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División de Ciencias Administrativas, Sociales y Agropecuarias

Departamento de Ciencias Sociales

Licenciatura en Psicología

Materia:

Epidemiología conductual II

Maestra:

Lic. Cecilia Cuamba Osorio

Integrantes:

Kassandra Guadalupe Delgado Garcia

Victor Manuel Arzate Lopez

Veronica Guadalupe Gonzalez Ozuna

Daniela Viridiana Leyva Cuaxiloa

Lizbeth Adriana Flores Samaniego

Keyla Rubi Lira Ochoa

H. Nogales, Sonora 21 de octubre de 2020


Introducción

Una de las problemáticas que afecta al área social, es la violencia intrafamiliar que se

compone por un grupo de personas que habitan dentro del mismo círculo social, para lo cual

es importante resaltar y definir dos conceptos; violencia que es definido por la OMS (2002)

como el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo,

contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas

probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o

privaciones y la violencia intrafamiliar que es el conjunto de actitudes o de comportamientos

de abuso de un miembro de la familia contra otro, en la que se afecta su integridad física y

psicológica, que tiene como objetivo el control del familiar violentado, que presenta un

carácter sistemático y se encuentra en su base el establecimiento de relaciones interpersonales

deficientes, sin un sistema de comunicación adecuado y con patrones de comportamientos

aprendidos en su subjetividad típicos de violencia. (Mayor & Salazar, 2019).

Como se menciona en estas definiciones, existen diversos tipos de violencia intrafamiliar,

entre ellas el abuso verbal, abuso emocional o psicologico, negligencia, abuso economico,

abuso sexual y el abuso fisico, que pueden atraer multiples concecuencias para los integrantes

de la familia, como lo menciona el Centro de Estudios Para el Logro de la Igualdad de

Genero (2018), baja autoestima, dependencia del hombre y en general de todas las figuras de

autoridad, depresión profunda, altos niveles de autocritica, miedo, estrés, ansiedad,

desorientación, aislamiento provocado, sentimientos de subordinación, dependencia y

sometimiento, sentimientos de culpabilidad al culparse ellas mismas de la situación de

maltrato, desmotivación y ausencia de esperanza, incertidumbre y dudas por el bloqueo

emocional que sufren, trastornos alimentarios severos, trastornos del sueño, trastornos de

alcoholismo y de ludopatía en general de diversas adicciones.


A lo que Walton y Salazar (2019) en su estudio de “Violencia intrafamiliar”, concluye que

la violencia es considerada una forma de ejercicio del poder que facilita la dominación,

opresión o supremacía a quien la ejerce y una posición de sometimiento o sujeción de quien

la sufre. Además, es un fenómeno presente, en mayor o menor medida, en todas las

sociedades, y resulta de interés creciente en las instituciones internacionales, que reconocen

su trascendencia y sus múltiples implicaciones a escala global y al interior de cada país, así

como para las comunidades, las familias y los individuos.

Así como en México, en el cual datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e

Informática (INEGI), avalados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia

(UNICEF) citado en Garcia y Cerda (2010), reportan que en uno de cada tres hogares de

nuestro país (México) existe alguna forma de violencia familiar y en gran parte de éstos

72.2% la violencia es recurrente. Además se menciona que en la Ciudad de México y en el

área metropolitana la Encuesta Nacional sobre Violencia Intrafamiliar (ENVIF), realizada en

el año 1999 en 6000 viviendas se registró que en uno de cada tres hogares se presenta algún

tipo de violencia y que estos actos ocurren con mayor frecuencia en los hogares dirigidos por

hombres 32.5% al compararse con aquellos dirigidos por las mujeres 22%.

Está variable tiene múltiples representaciones: suicidio, homicidio, desaparición,

secuestro, masacre, maltrato, chantaje, ultraje. Afecta a todos: niños, niñas, jóvenes, adultos,

hombres, mujeres, en calidad de víctimas o victimarios y hace parte de nuestra vida cotidiana,

en la que como sociedad, sus consecuencias se ven reflejadas en el ámbito económico,

político, social y de salud pública. De acuerdo con estudios del Banco Mundial, citado en

Sierra, Macana & Cortés. (2006), “las violaciones y la violencia doméstica llevan a la pérdida

de nueve millones de años de vida saludable, por año en el mundo”; de seguridad pública

porque involucra el libre ejercicio de los derechos y desarrollo de la personalidad. Por otro
lado, afecta la unidad familiar porque la violencia es un patrón de interacción transmitido de

generación en generación, que a través del tiempo seguirá afectando a más individuos.

