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Alfredo Adolfo Camús

Andrés Gonzalo Peralvo

MANUAL
DE
FILOSOFÍA
RACIONAL
1843
DE

FILO SO FIA RACIONAL.


BIBLIOTECA DE EDUCACION.

DE

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do Ion jóveneN que concurren á Iftt* cloaca*
(1сш«п(и1ея ilc IIlo no Tin ile Ium liniverMidadon
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t
POR
9. Alfredo Adolfo Camus y II. Andrés Gonxalo Pcralvo.

AUTORES-
D. Antonio Gil de lírale. LKJas¿ liaría lluet*
f>. Jim и Díaz В аш . ÍL Fernando Ahawz.
Ih Fausto dn tu Vega. II. Vírenlo Mitiuid de la Rúa.
11 Agustín Pascual. B , llanue! Gallardo.
1). Joaquín Apiiirrc, D , Francisco \lt m de А ш а .
P. Fermín ГаЫ1рго. \)r fimnimo de: la Espesura,
I). Aenaucio YalNor, D . Вчшоп de NavarnMc,
1). Fnrndseodc (1;Ыс1Ш. R . Antonio Ferrer itel R io ,
II. lm 1прм I r i k . II. Jdsí1liaría ilr Auduoza,
fl Mfomrdfs Fuslor Шая. I). IVdro lligitiio llarinaga.
D. ¡m\m Francisco Padteeo. II. Antonio Rosaks.

íEEaünü:
Iuiprcula ylibreríadi1t e , editor, calledeCarretas^n, 8.
PRÓLOGO

Cuando de algunos años á esta par­


te tos estudios filosóficos son cultivados
con ardor por los mas privilegiados in­
genios , y citando en nuestra España es­
tá avocado un plan de instrucción secun­
daria, que es de esperar satisfaga todas
las exijencias que reclama el desenvolvi­
miento actual de la inteligencia humana,
es muy estraño que todavía carezcamos
en nuestras escuelas de obras destinadas
á la enseñanza de la filosofía, que sien-
VI

do acomodadas á la capacidad de los jó ­


venes que lian de concurrir ó ellas , es­
ponjan al mismo tiempo las doctrinas de
esta ciencia según los adelantos hechos
hasta el día y el método adoptado en las
modernas escuelas de JEuropa. Insopor­
tables unas por el indigesto fárrago de la
escolástica, inadecuadas otras á la na­
turaleza de una obra elemental, y escri­
tas todas bajo la influencia del sistema
sensualista, ninguna de las que conoce­
mos asignadas de testo en nuestras Uni­
versidades y Colegios, llena en nuestro
juicio aquella doble nccmdad de la ins­
trucción.. Solo asi se esplicu cómo ha po­
dido hacerse un lugar preferente en al­
gunos establecimientos literarios la obra
de· 31. Servant Beauvais á pesar de sus
notables defectos y de las contradiccio­
nes que á cada paso se observan entre la
doctrina del testo y las ideas del traduc­
tor, mas propias para confundir, que
VII
para ilustrar el entendimiento de los jó­
venes.
No es de este lugar, ni á nosotros to­
ca hacer el análisis de dicha obra, cuya
doctrina por otra parte está calcada so­
bre la teoría de M-Luromigiúére. Dire­
mos solo, que la filosofía de este último
escritor está ya suficientemente juzgada
y combatida; porque, si bien no puede ne­
gársete el mérito de haber levantado la
primera protesta, en Francia al menos,
contra el yugo del sensualismo, estable­
ciendo la actividad como causa de todas
las ideas, forzoso es confesar que en la
esposicion de su teoría se dejó llevar por
la fuerza de su imaginación, no teniendo
ademas el valor necesario para despren­
derse de su antiguo maestro Condillac y
formarse un sistema propio.
Tales son las razones que nos han
movido á publicar el Manual presente,
con el cual, sin que presionamos haber
vm
llenado cumplidamente el vacio que se
esperimenta en este ramo de la enseñan­
za, creemos hacer un servicio importan­
te á la juventud española, facilitándole
la adquisición de los conocimientos filo­
sóficos según el estado en que hoy se en­
cuentran.
Para ello nos hemos valido de los
mejores autores modernos, y hemos te­
nido á la vista el programa aprobado por
el consejo real de instrucción pública en
Francia para tomar el grado de Bachi­
ller en tetras, haciendo en él tas adicio­
nes y variaciones que exijia la diferencia
de objeto*
Acaso habrá algunos que echen de
menos la multitud de subdivisiones y cla­
sificaciones establecidas por los escolásti­
cos, al paso que no faltará quien nos ta­
che de haber sido demasiado prolijos en
este punto. A los primeros respondere­
mos, que este inmenso fárrago sirve úni­
IX

camente fiara sobrecargar la memoria de


los jóvenes sin provecho manifiesto: y di­
remos á los segundos que á pesar de nues­
tra convicción, estamos persuadidos de
que aquellos tropezarán muchas veces con
libros redactados bajo este método, y no
seña conveniente que les fuese entera­
mente estráño. Por eso no hemos hecho
mas supresiones; pero entonces procura-
remos indicarles nuestro juicio.
P or último, se ha preferido la for­
ma de diálogo, por ser la mas á propó­
sito para presentar las ideas con distin­
ción y exactitud, y preservar el espíritu
de los principiantes Ubre del tedio de los
discursos largos, sobre todo en una ma­
teria donde es necesario sustraerse del
poderoso influjo de los objetos estertores,
y replegarse, por decirlo asi, dentro de
sí mismo.
S i el éxito correspondiese á tiuesiros
deseos, nos esforzaremos en dar un cur­
so completo de filosofía según el plan se­
guido generalmente en el dia. Tarea ar­
riesgada y difícil , á la que solo puede
alentarnos el bien de la juventud, á cu­
ya instrucción hemos consagrado Its me­
jores dias de nuestra vida.
lf A D iEignora que han sido muchas y
diferentes las definiciones que en to­
dos tiempos se han dado de la palabra
filosofía, y que aun hoy 110 están de
acuerdo los filósofos sobre la cosa de­
signada por este nombre. Semejante
desacuerdo no ha podido, ni puede
menos de ser perjudicial á los verda­
deros progresos de la ciencia; porque
si todo trabajo bien comenzado debe
ser fecundo, como dice Bacon, todo
- S i -

trabajo nial comenzado debe ser por


lo menos estéril. Siendo, pues, indis­
pensable , si ha de estudiarse con fru­
to la filosofía, que se principie por
comprender bien el sentido de esta pa­
labra, y formarse una idea exacta de
la ciencia que designa, espondremos
primero los principales sentidos en que
ha sido tomada por los filósofos, para
establecer despues la definición que
nosotros hemos adoptado.
1.° La palabra filosofía atendida su
etimología griega, significa literalmen-
mente amor á la sabiduría : (<?'*% y
«fí»). Es fama que el primero que so
sirvió de ella fué Pitágoras, cuando
preguntado por un rey sobre cuál era
su profesión, respondió: «SOY FILO­
SOFO,» y desde entonces este modes­
to título sustituyó al de sophói ó sabios
con que eran conocidos los que se de­
dicaban á esta ciencia, de donde vic-
ne el que digamos todavía: los siete
sábios de la tirecia.
Esta definición de nombre, cortio
dicen los lógicos, por vulgar que pue­
da parecer, no carece sin embargo de
importancia, porque ella nos conduce
fácilmente a lo que tratamos de inves­
tigar.
Efectivamente, hay dos especies
de sabiduría, o mas bien digamos que
la sabiduría puede considerarse bajo
dos aspectos: uno, que mira á las ideas,
á las creencias ó á las opiniones; el
otro, que se refiere á las acciones, á
las costumbres ó á los hábitos. La pri­
mera es la saiidttria especulativa ó la
concia; la segunda es la sabiduría prác­
tica ó la virtud. Por eso la palabra fi­
losofía ha significado unas veces el
amor á la ciencia y otras el amor á la
virtud. Y aun eo nuestros dias, cuan­
do el vulgo pronuncia esta palabra, le
— i —
aplica ya la una, ya-la otra ¡dea, sien­
do para'él un filósofo un hombre de
gran ciencia ó de virtud nada común.
2.° Para aquellos que se dejan ar­
rastrar de su natural curiosidad, la
verdadera ciencia ó la verdadera sa­
biduría especulativa no es, ni puede
ser otra que la que se remonta á las
causas, á los principios y á los oríjenes
do lodo lo que existe y de todo lo que
sucedo. Así esclaman instintivamente
con el poeta latino: FELIX QUI PO-
T U ir REHDM COGNOSCERE CAU­
SAS! Y haciendo consistir en esta
ciencia toda la sabiduría ó filosofía, la
han definido: ciencia de las causas, de
los principios ó de los oríjenes.
3.° Como el entendimiento huma­
no poi* mas que 110 le sea dado salir
de un círculo bastante estrecho, aspi­
ra sin embargo naturalmente á cono­
cer las hijcs universales de todo lo que
sucede y observa, ó el orden general é
inmutable según el cual es rejido el uni­
verso, ciertos hombres han creído que
la verdadera sabiduría consiste en la
consecución de ese objeto, .pudicndo
decirse que el que ignora esto, nada
sabe. Por esta razón han definido la
filosofía: ciencia de las leyes primeras
y fundamentales del universo.
4.° Otros por el contrario, per­
suadidos de que es imposible llegar al
conocimiento de esas leyes genera·
les, han dicho que la verdadera ciencia
consiste al menos en conocer las leyes
particulares; es decir, aquellas que son
propias y peculiares de cada una de
las partes del universo, y cuyo con­
junto forma la regla de su desenvolvi­
miento y de su vida. En sentir de es­
tos hombres la filosofía no es otra co­
sa que la ciencia de las leyes, lomada
esta palabra en el sentido que acaba-
—6—
mos de manifestar. De ahí proviene
el que en el dia cada ciencia se con­
sidere como compuesta de dos partes:
la una que tiene por objeto los 'he­
chos, y la otra las leyes, recibiendo
generalmente esta última el nombre
de filosofía. Así oímos decir continua­
mente que en toda ciencia es preciso
llegar á su filosofía; que el historia­
dor no debe ser un simple cronista
ó compilador de hechos, sino un filó­
sofo; que el botánico, el anatómico y
el médico no deben ser simplemente
herbolarios, disectores ó empíricos,
si no filósofos» etc.
5.° Pero como entre todas las par­
tes de que se compone el universo,
y que sin duda alguna merecen ser es­
tudiadas, el alma humana es infinita­
mente superior á todas las demas; han
afirmado algunos que la filosofía toda
se reduce al conocimiento de sí mis­
mo, según aquel precepto de Sócra­
tes grabado en el frontispicio del tem­
plo: NOSCE TEIPSUM: «(rvwn ««ur»),
precepto por el cual se nos manda,
dice Cicerón , que conozcamos , 110
á nuestros miembros, ni á nuestro
cuerpo ó figura, sino á nuestra alma:
porque el cuerpo no es mas que un
vaso en que el alma está conteni­
da (1). Y én su consecuencia han lla­
mado á la filosofía: ciencia del alma hu-
mana.
6.“ Ahora bien, sentado el estu­
dio del alma humana como base de la
filosofía, puede aspirarse al conoci­
miento de su oríjen, su principio, su
fin último y su esencia, y es posible

(í) «Non eoirn, crctlo, id praecipit ut mem­


bra nostra Taül staturam, figurara ve noáCamQSi..
Cum igilnr NOSCE TE (licit, nos clicit, nosce
animum tuum. Nam corpas qnirlem qaosi vas
est aut alu^iod animi receptaculum.»
— 8—
también contetitarse con la investiga­
ción de las leyes particulares de su
vida y desarrollo. Y así ha sucedido
en efecto cuando unos han entendido
por filosofía la ciencia de la esencia, del
jyrincipio y del fin último del alma hu­
mana, al paso que otros reconocién­
dose impotentes para resolver tan
elevadas cuestiones, la han llamado
ciencia de las facidtades del alma hu­
mana.
7.° Los que conviniendo en este
último sentido, no creen sin embargo
necesario el estudio de todas las fa­
cultades del alma, sino solamente el
de aquellas que por su importancia
puede decirse que constituyen la fi­
losofía toda, la han concebido de di­
ferente manera según el distinto mo­
do de ver de cada uno. Así Condillac
entre otros entiende por filosofía la
ciencia de las ideas, porque el trabajo
p o ­
línico del filósofo, según su modo de
pensar, debe ser el estudio de las fa­
cultades que se refieren al conocimien­
to ; mientras que otros la definen, lla­
mándola ciencia de la felicidad ó el arte
de ser feliz.
Tales son los principales sentidos
que continuamente se dan á la pala­
bra filosofía así entre los ignorantes,
como en el seno de las academias,
sin contar otros muchos que pudiéra­
mos citar, y de cuya enumeración nos
abstenemos por creerlos comprendi­
dos en los que acabamos de referir.
Por mas que exista una diferencia
profunda entre muchos de estos sen­
tidos, no puede dudarse de la analo­
gía que se descubre entre todos ellos,
y aun puede decirse que los hombres
conducidos del uno al otro natural­
mente y como por la mano, han va­
riado y varian con respecto á la sig-
— 40 —
niücacion de la palabra filosofía, según
la diferente idea que cada uno se ba
formado de la sabiduría ó de la cien­
cia, ajustándose siempre á una linea
que, aunque no enteramente exa^ ta·,
no deja de ser natural. Lejos, pues, de
rechazar como absurdas ó ridiculas se­
mejantes definiciones, confesamos des­
de luego que habrá muchos puntos de
semejanza entre estas y la nuestra, si
bien no estaremos completamente de
acuerdo con ninguna. A este fin, y
para la mejor inlelijencia del sentido
que nosotros damos á la palabra filo­
sofía , adelantaremos algunas observa­
ciones tan breves como lo exije la na­
turaleza de una obra elemental.
Por diversos que sean los objetos
sobre que pueda fijarse nuestro enten­
dimiento en el gran cuadro de las cien­
cias humanas, no podrán menos de
pertenecer ó á la clase de cosas visi-.
— 44 —
bles, materiales, que caen bajo la ju­
risdicción de los sentidos, ó a la de los
seres invisibles, inmateriales, y que
no están ni alcance de aquellos. Los
primeros componen el mundo de los
cuerpos ó la parte material del uni­
verso, y son el objeto de las ciencias
cosmológicas; los segundos constituyen
el mundo de los espíritus ó la parte
inmaterial del universo, y son el ob­
jeto de las ciencias noológicas (1), las
cuales serán positivas ó abstractas, se­
gún que los cuerpos ó espíritus res­
pectivamente se consideren tales co­
mo en realidad existen, ó qué el en­
tendimiento por medio de la abstrac­
ción prescinda de esta misma reali-

(1) Preferimos como mas exactas é inteligi­


bles las palabras costnoluyicas y noológicas pro­
puestas por M. AmptVe, en lugar de físicas j
morales T tiaítírflfes y filosóficas f á las que rés­
p e d ívamenle corresponden.
42 —

dad (1). Tanto las ciencias cosmológicas


como las noológtcas son susceptibles de
un mayor ó menor número de divisio­
nes consiguiente al distinto modo de
considerar su objeto; mas ninguna de
ella seria completa, ni podría llamar­
se verdadera ciencia, si no tratase de
conocer primero las maneras de exis­
tir, ó sean los hechos, ya de los cuerpos,
ya de los espíritus, y -el orden ó las le­
yes en virtud de las cuales se verifican
estos hechos. Para que haya, pues, ver­
dadera sabiduría ó ciencia, es indis­
pensable proponerse el conocimiento
de los hechos y de las leyes.
Pues bien, dejando á las ciencias
naturales y físicas, ó sea á la cosmología,
(siguiendo la denominación que liemos

(i) La aritmética y la geometría pertenecen


á las ciencias naturales abstractas, La ontologia
la ciencia de los seres inmateriales abstractos.
— 13 —
adoptado) el Conocimiento délos cuer­
pos, nos concretaremos á las ciencias
noológicas, llamadas comunmente filo­
sóficas, y definiremos por lo tanto la
filosofía: ciencia del espíritu (1).
Fácil nos parece ya demostrar lo
que dijimos anteriormente acerca de
las semejanzas y diferencias que exis­
tían entre nuestra definición y las que
hemos enumerado. En efecto, nosotros
no negaremos que la filosofía es el ar-,
te de ser feliz, así como también con­
vendremos con los que la llaman cien­
cia de las ideas, de las facultades del al­
ma humana, de su esencia, su principio
y de su fim puesto que en las artes psi-

(1) Por las indicaciones que preceden á nues­


tra definición se conocerá desde luego que, al se­
parar el estudio de los cuerpos del cuadro de la
filosofía propiamente dicha, seguimos la docLrí-
na generalmente admitida en tudas las e sc u ela .
modernas de Europa,
— u —
cológicas se da la solucion á estas cues­
tiones; pero Ja filosofía es mas esten­
sa y no puede circunscribirse á tan es­
trechos límites. Del mismo modo que
los que la definen, ciencia del ahita ,¿u-
inana-, no comprenden mas qüe la psi­
cología , la cual es solo una parto de la
filosofía.
Menos quizás estamos de acuerdo
con los que la llaman ciencia de las leyes;
.pues aunque estas sean indudablemen­
te el segundo objeto de todas nues­
tras investigaciones, la filosofía como
hemos dicho más arriba, se ocupa tam­
bién de los hechos, y no busca otra
clase de leyes que las del espíritu.
Por último, los que entienden por
filosofía la ciencia de las leyes primeras
y fundamentales del universo, y la de
tas causas, principios' y orígenes de las
cosas, van en nuestro juicio mas allá de
los verdaderos límites de la ciencia;
— 15 —
porque si bien es cierto que on la Teo­
dicea lian de tratarse algunas de esas
cuestiones, y que el mundo de los es­
píritus es párle dol universo; no cree­
rnos por eso que haya de ocuparse de
los sistemas físicos, planetarios, geoló­
gicos, etc., lo cual no entra en el cír­
culo de la filosofía propiamente dicha.
Esto supuesto, pasamos desde lue­
go á desenvolver nuestro sistema.
CAPITULO PR IM E R O
O bjeto y rtivi&iowt éíe l a ^fo^o/íVi.—
O rden Q w e rt&Oe** « c r to »
fias 8 **s tfiferentes gavies. —Wfii-
Kffail« finjiorliiiteía il« la flioso*
fin* — Q u é retfwci&ttea He»%e t o n
leí» «Tema* c^efic^a«*

Cuál es el objeto de la filosofía?


