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Lección 4

La clave de la unidad
Sábado 20 de octubre

[Cristo] ora pidiendo que sus discípu los sean una cosa, tal como
él y su Padre lo so n, y esta unión de los creyen tes será un testimonio
ante el mundo de que él nos ha enviado, y de que damos evidencias de
su gracia.
Debemos llega r a una sagrada proximidad junto al Redentor del
mundo. Debemos ser uno con Cri sto como él es uno con el Padre.
¡Qué extraordinari a trans fo rmac ión ex perime ntaría el pueblo de Dios

rg
si llegara a forma r esta unida 1 co n el Hij o de Di o ·! Debemos dominar
nuestTos gustos y te nd encias, ambicio nes y pas iones, y po nerl as en

.o
armonía co n e l ánimo y espíritu de ri sto. Esta es preci samente la obra
qu e el Seño r qui ere hace r por todos los que creen en él. Nuestra vida y
es
comportamiento deben tener poder para reformar el mundo. El Espíritu
de C ri sto debe tener una influencia dominante en la vida de sus segui-
tri
dores, de modo que éstos puedan hablar y obrar como Jesucristo dice:
" La gloria que me diste les he dado" (Mi vida hoy, p. 260).
is

Hay quienes no responden rápida mente a la invitación a abandonar


in

sus propios caminos para seguir los de Di os. Pre fi eren seguir su cami-
rm

no. Los que quiera n hacerlo tienen e l privilegio de seguir ca minando


por sus propios caminos no consagrados, pero sepan que e l fin de esa
senda es dolor y destrucción .
.d

El Señor tiene hombres a quienes ha asignado para trabaj ar en su


obra con la condición de que se dejen usar de acuerdo con los planes
w

divinos. Nunca usará a alguien que trate de humillar a Jos demás.


Humíllense, hermanos. Si lo hacen, es posible que los santos ángeles se
w

comuniquen con ustedes, y los coloquen en terreno ventajoso. Entonces


w

su experiencia, en Jugar de ser defectuosa, rebosará de felicidad. Traten


de estar en armonía con la dirección de Dios, y entonces serán sensibles
a las impresiones del Espíritu Santo (Cada día con Dios, p. 33).

El pecado del antiguo Israel fue e l olvido de la vo luntad revelada


de Dios y el seguir su propio camino conforme a los dictados de sus
profanos corazones. El Israel moderno sigue con entusiasmo sus pisa-
das, y el desagrado del Señor seguramente descansa sobre él.
Nunca resulta difícil hacer lo que nos agrada; pero tomar un curso
contrario a nuestras inclinaciones es tomar una cruz. Cristo pidió en
oración que sus discípulos fueran uno, así como él lo era con el Padre.
Esta unidad constituye las credenciales de Cristo ante el mundo para
mostrar que Dios lo envió. Cuando al tratar cualquier asunto renun-

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ciamos a la voluntad personal, hay unión de los creyentes con Cristo.
Todos debieran orar y trabajar con ahínco para que esto sea una realidad
y que hasta donde sea posible quede contestada la oración de Cristo por
la unidad de su iglesia (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 88).

Domingo 21 de octubre: Bendiciones en Cristo

Dios quiere que todos los hombres se salven, porque se ha hecho


una amplia provisión para pagar el rescate del hombre, mediante su
Hijo unigénito. Aquellos que perezcan, perecerán porque rehusarán
ser adoptados como hijos de Dios a través de Jesucristo. El orgullo
d ·1 hombre le impide que acepte la provisión para la salvación. Pero
1 m6rito humano no bastará para admitir un hombre a la presencia
d · Dios. Lo que hace aceptable a un hombre delante de Dios, es la

rg
•racia impartida de Cristo, a través de la fe en su nombre. No se puede
co locar ninguna confianza en las obras, ni en los felices vuelos de los

