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Criterios que permiten distinguir entre ortodoxia y herejía en las


"Prescripciones" contra todas las herejías de Tertuliano

Preprint · November 2017


DOI: 10.13140/RG.2.2.20375.73126

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Mikhail Tkalich
Universidad Pontificia Comillas
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FACULTAD DE TEOLOGÍA

CRITERIOS QUE PERMITEN DISTINGUIR ENTRE ORTODOXIA


Y HEREJÍA EN LAS “PRESCRIPCIONES” CONTRA TODAS
LAS HEREJÍAS DE TERTULIANO

POR MIKHAIL TKALICH SJ

Profesor guía: Dr. SAMUEL FERNÁNDEZ E.

Noviembre 2017
Santiago, Chile
Índice

Introducción ............................................................................................................... 3
1. El contexto de la obra ............................................................................................. 4
2. El objetivo de la distinción entre ortodoxia y herejía .............................................. 5
3. Los criterios sobre las fuentes y el desarrollo de la doctrina ................................... 6
a. La escritura...................................................................................................... 6
b. La regla de la fe ............................................................................................... 6
c. La comunión con las iglesias apostólicas ......................................................... 7
4. Los criterios sobre el carácter de la doctrina ........................................................... 8
a. La simplicidad y la claridad ............................................................................. 8
b. La antigüedad .................................................................................................. 9
c. La obediencia .................................................................................................. 9
5. Los criterios sobre las consecuencias de la doctrina ................................................ 9
a. La disciplina y la unidad en las comunidades................................................... 9
b. El culto .......................................................................................................... 10
c. El estilo de la vida ......................................................................................... 10
Conclusiones ............................................................................................................ 11
Bibliografía .............................................................................................................. 13

2
INTRODUCCIÓN
El presente trabajo nace del deseo de extraer de la obra de Tertuliano “Prescripciones”
contra todas las herejías los criterios que el autor usa -y propone a sus destinatarios- para
distinguir la ortodoxia de la herejía. En las “Prescripciones”, Tertuliano refuta las
pretensiones de los herejes, es decir, de los investigadores o los predicadores que, consciente y
continuamente, recurren a doctrinas falsas y permanecen en ellas (cfr. VI, 2). La fe cristiana,
como lo muestra la historia, una y otra vez se encuentra frente a la amenaza de la distorsión de
la doctrina y tiene que esforzarse para clarificar la enseñanza auténtica y explicar las
deficiencias de las soluciones erradas. Los tiempos cambian y las amenazas que inspiraron a
Tertuliano a componer esta obra dieciocho siglos atrás no son las mismas que podemos
encontrar en el mundo moderno. Sin embargo, las reflexiones de este escritor antiguo,
posiblemente, pueden proveer la luz para las investigaciones actuales. Desde esta perspectiva,
el presente trabajo trata de responder a la pregunta ¿cuáles son los criterios que el autor usa en
las “Prescripciones” para distinguir entre ortodoxia y herejía?
Para este propósito, se propone la lectura analítica de la obra completa, extrayendo y
estructurando los distintos criterios, desarrollados a lo largo del texto. No se pretende realizar
un análisis profundo de los criterios encontrados, pero sí exponer de manera exhaustiva el
conjunto completo de ellos, a pesar de la probable limitación debida a la aspiración de
proponer una clasificación de los mismos.
El contexto de la obra, expuesto en el primer capítulo -con el tenor de la discusión, los
adversarios y los destinatarios de la obra- puede ser útil para la comprensión de algunas de las
afirmaciones de Tertuliano. El segundo capítulo trata de los motivos de la distinción entre
ortodoxia y herejía que el autor señala.
Los tres capítulos siguientes desarrollan directamente el tema indicado por el título del
trabajo. Los criterios están agrupados en tres bloques. El primero, da indicaciones para
distinguir entre la doctrina ortodoxa y la herética, mirando sus fuentes y los puntos de
referencia de su desarrollo. El segundo, muestra las características del contenido y de la
predicación de una doctrina que permitan realizar el discernimiento. El tercero, se concentra
en el modo en que tanto la doctrina ortodoxa como las doctrinas heréticas se ven reflejadas en
la vida de las comunidades, sus prácticas litúrgicas y en la vida cotidiana de sus seguidores.
Finalmente, en las conclusiones, se recopila los frutos esenciales de la investigación
con el fin de mostrar en forma resumida los criterios expuestos por el autor y las
características distintivas de la ortodoxia y la herejía. Además, se propone una valoración
posible de la argumentación de Tertuliano.

