Está en la página 1de 34

Los valores están presentes desde los inicios de la humanidad.

Para el ser humano siempre han existido


cosas valiosas: el bien, la verdad, la belleza, la felicidad, la virtud. Sin embargo, el criterio para
darles valor ha variado a través de los tiempos. Se puede valorar de acuerdo con criterios estéticos,
esquemas sociales, costumbres, principios éticos o, en otros términos, por el costo, la utilidad, el
bienestar, el placer, el prestigio.
Cuando hablamos de valor, generalmente nos referimos a las cosas materiales, espirituales, instituciones,
profesiones, derechos civiles, etc., que permiten al hombre realizarse de alguna manera.

AMISTAD: Es la relación afectiva entre dos o mas personas


RESPETO: Es aceptar y comprender a los demás tal y como son, su forma de pensar de expresarse.
Aunque no coincidamos en lo mismo quien nos asegura que somos portadores de la verdad si tan solo
sabemos que la otra persona tiene los mismos derechos que nosotros.
RESPONSABILIDAD: La responsabilidad es un valor que esta en la conciencia de la persona, que le
permite reflexionar, administrar, orientar y valorar las consecuencias de sus actos, siempre en el plano de
lo moral. Una vez que pasa al plano ético (puesta en práctica), persisten estas cuatro ideas para
establecer la magnitud de dichas acciones y afrontarlas de la manera más propositiva e integral, siempre
en pro del mejoramiento laboral, social, cultural y natural.
DIGNIDAD: Dignidad es grandeza, excelencia; es una calidad o bondad superior por la que algo o alguien
goza de especial valor o estima. En toda acción e intención, en todo fin y en todo medio, trata siempre a
cada uno - a ti mismo y a los demás- con el respeto que le corresponde por su dignidad y valor como
persona».
Cuando se habla de valores en nuestros hogares, círculos sociales, escuelas, centros de trabajos no solo
hablamos de ellos por lo que significan en nuestra formación y nos quedamos en lo superficial pero no
sabemos la importancia de conocer que son los valores y porque se lucha tenazmente por rescatarlos, es
una temática profunda y compleja pero interesante.
Existen diversos criterios desde distintas posiciones filosóficas que han reflejado el contenido de los
valores, algunos pensadores opinan que solo podemos guiarnos por los resultados de nuestros actos ya
sean propios o ajenos, es decir, desde una posición consecuencialista, otros opinan desde un enfoque
positivista, el utilitarismo y el pragmatismo, de ahí que existan tres interpretaciones fundamentales para su
estudio.
La primera donde refiere el derecho natural: el hombre por esencia y naturaleza contiene premisas para
un comportamiento correcto (Tomás de Aquino).
La segunda la ética del deber de Kant: existe una razón universal abstracta que condiciona
nuestra conducta sobre el cumplimiento del deber.
La tercera el contrato social: refiere que el hombre para vivir en sociedad adopta acuerdos de los cuales
van a derivarse las reglas morales acatadas (Rousseau).
Existen variadas definiciones de valores aportadas por grandes investigadores del área:
 1. La palabra valor proviene del latín valor, valere (fuerza, salud, estar sano, ser fuerte). Cuando
decimos que algo tiene valor afirmamos que es bueno, digno de aprecio y estimación. En el campo de la
ética y la moral los valores son cualidades que podemos encontrar en el mundo que nos rodea. En un
paisaje (un paisaje hermoso), en una persona (una persona honesta), en una sociedad (una sociedad
tolerante), en un sistemapolítico (un sistema político justo), en una acción realizada por alguien (una
acción buena), en una empresa (organización responsable), y así sucesivamente.
 2. Convicción en la base donde un hombre actúa libremente (Allport, 1963).
 3. Meta transituacional deseable, variable en importancia, que sirve como guía o principio en la
vida de una persona u otra entidad social (Schwartz, 1994).
Teniendo en cuenta las anteriores definiciones, podemos plantear la siguiente definición de
valores:
Los valores, son potencialidades humanas que dignifican al individuo. Devienen del desarrollo socio
histórico de la ética y la moral en una sociedad específica. Están asociados a la significación social
positiva de los hechos y acciones, se asocian al bien, en contraposición al mal, por ello los valores
siempre coexisten de forma dicotómica con los anti valores.
Son el resultado de la actividad humana, las relaciones entre las personas y el progreso social humano,
se manifiestan en los sentimientos, las acciones, comportamientos, el trato, la comunicación, y
caracterizan las cualidades morales buenas de las personas, así como las acciones de buena voluntad
humana. Debemos destacar el papel significativo que juegan en el proceso de adquisición de valores, las
diferentes instancias socializadoras; ya que le proceso de adquisición y desarrollo de valores morales por
parte del individuo, ocurre a través de aprendizajes significativos que acontecen en el marco de la vida.
Funciones de los valores
Al igual que la conciencia moral ellos están determinados por lo afectivo, lo conductual y lo cognoscitivo.
 Lo cognoscitivo: son un resultado del conocimiento de la realidad y sirven para relacionarse con
ella y continuar conociéndola. Condensan un valor histórico.
 Lo emocional: implican aspectos afectivos, pues el ser humano compromete sus sentimientos, la
satisfacción o el rechazo, al valerse de ellos. Valoraciones.
 Lo conductual: Indican y sugieren formas prácticas de conducta, qué hacer ante determinados
dilemas morales. Pautas básicas de orientación de la conducta.
Características de los valores
 Ocupan el lugar central, más estable y dominante en la conciencia moral.
 Son positivos, siempre están orientados a hacer el bien.
 Implican una creencia de tipo descriptivo (propenden a prescribir el comportamiento humano).
 Sirven como marco de referencia para evaluar nuestra conducta y la de los demás.
 Se derivan de experiencias significativas, participativas, y no pueden ser inculcadas por vías
teóricas. (No se infunden por vía intelectual o por la persuasión. Una sociedad que tiene experiencias
colectivas de alta significación, puede aprender moralmente, en el transcurso de meses y días, lo que en
otras condiciones hubiera tardado decenas de años.)
 Son dinámicos, y se pueden modificar en un largo proceso, tanto en la vida individual como a
nivel social. Bajo una misma denominación, los valores pueden envolver contenidos cambiantes.
Los valores son aquellos conceptos que pueden ser puestos en práctica en nuestra vida para que
podamos vivir mejor. Tanto en forma intima, personal, familiar, grupal y social. Por ello todo valor es
un concepto operativo.
Los valores pueden ser clasificados de muchas formas, de acuerdo a su radio de acción:
Íntimos, Personales, Familiares, Grupales, Sociales, Nacionales, Internacionales, Universales, Humanos,
Divinos y Naturales.
Según sus polaridades:
Valores- Anti Valores.
Según la disciplina:
Éticos, Morales, Políticos, Ecológicos, Sociales, Económicos, Religiosos, Culturales y Artísticos.
Generalmente, cuando se habla de valor, se refiere a las cosas materiales, espirituales, profesionales,
derechos civiles y otros, que permiten al hombre realizarse de alguna manera, el valor es, entonces,
una propiedad de las cosas o de las personas. Todos los valores se refieren a las necesidades o
aspiraciones humanas, las que pueden clasificarse de la siguiente manera:
 Necesidad primaria: son las necesidades fisiológicas que todo ser humano tiene que satisfacer
(alimentarse, vestir, dormir, etc.)
 Necesidad de seguridad: se refiere al temor de ser relegado por los demás.
 Los valores físicos: el afecto y la salud, así como los valores económicos, poseer el mínimo de
confort para vivir, satisfacer en gran medida estas necesidades básicas.
 Necesidades sociales: es cuando un núcleo familiar ya no es suficiente para el desarrollo de la
persona por lo que tiene que formar nuevos grupos de pertenencia, se busca ser digno ante uno mismo y
ser alguien ante los demás. (Internet).
 Necesidades de autorelación: se refiere a encontrar un sentido a la vida, trascender en una obra
creativa, luchar por un ideal, como la verdad, la belleza o la bondad. (Educación en valores para
la ciudadanía Democrática).
Aunque son complejos y de varias clases, todos los valores coinciden en que tienen como fin ultimo
mejorar la calidad de nuestras vidas. La clasificación más extendida es la siguiente:
 Valores biológicos: Traen como consecuencia la salud, y se cultivan mediante la educación
física e higiénica.
 Valores sensibles: Conducen al placer, la alegría, el esparcimiento.
 Valores económicos: Proporcionan todo lo que nos es útil; son valores de uso y de cambio.
 Valores estéticos: Nos muestran la belleza en todas sus formas.
 Valores intelectuales: Nos hacen apreciar la verdad y el conocimiento.
 Valores religiosos: Nos permiten alcanzar la dimensión de lo sagrado.
 Valores morales: Su práctica nos acerca a la bondad, la justicia, la libertad, la honestidad,
la tolerancia, la responsabilidad, la solidaridad, el agradecimiento, la lealtad, la amistad y la paz, entre
otros.
Los valores y su relación desde una posición comunicativa
 La dignidad y el valor de la persona como norma.
 La humanización como meta.
 Competencia y responsabilidad en la emisión y la recepción (el que ejerce la comunicación
social debe ser competente y responsable, al igual que el receptor).
 Contribuir a formar una persona humana consciente y crítica (para enfrentar el caudal de los
mensajes y comprenderlos)
 La libertad de comunicación dentro de un orden jurídico establecido de modo justo (libertad para
tomar decisiones y de hacer lo necesario para garantizar una comunicación efectiva)
 Todo lo anterior se puede aplicar a diferentes tipos de comunicación en cualquier terreno
(mediática o personal).
Sistema de valores:
 Profesionales.
 Morales.
 Èticos.
 Estèticos.
 Polìticos-Ideòlogicos.
Estudio de valores.
 Filosofía
 Psicología
 Pedagogía
 Sociología
 Historia
De todo lo expuesto en párrafos anteriores se desprende la relación entre lo ético y lo deontológico:
Deontología: parte especializada de la ética-ética aplicada- que considera y traduce en normas el aspecto
moral del hombre en el ejercicio de su profesión.
Lo mas importe sin duda alguna, son los valores morales, estos le dan sentido y mérito a los demás, de
poco sirve tener muy buena salud, ser muy creyente o muy inteligente o vivir rodeado de comodidades y
objetos bellos, si no se es justo, bueno, tolerante u honesto, si se es una mala persona, un elemento
dañino para la sociedad, con quien la convivencia es muy difícil. La falta de valores morales en los seres
humanos es un asunto lamentable y triste, precisamente por eso, porque los hace menos humanos.
Los valores humanos son los que orientan nuestra conducta, sobre la base de ellos decidimos como
actuar ante las diferentes situaciones que nos plantea la vida.
Se relacionan principalmente con los efectos que tiene lo que hacemos en las otras personas, en la
sociedad, en la empresa o en nuestro ambiente en general. De esta manera, si deseamos vivir en paz y
ser felices, debemos construir entre todos una escala de valores que facilite nuestro crecimiento individual
para que, a través de el, aportemos lo mejor de nosotros a una comunidad que también tendrá mucho que
darnos. Son, pues, tan humanos los valores, tan necesarios, tan deseables, que lo más natural es que
queramos vivirlos, hacerlos nuestros, defenderlos cuando estén en peligro o inculcarlos en donde no
existan.

