada por Héloi'se Kolebka) María, María Magdalena, M arta... Los Evangelios están poblados
de figuras femeninas que rodean e inspiran a Cristo. El cristianismo me­
dieval, lejos de encerrar a la mujer en un papel secundario, le concede,
por el contrario, un verdadero lugar al lado del hombre.

L ’HlSTOIRE: ¿Se puede afirmar que en la Edad Media la mujer se li­


mita, en el discurso de la Iglesia, a dos figuras antitéticas, la de Eva, la
pecadora y tentadora, y la de María, la madre de Cristo?
JACQ UES L e G o f f : En la Edad Media la actitud de la Iglesia respec­
to a las mujeres no puede resumirse en esa antítesis, aunque hay que re­
conocer que es fundamental.
Sin embargo, creo que el culto mariano, esencial en la religión y so­
ciedad medievales (con la reserva de que en la Edad Media es muy difícil
aislar la religión de lo demás, puesto que está por todas partes), no em­
pieza realmente en O ccidente, a diferencia del mundo bizantino, hasta
el siglo XI.
La imagen de María se impone sobre todo a partir del siglo X II,
mientras que la imagen de Eva, por lo demás rara vez aislada, casi siem­
pre pareja de Adán, fue mucho más precoz.
También querría matizar la idea que nos hacemos de una rotunda
oposición entre la figura de Eva y la de María: después de la Edad Me-

6. Guy Lobrichon, 1099. ]érusalem conquise, París, L e Seuil, 1998. 1. Este artículo fue publicado en UHistoire, n° 245, julio-agosto de 2000, págs. 34-38.
SOMBRAS Y LUCES DEL CRISTIANISMO MEDIEVAL
El. C R I S T I A N I S M O 11A L I B E R A D O A LA S M U J E R E S 85

dia, se lia elaborado y exagerado esa antinomia, especialmente convir- sido un pensamiento posterior en la mente del creador, y no una inten­
l iendo a Eva en la pecadora y la tentadora. Ahora bien, en época tem­ ción primera.
prana se utilizó a Eva como imagen simbólica de la Iglesia: por lo tanto, ¿De dónde les vino esta idea a los exégetas? En primer lugar, preci­
no podía ser completamente negativa para el espíritu de los hombres de samente del hecho de que Eva fue creada después que el resto del mun­
la Edad Media. do. A continuación de la constatación de que, como los animales, ella no
recibió su nombre del propio Dios, sino de Adán: Dios la creo sin nom­
I I I isto IKK: ¿I )e qué modo Eva es simbólica? bre, y una creación sin nombre es imperfecta, lo que quiere decir que Eva
) ai :(.)i nis 1,k ( ¡<)i i': En la Edad Media, la Iglesia era una persona, se
no se convirtió en una criatura perfectamente culminada hasta que Adán
hablaba de ella como tul. A este respecto es muy interesante observar le dio un nombre.
■|uc <u< ai nada, simbolizada por Eva, participa, en cierto sentido, delpe- Por último, Dios, en el momento de insuflarle vida, anuncia que lo
i adi i oí igiiml I a i tisl ¡andad es gobernada poruña institución no exen- hace porque no quiere dejar solo a Adán, de lo que puede inferirse no
la ilc ri tv1 V «le pecado, una institución falible; esto era evidente para las sólo el carácter dependiente, sino también una especie de subordinación
personas d e a<|iiella época, y relativiza la actitud de Juan Pablo II, que funcional de la mujer en relación con el hombre, porque podemos decir
algunos etk uentran especialmente molesta o revolucionaria y que no ha­ que su razón de ser es hacerle compañía.
c e sino reconciliarse con una antigua tradición del cristianismo.
Para comprender el contenido de esta alegoría, hay que recordar L ’HlSTOIRE:Además, en el principio Eva es un pedazo de Adán.
que el cristianismo medieval buscó constantemente en la Biblia referen­ ¿Fue extraída la mujer del cuerpo del hombre y por ello carece de ¡den
cias y explicaciones a la realidad de su tiempo. Es ahí donde encuentra tidad propia?
una especie de figura primitiva, o primigenia, de la mujer. La sociedad
J a c q u e s L e G o f f : En efecto, fue creada a partir de u n a costilla
medieval, que carece de sentido histórico, representó naturalmente a la de Adán, por lo que también depende en su ser carnal. Es un fragmen­
Iglesia en esta perspectiva eterna, ahistórica. to de Adán, pero no nos podemos contentar con esta definición. La hi­
Eva es la primera criatura de D io s... cieron de una costilla, y como puedes imaginar ha habido innumerables
reflexiones y comentarios sobre este punto del Génesis.
L’HlSTOIRE: ¡L a segunda! A mi entender, una de los más interesantes es de Tomás de Aquino,
) ACQUES L e GO FF: ¡Volveremos sobre ello! Es la primera criatura fe ­ en el siglo XIII. Dijo más o menos lo siguiente: Dios creó a Eva a partir de
menina de Dios y, por consiguiente, de algún modo, también una insti- una costilla de Adán, no la creó a partir de la cabeza o del pie; si la hu­
i ución divina: creo que por esa razón los exegetas la relacionaron con la biera creado a partir de la cabeza, habría significado que veía en ella a
Iglesia. una criatura superior a Adán y, al contrario, si la hubiera creado del pie,
Regresemos ahora a la idea del segundo puesto; el primero reserva­
habría sido inferior; la costilla se encuentra en la mitad del cuerpo y es­
do, obviamente, al hombre. En otras palabras, ¿cómo definió la tradi­ te gesto establece la igualdad de Adán y Eva en la voluntad de Dios.
ción cristiana el lugar de la mujer en el plan divino? Eva es una creación Creo que esa idea caló en la concepción cristiana de la mujer y en la
directa y voluntaria de Dios, pero apareció tardíamente, en efecto: des­ visión, si no en la práctica, de la Iglesia medieval respecto a ella: la mu­
pués del resto de la creación. jer es igual al hombre.
Incluso hubo interpretaciones, completamente ortodoxas, del texto
del Génesis , que hicieron de Eva el resultado de un arrepentimiento de L ’HlSTOIRE: ¿ E s t á c o n v e n c id o d e q u e la id ea d e s a n to T o m á s fu e la
Dios: en principio habría pensado en crear un hombre, si no asexuado, m ás e x te n d id a ?
sí que uniera en sí ambos sexos, un andrógino. A continuación, pensó JACQUES L e G Sí, y también creo q u e este respeto hacia la mujer
o ff:
que no era una buena solución y optó por crear una mujer, junio al hom­ es una de las grandes innovaciones del cristianismo. Observemos, por
bre, Adán. Todo ello viene a decir que la dist inción de los sexos habría otra parte, la reflexión de la Iglesia respecto a la pareja y al matrimonio
iium im m uiiiüiiüiiiüiu!
86
SOMBRAS Y LUCES D EL CRISTIANISMO MEDIEVAL I I. CRISTIANISMO HA LIBERADO A LAS MUJERES 87

hasta forjar esta institución típicamente cristiana, formalizada por el IV recordarnos cuál era la posición del judaismo y la del paganismo roma­
Concilio lateranense en 1215, que hace de él, ante todo, un acto público no respecto al matrimonio?
(de ahí la publicación de las amonestaciones), y más tarde, y esto es pri­ ) A<:<.)ims I ,E G ü FF: En el judaismo, la mujer está casi completamen­
mordial, un acto que no puede tener lugar sin el pleno y completo acuer­ te subordinada al marido. En el paganismo romano el tema es algo más
do de los dos adultos. complejo y en cierto sentido prefigura el cristianismo, porque por un la­
¿Por qué un acto público? Porque, en un período en el que comba­ do se considera a la mujer como menor de edad, lo que significa que no
te vigorosamente la consanguinidad, la Iglesia quiere evitar que se igno­ puede desarrollar cierto número de actos jurídicos sin el consentimien­
re o se finja ignorar una relación de parentesco entre los futuros esposos: to de su marido, y por otro lado los romanos desarrollan una concepción
le recuerdo que, teóricamente, la consanguinidad se extendía entonces igualitaria de esa unión, que se traduce en la célebre fórmula Ubi Gaius
hasta la séptima generación, y era frecuente que los individuos descono­ tu G aia , «ahí donde yo soy Gaius, tú eres Gaia».
cieran sus ancestros y genealogía, incluso en familias aristocráticas. En suma, creo que hubo una verdadera promoción de la mujer, evi­
Pero lo que me parece absolutamente notable en estas disposiciones denciada, al menos doctrinalmente, por el cristianismo, y que la socie­
del Concilio lateranense es, evidentemente, el hecho de que el matrimo­ dad lo vivió así más allá de las ataduras familiares y sociales que tendían
nio sea imposible sin el consentimiento del esposo y la esposa, del hom­ a mantenerla en un cierta inferioridad.
bre y la mujer: no se puede casar a la mujer contra su voluntad, tiene que
dar el sí.2 L ’HlSTOIRE:A pesar de todo están los textos que siempre se citan,
M e va usted a replicar: eso son los principios, muy bonitos, pero en procedentes de autoridades eclesiásticas indiscutibles, que condenan el
la realidad... D e hecho, hubo pocos matrimonios en los que el consen­ acto sexual o acusan a la mujer de ser responsable de la tentación... P e­
timiento de la mujer fuera decisivo; el matrimonio siguió siendo un ele­ dro el Venerable, el gran abad de Cluny, la compara con un saco de ex­
mento de estrategia familiar, o de linaje en el caso de los matrimonios crementos...
nobles, o dinástica en los matrimonios entre príncipes. JACQUES L e G O FF:Sí, es una forma de vulgaridad. ¿De qué es repre­
Geoges Duby mostró hasta qué punto a finales del XII y principios del sentativa exactamente? Consideremos, por ejemplo, la reprobación y el
X III, el rey de Inglaterra fue un gran casamentero al intervenir en los castigo que implica el adulterio. A menudo se dice que no había igualdad
asuntos de Guillermo el Mariscal, su vasallo, hombre de guerra y conse­ entre el hombre y la mujer, que sólo la mujer era castigada por ese crimen.
jero, al que recompensó con un matrimonio brillante.3 Pero aun en las Ahora bien, en cierto número de casos bien definidos, y a menudo
familias campesinas, es la parentela, y sobre todo los padres, los que im­ famosos, el hombre fue severamente condenado por la Iglesia: los reyes
ponen el matrimonio. Y lo imponen fundamentalmente a la mujer. de Francia Roberto el Piadoso o Felipe Augusto.
D icho esto, permítame insistir, porque de ningún modo creo que la En lo que toca a Roberto, no hubo excomunión, contrariamente a la
teoría sea indiferente; teóricamente el matrimonio se basa en la voluntad leyenda, sino que, bajo la presión de la Iglesia, en los primeros años del
recíproca del hombre y la mujer. Y para justificar esta disposición la siglo XI, tuvo que separarse de su segunda mujer, Berta de Blois, pues el
Iglesia recuerda, en primer lugar, el matrimonio de Adán y Eva, y en se­ clero consideraba que era bigamo (su primera mujer aún vivía) e inces­
gundo, el de María y José. tuoso (debido a una consanguinidad de tercer grado). En cuanto a Feli­
pe Augusto, tras repudiar en 1193 a su segunda mujer, Ingeborg de D i­
L’HlSTOIRE: Si hay una revolución teórica en la posición de la Iglesia namarca, desposó a Agnés de Méranie; el papa Inocencio III, elegido en
cristiana es, evidentemente, en relación con lo que la precedía. ¿Podría 1198, lanzó un interdicto sobre el reino de Francia,4 forzando al rey a
prometer que se separaría de Agnés y volvería con Ingeborg.

2. Véase Michel Sot, «L a genése du mariage chrétien», L’Histoire, n° 63, págs. 60-65.
3. G eorges Duby, Guillaum e le Maréchal ou le meilleur chevalier du m ande, París, 4. Sentencia eclesiástica que defendía la celebración de los oficios divinos y el uso de
Fayard, 1984 (trad. cast.: Guillerm o el Mariscal, Barcelona, Altaya, 1996). ciertos sacramentos.
E l. C R I S T I A N I S M O HA L I B E R A D O A LAS M U J E R E S 89
,i ¡MIMAS y Í.IICKS DHL CRISTIANISMO MEDIEVAL

Y esta concepción radicalmente nueva de las relaciones entre el


( )l¡servemos también los estatutos urbanos del siglo XII en Italia y
hombre y la mujer tendrá repercusiones en la propia estructura de la
,|(-i xill en I''rancia: en ellos encontramos artículos sobre el castigo del
Iglesia, en su jerarquía. Ya sé que no hay mujeres sacerdotes, y aún me­
adulterio que prevén penas tan duras para los hombres como para las
nos papas, pero a partir de la Edad Media encontrarán su lugar entre el
mujeres. Así, las Comuetudines Tolosae de 1293 preconizan y muestran
clero regular, donde podrán desarrollarse, ser reconocidas a la altura de
un dibujo de la castración de un marido adultero... los hombres y ejercer su poder: ¡no era poca cosa ser abadesa!

I 'I I i i i ¡ikk: Kva aparece como pecadora y culpable, y por ello ex-
L ’HlSTOIRE: ¿Por qué se las situó al margen del sacerdocio? ¿Cómo
, |uld,i del l'm uíso, VMaría es, evidentemente, una figura positiva, una fi-
se justifica?
.........I, mujci eeiit’riil en el cristianismo. ¿Mujer o madre?
JACQUES L e G o f f : Es una herencia de las creencias más arcaicas que
|Ai i ¡i ir. I ,i' t li il'T': I il Iniulamento del pensamiento y la práctica cris-
encontramos en el Antiguo Testamento. Es la idea de que la mujer es im­
......... . |„ p'.dml Media, son las Escrituras. Hemos comentado rápida-
pura, y la prueba de esa impureza consiste en la efusión de sangre una
.......... I., , leu, mu de b'.va en el C.énesis. Por supuesto, hay numerosas
vez al mes. Este es uno de los principales tabúes: en el judaismo, la mu­
Iquinc. leí.¡enmasen el Atilig no Testamento, perversas como Dalila, vir­
jer es apartada de todo espacio sagrado durante la menstruación. Evi­
i n g a s . orno Raquel, heroicas como E ster... Y siempre secundarias en
dentemente, en el sacerdocio hay una dimensión simbólica extraordina­
relación con los hombres.
riamente poderosa, la proximidad con los sacramentos, con la difusión
Más tarde tuvo lugar la revolución del Nuevo Testamento. Aquí, la
de la palabra... No es una casualidad que el papa actual se apoye en es­
gran innovación es María, pero no sólo ella. María es el punto culmi­
ta exclusión. Para él es una ciudadela. Sin embargo, incluso en el pro
nante de un todo: basta observar el número y la importancia de las figu­
testantismo no se reconoce fácilmente el lugar de las mujeres. Se trata de
ras femeninas que gravitan alrededor de Jesús. Ni Abraham ni Moisés
un arcaísmo mágico-supersticioso en segundo plano.
recibieron la influencia femenina que tuvo Jesús, verdaderamente.
Su madre lo acompañará hasta el fin. Entrega sus enseñanzas a Mar­
L ’HlSTOIEE: H abla de Jesús como de un hombre bajo el influjo fe­
ía y María. Resucita a Lázaro a petición de las hermanas de éste. Una de
menino. Hasta el punto de que es una mujer, María, quien le pide que
las más hermosas figuras femeninas del texto es, evidentemente, María
realice su primer milagro. Y lo ejecuta: transforma el agua en vino en las
Magdalena, esa criatura compleja, una especie de matización de la figu­
bodas de Caná.
ra perversa de Eva, que estaría condenada al pecado: María Magdalena
JACQUES L e G o f f : ¡H e aq u í u n e p iso d io d e difícil in te rp re ta c ió n ! E s
|,a pecado, pero esto no es algo intrínseco a su naturaleza, es capaz de
alg o m u y d e s c o n c e r ta n te . P o d e m o s se ñ a la r q u e la e s ce n a tu v o lu g a r a n ­
retractarse y arrepentirse, y Jesús afirma que en su debilidad y redención
tes d el in icio d e la p r e d ic a c ió n p ú b lic a d e J e s ú s , y q u e M a ría lo in cita a
ella vale más que los que nunca han caído. Su culto se extenderá real­
h a c e r algo p o r p rim e r a vez. E s c o m o sí ella le m o s tr a ra sus p ro p io s p o ­
mente al final de la Edad Media; Georges Duby lo cuenta en un magní­
d e re s ; a d e m á s , su filiació n d ivin a le fu e re v e la d a , ¿y q u ién m e jo r q u e su
fico capítulo de sus damas del siglo XII.
m a d re p a ra c o n o c e r y c o n ta rle lo s s e c r e to s de sus o ríg e n e s?
Al pie de la cruz, participando en la agonía de Jesús, está Juan, el dis­
cípulo predilecto, María y María Magdalena. Son ellos los que sepultan Creo que en la Edad Media María fue venerada profundamente, a
pesar del monoteísmo ortodoxo, como una especie de cuarto compo­
al Dios doliente. Tres días más tarde, son las mujeres las que descubren
que la tumba está vacía y divulgan la nueva de la resurrección... ¡No nente divino, una cuarta persona en la trinidad. Durante mucho tiempo
puede decirse, ni mucho menos, que los Evangelios sean cosa de hom­ tuve reparos en expresar esa intuición, pero creo que se corresponde
con la realidad de las creencias.
bres!

L ’HlSTOIRE: ¿ R e a lm e n te se le trib u tó u n cu lto tan im p o r ta n te c o m o


5. Véase Jacques Le Goff, La Civilisatio* de l'(leú d en ! m áliám l, <-<Ik ¡ón ilustr.ula,
el del p a d r e o el h ijo ?
París, 1964, ilustración 158.
90 SOMBRAS V LUCES DHL CRISTIANISMO MEDIEVAL EL C RI ST IA N ISM O HA L IB ER A D O A LAS MUJERES 91

JACQUHS L e C'.OIT: Sí. Observe todos los debates sobre la Inmacula­ superado completamente. Pero ¿es culpa de la Iglesia o de los hombres?
da Concepción, el nacimiento impoluto de la Virgen, un dogma vigoro­ ¿Es tan fácil vencer ese miedo? ¿Realmente han cambiado las cosas?
samente combatido por san Bernardo y Tomás de Aquino, y que no se
reconoció oficialmente hasta 1854: creo que la violencia de ese rechazo, L ’H lSTO IRE: Ocupémonos de las santas. Aquellas mujeres, a menudo
en cierto número de santos y teólogos eminentes, proviene de una espe­ instruidas, escribían, lo que no deja de ser excepcional: escuchamos su
cie de imposibilidad teológica pero también porque consideraban que voz a través de sus textos.
en esa «herejía» se encontraba el fundamento o la consecuencia de una JACQUES L e G o ff:Otra posibilidad y promoción de la mujer en el
devoción casi pagana a María, una suerte de regreso al culto pagano de cristianismo. H ubo muchas mujeres entre los mártires. Desde muy
las diosas madres. pronto forzaron las puertas de la santidad. Hubo legiones de santas y se
Por mi parte, estoy convencido de que, efectivamente, la Edad M e­ apeló a los fieles para que les consagraran sus devociones.
dia asistió a una divinización de María. Desde luego, puede verse en ello Pero hay que recordar dos grandes hechos cronológicos. Durante
una forma de politeísmo. En mi caso entiendo que se trató de una reva­ los primeros siglos de la Edad Media, el modelo masculino de la santi­
lorización de la mujer en la religión, algo que me parece extraordinaria­ dad corresponde a la figura del obispo: los santos son en su mayoría
mente positivo. obispos, transposición de la jerarquía terrenal en la jerarquía celestial.
No hay que ignorar esa dimensión esencial del mensaje cristiano, A continuación se impone progresivamente la santidad de las aba­
hoy borrado por ciertos lastres sociológicos o por el carácter retrógrado desas, como Hildegard von Bingen, gran abadesa renana del siglo X II,
de una parte de la jerarquía católica y el propio papa. mística pero también audaz pensadora racional, de gran autoridad y
Una de mis ideas favoritas, respaldada por el progreso de los estu­ prestigio en su época. P or último, a partir del siglo X III, y de un modo
dios históricos, es que la Edad Media, edad de tinieblas y violencia, fue brillante, las mujeres recuperan el poder de la santidad con la aparición
también y especialmente un momento decisivo en la modernización de del misticismo.
Occidente. Observemos, por ejemplo, la evolución del interés estético,
que en la Antigüedad se inclina a la celebración de un ideal masculino L ’HlSTOIRE: ¿Porque son más declaradamente místicas que los hom­
y que en la Edad Media evoluciona hacia una celebración del cuerpo — y bres o porque se expresan más de ese modo?
en especial del rostro— de la mujer. No creo que en ello se reconozca JACQUES L e G o f f : Se expresan así. No diría que hay una especie de
una «¡nstrumcntalización» de la mujer, como se dice hoy, la mujer-obje­ coincidencia entre el pensamiento místico y la naturaleza femenina; real­
to, simple objeto de deseo, etc. mente creo que las mujeres comprendieron que en ese nuevo modo de
No, creo que asistimos a una verdadera promoción, a través precisa­ percepción y expresión de la fe había un instrumento de poder.
mente de las representaciones de Eva para el cuerpo — una ocasión ines­
perada para los artistas de mostrar desnuda a la mujer— y de María pa­ L ’HlSTOIRE: Se trata, evidentemente, de una escritura que privilegia
ra el rostro. la interioridad, la experiencia del yo. ¿Cree que pudo influir en la sensi­
bilidad occidental?
L ’HlSTOIRE: L a id e a d e q u e el c ristia n is m o es p r o f u n d a m e n te m is ó ­
JACQUES L e G o f f : L o creo, y también creo que se trata de una esfera
g in o , a u sted le p a r e c e ...
J a c q u e s L e G o f f : Esencialmente refutada por el dogma y la histo­ de la que los hombres han estado bastante excluidos. En efecto, se trata de
ria, a pesar de ciertas tendencias misóginas de la Iglesia. una tendencia muy occidental, por oposición a Oriente, donde el perso­
naje principal de la efusión mística es el chamán, que también es un mago.
L ’HlSTOIRE: En la doctrina de la Iglesia, redactada por hombres, ¿ n o En cuanto a la Iglesia, acoge el misticismo y rechaza la brujería; se­
hay ante todo un radical temor a que la mujer se exprese? para ambos universos y los define como antagonistas, aunque funda­
JACQUES L e G o f f : Hay un miedo a la mujer, que, como ha dicho Joan mentalmente ambos están habitados por mujeres.
Delumeau, es uno de los grandes miedos de Occidente; la Iglesia no lo ha
92 SOMBRAS Y LUCES m i l . CRISTIANISMO MEDIEVAL I I. C R I ST I A N IS M O 11A L IB ER A D O A LAS MU JER ES 93

L ’HlSTOIRE: A p ro p ó s ito d e la sa n tid a d , u ste d h a b la d e u n a fo rm a d e do de que para la condición femenina en Europa no hubo peor época
to m a d e p o d e r p o r p a r te d e las m u je res. E n c u a n to al p o d e r q u e se e je r­ que el siglo XIX.
cía re a lm e n te , c o n c r e ta m e n te , en el c a m p o p o lític o , ¿ p u d ie ro n c o n q u is ­
ta rlo e v e n tu a lm e n te ? L ’H lSTO IR E: ¿ Y acaso en la actualidad no se tiende a comprender la
JA CQ U ES L e Sin duda, las mujeres desempeñaron un papel
G O FF: Edad Media, y tal vez la historia de las mujeres, a través del prisma del
político importante en la Edad Media. Pero en primer lugar querría in­ siglo X I X ?
sistir en el hecho de que no me gusta emplear el término «político», JACQ U ES L e G O F F : ¡Desgraciadamente! Para la mujer, lo peor ha si­
igual que detesto emplear la palabra «religión», para hablar de este pe­ do el triunfo y la difusión de los valores burgueses. Ahora bien, casi no
ina lo; son palabras que no existían en la Edad Media, que no corres­ había burguesía antes del siglo X IX . En todo caso, en la Edad Media hay,
pondían a ninguna categoría intelectual. fundamentalmente, nobles y campesinos. No son ellos quienes más du­
Así que, si q u ie re , h a b le m o s d el lu g a r d e la m u je r en el g o b ie rn o , u n a ros se mostraron con las mujeres.
p a la b ra que ta m p o c o e x is tía en la é p o c a p e ro q u e m e p a r e c e m ás a p r o ­ Así pues, guardémonos de ilusiones de todo tipo. Guardémonos de
p iad a. la idea de que el progreso es irreversible, lineal, constante, desde los
¿( lomo fue posible que en Francia, en virtud de la ley sálica, se apar­ tiempos más remotos hasta la época contemporánea.
tara a las mujeres de la sucesión directa al trono? H ubo un principio de Así, en la actualidad, el número de mujeres que acceden a las más al­
teorización en el siglo X IV , tras la muerte del último hijo de Felipe el tas funciones es muy escaso. En Occidente, no hay más mujeres prime­
Hermoso; para apartar al rey de Inglaterra de la sucesión, se afirma, sin ras ministras que reinas gobernantes o regentes en la Edad Media.
argumentar, que las mujeres no pueden reinar. Más tarde, al final del rei­
nado de Carlos V, en el siglo XV , se «inventa» la ley sálica en lo que res­
pecta al reino de Francia. (Entrevista realizada por Véroniquc Sales)
No obstante, esa idea no se imponía en el sistema feudal, que no apar­
taba sistemáticamente a las mujeres de la dirección de los señoríos, los
feudos e incluso los reinos. En el siglo X III, Blanca de Castilla ejerció el
poder.
Y sin embargo fue en Francia donde la masculinidad como principio
rector del reino fue más precoz y poderosa, por razones más prácticas
que teóricas (el jefe del reino debe ser fuerte, ante todo físicamente; ha
de ser un guerrero).

L ’HlSTOIRE: Para concluir, ¿piensa que el cristianismo fue bueno pa­


ra la mujer? ¿Y que la Edad Media no fue un período tan nefasto?
JACQ U ES L e G O F F : D e manera general creo que hay que sopesar tan­
to una visión oscura como una visión dorada de la condición de la mu­
jer en la Edad Media. E n la actualidad hay una tendencia a rebajar el pa­
pel de la mujer en el cristianismo y en la historia de ( incidente.
Por mi parte, me sorprenden especialmente los progresos que reali­
zó en la sociedad cristiana déla Edad Media, lo que, desde luego, no de­
be hacernos pensar que logró la igualdad con el hombre; pero veníamos
de muy lejos... Y más tarde sería peor: estoy profundamente eonvenci-
Capítulo 7

El rechazo del placer1

Una nueva ética sexual se impone en la Edad Media bajo la influen­


cia del cristianismo. Se condena la carne y el cuerpo, como fuente de pe
cado, mientras que la virginidad se convierte en el ideal de la Iglesia. CIn­
cidente entró, por muchos siglos, en la era de la represión.

Para la opinión común, la Antigüedad tardía (siglos III-v) marcó un


giro capital en las concepciones y prácticas de la sexualidad en O cci­
dente. Tras un período antiguo grecolatino en el que la sexualidad y el
placer carnal son valores positivos y donde reina una gran libertad se­
xual, se impone una condena general de la sexualidad y una estricta re­
glamentación de su práctica. El principal agente de esta inversión es el
cristianismo.
Según Paul Veyne y Michel Foucault,12 este giro existe, pero es ante­
rior al cristianismo. Lo fechan en el Alto Imperio romano (siglos I-Il); se­
gún ellos, antes de la difusión del cristianismo, existiría un «puritanismo
de la virilidad» en los romanos paganos.
También en el ámbito de la sexualidad, el cristianismo es un tiempo
tributario de herencias y préstamos (judíos, grecolatinos, gnósticos) y

1. E ste artículo se p u b licó en L’H istoire, n ° 63, enero de 1984, págs. 52-59, y reedi­
tado en « C ollectio ns de L’Histoire», ri° 5.
2. M . Fo u cau lt, « L e com bat de la chasteté», Communications, n úm ero especial so­
b re la sexualidad occidental, n ° 35, 1982, págs. 15-33.
96 SOMBRAS Y LUI ES DEL CRISTIANISMO MEDIEVAL I I. RECHAZO DEL ELACER 97

del espíritu de su tiempo. Así se sitúa en esa vasta conmoción de las es­ ligero cambio de sentido: «Al enviar a su propio hijo con una carne se­
tructuras económicas, sociales e ideológicas de los cuatro primeros si­ mejante a la del pecado y condenada al pecado, Dios condenó el pecado
glos de la era cristiana, donde aparece a la vez como producto y como en la carne L- •■1 porque el deseo de la carne es la muerte [ ...] , porque si
motor, como a menudo ocurre en la historia. Pero su papel fue decisivo. vives de acuerdo a la carne, morirás» (Romanos, 8,3-13). A principios
Como afirma Paul Veyne, el cristianismo aportó una justificación del siglo vil, Gregorio el Grande emplea la expresión sin ambigüedad:
trascendental, basada tanto en la teología como en el Libro (interpreta­ «¿Q ué es el azufre sino el alimento del fuego? ¿Qué alimenta el fuego
ción del Génesis y del pecado original, enseñanzas de san Pablo y los Pa­ para que exhale tan poderosa pestilencia? ¿A qué nos referimos con el
dres de la Iglesia), lo que resultó de gran importancia. Pero asimismo azufre sino al pecado de la carne?» (Moralia , X IV , 19).
transformó una tendencia minoritaria en un comportamiento «normal» No obstante, el cristianismo antiguo habla más bien de una diversi­
de la mayoría, al menos en las clases dominantes, aristocráticas y/o ur­ dad de pecados de la carne y no de uno solo. La unificación de la repro­
banas, y proporcionó a los comportamientos un marco conceptual (vo­ bación de la sexualidad se realiza a partir de tres nociones:
cabulario, definiciones, clasificaciones, oposiciones) y un control social 1) La de fornicación, que aparece en el Nuevo Testamento y será
e ideológico riguroso ejercido por la Iglesia y el poder laico a su servicio. consagrada, sobre todo a partir del fin del siglo XIII, por el sexto man­
Por último, ofreció una sociedad ejemplar realizando en su forma ideal damiento de Dios: «N o fornicarás», que designará todos los comporta­
el nuevo modelo sexual: el monacato. mientos sexuales ilegítimos (incluso dentro del matrimonio).
A las razones que empujaron a los romanos paganos a la castidad, la 2) La de concupiscencia, que encontramos sobre todo en los Padres
limitación de la vida sexual al ámbito conyugal, la condena del aborto, de la Iglesia y que es el origen de la sexualidad.
la reprobación de la «pasión amorosa», el descrédito de la bisexualidad, 3) La de lujuria, que, cuando se construye el sistema de los pecados
los cristianos añadieron un nuevo y apremiante motivo: la proximidad capitales entre los siglos V y XII, reúne todos los pecados tic la carne.
del fin del mundo, que exige pureza. San Pablo les advierte: «O s lo di­ La herencia bíblica no había proporcionado un pesado bagaje de re­
go, hermanos: el tiempo se acaba. Que a partir de ahora los que tienen presión sexual a la doctrina cristiana.
mujer vivan como si no tuvieran» (I. Corintios, 7,29). Algunos extremis­ E l Antiguo Testamento, a menudo indulgente a este respecto, con­
tas de la pureza llegaron incluso a castrarse, como Orígenes: « Y también centró la represión de la sexualidad en las prohibiciones rituales enu­
hay eunucos que se han castrado a sí mismos por amor del reino de los meradas en el Levítico, 15 y 18. Las principales prohibiciones atañen al
cielos», señaló Mateo (19,12). incesto, la desnudez, la homosexualidad y la sodomía, y el coito durante
En efecto, una de las primeras novedades del cristianismo es el la menstruación femenina. El inicio de la Edad Media las recuperó. El
vínculo entre el pecado y la carne. No es que la expresión «pecado de la Eclesiastés es declaradamente misógino: «El pecado comenzó en la mu­
carne» fuera frecuente en esta época. No obstante, se observa al respec­ jer y por causa de ella todos morimos» (25,24).
to un proceso que, a lo largo de la Edad Media, y mediante un desplaza­
miento del sentido, se vale de la autoridad suprema, la Biblia, para justi­
ficar la represión de la mayoría de las prácticas sexuales. En el I Evangelio El modelo de la virgen María
según san Juan, Jesús rechaza la carne porque «el verbo se hizo carne»
(1,14) y en la última cena Jesús convirtió su carne en el pan de la vida En cambio, el Cantar d e los Cantares es un himno al amor conyugal
eterna. «Ésta es mi carne para la vida del mundo. |... | Si no comes la henchido de fiebre amorosa y aun erótica. Pero el cristianismo, siguien­
carne del H ijo del hombre y no bebes su sangre, no habrá vida en b do una determinada tradición judía, se apresuró a otorgarle una inter­
Quien coma mi carne y beba mi sangre tendrá la vida cierna" (Juan, pretación alegórica: la unión celebrada, tras ser la de Yahvé e Israel,
6,51-54). lúe la de I )ios con el alma fiel,.Cristo con la Iglesia. En el siglo XII, épo­
Sin embargo, Juan opone el espíritu a la caí iie, y al ii nía i . Ii .pl ca del regreso tic ( )vidio y del nacimiento del amor cortés, se volverá al
ritu el que da la vida, la carne no sirve para nada •(<>.<•') I 'ablo opi i a un ( .ilutar, el libro más comentado del Antiguo Testamento en ese siglo, y la
98 SOMBRAS Y LUCES DEL CRISTIANISMO MEDIEVAL EL RECHAZO DEL PLACER 99

