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Abel Della Costa

30 Respuestas
acerca de la fe
Indice

Indice ............................................................................................................ 2
Prólogo .......................................................................................................... 4
Origen de este escrito ............................................................................................... 4
El diálogo.................................................................................................................. 4
El lenguaje ................................................................................................................ 5
La Preguntas ................................................................................................ 6
Dios ............................................................................................................... 7
1) ¿Existe Dios? ........................................................................................................ 7
2) Aceptando lo inadecuado de la palabra “existencia” para referirse a Dios,
¿Puede de todos modos probarse su realidad?...................................................... 7
3) Aceptado Dios en la propia existencia personal, ¿cómo se lo podría definir? ..... 8
4) Dios fue expulsado del ingenuo papel de hacedor del mundo por los avances
de la ciencia a partir del siglo XVII, ¿qué se pretende seguir diciendo al
hablar de «Dios creador»? .................................................................................... 9
5) ¿Por qué algo que es objeto de una percepción interior de los que se definen
como creyentes tiene que determinar la vida externa a ellos, y por tanto en
alguna medida también la vida de gente que no cree en ese dios, por ejemplo
a través de las leyes de una sociedad plural? ...................................................... 10
La razón...................................................................................................... 11
6) ¿Existe una manera mejor de obtener conocimiento y verdad que la razón? ..... 11
7) ¿Pero dónde entra la fe en ese panorama del conocimiento racional, sea
estrecho o ampliado? ¿por qué existen tantas fe contradictorias en el mundo? . 12
8) Quitada la fe del horizonte de la experiencia racional, ¿no se vuelve un
terreno apto para disparates sin límite? .............................................................. 12
Las religiones ............................................................................................. 14
9) Ya que hoy existen incontables religiones en el mundo afirmando ser la
única verdadera, ¿porqué piensa usted que la suya es más verdadera que la
de los otros? ........................................................................................................ 14
10) Entonces todas las religiones están en lo correcto? ............................................ 14
11) En la búsqueda de la «verdadera religión», ¿cómo se acaba con el debate y
se llega a la conclusión de cuál es la más correcta? ........................................... 15
Fe y convicción personal ........................................................................... 16
12) La fe cristiana se fue adaptando a muchos cambios que los nuevos modelos
de conocimiento y sociedad le fueron imponiendo en la historia, ¿qué podría
convencer a un creyente de que está equivocado de manera absoluta?.............. 16
13) Si no hay en realidad criterios de falsación, ¿por qué debería considerarse la
fe cristiana algo más que como una secta? ......................................................... 17
14) Si un no creyente vive una vida decente y moral, ¿porqué le preocuparía a
un Dios amoroso, compasivo y trascendente que esa persona crea o no en
él? ....................................................................................................................... 18
15) ¿Por qué el número de ateos y ateas en las prisiones es
desproporcionadamente menor que sus números en la población general? ....... 18
El mal .......................................................................................................... 20
16) Si todo, según los creyentes, es voluntad de Dios, ¿por qué la historia parece
un registro de horribles sufrimientos, desperdicios groseros, y fallas
miserables? ¿Por qué ese Dios pasa miles de millones de años sin haber
alcanzado todavía su objetivo? ........................................................................... 20
17) ¿Por qué Dios intervino tantas veces en los asuntos humanos durante la
antigüedad (de acuerdo con la Biblia) y, sin embargo, ninguna vez durante
el Holocausto en la Segunda Guerra mundial? ................................................... 21
18) «Dios mío, por qué me has abandonado...» ¿puede un Dios que abandona a
sus hijos cuando ellos más lo necesitan continuar siendo un Dios
bondadoso? ......................................................................................................... 22
19) Si el Dios de la Biblia es todo Benevolente, ¿por qué dice también que él
creó el mal? (Isaías 45:7) .................................................................................... 22
20) ¿Por qué tantas personas religiosas agradecen a Dios cuando sobreviven a
desastres, pero no sienten cólera contra Él por haber, en primer lugar,
causado el desastre? ............................................................................................ 23
La Biblia y la imagen bíblica de Dios ...................................................... 25
21) El Dios brutal, vengativo y sediento de sangre, tal como aparece en el
Antiguo Testamento, ¿es aún así un Dios que ama? .......................................... 25
22) Sin embargo se afirma, por ejemplo, que Dios mismo exterminó de la tierra
a todos, excepto a cuatro personas... .................................................................. 25
23) ¿Debemos nosotros odiar nuestras familias y a nosotros mismos para ser
buenos cristianos? (Lucas 14:26) ....................................................................... 26
24) Ya que el mundo antiguo era abundante en cuentos de Dioses-Salvadores
resucitados que supuestamente habían vuelto de la muerte para salvar la
humanidad, ¿por qué el mito de Jesús debería ser considerado más
verdadero que los otros? ..................................................................................... 26
25) Si la Biblia es modelo para la moralidad, ¿por qué no prohibió la esclavitud
y la guerra? ......................................................................................................... 28
26) Si la Biblia es la palabra de Dios libre de errores, ¿por qué de hecho
contiene tantos errores, como los dos relatos contradictorios de la Creación
en el Génesis? ..................................................................................................... 29
27) ¿Por qué la Biblia no fue escrita de una forma directa que no deje dudas
sobre su significado? .......................................................................................... 30
Religión y sociedad .................................................................................... 31
28) ¿La historia sangrienta del Cristianismo se corresponde con lo que se supone
ser la religión de amor? ...................................................................................... 31
29) La última vez que el Cristianismo alcanzó poder total, resultó una “época
oscura” como el Medioevo, ¿entonces por qué deberíamos esperar algo
diferente de los fundamentalistas cristianos de hoy?.......................................... 32
30) ¿Pero no deberían los cristianos rechazar cualquier relación con el poder,
teniendo a lo largo de la historia tan manchadas las manos? ............................. 33
Prólogo
Origen de este escrito
Navegando por internet, encontré en un foro un post en el que su autor
planteaba 36 preguntas a un creyente; debido a los insultos recíprocos entre ateos y creyentes en
los comentarios, el foro había cerrado la posibilidad de responder, y decidí retomar las
preguntas y responderlas una por una con la mayor honestidad posible.
No se trata de que estas preguntas estuvieran perfectamente redactadas, o
fueran especialmente “elevadas” respecto de otras, pero tenían la ventaja de que provenían
realmente de un no creyente, y partían, por lo tanto de su visión de la religión, no de la de un
creyente que se imagina ser ateo por un rato para preguntarse y responderse lo que cree que se
preguntaría...
El conjunto de respuestas resultó de una considerable extensión. Las
publiqué originalmente en el foro de El Testigo Fiel, donde aun continúan y pueden consultarse
en su distribución original, con la referencia al foro de origen. Más tarde me pareció que un
librito basado en ellas podía ser útil a creyentes honestos, interesados en el diálogo con el
mundo, como aporte de algunas claves útiles para elaborar en distintos lenguajes respuestas a
las cuestiones que el mundo nos plantea.
Atendiendo a la sugerencia de algunos amigos, redistribuí el material y
redacté de nuevo algunas preguntas, sin perder de vista el sentido original. Finalmente, las
agrupé en siete ejes temáticos, para mayor claridad.

El diálogo
Antes de comenzar con las preguntas, quisiera sentar algunos aspectos que
creo fundamentales acerca del diálogo, sin los cuales veo francamente difícil que se pueda
dialogar.
-Dialogar es confrontar lenguajes (dia-logoi), y ese diálogo, esa
confrontación es imposible si esos lenguajes no son admitidos de antemano en su verdad: si se
pone a dialogar a un chino y un español, pero el español y el auditorio declaran de antemano
que ni saben chino ni piensan aprenderlo, el diálogo fracasa irremediablemente. Esto no
significa que el no creyente deba volverse creyente por un rato, ni el creyente no creyente, pero
sí admitir de antemano que a cada uno le asisten ciertas razones para pensar lo que piensa y
creer lo que cree. Si partimos de la base de la insensatez y sinsentido de la otra posición, nada
puede hacer remontar ese abismo.
-No creo que en el diálogo nadie deba convencer a nadie de nada; el hecho
de que uno u otro de los que dialogan resulte finalmente convencido de una posición que antes
no sostenía (en este caso, que el ateo pase a creer o el creyente a no creer) es algo accidental y
no debería estar en el objetivo de ninguno de los que dialogan. El diálogo se realiza, ante todo,
para ampliar el mundo propio, atendiendo al lenguaje de otro que no somos nosotros mismos e
incorporando miradas que nos es imposible tener por nosotros mismos. Yo no puedo ver el
mundo como un no creyente, y un no creyente no puede ver el mundo como yo, pero a través de
un diálogo bien dispuesto puedo ampliar mi mundo e incorporar aspectos de experiencia que
por mí mismo me están negadas, y lo mismo a la otra parte. Se trata de crecer, no de convencer.
El lenguaje
Dicho esto en general sobre el diálogo, creo que es momento de abordar un
aspecto fundamental del problema religioso: la cuestión del lenguaje.
No existe un único lenguaje, aunque hablamos de "lenguaje" en singular, en
realidad el hombre convive con distintos lenguajes, utiliza con fluidez muchos de ellos, y de
manera cotidiana pasa de un registro a otro de lenguaje sin necesidad, siquiera, de darse cuenta.
Pongamos por caso, cuando una persona ama a otra se producen ciertos
movimientos en la química orgánica, por ejemplo, una mayor producción de endorfinas al estar
con esa persona o pensar en ella. Dos por tres los periódicos nos inundan con titulares bastante
tontos, donde nos dicen cosas como "la ciencia descubrió que el amor es [tal] endorfina". Sin
embargo, cualquiera que haya pasado por una experiencia de enamoramiento, sabe que el amor
no "es" la producción de tal endorfina, porque no da lo mismo que esté enamorado de esta
persona que de aquella: el amor es amar a este o aquel. No tenemos manera "objetiva" de
demostrar por qué estamos enamorados de tal persona en especial, el amor se mueve en un
registro de lenguaje distinto al de las demostraciones objetivas. El lenguaje del amor es un
lenguaje "débil".
Se puede llamar lenguajes "débiles" a aquellos que no es posible juzgar
desde el punto de vista de su objetividad, sino que requieren experiencias personales, y por tanto
no se imponen por la fuerza de sus propio argumentos, sino hasta que la persona ha atravesado
determinadas experiencias. Asimismo el error en estos lenguajes se paga con la propia vida, con
el propio equilibrio psíquico, cosa que no pasa con el lenguaje fuerte de la demostración.
La realidad es multidimensional, no descubro nada nuevo al afirmar eso. Lo
que ocurre es que aun falta que socialmente nos tomemos en serio esa multidimensionalidad:
cada dimensión de la realidad requiere una mirada y por lo tanto un lenguaje propio. El lenguaje
de la medida y la comprobación es el propio de las experiencias cotidianas y del intercambio
técnico del mundo: si voy a comprar un kilo de patatas al mercado, es normal que no me dé lo
mismo 900 gr o 1,1 Kg: esa experiencia cotidiana de la justicia en el peso, requiere de un
lenguaje ajustado a la comprobación y la verificación fenoménica. Pero ¿puedo aplicar el mismo
criterio para, por ejemplo, juzgar una obra de arte? "Este cuadro es bello", sin embargo es difícil
que encontremos un lenguaje objetivo sobre lo que hace bello este cuadro. Sin duda que la
proporción, la composición, la armonía de los colores dan una cierta medida "académica" de la
belleza, y que esa medida rige en cada época de una manera propia, pero no me asegura que el
cuadro es "bello" en el sentido en que lo digo yo como individuo parado frente a él.
¡Y cuántas veces por día necesitamos comunicar cosas que no pertenecen al
registro de los fenómenos, de lo mensurable y verificable "objetivamente"! Afortunadamente,
nos movemos instintivamente entre multidimensiones de la realidad, aunque cuando las
queremos tematizar, el lenguaje "fuerte" de lo verificable suele tendernos su trampa y hacernos
creer que es el único posible y verdadero.
Creo que admitir esto no implica necesariamente adoptar posiciones
religiosas, pero lo contrario sí es cierto: me parecería imposible hablar con autenticidad de la
religión, si lo hiciera desde la perspectiva de un lenguaje fuerte, ligado al argumento
demostrativo. Espero haber conseguido mantener estas líneas en el tono de la persuasión y la
sugerencia, el único adecuado a la debilidad propia del intercambio dialógico entre existencias.
La Preguntas
Dios
1) ¿Existe Dios?