.o
sentimientos, como evidencia de que los hombres han sido elegidos por
l)i os, porque los elegidos lo son a través de Cristo (Nuestra elevada
111wt t ·Ión, p. RO) . es
.i\ut N du qu ~ se pu sieran los fundamentos de la tierra se estableció
tri
el pacto de qu e todos los que fueran obedientes, todos los que por medio
de la abundante gracia provista llegaran a ser santos en carácter y sin
is

mancha delante de Dios para apropiarse de esa gracia, fueran hijos de


in

Dios ...
Al creer plenamente que somos suyos por adopción , podremos
rm

tener un goce anticipado del cielo . .. Estamos cerca de él y podemos


mantener una dulce comunión con él. Logramos vislumbres definidas
de su ternura y compasión, y nuestros corazones se quebrantan y se
.d

ablandan al contemplar el amor que nos ha sido dado. Sentimos cierta-


w

mente que Cri sto mora en el alma. Habitamos en él, y nos sentimos en
CI IHII con .l cs ll s . .. Sentimos y comprendemos el amor de Dios, y reposa-
w

Ili ON · 11 su amor. No. hay lengua que pueda describirlo; está más allá del
conocimiento. Somos uno con Cristo, nuestra vida está escondida con
w

Cristo en Dios. Tenemos la seguridad de que cuando él, que es nuestra


vida, aparezca, nosotros también apareceremos con él en gloria. Con
ruerte confianza podemos llamar a Dios nuestro Padre (La maravillosa
j!,ro ia de Dios, p. 54).

Dios ha provisto todo lo necesario para que su propósito al crear al


hombre no sea frustrado por Satanás. Después de que Adán y Eva intro-
dujeron la muerte en el mundo debido a su desobediencia, se hizo provi-
sión de un costoso sacrificio para la raza humana. Se colocó sobre ellos
un valor más elevado que el que poseían originalmente. Dios dio todo
el cielo al dar a Cristo, su unigénito Hijo, como rescate por el mundo.
La aceptación de Cristo da valor al ser humano. Su sacrificio
imparte vida y luz a todos los que aceptan a Cristo como a su Salvador

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personal. El amor de Dios mediante Jesucristo se infunde ampliamente
en el corazón de cada miembro del cuerpo de Cristo, llevando consigo
la vitalidad de la ley de Dios el Padre. Así puede morar Dios con el
hombre, y el hombre puede morar con Dios (Mensajes selectos, t. 1,
p. 352).

Lunes 22 de octubre: Se derriba el muro

Para los que creen, Cristo es un fundamento seguro. Sobre esta


piedra viva, pueden edifi car igualmente judíos y gentiles. Es bastante
ancho para todos, y bastante fuerte para sostener el peso y la carga
de todo el mundo. Este es un hecho claramente reconocido por Pablo
mismo. En los días fin ales de su mini sterio, cuando al dirigirse a un
grupo de gentil es C reyentes que hab ían permanec ido firmes en su amor

rg
a la verdad de l evange li o, el apósto l e cribió que estaban "edificados
sobre el fundamento de los <~ pós to l c · y pro retas, siendo la principal

.o
piedra del ángul o Jesucri sto mi smo". Efes io 2: 19, 20 (Los hechos de
los apóstoles, p. 142).
es
[Pedro] recapituló los acontecimientos de esa primera reun1on
con los gentiles [en casa de Cornelio] diciendo: "Y cuando comencé a
tri
hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros
is

al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo:


Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el
in

Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió tambi én el mi smo don que
a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucri sto, ¿qui én era yo que
rm

pudiese estorbar a Dios?"