Marco teórico

La violencia intrafamiliar es aquella que afecta a la familia lo cual se define por Antonio

Irigoyen López citado en Quinteros (2017), como una forma de organización social que se

encuentra en la base de su pirámide, esta puede considerarse como una república en miniatura

y, por la misma razón, un espacio de derechos y de deberes cuyo objetivo final es lograr la

armonía entre los integrantes, pero lejos de encontrar paz, tranquilidad y mansedumbre en la

vida marital, se encuentran testimonios dentro de la historia de riñas, golpes, escándalos,

agresiones verbales, encierros y puñaladas entre los miembros de las familias.

Está problemática se aborda entre finales del siglo XVIII y el siglo XIX en el Río de la

Plata, ya que en los inicios de la historia se daba este tipo de situaciones con la diferencia de

que era considerado como algo “normal” dentro de la cultura, para lo cual la función de la

mujer era garantizar la reproducción y, por consiguiente, la sexualidad femenina y la

posibilidad de que la mujer pudiera desarrollarla en forma placentera era algo impensable,

más bien se consideraba que la mujer debía ser alimentada, conducida y corregida por el

varón, además la iglesia apoyaba esta regla porque se creía en la inferioridad femenina y su

limitada capacidad intelectual, según Bauista (2012).

Por otro lado, desde tiempos inmemoriales se ha hecho padecer a los niños todas las

formas de violencia, aunque no se sabe qué tan común era abandonar y dar muerte a menores,

se conoce que el infanticidio era una práctica ampliamente aceptada en las culturas antiguas y

prehistóricas. Lloyd de Mause, en su clásico History of Childhood, documenta que el

infanticidio de hijos legítimos e ilegítimos era una práctica común en la antigüedad y hasta la

Edad Media, tanto en Oriente como en Occidente (Gelles, 2001).


Desde entonces y hasta ahora los niños han sido mutilados, golpeados, vejados y

explotados. Sin embargo, es igualmente importante subrayar que también existen

antecedentes remotos de que se intentó poner límites a los derechos absolutos de los padres

sobre los hijos. Es el caso, por ejemplo, de algunas leyes de protección a los menores de edad

que datan del año 450 AC (Gelles, 2001). También la utilización de niños para la

gratificación sexual de adultos ha sido una práctica muy difundida y aceptada en numerosas

culturas. Por ello, no es extraño que la venta y la prostitución de niños sigan siendo un modo

de vida bien documentado en prácticamente todos los países. El matrimonio con niñas, de

igual modo, ha sido una práctica ampliamente difundida, mientras que la victimización de

niños fue frecuente durante la Edad Media (Clark, Clark, Adamec, 2001).

La violencia intrafamiliar ya ha dejado de ser un “asunto privado”. En el pasado la

importancia de sus efectos destructivos fue despreciada o menospreciada, ya que se le definía

como un asunto del ámbito privado, donde nadie (individuo o institución) tenían injerencia,

pues “los trapos sucios de la familia se lavan en casa”, se decía ( Arrom, Arce, Arrom,

Fresco, Samudio y Capurro, 2015).

Cambiando un poco esto para principios del siglo XIX en donde ya no era bien visto que

los maridos golpearan a las mujeres, a lo cual comenzaron las primeras causas judiciales

iniciadas por mujeres maltratadas o por terceros involucrados, tal como pudieron ser los

hijos, los parientes o vecinos, según Quinteros, 2015, citado en Quinteros (2017).

Ahora cuando hablamos de violencia Intrafamiliar nos referimos a todas las formas de

abuso de poder que se desarrollan en el contexto de las relaciones familiares y que ocasionan

diversos niveles de daño a las víctimas de esos abusos. En este caso, los grupos vulnerables

identificados por la investigación en este campo, son las mujeres, los niños y las personas

mayores. Así como la violencia doméstica es una forma de violencia basada en el género, la
violencia familiar tiene dos vertientes: una de ellas basada en el género y la otra basada en la

generación. En definitiva, la violencia se dirige siempre hacia la población más vulnerable,

definida culturalmente como la “más débil”. Por lo tanto, cuando estudiamos los problemas

incluidos dentro de la Violencia Familiar, además de la violencia hacia la mujer,

consideramos al maltrato infantil y al maltrato hacia personas ancianas (Corsi, 2015).

