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Edgardo de Noriega

Edgardo de Noriega, Director del Blog

LUNES, 15 DE JULIO DE 2013

ANTONIA MORENO: LA HEROINA DE LA GUERRA


Cuando  la  patria pasaba por lo peor de los peor con los embates de la invasión  chilena de
excesos inauditos, desproporcionados y de violación entera de los derechos de los peruanos, allí,
allí, en ningún momento vacilando, estuvo una mujer singular, mostrando a como de lugar: coraje,
decisión y abnegación. Cualidades decisivas y admirables que la convirtieron, sin ninguna
discusión, en la heroína de la Guerra del Pacífico
En la inmensidad de la sierra y en medio de cerros, quebradas inhóspitas, precipicios, recovecos de
caminos de herradura, las tropas de la resistencia nacional  haciendo lo indecible para vencer al
enemigo, cruzaban  pueblo tras pueblo de pobreza y miseria impresionante.
Había un clima atmosférico casi inaguantable, intenso frio constante y  hasta lluvias torrenciales.
Incluso con granizada, truenos y relámpagos.  En este escenario tan duro y poco accesible a una
pizca de comodidad, un puñado de corajudos soldados seguía luchando contra Chile, encabezados
por aquel héroe que nunca se rindió. Era Andrés Avelino  Cáceres, cuya valentía no fue exclusiva.
La fundió  como un crisol y se  acopló perfectamente con su esposa, de forma enteramente
excepcional
Lo acompañó, gran parte de los dos años y medio que duró la Campaña de la Breña en contra del
nefasto invasor, su esposa, Antonio Moreno de Cáceres.  Ella, al escenario de la  rebeldía y la
insurgencia por recuperar la soberanía del Perú, llevó inclusive a sus pequeñas hijas: Zoila Aurora,
Lucila Hortensia y Rosa Amelia.
Antonia Moreno de Cáceres: mujer valiente y de valor.

 La madre y las niñas desafiando al enemigo. Nunca cayeron en las manos de los chilenos abusivos.
Una constante fue burlarse de ellos y colaborar, en lo que pudiesen, como lo hicieron de forma tan
peculiar,  con las huestes de la liberación legítima
Antonia, mujer  enteramente consecuente. Antonia, mujer de hierro. Llena de calidades y de
resistencia total. Lo demostró a las claras en los peores momentos de la Historia del Perú. En la
desgracia de la Guerra con Chile y en plena invasión tan injustificada, tan abusiva, tan poco
consecuente. Allí estuvo como ninguna.
Todos estos hechos los relata minuciosamente, en entrevista exclusiva con Miscelánea y
demostrando a las claras  conocimiento de causa y profundidad en el campo de su dominio
profesional, el joven historiador peruano, Rodolfo Castro Lizarbe, quien ha estudiado en la
Pontificia  Universidad Católica del Perú y apunta a convertirse en un experto excepcional   y total
de las lides relacionadas con este tipo de conflictos. Muy pronto hará una maestría de
especialización. 
Castro es un convencido de que hay que reivindicar, para siempre y de una vez por todas, la figura
de  la señora Cáceres. Un paso ya se ha dado con la publicación, en 1912, de su s  “Recuerdos  de
la Campaña de la Breña”, cuyo prólogo lo ha escrito el joven investigador y el libro ha sido
publicado  por la Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica y la Orden de la Legión Mariscal
Cáceres.
Hay una coincidencia en afirmar que doña Antonia hizo de todo a favor del país: conspiró con
efectividad, contribuyó a que se saquen en ataúdes armas y piezas de artillería. Engañando por
completo al enemigo.
 Llevó, de Lima a la sierra, el encargo del gobierno provisorio en busca de la adhesión de Cáceres.
Aunque en lo que se refiere al apoyo, hay una serie de contradicciones por aclarar. Sin embargo, la
gestión presidencial de Francisco García Calderón fue reconocida por el héroe y se registró entre
ellos una probada coordinación.
Asimismo pasó por Chosica, Huancayo, Jauja,  Tarma, Cerro de Pasco, Huánuco, Ayacucho,
Huaraz,  y otras ciudades, retornando a Lima por Paramonga. Había cruzado las Cordilleras Blanca
y Negra. Hasta que llegó al desierto costeño tan largo y tan aburrido, rumbo a la capital.

