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GEOLOGÍA DE CAMPO

GEOLOGÍA
DE
CAMPO
ROBERT R. COMPTON
Prol•oor d• Geol09I• d• l• Unhlet•1d•d
deSt.n f0<d,c.Jllotnl•

E•ITOalAL PAX · MBXICO,


LIB&E&IA C:A&LOS CBSABMAN o 8. A.
llep.. AP•••ltaa,, 9 Mo6dee 1, • · F.
Tirulo del origina.! en ingil\s, MANUAL OF FIEW GEOLOGY
Copyright © 1962 por John Wiley &. Sons, Inc..
PTimera edici6n en e$pañol, Abril de 1970
Traducido por Luis Senavidcs García, Geólogo Consultor. Profesor
~ Geologia Petrolera de Mixico en el Insti t uto Po litic nico Nacional.

Tira}e de esta edición: 5,000 ejemplares


Derechos re,¡ervados para la edición en español:
© Copyright Editorial Pax-Mixi<:o, Ubreria Carlos Césa rm an, S. A.
Rcp . Argentina 9. MCxico 1, D. F.

Imp. GALVE, S. A.-Callejbn de San Amonio Abad, 39. -MCxico 8, D. F.


Pr efacio

Este manual fue escrito, primordialmente, para ayudar a los


estudiantes de los primeros grados, en el entrenamiento de cam-
po. Se presentan aquí también algunos procedimientos especiali-
zados y datos para los estudiantes de grados superiores y para
los geólogos profesionales. Para conservar el libro dentro de lí·
mites razonables de tamaño, las materias más especializadas se
presentan por medio de descripciones breves, bosquejos y dia-
gramas. Sin embargo, he tratado de describir los procedimientos
básicos con suficiente detalle, de manera que los estudiantes
pueden seguirlos con poca o ninguna supervisión. Se supone que
el lector puede identificar las rocas comunes y los minerales y
que está familiaritado con las estructuras geo\6gicas y los princi•
pios básicos d e estratigrafía. Aun cuando es conveniente poseer
conocimientos de petrografía para algunos de los estudios descri•
tos en los Ultimos cuatro capitulos, no resultan esenciales por
cuanto se refiere a los procedimientos de campo en sí.
Los once primeros capítulos se refieren principalmen1e a las
técnicas y a los conceptos básicos del 1rabajo de campo. Aunque
cada uno de estos capítulos se puede usar independientemente,
es1án arreglados como una unidad para guiar al estudiante d e una
a otra e tapa de su entrenamiento. Por ejemplo, el capítulo 1
describe la forma de tomar notas y reunir material para el tra~
bajo general de campo y da tambien sugestiones a los estudiantes
que desean hacer acopio de datos y especímenes antes de .iniciar
un curso formal de geologia de campo. El capítulo 2 describe
los usos básicos d e la brújula, el clinómetro y el nivel de mano.
El capítulo 3 es una introducción a los metodos de levantamiento
a pasos y con brújula y describe un proyecto de campo completo
adecuado para el principiante. Los procedimientos para represen~
tar gráficamente detalles geológicos en mapas de apoyo y en
fotografía s aereas, se dan a conocer en los capitulas 4 y 5, en
VII
vm PREFACIO

los que se incluye también una discusión general de las unida·


des de roca y de sus contactos. Los siguientes cuatro capítulos
comprenden una secuencia relacionada, en la que se describen
primero los métcxlos instrumentales usados en la elaboraci6n de
mapas de áreas de las que no se cuenta con base adecuada,
sugiriendo las etapas consecutivas para trabajos de plancheta y
de fotografía aérea. El capítulo 10 es una introducción a las
técnicas que se usan en los estudios geológicos de detalle, e
incluye una discusión acerca del muestreo sistema.tiro. Con el
capítulo 11 concluye el primer grupo d e capítulos, con suges-
tiones acerca d e la escritura de los informes.
Los cuatro capítulos restantes tienen varios propÓsitos. En
primer lugar, he deseado hacer hincapié en la importancia d e
las observaciones e interpretaciones h echas en los afloramientos
y, por lo tanto, he descrito e ilustrado cierto número de rasgos
pertinentes y sus relaciones. En segundo, para ayudar a los
estudiantes a encarar problemas específicos, h e sugerido mcxlos
de organizar estudios especializados y h e citado referencias que
presentan ejemplos detallados de tales estudios. En tercero, los
capítulos vienen con dC!iCripciones y clasificaciones de rocas y
estructuras que pueden ser un valioso auxiliar en muchos tipos
de proyectos de campo.
La mayoría de los dibujos de los últimos 4 capítulos están
basados en afloramientos verdaderos. He incluido (y ocasional•
mente he enfatizado) algunas rocas y re laciones poco comunes,
esperando tomar en consideración todas las hipótesis posibles.
También ha realizado algunos temas porque son relativamente
nuevos, o bien, creo yo, han sido tratados muy a la ligera en
otra parte. Algunas de las referencias fueron seleccionadas para
ayudar en la búsqueda de otros sistemas e ideas.
Muchas personas han contribuido, directa o indirectamente,
a la preparación de este manual. Aprecio profundamente el en·
trenamiento de campo que recibí de Randall E. BrO'\lVll, A. C . Wat·
ers y H owel Williams, quienes fueron profesores pacientes e inspi·
radores. Muchos de los procedimientos fueron elaborados durante
los 10 años que impartí cursos de geología de campo en Stanford
y estoy sumamente reconocido por las muchas aportaciones he·
chas por los estudiantes y por los instructores. Ben M. Page,
PREFACIO lX

quien dirigió inicialmente estos cursos, ha sido especialmente


generoso con sus ideas y materiales.
Quiero dar las gracias a Laurence H . Nobles por su lectura
y crítica de todos los primeros dibujos del manuscrito, así como
también a Francis H. Moffitt, quien hizo muchas valiosas suges-
tiones referentes a los capirulos relacionados con los levantamiea-
tos y las fotografías aéreas. C. M. Gilbert, V. E. McKelvey, S.
W. Muller. P. J. Shcnon, A. C. Waters, L. E. WeiM y Howel
Williams, dieron una valiosa ayuda en relación con capítulos in-
dividuales y secciones. William R. Diclrinson y Thane H. Mc-
Culloh hicieron también importantes sugestiones relacionadas con
varios capítulos y algunos de mis colegas l:xmdadosamente dis--
cutieron t emas específicos conmigo. Robert G. Coleman, Allan
B . Griggs, H. L. James, Douglas M. Kinney, y William R. Moran,
aportaron generosamente materiales e ideas provechosos. Nume-
rosas personas dieron autorización para usar o red.ibujar ilustra-
ciones y a ellas re les extiende, individualmente, el reconoci-
miento por su bondad en los títulos de las figuras.
Por Ultimo, estoy muy agradecido a mi esposa, Ariel, quien
no sólo me ayudó a preparar el manuscrito, sino que también
lo leyó varias veces e hizo muchas sugestiones que lo mejoraron.

Stanford, California RoBER.T R. CoMPTON


SeptiembTe, 1961.
Contenido

Capítulo 1 O b servació n y colección d e d atos


y muestr1u1
1- 1. Bases gen e rales de l a gcol<>fl ia d e ca m po, 1·2. Pt ane1ci6n
d e un proyecto de campo. 1-3. Equ ipo de cam po, bhko. l..+.
Tom a de not u geológicas en e l ca m po. 1·5. Dcscripcio n ca q ue
ee a.sjcnta n en In nonos. 1-6. R'""Olccción d e mun n u de roca.
1·7. Recolección de fóaile$. 1-S. Numcndón y marca d o de eje m ·
plarn. 1-9. Descripción d e lou licbdea.

Capítu lo 2 Uso de la brúj ula, clinómetro y n iv e l


do mano 27
2-l. La brújula Brunron. 2-2. A ju11c JlOI" declinació n m agm!1ica.
2-3. T o ma de lcc1u r u u orientacio n es con l a brúju la. 2-4. De..
viacionca m asnericu de las oricntacionca con brújula. 2-S. Me.
dkió n de 'n¡:u lO& vettkalcs con el cl inóm.,tto. U. UllO de la
brúju la Brunlon como n i"el de mano. 2-7. Medición de rumbo
y ech ado. 2-3. Dónde tomar el rumbo y el echado. 2-9. Medición
de l a alineación y b.na m icnto de detall es lo ngi1udinalea. :Z.10 .
C ui dad o y aju1te de la brújula B runron.

Capítulo 3 Levan ta mie ntos con brújula 47


J... I. Esqu.,m • gen.,n l de u n levan rarniento geológico. 3·2. Ca·
libracl6n d el.-1a. J..3. Sd ección de I• rura y pl anución de u n
rec:orrido. M. Pri muas "tap u "n un levanuunie n ro con brú·
jula. J..5 . Lev• n l• m ie nto medi•n te la m"diclón de 'ngulos. J..6.
Trua d., dera\1"8 seo!Ogieos obM:rvad os dura.n 1e el r"cortldo.
3-7. Pe rfil ve n iu l d el le vanramiemo. J...8. Prepa ración de i!u..
n acio nes • p11nfr de los d Hos d e c• m po.

Capítulo 4 Tra:r..o d e de talles gcológjcos en un


mapa-base 64
4-1. Selección y preparación d d m apa baac. 4-2. Ubicación de
IOll d a!OS de e1mpo " n .,¡ m • p ll-baac. 4-3. localiiación de d., ta-
lles geol6gic011 por m edio de J.,nm a m ien!Oll. ~. U.o del 1*-
XI
Xll CONTENIDO

rómetro (altimetro) para localizar detalles geológicos en el


mapa. 4-5. QuC es lo que debe marcarse en el mapa-be.se. 4-6.
Levamamiemo de unidades roca. 4-7. Levanramiento de con.-
factos entre unidades de roca. 4-8. Levantamiento por el mé1odo
de afloramientO& 4-9. Definici6n y trazo de con1actos transicio-
nalee. 4-10. Uso de li.pices de colores en el levanlamiento.
4-11. T razo y dibujo de fallas. 4-12. MCtodot1 de levamamien<Oll
apro;rimados (reconocimiento). 4-13. Rutina diaria del trabajo
de campo.

Capítulo 5 M arcad o de dete.lles geológicos


en fotografías aéreas 96
5-1. Tl¡>03 de fo1ografías aéreas y sus usos. 5-2. Cómo se toman
y aitalogan las fotograflas aCrcae. 5-3. Diferencias entre las fo..
tografías aéreas verticales y los mapas. 5.-4. Obtención de una
imagen estero5CÓpica en las fotografías aéreas. 5-5. Materiales
que se requieren pata h acer lcvantamicn!as con fo!ografías aéreas.
5-6. Determinación de la ~la de l as fotogndias aéreas. S..7.
Localización de afloramientos en las fotografin aéreu mediante
s u inspección. 5-8. Cómo mar<".AI" el norte en Ju fotografias
aére&3.. S..9. Localización de afiorarnientos en las fotogra fías poc
medio de l a bri.ijula y medición a pasos. S..10. Levanramicnto
geológico sobte fo1ografías aérc&3.. 5-ll. Transferencia de los de-
talles geológicos de las forognfias a un mapa.

Capítulo 6 La a lidada y la plancheta 116


6-1. Utilidad general de la alidada y l a plancheta. 6-2. La alidada
de miru y l ot1 principios del levantamien10 con alidada . 6-3.
La alidada telescópica. 6-4. Ajuste de la Qlidada en el campo.
6-5. Ajus1e1 principales de la alidada. ~. Cuidados a que debe
sorne!.,.,... la alidada en el campo, 6-7. La planche1a y el trípode
6-8. Las hoja.s de plancheta y 1JU preparación. 6-9. Coloca·
ción y oricntaci<'m de la plancheta. 6-10. Medición de ánguloa
verticales con la alidads. 6-11. El método de estadia y el ar co
Deaman, 6-12. Proc::cdimicmo de csmdla con el arco Dcarrian.
6-13. El factor del intervalo y la constante de la estadia. 6-14.
El 1ornillo micrométrico. 6-15. Di ferencias de clevacl6n por m e-
dio del m étodo de erapa.s sucesivas. 6-16. Empico del estada!.

Capítulo 7 Control de los mapas geológicos 148


7-1. Carictcr general de los levantamientos de control. 7-2.
Planeación general de una triangulación. 7-3. Uso de lo~ datos
de control existentes, psra los levantamicnlos topagráficos. 7-4.
CONTENIDO Xlll

Sdecd6n de pun ti.» i:-ra la ttd de triangul•clón. 1-S. Se!We.


p•r• los puntos de tri-.n,gubclón. 7-6. Medición de la linea bNe.
7.7, Trl..>gul•ci6n con el trinaito. 7-8. Uga de una elev•cl6n •
I• ted de tri..1gulación. 7-9. Obeer.,.cl6n de la Po lu en 8U
elonpcl6n. 7-10. Cilculos y -.ju1tes de los datos de tri~ ...
clón. 7-11. cu. ddcul.. recnnJ¡:ular y polic6nicL 7-12. Tri1r1gu-
l•cl6n con la alidada y I• p lanchet•. 7-13. Levantamientos d.,
control med;.me poli¡onales eon trinslro,

Capítulo 8 Levantamientos geol6gico• con Ja


alidada y la plancheta tn
S.1. P royecto. de p !..nc:heta y ..a uc.lu apropi•daa. 8-2. p¡,..
oeadón de un levantamiento con pl...ct.eca. S.3. Reconocimiento
del si.iem• de control y de IOll rueos geológico&. 8-4. Oi.tribu-
clOO de las hojas de plancheta. 8-S. T......,do del control prim•rlo
en lu hoju de p!..ncheta. 8-6. Ettaelonea de instrumento pan
el trab.;o de estadi•. 8-7. Ex•men de los de•• ll es geol6'Pc<» y
*"ft•lamie nto de contacto&. 8-8. Elección del intervalo de las
c:urvas de nivel. 8-9. lnterOJCed6n de 1u esndoncs de •pm.rato.
8-10. Loaoll:.-ci6n de estaciones de •P&nto por re6CCci6n. S.11.
Lou li:.-clo ncs por el método de le» tres pumoa. 8-ll. Poli¡¡onaln
con plancheta y alidada. 8-IJ. Le vamamiemo por métod<>11 ella•
diméttkos. 8-14. UllO de fotOflTilfiH aé re as en el lcvann.miento
con plancheta. 8-IS. Método de mover la pl and.en. alrededcw
del Citada!. 8-16. Trab.jo en la hoja de plancheta por la tarde.
8-17. Secciones transveru:les verticales a p artir de J.,. mapa& d.,
plaoc:htta. S.18. Tumln aci6n de l os m.apu de plancheta.

Capítulo 9 Elaboración de un mapa &eológico


a partir de fotografiH aéreas 202
9-1. Valor ¡¡eneral de las compilaciones hecl>as con fotoirrafl11
aéreu. 9-2. Preparación de un proyecto de fotognfia aO:rea. 9-J.
Levantamiento de detalles aeol6gicos sobre In fomgraflas aére as.
9-4. Cantrol terrutte p ara lu compilacionu foto11ráficu. 9.5.
Levantamien10 de OJCcclone1 ttan&ver1al n para Us compilaclonei
fotopiflc11. 9-6. Camplls ci6n pot el método de llneH radiales.
9-7. Marcado y tran&ferencia de punrois de las fotoaraflu. 9..&.
Dibu;o del comrol sobre la cubiert• t raJUpm. renre. 9-9. Co mpl! ...
dón de puntos a putic de fotO(lr'afi ... con control 9-10. Com.-
pilad6n de punrois a partir de fo1oaraflas &in control 9-11.
Compilación de datos fotocrUicos. 9-lZ. Comprobs.d6n dd
nupa y d.ibujo de .teeciones tra.....,ensl"-
XIV CONTENIDO

Capítulo 10 Levantamiento detallado y muestreo 223


10-1. Car:itcter general de los estudios de detalles. 10.2. Mapaii
superficiales de detalle y is.ccciones.. 10.J. Limpia de los aflora-
mientos, excavación y barrenaci6n. 10-4. Levamamientos subre-
rráneos.. 10.5. Muesneo.

Capítulo 11 Preparación de informes geológicos 243


11·1. Carkter general de 108 informes geológicos. 11-2.
organizar y principiar un i nforme. 11-3. C laridad del informe.
11~. Empleo de términos especiales.. 11-5. Primeras páginaa de
un informe. 11-6. Formato del informe. 11-7. Plancaci6n de las
ilustraciones de un informe. 11-8. Tipo de ilusnaciones. 11•9.
M étodO!I de dibujo. 11-10. Mapas geológicos dctalladO!I y seccio-
nes tramveraales.. 11-11. llutinacio nc.. estratigrifku.

Capítulo 12 Trabajo de campo en ]as rocas


sedimentarias 274
12-1. lmetp.-etación de rocas sedimentarias.. 12-2. Unidades lito-
l6gicas y cronoesttatigdficas. lZ..3. Nombumiemo y descripción
de rocu sedimentarias.. IM. Capas y csrructuras a fines.. 12.5.
Superficies enne los csrratos. 12-6. Discordancias.. 12-7. Cima
y base de los estratos.. 12-8. Medición de secciones eslutigriifi-
cas.. 12-9. Mue•tteo para microf68iles. 12-10. Registro de J)O%O$
y aondeo& ll-11. Depóeiros superficiales y sus formas 1opogrificaa
relacionadas.

Capítulo 13 Trabajo de campo en r ocas volcánicas 328


lJ.. l . Secuencias vokinicaa y discordancias.. 13-2. Unidades car-
1ogri.ficas de rocq volcinicas.. 13-3. Denominación de lH rocas
vokinicas.. 13-4. Estructuras de lavas básicas. IJ..5. Ei.tructuras de
l avas silickaa. 13-6. Rocas piroclásticas y depÓsito& estrechamente
relacionados. ll·7. Alimentadorca vo\cinicos e intrusiones re-
l acionadas.

Capítulo 14 Trabajo de campo de rocas ígneas y con


r ocas plutónicas que parecen ígneas 356
14~1. Conceptos de la geologia plutónica que se aplican a loa
. estudios de campo. 14-2. Unidades cartogriificas de rocu ígneas
plutónicas.. H-3. Asignación de nombres s las rocaa plutónicas.
14-4. Contac1os de unidades plutónicas. 14-5. Te,.1uru planu o
lineales en las rocaa plutónica&. H-6. Jadu1iones y estructuras
CONTENIDO

afines. H-7. Capas y bandas en las roc as plutó nicas. H-8. Frac-
turu y csnucturas afinca e n los pluionca. H-9. Alteraciones
de las rocas plutónica&.

Capítulo 15 Trabajo de campo con rocas


metamórficas 387
15-1. E8tudios de rocas metamó rficas. 15·2. Unidades canogri·
ficas de rocas metamódicu. 15·3. Asignación de nombtcs de
las rocas m etamórficas. 15-i. Limlogia y secuencia pr cmeni.mór·
flcas. 15-5. Estudio de la deformación metamórfica. 15-6. Folia·
cion cs y alineaciones. 15-7. Estilos geoméaico& de plegamiento.
15-8. Foliaciones y alinieacioncs rel acionadas con pliegues. 15-9.
Eatructuru y deformación en rocas macizas. 15-10. Sistemas de
juntas y ve tas en rocas defonnadu. 15-11. Ami.lisis de proyec-
ciones esfCrie11s. 15-12. Muestras oricmadas para estudios micros-
cópicos. 15-13, LcV11n1amien10 d e zonas meni.mórficas. 15-14.
Migma1itas y rocas a fines.
1
Observación y colección
de datos y muestras

1-1. Bases generales de la geología de campo


Para los geólogos, el campo es el lugar donde las rocas y los
suelos pueden se[" ob!iervados en su sitio, y la geología de campo
trata de los métodos que se emplean para examinar e interpre-
tar los materiales y las estructuras del afloramiento. los estudios
de campo son los medios fundamentales para obtener conoci-
mientos geológicos. Algunos estudios pueden ser tan simples como
la visita a un afloramiento en panicular, o a una cantera, to--
mando notas y haciendo esquemas de las relaciones entre ciertas
rocas y juntando una serie de ejemplares. Para otros pueden
necesitarse semanas o meses de levantamiento geológico, de mues--
tteo sistematico y de cuidadosa integración de datos de campo
y d e resultados d e laboratorio.
El levantamiento gcol6gico es tan indispensable en muchos
estudios de campo que algunas veces se le considera como sinó-
nimo de "geología de campo". Los mapas se usan para medir
cuerpos de roca, trazar mediciones de carácter estructural y para
relacionar muchas clases de datos. Con frecuencia, permiten
hacer interpretaciones d e detalles que son bastante grandes para
ser estudiados en afloramientos aislados. Por ejemplo, muchos
pliegues y fallas solamente pueden ser descubiertos mediante
el levantamiento geológico, y aun cuando se les pueda ver en
los afloramientos, se les debe levantar en grandes áreas para
poder ente nderlos. Los mapas geológicos se usan también para
construir proyecciones tan importantes como lo son las secciones
transversales. Juntos, los mapas y las secciones son un medio
ideal para presentar grandes cantidades de :información a otras
personas.
2 MANUAL DE GEOLOOJA DE CAMPO

Aunque el levantamiemo y la elalxiración de mapas puede


ser indispensable en un estudio de campo, las observaciones
hechas en los afloramientos individuales son fundamentales. Las
rocas tienen que ser identificadas antes de que se les señale en
el mapa. Mas aún, muchu relaciones genéticas sólo se pueden
entender después de exnminar la. afloramientos en detaUe. Nin-
guna cantidad de mapas puede substituir a estas ob&crvacioncs
esenciales. Por ejemplo, un mapa detallado de un cu erpo ignco
mostraría únicamente que se trata de una capa concordante
entre formaciones sedimentarias. Sin embaf'IP, las relaciones en
uno o dos afloramien1os pcdrian demostrar que el cuerpo es
una corriente de lava, más bien que un manto. Una vez esta~
blecido esto, los ftlS80S oscu ros o un tanto confusos asociados
con la corriente pcdrian ser identificados y utilizarse entonces
en interpretaciones posteriores.
Los estudios J a co mpo como mlÍtoJo cifmlífico. En aten--
ción a que el ge6logo estti continuamente obscrvo.ndo relaciones
y haciendo interpretaciones en el campo, sus métodos generales
se pueden comparar con el método científico clásico. En su forma
conven<:ionnl, el mé1odo científico consiste de varias etapas. El
investigador primero observa y reúne datos. A continuación
formula una hipÓtesis que explique C805 datos. En seguida, so-
mete o. prueba la h ip6tcsis en todas las formas posibles, po.rri·
cularmen1e mediante el estudio de relaciones adicionales que
se pueden predecir sobre esas bases. Si la hi pótesis resiste todas
las pruebas. se le considera verificada tentativamente; si no es
así, debe formularse Otra hipótesis y iujctarla a prueba.
En los estudios geológioos con frecuencia es mits efectivo
considerar juntas todas las posibles hip6teSis. O . K. Gilbert
(1886, p. 226) cxpl.icó este procedimiento como sigue:

H ay desde Jueao, una ventaja en tomar en consklcración


varias (hipótesis) a la Ve%, porque entonces es po5ible dcscu~
brir sus inconsistencias y antagonismos mu1uos e idear pru&
bas decisivas, pruebas que excluirán necesariamente algunas
de las hipótesis de consideraciones posteriores. El pro-
ceso de prueba es entonces un proceso de eHminación, h asta
q ue todas, excepto una de las hipótesis, hayan sido dese--
e.hadas.
OBSERV.AClóN Y COLECCION DE O.A TOS Y MUESTRAS 3

Si se utiliza· únicamente una hipótesis, o si se ad opta una


d emasiado aprisa, puede haber una tendencia a pasar por alto
evidencias que podrían refutarla. T. C . Chambcrlin (1897) di.s.-
curió concienzudamente este problema en su d escripción de "El
mCtodo de hipótesis de trabajos múltiples", un artículo que se
recomienda leer a todos los geólogos.
Una d e las razones por la que se deben considerar muchas
hi pótesis en el cam po es la de que no se puede visitar de nuevo
los afloramientos para comprobar cada nueva idea. Por otra pane,
las diferentes clases d e datos pueden estar tan relacionados entre
sí que tenga que cstudiárselcs juntos para entenderlos. En con~
secuencia, los estudios de cam po deben ser algo más que el
simple levantamiento y colección de rocas o estructuras indivi-
duales. Aun un simple ejem plar de roca carecerá d e significado
potencial si no se le selecciona tomando en cuenta todos los
detalles asociados.
Puesto que el geólogo utiliza continuamente el m étodo cien~
tífico a m edida que trabaja, d ebe estar bien provisto de hipótesis
cuando va al cam po. Tiene que usar también imaginación e
ingeniosidad ante el afloramiento. Si ninguna de sus ideas ini~
cialcs soporta las pruebas, se deben considerar varias posibilidades..
Algunas h ipótesis parecen fallar rx>rque los datos se c.olccran
con base en su posiciones incorrectas, o bien porque la informa-
ción se clasifica contradictoriamente en un mapa. En otros ca.sos,
las hipótesis tentativas son demasiado simples para explicar cvcn--
tos naturales, debiendo tomarse en cuenta posibilidades más com~
plejas.
lnterflretación de r elacion es com plejas. En el campo rara
vei se encuentran rasgos gcolÓgicos tan sencillos como los que
aparecen en los diagramas de los libros de texto. Aun aquellos
detalles que a primera vista parecen simples, comúnmente tie-
nen complejidades pequeñas, pero importantes. Estas complejida·
d es no son obstáculos; a menudo son la clave para entender
una asociación de detalles.
U n tipo de rdación compleja es el que se forma cuando dos
o más p rocesos actúan al mismo tiempo. Poc ejemplo, el intem•
pcrismo de una roca dada es, típicamente, un efecto compuesto
de varios procesos mecánicos y químicos. Para interpretar el efecto
4 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

conjunto, es necesario entender primero cómo podría actuar cada


proceso solo y considerar después cómo se modificarían los pro-
cesos entre sí. Mediante el examen de muchos afloramienros
generalmenre es posible encontrar lugares donde los procesos
individuales hayan predominado. Para interpretar el intempeI"i&-
mo d e una arenisca, por ejemplo, los cambios mecánicos se ten-
drían que estudiar en los bordes de roca expuestos, en tanto que
los cambios químicos se tendrían que ver en los p erfiles del suelo
del fondo · del valle. Los efectos de los procesos combinados se
estudiarían en varias localidades intermedias.
Un segundo tipo de relación compleja es el causado por la
sobreposición de dos o más eventos geológicos. La determinación
de las edades relativas de estos afloramientos constituye un medio
para interpretar la historia geológica. Las edades relativas se de-
terminan observando cómo se modifican los detalles más antiguos
con relación a los más jóvenes. El análisis debe comenzar con 1a
relación de edad que se muestra con mayor claridad y extender~
la, paso a paso, tanto hacia atrás como hacia adelante en el
tiempo geológico. Con frecuencia resulta necesario conocer las
formas o posiciones de los detalles en etapas intermedias, lo
cual se consigue analizando y quitando los efectos de eventos
posteriores. Por ejemplo, cuando una veta ha sido plegada, puede
ser posible establecer su forma original y su orie ntación midiendo
primero los pliegues en las capas circundantes y desenvolviendo
después las capas para volverlas · a simples formas planas. Los
eventos que están oscuros en un afloramiento pueden estar claros
en otro; situando muchos afloramientos en un mapa, un evento
se puede relacionar con o tros, tanto en el tiempo como en el
espacio.
Un serio error que se puede evitar mediante el estudio cui-
dadoso d e las relaciones de edad es el de considerar que los
rasgos o detalles tienen una relación de causa por el simple hecho
de que están asociados estrechamente. Es fácil incurrir en este
error, especialme nte si la asociación se adapta a una teoría bien
establecida. Si por ejemplo, en un área dada hay vetas de cuarzo
asociadas con comeanas ("homfelsas"), puede ser tentador el
concluir que ambos fueron causados por un agente -un· magma
intrusivo. Sin embargo, un estudio cuidadoso puede demostrar
OBSERVACIÓN Y COLECCIÓN DE DATOS Y MUESTRAS 5

que las vetas se formaron también en rocas much o más jóven es


J' JXlr lo tanto no fueron causadas JXlr el metamorfismo d e
o:mtacto. Quizit. se formaron profusamente en las comeanas a
causa d e que estas rocas se fracturaron rápidamente.
Algunas veces los afloramientos son tan complejos o están tan
espaciados que no se puede llegar a condusion~ acertadas con
el estudio de campo. No obl>tante, el estudio puede aún ser d e
gran valor, si las observaciones so describen d etalladamente en
un informe. En muchos casos, el geólogo puede establecer la
probabilidad relativa de varias alternativas d e hipÓtesis. Las in;
certidumbres podrán ser resueltas cuando se disponga de más
datos o cuando se hagan pruebas de labofatorio o matemáticas.

1-2. Planeación d e un proyecto de campo


Los proyectos geológicos de campo generalmente se desarro-
llan e n tres etapas: la etapa de planeación; la de levantamiento,
observación y colección de datos y muestras, y la de preparación
de un informe. Son contadas las ocasiones en las que el geólogo
puede estudiar concienzudamente toda clase d e datos y de rela;
cienes, por lo que debe definir el alcance de su estudio y planear
su trabe.jo de manera de recabar los datos más pertinentes. Es esen-
cial saber danamente el propÓsito de un proyecto dado. El pro-
pósito puede ser s imple y claro desde el principio, como en
algunos estudios de depósitos económicos. En muchos estudios
puramente científicos, el propósito tiene que analizarse después
de leerlo concienzudamente, discutirlo y meditarlo. Además de
los obje tivos principales, puede haber otros secundarios, que a l-
gunas veces son difíciles de evaluar hasta que el trabajo de
campo está en marcha.
Es prudente planear un proyecto de manera tal que su alc"ancc
se pueda ampliar o modificar en grado razonable durante la
temporada de campo. Por esta nuón, es conveniente llevar al
campo cantidades moderadas de equipo y abastecimientos adicio.-
nales. Aun cuando los pasos espeCificos varíen, las siguientes ""'
comendaciones deben tenerse en cuenta al planear el trabajo.
1'. Averiguar si otros geÓlogos están trabajando en o cerca del
área de interCs, informándose en las oficinas federales o estata-
6 MANUAL DE OEOlDGlA DE CAMPO

les correspondicnres y en compañías o universidades que hagan


ese tipo de estudios. Mantene r correspondencia con ellos para
d eterminar hasta qué grado un nuevo estudio duplicarla su tra•
bajo innecesariamente.
2. Reunir y estudiaT informes y mapas de la región a fin
de obteneT un conocimiento general de la geología y de la gco-
grafia. DeterminaT qué tanto se sabe, específicamente, acerca de
108 problemas y Tclacioncs que caen dentro del campo del cstucüo
que se esrá planeando.
3. V isitaT e l átta a fin de reco nocer su topografía y geología
y obtener permisos para acampar, hacer levantamientos y Tecoger
muestras. Si no es posible hacer una visita, háganse estos arre-
glos en forma tan completa como se pueda poT correspondencia
y mediante pláticas.
4. Determinar las escalas y calidad d e los mapas y fotogra~
fías aéreas de la región. Si estos medios no constituyen una base
adecuada para el levantamiento geológico, véase qué medios con•
viene usaT para elaboraT un mapa. lSerá necesario un mapa con
curvas d e nivel? lCuál es la escala mínima del mapa que se
requiere? lCuál es el método de levantamiento más eficiente
que dará la precisión adecuada a l trabajo?
5. EvaluaT el costo probable y el tiempo n ecesario para des-
arrollar el proyecto. Para hacer esto efectivamente, d eben tomarse
en cuenta n o sólo los procedimientos de levantamiento, si.i.10
además qué tan bien expuestas están las rocas, qué tan accesible
es el área desde un campamento-base u oficina, y hasta qué
grado pueden interferir el trabajo de campo las condiciones at·
mosféricas.
6. Ordenar los mapas, fotografías aéreas y e l equipo de campo
y oficina, de manera que se pueda despachar con tiempo. La lista
del Apéndice 1 puede SCT una ayuda en este caso.
7. Releer cuidadosamente todos los informes pertenecientes
al área, así como los libros o artículos que den a conocer ideas
básicas y métodos pertinentes al proyecto. Reunir lma biblioteca
d e campo tan completa como sea posible, y sacar copias o foto-
grafias de los artículos o párrafos de libros que n o se pueden
llevar al campo.
OBSERVACIÓN Y COl...ECC/ÓN DE DATOS Y MUESTRAS 7

1·3. Equipo de campo, básico


El equipo básico que se necesita para examinar, describir
y colectar rocas es reducido en cantidad y no necesita ser caro.
C.Onsiste en un marrillo con una extremidad de pico o en bisel,
una lente de mano, una navaja de bolsillo, una libreta de notas
y una cubierta con sujetador de presión, un lii.piz 2H ó 3H o
un buen bolígrafo, una escala de 15 centímetros, bolsas de manta
o · de papel grueso para colectar muestras y una mochila para
llevar el almuerzo y el equipo de campo.
La libreta de notas de campo debe ser escogida con cuidado
porque las anotaciones que se hagan e n ella pasarán a formar
parte de un registro permanenre. El papel debe ser de la mejor
calidad, pues el papel delgado y barato tiende a desintegrarse
en Jos climas secos y los papeles muy satinados se arrugan per-
manentemente cuando se humedecen. Los "libros de tránsito" o
las "libretas d e nivel''. de buena calidad que usan los ingenieros
(de 12 X 19 cm). con papel resistente al agua y cubiertas im-
permeables son una buena elección. Son suficientemente peque-
ñas para colocarse en una bolsa d el pantalón y están encuade r-
nadas de manera tal que al abrirlas se les puede mantener planas
o bien, se les puede d oblar hasta juntarse las dos cubienas. El
Servicio Geológico de los Estados Unidos usa una libreta un poco
más grande encuadernada por el borde superior y que tiene hojas
perforadas que se puedeil cambiar de lugar fácilmente: durante: la
etapa de escritura del infonne.
También puede tomarse en consideración la posibilidad de
usar h ojas sueltas de tamaño carta (21.5 X 28 cm) para tomar
notas. Estas hojas proporcionan espacio adicional para esquemas,.
mapas auxiliares y secciones y se les debe llevar en una carpeta·
de presión que sea lo suficientemente grande para llevar · tam~
bién mapas de campo o fotografías aéreas. Esto tiene la ventaja
de reducir el número de cosas del equipo d e campa. Sin em-·
bargo, las h ojas individuales se deben numerar y guardar con·
cuidado de modo que no se extravíe n. Si el clima de la región
es muy seco o muy húmedo, las hojas deben hacerse del papel
más pesado que se pueda conseguir.
La carpeta de presión deberá tener cuando menos unos.
8 MANUAL DE GEOL.OGfA DE CAMPO

23.5 X 28 c m a fin de que quepan fotografías aéreas de 23 X 23


cm. Se puede hacer una buena carpeta usando "Masonite" de
6 mm de espesor como base, y una hoja de pliistico grueso o de
carrulina. para la cubierta. (Fig. l·l ). Algunos geólogos prefieren
una carpeta de aluminio con un sujetador de presión o una bi~
sagra de acero y este tipo de carpeta es bueno, desde luego,
para trabajar en condiciones d e humedad o suciedad, a causa
del ajuste perfecto entre la bisagra y la cubierta. No obstante,
para muchos de los levantamientos, su peso adicional y sus bor~
des cortantes son un inconveniente. T ambién tiende a calentarse
mucho cuando se le deja al sol en el verano, por unos cuantos
minutos y a enfriarse: excesivamente en tiempo de frío. Por otra
parte, el tamaño común de 21.5 X 28 cm no es suficientemente
grande para proteger las fotografías aéreas de 23 X 23 cm.

s.,.......

~oMu 0"uo: ::-:~~;·a•


H
omO
h
I&. H"1ffU; ••••

"ª".:!:""
F~. J.J . Cubiertas c;on .,,rjetadorea de prulón para forografiu atte.. de
23 X 23 cm y para papel de notall de 21.S X 28 c m.

Para la toma de notas se deben probar lápices de dibujo y


bolígrafos. Un buen bolígrafo produce una escritura oscura, le~
gible, que no se embarTB o mancha en un buen papel, se borra
razonablemente bien y es más o menos a prueba de agua. Sin
embargo, bajo condiciones de trabajo polvosas se puede obstruir
y aun la mejor pluma puede quedar inservible a la mitad de un
.día de trabajo. El lápiz ideal produce una escritura n egra, legible,
que no se corre fácilmente. La dureza óptima de su punriJla
depende del papel, d el individuo y del dima (el papel húmedo
..se acanala aún por los lapices moderadamente duros). General~
OBSERVACION Y COLECCION DE DATOS Y MUESTRAS 9

m ente, los lápices de H a JH son los mejores. Conviene ponerle


un borrador y un b roch e de OOlsillo a cada lápiz y e n el cam-
pamento debe haber cuando menos un juego de reserva para el
caso de que se pierda algún láp i:z: e n el campo. Se debe usar
pluma fuente solamente cu ando se sepa que la tinta es per-
manen1e y a prueba de agua.
Las le ntes d e mano que se usan en la mayoría de los estudios
d e campo son de 10 a 15 aume ntos, si bien pueden necesitarse
lentes de mayor o m enor ampliíicación para algunas determina-
ciones. Las lentes d e un poder relativamente alto tienen un cam-
po reducido, u na d istancia focal corta y se tienen que colocar
muy cerca del objeto que se está examinando. En consecuencia,
90n más difíciles de usar, especialmente donde la iluminación
es pobre. Independientem e nte de su poder de amplificación,
la calid ad de las le ntes se debe p roba r enfocándolas tanto sobre
superficies tersas como rugosas. La image n amplificada debe estar
bien del ineada en su totalidad , aun cerca d e sus bordes. Las
lentes de tres elementos dan generalmente imágenes n o defor-
madas.
Un martillo común de gcblogo resulta adecuad o para la ma-
yoría de las rocas, pero para recoger rocas duras (areniscas te-
n aces, lavas, comcanas y otras) se necesita un martillo de dos
libras • (920 gramos aproximadamente) . Las esquinas rectangula-
res y los OOrdcs del extremo p lano de un martillo nuevo deben
Rr martilladas o limadas en bisel porque pueden d esprenderse
astillas de acero a velocidad es peligrosas, cuando choca contra
una roca dura.
Pre parativos para el Oempo de lluvias. E l tie m po de llu-
vias podría anticiparse; esto puede trastornar el programa de
campo seria m e nte. Los mapas y las fotografías aéreas se pueden
impermeabilizar completamente pintándolos o cuhl-ién dolos ·por
ambos lados con plást ico transparente. El papel para noras se
puede tratar de la misma manera o bien se puede sumergir en
una solución de parafina y un solvente volátil. La parafi na no
se puede usar en los mapas y fotografías pues no se les podría

• Se cita el peeo en libru por ser ése. una medida común en el


mercado de •nkulo. de ferreted•. (N. del T .)
10 MANUAL DE GEOWGJA DE CAMPO

marcar con tinta. Los daños más serios a los mapas y a las
notas sobrevienen cuando se resbala uno en las laderas lodosas,.
lo cual puede evitarse u sando botas con estoperoles. A fin d e
que el trabajo de campo en las á reas lluviosas se desarrolle
cabalmente y con precisión, el geólogo debe vestirse en tal forma
que se sienta cómodo (aunque no necesariamente seco) .

1-4. Toma de notas geol6gicas en el campo


En la libreta de campo se hacen anotaciones breves a medida
que se descubren y estudian en el campo las rocas y otros de--
talles geológicos. Esto debe hacerse siempre directamente en el
afloramiento, pues es difícil recordar exactamente la multitud
de hechos e ideas que se desarrollan durante un día d e trabajo.
Las notas de campo sirven de base para escribir el informe dcs.-
pués de la t emporada de campo; más aún, pueden ser un re-
gistro importante para otros geólogos que lleguen a tener interés
e n el área. Sirven también para hacer que el geólogo piense
más con sentido crítico y observe con más cuidado en el campo.
La mayoría de los detalles que se registren en la libreta de·
berán ser datos verdaderos sobre la geología. Muchos de estos
hechos se registran mejo r mediante descripciones con palabras,
pero deben usarse dibujos o diagramas siempre que éstos ahorren
tiempo y espacio o añadan claridad. En muchos casos. los pe..
quefios mapas accesorios y las secciones transversales sirven para
registrar grandes cantidades de datos en forma concisa y clara.
Salvo excepciones, los detalles registrados no deben ser una repe-
tición de los datos que se pueden registrar en los mapas de cam·
po; por ejemplo, el rumbo y el echado de las capas generalmente
se marcan con un símbolo en el mapa, sin registrarlos en las
notas. Cuando se toma una fotografía, es conveniente hacer un
diagrama simple en el que se anota la dirección de la vista,
sefialando los detalles más importantes. Las notas representadas
en la F ig. 1·2 incluyen ejemplos de varias clases de anotaciones.
· La naturaleza discontinua de los afloramientos de roca hacen
necesario basar algunas relaciones geológicas en inferencias más
que en datos observables. Es importante asenta r estas inferencias
en las notas, si bien cada nota debe indicar claramen te que se
OBSERVACION Y COLECCION DE DATOS Y MUESTRAS 11

nata de una deducción. Las- hipótesis deben también anotarse y


repasarse en las notas porque la interpretación debe ir mano a
m ano con la observación. Aun las especulaciones burdas y las
ideas vagas tienen un lugar valioso en las notas de campo, siempre
y cuando se les pueda iden tificar como lo que son.
Cada persona llegará a tene r un estilo un tanto diferente d e
h acer anotaciones, pero rodas las notas deben ser legibles, precisas
y tan breves como la claridad lo pcnnita. El uso de Ja escritu ra
al estilo d el ingeniero (con letra de imprenta) más que la escri·
tura usual a mano contribuye enonnemente a satisfacer estos
requisitos. Las notas d e campo no son simples garrapateadas rá·
pidas o recordato rios h echos únicamente para ayudar a la m e--
moria, sino que son un registro que se toma para usarse en algu.
na fecha futura, quizi por otra persona dife rente de quien las
hizo. Deben usarse las abreviaciones comun es (ApCndice 2), pero
no se deben eliminar vocales al azar para ahorrar unos cuantos
centímetros de espacio. La escritura exageradam e nte abreviada
puede ser m ás o m enos inte ligible para su a utoc, pero es probable
que requeriría una traducción difícil, vaga e incie rta, en manos
de otra person a . Se debe añadir a Ja li breta d e campo una lista
explicativa de todas las abreviaciones más comunes antes de que
se le archive al terminar el periodo de trabajos en el cam¡x>.
Si las notas se to man en hojas sueltas e intercambiables, la
parte s uperior de cada h oja d ebe llevar la fecha, el nombre del
geólogo, un breve título geográfico o descripción del área cubierta
por la página o e l n ombre o n úmero del mapa.base o d e la
fotografía utilizada. Si se usa una libreta de e n cuadernación pcr~
m anente, estos daros se deben anotar e n la primera página co.-
ncspondiente a l trabajo d e cada día. Se debe dejar un margen
d e 2 ó 3 cm del lado izquierdo de cada h oja para hacer anota·
ciones o llamad as de atención con referencia a muestras, fofogra.
fías, fósiles, o problemas especiales (Fig. 1·2). Del lado derecho
d e este ma rgen se ponen números consecu tivos a medida q u e se
describe cada afloramiento o cada d etalle.
El defini r d6nde y qué tan frecuentemente se deben tomar
DOfaS varía mucho de acuerdo con el estudio, y solamente la ex~
pcricncia permitirá. al geólogo establecer un paso 6ptimo. Puede
a>nstituir una ayuda para el principiante el repasar y resumir
12 MANUAL DE OEOLOGIA DE CAMPO

sus notas todas las tardes; haciendo esto más pronto adquirirá
un sentido del valor relativo de sus diversas anotaciones. En ge-
neral, C$ preferible registrar datos en exceso que tener que re-
gresar al área en estudio.

1-5. Descripciones que se asientan en las notas


El definir exactamente qué datos se deben anotar en la libreta
varia de acuerdo con el proyecto. En la mayoría de los levanta•
mientos geológicos las notas se concentran en las descripciones
de rocas y estructuras, especialmente aquellos detalles que in·
dican el origen d e las rocas y sus edades relativas. A medida
que avanza un proyecto de campo, estas descripciones cubren
típicamente un afloramiento en cada vez, en el orden en que
se les encuentra y examina. A medida que el geólogo se familia·
riza más c.on las rocas y las estructuras, sus notas deben registrar
descripciones exactas de los detalles que se han ob6crvado a tra•
vés de una serie de afloramientos. Es muy importante este si&-
'tema porque evita hacer anotaciones repetidas y difíciles de usar.
Antes de que el geólogo d é por terminada la temporada de
campo, debe estar seguro de que sus notas de campo incluyen
descripciones completas de unidades de rocas y de estructuras
en todas las porciones del área que levantó; de otra manera no
estará en condiciones de escribir un informe preciso acerca del
área e n cuestión.
En la Fig. 1-2 la nota es un ejemplo de la descripción de
una roca hecha basándose en un solo afloramiento, en tanto
que la nota 8 es un ejemplo de una desc ri pción litológica más
completa relativa a un cierto número de afloramientos. Las des-
cripciones litológicas son más útiles si se les registra de manera
bastante sistemática, como se indica en el siguiente plan general.

l. Nomlxe de la unidad y/o nombre de la roca.


2. Localidad especifica o área a la que se aplica la descrip.-
ción.
3. Espesor y estructura o forma de la unidad en esta área.
4. Principales tipos de roca y su disposición dentro de la
unidad.
OBSERVAC1óN Y COLECCIÓN DE DATOS Y MUESTRAS 13

5. Características generales del área bajo la que se encuentra


la unidad (expresión topográfica, color y tipo del suero,
vegetación, naturaleza de los afloramientos).
6. Estructuras características de la unidad.
a) Grado de espesor y espesor prome dio, de las capas o
de otras estructuras estratificadas.
b) Forma de las capas o de otras estructuras (tabular, len•
ticular, lineal, etc.).
e) Caracteres primarios dentro de las capas o de otras es-
tructuras (graduación, laminaciones, estratificación cru·
zada, estriaciones, bandeamiento por flujo, inclusiones,
etc.) .
d) Estructuras secundarias características, especialmente
crucero y efectos sobresalientes del intemperismo.
7. Fósiles (especialmente si caracterizan una unidad litoló--
gica).
a) Distribución de los fósiles.
b) Características especiales de las rocas fosilíferas.
e) Posición y condición de los fósiles (posición de creci•
miento, fragmentación, redondeamiento , cavidades o ca·
nalnduras por solución, moldes externos o internos, etc.).
8. Descripción de las rocas, describiendo en primer término
la variedad más abunda nte.
a) Color, indicando si está fresca e intemperizada (len
roca húmeda o seca?).
b) Endurecimiento (len roca imemperizada o completa·
mente fresca?).
e) Tamaño de l grano (grado de tamaños y tamaño prin·
cipal o promedio).
J) Grado de clasificación o equigranularidad.
e) Forma de los granos.
/) Ori~ntaciones o textura de los granos formados, espe-
cialmente e n relación a las estructuras de la roca.
g) Naturaleza y cantidad de cementante, matriz o pasta,
si hay alguna.
h) Naturaleza y cantidad de los poros (porosidad) y cunl·
quie r indicación de permeabilidad. (lEs de una roca
verdaderamente frescal) y constitución de los granos
14 MANUAL DE. GEOLOGÍA DE CAMPO

e/do 2 °"1'?53
bhfr1fo de H;cl"4 o-Curso 1#ferÑr J.R /)01711i?7uez
áel An"P¡o Ar/re7o.so.
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za..M¡. cks4tea"cú, a'1 ~nlhD ~O a 2rvaso¡
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aprt'X.20% p'a¡/Oc/.1 oJvmA~llh:s /1"07ms,d'epetkn~
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4. /á/b ?."'* ~ en contbt:Jb cvra mot:á4 cOldra Vfftl v..,,._
fi'a/ O"oer esf>a/¡¡l/ea~¡(I/, d"~oofq Ó/e17 eYJ'Ve.ffo.. /p f'tt·
//a pr/111Y:Oal >'/as sr.:1,,ro'ani-6 .4qun 55'- l>S,,!/"'fA!S.al.
R/At e111 o~· coAIJ'"as ,-otl..,Jos de ek ~de 2a5o'Ár.
P"o/;¡ ol!'choo'o oJa,jo.
/°*' f Jl/f;.hO"'o al H.é> S fl \.
h'9/ a,.oncioH pl1eyv"s ol" \. ~
;;,';;J:::.Ywll/as"" ·~".~
Fi•. 1-2. Pigina de: una libreta de: campo (geológica).
ODSERVACJON Y COLECCJON DE DATOS Y MUESTRAS 15

5. E..ie sind!nal cqn Id c:ole, aDscvnr "" el ~e,/to. COtllfiPon:rr


con lo$ on-oyos Sah'*1 y 5'.el:.'\? ,PO'°- C!Ol'»pn:>ho,.. /o /olla...
&.16. #19onti:1,,-~lo'o3m. onik déi:i. base oé tJl'JQ em1':/ar/
de O>'S('Q. . Su bvtN?a ¡:1>'e.serraciOñ /;,iúca rve hO ha
sido J'ef,,aba./arlo.
Loco/n:lad.· rey/o;, ct'e/.4n-o,ro. A d're9oso1 ~abre el ;:t.~
o/lve11i'i> 7ue ~avr- al S(I/'&~, Q 35? "'· ( h1edidos a ,1Jt1-
sos) aniba ~ lo co11//Ue11da eo,, el Arroyq ,tk/nr"'3·
a//""ª miiJ1rl'o AD-fa&/e COI? mololes en la mor.f'e11 h'e
el& arroyQ.f~. ap,..o,r.: CtMf-'°#é H Sec. 3, Jo/a 6.
l tJ/Seo,.,,,._ .t!'llTl"tl a,..sM ,,.,oc/za y !vi n,p"z:a muy iJ?fe,,.,pe~
'1°zaa& ,¡'11 t>Hli-ecr-vzamie1r"fó de i6s copos svy/el'e O>'i
'l_elf //(Ir/o/.. 11//oro.m/en/tl ¡C'flbe.
8. Po.r !et farrN ·se ~rom/,,qron los lon1r,../Ós al SO °"-
pvnk?. S• f1.ola. ,!»OÓ. ~ lo fVW Rom/re~ //"'"o' pro-
111'1-o ;ffonToif4_ tHI Piho e1r la re¡lón sitvoola. .a/ 5-0.
él orea es 061""t1,ot"a, cv61~;7i:t po,.. o.rkTos y .óos;wecl-
/los ~ pi11os. Svt>lo 1VJ.1i'zom/MetJero CO#l'fo cqraeT,..nS~ct.
No hay ~do1"t1n11e11.ñis ~>'«as /yllf!aso melamo';.¡i<:as,
pe.ro ocosiónalmenli!- se ~11 ¡",,c/vsio'll's ~ cuarzo y
~/itdj las inc/v.sio11es 50/1 de /o>'ma. .6v..-da~ ,4&-
ha.{veáse e>/ mapq) pero ;v~unqs oñ-as es.tHtcfv-s p/Q-
nas nt' Ji-les.
A¡loramiB11tbs So/11'6 ar.royo muestran roca.¡~só:l coH?pv~-
~ªcZ:~~~~tl~~~ ~~1:::;;,/17/,,/';~ ~1;:~d~-
!1Te'14 co11 crtSfi¿/es et1hedrales ck íeh1 A:#. { /.5 % -
eN .roca); Tinrf"v,.a fl'QHV/<u- a aloTr/omo"rfma. la.
,oea. es #fvy seme.fawTe sohrE> el drea.
5imMzs' Las Cresñis 7'7é11e11 Jnttht:ltas de ¡;;..-"'\llt COI/ yV//'an·c:;
°" l'z ,1- o,ohfo /N"eJ? Tt>r/omleoc/os (pro6. d'e,ivoclcs
o'el 7'qn1To o'e lo re,?i0"1); esto opo)'q lar~ ~ -
Rct.....,,,;.e~ de vna SV.Pel"//Cl'il f"hviol e4v.:m'a sobe
el f/Qn~o /Vé ch /q /lfo11tt:1h-Q a'~ Piho.

Fi4. 1·2. Cannnuación.


16 MANUAL DE OEOLOG1A DE CAMPO

(minerales, líricos, fósiles, vítreos) y su por ciento apro-


:ic:imado por volumen.
9. Naturaleza de los contactos.
a) Abrupto o grad ual, con d escripciones y dimensiones de
las gradaciones.
b) Tocia la evid encia referente a posibles relacion es d e
discordancia.
c) Crite rio o criterios empicados para trHar el contacto
e n el campo.

Se debe tener cuidado al determinar los colores, la dureza y


la mineralogía de las unidades que están intcmpcrizadas casi
dondequiera; d e orra manera la litologia "típica" registrad a puede
dife rir totalmente d e las descripciones de la misma unidad en las
muestras de minas o en los núcleos d e perforaciones. Esto no
significa que los materiales intcmperU:ados no se deben examinar,
pues el intemperismo puede hacer posible el ver cstrucruras y
minerales q ue n o se podrían a preciar rápidamente e n la roca
fresen.
Las fallas, las discordancias y los contactos intrusivos son
ejemplo de las estructuras que requie ren d escripciones sistemá-
ticas y completas en las notas d e campo. La n ora 4 d e la Fig. 1-2
ilustra una anotación relativa a una falla principal. En tocios los
casos, aun las cosas más pequeñas que pueden ten e r relación
con el origen de las rocas o de las estructuras se deben d escribir
con cuidado. Las fotografias y los d ibujos que re presentan detalles
de las escrituras son muy útiles, y la localización de los aflora-
mientos d onde las relaciones son especialmente claras se deben
d escribir detalladamente.

1-6. R ecolección de muestras d e roca


Aun cuando se hagan descripciones litológicas concieru:udas
en el campo, se tiene n que colectar rocas por varias rawncs. M u-
ch as rocas se pueden identificar con más exactitud en el cam-
pamento o en la oficina donde se puede te ner la ayuda de un
microscopio o la de un geólogo de m ás experiencia. Las deter-
minaciones precisas de porosidad y permeabilidad, que se tienen
OBSERVACIÓN Y COLECCIÓN DE DATOS Y MUESTRAS tl

que hac-er en el lalx>t:atorio, requieren un muestreo m'uy completo


y cuidadoso de materiales frescos. Las relaciones minera.les im-..
portantes, tales como las que existen entre la dolomita y · la
calcita ' en las rocas carbonatadas~ se determinan mejor en el la.-
hora torio. Cuando varias personas están estudiando una región
conjuntamente, las muestras d e roca se deben usar para estan·
dariza-r nombres y descripcion~ Aun cuando un geólogo esté
trabajando solo, las muestras representativas son d e utilidad al
hacer comparaciones entre porciones ampliamente separadas de
un área, en particular cuando se escribe el informe final del
área.
La especificación más importante para una muestra es la
de que sea verdaderamente representativa de la unidad esru.-
diatla; esto significa que un afloramiento, o de preferencia varios
afloramientos, se tienen que examinar con todo cuidado antes
de seleccionar una muestra. Donde son variables las rocas, resul ..
tan más útiles los conjuntos de pequeñas muestras de Jos tipos
principales que u n solo ejemplar "promedio".
Los ejemplares se deben desprender directamente del afio..
ramiento y si . se puede hacer, es conveniente señalar el lugar
exacto de d onde se le tomó, marcádole con un pedacito de tela,
con cinta de color, poniendo un número con pintura o con crayón
con -lápiz, tinta, etc. Generalmente son preferibles las muestras
sin intemperizar que las intemperizadas; el e jemplar ideal es el
que tiene un lado intemperizado y fresco el lado opuesto. Las
especificaciones acerca del tamaño de las muestras varían
con el tamaño del grano y con la homogeneidad de la roca. Para
rocas homogéneas con granos de menos de 1.5 mm resultan ade.-
cuadas las muestras d e 8 X 10 X 3 cm, pero tratándose de rocas
cuyo grano sea de más de 3 mm son convenientes las muestras
del doble del tamaño anterior; y si las rocas son de grano to-
davia más grueso o si muestran ciertas estructuras en peque.na
escala, tales como estratos delgados, capas ígneas primarias o
capas o vetas metamórficas, se tendrán que colectar muestras de
mayor tama.no. Los comentarios acerca del muestreo que se dan
en la Sección 10..5 pueden ser de utilidad, especialmente si las
muestras se están recogiendo con el propósito de determinar la
composición de una roca o unidad de roca.
16 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

Si la estratificación u otras estructuras foliadas no son claras


en la muestra, se la debe acomodar en el afloramiento, mar~
cando en ella la dirección de la estructura con un plumón, un
craybn o un pedazo de cinta. Si también se marca la pan e su·
perior del ejemplar y se indica en el mapa la actitud estructural
en la localidad, el ejemplar se puede estudiar m is tarde en re•
ladón con las estructuras del mapa. Estos ejemplares orientados
son particularmente valiosos para las pruebas de pcnncabilidad
y todo tipo de estudios petrográficos (Sección 15-12).
La única razón para desbastar las muestras o darles cierto
tam año con cuidado es para poder coleccionarlas en gavetas de
tamaño limitado¡ de otra manera, el tiempo que se gasta en arre-
glar la muestra podría gastarse en el siguiente afloramiento. En
muchos casos, con unos cuantos golpes se puede obtener una
muestra bastante plana y de buenas dimensiones, golpeando una
astilla, un filo angular o una esquina de un afloramiento; sin
embargo, esto debe h acerse con cuidado, porq u e las esquirlas
pueden lastimar seriamente las espinillas, la cara o los ojos. H ay
otras dos precauciones en relación con el uso d el m artillo: 1) nun•
ca se debe golpear fuertemente una roca dura cuando hay otras
person as observando en las cercanías, y 2) cuando se usa un
martillo para golpear con fuena a otro m artillo que está sirviendo
com o cuña, se pueden desprender esquirlas de acero con velo-
cidades peligrosas.

1-7. Recolección de fósiles


Los fósiles se colectan por tres rawnes básicas: para detenninar
la edad geológica y la secuencia de las rocas; para correlacionar
u nidades de roca con otras rocas fosilíferas, y para ay uda r a de-
termina r el m edio de d epósito de los sedimentos. Cada u na de
estas ruones es tan importante que en toda clase d e rocas sedi-
mentarias y piroclásticas se tienen que buscar fósiles detenida-
mente y cuando se les encuentre 5C les debe recoger con todo
cuidado. No debe suponerse que las rocas metamórficas carecen
necesariamente d e fósiles. U nos cuantos fósiles pobremente pre-
servados en las pizarrll!, filitas, cuarcitas o mármoles pueden ser
d e m ás importancia para la solución de las estructuras princi-
OBSERVACIÓN Y COl.ECCI ON DE DATOS Y MUESTRAS 19

pales de un terreno metamorfi.iado, que centenares de lecturas


estructurales.
Antes de iniciar un estudio de campo, se tiene que determinar
-hasta donde sea posible- qué clase de fósiles serán particu-
larmente de utilidad. Por ejemplo, un geólogo que se está pre-
parando para hacer un levantamiento de rocas del Palcczoico
Superior, debe familiarizar-se con el aspecto de los fusulinidos,
OStrii.codos, braqui6podos y varios moluscos-clave. Puede hacer
esto examinando colecciones y discutiendo las posibilidades con
un paleontólogo, o puede examinar fotografías y dibujos detallados
en libros y publicaciones. De ser posible, debe llevar al campo
una pcquei'ia biblioteca o colección de dibujos y fotografias ro-
pn:senrativos de las formas principales.
En algunas á reas los fósiles son tan escasos que el encontrarlot1
puede ser un problema considerable. La búsqueda inicial debe
de concentrarse en las superficies sueltas e intemperizadas de
los afloramient~ pues los fósiles que resultan casi invisibles en
una superficie recién rota , generalmente se intemperiian en forma
tal que contrastan con su matriz. Tipicamente, los fósiles intem-
periiados son de color gris claro, canela pálido o blanco, aunque
algunos pueden tener color gris obscuro o negro a causa de la
presencia de materias carbon06aS. EL ge6logo debe hacer una
costumbre de la práctica de revisar tanto material fragmentario
como sea posible, sin importar qué tantas veces haya atravesado
un área. Cuando se encuentran fósiles sueltos, se les debe seguir
colina arriba o río arriba hasta su lugar de p rocedencia. Aun
cuando éste no se pueda encontrar, se deben numerar los fó-
siles. marcar su localización en un mapa y hacer una anotación
en la que se describa su ubicación y la forma en que se encuen-
tran. Se les debe proteger, pues eventualmente pueden ser de
más valcx que cualquier cosa que desprenda uno de un aflora-
miento. Si la búsqueda fuese infructuosa, vale la pena seguir las
indicaciones de un paleontólogo, puesto que por lo general él puede
scfialar el tipo de rocas adecuadas para ser fosiHferas.
En las secuen cias de rocas elásticas no calcáreas, las capas
que contienen fósiles tales como moluscos. equinodermos y fora-
miniferos grand es comúnmente sobresalen como rebordes cal-
cáreos relativamente resistentes. Los fósiles pueden presentarse
20 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

también en concreciones calcáreas. En estas roe:.. i.. 11UPCrficies


de afloramiento intemperizadas están acanaladas u ooduiadas irre~
gulannente, de manera que aquí y allá puede apaeoer, como en
alto relieve, un fósil bien preservado. En sccueociM de calizas;
areniscas y luritas calcáreas, los fósiles tales o:xno .,_, molug..
cos, corales, equinodermos, braquiópodos y fOTimlinilieros pueden
formar acumulaciones masivos de tipo arrecifal" (biobennas) o ca~
pas delgadas ricas en fósiles. Estas estructuras ae deben mues-
trear concienzudamente porque los ejemplares grande9 y espec--
taculares que consisten principalmente de algás y cor.les pueden
no ser diagnósticos. Los fósiles bien preservados de invertebrados
que fl otan o nadan, como las amonitas y los formriiniferos, y
los animales de concha delgada como los tribolitas, se buscan
más bien en las luritas estratificadas y en las calit:as fósiles o
de estratificación delgada, m ientras que los tan delicados como
importantes graptolitos generalmente se encuentran en luritas
o calizas laminadas que se pueden romper fácilmente a lo largo
de los planos de estratificación.
Los huesos y los dientes fósiles se presentan en w:m gran
variedad de rocas sedimentarias y volcánicas, pero los restos de
los vertebrados terrestres mas valiosos se encuentran con rilás
frecuencia en los depósitos lacustres, fluviales o delaricos. Por fo
común, estas rocas son de colores abigarrados en tonos de rojo,
verde, marrón o gris. Los huesos pequeños y los dientes que
se intemperizan y desprenden de las areniscas y limolitas des-
menuzables se pueden acumular debajo de los bon:ies abruptos.
Estos fragmentos se pueden encontrar rápidamente si se pasan
por una criba los materiales sueltos; a causa de su peso y ta~
maño se les puede concentrar también en cualquier riachuelo
cercano. Los huesos fósiles que se encuentran en sedimentos sin
consolidar del Terciario o del Cuaternario se pueden distinguit
de los huesos modernos en razón de su mayor peso y por el hecho
de que no despiden un olor fuerte cuando se les expone a una
flama. Si los huesos o los dientes están ya sueltos, se les puede
empacar en bastante papel suave y transportarlos, pero si se
les encuentra en un afloramiento, no se les debe mover de su
matriz hasta que un paleontólogo d e vertebrados los haya visto.
~l utilizará técnicas especiales para separar los fósil es de la roca
OBSERVACIÓN Y COLECCIÓN DE DATOS Y MUESTRAS 21

y empacarlos; además, podrá ver la posici6n de los fósiles en el


afloramiento· y estará en condiciones de localizar otras partes del
mismo animal. Si solamente pudieran colectarse unos cuantos
fósiles vertebrados de una localidad lejana, las partes má! valiosu
serian los dientes, el cráneo ·y los huesos de las extremidades.
Los hojas fósiles, flores y semillas de leguminosas que · mues--
tran detalles estructurales son fósiles valiosos, si bien · los paleo-
botánicos pueden n ecesitar una gran colección de una localidad
·a fin de determinar su edad o sugerir una couelaci6n con otras
unKJades de roca. Las hojas y las flores generalmente se presentan
comQ impresiones ·de color café o oomo peüculu" .carbonosas de
color gris negro en las planos ·de estratificaci6n de lutita, pW:rra.s
p tobas . de estratificación delgada depositadas en el agua. Las
películas carbonosas son frágiles, de manera que las lajas de roca
se deben manejar con mucho cuidado y envolver individualmente
en papel suave. La madera fósil bien preservada se usa ocasio-
nalmente -para hacer determinaciones de edad aproximadas o para
.oorrelacioncs; puede aportar indicaciones útiles relativas a las
condiciones climáticas del pasado.
Cuando los fósiles se presentan en una matriz sólida, es mejor
colectarlos con algo de tal matriz y no tratar de separarlos en el
campo. Esto evita que los fósiles se dañen por las técnicas burdas
de desbaste y los protege también durante el tran.sporte. Las
partes que tienden a desintegrarse se pueden "t:ubrir con bamii, con
laca, con cemento de celulosa, o se les puede rociar con un ·adhesi•
vo. Todos los ejemplares duros . 5C deben empacar con suficiente
papel, trapos, ·pasto u hojas para evitar la abrasión de las ·otras
muestras que se lleven en la mochila. ·Cada ejemplar debe colo-
carse en una bolsa de muestra, marcándola como ·se describe en
la siguiente sección. Ya en el campamento, Jas •muestras se deben
limpiar Y: desbastar si se dispone de un pequeño martillo, un
saco de arena, cinceles, laca ·y .cepillos o brochas; sin embargo,
los ejemplares que son escasos, .excepcionalmente bien prCSCt"Va~
dos ·o que se considera que son críticos ·para hacer determina~
ciones de edad, se deben poner e n .fas ·mas- expertas manos de
,.un paleontólogo.
'· ~ Mi.crofósi/es. ,Los fósil~ pequeños llamados·. por costumbre
microfósiles son con frecuencia de gran ·.valor porque.: 1) Común·
22 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

mente se les puede separar de las rocas que de ora -.,era


carecerían d e otras fonnas fósiles, 2) su abundancia y m amplia
distribución los hace ideales para estudios bi~ y
3) se les puede separar de núcleos de perforación y de n:cones
de poro. Los microfósile& más grandes se pueden wr rápida~
mente a simple vista y se les puede identificar de modo aproxi~
mado con lentes de mano. Ejemplo de esta clase de f6lilcs son
los foraminiferos grandes (fusilínidos. numulites y orbitoides),
los osrrácodos, y los conodontos más grandes. Estos fóáles se
presentan con más frecuencia en las calizas, luritas y en pedernal
(tanto estratificado como nodular), pero también pueden pre--
sentarse en diversas areniscas. En las rocas elásticas damcnu~
:tables, los fotaminiferos grandes se pueden concenaar en las
capas calcáreas más cementadas o en concreciones.
Los foraminíferos más pequeños varían en tamafio de.de los
que se pueden ver ripidamente con una lente de mano hasta
formas verdaderamente micr05Cópicas. Los más comunes de éstos
son las esporas, el polen, foraminiferos pequefios, radiolarit.x, co--
nodontos y diatomeas. Aun cuando estos fósiles no se puedan
ver con una lente de mano, comúnmente vale la pena colectar
muestras de IUtitas, lodolitas, limolitas, cretas y rocas dcsmenu~
:tables silícicas o tobáceas. Estas muestras se lavan y tamizan en
el laboratorio, usándose un microscopio binocular para separar
los fósiles de los otros materiales elásticos. Se pueden colectar
muestras voluminosas de calizas compactas y de lutitas -calcáreas
para buscar conodontos, diatomeas y radiolarios, ya que estos
fósiles que no son calcáreos se pueden separar descomponiendo
las rocas en ácido. Las esporas y el polen microscópicos rambién
se pueden separar de esta manera; por lo común se encuentran
en las luritas y calizas frescas, d e color gris obscuro (carbonosas) .
Los foraminíferos se lixivian con bastante rapidez de las rocas
porosas; consecuentemente se debe usar un pico, un. zapapico, o
alguna otra herramienta de excavación para cortar profundamen~
te la roca fresca (típicamente de color gris). Las luritas con in--
crustacioncs yesíferas en sus fracturas probablemente resultan
estériles en cuanto a microfósiles calcáreos se refiere. En la
sección lZ....9 se hacen algunas sugestiones relativas al muestreo
sistemático de microfósiles.
OBSERVACIÓN Y COLECCIÓN DE DATOS Y MUESTRAS 23

1..S. Numeracj6n y marcado de ejemplares


Cada ejemplar de roca o de fósil se debe marcar con un
número que se corresponda con el número usado en las notas
y r;abre el mapa o fotografía aérea. La mayoría de las muestras
se puede marcar directamente con plumón o con lápiz tinta. El
número se puede escribir también en un pedazo de tela adhesiva
firmemente adherido a la muestra en el campo. Si la muestra
está húmeda, el número se puede escribir en un pedazo de papel
que se asegura a la muestra con una liga o con una banda de
hule. La muestra debe colocarse después en una bolsa de papel
o de tela marcando su número con toda claridad, de manera que
se le pueda identificar sin tener que dcsempacarla.
Por lo general la última cifra del número del ejemplar es la mis.-
roa que el número de la nota y el número de la localidad en el
mapa. Si se recoge más de una muestra en una localidad, deben
usarse letras corno sub-índice después del número de la localidad.
El número de la localidad debe estar precedido por letras o números
que la identifiquen con el mapa.base particular o la fotografía
aérea donde apa1'C%ca su localización. Cuando se está haciendo
un levantamiento o una serie de levantamientos por un grupo de
geólogos, es conveniente escribir las iniciales del colector antes
de los otros números, lo que da infonnación suplementaria acer•
ca del ejemplar. C.Omo ilustración de tal número, el del ejemplar
de la nota 6 de la Fig. J.z, es JRD·F3..6.
Todos los días al volver del campo, las rocas y los fósiles
que no sean ejemplares frágiles y bien empacados se deben ex•
tender a fin de comparar sus números con los de las notas de
campo. Si la etiqueta que se le puso en el campo parece no
ser pennanente, se le puede poner a la roca un pequcfio circulo
con pintura y escribir dentro de éste con tinta a pro.cha de agua.
Los esmaltes que secan rápidamente, que vienen en pequeñas
betellas con un pincel aplicador, son ideales para este propÓsito.
Otra manera de ponerle un número permanente es la de mar•
carlo con tinta indeleble en una tira de papel que se pega al
ejemplar con celulosa o cemento plástico. Un poco de cemento
aplicado sobre la etiqueta la protegerá de la humedad y de la
abrasión.
24 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMP.0

Empaque de las muestras para s u e nvío. Cuando se trata


de pocas muestras relativameOte ligeraS se leS pué.de en:ipacar
en cajas de cartón fu ertes (es preferible no meterlas en bolsas),
pero cuando son muchas las muestras o si son pesadas, se deben
usar cajas de madera clavadas, especialmente si las · muestras
habnin de recorrer grandes distancias. La generalidad de ejem--
piares de roca no sufrirá daños si se les envuelve en ·una
hoja doble de . papel periódico y se les cm.paca con cuidado
junto a otras muestras.. Las rocas .suaves, 106 minerales ·frágiles
y la mayor parte de lós fósiles deben envolverse primero en
papel suave y después en papel más grueso para que quedeo.:aco.-
jinados y bien protegidos. Conviene rellenar ·la caja con viruta
de madera, paja, pasta, trapos o papel arrugado, ya .que casi
todo el daño durante el transpone se debe a los movimientos
de las muestras sueltas. Las cajas se deben clavar o amarrar
firmemente son alambre para resistir un manejo brusco.

1-9. Descripció?,- de ·1ocalidad e•


Los datos y los ejemplares importantes deben localizane con
cuidado; esto se puede hacer ya ·sea señalando el punto directa•
mente en un mapa o en una fotografia aérea o h aciendo una
buena. descripción de la localidad en las notas de 1campo. Cuando
el mapa tiene una escala de 1 :62,500 o menor, o se ..abe que
está muy generalizado o es ya obsoleto, las ·localidades .lirológicas
y fosilíferas imponantes se tienen que describir detalladamente
en las notas. Los propósit06 de la.. descripción .de localidades
son: 1) ayudar a otros a enconttar el lugar; 2) :facilitar al ge&
logo una nueva visita a la localidad y 3) proporcionar 106 medios
de marcar las localidades en un mapa base adecuado cuando se
pueda dispontt de .éste.
Las mejores descripciones de ·localidades son las que se basan
en .puntos o -detalles permanentes, que se pueden marcar en d
terreno y . que por lo general ~ muestran con precisión. en Jos
mapas. Quizá los mejores de Cstos 90n :los puntos .de triangula.-
ción ·y los bancos de nivel de .los ·divenns ·levantamientos .del
gobierno o del :Sistema .munitjpal (del Depanamento de Terrenos
de los E. U.). Generalmente estos puntos llevan una inscrip,.
085.ERVAClóN Y COLECCfóN DD DATOS Y MUESTRAS 25

ción en una placa metálica ·con el nombre o números de la esta-


ción, aunque en otros casos las esquinas d e las secciones están
indicadas tan sólo por un pedazo de rubo y un moj6n de piedra.
A panir d e estos puntos se puede medir y describir una localidad,
tomando rumbos con una brújula y midiendo distancias a pasos,
como se deséribe en -los Capítulos 2 y 3. En las-áreas compren-
didas dentro del sisterrut de secciones municipales de la Oficina
de Terrenos (de los E. U.), los caminos y las cercas o alambra-
das por lo . común están dispuestos a lo largo de los linderos de
orientación oorte..sur y oriente-poniente de las secciones, cosa que
constituye una magnífica retícula de referencia a partir de la
cual se pueden localizar posiciones a pasos (Fig. 1-3). Otros
detalles del terreno q ue pueden aprovecharse como referencia
en la descripción de localidades son la parte alta de determinados
cerros notables por su forma, las confluencias de ríos, los cruces
de ·carreteras y ferrocarriles, determinados edificios y algunos otros
~etalles similares permanentes. Cuando las localidades Queden

IS 14 13
19 20 21

NE'4;SE)(

Fi_g. f -3. Sistema catu tral de la Oficina de Terrenos (de los E.lJ.A.), para
numerar munkipiol, secciones y p artea d.. secciones. Según el Bureau o f L.and
Man; gement, 19'17.
2& MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

tan alejadas de esos detalles de manera que no se puedan situar


mediante medidas hechas a pasos y con brújula, entonces se
les puede localizar dirigiendo visuales a varios puntos promi.-
nentes (Secci6n 4-2).
Las descripciones de las localidades deben iniciarse con el
nombre del cuadtángulo o de algún rasgo geográfico grande y
bien establecido, continuando con detalles más pequefioe y más
locales para llegar, finalmente, a la descripci6n de los detalles
o referencias más próximas y a l afloramiento mismo. Las notas
de campo que se presentan en la Fig. l~Z incluyen un ejemplo
de la descripción de una loca1idad (nota 6).

Referencias citada•
B\lre&u of Land Managcmcnt, 1947, Man..al of insm.crioru for "'4: ~ of
du! p..blfc laruú o/ rhe Uniud. Sraia, 1917: Wuhlli,aton, O. C.. U. S.
Oovcrnment Printing Officc, 613 J)p. ·
Oi1mberlln, T. C., 1897, The mcthod of m\lltiple worldna: hypothCM:: /011mal
of Gcoloo, v 5, l'P. 837..&48.
Oilben, O. K., 1886, The inaJlation of 1eienrific mcthod by eu.mple, ,.,;.th
an ilu1n-1rion drnm from thc Qu1temary Geology of U1ah: A.....,.ic<lr\
Joumal o/ Scicnce, v. 31, pp. 284-299.
2
Uso de la brújula, el clinómetro
y el nivel de mano

Z.1. La brújula Brunton


Una brújula, un clinómetro y un nivel de mano se pueden
usar para hacer una gran variedad de levantamientos y para
medir la posición d e diversas estructuras geológicas. Estos tres
instrumentos básicos se combinan con el tránsito de bolsillo
Brunton, conocido comúnmente con el nombre de brújula Brun~
ton. Esta brújula se sostiene en la mano para la mayor parte
de los trabajos de rutina, como los que se describen en este
capitulo; no obstante, se le puede montar sobre un trípode para
hacer lecturas mis precisas, o se le puede usar con una regla
especial sobre un tablero (Sección 6-2). Aun cuando las instruc--
ciones detalladas que se dan en este capitulo se refieren en
especial a la brújula Brunton, los mismos procedimientos gene-
rales se pueden adaptar r.i.pidamcntc a otra clase d e brújulas,
clinómetros y niveles de mano.
En la Fig. Z..1 se muestran las diversas partes de la brújula
Brunton. La caja de la brújula es de bronce y aluminio, materiales
que no afectan a la aguja imantada de la brújula. Cuando se
levanta la tapa de la brújula, la aguja descansa sobre un pivote.
La aguja d e la brújula se puede detener en un punto o primiendo
el pequef'io vastago que se localiza cerca del borde d e la caja.
Cuando la caja de la brújula está cerrada este vástago protege
del desgaste el pivote de la aguja elevando dicha aguja. La bur·
buja de ojo de buey se usa para nivelar la brújula cuando se
haec una lectura y el nivel tubular se empica para tomar lecturas
con el clinómetro. El clinómetro se mueve mediante una pe·
queña palanca situada en la parte de atrás de la caja de la
brújula (no se ve en la figura).
28 MANUAL DE GEOLOC1A DE CAMPO

Í::(g. 2-t. La btújula Brunion. La inserción en la pute inferior liquluda


· muesttw. ·una amplificación del ~rtc Cle la ' -.uia.. ·

Se debe revisar la brújula para confirmar que; l) 1Ós dos


~iveles tienen burbuj:ls, 2) que las bisagras están suficientemente
~pretadas de manera que la tapa, el brazo de la pínula y "la mira
no se doblen bajo su propio peso, y 3) que el brazo de la pinula
coincide con la linea negra axial del espejo cuañdo éste y aquel
brazo Se doblan hasta que ~ toquen. En la sección :Z.10 se de&-
~ñbcn otros ajUsteS; que pueden ser necesiirios.

Z.2. Ajutte por declinación magnética


El circulo graduado de .la brújula se puede girar dándol~ vuel·
tas al tomillo de ajuste situado en un costado de Ja caja. El punto
O del circulq graduado se hace coincidir con el indice de la caja
de la brújula para hacer lecturas referidas al norte magnético.
Para tomar lecturas con relación ni norte verdadero _(el caso
usual), el círculo graduado debe girar para corregir la declinaci6n
~gnética local. La decli~ación local y su cambio anual aparecen
en el m11:rgen de los mapas municipales; sin embargo, la correc--
ción am!al resultará un tanto aproximada si el mapa tiene .más
d.e :20 ni'¡~ de antigüedad. La declinación se puede. deu;rminar
tam~!én en un mapa isogónico (Apéndice 6). Por .último, la de·
~linacióp en. uq puntq d,f.do, . ~ puede de;tepninar colQCando :la
brújula en una superficie a nivel, fjrme, .vi~nclo la Polat o &.
VSO DE LA BRÚJULA, El CUNOMETRO Y EL NIVEL DE MANO 2'1

trclla der Norte. Esta lcCtura tiene que corregirse aproximada·


mente por elongación (Sección 7-9).
Dado que los lados oriente y poniente del drculo de la brú-
jula están invertidos, puede haber una coofusión momentánea
respecto hacia dónde girar el circulo. Cada dirección tiene que
ser sometida a razonamiento y confirmarse. Por ejemplo, una
declinación de 20º al oriente significa que el norte magnético
queda 20° al oriente del norte verdadero y consecuentemente
el círculo se gira de modo que el índice de la caja apunte al nú-
mero 20 al oriente -del O. Para comproOOrlo, la brújula sc mantiene
a nivel y sc le orienta de manera que el extremo blanco de la
aguja apunte al O; entonces toda la brújula se hace girar 20º
en la dirección que se sabe (geográficamente) que queda al
oriente del norte. Si la aguja apunta entonces en la misma d i·
rección que el brazo de la pinula, que es el norte magnCrico,
la declinación estará correctamente marcada.

2-3. Toma de lecturas u orientaciones con la brújula


Una orientación o lectura es la dirección d e la brújula de
un punto a otro. La orientación tiene siempre un sentido uni·
direccional; por ejemplo, si la orientación de A a B es N 30º O,
la . lectura de B a A solamente puede ser S 30° E. Al usar la
brújula Brunton el sentido d e la orientación correcta es de la
brújula al punto que se visa cuando el braw de la pínula señala
hacia el punto. El extremo blanco de la aguja da la lectura di·
rectamente dado que las marcas E y O ya estin invertidas. Para
obtener orientaciones precisas se deben hacer tres cosas simultá-
neamen.t e : 1) nlvelar la brújula, 2) centrar exactamente el punto
visado en las miras y 3) la aguja debe quedar casi en reposo.
Cuando el punto visado es visible desde la altura del pecho o la
cintura, se debe recurrir al siguiente procedimiento:

l. Levintese la tapa unos 135°; extienda el brazo de la pí-


nula y levintesele la puntería (Fig. 2-2A).
2. Manteniendo los pies un tanto apartados, sostenga la brú-
jula a la altura de la cintura cogiendo la caja con la mano :iz...
quierda. .
30 MANUAL DE OEOLOGIA DE CAMPO

3. Céntrese la burbuja del nivel circular y, manteniCndola en


el centro, ajústese el espejo con la mano derecha hasta que apa-
rezcan en él el punto visado y el extremo de la pínula.
4. Sosteniendo la brújula exactamente nivelada, gire toda la
brújula (sobre un eje vertical imaginario) hasta que las imáge-
nes en el espejo del punto visado y de 1a punta de la pínula
queden superpuestas sobre la línea negra axial del espejo.
5. Léase la orientación indicada por el extremo blanco de la
brújula, la que deberá estar casi en reposo.
6. DespuCs de leer la orientación compruébese que la línea
de visual es correcta y que la brújula está nivelada.
7. Anótese o dibújese la orientación.

Fig. 2-2. Posición de la bt\ljula pi ra determinar un rumbo, ll 11 1ln.ir1 del


cinturón {A) y 1 11 alru r1 del ojo (8).

Cuando el punto visado solamente se alcanza a ver al nivel


del ojo o cuando se trata de una visual colina abajo, se aplican
las siguientes instrucciones:

l. Extiéndase la pínula y la mira como se indicó anterior-


mente, pero levántese la tapa sólo unos 45º (Fig. 2-2B).
2. Sosténgase la brújula con la mano izquierda a la altura del
ojo, con la pínula apuntando hacia el observador y a unos 30
centímetros del ojo derecho ..
3. Nivélese la brújula aproximadamente observando en el es-
pejo la imagen de la burbuja del nivel circular y, sooteniendo
la brújula a nivel, hágasele girar h asta que el punto visado apa-
re:ca en la pequeña ventanilla de la tapa.
4. Manteniendo la brújula exactamente a nivel, dele vuelta
hasta que el punto visado y la punta de la plnula coincida con
la linea axial de la ventanilla,
USO DE LA BRO/ULA, EL CUNOMETRO Y EL N IVEL DE MANO JI

5. Léase la orientación en el espejo, comprobando el a linea•


miento y e l nivel.
6. Invié rtasc. la di rección de la o rientación antes d e anotarla
o d e dibujarla (puesto que la bnijula estaba apuntando en di·
rccción opuesta a la de la línea que se orientó).

Con la prictica, se pueden leer orientacio nes con %º d e


a proximación con tal d e que la aguja quede en reposo. C uando
se sostiene l a brújula a la altura de la cintura, los errores más
grandes se d eben a que se mira un punto equivocad o e n el
espejo. El segund o m étodo requiere una buena cantidad de pa•
ciencia para nivelar y leer la bnljula con la imagen del espejo.
En eualquier ca.so, la bnijula se debe nivela r con exactitud para
obtener buenos resultados en visuales inclinadas. Si el movimiento
de la aguja de la bnijula no se p uede amortiguar con la p icccsita
que la levanta, la odentación tendri. q ue leerse en l a parte cen·
tral del &rea de giro, obteniéndose entonces una lectura pro-
medio. A m enos que se tenga mucha paciencia, estas lecturas
Gen- e rrores de 1° a 2°.

2-4. Desviacion es magnéti«s de las o rientaciones


con brújula
La bnijula d ará o rientaciones incorrectas si existe a lguna
desviación local del campo magnético terrestre. Los objetos que
contienen hierro, como las navajas, m a rtillos y las hebillas de los
cinturones, se deben colocar a d istancia segura mientras se ro ma
una lectura. Esta distancia se determin a colocando la brújula
sobre una superficie a nivel y acercando el objeto h acia e lla
h asta que la aguja se mueva. Nunca se d ebe llevar un imii.n en
el bolsillo, potente, cerca de una brújula. Siempre que sea posi·
ble se d eben evitar las vallas de acero, los rieles de ferrocarril
y las tuberías u oleoductos d e ace ro.
Las rocas y los sucios ricos en hierro, especialmente los que
contienen e l mineral magnetita, pueden causar d esviaciones difí·
ciles de descubrir. Los cuerpos de basalto, gabro, d iabasa y rocas
u ltrabá.sica.s afecta n en particular las lecturas d e la bnijula. Se
pueden experimentar efectos relativamente fuertes acercando a la
l2 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

brújula pedazo6 grandes de roca. Si la masa magnética es pe-


queña comparada con la distancia entre dos estacione&, las vi.-
sualcs hacia adelante y hacia atrás enne las estaciones darán

.. •
resultados dudosos (Fig. 2--3). Cuando se trata de grandes masas,
la desviación se puede medir marcando con la punta de un al~
fil er dos esraciones sobre un mapa preciso, midiendo la orienta~
ción entre ellas con un transportador y comparándola después
con una orientación entre las dos estaciones tomada en el campo

~- '"'"'··-
••tdtlca

A
1
~

~----- - --- -~El•••••


Elu•boánrut.n, N U•E
• • •N ..nl•
n• o

Fiz. 2-3. Desviación de: lu ag11jli• de: da& brújulas situadu c:n «:. c:xtrein'"
deunalíneaquc:paoc:cc:rc1dc:unpc:quell.ocuc:rpoderoc.a~dca.

con una brújula. Esta medida servirá para corr~ la declina~


ción en esa parte del i rea. Los mismos resultados ae pueden
obtener dirigiendo visuales a la Polar en varios puntos dentro
del área poc levantar. Si las perturbaciones magnéticas !IOn mo-
deradas y varían sistemáticamente sobre una área dada, se puede
construir un mapa local de líneas isógonas mediante el cual se
pueden hacer correcciones a las lecturas de la bnljula. Si las
desviaciones magnéticas son grandes y están di.atribuidas irregu..
larmente, el levantamiento deberá hacerse por lo general con
otros instrumentos, tal como la alidada de punteriu (Sección
6-2) o la brújula solar, un instrumento anrimagnétic:o que opera
basado en el tiempo del día y la dirección de los rayos del sol.
También es posible hacer un trazado con brújula en forma tal
que se tomen en cuenta las desviaciones (Sección J..5).
USO DE LA BROJULA, EL CU1'0METRO Y EL N I VEL DE MANO 3.3

2-5. Medición de ángulos verticales con el clinómetro


Con el clinómetro de la brújula Brunron se pueden leer án-
gulos verticales con l/4 de grado de aproximación. Las instruc--
ciones para hacerlo son las siguientes :
l. Levántese la tapa de la brújula unos 45° y extiéndase la
pinula con la punta doblada en ángulo recto.
2. Manténgase la brújula en un plano vertical, con la pínula
apuntando hacia el ojo derecho (Fig. 2-4). La brújula debe que-
dar a unos 30 cm del ojo de modo que el punto visado y Ja
línea axial de la ventanilla de la tapa se enfcquen con claridad.

Fig. 2-4. Empleo de la brújula Brunton como dinOm.,no.

3. Véase a través de la ventanilla de la tapa y localícese el


punto que se va a visar, a continuación inclínese la brújula hasta
q ue la p un ta de la pínula, la línea axial de la ventanilla y el
punto visado, coincidan.
4. Muévase el clinómetro con la pal~mca que se encuentra
en l::t parte de atrás de Ja caja de la brújula hasta que la burbuja
del nivel tubular quede centrada, viéndola en el espejo.
S. Compruébese el alineamiento de la visual, después de lo
cual puede bajarse la brújula para leer y anotar el ángulo.
Cálculo de diferencias de elevación. La diferencia de ele-
vación aproximada entre el punto de observación (estación) y
$4 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

el punto visado, se puede calcular en el campo si se mide (a


pasos o en cualquier otra fonna) la distancia indinada, y se
dispone de una tabla trigonom étrica con los valores de los senos
de los ángulos (diferencia de elevación = distancia indinada X el
seno del ángulo vertical). La diferencia de elevaci6n se puede
determinar también si se puede medir Ja d istancia horizontal
entre dos puntos en un mapa o en u na fotografía aérea, en cuyo
caso la diferencia de elevación se calcula entonces con una tabla
de tangentes. La altura del instrumento sobre el punto de ob-
servación se toma en cuenta ya sea para 1) visar un punto que
se encuentre a la misma distancia sobre el terreno (fig. 2-SA) ó
2) visando directamente a un punto sobre el terreno y corrigiendo
la diferencia de elevación mediante la suma de la altura del
instrumento cuando se trata de mediciones colina arriba o rcs--
tándola cuando se v iene descendiendo (Fig. Z...5B).

