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El enigma de La Cueva de los Tayos

La Cueva de los Tayos es un Sistema de túneles subterráneos localizado a una


altitud aproximada de 800 metros, en la cordillera del Cóndor en Ecuador.

El descubrimiento de la cueva de los Tayos

A pesar de que existen distintas opiniones sobre la fecha exacta de su


descubrimiento, es muy probable que éste se haya producido durante las
exploraciones militares ecuatorianas en el oriente del país, pese a que la existencia
de éstos misteriosos túneles se diera a conocer por Juan Moricz durante el
trascurso del año 1969. Juan Moricz era un espeleólogo aficionado nacido en
Hungría y nacionalizado argentino. Además es considerado por otros autores como
un experto en leyendas ancestrales. Su devoto interés por el mundo subterráneo lo
condujo a Sudamérica y, más tarde, a las selvas del Ecuador a mediados de los
años 60′, llegando a la zona de los túneles que custodian los indios shuaras en
Coangos.

Gracias a su conocimiento del antiguo dialecto húngaro, “el magiar” – similar a la


lengua de los nativos shuaras - pudo entablar amistad con los guardianes de estos
túneles, que suelen frecuentar debido a la presencia de los Tayos, unas aves
nocturnas que son codiciadas en la comunidad indígena por sus huevos. Fue así
como Morizc, con la ayuda de los indios, realizó sus primeras exploraciones entre
1964 y 1969, este último año, en el que además dió a conocer su inquietante
hallazgo.

El acta notarial de su descubrimiento, está fechada el 21 de julio de 1969 en la


ciudad costeña de Guayaquil y uno de sus párrafos contiene estas inquietantes
palabras: “…he descubierto valiosos objetos de gran valor cultural e histórico para
la humanidad. Los objetos consisten especialmente en láminas metálicas que
contienen probablemente el resumen de la historia de una civilización extinguida,
de la cual no tenemos hasta la fecha el menor indicio…”

Esta extraordinaria afirmación ponía en segundo plano la propia existencia de los


túneles que, de acuerdo a la opinión de Moricz, eran artificiales: Construidos
supuestamente por ésta civilización ignorada que vivía en las profundidades de la
Tierra.

Otro dato detallado en dicha Acta de descubrimiento y que llamaba


considerablemente la atención era la existencia de una Biblioteca Metálica de la cual
no se obtenían más datos, aunque despertaba el interés por el legado que aquella
cultura habría podido transmitir a nuestros tiempos. Una biblioteca de miles de
libros de metal sobre repisas, con libros de entre 10 y 20 kilos, páginas grabadas
por un lado con símbolos, diseños geométricos e inscripciones.
Localización de la cueva de los Tayos

En las faldas septentrionales de la Cordillera del Cóndor, a una altitud aproximada


de 800 metros, en una zona montañosa irregular se sitúa la entrada “principal”, o
mejor dicho la conocida, al mundo subterráneo de la Cueva de los Tayos. El acceso
consiste en un túnel vertical, una suerte de chimenea con unos 2 metros de
diámetro de boca y 63 de profundidad. El descenso se realiza con un cabo y polea.
De allí, un verdadero laberinto se abre al explorador por kilómetros de misterio,
que deben ser recorridos en la más absoluta oscuridad. Las linternas más potentes
carecen de mayor utilidad ante las majestuosas galerías que posee el lugar.

La Cueva es denominada habitualmente “de los Tayos” debido a que su sistema de


cavernas es el hábitat de unas aves nocturnas llamadas Tayos (Steatornis
Caripensis), que constituyen la misma especie que se ha hallado en otras cavernas
de Sudamérica, como por ejemplo, los “guacharos” en Caripe, Venezuela. El estudio
inicial de esta conexión intraterrestre entre especies de aves nocturnas lo abordó
detalladamente el sabio alemán Alejandro de Humboldt, en su obra: “Viaje a las
Regiones Equinocciales del Nuevo Continente” (1800). Es sumamente sospechoso
que una misma especie de aves ciegas esté diseminada en diversas cavernas de
Sudamérica. ¿Será que todos aquellos laberintos intraterrestres no son cavernas
aisladas y guardan una conexión?
Tayo - Steatornis caripensis

En las inmediaciones de la Cueva de los Tayos del Ecuador viven los Shuaras,
quienes en el pasado fueron conocidos con el nombre “Jíbaros”, famosos por su
bravura y el arte de reducir cabezas. Ellos son los primeros exploradores del
sistema subterráneo, ya que cada mes de abril bajaban a la cueva para hurtar los
polluelos de los Tayos.

Las planchas de metal del Padre Crespi

De existir la increíble biblioteca ancestral descripta en el testimonio de Moricz en


ella se encontraría registrada la historia de miles de años de antiguedad. Al
enigmático descubrimiento se le suma la historia del Padre Crespi, un Párroco
Salesiano de la Iglesia María Auxiliadora de Cuenca y que según relatos habría
custodiado durante algunos años un conjunto de objetos extraños que los nativos le
obsequiaron como un gesto de amabilidad y gratitud. Estas enigmáticas piezas,
parecían ser muy antiguas, y contenían ideogramas en relieve, una suerte de
“código de información” o “escritura”. Sin embargo, ninguna información útil puede
obtenerse de ésta historia ya que estos objetos fueron posteriormente robados y el
Padre Crespi murió hace ya varios años.

En 1976, la revista norteamericana Ancient Skies, publicó un revelador artículo del


filólogo hindú Dileep Kumar, con el análisis de los símbolos de una de las piezas del
padre Crespi - una lámina aparentemente de oro, de unos 52 cms. de alto, 14 cms.
de ancho y 4 cms. de grosor - Los resultados de su investigación concluían que los
ideogramas pertenecían a la clase de escritura Brahmi, utilizada en el período
Asokan de la historia de la India, hace unos 2.300 años… Cuatro años más tarde, el
doctor Barry Fell - Profesor de Biología de la Universidad de Harvard - identificaba
12 signos de la lámina en cuestión con los propios signos empleados en el Zodíaco.

Teniendo en cuenta que estos objetos se hallaron en el Ecuador, la biblioteca de


metal descubierta por Moricz en la Cueva de los Tayos, cobró mayor credibilidad.
Los sucesos acaecidos no tardarían en atraer la atención de los cazadores de
misterios!

Expediciones a la Cueva de los Tayos

Esta es la secuencia de eventos implicados en el rastro del tesoro según el sitio


GoldLibrary

1946 - Primera visita de Petronio a la cueva del tesoro.


1956 - Petronio registra su historia.
1964 - Petronio es entrevistado por: Alfredo Moebius, Andrés Fernández-
Salvador Z, Pino Turolla y Juan Moricz. 1965 - Primera visita de Moricz a la
Cueva de los Tayos en Morona Santiago. 1968 - Expedición de los
Mormones a la región de la Cueva de los Tayos 1969 - “Expedición Moricz”
a la Cueva de los Tayos. Anuncio por la prensa.
1972 - Moricz y Dr. Peña llevan a Erich von Daniken en un viaje a Cuenca.
1974 - Documento notariado de los presuntos descubrimientos de Moricz
(6 de Junio).
1975 - Primera reunión de Stan Hall y Moricz. “Expedición de las Piedras” a
Méndez.
1976 - Extraordinaria expedición Británica - Ecuatoriana a la Cuevas de los
Tayos de Stan Hall en Morona Santiago.
1991 - Moricz muere de repente en Febrero. En Septiembre Hall se reúne
con Petronio Jaramillo y comienzan a intercambiar información durante
seis años. 1996 - Petronio y Hall actualizan sus historias y formulan un
plan de expedición. 1998 - Petronio es asesinado cerca de su casa en
Esmeraldas. 1999 - Hall empieza viajes de
reconocimiento al Oriente. 2005 - Hall publica la
localización calculada del tesoro. Informa a la Embajada de Ecuador en el
Reino Unido el 17 de Enero.

La cruz del Diablo, es un texto escrito por Andreas Faber Kaiser en el año 1992 y
que relata su experiencia en la búsqueda de éste increíble lugar durante su visita al
Ecuador.

