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01 Primeros rudimentos.

Hebreos 6:1-6 RV 1960

Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando
otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, 2 de la doctrina de bautismos,
de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. 3 Y esto haremos, si Dios
en verdad lo permite. 4 Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don
celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5 y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios
y los poderes del siglo venidero, 6 y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando
de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.

2 rudimentos n. m. pl. Nociones básicas de una ciencia, arte, técnica o profesión: los rudimentos de la
gramática; los rudimentos de la mecánica. SIN fundamentos.

Cayuela, N. L. (Ed.). (1997). Diccionario general de la lengua española Vox. Barcelona: VOX.

Tardos para oír. Niños. Inmaduros.

Hebreos 5:11-14 RV 1960 11 Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto
os habéis hecho tardos para oír. 12 Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis
necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis
llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. 13 Y todo aquel que participa de
la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño;(F) 14 pero el alimento sólido es para los que
han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien
y del mal.

1 Corintios 3

1
Acerca del amor de Dios y el perdón.
Lucas 7:36-50 RV 1960 Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa
del fariseo, se sentó a la mesa. 37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús
estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38 y estando detrás de él a
sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus
pies, y los ungía con el perfume.(E) 39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí:
Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. 40 Entonces
respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Dí, Maestro. 41 Un acreedor
tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42 y no teniendo ellos con qué
pagar, perdonó a ambos. Dí, pues, ¿cuál de ellos le amará más? 43 Respondiendo Simón, dijo: Pienso que
aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. 44 Y vuelto a la mujer, dijo a Simón:
¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con
lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. 45 No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado
de besar mis pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. 47 Por
lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le
perdona poco, poco ama. 48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. 49 Y los que estaban
juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?
50 Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vé en paz.

Mateo 9:1-8 RV 1960 Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad. 2 Y
sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico:
Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados. 3 Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí:
Este blasfema. 4 Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros
corazones? 5 Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?
6 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice
entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. 7 Entonces él se levantó y se fue a su
casa. 8 Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres.

Juan 3:16-21 RV 1960 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que
todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo
para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. 18 El que en él cree, no es condenado;
pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz,
porque sus obras eran malas. 20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz,
para que sus obras no sean reprendidas. 21 Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea
manifiesto que sus obras son hechas en Dios.

2
Lucas 1:67-80 RV 1960

Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: 68 Bendito el Señor Dios de Israel,

Que ha visitado y redimido a su pueblo, 69 Y nos levantó un poderoso Salvador

En la casa de David su siervo, 70 Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el
principio; 71 Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; 72 Para
hacer misericordia con nuestros padres,

Y acordarse de su santo pacto; 73 Del juramento que hizo a Abraham nuestro padre,

Que nos había de conceder 74 Que, librados de nuestros enemigos,

Sin temor le serviríamos 75 En santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días. 76 Y tú, niño,
profeta del Altísimo serás llamado;

Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; 77 Para dar conocimiento de
salvación a su pueblo,

Para perdón de sus pecados, 78 Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

Con que nos visitó desde lo alto la aurora, 79 Para dar luz a los que habitan en tinieblas(M) y en sombra
de muerte;

Para encaminar nuestros pies por camino de paz. 80 Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo
en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.

Lucas 24:45-49 RV 1960 Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; 46
y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer
día; 47 y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones,
comenzando desde Jerusalén. 48 Y vosotros sois testigos de estas cosas. 49 He aquí, yo enviaré la promesa
de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de
poder desde lo alto.

3
Pedro y su discurso en la fiesta de pentecostés.

Hechos 2. Se compungieron de corazón

El caso de Pablo.

Hechos 26

4
1. Dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo

En primer lugar, indica que no piensa volver con ellos a los rudimentos de la fe. Cuando dice que han de
dejar los rudimentos, en absoluto quiere decir que tengan que despreciarlos o ignorarlos. Para muchas cosas
es necesario que constantemente volvamos a nuestras raíces y que nunca nos desviemos de las doctrinas
más elementales. Si no las repasamos con regularidad, fácilmente llegaremos a distorsionar nuestra visión
de los propósitos de Dios en el evangelio. Necesitamos volver vez tras vez a temas como la justificación
por la fe o la regeneración. Pero si ya hemos sido justificados por la fe, si ya hemos sido regenerados, lo
que no necesitamos es volver a regenerarnos o ser justificados. Esas son operaciones únicas, realizadas una
vez para siempre.