Un teólogo místico del siglo XIII, Meister Eckehardt, tiene al respecto una
frase paradójica que da que pensar: "Si dices que Dios existe, no existe, pero si dices que no
existe, existe". En otro polo del pensamiento filosófico, un pensador tan racional y padre del
racionalismo moderno, Kant, explica que en la cuestión de Dios se está en el límite de las
posibilidades de la razón humana, y que no hay ni una manera de decidirse a favor o en contra
de su existencia por medios racionales.
Yo creo que lo que simplemente ocurre es que la palabra "existencia"
pertenece al dominio de las cosas creadas, es perfectamente aplicable a los fenómenos (este
libro existe), es menos aplicable, pero aun válida, a realidades inmateriales (el amor existe, la
justicia existe), y es del todo inaplicable a la dimensión de Dios, que está por fuera del ámbito
de lo parcial y limitado. En ese sentido las expresiones "Dios existe" y "Dios no existe" son
equivalentes, e incluso complementarias, ya que seguramente el Dios en el que yo creo está tan
mezclado con mis imágenes personales, que como tal no existe.
Sin embargo Dios se da al hombre, en diálogo y en disposición a apoyarlo en
su debilidad. Y no hablaré en tercera persona: Dios se me da en mi vida, él me apoya en mi vida
vacilante, me da fuerza, ánimo para seguir, orientación cuando equivoqué el camino, luz para
ver posibilidades, en fin, es muy difícil concretarlo en una única caracterización, y no hay duda
de que la palabra "existencia" es del todo inadecuada y pequeña. Resumiendo: el hecho de que
sea indescriptible o inefable, al punto que ni siquiera tenga sentido la pregunta por su
«existencia», no implica que no pueda ser aceptado en la propia existencia.
En mi propia experiencia de Dios, es aquel con quien dialogo en la total
verdad de mi vida, el único del que puedo decir eso. Ni siquiera conmigo mismo hablo sin
pretender engañarme; por algún lado siempre uno se está creando trampas1, mintiéndose sobre
lo que en realidad es, tiene, aspira. Pero en el diálogo con Dios no ocurre eso.
No se trata de estar convencido de que existe. Cuando estoy dialogando con
alguien no me planteo si existe o no, en este momento estoy dialogando con alguien a través de
estas preguntas, y no es necesario que me plantee si ese alguien existe, no es una pregunta
pertinente. Con Dios dialogo todo el tiempo, de las 24 horas del día, no hay un minuto en el que
no esté completamente cierto de su presencia en mi vida, así que no necesito estar convencido
de su existencia. No es su existencia lo que afirmo en la fe, sino su presencia.

2) Aceptando lo inadecuado de la palabra “existencia” para


referirse a Dios, ¿Puede de todos modos probarse su
realidad?

La cuestión es más delicada de lo que parece, y no basta un sí o un no.

1
Si no hubiera además otros, señalar y describir los mecanismos de estas “trampas” sería el gran aporte
cultural del Psicoanálisis, que justifica su entrada en la historia del pensamiento.
En términos rigurosos, con el sentido de la palabra “probar” tal como
aparece en el horizonte de la ciencia experimental, la existencia o realidad de Dios no puede
probarse. Lo más a lo que podemos aproximarnos es a un juicio de equidistancia entre la
existencia y la no-existencia, que luego la experiencia personal hace inclinar hacia el lado de la
afirmación de que Dios existe o que no existe.
Santo Tomás de Aquino, por ejemplo, posiblemente en la más sutil de las
elaboraciones sobre este tema, retoma las “pruebas” aristotélicas de Dios, para elaborar las
famosas “cinco vías”2, donde se pregunta por criterios racionales de la existencia de Dios, pero
cuando termina cada una de ellas se cuida de decir “y esto prueba que Dios existe”, utiliza más
bien fórmulas como: “y esto todos entienden que es Dios”, “al cual todos llaman Dios”, o “y a
esto llamamos Dios”. El “encuentro” de Dios en las pruebas proviene de un acto de nominación
realizado en la fe. Puede uno ver los mismos fenómenos que santo Tomás, pero dejar allí una
gran signo de interrogación, sin poner en absoluto a Dios, no estaría con ello faltando al rigor
intelectual, como no falta a él aquel que da el paso de identificar aquello que le cuestiona en los
fenómenos con aquello que cree y le sale al encuentro en la fe.
Ahora bien, llamando a esto “pruebas de la existencia de Dios” (con todas
las limitaciones de ese nombre), una vez alcanzada la “existencia” de Dios, no se llega al Dios
judeo-cristiano, ni a Ra, Zeus, Odín, ni a ningún otro en particular, sino sólo a Dios. Las
diferencias entre credos afectan a los creyentes, no al Dios creído. La Biblia tiene un episodio en
donde se prueba la ineficacia de los falsos dioses (que no es lo mismo que la inexistencia), en
1Reyes 18, pero no deja de ser un episodio interior a la fe de Israel: el destinatario de esas
“pruebas” no es la humanidad sino los creyentes en Yahveh, el Dios de Israel, para exhortarlos
a que “si son de Yahveh” se decidan a seguir a Yahveh, y dejen de estar “rengueando con las
dos piernas”, vacilantes en la fe. La exhortación, desde luego, sigue siendo válida para cualquier
creyente.

3) Aceptado Dios en la propia existencia personal, ¿cómo se


lo podría definir?

También en este caso nos enfrentamos con una cuestión delicada, que no se
nos plantea sólo a nosotros. Ya un pensador tan perspicaz y profundo como Heráclito (s. V aC)
decía que "Lo Uno desea y no desea ser llamado con el nombre que le corresponde a Zeus [es
decir, el nombre 'dios']" (frgm. 32). Cuando hablamos de Dios podemos detenernos en nuestras
imágenes interiores, desde el infantil señor con barba, hasta la proyección en Dios de un
“capomafia” que todo lo puede, y que te aplasta si le disgustas, sin necesidad de ningún motivo.
No podemos pensar sin imágenes, pero no deberíamos confundir nuestras
imágenes con aquello que pensamos. Por muchos modelos atómicos que se hayan propuesto,
casi instintivamente pensamos los átomos con una imagen en 2D: como un núcleo y unas
órbitas parecidas a las que imaginamos para los planetas. La existencia de modelos atómicos
críticos hace que trascendamos esa imagen espontánea de un núcleo con sus órbitas planetarias;
sin embargo, como imagen espontánea, permanece.

2
Suma Teológica, I, q2, a3 Resp.
Con Dios (y con cualquier cosa pensada) pasa lo mismo: tenemos ciertas
imágenes espontáneas, en parte culturales, en parte personales, pero eso no significa que el
pensamiento deba regirse por esas imágenes, que son sólo puentes para llegar a formularlo.
Sin duda son bastante inadecuadas las definiciones de Dios que lo vinculan
con el verbo "ser": el ser sumo, el ser perfecto, el Ser en sí mismo. Nuestra experiencia del
verbo "ser" ha ido variando con el tiempo, y en la actualidad este verbo ha quedado reducido a
cópula de juicios de existencia: esto es o no es, ha perdido su densidad decidora y poética con la
que los griegos lo introdujeron en el lenguaje cotidiano.
Podría objetarse que la Revelación misma escogió la palabra “ser” para
referirse a Dios, al decir Dios de sí mismo, en Exodo 3,14, “Yo soy el que soy”. Sin embargo
esa es sólo una pobre traducción a nuestras lenguas indoeuropeas de una fórmula que excede
por completo la posibilidad de resumirla en una única dirección. Una prestigiosa traducción
bíblica como la TOB francesa traduce “Yo soy el que seré”. Los exégetas están de acuerdo en
que la frase no se refiere a una descripción “ontológica” de Dios, sino a una dinámica: “ire
manifestándome”, “iré acompañando”, “estoy (o estaré) al lado”.
A mí me gusta particularmente la "definición" de un teólogo del siglo XX,
Paul Tillich, que insiste en que "Dios es la dimensión de profundidad de la realidad"3. No es
que esta sea la mejor definición, y sin duda que es una definición riesgosa, que le trajo
problemas al propio Tillich, ya que puede derivar en un "panteísmo": entonces todo es Dios, y
Dios es la suma de todo. Pero con todos sus riesgos, es la definición que más me convoca,
porque mete de lleno en la cuestión de la multidimensionalidad de la realidad: a Dios no lo vas a
encontrar en la capa de los fenómenos, es necesario bucear en las cosas, bucear en el lenguaje,
para encontrar una palabra que lo nombre más o menos adecuadamente.

4) Dios fue expulsado del ingenuo papel de hacedor del


mundo por los avances de la ciencia a partir del siglo XVII,
¿qué se pretende seguir diciendo al hablar de «Dios
creador»?

Es verdad que entender "creador" como "fabricador de cosas" es harto


habitual, pero la palabra "creador" es mucho más densa; se asemeja más a creador de arte, o
creador de leyes. Decimos que “el Senado creó una ley para proteger a los niños”, por ejemplo,
y con ello no queremos decir que el Senado, como personalidad colectiva, la redactó: el
redactor, e incluso quien tuvo la idea, es, posiblemente una determinada persona, que la ideó por
primera vez, luego las distintas comisiones de estudio la fueron mejorando, y luego, recién al
final, recibió todas las firmas que ese texto requería para obrar con fuerza de ley. Pero sigue
siendo cierto que el Senado "creó" esa ley. Allí se ve un aspecto muy importante de "crear",
crear es promover una realidad a la plenitud de su ser.
Crear no habla de cómo ocurren las cosas, sino de lo que significan. En el
gran poema de la creación (Génesis 1), el verbo "crear" significa en general que lo que existe es
promovido a la plenitud de su ser: es lo que significa, la luz ilumina realmente, las realidades

3
Principalmente en su “Teología Sistemática”, parte I, pero lo repite a lo largo de toda su obra.
valen como realidad. El mundo no es una fantasía ni un sueño, ni algo carente de sentido, están
garantidos por la verdad misma de Dios.
La Biblia es incluso más clara sobre la cuestión de la creación que lo que
nosotros podemos serlo por medio de traducciones de las palabras: en el lenguaje bíblico, la
palabra “bará” –que es la que significa crear- sólo puede tener como sujeto a Dios, así que en
categorías bíblicas el acto creador de Dios ni siquiera puede compararse a la creación de un
artista o de un legislador, es un acto completamente “sui generis”.
Además el verbo “bará” implica un sentido fundamental, que no se vuelca en
nuestro verbo “crear”: la realidad de Dios no pertenece al horizonte de las realidades creadas,
pertenece a su propio campo. En teología usamos la expresión “trascendente”: Dios es
trascendente, con lo cual queremos decir que pertenece a otra dimensión de realidad, que no es
mensurable con las dimensiones que puede pensar el hombre, ni nombrar adecuadamente.
Tal es la razón, en último término, de que no tenga sentido la pregunta
“¿quién creó a Dios?”, porque “crear” en el sentido bíblico y creyente sólo muy remotamente
tiene relación con la acción de “hacer cosas”. Si alguien hubiera “creado” a Dios, ese sería Dios,
ya que Dios sólo puede ser quien está, como único, en el ámbito trascendente de la divinidad.

5) ¿Por qué algo que es objeto de una percepción interior de


los que se definen como creyentes tiene que determinar la
vida externa a ellos, y por tanto en alguna medida también
la vida de gente que no cree en ese dios, por ejemplo a
través de las leyes de una sociedad plural?

