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Intencionalidad y ausencia en El ser y la nada

de Jean-Paul Sartre*
Wilfer Alexis Yepes Muñoz**

Recibido: 18 de enero de 2016 Resumen


Evaluado: 10 de marzo de 2016

Aceptado: 1 de abril de 2016 Esta reflexión rehúnde sus raíces en la tensión original de la
conciencia con su correlato, esto es, de la conciencia como con-
ciencia de algo. Sobre este pilar de la fenomenología husserliana,
Sartre construye las estructuras del para-sí que, en la segunda y
en la tercera parte de El ser y la nada, enmarcan esa tensión en-
tre la nada humana como para-sí y el en-sí como ser macizo. Esa
conciencia, por tanto, pasará a ser una conciencia de nada como
conciencia refleja, permitiendo que se instaure en esa relación on-
tológica con el ser una ausencia en la comprensión total de la
condición humana. En esta perspectiva se construirá una onto-
logía del obrar humano como construcción de un ser personal
siempre aplazado, es decir, ausente. Esta reflexión pretende, por
tanto, una lectura del texto que vincule la intencionalidad como
pilar de la fenomenología con el concepto de ausencia como com-
ponente subyacente a la tensión en-sí−para-sí. El texto se divide
en tres momentos: la nada, la ausencia y el ser; la ausencia como ne-
gatividad creadora; y el obrar ontológico.

Palabras clave: Intencionalidad, ausencia, libertad, existencia,


Sartre.

* Este artículo es producto de la investigación de Maestría en Filosofía, presentada en la Universidad Pontificia Bolivariana, sede Medellín en el año
2012. DOI: http://dx.doi. org/10.15332/s1794-3841.2017.0027.04
** Doctor y Magíster en Filosofía, Filósofo y Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Pontificia Bolivariana, sede Medellín. Se ha desempeñado
como docente de cátedra en la Facultad de Filosofía de la universidad en mención. Su investigación se centra en la filosofía francesa del siglo XX,
hermenéutica, estética y la relación filosofía-literatura. ID ORCID: 0000-0001-5782-2732 E-mail: waymes4@hotmail.com

HALLAZGOS / ISSN: 1794-3841 / Año 14, N.° 27 / Bogotá, D. C. / Universidad Santo Tomás / pp. 93-110 93
Intencionalidad y ausencia en El ser y la nada de Jean-Paul Sartre

Intentionality and Absence in Being and nothingness


by Jean Paul Sartre

Abstract Received: January 18, 2016

Evaluated: March 10, 2016


This reflection is at the original tension of consciousness with
Accepted: April 1, 2016
its counterpart, that is, of consciousness as consciousness of some-
thing. On this pillar of Husserl’s phenomenology, Sartre builds
the structures for itself, in the second and third part of Being and
Nothingness will frame the tension between human and nothing
for itself and the in-itself as massif being. That awareness therefore
becomes a consciousness of anything as reflected consciousness,
allowing it to put in place in the ontological relation to being an
absence in the full understanding of the human condition. In this
perspective an ontology of human action as building personal
always be postponed, that is, absent will be built. This reflection
intended, therefore, a reading of the text linking intentionality
as a pillar of phenomenology with the concept of absence as un-
derlying tension between in-itself−itself. The text is divided into
three stages: nothingness, absence and being; absence as creative ne-
gativity; the ontological act.

Key words: Intentionality, absence, freedom, existence, Sartre.

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Wilfer Alexis Yepes Muñoz

Intencionalidade e ausência em O ser e o nada


de Jean-Paul Sartre

Received: January 18, 2016


Resumo
Evaluated: March 10, 2016

Accepted: April 1, 2016 Esta reflexão afunda suas raízes na tensão original da consciên-
cia com seu correlato, isto é, da consciência como consciência de
algo. Sobre este pilar da fenomenologia husserliana, Sartre cons-
trói as estruturas do para-si que na segunda e na terceira parte de
O ser e o nada, delimitam essa tensão entre a nada humana como
para-si e o em-si como ser maciço. Esta consciência, por tanto,
passará a ser uma consciência de nada como consciência reflete,
permitindo que se instaure em essa relação ontológica com o ser
uma ausência na compressão total da condição humana. Nesta
perspectiva se construirá uma ontologia do obrar humano como
construção de um ser pessoal sempre adiado, aliás, ausente. Esta
reflexão pretende, por tanto, uma leitura do texto que vincule a
intencionalidade como pilar da fenomenologia com o conceito
de ausência como componente subjacente à tensão em-si-para-si.
O texto se divide em três momentos: a nada, a ausência e o ser; a
ausência como negatividade criadora; e o obrar ontológico.

Palavras-chave: Intencionalidade, ausência, liberdade, existên-


cia, Sartre.

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Intencionalidad y ausencia en El ser y la nada de Jean-Paul Sartre

No es suficiente una categoría que abarque


Introducción
nuestro antes y nuestro después, porque al
Esta reflexión parte de un concepto que incluir la temporalidad en esta dinámica del
Sartre utiliza a menudo en El ser y la nada no ser lo que se es, la libertad y la exigencia
cuando comienza a delimitar los bordes de de ser ejercen sobre nuestra nada un llama-
la tensión en-sí−para-sí: la ausencia. Los men- miento ineludible. La esencia no sería más
cionados conceptos en tensión se remontan que una búsqueda de sentido, una inter-
a la filosofía de Hegel, pero adoptan un ca- minable búsqueda, recordando la premisa
riz fenomenológico que no podrá abando- célebre del existencialismo sartriano: «La
nar la intencionalidad de la filosofía husser- existencia precede la esencia» (Sartre, 2008,
liana. Se pretende, por tanto, dilucidar una p. 636). Esa filosofía ve en el hombre esa
confrontación del concepto de intenciona- búsqueda, esa intencionalidad. Pero esa in-
lidad con la ausencia, porque en este punto tencionalidad, ¿lo es de verdades o de sen-
emergerá la negación. El problema de la Nada, tido? ¿De esencia o de ausencia? Buscamos
que constituye la primera parte de esta obra en el mundo algo, sentimos que hemos per-
de 1943, parte de la concepción de fenómeno dido algo, percibimos en nuestras vidas un
e intencionalidad husserlianos, encaminán- vacío de algo. Con una diferencia clara: ese
dose al problema de la nada como punto algo profundo nos revela la nada, no solo
de «distinción» del para-sí: la conciencia de como un vacío de algo, sino también como
algo en Sartre hace emerger la nada del otro una necesidad imperiosa de vaciamiento. Sartre
lado del mundo. En otras palabras, el para-sí dilucida esa intencionalidad en el siguiente
tematiza el en-sí en tanto ausencia de ser. En fragmento de El ser y la nada:
los demás capítulos de la segunda (El ser
Toda conciencia está falta de... para.
para-sí), tercera (El para-otro) y cuarta parte
Pero ha de comprenderse bien que la
(Tener, hacer y ser) del texto se ensamblarán
falta no le viene de afuera, como la del
las estructuras y relaciones a partir de esta
fragmento de luna a la luna. La falta
nada que se origina como conciencia de ser
del para-sí es una falta que es él. Lo
y conciencia de nada.
que constituye el ser del para-sí como
Iniciemos este camino con un presupuesto: fundamento de su propia nada es el
el hombre es lo que hay del otro lado del esbozo de una presencia a sí como lo
mundo. Con esta analogía destacamos la que falta al para-sí. El posible es una
nada, la indefinimos, la ubicamos del lado de ausencia constitutiva de la conciencia
la conciencia de nada, como resultado de esa en tanto que esta se hace a sí misma.
diferencia primera: hombre-mundo. Por ello, (Sartre, p. 163)
la intencionalidad que configura su ser-en-
Tomar conciencia, en nuestra lectura, exige
el-mundo no basta, no basta el conocimien-
un vaciamiento de sí, una negación del en-sí
to, no bastan las problematizaciones y los re-
que intencionamos; aunque también es un
cuerdos de aquello que ha consolidado una
perderse, un derrocharse mundo. La nada
cierta imagen de sí mismo. En todo hombre,
aparece como un elemento en algún modo
la necesidad impulsa, desborda, se rebela y se
trágico. Incluso si nos aventuramos a in-
contrapone a un ser ya dado o ya sido.
terpretar El ser y la nada desde un enfoque

