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Traducción de "Is Roland guilty of desmesure?

", publicado en
la revista ROMANCE PHILOGY, 10, 1957, pp. 145-148.

¿ES ROLDÁN CULPABLE DE DESMESURA?1

Por ALFRED FOULET

¿Es Roldán culpable de desmesura? En esta nota mi análisis se limitará a examinar la


conducta de Roldán en la batalla de Roncesvalles, tal como se describe en el manuscrito
de Oxford del Cantar de Roldán. El término en francés antiguo “desmesura” se
comprenderá como “orgullo pecaminoso, orgullo que invita al castigo”.2
Al momento de evaluar el comportamiento de Roldán, son tres los episodios que la
crítica suele escoger como los más significativos:
1. A pesar de las súplicas de Oliveros, Roldán se rehúsa a tocar el olifante para
advertirle a Carlomagno que vuelva (1006 ss.).
2. Roldán recién toca el olifante cuando solo quedan vivos sesenta de los veinte mil
hombres que había llevado a la batalla, aunque Oliveros le señala que ya es
demasiado tarde para que el olifante sea de alguna utilidad (1691 ss.).
3. Roldán, moribundo, eleva su guante en homenaje a Dios y el Arcángel Gabriel
lo lleva al cielo junto con el alma del héroe (2389-96).
Estos tres episodios se suelen interpretar de la siguiente manera.3 En el episodio (1)
Roldán está equivocado y Oliveros, en lo correcto. Dado que los francos son superados
en número por cinco contra uno, carece de sentido no convocar al Emperador y a su
ejército. Roldán, cuya excesiva confianza lo lleva a la imprudencia, muestra una
manifiesta indiferencia hacia la vida de los hombres que comanda; es culpable de
desmesura.
Pero en el episodio (2) la situación se invierte: ahora Roldán tiene razón y Oliveros
está equivocado. Si bien es cierto que ya es demasiado tarde para salvar lo que queda de
la retaguardia, no lo es para que Carlos vuelva a Roncesvalles a tiempo para vengar a
los guerreros caídos. A partir de este punto, como lo demuestra claramente el episodio
(3), Roldán actúa de forma tal que encuentra el favor de Dios. ¿Qué ha sucedido, pues,
entre los episodios (1) y (2)?
Evidentemente, el orgullo de Roldán ha sido abatido. La victoria ya no está a la
vista. De los veinte mil hombres que había conducido a la batalla solo quedan sesenta.
Sentimientos de angustia y remordimiento lo carcomen y, repentinamente contrito y
arrepentido, escucha las acusaciones de Oliveros:

Vos os lo habéis buscado:


valentía prudente no es insensatez,
y más vale mesura que locura insensata.
Los franceses han muerto por vuestra ligereza… (1723-26)

En esta nota, mi propósito es cuestionar la teoría de que los sentimientos de


Roldán cambian entre los episodios (1) y (2), así como el supuesto asociado a ella según
el cual en el episodio (1) el héroe sería culpable de desmesura. En efecto, propondré que
en el episodio (1), al igual que en el (2), Roldán tiene razón y Oliveros está
equivocado.4
Naturalmente, reconozco que el poeta presenta a Roldán como un guerrero que
se enorgullece de manera considerable por sus logros pasados, que tiene gran confianza
en sí mismo y que es plenamente consciente de su importancia para Carlomagno y la
causa cristiana. Pero creo que el poeta no sugiere en ningún momento que el orgullo de
Roldán es excesivo. Esta idea se apoya en el grado de autocontrol que mantiene el héroe

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incluso durante su acalorado intercambio con Oliveros en el episodio (1). Tras hacer
callar a Oliveros por acusar de traición a su padrastro, Ganelón (1026-27), Roldán
enseguida se disculpa y admite que la acusación estaba bien fundada (1146-48). En mi
opinión, este no es el tono propio de la arrogancia y la desmesura.
En tres momentos distintos (1055-56, 1065-67, 1078-79) Roldán explica su
negativa a sonar el olifante diciendo que dará muchos golpes y que Durandarte se verá
cubierta de sangre:
Con Durandarte ahora yo daré grandes golpes,
saldrá llena de sangre hasta el oro del pomo
……………………………………….
Haré que Durandarte hiera continuamente,
esa mi buena espada que ciño en mi costado:
¡todos veréis su hoja ensangrentada toda!
……………………………………..
asestaré mil setecientos golpes:
veréis de Durandarte su acero ensangrentado.

¿Acaso estoy sobreinterpretando estos versos del episodio (1) al ver en ellos una
anticipación del episodio (2)? ¿No está Roldán diciendo que, una vez que él y sus
compañeros hayan peleado vigorosamente e infligido sangrientas muertes al enemigo,
será admisible pedir ayuda?
El Roman d’Alexandre nos presenta una situación bastante similar. Un grupo de
griegos está a punto de ser atacado por una fuerza ampliamente superior. Su líder,
Emenidus, desea informar a Alejandro sobre esta situación apremiante enviándole a uno
de los integrantes de su reducido grupo. Nadie accede a llevar el mensaje. Finalmente
Aridés acepta, pero bajo una condición:
Llevaré el mensaje, ¡que Dios nos otorgue su gracia!
Pero preferiría ver cómo mi yelmo se hunde y se rompe,
cómo mi escudo es atravesado y mi cota de mallas desgarrada
cómo la sangre brota de mi cuerpo a grandes cantidades,
y cómo debajo de mí el caballo se cubre de agrio sudor.
No quiero abandonar el campo de batalla antes de ver claramente los estandartes,
ningún hombre deberá burlarme al partir
ni al rey culpar demasiado, si puedo llegar a él.
(Roman d’Alexandre, ed. E. C. Armstrong, II, p. 84, vv. 479-486)

