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Miguel Collino

UNIDAD TEMATICA 5

Tema 14: La Iglesia


1- Los nombres y las imágenes de la Iglesia. Los símbolos de la Iglesia. Cat I Cat. 751-
757. L.G.6

a- Nombres:
El termino Iglesia se usa para referirse al espacio físico donde se reúnen los
cristianos (el templo), como así también a las diferentes comunidades cristianas.
El diccionario define al termino iglesia como la congregación de los fieles cristianos
en virtud del Bautismo.
Etimológicamente el término IGLESIA proviene del griego Εκκλησία
(fonéticamente: ekklesía), término que procede del verbo εκ καλείη (llamando a – llamar
fuera).
Εκκλησία (ekklesía) significa convocación, designa la asamblea del pueblo en
general de carácter religioso (Hch 19,39).

 El término ‘ekklesia’ en el Antiguo Testamento


El término ‘ekklesia’ pasa a la tradición judía, cuando la versión bíblica llamada de los
LXX (traducción de la Biblia hebraica al griego) lo usa, salvo algunas excepciones, para
traducir el término hebreo ‘qahal’, que junto con ‘edah’ significa, en el hebreo tardío, la
asamblea religiosa de los israelitas: ‘qahal Yahvé’ (la asamblea de Dios). ‘Ekklesia’
adquiere, por tanto, en este contexto, a diferencia del contexto griego, un cierto carácter
religioso, pues es la asamblea convocada por Dios - aunque no siempre necesariamente
desligado de lo político, en una sociedad como la judía, en la que lo religioso y lo político,
estaban tantas veces estrechamente unidos -.
Es la asamblea del pueblo elegido (Israel) en la presencia de Dios, sobre todo cuando
se trata de la Asamblea del Sinaí, en donde Israel recibió la ley y fue constituido como
pueblo santo (Ex.19)

 El término ‘ekklesia’ en el Nuevo Testamento


En los primeros escritos neotestamentarios el término ‘ekklesia’, refleja una doble
idea: la de la asamblea religiosa de Dios y la de asamblea local. (cf. Mt 16, 18; Mt 18, 17;
3Jn 6; 3Jn 9; St 5, 14, 1 Cor 11, 18; Ef 1, 22-23)
La comunidad de los que creen en Cristo se reconoce heredera de la Asamblea del
SINAI. Dios convoca a su pueblo desde los confines de la tierra.
Otros términos que nos ayudan a comprender el término Iglesia son: Kyriaké, del que
se deriva las palabras church en inglés, y Kirche en alemán, significa "la que pertenece al
Señor".

En el lenguaje cristiano, iglesia designa:

1- La asamblea litúrgica que se reúne para dar culto a Dios, sobre todo en la
Eucaristía. 1Co 11,18
2- La comunidad local (1Co 1,2)

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3- Toda la comunidad universal de creyentes. (1Co 15)

b- Imágenes (símbolos):

Tanto en el Nuevo Testamento, como a lo largo de la Historia de la Iglesia se han


utilizado diversas imágenes para explicarnos el sentido más profundo de la Iglesia.
En el Nuevo Testamento nos encontramos con más de 80 imágenes de la Iglesia;
en la constitución Lumen Gentium con más de 35; por no enumerar la exhaustividad de
títulos o imágenes que concede a la Iglesia la doctrina de los Padres o la teología posterior
a ellos (algunos ejemplos de esta enorme letanía aplicada a la Iglesia son: ‘paraíso en el
mundo’, ‘túnica sin costura’, ‘casa de Dios’, tabernáculo’, ‘montaña de Sión’, ‘nave’, ‘arca
de Noé’, ‘madre común’, ‘navío’, virgen’ ‘sierva’, ‘reina’, ‘heredera de cristo’, ‘casa
común’, ‘baño espiritual’, ‘esposa’, ‘pastor’ rebaño’, ‘cielo estrellado’ y tantas otras’)

Leemos en el catecismo de la Iglesia Católica:

753 En la Sagrada Escritura encontramos multitud de imágenes y de figuras relacionadas


entre sí, mediante las cuales la Revelación habla del misterio inagotable de la Iglesia. Las
imágenes tomadas del Antiguo Testamento constituyen variaciones de una idea de fondo,
la del "Pueblo de Dios". En el Nuevo Testamento (cf. Ef 1, 22; Col 1, 18), todas estas
imágenes adquieren un nuevo centro por el hecho de que Cristo viene a ser "la Cabeza" de
este Pueblo (cf. LG 9), el cual es desde entonces su Cuerpo. En torno a este centro se
agrupan imágenes "tomadas de la vida de los pastores, de la agricultura, de la
construcción, incluso de la familia y del matrimonio" (LG 6).

754 "La Iglesia, en efecto, es el redil cuya puerta única y necesaria es Cristo (Jn 10, 1-10).
Es también el rebaño cuyo pastor será el mismo Dios, como él mismo anunció (cf. Is 40,
11; Ez 34, 11-31). Aunque son pastores humanos quienes gobiernan a las ovejas, sin
embargo es Cristo mismo el que sin cesar las guía y alimenta; Él, el Buen Pastor y Cabeza
de los pastores (cf. Jn 10, 11; 1 P 5, 4), que dio su vida por las ovejas (cf. Jn 10, 11-15)". (LG
6)

755 "La Iglesia es labranza o campo de Dios (1 Co 3, 9). En este campo crece el antiguo
olivo cuya raíz santa fueron los patriarcas y en el que tuvo y tendrá lugar la reconciliación
de los judíos y de los gentiles (Rm 11, 13-26). El labrador del cielo la plantó como viña
selecta (Mt 21, 33-43 par.; cf. Is 5, 1-7). La verdadera vid es Cristo, que da vida y
fecundidad a los sarmientos, es decir, a nosotros, que permanecemos en él por medio de
la Iglesia y que sin él no podemos hacer nada (Jn 15, 1-5)".  (LG 6)

756 "También muchas veces a la Iglesia se la llama construcción de Dios (1 Co 3, 9). El


Señor mismo se comparó a la piedra que desecharon los constructores, pero que se
convirtió en la piedra angular (Mt 21, 42 y paralelos; cf. Hch 4, 11; 1 Pe 2, 7; Sal 118, 22).
Los Apóstoles construyen la Iglesia sobre ese fundamento (cf. 1 Co 3, 11), que le da solidez
y cohesión. Esta construcción recibe diversos nombres: casa de Dios (1 Tm 3, 15) en la que

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habita su familia, habitación de Dios en el Espíritu (Ef 2, 19-22), tienda de Dios con los
hombres (Ap 21, 3), y sobre todo, templo santo. Representado en los templos de piedra,
los Padres cantan sus alabanzas, y la liturgia, con razón, lo compara a la ciudad santa, a la
nueva Jerusalén. En ella, en efecto, nosotros como piedras vivas entramos en su
construcción en este mundo (cf. 1 Pe 2, 5). San Juan ve en el mundo renovado bajar del
cielo, de junto a Dios, esta ciudad santa arreglada como una esposa embellecidas para su
esposo (Ap 21, 1-2)". (LG 6)

757 «La Iglesia que es llamada también "la Jerusalén de arriba" y "madre nuestra" (Ga 4,
26; cf. Ap 12, 17), y se la describe como la esposa inmaculada del Cordero inmaculado (Ap
19, 7; 21, 2. 9; 22, 17). Cristo "la amó y se entregó por ella para santificarla" ( Ef 5, 25-26);
se unió a ella en alianza indisoluble, "la alimenta y la cuida" (Ef 5, 29) sin cesar». (LG 6)

2- Origen, fundación y misión de la Iglesia: Etapas Fundacionales: Cat. I Cat. 758- 769.

1- Origen: Un designio nacido en el corazón del Padre. (CIC 759)

El “misterio” del Dios trinitario representa, en primer lugar, el plan o designio del
Padre, que precede y orienta toda la creación y la historia del mundo. En este plan nos
encontramos, en primer lugar, con la elección divina; una iniciativa que en la encarnación
engloba, además, la redención; y según la cual se nos muestra que lo más radical de
nuestra historia no es el pecado, sino el amor eterno en el que somos amados.
«Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le
aman; de aquellos que han sido llamados según su designio. Pues a los que de antemano
conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él el
primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también los justificó; a
los que justificó, a ésos también los glorificó.» (Rm 8, 28-30).
A Jesucristo, es, en segundo lugar, a quien toca realizar el plan de salvación del
Padre. Es ese el motivo mismo de su misión «El nos libró del poder de las tinieblas y nos
trasladó al Reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la redención: el perdón de los
pecados. Él es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación, porque en él
fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los
Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él,
él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia. Él es también la
Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia: Él es el Principio, el Primogénito de entre los muertos,
para que sea él el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la
Plenitud, y reconciliar por él y para él todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de
su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos. Y a vosotros, que en otro tiempo fuisteis
extraños y enemigos, por vuestros pensamientos y malas obras, os ha reconciliado ahora,
por medio de la muerte en su cuerpo de carne, para presentaros santos, inmaculados e
irreprensibles delante de Él; con tal que permanezcáis sólidamente cimentados en la fe,

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firmes e inconmovibles en la esperanza del Evangelio que oísteis, que ha sido proclamado
a toda criatura bajo el cielo y del que yo, Pablo, he llegado a ser ministro.» Col 1, 13-23
Y su obra, la del Hijo, se realiza y desarrolla en la historia gracias a la acción incesante del
Espíritu. «Pues no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien,
recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre! El Espíritu
mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y, si
hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con
él, para ser también con él glorificados» (Rm 8, 15-17)
De este misterio trinitario nace la Iglesia, en él subsiste y de él recibe su misión: que
la humanidad entera constituya un mismo pueblo de Dios, se reúna en el único Cuerpo
de Cristo y se construya como un templo del Espíritu.

Por este motivo nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica 759:


"El Padre eterno creó el mundo por una decisión totalmente libre y misteriosa de su
sabiduría y bondad. Decidió elevar a los hombres a la participación de la vida divina" a la
cual llama a todos los hombres en su Hijo: "Dispuso convocar a los creyentes en Cristo en
la santa Iglesia". Esta "familia de Dios" se constituye y se realiza gradualmente a lo largo
de las etapas de la historia humana, según las disposiciones del Padre: en efecto, la Iglesia
ha sido "prefigurada ya desde el origen del mundo y preparada maravillosamente en la
historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza; se constituyó en los últimos tiempos,
se manifestó por la efusión del Espíritu y llegará gloriosamente a su plenitud al final de los
siglos" (LG 2).

2- Fundación:
Primera etapa: La Iglesia prefigurada desde el origen del mundo (CIC 760).

"El mundo fue creado en orden a la Iglesia" decían los cristianos de los primeros
tiempos (Hermas, Pastor 8, 1 [Visio 2, 4,I); cf. Arístides, Apología 16, 6; San Justino,
Apología 2, 7). Dios creó el mundo en orden a la comunión en su vida divina, comunión
que se realiza mediante la "convocación" de los hombres en Cristo, y esta "convocación"
es la Iglesia. La Iglesia es la finalidad de todas las cosas (cf. San Epifanio, Panarion, 1, 1, 5,
Haereses 2, 4), e incluso las vicisitudes dolorosas como la caída de los ángeles y el pecado
del hombre, no fueron permitidas por Dios más que como ocasión y medio de desplegar
toda la fuerza de su brazo, toda la medida del amor que quería dar al mundo:

«Así como la voluntad de Dios es un acto y se llama mundo, así su intención es la


salvación de los hombres y se llama Iglesia» (Clemente Alejandrino, Paedagogus 1, 6).

Segunda etapa: La Iglesia preparada en la Antigua Alianza (CIC 761-762).

La reunión del pueblo de Dios comienza en el instante en que el pecado destruye la


comunión de los hombres con Dios y la de los hombres entre sí. La reunión de la Iglesia es
por así decirlo la reacción de Dios al caos provocado por el pecado. Esta reunificación se
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realiza secretamente en el seno de todos los pueblos: "En cualquier nación el que le teme
[a Dios] y practica la justicia le es grato" (Hch 10, 35; cf LG 9; 13; 16).

 La preparación lejana de la reunión del pueblo de Dios comienza con la


vocación de Abraham, a quien Dios promete que llegará a ser padre de un gran
pueblo (cf Gn 12, 2; 15, 5-6).

 La preparación inmediata comienza con la elección de Israel como pueblo de


Dios (cf Ex 19, 5-6; Dt 7, 6). Por su elección, Israel debe ser el signo de la
reunión futura de todas las naciones (cf Is 2, 2-5; Mi 4, 1-4). Pero ya los
profetas acusan a Israel de haber roto la alianza y haberse comportado como
una prostituta (cf Os 1; Is 1, 2-4; Jr 2; etc.). Anuncian, pues, una Alianza nueva y
eterna (cf. Jr 31, 31-34; Is 55, 3). "Jesús instituyó esta nueva alianza" (LG 9).

Tercera etapa: La Iglesia instituida por Cristo Jesús (CIC 763-766).

Corresponde al Hijo realizar el plan de Salvación de su Padre, en la plenitud de los


tiempos; ese es el motivo de su "misión" (cf. LG 3; AG 3). "El Señor Jesús comenzó su
Iglesia con el anuncio de la Buena Noticia, es decir, de la llegada del Reino de Dios
prometido desde hacía siglos en las Escrituras" (LG 5). Para cumplir la voluntad del Padre,
Cristo inauguró el Reino de los cielos en la tierra. La Iglesia es el Reino de Cristo "presente
ya en misterio" (LG 3).

"Este Reino se manifiesta a los hombres en las palabras, en las obras y en la


presencia de Cristo" (LG 5). Acoger la palabra de Jesús es acoger "el Reino" (ibíd.). El
germen y el comienzo del Reino son el "pequeño rebaño" (Lc 12, 32) de los que Jesús ha
venido a convocar en torno suyo y de los que él mismo es el pastor (cf. Mt 10, 16; 26, 31;
Jn 10, 1-21). Constituyen la verdadera familia de Jesús (cf. Mt 12, 49). A los que reunió así
en torno suyo, les enseñó no sólo una nueva "manera de obrar", sino también una
oración propia (cf. Mt 5-6).

El Señor Jesús dotó a su comunidad de una estructura que permanecerá hasta la


plena consumación del Reino. Ante todo está la elección de los Doce con Pedro como su
Cabeza (cf. Mc 3, 14-15); puesto que representan a las doce tribus de Israel (cf. Mt 19, 28;
Lc 22, 30), ellos son los cimientos de la nueva Jerusalén (cf. Ap 21, 12-14). Los Doce (cf. Mc
6, 7) y los otros discípulos (cf. Lc 10,1-2) participan en la misión de Cristo, en su poder, y
también en su suerte (cf. Mt 10, 25; Jn 15, 20). Con todos estos actos, Cristo prepara y
edifica su Iglesia.

Pero la Iglesia ha nacido principalmente del don total de Cristo por nuestra
salvación, anticipado en la institución de la Eucaristía y realizado en la cruz. "El agua y la
sangre que brotan del costado abierto de Jesús crucificado son signo de este comienzo y
crecimiento" (LG 3) ."Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento
admirable de toda la Iglesia" (SC 5). Del mismo modo que Eva fue formada del costado de
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Adán adormecido, así la Iglesia nació del corazón traspasado de Cristo muerto en la cruz
(cf. San Ambrosio, Expositio evangelii secundum Lucam, 2, 85-89).