't~~·:::..-~
:~----~=j} A~~:.1!"'
B

Fía;. 2-5. Cilculo de la diferencia de elevación (SP) 1 panlr del • n&Wo


vcrric.d (M) y de la distancia horizon1al (QP). (A) Ecuu:ión que se usa
cu1ndo se visa un puma cuya altura 1<>bre el terre no u igual a 11 altura del
ojo. (B) Ecuación que &e emplea cuando se viu hacia arriba a l punto mitmo
del terreno.

2-6. Uso de la brújula B runton com o n ivel d e man o


La brújula Brun1on se convierte en un nivel de mano colo-
cando el clinómetro exactamente en O, abriendo la tapa 45°
y extendiendo la pinula con la punta doblada. La brújula se 505-
tiene de la misma manera que cuando se miden ángulos verti•
cales. Se le inclina lentamente hasta que se ve en el espejo que
USO DE LA BRÚJULA , EL CUNOMETRO Y EL N IVEL DE MANO 35

la burbuja está en el centro. En estas condiciones, cualquier


punto alineado con el extrem o de la pínula y con la linea axial
de la ventanilla de la tapa estará a la misma elevación que el
ojo del observador. Haciendo girar con cuidado e l instrumento
con un m ovimiento horironral, se verá una serie d e puntos que
quedan a la misma elevación.
Diferencias de elevación f)or nivelación. La diferencia de
elevación entre dos puntos se puede medir usando la brújula
Brunton como nivel de mano. La medida se inicia colocándose
en el punto más bajo y localizando un punto en el terreno que
quede al nivel del ojo y sobre una ruta que se pueda recorrer
caminando entre los dos puntos extremos. En cuanto se hace la
primera observación, se toma nota mentalmente d e cualquier ob-
jeto, una r-amita, una hoja o una piedra, que marque el lugar
observado y se le mantiene a la vista en tanto uno camina hacia
el lugar. Coloc:í.ndose sobre esta marca se escoge otro punto al
nivel del ojo y se repite el procedimiento hasta que se llega
al punto final (Fig. 2-6). Se cuenta el número de movimientos

E 1bc l' "


Diferencia orul••-•-...._ __ _ 8

w----------
¡·1

Fig. 2-6. Modo de medir la diíerenci• de elevación 10ntt10 dos puntos con un
niv10I d" m ano, considerando el número <k es1acioncs intermedias.

y se multiplica por la altura del ojo del observador, estimando


la última fracción con aproximación de un decímetro. Cuando
se trata de campo abierto el levantamiento se puede hacer aprisa
y con precisión.
El grave error de equivocarse e n la cuenta de las observa~
dones hechas se puede evitar haciendo una marca a lápiz sobre
la cubierta de la brújula o empicando un contador.
J6 MANUAL DE GEOLOOIA DE CAMPO

2·7. Medición de rumbo y echado


El rumbo y el echado de estructuras geolágicas planas tales
como la estratificación, fallas, juntas y foliaciones, se pueden
determinar de varias maneras con la bi:Ujula Brunto n . General·
m e nte se define el rumbo como la linea de intersección entre un
plano horizontal y la s uperficie plana que se va a medir. Se le
determina midiendo la dirección de una línea horizontal sobi:e
la superficie. El echado es la inclinación de la superficie tomada
perpendicularmente a la dirección del rumbo. El mejor método
para m edir un d eterminado rumbo y echado depende d e la na•
turalca del afloramiento y del grado de exactitud deseado. La
intensidad del echado puede afectar también los resultados que
se obte ngan porque las estructuras planas que tienen una fuerte
inclinación o buzamiento se pueden medir con mis exactitud y
más fácilmente que las que tie nen una inclinación suave o
apenas perceptible. Para m edir con exactitud echados menores ·d e
5° se necesitan métodos especiales.
En la sección relativa a la toma de lecturas (Sección 2-3),
se hizo notar que la o rie ntación tie ne un sentido unidireccio-
nal y q ue e n todos los casoe se d ebe leer el extremo blanco
de la aguja de la brújula. Los trazados y la localización de puntos
por intersección exigen la aplicación estricta de esta costumbre.
Sin embargo, en el caso d e una linea de rumbo no hay razón
para tal distinción. Es recome ndable que para medir el rumbo
se use y lea solamente la mitad norte d e la brújula, independien·
temente de cual sea el extremo de la aguja que apunte hacia
allá . D e allí que los rum bos resulten al noreste o noroeste y que
nunca se lean al sureste o s uroeste. Esto ayuda a eliminar el serio
error ocasional d e transportar un rumbo al cuadrante opu esto
cuando se le lee, dibuja o anota. Estos errores pueden suceder
fácilmente cuando d os h ombres están trabajando juntos e inter•
cambian a gritos d atos estructurales.
Las insirucciones que siguen se rdieren al nunbo y echado
de una capa o series de capas, pero los mismos métodos se
pueden emplear para medi r otras estructuras planas.
l. El m étodo má.t exacto flora un ofloraMierdo. Este mé-
todo requiere un afloramiento q ue muestre cuando menos una
USO DE LA BROJULA. EL CUNOM.ETRO Y EL NIVEL DE MANO 37

superficie de estratificación en tres dimensiones. Si dicha super-


ficie es tersa y plana, bastará con un área rectangular de unos
30 ó 40 cm poc lado, pero si es irregular deberá estar visible una
superficie mayor. En los lugares donde los cortes del camino o
los ríos o arroyos truncan capas se puede usar el martillo para
exponer y limpiar una superficie de estratificación. La medida
se puede hacer alejándose unos 3 ó 4 metros del afloramiento
hasta un punto desde el cual se pueda ver claramente la super•
ficie de estratificación. Entonces el observador se mueve lenta•
mente a la derecha o a la izquierda hasta colocarse en una
posición en la que la estratificación se vea como una linea recta
(fig. 2-7). En esta posición, su ojo estará en el plano que in·
duye a la superficie del estrato. A continuación, usando la brú-
jula Brunton como nivel de mano se localiza el punto sobre el
Jxi.rde de la capa que está al nivel del ojo. Esta línea de visual
horizontal es el rumbo de la capa cuya orientación se determina
y se anota en la libreta de campo o se dibuja en el mapa.

Fig. 2-7. Mcdidbn del rumbo y el echado. (A) Visu•I a nivel en el plano
de una &uperficie de e&tnrificadbn. (B) Medida del echado en el plano de
esrra1ificaci6n.

Para medir el echado, el observador abre la tapa y la pínula


de la brújula y la coloca en la linea de visual que se usó para
medir el rumbo. Después se ·inclina la brújula hasta que el
borde superior de la caja y de la tapa descansen a lo largo del
plano de estratificación (fig. 2-7B). Se hace girar la palanca
del clinómetro hasta que la burbuja del nivel tubular quede en
el centro, después de lo cual se lec el echado y se le anota refi·
riéndolo al grado más próximo. Se acostumbra considerar que el
38 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

punto de intersección entre la línea del rumbo y la línea del


echado es el punto en e l que se hizo la lectura.
Si la línea de estratificación carece de detalles característicos
que señalen el punto a nivel con el ojo del observador, sera ne--
cesario marcar ese punto con una piedrecilla, una estaca, o cual-
quier otro objeto, ya que de otra manera la lectura resultara
únicamente aproximada.
ll. Método para capas de fuerte inclinación. En los lu-
gares d onde las capas tienen mis de 60° de inclinación, la línea
de visual a nivel en el plano de estratificación se puede tramr
por un método poco menos preciso que el que se acaba de
describir. D espués que el observador se coloca en posición de
ver la superficie de estratificación como una línea, podrá tomar
la orientación por el mCtodo de levantar la brújula al nivel del
ojo (segundo método de la Sección 2-3), teniendo cuidado de
centrar el nivel circular y visar la traza d e la estratificación. Si
p refiere tomar la lectura levantando la brújula al nivel del
pecho, tendri que moverse a una posición tal que fu: lwújula que-
de en el plano de la superficie de estratificación. Por cualquiera
de estos métodos la brújula se puede mantener a nivel lo sufi·
ciente para definir la linea de rumbo con variación de unos
cuantos grados. La inclinación o echado se mide de la misma ma-
nera que en el caso anterior.
1/1. Método de nir.1elación entre los afloramientos. Es
este el mejor método para medir la posición de capas de muy
poca inclinación. Se puede aplicar en los lugares donde una
capa bien definida. aflora en los lados opu estos de un pequeño
valle, d e una cárcava o en una excavación. El observador se
coloca enfrente de un afloramiento de manera que su ojo quede
a nivel de la cima o de la base de la capa, usando a continua-
ción Ja brújula Brunton como nivel de mano para encontrar
una línea a nivel en la misma superficie de estratificación en el
afloramiento del lado opuesto. La orientación de esta línea será
el rumbo del estrato y el echado se mide haciendo una visual
perpendicular a esta -linea en el lado opuesto del afloramiento,
tal como se d escribió para el método l.
I V, Método de cofocar lo brújula directamlmte sobre la
superficie de estratificación. Los métodos I y 11 no se pueden
USO DE LA BROJULA, EL CUNOMETRO Y EL NIVEL DE MANO 39

usar cuando Ja presencia de arbustos, rocas, o árboles hace im·


posible el colocarse e n posición adecuada para ver la superficie
de estratificación como una línea. En tal caso puede ser nece·
sario tomar la lectura colocando la brújula contra una superficie
de estratificación. La superficie que se elija tiene que ser más
o m enos te rsa, estar limpia y .'ieT representativa del aflnramienU>.
Se abre la brújula y uno de los bordes inferiores de la caja se
sostiene firmemen1e contra la superficie estratificada; ya en esta
posición se mueve la brú jula hasta que la burbuja del nivel circular
quede en el centro (Fig. 2-BA). La orientación que se obtenga
en esta posición representa el rumbo aproximado. El echado se
lee colocand o un costado d e la caja y de la tapa de la brújula
directamente sobre el plano de estratificación en posición per•
pendicular a la ditección d el rum bo (fig. 2-BB), hecho lo cual
se mueve el clinómetro hasta que la burbuja d e su nivel quede
en el centro.

Fig . 2-8. Medida · a)>foximada del rumbo y el echado, npoyando la · bro.ijula


sobre .,J p lano de esnat ificación.

La simplicidad de este método lo hace atractivo; sin embargo


la base de la brújula tiene sólo 5 cm de largo ( 10 cm con la
tapa desplegada), por lo que se puede n cometer grandes errores
a m enos que se use el buen juicio al elegir la superficie para
hacer la medida. Cuando se trata de una superficie de esttari-
ficación bastante grande, se puede colocar una regla o un estuche
de m apas (que no tenga partes d e ace ro) sobre la superficie,
para promediar sus irregularidades; después se coloca la brújula
sobre la regla para hacer la lectura.
Y. Métodos que .'le emplean en capas ca5j horizontales.
Cuando los echados son de m enos de 10º , las pequeñas irregu~
40 MANUAL DE OEOLOGJA DE CAMPO

laridades en la estratificación provocan variaciones locales impor-


tantes en el rumbo. El método III da muy buenos resultados, pero
requiere afloramientos excepcionalmente buenos. Con el método
1 se obtienen resultados razonablemente buenos para echados hasta
de unos 4° 11iempre y cuando el afloramiento consista en Wla
superficie de estratificación grande, Para obtener el rumbo de
capas de inclinación aun menor, con frecuencia es más fácil de-
terminar primero la dirección de máxima pendiente (echado) y
después tomar la orientación de una línea perpendicular al
echado. Una manera rápida de hacer esto es la de verter un
poco de agua sobre la supeficie, observar el curso o las líneas
que forma y medir el rumbo tomando una orientación perpendi-
cular a esas lineas. Otra forma de encontrar la pend iente má-
xima es la de colocar la brújula sobre la superficie de estratifi-
cación como si se fuera a medir el echado, centrando la burbuja
del clinómetro mientras se gira la brUjula lentamente hacia WlO
y otro lado contra la superficie. Sin embargo, este método es por
lo general poco digno de confianza a causa de las irregularidades
de la mayoría de los planos de estratificación.
VI. M étodo de los tres pu,,tos. El rumbo y el echado de
capas de suave inclinación se pueden determinar con exactirud
a partir de puntos que tengan elevaciones diferentes sobre una
superficie de estratificación. El plano de estratificación tiene que
identificarse con certeza en cada afloramiento, por lo que tendrá
que recurrirse a la cima o a la base de una unidad de roca ca-
racterística. La construcción requiere que se cono:can las distan·
cias y direccione! entre los tres puntos, asl e.orno las diferencias
de elevación entre ellos. Las distancias y direcciones se pueden
medir generalmente e n un mapa o fotografía aérea; se pueden
determinar también mediante levantamientos con brújula (Capi-
tulo 3). Las diferencias de elevación pueden obtenerse de un
mapa de configuración o mediante los métodos descritos en las
Secciones Z...5 y 2-6.
La Fig. Z...9 muestra tres afloramientos (A, B y C) y la
construcción empleada para determinar su rumbo y echado.
El rumbo se encuentra localizando un punto como el D, que tiene
la misma elevación que el punto intermedio B, y que está so-
bre la línea que une a los puntos C ." A que son respectivamente
USO DE LA BROJVLA, EL CUNOMETRO Y EL N IVEL DE MANO 41

el más alto y el más bajo. El punto D se puede localizar me--


diante la siguiente relación:

AD = AC g~:~=~~: ~: ::::~¿~ =~~r: 1 ; ~


La línea a nivel BD es la dirección del rumbo. Si el echado
es pequeño, es mejor determinarlo midiendo la distancia AE
(perpendicular al rumbo) y resolver la relación:
Oiíerencia de elevación enu-e _A y B
ungenle del ángulo de echado
AE

Fig. 2-9. Determinación del rumbo medio 7 del echado con&ttuyendo un


diagrame de acuerdo con el mCtodo de ttu pun1os. (Explic.ción en el tuto).

El valor del echado se lee entonces en una tabla trigonomé--


trica de tangentes, y se Je puede determinar rambién gcifica#
mente consrruyendo una figura perpendicular al rumbo como
se explica en los libros de dibujo de ingenie ría y en los d e geo-
logía estructural.
VII. Método para estratos truncados por superficies
casi horiJ1ontales. El rumbo de las capas que aflora sobre su#
perficies horizontales o casi horizontales de caminos sin pavimen--
tar, veredas, lechos d e ríos, terrazas o camellones desnudos se
puede medir rápidamente y con precisión. Esto se hace parándose
directamente sobre el afloramiento, tomando la brújula con am#
bas manos a la altura de la cintura y alineándola con la traza
de Ja estratificación que pasa entre los pies. La ranura larga
del brazo de la pínula se usa para alinear la brújula en esta
42 MANUAL DE GEOLOGIA DE. CAMPO

forma. Para determinar el echado generalmente es necesario des-


cubrir y limpiar con el martillo una superficie de estratificación
sobre la que se coloca directamente la brújula.

2-8. Dónde tomar el rumbo y e l echado


Antes de medir el rumbo y el echado se debe determinar en
qué lugar la posición de las capas representa realmente la estra~
tificación. Algunos "afloramientOll" no están en su Jugar sino
que son grandes peñascos, bloques d esprendidos o segmentos de
deslizamientos de tierra. U n levantamiento general de las laderas
alrededor de los afloramientos basta por lo general para resolver
tales problemas. Si existe tcdavía alguna duda en cuanto se
refiere a la veracidad de una medida se debe poner una inte.-
rrogación en seguida del símbolo que se dibuje o bien tra%Rr
el rumbo con una linea interrumpida (Apéndice .. ) .
El corrimiento colina abajo del suelo y del manro comúnmente
arquea las estructuras planas que estlin en las laderas. En los
lugares en los que es probable que esto haya sucedido, es mejor
restringir las lecturas al fondo de los valles, la parte alta de
las prominencias y a los cortes que son suficientemente profun~
d os para pasar más allá de la zona de deformacibn.
Las capas gruesas de rocas macizas, tales como las de arenisca,
cuarcita y lava por lo común no se arquean por el deslizamiento
hacia abajo.
los afloramientos se deben examinar también para asegurarse
que lo que se está tomando por estratificación o por foliación no
son juntas, bandas manchadas de limonita o alguna otra clase
de decoloración. los cambios en la textura (especialmente el ta-
maño de los granos o los cambios en la composición mineral)
son los mejores indicadores de la estratificación. En las areniscas.
macizas, la estratificación solamente se puede apreciar por la orien#
tación aproximadamente plana de las hojuelas de mica, los frag~
menros de fósiles o de material carbonoso laminares, las esquirlas.
de lutita, o los guijarros aplanados y a largados. La posibilidad de
que los rasgos de la estratificación de las areniscas sean simple..
mente estratificación cruzada local no debe descartarse. La identifi-
cación d e la estratificación en rocas metamórficas puede ser todavía
USO DE LA BROJUU., EL CUNóMETRO Y EL N IVEL DE MANO 4J

más difícil y existe un buen número de estructuras planas en


rocas igneas y metamórficas que tienen que identificarse con tocio
cuidado dondequiera que se les mida y trace (véanse las Seccio-
nes apropiadas d e los Capítulos 12, 13, 14 y 15).

2-9. Medición de la a lineación y buzamiento de detalles


longitudinales
La alineación y el butamiento se usan para definir la posición
de caracteres lineales. El alineamiento de un detalle longitudinal
es la dirección (que se puede medir con la brújula) del plano
vertical que incluye dicho d etalle. Si el detalle en cuestión es
horizontal, solame nte se necesita la dirección de la brújula para
definir su posición. Si no es h orizontal, el alineamiento se toma
como la dirección en la que el detalle apunta hacia abajo
(bu~a) . El buzamiento es el ángulo vertical formado entre el
detalle en cuestión y una linea horizontal.
Para medir la alineación de un deta.lle lineal el observador
se coloca, de ser posible, directamente sobre una superficie para~
lela al rasgo lineal (Fig. :Z..10). Algunas veces se describe esta
superficie diciendo que "contiene" el detalle o bien, como la
superficie en la cual se le ve e n su máxima longitud. El obser-
vador mira en la dirección hacia la cual apunta en sentido des-
cendente el rasgo lineal; determina la orientación de esta dircc--
ción (el alineamiento) sosteniendo la brújula a la altura de la
cintura y mirando ve rticalmente hacia abajo de mane ra que vea
el detalle a través de la ranura d e la pínula de la brújula. Cuando
esta ranura queda paralela a la alineación del detalle, se lec la
orientación con el extremo blanco de la aguja. A continuación
se anota o se trua sobi:e el mapa como una linea que se origina
en el punto ocupado por el observador.
Para medir el buzamiento del detalle, el observador se mueve
de modo que quede mirando perpendicularmerite a l alineamiento
(fig. 2·10, a la derecha) . La lectura se toma sobre la traza del
deralle lineal visto desde esta posición, exactamente cor.10 se hace
para medir el echado en la traza de una capa. En el extremo de
la línea que apunta hacia abajo y que aparece ya en el mapa
o en las notas se pone una punta de flecha, indicando el valor
44 MANUAL DE G EOLOGIA DE CAMPO

del buzamiento al extremo de la misma. Cuando se trata de


detalles lineales horizontales se dibuja una flecha en ambos
extremos de la línea.

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Aatall fe lt!IU. MIHll

Fig. 2-10. Medición del alinumien1<> de estructuro longitudinales (figura


en la parte superior) y de "" b=amienlo (figura arrodillada}. El slmbolo
mue.do en el círculo indica cómo ae puede combinar la flecha que marea
Ja alineaci6n con el aímbolo de rumbo y echado de lu S1.1pcdici es de
folia ci6n.

2-10. Cuidado y ajuste de las brújula Brunton.


Nunca se debe llevar la brújula abiena en la mano mientras
se camina en terreno irregular o rocoso. Si en el equipo de campo
se incluyen un espejo y una cubierta de cristal adicionales, se les
podrá reemplazar en el campo, pero si las bisagras se doblan o
si los niveles se rompen, el instrumento tendrá que enviarse al
fabricante para su reparación.
Si la brújula se usa bajo la lluvia o si accidentalmente se su·
merge e n agua tendrá que abrirsele y sacarla porque la aguja no
funciona adecuadamente cuando su soporte está húmedo. La
cubierta de vidrio se puede quitar introduciendo la punta de una
navaja bajo el arillo de presión que la sostiene en su lugar. Esto
se debe hacer en un punto opuesto al pumo de unión de los ex•
tremos del arillo, cuidando de no romper el filo de la cubiena
de cristal. Una vez separado el arillo, se puede quita[" la cubierta
USO DE LA BROIULA, EL CUNóMETRO Y EL N I VEL DE MANO 4'5

de cristal y sacar la aguja de su soporte. La pcquefin depresión


en forma de cono donde se introduce el pivote de In aguja se
tiene que limpiar y secar con la ayuda de un palillo y un pedacito
de tela o de papel suave. El vástago que eleva la aguja se debe
levantar también para limpiar y secar totalmente el interior de
la brújula, teniendo cuidado d e no mal rratar el n ivel del din<)..
metro. D espués de que el vástago, la aguja y la cubierta de cristal
hayan sido puestos de nuevo en su lugar, el arillo de presión
se coloca sobre el vidrio unie ndo primero sus extre mos, apoyán-
d o los firmem e nte contra la caja d e la brújula y forzando des-
pués el resto del arillo corriendo I011 dedos en ambas direcciones
desde el punto de unión de s us extremos. Si lo anterior no se pue-
de hacer con Jos dedos, se pueden usar dos pedacitos de madera.
El espejo se puede quitar golpeando en el pequeño tomillo
de re tención y q ui tando un arillo de presión como el de la
caja. El espejo nuevo se tiene que insertar de manera que su
linea n egra que sirve para alinear quede perpendicular a l eje
de bisagra de la tapa. Esto se puede hacer d e manera aproximada
haciendo girar el espejo hasta que la linea d e visual bisccte a la
ve ntanilla d e la tapa. S u colocación se tiene que comprobar
cerrando la tapa contra la punta doblada hacia arriba del brazo
de la pínula, determinando si la punta de d icho brazo coincide
con la línea de visu al del espejo.
Antes de usar en el campo una brújula nueva o u na prestada,
se debe com probar que el nivel del clinóm etro esté colocado
correctamen te. Para hacerlo, el clinómetro se pone en cero y la
brújula se coloca sobre una superficie tersa que haya sido nive--
lada exactamente con una alidada o con un buen nivel de car•
pintero (el nivel de ojo d e buey no es su ficientemente preciso
para esto). Si la burbuja ·d el nivel tu bular no cae en el centro,
la brújula se abri rá com o se d escribió anteriormente para ajustar
el nivel de manera apropiada. Por lo común, esto se pu ede h acer
sin quita r el tornillo del clinómetro. La nueva posición se com~
prueba colocando de nuevo la brújula sobre la superficie a nivel,
repitiéndose el proceso hasta que la burbuja quede centrada

A l comenza.r el trabajo e n una n ueva región, puede uno e n-


contrar que la atracción del c:im po m agnético terrestre es tan
46 MANUAL DE GEOWGIA DE CAMPO

grande que dé lugar a que la aguja roce contra la cubierta


de vidrio cuando la brújula está a nivel. Para corregir esto, se
quita la tapa de vidrio y se corre el contrapeso de alambre d e
cobre de la aguja en una di rección o en otra h asta que quede
nivelada.
3
Levantamientos con brújula

3-1. Esquema general de un levantamiento geológíco


Al hacer una poligonal se levantan o sitúan una serie de pun-
tos midiendo la dirección y distancia de un pu nto al segundo,
del segundo al tercero, y así sucesivamente hasta llegar al último
punto. El curso direccional de esta serie de medidas es irregular
gene ral mente; si eventualmente se vuelve al punto de panida,
se dice que la poligonal es cerrada. Cada uno de los puntos
de la poligonal se llama estación., en tanto que a la distancia media
entre las dos estaciones se le llama lado de la poligonal. La poli-
gonal se usa como la columna vertebral del mapa en el que se
dibujan los da tos geológicos a lo largo o cerca de los lados
d e dicha poligonal. Estos datos se p ueden compilar con los de
otras poligonales para formar un mapa geológico completo. Se
les puede usar también para construir una sección transversal
vertical y una sección lito lógica e n forma de columna que mues-
tren las unidades de roca y las estructuras atravesadas. La poli-
gcmal se emplea comúnmente para medir espesores de unidades
de roca, para compilar descripciones detalladas de secuencias
de rocas sedimentarias o volcánicas, y para estudiar la defor·
mación de rocas afalladas o plegadas en forma compleja. Si se
cuenta con un mapa topográfico de escala y precisión adecua-
das, se le puede utilizar como base para dibujar la poligonal.
Sin embargo, los mapas topográficos publicados tienen escalas
de 1:25,COO a 1:50,0CXJ ó 1:100,0C>O y muchos estudios geológicos
requieren escalas del orden de 1:5,QCX) ó 1:10,COO. La mayor pane
de los estudios de detalle requie ren, en consecuencia, que se
construya un mapa a partir de los datos de las poligonales.
La escala de los levantamientos se escoge de manera que las
unidades más pequeñas que se tengan que representar a escala
se puedan dibujar fácilmente. Si el propósito del levantamiento
43 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

requie re, por ejemplo, que se representen a escala capas de 3 ó


4 m etros de espesor, la mejor escala para el trabajo seri de
1:1,CXJO (1 mm = l metro). En general cualquier cosa que no
p ueda representarse como d etalle d e 1 mm de ancho no se podrá
dibujar fácilmente a escala, si bien en algunos casos se puede
apreciar hasta de 1h mm de ancho si se hace con mucho cui-
dado.
El método para hacer la poligonal se dete rmina por la exac-
titud que ~ necesita y por el tiempo y el equi po d e que se dis-
ponga.
En muchos proyectos, la brújula es adecuada para determinar
las orientaciones d e los lados y éstos se pueden medir con una
cinta o a pasos.
Una ventaja de las m edidas a pasos es la d e que pueden
ser hechas por un solo h ombre; su precisión en terreno razonable-
menete parejo es adecuada para la mayoría de los proyectos
cuya escala d e trabajo es la d e 1 cm = 10 metros, o más. Para
poligonales más exactas y detalladas t iene que usarse una cinta
en la medición de las distancias. La alidada y la plancheta se
u san comúnmente d onde las variaciones magnéticas son grandes,
d onde el terreno es quebrado, o donde tienen q ue levantarse
con exactitud distancias d e varios kilómetros (Sección S..12).
Las poligonales que requieren toda vía mayor precisión se pue-
d en hacer con tránsito y cinta de acero. (Sección 7-13).

3-2. Calibración del paso


E n los estudios geológicos d e cam po es común medir distancias
a pasos. En terreno plano es posible hace rlo con errores de sólo
1 metro por cada 100 metros. El paso debe calibrarse y pro-
barse para terrenos indinados e irregulares así como para terreno
plano. Esto se hace caminando un tramo m edido con cinta de
100 o más m etros y dividiendo la distancia entre el número
d e pasos. Para comprobar las calibraciones tienen que medirse
a pasos uno o dos recorridos más. Para llevar m ental mente la
cuenta d e los pasos a velocidad razonable, el paso generalmente
se cuenta cada vez que se apoye el pie derecho. Los recorrid os
de calibración tienen que caminarse de la misma manera que se
LEVANTAMIENTOS CON BRÚJULA 45'

hace normalmen[e en el campo; el paso nunca se debe forzar


a m ás de I.50 ó l.80 m ctrai.
Las pendientes suaves de declive suave o moderado pueden
médirse tomando los pasos normales y corrigiendo la dist:ancia
inclinada trigonométticameme (distancia en el mapa = distan~
cia inclinada X coseno del ángulo vertical de la pendiente).
Las pendientes que son d emasiado empinadas para caminar con
pasos largos n ormales se tienen que medir ajus[ando el paso de
acuerdo con cursos ascendentes y descendentes previamente me~
didos. Las m edidas a pasos sobre te rreno pedregoso, irregular o
lleno de arbustos requieren paciencia y práctica. Con frecuencia
se pueden hacer corrigiendo la cuenta a pasos normales a medida
que se avanza en la caminata. En algunos lugares se pueden hacer
desplazamientos en ángulo recto alrededor de los obstáculos; en
otros, se puede estimar el número de pasos normales a través
de un obstáculo observando Jos lugares donde caerían los pasos
si no estuviera allí el obstáculo.
El m ayor motivo de e rror en la medición a pasos es la
equivocación al contar, especialmente la omisión de 10 ó 100
pasos en una medida larga. Por esta razón los lados de la poligonal
deben medirse e n ambas direccion es. Cuando se hace mucho tra~
bajo de levantamiento con brújula y pasos es recom endable usar
un cuen.ta-p¡:u-m, un pequeño contad or como odómetro que se
opera por m edio d e una palanca. El podómerro, que cuenta auto-
máticamente cada vez que se sacude al apoyar el pie, se usa
para terreno despejado, pero no permite hacef con ecciones por
d esplazamientos laterales y pasos cortados.

3-3. Selección de la ruta y planeación de un recorrido


Como en todos los proyectos gcológic06, el reconocimiento y
la comparación de las rutas posibles de un levan tamiento aho-
rran tiempo a la larga. Donde sea posible, el levantamiento d ebe
cruzar el rumbo d e las capas u otras esuucturas casi a 90°. El
trayecto debe pasar por afloramientos de roca adecuados y debe
ser sufici entemente accesible para permitir hace r un levan tamiento
eficiente. Estos requisitos se cumplen apropiadamente en las ca•
minos que tienen una serie de cortes a través del rumbo de las

S--Geo\o¡io.
50 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

rocas. Las vías férreas tienen el inconveniente de adoptar las


lecturas tomadas con Ja brújula. Muchos arroyos cruzan directa;
mente el rumbo y tienen afloramientos en abundancia, pero al
medir distancias a pasos a lo largo de las corrientes puede resultar
difícil. Los terrenos abiertos y las p layas proporcionan por lo
común buenos lugares para hacer poligonales.
Además de servir para localizar la ruta a seguir, el recono-
cimiento debe dar respuesta a las siguientes preguntas:
l. lLa secuencia de rocas es muy monótona, o pueden agru;
parsc las rocas en d os o más unidades, carac1erizada cada una
d e ellas por una cierta litología?
2. lQué escala tiene que u sarse para representar la unidad
de roca más delgada que parece ser d e imponancia para el
estudio?
3. Si los datos d el estudio tuvieran que presentarse en una
sección geológica transversal o en forma de columna, lcómo lj,.
mitarian el tamafio de las ilustraciones los datos colectados
y la escala d e trabajo del levantamiento?
Por lo general se pueden recoger más datos de los que se
usan en las ilustraciones fina les, pero la jnformaci6n no tiene
que ser tan detallada com o para que los objetivos principales del
trabajo resulten confusos. Será difícil usar las notas de campo
si, por ejemplo, presentan descripcioneS voluminosas y sin orden
de cada capa observada.

3-4. Primeras etapas en un levantamiento con brújula


El procedimien to a seguir en un levantamiento típico con
brújula inc:luye: 1) desarrollo de la poligonal, levantando sus es-
taciones y sus lados, 2) medición d e un perfil a lo largo del curso
d e la poligonal, 3) marcado d e las estaciones y de los detalles
geológicos en una h oja de campo y 4) descripción d e los detalles
geológicos en las notas de campo. El equipo, la mayor parre del
cual se describió en la Sección 1#3, d ebe incluir un martillo de
ge6logo, una brújula Brunton, una carpeta con broche de pre--
sión o una libreta para notas, una n avaja de bolsillo, una lápiz
semiduro con sujetador, y borrad or para dibujar, un bolígrafo
LEVANTAMIENTOS CON BROJUL.A 51

o un lápiz para la toma de notas, una lente de mano, mochila,


bolsas para muestra, un transportador y una regla de 15 cm de
largo. Esta última debe de estar dividida en centímetros y mili·
metros o en otras divisiones que permitan hacer una conversión
di recta a la escala del d ibujo en el campo. Se n ecesitan tam·
bién varias h ojas de papel cuadriculado (milimétrico si es po-
sible) para el dibujo de campo.
La poligonal debe comenzar y/o terminar en una m ojonem
o en marcas o detallcs notables, permanentes, que puedan ser
localizados por otras pen;ona.s. Los bancos de nivel, las estaciones
de triangulaci6n, las curvas pronunciadas de una carretera o un
ferrocarril, las alcantarillas, las cercas s61idas o las esqu inas de
propiedades pueden servir para este propósito. Si no existiemn,
se pueden usa r estacas sólidas de secci6n cudrangular de 5 cm
por lado. En cualquier caso, estos puntos de referencia deben
describirse en las notas.
La poligonal se inicia parándose en uno d e los puntos extre-
mos y visando a lo largo de la linea general del levantamiento
hacia el punto más d istante que se pueda ver a lo largo del
curso o de la ruta que se va a medir a pasos. Se mide la distan•
da a esta posible estación y si el punto estuvo bien elegido, se
marca con una estaca o de alguna otra manera y se toma el
rumbo hacia atrás al punto de partida. Si es posible, se confirma
la distancia midiéndola de regreso hacia el punto inicial. Desde
éste se toma el rumbo a la estaci6n y si concu erda con u n
grado de aproximación (de preferencia con medio grado) con
la lectura que se hizo al m irar h acia atrás, se empieza a formar
el mapa de campo dibujando este primer lado. El rumbo y la
distancia se ponen en las notas, como se indica en la Fig. 3-1.
Si el dibujo de campo del levantamiento se hace en p apel
milimétrico, las líneas de éste se usan como retícula para tnUar
los rumbos. Debe ponérscle un nombre o titulo a la hoja, como
se indica en la Fig. 3·2.
El curso general de la poligonal tiene que planearse antes
de que se trace el primer lado para evitar que el dibujo se
salga de la hoja al segundo o tercer lados.
Generalmente la escala de este mapa tiene que ser de sola-
mente la mitad del de la ilustración final. Su propó&to es el de
n MANUA L DE O EOLOG IA DE CAMPO

Al'H °' hrof!' S~ bto. ck SaA /was, Pw.


Lt1VQ'1/"am1e,,n, a ,oasas y P~Vla so'- 91 cami110 ofi
So,, .!~ alsume~ ~/A"º!/!' CaúiMi'á".
:Ji. /'el'/NÍ'18'tZ. •.f·:1/-&0
tsf-1 5r'8wa surocc;q.,,f,,/ d./ ,.,.,m de 4""?" Caúo-
n.
.C/11'! =/B • rv;w./Jo a Eff. ..Z S 2° O
Ve,.T.J=+/º20: LMsi= .zB;w.
S'r./1t. r-.: ídf/'¡l'is COI' /roe. eS/E',.Oid'o/ dis1iffl·nz¡ S/i
rnz~a.s ~ gs-h-trh71c.; /,,¡.mperiztL e11 color ca-
h~ ,,OÓÚa'OJ f.fn:tHCS de QIV"'2. t:Íe (!z., JW/aa._,¡4Yd.
"t?rf?z/ .::io,: (f);a.b#L/,i,,oÍ' an!li'/a en/a mdl'h'"r,.
Se ven v"os cva,,Tos~;ns . ,,
Tcn711rS. pivo eSl'rl>t °'1s/ava~s { hftteslro}.
@lit'/+9m.:c/e. ¿,,sco:::.../a'/-/.; alvvplb, muc/w 7/wconi!'a/o
1~ !Su718- '6Sc:o,.dr:n1ció, ~!"O/os eapqs esñ;7hpara-
/~. Svn:os
ec:J,oúoa.6o/o.
°"
corn'ehl'l1 en~ Lr:llf: ytl'l!Se or/enTo11

N: 3 E.s~ °'
2 .5')(5 cm. 5.50A1 a/sur de/CYi1111'i1o.
Est" 2-3•5-IS• o,PtSl:-.fSm.
Pvmbo

Dt /+29 .o Est 3: Al'Scq ~ (ih'l"e"1~l'i'z<rhll11co/orca-h),


el' C<rJ?OS d'• 0.30 Q f.Om. esp.¡ lo 0,-tttk pNMt'pa/,,,,,,_
71- ~ '?hNI() ~,, ,Pel'tJ /ds Cll/JOS mtls ptJ~Hñ>s son
el" 'I'°"°
fl'W&d 0t la ~" /t1e0/HN!H°R COll ~v{/orl'OS.
tlf1iJwu/es °'/a¡/,st!Q: Cr. 011y_vlo1- (&o/ó},,/i/cl
Ó/,u1eo ( 35701 64. okoloraii6(..._.5fl').

F~. J.J. Notu de la primera piaina de un g.mjnamicnto 1eológico c:on


brújula.
LEVANTAMIENTOS CON DROJULA :SJ

formar un cuadro continuo tanto de los detalles geográficos


como de las est~cturas geológicas a medida que se les va en·
contrando. Esto permite confirmar la continuidad de las fallas
y contactos que atraviesan la poligonal más de una vez. Los rum·
bos y las posiciones estructurales que pudieran haber sido leídas
erróneamente o mal dibujadas se pueden descubrir orientando
el mapa en el campo y comparando los símbolos dibujados con
lo& afloramientoi;.

Fig. 3-2. Map• esquemático del recorrido, dibui •do a medida que se hace
el Jcvlllltamicnto.

3-5. Levantamiento mediante la medición de ángulos


Si las perturbaciones magnéticas son apreciables (Sección 2-4),
las poligonales tienen que hacerse mediante la medición d e án·
gulos entre lados adyacentes. Antes de iniciar el levanta.míen•
to, es necesario determinar el rumbo de una linea que se pueda
ver desde la primera estación de la poligonal. Generalmente
esto se puede hacer como sigue: 1) marcando con la punta de un
alfiler la primera estación en un mapa, 2) dibujando una línea
sobre el mapa de este punto a cualquier otro punto que se
puede ver desde esta primera estación d e la poligonal, y 3) mi--
diendo el rumOO d e esta línea con un transportador. Si no se
H MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

puede ver ningún punto adecuado, o si · no se dispone de un


mapa·ba.se, el rum bo d el lado inicial se puede d eterminar diri·
giendo una visual a la Polar (Sección 2-2); de otra manera,
tiene que suponerse que el rumbo del primer lado es corTecto.
El levantamiento puede continuar entonces como sigue:

I. Léase y anótese el rumbo observado en la brújula al punto


que se utilizó para establecer una orientación desde la primera
estación, como lo indica la línea l ·M en la Fig. 3·3.

u ...............
11bWocll' ol . . .. .
1
L~
6 ·
f<. 'H Lmn•mionoo do"~ .,.,i;.
acmaJ por medición de inauloe.
2
J

2. LCase y an6tcse el rumbo a la primera estación de adelante


de la poligonal, o sea la llnea 1·2 de la misma figura .
3. Determínese el ángulo entre estas líneas ( <a) a partir de
las lecturas de la brújula. Compárese el cálculo con el m apa de
cam p:> para estar seguro de que se usaron los cuadrantes co-
rTectos.
4. Tr:icese el primer lado de la poligonal usando este ingulo.
5. Léase y anótese la lectura de la Estación 2 a la Esta·
ción l.
6. Léase el rumbo a la estación 3 y calcúlese el ángulo
(< b) a pan.ir d e las lecturas tomadas en la Estación. 2.
7. Dibújese el lado 2-3 tomando como base este ángulo y con•
tinúesc en la misma forma a lo largo de otras estaciones.

Aun cuando este método resultará correcto para las d efle·


xioncs magnéticas en cada estación d e la p:>ligonal, las variaciones
locales entre las estaciones no estarán corregidas. Los i;im bolos
estructurales dibujados en o cerca de las estaciones serán co-
rrectos, pero ottos pueden ser incorrectos.
LEVANTAMIENTOS CON BRÚJULA 55

3--6. Trazo de detalles geológicos observados durante


e l recorrido
Las estructuras geológicas siguientes tienen que ser dibujadas
en el mapa-base: 1) los contactos entre las unidades de roca,
2) el rumbo y e l echado de la esuatiíicación y de otras estructu-
ras planas que se necesiten para un proyecto dado, 3) las fallas,
con una fl echa que indique el echado y, de ser posible, señalar
cuál es el lado del alto y cual el del bajo, 4) la traza del eje de
Jos pliegues, con la orientación y el bmamiento de los ejes, 5)
otras estructuras lineales necesarias para un determinado proyecto
y 6) nombres o notas breves referentes a las rocas y a los detalles
más importantes. El dibujo debe hacerse con un lápi: scmiduro
aguzado, en la forma siguiente:
J) La distancia desde la estación milis cercana se marca con
un cscalímetro sobre el lado de la poligonal, 2) si hay algún des-
pllllBmiento lateral se tram para localizar la estructura. 3) el
rumbo o la orientación de la estructura se marcan con un trans-
portador¡ 4) se añade una línea de echado o una punta de flecha
y se anota la intensidad del echado o del buzamiento; 5) el dibujo
de la poligonal se orienta ron Ydación al tC'l'Teno ;¡ la posición
indicada por los símbolos se compara con el a[lcnnrn"ent.o; 6)
si hay dudas respecto a su exactitud, se mide nuevamente la es-
tructura. T éngasc presente q ue ninguna cantidad de pensamien-
tos intuitivo puede mejorar en la oficina los símbolos dibujados
d e esta manera.
Las notas deben incluir descripciones de litología y de todas
las estructuras pequefias que puedan constituir una ayuda para in·
terpretar la historia de las rocas.
Algunas notas serán descripciones detalladas sobre localida-
des específicas; otras serán descri pciones completas de las unidades
de roca. Las descripciones de las unidades deben incluir los
caracteres litológicos que hacen distintiva la unidad, la natumlcia
de los contactos y el rango de las variaciones litológicas dentro
de la unidad (Sección 1-5).
Si se tiene que preparar una sección transversal de detalle
del levantamiento, los dibujos de cortes del camino y de otros
afloramientos pueden ser una gran ayuda.
56 MANUAL DE GEOLOOIA DE CAMPO

Las notas se deben registrar en el orden en que se van en•


contrando los d etalles al hacer el levantamiento. Generalmente
a las estaciones se les dan números consecutivos, en tanto que
las notas entre dichas estaciones se pueden referir conveniente-
mente indicando el nümero de metros a partir de la Ultima es--
tación. Si se recorre por segunda vei: la poligonal, ya sea toda
ella o una parte, y se tom.:in notas suplementarias, estos números
vienen a ser un medio simple de poner los datos nuevos en el
lugar que les corresponde.

3-7. Per-fil vertical del levantamiento


El perfil ve rtical del levantamiento tiene que hacerse a fin
de medir con precisión las unidades de roca y para proyectar
los detalles geológicos en una sección transversal vertical. Si el
curso de la poligonal corre de manera irregular y sube y baja,
el perfil tiene que hacerse a medida que avanza la poligonal.
Esto se puede lograr midiendo ángulos verticales entre las esta·
dones y en los puntos de quiebre o d e cambios de inclinación del
perfil, calculando las diferencias de elevación (Sección 2·6). Si el
curso de la poligonal se desarrolla sobre una pendiente continua,
suave, de un camino, d e un río o de una prominencia topo.-
grafica, no necesita medirse el perfil en cada estación; en su
lugar se puede hacer un levantamiento total de la pendiente
después de que se termine la poligonal.
Las estructuras deben dibujarse en el mapa en los puntos
donde intersecten al perfil del levantamie nto o donde intersecten
una superficie de referencia arbitraria sobre el perfil. Es conve·
niente dibujar las estructuras a lo largo de casi todos los cami·
nos a la altura de la cintura (aprox. 1 m etro) sobre el camino.
Las estructuras que no se puedan proyectar con confianza a
este nivel rendni.n que levantarse individualmente, registrando
sus distancias verticales sobre el nivel de referencia. La Fig. 3-4
ilustra por qué debe hacerse esto.
La línea de sección de una sección geológica transversal casi
siempre se aparta un poco del curso de la poligonal. Por lo
tanto, el perfil de la ¡x>ligonal no darii. el p erfil verdadero del
terreno para la sección. Este problema puede resolverse de tres
LEVANTAMIENTOS CON BROJUlA 57

Fic. 3-1. Corte grande en un camino, que mueun un con1ac10 en a. Eare


comac10 se puede marcu en b, o bien, deberi medirse la elevación en <l. Si
se le marcar'I en IÍ, lo que se catarla m idiendo ..,,¡a A en lugu de B, do-
bido a lo grueso de la unidad.

maneras, como se indica en la fig. 3-5. En prime r lugar, el perfil


real dd terreno se puede levantar a lo largo de la linea de la
sección transversal. Esto exige que la línea de sección se escoja
primero, como se describió en la Sección 3-8. La medición de
este perfil puede tornar un tiempo y un esfuen.o considerables
si el terreno es irregular o está cubierto por árboles y arbusros.
La segunda posibilidad consiste en estimar un perfil aproximado

[\:::::~~'.~~·:~----------------------]
r-------------------------------1 ,.}:~::~;.
Fic. J .5. Trc. posiblC'll J>«file1 de una sección transversal. El recorrido cst~
a lo largo del omino.
58 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

a lo largo de la línea de sección mediante la lectura de ángulos


verticales desde el curso de la poligonal y haciendo esquemas
del terreno adyacente. Si se hace esto, el perfil de la ilustración
final tendri que sombrearse e indicar que es ap roximado. La ter,
cera posibilidad consiste en ignorar el perfil a lo largo de la línea
de sección y usar el perfil de la poligonal en la ilustración final,
sombreándolo e indicando cómo se hizo.

3-8. Preparación de ilu11traciones a partir de los datos


de campo
Generalmente los datos de un levantamiento detallado se
compilan en un mapa, una sección transversal vertical y en una
columna litológica. Estas figuras pueden llegar a ser el único
registro permanente del levantamiento. Por lo común se les dibuja
en tinta en una hoja transparente de la cual se pueden sacar copias.
Los materiales que se necesitan son una mesa o un tablero para
dibujar, una regla T , un escalímetro triangular de 30 cm, lápices
semiduros, borrador, un tiralíneas, un pedazo de papel-tela de
lino o de papel de d ibujo pesado del tamaño adecuado, plumas
finas de canutillo para dibujo y manguillos, tinta china negra,
un juego de escuadras de 25 ó 30 cm y un transportador circular
o semicircular de 12 cm de diámetro o más grande. Otros articu·
los adicionales que pueden ser útiles son la pluma para trazar
curvas de nivel, un compás de bomba, reglillas para hacer letras
y un limpiador para las plumas.
El levantamiento tiene que dibujarse cuidadosamente en lápiz
antes de entintarlo. Esto reduce las borraduras y correcciones en
tinta y proporciona un medio de ordenar y presentar las figuras
en una sola ilustración. Las instrucciones siguientes sugieren los
pasos consecutivos que deben darse para este procedimiento:
l. Usando los rumbos exactos y las distancias registradas en
las notas del levantamiento, dibújese cuidadosamente el curso
de la poligonal, a lápiz, a la misma escala que se va a usar en
la ilustración a tinta.
2. Añádanse todos los detalles geológicos y geográficos, ha,
ciendo lineas de rumbo de unos 5 mm de longitud; los números
y letreros solamente necesitan ser legibles.
LEVANTAMIENTOS CON BROJULA S9

3. Dibújese la línea de la sección transversal como escogién·


dola de manera que pase tan cerca como sea posible de los aflo-
ramient06 cubiertos por el levantamiento y al mismo tiempo
que corte el rumbo de las rocas tan cerca de los 90º como
sea posible.
4. Proyécteruc los contactos, fallas y llneas de rumbo a la
linea de la sección transversal. Esto se tiene que hacer por mb-
todos especiales si se trata de rocas plegadas. Por e;emplo, en la
Fig. 3·6A las unidades se adelgazarán en forma poco natural
si los contactos se proyectan en línea recta a la línea de secci6n.
El 9.rea estli sobre el flanco de un pliegue que buza y los con·
tactos tienen que hacer una curva hacia la llnea de sección como
se indica en B. Para hacer estas proyecciones con exactitud, es
necesario conocer la forma general o la clase de pliegue involu·
erada y usar métodos adecuados para la proyección de capas
plegadas partiendo de unas cuantos símbolos estructurales. Estos
métodos han sido descritos por Badgley (1959, especialmente el
capítulo 3) y en parte por Busk (1957)¡ se les presenta tam•
bién en forma resumida en la mayoría de los libros de texto
de geología estructural.

! ,/ ¿ __ ~
,,
/ ''
/ ,,~..<

Fic. J-6. Pr'?yc<::dón de capq plcpdu • la linea de scc<::ión.

S. Dibújese una linea·base provisional para la sección transver·


sL vertical; esta linea debe tener exactamente la misma l ongi~
tud que la linea de sección del mapa y ser exactament.e pamkla
a. ella. La sección transversal de la ilustración final debe orientarse
d e manera que el extremo del lado derecho corresponda ya sea
al extremo mú oriental o al que queda al norte,
60 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

6. Unos 2 cm arriba de la línea-base de la sección, dibUjese


una línea del perfil que represente el nivel al cual se tomaron
todas o la mayoria de las lecturas estructurales, en el campo.
7. Fíjese la hoja a un tablero de dibujo de manera que la
línea de sección sea paralela a un borde del tablero. Colocando
una regla T sobre este borde, proyéctense tod8.s las estructuras
d e la línea de sección del levantamiento al perfil de la sección
transversal o a cualquier elevación que se haya usado para cada
lect:tira estructural (Fig. 3-7).

: . : -------- ----------::o:

..-

F ig . 3-7. u,.., de la regla T para proyectar detalles d e la Hnea de sección AA'


a b sección rransveral.

8. Dibújense lineas d e estratificación donde las lecturas es-


tructurales hayan sido Proyectadas al perfil, haciéndolas de unos
6 mm de longitud. En los lugares donde la linea de sección atta·
viese al rumbo oblicuamente, la estratificación que se muestre
en la sección transversal tendrá un echado m enor que el que se
midió en el campo. Este echado, llamado echado aparente, se pue-
d e determinar a partir del echado verdadero usando el diagra•
ma del Apéndice 9.
UNANT AMIENTOS CON BROJVLA 61

9. Complétense las estructuras por debajo de la línea del per•


fil, proycetándolas hacia abajo hasta donde lo pcnnita la pro-
fundidad de los datos geológicos. En muchos casos esto requerirá
desplazar la base de la sección que se dibujó provisionalmente
en la etapa 5. Las capas plegadas tienen que representarse con
exactitud, según se indicó en la etapa 4. Examínense las estruc•
turas levantadas a uno y otro lado de la línea de sección para
determinar si alguna puede cortar a la sección abajo del perfil
del terreno. Las unidades plegadas, por ejemplo, pueden buzar
hacia la sección y las fallas de rumbo paralelo a la sección pueden
buzar hacia ella bajo la superficie (Fig. 3-8). En la Fig. 11-5 se
presenta un ejemplo de una sección transversal.

10. Dctenníncse el espesor verdadero de las unidades de


roca. Se les puede medir en la sección transversal siempre y
cuando la sección corte el rumbo de las unidades a unos 90º.
Si no es este el caso, calcúlese el espesor trigonométricamente,
como se describe en la Sección 12-8.
11. Usando un lá piz y por separado, d ibújese en un pedazo
de papel de la sección transversal, la columna litol6gica de las
rocas atravesadas, comeniando con las miis jóvenes en la cima.
Esto debe hacerse a una ese.ala mayor que las otras figuras; se-
ñitlense los quie bres en la secuencia d ebido a discordancia, fallas,
o falta de afloramientos {fig. 3-9).
12. Prepárense descripciones litológicas, muy breves, pero ín-
fonnativas, de cada unidad. Pónganse letreros a lápiz a fin de
espaciados correctamente con posterioridad.
62 MANUAL DE GEOLOOIA DE CAMPO

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Fig. 3-9. ColumnR litológiu que munrra un.R occuencia que ha ddo dividida
en ttuunldadude roa.

13. Dibújese la litología de cada unidad .sobre la columna


haciendo un registro diagramático, pero cuidadoso, de las clases,
proporciones y posiciones d e las rocas. Para la mayoría de las
unidades se pueden usar los símbolos del Apéndice 5. Comprub-
bcnse los símbolos comparándolos con las descripciones litolb-
gicas.
14. Si el mapa y las secciones se van a dibujar en una il11$r
tración, ordénense las hojas a lápiz que se hicieron separadamente
de modo que la base de la sección transversal y la de la columna
füol6gica sean paralelas. l.o6 dibujos separados deberán cspa;
ciarse lo suficiente para que sean legibles, pero cuidando de que
ocupen tan poco espacio como sea posible. Dibújense en una sola
hoja transparente, o ttansfiéransc a una hoja de papel opaco.
Póngasele un título que dé un nombre geográfico al proyecto así
como también indíquese el nombre del geólogo y la fecha del
levantamiento. Añádase una linea acotada que represente la
escala gráfica y una flecha que sef~alc el norte (indicando la
declinad6n magnética) .
LEVANTAMIENTOS CON DRólULA 6J

Referencias citad as
Bad¡ley, P. C., 1959, Struc1.. r<d. nu1hod1 o/ U.e expl«oiiol\ ¡-.wlOj'.iH: New
York, IUrper and Brothen_ 280 pp.
Dusk, H. O., 1.957, Eanh /le xwru, 1hcir j'.eomeu:t aruf their repreun ta1iol\
""" """"''¡, il\ geok>eic<d. .JeClion, <Uil/i JjH!cial. refcren.ceJ f(I r#ie probkm s
o/ o íl /irulir1g. New York, Willi• m Truuc l, 106 pp. (a n unabridged repu-
bl.i c.tion of thc 1929 editlon).
4
Trazo de d e talles geológicos
e n un mapa base

4°1. Selección y preparación del mapa-bue


Los mapas que se usan para trazar los rasgos geológicos y
marcar los números de las notas tomadas en el campo se llaman
mapas-base. Los mapas-base planimétricos muestran el drenaje,
cultura (rasgos construidos por el hombre) , y tal vez algunas
elevaciones aisladas; los mapas-base topográficos muestran a la
vez curvas de nivel. Los planos topogci:ficos precisos son mapas
base ideales, ya que con ellos pueden construirse secciones en
cualquier dirección y las curvas de nivel proporcionan diversas
maneras para localizar correctamente los afloramientos.
Para ser de utilidad, un determinado plano debe tener una
escala conveniente, debe ser suficientemente reciente para mos-
trar la cultura y drenaje existentes y debe tener curvas de nivel
que delinien con precisión la topografía. Los planos topográficos
d el U . S. Geological Survey de 71h minutos (1:24,000) consti~
tuyen excelentes mapas base. Su e6Cala es tal que en ellos pueden
dibujarse con facilidad detalles de 50 m de ancho (2 mm en el
mapa) y los rasgos d e 24 m de ancho pueden representarse a
escala si se trazan con cuidado (una línea d e lápiz cubre de 2 a
3 m del rasgo a esta escala). Ya que la mayor parte de estos
mapas ha sido hecha a partir de fotografías aéreas, algunas ve-
redas, caminos secundarios y consrrucciones cubiertas por árboles
pueden estar indicados en forma imprecisa.
Muchos planos de cuadrángulo a la escala 1:62,500 1 son
diapas base útiles, pero algunos d e los planos a esa escala pue-

.t El auror &e refiere en particular a loa mapas municipales de IOll


E111adoa Unldoe.

"
TRAZO DE DETALLES GEOLOO/COS EN UN MAPA BASE 65

den estar demasiado generalizados o ser obsoleros. Los rasgos pe-


quei'ios se deben tnnar con mucho cuidado, ya que los detalles
de 125 m a través en el terreno apenas aparecerán de 2 mm de
ancho. en el plano. Es mas, puede tomar mucho tie mpo localizar
en el campo puntos aislados sobre esta clase 9.e mapas, ya que
muchos rasgos topogrificos hechos por el hombre no aparecen en
ellos. Frecuente mente, es preferible utilizar en el campo fotogra·
fías aéreas a una escala mayor y después transferir los rasgos geo-
16gicos a un plano topográfico (Sección 5·11).
Puede ser conveniente ampliar el plano base dos o tres veces
¡.ara tener mas espacio para el trazo de simbolos y números. La
ampliación no aumenta la precisión del plano base, pero puede
mejorar el levantamiento geológico ya que es mas faci l dibujar
sobre ell8. l"as ampliaciones deben hacerse de tal manera que no
se deforme la escala del plano y se deben im¡:irimir en papel
que admita tanto las anotaciones en tinta como en lápiz. Las
reproducciones fotostáticas comunes no son adecuadas para estos
fines.
Además de los planos topográficos construidos por varias
agencias federales y estatales, el U. S. Geological Survey (Ser·
vicio Geológico de los Estad~ Unidos) prepara y distribuye
ediciones para venta al público. TambiCn publica planos índice
que muestran la localidad, escala y fecha d e edición de los planos
Publicados. Adicionalmente, las ~ficinas regionales de la Rama
Topográfica del Geological Survey publican planos índice de los
trabajos topográficos en proceso. D eben consultarse estos índi·
ces, ya que los planos preliminares pueden obtenerse mudio tiem•
po antes de que estén a la venta las ediciones finales. Las direc-
ciones d e las oficinas regionales, así como la información sobre
plaflos y fotografías aére as disponibles pueden obtenerse en el
Map Infotmation Office, U . S. Geological Survey, Washington,
25, D.C. Cuando se pida información debe de escribirse y marcarse
Sobre un mapa a pequeña escala d área exacta de inte rés.
los mapas planimétricos son bases valiosas en las áreas donde
los caminos, construciones y obras hidráulicas están suficiente-
mente cercanas una d e otra para permitir- la ubicación precisa
de los rasgos geológicos. En muchas áreas suburbanas, los mapas
planimétricos modernos, detallados, pueden ser bastante prefe-
66 MANUAL DE GEOLOOfA DE CAMPO

ribles a los planos topográficos generalizados y fuera de época,


especialmente donde hay relativamente poco relieve. Los mapas
planimétricos detallados gene ralmente estin en poder de los to-
pógrafos de la ciudad o del municipio y de los asesores en tc--
rrenos, distritos de irrigación, o de las autoridades locales del
puerto o río. Ciertas agencias gubernamentales, como por ejemplo
el U. S. Forest Service y el U. S. Bureau of land Management,
construyen mapas planimétricos modernos de escala intermedia.
Generalmente estos distintos planos no están a la venta, pero
pueden ser copiados o adquiridos en préstamo para una finalidad
razonable.
Se necesitan por lo menos dos copias del mapa base, una
para trazar los rasgos en el campo y la otra para compilar la
información geológica a medida que avanza el trabajo de campo.
En copias adicionales pueden marcarse la localidad y el número
de las muestras de campo y de los· especímenes de fósiles. La
copia que se usa en el trabajo de campo debe cortarse en hojas
d e un tamaño tal que quepan en una carpeta adecuada. Cada
hoja de campo puede ser montada con cemento impermeable
sobre una hoja de papel más grande, cuadriculada, de manera
que las líneas formen una retícula norte.sur y este-oeste alrede;
dor del mapa. Otra alternativa consiste en que también puede
trazarse con tinta una retícula sobre el mapa mismo. En el mar;
gen de cada hoja y con tinta impermeable debe ponerse un título
indicando el nombre del cadrángulo (u otro) del plano, un nú;
mero o indice para designar la posición de la hoja en el plano
original, y el nombre del geólogo.
MatJas base /Jara técnicas estilográficas. los planos base
se pueden imprimir fotográficamente en hojas plásticas a color-
para ser marcadas con un punzón o estilo en vez de un lilpiz.
Este método ha sido usado durante muchos años por la Rama
Topográfica del U. S. Geological Survey, y promete ser adoptada
extensamente para los levantamientos geológicos. El material
base (por ejemplo, Stabilene Scribe Coat Film de la Keuffel y
Esser Co.) es un plástico resistente cubierto por una película
superficial a colores. la película puede ser cortada con un estiló-
grado afilado para hacer líneas, puntos o símbolos. los errores
se pueden corregir pintando sobre las áreas raspadas con un
TRAZO DE DETALLES OEOLOOICOS EN UN MAPA BASE 67

líquido que seca rápidamente (como el Touch-up Kit de la Keuf-


fel y Esscr Co.) par-a ser utilizado nuevamente si es necesario.
El plano base puede ser transferido a hojas sensibilizadas para
estilógr-afo en casi cualquier laboratorio de copias, aunque es ne-
cesario hacer primeramente un negativo fotográfico del plano.
Las ventajas del método son que los materiales son impermeables
y de gran duración, las líneas pueden hacerse con gran precisión y
de un grueso uniforme y los errores pueden corregirse rápida
y completamente. De las hojas marcadas estilográficamente pue-
den obtenerse copias de contacto a ba;o costo.

4-2. Ubicación de 101 datos de campo en e l mapa-base


Un plano geológico se construye mediante la ubicación o
localización de muchos puntos, líneas y otros datos sobre el mapa
base. Su valor dependerá en gran parte de la localización precisa
d e esos datos. Los puntos del terreno pueden ser ubicados en
el plano por varios m étodOfl, debiéndose escoger el más adecuado
para una determinada situación. Si hay duda sobre la precisión
de un determinado método, debe utilizarse otro a fin de ratificarlo.
Los métodos que aquí se dan se pueden utilizar generalmente
donde el terreno y la vegetación permiten una visibilidad acep-
table; las Secciones 4-3 y 4-4 describen los métodos que se
pueden emplear bajo condiciones más limitadas.
Uhicación /JOr medio de in$/Jección. La info rmación se
puede marcar directamente sobre el plano por medio de la ins-
pección cuando la forma y configuración de los rasgos hacen
posible identificarlos positivamente en el plano. Como ejemplo
de dichos puntos están las curvas e intersecciones identificables
de arroyos, caminos y cordilleras.
Uhicación por m edio d e la in$pección y una linea de
rumba. La información a lo largo de los rasgos lineales como
las cordilleras, caminos o arroyos, frecuentemente puede i;er ubi-
cada mediante la observación de una línea de rumbo a un
punto que pueda ser identificado exactamente en el plano, tra•
mndo en forma inversa dicha línea de orientación a partir de
dicho punto hasta interscctar el rasgo lineal sobre el cual se
encuentra el observador (fig. 4-lA). La localización tendfá mayor
68 MANUAL DE GEO LOOIA DE CAMPO

precisión si la línea de rumbo intersccta el rasgo lineal aproxima·


damente a .90°. El proccdimientú puede repetirse con otra visual
para ratificar la localización.
Ubicación IJOr medio dt1 ins1Jt1cción y medición o post>s.
Cuando la visibilidad a lo largo de un rasgo lineal como un
camino o arroyo no pcnnite utilizar el método antes descrito,
se puede rec urrir a una cuenta de los pasos tomada a lo largo
del rasgo en cuestión. la información se traza a escala a partir
de alglln detalle ídentificable a lo largo del curso lineal. Es Util

. . .".
disponer d e un contador d e pasos para este método, ya que las
distancias medidas a pasos son a veces largas.

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Jl - · 1t11.. 1h
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Flj:. -1.J. (A) Loc•lúación de un pun10 • lo i...., de un e.mino dirigiendo
. un• visu•I • l• cima de una. colina. ptÓ>DmL (B). Localiudó n de un punto
mcdi• ntc el ttuO de la1 lincu dctdc lupru Cu•cccristlcos próximo6.

Ubicación por medio dt1 una Unea de rumbo y medición


o posos. Cuando la información geológica no cae sobre algú:n
rasgo identificable en el plano, se le puede locafüar tomando el
rumbo de una visual . a un punto cercano que sí se pueda
identificar en el plano. la distancia a dicho punto se mide a
pasos y posteriormente se dirige u na visual hacia atrás a fin d e
confirmar la orientación, midiéndose nuevamente la distancia al
caminar de regreso hacia el afloramiento. Los promedios del rum•
bo y la distancia se utilizan para dibujar el afloramiento en el
plano. Si no es posible caminar y medir a pasos en ambos Sen·
tidos, debe utilizarse un contador de pasos a fin d e eliminar los
errores en la cuenta.
Ubicación tJor intersecció n de líneas d e rumbo. Frccucn·
temente los puntos que pueden ser identificados en el plano
TRAZO DE D.ETAUES GEOLóOICOS EN UN MAPA BASE 6!1

están demasiado distantes para medirlos a pasos, en cuyo caso


debe utilizarse el método de intersecciones. Se buscan treS puntos
que puedan ser identificados con exactirud en el plano y se
mide el rumbo de las visuales a estos tres puntos con una bi:ú-
jula. Al trazar las líneas de rumbo en forma inversa a partir de
los puntos identificados sobre el plano por medfo de un trans-
portador, las tres líneas deben interscctarse en el punto donde
está el observador (fig. 4--IB). Si los ángulos de intersección son
grandes, habrá mayor probabilidad de que las tres líneas coinci-
dan en su intersección; el ángulo nunca debe ser menor de 30°.
Si las tres líneas forman un "triángulo en lugar de coincidir
en una .sola intersección, los rumbos y los puntos identificados
deben ser ratificados. Para mayor seguridad pueden medirse rum•
bos hacia otros puntos. La variación local en la dedinación mag-
nética puede dar lugar a un error residual y esto será difícil
de con-egir, a menos de que se lea un rumbo en sentido inverso
(Sección M).
Ubicación 1'0r m'1dio dlJ inlBrsección dlJ rumbos y curvas
d" niv'11. Puede darse el caso de que solamente sea posible to-
mar el rumbo hacia un solo punto distante. Sin embargo, si la
elevación del punto en que está el observador puede ser deter-
minada, la intersección de la línea de rumbo y la curva de nivel
apropiada sobre el plano dará la localización del lugar. La eleva·
ción del punto de observación puede obtenerse con una brújula
Brunton como sigue:

l. Colóquese la brújula para usarla como nivel de mano


(Sección 2..6).
2. Diríjase una visual a lo largo de líneas horizontales hacia
los cerros cercanos hasta que se encuentre una cresta, una hondo-
nada, o un cambio de pendiente que esté al mismo nivel que el
punto de observación.
3. IdentifíqueSe éste rasgo en el plano y léase la elevación
de las curvas de nivel; ésta será la elevación del punto de ob-
servación.

La elevación también puede ser determinada por medio de


un altímetro o baróme.rro preciso (Sección 4-4),
70 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

La precisión de este método depende en gran parte de qué


tan próximas estén las curvas de nivel del plano. Las ubicaciones
sobre pendientes muy indinadas tenderán a ser más precisas que
aquellas sobre pendientes suaves. Los mapas modernos tienen
suficiente precisión, de manera que las curvas de nivel no tienen
un error superior al valor de medio intervalo de curva de nivel,
respecto a su posición correcta.
Uso de las señales de cont,.ol para localízación. Cuan-
do se hacen levantamientos en planicies sin relieve, en pantanos
o en la tundra, será necesario colocar señales de control antes
de poder localizar los rasgos geológicos en forma precisa. Común--
mente se utilizan como señales mojoneras d e piedra, banderas
sobre postes, o árboles o rocas identificables, puntos todos estos
que d eben ser visibles desde la mayor distancia posible. Las
señales se deben localizar primero con precisión en el plano bese
mediante métodos de triangulación (Sección 6-2). Se les puede uti-
lizar como una base para la ubicación de afloramientos por los me.-
todos de intersección o medición a pasos previamente descritos.
Locali:lación de puntos en forma aproximada. El geólogo
debe desarrollar al máximo la habilidad de estimar distancias
en el campo. La estimación debe utilizarse para ratificar la ubi-
cación hecha por otros métodos. También puede utilizarse para
hacer localizaciones razonablemente precisas. En las etapas siguien-
tes se sugiere una manera de hacerlo.

l. Léase el rumbo de una visual dirigida a un detalle identi-


ficable y trácese la linea de rumbo en el mapa.
2. Estímese la distancia al detalle en cuestión y márquese
sobre el plano un punto en forma provisional, basado en esta
distancia.
3. Léase el ángulo vertical al detalle y calcúlese la diferencia
de elevación entre dicho detalle y el punto de observación (la
diferencia de elevación = a la distancia horizontal X la tan-
gente del ángulo vertical).
4. Léase la elevación del detalle en el plano y úsese la dife-
rencia de elevación calculada para determinar la elevación del
punto de observación. Se puede trazar un segundo punto provi-
sional utilizando las curvas de nivel.
TRAZO DE DETALLES GE'OLóGICOS EN UN MAPA BASE 71

5. Si los dos puntos provisionales no coinciden, estímese nue-


vamente la distancia al detalle y calcúlese nuevamente la dife-
rencia de elevación. Unas cuantas medidas de aproximaci6n de
este tipo ha·rán que los dos puntos coincidan, siempre y cuando
las curvas de nivel estén suficientemente próximas entre sí.

4-3. Localización d e d etalle11 geológico11 por medio


de levantamientos
Para situar rasgos geológicos en áreas boscosas, será necesario
hacer un levantamiento desde algún punto que pueda identi•
fican;c correctamente en el mapa. Los métodos de caminamiento
a pasos y brújula, generalni.ente son adecuados para estos levan-
tamientos, si bien una alidada y una plancheta son preferi-
bles cuando existen variaciones magnéticas apreciables (Sección
6-2). La mecánica de los levantamientos es semejante a la des-
crita en el Capítulo 3, con excepción de que no se requiere un
perfil y la escala del plano es típicamente menor.
El reconocimiento preliminar de un levantamiento a través
de una región densamente boscosa, puede tomaf casi tanto tiempo
como el levantamiento mismo, pero en terreno relativamente
abierto, un reconocimiento puede indicar con ventaja donde exis-
ten afloramientos, como se ven a di&ancia y el espaciamiento
requerido entre líneas de levantamiento para localizar un buen
número d e ellos. En áreas boscosas o enmontadas, el camina-
miento debe segufr la ruta de menof resistencia, haciendo uso
de las crestas abiertas, de los cauces d e arroyos, las veredas y las
zonaS. despejadas que permitan contar con cursos relativamente
largos y limpios para dirigir visuales, tomaf rombos y medir
distancias a pasos. los afloramientos adicionales se ubican por
medio de caminamientos late rales desde esta red básica, ya sea
pof medio de visuales simples o por medio de ·caminamientos
con:os -accesorios. Donde la vegetación es demasiado espesa para
permitir visuales largas, el levantamiento se hace intrincadamente
sinuoso y los rnmbos y distancias tienen que determinarse cui~
d:idosamente a fin d e evitar que la poligonal se desvíe demasiado-
de su posición coUecta.
Los levantamientos a pasos y btújula, abiertos, de varios ki~
72 MANUAL DE GEOLOG1A DE CAMPO

lómetros de desarrollo, frecuentemenre tienen errores mayores


que los ocasionados por el dibujo mismo; por lo tanto, los camina~
micntós dé:ben amarrarse ran frecucnremenre como sea posible,
a puntos situados correctamente en · el plano. Los levantamientos
deben iniciarse siempre en uno de estos pUntos y terminarse
en el mismo punto o en algún orro que pueda localizarse con
igual precisión. De esta manera se puede observar el error de cierre
del levantamiento. Este error puede tratarse de la siguinte ma-

l. ·Compruébese el dibujo de la poligonal con los rumbos y


distancias observados, y corríjase donde sea necesario.
2. -5¡ existe un error residual, considérese si es suficientemente
grande para afectar apreciablemenre el alineamienro y posición
de los rasgos geol6gicos; si no lo es, déjese el d ibujo del levan~
tamiento sin cambio.
3. Si el error es tan grande que los rasgos importantes puedan
quedar desplazados, la poligonal tiene que ser ré:petida hasta el
punto en que se advierta el error o éste disminuya· lo suficiente
para llenar los requisitos del proyecto. En los levantamientos
cerrados o -que se arquean en una amplia curva, h áganse com•
probaciones a lo largo del levantamiento a fin de localizar los
errores mayores más rápidamente (fig. 4~2).

Fic. 4-2. Localización de .errores en una póligon•I mediante · el levantamiento


de poligooa[es secundariu en l y 2.

4. Si no puede determinarse si conviene o no repetir el le-


·vantamiento para corregir un error, déjese el levantamiento tal
-e.o.roo se ha dibujado y reconsidérese cuando el mapa esté más
TRAZO DE DETALLES GEOLOGICOS EN UN MAPA BASE 73

adelantado. Los levantamient06 posteriores pueden cruzar la po-


ligonal en cuestión y localizar el el'l'Or.
Un error grande de cierre no debe alterarse sobre la base de
intuición. Puede distribuirse proporcionalmente a lo largo d e las
diferentes visuales del caminamiento por los métOOos descritos
en los textos sobre levantamientos topográficos. Sin embargo, los
el'l'Orcs escondidos (y fácilmente olvidados). pueden ·introducir
errores en las poligonales subsecuentes o pueden afectar las con~
clusiones sobre la geología.

4..4. Uso del barómetro (altímetro) para localizar


detalles geológicos en el mapa
En las áreas lx>scosas o enmontadas, donde los levantamientos
a pasos se dificultan y donde sólo ocasionalmente puede verse
el terreno adyacente, el uso de un barómetro o altímetro puede
ser muy eficaz para localizar puntos en el mapa topogni.fico.
Para hacerlo se necesitan satisfacer tres requisitos: las curvas de
nivel del mapa deben ser precisas, el intervalo d e las curvas de
nivel debe ser tal que éstas estén suficientemente cercanas, y el
instrumento d ebe permitir obtener observaciones d entro de uno
a dos metros.
El instrumento se tiene que probar antes de salir al campo
a fin d e ver si registra pequeñas diferencias d e elevación en forma
rápida y correcta. Esto puede hacerse tomando medidas sucesivas
en dos o más pisos de u n edificio. El bar6metro debe probarse
también para ver si el trato normal y un golpeo ligero no afectan
apreciablemente las medidas tomadas en una misma elevación,
ya que hay instrumentos que responden desfavorablemente al uso
nonnal. El instrumento se d ebe manejar con cuidado en el
campo y d ebe utilizarse con bastante margen por debajo de la
elevación máxima para la cual fue conStrUido. Los detalles de
la construcción, mantenimiento y uso de estos instrumentos deben
obtenerse del · fabricante y estudiarse cuidadosamente (ver por
ejemplo, Hoclgson, 1957).
Un punto del mapa se localiza. con el barómetro dibujando
una línea a lo largo d e la cual se sabe que cae dicho punto,
comparando luego la el~ci6n observada en el barómetro con
'U MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

la curva de n ivel que cruza la linea. La línea sobre la cu al cae


el punto puede determinarse de varias maneras. Si el p unto cae
sobre una cresta, a lo largo d e un arroyo o sobre un camino, o
sobre cualquier otra rasgo lineal que esté bien definido en el
mapa, una sola elevación medida en el barómetro es suficiente
para localizar dich o punto. Si puede observarse desde el lugar
otro rasgo que pueda ser identificado en el mapa, la linea de
rumbo a dicho rasgo se dibuja y el punto se localiza sobre la
línea comparan do las curvas d e nivel con la elevación observada
en el instrumento. C uando es necesario localizar un punto en
una situación completamente a ciegas, como en una lade ra has--
cosa, se puede toma r una línea de rumbo hacia él, por medio
de un corto caminamiento desde cualquiera de los lugares cer•
canos localil:ados previamente. La medición del baróm etro se
u sa entonces para localizar el punto sobre la curva del nivel apro-
piada. Este método consiste esencialmente en h acer levantamien-
tos por medio d e m edidas verticales en vez de m edidas h orizon-
tales, y en laderas muy pendientes o muy boscosas resulta menos
preciso que m edir con pasos. Cuando sea posible, deben utilizarse
a m bos métodos.
El baróm etro es sensible a los cambi06 de p resión atmosfé-
rica que son causados por los cambios de elevación¡ consecuen•
tem ente d ebe ser ajustado con frecuencia de manera que todas
sus lecturas queden referidas a un nivel base. H ay tres causas
principales que provocan variaciones barométricas en una misma
elevación: cambios de temperatura, cambios generales de clima
y cambios en la velocidad y di rección local d el viento. La co-
rrección por temperatura es aproximadamente d e .001 m por
grado centígrad o por cada m etro leído en el imrrumento. Por'
ejemplo, si un instrumento ha sido ajustado en un lugar de
elevación conocida a la temperatura d e 20°C, y después haya
sido movido a un punto d esconocido donde la temperatura ~ de
300C, cuando la lectura sea. 100 metros m ás alta, estos 100
m étros d eben ser aumen tados en .001 X (3()..20) X 100, o sea 1
m etro. Cuando la temperatura del segundo punto es m enor, la
corrección se resta de la lectura. Po r lo general es relativamente
fácil obtener de los fabricantes d e estos instrumentos tablas y
gráficas para facilitar estas correccion es.
TRAZO DE DETALLES GOOLOGICOS EN UN MAPA BASé 75

Probablemente la mejor manera (frecuentemente la única)


para mantener un instrumento ajustado a los cambios baromé·
tricos causados por el clima y el viento, es la de comprobarlo
con frecuencia en puntos de elevación conocida. Las comproba·
ciones más precisas pueden hacerse en mojoneras u otros puntos
de control topográfico que se muestran en el plano. Se pueden
hacer comprobaciones un tanto menos precisas cuando se · puede
leer la elevación obtenida de las curvas d e nivel del plano. Esos
puntos accesorios deben naturalmente localizarse independiente·
mente de las lecturas del barómetro. En las regiones muy boscosas,
los puntos se pueden localizar más fácilmente a lo largo d e
los cauces de los arroyos, crestas d e los cerros, caminos u otros
rasgos lineales caracrerísticos que se muestran en el plano. Cuando
las aberturas en !a maleza lo permiten se pueden localizar puntos
en las laderas cercanas susceptibles de interceptarse por m edio
de la brújula o nivelándolas con un nivel de mano (Sección 4·2).
El mejor momento para hacer estas localizaciones y para ajustar
el instrumento varia considerablemente con cada situación. En la
mayor parte de las regiones deben realizarse cada 30 ó 60 minu·
ros y la ruta geográfica del levantamiento de cnda dia d ebe ser
planeada convenientemente. Durante los períodos de fuertes rá·
fagas o vientos, puede resultar imposible mantener el instrumento
debidamente ajustado.

4.5, Qué es lo que debe marcarae en el mapa base


Los contact06 y las . fallas son los rasgos geol6gicos más im·
portantes que d eben consignarse en un plano; se· les tratará en
detalle en las Secciones 4-0 a 4·2. Los plegamientos generalmente
se muestran en el plano como una línea que marca la traza del
plano axial sobre el terreno (Apéndice 4). Si se marca la cresta,
o la parte más profunda e n vez de la tm?a del plano axial, esto
debe anotarse en la explicación del plano. A pesar de que estas
lineas de la traza pueden ser localizadas y dibujadas directamente
en algunos lugares, el símbolo para indicar la mayor parte de
los plegamientos grandes se puede dibujar solamente después
de que las unidades de roca y la actitud de los estratos de un
área grande hayan sido dibujados. Donde los plegamientos están
76 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

bien expuestos, es importante observar y anotar: 1) el rumbo


y el buzamiento del eje, 2) el rumbo y el echado del plano axial,
3) el buzamiento de los pliegues menores asociados con la región
axial y los flancos y 4) el rumbo y el echado de cruceros sccun•
darlos o el buzamiento de la intersección entre estos cruceros
y la estratificación. Estos daros serán de especial valor si pueden
hacerse dibujos o esquemas en las notas de campo que muestten
la forma real y las interrelaciones d e los pliegues pequeños, dti
los cruceros o de otras esrructuras secundarias. De SCT posible,
estos dibujos o esquemas deben mostrar el plegamiento de perfil,
es decir, en forma de sección, dibujada perpendicularmente del
eje del plegamiento. En el Capítulo 15 se describen los plega•
mienros menores y las estructuras relacionadas.
Una gran cantidad de estructuras planas pueden ser consig•
nadas con símbolos que muestran el rumbo y el echado; las más
comunes de éstas són la estratificación, las variaciones de compe>-
sición (bandeamiento) en lu rocas ígneas y metamórficas, varias
formas d e crucero y de foliaciones minerales (incluyendo las
estructuras de flujo en las rocas ígneas). vctaS y juntH. Estu
diversas estructuras deben ser clasificadas tan correctamente como
sea posible y consignadas con símbolos distintivos que muestren
claramente qué tipo de rasgo ha sido indicado. Las estructuras
planas y lineales se describen e ilustran en los Capítulos 12, 13,
H y 15.
Los símbolos deben ser lo mis convencionales posible (Apén•
dice 4). Cuando se trata de m ostrar estructuras poco comunes, se
puede recurrir a una pequeña letra o abreviación para indicar
su significado especial.
Las localidades de muestreo y de las noms de campo pueden
ser consignadas por medio de un punto, identificándolas con
letras y números junto al punto. A fin de que los mi.meros con·
signados en el plano sean los me006 posibles, la información
que no se refiere a puntos específicos puede ser localizada en
las notas refiriéndola a rasgos geogrificos o a otros puntos nume·
rados ya indicados.
"fRAZO DE DETALLES GEOLóGICOS EN UN MAPA BASE

4-6. Levantamiento de unidades roca


Una unidad de roca o unidad litológica es un cuerpo sufi-
cientemente distintivo para ser delineado y separado de los cuer-
pos d e roca adyacentes a lo largo de superficies que se conocen
como contactos. El levantamiento de la traza de estos contactos
es el procedimiento individual más importante de los trabajos de
campo; por lo tanto, la naturaleza de los contact06 y d e las
unidades de roca debe considerarse cuidadosamente tamo antes
como durante el trabajo de campo. Las unidades de roca sufi-
cientemente grandes para ser dibujadas en el plano (unidadel
cartográficas) proporcionan la base práctica para los levantamien-
tos geológicos. En muchas regiones estas unidades ya han sido
descritas y bautizadas formalmente en la literatura. En aquellas
regiones en donde las unidades no han sido designadas, debe
hacerse el levantamiento de las nuevas unidades, estudiarlas y
finalmente definirlas y ponerles nombre. En la Sección 12-2 se
dan las reglas para la clasificación y la asignación de nombres
a las unidades sedimentarias y en las Secciones 13-Z, 14-Z, 15-2
se dan sugestiones en relación con unidades de rocas ígneas y
metamórficas. A las unidades de roca se les da algunas veces
el nombre de unidades litogenéticas, puesto que cada una de
ellas se forma bajo condiciones casi uniformes. Hay una gran
variedad de características primarias (genéticas) que hacen dis-
tintivo a un determinado ·cuerpo de roca. Las más importantes
de ellas se enlistan en la Sección 1-5. Algunas unidades consi&-
ten -d e un solo tipo de roca, como lutita o granito; otras son
intercalaciones de dos o tres rocas íntimamente relacionadas como
lutitas y calizas finamente estratificadas, o arenisca, limolita y
arcilla interestratificadas; otras más se caracterizan por tener di-
ferentes tipos de roca que se forman típicamente en un solo am-
biente como sucede con una mezcla de lavas de almohada, tobas
máficas, areniscas volcánicas, pedernal rojo y lutitas negras.
Ademiis de ser litológicamente definidas, las unidades de roca
útiles deben tener contactos que se pueden localizar y determi-
nar dentro de un tiempo raronable. Las discordancias son con·
tactos ideales, ya que están bien definidas y representan clara-
mente los cambios en las condiciones ambientales que indican la
78 MANUAL DE GEOLOG!A DE CAMPO

terminación de la fotmación de una unidad de roca y el prin·


cipio de la formación de otra.
Copas índice. En los terrenos estructuralmente confu505 o
litológicamente monótonos, las capas características que resultan
demasiado delgadas para ser dibujadas a escala, deben indicarse
como simples líneas. Como ejemplo de estas capas índice se
tienen las tobas o los depósitos de ceniza, las capas carbonosas,
los estratos ricos en glauconita (areniscas verdes), las capas de--
finidas de arcilla, las capas delgadas fosilíferas (biostromas) y los
suelos fosilíferos. En muchos casos una determinada unidad de
este tipo es casi sincr6nica a través de una región amplia y
puede servit como un horizonte de tiempo aproximado.
Comparación o correla ción de unidades de roca. Antes
de realizar un levantamiento en una región donde se han esta•
blecido las unidades de roca, d eben consultarse las definiciones
y descripciones ya publicadas que se refieren a dichas unidades
y a sus contactos. De ser posible, conviene visitar las localidades
tipo d e dichas unidades a fin de observar exactamente la apa•
rienda de las tocas y sus contactos y de recoger muestras para
hacer comparaciones postcriOl'es. En el área por estudiar las
unidades pueden algunas veces identificarse siguiéndolas en for·
ma continua desde su localidad tipo, o desde otras áreas previa-
mente levantadas. Esto, sin embargo, en la mayor parte de los
casos no es posible y las rocas en una nueva área deben ser
comparadas con las unidades tipo mediante su examen en aquellos
lugares en donde están bien expuestas. Los detalles litológicos
pueden utilizarse para comparar las unidades; sin embargo, estos
detalles se hacen menos confiables a medida que aumenta la
distancia a la localidad tipo. Además pueden existir rocas c:i.si
idénticas en más de una posición estratigráfica o en mÍls d e
un solo cuerpo ígneo. Las correlaciones deben, por lo tamo, com-
probarse comparando las secuencias semejantes, o sea la asocia·
ción de unidades. Una de varias unidades de lutita, por ejemplo,
puede reconocerse por ser la única que está subyacida por una
arenisca gruesa y cubierta por una cali?a delgada. En algunas
ocasiones, secuencias enteras de unidades semejantes pueden com·
pararse sobre la base de una o dos capas índice, o de discor•
dancias persistentes.
TRAZO DE DETALLES GEOLOG ICOS EN UN MAPA BASE 7!1

Los fósiles proporcionan otros m edios para la identificación


de unidades, au nque deben ser utilizados con precaución. En
forma ideal, una d.e terminada unidad se caracteriza por un con•
junto de fósiles que están estrechamente relacionados ccolÓgica·
mente. Una arenisca, por ejemplo, puede ser reconocida en forma
amplia por su conjunto de fósiles neriticos. Los fósiles que no
son equivalentes eoológicamente, no necesariamente refutan la
identidad de dos afl oramientos de arenisca, ya que una misma
unidad puede haber sido depositada en más de un ambiente o
los fósiles d e diferentes ambientes pueden haber sido transpor·
tados hacia ella. Si las unidades se identifican en localidades
saparadas a gran distancia por medio de la edad geológica de
los f6siles que contiene, pueden sU&Citarse dos causas de errores.
En primer lugar, la edad de una determinada unidad puede
variar lateralmente; por lo tanro, los fósiles de diferentes áreas
p ueden parecer refutar la continuidad d e dicha unidad. En
segundo lugar, algunos fósiles no permiten el suficiente límite
en las determinaciones de edad para probar o refutar las co-
rrelaciones líticas. Por ejemplo, dos afloramientos de lutita no
son necesariamente correlativos simplemente porque ambos con-
tienen fósiles del Cám brico Inferior. En la Sección 12-2 se dan
sugestiones adicionales con referencia a las unidades basadas en
tiem po en vei: de basarse en características litol6gicas.
Selección d e nue vos unidades. Frecuentemente resulta im•
posible identificar un conjunto completo de unidades establcci·
das en una nueva área aun después de un reconocimiento in•
tenso. En este caso, deberán seleccionarse y definirse nuevas
unidades o tal vei: las unidades ya establecid as deben ser sub-
divididas o redefinidas. Sin embargo, previamente deben eva·
luar.;e imparcial y completamente las unidades establecidas, ya
que los nombres redefinidos tienden a confundir la información
estratigráfica publicada. Las nuevas unidades deben ser de un
valor práctico; por lo tanto, deben ser lo más distintivas y gené-
ticamente significativas que sea posible. Algunas unidades no
pueden ser definidas con exactitud hasta no hacer el levanta•
miento de las unidades adyacentes. El levantamiento debe, por
lo tanto, iniciarse con unidades provisional~ cuyos límites sean
los más claros.
80 MANUAL DE GEO LOGIA DE CAMPO

4-7. Levantamiento de contactos entre unidades de roca


El levantamiento y tnuado de los conta~tos entre unidades
de roca es un procedimiento basico en los levantamientos geO-
lógicos. Este es el modo más eficaz de hacer el levantamiento
de unidades en escalas pequeñas e intermedias (1:25,()(X) o me-
nos), especialmente donde las rocas están bien expuestas. El si_s.
tema de dibujar cada afloramiento a escala (Sección 4-8) debe
considerarse para el levantamiento a escalas grandes.
El levantamiento debe iniciarse a lo largo de un contacto
bien definido entre dos rocas de unidades distintivas. El contacto
debe levantarse caminando a lo largo d e su traza y ubicando
puntos en el plano donde el contacto puede verse o donde su
posición puede ser inferida con un margen de un milímCtro en
el plano. El nUmero de puntos que deben ser localizados con
precisión variará de acuerdo con el grado de irregularidad de
dicho contacto. Si los puntos están espaciados de medio centí-
metro a centímetro y medio, el contacto generalmente puede ser
dibujado entre los puntos con muy ·pxo error. Un conta1;to
bien expuesto y definido se dibuja como una línea delgada con-
tinua. Esta linea debe mostrar la posición verdadera del contacto,
excepto donde las pequeñas irregularidades hacen necesario ge.-
neralii:arlo debido a la escala del plano. El rumbo y ecllado del
contacto debe ser medido e indicado donde sea . posible y toda
la información que sea pertinente a Su origen debe sér descrita
en las notas. Las líneas y los simbolos deben consignarse con
exactitud y limpieza. El entintado en la oficina puede mejorar
la apariencia de las líneas, pero no mejora su precisión; en reali-
dad, el entintado tiene el desafortunado efecto de hacer aparecer
líneas esquemáticas como de gran precisión.
Muchos contactos están expuestos solamente en algunos Juga-
rse aislados y otros no están expuestos en los afloramientos na-
turales. Los contactos de este tipo pueden ser levantados por me-
dio del caminamiento en forma de zig..zag entre afloramientos de
las dos unidades de roca que aparecen a ambos lados y tra-
zando una línea que pase entre los límites establecidos de esta
manera. Estos límites son frecuentemente tan pequeños que la
línea quedará localizada exactamente como si fuera un contacto
TRAZO DE DETALLES GEOLóGICOS EN UN MAPA BASE 81

bien expu esto (a una escala de 1:25,(XX) por ejemplo, dentro de


·los 30 m). Las líneas de contacto mils aproximadas deben ser
dibujadas como líneas intenumpidas y aunque los límites para
estos símOOlos no son convencionales (variarán de acuerdo con
el proyecto y el sentilniento personal del geólogo), conviene es-
tablecer límites para cada proyecto. Por ejemplo, cada línea in•
terrumpida del contacto deberá ser de unos 3 mm de largo para
los contactos localizados dentro de 2.5 mm en el plano, en
cambio se pueden emplear lineas de 1 mm para contactos menos
precisos. Cuando la existencia del contacto misma es incierta,
pueden agregarse signos de interrogación a las líneas intcrrumpi·
das. Tales reconocimientos de inexactitud comúnmente no apa·
recen en mapas publicados, pero son una parte importante del
registro del campo.
Hay varias formas de localizar la traza de contactos mal ex·
puestos y el éxito de un trabajo de campo puede depender en
qué tan acertadamente se utilicen. Los fragmentos de roca en el
sucio o manto, frecuentemente d elimitan el ilrea subyacida por
una determinada unidad. Aun cuando los fragmentos se han dcs-
limdo ladera abajo y se han mcu:lado, el límite ladera arriba de
dichos fragmentos de una determinada unidad puede utilizarse
para localizar el contacto de la unidad ladera arriba (Fig. i·3).