Esto se ha convertido recientemente en una preocupación colectiva, un motivo de alarma

social. Gobiernos nacionales e instituciones internacionales, previenen de los peligros que

conlleva, ya que es una práctica social que atenta contra la salud física y mental de quienes la

padecen, dificulta el desarrollo personal, obstaculiza el desarrollo económico familiar y

comunitario, desestructura familias, etc, (Ayllón, Nuño y Méndez, 2006).

En lo que respecta a los tipos de violencia se encuentran los mas comunes como lo que es

el abuso verbal, abuso emocional o psicologico, negligencia, abuso economico, abuso sexual

y el abuso fisico.

En primer lugar el abuso verbal es es una forma distintiva de abuso emocional, el núcleo

de la conducta emocionalmente abusiva, es una comunicación ofensiva que mina el bienestar

emocional y psicológico en las personas que lo sufren, está basado en el poder y en el control,

acompañan otras formas de abuso, pero también puede producirse en sí mismo, este tipo de

abuso es ejercido mayormente a menores y adultos mayores, según Orte (2006).

En segundo lugar dentro del abuso emocional o psicológico se menciona que no se

requiere la presencia de daños físicos; con sólo presenciar la violencia en la familia o

experimentar abandono, rechazo o explotación, se considera que la persona ha estado

expuesto a comportamientos que constituyen abuso o maltrato psicológico (Ireland 2002), ya

que este tipo consiste en todo tipo de insulto, vejaciones, humillación, crueldad, gritos,

desprecio, falta de tolerancia, castigo, amenaza, abandono limitación y coacción con objeto

de conseguir doblegar a la pareja, atemorizar y lograr una respuesta sumisa.(Pecina, 2009).


Estos hechos afectan la salud mental o la estabilidad emocional de una persona, se

amenaza, desconoce su valor, ridiculiza, se priva del contacto emocional y se destacan sus

defectos permanentemente, según Figueroa, Figueroa y Ortiz, 2004, como se citó en

Vásquez, Alarcón y Macías, (2008).

Como tercer lugar la negligencia que es la forma de maltrato que consiste en el fracaso

repetido por parte de los padres, cuidadores o de las personas responsables del cuidado de un

niño o una niña, para proporcionarle los estándares mínimos de alimentación, vestido,

atención médica, educación, seguridad y afecto, es decir, la satisfacción de sus necesidades

básicas, tanto físicas como emocionales, esto aplicando también para el cuidado del adulto

mayor, según la Secretaría de Salud. (2006)

Como cuarto lugar el abuso económico se da cuando el dinero es la forma que se utiliza

para chantajear, que suele expresarse en actuaciones, como la de esconder el dinero, no ser

sinceros en las cuentas que se manejan, quitarle el dinero o obligarla a hacer alguna acción no

deseada para que obtenga dinero, según Walton y Salazar (2019).

En quinto lugar se menciona el abuso sexual que puede manifestarse de manera esporádica

o reiterada, por presión, coacción, amenazas, golpes para obligar a realizar actos sexuales no

deseados, abuso de familiares para obtener el mismo objetivo, exhibisionismo, violación.

(Ocampo, 2016). Con esto se busca una conducta dirigida a degradar, expresar dominio y

ejercer poder, en este sentido, los niños que corren mayor riesgo son aquellos que viven con

padrastros y aquellos cuyas madres trabajan (Lefrancois, 2000, como se citó en Vásquez,

Alarcón y Macías, 2008).

Incluyendo siuaciones en las que se penetran con objetos a la víctima, presionan para ver

fotografías o videos pornográficos, obligar a que use o no use un método anticonceptivo,

burlar la respuesta sexual, obligar a alguien a ser tocado, tener relaciones sexuales cuando no
se desea o conductas no deseadas en la relación sexual, acusación de infidelidad, criticar sus

preferencias sexuales, el acoso sexual, etc, Walton & Salazar (2019).

Por último el abuso físico, que se manifiesta a través de heridas, golpes, magulladuras,

quemaduras, moretones, fracturas, dislocaciones, lesiones internas, jalones, ataduras,

encierro, limitación de la comida y medicinas, estrangulamiento, asfixia, asesinato, con el

objetivo de castigar y conseguir una respuesta sumisa, para lo que la víctima vive en el temor

y terror, reduce gravemente su equilibrio emocional y su libertad de decisión (González,

2012). En este tipo se afecta directamente el cuerpo y la salud de una persona Figueroa,

Figueroa y Ortiz, 2004, como se citó en Vásquez, Alarcón y Macías, (2008).