Cuarta etapa: La Iglesia manifestada por el Espíritu Santo (CIC 767-768).

"Cuando el Hijo terminó la obra que el Padre le encargó realizar en la tierra, fue
enviado el Espíritu Santo el día de Pentecostés para que santificara continuamente a la
Iglesia" (LG 4). Es entonces cuando "la Iglesia se manifestó públicamente ante la
multitud; se inició la difusión del Evangelio entre los pueblos mediante la predicación"
(AG 4). Como ella es "convocatoria" de salvación para todos los hombres, la Iglesia es, por
su misma naturaleza, misionera enviada por Cristo a todas las naciones para hacer de ellas
discípulos suyos (cf. Mt 28, 19-20; AG 2,5-6).

Para realizar su misión, el Espíritu Santo "la construye y dirige con diversos dones
jerárquicos y carismáticos" (LG 4). "La Iglesia, enriquecida con los dones de su Fundador y
guardando fielmente sus mandamientos del amor, la humildad y la renuncia, recibe la
misión de anunciar y establecer en todos los pueblos el Reino de Cristo y de Dios. Ella
constituye el germen y el comienzo de este Reino en la tierra" (LG 5).

Quinta etapa: La Iglesia consumada en la Gloria (CIC 769).

La Iglesia "sólo llegará a su perfección en la gloria del cielo" (LG 48), cuando Cristo
vuelva glorioso. Hasta ese día, "la Iglesia avanza en su peregrinación a través de las
persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios" (San Agustín, De civitate Dei 18, 51;
cf. LG 8). Aquí abajo, ella se sabe en exilio, lejos del Señor (cf. 2Co 5, 6; LG 6), y aspira al
advenimiento pleno del Reino, "y espera y desea con todas sus fuerzas reunirse con su
Rey en la gloria" (LG 5). La consumación de la Iglesia en la gloria, y a través de ella la del
mundo, no sucederá sin grandes pruebas. Solamente entonces, "todos los justos
descendientes de Adán, `desde Abel el justo hasta el último de los elegidos' se reunirán
con el Padre en la Iglesia universal" (LG 2).

Anexo 1: BENEDICTO XVI. AUDIENCIA GENERAL. Miércoles 15 de marzo de 2006


 La voluntad de Jesús sobre la Iglesia y la elección de los Doce
Queridos hermanos y hermanas:
Después de las catequesis sobre los salmos y los cánticos de Laudes y Vísperas,
quisiera dedicar los próximos encuentros del miércoles al misterio de la relación entre
Cristo y la Iglesia, considerándolo a partir de la experiencia de los Apóstoles, a la luz de la
misión que se les encomendó. La Iglesia se constituyó sobre el fundamento de los
Apóstoles como comunidad de fe, esperanza y caridad. A través de los Apóstoles, nos
remontamos a Jesús mismo.
La Iglesia comenzó a constituirse cuando algunos pescadores de Galilea
encontraron a Jesús y se dejaron conquistar por su mirada, su voz y su invitación cordial y
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fuerte: "Venid conmigo y os haré pescadores de hombres" (Mc 1, 17; Mt 4, 19). Al inicio
del tercer milenio, mi amado predecesor Juan Pablo II propuso a la Iglesia la
contemplación del rostro de Cristo (cf. Novo millennio ineunte, 16 ss).
Siguiendo en la misma dirección, en las catequesis que comienzo hoy quisiera
mostrar precisamente cómo la luz de ese Rostro se refleja en el rostro de la Iglesia (cf.
Lumen gentium, 1), a pesar de los límites y las sombras de nuestra humanidad frágil y
pecadora. Después de María, reflejo puro de la luz de Cristo, son los Apóstoles, con su
palabra y su testimonio, quienes nos transmiten la verdad de Cristo. Sin embargo, su
misión no está aislada, sino que se sitúa dentro de un misterio de comunión, que implica a
todo el pueblo de Dios y se realiza por etapas, desde la antigua hasta la nueva Alianza.
A este propósito, hay que decir que se tergiversa del todo el mensaje de Jesús si se
lo separa del contexto de la fe y de la esperanza del pueblo elegido: como el Bautista, su
precursor inmediato, Jesús se dirige ante todo a Israel (cf. Mt 15, 24), para "reunirlo" en el
tiempo escatológico que llega con él. Al igual que la predicación de Juan, también la de
Jesús es al mismo tiempo llamada de gracia y signo de contradicción y de juicio para todo
el pueblo de Dios. Por tanto, desde el primer momento de su actividad salvífica, Jesús de
Nazaret tiende a congregar al pueblo de Dios.
Aunque su predicación es siempre una exhortación a la conversión personal, en
realidad él tiende continuamente a la constitución del pueblo de Dios, que ha venido a
reunir, purificar y salvar. Por eso, resulta unilateral y carente de fundamento la
interpretación individualista, propuesta por la teología liberal, del anuncio que Cristo hace
del Reino. En el año 1900, el gran teólogo liberal Adolf von Harnack la resume así en sus
lecciones sobre La esencia del cristianismo: "El reino de Dios viene, porque viene a cada
uno de los hombres, tiene acceso a su alma, y ellos lo acogen. Ciertamente, el reino de
Dios es el señorío de Dios, pero es el señorío del Dios santo en cada corazón" (Tercera
lección, p. 100 s). En realidad, este individualismo de la teología liberal es una acentuación
típicamente moderna: desde la perspectiva de la tradición bíblica y en el horizonte del
judaísmo, en el que se sitúa la obra de Jesús aunque con toda su novedad, resulta
evidente que toda la misión del Hijo encarnado tiene una finalidad comunitaria: él ha
venido precisamente para unir a la humanidad dispersa, ha venido para congregar, para
unir al pueblo de Dios.
Un signo evidente de la intención del Nazareno de reunir a la comunidad de la
Alianza, para manifestar en ella el cumplimiento de las promesas hechas a los Padres, que
hablan siempre de convocación, unificación, unidad, es la institución de los Doce. Hemos
escuchado el Evangelio sobre esta institución de los Doce. Leo una vez más su parte
central: "Subió al monte y llamó a los que él quiso, y vinieron donde él. Instituyó Doce,
para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los
demonios. Instituyó a los Doce..." (Mc 3, 13-16; cf. Mt 10, 1-4; Lc 6, 12-16). En el lugar de
la revelación, "el monte", Jesús, con una iniciativa que manifiesta absoluta conciencia y
determinación, constituye a los Doce para que sean con él testigos y anunciadores del
acontecimiento del reino de Dios.
Sobre la historicidad de esta llamada no existen dudas, no sólo en virtud de la
antigüedad y de la multiplicidad de los testimonios, sino también por el simple motivo de

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que allí aparece el nombre de Judas, el apóstol traidor, a pesar de las dificultades que esta
presencia podía crear a la comunidad naciente. El número Doce, que remite
evidentemente a las doce tribus de Israel, ya revela el significado de acción profético-
simbólica implícito en la nueva iniciativa de refundar el pueblo santo.
Superado desde hacía tiempo el sistema de las doce tribus, la esperanza de Israel
anhelaba su reconstitución como signo de la llegada del tiempo escatológico (pensemos
en la conclusión del libro de Ezequiel: 37, 15-19; 39, 23-29; 40-48). Al elegir a los Doce,
para introducirlos en una comunión de vida consigo y hacerles partícipes de su misión de
anunciar el Reino con palabras y obras (cf. Mc 6, 7-13; Mt 10, 5-8; Lc 9, 1-6; 6, 13), Jesús
quiere manifestar que ha llegado el tiempo definitivo en el que se constituye de nuevo el
pueblo de Dios, el pueblo de las doce tribus, que se transforma ahora en un pueblo
universal, su Iglesia.
Con su misma existencia los Doce —procedentes de diferentes orígenes— son un
llamamiento a todo Israel para que se convierta y se deje reunir en la nueva Alianza,
cumplimiento pleno y perfecto de la antigua. El hecho de haberles encomendado en la
última Cena, antes de su Pasión, la misión de celebrar su memorial, muestra cómo Jesús
quería transmitir a toda la comunidad en la persona de sus jefes el mandato de ser, en la
historia, signo e instrumento de la reunión escatológica iniciada en él. En cierto sentido
podemos decir que precisamente la última Cena es el acto de la fundación de la Iglesia,
porque él se da a sí mismo y crea así una nueva comunidad, una comunidad unida en la
comunión con él mismo.
Desde esta perspectiva, se comprende que el Resucitado les confiera —con la
efusión del Espíritu— el poder de perdonar los pecados (cf. Jn 20, 23). Los doce Apóstoles
son así el signo más evidente de la voluntad de Jesús respecto a la existencia y la misión
de su Iglesia, la garantía de que entre Cristo y la Iglesia no existe ninguna contraposición:
son inseparables, a pesar de los pecados de los hombres que componen la Iglesia. Por
tanto, es del todo incompatible con la intención de Cristo un eslogan que estuvo de moda
hace algunos años: "Jesús sí, Iglesia no". Este Jesús individualista elegido es un Jesús de
fantasía. No podemos tener a Jesús prescindiendo de la realidad que él ha creado y en la
cual se comunica.
Entre el Hijo de Dios encarnado y su Iglesia existe una profunda, inseparable y
misteriosa continuidad, en virtud de la cual Cristo está presente hoy en su pueblo. Es
siempre contemporáneo nuestro, es siempre contemporáneo en la Iglesia construida
sobre el fundamento de los Apóstoles, está vivo en la sucesión de los Apóstoles. Y esta
presencia suya en la comunidad, en la que él mismo se da siempre a nosotros, es motivo
de nuestra alegría. Sí, Cristo está con nosotros, el Reino de Dios viene.

Anexo 2: Evangelización. Nociones fundamentales. Evangelii Nuntiandi 6 – 24

La evangelización, vocación propia de la Iglesia

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14. La Iglesia lo sabe. Ella tiene viva conciencia de que las palabras del Salvador: "Es
preciso que anuncie también el reino de Dios en otras ciudades"[34], se aplican con toda
verdad a ella misma. Y por su parte ella añade de buen grado, siguiendo a San Pablo:
"Porque, si evangelizo, no es para mí motivo de gloria, sino que se me impone como
necesidad. ¡Ay de mí, si no evangelizara!"[35]. Con gran gozo y consuelo hemos escuchado
Nos, al final de la Asamblea de octubre de 1974, estas palabras luminosas: "Nosotros
queremos confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres
constituye la misión esencial de la Iglesia"[36]; una tarea y misión que los cambios amplios
y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Evangelizar constituye, en
efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para
evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a
los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su
muerte y resurrección gloriosa.

Vínculos recíprocos entre la Iglesia y la evangelización

15. Quien lee en el Nuevo Testamento los orígenes de la Iglesia y sigue paso a paso su
historia, quien la ve vivir y actuar, se da cuenta de que ella está vinculada a la
evangelización de la manera más íntima:

-—La Iglesia nace de la acción evangelizadora de Jesús y de los Doce. Es un fruto normal,
deseado, el más inmediato y el más visible "Id pues, enseñad a todas las gentes"[37].
"Ellos recibieron la gracia y se bautizaron, siendo incorporadas (a la Iglesia) aquel día unas
tres mil personas... Cada día el Señor iba incorporando a los que habían de ser salvos"[38].

—Nacida, por consiguiente, de la misión de Jesucristo, la Iglesia es a su vez enviada por El.
La Iglesia permanece en el mundo hasta que el Señor de la gloria vuelva al Padre.
Permanece como un signo, opaco y luminoso al mismo tiempo, de una nueva presencia de
Jesucristo, de su partida y de su permanencia. Ella lo prolonga y lo continúa. Ahora bien,
es ante todo su misión y su condición de evangelizador lo que ella está llamada a
continuar[39]. Porque la comunidad de los cristianos no está nunca cerrada en sí misma.

En ella, la vida íntima —la vida de oración, la escucha de la Palabra y de las enseñanzas de
los Apóstoles, la caridad fraterna vivida, el pan compartido [40]— no tiene pleno sentido
más que cuando se convierte en testimonio, provoca la admiración y la conversión, se
hace predicación y anuncio de la Buena Nueva. Es así como la Iglesia recibe la misión de
evangelizar y como la actividad de cada miembro constituye algo importante para el
conjunto.

—Evangelizadora, la Iglesia comienza por evangelizarse a sí misma. Comunidad de


creyentes, comunidad de esperanza vivida y comunicada, comunidad de amor fraterno,
tiene necesidad de escuchar sin cesar lo que debe creer, las razones para esperar, el
mandamiento nuevo del amor. Pueblo de Dios inmerso en el mundo y, con frecuencia,
tentado por los ídolos, necesita saber proclamar "las grandezas de Dios"[41], que la han

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convertido al Señor, y ser nuevamente convocada y reunida por El. En una palabra, esto
quiere decir que la Iglesia siempre tiene necesidad de ser evangelizada, si quiere
conservar su frescor, su impulso y su fuerza para anunciar el Evangelio. El Concilio
Vaticano II ha recordado[42], y el Sínodo de 1974 ha vuelto a tocar insistentemente este
tema de la Iglesia que se evangeliza a través de una conversión y una renovación
constante, para evangelizar al mundo de manera creíble.

—La Iglesia es depositaria de la Buena Nueva que debe ser anunciada. Las promesas de la
Nueva Alianza en Cristo, las enseñanzas del Señor y de los Apóstoles, la Palabra de vida,
las fuentes de la gracia y de la benignidad divina, el camino de salvación, todo esto le ha
sido confiado. Es ni más ni menos que el contenido del Evangelio y, por consiguiente, de la
evangelización que ella conserva como un depósito viviente y precioso, no para tenerlo
escondido, sino para comunicarlo.

—Enviada y evangelizada, la Iglesia misma envía a los evangelizadores. Ella pone en su


boca la Palabra que salva, les explica el mensaje del que ella misma es depositaria, les da
el mandato que ella misma ha recibido y les envía a predicar. A predicar no a sí mismos o
sus ideas personales[43], sino un Evangelio del que ni ellos ni ella son dueños y
propietarios absolutos para disponer de él a su gusto, sino ministros para transmitirlo con
suma fidelidad.

Anexo 3: Laicado. El Espíritu Santo, protagonista de la Evangelización:


http://es.catholic.net/op/articulos/6738/el-espritu-santo-protagonista-de-la-evangelizacin.html

3-El misterio de la Iglesia: La Iglesia, a la vez visible y espiritual. La Iglesia, Misterio de la unión
de los hombres con Dios. La Iglesia sacramento universal de salvación. Cat. I. Cat. 770-776.

a- La Iglesia, a la vez visible y espiritual (CIC 771).

"Cristo, el único Mediador, estableció en este mundo su Iglesia santa, comunidad


de fe, esperanza y amor, como un organismo visible. La mantiene aún sin cesar para
comunicar por medio de ella a todos la verdad y la gracia". La Iglesia es a la vez:

— «sociedad [...] dotada de órganos jerárquicos y el Cuerpo Místico de Cristo;


— el grupo visible y la comunidad espiritual;
— la Iglesia de la tierra y la Iglesia llena de bienes del cielo».