    Rodolfo Castro  Lizarbe

En una oportunidad conversó, mientras el esposo estaba lejos en la serranía luchando, con en el
emisario del jefe de la invasión, Patricio Lynch, en la casa del Cónsul de España, de nombre
Alberto Stuven. Ahí, sin titubeos, rechazó enérgicamente las amenazas chilenas y retó a los
nefastos invasores que la fusilen, conjuntamente, con sus hijas. Que tal firmeza.
Lynch era un zamarro de la peor especie que incluso, entre otras barbaridades, ordenó
flagelaciones en contra de los peruanos. Y en una oportunidad allanó el domicilio de la señora
Caceras, cuando ella estaba fuera de la capital.
Doña  Antonia, en la sierra, nunca se cansaba de atender a su esposo en sus triunfos, en sus caídas
en sus luchas armadas, en sus enfermedades.  El estar con las niñas era su constante preocupación,
sobre todo por lo accidentado del terreno que debían de recorrer y por el continuo acoso del
enemigo.
En más de una ocasión, tanto doña Antonia como sus pequeñas, se salvaron de  accidentes fatales
por la oportuna intervención de los oficiales ayudantes, fuera de las caídas experimentadas por la
propia señora Cáceres, en la retirada de Ayacucho. Y por su hija Rosa Amelia, en la ida a Huaraz.
Ellas casi son atrapadas por los chilenos en Jauja a inicios de 1882.   Lo mismo ocurrió en Huaraz 
en marzo del año siguiente. Mucho antes había salido de Lima rumbo a la sierra, disfrazada de
humilde campesina.
Cabalgó, inclusive, a lomo de mula al lado de la imponente Cordillera de los Andes con el soroche
encima. En una oportunidad, contrajo la enfermedad del tifus que casi se la lleva a la tumba.
Pero, felizmente, sanó.
Le latía mucho más fuerte el corazón cada víspera de combate que se despedía del esposo. Tal
como ocurrió en Pucará, Acuchimay, Marcavalle y Huamachuco. Los peligros eran mil y ella con sus
niñas pudieron superar las adversidades.
Conoció a Leoncio Prado antes de pelear en Huamachuco e inmolarse como héroe. Habló
largamente con él cuando vino a buscar a su esposo para recibir instrucciones. Ella se las adelantó
en parte. Esta mujer se la jugó por el Perú hasta que murió en 1916. Sus restos descansan en la
Cripta de los Héroes del Cementerio Presbítero Maestro de Lima.
A continuación la entrevista con Rodolfo Castro:
-Para usted como historiador, ¿Cómo puede definirse a Andrés Avelino  Cáceres y su esposa, 
Antonia Moreno de Cáceres?
-Cáceres es el militar más destacado de la Guerra con Chile por su empecinamiento para mantener
la resistencia, a pesar de que muchos ya  creían acabada la posibilidad de continuar la guerra.
Mientras que, Antonia Moreno de Cáceres, es la mujer que mayor participación tuvo a lo largo de
este conflicto y. como bien dijo el doctor Juan José Vega, la podemos considerar como  la primera
rabona del Perú. Eso si entendiendo que tales personalidades eran aquellas mujeres que
acompañaban a los soldados en las marchas y las campañas. En este caso, ella, por ser la esposa de
quien acaudillaba la resistencia, merece ese apelativo. Doña Antonia siempre siguió,
admirablemente, a su esposo. No se quedó en  casa o en otro sitio. Constantemente en el  lugar de
los hechos donde había enfrentamiento bélico. Eso, de por sí, es admirable  Fue así y está
comprobado que  de tal manera ocurrió. La señora Cáceres visitó hasta los parajes más inhóspitos
de la sierra. Cruzó una y otra vez la Cordillera. Incluso, para colmo de males, en estas marchas
perdió a su único hijo varón.
-El término de rabona suena  peyorativo, por si acaso
-Sí,  efectivamente. Ya ha habido un incidente en el cual un Comandante General del Ejército,
cuyo nombre no vale la pena recordar, se ofendió por completo al escuchar este calificativo. Pero
en realidad se puede decir,  sin ningún inconveniente, dicho nombre en el sentido que lo he hecho,
aludiendo a estas mujeres que heroicamente seguían siempre a la cola del Ejército. El rabo del
Ejército en las marchas u otros acontecimientos eran las rabonas. La gran participación,
enteramente decidida, de doña Antonia está por encima de cualquier expresión que guste o no
guste.
-Cierto es lo que usted dice. Según el diccionario de la Enciclopedia Espasa, Pág. 70 del Tomo
49, la palabra, entre otras acepciones, significa lo siguiente: mujer que suele acompañar a los
soldados en las marchas y en campaña.
-Así es por eso es que uso el término. 
¿Especifique los estudios de carácter histórico que ha realizado con respecto a la vida de estos
dos  grandes e ilustres personajes?
Para mi tesis como historiador  escogí un tema relacionado con la Guerra del Pacífico en la etapa
de que los chilenos ocupaban Lima. La resistencia aquí fue apoyada de modo casi secreto y
clandestino, facilitando el escape de los peruanos que querían ir a pelear a la sierra. Enviando
información, armamento y lo que se necesitaba al interior del país. Quien jugó un papel
preponderante aquí fue doña Antonia Moreno de Cáceres, que estuvo viviendo en la capital el año
1881 cuando  ya su marido había salido a la sierra.  He investigado, a profundidad, como ella
ayudó a Cáceres.
¿Hay de  por medio algunas publicaciones u otras pruebas?
Si. A eso precisamente voy.  Soy el autor del prólogo de la tercera edición de “Los Recuerdos de
la Campaña de la Breña” de doña Antonia, cuyos textos  los he confrontado con otros testimonios
y fuentes de la época. Incluyendo memorias de otros protagonistas, periódicos de la época y otras
publicaciones documentales, tanto de origen chileno como peruano. Toda la documentación que
pueda concurrir para extender o corregir algunas inexactitudes que puedan haber en estos
recuerdos que ella escribió muchos años después, treinta o cuarenta.

