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SEMINARISTA

PBRO: DANIEL CANTILLO

PROPEDÉUTICA BÍBLICA II

AGOSTO 28 2020

LA INSPIRACIÓN Y LA VERDAD DE LA SAGRADA ESCRITURA.

ESTRUCTURA DEL LIBRO

Parte I : El testimonio
de los escritos bíblicos
sobre su proveniencia
de Dios

La inspiración y la Parte II : El testimonio


verdad de la sagrada de los libros bíblicos
escritura sobre su verdad

Parte III: La
interpretación de la
Palabra de Dios y sus
desafíos

PROLOGO.

Para la Iglesia la sagrada escritura ésta inspirada por Dios, quien eligió a hombres
y los llenos de su sabiduría para que fueran comunicadores de la verdad. En este
texto la Pontificia comisión bíblica se plantea unos interrogantes para buscar la
relación que existe entre inspiración y verdad “si lo comunicado en la biblia no es
verdadero. ¿Cómo puede tener a Dios como autor? Esta relación entre Dios y el
hombre se da tanto en el Antiguo Testamento como se presenta de diferentes
manera y en el Nuevo Testamento teniendo a Jesús como directo mediador.

INTRODUCCIÓN.
El santo Padre Benedicto XVI en la exhortación postsinodal Verbum Domini,
delego tratar el tema de la palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia.
Teniendo en cuenta la reflexión teológica en la que considera la inspiración y la
verdad como dos conceptos clave para una hermenéutica eclesial de las sagradas
escrituras. Es de vital importancia ver como la Palabra en la sagrada Eucaristía
quien consta de dos partes y una de ella revela la importancia de Dios hecho
palabra. “Cristo en su misterio pascual es proclamado en la lectura de la palabra
de Dios y celebrado en la liturgia eucarística”.

1- La liturgia de la palabra y su contexto eucarístico.

La Sacrosantum Concilium en su n.106, nos presenta al domingo como el día del


Señor, día primordial para todos los cristianos donde celebramos la triunfante
resurrección de Cristo. La liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística son el
culmen y cumplimiento de la comunicación de Dios con los hombres, donde no es
una forma ritual, sino que su fin es que la humanidad se ofrezca así mismo a Dios.
Su principal objetivo es la unión de Dios con los hombres.

2- El contexto del estudio de la inspiración y de la verdad de la biblia.

Como se ha venido estudiando estos dos aspecto de inspiración y verdad en la


sagrada Palabra podemos ver que en la liturgia de la palabra se concluye siempre
que se termina una lectura con (Palabra de Dios o Palabra del Señor) estas dos
afirmaciones nos pueden llevar a dos pensamientos en relación a la inspiración y
verdad y es que se puede estar afirmando que la Palabra que se proclamo es
palabra que proviene de Dios o como palabra que habla de Dios, por eso los fieles
deben estar atento a la escucha de la Palabra para poder comprender y entender
el mensaje que les da Dios a cada uno de forma particular y que lo lleva a una
unión más íntima.

La idea principal de este documento es desarrollar dos aspectos como son


“inspiración y la verdad de la Sagrada Escritura” la inspiración de la palabra son
aquellos libros que tienen a Dios como autor y que han sido transmitido por la
Iglesia, y cuando se habla de la verdad de la Biblia se intenta comprobar que
provengan de Dios.

3- Las tres partes del documento.

Este documento está estructurado en tres partes las cuales cada una intenta darle
respuesta desde el estudio de la Pontificia Comisión Bíblica, en primer lugar trata
el tema de la inspiración de la Sagrada Escritura y su proveniencia de Dios, en
segundo lugar estudia todo acerca de la verdad de la palabra de Dios, resaltando
el mensaje de salvación y la tercera parte trata de unos retos que se plantea la
misma Palabra de Dios.

PRIMERA PARTE
El testimonio de los escritos bíblicos sobre su providencia de Dios

1. Introducción
En esta primera parte analizaremos como en la constitución dogmática Dei
Verbum que está en el concilio vaticano II y la exportación apostólica
postsinodal Verbum Domini, muestran la revelación y la inspiración, es
decir las dos acciones divinas que unifican las sagradas escrituras.

1.1 Revelación e inspiración en la Dei Verbum y en la Verbum Domini


En la Dei Verbum la revelación es dada por Dios en su infinita bondad,
dando a conocer el misterio de su voluntad, la cual por medio de Cristo y
su Espíritu Santo, hacen participe de la naturaleza divina, Dios se revela en
la “economía de la revelación” (DV, n 3). La Verbum Domini, dice que Dios
se revela especialmente en el hombre creado a su imagen, y esta se da por
medio de hechos y palabras, como ocurre en la historia del pueblo de
Israel.
La inspiración afecta propiamente a los libros de la Sagrada Escritura, la
Dei Verbum, afirma que Dios es el inspirador y autor de los libros de las
Sagrada Escritura, es Dios mismo quien elige a los hombres a los que
empleo en plena facultad y capacidades, todo lo escrito por ellos es lo que
él quiere dar a conocer.

1.2 Los escritos bíblicos y su providencia de Dios


Indagar en las sagradas escrituras sobre la inspiración de Dios, se
encuentra solo dos libros del nuevo testamento en 2 Ti 3,16 que dice que
la palabra revelada es útil para enseñar, corregir y educar en la justicia, y
en 2Pe 1, 20-21 quien muestra que la escritura no puede ser interpretada
por cuenta propia, si no por medio del Santo Espíritu, en la escasa
recurrencia rara de término “inspiración” no puede limitarse en el campo
semántico tan restringido. Es Dios quien sigue actuando por medio de
hombres de la historia la Pontificia Comisión Bíblica no se basa
directamente en el texto bíblico ya que eso le corresponde a la teología
fundamental, esta solo busca la enseñanza en el estudio ya realizado, en
medio de este estudio se da un fenómeno peculiar de los libros de la
sagrada escritura, denominarlo “autotestimonio” será el centro de nuestra
indagación.
1.3 Los escritos del Nuevo Testamento y su relación con Jesús
Por lo que toca a los escritos del Nuevo Testamento constatamos una
situación específica: la relación de sus autores con Dios sólo se manifiesta
en ellos mediante la persona de Jesús, está fundamentada en (Jn
14,6)”nadie va al padre sino por mí", afirma la Dei verbum Dios y su
salvación no puede ser recibido y comprendido por medio de un mensaje
intelectual o puramente memorístico, sino sólo mediante una relación
intensamente viva y personal. Contamos, pues, que el mensaje central
(“verdad”) y el modo de recibirle para atestiguar es la (“inspiración”) se
condicionan recíprocamente se trata siempre de la comunión de vida más
intensa y personal con el padre.
1.4 criterios para a la verificación de la relación con Dios en los escritos
bíblicos

Según cuanto hemos visto en los evangelios, la finalidad principal de la


formación impartida por Jesús a sus discípulos, se vive en una unión
íntima, consciente y personal con el padre y con el hijo. Jesús es el punto
culminante de la relación con el padre el punto culminante presidido por
una rica “economía” De la revelación divina. Con todos estos criterios
dados se puede ver como provienen de Dios textos legales, sapienciales,
oráculos periféricos, oraciones de todo tipo. La inspiración en cuanto
relación entre Dios, inspirador y autor, y los hombres, verdaderos autores
escogidos por ÉL.

2. EL TESTIMONIO DE ALGUNOS ESCRITOS ESCOGIDOS DEL ANTIGUO


TESTAMENTO

En esta parte del libro el escritor nos mostrara como algunos Libros
representativos del Antiguo Testamento expresa en ellos mismos su origen de
Dios. Siguiendo así la distribución clásica en Ley, Profetas y Escritores tomando
así para esta investigación como primer libro el Pentateuco, luego los Profetas y
los Libros históricos, y por último los Salmos y el libro de Eclesiástico.

2.1 El Pentateuco

Los cinco primeros libros de la Biblia contienen una parte narrativa, que comienza
con la creación del mundo y concluye con la muerte de Moisés donde el
Deuteronomio nos muestra que Moisés fue el mediador inspirado de la revelación
interprete autorizado de la Palabra Divina, de aquí parte la idea de que Moisés es
el autor del Pentateuco y las narraciones sirven de marco a las leyes que dieron
su impronta característica al pueblo, de modo que los libros de Moisés no solo
hablan de él, sino que además son considerados obra suya.

La comunicación de Dios con el hombre se puede afirmar y hallar en los relatos


del encuentro de Israel con Dios en el monte de Dios Sinaí/Horeb (Ex 19,19 –
Núm 10; Dt 4ss) lo que nos quiere presentar este relato es que Dios se hace
presente en el origen del testimonio bíblico por ello se puede decir que la Biblia es
Palabra de Dios que se dio en el Sinaí, puesto que allí Dios constituyó a Moisés
como único mediador de su revelación. A Moisés le corresponde poner por escrito
la revelación divina, para poder trasmitirla y preservarla como Palabra de Dios
para los hombres de todos los tiempos.

El primer aspecto, del Decálogo escrito por Dios mismo, quien a su vez transmite y
es el receptor de este texto particular se afirma en la tradición de la Sagrada
Escritura. Los diez mandamientos que Dios ha puesto por escrito y ha entregado a
Moisés –y aquí llegamos al segundo aspecto– apuntan a la relación especial entre
Dios y el hombre en lo que toca a la Sagrada Escritura. 

2.2 Los libros proféticos y libros históricos:

Los libros proféticos y los libros históricos son, con el Pentateuco, las partes del
Antiguo Testamento que insisten en mayor medida sobre el origen divino de su
contenido. En general, Dios se dirige a su pueblo o a sus jefes mediante seres
humanos: Moisés, el arquetipo de los profetas (Dt 18,18-22). Como fin último esta
parte nos quiere presentar que los libros Proféticos y los libros Históricos afirman
el origen divino de su contenido.

2.2.1 Los libros proféticos: recopilaciones de lo que el Señor ha dicho a su


pueblo por medio de sus mensajeros:

Los libros Proféticos se nos presentan como recopilaciones de lo que el Señor ha


dicho a su pueblo mediante los <<autores>> (presuntos) que dan nombre a las
respectivas recopilaciones afirmando con insistencia que el Señor es el autor del
contenido mediante diversas expresiones que introducen o se intercalan en el
discurso. Estas expresiones afirman o suponen que los libros proféticos son
discursos del Señor, y precisan que el Señor se dirige a su pueblo por medio de
los autores de los libros en cuestión. Correlativamente, estos libros presentan a
sus autores como personas a las que Dios ha enviado con el cometido de
transmitir un mensaje a su pueblo.

a. Las «formulas proféticas»


Los títulos de dos tercios de los libros proféticos afirman explícitamente que éstos
son de origen divino, sirviéndose de la «fórmula del acontecimiento de la palabra
del Señor». La fórmula puede resumirse en la afirmación: «la palabra del Señor
vino a…», seguida del nombre del profeta, receptor de la palabra (como en los
libros de Jeremías, Ezequiel, Oseas, Joel, Jonás, Sofonías y Zacarías), y a
veces también del nombre de sus destinatarios (como en Ageo y Malaquías).
Estos títulos declaran además que el contenido de los libros en cuestión, sea
puesto en boca de Dios o en la de los profetas, es todo él palabra de Dios. Los
demás títulos de los libros proféticos informan de que éstos refieren el contenido
de visiones tenidas por personajes, cuyos nombres son Isaías, Amós, Abdías,
Nahúm y Habacuc. El título del libro de Miqueas yuxtapone la «fórmula del
acontecimiento de la palabra del Señor» a la mención de la visión.

Debemos tener presente que los títulos no son la única parte de los libros
Proféticos que nos muestra que son Palabra de Dios porque las demás formulas
proféticas se encuentran esparcida por el texto, ya que la expresión más frecuente
siendo la fórmula por excelencia, es <<así dice el Señor>> presentando así al
profeta como mensajero del Señor, dirigiéndose hacia los oyentes que su discurso
no se debe a él, sino que tiene al Señor como Autor. Y otras de las fórmulas que
articulan los libros Proféticos: “oráculo del Señor», «dice el Señor/Dios» y «habla
el Señor». Sirviendo de firma puesta al final de un escrito, atestiguan que el Señor
es el autor del discurso que precede.

Los profetas, mensajeros del Señor:

De entre los libros proféticos, cuatro narran cómo actuó el Señor para que los
autores de los escritos llegasen a ser sus mensajeros: Isaías (6,1-13), Jeremías
(1,4-10), Ezequiel (1,3-3,11) y Amós (7,15). Las misiones de Isaías y de Ezequiel
tienen por marco una visión. Probablemente lo mismo vale para Jeremías. Este
llamado que le hace el Señor a los profetas está estructurado por los verbos
«enviar, ir, decir», que tienen la tarea de trasmitir al pueblo el menaje que Dios le
tiene para comunicarse como está citado. (Ez 2,3-4; 3,4-11; Am 7,15). Estos
relatos fundan el papel de los mensajeros del Señor que los libros proféticos
reconocen a sus respectivos autores y, consiguientemente, fundan también el
origen divino de su mensaje.

2.2.2 Los libros históricos: la palabra del Señor tiene una eficacia infalible, y
llama a la conversión

a. Los libros de Josué – Reyes:


En los libros de Josué, Jueces, Samuel y Reyes el Señor toma frecuentemente la
palabra, como ocurre en los libros proféticos, a cuya colección pertenecen también
estos libros según la tradición judía, ya que el Señor en cada etapa de la conquista
de la Tierra Prometida le dice a Josué lo que debe hacer y también porque se
dirige al pueblo a través de Josué, quien cumple así una función profética y los
libros de los Jueces, el Señor, o su Ángel, habla con frecuencia a su pueblo
actuando así en primera persona, salvo en Jue 4, 6-7. 6, 7-9, por medio de Débora
y de un profeta anónimo quien se dirige respectivamente en Barac y a todo el
pueblo.

En los libros de Samuel y de los Reyes, en cambio y salvo raras excepciones, el


Señor se dirige a sus destinatarios por medio de personajes proféticos, siendo
estos dos libros quienes le dan mayor relieve a los profetas y a sus actividades
como mensajeros del Señor siendo, Él, el autor principal de la historia de su
pueblo; quien anuncia los acontecimientos, y hace que ocurran con esto no se
quiere decir que el Señor anuncia y hace que haya desgracia en su pueblo y en
las personas como nos los muestra 2 Re 17, 7-20 que nos sintetiza que Israel y
Judá terminan en una sucesión de discurso. Lo que el Señor los exhorta a
convertirse este es el fin de lo que este libro nos quiere presentar.

b. Los libros de la Crónicas


En este libro también abunda los discursos del Señor, como los podemos ver en
los Jueces – Reyes y Él le habla directamente a Salomón (2 Cro 1,7.11-12; 7,12-
22). En general el Señor se dirige al rey o al pueblo por medio de intermediario y
como en estos libros, aunque tal vez con menor insistencia, los discursos del
Señor tienen por objeto el anuncio de acontecimientos cuyo cumplimiento se
constata (cf. 1 Cro 11,1-3; 2 Cro 6,10; 10,15). Las Crónicas subrayan esta función
de la palabra del Señor con referencia al exilio babilónico y este libro también
retoma el motivo de los incesantes y vanos intentos hechos por el Señor para
evitar la desgracia a su pueblo, enviándole mensajeros/profetas que les ayudara a
convertirse. Las Crónicas no afirman que el contenido de los libros en cuestión sea
divino, pero parecen sugerirlo al referirse a fuentes proféticas.