La expedición de Stan Hall

El ingeniero escocés Stan Hall, desde siempre se interesó por las construcciones
ancestrales y su gran dedicación al estudio de las antiguas civilizaciones lo acercó a
descubrir tambien algunos de los mitos más emocionantes. Desde muy jóven creyó
que América del Sur era como una especie de página perdida de la prehistoria, por
lo que después de descubrir la historia de las cuevas de los tayos, organizó una
expedición sin precedentes a la región del Ecuador oriental, en busca del mayor
tesoro que cualquier investigador pueda obtener. La verdad. En dicha expedición se
involucraron una docena de instituciones científicas y las fuerzas armadas de
Ecuador y Gran Bretaña.

Un hecho altamente curioso de ésta expedición es que de la misma participara el


reconocido astronauta Neil Amstrong. Las investigaciones Ecuatoriano-Británicas se
desarrollaron por 35 días, instalando un generador de electricidad en el
campamento base, a escasos metros de la boca misma de la Cueva, descendiendo
a diario a las profundidades para desarrollar sus “investigaciones geológicas y
biológicas”. Según el informe final, la comisión de estudiosos concluyó que la Cueva
de los Tayos no tenía origen artificial, y que no existían indicios de trabajo humano.
Todo lo había hecho la naturaleza…
Una conclusión desconcertante teniendo en cuenta los claros dinteles y bloques de
piedra que se pueden encontrar en el sistema intraterreno, muy similares a los que
halló, paradójicamente, el equipo de arqueólogos de la expedición a mitad de
camino entre el campamento base y la unión del río Coangos con el Santiago.
Hallaron un muro megalítico de aproximadamente 4,50 metros de largo por 2,5
metros de alto.

El espeleólogo argentino Julio Goyen Aguado -presente en las primeras


expediciones a la Cueva de los Tayos, incluyendo la incursión ecuatoriano-británica-
sostenía que la expedición de 1976 fue financiada por la Iglesia Mormona, ya que
las planchas metálicas que aludía Moricz recordaban las propias planchas de oro
que recibiera el profeta Joseph Smith de manos del ángel Moroni. Teniendo en
cuenta diversas leyendas mormonas apuntan a que los citados registros estarían
ocultos actualmente en algún lugar de la cordillera de los Andes, es curioso notar
que la zona donde se ubica la Cueva de los Tayos se denomina “Morona”, similar al
nombre del “enviado” que contactara a Smith. Sea como sea, Aguayo -ya fallecido-
sospechaba que Stanley Hall pertenecía a los Servicios Secretos del Reino Unido,
además de formar parte de la masonería inglesa, sumamente interesada en
encontrar la biblioteca metálica. Neil Armstrong, y recordemos bien esto, también
era masón. Los resultados oficiales de la investigación se pueden leer en éste sitio:

Ecuador : La cueva de los tayos

El Misterio de una Civilización intraterrestre

La creencia en civilizaciones intraterrestres muy evolucionadas espiritualmente


forma parte de muchas tradiciones filosóficas o religiosas del mundo. Tampoco es
desdeñable el número de personas que dan testimonio de una “realidad fantástica”
con zonas cálidas, llenas de vida vegetal y valles perdidos e en lugares inhóspitos
de nuestro subsuelo. Incluso autores como Julio Verne, James Hilton, C. W.
Leadbeater, John G. Fuller, el polémico Raymond Barnard; y aventureros como
Ferdinand Ossendowski y Nicholas Roerich, han hablado de estos reinos
subterráneos a través de sus novelas. ¿Podría nuetsro planeta haber albergado vida
en su interior en el pasado? - Acaso podría hacerlo en la actualidad?. El Sistema de
cuevas de Ecuador representa solamente una de tantas historias reales o leyendas
sobre ésta hipótesis como las cuevas subterráneas de Yucatán, las montañas de
Paucartambo en Perú, la sierra del Roncador en Brasil, las cuevas de Afganistán, el
monte Kailós en el Tíbet - que conectan no sólo áreas diferentes dentro del mismo
continente; sino que, en opinión de algunos investigadores, bien podrían unir
diferentes partes del mundo.

Numerosas tradiciones antiguas se basan en la existencia de ciudades intraterrenas


conectadas mediante una vasta red de pasadizos.

La Cruz del Diablo


por Andreas Faber-Kaiser 1992 de AFK Website

En 1986, me interné en solitario en la selva ecuatoriana, en busca de la entrada que, oculta


en la espesura amazónica, da acceso a los túneles de los Tayos, que supuestamente
albergan el valioso legado de una civilización desconocida. Desde entonces guardé silencio
sobre lo que allí averigüé, por haberlo pactado así con los celadores visibles de aquel mundo
subterráneo. Ahora, al cabo de seis años, me veo obligado a publicar parte de su testimonio,
forzado a ello por sendos artículos aparecidos recientemente sobre las cuevas de los Tayos y
sobre el túnel de Costa Rica.

Cuando le sorprendo en el comedor del hotel Guayaquil aquel mediodía de finales de marzo
de 1986, le fastidio a Janos Moricz el jugo de papaya que se estaba llevando a los labios.

Retornó el vaso a la mesa y me miró como si fuera un ectoplasma:


"¿De dónde sale usted? Ya no creíamos volver a verle..."
Contra su consejo y contra el de sus colaboradores, me había aventurado solo en el Oriente
ecuatoriano, en la espesura de la selva amazónica, en busca de una confirmación de cuanto
él aseguraba existe en el subsuelo de aquellos parajes vírgenes. Dado que no logré que me
acompañara al lugar de su extraordinaria experiencia, decidí ir solo. Intentó disuadirme
durante muchos días, para acabar brindándome una cena de despedida para alguien al que
no se le va a volver a ver: "Entrar solo en la selva supone la muerte. De allí no sales si no la
conoces bien."

LA LEY DEL SILENCIO


Ahora que había regresado, y que le demostré hasta dónde había llegado, su actitud cambió
por completo: me abrió su pequeño museo junto a la sede de la Empresa Minera Cumbaratza
y de la Empresa Minera del Sur, en Guayaquil, me mostró parte de su oro, sus fotografías del
interior de los túneles, y me obsequió con un plano de los mismos:

"Es usted el primer extranjero que ha tenido el arrojo de ir solo hasta las cuevas. Otros lo han
intentado, pero nunca nadie había ido solo. Ha crecido enormemente mi respeto por usted,
por lo que, la próxima vez que venga, le prometo acompañarle a la selva. Solamente le pido a
cambio que no publique absolutamente nada de lo que ha visto ni de lo que le he estado
explicando." No hacía falta que insistiera en ello. Conozco bien las reglas y sé respetarlas: por
ética y por propia seguridad, pues queda mucho camino por recorrer.

UN REGUERO DE INFARTOS
Prácticamente a la misma hora en que estaba yo aterrizando procedente de Bogotá en el
aeropuerto Simón Bolívar de Guayaquil, el 22 de febrero de 1986, moría de un infarto en los
montes cercanos a Vilcabamba, en donde Moricz estaba concentrando sus más recientes
prospecciones mineras, el ingeniero jefe de su equipo de geólogos, el alemán Dr. Stadler,
que hacía su primer recorrido de reconocimiento del terreno. Esta fue mi bienvenida.

Mi llegada coincidió con la del ingeniero Hans Theo Sürth, ayudante de Rommel en el
desierto en sus años mozos, y que ahora actuaba en representación del Departamento de
Geología y Minería de la misma empresa alemana que había enviado al Dr. Stadler. Al
comunicar Sürth la muerte de su compañero a la central alemana, no tardó en recibir un telex
de sus jefes que finalizaba con estas palabras: "... y abrid bien los ojos". No dudé en
aplicarme el consejo.

En 1987 telefoneé a Pierre Paolantoni a su casa de Paris. Me interesaba contactarle dado


que catorce años antes también él había obtenido información de primera mano de Janos
Moricz, que por cierto cambió hace años su nombre original húngaro de Janos por el español
Juan. Quedé con Pierre en que nos veríamos personalmente en la primera ocasión que yo
tuviera de viajar a Paris. Cuando meses más tarde se dio esta ocasión, telefoneé previamente
para acordar una cita.

Atendió al teléfono su mujer Marie-Thérèse: que no hacía falta que fuera a verlos, dado que al
día siguiente de mi primera llamada, Pierre Paolantoni había sido ingresado de urgencia en
una clínica por haber sufrido un ataque cardíaco. Precisaba reposo absoluto y no quería ni oír
hablar del tema. Durante el invierno de 1991 acudí repetidas veces al domicilio de los
Paolantoni en París, pero jamás logré hablar con ellos cara a cara.