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Wilfer Alexis Yepes Muñoz

meramente gnoseológico, encontramos en acuciante, porque la nada es solo eso: la


esta obra una visión trágica del conocimien- necesidad de auto-creación, la exigencia, la
to: un hombre sin esencia es un hombre que responsabilidad. Esta necesidad enlazada a
tiene que configurar el mundo a partir de dos condiciones fundamentales. Primero,
esa necesidad, es decir, un hombre no solo que podemos llamar intención de cosas, la
condenado a ser libre, sino también conde- negación previa en tanto negación de di-
nado a intencionar, a distanciarse de sí, a ferenciación: la conciencia como conciencia
crearse en el conocimiento de su ser-en-el de algo. Y, en segundo lugar, la de ser para
mundo como un en-otra-parte, como dife- otros como un encadenamiento de intereses
renciación permanente del en-sí: reunidos en una misma intención profunda:
la conciencia como conciencia de nada, el
El para-sí surge como nihilización del
hombre que hay del otro lado del mundo.
en-sí, y esta nihilización se define como
Por ello, es claro que el conocimiento no
proyecto hacia el en-sí: entre el en-sí ni-
puede conducirnos a la concordancia con el
hilizado y el en-sí proyectado, el para-sí
mundo. Rüdiger Safranski plantea esa espe-
es nada. Así, el objetivo y el fin de la
ranza sobre la que se funda el conocimiento
nihilización que soy es el en-sí. Luego,
del mundo:
la realidad humana es deseo de ser-en-
sí. Pero el en-sí que ella desea no puede La razón estriba en la esperanza obvia
ser puro en-sí contingente y absurdo, de que, a la postre, el conocimiento
comparable de todo punto al que ella conduce siempre a los fundamentos
encuentra y nihiliza. La nihilización, válidos que sostienen al hombre y le
como hemos visto, es asimilable, en otorgan el sentimiento de estar en casa.
efecto, a una rebelión del en-sí que se El conocimiento fue concebido como
nihiliza contra su contingencia. (Sartre, una medida capaz de crear confianza.
2008, p. 763) Conduce a la concordancia con el mun-
do. (Safranski, 2005, p. 218)
La relación entre el en-sí y el para-sí no se re-
duce a una mera búsqueda de seguridades o En esa necesidad de conocimiento, el pen-
al intento de posesión del mundo como ver- samiento occidental ha olvidado lo más
dad. El para-sí se distingue del en-sí porque humano del hombre, ha conducido a la
constituye su propia nihilización como en- concordancia con el mundo sin la diferen-
sí. En este sentido, podemos traer esa inten- ciación de la conciencia de nada. Una esen-
cionalidad que se nihiliza como diferencia cia impuesta es un don, pero también una
a un concepto que en adelante llamaremos condena. Por su parte, Sartre aliviana esa
intención profunda, porque es justamente en condena con un núcleo dinámico; un punto
la intencionalidad de la conciencia de algo don- de referencia que nos ex–pone y responsa-
de viabilizamos la necesidad de justificar el biliza: «estoy condenado a existir para siem-
ser, lograr la síntesis en-sí-para-sí. La inten- pre allende mi esencia, allende los móviles
cionalidad profunda reside en la nada, en la y motivos de mi acto: estoy condenado a
necesidad de negarse como en-sí, de buscar ser libre. Esto significa que no podrían en-
un sentido en el obrar, en las relaciones con contrarse a mi libertad otros límites que
el otro, en la soledad de una autocreación ella misma, o, si se prefiere, que no somos

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Intencionalidad y ausencia en El ser y la nada de Jean-Paul Sartre

libres de cesar de ser libres» (Sartre, 2008, p. al esfuerzo cotidiano que da fe de su bús-
599). Tenemos que cargar con el peso de un queda del principio partiendo de un núcleo
suelo ontológico. La libertad sería ese pun- que no puede cerrarse, porque siempre está
to de partida en tanto nada que se nihiliza escindido. En la libertad, siendo núcleo o
a sí misma como ser pleno. En efecto, en- fundamento del ser del hombre, toda acción
contramos que, en la apuesta de Sartre, esa es susceptible de reactivación, toda acción
libertad es un suelo que se agita y admite es un poner en el en-sí la necesidad de ha-
–incluso exige– el obrar como parte esencial cerse con la necesidad de crearse sin fin. Ese
del arrojamiento. creador que es la misma nada, en su crea-
ción –creación de nada y de ser–, descubre
No llegamos a la esencia como al atardecer
la responsabilidad insalvable de hacerse.
de la vida. No arrancamos de las acciones
un sentido, una huella y una influencia ¿Llegaremos a pensar la esencia como quie-
compleja de un en-sí que nos recordó siem- tud equiparada a la muerte? ¿Será suficiente
pre la nada, la intencionalidad profunda- comprender la condición humana en El ser y
mente humana que subyace a todo progra- la nada a partir de la ausencia? Si es suficien-
ma epistémico. No miramos con los ojos de te la ausencia, ¿qué obstáculos hallaremos a
la esencia, de un ser propio que es prestado. nuestro paso? ¿Tendremos que aceptar la
Miramos el mundo como quien avizora su nada como núcleo que vence la idea de un
propia imagen. Pero el existencialismo nos ser pleno que no nos corresponde? Avan-
entrega una ruptura frente a la teoría del cemos en la respuesta a estos interrogantes
conocimiento: conocer, tender por naturale- dividiendo la reflexión en tres momentos,
za a conocer envuelve una intencionalidad recurriendo a algunos estudios de la obra
existencial: ese hombre arrojado es la nada, de Sartre y centrándonos principalmente
su propia nada. Ahora bien, esta nada no es en los planteamientos de su obra de 1943: el
alguien estable. Esta nada se impulsa a ser, primer momento, lo llamaremos la nada, la
aunque tiene que nadificarse. Tiene que ha- ausencia y el ser: el segundo, por la cercanía
cerse nada. Y a pesar de llenarse, de histo- de la ausencia con el obrar, la ausencia como
rizarse, es un vaciamiento, un conocimiento negatividad creadora y, finalmente, el obrar
de nada, un reconocimiento de su ausencia. ontológico.
El hombre es la ausencia, la falta de ese ser
que posibilita su obrar. La nada, la ausencia y el ser
Reactivemos la idea de un hombre com-
Al hablar de la conciencia tenemos que re-
plejo, problemático e indeterminado que
mitirnos a la nada. La conciencia por sí sola
interpretaremos en un trasfondo de intere-
no es posible, ni siquiera pensable; es siem-
ses ontológico-antropológicos. Un hombre
pre una nada referida, una nada que tiene
siempre remitido, tematizante del en-sí, de
que nihilizarse como nada y como ser. De
intencionalidades que configuran el conoci-
este modo, cuando aludimos a la concien-
miento más como una búsqueda de sentido
cia, tenemos que incluir su correlato: «toda
que como una odisea de la verdad. En efec-
conciencia, como lo ha mostrado Husserl, es
to, este hombre inesencial nos remite al vacío,
conciencia de algo. Esto significa que no hay

