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El Gozo proviene de las cosas espirituales y no de logros terrenales.

A veces perdemos el gozo porque nuestro énfasis en la vida está orientado a


buscar la felicidad en los logros terrenales, más que en buscar las cosas espirituales. Pablo
describe en el capítulo 3 de Filipenses una clave para no perder nuestro gozo: Enfocarse en lo
espiritual. Cuando nuestra felicidad está basada en lograr grandes éxitos y reconocimientos en
este mundo y por ellos hacemos a un lado las cosas espirituales, esto nos puede llevar al
fracaso. Esto Pablo lo expresa con las siguientes palabras.

“Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué
confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de
Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la
iglesia; en cuanto a la justicia que se basa en la Ley, irreprochable. Pero cuantas cosas eran
para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo
todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por
amor a él lo he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo y ser hallado en él, no
teniendo mi propia justicia, que se basa en la Ley, sino la que se adquiere por la fe en Cristo, la
justicia que procede de Dios y se basa en la fe. Quiero conocerlo a él y el poder de su
resurrección, y participar de sus padecimientos hasta llegar a ser semejante a él en su muerte,
si es que en alguna manera logro llegar a la resurrección de entre los muertos”.
Filipenses 3:4-11 (RV95)

Algunas personas se pueden sentir vanagloriosas por sus triunfos y glorias terrenales, sin
embargo Pablo dice que jactarse y confiar en ellas es en vano. Pablo tenía muchas cosas de las
cuales podía sentirse dichoso y confiado como su nacionalidad romana, su origen hebreo, su
título de fariseo, su fama como celoso de la ley; pero cuantas cosas eran ganancia en el mundo
ahora las consideraba perdidas porque había encontrado algo más sublime que trae un gozo
permanente a la vida de los hombres: el enfocarse en la cosas espirituales. La vida del apóstol
estaba enfocada en conseguir cuatro cosas específicas:

1. La excelencia del conocimiento de Cristo Jesús. “Vengan a mí tus misericordias,


para que viva, Porque tu ley es mi delicia”, (Salmo 119:77, RV60).
2. Ganar a Cristo y ser hallado en él, no teniendo la propia justicia que se basa en la
Ley, sino la que se adquiere por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios y se basa en la
fe. “También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos
mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios”,
(Romanos 5:2, BAD).
3. Conocerlo a Él y el poder de su resurrección: “Por esta causa también yo,
habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no
ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el
Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación
en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál
es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los
santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según
la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y
sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y
señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el
venidero”, (Efesios 1:15-21, RV60).
4. Participar de sus padecimientos hasta llegar a ser semejante a Él en su
muerte. Cuando comprendemos el honor que tenemos de servirle y el galardón que nos espera
por nuestra fidelidad, cualquier padecimiento por su causa es motivo de gran gozo en nuestra
vida: “Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron
que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. Y ellos salieron de la
presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa
del Nombre”, (Hechos 5:40-41, RV60).

Este es el verdadero fundamento de la fe que provoca un gozo permanente y que nos


dirige a poner la mirada en la cosas de arriba y nunca en las cosas efímeras de este mundo. En
Colosenses se nos exhorta a tal cosa: “Preocúpense por las cosas de arriba, no por las de la
tierra”, (Colosenses 3:2, BLA). Esta palabra que la Biblia Latinoamericana (BLA) traduce
como “preocúpense” viene del griego fronéo (φρονέω) que puede traducirse también
como: ejercitar la mente, poner la mirada, concentrarse. Por tal motivo es el deseo de Dios que
toda nuestra atención y esfuerzo esté puesto en las cosas espirituales y no en este mundo. Por
supuesto que esto no significa que no nos tenemos que esforzar por superarnos en este mundo,
pero no olvidemos que a la par de esto y con un mayor énfasis debe estar en buscar el reino de
Dios y su justicia y todo lo demás nos será añadido, así nuestro gozo será completo: “Mas
buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”,
(Mateo 6:33).

El Gozo proviene del contentamiento.