Por primera vez desde su salida durante la ocupación rusa, Janos Moricz tenía intención de
viajar a Europa, a su Hungría natal, en el verano de 1990. Al no venir, le llamé a Guayaquil:
"Con la guerra que se está fraguando en el Golfo, yo no viajo a Europa ni loco", me dijo, para
añadir: "Y le doy un consejo: lárguese con su familia ahora que aún está a tiempo. Aquí tiene
usted casa y comida para el tiempo que haga falta."

Temía que la guerra del Golfo le matara en Europa. Y las paradojas del destino pueden llegar
a ser grotescas, dado que no interpretó bien el mensaje: se quedó en el Ecuador, y
exactamente el día antes de que el diabólico presidente Bush anunciara el fin de la guerra del
Golfo, Janos Moricz fue hallado muerto de un infarto de miocardio, el 27 de febrero de 1991,
en la habitación de un hotel en Guayaquil.
EL HALLAZGO DE MORICZ
Entre la voluminosa documentación
que me entregó Juan Moricz cuando
regresé de la selva, figura copia de la
Escritura notarial de protocolización de
la denuncia oficial de su sorprendente
hallazgo. La presentó hace casi 20
años al Ministro de Finanzas, y por su
intermedio al Presidente de la
República del Ecuador, para dejar
constancia de la exactitud de sus
afirmaciones.

Extracto de esta Escritura notarial:


"He descubierto, en la región Oriental,
provincia de Morona-Santiago, dentro
de los límites de la República del
Ecuador, objetos preciosos de gran
valor cultural e histórico para la
humanidad, que consisten en láminas
metálicas que elaboradas por el
hombre contienen la relación histórica
de toda una civilización perdida de la
cual el género humano no tiene
memoria ni indicio todavía.

Tales objetos se encuentran agrupados dentro de variadas y distintas cuevas, siendo de


diversas clases en cada una de ellas. He realizado el descubrimiento de manera enteramente
fortuita, en circunstancia en que, en mi calidad de científico, investigaba aspectos folklóricos,
etnológicos y lingüísticos de tribus ecuatorianas.

Los objetos por mí descubiertos tienen las características siguientes, las cuales he podido
constatar personalmente:
• Uno: Objetos de piedra y metal en distintos tamaños, formas y colores.
• Dos: Láminas de metal grabadas con signos y escritura ideográfica, verdadera
biblioteca metálica que contiene la relación cronológica de la historia de la
humanidad, el origen del hombre sobre la Tierra y los conocimientos científicos de
una civilización extinguida."

Más adelante, y siempre dentro de la misma escritura notarial, Moricz no se anda con rodeos ni
tapujos cuando se dirige al Presidente de la República: "Pido a usted se digne nombrar una
comisión nacional ecuatoriana de control y de supervisión, a fin de dar a conocer a sus
integrantes el lugar exacto en que se encuentran las variadas cuevas y cavernas que
contienen los objetos descubiertos.

Dejo constancia de que me reservo el derecho de posteriormente presentar ante quien usted
determine, fotografías, películas, e incluso muestras originales que sirvan para ampliar la
descripción e identificar claramente la forma, tamaño, disposición y calidad de los objetos por
mí descubiertos.

Dejo constancia, además, de que en uso de mi derecho de dominio sobre la parte que me
corresponde en el hallazgo en conformidad con la Ley, me reservo el derecho de proceder al
señalamiento y ubicación exactos del lugar donde los objetos se encuentran una vez que se
haya designado oficialmente la comisión que solicito, y ésta se halle reunida e integrada con
los científicos, investigadores y observadores que yo por mi parte designe en salvaguarda de
mis derechos."
Lamina metálica encontrada dentro la Cueva de Los Tayos...
(image from ForosKaliman Website)

COMPROMISO DE SILENCIO
El 23 de julio de 1969 se firmó en Guayaquil un documento que comenzaba así: "Los abajo
firmantes, integrantes de la expedición a las cuevas descubiertas y denunciadas en el
Ecuador por el Sr. Juan Moricz, nos comprometemos formalmente a no formular declaración
alguna periodística, radiodifundida, televisada u otras de similar naturaleza, ni a publicar
fotografía alguna relacionada con la expedición, sus incidencias, los objetos preciosos
existentes en el interior de las cavernas, la ubicación geográfica del lugar descubierto, las
teorías o hipótesis a que conduce el descubrimiento y en general respecto de todos los
pormenores de la expedición." Etc.

De hecho, yo podía haber publicado un libro sobre mi viaje a los Tayos ("Tayu Wari" en el
idioma de los nativos) tan pronto como regresé a Barcelona, en la primavera de 1986. Pero no
me parecía ético. Prefería seguir buscando en esta dirección, como en tantas otras, en
silencio. Prefería la postura del propio Moricz, cuando le pregunté qué pasaría si él moría
antes de poder dar al mundo el mensaje que se había traído del interior de las cuevas:
"No pasaría nada. Entonces no habré sido yo el elegido para dar este mensaje."

Pero apareció recientemente un artículo sobre los Tayos, firmado por alguien que nunca
estuvo cerca de los mismos, ni mucho menos al borde de su entrada. Valga decir aquí de
paso que tampoco Erich von Däniken estuvo jamás en la selva que encierra estas cuevas.
Un mes después de este reportaje, apareció un artículo sobre el túnel del "Templo de la
Luna", al que descendí con Juan José Benítez en Costa Rica en octubre de 1985.
Honestamente creo que no era momento todavía de publicar nada sobre ninguno de los dos
túneles.
En el caso de los Tayos, me obligan a publicar parte de mi propio testimonio, en apoyo de sus
mismas afirmaciones.

MANIOBRAS DE DISTRACCIÓN
Como queda dicho, llegué a Guayaquil en febrero de 1986. En la sede de la Empresa Minera
Cumbaratza me recibe Zoltan, compañero de fatigas de Moricz, y me comunica que acaba de
morir en los montes cercanos a Vilcabamba el geólogo alemán ya citado. En los días
siguientes Janos Moricz, su compañero y compatriota Zoltan y Gerardo Peña, el abogado del
grupo, me convierten en su huésped de honor y se empeñan en disuadirme de mi empeño de
visitar las cuevas: "¿De verdad quiere irse a Oriente? Esto siempre es peligroso, e ir solo es
un suicidio." Pero yo no dejo de hacer mis preparativos para el viaje a la selva. Intento
conseguir en Guayaquil, sin éxito, el ansiado suero contra la mordedura de serpientes, que no
había podido obtener en Barcelona ni en Madrid. Tampoco aquí. En el mercado negro puedo
agenciarme un revólver sin licencia por 80.000.- sucres, unas 80.000.- pesetas.

En algunas ferreterías de la capital del Guayas me ofrecen un rudimentario artefacto de dos


balas, sin ninguna precisión, por unas 20.000.- pesetas. Decido que ya veré cómo me
defiendo en la selva cuando esté más cerca de ella. Mientras tanto, me compro una hamaca y
un poncho de lona para las lluvias. En vez de ir conmigo a la selva como estaba previsto,
Janos Moricz me invita a acompañarle a Vilcabamba, el pequeño valle andino con mayor
índice de longevidad de América, no sin antes darme un consejo: "Llévese bastantes botellas
de aguardiente de caña. No para usted, sino para la mula, por si ésta flaquea en la selva: un
trago de aguardiente la levanta de golpe. Además, es lo más seguro: montado en la mula no
le morderá ninguna serpiente."

Me llevo aguardiente y whisky para mí. Viajo al sur del Ecuador, casi a la frontera con el Perú,
en un "Trooper" de la Empresa Minera del Sur y en compañía de Zoltan. "¿Por qué no se
olvida de los Tayos? Verá cómo le gustan las minas. Es toda una experiencia. Escriba un libro
sobre las minas y sobre el oro. Le daremos toda la información que precise y en Vilcabamba
estamos abriendo una nueva prospección. Puede vivir allí como invitado nuestro el tiempo
que quiera." No sabían con quién estaban hablando.

ÚLTIMOS CONSEJOS Y ADVERTENCIAS


En el camino, me compro en Loja unas botas de agua "Siete vidas" para la selva: con ellas
avanzas mejor cuando el piso se transforma en lodazal, y puedes evitar la eventual
mordedura de alguna serpiente que estés a punto de pisar por no haberla visto entre la
hojarasca. Sirven, siempre y cuando sus colmillos sean lo suficientemente pequeños para no
perforar la goma de las botas. Llegamos al Hotel de Turistas de Vilcabamba, en los Andes,
adquirido y transformado por Moricz en laboratorio de Geología, en el preciso instante en que
en su cocina dan caza a una serpiente que se había colado en el edificio.