2.3 Los Salmos

El Salterio es una colección de oraciones que provienen de la experiencia


personal y comunitaria de la presencia y de la actuación del Señor, expresando
así las diversas épocas de su historia como la época de los reyes, el exilio, cuando
Dios es reconocido cada vez más como rey de Israel; finalmente, después del
exilio, en la época del segundo templo donde podemos destacar tres tipos de
relación que Dios tiene con su pueblo: a) la experiencia de la intervención de Dios
en la vida de los creyentes; b) la experiencia de la presencia de Dios en el
santuario; c) la experiencia de Dios, fuente de toda sabiduría confirmando así la
presencia activa de Dios en la vida cotidiana del pueblo y en el templo.

a. La experiencia de la intervención de Dios en la vida de los creyentes


Los que oran experimentan la ayuda poderosa de Dios de dos maneras: como
respuesta a su clamor pidiendo ayuda; como escucha de las grandes maravillas
de Dios, siendo los Salmos una fuerza inspiradora de súplica y alabanza como
una experiencia personal y comunitaria, del Señor que salva y el salmista al
experimentar todo esto se siente inspirado para contarla a los otros, y esa Palabra
de Dios es, así, esperada, recibida y alabada no solo por un individuo sino por
todo el pueblo que ha escuchado la voz de Dios quien le habla al orante y a todo
el pueblo mediante las grandes obras que ha realizado en toda la creación y en la
historia de Israel. Las palabras de estos salmos, si bien formuladas por hombres
en términos humanos, están inspiradas por la gran actuación del Señor. Esta voz
del Señor continúa resonando en el hoy del orante y del pueblo. Urge escucharla.

b. La experiencia de la presencia poderosa de Dios en el ámbito del


santuario
Tomemos como ejemplos los Sal 17 y Sal 50. En el primer texto la experiencia de
Dios inspira a un justo acusado falsamente, a elevar una plegaria de confianza
incondicional en Dios; en el segundo esta experiencia hace oír la voz de Dios que
denuncia el comportamiento equivocado del pueblo.

La expresión «el rostro de Dios» significa Dios mismo, la persona de Dios según
su realidad verdadera y perfecta. Con la expresión «contemplar el rostro de Dios»
se entiende por lo tanto un encuentro intenso, real y personal con Dios, no
mediante el órgano de la vista, sino en la «visión» de fe. La esperanza
inquebrantable de tener esta experiencia de Dios («contemplaré», en futuro) y el
conocimiento de Dios que en ella se expresa son la fuente de la plegaria entera. El
Sal 50, en el corazón del Salterio, retoma, pues, los módulos proféticos; no sólo
hace hablar al Señor, sino que hace también que cada súplica y cada acto de
alabanza sean interpretados como obediencia al mandato divino. Toda la plegaria
está por lo tanto «inspirada» por Dios.

c. La experiencia de Dios, fuente de sabiduría


La experiencia de Dios, fuente de sabiduría siendo Dios quien inculca en el interior
del hombre sabiduría volviendo al hombre sabio para que este pueda ser capaz de
ver todas las cosas como las ve Dios. Como ejemplo vivo que nos muestra la
Sagrada Escritura con el rey David quien poseía esta sabiduría e inteligencia
desde el momento en que Dios lo llamó para ser rey de Israel. El temor de Dios es
la actitud indispensable para ser beneficiarios de la enseñanza sapiencial de Dios:
« ¿Hay alguien que tema al Señor? Él le enseñará el camino escogido» (25,1 2).
Él les otorga una relación de amistad íntima y un conocimiento penetrante del
pacto que ha estipulado con Israel en el Sinaí. Vemos por tanto que la relación con
Dios expresada con la terminología del «temor de Dios» es la fuente inspiradora
de la que provienen muchos salmos sapienciales.

2.4 El libro del Eclesiástico

En esta parte del libro nos encontraremos que Dios ha comunicado su sabiduría al
autor y desde el comienzo el autor es consciente de que «toda sabiduría viene del
Señor y está con él por siempre» (Eclo 1,1) donde el autor se une con Dios y sabe
que Él es la fuente de toda sabiduría lo que le motiva escribir toda la obra de aquel
que lo ha creado manteniendo así que este libro ha sido escrito por Dios. Por lo
tanto, todo se desarrolla en una viva y continua unión con Dios. El autor asegura
no sólo para sí, sino para todos, que el temor de Dios y la observancia de la Ley
dan acceso a la sabiduría: «Así obra el que teme al Señor, el que observa la ley
alcanza la sabiduría» (15,1).

2.5 Conclusión:

Un único gran mensaje de fondo: Dios nos habla. El mismo único Dios busca al
hombre en la multiplicidad y variedad de situaciones históricas, lo alcanza y le
habla. Y el mensaje de Dios, diverso en la forma por causa de las circunstancias
históricas concretas de la revelación, tiende constantemente a suscitar la
respuesta de amor en el hombre y en el Nuevo Testamento miembros del pueblo
de Israel, conocen las «Escrituras» de su pueblo y las reconocen como palabra
inspirada que proviene de Dios. Ellos nos muestran como Dios ha seguido
hablando hasta expresar su palabra última y definitiva en el envío de su Hijo (Heb
1,1-2).

3. EL TESTIMONIO DE ALGUNOS ESCRITOS ESCOGIDOS DEL NUEVO


TESTAMENTO

Los escritos del nuevo testamento manifiestan la relación de los autores con Dios
solamente a través de la figura de Jesús, en este sentido encontramos el papel
principal de los Evangelios al ser el principal testimonio acerca de la vida y
doctrina del salvador. Por tanto el este escrito se ocupará de los evangelios
sinópticos, luego tendrá un acercamiento al evangelio de juan para terminar con
una selección de los libros más importantes del nuevo testamento.

3.1. Los cuatro evangelios

Estos cuatro libros se distinguen de los demás porque se refieren directamente a


lo que hizo y enseñó Jesús, evidenciando su procedencia de Dios al mostrar la
relación de Jesús con el Padre y la autoridad que Él mismo les confirió para
enseñar.
a. Jesús, cumbre de la revelación de Dios para todos los pueblos

Aunque los evangelios muestran diversidad en algunas líneas teológicas,


convergen al momento de presentar a la persona de Cristo y su mensaje.

Los cuatro evangelios muestran a la persona de Jesús como culminación de la


historia bíblica, por lo que se refieren a los escritos del antiguo testamento,
estableciendo conexiones entre Jesús y los patriarcas, Moisés y los profetas,
atestiguando que Jesús es el cumplimiento de la revelación del Dios de Israel. En
este sentido los cuatro evangelios afirman que Jesús es el hijo de Dios, mostrando
una relación singular con el Padre, de manera explícita en el evangelio de Juan
(Jn 1, 1-18), como inclusión literaria en el evangelio de Marcos (Mc 1, 1) o de la
boca del centurión Romano (Mc 15, 39), en los otros evangelios sinópticos lo
encontramos expresado en una oración e Jesús a su Padre (Mt 11,25-27; Lc
10,21-22).

Desde un punto de vista literario los evangelios contienen episodios narrativos y


discursivos, sin embargo al presentar la vida del hijo de Dios desde la humillación
de la Cruz hasta la exaltación de la resurrección muestra que su fin último es
transmitir una historia de revelación y de salvación que viene de Dios.

b. La presencia y la formación de los testigos oculares y ministros de la palabra.

En los evangelios se muestra que Jesús siempre está rodeado de un grupo de


discípulos o seguidores de los cuales no se especifica el número, sin embargo en
todos los evangelios se habla específicamente de los doce, quienes escogidos por
Jesús forman una comunidad definida por sus nombres propios en todos los
evangelios, convirtiéndolos en símbolos de la plenitud del pueblo de Dios que
debe alcanzarse en su misión de evangelizar a todos los pueblos haciendo
presente a Jesús en la historia permanentemente. Los evangelios atestiguan la
formación de los doce mostrando que vienen de Jesús y de Dios.

3.2. Los Evangelios sinópticos

Estos evangelios presentan la vida de Jesús de tal modo que no dejan espacio
entre la perspectiva del autor de la narración y el retrato de la persona, vida y
misión de Cristo que él ofrece, describiendo su relación con Dios y su proveniencia
de Él.

Solamente Lucas ofrece una introducción a los dos volúmenes de su obra, así
considera su obra en el marco del testimonio apostólico sobre Jesús y la historia
de salvación iniciado por los primeros seguidores de Jesús. De esta manera Lucas
muestra la relación de su evangelio con Jesús revelador de Dios.
En el centro de todos los evangelios encontramos a la persona de Jesús, vista
desde sus relaciones con Dios manifestadas en su vida y en su papel en la historia
de la salvación.

a. Jesús y su relación singular con Dios

Los evangelios ilustran de varios modos la relación singular de Jesús con Dios. Lo
presentan como:

Jesús, Hijo singular de Dios Padre

En los relatos de la infancia de Jesús se hace una clara referencia al origen divino
de Jesús y a su relación única con su padre, esto también se nota en el hecho de
que en todos los evangelios sinópticos el ministerio público de Jesús esta
precedido por su bautismo y una teofanía impresionante (Mt 3,13-17; Mc 1,9-11;
Lc 3,21-22). Otra gran teofanía se encuentra en el final de su ministerio en Galilea,
la transfiguración, haciendo presente su autoridad al decir ¡escuchadlo! Y
vinculando su misión con la revelación de Dios en el Sinaí.

Mateo en su evangelio junto al nombre propio de Jesús al cual interpreta como


“porque él salvará a su pueblo de sus pecados” se refiere además al título de
“Emmanuel”. De este modo el evangelista afirma la presencia de Dios en Jesús y
subraya la autoridad que ello implica.

Jesús, lleno del Espíritu de Dios

Todos los evangelios sinópticos refieren que con ocasión de su bautismo que el
Espíritu de Dios descendió sobre Jesús (Mt 3,16; Mc 1,10; Lc 3,22) corroborando
la acción del Espíritu en sus acciones y en su misión de enseñar y curar.

Jesús actúa con el poder de Dios

La relación de Jesús con Dios también se puede observar en lo exorcismos que


aparecen en los sinópticos y de manera especial en Marcos, Jesús puede hacerle
frente a estas fuerzas del mal por el Espíritu Santo que habita en él, lo ha hecho
desde su encuentro con la tentación n el desierto y durante toda su vida posterior,
siendo los demonios que este enfrenta tremendamente conscientes de su
condición de hijo de Dios. La presencia del poder de Dios en Jesús se expresa de
manera particular en los episodios en los que muestra autoridad sobre las fuerzas
de la naturaleza.

Jesús enseña con la autoridad de Dios


En los evangelios sinópticos Jesús enseña de manera singular, en la
transfiguración una voz del cielo le dice “Este es mi hijo amado, escúchenlo” (Mc
9,7; Mt 17,5; Lc 9,35). Otros episodios en los que muestra su poder son en sus
enseñanzas en la sinagoga donde enseñaba con autoridad extendiéndose esta
hasta el punto de perdonar pecados.

La muerte y resurrección de Jesús como última revelación y confirmación de su


relación única con Dios

La muerte de Jesús podría parecer un triunfo para sus detractores más sin
embargo, al morir Jesús, según los evangelios, expresa su íntima unión con el
Padre la cual es confirmada con su resurrección de entre los muertos
manifestándose como una aprobación perfecta y definitiva a su hijo.

b. Jesús y su papel en la historia de la salvación

Los evangelios muestran la relación de Jesús con Dios cuando relaciona la


historia de salvación del antiguo testamento con la vida de Jesús. La relación
particular de Jesús con Dios se muestra también en su manifestación al fin de los
tiempos.

El cumplimiento de las Escrituras

Jesús se presenta a sí mismo como el cumplimiento personal de las Escrituras.


Lleno del Espíritu Santo, después de leer el libro de Isaías en la sinagoga de
Nazaret, lo cierra y declara Hoy se ha cumplido esta lectura que han escuchado
(Lc 4, 16-21). Marcos en su evangelio ofrece un sumario de la identidad de Jesús
desde Mc 1, 1. En el sermón de la montaña el legisla con una autoridad mayor a la
de Moisés (cf. Mt 5,21.27.33.38.43).

El cumplimiento de la historia en el retorno triunfal de Jesús

La relación de Jesús con el padre se hará manifiesta en su totalidad en la


consumación de toda la historia en el retorno de Cristo en su gloria. Toda la vida y
todo este tiempo se desarrolla en el horizonte de la consumación de la historia que
se realizará con el retorno triunfal de Jesús.

c. Conclusión

Los evangelios sinópticos muestran la singular relación de Jesús con Dios en toda
su vida y actividad, es en Jesús en quien Dios se revela a sí mismo y presentando
a Jesús, que es palabra de Dios, los propios evangelios se convierten en palabra
de Dios. Haciendo un enlace entre el canon del nuevo testamento y el de las
Sagradas Escrituras hebreas.
3.3. El Evangelio de Juan

El prólogo de Juan termina haciendo patente la relación íntima de Jesús, hijo


unigénito, con su Padre (Jn 1,18), siendo su capacidad de conocer, revelar y
atestiguar a Dios una cuestión fundamental, es confirmada por toda la obra
Joanica. Una característica propia de este evangelio es que señala algunos rasgos
especiales de la relación del evangelista con Jesús, se trata en particular de: a)
La contemplación de la gloria del Hijo unigénito; b) El testimonio ocular explícito; c)
La instrucción del Espíritu de verdad para los testigos.

a. La contemplación de la gloria del Hijo unigénito

En los textos Joanicos, contemplar designa un ver intenso y duradero, conectado


con la reflexión y con una inteligencia y adhesión de fe crecientes. El objeto
inmediato de la contemplación de la contemplación es Jesús, su persona y su
actividad, pues, durante su presencia en la tierra el verbo de Dios se hizo visible a
los hombres.

El autor se incluye a sí mismo en un grupo de testigos atentos, siendo su


testimonio ocular y su fe en Jesús, constituyen la base de su escrito. Este grupo
de testigos se puede identificar en Jn 20, 30-31, en el que pone de manifiesto que
el grupo al que pertenecía el autor es al grupo de los discípulos de Jesús.

b. El testimonio ocular explícito

El evangelista subraya explícitamente en dos ocasiones que ha sido testigo ocular


de cuanto escribe. Se Trata del discípulo amado (Jn 21, 20) que debido a su
cercanía con Jesús ha sido testigo de su actuación, de este modo confirma que
este evangelio proviene de Jesús y de Dios.