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conciencia que no sea posición de un objeto es suprimida. Nuestra hipótesis es que a esa
trascendente, o, si se prefiere, que la con- nada y a ese ser subyace la ausencia. Para
ciencia no tiene «contenido» (Sartre, 2008, nosotros, la existencia consiste en esa au-
p. 18). Por este motivo, nuestra visión del sencia, en esa oscilación de conocimiento y
mundo como incorporación de la concien- de re-conocimiento a pesar de no encontrar
cia, incluso como su ser, un ser intenciona- una habitación segura a su paso que le per-
do, descentrado, envuelve no solo el en-sí, mita reconocerse plena en el conocimiento y
sino también una nada que más allá de un en la construcción de posibilidades; esa ten-
programa cognoscitivo se arraiga en una sión queda reducida a proyecto. El ser y la
intención profunda: el ser, la ausencia (Sartre, nada, mi nada y mi ser quedan en tensión.
2008, p. 211). Claro está, aunque la atraviesa
Teniendo en cuenta las reflexiones prelimi-
una ausencia de orden ontológico, preferi-
nares en torno a la ausencia, tenemos que
mos el nombre ausencia, ya que en este con-
preguntar: ¿por qué la condición humana
cepto inscribiremos la tensión subyacente a
del para-sí puede concebirse en términos de
ese ser y a esa nada.
ausencia? ¿Cómo entiende Sartre esta ausen-
En este trayecto subordinaremos el cono- cia? ¿Qué elementos de esta propuesta se
cimiento y la configuración del en-sí a una acercan a la relación primordial nada-ser?
intención profunda que construye y afirma el Comenzar a plantear una reflexión sobre la
ser del en-sí como plenitud, pero al mismo ausencia desde El ser y la nada implica entrar
tiempo como el reflejo de una problemati- a las condiciones de posibilidad de esa rela-
zación que aparece justo en el momento en ción en-sí-para-sí, a las intenciones profundas
que la conciencia nihiliza el en-sí, buscando que encontramos al hablar de un conoci-
e incluso pre-ocupando su ser. En esa in- miento más humano para superar el idea-
tención profunda existe un llamado del ser, lismo que criticó Sartre de sus maestros más
sumado a un llamado a ser. Cuando somos cercanos, especialmente Husserl, incluso de
conscientes de este llamado en una relación, una tradición filosófica que justificó el hom-
en una intención de cosas, descubrimos tam- bre a partir de una determinación esencial.
bién que Sartre emprendió la construcción Para ilustrar esta afirmación, transcribamos
de sus categorías en un plano humano del la crítica que plantea Sartre contra Leibniz:
conocimiento, enmarcando así su postura
Pero hay aquí un error análogo al que
de existencialista, es decir, pasando de la
señalábamos antes en Leibniz, aun-
conciencia como conciencia de algo a esa nada
que situado en el otro extremo de la
que se constituye a sí misma en el obrar.
existencia. Para Leibniz, somos libres,
En ese juego serio de la existencia, la nada puesto que todos nuestros actos ema-
que nos revelamos y el ser que nos urge, nan de nuestra esencia. Pero basta que
incluso el ser que nos instiga aparece como nuestra esencia no haya sido elegida
posibilidad, es decir, como mi ser, un de- por nosotros para que toda esa liber-
venir aplazado, nunca logrado, y mi nada, tad de detalle recubra una total servi-
que reconoce, se llena, actúa, elige, aunque dumbre: Dios ha elegido la esencia de
siempre tiene que vaciarse. Su necesidad no Adán. (Sartre, 2008, p. 728)

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Intencionalidad y ausencia en El ser y la nada de Jean-Paul Sartre

La tensión del hombre contemporáneo con- de Sartre no es un simple correlato de la