En los dos días siguientes todo son intentos de disuadirme de mi intención de llegar a los
Tayos. Dado que no cedo, Moricz me brinda un banquete de despedida en el que se queman
los últimos cartuchos: me advierten que nadie había vuelto solo de aquella selva, que las boas
van a dar cuenta de mí antes de que me pueda apercibir de ello, que los tigrillos (jaguares) no
son ninguna broma, y que las serpientes esperan gozosas mi llegada. La orquestación era la
de toda una "última cena".

Al día siguiente madrugo para emprender con el hijo del cónsul alemán en Guayaquil, Günter
Lisken, agregado al ministro de Industria del Ecuador, el largo viaje en jeep hasta Cuenca, la
histórica ciudad de los Andes. Media hora antes, Janos Moricz parece compadecerse de mí y
me da unos cuantos consejos prácticos: la mejor ruta que puedo tomar, los contactos que
debo localizar en el trayecto a la selva, y cómo protegerme de las serpientes: que embadurne
de ajo los extremos de mi hamaca, ya que este olor las repele, y deposite algo más lejos
potes de leche caliente, cuyo olor en cambio las atrae de forma casi encantada, mágica.

Pero yo ya no me fío de los consejos de quien me ha dejado plantado y ha hecho los


imposibles por distraerme de mi objetivo principal. Cambio toda mi estrategia y mi ruta y
prescindo de los contactos de Moricz, que averigüé sobre la marcha que no eran en absoluto
recomendables. A partir de ahora todo será improvisado, y me dejo guiar por mi intuición.
ÚLTIMOS APROVISIONAMIENTOS
En Cuenca, ya solo, localizo por fin unas minúsculas bolitas de cloro que se utilizan para el
agua de las piscinas. Me llevo una bolsa para purificar con ellas en mis dos cantimploras el
agua de los arroyos que beberé. También me compro un machete de grandes dimensiones,
única arma que finalmente me llevaré a la selva además de mi cuchillo de supervivencia, que
ya traía de Barcelona.

Me informo de cómo llegar a Macas, la última localidad antes de la selva: iré en un autobús
que marcha al Oriente, cruzando los Andes hasta rebasar la tercera cordillera y descender
hacia la selva: 300 km que se cubren a marcha lenta en 12 horas. Precio: 300.-pts. En Macas
hago el último esfuerzo por conseguir un arma de fuego, pero en vano. Necesito el dinero
para alquilar una avioneta que me lleve al corazón de la selva.

Tampoco aquí tienen antídoto contra la mordedura de las serpientes. Me cuentan que dos
días antes de mi llegada hallaron a una boa roncando junto a la orilla del río, con dos bultos
bien visibles en su interior. Más abajo apareció un bote vacío: abrieron la boa y hallaron en su
interior a la pareja que ocupaba el bote. Y todavía no me hallaba en la selva virgen.

Pido antídoto contra los ofidios en la rudimentaria enfermería de la misión de Chiguaza, algo
apartada de Macas. No tienen, pero sí me da un remedio la hermana encargada de la misma:
"Cuando te abras paso por la selva reza un avemaría y nada te pasará". Un anciano
misionero prácticamente ciego tiene mejor consejo: "Durante toda mi vida he andado por la
selva pidiendo que no me tocara a mí, sino al que viniera detrás".

RUMBO A LA SELVA
Tengo que esperar tres días para obtener permiso de vuelo con la avioneta: falta arreglar una
pieza y además acaba de saberse que el general Frank Vargas Pazzos, jefe de la Fuerza
Aérea Ecuatoriana, se ha alzado contra el presidente de la República, León Febres Cordero.
Se prohíben todos los vuelos en el Ecuador, y el batallón de Selva en cuya pista debe de
aterrizar mi avioneta se halla en estado de alerta máxima. De hecho despegamos de forma
clandestina en cuanto se observa el primer claro entre las nubes y las brumas: un rápido
contacto por radio para conocer la situación atmosférica en el área de destino permite intentar
el vuelo.

Sobre la cordillera selvática del Cutucú tenemos serios problemas de visibilidad y no parece
que el pequeño aparato quiera remontar fácilmente las copas de los árboles más elevados:
"Nosotros hace diez años que no tenemos ningún accidente mortal", me tranquiliza el piloto a
mi lado. "Los de las misiones protestantes en cambio se la pegan con frecuencia, dado que
salen a volar con el estómago lleno de alcohol para darse valor. Aquí en cuanto ves un claro
entre las nubes tienes que despegar y rezar para que no se cubra durante el vuelo, para
seguir teniendo visibilidad y llegar a tu destino."

En la pequeña pista de selva me recibe un sargento a pie de avioneta: debo acompañarle


para justificar mi llegada y el motivo de mi estancia en aquél último bastión del ejército
ecuatoriano en los lindes de su territorio selvático cercano a la frontera peruana. Allí
solamente se iba castigado, o voluntario para subir escalafón en dos años de estancia. El
coronel Gordillo me da la bienvenida y me prohíbe hacer fotografías en aquel lugar. A los
pocos minutos, una botella de whisky que saco de mi mochila le hace cambiar de opinión y
me pide fotografiarse conmigo en aquel mismo marco. Me facilita máquina de escribir y una
canoa con escolta armada para un tramo del río que deberé remontar a partir de allí.

A cambio me pide un informe de todo cuanto observe en mi ruta, dado que ellos mismos
desconocen el lugar al que me dirijo. Les queda únicamente una dosis de antídoto contra las
serpientes, pero no me la pueden dar porque es para cualquier emergencia que ellos puedan
tener. Me internaré en la selva definitivamente sin armas de fuego ni antídoto contra las
serpientes. Aunque sí: me llevo un botellín de keroseno: si te muerden lo tomas y vomitas,
pero no te mueres.
También sirve una lavativa de ajo, y los indígenas tienen un remedio eficaz: la curarina, una
planta que nada tiene que ver con el veneno del curare, y que es eficaz remedio contra la
mordedura de las serpientes.

ME DETIENEN LOS GUARDIANES


Un nuevo peligro lo representarán pronto los torbellinos de las aguas rápidas del río Santiago
que estamos remontando. Uno de los dos últimos visitantes de esta zona murió al golpearse
contra una roca y caer al agua. Pregunto qué hacer si te ataca una de las boas que acechan
en los remansos del río: nada. No tienes tiempo. Si caes al agua te arrastra inmediatamente
hacia el fondo te aprisiona el tórax y te devora entero. El último tramo es a pie, en una
caminata ascendente, con una mochila de 22 kg a las espaldas, en que tienes que abrirte
paso a machetazos hasta llegar al poblado nunkui del Coangos.

Durante el viaje había ido oyendo silbidos en la selva: con el lenguaje de los pájaros se
comunican los jívaros de estos parajes, y a mi llegada ya sabían de dónde y en qué
circunstancias venía. Me ofrecieron chicha, raíz de yuca masticada por las mujeres del
poblado y aguardiente de caña. Al cabo de un rato me comunican que no puedo entrar en
ninguna hea (cabaña), ni salir del poblado: soy su prisionero hasta que se aclare quién soy y
para qué he venido.

INTERROGATORIO A VIDA O MUERTE


Bien entrada la noche llega por fin un responsable con poder de decisión. Le pregunto qué
significa aquella retención y aquella actitud hostil hacia mí, dado que tenía mis papeles en
regla, venía desarmado y contaba con un salvoconducto del Gobernador de la zona, que
instaba a todos los habitantes de la la misma a prestarme ayuda. Me contestó que aquel
salvoconducto era papel mojado en el territorio de su tribu, y yo estaba en el fondo
completamente de acuerdo con él en este extremo.