Los medios en la Formación de valores


Nos enfrentamos a la aparición de un nuevo tipo de hombre contemporáneo, el hombre «iconosférico»
(Eco, 1993, p. 72)[1], cuyos principales rasgos identificativos son: su tendencia universalista, el sentirse
«ciudadano del mundo», saliendo más allá de los propios límites geográficos y mentales', poseedor de
una conciencia de implicación: acercamiento de la vida ajena a la propia, «todo atañe a todos».
Podríamos añadir otras características positivas, como, por ejemplo:
- Aumento de los conocimientos: brutal aumento de los conocimientos básicos de la población media:
«Nadie negará que el hombre de la calle accede diariamente a un montón de conocimientos, admitiendo
que en muchos casos será un acceso superficial».
«Los medios introducen el mundo en la conciencia personal y, a la vez, esa misma conciencia personal es
introducida en el mundo desde los media». Los medios han hecho pequeño el mundo.
 - Fortísima vivencia y vigencia del presente. - Desarrollo de la sensibilidad: la característica más positiva.
- Permeabilidad al mito.

Conclusiones
Los valores constituyen la estructura básica de la moral, lo esencial de la misma, un lugar central, más
estable y dominante. Constituyen, a la vez, una estructura objetiva (existen realmente) y subjetiva (se
expresan en forma ideal) mediante los cuales la sociedad ha formado históricamente los criterios de
orientación en la relación sujeto-objeto, para valorar si un hecho o forma de conducta es bueno o malo,
útil o perjudicial, deseable o reprobable.

Bibliografía
 Álvarez, C. (1998) Didáctica de los valores. II Taller Nacional sobre Trabajo Político-Ideológico
en la Universidad. MES. Editorial "Félix Varela", La Habana.
 Álvarez, N.; Cardoso, R.; Moreno, M. (2000) La educación en valores del estudiante universitario
a través del proceso docente- educativo. Universidad 2000, La Habana.
 Avendaño,R. y Minujin,A. (1990) Un sistema autorregulado de influencias educativas, p.39-
54. Revista de Ciencias Pedagógicas, No..20, Enero-Junio, La Habana.
 Cárdenas, N. (1999) Educación desarrolladora y autorregulación de la personalidad. Curso Pre-
evento Pedagogía 99, La Habana.
 Cardoso, R. (1999) Monografía La formación integral del estudiante universitario. Revista
pedagogía universitaria, No. 1, Vol. 4. Publicación electrónica de la dirección de formación de
profesionales. Ministerio de Educación Superior.
 Conil,J. Y Domingo,A. (1993) Los valores que se trasmiten, p. 131-145..
Revista Documentación Social, No. 93, Oct.-Dic., España.
 Díaz Canals, Teresa. Ver claro en lo oscuro: el laberinto poético del civismo en Cuba….p.13-15,
16, 21, 29, 36.
 El saber ético de ayer a hoy. Comp. Por Luis López Bombino. La Habana, Félix Varela, 2004.
T.2, p.:235-262.
 García Luis, Julio. Ética y moral en la comunicación social. Selección de lecturas. La Habana,
Félix Varela, 2005. p.: 11-13.
 González,F. (1982a) Papel de los ideales morales en la formación de los intereses profesionales
en los escolares. En Algunas cuestiones del desarrollo moral de la personalidad. Editorial Pueblo y
Educación, La Habana.
 González,F. (1982b) La psicología y el desarrollo moral en la sociedad socialista. En Algunas
cuestiones del desarrollo moral de la personalidad. Editorial Pueblo y Educación, La Habana.
 González,F. (1982c) Formación de ideales morales en los adolescentes. En Algunas cuestiones
del desarrollo moral de la personalidad. Editorial Pueblo y Educación, La Habana.
 González,F. (1983) Motivación moral en adolescentes y jóvenes. Editorial Científico-Técnica, La
Habana.
 González,F. (1985) Psicología de la personalidad. Editorial Pueblo y Educación, La Habana.
 González,F. (1989) La personalidad. Su educación y desarrollo. Editorial Pueblo y Educación, La
Habana.
 González,F. (1996) Un análisis psicológico de los valores: su lugar e importancia en el mundo
subjetivo. En La formación de valores en las nuevas generaciones. Editorial de Ciencias Sociales, La
Habana.
 Vitier, Cintio. Ese sol del mundo moral. La Habana, Félix Varela, 2004. p: 5-7,13, 16-17, 20-21,
23, 26, 30, 32, 33, 34, 36, 41.
 

Leer más: http://www.monografias.com/trabajos95/fundamentos-teoricos-formacion-valores/fundamentos-
teoricos-formacion-valores.shtml#ixzz5902hK1tf

Algunas precisiones necesarias

Hablar de familia en la actualidad nos lleva a hablar de diversidad. Más allá del casi obligado plural con que debemos
referirnos a la institución familiar, es cierto que las definiciones de familia por más variadas que sean descansan hoy
en la relación interindividual, dando la idea de que la familia es ante todo un proyecto relacional que no hace
referencia necesariamente a lazos de sangre. Precisamente Schaffer (1990 en Isabel Solé i Gallart, 1998) señala que
la naturaleza de las relaciones interpersonales son el factor clave del desarrollo del niño en la familia, más incluso que
la propia estructura familiar.

Esto es precisamente lo que queremos rescatar en nuestra intervención: la naturaleza de la relación interpersonal
como factor clave del desarrollo del niño en la familia. La familia sigue siendo, a pesar de los ataques y dudas que se
ciernen sobre ella, el nudo esencial de la constitución de la personalidad de los niños. Prácticamente todas las
definiciones, más allá desde donde se posicionen para estudiar a la familia, hacen referencia a los factores comunes:
habitación común, descendencia común, mismo techo, mismo apellido, mismos padres, mismo grupo, misma historia.

Podríamos decir que dos aspectos fundamentales marcan a la familia de hoy: es el niño que la define, ya sea por su
ausencia o por su presencia. Por otro lado, la historia de las personas dentro de las familias no es tan lineal como
antaño: el ciclo de vida familiar no es tan previsible, y una misma persona puede pasar por muy diferentes etapas de
su vida en cuanto a la familia: celibato, pareja, familia monoparental, familia compuesta, etc..

Por otro lado, la familia se ve amenazada en lo que tiene de más fundamental: dar a sus miembros la identidad de
base suficientemente reaseguradora para afrontar los acontecimientos de la vida. La familia antes tomaba a cargo
dimensiones muy particulares de la experiencia humana: tiempo de vida, de aprendizaje, de educación, de
reproducción y ahora está cediendo algunas de estas funciones a otras instituciones.
De todos modos, y con variantes respecto a etapas anteriores, la familia es claramente el primer contexto de
aprendizaje para las personas, en este sentido, es importante aclarar que en su seno aprenden no sólo los niños sino
también los adultos. En la familia se ofrece cuidado y protección a los niños, asegurando su subsistencia en
condiciones dignas. También ella contribuye a la socialización de los hijos en relación a los valores socialmente
aceptados.

Las familias acompañan la evolución de los niños, en el proceso de escolarización, que es la vía excelente para ir
penetrando en otros ámbitos sociales diferentes a la familia. Esta, a través de estas funciones apunta a educar a los
niños para que puedan ser autónomos, emocionalmente equilibrados, capaces de establecer vínculos afectivos
satisfactorios.

En esta intervención haremos expresa referencia a la que anotamos como segunda función básica de la familia, esto
es, la función socializadora, que conecta al niño con los valores socialmente aceptados. La enculturación como así ha
dado en llamarse consiste en la transmisión de representaciones y valores colectivos, indispensables para el
desarrollo y la adaptación de los niños.

Partimos de que los valores, las reglas, los ritos familiares están al servicio de la estabilidad familiar, funcionan como
sello de identidad para las distintas familias, están al servicio del sentido de pertenencia. Por otro lado, existen fuerzas
internas y externas, como el proceso evolutivo de los miembros de una familia, los conflictos, las crisis que funcionan
como agentes de cambio. Del equilibrio entre ambas fuerzas resultará el sano crecimiento de la familia.

Desde una perspectiva evolutivo-educativa, podemos decir que la familia supone:

 un proyecto vital de existencia en común con un proyecto educativo compartido, donde hay un fuerte
compromiso emocional,
 un contexto de desarrollo tanto para los hijos como para los padres y abuelos,
 un escenario de encuentro intergeneracional,
 una red de apoyo para las transiciones y las crisis(1).

Desde esta perspectiva, la familia aparece como el mejor contexto para acompañar a la persona para transitar los
cambios que implica necesariamente la vida.

En cuanto al proyecto educativo familiar es en general de orden implícito, se trata de un contrato familiar donde se
"inscribe" la forma en que se organizan las familias, como se dividen las tareas, qué expectativas se tienen de los
miembros de la familia. Los valores, actitudes y expectativas que de esta forma se transmiten constituyen lo que
algunos autores (Cremin, 1976; Bloom, 1981) han llamado "currículum del hogar". Este currículum del hogar no está
escrito -a diferencia del escolar- pero cuenta con objetivos, contenidos, "metodologías" que determinan la seña de
identidad de cada familia, y contribuyen a generar aprendizajes en sus miembros . Las familias se diferencian
entonces no sólo por los contenidos sino también en los estilos con que transmiten estos contenidos (Martínez, 1996).

El tema de los estilos educativos adquiere entonces importancia fundamental a la hora de educar en valores.

En ese sentido se distinguen varios estilos educativos (Baumrind, 1971 y Maccoby y Martín, 1983 en Coloma, 1993),
que vienen determinados por la presencia o ausencia de dos variables fundamentales a la hora de estudiar la relación
padres-hijos: el monto de afecto o disponibilidad paterna a la respuesta y el control o exigencia paterna que se pone
en la relación padres-hijos. De la atención de estas dos variables surgen cuatro tipos de padres:

 Autoritativo recíproco, en los cuales estas dos dimensiones están equilibradas: se ejerce un control
consistente y razonado a la vez que se parte de la aceptación de los derechos y deberes de los hijos, y se
pide de estos la aceptación de los derechos y deberes de los padres.
 Autoritario-represivo, en este caso si bien el control existente es tan fuerte como en el caso anterior, al no
estar acompañado de reciprocidad, se vuelve rígido, no dejando espacio para el ejercicio de la libertad de
parte del hijo.
 Permisivo-indulgente, en este caso no existe control de parte de los padres, que no son directivos, no
establecen normas. De todos modos, estos padres están muy implicados afectivamente con sus hijos, están
atentos a las necesidades de sus hijos.
 Permisivo-negligente, en este caso, la permisividad no está acompañada de implicación afectiva, y se
parece mucho al abandono.

La educación de los valores en la familia

Partimos de que los valores son elementos muy centrales en el sistema de creencias de las personas y están
relacionados con estados ideales de vida que responden a nuestras necesidades como seres humanos,
proporcionándonos criterios para evaluar a los otros, a los acontecimientos tanto como a nosotros mismos (Rokeach,
1973 en García, Ramírez y Lima , 1998) . Es así que los valores nos orientan en la vida, nos hacen comprender y
estimar a los demás, pero también se relacionan con imagen que vamos construyendo de nosotros mismos y se
relacionan con el sentimiento sobre nuestra competencia social.
Según otros autores (Schwartz, 1990) los valores son representaciones cognitivas inherentes a tres formas de
exigencia universal: las exigencias del organismo, las reglas sociales de interacción y las necesidades socio-
institucionales que aseguran el bienestar y el mantenimiento del grupo.