También se menciona que se manifiesta a través de golpes con palos o con otros objetos,

puños, quemaduras, empujones, patadas, jalones de pelo, correazos, puñaladas, disparos, etc.

El delito de violencia intrafamiliar aumenta la pena cuando el maltrato recae sobre un menor,

estas conductas específicas no excluyen tipos penales comunes, tales como el homicidio,

tentativa de homicidio, lesiones personales y tortura.

Este tipo es la forma más clara y evidente del maltrato por constituir una invasión del

espacio físico de la mujer y puede hacerse de dos maneras; una es el contacto directo con el

cuerpo mediante: patadas, empujones, pellizcos, jalón de pelo, golpes, cualquier tipo de

contacto físico no deseado y la otra manera es limitar sus movimientos encerrandola, como

menciona Walton y Salazar (2019).

Todos estos tipos de violencia intrafamiliar traen consigo una serie de consecuencias

como: depresión, apatía, pérdida de la esperanza, sentimiento de culpa, inseguridad, angustia

y reducción grave de la autoestima, trastornos por estrés post-traumático, ansiedad, intentos

de suicidio, abuso del alcohol, las drogas y los psicofármacos, trastornos por somatización,

disfunciones sexuales, uso de la violencia con sus propios hijos, etc (Pecina, 2009).

Contribuye a desarrollar sentimientos de inutilidad, desvalorización y auto culpabilización


como lo refiere Orte (2006), en el ambito sexual les causa trastornos del sueño y de la

alimentación, miedo a las represalias, cambios en el estado de ánimo, sentimientos de rabia,

humillación, rechazo; baja autoestima, rechazo por el sexo opuesto, etc. (Ocampo, 2016).

Igualmente a nivel fisico deja secuelas como lesiones de todo tipo, traumatismos, heridas,

quemaduras, relaciones sexuales forzadas, enfermedades de transmisión sexual, embarazos de

riesgo y abortos e incluso la muerte. A nivel social puede causar aislamiento social, pérdida

de empleo, absentismo laboral, riesgo de alteración de su desarrollo integral, sentimientos de

amenaza, dificultades de aprendizaje, dificultades en la socialización, adopción de

comportamientos violentos con los compañero, mayor frecuencia de enfermedades

psicosomáticas y trastornos psicopatológicos secundarios, como lo menciona el Ministerio de

Sanidad y Consumo (2003).

Por último podemos decir que esta variable además de tener repercusiones en lo anterior

mencionado también afecta culturalmente ya que según Sierra, Macana & Cortés (2006), es

uno de los factores más significativos en el comportamiento violento. La violencia puede ser

parte de normas que forman el comportamiento y la identidad de los grupos. Por ejemplo,

golpear a los niños suele ser culturalmente aceptado y con frecuencia inculca en esos niños la

creencia de que la violencia es una forma aceptable de resolver conflictos

Cabe mencionar que la violencia intrafamiliar no se da únicamente a modo de escala o de

mayor a menor, sino se puede dar como ya se ha mencionado entre todos o varios integrantes

de la familia, así como se muestra en la figura 1. en los tipos de violencia intrafamiliar y su

ciclo de desarrollo, citado en Alonso, V. y Castellanos, L. (2006).


Figura 1. Recuperado de tipos de violencia intrafamiliar y su ciclo de desarrollo, por Alonso y Castellanos

2006.

Estudios realizados

Dentro de los estudios realizados se encuentra el estudio de Violencia intrafamiliar,

efectividad de la ley en el barrio las flores de la ciudad de Barranquilla, realizado por

Vasquez, M. Alarcon, Y. Macias, M. (2008) en donde se permitió conocer la situación actual


de violencia intrafamiliar de los pobladores del barrio. Partiendo de esto, se puede aseverar

que los comportamientos de violencia intrafamiliar (VIF) que se presentan se deben al hecho

de que los individuos viven sumergidos en una cultura patriarcal, en la que las relaciones de

poder entre los géneros son estructuradas por situaciones que proporcionan a los hombres el

control y el dominio en el hogar, por ser éste el que suministra a los miembros de la familia

los recursos económicos y la alimentación. Se encontró que el principal tipo de violencia de

este lugar es el físico, seguido por el psicológico. Con respecto a los menores, los padres

suelen maltratar a los niños psicológica y físicamente cuando intentan corregirlos.