Es una cuestión debatible la de la “confesionalidad” o no de las sociedades.


Yo creo que estamos en un estadio de la civilización lo suficientemente avanzado como para
formular taxativamente que la presencia de Dios en la sociedad no puede ser de manera directa,
como sociedad “confesional”.
Ahora bien, sea o no sea real la presencia de Dios en la vida de un creyente,
lo cierto y constatable es que ese creyente acepta unos valores y formula unas convicciones
acorde con su percepción de ese Dios. Como miembro de la humanidad que es, no por ser
creyente sino por ser humano, cada hombre tiene todo el derecho de proponer a los demás
modos de vida y valores que considera correctos, sin que tenga por qué sufrir ninguna
invalidación por el hecho de que él considere que esos valores le son inspirados por sus
creencias.
Si consigue persuadir a sus congéneres de que esos valores son mejores que
tales otros, no veo por qué no pueda hacerlo.
Naturalmente, hay mucho por revisar de los modos en que los cristianos
pretendemos utilizar la persuasión, y cuántas de esas veces es liso y llano intento de imposición,
pero eso a lo que más afecta es a la eficacia de nuestra labor, y por tanto no debería preocupar
tanto a quienes no admiten nuestra fe... ¡diría que al contrario! es tan manifiesta la
incompetencia de gran parte de los creyentes para persuadir al mundo, que seguramente debe
achacarse a eso el hecho de que no lo conseguimos en la mayoría de las leyes y cuestiones que
se debaten en las sociedades modernas.
La razón
6) ¿Existe una manera mejor de obtener conocimiento y
verdad que la razón?

No, que la razón entera no, porque es la facultad humana por excelencia,
como tan bien lo sintetizó Aristóteles; este pensador, heredero de una tradición filosófica de
varios siglos llega a decir que el hombre es un "zoón logon ejon", un viviente portador de
"logos", lo que solemos traducir con la chapucera expresión de "animal racional".
La frase de Aristóteles no es dualista, procede acorde con su método, “por
género y especie”: ubica al hombre entre los vivientes (género), y de entre estos el hombre tiene
como específico y único el ser portador de “lógos”, de eso que traducimos como razón o
lenguaje.
Nuestras traducciones, herederas del dualismo cartesiano, suelen pensar más
bien que el hombre tiene algo así como “una parte de animal” y “otra de racional”, cuando no
groseramente identificamos al animal con lo corpóreo, como si las facultades racionales no
tuvieran que ver con el cuerpo.
En el “lenguaje” en el sentido de “lugar de relación” veían los griegos eso
que nosotros llamamos la “razón”: es discurso interior con el razonamiento, es discurso expreso
con la palabra, y confrontado con otros discursos en el amplio campo del “dia-logos”. Eso le da
a la razón una dimensión muchísimo más amplia que la mera capacidad de calcular y predecir
matemáticamente.
Si aceptamos la multidimensionalidad del lenguaje humano, de su razón, no
hay ninguna otra forma de llegar a la verdad que esa. Pero si reducimos la razón a uno de sus
componentes, la capacidad de cálculo y medida, está claro que queda mucho por conocer fuera
de lo que entra en esa limitada capacidad. Y no es necesario que se trate de realidades
trascendentes; en el campo de la experiencia de cualquier persona entran realidades que escapan
a lo que podemos proyectar, calcular y fijar.
Para evitar equívocos, sería bueno acostumbrarnos a llamar a la capacidad de
cálculo y medida la “razón técnica”, dejando abierto el registro a otras realidades también
“racionales” aunque no técnicas, como la facultad “mitopoiética” de la que habla Ernst Cassirer,
la capacidad de conocimiento por una connaturalidad afectiva con lo conocido, a un
conocimiento fisiognómico, en el que la realidad es conocida por sus caracteres emotivos4.
En la actualidad se está retomando afortunadamente cada vez más la
descripción del hombre como poseedor de distintas clases de “inteligencias” cada una de las
cuales regida por formas específicas de manifestarse. Si esta teoría no se vuelve una pura
esquematización vacía, podrá quizás ayudar a que las nuevas generaciones salgan del estrecho
racionalismo técnico.

4
Ver el cap. Mito y religión en la Antropología Filosófica de Ernst Cassirer.
7) ¿Pero dónde entra la fe en ese panorama del
conocimiento racional, sea estrecho o ampliado? ¿por
qué existen tantas fe contradictorias en el mundo?

La fe es la respuesta vital, y por tanto personal, al llamado de Dios a vivir


una vida de diálogo con él, no es un conocimiento. Carta a los Hebreos habla de la fe como
“garantía de lo que se espera, prueba de lo que no se ve” (Hebreos 11,1); aunque implica un
“conocimiento”, no se trata de un conocimiento en el sentido habitual de la palabra, es decir,
una representación mental de objetos y sus relaciones, sino de una actitud frente al mundo, a
todo y a cada cosa, en la que reconocemos que cada una no se agota en sí misma sino que, como
señala san Agustín5, ellas nos obligan a “buscar más alto” y a entrever al creador en la creatura
y mover nuestra vida hacia él, por la atracción que la belleza de su ser –apenas reflejado en la
belleza de las cosas- nos provoca.
La fe está más emparentada con los caracteres “fisiognómicos” que
mencionaba antes, abre una percepción del mundo que arranca en el corazón. No es menos
verdadera que una percepción del mundo “demostrable”, pero es menos transmisible con el
lenguaje, y en ese sentido, sólo se puede apelar a la experiencia similar que el otro siente, no se
puede provocar en el otro la empatía con la realidad divina.
Nosotros estamos relacionados de manera cotidiana con realidades
fisiognómicas: el amor de nuestros seres queridos, por ejemplo, determina realidades que nos
llevan a actitudes concretas: obramos así o asá porque queremos a nuestra familia o nos
sentimos queridos por ella, sin que podamos propiamente “demostrar” en el sentido argumental
ese amor.
La fe le da nombre a la sed y el hambre de absoluto que muchos hombres
sentimos, e incluso que seguimos sintiendo al creer, puesto que “nuestra salvación es en
esperanza” (Rom 8,24)
Estoy personalmente convencido de que si no creyera estaría negando una
parte importantísima de mi experiencia vital.

8) Quitada la fe del horizonte de la experiencia racional, ¿no


se vuelve un terreno apto para disparates sin límite?

Como hemos visto, la experiencia de “la razón” que reclama cierta forma de
cientificismo, lo que hace es achicar la experiencia racional del hombre, tomar la parte por el
todo, la razón de lo mensurable y predecible, la razón técnica, por la “razón” (logos) con la que
el hombre se enfrenta a todo tipo de experiencias, y que es lo único verdaderamente propio.
Las religiones reaccionan muchas veces frente al achicamiento del logos
humano reclamando dar voz a una experiencia “supra-racional”, pero se trata de un equívoco:
en el hombre no hay nada supra-racional, siempre que no reduzcamos la razón al nivel de la
medida y la predicción matemática.

5
En toda la poesía cristiana, fuera de las Escrituras, nadie lo ha podido decir con mejores palabras que
este poema en prosa del libro X,6 de las Confesiones.
Puede aceptarse que en general el lenguaje religioso es bastante proclive a
degenerar en formas variadas de locura, pero debe señalarse en descargo que la locura está en el
hombre, no en el lenguaje religioso, que sólo puede favorecer la expresión, ni crear ni curar esa
tendencia mórbida.
Los lenguajes débiles son lenguajes sutiles, y por tanto más próximos a la
ambivalencia, y a que nazcan en ellos productos enfermos. Pero nadie descartaría el amor de
pareja, por ejemplo, porque en muchas parejas a lo largo de la historia ese amor haya
degenerado en violencia, y así con los demás lenguajes débiles.
En muchos casos la vivencia de los sacramentos ha perdido profundidad y se
ha vivido y predicado como una magia, en muchos casos el asombro ante la actuación casi
palpable de Dios para el creyente ha degenerado en mero milagrismo, o el misticismo auténtico
ha degenerado en mistificación, pero hay criterios de coherencia de vida, de crecimiento interior
y de derramar amor en el entorno del creyente que muestran cuándo estamos ante fenómenos
religiosos auténticos y cuándo ante simulaciones, disparates, o simple locura.
La crítica a todos los pseudo fenómenos religiosos es sana, y la debe
emprender no sólo el no creyente sino también el creyente (cosa que de hecho se hace).
Las religiones
9) Ya que hoy existen incontables religiones en el mundo
afirmando ser la única verdadera, ¿porqué piensa usted
que la suya es más verdadera que la de los otros?

La religión y la fe no son lo mismo6. La fe es el modo de relación que


tenemos con Dios; la religión es el lenguaje codificado con el que expresamos esa fe visible y
colectivamente.
Yo entiendo que la fe cristiana es la verdadera, porque lleva a término la
manifestación de Dios como persona, como realidad en diálogo. Dios lleva a plenitud lo más
misterioso del ser humano: su capacidad de diálogo.
Ahora bien, el hecho de que yo crea que la fe cristiana es la más verdadera,
no invalida la verdad de las demás creencias, en todas hay semillas de ese Dios vivo y verdadero
revelado en la persona de Jesús. Y cuando digo en todas, quiero decir exactamente eso: en
todas, hasta en los más primitivos animismos hay una manifestación de lo divino de Dios. Y es
una manifestación que él hace, no que el hombre se inventa. Dios se revela al hombre desde
siempre, desde que hay hombre.
La religión, como codificación personal y social de la fe, se supone que
acompaña con sus ritos a la manifestación colectiva de esa fe, sin embargo, como código que es,
tiene por fuerza que universalizar, y está sujeta a cambios que tienen que ver con las épocas. En
ese sentido, las formas religiosas cristianas, aunque profundas y verdaderas, son parciales, y
deben ampliarse a partir de la experiencia religiosa de toda la humanidad. Eso lo ha hecho casi
siempre el cristianismo, que ha tomado de la cultura religiosa que ya existía en todos los lugares
en donde se ha implantado.
Entonces, el juicio de que “mi fe es la más verdadera” enuncia una verdad
íntima, personal, que sólo tiene validez en la vida de ese creyente y de los que comparten su fe,
y al mismo tiempo, esa misma fe, en tanto se expresa como religión codificada, pertenece al
ámbito del diálogo interreligioso, al del mutuo intercambio de símbolos y del crecimiento
común.

10) ¿Entonces todas las religiones están en lo correcto?

Todas tienen una dimensión de verdad, porque todas provienen de la


autorevelación del mismo Dios, que sin embargo ha querido, según creo -y eso me identifica
como cristiano- concretar su automanifestación completa en Jesús, y en lo más débil de Jesús:
su muerte en la cruz.
En tanto permanecen en la verdad de su propia esencia, todas están en lo
correcto, sin embargo no hay algo “correcto” codificado en un manual, con el que cada una

6
Aunque la distinción es clásica, yo sigo la forma de entender esa distinción que desarrolla Paul Ricoeur,
por ejemplo en «Las ciencias humanas y el condicionamiento de la fe», conferencia de 1965 incluida en
el volumen miscelaneo “El lenguaje de la fe”, de ediciones Aurora, Buenos Aires, 1978.
coincida más o menos, y pueda así medirse su “corrección”. Lo propio de las religiones es
ofrecer al hombre vías de acceso al ámbito de Dios, en escucha de la automanifestación –muy
amplia e inacabable- del propio Dios, así que en la medida en que ofrecen eso, con todas las
limitaciones de cada una, están en lo correcto.
Los creyentes de todos los credos "sienten" la verdad de su fe como una
verdad plena, y ese sentimiento, como sentimiento, es auténtico y debe respetarse a ultranza. Lo
único que cada creyente debe hacer es vivir de cara a su fe en Dios con la mayor sinceridad
posible, y si esa misma sinceridad lo lleva a "saltar a otra fe" porque la propia no le alcanza para
dar cuenta del encuentro con Dios, dará ese salto. Y respecto a los demás, cada creyente debe
dar testimonio de su encuentro personal con Dios, y nada más.
En definitiva, es Dios mismo quien, libremente, profundiza con nosotros su
encuentro. El centro del diálogo con Dios es Dios, no nosotros.
Por otra parte, podemos aprender del evangelio que Dios no impone
absolutamente nada al hombre, sino que se mueve por persuasión, por tanto acepta también
todas las formas religiosas creadas por el hombre, y en todas ellas se revela, tratando de
imprimir en cada hombre la imagen de su Hijo.
El cristianismo, y cualquier religión que se precie en la actualidad, sólo
puede mantenerse en el nivel de ofrecimiento y testimonio personal, nunca de la imposición ni
de la denegación de las otras, si es que quiere imitar a Dios mismo, que consigue sacar de cada
ser lo más que puede a cada momento dar, en la medida en que lo dejamos, claro.
Lo mejor que podemos hacer dos creyentes que nos encontramos, y tenemos
distinta fe, es rezar juntos en lo que podamos compatibilizar.