Y continuó: "Este es nuestra selva y nuestro territorio, y tu has entrado en él sin nuestro
permiso. Si fueras portador de un permiso nuestro, la costumbre de nuestro pueblo nos
obligaría a protegerte mientras estés aquí, y nos obligaría a acompañarte hasta que volvieras
a salir de nuestra selva con vida, aunque en ello muriera alguno de los nuestros. Pero dado
que has entrado en nuestro territorio sin avisarnos de tu llegada, debes saber que si mañana
desapareces en estos parajes, si te matamos esta noche, nadie se va a enterar nunca de ello.
Nadie conocería tu paradero ni podría venir en tu ayuda. Desaparecerías para siempre."
Aquella primera noche dormí sin llegar a pegar ojo. Con el machete a mano y el cuchillo
escondido en una de mis botas. Si la cosa se ponía fea eran unos 50 individuos, repartidos en
9 cabañas, los que tendría frente a mi. Tampoco ellos se fiaban de mí. Nadie quiso acogerme
en su cabaña. Al día siguiente seguí inquiriendo el motivo de aquella desconfianza y de
aquella hostil acogida, que para mí no era lógica en una tribu de su estilo: "Es que puedes ser
un espía".

Me acordé de repente de que el Gobernador me había advertido que no me adentrara solo en


aquella zona de la selva, dado que los jívaros shuaras estaba en guerra entre sí, entre tribus:
unos querían ser ciudadanos ecuatorianos "oficiales" y los otros preferían seguir siendo los
hijos de la selva y dueños de su propia libertad e independencia. Pensaban que yo podía ser
un espía que trabajaba para alguno de los bandos contendientes.

HAS VENIDO PARA ESPIAR LAS PIEDRAS


Cuando insistí en que no tenía nada que ver en esta lucha, acabó por confesarme: "También
puedes haber venido para espiar las piedras." Aquello ya me intrigó muchísimo más. ¿Espiar
las piedras? - "Sí, puedes haber venido para espiar las piedras que constituyen la razón de
nuestra existencia aquí." Le dije que sí, que ese era precisamente el motivo de mi viaje.

En los días siguientes fui indagando más y más aspectos de lo que había detrás de estas
piedras: averigüé así que la razón de vivir de estos indios —en esta zona concreta— se debía
al hecho de que eran los guardianes de lo que se ocultaba debajo de sus pies, en el subsuelo
de aquel pedazo de selva: los agujeros que pertenecían a otros seres que ellos desconocían,
pero que el legado de sus padres y abuelos afirmaba vivían en aquellas profundidades.
Nunca los habían visto ellos, pero cuando descendían a las cuevas en alguna ocasión veían
sombras que huían rápidamente en la penumbra, y que dejaban huellas de pisadas en el lodo.
Me fui ganando la confianza de aquellos jívaros distintos hasta lograr que por fin aceptaran
tatuarme en el brazo el mismo signo que ellos llevan marcado en el rostro: sería mi
salvoconducto para futuras incursiones en su territorio.

El veterano Waharai acabó llenando de humo una gran hoja que tomó de los alrededores,
afiló una rama en punta y fue pinchándome con paciencia hasta grabarme aquel signo con
humo en la piel. Pero antes, con tiento y paciencia, fui averiguando día a día y noche a noche
las historia de las piedras. Me acompañaron además hasta la boca de entrada de Tayu Wari,
la gran boca negra en la que anidan los tayos, pájaro sagrado que guarda en la tradición el
acceso al mundo subterráneo.

De regreso, hicimos un alto en el río que separa la boca de la cueva del poblado en el que
vivía. De repente, me dice uno de ellos: "La otra entrada que buscas está frente a tí. Mira
atentamente. Nunca podrás penetrar en ella, pues la guardan las boas. Dos niños de una
misma mujer de nuestra tribu han muerto devorados por las boas, uno cada año, el anterior y
éste, mientras jugaban aquí en la orilla del río."

LO QUE HAY DEBAJO

De acuerdo con los relatos que personalmente me hicieran Janos Moricz y su compañero
Zoltan en Guayaquil y en Vilcabamba, y de acuerdo también con los relatos que escuché en la
selva de boca de los transmisores de los conocimientos antiguos de su tribu entre ellos los
jívaros shuaras Wamputsar y Kajekai Wajarai Nunkuich, así como Venancio, que me abordó
mientras estaba solo en el riachuelo de la selva lavando mi ropa, relatos que en lo esencial
coinciden con los recogidos de boca de Moricz por Salvador Freixedo y por el matrimonio
Marie-Thérèse Guinchard y Pierre Paolantoni, el interior de Tayu Wari alberga lo siguiente:

(Una vez descendida la oscura chimenea de más de


80 metros de profundidad en la que anidan los pájaros
sagrados llamados tayos, recorridos los primeros 300
metros de subterráneos y atravesada la gran estancia
bautizada por Moricz como "Domo de Nuestra Señora
del Guayas", hay que recorrer dos galerías largas,
hasta que se dobla un recodo de 90 grados que forma
el mismo pasadizo, y que a renglón seguido conduce a
una curva en sentido contrario. De allí se desemboca
en una sala circular.

En su centro hay una mesa redonda tallada en piedra,


rodeada de siete asientos que son también de piedra.
En la pared de roca, detrás de cada asiento, una
abertura rectangular. A partir de aquí hay que penetrar
en la abertura que está orientada hacia el Sur. Un
pasadizo pequeño, bajo y estrecho, asciende por una
pendiente poco pronunciada. Al cabo de una hora
larga de lenta ascensión, el túnel vira hacia el Sureste
y asciende ahora en una pendiente más acentuada.
Poco después, el túnel se estrecha aún más, ahora en
descenso, y hay que continuar a gatas.

Al poco rato se percibe una luz, al final de la pendiente. La boca del túnel queda separada del
exterior por una potente cascada de agua que la cubre por completo. Una vez cruzada la
cascada, se llega a un promontorio, abierto en lo alto sobre la selva virgen, y que da paso a
una enorme gruta. Junto a ella, en la pared de la roca que forma un precipicio a plomo sobre
la selva virgen que se divisa abajo en el valle, un resbaladizo camino enlosado forma una
estrechísima cornisa que conduce hasta otra abertura —esta vez pequeña— en la roca: se
trata de una pequeña cavidad de solamente tres metros de profundidad.

En el piso de esta pequeña estancia hay dos losas cuadradas de medio metro de lado cada
una. Debajo de ella, una estrecha escalera de piedra, que hay que descender hasta llegar a
una galería de piso de tierra. Al final de la misma, una bajada extremadamente peligrosa que
desemboca en una nueva gruta que alberga un pequeño lago de unos 40 metros de ancho.
Continúa a partir de aquí una galería horizontal que se extiendo a lo largo de algo más de un
kilómetro, para virar luego hacia el Oeste e iniciar una bajada poco pronunciada. Por este
camino se llega al cabo de una hora larga de marcha a una nueva gruta, mucho más pequeña
que la anterior, y que también posee un pequeño lago interior.

Al retirarse el agua de este lago —fenómeno que se produce en determinadas circunstancias


— aparece en su fondo, a unos diez metros de profundidad, una galería lateral. Al cabo de
unos metros, una larga escalera ascendente conduce hacia un nuevo pasadizo superior,
horizontal, extremadamente estrecho y de algo más de metro y medio de altura, que avanza
en espiral. Al final, una escalera descendente muy pronunciada. Un poco más adelante, una
nueva cavidad, en cuyo centro se halla una especie de altar. Más allá, un enorme pórtico abre
el paso a una galería ancha, que se desanda cómodamente hasta llegar a una suave
pendiente que desemboca en una gruta.

En esta gruta, una luz procedente de una especie de lámpara giratoria ilumina numerosos
esqueletos humanos totalmente recubiertos de oro. Junto a ellos, ingentes cantidades de
joyas de todo tipo. En el centro de la estancia se halla una mesa o pupitre de piedra, sobre el
cual se hallan unos libros cuyas hojas son de oro. Sus páginas están cubiertas de jeroglíficos,
y contienen la historia de todas las civilizaciones de la Tierra. Allí moran los habitantes de
estas cavernas. Más bajos que nosotros. Se mueven como sombras en la penumbra. Ningún
extraño debe tocar nada de lo que allí ve. De lo contrario, nunca más hallará el camino de
salida.

NO DES UN PASO EN FALSO


Esta es la historia y existe el lugar. Pero podría ser que no fuera éste el lugar de esta historia.
Porque un lugar así, naturalmente, se cubre con habilidad. Si te aventuras tras las huellas que
dejo en este reportaje, no hallarás más que un conjunto de cuevas entrelazadas, y unos indios
que guardan silencio. Pocas son en estos momentos las personas que conocen las claves
correctoras para llegar a la biblioteca de oro. Este reportaje te muestra la cerradura. Pero si
no posees la llave, nunca llegarás a abrir la puerta. Si intentas forzarla, reventarás en el
intento.