Iglesia, con san Bernardo a la cabeza, recordará que sólo es válida una I(ni re los l ieinpos evangélicos y el triunfo del cristianismo en el siglo
lectura alegórica y espiritual. IV, dos series de acontecimientos aseguran el éxito de la nueva ética se­
En el Nuevo Testamento, los Evangelios son muy discretos respecto xual: en el orden teórico, la difusión de nuevos conceptos (carne, forni­
a la sexualidad. Elogian el matrimonio, siempre y cuando sea monóga­ cio, concupiscencia y erotización del pecado original); en la práctica, la
mo e indisoluble. De ahí la condenación del adulterio (Mateo, 5,27) y aparición del estatus de virgen entre los cristianos y la realización del
del divorcio, asimilado al adulterio (Mateo, 19,2-12; Marcos, 10,2-12; ideal de castidad en el monacato del desierto.
Lucas, 16,18). Pero María es virgen en el matrimonio y Cristo permane­ En cuanto a la carne, lo esencial es el endurecimiento de la oposición
ce célibe. Estos «modelos» figurarán en el dossier antimatrimonial de la carne/espíritu, la tergiversación del sentido de caro , la humanidad asu­
Edad Media, más rico en textos paulinos. mida por Cristo en la Encarnación, por el de carne débil, corruptible, y
P or supuesto, san Pablo no asimila la carne a la actividad sexual el de carnal por sexual. La designación de la naturaleza humana con la
pecadora; en el fondo designa, como en el Evangelio de Juan, la natu­ palabra caro también se escora hacia la erotización de esa naturaleza e
raleza humana. Pero Pablo insiste en la oposición entre carne y espíri­ introduce, según la misma evolución seguida por la ética pagana, la no­
tu, ve en la carne la fuente principal del pecado y no acepta el matri­ ción de pecado contra natura que se extenderá en la Edad Media con la
monio sino como un mal menor que conviene evitar: «Es bueno que el extensión del concepto de sodomía (homosexualidad, sodomía de la mu­
hom bre se abstenga de la mujer [se advierte la misoginia], pero debi­ jer o la mujer encima del hombre serán posturas prohibidas).
do al fornicio, que cada hombre tenga su mujer y cada mujer su mari­
do. Q ue el marido cumpla con su deber hacia su mujer y la mujer ha­
cia el marido. [ ...] Sin embargo, les digo a los solteros y las viudas que La huida al desierto
es bueno que permanezcan como yo. Pero si no pueden contenerse,
que se casen: mejor casarse que arder. [ ...] Así, quien se casa con su La Biblia condena la fornicación, especialmente en el Nuevo Testa­
novia hace bien, pero quien no se casa obra aún mejor» (I. Corintios, mento (Pablo, I. Corintios, 6,19-20). Más tarde, la experiencia del mona­
7). Porque la carne conduce a la muerte eterna: «O s prevengo... quie­ cato lleva a distinguir tres formas: la unión sexual ilícita, la masturbación y
nes perpetren las obras de la carne no heredarán el Reino de Dios» las erecciones y eyaculaciones involuntarias (Juan Casiano, Colaciones ,
(Calatas, 5,21). X II, 3). San Agustín concede su estatus a la concupiscencia, el deseo se­
De hecho, esta apelación a la virginidad y a la continencia se basa en xual. Pero la palabra, en plural, se encuentra ya en san Pablo: «Q ue el
el respeto al cuerpo humano, «tabernáculo del Espíritu Santo». La exe­ pecado no reine en vuestro cuerpo mortal para que no obedezcas a sus
cración de la carne y el cuerpo en la Edad Media, considerados objeto concupiscencias» (Romanos, 6,12).
de desenfreno, situados en el centro del pecado, privará al cuerpo de to­ Más importante es la larga evolución que conducirá a asimilar el pe­
da dignidad. cado original al pecado de la carne. Será san Agustín quien unirá defini­
San Pablo esboza así un esquema que será capital para describir el tivamente el pecado original y la sexualidad por medio de la concupis­
conjunto de la sociedad según una jerarquía definida en función de la se­ cencia. En tres ocasiones, entre 395 y 430, afirma que la concupiscencia
xualidad. Interpretando sin ninguna legitimidad la parábola del sem­ transmite el pecado original. Desde los hijos de Adán y Eva, el hombre-
brador (Mateo, 13,8 y 23; Marcos, 4,8 y 20), cuyo grano, según la calidad hereda el pecado original mediante el acto sexual. Esta concepción se
de la tierra que lo recibe, produce treinta, sesenta o cien espigas, la Igle­ generaliza en el siglo XII, salvo en Abelardo y sus discípulos. En la divul­
sia clasificará el valor y la fecundidad de los hombres y mujeres en fun­ gación operada por la mayor parte de los predicadores, confesores y
ción de si son vírgenes (virgines producen cien), continentes como las autores de tratados morales, la tergiversación llegará a la asimilación del
viudas (continentes , sesenta) o casados (coniugati, treinta). San Ambro­ pecado original con el pecado sexual. La humanidad fue engendrada en
sio expresa esta jerarquía en el siglo IV: «Hay tres formas de castidad: el la culpa que acompaña todo acoplamiento debido a la concupiscencia
matrimonio, la viudez y la virginidad» (Sobre la viudez, IV, 23). que en él se manifiesta forzosamente.
uuuuunnmmmuum 100 SOMBRAS Y LUCES DHL CRISTIANISMO MEDIEVAL

Sin embargo, un vasto movimiento — a un tiempo teórico y prácti­


EL RECHAZO DEL PLACER

ber, según la cual la coacción sexual habría originado el desarrollo de


10 1

co— se desarrolla para el respeto a la virginidad. El escritor cristiano Occidente, queda invalidada por toda investigación histórica seria.
Tertuliano (principios del siglo IIl) y el padre de la Iglesia Cipriano (obis­ Respecto a cómo el nuevo ideal se impone a los conversos de la Anti­
po de Cartago en 248) inauguran una serie de obras que, a partir de Mé- güedad tardía, no hay mayor testigo que el Agustín de las Confesiones. An­
todio de Olimpo (segunda mitad del siglo IIl), se convierten en auténti­ te todo, confiesa que la mujer, y sobre todo aquella con la que vivía, cons­
cos tratados sobre la virginidad. Las vírgenes consagradas viven aparte tituyó el último obstáculo para su conversión. Su madre, Mónica, siempre
en casas especiales, en el seno de una comunidad. De hecho, se las con­ había relacionado la anhelada conversión de su hijo al abandono de su vi­
sideraba esposas de Cristo. Aliñe Rousselle ha señalado acertadamente da sexual.
que el gran movimiento del ascetismo cristiano comienza en las mujeres A continuación, dedica dos grandes argumentaciones al problema
desiinadas a la virginidad y que sólo a partir del fin del siglo se aplica a de la carne. La más interesante se encuentra en el libro V III. En él ob­
los hombres destinados a la continencia.3 servamos cómo Agustín, aún no converso, odia la carne como lugar de
Es el gran movimiento de la huida al desierto, una búsqueda de la la costumbre y el abandono al deseo. «La ley del pecado es la violencia
pureza sexual más que ríe la soledad. Al principio, con frecuencia está de la costumbre que arrastra y tienta al alma.» Una costumbre que tiene
mareada por el fracaso, especialmente debido a las prácticas homose­ su origen en el cuerpo, «la ley del pecado que yace en mis miembros»
xuales con los jóvenes que siguen a un familiar o un maestro al desierto. (V III, V, 12). Así, la represión de los impulsos sexuales es una forma del
I Xirante mucho tiempo alimentará los lugares comunes de las tentacio­ voluntarismo que caracteriza al hombre nuevo, primero pagano y des
nes sexuales del imaginario (las tentaciones de san Antonio). pués cristiano. En la Edad Media, en una sociedad de guerreros, sera la
Victoria sobre la sexualidad, victoria sobre la alimentación. A lo lar­ más alta proeza.
go de toda la Edad Media, la lucha contra la concupiscencia de la comi­ Más tarde encontramos la aspiración a la castidad, deseada pero le
da y la bebida, la victoria sobre el exceso alimentario ( crápula , gastri- mida desde la adolescencia: «Concédeme la castidad y la continencia,
margiá) y sobre la ebriedad acompañarán casi siempre la lucha contra la pero no enseguida» (V III, 7,17). Entonces la partida casi está ganada:
concupiscencia sexual. Cuando en el seno del monaquismo del siglo V se «Pero esto me lo decía ya con gran tibieza, porque por aquella misma
forme una lista de los pecados capitales o mortales, la lujuria y la gula parte hacia donde tenía puesta mi atención y adonde me daba miedo pa­
(■luxuria y gula) a menudo irán juntos. La lujuria nace muchas veces del sar, se me descubría la excelente virtud de la continencia, que se me re­
exceso de comida y b eb id a... Según Aliñe Rousselle, esta doble lucha presentaba con un rostro sereno, majestuoso y alegre, con cuya gravedad
conducirá al hombre a la impotencia y a la mujer a la frigidez, culmina­ y compostura honestamente me halagaba para que llegase hasta ella y
ción y éxito postrero del ejercicio ascético. desechase enteramente todas las dudas que me detenían. [ ...] Y de nue­
vo me hablaba. [ ...] “Muéstrate sordo a las tentaciones impuras de tu
propia carne en esta tierra... ”» (V III, 11,27).
« C o n c é d e m e l a c a s t id a d » Por último, cuando oye a la voz decirle «¡Toma, lee!» y abre el libro
del Apóstol, encuentra lo siguiente: «N o viváis en banquetes ni embria­
Esta nueva ética sexual no es, en definitiva, sino la forma más espec­ gueces, no en vicios y deshonestidades, no en contiendas y emulaciones,
tacular y extendida de un tema estoico que el cristianismo retomó para sino revestios de Nuestro Señor Jesucristo, y no empleéis vuestro cuida­
imponerlo a O ccidente «durante dieciocho siglos» (Jcan-Louis Man­ do en satisfacer los apetitos del cuerpo» (V III, 12,29). Y el episodio de
dria): el rechazo del placer. Es la era de la gran represión, cuyas conse­ la conversión termina con el gozo de Mónica, «más grande y más puro
cuencias aún no hemos terminado de pagar, ya que la tesis de Max We que el que esperaba de los hijos nacidos de mi carne» (V III, 12,29).
La mayor víctima de la nueva ética sexual es, en definitiva, el matri­
3. A . Rousselle, P o rn eia, D e la maitrise du corps d la priva/iott senuincllt' (ir i wr'
monio, porque, a pesar de ser un mal menor, está marcado por el peca­
ele d e l’ére chrétienne), P arís, P U F , 1983. do, por la concupiscencia que acompaña el acto sexual. Durante la Edad
EL RECHAZO DEL PLACER 103
102 SUMIRÍAS Y UICIÍS DEL CRISTIANISMO MEDIEVAL

Sin iluda alguna, el abismo entre las prescripciones y la práctica fue


Media, en el estado de casado, como el de comerciante, es difícil com­
grande. El modo en que el confesor de san Luis insiste — como prueba
placer a Dios. de santidad— en el perfecto respeto (y aun exageración) de la continen­
La Edad Media (¿habría que ver en ello un signo de «embruteci­
cia conyugal por parte de Luis IX muestra que ese respeto era raro. Pe­
miento»?) objetiva cada vez más los pecados de la carne, los encierra en
ro Jean-Louis Flandrin piensa que las prescripciones de la Iglesia se
una red cada vez más ceñida de definiciones, prohibiciones y sanciones.
unieron a determinadas tendencias profundas de la cultura y la mentali­
Para la corrección de los pecados, los hombres de la Iglesia (a menudo
dad de las masas: noción del tiempo sagrado, reflejado en los calendarios
monjes irlandeses, los fundamentalistas del ascetismo) redactan peni­
campesinos, sentido de la impureza, respeto a las prohibiciones. Por lo
tenciales, listas de pecados y penitencias donde se encuentra el espíritu
tanto, hubo una convergencia entre la ética prudente y la cultura «po­
de los códigos bárbaros. Los pecados de la carne ocupan en ellos un lu­
pular».
gar exorbitante, a la imagen de los ideales y fantasmas de los militantes
Sin embargo, también en el ámbito del sexo aparece — al menos a
monásticos. Desprecio del mundo, humillación de la carne, el modelo mo­
ojos de la Iglesia feudal— una división social y cultural entre clérigos y
nástico abrumó resueltamente las costumbres y mentalidades de O cci­
laicos (incluida la nobleza) por una parte, y entre los dos órdenes de clé­
dente. E l modelo benedictino del monacato equilibrado no eliminará
rigos y caballeros y los trabajadores — sobre todo campesinos— por
completamente el espíritu y las prácticas del desierto, desierto forestal o
otra. Se manifiesta en la explicación que con mayor frecuencia se daba
insular de Occidente. en la Edad Media para justificar la lepra. Ciertos teólogos de la Edad
Media relacionaron el origen pecaminoso de los leprosos con la concep­
ción de un comportamiento sexual diferente en las categorías dominan
E l c a l e n d a r io d e l a a b s t in e n c ia
tes y las capas dominadas de la sociedad.
¿Hubo una sexualidad de las «élites» y una sexualidad del pueblo
El control de la vida sexual de las parejas casadas influyó en la vida
bajo? En todo caso, el desprecio por el aldeano también encontró en el
cotidiana de la mayoría de hombres y mujeres, y sometió la sexualidad a
sexo su alimento. En la primera mitad del siglo V I, el obispo Cesario de
un ritmo de múltiples consecuencias (en la demografía, la relación entre
Arles informa a su auditorio en un sermón: «Todos los leprosos de ordi­
los sexos y la mentalidad), según un calendario perfectamente «contra
nario no nacen de hombres prudentes que conservan su castidad en los
natura», que Jean-Louis Flandrin ha analizado perfectamente.4 En el si­
días prohibidos y las festividades, sino sobre todo de necios que no sa­
glo V IH , las prohibiciones habrían llevado a las «parejas devotas» a unir­
ben contenerse».
se entre noventa y uno y noventa y tres días al año, sin contar los perío­
H e aquí, pues, dos creencias que atravesarán la Edad Media. En pri­
dos de impureza de la mujer (menstruación, embarazo, período post
mer lugar, la enfermedad obsesiva y estigmatizadora, la enfermedad ver­
partum ). Jean-Louis Flandrin cree más plausible la continencia durante
gonzosa, la lepra, cuyo relevo tomará la peste a mitad del siglo X I V , se
los fines de semana, lo que dejaría en 184 o 185 días libres al año para la
atribuye a la sexualidad culpable — incluida la de los esposos y acaso so­
sexualidad conyugal. También señala un reajuste progresivo del tiempo
bre todo la de los esposos-—; la mácula de la fornicación cometida en la
de continencia. El total de prohibiciones sigue siendo aproximadamen­
carne se manifiesta en la superficie del cuerpo. Y como la carne trans­
te el mismo, pero cambia su distribución: a los largos períodos de los
mite el pecado original, los hijos pagan la falta de sus padres. También se
tres ayunos anuales (Navidad, Pascua y Pentecostés) sucede una frag­
da esa fijación en el exceso de desvergüenza sexual en el mundo de los
mentación de pequeñas épocas de ayuno, abstinencia y continencia.
«iletrados», los pobres y los campesinos. En aquel mundo de guerreros,
4. J .- L . F la n d rin , U n tem pspour embrasser. A u x origines de la morale sexuelle acci­
los aldeanos son casi animales, juguetes de deseos perversos.
déntale (V Ie-XI‘ siécle), P a rís, L e Seuil, 1983 (trad. cast.: La m oral sexual en Occidente, Esta nueva ética sexual se impone a Occidente durante siglos. Sólo
Barcelona, G ra n ica , 1984). Suplem ento biblio gráfico: J. L e G o ff, « L e M oyen Age: et la perturbada por la introducción del amor pasión en las relaciones sexua­
ch air devint péché», en D o m in iq u e Sim m onet .(comp.), La plus belle historie de l'amour, les y en el matrimonio, comienza a cambiar lentamente en nuestra épo-
P arís, Seuil, 2003, págs. 54-67.
mmvuunmnmMUttuuui 104 SOMBRAS Y LUCES DEL CRISTIANISMO MEDIEVAL

ca. Reinó durante toda la Edad Media, pero no permaneció inmóvil. En


el gran desarrollo de Occidente en los siglos X al XIV, estuvo marcada, en
EL RECHAZO DEL PLACER

El pecado de la carne tiene su lugar en la tierra y en el infierno. La


exhibición de la lujuria en el tímpano de M oissac— una mujer desnuda,
105

mi opinión, por tres grandes acontecimientos: la reforma gregoriana y el a la que unas serpientes muerden los senos y el sexo— habitará largo
reparto sexual entre clérigos y laicos, el triunfo de un modelo monogá- tiempo el imaginario sexual de Occidente.
mico indisoluble y exogámico en el matrimonio, la unificación concep-
t nal de los pecados de la carne en el seno del pecado de lujuria (luxuria) «No fornicarás.»
dentro de los siete pecados capitales. Podemos aprehender el comportamiento conyugal y sexual de los
I .o i|ue se da en llamar reforma gregoriana supuso una gran moder- hombres y mujeres del principio de la Edad Media gracias a los manuales
redactados para uso de los confesores.
nizaeión de la sociedad medieval, conducida por la Iglesia y empezando
en ella misma, entre 1050 y 1215 (IV Concilio lateranense). Ante todo,
Burcardo (o Brocardo), obispo de Worms, compuso hacia 1008-1012
nr.iHuye la independencia de la Iglesia respecto a los laicos. ¿Qué mejor
una suma de derecho eclesiástico, el Decreto. En él figura un penitencial, un
lian ei a se podía introducir para separar a clérigos y laicos sino la sexua-
manual destinado a los confesores, consistente en un catálogo de pecados
Ialad i' I'ara éstos el matrimonio, para aquéllos la virginidad, el celibato
acompañados de una penitencia prevista como reparación. Numerosos ar­
y la continencia. 1Jn muro separa la pureza de la impureza. Los líquidos
tículos se aplican a la moral conyugal y al comportamiento sexual. Extractos:
impuros se prohíben en un lado (los clérigos no deben derramar sangre
ni esperma, ni transmitir el pecado original mediante la procreación), y «¿Has fornicado con una monja?
simplemente se encauzan en el otro. La Iglesia se convierte en una so­ »41. ¿Has cometido adulterio con la esposa de otro, sin estar casado?
ciedad de célibes. 40 días a pan y agua o, como se dice vulgarmente, un ayuno, y 7 años de
En cambio, encierra a la sociedad laica en el matrimonio. Como penitencia.
oportunamente demostró Georges Duby, en el siglo XII la Iglesia impo­ »42. Si, casado, has cometido adulterio con la mujer de otro, cuando
ne triunfalmente su modelo matrimonial, el de los Evangelios, monogá- tenías con qué satisfacer tu deseo, 2 ayunos con 14 años de penitencia.
mico e indisoluble. En los manuales de confesión, que sustituyen a los »46. ¿Has fornicado con una monja, es decir, con una desposada de
viejos penitenciales en el siglo XIII y expresan una nueva concepción del Cristo? Si es así, 40 días a pan y agua y 7 años de penitencia; y durante to­
pecado y de la confesión basada en la búsqueda de la intención del pe­ da la vida los viernes tomarás sólo pan y agua.
cador, los pecados conyugales aparecen normalmente en un apartado es­ »52. ¿Te has acoplado con tu mujer, o con cualquier otra, por detrás,
como los perros? Si es así, 10 días de penitencia a pan y agua.
pecial sobre el matrimonio. Si la casuística afina el campo teórico y prác­
»53. ¿Te has unido a tu esposa durante su menstruación? Si es así, 10
tico del matrimonio, en líneas generales éste permanece excluido del
días de penitencia a pan y agua.
proceso de diversificación y de relativa adaptación de la vida religiosa a
»54. ¿Te has unido a tu esposa después de que el niño se mueva en la
la evolución general de la sociedad. Esto tiene su explicación. El matri­
matriz o 40 días antes del parto? Si es así, 10 días de penitencia a pan y agua.
monio cristiano es un acontecimiento nuevo en el siglo XIII.
Por último, el sistema de los siete pecados capitales instaura esa uni­ »¿Has practicado la bestialidad? ■-
ficación durante mucho tiempo no realizada de los pecados de la carne »120. ¿Has fornicado, como hacen los sodomitas, introduciendo tu verga
bajo el término genérico de lujuria. Por supuesto, la lujuria rara vez se en la parte trasera de un hombre? Si estás casado y lo has hecho una o dos ve­
encuentra a la cabeza de los pecados mortales, al contrario que el orgu­ ces, 10 años de penitencia en los días oficiales, uno de ellos a pan y agua. Si es
llo (superbia ) o la codicia (avaritia ), que se disputan el primer lugar. Sin una costumbre, 12 años. Si lo hiciste con tu hermano de sangre, 15 años.
embargo, ejercerá otra supremacía. En el lugar común de las «hijas del
diablo», esas personificaciones del pecado que Satán casa con los hom­ »123. ¿Has fornicado solo, es decir, has tomado tu miembro viril en la
bres uniendo cada una de ellas a una categoría social, la lujuria es una mano y, tirando del prepucio, lo has agitado hasta el punto de expulsar tu
prostituta que Satán «ofrece a todos». semilla por placer? Si es así, 10 días.
mummmmmmnmmm
106 SOMBRAS Y LUCES OKI. CRISTIANISMO MEDIEVAL

»126. ¿1 [as cometido sodomía o bestialidad con hombres o animales, Capítulo 8


a saber, con una vaca, una burra o cualquier otro animal? Si lo has hecho
una o dos veces y no tenías esposa para aplacar tu lubricidad, ayunarás 40
días a pan y agua y harás siempre penitencia. Si estabas casado, ayunarás
10 años en días fijados. Si tenías la costumbre de cometer ese crimen, ayu­
narás 15 años. Si cometiste el acto en cuestión en tu juventud, ayunarás La cristiandad, ¿una idea nueva?1
100 días a pan y agua.

»¿Has bebido el esperma de tu marido?


166. ¿Has bebido el esperma de tu marido para que te quiera más gra­
cias a tus artimañas diabólicas? Si es así, 7 años de penitencia a pan y agua
en los días fijados.
»172. ¿Has hecho lo que muchas mujeres, que cogen un pez vivo, lo
introducen en su sexo, lo mantienen ahí hasta que muere y, una vez coci­
do o asado, lo ofrecen a su marido para que se excite más por ellas? Si es
así, 2 años de ayuno.»

En 1978, un nuevo papa, Juan Pablo II, fue llamado a dirigir la cris
(Trad. de C. Vogel — en L e Pécheur et la pénitence au Moyen Age, Pa­ tiandad.
rís, Le Cerf, 1969— yJ. Berlioz) ¿Acontecimiento decisivo o supervivencia anacrónica?
¿Qué queda de la unión, lentamente constituida en la Edad Media,
entre los papas y los clérigos, contra el enemigo exterior, que era el infiel,
y el adversario interior, quizás aún más temible, el impío o el hereje?
La cristiandad: ¿una idea muerta o el futuro de Europa?

Al parecer vivimos una profunda transformación del mundo, que


afecta especialmente a Europa. Cuando me pidieron que tratara el tema
del fin de la cristiandad para el vigésimo aniversario de L'Histolre, me asal­
taron muchas dudas. Si finalmente me he decidido a presentar algunas o b r
servaciones sobre este tema es sólo de manera hipotética y prudente, y sin
esbozar ninguna teoría global ni ningún vaticinio respecto al futuro. Pero
tal vez es posible poner de relieve, a partir de este interrogante, y en una
perspectiva de dos milenios de duración, algunas mutaciones históricas
significativas, que parecen acelerarse o afirmarse en este fin del siglo XX;
evidentemente, sin que la fecha «2000» signifique nada, tan sólo es una
manifestación interesante, e irritante, de la historia del imaginario.
¿Q ué es lo que finaliza en nuestra época? Ante todo, hay que exten­
derse en los términos. Es necesario distinguir «cristiandad» de «cristia-

1. E s t e artículo se pu b licó en L ’H istoire, n ° 220, ab ril de 1998, págs. 8-12.


11 lí M iMUKAN V 1.IK I S 1>1.1 CRISTIANISMO MEDIEVAL
l-A CRISTIANDAD, ¿UNA IDEA NUEVA? 109

ni',niO". 1,1 <i isiianismo constiiuye la expresión déla religión cristiana; la de Lyon II (1274) y Florencia (1439-1442) no cambiaron en nada esta par­
n ¡si ni la luí I designa el conjunto de pueblos e instituciones que, geográfi- tición. La oposición entre católicos romanos y ortodoxos es aún hoy uno
i .i e liisiórii ámenle, lian difundido, profesado y defendido esta religión de los problemas profundos a los que se enfrenta la unión europea.
mu mi cMpírilu unilario. I;,l término Iglesia— que en su origen designa­ Sin embargo, el punto culminante de la idea y de la realidad de la
ba al i onjiiulo de los cristianos— fue reservándose progresivamente a cristiandad bajo dirección pontificia se alcanzó en la época de las cruza­
das, entre 1095 y 1270.2 A partir del siglo XIII se fundaron y desarrolla­
las esl uní tiras eclesiiisl ¡cas.
I a a ,pu ai ion a la unidad de los cristianos establecidos en una deter- ron instituciones escolares e intelectuales de la cristiandad que hasta el
1111 ni i la ni a grogi alii a en I 'ai ropa occidental, en Oriente desde los Bal-
día de hoy siguen siendo, en un nuevo contexto, los elementos primor­
i un a I ’ali simn v en ÁIrica del Norte desde Egipto a las columnas de diales de la unidad europea: las universidades, donde se elaboró un hu­
manismo escolástico europeo.
I li 11 iil< (el i si na lio de ( libra llar) se expresó con fuerza ante el desafío
di i a i a leligioii i nnquisladora, que invadió una parte de la cristiandad La segunda mitad del XV y el siglo XVI asistieron al fin de esta cris­
di i >i leí ile pío simo, el norte de Al rica y España: el islam. El sentido tiandad, asolada por dos grandes acontecimientos. El primero fue la
ni ni ai lo de los cristianos se reforzó, primero en el siglo VII, mediante una conquista turca, que afectó sobre todo al Imperio bizantino, que desa­
ala mui ion de la cristiandad, disminuida y a la defensiva y, más tarde, en pareció con la caída de Constantinopla en 1453. Más tarde, las victorias
el siglo v iii , consolidada, cuando Carlos Martel frenó a los musulmanes de Lepanto (1571) y Viena (1683), aun llevadas a cabo en su nombre y
en I ’oiliers, y en el IX, cuando el Imperio carolingio encaminó su esfuer­ decisivas para frenar a los turcos, no resucitaron la cristiandad.
zo hacia la construcción de un conjunto política y culturalmente cohe­ E l otro acontecimiento destructor fue la Reforma, movimiento cris
sionado. El papado tomó pronto el relevo: la edificación de una cris­ tiano que, deseoso de restaurar el cristianismo original, arruinó, sin cm
tiandad unida fue paralela a la consolidación de la monarquía pontificia, bargo, la unidad religiosa e institucional, convirtiendo al papa y a la
que se dedicó a incrementar su influencia en la Iglesia, resistir al poder Iglesia en elementos esenciales de la cristiandad. Antes impugné la pe
imperial, convertir a los paganos de Europa occidental, central y meri­ riodización tradicional de la Edad Media (aproximadamente siglo IV-fin
dional, y por último, luchar contra los musulmanes y, dentro de la pro­ del siglo XV) a favor de una «larga Edad Media» que se extiende hasta el
XIX; sin embargo, reconozco que, si en cierto sentido identificamos
pia erist ¡andad, contra los herejes.
Sin embargo, desde el principio de la Edad Media, dos fenómenos Edad Media y cristiandad, esta «breve» Edad Media concluye a princi­
pios del siglo XVI.
amenazaron y limitaron el poder de la cristiandad. En primer lugar, su
Conviene recordar aquí la afirmación de Alphonse Dupront: «Una
fragmentación en reinos enfrentados y que a menudo luchaban entre
vez muerta la “gran” cristiandad, quedó la otra cristiandad, más peque­
ellos; sin embargo, el papado logró mantener un sentimiento y unas rea­
ña y como avergonzada de sí misma, ya que poco a poco empieza a lla­
lidades de pertenencia a un mismo conjunto, y logró poner fin a un mo­
marse Europa». Después de haber realizado un diagnóstico tan perspi­
vimiento que aspiraba a transferir la dirección moral de ese conjunto a
caz, ¿por qué lamentarse de él? Afortunadamente, la cristiandad no se
concilios plurinacionales.I
reducía a la cruzada ni a sus expresiones religiosas institucionales y, en el
fondo, bajo las apariencias y las realidades, lo que empezó a formarse en
la Edad Media, en la perspectiva de una larga duración histórica, fue
I ,AGRANCRISTIANDAD MEDIEVAL MURIÓ EN EL SIGLO XV
Europa. Afloró a partir del siglo XVI, y la palabra «cristiandad» no podía
En segundo lugar, fue más grave la división que dejó fuera de la cris­
tiandad, ahora reducida a la parte latina y occidental de Europa, a la mi­
2. Sobre el m ito de la cruzada, véanse P. A lp han d ery y A . D u p ro n t, La Chrétienté et
tad griega y oriental del antiguo Imperio romano, división sancionada por l’idée de croisade, P arís, A lb ín M ich ei, 1954, nueva edición, 1995 (trad. cast.: La Cristian­
las excomuniones romanas délos gobernantes ortodoxos en 1054. I ,as efí­ dad y e l concepto de cruzada , M é x ico , U T E H A , 1959-1962); A . D u p ro n t, L e M ythe de
meras e ineficaces reuniones de las Iglesias proclamadas en los concilios croisade, 4 vols., P arís, G a llim a rd , 1997.
LA CRISTIANDAD, ¿UNA IDEA NUEVA? 111
SOMBRAS Y LUCES DEL CRISTIANISMO MEDIEVAL
no
hemos visto, la cristiandad se constituyó, ante todo, en un te­
( lo m o
sino desaparecer ante la palabra «Europa», sin vergüenza, porque la se­ que integró las tierras paganas y los territorios reconquistados a
r rit o r io
gunda continuaba la primera, renovándola. los musulmanes, pero perdió la parte oriental, ortodoxa, de la cristian­
No es éste el lugar para detenerme en la palabra cristiandad y en sus dad original. De hecho, el territorio de la comunidad europea como pro­
relaciones con la historia y explicar cómo Europa tomó, para bien o pa­ yecto o en proceso de realización recupera el más amplio territorio de la
ra mal, el relevo de la cristiandad entre el siglo X V I y la actualidad, me­ cristiandad medieval, ya que prevé integrar, por etapas, la Europa orto­
nos aún cuando la difícil historia de Europa todavía no se ha contado, doxa. Queda por ver si la realización de esta Europa heredera de la cris­
pese a ciertos ensayos valiosos. tiandad supera el problema de la vieja división entre Europa occidental
Así pues, me limitaré a recordar un cierto número de ejemplos de la y Europa oriental, anterior a la separación entre la cristiandad latina y la
permanencia de ese sentimiento de unidad, en todo caso por parte de ortodoxa y agravada en el siglo X X por el dominio soviético en los países
los dirigentes de los países que, tras haber constituido la cristiandad, a de la Europa ortodoxa.
partir de entonces formaron Europa, junto a otros que se separaron en Obviamente, la cristiandad estuvo profundamente marcada por el
la Edad Media (la Europa oriental de la ortodoxia). En el orden políti­ cristianismo. La dom inación de la Iglesia y del papado en el seno de
co, el siglo X V I I I , que parecía, con la Ilustración, combatir sistemática­ la cristiandad occidental ha desaparecido en lo esencial, pero los valores
mente la identidad cristiana de ese conjunto, afirmó la idea y las prácti­ cristianos, a menudo laicizados, siguen siendo fundamentales en lo que
cas de un «concierto europeo»; y, en el X I X , los congresos de Viena respecta a la cultura y la moral, Y no es casualidad que Konrad Ade-
(1815) y Berlín (1878) se reconciliaron con una cierta forma de cristian­ nauer, Alcide De Gasperi y Robert Schuman, los tres hombres de Esta­
dad. do que, tras la guerra de 1939-1945, lanzaron el proyecto de una comu­
nidad europea, fueran católicos.
Por último, la cristiandad fue modelada por el deseo, y en ciertos go­
L a n o s t a l g ia d e l o s e s c r it o r e s r o m á n t ic o s bernantes, eclesiásticos y laicos, por la voluntad de unidad. Por una par­
te, esta tradición se ha resucitado en la actualidad, de un modo cons­
En el orden cultural, intelectual y sobre todo científico, ante la fosi­ ciente y aun combativo en ciertos europeos e inconscientemente en
lización y la nacionalización de las universidades, realidades cambiantes muchos otros, mediante la presencia en Europa de un número creciente
como el mundo de los de los humanistas, la República de las letras, las co­ de no cristianos, especialmente musulmanes, así como por la agresividad
rrespondencias y las controversias de los filósofos desarrollaron, con antieuropea, e incluso anticristiana, desarrollada por muchos movimien­
contenidos renovados y a través de las prácticas del diálogo, intercam­ tos islamistas en el mundo.
bio, debates y conflictos, el sentimiento de constituir una comunidad Determinadas ideas y prácticas fundamentales de lo que en el presen­
reunida alrededor de los mismos interrogantes, como los intelectuales y te concluye en Europa estuvieron históricamente relacionadas con la cris­
los artistas de la cristiandad. Por último, el romanticismo, resucitando tiandad. Pienso en la importancia del libro y de la escritura, y en la de la
una Edad Media idealizada con el poeta alemán Novalis (Christenheit imagen, que está relacionada. En el marco intelectual de una religión del
oder Europe, «Cristiandad o Europa», 1799), propuso una identifica­ libro, se asistió a la sustitución del rollo por el códice, más manejable; se
ción, si no una fusión, entre Europa y él mismo. afirmó la actividad de los scriptoria monásticos; se impulsó el largo proce­
¿Qué ocurre hoy, tras todos los trastornos acontecidos tras la Revo­ so de alfabetización iniciado en las ciudades en la Edad Media; arraigó el
lución francesa y las terribles pruebas del siglo XX? Lo que está a punto uso del libro en las universidades; por último, surgieron rápidas técnicas
de acabar, ¿puede definirse recurriendo a la idea y la palabra cristian­ de elaboración en serie, culminadas con la invención de la imprenta.
dad? Evidentemente, la cristiandad medieval ha muerto. La Europa que Sin obviar la importancia de la imagen y la palabra en la cristiandad,
la sustituyó ¿conservó lo bastante de la cristiandad como para que [jo­ y sin adherirme a las tesis simplificadoras de Marshall McLuhan, según
damos decir que asistimos a una segunda (y sin duda definitiva) muerte las cuales la televisión matará al libro, creo sin embargo que la difusión
de esta última?
uumnmmumuumui ,(IMIiltAS Y UJCHS DHL CRISTIANISMO MEDIEVAL

dr los nuevos medios, especialmente tras la aparición del ordenador e


luiem ei, pone Im al monopolio secular del libro y de la escritura insti-
I A i ItISTIANDAD, ¿UNA IDEA NUEVA?