3
1. EL CONTEXTO DE LA OBRA
Tertuliano nació en una familia pagana en Cartago, la importantísima ciudad en el
Norte de África, y gran parte de su vida permaneció como pagano convencido. Se convirtió al
cristianismo debido a su curiosidad e impresionado por los ejemplos de los mártires, por el
testimonio de la vida fraterna de los cristianos, que contrastaba con el ámbito pagano, y,
finalmente, por la alta credibilidad que vio, este hombre apasionado por la búsqueda de la
verdad, en esta fe 1. Después de la conversión, Tertuliano, ya formado como un intelectual
profundo, pone todo su esfuerzo al servicio de la fe cristiana, tanto en el área de la defensa
ante los paganos, judíos y gnósticos, como en el deseo de ahondar y explicarla cada vez mejor
a los cristianos mismos 2.
La obra, escrita entre el 198 y el 206, se sitúa en la época del crecimiento poderoso de
las sectas heréticas, que causaban numerosas confusiones entre los fieles junto con los
pastores de la Iglesia. Todas las herejías, a las cuales se refiere Tertuliano, se inspiran en la
doctrina del gnosticismo, y usan ampliamente la Sagrada Escritura para probar sus tesis 3.
Estas son las condiciones, a las cuales se refiere Tertuliano al inicio de su obra: “La condición
de los tiempos presentes nos obliga…” 4. Frente a esta crisis el escritor se preocupa por los
rasgos firmes del camino seguro que permite llegar a la recepción auténtica de la revelación.
Según Vicastillo, Tertuliano dirige su obra no sólo (o no tanto) a los herejes mismos, sino
(también) a los fieles cristianos, y, por lo tanto, trata de ofrecer argumentos sencillos y
eficaces a la vez 5. Se esfuerza, con rigor y pasión, característicos en él, en mostrar decisiva e
irrefutablemente las condiciones de la interpretación de la Sagrada Escritura, adecuadas a la fe
cristiana. Explica que no todos tienen derecho a usar la Biblia para sus deducciones 6.
En lo que sigue, luego de presentar el objetivo que tiene Tertuliano para distinguir
entre la doctrina sana y la doctrina herética, se presentarán los criterios de distinción entre dos
tipos de doctrina propuestos por el autor.

1
Salvador Vicastillo, «Introducción», en “Prescripciones” contra todas las herejías de Tertuliano, ed. y
trad. por Salvador Vicastillo (Madrid: Editorial Ciudad Nueva, 2001), 13; 16-17.
2
Juan Antonio Gil Tamayo, «“Prescripciones” contra todas las herejías», reseña de “Prescripciones” contra
todas las herejías, de Tertuliano, Scripta Theologica 34, n.o 3 (2002), 976.
3
Vicastillo, «Introducción», 46; 54-55.
4
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, I, 1 (introducción, texto crítico, traducción y notas
de Salvador Vicastillo, Fuentes patrísticas 14, Madrid: Editorial Ciudad Nueva, 2001), p. 141.
5
Vicastillo, «Introducción», 84-85.
6
Gil Tamayo, «“Prescripciones” contra todas las herejías», 977.