Cuando el autor dice, pues: dejemos los rudimentos, no está diciendo que no necesitemos seguir estudiando
estas doctrinas. En nuestro testimonio constantemente tendremos que predicarlas y enseñarlas. Lo que sí
está diciendo es que, en nuestra vivencia real de la vida de fe, no podemos conformarnos con este
fundamento, sino que hemos de progresar, crecer y avanzar. Si estamos postrados en el desierto,
desanimados, desorientados, lo que nos hace falta no es regresar a Egipto para volver a ser redimidos, sino
levantarnos y ponernos en marcha otra vez, mediante el socorro de nuestro Sumo Sacerdote. Si ya hemos
conocido a Jesucristo como Redentor, necesitamos descubrir aquellas nuevas facetas de su salvación que
nos puedan sostener a lo largo de nuestro peregrinaje.

¿Para qué volver a enseñar a estos primeros creyentes acerca del significado del bautismo, si ya hace años
que fueron bautizados? Tendrían que saber esto ya. ¿Para qué enseñarles que la salvación no es por obras
humanas, sino por la fe en el Señor Jesucristo, si hace tiempos ellos repudiaron el camino de una salvación
por méritos personales a fin de encontrar aquella justicia que es por la fe de Cristo?

Todas estas cosas fundamentales tendrían que haber sido asumidas plenamente en la comprensión y en la
experiencia de estos primeros lectores. Pero, desgraciadamente, con el paso del tiempo han demostrado estar
en peligro de desviarse de aquello que recibieron en Cristo y de volver a las sombras de un sistema caduco.

Burt, D. F. (1994). Como Ancla del Alma, Hebreos 4:14–6:20 (Vol. 132, pp. 117–118). Terrassa
(Barcelona): Editorial CLIE.

5
LAS DOCTRINAS RUDIMENTARIAS

A continuación, el autor nos da una lista de doctrinas que él considera fundamentales y que, por lo tanto, no
va a tratar. Son aquellas doctrinas que los lectores ya tendrían que haber comprendido, experimentado y
asimilado. Son seis: el arrepentimiento de obras muertas, la fe en Dios, la doctrina de bautismos, la
imposición de manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno. Estos seis temas diferentes, sin
embargo, se prestan a ser agrupados en tres parejas:

— El arrepentimiento y la fe constantemente van juntos en la enseñanza bíblica, y constituyen el medio


a través del cual el hombre se apropia aquella justificación que Dios quiere darle. La obra redentora de
Cristo se hace real en la experiencia de una persona cuando ésta se arrepiente de sus pecados y cree.

— Los bautismos y la imposición de manos tienen que ver con la obra regeneradora del Espíritu Santo
en nuestras vidas y nuestra capacitación espiritual para el servicio cristiano. El bautismo en el Espíritu es
otra manera bíblica de describir la regeneración. El bautismo en agua simboliza nuestra resurrección a una
nueva vida en Cristo; es decir, simboliza nuestra regeneración. La imposición de manos simboliza la unción
de Dios por medio del Espíritu Santo en la vida del creyente.

— Por supuesto, las dos últimas ideas —la resurrección y el juicio eterno— tienen que ver con el día
de nuestra redención final. Son una parte intrínseca de nuestra esperanza como creyentes.

Así pues, aquí tenemos seis doctrinas que juntas establecen el fundamento del evangelio cristiano. Quien
las entiende, ha captado bien la esencia de la revelación de Dios en Jesucristo. El evangelio consiste
fundamentalmente en la justificación a través de la fe y el arrepentimiento, la regeneración por obra del
Espíritu Santo y nuestra esperanza de resurrección y vida eterna en el día del juicio. Con estas frases tenemos
un pequeño resumen bíblico del «fundamento».