Por último, la globalización confirma la desaparición de una cris­


tiandad que había existido combinando un doble modelo. En el interior,
113

tuido por la cristiandad y continuado en Europa. la formación de una identidad basada en la exclusión y la persecución
Algunos historiadores, como Fierre Toubert, han subrayado la par- del «otro» impuro (judíos, herejes, brujas, homosexuales, marginales y,
ie <|iie la iusi¡ilición <k' la familia conyugal jugó en la construcción de la sobre todo, vagabundos), aun conservando cierta capacidad de acogida
i liMiundad lisia lamilia monogámica e indisoluble, que controla su se- e integración; en el exterior, la afirmación de esa identidad mediante la
11 .1 11<1.11 1 (peío no su lecinulidad), lúe el núcleo de la sociedad cristiana, conquista y la imposición a los demás de su propio modelo (cruzadas,
v inri laol' europea, en im las las clases que la formaban, desde la cima colonización).
li i i i la I m '.i A iiiu |iir asisiimos a una cierta resistencia y también a un Este segundo aspecto ha desaparecido, aunque prosigue bajo ciertas
u n n u n ir ni o i le ese modelo 11 adicional, ya no constituye el fundamento formas de neocolonialismo, fundamentalmente económicas. E l primer
I ni di n o o y m pi ial de la nueva sociedad en gestación. aspecto sobrevive, atenuado en ciertos casos, exasperado en otros; siem­
A |ir mu del des.u i olio y el dinamismo de las ciudades tras la Edad pre virulento. Sin embargo, creo que tras nuevos sobresaltos, a veces te­
Media, a prs.u dr la Revolución industrial, la tierra, fundamento econó- rribles, esa cristiandad persecutora y cerrada sobre sí misma está a su vez
miro de la cristiandad, siguió siendo la ocupación preponderante de en vísperas de su desaparición. Sin caer en un optimismo ingenuo, me
m u l lios estratos del campesinado, y una fuente de riqueza, poder y pres- arriesgaré a un pronóstico sobre este punto: el siglo X X I europeo verá la
i igio para muchos hacendados. En la actualidad, aunque la política agrí­ formación de una sociedad y una cultura mestizas.
cola es uno de los puntos fuertes de la comunidad europea y asistimos a Así, la globalización, que puede representar, para el contenido posi
una afirmación a menudo ostentosa del nuevo mundo rural, ese papel tivo de la tradición europea de la cristiandad, una amenaza contra la que
primordial de la tierra y el campesinado, bajo las formas renovadas que debemos precavernos, también nos obligará a forjar un modelo de so
reviste, también ha desaparecido. ciedad abierta y floreciente. A partir de un elemento concreto, la adop
I ,as opciones de futuro de los países de la Europa central y oriental ción de una moneda única, de la que la cristiandad medieval fue incapaz
se mirlen en gran parte en función de su capacidad de reducir la propor­ de dotarse, lo que retardó considerablemente el progreso y la moderni­
ción de campesinos en su población. La ciudad y el campo se confunden; zación de su economía, la globalización nos obligará a vivir en un con­
la i >|Hisición campo-ciudad, sobre la que tanto insistió el marxismo, se di­ texto de intercambios mundiales, lo cual será muy positivo.
luye. El pan ha perdido su lugar preponderante en la alimentación y en
el simbolismo de una cristiandad en la que Dios se ofrecía en sacrificio
V a l o r e s e s p ir it u a l e s c o m p a r t id o s
adoptando esa forma.
I
Entonces, ¿este cambio de milenio constituye realmente el fin de la
A i i< >r a E u r o p a s e e n f r e n t a a l m u n d o e n t e r o cristiandad tal como había modelado a Europa desde la Edad Media? La
i
realidad me parece más compleja, más contrastada e incluso paradójica.
Indudablemente no hay que apresurarse a hablar del lili del trabajo. La cristiandad medieval desapareció, por supuesto, en el siglo X V I; pero
Pero el doble movimiento de promoción de todas las formas de traba- t la Europa que la prolongó, por una parte en trance de desaparecer, se
jo no manual y la depreciación del trabajo manual; la ideología del tra­ perpetúa en la Europa unida que nace ante nuestros ojos. Esta no sólo
bajo que forjó la cristiandad relativizando la condena del trabajo de Adán puede continuar la Europa-cristiandad en sus características fundamen­
y Eva expulsados del paraíso terrenal; la rchabililación de María, la ac­ tales, sino también realizar algunos de sus objetivos clave, que la cristian­
tiva, frente a María, la contemplativa; la glorificación del trabajador dad medieval o posmedieval no supo o no pudo llevar a buen puerto.
obrero por el socialismo, cristiano o no; lodo ello ha i mu luido. El tra­ Esta continuidad es manifiesta en el ámbito de la cultura, la sensibi­
bajo sigue siendo una realidad, pero ha dejado de sei un valor. lidad y la moral, en el sentido amplio de la expresión. En la Edad Media,
tiim m n in n u n n u U H U H H iU
SOMBRAS Y LUCES DEL CRISTIANISMO MEDIEVAL
114 LA CRISTIANDAD, ¿UNA IDEA NUEVA?
115

en el contexto de la cristiandad, nacieron los géneros literarios y los es­ cristiandad de los siglos XII y XIII, persiste en la Europa de hoy, que se
tilos artísticos a los que seguimos refiriéndonos. La novela, aparecida en desprende del cientificismo y que esperemos que venza a las oleadas
el siglo X I I y cuya muerte no deja de anunciarse desde hace decenios, es­ irracionales que transportan las sectas, sobre todo importadas de Esta­
tá lejos de llegar a su fin: es el género literario europeo por excelencia; dos Unidos.
citemos también el teatro europeo, creado en los siglos X I I - X I I I ; y, tras la La libertad es un valor forjado en el combate de los clérigos por la li­
invención del canto gregoriano, obra de la cristiandad, la existencia de bertas Ecclesiae , la libertad de una Iglesia que aún se asimila a la cris­
una música europea. Allí donde el riesgo de servidumbre económico- tiandad, y en la lucha de ciertos medios e individuos por una completa
cultural parece muy grande, como por ejemplo en el caso del cine, arte independencia de vida y pensamiento.
de la poscristiandad, la especificidad europea se expresa en la lucha por Por último, la igualdad, privilegio de un reducido número de ciuda­
la conservación y el reconocimiento de una «excepción». danos varones en la ciudad de la Antigüedad, realizó tímidos avances en
Esta Europa surgida de la cristiandad y formada por ella está espe­ la cristiandad medieval, en el seno de una sociedad jerarquizada según
cialm ente viva en el campo literario porque lo está en el ámbito lin­ el modelo celeste, gracias a las prácticas electorales del mundo monásti­
güístico. Nuestras lenguas vernáculas nacieron en los siglos X I y X I I y co y la afirmación de una sociedad teóricamente horizontal en las ciuda­
manifiestan una resistencia a la uniformización con el macarrónico an­ des. E l ideal de igualdad, valor ideológico esencial de la democracia aún
glonorteamericano que podemos pensar, legítimamente, que durará lejos de realizarse en la sociedad desigual de la Europa del presente, es
todo el siglo X X I ; ahora bien, este plurilingüismo es muy característico un horizonte cuyo origen es cristiano, aun cuando los europeos ya no re­
de una cristiandad tejida de diversidad en la unidad desde la Edad M e­ conozcan como fuente el pecado original, ni como expresión la natura­
dia. La Europa unida que durante mucho tiempo será afortunadamen­ leza de hijos de Dios común a todos los hombres (y, en teoría, a todas las
te plural es su heredera. mujeres), dotados de un alma de igual valor e idéntico destino.
Esta unidad en la diversidad aún tiene más oportunidades de sub­
sistir en el dominio de los valores y las prácticas morales. Cristianos o lai­
cizados, sustituidos por la Revolución y, en Francia, por la República, los L a E uropa latina y la E uropa ortodoxa reconciliadas
valores de solidaridad que expresan los términos de fraternidad y cari­
dad (es decir, amor) aún están muy vivos en los grandes impulsos filan­ La paradoja deriva de que la Europa-cristiandad, muy quebrantada
trópicos y en la acción y prestigio de organizaciones en las que Europa desde el siglo XVI y a primera vista moribunda en la actualidad, quizás
ocupa un lugar destacado. esté a punto de realizar mañana lo que la cristiandad medieval no logró
La inspiración cristiana de las beatitudes (el Evangelio según san cumplir en su encarnación histórica: la unidad en un territorio, reunien­
Mateo afirma que el reino de los cielos será para los pobres de espíritu, do la Europa cristiana latina y la Europa cristiana ortodoxa, pese a las
los mansos, los afligidos, los ávidos de justicia, los misericordiosos, los diferencias y los choques que subsisten, e instituciones comunes.
corazones puros, los artesanos de la paz) vive siempre en la sensibilidad
Evidentemente, si se cumplen esas viejas aspiraciones de la cristian­
y la moral de la mayoría de los europeos, aunque ignoren o desprecien
dad, será bajo otro nombre y sin una connotación religiosa. Sin embar­
sus verdaderos orígenes. Ni siquiera la pobreza deja de ser, a partir de la
go, esta Europa, despojada de las características capitales de la cristian­
Edad Media, un valor espiritual (al tiempo que una desgracia); el dinero
dad, pero que ha conservado el marco del pensamiento y los elementos
es fuente de sospecha, y en este campo el capitalismo europeo se distin­
fundamentales de su moral, me inspira una respuesta prudente, matiza­
gue, como han mostrado excelentes economistas, del capitalismo norte­
da, a la pregunta del fin de la cristiandad, a la espera de un futuro in­
americano.3 El equilibrio entre fe y razón, más o menos realizado en la cierto.

3. M . A lb ert, Capitalisme contrecapitalisme , P arís, L e Seuil, 1998 (trad. cat.: Capita­


lismo contra capitalismo , Barcelon a, Paidó s, 1992).
Mttüüüuuunuuuuv
*

Para saber más

N. Cohn, Europe’s inner Demons, Chicago, Universily ol ( '.hicago I ’rcss,


2000.
A. Dupront , L e Mythe de croisade, 1.1, París, Gallimard, 1997.
R. Manselli, «Christianitas» («Christenheit»), Lexicón des Miltelalters,
vol. II/O, col. 1915-1916, Artemis Verlag, 1983.
R. I. Moore, The Tormation o fa Persecuting Society, Oxford, Blackwell,
1987 (trad. cast.: La form ación de una sociedad represora, Barcelona,
Crítica, 1989).
T. Pécout, «Chrétienté», en A. Vauchez (comp.), Dictionnaire encyclo-
pédique du Moyen Age, 1.1, París, Le Cerf, 1997.
D. Schnapper y H. Mendras, Six Manieres d ’étre européen, París, Galli­
mard, 1990.
R. W. Southern, Scholastic Humanism and the Unification o/E urope, O x ­
ford y Cambridge, Blackwell, 1995.
Dominique Iogna-Prat, Ordonner et exclure. Cluny et la société chrétien-
ne face a l’hérésie, aujudaism e et a l’islam, 1000-1150, París, Aubier,
1998.
ü

i
T ercera parte

Las ciudades, los hermanos,


ei rey

];
nmuuuüununuuuuuMi Capítulo 9

Las órdenes mendicantes1

Las órdenes mendicantes aparecieron en el siglo XIII. Rccihírron esa


apelación en esa época porque su modo de subsistir, mediante la colee
ta y no por la percepción de diezmos y rentas de tipo feudal, sorprendió
a las gentes de la época. La mendicidad • — que practican de un modo
distinto a la de los «verdaderos» mendigos— es un «valor» y un com­
portamiento discutidos en el siglo xill. Las dos principales órdenes men­
dicantes son la de los hermanos predicadores (comúnmente llamados do­
minicos y, en la Francia medieval, jacobin s , debido al nombre de su
convento, Saint-Jacques, París), fundada por el español Domingo de Guz-
mán (1170-1221, canonizado en 1233), y la de los hermanos menores
(comúnmente llamados franciscanos y, en la Francia medieval, cordeliers,
debido al grueso cinturón de cuerda de su hábito), fundada por el ita­
liano Francisco de Asís (1181/1182-1226, canonizado en 1228).
Los mendicantes no son monjes, sino hermanos que viven entre los
hombres y no en soledad. Como el IV Concilio lateranense (1213) prohi­
bió la formación de órdenes que observaran nuevas reglas, los domini­
cos adoptaron la regla de san Agustín y se presentaron como canónigos
regulares. En virtud de una leyenda según la cual san Francisco habría
presentado en la Santa Sede un proyecto de regla anterior al Concilio la­
teranense, los franciscanos disfrutaron, a partir de 1223, de una regla re­
dactada por Francisco de Asís-tras un primer proyecto rechazado por la

1. E ste artículo se publicó en LH istoire, n° 22, abril de 1980, págs. 44-51.


LAS CIUDADES, LOS MERMANOS, EL REY LAS ÓRDENES MENDICANTES
122 123

curia romana en 1221. La dirección de ambas órdenes se somete a una míenlos inéditos, el placer del intercambio comercial e intelectual; el
asamblea general que se reúne cada tres años y elige un maestro general precio del trabajo, del tiempo y del dinero más exactamente calculado;
para los dominicos y un ministro general para los franciscanos. la búsqueda de la seguridad y la comodidad en los nuevos códigos de
En el transcurso del siglo X I I I otras órdenes adoptaron el modelo vivienda, alimentación y vestido; nuevas formas de sociabilidad más in-
mendicante, pero el segundo Concilio de Lyon en 1274 sólo dejó subsis­ tegradoras, como la corporación o la cofradía. La palabra de moda es
tir cuatro: los predicadores , los menores , los carmelitas (Hermanos de la universitas , que designa el conjunto de los ciudadanos de la urbe, los
Bendita Virgen María del Monte Carmelo), reconocidos en 1247, y los hombres de un oficio y, sobre todo, del nuevo oficio intelectual que apa­
agustinos (eremitas de san Agustín ), formados por la reunión de diver­ rece en las economías urbanas. Pero estos hombres y mujeres se urbani­
sos grupos eremíticos en 1243 y 1236. zan sin mejorarse. Son doblemente pecadores: a los pecados tradiciona­
La inscripción en el espacio de una manifestación o, con más razón, les del mundo rural y señorial del que proceden, el orgullo y la envidia, se
de una institución religiosa tiene un sentido profundo. Los árboles o las añaden los pecados propios de la ciudad: la codicia (avaritia , que des­
fuentes sagradas, postes totémicos, templos o iglesias no se ubican en trona a la superbia a la cabeza de los pecados capitales) y las nuevas for­
cualquier lugar. Su implantación muestra una doble relación con lo di­ mas de gula y lujuria en un universo de comidas opíparas y prostitución.
vino y lo terrenal, lo sagrado y lo social. Más que una comodidad na­ La ciudad es pagana, hay que convertirla.
tural, la topografía es aquí un soporte de significación simbólica. Las Pepr aún, a menudo la ciudad es herética; la ola de impugnaciones
órdenes religiosas mendicantes no escapan a ese vínculo revelador con heterodoxas, como las de los valdenses y los cátaros, amenaza al cristia­
la geografía: situación y lugar. nismo oficial. El clero secular, escaso en número, instrucción y buenas
Un dístico que se hizo proverbial en la cristiandad tras la Edad M e­ costumbres, y el monacato, dominado por el desprecio del mundo (con-
dia decía así: temptus mundi), la ideología de la soledad y la absorción en el contexto
feudal, se muestran impotentes. La nueva sociedad urbana exige un
Bernardus valles, montes Benedictus amabat, apostolado renovado. Los nuevos apóstoles serán los hermanos mendi
Oppida Franciscus, celebres Dominicus urbes. cantes. Las nuevas órdenes tuvieron que resolver graves problemas para
«Bernardo amaba los valles, Benedicto las montañas, Francisco las instalarse en las ciudades. Tras granjearse desde el principio el apoyo de
aldeas, Domingo las ciudades pobladas.» la curia romana y de los príncipes laicos — Blanca de Castilla y san Luis,
por ejemplo, les fueron favorables— , también fueron auspiciados por
Así se subrayaba, por un lado, el vínculo del monacato antiguo o los obispos, lo que les permitió superar fácilmente la hostilidad del cle­
nuevo, benedictino o cisterciense, con la naturaleza y la soledad, y por ro parroquial, que veía en ellos, y con razón, a la competencia.
otro el de los hermanos mendicantes, franciscanos o dominicos, que no Pero había que encontrar un emplazamiento para erigir sus conven­
son monjes, con las ciudades y los hombres que las habitan. tos e iglesias, procurarse los medios para edificar esas construcciones,
asegurarse los recursos necesarios para la supervivencia, mantener los
conventos, desempeñar el papel tradicional de los miembros de la Igle­
L O S P E C A D O S D E L A C IU D A D sia para con los pobres y desheredados. Aunque los testimonios forma­
les sobre el estudio previo de esas condiciones sólo sean precisos para la
¿Por qué las ciudades eran tan atractivas para las nuevas órdenes? baja Edad Media, podemos concluir, a partir de los procedimientos, los
En el cambio del siglo X I I al X I I I , el gran movimiento de urbanización plazos y los planos de esos conventos, que el establecimiento de los men­
iniciado en el X I extiende el desfase a toda la Europa de la cristiandad la­ dicantes en las ciudades fue cuidadosamente planificado. Los dominicos
tina: el norte de Francia, Flandes, Renania, el norte y el centro de Italia y los franciscanos construyeron su red casi al mismo tiempo, con la dife­
van por delante, pero desde Escandinavia a España, de Inglaterra a Po­ rencia de que los dominicos prefirieron establecer grandes conventos en
lonia se afirma un nuevo mundo urbano merced a valores y comporta- las ciudades importantes mientras que los franciscanos también procu-
LAS CIUDADES, LOS 11ERMANOS, EL REY I.AS ÓRDENES MENDICANTES 125

oiioii Imular convenios más pequeños en aglomeraciones urbanas más Por último, documentos más tardíos ofrecen detalles sobre las con­
modestas. diciones requeridas para el establecimiento de un convento mendicante,
I ,as órdenes mendicantes más tardías se implantaron en los intersti­ condiciones examinadas en una investigación previa. Una bula de Bene­
cios que dejaron libres las dos grandes órdenes y en las ciudades más im ­ dicto X I II mediante la cual el papa reconocido en Francia (es el tiempo
pon aiues que podían tolerarla instalación de más de dos conventos men- del gran cisma) autoriza la fundación de un convento de dominicos en
dii aillos. Antes di' 1274, las grandes ciudades recibieron intramuros una Bretaña, en Guérande, enumera las condiciones cumplidas: 1) la distan­
i mili il i id de i olívenlos mendicantes. París, la ciudad más grande de la cia entre Guérande y la ciudad con un convento mendicante más próxi­
i o.unidad Iniina, recibió siete; ocho si contam osalos trinitarios. ma (Nantes) es óptima: catorce leguas, alrededor de 60 kilómetros; 2) «la
ciudad está ubicada en una región poblada, fértil y abundante, cerca del
mar, y recibe la visita regular, por tierra y mar, de numerosos mercaderes
I u n í iA< n >i ll procedentes de todo el mundo»; 3) el número de habitantes es superior
al mínimo necesario, tres mil personas. La sangría efectuada en los re­
l'n-s tipos de documentos ilustran esa planificación del estableci- cursos de la ciudad permitirá, mediante colecta, que los hermanos «sub­
iniriiio (le i míenos mendicantes en las ciudades. sistan y hagan frente a los gastos que les incumben».
Algunos definen los procedimientos que hay que utilizar para la fun­
dación d e un convento e n el siglo X II I. Por ejemplo, los dominicos exigían
dos fases preparatorias: 1) una iniciativa atribuida a un generoso donan­ D iv is ió n

te o un religioso de la provincia (la cristiandad se dividió, para cada or­


den, en territorios llamados provincias) proponía la «candidatura» de una Así, las órdenes mendicantes parecen haber «dividido» todo el es
ciudad, pero con más frecuencia la iniciativa parece haber venido de los pació urbano de la cristiandad hasta tal punto que el mapa de los con­
superiores de la orden; 2) la toma en consideración se decidía en dos ni­ ventos mendicantes se confunde con el mapa urbano y el «criterio men­
veles: primero por el prior provincial y los definidores de la provincia, y dicante» puede aparecer como el mejor medio de definir la red de las
luego por la asamblea general. La fundación propiamente dicha se reali­ ciudades en una época en la que el vocabulario urbano es muy incierto
zaba en tres fases: 1) uno o varios religiosos eran enviados al lugar para y las definiciones de la ciudad muy vagas.
informarse sobre los «métodos y medios» de la fundación; 2) un enclave, P or ejemplo, en Francia, en 1335, hay doscientas veintidós cons­
es decir, una ciudad, se define como propicia para la fundación de un trucciones relativas a «conventos mendicantes» y se puede incluso ela­
convento, y se envía a los hermanos a preparar la fundación definitiva; 3) borar una lista de ciudades por niveles de importancia. Las «grandes
el convento se funda definitivamente con un prior, un lector, hermanos ciudades» — con tres o cuatro conventos mendicantes— son cincuenta
clérigos y hermanos conversos; el número estatutario es de un prior y do­ y dos, treinta y siete de las cuales se incluyen en el reino tal como era en­
ce hermanos como mínimo. Los fracasos parecen haber sido escasos. tonces, y quince en los límites de la Francia actual, pero fuera del reino
Los textos pontificios precisan, por otro lado, cómo debía repartirse en el siglo X IV . Las más «grandes», veintiocho en total, poséen cuatro
el espacio de una misma ciudad entre las diferentes órdenes mendican­ conventos: Agen, Angers, Bayona, Béziers, Burdeos, Cahors, Carcas-
tes. El papa Clemente IV unificó diversas medidas promulgadas ante­ sonne, Figeac, La Rochelle, Orleáns, Limoges, Lyon, Montpellier, Nar-
riormente en la bula Quiaplerum que del 28 de junio de 1268. I ,a distan­ bonne, Pamiers, París, Reims, Rouen, Toulouse y Tours, en el reino; Aix,
cia mínima que debía separar dos órdenes mendicantes en el interior de Arles, Aviñón, Marsella, Metz, Niza, Perpiñán y Estrasburgo fuera del
una ciudad era de trescientas canas a vuelo de pájaro, es decir, unos qui­ reino. Hay veinticuatro con tres conventos mendicantes: Albi, Amiens,
nientos metros (no hay que olvidar que la mayoría de las ciudades me­ Arras, Bergerac, Bourges, Caen, Chálons-sur-Marne, Clermont, Cou-
dievales contaban unos pocos miles de habitantes en una reducida su dron, Lectoure, Le Puy, Limoux, Millau, Montauban, Nantes, Nímes y
perficie). Valenciennes en el reino; Bourg, Colmar, Draguignan, Grasse, Hague-
LA S Ó R D E N E S M E N D I C A N T E S 127
I.AS CIUDADES, LOS HERMANOS, EL REY
126

sitados, los mercaderes, los artesanos, los campesinos, etc. Recurre a


ñau, Verdún y Wissembourg fuera del reino. La misma relación entre el
historias que divierten y apelan a la fábula o a la vida cotidiana: los
mapa urbano y el mapa de la implantación mendicante se ha comproba­
exempla.
do en la Hungría medieval. En el caso de los dominicos, a veces las iglesias tienen dos naves, co­
mo en los jacobinos de París o Toulouse; una de ellas, reservada a los lai­
cos, está acondicionada como un espacio especial de audición. La predi­
U n a n u ev a pa la br a
cación terminará por salir a las plazas, en tarimas exteriores, provisionales
o permanentes (en 1439, en Prato, Michelozzo y Donatello construirán
A través de la implantación y la acción de los conventos mendican­
una); la prédica, y los predicadores populares de moda, verdaderos «ído­
tes, conocemos las relaciones entre las ciudades y el campo tal como
los» de la multitud, adoptará el aspecto de un mitin. Los mendicantes
eran en la Edad Media. La ciudad domina el campo circundante. Por
también saben explotar la fórmula que satisface las aspiraciones de los
ejemplo, los dominicos limitan, alrededor de cada uno de sus conventos,
laicos de vivir una espiritualidad propia, que asocian a la de los clérigos.
un territorio — que se puede considerar como las tierras de la ciudad—
Es el hallazgo de las órdenes terceras a finales del siglo X II I.
que llaman praedicatio, un territorio de predicación y de colecta que
completa el espacio de apostolado y explotación de la ciudad propia­
mente dicho. Humberto de Romans, maestro general de los dominicos
N a c im ie n t o d e l p u r g a t o r io
entre 1254 y 1263, enumera, entre los tres motivos principales para ele­
gir una ciudad como lugar de establecimiento de los conventos de la or­
El éxito no es tan grande en lo que respecta a las mujeres. Muy pron­
den, que las ciudades se sitúen junto al campo, porque el campo imita a
to los franciscanos crean una orden femenina, las clarisas, cuyo atractivo
la ciudad. Rara vez los mendicantes se instalaron directamente en un en­
no es, empero, tan grande como el que en muchas mujeres ejerce un
torno rural; cuando trataron de hacerlo, generalmente fue un fracaso,
nuevo género de vida a medio camino entre la vida laica y la religiosa, el
como en Toscana en el siglo X I V . de las beguinas. En realidad, el adoctrinamiento espiritual de las begui-
El período en el que las órdenes mendicantes llegan a las ciudades,
nas estaba en manos de las órdenes mendicantes. En París, las superio-
el segundo tercio del siglo X I I I , es también el momento en que empieza
ras de las beguinas reciben sepultura en la iglesia de los jacobinos, y en
a funcionar la nueva red parroquial, que se desarrolló con un mayor o
el beguinato creado por san Luis entre el Sena y la iglesia de san Pablo,
menor desfase teniendo en cuenta el extraordinario crecimiento urbano
los predicadores son, en su mayoría, hermanos mendicantes. Pero la se­
del siglo X I I . Ante esta red parroquial, los conventos mendicantes, aun
gunda orden de predicadores se constituye con dificultad y las hermanas
en las ciudades en que muchas órdenes comparten el espacio urbano,
dominicas — como las clarisas— siguen enclaustradas, son una presen­
forman una red extra y supraparroquial. Los conventos mendicantes no
cia recluida en la ciudad.
sólo «cubren» una parte del territorio urbano, sino su conjunto. Es una
Los mendicantes son más generosos con los muertos. Saben ser los
primera ventaja, a la que se añadirán otras.
más celosos en la asistencia a los moribundos, les ayudan en la redacción
Lo primero es la palabra, y no sólo para los predicadores. Desde fi­
de la nueva forma de expresión de las últimas voluntades: los testamen­
nales del siglo X I I , ante los herejes que discuten en los lugares públicos,
tos; acogen, en una inspiración genial, los cadáveres laicos no sólo en los
ante la sociedad urbana que necesita que le hablen de Dios y de su sal­
cementerios contiguos a sus iglesias, sino en su propio interior, al lado de
vación de otro modo, se empieza a escuchar una nueva palabra. La pre­
los hermanos. Son los mejores propagandistas de la nueva creencia en
dicación conoce un impulso extraordinario y una metamorfosis pro­
un más allá, intermedio entre el infierno y el paraíso, un tercer reino en el
funda. No cae desde lo alto sobre la población de los fieles, sino que se
que podemos redimirnos entre el juicio individual que sigue a la muerte
dirige realmente a ellos. Se esfuerza en hablarles de sus problemas es­
y el juicio final: el purgatorio, nacido como lugar específico a finales del
pecíficos y diferencia a los oyentes según su actividad socioprofesional,
siglo X I I . Ahora bien, como escribió Cesario de Heisterbach hacia 1220,
su «estado» {sermones ad status): sermones para los clérigos, los uníver-
I AS i II 11JAI»I '.S, I.OS IIHRMANOS, EL REY I AS ÓRDENES MENDICANTES 129

I iüia iiiiii líos pccailores ¡miaño condenados al infierno, el purgatorio re­ Los habitantes de la ciudad expresan su piedad a través de nuevas
presenta la esperanza. organizaciones, las colladías. Los mendicantes crean y dirigen las prin­
Promotores aiiiii|iie con frecuencia no inventores— de nuevas de­ cipales cofradías de la Virgen, el Espíritu Santo y santo Domingo por
vociones, laminen difunden el culto mariano a veces gracias a nuevos ejemplo, con el impulso de los pecadores.
usos de la oración, como el rosario, patrocinado por.los dominicos, o el
i .•apnlario, difundido por Simón Stock, maestro general de los carme­
L O S M E N D IC A N T E S E N R IQ U E C ID O S
litas. iniiei io en I2K5.
Se i onvil lieion soliic lodo en grandes especialistas en la nueva for­
ma di i oiili sion, la con lesión i auricular impuesta a todos los cristianos al Donde pueden hacerlo, especialmente en Italia, país de ciudades-Es-
........... mía vi al ano por el IV ( ioncilio lateranense de 1215. Revolu- tado, los mendicantes dominan la vida espiritual y política de las ciuda­
i ion ‘ |>n ii iiiil v psn ologii a t|iie crea un diálogo insólito entre sacerdo­ des. En el norte de Italia, en 1233-1234, el resurgir religioso de\ Aleluya,
te lan ii ., 1 1. m olla el examen de conciencia y sofistica la casuística dirigido por dominicos y franciscanos, conduce a una reforma de los es­
un a al I ’.u a plaiile.ii las pregí mi as pertinentes y ofrecer respuestas apro­ tatutos municipales y a acuerdos de paz entre las clases y facciones de los
piadas, las puf i u nen en (líenla los problemas religiosos sugeridos por habitantes. Las medidas se dirigen contra los herejes, proceden a abolir
las nuevas ¡a lividades urbanas y las nuevas mentalidades que les son las disposiciones contrarias a las libertades eclesiásticas, reprimen el lu­
propias, se necesitan manuales, los manuales d el confesor. Los redacto­ jo, el desenfreno y la usura. En una ciudad como Foligno, los mendi
res de los manuales de éxito en los siglos XIII y XIV son, en su mayoría, cantes aparecen, a principios del siglo XIV, como garantes de una venia
dera «república eclesiástica».
mendicantes.
E l siglo X I I I asiste al nacimiento del urbanismo y e l pal riol ¡ s i n o ui
baño. Los mendicantes ocupan un papel destacado en e s e moviinien
INI 1.1II .N< JA S( «JAI. Y POLÍTICA to. Como en muchas ciudades, el urbanismo y la implantación de los
mendicantes son coetáneos, los conventos mendicantes modelan la
Asi, los mendicantes proporcionan las justificaciones religiosas que nueva m orfología urbana. En muchas de estas ciudades la presencia
necesita la sociedad urbana. Surgen numerosos maestros y estudiantes de las tres órdenes principales, dominicos, franciscanos y agustinos,
que deben encontrar formas de subsistencia al margen de las escuelas se traduce en un m odelo de estructura triangular (véase E. Guidoni):
monásticas y episcopales. Los espíritus tradicionales les acusan de ven­ es el caso de Siena, Cortona, Palerm o y Colmar. Cuando, a principios
día la ciencia que sólo pertenece a Dios. Los comerciantes, que se mul­ del siglo X I V , los predicadores construyen su iglesia de San Domenico
tiplican y ocupan una posición preponderante en la ciudad, practican el en Siena, con su plaza, expresan sus preocupaciones a un tiempo
préstamo con intereses y otras formas de actividad cuyo beneficio deri­ prácticas (crear un espacio idóneo de predicación) y estéticas (cons­
va del hecho de que pueden prestar dinero. La Iglesia tradicional los truir un herm oso edificio y em bellecer el paisaje urbano). En la se­
acusa de practicar la usura y de vender tiempo, que también pertenece gunda mitad del siglo X I V , el franciscano catalán fra Francesch E xi-
exclusivamente a Dios. Las órdenes mendicantes legitiman lo esencial menig traza en su R egim ent de princeps el plan de la ciudad ideal: se
de la actividad de los universitarios y los mercaderes haciendo valer su trata de un cuadrilátero, en cuyo centro se ubica la plaza de la cate­
t rabajo, que merece ser remunerado. dral, dividido en cuatro barrios que tienen en el centro una plaza
D e un modo general, los mendicantes favorecen y legitiman la nue­ «amplia y hermosa», que pertenece a cada una de las cuatro órdenes
va sociabilidad urbana. Los consejos municipales y las universidades, mendicantes.
instituciones nuevas, durante mucho tiempo carecieron de lugares pro­ A finales de la Edad Media, los mendicantes también desempeñan
pios. Los regidores, cónsules y universitarios se reunieron largo tiempo un importante papel en el desarrollo de una historiografía propiamente
en las vastas iglesias de los conventos mendicantes. urbana, de una historia donde las ciudades son las heroínas.
UllUlllUllHlUllllllllIltinU
LAS (JUIIADES, LOS MERMANOS, EL REY
130

En el transcurso de esa urbanización de los mendicantes, éstos no


dejaron de relacionarse cada vez más con los grupos dominantes en las
Capitulo 10
ciudades, es decir, con las familias que conforman e l patriciado (nobles y
burgueses); en sus iglesias acogían ostentosos monumentos funerarios,
como aún puede verse en Florencia y Venecia. Su obra de recuperación,
de justificación de la sociedad urbana, apuntaba al refuerzo del domi­ La coronación de san Luis1
nio de ricos y poderosos. Estudiando las ampliaciones del convento de
jacobinos en Toulouse, el padre Vicario mostró que, en un primer pe­
ríodo (1229-1234), los predicadores construyeron un convento humilde
y pobre sólo con las limosnas del pueblo, sin distinción social; en un se­
gundo período (1275-1340), gracias a la generosidad de los prelados del
Mediodía y de Aviñón y de la élite urbana, construyeron una iglesia y un
convento aureolados de magnificencia.
En sus sermones pronunciados en Florencia entre 1303 y 1309, el
dominico Giordano de Pisa exalta la solidaridad de la comunidad urba­
na y expresa su desprecio por los campesinos; sin embargo, predicando
un modelo escatológico que no tiene consecuencias en la vida cotidiana, En 1226, Luis IX , más conocido con el nombre de san Luis, fue c<>
limitando a un nivel psicológico la acción penitencial que difunde, justi­ roñado en Reinas, según una puesta en escena extremadamente codifi
fica y refuerza el poder de los señores de la ciudad. cada que regulará la coronación de todos sus sucesores y que hace del
Así pues, no es sorprendente que las críticas realizadas a partir de me­ rey de Francia un personaje sagrado, caso excepcional en el sistema ido
diados del siglo XIII, tanto en el interior como en el exterior de la orden nárquico europeo de la época.
(por los poetas Rutebeuf y Gillaume de Meung, por ejemplo), desembo­
caran en una franca crítica antiurbana, tras vilipendiar al hermano men­ Luis IX , o san Luis, que fue rey de Francia entre 1226 y 1270, fue un
dicante hipócrita, la construcción de conventos alejados del espíritu de personaje carismático — un carisma que quienes rodeaban al rey atri­
pobreza y humildad, el enriquecimiento de las órdenes que se inclinaban buían al aura que desprendía su persona, y quienes no lo conocieron, al
cada vez más a la posesión de rentas urbanas. carácter extraordinario de su imagen— . Los contemporáneos del rey ca­
Los agustinos se transforman difícilmente «de eremitas en ciudada­ recían, en efecto, de otro término que no fuera el de santo para definir a
nos» {ex heremitis urbaniste). San Buenaventura debe defender la im­ este soberano — pero un santo excepcional, como lo fue san Francisco,
plantación en la ciudad contra una facción de virtuosos animados por el en tanto que religioso, a principios del mismo siglo XIII— . Es lo que el
espíritu del «desierto». En el Concilio de Viena en 1311, el franciscano papa Bonifacio V III trató de expresar en 1297, en su bula de canoniza­
contestatario Albertin de Casale se escandaliza con la construcción de ción, con el término super homo, «superhombre».
suntuosos conventos mendicantes en el corazón de las ciudades, en ple­ No obstante, este carisma también lo conforman rasgos institucio­
no centro de la especulación inmobiliaria. En el siglo X V , los francisca­ nales y dinásticos que san Luis contribuyó a desarrollar y que, tras él, se­
nos circunspectos retoman esas críticas, y algunos de ellos, por ejemplo rán propios de todo rey de Francia. Empecemos por arrojar algo de luz
en Bretaña, quieren invertir el movimiento estableciendo conventos en sobre un aspecto que con frecuencia se aborda de modo confuso: hay
bosques e islas. Fueron muchos los que pensaron que las ciudades que que distinguir lo sagrado, lo religioso, lo eclesiástico o lo sacerdotal, y lo
quisieron salvar fueron la perdición de los mendicantes. taumatúrgico; todas estas nociones forman un sistema característico del