De esa manera, según Schwartz los sistemas de valores se organizan alrededor de tres dimensiones fundamentales:
el tipo de objetivo (trascendencia o beneficio personal; conservación o cambio), los intereses subyacentes
(individuales o colectivos), el dominio de la motivación (tradición, estimulación, seguridad). Las teorías implícitas que
todos los padres tienen y que se relacionan con lo que los mismos piensan sobre cómo se hacen las cosas y por qué
se hacen de tal o cual manera ofician "de filtro" en la educación en valores.

Estas ideas y teorías implícitas se montan sobre experiencias, sobre lo que se ha vivenciado.

Si bien se podría decir que la familia no es el único contexto donde se educa en valores, es una realidad que el
ambiente de proximidad e intimidad que en ella se da la hace especialmente eficaz en esta tarea.

Existe en la literatura una extensa discusión sobre cómo se educa en valores: ¿los pequeños interiorizan los valores
familiares? ¿o los niños son agentes activos en el proceso de construcción de valores, en el entendido que la relación
padres-hijos es una relación transaccional, esto es de ida y vuelta? Nosotros estamos con la segunda posición,
afiliándonos así a las nuevas perspectivas constructivistas. En ellas se concibe a la relación entre adultos y niños de
doble sentido, aunque se acepte que esta relación es asimétrica.

Esto significa que no sólo cambian y se influencian los valores de los niños, sino también los de los adultos, por
ejemplo, luego de tener hijos una persona puede privilegiar más el valor de la seguridad que el de reconocimiento
social.

Un marco teórico para comprender la educación en valores en la familia

La familia muestra a sus miembros lo que espera de ellos teniendo en cuenta lo que se ve como deseable y valioso
en la sociedad. Bronfenbrenner (1987) propone un modelo que incluye cuatro sistemas para entender la realidad en la
que están incluídas las familias:

En el nivel del macrosistema, se ubican las creencias de una cultura, las leyes que regulan una sociedad, los mitos y
los valores que se aprecian en un determinado grupo social. En él también residen los mensajes que se transmiten en
los medios de comunicación social, los clichés, los estereotipos y lo que es valorado como deseable respecto a lo que
puede considerarse una "buena familia".

En el nivel exosistema se ubican todas las influencias de agentes externos que tiene la persona, que aunque no estén
en directo contacto con ella, tienen impacto sobre la misma. En el tema que nos ocupa, los valores manejados por la
familia extensa y por los amigos tienen influencia en los padres, ya sea para tomarlos como ejemplo y reproducirlos
en su propia familia o para vivirlos como reto y conflicto.

El autor reserva el concepto mesosistema a la relación existente entre dos o más sistemas que tienen estrecha
influencia en la persona. El ejemplo más claro de relación a nivel del mesosistema lo constituye la relación entre
familia y escuela. En general justamente, a la hora de elegir el centro educativo para los hijos uno de los aspectos a
tener en cuenta es la compatibilidad de los valores asumidos por ambas.

Por último, en el microsistema es donde residen las relaciones más próximas e íntimas que una persona tiene con el
entorno, en palabras del mismo Bronfenbrenner el microsistema "constituye un patrón de actividades, roles y
relaciones interpersonales que la persona en desarrollo experimenta en un entorno determinado, con características
físicas y materiales particulares". La familia es un ejemplo claro de microsistema.

Este marco teórico permite la lectura abierta de la educación en valores en otros contextos de socialización: es un
hecho que la televisión, el mundo de internet y de los ordenadores condicionan en parte los valores que son
transmitidos desde la familia . De cómo administren los padres estos medios, como eduquen a sus hijos en la lectura
del lenguaje audiovisual y en el espíritu crítico depende la educación en valores en general.

Este marco teórico permite estudiar a la familia como un sistema, inmerso dentro de otros sistemas. La palabra
sistema pone acento justamente en la familia como conjunto de elementos en continua interacción. En un sistema, y
por lo tanto, en las familias cada elemento afecta a otros y es a su vez afectado por aquellos, en una especie de
equilibrio circular que una vez establecido tiende a mantenerse, esto es lo que se llama aptitud de homeostasis, que
es la tendencia del sistema a permanecer igual a sí mismo.

De todos modos, los sistemas también tienen aptitud para el cambio Los modos de relación no son considerados
desde esta perspectiva en forma lineal, sino que son multilaterales, cada elemento influye al otro, y este al primero, el
esquema es entonces de naturaleza circular.

Todas estas características de las familias en tanto sistemas interesan a la hora de estudiar a la familia como
educadora en valores.
Ciclo de vida familiar y valores

Las familias, como las personas atraviesan diferentes etapas, recorriendo un ciclo evolutivo (Vidal, 1991).

En general se pueden distinguir tres grandes tiempos en la vida de una familia: el tiempo de constitución, que abarca
cuestiones tales como elección de la pareja, matrimonio y cohabitación sin hijos, el tiempo de expansión, esto es de la
llegada de los hijos, que implica la transición a la paternidad y la vida con hijos de edad preescolar y escolar, y por
último un tiempo de reducción, cuando los hijos se emancipan, la pareja vuelve a quedar sola y sin actividad laboral.

En general, las etapas que se inscriben dentro de estos tiempos se definen en relación a estos factores: cambios en
la composición familiar, cuando miembros se anexan o se pierden, cambios en la composición en relación a las
edades y cambios en la situación laboral de los miembros de la familia.

A grandes rasgos se pueden describir las siguientes etapas:

 constitución de la pareja, cuando la mujer y el hombre llegan a la pareja cada uno tiene una serie de
expectativas sobre como debe ser una pareja. Estas expectativas tienen que ver con valores sobre cómo
tienen que ser las cosas dentro de una pareja, y en general no se dicen de forma explícita. Estas formas de
concebir las cosas pueden ir desde como se deben relacionar hombre y mujer, hasta la repartición de las
tareas domésticas ¿quién cocina, lava los platos, hace los mandados, quién ayuda a quién?. En esta etapa
el éxito en la separación con las familias de origen es crucial, y cuanto más aglutinadas sean las familias de
origen, mayor dificultad traerá consigo la separación, ya que separarse en ciertos casos puede asimilarse a
aniquilación y a traición.
 nacimiento de los hijos (con las primeras etapas de vida preescolar y escolar), supone el tener resuelto el
lugar que va a ocupar el hijo que llega, el modo de participación de los padres y de sus familias está
vinculado con la relación de los padres entre sí y de cada uno con su familia de origen: Aquí se pone en
juego cómo se debe educar a un niño o a una niña, y en general lo que se quiere de los hijos, si esto se
define por repetición o por oposición a lo que los padres han vivido ellos mismos en tanto hijos; cuanto se
asigna externamente a ese hijo que llega, desde la misma manera de esperarlo, del lugar que se le asigna,
desde el nombre que se le pone, etc.

La cuestión del nombre: si el mismo ya existe en la familia, si es un nombre a "estrenar", tiene que ver con las
expectativas y valores que los padres ponen en juego desde el inicio en la relación con ese hijo: se va a llamar como
el abuelo, como el tío, y por qué, para llenar un espacio que ha quedado vacío, si se quiere repetir la historia de
alguien que ha sido muy inteligente, muy afectuoso, muy exitoso en la familia. La distribución de tareas en el cuidado
de los hijos es un tema fundamental en la educación, quién se levanta de noche, quién lo baña y quién le da de comer
definen valorizaciones, formas determinadas de encarar los vínculos.

 adolescencia de los hijos ,que se estudia en forma separada de las etapas anteriores, por el impacto que
tiene tanto en los adultos como en los mismos adolescentes. En esta etapa los hijos se plantean el por qué,
el para qué, el sentido de la vida, qué quieren hacer, cómo quieren vivir. A través de estas preguntas, el
adolescente también "mueve" a los padres, y los lleva a replantearse sus propias opciones al respecto.
Pueden darse conflictos de valores, enfrentamientos, con la diferencia que el adolescente tiene tiempo por
delante para resolver estos temas, mientras que los padres no. Esta etapa puede resolverse mediante el
control férreo de parte de los padres o por el contrario, por una indiscriminación entre padres e hijos, que
funcionan como amigos.
 partida de los hijos del hogar parental, es también una etapa movilizadora para los padres, porque coincide
con la disminución de la potencia en el hombre, la pérdida de la capacidad de reproductora en la mujer, la
transición de una vida laboral activa a la jubilación. Cómo se viva esta etapa va a depender de cuán
diferenciados hayan estado los subsistemas parental y conyugal, como para poder permitir al hijo partir sin
culpa.
 pareja nuevamente sola, que se ha dado en llamar etapa del "nido vacío", en ella se suelen invertir los roles,
los hijos deben cuidar de sus padres, de cómo se hayan sentido cuidados, protegidos y atendidos los hijos
como tales dependerá como puedan vivir esta etapa.

Estas etapas pueden variar: en algunas culturas o en algunas subculturas el ingreso a la vida adulta se hace sin
transitar prácticamente por la adolescencia, en otros casos, no se puede hablar de nido vacío, ya que las nuevas
unidades familiares se construyen en presencia de por lo menos una de las familias de origen, a tal punto que algunos
autores han hablado de "nido repleto".

Cada una estas etapas implica el cumplir con determinadas tareas, implica conflictos básicos a resolver, que de no
enfrentarse en su momento, se arrastran a etapas posteriores.

Valores y reglas

Las reglas familiares son en general implícitas y provienen de las familias de origen y se transmiten de generación en
generación. Las reglas pueden funcionar como vehículos concretos de expresión de los valores, ya que en general
responden a una determinada escala de valores, sea esta explícita o no. También pueden responder a la tradición y
ser el principal obstáculo para el cambio. Las reglas familiares constituyen indicadores comunicacionales por
excelencia. A través de ellas se determina quién habla con quién, quién tiene derecho a qué, cómo se expresan los
afectos, qué se penaliza, que se premia, a quién le corresponde hacer qué.

Las reglas en todo caso deben ser flexibles, cambiar a lo largo del ciclo familiar y estar al servicio del crecimiento de
los miembros del grupo.

Es interesante detenerse en el análisis de las reglas y sus características.(Gimeno, 1999)

En primer lugar, las reglas tienen diferentes contenidos: las hay organizacionales o instrumentales, son las reglas que
regulan los horarios, las tareas domésticas, las rutinas.

Las reglas más importantes para la teoría sistémica son las que regulan las interacciones entre los miembros, cuáles
son las distancias a tener con los miembros de la familia extensa, con los amigos, los vecinos y también la intimidad y
la forma de expresar el afecto entre los miembros de la familia nuclear

Existen reglas que hacen referencia a las formas de apoyo y se vinculan al cuándo se pide ayuda a quién y cómo.

Otras reglas regulan la manera de proceder ante los conflictos, cómo se enfrentan, y en el caso de hacerlo, cómo se
resuelven. Si la regla básica de una familia es "no tenemos conflictos", se sancionará a todo aquel que intente
denunciar uno.