Otro estudio llamado consecuencias de la violencia familiar experimentada directa e

indirectamente en niños, realizado en Hermosillo, Sonora, por Frías y Gaxiola. 2008)

demostró que la violencia doméstica o intrafamiliar provoca ya sea en el abusado o abusador

problemas en el ajuste conductual, como el consumo de drogas, orientación académica y

conducta criminal, social y emocional social, que se traducen en conducta antisocial en

general, depresión y ansiedad y problemas en la escuela. Los niños que son victimizados

presentan más facilidad para desarrollar síntomas psicopatológicos y depresión y se

comportan de manera agresiva. El maltrato en la infancia temprana predice síntomas de

depresión y ansiedad en la edad adulta, controlando raza, género y edad.

Un tercer estudio realizado por Walton y Salazar (2019) sobre la violencia intrafamiliar en

Cuba, un problema de salud actual, concluye que la violencia es considerada una forma de

ejercicio del poder que facilita la dominación, opresión o supremacía a quien la ejerce y una

posición de sometimiento o sujeción de quien la sufre. La violencia intrafamiliar con sus

múltiples expresiones se considera dañina y en la actualidad no se puede señalar con

exactitud cuánto afecta la salud psicológica, física, social y sexual de las personas que la

sufren.
Finalmente un estudio realizado por Ortiz, Franco y Campo (2007) sobre “Una

aproximación a la medición de la violencia familiar” en Santiago de Cali 2004-2005, se

analizó la situación de violencia familiar, de los casos reportados durante el período, la

violencia física, psicológica y verbal ocuparon los tres primeros lugares en el reporte de

violencia familiar durante estos años. A lo que este estudio realizado para el abordaje de la

violencia familiar muestra que el acceso de la población a las instituciones para el reporte y

atención es bajo,aspectos que no son indagados en el Observatorio de Violencia Familiar del

municipio de Cali.

En base a datos estadísticos se ha determinado que se cuenta con varios estudios donde

avalan que lo más preocupante de la violencia intrafamiliar es que en muchos de los casos no

tiene una cifra exacta debido a que se documentan los casos que han llevado un proceso de

demanda, pero existen casos aislados de los cuales no se tiene un registro.

A nivel nacional, algunos de los datos registrados con base en estadísticas del

Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) México Social,

indicó que a lo largo del 2019 se registraron 239,219 carpetas de investigación iniciadas por

delitos contra la familia, la cifra más alta que se ha registrado históricamente en el país, hasta

este año. Se menciona que en el primer trimestre de 2019, el número de denuncias por estos

delitos fue de 52,253, es decir, 21.84% del total anual. Frente a esos datos, en el primer

trimestre de este año (2020) ya se ha llegado a 63,104 denuncias por delitos contra la familia,

es decir, 20.7% más respecto del mismo periodo del 2019 según Monroy (2020).

Por otro lado datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI),

avalados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) citado en Garcia y

Cerda (2010), reportan que en uno de cada tres hogares de nuestro país (México) existe

alguna forma de violencia familiar y en gran parte de éstos 72.2% la violencia es recurrente.
Además se menciona que en la Ciudad de México y en el área metropolitana la Encuesta

Nacional sobre Violencia Intrafamiliar (ENVIF), realizada en el año 1999 en 6000 viviendas

se registró que en uno de cada tres hogares se presenta algún tipo de violencia y que estos

actos ocurren con mayor frecuencia en los hogares dirigidos por hombres 32.5% al

compararse con aquellos dirigidos por las mujeres 22%.

Tabla 1

Responsables de maltrato dentro del núcleo familiar.

Responsables del maltrato %

Madre 47

Padre 29

Ambos padres 5

Padrastros 5

Madrastras 3

Tios 3

Abuelos 2

Otros 5

Fuente: Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, 2002.

Según los datos proporcionados en el 2002 por el sistema nacional para el desarrollo

integral de la familia, las madres son las principales responsables del maltrato infantil, siendo

un 18% mayor que el maltrato ejercido por los padres. Con respecto a los menores, los padres

suelen maltratar a los niños psicológica y físicamente cuando intentan corregirlos (Secretaria

de Salud, 2006).
Conforme a los datos presentados en la siguiente gráfica (figura 2), se informa que la

violencia intrafamiliar se presenta tanto por familiares cercanos siendo estos los padres con

mayor porcentaje de violencia registrada y personas no pertenecientes a la familia. La

violencia empieza en edades tempranas en su modalidad de golpes y humillaciones; 29% de

las personas mencionó ser humillada por algún miembro de la familia y 33.3% informó ser

golpeada (CNEGSR, 2006).

Figura 2. Recuperado del Centro Nacional de equidad de género y salud reproductiva, 2006.