siste en el desplazamiento del ser a la nada; trascendencia, sino que es su estructura ori-
esto indica que es también la lucha existen- ginal» (López, 2003, p. 85). Esta antropolo-
cial de un hombre nostálgico, un hombre gización se hace explícita en el proceso de
que elige e intenta superar esa indigencia nihilización realizado por el para-sí. El hom-
originaria, legada por Sartre. Por ello al ini- bre se hace nada para-sí mismo, situando el
ciar esta reflexión ubicamos al hombre de ser en el plano de la negación: su nada es un
ese otro lado del mundo. No obstante, te- llamado a ser. En efecto, la nada se humani-
nemos que ubicarlo en una tensión: del otro za en este llamado ontológico a ser.
lado del mundo, pero buscando entrar, ha-
La intuición fenomenológica es también re-
cer parte de ese mundo, por lo menos en lo
conocimiento de una falta esencial: hemos
correspondiente a algo: la plenitud.
sido arrojados como conciencia de algo, pero
Cuando encontramos el hombre del lado de nos regresamos a una conciencia problemáti-
la nada, la nada que posibilita, pero la nada ca: el para-sí tiene que nihilizarse, obrarse,
que nihiliza y se intenciona, hallamos en el vaciarse, negarse y alejarse. Por ello, la li-
fondo una problematización. Sartre reconoce bertad sartriana tiene que desprenderse de
que del lado del hombre no hay más que una carencia y no de una plenitud, es con-
deseo y conciencia de deseo (Sartre, 2008, p. ciencia sin máscara, conciencia de nada,
146). En nuestra interpretación, el deseo es conciencia de mi nada.
inherente a la conciencia de nada, ya que la
La ausencia atraviesa la relación ser-nada. La
nada desea ser, haciendo emerger la ausencia,
ausencia que surge de las relaciones ser-na-
la conciencia de nada.
da y en-sí-para-sí movilizan la posibilidad
Elección, acción, libertad y angustia tie- de un obrar sin la plenitud del ser, sin la
nen que remitirnos a esa conciencia de nada esencia que lo haga ser lo que es, un ser. Po-
como intención profunda de todo progra- demos aventurarnos a pensar que la esencia
ma cognoscitivo. Estar frente al mundo es no es ni siquiera posterior a la existencia. La
estar frente a esa posibilidad de ser, frente esencia siempre ha estado ahí. Solo que no
a esa plenitud con la que podríamos iden- podemos tomarla y reducirla a un en-sí; no
tificarnos si no respondiéramos al llamado. puede existir una identificación total con el
Pero el ser también es vocación, llamado a en-sí. Nuestra esencia se nihiliza en la medi-
ser. Para ser llamados, tenemos que asumir da en que somos conciencia de algo, existen-
nuestra conciencia de nada. Sin la conciencia tes del otro lado del mundo.
de nada, que recorre El ser y la nada, no sería
Sartre lleva nuestra interpretación a este
posible la tensión de la que hablamos.
punto, ya que cuando estudiamos la existen-
López al comparar a Sartre con la propuesta cia, hablar de la existencia implica hablar de
de Merleau-Ponty, insinúa una reducción la esencia. Pero además hay que distanciar
que viabiliza esa tensión: «Sartre antropo- la existencia de la esencia para que la nada
logiza la nada heideggeriana, mientras que se humanice. De lo contrario, identificar la
Merleau-Ponty antropologiza y mundaniza nada con la esencia sería caer en un error:
el ser. A diferencia de Heidegger, la nada la nada como Nada no existe, es impensable.

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Wilfer Alexis Yepes Muñoz

Sartre se desliga de la Nada parmenídea. es «un ser de alejamientos»» (Sartre, 2008,


Por ello, estamos de acuerdo con Paul Rou- p. 59). Ausencia significa ausentarse, buscar,
biczek (1968) cuando afirma que «Sartre tra- inventarse a sí mismo, perderse, tentar el
ta de escapar de esta nada sin límites; quiere ser. Ese ser de alejamientos es la conciencia de
salvar la dignidad del hombre y asegurar su nada, el horizonte donde fusionamos nues-
responsabilidad» (Roubiczek, 1968, p. 121). tro suelo y la necesidad conquistar la cima.
Estamos siempre en la distancia, lejos de
La nada tiene que nihilizar el correlato y ni-
nosotros, de lo que somos en el modo nega-
hilizarse a sí misma, posibilitando un ser in-
tivo. Nuestro ser está en suspenso.
acabado, un ser que se tiene que vaciar de sí
mismo. Es que ser para-sí comprende un ser Siguiendo la reflexión anterior, la conciencia
conciencia de nada, ser para-sí implica distan- de nada representa movimiento, inclinación,
cia de sí, distancia de mundo, vaciamiento fluctuación, vaivén, hacer visible la miseria,
propio, intuición eidética y, así mismo, vín- el deseo, la ausencia. La existencia constitu-
culo original entre ese mundo como en-sí y ye el actuar siempre sin eludir un recono-
mi ser proyectado. El hombre es esa ausen- cimiento básico: ese ser actual no coincide
cia precisamente, porque está en medio de con nuestra conciencia. En ella pervive la
ese mundo y de su ser proyectado; está en necesidad; por ello tiene que alejarse, actuar
medio de su nada y la posibilidad de retratar en fuga, insistir, sopesar, tentar, buscar en el
la plenitud. De esta manera, podemos con- mundo, proyectarse para no reducirse a en-
siderar que si pensamos lo que somos en el sí. Su condición no le permite una reducción
modo de ser lo que somos, estamos negando entitativa. Su construcción es ontológica,
la posibilidad de afirmar la nada como un trata siempre de no rendirse, trata de no olvi-
componente ontológico posibilitante, que dar. Y no olvidar lo que somos es no olvidar
nos entrega lo que somos en el modo de la que podemos ser en la distancia. Lo que de-
no-conformidad. Afirmar lo que no somos bemos hacer entra en el plano de la tensión
sería simular y, por tanto, romper esa ten- ser-nada, tensión que nos permite enmarcar
sión. La existencia es siempre tensión: «El el obrar como un obrar el ser.
existente no posee su esencia como una cuali-
dad presente. Hasta es negación de la esencia: La ausencia como
el verde no es jamás verde. La esencia vie- negatividad creadora
ne al existente desde el fondo del porvenir,
como un sentido que nunca es dado y que lo Sin la nada en tanto condición del hombre y
infesta siempre» (Sartre, 2008, p. 277). como ser-en-el-mundo, la intención profunda
carece de sentido. Ahora bien, ¿cuál es esa
Ahora bien, ¿cómo entiende Sartre esta au-
intención profunda que subyace al binomio
sencia? No como una condición previa que
ser-nada? Esta intención tiene que habérse-
se cierra sobre sí misma, sino como una
las con dos grupos de relaciones estrecha-
condición primera de acceso al mundo: «El
mente ligadas: la intención de cosas o relación
hombre se anuncia a sí mismo del otro lado
en-sí-para-sí, y la intención profunda del bino-
del mundo, y retorna a interiorizarse hacia
mio mi ser-mi nada como un programa laten-
sí mismo, a partir del horizonte: el hombre
te en la obra de Sartre.

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Intencionalidad y ausencia en El ser y la nada de Jean-Paul Sartre