Por último, los secretos familiares que existen justamente porque son violatorios de escalas de valores o constituyen
un riesgo para el prestigio familiar, son regulados mediante reglas. Cuanto se cuenta, a quién, con quién se comparte
el secreto, con quien se hacen alianzas en tal sentido, todo ello depende de la aplicación de ciertas reglas.

Las reglas cuando están al servicio de las metas y los valores familiares contribuyen al crecimiento de la familia, pero
si su número es excesivo pueden resultar un factor estresante: La consistencia de las reglas esto es, reglas claras
que indican a las personas los límites entre lo que se puede y lo que no, colaboran para dar seguridad a los hijos.

Algunos autores como Stenberg (1992 en Gimeno, 1999) hablan de poder ejecutivo, legislativo y judicial en la familia,
pidiendo prestados términos jurídicos, haciendo referencia a la aplicación de reglas en la familia. El poder legislativo
se encarga de enunciar normas, el poder judicial determina si ha habido incumplimiento de las mismas, y el poder
ejecutivo es quien se encarga de que las normas se cumplan.

En las familias de corte tradicional, el padre representa el poder legislativo, mientras que a la madre, que en general
está en mayor contacto con los hijos, corresponden los otros dos poderes.

Investigaciones relacionadas con el tema

Las investigaciones relacionadas con la educación en valores en la familia han sido criticadas muchas veces por
descuidos de orden metodológico. Las que han trabajado directamente con los hijos puede decirse que son las que
han aumentado la validez y fiabilidad de los resultados, al tratar de las relaciones entre sus representaciones y los
valores finales a los que adhieren los hijos.

Cuando se ha solicitado a las personas que asocien el concepto de familia a una serie de valores que tengan relación
con el bienestar familiar la gran mayoría de ellas señalan como importante el valor de la seguridad, seguidos por los
valores de respeto, tolerancia, solidaridad, responsabilidad, etc (Salcedo, 1992; Orizo, 1996;García y Ramírez, 1997
en García, Ramírez y Lima, 1998)

Se han realizado también estudios transculturales sobre las representaciones que los adolescentes se han formado
de la relación padres-hijos en el marco de la familia y a la vez sobre los valores de los mismos padres. En esas
investigaciones realizadas con adolescentes españoles, polacos, ingleses, colombianos y portugueses se pone
énfasis en la relación entre los valores de los adolescentes y sus representaciones de las actitudes y
comportamientos educativos parentales por un lado, y por otro, en la relación entre los valores de los adolescentes y
los padres por otro (Musitu y Fontaine, 1998).

Se trabajó con dos instrumentos en el caso de los adolescentes: evaluación de la representación que tienen los
adolescentes sobre sus padres y por otro la escala de valores inspirada en la teoría de Schwartz ya mencionada. En
el caso de los padres, sólo se aplicó ésta última.

En forma muy resumida, podemos decir que existen interacciones significativas, aunque de poca intensidad, entre la
representación del adolescente en cuanto los roles y las funciones de sus padres y de su propio sistema de valores.
La dimensión principal de los adolescentes relacionada con el factor comprensión, es la que presenta mas correlación
con los diferentes valores. Los hogares donde predomina la armonía, el bienestar, el afecto refuerzan los siguientes
valores:
 universalidad entendida como la comprensión la tolerancia, la estima y la protección de todas las personas y
de la naturaleza,
 benevolencia, entendida como la preocupación por la preservación del bienestar de las personas próximas
 la seguridad, o valoración de la integridad, armonía y equilibrio tanto a nivel interpersonal como social
 el conformismo, entendido por la restricción de acciones o pulsiones que puedan resultar dañinas para los
otros o que violen las expectativas o normas sociales.

Estos valores fueron encontrados en los cinco países estudiados.

La armonía familiar, la comprensión y el apoyo aparecen como dimensiones centrales para la formación de sistemas
de valores que se refieren a estados finales de la existencia y a comportamientos deseables. Estos resultados ilustran
la relación que existe entre los valores característicos de cada sociedad y los valores individuales de sus miembros.
La transmisión de valores parece darse en forma principal a través de la familia siendo entonces el clima familiar con
todos sus componentes socio-afectivos lo que da sentido a los valores, sin descuidar, como hemos dicho que hay
otros agentes que intervienen en la transmisión de valores: los pares, los medios de comunicación social, las
instituciones educativas, etc..

Existen otras investigaciones de los mismos autores que relacionan las funciones de la familia y la pertenencia social.
La familia como refugio del individuo es vivida más frecuentemente en medios socioeconómicos medios y altos,
mientras que la transmisión de valores tradicionales predomina en el seno de las clases desfavorecidas Mientras que
estas clases valorizan el conformismo respecto a la norma social, las clases media y alta valorizan la iniciativa, la
curiosidad, la autonomía y la creatividad.

En nuestro país existen investigaciones que pueden colaborar para dar luz en este tema. Una investigación dirigida
por Rita Perdomo (1998) realizada con adolescentes montevideanos a principios de la década de los 90 estudia lo
dicho y lo no dicho por los adolescentes poniendo énfasis en su inserción social y sus dificultades.

Uno de los capítulos de la encuesta realizada a adolescentes entre 15 y 19 años está dedicado a la toma de
decisiones en el hogar. Ante la pregunta : ¿quién decide las cosas más importantes en tu casa? , en el total de los
encuestados predominó la respuesta el padre y la madre (un 33 % del total) ubicándose la respuesta "todos en
familia" en el tercer lugar con un 19%. (2)

Esto podría hablar de una tendencia a la democratización de los vínculos familiares, esta tendencia es de anotar se
da en todos los estratos socioeconómicos, y se vincula con la facilitación de la comunicación y la comprensión entre
los miembros de la familia. Es verdad que esta investigación no tenía como objetivo fundamental el estudio de los
valores, e incluso los autores dejan claro que expresamente formularon esta pregunta en forma vaga, no dejando
claro en su formulación qué querían decir con "las cosas importantes en tu casa", dejando librado a la interpretación
de cada adolescente. esta expresión.

Así las cosas importantes de la casa podrían ser la adquisición de bienes materiales, decisiones respecto a la
educación de los hijos, o aspectos cotidianos tales como distribución de tareas, horarios, etc.. De todos modos, más
allá de las interpretaciones personales, esta pregunta indagaba acerca de la percepción que los adolescentes tienen
sobre las figuras de autoridad, la distribución del poder, los mecanismos de control que operan en una familia,
aspectos que vimos están relacionados con la educación en valores.

Reflexiones finales

De acuerdo al modesto recorrido realizado a través de teorías, propuestas de autores e investigaciones, parece claro
que aún la familia, a pesar del debate frecuente sigue siendo vehículo privilegiado en la transmisión de valores.

Los cambios operados al interior de la familia desde los años 70, han dejado de lado el modelo racional, con una
fuerte y rígida división de roles entre hombre y mujer y entre padres e hijos. Los padres optan por una educación para
la libertad, valorizando la comunicación, el diálogo, la tolerancia. El estilo autoritativo recíproco descripto en este
mismo artículo es el que según las investigaciones actuales aparece como el más indicado para favorecer el
crecimiento del hijo en todas las dimensiones. Más allá de la forma que adquiera, la familia sigue siendo la institución
cuya función fundamental es responder a las necesidades y las relaciones esenciales para el futuro del niño y su
desarrollo psíquico. La familia aparece como la instancia primera donde se experimenta y organiza el futuro individual
donde se dan las contradicciones entre: "pertenecer a" y a la vez lograr la autonomía, parecerse y diferenciarse. Esta
tensión paradójica se resuelve con la marca individual de cada persona, pero es verdad que la familia se instituye
como un lugar de resiliencia, en el sentido que brinda un espacio para resistir a esta tensión y resolverla
favorablemente. La familia es el lugar de la construcción de identidad, sin el otro, es imposible que exista el yo, sin
lazos o relaciones no existe psiquismo unificado. La familia constituye entonces el compromiso de cada uno con un
proyecto relacional que se construye en un determinado tiempo y espacio y que define por lo tanto los valores que en
cada unidad familiar se ponen en juego. La familia se constituye así como el primer paso importante hacia la cultura,
al organizar el sistema de valores, la manera de pensar y de comportarse de sus miembros, de acuerdo a la
pertenencia cultural

Más allá de la estructura, la historia, la cultura, la composición de la familia sus funciones primeras siguen siendo las
mismas: favorecer lo mejor posible a nivel de las relaciones, las condiciones necesarias y suficientes de un dispositivo
que permita favorecer la capacidad psíquica de cada uno de sus miembros para producir sentido a fin de inscribir su
existencia en su historia y la de los otros. La relación padres-hijos, a través de la educación en valores, constituye la
primer y fundamental escena de esta meta a lograr. (Lefebvre, 2000)

Bibliografía

Bronfenbrenner, Urie (1987): La ecología del desarrollo humano, Buenos Aires: Paidos.

Coloma Medina, José (1993): Estilos educativos paternos en: Pedagogía Familiar de José María Quintana (Coord.),
Madrid: Narcea.

García Hernández, María Dolores, Ramírez Rodríguez, Gloria y Lima Zamora, Alinson (1998): La construcción de
valores en la familia en: Familia y desarrollo humano, María José Rodrigo y Jesús Palacios (Coords.), Madrid: Alianza.

Gimeno, Adelina (1999): La familia: el desafío de la diversidad, Barcelona: Ariel.

Lefebvre, A. (2000) :De quelques fonctions paradoxales au sein de la relation parents-enfants en: Le parent
éducateur, de Jean Pierre Pourtois y Huguette Desmet , Paris: Presses Universitaires de France.

Martínez González, Raquel-Amaya (1996): Familias y escuelas en : Psicología de la familia. Un enfoque evolutivo y


sistémico. Vol. 1, Valencia: Promolibro.

Musitu, Gonzalo y Anne-Marie Fontaine (1998). Système de valeurs et représentations des styles éducatifs parentaux
à l´adolescence: une étude transculturelle en: Regards sur l´éducation familiale. Représentation. Responsabilité
Intervention, Anne Marie Fontaine y Jean Pierre Pourtois (eds), Bruselas: De Boeck.

Perdomo, Rita y otros (1998): Los adolescentes uruguayos hoy, República Oriental del Uruguay, Ministerio de
Educación y Cultura, Dirección de Educación, Serie Aportes a la Educación Nacional, Número 11

Solé i Gallart, Isabel (1998): Las prácticas educativas familiares en: Psicología de la Educación; César Coll (Coord)
Barcelona: Edhasa.

Vidal, Raquel (1991): Conflicto psíquico y estructura familiar: Montevideo: Ciencias.