Castro, la bisnieta de los héroes, Jossie Sisson Porras, y el General Pablo Correa Falen: Presidente
de la Orden de La Legión Cáceres

¿Existen, concretamente, algunas conclusiones al respecto?


El tema de mi Licenciatura en Historia que he obtenido  fue exactamente el denominado
“Organizaciones Patrióticas Durante la Ocupación de Lima”. Una de las protagonistas es doña
Antonia Moreno y en el trasfondo está Andrés Avelino Cáceres, porque era a él a quien se
ayudaba.  La señora Cáceres nace en Ica en la década de 1840. No se sabe con exactitud y claridad
su origen. Hay biógrafos que señalan su posición acomodada. Aunque eso tal vez se dice para
“dorar la píldora” ´porque, como se sabe  bien, la apodaban “La Melón Podrido”. Aludiendo que
de joven había sido vendedora de melones. Una necesidad es indagar más sobre estas situaciones
de poco conocimiento. Hay que ir  a Ica a investigar más, de todas maneras.
-¿Qué cosa es lo que se conoce exactamente de ella?
Su vida se presenta enteramente clara a partir del momento en que se casa con Cáceres, pocos
años antes de la guerra. El matrimonio tiene  tres hijas que fueron muy bien educadas. Tal fue el
caso específico de Zoila Aurora, graduada en la Universidad de la  Sorbona de París. Lo que se
conoce de doña Antonia  es su participación al lado de Cáceres en la resistencia y como Primera
Dama en su condición de esposa del Presidente de la República, sabiéndose- a plenitud- que
mantuvo una imagen muy enérgica y completamente seria sin eclipsar, en ningún momento, a su
cónyuge. Como era el caso de la esposa de otro mandatario del Perú, Agustín Gamarra,   Francisca
“Pancha” Zubiaga de Gamarra que se iba al otro extremo. Aquí había, definitivamente, equilibrio. 
¿Algunos otros datos biográficos de doña Antonia?
-Bueno. Lo que he podido ubicar es a sus hermanos con un solo varón que era Tomas Moreno. Las
otras se llamaban Francisca, Juana, María de la Cruz y Gertrudis. Todos ellos eran Moreno Leyva.
Lo que he hecho en mis investigaciones es afinar detalles en cuanto a cronologías. Me he ido
muchos  a las anécdotas y a encontrar nuevos acontecimientos que no se sabían o no se conocían.
-¿Cuáles, por ejemplo?
Veamos.  Una vez, cuando casi iba a ser capturada por los chilenos que trataban de incursionar a
su casa,  se escapó por los techos, dirigiéndose a la vivienda de un boticario. El, cabalmente, la
escondió. No se sabía el nombre exacto del salvador. Lo encontré durante las investigaciones que
hice en Ica.  Era un señor de apellido Rodríguez. Inclusive hallé una fotografía del personaje. Estos
detalles son  lo que he logrado precisar en mis investigaciones.
Doña Antonia con sus tres hijas.