1. Este artículo se publicó en L H istoire, n° 184, enero de 1995, págs. 62-65.


mnmmuuuuuuuu I
I AS U I I D A I I K S , l. O S U H K M A N O S , E L R E Y

y ,1,. sus rc p rc s e n la e io n c s en la F r a n c ia m ed iev al. E s te siste-


|m ,,.IVs¡vm m -nle in stitu id o , a tra v é s d e é x ito s y fra c a s o s , p o r la
l.A t.t !K( I N A C I O N D E SAN L U I S

no que se consideran receptáculo de esas fuerzas también reciben el san­


to crisma. Investido de: este poder sobrenatural, a partir de ahora el rey
es el intermediario sagrado, el cordón umbilical entre Dios y su pueblo.
133

iiiniiiimuíii cap o la, d esd e la llegad a al tro n o de H u g o C a p e lo en 987 has- A tiavés de él, por mediación de su cuerpo ungido, se transmiten la pro­
, , |„ (•■monl/.aeiéin de san L u is en 1 2 9 7 . Sin e m b a rg o , el sistem a n o era
tección y la inspiración divinas. Hasta su muerte, garantizará a su reino
m u .v o . d ep en d ía de la h e re n cia leg ad a p o r la d in astía c a ro lm g ia , q u e h a -
la ayuda divina, no sólo protegiéndolo en la tierra, sino, sobre todo, ase­
|)i(| iciu iu lo en I'rancia a p a rtir del siglo VIII: d o b le u n c ió n real d e P ip i- gurando su salvación en el más allá.
I „ ,, I Ih ev e en / ’>I V en 7*>-l. p rim ero p o r san B o n ifa c io y lu eg o p o r el p a-
En el transcurso de la ceremonia, se entregan al rey, en tres fases, las
I lelnin 11 , que vino a la ( ¡alia; c o ro n a c ió n de L u is el P ia d o s o en 816,
insignias simbólicas del nuevo poder con el que acaba de ser investido.
,, llllln 1)nl Ve/, p rim era la u n ció n , la c o ro n a c ió n y el u so d e la san ta
La primera fase, que precede a la unción, es la armadura real.5 El rey re­
cibe una parte de los objetos que el abad de Saint-Denis ha depositado en
" " ' l | ........... ;,do. icligioso, sacerdotal y taumatúrgico del rey ca-
el altar, y así hace suya una fuerza sagrada aumentada por el contacto con
,,,....’.-sj,,.-..» en primei lugar en la liturgia de la coronación. Posee-
lo más sagrado de la iglesia. Entonces el rey abandona sus vestidos, el «ri­
u „ i | elaiiis de la coronación de los reyes capetos; la principal co-
to de separación», primera fase de lo que los antropólogos denominan
, i cspumlc a la coronación de F elip e !, que tuvo lugar en 1059, y es muy
«rito de paso», que convierte al rey de candidato a la realeza en rey coro­
sucinta. Pem tenemos a nuestra disposición tres ordineP reales, uno de
nado. Recibe los zapatos ornados de flores de lis, las espuelas de oro y la
los cuales probablemente dala de principios d el reinado de san Luis (es el espada, que hacen del rey el brazo secular de la Iglesia. Segunda lase, iras
ordo de Reims), otro de finales del reinado (conocido como «último or­
la unción: la entrega de las insignias reales propiamente dichas. Id olicial
do capelo») y, entre ambos, el ordo de 1250, cuyo manuscrito contiene
mayor presenta al rey la túnica de jacintos constelada de llores de lis de
dieciséis valiosas miniaturas que presentan la estructura, el proceso y los
oro, y a continuación una capa o sobrepelliz. El arzobispo le entrega el
m o m e n to s clave de la c o r o n a c ió n .4 anillo, emblema de la dignidad real y de la fe católica, y acaso también del
T ra n sm ite lo sa g ra d o y a m e n u d o se r e la c io n a c o n los p o d e re s s o ­
vínculo que Dios contrae con su pueblo; el cetro, que sostendrá en la ma­
b ren atu rales. A l tratarse d e u n a s o c ie d a d c ristia n a , to d o lo q u e c o n c ie r ­
no derecha, símbolo del poder sagrado y, por primera vez, una mano de
ne a lo sag rad o exp re sa u n a re la c ió n d ire c ta c o n D io s . P e r o m ás q u e u n a
justicia, que sujetará con la izquierda.6 Por último, la tercera fase: la co­
d e le g a ció n del p o d er (e x p lic ita d a p rin c ip a lm e n te p o r la c o ro n a c ió n ; el
ronación, marcada por la imposición de la corona, variante «bárbara» de
l ey es « c o ro n a d o p o r D io s » , r e x a D eo coronatus ), se tra ta m ás b ien d e la
la antigua diadema de la monarquía helenística o romana, y a continua­
in co rp o ra c ió n de fu erzas s o b re n a tu ra le s al c u e r p o s o b e ra n o a trav és del
ción ^entronización, la instalación en un trono elevado, símbolo de la
rilo de la u nción , ap licad a p o r el a rz o b is p o d e R eim s en la c a b e z a , el p e ­
montaña primordial, sede cósmica del poder, que recuerda los inicios de
c h o , los h o m b ro s y e n tre los h o m b ro s , e n la u n ió n d e los a n te b ra z o s y,
la monarquía mítica, de la que el rey medieval es heredero.
p o r ú ltim o , en las m an o s d el rey. T o d a s las p a rte s d el c u e r p o d el so b e ra -
Segunda característica de la monarquía capeta: es religiosa. Esta no­
ción es especialmente difícil de definir en una sociedad que no concibe
2 La santa ampolla contenía el santo crisma, un óleo milagroso que el Espíritu san­
la idea de lo civil, ni siquiera la de lo profano, pero que distingue lo tem­
to según la leyenda, habría proporcionado al obispo de Reims, Remi, para el bautizo de
( '.l’ovis a finales del siglo V. E n tre los siglos IX y X I se formó una tradición que transformo
poral de lo espiritual. Lo religioso es todo lo que concierne al funciona­
el bautizo de Clovis en una coronación en la que intervenía la santa ampolla. miento regular de lo sagrado en la tierra, esencialmente asegurado por la
3. U n ordo era un m anuscrito litúrgico que contenía los ritos, oraciones y cantos de

una coronación. , , , ,, ,
4. S e tra ta d e l m a n u s c r i t o l a t i n o 1 . 2 4 6 d e la B i b l i o t e c a n a c i o n a l d e I a r i s , q u e e s t u ­
5. Hay que distinguirla de la armadura caballeresca. San Luis niño fue arm ado en
d ié j u n t o a J e a n - C l a u d e B o n n e y q u e t e n e m o s i n t e n c i ó n d e p u b l i c a r . E l h i s t o r i a d o r n o r ­ ooissons algunos días antes de la coronación en Reims.
te a m e r ic a n o R ic h a r d J a c k s o n , e s p e c ia lis ta e n lo s ordéne* m e d i e v a l e s l i a m e s e s , t a m b i é n lo
6. Antes de la coronación de san Luis, el rey recibía una fusta, símbolo de mando
f e c h a a l r e d e d o r d e 1 2 5 0 , y e l g r a n e s p e c i a l i s t a e n m i n m l u n i s m e d i e v a l e s d e la iiid iio k en lugar de la mano de justicia.
n a c i o n a l , F r a n So is A v rü , e s t á d e a c u e r d o c o n e s a d a l a c i n n .
LAS CIUDADES, LOS HERMANOS, EL REY
134 LA CORONACIÓN DE SAN LUIS
135

Iglesia. La función religiosa de la monarquía consistirá en permitir, ayu­


gica d e c u r a r por el contacto (acompañado de una señal de la cruz: es la
dar y facilitar el papel y la acción de la Iglesia, de la que el rey es el «bra­
cristianización de un rito pagano), en circunstancias más o menos so­
zo secular». lemnes, a los enfermos que padecen una enfermedad concreta, las es-
E l carácter religioso del soberano se expresa fundamentalmente a
cróí illas, o adenitis tuberculosa, también conocida como morbus regius,
través de los votos pronunciados por el rey durante la coronación. Según «enfermedad regia», es decir, curada por el rey.
el ordo de Reims y el de 1250, hay cuatro series: 1) el rey promete prote­
No sabemos muy bien cuándo y cómo la creencia antigua en el po­
ger a la Iglesia en sus personas y bienes; 2) promete hacer reinar la paz y
der curativo de los reyes adoptó la forma que conocemos en el siglo XIII.
la justicia y, a semejanza de Dios, mostrar misericordia (otra promesa, in­
Según san Jerónim o, a finales del siglo IV la morbus regius aún era la le­
troducida tras el IV Concilio lateranense, en 1215, consiste en el com ­
pra; a principios del siglo VII, según Isidoro de Sevilla, era la ictericia.
promiso de combatir a los herejes); 3) promete defender la santa fe ca­
Felipe I (1060-1108) tocaba las escrófulas, pero más tarde perdió su
tólica, ser el tutor y defensor de las iglesias y sus ministros, regir y
poder taumatúrgico «debido a sus pecados».8 Luis V I (1108-1137) tam­
defender el reino que Dios le ha concedido según la tradición de justicia
bién lo hizo, pero ignoramos durante cuánto tiempo. Ningún texto nos
de sus padres; 4) por último, tras la coronación y la entronización, el rey,
permite afirmar que Luis V II (1137-1180), Felipe Augusto (1180-1223)
coram Deo, clero et populo («Ante Dios, el clero y el pueblo»), realiza
y Luis V III (1223-1226), los tres predecesores de san Luis, ejercieron ese
una última promesa que resume las precedentes. poder. Por lo tanto, parece prudente situar en él el inicio de la práctica
regular de la regia imposición de manos.9
Se ha dicho que a finales del reinado de san Luis, las ceremonias que
C ómo L u is IX s e c o n v ir t ió e n s a n t o fundan la sacralidad del poder monárquico conforman un sistema. La
coronación es un rito de iniciación que transforma al rey designado pol­
Tercera característica fundamental de la monarquía capeta: la coro­
la costumbre de la transmisión hereditaria del poder en línea masculina
nación confiere al rey rasgos o funciones de hom bre de Iglesia: es el as­
a través de la primogenitura en rey sacralizado por la unción divina que
pecto sacerdotal o eclesiástico. E l ritual de la coronación evoca a un
le dispensa la Iglesia — a cambio de promesas realizadas bajo juramen­
tiempo un cierto carácter episcopal, sacerdotal y diaconal del rey: en pri­
to— . La liturgia desarrollada en Reims obliga al rey a realizar, en primer
mer lugar, la coronación, como la inhumación de los reyes, se celebra en lugar, la imposición regia en virtud del poder que le confiere el óleo mi­
un lugar de la Iglesia cercano al coro, habitualmente reservado al clero. lagroso de la unción. Esta primera imposición tendrá lugar — hasta Luis
Además, durante la ceremonia, el rey aparece unas veces junto a un diá­
X IV — en el santuario próximo a Saint-Marcoul en Corbény.10 Por últi­
cono (recoge su capa en la mano izquierda como una casulla sacerdotal),
mo, reunió, merced a la presencia y la participación de sus jefes religio­
y otras junto a un obispo: como el obispo, y sólo como él, recibe una un­ sos, los tres santuarios tradicionales de la religión de la monarquía:
ción en la frente.7 En la misa que sigue a la ceremonia de coronación, el Saint-Remi de Reims, representado por su abad, que custodia la santa
rey, a semejanza de los sacerdotes, comulga de los dos modos. Sin em­ ampolla; la catedral de Reims, lugar de la coronación celebrada por su
bargo, hemos de subrayar que el rey capeto no logró, e indudablemente
no pretendió, conseguir un estatus de rex sacerdos, de «rey-sacerdote»: 8. En concreto, se trata del repudio de la reina Berta, su esposa legítima, por Ber-
sigue siendo un laico. trade de M ontfort, mujer del conde de Anjou, que raptó y desposó, lo que le valió la e x ­
comunión.
Por último, como cuarta y última característica, el soberano capeto
está investido de un poder taumatúrgico: se trata de la facultad casi má­ 9. Jacques L e Goff, « L a genése du miracle royal», en H . Atsma y A. Burguiére
(comps.), M arcBloch aujourd’hui. Histoire comparée et sciencies sociales, París, 1990, págs.
147-156.

10. Véase, además de M arc BlochpLei Rois thaumaturges (trad. cast.: Los reyes tau­
7. E ste rito, empleado a partir del siglo V III en la coronación de Pipino, si' inl rodu-
maturgos, M éxico, F C E , 1988), el artículo de J.-P. Poly, « L a gloire des rois et la parole ca-
jo en la ordenación episcopal en el IX : así pues, la unción episcopal imila n la tu ic ió n real
chée ou l’avenir d ’une illusion», en D. Iogna-Prat y J.-C l. Picard, Religión et culture
y no a la inversa. autour de l ’A n M il, París, Picard, 1990, págs. 167-188.
mmununnnnmmunn i n, I AS i I I I D A D U S , L O S H E R M A N O S , E L R E Y

a rz o b is p o ; y Suitil l)c n is , re p re s e n ta d a p o r su a b a d , d e p o s ita r io d é l a s


insignias reales; Saint I )en is o f re c e a c a d a rey d e F r a n c ia la sa cra lid a d d e

una sr| ii 11111 ro m o n á stica .


LA C O R O N A C I Ó N D E SAN L U IS

más allá- el calendario de los días en que la Iglesia autoriza las relacio­
nes sexuales entre esposos.12 En el ámbito militar, aplica las dos grandes
reglas de la guerra cristiana: frente a los infieles, emprende la cruzada;
137

frente a los príncipes cristianos, respeta el principio de no ser nunca el


I ti e s te s e n tid o , es in d is cu tib le q u e b a jo el re in a d o d e san L u is la
agresor y de buscar una paz justa. Por último, en política, trató de ins­
i órn am e* ión d e una v e rd a d e ra « re lig ió n m o n á r q u ic a » a lc a n z ó su cim a.
taurar un código de conducta específicamente cristiano. Lo atestiguan
I n clei to , los n u evos onlincs a p a rta n la c o r o n a c ió n re a l fr a n c e s a d el
sus Enseñanzas a su hijo y los cinco Espejos de príncipes, redactados a pe­
iio iu o i *>1111 ni e u ro p e o en el q u e se h a b ía in se rta d o d e sd e sus o ríg en es,
tición suya, en su honor o por su entorno.15 Por último, sus hagiógrafos
v en <«un i r i o el i iiiln d e Fu lia d , re d a c ta d o a fin ales d el siglo X y u tiliza-
lo han presentado como la réplica del rey bíblico Josías, pero sobre todo
.. ........ io d o s los i cilio s < i isiian os y e n el im p e rio en el siglo XII: in tro d u -
(el ejemplo más extraordinario es el de san Francisco de Asís, estigmati­
II ii la lilm piíi de la san ia am p o lla en el c o r a z ó n d e la c e re m o n ia d e c o n -
zado) como un santo crístológico: un santo doliente, un santo de la P a­
.. i>11 in m u v pío* Fu mui asi la s u p e rio rid a d d e l re y d e F r a n c i a s o b re los
sión, un santo «hostia», que ofreció su cuerpo en sacrificio, muerto a las
i lemas icy es 11 ¡si iau os; es el ú n ico d e ellos q u e será u n g id o c o n u n ó le o
tres de la tarde, como Jesús. Un santo cuya victoria es la de la caridad, la
m ila g ro s o <o u le n id o e n u n a reliq u ia, es el rex christianissimus, « u n rey penitencia y el sacrificio.
m u y c r is !¡a n o » . Así pues, san Luis representa un caso excepcional por haber gozado
de una sacralidad colectiva, la de los reyes de Francia, llevada a su gra­
do más alto mediante el ceremonial de la coronación en Reims, el don
E l rey cura las escrófulas taumatúrgico de la imposición de manos en las escrófulas y el añadido
déla mano de justicia a los objetos simbólicos de la monarquía francesa.
Así, san Luis podrá legitimar mejor el poder taumatúrgico de la im­ Sin embargo, tanto a ojos de sus contemporáneos como ríe la posten
posición de manos en las escrófulas; sin duda, como hemos visto, él es el dad, su aura deriva fundamentalmente de su santidad individual, sanii
primero en ejercer este poder de un modo institucional y regular. Por dad a un tiempo tradicional y representativa de la nueva sensibilidad del
otro lado, san Luis es quien reorganiza la necrópolis real de Saint-Denis siglo XIII: san Luis ha vivido una época decisiva entre una tradición sa­
I>ara convertirla en la necrópolis sagrada por excelencia de la dinastía ca­ grada secular y una modernidad que anuncia el prestigio de los monar­
pel a, es decir, de la monarquía francesa: una necrópolis reservada a los cas absolutistas del Renacimiento y del Antiguo Régimen. ¿Acaso a fi­
reyes y reinas coronados, donde se afirma la continuidad sagrada de las nales del siglo XIII su biógrafo Guillaume de Nangis no lo describió
l res «razas», que se remonta, más allá de Carlomagno, a la dinastía me- como un «rey sol»?
rovingia.11
Por último, Luis I X fue el único rey de Francia y el último rey me­
dieval en obtener el estatus supremo del cristiano: la santidad. Por su­
puesto, se la puede relacionar con diversos modelos anteriores o con­
temporáneos; sin embargo, presenta una fuerte originalidad. En primer
lugar porque san Luis es un santo laico, una categoría con escasa repre­
sentación en la Edad Media. Si bien realizó milagros antes de su muerte,
sobre todo tuvo una vida ejemplar. Y manifiesta sus virtudes de santo
cristiano y laico especialmente en tres ámbitos: la sexualidad, la guerra y 12. Véase Jacques L e Goff, «L a vie privée de Saint Louis», entrevista, L'Histoire, n°
la política. En materia de sexualidad, respeta escrupulosamente -y aun 180, pág. 48. Jean-Louis Flandrin, Un temps pour embrasser. A u x origines de la morale se-
xuelle occidentale (v^-AT siécle), París, L e Seuil, 1983.
13. Especialmente la Eruditío regum et principian, del franciscano Gilbert de Tour-
11. Véase Jacques L e Goff, «Saint Loáis el les m i p niyiiux», I r Iemps de la refle­ nai, redactada en 1259. Jacques L e Goff, «Portrait du roi idéal», LHistoire, n° 81, pág. 70.
xión, t. III, 1982, págs. 2 5 5-284.
Para saber más

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1983 (trad. cast.: Los reyes taumaturgos, México, FC E, 1988).
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J . Le Goff, «Reims, ville du sacre», en P. Nora (comp.), Les Lieux de mé-
m oire , t. II: La Nation, París, Gallimard, 1986; «Le mal royal au M o­
yen Age: du roi malade au roi guérisseur», Mediaevistik, n° I, 1988;
«Le miracle royal», actas del coloquio de París para el centenario del
nacimiento de Marc Bloch, 1986, París, 1990; «La sainteté de Saint
Louis. Sa place dans la typologie et l’évolution chronologique des
rois saints», Les Fonctions des saints dans le m onde occidental [llle-
XIIIe siécle), coloquio de Roma, octubre de 1988, Ecole franpaise de
Rome, 1991; «A Coronation Programm for the Age of Saint Louis:
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mnumunnnnuuuunuu l 10
1 AS ( lili lA UK N, LO S 1 I E R M A N O S , E L REA

n" 167, retomado en Vingl-cinq ans d ’études dynastiques, París,


Capítulo 11

16X7,
A Vam lie/, La Sdirih'lé en Occident aux derniers siécles du Moyen Age,
d'ii/ires les /mices de canonisation et les documents hagiographiques,
L a vida privada de san Luis1
I trole 11 aii(,.iise de R om c, 1981 .

Según Jacques Le G off, san Luis tenía un «verdadero temperamen


to»; visitaba día y noche a su mujer y tuvieron diez hijos.
Sin embargo, el rey sólo se permitía ese placer en los períodos pies
critos por la Iglesia. La santidad obliga...

L ’HlSTOIRE: Jacques Le Goff, san Luis, tras acceder al trono en 1226


a la edad de doce años, con la muerte de su padre Luis V III, se casa en
1234, con veinte años. ¿Es ese matrimonio representativo de las cos­
tumbres de la época?
JACQUES L e G o f f : L o es, en la medida en que al joven rey lo casa su
madre, Blanca de Castilla, al final de largas negociaciones políticas con
Raimundo Berenguer V, conde de Provenza, que tenía cuatro hijas y que
entregó a Margarita, de catorce años, al rey de Francia. Hay que añadir
que los catorce años es una edad normal para desposarse en la época; en
cambio, veinte años es una edad tardía. Blanca de Castilla, muy apegada
a su hijo, y también muy preocupada por su poder — creo que ese reino
es uno de los raros casos de comonarquía que han existido en Francia y
en la cristiandad— , sin duda no tenía prisa en separarse de él.

L ’HlSTOIRE: E s e m a tr im o n io d e u n re y q u e s e rá c a n o n iz a d o p o c o s
a ñ o s d e sp u é s d e su m u e rte , ¿ c ó m o se a d e c ú a al id e a l c ris tia n o ?

1. Este artículo fue publicado en L ’Histoire, n° 180, septiembre de 1994, págs. 48-50.
::M£28mma*K¡

142 I.AS CIIIDADKS, LOS HERMANOS, EL REY LA VIDA PRIVADA DE SAN LUIS
143

JACQUES L e G o iT : San Luis fue un perfecto esposo cristiano. Para te los peí iodos en que las relaciones sexuales eran lícitas, el rey no se li­
empezar, respetó la recomendación dirigida a los jóvenes casados muy mitaba a yacer con su mujer durante la noche. También iba a buscarla a
piadosos, conocida como las noches de Tobías: había que esperar tres su habitación, encima de la suya, durante el día. Esto irritaba profunda­
noches antes de unirse carnalmente, y consagrarlas a la oración; era una mente a Blanca de Castilla, que, en cuanto sabía que su hijo estaba con
manera de mostrar que la persona no se había casado con el único obje­ la reina, trataba de entrar en su habitación para poner fin a sus retozos.
tivo de satisfacer sus necesidades sexuales. Esa práctica estaba poco ex­ San Luis tomó la costumbre de colocar a un guardia en la parte baja de
tendida, y el hecho de que san Luis la respetara confirmó más tarde su la escalera para que lo previniera a tiempo y sin duda para poder recu­
reputación de santidad. perar la compostura...
Más generalmente, a lo largo de su matrimonió respetó escrupulosa­ Además, al menos tuvo once hijos; digo al menos porque, si hubo al­
mente las prohibiciones procedentes del calendario litúrgico. Usted sa­ gunos que murieron a edad temprana, no necesariamente hay constan­
be que en la mayoría de fiestas religiosas, especialmente en la cuaresma, cia de ellos. Y cuando partió a la cruzada en 1248, llevó consigo a su mu­
y en vísperas de las fiestas, había que abstenerse de relaciones sexuales y jer para no verse privado de relación carnal. Tuvo cuatro hijos en Tierra
ayunar. San Luis se plegó a esas obligaciones. Tampoco tuvo relaciones santa: cuando fue hecho prisionero tras la batalla de Masura en 1250, es
con su mujer durante el período menstrual de ella, de acuerdo a una la reina Margarita la que debe reunir el rescate; en ese momento está em­
prohibición muy antigua: en la Edad Media se creía que si alguien con­ barazada de muchos meses e incluso da a luz durante el breve cautiverio
traía la lepra se debía a que sus padres lo habían concebido durante el del rey.
período menstrual. Esto también es muy representativo de su tiempo,
porque creo que ese calendario estructuraba profundamente la vida de L’HlSTOIRE: Para no verse privado de relación carnal, dice usted. IY
los hombres de la Edad Media. ro ¿ño podía ser que simplemente estuviera muy enam orado de su mu
jer?
L’HlSTOIRE: ¿Son los archivos de su proceso de canonización lo que JACQUES L e GOFF: ¡Ah, no, no es eso lo que se refleja en los docu­
nos perm ite estar tan bien inform ados sobre su vida sexual? mentos! No puede decirse que se comportara como un santo con su mu­
JACQUES L e GOFF: S í . Su confesor, un dominico, liberado del secre- jer: al parecer no le concedía importancia alguna. Joinville le reprocha
lo ile confesión, es un testigo esencial. E l proceso se inició poco después no mostrar cariño ni consideración por ella.
de 1270, el año de la muerte del rey, pero la mayoría de las declaraciones
tuvieron lugar en 1282, y fue canonizado en 1297. L’HlSTOIRE: ¿Se consideraba su notable fecundidad algo normal por
Ahora bien, la investigación realizada sobre su vida privada nos en­ parte de un soberano en aquella época? ¿Y que hay de la actividad se­
seña algo muy interesante: san Luis fue más allá de los mandamientos de xual desaforada, que más tarde se asociará a la imagen del buen rey?
la Iglesia; añadió días de ayuno y abstinencia a los que ya existían. Ade­ Pensamos en Enrique IV.
más, añadió días de continencia a los prescritos por la Iglesia, lo que, por JACQUES L e GOFF: Es cierto que esa asociación entre rey promis-
otro lado, suscitó una cierta perplejidad en los clérigos: ¿acaso esa absti­ cuo/buen rey será muy fuerte más tarde, pero no creo que fuera una
nencia, esa continencia, no eran excesivas, desmesuradas? Lo que se sa­ idea que existiera en la Edad Media. Evidentemente, era deber del so­
le de la norma es inquietante... Pero eso indica la disciplina rigurosa de berano asegurar una numerosa descendencia al trono. A pesar de todo,
san Luis. el ideal absoluto, tanto para el rey como para el común de los mortales,
era la pureza y, si no la virginidad, al menos la castidad. El imperativo
L’HlSTOIRE: ¿Tal vez no era muy propenso a la actividad sexual? de la procreación pasa a un segundo plano en relación con ello.
JACQUES L e G o f f : ¡Al contrario! Y eso es lo que hace que su com­
portam iento sea tan meritorio. Como suele decirse, san Luis tenía un L ’HlSTOIRE: A sí pues, ¿puede decirse que san Luis fue canonizado
verdadero temperamento. Joinville, su biógrafo, nos cuenta que duran­ pese a su im perfección en este ám bito?
II I A', i lili >A1 >I .S, I.OS IIKKMANOS, EL REY
I A V ID A PRIVA D A DE SAN LU IS
145
(Ai .(.mi'.:. I,i, ( ¡oii': Electivamente, san Luis constituye uno délos ca-
la Iglesia demostró un cierto pragmatismo, una cierta tolerancia respec­
(in:, excepcionales (le laicos canonizados en la Edad Media. Hubo otros, to a la sexualidad?
i oí no la <ai ionización, en el siglo xn, de Enrique II de Alemania, que ha­
JACQUES L e GOFF: E s cierto que en el siglo XIII se difundió la idea de
bía vivi< lo en el XI y murió, en teoría, siendo virgen; por esa razón fue pro-
naturaleza, nacida en el XII, teorizada por santo Tomás, y con ella la idea
i luí mu lo sanio. También podemos citar el caso de aquel señor provenzal
de una naturaleza del hombre, que implicaba una especie de derecho al
y su mii|ei i [ni - Ilición ( ai ionizados en el siglo XIII por no mantener nun-
placer. También es cierto que en el siglo XIII se rehabilitó el matrimonio,
. i o luí ii >111 ■. o miles (luíanle sn matrimonio. En este sentido es cierto
que permite un lugar para la sexualidad lícita. Así pues, asistimos a una
■lia .in I lie, ion', muye una excepción: un santo que mantuvo relaciones
suerte de legitimación de lo carnal, dentro de ciertos límites.
■ iiali i on irgiilaiid.nl l ’cio lo q iiep areció ad m irab le en élfu eelco n -
Sin embargo, san Luis, el intransigente, ¿fue una excepción en su si­
iiol ioi .il d< iiii .i .< nulidad que habría podido desbocarse, el dominio de
glo? Al contrario, creo que encarna perfectamente otra de las ideas cla­
...... un i •I o .pelo a la di'.i iplina crisliana de la sexualidad conyugal.
ve del siglo XIII, la idea de la mesura: logró vivir una sexualidad modera­
da. Hizo suyo el ideal que sitúa al cristiano a la misma distancia del ángel
I ' I I r . 11 a ni ,1 .egislo san I ,i lis cu materia de sexualidad, como un rey
y de la bestia. También en este sentido san Luis es un modelo para los
i '.peí lalilíenle crisl ¡ano, especialmente preocupado por aplicar los man- hombres de su tiempo.
damiciiios de la Iglesia en el orden temporal?
JACQUES L e G o FF: Puede decirse que san Luis instauró en el reino
un verdadero orden moral. Quiso extirpar los pecados que consideraba
más graves: la blasfemia, la usura y la prostitución. La prostitución le es­ (Entrevista realizada por Véroniquc Sales)
candalizaba especialmente, y quiso prohibirla tras su regreso de la cru­
zada. I lay que decir que las prostitutas se reunían en la isla de la Cité,
cerca de su palacio, y que las veía en gran número cuando iba a escuchar
misa en Notre-Dame; esto le afectaba mucho. Sin embargo, por último
■ais consejeros le convencieron de que era un mal necesario.

I d 11STOIRE: En este ámbito, ¿ e ra más intransigente que los propios


clérigos?
JACQUES L e G o FF: La Iglesia secular consideraba, en efecto, que la
prostitución era un mal inevitable. Las prostitutas constituían una cor­
poración, un oficio como cualquier otro. Cuando hacia 1170 las prosti-
imas parisinas propusieron al cabildo de Notre-Dame financiar una vi­
driera en honor de la virgen, los clérigos se preguntaron seriamente si el
dinero que ofrecían había sido ganado honradamente, es decir, sin in­
tención de engañar al cliente (empleando maquillaje, etc.). Concluyeron
que se había ganado honradamente, pero que la prostitución en sí era
una actividad moralmente reprobable; sin embargo, se la toleraba. En
cambio, san Luis quiso erradicarla.

L ’HlSTOIRE: U s te d h a h a b la d o d e su inl ra u s ig c n c ia , de su o rd e n m o ­
r a l . .. ¿ S ig n ifica eso q u e fu e a c o n tr a c o r r ie n te d e su siglo, d u ra n te el q u e
Para saber más

So b r e la s e x u a l id a d e n l a E dad M e d ia :

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¿Qué es un buen jefe de Estado? La pregunta no es nueva. Se su
merge en el más remoto pasado de las sociedades humanas. jarques I ,e
G o ff muestra cómo en la Edad Media una literatura política traía osle
problema fundamental: el rey no puede limitarse a ser quien detenta
todos los poderes. También ha de ser un concentrado de todas las vir­
tudes.