Descripción del valor


1.  Voy a dar una conferencia a un club cultural. Dispongo de un coche para ir.
Digo que ese coche tiene valor porque muestra un grado de utilidad o aptitud
para satisfacer las necesidades de desplazamiento o proporcionar bienestar por su
comodidad. Pongo en relación el valor con mi necesidad física.
Además, al pasar por un papelería he comprado un buen bolígrafo: digo que tiene
un valor por sus cualidades: nitidez y suavidad de sus trazos, adecuación a los
dedos de mi mano, rendimiento duradero; y teniendo en cuenta todo ello lo
compro por cierta suma de dinero. Pongo en relación el valor con mi necesidad
psicológica.
Asímismo explico a mi acompañante que el contenido de mi conferencia tiene
un valor especial, por su significación de cierto alcance cultural. Pongo en
relación el valor con mi necesidad cultural.
Al llegar al club me salen a recibir los amigos, quienes me consideran un hombre
de valor, por la permanencia y firmeza de mis ideas, por las cualidades positivas
que me atribuyen para desarrollar una determinada actividad. Consideran
entonces mi cualidad de ánimo, que me mueve a acometer resueltamente
proyectos y a arrostrar los aspectos negativos que acarrean. Pongo en relación el
valor con una necesidad espiritual.
Después de dar la conferencia, muchos aplauden su valor social, por la fuerza,
actividad, eficacia o virtud de lo dicho para producir efectos nobles en la gente.
De hecho, decimos que valor es también el fruto o el producto de un estado o
empleo. Pongo el valor en relación con el rendimiento sociológico.
En definitiva, valor es la cualidad que poseen algunas cosas, consideradas bienes,
por la que son estimables.
Resumiendo: en el valor hay que considerar no sólo la cualidad buena, interna o
externa, que una cosa posee, sino también el grado de estimación que las
personas hacen de ella.
*

2. En la actualidad se han estudiado los valores desde distintas perspectivas


(filosófica, antropológica, moral, social, psicológica). El conjunto de esas
perspectivas se ha configurado como una síntesis o “teoría de los valores”, teoría
llamada Axiología (de axios, valor): abarca, por una parte, el conjunto de ciencias
normativas y, por otra, la crítica a la noción de valor en general.
Lo que primariamente nos interesa es saber qué es, de manera más rigurosa, el
valor.

Subjetivamente el valor es el carácter que reviste una cosa al ser más o menos
apreciada (p. ej., valor de uso, valor de cambio). Objetivamente es el carácter de
las cosas que merecen mayor o menor aprecio o que satisfacen cierto fin. El
primer uso técnico de la noción de valor proviene de la economía política y de
ella ha pasado sobre todo por influjo de Nietzsche al lenguaje filosófico,
concretamente a la Teoría de los valores. Estudiaremos temáticamente el
despliegue de esa Teoría de los valores.
*

 Los precursores: tensión entre subjetivismo y objetivismo 


Las teorías de los valores se despliegan propiamente en el s. XIX. Mas no por eso
dejó de ser antes preocupación de los filósofos el problema del valor. Se suele
mencionar a Protágoras, Platón, S. Agustín, S. Tomás, Hume, Kant, como
testimonios de ello. Pero la distinción entre sery valer, por una parte, y la
captación del valor por el sentimiento, por otra, fueron las tesis que marcaron el
hito de dichas teorías como escuelas filosóficas modernas. Los verdaderos
precursores de la Teoría de los valores, en el sentido apuntado, han sido Lotze,
Nietzsche y Brentano.
1.  H. Lotze (m. 1881) sostiene que junto al mecanicismo se da una finalidad, la
cual utiliza las causas mecánicas como instrumentos hacia una configuración
superior de sentido. Su postura objetivista y antikantiana le lleva a empalmar con
Platón, admitiendo que a los valores de la conciencia moral les compete un valer
objetivo, independiente de la experiencia, como imperativos éticos. Los valores,
al igual que las verdades eternas platónicas, necesitan determinantes empíricos
externos para que se hagan conscientes a nuestro espíritu. Pero su existencia no
es debida a la experiencia, ni a la costumbre, sino que figuran como contenidos
de razón. La metafísica comienza en la ética: «Los valores no son, sino que
valen».
2.  Nietzsche (m. 1900) enseña el valor preferente de los impulsos vitales sobre la
razón, así como la subversión de todos los valores y el culto del individuo de
gran estilo (superhombre). Lo bueno es lo noble: lo que cuadra al carácter y a la
raza del superhombre. Lo malo .es todo lo que está a tono con el esclavo y el
débil. Sólo aquel que es creador sabe lo que es el bien y el mal, puesto que hace
creadoramente que lo uno sea bueno y lo otro malo. La historia es una dinámica
de creación y aniquilamiento de valores. Tres son los puntos fundamentales de
su Teoría de los valores: primacía del valor sobre cualquier otra noción; origen
del valor en la voluntad de poder; vigencia de una tabla de valores establecida al
ser transmutados todos los valores para todo hombre.
3.  Pero es la figura decisiva de F. Brentano (m. 1917) la que más influiría en la
formación de la Teoría de los valores. La intencionalidad de la conciencia le
permite pasar del examen de la vivencia al objeto al cual esa vivencia se refiere.
A partir de aquí descubre normas objetivaspara el conocimiento y la voluntad.
Clasifica las funciones psíquicas en «representación, juicio y sentimiento». La
representación es objeto del juicio y del sentimiento. El juicio discierne la
verdad. El sentimiento estima el valor. El valor se refiere al sentimiento del
mismo modo que la verdad al juicio. Los valores se fundan sólo en el acto
valorativo; el cual no es un proceso racional, sino emocional. El amor posee una
peculiar inmediatez de evidencia como criterio acertado. De aquí arrancarían las
teorías de Meinong y Ehrenfels.
4.  La teoría de Meinong (m. 1921) sobre los valores es subjetivista: para él, una
cosa tiene valor cuando nos agrada y en la medida en que nos agrada. Es
necesario partir de la valoración como hecho psíquico; tal hecho es siempre
un sentimiento, el tal lleva a su vez implícito un juicio de existencia. En toda
valoración se produce un estado de placer o de dolor, basado en el juicio
existencial. Aunque el valor es puramente subjetivo, mantiene, no obstante, una
referencia al objeto a través del juicio existencial. Un objeto tiene valor en tanto
posee la capacidad de suministrar una base efectiva a un sentimiento de valor.
Posteriormente, hizo menos radical este subjetivismo: un objeto tiene valor en
cuanto un sujeto tiene o debe tener algún interés por él. Meignon admite por su
teoría del objeto ideal la objetividad de algo irreal, como el valor, que es
independiente del sentimiento que un sujeto puede tener acerca de él. Incluso
llega a afirmar la relación del valer con el ser. El valor de un objeto no puede
depender de que se lo desee o apetezca: se desea lo que no se posee, pero se
valora únicamente lo existente poseído. Aunque valoramos también lo
inexistente, al valorarlo sólo afirmamos que si el objeto llegase a existir nos
produciría un sentimiento de agrado. Por tanto, hay un valor actual que tiene
presente al objeto que provoca el agrado y un valor potencial que tiene ausente
ese mismo objeto. Así, pues, el valor de un objeto consiste en la capacidad para
determinar el sentimiento del sujeto, exista o no exista aún tal objeto. Pero el
fundamento último del valor es el sentimiento de agrado.
5.  La postura de Ch. Ehrenfels (m. 1932) es una respuesta a la de Meignon. El
valor de una cosa reside exclusivamente en el deseo que despierta; por tanto,
el valor se identifica con la apetibilidad. Entonces, la medida o patrón del valor
es la intensidad del deseo. El valor es la relación entre el objeto y el sujeto; en
virtud de tal relación conocemos que el sujeto desea efectivamente al objeto, o
por lo menos que el sujeto puede desearlo en caso de que esté convencido de la
no existencia del objeto. Es decir, una cosa es valiosa no sólo cuando es capaz de
producir un sentimiento de agrado, pues en ese caso serían valiosas sólo las cosas
existentes. Valoramos también lo que no existe como la justicia y la bondad
perfectas. Por tanto, el fundamento del valor no se encuentra en el sentimiento de
placer o agrado como sostiene Meignon, sino en el apetito o deseo: las cosas son
valiosas porque de no existir o de no poseerlas, las desearíamos. Cuando hay una
representación fuerte y completa del ser del objeto, entonces la relación sujeto-
objeto despierta en nosotros un estado sentimental más intenso que la
representación de la no-existencia de ese mismo objeto. Valor es siempre la
relación entre un objeto y la disposición de apetencia de un sujeto.
Con Meignon y Ehrenfels nace, pues, una tensión en el enfoque de los valores
(subjetivismo-objetivismo del valor) que de ningún modo concluiría con ellos.

El subjetivismo en los valores


1.  Trata de negar el carácter absoluto del valor, como independiente del sujeto.
Esta postura se despliega sobre todo en Europa a partir de W. Dilthey (m. 1911)
bajo el signo de relativismo histórico: la historia es la fuerza productiva que
engendra los valores con los que se mide el significado de hombres y épocas.
También G. Simmel (m. 1918) se pronuncia en el sentido de Dilthey: el valor
nunca es una entidad objetiva, pues su objetividad resulta de la correlación entre
sujeto y objeto. Los valores absolutos son los que los hombres reconocen como
tales en determinadas condiciones. No muy lejos de esta postura se halla el
relativismo sociológico de Vierkandt.
2.  También aparece esta postura como relativismo monista-naturalista en W.
Ostwald (m. 1932). La realidad es la energía, entendida ésta como una verdadera
causa y como constante ontológica que continuamente se modifica. Las
realidades particulares son modos de energía, la cual es siempre constante. La
energía es un valor. Esta teoría, conocida con el nombre de energetismo enseña el
imperativo energético: no desperdiciar la energía libre que disminuye
constantemente, sino aprovecharla. Sólo es valioso lo que contribuye a ese
aprovechamiento. El máximo valor consistirá en el máximo aprovechamiento de
energía.
3. Asimismo H. Münsterberg (m. 1916) profesa el relativismo. La filosofía se
basa en un acto voluntario fundamental que afirma la existencia del mundo. Este
acto afirmativo es el fundamento de un sistema de valores. Los valores son el
resultado de una acción libre de afirmación, pero que se establecen
independientemente organizados en una jerarquía. El valor puede originarse o
bien de la vida espontánea o bien de la vida consciente. En último análisis, todos
los valores se resuelven en una unidad suprema: el mundo como producto de una
voluntad de valores.