11) En la búsqueda de la «verdadera religión», ¿cómo se


acaba con el debate y se llega a la conclusión de cuál es
la más correcta?

La cuestión de la fe no proviene de ningún debate entre religiones. Si hay un


debate previo, es el debate interior de admitir o no la evidencia de Dios en la propia vida de
aquel a quien Él está llamando a la fe. El centro, nuevamente, es Dios, no las religiones.
La cuestión del llamado de Dios en la propia vida, el llamado a la fe, se
siente como una sed, como un deseo que no pueden colmar los objetos que nos colmaban hasta
el instante anterior, sean cuales fueren. Desde lo más elevado, como la amistad, hasta el deseo
más materialista, como querer comprar esto o aquello, todo queda superado por el deseo que se
instala en el alma con el reclamo de Dios.
Entre las imágenes con las que el nuevo creyente busca “dar forma” a ese
sentimiento, se descubre o redescubre las “codificaciones religiosas” que rodean a la persona,
las que forman el propio entorno, ya sea de la propia tradición familiar, la del país, etc.
Por tanto es lógico que quien llega a la fe lo haga en la tradición religiosa
que lo rodea.... sólo más tarde puede llegar a percibir la insuficiencia de sus tradiciones
religiosas y buscar aquella que le lleve a una experiencia dialógica más profunda con Dios.
Creo yo que allí uno encuentra el cristianismo, pero de ninguna manera
puedo darlo por “objetivo” y “universal”.
Fe y convicción personal
12) La fe cristiana se fue adaptando a muchos cambios que
los nuevos modelos de conocimiento y sociedad le fueron
imponiendo en la historia, ¿qué podría convencer a un
creyente de que está equivocado de manera absoluta?

Hay una mala costumbre en cierta apologética religiosa, que es que cuando
se descubre algo negativo -en la arqueología, por ejemplo- se afirma que la fe no depende de
ello, pero cuando el descubrimiento es “positivo”, que concuerda, por ejemplo, con un dato
histórico de la Biblia, se pretende que el no creyente acepte la veracidad de la Biblia apoyado en
ese dato. Esa forma de enfocar el problema es evidentemente deshonesta: si los datos histórico-
arqueológicos no invalidan la fe, entonces tampoco debería dárseles peso para validarla. La
pregunta tendría que ver con encontrar algún criterio absoluto de falsación de la fe
Dicho en sentido absoluto, como estructura del espíritu humano, creo que la
fe no tiene falsación, sería como preguntarse qué haría falta para establecer que la ciencia no es
verdadera, o que el amor humano no es verdadero, o que el arte no es bello, etc. Amor, ciencia,
arte, fe, dichas en absoluto, son estructuras del espíritu, formas preexistentes en el ser humano
como ser “racional” (“logon ejon”, en el sentido ya apuntado). El hombre cree porque puede
creer, ama porque puede amar,. etc. La estructura como tal seguirá existiendo en el hombre, ame
o no ame, conozca o no conozca, crea o no crea.
Los distintos credos son relativos a la capacidad de creer, y ellos si son
falsables, pero no creo que se pueda establecer un criterio único, válido para todos ellos: si una
fe afirma que Dios es la aparición nocturna del sol, y el sol no aparece de noche, esa fe será
falsa. Así que en este punto no es posible hablar en general, en nombre de “los creyentes”, ni
siquiera en nombre de “los cristianos”, ya que la sensibilidad hacia las peculiaridades del texto
bíblico, el modo de recibir la palabra divina, y el papel que asignamos a la Iglesia tiene mucho
que ver con las diferencias entre iglesias cristianas. Es este un punto en el que sólo puedo hablar
como católico, aunque sé que muchos aspectos de lo que digo serían compartidos por otras
denominaciones cristianas, y quizás por otras religiones.
A lo largo de sus 2000 años de historia, el cristianismo se ha ido
desprendiendo de muchas certezas que creyó en cada momento esenciales a la fe. A veces ese
desprendimiento ocurrió primero en las aulas, luego en las calles, otras al revés. Desde
cuestiones exteriores como formas políticas, hasta muy interiores, como el modo de recibir la
palabra divina, todo ha cambiado en 2000 años, y seguirá cambiando en el tiempo que dure el
mundo. A veces podríamos dar la impresión de que pretendemos ser una fe no falsable, pero la
realidad es que la “no falsación” proviene de la extrema mutabilidad: cambiamos y nos
adaptamos a todo tipo de nuevos contextos histórico-sociales, de conocimiento, de expresión,
sea cual sea. Lo que a una generación de católicos le puede parecer inasumible, la siguiente lo
ha asumido y expresa la fe de esa nueva manera.
La premisa, el “sentir de la Iglesia” respecto de su misión, está en llevar los
hombres a Cristo, por lo que la adaptación a las generaciones es un criterio que prima más que
la inmutabilidad a ultranza. Y esto, aunque no siempre se diga claramente, llega a afectar
incluso a cuestiones consideradas “de fe”. En una pregunta posterior se verá cómo
comprendemos hoy la ausencia de error en la Biblia, cuestión muy central para la fe, y que ha
sido comprendida de maneras muy diversas en distintas épocas, incluso casi hasta ayer mismo.
Parece que en conjunto lo estable son las formulas de fe, las “profesiones” de fe, más que el
sentido lingüístico que ellas llevan, que admite “torciones” a veces muy extremas.
En cuanto a descubrimientos papirológicos, arqueológicos, históricos, etc.
sinceramente no creo que hubiera ninguno que no pudiera integrarse en la fe, cambiando en la
forma de la fe lo necesario para que ella, como encuentro de Cristo con cada hombre, y como
oferta de encuentro dirigida a todos los hombres, pueda permanecer.
Aparecen frecuentemente descubrimientos que son presentados con visos de
escándalo para la fe, pero en cuanto se escarba un poco, no pasa de ser sólo eso: escándalos
mediaticos sin valor concreto.
Cuestión distinta es cómo siente el creyente individual esos descubrimientos
y esas aparentes falsaciones de la fe. Eso ya depende de la formación personal, y también de
cierta sensibilidad propia en estos temas, y no puede darse una regla única. Cuando la prensa
anunció (noticia por demás ridícula, porque el Papa no había dicho nada que no hubiera dicho
ya la exégesis sobre estos mismos textos desde hace mucho) que el Papa en su libro sobre la
infancia de Jesús había “quitado” al buey y la mula del pesebre, a muchos católicos les pareció
un cambio trascendental, casi “de fe”. A otros católicos la indisciplina dentro de la Iglesia les
impide permanecer en comunión con ella, y prefieren romper esa comunión antes que admitir
variaciones en cuestiones que ellos juzgan “de fe”, aunque sean disciplinarias. Por esto no es
posible dar un criterio único de falsabilidad desde el punto de vista del juicio que los creyentes
hacen sobre la fe.
En mi caso personal –pero sólo puedo hablar por mí- tengo un nivel altísimo
de tolerancia al cambio, así que puedo decir que nada de lo que he conocido hasta ahora en
cuestiones de fe, me ha llegado a conmover hasta el punto de hacerme dudar.
Tengo sin embargo menos tolerancia a la cuestión de la prepotencia y el
escándalo de poder, y a veces es tal la ignorancia -cuando no la abierta inmoralidad, y desde
luego el amor al poder- de algunos dirigentes eclesiales, papas incluidos (no me refiero a ningún
papa actual, pero en el caso de dirigentes en general, sí), que me hace pensar si la fe no será
todo un galimatías verbal, que parece verdadero sólo porque es inextrincable, algo poético, algo
así como una Ilíada con registros parroquiales. Luego de un considerable esfuerzo interior de
rebuscar en los fundamentos recibidos en el catecismo, todo esto del trigo y la cizaña, la “casta
meretriz”, etc, llego siempre a la conclusión de que la fe es verdadera, e incluso no solo a pesar
sino contando con todo ello. Pero debo decir que siempre termino al borde, y con un gasto
espiritual muy grande. Todavía no ha ocurrido ningún hecho de esos que me conmoviera la fe
definitivamente, pero yo no sé cuál es mi límite en eso, así que lo único que puedo hacer es
pedirle a Dios que me la dé y la conserve. Comprendo sin embargo a quienes se alejan por
escándalos en la conducta de los creyentes, y en particular de los eclesiásticos.

13) Si no hay en realidad criterios de falsación, ¿por qué


debería considerarse la fe cristiana algo más que como
una secta?
Una secta no se define por la firmeza de la convicción de los individuos, sino
porque coloca al seguidor ante una interpretación del mundo que desecha gran parte de la
experiencia de los demás, además de otorgarle un perfil psicológico disociado de su entorno, y
de su propia historia personal.
No creo que ninguna de las dos cosas se aplique colectivamente a los
creyentes en Dios, más allá de casos individuales y puntuales. "Yo tengo un amigo creyente que
insulta a los no creyentes", y otro tiene "un amigo no creyente que insulta a los creyentes", eso
no prueba nada, más allá de la psicología poco desarrollada de los respectivos amigos...
Aunque un creyente obra en gran parte de su vida de acuerdo con su
convicción creyente (es de esperar que cualquier persona, tenga la convicción que tenga, sea lo
suficientemente coherente para obrar de acuerdo con ella), eso no significa que deseche las
experiencias que no provienen de sus convicciones. Una cantidad apreciable de las mutaciones
en la religión católica del siglo XX provienen de haber afinado la sensibilidad respecto de una
gran parte del mundo que no cree o que profesa otros credos, como muy hermosamente lo
afirma el comienzo de la Constitución «Gaudium et Spes» del Concilio Vaticano II:
«Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de
nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas,
tristezas y angustias de los discípulos de Cristo»

14) Si un no creyente vive una vida decente y moral, ¿porqué


le preocuparía a un Dios amoroso, compasivo y
trascendente que esa persona crea o no en él?

La vida decente y moral es -depende de lo que se quiera decir con ello-


perfectamente alcanzable sin necesidad de referirse a Dios: encontrar que el valor de la vida del
otro es semejante al de la mía, es algo que está al alcance de cualquier hombre, y es el germen
de toda moralidad. Dios no tiene por qué ser solamente -quizás ni siquiera principalmente- el
garante de la moralidad.
Dios es Padre, y como todo padre (pero de manera eminente, porque la
paternidad se realiza en él en plenitud, sin defecto ni egoísmo), ama a sus hijos, y desea ser
amado por ellos. Y en esa relación se consuma lo propio de la fe -al menos de la fe cristiana-. La
fe, y la cristiana en especial, es una relación personal, de tú a Tú, o, como define santa Teresa a
la oración y que podría ser aplicable a toda la fe, "un trato de amor con quien sabemos que nos
ama"7.

15) ¿Por qué el número de ateos y ateas en las prisiones es


desproporcionadamente menor que sus números en la
población general?