En la organización de las sociedades más antiguas, el historiador a


menudo puede identificar una forma jerarquizada que culmina en un je­
fe. A semejante sociedad la llamamos monárquica y a quien está en la ci­
ma lo conocemos como «rey». En su origen, este rey-jefe no sólo pre­
senta un carácter sagrado sino que concentra todos los poderes en su
persona. Casi al mismo tiempo que este tipo de jefe se manifiestan ten­
tativas para limitar su campo de acción. En primer lugar, quienes de­
tentan el poder militar y económico — a menudo confundidos en esas
sociedades— , guerreros y ricos propietarios, se esfuerzan en acaparar o
compartir los poderes del rey. Muy pronto los romanos abolieron la m o­
narquía para sustituirla por una oligarquía bautizada como república, y
durante mucho tiempo odiaron la propia palabra «rey».
Incluso da la impresión de que el nacimiento de la monarquía en
esas sociedades antiguas marca él paso de un simple recuerdo manteni-

1. Este artículo fue publicado en L’Hisloire, n" 81, septiembre de 1985, págs. 7 0 -7 6 .
IÍSIIMBBBWw m u

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RETR A TO D EL REY ID EA L 151
150 LAS C I U D A D E S , L O S H E R M A N O S , E L R E Y

defender la Ir' ortodoxa y, más en concreto, poner su poder al servicio de


do por documentos dispersos (inscripciones, tablillas, etc.), mitos (el de
la Iglesia, lisie lúe el principal objetivo de las promesas y muy pronto
Gilgamesh, rey de Uruk, por ejemplo) o monumentos a la concepción y
de los votos que tuvieron que pronunciar los reyes de Occidente a par­
construcción de una verdadera historia, con frecuencia legendaria en sus
tir de la época carolingia (siglo VIIl). Por último, la limitación de los po­
orígenes tradicionales pero capaz de constituir en torno al rey una trama
deres del rey elebía servir para impedir que se convirtiera en tirano y em­
continua y coherente, gracias a un sistema monárquico que lo reduce to­
prendiera el camino del mal, el del Diablo. Los reyes también tenían
do al monarca y a la sucesión de los reyes — a menudo reforzado por un
deberes; primero ante Dios, los sacerdotes y la Iglesia, y luego hacia sus
principio dinástico— . La monarquía ofrece a un tiempo una explicación
súbditos, hacia su pueblo.
y una narración, los dos rostros complementarios de la historia. Pierre
Gilbert ha ofrecido una poderosa y sutil demostración de este naci­ Los escritos en los cuales, desde la más antigua época de las monar­
miento simultáneo de la monarquía y la historia para el antiguo Israel, en quías orientales, los clérigos expresaban así los deberes de los reyes se
detenían en el respeto a determinados ritos (como en la ley de Moisés) y
el entorno de los primeros reyes Saúl, David y Salomón.2
(Otros, aún con más ardor, trabajaron en controlar las prerrogativas especialmente y cada vez más en el ejercicio de las virtudes, personales
regias en el ámbito religioso. Esta fue la actitud de los sacerdotes. Al y públicas. Por citar sólo la Biblia — referencia ideológica obligada en el
principio del siglo VII, el arzobispo y erudito Isidoro de Sevilla, recupe­ O ccidente medieval— , insistiré en el pequeño tratado de ética real en­
rando la etimología latina {rex: rey, regere : dirigir; rede: derecho), pre­ gastado en el D euteronom io 17,14-20. Este texto, que se aplicará más
tendió que un rey debía gobernar «con rectitud» {rex a recte regertdo), tarde, en la época de san Luis, presenta, a pesar de las prohibiciones que
propiciar la rectitud de los grandes, los funcionarios y los súbditos. El en él se formulan para los reyes, una imagen optimista de la monarquía
rey no se limita a ser quien concentra todos los poderes en su persona, y de la persona del rey. En cambio, en el momento de la institución real,
debe ser un concentrado de todas las virtudes. A ese modelo se dedica­ cuando Yahvé responde «al pueblo que le pedía un rey», el Antiguo Tes
ron, entre los siglos IX y X III, espacio de este estudio, unas obras especí­ tamento traza una imagen muy pesimista de la monarquía, contemplan
do en el rey un inevitable tirano que hará de los hebreos «sus esclavos»
ficas, los «espejos de príncipes».
Los clérigos, autores de estos tratados, tenían como primer objetivo (1 Samuel , 8,10-18). Así, como siempre, la Biblia ofrecía un dossier a fa­
evitar que el carácter «sagrado» de los reyes desembocara en un carác­ vor y otro en contra de la monarquía. Sin embargo, definió un criterio:
ter divino o sacerdotal de la función regia. E l rey no debía ser sino el ele­ la monarquía vale lo que vale el rey. Instruir al rey, proponerle una ética
gido de Dios, quien recibe la unción de lo sagrado en la tradición judeo- real, será una de las funciones más importantes del sacerdocio.
cristiana (el septenario de sacramentos formado en el O ccidente del En el siglo IV, cuando el príncipe se convirtió al cristianismo, hubo
siglo X II excluye la coronación real de la lista de sacramentos). El es­ que precisar la doctrina. Agustín lo hizo en el libro V, capítulo XXIV , de
fuerzo de ciertos clérigos en hacer del rey «la imagen de Dios» en los Ciudad d e Dios, que Antón llamó «el primer espejo de príncipes cristia­
siglos X II y XIII sólo tuvo un éxito relativo. La tentativa de hacer de él nos». En él, el obispo de Hipona insiste en la «paz, el orden, la justicia»
un «rey sacerdote» {rex et sacerdos ) asimilándolo al modelo bíblico de {Pax, Ordo, Justicia) como fundamentos de la monarquía y, según la tra­
Melquisedec, «rey de Salem» y «sacerdote del Dios altísimo» ( Génesis , dición romana del «emperador dichoso» {imperator felix ), define las vir­
14,18), no fue muy lejos ni en la Biblia ni en el cristianismo ni en la ideo­ tudes que convierten al príncipe cristiano en un buen príncipe. E l papa
logía cristiana del O ccidente medieval, a pesar de los esfuerzos de algu­ Gregorio el Grande, con el cambio del siglo VI al V il, preocupado por el
nos clérigos al servicio de los emperadores. problema del rey y de la monarquía, subrayará especialmente la-impor­
En esta voluntad de los sacerdotes de apartar al rey de la condición tancia de la justicia como ideal de la institución y virtud esencial del rey.
sacerdotal, parece que el clero judío antiguo, como la Iglesia del ( Inci­ Con la época carolingia aparecieron opúsculos enteramente destina­
dente medieval, pretendía obtener el compromiso solemne de! rey de dos a recordar a los reyes las virtudes inherentes a su «función» {offi-
cium) o su «ministerio» (ministerium ) y sobre todo necesarias para justi­
ficar su elevación al trono, o más bien la ceremonia religiosa que volvía
2. P. Gilbert, La Bible a la naissance de l'histoire, París, I'áyanl, I '179.
|,A!, CIIIDAIIKS, I.OS HERMANOS, EL REY
R E T R A T O DHL R E Y I D E A L
153
i'lci liv.i l.i clct i ion (|tic I )¡os había hecho de su persona. Si bien lo más
estatura intelectual, (orinado en la universidad de París. Alto funciona­
lu í nenie es <|ne la elección de Dios fuera conforme a la de los hombres
rio eclesiástico de la curia pontificia y más tarde secretario de Teobaldo,
en el interior de una familia real, también podía ratificar el cambio de
arzobispo de Canterbury, Juan de Salisbury fue amigo de Tomás Becket,
una lamilia por otra, como la sustitución d élos merovingios por los ca-
se refugió durante un tiempo en Reims junto a su amigo íntimo el bene­
it ti i ligios a mediados del siglo vtlí. Sin embargo, poco a poco, por ejem ­
dictino Pedro de Celle, prior de la célebre abadía de Saint-Remi — don­
plo en I iam ta, se lijó un derecho hereditario a favor del primogénito o
de se conservaba la santa ampolla que se utilizaba en la coronación de
r| ni i , en ano heredero masculino del rey difunto. En Reims, en 816,
los reyes de Francia— y terminó su carrera como obispo de Chartres
11 . dos .. i <monjas, la de la unción y la de la coronación, se fusionaron
desde 1176 hasta su muerte en 1180.
P a a al .11 al iioinni I ,ilis el I '¡adoso. Por otro lado, podemos considerar
La contribución del Policraticus a la ideología monárquica de la
•|ii< lo le ios iiiili/ados paia las coronaciones délos reyes cristianos de
I. I dad M. día !i >s nhl///t‘\, ( l<issicrs o textos propiamente litúrgicos, re- Edad Media es considerable. En él, Juan de Salisbury recurre a un
opúsculo falsamente atribuido a Plutarco, pero en realidad redactado en
1o i da t*>i ios d* ainados a facilitar la celebración de la ceremonia, consti­
Roma hacia el 400, el Institutio Praiani. Este seudomanual de la educa­
tuyen una ( alegoría espía ial de «espejos de príncipes».
Id sistema cultural de la Edad Media utilizó mucho la imagen del ción de Trajano es en realidad un «espejo de príncipes». En él encontra­
«espejo» (speeulum). No se trata de expresar sólo la teoría, fundamen­ mos, por primera vez en el O ccidente cristiano (en el siglo Xll), la metá­
fora organicista que convierte la sociedad política en un cuerpo humano
tal desde san Agustín, del signo o el reflejo, siendo cada realidad te­
rrestre la réplica, más o menos lograda, de un tipo ideal, sino de mos- cuya cabeza es el rey. No obstante, al margen del Institutio Traiani, el Po-
t rar, por el contrario, que la imagen del espejo es en realidad la imagen liticratus también lanzó el eslogan del príncipe sabio, intelectual (rex illi
ideal de la realidad terrestre. Todo espejo es un instrumento de verdad teratus quasi asinus coronatus, «un rey iletrado es un asno coronado») y,
y nos conduce a lo más profundo del imaginario medieval. Sin embar­ sobre todo, confirió bases muy sólidas a la ideología monárquica (que
go, a menudo el espejo renunciaba a su función metafísica, teológica, Juan había visto en acción en la naciente burocracia de la corte inglesa y
para convertirse en un género normativo relacionado con el proceso de pontificia). Juan de Salisbury fue uno de los hombres más cultivados de
moralización , de ilustración ética, que se desarrolló en el siglo XII y se su tiempo, quizás el mejor representante del renacimiento humanista del
generalizó en la Edad Media tardía, en el XIII. Todo espejo se convirtió siglo XII. Marcado por el «naturalismo» propio de las escuelas de París y
Chartres, analizó la sociedad, y al rey que la dirigía, como un conjunto
en ejemplar.
I .os autores de los «espejos de príncipes» carolingios del siglo IX, al­ organizado. Asimismo, introdujo en la discusión teológica y filosófica el
tos cargos eclesiásticos, propusieron a los reyes contemporáneos el mo­ tema del tiranicidio, que desempeñaría un gran papel en la ciencia polí­
delo de determinados reyes del Antiguo Testamento, como David (el tica (y en las realidades políticas) de finales de la Edad Media y la época
predilecto), Salomón, Ezequiel, Josías, etc. Se ciñen especialmente a las moderna. Por último, analizó el fenómeno del proceso de formación de
virtudes que convienen al rey (ante todo, la justicia , pero también la sa­ la corte, destinada a un gran desarrollo entre los siglos XII y XVIII, con
biduría , la prudencia, la paciencia, la misericordia, la humildad, el celo por una mirada profundamente crítica. E l subtítulo (que más tarde se volve­
la rectitud, la clemencia, la piedad, etc.). Por último, insisten en el deber rá a utilizar) del Policraticus es sive de nugis curialium (o de la futilidad de
los cortesanos ).
imperioso que tiene el rey de proteger las iglesias y a los sacerdotes. Así
se afirma el creciente papel político e ideológico de la iglesia en la épo­ E l siglo XIII asiste a una nueva eclosión de los «espejos de príncipes»,
ca carolingia. Pero todos estos «espejos» no son — salvo tal vez, en cier­ renovados por el modelo del Policraticus y por el proceso contemporá­
neo de desarrollo de las monarquías, que evolucionan rápidamente hacia
ta medida, el de Hincmar— tratados políticos.
A mediados del siglo XII tiene lugar un momento clave con el Poli- formas estatales, burocráticas. Sin duda, el rey de Francia Luis IX , futu­
craticus de Juan de Salisbury, de 1 159, el primer gran Halado de ciencia ro san Luis, fue quien vivió con más intensidad este proceso. Decidido a
política de la Edad Media. Lo escribió) en Inglaterra un clérigo de gran ser, desde una edad temprana (se convirtió en rey a los doce años, en
1226) y hasta su muerte (1270), la encarnación más perfecta posible del
utimnmmwuwwiiwm
RETRATO DEL REY IDEAL 155
154 |.AS CIUDADES, I.OS HERMANOS, EL REY

Fgipto y en Tierra santa (1248-1254), y este tratado nació seguramente


rey cristiano ideal, suscitó indirectamente y favoreció directamente la re­
de la amistad contraída con el rey.
dacción de numerosos «espejos de príncipes», así como manuales de co­
La Eruditio regum et principum (91 páginas en la edición de Pooter)
ronación (ordines ) para ayudarlo en esa empresa apasionada.
se compone de tres cartas dirigidas a san Luis; en la tercera se señala
Así pues, se puede hablar de una «academia política» de san Luis,
que se terminó de redactar en París, el día octavo de la fiesta de san
cuyo corazón sería el convento de los jacobinos, el célebre convento de
Francisco, es decir, el 11 de octubre de 1259. Las tres cartas tratan de los
san Jacobo de los dominicos parisinos. Merced a la petición de H um­
cuatro principios «necesarios a los príncipes» según el Institutio Traianr.
berto de Romans, gran maestro de la orden entre 1254 y 1263, solicita­
reverencia ante Dios (reverentia Dei), autodisciplina (diligentia sui), dis­
da por san Luis, el convento de los jacobinos puso a trabajar a un equi­
ciplina respecto a los poderosos y los oficiales (disciplina potestatum et
po en la redacción de «espejos de príncipes», o más bien un vasto
officialium ), y el afecto y la protección debidos a los súbditos (affectus
tratado político. A ese tratado pertenecería la obra redactada hacia
et protectio subditorum ).
1247-1248 por el dominico Vicente de Beauvais, entonces lector de la
La primera carta incluye dos partes. La primera (cuatro capítulos),
abadía cisterciense de Royaumont y relacionado con el rey: el De erudi-
dedicada a la reverencia a Dios (reverentia Dei), puso de relieve las es­
lione filium regalium (o nobilium ) — De la educación de los hijos de los re­
tructuras intelectuales y culturales de los clérigos de la primera mitad del
yes (o nobles) — , dedicado a la reina Margarita para servir a la educación
siglo X III: el pensamiento por oposición — la demostración se realiza, en
del joven Felipe, el futuro Felipe III, entonces hijo menor de la pareja
principio, positivamente, exponiendo la reverentia Dei, y a continuación
real. O tra parte de este tratado sería el D e m orali principis institutione
negativamente, analizando la irreverentia Dei — y el recurso al doble sis
(De la institución m oral d el principe), escrito entre 1260 y 1263 por Vi­
tema de referencias culturales: el cristiano (especialmente vetcmtcsta
cente de Beauvais, que por aquel entonces había abandonado Royau­
mentario) y el pagano. E l método es tradicional: consiste en acumular
mont y dedicó la obra a Luis IX y a su yerno Teobaldo, rey de Navarra y
autoridades a favor de la tesis que se pretende sostener. En estos casos,
conde de Champaña. Por último, una tercera parte estaría formada por
las referencias tomadas de la literatura pagana (46,68 % ) son casi tan
D e eruditione principum (De la educación de los príncipes), que más tarde
numerosas como las extraídas de la Biblia (41,76 % ) y de los padres de
se atribuyó falsamente a Tomás de Aquino (de ahí el nombre de seudo-
la Iglesia (12,56 % ). E l «Renacimiento» del siglo X II no está lejos.
Tomás que la erudición moderna confirió al autor), y que probablemen­
En primer lugar, el autor muestra «mediante ejemplos del Viejo y
te fue redactado por Vicente de Beauvais o por otro notable dominico,
Nuevo Testamento que la irreverencia a Dios por parte de los príncipes
Guillermo Peyraut.
asóla reinos y principados». A continuación muestra «lo mismo con ayu­
A estos tres tratados dominicos hay que añadir la M orale somnium
da de las historias de los reyes paganos». Observemos, sin embargo, la
Pharaonis sive de regia disciplina (El sueño moral de Faraón o de la cien­
oposición: los ejemplos bíblicos son testimonios de verdades eternas, los
cia real), compuesto probablemente entre 1255 y 1260 por el cistercien­
ejemplos paganos sólo son testimonios «históricos». La historia es el do­
se Juan de Limoges para Teobaldo de Navarra, y el «espejo» que más me
minio de lo incierto, de lo mudable; su símbolo es la rueda de la fortuna.
interesa aquí, el Eruditio regum et principum (Educación de reyes y prín­
El tercer capítulo hace referencia a Saúl, muerto ignominiosamente con
cipes), del franciscano G ilberto de Tournai, escrito en 1259 para san
sus hijos; a los reyes Ela, Zambri, Benadab, Joash, Jeroboam , etc., todos
Luis. Por último, hay que ver en las Enseñanzas redactadas por san Luis
muertos violentamente. En cambio, los emperadores cristianos Constan­
al final de su vida, para su hijo Felipe, el futuro Felipe III el Intrépido,
tino y Teodosio mostraron su reverencia a Dios, el primero rechazando
un verdadero «espejo de príncipes» redactado por el propio rey.
ocupar el lugar de honor en el Concilio de Nicea, el segundo expiando su
D e Gilberto (o Guiberto) de Tournai no se sabe prácticamente na­
crimen mediante la ejecución paciente y pública de la penitencia orde­
da, salvo que fue estudiante y profesor en la universidad de París, que en
nada por san Ambrosio. P o r último, el autor recuerda el asesinato de
su tiempo fue considerado una de las glorias intelectuales de su orden y
César, usurpador del Imperio; el envenenamiento de Tiberio y Claudio;
que junto a tratados de educación y moral redactó sermones destinados
el asesinato de Calígula; las muertes violentas de Vitelio, Galba y Otón;
a los cruzados. Probablem ente participó en la cruzada de san I ,uis en !
I A', ( lllliA lll'S, I,()S HERMANOS, EL REY Kl CUATI I Illa, REY IDEAL 157
I'lll

V, Miliir loilo, el lili miserable de los emperadores que persiguieron a otros) responde menos a razones religiosas y morales que a un sistema
los 11 islianos: Neroli, I)omie¡ano, Aureliano, Cómodo, Pertinax, Macri- social de valores, 'lodo lo pueril, todo lo que convierta al rey en un niño
mi, Mui<o Aurelio, Alejandro, Máximo, Juliano, Gordiano, Filipo, De- ha de ser evitado. Sin embargo, esta diatriba es completamente contra­
i io, <¡alieno, «y los oí ros, que no son dignos de ser nombrados». Así, el ria a la práctica de la caza en la Edad Media. Los reyes trataron de con­
liiipn io romano no habría sido más que una larga serie de muertes vio- vertir la caza en su monopolio: constituyeron vastos cotos de caza crean­
leiiliis, rasligo divino de los emperadores indignos, una larga pero ine- do la noción jurídico-geográfica de bosque, se entregaron con pasión a
luii.ible ni.io lia a la ruina y la desaparición, o más bien la transferencia ese deporte, concebido como el deporte regio por excelencia. Curiosa­
, 11 ||II II 11 I II ot Ios mente, san Luis es el único rey de Francia para el que no existen do­
I " don i apiiiilo', do la segunda parte d éla primera carta, dedicada cumentos que demuestren que practicara la caza. Y se sabe que detesta­
i la lira i|'lina di I u y 1 1 insigo mismo (,diligentia sui), constituyen, dentro ba los juegos de azar y a veces se encolerizó y legisló contra los jugadores
di I ■ ,|n |o di |a un ipes» que forma el conjunto del tratado, un «espe- tras su regreso de Tierra santa.
|o del ....... i ipe ei,|a vial, mas personal y centrado en la persona del rey. El tercer capítulo es un ataque contra la poligamia. Sin que aparezca
Id di sai rollo del lema de la diligentia sui, de los deberes personales del la menor alusión contemporánea o reciente, tenemos la impresión de
rey, se presenta como un comentario riel «espejo de los príncipes» con- que Gilberto de Tournai se refiere a los reyes capetos que, hasta Felipe
lcuido en el capítulo 12 del Deuleronomio. Según las costumbres d éla Augusto; tuvieron una vida matrimonial y sentimental agitada, desafian­
exegesis bíblica de la Edad Media, Gilberto de Tournai le confiere una do a la Iglesia con el divorcio, el concubinato y el incesto (en el sentido
interpretación despojada de toda base exegética científica e histórica. de las prohibiciones eclesiásticas de matrimonio entre parientes en citar
Entiende las citas bíblicas, que tienen una «nariz de cera» (según la ex­ to grado, si no en séptimo, y, acaso, en el sentido actual en el caso anlc
presión de Alain de Lille a finales del siglo XIl) en el sentido que le con­ rior de Carlomagno). En efecto, se hace necesario hablar de poligamia,
viene. y Georges Duby ha mostrado cómo sólo a partir del siglo XI l consiguió
I ,as doce estipulaciones: «E l rey no multiplicará sus caballos», «N o imponer la Iglesia su modelo matrimonial, monogámico e indisoluble,
i (inducirá a su pueblo a Egipto», «No tendrá numerosas (o muchas) es- sobre el modelo aristocrático poligámico y revocable por el esposo.
p<isas», «No poseerá grandes tesoros de plata y oro», «Sentado en el tro­ El comentario sobre los tesoros en plata y oro es la ocasión para
no leerá y meditará el D eu tero n o m io » , «Recibirá el texto de la ley de los abordar lo que denominaríamos el ámbito económico. La economía mo­
sacerdotes», «Aprenderá a temer al Señor nuestro Dios», «Respetará netaria y las prácticas económicas — desde la acumulación de riquezas
los términos de la ley», «Su corazón no se llenará de orgullo por encima hasta la manipulación de moneda— fueron uno de los caminos para to­
de sus hermanos», «N o se inclinará ni a derecha ni a izquierda», «Que mar conciencia de un ámbito específico del poder y del gobierno: la mo­
goce de una larga vida» y, por último, «Q ue desee la vida eterna», son el neda. En 1259, sin que haya una relación directa, las decisiones moneta­
pretexto para desarrollos en los que aparecen lugares comunes del pen­ rias de san Luis — acuñación de moneda de plata, vuelta a la acuñación
samiento cristiano y preocupaciones contemporáneas de G ilberto de en oro, lucha contra la acuñación por parte de los barones— están rela­
Tournai. cionadas entre sí.
La llamada a la no multiplicación de los caballos se transforma en Obligando al rey a la lectura del D euteronomio , Gilberto de Tournai
una diatriba contra la caza. Es un texto sorprendente en el que, a partir recupera y desarrolla el adagio de Juan de Salisbury: «Un rey iletrado es
de las anteriores condenas de la caza por parte de obispos y clérigos, un asno coronado». En la Francia de san Luis, en la cristiandad de los
y de las raras alusiones a la inutilidad o al peligro de que los reyes prac­ universitarios, no basta con que el rey sea sabio, ha de ser «cultivado».
tiquen la caza (en Jonás de Orleáns en el siglo IX, y en Juan de Salisbury, Sería deseable que también él fuera un intelectual.
fuente de Gilberto de Tournai, en el XIl), se desarrolla una antropología El capítulo siguiente recuerda el papel de los clérigos en una monar­
real en la que la caza aparece como un juega i pueril para un rey. Además, quía. El rey debe honrar, proteger y escuchar a la Iglesia. El voto que
la subsiguiente con d en a— tradicional de los juegos de azar (dados y pronuncia en la coronación está, ante todo, destinado a satisfacer a obis-
t n
RETRATO DEL REY IDEAL 159
158 LAS ( IIJUADLS, LOS HERMANOS, EL REY

oculto, especialmente el mal. El rey debe ser un investigador del mal,


pos y sacerdotes. La lógica del crecimiento del poder del rey conduce a un inquisidor.
la disminución de la empresa eclesiástica. En la Francia de 1259, es la

t t t t t M
Entre los males que hay que detectar y corregir se encuentran, en
hora de buscar un equilibrio entre el rey y la Iglesia. El rey es el brazo se­
primer lugar, los males urbanos y los abusos del pueblo. En una época
cular de Dios y de la Iglesia, garantiza la fe, él mismo es un rey devoto,
en la que, tras la culminación de un gran proceso de urbanización, en ge­
pero no se deja influir por la Iglesia, especialmente en lo que respecta a
neral se ensalza y se admira a las ciudades, Gilberto es pesimista a ese
los asuntos temporales. La práctica gubernamental de san Luis lo mues­
respecto. En ellas los pecados son más abominables. E l ministro general
tra bien. Los hermanos de las órdenes mendicantes, dominicos y fran­
de su orden, san Buenaventura, también lo expresará con rotundidad,
ciscanos, muy próximos a san Luis, preconizan ese equilibrio. D ebe ha­
aproximadamente al mismo tiempo, y deducirá que los franciscanos de­
ber un frente común para luchar contra los herejes y los infieles si llega
ben instalarse allí donde el mal que hay que combatir es más grave. E l
el caso (el comportamiento de san Luis en Egipto y en Tierra santa mues­
príncipe también debe reformar las leyes. Algunas son buenas y otras
tra que el rey pretende completar el espíritu de la cruzada con el espíri­
malas. Gilberto de Tournai compromete a los príncipes en el camino del

? n
tu misionero caro a los mendicantes). Según Gilberto de Tournai, en
topos, que se extenderá en el siglo XIV, especialmente en Italia: el buen y
esas elevadas esferas de poder el pecado moral número uno sigue sien­
el mal gobierno, que Ambrogio Lorenzetti pintará en unos frescos sobre
do la superbia, la soberbia, el orgullo. La avaritia, la codicia, que tiende
los muros del palacio comunal de Siena.
a suplantarla en la jerarquía de los vicios, pese a la lección sobre el des­

r f r f t f f t f
Los once últimos capítulos de esta primera parte están dedicados a
precio de los tesoros, no amenaza al rey tanto como aquélla. La fiscali-
los personajes más execrables del entorno real, los curiales, los hombres
dad real aún no es insoportable.
de la curia, la corte. No hay que entender la corte en el sentido señorial
Por último, el espíritu y la acción del rey deben gobernarse por tres
y ceremonial que adquirió a partir del siglo XVI. La curia es el lugar del
preocupaciones: 1) ha de obrar con probidad, sin desviarse, y recorrer el
aparato gubernamental y administrativo de un rey feudal que eslá (lesa
camino de la rectitud; 2) el rey debe merecer una progenie y gozar de
rrollando la idea y los órganos de un Estado centralizado y burocrñiicn.
una larga vida; herederos y una larga vida serán testimonios de un buen
En esta descripción crítica de los curiales, Gilberto de Tournai a veces
gobierno; 3) el rey no debe conformarse con la elección divina refrenda­
recurre a uno de los grandes procedimientos de la «moralización» del si­
rla por la sagrada unción. Debe preocuparse tanto del origen como del
glo XIII: la comparación animal. Aquí, junto a la Biblia, los Padres y los
fin. lia de asegurar su salvación y la de su pueblo. E l horizonte monár­
autores paganos antiguos, aparece un cuarto ámbito de referencia: la na­
quico es el paraíso. Un verdadero rey debe ser un rey escatológico. Po­
turaleza. Sus bestias, plantas y flores, sus piedras son la prefiguración y
co a poco, san Luis será presa de esa vocación monárquica.
el símbolo de las virtudes y los vicios humanos. Como objetivo principal,
La segunda carta se ocupa de la disciplina de los poderosos y los
la adulación y la hipocresía, víctimas de las semejanzas animales. A pro­

« í í t t t f
oficiales (entorno y funcionarios reales). Se basa así en una oposición:
pósito del comportamiento de los curiales, Gilberto de Tournai evoca al
la disciplina negativa, que el príncipe debe imponer a los mal encami­
camaleón y al ciempiés, las serpientes y los animales venenosos, y al leo­
nados entre quienes le sirven, y la disciplina positiva, el deber de quie­ pardo.
nes actúan en nom bre del rey. Ante todo, los reyes deben corregir y
La segunda parte de esta segunda carta expone de un modo positivo
cumplir su deber de brazo secular. A continuación el príncipe ha de ser
la disciplina de los poderosos y los oficiales. El origen de la acción co ­
un modelo para quienes dependen de él. G ilberto de Tournai recupera
rrecta de los príncipes en este aspecto ha de ser la búsqueda de la buena
aquí la metáfora organicista. E l rey ha de actuar como la cabeza respec­
reputación (bona fam a), elemento muy importante en la Edad Media, in­
to a los miembros. D e él deben partir ondas positivas que se disemina­
cluso en el terreno jurídico. Este deseo hace nacer en el príncipe la jus­
rán por todo el cuerpo de la monarquía. Pero el rey también ha de sa­
ticia y la disciplina. La justicia es. el tema principal de los diez capítulos
ber volver a sí mismo para contemplar el espectáculo de la sociedad «en
de esta segunda parte. Gilberto de Tournai recuerda que debe ser igual
el espejo de su espíritu». Ahí descubrirá las profundidades del mal. Ln
para todos, que la espada del juez está al servicio de la justicia. E l prín-
efecto, G ilberto concede una gran importancia a la revelación de lo

?
»
1 1 .11 I AS ( lili >AI >
1S, l.( )S 1HERMANOS, EL REY Kia kai 1 1 n ía, ki; y miau.
161

, ,|„ 111 >,1 1 1 1 |i |k■|imlii]>ii los juramentos ilícitos, reprimir la injusticia de la reflexión teológico política sobre la monarquía. El tratado de Gilber­
I. is i iiidin luí tos v ilc los I ni i í'.iicscs respecto a los sacerdotes y los débiles to de Tournai, que en última instancia se alza hasta las potestades y los
ini.i 1 1< las, laves de la polílicj» de los reyes de Francia en las ciudades set afines, es una de las mejores pruebas.
ilcl siglo x iii ). Sobre lodo, debe vigilar y castigar cuando sea preciso a Por último, la E ru diho regum et principian esboza, a través de sus
•ais ..p ,eln los» y magistrados (en este sentido obraron las numerosos autoridades y ejemplos, una historia de la monarquía. Dos series de mo­
Iiim rsos onleñados por san 1aiis para reparar las faltas de sus represen - fle os históricos fundan — positiva y negativamente— la monarquía me­
i antes) l'oi nli uno, el propio príncipe debe contenerse y evitar los abu- dieval: la serie bíblica y la serie antigua, especialmente la romana, impe­
i-, ,1, la 1 1 1 1 1 >i.i i cal i especio al pobre, y asegurarle esa justicia sin dejar rial, y más tarde cristiana en sus inicios. De la Edad Media anterior a san
¡|iii la seuteni la se demore durante anos. Luis sólo se cita un ejemplo. En el capítulo V de la segunda parte de la
| ,| i, i , , m , aii.i del tratado de Calborto de Tournai, compuesta sólo primera carta, en el comentario al D euteronom io a propósito de los reyes
,|, ............ipilnliis, ’.e oí upa del comportamiento del rey con sus súbdi- «cu tivados», tras citar a David, Ezequías y Josías por un lado, y a Cons­
I I ,i, |,i -i debe a leí i o y pi ol ere ion. C»liberto de 1ournai lo demuestra, an- tantino, Teodoro Ju stin ian o y León del otro, Gilberto de Tournai escri­
I, |,„|n 11 ,ed ia 111 e ejemplos lomados de la naturaleza. Esas lecciones se be. «Añadamos a Carlomagno, el piadoso y siempre augusto príncipe de­
eln iH'Mi i a 11 en los i ept ¡les, en los volátiles (sobre todo en las abejas) y en voto e invencible, vuestro predecesor, cuya memoria sea alabada».
lt is inamiloros marinos (delfines, focas). Por último, la gallina es una ma­ ¡Qué prueba de la fuerza de la imagen de Carlomagno, de la impor­
dre modelo que se sacrifica por sus polluelos. El rey debe ser clemente tancia dó la campaña capeta para reclamar la continuidad del gran em­
con sus súbditos (los lugares comunes de la moderación y la misericor­ perador en san Luis! Así pues, Carlomagno es el vínculo entre la Ami
dia se sitúan en el centro de la ética principesca del siglo XIIl), porque la güedad y el presente. Pero ¿acaso en el tratado existe ese presente, más
clemencia no debilita la justicia. Asimismo, ha de ser más severo con las allá de la dedicatoria y los referentes subyacentes en ciertas situaciones
injusticias que se cometen hacia los demás que con las que se perpetran contemporáneas? En general, los «espejos de príncipes» son un género
hacia su propia persona. E l rey no perderá nada siendo bueno con su al margen de la historia. Si a principios del siglo XIII Giraud el Galo vili
Iturbio, al contrario. La mejor muralla de un rey es el amor de su pueblo. pendió en su D e principian Institutione al rey de Inglaterra Enrique II,
Ese amor es la mejor garantía de la más distinguida finalidad de la polí- sus hijos, sucesores y su dinastía, fue porque su tratado era, más que un
l ira: la paz. verdadero «espejo de príncipes», una obra polémica contra los Planta-
Según puede apreciarse, los estratos históricos y culturales que cons- genet.
I¡luyen el zócalo y gran parte de la materia del tratado de Gilberto de El tratado de G ilberto de Tournai contiene un capítulo sorpren-
Tournai son los siguientes: 1) la Biblia, especialmente el Antiguo Testa­ ente y sin parangón en otro «espejo de príncipes», el segundo capítu­
mento, muy presente y vivo en el siglo XIII; 2) la tradición de los «espe­ lo de la segunda parte de la primera carta. La frase del D eu teron om io ,
jos de príncipes», profundamente influida por el giro instaurado a me , «y é [el rey] no conducirá su pueblo a Egipto» se comenta por ex-
diados del XII por el Policraticus, de Juan de Salisbury, y el Institutio tenso a tenor del cautiverio de san Luis en Egipto, un acontecimiento
’lraiani ; 3) la cultura pagana admitida por la cultura cristiana, y piofun que se remonta a sólo diez años antes de la redacción del tratado, un
damente enriquecida por el «Renacimiento del siglo XII». Pero el ton o acontecimiento contem poráneo. El contenido no es lo más interesante:
ideológico de este tratado es la teología jerárquica del seudo-Danie . en el, y pese a la referencia, se elogia a san Luis por su celo religioso;- el
Tras haber penetrado profundamente en el pensamiento teológico, cu fracaso de la cruzada se atribuye a los vicios del pueblo y en concreto al
tural y político de la Alta Edad Media, los escritos de rsle tcologo giie ejercito francés. Nuevo Moisés, víctima, como él, de su pueblo, san
go, fechados a finales del siglo IV o principios del V, traducidos a atin Luis no entró en la tierra prometida. Cuando Cristo quiera liberar Tie­
en el IX, conservarán una gran influencia en el siglo XIII. Si lien y co rra santa, el mismo lo hará. A pesar de todo, este texto parece un adiós
mentan en la universidad de París. Eslr pensamiento, que puse nía a a a las cruzadas. San Luis no lo escuchará y se limitará a sustituir Egipto
jerarquía celeste como modelo para la jerarquía leí renal, es asuma o por por Túnez.
LAS CIUDADES, LOS HERMANOS, EL REY
162
En mi opinión lo más importante es el ingreso de la historia contem­ Capítulo 13
poránea en el ámbito de los ejemplos. En las colecciones de exempla del
siglo XIII, advertimos esa misma tendencia a conceder cada vez más im­
portancia a lo que ocurre nostris temporibus, «en nuestro tiempo». E l
príncipe se observa a sí mismo en el espejo. Biografía e individuo:
«¿Existió san Luis?»1

L ’H i s t o i r E : Jacques Le Goff, desde hace tiempo abriga e l proyecto


de escribir una biografía de san Luis. La biografía es un género que tie­
ne sus reglas. ¿Cómo puede escribir una biografía un historiador de la
«escuela de los Armales»}
JA CQ U ES L e G o f f : Generalmente se considera que la «nueva» h is
toria, y en concreto la escuela de los Armales, no se interesa especial­
mente en la biografía. Olvidamos que Lucien Febvre escribió un Lule­
ro12 y que la mayor tesis de Fernand Braudel, sobre Felipe II y el
M editerráneo ,34es también, a su modo, una biografía. Por último, cite­
mos la obra de Pierre G oubert, que cosechó un éxito legítimo, Louis
XIV et vingt millions de Franqaisd en ella observamos cómo, en la pers­
pectiva de la nueva mirada de la historia, un gran personaje deja de es­
tar aislado para dialogar de algún modo con la masa. Así pues, respec­
to a la biografía como género, la posición de la nueva historia — que en