4
2. EL OBJETIVO DE LA DISTINCIÓN ENTRE ORTODOXIA Y HEREJÍA
Tertuliano explica la diferencia básica entre ortodoxia y herejía a partir del significado
del sentido de la misma palabra griega “herejía”, que se refiere a una elección individual.
Ortodoxo es uno que elige la doctrina verdadera y válida, la recibe de las fuentes seguras y la
acepta en la fe, sin cambiar nada en ella ni introducir algo según su parecer arbitrario. En
cambio, hereje es uno que con su razón elige arbitrariamente una doctrina falsa, inválida, para
aceptarla en la fe o enseñarla a los demás 7. Un cristiano que confiesa la doctrina ortodoxa no
está libre de los errores en su actuar, sin embargo, no es el comportamiento que define al
hereje, sino la doctrina que él confiesa por su elección. La autenticidad de la fe es mucho más
importante, que las obras 8. Aquí el autor entra en la discusión con los gnósticos, para los
cuales, según Tertuliano, existe una diversidad de elecciones igualmente válidas, cada una de
las cuales revela un aspecto parcial de la verdad, como lo explica Vicastillo en una nota 9. La
presencia de las herejías no contradice a la esperanza de los cristianos, ni muestra la debilidad
ni las deficiencias del cristianismo; al contrario, ellas existen para proporcionar las ocasiones
de verificación de la confianza de la fe: revelan -a menudo, en el camino de las persecuciones-
la fuerza de unos creyentes y la debilidad de los otros 10.
El fin superior de Tertuliano para hacer la distinción entre ortodoxia y herejía, y de su
exposición de los criterios necesarios para esto, consiste en proteger el camino seguro de la
salvación del hombre. Las herejías, siendo elecciones conscientes y arbitrarias de una doctrina
falsa, conducen a sus seguidores a la muerte eterna y destruyen la unidad de la Iglesia. Aún
más, los herejes se condenan a sí mismos por hacer una elección consciente y arbitraria de una
doctrina falsa y condenada 11. La aceptación de una enseñanza incompatible con la ortodoxia o
la búsqueda continua, la que impide vincularse definitivamente al mensaje evangélico seguro,
imposibilita también la unión con Cristo mismo y, por lo tanto, la salvación traída por él. El
problema de la determinación y el rechazo de la herejía es, finalmente, la cuestión de la vida o
la muerte eternas 12.

7
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, VI, 2-4; cf. ibíd., VIII, 15.
8
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XXIII, 10-11; cf. ibíd., III, 5-6.
9
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, (FuP 14, p.157, nota 49).
10
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, I, 1; II, 1-5.8; IV, 6.
11
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, II, 4; V, 4; VI, 2-3.
12
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, X, 6.9.

5
3. LOS CRITERIOS SOBRE LAS FUENTES Y EL DESARROLLO DE LA DOCTRINA
a. LA ESCRITURA
El criterio de la Sagrada Escritura como la fuente de la fe ortodoxa es central: “Lo que
somos, esto lo son las Escrituras desde su inicio. De ellas somos; antes que [fuesen
interpoladas por vosotros], nada fue de otro modo a como somos nosotros” 13.
Uno de los signos alarmantes de la herejía es su falta de aceptación de la Sagrada
Escritura en su plenitud e integridad. Tertuliano caracteriza de peligrosos los casos cuando en
alguna predicación se quita algo de los textos sagrados, cuando algo se añade o cuando se
transforma el contenido de tal modo que el sentido del texto resulta contrario al significado
original. Los herejes proceden así para librarse de lo que refuta su enseñanza e introducir lo
que la prueba, en lugar de adaptar su creencia a la fuente, acomodan los textos a su sistema14.
Según explica Vicastillo, aquí Tertuliano se refiere a Marción y Valentín. El primero aceptaba
como Sagrada Escritura solamente el Evangelio de Lucas y las cartas de San Pablo, también
parcialmente; el segundo, admitiendo toda la Escritura, la interpretaba de modo arbitrario 15.
Los herejes nacen de la Escritura, se inspiran en ella, pero la subordinan a sus propios
intereses y se vuelven así contrarios a ella 16. A guisa de ejemplo, se afirma que los que no
aceptan los Hechos de los Apóstoles no comparten el don del Espíritu Santo, porque así se
alejan del texto que habla sobre el envío de él a los discípulos; no pueden referirse a la
enseñanza de San Pablo, porque así no tienen fundamentación del envío de este 17. El uso sabio
de la Sagrada Escritura proporciona una defensa muy sencilla y concreta: en ella podemos
encontrar varias herejías identificadas y condenadas por los Apóstoles, las que los herejes
siguen repitiendo, ya sea en la misma forma o con un contenido derivado o vinculado con
ellas. Obviamente, lo que fue rechazado por los Apóstoles, debe ser rechazado también por
nosotros 18. Los ejemplos de tales creencias los enumera Tertuliano en XXXIII, 3-7.9-12.
En una palabra, una enseñanza, que no acepta la Sagrada Escritura en su plenitud e
integridad, debe ser considerada como herejía y rechazada 19.
b. LA REGLA DE LA FE
Por un lado, Tertuliano admite que el camino de la fe es el camino de la búsqueda
continua. Por otro lado, insiste en que las fuentes para la investigación deben ser elegidas

