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Doctrina Monroe

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James Monroe, 5.° presidente de los Estados Unidos.

John Q. Adams, sexto presidente de los Estados Unidos.

La Doctrina Monroe, sintetizada en la frase «América para los americanos», fue elaborada por John
Quincy Adams y atribuida al presidente James Monroe en 1823. Establecía que cualquier intervención de
los europeos en América sería vista como un acto de agresión que requeriría la intervención de los
Estados Unidos de América.1 La doctrina fue presentada por el presidente Monroe durante su sexto
discurso al Congreso sobre el Estado de la Unión. Fue tomado con dudas, al principio, y luego con
entusiasmo. Fue un momento decisivo en la política exterior de los Estados Unidos. La doctrina fue
concebida por sus autores, en especial John Quincy Adams, como una proclamación de los Estados
Unidos de su oposición al colonialismo en respuesta a la amenaza que suponía la restauración
monárquica en Europa y la Santa Alianza tras las guerras napoleónicas.

Índice

1 Contexto histórico del origen de la doctrina Monroe

2 Fase imperial de Estados Unidos

3 Corolario Rutherford Hayes

4 Corolario Roosevelt

4.1 Oposición a la política de Theodore Roosevelt

5 Aplicación de la doctrina

6 Ambigüedad de la Doctrina

7 Véase también

8 Referencias

9 Enlaces externos

Contexto histórico del origen de la doctrina Monroe


La Doctrina reafirma la posición de Estados Unidos contra el colonialismo europeo, inspirándose en la
política aislacionista de George Washington, según la cual "Europa tenía un conjunto de intereses
elementales sin relación con los nuestros o si no muy remotamente" (Discurso de despedida del
Presidente George Washington, el 17 de septiembre de 1796), y desarrollaba el pensamiento de Thomas
Jefferson, según el cual "América tiene un Hemisferio para sí misma", que tanto podría significar el
continente americano como su propio país.

El gobierno de Estados Unidos, en aquel entonces un país recién independizado que había alcanzado su
independencia a solo dos generaciones (40 años), temía que las potencias europeas victoriosas que
emergían del Congreso de Viena (1814-1815) revivieran sus imperios coloniales en las Américas . A
medida que las revolucionarias guerras napoleónicas (1803-1815) terminaban, Prusia, Austria y Rusia
formaban la Santa Alianza para defender el monarquismo. En particular, la Santa Alianza autorizó
incursiones militares para restablecer el dominio de los Borbones sobre España, así como bajo sus
colonias, que estaban en la época estableciendo su independencia.

En la época, la Doctrina Monroe representaba una seria advertencia no solo a la Santa Alianza, sino
también a la propia Gran Bretaña (con quienes los estadounidenses habían trabado recientemente la
guerra de 1812), aunque su efecto inmediato, en cuanto a la defensa de los nuevos estados americanos,
era puramente moral, dado que los intereses económicos y la capacidad política y militar de Estados
Unidos en la época no sobrepasaban la región del Caribe. Es muy importante resaltar que Estados
Unidos en esta época aún estaba lejos de ser considerado siquiera una potencia regional. De cualquier
forma, la formulación de la Doctrina ayudó a Gran Bretaña a frustrar los planes europeos de
recolonización de América y permitió que Estados Unidos continuara dilatando sus fronteras hacia el
oeste. Esta expansión en el continente americano tuvo como presupuesto el Destino Manifiesto, y marcó
el inicio de la política expansionista del país en el continente.

En la época, la reacción en América Latina a la Doctrina Monroe fue generalmente favorable, pero en
algunas ocasiones sospechosa. John Crow, autor de The Epic of Latin America, afirma: "El propio Simón
Bolívar, aún en medio de su última campaña contra los españoles, Santander en Colombia, Rivadavia en
Argentina, Victoria en México -líderes de los movimientos de emancipación en todos los lugares-
recibieron las palabras de Monroe con la más sincera gratitud". 2 Crow argumenta que los líderes de
América Latina eran realistas. En su contexto histórico, ellos sabían que el Presidente de los Estados
Unidos ejercía muy poco poder en la época, particularmente sin el apoyo de las fuerzas británicas, y
descubrieron que la Doctrina Monroe era inaplicable si los Estados Unidos estuvieran solos contra la
Santa Alianza. Mientras ellos apreciaban y alababan su apoyo en el norte, ellos sabían que el futuro de
su independencia estaba en manos de los británicos y de su poderosa marina. En 1826, Bolívar apeló a
su Congreso de Panamá para albergar la primera reunión "Panamericana". En los ojos de Bolívar y sus
hombres, la Doctrina Monroe debía convertirse en nada más que una simple herramienta de política
nacional de los estadounidenses. De acuerdo con Crow, "no debería ser y nunca fue destinado a ser una
carta de acción hemisférica concertada".