En otro pasaje explicita el testimonio ocular después de la muerte de Jesús (Jn 19,
35), aquí son decisivos los testimonios de ver, dar testimonio, verdad y creer.

c. La instrucción del Espíritu de verdad para los testigos

El testimonio del discípulo resulta posible por el don del Espíritu Santo. Los
discípulos son los testigos oculares de toda la actividad de Jesús, pero el
testimonio de fe que conduce a crees en Jesús como hijo de Dios, se da por el
poder del Espíritu. La obra del espíritu queda referida enteramente a la actividad
de Jesús y se orienta a conducir a una comprensión cada vez más profunda de la
verdad.
3.4. Los Hechos de los Apóstoles

A Lucas se le atribuye no sólo el Evangelio, sino también el libro de los Hechos de


los Apóstoles. Lucas describe en Hechos la actividad de aquellos de quienes
había hablado en (Lc 1, 2), los cuales constituyen, por tanto, la fuente para sus
dos obras. El dato fundamental relativo a la providencia divina del libro de los
Hechos es la relación inmediata de estos “testigos oculares y servidores de la
palabra” con Jesús.

a. La relación personal inmediata de los apóstoles con Jesús

El libro de los hechos refiere la proclamación del evangelio por parte de los
apóstoles Pedro y pablo, mostrando a la comunidad de los once como la
comunidad a la que se aparece el señor resucitado. La identidad de los apóstoles
en la lista, denota la especial relación que tenía cada uno con Jesús (Hch 1,13)
favoreciendo al mismo tiempo que el relato sea escogido como proveniente de
Jesús y de Dios.

La segunda parte del libro protagonizada por el apóstol Pablo, se caracteriza por
su relación personal inmediata con Jesús.

b. Los discursos y las actuaciones de los apóstoles

Los discursos de Pedro (Hch 1,15-22; 2,14-36; 3,12-26; 10,34-43) y de Pablo (p.ej.
Hch 13,16-41) son sumarios significativos de la vida y ministerio de Jesús. Al
presentar la resurrección de Jesús, se subraya la actuación del Padre, que se
opone a la de los hombres y al presentar los títulos Cristológicos que le da Lucas a
Jesús en su evangelio, expresa que Dios es la fuente de estos, para expresar la
condición y misión que Él le ha otorgado, También las actuaciones milagrosas
conectan a los apóstoles con Jesús. La actividad de los apóstoles está
determinada por Jesús, acentuando la continuidad del plan divino.

c. La obra del Espíritu Santo

La relación de los apóstoles con Jesús se confirma igualmente mediante el


Espíritu Santo que Jesús ha prometido y les ha enviado, y con el que realizan sus
obras.

d. El cumplimiento del Antiguo Testamento

En el libro de los Hechos hay unas 37 citas del Antiguo Testamento, la mayoría en
los discursos que Pedro, Esteban y Pablo dirigieron a un auditorio judío. La
referencia a los textos inspirados, mostrando su cumplimiento en Jesús, confiere
un valor similar a las palabras de los predicadores cristianos.
El libro de los Hechos atestigua de modo especial la manera en la que la Iglesia
primitiva, no sólo recibió las Escrituras hebreas como herencia propia, sino que se
apropió además del vocabulario y de la teología de la inspiración, como se
descubre en el modo de citar los textos del Antiguo Testamento.

e. Conclusión

Una de las características del libro de los Hechos es que se refiere a la actividad
de los «los testigos oculares y ministros de la Palabra», los cuales tienen una
relación múltiple con Jesús. En razón de esta clara cualidad del contenido del libro
de los Hechos, también el texto proviene de Jesús y de Dios.

3.5. Las cartas del Apóstol Pablo

Pablo atestigua la proveniencia divina de las Escrituras de Israel, de su evangelio,


de su ministerio apostólico y de sus cartas.

a. Pablo atestigua el origen divino de las Escrituras

Pablo reconocer sin ambigüedad la autoridad de las Escrituras, atestigua su origen


divino, y las ve como profecías del Evangelio. Al ser un hebreo creyente, los recibe
como testimonio de la voluntad y del plan salvífico de Dios para la humanidad
acogiendo las Escrituras como profecías de Cristo y de nuestros tiempos además
de confirmar la unidad y la firmeza del plan salvífico de Dios.

b. Pablo atestigua el origen divino de su Evangelio

En el primer capítulo de su carta a los Gálatas, Pablo reconoce haber perseguido


a la Iglesia, pero confiesa que Dios le reveló a su Hijo, declarando que su
Evangelio le fue revelado; y por Evangelio debemos entenderlos componentes
principales de la trayectoria y de la misión de Jesús, al menos su muerte y
resurrección salvíficas.

c. El ministerio apostólico de Pablo y su origen divino

Pablo quiso insistir igualmente en el origen divino de su apostolado, porque


algunos, del grupo de los apóstoles, lo denigraban y minimizaban el valor de su
Evangelio; Por esta razón insiste en el hecho de que fue segregado y llamado por
el Señor para ser apóstol de los gentiles (Rm 1,5; 1 Cor 1,1; 2 Cor 1,1; Gál 1,1).
Cuando Pablo da a conocer las revelaciones recibidas de Dios, Pablo no lo hace
para que las iglesias lo admiren, sino para mostrar que las señales del auténtico
apóstol son más bien las fatigas y los sufrimientos. Su testimonio es por ello digno
de fe.
d. Pablo atestigua el origen divino de sus cartas

Pablo, al comienzo de sus cartas, recuerda su llamada y su mandato apostólico


como en Rm 1,1, Sostiene que sus cartas transmiten fielmente su Evangelio y
quiere que sean leídas por todas las iglesias (cf. Col 4,16).

3.6. La carta a los Hebreos

El autor de la carta a los hebreos no explicita ningún reclamo de autoridad


apostólica, Sin embargo, en relación con esto, hay dos pasajes de importancia
excepcional: 1,1-2, donde al autor hace una síntesis de la historia de la revelación
de Dios a los hombres y 2,1-4, donde se presenta como perteneciente a la
segunda generación cristiana.

a. La historia de la revelación de Dios

El autor traza la historia completa de la Palabra de Dios dirigida al hombre. El


pasaje de (Heb 1,1-2) es de una importancia singular para el tema de la revelación
e inspiración y merece una cuidadosa explicación. En ella se afirma
solemnemente un hecho capital: Dios buscó entrar en una relación personal con
los hombres.

En la historia de la Palabra de Dios se distinguen dos etapas principales. La


repetición del verbo «hablar» en los dos casos expresa una continuidad evidente,
distinguiéndose dos etapas principales. En lo que atañe a la época, al primer dato
(«antiguamente»), simplemente cronológico, se contrapone otro más complejo. El
autor recurre a una expresión bíblica, «etapa final», que indicaba vagamente el
tiempo futuro (cf. Gén 49,1), pero cuyo significado se fue especificando hasta
aplicarse al tiempo de la intervención divina definitiva.

La relación de Dios con los hombres ha cambiado de nivel: se ha pasado de la


promesa a la realización, de la prefiguración al cumplimiento. La diferencia es
cualitativa. El modo en el que se presenta la palabra de Dios no es el mismo en
los dos períodos de la historia de la salvación. En los tiempos antiguos se
caracterizaba por la multiplicidad, En la fase final, la Palabra de Dios fue
entregada totalmente, de manera definitiva y perfecta. A la sucesión de períodos
corresponde un cambio de auditorio para la Palabra. La de los tiempos antiguos
fue dirigida «a los padres» mientras que la palabra definitiva se «nos» ha dirigido.

No le bastó a Dios volverse a nosotros asumiendo nuestro lenguaje; viene En la


persona de Jesucristo vino Él mismo a compartir realmente nuestra existencia y a
hablar no sólo el lenguaje de las palabras, sino también el de la vida ofrecida y la
sangre derramada.
b. La relación del autor con la revelación del Hijo

Una vez desarrollado un aspecto de su doctrina, la palabra de Dios dirigida al


hombre en los profetas y en el Hijo (1,1-14), el autor precisa inmediatamente la
conexión de la misma con la vida e indica su propia relación con el Hijo. Los
cristianos son invitados a prestar una atención mayor a la palabra escuchada ya
que no basta con escuchar el mensaje; es preciso adherirse a él con todo el
corazón y toda la vida.

Después de haber introducido su tema (cf. 2,1), el autor lo desarrolla en una larga
frase (cf. 2,2-4). Al referirse a la «palabra», el autor tiene a la vista la promulgación
de la Ley acontecida en el Sinaí. La expresión «salvación» resulta inesperada. Se
esperaría un término paralelo a «la palabra”. Manifiesta una profunda diferencia
entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. En la antigua alianza se tiene sólo una
«palabra», en la nueva alianza se ofrece una verdadera salvación.

Un largo discurso sobre el tema señala tres características de la salvación: La


primera característica de la salvación es que comenzó a ser anunciada por el
Señor, la segunda es el ministerio de los primeros discípulos y la tercera es el
testimonio por parte de Dios (cf. 2,3b-4).

3.7. El Apocalipsis

El texto contempla una relación de dependencia, estrecha y directa, precisamente


respecto de Dios. Esto ocurre en el prólogo (1,1-3), volvemos a encontrarlo en
1,10 y 4,2. En el estudio de estos fragmentos obtenemos una primera
comprensión de la inspiración que se halla presente en el Apocalipsis.

a. La proveniencia de Dios del texto según el prólogo (1,1-3)

Constamos un primer enganche explícito con el nivel de Dios justo al inicio del
texto: la «revelación» es «de Jesucristo» (1,1a). La revelación, que ha brotado del
Padre y ha sido entregada su Hijo Jesucristo. Del nivel de Dios se desciende luego
al nivel del hombre. Es aquí donde nos encontramos con Jesucristo: todo aquello
que es de Dios-Padre se reencuentra en él, quien como hijo encarnado puede
comunicar al Padre adecuadamente a los hombres.

Ahí aparece Juan quien entra en contacto con la revelación de tal manera que la
expresa por símbolos vistos por él mismo y explicados por un ángel. A su vez
expresa esta revelación como cartas a las Iglesias para terminar siendo anunciada
en la asamblea litúrgica y asumiendo la forma de profecía.

b. La trasformación de Juan obrada por el Espíritu con miras a Cristo (1,10;


4,1-2)
Al comienzo de la primera (1,4-3,22) y de la segunda parte (4,1-22,5) de su texto,
el autor del Apocalipsis ofrece una precisión interesante sobre el dinamismo
revelador, ocurre una intervención particular del Espíritu Santo Ello se verifica
sobre todo al comienzo de la primera parte del libro (1,10) ya que el «ser
arrebatado» por medio del Espíritu y en contacto con él, implica para Juan una
transformación interior que, lo habilita para captar e interpretar el signo simbólico
complejo que le será presentado de inmediato. Este contacto especial con el
Espíritu se renueva al comienzo (4,1-2) de la segunda parte del libro (4,1-22,5, y
se mantiene inalterado hasta la conclusión, Como efecto de este segundo «ser
arrebatado en Espíritu», Juan será capaz de percibir los muchos «signos» que
Dios le dará por medio de Jesucristo, y de expresarlos adecuadamente en el texto.

Después, cuando sea mostrado el gran «signo» conclusivo de la Nueva Jerusalén,


que presentará la relación inefable de amor entre Jesucristo Cordero y la Iglesia
convertida en su esposa, habrá para Juan un reclamo ulterior del Espíritu (Ap
21,10), que le abrirá a la comprensión más alta de Jesucristo. Esta dilatación
producida por el Espíritu con miras a un «más» de Jesucristo pasará de Juan a su
escrito y tenderá a situarse en el lector-oyente.

c. La implicación humana en la expresión del mensaje profético (10,9-11)

Ahora bien ¿cómo se desarrolla en el hombre esta dilatación en el Espíritu? Sobre


ello encontramos una indicación interesante en 10,9-11. La palabra de Dios
deberá pasar del nivel divino al de la comunicación humana mediante una fatigosa
elaboración desde dentro, en la que se verán implicadas la inteligencia, la
emotividad y las facultades literarias creativas de Juan.

d. El carácter intangible del libro inspirado (22,18-19)

El contacto prolongado que ha tenido con Jesucristo por mediación del Espíritu
durante su elaboración, ha impreso el mensaje del libro con una sacralización
propia: dentro de él, por así decirlo, hay algo de Cristo y de su Espíritu; de este
modo el texto queda habilitado para desempeñar el papel de una profecía que
penetra en la vida y es capaz de cambiarla.

e. Una primera síntesis sobre la proveniencia de Dios

El texto tiene un origen marcadamente divino, pues deriva directamente de Dios


Padre y de Jesucristo, a quien lo entrega Dios Padre. Jesucristo lo entrega a su
vez a Juan, insertando su contenido en «signos» simbólicos, que Juan, ayudado
por el Ángel intérprete, logrará percibir.

El paso que transforma la palabra de Dios también en palabra de hombre, reclama


de Juan, después de un sobresalto de alegría en el primer contacto con la palabra,
una sufrida elaboración que lleva el mensaje al nivel propio del hombre y lo hace
comprensible, Al final este texto, palabra de Dios venida en contacto con el
hombre, conseguirá no sólo hacer comprender su contenido iluminador sino que
sabrá también irradiarlo en lo vivido. Será inspirado e inspirador ya que en
contacto con Cristo hace saltar a una nueva dimensión: también el Antiguo
Testamento se vuelve inspirado e inspirador en clave cristológica.

4. CONCLUSIÓN

4.1 una mirada global sobre la relación Dios- autor humano

a. Breve síntesis

En el antiguo testamento Dios expresa su voluntad de diversas maneras pero en


todas ellas es el quien escribe en cada uno de los relatos. En el pentateuco es
coge a Moisés como su mediador de su revelación pero es Dios quien escribe los
diez mandamiento y se lo entrega a Moisés y luego Moisés pasa hacer el escriba
de Dios transformándose en mediador del Señor para toda la Tora. En los libros
proféticos Dios comunica su palabra a mensajeros quienes trasmiten al pueblo y
en el pentateuco y libros proféticos, la palabra de Dios es trasmitida directamente
por aquellos mediadores que el escoge y en los salmos y en los libros diversos, el
orante escucha la voz de Dios en los grandes acontecimientos de la creación, en
la historia de Israel pero también en las experiencias personales. Mientras en el
nuevo testamento Dios da su palabra definitiva al Hijo a quien se le ha dado la
plenitud del mensaje del Padre.