13
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XXXVIII, 5 (FuP 14, p.283).
14
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XVII, 1-3.
15
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, (FuP 14, p.199, nota 8); cf. ibíd., XXX, 8-11;
XXXVIII, 7.9-10.
16
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XXXVI, 6; XXX, 8-11.
17
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XXII, 11; XXIII, 3.
18
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XXXIII, 1-2; XXXIV, 8; XXXVII, 5-6.
19
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XLIV, 13.

6
escrupulosamente. Sería raro no solo basarse en los extraños, los enemigos, los rebeldes
respecto a la fe, sino que también entrar en diálogo con ellos, excepto para intentar
corregirlos 20. El grupo de los interlocutores peligrosos incluye, como lo veremos después, a
los que dicen seguir buscando por no haber encontrado todavía. Pasa a menudo, que los
predicadores falaces señalan que están en búsqueda para ablandar nuestra certeza y para
sembrar luego en nuestro corazón una afirmación ya formada anteriormente, a la cual nos
quieren llevar 21. “Busquemos, por tanto, en lo nuestro y de los nuestros y sobre lo nuestro; y
sólo aquello que, salva la regla de fe, puede convertirse en cuestión” 22.
La regla de la fe, expuesta por Tertuliano, es una profesión de la fe en Dios uno y trino,
junto con la doctrina acerca de la encarnación, la muerte, la resurrección y la ascensión de
Cristo, los sacramentos del bautismo, la confirmación y la eucaristía, la Sagrada Escritura la
resurrección de todos los hombres, el juicio final y la vida venidera 23. Esta regla es la luz y los
límites para la búsqueda auténtica de los cristianos. Cualquier investigación que intenta
cuestionar los artículos de la regla de la fe es fallida desde su inicio, porque significa ponerse
fuera de la fe cristiana, morder la mano que nos da de comer 24. “No saber nada contra la regla
de fe es saberlo todo” 25.
c. LA COMUNIÓN CON LAS IGLESIAS APOSTÓLICAS
Otro criterio, que ilumina la distinción entre ortodoxia y herejía, es la comunión con las
iglesias apostólicas, lo que asegura la concordia con la enseñanza apostólica y la derivación de
ésta. La predicación ortodoxa, según Tertuliano, proviene solamente de la única Iglesia que
predica la fe recibida por los Apóstoles. Todas las iglesias locales, fundadas por los apóstoles,
junto con las que fueron establecidas posteriormente y permanecen en comunión con las
primeras, forman una única Iglesia; de modo tal que todas ellas son apostólicas. Esta única
Iglesia recibió, a través de los Apóstoles, el Evangelio y la misión de Cristo, que los recibió de
Dios, ella transmite la enseñanza auténtica y completa, asegurada por la presencia del Espíritu
Santo 26. Recibió, comprendió adecuadamente y sigue transmitiendo auténticamente la
revelación de Dios en Cristo en su plenitud, aunque algunos herejes rechazan esta
afirmación 27.