Estas dimensiones juntas constituyen "una realidad compleja, en la que están


unidos el elemento divino y el humano" (LG 8):

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Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

Es propio de la Iglesia «ser a la vez humana y divina, visible y dotada de elementos


invisibles, entregada a la acción y dada a la contemplación, presente en el mundo y, sin
embargo, peregrina. De modo que en ella lo humano esté ordenado y subordinado a lo
divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación y lo presente a la ciudad futura
que buscamos» (SC 2).

b- La Iglesia, Misterio de la unión de los hombres con Dios (CIC 772-773).

En la Iglesia es donde Cristo realiza y revela su propio misterio como la finalidad de


designio de Dios: "recapitular todo en Cristo" (Ef 1, 10). San Pablo llama "gran misterio"
(Ef 5, 32) al desposorio de Cristo y de la Iglesia. Porque la Iglesia se une a Cristo como a
su esposo (cf. Ef 5, 25-27), por eso se convierte a su vez en misterio (cf. Ef 3, 9-11).
Contemplando en ella el misterio, san Pablo escribe: el misterio "es Cristo en vosotros, la
esperanza de la gloria" (Col 1, 27).

En la Iglesia esta comunión de los hombres con Dios por "la caridad que no
pasará jamás"(1 Co 13, 8) es la finalidad que ordena todo lo que en ella es medio
sacramental ligado a este mundo que pasa (cf. LG 48). «Su estructura está totalmente
ordenada a la santidad de los miembros de Cristo. Y la santidad se aprecia en función del
"gran misterio" en el que la Esposa responde con el don del amor al don del Esposo» (MD
27). María nos precede a todos en la santidad que es el misterio de la Iglesia como la
"Esposa sin mancha ni arruga" (Ef 5, 27). Por eso la dimensión mariana de la Iglesia
precede a su dimensión petrina".

c- La Iglesia sacramento universal de salvación. (CIC 774-776).

…La Iglesia contiene, por tanto, y comunica la gracia invisible que ella significa. En
este sentido analógico ella es llamada "sacramento".

"La Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión


íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano "(LG 1): Ser el sacramento de la
unión íntima de los hombres con Dios es el primer fin de la Iglesia. Como la comunión de
los hombres radica en la unión con Dios, la Iglesia es también el sacramento de la unidad
del género humano. Esta unidad ya está comenzada en ella porque reúne hombres "de
toda nación, raza, pueblo y lengua" (Ap 7, 9); al mismo tiempo, la Iglesia es "signo e
instrumento" de la plena realización de esta unidad que aún está por venir.

Como sacramento, la Iglesia es instrumento de Cristo. Ella es asumida por Cristo


"como instrumento de redención universal" (LG 9), "sacramento universal de salvación"
(LG 48), por medio del cual Cristo "manifiesta y realiza al mismo tiempo el misterio del
amor de Dios al hombre" (GS 45, 1). Ella "es el proyecto visible del amor de Dios hacia la
humanidad" (Pablo VI, Discurso a los Padres del Sacro Colegio Cardenalicio, 22 junio
1973) que quiere "que todo el género humano forme un único Pueblo de Dios, se una en

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Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

un único Cuerpo de Cristo, se coedifique en un único templo del Espíritu Santo" (AG 7; cf.
LG 17).

Tema 15: Las notas o propiedades de la Iglesia.

A la pregunta por las propiedades de la Iglesia la profesión de fe responde: «Creo


en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica». En estas palabras se nombran
cuatro propiedades esenciales, que caracterizan a la Iglesia y la hacen reconocible como
verdadera Iglesia. Naturalmente, no resulta fácil demostrar a los cristianos no católicos
cuál es la verdadera Iglesia valiéndose de estas notas. La confesión de la Iglesia verdadera
presupone conversión y aceptación. Sin embargo, las cuatro propiedades de la Iglesia,

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Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

tomadas en conjunto, configuran una institución que, por su armonía interna y su


densidad de sentido, tiene e irradia una gran fuerza persuasiva.

La Iglesia es una: Fundamento bíblico. El sagrado Misterio de la Unidad de la Iglesia. Las


heridas de la unidad. Hacia la unidad. Cat. I. Cat. 813-822.

La unidad y unicidad de la Iglesia de Jesucristo se basa en el misterio de la Iglesia.


De la confesión de un solo Dios, de un solo Mediador, Jesucristo, y de un solo Espíritu, que
todo lo inspira, se sigue necesariamente una sola Iglesia; y esto en el doble sentido de
que, por voluntad de Jesucristo, hay solamente una única Iglesia (unicidad) y de que esta
Iglesia es una en sí misma (unidad). Esta fue la última voluntad de Jesús:

«Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también lo
sean en nosotros para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la
gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos y tú en mí»
(Jn 17,21-23).

En la Carta a los Efesios encontramos este mismo fundamento de la unidad y, a la


vez, la exhortación a considerar el don de la unidad como una tarea:

«Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente


con amor, esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo
cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis
sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende
todo y lo penetra todo y lo invade todo» (Ef 4,2-6).

En estos dos textos se expresa lo siguiente: la unidad de la Iglesia no es un simple


postulado, una exigencia de la organización de la Iglesia, ni tampoco algo que haya que
crear sólo artificialmente. Es una realidad en Cristo como fruto del Espíritu. Pero este don
de la unidad es también una tarea. Todas las escisiones en la fe se oponen, en última
instancia, a la voluntad de Dios y a la realidad de Jesucristo; son escándalo y pecado.
Oscurecen la imagen de la Iglesia hacia fuera y le niegan al mundo el servicio de la unidad,
de la paz y de la reconciliación, que se confió a la Iglesia. No podemos, pues, cruzarnos de
brazos ante el desgarramiento de la cristiandad en diversas confesiones.
¿En qué consiste la unidad de la Iglesia? En los Hechos de los Apóstoles, cuando se
describe la comunidad primitiva de Jerusalén, se insiste en que todos los creyentes eran
asiduos a la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las
oraciones (Hech 2,42). Era, pues, una unidad en la fe, en la caridad y en la liturgia bajo el
gobierno de los apóstoles. En conformidad con esto, el Concilio Vaticano II habla del triple
vínculo de la unidad: el vínculo de la profesión de fe, de los sacramentos y del gobierno y
comunión eclesial (cf. LG 14; FIC 568).

Esta triple unidad no significa en absoluto uniformidad. Dentro de la unidad de


conjunto es posible, e incluso deseable, una diversidad de estilos de predicación, de

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Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

formas de liturgia y de piedad, de teologías, de leyes eclesiásticas, de formas de


compromiso y de servicio social. De otra manera, la Iglesia no podría unir a hombres de
todos los pueblos, razas, culturas y lenguas con mentalidades y costumbres tan diferentes.
Gracias a esta diversidad en la unidad puede ella hacerse todo para todos (cf. 1 Cor 9,19-
23). La comunión (communio) de la fe, de los sacramentos y de los oficios y ministerios,
que se basa en la participación común en un solo Espíritu de Jesucristo, se realiza a través
de la comunicación en todos los campos, de la mutua estima y de la solidaridad con
próximos y lejanos. Hay que distinguir esta diversidad en la unidad de una pluralidad
indiscriminada, de un pluralismo sin fronteras, en el que lo que importa no es el sello
multiforme de lo uno y lo mismo, sino la contestación obstinada, que paraliza las
tensiones fecundas, e incluso necesarias, y las convierte en oposiciones irreconciliables. Si
en la Iglesia se permitiera la existencia de semejantes confrontaciones, se disolvería su
unidad, se oscurecería el rostro de la Iglesia y ya no podría ser signo para el mundo.

Las heridas de la unidad.

La herejía (una doctrina contraria a la fe católica) y el cisma (separación entre


miembros de una religión o comunidad) son formas de este pluralismo que anula la
unidad. Mientras el cisma rompe la unidad de la comunión vital, especialmente de la
comunión en el culto, la herejía lesiona la unidad en una sola fe, lo cual conduce
necesariamente a la ruptura de la comunión en el culto. Otra herida de la unida es la
apostasía (renegar de la fe).

Hacia la unidad

Ante el pluralismo ocasionado por la herejía y el cisma surge el movimiento


ecuménico que representa un significativo avance hacia la unidad. Por movimiento
ecuménico se entiende el dolor por la división de la Iglesia -dolor que el Espíritu Santo
suscita-, la reflexión sobre la comunión de todos los cristianos, el esfuerzo por superar las
diferencias todavía existentes y la aspiración a restablecer la unidad visible de la Iglesia.

Hechos sobresalientes en el movimiento ecuménico son la constitución del


«Consejo ecuménico de las Iglesias» en 1948 y el Concilio Vaticano II (1962-1965), por el
que la Iglesia católica se ad- hiere también oficialmente al impulso ecuménico.

Desde el punto de vista de la fe, el fundamento del ecumenismo no es la postura


relativista que niega que la Iglesia de Jesucristo se realiza en la Iglesia católica (cf. LG 8; FIC
534). Por esta razón, la unidad no es una realidad invisible que se oculta «detrás de» las
Iglesias separadas, ni la debemos concebir como el vínculo que une las diversas ramas que
brotan de un tronco único. A pesar de todo, la convicción de la Iglesia católica de que es la
única Iglesia verdadera de Jesucristo y de que posee todos los medios para la salvación no
excluye que «fuera de su estructura se encuentren muchos elementos de santidad y
verdad, que, como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad católica»
(LG 8; FIC 534). Elementos esenciales de esa estructura son: la Sagrada Escritura como

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UNIDAD TEMATICA 5

fundamento y norma de la vida y la conducta, las profesiones de fe de la Iglesia antigua, el


bautismo como incorporación al Cuerpo de Cristo, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y
la caridad y otros dones del Espíritu Santo (cf. LG 15; FIC 569; UR 3). En las Iglesias
ortodoxas de Oriente se añaden: la Eucaristía como sacramento de unidad y el episcopado
como servicio de la unidad. En este sentido, el Concilio Vaticano II dice de las Iglesias y
comunidades separadas que, a pesar de las deficiencias que les son inherentes según
nuestra fe, el Espíritu de Cristo las ha dignificado para servirse de ellas como medios de
salvación (cf. UR 3).

De aquí se sigue que el motivo que inspira el movimiento ecuménico no puede ser
la indiferencia, tan frecuente en nuestros días, que considera irrelevantes y anticuadas las
divergencias doctrinales que nos llegan del pasado. El motivo que lo inspira no puede ser
sino la obediencia a la voluntad de Jesucristo y al impulso del Espíritu Santo. En
consecuencia, el camino del movimiento ecuménico no se basa en un compromiso
pragmático, o en un falso irenismo que oscurezca o diluya la verdad del Evangelio y la
pureza de la doctrina de la Iglesia. El ecumenismo presupone, por el contrario, aquella
renovación que sólo se alcanza a través de la oración, la conversión y la santificación.
La oración privada y pública por la unidad de los cristianos tiene una importancia
capital. El camino ecuménico pasa por el diálogo y la colaboración para eliminar prejuicios
y malentendidos, conocerse y entenderse mejor, comprender juntos la verdad cristiana y,
a ser posible, también las diferencias que todavía nos separan. El fin del movimiento
ecuménico es la unidad de la Iglesia. Esto no quiere decir que se persiga una Iglesia
uniforme, sino una unidad que admita expresiones múltiples y permita así volver ala
comunión de las Iglesias. Este esfuerzo por la unidad de la Iglesia contribuye también a la
unión, la reconciliación y la paz del mundo.

La Iglesia es Santa: Fundamento bíblico y nociones teológicas. Cat. I. Cat. 823-829.

La santidad de la Iglesia parece estar en contradicción con la experiencia concreta.


Nadie puede discutir que existe el pecado en la Iglesia. Sin embargo, la fe descubre en ella
una dimensión más profunda. Desde la perspectiva de la fe, la santidad de la Iglesia forma
parte de su esencia más íntima. y esto porque Dios, causa primera de la Iglesia, es Santo
por antonomasia (cf. Is 6,3); elige y se crea un pueblo santo (cf. Ex 19,6; 1 Pe 2,9).
Jesucristo, «el Santo de Dios» (Mc 1,24), se entregó por la Iglesia, para hacerla «santa e
inmaculada» (Ef 5,27). Finalmente, la Iglesia, como Templo del Espíritu Santo, es también
santa (cf. 1 Cor 3,17). Así, los primeros cristianos son llamados en la Sagrada Escritura «los
santos» (cf. Hech 9,13.32.41; Rom 8,27; 1 Cor 6,1 y otros). Con todo, desde el principio
hubo debilidades, polémicas e incluso escándalos, tanto en la comunidad primitiva de
Jerusalén como en la comunidad de Corinto. ¿En qué sentido, pues, podemos afirmar la
santidad de la Iglesia?

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Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

En el lenguaje de la Sagrada Escritura, santidad no significa primordialmente


perfección ética, sino separación del mundo y pertenencia a Dios. En este sentido, los
cristianos y la Iglesia viven en el mundo, pero no son del mundo (cf. Jn 17,11.14-15). La
Iglesia es santa porque es de Dios y para Dios. Es santa porque el Dios santo, totalmente
distinto del mundo, le es incondicionalmente fiel y no la abandona a los poderes de la
muerte, a la contingencia del mundo ( cf. Mt 16,18). Es santa porque Jesucristo está unido
a ella indisolublemente (cf. Mt 28,20) y porque le ha prometido para siempre la presencia
poderosa del Espíritu Santo (cf. Jn 14,26; 16,7-9). Es santa porque es la depositaria de los
bienes de la salvación, que le han sido encomendados para que los transmita: la verdad de
la fe, los sacramentos de la nueva vida, los oficios y ministerios.

De esta santidad «objetiva» ha de brotar el comportamiento ético, la santidad


«subjetiva». «Sed santos, porque yo soy santo» (Lev 11,44; cf. 45; 1 Pe 1,16; 1 Jn 3,3). Las
cartas del apóstol Pablo, sobre todo, insisten en recordarnos que el nuevo ser de la gracia
ha de originar en nosotros una conversión radical y un nuevo modo de obrar (cf. Rom 6,6-
14; 8,2-17 y otros) y transformar toda nuestra vida en un servicio a Dios (cf. Rom 12,1). A
esta santidad están llamados todos los cristianos, independientemente de que sean laicos
o clérigos, vivan en el mundo o en una comunidad religiosa, sean casados o solteros (cf. La
39-42). De todos se puede decir: Esto quiere Dios de vosotros: una vida sagrada (1 Tes
4,3).

Esta santidad no es una conquista o una realización personal, sino fruto del Espíritu
Santo y de sus dones. No consiste primordialmente en acciones extraordinarias o
sorprendentes, sino en ser extraordinariamente fieles, caritativos y pacientes en la vida
ordinaria, en dar gloria a Dios y en servir al prójimo, y especialmente en soportar el
sufrimiento, las persecuciones y las adversidades de todo tipo por amor a Jesucristo. «Esta
santidad suscita un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena» (LG 40).
Aunque el fin de la santidad cristiana es el mismo para todos los cristianos, hay, sin
embargo, caminos y formas diferentes de alcanzarlo. Una cosa es absolutamente
necesaria para todos: cumplir el mandamiento principal de amar a Dios sobre todas las
cosas y al prójimo como a nosotros mismos (cf. Mt 12,30-31; Jn 13,34; 15,12; 1 Cor 13).