Si tomamos esta palabra en un sentido
lato j diremos que la filosofía tiene por ob­
jeto el conocimiento del hombre , de la na­
turaleza y de Dios, autor de todo lo cria-
pero Lomada en un sentido estricto, y
dejando por consiguiente á las ciencias na­
turales el estudio de la naturaleza , á la
anatomía y i la fisiología el del cuerpo y de
— 48 —
los ói ganos, quedarsi solo á *a filosofía el es­
tudio del alma y de Dios. Podem os, pues,
decir que su objeto es el conocimiento del
YO, considerado en si m ism o, en su p rin ­
cipio y su fui.
E n cuántas parles se divide la filosofía?
Para establecer la división de la filosofía
basta atender ú su objeto; pues siendo este,
como acabamos de manifestar, el conocimien­
to del YO considerado en sí m ism o, en su
principio y su fin, se infiere necesariamente
que la filosofía deberá: L° investigar los he­
chos y las leyes del alma humaoa ó del YO,
y por consiguiente cuáles sean sus faculta­
des y su naturaleza, lo cual es objeto de la
Psicología : 2.° dar las reglas por las cuales
el YO pueda evitar el e rro r y conocer la ver­
dad; lo cual pertenece á la Lógica: 5.° mos­
tra r el uso que el YO debe hacer de sus fa­
cultades para separarse del mal y practicar
d bien, lo cual enseña la Moral: 4.° dar á
conocer el principio que nos ha dado estas
facultades., y el fin para que las hemos reci­
bido, lo cual corresponde a la Teodicea ó
Teología n a tu r a l: y por último, siendo do la
— 19 —
mayor importancia el conocer la marcha, el
desenvolvimiento y las direcciones que lia se­
guido el entendimiento hum ano, p a ra 'q u e
los mismos extravíos de la razón puedan ser­
virnos de luz en nuestras investigaciones;
deberá en quinto lugar hacer un cuadro com­
parado de las diferentes opiniones emitidas
hasta el d ia, lo cual vendrá á confirmar la
verdad de lo que la misma filosofía ensena.
Esta será la /listona de la filosofía* Cinco,
pues, son sus partes; á sab er, Psicología,
Lógica, M oral, Teodicea é Historia de la filo­
sofía.
Cuál es el órden en que deben ser estu­
diadas cada í4«a de estas partes?
El mismo en que lus hemos enum era*
do. E n prim er lugar la Psicología; por que
mal podríamos dar reglas para dirijtr nues­
tras facultades, sí antes no las conocemos en
sí mismas: después la Lógica; porque sin
que sepamos distinguir el bien* es imposi­
ble practicarlo, y para ello es indispensable
aprender Á hacer bnen empleo de nuestra
inteligencia; de modo que el estudio de la
lógica deberá preceder al de la m oral, la
— 20 —
cual vendrá en segruida á esponer los deberes
que tenemos que cumplir. Una vez conocida
el alma humana en si mism a, el orden natu­
ral exige considerarla en su principio y su
fin; por eso á la moral seguirá la Teodicea,
la que nos dem ostrara la existencia de Dios,
y liará la enumeración de sus principales
atributos. Ultimamente la historia de la filo­
sofía.
Es útil é importante el estudio de la filosofía?
Manifestado ya e! objeto de la filosofía,
íiicil es com prender la grande utilidad 6 im­
portancia de una ciencia , cuyo estudio v er­
sa sobre la parte mas noble del hombre» y
que lo eleva sobre las demas criaturas : que
revelándole la naturaleza de sus facultades y
la manera de dirijirlas y servirse bien do
ellas, facilita los progresos de su entendi­
m iento, señalando su debilidad , y descu­
briéndole el origen de tantas preocupacio­
nes y malos hábitos adquiridos desde la in­
fancia por la mala dirección de sus faculta­
des: de una ciencia en fin, que enseñándole
los deberes que tiene que cumplir para con
su C riad o r, para consigo mismo y con sus
— 24 —
semejantes, pone al hombre en cL camino
de su felicidad.
A estas y otras ventajas que directamente
resultan del objeto de la filosofía, se agregan
las que indirectamente nacen de sus relacio­
nes con las demas ciencias, como se vera
por la pregunta siguiente:
L a filoso fia tiene relaciones con tas demas
ciencias?
Supuesto que la fdosofia iraza las leyes
del raciocinio» en virtud de las cuales unas
verdades se deducen de las otras» y en ella
se dan las reglas que deben seguirse p a ­
ra encontrar la verdad en todas las inves­
tigaciones, puede decirse que no hay ciencia
con la que la filosofía no tenga puntos de
contacto en general, á mas de las relaciones
que particularm ente tiene con algunas. Así
la Psicología toca á la fisiología, y por ella á
las ciencias naturales: la lógica á la gramá­
tica y & la retórica: la moral A las ciencias
políticas* cuyos principios están basados e a
aquella: la Teodicea á las ciencias religiosas,
cuyos elementos constituye: y por último» la
historia de la filosofía toca á la historia p ro -
píamente dicha, porque es imposible com­
prender la historia de ningún pueblo, si no
se tienen en cuenta las opiniones acerca de
las cuestiones filosóficas,

ESCOLIO Pili MERO» No siempre-Jia sido


el mismo el objeto de la filosofía, y aunpuede
decirse que hasta Sócrates no se había hecho un
estudio, al meaos detenido , del mundo inter­
no. Si alguna vez el hombre se habia recogido
dentro de si mismo para contemplarse r fue mas
bien efecto de la casualidad y como por inci­
dencia. Ni era fácil otra cosa; porque colocado
'en medio de la naturaleza, que por todas partes
le presentaba un espectáculo sorprendente y ma­
ravilloso , natural era que sintiese un vivísimo
deseo de conocer y descifrar aquel enigma, y
que sus fuerzas por lo tanto se dirigiesen desde
luego hácia aquellos objetos, que eran otros tan­
tos incentivos á su curiosidad y á su inteligencia.
Asi vemos olvidado el estudio psicológico del
hombre , basta que Sócrates estableció como
punto de partida el conocimiento del alma hu­
mana .
ESCOLIO SEGUNDO. Tampoco ha sido
siempre la misma la división de la filosofía. Sin
hablar de los que pretenden que el estudio 'de
los cuerpos constituye un ramo.de esta ciencia,
— 23 —
advertimos que aun los mismos que convienen
en referir á ella únicamente él estadio del espí­
ritu, le agregan ó suprimen una parte según
la mayor ó menor importancia que tiene en la
actualidad« Por eso vemos considerada como un
ramo especial de la filosofía la historia de la
misma, cuando antes un curso completo de fi­
losofía estaba reducido & la Lógica, Metafísica
y Moral. Por eso Temos también que el estu­
dio de la O otología por el descrédito en que
esta ha caído desde la mitad del siglo pasado,
se elimina hoy de las enseñanzas filosóficas en
los escuelas de E uropa, no obstante de perte­
necer á las ciencias noológicas, como ya dijimos.

CAPITULO
He ios diferente* méiotio* scgui-
tto é A f l t f d a A o i 'a e » t l a » i n v e s t í ·
paciones fliosóflcas rtei ventarte-
ro ti·étotlo flh.»«ó/ico.

Cuáles /tan sidó los métodos adoptados por


tos antiguos filósofos en las investigaciones filo-
*5(5/3cas?
Sin detenednos en la descripción <le to -
3
■ — 24 —
dos log métodos filosóficos, porque esto se­
ria hacer la historia de la filosofía, podemos
decir que los antiguos filósofos, deseosos de
abandonar la análisis por la síntesis, adop­
taron generalmente el método ftipof&ico.
Cuáles han sido las consecuencias del mé­
todo de hipótesis?
R etardar el progreso de las ciencias; p o r­
que entregados los filósofos á suposiciones
·-

arbitrarias , generalizando sin p ru d en cia,


aventurándose á esplicarlo todo, y no suje­
tando sus sistemas á la observación y espe-
rim ento, han difundido y hecho que se adop­
ten una multitud de e rro res, que han sido^
otros tantos obstáculos á la marcha de la in­
teligencia humana.
Cuál es el verdadero método filosófico?
El de observación y cuyos elementos son
r V

el análisis y la s/ntoís; porque siendo h ar­


to limitado el entendimiento humano para
que pueda abrazar un objeto en su con­
junto, lo prim ero que hace cuando trata de
conocerlo, es dividir este objeto en todas sus
partes para estudiarlas con separación, el
cual procedim iento se llama ,awáí¿sis: des-
— 25 —
pues por medio de la operación llamada sin-
teste lo recompone, vuelve á unir sus diferen­
tes partes en el mismo orden en que realmen­
te existen para conocer sus relaciones; y de
ahí pasa a generalizar p or medio de la in­
ducción los dalos suministrados por la ob­
servación, y últimamente a hacer deduccio­
nes y aplicaciones de las leyes y principios
generales a los casos particulares,

COROLARIO PRIMERO, De lo dicho es fá­


cil inferir las incomparables ventajas que llene
el método de o&seruacion sobre el de hipótesis.
El primero es mas lento, pero mas seguro: es*
plica lo qne establece, no imagina lo que debe
ser : no aspira á la omnisciencia como el mótodo
hipotético, sino que contentándose,con los he­
chos atestiguados por la observación, si gene­
raliza , lo hace con prudencia, y no teme suje­
tarse al esperimento: sus sistemas en fin care­
cerán de esa brillantez y atrevimiento que dis­
tinguen á los sistemas que se fundan en las hi­
pótesis; pero habrá en ellos mas severidad
filosófica y mas sólido raciocinio.
Mas no se crea por esto que condenamos siem­
pre el uso d élas hipótesis: al contrario, las
creemos útiles y aun necesarias en algunos ca-
— 26 —
sos, especial mente cu aquellas materias que son
pobres de hechos, porque entonces empleado
coa discernimiento el método hipotético, pue­
de abrir á la observación caminos, que ella no
hubiera podido descubrir sino muy tarde ó con
gran trabajo. Pero será necesario para qtfe lle­
ven el carácter de hipótesis racionales, que
nó pueda demostrarse lo absurdo de sus preten­
siones; qué sean fáciles de concebir, y que
las espticacíones que den de todos los fenóme­
nos , sean análogas i las que la esperiencia su*
ministra en algunos casos.
COROLARIO SEGUNDO. Pero si el méto­
do de observación es el único verdaderamente
filosófico 1 es también el que por lo mismo exije
do nuestra parte una voluntad firme y decidida
y un trabajo asiduo y constante para vencerlas
dificultades graves , que naturalmente presenta
la observación de los hechos internos. Estos por
su misma naturaleza lejos de inclinarnos á que
nos repleguemos dentro de nosotros mismos,
nos dirigen por el contrario hacia los hechos es­
tem os: asi cuando sentimos el deseo, nos ve­
mos impulsados poderosamente hácia el objeto
deseado; y de ahi nace esa fuerza del instinto
y del hábito que arrastra incesantemente nues­
tra atención hácia una cosa distinta de nosotros
mismos. A esto se agrega el que los hechos in­
— n —
ternos son muy numerosos y complicados: qua
so suceden con una rapidez sorprendente, y
lo que es mas: que un gran número de ellos
desaparecen y dejan de existir desde el mo­
mento en que se trata de observarlos * así por
ejemplo, sucede con la cólera, la cual .se des­
vanece tan luego como queremos convertirla en
objeto de la reflexión. Estas dificultades son en
gran parte la causa de que la ciencia del alma
humana haya permanecido en una larga infan­
cia, por ser muy pocos los que se dedican ¿ella
con todas las disposiciones necesarias para ha­
cer adelantos en su estadio, al paso que son
muchos los que la acusan de oscura, sutil y aun
quimérica. 9

C A P I T U L O 8*°

PSICOLOGIA.

O bjeto éte ta M *»teología.— J¥eeesi·


r ta r t t i e d e s t w í i o tle
fri ftJo·®/*« p o r l a M*8 Ícoto&Í<*·

Cuál es el objeio de la Psicología?


El estudio del alma humana ó del YO.
— 28 —
En qué comiste el estudio-del YO?
Eti el estudio de las facultades del alma, de
sus estados ó modos de existir, de sus ope­
raciones y de su naturaleza.
Cómo se llaman los hechos Psicológicos qve
nos revela la conciencia ?
Internos, sujetivos ó del Y O , á diferencia
de los fenómenos que nos son trasmitidos p o r
tos órganos de nuestros sentidos* i los cuales
llamamos esten o s, objetivos ó del NO-YO.
Por qué debe principiarse el estudio de la
fdosofia por la Psicología?
En prim er lugar, porque siendo un he­
cho fuera de toda duda la existencia del YO,
no puede menos de ser un punto incon­
testable de partida; y ademas porque e! al­
ma humana es para nosotros el principio
de todo Goiiocimiciito, puesto que por los
órganos del cuerpo so baila unida al mundo
físico* y por la razón al mundo invisible.
29

CAPITULO 4 .°
T e o r ía #fe Ins f a c u lt a fte# tieMattna.
Q u é se e n t ie n d e f#oi* DM.'I'MJMl~
IffMiYA Mt fctfttfi /a fiflffid r,— MMe lii
sen siO itid a ft y efe «ti ca rá cter*

Cuantas son las facultades del alma? 0 aiáti­


tas son sus maneras de ser?
El alma tiene ires facultades, que son:
sensibilidad, actividad, á inteligencia, ó tres
manaras distintas de ser: sensible, activa á
intelijente.
Qué se entiende por determinar una fa ­
cultad?
Estudiarla en su principio, en su natura­
leza y cu sus productos.
Hay algo de común entre todas las facul­
tades?
S i : porque todas ellas parten del m is­
mo principio, que es el alm a, sujeto de to­
dos los fenómenos y hechos psicológicos; pe­
ro varían en su naturaleza y en sus produc­
tos, Asi la naturaleza y los productos de la
— 30 —
sensibilidad no son los mismos que los de la
intel ijcncia.
Cómo daremos á conocer la sensibilidad j
su carácter7
Entendemos por sensibilidad la propiedad
que tiene nuestra olma de ser afectada de
uriM manera cualquiera. La sensibilidad se di­
vide en física* moral é intelectual* segun que
los hechos que afectan a nuestra alma sean
físicos ó del c u e rp o , morales ó del corazon,
intelectuales ó del espíritu.
Cómo se escita ta sensibilidad física?
Cuando algún objeto estenio hace una im­
presión sobre cualquiera de los órganos de
nuestros sentidos, ó cuando por efecto de
nuestra constitución interna los órganos se
ponen en movim iento, este movimiento se
comunica al cerebro, y el alma entonces es
modificada esc!túndese así su sensibilidad
sica. Esia modificación, á que llamamos sensa*
cion, produce los placeres y las penas físicas
ó del cuerpo por la manera agradable ó de­
sagradable con que se haya verificado.
Cómo espUcaremos la teoriá de las sensa­
ciones?
— 31 -
Dejando Á la anatomía la esposicíon del
maravilloso mecanismo del cuerpo huma­
no } y confesando ademas nuestra comple­
ta ignorancia acerca de lo que los filósofos
llamaron «comercio del alma con el cuerpo *
ó sea el modo de obrar el uno sobre el otro;
diremos que nosotros estamos dolados de
cinco sentidos, que son: el tacto, el tfwsío,
el olfato, la uisía y el oído, cuyos órganos
distribuidos por toda la superficie del cucl·-
p o, reciben las diferentes impresiones que
hacen sobre ellos los objetos, y las trasm i­
ten con prontitud al cerebro en donde aque­
llos se reúnen, y el cual parece ser el cen­
tro de la acción mecánica que constituye la
sensibilidad física.
Cuándo se cjcAta Ja sensibilidad moral?
Cuando so siente la influencia de un agen-
te dolado como nosotros de voluntad; lo
que dá lugar á los placeres y penas del co­
ra zon, segim que advertimos ó dejamos de
advertir en olgim semejante nuestro una in­
tención benévola para con nosotros; y tam ­
bién según la manera justa ó injusta con que
obramos para con otros.
— 32—
V ia sensibilidad intelectual cuándo se escital
Siem pre que adquirim os algunas nocio­
nes. Pero como no todos los conocimien­
tos que adquiere nuestra intelijencia son per­
fectos, porque no siempre llega u descubrir
la verdad, sino que muchas veces suelen ser
im perfectos, quedándose en el error ó en la
ignorancia, y como naturalmente se compla­
ce y goza con los p rim e ro s, al paso que su­
fre y padece con los segundos; resulta que
liay también placeres y penas del espíritu.
En qué se diferencia la sensibilidad de las
demas facultades del alma?
En que la sensibilidad, como se infie­
re de lo que acabamos de decir, 110 es pro­
piamente hablando una facullad; puesto que
nuestra alma cuando s ie n te , no o b r a , si­
no que es modificada por las impresiones
que recib e: no se halla en un estado activo,
sino pasivo: no puede por lo Lamo llamarse
facultad, lo cual implicaría contradicción, si­
no una mera capacidad de esperim entar sen­
saciones. Sentir, pues, lio es querer ni cono­
cer, lo cual supone actividad, como vere­
mos mas adelante.
— 33 —
Denominándola sin embargo facultad, pa­
ra acomodarnos al lenguaje admitido gene­
ralm ente, diremos que la sensibilidad, se­
gún los datos sum inistrados por la observa-
d o n , es la que prim ero se desenvuelve entre
las demás facultades.

COROLARIO. De lo dicho se infiere que la


la causa ocasional de las sensaciones es la impre­
sión hecha en alguna de las partes de nuestro
cuerpo. Y como esta impresión puede ser oca­
sionada por la presencia de Tin cuerpo estraño
que determine el movimiento en la superficie
esterna, el cual se trasmite á los nervios comu­
nicándose en seguida al cerebro ; y puede tam­
bién verificarse sin necesidad de ningún cuerpo
estraño, sino á consecuencia de nuestra consti­
tución interna, como sucede en los epilepcias,
en la hambre, en la sed, etc.; do ahi previe­
ne el que haya sensación esterna é interna , y
el que se diga sensación del tacto, del oido , ó
de cualquiera de los demas sentidos, á la que
nace de la impresión causada en cada uno de
ellos respectivamente*
En cuanto á la causa eficiente de la sensación,
en vez de entregarnos A vanas hipótesis, como
han s¡4p todas las que los filósofos han inventa­
— 34 —
do para espl icaria, debemos confesar nuestra
completa ignorancia, lira liándonos únicamente á
decir que, siempre que se den las condiciones
de que hemos hablado, la sensación tiene lugar
necesariamente. i

ESCOLIO. Mas aunque el papel que répr


senta el YO en la sensación, sea enteramente pa­
sivo , no se entienda por esto que nada influye
en la mayor ó menor intensidad de las sensación
nes.Porque si bien es verdad que estas serán mas
ó menos vivas, cuanto mas ó menos fuerte haya
sido la impresión producida sobre los órganos*
y cuanto mayor ó menor sea la facilidad de es­
tos mismos para trasmitirla ; también es cierto
qne sin la intervención activa del YO, la ma­
yor parte de las sensaciones serian casi como
si no hubiesen existido. El YO, pueSj ejerce un
poder indirecto sobre ellas, ya acercando al ór­
gano el objeto cuya presencia ha sido la causa
ocasional de la sensación, ya aproximando el
órgano al objeto, ya en fin prestando su aten­
ción á las mismas sensaciones que espcritueula.
— 3» —

C A P IT U L O &.*
«

li e fa aeiUiMfMti y <ti carácter*—


IMetnostM-acion tie fa iiberiad A h*
iiw iia·

Qué entendemos por actividad?


La facultad que tiene nuestra alma de
obrar, ó de producir acciones. Tales son las
voliciones, actos de atención, etc.
Cuál es el carácter de ios productos de la
actividad?
El que en unos obramos sin prem edita­
ción ni deliberación, y «en otros después de
haber reflexionado y deliberado. P o r eso á
los prim eros llamamos voliciones espontá­
neas, y también actos de hombre, para dife­
renciarlos de los segundos, á los que se da
el nombre de voliciones libres, y de actos ftw-
manos.
Cuáles son las causas de la volicion?
La causa ocasional de la volición es la
concurrencia de dos cosas, que son; l.° u n
conocimiento cualquiera; porque es im po-
— 36 —
sible querer si no se tiene algun conocimien­
to de aquello que se quiere: 2.° un deseo,
de cualquier género que fuere* La causa efi­
ciente es el mismo YO, en quien reside es-
clusivamente el poder de que principie 6 c >
se el acto de q u e rer, así como el de conti­
nuarlo ó suspenderlo, De alii proviene el que
en estos actos la voluntad no puede ser coac­
tada.
Puede hacerse alguna otra división de los
actos espontáneos?
Si; porque unos ejecutamos como p o r tns-
tintó, en virtud de la constitución de nuestra
r

naturaleza; y otros en fuerza del hábito que


hemos adquirido. P o r lo que Humamos ú aque­
lla y i testos espontá-
neos-habiiwles.
Qué decimos de las acciones libresl
Que en ellas liay tres grados; á saber, con­
cepción del acto que se va á ejecutar: deli—
beracion sobre si conviene ó no ejeditarlo,
y por último la determinación ó resolución
de obrar.
Según eso suponemos en el honibre la fa ­
cultad de obrar ó dejar de.obrar después de
— 37 —
haber deliberado. Cómo podrá demostrarse la
existencia de esa fabultad?
De varios modos puede probarse la e\is^
r

tcncia de la libertad h u m a n a , ó sea la facul­


tad que tiene el alma de querer ó no que­
re r, de obrar ó dejar de o b rar, de elejir en­
tre dos medios aquel que cree mas condu­
cente á su fin. En prim er lugar por la con­
ciencia; porque nadie hay que despues de ha­
ber tomado una determ inación cualquiera,
no sienta que pudo no haberla adoptado, ó
tomar otra distinta. Y de ahí nace el que ca­
da uno se atribuya el mérito de una acción
buena, ó se impute el daño de una acción
mala, lo que no tendría lagar si el hom bre
conociese que obraba necesariamente sin ser
dueño de dirijir sus acciones.
Hasta el sentido común prueba incontesta­
blemente la existencia de la libertad. Así ve­
mos que los niños, en quienes aun no está
desenvuelta la razó n , alegan la falta de liber­
tad, cuando se les reprende ó castiga por al­
guna acción, cuyas consecuencias han sido
funestas.
P o r otra p a rte , si las acciones humanas no
— 38 —
fuesen lib re s, seria necesario confesar que
no había moralidad, ni justicia en las leyes
que castigan al hombre por acciones de que
no debiera ser responsable, estando obliga­
do á obrar siempre de una manera determ i­
nada. No habría, pues, sociedad p o sib le , ni
diferencia alguna entre el bien y el m al, en­
tre la virtud y el crimen.

CAPITULO e.°
Jte fri y « « ca$*ác~
t e r .— H e l o r ig e n y d iv isió n dte
la « i tiene.

Qué se entiende por intelijencia?