Sin embargo, en seguida debemos añadir que algunos comentaristas no siguen esta línea de interpretación.
Ellos proponen que, cuando el autor habla de rudimentos, no piensa en las doctrinas fundamentales del
evangelio cristiano, sino en la revelación de Dios en el Antiguo Testamento; y cuando exhorta a sus lectores
a seguir adelante, les está instando a que no se queden dentro del marco teológico del Antiguo Testamento,
sino que avancen hacia las glorias de la nueva revelación en Jesucristo. En tal caso, estos seis temas han de
interpretarse en el contexto del judaísmo.

Lo cierto es que admiten ser interpretados en este sentido. Cualquier temeroso de Dios de la antigua
dispensación creería profundamente en la importancia del arrepentimiento del pecado. Cada vez que iba a
ofrecer un sacrificio en el templo, sabía que este sacrificio tenía que ir acompañado del espíritu contrito del
arrepentimiento. También creía, por supuesto, en la importancia de creer en Dios. Luego, en el Antiguo
Testamento habían muchas formas rituales de limpieza a través de abluciones y lavamientos, y la palabra
bautismos podría referirse a ellos. La imposición de manos también se practicaba entre los judíos en
6
diferentes momentos de la liturgia levítica. Los judíos ortodoxos asimismo creían en la resurrección de los
muertos y, por supuesto, en el juicio eterno. Hay, pues, cierta base para proponer que el autor está diciendo:
Dejad las doctrinas de Cristo tal y como fueron reveladas en el Antiguo Testamento a fin de avanzar hacia
su cumplimiento en el evangelio.

Sin embargo, por diversas razones esta interpretación no parece tan sólida como la anterior. En primer lugar,
porque en el 5:12 el autor ha dicho que los lectores tienen necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles
son los primeros rudimentos de las palabras de Dios. Sin embargo, en el resto de la epístola no vemos
ninguna evidencia de una tendencia por parte de los lectores de moverse de los fundamentos de la doctrina
del Antiguo Testamento. En cambio, sí estaban en peligro de desviarse de las premisas elementales del
cristianismo. Parece ser, pues, que los rudimentos del 5:12 son los rudimentos de la nueva revelación en el
Señor Jesucristo. Si es así en el capítulo 5, será también así en el capítulo 6.

Luego, la frase del 6:1, los rudimentos de la doctrina de Cristo, parece una manera extraña de referirse a la
revelación de Dios en el Antiguo Testamento. Desde luego, si a priori suponemos que es así, podemos
admitir que los rudimentos de la doctrina de Cristo se encuentran en el Antiguo Testamento. Pero la lectura
más sencilla, llana y obvia de esta frase nos lleva a pensar que se refiere a aquella doctrina que Cristo mismo
reveló en los días de su encarnación.

Si bien es cierto que cada uno de los seis temas mencionados admite una interpretación judía, más aún
admite otra cristiana. Fue con respecto a los elementos distintivamente cristianos de su fe donde los primeros
lectores se hallaban en peligro de perderse, no en cuanto a la herencia que habían recibido del judaísmo. La
preocupación del autor no fue que sus lectores se desviaran de los rudimentos del Antiguo Testamento, sino
que, habiendo conocido la mayor gloria de Cristo, volviesen a ellos. Por esto, es preferible interpretar el
fundamento en términos cristianos.

Sin embargo, antes de mirar en más detalle cada uno de estos rudimentos, debemos hacer justicia al énfasis
principal de nuestro autor: la importancia de seguir adelante. Nuestro estado anímico suele fluctuar. Nuestro
peregrinaje tiene unos momentos de entusiasmo y otros de desaliento. A veces rebosamos del gozo del Señor
y de la salvación, y progresamos gloriosamente en los caminos de Cristo. Pero otras veces estamos en
peligro de estancarnos o desviarnos del camino. Constantemente el autor nos advierte del peligro de no
seguir adelante. Ningún judío, en pleno peregrinaje por el desierto, podía permitirse el lujo de decir: Aunque
los demás prosigan con el viaje hoy, yo me quedo aquí. De haberlo hecho alguien, se habría perdido. Tanto
él como nosotros hemos de perseverar en el camino.