En todas las épocas ha habido en la Iglesia hombres que han vivido esta santidad de un
modo radical, e incluso heroico, reconocido por la Iglesia. Les llamamos santos (en el
sentido estricto de la palabra). Son los representantes sobresalientes de la Iglesia, ya que
en ellos es donde mejor se puede leer qué es la Iglesia. Son la manifestación genuina de su
santidad. Son también norma y ejemplo de vida cristiana. Podemos invocar su intercesión,
porque están unidos a nosotros en un solo Cuerpo de Cristo, en la comunión de los santos.

La Iglesia santa comprende también a los pecadores y, por eso, puede ser llamada
también Iglesia de los pecadores. Todos los días tiene que rogar: «Perdónanos nuestras
deudas» (cf. Mt 6,12). Por esta razón, la Iglesia ha tenido que defenderse una y otra vez de
posiciones rigoristas que, contra la exhortación del Evangelio, pretenden separar desde
ahora el trigo de la cizaña (cf. Mt 13,24-30) y edificar una Iglesia integrada únicamente por

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los puros. En contra de esta actitud, la Iglesia sostiene que también los pecadores
bautizados pertenecen a la Iglesia, la cual sólo al final de los tiempos aparecerá «sin
mancha o arruga» (cf. Ef 5,27). En este mundo, en cambio, la Iglesia y todos sus miembros
han de vivir en constante conversión. El Concilio Vaticano II dice: «Pues mientras Cristo,
santo, inocente, sin mancha (Heb 7,26), no conoció el pecado (cf. 2 Cor 5,21), sino que
vino únicamente a expiar los pecados del pueblo (cf. Heb 2,17), la Iglesia encierra en su
propio seno a pecadores, y, siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificación,
avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovación» (LG 8; FIC 534).
La discordancia entre la santidad de la Iglesia y los pecados de sus miembros puede
alcanzar a veces grandes dimensiones y provocar como ocurrió, por ejemplo, en la Baja
Edad Media- situaciones en las que el rostro de la Iglesia queda gravemente desfigurado.
Por otra parte, la historia de la Iglesia está llena de movimientos de reforma y de
renovación: entre ellos se cuentan sobre todo diversos movimientos monásticos y los de
las órdenes religiosas. La frontera que separa la reforma legítima de la ilegítima es el
respeto hacia las estructuras esenciales y permanentes de la Iglesia. Estos movimientos
tienen que considerar a la Iglesia santa, es decir, inviolable. Podemos y tenemos que
renovarla; pero no se puede ni se debe transformarla o abolirla totalmente. El alma de
esta renovación de la Iglesia es la conversión personal y una vida que esté de acuerdo con
el espíritu del Evangelio. Mediante esta penitencia privada y pública y, también, mediante
la renovación que la fe suscita, la Iglesia manifiesta su santidad. Únicamente así puede ser
signo genuino de la presencia del Dios santo y santificante en el mundo.

La Iglesia es católica: Que quiere decir católica. Cada una de las Iglesias particulares es
católica. Quien pertenece a la Iglesia católica. La Iglesia y los no cristianos. Fuera de la
Iglesia no hay salvación. La misión, exigencia de la catolicidad de la Iglesia. Cat. I. Cat.
830-856.

La palabra «católico» no se encuentra en el Nuevo Testamento. Es Ignacio de


Antioquía (hacia el 110) el que la aplica por primera vez a la Iglesia (Carta a los de Esmir-
na 8,2). Originariamente significa: «Lo que expresa el todo». Tiene, pues, un doble
sentido: por una parte, la Iglesia entera, universal, extendida por todo el mundo, y, por
otra, la Iglesia en cuanto que predica la fe íntegra, verdadera y auténtica. Por
consiguiente, la verdadera Iglesia es católica, a diferencia de aquellas comunidades e
Iglesias que sólo recogen una parte de la verdad o que se vinculan únicamente a un
pueblo, a una cultura o a un grupo social determinados.

La doctrina de la catolicidad de la Iglesia tiene un fundamento bíblico muy claro. En


efecto, según la Sagrada Escritura, Dios, ser infinito que todo lo abarca, quiso que en
Jesucristo habitase la plenitud de su divinidad para reconciliar consigo todas las cosas (cf.
Col 1,19-20) y para recapitularlas todas en El (cf. Ef 1,9-10). La Iglesia es, por el Espíritu
Santo, el espacio que Jesucristo llena por completo, el espacio por el que Cristo lo lleva
todo a plenitud (cf. Ef 1,23). Esta plenitud sólo se revela en toda su riqueza en la medida

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en que el mensaje y la realidad de la salvación son acogidos por los diversos pueblos y
culturas (cf. Ef 3,8-12; Col 1,24- ch 28). Decir que la Iglesia es católica significa, pues, que
ella predica íntegramente la fe y la salvación a todo el hombre y a la humanidad entera;
ella es la patria de todas las verdades y de todos los caminos de salvación.
En concreto, la catolicidad de la Iglesia se realiza de un e triple modo:
1. La Iglesia es católica porque ha sido enviada a todo el mundo para predicar el Evangelio
a toda criatura (cf. Mc I 16,15; Mt 28,19-20). Ha sido enviada a todos los pueblos y
culturas, a todas las razas y clases, por una parte, tiene que comunicarles a todos su
riqueza y, por otra, enriquecerse a sí misma con las riquezas de todos (cf. LG 13; FIC 567).

2. La Iglesia es católica siendo Iglesia en un lugar, en un espacio histórico determinado, y,


al mismo tiempo, Iglesia universal, extendida por todo el mundo.

3. Cada una de las Iglesias locales y la Iglesia universal en su conjunto necesitan, en su


propio medio, abundancia de dones, servicios y estados, es decir, grupos que realicen la
existencia cristiana de un modo diferente, en el estado del matrimonio o en el estado
religioso, como laicos o como clérigos.

Catolicidad no significa, por consiguiente, uniformidad indiferenciada, sino riqueza


multicolor y también una bien entendida riqueza de tensiones. La Iglesia católica es un
sistema abierto, y no un sistema cerrado en el que todo pudiera derivarse de un principio
único. Es claro que sus diferentes partes y elementos, grupos y movimientos, deben evitar
choques y tensiones con las otras partes y elementos y permanecer en comunión con
ellos; de lo contrario, no podrían considerarse católicos.
La catolicidad es, a la vez, un don y una tarea. En efecto, la Iglesia, como Pueblo
mesiánico de Dios, es para todo el género humano un germen segurísimo de unidad, de
esperanza y de salvación (cf. LG 9; FIC 564), aunque de hecho no incluya a todos los
hombres y parezca con frecuencia una grey pequeña. De ahí que la catolicidad actual
aspire a realizarse plenamente, implantando a la Iglesia en todos los pueblos y culturas
por medio de la actividad misionera. Esto se puede decir también desde otro punto de
vista. Es verdad que la catolicidad de la Iglesia se halla oscurecida por la existencia de
otras Iglesias y comunidades eclesiales que también reclaman para sí la catolicidad. La
Iglesia no pierde ciertamente su catolicidad a causa de estas tensiones, pero sí se ve
obstaculizada para expresar su propia plenitud católica «bajo todos los aspectos en la
realidad de la vida» (UR 4). Quiere esto decir que una catolicidad plenamente lograda sólo
es posible por el camino del ecumenismo. Este, bien entendido y rectamente orientado,
no conduce a una reducción de lo católico, sino a su plena realización.

Leamos el catecismo de la Iglesia Católica:

Cada una de las Iglesias particulares es "católica"

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832 "Esta Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en todas las legítimas
comunidades locales de fieles, unidas a sus pastores. Estas, en el Nuevo Testamento,
reciben el nombre de Iglesias [...] En ellas se reúnen los fieles por el anuncio del Evangelio
de Cristo y se celebra el misterio de la Cena del Señor [...] En estas comunidades, aunque
muchas veces sean pequeñas y pobres o vivan dispersas, está presente Cristo, quien con
su poder constituye a la Iglesia una, santa, católica y apostólica" (LG 26).

833 Se entiende por Iglesia particular, que es la diócesis (o la eparquía), una comunidad de
fieles cristianos en comunión en la fe y en los sacramentos con su obispo ordenado en la
sucesión apostólica (cf CD 11; CIC can. 368-369; CCEO, cán. 117, § 1. 178. 311, § 1. 312).
Estas Iglesias particulares están "formadas a imagen de la Iglesia Universal. En ellas y a
partir de ellas existe la Iglesia católica, una y única" (LG 23).

834 Las Iglesias particulares son plenamente católicas gracias a la comunión con una de
ellas: la Iglesia de Roma "que preside en la caridad" (San Ignacio de Antioquía, Epistula ad
Romanos 1, 1). "Porque con esta Iglesia en razón de su origen más excelente debe
necesariamente acomodarse toda Iglesia, es decir, los fieles de todas partes" (San Ireneo,
Adversus haereses 3, 3, 2; citado por Concilio Vaticano I: DS 3057). "En efecto, desde la
venida a nosotros del Verbo encarnado, todas las Iglesias cristianas de todas partes han
tenido y tienen a la gran Iglesia que está aquí [en Roma] como única base y fundamento
porque, según las mismas promesas del Salvador, las puertas del infierno no han
prevalecido jamás contra ella" (San Máximo Confesor, Opuscula theologica et polemica:
PG 91, 137-140).

835 "Guardémonos bien de concebir la Iglesia universal como la suma o por decirlo así, la
federación de iglesias particulares. En el pensamiento del Señor es la Iglesia, universal por
vocación y por misión, la que, echando sus raíces en la variedad de terrenos culturales,
sociales, humanos, toma en cada parte del mundo aspectos, expresiones externas
diversas" (EN 62). La rica variedad de disciplinas eclesiásticas, de ritos litúrgicos, de
patrimonios teológicos y espirituales propios de las Iglesias locales "con un mismo
objetivo muestra muy claramente la catolicidad de la Iglesia indivisa" (LG 23).

Quién pertenece a la Iglesia católica

836 "Todos los hombres, por tanto, están invitados a esta unidad católica del Pueblo de
Dios [...] A esta unidad pertenecen de diversas maneras o a ella están destinados los
católicos, los demás cristianos e incluso todos los hombres en general llamados a la
salvación por la gracia de Dios" (LG 13).

837 «Están plenamente incorporados a la sociedad que es la Iglesia aquellos que,


teniendo el Espíritu de Cristo, aceptan íntegramente su constitución y todos los medios de
salvación establecidos en ella y están unidos, dentro de su estructura visible, a Cristo, que
la rige por medio del Sumo Pontífice y de los obispos, mediante los lazos de la profesión
de la fe, de los sacramentos, del gobierno eclesiástico y de la comunión. No se salva, en

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UNIDAD TEMATICA 5

cambio, el que no permanece en el amor, aunque esté incorporado a la Iglesia, pero está
en el seno de la Iglesia con el "cuerpo", pero no con el "corazón"» (LG 14).

838 "La Iglesia se siente unida por muchas razones con todos los que se honran con el
nombre de cristianos a causa del bautismo, aunque no profesan la fe en su integridad o no
conserven la unidad de la comunión bajo el sucesor de Pedro" (LG 15). "Los que creen en
Cristo y han recibido ritualmente el bautismo están en una cierta comunión, aunque no
perfecta, con la Iglesia católica" (UR 3). Con las Iglesias ortodoxas, esta comunión es tan
profunda "que le falta muy poco para que alcance la plenitud que haría posible una
celebración común de la Eucaristía del Señor" (Pablo VI, Homilía del 14 de diciembre de
1975 en la Capilla Sixtina; cf UR 13-18).

La Iglesia y los no cristianos

839 "[...] Los que todavía no han recibido el Evangelio también están ordenados al Pueblo
de Dios de diversas maneras" (LG 16):

La relación de la Iglesia con el pueblo judío. La Iglesia, Pueblo de Dios en la Nueva Alianza,
al escrutar su propio misterio, descubre su vinculación con el pueblo judío (cf. NA 4) "a
quien Dios ha hablado primero" (Misal Romano, Viernes Santo: Oración universal VI). A
diferencia de otras religiones no cristianas la fe judía ya es una respuesta a la revelación
de Dios en la Antigua Alianza. Pertenece al pueblo judío "la adopción filial, la gloria, las
alianzas, la legislación, el culto, las promesas y los patriarcas; de todo lo cual [...] procede
Cristo según la carne" (cf Rm 9, 4-5), "porque los dones y la vocación de Dios son
irrevocables" (Rm 11, 29).

840 Por otra parte, cuando se considera el futuro, el Pueblo de Dios de la Antigua Alianza
y el nuevo Pueblo de Dios tienden hacia fines análogos: la espera de la venida (o el
retorno) del Mesías; pues para unos, es la espera de la vuelta del Mesías, muerto y
resucitado, reconocido como Señor e Hijo de Dios; para los otros, es la venida del Mesías
cuyos rasgos permanecen velados hasta el fin de los tiempos, espera que está
acompañada del drama de la ignorancia o del rechazo de Cristo Jesús.

841 Las relaciones de la Iglesia con los musulmanes. "El designio de salvación comprende
también a los que reconocen al Creador. Entre ellos están, ante todo, los musulmanes,
que profesan tener la fe de Abraham y adoran con nosotros al Dios único y misericordioso
que juzgará a los hombres al fin del mundo" (LG 16; cf. NA 3).

842 El vínculo de la Iglesia con las religiones no cristianas es, en primer lugar, el del origen
y el del fin comunes del género humano:

«Todos los pueblos forman una única comunidad y tienen un mismo origen, puesto que
Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la entera faz de la tierra; tienen también

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UNIDAD TEMATICA 5

un único fin último, Dios, cuya providencia, testimonio de bondad y designios de salvación
se extienden a todos hasta que los elegidos se unan en la Ciudad Santa (NA 1).

843 La Iglesia reconoce en las otras religiones la búsqueda, "entre sombras e imágenes",
del Dios desconocido pero próximo ya que es Él quien da a todos vida, el aliento y todas
las cosas y quiere que todos los hombres se salven. Así, la Iglesia aprecia todo lo bueno y
verdadero, que puede encontrarse en las diversas religiones, "como una preparación al
Evangelio y como un don de aquel que ilumina a todos los hombres, para que al fin tengan
la vida" (LG 16; cf NA 2; EN 53).

844 Pero, en su comportamiento religioso, los hombres muestran también límites y


errores que desfiguran en ellos la imagen de Dios:

«Con demasiada frecuencia los hombres, engañados por el Maligno, se pusieron a razonar
como personas vacías y cambiaron el Dios verdadero por un ídolo falso, sirviendo a las
criaturas en vez de al Creador. Otras veces, viviendo y muriendo sin Dios en este mundo,
están expuestos a la desesperación más radical» (LG 16).

845 El Padre quiso convocar a toda la humanidad en la Iglesia de su Hijo para reunir de
nuevo a todos sus hijos que el pecado había dispersado y extraviado. La Iglesia es el lugar
donde la humanidad debe volver a encontrar su unidad y su salvación. Ella es el "mundo
reconciliado" (San Agustín, Sermo 96, 7-9). Es, además, este barco que pleno dominicae
crucis velo Sancti Spiritus flatu in hoc bene navigat mundo ("con su velamen que es la cruz
de Cristo, empujado por el Espíritu Santo, navega bien en este mundo"; san Ambrosio, De
virginitate 18, 119); según otra imagen estimada por los Padres de la Iglesia, está
prefigurada por el Arca de Noé que es la única que salva del diluvio (cf 1 P 3, 20-21).