4. Pero quizá las formas más radicales de subjetivismo de los valores se han dado
en el ámbito anglosajón. Cuando ya parecía que el subjetivismo había sido
completamente superado en el ámbito europeo, florecía en los círculos filosóficos
anglosajones. Esto fue debido a que el idealismo de corte germánico de un
Bradley o de un Royce jamás llegó a cuajar definitivamente. Era demasiado
intensa la influencia de la tradición empirista y nominalista de Ockham, Bacon,
Hume, Mill, para que el idealismo pudiera establecerse tranquilamente. Surge
entonces el neopositivismo con una fuerte afirmación de pragmatismo. R. B.
Perry, Wittgenstein, R. Camap, A. Ayer y B. Russell encabezarán este
movimiento.
B. Perry (m. 1957) rechazó acertadamente la tesis idealista, pero sostuvo la teoría
extrema del subjetivismo del valor: el fundamento del valor es el sujeto que
valora. Hay una relación estrecha entre el valor y el interés, de modo que un
objeto adquiere valor cuando se le presta interés. Los objetos, dice, no tienen
previamente una determinada cualidad para ser valiosos; ni tampoco existen
únicamente intereses especiales que confieran valor al objeto: cualquier interés
otorga valor al objeto. Se puede establecer la siguiente ecuación: x es valioso =
se ha tomado interés en x. El interés expresa una actitud compleja de todo ser
vivo de estar a favor o en contra de ciertas cosas. Interés es el deseo, el agrado, la
voluntad, el propósito, la aversión, etc. Por tanto, son marginadas en esta teoría
las cualidades del objeto que despiertan en nosotros el agrado o el desagrado. El
silencio del desierto carece de valor hasta el momento en que algún viajero lo
encuentra desolado y aterrador; lo mismo sucede con la catarata, hasta que una
sensibilidad humana la encuentra sublime.
Otra forma de subjetivismo de los valores, aunque no coincidente con el anterior,
es la del empirismo lógico. El Tractatus Logico-Philosophicus de Wittgenstein
puede tomarse como punto de partida (1921) del empirismo lógico.
Un primer núcleo de este movimiento quedó constituido en el Círculo de Viena,
encabezado por Moritz Schlick. El Círculo de Viena se propuso unificar las
ciencias, incluida la filosofía, partiendo del método lógico de análisis, el cual
permitiría eliminar problemas metafísicos y afirmaciones carentes de
significación; este método serviría para aclarar los conceptos y las proposiciones
de las ciencias empíricas, cuyo contenido es lo observable de modo inmediato.
Las expresiones metafísicas, se afirma, tienen un trasfondo sentimental,
careciendo de rango científico. Los predicados bueno, bello, justo, etc., como
valores, no tienen función simbólica como la tienen los predicados rojo, frío,
idiota, etc., sino que sirven sólo como signos emotivos o expresiones de nuestra
actitud hacia algo. Cuando decimos bueno no afirmamos nada del objeto, pero
manifestamos nuestro estado sentimental. Y no es que nuestro deseo o agrado
confiera valor al objeto como creía Meignon, sino que cometemos un error
creyendo que hablamos de un objeto, cuando en realidad hablamos de un estado
sentimental. Para R. Carnap, p. ej., los juicios de valor son disfraces de
imperativos o normas. Entre el juicio de valor «robar es malo» y el imperativo
«no robes» sólo hay diferencia de formulación, mas no de contenido. Pero, por
otra parte, la norma o imperativo no afirma nada, sino que expresa un deseo; por
tanto, es inútil agotar argumentos para probar su verdad o falsedad: tanto el juicio
de valor como el imperativo o norma no son ni verdaderos ni falsos. La Teoría
de los valores, como ciencia, jamás podrá constituirse sobre tan efímera base,
pues sus juicios no son verificables, careciendo así de significado.
Parecida postura mantiene F. Ayer. Para él, un sentimiento puede ser expresado o
afirmado; no es lo mismo afirmar que expresar un sentimiento. Así, la
enunciación de un juicio ético no es afirmación, sino expresión de un
sentimiento, lo cual, a su vez, ni es verdadera ni falsa. El subjetivismo desconoce
esta distinción, ya que el juicio de valor no sería más que la afirmación de la
existencia de un sentimiento. Pero en tal caso el juicio es verdadero o falso: o es
cierto o no que el sujeto tiene el sentimiento que afirma. Decir que una cosa es
buena o correcta no equivale a decir que merece la aprobación general, ya que se
aprueban muchas acciones malas o incorrectas. El hombre que aprueba lo malo
no se contradice. Entonces, si un juicio de valor no implica una proposición o
afirmación jamás habrá proposiciones de valor contradictorias. Únicamente cabe
la posibilidad de juicios de valor si previamente admitimos todos una tabla de
valores. Con arreglo a esa tabla se podrá discutir ulteriormente si un hecho encaja
o no en su ámbito. Pero quien no esté de acuerdo con nuestra tabla de valores
jamás podrá ser convencido de la verdad o falsedad de su postura. Al no poderse
determinar la falsedad o verdad de los juicios de valor ya que no afirman nada,
debemos concluir que no significan nada. La Ética no tiene posibilidad alguna.
Sólo la Psicología estudiará las reacciones y sentimientos que tales juicios
expresan o provocan.
En esto coincide con Ayer B. Russell, ya que la cuestión de los valores está fuera
del dominio del conocimiento, siendo además mera expresión de
nuestros sentimientos. La idea de lo bueno y de lo malo está conectada siempre al
deseo (bueno=deseado; malo=evitado). La Ética quiere dar significación
universal a ciertos deseos personales. Ahora bien, decir «esto es bueno» no es lo
mismo que decir «esto es cuadrado». Con el predicado «bueno» se enuncia sólo
un deseo; mientras que con el predicado «cuadrado» se enuncia algo objetivo.
Jamás podrá discutirse sobre la verdad o la falsedad del predicado «bueno».
Russell  afirma expresamente que su doctrina es una forma de la subjetividad de
los valores. Para él no es posible encontrar argumentos para probar que algo
tenga un valor intrínseco. No obstante, parece contradecirse en su postura,
cuando afirma que nuestra vida tiene que guiarse por grandes deseos
impersonales y .generosos. Pero esto es ya postular una escala objetiva de
valores, de modo que el hombre tiene que obrar por razón de los más altos
jerárquicamente.
*

El objetivismo en los valores


Al despertar el idealismo en el s. XIX bajo la forma de kantismo surgieron
principalmente dos escuelas fieles al espíritu de Kant: la escuela logicista de
Marburgo y la escuela axiológica de Baden. Esta última, representada por W.
Windelband y H. RicIcert, impulsó notablemente el estudio del valor.

1.  Windelband (m. 1915) depende también de Lotze. Partiendo del método


trascendental kantiano, sostiene que la filosofía consiste en el análisis de las
condiciones lógicas del conocimiento y de la volición. Es, por tanto,
conceptualista, negando la existencia de la intuición intelectual: el entendimiento
es sólo una facultad de síntesis, al construir el todo a base de sus partes. Con esto
aboca al idealismo gnoseológico, haciendo consistir el conocimiento en una
creación del objeto y no en una captación del mismo. A pesar de su idealismo, no
es totalmente racionalista, y reconoce la presencia de un elemento irracional en
la realidad: el fundamento del ser objetivo no son las leyes lógicas como en la
Escuela de Marburgo, sino las leyes axiológicas o leyes del valor. Ahora bien,
más allá de la «conciencia en general» no hay nada. ¿Cómo son entonces
verdaderos y objetivos los juicios basados en realidades inmanentes? En tales
juicios se da la presencia de valores trascendentales, los cuales no hacen
referencia al ser, sino al deber ser. El juicio es verdadero cuando corresponde a
un deber ser trascendental. Los valores figuran como el fundamento del ser, y son
independientes de la razón y de la conciencia: se imponen. Por eso, los valores no
son relativos, puesto que su validez es absoluta. El valor aparece a la conciencia
en la forma de un objeto eterno, al que no corresponde realidad alguna en nuestra
conciencia. La filosofía es, así, «ciencia crítica de los valores universales». Estas
leyes inmanentes, inmutables y eternas, no existen, sino que valen, y son de tres
clases: valores de verdad (en el pensamiento), valores morales (en el querer y
obrar) y valores estéticos (en el sentimiento).
2.  Rickert (m. 1936) sigue la línea trazada por Windelband: el valor no pertenece
a la esfera del sujeto, sino a la del objeto. Ahora bien, este objeto no tiene
realidad, como la tiene el objeto de una experiencia sensible, sino que constituye
un «tercer reino». Es decir, entre el reino de la realidad y el de los valores no es
posible una relación si no es a través de una esfera diferente de ambas. Ese
«tercer reino» está constituido por relaciones, llamadas por Rickert «formaciones
de sentido» (Sinngebilde). La cultura es el reino de las formaciones de sentido.
3.  Alejado del kantismo, el objetivismo axiológico ha tenido sus representantes
más destacados en el círculo de la Fenomenología. Siguiendo el método
fenomenológico de Husserl, Max Scheler dio el mejor impulso a la teoría de los
valores en su obra El formalismo en la ética y la ética material de los valores.
Scheler está de acuerdo con Kant al rechazar la «ética de bienes», pero esto no
tiene que llevar a una aceptación de la «ética del imperativo categórico». Hay que
distinguir entre bienes y valores. Así como podemos hablar de la esencia (eidos)
del color rojo, sin tener en cuenta que exista o no fácticamente en una cosa roja,
también hay valores como esencias, prescindiendo de que existan o no bienes
portadores de tales valores. El hombre puede intuir la esencia de un valor, el cual
es independiente de su realización de hecho en la forma de bienes (o «cosas
valiosas»). La intuición de los valores es independiente de la experiencia. La
ética no puede suponer bienes o cosas (en esto da la razón a Kant),
aunque también tiene que basarse en un contenido determinado (con lo cual se
hace material y se enfrenta a la ética de Kant). Además la jerarquía de los valores
es a priori y en esto concuerda con Kant; pero las leyes esenciales que regulan
las relaciones entre valores no son de índole formal ni indeterminadas en su
contenido. Por tanto, se precisa una ética material. Es decir, Kant confundió lo a
priori con lo formal; para Scheler esto es imperdonable. Mas Kant cometió un
segundo error: confundió lo a priori con lo racional. En verdad, los valores no
son captados por la razón, sino por el sentimiento. La razón capta las esencias
significativas lógicas. En el querer se establece una relación con el mundo
concreto; pero el sentimiento nos abre a las esencias alógicas o valores sin ser
una experiencia empírica. Para Scheler, todo acto que realiza un valor debe ser
definido precisamente como manifestación de una persona. El verdadero soporte
de los valores morales es la persona humana y sólo ella puede ser buena o mala.
De ahí el personalismo de la Teoría de los valores scheleriana.
Nicolai Hartmann sigue una línea paralela a la de Scheler. Pero considera
únicamente la persona individual (rechazando el concepto de persona colectiva o
divina): la dignidad de la persona humana consiste en transformar el deber ser
(valor) en deber obrar. Los valores morales constituyen un reino
filosófico independiente: la persona humana es mediadora entre el orden de los
valores y el de la realidad. Los valores son, como afirma también Scheler,
esencias irracionales, estando la norma y el deber fundados en el ser
independiente de los valores. No hay una prioridad del deber respecto de los
valores, sino que el valor precede al deber y lo condiciona. Los valores poseen el
carácter de esencias originales, independientes de la representación y del deseo.
Son objetos ideales, aprehensibles en una visión intuitiva a priori, independiente
de toda experiencia. Hartmann se vincula así a la teoría platónica de las ideas:
«En cuanto a su modo de ser, los valores son ideas platónicas. Forman parte de
ese otro reino del ser, descubierto por Platón, aprehensibles por intuición
espiritual, aunque no visibles con los ojos, ni palpables con las manos» (Ethik,
Berlín 1926, 108).
Ahora bien, teniendo delante estas teorías, ¿podríamos trazar una teoría
sistemática del valor?

