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Ética profesional

INTRODUCCIÓN

La corrupción es un complejo fenómeno social daña los valores de la honestidad,

respeto, trasparencia, autenticidad e integridad en diferentes contextos. Ésta afecta a

instituciones gubernamentales al romper sus bases democráticas, al mismo tiempo que

desacelera el desarrollo económico causando pérdidas de grandes dimensiones. Esto

contribuye a la inestabilidad económica y social ya sea por enriquecimiento ilegítimo,

fraude, desviación de recursos, extorsión, tráfico de influencias, uso indebido de

información privilegiada o bienes públicos, entre otras prácticas.

La corrupción es una problemática presente, en mayor o menor proporción, en todos los

países del mundo y afecta a todo aquel individuo que dependa de la marcha de los

negocios, la sana competencia y al desarrollo del bienestar social. Para contrarrestar los

orígenes de la corrupción, las universidades juegan un papel fundamental en la formación

de profesionistas capaces de actuar con eficacia y trasparencia para así poder contribuir a

recobrar el sentido de la moral social. Es decir, que las universidades no solo deben

enfocarse en preparar a sus egresados de acuerdo con los perfiles requeridos por el mercado

laboral con formación humanística y con mayor conciencia de vocación social. La finalidad

de este ensayo es analizar el enfoque que adquiriere la educación desde distintos puntos de

vista filosóficos y de esta manera corroborar si el sentido que se le dé a ésta es o no un

factor para que un profesionista ejerza su labor de una manera ética.

DESARROLLO
Comprender el papel de la ética dentro del mundo profesionista requiere comprender la

naturaleza de las profesiones y su devenir. De ahí que se pueda comprender que al hablar

de ética profesional se involucran tanto la formación educativa como todo aquello que le da

sentido a la práctica profesional. Max Weber, en su obra La ética protestante y el futuro del

capitalismo, define profesión como:

“la actividad especialidad y permanente de un hombre que, normalmente, constituye para

él una fuente de ingresos y por lo tanto, un fundamento económico seguro de su

existencia.” (Weber, 1985, 82)

Esta definición abarca únicamente el carácter individual y económico de las profesiones. Es

verdad que las profesiones son un medio de subsistencia del individuo. Sin embargo este

enfoque resulta muy limitado porque se basa únicamente en fines utilitaristas dejando a un

lado la actividad social de las profesiones y el desarrollo personal. El utilitarismo se

conoce como una concepción de la moral según la cual lo bueno no es sino útil, es decir,

acciones son consideradas como buenas por la utilidad, por los resultados o consecuencias

producidos por las mismas. De esta manera el principio de utilidad se convierte el elemento

fundamental con el cual juzgar la moralidad de las acciones. [ CITATION web15 \l 2058 ].

Esta mentalidad utilitarista a la par de las diversas reformas y continuos recortes de fondos

financieros han transformado el enfoque y la calidad de las facultades y universidades

alrededor del mundo en los últimos años, llegando a considerar a los estudiantes a manera

de clientes. A raíz de una ardua investigación sobre el funcionamiento de una de las

universidades más importantes del mundo, de acuerdo a Nuccio Ordine las relaciones entre

profesores y estudiantes parecen fundamentarse en este principio de clientelismo: “Dado


que paga muy cara la matrícula en Harvard, el estudiante no sólo espera de su profesor

que sea docto, competente y eficaz: espera que sea sumiso, porque el cliente siempre tiene

razón”. En términos prácticos, las deudas adquiridas por los futuros profesionistas para

financiar sus estudios los hacen perder el sentido de su educación, haciéndoles priorizar

más la búsqueda de ingresos que de conocimientos, mientras que las universidades, por

desgracia, se enfocan más en ofrecer cursos especializados a los jóvenes estudiantes con la

promesa de obtener trabajos inmediatos y atractivos ingresos en lugar de educarlos y

formarlos íntegramente para la sociedad. Esta visión utilitarista insiste en que la educación

debería limitarse solamente a un fin en particular y concreto, y culminar en un resultado

que pueda traducirse en ingresos económicos. Clasificar al ser humano con su mera

profesión constituye un grave error, allí inicia es donde la vida se configura como una

perpetua lucha por la obtención de dinero y poder.

Por otro lado Friedrich Nietzsche critica de manera directa los conflictos generados por las

relaciones entre Estado, educación y cultura así como el enfoque que se le da a la educación

y capacitación profesional: “En el momento actual, nuestras escuelas están dominadas por

dos corrientes aparentemente contrarias, pero de acción igualmente destructiva, y cuyos

resultados confluyen, en definitiva: por un lado, la tendencia a ampliar y a difundir lo más

posible la cultura, y, por otro lado, la tendencia a restringir y a debilitar la misma cultura.

Por diversas razones, la cultura debe extenderse al círculo más amplio posible: eso es lo

que exige la primera tendencia. En cambio, la segunda exige a la propia cultura que

abandone sus pretensiones más altas, más nobles y más sublimes, y se ponga al servicio de

otra forma de vida cualquiera, por ejemplo, del Estado” [CITATION Nie51 \l 2058 ]. Para

Nietzsche el Estado moderno es la representación de la decadencia del sistema occidental.