"Fuera de la Iglesia no hay salvación"

846 ¿Cómo entender esta afirmación tantas veces repetida por los Padres de la Iglesia?
Formulada de modo positivo significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por la
Iglesia que es su Cuerpo:

El santo Sínodo [...] «basado en la sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que esta
Iglesia peregrina es necesaria para la salvación. Cristo, en efecto, es el único Mediador y
camino de salvación que se nos hace presente en su Cuerpo, en la Iglesia. Él, al inculcar
con palabras, bien explícitas, la necesidad de la fe y del bautismo, confirmó al mismo
tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que entran los hombres por el Bautismo como por
una puerta. Por eso, no podrían salvarse los que sabiendo que Dios fundó, por medio de
Jesucristo, la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubiesen
querido entrar o perseverar en ella» (LG 14).

847 Esta afirmación no se refiere a los que, sin culpa suya, no conocen a Cristo y a su
Iglesia:

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UNIDAD TEMATICA 5

«Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios
con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de
Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación
eterna (LG 16; cf DS 3866-3872).

848 «Aunque Dios, por caminos conocidos sólo por Él, puede llevar a la fe, "sin la que es
imposible agradarle" (Hb 11, 6), a los hombres que ignoran el Evangelio sin culpa propia,
corresponde, sin embargo, a la Iglesia la necesidad y, al mismo tiempo, el derecho sagrado
de evangelizar» (AG 7).

La misión, exigencia de la catolicidad de la Iglesia

849 El mandato misionero. «La Iglesia, enviada por Dios a las gentes para ser "sacramento
universal de salvación", por exigencia íntima de su misma catolicidad, obedeciendo al
mandato de su Fundador se esfuerza por anunciar el Evangelio a todos los hombres» (AG
1): "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y
sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 19-20)

850 El origen la finalidad de la misión. El mandato misionero del Señor tiene su fuente
última en el amor eterno de la Santísima Trinidad: "La Iglesia peregrinante es, por su
propia naturaleza, misionera, puesto que tiene su origen en la misión del Hijo y la misión
del Espíritu Santo según el plan de Dios Padre" (AG 2). El fin último de la misión no es otro
que hacer participar a los hombres en la comunión que existe entre el Padre y el Hijo en
su Espíritu de amor (cf  RM 23).

851 El motivo de la misión. Del amor de Dios por todos los hombres la Iglesia ha sacado en
todo tiempo la obligación y la fuerza de su impulso misionero: "porque el amor de Cristo
nos apremia..." (2 Co 5, 14; cf AA 6; RM 11). En efecto, "Dios quiere que todos los hombres
se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1 Tm 2, 4). Dios quiere la
salvación de todos por el conocimiento de la verdad. La salvación se encuentra en la
verdad. Los que obedecen a la moción del Espíritu de verdad están ya en el camino de la
salvación; pero la Iglesia a quien esta verdad ha sido confiada, debe ir al encuentro de los
que la buscan para ofrecérsela. Porque cree en el designio universal de salvación, la Iglesia
debe ser misionera.

852 Los caminos de la misión. "El Espíritu Santo es en verdad el protagonista de toda la
misión eclesial" (RM 21). Él es quien conduce la Iglesia por los caminos de la misión. Ella
continúa y desarrolla en el curso de la historia la misión del propio Cristo, que fue enviado
a evangelizar a los pobres; "impulsada por el Espíritu Santo, debe avanzar por el mismo
camino por el que avanzó Cristo: esto es, el camino de la pobreza, la obediencia, el
servicio y la inmolación de sí mismo hasta la muerte, de la que surgió victorioso por su
resurrección" (AG 5). Es así como la "sangre de los mártires es semilla de cristianos"
(Tertuliano, Apologeticum, 50, 13).

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UNIDAD TEMATICA 5

853 Pero en su peregrinación, la Iglesia experimenta también "hasta qué punto distan
entre sí el mensaje que ella proclama y la debilidad humana de aquellos a quienes se
confía el Evangelio" (GS 43, 6). Sólo avanzando por el camino "de la conversión y la
renovación" (LG 8; cf . ibíd.,15) y "por el estrecho sendero de la cruz" (AG 1) es como el
Pueblo de Dios puede extender el reino de Cristo (cf RM 12-20). En efecto, "como Cristo
realizó la obra de la redención en la pobreza y en la persecución, también la Iglesia está
llamada a seguir el mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación"
(LG 8).

854 Por su propia misión, "la Iglesia [...] avanza junto con toda la humanidad y
experimenta la misma suerte terrena del mundo, y existe como fermento y alma de la
sociedad humana, que debe ser renovada en Cristo y transformada en familia de Dios" (GS
40, 2). El esfuerzo misionero exige entonces la paciencia. Comienza con el anuncio del
Evangelio a los pueblos y a los grupos que aún no creen en Cristo (cf. RM 42-47), continúa
con el establecimiento de comunidades cristianas, "signo de la presencia de Dios en el
mundo" (AG 15), y en la fundación de Iglesias locales (cf RM 48-49); se implica en un
proceso de inculturación para así encarnar el Evangelio en las culturas de los pueblos (cf
RM 52-54); en este proceso no faltarán también los fracasos. "En cuanto se refiere a los
hombres, grupos y pueblos, solamente de forma gradual los toca y los penetra y de este
modo los incorpora a la plenitud católica" (AG 6).

855 La misión de la Iglesia reclama el esfuerzo hacia la unidad de los cristianos (cf RM 50).
En efecto, "las divisiones entre los cristianos son un obstáculo para que la Iglesia lleve a
cabo la plenitud de la catolicidad que le es propia en aquellos hijos que, incorporados a
ella ciertamente por el bautismo, están, sin embargo, separados de su plena comunión.
Incluso se hace más difícil para la propia Iglesia expresar la plenitud de la catolicidad bajo
todos los aspectos en la realidad misma de la vida" (UR 4).

856 La tarea misionera implica un diálogo respetuoso con los que todavía no aceptan el
Evangelio (cf RM 55). Los creyentes pueden sacar provecho para sí mismos de este diálogo
aprendiendo a conocer mejor "cuanto [...] de verdad y de gracia se encontraba ya entre
las naciones, como por una casi secreta presencia de Dios" (AG 9). Si ellos anuncian la
Buena Nueva a los que la desconocen, es para consolidar, completar y elevar la verdad y el
bien que Dios ha repartido entre los hombres y los pueblos, y para purificarlos del error y
del mal "para gloria de Dios, confusión del diablo y felicidad del hombre" (AG 9)

La Iglesia es apostólica: La misión de los apóstoles. Los obispos, sucesores de los


apóstoles. El apostolado. Cat. I. Cat. 857-865.

Los Evangelios coinciden en afirmar que Jesucristo transmitió y confió a los


apóstoles la misión que había recibido de su Padre, es decir, les encargó predicar en su

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UNIDAD TEMATICA 5

lugar el Evangelio a todos los pueblos, con el poder del Espíritu Santo, hasta la
consumación del mundo.
«Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los
pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y
enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. y sabed que yo estoy con vosotros
todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,18-20; cf. Mc 16,15-20; Lc 24,47-48; Hech
1,8).

«Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo» (Jn 20-21).

«Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza, a mí me


rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado» (Lc 10,16).

Esto significa que la Iglesia, cuyo fundamento es Jesucristo, está para siempre
cimentada en el fundamento de los apóstoles, puesto por el mismo Jesucristo, y ligada
para siempre a su testimonio (cf. Mt 16,18; Ef 2,20; Ap 21,14; LG 19). Únicamente puede
ser Iglesia de Jesucristo si es Iglesia apostólica y si, a través de los tiempos, conserva la
identidad con sus orígenes apostólicos. Ahora bien, ¿cómo es esto posible? Porque los
apóstoles, cuyo testimonio se mantiene vigente «hasta la consumación del mundo»,
fueron a la muerte a causa de este testimonio y lo sellaron con su sangre. ¿Dónde, pues,
encontramos hoy la palabra de los apóstoles? ¿Cómo pueden estar presentes hasta el
final de los tiempos? Con esta pregunta llegamos al punto neurálgico de la controversia
ecuménica sobre la verdadera Iglesia.

Para seguir adelante, hemos de preguntamos primero: ¿Qué y quién es un


apóstol? Estamos acostumbrados a hablar de los doce apóstoles. De hecho, Jesús llamó a
los Doce para que le siguieran y sirvieran de un modo especial (cf. Mc 3,13-19; 6,6b-13).
Después de la Pascua se dio el nombre de apóstoles a los primeros testigos de la
resurrección del Señor, que fueron enviados por Jesús resucitado a todo el mundo para
predicar la Buena Nueva (cf. 1 Cor 9, 1-2; 15, 7-8). Entre éstos, además de los Doce,
estaban sobre todo el apóstol Pablo (cf. Gál1,1; 2 Cor 1,1 y otros), y también Santiago, el
hermano del Señor (cf. Gál 1,19). Hay en el Nuevo Testamento, además, otro concepto de
apóstol: se llama apóstoles a los hombre y mujeres que realizan un servicio misionero
como enviados de la Iglesia. En este sentido hablamos todavía hoy de Bonifacio como
apóstol de los alemanes; de Cirilo y Metodio como apóstoles de los eslavos. Pero éste es
un uso derivado e impropio de la palabra apóstol. En un sentido propio, el apostolado es
único, porque está directamente vinculado a la misión universal del Resucitado. Por esta
razón, los apóstoles son fundamento permanente de la Iglesia. Esto nos lleva de nuevo a
la pregunta: ¿Cómo pueden los apóstoles y su palabra estar presentes hasta la
consumación del mundo?
En el Nuevo Testamento hay indicaciones claras de cómo se debe transmitir la
misión apostólica en la época post-apostólica. Se nos dice que los apóstoles, en el ejercicio

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de su labor apostólica, no sólo se rodearon de colaboradores, sino que también


encargaron a determinados hombres que prolongaran y consolidaran su obra después de
su muerte, con el fin de que pudiera continuar hasta el final de los tiempos la misión que
se les había confiado. Esto se deduce claramente de las palabras de despedida que Pablo
pronunció en Mileto ante los presbíteros de la comunidad de Efeso, según los Hechos de
los Apóstoles:
«Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado
guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que El adquirió con su propia sangre. Ya sé
que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces que no tendrán piedad del
rebaño. Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos.
Por eso, estad alerta: acordaos que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de
aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular. Ahora os dejo en manos de
Dios y de su palabra de gracia, que tiene poder para edificaros y daros parte en la herencia
de los santos» (Hech 20,28-32).
También las Cartas pastorales (primera y segunda carta a Timoteo y carta a Tito)
testimonian esta transmisión de la misión apostólica. Probablemente, estas cartas
proceden de un discípulo de Pablo; este discípulo da testimonio de que Pablo recomendó
a Timoteo y a Tito guardar el depósito que les fue confiado y conservar la enseñanza pura
y sana (cf. 1 Tim 4,16; 6,20; 2 Tim 1,14; 4,3 y otros), imponer las manos a otros hombres y
consagrarlos al servicio apostólico (cf. 1 Tim 4,14; 2 Tim 1,6; 2,2; Tit 1,5). Así, desde el
Nuevo Testamento se describe el paso de la época apostólica a la post-apostólica. Que
esto ocurra sólo en los escritos tardíos del Nuevo Testamento es fácilmente comprensible,
porque el problema de cómo continuar la misión después de la muerte de los apóstoles
no se planteó sino inmediatamente antes o después de su desaparición.

Desde el principio, la tradición de la Iglesia recogió estas indicaciones del Nuevo


Testamento. Ya en Clemente de Roma (hacia el 95) e Ignacio de Antioquía (hacia el 110) se
encuentra viva la idea de una sucesión apostólica; el mismo Hegesipo (hacia el 180)
transcribe las listas de los obispos, y en Ireneo de Lyón (hacia el 180) y en Tertuliano (hacia
el 200) encontramos una extensa teología de la sucesión apostólica. El Concilio Vaticano II
resume la doctrina de la Escritura y la Tradición cuando enseña «que los obispos han
sucedido, por institución divina, a los Apóstoles como pastores de la Iglesia» (LG 20; FIC
711). A través de ellos permanece presente en la Iglesia la misión confiada a los apóstoles,
e incluso el mismo Jesucristo (LG 21; FIC 712).

No se debe interpretar equivocadamente esta doctrina de la sucesión apostólica.


No significa que los obispos sean nuevos apóstoles. El ministerio del apóstol es único e
irrepetible; sin embargo, determinadas funciones apostólicas tienen que continuar, más
allá de la época de los apóstoles, conforme a las palabras de Jesucristo. Así, pues, hay que
distinguir entre el ministerio apostólico singular y el ministerio apostólico permanente.
Sólo en este último sentido son los obispos sucesores de los apóstoles. Esta sucesión no se
debe concebir de un modo puramente externo, es decir, como una mera cadena de

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UNIDAD TEMATICA 5

imposiciones de manos o como una ocupación ininterrumpida de las sedes episcopales. Al


contrario, ha de verse en un contexto global:

1. Está en el contexto de la transmisión de la fe apostólica y relacionada con ella. La


sucesión es la forma de la tradición, y la tradición es el contenido de la sucesión. Un
obispo que se sitúe fuera del ámbito de la fe apostólica pierde eo ipso el derecho al
ejercicio de su ministerio.

2. La sucesión apostólica de cada uno de los obispos está en conexión con la sucesión
apostólica de todo el colegio episcopal. Es más, los Doce fueron en su conjunto
representantes de Israel. Del mismo modo, el colegio de los obispos sucede al colegio de
los Apóstoles. Cada uno de los obispos está en la sucesión apostólica como miembro de
todo el episcopado. De ahí que, según la tradición de la Iglesia primitiva, la consagración
de un obispo se realice por tres obispos al menos.

3. La Iglesia en su conjunto es apostólica. Lo cual significa que la sucesión apostólica está


al servicio de la Iglesia. En la práctica, esto se manifiesta sobre todo en el hecho de que un
obispo es consagrado para que ejerza su ministerio en una Iglesia local determinada.

La Iglesia, pues, es apostólica si en ella se mantiene de tal modo viva y fecunda la


fe de los apóstoles que viene a continuarse la misión apostólica, que ha de perdurar hasta
la consumación de los siglos. No pueden separarse la forma y el contenido de la misión
apostólica. Por eso, la apostolicidad de la Iglesia no puede conservarse únicamente
mediante la fidelidad a los escritos apostólicos. Necesita el testimonio apostólico, vivo y
poderoso de la fe apostólica que acogemos en la Sagrada Escritura. La verdadera Iglesia de
Jesucristo se encuentra tan sólo allí donde se dan unidas estas dos cosas.

La asunción de María. María Madre y Modelo de la Iglesia (Cat. 963-972).

966 "Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado


original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria
del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más
plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte" (LG 59;
cf. Pío XII, Const. apo. Munificentissimus Deus, 1 noviembre 1950: DS 3903). La Asunción
de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y
una anticipación de la resurrección de los demás cristianos:

«En el parto te conservaste Virgen, en tu tránsito no desamparaste al mundo, oh Madre


de Dios. Alcanzaste la fuente de la Vida porque concebiste al Dios viviente, y con tu
intercesión salvas de la muerte nuestras almas (Tropario en el día de la Dormición de la
Bienaventurada Virgen María).