B. algunos rasgos característicos de la inspiración

Las características para la inspiración de la palabra. Es fundamental el don de una


relación personal con Dios (fe incondicional en Dios, temor de Dios, fe en
Jesucristo, Hijo de Dios). En esta relación el autor acoge los diversos modos en
que Dios se revela (creación, historia, presencia de Jesús de Nazaret). En la
economía de la revelación de Dios, que culmina en el envío de su Hijo Jesús,
tanto la relación personal con Dios como el modo de la revelación sufren
variaciones, determinadas por las fases y las circunstancias de la revelación. De
ello se concluye que la inspiración es analógicamente idéntica para todos los
autores de los libros bíblicos, pero resulta diversificada por razón de la economía
de la revelación divina.

c. la forma apropiada de acoger los libros inspirados

Pero el Espíritu con el que fueron escritos los libros debe ser el Espíritu con el cual
los escuchamos. Los libros del Nuevo Testamento los han escrito verdaderos
discípulos de Jesús, profundamente motivados por la fe en su Señor. Estos libros
deben ser escuchados por verdaderos discípulos de Jesús, Además somos
invitados a leer los escritos del Antiguo Testamento, junto a Jesús resucitado,
según la enseñanza que él dio a sus discípulos.

También es esencial tener en cuenta la inspiración para el estudio científico de los


escritos bíblicos, realizado no de un modo neutro sino con una aproximación
verdaderamente teológica.

4.2 los escritos del nuevo testamento atestiguan la inspiración del antiguo
testamento y ofrecen una interpretación cristológica del mismo

a. algunos ejemplos

Para Mateo cuando habla del cumplimiento de las promesas o de las profecías en
Jesús interpreta la antigua promesa de manera cristológica, mientras Lucas afirma
que con la resurrección se muestra finalmente que toda las Escrituras hablan de
Jesús, de sus sufrimientos y de su gloria, en Juan es Jesús mismo quien afirma
que las Escrituras dan testimonio de él; lo hace enfrentándose a sus
interlocutores, que investigan estas Escrituras para obtener la vida eterna. Pablo,
como ya ha quedado expuesto ampliamente, reconoce sin vacilaciones la
autoridad de las Escrituras, atestigua su origen divino y las ve como profecía del
Evangelio.

b. El testimonio de 2 Tim 3,15-16 y 2 Pe 1,20-21

Para la relación entre el Antiguo Testamento y el testimonio apostólico es


importante el hecho –común a 2 Tim y 2 Pe– de que los autores hablan de las
«Escrituras» después de haber aludido a su propia obra apostólica. Pablo
menciona primero su enseñanza y su vida ejemplar (2 Tim 3,10-11) y luego el
papel de las Escrituras (3,16-17); Pedro presenta su condición de testigo que vio y
oyó en la transfiguración (2 Pe 1,16-18) y se refiere luego a los antiguos profetas
(1,19-21). Ambos textos muestran que para los cristianos el contexto inmediato
para la lectura e interpretación de las Escrituras inspiradas (del Antiguo
Testamento) es el testimonio apostólico. De ello se deduce que también este
último debe entenderse como inspirado.

4.3 el proceso de la formación literaria de los escritos bíblicos y la


inspiración

Afirmar que la Escritura, en su conjunto, está inspirada, equivale a reconocer que


ella constituye un Canon, es decir un conjunto de escritos normativos para la fe,
recibidos en la Iglesia. En cuanto tal, la Biblia es el lugar de la revelación de una
verdad insuperable, identificada en una persona –Jesucristo–, la cual, con sus
palabras y sus obras, «cumple» y «perfecciona» las tradiciones del Antiguo
Testamento, revelando al Padre de manera plena.

4.4 en camino hacia un canon de los dos testamentos

Las cartas 2 Tim y 2 Pe tienen funciones importantes para un primer esbozo de


Canon cristiano de las Escrituras, El texto de 2 Pe, en particular, apunta a un
Canon de los dos Testamentos y a una recepción eclesial de las cartas paulinas,
factor importante para la recepción de estos escritos en le Iglesia.

a. La conclusión de las colecciones de las cartas paulinas y petrinas

Las dos cartas miran al pasado y resaltan el fin inminente de la vida de autores
respectivos.

En 2 Tim se evoca la muerte de Pablo como algo inminente: el apóstol,


abandonado por quienes lo apoyaban y habiendo perdido su causa en el tribunal
imperial (cf. 4,16-18), está preparado para recibir la corona del martirio, 2 Pe
indica que el Señor ha revelado la cercanía de la muerte del apóstol. Ambas
cartas aparecen así como la última de su respectivo autor, como su testamento,
que pone punto y final a cuanto se proponía comunicar.

b. Hacia un canon de los dos testamentos

El pasaje de 2 Pe 3,2 resalta a los profetas, al Señor, a los apóstoles. De este


modo se delinea el Canon de los dos Testamentos, el primero de los cuales es
determinado por los profetas y el segundo por el Señor y Salvador Jesús,
atestiguado por los apóstoles. Ambos Testamentos se conectan en el testimonio
por la fe en Cristo.

4.5 la recepción de los libros bíblicos y la formación del canon

 Entre los diversos escritos conservados en sus archivos los escribas eligieron, por
tanto, aquellos que contenían las leyes sagradas, el relato de su historia nacional,
los oráculos proféticos y la recopilación de los dichos sapienciales en los que el
pueblo hebreo podía verse reflejado y reconocer el origen de su fe. Y lo mismo
ocurrió entre los cristianos de los primeros siglos, con los escritos apostólicos
ahora contenidos en el Nuevo Testamento.

La época preexilica

Los escribas postexílicos no se limitaron a recoger los libros dotados de


acreditación religiosa. Pusieron además al día las leyes y los relatos históricos,
reunieron oráculos proféticos y les añadieron pasajes de comentario interpretativo,
y, sirviéndose de diversos materiales, constituyeron un solo libro (por ejemplo, el
libro de Isaías y el de los Doce Profetas). Compusieron asimismo nuevos salmos y
dieron forma a libros sapienciales. Unificaron el conjunto bajo los nombres de
Moisés, legislador y sumo profeta, de David, el salmista, y de Salomón, el sabio.
Un complejo corpus literario como este resultaba así útil para sostener la fe,
también frente a los desafíos culturales de la época persa y helenística.
Contemporáneamente, comenzaron a fijar el texto de los libros más antiguos, con
lo que Canon y texto se desarrollaban juntos.

La época de los Macabeos

Un nuevo problema se planteó cuando Antíoco IV manda destruir todos los libros
sagrados de los judíos, la cual se hacía necesaria una reorganización, l Sirácida
clasificaba ya los libros sagrados como Ley, Profetas y otros escritos posteriores,
resume la historia de Israel desde los comienzos hasta su época, menciona
explícitamente al profeta Elías, a Isaías ya Jeremías, Ezequiel y los Doce Profetas,
Unos cincuenta años más tarde 1 Mac 1,56-57 nos informa de que los Seléucidas,
durante la persecución de Antíoco, habían quemado los libros de la Ley y el libro
de la alianza, pero 2 Mac 2,14 nos dice que Judas Macabeo recogió los libros
salvados de la persecución, En el primer siglo de la era cristiana, Flavio Josefo
refiere que los libros reconocidos por los judíos como sagrados son veintidós, por
razones internas al judaísmo, o bien para hacer frente a los libros del Nuevo
Testamento, considerados por los cristianos como Sagradas Escrituras.

El canon del antiguo testamento entre los padres

En el Concilio de Hipona del 393, los obispos de África, al establecer el criterio de


la lectura pública en la mayor parte de las iglesias o en las principales, pusieron la
base para la recepción de los deuterocanónicos, que se afianzaron definitivamente
en época medieval. En la Iglesia Católica fue luego el Concilio de Trento el que
decidió la aprobación del Canon largo contra los reformadores, que habían vuelto
al breve. La mayoría de las iglesias ortodoxas no difiere de la católica, aunque se
hallan divergencias entre las iglesias orientales antiguas.

La formación del canon del nuevo testamento

el Concilio de Hipona (a finales del siglo IV) fijó el Canon del Nuevo Testamento,
confirmado por la definición dogmática del Concilio de Trento, para le Iglesia
Católica el reconocimiento definitivo y oficial, tanto del Canon «largo» del Antiguo
Testamento como de los veintisiete escritos del Nuevo Testamento, tuvo lugar en
el Concilio de Trento (D-S 1501-1503). La definición se había hecho necesaria
porque los reformadores excluían los libros deuterocanónicos del Canon
tradicional.
SEGUNDA PARTE
EL TESTIMONIO DE LOS ESCRITOS BÍBLICOS SOBRE VERDAD

1. INTRODUCCIÓN.
Teniendo como referencia el documento de la Dei Verbum y el enfoque que esta
exhortación le da acerca de la verdad bíblica, y luego se seguirá con la
perspectiva a la que se quiere llegar con el estudio de los escritos bíblicos.

1.1 La verdad bíblica según la dei verbum.

La verdad de la Palabra de Dios en las Sagradas Escrituras se halla íntimamente


ligada a su inspiración: en efecto el Dios que habla no puede engañar. No
obstante esta declaración de principio, algunas afirmaciones del texto sagrado
crean dificultades. De ellas eran ya conscientes los Padres de la Iglesia, aún hoy
sigue habiendo problemas, como atestiguan las discusiones mantenidas durante
el Concilio Vaticano II. Lo que sigue tratará de aclarar el sentido del término
«verdad» como se ha entendido en el Concilio.

El n. 11 de la Dei Verbum vuelve a proponer la doctrina tradicional, según la cual


la Iglesia «reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con
todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por
inspiración del Espíritu Santo (cf. Jn 20,31; 2 Tim 3,16; 2 Pe 1,19-21; 3,15-16),
tienen a Dios como autor».

El n. 11 de la Dei Verbum vuelve a proponer la doctrina tradicional, según la cual


la Iglesia «reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con
todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por
inspiración del Espíritu Santo (cf. Jn 20,31; 2 Tim 3,16; 2 Pe 1,19-21; 3,15-16),
tienen a Dios como autor».

1.2 El centro de nuestro estudio sobre la verdad bíblica.

Al estudiar la verdad de los escritos bíblicos, nuestra atención se concentrará, por


tanto, en estos dos temas, íntimamente conectados entre sí: qué dicen los escritos
sobre Dios y qué dicen sobre el plan de Dios para la salvación del hombre. Cristo
trae la plenitud de la revelación y de la verdad la trae; pero su venida fue
preparada por una larga revelación divina, atestiguada por los escritos del Antiguo
Testamento.

2. EL TESTIMONIO DE ALGUNOS ESCRITOS ESCOGIDOS DEL ANTIGUO


TESTAMENTO.
Nuestra intención es mostrar cómo revelan los distintos textos a Dios y su
salvación y contribuir a que se preste mayor atención y se comprenda mejor esta
temática. Por esto se escogieron algunos libros como los relatos de la creación
(Gén 1-2), en los decálogos, en los libros históricos y en los proféticos, en los
Salmos, en el Cantar de los Cantares y en los escritos sapienciales. Aunque el
Antiguo Testamento sea la preparación del acontecimiento culminante de la
revelación de Dios en Cristo, su mayor extensión y la variedad y riqueza de sus
textos nos ha inducido a considerar un número mayor de fragmentos del Antiguo
Testamento que del Nuevo Testamento.

2.1 Los relatos de la creación (génesis 1-2).


Las primeras páginas de la Biblia, que contienen los llamados relatos de la
creación (Génesis 1-2), atestiguan la fe en el Dios que es origen y meta de todo.
En cuanto «relatos de la creación» no informan sobre «cómo» ha comenzado el
mundo y el hombre, sino que hablan del Creador y de su relación con la creación y
con la criatura. Estas no eliminan la pretensión de la Biblia de comunicar la
verdad, ya que la verdad de los relatos bíblicos sobre la creación atañe a la
coherencia, llena de sentido, del mundo como obra creada por Dios.

2.2 Los decálogos (Ex 20,2-17 y Dt 5,6-21)

 Los decálogos introducen las diversas colecciones legislativas,


reunidas, por una parte, en el libro del Éxodo, del Levítico y los
Números, otra parte está en el libro del Deuteronomio. Estos textos
revisten la forma de un discurso del Señor (YHWH). Los decálogos
tienen numerosos puntos en común, y al mismo tiempo cada ofrece
una especificidad teológica, de hecho cuando el decálogo en Ex 20
desarrolla principalmente una teología de la creación, el Dt 5 insiste
principalmente en la teología de la salvación.
 A. La construcción literaria de los dos decálogos: el don de Dios
constituye, por lo tanto, el fundamento de las prescripciones
legislativas recogidas en los decálogos, esto consiste en la
liberación otorgada a Israel, sometido en la esclavitud en Egipto. La
renuncia a los ídolos, aceptar ver monoteístas estrictos, la renuncia
a cualquier proyecto de abuso del prójimo en la construcción de
una verdadera comunidad.
 B. Comentario e implicaciones teológicas: los decálogos ponen a
Israel en la obediencia a la ley de Dios en el Sinaí o en el Horeb, los
decálogos manifiestan el modo en el que Dios creador se revela en
la historia también como salvador e invita a cada miembro de la
comunidad a entrar y ayudan o proveen la clave para interpretar la
Torá, la relación del Dios de Israel aparece así inseparable de la
relación con el prójimo, que es lugar a la adhesión de los creyentes
a la verdad revelada.

2.3 Los libros históricos

El compendio de la historia que ocupan tantos libros de la Biblia son los


históricos como lo es los libros históricos Josué, jueces, 1- 2 Samuel, 1-2 Reyes,
1- 2 crónicas, Esdras, Nehemías, 1-2 macabeo, la presentación bíblica de la
historia se desarrolla armónicamente sobre la base de la teología de la creación,
como lo expone las primera páginas de la Biblia, en está no se narran únicamente
acontecimientos positivos, sino al contrario, en ella se muestra como en las
contradictoria vicisitudes humanas , Dios manifiesta su pretensión constante de
realizar la salvación de la humanidad de este modo la Biblia revela a Dios como
“salvador”. En esta se presentan las diferentes alianzas que Dios hizo con su
pueblo en las personas de Abraham, Noé. Es decir el problema teológico de la
historiografía bíblica se presenta en primer lugar como teo- lógica es decir
pretende mostrar la fidelidad de Dios en su relación con el hombre.

2.4 libros periféricos

La profecía bíblica atestigua de modo eminente el revelarse de Dios, ya que la


palabra humana de los profetas coincide explícitamente con la misma Palabra de
Dios, con unas características propias de estas literatura es que se manifiesta en
la historia humana se dan a conocer los profetas, y es proclamado por los profetas
a Israel y las Naciones, de modo que se manifieste a todos la auténtica verdad de
Dios y de la historia.

A. El Dios fiel: los profetas, enviados incansablemente por el Señor son la voz
autorizada que recuerda la presencia indefectible del verdadero Dios en la
complicada historia humana, la verdad del Señor se puede comparar, por
ello , a la de la roca (Is 26, 4).
B. El Dios justo: al revelarse, el Dios fiel reclama fidelidad, el Dios santo exige
que quien entra en su alianza sea santo con Él es santo, el Dios justo pide
a cada uno que recorra el camino de la rectitud trazado por la ley, los
profetas a través de la historia son heraldos de justicia perfecta, la que Dios
realiza.