7
Vida,VIII, 5
No conocía el dato, pero me alegra muchísimo, porque tiene que ver con
algo que Jesús nos dijo y que a veces cuesta imaginar: que las prostitutas y los pecadores nos
precederán en el Reino a aquellos que nos creemos mejores.
La fe tiene mucho que ver con la percepción de la propia debilidad. No se
trata de la ecuación grotesca de que la fe resuelve la debilidad poniendo en un dios lo que el
hombre percibe como faltante en sí mismo8. Es de agradecer críticas como esas porque es
verdad que el lenguaje de la fe, débil como es, si lo dejamos solo, sin realizar una adecuada
crítica, puede terminar diciendo idioteces (cosa que pasa con todo lenguaje, incluso con el
lenguaje de la ciencia, cuando proclama tonterías como que "el amor es la producción de tales
endorfinas"). Decía que son aceptables las críticas, para ajustar mejor nuestro lenguaje, pero de
ninguna manera lo que un creyente quiere decir con "percepción de su propia debilidad" tiene
que ver con "solucionarlo" proyectando en Dios la fuerza equivalente.
El Dios cristiano es un dios de debilidad: muere en la cruz, nada menos, y
adoramos eso, un Dios que se ha hecho tan uno con el destino humano, muchas veces
incomprensible, que muere junto con él, y asume la totalidad de su destino.
Posiblemente por eso los que reconocemos que, incluso aunque
consiguiéramos mucha fuerza, nuestro ser sigue siendo un ser débil, estamos mejor dispuestos a
agradecer a Dios que haya tenido ese gesto de conmiseración.
Un delincuente, y pon en ese lugar al peor asesino, al más abyecto, por más
que individualmente pueda ser juzgado y condenado como responsable de sus actos, percibe en
sí mismo que el mal está ahí, que el mal no lo inventa el hombre, el pecado está allí, listo para
ejecutarlo (lo que en el símbolo adánico representa la serpiente), o como le dice Dios a Caín, en
Génesis 4: "Si obras bien podrás mantener tu rostro en alto, pero si no obras bien, a la puerta
está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar.". Creo que
es una formulación impecable del misterio de un mal que es a la vez externo a mí, me precede,
pero necesita de mí para realizarse, y yo soy responsable si se realiza. Sin duda el gran misterio
de cuantos rodean al hombre.
El gran pecador no lleva ventaja respecto del santo, pero sí respecto de
nosotros, los mediocres, que siempre estamos queriendo achicar la moneda a la realidad, y hacer
las cosas más o menos, y que no se note el mal, pero no privarnos de él. El gran pecador lleva la
ventaja de estar, por así decir, codo con codo con el misterio del mal. Por eso mismo,
posiblemente, está más dispuesto a la humildad necesaria para reconocer la trascendencia de
Dios, y el hecho de que Dios no es una tapadera moral, sino un verdadero padre que sufre con
los retorcidos caminos del hijo.

8
En nuestra época la formuló Feuerbach en “La esencia del cristianismo” y la retomó el marxismo como
tesis central, pero fue ya sostenida en la antigüedad, como en el poema De Rerum Natura de Lucrecio.
El mal
16) Si todo, según los creyentes, es voluntad de Dios, ¿por
qué la historia parece un registro de horribles
sufrimientos, desperdicios groseros, y fallas miserables?
¿Por qué ese Dios pasa miles de millones de años sin
haber alcanzado todavía su objetivo?

La idea de la voluntad divina y su plan para el mundo y el hombre como un


proyecto meticulosamente pautado es un antropomorfismo, una imagen muy similar al de un
arquitecto racionalista, no al Dios vivo y verdadero, que es, ante todo, Padre.
Todo lo que decimos de Dios debe pasarse por el registro de lo paterno para
poder entenderlo mejor. Incluso aunque la paternidad humana es limitada y no está exenta de
egoísmo, es quizás la relación humana de mayor autodonación y gratuidad (cuando digo
"paternidad" me refiero a los dos complementarios, padre y madre: también la Biblia habla de
Dios en los dos términos, por ejemplo Isaías 66,13, Oseas 11).
Todo padre tiene un plan para sus hijos, pero ese plan no es el de una
arquitectura cerrada, donde el hijo se limita a ejecutarlo. En sentido paterno, tener un plan es
abrir un ámbito protectivo donde el hijo, a través de su propia libertad y con el uso de sus
propias facultades, va realizándose a sí mismo, y abriéndose a los demás, descubriendo la
verdad de los propios deseos e inclinaciones.
El plan de Dios sobre cada uno de nosotros, sobre la humanidad en conjunto
y sobre la entera creación, es el plan propio de un Padre, no de un arquitecto: somos nosotros
los actores de ese plan, es decir, los que nos movemos en el ámbito protectivo de su providencia
y bondad, y vamos descubriendo, en diálogo con él, la verdad de nosotros mismos, y cómo
realizar eso que en el fondo somos: seres de amor.
Es lamentable que el ser humano esté tan lleno de fallos estructurales,
seamos tan sanguinarios, egoístas y miserables, pero es un principio de realidad que no debe
obviarse, la religión no cambia mágicamente la naturaleza humana, invita a corregirla,
trabajando, ante todo, sobre uno mismo, y de cara a Dios, que mostró, al asumir la humanidad,
que era posible la completa autodonación, la desaparición del "yo" egoísta que nos ata a lo que
en lenguaje bíblico son los "criterios del mundo": poder, posesión, dominio de los demás.
Sería interesante ver qué pasa si quitamos a Dios de la vida de la gente,
¿mejora automáticamente? Hoy podemos responderlo taxativamente, porque tenemos ya años
de comunidades hechas sin referencia de ninguna clase a Dios, leyes enteramente humanas, en
estados completamente a-religiosos desde hace mucho tiempo... pero no parece que la
mezquindad humana haya cambiado. Y sin embargo hay una diferencia radical con las
sociedades donde Dios está presente (lo que no quiere decir que sean "confesionales"): en las
sociedades completamente a-religiosas, el vacío existencial, la falta de un "por qué es
importante vivir", la desintegración de lo específico humano, el desdibujamiento de lo humano
como algo propio y valioso, es total. No es raro escuchar que "somos simplemente animales";
no es raro leer en los divulgadores periodísticos frases como "nosotros los primates"... ¡va de
suyo que participamos de las características de todo lo creado, incluidos los primates! pero eso
no quiere decir que somos primates, o que somos simplemente mamíferos, ni menos que somos
animales sin más: somos hombres, seres humanos, con una dignidad propia y específica, que no
se reduce al papel puramente químico que la divulgación materialista nos propone.
Creer en Dios no garantiza hacer sociedades con valores trascendentes de
justicia, o con un proyecto trascendente de futuro, de eternidad, que es a lo que el hombre, cada
uno, está llamado; pero reconocer el papel de Dios en nuestra vida es un paso hacia esa
dignificación trascendente, que sin embargo no la hará él, como un padre no suple a sus hijos en
lo que es responsabilidad de ellos conseguir.

17) ¿Por qué Dios intervino tantas veces en los asuntos


humanos durante la antigüedad (de acuerdo con la Biblia)
y, sin embargo, ninguna vez durante el Holocausto en la
Segunda Guerra mundial?

Hay diferentes modos de narrar las cosas, y así como el hombre moderno es
más sensible al lenguaje epifenoménico, que se atiene al plano de lo mensurable, en ciertas
etapas de la cultura se era colectivamente más sensible al lenguaje poético que utiliza la fe para
expresarse con soltura.
Lo hechos en los que intervino Dios en la antigüedad y son narrados en la
Biblia son los mismos en los que sigue interviniendo y manifestándose. En los campos de
concentración de todos los bandos, tanto en los horrorosos de los nazis como en los campos de
concentración también horrorosos de los franceses, de los ingleses y de la URSS, hubo mucha
gente creyente confinada, muchos de ellos por el solo hecho de ser creyentes, de distintas
confesiones religiosas. Es a ellos, que no perdieron la fe y que incluso murieron por confesarla,
a los que hay que preguntarles si Dios estaba presente en sus vidas o no. No se puede hablar de
experiencias liberadoras en abstracto.
Es interesante que la confesión de la fe judía (y bíblica, por tanto básica
también para el cristiano), tal como se encuentra en el libro del Deuteronomio, no dice que Dios
intervino en el pasado, sino: "Cuando el día de mañana te pregunte tu hijo: '¿Qué son estos
estatutos, estos preceptos y estas normas que Yahveh nuestro Dios os ha prescrito?' dirás a tu
hijo: 'Éramos esclavos de Faraón en Egipto, y Yahveh nos sacó de Egipto con mano fuerte.'"
(Dt 6,20-21). La experiencia de la actuación de Dios en la historia es siempre una experiencia en
primera persona.
La frase "Dios no actuó en los campos de concentración", en realidad no se
atiene a la experiencia de millones de creyentes que sólo gracias a experimentar en sí mismos la
liberación que Dios les proporcionaba, pudieron sobrellevar, y algunos sobrevivir, a tanto horror
perpetrado por unos hombres que, por cierto, no se consideraban a sí mismos creyentes, sino
"liberados de la esclavitud a los dioses" y avanzada en el mundo de una nueva y auténtica
racionalidad.
Ahora bien, si con "intervenir en los asuntos humanos" se quiere decir que lo
que ocurre en la historia, las carnicerías perpetradas por el hombre no ocurran, entonces no,
Dios no interviene ahora así, y nunca ha intervenido así, en tiempos bíblicos tampoco.
18) «Dios mío, por qué me has abandonado...» ¿puede un
Dios que abandona a sus hijos cuando ellos más lo
necesitan continuar siendo un Dios bondadoso?

Dios no abandona nunca al hombre, incluso en el NT hay una fórmula


preciosa: "si le somos infieles, él permanece fiel, porque no puede desdecirse a sí mismo" (2
Timoteo 2,13).
Puestos en el caso de un dios que abandonara a los suyos, efectivamente no
sería un dios bondadoso. Pero eso no me ha ocurrido nunca con el Dios vivo y verdadero, y
pienso que los creyentes de cualquier religión tienen esa misma experiencia de no ser
abandonados por Dios.
Hay, es verdad, una experiencia creyente que es la del misterioso "retirarse"
de Dios. En la Biblia se la menciona en muchos momentos con distintas palabras, por ej. en los
salmos 42-43, o en el libro de Job, y en muchos otros sitios. Los evangelios enseñan que en su
último momento el propio Jesús, sin dejar de aceptar la voluntad del Padre hasta sus últimas
consecuencias, exclamó utilizando las palabras del salmo 22: "Dios mío, por qué me has
abandonado...". Algunos místicos han hablado de esta experiencia utilizando términos como
"noche oscura", "sequedad", "desierto". Se trata de una experiencia por la que creo que la mayor
parte de los creyentes ha pasado una o muchas veces en su vida de fe, y no creo que sea
privativa de la experiencia judeocristiana de Dios.
En el momento se siente que Dios ya no está, que no "atiende", no se trata de
que deje de dar esto o aquello, porque en definitiva la relación con Dios no es de pedir y recibir
-aunque esto forma parte de la fe, naturalmente-; se trata de otra cosa, de algo que ocurre en el
corazón, en la percepción sensitiva, tan importante en la vida de fe. No es equivalente a pensar
que "Dios no existe", sino algo más lacerante aun: a la íntima convicción de su existencia, se le
suma la íntima convicción de su ausencia.
En términos paterno-filiales, es semejante al chico que se desgañita
queriendo que su padre le dé atención, y apenas si lo consigue. No duda de que su padre está
ahí, que lo quiere, que le interesa, pero hay un algo que no acierta a encontrar en la relación con
él. En la relación paterno-filial descubrimos que el padre tiene sus tiempos, que su paternidad no
pasa por ponernos a nosotros en el centro y bailarnos alrededor, al contrario, posiblemente eso
no sea un signo de amor al hijo, sino una sobreprotección calamitosa; por analogía podríamos
decir que también Dios "tiene sus tiempos"9. De esas experiencias del misterioso retirarse de
Dios la fe sale siempre fortalecida, más madura, con menos imágenes infantiles, con una
capacidad de diálogo con Dios más amplia y profunda, aunque por un momento haya pensado
que Dios lo había abandonado y se alejaba para siempre, sin que hubiera un motivo para ello.