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UNIDAD TEMATICA 5

Tema 16: El misterio pascual en los sacramentos de la Iglesia (Cat. 1113-1134).

Toda la vida litúrgica de la Iglesia gira en torno al Sacrificio Eucarístico y los


sacramentos (cf SC 6). Hay en la Iglesia siete sacramentos: Bautismo, Confirmación o
Crismación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Orden sacerdotal y
Matrimonio (cf DS 860; 1310; 1601). En este artículo se trata de lo que es común a los
siete sacramentos de la Iglesia desde el punto de vista doctrinal. Lo que les es común bajo
el aspecto de la celebración se expondrá en el capítulo segundo, y lo que es propio de
cada uno de ellos será objeto de la segunda sección.

I. Sacramentos de Cristo

"Adheridos a la doctrina de las Santas Escrituras, a las tradiciones apostólicas [...] y


al parecer unánime de los Padres", profesamos que "los sacramentos de la nueva Ley [...]
fueron todos instituidos por nuestro Señor Jesucristo" (DS 1600-1601).

Las palabras y las acciones de Jesús durante su vida oculta y su ministerio público
eran ya salvíficas. Anticipaban la fuerza de su misterio pascual. Anunciaban y preparaban
aquello que Él daría a la Iglesia cuando todo tuviese su cumplimiento. Los misterios de la
vida de Cristo son los fundamentos de lo que en adelante, por los ministros de su Iglesia,
Cristo dispensa en los sacramentos, porque "lo [...] que era visible en nuestro Salvador ha
pasado a sus misterios" (San León Magno, Sermo 74, 2).

Los sacramentos, como "fuerzas que brotan" del Cuerpo de Cristo (cf Lc 5,17; 6,19;
8,46) siempre vivo y vivificante, y como acciones del Espíritu Santo que actúa en su
Cuerpo que es la Iglesia, son "las obras maestras de Dios" en la nueva y eterna Alianza.

II. Sacramentos de la Iglesia

Por el Espíritu que la conduce "a la verdad completa" (Jn 16,13), la Iglesia


reconoció poco a poco este tesoro recibido de Cristo y precisó su "dispensación", tal como
lo hizo con el canon de las Sagradas Escrituras y con la doctrina de la fe, como fiel
dispensadora de los misterios de Dios (cf Mt 13,52; 1 Co 4,1). Así, la Iglesia ha precisado a
lo largo de los siglos, que, entre sus celebraciones litúrgicas, hay siete que son, en el
sentido propio del término, sacramentos instituidos por el Señor.

Los sacramentos son "de la Iglesia" en el doble sentido de que existen "por ella" y
"para ella". Existen "por la Iglesia" porque ella es el sacramento de la acción de Cristo que
actúa en ella gracias a la misión del Espíritu Santo. Y existen "para la Iglesia", porque ellos
son "sacramentos [...] que constituyen la Iglesia" (San Agustín, De civitate Dei 22, 17;
Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae 3, q.64, a. 2 ad 3), ya que manifiestan y

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UNIDAD TEMATICA 5

comunican a los hombres, sobre todo en la Eucaristía, el misterio de la Cocmunión del


Dios Amor, uno en tres Personas.

Formando con Cristo-Cabeza "como una única [...] persona mística" (Pío XII,
enc. Mystici Corporis), la Iglesia actúa en los sacramentos como "comunidad sacerdotal"
"orgánicamente estructurada" (LG 11): gracias al Bautismo y la Confirmación, el pueblo
sacerdotal se hace apto para celebrar la liturgia; por otra parte, algunos fieles "que han
recibido el sacramento del Orden están instituidos en nombre de Cristo para ser los
pastores de la Iglesia con la palabra y la gracia de Dios" (LG 11).

El ministerio ordenado o sacerdocio ministerial (LG 10) está al servicio del


sacerdocio bautismal. Garantiza que, en los sacramentos, sea Cristo quien actúa por el
Espíritu Santo en favor de la Iglesia. La misión de salvación confiada por el Padre a su Hijo
encarnado es confiada a los Apóstoles y por ellos a sus sucesores: reciben el Espíritu de
Jesús para actuar en su nombre y en su persona (cf Jn 20,21-23; Lc 24,47; Mt 28,18-20).
Así, el ministro ordenado es el vínculo sacramental que une la acción litúrgica a lo que
dijeron y realizaron los Apóstoles, y por ellos a lo que dijo y realizó Cristo, fuente y
fundamento de los sacramentos.

Los tres sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y del Orden sacerdotal


confieren, además de la gracia, un carácter sacramental o "sello" por el cual el cristiano
participa del sacerdocio de Cristo y forma parte de la Iglesia según estados y funciones
diversos. Esta configuración con Cristo y con la Iglesia, realizada por el Espíritu, es
indeleble (Concilio de Trento: DS 1609); permanece para siempre en el cristiano como
disposición positiva para la gracia, como promesa y garantía de la protección divina y
como vocación al culto divino y al servicio de la Iglesia. Por tanto, estos sacramentos no
pueden ser reiterados.

III. Sacramentos de la fe

Cristo envió a sus Apóstoles para que, "en su Nombre, proclamasen a todas las
naciones la conversión para el perdón de los pecados" (Lc 24,47). "Haced discípulos de
todas las naciones,  bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo"
(Mt 28,19). La misión de bautizar, por tanto la misión sacramental, está implicada en la
misión de evangelizar, porque el sacramento es preparado por la Palabra de Dios y por la
fe que es consentimiento a esta Palabra:

«El pueblo de Dios se reúne, sobre todo, por la palabra de Dios vivo [...] Necesita la
predicación de la palabra para el ministerio mismo de los sacramentos. En efecto, son
sacramentos de la fe que nace y se alimenta de la palabra» (PO 4).

"Los sacramentos están ordenados a la santificación de los hombres, a la


edificación del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios, pero, como signos,
también tienen un fin instructivo. No sólo suponen la fe, también la fortalecen, la

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UNIDAD TEMATICA 5

alimentan y la expresan con palabras y acciones; por se llaman sacramentos de la


fe" (SC 59).

La fe de la Iglesia es anterior a la fe del fiel, el cual es invitado a adherirse a ella.


Cuando la Iglesia celebra los sacramentos confiesa la fe recibida de los apóstoles, de ahí el
antiguo adagio: Lex orandi, lex credendi (o: Legem credendi lex statuat supplicandi). "La ley
de la oración determine la ley de la fe" (Indiculus, c. 8: DS 246), según Próspero de
Aquitania, (siglo V). La ley de la oración es la ley de la fe. La Iglesia cree como ora. La
liturgia es un elemento constitutivo de la Tradición santa y viva (cf. DV 8).

Por eso ningún rito sacramental puede ser modificado o manipulado a voluntad del
ministro o de la comunidad. Incluso la suprema autoridad de la Iglesia no puede cambiar
la liturgia a su arbitrio, sino solamente en virtud del servicio de la fe y en el respeto
religioso al misterio de la liturgia.

Por otra parte, puesto que los sacramentos expresan y desarrollan la comunión de
fe en la Iglesia, la lex orandi es uno de los criterios esenciales del diálogo que intenta
restaurar la unidad de los cristianos (cf UR 2 y 15).

IV. Sacramentos de la salvación

Celebrados dignamente en la fe, los sacramentos confieren la gracia que significan


(cf Concilio de Trento: DS 1605 y 1606). Son eficaces porque en ellos actúa Cristo mismo;
Él es quien bautiza, Él quien actúa en sus sacramentos con el fin de comunicar la gracia
que el sacramento significa. El Padre escucha siempre la oración de la Iglesia de su Hijo
que, en la epíclesis de cada sacramento, expresa su fe en el poder del Espíritu. Como el
fuego transforma en sí todo lo que toca, así el Espíritu Santo transforma en vida divina lo
que se somete a su poder.

Tal es el sentido de la siguiente afirmación de la Iglesia (cf Concilio de Trento: DS


1608): los sacramentos obran ex opere operato (según las palabras mismas del Concilio:
"por el hecho mismo de que la acción es realizada"), es decir, en virtud de la obra salvífica
de Cristo, realizada de una vez por todas. De ahí se sigue que "el sacramento no actúa en
virtud de la justicia del hombre que lo da o que lo recibe, sino por el poder de Dios" (Santo
Tomás de Aquino, S. Th., 3, q. 68, a.8, c). En consecuencia, siempre que un sacramento es
celebrado conforme a la intención de la Iglesia, el poder de Cristo y de su Espíritu actúa en
él y por él, independientemente de la santidad personal del ministro. Sin embargo, los
frutos de los sacramentos dependen también de las disposiciones del que los recibe.

La Iglesia afirma que para los creyentes los sacramentos de la Nueva Alianza
son necesarios para la salvación (cf Concilio de Trento: DS 1604). La "gracia sacramental"
es la gracia del Espíritu Santo dada por Cristo y propia de cada sacramento. El Espíritu cura
y transforma a los que lo reciben conformándolos con el Hijo de Dios. El fruto de la vida

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sacramental consiste en que el Espíritu de adopción deifica (cf 2 P 1,4) a los fieles
uniéndolos vitalmente al Hijo único, el Salvador.

V. Sacramentos de la vida eterna

La Iglesia celebra el Misterio de su Señor "hasta que él venga" y "Dios sea todo en
todos" (1 Co 11, 26; 15, 28). Desde la era apostólica, la liturgia es atraída hacia su término
por el gemido del Espíritu en la Iglesia: ¡Marana tha! (1 Co 16,22). La liturgia participa así
en el deseo de Jesús: "Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros [...] hasta
que halle su cumplimiento en el Reino de Dios" (Lc 22,15-16). En los sacramentos de
Cristo, la Iglesia recibe ya las arras de su herencia, participa ya en la vida eterna, aunque
"aguardando la feliz esperanza y la manifestación de la gloria del Gran Dios y Salvador
nuestro Jesucristo" (Tt 2,13). "El Espíritu y la Esposa dicen: ¡Ven! [...] ¡Ven, Señor Jesús!"
(Ap 22,17.20).

Santo Tomás resume así las diferentes dimensiones del signo sacramental: «Unde
sacramentum est signum rememorativum eius quod praecessit, scilicet passionis Christi; et
desmonstrativum eius quod in nobis efficitur per Christi passionem, scilicet gratiae; et
prognosticum, id est, praenuntiativum futurae gloriae» («Por eso el sacramento es un
signo que rememora lo que sucedió, es decir, la pasión de Cristo; es un signo que
demuestra lo que se realiza en nosotros en virtud de la pasión de Cristo, es decir, la gracia;
y es un signo que anticipa, es decir, que preanuncia la gloria venidera») (Summa
theologiae  3, q. 60, a. 3, c.)

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UNIDAD TEMATICA 5

Tema 17: Los Sacramentos en particular. Los sacramentos de la iniciación


Cristiana. (Cat. 1212-1419).

Sacramentos de iniciación cristiana: “Mediante los sacramentos de iniciación cristiana, el Bautismo,


la Confirmación y la Eucaristía, se ponen los fundamentos de toda la vida cristiana (…..) Los fieles
renacidos en el bautismo se fortalecen con el Sacramento de la Confirmación y, finalmente, son
alimentados en la Eucaristía con el manjar de vida eterna. (…..) por medio de estos sacramentos …
reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida divina y avanzan hacia la perfección de
la caridad”. CEC 1212

BAUTISMO CONFIRMACION EUCARISTIA


…es el fundamento de toda la …la recepción de este … culmina la iniciación
vida cristiana, el pórtico de la sacramento es necesaria cristiana… por medio de ella
vida en el espíritu y la puerta para la plenitud de la gracia quien la recibe participa con toda
que abre el acceso a los otros bautismal (…..) Une más la comunidad en el sacrificio del
sacramentos… somos íntimamente a la Iglesia y mismo Señor. La Eucaristía es
liberados del pecado y enriquece con una fortaleza fuente y cima de la vida
regenerados como hijos de especial del Espíritu Santo. cristiana. Los demás
Dios, llegamos a ser miembros Compromete como sacramentos, ministerios, y
de Cristo y somos auténticos testigos de Cristo obras de apostolado están
incorporados a la Iglesia y a extender y defender la fe unidos a ella y a ella se
hechos partícipes de su misión. con palabras y obras. Cf. ordenan… Contiene a Cristo
CEC 1213 CEC 1285. mismo…significa y realiza la
comunión… Por ella Dios
Baptizein en griego significa santifica al mundo y los hombres
“sumergir”, “introducir dentro En oriente crismacion por el E.S. dan culto a Dios. Nos
del agua”; la inmersión porque es ungido con el unimos a la liturgia del cielo,
simboliza el acto de sepultar al crisma. En occidente anticipamos la Vida Eterna. CEC
catecúmeno en la muerte de confirmación por la 1322-1327.
Cristo de donde sale por la confirmación del bautismo y
resurrección con Él como el robustecimiento de la Fracción del Pan (Lc 24,13-35 .
nueva criatura. CEC 1214. gracia bautismal. CEC 1289 Hch. 2,42-46). Eucaristía.
También es llamado baño de Banquete del Señor (1co 11,
regeneración y de renovación 20). Asamblea eucarística.
del Espíritu Santo o Memorial. Santa Misa. Misión.
iluminación. (cf. CEC 1215- Comunión. CEC 1328 – 1332.
1216) En la historia de la
salvación: los profetas En la historia de la salvación: los

31
Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

En la historia de la salvación: anunciaron que el Espíritu signos de pan y vino significan la


Desde el origen del mundo, el Santo reposaría sobre el bondad de la creación (ofrenda
agua es fuente de la vida y la Mesías. Esta plenitud no de Melquisedec Gn. 14,18). En
fecundidad. El arca de Noé es debía permanecer la Antigua Alianza eran ofrecidos
una prefiguración de la únicamente en el Mesías, como sacrificio entre las
salvación por el bautismo. El sino que debía ser primicias de la Tierra en señal de
paso del Mar Rojo es el comunicada a todo el reconocimiento al creador. En el
anuncio de la liberación pueblo mesiánico libro del Éxodo los panes ácimos
obrada por el Bautismo. Tras el (Pentecostés). Los de la Pascua judía
paso del Jordán el pueblo de Apóstoles siguen conmemoraban la salida
Dios recibe el don de la Tierra comunicando el Espíritu liberadora de Israel del dominio
prometida, imagen de la Vida Santo a los neófitos por la Egipcio. Otra imagen bíblica es
eterna a la cual accedemos por imposición de las manos el maná. Los milagros de la
el Bautismo. El bautismo de para completar la gracia multiplicación de los panes son
Cristo en el Jordán es recibida en el bautismo. Hb signos de la abundancia de la
manifestación de su 6,2. CEC 1286-1288 Eucaristía. El agua convertida en
anonadamiento y es figura de vino en Cana anuncia la hora de
la muerte y resurrección de En oriente la confirmación la glorificación. Lc 22,7-20
Cristo, de cuyo costado abierto se da con el Bautismo instituyó la Eucaristía como
en la cruz nace el sacramento (marca la unidad de la memorial de su muerte y
del Bautismo y la Eucaristía. iniciación). En occidente se resurrección y ordenó a los
Desde Pentecostés los separan para destacar que apóstoles hacer lo mismo hasta
Apóstoles y sus colaboradores el ministro es el Obispo. su retorno, constituyéndolos
ofrecen el Bautismo a quien CEC 1290-1292 sacerdotes. Nuevo sentido a la
crea en Jesús. El Bautismo Pascua Judìa. “Hagan esto en
está ligado a la fe. (cf. CEC memoria mía” exige la
1217-1228 celebración litúrgica por los
apóstoles y sus sucesores del
memorial de Cristo, de su vida,
de su muerte, de su resurrección
y de su intercesión junto al
Padre. CEC 1333-1344