Fase imperial de Estados Unidos

Como se ha visto anteriormente, "América para los americanos", toma su sentido dentro del proceso de
imperialismo y colonialismo en el que se habían embarcado las potencias europeas de esos años. En un
inicio se presentó como defensa de los procesos de independencia de los países americanos, aunque el
pronunciamiento del presidente Monroe no pasó de ser una simple declaración altisonante hecha por un
Estado sin recursos militares suficientes para sostenerla. Esa circunstancia determinó que durante largo
tiempo no fuera invocada ni calificada como doctrina.

El presidente estadounidense James Polk despertó por primera vez el discurso de Monroe en su
alocución del 2 de diciembre de 1845 con la finalidad de apoyar las pretensiones estadounidense sobre
Texas y el territorio de Oregón, así como para oponerse a supuestas maquinaciones británicas con
relación a California, que en aquel entonces era una provincia mexicana.

En 1850 también se tomó el pronunciamiento del entonces expresidente Monroe en ocasión de la


rivalidad entre británicos y estadounidenses en Centroamérica.

El postulado de Monroe adquirió el título de doctrina en los años 1850 y siguientes. Sobre el particular,
Don Pedro Mir nos observa —siguiendo al historiador Perkins— que para 1954 la Doctrina Monroe no
era conocida oficialmente con ese nombre y añade que «para esa fecha los principios de Monroe...eran
calificados de “doctrina” en artículos periodísticos y de manera retórica en debates de las Cámaras” y
que “por su parte, las potencias coloniales la denominaban así en despachos secretos...pero jamás
admitían públicamente, no sólo el nombre sino su misma existencia».

Para robustecer lo que acabamos de expresar —citando a Don Pedro Mir— resulta oportuno transcribir
parte de una comunicación emanada de un ministro español a propósito de una propuesta de anexión
de la República Dominicana a España. El documento dice «....Al dar conocimiento a V. E. de este negocio,
creo de mi deber manifestarle que tengo por seguro al protectorado de la España en Santo Domingo se
opondrían los Estados Unidos y muy especialmente el partido democrático que hoy se haya al frente del
Gobierno de la Federación, el cual es sostenedor de la máxima política conocida en aquel país con el
nombre de The Monroe Doctrine a saber, que no se debe consentir la Confederación americana que
ninguna nación de Europa o cualquiera de América tenga más dominio que el que ejerza en la
actualidad».

Digamos, incidentalmente, que si bien ese era el parecer español en 1854, más tarde hubo un cambio de
opinión debido principalmente a la insistencia de algunos agentes de España en Santo Domingo y de los
gobernadores de Puerto Rico y Cuba, lo cual conllevó a la anexión de la República Dominicana a España.

Pero antes de la anexión el Gobierno estadounidense, a través de un aventurero de nombre William


Leslie Cazneau, había dado manifestaciones de tener pretensiones sobre una parte de la Bahía de
Samaná. En tal sentido, el Secretario de Estado, William L. Marcy, le hacía llegar a su enviado las
siguientes instrucciones “el más poderoso incentivo para reconocer a la República Dominicana e
instrumentar un Tratado con ella es la adquisición de las ventajas que los Estados Unidos esperan derivar
de la posesión y control de una porción del territorio de la Bahía de Samaná... Nuestro propósito no es
otro que ese territorio sea cedido completamente: para las conveniencias que los Estados Unidos aspiran
a obtener bastaría con una sola milla cuadrada”.

El proyecto estadounidense, contó, naturalmente, con la oposición de las potencias europeas que se
emplearon a fondo en intrigas diplomáticas y hasta en amenazas navales, para hacerlo fracasar.

Sin embargo, con apoyo u omisión de Estados Unidos, después de la adopción de la doctrina Monroe se
produjeron intervenciones europeas en países americanos. Entre ellas se cuenta la ocupación de las islas
Malvinas por parte de Gran Bretaña en 1833, el bloqueo de barcos franceses a los puertos argentinos
entre 1839 y 1840, el bloqueo anglo-francés del río de la Plata de 1845 a 1850, la invasión española a la
República Dominicana entre 1861 y 1865, la intervención francesa en México entre 1862 y 1865, la
ocupación inglesa de la costa de los Mosquitos (Nicaragua) y la ocupación de la Guayana Esequiba
(Venezuela) por Gran Bretaña en 1855.

Corolario Rutherford Hayes

En 1880 de conformidad con la idea de que el Caribe y Centroamérica formaban parte de la "esfera de
influencia exclusiva" de los Estados Unidos, el presidente Rutherford Hayes enunció un corolario a la
Doctrina Monroe: «Para evitar la injerencia de imperialismos extra continentales en América, los Estados
Unidos debían ejercer el control exclusivo sobre cualquier canal interoceánico que se construyese'».
Dejaban así las bases de la posterior apropiación del canal de Panamá cuya construcción había sido
abandonada por el francés Ferdinand de Lesseps en 1888, y excluían a poderes europeos que pudieran
competir por los mercados del Caribe y Centroamérica, aprovechando la cercanía de Estados Unidos a la
zona.

