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Índice

Cubierta
Portada
Créditos
Nota preliminar
Nuestros «pilotos automáticos»
Jacinta, el dinosaurio y la hormiga
Lo que puede el sentimiento
Javiera o la niña del macetero
Llegar tarde
Cuaderno de terapia: un diario de vida emocional
Cuando estar «mal» está bien
Ser padres: una oportunidad para sanar la infancia
Las funciones de los hijos
Mis siete psicoterapias
Tres notas mentales para psicoterapeutas
Psicoterapia: crecer juntos
Teorías: puentes y no murallas
El truco
Soltar la autoexigencia
Del maltrato al buen trato
Buen trato a la infancia: aceptación incondicional
La infancia robada
Prioridades
Uno
De fútbol y psicoterapia
Esguince emocional
Las cartas en psicoterapia
El amor según mi hijo de cuatro años
Lo verdaderamente importante
El padre de hoy
El «Día del Padre Ausente»
Principio psicogástrico
Mi manera de entender la psicoterapia
La paradoja de la psicoterapia
Sujeto supuesto saber
La belleza de morir

2
Elogio del pluralismo
Acá
Contra el dogmatismo teórico
¿Quién es el paciente y quién el psicoterapeuta?
Rigidez por flexibilidad
Cura de amor
Relación de pareja y carencias afectivas infantiles
No existen los depresivos
Buen trato infantil y felicidad adulta
Crianza natural
Los hijos no son pañuelos
Hijos torbellinos
Disciplina empática: el tercer camino
¿De qué se trata una psicoterapia?
La mayor felicidad
El chipote chillón y la rueda de la fortuna
Una y la otra
Una pregunta difícil
Carlo de Gavardo
La ruta de la Roja
Un mejor país
Pensamiento excluyente y pensamiento incluyente
De fútbol y cambios sociales
Ser y estar en el mundo
Cinco remedios caseros y ancestrales para hacer dormir a tu guagua
Cuando interrumpir la terapia es el mejor cierre de un ciclo
Pequeñas acciones para grandes cambios
El terapeuta como ciudadano: la política cartas hacia arriba
El privilegio de hacer lo que me gusta
Seres socio-psico-biológicos
El aburrimiento como fuente de la creatividad
Intensa-mente
Diez cosas difíciles y diez cosas gratificantes de la crianza
Tres mitos comunes en la psicoterapia con adultos
Como, luego existo
Recorrer la ciudad
El secreto
Manual de safari urbano o el arte de perderse
Para crear hay que seguir en la lucha
Todo momento es un momento nuevo

3
De running y walking
Reflexiones desde la psicoterapia relacional, a propósito de El bosque
de Karadima
La actitud psicoterapéutica: de la neutralidad a la influencia
significativa
«Mi casa es un campo de batalla»
Veinte tesis sobre la psicología del maltrato
Descentralización
Por una adopción respetuosa
Responsabilidad de expresión
El arte de la psicoterapia
La mayor genialidad de Freud
De generosidades y privilegios
Intento de suicidio
Niños
Persona acelerador y persona freno
Tres herramientas clínicas
Confianza básica hacia los niños
Mentir, sobreexigir, polarizar: tres errores en la crianza
El pudridero del alma
Autenticidad responsable
De psicoterapia y escritura
El valor de las cosas «obvias»
Juego, creatividad y belleza
Aterrizaje emocional
El sentido de una psicoterapia
Abuso sexual y sexualidad infantil: el péndulo de Freud
Ser humano
Adopción y prueba de confianza
Seguridad, protección y confianza
Vivir creativo
Flashback
Psicoterapeuta 3D
Contra la corriente
Mandatos de género
El mejor libro
Mensajes que justifican la escritura
Reflexión al paso en Nueva York
Perspectiva
De hogar y de viajes

4
«Trabajobby»
La culpa
Campo adentro
En la mitad del camino
Ilusión de alternativas
La pared que volvió a sonreír
Las vueltas de la vida o la supervisión como «intervisión»
Mensajes que sacan sonrisas
La infancia secuestrada
Confesión antimetodológica
Estremecer los viejos supuestos
Saudade psicoterapéutica
El peligroso péndulo de la crianza
Elogio de la crítica
Amar sin límites, convivir con límites
Crianza empática y crianza apática
Maldita primavera
El suicidio: más allá del tabú y del estigma
Recordar
Del activismo al fundamentalismo
Cinco principios de parentalidad positiva
Paradoja capitalista
«A mí me pegaban y no quedé traumado»
Para personas ociosas y con mucho tiempo libre
Sobre las aguas de la propia historia
Salir del clóset
Un alto cargo académico
Cambiar el mundo
Worst sellers
Solipsismo ideológico
Menos etiqueta, más persona
Un psicoanálisis más humano
Un psicoterapeuta
El secreto de los psicoterapeutas
El camino de la psicoterapia
Contra el culto a la personalidad en psicoanálisis
Autoterapia en tres imposibles pasos
La psicoterapia como trabajo de liberación
El volante y la bencina
Advertencia para psicólogos y estudiantes de Psicología

5
La coraza profesional
Niño mateo
Nuestros personajes encarnados
La autoridad de los padres
La edad emocional
Cuatro palabras a evitar en la crianza
Cuando la enfermedad es la mejor terapia
El histórico síndrome del doble opuesto
El corazón de Magdalena
¿Qué necesitan un estudiante de psicoterapia y un psicoterapeuta?
Con permiso para ser persona
«Quiero que mis hijos sean felices»
El turista y el sabio
Los cuidadores descuidados
Jorge: de autómata a persona
Mirar para el lado
Contra la idealización
Minuto 39
No poder seguir
La depresión o el dolor de la oruga
Autoayuda según Freud, Winnicott y Lacan
Navidad en familias con padres separados: la ilusión de la «familia
feliz»
Autoayuda según Nietzsche, Husserl y Heidegger
Personas antes que adictos
Asumir la propia historia
Cultivar el «sentipensamiento»
Autoayuda según Gadamer, Merleau-Ponty y Lévinas
Autoayuda según Melanie Klein, Wilfred Bion y Donald Meltzer
Pilar Sordo es mi copiloto
Autoayuda según Borges, Cortázar y Galeano
Lo mejor que podemos ofrecer como psicoterapeutas
Ricardo o el inconsciente en acción
El síndrome de sobrecompensación parental
El trabajolismo como mecanismo de huida
Resolver el complejo de Pancho Puelma
Autoayuda según Walter Benjamin, Michel Foucault y Jacques Derrida
Diálogo entre un profesor y un apoderado
Regar la plantita
Eslogan para una psicoterapia

6
El piquero de Dios
Antonio o la comunicación musical inconsciente
Recordatorio fenomenológico para psicoterapeutas
Voy a ganar
Sabiduría rural
Bong
Tres tesoros de la niñez
Todos somos Joaquín
Destinos de la vejez
Star Wars: una historia de apego
El derecho a fallar
Ana, la enfermera del mundo

7
8
SEBASTIÁN LEÓN

EL PSICOTERAPEUTA
COMO PERSONA
Apuntes personales
y profesionales

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EL PSICOTERAPEUTA COMO PERSONA
APUNTES PERSONALES Y PROFESIONALES
Primera edición: septiembre de 2016
© Sebastián León, 2016
Registro de Propiedad Intelectual
Nº 265.239
© RIL® editores, 2016
SEDE SANTIAGO:
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CP 7511055 Providencia

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ePub hecho en Chile • ePub made in Chile
ISBN 978-956-01-0289-8
Derechos reservados.

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NOTA PRELIMINAR
Este libro se puede leer de manera aislada o también como la continuación de los
anteriores, Diario clínico y Psicoterapia relacional y crianza respetuosa. Junto con
estos, El psicoterapeuta como persona compone una trilogía en la que, tanto por
estilo como por contenido, he buscado alejarme de la impronta académica de mis
primeros libros y acercarme a la experiencia más íntima, emocional y confesional de
la vida profesional y personal. Es esta última aparente dicotomía entre la persona y el
psicoterapeuta la que este libro pretende, precisamente, subvertir y diluir, mostrando
que en el oficio psicoterapéutico lo personal anida en el núcleo de lo profesional.
Como psicoterapeuta, soy ante todo persona: un ser humano disponible y abierto al
encuentro único, singular e irrepetible con otro ser humano. Allí, despojado de
corazas, con mi historia encarnada en mi cuerpo, con mis limitaciones, mis puntos
ciegos, mis sombras y unas pocas luces para transitar juntos por la aventura del
aprendizaje emocional compartido. Los datos y contextos de las historias clínicas
aquí incluidas han sido modificados por respeto a la confidencialidad de las personas
involucradas.

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NUESTROS «PILOTOS AUTOMÁTICOS»
Ayer Santi, mi hijo mayor (de cuatro años), se graduó del jardín infantil. Fue un lindo
momento, emotivo y cercano. Eso sí, yo estuve a punto de arruinarlo: sucede que
Santi (y en esto se parece más a la mamá que a mí) es algo tímido al inicio de una
interacción social, aunque luego se suelta y fluye. Entonces, no quería estar en el
escenario con los otros trece o catorce niños, frente a todos los padres, sin que su
mamá o yo estuviéramos a su lado.
Al principio, la Agu (mi mujer) se quedó a su lado en la ceremonia. Era el único
niño acompañado por su madre. Y yo, que sacaba fotos y cuidaba que Dante no se
subiera a la tarima, empecé a sentirme irritado (Dante es nuestro hijo menor, de dos
años, menos tímido y más centro de mesa, en esto quizás más parecido al padre):
¿cómo era posible que mi hijo fuera el único niño que no pudiera ser lo
suficientemente autónomo como para prescindir de la madre en su graduación? ¿No
es acaso una conducta excesivamente sobreprotectora y carente de límites que la Agu
siga ahí con él, sin ponerse firme y dejarlo solo, como los demás compañeritos?
Como la ceremonia había empezado, intenté hacerle entender esto a la Agu con
gestos, pero ella no estuvo de acuerdo. Entonces, aún irritado, fui donde ella y
cambiamos lugares: yo me quedé con Santi y ella con Dante. Y le dije a Santi que ya
estaba bueno, que podía quedarse solo arriba, que yo me iría. Él protestó y se aferró a
mí angustiado.
Fue en ese momento cuando algo en su carita me hizo clic: yo estaba forzando una
situación innecesaria. Estaba obligándolo a responder a mi expectativa. No pasaba
nada si su mamá o yo nos quedábamos con él. Nadie lo impedía. Era yo quien sentía
la necesidad de que mi hijo «no fallara», que actuara «perfecto», que fuera un
pequeño «alumno destacado o brillante».
Y claro: se había activado mi piloto automático. Cuando niño, yo era gordito, no
me iba tan bien en gimnasia, no tenía mucha destreza física ni manual, pero sostenía
mi autoestima en ser un «alumno destacado», casi siempre con buenas notas, por lo
general «bien portado», un niño que no daba problemas. Y, sin pensarlo, estaba
traspasándole mi premisa, mi piloto automático, mi chip emocional, a mi hijo.
Apenas vi su carita angustiada, fue como mirarme en sus ojos y reconocer que él
no era yo: que era otra persona, y que podía no responder a la expectativa ceremonial
que yo mismo me había autoimpuesto, sin que pasara nada. De hecho, todo resultó
lindo, recibió su diploma (con su preciosa carita de vergüenza) y luego jugó y comió
tranquilo y contento.
Hoy, mientras me duchaba, pensaba (siempre los pensamientos más importantes
aparecen en la ducha): qué importante es que aprendamos nosotros los padres a
reconocer nuestros propios «pilotos automáticos», nuestros mandatos e imperativos
que tienen que ver con nuestra historia, para no imponérselos a nuestros hijos.
Desde hoy, Santi y Dante, su papá es un poco más consciente del peligro de querer
hacer de ustedes «alumnos destacados», «bien portados», «escolarmente
impecables». Desde hoy, soy un poco más consciente que mi rol como padre no es
imponerles mis expectativas (neuróticas, como la mayoría de las expectativas), sino
facilitarles que ustedes, mis amados hijos, puedan llegar a ser quienes ustedes quieran