1. Este artículo se publicó en L’Histoire, n° 4 0 , diciembre de 1981, págs. 90-99, con


el título «¿E xistió san Luis?».
2. Lucien Febvre, Un destín: Martin Luther, París, 1927, reed. P U F, 1968 (trad.
cast.: Martín Latero: un destino, M éxico, F C E , 1983).
3. Fernand Braudel, La M éditerranée et le m onde m éditerranéen á l’époque de Phi-
lippe II, París, Armand Colin, reed. 1966 y 1977 (trad. cast.: E l Mediterráneo y el mundo
mediterráneo en la época de Felipe II, M éxico, F C E , 1980).
4. Pierre G oubert, Louis X I V e t ving millions de Frangais, París, Fayard, 1966, reed.
Livre de Poche, col. «Pluriel», 1977.
IIJ( H; n All A I INDIVIDUO: « ¿ E X IS T IÓ SAN LUIS?
I.AS i || || )AI)KS, I.OS MERMANOS, EL REY 165
llrl

puente entre la mentalidad actual y la del pasado. Esto será un acto de fe


,i m r . 111,1 no os una escuela homogénea— es más complicada de lo que
en «la historia como divulgación». La segunda parte del análisis — con
a incluido se dice. Me parece interesante tratar de abordar a un gran
diferencia la más delicada y la menos elaborada hasta la fecha— tratará
hombre a la vez como un verdadero personaje de la historia y como un
de acotar a san Luis no como individuo sino como rey. A partir de lo que
lema de ivllcxión histórica.
nos queda de la documentación del siglo XIII, quiero mostrar cómo apa­
I lua biografía de san Luis no puede ser, stricto sensu, una biografía,
rece la función monárquica en la época de san Luis. En otras palabras,
ya que el gran personaje desempeña un papel fundamental, pero sólo lo
me detendré en la profusión de cartas, ordenanzas, actas, documentos
podemos i ,ilidiar en la época que atraviesa, revela y modela, En este
escritos o figurados, en los que, de un modo u otro, aparezca la persona
. ululo lii biografía me inleresa: es a un tiempo un enfoque de un pe-
del rey. Muchos de estos documentos se presentan con la firma Ludovi-
i li ido de l¡i lusioi i.i y lambién de los métodos actuales de esta disciplina.
cus rex Franciae, Luis rey de Francia, pero probablemente él no los leyó:
la cancillería puso su sello. Toda sociedad y toda época producen los ele­
mentos de su perpetuación en el futuro. Así pues, quiero observar en
I lN l'l KMIMAM I N III I.MA I >1'. AIJTOK
qué medida las estructuras de la monarquía francesa de la época de san
Luis han segregado una cierta presencia, un determinado contorno de la
L'l I isti MKl.: ¿( auiles serán los grandes temas de su libro?
persona y la función del rey. Será una contribución al oficio de historia­
J acouks l.i.d o i'T : Mi libro se titulará Saint Louis, 1214-1297. Luis
dor y a‘ la elaboración de una nueva concepción del documento: el do
nació en 1214 y murió en 1270. Sin embargo, me extenderé hasta 1297,
cumento/monumento.6 En cuanto a la tercera y última parle: «¿Existió
fecha de la canonización, para dejar claro que estudio a Luis en el tramo
san Luis?», planteará el problema de saber si san Luis exislió realmente
cronológico que representó, para sus coetáneos, su verdadera vida te­
como individuo y si podemos conocerlo como tal. Será mi contribución
rrenal. Tal como ahora la concibo, mi biografía de san Luis constará de
a la «historia como problema».
lres partes (¡no soy en absoluto un universitario!). Me gustaría empezar
con un relato biográfico clásico pero íntegramente respetuoso con los
documentos existentes: contar su vida tratando de no apartarme nunca
E l r e y y e l sa n to
de lo que nos dicen los documentos, pero intentando responder, al mis­
mo tiempo, a las preguntas que el lector de hoy se plantea sobre un gran
L ’HlSTOIRE: ¿ N o le facilita la tarea el hecho de que Luis I X quiso ser
personaje de hace siete siglos. Esto me permitirá situar a san Luis en una
un modelo de virtud que los demás podrían imitar?
perspectiva histórica y mostrar a los lectores de hoy que hay preguntas
J a c q u e s L e G O F F : Sí. Es una evidencia trivial, pero hay que recor­
que no tienen respuesta, sencillamente porque en aquella época no se
darlo: en los períodos antiguos tenemos más información de los perso­
planteaban en esos términos. Un ejemplo: imaginar que el matrimonio
najes de primer orden que en su época fueron considerados modelos.
de san Luis fue por amor es un anacronismo. En la época, el amor no te­
Por lo tanto, para empezar es necesario estudiar una época por los mo­
nía lugar en las estrategias matrimoniales de los reyes y los linajes feuda­
delos que proponía. Ahora bien, san Luis acumula toda la alabanza
les.5 Incluso podemos señalar que no estamos completamente seguros
ejemplar de su época porque él mismo se divide en los dos personajes
de la fecha y lugar de nacimiento de san Luis, y que sólo a partir de su
más importantes de su siglo: el rey y el santo.
hijo conoceremos por primera vez y con precisión los datos de la bio­
Asimismo, uno de los aspectos más importantes del estudio que es­
grafía del rey. En esta parte insisto en mostrar mi reconocimiento por el
toy iniciando será la relación que pueda existir entre san Luis tal como
género biográfico a condición de que evite el anacronismo: tender un
fue y la documentación que tenemos sobre él. Tenemos la impresión de
conocer bien a Luis IX . Pero no es así, san Luis se nos escapa. E l canó-
5. Véase el estudio de Georges Duby, l,c C.licrtilicr, Id Ict/imr el Ir prclrc Ic mariaff
dans la France féodale, París, H achette, 19KI (mui m u l ’l i iiluilleni, /./ inii/rr y el cura.
6. Vease Jacques L e Goff, «D ocum ento/m onum ento», en Enciclopedia Einaudi.
Madrid, Taurus, 1999).
í í t t t t t t t t t t t í t t t t H i H ' s t í n n n n
LAS CIUDADES, LOS HERMANOS, EL REY IIIOCiKAI'ÍA E INDIVIDUO: « ¿ E X IS T IÓ SAN LUIS?»
166 167

nigo Delaruelle, analizando la idea de cruzada en san Luis, escribió: un lugar común monárquico?7 ¿Fue san Luis algo más que una imagen?
«Hay que lamentar la reserva de que siempre dio prueba el rey; si bien A esla altura de mi trabajo es prematuro, por mi parte, formular una res­
no es un desconocido, a menudo elude al historiador, que intenta atra­ puesta. Sin embargo, creo poder decir que en el siglo Xlll nos encontra­
par su pensamiento íntimo y la evolución de su personalidad». Labande mos en el momento clave en el que, a través de los lugares comunes, se
escribe a su vez: «Su aspecto reservado me parece fundamental para de­ inaugura la preocupación por presentar la persona y el individuo. Dis­
finir al hombre cuya memoria honraron los franceses en 1970. Sin duda ponemos de muchas pruebas: para empezar, basta comparar los textos
se adecúa a su temperamento». Jacques Madaule, por su parte, dice de sobre san Luis con los del período precedente; La Vie de Louis VI, de
san Luis: «Realizó sus obras más elevadas y difíciles en secreto, ya que Suger; las obras sobre Felipe Augusto. Es evidente que en el siglo XIII
tenía que velar por que su deseo de humildad no contradijera la majes­ existe la voluntad de presentar la individualidad de la persona de san
tad real. Ese secreto no puede ser revelado; hemos de resignarnos a no Luis mucho más detenidamente que en el caso de su abuelo Felipe Au­
saber gran cosa de la vida interior de san Luis». Creo que en ninguno de gusto o su tatarabuelo Luis VI. Pero este tratamiento aún es burdo.
estos tres casos se ha planteado el verdadero problema; hablar de reser­ Creo que las gentes del siglo XIII todavía no estaban preparadas pa­
va y secreto es un contrasentido, ya que ambas nociones eran completa­ ra presentar y definir una personalidad. Esto hace que el estudio sea
mente contrarias a la mentalidad de la época. En el siglo XIII no existía apasionante y delicado: tengo que observar cómo en la documentación
valor que no se manifestara exteriormente. de la época se estructuran esa búsqueda del individuo y la imposibili
dad de expresarlo sin recurrir a lugares comunes. Así pues, busco los
intersticios del discurso a través de los que se desliza y manifiesta el in
Nacimiento del individuo dividuo san Luis. Esta es una de las razones por las que me he interesa
do por el trabajo de O ’Connell, que quería poner de relieve lo que po
E n la H istoire de Saint Louis de Joinville, la más conocida de las dríamos denominarlas palabras de san Luis.8 Partiendo de la distinción
obras que se le dedicaron, observamos cóm o, por el contrario, san fundamental realizada por la lingüística después de Benveniste entre la
Luis pretende actuar públicamente en aquello que le afecta en lo más lengua colectiva y la palabra individual, esta búsqueda de la palabra
hondo porque considera que el deber del rey, como el deber de todo era, ante todo, una búsqueda del individuo. Ahora bien, precisamente
hombre, es convertirse abiertamente en un modelo o adecuarse lo más la «palabra», aun cuando carezca del sentido que hoy le otorgamos tras
perfectam ente posible a un modelo. E n cambio, algo muy diferente haber leído a Saussure y Benveniste, abunda en el siglo XIII a propósito
puede confundirse con la reserva o el deseo de secreto: san Luis creía, de san Luis. Entonces la palabra significaba «palabra ejemplar», «lec­
como muchos de sus coetáneos, que los verdaderos valores eran la m o­ ción», «enseñanza»: lo que los latinos denominaban una sentencia , es
deración y la mesura, y que había que evitar tanto el exceso como el decir, algo que tenía un valor original de enseñanza. Joinville nos re­
defecto. Si no podemos decir prácticamente nada sobre la vida interior cuerda que san Luis era enemigo de la mentira. Esto me parece impor­
de Luis I X es simplemente porque, de acuerdo a las estructuras de la tante.
mentalidad y la sensibilidad de la época, la vida interior no existía co­
mo tal.
7. Según la distinción realizada p or E . H . Kantorowicz en The K ing’s.two bodies,
L ’HlSTOIRE: ¿ C ó m o e s c r ib ir e n to n c e s la b io g ra fía d e u n rey q u e v i­
Princeton, Princeton University Press, 1957, reed. 1981 (trad. cast.: Los dos cuerpos del
v ió e n u n siglo q u e d e s c o n o c ía la id e a d e in d iv id u o ? rey, Madrid, Alianza, 1985). Kantorowitz escribió una importante biografía del empera­
JACQUES L e G o f f : E s e es el p r o b le m a q u e a fr o n to . ¿ E x is tió san L u is dor Federico II, casi contem poráneo de san Luis; una edición francesa apareció en E.
Kantorowicz, Oeuvres, París, Gallimard, «Q uarto», 2 0 0 0 (con un prefacio de Alain Bou-
c o m o p e rs o n a ? E n o tr a s p a la b r a s , ¿ te n e m o s la p o s ib ilid a d d e c o n o c e r ­ reau).
lo c o m o in d iv id u o y c o m o p e rs o n a ? Y las g e n te s d e la é p o c a ¿ lo p e r c i­
8. David O ’Connell, Les propos de Saint Louis, prefacio de Jacques Le Goff, París,
b ie ro n ta n só lo c o m o u n a e s p e c ie d e m o d e lo d e c o m p o r ta m ie n to , como Gallimard, col. «Archives», 1971.
mnnnnnnnnuuumuu I AS I lili >AI >I S, l .n s HERMANOS, EL REY

I In mi ,| i i |)|, (;< )NS( 11,11 >A< ;u )N


lili KtlíAMA I INDIVIDUO: « ¿ E X IST IÓ SAN LUIS?:

glo Xlll: Pedro I .ombardo y Pedro el Chantre hicieron progresar decisi­


vamente la intelectualidad. La escolástica del XIII es mucho más sabia:
169

categoriza, clasifica, pondera, al igual que la institución universitaria en­


Iin clecUi, a parí ir del siglo XIII la mentira se convierte en un pecado
cauza la efervescencia escolar del siglo XII.910
11 iayt>i porque entramos en una teología, un apostolado y una psicología
Sin embargo, la importancia del siglo XIII consiste en la divulgación:
de l.i paluí>i .t. lili <-sle siglo, la noción de pecado oral (o de la lengua: pec-
difundió masivamente las invenciones del XII. Al mismo tiempo com­
i iilmn Iniyjui'-)" adopta una creciente importancia. Este tipo de pecado
pruebo que los grandes hombres del siglo XII, que hoy presentamos co­
i ,iiim divci:,,r; lo i mus: una de las más perniciosas es la mentira, pero
mo tales gracias a nuestros métodos de análisis, no se lo parecieron a sus
l .mil>l< ii < .la la maledicencia y el silencio. Hasta el siglo XIII, el silencio,
coetáneos, mientras que un siglo después un san Luis, un santo Tomás
ii i u11 un ai.i sin a pm excelencia, es uno de los grandes valores de la es-
de Aquino o un san Buenaventura parecieron gigantes en su tiempo.
pli iinulidad medieval, I Vi n en la época de san Luis, el silencio se con-
También en este aspecto advertimos la voluntad de percibir el individuo
' a i n ..........a i ,| n i le i le ail ilevacion ante Dios: Dios nos dio la facultad
y la persona. Esto no existía en el siglo XII.
di lialdai, no hay (|iie abusar de ella, pero tampoco dejar de usarla. El
la ( ado se del me por exceso y por defecto. Nos encontramos ante una
moral de contiena del superávit y la escasez. Una nueva religiosidad
Creo que esta importancia de la palabra se reforzó con la presencia,
en las obras sobre san Luis, del cuerpo y todo lo relacionado con él. An­
L’HlSTOIRE: ¿Fue la invención del individuo en el siglo Xlll dclcrmi
te todo, la palabra aparece como palabra física, incluso sensual. En mi
nante en la canonización de san Luis?
opinión, en Joinville hay dos pasajes muy hermosos. A propósito de una
JACQUES L e G o ff : En la actualidad tengo la impresión de que san
palabra que él situaba en lo más alto, p ru d 'h o m m e u hombre probo, san
Luis, como santo, se sitúa en la confluencia de la tradición y la innova­
I ,ilis dice: «Esa palabra te llena la boca». Y en cambio, respecto a la pa­ ción.
labra vendré (rendir, devolver), afirma lo siguiente: «¡A h, qué palabra
La tradición de la canonización de los reyes es una tradición política:
espantosa: con todas esas “erres” que te destrozan la garganta [ ...] co­
la Iglesia es sensible a la presión de determinados países y familias mo­
mo los rastrillos del diablo!». No puedo evitar pensar que aquí es san
nárquicas (de ahí la canonización de Eduardo el Confesor en Inglaterra,
Luis quien realmente habla. Creo poder acercarme a la individualidad
de Enrique II en Alemania o de Fernando de Castilla). Esta tradición se­
de san Luis a partir del sentido completamente físico de la palabra.
guramente tuvo un peso importante en el caso de san Luis. Sabemos que
su hermano, Carlos de Anjou, rey de Nápoles y Sicilia, se esforzó en con­
LHlSTOIRE: Comparado al XII, gran siglo innovador, el XIII es más un
seguir del papa la canonización de Luis porque era consciente de los be­
siglo de consolidación que de invención. ¿No se siente usted autorizado
neficios que de la misma obtendría la familia capeta. Cuando Bonifacio
a conceder más importancia al individuo que a su obra política?
V III canonizó definitivamente a san Luis en 1297, es verosímil que pre­
JACQUES L e G off : Creo que, efectivamente, puede afirmarse que el
tendiera realizar un gesto a favor de Felipe el Hermoso para evitar la cri­
siglo XII es el siglo de la creación y la apertura, mientras que el XIII es
sis que no tardaría en desencadenarse entre el papa y el rey de Francia.
el siglo de la gestión, de la institucionalización y la divulgación. Si anali­
jj :í: Sin embargo, conviene no lim itarla decisión pontificia a un simple ges­
zamos el poder político innovador, los grandes reyes son los del XII y
to político, porque incluso antes de la canonización se había extendido
principios del XIII, no sólo Felipe Augusto sino también I mis VI y Luis
la idea de que el reinado de san Luis, al que se conocía como «los bue­
V IL En cierto sentido, san Luis fue menos innovador. ( )tro tanto ocurre
nos tiempos de monseñor Luis», había sido una edad de oro.
en el dominio del pensamiento, los grandes escolásticos pertenecen al si-

l'eibcs de la 10. Más ampliamente, véase Jacques Verger, «Les Étudiants au Moyen Age», L ’His-
9. Carla Casagrande y Silvana Vecchio, tic In uiiivnt.idmI de l'nviu, l.c t l'< toire, n° 34, mayo de 1981, págs. 34-43.
langue. Discipline et éthique de la parole tiion l,i . itllme mt'dirr.ilt. I'.u r., I‘>•>|
170 I.AS CIUDADES, LOS HERMANOS, EL REY II l( JURARÍA E INDIVIDUO: « ¿ E X IS T IÓ SAN LU IS ?» 171

E n su vida cotidiana, los contemporáneos de san Luis no advirtieron manos en las escrófulas desempeñó un papel secundario. Gillaume de
ese bienestar y progreso, pero el mito de la edad de oro apareció en opo­ Saint Patlius lo señala en su Vie de Saint Louis\ la imposición de manos
sición a la impopularidad de sus sucesores y en concreto la de su nieto no se consideró un milagro que refrendara la santidad del monarca.
Felipe el Hermoso (no olvidemos que era la época de las mutaciones mo­ A ojos de sus contemporáneos, su santidad se manifestó de tres ma­
netarias, pero también de los pródromos de la recesión económica y de­ neras. Ante todo, como una imitación de Cristo. Imitar a Cristo siempre
mográfica; se anuncia la crisis del siglo xrv). Por lo demás, la imagen de ha sido una de las consignas del cristianismo, pero hay que esperar el Ii-
un rey Luis muy religioso y santo también era anterior a la canonización. nal del siglo XII y a Francisco de Asís para que el modelo cristológieo se
El primer papa que ordenó una investigación para la canonización (fue erija en fundamental para la santidad. Ahora bien, ¿qué hacía san Luis a
una de las primeras cosas que hizo) fue Gregorio X en 1272, es decir, dos este respecto? Las visitas a los leprosos y lavar los pies a los pobres, ges­
años después de la muerte de san Luis. Hasta donde podemos saber, no tos propiamente cristológicos. La muerte de Luis ante Túnez se inter­
tenía ningún interés político en tomar esa decisión. En ella advierto el preta como un martirio; además, añade Joinville, «el rey murió a las tres
efecto de la reputación de santidad de san Luis. Gregorio X es uno de los de la tarde, como Jesucristo».
últimos papas, si no el último, que albergaron el verdadero espíritu de la A continuación, después de Francisco de Asís, cada vez es más im­
cruzada. Su pontificado, que duró poco más de tres años, pero durante el portante el estilo de vida, además de los milagros. Un santo es alguien
cual se reúne el segundo Concilio de Lyon en 1274, se orientó hacia la que ha vivido correctam ente y ha manifestado — en su vida cotidia­
cruzada. Así pues, no podía dejar de ser sensible a los gestos de san Luis, na— que era un santo. Sus coetáneos admiraban especialmente en san
dos veces cruzado y muerto ante Túnez. En cambio, sus sucesores debie­ Luis que nunca hablara mal de nadie ni jurara por el diablo, que fuera
ron ser mucho más sensibles a la dimensión política de la canonización, servicial y estuviera cerca del pueblo.
aunque la devoción de Felipe el Hermoso no se puede poner en duda.11 P or último, nadie olvida que se trata de un rey santo. Pero también
Esto en cuanto a la tradición política. En cuanto a la innovación , era aquí hay una ruptura innovadora: los reyes cristianos de los siglos ante
de orden espiritual. San Luis correspondía a un nuevo tipo de santidad. ñores habían manifestado su santidad por su munificencia y generosi
Aquí sigo a André Vauchez en sus análisis sobre la santidad entre los si­ dad con los pobres, es decir, con la Iglesia, pues esta última era la que
glos XI! y XIV.1
12 administraba la beneficencia. También mediante su respeto a los ritos y
Para empezar, san Luis es un laico, lo que responde a la promoción de el cumplimiento de su deber religioso. Por último, por su obediencia a
los laicos que se observa en el XI y especialmente en el XII en el mundo la Iglesia, que a cambio los consideraba su brazo secular. Sin embargo,
de la Iglesia. Hasta el siglo XIII, la santidad se reservaba prácticamente a Luis mostró respeto a la jerarquía eclesiástica, pero no una docilidad es­
los clérigos. Joinville lo recuerda insistentemente al principio de su His- pecial; ya se trate de los obispos franceses, a quienes desairaba e impar­
toire de Saint Louis: «Es el laico más religioso que he visto en mi vida». tía lecciones, etc., ya del papado, ante el que mantenía actitudes muy li­
¿Cómo se manifestó la santidad de san Luis? Dejo de lado lo que vi­ bres e independientes. ¿Por qué? Porque a partir de entonces, para las
no por añadidura pero que no hay que minimizar: los milagros. Un santo gentes del siglo XIII, la santidad de los reyes ya no se inscribe esencial­
se reconoce por los milagros, y desde el inicio del proceso de canoniza­ mente en la Iglesia y el papado. En el rey, la santidad consiste en ejercer
ción se descubrió, mediante las investigaciones, que en vida, y sobre todo religiosamente su poder y ofrecerse como un ejemplo a imitar. Pero la
una vez muerto, san Luis había obrado milagros: utilizando la expresión santidad también se manifiesta en la palabra real: Luis es un rey que ha­
de Marc Bloch, es el «poder taumatúrgico» del rey, pero la imposición de bla a su pueblo. En este gran siglo de la palabra, el elemento capital en
la devoción y la religiosidad es la predicación por parte del clero y la
confesión por parte de los fieles.13
11. Véase Jean Favier, Philippe le B el, París, Fayard, 1978.
12. André Vauchez, La sainteté en Occident aux derniers sicclcs du Muyen A ge 13. Véase Jacques L e G off yJean-Claude Schmitt, «Au X II Ie siécle: une parole nou-
d'apres lesprocés de canonisation et les documents hagiographiques, Roma, F co lc Franyai velle», en Jean Delumeau (com p.), Histoire vécue du peuple chrétien, 1.1, Toulouse, Pri-
vat, 1979, págs. 257 -2 8 0 .
se de Rome, palacio Farnesio, 1981.
i'KH.KAI IA K INDIVIDUO: « ¿ E X IS T IÓ SAN LU IS?»
I A', i 11111AI )I '., I OS I IKRMANOS, EL REY 173

pía, es decir, las pequeñas anécdotas edificantes. Deja a los clérigos las
'■mi I ,iii'. i| iiii-s , im icy ilr ln pulnhra cristiana, pero llevó hasta sus
auctorilates y a los teólogos las radones, pero considera que un laico in­
iilniii.t'. i niií.n m ili ias lo (|iie un laico podía hacer en este ámbito en el
vestido, como él, de responsabilidades, puede y debe hablar mediante
■uj'Jm Xlil I ,a Iglesia de esc siglo desarrolla una nueva concepción del exempla.
upnslolndo, gnu ias, sobre todo, a las órdenes mendicantes.14 De este
Hasta donde he investigado, no me parece que san Luis fuera sensi­
..... do, I ,iii', maúlenla buenas relaciones con los hermanos franciscanos
ble a la gran teología de su tiempo: Tomás de Aquino, Buenaventura,
y dominicos, ■niiv présenles en sn entorno, pero también con los cister-
Roger Bacon. Nada nos permite afirmar que tuviera el menor contacto,
i leiisi s, espei mímenle los de Royaumont. el menor encuentro con esas grandes figuras de la teología. ¿A que se
luí el II y mili en el xill, los eistereienses fueron los portadores y di-
debió? En primer lugar (sólo son hipótesis) creo que Luis tuvo que acor­
'iilya. Ion . de l.i nueva ielip.iositlail, antes de las órdenes mendicantes.
darse de uno de los acontecimientos decisivos de su minoría de edad,
I lo olvidem os 11ui son ellos los que inventan el exemplum, es decir, la
cuando gobernaba la reina Blanca de Castilla:15 la gran huelga de la uni­
na i doi a i ililn a ule (o mas bien su uso masivo), que jugará un papel ca­
versidad de París entre 1229 y 1231, que significó un grave conflicto
pí i al mi la 1oí mai ion religiiisa de los Heles en el siglo X III; también com­
entre la regente y la institución. La causa, que al cabo de los años será
ponen el primer conjunto de villas de santos en lengua vernácula fran­
más o menos endémica, fue una disputa de jurisdicción entre el poder
cesa. Mediante su acción junto a mujeres piadosas, en especial las
monárquico, el preboste de la realeza y la jurisdicción eclesiástica uni­
beguinas, y los hermanos conversos, intermediarios entre los monjes y
versitaria. El conflicto será largo y sólo se solucionará con la mediación
los laicos, los eistereienses fueron los primeros rectores de la conciencia, del papado y del obispo de París.
antes de que los mendicantes tomaran el relevo en el siglo siguiente. Así
Así pues, creo que san Luis escuchó a la reina Blanca, una de las po
pues, no es sorprendente que en 1260 Luis fundara el beguinato de Pa­
cas personas que ejercieron una influencia en él, hablar mal de los mu
rís detrás de la iglesia de san Pablo. versitarios y nunca mantuvo una buena disposición hacia ese ámbito.
P or otra parte, pienso que no le interesaban ni el ambiente ni ese nivel
de la cultura. San Luis quizá consideraba que cumplía con su oficio de
IU . 11< )MBRE PROBO rey al no honrar a los grandes espíritus y al situarse a la altura del común
de los hombres. Observemos a las personas de las que se rodeaba: al
L’ H lSTO IR E: ¿Refleja san Luis la nueva espiritualidad?
margen de los hermanos mendicantes, ¿quién es el religioso que jugó un
J ACQUES L e G o f f : En la época, la Iglesia disponía de tres métodos
papel más importante en su vida? Robert de Sorbon. Este buen canóni­
para que la gente siguiera siendo cristiana. Ante todo, obligarles a me-
go, que impulsó los estudios universitarios al fundar un colegio (que se­
morizar pasajes de la Biblia o de las «autoridades» (los Padres de la Igle­
rá la matriz de la «Sorbona») para doce estudiantes pobres de teología,
sia), que fueron los primeros modelos de virtud. ¿Quiénes leen y utilizan
no era un gran espíritu. Sin embargo, a Luis le encanta discutir con él;
la Biblia en el siglo X III? No son los laicos, sino los religiosos. Consi­
advierte en él al hom bre probo consumado. Para san Luis, el ideal no es
guientemente, no será extraño encontrar tan pocas citas bíblicas en la­
el hombre cortés, que más tarde se conocerá como honrado. Es el hom ­
bios de san Luis, porque, aunque se trate del rey, citar la Biblia no es
bre probo, un hombre de pro (calificativo que casi era sinónimo de va­
competencia de los laicos. liente y cortés) pero que, a diferencia del ideal cortés, es también un sa­
En segundo lugar, el uso de las radones (argumentaciones): en efec­
bio y no necesariamente noble de nacimiento. Como Robert de Sorbon,
to, junto a las autoridades, la escolástica introduce la argumentación.
tal vez es noble de espíritu. A menudo Joinville se burla de él recordan­
Por su parte, san Luis prefiere la tercera forma de predicación: los exem-
do que es hijo de un campesino. Un hijo de campesino que logró el éxi-

14. Véase «Franciscanisme et modelen culiurrls <ln XIII' i.ieele», comunicación del
15. Véase Michel de Boüard, «L a Reine Blanche», L’Histoire, n° 3 3 , abril de 1981,
octavo congreso de la «Societá Intcrnnzionnli di Sun11 I ihiu'Ím ¡mi», Asís, octubre de págs. 49-57.
1980.
mumtuítftítttttíUUtínttU
174 I.AS CIUDADES, LOS HERMANOS, EL REY BIOGRAFIA E INDIVIDUO : « ¿ E X IS T IÓ SAN LU IS ?» 175

to por su entereza y su sabiduría intelectual, aun cuando éstas fueran de Inicua; lo que se pide a un reyes que sea un hombre justo, que haga rei­
nivel medio. nar la justicia.» Supongo que Hugues de Digne se refería a la justicia re­
P or otro lado, creo que hemos de volver a la etimología de hombre gia, pero que esta justicia debía preparar el advenimiento de los justos en
probo. N o olvidemos que nos encontramos en un mundo que razonaba la tierra. La predicación del franciscano era eminentemente escatológi-
etimológicamente. H om bre probo (prud’hom m e ) procede del latín; pro- ca. Desde los primeros días de su reinado, y en concreto de su reinado
desse, ser útil; el hombre probo es útil al resto de los hombres, les facili­ personal a partir de 1234, cuando contaba veinte años, san Luis quiso
ta su salvación. Un Robert de Sorbon, que no escribe sumas teológicas ser un rey cristiano y forjar un reino de devotos cristianos.
pero pronuncia buenos sermones, resulta, a ojos de san Luis, uno de los Seguramente san Luis también preguntó a Hugues de Digne por qué
hombres más interesantes y útiles. Sólo es una hipótesis: trato de expli­ había fracasado la cruzada, habida cuenta que los franceses habían lu­
car la inclinación de san Luis a la mediocritas, al justo medio y al buen chado con bravura17 y Luis trató de recuperar lo que el propio Francis­
sentido de mentes que no despuntan, y su indiferencia respecto a los co de Asís había intentado en Tierra santa: convertir a los musulmanes
grandes espíritus. no por medio de las armas, pues san Luis ya no disponía de recursos mi­
litares, sino mediante la palabra y el ejemplo. Asimismo, la reflexión de
san Luis respecto al fracaso de la cruzada, reforzada por la conversación
U n rey d el A p o c a l ip s is con Hugues de Digne, tuvo que convencerlo de que los franceses no
eran lo bastante puros ni justos para lograr la victoria. Por consiguiente,
L ’H i s t o i r e : Si la espiritualidad de san Luis se inspira en la de los era necesario hacer penitencia y reformarse cristianamente: de ahí el
hermanos mendicantes, ¿habrá que darle la razón a aquella anciana cu­ gran gobierno de orden moral y religioso que construyó en los últimos
yo apostrofe recuerda Guillerm o de Saint-Pathus: «Sólo eres el rey de dieciéis años de su reinado.
los hermanos menores y predicadores, de clérigos y sacerdotes»? Creo que en ese momento san Luis se convierte en lo que doy en lia
JACQ U ES L e G O F F : Insistiré especialmente en un episodio: el en­ mar un «rey escatológíco», un rey del Apocalipsis, verdadera y esencial­
cuentro de Luis con Hugues de Digne en 1254, tal como nos lo cuenta mente atormentado por el fin último de su pueblo y su propia persona;
Joinville. quiere alcanzar una verdadera purificación para, en definitiva, realizar el
Al regresar de la cruzada, y por razones técnicas de navegación, en reino de los puros, que no era otro que el objetivo de la predicación de
lugar de arribar al único puerto del Mediterráneo dominado por la mo­ Joachim de Flore. La voluntad de hacer reinar la virtud y el buen orden
narquía (Aigües-Mortes), desembarca en las salinas de Hyéres, entonces (no blasfemar ni entregarse a la violencia) data del fin de su reinado. En­
territorio del conde de Provenza, es decir, territorio imperial. En cuanto tonces el pueblo trató de interpretar esa actitud con el utillaje mental de
Luis pone el pie en tierra solicita ver a un franciscano del convento de la época. Un rey que quiere construir el reino de los justos tiene que con­
Hyéres, el hermano Hugues de Digne, con el que mantiene varias con­ siderarse un sacerdote o un religioso. Sin embargo, no creo que Luis
versaciones. Conocemos bastante bien a este hombre. Es un joaquinita , quisiera entrar en las órdenes: a pesar de todo conservaba el sentimien­
un partidario de las ideas de Joachim de Flore.16 Joinville ofrece un re­ to de la distinción entre laicos y clérigos y de su deber como rey.
sumen relativamente pobre de las palabras de Hugues de Digne a san
Luis. «Hay que estar particularmente atento a que vuestra justicia sea L ’H lST O IR E: Así pues, en los últimos años del reinado hay un desfa­
se cada vez más notorio entre el universo espiritual de san Luis y el de
16. Joachim de Flo re (1 1 3 0 /1 1 4 5 -1 2 0 2 ), abad cisterciense italiano, fundador de la
congregación de los ermitaños «de Flore», distinguía, en la historia de la humanidad,
la edad del Padre (de la ley y el Antiguo Testamento), la edad del Hijo (de la le y la Igle­ 17. Tras el desastre de Mansura, su entorno le hizo saber que era un castigo por su
sia doctrinal) y la edad del Espíritu, cuyo advenimiento estaba previsto para 1260 y sig­
nificaría el triunfo d é la Iglesia de los justos que vivieran según las reglas monásticas y la
pobreza evangélica. 1 moderación con los judíos ( e l siglo X III es la época en que la cristiandad oscila entre el an-
tijudaísmo y un verdadero antisemitismo avant la lettre). Luis detestaba a los judíos, pe­
ro no parece que esa explicación bastara para satisfacerlo.
I /(i I A', I 11111AI >I IOS HERMANOS, EL REY
¡KAI IA | INDIVIDUO: « ¿ E X IS T IÓ SAN LUIS?»
177
mi-, miI nliii i:, ,'S c explica por 1:1 ausencia en san Luis de toda sensibilidad
cambio y préstamo y las necesidades de la salvación. Partidarios del
luí i.i l.i'. niirv.i:, i•xij'.i-ih lis ilr la civilización material de su siglo?
compromiso religioso y social, de una evangelización de la nueva socie­
J ai i a II I ,l. C í< )IIY l.;i fantástica evolución que Francia conoció en el
dad, dosificaban lo admisible y lo inaceptable.
siglo xu (la ri onoinía monetaria, el impulso demográfico, el desarrollo
Al final de su reinado, san Luis, rey probo, rey de la moderación, de­
urbano) se 11 adujo en la voluntad de conceder cada vez más atención a
jó de ser, si me permite la expresión, un hombre de su siglo. Ignoraba las
los asnillos na renales. ( ionio consecuencia de ello, cada vez se creía me­
grandes corrientes intelectuales que se gestaban en la sociedad, y quizás
nos en la proximidad del fin del mundo. Las reacciones de san Luis y la
incluso desconocía las com entes artísticas. Si bien donó dinero para
di la ni.isa i le sus súbditos 1 1i vergen. I ,os coetáneos de Luis, adoptando
construir vidrieras e iglesias — Royaumont y Sainte-Chapelle— no pare­
un, i i lalidades de i eligiosidad, escuchan la predicación y se entre-
ce, en cambio, que desarrollara una verdadera política en el ámbito ar­
r mi a la i onli-sii Hi (que el IV ( a indi ¡o lateranense convirtió en obligato-
tístico, a diferencia de un Suger, para el que — San Denis sería la mejor
i i,i il menos nuil vez al ano), pero al mismo tiempo pretenden conciliar
prueba— una política artística, más allá del mecenazgo, también era una
un i n i i. ule m ieles por el mundo con su salvación eterna; mientras tan-
política al servicio del rey y de la teología.
lo, el ley t roe i|iie cuanto mayor es la presión que ejercen los asuntos te­
ndíales, mayor lia de ser el desapego respecto a ellos. A principios de si­
glo, Francisco de Asís estaba dividido entre su tendencia a amar todas
(Entrevista realizada por Pierrette Crouzet y Éric Vigne)
las cosas naturales y terrenales, como creación de Dios, y su rechazo de
las perversiones de la evolución del mundo (dinero, orgullo, poder). San
I aiis, rey alegre, rey que «ríe» (según Joinville), se convierte progresiva­
mente en un rey de la penitencia y la renuncia. En ello se distingue de la
mayoría de sus contemporáneos.