-¿A qué se dedica actualmente?


- Estoy colaborando con la Cancillería para la edición y publicación de un libro sobre el diferendo
marítimo con Chile que va a salir próximamente. La investigación la tenemos avanzada y el
próximo año cursaré mi maestría, tratando y estudiando a fondo un tema vinculado a la Guerra del
Pacífico, incluido los años posteriores a los gobiernos de Cáceres. Don Andrés Avelino y doña
Antonia son un binomio de vidas muy singulares. Una mujer cuyo marido está en la brega no se
queda como las otras a seguir su vida doméstica. Cáceres fue un militar que tenía una sensibilidad
social muy fina. Sabía cómo escoger a los mandos en provincias para que fueran las personas
respetadas, acatadas y con capacidad de movilización en sus pueblos. Supo levantar a estas masas
y fundirles un espíritu patriótico grande, para que hicieran una resistencia tenaz en contra del
invasor. El después como Presidente, y antes de la guerra como Prefecto del Cuzco, dictó
disposiciones tendientes a mejorar la situación social de las masas campesinas e indígenas.
-Pareciera ser, según las tendencias de carácter histórico, de que no hay ninguna duda en el
heroísmo de Cáceres. Pero sí que erró mucho, posteriormente, en su condición de Presidente
de la República. ¿Cuáles son sus comentarios sobre estas aseveraciones?
-Por supuesto que no hay ninguna duda sobre el heroísmo. Inclusive considero injustas las palabras
del maestro González Prada y repetidas por otro maestro, Jorge Basadre, en el sentido de que a
Cáceres “le faltó morir en Huamachuco”. Una apreciación que se ha repetido y sigue repitiéndose.
Lo han dicho dos grandes del pensamiento peruano. Sin embargo, el Brujo de los Andes  estaba por
encima de eso. Como decía el Mariscal Castilla se le reservó para una misión mas grande, como el  
de reconstruir al Perú después de la guerra. 
-Cáceres Presidente no tiene unificación. Por el contrario enarbola, para muchos, un
militarismo presidencial que debió combatirse. ¿O no es así?
-Hay que tener en cuenta que las guerras encumbran a los militares y ese no es un fenómeno
particular del Perú, sino incluso en los países que se les considera enteramente democráticos   y
representativos  como: Estados Unidos y Francia, donde Dwight  Einsenhower y Charles de Gaulle,
resultaron presidentes de sus respectivas repúblicas, después de la Segunda Guerra Mundial.  Aquí,
en el siglo anterior por supuesto, no se pudo escapar de esa regla. Se trata de una tendencia
universal que no tiene tiempos. Un hecho comprobado es que los militares ocuparon el poder,
luego de la Guerra con Chile. Los civiles estaban desprestigiados. El único que había quedado
primero era el General Cáceres. Fue el caudillo natural.

Andrés Avelino Cáceres: el gran héroe

-Pero Basadre, el gran historiador, no dice precisamente eso.