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ser.
Gracias, Agu, por ayudarme a darme cuenta. Los amo a los tres.
Papá.

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JACINTA, EL DINOSAURIO Y LA HORMIGA
Jacinta tiene 8 años. Hace cuatro meses, Claudia, su mamá, falleció producto de un
cáncer de mama. Junto con esto, Felipe, su papá, la trae a terapia porque «ha estado
súper agresiva en el colegio. La Jaci siempre ha sido líder, con una personalidad bien
potente, pero ahora está mucho más peleadora».
En nuestra segunda sesión juntos, le pido a Jacinta que haga un dibujo, lo que ella
quiera. Dibuja un dinosaurio. Yo le trazo un globo de diálogo al modo de los cómics,
para que ella lo llene con lo que el dinosaurio quiera decir. Lo completa con la
siguiente frase: «Yo soy el animal más fuerte, más grande. ¡Soy invencible, grrrr!».
Acto seguido, le pido que haga un segundo dibujo, que sea todo lo contrario del
dibujo anterior. Se queda pensando y luego dibuja una hormiga. Le hago el globo del
cómic y ella lo llena escribiendo lo siguiente: «Yo soy una pequeña insectita, soy
débil, tengo mucho miedo y me siento solita».
Le pregunto a la Jaci cuál sería ella, si el dinosaurio o la hormiguita. «El
dinosaurio, po, ¡obvio! Es bacán: grande, fuerte y no le puede pasar nada». Le
respondo: «¿Te cuento? Yo a veces me siento como el dinosaurio, fuerte, casi
invencible, y otras veces también me siento como la hormiguita, frágil, débil y
asustado. Por ejemplo, mi abuelita está súper enferma, está a punto de morirse, yo no
puedo hacer nada para que se sane y tengo miedo que cuando yo sea viejito sufra
tanto como ella… Ver así a mi abuelita me pone triste…».
Los ojos de Jacinta se extravían por unos segundos y su expresión facial cambia.
Me dice en voz baja: «¿Te cuento yo ahora mi secreto? Yo en las noches lloro por mi
mamita, pero me escondo en la almohada. Mi mami me dijo que yo tenía que ser
fuerte cuando ella no estuviera y yo no quiero llorar». Le respondo: «Yo entiendo a tu
mamá: ella ha querido lo mejor para ti. Yo estoy seguro de que ella te diría que a
veces puedes sentirte fuerte como un dinosaurio y otras veces puedes sentirte débil
como una hormiguita, necesitar llorar y querer que te abracen».
La Jaci suspira y me pregunta si puede pasar su papá. Felipe entra y ella se recuesta
en sus brazos, como un bebé. Y llora. Felipe le hace cariño con una mano, mientras
con la otra seca sus propias lágrimas. Mis ojos, como los de ellos, también se
inundan.

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LO QUE PUEDE EL SENTIMIENTO
Carla, de 32 años, me cuenta cómo falleció hace tres meses su pequeño de 4 años,
víctima de un feroz tumor cerebral. Recuerda su última sonrisa, la última vez que le
dijo «mami, me duele la cabecita…», su último llanto, su carita pálida al dormirse
para siempre… Mientras me relata con profundo pesar lo acontecido, siento en carne
propia su dolor, como una puñalada lenta y profunda, dolor que resuena multiplicado
en mis entrañas por tener yo mismo un hijo de la misma edad. No puedo evitar que
varias lágrimas se escapen de mis ojos. Le digo, con total honestidad: «Lo que me
cuentas es muy doloroso, me hiciste llorar…». Me responde: «No hay dolor más
grande… Gracias por no esconder lo que sientes… Por eso me cambié de
psicóloga… A la anterior, cuando le conté esto ni se inmutó, la sentí súper fría, me
hablaba de teorías del duelo, de cifras de niños con cáncer…». Ella me devuelve la
caja de pañuelos que yo le había pasado, para que ahora yo saque un pañuelo.
Pasarán ocho meses de trabajo emocional lento, doloroso, sentido. Le pregunto a
Carla, en su última sesión, qué fue lo más significativo para ella en su terapia de
duelo. Me señala: «Sentirte conectado con mi dolor, sin esconder lo que sentías…
Confiar en que estaba hablándole a una persona viva, capaz de escucharme y
emocionarse conmigo, y no a un libro o a una pared…». Nos abrazamos y nos
despedimos con mucho cariño.
Gracias, Carla, por enseñarme en carne propia las palabras de Violeta Parra: lo que
puede el sentimiento, no lo ha podido el saber.

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JAVIERA O LA NIÑA DEL MACETERO
Javiera, de seis años, llega enviada por el colegio. Sucede que rompe todo lo que
encuentra a su paso, especialmente receptáculos, como vasos, cajas y floreros. Javiera
apenas se comunica verbalmente: si bien sabe y puede hablar, más bien grita, unas
veces de rabia; otras, de angustia.
Hija de padres sumidos en el alcohol y las drogas, Javiera era encerrada sola en su
casa desde los dos hasta los cuatro años, todo el día, mientras los padres oscilaban
entre trabajos esporádicos, robos y consumo de sustancias. Al cuidado de una tía
abuela desde los cinco años, cambió su encierro cruel y solitario por una violencia
desatada.
La primera vez que la veo, rompe un macetero de greda que yo tengo en la sala de
espera. Mientras yo recojo los pedazos, ella me golpea en la espalda. La sostengo con
un fuerte abrazo, por algunos minutos, hasta que deja de hacer fuerza y se pone a
llorar. Le seco sus lágrimas con un pañuelo. Me mira y me dice: «Soy mala». Le
sonrío y le digo: «Eres una niña… Y creo que necesitas asustarme, quizás porque tú
misma estás asustada». Javiera suspira, pero luego vuelve a pegarme y me escupe.
Durante varias sesiones, Javiera arroja todos los juguetes fuera de la caja y me los
tira. Al principio con rabia y gradualmente en forma de juego compartido. Incluso
ella misma me pasa un cojín para que lo ocupe como escudo.
Recién después de tres o cuatro meses, Javiera empieza a hablarme: no sin
dificultad, me cuenta que encontró un perrito abandonado en la calle y que lo llevó a
su casa y le dio comida. Acto seguido me pide un vaso de agua. Se lo doy y por
primera vez me dice «gracias». En el colegio, su agresividad está disminuyendo.
Casi un año más tarde, Javiera, en su última sesión conmigo, recuerda el macetero
que rompió la primera vez que nos vimos. Le señalo que tengo los pedazos
guardados. Se sorprende, me los pide y me pregunta si la puedo ayudar a pegar los
pedazos con cinta adhesiva. Así lo hacemos, durante casi toda la hora, en concentrado
y sereno silencio. Al despedirse, Javiera me abraza y me pide si le puedo regalar el
macetero reparado, a lo cual accedo.
Meses después, la veo en una reunión de seguimiento y Javiera llega con su tía
abuela (a quien ahora le dice «mami»), con un diploma al esfuerzo académico y con
una planta que ha crecido en el macetero que reparamos juntos. «Te vengo a devolver
el macetero y a regalarte esta planta, yo sé que tú la vas a cuidar», me dice. Javiera
deja caer una lágrima. Le agradezco, le hago una pequeña caricia en la cabeza y nos
despedimos.

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LLEGAR TARDE
Rafael tiene 28 años. Llega a consultar porque su pareja, Patricia, de 26 años, se
suicidó hace 2 meses. Rafael no puede lidiar con su propia tristeza: «Yo sabía que
estaba deprimida, pero jamás pensé que se quitaría la vida…».
El trabajo con Rafael no es fácil, especialmente porque siempre llega muy tarde a
las sesiones, con lo cual nos queda poco tiempo para hablar (pese a que muchas veces
le doy tiempo adicional). Hemos hablado de sus atrasos asumiendo que hay un lado
suyo que quiere abrir su dolor y otro lado que se resiste a hacerlo.
En una sesión, a la que llega 30 minutos tarde, le pregunto: «¿Recuerdas si hay
algún otro contexto en el que te haya pasado esto de llegar tarde?». Su mirada se
pierde hacia la ventana, luego me mira a los ojos y rompe a llorar: «Yo llegué tarde
ese día… Me demoré leyendo el diario por internet en mi oficina… Si hubiera
llegado más temprano, la Pati no habría alcanzado a lanzarse por la ventana del
departamento… Habría estado yo para impedirlo… Me siento tan culpable…».
Rafael llora desconsoladamente. Por primera vez, pudimos entender juntos que su
«llegar tarde» no era solo señal de su dificultad para hablar de asuntos dolorosos, sino
también la escenificación de un mensaje simbólico, la comunicación de un
sentimiento de culpa hasta ese momento inconsciente.
Desde esa sesión en adelante, Rafael comenzó a llegar a la hora y pudimos elaborar
juntos todos los sentimientos involucrados en su trágico duelo: la pena, la rabia, el
miedo, la soledad y la culpa.

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CUADERNO DE TERAPIA:
UN DIARIO DE VIDA EMOCIONAL

A Martina, de 8 años, se le murió su papá hace cuatro meses, en un accidente de auto.