Los discípulos, al escuchar ese informe, quedaron en silencio, con-
.d

vencidos de que la conducta de Pedro estaba plenamente de acuerdo con


el plan de Dios, y que sus antiguos prejuicios y su exclusividad debían
w

ser totalmente desarraigados por el evangelio de Cristo. "Entonces,


oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera
w

que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!" (La
historia de la redención, p. 304).
w

Así como Cristo envió a sus discípulos, envía hoy a los miembros
de su iglesia. El mismo poder que los apóstoles tuvieron es para ellos.
Si desean hacer de Dios su fuerza, él obrará con ellos, y no trabajarán en
vano. Comprendan que la obra en la cual están empeñados es una sobre
la cual el Señor ha puesto su sello ... nos envía a seguir anunciando
las palabras que nos ha dado, sintiendo su toque santo sobre nuestros
labios.
Cristo dio a la iglesia un encargo sagrado. Cada miembro debe
ser un medio por el cual Dios pueda comunicar al mundo los tesoros
de su gracia, las inescrutables riquezas de Cristo. No hay nada que el
Salvador desee tanto como tener agentes que quieran representar al
mundo su Espíritu y su carácter. No hay nada que el mundo necesite

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tanto como la manifestación del amor del Salvador por medio de seres
humanos. Todo el cielo está esperando a los hombres y a las mujeres
por medio de los cuales pueda Dios revelar el poder del cristianismo.
La iglesia es la agencia de Dios para la proclamación de la verdad,
facultada por él para hacer una obra especial; y si le es leal y obediente a
todos sus mandamientos, habitará en ella la excelencia de la gracia divi-
na. Si manifiesta verdadera fidelidad, si honra al Señor Dios de Israel,
no habrá poder capaz de resistirle (Los hechos de los apóstoles, p. 479).

Martes 23 de. octubre: Unidad en un cuerpo

Cristo está conduciendo a un pueblo y llevándolo a la unidad de la


1\ para que sea uno, así como él lo es con su Padre. Hay que abandonar
lus di re rencias de opinión para que todos se unan con el cuerpo, a fin

rg
de que estén unánimes y sean todos de un mismo parecer ( 1 Corintios
1: 10): "Os ruego pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor

.o
.J esucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre
vo ~ o tro s divi siones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma
111 ·111
1 1 p1 · i ' ll l'i 1
es
·n un mi smo parecer" (Romanos 15:5-6): "Pero el Dios de
d In ·onso lación os dé entre vosotros un mismo senti r
s · •Li n 'ri s to .1 sús, p:1ra qu e unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios
tri
y Padre de nu e~ tro Se r or .J esucri sto" (Filipenses 2:2): "Comp letad m i
gozo, sintiendo lo mi smo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo
is

una misma cosa" (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 291).


in

Aunque tenemos una obra individual y una responsabilidad indi-


rm

vidual delante de Dios, no hemos de seguir nuestro propio juicio inde-


pendiente, sin considerar las opiniones y los sentimientos de nuestros
hermanos; este proceder conducirá al desorden en la igles ia. Es deber
.d

de los ministros respetar el juicio de sus hermanos; pero sus re laciones


w

mutu as, así como las doctrinas que enseñan, deben ser examinadas a la
lu'l. d ' la ley y el testimonio; entonces, si los corazones son dóci les para
w

1' • ·ibir en ·cñanza, no habrá divisiones entre nosotros. Algunos están


inelirndos a ser desordenados, y están apartándose de los grandes hitos
w

de la fe; pero Dios está induciendo a sus ministros a ser uno en doctrina
y en espíritu (Testimonios para los ministros, p. 30).

ri sto los ha llamado a ser sus seguidores, a imitar su vida de


rdm ·¡ nció n y sacrificio, a interesarse en la gran obra de la redención
d In sp ·cic caída. Ustedes no tienen una noción exacta de la obra que
l)i (lS qui ·r ·que lleven a cabo. Cristo es su modelo. Lo que les falta es
·rmo r. Este puro y santo principio distingue el carácter y la conducta de
los cristianos frente a los mundanos. E l amor divino tiene una influencia
poderosa y purificadora. Solo se lo encuentra en los corazones renova-
dos, y entonces fluye naturalmente hacia nuestros semejantes.
"Amaos los unos a los otros -dice el Salvador-, como yo os he
amado" (Juan 15: 13). Cristo nos ha dado ejemplo de amor puro y des-