Determinación sistemática del valor


Definir el valor, resumiendo o sintetizando de algún modo las ideas expuestas
por los autores mencionados es tarea ardua. Ensayémosla en cortas
proposiciones:

1) Peculiaridad del valor. Valer y ser no se identifican en el proceso de la


percepción humana. Percibimos muchas cosas que son, pero no por ello
juzgamos que valen, más aún, nos dejan indiferentes. El valor es aquello que saca
al sujeto de su indiferencia frente al objeto; por eso, el valor se funda en la
preferibilidad. El valor es no-indiferencia (García Morente). Cuando decimos que
algo vale, no afirmamos directamente algo sobre su ser, pues sólo nos referimos a
su no-indiferencia. La no-indiferencia es la esencia del valor. La cosa que vale no
es más o menos que la cosa que no vale. Tener valor no significa directamente
tener más o menos realidad, sino no ser indiferente. Es precisamente esta
característica del valor lo que va a plantear el problema central de la Teoría de
los valores, y lo que va a permitir que se escinda según los presupuestos
metafísicos de los diversos autores, dando lugar o bien a una Teoría subjetivista,
si lo reduce todo al sujeto; o bien a una Teoría idealista, si funda el valor en la
idea; o bien a una Teoría realista, que ponga de manifiesto que la Teoría de los
valores no puede estar cerrada en sí misma, sino abierta a una filosofía del ser, ya
que el valor se funda en el ser. En los puntos que siguen procederemos de una
manera más bien descriptiva, y siguiendo sobre todo a Scheler y a Hartmann,
aunque corrigiendo algunas de sus expresiones, y dejando para luego el
planteamiento del tema ontológico.
*

2) El valor es captado sentimentalmente. No se percibe el valor (la bondad, la


amistad, la generosidad, la belleza) por la vía de un silogismo deductivo, sino de
una manera inmediata en la que la capacidad de sentir de la persona se pone en
marcha. Hay un «orden del corazón» (Pascal) paralelo al «orden de la razón». No
obstante en el percibir sentimental de un valor está dado este mismo valor con
distinción de su sentir;  por consiguiente, la desaparición del percibir sentimental
no suprime el valor. Aunque no captados por deducción, no por eso los valores
forman un orden caprichoso y caótico. El percibir sentimental no está unido
exteriormente al objeto, ni aun de modo mediato a través de una representación o
a través de un signo, como si el objeto fuera signo de algo más profundo.
Captamos inmediatamente los valores por medio de las vivencias emocionales
(preferir y postergar). N. Hartmann llega al extrema de distinguir la esfera lógica
y la esfera emotiva; esta última es llamada por Ortega y Gasset estimativa.
*

3) EI valor es objetivo. Ya vimos cómo Scheler rechaza las doctrinas


subjetivistas del valor. El fundamento del valor no es el agrado o desagrado que
desencadena. El mismo hecho de que podamos discutir sobre los valores, supone
que en la base de la discusión estamos profundamente convencidos de que son
objetivos. Los valores se descubren, como se descubren también las verdades
científicas. Hartmann es contundente a este respecto: los actos emotivos
tropiezan con algo que nos insta irresistiblemente. No es que lo deseable tenga
valor, sino que es deseable lo valioso. Por eso decía Scheler que la desaparición
del percibir sentimental no suprime el ser del valor. Cuando se descubre un valor
no es que antes no hubiera valor y ahora lo hay, sino que antes todavía no era
intuido y ahora lo es.
*

4) Los valores son esencias. Quiere esto decir que los valores son independientes
de las experiencias en que están inmersos. Esta esencia puede ser realizada por
medio de la existencia, pero su modo específico de consistencia no se modifica
por el modificarse de sus realizaciones existenciales (N. Hartmann).
Los valores son esencias «eternas e inmensas», por abarcar el espacio y el
tiempo. No es que los valores sean errantes fantasmas, pues más bien son
espacial y temporalmente omnipresentes: no valen aquí o allí, antes o después;
simplemente valen. Además son esencias «absolutas e inmutables»: la traición de
mi amigo no altera el valor de la amistad; los valores no cambian. Son absolutos:
no están condicionados por ningún hecho de naturaleza histórica, social,
biológica o individual. Lo que vale una vez, vale siempre y de un modo
uniforme: no valdrá más para unos que para otros.
*

5) El valor es una cualidad. Es preciso distinguir entre el valor en sí y el valor


para nosotros. Si hubiera valor sólo para algunos, entonces estarían
constitutivamente en relación con el tiempo y con el espacio, cosa que ya hemos
excluido. Antes de Newton ya existía la ley de la gravitación. Del mismo modo,
sólo hay una relatividad en el modo de conocer los valores, pero jamás en el
mismo valor como tal. Percibir un valor no es crearlo, sino descubrirlo. Los
valores poseen independencia objetiva e independencia subjetiva. La belleza es
independiente del cuadro, de la estatua o de los colores: el cuadro o la estatua
poseen el valor de lo bello, que los trasciende y los antecede. Los valores son
extraños a la cantidad: no se puede decir que un cuadro es tantas veces bello, ni
se puede contar o dividir la belleza en unidades. Los valores son también
subjetivamente independientes; aunque nunca se hubiera juzgado que el asesinato
era malo, hubiera continuado siendo malo.
*

6) El valor no tiene sustantividad propia. Los valores radican en los seres y el


hombre no percibe el valor sino en los seres concretos, haciendo referencia al ser
y expresándose como un predicado del ser. Aquí volvemos a encontrar en toda su
pujanza la distinción entre una Teoría de los valores realista y otra idealista: la
primera reconocerá ese hecho con toda su fuerza; la segunda no acaba de
asumirlo del todo y empleará expresiones como «los valores están adheridos a los
seres», «depositados en ellos», etcétera.
*

7) Polaridad de los valores. El valor consiste en la no-indiferencia, es decir, en


su capacidad de sacarnos de la indiferencia. Esto supone un punto inicial de
indiferencia y algo no-indiferente que se aleja de ese punto. Hay dos modos de
alejarse de ese punto de indiferencia: uno positivo y otro negativo. Por eso, el
valor tiene polaridad: un polo positivo y un polo negativo. La provocación de la
no-indiferencia puede suceder por atracción o por aversión. Todo valor tiene su
contravalor, a lo bueno se contrapone lo malo; a la belleza se contrapone la
fealdad, etc.
*

8) Jerarquía de los valores. Hay una multitud de valores como modos de no-


indiferencia. El valor debe tener constitutivamente no-indiferencia. También los
valores en sus relaciones mutuas poseen esa no-indiferencia. Esta no-indiferencia
respectiva es el fundamento de su jerarquía. Según Scheler, los valores
mantienen una relación jerárquica a priori, pues la jerarquía cuyo fundamento es
la correlación de los valores en orden a la no-indiferencia reside en la esencia
misma de los valores. Scheler da cinco criterios para determinar la jerarquía
axiológica: l° Extensión: los valores más inferiores son esencialmente fugaces,
mientras que los superiores son eternos; las grandes obras literarias persisten a
través del tiempo. 2° Divisibilidad: un valor tiene mayor rango cuando menos
divisible es; un trozo de pan vale el doble que la mitad de ese trozo; pero la mitad
del cuadro Las Meninas no corresponde a la mitad de su valor total.
3° Fundamentación: cuando un valor fundamenta a otro es más alto que éste. Lo
agradable se funda en lo vital; y todos los valores se fundamentan en los
religiosos. 4° Profundidad de satisfacción: Satisfacción no es placer, sino
vivencia del cumplimiento de una intención hacia un valor cuando aparece éste.
Profundidad no es grado de satisfacción; la satisfacción es tanto más profunda
cuanto menos ligada está al percibir sentimental de otro valor. 5° Relatividad: no
se trata de un subjetivismo; el valor de lo agradable es relativo a un ser dotado de
sentimiento sensible; los valores absolutos son aquellos que no dicen relación a la
sensibilidad o á la vida.
*

9) Clasificación de los valores. Uno de los esfuerzos sobresalientes que


hizo la Teoría de los valores consistió en encontrar una escala de valores con que
indicar su mutua correlación, según el modo que tienen de sacarnos de la
indiferencia. El valor supremo es aquel que dista más que ningún otro del punto
inicial de indiferencia. Ortega y Gasset, inspirándose en las investigaciones de
Scheler y Hartmann, propone una escala de valores, según jerarquía y polaridad,
que transcribimos: Útiles (caro-barato; ordinario-extraordinario), Vitales (noble-
vulgar; sano-enfermo; fuerte-débil; vida-muerte), Intelectuales (conocimiento-
error; evidente-probable), Morales (bueno-malo; justo-injusto), Estéticos (bello-
feo; sublime-ridículo) y Religiosos (sagrado-profano; divino-demoníaco). A la
vista de esta escala podemos apreciar que se nos impone renunciar a un valor de
belleza o de salud antes que hollar un valor religioso. Finalmente, y por lo que
respecta al carácter positivo o negativo del valor, añadiremos que el valor
positivo es aquel que debe mover al sujeto por su atracción; el valor negativo
debe mover al sujeto por su repulsión. Lotze y Brentano formulan la siguiente
tesis al respecto: La existencia del valor positivo es un valor positivo; la
existencia del valor negativo es un valor negativo; la no-existencia del valor
negativo es un valor positivo; la no-existencia del valor positivo es un valor
negativo.
*
La teoría de los valores en la teoría del ser.
En Francia, L. Lavelle y R. Le Senne consideraron la Teoría de los valores como
una profundización de la teoría del ser misma. En España, J. Zaragüeta se
pronunció también en este mismo sentido. En Alemania, J. von Rintelen
identifica el valor con el concepto afín de bien, que es uno de los trascendentales
del ser. De modo que la posible entrada de la Teoría de los valores en el ámbito
de la teoría del ser tendrá lugar únicamente en el ámbito de la bien trascendental,
como unánimemente lo ha reconocido el neotomismo. Pero es preciso aclarar
este punto. Acerca de la distinción que la Teoría de los valores hace entre el bien
y el valor, convendrá tener presentes algunos puntos:
*

1) Un bien es el ser concreto dotado de bondad. En este caso, el bien es lo


valioso, o lo que es soporte de valor; el valor es la bondad misma tomada
abstracta o formalmente (la valiosidad), en virtud de la cual el ser se hace bueno.
*
2) El bien se dice también del bien real no realizado todavía por las tendencias
expresamente. El valor, en cambio, coincide con el bien realizado por las
tendencias espirituales. Hablando más exactamente, el bien realizado presenta un
doble aspecto, respectivamente objetivo y subjetivo. El aspecto objetivo es el
bien en tanto que es un contenido realizable; el aspecto subjetivo es la
misma realización del bien, el modo en que la tendencia realiza el bien
(valoración). Los valores tomados subjetivamente son los actos de amor,
reverencia, fidelidad, pureza, etc., por los cuales se manifiestan y realizan los
valores “tomados objetivamente”, dándoles una respuesta adecuada.
Esta segunda consideración del bien y del valor toca más directamente los puntos
esenciales de la Teoría de los valores. Pero casi ningún filósofo de los arriba
nombrados mira al bien real, pues se fija en el valor tomado subjetivamente.
Pero no se debe separar la esfera del valor de la esfera del ser. El valor a la vez
subjetiva y objetivamente tomado se fundamenta en el bien real: el valor
tomado objetivamente es el mismo bien real realizado en acto; el valor
tomado subjetivamente da la respuesta correspondiente al bien real, ya que está
determinado por éste: el valor subjetivo es el bien real transportado y elevado
al modo del sujeto que desea y apetece. Por tanto, no sólo el bien real se
convierte o identifica relativamente con el ente, sino también el bien realizado,
como lo manifestativo con lo manifestado.
*