Marcela, su madre, la trae a terapia «para que pueda expresar lo que siente, porque no
habla del tema: no ha llorado, no se ha enojado… Solo volvió a hacerse pipí en la
noche». La propia madre suele llorar mucho, siendo Martina (única hija) quien la
consuela. Sugiero psicoterapia individual para la madre (con otro psicoterapeuta),
quien acepta.
Tempranamente en su terapia, le ofrezco a Martina y a su mamá que puedan hacer
un cuaderno, llamado simplemente «Papá», donde la niña pueda escribir, dibujar,
pegar recortes o lo que quiera y cuando quiera.
Lo primero que trae Martina en su cuaderno es una gran cruz en la primera página,
en forma de equis. Le pregunto por su dibujo y me dice: «En este cuaderno está
prohibido escribir que echo de menos a mi papá». Le pregunto por qué, pero no me
contesta. Entonces yo dibujo una equis chiquitita al lado de la grande que hizo ella.
La invito a contar juntos una historia:
—Había una vez una equis grande y una equis chica… —le digo.
—La equis grande estaba muy triste… —me responde Martina —. Y la equis chica
siente que… —agrego yo—, …que tiene que portarse bien para que su mamá no esté
más triste —concluye Martina. A partir de este dibujo e historia, pudimos
comprender juntos que ella contenía su pena para proteger a su mamá. Su única vía
de descarga era el pipí, sustituto de las lágrimas «prohibidas». Poco a poco, pudo ir
abriéndose y expresar su dolor, mientras paralelamente la madre iba encontrando
contención en su psicoterapia, en lugar de hacerlo en su hija. Luego de algunas
semanas, la enuresis secundaria gradualmente remitió.
En nuestra última sesión, meses más tarde, Martina me pide llevarse su cuaderno.
«Lo quiero guardar con llave. Es mi tesoro. He pensado en sacarle una copia y
dejársela a mi papi en el cementerio. Él ya no está fuera, no lo puedo ver, pero lo
llevo siempre dentro, conmigo».
En los encuentros terapéuticos con Martina, el cuaderno de terapia fue una
herramienta clave, que funcionó como «cuaderno de duelo». En muchas otras
situaciones de duelo, con otros consultantes, también ha sido útil. Pero no solo en
casos de pérdidas afectivas, sino también, y más en general, a modo de bitácora del
tratamiento. Como un verdadero diario de vida emocional.

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CUANDO ESTAR «MAL» ESTÁ BIEN
Mateo tiene 8 años, es hijo único y siempre lleva una sonrisa en la cara. Sin embargo,
desde hace casi dos años, sufre fuertes dolores estomacales, sin correlato médico,
calificados como «tensionales» por su pediatra. Empieza una psicoterapia. Al poco
andar, el colegio no entiende por qué ahora su sonrisa se transformó en enojo y en
tristeza. «Veo que está mal… Pareciera estar peor desde que empezó la terapia: antes
era amable y tranquilo, aunque iba todos los días a la enfermería por el dolor de
guata. Ahora ya no va a la enfermería, pero en la sala de clases pasa enojado y triste»,
dice su profesora, preocupada. Le explico mi comprensión: Mateo ha empezado a
sacar afuera la rabia y la pena que tenía retenida en sus entrañas: sus padres se
separaron hace dos años, su papá se emparejó hace seis meses con otra mujer y él se
siente muy solo, triste y enojado.
Pasan diez meses de psicoterapia, donde hablamos, dibujamos, contamos historias
y jugamos. También me junto periódicamente con los padres y mantengo mi contacto
con el colegio. En la última sesión, Mateo me dice: «Ahora puedo decirles a mis
papás cuando me siento mal, cuando tengo rabia por algo o cuando me da pena.
Antes no me atrevía, porque los veía tan mal a ellos que no quería darles más
problemas». Le digo: «O sea que antes te tragabas tanto la pena y la rabia, que te
llegaba a doler la guata…». Mateo se queda pensando, con la mirada en el horizonte.
Luego asiente, sonríe y suspira. La sonrisa ha vuelto a su cara, menos permanente que
antes, pero ya no a costa de su dolor estomacal.

19
SER PADRES: UNA OPORTUNIDAD
PARA SANAR LA INFANCIA

Macarena tiene 36 años. Apenas entra a mi consulta, rompe a llorar: «Nunca pensé
que sería madre… Siempre me aterró la idea de tener tanta responsabilidad en mis
manos… Mi miedo más grande con la maternidad es repetir los errores de mi mamá:
ella fue muy violenta conmigo, todo lo resolvía con golpes… Siento que yo no pude
ser niña, no pude explorar, descubrir, porque cada pequeño error o travesura, era un
charchazo…». Macarena es ahora madre de Facundo, un niño de dos años, a quien
adora. Sin embargo, ser madre la aterra: los fantasmas del sufrimiento de su propia
infancia no la dejan en paz. «Vengo a terapia a espantar esos miedos, a sanar a mi
niña interior, para poder criar al Facu con amor y sin violencia».
Esteban tiene 31 años. A los pocos días de haberse enterado de que su pareja
espera un hijo de él, comenzó a tener crisis de pánico: «Es una sensación horrible, un
miedo inmenso a morirme, una sensación de ahogo gigante. Lo raro es que es algo
que con la Fran venimos buscando desde hace un año, entonces no entiendo este
miedo tan raro…». Le pregunto por su propia infancia, si existe algo que haya vivido
y que le asusta que pueda vivir su hijo o hija. Se queda pensando y noto cómo seca
rápidamente con su puño una lágrima que cae hacia su mejilla: «Nunca he hablado
esto con nadie… Pero un tío mío que es bueno para el trago me tocó varias veces
cuando niño, cuando tenía como seis o siete años… También hacía que yo lo
tocara…». Llora. Ahora su llanto es como el llanto contenido del pequeño Esteban de
seis o siete años. «Nunca hablé, porque yo sentía que yo también era culpable, no sé
por qué. Sentía que era algo sucio, que no podía hablar con nadie. Nunca lloré
tampoco… Es primera vez… Pero ahora que hablo esto contigo, me doy cuenta de
que siempre he sentido, quizás inconscientemente, un miedo terrible a abusar yo
sexualmente de mis hijos…».
La maternidad y la paternidad son una hermosa (aunque difícil) oportunidad para
reparar nuestras propias heridas infantiles, para así convertirnos en madres y padres
libres de fantasmas y disponibles para amar sin obstáculos ni condiciones.

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LAS FUNCIONES DE LOS HIJOS
Hijos pilares: hijo o hija cuya función es hacerse fuerte para sostener a padres frágiles
o enfermos.
Hijos mariditos: hijo o hija cuya función es ocupar el lugar de la pareja ausente de
la madre.
Hijos estrellas: hijo o hija cuya función es brillar y cumplir las altas expectativas de
los padres.
Hijos ansiolíticos: hijo o hija cuya función es calmar a la madre y/o al padre.
Hijos antidepresivos: hijo o hija cuya función es aliviar la depresión materna y/o
paterna.
Una psicoterapia puede ayudar a que los hijos se desprendan de estas (u otras)
funciones y puedan vivir sus propias vidas de manera más libre y liviana; asimismo,
una psicoterapia puede ayudar a los padres a hacerse cargo y resolver sus propios
conflictos para dejar de proyectarlos en sus hijos.

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MIS SIETE PSICOTERAPIAS
Para algunas personas, estar o haber estado en psicoterapia es algo secreto,
vergonzoso, casi tabú. Para mí, acaso por sesgo profesional, se trata de una
experiencia noble, profunda y enriquecedora. No de algo que esconder, sino de algo
que celebrar. Y no lo digo en mi calidad de psicoterapeuta, sino más bien desde mi
vivencia como paciente. En efecto, yo mismo he estado siete veces en psicoterapia,
en calidad de consultante. Tres veces en terapias sistémicas, dos en terapias
humanistas, una en terapia psicoanalítica y una en terapia cognitivo-conductual. He
terminado cinco procesos (uno de largos años, un par de varios meses, algunos de
pocas sesiones) e interrumpido al poco tiempo otros dos.
¿Qué rescato o conservo de cada una de esas experiencias? De mi primera terapia,
que fue psicoanalítica, rescato el apoyo y la presencia de mi terapeuta en los
momentos más difíciles. De la segunda, que fue sistémica, rescato la herramienta de
la escultura, que me quedó grabada para siempre y que yo mismo utilizo a mi manera.
De la tercera, que fue humanista, guardo el recuerdo de la calidad humana y la
capacidad de mi terapeuta para conmoverse emocionalmente, sin tapujos ni máscaras.
De la cuarta terapia, que fue cognitivo-conductual, conservo la ingrata memoria de
tener que responder un cuestionario larguísimo e impersonal para la segunda o tercera
sesión, después de lo cual no volví. De la quinta, que fue sistémica, conservo el sabor
agrio de la ironía burlesca del terapeuta, que me llevó a interrumpir prontamente el
proceso. De la sexta, también sistémica, me quedo con la experiencia de un espacio
de ayuda para poder entender que mi verdad no es la del otro. De la séptima, que fue
humanista, me quedo con el aprendizaje de que no todo es psicológico, y que a veces
vale la pena dejar de darles vueltas a las cosas y pasar a la acción.
A algunas de estas terapias llegué en crisis emocional (particularmente a la
primera); a otras, con una motivación de descubrimiento, exploración y aprendizaje.
Todas a su manera, con lo bueno y lo malo, forman parte de mi experiencia como
persona y como profesional. Cada una de mis siete psicoterapias me ha enseñado algo
que atesoro para mi práctica clínica y, especialmente, para mi vida cotidiana.
Ciertamente, no descarto en absoluto tocar la puerta de una octava terapia, o de una
novena o décima. Y no por mera «dependencia» o adicción a la psicoterapia, sino por
interdependencia y autoconocimiento. Además, parece que soy un hueso duro de
roer: mis defectos tienen fama de intratables. O para decirlo con palabras más dulces:
el trabajo personal es tan vasto como estimulante, tan profundo como infinito.

22
TRES NOTAS MENTALES PARA
PSICOTERAPEUTAS

1) Adapta tu técnica al paciente y no el paciente a tu técnica.


2) Escucha la historia singular del otro, sin taponearla con etiquetas diagnósticas
ni respuestas de manual.
3) Acepta y valida la diferencia y diversidad que te muestra tu paciente, sin
intentar reducirlas a tus propios ideales.