En su obra Así habló Zaratustra, Nietzsche hace referencia al Estado como el “nuevo

ídolo” o “el monstruo frío”. De este modo surgen los conceptos de superhombre y de

voluntad de poder. Se conoce como voluntad de poder al impulso que le otorga al hombre

la capacidad conseguir sus ambiciones y deseos mientras que el superhombre es aquella

persona capaz de generar un sistema de valores autónomo libre de toda ideología política o

religiosa [ CITATION Ech10 \l 2058 ]. Desde el punto de vista de Nietzsche la temática de la

educación actual puede plantearse en términos de un problema de soberanía. En donde el

enfoque que se le da a la educación y la cultura tenga como único fin el de servir al Estado.

De esta manera los individuos, la cultura y la educación dejan de ser fines para

transformarse en medios. Esta trasformación definida por Nietzsche como “pseudocultura”

constituye uno de los principales elementos que le dan sentido a las profesiones de “ser

útil” o de “servir. El individuo será entonces el sumiso, el humilde incapaz de desobedecer

o de crear su propio sistema de valores (moral de esclavo) ante el llamado de una

exigencia externa de una voluntad jerárquica, poderosa e irrefutable (moral de señor) que

es la de servir a las necesidades del Estado. Es por esto que el superhombre se encuentra

lejos de la influencia del Estado moderno:

“Allí donde el Estado acaba comienza el hombre que no es superfluo: allí comienza la

canción del necesario, la melodía única e insustituible; y Allí donde el Estado acaba —

¡Mirad allí, hermanos míos! ¿No veis el arco iris y los puentes del

superhombre?”[ CITATION Nie03 \l 2058 ] . El individuo incapaz de generar su propio

sistemas de valores y de decidir de manera autónoma y consiente será susceptible a las

influencias de terceros, como bien podrían serlo el “Estado” o en un escenario más actual,

el gobierno. El gobierno tiene el poder de decidir la calidad y el sistema educativo que se


impartirá en la población. La educación de calidad debe de considerarse como una

inversión necesaria para otorgar las herramientas que estimulen el desarrollo profesional y

humanístico de la población y no como un medio para mantener controladas a las masas.

Podemos decir entonces que tanto el modelo utilitarista como la moral de esclavo de

Nietzsche no toman en consideración la dignidad del ser humano. La dignidad humana se

entiende como un fundamento de los derechos del hombre como ser individual y social. El

valor que corresponde al hombre como ser dotado de inteligencia y libertad. [ CITATION

Gar07 \l 2058 ]. Se toma como base la actitud del respeto y el rechazo a la manipulación. No

es posible hablar de dignidad humana si el individuo es tomado en consideración

como un medio para lograr otros fines. Escenario existente tanto en la manipulación

del estado como en la calidad de las universidades en la educación. Sin duda la vida del

cada ser humano se caracteriza por el ámbito social en donde se desenvuelve. Por eso es

necesario que cada persona actué con total libertad y conciencia; los hombres capaces de

reconocer su propia dignidad, podrán respetarse tanto a ellos como a los demás.

Mientras que en la ética Aristotélica la educación tiene como objetivo despertar el intelecto

de los jóvenes y prepararlos para que asumieran roles de liderazgo en la sociedad, es decir,

formar buenos ciudadanos. Para Aristóteles el concepto de educación podría definirse como

un proceso de socialización. Al educarnos somos capaces de asimilar y aprender

conocimientos. Se materializa en una serie de valores y habilidades que producen cambios

tanto intelectuales como emocionales o sociales. [ CITATION Gar13 \l 2058 ] . Para Aristóteles

el objetivo de todo ser humano es la felicidad y reconoce que sólo los hombres

verdaderamente libres y perfectos son capaces de alcanzar la felicidad. Pero como nadie

nace libre ni perfecto, el hombre tiene la tarea de suplir sus carencias con educación; ya que
con educación el hombre puede transformar a los demás en ciudadanos: “Se aprende a ser

bueno siéndolo, se aprende a ser virtuoso ejercitándose en estos hábitos, se aprende a ser

amigo teniendo amigos, se aprende a buscar el bien común practicando el operar por ese

bien”.[ CITATION Aba07 \l 2058 ].

CONCLUSIÓN

El enfoque que se le dé al modelo educativo a los futuros profesionistas va ser un factor

importante en su desarrollo como ser humano. La corrupción seguirá existiendo mientras

no se encuentre una forma de integrar una visión humanitaria dentro de plan educativo.

Hoy más que nunca las instituciones universitarias tienen ante sí el compromiso de formar

no solo “profesionistas como tal” sino también “buenos profesionistas”. Personas integras

capaces ejercer su trabajo de una manera ética y trasparente. Ambos propósitos se

complementan y resultan indispensables en el presente de la educación en el mundo. Para

hacer frente a estos desafíos es necesaria la incorporación de visiones integrales en los

futuros profesionistas, de esta manera se encontrarán en mejores posibilidades de hacer uso

de sus conocimientos y capacidades dentro de la sociedad que pueda quedar libre de

corrupción.

Bibliografía

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