La facultad que tiene nuestra alma de co-
nocer.
Cuál es el carácter de esta facultad?
La inmensidad de sus productos y de su
alcance > pues por ella adquirim os la nocion
de los demas objetos, ya físicos, ya inm ate­
riales, y nos elevamos hasta el conocimiento
de la Divinidad.
Qué es idea?
— 39 —
LíT nom n de todo hecho , va sea interno,
6 csterno, comprendiendo cu esta palabra
110 solo la existencia de los seres, sino tam­
bién sus cualidades y relaciones.
Cuál es la definición que los filósofos han
dado de la idea, y qué debe pensarse acerca
de cita7
Los filósofos generalmente han definido la
¡dea: «la imúgen 6 representación de un ob­
jeto en nuestro entendim iento.» Pero esta
definición, si bien es conforme atendiendo ¡i
la etimología de la palabra ¡dea (afUú?, /mó­
jen), es inexacta en su acepción filosófica: por-
que también tenemos idea de un sonido, de
un olor, de las facultades del alma, de la jus­
ticia, de Dios, etc., sin que haya imagen n i .
representación de tales objetos. De modo que
en rigor esa definición solo podría convenir
á las ideas de los cuerpos que adquirim os
por el sentido de la vista, porque lo invisi­
ble no puede ser representado.
Cuáles han sido las opiniones de los filósofos
acerca del origen y formación de las ideas?
Esta cuestión dividió á los dos principales
filósofos de la antigüedad, Platón y A ristótc-
4
— 40 —
les, representante el prim ero del ftpiVftua-
itimo, y el segundo del ¿iruualtsmo, cuyas
doctrinas seguidas despues por casi todos los
filósofos, condujeron á unos al ufeaffcmo» y á
otros al matería/iímo.
Cuál es la doctrina de Piafan?
Platón supone que el alma, habiendo resi­
dido primitivamente en el seno de Dios, don­
de se hallan ¿as ideas eternas, los arquetipos
de las todas cosas T viene ya perfectamente
instruida á este m undo, sin que necesite otra
cosa mas que ocasiones para que puedan ma­
nifestarle los conocimientos de que está p ro ­
vista. P o r lo cual establece que todas nues­
tras ideas son innata*.
Esta doctrina algo modificada ha sido ad­
mitida por muchos filósofos, los cuales ad -
virtiendo que hay ciertas verdades generales»
así especulativas como prácticas, que se p re­
sentan á todos los entendim ientos desde la
mas tierna edad, las han considerado in n a -
tas. Tal ha sido la opinión de la escuela de
Alejandría» de algunos padres de la prim i­
tiva iglesia, y mas tarde, Descartes, Male-
branche, Port-Royal, Leibnitz, y en una pa­
— 41 —
la b ra , de la escuela de ¡os idealistas.
Qué dicen Aristótetes y su escueta!
Todas las ideas que componen el dominio
de la inteligencia, ya sea que las adquiram os
inmediatamente y por intuición, ya inmedia­
tamente ó por la intervención del raciocinio,
tienen su oríjen, según Aristóteles, en las sen­
saciones que esperímenta el alma á conse­
cuencia de las impresiones hechas por los ob­
jetos esteriores sobre nuestros órganos. Del
mismo modo de pensar fueron entre los anti­
guos , los E stoicos, autores de lú famosa
máxima atribuida falsamente á los Peripaté­
ticos. Nihil e&t in intellectu quod non priús
fiieril in smsu; y los Epicúreos. E ntre los mo­
dernos, Bacon, Hobbes, Gassendi, Lock, Hu­
me y Condillac, el cual no ve en las ideas
mas que sensaciones transformadas*
Cómo esplica la escueta ecléctica d oríjen y
formación de las ideas?
La escuela ecléctica, fundada en nues­
tros dias por Royer-Collard, Cousin, Jouf*
froy, etc., asigna por oríjen de nuestras ideas
la actividad del alma ejerciíandose ya por
medio de los sentidos ó de la percqpcto» es­
— J2 —
terna, ya por medio da la conciencia ú sim­
plemente por medio (lo h razón.
Así, cuando un objeto exterior hace algu­
na impresión sobre cualquiera de los órga­
nos de nuestros sentidos, d alma advertida ■i

de la existencia de los objetos* y provocada


á obrar por el sentim iento, se dirijo hacia
ellos por medio de los órganos, y poniendo
en ejercicio sus facultades intelectuales llega
á conocer las diversas propiedades de los
cuerpos.
La idea deL alma viene de la conciencia.
En efecto, el alma replegándose, haciendo
un esfuerzo sobre si misma, llega á descu­
b rir, tanto sus modificaciones pasivas, esto
e s, las sensaciones que esperim enta , como
sus modificaciones activas, á s a b e r; la accn-
■ cion, el juicio, etc. Estas ideas pueden su­
frir p o r medio de la razón una multitud de
transform aciones, y llegar así hasta la ¡dea
de Dios* Porque nuestra alma en el ejerci­
cio de sus facultades se reconoce como cau­
sa eficiente de los actos que ejecuta, y como
sustancia de los fenómenos que en ella se
verifican. Y transportando estas dos ideas
— 43 —
fundamentales al mundo esterna» doude ob­
serva una sucesión de hechos y fenómenos,
(pie necesariam ente son producidos por al­
guna causa, infiere que hay otras causas y
sustancias distintas del yo. Pero nuevos ra ­
ciocinios le convencen de que una serio in ­
finita de causas es im posible, y que existe
lina causa prim era de la cual dependen to­
das las demás, lisia causa prim era es Dios.
Se ve pues, que todas nuesLrns ideas son
adquiridas, y producto de la actividad de
nuestra alma que se ejercí i a ya por medio
de los órganos del cuerpo, ya por medio de
la conciencia, ya en fin por medio de esc
sentido suptTior que se llama ra/ou, la cual
transformando de mil iiKimnis diferentes
otras ideas, amneu-a eslrm d iñ iu iam etü e el
<■audal.de m iesin intelijeneia.
faífOlírTS tJS}h-ri¿s ¡ttijj de íVii’NS?

Los filósofos lian disminuido comunmen­


te muchas clases de ideas, his que en su
mayor parle puede decirse que son vanas
y de poca importancia, y que ademas laril
es discernir con solo atender á su origen su
objeto y na'uraleza.
— 44 —
Cómo han dividido las ideas atendida su
origenP
En sensibles, abstractas, adventicias y fac­
ticias* Llaman á aquellas que el al­
ma adquiere valiéndose de los órganos de
los sentidos: como las ideas de negro, 6ten-
c o ;— abstractas, si son el producto de una
abstracción, como veremos mas adelante,
tales s o n : grandeza, estension;— adventicias,
las que adquiere independientem ente de los
órganos de los sentidos aplicando directa­
mente su actividad al objeto; y facticias á
las que son obra esclusiva de la imagina­
ción sin que haya en la naturaleza objeto
alguno que le corresponda: como un monte
de oro*
E n qué han dividido las ideas considerado
su objeto?
En simjrfes y co m p u esta sfísica s, morales
y metafísicas, tmfti't’duafes y generales, con­
tingentes y necesarias. Idea simple es aque­
lla cuyo objeto no puede descomponerse,
como la idea de íto/or, a diferencia de la
compuesta]— física* la que se aplica á los ob­
jetos materiales: a ju a , fierra;— inoraf, á lo s
— 45 —
hechos m orales: modestia, orgullo;— metafí­
sica, á los hechos del órden racional: tiem­
p o , espacio;— indfcicíwaJ, si liene por objeto
un individuo: como Píalon, M adrid;— gene-
ralj si se aplica á muchos individuos de un
mismo género: como la idea de hombre, a r ­
io /;— contingente, si su objeio puede ser y
Avjar de se r: como la idea de verde f rojo;—
y necesaria, si su objeto no puede meuo»
de existir; como la causa, etc.
Qué diremos de estas clasificaciones de ideas?
En prim er lu g ar, que como anunciamos
a M enormente* la mayor parte son vanas
ú insignificantes, y ademas que m uchas de
ellas pueden y suelen estar reunidas á la
vez, y por consiguiente que una idea puede
ser i un mismo tiempo simple, ab straen , etc.

ESCOLIO. Ademas de las clasificaciones


que hemos enumerado, y otras que pudiéramos
citar, pero de que dos abstenemos por ser har­
to insignificantes y fáciles de concebir, los filó­
sofos han admitido otras clases de ideas consi­
derándolas en su naturaleza, y según esta las han
dividido en claras y oscuras, distmias y confusas,
completas é incompletas, verdaderas y falsas.
— 40 —-
3 a simple enunciación basta para comprender
lo que entienden por cada una de ellas, al mismo
tiempo que nos da ¿ conocer su poca importan­
cia y falta de exactitud. Eu efecto, admitir ideas
oscuras y confusas en oposicion á las ciaras y dis­
tintas >es establecer en nuestro juicio una con­
tradicción ^ porque nosotros solo tenemos idea de
un objeto, cuando lo conocemos de manera que
podamos distinguirlo de todo lo que no sea él:
pero cuando el objeto se nos presenta oscuro y
confuso, nos es imposible distinguirlo de todo lo
demas; y es por lo tanto un absurdo decir que te­
nemos idea de él.
Por otra p a rte , la oscuridad y confusion no
provienen de las ideas que tenemos, sino de que
carecemos de otras que nos son necesarias para
adquirir un conocimiento menos imperfecto del
objeto. Es pues un abuso del lenguaje el decir
ideas osearas y confusas.
Del mismo modo hay inexactitud en dividir
ideas en completas é incompletas f porque es
suponer que podemos llegar á tener ideas com­
pletas de !«is cosns, lo que está lejos de ser asi,
pues nuestro entendí míenlo es muy limitado y
diMú^por cuya razón nuestros conocimientos son
siempre imperfectos,
Por ultimo* la división de las ideasen verdade­
ra? y fahas es cuulm m á h definición de la ideaen
— 47 —
su acepción filosófica. La idea, según hemos vis­
to ya, no consiste en la im&gen ó representación,
sino en el acto déla facultad de percibir. Por eso
si €S posible definir una palabra que se niega á
toda descomposición, dijimos que idea era la no­
ción en su mayor simplicidad; por consiguiente
cuando haya esa nocion, diremos simplemente
que hay idea, y nada mas: y si no hay esa no­
cion, seria un absurdo llamar este estado del áni­
mo idea falsa, pues que do existe idea.

C A P I T U L O 9 .a

SMe Mas fctculindíes y o jie iw ia tii? «


i/·««? s e r e f i e r e n « írw f n v u i i a r t y e ·
ttertti tte cos&ocer*

Qué es conciencia?
Es un sentido íntimo que revela á nurs-
tr:i alma lo qnc pasa dentro de ella misma cu
todos los momentos de su existencia. Ella os
!a que nos da á conocer nuestro estado, y lo­
dos los fenómenos y operaciones que tienen
lugar dentro de nosotros mismos. Por eso
h conciencia se llama también ¡terefpe ion in­
— 48 —
terna, ¿ diferencia de la percepción esterna,
qué es la facultad que tiene nuestra alma de
ponerse en relación con los objetos estertores
por medio de los órganos de los sentidos.
Qué diferencia hay entre los sentidos y los
órganos!
La si guie uto: que los prim eros propiam en­
te hablando, son facultades: asi-la visia es la
facultad de ver, el oído la facultad de oír, etc.»
m ientras que los órganos son los instrum en­
tos por medio de los cuales cada una de
estas facultades se pone en ejercicio: asi el
órgano de la vista es el o jo , el del oído
las orejas, etc.
Qué se entiende por atención, juicio y r a ­
ciocinio?
Para com prender bien el sentido de estas
palabras no hay mas que recordar lo quo
espusimos cuando hablamos del origen y
formación de las ideas. Allí vimos que siem­
pre que nuestra alma quería conocer un
objeto* era necesario que se dirigiese hacia
él, ya por medio de los órganos de nuestros
sentidos, si el objeto era estenio y habia
hecho alguna impresión sobre cualquiera de
— 19 —
ellos, ya replegándose dentro de si misma
en caso de ser interno. Pues b ie n ; esa di­
rección de nuestras facultades hacia el ob­
jeto que se trata conocer, es lo que se llama
atención.
Pero como la atención por sí sola no po­
dría darnos á conocer mas que las parces ó
hechos de un objeto, es necesario qiie aproxi­
memos los objetos unos á otros para des­
cubrir por medio de la comparación sus re­
laciones. Pues á Ea afirmación mental de ta
relación que existe, ó se cree exista entre
dos 6 mas cosas, es á lo que llamamos juicio:
si bien esta palabra suele aplicarse indis­
tintam ente á la facultad de afirmar ó negar
mía relación» al ejercicio de esa misma fa­
cultad, y al producto del acto.
liem os dicho que es la afirmación mentnlt
porque si llega á espresarse por medio de
los signos, el juicio entonces toma el nom­
b re de proposición.
P o r último, si algunas veces basia una
simple comparación de dos ideas, otras es
m enester com parar dos juicios, y deducir uii
tercero, que nos manifieste la relación que
se busca, á lo cual se. ILaina raciocinar. J)c
modo que raciocinar es encontrar la rela­
ción que existe entre dos ideas por la que
cada una tiene con otra tercera.
P or lo dem as, la palabra raciocinio sig­
nifica unas veces la facultad que tiene nues­
tra alma de deducir un juicio de o tro , ya
el ejercicio ó el acto de esta facultad, y ya
en Un el producto de ese acto. Y la enuncia­
ción del raciocinio se llama arfinmeftlticion:
de cuyas diferentes especies , asi cromo de
las proposiciones nos ocuparemos en la ló­
gica.
Qué se entiende por abstracción, tj (jaie-
ratizacion?
Siempre que nuestra alma aisla y separa
algunas parles ó cualidades del objeto que
desea conocer, para con sid eraras y n \a -
minarlas con separación, se dice q u r abs­
trae, y la idea que resull:i de esta nperariou
se llama atefwicfri-. i)e modo que abstraer,
es considerar como separadas de los obje­
tos las partes o cualidades que no lo están
en realidad. Asi hacemos una abstracción,
cuando a la presencia de un cuerpo alen-
<1™*?$ á su prensión, prescindiendo de su
longitud y profundidad.
El nombre tic abstracción, \q mismo c\ue
hemos dicho del juicio y del raciocinio, y
como sucede también con la palabra generali­
zación, se da á la facultad del aliña, al ejerci­
cio de la facultad y at producto de esc acto.
Qué diremos de la operación de abstraer?
Que lejos de ser oscura y sutil, es muy
sencilla y natural. Porque siendo muy li­
mitada nuestra inteligencia para que pue­
da abrazar de una mirada todas las cosas,
110 prestamos atención á muchos objeto»
¿i la vez, J e lo cual solo resultaría desor­
den y confusion; sino que naturalmente so­
mos ^llevados á separarlos y simplificarlos
ttfrlo lo posible á íiu de adquirir ideas exac­
tas, La necesidad, pues, de abstraer pro­
viene de la debilidad de nuestra inteligencia*
Es lo mismo abstracción que generaliza­
ción ?
Aunque la generalización supone la abs­
tracción^ porque no se puede generalizar
sin abstraer, hay sin embargo diferencia
entre estas dos palabras; pues generalizar
— í>2 —
es apoderarse de tas cualidades que son co-
muues á muchos seres sin hacer caso de las
diferencias que los separan, para formar
una realidad artificial· Tales son las ideas
de ¿iibol, hombre, etc. Por donde se ve que
estas ideas son generales, porque compren­
den muchos objetos á la vez, al paso que
las ¡deas abstractas son individuales.
Cuántas cosas hay que considerar en las
ideas generales?
Dos: su comprensión y su extensión. La
comprensión es el conjunto de ideas parcia­
les que entran a componer la idea gene­
ra l: y ¿sÍCTisíon es el número de objetos á
que conviene esta idea. De modo que cuanto
mas se aumente la comprensión, tanto mas
se disminuye (a estension, y al contrario.
A sí, la idea general animal conviene á los
hombres y á los irracionales; pero s! au­
mentamos su comprensión añadiéndole la idea
racional, habremos disminuido su estenston,
porque ya solo los hombres están compren­
didos en ella.
La generalización conduce á alguna otra
operacionl
— 53 —
S í: ¡i la clasificación. Porque si despues
de haber percibido las semejanzas y dife­
rencias de los objoios* no los distribuyé­
semos en grupos subordinados los unos á
los oíros, do nos seria posible despues re­
cordar sus semejanzas.
Las divisiones y subdivisiones que acom-
pañau necesariamente á las clasificaciones,
dan lugar á lo que llamamos géneros y és-
jtácíes. Certero es la clase á que está su­
bordinada o irá , la cual se llama ¿sjwciíf. Por
manera que una misma clase puede ser á
la vez género y especie, si se considera cotí
relación á dos clases diferentes. Por ejem­
plo: la clase «animal» es género con rela­
ción a la clase «animal racional:» y será
especie* si se considera con relación á la
clase «cosa.* Y según lo que espusimos an­
teriormente, podremos decir que el género
tiene mas ofensión, pero menos comprensión
que la especie,
Cuál es la ettósíion á que fian dado lugar
las ideas genérales > y qué deberemos pensar
de ellas?
Las ideas generales, llamadas en la edad
media timüersates, lian dado Itigara la dis­
puta eulre los realistas y ftomínates. Aque­
llos pretenden que á las iffeás generales cor­
responden cosas ú objetos que real y efec­
tivamente existen en la naturaleza, de donde
les viene el nombre de realistas (de r a ,
cosa.) Estos por el contrario sostienen que
pada Iiay en la naturaleza que corresponda
á las ideas generales, las cuales 110 son mas
(jne puros nombres que solo existen en
nuestro entendimiento. Por eso se llaman
nomínate# (de nomen, nombre·)
Nosotros^ diremos que la percepción de
las relaciones desem ejanza, 6 la designa,
cion de las cosas semejantes por un mismo
nombre no existe en la naturaleza: y que
por consiguiente l a s ideas generales son obra
esclusiva de nuestro entendimiento, el cual
las forma para descargarse del inmenso cú­
mulo de ideas individuales, y marchar asi
mas desembarazado y espedito por et ca­
mino de las ciencias.
Qué entendemos por las palabras memo­
ria y asociadon de las idean?
Memoria es la capacidad que tiene nues^
а ►

— fio —
tra alma de conservar y reproducir las ideas
que lia adquirido en otro tiempo. Y como
las ideas, unas veces se presentan espontá­
neamente á nuestra
* alma, y^ otras se necc-
sita un esfuerzo de su parte para renovar­
las y recordarlas perfectamente; de ahí es
que en el primer caso se llama á la memoria
pasiva, y activa en ei segundo. Esta es la
que Aristóteles llamaba reminiscencia.
Hay algún medio de perfeccionar la me­
moria ?
S í : pues ejercitándola y cultivándola nos
enseña la esperiencia que se aumenta nues­
tra capacidad de retener. La atefteion es
también un requisito indispensable: por tan­
to sucede con frecuencia que un estudian­
te despues de haber leído muchas veces la
lección, no puede sin embargo retenerla,
lo cual proviene de haber estado distraído
y ocupado’ en otros pensamientos*
Es útil é importante la memoria?
Tan útil é importante es la memoria, que
sin ella el alma estaría limitada siempre á
la sensación actual, y podría decirse en
ciei'to modo que la vida principiaba de nue-
_ 5fi —
vo para nosotros ú cada instante, porque no
habría ^sperienciapropiamente dicha, y to­
do progreso seria imposible. No podríamos
generalizar, pues que para ello es preciso
retener las semejanzas que se van notando
en los objeios: ni comparar* porque la com­
paración se hace aproximando las nociones
presentes á las pasadas: ni juzgar, porque
los juicios vienen después de las compa­
raciones, y exigen ademas que no se olvide
una de las ¡deas cuando se afirma ó niega
Ja otra: ni raciocinar en fin, porque para
sacar una consecuencia es necesario acor­
darse del juicio-principio donde está con­
tenida.
A qiié llamamos asociación de las ideas?
Al apto por el cuql nuestra alma liga di-
fererUps ideas con ocasión de otra que apa­
rece en el entendimiento. £,a palabra aso-
eiaeion, asi cojno la de ínemoría‘ se aplica
unas vece» á la facultad del alma, otras
al ejercicio de esa facultqd, y otras al pro­
ducto del acto.
De dónde nace qitc, en nuestro entendimiento
№ despierten unas ideas á la presencia de otras '
De las relaciones que percibe en ios Gb-
jetos, y que conserva, ó reproduce por un
esfuerzo. Estas relaciones pueden ser íúiUh
me rabies: de semejanza, de an&logífe, de
oposicion , de contigüidad en el espacio y
el tiempo, de medio y de fin, de princi­
pios y consecuencia, y sobre todo suelen
fundarse en el hábito. S i las relaciones son
de patabras, puedcn^fundarse en sus con­
sonancias, en la identidad de las iniciales»
ele. Ejemplos de estas asociaciones de 'ideas
nos ocurren á cada paso. Nadie habrá a
quien do le haya sucedido alguna vez el
recordará la presencia dennapersona, otra
á quien conoce y se halla ausente, por las
semejanzas que nota entre las dos. L a idea
de gigante despierta en nosotros por opo­
sicion la de enano. Guando volvemos por un
camino por el que en otro tiempo pasamos
con un amigo, los objetos que vuelven á
presentarse á nuestra vista, nos recuerdan
muchas veces hasta los detalles de la con­
versación en que nos ocupábamos con cL
Y para no multiplicar demasiado los ejemplos
diremos, que á todos habrá sucedido tañí*·
— 58 —
bien el recordar con ocasion de una sola
palabra las palabras de un discurso enteró.
Las asociaciones de tas ideas influyen so­
bre nuestra inteligencia y sobre nueslrá con*
dtíctal .
. No puede negarse qxio las ideas qué
acostumbramos ú asociar á otras, ejercen
sobre nosotros una poderosa influencia, la
cual suele robustecerse con la edad. Estas
i

asociaciones» sumamente útiles y provecho­


sas cuando son verdaderas y racionales, por
la buena dirección que en su consecuencia
damos a nuestros juicios y u nuestros actos;
son por el contrario una fuente inagotable
de males, cuando se fundan en relaciones
falsas c irracionales, porque dan lugar á
nuestras preocupaciones, y de ahí á nuestros
vicios y estravios. Debemos por to tanto pro­
curar el que las asociaciones de ideas que
formemos sean todo lo posible verdaderas,
legitimas y racionales.
59 —