Fi.. <f.J. Ueo del limite 5Uperior de


un conjunto de guiJ•rros de u n con-
glomcndo r-r• loc:alinr el COnl•Cto
•uperior de una unidad. Nó1cse que
el movimicnio pendiente abajo de
los IJU ii..Tos impide uur el mismo
cri1crio P..• loc:11iiu el conl•cto
iníerior.

Cuando las. rocas tales como lutitas (esquistos), tobas, o limolitas


suaves, estilo cubiertas por- un sucio que no tiene fragmentos
de roca, los animales barrenadores frecuentemente sacan frag,
mentos de dicha roca del subsuelo. Las unidades de rocas clas-
ticas suaves, frecuentemente pu eden identificarse por la presencia
82 MANUAL DE GEOLOGlA DE CAMPO

de concreciones o fósiles endurecidos en un suelo arcilloso. Donde


no pueden encontrarse fragmentos residuales, la composición, el
color y la textura del suelo mismo, pueden ser utilizados para
fijar el contacto entre muchas unidades de roca. Los contactos
entre tales unidades como areniscas y lutiras, areniscas y calizas,
o granito y gabro pueden ser localizadas por la distribución
abundante de granos de cuarzo e n el suelo. Algunas dife rencias
más sutiles entre los suelos pueden hacerse aparentes a medida
que el trabajo de campo progresa y se examinan los suelos de
varias rocas (Sección 12-11). La vegetación frecuentemente varía
d e una unidad de roca a otra, particulannente en las áreas de
lluvia moderada y d e temperaturas altas durante el verano.
Cuando estas variaciones no pueden ser vistas en el terreno,
frecuentemente pueden distinguirse en fotografías aéreas. Otro au·
xiliar en la localización de contactos no expuestos es el cambio
de pendiente entre dos unidades que difieren en su resistencia
al intemperismo y la erosión. Algunas unidades controlan en tal
forma la topografia que siempre se presentan en valles, mientras
que otras forman riscos bajos o alineamientos de cerros.
Cuando no hay indicación de la traza de un contacto, se le
puede proyectar sobre la base d e los símbolos de rumbo y echado
medidos en la cercanía. Esto puede hacerse parándose en los
lugares en donde el contacto está expuesto y poniendo el clinó-
metro d e la brújula con el echado de las capas, se hace una ~ual
en la dirección del rumbo como si se midiera el echado. De esta
manera se localizan varios puntos acertadamente en el plano don·
d e la supe rficie imaginaria proyectada intersecta la superficie
del terreno. La traza del contacto se dibuja entre estos puntos
haciéndole concordar en forma natural con la topografía. Este
método es particularmente útil en el levantamiento de rocas se·
dimentarias, pero también puede ser utilizado donde las rocas
metamórficas tienen un bandeamiento persistente o donde las
rocas ígneas tienen estrucrnras planas paralelas a sus contactos.
Los contactos también pueden construirse en las oficinas por
medio de proyecdón (ver por ejemplo, Billings, 1954, pág. 427;
Nevin, 1949, pág. 359).
UnidadeN cubiertas. La mayor parte de los métodos des-
critos ante riormente deben utilizarse con cautela cuando las uni~
TRAZO DE DETAll..ES OEOLOGICOS EN UN MAPA BASE 8J

dades de roca estén cubiertas por depósitos superficiales transpor•


tados, como por ejemplo, material glacial. En regiones de este
tipo, los afloramientos tienden a ser escasos, aunque comúnmente
se podrán localizar por m edio d e una búsqueda cuidadosa a lo
largo d e cauces de arroyos, pequeñas cordilleras, caminos cortos
y ferrocarriles. Donde sea posible d eben utilizarse los datos de
pozos de agua, perforaciones, canteras y otras excavaciones. Los
rasgos d e las rocas generalmente se pueden localizar e interpretar
m ás eficazmente cuando se h a estudiado y lecho levantamiento
de los depósitos su perficiales (Sección IZ..11). Una vez que las
unidades superficiales han sido levantadas gcolbgicamente, se po-
drá n, por ejemplo, d eterminar los contactos cubiertos por medio
del uso del material rodado y de las formas ropográficas. Aun
las estructu ras de roca bien expuestas deben interpretarse a la
luz de los depósitos superficiales. Por ejem plo, los plegamientos
mostrados en los afloramientos p ueden ser originados, tanto por
el em puje glacial como por fuerzas tectónicas. Ya sea que se
haga el levantamiento de los depósitos superficiales o no, los
metodos descritos en la Sección 4-8 deben utilizarse a fin de
ubicar los afloramien tos d e roca.

4-8. Levantamiento por el método de afloramiento•


El levantamiento d e contactos es un m etodo eficaz cuando se
traba.ja a escalas pequeñas o intermedias, pero si la escala del
J?lano es grande (1: 12,CX>O o más), con frecuencia resulta p referi-
ble el metodo de afloramientos. En este m etodo cada afloramiento
se localiza a escala, d ibujando su contacto con el material super•
ficial que lo rodea (Fig. 4-4) . Aunque algunos afloramientos ~
queños tienen q ue verse de modo general, las llneas de contacto
deben mostrar, con tanta p recisión com o sea posible, la forma
y tamaño de los afloramientos. Los contactos entre las unidades
de roca aflorante d eben dibuja rse como líneas llenas dentro de
las :i.reas aflonmtes y como lineas punteadas a travái de las áreas
cubiertas. Los afloramientos tienen que levantarse por m edio de
un trabajo sistemático a través del área; de otra manera la con-
tinuidad y significado d e las estructuras de la roca pueden per•
d erse.
84 MANUAL DE OEOLOGIA DE CAMPO

Poste riormente podrán utilizarse símbolos o colores para iden•


tificar cada unidad dentro de las áreas aflorantes. Algunos geó-
logos usan tintas de colore!ll para las líneas alrededor del área
expuesta a fin de· disringuirlas de los otros contactos. Otros di-
bujan las líneas con tinta negra, pero agregan una línea de coloi
del lado de afuera · del afloramiento; esto da mayor claridad a
la posición de afloramientos grandes e irregulares.

Fi¡. 4-4. Fragmento de un mapa de .floraciones. Ver el Apéndice 4, donde


se: explica n los simbo!OA csrrucrnrales.

Una ventaja del mCtodo de afloramientos, es la de que los datos


observados quedan separados claramente de los inferidos. Otra
ventaja es la de q ue otros geólogos podrán encontrar afloramien-
tos aislados y escondidos, lo que les permitirá eváluar por sí mis-
mos la evidencia sobre la cual se han interpretado los contactos
ocultos. Una descripción más detallada de este método es la dada
por Greenly y Williams (1930, especialmente pp. 189-208) .

4°9. Definición y trazo de contactos transicionaleSJ


En los lugares donde se encuentran dos unidades de roca tran-
sicionales entre sí, el criterio para levantar el contacto debe esta•
blecerse con cuidado y utilizarse en forma consistente. La rona
de transición debe examinarse en varios lugares "donde esté bien
expuesta de manera que pueda tomarse en consideración su sig•
nificado genérico. El criterio para marcar la línea debe tener un
valor genético y debe ser de tal índole que persista lateralmente.
TRAZO DE DETALLES GEOLOGICOS EN UN MAPA BASE 85

Si no hay· una be.se genética clara para fijar el contacto, se p~ede


utili:ar un criterio flsico arbitrario para una área y proyecto de-
terminad06. Los criterios deben evaluarse con respecto a la ex-
tensión del afloramiento, la escala del mapa base y el tiempo
con que se cuenta para la realización del proyecto, ya que el
levantamiento de contactos transicionalcs puede ser dificil o
puede tomar mucho tiempo_
En un tipo de transición, las unidades de roca varían de
una a otra a través de un cambio gradual de textu"m y de com-
posición. Estas transiciones probablemente se forman cuando las
condiciones gen eticas varían lenta y continuamente. Como ejem-
plo de estas transiciones se tienen las unidades de arenisca que
varían a ttaves de areniscas limosas a limos arcillosos; las de rocas
gr:uníricas máficas que varían a rocas graníticas de color daro
dentro de una misma intrusión, y las pizarras que varian a es-
quistos de grano cada vez más grueso, pasando por filitas. El con-
tacto entre este tipo d e unidades 'p uede colocarse en el centro
de la zona d e transición o donde primeramente se nota la pre-
sencia de un dcterminarl9 mineral o rasgo textura! (t_amafio
medio d~l grano, guijarros, fenocristales, etc.). Si la rona de
tppsición es relativamente angosta en relación con la escala .del
mapa, y los criterios escogidos pued~ localizarse con bastante
precisión, se puede urili:ar una linea llena para dibujar ~1 con-
tacto en el "mapa, según se describió en la ú.hima sección . PuCSto
que los contactos transicionalcs pueden pasar lateralmente a con-
tactos bien d efinidos, será pues más sign.ificátivo, si la linea se
indica .con algún símbolo especial. El símbolo achurado sugerido
en el Apéndice 4 y en la Fig. <J-5 no es convencional, pero indica
claramente el sentido de la tft!,Qsición a~ como lo indefinido del
contacto. Es más com.in el uso de una lin ea cortada como d e
1-5 mm. cada raya, para indica r los contactos transit;ionalt:S; sin
embargo, este símlx>lo tambiCn se utilWl para contactos inferidos

:r=ó:n~~t:~~~o dt~::i~~ t~~:i~~nh: =~u~i"::l~~~::e cf::


unidades cambian de una {l. otra a Írav~ de una zona ~ !a que
}95 tipos di; roca están intercalados o mezclados. Estas relaciones

t:!C:nm~~d:sq:1~!:~~~~=i~=~:r;:~ ~:r:1~~=~~:i:;
86 MANUAL DE . GEOLOG1A DE CAMPO

se mezclaron, en forma burda, como en una intrusión. Ejemplos de


esto son las areniscas que gradúan a lutita a través de una zona
de areniscas y lutitas interestratificadas; granitos que varían a
esquis[Os a través de una zona de esquisto que está impregnada
con vetas graníticas, o una pcridotita que varia a gabro a través
de una :zona de capas interestratificadas básicas y ultrabásicas..
Estos contactos se pueden levantar localizando los puntos ínter~
medios de la transición tal como se describe arriba; sin embargo,
algunos pueden ser levantados con mayor exactitud dibujando
una linea llena a lo largo de la base o de la cima de una deter~
min.a da capa d e un cierto espesor mínimo o de determinada lito-
logía. El contacto entre una unidad que consiste principalmente
de arenisca y una unidad constituida principalmente de lutita,
por ejemplo, se podría dibujar a lo largo de la cima de la capa
más alta d e arenisca que tenga más d e 3 metros de espesor . Esta
selección puede haberse hecho d ebido a que una capa gruesa de
arenisca tiene más probabilidades de aflorar que los otros compo-
nentes de la zona de transición. Sobre la base de un criterio de
este tipo, el contacto tiene el mismo significado que un contacto
abrupto. El levantamiento de contactos de este tipo puede, sin
embargo, ser bastante complicado. En particular, las unidades que
varian a través de una zona interestratificad.a: en un sentido verti~
cal (estratográfico) es probable que también varíen de una a
otra en un sentido lateral. La Fig. 4-5 muestra un caso de inter~
digitación de unidades sedimentarias y tres ejemplos del símbolo
utilizado para dibujar el contacto transicional. Si los afloramientos
son aislados, un contacto que principia en M en la figura, puede
ser dibujado hacia N y después corrido hacia O, doñde aflora
la siguiente capa d e un espesor adecuado. Un símbolo de achures
puede utilizarse para indicar el brinco (expresando la transición
lateral) y continuarse así el contacto hacia P y aun más adelante.
En el segundo caso, los afloramientos pueden ser tan abundantes
que las capas acuñadas individuales pueden seguirse en forma
completa. Un levantamiento de este tipo puede, sin enibargo,
ser tan tedioso que termina en un esquema de relaciones que no
son tan precisas como las líneas podrían parecerlo. En el tercer
caso los afloramientos son tan escasos que la cima de la capa de
arenisca puede ser localizada solamente en lugares aislados y será
TRAZO DE DE"TAUES GE'OLOGICOS EN UN MAPA BASE 87

necesario utilizar un símbolo achurado para unir los puntos en


fonna generalizada. Aunque los tttfi contactos mOfitrados en la
figura indican un diferente grado de detalle, cada uno expresa
la naturaleia transicional del contacto.

----------
M
---L ___ N
_L

M N
----------======:~-
e-:::.::::------
o ___!..
M
-~---.........................................................................._____'!_
Pi,:. 4-S. Zona de tnnsición emre una a.reniKa (sin pantalla) y una unid.id
de luri1a, mo.n"endo uea muwru de ttuar un con1ac10 (parte inferi<K de
la fi¡ura).

A medida que progresa el levantamiento, los criterios deben


ser revisados de tiempo en tiempo y tanto las dimensiones como
la naturaleza de las transiciones deben describirse en las notas.
Ademis, deben recogerse muestras para el estudio petrográfico
de la transición. Esta información sera necesaria para definir
e interpretar lu relaciones transicionales en el infonne final.
88 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

4-10. Uso d e lápices de colores en e l levantamiento


Donde los afloramientos son aislados y las transiciones gran-
des, pueden utilizarse lápices de colores a prueba de agua par~
mostrar eficazmente las unidades de roca en el mapa. Debe es-
cogerse un color distintivo para cada unidad y hacerse una marca
en el mapa en cada uno de loo afloramientos de dicha unidad.
Gen~ralmente es necesario indicar la mayoría de los afloramientoS
en forma diagramática por medio de pequeños punros, pero los
más grandes deben indicarse en su escala aproximada. Las mar-
cas deben ser suficientemente suaves para que las curvas estnJC•
rurales o de nivel se vean a través de ellas y puedan marcarse
simOO!oS estrucrurales sobre ellas. A niedida que se levanta un
área, los puntos de colores mostrarán los lugares por donde de-
ben pasar los contactos, así como la precisión de su ubicación.
Cuando se utilizan colores para indicar el afloramiento de
ciertos tipos de roca, las zonas transicionales aparecerán como
bandas sin color, y en este caso podrá indicarse d entro de la
banda un símbolo para el contacto transicional. Este método para
encontrar los límites enue rocas transicionales es particularmente
útil cuando se trata de contactos internos den tro de cuerpos in-
ttusivos ígneo~ zonas ·de alteración, o contactos entre ronas me-
tamórficas, rodos los cuales pueden ser irTegulares e imprede-
cibles.
El traro de capas índices o de pequeños cuerpos intrusivos,
tales como diques o mantos {sills), quedará mejor definido si se
dibujan con lápices de color. J,.os cambios importantes dentro
de una unidad grande litológica, corfio lentes de conglomeraCIO
en una formación de arenisca, pue<:len indicarse como líneas y
puntos de un detenninado color. También pueden utilizarse lápi-
ces de color para .indicar falla~ q ejes de plegamiento cuando los
datos estructurales abtindan en un mapa. ·
Las . marcas de lápiz de~n .lJ:Cr ~qficienteme-~te bo.rTables ·~
impei;meables. Ya qu_e los lápicci:s se pierden fácil ment~ en el
campo, se puede ~rtar U!) pCda.zo efe 5 ,cm para IICyar ~ el

:l~~~t~ ;'!~~~;~:d:i1:i:ep:;;~cJ~~r:r:::i:::~dfu:t:
que se tienen en reserva en el campamento.
TRAW DE DETALLES GEOLóGICOS EN UN MAPA BASE 19

4-11 . Trazo y dibu jo de Ealla1


Las fallas deben buscarse y levantarse cuidadosamente. Algu-
nas fallas inferidas se han determinado sobre la base de unos
cuantos r~lices planchados o por la presencia de un valle que
cruza en forma sospechosa el rumbo de las capas; en cambio,
otras fallas reales pueden haber quedado sin ser determinadas,
debido a que no pudieron verse en muchos afloramientos. Esto
sucede parcialmente debido a que muchas fallas forman una zona
de rocas alteradas y resq uebrajadas que se erosiona fácilmente,
por lo que rara vez pueden verse expuestas en forma natural.
Por otra pane, cuaiido las fallas están expuestas, las fallas pc-
qucfias pueden parecer tan impresionantes como las mayores. los
desplazamientos superficiales formados por deslhamiento de tic•
rra, por ejemplo, pueden parecer prominentes en los cortes so-
meros.
El mapa geológico proporciona las mas importantes eviden~ias
de afallamicnto: l) dcsplazamient¡, de contactos entre unidades
de roca, 2) rcPctici6n de unidades de roca o 3) la omiSi6n de
partes de unidades de roca. El levantamiento de los contactos
y la determinación detallada de la secuencia estratigráfica mos-
trará, por lo tanto, la posición de la mayor parte de las fallas.
Durante la primera etapa del levantamiento, ·c~ando la se-
cuencia ,estratigráfica sol am~nte se conoce en forma parcial, 1:a.s
fallas que· no están expuestas (fallas posibles) pueden reconO..
Ccrse por: 1) esCa.rPcs casi rectos que corren un poco declive
arriba Q..-d eclive abaio, .l) ~allcs casi rectos que cruzan a las es-
tructuras en forma oblicua, o que parecen despluar a otros
valles, 3) alineamiento de lagos, mananrial'cs o plantas que bus-
can humedad, 4) zonas de alteración alineadas y fuerte cementa•
ción o decoloración, 5) cambios abruptos de la actitud de la éstta-
rifiqi.ción, o foliación, 6) terminación abrupta de plegamientos,
diques o fallas y 7) bloques rodados d.e roca extraña a las uni,
darles de rpca que afloÍa. Esta$ posible$ ·fallas deben ~r exami~
nn(jas y Rf.obadas por el levantamieni:o, d.c..las unidades de ~
adyacentes, o bien, se les. desecha conrinuapdo l?S contactos o
C$t;ratos . a •.través de ellas.. La ~ de una úalla no .debe ~r
proyectada' como una línea recta ini:errumpiila sin tener unii
10 MANUAL DE GEOLOG1A DE CAMPO

buena evidencia, ya que algunas fallas cambian de rumbo abrup-


tamente y muchas terminan repentinamente como un pliegue o
un m anojo de fallas y juntas menores..
Cuando se ha d etenninado Ja presencia de una falla por
m edio del levantamiento de las unidades de roca, debeni escu#
driñarse en las paredes indinadas de los valles, los cortes de
las carreteras, canteras, obras mineras o en cualquier lugar donde
pueda obtenerse infotmación sobre su echado y detalles cstructu#
rales. Donde la fall a está pobremente expuesta o se le ve sola#
mente en dos dimen~cs, deberá excavarse a fin de que pueda
examinarse la superficie de la falla o de la rona de falla. Un:i
vez que se hayan obtenido el rumbo y el ech ado p romedio y se
les haya consignado en el plano, la superficie deberá examinarse
en busca de estriaciones, raspaduras o corruga.dones mayores.
La dirección y el buzamiento de estos rasgos lineales son indica#
dones del último movimiento. La dirección relativa del rnovi#
miento puede estar indicada por juntas de pluma, pliegues de
arrastre, o pequeños escalones sobre el plano de la superficie
de la falla (Fig. 4-6). Ya que estos detalles pueden no indicar

Fi,r. 4-6. A lguno. dctallca de uri·


lidad que .., pueden encontt"ar en
y cerca de Ju MJpcrfidea de falla.
Nóte11C que lu capH de.lpdu .., aJ'#
quun por •1TUtrc, <;<1Sa que no
sucede con lu gruesas.

la dirección del desplazamiento neto, se les debe describir o


dibujar a escala en el libro de notas para ser revaluados postC'"
rionnentc junto con toda la evidencia estratigráfica. En las notas
d eben también consignarse el espesor y la distribución de la
arcilla de falla, milonita, brecha, vetas y alteración, así como la
descripción de todos los fragmentos de roca extrafi06 que puedan
TRAZO DE DETALLES OE'OLOOICOS EN UN MAPA BASE 'JI

dar una orienraci6n sobre la di rección y magnitud del d cspla•


zamiento.
Las fallas deben dibujarse con líneas unas tres veces más
gruesas que las líneas de contacto, o bien como líneas d elgadas
d e un color detenninado (el verde y el rojo se usa n común-
mente). Para la localización aproximada se debe utilizar una
linea interrum pida de trazos largos y los límites de lo q ue d ebe
entenderSI; por ''apro;¡oc:imado" deben ser convencionales para cada
d eterminado proyecto. Se pueden incluir signos de interrogación
entre la linea interrumpida, cuando tanto la posición como la
existencia de la falla sean dudosas. Las fallas que h an sid o ob-
servadas solamente en un luga r y que no pueden rastrearse
para ningún lado, deberán ser indicadas como una linea de rumbo
gruesa o una flecha indicando su echado. En la lista de símbolos
del A péndice -4 se indican algunos símbolos complemenrarios
para las fallas.
Frecuentemente surge la pregunta acerca d e qué tanto m ovi-
miento califica a una falla para que pueda marcarse en el mapa.
Si se cuenta· con suficiente espacio y tiempo, todas las fallas ob-
servadas o deducidas con una ra:onable certeza, deben ser pues-
tas en el plano, ya que la acritud y el espaciam iento de las fallas
m enores pueden ser útiles en la interpretación d e una dcfor•
m ación de gran escala. En muchos proyectos, sin embargo, &0la-
m ente aquellas fallas que desplazan a los contactos en el plano
ameritan ser rastreadas y consignadas. El desplazamiento no debe
exagerarse en el plano para enfatizar la posición de la falla.

4-12. Métodos de levantamientos aproximados


(reconocimiento)
El término reconocimiento se aplica a un levantamiento in-
completo o aproximado que ayuda a planear o reconocer trabajos
más detallados y generalmente más locales. El levantamiento
de reconocimiento también puede ampliar el objetivo de estu•
dios más locales, proporcionando un cuadro gcol6gjco general
de la región circunvecina. Algunos proyectos completos deben
utilizar métodos aproximados y algunas veces se les llama pro-
yectos de reconocimiento a fin d e indicar la escala y precisión
92 MANUAL DE GEOLOG1A DE CAMPO

del trabajo. Los levantamientos de este tipo pueden ser necesarios


por las limitaciones del tiempo o de los recursos económicos, por
la calidad pobre y por la escala pequeña d e los planos base,
o por la presencia de una espesa vegetación, de bosques o de
suelos gruesos que· hacen impráctica la búsqueda d e todas las
unidades de roca y de las estructuras. Por lo tanto, los mapas de
reconocimiento varian desde mapas geológicos bastante completos,
hasta si¡:nples esquemas que solamente delinean las grandes uni•
dades de roca y las estructuras de la región. (Fig. 4·7).

Fiir. 4.7 . M •pl. esquemático de reconocimiento que muestt a el uso de ró-


tulos v de noru breves.

Probablen:iente el aspecto más importante en un trabaj~ de


reconocimiento es el de escoger las unidades de "roca que sean
suficientemente grandes y distintivas para poder ser consignadas
fácilmente e n el mapa. Esto puede requerir el agrupamiento
de varias unidades que de otra manera serian levantadas sepa·
radamente, como por ejemplo, las secuencias de unidades que
tengan contactos transicionales. Las discordancias constituyen ~on•
1'-'ctos ideal.e s pa~ los levantamientos de reconocimiento, Ya quC
generalmente son abruptas y significativas. Las fallas pueden in·
.dicarse donde ·están claramente indicadas por la topografía, pero
solamente aquellas fallas que causan desplazamientos mayores en
las unidades de roca Pueden descubrirse por el levantamien"ro
estratigráfico. Muchas fallas tendrán que dibl,rjarse esq~emárial·
mente ·o consignarse en la categoría de dudosas o poSibleS. Los
TRAZO DE DETALLES GE'OLOOICOS EN UN MAPA BASE 93

plegamientos principales se mostrarán en el levantamiento de


unidades de roca, pero en los terrenos metamórficos será necc--
sario el uso de los plegamientos pequeños y de las relacio nes
entre el clivaje y la estratificación para determinar los plega·
mientos principales. Del objetivo del proyectO dependerá el que
se observen, detei:minen y consignen los rasgos más pequeños. Si
por ejemplo, el objetivo de un reconocimiento es d eterminar la
distribución aproximada de las fallas pequeñas, se escogerá un
contacto o capa índice para seguirla y consignar en forma esque--
mática y cualitativa sus pequeños desplazamientos.
En contraste con los estudios más detallados, en el trabajo
de reconocimiento pocos contactos serán rastreados completa·
mente. En vez de esto se harán poligonales generalmente a lo
largo de los caminos, arroyos, pequeñas sien:as, o veredas que
crucen el rumbo, y los contacros se indican donde se van cruzando.
La traza aproximada de un contacto determinado puede frecuen·
temen te observarse en una sierra o en un camino; de esta manera
podri dibujarse como una línea interrumpida por una distancia
considerable. Cuando existe duda acerca de su continuidad, se
podrá indicar con signos de interrogación a lo largo de la línea
de contacto o bien, escribir las dudas directamente en el plano.
Si los contactos están totalmente cubiertos entre dos caminamien·
tos o entre dos poligonales, los puntos tendrán que unirse por
líneas discontinuas que concuerden con la estratificación y la
topografía. Esta conexión entre puntos conocidos debe hacerse
en el campo donde los cambios de coloración del suelo, de la
vegetación o del declive pueden utilitarse para localizar la posi·
ción del contacto. Los anteojos binoculares de larga vista son
de gran ayuda e n este tipo de trabajo y las fotografías aéreas
frecuentemente muestran indicaciones de los contactos y de las
fallas que no pueden observarse fácilmente sobre el terreno. Dc--
bido a la escala del trabajo, las posiciones estructurales tienen
qúe promediarse en un gran número de afloramientos. Un solo
símbolo de rumbo y echado puede mostrar la posición promedio
de un irea de un kilómetro cuadrado o más.
14 MANUAL DE GEOLOG1A DE CAMPO

4-13. Rutina diaria del trabajo de campo


A íin de terminar un mapa en un lapso d e tiempo prcdeter•
minado, con frecuencia es necesario establecer un programa rigu•
roso y apegarse a é l estrictamente. Los facto res imprevistos ge-
neralmente retrasan los programas. En un área de geología rela-
tiv~mente compleja, el levantamiento completo a una escala de
~ : 20,C(X) debe promediar de 1% a 2 km~ por día. Por lo tanto,
un h ombre requerirá tres meses de trabajo de campo, trabajando
seis días a la semana, para terminar un mapa de unos 125 a
150 lcm•.
El terreno debe cubrirse en forma completa y efica:i:, pero no
necesariamente en forma rápida. La tendencia de caminar tan
aprisa com o sea posible hacia los puntos m ás altos del área
debe ser controlada, como también debe serlo la creencia de
que no puede empezarse el levantamiento hasta que no se haya n
visto y comprendido todOtl los afloramientos.
Conviene utilizar un vehículo cuando su uso ahorre tiempo
y cuando tiene que caminarse en terreno espinoso o p eligroso
d onde poca o ninguna infonnaci6n puede obtenerse. El estudio
de las fotografías aéreas la noche anterior al día de salir al
campo puede aumentar considerablemente la eficacia del levan-
tamien to.
La cantidad de notas que deben tomarse variará mucho con
cada proyecto. Independientemente de la velocidad del levan-
tamiento, es una buena idea hacer una pausa cada 20 6 30 mi-
nutos, pensar en lo que se ha visto y asentar en la libreta una
breve nota, aunque ésta sólo diga que las rocas son semejantes a
las d escritas anteriormente. Las notas sobre pequeñas variaciones
litológicas tomadas mientras se recupera el aliento, pueden ser
d e gran utilidad posteriormente. Resulta poco eficiente tener
que regi-esar a los afloramientos para completar observacion es que
no se hicieron debido a que el trabajo inicial fue demasiado
rápido. Frecuentemente deben dedicarse varias h oras a la obser-
vación, colección d e muestras y escritura d e notas en cierros
afloramientos críticos.
El trabajo de campo debe ser complementado por trabajo en
la oficina o en el campamento y es mejor hacer esto cada noche.
TRAZO DE DETALLES GEOLóGICOS EN UN MAPA BASE !15

Los números de las localidades, los símbolos estructurales y los


contactos que se consideran definitivos deben ser entintados con
tinta negra impermeable. Las fallas pueden entintarse en rojo o
verde a fin de evitar tener que hacer líneas d emasiado gruesas
que obscurccerian los otros rasgos. Las mucsnas pueden ser
desempacadas, comparadas con los planos de campo y rot ula·
das de nuevo si es necesario (Secci6n 1-8). Si lo permite el es-
pacio, se les puede exte nder e n orden de edad o según su distri·
bución geográfica a fin de poder hacer comparaciones fácilmente.
Cada cierto número d e días, a medida que parte del área queda
completa, los rasgos geol6gicos d eben ser transferid os de las
hojas d e campo al mapa de la oficina, el cual puede em pezar
a colorea rse levemente a fin de mostrar la distribuci6n d e las
unidades. Otra copia del ma pa de la oficina puede utilizarse
para consignar todas las localidadca de las muestras.
D e tiem po en tiempo deben construirse ·secciones a través de
varias partes del área, ya que éstas proporcionan el medio para
d eterminar algunas estructuras que pueden no haber sido vistas
en el campo. T ambién permiten una ratificación crítica d e las
COtTelacioncs de las unidades de roca y de las estructuras parcial·
mente cubiertas. Utiliu.ndo las secciones transversales se d ebe-
rán escribir resúmenes d e las notas de campo para comprobar
la información y las ideas d esarrolladas en cada etapa del tra·
bajo. Las relaciona incompletas o dudosas podrán entonces ser
reexaminadas. Estos resúmenes y las secciones d eberán conser·
verse para su uso posterior dura;..te la preparaci6n del informe
fina l.

Referencia!I citadH
Blllinp, M. P., 19Si Stnmwral. ¡ofl>loo, 2nd. ed.: Englewood Cliffa, N. J.,
Prenrice H all, 51 4 pp.
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London, Thom H Mu rby and Co., 420 pp.
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Ne:vin, C. M., 1949, Prmcipks o/ itr-wcru....i ¡oitoloo, 4th e:d.: Ne:w York,
John Wile:y and Sora, 410 PP.
5
Marcado de detalles geológicos
en fotografías aéreas

S-1. Tipos de fotografías aéreas y sus u90s


Son tres los tipos de fotografías aéreas que pueden uriliw.r los
ge61ogos. Focografi{Js verticales- tomadas por una cámara apunta-
da venicalmente a la superficie del terreno. Se utilizan extensa-
mente como base de levantamientos geológicos ya que son seme-
jantes a los mapas planimétricos. Las /otogra/ía.s oblicuas lrajas son
tomadas por una cámara apuntada en ángulo respecto a la verti-
cal, pero que no incluyen el horizonte. Las fotografías aéreas
que muestran el horizonte, son conocidas como fotografías oblicuas
alcas. Las fotografías oblicuas cubren 8.reas mucho más grandes
que las fotografías ven:icales, pero no son de uso muy común
para levantamientos geológicos, ya que su escala varia mucho
del primer plano hacia el fondo. Sin embargo, proporcionan vis--
tas completas de áreas grandes y son, por lo tanto, d e valor en
estudios geomorfológicos y estructurales.
El gran valor de las fotografías aéreas radica en su detallada
repn~sentación de la superficie terrestre. Aun los mapas más de~
tallados no tie nen la posición exacta de los á rboles, áreas abiertas,
veredas, arroyuelos, y un sin fin d e otros rasgos geológicos en el
campo. Además, las fotografías aéreas contiguas se sobreponen
de tal manera que es posible obtener una imagen tridimensional
o estcreoscópica del t erreno cubierto por el área sobrepuesta. Esta
imagen es tan veraz que puede utilizarse d e inmediato para hacer
localizaciones aproximadas en terrenos montañosos o abruptos.
Sólo dos clases d e terrenos no pueden levantarse rápidamente en
las fotografías aéreas: las áreas de poco relieve (con declives de
menos de 5 grados) donde el terreno está cubierto por a rbustos o
pasto y las áreas cubiertas por espesos bosques.
96
DETALLES GEOl.OGlCOS EN FOTOGRAFfAS A8REAS 'J7

Además de servir como una base para loe.alizar los rasgos geo-
lógicos en el campo, las fotografías aé reas pueden ser utilUadas
antes de salir al campo para. obtener una idea de los rasgos geo-
16gicos y de accesibilidad del área y, después de concluido
el trabe.jo de campo, son d<. gran ayuda e n la compilación de
los datos geológicos y geográficos en los mapas. Las fotografías
deben examinarse todas las noches para planear el trabe.jo d e
levantamiento del día siguiente, aun cuando el levantamiento
mismo se haga sobre un plano topográfico. Esto permitirá locali-
zar rutas que presentan rasgos geológicos e n forma efectiva y que
sean accesibles a través de áreas de monte espeso, precipicios
o bosques rupidos.
En algunas áreas, las fotografías aéreas muestran los aflora-
mientos, las unidades de roca y las estructuras, en forma tan
clara. que los contactos y o tros rasgos pueden dibujarse sobre
las fotografías después de hacer relativamente poco trabajo de
campo. El término /otogeología se aplica a los estudios geológicos
basados totalmente o casi totalmente en el examen de fotogra-
fías aéreas en la oficina. Los m étodos fotogeológicos deben utili-
zarse en la etapa de plancaci6n, así como para localizar y seguir
estructuras que están confusas en el terreno. Estos métodos
han sido descritos por Eardley (1941), Smith (1943), Lueder
(1959), la Sociedad Americana de Fotogrametría (1960), y Ray
(1960).
Otro campo relacionado con la geología es el de la fotogra-
metría, el cual incluye los métodos para hacer mapas y determinar
diversas medidas en las fotografías aéreas. Este capítulo y el
capitulo 9 explican brevemente la d iferencia entre las fotografías
aéreas y los mapas y c6mo puede construirse un mapa planimé-
trico a partir de ellas. Libros tales como el de Swanson (1949),
Moffitt (1959) y el de la Sociedad Fotog:ramétrica Americana
( 1951) describen los m étodos fotogrnmétricos en detalle.

5-2. Cómo se toman y catalogan las fotografías aéreas


Las cámaras utilizadas para la mayor parte de la fotografía
aérea venical están montadas de tal manera que apunta n hacia
nbejo a pesar de fo inclinación moderada del avión. Las cámara.s
?8 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

tienen rollos y diafragmas movidos por un motor con un disposi-


tivo de tiempo que expone cuad ros sucesivos d el rollo de pe:licula
a una velocidad tal q ue se obtiene una sobreposición de &>%
de una fotografía sobre la siguiente (Fig. 5-1) . Las fotografías
aéreas se numeran en forma consecutiva en el orden en que se
roman. El avión se vuela en una línea tan recta como sea posible
y las fotografías tomadas a lo largo d e ella constituyen una linea
o franja de vuelo. Si el vuelo se ejecuta a la perfección, las lineas
de vuelo son rectas; sin embargo, tienen cierta irregularidad de-
bido a la deriva lateral del avión.

F~. S·/. Parte de dos tiraa de fotoardiu •ércas, aupcrpu uraa J>U• mOMra.r
Jostr•al•pc1car•cteristicos.

C uando una línea se h a volado hasta el límite del área, se


p rincipia otra paralela a ésta y espaciada de tal manera que tras-
lape parcialmente sobre la anterior. Este traslape lateral es gene-
ralmente d e un 30% d e cada franja .
Cuando se ha fotografiado toda el Brea, las copias de contacto
se extienden de manera que los rasgos de las áreas duplicadas
queden sobrepuestos. De esta manera las franj as se fotografían
y se imprimen a una escala reducida para hacer un fotoíndice
del área. En este indice se indica el norte con una fl echa, se
pone una barra d e escala gráfica, la fecha de la toma fotográ-
fica, el número y nombre geográfico del proyecto y la escala media
aproximada de las fotografías. Ademiis, los números de las foto-
grafias individuales pueden leerse del índice.
DETALI.ES GEOLOO/COS EN FOTOGRAFIAS AEREAS 99

5-3. Diferencias entre las fotografías aéreas verticales


y los mapas
Una fotografía aérea vertical precisa de un terreno plano es
tan exacta en su ese.ala y relación de direcciones como el mejor
mapa. La mayor parte de las fotografías aéreas se apartan un
tanto de este ideal debido a que la cámara pudo haberse llldi-
nado ligeramente de la vertical o que el terreno no es totalmente
plano. El efecto d e u na inclinación exagerada se muestra gráfi·
camente en la Fig. 5~2. La re1ícula rectangular muestra cómo
la escala varía de un lado al otro de la fotografía y cómo
queda d istorsionada la relación de dirección entre los puntos A
y B. Afortunadamente, la inclinación es generalmente tan peque-
ña q ue el efecto es insignificante, aunque en algunas ocasiones
las fotografías pueden estar fuertemente inclinadas cuando el
relieve del terreno es muy alto o las condiciones meteorológicas
al tomar las fotos eran inestables. Los métodos para determinar
la inclinación y para hacer las correcciones aproximadas, se des-
criben en el Capítulo 9.

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fig. 5-2. Lo indinad6n de la nave a.;rea (a la . iiquierda) produce una d;...
_J

1M$i6n de la reticula rec1angular corno se mucsir. en la ÍOIOIP"afía airea de


la derecha.

Las distorsiones debidas al relieve, que son mucho más co-


munes y más extremosas que aquellas debidas a la inclinación,
son causadas en parte por variaciones en la escala. La escala
de cada parte de la fotografía varía directamente con la distancia
100 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

entre la cámara y el punto correspondiente del terreno. la figura


5;3 muestra cómo una retícula rectangular sobrepuesta en un
cerro alto redondeado queda distorsionada en la fotografía aérea
vertical. Aunque el relieve en esta figura es más grande que el
promedio, las relaciones geométricas no están exageradas. Aun
las distorsiones pequeñas de este tipo deben considearse cuando
se localizan rasgos geológicos sobre fotografías aéreas.

Fig. 5~.3. Distorsión causada por efecto del relieve. La retícula rectangular
cotte'P'Qndiernc a la pa"e alta (~uierda) aparece en una fo!ografía como
se: indica e n la figura de la derecha.

Ademas de las distorsiones causadas por las variaciones de


esi;:ala, se producen otras d istorsiones por la relación angular entre
los rayos de la fotografía y la indinadón del terreno. En la Fig.
5-3, por ejemplo, se ve cómo varía el ancho de una escarpa,
segUn el lado del cual esté tomada la fotografía. Ya que este
efecto es especialmente n otable y molesto en las partes exteriores
de una fotografía, solam ente se utiliza la parte central de la foto-
grafía para el levantamiento (Fig. 5-i).

5-4. Obtención de una imagen estcreoscópica


en Jas fotografías aéreas
Una imagen este reoscópica es aquella en que se aprecia la
profundidad e n una forma muy real. Puede obtenerse de dos
fotografías aéreas, debido a que 13. cámara registra dos vistas
DETALLES GEOLóGICOS EN FOTOGRAFIAS AtREAS

;
D rn ' ,¡
L
1· J
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Fi,g. 54. Eíec10 de la rc!.dón angular "ntte tu pend!em"8 y loa rayos d., l a
fotografía. Las anchuru del aflorami.,nto de la unidad de arenisca son nota·
blcmemc d iferentes en Ju ttcs fotograftu 1ucesivaa (parle inferior) a causa.
de la poeidón del aeroplano con relación a la pendieme. L. anchura ver·
dadcra de la unidad "n el mapa es la que se presenta en la fotografía 2.

separadas de un mismo objeto. Dos fotografías tomadas en esta


forma se conocen como par- estereoscópico y cada línea de vuelo
de un área fotografiada consiste e n una serie de estos pares. La
imagen esterc:oscópica que puede obtenerse de un par incluye
solamente el área sobrepuesta (aproximadamente 60%) de cada
fotografía; sin embargo, al utilizar consecutivamente un par des-
puCs de otro, se puede examinar estereoscópicamente la totalidad
del área.
La imagen estereoscópica se puede obtener de dos fotografías
que: tengan traslape, utilizando el instrumento conocido como es-
tereoscopio. El estereoscopio más sencillo, m enos costoso y más
fácil de transportar es el llamado estereoscopio de bolsülo, que
consiste e n dos lentes de aumento montados en un marco metá-
lico plegadizo (Fig. 5-5). Cuando este instrumento se coloca co-
rrectamente sobre dos fotografías d e un par este rc:oscópico, un
ojo ve una fotografía y el otro la segunda fotografía. De esta
manera puede observarse una clara imagen esterc:oscópica. Esro
puede ser, sin embargo, cansado y perjudicial para los ojos, a
102 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

menos que se haga correctamente, por lo que deben seguirse


las instrucciones siguientes:

l. AjU.stese el estereoscopio a fin de que los dos centros de


las lentes estén a la misma distancia que las pupilas de los ojos.
2. Co!Oquense las dos fotografías del par estereoscOpico sobre
u na superficie plana colocándolas en el mismo orden consecutivo
y orientación de la línea de vuelo (Fig. 5-5).

Fig. 5.'j. Posición del estereoscopio de bolsillo con respecto a dos foto-
gnifíu de un estereopar.

J. Escójase un rasgo distintivo q ue caiga en el 8.rea de sobre-


posición cerca de la línea de vuelo (esta línea imaginaria pasa
a través d e los centros de todas las fotografías de u na línea de
vuelo) .
4. Co!Oquense las fotografías una sobre otra de manera que las
imágenes coincidan, después sepárense las fotografías en la misma
dirección de la línea de vuelo hasta que ambas imágenes selec-
cionadas estén seParadas por una distancia semejante a la de los
centros de las lentes.
5. Co!Oquese el estereoscopio de manera que una imagen q ue•
de directamente debajo del centro de una d e las lentes y que el
eje del estereoscopio coincida con la línea de vuelo. Ajústese
cuidadosamente la otra fotografía moviéndola solamente en la
dirección de la línea de vuelo hasta que la otra imagen del rasgo
seleccionado quede bajo la segunda lente.
6. Véase a través del estereoscopio; si no se observa inmedia·
tamente una imagen tridim ensional, h áganse coincidir las d os
DE:T AU.ES GEOLOO!COS EN FOTOGRAFIAS A6REAS JOJ

partes de la doble imagen moviendo la fotografía, o tal vez el


esrerC05Copio, a lo largo de la dirección de la línea de vuelo.
7. Si aún no .se observa la imagen tridimensional o si sola-
mente se observa forzando los ojos, las fotografías o el estereos-
copio requericin un pequeño cambio de orientación de la supues-
ta línea de vuelo. Esto sucede especialmem e en áreas de gran
relieve, donde solamente una pequeña parte del área traslapada
puede observarse estereoscópicamente a la ve:.
8. A fin de observar la parte del área traslapada que queda
cubierta bajo una d e las fotografías, levántese una de las esquinas
de la fotografía superior, teniendo cuidado de n o maltratarla.
Otro tipo de estereoscopio de uso frecuente es el estereoscopio
de espejos (fig. 5-6). Proporciona una vista completa de toda el
área traslapada de una sola vez; sin embargo, es demasiado
grande para traerlo en el campo.

Fig. 5-ó. El; rcreoS<:opio de espejos_ en el que con lineas gruesas"" muestra
el cono-imagen de IH fotognifiu a los ocularc"-

Los estereoscopios que tienen aumento exageran el relieve


aparente del terre no, de manera que los cerros comunes se ven
con una pendiente exagerada y las capas que tienen un echado
moderado apa recen con un echado grande. A pesar de que se
acos tumbra uno al aspecto de la imagen estereoscópica, es di-
fícil estimar el echado de estructuras planas de las fotografías.
Los estereoscopios de bolsillo exageran el relieve d e d os a tres
veces y los modelos grandes de espejos, unas dos veces.
Có m o obtener una imaten estereoscópico sin estereos-
copio. Si se fijan los ojos en direcciones paralelas (como cuando
se observa un objeto distante), se pueden examinar dos áreas
sobrepuestas en forma estereoscópica sin usar un estereoscopio.
J{J4 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

Tal vez la manera más fácil de realizar esto es observar por al·
gunos momentos un objelo distante, insertando después las foto-
grafías sobre la linea de la visual, manteniéndolas en una posi·
ción para vista estercoscópica, según se describió a nteriormente.
La imagen tridimensional se verá borrosa al principio, pero des-
pués de algunos momentos de observar la fotografía tenderá a
hacerse más nítida. Otra manera de aprender a ver imagen es-
tercoscópicn sin estereoscopio consiste en practicar con imágenes
simples como las m06tradas en la Fig. S..7. Si se fija la vista en
los dos puntos negros por varios segundos y después se dejan
decansar los ojos como si no se viera nada en particular, los ojos
tenderán a tomar su posición pararela de descanso y los puntos
se move.rán el uno hacia el otro hasta que finalm ente se con·
funden en una sola imagen. La imagen al principio será borrosa,
pero entrará en foco en poco tiempo. Las otras figuras se verán
como fonnas tridimensionales. Para aplicar este metodo a foto-
grafías aéreas será necesario escoger puntos en las fotografías que
contrasten con sus alrededores.

Estos métodos no son dañinos para los ojos normales, pero para
hacer un trabajo sistemático debe utilizarse un estereoscopio. Al·
gunos observadores de imágenes cstereoscópicas se ven bizcos cuan·
do fonan los ojos para hacer que las imágenes se junten. El relieve
en ese caso se ve invertido (pseudoscópico) al igual que cuando
dos fotografías de un par estereoscópico están invertidas de su
_posición normal consecutiva de la línea de vuelo.
DETAU.ES GEOLOG/COS EN FOTOORAF1AS A EREAS 101

S.S. Materiales que se requieren para hacer levantamicnto9


con fotografíu aéreas
Las copias fotográficas para el levantamiento geológico deben
imprimirse en papel de doble peso y tener una 15upcrficie semi·
mate. Las líneas de vuelo deben ordenarse completas a fin de
poderse obtener imágenes cstercoscópicas d e toda el área. La.s
fotograffo.s tienen que transportarse en un estuch e: de: mapas su--
ficientemc:nte grande para protegerlas adecuadamente {Sec. 1-3).
Es conveniente llevar un estc:rc:oscopio de: bolsillo al campo.
Sobre las fotogra fías solamente debe usarse un lápiz muy
suave (por ejemplo .J..B) y un bonador también suave:, ya que
la emu lsión se rompe y se: despega fácilmente:, especialmente si
está ligcrnmc:nte húmeda. Si el aire es muy seco, puede utilizarse
un lápiz más duro. Se puede usa r una aguja fina para perforar
un pequeño agujero a través de la fotografía donde las marcas
de localización deben ser especialmente precisas y permanentes.
En este cnso la localidad puede quedar inscrita por detrás de la
fotografía. La :aguja puede m ontarse sobre un pequeño mango
de madera, utilizando un corcho para cubrir la punta. la mayor
parte de los lápices de color son demasiado du ros para ser usa·
dos en fotografías; sus marcas aon casi invisibles y tienden a
romper la emulsión. Los lápices suaves de cera hacen maTcas
claras, pero tienden a borrarse fácilmente. Los lápices solubles
en agua son inconvenientes porque sus marcas se corren y man·
chan la emulsión profundamente si la fotografía se: humedece.
Si se requiere mucho trabajo en color, será mejor usar trans-
parencias sobrepuestas, p referentemente d e material plástico para
dibujo, deslustrado por un lado, de manera que pueden hacerse:
marcas con lápiz y con tinta. Tambiin puede utilizarse papel de
dibujo transparente; pero es menos transparente que el de plás-
tico, no es impermeable y tiene la tendencia a ser quebradizo.

S.6. Detenninaci6n de la escala de IH fotoy-afía9 aéreas


En el trabajo con fotografías aireas se tienen tres escalas:
1) La escala media de las fotografías de una o máa ![neas
de vuelo, 2) la escala media de una sola fotografía, 3) la escala
106 MANUAL DE GEOLOOIA DE CAMPO

de una parte en particular de una sola fotografía. las primeras


dos difieren debido a que la distancia entre el avión y el suelo
varía durante la fotografía¡ la diferencia de escalas entre dos
líneas de vuelo adyacentes es, con frecuencia, suficientemente
grande para ser obvia. Las dos últimas difieren por el efecto del
relieve sobre la escala (Sec. 5-3).
La escala promedio aproximada se indica en los fotoindices
del á rea. T ambién se da en la descripción el proyecto fotográ-
fico y algunas veces se imprime en el reverso de las fotografías.
En algunas fotografias antiguas solamente se indica l9. distancia
entre el avión y el sucio (altura de vuelo sobre el terreno) y
la distancia focal de la lente utilizada. La escala (expresada en
forma de fracción) puede calcularse dividiendo la distancia focal
de la lente entre la altura del avión sobre el terreno. La escala
obtenida en esta forma puede tener un error de un 10 a 15 % .
Si se requiere una escala más p~isa para una determinada
línea de vuelo, será necesario medir la distancia entre dos puntos
en las fotografías armadas y compararla con la distancia que
muestre un plano a escala de la misma área. Las fotografías se
tienden primeramente en forma sobrepuesta a lo largo de la
línea de vuelo, cuidando de traslapar los detalles de una foto-
grafía sobre los de la siguiente. A medida que se hace esto, se va
fijando cada fotografía en su posición con papel engomado. A
continuación se procede a medir la distancia entre dos puntos que
estén suficientemente apartados sobre la tira de fotografias. La
escala de la fotografía expresada en forma de fracción puede ob-
tenerse de la siguiente relación:

distancia medid• en lu fotos


cei;ala de la fotografía = ncala del m•pa X
distancia medid• en el pl•no

Cuando los mapas se hacen de la compilación de fotogra•


fías, se utilizan escalas promedio, pero si se piensa determinar
la posición de determinados rasgos geológicos por el método de
pasos, será necesario determinar la escala de una fotografía en
panicular. Un plano a escala grande puede emplearse para de--
terminar Ja escala de las fotografías individuales por el método
ya descrito. Cuando no se cuenta con un plano de este tipo,
DET All.ES GEOLCGICOS EN FOT OGRA F1AS Al!REAS 107

la escala puede d eterminarse algunas veces refiriéndose a los


terrenos y caminos dispuestos en secciones o fracciones de sec-
cion es (kil6metros, medios kilómetros o centenas de metf'()6)
de acuerdo con los levantamientos de los Dcpanamentos de
T errenos.
Si no se cuenta con estos detalles, la escala puede detenninu~
se midiendo distancias en el terre no entre dos puntos y rela-
cionándolas con las distancias mostradas en las fotografías. Los
puntos deben estar aproximadame nte a la misma elevaci6n, ya
que la escala d entro d e una misma fotografía varía con la ele-
vación. En la Sccci6n 5-9 se describe un método para calcular
la diferencia d e escala e ntre panes de mayor y menor elevaci6n
en una forografia.
Cuando se h a determinado la escala de una fotografía, las
escalas de las fotogra"fias sobl-epuestas se pueden obtener midien-
do la distancia entre dos puntos de la pane sobrepuesta y usando
la relación de las distancias para calcular la escala de una
fotografía a otra. En este caso, tambié n ambos puntos deben estar
aproximadamente a la misma elevación.

S.7. Localización de a fl oramiento• en la1 fotogra líu


aéreas mediante au inspección
Ya que las fotogra fías aéreas muestran el detalle con mucha
claridad, los afloramientos se puede n localiiar con prccisi6n y
fáci lmente comparando la im agen fotográfica con los rasgos en
el terreno. Los detalles más útiles son la forma de los arroyos
u otros valles menores y los pun1os obscuros que ma rcan los
árboles y grandes arbustos. Primero se de te rmina un rasgo grande
e inequívoco, por ejemplo, un gran árbol en una pane despe-
jada, de determinada forma, o la intersccci6n de dos cañadas.
Posteriormente se localiza el afloramiento con exactitud con la
ayuda d e la forma de orros árboles m ás pequeños o d e las for-
m as del dren aje. En los lugares d onde los arbustos o los árboles
crecen en fonna muy cerrada, las pequeñas veredas o las áreas
pequeñas sin vegetación se pueden utilizar.
La locaHzaci6n aproxi mada puede hacerse frecu entemente en
forma rápida con un estereoscopio de bolsillo; el esteroscopio
JOS MANUAL DE GE'OLOGIA DE' CAMPO

puede emplearse para localiur con exactitud la parte alta de


las sierras o los cambios marcados en la inclinación de la pen·
diente. En la mayor parte de las copias fotográficas, un estereos--
copio de aumento o una lente de aumento, mostrarán rasgos
que de otra manera son demasiado pequeños para ser vistos.
Sin embargo, debe anotarse la fecha de la fotografía, ya que
las manchas de vegetación pueden variar con la estación y mu~
chos de los rasgos hechos por el hombre pueden modificarse
con el tiempo.

5-8. Cómo m"rc"r el norte en lila fotografías "éreas.


Cuando no hay suficiente detalle para localizar un aflora·
miento por observación, se puede utiliur el método de medi·
ción a pasos y brújula, pero previamente debe marcarse la flec h a
del norte sobre cada una de las fotografías. El norte puede en•
conrrarse 1) utilimndo una brújula y determinando el rumOO
entre dos puntos que pueden ser identificados con precisión en
la fotografía, 2) trazando una línea que una los dos puntos, 3)
con ayuda de un transportador, marcando la línea del norte ver•
dadero. Los puntos deben estar en la parte central de la foto--
grafía y encontrarse aproximadamente a la misma elevación,
y deben estaf al menos a una distancia de unos 3 cm. El pro--
cedimiento completo debe hacerse con la mayor precisión po--
sible, ya que muchas medidas se hai:-án en función de la flecha
que marca el norte.
La flecha que indica el norte puede dibujarse algunas veces
sobre las fotografías aéreas antes de salir al campo.. La posición
de la . flecha puede determinarse basándose en los caminos o
linderos de ten:enos de dirección norte-sur o este--oeste, de acue r•
do con los datos p lanimétricos de la región (Bureau of Land
Management Surveys, en el caso de los E. U.) Algunas de las
lineas divisorias de las secciones pueden estar varios grados fuera
de esta orientación, pero esto será obvio cuando se observe la
fotografia en conjunto. Deben ratificarse cuando sea posible, com·
parándolos con planos mas exactos o planos detallados de pro--
piedades. Un buen mapa exacto también puede utilizarse para
transferir la línea norte..sur a la fotografía; sin einbargo, la escala
DETAl.LES GE'OLOG/COS E'N FOTOGRAFJAS A.MEAS 109

debe ser suficientemente parecida a la de la fotografía o la


orientación del rumbo estar basada en un rasgo lineal suficiente-
mente largo, como por ejemplo, un camino principal. Planos de-
tallados de caminos, carreteras, acueductos o cauces de agua na-
turales, proporcionan una excelente fuente de líneas de orienta•
ción precisas; estos mapas generalmente pueden obtenerse de los
topógrafos del Estado o de la región.

5-9. Localización de afloramientos en las fotografías


por medio de la brújula y medición a pasos
Una vez que se ha marcado el norte de una fotografía y se
h11. detenninado su escala, se pueden localizar sobre ella los puntos
por medio de la brújula y los métodos d e medición descritos
hasta ahora (Sec. 4-2). Estos métodos p ueden utilizarse sin pro-
blemas en las áreas d e bajo relieve, a menos que las fotografías
tengan una distorsión d e inclinación apreciable. En las áreas de
relieve moderado o alto, la localización por medio de la brú·
jula y pasos dará solamente resultados aproximados, a menos
que las distorsiones causadas por el relieve se tomen en consi·
deración. En las Figs. 5-3 y 5-4, por ejemplo, las lineas de rumbo
medidas entre varios puntos en una fotografía, no serán iguales
a las leídas en el campo. Por otra parte, los cambios en escala
d ebidos a la elevación h arán que las distancias m edidas a pasos
en una elevación no correspondan a la misma distancia medida en
otra elevación. Es importante recordar que los efectos mostrados
en las figuras n o están exagerados y que van disminuyendo hacia
la insignificancia a m edida que el relieve y la inclinación de las
pendientes disminuye.
Gran parte de la distorsión causada por el relieve puede ser
evitada utilizando la parte central de cada fotografía para el le-
vantamiento. Los rum bos medidos para localizar afloramientos
deben ser tomados entre puntos que estén aproximadamente a
la misma elevación, ya que la posición de dichos puntos sólo
será verdadera sobre el plano en relación de uno al otro. Los
rumbos tomadcs entre puntos a diferentes elevaciones, solamen.-
te serán correctos si la línea d e rumbo es radial con respecto aJ
centro de la fotografía. Esto se debe a que los puntos situad05
110 MANUAL DE GEOLOG1A DE CAMPO

a lo largo de líneas que radian del centro de una fotografía


que no tiene inclinación, están situados en planos verticales que
incluyen el eje óptico de la cámara y que son radiales con res-
pecto a la lente de la cámara (Scc. 9-6). Las líneas de rumbo
que caen de 5 a 10° fuera de las líneas radiales darán inter-
secciones utilizables a menos de que los puntos estén a eleva-
ciones muy diferentes.
Una simple línea de rumOO y una distancia a pasos son su-
ficientes para localizar un punto si se conoce la escala de la
fotografía. Si la escala de una parte de la fotografía a una cierta
elevación ha sido determinada (Sec. S..6), se puede calcular la
elevación de cualquier otro punto utilizando la distancia focal
de la lente d e la cámara. El cambio de escala en Ja fotografía
puede ser e ncontrado con la siguiente fórmula:

1 diferencia en elevación (e.il pies)•


cambio de escala = - - - - - - - - - - -
12 distancia focal de la lente (en pies)

Para las fotografías tomadas con una lente de 6 pulgadas


(15 cm) --en la mayoría d e las fotografías a gran escala- esto
significaría un cambio de escala de 167 pies (50.29 m) por pul-
gada (21h cm) en cada cambio de altura de l,OCO pies (304.80 m).
Si la escala de una fotografía ha sido d eterminada para que
1 pulgada= 1,500 pies (457.20 m) o sea 1:18,000 en una altura
determinada, la escala de una cordillera situada l,CXXJ pies mis
arriba nos daría 1 pulgada = 1,333 pies (406.30 m), y la escala
en un valle situado 1,0CO pies más abajo seria de 1 pulgada =
1,667 pies (508.10 m).
Para distancias medidas sobre terreno inclinado, debe utilizarse
la elevación promedio de la ruta que se ha medido. Estas dife-
rencias de escala son apreciables, razón por la que la elevación
debe ser estimada cuidadosamente o determinada con un baró-

•N.T. Se dejó la medid• inglua porque tanlo las disra nciaa foc•lea
de cámaras de •crofotografía como las alturas de vuelo 5C miden en unldadea
inglesas.
DETALLES G.EOLóGICOS EN FOTOGRAFIAS AM.EAS

5-10. Levantamiento geológico sobre fotografías aérca.111


Aun cuando el método para localizar los puntos sea un tanto
diferente, el p rocedimiento general del levantamiento geológico
con fotografías aéreas es semejante a l que se sigue cuando se
emplean mapas. En muchos casos el trabajo toma menos tiempo
debido a q ue las fotografías muestran la imagen real d e los con-
tactos y fallas, zonas de afloramientos, veredas a través de :zonas
de matorrales o terreno en general difícil. Por lo tanto, las foto-
grafías son de gr:an valor para proyectos para los que se dispone
de poco tiempo y no puede llevarse a cabo el examen d etallado
de todos los rasgos. Sin embarw>, si el tiempo lo permite, los
contactos y las fallas d eben ser trazadas gradualmente a medida
que se vayan localizando en el terreno. Mientras se realiza esto,
la fotografia debe ser examinada con frecuencia para buscar in..-
dicaciones de fa llas o variaciones en la litología. En muchos casos,
ciertas marcas lineales vagas y pequefias diferencias en el tono
pueden indicar cambios en la vegetación, en el suelo u otros
cambios e n la textura del terreno. Algunos de estos rasgos pudie•
ran no h aber sido examinados nunca de no haberlos descubierto
a medida que progresa el levantamiento. Esta es una de las ra-
:rones por las que conviene eJCa.minar las f()(ografías con un este-
reoscopio de aume nto antes de iniciar el levantamiento en el
campo.
Todos los rasgos geol6glcos d eben indicarse eJCa.ctamente d onde
aparecen en la image n de la copia fotográfica utilizada; no deben
corregirse pol" la distorsión causada por el relieve. En la Fig. 5-4,
por ejemplo, los contactos están indicados correctamente e n cada
fotografía, a pesar de que su posici6n más aproximada en el plano
aparece solamente en una de las fotografías. Las correcciones
necesarias se hacen cuando los rasgos geológicos se transfieren
a l mapa o cuando las fotografías se compilan para trazar un
mapa.
En la Sección 5-5 se hacen sugestiones acerca de la forma
de marcar fotografias. El método de hacer pequeñas pedoraciones
con una aguja a través de la copia fotográfica, es especialmente
útil si tienen que hacerse muchas anotaciones d e diferentes lo-
calidades. Si el terreno se cubre rápidamente y solamente se
112 MANUAL DE G.EOLOGfA DE CAMPO

toman notas breves, como en el traba.jo de reconocimiento, las


notas pueden anotarse en el reverso de las fotografías, donde
nunca quedarán separadas de los rasgos a los cuales se refieren.
Si la flecha que marca el norte en una fotografia no es con-
fiable, debe anotarse el rumbo y orientación d e cada símbolo
estructural en el reverso de la fotografía o en las notas. La
actitud estructural puede de esta manera consignarse correcta•
mente cuando se compila el mapa.
Para algunos geólogos resulta más fácil recordar la distribu-
ción de un gran número de fotografías si éstas se renumeran
en una simple forma digital. El nuevo número debe ser marcado
con tinta en el frente y reverso de cada fotografía, pero sin obs-
curecer el número original. Si una brigada geológica de campo
est:i utilizando copias duplicadas, uno de los juegos debe ser mar•
cado con una letra mayúscula o algún símbolo semejante. Tal
vez el sistema más sencillo para tomar notas es principiar con
el número uno en cada fotografía. Cada página de las notas
de campo debe, por lo tanto, mostrar el número de la fotogra·
fia y los especímenes y muestras deben estar rotulados con el
número completo d e la fotografía. Un número típico de muestra
sería 3F-I6-5, significando que es la localidad número 5 en la
fotografía 16 del vuelo número 3F.
Las fotografias deben mantenerse secas, ya que la emulsión se
ablanda y se cae fácilmente cuando se humedece ligeramente.
Además, las fotografías se enroscan si se humedecen diferencial·
mente, como por ejemplo, con el contacto de manos sudorosas.
Si las fotografías se humedecen, deben intercalarse entre hojas
de papel secante, y secadas durante la noche bajo unas pesas.
Ya que las marcas de lápiz suave sobre las fotografías se
borran fácilmente, los números d e las localidades y símbolos de
las estructuras deben ser entintados todas las noches y los con-
tactos y fallas deben ser entintados tan pronto como su posi·
ción se conozca satisfactoriamente. Debido al tono gris obscuro
de muchas fotografías, el uso de timas de color puede ser ven•
rajoso para mostrar diferentes tipos de rasgos estructurales; tam•
bién puede resultar ventajoso el uso de tintas de colores para
numerar las notas. Las tintas de colores a prueba de agua, que
son tinturas en vez de suspensiones de pigmentos, no se aprecian
DETALLES GEOLOG/COS EN FOTOGRAFIAS AEREAS 113

bien en las panes obscuras de las fotografías; por lo tanto, tienen


que mezclarse antes con una pequeña cantidad de p intura de
canelón.

5-11. Tnmlfercncia de los detalle1 geológic.os


de 18!1 foto&rafía1 a un mapa
Cuando se levanta con fotografías aéTeas un área mayor que
unos cuantos kilómetros cuadrados, los rasgos ~lógicos deben
ser transferidos a un plano en la oficina a medida que el trabajo
progresa. Esto se hace para ratificar la continu idad estructural
(o discontinuidades críticas) a través de arcas que resultan de~
masiado grandes para verlas en una sola fotografía. También
sirve para asegurarse que todo el terreno ha sido cubierto de--
bidamente. La razón por la cual las fotografías mismas no pue--
den armarse para presentar un cuadro completo son: 1) cada
fotografía tendrá probablemente sólo una pequeña parte del
á rea cubierta con levantamiento, 2) las panes sobrepuestas de
las fotografías adyacentes cubrirán la mayor parte de esta área,
3) los rasgos entintados serán casi invisibles en las partes obs-
curas de las fotografías y 4) los rasgos de vegetación y cultura
pueden obscurecer la información geológica. En forma id6M:a, la
compilación se hace en una base topográfica que tenga una es-
cala semejante a la de las fotografías (como los mapas topo-
gráficos de la serie de 1:25,000 de 7112 min.). Los mapas de
cuadrángulos recientes en escala de 1:50,000 son suficientemente
detallados para la mayor- pan:e de las compilaciones de campo
y son más fá ciles de utilizar si se amplifican a la escala promedio
de las fotografías. Los mapas planimétricos modernos (como
son en los Estados Unidos las hojas del U. S. Force Service y
U. S. Bureau of Land Management en escala de 1 :24,000) tam~
bién proporcionan excelentes bases para compilar datos de foto-
grafías aéreas. Cuando no se cuenta con un mapa base adecuado,
se puede elaborar un mapa planimétrico de las mismas fotogra~
fías aéreas según se describe en el capítulo 9.
La transferencia de la información puede iniciarse mediante
el uso de un estereoscopio para localizar los rasgos geológicos
que caigan sobre o cerca de picos topográficos, sillas, valles, cam~
114 MANUAi.. DE OEOl..00/A DE CAMPO

bios de pendientes, caminos, veredas o cualquier otro rasgo que


pueda ser identificado con exactitud tanto en la fotografía como
e n el plano. Si estos puntos están suficientemente cercanos, los
contactos y las fallas pueden dibujarse a través de ellos obser•
vando su posición en la imagen estereoscópica. Un par de divi•
sores proporcionales debe utilizarse si la diferencia en escala entre
el mapa y la fotografía es considerable. En las áreas de bajo
relieve, los divisores deberán aj ustarse una sola vez para cada
fotografía, pero en las áreas de relieve moderado o alto, Jos
cambios de escala d ebidos a los cambios de elevación dentro de
cada fotogra fía deben tomarse en consideración. Si no se tienen
divisores proporcionales, se puede dibujar una serie de triángulos
a través d e los puntos que han sido localizados con precisión
tanto en la fotografía como e n el plano. Los rasgos se pueden
entonces transferir tomando como base las distancias proporcio-
nales desde los ángulos, bisectrices u otros elementos de los trián-
gulos (Fig. 5-8) .

F;g. 5-8. Uso de un 6Í5tema de triángu los y Hnea.s accesorias para rraos-
f~rir detalles geológicos de una fotografia (a la d~recha) a un mapa.

Generalmente el m apa que se elabora en esta etapa no necesi·


ta ser tan preciso como el que se hace cuando se termi na el tra•
bajo de campo. Sin embargo, los detalles deben ser consignados
al menos en una forma cualitativa, ya que es importante poder
observar el aspee.to general y el carácter de los rasgos geológicos
a medida que el plano progresa.
DETALLES GEOLóG!COS EN FOTOGRAF1AS A MEAS

Referencias citadas
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6
La alidada y la plancheta

6-1. Utilidad general de la alidada y la p lancheta


Cuando no se dispone de un mapa-base adecuado o no se
consiguen fotografías aéreas, frecuentemente el mismo geólogo
tiene que hacer un mapa completo. Aunque una brújula y una
cinta pueden ser adecuados para el levantamento de áreas pe-
queñas, generalmente requiere una alidada y una plancheta, es-
pecialmente si el mapa debe mostrar tanto rasgos topográficos
como geológicos. La alidada y plancheta se adaptan a muchos
tipos de proyectos de campo y pueden utifüarse tanto para cs--
quematizar rápidamente los rasgos, como para hacer un levan•
tamiento mis preciso. La gran ventaja de estos instrumentos es
que el mapa se dibuja directamente sobre la plancheta, a me--
dida que la insmimemadón progresa. Esto asegura que los ras-
gos sean consignados a medida que se les examina en el campo
y que aparecerán posteriormente en la forma más natural y
completa posible. Por otra parte, los métodos de levantamiento
con plancheta son generalmente más rápidos que otros métodos
topográficos más precisos. Cuando se usa un tránsito, por ejemplo,
el mapa debe ser compilado en la oficina a partir de notas que
cubren no sólo la topografía, drenaje y cultura, sino también
los rasgos geológicos. Son tan grandes las ventajas de la alidada
y la plancheta, que de hecho se han convertido en instrumentos
tradicionales en el trabajo geológico de campo.

6-2. La alidada de miras y loa principios del levantamiento


con a lidada
La alidada de miras ilustra claramente los principios del
levantamiento con alidada y por lo tanto, se le considerará aquí
antes de tratar la alidada telesc6pica. C.onsiste de una regla
116
LA AUDADA Y LA PLANCHETA 117

pesada con m iras plegadizas montadas en ambos extremos, que


proporcionan una visual paralela a la regla (Fig. 6-lA). La brú-
jula Brunton puede convertirse en una alidada de miras inser-
t8.ndola en un transponador grande de celuloide construido es-
pecialmente para este propÓsito. La alidada se utiliza con una
mesa pequeña llamada plancheta, de un06 38 cm de lado y
que contiene 4 tomillos en las esquinas para afiaruar el mapa o
papel de dibujo. La plancheta se fija sobre el tripode por medio de
una junta que puede rotar libremente. La planch eta puede fijarse
a una posición determinada apretando el tomillo que queda bajo
la junta .

.,,.,, ~
' -:e =_-- ~

Fig. 6-1. (A) La alidada de miru y el tablero de levantamiento. (B) Mapa


coloca.do sobre el tablero, en el que le mucs!ran los puntos loca!Wdoa con
una a lida da de miras,

La alidada de mira es un instrumento valioso por sí mismo.


Es especialmente útil para los levantamientos geológicos cuando
solamente existen algunos puntos aislados en el mapa que pue-
den ser identificados con exactitud. La mesa o plancheta se co-
loca en el campo sobre un punto localizado previamente en el
mapa. Se nivela colocando una brújula Brunton abierta sobre
de ella y ajustando los pies del trípode hasta. que la burbuja quede
centrada. Si no existen interferencias magnéticas, la mesa puede
orientarse colocando la brújula paralela a una línea norte sobre
el mapa y rot:..ndo la plancheta hasta que la aguja de la brújula
quede en cero. Sin embargo, la orientación puede hacerse mas
118 MANUAL. DE GEOl..OGIA DE CAMPO

digna de confiama por medio de la colocación d e la regla d e


la alidada a través del punto ocupado y un segundo punto que
pueda observarse d esde esa localidad. La plan cheta se hace girar
horirontalmente hasta que el segundo punto quede cenrrado en la
mira de la alidada. Cuando se a prieta el tornillo d e la junta de
manera que la mesa quede rígida, el mapa quedará orientado en
forma paralela al terreno circundante.
Ahora puede procederse a la localización de nuevos puntos
en el mapa por cua lquiera d e los dos procedimientos siguientes:
1) trazando una linea del punto ocupado al punto por localizarse
y midiendo la distancia a pasos o con cinta hasta ese punto, o
2) por intersecciOn. El primer p rocedimiento es como sigue :
l. Muévase la alidada sobre la plancheta hasta q u e el punto
que desee localiza rse quede centrado en la mira y el punto ocu·
pado quede sobre la regla de la alidada.
2. Dibújese una linea d elgada de lápiz d esde el punto ocu·
pado, a lo largo de la regla, hacia el punto al que se hace la
visual.
3. Mídase a pasos o con cinta la distancia al punto observado.
4. Dibújese a escala sobre la línea de lápiz la distancia y
márquese el punto.
El procedimiento para localizar puntos por intersecciOn se
ilustra en la Fig. 6-18, que muestra un mapa simplifi cado m on·
tado sobre una plancheta. Los dos puntos A y B indican puntos
intervisibles que p ueden ser localizados en el mapa y que pueden
ser ocupados por la plancheta y el trípode. Se coloca la plancheta
sobre el punto A y se orienta por medio d e una visual B con la
alidada según se describiO antes. El problema consiste en trazar
sobre el plano un contacto cercano que ha sido marcado con
señales d e tela de colores e n vados lugares. Para realizar esto,
la alidada se apunta a cada una de las marcas de color y se
traza una línea d irigida h acia ellas, numerándose cuid adosamente
los diferentes rayos e n el sentid o de las manecillas del reloj (Al,
Al, etc.). La plancheta se pasa a con tinuaciOn al punto B, orien-
tándose ccn una visual h acia A y se tira una visual nuevamente
a cada uno d e los puntos marcados. A m edida que se traza cada
rayo dibujado desde B, la intcrsecciOn con el correspondiente
LA ALIDADA Y LA PLANCHETA 119

rayo desde A marca la posición del punto en el mapa (1, Z, etc.).


Con el contacto localizado en estos puntos, sus detalles pueden
ser llenados rápidamente caminando con la plancheta a lo largo
del contacto. No siempre es necesario que todos los rasgos se
marquen previamente para ser localizados por medio de inter-
secciones; cualquie r punto que pueda ser identificado en forma
inequívoca desde dos posiciones del insrrumenro puede ser loca-
lizado por medio de este método. Debe hacerse notar, sin em-
bargo, que las localidades serán poco confiables si el ángulo de
intersección es menor de 20° ó 30°.
Triangulación o partir de una línea base. Típicamente,
un mapa-base se utiliza para consignar les rasgos geológicos por
medio de la alidada de mira, sin embargo, también es posible
construir un mapa a base de una hoja de papel en blanco por
medio de este instrumento. Para iniciar dicho mapa, se mide una
distancia entre dos puntos en el terreno poniendo esta misma
distancia en el papel, usando la escala que se haya escogido
para el levantamiento. En la Fig. &IB, por ejemplo, los puntos
A y B pudieron haber sido marcados en esta forma. Esta línea
se llama lín.ea b<ne, y el levantamiento se extiende haciendo
medidas a partir de ambos extremos. En la figura, las estaciones
de instrume nto tales como C y D pueden ser localizadas por
intersección a partir de A y B, y ratificadas mediante visuales
a partir de C y D. Este prccedimiento general para localizar
estaciones se conoce con el nombre de triangulación, y es un mé-

B
A~ BC-AC·ll~Lm.
Fig. 6-2 . Cikulo de la diferencia de elevación a paniT del ángulo vertical
(m) y la dismnda horizontal.

todo básico para iniciar un plano; se le tratará con mayor detalle


en el capítulo 7. Las elevaciones pueden transportarse de un
punto a otro midiendo un ángulo vertical con el clinómetro de
la brújula Brunton, cnku13ndose la diferencia de elevación a
partir de ese ángulo y de la distancia medida a escala sobre e l
plano (Fig. 6.2). El plano se completa moviendo la plancheta
120 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

a las diferentes estaciones de intersección, trazándose los rasgos


geol6gicos que rodean a cada una utilizando cu alquiera de los
m étodos descritos hasta aqui.

6 -3. La a lidada telescópica


Com parada con la alidada de m.i ras, la alidada telescópica
tiene varios importantes refinamientos y accesorios, Estos incluyen
un telescopio afocable para h acer medidas a gran distancia, un
nivel sobrepuesto a manera de caballete y una escala de vernier
para . medir ángulos venicalcs, una aguja magnética para deter-
m ina r rumbos magnéticos, hilos de estadia en el ocu lar para de-
terminar las distancias leídas sobre un estada!, y, generalmente,
u n arco Bcaman para la rápida conversión de las medidas d e
estadía a las verd aderas medidas verticales y horizontales. La
descripción d e las diferentes partes y su manejo, que se h acen
a continuación, están numeradas en la Fig. 6-3, que r epresenta
una a lidada telescópica típica.
El telescopio ( 1) está SO!ltenido sobre una especie de yu~
que que está unido firmemente a Ja regla (3) por el pedestal
(-4). El único movimiento posible del telescopio con relación a
la regla es sobre el eje horizontal, y por lo tanto, la linea de visión
del telescopio siempre estari sobre un plano perpendicular al
p lano de la regla y paralelo a su borde longitudinal. Cuando &e
afloja el tornillo del eje (6), el telescopio se puede apuntar li-
bremente hacia arriba o hacia aba jo h asta unos 30° en cada di-
rección; cuando se ap rieta el tomillo, el telescopio se puede
mover lentamente moviendo el tontillo t.an&~mcial (7). E l nivel
montante (8) , queda m ontado en tal forma que su eje perma-
nece paralelo a la línea d e v isión del telescopio. El nivel mon -
tante puede quitarse fácilmente por m edio d e un tomillo o de
un resorte y se deja mo ntado sobre el telescopio solamente
mientras éste esta en uso.
La regla tiene una orilla biselada (10), llamada orilla /idu-
cial, que es paralela al p lano de visión del telescopio. El nivel
circular (1 1) (o en alguncs modelos dos niveles de tubo en angulo
recto) sirve para nivelar la mesa de la plancheta cuando se
coloca para trabajar. Las dos pei-illa.s (12) sirven para mover la
LA AUDADA Y LA PLANCHETA 121

alidada sobre la plancheta sin tocar el telescopio u otras partes


movibles. La caja de la brújula (13) está colocada en forma pa~
ralela a la orilla fiducial, a fin de que el instrumento pueda
orientarse al norte magnético con la aguja imantada. La aguja
debe ser fijada levantándola de su joya de sostén, por medio de
la pequeña palanca elevadOT (14) cuando la brújula no está en

Fig. 6-.l. La alidada tclctc6plca.

Al telescopio puede colocárscle un ocular ordinario o un ocu;


lar de prisma (15), el cual desvía la línea de visión en ángulo
recto de manera que permite al operador ver hacia abajo para
hacer observaciones a través del telescopio. Los hilos au::ados
y los hilos de la estadia están montados en la parte delantera
del ocular (16) y se ven como aparecen en la Fig. 64 cuando
han sido debidamente afocados por medio de! tomillo de ajuste
(17) del ocular. El telescopio se afoca moviendo el botón que
queda en el lado derecho (no se muestra en la figura). Sobre
el extremo del telescopio se puede colocar una visn-a (19) y
ésta se reemplaza por una tapa protectora de la len.ce (20) cuando
el instrumento no está en uso. Cuando se afloja el tornillo derv
rado (21) el telescopio puede girar hasta 180° sobre su eje de
visión; durante el uso ordinario, el telescopio debe estar girado
firmemente hasta el tope (de manera que el botón de enfoque
122 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

quede del lado derecho), apretándose después el tomillo den-


tado.
Del lado izquierdo de la alidada está el arco de ángulos
verticales y los accesorios usados para la lectura de ángulos
verticales y factores de corrección de estadia. Incluyen el nivel
de vernier (22), un marco (23), el tomillo tangencial (24), que
mueve la escala del vernier y las líneas de índice (25), y un arco
calibrado (26), que se utiliza en las mediciones de ángulos ver•
ticales y de la estadia. El arco está graduado con una escala de
ángulos vertica,les, y en la mayor parte de las alidadas, con el
útil arco d e escala Beaman. A lgunos arcos Beaman (como el de
la figura) se leen de lado, otros de la parte posterior del instru•
mento y otros a través de un ocular óptico.

Fii:. 64. Hil011 transversales e hilOll d e t. uudia como o;., ven a 1ravés de!
oculu.

Cada alidada tiene un estuche de madera resistente en el


que se le mantiene durante el tra nsporte y en el cual debe
colocarse cuando no está en uso.
La alidada mostrada en la figura, generalmente se conoce
como el modelo d e al.ro es-tándaT o topográfico. La alidada de ex-
pl-Orador es de 5 a 7.5 cm más corta que el modelo ilustrado,
y su soporte está colocado directamente sobre la regla, hacién -
dola un instrumento bajo y compacto. Su estuche mide unos
7.5 X 7.5 X 25 cm, en comparaci6n con los 7.S X 20 X 30 cm
para el modelo estándar, y esto lo hace más manuable para su
tra nsporte. Sin embargo, su telescopio solamente puede ser le-
vantado y bajado unos 8º con respecto a la horizontal y su
regla puede resultar demasiado corta para algu nas visuales. Por
LA ALIDADA Y LA PLANCHETA 123

lo demás, su construcción y operación son en todo semejantes al


de la alidada estándar. Un tercer tipo de alidada tiene una
regla de 50 a 75 cm de largo y se utiliza cuando es necesario
trazar largos rayos para levantamiento de control o para levan-
tamientos muy exactos de gran escala sobre tableros de plan•
cheta de mayor tamaño. La -alidada autoajitStable es u n instru•
mento que automáticamente corrige pequeñas inclinaciones dé
la mesa de la plancheta y que tiene aditamentos ópticos que
aumentan la exactitud y la velocidad de las lecturas. O tras ali·
dadas que se han desarrollado recientemente tienen aditamentos
ópticos para dar mayor rapidez en las lecturas y son más com·
pactas que la alidada del explorador. Las descripciones detalla-
das de estos nuevos instrumentos pueden obtenerse fáci lmente
de los fabricantes. En principio, no difieren de las alidadas or-
dinarias.

6°4. Ajuste de la a lidada en el campo


A continuación se describen los ajustes que más comúnmen•
te necesitan hacerse en el campo:
Enfoque de los hilos cr u::wdos. Los hilos cruzados pueden
afocarse en forma nítida por m edio del tornillo dentado del
ocular. A fin de que no haya una imagen que perturbe el cam-
po visual, el telescopio debe ser apuntado hacia el cielo o hacia
un li bro de notas abierto, sostenido a unos 15 cm frente al ins·
trumento.
Corrección del efecto de paralaje. Un objeto observado a
través del telescopio puede parecer que se desplaza con relación
a los hilos cruzados cuando el ojo se mueve ligeramente. Este
es el efecto de paralaje causado por un enfoque imperfecto del
instrumento. Puede ser corregido mediante el afoque cuidadoso
repetido hasta que la imagen y el punto observado se manten-
gan exactamente sobre los hilos cruzados cuando el o jo se mueve.
Aguja magnética. Cuando un instrumento se utiliza por
primera vez en una determinada región, la aguja iman tada puede
indinarse de tal manera que roza con la caja de la brújula. Esto
puede corregirse abriendo la caja y corriendo el peq ueño con-
trapeso d e alambre enrollado a lo largo de la aguja, hasta que
12'4 MANUAL DE CEOLOGfA DE CAMPO

dicha aguja quede equilibrada, Antes de cerrar la caja de la


brújula, el cojinete de sopone de la aguja debe limpiarse, pero
nunca debe aceitarse.
Nivel montante. Ocasionalmente es necesario ajustar los
dos extremos del n ivel montante para que queden a la misma
altum sobre el telescopio y esto puede hacerse por el llamado
método reversible. Se coloca el nivel sobre el telescopio y la
burbuja se centra moviendo el tomillo tangencial; despuls se
invierte la posición del nivel. Si la burbuja se desplaza del centro,
debe ajustarse con los tornillos en uno de los extremos del nivel,
hasta que la burbuja se mueva la mitad de la diferencia para
quedar centrada en el tubo. la burbuja se vuelve a centrar
con el tornillo tangencial y el procedimiento se repite hasta
que la burbuja p ermanezca centrada cuando el tubo se inviene.
Nfoel Jet vern1'er. El nivel d el vernier debe ajustarse con
frecuencia cuando se utiliza para trabajo de estadia con el arco
Beaman. Esto puede hacerse nivelando el telescopio con el nivel
montante (después d e ser ajustado por el método reversible)
y moviendo el tomillo tangencial del vernier (24 en la Fig.
6-3) hasta que el índice Bcaman esté exactamente e n el 50 de
la escala V. Una vei: h echo eS[o, se ajusta la burbuja del nivel
del vernier d e manera que quede centrado por medio de sus
tomillos de ajuste.

6-5. Aju9tes principales de la a.lidada


La alidada debe ser limpiada y ajustada en un taller especia-
lista antes de iniciar el trabajo de campo. Si se le deja caer o
si es sacudida fuertemente en el campo, se le tiene que reparar
en un taller especializado. Cuando esto no es posible, los ajustes
deben hacerse de acuerdo con las instrucciones del folleto del
fabricante, que viene con el instrumento. Ya sea que el daño sea
claro, o no, los dos ajustes siguientes deben hacerse antes de
intentar el uso del instrumento.
Ajiute Je los hilos cnuados. Los hilos cruzados deben es-
tar colocados de manera que el hilo vertical quede en ángulo
recto con el eje h orizontal del telescopio. Antes de hacer esta
prueba, el telescopio debe hacerse girar firmemente hasta su tope,
LA ALIDADA Y LA PLANCHETA 125

y el tornillo de retención debe apretarse. la alidada se coloca


entonces en una superficie horizontal sólida, se apunta hacia un
punto determinado y se ajusta por paralaje. El punto debe per·
mancccr exactamente sobre el hilo vertical cuando el telescopio
se inclina lentamente hacia arriba y hacia abajo con el tomillo
tangencial. Si el punto no permanece sobre el hilo, será nece-
sario aflojar los cuatro tomillos donde están montados 10$ hilos
cruzados y hacerlos girar en la dirección deseada, por medio de
pequeños golpecitos. Después de ratificarse y reajustarse cuando
sea necesario, deben hacerse los siguientes ajustes:
Lfnea de colimación. la linea de colimación es la línea
axial, del tclescopK>. los hilos crui:ados deben coincidir con esta
]loca. Su coincidencia se puede comprobar de la siguiente ma·
ncra: J) colocando la alidada sobre una superficie s6lida plana,
Z) aflojando el tomillo dentado del telescopio (número 21 en
la Fig. &J), 3) haciendo una visual hacia un punto bien dcfini·
do, 4) ajustando por el efecto de paralaje y 5) girando el teles.-
copio los 180°. Si los hilos cruzados se mueven del punto fijado,
deben colocarse regresa ndo la mitad de la distancia por medio
del par apropiado de tomillos que sujetan la montadura de los
hilos cruzados. la operación debe repetirse probándose y reajus-
tándose nuevamente hasta que los hilos cruzados permanezcan
sobre el punto.