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PSICOTERAPIA: CRECER JUNTOS
Cada vez que empiezo una psicoterapia con alguna persona que me consulta, me
preparo para un viaje de a dos, bipersonal y bidireccional, sin saber del todo cuál será
nuestro puerto de destino. Me abro a la posibilidad de que, en el proceso de
acompañar el cambio en otra persona, habrá también aspectos de mí mismo que irán,
inevitable y favorablemente, cambiando. Toda psicoterapia es un encuentro humano
mutuo y recíproco: sin olvidar que el foco es facilitar el crecimiento emocional del
otro, sucede que la profunda autenticidad del trabajo terapéutico suele resultar en una
experiencia transformadora tanto para el paciente como para el terapeuta.

24
TEORÍAS: PUENTES Y NO MURALLAS
¿Es posible que una persona con estructura limítrofe pase a tener estructura
neurótica? ¿Es factible que una persona con estilo de apego evitativo o ambivalente
llegue a desarrollar un estilo de apego seguro? Estas preguntas, en mi opinión,
reflejan la estrechez de las teorías. Los modelos psicopatológicos son siempre mapas,
que nunca llegan a dar cuenta de la complejidad y singularidad del territorio de una
vida humana. Las teorías son brújulas útiles, que nos sirven para ayudar a iluminar
los laberintos de la experiencia del otro. Pero cuando las cosificamos y creemos en
ellas como si fueran un texto sagrado, entonces se vuelven muros que nos impiden o
dificultan el contacto con la persona que tenemos frente a nosotros. La vida, tanto
como la psicoterapia, es mucho más fluida que las teorías, que suelen volverse rígidas
o sólidas con el paso del tiempo. Desde Heráclito a los fenomenólogos modernos,
algunos adelantados ya lo han advertido. Conclusión: usemos los modelos teóricos y
psicopatológicos, incluso los manuales técnicos, como mapas para orientarnos, pero
nunca los confundamos con la irreductible riqueza de la experiencia humana. Que las
teorías sean puentes y no murallas.

25
EL TRUCO
Antonia tiene 12 años, es muy inteligente, pero también muy ansiosa. Nunca termina
las pruebas, porque se queda obsesionada con las preguntas que no puede resolver. Al
final, saca malas notas, se frustra y se enrabia. Lo cual hace que llegue a la prueba
siguiente más ansiosa, que se quede pegada en una pregunta y que el circulo vicioso
se repita. Yo le comento que, cuando yo estaba en el colegio, tenía un truco: dejaba
las preguntas difíciles para el final. Si me estaba demorando mucho en resolver un
problema, lo encerraba en un círculo y pasaba al siguiente. Si me sobraba tiempo,
volvía a intentar. Antonia me dice: «¡Oye, psicólogo, esa es una buena idea!». Pocas
semanas después, luego del período de pruebas, los papás me dicen, sorprendidos,
que esta vez Antonia no tuvo ansiedad y pudo terminar casi todas las evaluaciones.
«Es que ahora tengo un truco: las difíciles las dejo para el final», dice ella. Los papás
me cuentan que ya no se frustra ni enrabia por sus malas notas. De hecho, las ha
mejorado. Conclusión: no todo problema que llega a una consulta psicológica tiene
que tener una explicación emocional y profunda. A veces basta una sugerencia desde
el sentido común para que el resto de las cosas vuelvan a funcionar. Usar la propia
experiencia, en estos casos, suele ser una buena brújula para ayudar a nuestros
pacientes.

26
SOLTAR LA AUTOEXIGENCIA
Pocas veces en mi vida he ido a un congreso como asistente y no bajo la presión
(generalmente autoimpuesta) de ir como expositor. Confieso que, por mis propios
defectos, recién estoy aprendiendo a soltar esa autoexigencia. Me he demorado
bastante. Esta vez voy a mi próximo congreso internacional a aprender nuevas
herramientas para mi trabajo clínico ¡y también a pasarlo bien!: por fin le haré una
finta al estrés del conferencista. ¿Será el anuncio de la crisis de los 40? Con mi mujer
y los niños incluidos, patiperreando en familia, como tanto nos gusta. Iré a las
conferencias plenarias (que están bastante interesantes), y el resto a pasear. ¡Allá
vamos!

27
DEL MALTRATO AL BUEN TRATO
Hoy, justo después de grabar un pequeño video de mi hijo de cuatro años
aprendiendo a contar en inglés, me llega un video de un niño maltratado mientras
busca aprender matemáticas. Me conmuevo y pienso: para pasar del maltrato al buen
trato, es necesario más educación para los padres y más respeto para los hijos. Quizás
también un acompañamiento psicoterapéutico parental, para romper con los patrones
violentos aprendidos.

28
BUEN TRATO A LA INFANCIA:
ACEPTACIÓN INCONDICIONAL

El buen trato infantil está basado en la aceptación incondicional del niño como
persona, así como en la satisfacción de sus necesidades emocionales. La respuesta
empática a la conducta del niño va construyendo en él o en ella una sensación de
validación, orgullo y valoración de sus cualidades personales, fuente de una
autoestima positiva. El maltrato infantil está basado en el condicionamiento de la
aceptación del niño de acuerdo a sus conductas, así como en la imposición de las
necesidades y expectativas del adulto por sobre las necesidades emocionales
infantiles. La falta de respuesta empática a la conducta del niño va construyendo en él
o en ella una sensación de invalidación, vergüenza y rechazo de sus cualidades
personales, fuente de una autoestima negativa.

29
LA INFANCIA ROBADA
Leo un texto acerca de «fomentar la responsabilidad en los niños asignándoles tareas
domésticas de acuerdo a su edad: de 2 a 3 años, doblar su ropa limpia y poner la mesa
(y otras cinco tareas domésticas); de 4 a 5 años, pasar la aspiradora y limpiar la mesa
de la cocina (y otras cinco tareas domésticas); de 6 a 7 años, lavar la loza y regar el
pasto (y otras cinco tareas domésticas); de 8 a 9 años, lavar la ropa y cocinar (y otras
cinco tareas domésticas)». La mayoría de las personas opina que este adiestramiento
es positivo, porque se trata de «formar a los niños en rigor y disciplina», para que de
adultos no sean «inútiles, irresponsables ni mediocres». Me declaro, entonces, parte
de la escasa minoría: en mi opinión, el único deber de los niños preescolares es jugar.
Y en el caso de los niños en etapa escolar, con las responsabilidades del colegio (y su
aberrante jornada completa) tienen de sobra. Podemos pedirles ayuda con las tareas
domésticas, claro está, mejor incluso si es de manera lúdica. Pero no estoy de acuerdo
con que esas tareas pasen a ser responsabilidades o deberes de ellos. Ciertamente, es
importante que los niños y niñas tengan límites y responsabilidades. Yo me refiero a
no cargarlos a ellos con las tareas domésticas como si fueran de su exclusividad, a no
adultizarlos. Vivimos inmersos en el patriarcado y en el adultocentrismo, ideologías
que sobrevaloran la autonomía. Deberíamos darle más lugar al reconocimiento de la
dependencia emocional infantil y a la interdependencia humana. Más amor, menos
sobreexigencia. Más respeto a las necesidades infantiles, menos imposición de
ideologías adultocéntricas. No les robemos la infancia a nuestros niños.

30
PRIORIDADES
Hay personas que ahorran (o se endeudan) para comprarse un auto, y me parece
respetable. Yo prefiero publicar libros, y me siento feliz con mis prioridades. Este
año, verán la luz mis libros Diario clínico: cuadernos de un psicoterapeuta,
Psicoterapia relacional y crianza respetuosa, Santiago en 100 poemas y Antología
poética. Dos de psicología y dos de poesía. Quien haya publicado libros de manera
independiente sabe que el asunto está lejos de ser un «negocio» y que se trata mucho
más de un esfuerzo personal por crear algo nuevo y contribuir, aunque sea en un
grado ínfimo, a la reserva cultural de la especie humana. Acabo de concretar con la
editorial el acuerdo de publicación por el cuarto libro para este año. ¡Contento!

31
UNO
«Uno busca lleno de esperanzas… lucha y se desangra», dice el viejo tango,
testimoniando el uso tradicional y coloquial del lenguaje. Heidegger, el filósofo, ya
hablaba del «se» impersonal para referirse a cómo las personas solemos distanciarnos
del contacto con nuestra existencia auténtica y en primera persona: «Uno se siente
mal con estas cosas», «uno piensa que se va a morir», etc. En mi experiencia clínica,
cuando me encuentro con esta situación, suelo invitar a las personas que me consultan
a realizar el ejercicio de cambiar el «uno» y el «se» por el «yo siento» y el «yo
pienso». Esto conlleva comenzar a dejar de considerar los propios sentimientos y
pensamientos como externos y ajenos, a través de un pequeño giro verbal que nos
permite empezar a reapropiarnos de nuestra experiencia emocional, hacernos cargo,
tomar contacto con lo genuino y auténtico de nuestra vivencia, por dolorosa que sea.
Parece un detalle, pero no lo es. Menos «uno se» (impersonal y anónimo), más «yo
siento» (personal y encarnado). Haga usted la prueba. Uno se siente diferente. O
mejor dicho: yo me siento diferente.

32
DE FÚTBOL Y PSICOTERAPIA
El fútbol, como la psicoterapia, es un trabajo en equipo, una experiencia que abunda
en tristezas y alegrías, un espacio de liberación de pasiones ocultas y emociones
reprimidas, un contexto relacional donde suele habitar lo sorpresivo y lo
impredecible.

33
ESGUINCE EMOCIONAL
Lesión psicológica sufrida por una persona en su infancia (por lo general de parte de
sus padres o cuidadores), que en la adultez le impide o dificulta caminar por la vida
de manera suficientemente facilitada o expedita. Muchos adultos llegan a psicoterapia
para tratar o curar sus esguinces emocionales. Esto implica considerar al
psicoterapeuta como un psicotraumatólogo, preocupado por identificar y contribuir a
sanar los traumas emocionales de sus pacientes. ¿Y tú?, ¿sufres de esguinces
emocionales que hacen más difícil tu caminar por la vida? Quizás llegó el tiempo de
detenerte y buscar un espacio de cuidado. Más vale tarde que nunca. Y más vale
temprano que tarde.