CAPITULO § :
v JÓ e 1 « » u v lt c r a le * « i *fe i Y O · — D e 1h

Mfereneia entre ei alm o y ei


c u e r j p a * 1

A qué llamamos el YO ?
El YO ó el alma, que es lo mismo» es una
sustancia sensible, activa c intelijente. Pero
como ni la sensibilidad, ni la actividad, ni la
vulelijcncia existen separadamente,, no po­
dremos decir que el "YO sea ninguna de es­
tas tres facultades^ino el sugeto donde ellas
residen, ™
Cuál es la naíuraleza del YO?
El ser idéntico, y por consiguiente tino.
Qué es lo que queremos significar cuando
decimos que el YO es idéntico, y cómo se pruc
ba su identidad?
Cuando decimos que el Yo es idéntico,
significamos que permanece siempre el mis­
mo en medio de la multiplicidad de sus sen­
timientos» acciones é ideas. Esta identidad se
— tiO—
prueba en primer lugar por la Conciencia.
Así cuando cada uno habla de sí mismo di­
ciendo, yo siento, yo quiero, yo pienso, ad­
vierte en su conciencia que no hay dentro de
él un ¡foque sienta, otro que quiera y otro
« * ^ *
que piense, sino que es uno y uno mismo
el sujeto de todos estos hechos*
La memoria confirma también la identidad
de! YO, porque es claro que si no fuera siem­
pre el mismo, no podría recordar sus esta­
dos, ni sus ideas, ni sus acciones pasadas:
lo que no sucede así, pues el yo que sien­
te, conoce y obra hoy, recuerda ser el yo que
sentía, conocía y obraba en otro tiempo.
Par dónde probaremw la unidad del YOl
Siendo idéntico, segím acabamos de ver,
se infiere necesariamente que es uno ú stwt-
ple¡ porque si fuera* múltiplo, seria divisible,
variable y soluble como lodo lo que es com­
puesto: su identidad entonces seria imper-
fecla como la de los cuerpos, y estaría por
consiguiente sujeto á cambios, y alguna vez
también ¿i una renovación total; lo cual es
un absurdo.
La unidad o simplicidad del YO vendrá a
— 61 —
confirmarse mas con lo que ahora diremos
sobre la dislmciüfr del alma y del cuerpo.
E l alnxa esutia $nstáncia distinta del cuerpo!
Sí: y para probarlo nos basta observar sus
propiedades, como hacemos con lodos los
objetos que tratamos de conocer, y de sus
distintas propiedades inferir su diferente na^
turataza.
Kn efecto, nosotros observamos en la ma­
teria ó en los cuepos esiension, divisibilidad,
inercia, etc., propiedades que son del todo
incompatibles con las que hemos reconocido
anteriormente eit el yo ó él alma. Para de-
mostrarlo» examinemos cualquiera de tas fa­
cultades del j l a intelijencia por ejemplo,
y fijémonos en uno de sus actos; en la com­
paración. Desdé luego se deja conocer que
esta seria imposible, si el objeto que haya
de comparar fuese compuesto: porque para
com parares indispensable que las ideas com­
paradas estén presentes á un mismo tiempo;
pero esta presencia Simultánea solo es po­
sible cuando el objeto que compara es sim-
pieV pues si fuese oompiieslo* las ideas es­
tarían ó reunidas en cada una de las partes,
— 62 —
en cuyo caso habría tantos coinparaciones
cuantas fuesen las partes del objeto, lo cual
es un absurdo, ó estarían separadas, y la
comparación entonces seria imposible* Es
pues evidente que el alma es simple é inma­
terial, y por consiguiente distinta del cuerpo.
El mismo raciocinio aplicado ¡i la sen­
sibilidad y actividad -del alm a, demuestra
"igualmente que es una sustancia simple.
Un qué se fundan los que niegan ta distin­
ción entre el alma y el cuerpo?
Dicen en primer lugar, que para que se
pudiese afirmar que la materia no puede
pensar, seria necesario conocer todas sus
propiedades; pero que no siéndonos conoci­
da la esencia íntima de los cuerpos» pudiera
muy bien suceder que entre esas propieda­
des desconocidas para nosotros, se encon­
trase la facultad de pensar en la materia.
Vqwíd£¿m t ctuttesfam á esta observación*
Que basta que nosotros reconozcamos en
la materia propiedades incompatibles con la
facultad de pensar, como son la ostensión,
1 * divisibilidad, la ineróiq, etc., para que po­
damos establecer nuestra proposición sin ter
— 63 —
mor de que esas propiedades desconocidas
puedan alterar su verdad.
En qué otros fundamentos $e apoyan para
sostener su opinion?
En que el principio pensador, dicen, su ­
fre todas las modificaciones y vicisitudes que
el cuerpo; de donde infieren que lo que se
llama el moral del hombre, no es mus que
el conjunto de los modificaciones del físico*
y por lo tanto (pie no hay en nosotros una
sustancia distinta del cuerpo.
Qué deberá responderse á esta objeción?
Que auuque concediéramos gratuitamente
que el alma sufre Lodas las modificaciones y
vicisitudes del cuerpo, no se seguiría de alii
que fuesen una misma stistancia, mientras
no se probase que las modificaciones del
principio que piensa, pueden pertenecer ¡i
un sugeto compuesto.
E s verdad que nuestra alma se desenvuel­
ve, y ensancha el circulo de sus conocimien­
tos, á medida que los órganos del cuerpo
se fortifican, y le trasmiten las impresiones
que reciben: también es cierto que cuando
el cuerpo esla enfermo, el alma sufre: asi
— 64 —
como también pat«ce ésta envejecer, cuan­
do aquel va decayendo y debilitándose por
la edad. Mas esto solo prueba que hay cutre
ellos una estrecha unión y dependencia re­
cíproca v y de ningun modo uno relación de
identidad: pues lejos de ser así, estamos vien­
do que mientras e l cuerpo queda estaciona­
rio , una vez llegado á su mas alto punto de
desenvolvimiento, del que solo puede -ya re­
troceder, el almo ejercitando y desarrollan­
do sus facultades, sigue enriqueciñmlose de
ideas.
Por otra parte, sucede frecuentemente que
cuando el cuerpo se h$lt¡i quebrantado y flé­
bil pt»i\ los padecimientos' ó por la edad, el
alma se muestra fuerte y llena de vigor y lo­
zanía. El alma por lo tanto es una sustancia
distinta del cuerpo.
Pero si el ahita es simple y el cuerpo com­
puesto, cómo es posible r/iw haya esa relación
de dependencia entre dos sualancias de natu­
raleza tan opuesta?
Para esplicar esta maravillosa unión y la
manera recíproca de obrar la una sobre la
otra, los filósofos en su temeraria pretensión
“ 6 a —

de dar razón de todas tas cosas, han imagi­


nado cuatro sistemas, conocidos'con los nom­
bres de influjo físico*, causas ocasionales* ar­
monía preestablecida, y mediador plástico*.
En qué consiste el sistema del influjo f í­
sico!
En este sistema conocido antes de Descar­
tes, y repoducido después por Eulero, lllóso-
fo ale man, se supone que el alma colocada en
el cerebro, recibe las impresiones que le tras­
miten los órganos del cuerpo por medio de
la influencia real y efectiva que ejercen sobre
ella, y que el alma á su vez obra real y físi­
camente sobre los nervios cuando quiere po­
nerlos ch movimiento. Por lo que se ha da­
do á este sistema el nombre de influjo físico.
Qué decimos de este sistema!
Que aunque muy sencillo en su esposicion,
no aclara la dificultad; pues esta nace de la
imposibilidad que concebimos cii que una
sustancia estensa y compuesta de partes puc-
da obrar verdadera y materialmente sobre
„ otra qúe es simple, y recíprocamente*
E n qué consiste d sistema de las cmsas
ocasionales?
— 66 —
Después -de haber demostrado Descartes
la contradicción que envolvía el anterior sis­
tema, imaginó el de la asistencia, Embellecido
v propagado mas tarde por Malebranche to ­
jo el nombre de camas ocasionales· Según es­
te sistema, la causa rea! \ eficiente de los nio-
vimientos del cuerpo no es el alma, asi como
délas modificaciones de esta tampoco el cuer­
po es la causa verdadera y efectiva, porque
os imposible que ninguno de ellos obre real
\ verdaderamente sobre el otro. La causa real
y efectiva, según estos filósofos, es Dios, quien
c o n ocasion de cierios movimientos del ctter-
po hace nacer ciertas modificaciones en el al­
ma, del mismo modo que con oermou de cier­
tas modificaciones en esla, determina cier­
tos movimientos en el cuerpo. Por eso dieron
á este sistema el nombre de causas ocasio­
nales.
Cuáles son los vicios de esle sistema?
En primer lugar es poco filosófico, porque
hace intervenir continuamente a Dios sin cui­
darse de buscar las causas segundas para la
esplicacion de los fenómenos. Y es ademas
contrario a la libertad, porque si es Dios
qui^u tlrstormina los actos de nuestra alma á
consecuencia de los movimientos del cuerpo,
el uro es que obramos siempre necesariamente.
En qué se funda el sistema de la armonía
preestablecida?
Leibnitz, filósofo alemán, -tío contento con
el sis lema de Descartes, imaginó otro que tie­
ne algunos puntos de contacto con aq u el, y
que denominó sistema de la armonía prees­
tablecida. Según él, las modificaciones del al*
ma y del cuerpo no son producidas por la
acción recíproca de ninguno de los dos ; si­
no que las modificaciones del cuerpo son de-

terminadas por l s leyes que rigen al mundo


físico t y tas del alma por las leyes internas
que rigen ál pensamiento: de tal manera, que
la serie de modificaciones que se advierte en
una alma y un cuerpo reunidos, tendría lugar
en cada uno de ellos respectivamente aun
cuando estuviesen separados* Pero Dios, pre­
viendo todas las modificaciones futuras de las
almas y los cuerpos 7 los fue uniendo de tal
modo, que á las voliciones de la una corres­
pondiesen los movimientos del otro, y recí­
procamente.
— 68 —
Que debe pensarse-dé este sistema?
Decimos primeramente que está en contra­
dicción abierta con los hechos. Efectivamen­
te, nosotros observamos ciertos movimientos
én el cuerpo que llamamos voluntarios, por­
que la razón nos dice que dependen cutera­
mente de la voluntad, y no pueden ser deter­
minados por las leyes que:.rigen al mundo
físico* La razón se opoite igualmente á que las
sensaciones, qu¡e nuestra alma experimenta
conocasíoii de taja impresiones hechas ea k>$
órganos de. los sentidos! sean hijas do otras
modificaciones anterioras de ella misma y de·
las leyes internas qué rigen al pensamiento.
Semejante sistema destruye ademas la li­
bertad* porque si las. modificaciones del alma
están determinadas por otras anteríores, re­
solta queseada acto de la voluntad depeude
siempre y necesariamente del-q.ua le precedió.
Cucd es el sülama del mediador piásiicol
El; filósofo ingles Gudwort supone q u een -
e l alma y el cuerpo Jiay mí agente, que
participando a la vez do lu naturaleza mate­
rial y ^spúriiual* obra asi sobre cada uno de?
ellos.
— 00 —
P ito rifóte Im'go so xé lo ridículo y absur­
do ih un sis loma que admite la existenria de
un» sustancia mitad cuerpo y mitad espíritu,
y que deja por otra parto la dificultad en el
mismo estado, pues falta ahora que probar r f-
mo las dos uvispaas su^tauci/is pueden estar
reunidas en ese ageute, que a su vez iiBeesi-
la de otro m cd iad o iv
Qué M em os pensar de esta a m tio n l
Que es imty superior á la inteligencia hu­
mana. Por lo que en vez, de entregarnos á
quiméricas y absurdas hipótesis, perjudicía­
les siempre á la misma filosofía, debemos con­
fesar nuestra ignorancia repitiendo tas pala­
bras de P a sc a l: *el hombre es para sí m is-
»mo el mas prodigioso objeto de la naturale-
*za; porque no puede concebir lo que es un
»cuerpo, y menos lo que es un espíritu, y to­
d a v ía menos que todo, de qué modo uncuer-
*po puede estar uuido á un espíritu; y sin
»embargo tal es su propio ser.·»

COROLARIO. De la delioicion que hemos


dado del YO, y délo que hemos dicho des­
pees se infiere, que hay una marcada diíeren**
— 70 —
cia entre el sentido que damos ú esta palabra fi­
losóficamente hablando, y el que tiene en ei
lenguaje común. En efecto, solemos vulgar-*
mente decir: yo como, yo soy blanco, etc.,
y este lenguaje es sin embargo exacto, porque
entonces aludimos á la persona del hombre, que
consta de alma y cuerpo. Mas no es esta la
acepción en que la toman loa filósofos, cuando
han sustituido á la palabra alma la del yo, por
el cual .entienden «el sngeto de las realidades
que no caen bajo ninguno de los cinco sentidos*»
C A PITU LO PRIMERO*
Objeto y w f ifiiiatí fie in //O ^ ír/i.—
D e l ific flo d o y « u « diferente* №
jp e d e s *

Cuál es el objeto de la lógica?


Enseñar los medios de hacer buen uso dé
las facultades intelectuales para conocer ó
demostrar la verdad. - ■
Qué ventajas reporta su -estudio!'
* E l acrecentar singularmente las fuerzas de
la intelijencia ? pues usando bien de las re­
glas que la lógica nos prescribe, podremos
— 72 —
marchar directamente hacia la verdad síu
caer en el error u en la ignorancia.
Qué es método?
Método (de furot Mcia y oJ# caminó) es la
marcha ó el procedimiento que debe seguir el
entendimiento en la investigación ó demos­
tración de la verdad.
E l método es siempre necesario?
* No: pues cuando el objeto de la investiga­
ción 6 demostración es simple, basta enton­
ces con verlo ú mostrarlo característicamen­
te. Solo es, pues, necesario cuando el objeto
es compuesto.
Cómo deberá proceder el entendimiento en
este ultimo caso?
Cuando el objeto es compuesto* lo cual su­
cede mas frecuentemente, el orden natural
exige que se principie por descomponerlo en
sus elementos parciales para estudiar separa­
damente cada uno de ellos, la cual operación
se Uama análisis (de ¿¿yo-xíw descomponer).
Una vez conocido el objeto en sus diferentes
p artes, es indispensable recomponerlo: es
decir» volver ú unir los elementos esparcidos,
porque si no se examinan en su conjunto, se-
— 73 —
ria imposible conocer sus relaciones* A esta
operacion se llanta síntesis (de com­
poner).
Puede emplearse la análisis independien*
temente de la síntesis, y recíprocamente?
No: porque la análisis y la síntesis no son
dos métodos diferentes, sino operaciones de
un solo método, las míales se ayudan y noce-
sitan mutuamente.
Cuáles son los resultados á que nos condu­
ciría launa sin la otra ?
La análisis que 110 fuera seguida de la sín­
tesis no llenaría el desiderátum de la ciencia,
porque esta aspira al conocimiento, no «olo dfe
las partes de un objeto, sino también de sus
relaciones; al paso que la síntesis que .no es-
tuviese precedida de la análisis, nos coudu-
ciria al error, porque mal podríamos conocer
las relaciones que existen entre las partes de
un* objeto, sí antes no habíamos examinado
detalladamente a estas; por lo que nos vería­
mos obligados á suponerlas, y de ahí i riamos
á parar á resultados hipotéticos.
Cómo debe conducirse la inteligencia «ir el
uso d eJa anáfisis y de la síntesis?
— 74 —
Cuando se trata de estudiar las diversas
partes del objeto del conocimiento, lo natu­
ral es ocuparseprimeramente de aquellas mas
principales: despues» de las que estén inme­
diatamente subordinadas á estas, y así suce­
sivamente, cuidando de que la análisis 110 sea
ni demasiado sutil, ni prolija, porque cslodis-
traería ó confundiría á la iutelij encía.
En la síntesis debe evitarse la precipita­
ción , que es el escollo donde suele caer el
entendimiento humanó, cuando quiere some­
ter tos “hechos todavía ignorados á las leyes
que rigen á otros hechos ya conocidos* Este
es el origen de tantos falsos sistemas, de que
nos ofrece innumerables ejemplos, la historia
de la filosofía.
A qué llaman los filósofos método de ofaer-
vacio?i y de inducción?
Al de análisis y síntesis, de que acabamos
de hablar. Porque en efeeto, la observación
recoje los caracteres esenciales de los hechos
individuales-, y la inducción les da una for­
mula general, y los convierte en leves: en
lo cual no hay otra cosa que análisis1 y sín­
tesis*
— 75 —
En qué se diferencíala inducción de la de­
ducción?
En que en la primera so concluye de lo
particular á lo general, y en la segunda suce­
de lo contrario. Asi,observando que los cuer­
pos al caer junto &la superficie de la tierra, re­
corren dorante los mismos tiempos espacios
representados por los números impares, lian
dicho los físicos por inducción; la pesantes e
tá en razón inversa del cuadrado de las dis­
tancias; mientras que en la deducción se pro­
cede en sentido inverso, sacando de los prin­
cipios generales las consecuencias contenidas
en ellos. Por ejemplo: lodo lo que es útil &
la sociedad, dete ser protejido por un gobier­
no ilustrado. Si descomponemos este prin­
cipio genera!, hallaremos comprendidas en la
palabra útil las artes, la industria> etc.; y to­
mando uno de estos elementos, haremos una
deducción, diciendo: las artes deben ser pro­
tegidas por un gobierno ilustrado*
Es lo mismo analogía que inducción?
No: en la analogía, pasando de los hechos
observados i\ los que no lo han sido todovia, ó
no pueden serlo, lo que hacemos es generala
— 76 —
zar aquellos hechos; mientras que en la wduc*
ciony apoyándonos en una sé rio de hechos re­
petidos» pronunciamos su estabilidad: de mo­
do que la analogía concluye de mi hecho á
otro, y lá inducción fundándose en relaciones
permanentes, concluye de todos los hechos
al principio que los engendra. Asi, observan­
do los físicos las semejanzas entre la electri­
cidad artificial y los fenómenos del rayo, juz­
gan por analogia que tienen la misma causa;
y nosotros descubriendo por el análisis que
las modificaciones del sujeto que piensa son
ápteramente distintas de las que pertenecen
á la estension, decimos por inducción: todas
las modificaciones de la sustancia que piensa
•son simples.

ESCOLIO. Hemos dicho que con el estudio


de la lógica se acrecientan singularmente las
fuerzas de la inteligencia, y esto supone des*
de luego que no exajeramos su importancia has­
ta el punto de creer que sin las reglas del arte
s¿a absolutamente imposible dar paso alguno en
el camino de las ciencias; asi como sería na
error, pretender que solo los que se hallan en
posesión de esta ciencia, son los únicos capaces
— 77 —
de pensar y raciocinar bien. Porque el fatandi-
imento humano ha debido principiar á aprender
sin la ayuda de tales reglas, y la esperiencia por
otra parte nos ofrece una multitud de hombres
aventajados en las ciencias, letras y artes, sin
haber saludado acaso los libros que tratan es­
pecialmente de lógica. Mas no por eso debe re­
bajarse la importancia que nosotros le hemos
señalado t pues la razón y la historia nos con­
vencen de que los primeros pasos del enten­
dimiento humano, abandonado i lo que los es­
colásticos llamaban lógica naturalf fueron in­
ciertos, su marcha ti mida y vacilante T sos pro­
gresos muy lentos, y sus conocimientos mez­
clados de errores ó incertidnmbres; al paso que
la esperiencia misma nos enseña que entre dos
hombres, constituidos en igualdad de circuns­
tancias , de los cuales el une? está fatniliarizado
con los métodos, mirándolos como medios para
llegar á su fin T y el otro los ha despreciado,
hay una marcada superioridad por parte del
primero.
E s , pues, incontestable la utilidad del es­
tudio de la lógica, resultado del árte, y que
fundada sobre las observaciones que otros fi­
lósofos* han hecho acerca de los pasos que ha«
bian conducido á unos hácia la verdad t y pre­
cipitado á otros en la ignorancia ó en el error,
— 78 —
nos dá feglas seguras para hallar directamente
aquella y alejarnos de estos, acrecentando por
consiguiente las fuerzas do nneslrá inteligencia.
COROLARIO» De la naturales de la aná­
lisis y de la síntesis se infiere que la primera es
mas propia para investigar la verdad , y la se-,
guada para demostrarla: por lo cual los filósofos
han llamado á la análisis método de inven$ionf
y á la síntesis de demostración. En efecto, si
cuando se trata de enseñar algún descubrimien­
to fuera indispensable principiar por la análisis,
y en los diversos géneros de conocimientos cada
uno de nosotros tuviese necesidad de recorrer de
nuevo todos los pasos seguidos por el entendi­
miento humano, la inteligencia mas vasta apenas
podria hacer otra cosa mas que tocar algunas
generalidades de la ciencia: mientras que par­
tiendo de principioi generales, con tal que estén
fundados en una suficiente análisis hechapor otros*
se ahorra tiempo y trabajó, y es posible ó una
inteligencia ordinaria hacer nojtables adelantos.
Es de advertir sin embargo, que el método
varía según los individuos, y que por lo común
los hombres de grande ingenio se sajelan poco k
esas estrictas reglas, que quiere imponerles la
medianía en su impotencia de crear. Pero en­
tonces esos mismos hombres se forman otras,
siéndoles imposible proceder sin al gnu método.
CAPITU LO 1Л
Be lo*aiff*»ns «fenvtemlras id ea s .—
*

H e In |ir o |H > t( d o ti y ««c*


ren lei етдеЫе*.