Pero, ¿cómo hacerlo? Con mucha facilidad nos cansamos y nos desanimamos. ¿Qué necesitamos para
perseverar? ¿El ministerio redentor de Jesucristo? No exactamente. Ya hemos sido redimidos por Él. Ya
hemos salido de Egipto. No necesitamos volver a salir. ¿Qué, pues, necesitamos? Necesitamos aplicar a
nuestras vidas la obra salvadora de Jesucristo, la cual tiene que ver siempre con su Cruz. Mediante su Cruz
ya hemos sido redimidos. Pero la comienzo, cuando los israelitas pintaron las puertas con la sangre del
cordero. Pero también estuvo allí cuando las serpientes atacaron; fue la provisión divina para la sanidad del
pueblo. Estuvo allí también cuando las aguas amargas de Mara fueron hechas dulces. Estuvo presente, sobre
todo, en el tabernáculo, en los sacrificios realizados constantemente por los sacerdotes.

7
Una vez tras otra, en nuestra experiencia cristiana, necesitamos volver a la Cruz de Cristo, pero con el fin
de descubrir en ella el ministerio sacerdotal de nuestro Señor Jesucristo. Él ya ha pasado por el camino y,
por lo tan

Burt, D. F. (1994). Como Ancla del Alma, Hebreos 4:14–6:20 (Vol. 132, pp. 121–124). Terrassa
(Barcelona): Editorial CLIE.

8
CAPÍTULO 7
ADELANTE A LA PERFECCIÓN
HEBREOS 6:1

Por lo tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección;
no echando otra vez el fundamento…

LA NECESIDAD DE CRECER EN CONOCIMIENTO (v. 1a)


El autor acaba de acusar a sus lectores de inmadurez espiritual (5:12–14). Son niños, sólo capaces de
tomar leche espiritual en vez de alimento sólido. Son inmaduros e inexpertos, por lo cual necesitan que se
les enseñe los rudimentos de la fe cristiana. Dada esta situación, esperaríamos que el autor ahora siguiera
diciendo: Ya que sois incapaces de admitir la comida sólida, vamos a estudiar otra vez esos rudimentos.
Esto es precisamente lo que hizo el apóstol Pablo en el caso de los corintios. No pudo hablarles como a
espirituales, sino como a carnales y como a niños en Cristo y, por lo tanto, les dice: Os di a beber leche, y
no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía (1 Corintios 3:2).
Sin embargo, el autor de Hebreos no sigue esta línea. No se conforma con darles leche, sino que, a pesar
de su inmadurez, determina dejar los rudimentos de la doctrina de Cristo e ir adelante a la perfección. Les
expondrá cosas que, a causa de su inmadurez, les resultarán difíciles de asimilar.
¿Por qué? ¿Por qué no sigue el ejemplo del apóstol Pablo? Seguramente porque la clase de inmadurez
que los creyentes hebreos padecen es aquella que se rectifica mejor a través de la contemplación del
sacerdocio del Señor Jesucristo, que a través del repaso de doctrinas fundamentales.
Se dice que la mejor forma de defensa es el ataque. Y a veces la mejor manera de contrarrestar la
superficialidad o el estancamiento en la vida cristiana, no es la de volver atrás y repasar los fundamentos de
la fe, sino dar unos pasos hacia adelante. Esto es lo que el autor se propone.
Juzgó que no iba a obtener ningún piopósito bueno volviendo nuevamente sobre los primeros principios …
La condición particular de inmadurez de sus lectores es tal que sólo una apreciación de lo que implica el
sacerdocio de Cristo puede curarla. Sus mentes requieren ser ejercitadas y esto las ejercitará como ninguna
otra cosa puede hacerlo. Han permanecido inmaduros durante demasiado tiempo; por tanto él les dará algo
calculado para sacarlos de su inmadurez. 1