¿Quién puede recibir el


¿Quién puede recibir el sacramento?: Quien tenga uso
¿Quién puede recibir el sacramento?: Todo de razón y halla recibido el
Bautismo?: Todo ser humano, bautizado aún no bautismo.
aún no bautizado y solo él. confirmado. Es necesario
CEC 1246. Adultos – hallarse en estado de
Niños.CEC 1247 – 1252 Gracia. CEC 1306 – 1311
Ministro: El Obispo y los
Ministro: El Obispo y puede presbíteros.
Ministros: Obispo, presbítero, delegar a los presbíteros.
diácono y cualquier persona, CEC. 1312
incluso un no bautizado, que
en caso de necesidad tenga la

32
Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

intensión de hacer lo que hace


la Iglesia y emplee la fórmula
bautismal. CEC 1256. EFECTOS DEL SACRAMENTO
EFECTOS DEL CEC 1356-1405
EFECTOS DEL SACRAMENTO CEC 1302- a- Acción de gracias: la
SACRAMENTO CEC 1264 1305 eucaristía es un
-1274 a- Efusión plena del sacrificio de acción de
a- Para remisión de los Espíritu Santo. Da gracias al Padre, una
pecados: Poe el crecimiento y bendición por la cual la
bautismo todos los profundización a la Iglesia expresa su
pecados son gracia bautismal. reconocimiento a Dios
perdonados. Pecado Nos introduce más por todos sus beneficios,
Original, todos los profundamente en por todo lo que ha
pecados personales la filiación divina. realizado mediante la
(en los adultos), así Nos une más creación, la redención y
como todas las penas firmemente a Cristo. la santificación.
del pecado. No Aumenta en b- Memorial sacrificial de
obstante permanecen nosotros los dones Cristo y de su cuerpo
ciertas consecuencias del E. S. Hace que es la Iglesia: La
temporales del perfecto nuestro Eucaristía es el
pecado: sufrimiento, vínculo con la memorial de la Pascua
enfermedad, muerte, Iglesia. Nos de Cristo, la
etc, así como la concede una fuerza actualización y la
inclinación del pecado: especial del E.S. ofrenda sacramental del
la concupiscencia. para difundir y único sacrificio.
b- Nueva creatura: No defender la fe, para Memorial no es
solo purifica sino que confesar solamente recuerdo de
hace una nueva valientemente el los acontecimientos del
creación, un hijo nombre de Cristo y pasado, sino
adoptivo de Dios que para no sentir jamás proclamación de las
ha sido hecho partícipe vergüenza de la maravillas que Dios ha
de la naturaleza divina, cruz. realizado a favor de los
miembro de Cristo, b- Solo se da una vez hombres. En la
coheredero con El y e imprime carácter. celebración litúrgica
Templo del Espíritu Perfecciona el estos acontecimientos
Santo. La Trinidad da sacerdocio común se hacen presente y
al bautizado la gracia de los fieles recibido actuales. Por ser
santificante, la gracia en el bautismo. memorial de la Pascua,
de la justificación que: la eucaristía es también
Virtudes teologales. sacrificio. En la
Dones del E.S. Eucaristía, Cristo nos da
Virtudes morales. el mismo cuerpo que por
c- Incorporados a la nosotros entregó en la
Iglesia: Participamos cruz y la sangre misma
del sacerdocio de que derramó para
Cristo y de su misión remisión de los pecados.

33
Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

profética y real. Hecho El ofrecimiento de Cristo


miembro de la Iglesia en la Eucaristía a
el bautizado ya no se diferencia de la cruz es
pertenece a sí mismo, incruento. La Iglesia se
sino a Cristo y a los une al sacrificio de
demás (a quienes Cristo en la vida de los
sirve) y a los pastores fieles. A este sacrificio
(a quienes obedece y no solo se une la Iglesia
respeta). El bautismo de la tierra sino también
es fuente de la del cielo.
responsabilidades, c- Presencia real por el
deberes y derechos, poder de la Palabra y
además en fuente de del Espíritu Santo: En la
la comunión entre Eucaristía están
todos los cristianos e contenidos verdadera,
incluso con los que real y substancialmente
todavía no están en el Cuerpo y la Sangre
plena comunión. junto con el alma y la
d- Un sello espiritual divinidad.
indeleble (carácter): Transustanciación: El
implica pertenencia a Pan y el vino se
Cristo. Este sello no es transforman en el
borrado por ningún cuerpo y la sangre de
pecado, aunque el Cristo.
pecado impida al La comunión:
bautismo dar fruto de 1- Acrecienta nuestra unión
salvación. El bautismo a Cristo.
no puede ser retirado. 2- Nos separa del pecado.
Marca para la vida 3- Hace la unidad en la
eterna. Iglesia.
4- Entraña un compromiso
a favor de los pobres.
5- Es prenda para la vida
Materia: Agua común. Materia: Santo Crisma futura.

Forma: NN, yo te bautizo en el Forma: NN, recibe por esta Materia: Pan y vino.
nombre del Padre y del Hijo y señal en don del Espíritu
del Espíritu Santo. Santo. Forma: Palabras de Jesús en la
institución de la Eucaristía.
Celebración del Sacramento: Celebración del Durante la última cena.
CEC 1234-1245 Sacramento: CEC 1293
-1301 Celebración del sacramento:
1. Señal de la cruz. 1345-1355
2. Anuncio de la Palabra. 1- Renovación de las
3. Exorcismo y unción promesas 1- Todos se reúnen: Cristo
con el óleo de los bautismales. es quien preside

34
Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

catecúmenos. 2- Imposición de invisiblemente la


4. Consagración del agua manos del Obispo. celebración. El Obispo o
Bautismal. (signo del don del presbítero preside in
5. Profesión de fe. Espíritu). persona Christi. Todos
6. Rito esencial: 3- Rito esencial: tienen parte activa en la
Bautismo unción con el santo celebración.
7. Unción con el Santo crisma en la frente y 2- Liturgia de la Palabra.
crisma. la fórmula. 3- Liturgia de la Eucaristía:
8. Vestidura Blanca. 4- Saludo de la Paz: Presentación de
9. Éfeta. expresa la ofrendas. La anáfora:
comunión eclesial. prefacio. Epìclesis.
Relato de la institución.
Dios ha vinculado la salvación Anamnesis.
al sacramento del bautismo, Intercesiones.
pero su intervención salvífica Comunión.
no queda reducida a los
sacramentos. CEC 1257.

35
Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

Tema 18: Los Sacramento en particular. Los sacramentos de curación. (Cat.1420-


1532).

Sacramentos de Curación: El Señor Jesucristo, (…..) quiso que su Iglesia continuase, con la
fuerza del Espíritu Santo, su obra de curación y de salvación, incluso en sus propios
miembros. Esta es la finalidad de los dos sacramentos de curación… CEC 1421

SACRAMENTO DE LA PENITENCIA Y DE LA SACRAMENTO DE LA UNCION DE LOS


RECONCILIACION. ENFERMOS.
"Los que se acercan al sacramento de la En la historia de la salvaciòn1499-1502
penitencia obtienen de la misericordia de
Dios el perdón de los pecados cometidos En el Antiguo Testamento, el hombre
contra El y, al mismo tiempo, se experimenta en la enfermedad su propia
reconcilian con la Iglesia, a la que limitación y, al mismo tiempo, percibe que
ofendieron con sus pecados. Ella les ésta se halla misteriosamente vinculada al
mueve a conversión con su amor, su pecado. Los profetas intuyeron que la
ejemplo y sus oraciones" (LG 11). enfermedad podía tener también un valor
redentor de los pecados propios y ajenos.
…sacramento de conversión porque realiza Así, la enfermedad se vivía ante Dios, de
sacramentalmente la llamada de Jesús a la quien el hombre imploraba la curación.
conversión (cf Mc 1,15)... sacramento de
la penitencia porque consagra un proceso 1503-1505 La compasión de Jesús hacia los
personal y eclesial de conversión... enfermos y las numerosas curaciones
sacramento de la confesión porque la realizadas por él son una clara señal de
declaración o manifestación, la confesión que con él había llegado el Reino de Dios
de los pecados ante el sacerdote, es un y, por tanto, la victoria sobre el pecado, el
elemento esencial de este sacramento… sufrimiento y la muerte. Con su pasión y
sacramento del perdón porque, por la muerte, Jesús da un nuevo sentido al
absolución sacramental del sacerdote, sufrimiento, el cual, unido al de Cristo,
Dios concede al penitente "el perdón [...] y puede convertirse en medio de
la paz"… sacramento de reconciliación purificación y salvación, para nosotros y
porque otorga al pecador el amor de Dios para los demás.
que reconcilia… CEC 1423-1424.
1506-1513. 1526-1527
… la vida nueva recibida en la iniciación

36
Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

cristiana no suprimió la fragilidad y la La Iglesia, habiendo recibido del Señor el


debilidad de la naturaleza humana, ni la mandato de curar a los enfermos, se
inclinación al pecado que la tradición empeña en el cuidado de los que sufren,
llama concupiscencia, y que permanece en acompañándolos con oraciones de
los bautizados... CEC 1426 intercesión. Tiene sobre todo un
sacramento específico para los enfermos,
…La llamada a la conversión es parte instituido por Cristo mismo y atestiguado
esencial del anuncio del Reino. Se dirige por Santiago: «¿Está enfermo alguno de
principalmente a las que no creen en vosotros? Llame a los presbíteros de la
Cristo y no conocen el evangelio. Pero Iglesia, que oren sobre él y le unjan con
también está dirigido a los bautizados óleo en el nombre del Señor» (St 5, 14-15).
necesitados de una segunda conversión…
Lc 22, 61. Esta segunda conversión es una
tarea ininterrumpida para toda la Iglesia
que "recibe en su propio seno a los
pecadores" y que siendo "santa al mismo
tiempo que necesitada de purificación
constante, busca sin cesar la penitencia y
la renovación". Este esfuerzo de
conversión no es sólo una obra humana.
Es el movimiento del "corazón contrito"
(Sal 51,19), atraído y movido por la gracia
(cf Jn 6,44; 12,32) a responder al amor
misericordioso de Dios que nos ha amado
primero (cf 1 Jn 4,10). Cf. CEC 1427- 1429.

… la llamada de Jesús a la conversión y a la


penitencia no mira (…..) a las obras
exteriores (…..) sino a la conversión del
corazón, la penitencia interior. …. la
conversión interior impulsa a la expresión
de esta actitud por medio de signos
visibles, gestos y obras de penitencia… La
penitencia interior es una reorientación
radical de toda la vida, un retorno, una
conversión a Dios con todo nuestro
corazón, una ruptura con el pecado...
comprende el deseo y la resolución de
cambiar de vida... va acompañada de dolor
y tristeza saludables…. La conversión es
primeramente una obra de la gracia de
Dios que hace volver a Él nuestros

37
Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

corazones… CEC 1430 – 1433.

El pecado es ofensa a Dios, ruptura de la


comunión con Él. Al mismo tiempo, atenta
contra la comunión con la Iglesia. Por eso
la conversión implica a la vez el perdón de
Dios y la reconciliación con la Iglesia, que
es lo que expresa y realiza litúrgicamente
el sacramento de la Penitencia y de la
Reconciliación (cf LG 11).

Sólo Dios perdona el pecado. Porque


Jesús es el Hijo de Dios, dice de sí mismo:
"El Hijo del hombre tiene poder de
perdonar los pecados en la tierra" (Mc
2,10) (…..) en virtud de su autoridad
divina, Jesús confiere este poder a los
hombres (cf Jn 20,21-23) para que lo
ejerzan en su nombre… Cristo quiso que
toda su Iglesia (.….) fuera el signo y el
instrumento del perdón y de la
reconciliación que nos adquirió al precio
de su sangre… confió el ejercicio del poder
de absolución al ministerio apostólico, que
está encargado del "ministerio de la
reconciliación" (2 Co 5,18).

Reconciliación con la Iglesia Durante su


vida pública, Jesús no sólo perdonó los
pecados, también manifestó el efecto de
este perdón: a los pecadores que son
perdonados los vuelve a integrar en la
comunidad del pueblo de Dios, de donde
el pecado los había alejado o incluso
excluido… Esta dimensión eclesial de su
tarea se expresa particularmente en las
palabras solemnes de Cristo a Simón
Pedro (Mt 16,19). Las palabras atar y
desatar significan: aquel a quien excluyáis
de vuestra comunión, será excluido de la
comunión con Dios; aquel a quien que
recibáis de nuevo en vuestra comunión,

38
Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

Dios lo acogerá también en la suya. La


reconciliación con la Iglesia es inseparable
de la reconciliación con Dios. CEC 1440-
1445
¿Quién puede recibir el sacramento de la
¿Quién puede recibir el sacramento? … Unción de los enfermos?
ante todo para los que, después del
Bautismo, hayan caído en el pecado grave 1514-1515. 1528-1529
y así hayan perdido la gracia bautismal y
lesionado la comunión eclesial. El sacramento de la Unción de los
enfermos lo puede recibir cualquier fiel
que comienza a encontrarse en peligro de
muerte por enfermedad o vejez. El mismo
fiel lo puede recibir también otras veces, si
se produce un agravamiento de la
enfermedad o bien si se presenta otra
enfermedad grave. La celebración de este
sacramento debe ir precedida, si es
posible, de la confesión individual del
¿Cuál es el ministro? Los Obispos y los enfermo.
presbíteros.
¿Quién administra este sacramento?
1516-1530 El sacramento de la Unción de
los enfermos sólo puede ser administrado
por los sacerdotes (obispos o presbíteros).

Materia: Los Pecados personales Materia: Oleo de los enfermos.


cometidos después del Bautismo.
Forma: Por esta santa unción…
Forma: Absolución: «Dios, Padre
misericordioso, que reconcilió consigo al
mundo por la muerte y la resurrección de
su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la
remisión de los pecados, te conceda, por
el ministerio de la Iglesia, el perdón y la
paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo» (Ritual de la Penitencia, 46. 55 ).

Actos del penitente:1450-1460 1487-1492


¿Cómo se celebra este sacramento? 1517-
Los actos propios del penitente son los 1519.1531
siguientes: un diligente examen de

39
Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

conciencia; la contrición (o La celebración del sacramento de la


arrepentimiento), que es perfecta cuando Unción de los enfermos consiste
está motivada por el amor a Dios, esencialmente en la unción con óleo,
imperfecta cuando se funda en otros bendecido si es posible por el obispo,
motivos, e incluye el propósito de no sobre la frente y las manos del enfermo
volver a pecar; la confesión, que consiste (en el rito romano, o también en otras
en la acusación de los pecados hecha partes del cuerpo en otros ritos),
delante del sacerdote; la satisfacción, es acompañada de la oración del sacerdote,
decir, el cumplimiento de ciertos actos de que implora la gracia especial de este
penitencia, que el propio confesor impone sacramento.
al penitente para reparar el daño causado
por el pecado.