Dios misericordioso: es el Señor, por medio de los profetas, quien revela sus
proyectos, infinitamente superiores a cuanto a las criaturas pueden concebir y es
en la manifestación eficaz de la gracia como Dios da a conocer la perfección de su
verdad, llevando a cumplimiento el sentido de la historia.
2.5 Los Salmos:

Las plegarias de los Salmos presuponen y manifiestan esta verdad esencial sobre
Dios y sobre la salvación, dándonos a conocer que Dios no está lejos del hombre,
sino que es un Dios que escucha y responde al clamor del hombre enseñándonos
a través de los Israelitas quienes saben que pueden volver a Dios en cual quiera
de sus circunstancias que está viviendo como en la alegría y en el dolor. De entre
las diversas características de Dios atestiguadas por los Salmos recordamos las
dos siguientes: Dios se revela (a) como el Dios del poder protector y (b) como el
Dios de la justicia que transforma al pecador en justo. Por lo tanto, Dios siempre
Aquél que salva a los seres humanos.

a. El Dios omnipotente: Sal 46

La presencia y la actividad de Dios se manifiestan de modo emblemático en el Sal


46, y se expresan en la frase: «El Señor del universo está con nosotros». Él
domina, con su fuerza, la naturaleza (vv. 2-7), defiende a Israel y crea la paz (vv.
8-12).

El poder de Dios domina la naturaleza: Dios es creador:

Dios domina las fuerzas del caos. Aun en el caso de que atenten contra la
estabilidad de Sion, la ciudad santa «no vacila» (v. 6a), porque «tiene a Dios en
medio» (v. 6a), y el mismo «Dios la socorre al despuntar la aurora» (v. 6b).

El poder de Dios defiende a su pueblo y crea la paz: Dios es salvador

La intervención poderosa de Dios en favor de Sion tiene un significado universal:


Él trae la paz no sólo a la ciudad de Dios (cf. v. 5), sino a todas las naciones, a
toda la tierra (cf. v. 11).

b. El Dios de la justicia: Sal 51

La justicia salvífica de Dios actúa en el hombre pecador, no sólo borrando sus


culpas y purificándolo, sino también justificándolo y transformándolo. Toda esta
actuación del Dios justo procede de su amor, que es fiel y misericordioso.

El Dios de la justicia ama al hombre pecador:

El Sal o 51 en su comienzo nos muestran que el orante invoca el amor y la


misericordia de Dios.

El primer sustantivo, «amor» (heded), es uno de los términos fundamentales de la


teología de los Salmos y de la alianza (muy frecuente en al Antiguo Testamento,
especialmente en los Salmos) donde Dios al impulso de su amor, justifica al
pecador y este amor no se le quitará al pecador, pese a su pecado (cf. Sal 77,9),
porque Dios lo ama como un padre. Este amor inspirará la justicia de Dios que
justificará al pecador indicándole que ese amor de Dios le implica bondad,
generosidad, fidelidad para que lo sigua como un amigo, se sienta rodeado,
protegido y lo saciado por ese amor puro y verdadero.

El segundo término, «misericordia» (rehem) (cf. Sal 40,12; 69,17; y otros), se


encuentra frecuentemente en contextos penitenciales (cf. Sal 25,6; 79,8) y
habitualmente se usa en plural (rahamim). El término evoca las «entrañas» de la
madre, símbolo arquetípico de un amor instintivo y radical. Se presenta a Dios
adherido a la persona humana más aún de lo que lo está la madre al propio hijo
(cf. Is 49,15). Por ello el salmista dice: «Pero tú, Señor, Dios clemente y
misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal» (Sal 86,15).

Las dos dimensiones del amor de Dios evocadas al comienzo de Sal 51 son como
dos coordinadas de la justicia de Dios que justifica al pecador. El Dios, que ama y
es misericordioso (v. 3; cf. v. 20), es al mismo tiempo el Dios que juzga (v. 6; cf. v.
16).

La justicia de Dios justifica, esto es, trasforma al pecador en justo (vv. 6.16)

Volviéndose hacia el pecador, Dios instaura con él una relación dinámica y


profunda, inspirada en la justicia. Este proceso se desarrolla en varias etapas:

- La compasión o piedad amorosa: El que se ha rebelado contra Dios y se ha


hecho abominable a sus ojos pide hallar su compasión. Esta le levantará de su
miseria más profunda, que es la miseria del pecado.

- La enseñanza interior: «Te gusta un corazón sincero y en mi interior me


inculcas sabiduría» (v. 8). Dios obra en la conciencia del pecador, obnubilada por
el pecado, e introduce en ella la luz de la verdad, que permite reconocer los
pecados, y la irradiación de su sabiduría, que abre los ojos a la recta conducta.

- El veredicto de gracia que otorga el perdón: se introduce una fuerte


esperanza: «Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa» (v. 11).
Liberado de una presencia obsesiva del pecado, pide: «Hazme oír el gozo y la
alegría» (v. 10; cf. Is 66,14).

-La nueva creación: el orante pide a Dios suplica recibir el Espíritu Santo, para
que renueve su interior y permanente, para la cual es decisiva la presencia del
Espíritu de Dios, de quien proviene «la alegría de la salvación» (v. 14).
-El impulso para el testimonio: renovado por Dios, el hombre quiere comunicar
su propia experiencia a cuantos la necesitan y sobre todo esa sabiduría que el
Señor le ha inculcado en su interior.

- La apertura a la alegría y a la alabanza: el penitente renovado se siente


invadido por la alegría, que quiere expresar en la alabanza: «Cantará mi lengua tu
justicia. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza» (vv. 16-
17; cf. Sal 35,28; 71,24).

- El paralelismo entre «tu justicia» y «tu alabanza», Dios es en realidad –


inspirado por su amor paterno y materno–la única causa que opera la justificación
del pecador, es decir, su nueva creación y su felicidad, liberándolo de la opresión
del pecado.

2.6 El Cantar de los Cantares

Resulta sorprendente que el Cantar de los Cantares haya sido acogido entre los
libros de la Biblia hebrea (entre los cinco rollos); de hecho, su contenido es muy
singular y este libro celebra poéticamente el amor humano, un amor real, en su
dimensión corporal y al mismo tiempo espiritual caracterizándose por la
“polisemia”.

Con muchos símbolos el libro nos permite entender que Dios es la fuente del amor
humano: lo crea, lo nutre, lo hace crecer, le da fuerzas para buscar al otro (a la
otra) y vivir en comunión perfecta con él (con ella) y en definitiva con la familia y
con la comunidad y es así, pues, conociendo y viviendo el amor se puede
descubrir y conocer a Dios.

El segundo significado ulterior se refiere al amor de Dios hacia el pueblo de la


alianza (cf. Os 1-3; Ez 16 y 23; Is 5,1-7; 62,5; Jr 2-3). Cristo se presenta o es
presentado como esposo en varios contextos (Mc 2,19; Jn 3,29; 2Cor 11,2; Ef
5,25.29; Ap 19,7.9; 21,2.9) y la Iglesia es representada como la novia (Ap 19,7.9)
El amor de Cristo por la Iglesia es tan importante y fundamental para la salvación
de los hombres que el Evangelio de Juan presenta la actuación de Jesús en las
bodas de Caná como el comienzo de sus signos (Jn 2,11), de toda su actividad.
Jesús se revela como el verdadero esposo (Jn 3,29) que ofrece en plenitud el vino
bueno para todos y revela el amor que él ofrecerá “hasta el extremo” (13,1; cf.
10,11.15; 15,13; 17,23.26).

2.7 Los libros sapienciales

También los textos sapienciales muestran diversas características de Dios


Creador, en particular las de Dios misericordioso e inescrutable. El creador es de
hecho el Dios misericordioso que olvida los pecados de los hombres cuando estos
se convierten. Resaltamos aquí algunos aspectos sapienciales que ilustran la
auténtica verdad de Dios: esta quiere conducir al hombre a la adhesión de fe en el
Señor y trata de suscitar en él “el temor del Señor”, es decir, un respeto profundo,
consciente de la inmensa distancia entre el Creador y sus criaturas (Ecl 3,10-14).

2.7.1 El libro de la Sabiduría y el Eclesiástico: la filantropía de Dios

a. El libro de la Sabiduría

La filantropía de Dios, comunicada en Sab 11,15–12,27, se expresa, sobre todo,


mediante el recuerdo de las llamadas plagas que afectaron a los egipcios,
interpretando de forma novedosa los castigos de Dios y su pedagogía. El Dios de
la alianza, señor de la creación, (Sab 16,24-29; 19,6-21), interviniendo
repetidamente en la historia de la salvación, se preocupa tanto de su pueblo como
de cada “justo” (cf. Sab 3,1-4,19); es Él quien premia y castiga (cf. Sab 4,20-5,23;
11,1-5), tratando a todos con longanimidad para llevarlos a la conversión (Sab
12,9-18; cf. Rm 2,3-4; 2 Pt 3,9) y educar al justo a que juzgue con clemencia (Sab
12,19-22).

El amor de Dios se manifiesta incluso en la muerte prematura del justo. Él ama al


justo por sus virtudes, por su vida intachable (Sab 4,9), y lo quita de este mundo
perverso para que no se corrompa: “Agradó a Dios y Dios lo amó, vivía entre
pecadores y Dios se lo llevó” (Sab 4,10; cf. Gn 5,24; Eclo 44,16; Hb 11,5).

El amor de Dios por sus criaturas no es un amor estático, sino dinámico, se revela
en la acción. El hecho de que las criaturas permanezcan en la existencia y el
hecho de que se conserve su ser multiforme, activo, misterioso, son la prueba más
tangible del amor de Dios en acción.

b. El libro del Eclesiástico

También Ben Sira tiene un sentido vivo de la grandeza de Dios, como


omnipotencia y misericordia. Habla de Dios con entusiasmo y admiración
emocionados. Dios es omnipotente y en su providencia concede al escriba la
sabiduría (Eclo 37,21; 39,6) y el éxito que se sigue de ella (Eclo 10,5); además da
al pobre la riqueza (Eclo 11,12-13.21); de Él procede igualmente el decreto sobre
la muerte de cada ser humano (Eclo 41,4). Esta indulgencia de Dios no debe
servir para quitar responsabilidad al hombre, sino que es más bien una invitación a
la conversión: “Retorna al Señor y abandona el pecado, reza ante su rostro y
elimina los obstáculos. Vuélvete al Altísimo y apártate de la injusticia” (Eclo 17,25-
26).

2.7.2. El libro de Job y el libro del Eclesiastés: la inescrutabilidad de Dios


a. El libro de Job

Job entiende que el hombre no puede conocer los designios de Dios; pero al final
entiende que sus ojos han visto a Dios mismo a través de todo lo que hace en el
mundo. Mirando el universo y la humanidad con los ojos de Dios, puede confesar
su error de perspectiva y el hecho de haber ido demasiado lejos; por ello dice: “Yo
me retracto”. Para Job la sabiduría consiste ahora en confesar que es posible
reconocer que Dios es justo sin necesidad de comprenderlo totalmente; y el
hombre puede comprometerse en la fidelidad a Él sin conocer “de principio a fin” el
sentido de lo que Dios ha hecho. Dios sigue siendo un misterio insondable para
los humanos.

b. El libro del Eclesiastés

El autor de este libro desarrolla ulteriormente el motivo del carácter inescrutable de


las acciones de Dios. El hombre ignora el sentido de la vida, pero en la voluntad
de Dios todas las cosas creadas tienen su propio puesto y su propio tiempo. El
secreto de la obra de Dios es inaccesible, insondable e incomprensible para el
hombre que busca el sentido fundándose en su propia experiencia. Tanto la obra
de Dios como Dios mismo, el Creador, siguen siendo un misterio inescrutable para
los humanos.

Conclusión

El testimonio de la sabiduría bíblica muestra a todos la auténtica verdad de Dios,


que es misericordioso; al propio tiempo, Él se presenta como un misterio
insondable para los humanos. La filantropía de Dios conduce al hombre a la
conversión y a la fe, mientras que el carácter inescrutable de Dios lo lleva a
reconocer la grandeza del Creador y la propia limitación, conduciéndolo al “temor
del Señor”, y a observar sus mandamientos. El Nuevo Testamento cambia el
horizonte de la reflexión y muestra que la verdad va más allá de la comprensión
que de ella tiene la sabiduría de Israel y se manifiesta de forma plena y definitiva
en la persona de Cristo.

3. EL TESTIMONIO DE ALGUNOS ESCRITOS DEL NUEVO TESTAMENTO

Esta subdivisión, entre los Evangelios y las Cartas Apostólicas y el libro del
Apocalipsis, determina también la presentación que ofrecemos sobre la verdad
testimoniada en estos libros.

3.1. Los Evangelios

entre los libros de la Biblia cristiana ocupan un lugar sobresaliente los Evangelios,
en cuanto testimonio escrito de la revelación divina en su punto culminante; en
ellos encontramos de hecho la auto manifestación de Dios Padre a través de su
Hijo, el cual, hecho hombre, vivió, sufrió y murió, y con su resurrección elevó
nuestra naturaleza humana a la gloria divina,  Los diversos factores que modifican
los relatos y crean diferencias entre ellos no impiden una presentación atendible
de los hechos. También es inadecuado el supuesto que teoriza acerca de la
discontinuidad entre Jesús y las tradiciones que dan testimonio de él, o bien el
desinterés o la incapacidad de presentarlo de manera adecuada. Así, pues, los
Evangelios establecen una relación veraz con el verdadero Jesús.

3.2. Los Evangelios sinópticos

a. La verdad sobre Dios

 De esta relación tan íntima de Jesús y Dios, se deriva que el objetivo principal de
su misión es la revelación de Dios. No sólo las palabras, sino también las obras y
todo el camino de Jesús revelan a Dios y requieren una atención continuada y
vigilante a dicha revelación. La revelación que Jesús hace de Dios como Padre de
los que lo escuchan se explicita de un modo especial en el Evangelio de Mateo.
Ello se muestra particularmente en el Sermón de la Montaña, En el Evangelio de
Lucas Jesús, al revelar al Padre, resalta sobre todo la misericordia con los
pecadores, De este modo presenta el núcleo de su misión y manifiesta la voluntad
y la actuación del Padre. Es significativo y programático el modo en el que Marcos
describe el comienzo del ministerio público de Jesús, El contenido del anuncio de
Jesús es “el Evangelio de Dios”, la buena noticia que habla de Dios y viene de
Dios. Jesús viene como revelador de Dios y su revelación es buena noticia;
proclama que el Reino de Dios ha llegado. La realidad del “Reino de Dios” está en
el centro de la predicación de Jesús en los Evangelios sinópticos; revela y subraya
la soberanía real de Dios, su solicitud de pastor hacia los hombres, su intervención
activa y poderosa en la historia humana. A través de toda su actividad Jesús
explica y explicita esta verdad sobre Dios.

b. La verdad sobre la salvación humana

El ser humano es criatura de Dios; para él, Jesús, el Hijo de Dios, constituye un
modelo siempre válido de gratitud, obediencia y apertura en las relaciones con
Dios Padre, que es la fuente de toda salvación. El carácter universal de la
salvación revelada y realizada por Jesús, se dirige primero al pueblo de Israel,
pero está destinada a todos los pueblos. Su Evangelio se anuncia en todo el
mundo y sus discípulos son enviados a todos los pueblos. Dios ha enviado a
Jesús como Salvador de toda la humanidad.