En realidad, sólo hay dos opciones en la vida cristiana: o bien avanzamos, o bien retrocedemos; o bien
progresamos en el conocimiento de Dios, o bien nuestra relación con Él se enfría; o bien crecemos en nuestra
comprensión de la doctrina cristiana, o bien descubrimos que ni siquiera recordamos aquellos conocimientos
que habíamos alcanzado en el pasado. Si no seguimos avanzando, el diablo, con su sutileza habitual, usará
las ideologías y pensamientos del mundo para distorsionar y complicar aquella compresión fácil que antes
teníamos.
El autor explica sus intenciones con tres frases …

1. Dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo


En primer lugar, indica que no piensa volver con ellos a los rudimentos de la fe. Cuando dice que han
de dejar los rudimentos, en absoluto quiere decir que tengan que despreciarlos o ignorarlos. Para muchas

1
F. F. Bruce: La Epístola a los Hebreos, págs. 112–113. 1987. Nueva Creación, Buenos Aires.

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cosas es necesario que constantemente volvamos a nuestras raíces y que nunca nos desviemos de las
doctrinas más elementales. Si no las repasamos con regularidad, fácilmente llegaremos a distorsionar
nuestra visión de los propósitos de Dios en el evangelio. Necesitamos volver vez tras vez a temas como la
justificación por la fe o la regeneración. Pero si ya hemos sido justificados por la fe, si ya hemos sido
regenerados, lo que no necesitamos es volver a regenerarnos o ser justificados. Esas son operaciones únicas,
realizadas una vez para siempre.
Cuando el autor dice, pues: dejemos los rudimentos, no está diciendo que no necesitemos seguir
estudiando estas doctrinas. En nuestro testimonio constantemente tendremos que predicarlas y enseñarlas.
Lo que sí está diciendo es que, en nuestra vivencia real de la vida de fe, no podemos conformarnos con este
fundamento, sino que hemos de progresar, crecer y avanzar. Si estamos postrados en el desierto,
desanimados, desorientados, lo que nos hace falta no es regresar a Egipto para volver a ser redimidos, sino
levantarnos y ponernos en marcha otra vez, mediante el socorro de nuestro Sumo Sacerdote. Si ya hemos
conocido a Jesucristo como Redentor, necesitamos descubrir aquellas nuevas facetas de su salvación que
nos puedan sostener a lo largo de nuestro peregrinaje.
¿Para qué volver a enseñar a estos primeros creyentes acerca del significado del bautismo, si ya hace
años que fueron bautizados? Tendrían que saber esto ya. ¿Para qué enseñarles que la salvación no es por
obras humanas, sino por la fe en el Señor Jesucristo, si hace tiempos ellos repudiaron el camino de una
salvación por méritos personales a fin de encontrar aquella justicia que es por la fe de Cristo?
Todas estas cosas fundamentales tendrían que haber sido asumidas plenamente en la comprensión y en
la experiencia de estos primeros lectores. Pero, desgraciadamente, con el paso del tiempo han demostrado
estar en peligro de desviarse de aquello que recibieron en Cristo y de volver a las sombras de un sistema
caduco.

2. Vamos adelante a la perfección


Los lectores deben comprender que el avance es la única manera de impedir el estancamiento. Deben ir
adelante a la perfección, es decir, a la madurez.
Como hemos dicho, es importante volver atrás y repasar las doctrinas fundamentales de nuestra fe, para
no perder una visión de conjunto del evangelio y saber lo que hemos de predicar a otros, pero no necesitamos
volver atrás para revivir experiencias que no se pueden repetir. Por cierto, esta idea de que no podemos
repetir la experiencia de la conversión es la esencia de la difícil enseñanza que tenemos por delante en los
vs. del 4 al 6. Hay ciertas cosas que no se pueden repetir en la vida cristiana. Lo que necesitamos, si hemos
caído, no es el ministerio redentor de Jesucristo, sino su ministerio sacerdotal.
Por esto, el autor no quiere conducir a sus lectores hacia atrás a los rudimentos, sino seguir adelante para
considerar cosas difíciles para ellos, pero necesarias para su confirmación y progreso en la fe.
Si caemos, si nos desanimamos, si nos desviamos del camino de Cristo, no es cuestión de volver a
convertirnos, sino de arrepentimos y reemprender el camino. Aun el gran apóstol Pablo, que tanto camino
había cubierto ya en su propio peregrinaje, pudo reconocer esta necesidad de avanzar siempre hacia delante,
nunca conformándose con lo ya conseguido. Según él mismo lo explica a los filipenses, su afán es el de
llegar, sea como sea, a la resurrección de entre los muertos (Filipenses 3:11) o, en términos del lenguaje de
Hebreos, a la Tierra Prometida y al reposo de Dios. Como consecuencia, no cesa de esforzarse en el camino
y seguir adelante:
No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo
cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo alcanzado; pero una cosa
hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta,
al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (Filipenses 3:12–14).