6-6. Cuidado! a que debe 80mctcrse la alidada


en el campo
los instrumentos deben limpiarse y ajustarse antcs de salir al
campo. Normalmente permanecerán ajustados si se tienen las
siguientes precauciones:
l. Para mover la alidada levántese del pedcstcl, nunca del
telescopio.
2. Colóquese la alidada en su estuche cuando no esté en uso;
nunca se deje sobre la mesa de plancheta sin ser atendida, ya
que una ráfaga de viento puede fácilmente hacerla resbalar y
caer.
3. Quítese el nivel montante antes de guardar la alidada
en su estuche.
126 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

4. Tápese el nivel montante o de caballete con su cubierta


protectora cuando se retire d e la alidada.
S. Fíjese la aguja magnética , d e mane ra que no descanse
sobre su cojinete.
6. Límpiense las lentes con un cepillo suave de pelo de ca·
mello, o frótense (solamente cuando sea absolutamente nccesa·
rio) con un pedazo d e tela especial para limpiar lentes o con una
tela de algodón limpia. Nunca se use seda para limpiar lentes.
7. La alidada no debe ser aceitada en el campo, ya que
esto debe hacerse moderada y expertamente. Cuando el instru~
mento se limpia y ajusta para ser usado en una área que pro-
bablemente es seca y polvosa, debe especificarse para que sea
aceitada debidamente.
La alidada siempre debe ser transportada dentro de su estu•
che. Dentro de un vehiculo, el estuche debe permanecer sobre
un lugar acojinado, sin que haya el peligro de que caiga de
uno de los asientos al hacer una parada súbita.

6+7. La p lancheta y el trip ié


La mesa d e la plancheta es una tabla d e dibujo bien cons-
truida que tiene una base de bronce por medio de la cual se
fija el tripcxle. La hoja de plancheta se fija sobre la tabla por
medio de ocho to rnillos en la superficie superior. La mayor parte
de los tableros miden 45 X 60 cm ó 60 X 80 cm. Por lo común
se prefiere el más pequeño en el trabajo porque es más fácil
transportar, pero el grande es útil para trabajos topográficos
d e triangulaciones de control o para levantamientos en escala
muy grande, siendo ventajoso que quepa una área grande dentro
de una sola hoja de plancheta. La madera que se utiliza para la
mesa debe ser liviana, pero fuerte, y debe estar tratada y ajustada
de manera que no se tuerza. Ocasionalmente, sin embargo, los
tableros nuevos pueden torcerse en forma apreciable cuan do el
dima es muy caluroso y seco. La mayor parte de las m esas de
planch eta se encogen ramo en climas secos, que se llegan a
agrietar a lo largo de las juntas. Esto no debe preocupar dema•
siado, ya que las h ojas de plancheta son suficientemente fuertes
para quedar rígidas sobre las grietas.
LA AUDADA Y LA PLANCHETA 127

La mayor parte de los trípodes que se usan para la plancheta


tienen una cabeza ingeni053., llamad a cabe.i:a ] ohn.son, que permite
inclinar la tabla a fin d e poderla nivelar. La tabla puede ser
sujetada en forma parcial en esta posición, pudiindosele girar a
una orientación adecuada, donde podri sujetársele en forma com·
pleta. La Fig. 6-5 muestra una vista diagramárica de esta cabe:ia.
El tablero se atornilla al tomillo superior (1) hasta quedar co-
locada firm emente sobre la superficie superior de la cabeza (2).
Cuando ambos tomillos (3 y 4) se afl ojan (en el sentido normal
en contra de las manecillas del reloj), la cabeza se mueve libre-
mente sobre ambos de sus ejes centrales (5) y sobre sus super•
ficies semiesféricas (6). Cuando el tomillo superior (3) se aprie-
ta, la sem iesfera inferioc queda sujeta y la tabla se mueve sola·
mente sobre el eje central. Cuando el tornillo inferior se aprieta,
el eje central queda también fijo y la tabla ya no podrá moverse.

...--- 1 2

Fjz. 6·5. La uba• del 1ripode John-


son. con u n corte en cl l•do derecho
pan moatr•r lot1 soporru

.'
Existen dos tipos de trípodes: aquellos con patas rígidas y los
que tienen patas telescópicas. El ti po d e patas telescópicas es
más pesado, pero es más compacto para ser transportado y
permite su colocación más rápida sobre un te1Teno irregular.
H ay Ja posibilidad, sin embargo, d e q ue se olvide uno de apre--
tar las patas firm emente en cada estación, no solamente para
obtener mayor precisión, sino por el peligro de q ue se caiga y
dañe la alidada.
En ambos tipos de trípodes, las tuercas de aletas que sostienen
las patas a la cabeza son ajusrables y deben mantenerse sufi-
cientemen te apretadas, a fin de que cada pata quede a unos
45°, sin sostén. Una tuerca protectora del tornillo superior o
128 MANUAL DE OEOLOOIA DE CAM PO

un estuch e grueso d e cuero o lona debe colocarse sobre la cabeia


John.son cuando ésta no está en u so. Esto se hace primordial-
mente para proteger el tomillo de bronce que sostiene al ta•
blero, tornillo que es suficien temente suave para ser dañado
severamente con facilidad. Cu.ando se transporta, el trípode debe
eStar envuelto d e tal manera que la cabeza Johnson quede pro-
tegida de la tierra y el polvo.
Antes de aceptar una mesa d e plancheta y su rripié para tra•
bajo de campo, se d eben comprobar los siguientes pu ntos :
1. El tornillo para colocar la tabla debe ser d e la misma
rosca que la en trad a en la base de la tabla. Existen al menos
cuatro tamaños diferentes de tornillos, algunos d e tama ño tan
semejante, que la fa lta d e ajuste n o se hace obvia hasta varias
semanas d espués de estar tra bajando, en que la rosca se desgasta
al grado de u.farse fácilmente. A fi n de evitar el daño a los
tornillos, el ajuste de las unidades cuya correspondencia n o se
conozca debe h acerse con mucho cuidado.
2. La condici6n d e las juntas de la cabeza Johnson puede
ser comprobada oolocando el trípode y la planch eta, apretand o
.sola mente el tomillo superior (3 en la Fig. 6-5), y d eterminando
si es posible mover la oriUa de la tabla más de un centímetro
h acia arriba y abajo. Si tiene demasiado juego, no podrán
h acerse levantamientos de precisión.
3. La tabla debe estar suficientemente lisa y sin torceduras.
y esto puede probarse colocando una regla de acero en varias
posiciones sobre su superficie.

6-8. Las hoju de plancheta y eu preparación


Las hojas de plancheta consisten en dos h ojas gru esas de
papel de dibujo pegadas con un a lma d e tela. Esto evita un en-
cogimiento d esigual o el abultamiento y evita que una h oja seca
se arrugue cuando sus dimensiones cambian. Los cambios de di·
mensión pueden d etenninarse cuando la hoja d e p lancheta se
prepara, como sigue:
l. Selecci6n ese una h oja lisa no arrugada, colÓquese sobre la
mesa de la plancheta y encuéntrense la posición d e IOs agujeros
LA ALIDADA Y LA PLANCHETA 129

de los tornillos perforando a uavés del papel con una aguja o


con un clavo afilado, pequeño.
2. Agrándense los agujeres a un medio cc:ntimc:tro de diámetro
con una navaja afilada y colóquense los tomillos sin apretar,
permitiéndole a la hoja la libertad de encogerse o expanderse.
3. Con un lápiz 9H bien afilado y una regla de acero, trá·
cense dos líneas a través de la hoja, cada una paralela a una
de sus orillas.
4. Con una aguja perfórense dOti pequeños orificios sobre cada
linea a unos 30 ó 45 cm de separación, mídanse estas distancias
cuidadosamente y anótense cerca de las orilla de la hoja.
5. Manténgase la tabla y la hoja bajo condiciones lo más
semejantes posibles a las del área en que se va a trabajar y com-
pruébese la longitud de las lineas (usando el mismo escalímetro)
para determinar cuando el papel ha llegado a tener un régimen
constante de cambio diario. Debe llevar5C un registro de los cam·
bios y el tamaño final anotarse en forma permanente cerca de la
orilla de la hoja a fin de que la escala del mapa pueda ser
corregida con precisión en cualquier momento.

Este acondicionamiento de las h ojas d e plancheta generalmen-


te tomará varios días. Es importante que: los tornillos que sujetan
la hoja no estén firmemente apretados durante el acondiciona·
miento y que durante el período d e levantamiento propiamente,
sean aflojados todas las noches; de otra manera, el plano sufrirá
distorsiones.
A fin de mantener limpia la hoja, se puede cubrir con un
pedazo de papel grueso de envolver, el cual se fija sobre la plan·
cheta al principiar el trabajo y pueden irse cortando secciones
a medida que e l trabajo progresa. la cubierta de papel protegerá
a la hoja de la humedad, pero tan pronto como empiece a
llover, la tabla de la plancheta debe cubrirse con el estuche de
lona, ya que las hojas húmedas se arrugan considerablemente.
Si se prevén fuertes lluvias, un peda:ro de plástico o de teia
ahulada debe formar parte del equipo para cubrir el tablero.
En muchos proyectos es una ve ntaja utilizar hojas que son
impermeables y que tienen una superficie más lisa y durable
que las h ojas de papel. Las hojas de plástico grueso son exce-
!JO MANUAL DE OEOLOGIA DE CAMPO

lentes para trabajo de plancheta cuando sus su perficies han


sido adecuadamente preparadas. Las hojas de Stabilene Scribe
Coat de la Keuffel and Esser Co., por ejemplo, tienen una cu•
bierta coloreada que se corta con un estilógrafo de manera de
marcar las líneas y los puntos (Sección 4-1). Esta técnica estilo-
gráfica se utiliza ahora en forma universa l por los topógrafos
del United States ·Geological Survey. Una de sus ventajas es que
sobre su superficie se puede imprimir un mapa en forma foto-
gráfica de manera que la topografía o· planimetría existente pUeda
ser utilizada como base para trabajo de más detalle, incluyendo
el levantamieiito geológico.
Se han utilizado hojas d e plancheta con alma de aluminio
en vez de tela para reducir el ·efecto de la humedad; también se
pueden hacer h ojas excelentes esmaltando hojas de aluminio
o de masonite Y" posteriormente puliendo el esmalte con un abra-
sivo muy fino. El esmalte debe ser de color, ya que el reflejo dé
una hoja blanca o metálica hace el levantamiento muy difícil.

6-9. Colocación y orientación d~ la plancheta

~as inst"ruccion7s para la colocación de la plancheta son:


l. Colóquese el trípode aproximadamente sobre la estación ocu-
pada, aflójense ambos tornillos de la cabeza Johnson ;<¡ muévase
la parte superior de la cabeza hasta que quede pareja con la
media esfera inferior (Fig. 6-6A). En seguida apriétense ambos
tornillos.
2. Atorníllese la mesa de la plancheta sobre la cabeza John-
son hasta que quede asegurada firmemente sobre la parte superior
de Ja cabeza.
3. Alcese el trípode y la tabla de manera de que el mapa
quede orientado con el terreno; después colóquense en una
posición tal que la estaca o marca de la estación quede aproxi·
madamente d ebajo del punto correspondiente en el mapa. Para
levantamientos a gran escala, esto Puede comprobarse con exac•
titud dejando caer un guijarro o una pequeña piedra que se
coloque debajo del mapa a fin de ver si cae sobre la estaca
(Fig. 6-6B).
LA ALIDADA Y LA PLANCHE'fA 131

4. Ajüstcsc la posición o longitud de las patas del trípode hasta


que la tabla se vea horizontal y las pata.S mén indinadas por lo
menos 30° respecto a la vertical. Dos patas d eben estar colocad as
ladera abajo y una ladera arriba .

...,,., . . . . .1

==¡;;;;;¡.==;,,-,, ••:;:·:.::~--

Flf. 6-6. Eiapu en la colocación de la planchelL

5. C l:ivcnsc las patas del trípode en el terreno con el talón o


fíjense con piedras, a fin de que queden firmes. Apriétense las
tuercns de aleta de cada una d e las patas del trípode.
6. Colóquese la alidada (sin el nivel de caballete) en el
centro de la tabla y paralelo a su longitud.
7. Colóquese el brazo faquierdo sobre la regla, tomando el
extremo más distante de la tabla con la mano izquierda y aprié·
tese la tabla contra la cintura al tiempo que el brazo izquierdo
sostiene la regla oobre la mesa (Fig. &6C). Con la alidada sos-
tenida en forma segura d e esta manera, aflójense los tomillos
de la cabeza Johnson con la mano denecha y cuidadosamente in·
clincsc la tabla hasta que el nivel circular de la regla quede
centrado. Apriétese firmemente el tornillo superior de la cabeta
Johnson.
132 MANUAL DE GEOLOOJA DE CAM~

Si la plancheta ha sido colocada en la primera estación de


un nuevo levantamiento sin puntos previos marcados en la hoja,
debe primeramente orientarse en forma adecuada relativa al
área que desea cubrirse. Una vez que ha sido fijada en esta po--
sici6n, se marca la estación inicial sobre la hoja y se traza sobre
la hoja una flecha que indique el norte magnético, utilizando
la aguja magnética de la alidada. La flecha debe ser inscrita con
el número de la estación y la fecha, ya que la declinación mag-
nética en ctras estaciones puede ser un tanto diferente.
Si el mapa ya ha sido comenzado de manera que dos o más
estaciones aparezcan ya sobre la hoja, la tabla se puede orientar
mediante el uso de la flecha magnética que se haya trazado en
la estación más cercana. Si se utiliza este método, la confiabilidad
de la flecha del norte magnético debe de tomarse en cuenta. En
general, es preferible orientar la plancheta por medio de una
visual sobre otro punto, de acuerdo con las instrucciones si•
guientes:
l. Colóquese la alidada de manera que la regla fiducial bi·
secte el punto que marca la estación ocupada, así como el punto
de otra estación bien localizada, cuya señal (generalmente una ban-
dera sobre un mástil vertical), pueda observarse. Los puntos
sobre el tablero deben quedar separados al menos 10 cm. Debe
utilizarse un vidrio de aumento para comprobar la colocación
de la alidada.
2. Gírese la mesa de la · plancheta lenta y cuidadosamente
hasta que la señal quede bisectada por el hilo vertical del teles--
copio. Afóquese y reafóquese el telescopio para asegurarse que
la paralaje no afecta la visual.
3. Apriétese el tornillo inferior de la cabeza Johnson mien-
tras se observa la señal a través del telescopio. Dense uno o dos
pequeños golpecitos al tablero a fin de asegurarse que no
se desorientará fácilmente.
4. Háganse visuales con la alidada a otras señales para com-
probar la orientación.
5. Trácese una linea de norte magnética sobre la hoja.
LA ALIDADA Y LA PLANCHETA 133

6· 10. Medici6n de ángulos verticales con la alidada


El control d e la elevación se lleva en la may~ parte de las
áreas por medio de ángulos verticales; por lo tanto, éstos deben
m edirse con precisión. A pesar d e que la alidada y la plancheta
no son ideales para la medición de ángulos verticales, son sufi·
cientemente adecuadas si se manipulan con cuidado. El procc<li·
miento es como sigue :

l. Con el tablero de plancheta colocado y orientado, según


lo descrito en la última sección, mídase la distancia vertical de
la marca d e la estación al eje h orizontal d e la alidada usando
una cinta o estada!. Regístrese ésta como A.T. (altura del instru-
mento) en la libreta (Fig. 6-7). Si una bandera marca el punto
a l q ue se hace la visual, regístrese la a ltura de esta A.B. (altura
de la bandera) sobre el terreno en la estación observada. Estos
valores se requieren para calcular las diferencias de elevación.
2. lndependienteraente de d onde estén colocadas la estación
ocupada y la estaci6n observada sobre la hoja de la plancheta,
col6qu esc la alidada cerca d el centro del tablero, a fin de mejorar
la estabilidad de ésta.
3 . Aflójese el tomillo del e je (N 9 6 en la fig. 6-3) y bús-
quese la señal a través del telescopio, moviendo éste manual-
m ente. Apriétese el tomillo del eje y úsese el tornHlo tangencial
(No. 7 en la Fig. 6-3) a fin de colocar el hilo h orizontal (no
uno de los hilos d e la estadia) sobre la parte superior de la señal
de la estación. El último movimiento del tomillo tangen cial debe
hacerse hacia adelante (en el sentido de las manecillas del reloj) ,
ya que el m ovimiento contrario se efectúa por medio de un
resorte que ocasionalmente se pega. D e este momento en adelante,
la tabla n o se debe tocar ni debe nadie caminar alrededor de
eUa hasta que la m edición se haya completado.
4. Si la lectura se lleva a cabo sobre un estada ! en lugar
de una señal de estaci6n permanente, léase y regístrese el punto
donde el hilo horizontal corta el estada!.
5. Usando una lente de aumento, léase el ángulo del vernier
vertical aproximándolo al minuto y, si es posible, estímese el
medio o cuarto de minuto. Regístrese la lectura en la libreta.
134 MANUAL DE GEOLOGlA DE CAMPO

6. Aflójese el tornillo del eje horizontal y nivélese el teles--


copio aproximadamente; apriétese el tomillo del eje y nivélese
el telescopio exacta mente por medio del tomillo tangencial.
7. Léase el vernier y regístrese la lectura; inviértasc el nivel
de caballete, céntrese nuevamente la burbuja con el tornillo tan-
gencial y tómese una nueva lectura. Cualquier falta de ajuste del
nivel de caballete se compensa utilizando d promedio de estas
dos lecturas (Fig. 6-7).

:JY ,fJ'OO" 26" 12' :20 •


2.J"ll)',$:J 23" 10' 10• ~-"" 07 'tr'

Fic. 6-7. Página de la librera de notas p11n lu medidas de ángulos vertico-


ln, en la que .., ven 1an10 las ar><11ac:iones c:omo los d.lculot de 'ngulO!I
promedio cuando se hac:en dot ..,,¡.,.
de lec:1uru.

8. Para determinar errores tanto de lectura como de opera•


ci6n, repítanse los pasos del 3 al 7, después de cambiar el vernier
de posición algunos grados por medio del tomillo tangencial del
vernier (número 24 en la Fig. 6-3). Reg;istrese el segundo grupo
de lecturas del vernier, como en la Fig. 6-7.
9. Réstese cada grupo d e lecturas y si el resultado no con--
cuerda dentro de límites aceptables, repítase el procedimiento.
Se notará que el punto O de la escala de ángulos verticales
ha sido arbitrariamente marcado con el número 30 en una escala
que va de O a 60° (Fig. &10). Esto tiene por objeto eliminar los
errores causados en la lectura y registro de los ángulos positivos
y negativos cerca de O. La segunda lectura, --con el telescopio
LA ALIDADA Y LA PLANCHETA IJ5

nivelad~ siempre se resta en la primera lectura; así, las visuales


inclinadas hacia arriba siempre tienen un signo positivo y las
inclinadas hacia aba;o tienen un signo negativo.
La diferencia en elevación se calcula de acuerdo con el pro-
cedimiento descrito en la Sección 7-10.

6-11. El método de estadía y el arco Beaman


La mayor porte d e las distancias horizontales y veNicales
que tienen que determinarse en un m apa con una alidada se
miden por medio del método de estadia. El principio de este
método es simple. Los dos hilos de la estadia en el ocular del
telescopio están m ontados a una distancia tal entre sí, d e manera
que inten:eptan un m etro sobre un estadal graduado, colocado
a 100 metros de distancia. En consecuencia, para detenninar la
distancia en m etros de la alidada al punto ·donde está el esradal,
la cantidad m edida sobre el estada! entre los hilos de la estadia,
llamado intewalo de la estadia, se multiplica por 100. General-
mente los estadales están marcados de manera que el intervalo
p uede medirse d irectamente con ap roximación de 5 centim etros,
pudiéndose estimar hasta el medio centímetro con precisión si
el estada! está a menos de 100 m de distancia (esto varia con
el instrumento, el estada! y la luz). Estas mediciones, por lo tanto,
dan una distancia que tiene un margen de error d e 50 cm.

F~. 6-8 . Ciikulo. de d i.ta nda horizont al y diferencia de clcvai;ión a partir


de la di1t~ncla cs1adirru!n-ica medida 90bre la pcndienle.

Con excepción de las visuales h orizontales, la dista ncia entre


la alidada y el estada! será una distancia inclinada que debe,
por lo tanto, convertirse a una distancia h orizontal antes de
trazarla sobre el mapa. Es más, si se hace un plano con curvas
de nivel, será tambi¿n necesario derenninar la diferencia de
elevación entre el instrumento y el punto donde está colocado el
136 MANUAL DE GEOLOGlA DE CAMPO

estada!. Estas correcciones pueden hacerse midiendo el ángulo


vertical hacia el estadal y calculando las distancias horizontales
y verticales trigonométricamente (Fig. 6-8). El segundo cálculo,
sin embargo, da la diferencia de elevación entre el eje del ins-
trumento y el punto d onde el hilo horizontal corta el estada!.
Esta diferencia deberá corregirse a fin de obtener la diferencia
en elevación entre el punto ocupado y el punto donde se coloca
el estadal (Fig. 6-9), lo que se consigue dando a la altura del
instrumento un signo positivo y a la lectura del hilo horizontal
sobre el estadal un signo negativo y sumándolos algebraicamente
a la diferencia calculada primeramente (BC en la Fig. 6-8). Si
por ejemplo A.Y. es 1.20 m., la lectura del hilo horizontal es de
2.20 m. y la diferencia en elevación calculada del ángulo ver-
tical es de -12 m, la diferencia en elevación entre la estación ocu-
pada y el punto donde se encuentra el estada! será d e -12.0
- 1.20 - 2.20, o sea -13.0 metros.

aartlr
O lota
,~:~::·
IH "IH
.
••ftnen• leo

A . I.
-
~

Fig. 6-9 . Conecc i6n de distancias verticales por altura de instrumento (A.I.)
y lectura de los hilOll tra nsvcru. lcs.

También se pueden utilizar tablas de reducción de estadia o


bien, una regla de cálculo de estadia para convertir la distancia
indinada a distancia horizontal y para determinar la diferencia
de elevación; sin embargo, estos valores pueden obtenerse más
rápidamente con el arco Beaman. Como se muestra en la Fig.
6-10, el arco Beaman consiste en dos escalas graduadas marcadas
Sobre el mismo arco de la escala de · ángulos verticales, pero me--
LA AUDADA Y LA PLANCHETA 1)1

didas con un indice diferente. El arco que se muestra en esta


figura es un arco montado de tal manera que se lec desde la
parte posterior del iristrumento, mientras que el arco mostrado
en la Fig. 6-3 es un arco lateral que se lee por un costado del


.......

F~. 6-10. Lo. arCOI Be ..


man y de imgu]09 venl·
ca le1comoaeven cuando
la linea de la ritual es
hori:on1al.

instrumento. Las graduaciones de escala son iguales en ambos


y están separadas de tal manera que dan un factor de correc-
ción proporcionalmente creciente, a medida que el telescopio &e
inclina para hacer visuales cada vez más inclinadas. Para con•
vertir la distancia de estadia a la distancia horizontal (del mapa),
se Ice la escala H (sin embargo, la lectura se hace proyectando
visualmente el índice a través de la escala V, la cual da la pre·
cisión necesaria). La lectura H se multiplica por el intervalo de
138 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

estadia y el producto se resta de esta misma distancia, Si, por


ejemplo, la lectura H es 2 y el intervalo de estadia ha sido de-
.terminado con 2.50, la corrección horizontal es 2 X 250, o sea
5 metros y la distancia horizontal correcta será de 250 - S, o
sean 245 metros.
Por lo que respecta a la corrección vertical, debe notarse que
la escala V marca 50 cuando el telescopio está horfaontal (fig.
6-10). Esto es para eliminar errores causados por una equivoca-
ción del signo cu ando las visuales están cerca de la horizontal.
El número 50 se resta de la lectura V para obtener el factor de
corrección vertical, el cual tendrá, por lo tanto, un signo positi•
vo para las visuales indinadas hacia abajo. El sentido del signo
debe ser considerado a través de todos los cálculos. El factor
de correcci6n vertical se multiplica por el intervalo de estadia
para obtener la diferencia de elevaci6n entre el instrumento y el
punto donde el hilo horizontal intercepta al estadal. Si por ejemplo,
la lectura V es 36, el factor d e correcci6n será 36 - 50, o sea
-14; si el intervalo de estadia fuera de 2.50 me.rros, esto daría
una corrección vertical de -14 X 2.50, o sea, menos 35 m.
Este número debe modificarse a fin de obtener la diferencia
en elevación entre la estación donde está el instrumento y el
punto donde está colocado e l estadal, tal como se describió an•
teriormente (Fig. 6-9). El número resultante se suma algebrai--
camente a la elevación de la estaci6n donde está el instrumento
para dar la elevación del terreno en el lugar doode está colocado
el cstadal.

6-12. Procedimiento de estadía con el arco Beaman


Los levantamientos de estadia involucran tantas operaciones
repetidas, que generalmente es necesario adoptar un procedimien·
"to adecuado y usarlo en forma sintética. Una vez que se com-
prenden los principios del procedimiento, frecuentemente es po-
sible ahorrar tiempo o mejorar la precisión del trabajo por medio
de improvisaciones. Los proced imientos sugeridos en esta sección
están diseñados para un levantamiento a escalas mayores de
1:12,000, donde las distancias medidas con estadia, generalmente
son menores de 300 m. El arreglo de la libreta (Fig. 6.-11) puede
LA ALIDADA Y LA PLANCHETA 139

~H(tt..., · 3~.Q 11 u1 52 o o 321 ~2


/f./• 4./
18H1M".C.,,.Jlr.2
11
/'l
~2
t.l'f
10 20
50 0
SO
,,.
2oz -_,o

Fig. 6-ff. Dos p.i¡ioas (uoa eofreole de la otta) de un.a libreta de nolas de
l ev•o1amicn10 coo ""ra dia. Los encabezados de las columnas se p1.1edeo abreviar
mucho m.U de lo que aqul M: india..

modificarse s.i se desea. La Rama Topográfica del U. S. Gcologi--


cal Survey, por ejemplo, usa una forma mucho más abreviada
y en el m ercado pueden obtenerse otras varias libretas ya im~
presas. La mitad o la tercera parte inferior de la página debe cua~
dricula rsc para hacer los cálculos. Para levantamientos en escalas
intermedias, la libreta debe arreglarse de manera que las lecturas
se puedan registrar de acuerdo con los métodos descritos en las
Seecioncs & 14 y &-15. Los cálculos de elcV11ciones se facilitarán
más si la A.I. se suma a la elevación de la estación ocupada
para obtener la clevaci6n del instrumento.
Con la plancheta colocada y orientada, las medidas de estadio
pueden hacerse como sigue :

l. Apúntese el telescopio a l estada) mirando por encima del


nivel de caballete mienrras alternadamente se observa hacia abajo
si la regla fiducial se encuentra a lo largo del punto que marca la
estación ocupada (fig. &-IZA). Si esto se hace cuidadosamente,
el cstadal quedará dentro del campo de visión del telescopio
140 MANUAL OE GEOLOG IA OE CAMPO

1/'Ñl"J/K /«J'v;qcf.,Olj~~llY.cle/
w..,.•"' .hsJmnsv.h!/os 1oal>t:ii11,Gtr.
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de orewiSf:tl sobre
kfCl71111Hoa/Eúe/f'U'-
fDl3.

y solamente será necesario un pequeño movimiento para que el


hilo vertical corte el estada!.
2. Compruébese que el punto que marca la estaci6n esté sola-
m ente a una dista ncia igual a l ancho d e una línea de lápiz, d e
la regla fiducia l; d espués trácese la linea con un lápiz afilado
SH ó 9H. No se trace la línea a través del punto de estación, ya
que esto arruinaría pronto dicho punto sobre el mapa.
3. Apriétese el tomillo del eje y luego por medio del tornillo
tangencial colóquese el hilo inferior de la cstadia exactamente
sobre un metro cerrado de cstadal. Cuéntense los metros y de-
cimetros y estímense los centímetros hasta el hilo superior de
la estadia (fig. 6-128). El contar el intervalo evira los errores
causados por restar lccruras de los hilos superior e inferior. Para

A _t=::_ B~

/;t~"\""P" ~
f;¡. t.-12. (A) A lineación de la alidada minndo el estada! por encima del
teluc:opio. (B) Vi1ta del e1r.dal en el 1clescoplo.
LA AUDADA Y LA PLAN CH ETA 141

evitar el paralaje, afóquese varias veces cuidadosamente y repÍ•


tase la operación, ya que ésta será la lectura más importante que
se toma. Regístrese el intervalo inmediatame nte. Si no se puede
interceptar el estadal con ambos hilos de la estadia simultinea-
mente, !Case el medio intervalo (fig. 6-IZB) y mulripliquese
por 2 antes de anotarlo.
4. Nivélese el telescopio por medio del nivel de caballete y
utilizando una lente de aumento, colóquese el índice d e la escala
Beaman exactamente en 50 en la escala V utilizando el tomillo
tangencial del vernier (el que queda del lado izquierdo de la ali-
dada). La razón para llevar a cabo este paso, es que la tabla se
indina ligeramente cada ve:z que la alidada se mueve a una nue-
va posición y el indice Bcaman debe ser, ))Ol' lo tanto, reajustado
para cada visual de la cstadia. Si el instrumento tiene un nivel
de vernier, puede utilizarse éste en su lugar. Después de este
ajuste es imponante no tocar la tabla hasta que la lectura se
haya terminado.
5. Con el telescopio aún a nivel, compruébese si el hilo hori-
zontal del telescopio intercepta el estada! o si está suficientemente
cerca arriba o abajo, a fin de estimar su posición a los próximos
20 cm. Cuando es este el caso, se ahorra tiempo y se gana en
precisión por medio de una visual horizontal; H será O, V será
50, y será solamente necesario registrar la distancia entre el hilo
horizontal y la base del estada!.
6. Si el hilo horizontal no está sobre el estada! o cerca de
éste cuando el telescopio está horizontal, aflójese el telescopio
e indinesele hasta que el hilo horizontal caiga cerca del centro
del estada!. Fíjese nuevamente el tclctiCOpio y por medio del tor•
nillo tangencial (el que se encuentra del lado derecho del ins-
trumento}, colóquese la marca índice exactamente sobre la gra•
duación más cercana de la escala V. Se hace esto porque sobre
la escala V solamente los números enteros pueden leerse con
precisión; ademis, los números e nteros simplifican los cálculos.
Para colocar la escala con exactitud debe emplearse una lente de
aumento. LCanse las escalas V y H, y anótense estos números.
7. Véase a través del telescopio para determinar donde in-
tercepta el hilo horizontal al estadal. Regístrese este núme ro
-5iempre con un signo de resta- como la lectura d'el hilo hOTi-
142 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

z<>mal. Aun para los trabajos de precisión bastará con leer este
número-aproximándolo a los 5 cm.
8. Hágase la señal al estadalero para moverse al siguiente
punto; inícien se inmediatamente los cálculos.
9. Multiplíquese el intervalo d e estadia por la lectura H y
regístrese el producto aproximitndolo al centímetro en la colum-
na marcada H X intervalo d e estadia. Réstese este número de
la distancia de estadia (intervalo de estadia X 100) para obtener
la distancia h orizontal verdadera (Sección 6-11). Con el escalíme--
tro márquese la distancia sobre la línea d e lápiz; hágase un pe-
queño orificio con una aguja para m arcar el punto, y escriba.se
jumo al punto el núme ro d e la estación.
10. R éstese 50 · d e la lectura V, regístrese el factor V resul-
tante y multiplíquese por el inte rvalo de estadia. H ágase la mul-
1íplicación e n un cuadro nume rado en la parte inferior en la página
d e la libreta, donde posteriormente se le pueda comprobar.
11. Súmese algebraicamente la lectura del hilo h orizontal (el
cual siempre tiene un signo de resta) a l producto antes deter-
minado . Regístrese el resultado como diferencia n eta de ele-
vación.
12. Súmese algebraicamente la dife rencia a la elevación. del
instTum.cn.to para obte ner la elevación del punto observado. Es-
cribase la elevación en el mapa junto al punto de la estación.

la diferencia en elevación tambii:n se puede determinar por


el método de etapas sucesivas- (Sección 6-15). Este procedimienro
ahorra tiempo y aumenta la precisión cuando la visual es casi
horizon tal, como suced e cuando uno de los hilos d e la estadia
cae sobre e l estada! o cerca de i:ste, El núme ro de etapas debe
registrarse en la coh.1mna intitulada factO'f" V.
los cálculos deben llevarse a cabo punto por punto, a medida
que progresa el levantamiento. Cuando las estacion es está próxi-
mas entre sí y los rasgos geológicos son relativamente simples,
quien maneja el instrumento necesitará alguien que lleve el re-
gistro y los cálculos a fin d e no a trasar al estadalero. Quien ma-
n eja el aparato debe levantar ocasionalmente la vista mientras
hace los cálculos para ver dónde está el estadalero; de otra
manera será difícil localizarlo cuando este en un nuevo punto.
LA ALIDADA Y LA PLANCHETA J4J

6-13. E l factor del intervalo y la constante de la estadio.


La distancia de la estadia correspondiente al intervalo de cs-
tadia de un metro no es exactamente 100 metros en todas las
alidadas. Esta diferencia puede ser tan pequeña (menos de un
m etro por cada cien metros) que se le p uede pasar por alto, ex-
cepto en los levantamientos muy detallados. Sin embargo, para
cerciorarse que es pequeño, el facto r real del intervalo de la
estadia debe determinarse. Esto se h ace midiendo una distancia
de 100 m con cinta y determinando el intervalo exacto utili-
:ando un estadal Filadelfia o una escala que se pueda leer con
precisión al milímetro.
En las alidadas de enfoque externo, el punto d e origen de la
medida de la estadia no está en el eje (pedestal) del instru-
m ento, sino q ue generalmente se encuentra unos 30 cm adelante
de éste. Esta distancia .pequeña, llamada roru1an.te de la cstadia,
está inscrita por el fabricante en el estuche del instrumento. Tam-
bién se le puede determinar por el método descrito por Bou-
chard y Moffitt (1959, p. 370). Es demasiado pequeño para
que se le considere como un factor importante en la mayor
parte d e los levantamientos; sin embargo, debe romársele en cuen-
ta cuando se d etermina el fac.t~f d el intervalo de la estadía.

6-14. El tornillo micrométrico


El tornillo tangenciD.1 de muchas alidadas incluye un cilindro
graduado en cien divisiones y construido de tal manera que una
vuelta completa mueve el telescopio exactamente un intervalo
d e estadia. Estos tornillos tangenciales calibrados llamados micró-
metros o tornillos Stebinger, se pueden usar pa ra determinar la
distancia horizontal cuando el estada! está colocado suficiente-
mente lejos, de manera que no puede leerse directamente un me.-
dio intervalo de la estadia o cuando gran parte del estada! está
cubierto por vegetación de modo que no se puede leer un medio
intervalo.
El tomillo micromCtrico debe ajustarse para que dC resultados
dignos de confiarn:a, especialmente cuando las visuales son largas.
Este ajuste debe especificarse cuando se manda a limpiar el ins-
141 MANUAL DE GEOLOOfA DE CAMPO

trumento antes de iniciar el trabajo de campo. El tomillo puede


comprobarse en el campo, probando su calibración contra las
distancias que han sido medidas exactamente con cinta. Los erro-
res en ajuste más pequeños que una d ivisión en el cilindro,
pueden no tomarse en cuenta, ya que el cstadal no puede leerse
con una precisión correspondiente en distancias lejanas.
El procedimiento con un instrumento ajustado es como sigue :

l. Colóquese el hilo horizontal en la división más baja visible


del estada!, dando vuelta al tomillo tangencial en dirección d e
las manecillas del reloj (es posible que el tornillo no se mueva
fácilmente en la otra dirección) .
2. LCanse y regístrense la lectura del hilo horizontal y la
lectura del tornillo micrométrico (Fig. 6-13).

~fv. P/dunc/Q.
H. lu1r/;ron;'-o/.

2.) 12
4C 9
1) =...z_
s

Fig. 6-13. Cálculo de di$1ancia horizomal con lecturas del tornillo de gr•·
duaci6n.

3. Utilizando el tornillo tangencial, levintesc el telescopio


hasta que el hilo horizontal quede sobre otra división cerrada
del estada! (preferentemente la parte superior); a continuación
!Case y regístrense el estada! y el cilindro micrométrico en esta
posición.
4. Cakülese la distancia de estadia dividiendo la diferencia
de lecturas del estada! entre la diferencia de las divisiones d el
tornillo micrométrico y multiplicando el resultado por 100, como
se muestra en la Fig. 6-13.

Siempre se hace primero la lectura inferior, ya que todos los


movimientos d el micrómetro deben ser hacia la derecha. El efecto
de paralaje también debe corregirse en la visual inferior, ya que
un error pequeño puede causar una inexactitud considerable.
LA ALIDADA Y LA PLANCHETA 145

Los errores pueden descubrirse aflojando el tomillo del teles-


copio, indinando éste h acia abajo con la mano, y repitiendo las
lecturas en una pane diferente del tomillo micrométrico.
La distancia de estadia puede ser corregida aproximadamente
para convertirla en una distancia horizontal, utilizando el factor
H Beaman, o, con mayor precisión, midiendo un ángulo ver~
tical a un determinado punto del estadal y calculándolo por
medio del c06Cno de dicho ángulo (Fig. 6-8).

6- 15. Diferencias de elevación por medio del método


de etapas aucesivaa
Los arcos d e ángulo vertical de las a lidadas solamente pue~
den leerse con aproximación de un minuto o medio minuto.
Pudiera ser necesario utilizar un método más preciso para medir
las diferencias de elevación y e l método de etapas es útil don~
d e las visuales tienen una inclinación angular pequeña. La corres-
pondencia entre este método y el Método del Arco Beaman puede
comprenderse notando que el índice Bcaman se mueve a tiavés
de una división completa sobre la escala V, cuando el telescopio
se mueve a través d e un intervalo d e estadia completo. El lector
puede demostrarse a si mismo que el telescopio puede moverse
a través d e un intervalo de estadia con mayor prccisibn, obser~
vando los hilos d e la estadia en vez de la escala V.
Este método puede desarrollarse de la siguiente manera:

l. Nivélesc el telescopio con el nivel de caballete.


2. Examínese la vista telescópica y encuéntrese un punto de--
terminado o línea que permita fijar la posición del hilo superior
de la estadia (si el estada) esta arriba de la línea h orizontal del
instrumento ) o d el hilo inferior de la estadia (si el estada! está
por d ebajo d el aparato) (Fig. 6-14).
3 . Muévase el telescopio con el to millo tangencial hasta que
el otro hilo de estadia caiga sobre el punto escogido,
4. Repitanse los pasos 2 y 3 después de escoger otros lugares
o puntos adecuados y continúese con pasos semejantes hasta que
el hilo horizonral intercepte el estada!.
5. Regístrese la lectura del hilo horizontal y también el nú·
146 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

mero de pasos o etapas utilizado para mover el telescopio hasta


esta posición.
6. Léase y regístrese el intervalo de estadia (normalmente
se utilizará un medio intervalo, ya que el cstadal estará a una
distancia grande).

Fig. 6-14. ~terminll ci6n d ~ diferenci*5 de elevación medillnte tru movimie.,..


tos 1ucuivos del hilo superiot de l a cstadia. Las fle<:h u indican los puntos
u ..dos en las etapas.

7. CakUlese la diferencia de elevación entre la alidada y la


base del cstadal multiplicando el intervalo de estadia por el
número de etapas y renándole la lectura del hilo horizontal.
8. Calcúlese la elevación del punto observado sumando o
restando la diferencia de elevación a la elevación del instr~
mento (elevación del instrumento + A. l.)

6-16. Empleo del estadal


Los cstadales tienen 3 ó 4 metros de largo y se fabrican de
madera de abeto rojo o alguna otra madera resistente y liviana;
generalmente están embisagrados a fin de facilitar su transporte.
Están marcados en metr06 y centímetros o en rombos de 20 cm
cada uno. Hay muchas maneras de marcar los estadales, cada
una diseñada para obtener la máxima facilidad de lectura bajo
ciertas condiciones de trabajo y distancia. La claridad del dibujo
y la brillantez de los colores tienen un efecto considerable en la
exactitud del trabajo de plancheta, y por lo tanto, la superficie
coloreada debe ser manejada con cuidado y lavada ocasionalmente
con agua y jabón y repintada cuando se astilla o maltrata. Los
efectos de la intemperie y del sol tienden a convertir la pintura
LA ALIDADA Y LA PLANCHITA 147

blanca en amarilla y a opacar la pintura roja, de manera que


el estada} debe guardarse bajo techo cuando no esté en uso. El
estadal debe cargarse con cuidado en el campo, ya que puede
ser difícil o imposible reparar una bisagra dañada.
El estada! debe colocarse manteniéndolo a plomo (perpen-
dicular a la superficie horizontal) mientras se hacen las lecturas
d e estadía. En un día sin viento puede balancearse entre la
punta de los dedos. Durante un día con viento su verticalidad
debe ser comprobada manteniendo una brújula Brunton (con el
clinómetro colocado en 90°) junto al estadal. El estadal debe
estar alumbrado por el sol cuando sea posible, y esto puede lo-
grarse volteándolo 10 ó 20° con respecto a la línea de la visual.
El estadalero debe llevar una libreta de campo para anotar
la descripción de los rasgos que sirvan para identificar cada
punto. Los puntos o estaciones deben numerarse en el mismo
orden consecutivo en que los lleva quien maneja el instrumento
y la correspondencia debe comprobarse d e tiempo en tiempo. Los
procedimientos que debe seguir el estadalero en los levantamien-
tos geológicos se describen d etalladamente en el capitulo 8.

Referencias citadas
Bouchard, Harry, and F. H. Moffilt, 1959, SuNl1!')'ing: Scramon, Pa., lm~r·
national Tcxtbook Co., 664 pp.
7
Control de los mapas geológicos

7wl. Carácter general de 101 levantamientos de control


Los puntos de control localizados con exactitud sirven de base
para el levantamiento de Jos detalles topográficos y geológicos
que integran un mapa completo, Generalme nte están distribui-
dos sobre el área en lo que se llama red de COTUTol, la que se
planea y levanta durante las primeras fases del proyecto. El le~
vantamiento tiene que ser s uficientemente preciso, dentro de cier~
tos limites útiles predeterminados, para satisfacer las especificacio-
nes siguientes : l) la escala horizontal deberá ser constante en
todo el mapa; 2) todas las elevaciones y curvas de n ivel estarán
referidas a un solo nivel de refere ncia (generalmente el nivel
medio del mar); y 3) todos los detalles deberán orientarse con
relación al n orte verdadero. De ser posible, el levantamiento d ebe
incluir puntos de posición geodésica conocida, (tales como los
puntos de triangulación del gobierno), ya que así se podrán tramr
líneas de latitud y longitud sobre el mapa, lo qUe a su vez permi~
rirá referir dicho mapa a cualesquiera o tros puntos de la super-
ficie terrestre.
Existen muchos tipos de sistema d e control; cada uno de ellos
puede ser utilizado con un cierto grado de precisión. Por lo
general, la precisión d el levantamiento tiene que ser rres veces
mejor que la de los métodos que se utilicen para situar en el
mapa los detalles geológicos y topográficos. En el caso de mapas
locales, moderadamente p recisos a escalas grandes, se puede me-
d ir con cinta una línea base y propagada en una pequeña red
de triangulación con una alidada de miras, como se describió
en la Sección 6-2. Si se trata d e un mapa topográfico de un
área pequeña, puede ser suficiente situar estaciones de instru-
mento haciendo una poligonal con estadía con una plancheta
y alidada. También se puede n compilar mapas hechos a partir
148
CONTROL DE LOS MAPAS GEOLóG ICOS 149

de fotografías aéreas basándolos en datos de control moderada·


mente exactos, tales como los mapas municipales en los que apa·
rc<:en los limites de propiedades, o mojoneras, o bien, carreteras
y vías férreas con detalles fáciles de reconocer. Sin embargo,
cuando un levantamiento geológico se haga en varias etapas, o
cuando el mapa tenga que cubrir grandes áreas con exactitud,
es necesario usar métodos más precisos. En estos casos, general·
mente se usa un tránsito para medir ángulos entre las estaciones
de control, en tanto que las distancias se miden con una cinta
de acero. Tal como se presentan en este capitulo, estos procedi·
mientos solamente requieren equipa de topografía común y co-
rriente. Es posible u sar muchos métodos adicionales e improvisar
otros, por lo que se recomienda al lector consultar las referen·
cias mencionadas al final del capítulo. C uando se dispone de
un instrumento m oderno preciso, como un teodolito compncto,
pueden obtenerse instrucciones específicas de los fabricantes.

7.2. Plancación gcnenl de una triangulación


En un levantamiento por triangulación, los puntos se localizan
midiendo los ángulos formados por las lineas de visual entre dos
puntos. La palabra triangulación se debe al hecho de que las
lineas se manejan del mismo modo que los lados de una serie de
triángulos unidos. Esto tiene un gran valor práctico ya que los
triángulos proporcionan una base simple para comprobar trigo-
nométricamente la exactitud, asl como para los cálculos de dis-
tancias entre puntos. Para ello es necesario determinar la longi·
tud de uno de los lados del triángulo antes de calcular las
otras distancias. Este lado, que se llama linea base o simplemente
bas"e, se puede medir sobre el terreno o calcularse a panir de
datos geodésicos conocidos. En la Sección 6-2 se presenta un
ejemplo de triangulación simple. Una triangulación mas precisa
puede ejecutarse como sigue:
l. Investíguese la distribución de las triangulaciones y de las
nivelacion es existentes, en las oficinas federales o estatales.
2. H3.gase el plan de levantamiento de acuerdo con el tiem•
po, los fondos y el equipo disponibles y de acuerdo también
con el propÓsito del proyecto.
1~0 MANUAL DE GEOLOCIA DE CAMPO

3 . Recon6zcasc d área para seleccionar y marcar puntos de


control y para localizar las estaciones de triangulación y !os
bancos d e nivel existentes.
4. Mídase la línea base (si se necesita hacerlo) .
5. Córrase una nivelación desde el banco de nivel más cer-
cano para conocer la elavación exacta de la red de levantamiento,
d e preferencia hasta la línea base.
6. Detenninese el azimut de la linea base, dirigiendo una
v isual a la Estrella Polar.
7. Mídanse los ángulos interiores de los triángulos y los
ángulos verticales entre las estaciones de triangulación.
8. CalcUlense las longitudes de los lados de los triángulos, la
elevación d e las estaciones y las coordenadas horizontales de di·
chas estaciones.

7-3. Uso de (09 datos de control eitistentes, para


los levantamientos topogr á ficos
Independientemente d e que el levantamiento de control se
haga por triangulación o por el método de poligonales, se puede
ahorrar mucho tiempo si se apoya en datos de levantamientos
existentes más bien que en una nueva línea base. Por ejemplo,
en muchas á reas existen dos o más estaciones de triangulación
establecidas que se pueden localizar en una h oja de plancheta
y usarse después para intersectar un cierto número de otros pun•
tos. La bUsqueda d e datos de control d ebe iniciarse mucho antes
de comenzar los trabajos d e campo, ya que puede tomar varios
meses el investigar todas las posibles fuentes de información y
calcular d istancias a partir de datos geodésicos.
Los datos de control pueden obtenerse en las siguientes de·
pendencias (debe uno ponerse en contacto con las oficinas re·
gionales si conoce sus direcciones) : 1
Geological Survey, Departmenr o f the Interior, Washington
25, D. C.

1 El •ulor .., refiere, desde l uego,• lo. Ean.dos Unidoa; en otl'Oll po.Íl<'S
hay deJl"'ndenc:iu aubcmamenttles cqu!Y&lentes a Ju mencionadas en el
CONTROL DE LOS MAPAS OEOLOO!COS 151

Coast and Geodetic Survey, Dcpartment of Commerce, W asft...


ington 25, D . C.
Bureau of Reclamation, D epartment of the Interior, Washing-
ton 25, D. C.
Bureau of Land Management, Department of the Interior,
Washington 25, D. C.
Fo rcst Scrvke, D epartment of Agricuhurc, Washington 25,
D. C.
Soil Conservation Service, D e partment of A griculturc, Behs-
ville, Md.
Mississippi River Commission , P. O. Box 80, Vicksburg, Miss.
Lake Survey, U. S. Anny District, 603 Federal Building,
Detr0it 26, Mich.
Office of the Chief o f Engineers, Corps of Engineers, Build·
ing T-7, Washington 25, D. C.
Diversas Oficinas Estatales geodésicas y de terrenos, d epar-
tamentos de ca rreteras, oficinas de Recursos Hidriulicos o
de Recursos Naturales y los Departamentos GeolÓgicos de
los Estados.

Los datos que a continuación se mencionan pueden ser obte-


nidos en estas oficinas: posiciones geográficas (latitudes y longi•
tudes precisas) de estaciones, a:r:imut y distancias e ntre varios pares
d e estaciones, elevación y descripción d e las estaciones y coorde.-
nadas planas de las estaciones. Los datos d e nivelación precisos
que se pueden obte ner consis1en en elevaciones y descripciones
d e bancos de nivel así como m a pas con curvas de nivel. T odos
los datos que se soliciten así como ma pas con curvas d e nivel.
T odos los datos que se soliciten tienen que especificarse en rela-
ción con los límites del i rca que interesa y, de ser posible, d ebe en-
viarse un m apa con coordenadas geográficas (líneas de latitud
y longitqd) en el que se señale la ubicación del área.
·cuando solamente se puede n obtener las latitudes y longi-
tudes de las estaciones, la dis1ancia y el aúmut entre d os esta•
cioncs se puede calcular por el método de posiciona inv~. que
se basa en las ecuaciones que definen la forma esferoidal media
o idea lizada de la Tie rra. Las ecuaciones y los m étodos se des--
criben e n la Publicación Especial 8 (1933) del Departamento
152 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

Geodésico y Costero de los Estados Unidos y en el Boletín 650


del Departamento Geológico de los Estados Unidos (Gannett,
1918, p. 292-293).
Otros levantamientos que no sean geodésicos se pueden usar
tam bién para el control del m apa geológico. Las mejores rcfe--
rencias son los levamamientos detallados de las carreteras y cami·
nos hechos por los top6grafos de los Estados y municipios, los
datos y levantamientos de las vías fér reas y los planos de límites
y esquinas de propiedades (que normalmente están en poder
de los topógrafos y asesores municipales). Las copias heliográficas
de los mapas de los topógrafos no son, por lo general, suficiente·
mente precisas para medir di rectamente las escalas, En tal caso
tienen que usarse las coordenadas del levantamiento para calcular
distancias y rumbos.

1-4. Selección de punt.o• para la red de triangulación


La línea base y las estaciones de tria ngulación se pueden se-
leccionar haciendo primeramente un estudio estereoscópico de
fotografías aéreas y reconociendo a continuación las posibilidades
en el campo. El espaciamiento óptimo de las estaciones depende
en parte de la escala y naturaleza del mapa final. S i el mapa se
va a com pilar partiendo de fotografías aéreas o de varias hojas de
plancheta, tiene que h aber cuando menos dos o tres estaciones
en cada hoja o en cada fotografía.
Si las escalas del mapa o de las fotografías están entre 1:10,CXX>
y 1:25,0CXJ, los lados de los triángulos tendrán que ser aproxima·
damente de 1.5 a 5 km d e largo.
la forma y la disposición de los triá ngulos y de la línea base
también afectan la precisión que se puede obtener d e una deter•
minada cantidad de tiempo. la probabilidad de los errores au·
menta a medida que las medicion es se apanan más y más de la
linea base. Los ejemplos siguien1cs ilustran cuatro arreglos genera·
les. Las redes como la d e la figura 7· l A se usan cuando la linea
base tiene que ser corta y la visibilidad está limitada a visuales
relativamente cortas. Cada triángulo se tiene que cerrar con tanta
exactitud como sea posible y por lo tanto, en todas las estaciones
debcni colocarse el tránsito. Aun cuando esto lleva tiempo, la
CONTROL DE LOS MAPAS GEOLOCICOS fH

red se puede extender más tarde e n cualquier d irección sin pCr-


d ida de precisi6n.
El arreglo indicado en la Fig. 7-18 es particularmente útil
para el leVtlntamiento de una cordillera eleVt1.da bordeada por te•
rreno ondulado. Las estaciones que quedan dentro de los trián·
gu\os señalados con línea gruesa se ocupan con un instrumento
y las estaciones exteriores se locafüan mediante intersecciones.
Las estaciones localiiadas por intersecciones no son muy de con--
fiar puesto que no están comprobadas dentro de triángulos in--
dividuales. Sin embargo, se puede ahorrar mucho tiempo por este
sistema y el levantamiento se puede CJttender hacia uno y otro
extremos d e la cadena central de triángulos.

~
. - '~- .
. - .....

ii1ifl!!!il!J
Fi¡. 1-1. Cuatro tipot de redes de triangulaeK:>n. La línea mU sruua en
nda uno corresponde • la linea base.

En la Fig. 7-lC una linea base corta se ha extendido d e ntro


de un cuadrilátero exacto cuyas cuatro estaciones sirven como base
para. in1ersectar las otras estaciones con tres visuales. Esta forma
consriture un esquema excelente para levantar rápidamente y
con bastante exactitud una área equidimensionaL Los cuadriláte•
ros se pueden usar para m ejorar la precisión de otras triangula-
154 MANUAL DE GEOLOGJA DE CAMPO

ciones¡ por ejemplo, la cadena de triángulos de la Fig. 7-lB se


puede extender como una cadena de cuadriláteros.
Finalmente, hay casos en los que una linea base larga y
exacta se puede usar para intersectar todas las estaciones, espe-
cialmente cuando se trata de un valle longitudinal abierto, bor•
deado por colinas o montañas que son cada vez más altas (fig.
7-ID). Si se localiza un punto accesorio (R en la figura) sobre
la línea base con la ayuda de una cinta, las intersecciones podrán
comprobarse con una tercera visual. Este procedim.iento es eficien-
te en cuanto que lleva menos tiempo medfr una línea base larga
que ocupar un cierto número de estaciones de triangulaciOn ele-
vadas. Sin embargo, la red no se puede extender desde los puntos
extremos a menos que se les ocupe y se cierren exactamente los
triángulos que se constituyen.
La exactitud de un levantamiento mejora colocando la línea
base cerca del centro de la red. Por lo general los ::íngulos tienen
que ser mayores de 15°, pero esto se puede alterar conforme lo
requiera la precisiOn del levantamiento. Los ángulos pequeños
pueden ser adecuados si se les mide por repeticiones y si se
usa una rabia de logaritmos de 7 ú 8 decimales.
Cada estaciOn debe ser visible desde las estaciones adyacentes
de manera que se le pueda levantar con exactitud y debe estar
situada en forma tal que se llegue a ella en un tiempo razonable
y puede ser ocupada sin riesgos con un instrumento. Las esta•
dones de triangulaciOn que se usan en las mediciones geodésicas
de distancias largas por lo común se colocan en la cima de las
montañas, pero tratándose de levantamientos de control locales
no es necesario hacerlo así. Las estaciones cerca del centro de
los valles (a menudo cerca d e caminos) son ideales en muchos
casos, y las colinas de baja elevaciOn, los promontorios o los
puertos topográficos pueden proporcionar visibilidad adecuada
sobre terreno escabroso.
Después de haber seleccionado los probables puntos de esta·
ción sobre fotografías aéreas o mediante reconocimiento con bino-
culares de campo, cada sitio tiene que visitarse, comprobar su
utilidad y marcarse con una señal. La selección tiene que hacerse
con cuidado porque las estaciones no deben moverse una vez
que comienzan las operaciones con instrumentos. Las señales de
CONTROL DE LOS MA PAS GEOLOOICOS 155

las estaciones adyacentes deben ser visibles a la altura del instru.-


m ento. La señal tiene que estar, hasta donde sea posible, en te-
rreno abierto de modo que las estaciones de instrumento acceso-
rias se puedan localizar desde allí fácilmente. Debe haber espacio
suficientemente amplio para que el topógrafo se mueva libre y segu-
ramente alrededor del instrumento, especialmente si la estaci6n
debiera ser ocupada por una plancheta.
Mapa esquemático de lo red de triangulación. A medida
que se seleccionan las estaciones y se les marca en el campo,
debe irse formando un mapa esquemático de la red, leyendo los
ángulos adyacentes a las estaciones, con una brújula. Este mapa
es de valor para estimar la solidez de la red y para planear y
ejecutar los trabajos d e instrumento.
Directamente sobre este mapa deben hacerse notas relativas a
la visibilidad y las vías de acceso; se le puede usar también para
formula r un mapa de reconocimiento de los detalles geológicos
más importantes.

7-5. Señales para los puntos de triangulación


Cada estación debe marcarse por medio de una estaca firme-
mente enterrada o por alguna otra marca permanente. A conti-
nuación se coloca una señal sobre la estación, señal a la que se
dirigirán las visuales al trabajar con el instrumento. Esto se hace
cuando se visita la estación por vez primera a fin de comprobar
la intervisibilidad con las estaciones subsecuentes. La señal que se
muestra en la Fig. 7-2 es de poco peso, se puede poner a plomo
exactamente sobre el centro de la estación y fácilmente se puede
quitar y poner al trabajar con el instrumento. El color de la
bandera se escoge de manera que contraste con los colores del
paisaje. En la mayor parte de las áreas, una bandera de colores
brillantes, montada e n una pértiga o asta de 2 a 3 metros de
altura, se puede distinguir con un instrumento a una distancia de
unos 8 Km cuando menos. Es ventajoso, para los cálculos que
tienen que hacerse posteriormente, el que todas las astas sean
de la misma altura. Además de los materiales representados en
la Fig. 1·2, se necesitará lo siguiente: una hacha pequeña, un
machete, unas pinzas o alicates para conar alambre, una brújula
JS6 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

Brunton para poner a plomo la pért'.ga, materiales para hacer


un mapa esquemático y, si es posible, unos binoculares de campo
para observar otras estaciones.

...... -· .
Un'••• hM•'•
'10 1. . h e lHIO

Flg. 7-2. &-1\alcs in•• esl•ciones de tris ngulaci6 n.

7-6. Medición de la línea base


la línea base tiene que medirse con una precisión un tanto
mayor que la que se requiere en el trabajo d e control . General-
mente la medida se h ace con una cinta de acero, pero puede in-
cluso hacerse a pasos o por métodos estadimétricos cuando la
precisión sea adecuada. Con un teodolito y una barra de metal
Invar subtensa se p ueden hacer mediciones precisas rápidamente.
El procedimiento de la cinta se p uede modificar para obtener
diversos grados de precisión. En cualquier caso, ta nto la preci•
sión como la rapidez de la medida se puede m ejorar eligiendo
una línea base que quede e n terreno h orizontal o d e pendiente
muy suave y cuyas señales d e los extremos sean visibles desde
todos los puntos a lo largo d e la línea. Además, también deben
tomarse en consideración la longitud y la o rientación de la línea
base en relación con los triángulos adyacentes (Sección 7-4).
Medición con lu cinta a nivel. las distancias se pueden
medir con m ayo r rapidez sosteniendo la cinta a nivel. Las me•
diciones hechas d e esta manera en terreno ondulante o de pcn-
CONTROL DE LOS MAPAS GEOLóGlCOS 157

diente variable: no tienen un error mayor de 1 en 2,CXX}, si c:l


terreno es regular, de pendiente suave, el método puc:de resultar
cuando menos dos veces más preciso. El procedimiento general
consiste en acumular longitudes completas de la cinta donde sea
posible y hacer quiebres (usando parte de: una longitud total)
donde la pendiente es más pronunciada. Se necesitan los artículos
siguientes: cinta de acero, dos plomadas, nivel de mano o brújula
Brunton, jalones de fierro, termómetro, dos libretas de campo y
lápices. Tratándose de trabajo relativamente preciso deben usarse
dinamómetro5 para medir el tirón en la cinta, pero el tirón
normal de 4.6 Kg (10 libras) puede: lograrse aproximadamente
con la práctica. Las instrucciones siguientes cubren el procedi~
miento paso a paso.

l. Examínense las marcas en los extremos de la cinta para


asegurarse de hacer lecturas correctas (algunas cintas tienen gra~
duaciones mits allá del O y de los 50 metros).
2. El cintero de adelante llevará el extremo de la cinta que
tiene el O (de ser posible, colina abajo) hasta un punto donde
la cinta tenga que sostenerse a la altura del pecho para que
quede a nivel. El cintero 1 (hombre que lleva la cinta) de atrás
se sienta sobre la estación y alinea al cintero o cadenero de ade-
lante mirando por encima de él la señal de la estación más le~
jana. El anotador se para cerca del cadenero de adelante y, valién~
dose del nivel de mano, le da instrucciones para alzar o bajar
la cinta unos cuantos centímetros.
3. El cadenero de atrás sostiene la marca de 50 metros u otra
al metro cerrado, en el punto de la estación, en tanto que el
cadenero d e adelante sostiene el hilo de la plomada en la marca
O d e la cinta, con la punta de la plomada precisamente sobre el
terreno (figura 7~3) .
4. El anotador limpia el terreno alrededor de la plomada y
el cadenero de adelante la aquieta hundiéndola ligeramente en
el terreno.
5. El cadenero de atrás grita el número del metro que está

1 N. T. T ambién se le llama cadenero en virtud de que algunas veces


K usan lonaímetroe de eslabona llamados "<.:11dcnas".
158 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

sosteniendo y el anotadOI" clava un jalón en el punto marcado


por la plomada.
6. Después de que se anota la distancia medida, se repite
el último paso como comprobación.
7. El cadenero de atrás examina las marcas de ambos lados
de la marca que se usó para estar seguro de que leyó correcta·
mente, anotando entonces la distancia.
8. Se mueve la cinta hacia adelante y cuando se termina la
siguiente medida, el cadenero de atrás saca el jalón del terreno
y se lo lleva como una cuenta adicional del número de medidas
tomadas.

Fig. 7-J. Mediciones con cima, mameniendo esta a nivel.

La línea debe medirse cuando menos dos veces para descu•


brir los errores grandes y para cerciorarse de la precisión apro-
ximada de la medición. Las temperaturas se anotan a lo largo
de la medición. Si se desea un máximo de precisión, se pueden
clavar estacas de 5 X 5 cm en cada punto en vez: de los jalones
y el anotador marca la medida exacta en cada estaca con un
lápiz. El uso de estacas permite hacer fácilmente una nueva me•
dición d e la línea.
La medición tiene que corregirse por temperatura y por la
comba de la cinta. La corrección por temperatura se basa en
un coeficiente de expansión lineal de .CXX'Oll61 por grado centÍ•
grado. Si el cambio de temperatura durante la medición fuera
lento, con un total d e sólo unos 3° C, la corrección se puede
hacer como un promedio para la línea. Se le calcula buscando
CONTROL DE LOS MAPAS GEOLOG1COS 15!1

la diferencia entre la temperatura normal y la temperatura


media durante la medición, multiplicando esta diferencia por
.00001161 y multiplicando después el producto por la longitud
de la línea. Si los cambios de temperatura fuesen rápidos y gran-
des, la corrección se hace por secciones separadas.
l a corrección por curvatura de la cinta es del orden de 0.024
a 0.048 por cada longitud de teda la cinta. Un factor de correc-
ción bastante aproximado se puede determinar te ndiendo la cinta
en un piso parejo, marcando su longitud al aplicar un tirón de
4.6 Kg y marcando nuevamente su longitud al sostenerla por
encima del nivel del suelo, con el mismo tirón de 4.6 Kg. La
corrección se puede calcular también aproximadamente a partir
de la fórmula general.
w213
corrección por comba.miento = _ P"
0 052

donde W es el peso de la cinta en kilogramos por meno, I es la


distancia (en metros) entre los soportes y P es el tirón aplicado,
en kilogramos.
Medición con cinto sobre uno " endiente. Si se necesita
una precisión máxima, como cuando una línea base pequeña ten-
ga que alargarse en un cuadrilátero grande, la línea debe medirse
con la cinta colocando estacas gruesas en la pendiente cada 50
metros, midiendo cada longitud sobre la pendiente y corrigiendo
después cada medida para reducirla al horironte.
A fin de obtener una precisión adecuada, la cinta debe en-
viarse a una Oficina de Normas (en el caso de los E. U. al Bureau
of Standards, en Washington, D. C.) , donde se le calibrará por
una cuota módica. Deben darse instrucciones a la oficina para
determinar la longitud cuando la cinta está apoyada totalmente
y también cuando esra sostenida por ambos extremos, usando un
tirón de 4.6 Kg. Para indicar que la cinta esta calibrada, se le
pondrá una marca, siempre y cuando las graduaciones estén gra-
badas o cinceladas en la tira de acero y no sobre parches sepa-
rados, pegados con soldadura.
Deben evitarse los terrenos con hondonadas y /o muy pedre-
gosos, pues no se puede determinar la posición exacta de cada
160 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

estaca al tener que desplazarla un poco. Las estacas. preferente-


m ente de madera, d e 5 X JO cm, deben colocarse con la ayuda
de un tránsito situado en u n extrem o de la línea base, q ue scr-
virli. para alinear a los cadeneros en cada marca de 50 m etros.
Esto se hace para que la medida exacta de 50 m etros caiga
dentro de cada una d e las estacas. A continuación, la brigada
de cadeneros toma las medidas exacras, debiendo hacer una
raya precisamente sobre unas tiras de lámina de estaf'io que se
fijan a la parte superior d e las estacas. P ara determinar la di-
ferencia de elevación entre cada dos estacas sucesivas ae puede
usar u n tránsito o un nivel de ingeniero y un estada! "Filad elfia"
o cualquier otro tipo de estad al. Cada medición sobre la pen-
diente (la lon gitud calibrada, con la cinta sostenida por sus
d os extremos) se corrige entonas por temperatura, según se des--
cribió al referirse a las mediciones con la cinta, sosteniendo
t:sta a nivel. La d istancia horizontal exacta d e cada longitud
m edida se d etermina m ediante la relación.
h'
distancia horizontal = longitud de la cinta corregida - 200
donde h es la diferencia de elevación para esa medición.

7-7. Triangu lación con e l trán1ito


La triangulación con tránsito consiste en ocupar las estaciones
o vénices de control con ese instrumento y medir los d iversos
ángulos interiores d e la red , así com o los 3.ngulos verticales a las
estaciones adyacentes. Para hacer esto eficientemente, tiene que
estudiarse primero la red y h acer, en la libreta de campo, una
lista d e los ángulos en el orden en el que se les va a medir. Por
lo general, sólo se m iden los 3.ngulos entre estaciones adyacentes;
de otra manera, los cálculos se complican bastante. Sin embargo,
todos los ángulos dentro de los cuadriláteros se miden, ya que
tanto los triángulos como los cuadrilá reros permiten comprobar
la suma de los ángulos en cada figura. Siempre que h aya opor-
tunidad de visar las estaciones externas, como en el sistema de
la Fig. 7~ I C, las visuales q ue se utilizan son, de p referencia, las
q u e inrersectan la estación con á ngulos cercanos a 9()0.
CONTROL DE LOS MAPAS GEOLOGlCOS 161

Un solo hombre puede hacer el trabajo, pero otro más puede


ayudar a llevar el equipo y auxiliar al instrumentista. Además
del tránsito y la plomada, el equipo debe incluir una lupa (ZX
a 3X), libreta, lápiz y cinta para medir la altura del instrumento;
es conveniente llevar unos binoculares para encontrar las señales
de los otros vértices.
La altura del instrumento y la altura de la bandera deben
anotarse antes de hacer la medida. E l aparato se asienta firme·
mente y se nivela con cuidado, pues si las platinas no están a
nivel, las visuales muy inclinadas a las estaciones distantes tendrán
un error apreciable. Los diversos ángulos horizontales tienen que
medirse por repetición, como se describe en los textos de topo-
grafía. También debe tomarse una lectura del norte magnético
en cada estación para comprobar la concordancia de la declina•
ción magnética dentro del área; este dato será muy útil en el
levantamiento posterior (Secciones S..11 y 8-12).
Medición de ángulos verticales con el tránsito. Los án-
gulos verticales se pueden medir con más exactitud con el trán·
sito que con la alidada, pero los procedimientos son esencialmente
los mismos (Ver Sección 6-10). El ángulo se determina siempre
con la diferencia entre la lectura del vernier al visar la estación
(la parte alta de la bandera) y la lectura con el telescopio ni·
velado. El sentido + o - de la pequeña corrección a partir de
0° debe notarse con cuidado. Para eliminar los el'TOl"es motivados
por un nivel del telescopio mal ajustado, se toma una lectura con
el telescopio en posiciOn normal y otra con el telescopio invertido.
Los hilos de la retícula y el objetivo tienen que enfocarse con
cuidado para eliminar la paralaje. Debe hacerse hincapié en que
las lecturas de los ángulos verticales no deben tener equivoc-aciones,
porque el método puede introducir errores que son en si mismos
apreciables. Las observaciones tienen que hacerse cuando el gra~
diente de temperatura del aire entre el instrumento y la señal
sea tan pequeño como sea posible, como sucede en los días nu·
blados, .sin viento. La refracción por masas de aire h eterogéneo
se pueden compensar con precisión mediante la observaciOn de
los ángulos verticales en dos direcciones simultáneamente con dos
instrumentos. Si no puede hacerse esto, los efectos de la refracción
irregular se pueden compensar aproximadamente haciendo una
162 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

lectura en la dirección inversa cuando las condiciones sean las


mismas que cuando se hizo la primera lectura.
Tratándose d e visuales de :ingulo vertical pequeño, el método
escalonado (Sección 6-15) puede dar mayor precisión que la
medición de :ingulos verticales.

7-8. Liga de una elevació n a la r ed de triangulación


Las elevaciones sobre el nivel medio del m ar tienen que
referirse a la linea base o a algún otro punto de control de la
t riangulación. El levantamiento de liga debe iniciarse en un banco
d e nivel, un punto conocido de una carretera o un ferroca rril,
o de un vértice de triangulación cu ya elevación exacta sea cone>-
cida. Las elevaciones y descripciones de estos puntos tienen que
recabarse mucho antes de ir al campo (Sección 7#3) . Los topO.-
grafos locales, los guardias foresta les o los rancheros, a menudo
pueden ayudar a localizar puntos en el campo.
Por lo-general resulta adecuado hacer las mediciones mediante
lecturas de :ingulos verticales, pueSto que todas las demás ele·
vaciones de la red de triangulación se determinan de esta manera.
Si se necesita mayor precisión, puede correrse una nivelación
Eintre los dos puntos, por el método llamado nWelación diferen,..
cinl ·que se describe en todos los textos de topografía. Las dife-
rencias de elevación se pueden determinar también mediante me-
didas con altímetros controlados (Bouchard and Moffitt, 1959,
Hod~n. 1957).

7-9. Observación dC la Polar en su e longación


La red de triangulación debe estar orientada con exactitud,
lo cual se acos1 umbra hacer mediante la observación de la Polar
en su elongación. la posición de la estrella Polar es un tanto
excéntrica con respecto al eje de rotación terrestre, de m odo que
la esttella parece moverse en un círculo pequeJ'io alrededor del
polo celestial (Fig. 7-4). Se dice que la Polar est:i en su elon#
gación cuando parece moverse verticalmente, a lo largo del hilo
vertical de un tránsito. La di rección precisa del norte verdadero
se puede obtener leyendo el rumbo de la estrella e n su elonga#
CONTROL DE LOS MAPAS GEOLOGICOS 163

ción, en las tablas de 'efemérides solares comunes, como el folleto


que preparan anualmente la Compa6ia W. and L. E. Ourley y
la Keuffel and Esser Co., (qtie proporcionan gratuitamente a
solicitud de los interesados).

FI~. 7-4. La Pol•r en 1u elong•,ión oriental, mosnando au1 rcbcionu 'ºn


!&1 principile1 constel1cione1 (Fig. de !. izquierda) y vista • rr1vq de un
tele$COpio dit"t0 (que no inviene lu lmá¡:enes), en la ligur• de la derecha.

la posición de la elongación oriental se puede observar antes


de la medianoch e desde mediados del verano hasta fin ales, y la
hora exact~ se puede determinar con las tablas de las efemérides.
Si el. tránsito no está equipado con un reflector de espejo para
iluminar los hilos transversales, se puede usar una lámpara de
mano ·apuntándola hacia el objetivo y un poco a un lado de la
línea de visual. La observación se hace como sigue :
-1. Colóquese el tránsito sobre una estación d e control {de
pre"ferencia en un extremo de la linea base) y nivélese su forma
precisa por · medio del nivel del telescopio. Practiquese con la
iluminación.
2. Vísese la Polar 20 ó 30 minutos antes de su elongación
y en seguida bájese el telescopio para alinear un punto norte apro-
:<imado en el terreno, a unos 60 6 70 metros del aparato.
3. Colóquense dos estacas para asegurar este punto, y clávese
una tabla en la parte superior d e dichas estacas.
4. A jústese el telescopio y ob6érvese la estrella h asta que
parezca moverse exactamente a lo largo d el hilo vertical, entonces
bájese el telescopio hacia la tabla e indíquese a un ayudante que
clave verticalmente un clavo de 5 ó 7 cm en la tabla, en línea
con la visual. ·
164 MANUAL DE GEO LOGIA DE CAMPO

5. Levántese el telescopio para estar seguro d e que la estrella


todavía está sobre el hilo vertical; si lo está, désc al telescopio
un giro horizontal de 180°, inviCnascle (vuelta de campana) y
vísese la estrella oua vez.
6. Bájese el telescopio de nuevo y póngase, alineado, otro
clavo sobre la tabla (si el instrumento está ajustado perfectamente,
deberá coincidir con el primero).
7. A la mañana siguiente, colóquese el tránsito sobre el mismo
punto, pÓngase en linea con el punto medio entre los dos clavos,
y mídase el ángulo horizontal a un punto de control adyacente.
8. Determínese la orientaci6n de la línea de visual a los clavos
usando las tablas de las efemCrides.

7-10. Cálculos y ajustes de los datos de triangulación


Los cálculos de los datos de la triangulación deben hacerse en
el orden siguiente : 1) ajuste de los triángulos y cuad riláteros por
suma de los ángul05, 2) cálculo de las distancias horizontales de
los triángulos ocupados, por la ley de los senos, 3) ajuste d e las
estaciones que no se ocuparon, 4) cálculo de elevaciones, 5) co--
rrección de las elevaciones por curvatura y refracción, 6) cálculo
del rumbo de los lados d e los triángulos y 7 ) cálculo d e coorde.-
nadas. Los cálculos tienen que planearse de manera que cada
hoja se pueda comprobar independientemente en un segundo
intento. El segundo cálculo tiene que hacerse paso a paso, des-
pués del primero; de otra manera, d e existir un error sería ne-
cesario hacer nuevamente todos los cálculos subsecuentes. Dado
que son pocas las brigadas que disponen de una máquina de
calcular, las formas que aquí se ilustra n están basadas en loga·
ritmos. Para los ángulos medidos con una aproximación de 5 se-
gundos, tienen que usarse tablas de siete decimales; las tablas
menos detalladas requieren que se hagan interpolaciones tardadas.
Las hojas deben guardarse en forma sistemática en una carpeta
de hojas intercambiables a medida que van quedando terminadas.
Ajuste de las figuras. La suma de los ángulos inferiores
de cada triángulo debe ser de 180° y la suma de los ángulos in--
reriores de cada cuad rilátero d ebe dar 360°. la diferencia per,
misible dependerá de la precisión del levantamiento; por lo ge·
CONTROL DE LOS MAPAS GEOLOO/COS 165

neral, si la diferencia es de más de 30 segundos, los ángulO!


deben medirse nuevamente. El error residual se d istribuye equi-
tativamente entre los ángulos de cada triángulo. Si también se
miden los cuadriláteros, los errores tienen que distribuirse con
más exactitud, ya que cada ángulo del cuadrilátero es igual a
la suma d e los ángulos adyacentes de d os triángulos. Estos ajwtcs
se pueden h acer por el método d e ensayo y error¡ sin embargo
si la red es grand e y los resultados tienen que ser excepcional·
mente precisos, se pueden usar los procedimientos descritos por
Reynolds (1928) y por Bouchard y Moffitt (1959) .
Una vez q ue todos los ángulos han sid o ajustados para que
los triángulos sumen 180°, los ángulos resultantes deben ponerse
en una lista en el orden en el que se les va a u sar.
Cálculo de los t r iángulos ocupados. En primer lugar se
calculan los triángulos cuyas trCS esquinas fueron ocupadas con
el aparato, comenzando con aquellos que incluyen la linea base.
La base para los cálculos es la ley d e los senos; valiéndose de la
notación indicada para el triángulo de la parte superior d e la
Fig. 7-5, los lados d esconocidos se resuelven m ediante las ecua-
ciones siguientes:

Sen< ACB
AB = A C - - - - BC = AC Sen < BAC
Sen < ABC Sen< ABC

Los cálculos logaritmicos pueden h acerse según se indica en


la figura, usando una h oja d e papel separada para cada trián-
gulo.
Ajuste de las estaciones que n o fu e ron ocupadas. El án·
gulo d e la esquina d e un triángulo que no haya sid o ocupada
por el aparato se determina simplemente por la diferencia entre
18{)0 y la suma de los dos ángulos medidos; por supuesto, en este
caso la exactitud de las mediciones n o se puede comprobar por
la suma de los ángulos. En su lugar, los ajustes se hacen después
de terminar el cálculo de los lados de los triángulos m ediante los
senos. Por ejemplo, en la Fig. 7,6, el punto exterior M se puede
ajustar p romediando las dos soluciones del lado MB en los trián-
gulos AMB y BMC, del m ismo modo que el punto N se puede
ajustar p rom ediando las dos soluciones del lado NC en los trián·
166 MANUAL DE OEOLOGIA DE CAMPO

L1 ABC
AC • 9131.5
L BAC .. 1r ao· 10•
..::.BCA -rr 11' 10•
..:::. A8C - 83• ¡3· .¡o•

=
/oy Ae 3 989 osat
t / t1$ Sf1tLD.IC =~
3.978 /053
- /oa $ 111 < 4/i( =: 9. 997 OJ4B""IO

? lb¡:: :;;:~. 0:'5

F~. 7-S. C'alculo de triinaulo. horizonra.lu.

gulos BNC ;1 -CND. Si se necesita la distancia MN (por ejemplo,


para trazarla en una hoja de plancheta), se le puede determinar
calculándola por la ley de los cosenos. Usando la notación indi·
cada en la figura, la ecuación es:
MN ·= MB' + NB' - 2 (MB · NB) cos < MBN

B~M F~. 1-6. Ajus1e de H11cionc1 Hteriorct

D~N
(que no se g¡;upuon).

Este cálculo puede hacerse mediante logaritmos en forma si·


milar al cálculo de los senos.
CONTROL DE L OS MAPAS GEOLóGICOS 167

Cálculo d e e le uaciones. Los cálculos de las elevaciones se


basan en la ley d e las tangentes de los ángulos rectos, com o se
indica en la Fig. 7-7 que es una hoja d e cálculo típica. El signo
+ 6 - , del ángulo se lleva a lo largo d el cálculo. La altura del
instrumento da siem pre un signo +, la altura d e la señal da un
signo - , y la d iferencia de elevación neta se determina sumando
algebraicamente. C.Omo se indica en el ejemplo, el ángulo vertical
em plead o es un promedio d e los ángulos leidos desde cada esta-
ción, pero el signo usado tiene el sentido d e ha ber llevado la
elevación adelante en la red de trabajo. El esquema incluido en
el ángulo superior derecho d e la hoja de trabajo sirve para ase-
gurarse que todo se h a h echo corrccramen1e. La elevación d e
una estación debe calcularse cuando menos en dos triángulos

iJ•l"-mi11acú,;,'*'.t•vac!Ón~C. ~
vsamfa L1 A •8C ,,
E/er. «A =-2/.32.4 tTs,.s 4
Ph/:"MvtZ.AC. =- f/S/ . .!i f S03.,
11..ef...c:=.A- C. "' 3• u'3D" y.,.f:.,r_t.·A·:::: - 3•10 · 00 "
Lo¡ At'=:3·'" o.s81 .to¡_ Ae : : !J!!l'!J 0511
... Ít:»Pfñl1r¿A( • l -U5 '703·/D TJ"ff"º" A :l.U.l f..U2-/0"
.lo~ "'4 "T34 721+ ./oy ; .t.7.31 flOJ11
. . ~/:!'t.ºl.
o/V. Y"r"r..4~
~5-:'::J
• 5 .,o.,
~IJ. ~':!//.'1 ~ -_:¡;s
Pi.fl:l'e:;f("-lf=. !i4/.0
eiw..,, e H/..,..,,~ 0A~.v31. ,,. + s 40.i+ 5 -1i.o .Z67.3. 3
E/•r. - B .. /t3/.il
Pis!." #tw"z ~ • I!iU3. H
;-.,.f.::8•t! ,. 4•32:zo ~ Y..-t."L-e.aa ~ .,,•.,2 '-N "
(l!ft!. t!.OllfO Ol"n°bq)

Fia. 7.7. C ikulo de if11Ulos vc:rtiaoles. La len-a n pequdla indio. loprit·


mos de nUmeros neaativos.
161 MANUAL DE OEOLOGIA DE CAMPO

verticales scparadm, promcdiándosc los resultados como se indica


en el ejemplo.
Correcciones fJ or c-.rvatura .v refracción. La superficie
de la Tierra hace una curva casi de 13 cm por kilómetro, de
manera que se n ecesita hacer correcciones apreciables cuando :;e
hacen visuales horizontales o inclinadas en distancias largas. La
luz que viaja desde una señal al instrumento también se re-
fracta hacia abajo al pasar de una capa atmosférica menos densa
a otra más densa, afectando las lecturas en el sentido opuesto a
la curva tura terrestre, pero e n grado mucho menor. La refrac-
ción va ria con las condiciones atmosféricas, pero en los días sin
vie nto se puede utilizar una corrección promedio. La corrección
combinada por curvatura y refracción, en pies, se determina mul-

F~. 7-8. Relado°"s que retultan de l. cwntura T reftacdón de lat riau1le1


cnttc da. ettacionu. La escala vtttical dd dibujo cmi sumamente enserada,
Pf'tO l u cl f ru IOn represemarivu aproltlmadamcn1e.

tiplicando el cuadrado de la distancia, en millas, por 0.574 (Gan•


net, 1918, p. 335). 1 El n úmero resultante tiene siempre signo
positi vo ( +) y i;e suma algcbnaicamcnte a la di/erenc:ia de el.e..
vación m ed ida por una visual dada enrre dos estaciones (Fig.
7-8) el examen de la figu ra demuestra que si se h acen visuales
e n ambas direcciones, se les puede promediar directamente para
obtener el resultado correcto. Sin embargo, por lo general se
hacen las correcciones para encontrar los errores que pudieran
habel"SC com etido en una u otras visuales.
Cálc ulo de Nimb os. Los rumbos de J05 lados de los trián·
gulos se calculan antes que las COOl'denadas para las estaciones

1 En el siSlcm a mbrko decimal la corrección combinada se deiermina'


como aiguc: multiplic•ndo el cuadrado de la d istancia, medida en 1<.iló-
mctto-, por el factor.
CONTROL DE LOS MAPAS GEOLOOICOS 169

de control. Esto se hace como se indica. en la Fig. 7-9, comen-


:mndo con el lado que se usó para la observación de la Polar y
prosiguiendo sistemáticamente a través de la red, resolviendo un
triángulo en ca.da ve:. El cálculo se h ace en el sentido de las
manecillas del reloj alrededor de ca.da triángulo y el rumbo
inverso final sirve para comprobar los cálculos arinnétiC05.

Rvm6os· Ll AIJt.' •~:


Rumbo AD(11111ot;olo)""N81•zo•.zoc
~ ~ 0,ft: = ¡9• .3tJ" /O•
N/00.40°..30NE
...,,..ro•@'oo"
Raje AC' = S rr99·3r·c
/i'um/,o CA =A' 7P"OY'3ó"w
-~ ,;ff!B =- 11• // 10 ·
ivméo CB •N r .,,·.zo~w

Fis. 7-9. Cálculo de orientaciones.

Cálculo de coordenadas. Las coordenadas proporcionan un


medio simple para traur las estaciones de control en un mapa
base, pudiendo entonces calcularse fácilmente las distancias entre
Jas estaciones y los rumbos a partir de los valores de dichas coor•
denadas. Las que aquí se consideran son las coordenadas planas,
que se trazan tomando como base una red rectangular. Los ejes
de coordenadas se orientan de norte a sur y d e oriente a po-
niente, y el intervalo de las coordenadas (de la red) se elige to-
mando como base la escala del mapa, generalmente en múltiplos
de 100. A la estación situada en el extremo sur-occidental se le
170 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

asignan arbitrariamente valores altos de coordenadas (por ejem~


plo, 1000 y 1000), de manera que todas las coordenadas dentro
del área tengan signo positivo (+).Los cálculos comienzan en
esta estación y se hacen como se indica en la hoja de cálculo de
la Fig. 7~10. El signo de cada abscisa y ordenada se determinan
examinando el rumbo¡ los rumbos al poniente tienen signo - ;
los rumbos al oriente tienen signo + ; los rum bos al norte tienen
valor de abscisa positivo ( +), en tanto que los rumbos al sur lo
tienen negativo (-). Los cálculos se hacen primeramente alrede-
dor de todo el perímetro del sistema, cerrando en la estación inicial
para tener una comprobación de los cálculos aritméticos. El cálculo
de las estaciones restantes se hace en líneas a través de la red de
manera que se pueda hacer una comprobación cerrando en una
estación del perímetro.

l~o L>at"os Lo119. cale . Lat: cale.


AB Rvm.60 = IOl'I¡. Se_h. rumk _____ _(J) /oh$. car. tuMÍJ<)__ {4)
,.¡~ <hst:________ __p .1 .,.,Ollf-dd.~.----&J
(1) +f".l.)- __ _________ (3) ("H-(5) ~ -----<"
Co~A= ÍOllf +(aJ1t"llof d11 3) /a/Jfal~{onlfloy.di.6
/~1000

Fill. 7-10. Cálculo de coordenadu.

Sistemas de coordenadas pionas estatales. Los datos d e


control también se pueden calcular y dibujar tomando como base
los sistemas de coordenadas nacionales o estatales. Debe usarse el
sistema local d e coordenadas planas del Estado, ya que tales co--
ordenadas se pueden calcular a partir de las latitudes y longitudes
consideradas anteriormente. Todo lo que se necesita para comen~
zar los cálculos es conocer las coordenadas planas del Estado que
le corresponden a una de las estaciones de la red. Si una de las
CONTROL DE LOS MAPAS GEOLOGICOS 171

estaciones coincide con un·a de las estaciones de triangulación del


gobierno, generalmente se pueden obtener sus coordenadas solici·
tándolas, o bien, se pueden convertir partiendo de las coordenadas
geodésicas usando las tablas que publica el D epto. Geodésico y
Costero.• Los textos modernos de topografía dan una descripción
breve de estos sistemas de coordenadas. Descripciones completas
y tablas al Director del U. S. Coast and Geoderic Survey, Wash-
ington, 25, D. C. (las listas pueden verse en las publicaciones del
Coesc and Geodetic Suwey).

7-11. Cuadrículas rectangular y policónica


Los puntos de control cuyas coordenadas planas hayan sido
calculadas se pueden dibujar en una cuadricula de coordenadas
rectangulares que puede dibujarse con una regla de acero larga
que tenga una arista recta , un buen cscalimetro y un compás
de longitud adecuada. Un paso previo importante es el de prac-
ticar el dibujo de líneas rectas largas y delgadas. Esto se consi•
gue, 1) usando un lápiz duro de punta aguzada, 2) sostenién-
dolo perpendicular a Ja arista recta de la regla y ligeramente
inclinado en la dirección en la que se está dibujando la línea y
3) dibujando la línea con un traro continuo, firme y bien cal-
culado. Es igualmente recomendable practicar con el compás
de patas largas hasta que pueda dibujarse el arco sin agrandar o
deíonnar el orificio en el punto donde se apoya la punta del
compás.
Las ilustraciones siguientes se basan en la Fig. 7-11.
l. Dibújese una línea vertical cerca del centro de la hoja y
trácese una perpendicular en el punto E marcando primeramente
los arcos EA y EB y después los arcos AC, BC, AD y BD.
2. Usando el escalimetro, col6qucsc el compás exactamente en
un número entero de intervalos de la cuadricula y trácense los
arcos 1, 2, 3, 4, 5 y 6 desde los puntos C, E y D.
3. Colóquese la regla cerca de estos arcos para trazar lineas
oriente-poniente tangentes a dichos arcos.

• El autor • refiere al Cout and Oeodetic: Survey, en )05 Estados


Unido&.
172 MANUAL DE GEOLOGZA DE CAMPO

4. A continuación póngase el compás en un número entero


de intervalos de la red (para dar, por ejemplo, las proporciones
aproximadas indicadas en la figura) y apoyándolo en los puntos
3 y 4 márquense arC06 a los p untos l, 2, 5 y 6.
5. Compruébense las distancias diagonales 1-6 y 2--5 con el
escalímetro; si resultan iguales, prosiga.se con el paso siguiente;
si no lo son, bórrese todo el trabajo y comiéncese otra vez.

JA

e
y

B
Fig. 7-IJ. Coll8ttucd6n de una cuadrícul a de coordenadas recc1ngularu.

6. Píquense con una aguja todos los puntos intersectados,


valiéndose de una lente de aumento.
7. Abrase el compás en el intervalo unitario de la cuadrícula
y márquense arcos desde todos los puntos picados, que intersec•
ten todas las lineas (como en X, Y y Z de la figura).
8. Compruébense los arcos con el escalímetro para estar seguro
que no se movió el compás, píquense a continuación y prosíg:ase
la expansión de la cuadrícula hasta terminarla. Dibújense las
lineas de la cuadricula con la arista recta de la regla grande.