La negativa de Roldán a sonar el olifante en el episodio (1), ¿puede justificarse


en términos militares? La respuesta que suele darse a esta pregunta no es del todo clara.
Si Roldán hubiese pedido ayuda al comienzo de la batalla, su vida y la de los muchos
hombres a su mando podrían haberse salvado. Por lo tanto, es acusado de haber tomado
la decisión equivocada, de ser un mal líder. Al mismo tiempo, quienes critican a Roldán
admiten que, si no hubiese sido por su muerte y la de sus veinte mil hombres,
Carlomagno y el ejército principal no se hubiesen visto incitados por la ira y el ardiente
deseo de venganza a completar la conquista de España y su conversión al cristianismo.
Tras siete largos años de guerra, habían acumulado un cansancio tal que solo podían
abrigar una idea, volver a sus hogares. Cuando solo restaba tomar una ciudad, Zaragoza,
aceptan las dudosas ofertas de paz de Marsil. En consecuencia, el error táctico de
Roldán eventualmente los lleva a la victoria. Engañado por su desmesura, el héroe es
impulsado a hacer algo que luego resulta ser lo mejor que podría haber hecho.
¿No es más plausible imaginar a un Roldán menos impulsivo, más hábil, que en
lo más profundo de su corazón sabe que se exige de él un terrible sacrificio, el de su
propia vida y las vidas de los hombres que comanda? Solo muriendo y llevando a otros

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a la muerte puede conseguir que triunfe la causa que defiende. Sin embargo, esta oscura
verdad de la que Roldán es consciente no puede ser transmitida a los demás. Su
incapacidad para transmitir a Oliveros la necesidad del sacrificio supremo contribuye
inmensamente al pathos y a la tensión dramática del Cantar.
Esta nota, en la que intenté refutar la acusación de desmesura que habitualmente
se atribuye a Roldán, está inspirada, en gran medida, en la tesis doctoral de uno de los
alumnos de Armstrong, Richard Trask Jameson.5 Para Jameson, la Chanson de Roldán
constituye una épica primitiva, la creación de un artista que intenta dar vida y forma a
creencias y convicciones profundamente sentidas, aunque no siempre claramente
aprehendidas. Según Jameson, la narración de Roldán por momentos puede parecer
ilógica, pero los personajes, las situaciones y el escenario poseen la inevitabilidad
arquetípica de un mito. Roldán es el héroe abnegado que sabe que debe morir y desea su
muerte. Carlomagno podría haber evitado que su sobrino muriera pero, aparentemente,
acepta la necesidad de su muerte cuando Ganelón designa a Roldán como jefe de la
retaguardia. Como indica Jameson:

El lector de la Chanson de Roldán participa de un ritual y el objetivo de todo ritual no es


desarrollar una trama sino expresar una verdad… Carlomagno representa al padre y creador;
Roldán, al héroe trágico; Roldán y Oliveros, el dualismo humano; Ganelón, al traidor sobre el que
recaerá la culpa de la necesaria catástrofe para que los demás puedan permanecer puros; y la
guerra con Baligant proporciona la victoria del Bien sobre el Mal, la cual es el beneficio que se
desprende de la muerte del héroe [p. 95]. Aunque debe reconocerse que probablemente sea debido
a su orgullo que Roldán inicialmente se niega a tocar el olifante, esta negativa se ajusta al
arquetipo, puesto que representa el primer paso del héroe hacia esa destrucción y ese goce
superior. Este acto no es más que un eslabón en una cadena que conviene a la fórmula arquetípica
[p. 48].

1
Traducción de Marianela Amorin para los estudiantes de la cátedra de Literatura Europea Medieval. (N.
de E.)
2
H. F. Muller, L’epoque mérovingienne, New York, 1945, p. 269.
3
Para una excelente interpretación de la teoría de la desmesure→ castigo →humildad en relación con el
personaje de Roldán, véase A. Pauphilet, Le legs du moyen âge (Melun, 1950), pp. 73-76 o Le Gentil, pp.
124-131. Bédier no utiliza la palabra desmesure (Légendes épiques, III, 434).
4
En su análisis de la Nota Emilianense (X, 1-18), R. N. Walpole muestra por qué no se debe otorgar una
importancia desmedida a la sabiduría de Oliveros (v. 1093: “Roldán es valeroso y Oliveros prudente”).
5
The Chanson de Roland, a Primitive Masterpiece (Princeton University, 1950), 105 pp.; cf. Dissertation
Abstracts, XV, 408. El profesor R. S. Willis ya menciona este interesante estudio en una reseña de La
Chanson de Roland dans les littératures française et espagnole au moyen âge de J. Horrent publicada en
HR, XXI (1953), 55. Desafortunadamente, Jameson, que falleció el 3 de febrero de 1953, nunca publicó
su tesis.

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