Lee, escucha, documéntate en otras fuentes, en otros textos, en otros libros. Existen. La llave
existe, por fortuna para los auténticos buscadores. Solamente hay que ser sincero consigo
mismo, ser honesto, y saber leer cada frase en varios sentidos. De la habilidad y limpieza de
propósitos del buscador depende exclusivamente el dar con la llave de este legado. Recuerda
siempre que solamente llega aquél que realmente merezca llegar.

Nunca Les Olvidamos!

El ingeniero escocés Stan Hall - abajo, en expedición con el explorador Juan Morícz en
1975 nació en Edimburgo y creció en un pueblo cercano, Dunbar, poca distancia del lugar de
nacimiento del famoso conservacionista, John Muir. El 1945, las noticias cinematográficas
sobre las ciudades destruidas en todo Europa y los campos de concentración le empujó a
apreciar el concepto que existe en el mundo, en todo el sentido de la palabra, dos tipos de
personas - constructores y destructores!

Junto con sus estudios universitarios y una carrera interdisciplinaria en la construcción,


investigó la ingeniería antigua, las civilizaciones, y la mito-historia, concluyéndose que
América del Sur es la página perdida de la prehistoria, y que el catastrofismo es el eslabón
perdido entre el Evolucionismo y el Creacionismo.

Expedición Cueva de los Tayos 1976


En 1976 Hall catalizó una expedición destacada a la Cueva de los Tayos en el Ecuador
oriental que se involucran una docena de instituciones científicas, fuerzas armadas de
Ecuador y Gran Bretaña, y con la participación del profesor astronauta Neil Armstrong
como Presidente Honorífico. Después instalando esta estructura científica, Hall dirigió su
atención a la publicación de Erich von Daniken sobre una supuesta biblioteca metálica
descubierto dentro de las cuevas por el investigador Juan Morícz durante los medio-
sesentas, algo tan asombrosa que no podría racionalizarse dentro de los conceptos
ortodoxos de la historia global.

Odisea
Pronto Hall empezó una odisea al corazón de las enigmas universales, como el proceso de
la Creación, el origen de la humanidad, la Edad de Saturno, la destrucción de Atlántida,
Cattigara, ciudad perdida de Tolomeo, los crecimientos y derrumbes bruscos de las
civilizaciones doradas, los impulsos auto-destructivos, o 'lemming factor', inherente en la
psique colectiva de la humanidad. Todos estos unificados con su revelación del
Catastrofismo Interplanetario como el eslabón perdido de toda esta cadena - una cadena
que ahora incluye la biblioteca metálica del perdido Imperio de Tahuantinsuyu del América
del Sur.

Neil Armstrong: a second small step

Odyssey
So began a personal odyssey to the heart of global enigmas – the Creation process, origins
of mankind, the Golden Age of Saturn, the destruction of Atlantis, Ptolemy's lost city of
Cattigara, the sudden rise and fall of wonder civilizations, and the subliminal 'lemming factor'
inherent in the collective consciousness of Mankind – enigmas he found unified by
Interplanetary Catastrophism as the missing link of prehistory, part of a chain that now
includes the metal library of the vanished South American Empire of Tayhuantinsuyu!

Stan Hall and Neil Armstrong Tayos 1976


Metal Library
CALCULATED LOCATION OF THE TREASURE CAVE
77º47'34"W and 1º56'00"S

image obtained with WorldWind

Close to the southern border of the Amazonian province of Pastaza, Ecuador; marked by a
line running due east from Mount Sangay converging with another running due south from
Mount Sumaco: concealed below river level inside a treacherous section of the Tayos caves
system, some kilometers in length, formed by the River Pastaza.

After separate odysseys with Moricz and another key protagonist Hall broke his rule of
rejecting any treasure, monster or UFO that cannot be dragged up to his front door, or that
Steven Spielberg can replicate, by finally accepting the Tayos metal library and treasures had
to exist!

Packed with scientific and historical information but lacking an ancient script in South
America he distilled from mytho-history a model of the origins of the Solar System and
Humanity that might accommodate the metal library... and a more astounding 'crystal' library
that accompanies it! Following the deaths of the two key protagonists in the 1990s Hall
became sole custodian of the treasure story.

Realizing such a fantastic tale could never stand on its own he developed an Optical
Relativity model (see Grailscope) to effect an empirical distillation of data gathered since
1974, finally emerging with two non-fiction and two fiction manuscripts covering his analyses
and discoveries. These will be published in 2006 to mark the 30th Anniversary of the 1976
Tayos Expedition.

General Description of the Treasure of the Tayu [Tayhuantinsuyu]

A library consisting of thousands of metal books on shelves, each weighing about 20


kilograms, pages stamped on one side with ideographs, geometric designs and
inscriptions.
A second library of hard, polished, rectangular, translucent plates, each with parallel,
encrusted channels, laid on gold-leafed trestles.
Hundreds of zoomorphic and human statues, some on heavy plinths, representing
various species of animals and insects, also humans in different positions displaying a
variety of emotions.
'Metal' bars of various shapes, together with toys and piles of alluvial gold.
Instruments for making buttons and jewelry.
Sealed doors (possibly tombs) covered in semi-precious stones.
A sarcophagus of translucent material containing a large, gold-leafed, human skeleton.

The Treasure of the Tayu and Manuscripts of Stan Hall


THE GOLD LIBRARY OF ATLANTIS

Petronio Jaramillo A. (left) in 1996

Here is the story of events that impelled Stan Hall to organize in a record 18 months from
idea to completion an expedition of 100 soldiers and scientists from a dozen institutions into
the Cave of the Tayos in Ecuador, accompanied by astronaut professor Neil Armstrong as
Honorary President and participant. Also included is his unique record and analyses of rival
claims about an alleged metal library and other fabulous treasures concealed in the Tayos
caves by an astounding civilization!
Hall develops a long-term relationship with Juan Moricz, whose claim in 1969 to have found
the metal library was sensationalized in Erich von Daniken’s ‘Gold of the Gods’ published in
1972. When Moricz dies in 1991 Hall meets with a mysterious missing person in the story,
alluded to by Moricz though not by name. During six years of questions and collaboration,
Ecuadorian citizen Petronio Jaramillo A. is absolutely accepted by Hall as the true source
and custodian of the treasure story.

They fill gaps in their separate trajectories to complete the picture. Hall is then entrusted with
the details of an enormous treasure, including a metal library of thousands of volumes - also a
second library of hard, polished, transparent tablets that cannot be scratched with a knife, its
existence here disclosed for the first time! When Hall is in Britain in 1998 initiating the plan for
an official 'expedition of occupation', he receives by telephone the sad news from the mother of
Petronio that he has been assassinated.

With the passing of Juan Moricz and Petronio Jaramillo, the treasure trail might have
disappeared. However, despite an agreement, to safeguard both families, that Jaramillo would
not pinpoint the treasure until an expedition was in the field, Hall decides to combine the
information from Petronio with his interdisciplinary background and field experience to
determine its precise location.

Working alone, burdened with long, hard years of operating in Ecuador and evading fringe
elements, he finally decides the best course of action is to directly publish on the world-wide
Web.

"The 'Iron Ring' forged by astronomers, historians, evolutionists and creationists,


based on an erroneous identification of the star Sirius for the planet Venus (Egy: Ast or
Aa-set) at the helical rising in 1321 BC, combined with a rejection of the mytho-
historical record of interplanetary catastrophism and electromagnetism, guarantees a
cyclical repetition of the errors of history!"
Stan Hall

Tayos Expeditions 1969 and 1976


The British-Ecuadorian Tayos Caves expedition of 1976 was essentially a scientific extension
of the 'Moricz Expedition 1969' and the 'Moricz-Hall Stones Expedition' of 1975.

Below are photographs of some of the locations and participants, including astronaut-
professor Neil A. Armstrong, Honorary President of the 1976 expedition.
Tayos Cathedral:
Moricz Expedition 1969

Tayos Cave Spectacular


Tayos underworld: Coangos
1976

Tayos Tomb Cave 1976.