20
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XII, 1-4; XIV, 13; XXXVII, 2-3; cf. VII, 12-13; X, 1-9.
21
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XIV, 6.8-9.
22
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XII, 5 (FuP 14, p.185); cf. ibíd., XXXVIII, 4.
23
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XIII, 1-6; XXXVI, 4-5; cf. XXVI, 9.
24
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XIV, 1; XXX, 14; XLII, 7-8.
25
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XIV, 5 (FuP 14, p.193).
26
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XX, 7-8; XXI, 1-5; XXII, 3.8; XXIII, 7-9; XXIV,
5; XXXVII, 1.
27
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XXII, 2-3.9; XXV, 6.8; XXVI, 2-4.6; cf. XXX, 16-
17; XXXVI, 3; XLIV, 6.

7
El mismo Cristo y los Apóstoles insistían en la necesidad de la unidad de la doctrina de
todos los cristianos; esta unidad es un signo seguro de la credibilidad de la enseñanza. Al
mismo tiempo, la unidad de la doctrina se asegura, de modo especial, por la integridad de los
instrumentos proporcionados por los fundadores mismos, y estos se mantienen firmemente en
la Iglesia Apostólica 28. Por eso Tertuliano sostiene que, para saber si podemos confiar que una
comunidad predica la ortodoxia, hay que comprobar que ella es apostólica por estar fundada
por uno de los Apóstoles o por tener la doctrina coherente con la de las iglesias, de cuya
apostolicidad no tenemos duda, y estar en comunión visible con ellas 29.

4. LOS CRITERIOS SOBRE EL CARÁCTER DE LA DOCTRINA


a. LA SIMPLICIDAD Y LA CLARIDAD
Contraponiendo el método de los cristianos a el de los filósofos, Tertuliano utiliza
como ejemplo para los cristianos a Salomón, el cual sabía que al Señor hay que buscarlo “con
simplicidad de corazón” 30. Para este escritor patrístico, eso significa domar la curiosidad y
abstenerse de la investigación que se realiza en aras de aprender cada vez más, sin fin. El
conocimiento, obviamente, no tiene para él ningún valor autónomo, por lo menos en el ámbito
de la fe, en el cual hay que conocer lo poco que es necesario para aceptar a Cristo y su
Evangelio. La curiosidad de la razón es válida, sobre todo, hasta la conversión al cristianismo,
y en cuanto conduce a éste. Lo que hay que hacer después, es creer en lo recibido, que es
mucho más valioso que saber para la salvación 31. Cultivar la curiosidad después de encontrar a
Cristo y acoger el Evangelio significaría, de hecho, falta de fe y el deseo de encontrar algo
distinto 32. Exactamente es esta inquieta curiosidad lo que identifica a los herejes y los conduce
a la perdición a ellos y a los que les siguen 33.
Además, la doctrina ortodoxa se caracteriza por la claridad de la predicación sin
ambigüedades. Donde se permiten las interpretaciones diversas del Evangelio, la ortodoxia ya
se ha acabado. Los que predican un contenido distinto en ámbitos distintos (no de modo
distinto), son engañadores. El autor saca este criterio de las palabras de Jesús en Mt 5, 37:
“Sea vuestro lenguaje: sí, sí, no, no, pues todo lo que es más que eso, viene del maligno” 34.

28
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XXVI, 11-12; XXVII, 6; XXVIII, 3; XXXVIII, 1.3.
29
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XXXII, 1-3.5-6.8; XXXVI, 1.3; XXXVII, 4.
30
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, VII, 10 (FuP 14, p.169); véase Sb 1, 1.
31
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, VII, 10-12; VIII, 4; IX, 4.6; X, 3-5; XIV, 5.
32
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XI, 2.
33
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XXX, 1-3.
34
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XXVI, 12 (FuP 14, p.235); ibíd., XXVI, 9-10.

