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PAPEL DE ACUARELA

Debe ser de consistencia suficiente para que pueda soportar el baño con agua. Ha de ser sometido a un encolado de
su superficie, para evitar la impregnación excesiva de los pigmentos

Suele estar fabricado con algodón puro y libre de ácido, esto último con el fin de evitar la coloración amarilla con el
paso del tiempo o reacciones indeseables con los pigmentos.

Puede tener una textura variable, desde la superficie lisa o satinada de algunos hasta los que muestran algún tipo de
rugosidad, fina o gruesa, de formas distintas según las marcas comerciales.

Fabricado en distintos grosores o gramajes, que pueden dividirse en delgados, hasta 200 g/m, de grosor medio hasta
350 g/m y los más gruesos, algunos de ellos de confección manual, hasta 600 g/m.

ACUARELA LÍQUIDA

Colores en disolución con una gran capacidad de pigmentación, que permiten ser extendidos mediante pincel, así
como con otros métodos más directos como los trapos y esponjas, incluso el vertido o goteado directo del propio
líquido.

Su composición química y su fluidez los dota de mayor penetrabilidad a través de las porosidades del papel,
dificultando la corrección posterior de las manchas, ya difícil de por sí en la acuarela en general, así como la
superposición de veladuras de menor intensidad. Más utilizada en el campo del diseño y de la ilustración.

ACUARELA EN TUBOS

Es la forma más extendida de uso entre los acuarelistas, tanto entre los más noveles como los de mayor experiencia,
pinten en estudio o en plena naturaleza.

PINCELES
Grosso modo, por su origen pueden ser naturales o sintéticos, por su forma planos, redondos, mixtos y de formas
especiales, mientras que por su tamaño oscilan entre el número 0 y el 24, este último del grosor del pulgar. Pueden
estar compactados a presión entre una estructura metálica cromada o fuertemente ligados con hilos muy resistentes
o metálico.

Los pinceles planos provocan unas formas más geométricas y modernas, siendo idóneos para representar las formas
arquitectónicas en los paisajes urbanos, teniendo una menor capacidad descriptiva de las imágenes existentes en la
naturaleza, que son más fáciles de explicar con pinceles redondos, entre los cuales sobresalen los de tipo japonés, de
cuerpo grueso y afilados en su punta, perfectos para la expresión de las formas vegetales, para lo cual
probablemente nacieron y que en cambio no son tan eficaces para pintar estructuras artificiales y líneas rectas.

Los pinceles de forma mixta o intermedia entre los anteriormente descritos, conocidos como de lengua de gato,
permiten un uso polivalente, lo que confiere gran utilidad gracias a su gran versatilidad descriptiva.
Otras formas especiales, como los de tipo abanico, tipo cepillo o con varias puntas tienen un uso más restringido y
personal, vinculado a la creación de efectos texturales muy concretos. Como asimismo existen también otros
pinceles que ya llevan incorporada el agua.

Su principal dificultad radica en el componente de azar que siempre la acompaña, vinculado al movimiento
espontáneo del agua, tanto al pintar sobre un tablero inclinado, en cuyo caso siempre corre y se desplaza hacia
abajo, como si se opta por pintar en horizontal, por la difusión no totalmente predecible del pigmento en función del
grado de humedad de la superficie sobre la que se deposita.

Como es fácil de entender, la mayoría de acuarelas suelen pintarse con métodos mixtos, que incluyen espacios
tratados en húmedo y otros en seco, que conviven en la misma superficie, yuxtapuestos unos al lado de otros o lo
que es más corriente, superpuestos, casi siempre trazos secos sobre zonas húmedas una vez éstas han perdido un
suficiente grado de humedad.

Para conseguir la compatibilidad entre estas dos técnicas no debe perderse nunca de vista la temperatura y los
niveles de humedad ambiental, por su repercusión en el secado de las primeras capas, que nos obligará a cambios
significativos en el ritmo de ejecución de la obra.