Con yíi« objeto usa el hombre de los signos?


Con el de manifesiar estm orm ente sus
afecciones, pensamientos y deseos.
C t m t o especies hay de signos?
Dos: unos que por si mismos y sin conven­
ción alguna por parte de los hombres espre-
san nuestro actual estado* y otros que tienen
una significación determinada por la voluntad
de estos. Por eso a los primeros se les llama
naturales, y convencionales á los segundos.
Qué se entiende por lenguaje?
La colección de signos empleados para la
espresion del pensamiento.
Cuántas clases secorwcen de lenguaje?
Tres: lenguaje de acción (gestos): lengua­
je hablado (palabras) y lenguaje escrito (es­
critura en sus diferentes especies).
Cada una de estas clases de lenguaje repre-
— 80 —
ienta directa é inmediatam@iteat pensamiento?
Mo; pues unas hay que lo representan di­
recta é inmediatamente» y otras indirecta y
mediatamente. Así ía escritura atfabética por
ejemplo, representa directamente los signos
del lenguaje hablado, mientras que las pala­
bras espresan desde luego el pensamiento.
En qué consiste ta PALABKÁ ?
L a palabra es una combinación de soni­
dos articulados que espresa nuestras ideas por
convenio de los hombres.
Qué nombre damos á ¡os juicios cuando ¡os
manifestamos esteriormente por medio de pa­
labras? . ■*

El de proposicion.
Cítales son los elementos de toda proposicion?
Supuesto que la proposicion no es masque
la enunciación ó manifestación verbal del jui­
cio, bastará atender ;i este para conocer los
elementos y caracteres de aquella.
Y como el juicio \ersa sobre dos ideas, se
sigue que los elementos de toda proposicion
serán, i , ° un térm ino, signo de la idea de
quien se afirma otra, el cual se llama sujeto;
2.° otro término, signo de la idea que es alir-
— 81 —
mada que se llama atributó; y por último, el
término, signo de la afirmación, llamado co­
pula. En esta proposicion: Dios es infinito^
Dios es el sujeto, es la cópula, é infinito el
atributo.
Qué caracteres acompañan á loda p rop o n
cionl
Si alendemos á lo que los escolásticos lla­
maban cantidad de las proposiciones, estas
serán siempre ó indivuluales, ó particulares
ó umtwsafes. Porque la idea, sujeto de todo
juicio, y por consiguiente el término sujeto de
loda proposición, ha de comprender necesa­
riamente á un individuo solo, ú á muchos de
una misma especie, ó en fin, á todos tos que
pertenecen ú ella: y entonces s# dice que el
término se toma en toda su esten&ion*
Cómo se dividen las proposiciones bajo d
punto de vista de su cualidad?
En verdaderas y falsast del mismo modo
que los juicios. Porque si la relación que nos­
otros percibimos y afirmamos entre dos ideas
existe así en realidad, el juicio y por lo tan­
to la proposicion serán verdaderos: de io cou-
trario serán falsos.
— 82 —
Las proposiciones no pueden dividirse tam­
bién m afirmativas y negativas?
Aunque esta
T
división lia sido generalmen-
te admitida, no puede dudarse que es inexac­
ta; porque en los juicios, lo mismo que en las
proposiciones, hay siempre afirmación. Así,
no solo afirmamos cuando decimos: Pedro es
bueno: sino que hay también afirmación en
esta proposicioni Pedro no es bueno; porque
aquí no hacemos otra cosa sino afirmar que
entre las ideas de bondad y de Pedro no hay
relación de conveniencia*
Cuáles son los puntos de vista bajo los que
podemos considerar ¡as proposiciones?
L as proposiciones pueden considerarse
también según el uso para que sirven, y en­
tonces toman diferentes nom bres» entre los ■*

cuales se distinguen principalmente los si­


guientes: axirna , corolario, escolio, defini­
ción y división. (1)

(1) O mi tira os otras muchas divisiones y clasifi­


caciones establecidas por los escolásticos, porque las
consideramos de muy poca utilidad é importancia,
sirviendo únicamente para recargar la memoria de
los jóvenes sin provecho alguno.
— 83 —
Qué entendemos por cada una de ellas?
Axioma es una proposicion, cuya verdad es
tan evidente» que no necesita demostrarse,
como' esta: La parte es menor que et fodo. Co­
rolario, es una proposicion que se deduce de
lo anteriormente establecido. Escolio, la que
sifve para interpretar ó aclarar un punto osr-
curo, ó difícil de entenderse. Si el objeto de
la proposicion es espticar una palabra ó una
cosa» se llama definición: y por último, toma
el nombre de dimsiotf, cuando distribuye un
todo en sus partes, un género en sus especies,
ó una especie en sus individuos.
De cuántas maneras puede serla definición1
De dos. Definición de palabra y de cosa.
()íí¿ se entiende por definición de PALA -
Jiií/1 y qué diremos de ella?
Definición de palabra es aquella que espli-
ca el sentido en que se toma una palabra.
Esta definición es arbitra ría* puesto que en­
tre la palabra y la idea no hay una cóncxion
intima; pero es indispensable que el que sfc
sirve de ella, se acomode al uso generalmente
adoptado, pues de otro modo a no ser que
lo advierta, se esponc ú 110 ser entendido-
— 84 —
Qué fie entiende por definición de COSA?
Aquella qüe se propone dar á conocer la
naturaleza de un objeto. Y como los atribu­
tos que componen la naturaleza de las cosas,
son.independientes de las ideas humanas, s$
sigue que esta definición no es arbitraria. '
Cuáles son las reglas que deben tenerse pre­
sentes enfada definición?
Para que la definición sea buena, los filó­
sofos prescriben que deberá ser breve* clara ,
reciproca y que se haga por el género próxi­
mo y la diferencia especifica.
Qué debe pensarse de estas reglas?
Que unas son enteramente inútiles, y todas
ellas insuficientes para darnos á conocer la
naturaleza de las cosas.
Poí' qué decimos que unas san enteramente
inútiles, y todas9 etcl
Porque, en efecto, decir que la definición
debe ser clara y breve, no es dar una regla
científica, sino un precepto de gusto, aplica­
ble no solo á las definiciones, sino también á
cuanto hablamos. Poí*que*el hombre debe es-
presarse siempre con claridad á fin de ser
comprendido, que es su objeto: y con breve­
— 88 —
dad, es decir: con precisión, de Mi manera que
sin ofende^ á la claridad no u$e de mas pala­
bras que aquellas quesean indispensables pa­
ra manifestar su pensamiento; pero esto, co­
mo hemos dicho, es tan solamente un precep­
to de buen gusto para la elocucion.
Por lo mismo es inútil la tercera regla de
que la definición debe ser rec&prpca. Pues
siendo precisa, claro es que convendrá á todo
y á solo el definido; y por consiguiente que
sus términos podían ponerse los unos en el
lugar de los otros t como en esta; «un trián­
gulo es una superficie terminada por tres lí­
neas Podemos decir igualmente «una su­
perficie terminada por tres lineas es ó se Va­
rna un triángulo: a Eb cual es efecto de que en
la definición no hemos usado de* mas ni de
menos palabras que las p rm stfsp a ra esplU
car el triángulo.
Por qué decimos que la dejimeion, «un com-
prendiendo el género próximo y la diferencia
específica, no esplica sin embargo la naturale­
za del definido?
Porque en este caso lo único que nos ma­
nifiesta es la especie á que pertenece la cesa
— 86 —
definida: y como los géneros y especies, s e ­
gún vimos en la psicología, son obra esclusí-
va dé nuestro entendimiento, porque en la
* *-

naturaleza no existen mas que individuos; re­


sulta que semejuutcs definiciones no nos dan
á conocer la naturaleza particular del deli*
nido*
Podriawcomprobar&e con un ejemplo?
V .g . E l hombre es un animal racimal. E s­
ta definición del hombre reúne las cuatro con­
diciones du que acabamos de hablar: es clara,
breve o pí'ecisa* y por lo tanto recíproca: com­
prende el género próximo y la diferencia es­
pecifica, puesto que decimos que es un am -
mal? género el irihs inmediato á que corres­
ponde ? y con'la palabra racional lo diferen­
ciamos de las demas especies de animales,
- circunscribiéndolo á la especie racional? y sin
embargo no nos da á conocer sus propieda­
des ó naturaleza.*
Según eso? cómo deberán hacerse las defini­
ciones de COSAS ?
Por la descripción desús principales atri­
buios, si pueden descomponerse, ó por la ge­
neración de la idea, si por su simplicidad no
— 87 —
admiten cleacompos ic ion. Porque es de ad­
vertir que, prescindiendo de'que no conoce­
mos La naturaleza intima de ninguna cosa, hay
ciertas ideas, y por lo tanto.ciertos términos,
que por su poca estension no pueden definí*-
se: tales son las ideas y términos tndwtdua-
tes. Y hay otros que tampoco pueden ser de­
finidos á causa de su poca comprensión^ come
la palabra
Es conveniente el uso de la$ definiciones?
Siempre que la cosa de que se trate sea
difícil de comprender por sola su enuncia­
ción, será conveniente definirla; : pero si ci­
tan evidente que está al alcance de cualquie­
ra, la definición únicamente serviría para in­
troducir oscuridad y confusion.
, Cuáles son las reglas de la DI VISION? *
*■ Que sea completa; es decir, qtje compren^
da toda la estension del término dividido, de
tSl modo, que no omita ninguna de sus par­
tes. Contra esta regla pecaríamos si dividié­
semos la filosofía en psicología y lógica, por-
que no comprenderíamos todas sus partes.*.
Cuál es la segunda regla?
Que sus miembros sran opuestos; es lo *?$,

i\n v los unos'rutésten comprendidos e irlo s
o tro s, sino que cada uno considere al sujeto
dividido bajo un punto de vista diferente dé
tos demas. Asi, aunque la psicología y la ló­
gica son partes de la filosofía, la consideran
sin embargo de diferente manera.
Cuál es tü tetóéra regla? ■
La tercera y última regla es que la división
sea natural5 es decir, que presente las par­
tes mas importantes antes que las secunda­
rias, y las Subdivisiones mas generales antes
de las que lo sóo menos .Porque si asi no fue­
se, no nos «latía á cónocer el órden en que es-
tan encadenadas las partes ó tas especies pa­
ra formar el lodo ü el género*
Qué debe evitarse en íás divisiones?
La prolijidad; porque si la división es de­
masiado éstensa y minuciosa, la inteligencia
ac distrae y se eonfunde¡
— 89 —

c a p it u l o a.°
■1 ' * * : ·

j ú é J a f i a N f r a i e é a r fe r r t r f« é r » n i f r
|«ri i H f e r e n t e * e s p e r t e * i f e l e i « -
. Ventaja*' y earadeve*
iie ifitff ietiffua d iei» /bí*i«<wf(r<

1?« qué consiste el lenguaje de acción ?


E l lenguaje de acción (gestos) consiste no,
solo en los movimientos de los brazos, sino
también en todos los movimientos y posicio­
nes dei cuerpo* asi como en la cspresiou mar­
cada del rostro, de la frente, de loá ojos y.de
la boca^
iEste lenguaje es naturafí
S i: pues espresa nuestras necesidades y
afecciones principales sin convención alguna
por parte de los hombres. Así es que cuan-1
do nos hallamos.agitados por emociones y
sentimientos fuertes, desdeñamos el lengua­
je convencional, que entonces no¿ parece frió
-y lento* y nos espreáamos por medio de los
gestos.
— 90 —
Cuáles son los i/iconuernrn/es del lenguaje
NATUIiAL de acción?
Este lenguaje tiene cutre otros el inconve­
niente de 110 ser comprendido de todos, sino
inundo espresamos nuestras principales ne­
cesidades y afecciones com unes; pero no
cuando manifestamos las modificaciones com­
puestas del pensamiento, ó las diferencias fu ­
gaces del sentimiento, cuya fisonomía varia
no solo entre los individuos* sino también en­
tre los pueblos según sus diversas institucio­
nes, costumbres y usos.
Es posible un lenguaje convencional de ac­
ción , que supla la insuficiencia del natu­
ra? (I).
Indudablemente: y asi nos lo confirma la
esperiencia en la educación de los sordo-iriu-
dos, Pero el lenguaje gesticulado aunque
convencional f lleva consigo graves inconve­
nientes: como el no poder ser empleado sino
de dia, y cuando aquel á quien nos dirijiéso-

(1) Dejamos á un Lado, como agena de una obra


elemental, la cuestión agitada por los filósofos sobre
)i\ posibilidad de una lengua universal.
— 01 —
mos no estuviese separado por ningún cuer­
po que interceptase la luz. Y seria necesario
también que no perdiese de vista nuestros
gestos , siéndonos imposible ademas atraer
sus miradas en una multitud de cireunslati-

cías. Inconvenientes que no se encuentran en


el lenguaje hablado.
Cutí ¡estonias opiniotm de los filósofos acer­
ca del origen de la PA LA BRA ,
Unos opinan que Dios al criar al hombre
le dió jumamente con su existencia un lengua­
je va formado. Otros por el contrario preten­
den que el hombre, valiéndose desde luego
del le «guaje de acción, pudo formar» y se fu ij
jnó despucs un lengnnje convencional.
Qué ventajas proporciona el knguaje á la
inteligencia?
lís indudable que la inteligencia debe muy
mucho al lenguaje, lín efecto, las palabras ( I )

(1) Lo que decimos de las palabras debo en ten­


derse igualmente de todo kngu aje'co n ven cio nal.
Por lo domas, tío m e m o s necesario ^dycrlir que
psiq solo es aplicable á una lengua bien formada,
fin id a los vicios del Irn^unje el origen de un
gian número de disputas y dé erro res, comu nos
h prueba umi triste esiu*rieucU d«i lodos los dias.
— 92 —
enunciando sucesiva y metódicamente ríues^
tras id eas, que por 16 comun suelen s e r s i -
niultímeas eií e l entendimiento, llevan la cla­
ridad ^ precisión allí; donde sin su ayuda ha­
bríamos hallad*) mucha oscuridad e indeter­
minación. Por eso las lenguas pueden llamar*
se verdaderos métodos analíticos.
P o r otra parte, ayudan estraordiriarinmen-
te á nuestra memoria, pórque el recuerdo
de una palabrada lá qué estamos acostum­
brados á unir cierta idea, basla las mrte ve­
ces para recordar esa idea, Y mas que to­
do, sirven para fijar y renovar las ideas ge­
nerales; porque estas, siendo, como hemos
repetido, putras creaciones del entendimien­
to, no tienen a ta manera que las ideas in­
dividuales» objeto real en la naunideza, y
es indispensable por lo tanto que se les im­
pongan nombres pura que puedan lijarse y
ser reproducidas.
(Máíes so» (qs relacionas dd lenguaje con
ei pensamiento?
Supuesto que las putabríis son signos in­
mediatos de las ídoas, es claro q u e en toda
lenguaje el número,, la naturaleza, las luis-
— 93 —
dones y aun los accidentes de las palabras
se fundan sobre las operaciones del enten­
dimiento; de lo cual se sigue que Coda idea
debe tener su signo ó palabra > indivisible
como laideq misma.
Cíñanlas clases de palabras bastarían para
significar todas nuestros ideas ? ; . }
T r e s : povqu© todas nuestras ideas se re­
ducen a las dMU£¿ancía¿r cualidades y rela­
ciones:
1
y por consiguiente bastarán1 ir e s o» lw
·, , . 4
s
de palabras ó nombres: á saber, sustantivos,
signos de las sustancias; adjetivqs, signos de
de los atribuios ó cualidades ; y por últiino
verbos para espresar tas relaciones*
Según eso y qué diremos (k las dm os .par­
tes del decurso?
Que Jodas entran en las tres clases que
acabamos de enumerar. Así el articulo
r - irrindi—
■■ <
ca una relación, puesto que se uue, al s u s ­
tantivo por la necesidad de precisar la es-
tension de su significado. El pronombre no
es mas que un sustantivo rcefiijil^zadopura
evitar su repetición.
La preposición y la conjunción cápvesafi re-
lactones * pues la primera lijja las.Jdeas y
— n —

las palabras por relaciones, y la segunda in­


dica los relaciones que existen entre las pro­
posiciones.
El adverbio es un compuesto dt* una pre­
posición yde un sustantivo, que modifica por
una circunstancia 6 cualidad lá idea apega­
da á un yerbo, ó á un adjetivo.
Por ultimo la interjecion es una frase elíp­
tica que contiene las tres clases de ideas.
L a interjecion es tan necesaria para espre­
sar las pasiones y movimientos del alrtia, co­
mo las demás palabras lo son para manifes­
tar las operaciones del entendimiento.
Cuates son los caracteres de una lengua
bien hecha?
Entre las principales cualidades de tina
lengua bien hecha debe contarse primera­
mente su exacta precisión, de tal manera que
una palabra esprese siempre la misma cosa
y nada mas que aquella idea, como+ sucede
en el lenguaje' de los matemáticos.
Deberla dilemas haber analogía entre las
palabras y las ideas; es decir, que las mo­
dificaciones de las palabras correspondiesen
y se refiriesen á las del pensamiento.
— 95 —
Finalmente, la facilidad e s otra de las prin­
cipales cualidades de una buena lengua, pa­
ra que sea accesible u todas las ¡ntelijencias.
E l lenguaje hablado satisface todas las exi­
gencias del entendimiento ?
No; porque si nosotros no lijásemos por
medio de la escritura nuestras ideas y pen­
samientos, no podríamos hablar á ios ausen­
tes ni á la posteridad. Ademas de que lá es­
critura nos es necesaria también para con­
servar nuestros propios pensamientos, pues
la esperiencia nos enseña que la memoria
confiada á sus solas fuerzas, no retiene fiel­
mente ni por mucho tiempo un gran número
de hechos. Por lo cual necesitamos valer­
nos de signos esteriores y permanentes»
CtíífrrttfStfsjJWtfíM conoccnde ESCRITURA?
Dos : una que directa « indirectamente
representa las Ideas, y.otra los sonidos a r­
ticulados. A la primera clase pertenece la
escritura ¡jeroglífica, y ;i la secunda la alfa­
bética.
Un qué comiste la escritura gcror/Ufica?
Kn espresar los objetos por medio de sím­
bolos, ó inuigenes de oíros objetas materia­
les que ticii€n uiguiia analo^ía uoti ;tqu(HIosr
I
Cuáles $од los imonvttiientes (le la см пш - L

rai}j3t:0$lifi4a? . ,
.Semejante escritura es .muy· Yaga* tíom-
plicadu y difici!: iasuluúeüfe para una Sacie­
dad adelantada* y su estudio solo absorve la
vida entera* De modí> que es un obstáculo i
(t>s¡ progresos del;entcmlimi^nto (J),
A pesar de etfo$ inconveniente 1ле$сгйц-
ra gercglifica тЦепе alguna ventaja! .

1. ' . I

( i) Tan cierto «s e slo , que según dice QL Cham­


pú II ion el jó v e n , á cuyas laboriosas y sAhias in -
vestígacionca lanto dél¿e la. c ie n c ia , los egipcio*
usaban de un alfafrrto fonética cuma suplemento
de la escritura g e ro g lilk a > y coe*ístiti con. el jín t-
boíism o, que fuó siem pre él alma del sistem a, \&i
se infiere del siguiente p a s a je , que en su A t ju ­
nten del sistem a {jeroglífico ríe tas ffn c tg w j egipcios
cita el mencionado escritor de S» Clem ente de
A lejan d ría; atiene;· dos clasrs de geroglificos: la
«una em plea Ut* p rim eras letras ai [a b é tic a s : la titra
«es sim bólica. El ni<i:odo sim bólico se subdivid^ rn
«m uchas especies, una de- las cuales representa los
«objetos imitándolos propiam ente: otra lo s e s plicas
«de una m a n m tró p ica ; y la tercera se sirve en -
rtteiamentc de alegorías es presadas por ciertos
«c ni {m as.»
— í>7 —
S i: porqiit? no representando los sonidos
articulados ó palabras, es iiidependientede
la diversidad de las lenguas habladas* y na
está por lo mismo sujeta a las modificacio­
nes que laescritu ra alfabdtiea sufre nece­
sariamente según las variaciones de cada len­
gua en particular. P o r eso en la China, el: J a ­
pón y otros paires del Asia> donde'los {jero­
glíficos esianen uso, se hablan diferentes idio­
mas, sirviéndose de una misma escritura;
C w les'ia naturaleza déla escrilitra alfa-
béiieal·
La escritura; alfabética representa directa
A inmediatamente los sonidos articulados ó
palabras por convenio de los hombres (1).