-Efectivamente, sin embargo, creo que se impone una revisión  en el contexto de afirmar que los
gobiernos de Cáceres fueron nefastos. La prensa de la época es abundante y allí podemos
encontrar más luces y tener una visión  aproximada y clara de lo que fue ese periodo de la Historia
del Perú.
-¿Qué fue ese periodo?
-Una época  en la cual el Perú estaba en ruinas y que pudimos perder todo.  El Norte se pudo haber
ido para el Ecuador. La Selva a Brasil. El Sur dependiendo de Bolivia y Chile. En fin, el desastre de
desastres. Sin embargo, se mantuvo la unidad porque los peruanos nunca perdieron la fe en el
proyecto de mantenerse como nación. Cáceres, definitivamente, fue la columna vertebral. En la
Breña siempre, bregó por ello. Posteriormente consiguió derrotar a Iglesias e instaura la unidad
tan necesaria. Hasta que después Piérola se le enfrenta, y ocurre la deplorable guerra  civil.
-El año 1895 Piérola con Augusto Durand ingresan por Cocharcas y Santa Ana respectivamente,
lugares ubicados en las afueras de Lima, en olor a multitud. Desafortunadamente, eso sí,
peruanos se enfrentan con peruanos. Más de dos mil muertos de por medio.  ¿Cómo
interpretar ello?
-No voy a negar la popularidad de Piérola. Un antepasado mío, uno de mis   bisabuelos, luchó muy
joven con El Califa.  Pero tampoco puedo dejar de negar que se registró mucho apoyo de los países
vecinos al Perú. Las armas entran por Ecuador, Bolivia y parte de Iquique que estaba controlado
por Chile Le interesaba a este último país desestabilizar al Perú, en vista de que se cumplían los
diez años del Tratado de Ancón y se debía efectuar el plebiscito que, dicho sea de paso, no se
realizó nunca. Por eso nos da risa cuando Chile dice, cínicamente, que han sido respetuosos de los
tratados internacionales. Esto último, históricamente, es insostenible. 
¿Nunca ha dejado de estudiar a los esposos Cáceres?
Tengo 30 años y, durante  diez de ellos,  estoy metido en la tarea de investigación. No es tanto
tiempo. De repente, más adelante,  pueda profundizar enteramente. Lo que es un hecho
comprobado históricamente es que, en circunstancias tan adversas, como la ocupación de Lima,
donde se tiene la idea errada de que los limeños se acomodaron a la situación e incluso
confraternizaron con los chilenos, un hecho real y contundente es que existía una resistencia
clandestina que mantenía a los peruanos completamente informados de los movimientos del
enemigo. Esos compatriotas que recibían la comunicación, por si acaso en esos aciagos momentos,
estaban luchando en el Perú libre de la sierra.
Específicamente, ¿Qué hacían ellos?
Les facilitaban armas para seguir peleando. Cumplían con ellos a como de lugar. Había
movimientos de personas y coordinación entre los peruanos patriotas. Por ejemplo, hablando de
Antonia Moreno en estas circunstancias, ella era muy efectiva conspirando. Junto a un
conglomerado significativo de ciudadanos que llevaba al Perú en el corazón, haciendo lo mismo.
Sin embargo, doña Antonia nunca quiso que su papel fuera conocido.  Sus memorias y sus
recuerdos se conocen 30 o 40 años después de ocurridos los hechos. Lo afirmaba, y lo decía con
convicción, que sólo cumplió con su deber de peruana. Incluso se dice que ni siquiera dejaba que
se escriba sobre sus actividades de aquella época. “No hice nada extraordinario” eran las palabras
que más repetía. No quiso que esto se conozca. Había, en tal mujer excepcional, una humildad
admirable y, evidentemente, grandeza. Como Primera Dama no se aprovechó del poder, ni le hizo
caso a los aúlicos. Zoila Aurora si escribió copiosamente porque, obviamente, tenía derecho a ello.
Retrato de doña Antonia Moreno Leyva

 ¿Qué sabe de La vida de Cáceres?