3.3. El Evangelio de Juan


En este Evangelio encontramos una conexión muy estrecha entre la verdad sobre
Dios y la verdad sobre la salvación de los hombres. Dios manda a su Hijo para
salvar a los hombres, pero precisamente con este envío se da a conocer a sí
mismo, revelando su relación con el Hijo y su amor al mundo. Se determina de
este modo para los humanos una correlación intrínseca entre su conocimiento de
Dios y su salvación.

a. La relación del Hijo con el Padre

El rasgo fundamental y más característico de la relación del Hijo con el Padre es


su perfecta unidad. Jesús dice: “Yo y el Padre somos uno” (10,30), debemos
señalar inmediatamente que la unión, el conocimiento y el amor que caracterizan
la relación entre el Padre y el Hijo son el fundamento y el modelo para la relación
entre el Hijo y los hombres. El origen de todo es siempre el Padre. Lo que el Hijo
comunica viene del Padre y da a conocer al Padre; no es sólo un don del Padre,
sino también verdad sobre el Padre que se convierte en modelo para la actuación
de los hombres.

La perfecta unión entre el Padre y el Hijo no significa identidad de funciones. El


Hijo es quien recibe todo del Padre; Jesús afirma que del Padre recibe en
particular la vida, las obras y las palabras, la orientación salvífica de esta múltiple
dependencia del Hijo respecto del Padre es evidente resultando claro que no
podemos abordar la relación entre el Padre y el Hijo sin considerar el significado
de dicha relación para la salvación del hombre; es evidente que la relación entre el
Padre y el Hijo posee una cualidad salvífica intrínseca.

Según lo que se ha visto hasta este momento, no es posible separar ni al Padre y


al Hijo ni su íntima relación recíproca, de la obra salvífica del Hijo. La verdad sobre
Dios y la verdad sobre la salvación humana están estrechamente ligadas entre sí.

b. La relación del Hijo y Salvador con los hombres

En el Evangelio de Juan encontramos precisiones ulteriores sobre la obra salvífica


del Hijo y, consiguientemente, sobre la salvación humana. En la sublime
afirmación “Yo soy”, hecha en la cruz, revela Jesús de forma eminente la
perspectiva salvífica, en sus distintos aspectos. En otros siete casos la expresión
“Yo soy” va seguida de un complemento que introduce la referencia a realidades
fundamentales de la vida humana. Sólo podemos aludir brevemente al significado
de las afirmaciones correspondientes.

En la primera Jesús dice: “Yo soy el pan de vida” (6,35.48.51). La sentencia de


Jesús relativa al pan contiene tres afirmaciones dobles: 1. El pan os mantiene en
la vida terrena. De mí recibís la vida eterna. 2. Dependéis del pan (del alimento)
para vivir; sin el pan la vida se acaba. Dependéis de mí para obtener la vida
eterna; no podéis obtener esta vida por vosotros mismos. 3. Para poder vivir
debéis comer el pan; quien no come muere. Para poseer la vida eterna debéis
creer en mí; quien no cree perece.

La siguiente afirmación es: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina
en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (8,12; cf. 9,5; 12,35). La frase “Yo
soy la resurrección y la vida” (11,25) expresa el papel de Jesús en orden a la
superación de la muerte. La última afirmación, “Yo soy la vid, vosotros los
sarmientos” (15,5; cf. 15,1), resume de algún modo la relación entre Jesús y los
hombres

En relación con la obra salvífica de Jesús es fundamental el hecho de que fuera


elevado en la cruz porque muriendo en la cruz, cumplió la obra que el Padre le
había confiado para la salvación de los hombres; reveló, no sólo de palabra, sino
también con las obras, su amor y el amor del Padre hacia los hombres.

c. El acceso de los hombres a la salvación

Además de la imagen de la vid, Jesús señala dos formas de unión con él (sus
palabras y su amor), Las palabras de Jesús comprenden toda la revelación que él
ha traído, que proceden del Padre y que permanecen en el que cree en Jesús, Por
otra parte, en el amor de Jesús se permanece acogiéndolo con gratitud viva y
teniendo confianza total en él. Creer en Jesús, en sus palabras y en su amor, y
amar a los otros son la forma de permanecer en él, de mantener la unión con él,
que es la vid, es decir, la fuente de toda vida y salvación (cf. 1 Jn 3,23).

(15,15)Su relación con los discípulos se corresponde con su relación con el Padre
y es de naturaleza perfectamente persona, familiar y cordial. Permanecer en esta
relación con Jesús constituye la vida eterna, la salvación revelada por Jesús. Así,
pues, en el Evangelio de Juan se manifiesta de modo especial el hecho de que la
revelación de Dios se concentre en Dios mismo y en la salvación humana.

3.4. Las cartas del Apóstol Pablo

Los escritos de Pablo son los más antiguos del Nuevo Testamento; refieren la
verdad que Dios ha revelado a Israel y que, con el envío del Hijo de Dios,
Jesucristo, ha sido llevada a cumplimiento y anunciada más allá de los límites del
pueblo elegido, de modo que “no hay griego ni judío” (Gal 3,28). El interés
personal y pastoral de Pablo se concentran de forma casi exclusiva en la muerte y
la resurrección del Señor y en los efectos salvíficos que proceden de ellas

a. Pablo conoce la revelación por su propia vocación y por la tradición de la


Iglesia.
Entre Jesús y la actividad apostólica de Pablo transcurrieron unos veinte años de
vida eclesial, que se desarrolló en Jerusalén, en Sanaría, en Damasco y en
Antioquia de Siria. Fue en este período cuando la fe se consolidó cada vez más
profundamente en la mente y en el corazón de los primeros cristianos. La relación
de Pablo con los creyentes en Cristo es sobre todo, como quien tiene una deuda
con los predecesores. Insistió fuertemente en que la llamada de Cristo era
suficiente comprobación de su evangelio, sin embargo fue con urgencia a ver a
Cefas para confrontar lo que predicaba con ellos, Por ello rechaza cualquier forma
de separatismo local que se aparte de las otras Iglesias.

b. Dios se revela en Cristo crucificado y resucitado

La muerte del Hijo de Dios en la cruz es el corazón de la verdad revelada que


Pablo anuncia. Para oponerse a la autosuficiencia de los Corintios, Pablo quiso
recordar que no se llega a la pascua sin pasar primero por el Gólgota. Así, pues,
es evidente que Dios se manifiesta definitivamente mediante el escándalo de la
cruz de Cristo, mostrándose como Dios de gracia, que prefiere los débiles, los
pecadores, los alejados. Dios actúa y está presente allí donde uno no podría
imaginarlo: en Jesús de Nazaret condenado a una muerte de cruz.

Aquí debemos notar además que Pablo no presenta nunca la resurrección como
un hecho independiente de la cruz. Si se mirara solo al crucificado, no se
encontraría ninguna diferencia entre Jesús y los otros dos malhechores que fueron
condenados junto con él, ni siquiera con el heroico crucificado Espartaco. Por otro
lado, si se tuviera en cuenta solo al resucitado, se acabaría en una religión
abstracta, alienante, que se olvidaría de la vía (crucis) que es preciso recorrer
antes de llegar a la gloria.

c. La salvación se recibe y se vive en la Iglesia, cuerpo de Cristo.

La armonía fundamental y singular entre diversidad y unidad en las comunidades


cristianas ha impulsado a Pablo servirse de la metáfora del “cuerpo” para
profundizar los misterios de la Iglesia de Cristo. Hablando de los cristianos como
“Cuerpo de Cristo”, Pablo va más allá de la simple comparación: los miembros de
Cristo constituyen una sola cosa con él; la Iglesia es cuerpo “en él”. Este pasaje
enseña que “todos nosotros… hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para
formar un solo cuerpo” (1 Cor 12,13).

La fe en la resurrección con Cristo, en la comunión eterna con él y con el Padre,


constituye el fundamento y el horizonte de la predicación de Pablo. Considerando
su propia muerte, Pablo afirma: “Deseo partir para estar con Cristo, que es con
mucho lo mejor” (Fil 1,23). Estar con Cristo, que está con el Padre; es decir, la
definitiva y perfecta comunión de vida con Él y, en Él, con todos los miembros de
su Cuerpo, se presenta como la plenitud de la salvación (cf. 1 Cor 15,28; anche Jn
17,3.24).

3.5. El Apocalipsis

a. Introducción: una verdad revelada, particular y sugestiva

A lo largo del libro esta verdad revelada, entregada por Dios Padre a Jesucristo,
se precisa gradualmente como una iniciativa, un proyecto creador y salvífico, que,
nacido en la intimidad de Dios, se realiza luego fuera de Dios, al nivel del hombre.

El desarrollo del Reino de Dios en la historia se lleva a cabo de forma dialéctica:


hay una oposición radical, que se convierte en lucha encarnizada, entre el
“sistema de Cristo” que incluye a Jesucristo y sus seguidores y el “sistema terreno”
del mal, inspirado y activado por lo Demoníaco, el cual pretende realizar su propio
antirreino, opuesto al Reino de Dios.

b. La verdad global: el Reino de Dios realizado por el proyecto creador y


salvífico

Alcanzado por el amor de Jesucristo, el cristiano se reconoce como constituido por


él Reino de Dios en Cristo. Es un Reino en desarrollo y en proceso, no
ciertamente concluido, pero ya iniciado: entre el cristiano y Jesucristo hay una
pertenencia recíproca de amor, con una responsabilidad sacerdotal para el
cristiano que lo hace mediador entre Dios, Cristo y la realidad humana. Entre los
cristianos, que ya pertenecen al Reino de Dios, y el anti-reino del mal surge una
oposición que los llevará a compartir y a flanquear, en cuanto sacerdotes suyos, la
oposición vencedora propia de Cristo-Cordero (cf. Ap 5,6-10).

Gestionar el desarrollo del Reino de Dios en la historia es propio de Cristo-


Cordero. Y será Él quien guíe como a sacerdotes mediadores suyos a todos
aquellos a quienes ha constituido como Reino. La idea del Reino de Dios realizado
cautiva al autor y, en la que es una de sus doxologías más hermosas (cf. 19,1-9)
se expresa en términos entusiásticos. Los cristianos, preparados por el toque de
Dios, podrán amar entonces a Jesucristo como Cristo los ha amado y los ama. La
“novia” se convertirá en “esposa”, he aquí el gran proyecto del Reino de Dios
realizado.

c. La profundización de la verdad global a través de la “veracidad”

La gran verdad revelada del Apocalipsis, concentrada en el Reino de Dios, se


recorre e investiga más profundamente en las diez repeticiones típicas del término
“veraz”. Relacionadas como están con la verdad revelada del Reino de Dios,
ilustran y subrayan la relación de suma coherencia que se sigue entre el proyecto
considerado dentro de Dios y su realización fuera de Dios, en el ámbito concreto
de la historia humana.

La veracidad de Dios Padre

La primera de las cuatro atribuciones del término “veraz” a Dios Padre se refiere a
él personalmente. En (Ap 6,10-11) los mártires, contemplando a Dios
directamente, perciben la omnipotencia absoluta que lo hace “soberano” de todo.
ven a Dios “veraz”, con una coherencia absoluta entre todo lo que es en sí mismo
y su acción en la historia, y le preguntan, turbados, hasta cuándo se va a retrasar
su actuación mientras los mártires reciben inmediatamente una participación
directa en la resurrección de Cristo simbolizada en las “túnicas blancas” (Ap 6,11)
que se les entregan.

Lo que estamos viendo se confirma y explicita cuando el término “veraz” se refiere


a aspectos ejecutivos con los que Dios lleva a cabo su proyecto en la historia. Se
trata de los “caminos”.

La veracidad propia de Cristo

En el paso de don desde Jesucristo a los hombres, propio del proyecto del Reino
de Dios, se inserta tres veces el término “verdadero” (Ap 3,7.14; 19,9),
introduciendo una comprensión más completa del propio Reino y de su desarrollo.
En el primero de estos usos, Jesús se define como “el santo, el Veraz”, (Ap 3,7),
situándose así al mismo nivel que el Padre, Al definirse a sí mismo como “el
testigo fiel y veraz” (Ap 3,14), subraya que su testimonio “fiel” se corresponde
completamente con la riqueza infinita del Padre y está al mismo tiempo en un
contacto de adhesión con el hombre.

La veracidad de las palabras inspiradas e inspiradoras

Las palabras inspiradas que encontramos en el Apocalipsis son todas, en su raíz,


palabras propias de Dios, pasan y se condensan en Jesucristo, Palabra viviente
de Dios. Son llamadas “verdaderas” porque son capaces de llevar y de aplicar al
hombre que las acoge toda la riqueza de Cristo y de Dios de la que son
portadoras.

El segundo uso tiene una formulación literaria más compleja. En el texto


correspondiente se alternan una intervención directa de Dios, una continuación del
discurso por parte del ángel intérprete. Puesto que tienen, además, un contenido
dinámico plenamente coherente con las exigencias de Dios y las aspiraciones del
hombre, se dice de ellas que son “verdaderas”, pues son portadoras de toda la
“novedad” de Cristo y capaces de comunicarla, alcanzada la meta escatológica,
las palabras de Dios presentes en el Apocalipsis podrán considerarse “realizadas”.
El tercer uso de veraz/verdadero en relación con las palabras inspiradas se halla
en la última página del libro. Las palabras inspiradas, acogidas debidamente, se
convierten en palabras inspiradoras en quien las acoge, instalando en él a Cristo,
la novedad que renueva, del que son portadoras.

4. CONCLUSIÓN

a. Los enunciados literarios y teológicos del Antiguo Testamento

El estudio de los diversos conjuntos literarios del Antiguo Testamento ha mostrado


la gran riqueza de la manifestación de Dios en la historia:

- La misma obra de la creación es el reflejo de la voluntad divina de ser un


Dios “para el hombre”
- Dios se manifiesta igualmente en la historia singular del pueblo de Israel,
con múltiples intervenciones salvíficas –liberación
- La literatura profética califica la palabra de los profetas de inspirada
- La literatura sapiencial, por su parte, refleja los conflictos que pueden
plantearse entre las antiguas culturas que aspiran a la verdad y la
revelación específica de la que se benefició Israel.
- La literatura hímnica, de modo particular los Salmos, integra el conjunto de
las dimensiones enunciadas precedentemente

b. Los enunciados teológicos del Nuevo Testamento

El proyecto que unifica los libros del Nuevo Testamento es el de llevar al lector al
encuentro con Cristo, esta perspectiva común asume pedagogías diversas.