19) Si el Dios de la Biblia es todo Benevolente, ¿por qué dice


también que él creó el mal? (Isaías 45:7)

9
Un hermoso himno luterano utilizado por Bach en su cantata nº 106 comienza con el verso: «El tiempo
de Dios es el mejor de todos los tiempos» («Gottes Zeit is die allerbeste Zeit»), esto resume muy bien la
percepción creyente del misterioso «tiempo» del Dios eterno.
La realidad es que ese versículo no dice que creó el mal, dice lo siguiente:
"Yo soy Yahveh, no hay ningún otro;
fuera de mí ningún dios existe.
Yo te he ceñido, sin que tú me conozcas,
para que se sepa desde el sol levante hasta el poniente,
que todo es nada fuera de mí.
Yo soy Yahveh, no ningún otro;
yo modelo la luz y creo la tiniebla,
yo hago la dicha y creo la desgracia,
yo soy Yahveh, el que hago todo esto.
Destilad, cielos, como rocío de lo alto,
derramad, nubes, la victoria.
Abrase la tierra y produzca salvación,
y germine juntamente la justicia.
Yo, Yahveh, lo he creado." (Isaías 45,5-8)
Precisamente en lo que llamamos la "religiosidad natural" del hombre,
cuando el hombre se plantea el bien y el mal, y el gobierno del mundo, viendo cómo el mal
campea a sus anchas, y con poco interés (cosa que sigue ocurriéndonos) de asumir su gran
responsabilidad en mantener el mal en el mundo, suele terminar en afirmar un "dios del mal";
pero como instintivamente algo dentro nuestro nos dice que dios no puede ser malo, la cosa
termina en tablas, con un "diteísmo" es decir, la afirmación de dos coprincipios, del bien y del
mal. El propio cristianismo, a pesar de tener muchos anticuerpos para evitarlo, cayó y cae en sus
vertientes populares en divinizar el mal, atribuyendo al demonio un poder que no tiene,
haciendo del agente del mal un cuasi-dios.
El poema de Isaías es un cimbronazo hacia quienes, en Israel, veían el mal
en la historia y pretendían que una fuerza tan poderosa debía recibir un culto; el Dios al que el
profeta representa les dice polémicamente a la cara: si hay un mal y merece culto, ese mal está
por debajo de mí, yo mismo lo he creado. Por la simple premisa de que si algo existe, es
creatura divina.
Naturalmente el poema avanza (por eso es importante leerlo más o menos
completo), y muestra que no hay ningún mal que exista independiente de esa voluntad de Dios
de llamar a todos a la salvación y la justicia. El mal que el hombre cree un poder trascendente
no es sino la falta de esa salvación y justicia que de a poco, con medios escasos, y en manos de
aquellos que se dejan conducir por Dios, va llegando a la tierra y empapándola, como la empapa
el rocío, que casi no se percibe cuando surge, pero moja todo lo que toca.
Para resumir, la afirmación de Isaías hay que entenderla irónicamente.

20) ¿Por qué tantas personas religiosas agradecen a Dios


cuando sobreviven a desastres, pero no sienten cólera
contra Él por haber, en primer lugar, causado el desastre?
Porque él no causa los desastres en el mismo sentido de la palabra "causa"
que usamos cuando decimos que la causa de tal accidente fue la rotura del paragolpes o la causa
del tsunami fueron las altas presiones a baja altura, etc. Las "causas" en sentido de lo
fenoménico mensurable no es la causalidad trascendente de Dios, que pertenece a otro plano de
realidad.
Cuando me sobreviene un mal, le agradezco a Dios que me ayude a salir de
él, pero ni se me ocurriría plantear que es Dios quien haya "hecho" ese mal para que yo cayera.
La realidad del mal, que es la ausencia del bien y la armonía debidos, es el
mayor misterio al que se enfrenta el hombre. No tenemos, ciertamente palabras para expresar
adecuadamente en qué sentido es una experiencia a la vez humana y sobrehumana. El lenguaje
del mito ha aportado a lo largo de las civilizaciones mucho al reconocimiento del mal como una
realidad que nos excede. Lamentablemente también, como ocurre con cualquier lenguaje
"débil", el mito ha "mistificado" a veces descontroladamente la realidad del mal, llegando a
postular un dios del mal, o un principio cuasidivino del mal.
Pero quitemos todas esas "explicaciones", y el mal permanece, quitemos a
Dios, y el mal permanece: el mal es una no-realidad cuya fuerza en la naturaleza y en la vida de
los hombres es completamente real y tangible.
El mal es, en definitiva, un agujero de significado en la realidad, un vacío en
el que cae nuestra red de significados, la que nos mantiene en pie en las adversidades: esto,
aunque doloroso, ocurre por aquello. Algo deja de ser una adversidad, un desafío a vencer, y
pasa a ser un auténtico y absurdo mal cuando ese entramado de significación falla.
Es verdad que la fe en Dios no explica las tragedias de los inocentes, pero la
no creencia en Dios tampoco las explica. Por tanto no ganamos nada con subsumir un problema
en otro cuando quitado ese otro, el problema sigue en pie.
Sin embargo, desde mi punto de vista de cristiano, no basta con ver que Dios
nada tiene que ver con el mal: el apoyo concreto que siento frente al mal es que el propio Dios
“pagó” que su universo de amor haya caído en las redes del sinsentido. Las religiones afirman
que esa deuda la contrajo el hombre10, pero sea cual sea el origen del mal en el mundo, no lo
puede resolver el hombre. Afirmamos que Dios se hizo hombre y se sometió al completo
sinsentido de una muerte absurda y “a-tea” (“Dios mío, por qué me has abandonado”); a partir
de ella, cualquier muerte absurda, cualquier dolor absurdo, cualquier sinsentido puede ser visto
en su espejo, y adquirir, si no significado, al menos solidaridad y compañía: sufro igual que
Dios, muero igual que Dios, ya no estoy solo, y no el dolor o el sufrimiento, pero el sinsentido
se disuelve. La fe no resuelve el mal, pero lo enfrenta, y enseña a enfrentarlo.

10
Tema del “pecado original” en el cristianismo, y similares en otras.
La Biblia y la imagen bíblica de Dios
21) El Dios brutal, vengativo y sediento de sangre, tal como
aparece en el Antiguo Testamento, ¿es aún así un Dios
que ama?

Tendré que poner todo ello entre comillas, me refiero a "Dios brutal,
vengativo y sediento de sangre, tal como aparece en el Antiguo Testamento", Yo he leído, no
una sino muchísimas veces el Antiguo Testamento; es más: lo leo habitualmente, y aun no me
he topado con esa imagen de Dios. No desconozco escenas de brutalidad, pero de ninguna
manera es ese el sentido de las escenas cuando se las lee correctamente.
Lamentablemente ese prejuicio lo suele sostener mucha gente -incluso
muchos creyentes- que no se toman el trabajo de leer el Antiguo Testamento. De aprender a
leerlo, ante todo. El AT es un libro que en algunas partes es trimilenario, y no es sencillo de
leer.
No es sencilla de leer ninguna literatura, luego no lo es ninguna literatura
antigua, y luego no lo es ninguna literatura sacra, y mucho menos una literatura sacra tan
compleja, rica y extensa como los libros bíblicos.
El Antiguo Testamento se mueve en un registro de lenguaje simbólico muy
propio de la literatura sagrada, y no puede leerse como si se tratara de unas simples crónicas
históricas. Pero además, no sólo ha cambiado el hombre en algunos aspectos, sino que también
han ido cambiando sus formas de experimentar a Dios y expresarlo, así que es natural que la
Biblia no contenga una imagen completamente acabada de Dios, puesto que le falta a ella el
resto de la historia, la que protagonizamos y “escribimos” nosotros mismos.
Dicho muy someramente, la Biblia contiene los moldes a partir de los cuales
podemos descubrir a Dios en la realidad de nuestra propia existencia, y en la que nos rodea, lo
que no implica que cada palabra conlleve de manera acabada la imagen de Dios.
Así como en otros tiempos se consideró que la Biblia, como palabra de Dios,
implicaba también un saber físico acerca del origen del mundo, y hoy seguimos creyendo en
ella, pero hemos conseguido separar lo que es competencia de la fe y lo que es competencia del
saber paleontológico, por ejemplo; así también en otros tiempos se consideró que la revelación
de Dios en el AT implicaba aceptar una actuación directa de Dios en los acontecimientos
humanos, y hoy, aunque creemos igualmente en la Biblia, entendemos esos textos de manera
muy distinta.

22) Sin embargo se afirma, por ejemplo, que Dios mismo


exterminó de la tierra a todos, excepto a cuatro
personas...
Como se señaló en la pregunta anterior, los relatos del AT no pueden ser
leídos como crónicas históricas, sino que cada uno debe ser leído en el horizonte de la literatura
a la que pertenece.
El relato del Diluvio al que pertenece la historia aludida en esta pregunta11
pone inicio a la historia de “alianzas”, de “pactos” entre Dios y el hombre; es un anuncio de
salvación, no de perdición. Precisamente su punto de mira no es la destrucción de los hombres,
sino la voluntad de Dios de separar de la humanidad aquellos a quienes mejor dispuestos
encuentra para evitar que la tierra, con la maldad del hombre cundiendo por ella, termine
devastada y completamente pervertida
Más bien la Biblia constata que las perentorias amenazas de Dios al hombre
son siempre postergadas en bien de dar lugar a la misericordia divina, a la conmiseración por el
hombre, y que en esa postergación se van produciendo actos de salvación.
Volviendo al ya mencionado molde de la relación “paterno-filial” como
modelo religioso primario, nadie diría que un padre que lanza amenazas tremendas a su hijo
para que no realice algo que podría ser dañino para él mismo, es por eso mismo un mal padre.
El lenguaje paterno-filial conoce formas muy enfáticas (como “te voy a romper la cabeza” o “te
voy a matar”), que no indican que todo eso se lleve o se haya llevado a la realidad.

23) ¿Debemos nosotros odiar nuestras familias y a nosotros


mismos para ser buenos cristianos? (Lucas 14:26)

Lo mismo que pasa con el Antiguo Testamento pasa con el Nuevo: debe ser
leído con el enfoque adecuado.
Es verdad que la propia tradición lectora, al separar el texto en pequeños
versículos y usarlos como argumentos en las disputas religiosas, favoreció que se leyera la
Biblia como si se tratara de una suma de frases sueltas; pero ese enfoque –que podemos
identificar con el actual “fundamentalismo”- no le hace justicia a la Biblia.
Un primer criterio que debemos aplicar es el de la imagen total que surge de
la Biblia, e incluso que surge de la interacción entre la Biblia y la historia de la Iglesia: el
cristianismo a lo largo de los siglos ha dado muestras no sólo de no negar los lazos familiares,
sino de potenciarlos, y ser artífice de unidad para muchas familias, y eso no significa que se
haya sentido o haya sido infiel a la palabra de Jesús en Lucas 14,26.
En la tradición interpretativa ese versículo se lee como expresión en un
fuerte símbolo, de la absolutez de Jesús: precisamente la familia, la realidad más identitaria para
un judío como Jesús y su entorno, está por debajo de la figura de él, el creyente es convocado a
una experiencia absoluta, que da una raíz enteramente nueva a su vida.