Se v é , pues, qiie enlrc los egipcias se conocía un


aU abefo; de otro modo nos parocc imposible e s-
pltcBr como pudieron avanzar U nto en las ciencias
y arles con un medio de espresion tan vago. ·
(1) Los sonidos inarLicuU'los, los cuales per­
tenecen ú lenguaje natural de acción, y que con­
sisten ep esos gritos vivos y cortos qnc nos ormin a
la f u m a do las pasiones, por los rúales mam IV?-
fainos t i oslado del olma «Í^cíaíÍo de ptoi^r ó <i*i
dolor. son representados por los signos de. la mú­
sica.
-0 8 —
Como esta escritura puwte representar la­
tías tas modificadmies ile ta palabra?
Para ello no ha sido necesario mas que ob­
servar los sonidos v articulaciones ciernen-
b

tales que mitran en todas las modificaciones


do la palabra 3 ó inventar caradores que las
representen, combinándolos el« Ja misma ma­
nera que aquellos sonidos esián combina­
dos por los órganos de la voz. De alii resul­
la que siendo muy pocos los sonidos y ar­
ticulaciones elementales» con un pequeño
nú mero de caracteres representamos todas las
combinaciones indefinidas de la palabra (I ).

ESCOLIO* Tal ha sulo en rápido bosquejo


el origen y progresos de la eseWtara. Reducnh
verosímilmente en su principio á trazar las fur-
JU3 S y las imágenes sensibles de los objetos* el
entendimiento humano dtdm> sentir muy premio
la imperfección ó insuficiencia de un Lenguaje,

(1) Algunos rruililos alrihuveii [a invvndon de


estfi maravilloso arle al fenicio Cadmo. Oíros p r ­
ienden que él no hizo mas que trasladar á Grecia
rsta e sc ritu ra , conocida yo d é l o s egipcios y de
los fonieios*
— 9 9 -----------------------

quo lo encerraba en el estrecho circulo de las


cosas materiales , ‘y se :vi6 precisado A modifi­
carlo recurriendo al símbolo. Pero este, como
hefpoá dicho, no favorecía A los progresos da
la inteligencia, ni menos basta para atender á
las complicadas relaciones de un pueblo llegado
á cierto grado de civilización. Por eso nació
al fin la escritura alfabética, cuya inmensa im­
portancia no admiramos Tni aun apreciamos de­
bidamente por hallarnos familiarizados con ella.
Esle maravilloso arte ha contribuido al per-«1
feccionamiento de las lenguas: por su medio se
inmortaliza ahora el pensamiento del hombre;
salvamos las distancias de tiempos y lugares;
damos vida á las lenguas muertas, y nos en^
contramos en posesion de las que se hablan lejos
de nosotros.
— 400 —

C A P IT U L O I . #
H e 9a* i l f o m « « form a * 4fei r a d a -
W o W fifo *

A qué liemos llamado raciocinio?


Al acto (i) por el que nuestro entendi­
miento comparados juicios para deducir íül
tercero.
Cuándo nos miemos del raciocinio?
Siempre qtié la áimple comparación en­
tre dos ideas tid nos basta para percibir sus
relaciones; púcs eritoticeá necesitamos recub­
rir á una tercera idea que nos esí conocida,
á Gn de comparar alternativamente aquellas
con esla, y descubrir por medio de la com­
paración las relaciones ignoradas.
Qué nombre toma el raciocinio cuando lo
enunciamos por medio de las proposiciones?
El de argumentación.
Cuántas clases hay de argumentaciones?

( 1) V íase lo que digimos en la Psicología, f ap, 7


— 10l·—
V an ear entre las que $e distinguen el ¿í-
logimo, el entimema, el dilema y e\ sori(e$.
Qué diremos del silogismo?
E l silogismo» á qüiéfi los escolásticos lla­
maban la afgümmiadon por escelencia, se
compone dé tres proposiciones, de las cua­
les las dos prinieras lomadas colectivamen­
te, se llaman premisas, y la última conclusión.
Cuántos lértniw* se encuentran en el silo-
gisnití?"
Tres: mayor, menor (que se dicen №tr#no&\
y el término tffttw.La proposición que'con-
tiené al prim ero, se llama proposicion ma­
yor, y f»«nor la que contiene al segundo.
E l .silogismo no puede contener ma$ de tres
términos?
No: porqoe no hay mas qae tres ideas: las
dos cuyas relaciones se ignoran №y la ter­
cera* que sirve como de medida común» con
la cual comparados alternativamente aque­
llas. De modo que, aunque en el raciocinio
hay tres juicios, y en el silogismo tres pro­
posiciones, no existen mas que tres ideas re-
pctidascada una dos veces, y por lo tanto tted
términos, signos de esas ideas.
— •«02 —

Pueck esto demostrarse con m ejemplo*!


Deseamos v. g. súber ai el alma humana
es simple, y como por la sola comparación de
í^stos dos ideas no se puede llegar á descu­
brirlo, recurrimos á otra tercera que nos sea
conocida, con la cual compararemos alier-^
nativamente aquellas, y haremos el siguiente
silogismo:
(Término medio.) (Termino máyorJ

!
mayor . T o d o se r quo piensa, es sim ple.

ft * * menor.)\
fiernino
üj¿MENOR * E s asi q u e el a lm a (Término medio.)
g f humana es uu ser qae piensa;

(Tcrmioo menor.) (íérmiito mayor.)


coacLt’SiON. Luego el alma humana es simple.

E l téñrtino medio puede hallarse m la con-


elusiont
De ningunam an era: porque la conclusión
es el resultado de la comparación, y como es­
ta se hace en las premisas, claro es que allí
deberá estar siempre, y nunca en la conclu­
sión.
Es lo misino conckmon que consecuencia!
No; porqucla conclusiorínocs mas que uua
proposición, y la consecuencia es la ilación ó
conexion que existe cnlre la conclusión y las
premisas.
Según eso, pueda ser la consecuencia buena y
legitima^ siendo la conclusión falsa, y viceversa?
Indudablemente; porque la legitimidad del
raciocinio, y por lo tanto de la argumenta­
ción, consiste en sacar del principio sentado
las consecuencias contenidas en.él, por mas
que la proposición deducida sea falsa. Y por
el contrario, habrá ilegitimidad siempre que
la consecuencia, aunque sea una proposicion
verdadera, no esté contenida en el principio.
Ejemplo de lo primero: la materia piensa, lue­
go es simple* De lo segundo: el hombre es ani­
mal, luego está dolado de razón .
Ku el primer caso la conclusión es falsa, y
sin embargo la consecuencia legitima, porque
suponiendo que la materia piensa, se infiere
necesariamente que es simple. En el último
por el contrario, la conclusión es verdadera y
la consecuencia ilegítima, porque de que el
hombre sea animal, no se sigue que esté do­
tado de razón.
Sobre qué estriba el silogismo?
S
— 104 —
Síilirc estos dos axiomas: cuando dos casas
twtwV/tiK con una tercera, convienen entre si;
cuando de dos cos&s una sola conviene con otra
(enera, no convienen entrejL
Qué aplicaciones hacemos de estos axiomas
al silogismo?
4 Que cuando los taimaos {término ma­
yor y mi ñor),-comparados alternativamente
en las premisas coi) el término medio, le con­
vienen, también convienen cnirc si:
2 .a Que cuando uno solo conviene con el
término medio, no convienen entré sí; y por
último, que cuando ni el uno ni el otro con­
tienen con el término mérito, no puede infe­
rirse que convienen ó no convienen entre si.
Cuáles son los vicios de tjue puede adolecer
el silogismo?
E l silogismo puede ser defectuoso bien por
razón de la materia, como decían los escolás­
ticos, ó por su forma.
Cuándo pecará por razón deta materia ?
Siempre que las premisas sean falsas ó
equívocas.
. Qué deberá hacerse en este caso?
Si una de las premisas es falsa, deberá en-
----105 —
ronces demostrarse su falsedad; y si -fuere
equívoca es necesario distinguir, esto es,
precisar los diversos sentidos en que debe ser
concedida ó negada*
Cuándo será viciosa la forma del silogismo!
Cuando la consecuencia esté mal dedu­
cida,
Ilitij algunas reglas para conocer si la fo r- *
ma de un silogismo es ó no viciosa!
Los escolásticos asignaron mué lias, algu­
nas úh Jas cuales hemos manifestado,* y las
%

otras se deducen también de lo que dejamos


espuesto sobre la naturaleza del silogisirío.
Cutes son esas reglas?
4 .* Terminm esto triplex: Medius, Major-
que, Minorque.
Es decir; en el silogismo uo debe haber
mas de tres términos: medio, mayor y menor.
— ¿íjííYís hunc quám p raemissac con-
clusio 7ton vult.
Ningún término puede tomarse en la con­
clusión mas im i v ensálmente que en las pre­
misas.
5 .* — Axtí $mu\ aut iierum. Jfedius gene-
raliter esto,
— 406 —
El termino medio debe tomarle una vez
por lo menos’umversalmente«
i * ■ — iYt*ro¡rM¿nir coiilincat medium con-
chmo fas est.
El termino medio no pueda hallarse jamás
cu la conclusion.
$ * — Vtraqm si praemiasa neget , m/íi/
*.inde sequetur.
De dos premisas negativas no se puede sa-r
car conclusión alguna.
6,* — Ambae affirmantes nequeunt gene­
rare neganlmi.
De dos proposiciones afirmativas no puede
deducirse una conclusion negativa, que quie­
re decir: cuando las dos premisas son afirma­
tivas, la conclusion debe serlo también.
7/ — Pejorem sequitur semper conclusio
partem .
La conclusion sigue siempre la ¡Darte mas
débil: esto es, que si una de las premisas fue­
se negativa,la conclusion debe serlo también,
y si fuese particular, la conclusion deberá ser
particular.
S.* — Nihil sequitur gemíais ex partícula-
ribus xinqwm*
— 107 —
De dos proposiciones particulares nada
puede inferirse!
Pueden reducirse todas estas antiguas reglas
de la escolástica á una so/o?
Indudablemente; porque como en él silo­
gismo no se hace mas que deducir de las pre­
misas una proposicion que se pretende cono­
cer, es claro que no podría deducirse, si no
estuviese en ellas contenida. Luego puede
sustituirse á todas esas reglas la siguiente:
UNA DE LAS VHE3I1SAS DEBK CONTENEli A LA
CONCLUSION, Y LA OTRA HACER VER QUE EFEC­
TIVAMENTE ESTÍ ALLÍ CONTENI DA (I).
Qtrétfs entíntejmi?
Una argumentación que consta de dos [>rn-
posidones, de las cuales la primera se Huma
antecedente, y la segunda consiguiente, V oy
ejemplo:
Todo lo que es útil al entendimiento, ihbe
cultivarse;
Luego la lógica debe ser cultivada-
Qué diremos de esta argumentación?
Que el entimema no es mas que un silogis-

(I) CbncííJfar» Curso de estudios.


— 108 —
mo abreviado ó imperfecto, en el cual so su­
prime una de las premisas por ser demasiado
clara y fácil de ser suplida- Asi en el ejemplo
propuesto suprimimos la proposición menor
«la lógica es útil aj entendimiento» por ser
liarto conocida*
Qué se entiende por dilemal
Una argumentación en que se proponen al
adversario dos estremos de fal manera, que
cualquiera que sea el partido que adopte, se
concluye siempre contra el. Así, á los escép­
ticos quediceu quenada puede saberse, se les
arguye con este dilema:
O sabéis lo que decís ó no lo sabéis.
S i lo primero^ luego puede saberse alguna
cosa;
S i lo segundo, luego hacéis mal en asegu­
rar quenada puede saberse, pues no debe ase­
gurarse lo que no se sabe.
Qué debe evitarse en esta argumentación?
En el dilema debe procurarse que la alter­
nativa en que se coloca al adversario sea ine­
s t a b l e , y no haya medio alguno entre los
dos estremos que se le proponen.
Qué se entiende por soritesü
— 109 —
Una argumentación compuesta de muciiás
proposiciones encadenadas unas con otras de
lal manera, que el atributo de la primera sea
el sujeto de la segunda* el atributo de esta su­
jeto de la tercera, y asi sucesivamente hasta
llegar ú la conclusión, cuyo sujeto ha de ser
el sujeto de la primera, y su atribulo el atri­
buto de la última*
Puede hacerse ver con un ejemplo?
Para probar que los avaros son infelices,
puede hacerse este sontos.
Los avaros están llenos de deseos;
Los que están llenos dedeseos, carecen de mu­
chas cosas:
Los que carecen de muchas cosas son in­
felices·,
Luego los avaros son infelices.
Cuál es lo esencial en el soritespara que sea
bueno?
El que hayatal concxion entrólas proposi­
ciones, qnc la una esplique ¡i la otra, pues de
lo contrario no seria mas que un conjunto de
proposiciones particulares, de las que no se
podría sacar consecuencia"alguna,
Se conocen oirás clases de argumentaciones
— 110 —
a mas de las que lim os enumerado?
Sí; porque aunque todas pueden reducirse
al silogismo; como el raciocinio, y por lo tan­
to el silogismo, puede revestirse de diversas
fo rm as, la argumentación toma diferentes
nombres-
Asij cuando á cada proposicion sigue in­
mediatamente su prueba, se llama epique-
rem a.
Si la proposicion se deduce de otra con la
que tiene alguna relación, ya sea de semejan­
za , de oposicion ó superioridad» se llama
ejemplo.
Y por último, si de la enumeración de mu*
chas proposiciones singulares inferimos una
proposicion universal que las comprenda to­
das, se dice inducción.
Es úiilla forma silogística?
No puede dudarse que el silogismo , p re ­
cisando los términos de la cuestión, y ponién­
dola bajo su verdadero punto de vista, es el
mejor medio para demostrar la verdad de una
aserción, y refutar al adversario: porque se le
presenta de una manera evidente la falsedad
de su raciocinio.
— 111 —
Cíiáí es la causa del descrédito en que ha
caído la forma silogística?
El abuso que en un tiempo se hizo de
ella. P orque habiéndose dado en la edad me­
dia una exagerada importancia al silogismo,
hasta el punto de considerarlo como el ins­
trumento indispensable de todo descubri­
miento * y un preservativo seguro contra el
error, degeneró al fin en un tejido de simple­
zas y puerilidades, o se convirtió en un ju e ­
go de palabras maliciosamente combinadas
para sorprender al ad versario , tratándose
por este medio de ocultar la nulidad , del
fondo bajo el falso brillo de las formas este-
riores*
Qué se entiende por sofisma?
Una argumentación defectuosa eñ que se
pretende maliciosamente dar al error el colo­
rido de la verdad.
En qué se diferencia el sofisma del paralor*
gismo?
En que el primero se funda en la mala fó,
y el segundo en la ignorancia.
De dónde provienen los sofismas y paralo­
gismos?
~ 112 —
Del abuso de las palabras ó de las fuljas re­
laciones en!re las ideas.
Cui'mtoj cl ises hay de sofismas y paralo­
gismos!
Los escolásticos asignaban unanuiliitud de
sofismas y paralogismost á saber:
i .* La ambigüedad de los términos.
Tiene lugar siempre que se emplean pala­
bras anfibológicas* y se toman unas veces en
un sentido diferente de otras. Por ejemplo:
Hay en el cielo una constelación que se fla-
?na el León;
JSs.asi que el Lcon ruge;
Luego hay en el cielo una constelación que
ruge.
Se ve desde luego qnc la palabra León no
significa én la proposicion primera lo mismo
que en la segunda.
$.9 La ignorancia de la cuestión ( IG N O -
H A T IO ELEN CH J).
Consiste en probar una cosa, que no es
la de que se trata. Esto suele dar origen á
muchas y acaloradas disputas, que se evita­
r a n con solo fijar el verdadero estado y sen­
tido genuino do Ili ciiestiou.
— 113 —
5 .a La petición de principio ( P E T I T I O
P R T N C IP ll).
Se incurre en este sofisma cuando se su­
pone como verdadero precisamente lo que se
traía de demostrar. Y toma el nombre de.
círculo vicioso, coando se prueba una propo­
sición por otra que todavía no se lia explica­
do, y esta á su vez se prueba por aquella.
4 .° Suponer como verdadero lo que es
falso ( D E F A L t S O S U P P G X E f t T E l
Para precavernos de este sofisma, d eb ere­
mos asegurarnos bien de la existencia de un
hecho antes de pretender esplicar su causa.
ü.° Tomar por c a u s a verdadera de un
efecto lo que no es ( N Q N CA L' SA P R O
CAUSA).
Eu este sofisma incurren los que conside­
ran á un come la causa de la pesLe, guerra ú
otro efecto, que tenga lugar entre nosotros
después de su aparición.
Puede decirse en general, que la vergüen­
za de confesar nuestra ignorancia, el gusto a
lo maravilloso y la propensión á la supersti­
ción son el origen deteste sofisma.
G.° La enumeración imperfecta, á la que
— i 11 —
puede reducirse la úidumem defectuosa*
Consiste en generalizar desde lu e g o , sin
haber observado con bastante detenimiento
todos los casos y hechos particulares que pue­
den estar comprendidos. Como si después de
haber observado que los europeos son blan­
cos, infiriésemos que «iodos los hombres son
blancos,» En este caso habríamos sacado una
consecuencia falsa por haber hecho una enu­
meración imperfecta,
7 .a Juzgar de «na cosa por lo qi¿e no le
conviene sitio accidentalmente { FAL L A C I A
A C C 1 D E N T I S ).
Tiene lugar siempre que se saca una con­
secuencia absoluta y sin restricción, de ltf que
no es verdadero sino por accidente. En este
sofisma incurren los que establecen que las
ciencias deben ser desterradas« porque algu­
nos hombres abusen de ellas.

ESCOLIO- Estos y otros sofismas que toda­


vía senalanlos escolásticos, y que nosotros omi­
timos porque se comprendan en los que hemos
enumerado, nos confirman en la necesidad de
un lenguaje bien formado 9 que con su exacta
precisión evitase los errores que nacen de la am-
— í 15 —
higíiedad del sentido de las palabras. Al taismo
tiempo nos haceo ver los eslravios de la inteli·
gencia cuando raciocinamos partiendo de pno­
dos erróneos, y fundándonos en falsas relacio­
nes: todo lo cual es un nuevo argumento qua
viene á corroborar la importancia de la- lógica,
la cual nos enseña el medio de libertarnos de esas
aberraciones mostrándonos la fuejite y raíz da
los sofism as y paralogismos.

C A P IT U L O 5 .a
MMc tu» principate* fueníea tto
erra res·

Cuáles son tas principales causas de nuestros


errores?
En primer lugar dchornos colocar las p a -
tione$i esas propensiones desordenadas que
de tal modo ofuscan la inteiijencia, que la ar­
rastran ¿ju zgar de las cosas no como son en
realidad, sino de la manera que conviene A
nuestros intereses y caprichos personales. De
alai un sin numero de errores v¥ estravíos de-
- — II fi —
plorahles, pues formando juicios enteramen-
le falsos, dictados por nuestros déseos y vi­
cios, abrazamos como útil y beneficioso, lo
que en realidad nos es perjudicial y funesto.
De qué modo sacudiremos el yuyo de las pa­
siones#
Desconfiando de ellas, y examinando los
afretas secretos de nuestro porazon para d i-
ri ¡irlos Inicia el bien. Por consiguiente, en el
estudio de la moral encontraremos el mejor
preservativo contra esta fuente de errores.
L f í P R E C IP IT A C IO N en los juicios no es

también otra fuente del error?


Sin duda alguna; porque cuando juzgamos
de las cosas sin haberlas observado y conoci­
do suficientemente, nuestros fallos son aven­
turados , y por lo tanto muy espuestos al
error.
Este es el achaque comtm de aquellas per­
sonas que , por ser incapaces de entregarse á
las largas y severas investigaciones y esfuer­
zos que ex. ije la verdadera ciencia, no tienen
mas que una instrucción ligera y superficial,
y se acostumbran á hablar y á decidir de todo
con aire de suficiencia; Semejante saber á me-
riitfsps peor que la ignorancia misma* porque
esta puede disiparse con el estudio, mientras
que el que se acostumbra á ser superficial, se
cree no necesitar de instrucción.
Cuál es el remedio coirtra la precipitación?
El mejor es el estudio de la psicología y de
la lógica, porque asi aprenderemos á estudiar
la naturaleza de nuestras ideas antes de aso­
ciarla?; temerariamente, y á suspender nues­
tros juicios hasta que estonios seguros de la
verdad.
Jm $ PR EO CU PA CIO N ES son también ori-
jen de nuestros errores?
May que distinguir dos clases de preocupa-
donen. Porque aunque todas sean juicios que
formamos sin examen, los cuales suelen con­
sagrarse por el uso y fortificarle con él hábi­
to, no siempre son falsos, ni por lo tanto pe­
ligrosos para la razón; antes por el contrario
hay verdades, principalmente las verdades

prácticas, las cuales es conveniente que se in­


culquen en nuestro entendimiento aun cuati-
donó las comprendamos en toda su estensioii
é importancia, á Im de que se arraiguen por
el habito.
— 118 —

Cmtes so n , pues, las preocupaciones fu ­


nestas?
Aquellos juicios falsos que formamos sin
exam en, bien por la influencia de la educa­
ción ó por la confianza ciega en la autori­
dad de otro, ó finalmente, porque nos de­
jamos arrastiar del espíritu de sistema ó par­
tido.
Qué? deberemos hacer p&Ta huir de f<w preo­
cupaciones?
Sujetar á un severo examen todas las opi­
niones recibidas, y no descansar hasta que
veamos con claridad y distinción los funda­
mentos en que estriban. En esto consiste la
duda metódica y racional, que 110 es la duda
universal ó escéptica, la cual es un absurdo.
Obrando de este modo, sentiremos la ne­
cesidad de dirijir bien la educación intelec­
tual de la infancia, nuestros juicios estarán
ágenos de toda prevención, y aprenderemos
por último á no ser esclnsivos.
Qué diremos de la I MA GI NA C I ON
L a im^j/ínacton, que es la facultad que tie­
ne nuestra alma de representarse las ideas de
las cosas sensibles sin la intervención actual
— d io —
tic los sentidos, es también otra fuente inago­
table de errores* y lia producido una multitud
de arbitrarios sistemas, que lian seducido
aun á los m as privilegiados ingenios.
Deque modo nos preservaremos contra h&
errores de la imaginación?
Determinando con precisión el círculo en
que puede obrar esta facultad, que siempre
debe sujetarse 6 la autoridad de hrraxon. P o r ­
que si en las bellas letras y bellas arles ocu­
pa el prim er lugar la imajmíicioii, su puesio
es muy subalterno en filosofía, donde no son
permitidas las ficciones, sino que todo debe,
estar sometido al riguroso método de ob­
servación ()).