10
Para Pablo también la meta era la perfección (ni que ya sea perfecto). Para él, la vida cristiana es un
avance constante. Para él, también hay que dejar lo que queda atrás e ir adelante a la perfección.
Vamos adelante a la perfección, dice el autor. En el texto griego, hay un pequeño matiz que se pierde
en nuestra traducción. La frase vamos adelante podría dar la impresión de que todo el esfuerzo y la iniciativa
tienen que ser nuestros. Pero en el texto original la frase es más bien pasiva. Se podría traducir: dejémonos
llevar adelante, indicando que la responsabilidad es compartida. Nosotros podemos impedir el avance, pero
es Cristo quien nos lleva adelante. Por mucho que nos empeñemos en proseguir, nosotros mismos no
tenemos fuerza para lograrlo. Por muy buenas que sean nuestras intenciones, no somos capaces de fomentar
en nosotros mismos aquella santidad de vida que desearíamos tener. Si vamos a avanzar hacia la madurez,
ha de ser por medio del poder de Dios en nosotros. Si va a haber fruto en nuestra vida, tendrá que ser
producido por el Espíritu Santo. Por tanto, la exhortación del autor no es exactamente: vamos adelante, sino:
dejémonos llevar adelante.
Esto presupone que hay quien desea realizar esta obra en nosotros: Dios mismo. Pero no quiere decir
que la responsabilidad no sea nuestra, ni mucho menos quiere decir que podamos culpar a Dios si no estamos
creciendo en santidad. La culpa es nuestra, aun cuando la obra es de Dios, porque la voluntad de Dios de
realizarla en nosotros es incuestionable, pero nosotros la podemos impedir. Dios desea formar en nosotros
el carácter del Señor Jesucristo, pero nuestra propia disposición puede avanzar o frenar el cumplimiento de
su propósito. Cuando estamos echados sobre Él en una actitud de dependencia y fe, entonces cumplirá sus
planes de madurez y santificación en nosotros. Así pues, dejémonos llevar adelante. La exhortación va
dirigida a nosotros, porque de nosotros depende. Si no tenemos ningún interés en avanzar hacia la madurez
espiritual, no avanzaremos. Pero la realización de esta obra depende, finalmente, de Dios mismo.

3. No echando otra vez el fundamento


En tercer lugar —dice el autor— no echemos otra vez el fundamento. Por supuesto, por fundamento se
refiere a los rudimentos de la primera frase. Es la misma idea pero bajo dos metáforas diferentes.
Si verdaderamente somos creyentes en el Señor Jesucristo, el fundamento ya se ha colocado en nuestras
vidas. No es cuestión de tener que volver a colocarlo. Es cuestión de proseguir con la construcción.
Maticemos otra vez. Desde luego, necesitamos constantemente mirar el fundamento para asegurar que
vamos construyendo sobre él. Si perdemos de vista el fundamento, nos resultará difícil construir un edificio
adecuado. Pero lo que no necesitamos es volver a construir el fundamento. Si hemos pasado mucho tiempo
descuidando nuestra salvación, puede ser que necesitemos limpiar el fundamento de los escombros que le
han caído encima, pero no hace falta colocar otro. No podemos nacer de nuevo dos veces.
Es, pues, importantísimo tener un buen fundamento para la vida cristiana, tanto en cuanto a nuestra
comprensión del evangelio, como en cuanto a nuestra experiencia del mismo; pero el crecimiento y la
madurez no vienen por una repetición del mismo proceso de antes, ni por una recuperación de experiencias
y emociones que tuvimos hace años, sino por profundizar más en el conocimiento de Dios y de sus
propósitos, mediante la iluminación de su Palabra. Es cuestión de ir adelante.