En la intención de cosas, el para-sí tematiza no es tomar el ser por el cuello. Así, el ser
realizando una primera negación: se ha- del conocimiento no coincide con el ser del
ce-en-el-mundo, respondiendo a su arro- para-sí. Recurrimos a una especie de vacia-
jamiento originario; existe en la medida en miento. Ser-en-el-mundo consiste en inten-
que hace posible ese mundo. Pero hacer po- cionar la conciencia, desplegarla, sacarla,
sible el mundo mediante la intención de cosas desprender de la intencionalidad temati-
no significa hacer posible mi ser: «la realidad zante una negación de sí. Por tal motivo, la
humana, siendo acto, no puede concebirse conciencia deviene conciencia de nada. No
sino como ruptura con lo dado, con su ser. corresponde con el correlato; solo se hace
Ella es el ser que hace que haya algo dado, posible en la situación de un hacerse fuera,
rompiendo con ello e iluminándolo a la luz de un jugar a ser a partir de la negación. Su
de lo aún-no-existente» (Sartre, 2008, p. 650). actitud de apropiación recobra algo más:
en la relación en-sí-para-sí, mi ser y mi nada
Esta ontología está situada del lado del va- nunca confluyen. Así la intención profunda
ciamiento; la posesión de entornos, expe- encierra un problema. Mi ser no es el en-sí,
riencias y tematizaciones no corresponde sino la necesidad de en-sí, la necesidad de
necesariamente al ser del hombre; no existe plenitud que cobija toda orientación onto-
una identificación con el mundo. Tenemos lógica de apropiación. Y el para-sí coincide
que aplicar la negación a esa relación. Pri- con la relación mi-ser-mi-nada. El para-sí está
mera negación, la negación del vaciamien- en tensión; una tensión que vacía la primera
to, la que tiene que habérselas con aquella tensión, que es posesión para crear una ima-
tensión que encuentra la nada, pero no la gen de no-correspondencia con la intención
ausencia. Esta intención consiste en llenar el originaria.
mundo de intenciones, hacer posible la signi-
ficación del ser y no tanto la posesión. Sartre La intención profunda es tensión originaria,
reclama también un conocimiento en el es- nos revela lo fallido, lo ausente, lo cons-
pacio de la negación: ciente, que es lo mismo que in-tensión, es
decir, la tensión de la existencia despren-
La cosa es, antes de toda comparación, dida de toda justificación anterior. En esta
antes de toda construcción, lo que está negatividad primera, que desprende la ne-
presente a la conciencia como no sien- gación profunda de la negación como en-sí
do conciencia. La relación originaria se refleja la necesidad de colmar lo faltante,
de presencia, como fundamento del de sustraer, de responder a una totalidad
conocimiento, es negativa. Pero, como desrealizada de suyo, de trascender y no
la negación viene al mundo por medio ser más que un fingimiento de ser cuando
del para-sí y la cosa es lo que es, en la juega en correlación. A veces conocer se
indiferencia absoluta de la identidad, convierte en un poner máscaras al para-sí,
la cosa no puede ponerse como siendo confundirlo con lo conocido, identificarlo
el para-sí. (Sartre, 2008, p. 252) con aquella imagen, con aquel residuo de
la intención de cosas.
Conocer no es coincidir con lo conocido, co-
nocer no es alivianar la necesidad; conocer Lo que el hombre niega no es el ser; el ser
no significa calmar la sed de ser; conocer es innegable. También la nada como un

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Wilfer Alexis Yepes Muñoz

desprenderse. Pero al entrar en una nega- v. gr., una percepción. Esta es algo fác-
ción del ser enmarcado en la nada, la esen- tico, algo individual y temporal; es,
cia queda en suspenso. La esencia es algo pues, mi percepción en este momento y
negativo, como una imagen que se tiene, con una figura determinada: la percep-
pero una imagen teleológica. Digamos que, ción de este árbol. Pues bien, para lle-
en la intención profunda, sí es posible deli- var a cabo la reducción considero otras
mitar el sentido de la tensión, y el sentido percepciones reales o me imagino otras
de la tensión revela la temporalidad como posibles. En tales variaciones hago a un
condición necesaria de suspensión, pero, al lado lo variante: lo específico de cada
mismo tiempo, como un enfrentamiento de percepción individual, y retengo lo in-
la libertad. variante: lo común a todas ellas. Lo que
resulta de esta operación es la esencia
Podríamos comprender la ausencia en dos de la percepción en general, o sea, su
sentidos: en sentido positivo, como temati- eidos. (Cruz, 2001, p. 87)
zación del en-sí. Existe un interés primero
de negación en la reducción en-sí-para-sí. El Existe una escisión con la idealización de la
para-sí tiende al en-sí al mismo tiempo que conciencia para justificar el fenómeno y la
se distancia del en-sí. En este punto, la re- reducción fenomenológica. En este punto,
flexión de Sartre es mucho más cercana a Sartre se acerca a Heidegger. Por ello recu-
Husserl1 en cuanto toma de él la relación rre a la autenticidad y a la historicidad del
fenomenológica de la conciencia como in- Dasein, y lo hace precisamente para aproxi-
tentio o tendencia ineludible a su correlato. marse a la pregunta por el ser como lo ex-
Pero esa conciencia reduce el plano de la plica Uribe:
idealización, porque no podemos idealizar
Las nociones de autenticidad e histori-
la esencia en consonancia con una reducción
cidad, vinculadas al concepto de hom-
eidética como la explica Cruz:
bre, son las principales nociones que
En la reducción eidética, como lo indica Sartre toma de Heidegger. Simone de
su nombre, el reducendo es lo eidético y Beauvoir relata en sus memorias que
lo reducido lo psíquico como algo fác- Sartre leía a Heidegger desde princi-
tico. Esta reducción se logra mediante pios de 1939, en la traducción de Cor-
lo que Husserl llama el método de las bin y del texto alemán: «…Me explica-
variaciones. Tomo un hecho psíquico, ba lo que significaba la definición del
hombre como ‘ser de lejanías’ y cómo
1 Uribe expresa este vínculo citando a Colette Audry: «Colette Audry ‘el mundo se revela en el horizonte de
decía igualmente que «El ser y la nada era la obra de un joven filó-
los instrumentos descompuestos’…
sofo en rebelión contra una formación idealista y racionalista, bajo
la influencia de la fenomenología alemana; el libro de un solitario Sartre, a quien siempre le había impor-
alimentado con libros, animado en sus investigaciones por el deseo tado, en primer lugar, salvar la realidad
de dar cuenta racionalmente de lo irracional y llevado así a describir
una dialéctica del individuo». En esta obra, efectivamente, Sartre re-
del mundo, apreciaba en la filosofía de
chazaba el idealismo y expresaba su idea esencial, que había con- Heidegger una manera de reconciliar
cebido desde sus cursos de filosofía, y por la cual fue a Alemania a lo objetivo con lo subjetivo; no la con-
estudiar a Husserl: «que toda teoría que no dijera que la conciencia
ve los objetos exteriores tal como son, estaba condenada al fraca- sideraba muy rigurosa, pero era rica en
so»» (Uribe, 2005, p. 74). sugerencias». (Uribe, 2005, p. 77)

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Intencionalidad y ausencia en El ser y la nada de Jean-Paul Sartre