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interesado. Todavía no se han dado cuenta: ustedes de su deficiencia
en este aspecto, y la gran necesidad que tienen de alcanzar este ideal
celestial, sin el cual todos los buenos propósitos, y todo el celo, aunque
fuera de tal naturaleza que los indujera a dar sus bienes para alimentar
a los pobres, y sus cuerpos para ser quemados, nada sería. Necesitan
esa caridad que todo lo sufre, que no se irrita, que todo lo soporta, que
todo lo cree, que todo lo espera. Sin e l espíritu de amor, nadie puede
ser semejante a Cristo. Si este princ ipio viviente res ide en el alma,
nadie puede ser semejante al mundo (Testimonios para la iglesia, t.
2, p. 153).

Miércoles 24 de octubre: Los dirigentes de la Iglesia y la unidad

Dios quiere que su pueb lo esté unido con los lazos más estrechos

rg
de compañerismo cristiano; la con fian za en nuestros he rmanos es esen-
cial para la prosperidad de la igles ia; la unidad de acc ión es importante

.o
en una crisis re li giosa. Un paso imprudente, una acc ión descuidada,
puede hundir a la igl es ia en dificultades y pruebas de las cuales podría
es
no recobrarse por años. Un miembro de la iglesia lleno de incredulidad
puede darle ventajas al gran enemigo que afectarán la prosperidad de
toda la iglesia, y como resultado pueden perderse muchas almas. Jesús
tri
quisiera que sus seguidores estén sujetos entre ellos; entonces Dios
puede usarlos como instrumentos para salvar el uno al otro; porque
is

puede ser que uno no discierna los peligros que el ojo de otro es rápido
in

para percibir; pero si la persona desprevenida obedece con confianza


la advertencia, puede salvarse de g randes perplejidades y pruebas
rm

(Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 489).

Caminen humildemente delante de Dios, y reconózcanlo como su


.d

amo. Es una gran desgracia el que sean incapaces de percibir en los


w

demás características más excelentes y facultades más útiles que las de


ustedes mismos ...
w

Si no fuera por los dones y bendiciones gratuitos de Dios, fracasa-


ríamos para la eternidad. Por lo tanto, nadie entone sus propias alaban-
w

zas, satisfaciéndose con su supuesta sabiduría. Si sus talentos fueran


el resultado de su propia creación, la alabanza propia tendría algo de
lógica. Pero el hombre no tiene nada que sea suyo. No manifestemos
nuestra falta de verdadera sabiduría al exaltarnos a nosotros mismos.
Inclinémonos humildemente a los pies del que nos ha dado nuestros
talentos ...
Todo talento debe ser empleado correctamente puesto que es un
cometido sagrado. Aquellos a quienes Dios ha hecho sus mayordomos
tienen que escudriñar fervientemente las Escrituras para que puedan
comunicar sus verdades a los demás, dirigiéndolos por la senda que ha
sido trazada para los redimidos del Señor (Cada día con Dios, p. 198).

Dios está sacando a un pueblo del mundo y guiándolo a la platafor-

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ma exaltada de la verdad eterna, los mandamientos de Dios y la fe de
Jesús. Él disciplinará y capacitará a su pueblo. No estarán en desacuer-
do, uno creyendo una cosa y otro teniendo fe y puntos de vista entera-
mente opuestos, cada uno avanzando independientemente del cuerpo.
A través de la diversidad de los dones y de los tipos de administración
que él ha colocado en la iglesia, llegarán todos ellos a la unidad de la fe
(Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 490).