La escala de la hoja debe ser razonablemente constante al


dibujarla, para lo cual las instrucciones siguientes pueden ser
una buena ayuda: 1) prepárense todos los materiales con anti•
cipación, 2) úsese siempre el mismo escalímetro o la misma regla
para medir, 3) manténganse los materiales en condiciones unifor-
mes de temperatura y humedad, y 4) trabájese cuidadosa, pero
continuamente desde el principio hasta el fin de la construcción.
CONTROL DE LOS MAPAS GEOLóGICOS 173

Los puntos de control pueden dibujarse en la cuadricula d e


acuerdo con el procedimiento dado en la Sección S..5.
Cuadrícula s policónicas. Las cuadriculas policónicas se usan
habitualmente como base para los datos de coonl.enadas geodé-
sicas, especialmente cuando el área cubierta por el mapa es grande.
Se les construye . en la misma forma general que las cuadrículas
rectangulares, salvo que se necesitan tablas para determinar las
distancias lineales subtendidas por les diversos arcos de latitud
y longitud. Las tablas del Boletín 809 del Servicio Geológico de
los Estados Unidos (Birdseye, I 929) se emplean para hacer la
construcci6n en pies y en pulgadas, en tanto que las de la Pu,
blicación Especial 5 del Servicio Geodésico y Costero de los
E. U. (1935), sirve para hacerla en m etros. Cad:i uno de estos
juegos de tablas trae sus instrucciones.

7-12. Triao,gulación con la alidada y la plancheta


La alidada y la plancheta son menos apropiadas que el trán·
sito para hacer triangulaciones; no obstante, si Lu condiciones del
dima lo penniten, el trabajo de plancheta es mis rápido y es
suficientemente preciso para muchos proyectos. La localizaci6n de
los punros se hace mediante la intersección de líneas de visual
en la hoja de plancheta, mientras que las diferencias de eleva•
ción se basan en medicicries d e ángulos verticales.
Deben usarse hojas de plancheta impermeables de la mejor
calidad; si tienen que usarse hojas de papel de lino, deberá pte·
parárseles con todo cuidad o (Sección 6-8). La línea base debe
trazarse en la h oja con una regla de acero, mateando con pe-
queñas perforaciones con una aguja, los puntos extrem os. Si en
lugar de una línea base van a usarse puntos geodésicos u otro
tipo de control, deberá ttatárseles en la hoja mediante líneas de
coordenadas (Secciones 7·11 y 8-5) . La libreta de campo debe
prepararse por anticipado, haciend o también una lista del orden
en q ue se harin las visuales desde cada estación.
Comenzando con la línea base, se ocupa cada estación y se
dibujan líneas a las estaciones adyacentes y a aquellas estaciones
exteriores que de otra manera no serian intersectadas con tres
líneas d e 13.piz. Las líneas de lápiz deben hacerse de tcdo el largo
174 MANUAL DE GEO LOGIA DE CAMPO

del borde fiducial d e modo que el tablero pueda orientarse con


exactitud mediante visuales h acia atrás. Cada línea de lápiz debe
rotularse claramente. Se pueden medir ángulos verticales (.SCC.
ción 6-10) o bien, puede usarse el método d e escalonamiento
(Sección 6-15). Debe darse especial a1ención a la nivelación y
estabilidad d e la plancheta; por ejemplo, si el .viento la sacude,
el operador tiene que esperar un momento de calma. Si el teles-
copio es del tipo que puede aflojarse y hacerse girar en 6Cntido
axial, como el que se muestra en la Fig. 6-3, el ángulo vertical
debe repetirse con el telescopio en posición inversa. El promedio
de las dos lecturas servirá para compensar por alineamiento in-
correcto de los hilos transversales con la línea de colimación.
Preci.Jión. Las distancias pueden m edirse a escala a lo laJ"gO
de líneas d e lápj¡ delgadas con precisión con siderable, pues el
orificio h ech o por la punta de una aguja ocupa n o m ás de JYJ76
cm (a la escala de 1 m ·= 10,CXJO m, esto representa 76 cm en el
terreno) . Sin embargo, la linea d e lápiz n o se puede dibujar
con más de la mitad de esta precisión. Las sugestiones para el
dibujo d e líneas rectas dadas en la Sección 7-11 pueden ser d e
utilidad al respecto. Haciéndolo con cuidado, los errores de di-
bujo pueden mahtenerse abajo d e 0.025 cm.
En virtud de que el m ás grande error probable de dibujo se
comete en ángulo recto a una línea de lápiz, es esencial en la
triangulaciOn con plancheta que los ángulos d e intersección sean
mayores de 30°. ·

7-13. Levantamiento11 de control m e diante poligonale9


con trám1ito
En los lugares donde los árlx>les u otros obstáculos hacen iln·
posible la locali=aci6n de estaciones por métodos de triangulación,
se p ueden u sar poligonales con cinta y tránsito para establecer el
control. Las poligonales deben correrse en circuitos cerrados, o
deben cerrarse en puntos que se puedan localizar con cuando
menos tanta precisión como los puntos de la poligonal. A causa
d e la precisiOn que se requiere, los cursos deben reconocerse pre-
viamente d e modo que se puedan dirigir a lo largo d e trechos
abiertos, de pendiente suave. Las distancias d eben medirse con la
CONTROL DE LOS MAPAS GE'OLóGICOS 175

cint.:i. a nivel, y en terreno de poco relieve puede usarse con bue-


nos resultados una cinta de 75 ó 100 metros de largo,
El primer lado de la poligonal debe partir de una linea de
orientación _o azimut conocido. Si tiene que com enzar en una
estación de triangulación aislada, el rumbo del primer lado pue-
de determinarse m ediante una observación a la estrella Polar.
Este ·rumbo exacto no será esencial hasta que se calculen las
coordenadas a partir de la poligonal; sin embargo, es usual calcular
los rumbos de las líneas a medida que-avanza ·la poligonal. El
control alrimétrico debe hacerse simultáneamente mediante la
lectura de ángulos verticales o midiendo escalonadame nte la di_s.
tanda vertical entre las estaciones.
Las poligonales que se cierran en el mismo punto donde se
iniciaron se hacen con más eficiencia midiendo los ángulos in-
teriores de los circuitos, en tanto que las poligonales que comien-
zan en un p unto conocido y terminan en otro se h acen mejor por
el metodo de deflexión de ángulos. La mayoría de los textos d e
topografía (como el de Bouchard y Moffitt, 1959, Cap. 8) , des.-
criben en detalle el procedimiento para ambos tipos de poligo-
n ales. Pueden ser ejecutadas por d os hombres, pero es útil cuando
menos otro hombre para manejar la cinta y hacer anotaciones.
Los cálculos, que deben llevarse al dia en el campo, incluyen ge-
neralmente comprobación de los rumbos calculados en el campo,
corrección de las distancias medidas con la cinta (Sección 7-6),
cálculos de latitudes y longitudes, cálculos de coordenadas planas
de las estaciones y cálculos de d iferencias de elevación a partir
de los ángulos verticales, y distancias corregidas. Tratándose de
poligonales cerradas, será de utilidad e n el cálculo de latitudes
y longitudes el que cualquier pequeño erro r de cierre en los
ru mbos se distribuya primero equitativamente entre los ángulos
de la poligonal. Así, las latitudes y longitudes deben quedar com-
pensadas.

Referencias citadas
Birdscyc, C. H., 1929, Form .. ku and tables far the consttuction of polyconic
ptajections: U. S. Gcologica.I Survcy, Bullctin 809, 126 pp.
Bouchard, Harry, and F. H. Moffüt, 1959, Su......-,ing : Scranton, Pa., lntcr-
national Tcxtbook Co., 664 pp.
176 MANUAL DE OEOLOGfA DE CAMPO

Gannen, $. S., 1918, Geopa.phic tables a.nd farmula.s: U. S. Geological Sur-


Vl:y, BuUl:rin 650, 424 pp.
Hodgson, R. A., 1957, PrecLIU>n alti.,,..,ttr sKrvey ptaa!du•l:S : Los Angelea,
Aml:rican Paulin Syote m, 59 pp.
Reyno]ds, W. F., 1928, Manua.1 o/ niangularion computation an.d adjwtment:
U. S. Coan and Q.,od.,tic Survey, Special Publlcarion 138, 242 pp.
U. $. Cou 1 and Geoderic Survey, 1935, Tablu far a polyconic projec tion of
mapJ and lengrlu o/ r.,,...em·ial OTCS o/ mtridian and pa.rallels b<ued upon
Clark's reftrence spheroid of 1896: 61h ed., Special Publication 8, 101 pp.
- - , 1933, Formulas a.nd rabies far the compuratU>n of geo.dedc pos/tia.u:
7th l:d., Speci1l Publkarion 8, 101 pP.
8
Levantamientos geológicos
con la alidada y la p lancheta

8·1. Proyectos de plancheta y sus escalas aprop iadas


La alidad a y la plancheta son esenciales para la mayoría de
los proyectos q u e requieren un mapa geológico y topográfico p ro-
ciso de escala mayor q ue 1:5,CX>O (1 cm ·= 60 metro$). Existen
pocos mapas base topográficos con tal escala, y las fotografías
aCreas de escala grande no dan el control vertical q ue se necesita
para muchos estudios estructurales y cuantitativos. Los mapas
topográficos y geológicos p recisos son d e especial valor en la
resolución de problem as ta les como desplazamientos de fallas, con•
rinuidad de esttatoo o de cuerpos de mineral en pliegues com·
plcjos, detalles estratigráficos en secuencias intcrdigitadas, y rela-
ciones de diversas alteraciones de fallas o cuerpos intrusivos. Los
mapas que se usan en estos estudios cubren típicamente de 5 a
60 Km 1 en escalas de 1 :2,000 a 1 :5,()(X) y los procedimientos
que se describen en este capítulo son apropiados para tales pro-
yectos. Los levamamien tos a escalas mayores de 1: 2,000 pueden
ser necesarios donde las mediciones y el muestreo tienen que
ser particularmente precisos, como sucede en a lgunos estudios
económ icos; este tipo de p royecto se tra tará en el capitulo 10.
El levan tamien to topográfico y geológico a la escala de 1:10,000
se puede h acer rá pidam ente por los métodos d escritos en este
capítulo; sin embargo, conviene tomar en cuen ta u n levantam ien-
to aerofotográíico controlado, ya que requ iere menos tiempo que
u n levantamiento con p lanch eta (capitulo 9). El levantamiento
topográfico y geo!Ógico completo a escalas menores de 1:10,000
no lo hacen, por lo común, los geólogos, puesro q ue es más efi;
ciente levantar sobre forografias aéreas o u sar un mapa base pre--
parado por u n ingeniero compañia d e levantamientos
178 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

aéreos. Sin embargo, puede ser necesario levantar ciertos detalles


o estructuras de extensión limitada a escalas pequeñas. En las
regiones que carecen de levantamientos topográficos, por ejem-
plo, la explon.ción petrolera puede requerir posiciones y eleva-
ciones exactas en una unidad dada sobre una gran área. Planear
el control de tal levantamiento requiere ingenio y buen juicio,
y con frecuencia los procedimientos de plancheta tienen que
adaptarse para satisfacer necesidades particulares. Los métodos
que resultan especialmente útiles son:
(Secciones 6-14 y 6-15) y los métodos de resección .Y de los
tres puntos (Sección 8-10 y 8-11). Las sugestiones dadas por Low
(1952, Caps. 4, 6) pueden también ser de utilidad .

8-2. Planesción de un levantamient.o con plancheta


La mayoría de los proyectos de levantamiento a escala gran•
de se desarrollan a través de una serie de etapas, coino las que
se in dican a continuación :
l. Ordénense y prepárense los materiales y da1os de control
antes de la temporada d e campo.
2. Proyb:tese un sistema local de control y al mismo tiempo
hágase un reconocimien10 de los detalles geológicos.
3. Levántese el control primario y háganse cálculos de control.
4. Dibújese el control primario en las hojas de plancheta que
se usaci.n para el levantamiento con estadia.
5. Recórrase el área para h acer mapas geológicos esquemáticos,
señalar contactos y fallas, y seleccionar estaciones de instrumento
para el trabajo de esradia.
6. Levántense las estaciones de instrumento o puntos de con--
trol secundarios.
7. Levántense y trácense los detalles geológicos, la topografía,
el drenaje y los rasgos culrurales, por métodos de estadía.
8. Complétese el mapa comprobando los detalles geológicos,
haciendo adiciones sin el instrumento y recorriendo secciones
transversales.
En los capitulas 1, 6 y 7 y en el ApCndice 1 se dan algunas
indicaciones para preparar y ordenar los materiales y los datos.
LJNANTAMIENTOS G.EOLOCICOS 17!1

Las consideracion es acerca de las h ojas de planch eta, de los


instrumentos y del control establecido son de especial importancia.
Las foto~afía s aéreas siempre son valiosas en un proyecto de
plancheta.
Los pasos d escritos en la lista anterior pueden ser llevados a
cabo por dos h ombres, a menos que se vaya a m edir una linea
base con toda precisión. Un grupo d e tres h ombres podría consis.-
t ir de un geólogo d e experiencia, una segunda persona que C().o
no;tCa de m étOOos d e levantamiepto, asi como algo de geología,
y un ayudante. El geólogo sería d e h echo el h ombre.-clave d e la
etapa 5 en adelante, y por lo gen eral haría las veces de estada·
Jero durante el levantamiento con estadia. El segundo hombre
podría ayudar a planear el con trol, responsabilizádose de su eje-
cución, y se ahorrarla mucho tiempo si pudiera encargarse de
los pasos 3, '4 y 6 m ientras el geólogo se ocupa del 5 . El ayudante
trabajaría con el topógrafo y podría llevar el registro, ya sea e n
el instrumento o en el estadal, durante el desarrollo del levan•
tamiento con estadia.
En las brigadas m ás grandes resulta una imprudencia interrum·
pir los trabajos principales mienttas se hace el trabajo d e control.
Para darle continuidad, el examen y el levantamie n to csradimé·
trico de cualquier parte del área (como una hoja de p lanch eta)
deberi ser di rigido por un geólogo.
El tiempo que se requiere para ejecutar un proyecto de plan~
ch cta depende de muchos fa ctores, especialmen te de la comple-
jidad de la geología, d e lo escampado del terreno, y de las con•
diciones climatológicas. Suponiendo que la escala que se escoja es
ml que los d etalles geológicos se puedan levantar fácilmente,
un área cubierta por cuatro hojas requerirá, en condiciones nor•
males, unas 20 semanas, trabajando seis días por semana, en el
caso del grupo de tres h o mbres anrcs descrita. Esto supone que
el levantamiento de control y el cstadimétrico están h ech os con
precisión suficiente para que los puntos del levantamiento con
estadia queden dentro de los 0.05 c m respecto a su posición ver-
dadera.
Selección de lo escoto. La escala para el levantamiento
con plancheta tiene que considerarse de mOOo general antes d e
la temporada de campo, pero la selección final requiere un re·
180 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

conocimiento geológico. En particular, tiene que determinarse qué


tan gTandes son las unidades o los detalles más pequeños que
tienen que dibujarse a escala. La escala ideal es precisamente
aquella que resulta suficientemente grande para que estoS rasgos
se puedan dibujar fácilmente y con seguridad. La precisión ge-
neral de trabajo con alidada y plancheta será tal que los errores
en el mapa puedan conservarse en menos d e O.OS cm (Sección
7-12). Por ejemplo, si las medidas hechas en el mapa pueden
tener un error no mayor que un metro en el terreno, la escala
del mapa podría ser de 1:2,500. A esta escala, los detalles de 5
m etros (2 mm en el mapa) podrán dibujarse fácilmente a es-
cala. Muchos estudios geológicos económicos y d etallados requie-
ren este grado de detalle. Si los errores en el mapa pueden ser
hasta de 2 ó 3 metros sobre el terreno y se n ecesita representar
a escala detalles de no más de 15 ó 20 metros, el mapa podrá
hacerse a la escala de 1:5,000 ó 1:6,000.

8-3. Reconocimiento del sistema de control y de los rasgos


geológicos
El primer paso en el campo es reconocer el área a fin d e
tener una vista general de los detalles geológicos, planear la escala
del trabajo y proyectar la red de control, o planear las poligonales
de apoyo. Los aspectos d e planeación de los levantamientos de
control y la selección de estaciones fueron dados a conocer en
el capítulo 7. Como base para el esquema geológico se puede
usar un mapa esquemático del sistema de control hecho con
brújula (Sección 7-4) . la escala de este mapa por lo común es
de una cuarta o de una quinta parte de la de las hojas finales
y su precisión solamente necesita ser adecuada para la planea-
ción. En la libreta de notas se pueden hacer esquemas más deta•
liados y secciones que muestren ii.reas de interés especial. En
muchos casos, las fotografías aéreas resultan una base ideal para
delinear los rasgos que más tarde se levantarán en detalle, puesto
que algunas estructuras y unidades de roca pueden identificarse
en ellas d e inmediato.
LEVANTAMIENTOS GEOLOOICOS 181

8.-4. Distribución de las bojas de plancheta


Una vez que se ha levantado y calculado el sistema de control
(capítulo 7), se preparan las hojas de plancheta para el levan-
tamiento con estadia. El primer paso es detenninar la distribu-
ción óptima de las hojas de plancheta con relación al área que
se va a levantar. Cada hoja tiene que, 1) incluir cuando menos
dos y de preferencia tres o cuatro puntos de control que tengan
intervisibilidad, 2) que ninguno de esos puntos quede a menos
de 5 cm de sus bordes, 3) tener un traslape de 5 cm cuando
menos con cada h oja adyacente, y 4) cubrir el área de manera
que ningún punto estadimétrico tenga que dibujarse a menos de
3 cm de sus bordes. La disposición de las hojas se puede selec-
donar como sigue:
l. Trácense los puntos de control en un pedazo de papel, a
aproximadamente un cuarto de la escala que se va a usar en el
levantamiento (una aproximación de 1hº es adecuada).
2. Córtense varios rectángulos de papel de dibujo, cada uno
de los cuales 1epresenta una hoja d e plancheta a la misma escala
que se usó en el punto l.
3. Arréglense una y otra vez estos rectángulos sobre el dibujo
de control hasta que se obtenga una distribución óptima, a con-
tinuación píquense las esquinas atravesando el dibujo d e control
y delinéense las posiciones de las hojas en el dibujo.
Este procedimiento es simple si el terreno está razonablemente
abierto, pero en caso de que no se puedan ver porciones apre-
ciables del área desde cienas estaciones de control cercanas, las
hojas tendrán que arreglarse de modo que cubran estas manchas
"ciegas". Tiene que considerarse la escala del trabajo y el espa-
ciamiento mínimo para las estaciones de instrumento y estadía
(Sección S..6).

8-5. Trazado del control primario en 189 bojas de p lancheta


Después de que han sido p reparadas las hojas d e plancheta
se pueden trazar sobre ellas los puntos de control primario, ya
sea usando las coordenadas o por intersección con un compás d e
182 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

patas largas. Para trazados por coordenadas primero debe cons-


truirse la red de coordenadas con cierta precisión sobre la distri-
bución a escala pequeña que se describió en la Sección 8-4. Las
posiciones aproximadas de dos líneas de coordenadas se determi-
nan transfiriendo las distancias del dibujo d e escala pequeña, como
las distancias MN y MP de la Fig. 8-1. Comenzando con un me-
ridiano como la línea MP, se traza una perpendicular en M
sobre la hoja de plancheta. A continuación se marca un punto
de control como el punto A, haciendo lo siguiente: 1) midiendo
sus coordenadas d e M a S y de M a T, 2) colocando un com-
pás para conocer las distancias MS y MT, y 3) trazando a rcos
desde S y T para intersectar el punto. Cuando todos los puntos
han sido localizados y comprobados se entinta la cuadrícula de
coordenadas con líneas muy delgadas.

Fig. 8-t. Transferencia de una red de coordenadas de una hoja a pcquetla


escala (itquierda) a una hoja de plancheta. (a la derecha) y loca.li2a.d6n de
un pumo de control (A).

Si las coordenadas no hubieran sido calculadas, los puntos se


pueden trazar por intersecciones con un compás. Por ejemplo,
en la Fig. S..2 se localiza primero la posición aproximada de los
puntos A y B transfiriendo las distancias WB, XB, YA y ZA del
dibujo de escala pequeña a la hoja de plancheta. A continuación
se traza en la hoja una línea fina con lápiz que pase por los
puntos, usando una regla de acero. Primero se marca con la
pu nta de una aguja una estación y luego se pica la Otra después
de haber medido cuidadosamente con un escalímetro la distancia
exacta AB (levantada en el campo). Después se abre el compás
a Ja d istancia AC exacta y se traza un arco en el área aproxi-
LEVANTAMI ENTOS GEOLóGICOS 183

macla d el punro C. Una ve.: que se hace lo mismo para la


distancia BC, se locali:ta C por intersccci6n. Las distancias tienen
que comproba.rse con un escalímetro, p icando los p un tos con la
ayuda de una lupa o una leme de mano. Por último, puede
dibujarse una linea norte sur sobre la h oja tomando corno refe·
renda el ro mbo de una de las líneas.

Fig. 8-2. Transferencia de los puntOtl de 'onttol A y B de un rnapa de es-


" ]1 pequelfa (izquierda) a una hoja de plan,heta, e inte~'ión de un
le"er punto, C.

8-6. Estaciones de instrumento para c1 trabajo de estadia


Los p untos de control p rima rio no se pueden situar suficiente--
mente próximos entre sí para proporcionar estaciones de instru·
m ento para todo el levantamien to con estadia, por lo cual tienen
que localizarse estaciones adicionales. La manera de hacer esro
depende d e la escala del proyecto y de la naturaleza de los de·
talles geológicos y del terreno. Si la escala es grande, los rasgos
geo!Ógicos son complejos y el terreno es razonablem ente nccesi·
ble, las estaciones de insttumcnto deben de seleccionarse al hacer
un examen preliminar, un tanto detallado, de toda el área, como
se describió en la Sección 6-7. Las estaciones nuevas se marcan
con señales y se levantan por intersecciones desde las estaciones
primarias. Algunas veces se da a estas estaciones de instrumento
el nombre d e cont-rol 5ecu.ndario porque se les localiza como una
red subsidiaria de p untos, previamente al levantamiento de esta•
dia. Cuando las escalas de levantamien to son más bien peque-
ílas, los detalles geológicos son simples, o el terreno es tan irre-
184 MANUAL D.E GEOLOOIA D.E CAMPO

guiar que no resulta eficiente trabajar en cualquier parte d e él


más de una vez, las estaciones de instrumento tendrán que
seleccionarse y levantarse a medida que avanza el trabajo. Estas
estaciones se d eben localizar por resección, por el método de
los tres puntos y por poligonales (Secciones 8-10, 11 y · IZ).
Aun cuando debe haber el menor número posible de esracio--
nes, tienen que estar lo suficientemente cercanas entre sí para
que las mediciones con la estadia sean adecuadamente precisas.
El intervalo con los hilos de la estadia puede aproximarse a 6 cm
en distancias de menos de ZOO metros. La precisión de las lec·
turas y las correcciones d el arco Beaman disminuye rápidamente
en las visuales d e más de 300 m etros. Por lo tanto, las estaciones
de aparato tienen que situarse con una separación de unos
600 metros para un levantamiento de detalle. Esta distancia se
puede aumentar moderadamente cuando la escala del mapa es
pequeña o donde los errores pueden ser de más de 2 ó 3 metros
en el terreno. Cada grupo tiene que probar o definir la distancia
límite, porque la precisión de la estadia depende no tan sólo de
la distancia al estada!, sino también de las cualidades del instru·
mento, del estada! y de la iluminaci6n.
Las estaciones de instrumento se pueden seleccionar sistemá·
tica y rápidamente en terreno abierto de relieve moderado, pero
a menudo los obstáculos limitan esta selecci6n. Cada estaci6n
debe proporcionar una visión clara del terreno que se va a le-
vantar y debe ser visible cuando menos desde dos estaciones
primarias (o desde tres de estas estaciones si se va a usar el
método d e los tres puntos). Las estaciones ideales son las que
están en valles abiertos o en la cima de lomeríos bajos desde
donde se tiene una vista valle abajo y valle arriba, así como a
los lados del valle. Las colinas de pendiente suave y los puertos
son, con frecuencia, buenas localizaciones. Las cimas de los cerros
o sierras muy empinados son por lo general inadecuados porque
el instrumentista no estará en posibilidad de ver sus laderas.
Para señalar cada estaci6n se puede usar una estaca o una
roca maciza. Las estaciones que se localicen por intersección
deberán marcarse con una señal que las distinga, como un mon~
tón de piedras o una pequeña banderola y un poste semejante
al descrito en la Sección 7·5.
LEVANTAMIENTOS GEOLOOICOS 165

8 °7. Examen de loa detalles geológico• y señalamiento


de contacto•
En las árem que deben levantarse en d etalle, los rasgos geo..
lógicos tienen que examinarse a ntes de comenzar el levanta-
miento con estadia, Esto se puede hacer al mismo tiempo que se
seleccionan y marcan las estaciones de instrumento (Sección
8-6) . De las partes más complejas del área tienen que hacerse
mapas esquemáticos. Los puntos que se van a usar en el levan-
tamiento con cstadia se pueden situar en estos esquemas, mar-
cándol06 en e l terreno mediante tiras pequeñas de tela o plas--
tico brillantes. C.Om o ejemplo d e tales puntos se tienen las vueltas
bruscas en los contact06, las intersecciones d e contactos y fallas,
o los lugares d onde se puede n observar detalles estructurales
críticos o donde puede n recogerse fósiles importantes. Las ban-
derolas se pueden colgar en los arbustos, ramas o afloramientos
de roca, donde puedan fácilmente ser vistos pot' el estadalero.
El examen y el sefialamiento d eben dar una imagen tan clara
de los rasgos geológicos principales que el levantamiento con cst:a-
dia resulta más un cubrimiento sistemático que una afanosa ex-
ploración. D e o tra m anera, el instrumentista y el anotador pue-
den estar sin hacer nada por períodos largos mientras el csradalero
anda tratando d e e ncontrar cada contacto. Sin embargo, no es
conveniente sefíalar con banderas todos los puntos que se van
a usar para hacer el mapa final. Durante el levantamiento se
p uede n descubrir algunos otros puntos críticos y muchos más
tendrán que añadirse para levantar rasgos que n o son geológi-
cos, así como detalles geológicos.

8-8. Elec.x:ión del intervalo de las curvas de nivel


Una vez que se han terminado el levantamiento d e control
y el examen geológico, resulta posible escoger el intervalo de
las curvas d e nivel más adecuado para el trabajo con cstadia.
Los intei:valos comunes para mapas de plancheta de escala grande
son de 2, 5, 10 y 20 metros. El intervalo tiene que escogerse
de acuerdo con la escala y el propósito del mapa, lo abrupto
d e las pendientes y el espaciamiento probable de los puntos de
186 MANUAL DE GEOLOOJA DE CAMPO

estadia. Por lo común, cuanto mas pequeño es e l intervalo esco-


gid o, m ás tiempo se lleva en localizar y dibujar las curvas d e
nivel correspondientes. Un intervalo de 4 ó 5 metros o menos,
sólo debe usarse en los lugares d onde las form as topográficas
por levan tar son d e pendiente suave, o bien, d onde se n ecesita
un control vertical extraordinariamente detallado para trabajos
mineros y operacion es d e construcción . U n inte rvalo de 8 a 10
m etros es el m ás conveniente para la mayoría d e los proyectOl!i
de levan tamiento d e escala grande, a un donde el espaciamiento
de los puntos de estad ia sea tal que tengan que dibujarse curvas
d e 4 ó 5 m etros, Las curvas hasta de 20 metros de intervalo
:son por lo general preferibles para los proyectos donde la escala
del mapa se aproxima a la d e 1: 10,000 y donde las pendie ntes
son acentuadas.

8-9. lntC1"Se<:c ión de l11s estaciones de apar11to


Después d e que las estaciones p rimarias hayan sido m a rcadas
en cada h oja de planch eta (Secció n S..5 ) , se ocupa cada estación
primaria y se trazan líneas a todas las señales visibles de otras
estacion es de instrumcnro. El procedimiento es el mismo q u e se
emplea para la triangulación primaria (Sección 7·12). Las esta•
dones que se localiza n por la intersección d e tres líneas tienen
que picarse con cuidado con una aguja, numerándolas con t inta.
Las elevaciones que se calculen tienen que anotarse a lápiz debajo
de la estación, pero n o deben entintarse sino h asta que se hayan
ocupado las estaciones de instrumento para trabajo de estadia y
que el ángulo venical a cada señal primaria haya sido compro·
bado por una lectura inversa.
Las estaciones de instrumento que sólo se pueda n ver desde
una o d os estacio nes primarias, tienen que locali.zarse o coofir·
marse mediante líneas o rayos accesorios d esde otras estacion es
secundarias. En algunas ocasion es tiene que dibujarse una línea
a ellas desplazándose una d istancia corta a partir de la estación
primaria. Esto se hace colocándose en la estación primaria, d i·
bujando u n rayo hacia un p unto d esde el cual se puede ver la
estación de instrumento, midiendo la distancia con cinta o con
estadia y trazando la nueva estación accesoria. Cuando se le co--
lEVANTAMIENTOS GEOLOGICOS 187

loca en este nuevo punto, la plancheta debe orientarse cuidadC>-'


samente sobre el punto primario usado para localizarlo, proce-
diendo a comprobarlo mediante visu:ales a otTos puntos.

8-10. Localización de estaciones de aparato por rese<:ción


Las estaciones de instrumento en las partes externas de un
área se pueden localizar con más eficiencia durante el curso del
levantamiento estadimétrico que durante la intersección del con-
trol secundario. Esto resulta particularmente cierto cuando la es.-
cala d~l mapa es pequeña. Por el método de resección., la locali-
zación se hace dibujando una línea hacia el punto ocupado, como
se explica en el siguiente ejemplo.

Fig. 8-3. Localización de una nueva estación de aparato {S6) por t esec•
ción desde una previamente establecida (SS).

El estadalero ha terminado todo el trabajo de estadia en una


dirección dada desde la estación SS de la Fig. 8-3A, en la que
se encuentra el instrumento. A continuación examina el terreno
más allá y escoge una nueva estación de instrumento, $6, d esde la
que pueda ver cuando menos una estación primaria, M, desde
la altura del instrumento. En seguida señala el punto con una roca
o con una estaca y coloca el estada! sobre el punto. El instru•
mentista confirma la orientación del tablero visando a una señal
primaria; después dirige una visual al estada!, traza una linea y
lee un ángulo vertical. Cuando se mueve la plancheta al nuevo
punto, se le orienta mirando hacia atrás a la estación SS. En-
tonces el instrumentista coloca el frente del borde fiducial contra
la perforación hecha con la aguja marcando la estación primaria
188 MANUAL DE GEOLOCIA DE CAMPO

M y visa la señal d e cada cstaci6n (Fig. S.JB) . La intersecci6n


se realiza trazando una línea hacia ami.s a lo largo del OOrdc
fiducial hRSta cruzar el rayo dibujado de S5 hacia 56. Se lee el
ángulo vertical y a continuaci6n se visan otras señales primarias
y se Icen otros ángulos verticales que sirvan de comprobación.
El levantamiento con estadia puede empezar en S6 tan pronto
como se calcule su elevación partiendo del ángulo vertical y de
la distancia horizontal medida en el mapa.

8°11. Localizaciones por el método de los tres puntos


C uando la plancheta tiene que colocarse en una nueva esta·
ci6n h acia la que no se han trazado rayos previamente, n nece•
sario orientar el tablero e intersectar su posición por los métodos
de los h'es puntos. Estos metodos son especialmente útiles para
trabajos de escala intermedia y de escala pequeña, o bien donde
el terre no es tan irregular que es ineficaz colocar todas las se·
f'iales d e estación antes de h ace r el leva ntamie nto con cstadia.
Típicamente el control para estos proyectos es una red de trián·
gulos muy grandes, de allí que las señales primarias tengan que
colocarse de manera que se les pueda ver sobre áreas extensas.
Método del popel calca. Este método de localización de tres
punt05, rápido y prácticamente a prueba de tontos, req uiere el
uso de va rias hojas d e papel calca y un poco de cinta de dibujar.
El procedimiento es el siguiente :
l. Colóquese la p lanc heta e n la nueva estación, a la vista
de cuando menos tres, y d e preferencia cuatro, señales que estén
dibujadas en la hoja.
2. Fíjese un pedazo de papel de e.alca (transparente) en cual·
quier lugar de la hoja y píquesele con una aguja.
J. Apriétese la cabcia Johnson, colóquese el OOtde fiducial
contra la perforación hecha por la aguja y visesc a través del
telescopio cada una de las tres o cuatro seña1cs. Trácense IOf
rayos hacia cada señal partiendo de la pequeña perforación, pero
suspénd ase cada trazo a corta distancia d e esa perforación.
4. Quítese la cinta que fije el papel y muévase éste h asta que
cada una de las líneas del lápii p ase eJ1Cactamente a través de su
LEVANTAMIENTOS GEOLOGICOS 189

punto correspondiente, dibujado en la hoja de plancheta (Fig.


8-4).
5. Hágase una perforación en la hoja de plancheta insertando
la aguja en la perforación que aparece en el papel calca; a con;
tinuación retírese este papel.

Fig. 8-4. U&0 de una hoja de papel

........
00
turuparente para orie ntar la plancheta
sobre una estación nueva. Los r ayOll de
la figura estin en el papel tramparente, •HHI•
mientras que los triángulOB son es1acio-
nes de control que se pueden ver a
tTaves del p apel

6. Aflójese el tomillo inferior d e la cabeza Johnson, colóquese


la alidada sobre la h oja de manera que el borde fid ucial bisecte
la nueva perforación y aquella que sefiala la estación más lejana,
orientando en seguida el tablero mediante una visu al a la señal
de aquella estación.
7. Apriétese el tomillo inferior de la cabeza Johnson y com;
pruébese la orientación visando las seña les de las otras estaciones.

Los únicos puntos que no se pueden localizar de esta manera


son aquellos que están en, o muy cerca, del círculo que pasa a
través de los tres puntos visados (el circulo grande de la Fig. 8-5) .
EstCl'i casos resaltan claramente cuando se intenta hacer el paso
4 y consecuentemente tiene que usarse un cu arto punto o bien,
tendrá que moverse la plancheta.
Co rrección d e una orientación con brújula. Cuando n o
se dispone de papel de calca, el tablero tiene que orientarse pri;
mero con la aguja magnética o al ranteo. Después se visan tres
o más puntos y se trazan líneas hacia atrás partiendo de cada uno
de ellos, a lo largo del borde fiducial. Si el tablero está orientado
correctamen te, las líneas se cortarán en un punto y la localiza-
ción estará terminada a menos que los tres puntos caigan en un
circulo, como antes se indicó. Si los rayos fonnan un triángulo
pequeño, la orientación tiene que cocregirse, lo cual se hace esen;
cialmente por el sistema de ensaye y error. Las reglas siguientes
190 MANUAL DE OEOLOGIA DE CAMPO

basadas en aq uellas dadas por Beaman en el Boletín 788 d el


U. S. O. S. (Bil"dseye, 1928, p. ZOJ) pueden ayudar a dctcrmi·
nar la posición aproximada del punto verdadero con relación
al triángulo pequeño. Las reglas y los términos usados están ilus-
trados en la Fig. 8-5.

Fi,z. 8-5. Rel•ción entre estaclonu de control (A, B v C), el circu lo m4-
ximo que pua a travé1 de ellu y los pequel'iOll triingulo. de error form~
por lu interaecdonu de tre. líne.. en una plancheta orie n t.ad• imperfec1a.-
men1e. En e.da cuo el circulo pequefto mue1n-a I• po!lición correct• del
punto bu.cado. Según Birdseye (1928, p. 203).

l. Si el pequeño triángulo está dentro del triángulo grande,


la posición verdadera del p1,1nto está dentro del triángulo pe·
queño.
2. Si el triángulo pequeño cae dentro del triángulo grande y
el gran círculo, la posición verdadera del punto queda fuera del
triángulo pequeño opuesta al lado formado por el rayo trazado
desde la estación m edia visada.
3. S i el triángulo pequeño queda fuera del gran círculo, el
punto visado queda fu era del triángulo pequeño y sobre el mismo
lado del rayo trazado desde la estación más distante visada, como
sucede con la intersección de los otros dos rayos.
La posición real del punto buscado se p uede estimar tomando
en consideración las distancias a los tres puntos visados. El trián·
gulo se forma por la rotación relativa de esas tres estaciones; la
verdadera posición del punto está, por lo tanto, más cerca d el
UVANTAMIENTOS GEOLóOICOS 191

rayo procedente de la estación más cercana y más lejos del rayo


que viene de la estación más distante. Por otra parte, las distan~
cias entre la posición verdadera del punto y los tres rayos son
proporcionales a las distancias del .punto ocupado a los tres puntos
visados.
Después de que se marca un nuevo punto, la alidada se coloca
a lo largo de este y del punto que representa la estación más
disrante. La plancheta se orienta nuevamente visando la estación
más alejada y se traum rayos hacia atrás desde dicha estación,
como en el caso anterior. El procedimiento se repite hasta que
cualquier triángulo pequeño remanente pueda resolverse en un
punto. Con un poco de experiencia esto se puede hacer en unos
tres intentos; sin embargo, el punto final no se puede elegir con
tanta rapidez (la perforación de una aguja es muy pequeña.)
Independientemente de que se use este método o el del papel
calca, la precisión de las localizaciones dependerá en mucho de
la calidad trigonométrica de las intersecciones. Los puntos que
quedan dentro del triiingulo grande se pueden localizar con más
exactitud, en tanto que los que q uedan fu era son cada vez menos
Seguros a medida que las intersecciones de los rayos son más
agudas. En la fig. 8-5, por ejemplo, las localizaciones situadas al
sureste de la estación C son d ébiles de por sí, debiendo visarse
de ser posible, otra estación primaria al noreste.

8-12. Poligonales con plancheta y alidada


Las estaciones de aparato que no se puedan intersectar desde
otros puntos se tienen que localizar por medio de poligonales. En
terreno densamente boscoso frecuentemente se tienen quie l evan~
tar i;le esta manera todas las estaciones. Las poligonales pueden
comenzar en puntos primarios de la triangulación, o (como es tí-
pico en el caso de terreno boscoso) desde las estaciones de la poli-
gonal primaria con tránsito y cinta (fig. 8-6) . Los lados d e la
poligonal se miden con cinta donde tienen que ser muy precisos,
pero las poligonales de menor precisión pueden correrse por mé-
tcx:los estadirnétricos. En los lugares donde el terreno está rarona-
blemente abierto y la marcha no resulta difícil, las poligonales
se corren algunaS: veces solamente para localizar estaciones de
192 MANUAL DE OEOL001A DE CAMPO

instrumento y por lo tanto se les cierra antes de comenzar el


levantamiento de cstadia. En los lugares de terreno quebrado
donde la marcha es un tanto difícil, generalmente es más eficiente
levantar los detalles geológicos y la topografía a medida que se
corre Ja poligonal, con lo que el circuito solamente se recorre una
vez. Cuando se h ace esro, el curso de la poligonal tiene que re--
conocerse concienrudamente con anticipación y levantarse con
mucho cuidado.

Flf. 1-6. H oja de pl ancheta en la que


.., ven b.1 poligonales princi~ea (lí·
ne .. aru e1111) y e l 1i11ema de poligo-
nales de .,stadi• cerndu empleadas
para levanlar t opogrificam...nH: el irca.

El levantamiento con estadia es, como en principio, igual a


las poligonales descritas en el capitulo 3 y en la Sección 7-13.
La plancheta se coloca primeramente sobre un punto de loca·
liU:ción conocida y se o rienta visando otro punto conocido o, quizá
con menos seguridad, usando un meridiano magnético (Sección
6-9). El estadalero escoge a continuación la primera estación de
adelante y su posición se mide por los métodos d e estadia acos-
tumbrados (Sección &11). E l método de etapas sucesivas debe
usarse cuando sea posible para d eterminar diferencias de eleva-
ción. La longitud d e cada lado debe comprobarse mediante vi·
suales hacia atrás cuando se mueve el instrumento a la siguiente
estación; de otra manera los errores no se advertirán sino hasta
que se cierre la poli¡onal.
Los lados d e la poligonal se pueden medir también con la
cinta. En la m ayOf parte de los casos la medición con cinta no
necesita ser m ás precisa que las limitaciones d e dibujo del método
de plancheta. El p rocedimiento d escrito en la Sección 7-6 se p uede
modificar, consecuentemente, mediante la 1) nivell'l.ción de la
cinta a ojo, 2) h aciendo la medida sobre el terreno dejando caer
un guijarro en lugar de usar una plomada y 3) leyendo cada
LEVANTAMIENTOS GEOLOO!COS 1'J

medida aproximándola a los 5 cm. Para evitar grandes errores


deben usarse ficha s, cuñas, o cualquier otro tipo de marcas que
le den al cadenero de atrás u na forma de comprobar el número
de medidas que se tomaron.

S.13. Levantamiento por métodos estadimétricos


El lenvantamiento con cstadia debe iniciarse en una área donde
los rasgos topognificos y geológicos sean relativamente simples.
Después debe extenderse hasta las áreas circundantes sin dejar
lagunas o huecos que impliquen la necesidad de ocupar las esta·
dones por segunda vez. Este cubrimiento sistemático se simplifica
notablemente haciendo un examen preliminar pal"B esquematizar
los detalles geológicos, según se describió en la Sección 8--7. C uan--
do se usa este sistema, el estadalero es el h ombro-clave del grupo
y es él quien debe dirigir el trabaje; el insrrumenrista puede ne-
cesitar un anotador que vaya al paso del estad.alero si la escala
es grande. Donde se trabaja a escala intermedia y los detalles
geológicos son relativamente simples, el ge61Q9l genemlmente debe
trabajar en el instrumento. Para hacer el levantamiento con cfj.
cacia, puede necesitarse más de un eistadalero. Por último, cuando
tienen que recogerse muchas muestras y gran cantidad de datos,
puede ser ventajo9C> tener dos geólogos al estada} y un homlx'c
en el aparato.
C uando la plancheta se coloca en una estación de instru ·
mento, el estadalcro y el instrumentista deben d ecidir la disposi-
ción de la primera serie de puntos de estadia. Esto es panicular-
mentc importante en terreno irregular o parcialmente boscoso,
donde por lo común el estad.alero queda fuera de visual míen·
tras camina de un punto de estadia al siguiente. Por lo general
el curso de los puntos for ma u na cutvlill, quizá suba por un valle
y baje de la siguiente elevación, siendo la idea observar los puntos
que se necesiten para levantar esa pequeña parre del área. Cuando
la curva se cierra y el estadalero regresa al aparato, debe dibujar
de inmediato los d etalles geológicos y geogrifieos. Mientras lo
hace, el encargado del aparato debe terminar los cálculos de
todas las elevaciones. Después d e que éstas se marcan a lápiz
sobre la hoja, el apararista y el instrumentista deben bosquejar
194 MANUAL DE GEOLOOIA DE CAMPO

juntos los pequeños segmentos de curvas d e nivel dentro del


área levantada. Una vez que se dibujan to~:los los datos en la hoja,
se puede planear la siguiente serie de puntos. El número de pun-
tos que se debe localizar en una serie varía de acuerdo con la
escala y la complejidad de la geología, si bien en la mayoria
de los casos serán suficientes e ntre 12 y 25 puntos. Si se localizan
d emasiados puntos antes de comenzar el bosquejo, se pierde el
valor principal del método de plancheta.
Ademits de trabajar con la alidada, el aparatista ayuda al esta-
dalero a dibujar los detalles geográfiC06. Su libro de notas y los
procedimientos fueron descritos en el capítulo 6. Los deberes del
geólogo..estadalero son múltiples. No solamente tie ne que selec-
cionar y describir los puntos que serán de más utilidad para ela-
borar el mapa, sino que debe sostener el estada! y llevarlo de un
punto a otro tan aprisa como sea posible.
El geólogo-estadalero debe llevar una libreta para anotar des-
cripciones o esquematizar los detalles que toma como puntos.
Sus notas deben cubrir no tan sólo aspectos geológicos tales como
contactos, fallas, localiutción de ejemplares y esnucturas en la
escala pequeña, sino también otros datos pertinentes aun cuando
no sean geológicos. Por ejemplo, en un distrito minero debe de-
limitar cuidadosamente todos los trabajos, incluyendo las fosas
de exploración pequeñas y las trincheras, todos los postes y mo-
jones de piedra de la propiedad y todos los terreros. A menos
que la disposición de los detalles geológicos y geográficos sea
simple, él debe hacer en su libreta esquemas a escala que mues-
tren la posición de los puntos de estadia con relación a los deta-
lles cercanos (Fig. S..7). Los puntos de estadia tienen que usarse
como referencia a panir de los cuales se localizan los detalles me-
nores ya sea a ojo, a pasos o usando el estadal a manera de escala.
Estos esquemas deben hacerse a una escala 4 ó 5 veces mayor que
la de la h oja de plancheta de manera que se les pueda usar
para dibujar sobre e llos con precisión los detalles cuando el es-
tadalero regrese a d onde está la plancheta.
Trazo de curvas de n ivel. ·Las curvas d e nivel se dibujan
por dos métodos: inte rpolación e ntre puntos de elevación cono-
cida y proyección visual de lineas de nivel a través del terreno.
La interpolación se usa para encontrar el espaciamiento de un
l.EVANTAMIENTOS GEOLOGICOS 195

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Fi,z. 8-7.Parle de u na p¡gina de la libre1a de not u del nradalero, en la
que 11C ve cómo llC uu un esquema • eK• I• gnmde pan regi1ttar deiallu
que estin b.udos en varios punros de es1adia.

cierto nümero de curvas de nivel en una pendiente uniforme.


En la Fig. ~. por ejemplo, primero se calculan y marcan las
posiciones d e las curvas más pr6ximas a los dos puntos de esta·
dia, que son en este caso las curvas intermedias, espaciándolas
proporcionalmente entre estas d os líneas. Si bien el espaciamiento
puede calcularse y medirse con precisiOn, como se describe en
los textos de topografía, generalmente es preferible esti ma r el es..
paciamiento de las lineas examinando la pendiente visualmente.
De este modo se pueden representar en el m apa las irregulari·
d ades de la pendiente. Cuando el espaciamiento de las curvas de
nivel ha sido determinado en varios lugares, las líneas se conectan
proyectando visualmente sus m arcas a través d el terreno y csque•
matizándolas en el mapa. Esto se hace m ás fácilmente si primero
se dib uja n todas las prominencias, las líneas de drenaje, y otros
detalles sobresalientes.
196 MANUAL DE GEOLOOIA DE CAMPO

Si los d etalles geológicos son tan grandes que se necesiten


muchos puntos de csradia para configurados, el cstadalero puede
usar un nivel d e mano para encontn.r una curva determinada y
caminar después siguiendo una linea horizontal para situar varios
puntos sobre ella. Si se h ace esto para cada tercera o cuarta
curva de nivel, se podrán interpolar con mayor precisión las cur•
vas intermedias.

F;g. !-l. ln1erpolaci6n de curvu de nivel de 6.10 menos entre d<» punl<»
do ubdia; a la i:iquierda el peñil, a la derecha el mapa.

Morcado de puntos de estadio. Vale la pena marcar el


mayor número de puntos si el mapa tiene que ponerse ni día
de cuando en cuando, o si tiene que mejorarse con más detalles.
Los puntos se pueden marcar escribiendo el n úmero del punto con
números grandes en color sobre el afloramiento o sobre una pie--
dra plana colocada en el punto. Si el punto se señala con ban·
derola antes de hacer el levantamiento, se puede escribir el
número en la bandera misma. Si n o hay lugar para escribir el
número, se pueden usar unas cuantas piedras amontonadas o
una estaca sostenida entre piedras. La mayor parte de los puntos
marcados de esta manera pueden ser encontrados fácilmente por
cualquiera que lleve la hoja de plancheta, aún varios años des-
pués de hecho el levantamiento.

8-14. Uso de fotografías aéreas en el levantamiento


con plancheta
Se puede ahorrar tiempo transfiriendo puntos o detalles de
las fotografías aéreas a los mapas de plancheta. Esto se hace in·
tersectándolos desde tres o más puntos que hayan sido marcados
en el mapa de plancheta e identificados con precisión en una
fotografía. El método es similar a los métodos de los tres puntos
LEVANTAMIENTOS OEOLóOfCOS 191

d escritos en la Sección S.11. En la Fig. 8.-9, por ejemplo, sobre


la fotografía se h a colocado una hoja de papel de d ibujo y se han
di bujado rayos desde el punto que se va a transferir pasando
por tres puntos cualesquiera localizados en la h oja de p lancheta
(que no necesitan ser puntos de control). La h oja d e papel calca se
coloca ento nces sobre el m apa de p lanc h eta de manera que los tres
rayos pasen sobre los puntos correspondientes del m apa. El nuevo
pun to quedará en la intersección d e los rayos y se le p u ede marcar
picando la intersección con la punta de una aguja. Este método
se puede usa r con precisión en áreas de poco relieve o donde Jos
puntos se encuentran a elevaciones similares (Sección 5--3) . En las
áreas de relieve moderado o alto, es necesario usar el método de
lineas radiales que se describe en el capítulo 9.

.,..... ~.
"'-"'·
M•l•dt•••••-
'•-thJ•
, ' •. I

Fi•. 1-j, Tn.naferencia de un p.mto de una forognfí1 1 un mapa de


pl1nchet1 por intenección aobre una hoja. de papel ntnSpUente.

En las áreas casi planas o de poco relieve, se puede amplificar


una fotogra fía a una escala adecuada y usa rla directamente como
h oja de plancheta ... Si la fotografía tuviera· una d Cfonnadón apre-
ciable por inclinación del avión desde el cual se le tomó, se le
puede rectificar para obtener una im agen sin dist0f'1li6n después
de localizar tres o m ás puntos de control sobre ella (ver Moffitt,
1959, Cap. 10). La fotografía se prepara para el levantamiento
dibujando el n orte magnético sobre ella y trazando tres o más
estaciones de control que tengan elevaciones semejantes. El le-
vantamiento puede come.nurse a partir de cu alquiera d e lOI pun·
tos de control o de orros puntoa localizados por los métodos de
tres puntos (Sección 8.-11) . Los m étodos de cstadia o de inter-
sección se pueden utilizar para localizar puntos exactamente como
1911 MANUAL DE OEOLOOIA DE CAMPO

se hace en un mapa; sin embargo, deben tomarse en cuenta los


cambios de escala debidos a la elevación (Sección 5-9). La imagen
foc:ográfica debe usarse siem pre que sea posible para delinear w~
rectame nte los detalles; por lo común, solamente se n ecesitarán
unos cuantos puntos de estadia para dibujar con precisión un
detalle determinado. Las curvas de nivel se pueden trazar con
más facilidad usando un estereoscopio y esquematizándolas di~
rectamente sobre las fotografías. Por lo general , se necesitará un
menor número de elevaciones que las que se usarían en el levan~
tamiento común, con plancheta.

8-15. Método de mover la plancheta alrededor del estadal


El procedimiento que sigue puede ser preferible para los le-
vantamientos a escala intermedia. El único requisito especial es
que la declinación magnética sea casi constante sobre el área o
bien, que se determine el meridiano magnético en cada estación
de control.
l. El estada! se coloca sobre una estación marcada en la hoja
de plancheta.
2. E l geólogo coloca la plancheta en un detalle que desee le~
Va ntar, y a continuación orienta el tablero con el meridiano mag.-
nético.
3. Para localizar su posición, dibuja un rayo hacia el estada!
y hace las lecturas de estadia y los cálculos acostumbrados.
·-.1, Después de dibujar el punto y esquematizar los detalles
que ;lo rodean, mueve I~ planch~ta a Otro ·Punto.

Una ventaja de este método es ia de que la plancheta está


directamente sobre el afloramiento, donde las relaciones se pueden
dibujar precisa y completamente de una sola vez. Más aún, el
método es el único que permite que un solo hombre haga un l e~
vantamiento con estadía, pues el esni.dal puede ser reempluado
por un poste graduado sujeto por tres alambrei. Para tr.abajos
en escala pequeña, se puede descortezar un árbol aislado, , pin~
tándole graduaciones de 20 en 20 centímetros.
LEVANTAMIENTOS GEOLOOICOS l'J'J

8- 16. Trabajo en la boja de p lancheta por la tarde


A l terminar el trabajo de levantamiento diario, los puntos lo·
calizados durante el día deben marcarse con tinta china colo.
cando un punro pequeño en la perforación hecha con aguja que
marca el punto. los números de los puntos deben tener unos
2.5 mm. d e ahura, estar colocados al lado de los puntos corres-
pondientes, dispuestos de manera tal que se les pueda leer desde
el borde sur de la hoja. Las elevaciones d eben dejarse a lápiz.
Los símbolos estructurales deben entintarse día con día, pero en
cuanto a otros detalles geológicos, es m ejor dejarlos a lápiz hasta
In comprobación de campo final del m apa, a menos que Jos de.
ralles sean simples y estén loca lizados pcr muchos puntos de
estadía . De ser posible, las curvas de nivel deben d e;arse a lápiz
hasta que se termine el mapa. El trabajo a lápi¡ en las :i.rcas ya
terminadas p uede cubrirse con papel d e estram p ara evitar que
se manche,
El instrumentista o el anotador deben comprobar también los
cálculos d e cstadia para evitar errores aritmeticos, en tamo que
el geólogo--estadalero examina las notas y los esquemas del examen
geológico preliminar para determinar qué deberá cubrirse con el
levantamiento del d ía siguiente.

8°1_7. Seccio nes transversales vert icales a part.ir-


de los mapas de plancheta
.Prácticamente cualqaier proyecto que requiere un mapa de
plancheta requerirá también secciones transversa les detalladas.
Las líneas de sección d eben irse eligiendo a m edida que se apro-
xima la terminación del mapa. Entonces se les puede recorrer
durante las etapas final es del levantamiento, cuando resulta fácil
añadir detalles geológicos y geográficos (Sección S...18) . Las sec~
ciones deben dibuja rse a lápiz antes de que la brigada deje el
campo.
Las lineas d e sección deben escogerse de manera que i nter~
secten tantos detalles geológicos como sea posible, casi pcrpcndi~
cularmente a su tendencia estructural. Las lineas deben dibujarse
con un lápi¡ duro afilado y una regla de acero.
200 MANUAL DE GEOLOG1A DE CAMPO

8-18. Tenninnción de los mapas de plancheta


Después de que el trabajo de estadia sobre una h oja de plan-
cheta ha sido terminado y que las líneas de sección han sido
trazadas a lápiz, la hoja debe llevarse al campo para comprobar
las formas y posiciones de los diversos detalles. Deben añadirse
entonces los detalles que se hayan pasado por alto al hacer el
levantamiento con estadia, especialmente a lo largo de las líneas
de sección. En esta etapa del trabajo se aprecia el valor de las
marcas de los puntos de estadia d escritas en la Sección S..13. Esas
marcas o señales permiten localizar exactamente la mayoría d e
los puntos de estadia, de modo que esos datos se pueden añadir
con p recisión.
Generalmente se lleva el mapa en un tablero y los cambios o
adiciones se hacen midiendo con brujula y pasos (o con cinta)
a partir de los puntos de estadia y de las estaciones de instru-
mento. Algunos de los detalles que comúnmente se añaden en
esta etapa son los siguientes: símbolos estructurales para comple-
tar el cubrimiento (especialmente aquellos detalles pequeños
que se pasaron por alto al principio), capas-índice delgadas o
parcialmente encubienas, variantes litológicas con límites gradua-
les (especialmente en rocas ígneas y m etamórficas), zonas de al•
teración hidrotermal, y contactos de materiales superficiales. Tam·
bién es este el mejor tiempo para hacer colecciones sisteminicas
de rocas, minerales, o fósiles, particularmente cuando existen pro-
blemas específicos por re.solver.
Después de terminar el trabajo de campo, el mapa debe entin·
tarse, rotularse y quizá colorearse. Primeramente deben entintarse
los detalles geológicos, ya sea en negro, o bien, usando tinta verde
para las fallas y roja para las vetas, cuerpos minerales u otros
detalles que necesiten hacerse resaltar. A continuación deben en-
tintarse en negro los rasgos culturales, seguidos por el drenaje en
azul. Por último, las curvas de nivel pueden entintai:se en color
café.
A continuación debe limpiarse todo el mapa con un borrador
suave, después de lo cual se le puede colorear con tintas de colo-
res pálidos, borrables. Si el espacio lo permite, pueden añadirse
en tinta negra, símbolos para las unidades d e roca.
LEYANTAMIENTOS GEOLóGJCOS 201

A cada hoja de plancheta debe ponérsele un titulo con tinta,


incluyendo el nombre geográfico o el del proyecto, el número de
hoja (o un mapa índice que indique su localizaci6n), nombres
d e la organizaci6n y de los miembros de la brigada, y {echa en
que se hllo e\ levantamiento. Deben añadirse una flecha que in·
dique el norte y una escala gTáfica, aun cuando el mapa tenga
una cuadricula de coordenadas. Por último, debe ponerse una le•
yenda explicativa que incluya los colores de las TOCas, símbolos
estructurales y símbolos de detalles culturales. Si no hubiera es-
pacio para poner todos estos datos en \a parte frontal del mapa,
se les puede poner por la parte de atrás. Aunque todo esto pueda
parecer sin importancia en el campo, eventualmente el mapa po--
dria llegar a ser completamente inútil si carece de esos datos.
Antes de empacar para dejar el área de trabajo, deben re-
unirse todas las libretas de campo, los esquemas, h ojas de cálculos,
fotografías aéreas y ouas cosas que contengan información rela·
donada con el levantamiento, para comprobar que están conve·
nientemente rotuladas, colocadas en la secuencia correcta y cm•
pacadas para su transpone. Los mapas de plancheta siempre dcberr
empacarse de modo que queden extendidos. Los instrumentos
y sus estuches deben desempolvarse con una brocha o con un
lienzo suave antes de empacarlos para llevárselos.

ReferenciH citadas
Bird&cye, C. H., 1928, ToJIOsnil>h lc Uum.ciionl of lhe U1dttd s - ~
Ved S1nw,o: U. S. Oeolotrical Survq, Bullcrin 788, 432 pp.
Low, J. W., 1952, P1Ane rabie mo.ppln¡-; Ncw York, Harpcr and Brothcr.,
,., PP.
Moffitt, F. H., 1959, Phoco.,.ammcrry: Scninton, PL, Inccrnational Tcxtbook
Co., 455 l'P.
9
Elaboración de un mapa geológico
a partir de fotografías aéreas

9-1. Valor general de las compilaciones hechas con


fotografíes aéreaa
Por lo general, los detalles geológicos marcados en fotograíias
aéreas se transfieren a un mapa-base (Sección 5-11), pero tam-
bién se puede compilar un mapa directamente de las fotogra-
fía s. Este método de hacer un mapa geológico es, con frecuencia,
s uperio r al método d e la plancheta, especialmente si se trata de
mapas de escala pequefia o intermedia. Por lo común la red de
.control se puede planear y levantar con mayor rapidez que en
el caso de un proyecto de plancheta, y no hay necesidad de perdef
tiempo en hacer medicion es con cstadia. A m _a yor abundamiento,
salvo que se n ecesite medir una linea base con cinta, todo el lc-
van1amiento fotogri.fico puede ser h&ho por un hombre. La
compilación del mapa fina l no es tan simple como el dibujar un
mapa partiendo de las hojas de plancheta¡ sin embargo, esta com·
pilación no requiere ninguna temporada de campo.
Generalme.nte el método de la plánchcta es .superior trat3n·
dose de levantamientos a escala grande. Por lo común no se
dispone de fotcgrafías a escala mayor que la de 1:18,COO y es
difícil compilar ·un mapa partie ndo · de fotografías que se am·
plifiquen m3s de dos veces. Sin embargo, las relaciones e ntre
los detalles que aparecen e n tales mapas son, en un sentido, e n·
gafiosas, puesto que la compilació n puede ser no más exacta que
las fotografías originales de las que se hicieron las amplificaciones.
Los métodos dcsc::ritos en este capítulo se pueden usar para
h acer un mapa p lanimétrico partiendo de una serie de fotografía s
aéreas que tengan traslape. No se requie re equipo especial; sin
embargo, ciertos instrumentos fotogramCtricos y equipo de oficina
202
MAPAS A PARTIR DE FOTOGRAFIAS AEREAS 20J

ayudan considerablemente para hacer la compilación. Compilar


mapas con curvas d e nivel usando fotografías aéreas requiere el
empleo de instrumentos especiales e involucra procedimientos
como aquellos que han sido descritos por la Sociedad Americana
de Fotogrametría (1952) y por Moffitt (1959). En las compila-
ciones planimetricas la te rcera dimensión se puede apreciar lo-
calmente por las elevaciones medidas al hacer los levantamientos
de control. También se le puede apreciar mediante una serie d e
secciones transversales si se hace el levantamiento de perfiles du-
rante la temporada de campo.

9-2. Preparación de un proyecto de fotografía aérea


El preparativo m:is importante para la temporada de campo
es el determinar cu:iles fotografías de calidad y escala adecuadas
están disponibles (Sección 5-1). Estas fotografías deben tener más
de 50% de traslape longitudinal. Si la compilación se puede cofl"'
trolar adeCuadam ente se necesitará poco traslape lateral; de otra
manera es conveniente que tengan 30% de traslape. En el caso
ideal las fotografías deben tener, si acaso, muy poca inclinación,
pero esto no se puede determinar sino hasta que se levantan
puntos en el ter:Teno. En cualquier caso, la compilación se com·
pensa por la inclinación de las fotografías si se levanta un nú-
mero suficiente de puntos de control.
- D e ben obtenerse con anticipación datos refere ntes a pul'ltos de
control ya establecidos, preparando de inmediato una lista de las
fotografías dentro d e las que se encuentran esa clise de puntos
de controL También resultará conveniente dete rminar la escala
media de las fotografías y hacer un estudio· fotogcológico con-
cienrudo ames de ir al campo. Con frecue ncia, cuando esto se ha
hecho se puede planear en detalle la red d e control.
En. el Apéndice 1 se presenta una lista del equipo y de los
materiales que se necesitan y en los capítulos 5 y · 7 se encon-
trarán algunas sugestiones adicionales. Los materiales que se des.-
cribeq en la Sección 9-6 deben incluirse también en el equipo de
campo porque con frecuencia las fotografías se pueden preparar
para la compilación mientras se está en el campo.
204 MANUAL DE OEOLOGlA DE CAMPO

9-3. Levantamiento de detalles geológicos sobre las


fotografías aéreas
El levantamiento geológico puede comenzar de una vez e n el
campo, comúnmente mucho antes que el levantamiento dC con-
trol. Esta gran ventaja resulta posible porque los detalles traza-
dos sobre una fotografía dada están basados únicamente en la
imagen fotográfica de esta copia. Los detalles geológicos se pueden
trazar por los métodos descritos en las Secciones 5-5 hasta 5-10.
Debe idearse un sistema de numeración de tal modo que los
ejemplares colectados durante el reconocimiento se pueden marcar
y etiquetar en secuencia con todas las colecciones subsecuentes.
Las copias d e las fotografías que se vayan a usar para la com-
pilación d eben manejarse con especial cuidado porque su"s super-
ficies deben estar tersas y sin ondulaciones.
Las imágenes excepcionalmente detalladas de algunas fotogra-
fías pueden dar lugar a que se intente marcar más d etalle que
el que se justifica de acuerdo con el proyecto y las limitaciones
de escala ·del mapa final. Si el p royecto no delimita claramente
qué es lo que tiene que levantarse, el área debe reconocerse con-
cienzudamente antes d e comenzar el levantamiento detallado.

9-4. Control terrestre para las compilacione• fotográficas


Las compilaciones tienen que basarse en puntos de control
que hayan sido levantados sobre el terreno y marcados con pre-
cisión en las fotografias. Estos puntos deben estar suficientemente
cercanos entre sí de manera que queden comprendidos 3 ó 4
de ellos en cada fotografía. Tratándose de fotografías de escala
del orden de 1:20,000, esto significaría espaciar las estaciones de
control de 1.5 a 5 Km., distancias que se pueden levantar con
precisión con un tránsito o, en muchos casos, en forma adecuada
con la alidada y la plancheta.
El levantamiento geológico puede comernarse sin tener una
base controlada, y en consecuencia el sistema d e control se puede
planear y establecer durante un periodo de tiempo considerable.
La red se puede planear tentativamente examinando las fotogra-
fías antes de la tem porada d e campo y los posibles lugares para
MAPAS A PARTIR DE FOTOGRAFIAS ASREAS 2Qj

estaci6n se pueden después comprobar y marcar con sef'iales a


medida que se van reconociendo y levantando los detalles geo-
lógicos.. Los puntos de control establecidos, tales como los vértices
de triangulación, los bances de nivel, los vértices de levantamien-
to de tenenos, ere., tien en que localizarse a medida que se va levan-
tando cada parte d el irea. Los puntos de control deben mar-
carse con precisión en las fotografías cuando se les visita, de pre--
ferencia haciendo una pequeña perforación con una aguja a tra-
vés de la copia forográfica y haciendo anotaciones en Ja parte
posterior de dicha copia.
Si el control se levanta mediante triangulación con plancheta,
lo ideal es hacer la hoja de control a una escala uniforme cer-
cana a la escala m edia de las fotografías. La escala de 1 :20,(X)(),
o l cm ·= 200 m es de las m.is adecuadas. Sin embargo, en los
lugares donde el control tenga que basarse en vértices d e triangu-
lación establecidos y donde estas estaciones tengan que marcarse
sobre la hoja de plancheta por coordenadas geodésicas, puede
resultar preferible construir el mapa a una de las escalas acep-
tadas para la elaboración de cuadriculas de mapas, como 1:25,0C.O.
Si tienen que cubrirse áreas grandes en poco tiempo, el control
se puede interscctar a una escala más pequeña que la de las fo..
tografías. Las áreas muy grandes se pueden cubrir en una hoja
de plancheta usando un tablero grande (60 X 80 cm). El ejem-
plo siguiente ilustra cómo se puede localizar rápidamente un gran
número de puntos fotográficos si la red básica d e control es firme .

.
Fig. 9-1. Comrol tcncatrc baaado en
estaciona de triangulación previamen·
te establecidas (tt-U.ngulos doblca).

B
D

l. Los vértices de triangulación tales como Miner, Dudley y


Brislc en la fig. 9-1, están marcados en una hoja de plancheta;
esto puede hacerse basándose en sus coordenadas geodésicas y en
206 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

una cuadricula policónica (Sección 7-11); tomando como base


sus coordenadas planas y una cuadrícula rectangular (Sección
7-10), o simplemente intersectándolas con un juego de compases
d e acue rdo a la distancia con sus estaciones (Sección 8-5).
2. A medida que avanza el levantamiento geológico se loca-
lizan en el campo estaciones adicionales y se marcan señales
(puntos A, B, C, D y E de la figura).
3. Estas estaciones suplem entarias se intersectan desde los vér-
tices de triangulación ya establecidos y, donde es necesario, m e•
diante visuales accesorias (por ejemplo, C requiere una linea
desde B para afirmar su localización).
4. A medida que se ocupa cada una de las estaciones, se
seleccionan puntos adicionales comparando las fotografías con el
terreno. Estos puntos tienen que ser notorios e identificables desde
tres estaciones de instrumento cuando menos. Por lo común serán
picos sobresalientes, confluencias d e ríos, cruces de caminos, cons-
trucciones, árlxiles aislados y depresiones muy marcadas en los
perímetros de claros o parches irregula res de vegeración. Deben
seleccionarse puntos suficientes de manera que cada fotografia
incluya 3 ó 4.

El levantamiento se completa trazando rayos a cada uno de


estos puntos y midiendo ángulos verticales. Cada rayo se marca
con claridad con el número usado para identificarlo en una foto-
grafía. Si no se cuenta con vértices de triangulación establecidos, el
levantamiento puede iniciarse con una linea base como se d escri-
bió en el capítulo 7. En muchos proyectos se ahorra tiempo si se
mide con cinta y con precisiÓn moderada una línea base de
2 ó 3 Km.

9.5. Levantamiento de secciones transversales para las


compilaciones fotográficas

Los levantamientos de líneas d e sección se hacen para medir


con precisión perfiles topográficos y para hacer observaciones con-
cienzudas y comprobar los detalles geológicos a lo largo de ellas.
Si los afloramientos lo permiten, estos datos deben ser unas dos
veces más detallados y precisos que los levantados en el resto del
MAPAS A PARTIR DE FOTOORAF1AS AE"REAS 207

3.rea. Las secciones transversales son de especial importancia en


los proyectos de fotografía aérea, pues el mapa planimétrico com•
pilado no muestra la dimensiOn vertical de los detalles geolOgicos.
Las excepciones son las 3.reas de poco o de ningún relieve o
donde las unidades de roca y las estructuras son casi verticales.
Las líneas de sección deben escogerse antes de que termine la
temporada de campo puesto que los perfiles de las secciones
tienen que levantarse e n el terreno. Si se pueden seleccionar
sus posicions aproximadas antes de hacer el levantamiento de
control, las líneas de secciOn se pueden controlar con este le-
vantamiento.
S i las pendientes son regulares por distancias considerables y
los rasgos geolOgicos razonablemente simples, el perfil se puede
basar en unos cuantos puntos bien localizados en los cambios de
pendiente. Por ejemplo, e n la Fig. 9-2 las elevaciones y posicio-
nes de cinco puntos clave del perfil fueron determinadas por
intersecciOn al hacer e l levantamiento de control para el mapa.
Después de que h an sido levantados los principales detalles geo-
lógicos se recorren las lineas de secciOn y se añaden algunos deta•
ll es estructurales.

~

: :

:
. '

: ;
f_ -

Fig. !1-2. Secdón transve rsal simple (arriba) y fajs de una forografía aCrea
(parte inferior) en la que aparecen puntos marcs dos con le n as en los
quiebres de pendiente prindpalu.

Cuando el mapa final se compila a partir de datos como éstos,


puede suceder que los puntos clave no queden sobre la llnea
de secciOn final (a causa de la distorsiOn de la imagen fotogr:i.-
fica .) Sin embargo, deben estar suficientemente cerca de manera
208 MANUAL DE GEOLOGlA DE CAMPO

que las elevaciones a lo largo d e la línea se puedan estimar con


bastante aproximación mediante el examen estereoscópico de las
fotografías.
Si las pendientes son irregulares y los detalles geológicos lo
bastante complejos como para que se necesiten elevaciones y po-
siciones en cada contacto o cambk> de echado, tienen que hacerse
levantamientos awciliares. Estas elevack>nes accesorias por lo co-
mún se pueden medir mediante poligonales con nivel de mano
a lo largo d e la línea d e sección (Sección 2-6) o usando un ba-
rómetro (Sección 4-4). Los datos se pueden marcar en una hoja
de acetato (papel cristal) colocado sobre la fotografia. Si el re•
lieve es moderado d e manera que las distancias se puedan medir
a escala directamente en las fotografías, la sección transversal
se puede tra%8.r directamente en el campo (de preferencia a una
escala aproximadamente 2 veces mayor que la de las forografias.)

fi,!¡ . .9-3. Leva.mamiento de 11n perfil


10bre una hoja de pl.rKheta medianle
la reM.c.:>On de pmidonn a lo largo de
la Hnu de sec::d6n. X, Y ' Z '°" u-
1ac:ic-ncs de .:ontrol

La plancheta y la alidada deben usarse cuando se necesita


un levantamiento especialmente cuidadoso. Si hay scfiales colo-
cadas en cada extremo de la línea de sección, las estaciones de
instrumento a lo largo de la linea se pueden localizar por l)
colocando la plancheta sobre la linea, 2) orientándola visando
una señal en cualquiera de los extremos de la línea y 3) rescc-
tando el punto mediante visuales a cualquier otra señal (Fig.
9-13). Los métodos de tres puntos y las poligonales accesorias se
pueden usar en loa lugares d onde la visibilidad a lo largo de la
linea de sección csui obstruida. Los detalles entre las estaciones
de plancheta se pueden añadir por métodos estadimétricos y las
notas y los detalles ~l6gicos se pueden trazar directamente sobre
la hoja de plancheta. Cuando se ocupa cada estación de instru-
mento, debe marcársele en su fotografía correspondiente.
MAPAS A PARTIR DE FOTOGRAF1AS AeREAS 21»

9·6. Compilación por el método d e líneas radiales


El método de lineas radiales se usa para hacer compilaciones
fotográficas cuando no se dispone de equipo fotogramétrico espe-
cial. El método se puede usar fácilmente y con exactitud si las
forografías 50n de buena calidad, si el relieve es moderado y si
en cada copia C$tán incluidos varios puntos de control terrestre.
Cuando el relieve es considerable y alguna fotografía ocasional
está demasiado indinada, la compilación resulta más laboriosa y
menos exacta, a menos que se hayan levantado muchos puntos
de control.
A B
---:i:--_. ----¡---+
:\ ::

r~tJdh
Flc.'J....,.
Dos fotograflu que trubJnn, que muestran lo. pl•no. vertica-
ln que incluyen la du:nua, los cennoe de lu copiu fotcsrificu y lu
imáeenes de un punto c . En el dibujo de la derecha, la po.idón de e ha
sido imcnectada colocando una cubierta transparente aobre nda una de
lu coplas y dibujando laa lineas radiales A'C y B'C.

El métcxlo de líneas radiales se basa en el principio d e la in-


tersección: un punto se puede localiiar dibujando rayos hacia él
desde dos o m ás puntos previamente localizados. La Fig. 9-4 ilustra
la aplicación de este principio a las fotografías aéreas. Si desde
los puntos A y B se toman fotografías verticales que tengan tras-
lape, como se indica en las vistas en perspectiva, cualquier punto
sobre el terTcno, como C, quedará contenido en el pUuw vertical
que incluye la. cámara y el punto situado en el centro de: esa fo--
tografía (puntos A' y B'). D e lo anterior se deduce que eque•
dará sobre una linea (línea radial) que va del centro de cada
fotografía a la imagen del punto c. Esto sera cierto indepcndien·
temente de la elevación relativa de los punto A' B' y C. Si los
puntos centrales de dos fotografías que traslapan pueden marcarse
exactamente en una cubierta transparente, cualquier punto como
el e se podrá localizar colocando la cubierta sobre las fotografías
210 MANUAL DE GEOL0G1A DE CAMPO

y dibujando los dos rayos A'C y B'C. Esto corrige las distancias
fotográficas que de o tra manera tendrían que m odificarse por los
efectos del relieve. La localización de los centros e n la cubierta
transparente y la orientación d e cada copia se consigue en pane
por el uso d e control te rrestre y e n parte por los m étodos de com•
pilación que se describen en las secciones restantes de este ca·
pitulo. Los pasos que se siguen en la compilación son, en r esu·
men, los siguientes:
l. Los centros y los puntos que se van a intensectar se marcan
en las copias.
2. Los puntos de control terrestre se dibujan en una cubierta
transparente a una escala cercana a la escala media de las foto-
grafías.
], Los puntos centrales d e las forografías se localizan sobre
la cubierta por resección desde los puntos de control ya dibujados.
4. Los puntos d e la fotografía se intersectan sobre la cubierta
transpare nte dibujando lineas radiales desde los centros de las
fotografías.
5. Los detalles gco!Ógicos, el dre naje y los rasgos culturales
se m arcan a lápiz sobre la cubierta con referencia a la localización
d e los centros de las fotognafias, puntos interscctados y puntos de
control.
Materia/1$ par-a hac1r la compilación. Además d e los ins--
trum e ntos que se requieren para trazar los puntos d e control
sobre la cubierta (Sección 9-8), se necesitan los siguientes mate--
rialcs: varias tintas opacas d e colores daros, compás de ix>mba,
lápices con durezas desde 3B hasta 6H, tajalápiz para afila r los
lápices, un juego de escuadras de 25 cm., borrador s uave, h ojas
transparentes para las cubicnas, papel de dibujo, tinta negra in·
d eleble, y p lumillas de canuto u otras plumillas de punto fino.
Las tintas opacas se pueden preparar mezclando tintas transpa•
rentes brillantes como la roja, verde o anaranjada con una pintura
a l temple del mismo color. Se les tiene que mezclar adclgazán·
dolas lo suficiente para que fluyan con rapidez de la punta del
compás y tienen que ser suficienteme nte opacas para q ue cuando
se sequen se vea n con claridad tanto sobre las áreas claras como
en las áreas obscuras de una fotografía.
MAPAS A PARTIR DE FOTOGRAF1AS AE:REAS 211

La hoja transparente tiene que ser tan grande como se nece·


site para todo el mapa y debe ser tan fuerte y transparente como
sea posible. El ma terial de pl3stico deslustrado para dibujo y el
papel lino repelente al agua son también apropiados. El papel
de dibujo debe ser sumamente transparente.

9 -7. Mareado y transferencia de puntos de las fotografíH


Antes de dar comienzo a la compilación deben marcarse
tres clases de puntos en las fotografías: 1) los puntos de control
localizados con el levantamiento terrestre, 2) los puntos centrales,
de las fotografías llamados también puntos principales (como A'
y B' en la Fig. 9-4), y 3) varios puntos de paso, que se intersec-
tan por el método de líneas radiales y que se seleccionan de acuer-
do con su utilidad en Ja compilación del mapa. Los puntos de
paso se colocan por lo regular en las confluencias de rios, vueltas
de contactos muy pronunciadas u o tros rasgos geológicos nota•
bles, o bien en detalles culturales bien marcados. En las áreas de
relieve alto casi cualquier detalle que tenga que trazarse con pre-

Fig. j-5. Localizaciones gcncralu de loa se is


puntos de pu<:.

cisión sobre el mapa debe localizarse por un punto de paso. En


las 3reas de relieve bajci solamente se necesitan seis puntos de paso
en cada fotografía y se les debe localizar dentro de los seis círculos
que se muestran en la Fig. 9-5. Estos seis puntos tienen que caer
dentro de las 3reas de traslape lateral si las fotografías no incluyen
dos o tres puntos de control sobre el terreno.
Los diversos puntos se pueden marcar en cada fotografía, como
sigue:
211 MANUAL DE GEOLOGJA DE CAMPO

l. Localícesc el punto central en cada copia fotográfica ten#


diendo una regla contra cada par de marcas de colimación y
dibújese con un lápiz 38 bien afilado una pequef'ia cruz en el punto
de intersección de las lineas que pasarían por las marcas de co-
limación.
2. LICnese el compás de bomba con tinta opaca de colo[" y
prepáresele pa["a trazar circ.ulos de unos 4 mm. de diámetro.
3. Escójanse puntos de paso dentro del tercio central de cada
copia, col6quese el compás cuidadosamente en cada punto y dibú#
jense los circ.ulos (Fig. 'J..68) . Dibújense círculos dobles en las
perforaciones hechas con aguja que corresponda a puntos de con~
trol.
4. Usando una tinta de un colo[" difeI"ente, dibújese un
circulo en cada punto central.

F;,-. 9-6. Etapoos en el marcado y rnnsfcrenci• de centtot; y orno. punt.,.


en lu coplu foroerifkas.

Los puntos tienen que transferirse a todas las fotografías sobre


las cuales queden comprendidos. Esto puede hacerse indenrifi#
cando la imagen marcada e n cada fotografía adyacente, co-
locando la punta del compits exactam e nte en ella y dibujando un
circulo del mismo tamaño y color que el que se dibuj6 alrededor
del punto original. Si no se tiene la certeza de que la transferen-
cia se pueda hacer con exactitud de esta mane["a, deben seguirse
los siguientes pasos:
l. Comenzando en un extremo de una línea de vuelo, ob-
réngase una imagen csterCOllCÓpica d el primer estereo--par usando
un estereoscopio con aumento. Los circ.ulos coloreados, así como
las perforaciones h echas por el compás, d eberán aparecer sobre-
MAPAS A PARTIR DE FOTOORAFfAS AEREAS 213

puestas en la imagen fotográfica, aunque estén dibujadas sola·


mente en una fotografía.
2. Mirando a travé:; del estereoscopio, colóquese el punto del
compás sobre la fotografía sin marcar, exactamente en el lugar
donde parece caer el hoyito de la aguja. Mírese hacia otro lado
por un momento para descansar los ojos y a continuación repítase
la operación para estar seguro de que el compás se colocó corree•
tamente. Dibújese un círculo del mismo tamaño y color que el
que se usó en la copia previamente marcada.
3. Déjese el compás a un lado y examínese la imagen estereos--
cópica. Si la transferencia se hizo correctamente, los dos círculos
se fundirán en uno y pareceriln caer exactamente al mismo nivel
que la pequeña perforación de la copia.
4. Si el círculo pareciera flotar sobre el terreno, bórrese el
círculo entintado, rápida y suavemente, con una tela húmeda
y localícesele de nuevo.

Los dos últimos pasos deben usarse también para comprobar


los círculos transferidos JX)r inspección de detalles. Cuando todas
las trans'f erencias hayan sido terminadas y comprobadas, extién--
danse las fotografías para estar seguro d e que han sido transfe·
ridos todos los puntos. No es conveniente dibujar círculos una
vez que se ha comenzado la compilación.

9-8. Dibujo del control sobre la cubierta transparente


la cubierta para la compilación mediante líneas radiales se
prepara trazando los puntos de control terrestre sobre una hoja
transparente. la escala de esta cubierta tiene que estar cerca de
la escala de las fotografías si se van a usar métodos de calcado
para construir el mapa (Sección 9· l). Si se van a usar métodos
de proyección, no necesitan ser iguales la · escala de la cubierta y
la de las fotografías. la escala media de las fotografías se deter·
mina extendiéndolas y midiendo una distancia larga sobre ellas,
como se explicó en la Sección 5-6. Las distancias determinadas
por el levantamiento de control pueden servir para este fin. la
escala de 1 :20,QCX) es usual para muchos planos porque es se-
mejante a la escala de una gran mayoría de fotografías y propor•
214 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

ciona una escala regular de 1 cm = 200 m para constru ir el


control del plano.
Los puntos de control pueden trazarse ya sea por el mCtodo
de Coordenadas o por el d e intersecciones, descritos en las Sec-
ciones 7-11 y &-5. Se les puede trazar tambiCn partiendo de las
hojas de plancheta utilizadas para intersectar el control, teniendo
cuidado de que la escala sea apropiada y de que las h ojas no se
hayan deformado despuCa que se hizo el trabajo de campo. Cada
punto debe picarse con una aguja fina; el punto se llena con tin-
ta negra y se marca con un pequC"iío triángulo poniCndole el
número o la letra que le corresponda.

9-9. Compilación de punl'IOs a partir de fotografías


con conbyl

E l mCtodo de líneas radiales se puede usar con rapidez y pre-


cisi6n para compilar un mapa partiendo de fotografías que in-
cluyen tres o más puntos d~ control intersectados. Las fotografías
se marcan con rayos radiales que partan del centro y pasen por
los puntos de control (Fig. 9-7A). Esto se puede hacer ya sea
con una escuadra transparente y un lápiz JB afilado o, si las co-
pias fotográficas están tan obscuras que las lineas de lápiz no se
puedan ver a travCa de la cubierta, se puede usar un riralineas
y tinta ama rilla ·parcialmente opaca.
La compilación debe comenzar en un extremo de la línea de
vuelo donde el n::live sea moderado. Los pasos son los siguientes:
l. Fíjese la primera fotografia a una superficie lisa, u sando
cinta de dibujo o cinta d urex y o rientese la cubierta de manera
que cada punto de control de Cata caiga exactamente sobre la
línea radial correspondiente de la fotografia (Fig. 9-78). Esto
orientará la fotografia correctamente a menos que el centro caiga
sobre el circulo que pasa a travCa de los puntos de control usados
en b. localización (ver Sección 8-11).
2. Usando un lápiz duro y una escuadra, dibújese una cruz
pequeña sobre el centro de la fotografía, a continuación trácese
una línea que pase por el centro de la cruz y sobre el círculo que
m arca el centro transferido de la fotografia siguiente (Fig. 9-7C).
MAPAS A PARTIR DE FOTOGRAFlAS AEREAS 215

3. Sin quitar la cubierta, dibúje nse líneas radiales a través c!e


cada punto de paso de la fotografía subyacente (Fig. 8-70).
4. Fijese con cinta la fotografía siguiente y despl:.icese la cu~
bierta hasta que los puntos de control caigan exactamente sobre
las líneas radiales dibujadas en la copia fotográfica, tal como en
el paso l. Dibújese una c ruz en e l centro y líneas radiales como
se h izo e n los pasos 2 y 3 (Fig. 9~7E). A menos que una de las
fo tografías esté excesivamente indinada, el centro d e la segunda

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fig, 'J-7, Pasos .ucuiVOI en el marc•do de Uneas n.di ale• e interaeccionu
sabre una cubien • ttansp1rente. La1 lineas y los •imbolos lle nos rcpruentan
marcas en la cubierta, en tanto que IH líneu y IOI 1imbo\09 punteados
representan marca1 en IN fotografiu que se encuemun deb.jo de la cu-
bierra ttarupo.rente.
216 MANUAL DE OEOLOOIA DE CAMPO

fotografía deberia caer exactamente sobre la linea centrn1 dibu-


jada para la primera fotografía.
5. Fíjese con cinta la tercera fotografía y oriéntese y milrque-
se la cubierta como se hizo anteriormente. Las líneas radiales a
los puntos de paso que caen en el ilrea de traslape de la primera
y de la segunda copias (como M y N en la Fig. 9-7F) deben
formar ahora las intersecciones d e tres líneas.
6. Transpórte nse al papel las otras fotografías de la faja de
vuelo por el mismo procedimiento y después hágase lo mismo
con las fajas de vuelo adyacentes.

Al terminar, la cubierta mostrará una serie de fajas de vuelo


con cruces pequeñas que representan los centros de las fotogra-
fías y un gran número de rayos que se intersectan que corres-
ponden a los puntos d e paso. La mayoría de los errores notables
son motivados por un ajuste inexacto; sin embargo, si una foto--
grafía está muy indinada, sus puntos quedarán un tanto fuera
de las localizaciones hechas con las fotografías adyacentes, for-
mándose triángulos pequeños en las intersecciones de tres rayoo.
Si las copias fotográficas circundantes estian controladas en forma
adecuada, la razÓn d e esto salta a la vista, lo que permite hacer
caso omiso de los rayos de la fotografía indinada.

9-10. Compilación de puntos a partir de fotografías


sin control
Se puede usar el método de líneas radiales para fotografías
que no incluyan puntos de control suficientes para ser o rientadas
por el método an tes descrito. Si las fotografías no combinan una
fuerte inclinación con un relieve alto, el método resultará razona-
blemente preciso. Una sola fotografía indinada puede desajustar
una faja de vuelo sin control y sacarla de orientación, con lo
que los puntos laterales y los centros rendriln entonces que ajus-
tarse usando las fajas de vuelo adyacentes. Estos ajustes pueden
tomar tanto tiempo como la intersección de puntos de control
en el campo; sin embargo, si no se necesita que el mapa sea muy
preciso, se les puede estimar con bastante rapidez.
Para comerzar la compilación, todas las fotografías con tres o
MAPAS A PARTIR DE FOTOORAF1AS ASREAS 217

más puntos de control se trazan sobre la cubierta. El resto de


la compilación consiste primordialmente de hacer relleno entre
csras fotografías que sirven de base. En primer lugar deben com#
pilarse las fotografías que quedan entre las dos copias fotográficu
controladas más próximas entre sí, dejándose para el último las
series más largas de fotografías sin control.
Las fotografías se pueden compilar como sigue:
l. Oriéntese una fotografía con tres o más puntos de control,
usando el procedimiento dado en el paso 1 de la Sección 9-9.
2. Dibújese una cruz en el centro de la copia fotográfica y
trácense líneas a través de ambos círculos de los centros trans-
feridos, así como a través de todos los puntos de paso.
3. Sobre una copia fotográfica adyacente, márquense rayos
radiales a los puntos de control que caen en el área de traslape
de la copia controlada.
4. Fíjese la copia marcada y colóquese sobre ella la cubierta
de modo que la linea central caiga sobre el centro de la copia
y los puntos de control queden sobre las líneas mdiales dibuja#
das en dicha copia (Fig. 9-8A).
5. Dibújese la lín ea central hacia el centro siguiente y trácense
Jíneas radiales sobre todos los puntos de paso (Fig. 9..SB).
6. Si la siguiente fotografía no tiene puntos de control, dibú#
jense líneas radiales a través de los dos puntos de paso intenec#
tados en la etapa anterior (R y S de la Fig. 9..SB).
7. Fíjese con cinta esta fotografía y desplácese la cubierta hasta
que su punto central q u ede debajo de la linea central de la
cubierta y los rayos radiales (que pasan por los puntos R y S)
queden bajo las intersecciones marcadas en la cubierta (Fig.
9-SC). Si la cubierta no se puede o rientar de manera que los
puntos y líneas coincidan, compruébense con cuidado las cons-
trucciones hechas previamente. Cualquier error remanente pro--
bablemente se deba a la inclinación, y por lo común los puntos
se pueden hacer casi coincidir desplazando ligeramente la cubiena
fuera de los puntos centrales de la fotografía o girándola ligera#
mente con respecto a la orientación de la línea de vuelo. Los
errores residuales que pudiera haber deben ajustarse después de
que se pasen al dibujo las fajas de vuelo adyacentes.
218 MANUAL DE GEOLOG IA DE CA MPO

8. Dibújese la línea central a la siguiente fotografía y todas


las líneas radiales hacia los puntos d e paso (Fig. 9-80).
9. Prepárese y utilicese la siguiente fotografía sin control como
se indicó en las etapas 6, 7 y 8 y continúese h asta que Ja com·
pilación llegue a la mitad del tramo hasta la siguiente fotogra-
fía controlada y entonces iníciese en esta fotografía el mismo pro-
cedimiento trabajando hacia atrás, o sea en ditección opuesta a
la que se llevaba anteriormente.