La reducción de la nada heideggeriana a un la relación en-sí-para-sí como lo explica Sar-


plano antropológico aleja a Sartre de Heide- tre en la tercera parte de El ser y la nada:
gger. Además, nuestra hipótesis no es que
Y el prójimo es el mediador indis-
solo reduzca la nada, sino también el ser,
pensable entre mí y mí mismo: tengo
pero del lado de la intención profunda, o más
vergüenza de mí tal como me aparezca
bien se concentra en este aspecto, llevándo-
al prójimo. Y, por la aparición misma
lo hasta sus últimas consecuencias. Heide-
de un prójimo, estoy en condiciones
gger en Ser y tiempo despliega un análisis
de formular un juicio sobre mí mismo
existencial en consonancia con su denuncia
como sobre un objeto, pues al prójimo
del olvido del ser, y no un existencialismo.
me aparezco como objeto. (Sartre, 2008,
Si en la intención profunda encontramos el
p. 314)
ser de la posibilidad y la negación de toda
reducción, esa ausencia genera una especie Las relaciones con el prójimo se despren-
de demarcación existencialista más que re- den de una negatividad aprendida que no
ducción de la nada a conciencia de nada, es posible por fuera del mundo; un mundo
puesto que la nada no se patentiza; la nada que es a fin de cuentas humano. Las relacio-
se nihiliza a sí misma. nes con el otro nos permiten reconocer en
el otro esa condición de igualdad, que es a
Ya avizoramos la ausencia del lado de la
su vez condición de exigencia. Mirar al otro
nada humana: pasamos de la tematización
cosificándolo debe situarnos en el plano de
a la problematización. En nuestro caso, la
la construcción intersubjetiva de un hombre
ontología de la ausencia equivale a un tirar
común que posibilita la esencia a partir de
las máscaras. La ausencia es conciencia sin
acciones participativas y no jerárquicas. El
máscara que reconoce su carencia y su de-
problema de Sartre fue comprender esa co-
seo, motor de elección y de obra, pero tam-
sificación a partir de una conciencia vertical
bién es acción creadora.
del otro, que no asiente el reconocimiento
La ausencia no se reduce únicamente a de la indigencia, de lo que falta. Esto explica
tensión de vaciamiento. También lo es de por qué tener algo no significa saciedad de
creación, de auto-creación. Sin embargo, es ser algo. Hace falta recordar que la concien-
necesario aclarar que esa autocreación no se cia debe conducirnos del plano del en-sí al
basta con la suma de todas las acciones. Esa plano del para-sí.
autocreación proyecta siempre sin olvidar
Nuestro vaciamiento no radica en una ex-
la sombra de lo que proyecta: en la búsque-
clusiva y estrecha relación con el en-sí. Es
da de mi ser. Me encuentro siempre con un
posible direccionar la relación para-sí-para-sí
ser sin máscara, una sombra que impulsa,
en unas coordenadas de inclusión del otro,
sitúa, responde y niega: la libertad orienta-
es decir, a partir de relaciones horizontales
da al ser, eligiéndose proyecto, posibilitan-
que confronten la nada con un nosotros
do ese hombre inconcluso. Ahora bien, las
nada, una nada compartida, nunca cosi-
relaciones humanas se hacen posibles a par-
ficada. Pero en Sartre esa nada equivale a
tir de un encadenamiento, unido a ese de-
soledad. Cuando el filósofo de la libertad
seo. El ser-para-otro es tan importante como

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Wilfer Alexis Yepes Muñoz

asocia el ser para otros con el infierno está comprendemos la nada en el ser, la nada
replegando la nada. Y la nada no es posible que nos recupera y nos responsabiliza, la
sino como nada comunicada. Se comunica nada que sitúa al hombre entre un mundo
la nada, no el ser. Claro está, en esa relación, construido, configurado y la significación
el otro puede ser tomado como un infierno de sus propias posibilidades. La conciencia
cuando se delega en él la responsabilidad siempre mira a lo lejos, y en ese mirar a lo le-
de ser. En este caso, sí convendría una se- jos descubre lo que le falta, apuntando siem-
paración positiva, que sería respuesta per- pre, señalando su objetivo, dibujándolo en
sonal, vaciamiento y búsqueda del ser. En aquella historia que escriben sus acciones.
consecuencia, las relaciones con el otro en En efecto, podemos preguntar: ¿qué lugar
esta reflexión sobre la ausencia pretenden ocupa el obrar humano en esta reflexión
una comunicación de un en-sí configurado sobre la ausencia? ¿Logra esta configuración
intersubjetivamente. Buscamos lo que nos resignificar la comprensión del hombre
hace únicos, una historia particular que se contemporáneo desde El ser y la nada?
extiende a la posibilidad de proyectar la nada
A la primera pregunta que orienta este nu-
para nunca perder esa ironía sartriana que
meral, debemos anteponer un supuesto ba-
define el hombre en un hacer, un hacer que
sado en la lectura de Heidegger. Recorde-
también se desenmascara y se escinde.
mos que Heidegger retoma la pregunta por
el sentido del ser, partiendo de la facticidad
El obrar ontológico misma del Da-sein, de su Da, de «[…] ese
existir en cada ocasión» (Heidegger, 2011,
En terminología sartriana, el para-sí es liber-
p. 25), sin una apropiación teorética inicial
tad ontológica pues obra, se hace-en-el-mun-
en la que se inscribe la intuición reflexiva de
do y depende de sus elecciones, más aún,
Husserl (Escudero, 2010). Este rasgo parti-
de las relaciones que establece con el en-sí
cular de la interpretación heideggeriana se
y otros para-sí. Esas relaciones denotan una
alimenta del llamamiento clave de la feno-
parte de su ser. Pero en este punto conviene
menología, iniciado por su maestro: a las
acentuar la tensión, es decir, la ausencia, el
cosas mismas. Pero su preocupación por el
ser sin máscara que aparece en todo momen-
sentido del ser del ente le permite instaurar
to, la conciencia de nada. Así la nada constituye
una posición radical, que va de la fenome-
ese algo del para-sí que Sartre concentró en
nología reflexiva de Husserl a una fenomeno-
el correlato. Su tensión de la nada y el ser se
logía hermenéutica. Jesús Adrián Escudero
mantuvo en el extremo husserliano: ese algo
esboza esa articulación temática y metodo-
estaba lleno. Ahora, en nuestra tensión ha-
lógica de su obra temprana, especialmente
blamos también de un alguien vacío, de una
en la quinta parte de su texto Heidegger y
nada, conciencia de nada. El ser del hombre no
la genealogía de la pregunta por el ser. Tam-
está-ahí, su ser-ahí es un ser en otra parte, un
bién es preciso resaltar los trabajos de Ra-
ser proyectado, un ser aplazado.
món Rodríguez (1997) y Ángel Xolocotzi
Si captamos la intencionalidad de la con- (2004) en torno a ese giro hermenéutico de
ciencia a partir de las relaciones posibles, la fenomenología.