Crespi metal plate. Tomb located top of right bank.
Magyar? Sanskrit? Pali?
Another doorway enigma

Nivello, Hall, Moricz, Pena & Punin


1975

Tayos 'Amphitheatre'
Neil Armstrong:
Padre Pedro Porras G. Second small step
Tomb Discovery

Armstrong with Holden: deepest part of the cave system

Capt. Luis Hernandez (1995 'Hero of Twintza'),


with Armstrong
British Caving and Medical Teams

Ecuadorian Special Forces at the Cave Site

It's not what you know, but who you know. In 1973, Erich von Däniken, at the height of his
fame following the success of Chariots of the Gods?, claimed that he had entered into a
gigantic subterranean tunnel system in Ecuador, which he was told spanned the length of the
continent—surely evidence that our ancestors were highly advanced, if not extraterrestrial?

The structure was believed to house a library in which books were made out of metal—this in
an area where today there is nothing but "primitive" Indian tribes with no written language.
Evidence of a lost civilization? It was a major claim, and it did not go unchallenged.

The story centered around Janos "Juan" Moricz, an aristocratic Argentinian-Hungarian


entrepreneur who claimed that he had discovered a series of tunnels in Ecuador that
contained a "Metal Library". In a signed affidavit dated 8 July 1969, he spoke about his
meeting with the Ecuadorian president, where he received a concession that allowed him total
control over this discovery—provided he could produce photographic evidence and an
independent witness that corroborated the discovery of the underground network. Newspapers
reported on the expedition that Moricz had organized. In 1972, Moricz met with von Däniken
and took him to a secret side-entrance through which they could enter into a large hall within
the labyrinth. Apparently von Däniken never got to see the library itself, just the tunnel system.

Von Däniken included the event in his book The Gold of the Gods: "The passages all form
perfect right angles. Sometimes they are narrow, sometimes wide. The walls are smooth and
often seem to be polished. The ceilings are flat and at times look as if they were covered with
a kind of glaze… My doubts about the existence of the underground tunnels vanished as if by
magic and I felt tremendously happy. Moricz said that passages like those through which we
were going extended for hundreds of miles under the soil of Ecuador and Peru."
However, one of the world's potentially biggest discoveries soon turned sour. Journalists from
the German publications Der Spiegel and Stern interviewed Moricz, who now denied ever
having been in the cave with von Däniken. It undermined von Däniken's credibility (though
some would argue he had none to begin with), branding him a liar.

For many, the incident proved that von Däniken was a fabricator of lies—a much more
damaging assertion than being known to make outlandish claims that the gods were ancient
astronauts. No one pointed out that if von Däniken had been lying, he would not have left such
an easy trail to Moricz. He could have claimed that he could not reveal his source, and Der
Spiegel and Stern would have been none the wiser. Instead, it seemed that something was
amiss with Moricz, who had landed von Däniken in an international controversy from which his
career never really recovered.

There are several oddities with this story. First, Moricz merely denied having taken von
Däniken there; the existence of the network itself he did not deny.

In Der Spiegel, 19 March 1973, we can read:


Der Spiegel: "How did you discover the [metal] library?"
Moricz: "Somebody took me there."
Der Spiegel: "Who was this guide?"
Moricz: "I can't tell you."
Moricz further stated that the library was guarded by a tribe.

So, in short, Moricz claimed to von Däniken that he had discovered caves, and he showed
these to him. Now he claimed to have seen the caves, led there by a guide whom he could not
identify, but denied having taken von Däniken there.

The logical conclusion seemed to be that Moricz had shown something to von Däniken, was
now caught by the fact that everyone seemed to know that he had done so, and had to make
sure that whoever had shown him did not bear any grudges against Moricz, no doubt because
Moricz himself would most likely have been asked not to show anyone else the site.

A small step for Armstrong, a major step for mankind


By 1975, the story had killed the career of one notorious author, so who would dare to tread in
his footsteps? The answer: Neil Armstrong, the first man on the Moon—or rather, a
Scotsman who wanted to change the precarious status quo in which the Metal Library
controversy had found itself.

Stanley ("Stan") Hall had read von Däniken's book and subsequently befriended Moricz. The
latter confirmed that he had met von Däniken in 1972 and had taken the Swiss author from
Guayaquil to Cuenca, where they met Padre Carlos Crespi and saw his collection of
enigmatic artifacts. There was insufficient time to take von Däniken to the "true location", so
instead they decided to show him a small cave some 30 minutes from Cuenca, claiming it
connected to the network. This seemed to clear up the von Däniken–Moricz controversy, but
not the Metal Library itself.

Where was it? Moricz's 1969 expedition had ventured into the Cueva de los Tayos, which
Moricz identified as the cave that led into the Metal Library. But in 1969, no Metal Library had
been uncovered. So Hall decided to organize an Ecuadorian–British expedition that would
explore the Cueva de los Tayos; it would be a purely scientific expedition.
I had met Stan Hall a few times over the course of a decade, without knowing that the person I
was speaking to was Stan Hall. He was a member of the audience at the Scottish Saunière
Society conferences. Stan blends into the background and is unlikely, if not unwilling, to stand
out. It's by pure accident that I found out I knew Stan Hall—the Stan Hall, who furthermore
lives nearby… It provided me with an opportunity to get a personal perspective on this story,
and one I was willing to take with both hands.

Originally set up to take place in 1977, the 1976 expedition occurred at a time when von
Däniken's public profile had been damaged by Moricz—and Hall was apparently about to
endorse Moricz's claim. It left von Däniken feeling wary about Hall for more than 20 years, until
both men realized they were kindred spirits rather than mortal enemies. Why did he do it? Hall
wanted to create a framework: if there was indeed a Metal Library of a lost civilization, the first
step would be to map the site. That was the main and only goal of the expedition; there was no
treasure-seeking.

Hall used his professional expertise to create a three-week exploration of this famous cave: a
joint venture of the British and Ecuadorian armies, supported by a team of geologists,
botanists and other specialists.

How did Neil Armstrong get involved?

"The expedition needed an honorary figurehead," Stan Hall said. "The name of Prince
Charles, who had recently received a degree in archaeology, was proposed, but I knew
Neil Armstrong had Scottish connections. My mother was an Armstrong and via
another Armstrong in Langholm, where Neil Armstrong had been made an honorary
citizen, I made contact. Months later, I got a reply that Neil Armstrong was more than
willing to join us on this mission. It's when the expedition suddenly became a life's
challenge."
On 3 August 1976, when the expedition was winding down, Armstrong entered the tunnel
system. Even though they were not looking for it, the team members did not stumble upon a
Metal Library. Had they done so, the discovery would have altered mankind's perspective on
our history and origins.

For Amstrong, it could have been his second great contribution to mankind's exploration.
However, the team did catalogue 400 new plant species as well as a burial chamber inside the
cave, in which a seated body was found. The chamber was later dated to 1500 BC, and it was
believed that at the time of the summer solstice the sun illuminated this tomb. The story had
gone from ancient astronauts to astronaut par excellence, but what would be the next step?

The third man


Everyone and everything had revolved around Juan Moricz, but in retrospect he was the
wrong centre of the universe. From 1969 until 1991, the year he died, the Metal Library eluded
him. So what next? That Moricz was not the originator of the story was clear, as von Däniken
himself noted on page 53 of his book. In the 1973 interview with Der Spiegel, Moricz confirmed
that an unnamed person had shown him the cave. But who was this person?

After Moricz died, Hall decided to track down this "third man", who had disappeared into the
shadows. Hall had a name—Petronio Jaramillo—but nothing more. "Moricz died in February
1991," said Hall. "I had a name and a telephone directory. But there were an awful lot of
Jaramillos in Quito. Finally, I found him—or, rather, his mother. It was September 1991 when
she gave me the phone number of her son. I phoned him. He told me that it had taken 16
years before our paths crossed. He was willing to meet me, and stated that he needed three
days to fill me in."

Jaramillo confirmed that when Moricz arrived in Guayaquil in 1964, he teamed up with lawyer
Dr Gerardo Peña Matheus. Moricz told Matheus of his theory about how Hungarian people
have been at the root of practically every civilization. Through acquaintances, Andres
Fernandez-Salvador Zaldumbide and Alfredo Moebius, Moricz met Jaramillo in Moebius's
house, and from there Moricz ran with Jaramillo's story. Hall was annoyed with himself, for
various people had tried to direct him towards Jaramillo as early as 1975, but it took until 1991
before the two met.

Jaramillo and Hall realized that had it not been for Moricz, who focused attention on the Cueva
de los Tayos (which was not the actual location of the library), the 1976 expedition could have
resulted in the discovery of the century—and what a track record for Armstrong it would have
been! But it's a two-edge sword because, had it not been for Moricz, the story would never
have come about like this. And today, Hall's biggest desire—if he were able to turn back time
—is to sit down at one table with both Moricz and Jaramillo. At the same time, he realizes that
Moricz had been intent from the beginning that the Metal Library would be his legacy.