- Los Evangelios sinópticos, cuyos redactores se basan en testimonios


históricos directos, muestran cómo Jesús de Nazaret había “cumplido” el
conjunto de las esperanzas de Israel.
- El Evangelio de Juan pone de manifiesto que Cristo es la plenitud de la
Palabra de Dios
- Las cartas de Pablo reivindican la autoridad de un apóstol, que, a partir de
su experiencia personal de Cristo, difunde el Evangelio entre los paganos y,
con un vocabulario nuevo, propone la obra de Cristo a las culturas de su
época.
- Según el Apocalipsis Jesús, que recibe y da la palabra inspirada (Ap 1,1),
constituye el don supremo del Padre.

c. La necesidad de un acercamiento canónico a la Escritura y las


modalidades del mismo
La Constitución Dogmática Dei Verbum (n. 12) y la exhortación post-sinodal
Verbum Domini (nn. 40-41) señalan que sólo el acercamiento que tenga en cuenta
el conjunto canónico de la Escritura es capaz de permitir que se descubra su pleno
sentido teológico y espiritual. El Canon de las Escrituras se refiere de hecho a una
única Verdad, Cristo, a quien el testimonio apostólico reconoce como Hijo de Dios,
revelador del Padre y salvador de los hombres, En otras palabras, el Canon de las
Escrituras es el contexto de interpretación adecuado de cada una de las
tradiciones que lo componen: al haber sido integrada en el Canon, cada una de las
tradiciones particulares recibe un nuevo contexto de enunciación, que renueva su
sentido.

Esta “lógica canónica” da cuenta de las relaciones que existen entre el Nuevo
Testamento y el Antiguo: las tradiciones neotestamentarias recurren al vocabulario
de la “necesidad” y al del “cumplimiento”. La verdad de Cristo se consigna en las
tradiciones neotestamentarias, que vinculan de manera inseparable el testimonio
ocular de los primeros discípulos con la recepción, en el Espíritu, de aquel
testimonio por parte de las primeras comunidades cristianas.

¿En qué consiste esta verdad sobre Dios y sobre la salvación del género humano,
que constituye el centro de la revelación divina y alcanza su última y definitiva
expresión en Jesús? La respuesta a esta pregunta la encontramos en la actuación
de Jesús.

De este modo el Canon de las Escrituras permite acceder simultáneamente a la


dinámica con la que Dios se comunica personalmente a los hombres por medio de
profetas, escritores bíblicos, y últimamente en Jesús de Nazaret, y además al
proceso por el que las comunidades acogen, en el Espíritu, esta revelación y
consignan por escrito el tenor de la misma.

TERCERA PARTE
LA INTERPRETACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS Y SUS DESAFÍOS.

1. INTRODUCCIÓN.

Hemos aprendido que la verdad que la Biblia quiere comunicarnos atañe a Dios
mismo y a su proyecto de salvación sobre los seres humanos. En la Biblia
encontramos contradicciones, inexactitudes históricas, narraciones inverosímiles
y, en el Antiguo Testamento, preceptos y comportamientos morales que entran en
conflicto con la enseñanza de Jesús. ¿Cuál es la verdad de estos pasajes
bíblicos?
En la Biblia encontramos diversos géneros literarios que estaban en uso en aquel
área cultural: poesía, profecía, narración, dichos escatológicos, parábolas, himnos,
confesiones de fe, etc.; cada uno de ellos tiene su propia forma de presentar la
verdad.

Los relatos bíblicos son narraciones teologizadas. Su verdad –que en las


secciones precedentes se ha ilustrado con algunos textos– se deduce de los
hechos narrados, pero sobre todo de la finalidad didáctica, parenética y teológica
buscada por el autor que ha recopilado estas antiguas tradiciones o elaborado el
material contenido en los archivos de los escribas, con el fin de transmitir una
intuición profética o sapiencial y comunicar un mensaje decisivo para su
generación.

2. PRIMER DESAFÍO: PROBLEMAS HISTÓRICOS.

Aquí nos ocuparemos únicamente de algunos textos problemáticos, tomados unos


del Antiguo Testamento y otros del Nuevo. Y nos haremos las siguientes
preguntas ¿qué ocurrió realmente de lo se nos cuenta? ¿En qué medida pueden y
quieren los textos atestiguar hechos realmente ocurridos? ¿Qué pretenden
afirmar?

2.1 El ciclo de Abrahám (génesis).

¿Qué se sabía entonces de Abrahán y de los antepasados? Probablemente que


eran pastores procedentes de Mesopotamia, nómadas que pasaban de un pasto a
otro de acuerdo con las estaciones, las lluvias y la acogida de los pueblos que
atravesaban. Los escritores posteriores al exilio, cuya reflexión se nutría del
recuerdo de la deportación y de la importancia de esta última para la fe de su
comunidad, comprendieron que la generación del exilio había vivido algo similar a
la experiencia de los Patriarcas: en efecto, habían perdido su tierra, sus
instituciones políticas y religiosas (el Templo) y habían tenido que ir a una tierra
extranjera y vivir allí como esclavos. Era una situación dramática que los obligaba
a vivir de fe y de esperanza. Habiendo perdido lo que constituye la identidad de un
pueblo, es decir, la tierra y las instituciones patrias, los exiliados habrían tenido
que desaparecer; y, pese a todo, sobrevivieron como pueblo gracias a su fe.

En realidad, el significado de un período histórico que había durado varios siglos


no se puede entender ni transcribir bajo la forma de un relato teológico o de un
poema hímnico sino con el tiempo. Desde su fe viva en Dios, los escritores
bíblicos meditaron en el hecho de la supervivencia de su pueblo a través de los
siglos, a pesar de tantos peligros morales y las terribles catástrofes a las que
tuvieron que hacer frente, y en el papel que habían tenido Dios y la fe en El para
tal supervivencia; de ello pudieron deducir que las cosas fueron así también en los
comienzos de su historia. Así, pues, no se puede leer Gén 15 como si se tratase
de una crónica, sino como un comportamiento normativo querido por Dios, norma
que los escritores bíblicos vivieron radicalmente y que, de este modo, pudieron
transmitir a su generación y a las generaciones futuras.

En síntesis, para valorar la verdad de los relatos bíblicos antiguos es preciso


leerlos como fueron escritos y como fueron leídos por el propio Pablo: “Todo esto
les sucedía [a los israelitas] alegóricamente y fue escrito para escarmiento
nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades” (1 Cor 10,11).

2.2 El paso del mar (Éxodo 14)

En el relato del pasó de los israelitas A través del mar constituyen una parte
esencial en la vida cristiana, en la Pascua, la cual está tradición oral, puesta por
escrito sufrió múltiples “relecturas" y así fue insertada en la narración del éxodo y
en la Torá y está se presenta como una nueva creación así como Dios creo el
mundo y separo el agua de lo seco, así mismo hizo cuando creo a su pueblo
sacándole de la esclavitud. El relato del éxodo no tiene el objetivo primero de
transmitir la crónica de los eventos antiguos según la modalidad de un documento
archivo, sino más bien de hacer memoria de una tradición que sigue dando
testimonio de que hoy como ayer, Dios está presente junto a su pueblo para
salvarlo.

2.3 Los libros de Tobías y de Jonás

El libro de Tobías no hace parte de la Biblia hebrea, pero sí de la griega; el


Concilio de Trento lo incluye en el canon como libro histórico del antiguo
testamento, en cambio el libro de Jonás se encuentra entre los doce profetas (o
también llamado profetas menores) de la Biblia hebrea y en los dos libros hay
hechos que habría que preguntarse si en realidad ocurrieron.

2.3.1 El libro de Tobías

Este se ve a lo largo de sus escritos diferentes situaciones de personajes


humanos e inhumanos que actúan pero que al final es la acción de Dios quien
mueve el acontece quien lo invoca con fervor, el libro de Tobías es un manifiesto
que pretende elogiar la oración, el ayuno, y la limosna, prácticas del judaísmo,
como también las obras de misericordia y un aspecto singular del libro es la
oración santificadora de la vida conyugal y de sostén en los peligros.

2.3.2. El libro de Jonás


El hecho de que el libro de Jonás se haya transmitido entre los escritos de los
Doce Profetas es un indicio de que el protagonista de este libro fue considerado
muy pronto como un auténtico profeta. Pese a esto, en el relato hay, no sólo
detalles, sino incluso elementos estructurales que no podemos considerar como
hechos históricos y nos llevan a interpretar el texto como una composición
imaginaria, con hondos contenidos teológicos.

2.4. Los evangelios de la infancia

Se Exponen las diferencias y las convergencias que se descubren entre los dos
relatos de Mateo y Lucas, y tratamos de determinar el mensaje de los mismos.

a. Las diferencias
Ninguno de los relatos que se encuentra en Mateo está presente en Lucas;
y viceversa. Entre los dos relatos hay además diferentes notables: según
Mateo, María y José, antes del nacimiento de Jesús, viven en Belén, y sólo
van a Nazaret después de la huida a Egipto y como consecuencia de una
advertencia especial. Según Lucas, María y José viven en Nazaret, el
censo los lleva a Belén y, sin huir a Egipto, vuelven a Nazaret. Es difícil
encontrar una solución a tales diferencias, que, por otra parte, revelan que
los dos evangelistas son independientes uno del otro. Pero este último
aspecto hace más significativas las convergencias.

b. Las convergencias
 Los dos evangelistas tienen en común los datos fundamentales sobre las
personas, los lugares y el tiempo. Una importancia particular tiene su
convergencia sobre la concepción virginal de Jesús por obra del Espíritu
Santo, la cual excluye que José sea el padre natural de Jesús.

c. El mensaje
Considerando las diferencias y las convergencias que encontramos en los
evangelios de la infancia de los dos evangelistas, se debe afirmar que la
revelación salvífica consiste en todo lo que se afirma sobre la persona de
Jesús y sobre su relación con la historia de Israel y del mundo, como
introducción e ilustración de la obra salvífica que se narra en el resto del
evangelio. Las diferencias, que pueden ser armonizadas en parte, se
refieren a aspectos secundarios respecto a la figura central de Jesús, Hijo
de Dios y salvador de los hombres, que es común a los dos evangelistas.

2.5. Los relatos de milagros


Los relatos que cuentan hechos de ese tipo no pueden ser históricos,
Consideremos, pues, los relatos de milagros del Antiguo y del Nuevo
Testamento, buscando su significado en sus contextos literarios. Los relatos
del Nuevo Testamento se hallan en continuidad con las tradiciones del
pueblo de Israel y manifiestan que el poder creador y salvífico de Dios
alcanza su plenitud en Jesucristo.

a. Relatos en el Antiguo Testamento


Los libros del Antiguo Testamento están penetrados por la fe en que Dios lo
ha creado todo, obra continuamente en el mundo y mantiene todas las
cosas en la existencia y en la vida. No es posible individuar con seguridad
los hechos realmente acaecidos En estas tradiciones se recuerda, se
expresa y se reconoce que Dios actúa en la historia y que ha guiado y
salvado y guiado a su pueblo con poder y fidelidad.

b. Los milagros de Jesús


La finalidad de los signos y de las obras realizadas por Jesús era revelar su
relación con Dios y mostrar su misión salvadora, misión que se expresa
como socorro a las miserias humanas y comunicación de vida. Todo esto
se cumple en su resurrección. Esta revela y confirma la unión estrechísima
de Dios con Jesús, significa la superación de la muerte y de todas las
enfermedades, realiza el paso a la vida perfecta en la comunión eterna con
Dios.

2.6 Los relatos pascuales:

Una dificultad específica respecto a la verdad histórica de los relatos pascuales la


crea el hecho de que en ellos encontramos muchas divergencias que, situándonos
al nivel de la pura dimensión factual, no es fácil armonizar.

El acontecimiento mismo de la resurrección de Jesús no lo describe ningún texto


del Nuevo Testamento: queda sustraído en efecto a los ojos humanos y pertenece
exclusivamente al misterio de Dios. Tenemos, en cambio, dos tipos de relatos
pascuales que cuentan lo que ocurrió después de la resurrección: la visita de
algunas mujeres a la tumba de Jesús y las diversas apariciones del Señor
resucitado (cf. además 1 Cor 15,3-8), que se mostró vivo a los testigos escogidos
por Él.

Vamos a considerar en particular tres de las diferencias que se descubren en los


cuatro evangelios: a. El terremoto antes de hablar de las llegadas de las mujeres a
la tumba de Jesús. (Mt 28,2). b. El comportamiento de las mujeres (Mc 16,8). c. La
fuente del mensaje pascual (Mt 28,5-7; Mc 16,6-7; Lc 24,5-7).
a. El terremoto:
El hecho de que solo Mt 28,2 se refiera a un terremoto no significa que los otros
Evangelios, al no mencionarlo, lo nieguen. Por otra parte, el “terremoto” parece
formar parte del estilo teológico de Mateo. De hecho, solo este evangelista
menciona un terremoto –unido a otros fenómenos extraordinarios– tras la muerte
de Jesús (27,51-53), y lo presenta como el motivo por el que el centurión y sus
soldados se llenan de miedo y confiesan la filiación divina de Jesús crucificado
(27,54). En relación con esto se debe tener en cuenta que, en las descripciones de
las teofanías que encontramos en el Antiguo Testamento, el terremoto es uno de
los fenómenos en los que se manifiesta la presencia y la actuación de Dios (cf. Ex
19,18; Jue 5,4-5; 1 Re 19,11; Sal 18,8; 68,8-9; 97,4; Is 63,19). Así, pues, el
evangelista no habla de un terremoto cuya fuerza pudiera medirse de acuerdo con
los grados de una determinada escala, sino que quiere despertar la atención de
sus lectores y dirigirla a Dios, resaltando el dato más importante de la muerte y
resurrección de Jesús: su relación con la potencia salvífica de Dios.

b. El comportamiento de las mujeres:


Lo mismo que el terremoto es uno de los fenómenos que acompañan la
manifestación del poder de Dios, el temor constituye la reacción humana habitual
a aquella manifestación. Una característica del evangelio de Marcos es recurrir a
la reacción de los presentes para expresar la naturaleza y la calidad de los hechos
a los que aquellos han asistido. (cf. 1,22.27; 4,41; 5,42; ecc.). La reacción más
fuerte y resaltada que nos refiere en su evangelio es la de las mujeres después de
haber escuchado el mensaje pascual que les transmite el mensajero de Dios.

c. La fuente del mensaje pascual:


Los evangelios presentan de diversos modos la fuente del mensaje pascual y nos
podemos preguntar si Mateo, Marcos y Lucas, al referirse al descubrimiento de la
tumba vacía, anticipan la verdadera interpretación de este hecho, en contraste con
la ya mencionada, ofrecida por María Magdalena en Jn 20,2.13.15 (cf. además Mt
28,13). Poniendo esta explicación en labios del mensajero celeste, los tres
evangelistas la caracterizan como un conocimiento sobrehumano, que solo puede
venir de Dios. Pero la fuente efectiva de dicha interpretación es el mismo Señor
resucitado que se aparece a los testigos escogidos. No hay duda de que el
fundamento más sólido de la fe en la resurrección de Jesús son sus apariciones
(cf. también 1 Cor 15,3-8).