Por último se conocen datos según los reportes del Observatorio Nacional Ciudadano,

seguridad, justicia y legalidad. (2020) en donde mencionan que a inicios de la pandemia a

causa del Covid-19, las estadísticas han aumentado de manera significativa respecto a la

violencia intrafamiliar, en donde se permite observar que dentro de un mismo grupo de

vulnerabilidad como es el de las mujeres, se ubican niñas y ancianas. Entre los tipos de

violencia reportados resaltan la psicológica, física y sexual y los perpetradores forman parte

del núcleo familiar siendo la pareja, hijastro y/o hermanos.


En este orden de ideas, se argumenta que cuando hay violencia contra las mujeres en el

hogar, también hay violencia contra niñas, niños y adolescentes pues, como testigos, son

víctimas de violencia emocional y también pueden ser víctimas directas de violencia física,

psicológica o sexual, seis de cada diez niños, niñas y adolescentes entre uno y catorce años

han experimentado alguna medida de disciplina violenta en sus hogares, situación que ahora

se agrava por el confinamiento. En este sentido, de acuerdo con el Sistema Nacional para el

Desarrollo Integral de la Familia, de abril a mayo 2020 se registró un total de 2,215 infantes

que viven en situación de violencia, de los cuales el 34.6% son niños y el 65.4% niñas de 12-

17 años, además del 48.7% en niños y 51.3% son niñas de 1-11 anos de edad, según el

sistema nacional para el desarrollo integral de la familia, citado en Observatorio Nacional

Ciudadano, seguridad, justicia y legalidad (2020).

En este caso la violencia hacia menores de edad, desde el inicio del confinamiento, se

estima que 3 de cada 4 menores son violentados dentro de sus hogares. Además, según los

reportes telefónicos registrados en el 911, la violencia contra los menores de edad aumentó

durante el confinamiento hasta en un 100% según datos del Sistema Nacional de Protección

Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Roldán, 2020) citado en Observatorio Nacional

Ciudadano, seguridad, justicia y legalidad. (2020).

Por otro lado en los adultos mayores los abusos a los que este grupo poblacional está

expuesto se deben, entre otros elementos, a la falta de seguridad económica, a la dependencia

a familiares y a condiciones sociales poco favorables, ya que como consecuencia de su ciclo

de vida natural, la población adulta mientras lidia con enfermedades propias de la vejez, lo

hace también con una sociedad que la invisibiliza. Lo anterior constituye algunas de las

circunstancias por las cuales no se formaliza la denuncia de abusos.


Se refiere que los adultos mayores representan uno de los sectores de la población con

mayor vulnerabilidad ante la violencia que se presenta durante el confinamiento.

Lamentablemente, no se cuenta con las cifras suficientes para poder analizar que tanto

incrementó la violencia familiar relacionada con las personas de la tercera edad.

Dentro de estos datos se encuentra un registro de las llamadas reportadas durante el primer

trimestre de 2020, en el que se encuentra un total de llamadas de 170,214 como incidente de

violencia familiar, lo que equivale a un 7.08% del 100% de la proporción total del protocolo

de llamadas, según refiere el secretariado ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad

Pública citado en Observatorio Nacional Ciudadano, seguridad, justicia y legalidad. (2020).

Esto debido a que en muchas ocasiones, lo único que llegan a tener a su alcance para pedir

apoyo de parte de las autoridades son las llamadas realizadas a este número, las cuales no

necesariamente se traducen en una denuncia o el inicio de una carpeta de investigación sobre

los hechos. Como se mencionó previamente, de enero a mayo de 2020 se tuvo un registro de

290,581 llamadas al 911 por incidentes relacionados con violencia familiar; mientras que, en

el mismo periodo de 2018 y 2019 se reportaron 271,884 y 283,687, respectivamente. Las

estadísticas de este indicador durante los primeros cinco meses de los últimos tres años

evidencia un incremento de la violencia familiar en México. Si se realiza una comparación

entre el periodo enero – mayo de 2018 con el de 2020 se aprecia un alza de 6.88% de este

ilícito.

Mientras que a nivel estatal, el estudio realizado por González y Maya en el 2010 para

conocer cuáles son las estadísticas de violencia intrafamiliar; demostraron que en Hermosillo

Sonora quien sufre más violencia intrafamiliar son las mujeres con un 80.5% y en los

hombres se presentó con un 19.5%, donde las edades en las que existe mayor presencia este

tipo de violencia son las edades de 26 a 35 años y donde menor se presenta son las de 60 años
o más y el tipo de violencia más frecuentes son violencia emocional, violencia por

intimidación, abuso físico.