Nace en la ciudad de Ayacucho el 10 de Noviembre de 1836. Pero, sin embargo, otros biógrafos
aseguraron que lo hizo en algún pueblo del valle de Pampas.  Por allí dicen que en Huancayo, en
un pueblito llamado Chupaca. Lo cierto es que su padre, Domingo Cáceres, era ayacuchano y su
madre, Justa Dorregaray, del departamento de Junín. Hay una leyenda que asegura que su
ascendencia materna  desciende de la princesa Catalina Huanca. Por su progenitor, de los
españoles. Lo cierto es que crece en una hacienda por el valle de Pampas y desde niño, de modo
similar, se cría con niños quechua hablantes.
¿Hablaba perfectamente el quechua?
 El lo aprende  muy rápidamente y desde allí siempre mantuvo un vínculo muy estrecho con la
población andina, con la cual se entendía perfectamente en su propio idioma. Tal hecho singular
marcaba una diferencia muy grande frente a otros oficiales del Ejército que tenían un trato
distante con sus soldados, por falta de comunicación efectiva. 
¿Cuál era la relación con ellos?
Los tenía, constantemente, cercanos. Era cariñoso y hasta paternal.  A pesar de ser muy estricto,
como correspondía a su formación castrense. Muy joven aún ingresa al Ejercito con la revolución
de don Ramón Castilla, a quien admiraba. Lo mismo que a San Román. Desde que ingresó al
Ejército se distinguió por su valor. Casi pierde el ojo en una asonada revolucionaria ocurrida en
Arequipa.
¿Hay conflagraciones por aquellas épocas?
 Andrés Avelino Cáceres participa en la  guerra contra el Ecuador. Lo mismo hace en el combate
del 2 de Mayo contra España, en 1866. También se desempeñó como Prefecto del Cusco con una
visión social trascendente. El distinguido militar rechazaba los abusos de los malos funcionarios
contra el campesinado. Al estallar la Guerra del Pacífico  combate, bravíamente, desde el
comienzo hasta el final. En  el Combate Naval de Iquique está en tierra, dirigiendo los cañones
contra el buque chileno Esmeralda y rescatando a los náufragos.
-¿Dónde más lucha?
- Pelea en las batallas de San Francisco, Tarapacá y Tacna. Lo mismo hace en la defensa de Lima y
finalmente, en la sierra, con la campaña de la Breña. Luego continúa la guerra civil con Iglesias.
Posteriormente se consagra como Presidente en un primer periodo entre 1886 y 1890 Después
viene un segundo periodo, 1894 a 1895, donde es derrotado. Más  que militarmente,
políticamente.
¿Cómo es eso?
 Los soldados le eran leales. Lo mismo  que sus oficiales.  La población si estaba hostil con él. Sale
exiliado a la Argentina. Luego se dirige a Europa. Los gobiernos posteriores del siglo XX lo envían al
viejo mundo en misiones diplomáticas. Cáceres seguía siendo una gran figura.
¿Algo trascendental por estas épocas?
 El Rey de España lo recibió para el  centenario de la Constitución de Cádiz en 1912. Por encargo
del Gobierno compra, en forma transparente como se acostumbraba en esos tiempos y no en los
actuales, armamento para el Perú con la felicitación de las autoridades correspondientes.
Finalmente transcurre su vejez en Ancón. Allí conversaba con la gente humilde y los pescadores.
Fallece el 10 de Octubre de 1923 ya anciano, por cumplir los 87 años. Al final una de las personas  
que estuvo muy cercano a él fue el General José del Carmen Marín, que después resultó el
fundador del Centro de Altos Estudios Militares (CAEM). Consigue el Mariscalato en tiempos del
gobierno Leguía. Lo apoyó porque creía que iba a reivindicar las provincias cautivas. Eso no se dio.
Pero antes Cáceres murió. Que se iba a imaginar el Tratado de 1929, donde perdimos buena parte
de nuestro territorio.
Busto de la distinguida dama y heroína.

-¿Cómo era el matrimonio de Cáceres con doña Antonia?


Cáceres habla muy poco de ello en sus memorias. Por su parte, doña Antonia si se explaya en sus
recuerdos. Era una relación amorosa, respetuosa, coordinada donde incluso ella sabia acatar, con
cariño, las decisiones de su esposo. No obstante doña Antonia era muy enérgica. En síntesis y a
manera de resumen, el respeto mutuo entre ambos campeaba con verdadero afecto.
-¿Algo más que añadir?
-Siempre es preciso que mantengamos la memoria de nuestros héroes y de los hechos que
protagonizaron para gloria del Perú, Una manera que se puede contribuir es que aquellas personas 
que tengan acceso a documentación antigua, de todo tipo, deben conservarla e incluso publicarla
para que sea conocida. Eso es lo que nos da a nosotros los historiadores pista para tener una idea
cabal e integra de nuestro pasado. Que ello no se pierda ni sea descartada porque si ocurre es una
pérdida irreparable. (Edgardo de Noriega)

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