LAS DOCTRINAS RUDIMENTARIAS


A continuación, el autor nos da una lista de doctrinas que él considera fundamentales y que, por lo tanto,
no va a tratar. Son aquellas doctrinas que los lectores ya tendrían que haber comprendido, experimentado y
asimilado. Son seis: el arrepentimiento de obras muertas, la fe en Dios, la doctrina de bautismos, la
imposición de manos, la resurreción de los muertos y el juicio eterno. Estos seis temas diferentes, sin
embargo, se prestan a ser agrupados en tres parejas:
— El arrepentimiento y la fe constantemente van juntos en la enseñanza bíblica, y constituyen el medio
a través del cual el hombre se apropia aquella justificación que Dios quiere darle. La obra redentora
11
de Cristo se hace real en la experiencia de una persona cuando ésta se arrepiente de sus pecados y
cree.
— Los bautismos y la imposición de manos tienen que ver con la obra regeneradora del Espíritu Santo
en nuestras vidas y nuestra capacitación espiritual para el servicio cristiano. El bautismo en el
Espíritu es otra manera bíblica de describir la regeneración. El bautismo en agua simboliza nuestra
resurrección a una nueva vida en Cristo; es decir, simboliza nuestra regeneración. La imposición de
manos simboliza la unción de Dios por medio del Espíritu Santo en la vida del creyente.
— Por supuesto, las dos últimas ideas —la resurrección y el juicio eterno— tienen que ver con el día
de nuestra redención final. Son una parte intrínseca de nuestra esperanza como creyentes.
Así pues, aquí tenemos seis doctrinas que juntas establecen el fundamento del evangelio cristiano. Quien
las entiende, ha captado bien la esencia de la revelación de Dios en Jesucristo. El evangelio consiste
fundamentalmente en la justificación a través de la fe y el arrepentimiento, la regeneración por obra del
Espíritu Santo y nuestra esperanza de resurrección y vida eterna en el día del juicio. Con estas frases tenemos
un pequeño resumen bíblico del «fundamento».
Sin embargo, en seguida debemos añadir que algunos comentaristas no siguen esta línea de
interpretación. Ellos proponen que, cuando el autor habla de rudimentos, no piensa en las doctrinas
fundamentales del evangelio cristiano, sino en la revelación de Dios en el Antiguo Testamento; y cuando
exhorta a sus lectores a seguir adelante, les está instando a que no se queden dentro del marco teológico del
Antiguo Testamento, sino que avancen hacia las glorias de la nueva revelación en Jesucristo. En tal caso,
estos seis temas han de interpretarse en el contexto del judaísmo.
Lo cierto es que admiten ser interpretados en este sentido. Cualquier temeroso de Dios de la antigua
dispensación creería profundamente en la importancia del arrepentimiento del pecado. Cada vez que iba a
ofrecer un sacrificio en el templo, sabía que este sacrificio tenía que ir acompañado del espíritu contrito del
arrepentimiento. También creía, por supuesto, en la importancia de creer en Dios. Luego, en el Antiguo
Testamento habían muchas formas rituales de limpieza a través de abluciones y lavamientos, y la palabra
bautismos podría referirse a ellos. La imposición de manos también se practicaba entre los judíos en
diferentes momentos de la liturgia levítica. Los judíos ortodoxos asimismo creían en la resurrección de los
muertos y, por supuesto, en el juicio eterno. Hay, pues, cierta base para proponer que el autor está diciendo:
Dejad las doctrinas de Cristo tal y como fueron reveladas en el Antiguo Testamento a fin de avanzar hacia
su cumplimiento en el evangelio.
Sin embargo, por diversas razones esta interpretación no parece tan sólida como la anterior. En primer
lugar, porque en el 5:12 el autor ha dicho que los lectores tienen necesidad de que se os vuelva a enseñar
cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios. Sin embargo, en el resto de la epístola no