34
LAS CARTAS EN PSICOTERAPIA
Cada vez con más frecuencia, ocupo en mi práctica clínica la herramienta narrativa de
las cartas. Al principio me salía improvisadamente, después investigué y supe que
estaba (por fortuna) lejos de ser el primero con esa intuición clínica. Por ejemplo: si
identifico que el problema central de una persona es su relación con su padre, le pido
tempranamente que escriba una carta a su papá, no para entregársela a él, sino para
que pueda leerla en su terapia. Lo mismo si se trata de la madre, de un hermano, de la
ex pareja, de un hijo, de un amigo o de un jefe. La carta tiene dos momentos
terapéuticos: escribirla (de la manera más auténtica, libre y sin censura posible) y
leerla (sacar la voz de los afectos guardados frente al terapeuta como testigo
emocional que valida la experiencia). Creo que ocupar este recurso me ha ahorrado
varias sesiones con mis consultantes. Es una de mis «tareas terapéuticas» favoritas.
¿Tienes algún conflicto no resuelto con alguna persona significativa? Prueba
escribirle una carta y leerla a otra persona de confianza. Y conversar el tema juntos.
No es imperativo que esto lleve a restablecer un vínculo en la vida cotidiana. De
hecho, muchas cartas son dirigidas a personas ya fallecidas. De lo que se trata, más
bien, es de la elaboración interna de dicho lazo emocional y relacional. Si eso
repercute en el vínculo real, está muy bien; si no, probablemente también se habrá
avanzado lo suficiente.

35
EL AMOR SEGÚN MI HIJO DE CUATRO AÑOS
«Papá, esos dos hombres son amigos y pololos. Se quieren mucho, se están casando.
Los pololos pueden ser hombre con mujer, mujer con mujer, hombre con hombre. Si
se quieren, se tratan bien, no se pegan ni se dicen huevón, que es una palabra fea».

36
LO VERDADERAMENTE IMPORTANTE
De vez en cuando, la vida nos regala oportunidades para aprender a distinguir entre lo
verdaderamente importante y lo coyuntural o accesorio. Hoy, nos sucedió como
familia una de esas ocasiones. En el aeropuerto, a un par de horas de viajar a Canadá
con casi todo pagado, mi mujer se dio cuenta de que no sacó su visa para viajar. No
puede entrar a ese país. La idea era viajar los cuatro. Teníamos todo listo.
Confieso que tuve una primera reacción de shock y de bronca: había trabajado muy
duro para que esto fuera posible. Después, pensé irme solo. Incluso empecé a
reordenar mi maleta. Mi hijo mayor se puso a llorar y entonces abrí los ojos: esto nos
divide (me enfurezco con mi mujer y me voy solo, dejando incluso a mis hijos) o nos
fortalece como pareja y familia. Les expliqué a mis hijos que nos faltaba un papelito
para viajar, pero que trataríamos de viajar juntos otro día, a Canadá o a otro lado, y
que hoy haríamos algo muy divertido, lo que más les gusta: andar en metro, y de
noche, en un paseo súper misterioso. Mi hijo mayor (el menor no alcanzó a entender
demasiado) cambió la cara: esbozó una sonrisa y yo sequé la lagrimita que caía por su
mejilla. Vi la expresión culposa de mi mujer, que me decía: «Soy la peor, me quiero
matar». La abracé y le di un beso, mientras ella lloraba.
Igual, mientras escribo esto quizás como terapia, todavía siento algo de frustración
y de rabia, cómo no, soy humano. Pero también ahora pienso: si nuestro gran
problema en la vida es postergar un viaje de placer, quiere decir que somos
demasiado afortunados. No tenemos que luchar contra la pobreza, ni contra el
hambre, ni contra el frío, ni contra la enfermedad incurable, ni contra el desamor
desgarrado.
Hoy no pudimos viajar al otro lado del mundo, pero soy un poco más consciente de
todo lo que tengo: el inmenso amor de mi mujer y de mis hijos, una salud más que
suficiente, un trabajo que amo y que me regala una situación económica privilegiada.
Y el viaje postergado quedará en el libro de las anécdotas familiares.
Quiero decirle una vez más a mi mujer, que todavía siente culpa y vergüenza, que
la entiendo, que la amo y que para eso estamos juntos: para ser compañeros. En el
viaje de la vida, más allá del viaje de turno.
Conclusión: de vez en cuando, la vida nos regala oportunidades para aprender a
distinguir entre lo verdaderamente importante y lo coyuntural o accesorio.

37
EL PADRE DE HOY
«El padre de hoy participa activamente en la crianza, en un rol cada vez más
igualitario con la madre». ¿Realidad cotidiana o discurso políticamente correcto?

38
EL «DÍA DEL PADRE AUSENTE»
En este Día del Padre, pienso en todos los niños y niñas que no tienen a quién
saludar: en los hijos de padres ausentes, en las hijas de hombres que jamás
aparecieron, de progenitores que les prometieron el cielo y les fallaron una y otra vez.
Pienso, también, en esas madres que tuvieron que ser también padres,
multiplicándose cada día hasta el cansancio para sacar adelante a su familia. Pienso
en esos hijos del abandono y en esas hijas del dolor, y en esas madres que han criado
en soledad y en sacrificio. En una fecha que para muchos es el «Día del Padre
Ausente», mi abrazo es para todos ellos.

39
PRINCIPIO PSICOGÁSTRICO
La vida es como una empanada de pino: lo que no se digiere, se repite.

40
MI MANERA DE ENTENDER
LA PSICOTERAPIA

Mi manera actual de entender y ejercer el oficio de la psicoterapia puede resumirse en


tres principios clínicos: apertura, diálogo y diversidad. A nivel del uso de la teoría,
intento evitar una postura dogmática y busco establecer puentes entre diversas
corrientes psicoterapéuticas, así como lazos con otras disciplinas. En cuanto a la
práctica clínica, procuro sostener una posición de apertura, esto es, una actitud de
honestidad personal y de autenticidad profesional, en una relación de mutualidad y de
diálogo, de seguridad y de confianza, de respeto hacia la diversidad del otro, de
reconocimiento de sus propios recursos y de transparencia responsable respecto a mis
propios sentimientos y pensamientos. Hago lo posible por evitar encerrarme en un
refugio autista de hermetismo y anonimato. Busco más apertura y menos cierre, más
diálogo y menos monólogo, más diversidad y menos uniformidad.

41
LA PARADOJA DE LA PSICOTERAPIA
Empezar una psicoterapia para volverse más fuerte y terminar aceptando la propia
vulnerabilidad.

42
SUJETO SUPUESTO SABER
En mi opinión, es ingenuo (e incluso hipócrita) negar que hay un saber técnico en el
psicoterapeuta; otra cosa es decir que es un «experto en subjetividad». El paciente es
experto en su vida y en su historia (salvo en aquellos puntos ciegos que lo llevan a
consultar). El que más habló del «sujeto supuesto saber» (Lacan) fue precisamente
quien más abusó de su «experticia», «saber» y poder, interrumpiendo sesiones a su
arbitrio.

43
LA BELLEZA DE MORIR
La muerte es el límite que le da sentido a la vida. La pesadilla no es la finitud, sino la
inmortalidad. Comprender la belleza de nuestra transitoriedad nos ayuda a soltar la
lucha contra el paso del tiempo.

44
ELOGIO DEL PLURALISMO
Me gusta la idea del pluralismo: que puedan convivir múltiples realidades diferentes
en un espacio común y en una relación de mutuo respeto y reconocimiento, sin por
ello sacrificar su valiosa diversidad. Por eso, discrepo de la soberbia del ateísmo,
cuando transforma su creencia (o descreencia) en dogma y descalificación de los
creyentes; discrepo, también, del fundamentalismo religioso, otra forma de
dogmatismo o sectarismo, que plantea su propia perspectiva como única realidad.
Sería lindo, en lugar de hablar de «la fe», hablar de «las fes»: así, en plural y con
minúsculas. Algo como lo que sucede con el amor: yo puedo sentir y estar
convencido de que mi pareja es la mejor mujer del mundo, pero si mi vecino le dice a
su pareja que ella es la mejor del mundo, no me pongo a discutir con él, sino que
celebro su amor. Los mundos plurales me parecen mucho más atractivos, interesantes
y habitables que el mundo singular del dogmatismo de turno. Menos dogma, más
pluralismo.

45
ACÁ
Ayudar, crear, aprender. Estar acá, en el presente y con el otro, conectados y
descubriendo. Mi trabajo es acá, y eso es lo que más me gusta. Ayudar a las personas.
Crear ideas nuevas. Aprender enseñando.

46
CONTRA EL DOGMATISMO TEÓRICO
No soy partidario de ninguna «escuela» de psicoterapia o de psicoanálisis que lleve
un nombre propio, como «freudiana», «lacaniana» o «kleiniana». Seguir como
discípulos a una sola y única persona que haga de gran maestro me parece el mejor
camino a una secta. La vía regia a la sobrevaloración de lo mismo y la descalificación
de lo otro. Lo confieso: soy particularmente alérgico a los dogmas. Otra cosa es
hablar de «psicoanálisis pulsional», «teoría de la falta de objeto» o «modelo de
relaciones objetales». Los conceptos llaman a ser discutidos y cuestionados,
interrogados y debatidos, transformados y recreados. Los autores, en cambio, llaman
a ser idolatrados y repetidos. No reduzcamos las teorías a sus autores: midámoslas
por sus propuestas conceptuales y sus alcances clínicos. Menos escuelas sectarias,
más corrientes de pensamiento.

47
¿QUIÉN ES EL PACIENTE Y QUIÉN
EL PSICOTERAPEUTA?

La mayor virtud que puede tener un psicoterapeuta es ser paciente y comprender que
el verdadero psicoterapeuta siempre es el propio paciente.

48
RIGIDEZ POR FLEXIBILIDAD
Tip para disfrutar más de la vida: cambia la rigidez por la flexibilidad. Funciona.

49
CURA DE AMOR
—Mi hijo de cinco años se pegó en su rodilla, lloraba de dolor y no podía ni mover la
pierna. Le dije que tenía un remedio para eso y le puse… ¡jabón líquido! A los pocos
segundos, ocurrió el milagro: dejó de llorar y empezó a mover la pierna normalmente.
Obvio que nunca le había dolido. Los niños lo exageran todo: son excelentes actores.
—Yo creo que no fue él quien actuó, sino que actuó tu amor: el amor de mamá
cura como una pomada milagrosa.

50
RELACIÓN DE PAREJA Y CARENCIAS
AFECTIVAS INFANTILES

Tip para una mejor vida en pareja: en lugar de exigirle a tu pareja que compense tus
propias carencias afectivas infantiles, busca una psicoterapia.

51
NO EXISTEN LOS DEPRESIVOS
No existen los depresivos, ni los esquizofrénicos, ni los bipolares, ni los limítrofes.
Existen personas. Personas con historias de vida, personas con recursos y
capacidades, personas con vulnerabilidades. Llegó la hora de quitarse las etiquetas.