Corolario Roosevelt

Caricatura titulada "Vete, pequeñín, y no me molestes" aparecida en el New York World, en 1903,
haciendo alusión a las negociaciones entre Estados Unidos y Colombia por los derechos del istmo de
Panamá, donde Roosevelt es mostrado apuntando un cañón.

A raíz del bloqueo naval de Venezuela por potencias europeas a comienzos del siglo XX, Estados Unidos
afirmó su doctrina Monroe y el presidente Theodore Roosevelt emitió el Corolario de 1904 (Corolario
Roosevelt) estableciendo que, si un país europeo amenazaba o ponía en peligro los derechos o
propiedades de ciudadanos o empresas estadounidenses, el gobierno estadounidense estaba obligado a
intervenir en los asuntos de ese país para "reordenarlo", restableciendo los derechos y el patrimonio de
su ciudadanía y sus empresas. Este corolario supuso, en realidad, una carta blanca para la intervención
de Estados Unidos en América Latina y el Caribe.3 El corolario provocó una gran indignación en los
dirigentes europeos y en particular del kaiser Guillermo II.

Esta nueva era trajo un impulso colonialista por parte de los Estados Unidos, quienes reafirmaron la
doctrina Monroe, con el Corolario Roosevelt de 1904 para la interpretación de la doctrina Monroe. Es
decir, la política del Gran Garrote o Big Stick. La expresión es del presidente de Estados Unidos, tomada
de un proverbio africano: "habla suavemente y lleva un gran garrote, así llegarás lejos" (speak softly and
carry a big stick, you will go far).

En el corolario se afirma que si un país latinoamericano y del Caribe situado bajo la influencia de EE.UU.
amenazaba o ponía en peligro los derechos o propiedades de ciudadanos o empresas estadounidenses,
el Gobierno de EE. UU. estaba obligado a intervenir en los asuntos internos del país "desquiciado" para
reordenarlo, restableciendo los derechos y el patrimonio de su ciudadanía y sus empresas. Bajo la
política del Gran Garrote se legitimó el uso de la fuerza como medio para defender los intereses en el
sentido más amplio de los EE.UU., lo que ha resultado en numerosas intervenciones políticas y militares
en todo el continente.

El Gran Garrote también se refiere a las intervenciones estadounidenses ocasionadas por la


“discapacidad” de los Gobiernos locales de resolver asuntos internos desde el punto de vista del
Gobierno de Estados Unidos, y protegiendo los intereses de ciudadanos y entidades estadounidenses. En
tal sentido, Roosevelt postulaba que los desórdenes internos de las repúblicas latinoamericanas
constituían un problema para el funcionamiento de las compañías comerciales estadounidenses
establecidas en dichos países, y que en consecuencia los Estados Unidos debían atribuirse la potestad de
“restablecer el orden”, primero presionando a los caudillos locales con las ventajas que representaba
gozar del apoyo político y económico de Washington (“hablar de manera suave ”), y finalmente
recurriendo a la intervención armada (el Gran Garrote), en caso de no obtener resultados favorables a
sus intereses militares.

Oposición a la política de Theodore Roosevelt

La política del gran garrote causó indignación, sobre todo en América latina ya que se consideraba una
violación a la soberanía de cada estado.4Varios políticos se pronunciaron en contra, el más importante
fue el presidente de México, Porfirio Díaz quien defendió los principios de libertad y autodeterminación
de los pueblos con su propia doctrina, la doctrina Díaz, que pregonaba que todos los pueblos son libres
de auto determinar su futuro y de auto gobernarse, y que una nación no tenía por qué intervenir en el
autogobierno de otra, ni por qué desconocer o reconocer su gobierno.5Pero tras la derrota española por
parte de Estados Unidos, la mayoría de los países latinos retiró sus protestas por temor a alguna
represalia, aunque los países latinoamericanos se intentaron acercar más a Europa, por ejemplo,
Argentina estrechó sus relaciones con Italia, Brasil y Chile con Alemania, y México junto a Colombia con
Gran Bretaña.