El estudio de sus tres diferencias principales –el terremoto, la huida de las mujeres
y el mensaje celestial– ha puesto de manifiesto un significado común, es decir, dar
testimonio de Dios y de la intervención decisiva de su poder salvador en la
resurrección de Jesús.

d. El ‘valor teológico de los Evangelios’:


Se halla aún muy extendida la opinión de que los evangelios son esencialmente
una crónica de los hechos, de los que los testigos proporcionan una reseña
puntual. Semejante idea se basa en la convicción adecuada de que la fe cristiana
no es una especulación histórica, sino que está fundada en hechos realmente
ocurridos. Dios actúa en la historia y se ha hecho presente de forma eminente en
la de su Hijo encarnado.

Los evangelistas no solo quieren mostrarnos la vida de Jesús y también no


pretenden relatar únicamente datos de una crónica, sino que quieren hacer
además un “comentario” teológico a los hechos que narran y expresar su valor
teológico, es decir, poner de relieve la relación con Dios. Dicho, en otros términos,
el objetivo de anunciar a Jesús, Hijo de Dios y Salvador de los hombres, –un
objetivo que se puede llamar “teológico”– es prevalente y fundamental en los
Evangelios. La referencia a los hechos concretos que encontramos en los
Evangelios se inserta en el marco de este anuncio teológico. Esto implica que,
mientras que las afirmaciones teológicas sobre Jesús tienen un valor directo y
normativo, los elementos puramente históricos tienen una función subordinada.

3. SEGUNDO DESAFÍO: PROBLEMAS ÉTICOS Y SOCIALES:

En el caso del Antiguo Testamento, la cuestión de la violencia, expresada en


concreto en la ley del exterminio y en los salmos que piden venganza; en el caso
del Nuevo Testamento, centraremos nuestra atención en el estatuto social de las
mujeres según el epistolario de Pablo.

3.1 La violencia en la Biblia

Uno de los mayores obstáculos para aceptar la Biblia como Palabra inspirada lo
constituye la presencia, sobre todo en el Antiguo Testamento, de manifestaciones
repetidas de violencia y crueldad, ordenadas en muchos casos por Dios, en otros
muchos objetos de súplicas dirigidas al Señor, y en otros atribuidas directamente a
Él por el autor sagrado. Por ello se considera indispensable señalar algunas líneas
de interpretación que permitan una aproximación más adecuada a la tradición
bíblicas, precisamente en relación con sus textos más problemáticos, los cuales
deberán interpretarse, en todo caso, en el contexto global de la Escritura, y en
consecuencia a la luz del mensaje evangélico del amor incluso a los enemigos (Mt
5,38-48).
3.1.1. La violencia y sus remedios legales

La Sagrada Escritura denuncia toda clase de violencia, directamente ocasionada


en la sociedad humana como consecuencia de las perversiones que entran en el
corazón (abusos, guerras, opresión y esclavitud), sin embargo siempre se hace un
llamado para reconocer el mal y evitarlo.

Ante esta situación de violencia se coloca la ley de Dios como remedio, para evitar
la injusticia, pero también para hacerle frente al culpable para que cambie de
proceder, pero además con la intención de exterminar el mal y promover la paz.
De hecho, no se puede abolir el castigo pues sería una actitud de complicidad
ante el hecho causado.

El lector de la Biblia podría quedar asombrado ante los castigos que se realizaban
en el pueblo de Israel (Dt 25, 1-3. 11-129 pero cabe resaltar el carácter histórico
de la legislación que después es superada por una mejor comprensión de los
procedimientos jurídicos. Ante la ley de Dios ningún delito que impune, sin
embargo, ante el orden divino que antecede a la ira del Padre, queda perdonada
toda culpa que se manifieste con un sincero arrepentimiento de corazón, para que,
los legisladores imiten la responsabilidad de la justicia y la concordia social.

3.1.2. La ley del exterminio

Cuando Dios o la monarquía ordenan en el libro del Deuteronomio entregar a las


naciones el exterminio, podemos caer en el error de justificar la violencia contra
otros pueblos. Por ende, esto sería malinterpretar el sentido del texto bíblico. Ante
esta situación se impone la necesidad de reconsiderar cuidadosamente el género
literario de estas narraciones.

Es curioso que en estas interpretaciones la victoria no siempre se da los


poderosos sino a los pequeños, como en el caso del pueblo de Israel y en la
historia de Josué “siervo del Señor”, expresando una guerra santa de la
realización del Reino de Dios sobre la tierra.

Podemos entender que tener compasión con el criminal y perdonarlo es un hecho


de desobediencia y de injusticia, sin embargo, este hecho interpretativo es con la
intención de eliminar el mal y salvaguardar el bien común, mostrando la
compasión divina del soberano de toda la tierra.

3.1.3. La oración pidiendo venganza

Podría ser motivo de escándalo encontrar algunos pasajes bíblicos e incluso


dentro del salterio peticiones de venganza ante un individuo o ante una
colectividad. El género literario de los salmos, nos indica que no debemos de
tomar todo al pie de la letra. Hay que tener en cuenta estas tres consideraciones:

a. El sujeto orante: la persona que sufre

Este tipo de oración expresa la vivencia de quien se encuentra en una situación


difícil, por eso sus sentimientos t palabras están coordinadas con el hecho
dramático que afronta.

Expresa que se acude su desdicha, que sean aniquiladas las fuerzas del mal, por
esa razón al orar con el salterio y encontrarnos con este tipo de oraciones
debemos inmediatamente aplicarlas a nuestra vivencia personal, tal cual, como lo
hizo la persona que la escribió.

b. ¿Qué pide la persona orante? “Líbranos del mal”

En este tipo de oración, la persona orante decide abandonar la venganza personal


y confiar a Dios la tarea de hacer justicia, se pide conversión para los mismos
violentos e incluso puede estar acompañada de una forma de desprecio hacia el
Señor.

c. ¿Quién son los enemigos del orante?

Los salmos de lamentación utilizan un lenguaje convencional y metafórico, ya que,


solo mediante la interpretación que se haga en el Espíritu Santo se pueda
descubrir el sentido de las palabras del salmista y reconocer el enemigo que lo
amenaza. Hay que tener en cuenta que no solamente son enemigos físicos sino
espirituales, que dañan el alma, haciendo alusión de esta manera, de una lucha
entre Dios y el mal.

3.2. El estatuto social de las mujeres

Es necesario revisar el canon del antiguo y el nuevo testamento del papel de la


mujer en las Sagradas Escrituras.

a. La sumisión de la mujer a su marido

Las cartas a los Colosenses, Efesios y a Tito, expresan el estatuto social inferior
de la mujer, algo que no ocurrirá en Gálatas 3, 28 cuando Pablo asegura que no
debe existir discriminación de ninguna clase.

Cuando Pablo hace referencia a la sumisión de las mujeres, en realidad está


diciendo el amor que el marido debe mostrar a su mujer en la vida matrimonial
pero también en el respeto mutuo de ambos. No es la superioridad del hombre a
nivel social, sino la grandeza que este debe manifestar a su esposa.
b. El silencio de las mujeres en las asambleas eclesiales

El pasaje bíblico 1 Cor 14, 34-38 no está asegurando que las mujeres no deban
profetizar, sino que estas deben respetar la palabra de sus maridos, lo que
implicaría el respeto y la cordialidad de los cónyuges.

c. El papel de las mujeres en las asambleas

El pasaje bíblico de 1Tm 2, 11-15 no está dando a entender que la mujer no


enseñe, esto es más bien algo gubernamental de la época, en donde solo el varón
ocupaba los puestos civiles y lo que quería Pablo era respetar este orden social.

Ante la mentalidad de algunos pasajes bíblicos del Génesis, la mujer era


considerada pecadora por dejarse tentar, además de ser inferior por crear Dios
primero al hombre y luego a la mujer. Hay que comprender la mentalidad del siglo
primero en la que se concebía la diferencia entre el estatuto social del hombre por
encima de la mujer.

4. CONCLUSIÓN

Las afirmaciones que la Biblia comunica la Palabra de Dios parece desmentirla no


pocos pasajes bíblicos por el contenido de los escritos.

a. Breve síntesis

Los cuatro relatos del antiguo testamento no pueden ser considerados como
hechos realmente ocurridos, porque se perdería la intención verdadera del texto
por encima de cualquier ciencia histórica, pues sus relatos dan testimonio de la fe
incondicional en Dios y en su poder ilimitado.

En el nuevo testamento sucede lo mismo con hechos específicos, como la infancia


de Jesús, los milagros y los relatos pascuales, sin embargo, estos escritos reflejan
la autenticidad de la persona de Cristo y de su obra salvífica como hijo de Dios.

El exterminio y las oraciones con palabras de venganza deben ser considerados


en su género literario y en su contexto histórico, al igual que el estatuto de la mujer
en las cartas paulinas, en contexto social y cultural.

b. Algunas consecuencias para la lectura de la Biblia

Hay que tener en cuenta el sentido verdadero del hecho bíblico, pues algunas
ciencias modernas como la historiografía, la filología, la arquitectura y otras,
pretenden dar menos razón de dichos hechos, pues la biblia debe leerse en
nuestra época actual, ya que, es Dios el que siempre habla.
Dios se revela en la historia, por eso no podemos creer que los relatos bíblicos
sean mera invención humana. La biblia debe de entenderse dándole su valor en
su relación plena con la obra salvífica de Jesús, lo que dice sobre Dios y sobre la
salvación de los hombres.

CONCLUSION GENERAL

En el concilio de Trento la Iglesia Católica ha recibido el canon de los libros


sagrados, inspirados bajo la acción del Espíritu Santo, como afirma la Dei Verbum
y escritos por autores humanos, los cuales han dejado su sello de su ingenio
literario particular, con el fin de dar a conocer la intervención de Dios en la historia.

Hay que tener en cuenta que en las os partes de la Biblia es evidente la variedad
de géneros literarios, categorías teológicas, visiones antropológicas y sociológicas.

1. El origen divino del escrito bíblico

La comunidad de los creyentes está constituida por la escucha de la Palabra de


Dios que fueron dejadas por escrito en alguno libros por escritores que eran
venerados y considerados como enviados por Dios, dotados del carisma de la
inspiración. Al igual la comunidad consideraba que los escritos del Nuevo
Testamento procedían del círculo de los Apóstoles.

Así la iglesia reconoce por el Espíritu aquella palabra inspirada que vaya acorde a
la verdad de la revelación.

La consonancia con el Verbo

La Iglesia basa su discernimiento en la vida de Jesús y de aquellos que fueron


testigos, que lo reconocieron como el Mesías, aceptando los escritos de los
apóstoles y evangelistas, por ser concordes con el testimonio sobre el Hijo de
Dios.

Los escritos que la iglesia ha reconocido como inspirados, no solo atestiguan su


origen divido, sino que les da autenticidad a los escritos anteriores del antiguo
testamento.

La pluralidad de las formas de acreditación


Se presenta la realidad de la inspiración, expresada como la conciencia intima de
algunos hombres que declaran haber sido capaces de escuchar las palabras de
Dios y de haber recibido la orden de transmitirla fielmente.

No cabe duda que el carisma profético estivo activo en estos escritores sagrados,
los cuales atestiguan indirectamente su conciencia de transmitir las palabras del
Señor. Además de ser abalados por corrientes, escuelas o grupos religiosos que
custodiaron las tradiciones literarias.

Poseemos las palabras de los discípulos y no del profeta inspirado, en el caso del
Nuevo Testamento fueron testigos fieles del Maestro o en algunos casos,
discípulos primeros de los primeros discípulos, no mencionados en la lista de los
Apóstoles.

Es Dios quien ha querido ser partícipe de la historia del hombre y se ha


manifestado a él de diferentes maneras, pero en la plenitud de los tiempos se ha
manifestado en su propio hijo nacido de mujer.

2. La verdad de la Sagrada Escritura

Por ser inspirada por Dios, la Escritura posee cualidades divinas, como revelación
de Dios mismo y de su plan de salvación. Dios manifiesta su amor en el verbo
hecho carne, que conduce a los hombres a una autentica comunión con Dios.

El objetivo de la Escritura es la salvación de los creyentes y no dar razones


científicas de hechos concretos. La Biblia es un libro de fe en la que Dios se
manifiesta y no solamente hechos históricos.

Verdad multiforme

Los autores de los textos sagrados exponen cuanto en su momento histórico y


según el don de Dios podían comprender y transmitir. La verdad bíblica asume
una gran cantidad de géneros literarios, una pluralidad de puntos de vista y no
simplemente en una convergencia repetitiva.

En el caso de los Evangelios, el mensaje se basa en la vida de Jesús, por tanto,


hay que respetar lo que dice Marcos de los otros tres evangelistas y así de cada
uno de ellos.

Verdad en forma histórica

La labor desarrollada por los escritores sagrados, no ha eliminado las huellas de la


historia, por tanto, el deber del intérprete es evitar la lectura fundamentalista de la
Escritura y situar de este modo las diversas formulaciones en su contexto
histórico, según indique los géneros literarios.
Verdad canónica

La verdad de Dios debe ser acogida en la integridad de la revelación, atestiguando


en el Canon de la Escritura, es decir, no se puede rechazar parte de la biblia, tiene
que acogerse en su totalidad, para comprender la plena revelación de Dios.

Las tradiciones literarias de otras religiones

Los escritos del Antiguo testamento y del nuevo testamento son deudores de la
literatura mesopotámica, Egipto y del mundo griego, lo cual facilitarían el diálogo
interreligioso al comprender de esta manera la revelación de Dios.

La praxis de la hermenéutica ha permitido a la iglesia considerar testimonios de


otros credos religiosos, de las diversas tradiciones que existen en el mundo, con el
fin de permanecer fiel a la fe que se le ha sido revelada.

3. La interpretación de páginas difíciles de la Biblia

En su condición de maestra, la Iglesia ayuda a los fieles a buscar la verdad y a


interpretar correctamente los textos bíblicos, mediante metodologías oportunas y
métodos hermenéuticos apropiados.

La Iglesia no puede eximirse de la tarea humilde de interpretar de manera


respetuosa toda la tradición literaria inspirada como verdad de fe. La palabra de
Dios de acuerdo en el don del espíritu Santo, se da a cada creyente para que
haga lectura de fe de su propia vida, actualizando de esta manera la Escritura
como parte esencial de la vida de los fieles.

El recorrido hermenéutico y el dialogo fraterno permitirán la interpretación de la


Eucaristía, ayudando solícitamente por la gracia del Espíritu Santo.

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