When Hall showed Moricz a manuscript about the 1976 expedition, Moricz point-blank refused
to return it. It ended their friendship, but Hall never understood why until 1991, when he
realized that the manuscript mentioned Jaramillo. It was a name Moricz did not want to see
published—as he had confirmed in the 1973 German newspaper interview. Moricz was
incredibly stubborn and, equally, incredibly loyal, but obviously was the wrong man and was
sadly mistaken if he thought he could ever pull off the discovery of the century.

Subterranean treasures
Jaramillo and Hall became friends, though both agreed Jaramillo would not prematurely
reveal the location of the site. Still, he was willing to talk in detail about its contents and any
other aspect Hall wanted to discuss.

From Jaramillo, Hall was able to learn the true story of the Tayos library—which was not in the
Cueva de los Tayos at all! Jaramillo stated that he had entered the library in 1946, when he
was 17 years old. He was shown it by an uncle, whose name has gone unrecorded but who
was known as "Blanquito Pelado" (a loving description of the man's appearance). He was
apparently on friendly terms with the local Shuar population, who invited him to see a secret in
gratitude for the kindness and goodness he had shown towards the tribe.

Jaramillo entered the system at least once after that. On that occasion, he saw a library
consisting of thousands of large, metal books stacked on shelves, each with an average
weight of about 20 kilograms, each page impressed from one side with ideographs, geometric
designs and written inscriptions. There was a second library, consisting of small, hard, smooth,
translucent—what seemed to be crystal—tablets, grooved with parallel encrusted channels,
stacked on sloping shelves of trestled units covered in gold leaf.

There were zoomorphic and human statues (some on heavy column plinths), metal bars of
different shapes, as well as sealed "doors"—possibly tombs—covered in mixtures of coloured,
semi-precious stones. There was a large sarcophagus, sculpted from hard, translucent
material, containing the gold-leafed skeleton of a large human being. In short, an incredible
treasure, stored away as if hidden in preparation for some upcoming disaster.

On one occasion, Jaramillo took down seven books from the shelves to study them, but their
weight prevented him from replacing them. It also meant that they were too heavy to remove
from the library and reveal to the world. Jaramillo never produced any physical evidence for his
claims, which may explain why he wanted to live in the shadows of this story.
Hall did ask him why he never took photographs. "He said that it would not prove anything."

Other discoveries, such as the infamous Burrows Cave in the United States, prove that seeing
actually isn't believing. Still, Jaramillo stated that he had left his initials in these seven books so
that, if the library were ever discovered, it could be proved that it was he who had entered it.

Expedition plans and setbacks


Jaramillo and Hall wanted to combine forces to see whether the Metal Library could be
opened; one knew the location, the other had a proven track record in organizing proper
expeditions. It would be the "expedition of occupation".

First, contact with various ambassadors and politicians was established; then the scientific
community was brought in. The plan was for Jaramillo to lead the team to the site, where they
would remain for a period of three to four months (during the dry season), cataloguing the
contents of the site and guaranteeing that nothing went missing. Everything would remain in
situ. A report with recommendations would be the only outcome of this expedition, which would
involve UNESCO. But in 1995, Peruvian jets bombed an Ecuadorian military base and the
project had its first setback.

In 1997, Hall used a major anthropology conference to promote the idea. Six anthropologists
came to meet him, interested in what he was trying to accomplish. But that same year,
Ecuador's political regime changed (in Hall's opinion, for the worse); Hall felt that his family
could not live in the new political reality, so he moved back to Scotland with them. (Shortly
afterwards, our paths would cross anonymously). This was nevertheless not a setback;
planning for the expedition continued.

However, it was in 1998 that the expedition had a major setback. Hall received by telephone
the sad news from the mother of Petronio Jaramillo that he had been assassinated. Was he
murdered because of the plans that were afoot? Life in South America is cheap, as anyone
who has visited or lived there knows. That day, Jaramillo was carrying a large amount of
money on him. It was a street robbery, close to his home. Random violence stopped one of the
world's biggest discoveries dead in its tracks. It seems that fate only allowed for Jaramillo and
Hall to meet, but never to work together—as if their combined efforts would break the spell of
the cave and turn a dream into a reality.

Location, location, location


Moricz and Jaramillo had both died. Hall was in his sixties. Would he go it alone and claim
the Metal Library for himself? Hall isn't a treasure-seeker. He emphasizes that the region is a
—if not the—veritable El Dorado. There is gold everywhere; the roads are quite literally paved
with it. Even if the library books are made out of gold—though Jaramillo never spoke of gold
but of "metal" (in fact, it seems copper was an ingredient, as Jaramillo had seen a green color
on the books)—there is more gold outside the library than inside.

The presence of Moricz in the region was because he held extensive gold concessions; his
interest in the library was not for its monetary value but for its historic importance.

Still, various treasure-hunters in the past had tried to open the cave. Count Pino Turolla
made contact with Jaramillo in the 1960s through the same channels that later brought Moricz
to him. Turolla was obsessed with Cayce's Hall of Records, and the Metal Library would be
absolute proof of Cayce's prophecies. But Turolla's attitude and sense of organization meant
that the two never got along. Turolla pressed Jaramillo for details that the latter was unwilling
to offer. So Turolla opted to search around the Cueva de los Tayos and came up empty-
handed.

The most active Indiana Jones today is Stan Grist, who also knew Juan Moricz as well as his
confidante, Zoltan Czellar, also a good friend of Hall. In 2005, Grist wrote: "As I write these
words, I am in negotiations with the native Shuars who live near the Cueva de los Tayos,
whose permission is necessary to enter and explore the area of the caves.

I plan to mount an expedition in the coming months to search for the secret entrance to
the cave from which the alleged metallic library can be accessed. Many people have
entered the cave by the well-known, vertical entrance near the top of the mountain.
However, I calculate that it is nearly impossible or is impossible to reach the metallic
library through this well-known entrance. The secret entrance is only accessed from
underwater!"
I confronted Hall with Grist's opinion. "Jaramillo always said that the entrance was under the
river," he said. But that river is not near the Tayos Cave. That river is the Pastaza River.

Though Hall never learned the location from Petronio Jaramillo himself, after Jaramillo's death
in May 1998 Hall organized a trip with Mario Petronio, Jaramillo's son, in which both combined
their knowledge about the site. The trip had to be abandoned before "point zero" could be
reached.

In May 2000, Hall returned. "When we were preparing the expedition in the 1990s, whenever
diving equipment was discussed as a necessity Petronio would say that even though it [the
entrance to the cave] was under the river, it did not mean we would get wet." Hall showed me
aerial maps, pointing out a bend in the river that meets a fault line, which is known to open up
into a cave system that runs for several miles. His suggestion is that the fault line—evidence of
an ancient earthquake—opened up the underground network, which someone at some stage
in the distant past then discovered and used as a place to install the metallic library. Hall had
visited this location and deduced that it fits Jaramillo's description perfectly.

The need for cooperation


So, what happened next? Hall was 64 years old when he last travelled to the region; now he is
seventy. When he was 68, he decided that more than likely he would not see this story come
to its conclusion. However, he does not consider it to be his story, and he does not want to
make the same mistake that Moricz did.

So, on 17 January 2005, Hall informed the Ecuadorian government of the location of the cave
that fits Jaramillo's description, and which he hopes will become the focus of an expedition.

For anyone who is interested, the location is at 77º 47' 34" west and 1º 56' 00" south.
GoogleEarth brings you very close and can satisfy any initial curiosity. But knowing the
location doesn't mean it will be easy finding it.

Hall thinks it will take decades or a paradigm shift before people can work together in a
manner that will result in a successful "occupation". He argues that the 1976 expedition only
succeeded because a military regime was in power; "a democratic bureaucracy will swamp the
expedition before it crosses any swampy river".

What is required is a sense of cooperation and openness. Too many people have tried to use
the library as evidence for their own theory, whether involving aliens, globe-conquering
Hungarians or Edgar Cayce and his Hall of Records. Perhaps that is why the missions were
doomed. Perhaps we should just let the library speak for itself.

The answers to questions as to who built it, where they came from, what they accomplished,
etc. may all be found inside the structure itself. After all, it is a library