24) Ya que el mundo antiguo era abundante en cuentos de


Dioses-Salvadores resucitados que supuestamente
habían vuelto de la muerte para salvar la humanidad, ¿por

11
Génesis 6-10
qué el mito de Jesús debería ser considerado más
verdadero que los otros?

La resurrección de Jesús es para el creyente un hecho tan real como


cualquier otro hecho real, y no un mero producto fantástico. Eso no quiere decir que sepamos
cómo es el cuerpo resucitado de Jesús. La materia tiene, posiblemente, muchas más
dimensiones que las que alcanza a expresar nuestra razón epifenoménica, por lo que no hay
ninguna contradicción entre afirmar que el cuerpo resucitado de Jesús no está al alcance de la
experiencia material actual, y afirmar que esa resurrección es real y que él permanece
resucitado.
Dicho de otro modo: la dimensión de la materia a la que llegó el cuerpo de
Jesús en su resurrección material y real es distinta a la del registro de la materia sensible, muy
limitado, del que ahora tenemos experiencia. Por tanto la resurrección, siendo un hecho real, no
es un hecho sensible, y no hubiera sido visible para nadie que mirara el momento de la
resurrección. De ese momento no quedó registro en ningún lado, ni siquiera en un texto (podrían
decirme que quedó en la sábana santa, pero creo que la validación de la sábana santa aporta más
problemas que soluciones a este tema).
Tan trascendente es la experiencia de la resurrección, que los relatos bíblicos
no la describen nunca, ni de una ni de otra manera, se limitan a afirmar lo evidente: no está
aquí, la tumba está vacía. Tras lo cual el anuncio de la fe, que proviene de una experiencia
intensamente personal: resucitó.
Ahora bien, los evangelios no desconocen la posibilidad de una explicación
enteramente "agnóstica": se robaron el cuerpo (Mateo 28,13-15)
Puesto que la afirmación "Jesús resucitó" es el núcleo mismo de la fe
cristiana, y no una mera constatación "objetiva", no tiene sentido pretender que sea una
experiencia al alcance de la vista. Los relatos mismos de "apariciones del Resucitado" son
claros en que sólo lo ven aquellos que de antemano están dispuestos a la fe.
Independientemente de todo eso está la debatida cuestión en estos años de si
sería posible que hubiera una urna con unos "huesos de Jesús", y seguir afirmando que él
resucitó (es una cuestión teórica, no basada en ningún hallazgo concreto, pero de lo más
interesante). Aunque yo personalmente estoy convencido de que Jesús destruyó con la energía
de su resurrección todo vínculo material con la existencia en nuestra dimensión de la materia, y
por tanto esos huesos no existen, no veo en esa hipotética urna nada decisivo contra la
resurrección. Lo que sí pienso es que si para nosotros, que vivimos en la época del bosón de
Higgs, y apenas estamos asomando la nariz a la cuestión de las multidimensiones de la materia,
nos es difícil imaginar la resurrección como algo real y material pero no sensible, la existencia
de una urnita con unos huesos de Jesús hubiera sido un autentico escándalo para aquellos a los
que la muerte de Jesús importó (el núcleo inicial de la Iglesia), y la fe en la resurrección no
hubiera ni siquiera nacido.
Si los apóstoles hubieran querido proponer una religión con un Cristo que
hubiera muerto y en vez de resucitar siguiera viviendo espiritualmente en sus creyentes, la
podrían haber formulado así, provocando menos rechazo, en un entorno que estaba bastante
bien dispuesto a predicadores que hicieran buena moral, en vez de proponer locuras como la
resurrección. Si la propusieron es porque, fuera cual fuera la experiencia de ella que tuvieron,
quedaron realmente convencidos de que no era un engaño, ni una entelequia mental, ni una
ilusión colectiva, sino algo real que ellos no podían siquiera conceptualizar. La fe cristiana
consiste, en definitiva, en afirmar que creemos en la fe de los apóstoles.
La época de los apóstoles no es la misma que aquella en que se formularon
los antiguos mitos de dioses que “mueren y resucitan”, aunque para nosotros todo entre dentro
de la “antigüedad”. En época de los apóstoles hay un pensamiento crítico suficientemente
desarrollado para distinguir la cuestión de un mito -en sentido vulgar- y una proposición como
la fe apostólica en la resurrección.
Para un creyente, la explicación de que haya mitos con los mismos
contenidos tópicos que los relatos del Resucitado no es tan difícil: el lenguaje del hombre está
preparado para la experiencia a la que Dios nos llama. La vida humana está preñada de Cristo, y
es normal que se exprese en relatos que en algunos aspectos evoquen el misterio cristiano sin
proponérselo.

25) Si la Biblia es modelo para la moralidad, ¿por qué no


prohibió la esclavitud y la guerra?

La Biblia no es un modelo para la moralidad, en un cierto sentido. Por el


contrario, lo único más inmoral que los relatos bíblicos es la vida misma de los hombres. La
Biblia, sin pudor y sin falsa corrección política, retrata muy ampliamente lo mejor y lo peor de
los hombres, tanto de los no creyentes como de los creyentes. Y surge de allí un cuadro que no
nos favorece demasiado, pero al menos es más real que nuestras novelitas burguesas, o que la
pseudo humanidad madura que se quieren crear las sociedades supuestamente "desarrolladas",
simplemente haciendo operaciones en el lenguaje, prohibiendo tal palabra y proscribiendo tales
otras.
Dicho esto, la Biblia introdujo en la cuestión de la esclavitud suficientes
correctivos para evitar que en Israel alcanzara esta institución todo el rigor que tuvo en el
mundo pagano12. Puesto que la esclavitud es una institución universal en la humanidad, la Biblia
dio el fundamento de un trato humano a los esclavos (por ejemplo, en el derecho bíblico los
amos estaban obligados a comer la pascua con ellos, entre otros muchos "derechos civiles").
En cuanto a la guerra, Jesús sentó las bases de una humanidad que sintiera el
deseo de fraternidad por encima del egoísmo, y así de a poco ir llegando a una superación de la
guerra. Pero la Biblia no es tonta, sabe perfectamente que prohibir sin eficacia es
contraproducente, ¿qué sentido tendría una "prohibición de la guerra" si el hombre no cambia el
corazón? La Biblia se ocupa de promover eso, de dar los medios espirituales para desear ese
cambio y ponerse en movimiento a él.
Por eso en los países que fueron educados en la fe cristiana se llegó a lo
largo de siglos a la prohibición efectiva de la esclavitud, aunque nunca del todo realizada,
lamentablemente. Y en esos mismos países quedó en algún lugar almacenada la conciencia de la

12
Por ejemplo, viene bien leer fragmentos como Ex 21,2.20.26ss, Dt 15,12ss, Lv 25,39-55 y muchos
pasajes más. Es verdad que muchos se refieren, conforme al derecho general antiguo, no al esclavo en
general sino al esclavo del propio pueblo, pero no deja de ser notable el avance respecto del mundo en
torno. Lo que falte hay que seguir haciéndolo.
vaciedad de la guerra, como para seguir aspirando a su, poco probable pero Dios quiera que
real, abolición.

26) Si la Biblia es la palabra de Dios libre de errores, ¿por qué


de hecho contiene tantos errores, como los dos relatos
contradictorios de la Creación en el Génesis?

La Biblia es la palabra de Dios libre de errores, aunque no en el sentido


fáctico en que la pregunta lo dice. De hecho, contiene algunos errores materiales fácilmente
constatables, y mucho más notorios que lo que la pregunta señala como error y que no es tal: no
hay dos relatos de la creación contradictorios, sino un poema de la creación, en su propio
lenguaje, escrito hacia el siglo V aC, Génesis 1, y un relato de la creación-caída del hombre en
su propio lenguaje, de alrededor del siglo VII aC, o quizás en su núcleo literario, aun anterior.
En uno se habla de cosas de las que no se habla en el otro, y se hacen interpretaciones acerca de
la naturaleza y del hombre perfectamente complementarias, claro que cada uno debe ser leído
con sus propias claves, como requiere la buena lectura en general.
La Biblia es la palabra de Dios expresada en y por un lenguaje humano,
atado por tanto a la percepción y al modo de expresarse de las distintas épocas y los distintos
sujetos implicados en su producción. La Iglesia lo expresa en su Constitución «Dei Verbum»
así:
«Lo revelado por Dios, que se contiene y manifiesta en la Sagrada
Escritura, fue consignado por inspiración del Espíritu Santo. La santa Madre Iglesia, conforme
a la fe apostólica, tiene por santos y canónicos todos los libros del Antiguo y del Nuevo
Testamento, con todas sus partes, puesto que, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo,
tienen a Dios como autor, y como tales le han sido entregados a la propia Iglesia. Pero en la
realización de los libros sagrados, Dios eligió a unos hombres, a quienes recurrió utilizando
ellos sus propias facultades y capacidades, de modo que, obrando él en ellos y por ellos,
transmitieron como verdaderos autores, todo y sólo lo que él quería.» (Dei Verbum, 11)
Esto implica, por ejemplo, que en cuanto al saber reflejado en los textos y
que no sea nuclear a lo que Dios quiere comunicar como voluntad suya al hombre, el escritor
actuó según su propio saber, en muchísimos casos superado por el saber de épocas posteriores.
Por ejemplo, si Dios quisiera comunicar que la tierra es plana y todo el
universo gira alrededor de él, no nos quedaría más salida que negar que la cosmología física
actual es equivocada (como hacen algunos grupos evangélicos fundamentalistas), o que Dios se
equivocó al revelar la verdad de su universo. Pero el relato de Génesis 1 lo que quiere sentar, su
intención revelatoria (que puede descubrirse con un concienzudo análisis literario), es el lazo de
“creaturidad” que une a cada realidad con Dios. Ese lazo de creaturidad es a la vez una
dependencia en el ser con respecto a Dios, y una promoción de cada creatura a la realización del
bien que la identifica (en el hombre es el señorío respecto de todo, como “imagen de Dios” que
es); eso sigue siendo cierto sea como sea que imaginemos la posición de la tierra en el universo,
su forma geométrica, o el modo como cada ser en concreto adquiere su existencia a lo largo de
su historia.
A lo largo del tiempo, y sobre todo desde el siglo XVII se insistió en la
“ausencia de error” del texto bíblico, como una forma apologética y polémica de expresar su
carácter divino, y debe decirse que en muchos casos no se distinguió adecuadamente los niveles
y tipos de error que puede contener un texto, y por tanto si todos ellos tienen que ver con el
carácter divino de las Escrituras. Hay al respecto expresiones poco afortunadas en la enseñanza
de la Biblia en la Iglesia.
En la actualidad esta convicción se expresa así, precisamente en el párrafo
que sigue al ya citado de Dei Verbum 11:
«Como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirmaron, debe
tenerse como afirmado por el Espíritu Santo, debe confesarse que los libros de la Escritura
enseñan firmemente, fielmente y sin error, la verdad que Dios por nuestra salvación quiso
consignar en las Sagradas Letras.»
Por tanto, para hablar de ausencia de error el texto debemos bucear en el
texto llegando a su intención salvífica, a aquello que se dice “por nuestra salvación”, y que tiene
que estar realmente en la intención del texto (que no es necesariamente idéntico a lo que el texto
parece afirmar), porque Dios quiere afirmar lo que el texto realmente afirma. En el ejemplo del
relato de la creación, lo afirmado realmente en el texto es el lazo de creaturidad que une a Dios
con cada realidad del universo, y no el modo de producción material.
Todavía hoy existen grupos, incluso dentro del catolicismo, que pretenden
“blindar” la literalidad de la Escritura con una declaración de inerrancia “absoluta”, pero la
realidad no se puede modificar con decretos: la Biblia contiene expresiones que literalmente
consideradas constituyen errores, y eso es parte del modo como hoy comprendemos la Biblia.

27) ¿Por qué la Biblia no fue escrita de una forma directa que
no deje dudas sobre su significado?