1463. La absolución de algunos pecados


particularmente graves (como son los
castigados con la excomunión) está
reservada a la Sede Apostólica o al obispo
del lugar o a los presbíteros autorizados
por ellos, aunque todo sacerdote puede
absolver de cualquier pecado y
excomunión, al que se halla en peligro de
muerte.

¿Cuáles son los efectos de este


sacramento? 1468-1470. 1496

Los efectos del sacramento de la


Penitencia son: la reconciliación con Dios ¿Cuáles son los efectos de este
y, por tanto, el perdón de los pecados; la sacramento? 1520-1523. 1532
reconciliación con la Iglesia; la
recuperación del estado de gracia, si se El sacramento de la Unción confiere una
había perdido; la remisión de la pena gracia particular, que une más
eterna merecida a causa de los pecados íntimamente al enfermo a la Pasión de
mortales y, al menos en parte, de las Cristo, por su bien y por el de toda la
penas temporales que son consecuencia Iglesia, otorgándole fortaleza, paz, ánimo y
del pecado; la paz y la serenidad de también el perdón de los pecados, si el
conciencia y el consuelo del espíritu; el enfermo no ha podido confesarse.
aumento de la fuerza espiritual para el Además, este sacramento concede a
combate cristiano. veces, si Dios lo quiere, la recuperación de
la salud física. En todo caso, esta Unción
prepara al enfermo para pasar a la Casa
del Padre.

40
Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

¿Qué es el Viático? 1524-1525

El Viático es la Eucaristía recibida por


quienes están por dejar esta vida terrena y
se preparan para el paso a la vida eterna.
Recibida en el momento del tránsito de
este mundo al Padre, la Comunión del
Cuerpo y de la Sangre de Cristo muerto y
resucitado, es semilla de vida eterna y
poder de resurrección.

Tema 19: Los sacramentos en particular. Los sacramentos al servicio de la


comunidad. (Cat. 1533-1666).

Sacramentos al servicio de la comunión y de la misión 1533-1535 Los sacramentos, el


Orden y el Matrimonio, confieren una gracia especial para una misión particular en la
Iglesia, al servicio de la edificación del pueblo de Dios. Contribuyen especialmente a la
comunión eclesial y a la salvación de los demás.

SACRAMENTO DEL ORDEN SACRAMENTO DEL


MATRIMONIO
¿Qué es el sacramento del Orden? 1536 ¿Cuál es el designio de Dios sobre el
hombre y la mujer? 1601-1605
El sacramento del Orden es aquel mediante
el cual, la misión confiada por Cristo a sus Dios, que es amor y creó al hombre por
Apóstoles, sigue siendo ejercida en la Iglesia amor, lo ha llamado a amar. Creando al
hasta el fin de los tiempos. hombre y a la mujer, los ha llamado en el
Matrimonio a una íntima comunión de
¿Por qué se llama sacramento del Orden? vida y amor entre ellos, «de manera que
1537-1538 ya no son dos, sino una sola carne» (Mt
19, 6). Al bendecirlos, Dios les dijo:
Orden indica un cuerpo eclesial, del que se «Creced y multiplicaos» (Gn 1, 28).
entra a formar parte mediante una especial
consagración (Ordenación), que, por un don ¿Con qué fines ha instituido Dios el
singular del Espíritu Santo, permite ejercer Matrimonio?1659-1660
una potestad sagrada al servicio del Pueblo
de Dios en nombre y con la autoridad de La alianza matrimonial del hombre y de
Cristo. la mujer, fundada y estructurada con

41
Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

leyes propias dadas por el Creador, está


ordenada por su propia naturaleza a la
comunión y al bien de los cónyuges, y a
la procreación y educación de los hijos.
Jesús enseña que, según el designio
original divino, la unión matrimonial es
indisoluble: «Lo que Dios ha unido, que
no lo separe el hombre»

¿De qué modo el pecado amenaza al


Matrimonio? 1606-1608

A causa del primer pecado, que ha


provocado también la ruptura de la
comunión del hombre y de la mujer,
donada por el Creador, la unión
matrimonial está muy frecuentemente
amenazada por la discordia y la
infidelidad. Sin embargo, Dios, en su
infinita misericordia, da al hombre y a la
mujer su gracia para realizar la unión de
sus vidas según el designio divino
El sacramento del Orden en el designio original.
divino de la salvación 1539-1546
1590-1591 ¿Qué enseña el Antiguo Testamento
sobre el Matrimonio? 1609-1611
En la Antigua Alianza el sacramento del
Orden fue prefigurado por el servicio de los Dios ayuda a su pueblo a madurar
levitas, el sacerdocio de Aarón y la progresivamente en la conciencia de la
institución de los setenta «ancianos» (Nm unidad e indisolubilidad del Matrimonio,
11, 25). Estas prefiguraciones se cumplen en sobre todo mediante la pedagogía de la
Cristo Jesús, quien, mediante su sacrificio en Ley y los Profetas. La alianza nupcial
la cruz, es «el único [.....] mediador entre entre Dios e Israel prepara y prefigura la
Dios y los hombres» (1 Tm 2, 5), el «Sumo Alianza nueva realizada por el Hijo de
Sacerdote según el orden de Melquisedec» Dios, Jesucristo, con su esposa, la Iglesia.
(Hb 5,10). El único sacerdocio de Cristo se
hace presente por el sacerdocio ministerial. 1612-16171661

«Sólo Cristo es el verdadero Jesucristo no sólo restablece el orden


sacerdote; los demás son original del Matrimonio querido por
ministros suyos» Dios, sino que otorga la gracia para
(Santo Tomás de Aquino). vivirlo en su nueva dignidad de
sacramento, que es el signo del amor

42
Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

esponsal hacia la Iglesia: «Maridos,


amad a vuestras mujeres como Cristo
¿De cuántos grados se compone el ama a la Iglesia» (Ef 5, 25)
sacramento del Orden? 1554- 1593

El sacramento del Orden se compone de tres


grados, que son insustituibles para la ¿Cuáles son los efectos del sacramento
estructura orgánica de la Iglesia: el del Matrimonio? 1638-1642
episcopado, el presbiterado y el diaconado.
El sacramento del Matrimonio crea entre
¿Cuál es el efecto de la Ordenación los cónyuges un vínculo perpetuo y
episcopal? 1557-1558.1594 exclusivo. Dios mismo ratifica el
consentimiento de los esposos. Por
La Ordenación episcopal da la plenitud del tanto, el Matrimonio rato y consumado
sacramento del Orden, hace al Obispo entre bautizados no podrá ser nunca
legítimo sucesor de los Apóstoles, lo disuelto. Por otra parte, este sacramento
constituye miembro del Colegio episcopal, confiere a los esposos la gracia necesaria
compartiendo con el Papa y los demás para alcanzar la santidad en la vida
obispos la solicitud por todas las Iglesias, y le conyugal y acoger y educar
confiere los oficios de enseñar, santificar y responsablemente a los hijos.
gobernar.
¿Es el Matrimonio una obligación para
¿Cuál es el oficio del obispo en la Iglesia todos? 1618-1620
particular que se le ha confiado?
El Matrimonio no es una obligación para
1560-1561 El obispo, a quien se confía una todos. En particular, Dios llama a algunos
Iglesia particular, es el principio visible y el hombres y mujeres a seguir a Jesús por
fundamento de la unidad de esa Iglesia, en el camino de la virginidad o del celibato
la cual desempeña, como vicario de Cristo, por el Reino de los cielos; éstos
el oficio pastoral, ayudado por sus renuncian al gran bien del Matrimonio
presbíteros y diáconos. para ocupase de las cosas del Señor
tratando de agradarle, y se convierten
¿Cuál es el efecto de la Ordenación en signo de la primacía absoluta del
presbiteral? 1562-1567.1595 amor de Cristo y de la ardiente
esperanza de su vuelta gloriosa.
La unción del Espíritu marca al presbítero
con un carácter espiritual indeleble, lo
configura a Cristo sacerdote y lo hace capaz
de actuar en nombre de Cristo Cabeza.
Como cooperador del Orden episcopal, es
consagrado para predicar el Evangelio,
celebrar el culto divino, sobre todo la
Eucaristía, de la que saca fuerza todo su

43
Miguel Collino
UNIDAD TEMATICA 5

ministerio, y ser pastor de los fieles.

¿Cómo ejerce el presbítero su ministerio?


1568

Aunque haya sido ordenado para una misión


universal, el presbítero la ejerce en una
Iglesia particular, en fraternidad sacramental
con los demás presbíteros que forman el
«presbiterio» y que, en comunión con el
obispo y en dependencia de él, tienen la
responsabilidad de la Iglesia particular.

¿Cuál es el efecto de la Ordenación


diaconal? 1569-1574.1596

El diácono, configurado con Cristo siervo de


todos, es ordenado para el servicio de la
Iglesia, y lo cumple bajo la autoridad de su
obispo, en el ministerio de la Palabra, el
culto divino, la guía pastoral y la caridad.

¿Cómo se celebra el sacramento del Orden?


1572-1574.1597 Materia y forma.

En cada uno de sus tres grados, el


sacramento del Orden se confiere mediante ¿Cómo se celebra el sacramento del
la imposición de las manos sobre la cabeza Matrimonio? 1621-1624
del ordenando por parte del obispo, quien 1663
pronuncia la solemne oración consagratoria.
Con ella, el obispo pide a Dios para elDado que el Matrimonio constituye a los
cónyuges en un estado público de vida
ordenando una especial efusión del Espíritu
en la Iglesia, su celebración litúrgica es
Santo y de sus dones, en orden al ejercicio
de su ministerio. pública, en presencia del sacerdote (o de
un testigo cualificado de la Iglesia) y de
¿Quién puede conferir este sacramento? otros testigos.
1575-1576.1600
¿Qué es el consentimiento
Corresponde a los obispos válidamente matrimonial? 1625-1632.1662-1663
ordenados, en cuanto sucesores de los
Apóstoles, conferir los tres grados del El consentimiento matrimonial es la
sacramento del Orden. voluntad, expresada por un hombre y
una mujer, de entregarse mutua y

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¿Quién puede recibir este sacramento? definitivamente, con el fin de vivir una
1577-1578.1598 alianza de amor fiel y fecundo. Puesto
que el consentimiento hace el
Sólo el varón bautizado puede recibir Matrimonio, resulta indispensable e
válidamente el sacramento del Orden. La insustituible. Para que el Matrimonio sea
Iglesia se reconoce vinculada por esta válido el consentimiento debe tener
decisión del mismo Señor. Nadie puede como objeto el verdadero Matrimonio, y
exigir la recepción del sacramento del ser un acto humano, consciente y libre,
Orden, sino que debe ser considerado apto no determinado por la violencia o la
para el ministerio por la autoridad de la coacción.
Iglesia.
¿Qué se exige cuando uno de los
¿Se exige el celibato para recibir el esposos no es católico? 1633-1637
sacramento del Orden? 1579-1580
1599 Para ser lícitos, los matrimonios mixtos
(entre católico y bautizado no católico)
Para el episcopado se exige siempre el necesitan la licencia de la autoridad
celibato. Para el presbiterado, en la Iglesia eclesiástica. Los matrimonios con
latina, son ordinariamente elegidos hombres disparidad de culto (entre un católico y
creyentes que viven como célibes y tienen la un no bautizado), para ser válidos
voluntad de guardar el celibato «por el reino necesitan una dispensa. En todo caso, es
de los cielos» (Mt 19, 12); en las Iglesias esencial que los cónyuges no excluyan la
orientales no está permitido contraer aceptación de los fines y las propiedades
matrimonio después de haber recibido la esenciales del Matrimonio, y que el
ordenación. Al diaconado permanente cónyuge católico confirme el
pueden acceder también hombres casados. compromiso, conocido también por el
otro cónyuge, de conservar la fe y
¿Qué efectos produce el sacramento del asegurar el Bautismo y la educación
Orden? 1581-1589 católica de los hijos.
1592
¿Cuáles son los pecados gravemente
El sacramento del Orden otorga una efusión contrarios al sacramento del
especial del Espíritu Santo, que configura Matrimonio? 1645-1648
con Cristo al ordenado en su triple función
de Sacerdote, Profeta y Rey, según los Los pecados gravemente contrarios al
respectivos grados del sacramento. La sacramento del Matrimonio son los
ordenación confiere un carácter espiritual siguientes: el adulterio, la poligamia, en
indeleble: por eso no puede repetirse ni cuanto contradice la idéntica dignidad
conferirse por un tiempo determinado. entre el hombre y la mujer y la unidad y
exclusividad del amor conyugal; el
¿Con qué autoridad se ejerce el sacerdocio rechazo de la fecundidad, que priva a la
ministerial? 1547-1553 vida conyugal del don de los hijos; y el
1592 divorcio, que contradice la
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Los sacerdotes ordenados, en el ejercicio del indisolubilidad.


ministerio sagrado, no hablan ni actúan por
su propia autoridad, ni tampoco por ¿Cuándo admite la Iglesia la separación
mandato o delegación de la comunidad, sino física de los esposos? 1629
en la Persona de Cristo Cabeza y en nombre 1649
de la Iglesia. Por tanto, el sacerdocio
ministerial se diferencia esencialmente, y no La Iglesia admite la separación física de
sólo en grado, del sacerdocio común de los los esposos cuando la cohabitación entre
fieles, al servicio del cual lo instituyó Cristo. ellos se ha hecho, por diversas razones,
prácticamente imposible, aunque
procura su reconciliación. Pero éstos,
mientras viva el otro cónyuge, no son
libres para contraer una nueva unión, a
menos que el matrimonio entre ellos sea
nulo y, como tal, declarado por la
autoridad eclesiástica.

¿Cuál es la actitud de la Iglesia hacia los


divorciados vueltos a casar?1650-1651

Fiel al Señor, la Iglesia no puede


reconocer como matrimonio la unión de
divorciados vueltos a casar civilmente.
«Quien repudie a su mujer y se case con
otra, comete adulterio contra aquella; y
si ella repudia a su marido y se casa con
otro, comete adulterio» (Mc 10, 11-12).
Hacia ellos la Iglesia muestra una atenta
solicitud, invitándoles a una vida de fe, a
la oración, a las obras de caridad y a la
educación cristiana de los hijos; pero no
pueden recibir la absolución
sacramental, acercarse a la comunión
eucarística ni ejercer ciertas
responsabilidades eclesiales, mientras
dure tal situación, que contrasta
objetivamente con la ley de Dios.

¿Por qué la familia cristiana es llamada


Iglesia doméstica? 1655-1658 1666

La familia cristiana es llamada Iglesia


doméstica, porque manifiesta y realiza la

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naturaleza comunitaria y familiar de la


Iglesia en cuanto familia de Dios. Cada
miembro, según su propio papel, ejerce
el sacerdocio bautismal, contribuyendo a
hacer de la familia una comunidad de
gracia y de oración, escuela de virtudes
humanas y cristianas y lugar del primer
anuncio de la fe a los hijos.

Materia y forma: Consentimiento


matrimonial

Ministro: Los esposos.

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