8
b. LA ANTIGÜEDAD
Otro criterio que ayuda a identificar la ortodoxia y la herejía es el criterio de la
antigüedad de la doctrina. La parábola sobre el sembrador (Mt 13, 24 ss.) nos muestra que
primero el Señor siembra las semillas de la verdad y después viene el diablo para sembrar el
heno estéril. Entonces, la doctrina cristiana ortodoxa es la que existe antes de la herética.
Estas, siendo posteriores, tratan de corromper lo que ya está presente, la verdad que siempre es
anterior a los intentos de pervertirla. En otras palabras, a partir de Cristo, cuanta más antigua
es la enseñanza, es más segura su autenticidad 35. “(…) toda interpolación ha de ser
considerada posterior, puesto que proviene, evidentemente, de un motivo de rivalidad -y la
rivalidad no es nunca ni anterior ni familiar de aquello con lo que se rivaliza-” 36.
Este criterio nos es útil sobre todo en el caso de las herejías, que no fueron condenadas
explícitamente por los Apóstoles o las cuyo contenido no se vincula a estos 37.
c. LA OBEDIENCIA
El aspecto de la obediencia también ilumina la distinción entre ortodoxia y herejía en
dos dimensiones: la concordancia del contenido y la subordinación humilde de los
predicadores frente a la regla de la fe, la que hemos visto anteriormente 38. La doctrina
ortodoxa se desarrolla siempre por el cuidado de la dependencia hacia las fuentes y otros
principios, que son expuestos en este trabajo, por la integridad de la enseñanza y, finalmente,
por el temor a Dios, que es la razón de la obediencia; los predicadores ortodoxos se ven
dirigidos y limitados por estos elementos. En cambio, los herejes no se preocupan ni por las
reglas ni por los límites de su investigación y predicación, o los cambian según su parecer. En
lugar de la obediencia escogen la arbitrariedad. De ahí que las mismas doctrinas heréticas
muestren desobediencia hacia sus fundadores y discordia con sus afirmaciones iniciales 39. Este
criterio está también vinculado con el requisito de la comunión con las iglesias apostólicas,
expuesto en el capítulo anterior 40.

5. LOS CRITERIOS SOBRE LAS CONSECUENCIAS DE LA DOCTRINA


a. LA DISCIPLINA Y LA UNIDAD EN LAS COMUNIDADES
Las comunidades que siguen una doctrina herética se caracterizan por la anarquía y el
desorden. No se apoyan en las autoridades ni guardan el debido orden de la participación de
los seguidores según los grados distintos: a un observador exterior le resulta difícil distinguir a

35
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XXXI, 1-3; XXXV, 3; XXXVII, 4.
36
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XXXVIII, 6 (FuP 14, p.283).
37
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XXXIV, 8-9.
38
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XIV, 1.4.
39
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XLII, 6-10; XLII, 2.
40
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XX, 1-9.