." r~:.--7 ----:-¡

_- i /' i'
e
i"!
/ ~-____::______ :__j / J1 '{s ,!:
'---------- --~

~~-----
h. .¡
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Fig. 9-11.
-r
'
1

l¿!(~------ k__t ___ ~


Pas<>1:1 sucesiv<>1:1 e n la compilación de punt<>1:1 donde no todas
IH fo1ografias incluyen puntos de control lerrcstte.

Si hay un desajuste apreciable en el lugar donde los dos di-


bujos se encuentran, no se les debe corregir sino hasta que se
h ayan trazado las fajas de vuelo adyacente, ya que las fotogra-
fías bien controladas d e estas líneas pueden ayudar a resolver
los errores de la primera línea. Por ejemplo, en la Fig. 9-9, una
faja de fotografías que comen zó en el punto A pudo hacerse
entrar en linea en los centros G y H al encontrar en forma
satisfactoria las intersecciones de los puntos de paso ] y K h echas
en un par adyacente de fotogra fías controladas. Con frecuencia,
MAPAS A PARTIR DE FOTOGRAFJAS AEREAS 219

la corrección d e estos errores se facilita transfiriendo Jos centros


y Jos puntos de paso intersectados de una faja de vuelo deter·
minada a una tira separada de papel de dibujo. La tira se des--
plaza entonces sobre la cubierta h asta que sus puntos de paso
entran en coincidencia con aquellos intersectados sobre la franja
de v uelo adyacente. En algunos casos la línea d e vuelo del tra&-
lape girará claramente fuera de orientación en una fotografía;
en otros casos los errores de trazo son tan complejos que tiene
que corregírseles por tanteos sucesivos.

Fig. 9-9. Empico de lmer1ecciones co n connol en una linea de vuelo panl


me;onr el nazo de una línea Bin control.

9-11. Compilac ió n de datos fotográficos


Los puntos de control, los puntos centrales y los puntos rle
paso dibujados sobre la cubierta se pueden ah Ol'a utilizar como
base para transferir detalles geológicos, drenaje y rasgos culturales
de las fotografías a la cubierta. Las lineas de l~pii: y los números
de las fotografías que aparecen en la cubierta deben borrarse
y los puntos deben marcarse en forma permanente con tinta o
bien, las posiciones de los puntos d eben trai:arse sobre una cu-
bierta nueva. La compilación se facilitará si se usan distintos
símbolos para los diferentes puntos: pequeños circules entintados
alrededor d e los p untos d e paso, triángulos pequeños alrededor
de los puntos d e control y cruces en los puntos centrales. Esto
debe hacerse con una tinta azu l transparente que no a parezca
en las fotografías o en las impresiones cuando se reproduzca el
mapa final. La h oja de cubierta final tiene que ser suíiciente-
mcnte fuerte para soportar much as borraduras y los lápices que
:120 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

se usen sobre ella tienen que ser bastante suaves (tipicamente


de lH a JH) de manera que no rayen o le dejen estrías.
Algunas fotografías tienen tan poco contraste o tanta vege.-
tac.ión que es necesario usar un estereoscopio para ver sus líneas
de drenaje y sus líneas de relieve. Estos rasgos tienen que deli·
nearse sobre las fotografías antes de que se les transfiera, mar•
cándolos con tinta amarilla o de color naranja. Es más fácil
delinear los ríos y arroyos colocando las fotografías en orden
inverso bajo el estereoscopio, porque la apariencia peculiar de
la imagen pseudosc.ópica hace muy notables esas corrientes.
La transferencia tiene que comenzar por los lugares donde el
relieve es bajo y donde las fotografías tienen escalas casi iguales
a la escala de la cubierta. Cuando ésta se orienta sobre una de
estas fotogra fías, el punto central y los puntos de paso cercanos
deben casi coincidir con las marcas sobre la cubiena de modo
que los d etalles de la parte central de la fotoi:trafía se puedan
trazar directamente encima de la cubiena. En los casos en que
las escalas- difieran moderadamente, la transferencia puede ini·
ciarse colocando la cubierta al centro d e la fotografía y dibu-
jando los detalles situados en las inmediaciones de este punto. A
continuación la cubierta puede correrse d e manera que coinci·
da con el punto de paso más cercano. Después de dibujar los
detalles que están alrededor de este pu~to, se le desplaza otra
vez al punto de paso siguiente, y así sucesivamente. Los detalles
que quedan entre estas pequeñas áreas se pueden completar c<>-

::=~o, PI:gr~~;J:s~t~e :sr~~bi=~ !~ra~n d:ef:t~sr:n~:~;e=;


1

dos puntos se pueden dibujar colocando la cubierta en forma tal


que satisfaga el espaciamiento de tres puntos (Fig. 9·10B). Si los
tres puntos esuin casi a la misma elevación, esto se puede hacer
con precisión dibujando tres rayos hacia el detalle que se estR trans-
firiendo. Si sus elevaciones difieren considerablemente (y espe-
ciii.lmente si caen bien a un lado del centro de la fotografía), tiene
que calcularse la cantidad y la dirección del desplazamiento cau-
sado por el relieve (Sección 5-3).
El transferir detalles de fotografías con poco relieve 6imple·
mente requiere amplificar o reducir los detalles de fotografía a
· la escala de la cubierta. Para hacer esto con rapidez y exactitud
MAPAS A PARTIR DE FOTOGRAF1AS A EREAS 221

se pueden usar proyectores de reflexión y rectoplanígrafos (sketch ·


masters) ajustables. Sin embargo, la simple amplificación o reduc·
ción no es adecuada tratándose de áreas con relieve considera•
ble. En este caso deben hacerse pacientemente comparaciont'S
entre los puntos y la fotografía, y es necesario usar un estereoscopio
para confirmar las transferencias. Si h1s líneas d e corriente y las
cordilleras han sido transferidas en d etalle, los rasgos geológicos
pueden al'iadirse algunas veces con exactitud examinando las fo..
tografias estereoscópicamente y haciendo la transferencia al cálculo.

y _ }·~
;-- \ /

Pig. 1-JO. Poeici6n de punto. de la cubiena (circulo con linea llena) en


rel•ci6n con puntee de la fotOIJ""l.ÍÚI (circul.,. con líll>'a punle•d•) al tnna-
ferir un rio de la forografla a la cubierta.

Transferencia d e sfmbolos. Usualmente es máa: fácil trazar


los símbolos estructurales después de que h an sido terminados
el d renaje, los rasgos culturales y los detalles geológicos. Los sími
bolos se pueden traza r directamente con un transportador si la

~:;e:;i~s ~:~~~ es~d~a:~ 0:~


h:
0
;¡n ! ':rt~t~cer°:!:e~:
que se usó, la cubierta tiene que orientarse primero sobre la
fotografía de manera que la dirección del norte verdadero sea
paralela a la flecha que marca el norte en la fotografía¡ entonces
se corre la cubierta de un simbolo a otro conservando esta m isma
orientación y se trazan todos los simbolos.

9-12. Comprobación del mapa y dibujo de seccione.


transversales
El trabajo principal en la terminación del mapa es compro-
bar cuidadosamente la primera compilación a lápiz comparándola
con las fotografías; esto d ebe hacerse antes de que se compilen
222 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

las secciones transversales. Es mejor hacer la comprobación con


un estereoscopio, trabajando sistemáticamente a lo largo de una
línea de vuelo cada vez, Las líneas y los detalles principales po-
drán estar ya dibujados cuidadosamente, pero por lo general
puede añadirse mucho detalle. Esta es una etapa imponante
puesto que los detalles del drenaje y los rasgos culturales propor;
clonarán a otroS geOlogos los lmicos medios para localizar los
detalles geológicos en el campo. El dibujo a lápiz y· las secciones
transversales tienen que terminarse antes de entintarlos. En la
Sección 11;10 se hacen algunas sugerencias para el dibujo final.

Referencias citadas
Ametian Sodcty oí Photo¡¡rammctty, 1952, Man....i of photo&rammerry, 2nd
<:d,: W alihington. D. C., 876 pp.
Moffitt, F. H., 1959, Phorogrammerry: Scr•nton, P• ., lntcrnational Tcxt•
book Co~ 455 pp.
10
Levantamiento detallado
y muestreo

10 -1. Carácter general de los estudio s de detalles


los e&udios geológicos detallados usua lme nte requiere n una
o más d e las operaciones siguientes: levantamiento topográfico
y geológico a escalas mayores de 1 :4CXXJ (1 cm•= 40 m); limpieza
o excavación de aflo ramientos; barrenaciones; levantamiento de
trabajos subterráneos, y muestreo amplio. Generalmente estas ope-
racio nes se pueden u sar ventajosamente d o nde quiera que los
detalles geológicos tengan que estudiarse de una manera concien-
zuda, cuantitativa. Po r lo común se les usa en estudios econó-
micos, por ejemplo, para m ejorar la explotación de una cantera
de yeso, o el minado subterráneo de un manto de carbón o de
un dep6sito de cobre. Sin embargo, además de sus usos económi·
cos, pueden resolver también una gran variedad de problemas
que n o son de carácter económico, tales como el origen de un
cuerpo ígneo complejo, el grado d e alteración alrededor de una
intrusión, o los efectos de la deformación en una arenisca. Dado
que estas ope raciones son cosrosas y llevan tiempo, sólo se hacen
d espués de que unos estudios p reliminares justifiquen su reali~
zación.
El emplazamiento geológico regional d e los estudios locales
tiene que ser resuelto detenidamente; de otra manera la signi~
ficación de muchas unidades de roca o estructuras puede pasarse
por alto. La m agnitud y edad d e la mayoría de las fallas, por
ejemplo, no se puede determinar contando sólo con mapas de
áreas pequeñas aisladas. Deben tomarse en consideración dos
clases de estudios preliminares: 1) el re conocimienro regional
de unidades de roca y estruc turas y 2) el levantamie nto a es--
calas intermedias (1:25,CX>O a 1:50,CXX>) alrededor del área de
223
224 MANUAL DE G,EOLOGIA DE CAMPO

interés específico. El primer estudio define las áreas o detalles


que deben ser cubiertos por el segundo; los dos puntos indican
cuales operaciones deben usarse en el estudio local final.
El estudio local en si debe comenzar con el levantamiento,
pues la barrenación, las excavaciones y el muestreo no se pueden
planear efectivamente hasta que los mapas de detalle tanto su~
perficiales como subterráneos estén bien avanzados. Las excava-
ciones y las barrenat:iones deben ser supervisadas dirtttamente
por el geólogo, o por el geólogo-ingeniero, no sea que las relacio-
nes críticas se destruyan antes de que él las vea. Además de
asegurarse que él recibe los datos con prontitud, esto puede, por
consiguiente, aumentar la efectividad, o reducir el costo de un
programa dado. El geólogo o el ingeniero tienen que supervisar
también el muestreo para estar seguros de que las muestras
resulten tan significativas como sea posible.

10-Z. Mapas 1uperficiales de detalle y secciones


Generalmente los estudios detallados requieren mapas topo-
gráficos y geológicos con escalas de 1 c m = 25 m a 1 cm ·= 5 m.
Estos mapas son muy usuales si. se trata de mapas de aflora-
mientos (Sección 4-8). La excavación y la perforación, por ejem-
plo, pueden planearse con efectividad en los mapas de aflora-
mientos en los que los hechos están claramente separados de las
relaciones inferidas o proyectadas.
Aunque en algunos proyectos pueden usarse los métodos de
levantamiento descritos en los Capitulas 7 y 8, pueden necesi·
tarse métodos más precisos. Los puntos de control tienen que
ser numerosos y suficientemente precisos para dar enlace exacto
con los limites de propiedades, y los levantamientos de control
de las propiedades mineras tienen que relaciona rse con trabajos
subterráneos y superficiales en forma precisa. T ratándose de pro-
piedades que se van a trabajar por algún tiempo, es conveniente
establecer un sistema de coordenadas y marcar con estacas puntos
de coordenadas con tránsito y cinta. Proceder así permite recolo-
car con ~actitud las estacas que se hayan movido durante el
desarrollo del trabajo. Por rarones tanto legales como geológicas,
deben colocarse puntos de control permanentes que puedan ser
l..EVANTAMIENTO DETAllADO Y MUESTREO 225

ocupad os nuevamente algunos añoa m as tarde. Se puede poner


una señal perman ente empotrando con cem e nto una barra o placa
de bronce e n un afloramiento d e roca sólida.
Todos los rasgos geológicos que pueda uno imaginarse que
serán de utilidad deben levantarse. Los detalles estratigráficos
que puedan usarse para hacer correlaciones son especialmente
imponantes. Por ejemplo, u na sola capa d e nódulos de peder,
n a! en una caliza puede ser de valor en posteriores correlaciones
con trabajos de subsuelo. La clase y la intensidad d e intempcris-
mo y otras alteraciones son peninenres e n muchos proyectos,
como son las características lito l6gicas que afectan la resistencia
de las rocas. La distribución de las juntas y d e las rocas que,
bradas o parcialmente fracturada s es especialmente importante
en la mayor pane de los estudios de ingeniería. Por lo común,
las juntas se miden y trazan individualmente en Jos sirios para
presas u ot ras construcciones pesadas y se u sa un sistema de
anotación especial para las fract u ras que est:ln abiertas o que
esran relacio nadas con rocas alteradas o quebradas.
Las curvas de n ivel que tienen que localizarse con 30 ó 50
centímetros de aproxi mación respecto a su verdadera posición
en el terreno se pueden levanta r caminando por lineas a nivel
más bien que interpolando e n tre elevaciones dispersas (Sección
S.13) . Si las curvas de n ivel tienen que localizarse con más pre-
cisión en algunos lugares que e n otrOl'l, su exactitud relativa se
puede indicar usando lineas llenas para las curvas p recisas y linens
punteadas para las que est:i.n esquematizadas. En los estudios eco-
nómicos, los terreros (jales) tienen que configurarse con bastante
detalle de manera que se puedan calcula r con exactitud sus vo-
lúmenes. La mayor parte de las obras h echas por el h ombre
deben dibujarse a escala, y si en el área se van a hacer zanjas o
si se va a perforar, deber:ln marcarse también las t uberías so-
terradas y las líneas de fuerza eléctrica.
Para muchos proyectos es conveniente un tablero de plancheta
grande (60 X 80 cm), aunque resulta d ifícil su manejo en te,
rreno irregular. Las hojas de p lan cheta deben ser impermeables
y s uficientemente fuertes para resistir repetidas borrad u ras (Scc,
ción &8) . Usualmente, e n los levantamientos detallados las vi-
suales d e esradia son cortas; asi, se les puede hacer fácilm ente
226 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

con un estada! para nivelación topográfica, el cual se puede leer


directamente al centímetro.
Seccion es verticales de detalle. En muchos proyectos de
minería y d e construcción, puede ser de utilidad levantar cortes
grandes y abruptos como si fueran secciones transversales verti~
cales. Esto se puede hacer directamente sobre un tablero de plan-
cheta construyendo una proyección vertical (Fig. 10.1). Si la
pendiente es muy abrupta para hacer mediciones con cstadia, se
pueden us:ir ángulos verticales para calcular las distancias verti·
cales, Si este métcdo fuese demasiado lento para usarlo en un
frente de trabajo, como sucede durante la explotación rápida
de una cantera o en una excavación en la que se está trabajando,
se puede usar una fotografía amplificada como base para trazar
los contactos, profundidad o espesor de los rellenos y localiza~
ción de las muestras. Las dimensiones se pueden medir a escala
o estimar en la fotografía si se conocen, por haberlas medido en
el terreno, las distancias entre unos cuantos puntos clave de la
copia fotográfica. Para ser precisos, sin embargo, estas medidas
deben tomar en cuenta las distancias entre los puntos y la
cámara (ver Moffin, 1959),
DlltHela1

~
...1tolliH
......1a

__,. [otu14~ d•
lnt1t11,.U!o

Fig. 10-1, Dibujo de detallu geológkoe de un eone .tirup10 (• la izquier·


da) sobre un• proyección verrieal. La proyección se puede eon5truir diree·
nimeme sobre la planche1a 5i se fl}a un• rin de papel rayado 1 la hoja de
planehe1a (•la derecha).

10-3. L impi11 de los afloramientos, excavación


y barrenaeión.
Si el mapa de afloramiento indica que el mismo no es acle~
cuado para delinear los detalles críticos o para muestrear eficien·
temente, puede ser necesario hacer excavaciones o barrenos. El
LEVANTAMIENTO DETALLADO Y MUESTREO 227

cavar zanjas perpendiculares al rumOO es particularmente efec•


tivo para descubrir estructuras planas con buzamiento fuerte,
por ejemplo, una capa delgada, una veta o un contacto. Las fosas
generalmen te pueden llevarse a profundidades mayores y son
más adecuadas para medir o muestrear capas o vetas con buza-
miento suave, o cuerpos ígneos sin estratificación. Los trabajos
de limpieza y excavación en gran escala usualmente se hacen
con un bulldozer o con una excavadora mecánica d e zanjas.
El suelo y los rellenos si son delgados, se pueden quitar con man-
guera si se tiene agua a gran presión. Cuando las posibilidades
económicas .no permiten recurrir a estos métodos de trabajo en
gran escala, el cavar con pico y pala puede ser muy efectivo.
Aun en los proyectos más modestos los contactos cubiertos por
suelo delgado pueden quedar expuestos rápidamente con una
pala- plegable (Fig. 10..2).

Fig. 10·2. Pala plegable.

Barrenación. Los barrenos se pueden usar para determinar


la posición de estructuras geológicas, para medir unidades del sub-
suelo y para muestrear rocas y minerales. Los taladros con tube-
ría, especialmente los de diamante, son patticularmente útiles
para perforar distancias largas en rocas duras. La barrena de
diamante consiste de un tubo o vástago con diamantes pequeños
montados en el extremo de la barrena. A medida que ésta gira,
corta un núcleo cilíndrico de roca, o menos que la roca esté tan
fracturada o sea tan desmenuzable que se desmorone. Algunas
baTTenas se sacan del orificio cada dos o tres metros de perforación
y se extrae el núcleo y se coloca en una caja especial. Otros tipos
de barrenas permiten cortar corazones o núcleos en intervalos
más largos. A medida que se examina el núcleo, deben descri-
228 MANUAL DE GEOLOGJA DE CAMPO

bfrse en un registro llamado registro de J.>Oto todas las rocas, mi•


nerales y estrucmras geológicas que se observen (Sección 12- 10).
En los lugares donde las rocas son tan quebradizas o están tan
fracturadas que no hay recuperación de núcleo, el registro se
puede completar en parte anotando la velocidad de perforación,
y la pérdida de aguas en los intervalos donde no hubo núcleos.
Los recortes y el sedimento finamente molido de la perforación
deben cribarse, limpiarse y examinarse al microscopio para iden·
tificar las rocas de la parte donde no hubo recuperación de
núcleo. El sedimento se colecta también para h acer ensayes.
La perforación de diamante puede apuntarse casi en cualquier
dirección y usarse tanto en trabajos subterráneos como en la su·
perficie. Sin embargo, ocasionalmente las perforaciones largas se
desvían apreciablemente de su dirección inicial, especialmente
cuando atraviesan planos d e estratificación u otras estructuras
oblicuamente. En este caso es necesario hacer un levantamiento
o registro del curso de la perforación con equipo diseñado espe-
cialmente (Collins, 1946, McKinstry, 1948).
Se pueden usar otros tipos de barrenas donde los materiales
son suaves, cuando las distancias por perforar son corras o cuando
los objetivos geológicos son simples. Las barrenas de mano o las
mecánicas son frecuentemente buenas para obtener muestras ade·
cuadas de rocas superficiales o suaves. Las perforadoras de mar·
tillo, de minero y otras perforadoras de percusión pueden usarse
en rocas más duras (Jackson and Knaebel, 1932) . Los métodos
de registro de JX>?OS mediante el examen de la roca disgregada
o pulverizada son los mismos que se usan cuando se trata de
recortes de JX>?O (Sección 12-10).

10-4. Levantamientos subterráneos


Las minas y los túneles pueden proporcionar afloramientC'IS
completos y excepcionalmente frescos de rocas, minerales y es--
trucruras. Por lo tanto, debe levantárseles independientemente
de que el estudio tenga o no carácter económico. Desde luego,
primero tiene que obtenerse permiso de entrar y trabajar en una
propiedad. Si ésta no se está trabajando debe conseguirse infor-
mación acerca de los mapas disponibles y de la seguridad con
LEVANTAMIENTO DETAil.ADO Y MUESTREO 229

que pueden hacerse los trabajos, recurriendo al dueño o al con·


cesionario. Cuando esto no es posible, algunas veces pueden en•
centrarse datos en publicaciones o en los registros estatales o
municipales. Con frecuencia se puede entrar con seguridad a
los laboreos abandonados y no d escritos, si va uno acompañado
por a lguien con upcriencia en mineria .
Además del equipo de campo ordinario, los artículos 5iguientes
son necesarios para el levantamiento subterráneo :
l. Un casco duro con aditamento para llevar una lámpara d e
carburo o eléctrica.
2. Una cubierta de mapas para llevar hojas de 22 X 28 cm
{tamaño carta), com o la cubierta de alunúnio con su jetador de
presión descrita en la Sección 1·3; ésta será más útil si se le
remacha un portalápices de cuero en la cara ext:erior.
3. Una cinta de tela de buena calidad, de 50 m.
4. Botas impermeables y convenientemente calientes y ropas
que no se desgarren cuando se trepa o pasa a través de agujeros
estrechos.
Los utensilios deben llevarse en forma tal que una mano
quede completamente libre. Ya que una mochila grande para la
espalda resulta estorbosa, la mayor parte del equipo debe col·
garse del cinturón o en la camisa; para llevar las muestras puede
u sarse un chaleco o una chaqueta de cazador con una bolsa in•
terior grande.
Cuando se dispone de mapas de la mina, deben prepararse
anticipadamente hojas de trabajo de 10 X 25 cm que cubran
pieza por pieza los laboreos. La escala de esros mapas es ripica·
mente de 1 cm= IOm, 1cm ·=ZOmó1 cm=SO m. Se les
debe dibujar directamente a lápiz o con tinta tomándolos de los
mapas maestros que estén al día. D ebe preverse el trabajo en
zonas húmedas usando hojas de plástico o de papel avitelado,
de preferencia rayado con una cuadricula de dos cm. Las líneas de
coordenadas y los números tienen que figurar en las hojas de
t rabajo. Si n o hay coordenadas, debe numerarse una cuadricula
norte.sur y oriente-poniente y transportarla de una hoja a la
siguiente de manera que las h ojas puedan relacionarse rápidamcn·
te sin tener que recurrir al mapa de la oficina. Los puntos del
210 MANUAL DE GEOLOG IA DE CAMPO

levantamiento con tránsito se usan para las m ediciones subte-


rráneas, por lo que tienen que trazarse con precisió n. Finalmente,
cada hoja debe llevar el n ombre de la mina o labor, la ~.scal a y
los nombres de los geólogos, En la Fig. 10..3 se presenta una
h oja de trabajo típica; los símbolos empleados .están explicados
en el Apéndice 4.

Fig. 10-3. Parte de una ho}a. de trabajo del levantamiento geológico sub-
tcrrineo, con laboru rotuladas.

Los tCrminos siguientes, que a m enudo se emplean en las


ho jas de trabajo, d eben entenderse bien a ntes de ir a l interior
de la mina:
Tiro, poto. Excavación relativamente estrecha com enzada des.-
de la superficie; puede ser vertical o inclinada.
ContTap.cn_o. Laboreo o excavación angosta, vertical o inclina·
da, hech a h acia arriba desde el subsuelo.
C uele. Laboreo vertical o inclinado angosto, excavado hacia
abajo en el interior de la mina.
Nivel. Gru pos de laboreos en forma de túneles q ue quedan
aproxim adamente a la misma distancia d ebajo de la superficie
en una mina determinada.
Socavón. Túnel d e entrada a una mina.
Galería. Especie de túnel excavado a lo largo de una veta.
l.EV ANT AMlENTO DETALLADO Y MUESTREO 231

Crucero. Túnel de laboreo que intersecta una veta.


Rebaje. Laboreo subterráneo del que se ha extraído mineral,
ya sea arriba o abajo de un nivel.
Respaldo. T echo de un laboreo.
Frente. Pi!red al final de un laboreo.

Antes de comenzar el levantamiento, los laboreos deben re--


conocerse para determinar I) la naturaleza general de las uni·
dadcs de roca, el mineral, y las esrructuras principales, Z) qué
tanto deben limpiarse las paredes, y 3) la accesibilidad a las obras
antiguas. Los datos del levantamiento aplicables a los rebajes
y orros espacios irregular o parcialmente reJlenos deben dibujarse
en las hojas de trabajo o en secciones ve rticales separadas. Tam·
bién deben estudiarse los mapas de ensayes.
Tiene ventajas com e n:rar el levantamiento donde las rocas
son frescas y no tienen complicaciones estructurales. Primero
se examinan 30 O 40 m de paredes. Si están sucias, será necesario
restrega rlas con una brocha y agua o astillarlas en intervalos
cortos con un martillo. Los tipos de rocas, minerales y alteraciones
se dibujan en la hoja de trabajo, ya sea con símbolos a lápiz
o con colores (fig. 104). Los contactos, las fallas y otras estruc•
turas se representan con los símbolos acostumbrados. Los geó--
logos mineros u san con frecuencia el color verde para las fallas
y el rojo para el mineral. En los lugares donde las estructuras
planas se pueden trazar de un lado a otro de laboreo, su rumbo
puede determinarse colocándose de espaldas contra el p lano en
una pared y v isando con la brújula una linea a nivel al mismo
plano que está sobre la otra pared. Muchos rum bos y echados
pueden también medirse por el método I de la Sección 2--7.
Los detalles se localizan sobre el mapa por los procedimientos
usados en todas las poligonales con cinta. Hasta donde sea posi·
ble, las mediciones deben basarse en puntos de la poligonal de~
terminados con t ránsito. Generalmente estos puntos están marca·
dos por botones de latOn numerados (spads) en cuñas de ma·
dera insertadas en el respaldo o en las paredes. Las posiciones
marcadas en el mapa deben referirse a un nivel de referencia
dentro de un laboreo determinado; por lo común se toma un
merro ("altura de la cintura") sobre el nivel del carril. Las es--
2}2 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

tructuras que no intersectan este nivel (por ejemplo, las fallas


planas expuestas cerca del respaldo) deben presentarse en sec-
ciones transversales o bien debe describírseles en una nota ac-
cesoria en que se dé la elevación sobre el plano de referencia.
Estas anotaciones deben hacerse directamente sobre las hojas de
trabajo (Fig. 10-4) . Pueden necesitarse muchas m edidas auxilia•
res para mostrar los detalles de contactos o fallas sinuosos o
irregulares. Los pliegues se representan como proyecciones hori•
zontales de capas en el plano de referencia, marcando los buza-
mientos en la forma adecuada. Las fallas que se bifurcan deben
comprobarse con mucho cuidado para determinar si una cona
a la otra o si se trata de ramas de una sola falla. El dibujo debe
hacerse en el interior de la mina, donde puede comprobarse
de una vez la continuidad de las estructuras y unidades.

fig. 10-4. Hoja de 1nibajo en la que se ven dibujados lrni detallCll geo!Q.
glcoa, con nou... b.-cvC'I. En la parle superior derecha aparece una sección
vertical accesoria en la que se ha dibujado un dique horlloni.1.

Cuando las paredes de los laboreos estii.n generalizadas o in-


completas, deben redibujarse para acomodar los detalles gcológ:i·
cos importantes. Los d etalles en los contrapozos, cueles y tiros
deben dibujarse en secciones transversales auxiliares insertadas
en las áreas en blanco de las hojas d e trabajo (Fig. 10-5). Las
LEVANTAMIENTO DETALLADO Y MUESTREO 233

secciones de labores inclinadas se pueden dibujar con rapidei


usando el rumbo y la inclinación de la escalera de mano situada
a lo largo de la pared del bajo y midiendo las distancias hacia
arriba de la escalera hasta los detalles geológicos. Los rebajes
(stopes) por lo general se presentan en los mapas mineros sola-
mente en forma aproximada bosquejitndolos a grandes rasgos,
aun cuando pueden estar inclinados o ser irregulares y extenderse
a lo largo de grandes distancias verticales. Si es posible, debe di-
bujárseles mediante una serie d e secciones transversales y de
secciones horimntales. Los datos relativos a los rebajes inaccesi-
bles se pueden obtener frecuentemente con el ingeniero de minas
o con los mineros.

Fig. 10.5. Hoi• de tnbajo que muestra la sección ttaruver~l de un

Si no existen mapas de la mina, las paredes y los rasgos


geológicos tienen que levantarse simultáneamente. Siempre que
sea posible, las poligonales deben controlarse con puntos de po.-
ligonales hechas con tránsito. Si no puede hacerse esto, debe
usarse el método d e cinta y brújula descrito en la Sección 3-5,
pues en la mayoi:ía de las minas las perturbaciones magnéticas
son considerables. Los itngulos horimntales en los laboreos a
nivel o de inclinación suave se pueden levantar con una alidada
de punterías y un tablero. Las diferencias de elevación pueden
determinarse con un nivel de mano y clinómetro (Sección Z..5
y 2-6).
234 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

Seguridad. Debe consultarse al capataz o al gerente de una


propiedad minera con respecto a los métodos de minado, pro-
grama de voladuras con explosivos, señales para elevar hombres
y mineral, y reglas de seguridad. El descuido y la negligencia en
los trabajos subterráneos pueden causar accidentes serios. Los pe-
ligros más comunes son el desprendimiento de fragmentos de roca
del respaldo, o el envio violento de esquirlas de roca que pueden
lastimar los ojos (por lo que se recomienda usar anteojos de se-
guridad) . Las estaciones de la poligonal nunca deben tomarse
en el piso de las tolvas o en los lugares donde los trenes en
movimiento o las maniobras pueden representar un peligro. Las
escaleras de mano viejas deben manejarse con precauci6n, pues
los maderos apolillados o podridos p ueden parecer más fuertes
de lo que en realidad son. En los lugares mal ventilados debe
probarse el aire con un f6sforo o con una lámpara de carburo
(la flama se volveri anaranjada y hará humo si hay escasez de
oxígeno). Para seguridad de los demás, los carriles y los anda-
dores deben estar despejados y libres de escombros.

10-5. Muestreo
Los tipos y el número de muestras que se necesitan varían
much o de acuerdo con el propósito de un proyecto y de su situa-
ci6n geo!Ogica. Los planes para el muestreo deben basarse, hasta
donde sea posible en el conocimiento de los planes de muestreo
utilizados en otras partes en dep6sitos similares. Ejemplos de tales
planes de muestreo han sido dados a conocer por Parks ( 1949),
Jackson y Knaebel (1932), Pitcher y Sinha (1958), Grout (1932),
y Shaw (1956). Las alternativas respecto a los planes de muestreo
se pueden valorar estadísticamente para d eterminar cual es el
más a propósito para obtener la información que se necesita
con el menor esfuerzo y el costo mínimo. Los m étodos estadís-
ticos deben usarse también para d eterminar el significado de
los datos de las muestras. Dixon y Massey (1951), Hoel (1960),
y Wallis y Roberts (1956), han descrito algunos métodos de eva-
luación estadística.
Muestras-clave. Estas son ejemplares aislados, relativamente
pequeños, por ejemplo, los ejemplares de mano que se usan para
LEVANTAM IENTO DETALLADO Y MUESTREO 2JS

identifica r e incerprecar las rocas durante el levanramiento. Las


muestras bien escogidas ay udan bastante para formarse un juicio
de los eventos geológicos y para fo rmular planes para un muestreo
concienzudo. A diferencia de las muestras tomadas al aza r que
tt: usan para algunos p ropósitos, las muestras-clave deben selec·
do na rse e n ciertos lugares e n particular, para resolver aspectos
específicos, Las sugest io n es generales para colectar este ti po d e
muestras son com o sigue:
l. Coléctense muestras que sean verdaderamente representa·
tivas de las u nidades que se están estudiando.
2. Coléctense en los contactos o donde las relaciones estruc--
turales y estratigráficas se pueden detenninar m ejor.
3. Coléctense muestras o rientadas e n los lugares donde las
relaciones direccionales p u eden ser importantes.
4. Colécte n se en los sitios d ond e las nuevas texturas o las
esttucturns en pequefia escala esté n sobrepu estas a otras más
antiguas.
5. De ser posible coléctense materiales frescos, pero n o se·
menosprecie la im portancia d e las rocas porque estén intempc•
rizadas.
ComprobacJ°án de J.ipótesis con m uestra s en serie. Fre#
c uentem ente, a lgunas muestras que se colecten en una o más
series se pueden u sar para comprobar hipótesis d ete rminadas.
Por ejemplo, el contacto e ntre dos rocas ígneas podría mostrar
gradaciones que sugieran el e m plauimiento d e un m agma contra
ot ro; las reaccion es minerales criticas e n la gradación se podrían
comprobar m ediante series de muestras que se extiendan a tra•
vés de la rona de contacto. Las muestras e n serie podrían u sarse
también para determinar cambios en el pe rfil d e un suelo, p ara
estudiar las diferencias e ntre segmentos ricos y segmenros pobres
adyacentes de un cuerpo mineral, o para comparar las composi,
don es d e ntro de capas que cambian gradualme nte. Puesto que las
muestras se colectan para comprobar y enriquecer la existencia
evidente, se les d ebe seleccionar después de h ace r un examen
amplio de los a fl oramientos. G en e ralmente estarán con ectadas
con base en alguna relación estructural conocida o muy probable;
no obstante, e l colector tiene que evitar prejuicios al hace r su
236 MANUAL DE GEOL001A DE CAMPO

selecci6n. Dado que el número d e muestras siempre tien e que


ser limitado, se les debe distribuir de m anera que den el máximo
de informaci6n. Localmente, donde se necesita un conocimiento
detallado de las variaciones, el muestreo d ebe concentra rse en
unas cuantas poligonales que crucen la unidad por muestrear.
Sin e mbargo, generalmente es preferible colectar unas cuantas
muestras d e cada una de las muchas poligonales que atraviesen
In unidad, para poder apreciar ta nto las variaciones laterales
como las verticales. Flinn (1959) ha evaluado estadísticamente
varios planes d e muestreo e n z;crie.
Muestreo para d eterminar uariaciones. Cuando la h ete-
rogeneidad es obscura o cuando no se aprecian tendencias gcográ·
ficas claras, las muestras se pueden u sar para determinar si
existen variaciones significativas d entro de una unidad. Por ejem•
plo, puede parecer que el tamaño de los granos de u na arenisca
varía esporádicamente en localid ades aisladas, p udie ndo ser im·
portante para la cxploraci6n petrolera o de aguas subterrimeas
el d eterminar si existen tendencias regionales en estas variacio-
nes. Tales problemas requie ren un muestreo de carácter tanto
region al com o local, pues el significado region al de las variacio-
nes solamente se p uede entender cuando se h a d emostrado el
grado de variación local. A lgunas unidades son tan homogéneas
en cada af!Ol'amiento y dentro d e cu alquier superficie d e una
media h ectárea, que las pequeñas variaciones regiona les se pue-
den comprobar con bastante confianza. En otras unidades, la h e-
terogeneidad loe.al es ta n grande q u e las principales variaciones
regionales solamente se pueden descubrir usando un gran nú·
m ero de muestras. El plan d e muestreo que se usa en tales
estudios tien e que basarse en que las muestras se seleccionen
en forma casual; d e otra manera las evaluaciones estadísticas no
tendrán validez. Estos requisitos se satisfacen por el método ge·
neral llamado m uestreo selectivo.
El método está ilustrado ccn el ejemplo d e la Fig. 10..6, el
cual muestra el afloramiento lineal de una unidad de roca. La
línea d e afl oramiento se ha dividido en segmentos principales
y secundarios que constituyen la base del muestreo. Las localida·
des que corresponden a muestras están marcadas en todos los
segmentos principales (o e n la m ayOl'Ía) escogiendo al aur dos
LEY ANTAMIENTO DETAl.LADO Y MUESTREO 237

puntos de un segmento secundario. En todas las localidades (o


en la mayoría) se colectan dos muestras. Si la roca no está ex-
puesta en un punto dado, se le toma en el lugar más cercano
posible. Después de q ue las muestras han sido analizadas para
obtener roela la información que pueda ser d e utilidad., los datos
se evalúan estadísticamente. Krumbcin y T ukey ( 1956) han des-
crito cómo pueden evaluarse simultáneamente varias clases de
datos; también h an dado a conocer eje mplos de diversos tipos de
planes de muestreo.

h•••11t• .,lolJel h•••nl• HC" • lllerl•


...----... ..... 1 .
, 1111¡11¡1¡~111¡¡1¡11~ .
••••,..•fl•••MIHt•
Fig. 10-6. Muestreo del afloremi"nto line.al de una unided "n una bolsa.
U.. círculos pcqud'ios indican la loc.all:z1ción de los " j"mplun.

Muestreo por composición uolumétrica. La composición


volumétrica d e un cuerpo se determina colectando al azar mues-
tras bastante pequeñas de manera que su promedio re presente
aproximadamente la composición de todo el cuerpo. Si el cuerpo
es d e grano fino y homogéneo, sólo se necesita una muestra pe-
queña. Si es heterogéneo, el número de muestras necesarias
aumenta cipidamente de acuerdo con el grado de heterogeneidad.
La composición volumétrica d e muchos cuerpos solamente se puede
de terminar d entro de límites muy amplios; así, los limites permi-
sibles para un estudio determinado deben considerarse desde el
principio. T ambién debe considerarse la precisión analitica de los
métodos que se vayan a usar (véase Ahren, 1950; Fairbaim et
al., 1951).
Para reducir al mínimo el número de muestras por analizar,
el cuerpo debe primero evaluarse por comparación con otros
cuerpos muestreados. Las muestras tie nen que estar distribuidas
en fo rma tal que propot"cionen una medida estadísticamente vá-
lida de la totalidad del cuerpo; por ejemplo, podrían estar rcgu•
larmente espaciadas sobre las coordenadas h orizontales y niveles
de una mina, o en las intersecciones de una cuadrícula rectangu-
lar sobre la superficie. Los materiales tienen que colectarse tan
238 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

cerca como sea posible de los puntos prescritos. Si tuvieran que


estar d istribuidos en forma irregular, sería necesario considerar
cada muestra de acuerdo con las distancias a las muestras adya-
centes (Parks, 1949, Cap. 4).
A lgunas veces, el número de muestras analizadas puede re-
ducirse al mínimo colectándolas en varios grupos, d isttibuido
cada, uno regularmente sobre el cuerpo (Fig. 10..7), Primero se
analiza un grupo de muestras y se calcula su composición media
y alguna medida del grado en que difieren (como su divergencia
normal.) La divergencia normal indicará aproximadamente la
confiabilidad de la composición media. Si el promedio es dema-
siado indefinido, se analiza un segundo grupo de muestras, cal-
culándose una nueva media total y la desviación normal. Este
procedimiento .se repite hasta q ue se vea que el promedio que
incluye todo cae dentro de límites que son suficientemente pe-
queños para satisfacer el propósito del proyecto.

Fig. 10-7. P!nn de muestre<> para determinar la composkión volum<étrica


del cue rpo contorneado, usando cuatro grupos de muestras equi~spaciadas.

Muestreo por d i stribución de las com posiciones. Cuan-


do se puede disponer de un gran número de muestras, puede ser
posible determinar la distribución de las composiciones o valores
dentro de un cuerpo. Esto se hace con frecuencia en las minas
para localizar los rumbos del mineral de alto grado. El método
puede emplearse también para ayudar a determinar las causas
de las variaciones de composición dentro de cuerpos de rocas. Las
LEVANTAMIENTO DliTALLADO Y MUESTREO 2J!J

muestras se pueden colectar de acuerdo con los mismos planes


utilizados para d eterminar la composición volumétrica; sin em-
bargo, en este caso es necesario colectarlas de manera que la
com posición por volumen en cada localidad esté represenrada
en forma digna de confianza. Si una capa o una veta i;on h omo-
géneas desde la cima hasta la base, sólo se n ecesitara una mues--
rra pequeña de cada localidad y las variaciones laterales dentro
del cuerpo se podrim determinar con gran exactitud. Sin em•
bargo, en el caso usual la veta o la capa variará n e n cualquier
sección aislada, teniendo que colectarse material s uficie nte para
obtener un promedio de confianza en ese lugar en particular.
Cuanto mayores sean las variaciones, mtis concienzudamente ten-
drá que muestrearse cada sección. En los Jugares donde las va-
riaciones son extremas puede ser necesario hacer un corre en
forma de canal de profundidad y anchuras constantes atravesan-

1
.
.

¡i}

Flg. 10..fl. Tres métodos para colectar una muestra r.,pr.,scn1uiva de una
unidad gruesa. (A) Muestra d" canal. {B) Etquirla.s o pordonu pequeñas
re<:QKidas en intervll<M de1erminad011. (C) Pon::ione.s acopladas que rc¡>re-
scma n sub-unidades dcnno de la unidad toial.

do la unidad (Fig. 10-8A). Esto se hace comúnmente en vetas


minerales h eterogéneas. Donde las variaciones son mode radas o
están restringidas a unos cuantos componentes, se puede obtener
una muestra representativa arrancando esquirlas, espaciándolas
en intervalos previamente determinados (Fig. 10.SB). Esto v iene
a ser un muestreo casual a través de la unidad en ese lugar.
Finalmente, donde unas cuantas sub-unidades h omogéneas cons-
tituyen la unidad total, tiene n que tomarse ejemplares de cada
240 ;>.{ANUAL DE OEOLOGlA DE CAMPO

sub-unidad (Fig. 10-BC). Cada ejemplar de estas muestTas 'estTa·


tifico.da.s tiene que sopesarse de acuerdo al espesor de Ja sub-
unidad de la que procede.
Antes d e comenzar el muestreo puede ser ventajoso probar
el grado de heterogeneidad dentro de diversas secciones de la
unidad. Este- se consigue colectando muestras de canal, esquirlas,
o muestras estratificadas de secciones típicas y comparando los
análisis que se les h agan. Entonces podrá escogerse el método
más barato o más fácil para obtener muestras adecuadas.
Métodos de muestreo. Las superficies deben limpiarse an-
tes de cortar las muestras o arrancar astillas. Aun los materiales
frescos en apariencia, pueden cambiar apreciablemente si están
expuestos por algún tiempo bajo el terreno o en la superficie.
Generalmente los canales se hacen de dos a tres cm. de profun·
didad y de cinco a diez cm. de ancho. Si la roca es dura, los
canales se pueden cortar con un martillo de dos a tres libras de
peso y un cincel.
La localización de las muestras tiene que dibujarse en los
mapas o secciones y describirse detalladamente en las notas, con
un dibujo que muestre las dimensiones y el carácter de la unidad
muestreada. La procedencia y el número de la muestra debe
marcarse con claridad sobre el afloramiento de manera que, si es
necesario, se le pueda muestrear nuevamente. La muestra debe
colocarse en una bolsa a prueba de polvo claramente rotulada.
Las muestras p ueden registrarse también en una libreta de mues-
tras en la que se les anota, indicando el número que les corres-
ponde. Las muestras que se colectan a granel, como las de canal
y las esquirlas, se trituran y dividen en porciones más pequeñas
para análisis y almacenamiento. De ser posible, esta trituración
debe hacerse con una quebradora mecánica.
Prejuicios en el muestreo. Los datos de las muestras pue-
den ser tomados con parcialidad y conducir, por lo tanto, a con-
clusiones erróneas si no se siguen cuidadosamente las especifica.
ciones para el muestreo. Los cortes de canal 11 través de superficies
irregulares tienen que colectarse o sopesarse en forma tal que
representen el promedio a través de la unidad (fig. 10..9). Las
muestras de e.anal no deben incluir fragmentos que están fuera
de los límites p rescri[os y las astillas o recortes tienen que co-
l.EVANTAMIENTO DETALLAOO Y MUESTREO 241

lectarse en los intervalos predeterminados, haciendo caso omiso


de los materiales espectaculares que queden fuera de esos puntos.
· Si solamente se colectan rocas frescas, el grueso de las mues-
tras llevará la tendencia a eliminar las muestras que contienen
minerales inestables, y si únicamente se muestrean afloramientos,
se tenderá a hacer a un lado las rocas débiles. Puede cometerse
un error particularmente grande cuando las perforaciones de die;
mante se muestrean únicamente a partir de los núcleos o cora-
zones mas bien que a partir tanto de los núcleos como de los
materiales fragmentarios y el polvo o sedimento fino.

·.·.:.:: ;: :·.:::·.·. ·.

Fig. 10-'J. Sección diagrunárica a ttavés de una labor de paredes d eiiigua·


les, que indi ca por quC algunas partes de una muesna de cual tienen
que ser compensadas en relación con otras panes (compárense los seg-
memos a y b).

También puede producirse confusión cuando las muestras se


modifican o alteran después de colectarlas. Las posibilidades de
obrar dolosamente en el muestreo de minas son mútilplcs; algu-
nos ejemplos han sido descritos por H oover (1948).

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11
Preparación de informes geológicos

11· 1. Carácter general de lo• informe9 geológico•


U n informe completo y bien escrito es una parte extremada·
mente importante d e un estudio geol6gico; sin él, el m ejor trabajo
de campo sería de poco valor para otras personas. El carácter
general del informe depcnderil. d e la naturaleu del proyecto. Al·
gunos informes son descripciones más d eta lladas d e la asociación
d e ciertas rocas o yacimientos de im portancia económica; otros
más, son recomendaciones sobre cst.rucruras de ingeniería. admi·
nistración de tie rras o exploración de yacimientos minerales. Para
c umplir con su cometido, cada informe será diferente en su or·
ganización, longitu.d y estilo. N o olxitante, independientemente
del énfasis e.special, los p ropÓsi tos básicos de un informe son 1)
describi r con precisión lo que se h a observad o y 2) sintcti:tar
y explicar las relaciones y eventos geológicos. Las partes descrip-
t ivas de un informe deben ser tan completas y sin em bargo tan
concisas como sea posible. En la mayor parte d e los casos esto
requiere el uso m áximo d e mapas, secciones, tablas y gráficas.
Estas ilustracion es son frecu entemente tan importantes que d eben
prep ararse primero para escribir d espués el informe teniénd olas
como referencia principal.
La explicación o las conclusiones de u n informe deben sinte•
riza rse d irectamente de los h echos; no d eben expresar exclusiva·
mente el punto de vista del a u tor. Al presentar su información
sin prejuicios, el a utor reconoce q ue algunos lectores pueden lle--
gnr a conclusion es un tanto diferentes de las suyas. Po r lo tanto
el valor intrínseco de un informe depende principalmente del
estudio de campo q u e se descri be.
Su utilidad , indudablemente, puede aumentarse por medio
de una organ ización cuidadosa, redacción clara y concisa e ilus-
traciones bien pensadas.
2# MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

11°2. Cómo organizar y principiar un informe


· El informe debe organizarse y principiarse en el campo o tan
pronto como sea posible después del trabajo de campo. El primer
borrador completo debe terminarse en una oficina donde se tengan
facilidades de dibujo y biblioteca, y donde puedan identificarse
con exactitud fósiles, rocas y minerales. De ser posible, el mapa
y otras ilustraciones detalladas deben prepararse antes de que
se escriba el informe. La mayor parte de la literatura deberá
haber sido leída antes o durante el trabajo de campo; sin embar·
go, algunos artículos pertinentes deberán ser releídos antes de
escribir el informe. Las notas de campo deberán paginarse en
orden cronológico para revisarlas después sistemáticamente. Algu·
nos geólogos encuentran de utilidad desprender o cortar algunas
hojas de tal manera que todos los asuntos relacionados con una
cierta parte del informe q ueden juntos; otros prefieren dejar sus
notas intactas y hacer listas o ficheros de fos asuntos corrcspon•
dientes a diferentes secciones del informe.
Primero deben ponerse por escrito los capítulos principales del
informe, llenando después las sul:x:l.ivisioncs y detalles en forma
esquemática. En el bosquejo siguiente se presentan las partes prin·
cipales y las sul:x:l.ivisioncs esenciales de un informe gtt>l6gico
típico.

l. Introducción.
a. Objeto del estudio, incluyendo la revisión o explicación
de problemas específicos.
b. Fechas y método general de trabajo.
c. Reconocimientos por la ayuda recibida.
d. Marco geográfico.
l. Localización del área (generalmente será suficiente
un mapa índice pcquefio.)
2. Accesibilidad, si es que ésta no es obvia en los
mapas.
3. Naturaleza y distribución de los rasgos geográficos
principales.
4. Vegetación, clima y u.so de la tierra (p~ntado
brevemente.)
PREPARACIÓN. DE INFORMES GEOLóGlCOS US

11. Marco geológico regional


a. Naturaleza y distribución de los principales sistemas,
series o formaciones de roca.
b. Estructuras principales, descritas en orden cronol6gico
de ser posible.
c. Resumen de la historia geológic,a regional, si se consi·
dera apropiado.
JII. Unidades de roca
a. Introducción a la naturaleza general, espesor y agru-
pamiento de la secuencia estratigráfi~ incluyendo des-
cripciones breves de los problemas estratigráficos gen&
rales, si los hay.
b. Descripción sistemática de las unidades de roca, prin•
cipiando por la más antigua.
l. N omenclatura (explicación del nombre utilizado para
la unidad con referencia a su uso anterior.)
2. Litología general, distribución, forma y espesor de la
unidad.
3. Descripción detallada de la litología, incluyendo va·
riaciones laterales.
... D efinición de los contactos, si no están incluidos en
la litología.
S. Fósiles, si los hay.
6. Edad y origen de la unidad.
IV. Estructuras
a. Descripción introductoria breve de las tendencias e in·
ten-elaciones de los principales rasgos estructurales.
b. Discordancias, (a menos que se les haya descrito adc--
cuadamente al referirse a las unidades de roca.)
c. Plegamientos, en orden de imponancia o edad, o ambos.
d. Fallas, en igual orden que los plegamientos, incluyendo
las relaciones con los pliegues u otras estructuras.
e. Estructuras formadas dentro y alrededor de cuerpos in•
trusivos.
V. Gcomorfología
a. Descripciones de las superficies de erosión más a ntiguas
y otros rasgos modificados.
246 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

b. Superficies de erosión actuales, sistemas de drenaje y


procesos erosivos.
c. Interpretación de los cambios estructurales o dima.ti•
cos indicados por las formas topograficas.
VI. Historia geológica : Interpretación cronológica de los proce-
sos, eventos estructurales y paleogeografia.
Las secciones introductorias deben concretarse directamente a
la materia principal. El dima, la vegetación y el uso de la tierra,
generalmente se pueden describir adecuadameme en ur:ias cuantas
frases, a menos que la región sea excepcionalmente remota o que
el informe esté relacionado especialmente con la economía. La
descripción de los rasgos geográficos· puede mantenerse concisa y
clara por medio de la presentación de un plano de la región, al
tamaño de una p¡j,gina. Los métodos especiales de campo o de la-
boratorio deben describirse en una sección adicional de la intro-
ducción y puede necesitarse otra sección para defi nir les términos
importantes cuyo uso no sea utilizado ampliamente.
. La sección sobre geología regional proporcoina un marco im•
portante para las descripciones detalladas .del informe. Esta es
la sección que requiere una revisión cuidadosa· de la literatura.
Cuando se tratan temas que no se apoyan en información ade-
cuada, tendrá que hacerse notar su origen y su probable confia-
bilidad. En algunos casos puede agregarse una -sección por separado
en la que se presente una revisión cronológica de los trabajos
geológico~ realizados en el a.rea o en sus alrededores, pero gene-
ralmente es preferible una evaluación critica de las contribuciones
importantes. Un mapa de tamaño carta que muestre los princi•
pales rasgos geológicos de la región, siempre es útil y puede com-
binarse con el mapa geogr;i,fico usado en la introducción. Cuando
se termina el cuerpo principal del informe, debcran revisarse las
estructuras y unidades de roca principales pam determinar si
éstas se correlacionan correctamente con las descripciones de la
geología regional.
Cuando las unidades de roca son muy numerosas o cubren
un pericd.o de tiempo geológico muy grande, se pueden ordenar
sobre la base de sistemas o combjnaciones de sistemas. Consecuen 1

temente, las rocas metamórficas deben presentarse en el orden


PREPARACtON DE fNFORMES GEOLOGfCOS 247

de su edad pre~metamorfismo. Los cuerpos de roca intrusivos se


pueden presentar m ejor en orden cronológico con el resto de las
rocas, aunque también pueden describirse en una sección por se~
parado. Las unidades d e roca que se proponen por primera vez,
por medio del uso de un nombre geográfico, deben definirse de
acuerdo con las reglas establecidas y aceptadas (ver Secciones
11""4 y lZ..2) .
Para todas las 3.reas con excepción de las más sencillas, la
sección referente a la estructura debe prepararse con especial cui~
dado describiéndose los rasgos individuales y sus interrelaciones.
Esto puede requerir el que se utilice un orden diferente al seña~
lado en el bosquejo; por ejemplo, un orden cronológico estricto
puede ser mejor en algunos casos. Cuando la información que se
muestra en el mapa geológico es muy clara;. no es necesario des-
cribirla con gran amplitud _e n el 1exto . Si el mapa principal tiene
demasiada información para mostrar la distribución geografica de
las principales estructuras con claridad, debe utilizarse un . mapa
estructural del tamaño de una p3.gina en conexión con la sección
acerca de la estructura. La mayor parte de los informes gene~les
concluyen con una sección sobre historia geológic:i, pero a conti-
nuación d e ésta pueden venir otras secciones sobre yacimientos
económicos, metamorfismo, actividad ígnea, glaciaci6n, paleonto-
logía sistem3.tica u otros temas pertinentes.

11-3. Claridad del informe


Un requisito b3.sico para la redacción de un informe e-s el de
que tanto los datos como las ideas se presentep. con toda claridad.
Esro quiere decir que las oraciones tienen que construirse con
c uidado, y que el orden en que se presenten tiene que ser lógico.
T odavia mas, tienen que escogerse las palabras que den el signi·
ficado preciso que se desea. Una manera de obtener un o rden
lógico en las frases es el de desarrollar un bosquejo a nivel de
frases.
Se pueden utilizar subtítulos para o rientar Ja mente del lector
hacia los tópicos principales, o bien cada p3.rrafo principal pue·
d e iniciarse con una frase que indique el tópico. Existen mu-
chas maneras adicionales de mejo rar la claridad y la precisión de
248 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

un informe. Estas se describen en detalle en las guías para expo·


sición general y escrüura científica (como la de Perrin, 1950).
El significado de los términos científicos debe ser claro a los
lectores hacia quienes está dirigido el infocme. En los informes
generales, debe preferirse el menos técnico de dos posibles térmi·
nos. Si un término tiene más d e una acepción, su uso debe de-
finirse en la introducción, d e ntro del texto o en una nota al pie
de página. Roger's lnt:ernarional Thesau.rus es una ayuda valiosa
en la selección de palabras no técnicas y el American Geological
lnstitute publica un Gloua.ry of Geology and Relar:ed Sciences
(Glosario de Geología y ciencias afines) que proporciona breves
definiciones de muchas palabras técnicas. la obra Suggestioru to
Authors of the Republic of the Vnited States Geological. SuTVey
contiene muchas instrucciones valiosas, tanto para el uso y selco-
ción de palabras como respecto a la forma de escribir informes.
El uso repetido de palabras o frases puede ser necesario si
una palabra o frase sirve m ejor para d efinir un determinado
rasgo o situación. Por otra parte, generalmente es conveniente
mante ner un paralelismo en la construcción de frascS que des--
criben asuntos semejantes, así como la organización de los páttafos
o secciones que tratan unidades semejantes de la geología. En la
sección que trata de unidades de roca, por ejemplo, las diferentes
partes con subtítulos deben quedar en el mismo orden y la des.-
cripción detallada dentro de cada una de las partes con subtítulo,
debe quedar tanto como sea posible, en el mismo orden. Esto
permite al lector comparar mentalmente las unidades de roca
a m edida que va leyendo; también le facilita el encontrar las
partes que desea releer.
Independientemente de la corrección gramatical de las frases,
la claridad científica requiere que los hechos queden claramente
delimitados de las interpretaciones. Puede r esultar conveniente
mantenerlos separados, urilttando únicamente materiales descrip-o
tivos en el cuerpo principal del informe, dejando la parte espe·
culariva para las últimas secciones. De esta manera el autor
puede evitar el ertor de sacar conclusiones de puntos de evidencia
que originalmente se incluyeron como ideas o como hechos.
PREPARACIÓN DE INFORMES GEOLóGICOS 24'J

11ª4. Empleo de términos especiales


Los términos tales como nombres geográficos, nombres car•
tográficos y estratigráficos, nombres de fósiles y nombres de rocas
deben escogerse con especial cuidado para que tengan el signifi.
cado deseado. Aún las mii.s ligeras modificaciones en su arreglo,
puntunción u ortografía pueden crear confusiones. Por otra parte,
no puede esperarse que los mecanógrafos detecten los errores en
estos términos especiales.
Nombres geográficos. Los mapas de cuadtángulos de\ U . S.
Geological Survey muestran casi todos los nombres en forma co-
rrecta. Pueden existir errores solamente en mapas viejos, o en los
mapas muy recientes, donde no ha sido posible comprobar el
nombre de los rasgos menores. Preguntando dentro del área pue--
den resolverse algunos de estos errores; sin embargo, estas pre--
guntas deben hacerse con cuidado, en forma completa, ya que el
uso local tiende a cambiar con el tiempo y las personas. Los
mal)as del servido de bosques y las hojas de mapas de los canda•
dos pueden ser Uti\es en aquellas áreas que no estiin cubiertas
por mapas de cuadrángulos.•
Ya que la mayor parte de los lectores pueden no estar fami-
liarizados con la geografía del área descrita, todos lo.s nombres
urilkados en el texto deben aparecer 1>0'r' lo menos en uno de los
mapas del informe. Ademá~, la descripción de las unidades de
roca y estructuras no debe depender de una interminable cadena
de nombres geográficos, especialmente si los nombres son difíciles
de localizar en los mapas. Las descripciones son más fáciles de
seguir si la ubicación de las localidades se basa en direcciones y
distancias a partir de poblaciones, montañas u arroyos prominen-
tes, o simplemente en la fonna general del ii.rea levantada, o bien,
en la forma de una parte bien conocida del área.
Nombres litolóticos y cronoestratitrá/icos. El uso de tér~
minos de unidades litológicas (grupo, formación, miembro, lente,
lengua, capa) y el de términos y unidades cronoestratigráficas

• N. de\ T. En el caso de México y otros países de la América Latin11.,


existen tkp11rtamentos Cartográficos oficiales que tienen 11. 5U cargo 111. pre.-
par-ación de cartas geográficas cuyas esc11.las varían de 1:25,000 h asta 1:500,000.
250 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

(sistema, serie, etapa, zona), deben ser aplicados en forma con--


sistente de acuerdo con las reglas aceptadas (Sección lZ..2). An·
tiguamente el término imponante de los dos que forman el nom·
bre de una unidad litológica se ponía con mayúsculas, (como por
ejemplo formaci6n Sandh oldt, lutita Lucia), pero ahora se t'e•
comienda que ambos términos se pongan con mayúsculas a m enos
que el nombre se utilice en forma informal (ver ejemplos Seccio-
nes 12-2, 13·2, 14·2 y 15·2).
La ortografía y el uso de no mbres formales debe comprobarse
tanto en la descripci6n original como en las publicaciones su bse·
cuentes en las que las unidades puedan haber sido redefinidas.
Los n ombres d e las unidades d e Norteamérica descritas antes de
1936 han sido enlistados por Wilmanh (1938), en tanto que los
nombres introducidos en el período de 1936 a 1955 han sido en·
listad05 por Wilson, Sando y Kopf (1957). E l índice de unidades
preparado por Wilson, Keroher y H anscn (1959) también puede
ser útil. El uso mas reciente aún puede encontrarse buscando en
las -bibliografías de geología de Norteamérica publicadas por e l
U. S. Geological Sm:vey, consultando publicaciones recientes, o
haciendo consultas a las oficinas o agencias d e geología estatales
o a otras dependencias.
A fin . de evitar la duplicación, 106 nombres geográficos utili·
zados para nuevas unidades, no deben ser publicados hasta que
hayan sido revisadas las listas y archivos de los nombres reserva•
dos por el C.omité de Nombres Geológicos (U. S. Geological
Surv~, Washington 25, D. C .).
Nombres de fósiles. Los errores en la ortografía de los nom--
bres de fósiles pueden resultar indescifrables o pueden hacer apa•
recer el espécimen con un género o especie equivocada. Deben
seguirse ciertas reglas ya aceptadas. Tanto los nombres genéricos
como los específicos se escriben con cu rsivas (subrayados cuando
cstan escritos a maquina). cuando aparecen en e l texto, pero n o
cuando aparecen en listas o tablas. Los nombres genéricos deben
aparecen con mayúscula, en tanto que los n ombres especificas o
d e variedad, no. El nombre del autor de la especie siempre se
pone a continuación del nombre especifico en las listas, y aunque
debería usarse también en el texto, frecuentemente se omite
cuando el nombre completo aparece en una lista o en una tabla.
PREPARACIÓN DE INFORMES GEOLóGICOS 251

El nombre del autor va con mayúscula, pero no en tipo cursivo.


Los·nombres genéricos pueden abreviarse con una inicial mayúscula
(como por ejemplo T. inezana para Turritella inezana) si se uri--
lizan dentro de una frase en la que el género resulta obvio (como
por ejemplo en la discusión de varias turritellas.)
La identificación del género o especie puede ser dudosa de·
bido a la pobre conservación, variaciones dentro de una especie,
o por falta de todo el material publicado. En tal caso, el grado
de confianza en los nombres debe indicarse por medio de ano-
taciones apropiadas como se muestra en los siguientes ejemplos:
Acila cf. A. deeisa (espécimen del género Acila mal conserVado,
pero que se parece mucho a la Acila. decisa); Acila idecisa? (gé.-
n ero bien definido, pero la especie es problemática); iAc:ila deci.sal
(tanto el género como la especie son solamente probables); Acüa
Sp. (género bien definido, pero la especie indeterminable); Acüa n.
sp. (una especie no descrira, pero bien conservada, del género
Acila); Aeila aff. A. decisa (una Acila bien conservada que puede
ser una nueva especie, pero que es semejante a la A. decisa).
Cuando un paleontólogo ha hecho detenninaciones o sugerencias,
su infonne debe ser transcrito entre comillas y con cuidado. A las
identificaciones. hechas por otros paleontólogos debe dárseles el
crédito correspondiente, no solamente por cortesía, sino para que
la historia quede completa.
Las clasificaciones y descripciones de nuevas especies requieren
una biblioteca amplia y la ayuda de un paleontólogo. Schenk y
McMasters (1956) describieron estos procedimientos en forma
breve, con especial referencia a las reglas para nomenclatura
binomial.
Nombres de rocas. En la formación de nombres de rocas
que consisten de más de una palabra, deben seguirse algunas
reglas sencillas. Se utiliza un guión solamente entre nom!Wes de
sustantivos utilizados con el mismo fin, como por ejemplo andesita
de olWino--augita, brecha--toba de riolira, esquisto de clorita.-albita--
epidota (no en basalto de olivino, toba de lapilli o diorita de
cu:ar.z:o). Los adjetivos semejantes deben separarse por comas,
como por ejemplo: limolira a1'cillosa, calcárea. y andesita negra,
que iruemperita en color verde. Donde se utilicen dos o más mo-
dificaciones minerales para formar variedades de rocas, es conve.-
252 MANUAL DE GEOLOGlA DE CAMPO

niente colocar el nombre del mineral más abundante primero.


Por ejemplo, un esquisto de dorita-biotira-cuarto contiene más
clorita que biorira y más biorita que cuano (pero esta regla no
se sigue en forma universal).
Algunos términos se usan libremente durante el trabajo de
campo o se utilizan con un significado restringido que conviene
al proyecto en cuestión (un ejemplo común sería migma.tita.
grano.-fin.o, granito, grau.vaca, lurita). El autor debe considerar si
el uso de estos términos es correcto o, en caso de que se le hayan
dado vari05 signiíicados, si él ha definido su uso ·con suficiente
precisión.

11·5. Primeras páginas de un informe


Las primeras páginas de un informe se componen del material
que aparece antes del cuerpo principal del informe y son gene-
ralmente la página con el rirulo, una lista o tabla del contenido,
una lista de ilustraciones y un resumen.
Pótina del títul o. Además del título del informe, la pigina
del rirulo debe contener el nombre del autor, la fecha o fechas
del trabajo (o en algunos casos del informe) y el nombre de la
organización para la cual se ha hecho el trabajo. El tirulo mismo
debe ser tan corto como sea posible, pero debe indicar claramente
la naturaleza y contenido del informe. Los títulos de informes
generales deben principiar con Geología de ••• , seguida del nom•
bre geognifico del área descrita. No es necesario combinar los
nombres geogrificos para delimitar el área en forma completa,
ya que el área puede ser localizada dentro d el texto del informe
mismo.
Lista o tabla del contenido. La tabla de contenido se prepa•
ra a partir de la copia final del manuscrito cuando todos los títulos
y subtítulos hayan sido decididos. En algunos casos, los subrí·
rulos de menor categoría pueden ser omitidos de la rabia del con•
tenido si éstos se repiten (por ejemplo, los subtítulos bajo cada
unidad de roca) .
Lista Je ilustraciones. La lista de ilustraciones da el número
de la p.igina u otra referencia adecuada de todas las figuras y
láminas que ilustran el texto, incluyendo los desplegados que apa•
PREPARACION DE rNf'ORMES GEOLOOICOS 2S3

recen en forma scpamdn al final del informe. Siempre que sea


posible, los títulos, encabezados o pies de las ilustraciones, se
hacen más cortos para la lista. Por ejemplo, un pie de una figura
que diga como sigue: "Contacto entTe la lwtita Lucia ':J la arenisca
Rocks en l·a parre superior del. Cañón Reli4 mostrando capas deZ..
gadm de arenisca 'Y concrccione.s en la lurita" podría ser enlis-
tada "Contacto entre la lutita Lucia 'Y k:r: arenisca Rocks".
R esumen. El resumen es una versión muy breve del informe.
Será lo \mico que muchos lectores solamente verán (o leerán)
y por lo ranto debe ser tan infonnativo como sea posible. Los re~
súmenes generalmente se desarrollan en unas 150 a 600 palabras,
aunque algunas veces los resúmenes mucho más cortos pueden
ser suficientemente adecuados para algunos trabajos, o bien, pue~
den necesitarse de l,(X)() a 4,CXJO palabras para resumir informes
excepcionalmente largos o detallados. La longitud del resumen
también depende de la naturaleza del trabajo y de las especifi~
caciones impuestas por el publicista. A continuación se dan tres
sugerencias para la redacción de un resumen:

l. Cada frase debe dar información. Frases tales como "Las


unidades de rocas sedimentarias se describen, sus fósiles se men-
cionan y sus edades se delimitan" son superfluas, puesto que el
lector presupone que el informe cubre estos asuntos. Por lo ge~
neral solamente algunas cuantas palabras podrían dar información
útil, por ejemplo "La secuencia consiste de: 200 m de ·lutitas
cretácicas sin nombre, 400 m de arenisca Lar6n (Eoceno),
25Q..400 m de formación Cutler (lEoceno Superior y Oligoceno1),
y l,OCO m de lavas que se interdigitan hacia el sur con la forma-
ción Justin (Mioceno)".
2. La información debe presentarse en el mismo orden que
en el informe, hasta donde sea posible. El lector que esté interc.
sado solamente en parte del informe, puede de esta manera pasar
del resumen a la lista o tabla de contenido y al texto.
3. Cada secci6n principal del informe debe ser resumida
en por lo menos una fra~, y si el informe es muy largo y com-
pleto, cada sección principal debe resumirse en un párrafo. No
deben sobre-enfatizarse 108 temas favoritos de tal manera que
otros temas que pueden ser de inter~ a muchos lectores se
:1S4 MANUAL DE GEOl.OGlA DE CAMPO

omitan. Los materiales descriptivos principales deben recibir la


m áxima atenci6n. Las unidades lito lógicas nuevas, las asociacio-
nes excepcionales de rocas o minerales, y Jos nuevos fósiles o
minerales deben ser al menos mencionados en el resumen inde-
pendientemente del propósito principal del informe . Cuando se
han utilizado métodos nuevos o poco usuales, éstos deben des-
cribirse brevemente.

11-6. Formato del infonne


Todos los manuscritos deben escribirse en máquina en un for·
mato aceptable a doble espacio. Las citas d eben comprobarse
cuidadosamente y al mencionar s u o rige n debe incluirse el nÚ•
mero de la página. La información o las ideas condensadas de
otros informes no se. ponen entre comillas, pero deben acom·
paña rse de una cita completa de su origen. Las noras de pie de
plana adicionales a las refere ncias bibliográficas son difíciles de in·
sertar en un manuscrito a máquina y pueden interrumpir la con·
tinuidad mental del lector; por lo tanto, deberán utilizarse sola·
mente cuando sean necesarias. Las aseveraciones o definiciones
cortas que sean incompatibles con el texto pueden colocarse co-
múnmente entre parCntesis dentro del texto.
Listas y tablas. En muchos casos la información puede
presentarse con mayor claridad y de manera más concisa en fonna
de listas o de tablas, en vez de ponerla e n e l texto . Las listas se
usan para la información que puede arreglarse en una o dos co-
l umnas (como las colecciones de fósiles, las secu encias cstrati•
gráficas o los registros de pozos), e n tanto que las tablas se urili·
ra n cuando se requieren divisiones tanto h orizontales como vert¡..
cales (como varias secu encias estratigráficas, conjuntos de series
de minerales en %0nas rnetamó1:ficas o la composición de varias
rocas). Las columnas o registros de pozos y las secuencias sedi·
mentarias deben escribirse una por página, aunque algunos otros
tipos de listas pueden tener dos o tres columnas si el espacio lo
pennite. Las tablas se div iden con lineas verticales y h orit.0ntales
y los datos escritos deben ir a espacio sencillo. Los titulas de las
tablas tienen que indicar, tanto el tipo de infonnaci6n prcsen·
tado, como su origen geográfico (u otro). Los nombre& de las
PREPARACIÓN DE rNFORMES GEOLOO ICOS 255

diversas columnas se pueden abreviar; si tienen que quedar incom·


pletos, d eben añadirse notas explicatorias apropiadas al pie de
la tabla.
Bibliografía y lista de referencias citadas. Una bibliografía
es una lista de referencias que incluye todos los trabajos r ela·
donados con el tema del informe, ya sea que se haya uno referido
a ellos en el informe o no. Una lista de refeTencias citadas in•
duye solamente los trabajos a los que ha hecho referencia en e l
texto del informe. La ventaja de la bibliografía es que da un
cuadro completo de los materiales que sirven de antecedentes
para el informe.
La lista de referencias citadas o la bibliografía, se coloca al
final del informe y los trabajos se arreglan en o rden alfabético
por autor. Cuando hay dos o más trabajos de un mismo autor,
se enlistan en orden cronológico. Los trabajos de coautores apa·
recen en el orden que le corresponde al nombre del primer co--
autor, y d espués d e los trabajos en que es autor único. Estas
reglas se ilustran con los ejemplos que se presentan a continuación
y el orden y puntuación que se muestra, es aquel que se utiliza
por la mayoría de las publicaciones geológicas en los Estados
Unidos.

Alling, H. L, 1926, The porash-soda felchpan;: Jour. Geology, v. 3+, p.


591-611.
- ·- , 1936, Imerprehlrive pe1rology of the igncoua rocks: N. Y., -McGnow
Hill Book Co., 353 p.
Cal kina, F. C., 1930, Thc granitic rocb of the Yosemite region: p. 12().129
in Manhea, F. E. Oeologic history of the Yo.semiie Valley: U . S. GcoL
Survey Prof. Papel 160, 137 p.
Calkins, O. C., and Emmons, W. H., 1915, Philipsburg, Mom.: U. S. Gcol.
Survey Gcol. FoUo 196, 26 p.
Gilbert, O. K., 1890, Lake Bonneville: U. S. Geol. Survey Mon. 1.375 p.
Mayo E. B., 1959a, Banerjce's 5tudy o f the Oraclc granite (Aboitracr):
Gcol. Soc. Amerka Bu!!., v. 70, p. 1735.
- - , 1959b, Rccent concept5 of ore locali2ation in southern Arllona (Abs-
tract): Geol. Soc. Americ:a Bull., v. 70, p. 1735.
Muller, S. W., 19+5, Pennafrost or permanently froien grounds and relued
engincering problema: U. S. Army Engineera, Strategic Eng. Study,
Special Repr. no. 62, 231 p. (Reprinted by J. W. Edwarda, Inc., Ann
Arbor, Mkh., 1947).
256 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

Los datos explicativos se ponen entre parCntesis (como en


los últimos dos ejemplos), o se ponen en letras cursivas (como en
el ttabajo por Calkins).
Las citas basadas en una lista de referencias o en una biblio-
grafía dan el autor, la fecha y las pitginas especificas a que se ha
hecho referencia como se muestra en el siguiente ejemplo:
La formación fue dC$Crlta en forma general p<>r dife rentes autores
(Smith, 1902, p. 1-4-16; Johruon. 1908, p. '4-5; Caster, 1909, p. 7). p<cro Wil-
Uams (1928, p. 9-1'4) fue el primero en definirla con precisión.

Si solamente se utilizan algunas cuantas referencias, éstas pue-


d en incluirse como notas de pie de página en ve:. de ponerlas
en una lista al final del informe. Esto tiene la ventaja de presentar
la referencia directamente cuando se usa. Las referencias en fonna
de nota de pie de plana, generalmente se arreglan en el siguiente
orden: autor, nombre del artículo o libro, nombre de la revista o
(si es un libro) lugar de publicación, nombre de la casa editora,
número de vol umen, fecha y páginas.

11-7. Planeación de las ilustraciones de un informe


El mapa y las otras ilustraciones detalladas deben prepararse
antes del infonne d e manera que éste pueda ser escrito con base
en ellas. Para seleccionar las ilustraciones adicionales, deben po.-
nersc en orden y revisar los distintos dibujos de campo y las fo..
tografías. A medida que avanza la escritura del informe, las ideas
acerca de otras ilustraciones pueden bosquejarse en una libreta.
Estas ideas y la selección final que se haga dependerán del costo
y de los métodos de reproducción. Si el informe va a ser publi-
cado, el autor tiene que conocer desde las primeras etapas, las
especificaciones de la casa editora con relación al tamaño, tipo y
número de ilustraciones. Además de acatar estas especificaciones,
las ilustraciones deben presentar la información y las relaciones
que no pueden presentarse con más claridad en el texto; nunca
deben ser meras decoraciones. La base principal para hacer la
selección es la de tomar en cuenta su utilidad. No es necesario
que el autor sea un artista consumado para pre parar ilustraciones
útiles.
PREPARACIÓN DE INFORMES GEOL001COS 257

Si las ilustraciones van a ser preparadas por . dibujantes o ar~


tistas., los esquemas o bosquejos que se les proporcionen deben
tener todos los detalles y rótulos completos, ya que será imposi~
ble c:ambiar las copias final es e ntintadas. Las instrucciones a los
dibujantes deben colocarse en el esquema que se les presente.
Si el tiempo lo permite, es preferible que el dibujante prepare
una copia a. lápiz a partir del esquema del autor, para que éste
pueda hacer los .cambios necesarios antes de erttintarlo en forma
d efiniti\(a, De esta manera, el dibujante puede mejorar las ilus-
traciones sin alterar su exactitud.
Una vez que el autor y el dibujante hayan decidido el objetivo
principal de la ilustración, se puede preparar un borrador to-
mando en cuenta los siguientes punto&:
1. La ilustración debe estar bien balanceada y sin demasiados
datos que la Sobrecarguen.
2. Los detalles y el diseño debe ser lo más sencillo Posible.
3. Las dimensiones (escala) y direcciones deben indicarse con
claridad.
4. Los títulos. leyendas y pies de ilustraciones, deben ser tan
Completos como lo permita el espacio.
S. Si las ilustraciones se van a reducir d e escala, el grueso
de las lineas y el tamafio de las letras debe ser el adecuado.
Cuando se ha h echo la selección final de las ilustraciones, es-
pecialmente cuando se tienen ya los lx>rradores finales, debe revi~
sarse el texto para cerciorarse d e que se coordina correctamente
con las ilustraciones y que no se re pite innecesariamente la in~
formación.
Pt'ocedimientos de """"aducción. Ya que es necesario Ji~
mirar muchas de las ilustraciones debido a los métodos· que se
utilizan para reproducirlos, d eben tomarse en cuenta estos pro--
cedimientos cuando se planean las ilustraciones. Algunos de los
factores que deben tomarse en cuenta son: tttmaño del dibujo,
costos, legibilidad de la copia final, exactitud del duplicado, dura~
bilidad de la copia (tanto a la lm; como al manejo), y la natura~
leza y color de las impresiones (lse les puede colorear y entin~
tar?). Las posibilidades varían d e acuerdo con las facilidades
locales en tal forma que será necesario ponerse en contacto con
2'.i8 MANUAL DE GEOlOGIA DE CAMPO

los copiadores o impresores para discutir estos puntos cspccífi·


e.amente. Ellos podran sugerir procedimientos que darán los me~
jores resultados y también estarán en la posibilidad de sugerir
la forma en que un mapa se puede ampliar o reducir eficiente--
mente durante la etapa de dibujo. las siguientes notas se refie·
ren a los procesos d e que mas comúnmente se dispone.
Proceso 0.:alid. Se trata típicamente de lineas azules o negras
sobre una base blanca, pero localmente pueden obtenerse tonos
sepia; las líneas azules pueden borrarse con el tiempo; se sacan
de un dibujo transparente; existen varios tipos d e papel, inclu·
yendo canulina, que puede conseguirse localmente; el ancho del
papel es normalmente de 106 crn o d e 137 cm y de cualquier
longitud; es uno de los procesos mas baratos para m enos de 50
copias.
Proceso BW o Bruning. Aproximadamente igual que las co-
pias ozalid; algunos papeles blancos con el tiempo se ponen ama·
rillentos.
Copias Vandyke, a:o::ulcs, y de linea café. Existen varios tipos
de procesos húmedos hechos típicamente en un marco al vado;
se requiere hace r una negativa del original para obtener una copia
positiva; es mas costoso que los anteriores, pero los papeles son
de mejor calidad; las copias son prkticamente permanentes; la
escala frecuentemente difiere un poco de la original.
Copias foto$tát.icas y otrw copias fotográficas. Existe papel de
distintos tamafios y tipos de superficie, dependiendo de las faci·
lidades existe ntes; algunas superficies no son adecuadas para co-
lo rear o e ntintar.
lm.presiones litográficas y foto-offset. Son ya impresiones de
imprenta con prensa que producen copias excelentes en varios
tipos de papeles; la limitación del tamaño varia según el equipo de
pre nsa disponible localmente; generalmente resulta económico
cuando se necesitan más de JO ó 50 copias.
Xerografía y Duplimat. Excelentes copias de línea negra de
cualquier -buen original; es más barato que el foto-offset, pero el
tamaño de las ilustraciones está limitado a aproximadamente
24 x 32 cm.
PREPARACION DE INFORMES GEOLOOICOS 251

11.S. Tipo de ilustraciones


Los mapas geológicos detallados, las secciones transversales y
las secciones columnares son generalmente las ilustraciones más
importantes de un informe y serán consideradas en las Secciones
11-10 y 11-ll. En esta sección se descibirán brevemente otros
tipos de ilustraciones. Ridgway (1920) ha dado muchas suges..
tiones adicionales.
M opas a escala pequeña. Muchos informes requieren ma•
pas a escala pequeña que muestren la ubicación del área, los
rasgos geográficos, o los rasgos geológicos regionales generalizados.
Estos mapas son mas Otiles si son de tamaño de pagina o más
pequeños y quedan encuadernados dentro del cuerpo del informe.
Deben simplificarse quitandolcs los datos secundarios que no son
esenciales. Los nombres de los lugares deben mostrarse con cla-
ridad. Resulta conveniente hacer el dibujo original para una re-
ducción de 50% aproximadamente.
Poto~ra/ítu. Una ilustración es tan convincente como una
buena fotografía, pero solamente los cortes y los afloramientos
excepcionales pueden ser fotografiados con efectividad. Los rasgos
críticos, frecuentemente carecen de contraste o quedan obscure-
cidos por manchas de sombras o de vegetación. Algunas veces
estas dificultades pueden vencerse fotografiando 'el afloramiento
a una determinada h ora del día o bien, utilizando un "flash" o
filtros de colores. Algunas copias d e fotografías pueden mejorar-
se considerablemente, entintando los contactos y rotulando di-
rectamente sobre ellas. Las fotografías no deben alterarse de tal
manera que se modifiquen los rasgos geológicos, pero pueden
retocarse cuando hay sombras o efectos confusos. Cuando sola-
mente se necesitan algunas pocas copias de un informe, pueden
utilizarse f9tografías de col!)res para ilustrar rasgos que no se ve-
rían claros en copias en blanco y negro.
Dibujos de afloramientos y especímeNes. Los dibujos pue-
den ·eliminar material molesto y superfluo y pueden mostrar con
mayor claridad las relaciones por medio de cortes y ampliaciones
(como en la Fig. 15-11). Los dibujos basados en esquemas de
campo o en fotografías pueden hacerse más facilmente calcando
directamente del o riginal. Los objeros tridimeruionalcs, general·
260 :MANUAL DE GEOLOGIA DE CAN-O>CY

mente se sombrean como si la lu1 les diera por la parte s uperior


izquierda del dibujo. Las superficies rugosas se sombrean por me--
dio de pequefios puntos de tinta (como e n la Fig. 13-4), en cam-
bio las superficies lisas o estriadas se sombrean por medio de Ji..
neas· paralelas (como en la Fig. 13-7) . Los dibujos también pueden
sombrearse con lápices de carbón o colores de acuarela, pero
éstos solamente pueden reproducirse por medio de procesos fo...
tográficos.
DiaLramO$ f$Om élrico$. Los diagramas isométricos mues-
tran las estructuras en tal forma que el lector puede m edir las
distancias correctas a lo largo de les tres ejes d e coordenadas que
son perpendiculares entre si, en los que está basado el dibujo
(Fig. 11-1). La escala es la misma en los tres ejes y los d os ejes
horimntales se colocan típicamente a tingulos de 6J<> respecro al
eje vertical (exiSte e n el mercado papel de dibujo con este tipo
de líneas). Pueden conseguirse también o tros arreglos angulares.
Hoelscher y Springer (1956 Caps. 16, 17) dan instrucciones de·
talladas para construir proyecciones isométricas (axonométricas)
y oblicuas.

.. ..
~ El••••UHI•

Fiz:. JJ .. J. Oi11ar•m• lwmérrico de un• perle de un• mine que mucstn1. los
eju • escala en los que u1• baado.

Dibujo$ tt n Pttr$pectiva. Los diagramas de bloque y otros


objetos tridimensionales deben dibujarse como proyecciones en
perspectiva en los casos en que su apariencia natural sea más
importante que el h echo de que las dimensiones estén a escala
para poder · medir directamente en ellas. La proyección en pers-
PREPARACJON DE INFORMES GEOLOGlCOS 261

pectiva ideal es la que ve el ojo humano o la lente de la cároara


y consiste e n el sencillo hecho de que los . objetos más lejanos
aparecen más pequeños que I ~ cercanos. Al dibuja r un esquema
de un afloramiento o paisaje el observador dibuja en perspectiva
aproximada sin darse cuenta de ello, pero un dibujo con dimen·
siones correctas requiere toma r medidas y proyectarlas al dibujo
de acuerdo con ciertas reglas. Las trabajadas de acuerdo con los
sistemas de perspectiva llamados de un punto o de dos puntos,
han sido descritos por Lobeck (192!1-, 1958). H oclsch er y Springer
(1956 Cap. 18) han· dado instrucciones para toda clase de dibujos
en perspectiva, incluyendo los hechos con el sistema de tres pun-
tos. La perspectiva d e tres puntos debe utilizarse para dibujar
objetos cuya dimensión vertical es tan grande o mayor que las
otras dos dimensiones.
Gráfica$ y curva$. Pueden utilizarse varios tipos sencillos
de gráfica y curvas para presentar información que se relaciona
a dos variables, y por medio de diagramas más complejos puede
mostrarse una tercera variable. Los puntos a partir de los cuales se
dibujan las curvas deben aparecer en las ilustraciones fin ales,
preferentemente numerados con referencia a listas u otras fuen·
tes de las cuales se obtuvo la información. La exactitud del papel
cuadriculado para hacer gr8.ficas y c urvas debe comprobarse y el
dibujo debe hacerse con un lápiz duro bien afilado. Las gráficas
que muestran comparaciones por medio de arcas o volúmenes
pueden ser confusas si no se piensan y explican con cuidado.
Proyecciones esféricas. Las proyecciones estereogr&ficas y
esféricas de igual área, permiten presentar grandes cantidades de
informaci6n relacionada con orienraciones estructurales. Las re•
ferencias mencionadas en la Sccci6n 15-11 describen detenida-
mente estas posibilidades. La ilusttación final debe rotularse: en
forma com pleta de manera que el lector pueda orientarla con el
mapa geológico y las Sttciones o con otro tipo de información
estructural apropiada.