Jueves 25 de octubre: Relaciones humanas en Cristo

Dios es glorificado con cantos de alabanza que proceden de un


corazón puro, lleno de amor y devoción a él. Cuando los creyentes con-
sagrados se reúnen, su conversación no debe versar sobre las imperfec-
·iones de la gente, ni tener sabor a murmuraciones o quejas; la caridad,

rg
o amor, que es el vínculo de la perfección, los rodeará. El amor a Dios
y los semejantes fluye naturalmente en las palabras de afecto, simpatía

.o
y estima por sus hermanos. La paz de Dios impera en sus corazones; sus
palabras no son vanas, vacías ni frívolas, sino que tienden al consuelo y
es
la edificación mutuos (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 446).

El señor Jesús obra mediante el Espíritu Santo porque es su repre-


tri
sentante. Mediante él infunde vida espiritual al alma, aviva sus energías
is

para el bien, limpia de la contaminación moral y capacita para su reino.


Jesús tiene abundantes bendiciones para derramar, ricos dones para
in

distribuir entre los hombres. Él es el Consejero admirable, infinito en


sabiduría y fortaleza, y si reconocemos el poder de su Espíritu y nos
rm

sometemos para ser moldeados por él, estaremos comp letos en él. ¡Qué
pensamiento es éste! En Cristo "habita toda la plenitud de la divinidad
.d

corporalmente. Y en él estáis cumplidos" (Colosenses 2:9, 10),


El corazón humano no puede conocer la felicidad hasta que se
w

~ n m e te para. ser moldeado por el Espíritu de Dios. El Espíritu conforma


1 alma renovada se •ün el modelo, Jesucristo. Mediante su influencia,
w

lu 11 ·mistn<J ·onlra .Dios se cambia en fe y en amor, y el orgullo en


humild·td. El alma percibe la belleza de la verdad, y Cristo es honrado
w

en la excelencia y la perfección del carácter. Cuando se efectüan estos


cambios, los ángeles rompen en cantos de alabanza, y Dios y Cristo
se gozan por las almas que son modeladas según la semejanza divina
(Nuestra elevada vocación, p. 154).

Alrededor de cada familia se extiende un círculo sagrado que no


debe romperse. Nadie tiene derecho a entrar en este círculo. No permi-
tan el marido ni la mujer que un extraño comparta las confidencias que
a ellos solos importan.
Ame cada uno de ellos al otro antes de exigir que el otro le ame.
Cultive lo más noble que haya en sí y esté pronto a reconocer las buenas
cualidades del otro. El saberse apreciado es un admirable estímulo y
motivo de satisfacción. La simpatía y el respeto alientan el esfuerzo por

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alcanzar la excelencia, y el amor aumenta al estimular la persecución
de fines cada vez más nobles.
Ni el marido ni la mujer deben fundir su individualidad en la de su
cónyuge. Cada cual tiene su relación personal con Dios. A él tiene que
preguntarle cada uno: "¿Qué es bueno? ¿Qué es malo? ¿Cómo cumpliré
mejor el propósito de la vida?" Fluya el caudal del cariño de cada uno
hacia Aquel que dio su vida por ellos. Considérese a Cristo el primero,
el último y el mejor en todo. En la medida en que vuestro amor a Cristo
se profundice y fortalezca, se purificará y fortalecerá vuestro amor
mutuo (Ministerio de curación, p. 279).

Los que nunca experimentaron el tierno y persuasivo amor de


Cristo, no pueden guiar a otros a la fuente de la vida. Su amor en el
corazón es un poder compelcnte, que induce a los hombres a revelarlo

rg
en su conversación, por un espíritu ti erno y compasivo, y en la eleva-
ción de las vidas de aquellos con qui enes se asocian. Los obreros cris-

.o
tianos que tienen éxito en sus esfu erzos deben conocer a Cri sto, y a fin
de conocerle, deben conocer su amor. En el cielo se mide su idoneidad
es
como obreros por su capacidad de amar como Cristo amó y trabajar
como él trabajó (Los hechos de los apóstoles, p. 439).
tri
Viernes 26 de octubre: Para estudiar y meditar
is

Testimonios para la iglesia, "El espíritu de unidad" , t. 9, p. 144-


in

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