52
BUEN TRATO INFANTIL Y
FELICIDAD ADULTA

Nada hay más valioso que el buen trato a la infancia. Es el mayor predictor de la
felicidad adulta.

53
CRIANZA NATURAL
La «crianza natural» no es aquella practicada por padres naturistas, vegetarianos,
veganos o hippies. No es una versión extrema e hiperecológica de la crianza
respetuosa. La crianza natural es una aproximación a la parentalidad que parte de la
premisa de que la satisfacción de las necesidades físicas y emocionales básicas del
bebé por parte de sus cuidadores es una conducta facilitada por la evolución natural,
que favorece la supervivencia y conservación de la especie. Amamantar, tomar a los
niños en brazos, calmar su llanto, acompañar su dormir, aceptar su dependencia,
comprender sus celos, no apurar ni demorar sus logros evolutivos: todos estos son
ejemplos de un ambiente facilitador de los procesos naturales del desarrollo físico y
emocional de los hijos. El opuesto de una crianza natural es una crianza artificial o
antinatural, centrada en la imposición de mandatos culturales patriarcales y
adultocéntricos, alejados de las necesidades evolutivas de los niños. Desconsiderar el
valor de la lactancia materna, no tomar a los niños en brazos, dejar que lloren, no
acompañar su dormir, rechazar su dependencia, reprender sus celos, apurar o demorar
sus logros evolutivos: todos estos son ejemplos de un ambiente obstaculizador de los
procesos naturales del desarrollo físico y emocional de los hijos.

54
LOS HIJOS NO SON PAÑUELOS
Madres y padres del mundo: no busquen contención emocional en sus propios hijos.
No les roben la infancia. Que ellos sigan siendo hijos, y que ustedes sigan siendo
madres y padres.

55
HIJOS TORBELLINOS
¿Consideras que tu hijo es un torbellino hiperactivo? Lo más probable es que tu
expectativa sea tener un hijo excesivamente tranquilo y sereno. En tal caso, el
problema no es la saludable actividad de tu hijo, sino tu expectativa poco adecuada a
su desarrollo. No pises el palito de los mandatos sociales adultocentristas.

56
DISCIPLINA EMPÁTICA: EL TERCER CAMINO
La disciplina, los límites y la responsabilidad son aspectos importantes en la
educación de los niños. Una extrema permisividad negligente construye niños
«malcriados»: indisciplinados, carentes de límites e irresponsables. Pero una
disciplina autoritaria y castigadora no es, en ningún sentido, una mejor alternativa:
construye niños sumisos e inseguros, o bien niños desafiantes y agresivos.
Afortunadamente, hay una tercera opción: combinar disciplina con empatía,
educación con amor. El punto de partida para acceder a esta tercera vía es intentar ver
el mundo desde los ojos de nuestros hijos. El problema de la disciplina tradicional es
que se queda adherida al punto de vista del adulto, perdiendo conexión emocional y
empatía con la experiencia del niño. Sucede que la regulación emocional es un logro
evolutivo, no una condición a priori del desarrollo: si nosotros como padres
contenemos emocionalmente a nuestros hijos, ellos aprenderán, lenta y gradualmente,
a contener ellos mismos sus emociones.
La disciplina tradicional se expresa en castigos. Una alternativa al castigo es la
disciplina empática y positiva, centrada en la conexión emocional antes que en la
corrección conductual. Esto supone dejar de considerar a nuestros hijos como
enemigos a doblegar, como rivales a quienes imponerse por la fuerza. Implica, por
ejemplo, considerar sus llantos como pedidos de ayuda y no como formas de
manipulación; sus pataletas, como oportunidades de mostrarles nuestro amor y no
como problemas de conducta a silenciar con autoritarismo. Educar las emociones es
un paso previo necesario para educar el comportamiento: para esto, lo primero es
tener paciencia y contener nuestras propias emociones como padres (nuestra legítima
rabia, nuestro legítimo cansancio, nuestra legítima frustración), para recién entonces
intentar explorar qué están sintiendo nuestros hijos. Podemos ocupar el sentido del
humor y también pedirles disculpas si nos equivocamos (esto último no disminuye
nuestra autoridad, sino que refuerza la confianza de ellos en nosotros).
Esta mirada alternativa contribuye a forjar una relación de apego seguro con
nuestros niños. Y la palabra apego, desde cada una de sus letras, involucra
autorregulación, proximidad, empatía, guía y opción. La disciplina empática, en
definitiva, es un tercer camino, más soleado, más verde y mejor pavimentado que la
permisividad negligente y que el autoritarismo punitivo.
Ahora bien, todo esto suena muy adecuado, pero muchas veces los padres, aunque
intenten racionalmente aplicar estos principios, chocan contra sus propias historias de
maltrato, abuso o violencia infantil. En estos casos, no hay información que pueda ser
suficiente: será necesario un trabajo personal de introspección y contacto emocional
con el niño abandonado o la niña herida que todavía habita en el adulto. Cuando los
consejos y los libros dejan de ayudar, ahí es donde empieza a tener sentido una
psicoterapia.
(Comentario al libro Disciplina con empatía: Educando con amor, de Andrea
Acosta).

57
¿DE QUÉ SE TRATA UNA PSICOTERAPIA?
No se trata de la aplicación mecánica de un conjunto de técnicas específicas,
previsibles y universales. Mucho menos de una actitud impersonal y hermética. Se
trata de un acompañamiento emocional único, de un espacio interpersonal cálido que
facilita el descongelamiento de procesos de desarrollo detenidos. Se trata de una
relación auténtica, sincera y transparente. Se trata de un vínculo singular e irrepetible,
abierto al imprevisible misterio de lo humano.

58
LA MAYOR FELICIDAD
La mayor felicidad proviene de experiencias de vida y no de objetos materiales.

59
EL CHIPOTE CHILLÓN
Y LA RUEDA DE LA FORTUNA

Cuando tenía 5 o 6 años, recibí para Navidad algunos lindos y costosos regalos: una
bicicleta con el diseño infantil de moda, un robot grande y con luces, un par de
poleras bonitas y de marca. Pero lo que más me gustó y que aún recuerdo con cariño,
luego de casi 35 años, fue un chipote chillón del Chapulín Colorado que mi viejo
compró (según me contó más tarde) en una esquina por lo que hoy serían unos 300
pesos. Hoy, luego de haber visitado Disneylandia con mis hijos, les pregunto qué es
lo que más les gustó. Mi hijo de 4 años me responde rápido y sin dudar: «La rueda de
la fortuna, papá». Resulta que esa rueda era parte de unos juegos comunes y
corrientes que visitamos el día previo a Disney. A mis hijos les encantó conocer el
mundo de Mickey Mouse, pero atesoraron más la experiencia en la vieja rueda de los
juegos del barrio. Como con el chipote chillón, parece ser que (al menos para la
sabiduría infantil) las cosas simples y menos costosas pueden ser, en definitiva, más
valiosas, disfrutables y memorables que las cosas más caras y aparentemente más
vistosas.

60
UNA Y LA OTRA
Una es para enamorarse a primera vista. La otra es para pasar un buen rato. Una es
para estar con ella para siempre. La otra es solo para entretenerse. Una es para que el
tiempo pase lento, pausado, a ritmo de caminante o de embarcación antigua. La otra
es para que el tiempo pase rápido, intenso, como en una montaña rusa o un cohete
ardiente. Una te saca un suspiro. La otra te saca un grito. Una es para amarla. La otra
para divertirte. Me llevo a las dos conmigo. Me llevo a las dos de un viaje. Adiós,
San Francisco. Adiós, Los Ángeles.

61
UNA PREGUNTA DIFÍCIL
Museo Homenaje a Martin Luther King, nacido aquí, en Atlanta, Georgia, en el sur
profundo de EE. UU. Un gigante de la lucha a favor de los derechos humanos y
contra la segregación. Los niños nos preguntan: «¿Por qué lo mataron, si era una
persona buena?».

62
CARLO DE GAVARDO
Carlo de Gavardo, 45 años. Moraleja: no postergar los propios sueños, no dejar para
más tarde ser feliz. La ruta puede terminar antes de lo esperado. La meta puede llegar
demasiado pronto. La vida es hoy.

63
LA RUTA DE LA ROJA
Señores emprendedores, les dejo esta idea: crear un circuito turístico que se llame
«La ruta de la Roja», que recorra los barrios, las canchas y las historias de niño de
algunos de los jugadores de Chile campeón de la Copa América 2015. Homenaje a la
resiliencia. Doble triunfo: social y deportivo. Porque la pobreza es un rival mucho
más duro que Uruguay o que Argentina.

64
UN MEJOR PAÍS
Chile será un mejor país cuando el chaqueteo deje de ser deporte nacional y tengamos
más confianza en nuestros recursos, ideas y capacidades.

65
PENSAMIENTO EXCLUYENTE Y
PENSAMIENTO INCLUYENTE

Menos pensamiento excluyente («esto o lo otro»), más pensamiento incluyente («esto


y lo otro»).

66
DE FÚTBOL Y CAMBIOS SOCIALES
Que festejar un triunfo histórico no sea excluyente de seguir luchando por cambios
sociales. El fútbol no es enemigo de una mejor sociedad, de una mejor educación, de
una mejor salud, de un mejor trabajo, de una mejor jubilación. Por el contrario: el
fútbol nos muestra, precisamente, que la lucha siempre precede al festejo.

67
SER Y ESTAR EN EL MUNDO
Es posible ser niño, según la edad cronológica asociada más o menos a la niñez; es
posible estar niño, aunque la edad cronológica corresponda a la adolescencia o a la
adultez. Es posible ser adolescente, según la edad cronológica asociada más o menos
a la adolescencia; es posible estar adolescente, aunque la edad cronológica
corresponda a la niñez o a la adultez. Es posible ser adulto, según la edad cronológica
asociada más o menos a la adultez; es posible estar adulto, aunque la edad
cronológica corresponda a la niñez o a la adolescencia. Ser niño, ser adolescente y ser
adulto: etapas cronológicas más o menos fijas dentro de la maduración biopsicosocial
de un individuo. Estar niño, estar adolescente y estar adulto: estados emocionales
flexibles dentro del desarrollo relacional de un ser humano. Cuando el estar precede
al ser, hablamos de regresión emocional; cuando el ser precede al estar, hablamos de
sobreadaptación emocional. La salud mental tiene algo que ver con la coincidencia
entre ser y estar en el mundo, sin sacrificio significativo de la creatividad y
autenticidad personal.