La capital del estado reveló que a la semana 28 del año en curso se han registrado 326

agresiones contra mujeres, mientras que a la misma fecha en 2018 se presentaron 194 casos.

Esto obedece a un repunte general de la violencia en Sonora, pues incluso los casos de abuso

hacia varones igualmente incrementó un 68%, de 28 casos en 2018, en lo que va de este año

van 47. Tan sólo en la semana del 7 al 13 de julio se presentaron 20 casos de violencia

intrafamiliar en la entidad, 300% más que los 5 suscitados en 2018. Actualmente, de acuerdo

con los datos ofrecidos por Vigilancia Epidemiológica, Sonora figura en el lugar 18 a nivel

nacional en atentados internos entre familias (Sistema Nacional de Vigilancia

Epidemiologica, 2019).

Figura 3. Recuperado de Hermosillo primer lugar en violencia intrafamiliar a nivel nacional, por Aguilar en

el 2019.
En relación a lo anterior, el Sistema Nacional de Seguridad Pública (2019) agrega que en el

primer cuatrimestre del presente año, Hermosillo permanece en primer lugar como el

municipio con más casos de violencia intrafamiliar en Sonora por casi cinco años, de acuerdo

con el Sistema Nacional de Seguridad Pública. Los datos proporcionados por el Secretariado

Ejecutivo revelaron que en enero, la capital del Estado registró 34 delitos por agresiones

domésticas, 68 en febrero, 113 en marzo y 141 en abril, con un total de 356 hechos que se

atendieron en el Ministerio Público. Sin embargo, Cajeme se encuentra en segundo lugar por

incidentes de violencia familiar, con 244 reportes, en tercer lugar está Nogales, con 168

denuncias y San Luis Río Colorado es el cuarto, con 41 acusaciones en los primeros cuatro

meses del 2019. En comparación del 2018, las principales ciudades de Sonora con los

mayores registros por agresiones en el hogar fueron Hermosillo con 799 testimonios, Nogales

con 574, Cajeme con 533 y San Luis Río Colorado con 117 procesos de investigación

Figura 4. Recuperado de Violencia intrafamiliar y divorcios por Garcia, 2014.


En la investigación de Garcia (2014), el autor menciona que en el año 2008, en la ciudad

de Hermosillo, Sonora se destacan 4 tipos de violencia, donde resalta la violencia

emocional con un 31% siendo esta la principal tipo de violencia ejercida entre los los

miembros de la familia, para con otro miembros.

Otro dato según Robles en el 2020 refiere que las llamadas al 911 por violencia

intrafamiliar se incrementaron notablemente en el confinamiento ya que el periodo de enero a

marzo, se posicionó en el cuarto lugar en el país con más llamadas. En el mes de febrero se

recibieron 4,106, en marzo 4,781 y en abril 4,966, lo que representa un incremento del 20%

en abril respecto al mes de febrero en ese mismo mes hubo un total 165 llamadas diarias por

violencia intrafamiliar pero debido a la nueva contingencia no se puede dar el debido

procedimiento por las nuevas exigencias y protocolos de la pandemia. En Nogales 14%, San

Luis Río Colorado 17%, Puerto Peñasco 21%, Etchojoa 43%, Huatabampo 38%, Cananea

61%, Santa Ana 85% e Imuris 83%.

El Centro de Control, Comando, Comunicación y Cómputo (C4) en Hermosillo, Sonora

en el dia 24 de diciembre durante las 24 horas realizaron 214 llamadas por violencia

intrafamiliar, siendo que al día siguiente esa cifra se incrementó a 471 reportes quedando en

la tabla estadística en primer lugar con un 13.87% del total de llamadas por violencia

familiar, el segundo lugar es radio o música con volumen alto con un total de llamas de 607,

el tercer lugar con personas agresiva con 339 y por último en el cuarto lugar es detonación de

cohetes con 338 llamadas (Gobierno del estado, 2016).

En lo que respecta a la ciudad de Nogales Sonora de acuerdo a la Secretaria

ejecutiva de seguridad pública citado en Palafox, Espejel &Valenzuela (2017), se menciona

que en este lugar se presenta un escenario de violencia que compromete la integridad y los

derechos de los ciudadanos, debido a la atmósfera de inseguridad y a la alta tasa de incidencia


de delitos, en los cuales se encuentra la violencia intrafamiliar, en la que en el año 2013, se

registró la incidencia mensual de violencia intrafamiliar de 25 en el mes de octubre, donde las

colonias implicadas fueron: Las Bellotas, Buenos Aires, Canoas, Colinas del Yaqui, Colosio,

Empalme-Nogales, Héroes, Lomas de Nogales y San Miguel.