9
los catecúmenos de los fieles. Los oficios en las comunidades heréticas no son estables, se van
cambiando prácticamente cada día. Tampoco se preocupan por la unidad interna, que vale para
ellos lo mismo que el cisma que proviene de la afirmación de la libertad de las
interpretaciones. A menudo no tienen lugares establecidos para los encuentros 41. En cambio, la
presencia de Dios y la fidelidad a él en las comunidades que confiesan la doctrina ortodoxa se
refleja en el temor a Dios, y, por consiguiente, en la disciplina, el respeto a las autoridades, el
orden jerárquico, la distinción entre lo que está y no está permitido 42.
Se puede notar el vínculo orgánico de este criterio con los de la obediencia y de la
comunión con las iglesias apostólicas.
b. EL CULTO
La falta de disciplina en las comunidades de los herejes se refleja también en el culto
rendido por ellos. Los fieles y los catecúmenos participan igualmente en la eucaristía. Se
permite el servicio cultual de las mujeres. La ordenación de los ministros se realiza de modo
temerario y no se los establece de modo constante, se los cambia todo el tiempo. Los
candidatos para la ordenación son elegidos descuidadamente, sin mirar su condición humana
ni el grado de su incorporación a la comunidad. Los oficios litúrgicos, como los demás, van
intercambiándose sin orden alguno, incluso los laicos cumplen funciones sacerdotales 43. De
ello podemos concluir, que, para Tertuliano, en las comunidades fundadas en la doctrina
ortodoxa, gobierna el orden del culto, la participación de los cristianos en el culto está
organizada jerárquicamente, los candidatos a la ordenación son elegidos cuidadosamente entre
los hombres fieles y probados, y los oficios litúrgicos son establecidos por períodos
prolongados.
c. EL ESTILO DE LA VIDA
La baja calidad de las comunidades, debido a la confesión de una doctrina falsa, afecta
también el estilo de la vida cotidiana de los herejes. Tertuliano menciona el carácter fútil,
terreno e irresponsable de su vida, la falta de reverencia hacia los oficiales y presidentes de las
comunidades, el orgullo y la arrogancia, y el desprecio de las leyes. Los herejes entran en
relación con los magos, los charlatanes, los astrólogos, los filósofos. Afirman que todo está
permitido 44. En cambio, la vida de los que se adhieren a la doctrina ortodoxa está marcada por
el temor de Dios, que se revela en la modestia, la humildad, la sabiduría, la gravedad, la
diligencia, el cuidado, la dependencia, la sumisión, y por el compromiso de servir 45.

41
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XLI, 1.2.6; XLII, 6-8.10.
42
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XLIII, 2-5.
43
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XLI, 2-3.5-8.
44
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XLIII, 2; XLI, 1; XLII, 5.7; XLIII, 1.3.
45
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, XLIII, 5.

10
Podríamos complementar esta lista con otras características opuestas a la vida de los herejes:
la aspiración hacia el cielo, la responsabilidad, la reverencia hacia los gobernantes, el respeto
de las leyes, y, además, la renuncia a relacionarse con los que representan una amenaza a la
permanencia en la fe.

CONCLUSIONES
El problema de la distinción entre ortodoxia y herejía tiene para Tertuliano una gran
importancia, a ella se vinculan tanto la calidad de la vida terrena como la salvación o la
condenación eternas. El mismo hecho de la existencia continua de las herejías no debe
sorprender a los cristianos, sino que ofrece una oportunidad para probar su fe y crecer en ella.
Podemos afirmar, que el criterio principal para este discernimiento es, según
Tertuliano, la Sagrada Escritura, la fuente de la totalidad de la fe cristiana. La doctrina
ortodoxa la acepta en su plenitud e integridad, mientras la herejía rechaza algunas partes o la
interpreta según criterios ajenos a ella. De la Sagrada Escritura se deriva el segundo criterio, la
Regla de la fe. Aunque Tertuliano no lo expresa explícitamente, está claro, que los artículos de
la fe, expuestos en ella, tienen un fundamento bíblico. La comunión con las iglesias
apostólicas es importante, porque la plenitud de la revelación de Cristo fue confiada a los
Apóstoles y a la Iglesia, fundada por ellos, que transmite e interpreta de manera intacta los
textos sagrados.
Hemos visto que la doctrina ortodoxa se caracteriza y se predica con simplicidad,
porque el Evangelio no es una filosofía y porque demanda la fe, no el conocimiento
exhaustivo; la claridad sin ambigüedades requerida por Cristo; la obediencia que tiene sus
raíces en el temor a Dios. Mientras más antigua, a partir de Cristo, es una enseñanza, más
segura es su autenticidad, porque la verdad siempre precede los intentos de corromperla.
Hemos señalado, cómo la ortodoxia y la herejía se reflejan en la disciplina y la unidad de las
comunidades, en su culto y en la vida cotidiana de sus seguidores.
Con un trabajo tan corto es imposible agotar el tema. El esbozo de los criterios,
presentado aquí, proporciona una vista general de la argumentación del autor. Al mismo
tiempo, la investigación podría ser continuada, por ejemplo, con un análisis más detallado de
las afirmaciones o la exploración del desarrollo histórico de los criterios expuestos en la
enseñanza cristiana.
Es muy alentador ver la continuidad en lo fundamental entre un autor patrístico y la
enseñanza de la Iglesia de nuestros días. La superioridad de la Sagrada escritura como la