Nada escrito en lenguaje humano es "de forma directa" y sin dudas sobre el
significado. Estas mismas preguntas, que parecen tan claras y directas, están llenas de
ambigüedades. Incluso para poder resolver algo tan sencillo como 1+1 debo primero saber en
qué sistema está escrito: sólo será 2 si el sistema es decimal. Como con lo contemporáneo
damos por supuestos muchos códigos, nos parece que nos expresamos con claridad y concisión,
pero es sólo una ilusión mental: la palabra humana es siempre una red, y la Biblia, palabra de
Dios, es, por todo lo ya dicho, una palabra profundamente humana.
La voluntad de Dios es entrar en relación con el hombre, llegar a ser
reconocido como creador y salvador, donar al hombre (incluso a quien lo rechaza) su ser, su
bondad, su verdad. Todo eso está dicho con claridad en la Biblia, a través de una epopeya, la de
las Alianzas divinas con el hombre amasadas en la historicidad esencial del hombre, que
culminan en la gran alianza de vida, inaugurada -como no podía ser menos tratándose del
mundo humano-, en un sitio de desolación y muerte: el calvario.
Religión y sociedad
28) ¿La historia sangrienta del Cristianismo se corresponde
con lo que se supone ser la religión de amor?

La pregunta es capciosa, porque supone admitir como cierto el tópico de "la


historia sangrienta del cristianismo". Yo me preguntaría si la historia sangrienta del hombre
demuestra la falsedad de la humanidad.
En el caso del cristianismo tenemos una sociedad colectiva visible, la Iglesia,
a la que podemos achacar la responsabilidad de hechos ocurridos en otros tiempos con otros
hombres. No está mal achacar esa responsabilidad, mientras se le achaquen también los
beneficios de esa misma colectividad.
Por ejemplo, la mayoría, por no decir todos, los científicos de los que se
ufana la historia de la ciencia, eran eclesiásticos u hombres de Iglesia, formados en ella. Incluso
nombres debatidos y presentados como contrarios a la Iglesia -pongamos por caso Galileo-, eran
gente de Iglesia, que se movía en círculos eclesiásticos, y estudiaba y proponía sus tesis e
inventos financiados por gente de Iglesia. Naturalmente, en muchos casos, como ocurre con
toda sociedad visible, se trataba de una facción de unos contra otros, pero todos eran Iglesia y de
la Iglesia.
Entonces estoy dispuesto a admitir la "historia sangrienta del cristianismo" si
se me admite que "la ciencia tal como la practicamos es de origen eclesiástico".
Yo no pienso realmente eso. Más bien creo que los hechos realizados por
hombres son de la humanidad, sea quien sea al que le toque ocasionalmente encarnar la idea
dominante de cada época. Pero formulo la cosa para que se vea lo parcial y voluntariamente
sesgado que es hablar de la "historia sangrienta del cristianismo".
Donde hay ser humano hay "historia sangrienta", porque el ser humano (y
los relatos del inicio de la Biblia lo retratan en toda su crudeza) parece adolecer de una innata
morbosidad fratricida. Apuntar al cristianismo como "causa" es distraer de la cuestión central, el
hombre.
Una religión del amor no implica que quienes se bautizan se convierten en
seres de amor; eso sería magia, no religión, y la magia parece que es bastante ineficaz en todo,
incluyendo en convertir esto que somos en "seres de amor". Los sacramentos no son magia, son
signos que nos ponen en un camino: el que es bautizado en Cristo (la expresión significa en
griego "ser sumergido en Cristo") se pone en camino de dejar que su vida sea guiada y llevada a
plenitud por el propio Cristo, a imitación de su Vida, que fue de completa autodonación.
El sacramento de la eucaristía no nos pone en una mágica comunión con
Dios y todos los seres humanos, nos pone en dirección a aceptar la comunión con Dios y con los
demás como un objetivo real y pleno para nuestra vida.
Lo mismo debe decirse de los restantes cinco sacramentos. Ninguno de ellos
obra por magia, no son eso, ponen en camino, marcan un rumbo, y disponen de parte de Dios a
quien lo recibe a que si lo quiere, pueda caminar en ese camino.
Pero hasta ahí su eficacia: es el hombre el que debe dar el sí al cambio de su
corazón, a ver a los demás como hermanos y no como enemigos, etc.
En el cristianismo se ven más los defectos de los hombres, precisamente
porque tiene a la vista y abierto a todos cuál es el objetivo y el ideal.

29) La última vez que el Cristianismo alcanzó poder total,


resultó una “época oscura” como el Medioevo, ¿entonces
por qué deberíamos esperar algo diferente de los
fundamentalistas cristianos de hoy?

"La última vez que el Cristianismo alcanzó poder total, resultó una “época
oscura” como el Medioevo", es un juicio histórico habitual, aunque bastante genérico y como tal
difícil de fundamentar. Técnicamente se llama "época oscura" a una época de la que carecemos
de documentos históricos que nos permitan reconstruirla de primera mano; es, por tanto, un
tecnicismo de la historiografía. Efectivamente hay en el medioevo (un largo período de unos 10
siglos) una primera etapa "oscura" en el sentido historiográfico. Poseemos de todo el desarrollo
de la historia europea, desde poco antes de la caída de Roma, hasta el renacimiento carolingio,
es decir, de unos cuatro siglos, apenas un puñado de documentos, y testimonios en muchos
casos indirectos: murió una civilización basada en un fuerte poder central, y cuando el muerto, a
los cuatro siglos, abrió los ojos, nos encontramos con una Europa en lucha de pequeños reinos,
pero con un sentido de unidad y totalidad que asombra... ¿qué pasó entre medio? precisamente
se llama "época oscura" a aquella cuya reconstrucción se realiza sobre la base de escasísima
información de primera mano. No es un juicio de valor, sino un reconocimiento a las pobres
condiciones epistemológicas con las que realizamos nuestras reconstrucciones.
En otro sentido más popular, se ha instalado el uso de la metáfora de la
oscuridad -introducido por algunos pensadores del renacimiento- para referirse al medioevo en
conjunto, uso que carece completamente de valor como conocimiento. Por ejemplo, el
Medioevo cristiano ha compilado, enriquecido y transmitido todo el derecho que nosotros
conocemos como "derecho romano", el Medioevo cristiano ha compilado, traducido,
enriquecido, adaptado y comentado toda la obra de los filósofos griegos y árabes; ha creado una
institución completamente original como es la universidad (cuya noción de "libertad de cátedra"
recién redescubrimos en el siglo XX, luego de la oscuridad del Iluminismo, que prácticamente
la abolió). Y esto por mencionar sólo tres aspectos luminosos de la "oscuridad" del Medioevo
cristiano.
Eso no implica negar las contradicciones de la época, como si negáramos la
grandeza de la ciencia física del siglo XX porque los científicos que trabajaron en ella fueron los
mismos que además fabricaron una bomba aniquiladora como la de Hiroshima, o como si se
negara el gran valor del conocimiento genético alcanzado en nuestra época por el hecho de que
muchos de esos estudios están vinculados a la búsqueda de la eugenesia, es decir, de la
selección humana en su más oscuro aspecto de racismo y discriminación.
Todo el que tiene poder se corrompe, eso lo saben hasta los niños de pecho
(que manejan a su madre a berridos). El poder es una fuerza terrible, posiblemente la peor de las
fuerzas destructivas del hombre. Pero es imposible -o al menos no para todos y en condiciones
normales- vivir fuera del poder: formamos comunidades, y esas comunidades necesariamente
reparten poder.
Los hombres de Iglesia, promovidos a la posesión y uso del poder humano
no actuaron mejor que los demás. Espero que se les pida cuenta en el Juicio, pero de momento
el juicio de la historia debe ser tan duro con ellos como con los demás. Pero eso no significa
tener que asumir una especie de culpa colectiva. En todo caso en esos mismos siglos hubo
muchísimos cristianos realizando en su vida y entorno el Evangelio de Jesús.

30) ¿Pero no deberían los cristianos rechazar cualquier


relación con el poder, teniendo a lo largo de la historia tan
manchadas las manos?
Pretender una especie de culpa colectiva del cristianismo en tanto
cristianismo por los excesos del poder sería como pretender que todos tienen que ser creyentes
porque hubo regímenes ateos atroces, en los que abundó la barbarie.
Sólo para remitirme a las persecuciones cercanas y hechas en nombre de la
"racionalidad", podemos comenzar por la Revolución Francesa, esa borrachera de igualdad y
fraternidad sólo para los que quedaron vivos... se entraba a saco en las iglesias a matar gente, y a
destruir sin ninguna piedad ni sentido histórico al menos, las joyas de la cultura antigua, sólo
porque tenían cruces, cosa imperdonable en un estado nuevo tan racional e igualitario... Miles
de personas perdieron la vida en ello, además de los incalculables testimonios culturales que
desaparecieron.
Otro tanto en la URSS, desde el triunfo del comunismo hasta el
desmembramiento de la Unión Soviética y el reconocimiento de la libertad de creer y practicar
la religión: tres cuartos de siglo de persecuciones y matanzas suficientemente documentadas.
Las matanzas nazis tienen estado público y no necesito demostrarlas: no
fueron en nombre de Cristo, precisamente, sino de un ser humano que se había liberado por fin
del yugo de los dioses para cantar el advenimiento del superhombre y de su voluntad de
poderío.
Vayamos al bando de "los buenos" de la Guerra Civil española: se ha matado
miles de personas por el hecho de ser creyentes y en cuanto creyentes. Ni hablemos de las
vejaciones, violaciones de monjas por el hecho de que habían hecho voto de castidad, quemas
de iglesias y objetos religiosos, etc etc etc. Todo eso está perfectamente documentado y hasta
hay fotografías de gente alegremente quemando al cura en la plaza del pueblo, en nombre de los
nuevos tiempos que barrerían con el oscurantismo de la religión.
Sin ir más lejos y para evitar que se crea que todas esas cosas, tan cercanas,
han quedado en definitiva en el pasado, contaré una anécdota de hace nada, de febrero del 2012:
Resulta que en la Catedral de Granada hay una placa homenaje a los curas de
la diócesis que fueron torturados y quemados por los marxistas en el contexto de la guerra civil,
y por el solo hecho de ser cristianos. Entonces Martu Garrote, dirigente socialista madrileña,
subió a su facebook una foto de la placa homenaje, y comenta: "Siempre digo que en España
quemamos pocas iglesias y matamos pocos curas, pero en la Catedral de Granada dan fe de lo
malos que somos los rojos". La cita es literal. es decir que a esta dirigente política democrática
le parece no sólo correcta la matanza religiosa del 34-36, sino aun insuficiente.
Todo esto no excusa de ninguna manera la barbarie semejante pero de signo
contrario perpetrada por muchos creyentes, pero muestra que si alguien debería asumir una
culpa colectiva es la humanidad, la misma que hoy sigue ejerciendo el mismo poder, y de
idéntico modo.
Es verdad que hay cierta apologética cristiana que pretende apoyar la
veracidad de la fe en la barbarie de los regímenes ateos. Hay que reconocer esa apologética
como mala apologética, y abandonarla. El hombre no necesita verdades para asesinar a sus
semejantes, le basta con tener excusas a mano. Como afirma un personaje del Calígula de
Camus: «No creo que necesites pruebas para hacer morir a un hombre.»
En ciencia estudiamos que las causas no deben multiplicarse
innecesariamente –el principio llamado de “la navaja de Occam”-, y que si un fenómeno se
produce con o sin determinado fenómeno concomitante, la causa no debe ponerse en ese
fenómeno concomitante. Si vemos que el hombre se ha comportado, y se comporta, como lobo
para el hombre, con y sin religión, poner la causa del asunto en la religión es distraer del
verdadero problema.
En una mirada de conjunto, lo que la historia muestra es que allí donde hay
gente auténticamente religiosa, el poder se ejerce con un poco más de moderación, y
difícilmente se llega a la tiranía y las persecuciones, que son propias de hombres que se creen
fundamento y límite de sí mismos, lleven como símbolos cruces gamadas, estrellas, hoces, o
probetas.