68
CINCO REMEDIOS CASEROS Y ANCESTRALES PARA HACER DORMIR A TU GUAGUA
1. Dale el pecho
2. Tómala en brazos
3. Mécela en tus brazos
4. Hazle cariño
5. Cántale una canción
Bonus track: Ten paciencia y comprende que es natural y esperable que tu guagua
duerma de manera interrumpida y que despierte seguido.

69
CUANDO INTERRUMPIR LA TERAPIA
ES EL MEJOR CIERRE DE UN CICLO

Jorge tiene 35 años. Toda su vida ha tenido una pésima relación con su madre. «Ella
siempre me descalificó, me humilló, me miró en menos…». Una vez que sus padres
se divorciaron, vivió con su papá, a quien describe como cercano y cariñoso. Jorge,
desde muy niño, tomó distancia de las mujeres: sus compañeras de colegio le
parecían superficiales y despectivas, también las de su universidad. Definida y
felizmente homosexual en cuanto a su vida amorosa, tuvo una relación sexual con
una mujer a sus dieciséis años, que recuerda como «asquerosa y repugnante». Hoy
lleva siete años de relación estable con Ernesto, de 43 años. A terapia llegó por una
fuerte discusión con su jefa, una mujer de 52 años, que califica como «déspota y
autoritaria». En nuestros primeros dos meses de trabajo, hablamos bastante acerca de
cómo el maltrato por parte de su madre ha marcado su vida. Jorge reconoce que por
muchos años ha hecho esfuerzos sobrehumanos para alejarse de «todas las mujeres de
este planeta». En nuestra sesión más reciente, me dice: «Te quiero dar las gracias por
ayudarme a derribar mi pared hacia las mujeres. Lo pensé el fin de semana y creo que
es momento de empezar, por primera vez en mi vida, una terapia con una mujer». Le
respondo: «Esto, más que una interrupción, es el cierre más coherente que pudiste
escoger para una etapa de tu trabajo personal». Sonríe. Hacemos un balance de lo
avanzado y de lo pendiente. Nos despedimos con un abrazo.

70
PEQUEÑAS ACCIONES PARA
GRANDES CAMBIOS

Recién termino de preparar la jornada de este sábado sobre crianza respetuosa.


Comparto una reflexión al margen: junto con el placer de hacer jornadas en regiones
(Iquique, Viña, Talca, Concepción, etc.), me reconforta poder escoger que mis
jornadas capitalinas tengan como escenario un lugar muy central, a pasos de Plaza
Italia. Demasiadas actividades son realizadas en el «barrio alto», muchas veces con
costos bastante altos y difícil acceso por transporte público, lo cual se transforma en
un triple elitismo (valor, lugar, transporte). Pequeñas acciones pueden contribuir a
generar grandes cambios: descentralizar y deselitizar son, en mi opinión, prioridades
sociales en nuestro país.

71
EL TERAPEUTA COMO CIUDADANO:
LA POLÍTICA CARTAS HACIA ARRIBA

Hace un tiempo, una joven paciente, políticamente militante y activa en las tomas
universitarias, me preguntó, con respeto y esperando una respuesta honesta, por mi
posición política: «Para mí es importante —me dijo—, no importa si coincidimos o
no, pero no quiero sentir que la terapia es políticamente neutral o que estos temas son
algo tabú, porque en mi vida, como tú sabes, son fundamentales».
La escuché con atención y le respondí esto: «Yo soy hijo de la dictadura. Nací, sin
saberlo, en pleno período de torturas, asesinatos y desapariciones. Viví mi infancia en
época de toques de queda y cantando obligadamente en mi colegio la estrofa del
himno nacional que celebraba a los ‘valientes soldados’. En mi pubertad, me topé con
el plebiscito y la temprana transición a la democracia, todavía sin conciencia política
alguna; para mí, en mi inmadurez de la época, era todo como un gran juego, divertido
y festivo. En mi adolescencia, estaba más preocupado de pololear y de escuchar
música punk que de participar en los escasos espacios políticos de entonces. Ya en la
universidad, empecé a desarrollar mi pensamiento crítico, que me hizo tomar partido
por una sensibilidad de izquierda y repudiar con vehemencia las violaciones a los
derechos humanos cometidas en Chile, así como en todo el mundo y por todos los
sectores políticos. Sin embargo, confieso que por años me sentí cómodo en el
conformismo concertacionista: para mí, solo existía el Sí y el No, y si gobernaba la
coalición del No, era suficiente. Por eso valoro que la nueva generación, a la que tú
perteneces, hija de la ‘democracia’ (aunque sea democracia entre comillas), haya sido
capaz de romper el adormilado (y corrupto) panorama del duopolio político
posdictadura, volviendo a darle vida a la calle como escenario político fundamental,
justamente lo opuesto a la mutilación de la política callejera ejercida por la dictadura
con sus toques de queda. Te admiro a ti y a tu generación, a la cual también
pertenecen mis queridas sobrinas (también políticamente activas), por darnos una
clase de educación cívica y ciudadana, en una época que quiere desterrar la educación
cívica y la fuerza de la colectividad, imponiendo el individualismo materialista y
despolitizado».
Ella me mira, sonríe, y me dice: «Gracias por tu respuesta. Aunque no coincidamos
del todo, la sentí muy auténtica. Y eso es importante para mí».

72
EL PRIVILEGIO DE HACER
LO QUE ME GUSTA

Después de una semana y media de vacaciones, me basta un par de días para recordar
que amo ser psicoterapeuta. ¡Qué privilegio poder hacer lo que me gusta! Madres y
padres del mundo: jamás coarten los intereses vocacionales de sus hijos.

73
SERES SOCIO-PSICO-BIOLÓGICOS
No hay fenómeno humano que no sea comprensible a partir de nuestra historia
sociopsicobiológica.

74
EL ABURRIMIENTO COMO FUENTE
DE LA CREATIVIDAD

El aburrimiento es una de las fuentes de la creatividad. Muchos padres viven


desesperados por sumir a sus hijos en el entretenimiento permanente. Niños
prisioneros de consolas, de aparatos, de estímulos. Cuando mi hijo me dice «papá,
estoy aburrido», le respondo «te felicito, mi amor, ahora puedes inventar lo que tú
quieras». El aburrimiento es una de las fuentes de la creatividad.

75
INTENSA-MENTE
A primera vista, solo la alegría es una emoción buena y saludable, mientras que la
tristeza es mala y problemática. A esta última, habría que mantenerla encerrada,
reprimida, rechazada. Solo cuando la tristeza es liberada, aceptada e integrada,
podemos reconocer su valor: hacer más auténtica nuestra vida y permitirnos sentir
con profundidad nuestros duelos, conectarnos en forma empática con el dolor de los
otros y de manera introspectiva con nuestra propia memoria. Sin alegría, la vida es
apagada, apesadumbrada y marchita; pero sin tristeza, la vida es superficial, indolente
e inauténtica. En la existencia humana, las relaciones interpersonales son el escenario
fundamental, y la amplia gama de las emociones (alegría, tristeza, miedo, rabia,
disgusto, etc.) son los colores que le dan vida y sabor a nuestra experiencia. Estas
simples verdades (lo verdadero suele habitar en lo simple) son las que yo mismo
verifico a diario en mi oficio como psicoterapeuta.

76
DIEZ COSAS DIFÍCILES Y DIEZ COSAS
GRATIFICANTES DE LA CRIANZA

Lo más difícil de la crianza:


1. Lidiar con las presiones sociales y opiniones ajenas, así como la culpa por no
responder a las expectativas propias y/o ajenas.
2. La exigencia de tener que funcionar en múltiples roles de manera eficiente.
3. El cansancio físico y emocional.
4. La pérdida de tiempos y espacios tanto personales como de pareja.
5. Los conflictos de poder con otras personas que participan en la crianza.
6. Los fantasmas y sombras de los conflictos y traumas no resueltos de nuestra
propia infancia.
7. El establecimiento de límites con amor y sin violencia.
8. La soledad.
9. La inseguridad respecto a si lo estamos haciendo bien o no como mamás y
papás.
10. La aprehensión respecto a los niños y el miedo a qué les pasará si uno no
está.
Lo más gratificante de la crianza:
1. El amor mutuo e incondicional (expresado en besos, abrazos, cariños,
miradas, etc.).
2. El asombro y sorpresa ante la sabiduría, espontaneidad y humor de nuestros
hijos.
3. El orgullo y la satisfacción de verlos crecer.
4. Los momentos compartidos en la vida cotidiana.
5. La lactancia y la conexión física y emocional que implica.
6. El volver a ser niños jugando con ellos, y ver cómo se incorporan al mundo
jugando.
7. El crecimiento personal que nos trae ser madres y padres.
8. El empoderamiento (nos volvemos más fuertes).
9. La compañía de los hijos.
10. El reconocimiento de ser una figura significativa e importante para nuestros
hijos.

77
TRES MITOS COMUNES EN LA PSICOTERAPIA CON ADULTOS
Mito 1: Los adultos son independientes.
Falso. Los adultos somos interdependientes. Asumir esto implica, por ejemplo, la
libertad de poder sugerir entrevistar a una persona cercana al paciente como
complemento a su terapia.
Mito 2: Los adultos se expresan y comunican solo por la palabra.
Falso. Los adultos, como los niños y adolescentes, tenemos múltiples modos de
expresión y comunicación. Asumir esto implica, por ejemplo, la libertad para poder
ocupar —además del diálogo verbal— herramientas como dibujos u otras
modalidades de expresión comúnmente asociadas a la terapia infantil. Personalmente,
el uso de dibujos narrados con adultos me resulta de extrema utilidad y ayuda.
Mito 3: Los adultos tienen problemas que remiten estrictamente al aquí y ahora, no a
su lejano pasado. Falso. Por más edad que tenga una persona, si no incluimos su
historia personal y familiar en la terapia, el proceso será plano, superficial y
bidimensional, en lugar de complejo, profundo y tridimensional.
Conclusión: la psicoterapia contemporánea con adultos requiere integrar el contexto,
la historia y recursos expresivos múltiples y variados.

78
COMO, LUEGO EXISTO
Muchas veces, la obesidad es la consecuencia física de comer como manera de
autosostén emocional, cuando la contención parental fracasa o es insuficiente. La
persona obesa suele «tragarse» todas las emociones «negativas», en especial la
tristeza, la rabia y el miedo (hasta que explota, algunas veces de manera agresiva o
peligrosa, ya sea para la propia persona o para los demás). Como desde su temprana
infancia aprendió que no hay figuras de apego que calmen su angustia, recurre a la
comida para atenuar su ansiedad y sentir una efímera sensación de saciedad, que
pareciera calmar por un rato el vacío afectivo interior. La obesidad no es el problema
de fondo, sino un intento de solucionar el verdadero problema de fondo: la falla,
parcial o total, de los cuidadores primarios. La comida es el sustituto del amor: comer
es sentirse lleno, no sentirse vacío, sentirse real, vivo. Como, luego existo.