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Intencionalidad y ausencia en El ser y la nada de Jean-Paul Sartre

Existe una pre-comprensión del ser en un parte, en efecto, significa el qué-es y algo
ente que pregunta por su ser, en el Da del determinado y, de otra parte, la cualidad, la
Dasein, en la temporalidad como su hori- cantidad o cualquier otra de las cosas que se
zonte. Heidegger debe denunciar ese olvi- predican de este modo» (Aristóteles, 1028a,
do del ser, un ser oscurecido en totalidades 10). Este ser estaba enmarcado en todo un
que daban cuenta de un contexto específico sistema de construcciones categoriales que
e igualmente de preocupaciones específicas: operaban simultáneamente a partir de la
la preocupación por el Dios judeocristiano y silogística. Ese ser se predicaba, se hacía
la razón, como faro orientador de la ciencia presente en la pregunta por el ser y en un
en el proyecto moderno. A fin de cuentas, conjunto de categorías.
totalidades en las que se despliega la acción
Ahora bien, quitando esa analogía y entre-
de equiparar el Ser de los entes con un Ente
gando el ser a su sentido ontológico, a la fac-
supremo: Dios, Mundo, Razón.
ticidad misma en que ya se tiene una com-
El ser era equiparado a una totalidad entita- prensión previa del ser, separándolo de los
tiva e incluso lógica –la «universalidad» del entes y entregándolo a su acontecer, encon-
género2– que envolvía el sentido de los de- tramos una oportunidad: «el concepto de
más entes en orden secundario. Nos referi- «ser» es, más bien, el más oscuro» (Heide-
mos particularmente al ser aristotélico, que gger, 2014, p. 13). Existe una particularidad
se comprende por analogía y que, por ende, en esta aproximación ontológica: la aletheia
se puede predicar de múltiples maneras: aristotélico-tomista de la presencia no da lu-
«la expresión «algo que es» se dice en mu- gar a lo latente, al ser que se vela, porque es
chos sentidos, según distinguimos ya con «presencia sin sombra», al acontecimiento
anterioridad en el tratado Acerca de cuántos en que el abismo del ser se abre al otro ini-
sentidos (tienen ciertos términos). De una cio en el ensamble de la resonancia, el pase, el
salto, la fundación, los futuros y el último dios
2 En la primera parte Ser y Tiempo, Heidegger denuncia ese olvido (Heidegger, 2006). Heidegger tendrá que
del ser, que lo guiará al análisis existencial del Dasein: «Pero la «uni-
enfrentar los tres prejuicios en que se enmar-
versalidad» del «ser» no es la del género. El «ser» no constituye
la región suprema del ente en tanto que éste se articula concep- ca el olvido del ser, a saber: como concepto
tualmente según género y especie: oúte tò ón génos. La «univer- «universal», como concepto «indefinible»
salidad» del ser «sobrepasa» toda universalidad genérica. El «ser»
es en la nomenclatura de la ontología medieval, un «trascendental»
y como concepto «evidente» por sí mismo
(«trascendens»). La unidad de este «universal» trascendental frente (Heidegger, 2014, p. 24-25). Ese olvido del
a la multiplicidad de los supremos conceptos genéricos quiditativos ser, no obstante, abre una posibilidad.
fue reconocida por Aristóteles como la unidad de la analogía. Con
este descubrimiento, Aristóteles, pese a su dependencia respecto
Volvamos al para-sí sartreano, distanciado
del cuestionamiento ontológico de Platón, puso el problema del ser
sobre una base fundamentalmente nueva. Pero tampoco él logró di- de la analítica existencial de Heidegger en
sipar la oscuridad de estas conexiones categoriales. La ontología tanto radicaliza la ausencia de la libertad,
medieval discutió copiosamente el problema, especialmente en
que tematiza el en-sí. En esa ausencia hay
las escuelas tomista y escotista, sin llegar a claridad de fondo. Y
cuando, finalmente, Hegel determina el «ser» como lo «inmediato primero una conciencia de algo: pervive la in-
indeterminado» haciendo de esta definición la base para todo el ul- tencionalidad de Husserl como correlación
terior despliegue categorial de su Lógica, sigue mirando en la misma
dirección que la ontología antigua, con la única diferencia que deja
de reflexividad. Por tanto, conciencia de ser y
de mano el problema, ya planteado por Aristóteles, frente a la multi- conciencia de nada ponen en juego esa doble
plicidad de las «categorías» quiditativas» (p. 24).

106
Wilfer Alexis Yepes Muñoz

conciencia: una aproximación no justifica la libertad, como una exigencia de ser (Sartre,
patencia absoluta del ser. Más aún, cuando 2008). La libertad tiene que ser ontológica,
acercamos esa aproximación a una concien- ya que no depende de unas condiciones em-
cia de nada, es decir, de la ausencia que re- píricas específicas, sino de su necesidad y
conoce el hombre en su propia condición, de sus posibilidades. La libertad sería tam-
descubrimos una postura de matiz nihilista bién una tensión que refleja la necesidad de
en Sartre: negar aquello que no le es propio, ser algo, y
desplegar sus posibilidades, su intencionar,
La realidad-humana es libre porque no su trasegar, su caminar con la mirada en el
es suficiente; porque está perpetuamen- horizonte.
te arrancada a sí misma, y lo que ella
ha sido está separado por una nada de En el núcleo de la libertad estamos expues-
lo que es y de lo que será; y, por últi- tos, nuestra temporalidad se patentiza a
mo, porque su mismo ser presente es partir de la tematización del en-sí. Pero la
nihilización en la forma de reflejo-refle- temporalidad no es accesoria. En nuestro
jante. El hombre es libre porque no es caso, la temporalidad tendría que ver con
sí-mismo, sino presencia a sí. El ser es una elección de la finitud, de la búsqueda, del
lo que no puede ser libre. La libertad obrar en tensión, en ausencia. Aludimos a
es precisamente la nada que es sida en un obrar en ausencia que oscila entre el ser y
el meollo del hombre y que obliga a la la nada: el ser como objetivo y la nada como
realidad-humana a hacerse en vez de punto de partida. Ese ser es lo más oscuro,
ser. (Sartre, 2008, p. 615) porque se patentiza en la conciencia de nada.

La postura de matiz nihilista de Sartre está La conciencia de nada, la conciencia que


arraigada en el devenir, en el tiempo, en la arranca los sucedáneos de plenitud, pro-
posibilidad, en los lanzamientos sucesivos longa una especie de agonía, un gerundio
de la nada, en un saltar al vacío, en un reco- de la libertad que se nihiliza a sí misma ha-
nocer la miseria del que, siendo, se elige; es la ciendo posible la tensión. Por lo menos, una
realidad-humana. Por ello, en esa búsque- tensión que guarda una imagen borrosa a lo
da del ser que nosotros desplazamos a una lejos, una teleología que se integra a la con-
antropología de la posibilidad, el tiempo dición primera del ser-libre, del existir-libre
aparece como elemento capital: «el Para-sí, para ser. Sartre es explícito al concluir El ser
surgiendo en el ser como nihilización del y la nada: «escoge, pues, no recuperarse sino
En-sí, se constituye a la vez en todas las di- huirse, no coincidir consigo mismo, sino es-
mensiones posibles de nihilización» (Sartre, tar siempre a distancia de sí» (Sartre, 2008,
2008, p. 205). Esa temporalidad es capital en p. 842). Luego, ¿qué lugar ocupa el obrar?
la filosofía de Heidegger.
La realidad humana es la tensión, el abismo
La existencia nos revela la temporalidad, que hay entre dos totalidades: la nada, una
una temporalidad que ya tiene para sí destotalizada, y el ser, la unificación proyec-
misma el deseo y la exigencia de ser, la li- tada. Si esa tensión hace posible la perma-
bre elección. De hecho, podemos interpre- nente oscilación del hombre que sube su
tar la conciencia de necesidad, es decir, la piedra para perderla en la cima, entonces el