11-9. Métodos de dibujo


Además de los materiales que se anotan más adelante, es
i'1til un block grande o un rollo de papel de calca de poco costo
262 MANUAL DE GEOLOGlA DE CAMPO

para dibujar y calcar esquemas. Si las ilustraciones van a ser


reducidas, se puede utilizar una lente de reducción para compro-
bar el grueso de las líneas y el tamaño de las letras.
Di:sposición del dibujo. Las ilustraciones deben componerse
y arreglarse antes de hacer trabajo de detalle sobre ellas. Después
de que sus diferentes partes han sido bosquejadas en forma de
borrador sobre un papel de apuntes, pueden reunirse sobre una
tabla o mesa de dibujo y la composición conjunta puede obtenerse
calcando sobre un solo papel transparente todo el conjunto y pre-
parando la ilustración a lápiz. La distribución de los rótulos y
demás partes escritas deben determinarse en esta etapa.
Terminación del d ibujo lineal. El dibujo final puede ha-
cerse directatnente sobre un pedazo de papel de calca o tela de
buena calidad que se coloca sobre el dibujo en borrador o también
puede transferirse a un pedazo de papel opaco de dibujo, utili-
zando papel carbón (también puede hacerse ennegreciendo con
un lápiz suave la parte posterior del borrador). Cuando las ilus-
traciones requieren líneas rectas o de suaves curvas, se utilizan
métodos de mayor exactitud, como los descritos en los libros
de dibujo de ingeniería (por ejemplo, Hoelscher y Springer,
1956, Cap. 3). La mayor parte de los objetos naturales deben ser
entintados a mano libre sobre las líneas de lápiz originales; estas
lineas pueden dibujarse con precisión si se hacen cuidadoso y
lentamente. Las lineas curvas libres que deben tener un .grueso
constante (como las curvas de nivel y los contactos) pueden di~
bujarse con un grafio loco o con una pluma de un estuche de
hacer letras. Las líneas deben ser negras y no grises, a fin de que
reprodw:can bien.

tt-2. Et11pu de Ja técnica-espiral


(:; @ (j) (}; & para. hacer disel'!.oa punteados.
3
Sombreado. El sombreado por m edio de puntos puede ha-
cerse uniforme si los puntos se hacen en grupos pequeños en forma
de espiral (Fig. 11-2). Un papel grueso de superficie rugosa da
un efecto de sombreado con puntos cuando se frota con un cra-
yón negro (como en la Fig. 15-1). El sombreado con líneas sobre
superficies planas debe hacerse con lineas regulares paralelas, en
PREPARACIÓN DE INFORMES OEOLOGICOS 263

cambio las lineas sobre superficies curvas o irregulares, deben ha~


cerse de manera que curveen en sentido contrario al ob6ervad or.
Si se utiliza una p lumilla d e p unta fina (como la Guillot 290),
las líneas pueden h acerse m :is delgadas o mis gruesas según se
apoye sobre la plumilla a fin de dar un efecto de profundidad.
Los dibujos sombreados cuidadosos d eben hacerse sobre un
papel blanco, duro , con una superficie satinada como la can:u.-
tina Bristol. Sobre este papel puede frotarse el carboncillo para
dar u n som breado u niforme a :zonas amplias, utili:z:indose un
l:ipiz de carbón Wolff, para dar efectos m:is detallados. Los di;
bujos también pued e n sombrearse con acuarela y un pincel, si
b ien esta técnica requie re una mayor práctica. Parn corregir erro-
res o agregar efectos de luz adicio nales, se puede utilizar un bo-
rrador eléctrico, una n avaja d e rasurar o pintura blanca de car;
telones.
Pantallas impresas. P antallas con patrones impresos a má;
quina (como el Zip;a~tone y el Craftint) pueden conseguirse con
distintos dibujos, líneas y puntos, así como con patrones utilizados
en geología. Deben utilizarse cuando se requiere un efecto uni-
fo rme, como por ejemplo en los mapas geológicos. Los expendedo-
res pueden proporcionar las instrucciones comp l e~as para su apli-
cación. Cuando se utilizan en mapas, los patrones deben escogerse
de manera que contras1en entre sí, pero no deben ser tan obscu ros
o gruesos que obscurezcan los otros rasgos.
Ilustraciones a color. Los colores pueden simplificar n ota-
blemente las ilustraciones complejas y pueden ser utilizados con
poco costo adicional si se requieren solamente pocas copias para
un d eterminado informe. El .dibujo de líneas, como las fallas u
otras estructuras, puede hacerse con tintas o lá pices de colores.
En los mapas, las áreas que muestran una· misma formación
p u eden colorearse uniformemente frotando suavemente con el
lado d e la punta de un lá piz de color en forma de pequeños
círculos a fin de ir dando el tono deseado. Las áreas grandes pue-
den colorearse en forma uniforme frotando un lápiz de color sobre
un papel de lija fino y aplicando el polvo d e color sobre el mapa
con un trapo doblado. Los colores d e agua o acuarelas no pueden
utilizarse, ya que solamente los papeles más gruesos no se arru~
gan, pero las tintas de impresor o los colores de aceite, así como
·264 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

algunos lápices de color a base de cera, se pueden aplicar sua-


veinente disolviéndolos en bencina, aguarrás, o cualquier otro
solvente volaril apropiado. Los color-es diluidos deben aplicarse
con un pincel o con un trapo suave y el líquido sobrante lim-
_piarse inmediatamente de Ja superficie. La apariencia que resulta
es generalmente excelente, pero los colores no pueden borrarse
y algunas soluciones no permiten el uso de tinta o Iapiz sobre
ellas. Por lo tanto, sera necesario experimentar con los materia-
les antes de usarlos sobre un plano costoso.
También se pueden utilizar hojas a color de fabrica (como
Z ip--a-tone, Craftint) a fin de dar un . efe<::to uniforme cuando
-únicamente se requie re una sola ilustración. Muchos de estos co-
lores, sin embargo, son demasiado brillantes, o por el contrario,
.opacos, para mapas geológicos detallados.
Rotulado. Las guías y aparatos para hacer letras proporcio-
nan un medio d e obtener letreros de apariencia profesional, y
estos instrumentos traen s us instrucciones completas. Los títulos
:largos, leyendas y letreros semejantes, deben hacerse primero a
Iapiz a fin de que queden correctamente espaciados.
Si se t iene una maquina de escribir eléctrica con un tipo ade-
cuado, pueden prepararse rápidamente letreros que parecen de
imprenta. Estos letreros a maquina se recortan y pegan sobre la
ilustración y si se utiliza una cinta especial opaca u hojas trans-
parentes (como Copy...zip), no se necesita goma para pegarfas.
.Letras ya preparadas, así como palabras, pueden conseguirse sobre
una base de Zip..a-tone. La ventaja d e este método es que puede
obtenerse un espaciam..ienco pedecto e n forma rápida.
Los letreros hechos a mano deben usarse cuando se ne<::esitan
caracteres finos, para escribir palabras· que siguen las curvas de
los. ríos o de otros detalles, o para hacer tipos de letra especiales.
El estilo correcto pata el rotulado de mapas puede observarse en
cualquier mapa de cuadrángulo del U. S. Geological Survey, y
los procedimientos para hacer letreros figuran en todos los libros
de dibujo comercial.
A mp/iadón ;y reducción. Las ampliaciones y reducciones
que tienen que ser precisas y detalladas deben hacerse por medios
fotográficos. Las Hustraciones que no requieren detalles pre<::isos
se pueden ampliar o reducir mediante la utilización de una cua~
PREPARACJóN DE JNFOliMEs GEOLóGICOS 26S

dricula que se e.aloca sobre la 8upcrficic d e la ilustraci6n original,


transfiriendo después e l dibujo, cuadro por cuadro, a una cua·
drícula a escala m ayor o · menor. Se p u eden utilizar los divisores
de proporción para transferir deta.lles dentro d e cada cuadro.
También se pueden empicar cámaras lúcida.s, proyectores ajusta•
bles, y pant6gmfos, para ampliar o reduci r ilustracion es c.on pre--
cisión.

ll·lO. Mapa• geol6gicos detallados y secciones transversales


El primer 'paso en la p reparación d e un mapa geológico de
detalle es d eterm inar las limitaciones impuestas por los m étodos
de reprodu cción o d e publicación . Estas limitaciones se aplican
principalmente al tam.afio (o ei;cala) y al uso d e colores. Ya que
los mapas muy grandes son d ifíciles de utilizar en el cam po, así
e.orno sobre una m esa, los mapas y las secciones deben ser tan
pequeños como lo permita mantener su claridad. Si se pueden
utilizar colores, todos o casi todos los datos d e las h ojas d e campo
se pueden m ostrar c.on claridad a una escala de la mitad o de la
tercera parte d e la escala d e campo.
Una ve: decidido el método de reproducción, las h ojas de cam·
po deben ser estudiadas para d eterminar qué información debe
incluirse en el mapa final. La regla general es m ostrar t anto com o
sea posible d entro de los límites d e la legibilidad. Probablemente
será n ecesario simplificar los contactos en algunas partes, y si los
símbolos estructurales son muy numerosos y cercan os entre sí,
deberán promediarse, pero la información no d ebe ni quitarse n i
promediarse solamente para dar uniformidad al plano. Los lectores
deben saber que las o~rvacioncs p ueden ser m is completas en
algunos lugares que en otros, y ap reciarán contar con esta infor·
m aci6n cu'ando puede proporcionárseles. C uando se h a o btenido
una cantidad excepcional d e datos estructurales, como en el caso
de sistemas d e foliación y fracturas, podria ser n ecesario prepamr
un plano eur!4ct!4ral accesorio; sin embargo, deberá considerarse
primero la posibilidad de mostrar esta información con tintas de
colo res en el mapa principal.
Preparación d e la leyenda)' di8trihución gene ral. Cuando
se examinan las hojas de campo durante la· etapa de planeación,
266 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

debe hacerse una lista de todas las unidades de roca, símbolos


estructurales y símbolos especiales de civilización, que deberán
aparecer en la leyenda del mapa final. Estos símbolos deberán d¡..
bujarse a lápii: en orden y a escala en un papel de dibujo, borrador.
El titulo, barras de escala, la flecha del norte y otros datos ac-
cesorios deben ser hechos a lápiz a escala. Las hojas de campo
se deberán colocar en su posición correspondiente, colocando los
diferentes dibujos a lápiz de tal manera que se obtengan el má~
ximo equilibrio y utilización del espacio. En este momento deben
seleccionarse las secciones transversales finales, a fin de que se
puedan dibujar en la misma hoja que el plano (Fig. 11-3). El
mapa debe orientarse de tal manera que el norte quede hacia
arriba, a menos de que esto sea demasiado costoso o impráctico.
Una vez hecha la disposición, se coloca un papel de calca
sobre todo el conjunto y se copia a lápii:. Este esquema servirá
para guiar los pasos posteriores del dibujo final.

Fig. 11-3. Arreglo posible de un mapa gcol6gico detallado y •us 11eccioncs


tn.nsvcrsalcs.

Preparación de las hojas de dibujo. Si se va a utilizar más


un color en la impresión de un mapa, generalmente se necesita
preparar hojas separadas para la separación de cada color. Las
hojas deben corresponder con precisión en todas sus etapas de
dibujo e impresión. Estas hojas de separación deben cortarse del
PREPARACION DE INFORMES GEOLOOICOS 267

mismo rollo de papel, tela u acetato. Deben orientarse de tal


manera que su grano sea paralelo y deber.in d ejarse aclimatar
hasta que las medidas muestren que han alcanzado un régimen
uniforme d e cambios de escala. Por medio de pcquefias cruces
o círculos cerca de las esquinas, se hacen corresponder unas con
otras y se deben guardar en el mismo cuan o y en la misma for-
ma (planas, enrolladas o colgadas) hasta que estén listas para su
envío al impresor.
Cuad,.-ícula de coordenadas. Una vei: que las hojas h1m
sido aclimatadas adecuadamente, debe trazarse sobre cada hoja
una cuadrícula d e coon:l.enadas exactamente igual a la utilizada
en los mapas base, en las hojas de plancheta o en la compilación
de fotogra fias, utilizando un lápiz d uro, afilado y una regla de
acero. En los casos en que la geología haya sido levantada sobre
un mapa-base publicado, la cuadrícula de longitud y latitud puede
calcarse directamente d e una h oja nueva d e cuadningulo. En
otros casos, será necesario construi r una cuadricula de control
d e acuerdo con los procedimientos dados en la Secci6n 7-11 y
los puntos de control deberán trazarse com o se describe en la Sec-
ción 8-5. La cuadrícula no debe entintarse en ninguna de las
hojas, en esta etapa.
Dibujo del mapa. Las hojas de campo pueden ahora fijarse
sobre la m esa de dibujo, colocando sobre ellas una de las h ojas
preparadas que se orientan\ con referencia a los puntos d e control
y a la cuadricula, y la información podrá dibujarse en tinta ne-
gra. Si se utiliza papel opaco, el mapa se puede calcar sobre una
m esa de luz con una fuente d e luz de baja temperatura. La trans-
ferencia también puede hacerse utilizando un proyector de refle-
xión (como el Salttman), pero esto requiere dibujar el plano a
lápiz primero y entintarlo d espués (comparándolo cuidadosamente
con el original a medida que se va entintando). Una gran ven-
taja d el método del proyector es que el mapa puede ser reducido
en esta etapa.
Cuand o se prepara una ilustración para impresión a color,
deberá hacerse una hoja separada para cada color que se vaya a
usar, y solamente los traros que aparecerán en ese color se dibu~
jarán en esa h oja en particular. Por ejem plo, podrá hacerse una
hoja separada para el drenaje (que se imprimirá en azul) , otni
268.. MANUAL DE .GEOLOO!A DE CAMPO

para las curvas de nivel (que se imprimirán en café), y así sucesi~


vamente.
Cuando_ todos los rasgos _y detalles se van a imprimir en un
solo color, el grueso y el tipo de las líneas debe sel~cionarse de
tal manera que la copia final resulte clara. Los patrones y sim~
bolos utilizados para cada unidad de roca d eberán indicar cuáles
líneas representan contactos y cuáles son curvas de nivel (fig.
11.-4) . El orden en que se entinte es importante para reducir al
mínimo las veces que se tenga que borrar, ya que muchos rasgos
se cruzan o se sobreponen uno con otro. Para este fin puede uti~
!izarse el siguiente orden: 1) simbolos estructurales sin números,
2) fallas, 3) contactos, 4) lineas de sección, 5) números de los

Fi,r. !f...,. Empleo de lincu pc11•du y de discllos di"er90s pera mosttu en


tinta negra, variu clll.9<'s de detalles y de datos..

símbolos estructurales, 6) cultura o civilización, 7) drenaje y 8)


curvas de nivel. Los nombres geogrificos deben ponerse a lápiz
en una de las primeras etapas para evitar que se olviden. Se les
puede cambiar de lugar cuando sea nC<:esario, a fin de no sobre-
ponerlos sobre rasgos importantes y se les debe entintar después
de las curvas de nivel. La cuadricula de coordenadas deberá en~
tintarse a continuación, Pero si el mapa tiene mucha información,
puede ser reemplazada por líneas cortas en los márgenes del mapa.
Los símbolcs d e letras para las unidades de roca deberán entintar~
se hasta el fin al. El orden de entintado significa que los datos que
se e ntinten al último deberán ser interrumpidos para acomodar
PREPARACIÓN DE INFORMES GEOLóOJCOS 269

a Jos primeros como se muestra en la · Fig. 11-4. La mayor parte


de los planos se terminan con el entintado del título, la leyenda,
las barras de escala (las barras de escala deben utilizarse inde-
pendientemente de que se utilice o no una escala fraccionaria),
la flecha del norte y otros daws accesorios. Los patrones o mas-
carillas preparados (Zip-a-tone, Craftint) deben colocarse una vez
que la superficie del plano ha sido limpiada con un borrador
suave y cepillada cuidadosamente. D ebe tenerse mucho cuidado
de no adelgazar las líneas en tinta cuando se borre, especial-
mente cuando Cstas vayan a cubrirse con pantallas de Zip-a-tone.
Seccione$ tron$versales. Las secciones transversales finales
deberán hacerse después de que el plano ya ha sido entintado,
ya que deberán con;esponder con CI totalmente. Para hacer una
sección con precisión, será necesario utilizar un lilpiz afilado y
hacer corresponder exactamente los extre~os de la linea de sec-
ción. marcada en el plano con el papel en que estC indicada la
sección. Es más fácil utilizar papel transparente que opaco para
hacer las secciones transversales. La interpretación de los rasgos
geológicos bajo el perfil topográfico requiere un análisis cuida-
doso de los rasgos observados cerca de la línea de sección, ya que
muchos de estos rasgos se proyectarán a la sección _por debajo de
la superficie. En la Sección 3-8 se dan algunas indicaciones para la
ejecución de estas secciones. ·

Fig. 11-5. Sección rranKVcr&al en la que se muesmm símbolos adidonalci

Cuando las secciones se van a imprimir solamente en negro,


deben utilizarse slmbolos litológicos como los que se muestran
en -el ApCndice S. Los patrones que se utilicen para unidades
adyacentes deben contrastar lo suficiente para indicar Ja posición
de. los contactos. Si se utifüan colores en el mapa,. las secciones
.transversa!Cs podrán ser coloreadas también, pero la litología en-
tintada tiene que simplificarse. Pata· completar las settiones deben
210 MANUAL DE OEOLOGIA DE CAMPO

agregarse los símbolos d e las unidades d e roca, las flechas de las


fa llas, y otros detalles, como se muestra en la fig. 11·5. Las líneas
proyectadas por arriba de la sección, d eber.in uril Uarse solamente
cuando sea necesario esclarecer una estructura bien controlada.
En los extremos de la sección deberán mostrarse las elevacio-
nes. Si las secciones se dibujan en una hoja separada del plano,
deber.in tener una barra d e escala, el título completo y una le·
yenda o referencia clara a la leyenda del mapa.

11~ 11 . l lu1tracio ne1 e1tratigráfica1


La infonnación estratigráfica generalmente se presen ta en sec-
ciones columnares detalladas que p ueden represen tar una sola
sección medida o un promedio de la secuencia estratigráfica d e
una área o región. El procedimiento básico para construir seccio-
n es columnares se: describió en la Sección 3-8. El dibujo se hace
a la escala más pequeña que permita mostrar las unidades o
capas que 5C consideren pertinentes. Las escalas, generalmente
variarán entre 1: 1,CXJO y 1:100.
Las unidadet1 formales (formaciones, etc.,) o las divisiones
principales sin nombre deber.in delimitarse primero, despuC:s de
calcular las espesores verdaderos a partir de las notas o mapas
(Sección 12-8), agregando posteriormente los detalles litológicos,
principiando de la parte superior hacia abajo. Si la sección se
midió de la base h acia arri ba, esto deberá hacerse con cuidado
a fin de no transponer la información. En caso d e que las medi-
ciones d e campo se h ayan hecho con mucho más d etalle d e lo
que puede indicarse en la columna, las notas de cam po deberán
transcribirse a una secuencia m ás genera!Uada que pueda dibu-
jarse a escala. Las descripciones litológicas d eben agregarse a las
secciones detalladas, pero bastará utilizar sím bolos litológicos cuan-
do se presenten varias secciones a escala pequeña en una sola h oja.
Series dt1 st1cciones o diatrama$ d e tabler o. Si se ha m e•
dido un nUmei:o grande de secciones estratigráficas, éstas se
pueden trazar en conjunto para ilustrar las variaciones en espesor
y lirologia. Si las secciones se colocan a lo largo d e un simple
rasgo lineal, como puede ser el afloramiento de una h omoclinal,
pueden trazarse en una serie geográfica, espaciad as en proporción
PREPARACIÓN DE lNFORMES GEOLóGICOS 2'11

a las distancias entre poligonales (Fig. 11--6). Deben colocarse


en el dibujo con base en un horizonte (una línea de tiempo estra,
rigráfica sin dimensión vertical), y las líneas de contacto deben
proyectarse entre las columnas representativas de cada sección a
fin de mostrar la continuidad de las unidades.

Fig. 11-6. Columnaa Ü!ológicas en serie con un mapa de loca!Wción en el


que se scl\al an la • lineas de accdón. Simplifica.das notablemente ·en comp ...
ración con la m ayoria de Ju ilustraciones de tamaf\o natural.

Si las secciones medidas están distribuidas en fonna errática


geográficamente, generalmente se trazan en forma de columnas
sobre una proyección isomCtrica del área. La continuidad de las
unidades puede mostrarse dibujando secciones planas continuas
entre las columnas adyacentes para formar lo que se conoce
como un diagrama de tablero (fig. 11~7). Todas las medidas pa,
ralelas al eje vertical d eberán estar a escala como. se requiere en
una proyección isométrica.
MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

Fig. 11-7. Panel diqramá1ico basado en pcrfor.ciones. Es1i muy ¡implif;-


cado en comparación con la mayoria de las ilusrraciones de 1amal\o narural.

Cuando la información de subsuelo es abundante, resulta


posible presentar mapas estructurales y mapas de isopacas de
ciertas unidades o contactos, o bien, si el trabajo ha cubieno una
área grande, se pueden h acer mapas de facies a partir de la in-
formación pctrológica y paleontológica (ver, para ejemplo, Bishop,
1960).

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12
El trabajo de campo en las rocas
sediment=ias

12.1. I n terpretación de r ocas sedimentarias


A pesar de que muchos d e los problemas relacionados con las
rocas sedimentarias pueden resolverse directamente mediante el
levantamiento de formaciones, algunos requieren estudios adicio.-
nales. Para interpretar los procesos y sucesos sedimentarios, ge;
neralmente es esencial hacer observaciones sistemáticas de las
texturas, composiciones, y estructuras menores. Por ejemplo, las
composiciones y las formas de los granos de una arenisca pueden
indicar no solamente el tipo de roca del cual se derivó, sino tam--
bién qué tanto intemperismo sufrieron y q ué tan rápidamente
se erosionaron. La estratificación cruzada y las estructuras linea;
les en una arenisca pueden indicar la di rección así como la na;
turaleza de las corrientes que depositaron los granos, tanto que
el espesor y la textura d e las capas individuales pueden dar
información sobre la velocidad de sedimentación y sepultamien·
to. Los fósiles en la arenisca pueden dar la pauta sobre su edad
y las condiciones bajo las cuales se depositó. Finalmente, la dis-
tribución de los ccmentantcs y la a lteración de los minerales a
lo largo de las capas y fracturas, pueden proporcionar importante
evid encia sobre los procesos posteriores al depósito.
Los estudios de estos diferentes rasgos deben ser ta n sistema.
ticos y cuantitativos como sea posible, En general, se deben satis--
facer los siguientes requisitos:
l. El cuadro estratigrafico de referencia para las m ediciones
debe quedar bien entendido.
2. Los nombres d e las rocas y sus descripciones deben ser
cuantitativos basándose, hasta donde sea posible, en caracteristicas
que tengan un significado genético.
.EL TRABAJO DE CAMPO EN LAS ROCAS SEDIMENTARIAS Z75

J. Se tienen que observar las estructuras menores para de.-


terminar las condiciones de sedimentación, así como la secuencia
cstratigr.i.fica.
4. Los métodos de muestreo y medición tienen que ser lo
suficientemente precisos para permitir una correlación exacta de
los datos.
Si la deformación es muy intensa, especialmente en los lu·
gatt& donde las rocas han sido fuenemente litificadas, también
podcin resultar útiles los principios y métodos descritos en las
Scci:iones 15·5 a lS..11.
Generalmente es preferible hacer un estudio comprensivo
único y no varios parciales, ya que algunos datos solamente pue-
den interpretarse a la luz: de otros. Sin embargo, algunos proyectos
pueden tener un objetivo limitado, y por lo tanto, deben organi·
z:arse cuidadosamente a fin de que cumplan su cometido especial
con efectividad. Un levantamiento geológico general proj::>orcio-
nará los mejores medios para seleccionar y planea? los estudios
detallados o especiafüados. Si no es posible desarrollar un le.-
vantamii::nto de este tipo, el área bajo estudio dcl)Crti c:onocerse
en forma integral y si es posible, se deberán hacer estudios piloto
en varias subá.reas.
La petrología sedimentaria es un campo que crece rápidamente
y se recomienda al lectoc consultar, no s6lo los libros tales como
el de Krumbein y Sloss (1951), Pettijohn (1957) y Dunbar y
Rogers (1957). sino también las publicaciones r ecientes dci los
boletines y revistas geológicas.

122. U nidades lito lógicas y cronoestratigráficas


El trabajo de campo en rocas sedimentarias requiere el cono--
cimiento de dos tipos de unidades cstratigrificas: las unidades li·
tológicas, las cu ales se definen sobre la base de las carar:teristicas
físicas, y las unidades cronoestratignificas, que generalmente se
definen sobre la base de los fósiles que contienen. En los capÍ·
tulos siguientes se presentan brevemente algunas sugestiones para
clasificar cada una de estas unidades.
Unidades litolótica:r. La naturalcz:a general y el uso de uni·
dades litológicas (también llamadas unidades e.stTatigni/iats de
'116 MA:NUAI::: DE OEOLOOIA DE CAMPO

f"OCO, ·o sjmplemente unidades de roca)- se ·describen en· la Seeción


4·6. Esta.11 unidades se consideran formales cuando se les ha dado
un nombre y han sido definidas de acuerdo con las reglas del
Código Estratigráfico,' -asigmindolas a una ·de las tres categorías
de unidades. La formación es la categoría .de unidad Htol6gica
utilizada más ampliamente. Cuando por vez primera se levanta
$eo1Qgi.camel;)t~ 1,lna región,. o cuando ~ .revisan .lev¡mtamientos
antiguos; las unidades litológicas · se consideran, cuandQ es posi·
ble, como formacion~. J_as formaciOn~ de.ben pQdersc cartogra·
fiar y por lo tanto, tenCr uri esj:>esor sÜfi ciente que pcfmita tra•
2arlas con preci.siór¡ en lps mapas con escalas de.1 orden de
Í ;25,CXXl. U n grupo_Cs Una. unidad litológica · que consiste de dos
o m~s formacioneS superpuestas. Cuapdo se desarrollan levanta·
TniCntos detallados, una formación heterogénea puede convertirse
en Un grupo divid.i éndola en nuevas formaciones. ,
Las formaciones irregulares o heterogéneas también pueden
subdiyidirsc· en unidii.des lito\ógicas ·ae menor raogo. Estas unida·
des se conocen como m~mln-o~, si ,tienen una extensi6n lateral
considerable; lentes, si su form11: es lenticular; le:nguas, s~ se. trata
de proyecciones del cuerpo Principal de la formaci6n en forma de
cuña. Estas ~nidadcs m~nores no necesariamente pueden ser
suscc;ptiblcs, tj.e cartografiarse. .
En ocasiones, es útil el hacer el levantamiento de una capa
o lenu determinada denttq de una formación o miembro (ver
capas índice, Sección 4-6); . sin embargo, estas unidades general·
mente no se formaliz.an con nombres geográficos. Las capas indi-
viduales pueden también ser útiles para el levantamiento de los
contactos de algunas f9rmacioncs.
Desde el principio del trabajo de campo deber\ considerarse
las reglas para la nomenclatura y descripción de las unidades.
A continuación se da un resumen de las principales reglas; sin
embargo, el código completo de la Comisión Americana de No-
menclatura Estratigráfica (1961) debe consultarse antes de des-
cribir una nueva unidad en la literatura.

1. El nombre y la definici6n de la unidad deben aparecer


en una publicación científica que sea ampliamente conocida y
accesible a los geólogos.
EL TRABAJO DE CAMPO. EN LAS ROCAS SEDIMENTARIAS 277

.2 .. Junto con la definición, tiene que expresarse. clii.ramente


que se trata de una unidad nueva.
3. La definición debe incluir una descripción completa de la
unidad (Sección 11-2).
4. La definición debe precisar una localidad tipo donde las
rocas están bien desarrolladas y bien expuestas.
5. El nombre d ebe consistir de un nombre geográfico y un
término para ·la litología dominante (como Arenisca Dakota); o
si la litología no puede ser expresada en una sola palabra, el tér-
mino d e la categoría de la unidad es el que se usa (como por
ejemplo Formación Tobin).
6. El nombre geográfico debe ser el de una localidad perma•
neme en o cerca de la localidad tipo y no debe duplicarse con
otro ya utilizado para alguna otra unidad.

Frecuentemente se describe una sección tipo detallada de la


localidad tipo, pero ésta debe omitirse si la unidad tiene tales
variaciones laterales, que una sola sección detallada sería en-
gañosa. Frecuentemente es mis útil incluir un mapa geológico
que muesne la continuidad de la unidad a través de una irea
extensa.
Las unidades ya establecidas no deben cambiarse de rango o
redefinirse sin hacer estudios de campo concieruudos, ya que
cada cambio de nomenclatura hace más dificil de utilizar la in•
formación publicada. Algunas veces, sin embargo, puede ser ne•
cesario subdividir las unidades viejas heterogCneas en nuevas for·
maciones o redefinir los contactos o rasgos críticos de formaciones
que fueron definidas con poca precisión. Cuando estoS cambios
son numerosos, puede ser preferible abandonar la vieja nomen-
clatura y usar nuevos nombres.
Los nombres formales n o deben ·utilizarse para rocas que estin
pobremente expuestas o que se encuentran como fragmentos de
formaciones completas. Los contactos de estas rocas pueden, por
ejemplo, ser fallas o pueden estar cubiertas por depósitos superfi-
ciales. Tales unidades serio útiles en el levantamiento, pero si
se les da nombre formalmente, probablemente rcqueririn una
redefinición subsecuente. Su utilidad no sufre menoscabo si se
usan nombres informales como por ejemplo lutita del arroyo
271 MANUAL DE GEOLOGJA DE CAMPO

Bradfcwd, rpcas cretácicm del Valle d e MiU, capru de la Punta


eoo,,..,.
Unidades cronoestrati1rá/;cas. Una unidad cronoestrarigri•
fica es u na secuencia d e estnllos que se acu mularon durante un
imervalo d eterminado de tiem po geológico. El intervalo se define
y genera lmente se reconoce por los fósiles contenidos en los es.-
tratos. La tabla 12-1 muestra Ja equivalencia entre las categorías
d e té rminos d e tiempo geológiro y las categorías de unidades
cronoestrarigníficas. La etapa es la un idad más pequeña utilizada
ampliamente para correlaciones regionales e interregionales y se
establece mediante un cuidadoso estudio de la fauna de una se--
cue nda de capas bien expuesta con continuidad estratigráfica.
La etapa se designa con base en una localidad d o nde se d esarro-
lló el trabajo original. Muchas d e las etapas utilizadas en Norte--
américa ha n sido nombradas a panir de secuencias cstrarignifi.
cas locales; sin embargo, las etapas europeas se utilizan cada vez
más en Norteamérica así como para correlaciones mundiales.
Las rocas excepcionalmente gruesas y fosilíferas, frecu enteme nte
pueden subdividirse localmente en clasificaciones d etalladas d e
etapas; en el T erciario d e la región de la Cesta del ·Pacifico, por
ejemplo, una secuencia local d e etapas h a sido basada en micro-
fósilcs (Kleinpcll, 1938¡ Mallory, 1959).

T abla 12- 1. EQutvALENCIA ENTRE LOS TÉRMINOS DE TIEMPO


OEOLÓOIOO Y LOS CRONOESTRATIGRÁFICOS

Intervalo de tiempo U nidad cronocstrarigráfica


1. Período (como Periodo triá- Sistema (como Sistemu triá-
sico) sico)
2. Epoca (como "Spoc4 n-iá- Serie ( como Serie tn'ásico sup.)
stco su:p.)
3. E.dad (como Edad nori4-- Etapa (como fü4pa noriana)
~)

Las tonas fau.nales o f4Un.it;OT"1S son ge neralme nte las unidades


más pequeñas utifüad as en sentido cronocsrrarigráfico. Muchos
consideran que estas son puramente unidades bioesrnu.igráf icas,
EL TRABAJO DE CAMPO EN LAS ROCAS SEDIMENTARIAS 279

ya que no tienen un valor de tiempo utilizable. Son, sin embar·


go, la base en la cual se delinean la mayor parte de las etapas,
y por lo tanto, comprenden una parte muy importante de la cro.-
noestratigrafía. El tipo de wna m:is comúnmente usado es el que
se basa en el rango de un conjunto de fósiles. La zona recibe el
nombre de un fósil determinado de este conjunto, pero no necesa·
riamente uno que sea restringido a esta zona (como por ejemplo,
Zona de Bulimina corrugara). Las condiciones de depósito limitan
el uso de una determinada zona fauna!; las zonas basadas en
foraminíferos pelágicos, por ejemplo, no pueden utilizarse para
clasificar rocas que no sean de origen marino.
Los métodos para establecer las unidades cronoestratigni.ficas
h an sido descritos por Si;:h enchk y Muller (1941, p. 1424):
Primeramente, el estratígrafo estudia cuidadosamente
una sección continua de facies similar; se sitúan cuidad~
samente las colecciones de fósiles dentro de esta . sección.
Segundo, se identifican las especies y se determinan con
precisión sus rangos estratigrá(icos dentro de esta sección. Ter·
cero, se analizan estos rangos de manera que muestren un
cierto agrupamiento de los estratos; estas serán las unidades
cronoestratigráficas privisionales, arbitrariamente delimitadas.
Cada una de estas unidades contiene especies o géneros
restringidos a ella; otros podrán existir también hacia arriba
y hacia abajo de la unidad. Otras especies que aparecen
primero en las capas inmediatamente superyacentes, tienen
un rango no mayor que la unidad superyacente. Cuarto, se
comprueban estas unidades cronoestratigráficas deterininan•
do una distribución semejante de fósiles en otra localidad
más o menos distante. La repetición de este tipo de pruebas
demuestra la validez de las unidades para toda una provin·
da geológica. La secuencia de unidades cronoestratigráfi·
cas establecidas sobre estas bases servirá de patrón y su
aplicación a :ireas más distantes se justifica si se apoya en
evidencia paleontológica válida.
Con relación a }rn¡ procedimientos de campo, los siguientes
puntos deben anotarse especialmente :
l. La secuencia de estratos debe ser COJUiruul. Tiene que de--
terminarse la presencia de discordancias y fallas por medio del
levantamiento alrededor de cada sección provisional.
280 MANUAL ;DE "GEOLOOlA DE CAMPO

2: Los · fósiles tienen que localitarse con. precisión.. La preci·


sión de las mediciones debe estar dentro de los límites de Jos
cambios faunales utilizados.
3. Lo.s rocas d·eben ser de una sola facies. Los estudios lito--
lógicos tienen .que determinar si las condiciones físicas fueron
uniformes; debe tomarse nota cuidadosamente de los materiales
retrabajados, a fin de no mezclar fósiles de dos edades diferentes.
Relaciones entre las unidades litológicas y cronoestrati-
grá/icas. El intervalo de tiempo reprensentado por una sección
vertical a través de una formación puede variar considerable-
mente de un lugar a otro. Aun cuando el intervalo sea cons.-
tante a través de una área grande, es probable que los contactos
de la formación no coincidan con los límites de las etapas o i;e--
ries convencionales. Por lo tanto, no es posible utilizar en forma
intercambiable las unidades litológicas y las cronoestrarigráficas.
En aquellos lugares en que los fósiles son lo suficientemente abun-
dantes para que las rocas puedan ser determinadas en muchos
afloramientcs, será posible determinar las lineas que muestren
los limites entre las unidades cronoestratigráficas. Sin embargo,
éstas tienen que distinguirse claramente de los contactos entre
las unidades litológicas.
En algunas regiones, pueden haberse definido extensas "forma•
dones" o "grupos" sobre la base de edad, o puede que ya hayan
establecido y trazado "series o etapas" sobre la base de discor-
dancias o cambios litológicos, que no necesariamente son hori-
zontes de tiempo. En ese caso será necesario estudiar y compren•
der bien la nomenclatura existente antes de principiar un nuevo
trabajo de campo.

12-3. Nombramiento y descripción de rocas sedimentarias


Debido a la historia de la petrología sedimentaria, no hay un
método único para dar nombre a las rocas con términos descrip.-
tivos que tengan también un significado genético. Algunos nom-
bres, como calita, solamente tienen un significado de composición;
otros, como arenisca, únicamente tienen un significado de tex-
tura. Sin embargo; la mayor parte de las rocas sedimentarias
pueden reci~ir nombres que sean consistentes y significativos
EL TRABAJO DE CAMPO EN LAS R.O CAS SEDIMENTARIAS '281

dentro de un determinado grupo de rocas. En esta sección se


presentan en forma breve varios sistemas de este tipo. No todos
los términos se utilizan en forma convencional universalmente,
y por lo tanto, las notas de campo deben incluir las cantU:hrde,s
reales que expresen las características d e textura y composición·.
Las características básicas son: tamaño de grano, grado de selec-
ción de los granos detríticos, forma de los granos (especialmente
el grado de redondeamiento por abrasión), género de los granos
en forma, porosidad, color, composición d e la fracción detrítica,
naturaleza y cantidad de los materiales autigenos (como cemen-
tantes), y grado de recristalización o reemplazamiento.
Tamaño de grano. La base fundamental para dar nombre
a las rocas detríticas es el tamaño del grano. La escala de tamaño
propuest~ por Wentworth, que se utiliza ampliamente en Nor-
teamérica, es la base para la clasificación que se muestra en la
Tabla 12-2. Los números en la tabla son los tamaños límites de
las diferentes clases de tamaños. Los tamaños de guijarro y arena
se dividen en clases iguales para facilitar la determinación del
grado de selección, como se explica más adelante. Los guijarros
deben medirse con una escala, en cambio los granos de a rena se
determinan mejor por comparación de la roca con una tarjeta
de tamaños de granos. Estas tarjetas pueden hacerse tamizando
arena de acuerdo con las divisiones convencionales de Wentwonh,
y pegando una pequeña cantidad de cada división de tamaño a
una tarjeta graduada según la Tabla 12-2.
Grado de selección. El grado de selección indica qué tanto
ha sido batido o retrabajado un sedimiento por los agentes de
transpone. Es un indicador valioso de la velocidad y ambiente
de depósito y se ha utilizado para la clasificación de areniscas.
La selección por tamaños expresa el grado en que los granos se
aproximan a ser todos de igual tamaño. Esta es la medida de
selección usada más comúnmente; sin embargo, debe recordarse
que los granos pequeños de minerales pesados se depositarán
junto con los granos más grandes de minerales más livianos.
Para determinar el grado de selección en el campo, la roca
d ebe ser examinada en una superficie fresca, así como en una
superficie intemperizada (pero limpia). Debe examinarse, tanto
en forma paralela como eri ángulo recto a la estratificación. Al
21~ MANUAL DE GEO LOGIA DE CAMPO

Tabla I Z...2.--CLASIFICAOÓN DE LOS SEDIMENTOS DETRlTK:os


SEGÚN EL DIÁMETRO DEL GRANO

Umiu.de Eqwi~
umoños uadas, ~roxirnod.o. Nombre d..I a,¡rcgodo
eri.p,J,¡od41: nudro

> 256 >10 Canto rodado


64-256 2.5 - 10 Grava d e chinas
32- 64 1".2 - 2.5 Grava de guijarros m uy gruesos
16- 32 0.6 - 1.2 Grava de guijarros gruesos
S-- 16 03 - 0.6 Grava d e guijarros medios
4- 8 0.15 - 03 Grava d e guijarros finos
2- 4 0.08 - 0.15 Grava de gránulos (o guijarros
1- 2 0.04 - o.os Arena muy gruesa [muy finos)
1;- 1 0.02 - 0-04 Arena gruesa
·1- ·12 0.01 - 0.02 Arena media
'/t--'/• 0.005 - 0.01 Arena fina
1/1- 1/8 0.002 - 0.005 Arena muy fina
' /ill*--1/1 0 0.0(:X)lS- 0.002 limo
< '/'JMJ <0.0COI5 Arcilla (materiales de tamaño de
arcilla).

hacer esto, se estima el grado de tamaños de grano de la mayor


parte del material d etrítico (aquí 80%). Para las areniscas, puede
usarse una tarjeta del tamaño de grano (ver Tamaño de grano,
en la página anterior) para estimar el límite inferior del 10%
más grueso de la roca y el límite superior del 10% más fino de
la misma. Estos límites podrán entonces compararse con la escala
de tamafio (Tabla 12-2) a fin de d eterminar el número de ta•
maños que existe entf'C ambos. Este nümero da una medida del
grado de selecci6n y puede registrarse en las notas o convertirse
a términos de selección como se sugiere en la Fig. 12-1. Esta figura
d ebe utiliiarse para las rocas que consisten principalmente de
arena o pequeños guijarros; los ma1eriales de grano m ás fino no
pueden clasificarse con precisi6n en el campo y los conglomerados
gruesos requieren una consideración especial.
El... TRABAJO DE CAMPO EN U.S ROCAS SEDIMENTARIAS 283

El m ás grande error en que se incurre cuando se estiriµ. el


grad o d e selección , sucede cuando los granos de arena obscura se
identifican equivocadamente como material d e matrll d e grano
muy fino, especialmente cuando los granos han sufrido rccrista•
lización. El examen de rocas asociadas, frecuentemente puede
resolver esra dificultad (las h ojuelas de grano grueso pueden
mostrar los granos con más claridad). Sin embargo, es probable
que se nc<:esiten estudios perrográficos.

Fig. 12·1. Términos pan. lo. diferentes at'•do. de clu.ifiuci6n. Los nÜ·
meros ind!un e[ número de c:lasificaci6n por tamar\o considerado en la
mayor parte {80 por cie nto) del material. Loa dibujos repreM:n tan an:niKH
tal como N: verla n con una lente de mano. Loo maierialca de tamatlo de
arcilla y limo en.i n reprcaemados diagra mhicamente por el punte ado fino.

R edondeamiento. E l redondcamiento o abrasión de los gra.


nos se u sa para distinguir los conglomerados de las brecha (brcc•
cias), en las cuales los granos d e tamaño de grava son angula·
res. Los agregados no litifi cados de elásticos angulares de tamaño
de grava, se conocen comUnmente como ripio. P or lo gen eral, el
grado de redondcam iento en rocas de grano fino no se utiliza
como parte de su nomenclatura; sin embargo, deberá estimarse
e incluirse en la descripción de las areniscas. Las rocas que
contienen tanto granos an gulares como granos bien redondeados,
son de especial interés, ya que pueden haber sido derivadas en
pane d e rocas sedimentarias más antiguas. Los modelos de granos
mostrados en la Fig. 12-2 se pueden u tilizar .para estimar el grado
d e redondea miento de los granos.
Estructura. Los granos ala rgados o en forma de h ojuela,
p u eden orientarse de tal manera de constituir una fábrica direc•
cional. La fábrica será de tipo plano cuando los granos en forma
de hojuelas están dispuestos en forma más o m enos paralela, y
lineal, cuando los granos alargados sean paralelos. La estructura
284 MANUAL DE OEOLOCIA DE CAMPO :

p uede afectar propiedades direccionales talci; como la permcabi·


lidad a los fluidos y la respuesta a las fuen:as de deformadóa.
La estructura también puede utilizarse para estimar la acritud d e
la estratificación y las direcciones de las corrientes (Secci6n 12....).

S•- · S&b· 81u


•"•u lu rod . .lfu.do fl11f•10lfu.lf • tdudtUo

Pi~. 12•2, Tenninoa pua el (ll'•do de redondeamicnto de ¡.,. granoa HgÜ.n


H les ve i;;on una lente de m ano. 5e111Ún Power, M. C., 1953 Jo ........i. of
Scdlmcn1ary Petrok>o, v. 23, p. 118. Cortcsla de la Socicty of Economk
PaleontolotJ11u •nd M!ncnl~

Poro8idad. La poyosidad de una roca es el volumen de


espacio poroso, expresado generalmente en forma de por ciento
por volumen. La permeabilidad a la transmisión de los fluidos
depende de la porosid ad y del tamaño e interconexión d e los
poros; por lo tanto, esas propiedades deben describirse tan de-
tallada mente como sea posible en las notas de campo. El origen
de los poros más grandes, frecuentemente puede determinarse
por medio de un estudio con la lente de mano. En las rocas cal·
cáreas, por ejemplo, algunos poros p ueden identificarse com o
canales regu lares formados por fractu ramiento, lixiviación, o al·
teraciones (como do lomitizaci6n) ¡ otros poros podrán ser Jos
partes huecas de fósiles, rellenas parcialmente. La porosidad en
las rocas detríticas puede depender de la selección y del grado
de compacción y cementación de los granos. Las porosidades ge·
neralmente aumentan o disminuyen en forma considerable por
la acci6n del intemperismo. Para estimar la porosidad de las rocas
a profundidad se pueden urilimr muestras frescas de afloramien~
to; sin embargo, aun las rocas más frescas de un afloramiento
EL ' ;TRABAJO DE CAMPO EN LAS ROCAS SEDIMENTARIAS 285

p~~~ dar datos erróneos, ya que generalmente éstas son las ..


que tienen la porosidad original más baja.
Color. Si se comprenden sus causas, el color puede ser
usadó con efectividad en los levantamientos y las correlaciones.
El •,color de la roca depende no sólo del col Oí ·y tamafío de grano
del sedimento D!'iginal, sino también de Jos materiales cementantes,
el grado a que han sido recristalizados, y, especialmente, el grado
en· el que han sufrido interriperismo. El origen secundario de .
los colores, frecuentemente puede descubrirse, ya que los mine-
rales pigmentados se presen'l:an a lo largo de fracturas, ~onando
a trovés de la estratifi~ción , o se relacionan con la superficie
del terreflo. Aun· ~n intemperismo moderado puede cambiar
tanto los Colores, que los colores originales solamente podr9n ob-
servarse en eones profundos, túneles o en muestras de canal
en los poZ9S. '
Los términos para designar los colores deben establecerse me-
diahte la ~mpar3.ci6n de las rocas con patrones de color como
los que pueden comprarse a The Gcological Society of America
o io.S· patrcrcs de colores de suelos de Munsell Color Co. (vCr
Suelos, Se<;.ción l:Z...11) . ~ deberá anotar el color de la muestra
ta nto. cuando esta. húmeda como cuando esta seca. ·
Nomenclatura para materiales mezclados. El nombre de
las rocas detríticas compuestas de granos de diferentes tamaños,
se deriva del de la clase de tamaño que es más abundante (con
excepción de algunos conglomerados y brechas). Los nombres
de la Fig. 12-3 pueden utilizarse para varias mezclas de materiales
detríticos y no detríticos. Las mezclas que contienen sustancias
que 'no aparecen en el diagrama, pueden clasificarse en la misr.ia
forma, por ejemplo, arenisca fl!'TTUginosa., llrcilla -ye$Ífera., etc.
Areniscas. Las rocas que consisten principalmente de granos
del tamaño de arena son especialmente útiles en los trabajos de
campo, ya que su textura y composición puede ser determinada
fácilmente. Además, una muestra de mano representativa es
suficiente para hacer estudios petrogcificos y de permeabilidad.
El nombre para las areniscas, debe basarse tanto en el grado de
selección, como en su composición, como en el sistema propue&to
por Gilbert, (Williams, Turner, y Gilbert, 1954). En este sistema,
el nombre arenita se emplea para las arenas relativamente bien
:
i·~.:.; -------
.,
i H!:
l: ------ -
~

·••
EL TRABAJO DE CAMPO EN lAS ROCAS SEDlMENTARIAS 281

clasificadas y el nombre waca se aplica a las areniscas más po-


bremente seleccionadas. (fig. IZ..3). Estas rocas pueden recibir
una clasificación adicional basada en la composición de los granos
detríticos (Fig. 124). Las areniscas en las cuales ·son abundantes
los granos de arena calcíticos, serán consideradas en la sección
que trata de calizas. El término grauvaca es el más adecuado
para las wacas de color oscuro, muy endurecidas..

Cuue, ourclta J
t••nu de .......... ,
(hrot1u1)
A... dlta d o Udrn
~e(raHWt>).waea

Cranoode
foldup1t1

F;g. 12-4. Nombres de diversos tipos de arenisca, de acue rdo con su com-
posición. El nombre de una roca R pu ede establecer: 1) determinando las
cantidades de l<>S diversos minerales y granos de roca que hay en ella, 2)
¡mm.a ndo estas cantidadu dentro de los tres grupos mostra~ en los extremos
del triángulo, y 3) usando las proporciones entre loa tres gropoa para estimar
un punto en el triángulo. Una arenisca pobremente clasificada con canti-
dades iguales de cuano, feldespato, y granos de pi..rra, por ejemplo, podría
caer en el punto x (una "Wadce" feldespárica, lítica). Una arenisca bien
clasificada de granos de cuano con 15 por ciento de feldeq>ato y un pequel'io
por ciento de granos líti coa podría sitl,Jar¡;e en e l punto :e (una arenita fel·
despática). Si alg\in otro mineral cons titu ye más del 10 por ciento de la
arena, deberían un.rile adje1ivos tales como biocítko. Según un diagr•ma pro-
porcionado por C. M. Oilberr. (Ver tambiCn Williams, Tumer y Gilbert,
1954, pp. 292-293.)
288 MANUAL OE GEOLOOfA DE CAMPO

· · Rocas ·dt!lríticas de trono fino . . Aun cuando tpdas las rocas


.detríticas de .grano fino son frecuentemente llamadas lurita.s en
el campo, es posible clasificarlas en forma más ütil. Los términos
·básicos pór tamaño, como son limolita y arcilla, pueden aplicarse
con confi:;i.n::a a la mayor panc de las rocas bien clasificadas. Las
limo litas bien seleccionad.ns pueden identificarse con una lente
de mano o por su granulosidad o aspereza (que puede notarse
cuando se fro tan contra los dientes). Las arcillas, en cambio,
son de afaníticas a cerosas. Pueden conarsc o rasparse suavemente
con una navaja y tienen un tacto suave, jabonoso, cuando están
hümedas. Las mezclas aproximadamente iguales de Hmo y arcilla
pueden scr difiCiles de identificar sin un microscopio.
El término lutita (co mo lutita limosa o lutita arcillosa) es
prefe rible reservarlo para rocas con un clivaje de estratificación
bien marcado (fisilidad) . Muchas lutitas tambifo muestran !ami~
naciones d elgadas. El ténnino lodolira es ' un nombre de campo
ütil para mezclas de limo y arcilla que tienen una fractura en
bloques o esferoidal y que típicamente carecen de laminación.
Finalmente, las argilila:s son arcillas y limoliras bien endurecidas
(generalmente recristalizadas) que se rompen en fragmentos duros
y angulares. Pueden distinguirse de las Iodolims calcáreas o dolo-
míticas, en que no efervescen ni se desmenuzan cuando isc les
,aplica ácido.
Contlomerados y br11cltas. Los estudios de campo en con~
glomerados y brechas deben ser especialmente completos, ya que
estas rocas generalmente son demasiado gruesas para obtener mues-
tras para análisis de laboratorio. Las mezc:las de materiales de
tamaño de grava y mits finos pueden recibir los nombres que
aparecen en la Fig. IZ..5. Cuando los materiales de grano fino
de la matriz constituyen hasta el 25% o menos de ·Ja roca, los
fragmentos m as grandes, si son de tamaño bastante regular, se
tocarán uno con otro. Po r lo tanto, el concepto de un conglome-
rado bien c:lasificado es diferente del de una arenisca bien c:la~
sificada, en la que la matriz puede ser mucho menos abundan·
te. Tanto la matriz como los fragmentos de tamaño de grava
deben ser descritos.
La mayor parte d e los guijarros pueden ser identificad0$
com o rocas, lo que hace que los conglomerados sean especial·
EL TRABAJO DE CAMPO 'EN LAS ROCAS SEDIMENTARIAS 28!1

/-----~----'.'!~°"'lle 1~llarrH, •te.

r--~----+------'.25~ 111 1ulJarr•1. •te.


w •••
ufJar ...a

A•o• 1:1 u .... ,. 1rcm1


lhlHi.R llt • r t11 a ll••• • h M1t... t1Jn M I h••h 111 11 1""1111

Fig. 12-5. Nombru de rocas sedlmentariq que contienen fngmem()I: d el


t1rn1ftodegrov1.

mente valiosos en la determinación de la fuente de los sedimen•


tos. Los fragmentos m:is grandes deben tabularse con un conteo
sistem3.tico, como por ejemplo delimitando una cierta área del
afloramiento e identificando todos los guijarros y cantos que
entran dentro de su perímetro. Los fragmentos que son físicamente
dCbiles (como las arcillas) o químicamente inestables (como las
calizas), pueden proporcionar evidencia respecto a la naturale:a
del agente de transporte o de la magnitud del transporte. Los
efectos superficiales tales como el pulido, las estriaciones, el pu-
lido causado por chono de arena, la corrosión química, o los
vestigios de abrasión causados por intemperismos antiguos, pue-
den utilizarse para interpretar las condiciones de transporte y
depósito. Las mezclas de fragmen tos bien redondeados o de frag·
mentos angulares, o la presencia de guijarros redondeados o rotos,
pueden indicar el re-trabajo de conglomerados más antiguos. Los
conglomerados y las brechas se pueden formar de muchas ma·
290
.
MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

neras, y antes de estudiar estas rocas debe leerse lo que sobre el


particular ha .sido escrito por Pettijohn (1957) o por Dunbar y
Rogers (1957).
CaU.za:J y rocas afines. A pesar de que frecuentemente es-
tán recristalizadas o han sufrido reemplazo en grado variable, las
calizas deben designarse, hasta donde sea posible, con nombres
basados en texturas primarias. Esto puede realizarse mediante el
estudio de varias m u estras con una lente de mano, tanto en su-
perficies frescas, como en superficies ligeramente atacadas por el
intemperismo. Primeramente deben clasificarse los constituyentes
de la roca de acuerdo con los siguientes grupos:
l. Granos biogenéticos que han sufrido abrasión, fragmentos
de caliza, y granos acresionales (de crecimiento) (oolitas, pi.sc>-
litas).
2. Fósiles que no han sufrido abrasión y pellas fecales.
3. Carbonatos de grano fino (originalmente lodos calcíricos o
aragoníricos).
4. Granos detríticos no calcáreos.
5. Cementantes (especialmente calcita fancrocristalina).
Los materiales que han sido trabajados y depositados por
corrientes caerán predominantemente en los grupos, l, 3 y 4,
y las rocas consistentes de estos materiales podrán clasificarse por
nombre con base en la selección de tamaño (Tabla 12-3) . Ade-
más de sus características texturales, estas rocas pueden mostrar
laminaciones y estratificación cruzada. Frecuentemente están inter-
esrratificadas o entremezcladas con rocas no calcáreas selecciona-
das por tamaño y si las calizas han sufrido fuerte recristaliza-
ción, esta relación podrá ser la única que proporcione el medio
para determinar su origen. Las calizas y los elásticos de tamaño
de grava pueden recibir el nombre de conglomerados de caliza
o cakiruditas, pero si los elásticos grandes son fósiles, general-
mente son más útiles los términos tales como calcar-enita. con-
chífera y calcarenita de espirifer.
Las calizas que caen esencialmente en los grupos Z y 3 pro-
bablemente han sido acumuladas con poco transporte y su grado
de selección por tamaño es d e poca importancia comparado a la
naturaleza de los fósiles que contienen. Cuando predominan los
EL TRABAJO DE CAMPO EN LAS ROCAS SEDIMENTARI AS 291

Tabla 12-3. NOMBRE DE LAS CAL IZAS DETIÚTJCAS, TOMANDO COMO


BASE E L ORADO DE SELECCIÓN

Calcare11lia pobTemen-
Caka>'e· re clo.sific<ld.. Calita c<llcarenldca de C..Zita de
(calciwaca) grano fino trano fin:.

9:1 1:1 1'9


Relación del tamaño de arena a los carbonatos detríticos
de grano más fino.

fósiles de conchas se puede aplicar el término general de coqui--


nir.a y se le pu ede modificar con el nombre de los fósiles como
coquinita de 'espirifer. El nombre pdlatita es útil para las rocas
que consisten principalmente de pellas, aunque estas estructuras
generalmente son demasiado pequeñas para verse sin micros-
copio.
La calcita es por mucho el más común de los cementantes y
generalmente forma agregados gruesos cristalinos que son tan
transparentes que aparecen obscuros en superficies lisas. Este ce-
mentante es especialmente abundante en las calizas detríticas bien
seleccionadas, en las acumulaciones de fósiles con partes h uecas,
y en los espacios porosos formados por íracturamiento o lixivia-
ción. Es un indicador importante de la porosidad original y por
lo tanto, de la porosidad potencial de la roca. Otros cementantes
y minerales autígenos pueden ser designados por adjetivos tales
como .silíceo y yesífero (Fig. I Z..3).
El grado de recristalización y dolomitización debe registrarse
en las notas e indicarse en los planos. La alteración puede rela-
cionarse con esrructuras sedimentarias originales, con sistemas de
fracturas o bien, con cuerpos de rocas ígneas. Las rocas alteradas
deben clasificarse primeramente con base en sus caracteristicas
originales (como calcaren.ita dolomitkada), pero si los rasgos pri-
marios han sido borrados en una área extensa, podnin clasificarse
con base en su color, tamaño y forma de los granos secundad.os,
o cantidades relativas de dolomita y calcita (Tabla 12-4) .
2'2 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

Tabla 12.-4. CLASIFICACIÓN DI? CALIZAS y DOLOMITAS, DE AOJEROO


CON SU COMPOSICIÓN

Dolomita caldrica Dolomita

9:1 l:l 1:9


Relación entre los minerales calcita y dolomita.

12-4. Capas y estructuras a fine.


La d isposición de las rocas sedimentarias en capas o estratos
es producida por las diferencias en textura, composición o color
de los sedimentoS originales. Estas diferencias son causadas por
cambios en las condiciones prevalecientes en el l ugar de depÓsito
o en la fuente de donde se derivaron los sedimentos. La dispo-
sición en capas es, por lo tanto, de gran valor en la interpretación
del origen de las secuencias sedimentarias. Podrán ser también
la base más útil para detenninar Ja continuidad y correlación de
formaciones de un lup.r a otto.
La estratificación o disposición e n capas proporciona un plano
de referencia estructural valioso, ya que es paralelo a la superficie
sobre la cual se acumularon los granos constituye ntes. Sin em·
bargo, esta superficie no n ecesariamente debió haber sido hori·
:rontal o plana. Además, aunque las rocas estratificadas general-
mente se rompen a lo largo de planos paralelos a su estratificación,
los fragmentos tabulares podrán scr más gruesos o más delgados
que las capas mismas. Por lo tanto, un divaje secundario bien
marcado, puede confundirse con la estratificación. Los rasgo6 se-
cundarios tales como las manch as rítmicas o las capas cementadas
p ueden también parecer más evidentes que la estratificación
primaria.
Antes de poder describir una roca estratificada en un aflora•
miento, es necesario determinar cuiles son los constituyentes de
una capa individual. Genéricamente, u na capa o estrato representa
un episodio de depa;ición duran1e el cual las condiciones fueron
relativamente uniformes. En la práctica, un estrato es una capa
que es suficie ntemente distinta de las capas adyacentes de tal
EL TRABNO DE CAMPO EN U.S ROCAS SEDIMENTARIAS 293

manera que se le puede medir y describir. Cuando cada capa


es casi homogénea o gradúa en forma uniforme de un extremo
en la base a otro en la cima, la determinación de cada capa no
presenta problema. Cuando las capas gruesas contienen capas
delgadas o laminaciones, se hace necesario determinar cuáles uni·
dades tienen el valor genético y pr:icrico m:is grande. Frecuente·
mente los estratos o capas más delgadas son rasgos subordinados
causados por fluctuaciones moderadas en las condiciones que
produjeron los estratos m:is gruescs · y característicos. Menos co--
múnmente, los estratos delgados se presentan como capas con un
significado genético tan claro como el de los estratos gruesos.
McKee y Weir (1953) han sugerido el término juego (set) para
estos grupos de estratos delgados asociados estrechamente. La
Fig. 1U muestra ejemplos de estratos simples y complejos y de
juegos de estratos.

Ftg. 12-6. Capas diversa.ll y conjuntos de ca pas..

Re~elición de.. secuencias de copas. La repetición de deter·


minados tipos de capas o de secuencias de capas proporciona
el car:icrer más llamativo de algunas unidades sedimentarias. Estas
repeticiones implican cambios cíclicos o rítmicos en los procesos
o condiciones de sedimentación y deben, por lo tanto, estudiarse y
describirse. Las repeticiones cíclicas tienen un orden en una se..-
2Y4 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

cuenda tal como A, B, C, A, B, C, etc.; en cambio, las repeti-


ciones rítmicas, presentan una secuencia como A, B, C, B, A, B,
C, B, cte. (Fig. 12-7). Aunque los ciclos y ritmos complejos rara
vez son pedectos, son lo suficientemente uniformes en algunas
unidades para tener algún significado genetico.

Fig. 12-7. Tre.111 repeticiones cidicaa (a la izquierda) y trca repeticiones rít-


micu en rocas estratificadas. Los aimbolos litológic0& se explican en el
Apéndice 5.

Forma de capas individ~les. Donde existen buenos aflo-


ramientos, las capas pueden clasificarse descriptivamente como
tabulares, l.enticulm'"es, lineales, acuñadas o irregulares. Si se re.-
quieren comparaciones cuantitativas, la lenticularidad o linealidad
de una capa puede expresarse por las proporciones de su espesor
máximo con relación a sus dimensiones laterales. Frecuentemente
las di~ensioncs laterales de las capas, con excepción de las muy
delgadas o muy lenticulares, no pueden determinarse con preci-
sión. Sin embargo, aun los datos con limitaciones pueden ser
d e utilidad; por ejemplo, las notas pueden decir "capas de tres
centimerros de espeso[" que pueden seguirse por 60 m" o bien,
"las capas parecen Ser tabUlares. por distancias hasta de 10 m".
Estratificación cruzada. Las unidades con estratificación
cruzada pueden clasificarse y compararse de acuerdo con los si·
guientes criterios geometricos: J) si la base de un grupo de capas
con estratificación cruzada es o no es una superficie de erosión,
2) forma general del juego de capas, 3) patrón que presentan las
capas dentro del juego y 4) espesor de los juegos de capas indi·
viduales (o laminaciones). Algunos ejemplos y términos seleccio-
nados se muestran en la Fig. 12-8, adaptada en parte de las cla-
sificaciones de McKee y Weir (1953) y Lowell (1955) . La
EL TRABAJO DE CAMPO EN LJ\.S ROCAS SE.DIMENTARIAS 295

estratificación cruzada es panicularmente útil en la d eterminación


de las direcciones de las corrientes, como se indica más adelante
bajo el título de Rasgos internos.

F~. 12-8. Rocas con utn.tificació n erutada. (A) Coniun!Oll tabulara de


paf1'ón diagonal (B) Coojun1os que se .cuftan. m <>&ttando eroP6n consi·
derable entre cada uno de ellos. (C) Conjunros tabulara a lenticulares
de pau6n n.ngenci1l; IÍpicameme, éstas 110n c:apas de marinas laminadas.
(0) ConjuntOll de cuenca si métricos c:on e;ea linea les bien definidoa; !Ípica-
meme, U toe representan rugos fluvi1la en gran C1JC1la. l.a1 flechas indi-
can las direcciones de la corriente.

Espesor. El espesor de las capas es un aspecto de su mor•


fología especialmente útil. Los espesores reales deben registrarse
en todos los casos, ya que las dimensiones limítrofes de términos
tales como estratificación gruesa y estratificación d elgada, no han
sido ampliamente establecidos (ver Jngram 1954). Se recomienda
aquí que el término laminae (o laminaciones) se utilice para
capas delgadas suboi:dinadas dentro de un estrato (Fig. 12-6).
Normalmente, los espesores de las laminaciones varían con el
tamaño del grano. Los estratos de arenisca de grano grueso ten•
drán probablemente liminas de 1h cm hasta 21h cm de espesor,
mientras que un estrato de lutita arcillosa de lf~ cm de espesor
puede tener desde unas pocas hasta un gran número de láminas.
296 MANUAL DE OEOLOGIA DE CAMPO

El espesor máximo, minimo y promedio de las capas en un


afloramiento determinado, debe ser estimado y donde están pre-
sentes más de un tipo de roca o estrato, deben registrarse los
espesores de cada una. Deben registra rse los espesores de los jue-
gos de capas, así como el espesor común de las láminas u otros
rasgos subordinados de estratificación. En todos los casos, sin cm•
bargo, la precisión de las estimaciones o mediciones debe ajustarse
a la regularidad de los estratos y al propósito del estudio, ya que
la medición de capas puede absorber mucho tiempo, y resultar
complicado.
Rastos int er nos. Un estrato puede ser homogéneo interna•
mente (sin estructura, o macizo); puede tener graduación o puede
estar laminado en una diversidad de formas (Fig. 12-6), Los ras-
gos internos pueden utilizarse para interpretar las condiciones d e
depósito, así como la cima estratigráfica de los estratos. El echado
de las capas o láminas con estratificación cruzada pueden dar
una indicación valiosa de la dirección de la corriente. Esta direc·
ción debe indicarse en el plano con una flecha y no como un
símbolo de rumbo y echado. Siempre que sea posible deben de--
terminarse la dirección promedio de la con-iente y el grado de va•
riación de este promedio por medio de la mediciOn de varios
estratos en cada afloramiento. Si las lecturas no varian arriba
de 100 del promedio, se podrán indicar con una sola flecha.
Si la variación es mayor, las lecturas individuales pueden indi-
carse como un grupo de radios o tomarse nota de ellos para ser
analizados más cuidadosamente en la oficina. Las flechas de in-
clinación deben representar la estratificación cruzada de. un· solo
tipo, especialmente do0de las rocas son de origen no marino. La
estratificación cruzada en forma de pequeños sinclinales, por
ejemplo, muestra una gran variedad en la dirección de las indi·
naciones; donde los afloramientos son buenos, la parte inferior
del pequeño sinclinal es el más útil de los elementos lineales.
Lowell (1955) describió un -estudio de campo en el que se uti-
lizaron varios tipos de estratificación cruzada.
Donde se acumula arena fina o limo sobre una superficie con
rizaduras de corriente, pu ede formarse una capa c.on marcada la~
minación, depositándose en las pendientes corriente abajo de las
rizadura.s (Fig. 1Z-9a). Este tipo de estratificación da una exce·
EL TRABAJO DE CAMPO EN LAS ROCAS SEDIMENTARIAS Z97

lente medida de la intensidad de la corriente y de las condiciones


de depósito, pero contrariam ente a la estrarific:ación cru:iada ver·
dadera, las capas d e laminación sobrepuestas 6enen un echado
corriente arriba.
Los plegamientos y otras estructuras internas de flujo d entro
d e las capas pueden utilizarse algunas veces para reconocer la
dirección de la inclinación original de los depósitos (Fig. 12-98).
Generalmente puede p robarse el origen no tectónico de estas es-
tructuras ya que las capas están intercaladas en una secuencia
con estratos n o deformados. Comúnmente las superficies supe·
riores de las capas d eformadas han sido erosionadas moderada-
mente antes de que se depositasen las capas suprayacentes. Las
perforaciones no deformadas de animales barrenadores, también

F~. 12-9. (A) l..lmln1clones con rindura de corrienic que d1n una hnprc-
1i6n de conju n m como de e~tratific1dón cruzada. La dirtt.ción de la co-
nie.ntc uti indicada por la flecha. Tcn-IUI de.! do Truckce, al orie. n te. de
Re.no, Nevada. (B) Laminaciones de íl uJo plep d o e.n una capa de areni1ea
cre.ticica cerca de Pt. Concepción, California. Tan10 la corrien~e original
como e.I flujo 1ublecuente fueron de derecha a izqu ierda. Ver 1ambit!n Prcn-
tice (1960). {C) Orifici01 rellenos. de origen anim al (marcadot por fle.chas)
que cormn lamlnaclonu plegadas. Nó1enM lu c&nucruru r otal en lu capu
de arenisca mh de.lgadas. Núcleo de perfoncl6n de tocas del P e ntilvúúco
Su perior de 11 Runnc l1 Co., TeJtU ; coccc&ia de M K. Bluatein. (D) Qri.
fidos de origen animal rellenos, en cuarcl!a del Cii mbrico, en M o ine, a1
o rie nle de Loch S1adc, Eal;ocia.
298 MANUAL DE OEOLOGJA DE CAMPO

pueden utilizarse para determinar la deformación primitiva de


los estratos (Fig. 12-9C). La inclinación y la dirección de lasco--
rrientes no n ecesariamente d eben ser paralelas, y por lo tanto debe
utililarse un tipo de flecha distinto para indicar cada uno d e ellos
en el plano.
La abundancia d e perforaciones de animales rellenas ("tubos
de gusanos") es característica en algunas secuencias. El asenta•
miento de las láminas delgadas dentro de las perforaciones gran-
des, puede dar una indicación d e la parte superior de las capas
(Fig. 12-90).
Estructur-a interna de las caPos. U na estructura plana den.-
tro de capas d etríticas será paralela a la superficie sobre la cual
se depositaron los granos, y una estructura lineal ind icará la di-
rección de la corriente sobre la superficie. Los guijarros, los fósiles,
los pedacitos de lodo o lutita, y los fragmentos d e madera car•
bonizada, son elementos especialmente útiles de la estructura, ya
que fácilmente pueden ob.servarsc en los afloramientos (Fig.
12-lOA y B). Los fósiles con forma de platillo hondo tendrin
la tendencia a voltearse con su parte convexa hacia arriba lXl'I"
la corriente, y tambien pueden colocarse en forma imbricada (Fig.
12-lOC). En aquellos lugares en donde están orientados con su
parte convexa h acia abajo, puede deberse a que cayeron en esa
posición y fueron cubiertos rápidamente, tal ve:. durante el des-
arrollo de una corriente de turbide:. (Fig. 12-100). Los fósiles
alargados tambien pueden orientarse marcadamente por las co--
rrientes; las conchas con extremos puntiagudos, como por ejemplo,
las de las turritelas, tienden a colocarse con sus ápices apuntando
corriente arriba.
Las micas d etríticas, la clorita, las placas de feldespato y
los pequeilos fragmentos de h ojas, frecuentemente yacen paralelos
a la estratificación, y los fragmentos alargados de plantas y granos
minerales podrán formar una estructura lineal. Generalmente,
estas estructuras le dan una fisilidad en planos a los estratos, que
por otra parte carecen d e estructura alguna; de esta manera ayu-
dan a determinar la dirección d e la estratificación en capu muy
gruesas y h omogéneas. El alineamiento d e los granos, frecuente--
m ente puede medirse sobre superficies que son paralelas a la
estratificación.
EL TRABAJO DE CAMPO EN LAS ROCAS SEDIMENT ARf AS 29!!

Fig. 12-10. Disposici6n de fragmentos grandes en secciones transveraales


de capaa. (A) Oriemaci6n a lo largo de la eatratificaci6n de esquistos de
blll'To en una areni5Ca del Cretácico Superior de l as Momal'ias Santa · Ana,
California. Nóte5C la graduación inveru en el tamaf'io de los fragmentos.
Según una fotografía tomada por C. A. Hopson. (B) Estructura imbrinc,...
da. Los cant03 rodad<>11 aplanados tienden a clavarse corriente arriba, y 106
alargados tienden a hundirse corriente arriba. Genenolización de unas terra-
zo de grava desecadu del área de Pacheco Pass, California. (C) Posición
estable de conchas grandes de almejas en relación eon l a corriente. (D)
Orientación de conchas de almejas en una eapa de a:ren i5Ca graduada del
Paleoceno, en el Arroyo Seco, Condado de Monterey, California.

Reorientación de datos lineales. Las flechas que indican


la corriente y la inclinación, medidas en secuencias plegadas y
afalladas, deben reorientarse en lo posible, a ocupar sus posicio-
n es o riginales antes de utili2árseles para analizar las corrientes y las
inclinaciones antiguas. En la mayor parte de las secuencias no
metamorfiz:adas, la .c orrección puede hacerse girando las capas in-
clinadas a s u posición original (comúnmente horizontal). Esta
rotación se hace sobre un eje paralelo al eje del pliegue del que
forman parte las capas en cuestión. Donde los afloramientos son
abruptos y no se requiere una gran precisión, esto se puede hacer
en el campo haciendo girar un fragme nto de roca con estructura
lineal a su posición original aproximada y midiendo con una
brújula su dirección. La corrección también puede hacerse to-
mando una lectura de la estructura lineal tal como apareee en
el afloramiento y usando una proyección estereográfica para
J00 MANUAL DE GEOLOGJA DE CAMPO

hacer el giro (Phillips, 1954; Badgley, 1959). Las capas que han
sido p legadas fuertemente más de una vez, o que han sufrido
flujo o cizallamiemo durante su plegamiento, pueden reorientarse
solamente después de hacer un estudio detallado y un análisis
de la deformación. En cualquier forma, las estructuras reorien-
tadas deben indicarse o registrarse de tal manera que no se con-
fundan con datos estructurales que no hayan sido reorientados.

12-5. Superficies entre los estratos


Las superficies entre los estratos pueden ser tersas y esencial-
mente de forma plana o pueden mostrar rasgos causados por
rizadoras, corte y relleno causado por corriente, carga de com-
pactación, movimientos a lo largo del dedive, movimientos de
animales, desecación, o una combinación de todos estos procesos.
Estos rasgos se dasifican más adelante sobre una base genérica.
Ya que el origen de algunos de éstoS es motivo de conjetura, cada
caso debe examinarse con cuidado.

Fig. 12-11. Rizadu ru de coniente y de occ..ilación en arena. Las flech.u


indican la direcci6n de la conieme y la de propagación de 1.. olae.

Rizaduras. Las rizaduras pueden clasificarse como asimé-


tricas o de corriente y simétricas o de oscilación. Las rizadoras
de corriente generalmente se forman en ángulo recto con la dfrec-
ci6n de la corriente local, con su lado de mayor inclinación
corriente abajo (fig. 12-llA). Las riza.duras de oscilaci6n se for-
man en ángulo recto a la dirección de la propagación de las olas
(Fig. 12-llB), aunque frecuentemente muestran formas com-
plejas causadas por la interferencia o superposici6n de las olas.
Las crestas puntiagudas d e las rizadoras de oscilación bien forma-
das pueden utilizarse para determinar la parte superior de los
estratos. Deben hacerse nume rosas observaciones y lecturas direc-
EL TRABAJO DE CAMPO EN LAS ROCAS SEDIMENTARIAS 301

cionales, pues existen rizaduras con formas anormales que ya han


sido descritas.
Estructuras de corte y relleno. Las estructuras lineales de
corte y relleno son muy útiles, porque su alineamiento indica la
di rección de las corrientes locales, y sus fonnas pueden mostrar
cual es la parte superior y cual es la parte basal de los estratos.
Los canales conados y rellenos en la base de capas de conglo-
merado o de areniscas muy gniesas, son uno de los rasgos más
grandes y prominentes de este tipo y pueden haber sido for,
mados, tanto en los sedimentos fluviales como en los marinos. Las
formas más pequeñas se presentan comúnmente dende las co-
rrientes cargadas con limo o arena fonnan depresiones · sobre se-
dimentos arcillosos o donde los guijarros, las conchas, la madera
o las algas marinas desplazadas se arrastran o rebotan contra
el fondo. Las marcas originales pueden verse en sección en los
estratos, pero raras veces se conservan en tres dimensiones, ya
que la lutita o el lodo subyacente, casi siempre se erosionan más
fácilmente que la arenisca que la cubre. Las estructuras se pre•
sentan frecuentemente, sin embargo, como moldes tridimensio-
nales invertidos sobre la base de las capas de arenisca . La termi-
nología que se utiliza se refiere con más frecuencia y casi
exclusivamente a estas formas invertidas. Los moldes de cana•
!aduras scm alargados en la dirección de la corriente y tienen una
fonna triangular, de cuchara, o de pico de ave, con la parte más
puntiaguda o prominente dirigida corriente arriba (Fig. 12-12A
y B). Los moldes de surcos son rasgos alargados más simples, que
dan solamente la dirección de la corriente (Fig. 12-12C). Crowell
(1955), Kuenen (1957), y Wood y Smith (1959), han descrito
estos rasgos en detalle, haciendo énfasis especial en sus relaciones
con corrientes de turbidez.
Otro tipo de alineación por corriente que se forma en arenis-
cas laminadas o de estratificación delgada consiste de lineas sua•
ves, de lineas de planchas y de pequeñas prominencias sobre lns
superficies de crucero de estratificación (Fig. 12- 120). Esta es-
tructura lineal probablemente se forma por la acumulación y el
alineamiento debido a las corrientes de los granos en forma se-
mejante a como h ace el viento con las hojas secas de los árboles.
Aunque puede no tratarse de estructuras de corte y relleno, t=e
J02 MANUAL DE GEOLOG IA DE CAMPO

Flc. 12-12. Estruc:tufaa lineales formub.1 por las c:orrl11nte1. (A) M oldea
d 11 c:analaduru u ondulacione1 c:on 11xttemos no1oriam11n111 pic:udos en la
bue d e capu de ar11nisc11 del Eoceno al poniente de Standford, California.
Corr111ia d 11 E. A. Sclmüdr. (B) M oldu d11 c.analadmu .llimp\111 11n I• bue
de unu upas de areniocaa del T ri iaic:o Superior de la C....dillen Santa
Roaa, Nevada. (C) M old111 d 11 111trlu de corrie nte, una de cuyu acrie9 e mi
sobr11pues1a a la otta ; Tfi hico SupcriOf c:erc:a de bce, Ore¡ion. T omado de
una fotografía d11 W. R Dickimon. (D) Ligeras a1incacion111 de c:orrl11n111
cndma de cap as arerUacu. Figura ge ncraliada tom ada de vuiu Uminas
de arenisca. Vec t•mbiin S1ok111 (19.SJ). Todoa. los bloques 110n de JO cm.

incl uyen aquí para efectos de comparación con los m oldes de ca~
naladuras y surcos.
M oldes de mate rial de asenta miento . En los luga res d onde
los lodos con una gran cantidad de agua quedan cubiertos por
una capa de material detrítico más grueso, hay una tendencia a
que el material más grueso se incruste o asiente h acia abajo sobre
el lodo cuando la superficie de contacto entre ambos está un
tanto deprim ida. Las depresiones o riginales pueden h aber sido
formadas por el corte d e corrientes, o riza.duras, por el m ovimiefl-'
to d e animales o por comparacci6n diferencial; por lo ta nto, Jos
cuerpos de arena y de material asentado pueden te ner cualquier
forma desde la lineal, hasta la cquidimensional o de bolsas irre-
gulares. Estos rasgos se conocen con el n ombre de moldes d e
EL TRABAJO DE CAMPO EN LAS ROCAS SEDIMENTARJAS 303

material asen.urdo, ya que se presentan comúnmente sobre la base


de las capas de arenisca. Crowell ( 1955 p. 1360) postula que
los moldes lineales de material asentado pueden ser el resultado
directo de un corte y relleno donde actúa una corriente de tur~
bidez fuertemente cargada con material detritico. Si se encuen-
tran laminaciones o granos gruesos de arena, las relaciones tales
como las mostradas en la Fig. 12~13, pueden indicar el grado
relativo de corte y relleno. De cualquier manera, los moldes de
material de asentamiento pueden utilizarse para determinar la se~
cuencia estratigráfica .

Flg. 1~13. Secciones Idealizadas de estTucturu de corte T relleno y de


ueniamiento. (A) C<wte y relleno ~imple en lutita lamin.da. Nótese la
concentl'aci6n de 109 mllttiales mis gru~ (8) Cone y relleno co n asen-
ramienro moderado, como lo indica d arqueamiento de lu liminas. (C)
Estructuras de uentamien10, con poco o ningún relleno.

Estructuras f ormados por el corrimiento, arrastre y des/J-


.zo m;ento. Los sedimentos se pueden plegar o romper por el
corrimiento o el deslizamiento ladera abajo y los materiales depo-
sitados por corrientes de turbidez densas pueden deformarse a
medida que la corriente se arrastra contra ellos. Estos movimien-
tos frecuentemente vuelcan las proyecciones de lodo corre bolsas
de arena (Fig. 1Z.14A). Om movimientos mayores, las bolsas
pueden plegarse o enrollarse en forma compleja (Fig. 12~14C).
Las laminaciones internas son una clave imporranre en la deter~
minación del sentido de estos movimientos (Fig. 12-9B y C). El
d eslizamiento causado por la gravedad puede plegar, romper, e
interdigitar sedimentos en una escala tan grande que los efectos
solamente pueden observarse en afloramientos grandes (Fig.
12-14B).
Morcas de anjmoles. Existe una gian variedad de marcas
de animales, pero por mucho las m9.s comunes e n sedimer..tos
304 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

Fig. 12-14. Stcedones que muestnn detalles de corrimiento y de flujo con


indicaciones de movimiento hacia la izquierda. (A) Bobas uimétricu de
arena en la base de una capa de arenisca graduada, laminada y con riza.
duras. Creticko Superior de la Cordillera de Sama Luda, California. (B)
Repliegue por hundimiento de una capa de csqui.stes de morro, Orinduone
Creek, Condado de Olean, California. Sc¡ún C.-owell (1957, p. 1000). {C)
Pliegues de flujo, rodamiento, y estructuras de ruptura por ~nsi6n en capas
de arenisca en materiales arcill0804. Existe un alineamiento moderado en
ánguloe recros con la página. Núcleo grande de rocu del Pensilvinico
Superior del Condado de Rum-.cl s, conesla de M. I<. Blausrein.

marinos son cuerpos burdamente cilíndricos de medio centímetro


a centímetro y medio de diámetro, que aparentemente son el
relleno de tubos, barrenos y perforaciones en arena suelta y lodo.
Son útiles indicadores de la parte superior de los estratoo, ya que
comúnmente se preservan en la base de estratos de arenisca o de
limolita que descansan sobre capas de lutita o lodolita (Fig. 12--15A
y B). Con menos frecuencia, las marcas son hechas por animales
que se arrastran sobre el fondo o por la percusión de anima~
les que se arrastran sobre el fondo, o los nadadores que golpean so-
bre el mismo. Los sedimentos d e agua somera o subaéreos pueden
mostrar las huellas de animales mayores (fig. l:Z..150). las caras
positiva y negativa de estas diferentes marcas pueden reconocerse
en la mayor parte de los casos y puede utilizarse para. determinar
la parte superior d e los estratos. También proporcionan un medio
EL TRABAJO DE CAMPO EN LAS ROCAS SEDJMENTARJAS }05

Fir. 1 2-tS. (A) Huellu carae1erí1tlcu de a nimalq pequet.os 10brc el fondo


de u na li mi na de arenisca de gl'ano fino; Tri;.sico S uperior de la Cordillcni
de Santa Rou, Nevada. (8) Promi nenciu 1ubularcs en el fondo de una
C•Jl'I de arcru.c. del P.leoano de la Cord;ller11 de Santa Lucia, Caliíornia.
(C) Orie nr.1 de de~ción en ar¡:ilita lim<.>N, rellenu con arg:ilita areno.a¡
d e Is u (ión de la M....., ta del C.,lorada. (D) Impresión de la pi..d a de un
dlnotaurio en una capa de aunitca. roja de Ponland, Conn.

para la detenninación de la edad relativa de la dcformaci6n d e:


scdimc:nr0& suaves (fig.. 1Z...9C).
Marcas en sediment os d esecados. Los sedimentos que se
d esecan y humedecen alternativamente: pueden mostrar grietas
de lodo, huellas de animales terrestres, marcas de percusión de:
gran izo y ll uvia, e impresiones d e cristales de hielo o sal (Fig.
I2-15C). Al igual que todas las marcas superficiales, estas formas
se con servan más común mente como m old es sobre la base de:
estratOl!i de lino que sobreyacen a las capas d e lodo sobre las c ua-
les dic h as marcas se imprimieron originalmente.

12-6. Discordancia•
Las discordancias son superficies de erosión o d e falta de
depósito que eventualmente quedan cubiertas por estratos más
jóvenes. Estas superficies t ien en dos valores estratigráficos im·
portantes: e l volum en d e sedimento& q ue ha sido quitado por Ja
erosión y el intervalo de tiempo durante el cual no hu bo depó-
sito de sedimentos. Estos valores pueden ser consistentes a través
de grandes áreas o pueden variar considerablemente en di! tancias
cortas. Se les puede: detenninar por medio del lc:vanramiento de-
tallado y por medio d el estudio de la fauna contenida en las rocas
inmediatamente arriba y abajo de la discordancia. U n tercer va·
lor importante: asociado con muchas disco rda ncias es la discrepan•
306 MANUAL DE GEOLOG/A DE CAMPO

cia estructural entre las rocas superiores y las inferiores; esta


discrepancia llamada dí:i:COTdancia escru.ctural, da una medida
de la defonnación asociada con la discordancia.
La mayoría de las discordancias principales muestra una di&-
crepancia angular; los mapas de las unidades litológicas propor-
cionan la mejor manera de advenirlas. Las relaciones angulares
en aíloramientos aislados, sin embargo, pueden ser engañosas,
ya que pueden haber sido causadas, por ejemplo, por el desli·
:amiento de los sedimentos o por afallamiento a lo largo de planos
de ángulo pequeño con respecto a la estratificación. Las fallas
frecuentemente pueden di$tinguirse por la presencia de una zona
de ciz.allamiemo o de roca brechada, asi como por ottoS mediOCI
(Sección 4-11)¡ sin embargo, algunas discordancias angulares han
sido modificadas por ciz.allamiento local de tal manera que se
ven como fallas más grandes. Las discordancias angulares que
han sido enmascaradas por un período de plegamiento posterior,
pueden descubrirse algunas veces comparando las estructuras de
la secuencia mlis joven con las de la secuencia (replegada) más
antigua (Secciones lS..7 y 15-11).
Las discordancias sin discrepancia angular apreciable pueden
advertirse por los siguientes medios:

l. Registro de los fósiles. La discordancia se prueba por fau-


nas superpuestas de edades claramente d iferentes.
2. Contraste en los sedimentos. Las unidades formadas bajo
condiciones contrastantes indican discordancias. Como ejemplo
pueden mencionarse los estratos no marinos cubiertos por capas
marinas, las secuencias con estratificación crmada cubiertas por
secuencias de rocas graduadas, las calcareniras cubiertas por ca-
lizas de grano fino con fósiles nectimicos que no muestran abra-
sión.
3. Suelos fósiles . Los perfiles de intemperismo subaéreo pue--
den conservarse como horizontes ricos en arcilla, rojizos o de color
ocre y localmente aun como capas húmicas. Estos materiales tam•
bién pueden estar incorporados en la capa basal de una secuencia
marina. En fonna menos común, las superficies subaéreas ant¡..
guas pueden quedar indicadas por manchones de grava, guijarros
pulidos por el viento y la arena, plantas fOsi les adheridas, de-
EL TRABAJO DE CAMPO EN LAS ROCAS SEDIMENTARIAS 3()7

pósitos superficiales de travertino, o capas fósiles de caliche


(Sección lZ..11).
4. Angularid.ad. local. Las relaciones de sedimentos que se in,
tercrµzan pueden indicar discordancias si se puede desechar el
corte y relleno en sedimentos sueltos (Sección 12-5). La presen,
cia de incrustaciones o perforaciones de animales puede indicar
un su bestrato sólido. Los fragmentos de la capa subyacente tienen
significado si no están constituidos por material arcilloso o cal~
cárco. Las superficies abolsadas entre capas de caliza son signi,
ficativas si contienen nódulos de arcilla o nódulos de pedernal,
pero los contactos irregulares por sí solos no lo son (considérese
la forma irregular de los arrecifes biogeneticos).
5. Fal.ta de depósito. Las superficies submarinas sobre las
cuales la acumulación es muy lenta pueden graduar lateralmente
a discordancias. Estas superficies están indicadas por d elgadas
capas ricas en glauconita, huesos, conchas o nódulos fosfatizados,
desecho$ fecales, conchas silicificadas, o nódulos de manganeso.
Cuando se intempcriz.an, las superficies pueden quedar indicadas
por zonas decoloradas o de color claramente ocre.

12-7. Cima y base de los estratos


Las secuencias conocidas de unidades estratigráficas propor,
cionan la base más segura para determinar la cima y base de los
estratos. Sin embargo, mientras se establece esta secuencia, la
cima y la base de las capas deben ser determinadas por criterios
tales como los descritos en las tres secciones anteriores. Si hay
duda en la confiabilidad de alguno de los criterios, deben bus-
carse otros. Los rasgos que no tengan un significado genético
claro, pueden en ocasiones utilU:arse después de haber sido pro-
bados en forma empírica. Una sección bien expuesta puede mos--
rrar, por ejemplo, la presencia de abundantes perforaciones de
animales que se presentan siempre en las partes inferiores y
nunca en las partes superiores de capas de arenisca en una derer,
minada formación. Este criterio puede entonces utilizarse para
d eterminar la parte superior de las capas en afloramientos aisla~
dos de la formación, a pesar de que podría no ser de confianza
para las capas de otra formación.
308 MANUAL DE OEOLOGfA DE CAMPO

La estratificación graduada y la estratificación cruuda se uti-


lizan tan comúnmente para determinar la secuencia, que es
n ecesario tomar algunas precauciones. A pesar de que la gradua-
ción de material grueso en la base a material fino en la parte
superior, es con mucho, la situación más común, en algunas par•
tes se ha observado la rdaci6n inversa, Las capas delgadas de
limo y arcilla (varvas) y capas de arenisca arcillosa que gradúan
hacia arriba a materiales más an:illooos, son mucho más confia·
bles. La graduación de areniscas bien seleccionadas y conglome--
rados siempre es sospechosa. Generalmente la estratificación cru-
zada es más dificil de interpretar en capas marinas de grano fino
que en rocas de grano más grueso, principalmente porque las
relaciones claras de inten:ruzamiento pueden ser escasas en las
rocas d e grano más fino. La base de un grupo de láminas de gra-
no fino puede curvear a hacerse tangente con las capas inferio-
res; sin embargo, la parte superior de capas laminadas por la
estratificación cruzada, pueden mostrar la misma relación (fig.
12-8C).
La cima de los estrat06, así como las condiciones ecológicas,
pueden determinarse donde se presenta un número grande de
fósiles enteros en la posición en que vivían (Fig. 12-16). El relleno
parcial de sedimento en los huecos d e formas fósiles indica tanto la
parte superior del estrato, como el echado original aproximado
(Fig. 12-16H). Shrock (1948) ha descrito criterios adicionales
para determinar la cima de los estratos.
En donde los estratos han sido tan perturbados estructural•
mente que se hace necesario buscar criterios para determinar la
parte superior e inferior de los estratos en muchos afloramientos,
los símbolos estructurales deben indicar los lugares en donde se
han observado estos criterios. Un pequeño punto u otra marca
puede agregarse a las líneas de rumOO donde se sabe que las capas
están en posición normal (Apéndice 4). El símbolo para estratos
recumbentes o volteados se usaría en este caso solamente don-
de se sabe con seguridad que los estratos están al revés, mientras
que el símbolo de estratificación ordinario se usaría donde las
capas pueden estar ya sea en posición normal, o volteadas.
EL TRABAJO DE CAMPO EN l.AS ROCAS SEDIMENTARIAS 309

11i)F~
~
Fii;. J2,J6. Fósiles como indicadoce. de la can eupcrior de 1.. cap aL (A)
Bric=oarios, l•p .. y otros a nim•les que forman incrustaciona .obre la cima
upuut• de conchH y u nto• rodadoe. {B) Rudistu o pcledpodos del tip0
de loe rudi•tH en posición de crecimiento. (C) ConchH de Schitoth<JCYou
(Terciario ) o de Pholadom)'A (M eemoico} se pueden enconttlf pan.d u , en
la p011ici6n en que viven (~uierda}, en tinto que los pclecipodoe de v1Iv..
desigu•lu deacanurin aio:>lwe •u valva m b convexa si quedan 11epulta d o.
en vida. (D) Lu esttcllu de mu y loa cquinoidcs talc1 co mo los eriws
de m ar tienden a quedar con un lado plano ventral h acia abajo. (E) La.
uttucturas en forma de ra i: de loe crinoidu se ramifica n h acia abajo. (F)
Los corales aollrarios se fijan JX)r la 1-se y llC ramifi can h acia arriba y
h acia loe ladOf; los corales coloniales y 1.. •1-u cakárc u t ienden a crecer
hacia afuera y h acia u ri\>9 adopttondo una forma co nvU'a h acia arriba (ex·
cepto en 1.. •uperficiea abrup1u o en !u u liemes d e loe anecifes). (G) loe
orificioe hech oa por animales en el sub-estrato rocoso tienden 1 abrirse h acia
ar riba. (H) Lo. rell en oe pudalu en las cavidad.,. de \u conchas sepuhadu
ind ica n el echado original de los dcpógitoa. Co ndensado y ~odilkado de
s.
s ... p ....poJldon o/ SIT<Wt JX)r W. Mullcr (1958, Sra.nford Un iveniity} , . ....
producido en Geo times, 1959, v. 3, nüma. 5 y 7.