Finalmente según el registro de llamadas de emergencia por violencia intrafamiliar, en el

mes de septiembre del año 2015 a junio del 2020. En el año 2015 durante los últimos 4

meses, se presentó un total de 2,634 llamadas de emergencia por violencia intrafamiliar, en el

2016 fueron de 8,741, en 2017 de 8,873, en el 2018 de 6,237, en 2019 fue de 6,342, y en

2020 fue de 3,308 durante los primeros 6 meses. El total fue de 36,135 llamadas de

emergencia por violencia intrafamiliar, y su media fue de 623 (Secretaría de Seguridad

Pública, 2020).

Figura 5. Reporte según llamadas del 911.

En Nogales existe una deficiencia de datos estadísticos ya que en muchas ocasiones se

logra únicamente hacer una llamada a las autoridades o no se logra completar la denuncia al

100%, puesto que se pide una serie de requisitos para lograr el proceso completo, por
ejemplo: la identificación oficial de quien va a hacer la denuncia, el acta de nacimiento de los

hijos en caso de haber, se realizan procesos tardados como análisis médicos, se solicita

evidencia de los hechos (pruebas o testigos) y que se escriba o dicte los hechos lo más claro

posible siendo estos firmados y con huella digital para confirmar lo dicho, por lo que muchas

personas deciden dejar el proceso. Gobierno del estado de Sonora (2020).

Discusión

La violencia es un fenómeno social que está crecientemente presente en las

preocupaciones y actividades de diversos actores sociales, los cuales concuerdan en que la

violencia no puede ser una forma natural o normal de relacionarse, especialmente entre las

personas que se encuentran en un espacio familiar en donde se aprende la forma de

relacionarse con los demás, se aprenden valores y costumbres, en ese sentido, lo que

asimilamos desde el espacio familiar es como nos relacionamos socialmente, lo cual lo

convierte en una problemática social y cultural en la que en casa los niños aprenden a

relacionarse de esta manera violenta, repitiendo a su vez patrones de generacion en

generacion que siempre afectará a la sociedad. Trayendo además una serie de consecuencias

físicas y psicológicas para la familia que pueden ser graves y a veces irreversibles,

dependiendo de la severidad del daño producido y de su duración.

Estadísticamente en México datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e

Informática (INEGI), avalados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia

(UNICEF) citado en Garcia y Cerda (2010), reportan que en uno de cada tres hogares de

nuestro país (México) existe alguna forma de violencia familiar y en gran parte de éstos

72.2% la violencia es recurrente. Además se menciona que en la Ciudad de México y en el

área metropolitana la Encuesta Nacional sobre Violencia Intrafamiliar (ENVIF), realizada en

el año 1999 en 6000 viviendas se registró que en uno de cada tres hogares se presenta algún
tipo de violencia y que estos actos ocurren con mayor frecuencia en los hogares dirigidos por

hombres 32.5% al compararse con aquellos dirigidos por las mujeres 22%.

Actualmente se menciona que a inicios de la pandemia a causa del Covid-19, las

estadísticas han aumentado de manera significativa respecto a la violencia intrafamiliar, en

donde se permite observar que dentro de un mismo grupo de vulnerabilidad como es el de las

mujeres, se ubican niñas y ancianas. Entre los tipos de violencia reportados resaltan la

psicológica, física y sexual y los perpetradores forman parte del núcleo familiar siendo la

pareja, hijastro y/o hermanos.

Cabe resaltar que la mayoría de veces no se tiene registro exacto de la violencia

intrafamiliar ya que queda en un intento de denuncia, o solamente una llamada de emergencia

a las autoridades, debido a los procesos y requisitos que deben de llevar al momento de hacer

la denuncia.

Relacionando estos datos con el marco teorico se menciona que hay diversos tipos de

violencia como lo es el abuso verbal, abuso emocional o psicologico, negligencia, abuso

economico, abuso sexual y el abuso fisico como principales y se concluye que para ser una

problemática social tan antigua, la investigación, estadística y sociedades de ayuda a esta área

son muy recientes y pobres a pesar de ser tan alarmantes las cifras de aumento en violencia

intrafamiliar.

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