vemos ninguna evidencia de una tendencia por parte de los lectores de moverse de los fundamentos de la
doctrina del Antiguo Testamento. En cambio, sí estaban en peligro de desviarse de las premisas elementales
del cristianismo. Parece ser, pues, que los rudimentos del 5:12 son los rudimentos de la nueva revelación
en el Señor Jesucristo. Si es así en el capítulo 5, será también así en el capítulo 6.
Luego, la frase del 6:1, los rudimentos de la doctrina de Cristo, parece una manera extraña de referirse
a la revelación de Dios en el Antiguo Testamento. Desde luego, si a priori suponemos que es así, podemos
admitir que los rudimentos de la doctrina de Cristo se encuentran en el Antiguo Testamento. Pero la lectura
más sencilla, llana y obvia de esta frase nos lleva a pensar que se refiere a aquella doctrina que Cristo mismo
reveló en los días de su encarnación.
Si bien es cierto que cada uno de los seis temas mencionados admite una interpretación judía, más aún
admite otra cristiana. Fue con respecto a los elementos distintivamente cristianos de su fe donde los
primeros lectores se hallaban en peligro de perderse, no en cuanto a la herencia que habían recibido del
judaísmo. La preocupación del autor no fue que sus lectores se desviaran de los rudimentos del Antiguo
Testamento, sino que, habiendo conocido la mayor gloria de Cristo, volviesen a ellos. Por esto, es preferible
interpretar el fundamento en términos cristianos.
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Sin embargo, antes de mirar en más detalle cada uno de estos rudimentos, debemos hacer justicia al
énfasis principal de nuestro autor: la importancia de seguir adelante. Nuestro estado anímico suele fluctuar.
Nuestro peregrinaje tiene unos momentos de entusiasmo y otros de desaliento. A veces rebosamos del gozo
del Señor y de la salvación, y progresamos gloriosamente en los caminos de Cristo. Pero otras veces estamos
en peligro de estancarnos o desviarnos del camino. Constantemente el autor nos advierte del peligro de no
seguir adelante. Ningún judío, en pleno peregrinaje por el desierto, podía permitirse el lujo de decir: Aunque
los demás prosigan con el viaje hoy, yo me quedo aquí. De haberlo hecho alguien, se habría perdido. Tanto
él como nosotros hemos de perseverar en el camino.
Pero, ¿cómo hacerlo? Con mucha facilidad nos cansamos y nos desanimamos. ¿Qué necesitamos para
perseverar? ¿El ministerio redentor de Jesucristo? No exactamente. Ya hemos sido redimidos por Él. Ya
hemos salido de Egipto. No necesitamos volver a salir. ¿Qué, pues, necesitamos? Necesitamos aplicar a
nuestras vidas la obra salvadora de Jesucristo, la cual tiene que ver siempre con su Cruz. Mediante su Cruz
ya hemos sido redimidos. Pero la comienzo, cuando los israelitas pintaron las puertas con la sangre del
cordero. Pero también estuvo allí cuando las serpientes atacaron; fue la provisión divina para la sanidad del
pueblo. Estuvo allí también cuando las aguas amargas de Mara fueron hechas dulces. Estuvo presente, sobre
todo, en el tabernáculo, en los sacrificios realizados constantemente por los sacerdotes.
Una vez tras otra, en nuestras experiencia cristiana, necesitamos volver a la Cruz de Cristo, pero con el
fin de descubrir en ella el ministerio sacerdotal de nuestro Señor Jesucristo. Él ya ha pasado por el camino
y, por lo tanto, conoce perfectamente las pruebas y aflicciones que hemos de afrontar. Por lo tanto, es
poderoso para socorrernos. Su ayuda nos será proporcionada, por supuesto, en virtud de su sacrificio en la
Cruz, hecho una vez por siempre, pero que tiene un valor eterno y permanente en nuestra experiencia.1

1
Burt, D. F. (1994). Como Ancla del Alma, Hebreos 4:14–6:20 (Vol. 132, pp. 115–124). Terrassa (Barcelona):
Editorial CLIE.

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