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Estado oligárquico conservador (1880 – 1899)

En lo económico y social
Ya en 1872 ( J. M. Linares) se aprueba una ley de libre comercialización que rompe
con el monopolio estatal de compra y acuñación de la plata y otras restricciones.
Eliminadas las barreras institucionales, las inversiones extranjeras fluyen al sector
minero mientras la oligarquía, ya en el poder, estructura una política fiscal altamente
favorable a las grandes empresas.
Penetración de intereses transnacionales a territorio boliviano es anterior, con la
expansión de la oligarquía chilena, agente del capital inglés. Causa de invasión chilena:
impuesto mínimo al salitre por parte del gobierno boliviano en 1878.
La burguesía industrial extractiva de la plata tiene sus orígenes en la acumulación
comercial y en la propiedad fundiaria.
Inaugura política vial en la construcción de FFCC, con claro propósito de integrar
los centros mineros con el mercado exterior, beneficiando a los propios patriarcas
(Antofagasta - Uyuni 1889 y Uyuni - Oruro en 1892).
A fines del siglo XIX en Europa declina el mercado de la plata debido a la adopción
del patrón oro en el sistema financiero. Esto debilitará las posibilidades de consolidar
la dominación de la burguesía de la plata.
La aplicación de las leyes de exvinculación de comunidades en 1880 provoca la
expansión de la hacienda terrateniente. Con esta legislación el Estado boliviano
desconocía las comunidades y sus autoridades, además de crear creaba un mercado
libre de tierras a través del registro de la propiedad en forma individual y no colectivo.
La resistencia indígena era respondida por brutales represiones.
De 1880 a 1930 se viviría la época dorada de la hacienda. Hasta 1880 las
comunidades conservaban aún más de la mitad de las tierras cultivables. Hasta 1930
las haciendas concentraban casi un 80% de las mismas.
En 1900 la población indígena seguía siendo más de la mitad. El castellano era una
lengua minoritaria y el analfabetismo era del 90%.
La nueva clase empresarial intenta moralizar y disciplinar a la fuerza laboral obrera
prohibiendo el robo de minerales.
El capital acumulado de la oligaquía minera no dinamizó otros sectores de la
producción, convirtiendo al país el un país periférico, exportador primario de materias
primas respecto del capitalismo.
En lo político e ideológico
Militares, luego de la derrota del pacífico en 1879, han perdido su posición
privilegiada de administradores públicos. El caudillismo no es expresión política
dominante. Es la era de los patriarcas de la plata (burguesía de la plata: Arce, Pacheco,
Aramayo y Argandoña. Esta oligarquía gobernará sin intermediación pues a la vez son
figuras políticos que instrumentalizan su propio poder desde el Estado. Confundían sus
intereses corporativos con los de la nación, ej.: construcción de FF.CC. para vincular
producción al Pacífico)
Sucesión presidencial:
● Gral Narciso Campero Leyes: 1880 - 1884.
● Dn. Gregorio Pacheco Leyes: 1884 - 1888.
● Dr. Aniceto Arce Ruiz: 1888 - 1992.
● Dr. Mariano Baptista Caserta: 1892 - 1896.
● Dr. Severo Fernández Alonso: 1896 - 1899.
Presidirán el primer periodo de estabilidad política formal.
Se hace un uso abierto de coerción para el logro de triunfo en las urnas. La
democracia excluye a masa indígena-campesina, analfabetos, mujeres y personas con
bajas rentas.
Ideología política: liberalismo. La pugna entre partidos se da entre liberales,
anticlericales y positivistas vs. Conservadores, clericales (ultramontanos) y
tradicionalistas.
Con la caída del precio y los mercados de la plata el poder irá desplazándose también
en lo regional, con la decadencia de la oligarquía sureña y la emergencia de la del norte.
Pugna que se resolverá con la guerra federal de 1899.

Los conservadores … en el poder (René Arze Aguirre – La República)