«R u y d i: l a m o d e r a c ió n »

Observemos su entorno. Para empezar, su confesor: durante los úl­


timos veinte años de su vida, fue un dominico, Geoffroy de Beaulieu. Lo
conocemos gracias a su testimonio sobre la vida y milagros de san Luis
durante el proceso de canonización. Ai leerlo, no tengo la impresión de
que fuera un espíritu profundamente místico. O tro personaje de su en­
torno: el preceptor al que Luis encomienda la educación de sus hijos,
destinados a reinar (Luis, que muere en 1260, y Felipe): de nuevo un do­
minico, Vicente de Beauvais, autor de tres grandes enciclopedias en las
que pensamos que se encuentra la esencia de la enseñanza que impartió
a los príncipes. Vincente de Beauvais tampoco es un místico. Creo que
san Luis, entre los franciscanos, se decantaba por los joaquinitas\ sin em­
bargo, se rodeó de aquellos que, ejerciendo su iiilluencia, se impusieron
en la sociedad de la segunda mitad del siglo XIII, es decir, gentes de la
Iglesia que ante todo pretendían eiieonirai un motlns vivendi entre las
nuevas seducciones terrenales, el desarrollo de una economía de inter-
immuiimmmimiumim
LAS CIUDADES, LOS HERMANOS, EL REY moc;i<AI ÍA I-I INDIVIDUO : « ¿ E X IS T IÓ SAN LU IS ?» 179
178

El reinado de san Luis b a r c o raí I lycres, entrevista con Hugues de Digne. 7 de septiembre: Re­
greso a París. Diciembre: Gran ordenanza para la reforma del reino.
8 25 de abril de 1214: Día de san Marcos, nacimiento de san Luis en ° 1257: Robert de Sorbon, familiar del rey, funda un colegio para do­
c e estudiantes pobres de teología de la universidad de París.
Poissy (¿dónde fue bautizado?).
® 8 de noviembre de 1226: Se convierte en rey tras la muerte de Luis ® 1258: Nombramiento de Étienne Boileau como preboste de París
VIII. Regencia de su madre, Blanca de Castilla. 29 de noviembre: Es ar­ para hacer reinar el orden. Propiciará la redacción del Libro de los oficios.
mado caballero en Soissons y coronado en Reims. 11 de mayo: Tratado de Corbeil con el rey de Aragón. 28 de mayo: Traía
• 1227-1234: Revueltas de los barones, especialmente de Pedro Mau- do de París, jurado en el Temple, entre Luis IX y Enrique III (ratificado
clerc, conde de Bretaña. Represión (con ayuda de Teobaldo IV de Cham­ en diciembre de 1259): Luis IX restituye Limousin, Quercy y Saintonge.
paña). * 1264: Muerte del enciclopedista dominico Vincente de Beauvais,
• 1229: Tratado de París con el conde de Toulouse. Fin de la cruzada preceptor de los hijos de san Luis. 24 de enero: Edicto d e A m iens, arbi­
contra los albigenses. traje entre Enrique III y los barones ingleses.
® 1229-1231: Huelga de la universidad de París. 9 1263-1266: Ordenanzas monetarias: moneda regia, «le gros tour-
» 1233: Primeros inquisidores en Francia. noi» y el escudo de oro.
9 25 de abril de 1234: Mayoría de edad de san Luis. Matrimonio del ® 24 de marzo de 1267: Luis IX decide retomar la cruzada. Pentecos­
rey con Margarita de Provenza, el 27 de mayo en Sens. tés; Celebraciones en el palacio real de París al ser ordenado caballero Iv
® Agosto de 1235: Luis IX expone la reliquia de la corona de espinas; lipe, hijo y heredero de Luis IX .
19 de octubre: Consagración del abad cisterciense de Royaumont en pre­ 0 1 de julio de 1270: Luis IX embarca en Aigües-Mortcs. 25 de agos
sencia de Luis IX. to: Luis IX muere de tifus ante Túnez, tras redactar las Enseiiinnas puní
° San Juan de 1241: Luis IX celebra grandes festejos en Saumur al ser su hijo Felipe. Se embalsama el cadáver de san Luis, se hierve cu vino y se
armado caballero su hermano Alfonso de Poitiers. separa la carne del hueso.
• 21 de julio de 1242: Victoria de san Luis sobre Enrique III en Tai- ® 22 de mayo de 1271: Los restos mortales de san Luis se inhuman en
llebourg (Charentes). Saint-Denis.
° 1242-1243: Sublevación y represión del Mediodía. 9 1273, 1278, 1282: Investigación pontificia para la canonización de
• 1244: Caída de Montségur y desarrollo de la Inquisición en Francia. Luis IX .
Diciembre: Enfermedad de san Luis y promesa de realizar la cruzada. * 1285: Lectura del informe de la investigación al papa Honorio IV.
• 26 de abril de 1248: Consagración de la Sainte-Chapelle del palacio 9 6 de agosto de 1297: Bula de canonización promulgada por Bonifa­
real. 12 de junio: Luis IX abandona París. 28 de agosto: Partida de Ai- cio VIII.
gües-Mortes. 18 de septiembre: Desembarco en Chipre. * 25 de agosto de 1298: Exhumación del ataúd de san Luis y prédica
• Mayo de 1249: Llegada a Egipto, donde permanecerá hasta el 8 de del hermano Juan de Samois ante Felipe el Hermoso y numerosos prela­
mayo de 1250. Conquista de Damiette en junio. dos y señores (entre los que se encuentra Joinville, testigo del proceso de
• 5 de abril de 1250: Derrota de Mansura: el rey es hecho prisionero. 12 8 2 ).
6 de mayo: Pagan el rescate y Luis es liberado. * 17 de mayo de 1308: Felipe el Hermoso divide los huesos de san
• Mayo de 1250-marzo de 1251: Luis IX en Acre. Luis, entregados como reliquias a las iglesias y a personalidades destaca­
• Mayo de 1251-mayo de 1252: Luis IX en Cesárea. das.
• Mayo de 1252-junio de 1253: Luis IX en Haifa.
• Noviembre de 1252: Muerte de Blanca de Castilla.
• Junio de 1253-febrero de 1254: Luis IX en Sión.
Estos son los años de la orden cristiana', viajes de inspección, ordenan­
zas de 1247 para la represión de los pecados, la violencia y la injusticia.
Entre 1254 y 1270, será la orden moral.
• 25 de abril de 1254: Luis IX abandona Acre. 17 de julio: I)esem
nmuummmmnmnunu
Para saber más

L as ó r d e n e s m e n d ic a n t e s

Trabajos en francés

Los pecados de las ciudades fueron denunciados por el gran teólogo


dominico Alberto el Grande en una serie de sermones pronunciados
en Ausburgo en 1257 o 1263 y publicados por J . B. Schneyer: «Al-
bert des Grossen Augsburger Predigteryklus», Recherches de théolo-
gie ancienne et médiévale, n° X X X V I, 1969, págs. 100-147.
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í n n u t t t t t T t T t t t t t t n n t t t í U t t !
LAS CIUDADES, LOS HERMANOS, EL REY HIOCRAEÍA E INDIVIDUO: «EX ISTI Ó SAN LUIS» 183
182

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1975.
tione regia (D e la institución regia), de Jonás de Orléans, dedicado
IH I I A'. I lili lAI >1 I.( >S MERMANOS, EL REY

mi MH i I 'ipilni, u'v de Ai|niiania, hijo de Luis el Piadoso; Líber de


i, il,:r/lwi\ < hinli.um (1,1 libro de los gobernadores cristianos), de
' ,i i liilnr. Si ni i , esn no para I ,olario 11 entre 855 y 859; y, entre los
opir.i lili i . del arzobispo de Keims, I lincmar, dedicados al rey y a la
i raleza, /V regis persona ti regio ministerio (De la persona del rey y C uarta pa rte

de la liilición real), escrito para Carlos el Calvo hacia 873, y De ordi-


nt‘ ptihitli (I )e la organización del palacio) para Carlomán, hijo de
I ni', i I Tai lamíalo y rey de la branda occidental en vísperas de su El imaginario
itiiici te en HH,’,
l a / ' . litio i. a/"'/ .7 prtncipum , <le ( ülberto de Tournai, fue editada por
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I Capítulo 14

El misterio del arte revelado:


la sangre de Cristo y el fruto de la viña1

«Yo soy la verdadera vid, y mi padre es el labrador.» lista Irase de los


Evangelios permitió la emergencia, en el siglo XIV, de un curioso culto .1
Cristo, que encontramos representado en numerosos cuadros del Ueim
cimiento. La imagen es la dellagar místico: Cristo pisa la uva, y de las lie
ridas sufridas en su cuerpo durante la Pasión se derrama su sangre, qui­
se mezcla con el vino que brota de los racimos.12

Entre los siglos XIV y XV II, el tema iconográfico del lagar místico go­
zó de gran predicamento en el arte cristiano. ¿De qué se trata? D e una
representación especial de Cristo: pisa la uva de la que brota el vino; él
mismo se encuentra oprimido en un lagar, y de las heridas padecidas en
la Pasión brota sangre que se mezcla con el vino de los racimos que pi­
sa. ¿Qué sentido se desprende de esta imagen? El sacrificio sangrante de
Jesús produce un alimento de vida, el líquido regenerador de la sangre y
el vino, transmutados el uno en el otro.
Esta imagen del lagar místico se inspira en tres textos esenciales: dos
pasajes del libro de Isaías y uno del Apocalipsis. En efecto, en Isaías
(63,2-3) encontramos este diálogo: «Pues ¿por qué está rojo tu vestido,

1. Este artículo fue publicado en L’Hisloire, n" 147, septiembre de 1991, págs. 76-78.
2. Daniéle A lexandre-Bídon (com p.), L e pressoir mystique, actas del coloquio de
Recloses prefacio de Jean Delumeau, París, Cerf, 1990. Bajo el régimen de la ley 1.901 se
consituyó la asociación L e Pressoir mystique, cuyo presidente es Etienne Bidón.
I I I IMAGINARIO
I I. mi s t i kii i Illa, akt i : r e v e l a d o : la s a n g r e d e c r i s t o [...] 189

• i ti i........ .......... ni li 1 1< .11 |iii líos que pisan la vendimia en el lagar? — En
Nuevo Testamento, es explícito: «Dios plantó la viña al crear la naturale­
■I 1 11 * n ln |ii..h|n y11 Milu, mu (|ik - nadie de entre los míos haya estado
za humana. La rodeó de un muro, es decir, la custodia de los ángeles.
■' nmui mi I ’i a |ii', i'iirinipos con mi luror, y los hollé con mi ira, y su
Construyó un lagar, la Iglesia, en la que se reúnen los frutos de la justicia y
ni| i• ilpn....... vi .iidn . asimismo, esta evocación del Servidor do-
la santidad [ ...]. Los vendimiadores son sacerdotes y doctores».3 Así, la
li< un ' in ndii ir.i i|nc por cansa de nuestras iniquidades fue él llagado,
Iglesia es el lagar en el que Cristo, pisando la uva, aún no es la víctima.
•l< pida Milu pin iiuesl i as maldades» (53,5). En el Apocalipsis, el ca­
lía 11•ni I ilaiu 1 1 , va n a n isi), está revestido de un manto de sangre: « Y él
mi .uní pi-.a i I l.igm del vino del luror de la ira del Dios omnipotente» E l siglo de la sangre
11 'i, ID I u i .nía ni a.ion, i mi el lagar de fondo, el vino se mezcla con la
iiii'n , mu una . ' I n .No,nía.lya la soledad, la ira y el sufrimiento del pi-
E l siglo XIII constituye una etapa decisiva en la representación del la­
iiliii, i pi« innilticii •,i * encuentra <lespcdazado, así como la responsabili-
gar místico. La sangre aparece en el primer plano de la devoción, en una
i Ln I i li li V. |ii i ai |i n i", en su sai i linio. concepción del sacrificio que debe mucho a los franciscanos y a san Bue­
Atún lanío s d o s <iias d e los Salinos'. «Tú eres la fuente de toda vida»
naventura. Este último escribe: «Cristo, aplastado en la cruz como la uva
(Salmo V») y <•( Mimo suspira el ciervo tras el agua, así mi alma cerca de
en el lagar, derrama por sus heridas el líquido de su cuerpo, que cura to ­
n, Señor» (Salino 42), que expresan la sed de un abrevadero vivificador. da enfermedad». Al mismo tiempo se acentúa el culto a los relicarios que
Recordemos la declaración de Cristo en el Evangelio según san ]uan\ supuestamente contienen gotas de la sangre de Cristo, como el frasco de
« l;,n verdad os digo que si no comiereis la carne del H ijo del hombre, ni cristal de la época fatimí conservado en el tesoro de la basílica de san
bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros» (6,53-56); el tema de Marcos en Venecia, que al menos a partir de 1283 se ofrece a la venera
la sangre vivificadora se relaciona aquí con la eucaristía. Prosigue Jesu ­ ción de los fieles el viernes santo. En 1263 tuvo lugar un gran milagro en
cristo: «Yo soy la verdadera vid, y mi padre es el labrador» (15,1). Por Bolsena, al norte de Roma: un sacerdote que celebraba la misa vio san­
último, recordemos que un texto de Números (13,18-25) muestra cómo grar la hostia, que manchó el corporal.4 El papa Urbano IV sancionó el
( miel) y Josué trajeron de Canaán un racimo suspendido en un varal. Al milagro oficialmente y lo utilizó como argumento para promulgar el
relacionar este texto con el de Isaías (63,2-3), los Padres de la Iglesia, es­ dogma de la presencia real de Cristo en la eucaristía, que sería festejada
pecialmente san Agustín, vieron en Jesús un bytros, el racimo de la uva solemnemente el día del Corpus Christi.
de la tierra prometida depositada en el lagar. La idea de una fuente de
D e un modo general, el desarrollo del culto de la eucaristía en el si­
vida eterna adoptó así, tras muchos siglos de exégesis y devoción, la for­ glo XIII y la multiplicación de los milagros de hostias ensangrentadas
ma de un lagar místico. contribuyeron a forjar el ambiente propicio al nacimiento de la imagen
Una de las principales prefiguraciones de este tema se encuentra en del lagar místico: devoción al Cristo agonizante y a los instrumentos de
una célebre miniatura del Hortus Deliciarum (el «jardín de las delicias»), la Pasión, gestación de una piedad doliente exacerbada por las crisis de la
de la abadesa alsaciana Herrade de Landsberg, fechado a finales del siglo sensibilidad colectiva vinculadas a la peste negra, al gran Cisma y a las
Xll. En él, Jesús pisa la uva, de pie en la cuba de un lagar, cuya clavija ac­ «calamidades» de los siglos XIV y XV... una atmósfera magníficamente
ciona un joven diácono. En lo alto aparecen la sociedad clerical, guiada descrita por Johan Huizinga en su célebre E l otoño de la Edad Media?
por el papa y un obispo, y la sociedad laica, comandada por un rey: ambos
traen cubos y cestos de uvas. Abajo, san Pedro, san Pablo y san Esteban
3. G. Carnes, Allégories et symboles de í«H o rtu s Deliciarum», Leyde, 1971, págs.
(considerado el primer mártir cristiano), en representación de la Iglesia
108-109. P. Mane, « L e Pressoir mystique dans les fresque et miniatures medievales» en
apostólica, vuelcan los cestos de uva en la cuba del lagar. A la izquier­ D. Alexandre-Bidon, L e pressoir mystique, op. cit., pág. 97.
da, Jesucristo acoge a un joven pecador (tal vez un hereje); a la derecha, 4. Lienzo consagrado, de forma rectangular, que el sacerdote extiende sobre el altar
Enoch y Elias predican contra el Antiei islo. ( )rlu> ángeles rodean la esce­ al principio de la misa para depositar en él el cáliz y la patena.
5. L ibro publicado en 1919 en los Países Bajos (trad. cast.: E l otoño de la Edad M e­
na. E l comentario, que hace referem ia a los vendimiadores homicidas del dia, Madrid, Alianza, 200 1 ).
IX IMAGINARIO I I. MIS'I I KK) DEL ARTE REVELADO: LA SANGRE DE CRISTO [ . . . ] 19.1
190

Concilio de Trento, es evidente en este aspecto. Por el contrario, para los


U n D ios sádico
protestantes el lagar místico ilustraba la inmediatez de la redención de
Los siglos XV y XVI, y el principio del XVII, asistieron al apogeo del los hombres por mediación de Cristo.
lagar místico. La figura de Cristo es a un tiempo activa y pasiva; el lagar Queda una pregunta importante subrayada por Franqois Boespflug.''
pesa sobre él como la cruz en la ascensión al calvario. «Al triunfar el do- Algunas representaciones de los siglos XVI y XVII no se limitan a most rar
lorismo, la sangre del redentor se derrama y llena la cuba» (P. Mane). a Dios como espectador del suplicio de su hijo; en algunos casos lo or
La sangre derramada por la costilla de Jesús se mezcla casi siempre con dena y parece incluso disfrutar del espectáculo. ¿Acaso en esa época pu
el vino exprimido de las uvas. Ese motivo conoció una extraordinaria do imaginarse un Dios sádico, un Dios «deicida»? ¿Podemos ver en ello
difusión gracias a los nuevos soportes: el grabado •— con dos grandes un ejemplo extremo de ese cristianismo del miedo y del Dios de la ira
centros de producción en el siglo XIV, Amberes y París—- o la cerámica. que evocara Jean Delumeau?7 De este modo, el motivo del lagar místico
Daniéle Alexandre-Bidon ha señalado cómo, en el Beauvaisis del siglo nos introduce en el corazón más secreto del cristianismo del Renaci­
XVI, los boticarios adornaban sus vasijas con un tema derivado del lagar miento, allí donde las relaciones entre las personas de la trinidad, entre
Dios y sí mismo, bordean los abismos.
místico: el corazón molido en el lagar; Cristo aparecía entonces como
un santo curandero.
¿Cómo explicamos que ese tema esté prácticamente ausente en las
islas británicas y en Europa meridional, especialmente en Italia? En
cuanto a Inglaterra, en la que el tema sí está presente en la literatura, se
ha especulado con la hipótesis de la indiferencia ante la viña o el vino en
un país donde la ya escasa producción medieval de un vino mediocre
había experimentado una regresión en el Renacimiento. E l argumento
parece en exceso «materialista».
En cuanto a Italia, está algo más claro. El motivo fue práctiamente
eliminado por un motivo competidor, el de la sangre del Redentor , que
da su título al cuadro de Giovanni Bellini (Londres, National Gallery):
en él se ve a un personaje, normalmente un ángel, recogiendo la sangre
derramada de la herida santa en un cáliz. Da la impresión de que el mo­
tivo del lagar místico está inextricablemente vinculado a una zona (el
norte de Francia, los Países Bajos y los países germánicos) donde la ideo­
logía de la sangre, ligada a las mentalidades y sensibilidades nobiliarias,
era especialmente poderosa. Quizás el apego de los artistas y el público
de estas regiones a las representaciones realistas, sobre todo en el domi­
nio de las técnicas, encontró un atractivo en la figuración de ese instru­
mento notable para la época, el lagar.
Con la Reforma, el lagar místico se convierte en un reto religioso e
ideológico importante. En efecto, ambos partidos gustaron de represen­
6. F. Boespflug, «U n Dieu déicide? Dieu le P áre au Pressoir mystique. Notations et
tar el motivo de manera radicalmente opuesta. Para los católicos, el la­
hypothéses», en D. A lexandre-Bidon, L e Pressoir mystique, op. cit., págs. 197-220.
gar evidencia el papel fundamental de la Iglesia en la salvación de la hu­ 7. J. Delumeau, La P eur en Occident, Xiv-XVsiécles, París, Fayard, 1979 (trad. cast.:
manidad: la sangre de Cristo es la fuente de los sacramentos, que sólo la E l miedo en Occidente, M adrid, Taurus, 2 0 0 2 ); L e Peché et la peur, la culpahilisation en
Iglesia puede dispensar; la propaganda eclesiástica, reforzada por el Occident, X l l l- X V I f siécles, París, Fayard, 1984.
Capítulo 15

¿Reía Jesús?1

¿Reía Jesús?
¿Acaso la risa no es obra del diablo?
¿Hay que permitir que el hombre ría? Estas preguntas ocupaban a
los teólogos de la Edad Media.
Jacques Le G off, que ha estudiado el tema desde hace muchos años,
nos recuerda que también hay una historia de la risa.

La risa, esa expresión aparentemente tan natural en el hombre, es,


ante todo, un fenómeno cultural: difiere según las civilizaciones y evo­
luciona con las épocas. En la Edad Media supuso un reto ideológico
importante, tal como ilustra excelentemente la novela E l nombre de la
rosa , de Umberto Eco, que presenta a un monje severo, Jorge de Burgos,
gran enemigo de la risa. Para iluminar un tanto las relaciones complejas
que la Iglesia medieval mantuvo con la risa, es necesario remontarse, una
vez más, a la Biblia.
En el Antiguo Testamento encontramos dos palabras muy distintas
para designar la risa: sáhaq significa risa «alegre, positiva» (es el nombre
de Isaac, hijo de una pareja de ancianos saludado con risas en un pasaje
del Génesis , que en sí mismo constituye una pequeña comedia llena de
humor), y láaq, una risa burlona, a veces perversa. Los griegos también
utilizaban dos términos diferentes pero de la misma raíz: gélán , «risa» y

1. Este artículo fue publicado en L'Histoire, n° 158, septiembre de 1992, págs. 12-1 A.
El. IMAGINARIO I I. MISTERIO 1>BL ARTE REVELADO: LA SANGRE DE CRISTO [ . . . ] 191
190

Concilio de Trento, es evidente en este aspecto. Por el contrario, para los


U n D ios sádico
protestantes el lagar místico ilustraba la inmediatez de la redención de
Los siglos XV y XVI, y el principio del XVII, asistieron al apogeo del los hombres por mediación de Cristo.
lagar místico. La figura de Cristo es a un tiempo activa y pasiva; el lagar Queda una pregunta importante subrayada por Franpois Boespflug/’
pesa sobre él como la cruz en la ascensión al calvario. «Al triunfar el do- Algunas representaciones de los siglos XV I y XV II no se limitan a mostrar
lorismo, la sangre del redentor se derrama y llena la cuba» (P. Mane). a Dios como espectador del suplicio de su hijo; en algunos casos lo or
La sangre derramada por la costilla de Jesús se mezcla casi siempre con dena y parece incluso disfrutar del espectáculo. ¿Acaso en esa época pu­
el vino exprimido de las uvas. Ese motivo conoció una extraordinaria do imaginarse un Dios sádico, un Dios «deicida»? ¿Podemos ver en ello
difusión gracias a los nuevos soportes: el grabado — con dos grandes un ejemplo extremo de ese cristianismo del miedo y del Dios de la ira
centros de producción en el siglo XIV, Amberes y París-— o la cerámica. que evocara Jean Delumeau?7 De este modo, el motivo del lagar místico
Daniéle Alexandre-Bidon ha señalado cómo, en el Beauvaisis del siglo nos introduce en el corazón más secreto del cristianismo del Renaci­
XVI, los boticarios adornaban sus vasijas con un tema derivado del lagar miento, allí donde las relaciones entre las personas de la trinidad, entre
Dios y sí mismo, bordean los abismos.
místico: el corazón molido en el lagar; Cristo aparecía entonces como
un santo curandero.
¿Cómo explicamos que ese tema esté prácticamente ausente en las
islas británicas y en Europa meridional, especialmente en Italia? En
cuanto a Inglaterra, en la que el tema sí está presente en la literatura, se
ha especulado con la hipótesis de la indiferencia ante la viña o el vino en
un país donde la ya escasa producción medieval de un vino mediocre
había experimentado una regresión en el Renacimiento. E l argumento
parece en exceso «materialista».
En cuanto a Italia, está algo más claro. El motivo fue práctiamente
eliminado por un motivo competidor, el de la sangre d el Redentor , que
da su título al cuadro de Giovanni Bellini (Londres, National Gallery):
en él se ve a un personaje, normalmente un ángel, recogiendo la sangre
derramada de la herida santa en un cáliz. Da la impresión de que el mo­
tivo del lagar místico está inextricablemente vinculado a una zona (el
norte de Francia, los Países Bajos y los países germánicos) donde la ideo­
logía de la sangre, ligada a las mentalidades y sensibilidades nobiliarias,
era especialmente poderosa. Quizás el apego de los artistas y el público
de estas regiones a las representaciones realistas, sobre todo en el domi­
nio de las técnicas, encontró un atractivo en la figuración de ese instru­
mento notable para la época, el lagar.
Con la Reforma, el lagar místico se convierte en un reto religioso e
ideológico importante. En efecto, ambos partidos gustaron de represen­
6. F. Boespflug, «U n Dieu déicide? Dieu le Pére au Pressoir mystique. Notations et
tar el motivo de manera radicalmente opuesta. Para los católicos, el la­
hypothéses», en D . A lexandre-Bidon, L e Pressoir mystique, op. cit., págs. 197-220.
gar evidencia el papel fundamental de la Iglesia en la salvación de la hu­ 7. J . Delumeau, La P eur en Occident, XIV-XV siécles, París, Fayard, 1 9 7 9 (trad. cast.:
manidad: la sangre de Cristo es la fuente de los sacramentos, que sólo la E l miedo en O ccidente, M adrid, Taurus, 2 0 0 2 ); L e P eché et la peur, la culpahilisation en
Iglesia puede dispensar; la propaganda eclesiástica, reforzada por el Occident, X in-X V lf siécles, París, Fayard, 1984.
Capítulo 15

¿Reía Jesús?1

¿Reía Jesús?
¿Acaso la risa no es obra del diablo?
¿Hay que permitir que el hombre ría? Estas preguntas ocupaban a
los teólogos de la Edad Media.
Jacques Le G off, que ha estudiado el tema desde hace muchos años,
nos recuerda que también hay una historia de la risa.

La risa, esa expresión aparentemente tan natural en el hombre, es,


ante todo, un fenómeno cultural: difiere según las civilizaciones y evo­
luciona con las épocas. En la Edad Media supuso un reto ideológico
importante, tal como ilustra excelentemente la novela E l nombre de la
rosa, de Umberto Eco, que presenta a un monje severo, Jorge de Burgos,
gran enemigo de la risa. Para iluminar un tanto las relaciones complejas
que la Iglesia medieval mantuvo con la risa, es necesario remontarse, una
vez más, a la Biblia.
En el Antiguo Testamento encontramos dos palabras muy distintas
para designar la risa: sáhaq significa risa «alegre, positiva» (es el nombre
de Isaac, hijo de una pareja de ancianos saludado con risas en un pasaje
del Génesis , que en sí mismo constituye una pequeña comedia llena de
humor), y láaq, una risa burlona, a veces perversa. Los griegos también
utilizaban dos términos diferentes pero de la misma raíz: géldn, «risa» y

1. Este articulo fue publicado en UHistoire, n° 158, septiembre de 1992, págs. 72-74.
194 EL IMAGINARIO ¿REÍA JESÚS? 195

katagélán, «burlarse de alguien». E l pobre latín sólo tenía una palabra, de hacer reír. 1 lay toda una literatura medieval que sucesivamente mues­
risus, y un verbo, ridere, para reír; un verbo para sonreír, adridere, pero tra lo cómico, el ingenio, el humor, la ironía, la caricatura, la parodia, lo
no un sustantivo; subrisus designaba una risa «a hurtadillas» o «hacia grotesco... El historiador dispone, por un lado, de una filosofía y una
dentro». teología de la risa, y por otro de una psicología y una estética de la risa.
La Edad Media latina empleará toda una gama de palabras alrede­ Pero, al margen de esos documentos escritos, ¿cómo acotar lo que era
dor de dos polos: risus (la risa) y derisio (la burla). Definirá la naturaleza realmente la práctica de la risa?
de la risa mediante adjetivos o expresiones: la risus cum cacchinis, la risa Ante todo, la risa pasa por el cuerpo, y hay que saludar el esfuerzo
a carcajadas, acompañada de temblores, era la peor forma, especial­ innovador de los historiadores por ampliar su territorio, más allá de tex­
mente condenada porque deforma el cuerpo humano, ya despreciado tos y monumentos, a las imágenes y los gestos.3 Los legisladores de las
por el cristianismo de principios de la Edad Media. reglas monásticas de principios de la Edad Media habían advertido cla­
En la época medieval, en efecto, la risa era objeto de dos definicio­ ramente esa relación entre la risa y el cuerpo. Su teoría de la risa, que
nes contradictorias. La primera, heredera de los Padres de la Iglesia grie­ conduce a su condena, confiere una importancia fundamental a la boca
ga y ampliamente difundida en el O ccidente latino, condena la risa. La y las orejas: las incitaciones a la risa enviadas por Satán deben detenerse
segunda, que se encuentra ante todo en el filósofo griego — pagano— merced al filtro de las orejas; especialmente, los estímulos obscenos que
Aristóteles, continuada por el latino Quintiliano, y más tarde por una lí­ parten del interior del hombre, de su corazón y su alma, deben detener
nea de grandes autores cristianos en la Edad Media, afirma, por el con­ se mediante la barrera de los dientes y el cerrojo de la boca, pues la risa
trario, que la risa es propia del hombre: emplea la expresión Homo ri- es lo peor que puede surgir de una boca humana; una sana higiene bu
sibilis, que no quiere decir hom bre risible, ridículo, sino hombre cuya cal ha de culminar en la represión de la risa; la Regla del maestro, cu la
característica es la risa. que se inspiró san Benedicto, es, en este sentido, ejemplar. Sin embargo,
Estas dos opiniones opuestas desembocaron en una controversia los monjes que proscribieron tan severamente la risa en el monasterio se
entre teólogos que ilustra a la perfección un tradicional tema de debate divertían con sutiles juegos de palabras, que recopilaban en colecciones:
en la universidad de París en el siglo X III: ¿rió Jesús una sola vez en la los Joca monachorum...
vida? Los Evangelios no muestran a Jesús riendo en ningún momento. Así pues, ¿cóm o tratar esa documentación fragmentaria y a veces
Sin embargo, en su vida terrenal, Jesús es el modelo del hombre. Los contradictoria? ¿Cómo hacer coincidir la condena de la risa por un teó­
grandes santos monásticos ofrecidos como ejemplo por la hagiografía logo, la risa de tal o cual personaje histórico en una crónica, un pastiche
jamás rieron, como Jesús. O bien pasaron su vida en la tristeza, o bien de evangelio como el Evangile selon le marc d’argent, la parodia de la
fueron impasibles. Porque a la risa se opone el verdadero gozo, el éxta­ Cena que encontramos en la Cena cypriani y la risa litúrgica del oficio
sis reservado a una pequeña élite monástica, contrapunto de la beatitud pascual?
celeste, privilegio de los elegidos. Este gozo excluye la risa. Si la risa es A pesar de todo, hay un hecho capital bien comprobado: en la Edad
lo propio del hombre, es lo propio del hombre caído y pecador: la pro­ Media, los hombres no reían solos. ¿D e quién, de qué y con quién
pia risa es un pecado.2 reían? Responder a estas preguntas es un buen medio de llegar al cora­
Al margen de esas querellas de escuela, ¿cómo concillaron los hom­ zón de las estructuras sociales y las mentalidades colectivas de una so­
bres de la Edad Media dos opiniones tan opuestas? Para empezar, defi­ ciedad, porque reír juntos es una forma reveladora de sociabilidad.
nieron la risa: existe una larga lista de textos teóricos que permiten pre­ Existe una broma «feudal», el gab en francés antiguo, una historia que
cisar su lugar en los sistemas de valor de la época. Por otro lado, trataron los nobles o guerreros se contaban para distraerse: se trataba de relatos
de hazañas imaginarias o extraordinarias, por ejemplo, cortar en dos, de
un solo golpe de espada, a un caballero y su caballo... Un cantar de ges-
2. V éase el excursu s de E r n s t R o b e n C u rtiu s en su Europaísche Literatur und lalci-
nisches Mittelalter (trad. cast.: Literatura europea y Edad Media latina, México, l ' C E ,
1955), « D ie K irc h e u nd das L a se n » ( L a Iglesia y la risa). 3. Veáse Jean-Claude Schmitt, La Raison des gestes, París, 1990.
mmmmmmmmnmumi
I 'ir.

i ,i ,I ,■////,//.
|.|. IM A G IN A R IO

( iuinn/agiio, muestra en una escena cómica al em-


¿REÍA JE SÚ S?

pía en un espejo, advierte sus aspectos ridículos y se complace en la sáti­


ra y la parodia. El humanismo del siglo XII introduce, en las historias bí­
197

I >■ 1 ,1 . luí >, .i, c|i i<i |>.i 11 , huespedes del emperador bizantino, rivali-
blicas, citas de autores latinos más favorables a la risa. Un Juan de Salis-
in, I.,, i m I,,. iy/u ni;r. cxl i nvíij’,untes, mientras un espía griego, que los
bury, obispo de Chartres, conjuga al liberal Horacio con el severo
, i in I...........lio y qnr ;,r ioiiüh -ii serio esas bravatas, se muere de miedo,
Eclesiastés. Aparece la figura del rey bromista, el Rex facetus, que ha de
l ’m 111 , n mu ,i e:,a lisa compartida, que cohesiona al grupo, existe aca-
hacer reír a sus cortesanos. Los teólogos elaboran una nueva casuística
m i una 11 a i Iim maulé, como aquella risa herética de la que habla Em-
de la risa, que define las condiciones de la risa lícita: Alejandro de Males,
niaiiiiel I r Uoy I aiiliu ie al evocar la «risilla» de los campesinos cátaros
Alberto el Grande, Tomás de Aquino dedican «cuestiones» a la risa y la
del siglo XIII 1
burla. A partir de entonces hay «un tiempo para reír y un tiempo para
I 'i u uli mu i, señalemos el evidente placer con el que en la Edad M e­
llorar». San Luis, rey de Francia, se obliga a no reír el viernes, día de la
dia ■ Ii,n i i I mi la de los i Iñ igos (se ha hablado de un anticlericalismo
muerte de Cristo, y no siempre lo consigue.
un dieval) y los i aiiipe:.¡nos, presentados como salvajes y brutos (así, en
La sonrisa encuentra su lugar en la escultura gótica en esta época:
) r,un, di i H u e l l e n de di o y e s , en Aucasin y N icolette, etc.). Señalemos
sonrisa del ángel de la catedral de Reims, sonrisa de las vírgenes pru­
lamí mu la iei ídem la de la literal ura, tanto en latín como en lengua vul-
dentes frente a la carcajada de las vírgenes alocadas. Hace fortuna una
gai, a dei amarse hacia lo erótico, lo escatológico y la obscenidad. ¿Re­
expresión procedente de la Biblia: hilaris («alegre», «risueño»), que se
sollado de la represión impuesta por la Iglesia? ¿Rasgo arcaico? ¿Moda­
aplica','sobre todo, al rostro. E l término hilan vultu («de rostro son­
lidades específicas de la risa? Esta literatura medieval sembrada de risa,
riente») aparece en las cartas para definir a los donantes. San Francisco
que sólo el folclore permite interpretar,45 abunda igualmente en casos
de Asís hace de ello un ideal de espiritualidad y un comportamiento tí­
más extraños, como el del niño que rió cuando quisieron matarlo, o el de
pico de la piedad franciscana, practicada por alegres joculatores Dei,
la «doncella que no había reído en seis años» en el Perceval de Chrétien
«juglares de Dios». Los jóvenes hermanos del primer convento francis­
de Troyes.
cano de O xford se toman tan en serio esa expresión que sucumben a
Como conclusión, se pueden establecer tres grandes tendencias en
crisis de risa loca, hasta el punto de que sus superiores los llaman a la
las manifestaciones de la risa en la Edad Media: durante la alta Edad
moderación.
Media, entre los siglos IV y X, la risa fue reprimida y censurada. Es la
En el último período de la Edad Media (siglos XIV y XV ), tal vez de­
época de la risa diabólica: mientras los antiguos veían un personaje ma­
bido a las tristezas de esa época de guerras y calamidades, aparece la ri­
ravilloso en Zoroastro porque había sido el único entre todos los seres
sa desenfrenada, de la que Mijail Bajtin ha sido el historiador.6 En su
humanos en reír en lugar de llorar en el momento de su nacimiento, san
opinión, en ese momento la población urbana se libera de la represión
Agustín e Isidoro de Sevilla, defendiendo una interpretación contraria
impuesta por la Iglesia, y la ciudad retumba con la risa de la plaza pú­
de ese prodigio, afirman que de ese modo Zoroastro demostró su carác­
blica y del carnaval. Rabelais recupera la fórmula de Aristóteles y decla­
ter monstruoso.
ra: «Reír es lo propio del hombre». La corte de los príncipes resuena con
Durante la Edad Media central (XII-XIII) se asistió a una fase de libe­
las carcajadas: los cortesanos se parten de risa ante los gestos del bufón.
ración controlada de la risa. Se distingue entonces la risa buena de la ri­
Y la risa de los locos se extiende desde La nave de los locos, de Sebastián
sa perversa. E l ascenso de los laicos y el desarrollo de las literaturas en
Brandt, hasta Elogio de la locura, de Erasmo, pasando por los cuadros de
lenguas vernáculas proporcionan un espacio libre a lo cómico: la risa de
Jerónim o Bosch, el B o sco ...
los guerreros, de los fabliaux y de los goliardos. La sociedad se contem-

4. Véase Montaillou, village occitan, París, Gallimard, 1975 (trad. cast.: Montaillou,
6. Mijail Bajtin, Literatur u n d Karneval. Z u r Romantheorie u n d Lachenkultur, M u­
aldea occitana de 1294 a 1324, Madrid, Taurus, 1981). nich, 1969. Con las críticas pertinentes de A. J . Gurjewitsch, Mittelalterliche Volkskultur.
5. P ara las formas de la literatura popular cómica, puede consultarse H . Bausinger, Probleme zur Forschung, Dresde, 1986.
Form en d er Volkspoeste, Berlín, 1968.
EL IMAGINARIO
198

E l combate de Carnaval y Cuaresma es la figura emblemática de las Capitulo 16


contradicciones internas de la sociedad y la cultura medievales, que ca­
da vez se abandona más a la risa pero con frecuencia presenta un rostro
entristecido.