( 1 ) Después de lo que tíojamos espuesto en todo


el trascurso de la obra , y lo que diremos todavía al
hablar dú la legitimidad de nuestros medios de.co­
nocer, 110 crccrtíus necesario detenernos mas en asig­
nar las principales causas de nne sItos errores, y los
medios de remediarlos.
*
C A P IT U L O o*

MBe i n e e r i i t i t e n g e n e r a i y
s n s d i f e r e n t e s e s p e c i e s * — MMe i a s
t i i r e r s a s f n e n i e s r fe i n c e r t M n * * * -
' bre*

Qué&c entiende por CERTIDUMBRE!


E l asentimiento firme que damos a las re­
laciones que percibimos éntrelas ideas, cuan­
do juzgamos segúrete de no equivocarnos.
Sobre qué estriba la certidumbre?
Sób rela ¿uufcncirf: es d ecirT sobro la per­
cepción clara y distinta de las relaciones en··
tre las ideas, biért sea que adquiramos osla
evidcitoiii íVi/wiiíUd e inmediatamente* Va sea V

deductiva ó mediatamente con ta ayuda del-ra­


ciocinio,
La certidumbre admite grados?
No; pues cualquiera que sea su origen, íes
simple é indivisible, y no admite poi* lo tanto
grados como la probabilidad, porque ó téñe^
n>os motivos para estar ciertos, y entonces
diremos simplemente que hay certidumbre;
— 121 —
ó no los tenemos, en cuyo easo no puede de­
cirse otra cosa sino que no la hay. Así, pues;
lo contrario de un hecho cierto es imposible,
mientras que lo contrario de un hecho mas
ó menos probable será mas 6 menos inve­
rosímil, pero nunca imposible*
Cuántas clases hay de certidumbre?
Los escolásticos distinguían tres clases de
certidumbre: metafísica, física y m oral
Qué entienden por cotidumbre metafísica?
Aquella que se funda en tas relaciones que
nacen de la esencia misma de las c o sa s, de
tal modo que su contrario es absolutamente
imposible. Por ejemplo: «el todo es mayor
que cada una de sus p artes.»
Cuál es ta certidumbre física?
La que estriba en las leyes constantes que
rigen al mundo físico: tal es la certidumbre
que tenemos de que todos los dias ha de sa^
lir el sol. Por manera que semejantejuicio so­
lo podría ser falso, en el caso d eq u e el autor
de la naturaleza quisiese derogar las leyes del
mundo físico*
Etiqué se apoya la certidumbre moral?
En la prudencia y en las leyes del entendí-
miento humano. Asi, yo tengo una certidum­
bre movat de que un hombre en su sano jui­
cio no hará cosa alguna que conozca ser per­
judicial á sus verdaderos intereses.
Qué debe pensarse de esta división que los es­
colásticos establecían de la certidumbre?
Que prescindiendo de su poca utilidad 6
importancia, carece de exactitud, porque en
rigor no puede admitirse la certidumbre físi­
ca, en atención á que toda certidumbre afecta
al alma, y es por lo tanto metafísica. Seria,
p b e s , nías análoga la división de la certi­
dumbre en absoluta é hipotética.
La C O N C IE N C IA a la que hemos llamado
S E N T I D O INTIMO, es para nosotros una
fuente de certidumbrel
E s claro que ía conciencia no puede enga­
ñarnos, porque ella no hace mas que revelar­
nos las modificaciones actuales del alma tales
como en realidad pasan; de modo que la con­
ciencia es ese sentimiento percibido, ó el al­
ma misma que se siente modificada de tal o
cual manera. Preguntar, pues, si la concien­
cia puede engañarnos, equivale á decir, si til
alma 110 siente, cuando siente; y desechar su
— 125 —
autoridad, seria encerrar al hombre en Uí du­
da universal, sin darle medios para salir de
cita.
Pues qué, tío hay muchas casos, como sttee*
(h en el sueño> en d ddirio y oíros en que la
conciencia nos engaña?
La conciencia ^ segmi acabamos de decir*
nunca nos engaña, porque lo único que hace
es nKmifes tamos el estado actual de nuestra
alma, en lo cual no cabe error. Esto se halla
en tos juicios que nosotros, no queriendo, ó
no pudiendo usar de los medios de instruc­
ción con que la naturaleza nos ha provisto,
formamos suponiendo la existencia de co­
sas es tenores correspondientes al estado de
de nuestra alma, las cuales no existen en rea­
lidad.
Así, cuando en el sueño creemos oir una
música, el alma es afectada agradable 6 des-*
agradablemente, como si en realidad la oye­
se, y Ya conciencia, al revelarnos ese estado
de placer ó de dolor, no rios engaña, pues
que el alma está asi efectivamente modifica­
da, El error proviene de que juzgamos oiría
realmente, porque entonces 110 nos hallamos
— 424 —
en disposicion.de hacer uso de nuestros me­
dios de conocer*
E l testimonio de ¡os sentidos es también fuen­
te de certidumbre?
Las relaciones que nos dan los sentidos
acerca de la e\istencia de los cuerpos y de
sus cualidades sensibles,' spn un moiivo cier­
to de nuestros conocimientos, porque estas
relaciones no son otra cosa que las impresio­
nes producidas sobre nuestros órganos y
trasmitidas al alma, la cual en su consecuen­
cia es afectada, y en esto no puede haber e r ­
ror, siempre que concurran ciertas condi­
ciones.
Cuates son fas condiciones que deben con-
currir para que podamos estar ciertos de que
tos sentidos no nos engañan!
Para adquirir esta certidumbre,es preciso
que los sentidos se hallen en un estado de
completa salud: que en muchas ocasiones los
unos vengan á comprobar el testimonio de
los otros, porque no siempre basta uno solo
para dar la relación exacta: es indispensable
ademas que sujetemos siempre el testimonio
de los sentidos á la autoridad de la razón, pa-
га correjir las inexactitudes que pudiera b a ­
bor cu las relaciones, consiguientes á su natu­
raleza física y á las leves, según las cuales so
producen sos diversos fenómenos, Y por úl­
timo, debemos cuidar de que los seutidos no
se extralimiten de su propia esfera, aplicán­
dolos á objetos que no les sean análogos, 6
pretendiendo alcanzar lo que las sensaciones
no nos pueden dar :\ conocer; como si qui­
siésemos descubrir la naturaleza intima de los
*

cuerpos.
Usando de eslas precauciones, el testimo­
nio de los sentidos es uii fundamento seguro
de nuestros juicios.
La autoridad humana, ó sea el testimonio
de tos hombres, es partí nosotros un medio segu­
ro, por dotulif adquirir conocimientos?
№ testimonio de los hombres, cuando va
acompañado de las condiciones que ahora cs-
pondremos , es un medio infalible de cono­
cer. Y si careciésemos de el, seria muy redu­
cido el circulo de nuestros conocimientos,
porque entonces estaríamos limitados á nues­
tra esperiencia personal.
Pero si el hombre está sujeto a! error, cómo
puede sentarse que su testimonio es un medio
infalible de conocer?
Nosotros no afirmamos por esto que los
hombres sean infalibles: lo que establecemos
es que hay ciertas circunstancias en que el
testimonio (le los hombres merece un enteró
crédito, y es por lo tanto un medio seguro de
conocerj porque estamos ciertos de que en
aquel caso no se engañaron & sí mismos, ni
a nosotros.
Cómo podremos llegar á adquirir esta cer­
tidumbre!
Si el hecho que refieren, ya sea natural o
milagroso, antiguo 6 contemporáneof es de tal
importancia que no ha podido pasar desa­
percibido; si las personas que lo refieren p u ­
dieron notarlo y observarlo con detenimien­
to y exactitud, ya por su proximidad al he­
cho, ya también por gozar de su ríizon espe­
dí ta é ilustrada: entonces debemos estar se­
guros de que aquellos hombres no se enga­
ñaron á si mismos.
Cómo podremos estar ciertos de que los tes*
ligas no pudieron, ni quisieron engañarnos!
Para oso atendamos á los caracteres del
— 127 —
h e c h o ,y ¿i las circunstancias tic los testigos
que lo refieren.
Porque si ademas de las condiciones es-
presadas, el hecho ha sido posible, notorio y
público, y no se ha levantado reclamación
alguna cu contrario; si se ve que en haberlo
inventado no tuvieron interés los testigos, si­
no que mas bien se comprometían sus ver­
daderos intereses: si atendido su número, su
probidad, su ilustración, la unanimidad en
sus testimonios, la diversidad de pasiones, de
inclinaciones, de carácter y de intereses, es
imposible admitir que se hubiesen confabula­
do para inventar y suponer el hecho: en este
caso el testimonio de los hombres es un me­
dio seguro de conocer.
Pero si el testimonio de un soto hombre no
es mas que un motivo de probabilidad, la m i­
nian de muchos no pasará de ser un conjunio
de probabilidades; óhabm que fijar un núme­
ro determinado, el cual ¡ja produzca la certi­
dumbre?
Es verdad que el testimonio de uno solo no
puede en rigor producir certidumbre, por­
que no hay medio de asegurarse de que aquel
— 128 —
no se ha engañado á sí mismo, ni á los demás,
poro esto no se opone á que el testimonió de
muchos en un caso dado sea un motivo segu­
ro de nuestros juicios, .y no porque el con­
junto de probabilidades pueda jamas consti­
tuir certeza, pues esta como dijimos toas ar­
riba, es simple, y no es susceptible de au­
mento ni disminución; sino porque concur­
riendo las condiciones que liemos exijido, sü
forma en nuestro entendimiento una convic­
ción irresistible de que el hecho referido es
enteramente cierto.
Por lo demas, 110 puede fijarse el número
de testigos necesario para producir la certi­
dumbre, pues esto depende du la naturaleza
del hecho, y de las circunstancias que con­
curran en los que lo refieren, cuyo testimo­
nio deberá apreciarse mas bien por la pro­
bidad, ilustración y otras cualidades, que por
el número material de los testigos,
A pesar de lo qut* hemos dicho, puede negar­
se que los hechos se desfiguran y atieran con la
distancia de los tiempos y de los lugares has—
ta el punto de no ser ya conocidos?
Es indudable que a medida que nos aleja-
— t a ­
inos de los tiempos y lugares cu que aconte­
cieron los hechos, las relaciones que se dan
de ellos suelen ser mas confusas é inexactas;
pero es necesario también tener presente que
un hecho puede ser verdadero en el fondo,
aunque en los pormenores y en las cosas que
le son accesorias haya confusion ó inexacti­
tud. Asi la historia es verdadera y cierta en
su generalidad, por mas que en las fechas y
otros detalles pueda haber oscuridad ¿ tncer-
tidumbre*
En cuanto á la alteración esencia! que pue­
da haber sufrido el hecho, á la critica ilustra­
da toca averiguarlo aplicando las reglas que
dejamos establecidas. E s verdad que de este
examen podrá suceder, y sucede muchas ve­
ces que no llegamos mas que á una probabi­
lidad mayor ó menorjy otras, quedesconfiamos
de la existeucia de tal hecho; pero esto mismo
prueba que, supuesto iws es posible discer­
nir lo verdadero de lo que no lo es, hay me­
dios de adquirir en ciertos casos la c e n í*
dumb re.

COROLARIO. De lo dicho se infiere que de*


beiuos evitar dos entremos igualmente reproba­
— 130 —
dos por la razón: admitir sin examen y sobre la
fé de otro todos los hechos, y negar ridicula­
mente nuestro asentimiento á aquellos que vie­
nen acompañados de ciertas condiciones. Y su­
puesto que en los hechos que nos refiere la his^
loria, considerada en general, se encuentran Jo?
requisitos que hemos exigido para producir la
certidumbre , seria un absurdo establecer un
escepticismo universal sobre la historia.
Dedúcese ademas que el testimonio de un
solo hombre no es en rigor un fundamento se­
guro de nuestros juicios, porque no tenemos
medios por donde estar ciertos de que no se ha
engañado, ni engaña. Sin embargo, cnando'es-
tamos íntimamente convencidos de su prudencia,
ilustración y probidad, el testimonio de una
solo persona nos basto, y debe bastarnos en las
relat ’ <nes ordinarias de la vida.
APÉNDICE
L a. suma importancia dada por to­
dos los filósofos á la teoría de las facul­
tades del alma humana, teoría que es
por decirlo asi la piedra angular en que
estriba toda la filosofía racional y moral
iios obliga á reproducir el siguiente tra­
bajo publicado hace algunos años por
uno de nosotros, y que es el resumen
del ingenioso sistema de uno de los mas
sagaces adversarios del ilustre Laromi-
guiére.
En todo el testo del preseute Ma­
nual, destinado á jóvenes de corta
edad, como son generalmente los que
concurren á las clases de filosofía, lie­
mos procurado evitar toda dísgresion
y disputa de escuela, y tanto mas cuan­
— 134 —
to qiie era nuestro propósito hacer o s -
lc ligero trabajo todo lo mas reducido
posib le, aun en perjuicio de nuestro
amor propio. En efecto hemos procu­
rado ser breves , demasiado breves tal
vez; pero téngase entendido que nos
hubiera sido mas fácil decir mas de lo
necesario que demasiado poco.
Pero despues de adquiridas las pri­
meras nociones, despues de estableci­
dos los principios fundamentales de la
ciencia, nos ha parecido que seria de
al"un provecho pava los jóvenes es­
timantes (aun cuando no fuese mas
que como un medio eficaz de egerei-
tar sus facultades intelectuales va al-
gun tanto amaestradas) el siguiente r o
siímen debido al distinguido profesor
üfruyer. Si alguno creyese este apén­
dice inoportuno, fácil le será suprimir­
lo puesto que es. un U’abajo indepen­
diente del cuerpo de la obra.
RESÚHIEN
DE L'tt

M U E V O S 3 S 1T 1E 3I A
DE*LAS

FACULTADES DEL ALUA.

$· I-

Y a volvamos ú entrar en nosotros mismos»


para examinar lo que allí pasa; ó ya dirija­
mos nuestra vista aun mas allá (le los limitas
del mundo, y procuremos penetrar hasta en
la naturaleza de las cosas, no vemos, no en ­
contramos nunca mas que sus/andas, propie-
4 . — 136 —
dudes y y efwlas. Torio lo que no sea alguna
de estas tres cosas, ni os m al, ni efectivo, al
menos respecto do nosotros.
Las substancias son espirituales ó activas,
ó materiales ó pasivas. El espíritu y la mate­
ria, mi iigcnie ó agentes siempre en ejerci­
cio, y materiales incapaces de modificarse á
si mismos, fíe obrar por si, pero susceptibles
de recibir todas las formas imaginables, e s ­
te es el U N IVERSO, y todo lo que existe.
Podemos añadir á esto el vacio absoluto,
que es lanada en realidad; pero cuyas pro­
piedades negativas son sin embargo la c o n ­
dición esencial del movimiento* Entonces po­
drá decirse con verdad que el universo (y en
él lo comprendemos lodo) abraza al espíritu
y a la cstension impenetrable.
El espíritu modificando mas y mas la ma­
teria que en el fondo es siempre la misma,
le da diferentes maneras de ser, qne consti-
itiyen sus diversas propiedades: y a cada
una de estas corresponde un efecto, (ó va­
rios efectos de un mismo orden) cuya cama
condicional es esta propiedad, ó la condi­
ción sin la cnal no podrían manifestarse, C;i­
— 137 —
da uno de estos tiene también su causa pí o*
ductiva; pero esta causa no es en sí mas que
un efecto anterior que se refiere á otra pro­
piedad. La causa primaria de todos estos efec­
tos es la acción misma del espíritu: y esta ac­
ción es también la única causa modificante
que hace sufrir y la materia sus metamorfo­
sis, que varía hasta lo infinito sus propie­
dades.
Estas substancias, estas p ro p ied a d es, y
estos efectos estrechamente unidos unos con
otros, y dispuestos en un órden necesario,
forman un solo todo, un sistema único que
es el de la uaturaleza, y el entendimiento hu­
mano hoce parte integrante de este siste­
ma como lo veremos muy luego.

$· n .

Hablemos primero del espíritu, Bajo esta


denominación comprendemos á Dios, y todas
las substancias inmateriales y espirituales en
el caso de que existan otras ademas de Dios*
Cualquiera que áea la naturaleza de estas
substancias, y las diferencias que las distin-
— .■138 —
¡jan, podemos aquí confundirlas todas: por­
que en ellas solo tendremos qtic considerar
una facultad que les es común: cual es su tfc-
lividad ó el poder que tienen de obrar por sí
mismas, sin que á ello las obiiguc ningún po­
der estertor
Ni la Lógica y la Ideología exijen que dis­
tingamos al espíritu del esp íritu : y mucho
menos que examinemos si es una emanación
«te Dios, ó si Dios la crió ú su semejanza: lo
que por otra parte vendría ¡i ser casi lo mis­
mo , sino por las consecuencias, al menos en
cuanto al resultado: su pues Lo que en uno y
otro caso sería e! alma una substancia sim­
ple, inmaterial, espiritual, inteligente, in­
mortal, parecida á Dios ron la diferencia de
lo finito á lo infinito.
La Lójica y la ldeolojíü, el arte de racio­
cinar y el de pensar tampoco exijen que se-
paramos como los moralistas al espíritu de la
materia para considerarlo en sí mismo, esto
est bajo la relación de su espiritualidad y de
su inmortalidad. Como por otra parte sabe­
mos positivamente que el espíritu obra en
la materia,- y la materia en el espíritu, pero
— 139 —
sin saber de qué modo; sin concebir siquiera
cómo esta acción recíproca entre dos subs­
tancias que se diferencian tan esencialmente»
pueda realmente tener lugar; consideramos
íil alma humana, ya como una substancia mis
tn resultado de la unión del espíritu y de la
materia organizada; ya como una substancia
sim ple, que ni es puramente material ni pu­
ramente espiritual; y para nosotros bajo e s ­
te concepto el alma y el cerebro 110 serán sino
una sola cosa idénticamente.
*

Mas, porque esta alma, independiente de


las otras propiedades suyas, tiene la facultad
de obrar por si misma, la colocaremos por
ahora enLre las substancias espirituales.
Todo movimiento del cuerpo va acompa­
ñado ó precedido de una acción del alma; pe­
ro á toda acción del alma 110 sigue un movi­
miento del c u e rp o ; porque el alma puede
obrar sobre otros órganos que los del movi­
miento y la voz: puede obrar sobre el cere­
bro solamente ó sobre si misma, sin que es­
ta acción se comunique á las estrenndadesque
sienten.
La atención, la comparación, el raciocinio
— uo —
(y si se quiere, el deseo, la preferencia y de
la deliberación) son otras tantas operaciones
otras tantas maneras de obrar que tiene el al­
ma; y las comprendemos todas bajo el nom­
bre común de voluntad, que aplicamos igual·
meute á la acción de Dios ó del espíritu pu­
ro* Así toda vez que se trate de substancias
espirituales* obrar y querer serán lo mismo
idénticamente.
A la voluntad que tiene su causa condicio­
nal en la actividad del espíritu, no podemos
mirarla como un efecto, porque no depende
d e ninguna causa productiva anterior. L l vo­
luntad lleva en si misma su causa: ella es la
la causa primaria de todos los fenómenos, y
la sola causa modificante de todos las pro­
piedades*
De aquí no habremos de inferir que estas
propiedades derivan de la actividad del espí­
ritu; para esto seria preciso que el espíritu
fuese el principio ó el ortifen.de la materia,
lo que no es así. El espíritu ha creado la ma­
teria, 6 la voluntad lia modificado la osten­
sión; ptero esta no es una modificaciou del es­
píritu»
— 141 —
Hay motivo partí creer que el espíritu no
obra sobre la materia ponderable sino por
medio de un fluido sutilísimo. Este fluido
puesto en movimiento se convierte desde c u -
tortees en signo representativo y sensible de
la voluntad, y llega á ser la primera causa me­
cánica de todos los fenómenos. Dios al darle
esta manera de s e r , lia [»revisto todas sus
consecuencias.