12-8. Medición de secciones estratigráficas


La medición y descripción de secuencias de roca es un proce,
dimiento estratigráfico básico. Las secciones estratigráficas con
localidades d e fósiles bien determinadas, se utilizan para la jn--
terpretación de la historia geológica, para d escifrar estructuras
complicadas en á reas cercanas, para establecer el control litoló-
JJO MANUAL DE GEOlOGIA DE .CAMPO

gico y de microfósiles para las perforaciones, para que sirvan c!e


secciones tipo de las unidades de rocas y para: que afuden a re-
solver los problemas regionales. ·
Los sitios para medi r séC:dones detalladas deben reunir los
siguientes requisitoS : l) la estructura debe ser sencilla o suficien•
temente conocida para que las complicaciones puedan resolverse,
2) la secuencia debe estar bien ·expuesta y 3) la naturalexa gene-
ral de las unidades de roca, especialmente aquellas que sean
fosilíferas, debe ser conocida. Estos requisitos generalmente pue-
den reunii-se cuando una área ha sido levantada por lo menos
en parte. En los casos en que se sabe que la estructura es sencilla
y que la secuencia estratigrafica es compleja, sin embargo, sera
necesario medir alguñas secciones antes de iniciar el levantarñ.ien-
to. Estas mediciones preliminares deben planearse mediante es-
tudios de reconocimiento y de fotogeologia.
El método que se use para medi r una sección debe seleccio--
narse de acuerdo con el grado de detalle que se requiera, la
naturaleza física d el terreno y de los afloramientos, y del tiempo,
dinero, equipo, y personal de que se disponga. La medición y
d~ripción de formaciones gruesas no fosilíferas, por eje(nplo,
no n ecesita ser tan precisa como las que se utilicen para corre-
lacionar unidades fosilíferas con información de subsuelo. La
precisión de la medición queda determinada parcialmente por
los métodos de levantamiento topogn\fico y parcial mente por los
métodos de levantamiento topográ.fico y parcialmente por las re--
laciones geométricas entre la superficie del terreno y el echado
de las rocas. Donde la secuencia estratigrafica esta cruzada por
la superficie con un angulo grande, podran h acerse mediciones
p recisas mucho mas rápida y fácilmente, que cuando ambas son
casi paralelas (Fig. l:Z..17). El grado de detalle que debe regis-
trarse y el espaciamiento de muestras de rocas y fósiles, tiene que
considerarse cuidadosamente cuando se planea el proyecto; en
general, siempre es conveniente acopiar de más que de menos.
Medición de secciones a partir de mapas a fotografías .
Pueden medirse y d escribirse secciones trazando los contactos y
algunos puntos de una secuencia sobre u n mapa topogni.fico o
sobre fotografías aéreas. Ya que la escala de la mayor pane
de los mapas o fotografías es demasiado pequeña para trabajo
EL T RABAJO DE CAMPO EN LA S ROCAS SEDlMENT ARIAS JJJ

detallado, este método se utiliza principalmente para hacer un re.-


conocimento para trabajos más completos, para medir unidades
cartográficas grandes, y para confirmar espesores totales obtenidos
mediante m ediciones más detalladas.

Fi&. 12-11. Rcl..done• aeom~tricu ideii lu para medir ntntoa (arriba), coio1-
parada.i con una región donck el ech•do m•ve., el bajo relieve, y el upesor
variable, hacen d ifici l la medición.

Levontamientos con brNjula y a pasos. Este m étodo se d es-


cribe en detalle en el capítulo 3. Generalmente es adecuado
sólo cuando la superficie del terreno es horiz.on tal o tien e una
inclinación m uy leve, como a lo largo de un cam ino, sobre una
cresta su ave, o a lo la rgo del ca uce d e un arroyo. Su gran ven·
taja es de que puede ser ejecutado por un solo h ombre. Los
detalles pueden acumularse más rápidamente y con mayOl" pre•
cisión si se u tiliza una cinta o una baliza graduada para medir
las capas e n los corres.
M e dicion es con el bastón d e Ja cob . El bastón de Jacob es
una baliia o vara como de m etro y medio de largo, graduada
en d ecímetros y centímetros. Se utiliza para medir el espesor
de los estratos directamente en el afloramiento y mediante su
empleo un solo h ombre pued e acumular rápidamente una sec·
ción estratigráfica detallada en donde las unidades estén bien
expuestas y donde formen un ángulo grande con la su perficie
del terreno. las m ediciones se inician colocando el bastón en la
parte m is baja del afloramiento y o rientándolo a un ángulo
recto a la estratificación (Fig. 1Z..1 8A) . El observadOl" dirige una
visual paralela al echado d e los estratos a trav¿, de una m arca
determinada del bastón y anota e l punto del afl oramiento sobre
,12 MANUAL DE OEOLOOIA DE CAMPO

el cual cae su linea de visual. El espesor estratigráfico hasta


este punto, es igual a la distancia medida sobre el bastón. El
observador se mueve ladera arriba y coloca el bastón nueva~
mente, ya sea sobre el punto visado o sobre ciudquier otn> pu!UD
qwe esté sob,-e la misma capa. y así continúa midiendo los es-
tratos repitiendo los p asos ya descritos. Si el bastón puede incli-
narse por aproximación, d e manera que quede dentro de 8 ó 10°
de .Ja posición perpendicular a las capas, el error en una medida
d e metro y medio será del orden d e dos centímetros o m enos.
Para m ayor precisión ser& necesario o rientar el bastó n y la visual,
utiliiando una mira y un clinómetro (Fig. 12- 188), o con el
auxilio de una brújula Brunton sostenida o ajustada al bastón.
El echado d e las capas debe confirmarse con frecuen cia, proco-
dimiento que se facilita si un h ombre h ace las medidas, m ientras
ono confirma las inclinacion es y d escribe la litología.

Fi4. 12·1 8. Medición de utntos con d ba.o1ón d e Jacob. (A) So.tenie ndo
el bu1ón frente a \IR afl oramiento. (8) Vis1a amplificada d e la barra de
observación y 1.1n clinómetro simple hecho por un tTaruponador y 1.1n in,..
dicador de pc\ nd1.1lo. (C) C1.1rso Hcalonado de lu mcdidaa, moatrando de ....
pla.amien101 laterales.

Los afloramientos rara ve: son suficientemente continuos para


poder medirlos en una línea recta directamente ladera arriba
y a un cuando lo sean, deber&n hacerse d esviacion es a las lo-
calidades fosilíferas. El método del bastón de Jacob permite reali-
zar estas desviaciones con facilidad. Solamente será n ecesario ca-
minar a lo largo d e la traza de la última superficie de estratifi·
cación medida y continuar las mediciones sobre los afloramientos
más adecuados (Fig. 12-18C). Debido a la naturaleu en forma
EL TRABAJO DE CAMPO EN LAS ROCAS SEDIMENTARIAS 313

de zig-zag de las mediciones, las localidades fosilíferas imponantes


deben describirse en detalle. Las localidades pueden muestrearse
con facilidad posteriormente si se marcan con cintas o números
pintados de colores llamativos.
Métodos de plan cheta. La plancheta y la a lidada son
ideales para el levantamiento exacto de todas las localidades
muestreadas y descritas. Algunas veces, un mapa de este tipo
sera simplemente un esqueleto de líneas poligonales, puntos
de estadia, elevaciones y vistas laterales a los afloramien·
tos importantes. En otras ocasiones, será una franja levantada
en forma completa, mostrando todos los rasgos geológicos, así
como la topografia, drenaje y cultura. Ejemplo del último caso,
seria el levantamiento de la localidad tipo y de la sección de u!la
determinada formación.
Om la alidada y la plancheta se pueden obtener diversos
grados de precisión y velocidad. Una poligonal de estadia sin
control, con frecuencia resulta adecuada si las estaciones instru•
mentales no están a más de 250 metros de distancia una de
otra, y si la sección situada entre las estaciones se mide mediante
visuales de estadia a puntos donde cambia la litología o a los
lugares donde el echado de las capas cambia más de 5 ó 10°
(Sección 8-12) . Entre estos puntos, el detalle de los estratos
puede ser ubicado midiendo con una cinta de tela o utilizando
el estada ! a manera de una regla para medir. Los ángulos ver•
ticales entre las estaciones de instrumento o los cambios brus-
cos en la pendiente del terreno deben medirse.
Cuando tienen que hacerse mediciones de plancheta que
cubran distancias grandes (como por ejemplo, cuando se trata
de estratos de poco echado en áreas de bajo relieve), puede
ser necesario extender la base del control del levantamiento por
m edio de la intersección de una cadena de triángulos o cuadri-
láteros (Fig. 12-19). Entonces, con poligonales de estadia entre
los puntos de intersección se pueden medir las secciones y loca-
lizar los puntos de muestreo. Si el echado de las capas es de
menos de 15°, como en la Fig. 12-19, deberán hacerse mediciones
verticales con especial cuidado, ya que los errores en posición
vertical se traducen directamente en errores en el espesor estra-
tigráfico. Las mediciones de echado por medio de la brújula
314 MANUAL DE GEOWGIA DE CAMPO

en tales áreas, son generalmente tan imprecisas que será necesario


determinar- los echados promedio por el método de los tres puntos
(Sección 2-7, método VI).

Fig. 12-19. Control de plancheta pua h acer mediciones a través de capas


de echado suave, · teniendo en cuenta muchos despluamientOI sin reducQ-
la ptc<:isión.

MeJ;ción de secciones con tránsito y cinta. Cuando se


requiere contar con un levantamiento exacto y estacado perma-
nentemente y cuando el terreno tiene inclinaciones demasiado
pronunciadas o es demasiado abrupto para hacer un buen le--
vantamiento por medio de la plancheta, será necesario utilizar
el tránsito y cinta. Un tránsito ·pequeño (de montaña) es ideal
para este tipo de trabajo y los métodos que se utifüan son bá·
sicamente los mismos que se describen en la Sección 7-13. Los
detalles estratigráficos entre estaciones instrumentales pueden le-
vantarse por medio de los métodos de estadia o haciendo lec-
turas de ángulos verticales y midiendo las di.o.t:ancias con cinta
directamente sobre el terreno, como se describe a continuación.
Métodos con brújula y cinta. los levantamientos con brú-
jula y cinta son por lo general suficientemente precisos para la
medición de secciones e&ratigráficas donde los estratos tienen
echados mayores de 15° e intersectan la supedicie del terreno
en un ángulo suficientemente grande. Las mediciones se hacen
más fácilmente en dirección ladera abajo. El procedimiento que
se describe a continuación, es para un grupo de dos hombres;
sin embargo, un solo hombre podrá hacet las mediciones si la
cinta se puede fijar en su extremo O.
l. Un hombre sostiene el extremo O de la cinta sobre el
punto de partida, mientras el segundo lleva el otro extremo
de la cinta hasta el primer quiebre de inclinación del terreno.
EL TRABNO DE CAMPO E:N U.S ROCAS SEDIMENTARJAS JJS

2. El ángulo d e inclinación del terreno se mide y confirma


por a mbos h ombres.
) . La cinta se lija sobre la ladera (por ejemplo, con una
estaca) y principiando en su extremo O, las rocas se examinan
y d escriben; su posición se registra de acuerdo con las mediciones
leídas directamente sobre la cinta (distancias sobre la ladera)
(Fig. lZ..20).
4. Los rumbos y echados se miden d onde sea necesario y el
ángulo entre el rumix> y la línea de sección se mide y se anota.
S. El extremo O de la cinta se mueve ladera abajo hasra
el primer quiebre d e inclinación del terreno y se repiten los
pa.505 números 2 al 4.

Fi,:. 12-20. Medición ·de esttatoto .obre una pendiente, tom1 ndo como re-
ferencia una ci n ta estinda. Loe corche1u Indica n tres unidades acu muladu
duran te esta medida. Nórcsc la proyección del c;<>ntacto aliza-lu1i1a a la
cin1a.

C uando los afloramientos son abruptos o cuando los estratos


interceptan la superficie del terreno a ángulos cerca de 90°,
la cima puede ser utilizada como un bastón de Jacob para medir
el espesor verdadero en forma directa.
Estos espesores deben registrarse como espesores verdaderos. En
cualquier forma, términos como encima o 'aJTiba no d eben ser
utilizad os a menos que se refie ran claramente a posiciones estra-
tigráficas y n o a posiciones topográficas.
Co rrcccione$ por inclinación del terreno y se cciones obli-
cuas. A menos que los espesores verdaderos se midan d irecta-
mente como con el bastón de Jacob, deben calcularse a partir
de las distancias medidas sobre la ladera inclinada. Si la distan cia
medida sobre la ladera es oblicua al echado de las capas, d ebe
Jt6 MANUAL DE GEOLOOIA DE CAMPO

primeramente conegirse con la siguiente fónnula (basada en las


notas mostradas en Fig. 12-21).
AC = ABcosa

....~~··
.... .~~~·
,. . . . . . >.:::;;;:
. _/.
. . LI_ .. .. Fi¡. J 2-J2, Corncción por pendien.
fe de un• distancia medida oblku...
mente con rel•ción d ech1do de lu
, .. =- e
B

A continuación se calculará el espesor verdadero por medio de


una de las fónnulas m cx;tradas en Ja Fig. l:Z...22, escogiendo la
indicada, de acuerdo con las relaciones entre la inclinación
del terreno y el echado.
Estos cálculos se aplican en la mayoría de los casos, cuando
los echados son esencialmente paralelos a través de un intervalo
calculado. Si es necesario calcular los espesores a través del
flanco de un pliegue, donde los echados cambian en forma pro-
gresiva entre dos valores limites, puede utilil:arse el método
descrito por H ewett (1920).
Los cálculos pueden hacerse más fácilmente con una regla
de cálculo urilita ndo funciones trigonomCtricas (Apéndice 7).
Pueden tambii-n determinarse gráficamente o en la mayor parte
de los casos por medio de m onogramas (véase por ejemplo,
Martie, 1922) . Los dibujos o monogramas d eben, sin embargo,
ser suficientemente grandes para dar un grado d e precisión que
sea adecuado para el trabajo de detalle y tales determinaciones
a veces toman tanto tiempo como los cálculos con una regla de
cálculo.

12-9. Muestreo para microfósilcs


Los microfósiles frecuentemente proporcionan los mejores m e--
d ios para correlacionar las secuencias estratigráficas con las eta~
pas o series conocidas. Las rocas deben examinarse en busca de
microfósilcs cuando se levanta un área por primera vez y las
q, la larl1m:t y el eehaab se 1iK:/1"'111 .,, di~/0'1t!!S
opuesfa.5 r e/ Ó"fU/(J d. k p~11a'/6~ áf!}/ t
hHYS11o(y)1mÍS e/al./ ec.hQ({o(>l'~es.::..S04 ;.i: ~

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A -- - - -
8C•A8 s~,, (y-x). 1~d1;,ac10.. áeft~,.,..,.,

F~. 12-22. Fónnulu que se emplean S-" IH variu combiru.donu poei-


bl,.. de dmtcciOn e lnl(...,klad de la pondiente del lerreno y del echado o
indin.ticián de lu C•pu.
JJB MANUAL DE GEOLOOIA DE CAMPO

muestras deben llevarse a donde puedan observarse los fósiles.


La información que se obtiene de la lectura o de discusiones
con micropalcont6logos es especialmente valiosa en esta etapa del
trabajo. Si se sabe, por ejemplo, que solamente los foraminíferos
calciireos más pequeños podrán &er útiles en una cierta parte de
la .se(:ción, se muestrearán las argilitas mis finas con preferencia
a las lutitas limosas que podrán contener fOOlminíferos arená-
ceos más grandes. En forma ideal, la.s localidades muestreadas
en esta etapa están esparcidas ampliamente, tamo estrt1tigráfi-
camente como en forma paralela al rumbo de loe estratos. Si
hay unidades d e grano fino grue&as en las cuales no se hayan
encontrado fósiles, deberán obtenerse varias muestras de los
materiales mis prometedores (generalmente los de grano más
fino).
Las determinaciones de la fauna del primer grupo de mues-
tras puede resolver muchos problemas estratigráficos, pero gene-
ralmente también indican la necesidad de un muestreo adicional.
A lo largo d e ciertos contactos o fallas o donde las partes relati-
vamente delgadas de una sección se presentan con contenido
de varias :romas faunalcs o etapas diferentes, puede necesitarse
un mayor número de muestras. Las secuencias de rocas f06ilí-
feras cxcepdonalmente bien expucstu, podcin ser muestreadas
en gran detalle, tanto estratigráfica como lateralmente para pro-
bar la validez de las zonas faunalcs o de las etapas locales pro-
visionales (Scc:ción 12-2).
Las mediciones estratigráficas descritas en la Sección 12-8 ge-
neralmente se utilimn como base para un muestreo sistemático.
Las siguientes sugestiones se refieren a las muestras mismas.

l. Si se van a utilizar fósiles calcáreos, las muestru deben


ser frescas (aunque a veces las muestras mOOeradamente intem-
pcrizadas son útiles, ya que son deleznables).
2. Las muestras deben ser suficientemente grandes¡ a menos
de que los fósiles sean francamente abundantes, se requeririan
unos 5 kilos de muestra.
3. Las localidades deben ma rorse con precisión sobre un
mapa o d escribirse en forma completa e n las notas.
1-. Debe conocerse la posición estratigráfica. Esta quedará
EL TRABAJO DE CAMPO EN Ur..S ROCAS SEDIMENTARIAS 319

d eterminada en forma automii.tica si se está midiendo la sec-


ción; de otra manera Ja distancia estratigráfica al contacto o capa
indice más cercano, debe medirse en forma directa.
S. El origen de la muestra debe marcarse sobre el afloramiento
de manera que posteriormente se pueda obtener más material.
6. Las bolsas de muestra deben ser herméticas al material
fino y estar marcadas por fuera, de manera que no sea necesario
reabrirlas antes de llegar al laboratorio.

12·10. Registro de pozos y sondeos


Los registros de pozos son descripciones o representaciones
gráficas de los estratos penetrados por un poro o por un sondeo.
Cuando las capas son horizontales, estos registros son esencial-
mente secciones columnares. Los registros deben hacerse en el
momento en que se está perforando el pozo, ya que el procedi-
miento de muestrear, etiquetar, almacenar y reabrir las muestras,
tiende a incrementar las posibilidades de. contaminación y de
identificación errónea. D e ser posible, el ge6logo debe supervisar
esros procedimientos y también deberá cerciorarse que se guarde
la mayor cantidad de material posible. Antes de muestrear un
pozo en perforación, deberá conocer con exactitud los métodos
de perforación, las velocidades típicas de penetración de las di-
ferentes unidades, y el comportamiento que se espera del equipo
de muestreo con que se cuenta. Estos aspectos del registro de
poros han sido d escritos en la obra SubsuTface Geologic Methods
(Métodos geológicos de Subsuelo), poc LeRoy ( 1950), así como
en publicaciones subsecuentes.
Registro de núcleos. Generalmente pueden registrarse gran-
des cantidades de muestras de núcleo con el siguiente procedí-
miento:
l. Constrúyase un registro gráfico, ya sea con símbolos litoló-
gicos o colores que indique las principales unidades de roca y
contactos, asi como la presencia de fósiles, capas índice y mani-
festaciones de petróleo o zonas de alta porosidad.
2. Rellénense los espacios de este registro no muestreados,
haciendo referencia al registro del perforador u otros registroe
accesorios.
320 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

3 . Comp:irese el registro gráfico con la secuencia estratigrá-


fica o estructura l esperada.
4. Donde sea necesario, reexamínense las muestras de núcleo
para hacer descripciones más detalladas de las unidades de roca,
inspeccionar intervalos criricos, contactos y relaciones estructu-
rales anómalas, y para obtener muestras.

Generalmente las muestras se obtienen a intervalos determi-


nados prescritos. También deberó.n colectarse en forma sistemática
en los contactos, capas índice, fallas u otros rasgos imponan-
tes para las interpretaciones estratigráficas. Las muestras lito-
lógicas son más útiles si se cortan los núcleos a lo largo de su
eje. La profundidad deberá indicarse con tinta impermeable o
con pintura sobre un lado de las muestras de núcleo orientán-
dola de tal manera que pueda leerse cuando !a muestra está en
su posición correcta. Si la estratificación no se observa con cla-
ridad en la muestra, la dirección de ésta deberá ser pintada
como una banda alrededor del núcleo. De ser posible, debe rá
marcarse sobre la muestra el nombre y el número del pozo.
Las muestras para microfósiles deben colectarse, tanto en los
intervalos prescritos como en los horizontes críticos. Es necesario
hacer observaciones con la lupa de mano para seleccionar los
materiales más útiles, ya que muchas rocas arenosas o limosas
son de color obscuro en los núcleos. Las lodolitas y las luritas
son especialmente susceptibles de fragmentarse o contaminarse
durante el muestreo y almacenaje, por lo que los materiales rotC5
deben seleccionarse con mucho cuidado. Cualquier duda oobre
su confiabilidad tiene que indicarse claramente en la etiqueta,
así como en las descripciones del registro. Las muestras deben guar-
darse en bolsas fuertes a prueba de polvo y etiquetadas con el
nombre y número del pozo, número del núcleo, profundidad o
intervalo, nombre de la roca, formación (u otro nombre de
unidad) y la probable posición estratigráfica que ha sido deter-
minada a partir de la muestra.
Los datos de las descripciones litológicas de los núcleos deben
ser registrados en orden de importancia. El grado de detalle que
se requiere depende del proyecto; pero siempre convendrá mues-
trear miis de lo que es aparentemente necesario. Los colores
EL TRABAJO DE CAMPO EN LAS ROCAS SEDJMENTARIAS 321

de las muestros en los n úcleos son mucho m is diagnósticos que


en los afloramientos superficiales y estos colores podni.n regis-
trarse con precisión utilizando uno. gama de col<Xes detallada
(pág. 285). Los horizontes q ue muestran una coloración sccun·
daria deben registrarse, ya que ellos pueden indicar fa ll as o dis-
cordancias.
Las porosid ad es deberán describirse en forma completa.
R•1ist1'0 de maestras d e ca nal. El r egistro litológico de
muchos po;.os se hace por medio del examen de las muestras
de canal llevadas a la superficie por los lodos o fluidos de circu-
lación. &ros materiales están saliendo continuamente mientras
el poro está en proceso de perforación y las muestras general-
mente se toman a intervalos determinados de tiempo o a cada
dos o tres metl'06 d e profundidad perforada. Los cortes deberiln
lavarse minuciosamente, lo cual se hace enjuagándolas y dccan·
tándolas repetidamente hasta que quede n libres d e material del
tamaf\o de arcilla. A continuación las muestras se secan, se colo--
can en bolsas herméticas y se etiquetan con la descripción del
pozo, el nombre de la com pafiia perforadora y la profundidad
o intervalo de tiempo. Si la profundidad ha sido corregida toman-
do en cuenta el tiempo de circulación entre la barrena y la super•
ficie, esto deberá indicarse en Ja etiqueta.
El tamaño y aspecto de los cortes varía notablem ente de
acuerdo con los métodos de perforación y con la litología local.
Los cortes de la barrena generalmente vienen mezclados en
cierto grado con fragmentos que se han derrumbado o caído de
partes más altas del pozo. La d eterminación de contactos o d e
capas índice no es difícil si las unidades d e roca son gruesas y
características. El contacto superior de una formaci6n se marca
en el registro con la primera aparici6n en las muestras de canal
de los fragmentos o granos de esa determinada fonnaci6n . Cuan -
do las rocas pasan ttansicionalmente de una a otra, o d onde están
intercaladas a través de espesores considerables, la sección local
debe conocerse en detalle.
Las rocas elásticas moderadamente deleznables generalmente
son disgragadas por la barrena, por lo que será necesario u tilitar
un microscopio binocular para examinar las muestras de canal.
Las muestras manchadas o impregnadas de petr61eo o con resi-
322 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

duos asfálticos d eben lavarse primero con un solvente volátil.


Como accesorios necesarios para el examen de las muestras, se
incluyen ácido clorhídrico diluido, sustancias químicas para ha·
cer pruebas de teñido, crisoles planos de evaporación para exami•
nar materiales, agujas de disección, pienzas para separar fragmentos
y hacer pruebas de dureza, y una retícula ocular como patrón
para medir los granos y estimar sus cantidades. Para preparar
los registros gráficos y sus descripciones breves, es costumbre
utilizar tiras de papel de unos 10 cm de ancho por 1 m O
1.5 m de largo. Las n otas o comentarios más detallados se re·
gi.stran en una libreta accesoria que se lleva en e l mismo orden
que los registros dibujados.

12-11. Dep6sitos superficiales y sus formas


topográficas relacionadas
Los depósitos superficiales y sus formas copográficas relacio-
nadas se estudian para determinar la historia geológica reciente,
para desarrollar los recursos de aguas subterráneas y otro6 ma·
teriales de valor económico, así como para proyectar diferentes
obras d e ingeniería, En aquellas áreas donde los depósitos su·
perficiales están ampliamente distribuidos, los estudios de las rocas
pueden requerir un conocimiento considerable de los depósitos
que las cubren. Los mapas geológicoo de tales áreas serán prcfe·
rentemente mapas de afloramientos que muestren tanto los afla.
ramientos de las rocas, como las diferentes unidades de materia·
les superficiales (Sección 4..S).
Algunas unidades cartográficas de materiales superficiales han
sido definidas sobre una base litológica; otras son de litología va·
riable y han sido definidas sobre la base de edad aparente. Las
unidades litológicas pueden caracterizarse por su estructura, te>c•
tura, composición, forma general, asociación con otras unidades
o por la naturaleza de la superficie sobre la cual fueron depo--
sitadas. Las unidades litológicas comunes e importantes son:
aluvión, coluvión (acumulaciones formadas por deslizamientos
de roca y suelo), morena• (o arcilla con cantos), depésitos gla·

•Morena: terreno de acarreo por ventisqueros.


EL TRABAJO DE CAMPO F:N LAS ROCAS SEDIMENTARIAS 323

dales (morena y otros materiales íntimamente relacionados, indi~


ferenciados), depósitos y tertazas fluvioglaciales, loes, arenas de
médanos, depósitos d e playa, arena volcánica y lapilli, turba,
suelos, gravas, calich e y arcillas residuales formadas por la d iso--
lución de cati?as.
Las secuencias de unidades cartográficas sem ejantes, tales com o
varios depósitos d e alu vión o morena, se subdividen sobre la base
de d iscordancias (Secci6n 12-6). Donde las secu encias no est:ín
completas o sólo están expuestas en forma parcial, las edades
relativas de unidades semejantes se pueden distinguir por el grado
d e intemperismo de los fragm entos de roca o de los granos de
minerales. Las m orenas y depósitos glaciales de diferentes edades,
por ejemplo, pueden distinguirse generalmente por el grado de
lixiviación de los fragmentos de cal~ o d e los fósiles, por el
grado de descomposición d e rocas tales como el basalto y la
diabasa o por el grado de desintegración de las rocas graníticas.
R elació n de las formas t o pozráficas y los atentes. Para
rastrear y correlacionar los depósitos superficiales, generalmente
será necesario estudia r las formas topográficas asociadas con ellos.
Los depósitos aluviales y flu vioglaciales antiguos, por ejemplo, con
frecuencia se puede n rastrear o cortelacionar haciendo levanta~
m ientas d e las terrazas relacion adas con ellos. En forma inversa, los
estudios estructurales basados e n serles de terra~s pueden reque~
rir la correlación de los sedimentos que yacen bajo sus super~
ficies. En algunos casos los de pósitos recientes y las formas t o--
pográficas pueden evalua rse a la luz de los agentes que las han
formado. Por ejemplo, algunos d epósitos marinos pueden rela~
d onarse con las te rrazas sobre las cu a les está n d epositados, con
]as a ntiguas escarpas marinas de las cuales fu eron erosionados
y con el nivel y r égimen actual del mar. Las terrazas forma~
das por los arroyos y sus dep6sitos a m enudo corresponden a arro-
yos existentes o a sistemas de d renaje ligeramente antecedentes.
Para correlacionar las formas topográficas con los d epósitos
superficiales se p ueden seguir los siguientes p asos: 1) estudio de
fotografías aéreas y mapas topogritficos para delinear las formas
topográficas más evidentes, 2) reconocimiento d el área para de~
terminar cuáles superficies están subyacidas por depÓSitos super~
ficiales, 3 ) estudio d e los depósitos para determinar su origen
324 MANUAL DE OEOLOGIA DE CAMPO

y edad relativa y 4) levantamiento o rastreo de las fonnas topo-


gráficas relacionando su posición con los dep6sitos superficiales.
La correlación de lineas de costa y terrazas bien conservadas y
espaciadas a corta distancia puede requerir el hacer una nivela-
ción cuidadosa a través de distancias considerables con un trán-
sito o con un nivel. Stanley (1936) ha dado un ejemplo de este
tipo de ~tudio . Otros tipos de terrazas pueden tener un relieve
tan grande, que el tratar de relacionarlas por medio de sus ni-
ve les, es engañoso o imposible. Sus edades relativas, sin embargo,
podrán determinarse por criterios tales como: I) posición y con;
tinuidad topográfica relativa, 2) tipo de cubierta sedimentaria
y grado de intemperismo, 3) grado de disección y acan-eo del
material detrítico suelto y 4) grado de d efonnación. El estudio
en detalle de perfiles, basado en mapas y fotografías, puede uti-
lizarse para hacer correlaciones provisionales de estas superficies
irregulares, pero las superficies deben rastrearse y levantarse pos...
terionnente e n el terreno. También deben utilizarse métodos de
campo para detenninar si las imperfecciones de una determina-
da superficie fueron causadas por el echado original, el depósito
posterior de sedime ntos o por la erosión de los sedimentos ori-
ginales. Frye y Leonard CW54) y Howard (1959) han presentado
trabajos sobre la terminología e interpretación de las terrazas
asociadas con depósitos fluviales. Un ejemplo de la correlación
de te rrazas aluviales en escala local y regional, es el descri[O por
Leopold y Miller (1954); Bradley (1957, 1958) presentó una
descripción de los estudios de campo y labora[Orio de terrazas
marinas y sus depósitos.
Suelos. Los perfiles de suelos proporcionan un medio para
correlacionar las formas topográficas y sus sedimentos asociados
y los contactos entte unidades superficiales frecuentemente se tra-
mo sobre la base de antiguos suelos. Por otra parte, las unidades
de roca frecu ente mente tienen que levantarse tomando como
base los suelos (Sección 4-7). La descripción sistemática de los
suelos, así como los métodos de levantamiento y de muestreo
d e los mismos se explican en el libro Soil Survey Manual, del
Depaname nto de Agricultura de los Estados Unidos (1951) y
este libro deberá consultarse en relación con los ténninos e in;
formación relacionada con los suelos y los perfiles de éstos.
EL TRABAJO DE CAMPO EN LAS ROCAS SEDIMENTARIA S 325

El perfil completo de un suelo puede ser la transición com,


pleta del suelo de la superficie hasta la roca o sedimento no a],
terado, o puede consistir de varias capas que pueden diferen·
ciarse claramente o que son transicionales entre si. La descrip-
ción de campo debe dar la naturaleza, espesor y regularidad de
cada una de estas capas y sus graduaciones. Cuando se hacen
comparaciones o correlaciones de perfiles del suelo de un lugar
a otro, es útil clasificar las principales capas, a las que por cos-
tumbre se les llama hori:contes A, B y C del perfil. El h orizonte
superior u horizonte A se caracteriza por una o m ás capas e n las
cuales se han concentrado los materiales orgánicos y de las cuales
ha n sido lixiviados los materiales solubles y coloidales; tiene un
colas típicamente gris a café, es deleznable o es muy rico en
material vegetal. El horizonte B consiste de una capa o capas en
la cual se han concentrado los materiales (especialmente las co-
loidales), que han sido transportados del horizonte A . El agre-
gado de arcilla y óxidos hidratados de hierro o aluminio lo hacen
mas compacto y más rojo, amarillo o marrón, que el horizonte A;
sin embargo, la adición de materiales orgánicos provenientes de
arriba, imparte a algunos horiwntes B colores gris, o gris marrón.
El horizonte C subyace al suelo propiamente dicho y consiste de
roca desintegrada o de sedimentos sueltos que est3.n más o menos
intemperizados y que se relacionan claramente al suelo superya·
cente. En muchas wnas, la parte superior del horizonte C se ca·
racteriza por tener concentraciones de carbonato de calcio y
otras sales solubles, que pueden ser suficientemente abundantes
como para forma r una capa de caliche duro.
La edad relativa de los suelos y de las superficies d el terreno
sobre las cuales yacen, pueden algunas veces estimarse sobre
la base de espesor, grado de lixiviación de los carbonatos, grado
de desintegración de ciertas rocas, o por el grado de argili:tación
y compacidad del horironte B. Sin embargo, estos criterios deben
modificarse y evaluarse cuando el desliiamiento ladera abajo y el
acarreo superficial h an engrosado los suelos en las laderas y en
los valles y los han adelgaiado e n las cordilleras, o donde 1as
variaciones d e la roca subyacente han afectado las características
del suelo. En los suelos a ntiguos sepultados, por lo general sola·
mente el horizonte B o una parte de éste se conservan. En este
326 MANUAL DE GEOLOGJA DE CAMPO

caso los suelos de diferentes afloramientos deben identificarse


o correlacionarse sobre la base de textura, contenido de arcilla,
color y compacidad (indicada en parte por la tendencia de que
se formen en el afloramiento fracturas columnares y en forma
de lajas). El color es una medida tan importante de la oxida-
ción y concentración en el horizonte B que se requiere utilizar
términos precisos de color. En la Munsell Color C.Ompany, 2441
North Calvert Sr., Balrimore, Md., se consiguen patrones con--
vencionales de colores del suelo. Estos patrones dan un amplio
rango de nombres de colores y símbolos que pueden utilizarse,
tanto para las rocas como para los suelos.

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13
Trabajo de campo en rocas
volcánicas

13-1. Secuencias volcánica1 y discordancias


Las rocas volcánicas se levantan por los mismos procedimien•
tos generales utilizados pof las rocas sedimentarias, de manera
que las unidades volcánicas de forma tabular frecuentemente
pueden correlacionarse y medirse por métodos ~tratigráficos.
Los fósiles son raros dentro de las lavas, pero las tobas fosilife-
ras pueden utilizarse para colocar las secuencias volcánicas dentro
de la columna geológica convencional. Por otra parre, las medi-
ciones de edad radiométricas hacen posible establecer secuencias
volcánicas bien fechadas.

·2

&e
-- 1
_,,,..
1

----
1
Fi.g. 13-1. Relaciones estratigráficas cngatlosu, entre derrames (de lavas)
contcmp0ráneos que encuentran • difcrcntCll niveles.

Sin embargo, muchas unidades volcánicas n o son tan sen-


<:illas y pronosticables como la mayoría de las unidades sedimen-
tarias. La mayor parte de las rocas volcánicas se forma en con•
diciones subaéreas y por lo tanto, están controladas por las
irregularidades de la topografía. En la Fig. 13·1, por ejemplo, doi;;
derrames recientes de lava corrieron a lo largo de valles lineales
328
TRABNO DE CAMPO EN ROCAS VOLCANlCAS 329

-irregulares y a pesar d e que los derrames son contemporáneos,


se encuentran a tan diferentes niveles que posteriormente se les
asignaría probablemente una edad estratigráfica diferente. La alta
viscosidad de algunas lavas, también puede causar relaciones enga-
ñosas. Muchos derrames de riolita y dacita, por ejemplo, tienen
frentes y costados tan empinados que los derrames más jóvenes
depositados contra ellos dan la impresión d e una relación intru-
siva o de falla (Fig. 13-ZA). Si se deben a erupciones bajo el
agua, a un las lavas basálticas fluidas pueden producir gigantes-
cos apÜamientos de almohadones que parecen yacer en forma
-transversal a la estratificación en sedimentos y tobas adyacentes.

11

Fig. 13-2. (A) Cocriente de ha.salto que descansa contra Wl botde escar-
pado de un.a corriente rioHtica un poco in.is anr;iaua. (8) Sección anticlinal
a través del flanco de un cono vokinico erosionado. (C) Trulape de Javas
oontta un frente de inon1al\a cm.pinado. (D) 5e<:cl6n de un risco en la
Isl a de Kahoolawe, Hawaii, que muestra c6rno las corrientes de lava que
rellenan la caldera son casi panlelos a las lavas más antiguas del e&a1do
volc.i.nico principal. Su superiice de conn.cto (linea gruua) es la falla ero-
siomda que alguna vez fue la pared de la caldera, Lu líne as verticales
irregulares son diques. Según H. T. S1cams (1940, p. lJJ).

El echado original de las rocas volcánicas también es signi-


ficativo. Si las capas de un volcán erosionado están bien expu es-
tas, parecerán estar buUlndo en todas direcciones a partir del con-
ducto central; sin embargo, una sección individual de afloramien-
.330 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

tos podría interpretarse erróneamente como un anticlinal tectó-


nico (Fig. 1J,2B). Por otra parte, la superposición abrupta de
una acumulación de lavas sobre una ladera indinada d e una
montaña, puede sugerir una falla grande (Fig. JJ..2C), mientras
que el relleno de depresiones volcánicas tales como las calderas,
puede dar lugar a contactos confusos y engañosos (Fig. 13,zD).
Aunque estas relaciones estratigráficas pueden resolverse acerta,
<lamente si los afloramientos son adecuados, el esquematizar
las unidades y estructuras volcánicas a través de grandes áreas,
puede dar lugar a que se hagan correlaciones incorrectas. Aun
donde existen capas marinas de forma aparentemente tabular in,
terca.ladas con las rocas volcánicas, será problemático que cual,
quiera de ellas se extienda de manera uniforme por una distancia
grande. Los apilamientos volcánicos se acumulan rápidamente,
por lo tanto, las unidades sedimentarias asociadas tienden a ser
lenticulares o a interdigitarse con las rocas volcánicas a través
de espesores verticales considerables (Fig. IJ,3).

F¡;: JJ,J. Relacione1 de interdigitaci6n en .cumuladones gruesu de lavas


y i;cdimentos.

D;$cordant:ias. Cada derrame y depósito piroclástico en


una acumulación "continua" puede considerarse como limitada
por discordancias, cuyo equivalente en tiempo puede variar desde
unos cuantos días hasta decenas de miles de años. Las cimas de
algunos derrames y depósitos de ceniza, apenas si sufren alguna
alteración y modificación antes de quedar cubiertas por otro
depósito, mientras que otros se intemperizan y erosionan conside-
rablemente y algunos en forma intensa. A pesar de que estas dis--
cordancias secundarias son útileti en la interpretación de la perio--
dicidad de volcanes antiguos, pueden dificultar la detección e
identificación d e discordancias principales, a menos de que se
haga el 1evantamiento de áreas grandes. Las discordancias im~
TRABAJO DE CAMPO EN ROCAS VOLCANJCAS 331

portantes se pueden reconocer por : 1) discordancia angular per-


sistente, 2) tnmcamiento de cuellos volcánicos y otras intrusio-
nes volcánicas, 3) capas de rocas sedimentarias que contienen
material extraño a la secuencia volcánica subyacente, 4) zonas d e
intemperismo que persisten a través de todos los tipos de roca
subyacente y 5) cambio abrupto en el tipo d e magma general de
las rocas, como por ejemplo de calco-alcalino a alcalino. El rasgo
más evidente en un afloramiento dado es la zona de materiales
intempcrizados cuyo colorido es típicamente en rojos, amarillos o
verdes por las arcillas ferruginosas o por los pigmentos de óxido
de hie rro. Aquí y allá pueden existir canales rellenos d e a rena
o grava, así com o sedimentos de grano fino que contienen ma-
te rial vegetal o fósiles. Ya que las superficies s uba.éreas se pueden
formar como una serie de pedimentos e n vez de simples peni-
planos o s u perficies onduladas, a lgunas pasan a ser superficies
irregulares ladera arriba. Las superficies también pueden desapa-
recer lateralmente convirtiéndose en depósitos lacustres o ma-
rinos.

13-2. Unidades cartogníficaa de roca.9 volcánicas


Las secuencias tabulares d e m esetas basálticas o de ignimbritas
se pueden dividir e n unidades cartogci.ficas comparables a sim-
ples formaciones sedimen tarias. Los procedimientos y reglas para
organizar y describir estas unidades se dan e n las Secciones 4-6
y 12-2. Sin embargo, muchos derrames, depÓsitos piroclásticos o
unidades compuestas, puede n ser irregulares o estratigráficamen-
te impredecibles (Sección 13-1); estas unidades no podrán ser de-
finidas por medio de descripción y medición de secciones estra-
tigráficas .aisladas. El levantamiento debe ser suficientemente
extenso para poder relacionar cada unidad en forma precisa
con las unidades adyacentes, especialmente con ÍO!"maciones se-
dimentarias ya bautizadas con las cuales se interdigitan las rocas
volcánicas.
La unidad básica de una secuencia de rocas volcánicas es un
derrame o capa pirodástica individual. Entre más d e estas uni-
dades puedan levantarse, será más precisa la inte rpretación de
la secuencia volcánica. Los d errames o los cuerpos de tobas rela-
JJ2 MANUAL DE GEOLOGJA DE CAMPO

tivamentc extensos y diferenciables pueden constituir miembros


separados dentro de las fonnaciones tal como el derrame de
Wenas de la Formación EllaubuTg (Watcrs. 1955). Generalmen-
te se omite un nombre gc:ogr;ifico formal para un miembro o capa
cuya lirologia es diferente dentro de una formación, como por
ejemplo, den-a.me de dacita de la Fonnnción Umptak. Deben
utilizarse nombres informales en los casos en que el área levan•
tada es pequeña, las unidades son discontinuas o las relaciones
con las unidades formalmente reconocidas son indeterminadas.
Las fonnacioncs que consisten de varios derrames o capas pi·
roclásticas se seleccionan sobre la base de su individualidad física
y. las estrechas relaciones geneticas entre sus rocas constituyentes.
La formación volcánica ideal esti formada por erupciones de un
tipo de magma que se suceden en corto tiempo; como ejemplo
tenemos las secuencias de derrames de basalto o las capas de toba
dacítica. Dos unidades de litología semejante que están en con-
tacto, frecuentemente pueden dividirse sobre la base de una dis--
cordancia (pero vea.se Di.scordandas, Secci6n 13-1) . Las forma•
ciones o grupos que incluyen una variedad de rocas, generalmente
se limitan por discordancias importantes. Algunas pueden reco--
nocersc de manera general sobre la base del parentesco del magma
(consanguinidad magmárica); sin embargo, puede necesitarse un
estudK> petrognifico concienzudo para diferenciar dichas unidades
y se conocen casos de rocas no consanguíneas que estin estrecha·
mente asociadas.
Los cuerpos intrusivos dentro de las áreas volainicas deben
levantarse individualmente. Si no pueden trazarse a escala, deben
utilizarse símbolos apropiados, tales como· lineas de color que in-
diquen un conjunto de diques paralelos. La mayor parte de las
unidades intrusivas deben bautizarse de modo informal, tal como
cuello de daciui, pero si su relación genetica con las unidades
efusivas es clara, pueden considerarse como miembros de estas
formaciones, tal como diques de la serie volcánica. de Koolau. El
término complejo se utiliza algunas veces para unidades com-
puestas de rocas intrusionadas, derrumbadas o afalladas que fre-
cuentemente se forman en la parte central de los grandes volca-
nes, como por ejemplo, comp~jo de caldCTa de la serie volcánica
de Wailuku (Steams y Macdonald, 1942).
TRABAJO DE CAMPO EN ROCAS VOLCANlCAS J33

1.J..3. Denominación de lu r ocas volcánicas


El nombre de campo de las rocas volcinicas debe ser tan com·
pleto como sea posible, aunque posteriorrnenre sea necesario un
microscopio petrográfico o un análisis quimico para clasificar la
roca con precisión. Los nombres deben estar besados no solamente
en los minerales y la textura, sino también en las estructuras se--
cundarias y en las rocas asociadas. Un determinado espécimen,
por ejemplo, puede ser tan afanítico que solamente podrá deno.-
minarsc /el.sira, pero otras partes del mismo cuerpo pueden m0&r
trar granos o estructuras suficientemente reconocibles para indicar
con mayor precisión que la roca es una lava riolítica. Los cuerpos
intrusivos a.soc:iados son de gran valor para darles nombre a las
rocas afanírica.s, ya que frecuentemente muestran una graduaci6n
de las márgenes vítreas o afaníticas hacia interiores faneríticos a
los que pueden dársele nombres con certeza. Las superficies in·
temperizadas de las rocas volcánicas deben examinarse, ya que
las texturas y las estructuras tienden a acentuarse en esta parte
(especialmente en las rocas parcialmente vítreas), y algunos mi·
ne{'ales &0n más fáciles de reconocer si est3n alterados.
Cuando está a la vista un gran número de granos minerales
(íenocristalcs), pueden utilizarse las siguientes notas para dar nom·
bre a las rocas.

a. Rocas con /enoc,.istoles de c_,.60


Riolita. Fenoc:ri5tales de feldespato potásico (Rrincipalmcnte
sa.nidino) tan abundantes al m enos como los de plagioclasa; la
biotita es típicamente el úníco mineral mitfico; la matrU es vítrea
y obscura o granulada y de color claro; comúnmente h ay mine--
rales deutéricos de silicio.
Dadm Predomina la plagioclasa o él es el único feldespato
de los fenocrisrales; el cuano puede ser escaso; típicamente hay
una variedad de minerales m3ficos; grumos granulares de plagio-
clasa y piroxenas son comun es; la matrú: es semejante a la de:
la riolita.
Qwerat.ó/ido de cwan:o. Típicamente de color verde claro a
gris claro con fenoc:ristales prominentes de cual'%0 y plagioclasa
gTis o blancuzca (albita); el mineral máfico es clorita.
.3.U MANUAL DE GEOLOGlA DE CAMPO

b. Rocas sin cuarzo o /enocrislales JelJesJ)atoides


Traquita. T odos, o la mayoría de los fenocristales d e feldu--
pato, son de sanidina; la biorira es el único mineral máfico abun--
dante en las naquitas potásicas, pero pueden existir muchos otros;
la matriz es semejante a la de la riolita.
Latiui. La mayoría d e los fenocristales de feldespato son de
plagioclasa; es probable que exista una diversidad de minerales
máficos¡ generalmente no puede distinguirse de la dacita que no
tiene fenocristales de cuarzo.
Andesita. Los fenocrisrales generalmente son solamente de pla·
gioclasa y piroxena, aunque localmente hay variedades h omablén-
dicas comunes y es posible encontrar granos de olivino o de bio-
tita¡ son comunes los grumos de fenocristalcs; la matriz es afa.r:.í·
rica y de color gris a negro; puede ser indiferenciable de la dacita
que no tiene cuarzo o fenocristalcs de sanidino.
Qutratófido. Roca granulosa gris a gris verdoso; puede tener
fenocristales de plagioclasa blancuzcos o verduzcos (albita) y pe·
queños granos de clorita.
Basalto. Rocas pesadas con fenocristalcs de plagioclasa, pifo-
zena u olivino (éstos pueden ser desde muy pequeños hasta muy
grandes}; la matriz en lBtJ variedad es pobres en olivino es gris
obscura a negra y afanitica; la matriz: en las variedades ricas en
olivino, generalmente es de color gris claro y faneririca (las rocas
obKuras que contienen abundantes fenocrisrales de olivino y son
afaníticas a través de gruesos derrnmes. es probable que ~n rocas
alcalinas subsilícicas, como la rraquiand.esita, etc.).
Espilita. Fenocristalcs de augita (generalmente alterada) y
albita lcchosa o de color verde claro en una matriz gris obscura
a gris verdosa; son comunes las amígdalas de calcita y de clorita;
las variedades no porlirfricas pueden ser variolirica (conteniendo
esferulitas globulares o ramificadas de 0.025 a 2.5 cm de diámetro);
comúnmente con estructura de almohada.
c. Rocas con Jenocristales d e felde8/HJtoiJes, analcito o
melilita
(Donde los fenocristales de fcldcspatoidcs son escasos. estas
rocas pueden confundirse con traquitas, andesitas o basaltos. La
presencia de granos ocasionales de los minerales de la familia só-
dica, de color distintivo, pueden indicar composiciones subsilici~
TRABNO DE CAMPO EN ROCAS VOLCANICAS 335

cas. Debe buscarse la parte central de los d errames y diques aso-


ciados en busca de facies de grano más grueso).
Fonolita. Los fenocristales más abundantes son de sanidino;
los granos máficos son escasos, pero puede existir una gmn varie-
dad; la matri:z: es de color gris claro a mediano, o gris verdoso,
excepto cuando es obscura y vítrea.
Tefrita. Los fenocristales son principalmente de augita, co-
múnmente con algo de plagioclasa, pero sin olivino; roca pesada
(como el basalto); matriz obscura y localmente fanerítica.
Basanita. Igual que la tefrita, pero con olivino.
Leucitita, nefelinita, etc. Sin feldespato; generalmente abunda
la augita y los granos de feldespatoides son comúnmente obvios.

Rocas piroclásticas. Las rocas piroclásricas se clasifican primero


sobre la base de su textura y segundo sobre la base de su compo-
sición_. La clasificación de Wentworth y Williams (1932) está
basada principalmente en características texrurales y se presenta
más adelante una versión condensada. La modificación principal
que se ha h echo es colocar el límite entre las bombas o bloques
y el lapilli en 64 mm en lugar de 32 mm, ya que el ténnino
bomba y bloque tiende a dar la connotación de objetos relativa-
mente grandes.

a. Clastos mayores de 64 mm (2%").


l. Los fragmentos angulares son bloques; el agregado es ripio
volcánico y el agt'egado litificado es la brecha volcánica. El
agregado volcánico de materiales mal clasificados (tal como
la ceni:z:a) es la toba-brecha.
2. Los fragmentos que fueron plásticos durante la erupción
y toman parcialmente forma en su trayectoria aérea, son
bombas (Fig. 13-14); tanto los agregados sueltos como los
litificados son -aglomerados (o aglutinados cuando las bom-
bas eran tan suaves que se adhirieron unas con otras).
3. Los fragmemos que estaban en estado fluido cuando ca-
yeron, se llaman gotas o salpicaduras; el agregado es un
aglutinado de gotas.
b. Clastos entre 64 mm y 4 mm (21f.t a 1/6").
Los fragmentos son lapilli; el agregado también es l.a.piUi y el
JJ6 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

agregado litificado es una toba de lapilli; los 1apillo escoriá~


ceos o pumíticos generalmenre se redondean o alargan du-
rante la erupción; los lapilli litiCO$ son típicamente angulares,
mientras que los )apilli d e acresión son guijanos fonnados
por la acresión d e ceni:a fina que generalmen1e se forman
alrededor de gotas de lluvia durante la erupción.

Fi.. 13-4. Bomba. vokhtic...., (A) Bombu en fonn:o de •lmendra de Silver


Peak, Nev•ch. (B) Bomba de "cone.. de p.n" (la porción eJ<letna uta fttu-
rad..m en form• conspicu. por la cxpanalón del mlclco vakulu); de los
Cra1era Mono, de California. (C) Bombo. de tlr• con grietu de tensión;
Silver Peak, Nevada. (O) Bombo. de escoria formada modendan>ente (pro-
b.bl.emcnte el tipo máa comUn de bombl) , Fujiyuna., Japbn; cortuí a de
W. M . Quadtenbush. Todas Ju bombu de e•tt figura tienen de 8 • 10 cm
de ani;ho.

c. C lastos entre 4 y 1/4 mm (1 / 16 a 1/ 100").


El agregado suelto es la ccnita gruesa; el agregado litificado
es la wba d e grano gr-u.eso. Las partículas más grandes de ce ni=a
pueden tener texturas, estructuras y formas visibles, como los
lapilli. Si la mayoría de los fragmentos son vírreos, la roca es
una roba vítreo.; si la mayoria son cristales, la roca es una toba
cristalina y si la mayoria son fragmentos d e roca , la roca es una
toba lítica.; las m ez-das de cantidades iguales son tobas crista~
lin.o-vitriau, etc.
d. Fragmentos m ás p equeñOs d e l/4 mm {1/ 100'').
El agregado suelto es cenka fina o polvo volcánico; el agregado
lirificado es la toba de gran.o fino; se utilizan adjetivos de
composición como en "e'', arriba.
TRABAJO DE CAMPO EN ROCAS YOLCANfCAS .337

Cuando la naturaleza d e los diferentes clastos proporciona


evidencia de la fuente de origen, p ueden utilizarse los siguientes
adjetivos para describirlos.
Esencial o juvenil. Materiales formados directamen te por la
e rupción del magma.
AccesOTio. Fragmentos de rocas íntimamente relacionadas (oog~
nadas) a la e rupción, como un tapón que rellena u n conducto
volcánico, un derrame antecedente, o una capa pirodástica del
mismo cono volcánico; las eyecciones plu.tórúcas asociadas son
agregados cristalinos de grano grueso formados dentro de la cá-
mara magmárica subyacente.
Accidental. Son los fragmentos de roca que no tienen relaci6n
con la erupción; pueden ser rocas no volcánicas, provenientes d e
la pane inferior del volcán o fragmentos de conos o conductos
de alimentación, extintos.

Fig. tJ...S . Toba riolitica "'soldada" o


ignimbrita de la Montafta Ba.e, Neva-
da, que mucstta lemes vltreu negru
formadas por el 11.pl.utamiento del la-
pilli pumitico, efectoe de compaeeión
alrededor de lo. fragmentos angulare•
mas grandes y fnigmentoll abundantes
de cristales. A diferencia de l a mayo-
ría de lu lavllll, estas rocas no preACn-
tan alineaciones porque 111. foliación
formada por aplanamiento despuú de
lu 11.valanchu impide el flujo.

El término ignimbrita puede ser aplicado a todas las rocas


depositadas por avalanchas incandescentes o por derrames piro-
dásticos (Sección 13-6). El adjetivo soldado (como coba dacirica
soldad.a) se aplica a materiales pfroclásticos que han sido calen-
tados lo suficiente como para adherirse unos a otros. Las tobas
que han sido soldadas más intensamente son macizas y se ase-
mejan a las lavas vitriofírkas; otras son de colc'l'es daros, pero
con bandas o cuerpos lenticulares de vidrio obscuro (Fig. 13-5),
y aun otras han sido tan devitrificadas o alteradas, que adquieren
un co lor rojo o colores daros, son de aspecto granuloso y sin
338 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

vidrio aparente. A pesar de que la mayor parte de las rocas sol-


dadas son ignimbritas, las intrusiones y las lavas también pueden
soldar depósitos de ceniza o de lapilli.

13-4. Estructuras de lavas básicas


Son varias las estructuras formadas durante el movimiento y
solidificación de lavas básicas que pueden utifüarse para deter-
minar la cima estratigráfica de seruendas plegadas, así como para
interpretar la forma general y di rección del movimiento de derrn•
mes individuales. La presencia única de algunas estructuras puede
ser significativa; otras, como las estructuras de flujo en pequef.a
escala, deben ser estudiadas y determinadas en un número grande
de afloramientos. Ciertas asociaciones de estructuras pueden ser
tan características de un determinado derrame o formación que
pueden utilizarse en la locafüación de las unidades y en el le-
vantamiento y determinación de contactos. Sin embargo, la visco-
sidad y contenido de gas de una lava puede cambiar a medida
que ésta se derrama, de tal manera que es de esperarse que
haya cambios laterales en algunas estructuras.
Las lavas básicas muy flúidas como los basalros de olivino,
generalmente tienen estructuras internas de flujo muy vagas,
que consisten principalmente de cristales tabulares de plagiodasa
alineados. Pueden formarse capas continuas de pequeñas vesícu-
las que le dan a la roca una apariencia bandeada y una fractura
laminar, pero estas estructuras no necesariamente son paralefos
a la dirección primaria de flujo. Las vesículas más grandes son
más abundantes en la parte superior de los derrames, donde se
presentan alargadas y en forma paralela a los últimos movimierr
tos de la lava. Sin embargo, las amígdalas tubulares llenan cavi-
dades de esta forma causadas por el escape hacia arriba de los
gases que provienen de las partes inferiores del derrame; por lo
tanto, su posición o su confluencia hacia arriba son indicariv:is
de la parte estratigráficamente inferior de las capas (Fig. 13-6).
Algunos de estos tubos están rellenos de residuos pegmatíticos
de la lava, otros contienen minerales de sílice, zeolitas o calcita.
Las lavas llamadas pahoehoe tienen una superficie superior
ondulada, escabrosa, o acordanada, y una cubierta vesicular vítrea
TRABAIO DE CAMPO F:N ROCAS VOL.CANICAS .H.9

Pe.:. JJ~. Secc;ón idulin.da • ttlVÚ de una corrie nte de bua.lro Ruido.
que muestra un conducto de lavl relleno pUCialmeme, la par«: 1upcrior
acordada y vesicular (plhoehoe), y amladalas tubularca cerca de la base:.
Aun cuando !u arrup• o aurcos de la parte supcdor "" uan con frecuencia
para derenninar la cima estratigrifka de una 1eeuencia plegada, las arropa
"" pueden formar rambiofn en la baae, como se indica en el dibujo.

que les da una apariencia rugosa, pero brillante, Las COtStras


de estas lavas son continuas a través de grandes áreas, pero go-
neralmente están deformadas por festones, protuberancias, res-
quebrajamientos o hundimientos causa.dos por el movimiento de
la lava fluida por debajo (Fig. I J..7). De esta manera pueden
formarse conos eruptivos secundarios; por lo tanto, no necesaria-
mente indican un conducto de alimentación subyacente. En los
derrames pahoeh oe son frecuentes los tubos de li;i.va; frecuen-
temente su relleno da evidencia de la parte superior del derrame
(Fig. 13-6). En las m argenes del d errame, la lava pahoehoe puede
avanzar como una serie de lengüetas delgadas que se van sobre--
poniendo unas a otras por distancias de unos cuantos decíme-
tros a algunos metros, para luego solidificarse. La base de cada

Fíe. JJ...7. TümuJ.,. (izquierda), loma formada por la presión. ceja con es-
currimiento de lava (centto), y "hornir°*" (derecha) sobre una «>niente de
dpo pahoehoe. Sefi\>n variu fotogn!ía1 de Wentwonh y Macdonald (1953).
J-40 MANUAL DE GEOLOClJ\ DE CAMPO

lengüeta tiende a ser curveada o irregular, mientras que la parte


superior es redondeada, por lo que estas acumulaciones pueden
utifüarsc para d eterminar la secuencia estratigráfica (Fig. 13-8).
Com o puede verse en la figura, una sección vertical cortada a
través de las lengüetas se asemeja a una lava de a lmohada; por
lo tanto, será necesario examinar las rocas asociadas para dcter~
minar si estos d epósitos son subaéreo6 o su bacuáticos (véanse
derrames .mbacuáricvs, más adc:lante). Steams y Macdonald
(1 946) y Wentworth y Macdonald (1953) han descrito otras es-
tructuras y formas útiles en los basaltos de Hawaii.

Fiz. JJ.8. Pequefiu lertguH tiPO pahoehoe {"dedosn) que .., •Cumul•n pttt•
formu un cuerpo cuy• sección transver..I (deu:ch•} tiene upe<;IO de • lmoha-
dillaa. L.. viata de I• derei;h• .., debe • una forognfá de SrHrN (1940,
eublen• p. 88).

las lavas un poco m ás viscosas tienden a ser escoriáceas cerca


de sus cimas y de sus bases. Si su superficie superior es rugo5a y
dentada, se llaman generalmente lavas aa. Los derrames pahochoe
frecuentemente cambian a este tipo de lava a medida que se
alejan de su fuente de origen, especialmente cuando fluyen por
pendientes inclinadas. Algunos derTames de escoria consisten d e
poco más que un conjunto de terrones, bolas y láminas ásperas,
que pueden confundirse con depósitos piroclásricos (explosivos).
Los derrames pueden extenderse en forma uniforme sobre una
llanura, pero en pendientes con unos cuantos grados d e incl¡..
nación se mueven como anoyos entre sus partes m ás antigua& y
menos móviles. Estos arroyos pueden presentar fuertes discor;
dancias con respecto a la pane levantada de la lava solidificada
que se forma en sus margenes (Fig. IJ.9).
El interior de la mayoría de los derrames aa consiste de lava
maciza, pero algunas tienen un clivaje laminar gobernado por
TRABAJO DE CAMPO EN ROCAS VO LCANICAS J41

Fi¡. IJ-9. Corriente rcatri~da de lava dentro de \ln flujo grande. (A) M1pa
en el que se ve un J)l.tfÓn ~nualizado de bordu y movimienia. do Jan,
con un1 corriente principal que J)l.U a n1vé1 de lóbulo. mU •ntiauOI del
mismo flujo; buado en una fo1ogrlfla 1~re1 (KnuekoJ)(, 1948, cubierta p.
1278) . (B) Sección ampliflaoda a travh del cau<:e de la <:OCTienle principal
que muestra una especie de morenas de ncoria. y paredes ~c<:hr.das. pero
'6lid.N; según Kn.uekopf (1948, p. 1279).

h ori:ontes de vesículas delgadas. Los {enocristalcs generalmente


están alineados en un patrón de flujo, pero éste puede SCT obs-
curo. Las rocas más silícicas pueden mostrar un vago bandea•
miento semejante a las estructuras de (lujo de las lavas viscosas
(Secci6n 13·5) . La presencia de amígdalas estratificadas o par•
cialmcnte rellenas puede utilizarse para d eterminar la posición
original de algunos derrames (fig. 13·10A).
En el núcleo no escoriáceo de muchos derrames se forman
juntas columnares que comúnmente están divididas en dos hile-
ras (Fig. 13-llA). Algunos derrames, sin embargo, tienen una

Fiw. I J-10. Ejemplar de mino que muestr• amlgdalu J gcod.1 con reUeI'l<M
ca1urificadoe: de c.akedonla J cuano. (B) Esplculu de limofüa lamin•da (iP
qu!uda) y lodo recocido en una <:orriente de bNa.110 cuca de F1Uon, Nevada.
342 MANUAL DE OEO LOQIA DE CAMPO

sola hilera, mientras que otros presentan tres hileras, de tal ma·
nera que será ·necesario recurrir a la presencia d e sedimentos in--
terderramcs o suelos, cuando esto sea posible, para contar el
número de derrames en una secuencia. Para determinar el echado
de los derrames que presentan juntas en afloramientos aislados,
no puede presumirse que las columnas son perpendiculares a los
co~ractos del derrame, ya que en muchos derrames existen co-
lumnas en forma de abanicos divergentes. Waters (1%0) describió
una relación especialmente útil en la que las columnas en el
centro de los derrames, están inclinadas en la dirección de fl ujo
(fig. 13-1 IB).

Fig. 13-11. (A) Secci6n • u.vi• de una corriente de Ian columnar con
doa utratOll de columnas. (B) Se<:clón mi.naveral a ttavéa de una corriente
columnar en !. que el urastte o conlmiento del imerim liquido {hacia b
dcteclu) produjo un crecimiento inclinado de I• fila ccnttal de columnas;
6Cg\ln Watcni (1960, p. 352).

Las amígdalas tubulares son poco comunes en este tipo de


derrames más viscosos, pero en ca mbio se form an grandes espi-
,.ales en aquellos lugares en que el aire, el lodo o el vapor d el
terreno hUmedo penetran en los d errames cuando éstos están
aun fluidos (Fig. IJ..lOB). Los extremos superiores de estas espi-
rales comúnmente son recumbcntes en la dirección de flujo
(Waters, 1960). Aunque las espirales pueden utilizarse para de.-
terminar la secuencia estratigráfica, deben distinguirse de los diques
elásticos formados por la introducción o caída d e sedimentos den-
tro de fra cturas en la parre superiOI" de los derrames, así como
también deben distinguirse de los d iques de rocas sedimentarins
parcialmente fundidas, que pueden intrusiona r las márgenes de
grandes mantos ("sills") o diques (Sección 13-7). Las explosiones
TRABAJO DE: CAMPO EN ROCAS VOLCÁNICAS 343

de vapor en gran escala en la bnsc de un d erram e, p ueden for·


mar conductos que terminan h acia arriba en c¡,nos de ceniza w-
perficiales, estructuras que pueden confundirse con los orificios
eruptivos del d errame mismo.
Derrames subacuálicos. Si las lavas son eruptadas bajo el
agua o fluyen hacia un cuerpo de agu:r, se forman almohadas
en los lugares donde los borbotones de lava revientan hacia arriba
o hacia afuera y se expanden h asta que se enfrían (Fig. 13-12) .
Las cubien as vítreas y las ronas de vesículas mostradas en la fi-
gura son características, aunque algunas tien en un núcleo hueco
como las lengüetas pahochoc a ntes descritas (Fig. 13-8). Sin e m-
bargo, las lavas de almohada generalmente están asociadas con
rocas sedim entarias acuáticas o con capas de vidrio basáltico frag-
men tado o palagonita. Las tobas de palagonita son de color gris
verde obscuro o n egras, tienen un lustre subvítrco aceroso y co-

Fi.. 1).11. l.ava en a1mohadill.a., en la que ""' ve un.a 15«d6n generalizada


a n avQ del depósito (izquierda) y ~cn10 am p lific.do de una tola almo-
hadilla. Lu panea su ~ores redondeadq y }q proruberanci11 angulares del
fondo de las a lmohadas de lava puW:en ,..rvir para determinar la RCuen-
da estta1igd.fie1. en rocaa deformadas.

mUnmenre tienen amígdalas o cementantes de calcita. Se inrem-


peri:zan a un color café o pueden cristalizar formando arcillas
ricas en hierro o cloritas, que les dan un colo r verde grisáceo
y una apariencia más pétrea. Puede ser difícil observar las textu-
ras elásticas en las rocas recristalizadas, pero las tobas pueden
reconocerse en a lgunas secuencias marinas por su asociación con
pedernales rojos. y vCTd es y con rocas calcáreas. FuJler (1931) y
Waters (1900) han descrito depósitos de palagonita en los cu ales
el echado primario de las capas frontales indica la dirección de
fl ujo d e las lengüetas de lava dentro d el agua.
3# MANUAL DE GEOLOCJA DE CAMPO

13-5. Estructuras de lavas silícicas


Las lavas silícicas o moderadamente silícicas (intermedias)
pueden ser suficientemente fluidas- para derramarse en forma
uniforme por distancias de varios kilómetros¡ sin embargo, algu·
nas son tan viscosas que forman gruesas lengüetas cortas o domos
de flancos muy indinados. La forma de los derrames antiguos
frecuentemente puede determinarse haciendo el levantamiento
de sus contactos con los estratos adyacentes, pero será necesario
determinar las estructuras de flujo de las lavas que están mal
expuestas o muy disectadas. Aunque las estructuras de flujo con•
sisten en parte de femx:ristales orientados, sus componentes más
obvios son intercalaciones paralelas de material más claro y más
obscuro, las cuales varían de 0.25 a 2.5 cm de espesor. Las capas

Fig. IJ-IJ. Eattucturaa de flujo en roua 6ilici.;u. (A) Flujo bandeado típi-
co de la riolita. (B) Sección generalizada a través de un flujo de riolita cerca
de Silver Peak, Nevada. (C) Capas de flujo plegadas que se han &eparado y
han sido cubier tas por cristobalira. Nórcnoc la.a dos delineaciones. Cordillera
de Santa Rosa, Nevad a. (D) Capas de flu}o con esrríu profundu, con ali-
neaciones fuertemente inclinadas, paralelas a la din:cci6n del flujo. Inmisión
de riolita al Sureste de Fallon, Nevada.
TRABAJO DE CAMPO EN ROCAS VÚLCAN ICAS 345

están típicamente plegadas y deformadas d e tal manera que su-


gieren el arrastre o desplau.miento líquido de una capa sobre
la otra (Fig. 13-13A). Los parron es de estructuras de flujo mos-
trados en la Fig, IJ..138, se pueden utilizar para colocar los aflo-
ramientos aislados en su posición estratigráfica aproximada, aun--
que estas relaciones no se presentan en todos los derrames. Las
capas d e color más claro pu eden consistir principalmente de pe-
queñas esferulitas. Algunas de las capas se separan a lo largo de
h orizontes de vesículas a corta distancia entre sí, lo cual le da
a las rocas un divaje laminar. Las supedicies de las láminas
de crucero generalmente muestran rasguñ~ surcos o manchas li·
neales de minerales deutéricos (hematita, magnetita, tridimita),
lo que indica la translación de una capa sobre la otra (Fig.
13-BC). Las placas con estas marcas lineales, aparentemente se
forman cuando la lava cambia de un fluido viscoso a un sólido;
en algunos casos, las superficies muestran cizallamiento que corta
a través de estructuras de flujo anteriores. El clivaje laminar o
en placas tiene menor separación en la parte inferiOE" del derrame
o a lo largo de las paredes del canal o conducto de lava, don<le
puede tener un echado fuerte (Fig. 13-130). El patrón de con--
junto de las capas y alineaciones de flujo en una lengüeta vis-
cosa, se muestran en la Fig. 13-14.
En resumen, se pueden levantar cinco tipos de estructuras d}..
reccionales en derrames viscosos: I) orientación de los fenocris-
tales, en forme d e planos o tal vez en forma lineal, 2") capas d e
flujo (generalmente paralelas a los fenocristales), 3) superficies
de cizallamiento (generalmente, pero no siempre, paralelas a
las capas de flujo anteriores), 4) alineamiento d e los ejes d e 106
plegamientos ÍO'l"mados en ángulo recto a la dirección del flujo,
por el arrastre de las capas, y 5) marcas lineales en la supedicie
de las placas del clivaje que se forman paralelas a la dirección
del movimiento.
Domos. La lava viscosa generalmente se acumula directa-
mente sobre el orilicio de erupción formando un domo de lade-
ras muy indinadas. La lava en la mayoria de los domos está en
un estado tan cercano al sólido que se levanta en forma de capas
y prismas muy inclinados, los cuales sobresalen en la superficie
:superior del domo en forma de placas y espinas. A medida que
346 MANUAL DE ·croLOGIA DE CAMPO

Fi&. 13-14. M1pa y seccione& del flujo dacltico Watchman, Parque Nacional
de Cntcr Ukc, Orcgon. Scaún William1 (19'42, p. 45). Cor1c1ía del Jruitinito
C. rnegie de Wuhinston.

estas masas se desintegran, habrá avalanchas de fragmentos an·


guiares que se precipitan por los flancos del creciente domo (Fig.
I3-15A). En la pane sólida interior del domo, habrá capas de
flujo con echado hacia ttdenrro, que quedan escondidas por la
cubierta de escombros fragmentados, excepto en IR cresta, donde
pueden verse prismas y placas parcialmente rotas. Las superficies
muy inclinadas de lo:i prismas pueden mostrar surcos en una forma

Fig. 13-tS. (A) Domo viacoao con espinas nlientcs y dc¡Xi..it08 de talud al
pie. Princlpalmeme de acuerdo con ejemplo• descrito• por Wiltiams (1932).
(B) Domo de Divide Peak, Parque Nacional de Usscn, que sobresale a tn-
vCs del flanco de un cono de 1nduita. &:¡ún Williams (1932, p. H5). (C)
Domo erosionado que forma una pequella i1l1 cerca de l1ehia, l r..lia; ctrii
cor12do pOr una falla de manera que 11\11 c1trucruru internq se pueden
aprcciu claramenle. Según Rittm an (1930, p. 43).
TRABAJO DE CAMPO EN ROCAS VOLC.ANICU JO

semejante a las superficies de cizallamiento descritas antenor.:


mente.
Las estructuras de flujo de algunos domos son burdamente
concéntricas con su forma general, aunque es más probable que
los domos en forma de ampollas con estructuras planas marca·
damente concéntricas formen intrusiones someras (Fig. lJ...lSB).
Un tipo interesante de domo exrrusivo, aunque poco común, es
el formado cuando las lavas de fluidez modemda eruptan en rá-
pida sucesión a través de un conducto central y se amontonan
formando un montículo empinado (Fig. 13-lSC).
La posición de los orificios de erupción debajo de los domos
y de las lavas viscosas no erosionadas, queda indicada por los
parrones de las estructuras de flujo y por las zonas de ahernciÓ!l..
Los fluidos que surgen a través del orificio, frecuentemente reem•
plazan a las lavas con tridimita, ópalo, cristobalita o cuarzo de
alta temperatura. Las rocas también pueden hacerse arcillosas
formando masas de color claro y aspecto reseco, manchadas en
forma diversa por hematita, óxidos férricos hidratados o arcillas
de colores amarillos y verdes.

13-6. Rocas piroclásticas y depósitos estrechamente


relacionados
Aunque los magmas de cualquier composición -pueden formar
depÓsitos piroclásticos, las más viscosas (silícicas y ·alcalinas) son
más frecuenremente fragmentadas por explosiones o forman es-
puma por la rápida expansión de los gases. Las características de
los depósitos piroclásticos dependen no ran sólo de la erupción
misma, sino de las condiciones geográficas como la lluvia, el
drenaje y el relieve. Las unidades piroclásticas pueden consistir
de simples capas tabulares o pueden rener formas lineales o irre-
gulares. Sus texturas y sus estructuras internas pueden tener una
gran variedad. El origen de un depósito dado se determina con·
figurando su forma, examinando su composición y rasgos peque-
ños y registrando las variaciones laterales de estos factores. Las
capas esparcidas de ceniza o los mantos diferenciables de ignim-
brita, que pueden ser rastreados lateralmente, son de especial
valor, ya que proporcionan planos ideales de referencia estrati·
J-48 MANUAL DE GEOLOGfA DE CAMPO

gráfica (ver, por ejemplo, Mackin, 1960). Las características útiles


de un depósito incluyen el tamaño, la clasificación, la forma, y
la composición de los fragmentos y el grado de compacción, sol·
dadura o alteración. A continuación se da una descripción breve
de )05 principales tipos de depósito.
1. Conos de escoria, piedTa póm.et, o cenita. Son formados
por explosiones leves a moderadas, a través de un conducto cen-
tral¡ capas vagas o diferenciables de diferentes tamaños de grano
con echado en sentido contrario a la ubicación del conducto;
bombas o lapilli deformados abundantes y ceniza gruesa, indican
la cercanía del orificio de erupción; los bloques accidentales pue--
den ser comunes; es probable que la relación con lavas interes-
tratificadas esté complicada por mezcla y canalización; muy cerca
del orificio d e erupción, se presenta aglutinación y a lteración
por gas.
2. Mantos extensos de cenka 'Y lapilli. Focmados por explo-
siones grandes (volcánicas); los materiales son impulsados a gran
altura en la atmósfera, de manera que se enfrían durante su
caída, (excepto los que están muy cerca del conducto de CruJ>-
ción); la diferenciación producida por la velocidad de la caída
de las partículas produce una concentración de fragme ntos y
cristales grandes, especialmente los máficos, cerca del origen y la
concentración del cristal, y ceniza de pÓmez lejos del origen;
las capas individuales pueden también tener graduación de la
base a la cima; los depÓsitos tienen un marcado engrosamiento
cerca del volcán; a medida que se alejan del volcán se van adel.
gazando; en un determinado lugar, el espesor será igual en la
cima de los cerros y en los valles, aunque esta relación puede ser
modificada rápidamente por la erosión; terrones delicados de
piedra pÓmez, del depósito inicial, no presentan abrasión. V Canse
también las descripciones de Williams (1942) .
3 . Derrames calientes de cenita 'Y de /ragm.enzos más grandes
(ignimbrita). Formados por avalanchas fundidas o flujos piro-
clásticos, impulsadas principalmente por la gravedad; depósitos
gruesos en los valles y más delgados sobre las llanuras, con la
mayoría de las partes topognificas altas descubiertas; los d epósitos
están mal clasificados y por lo tanto individualmente sin estra~
tificación; algunos consisten de una mezcla caótica de bloques
TRABAJO DE CAMPO EN ROCAS VOLCANlCAS !H9

grandes en una matriz de grano fino, otros de lapilli vítreo y ce--


niza con o sin fragmentos de cristales; fragmentos de piedra pb-
mez y escoria que presentan comúnmente abrasión, y la roca bajo
el derrame puede mostrar abrasión y estriaciones; las altas tem-
peraturas están indicadas por la presencia de madera quemada,
piedra pómez enrojecida, y en algunos casos, la soldadura de
materiales vítreos en la parte inferior del depósito; los gases ca-
lientes pueden formar espirales (fumarolas fósiles) o pueden
recristalizar o litrificar mucho del depósifo; las juntas columnares
son comunes, y los fragmentos líticos grandes pueden mostrar
juntas de contracción (fig. 13-16). Véanse también las descrip-
ciones por Gilbert (1938) y Smith (1960).

Fig. 13-16. Bloque de andesita


en un depÓl!ilo de toba brc-
choide sin dasifi<;ar en el que
se aprecian Juntu radialu que
se interpretan como indic•ti-
vu de enfriamiento después de
que el fragmento se sepuó
de 1u masa origin•I. Según
Shelton (1951, Ilimina4).

4. DepOsitos ...olcánicos por derrtimes de lodo (lahars). For-


mados por una mezcla rápida de escombro piroclástico y agua
en abundancia; se mueven rápidamente a lo largo de los sistemas
de rios para formar gruesos depósitos lineales en los valles y
d epósitos más amplios en las llanuras; principalmente son mei-
clas caóticas de fragmentos grandes y pequeños en una matriz de
grano fino, peta contienen lentes de arena bien clasificada y de
grava donde los arroyos han retrabajado los depósitos; la madera
no se presenta quemada, a menos que existan fragmentos quema-
dos que han sido incorporados de depósitos de ingimbrita¡ pueden
interdigitarse a distancia con depósitos fluviales, lacustres o ma-
rinos. Véanse también Anderson (1933) y Fisher (1960) .
5. Capas piroclásr:ic.as depositadas pm- el agua. Se forman don-
de el material pirodástico se deposita o cae dentro del agua, o
donde los materiales sueltos son retrabajados por ésta; si son re--
.no MAN.VAL DE GEOLOO/A DE CAMPO

trabajadOl'I, muchos de los fragmentos presentan abrasión, clasi~


ficación por tamaño, y están mezclados localmente con escombros
no ,mlcánicos, pero los depósitos individuales eruptados en aguas
tranquilas pueden ser puramente volcánicos y sin estratificación¡
la orientación paralela de las astillas d e vidrio puede dar a las
tobas vítreas una estructura marcadamente en forma de planos;
los d epósitos vítreos marinos y lacus tres, frecuentemente est:in
a.rgilitados a capas bentoníticas o alterados diagenéticamente a
tobas de pedernal quera.tofídico o a capas de teolita; los depb.-
&itos de vidrio básico y palagonita comúnmente esr.in asocia.dos
con lavas de almohada (Sección 13-4).
Alrededor de un volcán puede haber diferentes tipos de de..
pósitos intercstratificados y algunos de ellos pueden graduar late-
ralmente a otros tipos. Las partes superiores o distantes de un
depósito de ignirnbrita, por ejemplo, pueden estar incotp0radas a
un derrame de lodo volcánico, o un manto de ceniza puede estar
cubierto e incorporado a un derrame piroclástico. Donde las tex~
turas y las composiciones de los depósitos de mantos de ceniza
son muy semejantes entre si, las secuencias se pueden subdividir
en tonas de intempcrismo, depósitos delgados de mate rial vegetal,
o estratos o lemes de depósitos fluviales, así como de materiales
trabajados por el viento. Los contactos entre los mantos de ignim~
brita muy semejantes entre sí, frecuentemente pueden fijarse en
la base de cada una de las tonas que presentan soldadura o frag-
mentos compactados de piedra pómez.

13-7. Alimentadores volcánicos e intrusiones relacionadas


Las intrusiones volcánicas que no se pueden mostrar a escala
en el plano, deberán indicarse por medio d e símbolos que mues.-
tren e l rumbo de su dimensión mayor. Los conductos centrales
frecuentemente se ubican en el foco de fracturas radiales o en la
intersección de dos fracturas. La posición de las instrusiones s ub-
yacentes principales ("cámaras magmáticas") pueden algunas
veces localizarse por medio del levantamiento de patrones con-
céntricos de diques o grupos elípticos de conductos volcánicos.
Donde las intrusiones grandes quedan expuestas, generalmente
son faneriticas; por lo tanto, presentan una apariencia plutónica.
TRABNO DE CAMPO EN ROCAS VOLCANJCAS JS/

Las rocas de los alimentadores volcánicos y las intrusiones,


pueden algunas veces correlacionarse con los derrames y capas
pirodásricas a las que han dado origen. Las conexiones directas
entre los alimentadores y los derrames, raras veces pueden verse;
por lo tanto, la mayor parte de las correlaciones debe hacer.;;e
comparando la litología de las intrusiones con la de los derrames
y tobas cercanas, y determinando la secuencia de las intrusiones
en cuellos compuestos y correlacionándolas con secuencias estra~
tigráficas conocidas.
Diques y mantos ("sills" ). En el levantamiento de diques y
mantos, la dificultad mayor es la de distinguirlos de las lavas
asociadas. Cerca de la superficie, los alimentadores basálticos de
gran inclinación pueden ser de grano tan fino y vesicular como
las lavas a las que intrusionan; sin embargo, se les puede distin--
guir por sus estructuras de flujo con gran inclinación y sus
contactos de enfriamiento con mucha pendiente. A mayores prt>
fundidades, donde los diques son menos vesiculares, la mayor
parte de ellos tienen sistemas sencillos de juntas columnares
dispuestas en ángulo recto con respecto a sus contactos (fig.
l3·17A). Las partes centrales de los diques básicos de mayor
profundidad consisten de roca de gra'no más grueso (diabasa o
dolerita) , a pesar de que sus márgenes sean afanitic:as. Sin embar·
go, la parte central de los derrames gruesos de basalto, también
pueden ser de grano .,rueso.
Los diques de rocas silícicas son típicamente de grano fino,
aun a profundidades considerables, y son menos tabulares que los
diques que se han formado a partir de magmas más fluidos.
Generalmente pr~ntan estructuras de flujo semejantes a las lavas
silícicas; estas estructuras yacen paralelas a sus contactos de gran
inclinación y pueden presentar plegamientos de flujo o estar
brechadas a lo largo deo ellos. A profundidades moderadas, la
mayor parte de las intrusiones süicicas tienen márgenes de vidrio
obscuro o de roca esferulítica de grano fino que gradúan hacia
adentro a rocas más pétreas, de esferulitas más gruesas. o a rocas
faneriricas de grano muy fino. También pueden mostrar bandas
autobrechadas de gran inclinación. Las rocas piroclásricas pueden
formarse donde las explosiones piroclástic:as se alimentan de diques
viscosos profundos.
35:1 MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

Los ma ntos pueden ser especialmente difíciles de reconocer,


ya que sus estructuras de flujo y sus contactos son paralelos a los
d e las lavas y tobas a las que intrusionan. Pueden ser indentifj..
cados con mayor facil idad cuando cortan a través de denames,
fonnan ap6fisis que pcnerran las capas superiores o tienen in·
clusiones. de las rocas superyacentes. T ípicamente . son menos
vesiculares y tienen patrones de siste mas primarios d e juntas más
sen cillos que las lavas con las cuales escin asociad os, y adernb
carecen de la zona superior 5Umamente vesicular o erosionad.a,
que caracteriza a muchos derrames. los mantos m ás gruesos ó
más profundos son generalmente de grano bastante grueso y 11,J.
teran a las rocas supcryaccntes en forma perceptible. Muchos
mantos y diques básicos producen la soldadura de tobas vítreas
sillcicas a distancias de varios centímctr05 o d ecímetros d e sus oon-
tactos. Algunos fu nden a las limolitas o areniscas que de esta m a•
ncra pueden mezclarse o ser inyectados d entro de las intrusiones.

Fi,z. IJ..17. Sit;1emaa de junlu en ac:ccionH transvenala de intrWionn ~


quel\aa. (A) Manto de dolerlta (diabaaa) cortado por dot: diq ueo; Bahía de
Bradford, Isla de Slr.ije, Eacocla. (B). Sección vcnical Idealizada a travU de
un cuello voldinico ci líndrico, que m uestra cambiCM en la di•p<Hici6n de Ju
jumu acgún var ía la prolundidad.

Cuello$ v olcáriico$. Los cuellos o conductos de volcanes de


tipo central son burdamente equidimcnsionales en p lanta, aunque
pueden estar conectados con complejos de mantos y diques ra·
diales que se interscctan o son concéntrico.s. Algunos son sola•
mente conductos tu bulares agrandados., o canales a lo largo d e
diques. En áreas profundamente disectadas por la erosión, puede
TRABNO DE CAMPO EN ROCAS VOLCANJCAS .35.3

resultar difícil determinar si una intrusión tubular fue alguna


vez un conducto volcánico. Sin embargo, los afloramientos cerca
del nivel original de erupción muestran un echado sistemático
hacia afuera de lavas y capas piroc.lásricas eruptadas por el con-
ducto, Los afloramientos de la pane superior d e los cuellos vol-
cánicos tendrán, probablemente, cuerpos de aglomerados o de
brechas aglutinadas que se han derrumbado de las paredes del
cráter. Algunos pueden contener fragmentos de sedimentos de..
positados en aguas que fueron formados en lagos o ch ateas en e l
cráter o caldera superior, y que se han caído dentro del cuello.
Las zonas marginales de los cuellos silícicos frccu'entemente son
perliticos o de piedra pómez cerca de la superficie, especialmente
en aquellos lugares en donde intrusionaron rocas de la pared,
impregnadas de agua, Las alteraciones intensas de las rocas debi-
das al escape de gases vokimicos, también son indicativas de que
se trata de afloramientos cercanos al nivel original del orificio
de erupción (véanse Domos, Sección 13-5). Finalmente, el pa-
trón de juntas col umnares en cuellos que por lo demás son ma-
cizOs, puede indicar la profundidad relativa de la pane que está
expuesta (Fig. 13-17B).
Las texturas piroclásticas rolas no significan que las rocas se
hayan formado cerca del nivel del orificio de erupción original,
ya que las explosiones pueden alcanzar profundidades conside-
rables. La mayor parte de los cuellos elásticos consiste d e brechas
no vítreas o de tobas-brechas que contienen diversas .cantidades
de fragmentes de las rocas de la región. Los fragmentos de las
rocas de la región pueden ser angulares, mostrar abrasión, o estar
bien redondeados y en algunos conductos tubulares constituyen
casi la totalidad de las brechas. En general, entre más profunda
sea la fuente de los fragmentes, más pequeños y más redondeados
serán éstos. (Véase Williams, 1936, p. 132).
La secuencia intrusiva en cuellos compuestos o múltiples, se
determina por las relaciones usuales de corte a través, diques,
márgenes enfriados, e inclusiones. Donde son eruptados simul-
táneamente magmas basálticos y silícicos dentro de un cuello
o dique, el magma básico puede enfriarse contra el silícico y al
mismo tiempo ser intrusionado por éste (véase Bailey y McCal~
lien, 1956). Las márgene.s anómalas de grano fino también pue-

U-Geolosl•
JH MANUAL DE GEOLOGIA DE CAMPO

den formarse por la alteración de contacto de nx:as más antiguas


por magmas más jóvenes.
Intrusion es superficiales. Las relaciones intrusivas que se
producen en o cerca de la s uperficie de una región volcánica
pueden proporciOnar indicaciones espurias de }05 alimentadores
volcánicos. Por ejemplo, las corrientes de lava pueden hundirse
por deba.jo y fluir bajo lavas mis antiguas, produciendo de tal
manera mantos superficiales locales (Krauskopf, 19'18, p. 1280) .
Las fracturas profundas en las lavas, generalmente se rellenan por
arriba con ceniza suelta, formando diques pinx:lásticos que pue-
den ser muy impresionantes en un afloram.lento aislado. Williams
y Meyer~Abich (1955 p. 32) describieron diques piroclásricos
superficiales formados en ·aquellos lugares donde- se abrieron frao-
tura5 causadas por terremotos y qae fueron inyectadas con piedra
pó~ei · impregnada de agua.

Referencias citada.
Andcnon, C. A., 1933, The Tu11a1n fomution of nonhern CalifonU1.: Un.:..
w.•niry of CoJi/Ofnio Pwbl:iQll:Wns, in. Geologico.I. Scim.ce1, v. 23, pp. 215-
27&