(© «Storia e dossier») La India maravillosa:


«la antecámara del paraíso»1

Para la Edad Media cristiana, la India fue una cantera onírica de ma


ravillas y monstruos. El país del fénix y el unicornio. El país de los caí i í
bales y de los hombres desprovistos de boca...

L’HlSTOIRE: ¿Cómo usted, que es medievalista, llegó a interesarse


por la India?
J acques L e G off : Fue por casualidad. En 1962 me invitaron a par­
ticipar en un coloquio sobre el tema «Mediterráneo y océano Indico».
Ya había trabado relación con la India en mis estudios, bajo una pers­
pectiva que se tradujo en el título de mi comunicación en ese coloquio:
«El O ccidente medieval y el océano índico: un horizonte onírico».12
E l mundo occidental tuvo dos grandes canteras oníricas: el mundo
celta, que es la fuente del éxito de la aventura artúrica, y Oriente ■
— más
exactamente la India— , que representaba una suerte de yacimiento de
maravillas y monstruos.

1. E ste artículo apareció con el título «L’antichambre du paradis» en LH istoire,


n° 2 7 8 , julio-agosto de 2 0 0 3 , págs. 30-32.
2. Véase Pour un autre Moyen A g e, París, Gallimard, 1977, reeditado en Un autre
Moyen A ge, «Q uarto», 1999.
Respecto al preste Juan véase el artículo de Jean Richard, «Jean (Prétre)», en A. Vau-
chez (com p.), Uictionnaire encyclopédique du Moyen Age, 1.1, París, Cerf, 1997, pág. 811.
mnnnnmmmnmuunu
i Hi

I l l i Mi i i m A
II IMAGINARIO

| 1 111 ile i|i «• momento la India irrumpe en el pen-


I A INDIA MARAVILLOSA: «LA ANTECÁMARA DEL PARAÍSO»

siones. Lo desconocemos todo de su autor (o sus autores). Sin embargo,


suponemos que procede del entorno del emperador de Bizancio.
201

mili mi i v 11 mili)',iinn ii 1 1 Ir l.i I',dad Media?


I \i i mi I i ( a n i Muy pronto. Im este sentido, la Edad Media es
lin r 1 11 i .1 1 !• l.i Aiiiigurdad occidental. La India se asocia a un personaje LH lSTO IRE: ¿Cuál es el contenido de esa epístola?
■11 ii i .i un i Irini nin clave de la cultura medieval en Occidente: Alejan- JACQUES L e G o f F: S uobjetivo era establecer buenas relaciones entre
ilm M.11 ■ ,1111 ( Vií , l,’ 1 a.( !.). Ene Alejandro quien de algún modo reveló la India y los cristianos. En ella encontramos una preocupación perma­
, i . m i i i . hm ui.r. a los occidentales y a gran parte del mundo, y quien nente en los occidentales de la Edad Media: garantizar los intercambios
i. Ii a ' 11 i di ,1di repicseiilación de la India: país de maravillas y mons- diplomáticos con Oriente. Ello explica que Occidente enviara tantas em­
bajadas a los mongoles.
11IIIIN
Ju n to al objetivo diplomático, el preste Juan aprovecha la ocasión
N Ir. n mu I n que elementos se Ilinda esa representación d éla I n ­ para realizar una larga descripción de su reino y sus prodigiosas rique­
di i pal’, de mi ara i nos y maravillas? zas. Así, la Epístola constituye una de las principales fuentes de la fan­
|Ai i m i:. I ,i < ii r I d primer autor importante de la cultura latina tasmagoría respecto a la India. Una tradición que los «enciclopedistas»
que 11.iNa ex tensamente de la India es I Minio el Viejo (23-79) en Historia recuperarán en el siglo XIII; siempre reservarán un espacio a las maravi­
uaturalis. Sin embargo, la Edad Media sólo conocerá lo que decía a tra­ llas y los monstruos de la India.
vés de un resumen de un retórico latino del siglo III: Solin, en sus Co- Quizá también alimentó las discusiones sobre la incompatibilidad de
llectanea rerum memorabilium. las funciones de sacerdote y rey en el Occiente medieval a partir de la fi­
Esa imagen de la India nace indudablemente con los escritos de So­ gura de Melquisedec, el rey sacerdote de Salem evocado en la Biblia.
lin y será renovada por uno de los grandes maestros culturales del O cci­
dente medieval a principios del siglo VII: Isidoro de Sevilla, que le dedi­ L ’HlSTOlRE: Sin embargo, en el siglo XIII, ¿ n o empieza a haber un co­

ca numerosos pasajes de sus Etymologiae. nocimiento más definido de O riente y de la India, gracias a los merca­
\isa representación se reforzará en todos los relatos enciclopédicos de deres, los misoneros y los curiosos que viajaban hasta ella?
la Edad Media central, especialmente en los del siglo XII. Como prueba JACQUES L e G O FF: L os misioneros llegaron hasta China por tierra,

art ística y visual: la representación de las razas monstruosas de la India en pero lo hicieron rodeando la India por el norte. En cuanto a los merca­
el tímpano de la basílica de Vézelay (siglo X ll), que representa las razas deres — el siglo XIII asiste, en efecto, al nacimiento de los primeros in­
humanas. Por lo tanto, quienes se dirigían a Vézelay, lugar de peregrina­ tercambios comerciales con Extremo Oriente— llegaron más bien al sur
je en la Edad Media, podían contemplar esos indios imaginarios. de la India y la conocieron superficialmente. Por esa razón, en sus rela­
Más tarde, a mediados del siglo XII, se produce un acontecimiento tos Marco Polo habla sobre todo de Ceilán. Habla de la India como del
cultural que ejercerá una gran influencia en el tema general de la India «país de las mil islas» (Ceilán era la mayor). En la Edad Media, la India
en Occidente: la Epístola del preste Juan (hacia 1160). será frecuentemente representada como una gran isla.
Así pues, hasta el siglo XVI, puede decirse que el conocimiento geo­
¿Quién es el « p r e s te Juan»?
L ’HlSTOIRE: gráfico de la India era prácticamente nulo en Occidente. Como prueba
L e GOFF: El preste Juan es un personaje mítico. Se lo des­
JACQUES de esa ignorancia, los occidentales de la Edad Media confundían fre­
cribe como alguien muy poderoso, a un tiempo rey y sacerdote de la In­ cuentemente la India con Etiopía.
dia. Teóricamente dirigida al emperador bizantino Manuel Comneno
(hacia 1122-1150), la Epístola es en realidad un texto apócrifo. En aquel L ’HlSTOlRE: ¿Por q u é la India ejerció esa fascinación en Occidente,
tiempo, la carta ficticia era un género literario frecuente, pero los con­ y no, por ejemplo, China o el continente africano?
temporáneos la consideraban un documento, no una invención literaria. JACQUES L e G O FF: Ante todo, sin duda porque las obras que fundan
Traducida al latín, la Epístola del preste Juan conoció diversas ver­ la cultura medieval hablan de la India. Al sur del Atlas, se desconocía to­
202 El, IMAGINARIO I-A INDIA MARAVILLOSA: «L A ANTECÁMARA DEL PARAÍSO» 203

da África. Antes del siglo XV apenas se sabía que existía (a excepción de L’J 1ISTOIRE: ¿A qué remiten esos monstruos?
Etiopía). En cuanto a China, siempre hizo lo posible para protegerse tras J acq ues L e Go FF: Los monstruos fueron creados por Dios para d e ­
una muralla. Se conocía su existencia, pero no se sabía nada de ella. mostrar, por un lado, su omnipotencia. Su existencia demuestra que na
Las razones que explican el atractivo que ejercían Oriente y la India da lo limita en su creación, ni siquiera la razón. Por otro lado, para en
son de orden religioso: es el lugar del paraíso terrenal. señar al hombre lo que hay que hacer y lo que no, lo que hay que ser y lo
que no. Para ser un verdadero hijo de Dios, hay que contemplarlos re|>¡
L ’HlSTOIRE:¿Por qué se situó el paraíso en Oriente? dándose: «No debo parecerme a ellos». Sin embargo, para que esta
Indudablemente, porque era el lugar más lejano
JACQUES L e G o F F : comparación sea posible, el monstruo no debe ser completamente inhu­
que se conocía. Según las leyendas medievales, allí se encontraban los mano. Por esa razón normalmente incorpora un elemento humano.
pueblos de Gog y Magog (que en el Apocalipsis designan a las naciones También hay monstruos con cuerpo de animal y cabeza humana, por
sublevadas en el fin de los tiempos). Dios los encerró tras grandes mu­ ejemplo la mantícora: con tres hileras de dientes, cuerpo de león, cola de
rallas que al final de los tiempos romperán para invadir el mundo junto escorpión, ojos azules, de piel del color de la sangre, cuya voz silba como
al Anticristo. En cierto sentido, esos pueblos son los guardianes que im­ la de una serpiente. Corre más rauda que un pájaro, y e s... antropófaga.
piden que los hombres alcancen el paraíso, situado tras ellos.
Como casi siempre en la Edad Media, esas fantasías sobre la India se L ’HlSTOIRE: E n el la d o o p u e s to a los m o n s tru o s , h ay m aravillas, ¿ D e
construían a partir de un ropaje cristiano. La India es la antecámara del q u é se tra ta ?
paraíso. JACQUES L e G O FF: Ante todo, la India es el lugar de la iuonte de la
eterna juventud, en la que el preste Juan se habría bañado seis veces, gi a
L ’HlSTOIRE: P e r o ta m b ié n e s el p aís d e lo s m o n s tru o s . cias alo que logró superarlos quinientos años. En la ludia, las hojas de los
más antiguos manuscritos que lo atesti­
JACQUES L e G O FF: S í . L os árboles siempre son verdes. La teriaca (planta medicinal) es una panacea.
guan fueron copiados entre los siglos IX y X. Los monstruos son un tema Además, la India es el país del inmortal fénix. También del unicor­
tradicional, procedente de la Antigüedad y recuperado por el cristianis­ nio inmaculado, encarnación de la virginidad. En la India se encuentran
mo. Los monstruos gozaron de gran éxito en la Edad Media: el éxito de el árbol Sol y el árbol Luna, árboles parlantes (son oráculos) que desem­
lo pintoresco, de lo espantoso. peñan un gran papel en la alquimia.
No sólo encontramos rastros de los monstruos indios en los textos, Por otro lado, para los occidentales de la Edad Media, la India es un
también en las miniaturas, grabados y esculturas. Por ejemplo, los hom­ país muy poblado y dotado de numerosas ciudades, con campos muy fe­
bres con los pies vueltos del revés. Están los cinocéfalos: hombres con ca­ cundos (sobre todo en frutas) y metales preciosos y, sin duda, hermosos
beza de perro, que ladran. Viven más tiempo que los hombres, y cuando monumentos. Solin habla de 5.000 grandes ciudades y 9.000 naciones
envejecen, su cabello se oscurece en lugar de encanecer... Están los mo- (señal de la extraodinaria diversidad de la India).
nópodos: hombres con un único y enorme pie que alzan sobre su cabeza En este aspecto, seguimos en el registro de lo maravilloso, porque los
para protegerse del sol y la lluvia. También hay cíclopes, muy conocidos cristianos de la Edad Media albergaron, durante mucho tiempo, una
en la mitología griega. Hombres sin cabeza, con los ojos en los hombros y imagen muy positiva de la ciudad. Para ellos, el mejor lugar para vivir no
dos orificios en el pecho, a guisa de nariz y boca. Hombres que viven del era el bosque, ni el campo, sino la ciudad. La India maravillosa no podía
olor de una única especie de fruta, y mueren si no pueden aspirarlo. ser sino un país de ciudades.
En lo que respecta a los monstruos formados de diversas bestias, te­
nemos, por ejemplo, la Bestia leucocroca: tiene cuerpo de asno, cuartos L ’HlSTOIRE: ¿Y qué decían de los indios?
traseros de ciervo, pecho y muslos de león, pies de caballo, un gran cuer­ JACQUES L e G o f f : Tienen costumbres especiales. Esos hombres se
no bifurcado y una enorme boca que se extiende hasta las orejas, de la dividen en dos categorías: los brahmanes y los demás. Desde la Anti­
cual emana una voz casi humana. güedad se forjaron muchas opiniones sobre la élite india constituida por
mmmnnnnnnunnuuuí 1
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I ' 'I..........
■I....... i M iil'
I I IMA(.INAKK )

I Im iiii . i I....... 111 i li 11111<los r o m o « p ia d o s o s » , d e algún m o -


. I............... uli i .11.1 ■ In icu os salv ajes», es d ecir, seres p rim i-
i i ' " ' Mi vi 1 11HIrs i iii 1111.1 li "i Sin iliid.i los o c c id e n ta le s p e n s a ro n q u e
j ' 11 11' 111. ni un i in lo | mi ri nlo con los c ristia n o s m ás fervien tes, a d e p to s
di l l I e l i il 111,|'. .Ip O '.l o l li .i1.

I l o .in d i l " .l i o in liic '.:,o n v iT d ¡u lc i'o s s a lv a jc s .U n o d e lo s m ito s r e s -


Para saber más
I" M " 1 1......... i l i o . i i | i i o i : i ic i e n di- b o c a , y p o r lo ta n to son m u d o s. Q u i-
i ' i un m o d o di o ,id iu ii la im p osib ilid ad d e los o c c id e n ta le s a la h o ra
di 11 o 111111 i idi 11" 1, K cspct lo a su a lim e n ta ció n , la m a y o ría d e los in dios
1 nuil n i i o 11u n io s y son i an íllales, es d ecir, lo m ás b ajo q u e un ser hu-
n mi a 11 a ii d r i aci A d em as, se p ascan d esn u d o s y p ra c tic a n el in cesto .
I ' ni ln osle Ira)'.m em o del relato d e ( )d o ric o d e P o r d e n o n e , un fran -
1 r.i an o del siglo XIV: « E n esa isla, I liay] la g e n te m ás m arav illo sa y la m ás
p erversa del m u n d o ; c o m e n c a r n e c ru d a [ l o q u e es u n a a b o m in a c ió n ],
I á b e ra d o s d e lo d o p u d o r en c u a n to a la v e s tim e n ta , p ra c tic a n el n u d is­
m o y d e a m b u la n d e s n u d o s , h o m b re s y m u je re s , sin c u b rir s e c o n n a d a
M. Bajtin, LO euvre de Frangois Rabelais et la culture populaire au Moyen
I . .. I. M a n tie n e n re lacio n es ca rn a le s c o m o p e rro s en la calle, o d o n d e se
Age et sous la Renaissance, París, Gallimard, 1970.
e n cu e n tre n , sin v e rg ü en za a lg u n a , y n o re s p e ta n ni el p a d re a su hija, ni
J. Heers, Retes des fous et carnavals, París, Fayard, 1983 (trad. cast.: Car­
el hijo a su m a d re , p o rq u e c a d a c u a l h a c e lo q u e q u iere d o n d e q u iere, y
os un p u e b lo sin ley».
navales y fiestas de locos, Barcelona, Península, 1988).
J. Huizinga, H om o ludens. Essai sur la fonction sociale du jeu , París, G a ­
llimard, 1951 (trad. cast.: Homo ludens, Madrid, Alianza, 2000).
L’HlSTOIRE: L o s h o m b re s d e la E d a d M ed ia p ro y e c ta b a n sus d eseo s
J. L e G off, «L e rire dans les regles monastiques du haut Moyen Age»,
m ás lo c o s en la In d ia.
Mélanges Pierre Riché.
J acques L e G off : Sí. T a m b ié n p ro y e c ta b a n su im ag in ario . L a In d ia
Thérése Bouche (comp.), L e Rire au Moyen Age, actas del coloquio de
es el país q u e visitó A le ja n d ro . A llí a d q u irió la c u rio s id a d y el a p e g o a lo
Pau, noviembre de 1988, en preparación.
m a ra v illo so . A h o r a b ie n , el A le ja n d ro d e la le y e n d a m e d ie v a l se h izo
M. Lever, L e Sceptre et la marróte. H istoire des fou s de cour, París, F a ­
c o n s tru ir u n c a r r o u n c id o a grifo s alad os q u e le h a b ría p e rm itid o p a s e a r­
yard, 1983 (en bolsillo en «Pluriel»),
se p o r el c ie lo . D el m ism o m o d o , le h a b ría n f a b r ic a d o un b a tis c a fo de
cristal, en el q u e h ab ría d e s c e n d id o al fo n d o o c e á n ic o p a ra a d m ira r los
Ph. Ménard, L e Rire et le sourire dans le román courtois en France au Mo­
yen Age, Ginebra, Droz, 1969.
e s p le n d o re s s u b m a rin o s.
Joh n Morreal, Faking laughter seriously , 1983.
A sí p u e s , la In d ia n o só lo fu e, p a ra el O c c id e n te m ed iev al, la c a n te ­
ra d e m a rav illas c o n o c id a s e im ag in ad as d esd e la A n tig ü e d a d . L a E d a d
B. Swain, Fools and Folly during the M iddle Ages and the Renaissance,
Nueva York, 1932.
M e d ia ta m b ié n p ro y e c tó in v e n cio n e s q u e só lo se re a liz a ro n m u c h o s si­
glos d e sp u é s . L a In d ia in tro d u jo a los o c c id e n ta le s d e la E d a d M e d ia en
E. Welsford, The Fool: his social and literary history , Gloucester, Peter
Smith, 1966.
las m a rav illas d el fu tu ro .
Le Rire, l’humour, l’ironie , actas del coloquio de la universidad Marie
Curie de Lublin (Polonia), octubre de 1990.
(E n tre v is ta realizad a p o r J u lie tte R ig o n d e t)
I

Cronología

Hechos políticos y Hechos religiosos Hechos culturales,


militares económicos y sociales

9 6 2 : O tó n I, c o ro n a d o
e m p e r a d o r p o r el p a p a
en R o m a.
9 8 7 -9 9 6 : H u g o C a p e to ,
re y d e F ra n c ia . 9 9 9 - 1 0 0 3 : P o n t if ic a d o
d e S ilv e s tr e I I ( G e r b e r -
to ).
1 0 0 1 : S a n E s t e b a n , re y Hacia 1 0 0 0 : E fe rv e s- Hacia 1 0 0 0 : A c tiv id a d
d e H u n g r ía . c e n c ía m ile n a r is ta . lite r a r ia e in te le c tu a l d e
A b b o n d e F le u ry .
1 0 1 2 : D e cre to d e
1 0 1 4 -1 0 2 4 : E n riq u e II, B u c a rd o d e W o rm s.
em p e ra d o r.
1 0 2 7 : L a Ig le s ia g e n e r a ­
liz a la t r e g u a d e D io s en Hacia 1 0 3 0 : I n ic io d el
O c c id e n te . m o v im ie n to c o m u n a l
e n Ita lia .
1 0 3 2 -1 0 3 3 : H am b ru n a
g e n e r a liz a d a .
' l )S UNA LARGA EDAD MEDIA CRONOLOGÍA 209

H a c ia 1 0 3 5 : C o n s tru c ­ 1 0 9 6 - 1 0 9 7 : O le a d a a n ti­

1 0 4 9 -1 0 5 4 : L eó n IX , c ió n d e u n p u e n te d e s e m ita e n el c a m in o a la

1056: Enrique IV, cm- p a p a : c o m i e n z o d e la p ie d r a en A lb i. cru zad a.

| M I .11 lili'. r e f o r m a g r e g o r ia n a . 1 0 9 8 : P rin c ip a d o d e 1 0 9 8 : F u n d a c ió n d e la

I El pjipn reconoce 1 0 5 9 : N ic o l á s I I , p a p a . M e d ia d o s d e l s ig lo X I : E d e s a y d e A n tio q u ia . o r d e n c is te r c ie n s e p o r

I. i p o se sió n del su r de E s p l e n d o r lite r a r io d e 1 0 9 9 : C o n q u is ta d e J e - R o b e r t o d e M o le s n e .

II. ilía ;i Roberto ( iuis- la a b a d ía d e M o n t e ru s a lé n p o r lo s c r u z a ­

i .lid C a s s in o . d o s . F u n d a c ió n d e l re i­

1060 1001 I ,os norman n o f r a n c o d e J e r u s a lé n .

dos i ouquislnn Sicilia. 1 0 6 3 : E l p a p a A le ja n ­ E n tre 106 5 y 110 0 : La 1 1 0 0 - 1 1 3 5 : E n r iq u e I B e- 1 1 0 0 - 1 1 2 7 : G u ille rm o

d r o 11 d e c la r a q u e lo s chanson de Roland. a u c le rc , rey d e In g la te rra . I X d e A q u ita n ia , el p r i ­

c r is tia n o s h a n d e re a li­ 1 1 0 1 : R o g e r II, re y d e m e r tro v a d o r .

1060 1108: Felipe I, rey z a r o p e r a c i o n e s p a r a la S icilia.

d el i .lucia. r e c o n q u i s ta d e lo s t e r r i ­ 1 1 0 3 : Q u e r e lla d e lo s 1 1 0 4 : G u i b e r to d e N o -

1066: ( .onquisia de In- to r io s o c u p a d o s p o r los 1 1 0 8 - 1 1 3 7 : L u is V I el u n iv e rs a le s . Gesta Deiper


g e n t,

j’J a l e r r a p o r lo s n o r ­ m u s u lm a n e s . G o r d o , rey d e F r a n c i a . 1 1 0 8 : F u n d a c ió n d e la Francos (h is to r ia d e la

m a n d o s d e G u ille r m o a b a d ía d e sa n V í c t o r d e p r im e r a c r u z a d a ).

el C o n q u is ta d o r . P a rís.
1 1 1 2 : S an B e rn a rd o e n ­

1071: L o s t u r c o s seljú - t r a en C i te a u x .

c id a s a p la s ta n a los b i­ 1 0 7 3 : G re g o rio V II, pa 1 1 2 0 -1 1 3 0 : D e c re to de

z a n tin o s e n M a n tz ik e r t. pa G r a c i a n o . I n ic io d e l d e ­

1 0 7 5 : I n i c io d e la q u e - 1 0 7 5 : C a te d ra l d e S an ­ re c h o ca n ó n ico .

rre lla d e las in v e s tid u ­ tia g o d e C o m p o s te la . 1 1 2 2 - 1 1 5 6 : P e d r o el V e ­

ra s : Dictatus Papae, d e n e r a b le , a b a d d e C lu n y .

G re g o rio V II. 1 1 3 2 -1 1 4 4 : R e c o n s tru c ­


1 0 8 3 : P riv ile g io e c o n ó ­ c ió n d e S a in t-D e n is p o r
m ic o d e lo s v e n e c ia n o s S u g e r. I n ic io d e l g ó tic o .
en el I m p e r io b iz a n tin o . 1 1 3 7 - 1 1 8 0 : L u is V I I , 1136: Sic et non, d e
1 0 8 6 : P r i m e r a m e n c ió n re y d e F r a n c i a . A b e la r d o .

1 0 8 8 - 1 0 9 9 : P o n tif ic a d o d e l b a tá n .
d e U r b a n o II . 1 1 3 8 : P r i m e r a m e n c ió n
1 1 3 7 : L u is V I I d e s p o s a d e u n m o lin o d e cu rtir.

1 0 8 8 -1 1 3 0 : C o n s tru c ­ a E l e o n o r d e A q u ita n ia .

c ió n d e la g ra n Ig le s ia 1 1 4 8 : F r a c a s o d e la s e ­ 1 1 4 3 : F u n d a c ió n d e

d e C lu n y I I I . g u n d a c r u z a d a a n te D a ­ L ü b eck .

1 0 9 3 : F u n d a c ió n d e la 1 0 9 5 : U rb a n o II p re d i­ 1 0 9 5 : in ic io d e la c o n s ­ m asco.

L ig a lo m b a r d a . c a la p r i m e r a c r u z a d a t r u c c i ó n d e la Ig le s ia d e 1 1 5 2 : E le o n o r d e A q u i­

e n C le r m o n t. S a n M a r c o s e n V e n e c ia . ta n ia , r e p u d i a d a p o r

1 0 9 6 : F u n d a c ió n d e la L u is V I I , s e c a s a c o n

o r d e n d e F o n te v r a u lt E n r iq u e I I P la n ta g e n e t.

p o r R o b e r t o d e A rb isscl
CRONOLOGIA 211
210 UNA L A R G A E D A D M ED IA

1 1 5 5 : F e d e r ic o tía r b a - H a c ia 1 1 8 0 - h a c i a 1 2 3 0 :

r r o ja c o n c e d e p riv ile ­ A p o g e o d e l O rg a n u m
1 1 5 3 -1 1 8 4 : E n riq u e II
g io s a lo s m a e s tr o s y e s ­ m u s ic a l d e N o t r e -D a m e
P la n ta g e n e t, re y d e I n ­
tu d ia n te s d e B o lo n ia . d e P a rís .
g la te r r a .
1 1 5 5 -1 1 9 0 : F e d e ric o 1 1 5 9 : R e d a c c i ó n d el
Politicratus p o r J u a n d e 1 1 8 4 : In s titu c ió n d e la
B a rb a rro ja , em p e ra d o r.
S a lis b u ry ( p r im e r g ra n in q u is ic ió n e p is c o p a l.

t r a t a d o d e c ie n c ia p o lí­ 1 1 8 9 : R ica rd o C o ra z ó n 1 1 8 9 : T e rce ra cru zad a.

t i c a d e la E d a d M e d ia ). d e L e ó n , re y d e I n g la t e ­

Mediados del siglo XII- rr a . 1 1 9 0 : F u n d a c ió n d e lo s

hacia 1260: « H e r m o s a 1 1 9 0 - 1 1 9 7 : E n r iq u e IV , c a b a lle ro s t e u tó n ic o s .

E d a d M e d ia .» E s t a e x ­ em p e ra d o r. 1 1 9 4 : I n ic io d e la c o n s ­

p r e s ió n c o r r e s p o n d e a tr u c c i ó n d e la c a te d r a l

la id e a d e q u e e n tr e la 1 1 9 8 - 1 2 1 6 : I n o c e n c io d e C h a r tr e s .

c a íd a d e l I m p e r io r o ­ 1 1 9 9 - 1 2 1 6 : J u a n sin t ie ­ I I I , p a p a . L a n z a el in ­

m a n o y el d e s c u b r i ­ r r a , re y d e I n g la t e r r a . t e r d ic t o s o b r e el re in o

m ie n to d e A m é r ic a h u ­ d e F ra n c ia , fo rz a n d o a

b o u n a é p o c a lu m in o s a F e lip e A u g u s to a v o lv e r

e n tr e p e r ío d o s m á s o s ­ c o n su p r im e r a e s p o s a ,

cu ro s. q u e h a b ía r e p u d ia d o

Mediados del siglo XII- p o r A g n e s d e M é ra n ie .

siglo XIII: F u n d a c ió n y
c r e c im ie n t o d e la s e s ­ 1 2 0 2 : C u a rta cru z a d a .

c u e la s u rb a n a s . 1 2 0 4 : C a íd a d e C o n s-

1 1 6 3 -1 2 6 0 : C o n s tru c ­ ta n tin o p la . N a c im ie n t o

c ió n d e N o t r e - D a m e d e d e l I m p e r i o la tin o d e 1 2 0 7 : M is ió n d e s a n to

P a r í s y d e la m a y o r ía d e O r i e n t e . U n i f ic a c i ó n d e D o m in g o e n e l p a ís al-
1 1 6 7 : C o n c ilio c á ta r o
las g r a n d e s c a te d r a le s M o n g o lia p o r G e n g is b ig e n s e .
d e S an F é lix d e C ara-
g ó tic a s . K an.
m an.
1 1 6 8 - 1 1 8 6 : A c tiv id a d
lite ra r ia d e C h r é tie n d e 1 2 1 2 : V i c to r ia d e lo s r e ­ 1 2 1 2 : V ille h a r d o u in ,
1 1 7 0 : A s e s in a to d e T o ­
T r o y e s , la n o v e la c o r té s y e s c r is tia n o s d e E s p a ñ a H isto ire d e la co n q u éte
m ás B e c k e t.
e n v e rs o . s o b r e lo s m u s u lm a n e s d e C o n sta n tin o p le.
1 1 7 0 - 1 1 8 0 : N a c im ie n to
e n las N a v a s d e T o lo s a . 1 2 1 2 : F e li p e A u g u s to
d el p u rg a to rio .
m a n d a c o n s tr u i r u n
1 1 7 3 : N a c im ie n t o d el
1 2 1 3 : S im ó n d e M o n t - m u ro a lre d e d o r d e
m o v im ie n to v a ld e n s e .
1 1 7 4 ; P r iv ile g io s c o n c e ­ f o r t, v e n c e d o r d e lo s P a r ís .
1 1 7 4 : C a n o n iz a c ió n d e
d id o s a la s fe ria s d e a lb ig e n s e s .
san B e rn a rd o .
1 2 1 5 : L a C a r ta M a g n a , 1 2 1 5 : I V C o n c il io la te - 1 2 1 5 : E s t a t u t o s d e la
C ham paña.
1 1 7 5 : R o m á n d e R enart. in g le s a . r a n e n s e ( im p o n e , f u n ­ u n iv e r s id a d d e P a rís .
1 2 1 6 : F e d e r i c o I I , re y d a m e n ta lm e n te , la p u ­
1 1 8 0 - 1 2 2 3 : F e li p e A u ­ 1 1 8 0 : C o n d e n a d e la
d e lo s r o m a n o s . b lic a c ió n d e las
g u s to , re y d e F r a n c i a . Ig le s ia a lo s v a ld e n s e s .

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