§ III,

El espacio ó el vacio absoluto separa eu


cierto modo i\ la materia d elesp iriiu . El es­
pacio no es cosa alguna real, ni tiene mas que
upa propiedad negativa, que en efecto solo es
la privación de la‘ única propiedad absoluta
que distingue á la materia del espacio. Pero
es la condic ión esencial sin la cual no podría
verificarse.el movimientot es entina palabra su
causa condicional,
El movimiento es el paso ó tránsito de tm
lugar á otro ó la o cu pac io u sucesiva de dife­
rentes puntos del esp acio, y asi es como la
hemos considerado cuando buscamos en el

— 142 —
espacio su causa condiqjonaL Mas podemos
mirarla bajo otro punió de Yista. Un cuerpo
material pasa del reposo Ó quietud al movi­
miento; y entonces á la condición de este efec­
to la consideramos como una propiedad que
pertenece & este cuerpo, y la llamamos moví- ■
Kdad. Pero esta propiedad, si asi puede lla­
marse, tiene ella misma por causa candícto-
nal á la penetrabilidad del espacio*
Apenas tendremos necesidad de decir, que
el movimiento primitivo ó el paso del repo­
so al primer movimiento, s i h a estado p ri­
mitivamente la materia en quietud, tiene su
causa productiva en la voluntad: en vano se-*
ria querer buscarla eu otra partp,

§ · IV ..

En el sentido propio y rigoroso de la pakv


bra á la creación, es muy difícil, por no decir
imposible, aplicarle una idea precisa, clara y
distinta. Sacar ta materia de la nada es una
espresion impropia y embarazosa. La mate^
ria 110 existía de modo alguno en la NADA
para que de ella Dios pudiera sacarla, D¡o$
— i 43 —
por su voluntad omnipotente lia dado sola­
mente á cada uno de los puntos de una por­
ción del espacio, esto es, de la es tensión que
nos estuviese todavía modificada, esa propie­
dad generalmente sentida y conocida con e*
nombre de impenetrabilidad, pero de la cual
podría suceder que nos formásemos una idea
falsa, ó al menos muy imperfecta.
Bien puede ser que esta propiedad solo sea
una pura fuerza, asi como la misma voluntad,
si sen os permite esta comparación, Entonces
si queremos considerar á la materia como una
cosa diferente de esta fuerza ó propiedad,
podemos decir con certeza que la materia no
e x i s t e , ni tampoco los cuerpos. S i por el
contrario, hacemos consistir la materia en
esta fuerza misma, suponiendo que se estien-
da indefinidamente al rededor de cada punto
que es su centro, y por degradación de inten­
sidad; entonces será cierto que todo feslu lio-
no, y que sin embargo el movimiento no es
imposible.
De todas m aneras, bien sea que Dios ha­
ya croado la materia, o que exista ella desde
la eternidad, no habiendo hecho mas que
darle sus formas, parece constante que la
constituye la impenetrabilidad sola, y que
ella es la única propiedad absolula que la dis­
tingue del espacio.
Poco importa que partamos del espacio
que tiene de real ó de materia, esto es de la
estension impenetrable, para recorrer la linea
ó si se quiere el círculo de los fenómenos fí­
sicos y psicológicos: supuesto cpic no sien­
do la estension nna modificación del espíritu
que se encuentra de esie modo fuera de su
circulo , no podemos en ningún caso remon­
tarnos mas arriba de la misma estension.
La propiedad de que aquí se traía, es de­
cir y la impenetrabilidad, es la causa condi­
cional de un efecto, cuya causa productiva
debe ser el movimiento; y este efecto es la
resistencia, ó el choque es el concurso y con­
tacto de los cuerpos ó de los puntos mate­
riales. ‘
S· v.
La materia solo tiene una propiedad ab­
soluta que la hace diferente del espacio; po­
ro también tiene uiras relativas que distin-
— 145 —
guen unas de otras las diversas partes mate­
riales. En efecto, sea que primeramente no
haya formado mas que una sola masa, que
en seguida ha sido dividida en moléculas di­
versamente configuradas , y de tamaño vario,
lo que no es verosím il, sea cpie las formas y
la independencia recíproca de estas molécu­
las principien en el orijen de la materia, ó
sea por último que siendo en el principio to­
das homogéneas y semejantes entre sí, se ha­
yan despues unido de dos en dos, de tres en
t r e s , e tc ,, para producir partículas de todas
las formas imaginables, parece cierto que en
el estado actual de las cosas estén los Cuer­
pos formados de puntos materiales que se
diferencien unos de oíros por el volumen y la
configuración unidas entre sí por una Ener/a
oculta, en tanto que otra, obrando en sentido
inverso, se opone á que estos puntos físicos
se encuentren hasta tocarse.
Cualquiera que sea la naturaleza de estas
fuerzas, que podrán ser únicamente choques,
acciones mecánicas, pero cuya causa prima­
ria está en la voluntad, y cualesquiera que
sean las transformaciones que cs!;i misma rau-
— U6 —
sa modificante haya producido en la materia^
de estas modificaciones y fuerzas resultan to-
das las propiedades de que están dotados los
cuerpos, como son: la porosidad, la densi­
dad, la dureza, la fragilidad, lü ductilidad, la»
flexibilidad y la elasticidad*
Estas propiedades diversas llegan á hacerse
en seguida las causas condicionales de las di­
ferentes maneras de obrar losobjctos estem os
sobre los-sentidos, y de unos sobre otros: y la
causa productiva de estas acciones diversas,
es el contacto, el choque, que como ya he­
mos dicho, es el efecto del .movimiento y de

la impenetrabilidad.

$. VL

Ks de observar que las propiedades <Ie los


cuerpos se diferencian absolutamente de mo­
léculas de que se componen, aunque deriven
de ellas directamente también del conjunto
de varias substancias de naturaleza diferente,
como por ejemplo, de dos metales d e ro g o -
neos resultan algunas propiedades como el
galvanism o, del cual no estaba dotado s e -
—U 7 —
p im ía m e n te ninguno de estos cuerpos. No
deberem os, pues, estrañnr que las propieda­
des de que gozan los sores organizados, que
no son mas que conjuntos do sustancias dife­
rentemente dispuestas en cierto ó r d tn ,s c a n
tan diversas de las de la materia inorgánica.
Por lo q ua hace a lo demás, hay en ia orga­
nización una infinidad de grados, y todos los
seres que tienen vida parecen no formar mas
que-una sola cadena, desde la planta, hasta el
hombre de talento mas sobresaliente y el
mas perfecto por sus cualidades morales ¿
intelectuales.
En los cuerpos orgánicos, principalmente
en los seres animados, cada parle difiere de
todas las demas por su organización particu­
la r , asi como por sus propiedades y funcio­
nes, aun cuando estén todas enlazadas á un
centro com ún, y mas ó menos dependientes
unas de otras. A estas partes las llamaremos
órganos. Sus diferentes maneras de ser son
las causas condicionales de las diversas im­
presiones que p r o d u c e en estos órganos los
objetos externos según ia manera de obrar.
Abrazaremos todas las propiedades orgáni­
— 148 —
cas bajo la denominación común do organi­
zación,
§. VII.

Llamamos movilidad nerviosa aquella p ro­


piedad en virtud de la cual se comunican al
cerebro las impresiones producidas en los ór­
ganos. Esta propiedad que indica ya la pre­
sencia del espíritu en la materia orgánica, es
una modificación que la voluntad, ó la acción
del espíritu unido á la materia, hace sufrir á
la misma organización,
No se sabe de qué manera obran los ner *
vios para transmitir al cerebro las impresio­
nes de los sentidos y de los órganos internos:
pero es evidente que la movilidad nerviosa
es la causa condicional, y las impresiones de
que se traía, las causasprodwcíívas del movi­
miento comunicado al cerebro. Daremos á este
efecto, á esta acción el nombre de movimiento
nervioso, para distinguirla de la que se le
opone, y que se verifica cuando son los ner­
vios y el cerebr o los que obran en los senti­
dos* La propiedad en virtud de la cual se ve­
rifica esta última acción, pudiéramos desig-
— U9 —
mirla con el nombro ile actividad nerviosa;
porque se opone á la movilidad nerviosa del
misino modo que la adicidad propiamente
tliclia se opone á la movilidad del alma.
»

§ . VIII.
ff

El alma obrando sobre los nervios los ha­


ce capaces de transmitir las impresiones de
los sentidos: y !a substancia cereb ral, ó sea
la parte material del alma, puesta en acción
por su actividad, la hace capaz á su vez de re­
cibir estas impresiones. Esta última capaci­
dad es la misma sensibilidad propiamente di­
cha; y estas sensaciones son lo que llamare­
mos sentimientos.
La sensibilidad es una propiedad que al
parecer di alma tiene de la materia, asi como
tiene evidentemente su actividad del espíritu.
Pero sí esta actividad no estuviese continua­
mente en ejercicio, el alma no sentiría j ella
siente porque quiere, porque obra y quiere;
ú obra ya libre ya necesariamente, ya á sa­
biendas ó sin saberlo, mientras vive el cuer­
p o , ó no está sumerjido en el sueño* Y aun
— 150 —
en este caso la actividad del alma no está en­
teramente suspendida, ni con mucho; pero
no se reconcentra sobre los órganos de los
sentidos*
¿iScees itaremos añadir que el sentimiento
tiene una causa productiva en el movimiento
nervioso, y que la sensibilidad es su condi­
ción esencial?

S- IX

Cuando nos ponemos á mirar un objeto


cualquiera, viene su imagen á pintarse en la
retina, produciendo en el órgano una impre­
sión mas órnenos fuerte, y por poco que diri­
jamos la vista con alguna atención, produce á
su vefc esta impresión un movimiento nervio­
so, y este un sentimiento en el alma ó en el
cerebro. Si en seguida concentramos nuestra
actividad en el órgano que recibe este senti­
miento, 6 si se quiere, sobre el mismo sen­
timiento, este producirá una idea. En fm si el·
alma concentra su actividad en esta idea, y
la mira en cierto modo, esta se irá reprodu­
ciendo por sí misma sin interrupción, y su
— 151 —
existencia se hará comopermanente. Le suce­
derá á esta idea lo que á un sonido prolonga­
do que efectivamente no es mas que una se­
rie de sonidos sucesivos sin intervalo, y que
aun dominan los unos á los o tro s; porque las
sensaciones (y lo mismo sucede á las ideas)
nunca son instantáneas, y siempre duran al­
go mas que la causa que las ha producido.
En esto consiste que semejante serie de so­
nidos no es realmente para nosotros sino un
sonido continuo.
Si después de haber perdido enteramente
de vista el objeto en cuestión, y también la
idea que indirectamente ha producido , vo l­
vemos á ver tal d cual parle solamente de
este mismo objeto, lo que veamos actual­
mente recordará la idea del objeto entero: y
esta idea podrá recordar a su vez la de o Iro
objeto que coexistía con el primero ó que le
haya seguido inmediatamente, y que se ha­
llara junio áét j bien fuese en el espacio o en
r¡ tiempo. Pero todo lo que hemos visto mien­
t r a s lia durado nuestra pasada existencia:
todo lo que liemos oido: todas las impresio­
nes que hemos recibido, no forman en cierto
— 152 —
modo nías que un solo todo, una sola cade-
na; y esto seria rigurosamente cierto si tuvié­
semos una idea igualmente exacta, igualmen­
te distinta é igualmente fuerte de cada una
de las cosas que han existido, ó que lian pa­
sado en nosotros ó al rededor de nosotros.
Entonces ya nos seria casi imposible estar
actualmente afectados por uña de estas co­
sas sin recordársenos todo lo pasado, sin
verlo con los ojos del alma en el mismo or­
den, eu la misma relación de sucesión y colo-
cacion, que se nos había presentado antes.
Pero no es así: la mayor parte de los eslabo­
nes de esta cadena están quebrados, desuni­
dos ó enteramente desgastados; ya no nos
quedan sino algunos de ellos esparcidos y de
fuerza desigual, lo que quizá es una felicidad*
Sea lo que fuere, cuando la presencia de
una cosa ó de la idea de esta cosa, nos re ­
cuerda una ú otras varias, y cuando el alma
lijando en ellas su atención y concentrando en
las mismas su actividad, retiene en cieno mo­
do estas ideas, ellas pueden producir otras
que 110 ha podido tener todavia. Estas son
las ¡deas de relación, ideas puramente inte-
. — ÍM —
tactuales qüe se diferencian qnitfá tanto de
las ¡deas sensibles como difieren estas de las
sensaciones* y tanto cuattto difieren las sen­
saciones do las impresiones producidas en los
sentidos por los objetos externos.
Cualesquiera que puedan ser nuestras d is­
posiciones naturales, cualquiera que sea el
grado de sensibilidad, ó mas generalmente,
de movilidad de qne esté dotada nuestra al­
ma, tenemos frecuentemente necesidad, aun
en la edad madura* de emplear grandes es­
fuerzos de espíritu, dé concentrar con fuerza
y largotiempo nuestra actividad en un mismo
ponto* dé dar A la misma alma, si puede de­
cirse así> el mas alto grado de tensión po­
sible para hacerla capaz de producir ideas
nuevas, ó al menos para recordarnos siquie­
ra ideas ya adquiridas: y aun nos daríamos
por satisfechos', sino llegasen a ser infructuo­
sos del todo y absolutamente impotentes
nuestros esfuerzos. Pero por otra parte todas
las cosas iguales , y en general las ideas, se
forman y reproducen con tanta mas facilidad,
cuanto más acostumbrado está el espíritu á se
mejanle ejercicio, y por esto mismo sé hace el
— 154 —
alma mas capaz de sentir» de ser, y conocer.
La sensibilidad propiamente dicha, mudando
así de carácter* se convierte con el transcurso
del tiempo en una nueva propiedad que pue­
de ser considerada bajo muchos puntos de
vista. Bajo la común denominación de ím<¡»-
jinacionse comprenden las diversas modifi­
caciones de la sensibilidad <5 propiedades en
virtud de las que se forman y reproducen las
ideas, cualquiera que sea su naturaleza. Por
la imajmacion propiamente dicha se forman
las ideas de toda especie; por la memoria se
reproducen; y si se confunden aquí estas pro­
piedades* es poique el recuerdo que es la
idea reproducida, no difiere de la ¡dea pri­
mitivamente adquirida; y por otra parte por­
que se suele dar muy comunmente á la voz
recuerdo un sentido mas estenso ó mas com­
puesto» y se le hace significar una idea re­
producida acompañada de reminiscencia.
Las ideas se reproducen las mas veces por
la existencia actual dé otras ideas, coir las
cuales tienen alguna relación de enlace natu­
ral, artificial, de convenio ó de circunstancia.
Ellas á veces por relaciones mas ó menos
—'155 —
remotas, y las mas veces sin percibirlas, se
enlazan á otras infinitas que todas pueden re­
producirlas* De aquí viene sin duda que, 110
viendo como renacen, nos figuramos que se
conservan en el alma como objetos reales en
un depósito, y que se representan por sí mis­
mas , ó que podemos recordarlas según y
cuando queremos. Lo cierto es que una idea
actualmente presente en nuestro espíritu,
puede reproducir una idea adquirida ya, con
la que no tiene sin embargo enlace natural
ni analogía alguna, al paso que no podría es­
ta por la vez primera nacer de este modo, es­
to es, por la sola existencia de una idea que
no tuviese con ella relación alguna.
Los sentimientos producen Jas ¡deas y es­
tas pueden á su vez dar origen á otras, ó pro­
ducirlas, primero confusas y después distin­
tas: asi como pueden también producir otros
sentimientos.
El sentimiento-sensacion es la causa pro­
ductiva de la idea sensible, La imaginación
es la causa condicional de todas las ideas.
De la memoria o mas generalmente do la
imaginación modificada por la acción del al­
ma, por la voluntad, nace la conciencia; pro^
piedad por la cual reconocemos la identidad
de la idea con su recuerdo, esto es, de la idea
primitiva con la idea reproducida, sin que
por eso se confunda una con otra. Este reco­
nocimiento , que difiere de la misma idea
tanto cuanto esta difiere de la sensación, es lo
que llamamos
En vano mil y mil yeces se reproducirían
nuestras ideas; pues sin la reminiscencia to­
do se reduciría para nosotros al momento
presente: volveríamos á empezar á cada ins­
tante una nueva vida, 110 tendriamos idea al­
guna de lo pasado, ni de lo futuro, ni de
nuestra misma existencia. ¿Pero , cómo po­
demos distinguir dos ideas perfectamente
idénticas? Por la diferencia de las ideas acce­
sorias que las rodean, por las circunstancias
en que nos encontramos.
Todo muda en derredor nuestro; y hasta
— 157 —
nosotros mismos mudamos á cada momento
ya física ya moralmente. Es, pues, casi impo­
sible que una idea se nos presente varias ve­
ces en circunstancias absolutamente seme­
jantes, ó acompañadas de las mismas ideas
accesorias. Pero una diferencia mas ó menos
sensible entre las circunstancias ó entre Jas
ideas accesorias que rodean la idea princi­
pal cuando se está form ando, y las que la
acompañan cuando se reproduce , haciendo
resaltar mejor la identidad de la ¡dea primi­
tiva coa la reproducida, también impide que
las confundamos una con otra.
Y a hemos llegado al último producto de la
voluntad, y á la última modificación de la sen­
sibilidad, á aquella que se acerca mas á !a
misma actividad. Veamos ahora en que con­
siste la facultad de pensar.

§ . XI.

Pensares obrar, querer, estar atento, com­


parar y raciocinar: es conocer, juzgar, adqui­
rir ideas, acordarse: es poner en juego la
sensibilidad ó mas generalmente la movili­
— 158
dad para producir ideas; y bajo este nombre
de movilidad* comprendemos la mjwiMwiad
propiamente dicha, la inííymacícm, la memo­
r ia , y ta conciencia.
La facultad de pemar supone, pues, pQr
una parte, la actividad, ó la facultad de obrar;
y por otra la movilidad ó la sensibilidad en
general.
El entendimiento es la facultad de pensar
puesta en ejercicio, y comprende la a m o » y
el movimiento.
La acción del alma es la voluntad. El mo­
vimiento del alma es el sentimiento en gene­
ral quecomprende el sentimiento propiamen­
te dicho, la id ea , el recuerdo y la reminis­
cencia.
La voluntad comprende la afencíon, la coril-
paracion y el raciocinio.
Por ultimo, la inteligencia es la capacidad
mas ó menos grande de reflexionar, compa­
r a r , raciocinar, juzgar, concebir, discernir,
acordarse y preveer; en una palabra, la ca­
pacidad de ver de una vez bien y mucho en
lo presente, en lo pasado y en lo futuro.
— 4S9 —

§. X II.

Tal es el nuevo sistema de las facultades


del alma, y de los fenómenos que dependen
de ellas. Hemos dado á conocer cuáles sean
las causas productivas de las ideas, y los ele­
mentos deque se compone el pensamiento; al
menos éste es el objeto que nos habíamos
propuesto indirectamente en este diseño. No
nos lisongeamos de haberle llenado cumpli­
damente; pero al presentar una nueva mane­
ra de considerar las cosas, tal ve/, hayamos
indicado un camino mas fácil y mas seguro
para llegar al fin propuesto, y salir de un in­
trincado laberinto por donde es casi imposi­
ble caminar sin cstraviarsey perderse las mas
veces*
TTAS51LA, AWA1STICA «

DK LAS

MATERIAS.

Pag.

PR O LO G O .................................................. V
INTRODUCCION. . . . . , · ............... i

CAPITU LO PRIMERO.

0)>jclo y división (le la filosofía. — O r­


den en que deben ser estudiadas sus
diferentes parles, — Utilidad t! im­
portancia de la filosofía. ^-Q ué reía-
— 462 —
ciones tiene con las demas ciencias. . i7

CAPITULO 2 »

De los diferentes métodos seguidos has­


ta ahora en las investigaciones filosó­
ficas. — Del verdadero método filosó­
fico...................................... 25

CAPITULO 5 *

Psicología. — Objeto de la Psicología.


•— Necesidad de principiar el estudio
de la filosofía porla Psicología. . . * 27

CAPITULO -i.·

Teoría de las facultades dclalma* — Que


se entiende por determinar una facul­
tad. — De la sensibilidad y de.su ca­
rácter. * ............................................... 29

CAPITULO 5 .*

De la actividad y su carácter. — Demos­


tración do la libertad humana. . . . ¿3
— Í63

De la inteligencia y su carácter»— Del


origen y división de las ideas*, * , . 38

CAPITULO 7 ."

De las facultades y operaciones que se.


refieren á la facultad general de co ­
nocer................ * ... ................................ 47

CAPITULO 8.·

De la naturaleza del YO. — De la dife­


rencia entre el alma y el cuerpo, . *
Í jO C tS Í j A a

CAPITULO 1.*

Objeto y utilidad de la Lógica. — Del mé­


todo y sus diferentes especies . . , . 71

CAPITU LO a.·

De los signos de nuestras ideas,— De la


proposicion y sus diferentes especies. 79

CAPITULO 3 ,°

Do la naturaleza de cada una de las di-


j- -

fe rentes, especies de lenguaje* — ‘Ven­


tajas y caracteres de una lengua bien
formada. ........................................

CAPITULO 4 ,°

De las diversas formas da raciocinio. * 100


CAPITULO 5 *

De las principales fueules de nuestros


errores....................... . . . . . . . . . ÍIS

CAPITULO

De la certidumbre en general, y sus di­


ferentes esp ecies.— De las diversas
fuentes de la certidumbre.................. 120
-w

Resumen de un nuevo sistema de las


facultades del alma........................... . 155

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