3) Decimos que el ente tiene bondad en cuanto connotamos la perfección que el


ente tiene en sí, o sea, la plenitud de ser tenida por él; pero decimos que un ente
tiene valor cuando connotamos su conveniencia a otro ente en determinadas
circunstancias. Desde esta perspectiva, el valor se fundamenta en el bien, pero
sólo puede ser definido atendiendo a las circunstancias determinadas; p. ej., un
tesoro cuantioso es de suyo un bien mayor que un barril de agua; mas para el
hombre que jadea sediento en un desierto tiene más valor ese barril de agua que
el tesoro. Esta distinción muestra la peculiaridad del tema del valor a la vez que
pone de manifiesto la necesidad de vincularlo al bien.
La Teoría de los valores tal y como se desarrolla sobre todo en Scheler y
Hartmann supone una superación del subjetivismo del psicologismo de los
valores, pero si no se abre a una fundamentación metafísica del valor corre el
riesgo de caer en el idealismo o de colocar los valores en un reino de ideas
platónicas.
Quien admita la Teoría de los valores en un sentido no-ontológico se encuentra
en la misma situación del que quiere buscar casa en una ciudad donde impera una
gran necesidad de viviendas. Si alguien le propone la adquisición de una casa
muy valiosa, con lujosos salones y jardines, a un precio ridículo, nuestro hombre
saltará de gozo. Pero caerá descorazonado tan pronto como le aclaremos que, aun
teniendo la casa un valor incomparable, le falta un leve detalle: que no tiene ser.
Lo mismo puede decirse de los valores alimenticios, estéticos o sociales.
Aquí no se trata de una cosa concreta, llámese comida o casa, sino del valor de
esos bienes, del bien que se acredita en esos bienes. Al valor de estos bienes
pertenece necesariamente su ser-actual o su ser-posible. El valor está vinculado
indisolublemente al ser. Esto tiene su vigencia no sólo para valores de cosas,
sino, y especialmente, para valores morales. El deber es siempre un deber-ser, del
mismo modo que el ser-posible es ser por su relación al ser-actual.
*

[BIBL.: XIII CONGRESO INTERNACIONAL DE FILOSOFIA, Symposium


sobre Derecho natural y Axiología y Symposium sobre valor in genere y valores
específicos, México 1963; R. S. HARTMANN, La estructura del valor.
Fundamentos de la axiología científica. México 1959; 1. HESSEN, Tratado de
filosofía, II, Teoría de los valores, Buenos Aires 1951; A. LINARES HERRERA,
E1etnentos para una crítica de la filosofía de los valores, Madrid 1949; M.
SCHELER, Ética, Buenos Aires 1948; F. ORESTANO, Los valores humanos,
Buenos Aires 1947; J. ORTEGA Y GASSET, ¿Qué son los valores?, en Obras
Completas, VI, Madrid 1946; 1. ZARAGUETA, El lenguaje estimativo y el valor
de los seres, en El Lenguaje y la Filosofía, Madrid 1945; A. STERN, La filosofía
de los valores, México 1944 A. MESSER, La estimativa o la filosofía de los
valores en la actualidad, Madrid 1932].
3.1. Bienes y valores

Los valores son cualidades específicas que los sujetos le confieren a los


objetos o a los sujetos. Y es a través de ellos que le podemos dar importancia o
no a estos objetos, pero también comprende a los secesos o a los
acontecimientos.

Los valores parten de la atribución y de la percepción que tienen los sujetos


sobre el mundo exterior en el cual desarrollan su actividad los cuales posibilitan
un ordenamiento según el grado de importancia.

¿Para qué sirven?


Los valores sirven de guía interpretativa en el devenir de lo cotidiano. Al ser
una cuestión subjetiva principalmente, podemos decir que afirmar que los
valores son de carácter universal seria cuanto menos conflictivo. Sin embargo,
encontramos que generalmente son caracterizados de este modo.

La realidad es que los valores son históricos, es decir, que su origen se


relaciona con un contexto social y cultural determinado el cual influye
directamente en su concepción y formación.

De este modo, podemos hacer notar que en las sociedades tienen valores
diferentes sobre cuáles son los modos de actuar, de comportamiento,
morales, de convivencia, etc.

A la vez que se da esta diferencia, existe un proceso contrario que tiende hacia
la unificación y universalización de los ciertos valores. Ejemplo de esto son los
valores sobre la paz, la solidaridad, la tolerancia, etc.

Lo cierto es que existe una contradicción que choca principalmente cuando


posiciones opuestas tocan temas sensibles como el aborto, eutanasia, la
intervención política o armada y demás cuestiones donde los valores que se
persiguen encuentran otras limitaciones culturales que sostienen valores
diferentes.

Tipos de valores
Más allá de esta cuestión, resulta útil clasificar a los distintos valores según
criterios específicos en:
1. Valores personales: Son los que resultan indispensables y a partir de
los cuales las personas van guiándose en su vida cotidiana. Muchas
veces provienen de la experiencia directa que tienen las personas y van
acumulando.
2. Valores socio-culturales: Son los cánones generales que funcionan y
son parte de la cultura de una sociedad determinada. Más allá del núcleo
duro general o hegemónico de la sociedad, los cuales pueden coincidir
con los valores personales o de grupos sociales específicos, se
encuentran en constante roce o yuxtaposición con demás valores. Se
debe tener en cuenta que coexisten una variedad de múltiples valores en
una sociedad y momento histórico dado.
3. Valores materiales: son depositados sobre los objetos y bienes que
hacer que el ser humano pueda subsistir. Por ejemplo lo necesario para
la alimentación o protección.
4. Valores espirituales: Son los referidos a la actividad que los seres
humanos realizan, se basan en aspectos inmateriales. Y comprenden la
importancia que le damos a las actividades que realizamos y valoramos
como la expresión artística o religiosa.
5. Valores morales: Son las conductas que una determinada sociedad
acepta y entiende que son indispensables para mantener el orden social.
Estos recaen de forma social sobre cada uno de los ciudadanos en
particular, exigiendo de forma tácita y práctica también su aceptación. Y
en muchos casos la sociedad dispone castigos a quien los infringe vía
judicial, penal, etc.

Cómo citar este contenido:

Enciclopedia de Conceptos (2018). "Valor". Recuperado


de: http://concepto.de/que-es-un-valor-y-cuales-son-los-valores/
Citado APA: (A. 2018,01. Concepto de Valor. Equipo de Redacción de
Concepto.de. Obtenido 2018,03, de http://concepto.de/que-es-un-valor-y-
cuales-son-los-valores/) 

Citado Enciclopédico: Equipo de Redacción de Concepto.de, 2018,01. Concepto


de Valor. Editorial Concepto.de (Enciclopedia online). Argentina.

Fuente: http://concepto.de/que-es-un-valor-y-cuales-son-los-
valores/#ixzz5904MRxth
CONCEPTO DE
VALORES HUMANOS
Te explicamos qué son los valores humanos y cómo influyen en el accionar de las
personas. Además, qué tipos de valores humanos existen.

Los valores de nuestra cultura influyen y definen nuestros actos.

Valores humanos

Los valores refieren características, cualidades y propiedades de una


persona, un objeto o una acción que se consideran positivas o que poseen
una gran importancia en su contexto. Como muchos otros términos, esta
palabra contiene diversas acepciones con distintas características cada una.

Los valores humanos son aquellos conceptos universales que influyen en el


comportamiento de las personas, y que se pueden hallar en todas las culturas
y sociedades, respecto a lo que se considera correcto e incorrecto.
Estos valores tienen como función elevar a la vida humana en su máxima
expresión y máxima capacidad. Suelen tener relación con
conceptos éticos y morales, incluso con posturas filosóficas y religiosas.

Tipos de valores humanos

Los siguientes son ejemplos que conforman a los valores humanos:

 Honestidad: Es una cualidad de los seres humanos en la que la persona decide


actuar siempre tomando como base la verdad y la auténtica justicia. De esta manera, le
tendría dar lo que le corresponde a todas las personas, incluyendo a ella misma. Para
ser honesto se necesita ser genuino, auténtico y, fundamentalmente, ser una persona
objetiva. Ser honesto es respetar a los otros tanto como a uno mismo.

 Puntualidad: Es el valor que ocurre cuando se hace el esfuerzo de estar a


tiempo en el lugar debido para cumplir con ciertas obligaciones, ya sea una reunión en
el trabajo, una salida con amigos o un trabajo al que nos comprometimos entregar a
tiempo. La puntualidad es una característica elemental para la convivencia con las
personas que nos rodean y para poder alcanzar las metas y los compromisos que
asumimos. Siempre obtendremos buenos resultados si somos puntuales ya que nos
permite conseguir más trabajos, desempeñar de una manera más productiva nuestro
labor y además, lograremos que tengan más confianza en nosotros.

 Responsabilidad: A pesar de que esta cualidad sea de vital importancia, es


más común que las personas noten la irresponsabilidad en los otros que cuando
realizan las cosas como deben ser. Ser responsable es poder cumplir con obligaciones
tanto morales como legales con las que se hayan comprometido con anterioridad. El
resultado más positivo de la responsabilidad es que se puede obtener la confianza
plena de los demás, en cualquier ámbito en el que las personas se relacionan.

 Humildad: Es una cualidad de aquellas personas que son modestas y


respetuosas. Según definiciones religiosas así como también filosóficas, la humildad
tiene relación con la ausencia del ego.

 Justicia: En primer lugar, se la considera como el acto de ser justo y, a su vez,


equitativo. Es la rectitud moral que se basa en la ética, el derecho, la racionalidad, la
ley natural, la equidad o la religión.

 Amor: Es una virtud totalmente emocional, en la que se unen las expresiones y


las actitudes importantes y desinteresadas reflejadas en aquellas personas que poseen
esta cualidad.

 Paz: Este estado ocurre únicamente cuando no permanecen conflictos


relacionados con la violencia. Su principal característica es la tranquilidad y tiene como
objetivo no sentir temor a la violencia. A su vez, se puede explicar como la ausencia de
hostilidad.

 No-violencia: Es una ideología y una práctica ético-política que tiene como fin
rechazar el uso de la violencia y la agresión como herramienta para solucionar un
conflicto. La principal razón de este rechazo es porque afirman que la violencia lo único
que genera como resultado es más violencia. Tiene como principal objetivo humanizar
a las distintas sociedades al apostar y valorar la vida y así ignorar y prevenir los
conflictos.

Fuente: http://concepto.de/valores-humanos/#ixzz5904oBx8D

Enciclopedia de Conceptos (2018). "Valores humanos". Recuperado


de: http://concepto.de/valores-humanos/

Citado APA: (A. 2018,01. Concepto de Valores humanos. Equipo de Redacción


de Concepto.de. Obtenido 2018,03, de http://concepto.de/valores-humanos/) 
Citado Enciclopédico: Equipo de Redacción de Concepto.de, 2018,01. Concepto
de Valores humanos. Editorial Concepto.de (Enciclopedia online). Argentina.

Fuente: http://concepto.de/valores-humanos/#ixzz5904vog9d