También perdemos el gozo cuando no vivimos contentos con lo que tenemos y nos
frustramos al no poder conseguir otras cosas que codiciamos. Pablo finaliza su carta a los
filipenses exhortándoles a ser felices con lo que tienen: “…pues he aprendido a
contentarme (utárkes, ὐτάρκης), cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé
tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener
hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que
me fortalece”, (Filipenses 4:11b-13, RV60). Pablo había encontrado el auténtico secreto para
mantener su gozo. Muchas personas son infelices creyendo que si tuvieran esto o aquello serian
verdaderamente felices; pero eso es una mentira. Si no se es feliz ahora mismo con lo que se
tiene, jamás se será feliz aun obteniendo aquellas cosas que creemos necesitar. En estos
versículos Pablo utiliza la palabra griega utárkes (ὐτάρκης) para referirse al contentamiento,
y utárkes (ὐτάρκης) literalmente significa autocomplaciente, es decir, alguien que se complace
a sí mismo. Esta palabra era usualmente usada entre los estoicos los cuales enseñaban que la
verdadera autocomplacencia se encontraba cuando se despojaba el corazón de todo anhelo y
sueño posible. Era el resultado de renunciar a toda emoción. Sin embargo, el apóstol no dice
que debamos eliminar todos nuestros deseos en el corazón ni nuestras emociones para alcanzar
el estado de contentamiento. Tampoco nos está diciendo que debemos ser conformista, sino
que debemos ser agradecidos con lo que hoy tenemos y ser felices por las cosas recibidas
tomando una actitud de auto-dependencia en Dios bajo el lema: Todo lo puedo en Cristo que
me fortalece”. El verdadero contentamiento proviene no de ser Auto-Suficiente; sino en
ser Dios-Es Suficiente, y por ello Pablo afirmaba: “Mi Dios, a su vez, proveerá a todas sus
necesidades, según su inmensa riqueza en Cristo Jesús”, (Filipenses 4:19, BLS).

El Gozo proviene sufrir por causa de la justicia.

Aquí tenemos algo verdaderamente contradictorio para el mundo: encontrar el


gozo en padecer por causa de la justicia. Sin embargo, si nuestra vida está enfocada en
mantener nuestra comunión con Dios, lejos del pecado, en disfrutar de todas sus promesas y
deleitarnos en la libertad que Cristo nos ha otorgado y poseemos un corazón agradecido cuya
confianza es Cristo mismo, entonces el padecer injusticias por nuestro testimonio no será razón
de depresión, sino de gozo al saber que el Señor nos recompensara por nuestra fidelidad. Uno
puede encontrar en la Biblia algunos ejemplos de esto. Por ejemplo en la carta a los Hebreos se
elogia la fe de los creyentes por mantener su gozo en medio de tribulaciones y vituperios, aun
cuando estos fueron despojados de sus bienes: “Por una parte, ciertamente, con vituperios y
tribulaciones fuisteis hechos espectáculo, y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que
estaban en una situación semejante: porque de los presos también os compadecisteis, y el
despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y
perdurable herencia en los cielos”, (Hebreos 10:33-34, RV95). Los mismos apóstoles Pedro y
Juan resistieron el castigo físico a través del gozo que les producía el hecho de ser considerados
dignos de padecer por el nombre de Jesús: “Estuvieron de acuerdo con él. Entonces llamaron a
los apóstoles y, después de azotarlos, les ordenaron que no hablaran en el nombre de Jesús; y
los pusieron en libertad. Ellos salieron de la presencia del Concilio, gozosos de haber sido
tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre”, (Hechos 5:40-41, RV95). Por
tanto, el gozo nos ayuda a resistir con esperanza los sufrimientos que vienen a nuestra vida por
causa de nuestro testimonio como verdaderos cristianos, sabiendo que seremos recompensados
por Dios por esto. Por eso Santiago dice: “Hermanos míos, ustedes deben tenerse por muy
dichosos cuando se vean sometidos a pruebas de toda clase”, (Santiago 1:2, DHH). Y nuestro
mismo Señor Jesús nos dijo que aquellos que sufrieran por su causa serian bienaventurados
porque su galardón es grande en el reino de los cielos: “Bienaventurados los que padecen
persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados
sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros,
mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así
persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”, (Mateo 5:10-12, RV60). Que estas
palabras sean una fuente de gozo en medio de nuestros padecimientos sabiendo que todo esto
no es en van
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