11
fuente principal de nuestra fe ha sido solemnemente afirmada recientemente por el Concilio
Vaticano II 46.
Es interesante que Tertuliano afirma, al principio, la posibilidad de una búsqueda
continua, asegurada por los criterios presentados, para los cristianos, pero después la reserva
para los que todavía no han recibido la fe. La búsqueda no es necesaria después de la
conversión, aún más, puede ser peligrosa. Obviamente, a un autor tan riguroso como él es
difícil acusarlo de contradicción; más bien se nota cierta tensión dialéctica. Quizá, en el caso
de los cristianos, podríamos hablar más de la profundización, que de la búsqueda: “(…) no hay
nada que buscar más allá de lo que han creído, que esto es lo que debían buscar” 47.
Podría ser provechoso ver más profundamente la relevancia de los criterios expuestos por
Tertuliano en el contexto del diálogo ecuménico e interreligioso, como también en todo lo que se
refiere a los ateos implícitos y explícitos. Ciertamente, el diálogo lo comprendemos hoy de otra
manera que dieciocho siglos atrás, aunque también es verdad que la doctrina cristiana hoy día está
formulada de modo mucho más claro y completo, que en la época de Tertuliano, por lo tanto, no
todas las amenazas para la fe, ante las cuales él reacciona, tienen hoy el mismo potencial
destructivo.
Para Tertuliano, las filosofías griegas no son compatibles con el cristianismo, sin
embargo, un teólogo de nuestra época, Joseph Ratzinger, muestra la alianza entre ellas y éste
en la historia de la Iglesia; una alianza implícita en el cristianismo, el esfuerzo de los
cristianos por realizar la ilustración auténtica, lo que lo hace universal 48. En el diálogo entre fe
y razón Tertuliano es, ciertamente, un hijo de su época y su cultura. En las condiciones de los
inicios del cristianismo, cuando faltaba el desarrollo razonable de las verdades de la fe, la que
era expuesta al peligro de las herejías, el escritor patrístico propone a los cristianos
satisfacerse con lo básico que se les predica. No rechaza completamente el rol de la razón,
pues explica que la fe supone una adhesión firme del intelecto a la lista definida de las
verdades ya establecidas. Además, la insistencia en que creer es mucho mejor que saber puede
ser útil en cada tiempo y espacio, cuando y donde se olvida que Evangelio no es un sistema
ético o que el cristianismo no es una colección de normas de vida; puede recordar que ser
cristiano significa seguir a Cristo en la vida cotidiana e incorporar en ella su estilo.

46
Véase Dei Verbum nº 11.
47
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, IX, 6 (FuP 14, p.179).
48
Véase Joseph Ratzinger, Fe, Verdad y Tolerancia: el cristianismo y las religiones del mundo, trad. por
Constantino Ruiz-Garrido, 4ª ed. (Salamanca: Sígueme, 2005), 149-150, 152, 160-161, 197-199.

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BIBLIOGRAFÍA
Gil Tamayo, Juan Antonio. «“Prescripciones” contra todas las herejías», reseña de
“Prescripciones” contra todas las herejías, de Tertuliano. Scripta Theologica 34, n.o 3
(2002): 976-978.
Ratzinger, Joseph. Fe, Verdad y Tolerancia: el cristianismo y las religiones del mundo,
trad. por Constantino Ruiz-Garrido, 4ª ed. Salamanca: Sígueme, 2005.
Tertuliano, “Prescripciones” contra todas las herejías, edición, texto crítico,
traducción y notas de Salvador Vicastillo. Fuentes patrísticas 14. Madrid: Editorial Ciudad
Nueva, 2001.
Тертуллиан, О прескрипции [против] еретиков (de praescriptione haereticorum),
edición y traducción de A.A. Stolarov. Moscú: Прогресс – Культура, 1994.

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