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Intencionalidad y ausencia en El ser y la nada de Jean-Paul Sartre

obrar tampoco es un sucedáneo. En el obrar vemos pasar en múltiples historias del mun-
construimos lo que somos, nos hacemos la do en que vivimos. No podemos desconocer
posibilidad de lo que somos. No obstante, que un mundo interconectado y plagado de
en cada acción se patentiza la ausencia de información, de felicidades sucesivas que se
aquella libertad que siempre se intenciona. venden y se tiran, disuelve esta estructura
El obrar es ontológico, porque nunca es su- (Lipovetsky 2011).
ficiente. El obrar es ontológico en la medida
El hombre no podría reconocerse a sí mis-
en que pone de relieve la tensión original.
mo más que dentro de la gran maquinaria
Terminamos por devolvernos a nuestra con-
que lo absorbe en su soledad y en sus posi-
ciencia de nada. Y así, la existencia no solo
bilidades. Un mundo que todo lo inmedia-
queda reducida a devenir, sino también a
tiza, que nos entrega un sentido de realidad
oscilación.
ligado a discursos de poder sobre el otro, es
La existencia no es únicamente el devenir, un mundo sin nosotros. Nos hemos identifi-
la búsqueda, la posibilidad de una libertad cado con nuestro mundo en demasía. Y esa
que procura una identidad. La existencia identificación es la que nos hace olvidar de
parte de la relación fenomenológica con el nosotros mismos, de nuestra exigencia on-
en-sí. Tal vez en esta relación de tematiza- tológica. No hemos hecho más que ponerle
ción expresamos nuestro deseo de configu- máscaras a nuestra ausencia. Por eso nues-
rar una esencia que integra tanto el núcleo tro mundo, ese mundo plagado de informa-
como lo vivido; en otras palabras, una esen- ción infinita, es un mundo que nos enseña
cia precedida por un ser fundamental, una a jugar y a olvidar: jugamos a no estar; nos
conciencia de nada y todos los esfuerzos de entretiene la posibilidad de olvidar lo que
invención y desvelamiento de nosotros mis- realmente deseamos.
mos. Una esencia a partir de la tensión, de
La ausencia sitúa al hombre en el límite. No
lo oscuro de ese ser, de la ausencia que nos
es que lo separe de la cultura, de las costum-
hace demasiado humanos.
bres y de las prácticas sucesivas que podrían
absorberlo en identificaciones y costumbres
Para concluir homogeneizantes. Situar al hombre en el
límite significa emplazarlo en el punto me-
En esta reflexión que enmarcó la categoría
dio donde comienza a individuarse, pero
ausencia como lugar de la tensión que se libra
también donde comienza a ser parte de una
entre la nada humana y el ser en tanto pleni-
construcción común del mundo. En esta
tud, la libertad significa también elección de la
medida, se abre una posibilidad: la tensión
finitud: «el acto mismo de libertad es, pues,
entre ese ser que proyectamos y esa nada
asunción y creación de la finitud. Si me hago,
que nihiliza el en-sí, incluso las acciones que
me hago finito y, por eso mismo, mi vida
tienden a sustituir la búsqueda por una can-
es única» (Sartre, 2008, p. 738). De hecho,
sada conclusión que podríamos llamar esen-
entendemos por finitud la libre elección de
cia del acomodo o elección de la quietud, está
ser todo lo que hacemos para no caer en una
ligada a otra tensión: la tensión de hacerse
anomia devastadora de las posibilidades que
uno y no perderse cuando se es parte de un

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Wilfer Alexis Yepes Muñoz

grupo y de una identidad socio-cultural. El una propiedad que pertenezca entre otras a
hombre no puede eludir esa condición. la esencia del ser humano» (Sartre, 2008, p.
68). Al preguntar por el ser, patentizamos la
La ausencia es tensión de individuación pro-
nada, reconocemos la nada que somos. En-
yectiva y una asignación de nombre propio
tonces la esencia forma parte de esas elec-
a una esencia construida. También constitu-
ciones, de esas acciones, y como en ellas no
ye una tensión de buscar estar dentro, estando
termina por agotarse, queda en manos de
fuera, perder la familiaridad con un mundo
un sentido de posibilidad.
humano que construye discursos capaces
de hacer perder la posibilidad. Encontramos No es gratuito que El ser y la nada aparezca
una primera condición: la libertad. Pero no en la época de los genocidios, los campos de
una libertad como valor, sino como condi- concentración y el derrumbe de los ideales
ción fundamental del para-sí: humanos, construidos durante la moderni-
dad de un animal racional que abría camino
La libertad es total e infinita, lo que
hacia la luz con su ser. También podemos
no significa que no tenga límites, sino
destruir el en-sí de la cultura y perder el
que no los encuentra jamás. Los únicos
rumbo. Cuando somos expulsados de ese
límites con que la libertad choca a cada
paraíso prometido del proyecto moderno,
instante son los que ella se impone a sí
convertido en un panorama desolador, no
misma y de los cuales hemos hablado,
queda más que vagar, elegir el destierro y la
a propósito del pasado, los entornos y
posibilidad. Frente a una realidad como esa,
las técnicas. (Sartre, 2008, p. 718)
queda el sentido de posibilidad, una ontología
En la concepción de una libertad ontológi- del hombre que se busca a sí mismo.
ca, la ausencia se atiene a ella como núcleo
donde se ejecuta ese vaciamiento constante Referencias
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nal de precariedad y, por tanto, una tensión Buenos Aires: Sudamericana.
que no está totalmente del lado del ser, pero Escudero, J. A. (2010). Heidegger y la genea-
tampoco del lado de la nada. La libertad logía de la pregunta por el ser. Una articu-
siempre está en medio. No solo apuntala al lación temática y metodológica de su obra
ser; siempre está mirándose como nada: «Lo temprana. Barcelona: Herder.
que tratamos de definir es el ser del hombre Gerassi, J. (1993). Jean-Paul Sartre: La con-
en tanto que condiciona la aparición de la ciencia odiada de su siglo. Trad. María
nada, y ese ser nos ha aparecido como liber- Victoria Mejía Duque. Bogotá: Norma.
tad. Así, la libertad, como condición reque-
rida para la nihilización de la nada, no es

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Intencionalidad y ausencia en El ser y la nada de Jean-Paul Sartre

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