En Europa la reacción fue de amenaza; España había perdido sus territorios y los países coloniales
temían lo mismo, por lo que el Reino Unido y Francia formaron alianzas con los Estados Unidos, mientras
que Alemania y Austria buscaron distanciarse y formar otro bloque de poder.6

Aplicación de la doctrina

Interpretar el principio de la no intervención de los Estados europeos en los asuntos americanos de una
manera absoluta conduciría a que un Estado americano pudiera conculcar los principios de la justicia en
sus relaciones con los individuos extranjeros, violar la ley moral, negarse a tomar en consideración las
justas reclamaciones de los extranjeros perjudicados, crear de este modo un estado de cosas anormal e
ilícito según los principios de Derecho común y de la Moral internacional, y rechazar después cualquier
forma de injerencia para hacer cesar tales manifiestas violaciones de los principios de la justicia,
atrincherándose en el principio de su independencia y en la doctrina de Monroe escribe

Cuando el presidente de Estados Unidos James Monroe, formuló esa primera doctrina global de su país,
«América para los americanos», Diego Portales, un ciudadano chileno que comerciaba en los puertos del
Pacífico y años después sería ministro de estado en su país, escribió a un amigo:
"Lima, marzo de 1822. Señor José M. Cea.

Mi querido Cea: Los periódicos traen agradables noticias para la marcha de la revolución en toda
América. Parece algo confirmado que los Estados Unidos reconocen la independencia americana.
Aunque no he hablado con nadie sobre este particular, voy a darle mi opinión. El presidente de la
Federación de N. A., Mr. Monroe, ha dicho: se reconoce que la América es para éstos. ¡Cuidado con salir
de una dominación para caer en otra! Hay que desconfiar de estos señores que muy bien aprueban la
obra de nuestros campeones de liberación, sin habernos ayudado en nada: he aquí la causa de mi temor.
¿Por qué ese afán de Estados Unidos en acreditar ministros, delegados y en reconocer la independencia
de América, sin molestarse ellos en nada? ¡Vaya un sistema curioso mi amigo! Yo creo que todo esto
obedece a un plan combinado de antemano; y ese sería así: hacer la conquista de América, no por las
armas, sino por la influencia en toda esfera. Eso sucederá, tal vez hoy no; pero mañana sí. No conviene
dejarse halagar por estos dulces que los niños suelen comer con gusto, sin cuidarse de un
envenenamiento".

Diego Portales7

Nótese que la carta está hecha en Lima, cuando Portales era un simple comerciante, de 29 años, y muy
poco después de formulada la doctrina Monroe. La clarividencia de este pasaje es evidente.

En el siglo XIX el enemigo principal era la Marina Real Británica y los intereses estadounidenses eran solo
secundarios. Por otro lado, la Doctrina Monroe no recibió mucha atención en Europa al momento de
formularse, pues la Santa Alianza estaba informada que la potencia naval estadounidense era bastante
inferior a la británica y que los proyectos de restablecer el absolutismo en la América española eran
inviables debido a la oposición de Gran Bretaña a secundarlos, y no por el desafío de Estados Unidos,
que difícilmente podía sostenerlo en esos años.

Ambigüedad de la Doctrina

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Esta doctrina no ha sido seguida imparcialmente; en realidad solo se aplica en beneficio de los intereses
de los Estados Unidos como lo ejemplifica el papel que tomaron en múltiples intervenciones europeas
posteriores en suelo americano. Por ejemplo la toma en 1833 de las islas Malvinas por los británicos, el
dominio español de la República Dominicana entre 1861 y 1865, el bloqueo de barcos franceses a los
puertos argentinos entre 1838 y 1850, el establecimiento de los británicos en la costa de la Mosquitia
(Nicaragua), la invasión de México por las tropas francesas y la imposición de Maximiliano de Austria
como emperador, la ocupación de la Guayana Esequiba por los británicos y el bloqueo naval de
Venezuela por Alemania, Reino Unido e Italia entre 1902 y 1903, además de las diversas colonias en el
Caribe que aún conservan los gobiernos europeos tales como las Islas Vírgenes Británicas, las Islas Turcas
y Caicos, las islas de Aruba, Bonaire, Curazao, San Martín, Saba y San Eustaquio bajo la corona
neerlandesa, la Guayana Francesa y Guadalupe que son departamentos franceses de ultramar que
incluyen otras islas menores e islotes de posesión francesa como lo son Martinica y San Pedro y
Miquelón. Igualmente hay que mencionar el caso de Groenlandia, tercer país más grande de América del
Norte, que aún permanece como colonia de Dinamarca.

La Guerra de las Malvinas en 1982 y el apoyo que el gobierno de los Estados Unidos brindaron en
inteligencia al gobierno de Margaret Thatcher dejaron de manifiesto que la doctrina no aplicaba más que
para aquellas potencias europeas no aliadas a los Estados Unidos.

Cabe destacar en este mismo orden de ideas que aún existen países de la Commonwealth que es un
remanente colonial del Imperio británico como lo son Canadá y las diversas islas caribeñas que son
conocidas como las Indias Occidentales Británicas (British West Indies en inglés) que incluyen además a
otras regiones continentales como Belice y Guyana.