Para los conservadores Gregorio Pacheco (1884-1888), Aniceto Arce (1888-1892),


Mariano Baptista (1892-1896) y Severo Fernández Alonso (1896-1899), el objetivo
inmediato fue controlar la estabilidad política de Bolivia, así como establecer una
infraestructura ferroviaria que favoreciera la exportación de los minerales por la ruta
del Pacífico. La actitud de los «patriarcas de la plata» fue en consecuencia
predominantemente pacifista respecto del problema internacional con Chile, a
diferencia de otro grupo, no tan influyente, que se inclinó más bien por la opción
guerrista, con Eliodoro Camacho y Nataniel Aguirre, entre otros.
Construir ferrocarriles, fomentar en este período el inicial despegue de la
explotación del caucho en la región amazónica (Acre) –para 1895 la producción del
caucho representaba el 49% de las exportaciones del país– y modernizar el sistema
político, económico y social de Bolivia, fueron las divisas imperiosas para los
conservadores, quienes recibieron el apoyo de una reducida aunque influyente
población, de la que los indios estaban no solamente marginados sino combatidos.
Con el auge de la minería era obvio que se buscara consolidar el régimen de las
haciendas y de los latifundios los cuales, con la demanda urbana y de los centros
mineros, lograron recuperar su producción agraria. Para los terratenientes de la época
fue natural, por tanto, ejercer una expansión de sus haciendas sobre las tierras de
comunidad indígena que eran consideradas caducas y obstaculizadoras para el proceso
modernizador que esperaban consolidar a corto plazo. Había que privatizar la tierra y
para ello era necesario ejecutar –como ya lo había previsto Bolívar en 1824-25– las
medidas agrarias dictadas sobre este fundamental problema en 1874. Había que dar
paso cuanto antes al surgimiento de un campesinado ajeno a la vida comunal y con una
posesión privada de la tierra.
En los años '80 y cuando estuvo en ascenso la producción de la plata, en momentos
en que la guerra significaba una coyuntura ideal para llevar a cabo la primera reforma
agraria de envergadura en Bolivia –en una situación de guerra, en la cual los indios no
podrían rebelarse como en la época de Melgarejo, ni podían tener el pretexto de estar
armados, ya que no fueron enrolados en el ejército como combatientes en el conflicto
con Chile– la Convención de 1880 ratificó la abolición de las comunidades obligando a
sus miembros (en una decisión que recuerda a la que dictó en su tiempo Melgarejo) a
comprar títulos individuales de propiedad. Por causa de estas determinaciones se
produjeron en las áreas rurales de Bolivia no pocas tensiones entre los indios de las
comunidades y las comisiones revisitadoras encargadas del parcelamiento privado
de la tierra. Aun durante el proceso de la guerra con Chile se sabe de algunas
sublevaciones indias que a momentos ensombrecieron más el sombrío panorama de la
guerra. A largo plazo, estas medidas de exvinculación dieron lugar a una desmedida
expansión de las haciendas sobre las co- munidades indígenas.
Esta etapa de despojos, para la que se recurrió a la compra de tierras, al fraude y a
la fuerza misma, se extendió por espacio de medio siglo en Bolivia, cubriendo el lapso
de las dos guerras más importantes que enfrentó el país en su etapa republicana: la del
Pacífico (1879-1884) para defender su soberanía en las costas de esta región, y la del
Chaco (1932-1935), para salir al Atlántico.
Estimulados por la prosperidad de las exitosas exportaciones mineras, los
latifundistas, tras consolidar el sistema ominoso del pongueaje (institución tan o
más servil que la de los yanaconas en la Colonia) y provocar migraciones masivas del
campo a las ciudades, debilitaron v empobrecieron, como nunca antes, las áreas rurales
de Bolivia. Si hacia
1880 las comunidades indígenas de Bolivia controlaban aproximadamente la
mitad de la tierra en Bolivia, para 1930, en el siguiente siglo, éstas quedaron reducidas
a menos de un tercio. La gran depresión económica de los años '30 de este siglo habría
frenado el aniquilamiento de las comunidades. Lejos de extinguirse, éstas
protagonizaron en su defensa, además, tantas sublevaciones como pudieron aunque
siempre en acciones dispersas, salvo las que sacudieron intensamente al país: con
Zárate Willca (1899), Chayanta (1927–1928) y durante la guerra del Chaco (1932–
1935). La de Willca fue convocada por los liberales que buscaban derrotar a los
conservadores. Rebasando al proyecto liberal, Willca reivindicó, sin embargo, durante
la Revolución Federal, los derechos inherentes al sector indígena. Los movimientos
indios campesinos de fines del siglo XIX y XX tienen como denominador
común la lucha por la restitución de las tierras de comunidad usurpadas durante
este lapso.
Hacia fines del siglo XIX el poder de los «patriarcas de la plata» ingresó en una etapa
de debilitamiento, cuando fueron declinando los precios del mineral argentífero en el
mercado internacional. Pronto vino el colapso que fue desgarrador para la oligarquía
sucrense.
Sobre la infraestructura, tecnología y red de comunicaciones fomentadas para la
explotación de la plata, surgió en su reemplazo la minería del estaño (de gran demanda
en el mundo para los enlatados y otros usos industriales), la cual quedó inaugurada con
el advenimiento del nuevo siglo, a la cabeza de una nueva elite que le arrebató el
poder a Chuquisaca en la Revolución Federal (1899), que instauró en Bolivia el régimen
liberal desde La Paz en el Norte.
Para el período en que se cerró el siglo XIX, Bolivia tenía según el censo de 1900,
una población de 1'766.000 habitantes, de los cuales 1'051.000 (el 51 %) eran indios y
715.000 mestizos blancos. De este total sólo el
16% era alfabeto con el recurso del idioma castellano. Más del 80 % de los
habitantes eran quechua y aymara hablantes, empobrecidos y analfabetos. El cólera,
enfermedad que diezmó a varias poblaciones durante el siglo pasado, fue
desapareciendo en el último cuarto del siglo XIX. La Paz y Cochabamba, seguidos de
Sucre y Potosí continuaron siendo los centros urbanos más poblados del país. Al
ingresar al siglo XX Bolivia era, en consecuencia, un país predominantemente rural.