79
RECORRER LA CIUDAD
Hoy fuimos con mis hijos y mi mujer en metro a la Plaza de Armas y a los
tradicionales juegos Diana. ¡Los niños estaban felices! Amamos recorrer juntos la
ciudad, como si fuéramos turistas o extranjeros. Mi libro Santiago en 100 poemas es
fruto de nuestras exploraciones urbanas. ¡Hágalo usted en su ciudad y con su familia!

80
EL SECRETO
No persigas el éxito: deja que te guíe la pasión. El éxito sin pasión es logro vacío y la
pasión desinteresada es el secreto del éxito.
Y recuerda: jamás creas en frases facilistas de autoayuda que te prometan revelar el
secreto de la «felicidad» o del «éxito».

81
MANUAL DE SAFARI URBANO
O EL ARTE DE PERDERSE

Recorre tu ciudad como extranjero. Visita sus lugares como turista ingenuo, como
explorador ciudadano, con y sin rumbo fijo, reinventando sus postales y extraviando
sus esquinas, abierto a encontrar lo novedoso en lo repetido, lo sorpresivo en lo
rutinario, en lo habitual lo inesperado. Piérdete y encuéntrate y vuelve a perderte,
mira lo cotidiano con ojos nuevos, como un ciego que despierta de repente, como un
sonámbulo con los ojos abiertos, como un niño, como un niño, como un niño. Súbete
a una micro que nunca hayas tomado, sin saber hacia dónde te lleva, bájate en el
noveno semáforo, deja que el quiltro que camina sea tu guía durante catorce minutos.
Detente. Mira esa casa, ese almacén, esos autos que pasan. Dobla a la derecha y
camina tres cuadras. No estás solo: no los ves, pero a tu lado están Charles Baudelaire
y Walter Benjamin, dos vagabundos. Son tus copilotos invisibles. Sácale una foto a
los transeúntes. También una selfie inoportuna cruzando cualquier calle. Desconoce
tu ciudad, saborea sus entrañas, húndete en ella como en un laberinto, habítala como
un extraño, olvídala al ritmo lento de tus pasos, flanéala como perro callejero. Sin
reloj ni celular, sin mapa ni agenda. Que la gente te confunda con un turista ebrio.
Porque la vida es viaje y viajar es perderse.

82
PARA CREAR HAY QUE SEGUIR
EN LA LUCHA

Quieres crear algo. Lo que sea. Pero crear algo. Estás empezando. Y no te parece tan
bueno. Y los demás te dicen (o te hacen sentir) que no es tan bueno. Te decepcionas.
Lo piensas dos veces. Te quieres rendir. Te desmotivas. Te faltan las fuerzas. Ese es
el momento clave: el abismo donde la mayoría de las personas resbala, el instante en
que infinitos proyectos se disipan, el espacio donde gobierna la renuncia. Solo los que
aguantan los juicios ajenos, solo los que sobreviven a la propia crítica (que suele ser
la más feroz), solo los que resisten las decepciones iniciales, solo los que siguen
trabajando con porfía e insistencia, solo los que siguen confiando en sus capacidades,
con locura y con paciencia, solo ellos son los que terminan creando algo nuevo. ¿Y
tú?, ¿tiras la toalla o sigues en la lucha?
(Basado parcialmente en «The Gap», de Ira Glass).

83
TODO MOMENTO ES UN MOMENTO NUEVO
Todo momento es un momento nuevo. Pequeños momentos, imágenes que retengo:
mi hijo mayor preguntándome qué estoy haciendo, mi caricia en su cabeza, una tos de
mi mujer, mi hijo menor pidiéndome pan, la puerta de la cocina abriéndose, el sabor
del jamón de pavo, el ladrido del perro del vecino, la luna a medio tapar por el
edificio del frente, la botella de agua junto a los pañuelos, los libros apilados, la
televisión encendida en la pieza del lado, mi nariz tapada, los calcetines sobre la silla,
la bufanda colgando hasta el suelo, el sonido de las teclas. Todo momento es un
momento nuevo. Acaso la vida sea eso: un sinfín de pequeños momentos, una
cascada de imágenes que ahora, en un instante de ocio, retengo.

84
DE RUNNING Y WALKING
Hoy caminé durante más de una hora por el barrio Lastarria. A ritmo pausado, me
encontré con libros en las vitrinas, con arte callejero en las veredas, con adoquines
bajo mis pies, con niños en una plaza, con parejas tomando un helado, con ancianos
sonriendo, con una mujer regando sus plantas, con cinéfilos como yo en la fila de la
boletería. En tiempos en que el running está de moda, en que los chilenos corremos
acelerados y frenéticos, caminar es un acto a contracorriente: un retorno a la mirada
fresca y a la exploración sin prisa, un bajarse de arriba de la pelota, un olvidar
carreras, relojes y metas. Chile será un mejor país cuando los caminantes
contemplativos sean tantos como los corredores furiosos.

85
REFLEXIONES DESDE LA PSICOTERAPIA
RELACIONAL, A PROPÓSITO DE

EL BOSQUE DE KARADIMA
Tarde, luego de varios meses desde su estreno, pude ver El bosque de Karadima.
Aquí, cuatro breves reflexiones desde una aproximación relacional:
1) En el nombre de los hijos es posible tomar acciones protectoras que a veces
no tomamos para y por nosotros mismos.
2) Un testigo emocional que nos ofrece su genuina confianza puede ser crucial
para develar un secreto y reparar un daño afectivo.
3) La cohesión de varias subjetividades contribuye a que un trauma individual
refuerce su carácter de realidad material.
4) ¿Hay algo más injusto, absurdo y retraumatizante que la impunidad resultante
de la prescripción de un delito por el simple paso del tiempo?
En síntesis: sí al poder transformador de la parentalidad, a la acción validadora del
testigo emocional y al impacto terapéutico de la cohesión intersubjetiva; no a la
retraumatización por aquella prescripción mal llamada «jurídica».

86
LA ACTITUD PSICOTERAPÉUTICA:
DE LA NEUTRALIDAD A LA INFLUENCIA
SIGNIFICATIVA

En la psicoterapia tradicional, la actitud terapéutica ideal era la «neutralidad», esto es,


la pretensión de no influir en el paciente, de operar —como decía Freud— como un
«cirujano desapasionado». Hoy en día, con el pasaje epistemológico del positivismo
al construccionismo, hay bastante consenso en cuanto a que es imposible no influir en
el otro, por lo cual la neutralidad ha sido cuestionada en cuanto ideal clínico, para ser
reemplazada por la «influencia significativa»: el reconocimiento de que como
psicoterapeutas efectivamente ejercemos influencia en nuestros consultantes, y el
deseo de canalizar dicha influencia en términos de lo que pueda ayudar de mejor
manera al paciente, con el fin asumido de tener un impacto significativo y marcar una
diferencia en la vida del otro. Los psicoterapeutas ya no pretendemos disfrazarnos de
científicos impersonales, sino que trabajamos desde un humanismo comprometido
con la persona que consulta por nuestra ayuda.

87
«MI CASA ES UN CAMPO DE BATALLA»
—Hola, quería pedirte un consejo, sé que por acá no es fácil, ¡pero estamos muy
lejos! Tengo dos niños, de cuatro y dos años, ¡y estoy esperando una niñita! Pero
tengo un gran problema. ¡Mi casa es un campo de batalla! Mis niños pelean mucho y
paso todo el día gritando. ¿Cómo solucionas las peleas con los niños? Algún consejo
o tips por favor. ¡Estamos colapsados! Gracias.—Hola, evitando la expectativa de que
no sea así, porque es esperable desde el punto de vista del desarrollo emocional y
relacional, especialmente ahora que estás embarazada. E intentando prevenir,
separándolos cuando empiecen. Mucha paciencia. Cariños.—¡Gracias!

88
VEINTE TESIS SOBRE LA PSICOLOGÍA
DEL MALTRATO

1. Todo adulto maltratador ha sido, de alguna forma, un niño maltratado.


2. La violencia familiar es un abuso de poder que suele justificarse «por tu
propio bien».
3. La violencia familiar implica doble vínculo y adultocentrismo: «Te maltrato
porque te amo».
4. La terapia involucra detener la violencia, reconocerla y nombrarla, conexión
emocional y reparación.
5. El factor curativo contra la violencia es una relación de amor, respeto
incondicional, reconocimiento intersubjetivo y confianza en los recursos.
6. El terapeuta asume una posición ética de implicación humana con el otro
sufriente, lejana a una pretensión de neutralidad objetiva.
7. La violencia intrafamiliar expresa disfunción familiar y conflicto social.
8. La violencia no reconocida y silenciada se reproduce transgeneracionalmente.
9. El abusador justifica sus actos por adhesión rígida a un sistema de creencias
considerado como «realidad» y no como mapa cuestionable.
10. Maltrato es desconsideración del niño como sujeto y su reducción a objeto.
11. El maltrato puede ser activo-visible (golpes, abuso sexual), activo-invisible
(maltrato psicológico), pasivo-visible (negligencia) o pasivo-invisible
(abandono).
12. El maltrato activo se refiere a la acción abusiva (física, sexual o psicológica)
que provoca daño; el maltrato pasivo se refiere a la omisión de acciones que
aseguran el bienestar.
13. El maltrato visible es aquel cuyos daños son directamente observables; el
maltrato invisible es aquel cuyos daños no son directamente observables.
14. La violencia física (golpes) es una forma de maltrato activo-visible. Puede
ser realizada con partes del cuerpo o con objetos. Puede generar terror,
impotencia y sumisión.
15. La violencia sexual (abuso sexual) es otra forma de maltrato activo-visible.
Es solo parcialmente visible, por lo que es importante la prevención que facilita
la revelación.
16. El maltrato psicológico es una expresión del maltrato activo-invisible: el
niño es agredido a través de palabras que lo humillan, denigran o rechazan.
17. La negligencia es una expresión del maltrato pasivo-visible, que solo llega a
ser observable en sus efectos extremos (desnutrición, obesidad, descuidos
crónicos).
18. El abandono es una expresión del maltrato pasivo-invisible.
19. Los distintos tipos de maltrato se interconectan: muchas veces se dan y
transmiten de manera combinada.
20. No todo niño maltratado se convierte en adulto maltratador: experiencias
reparadoras y personas significativas contribuyen a desarrollar el potencial de
resiliencia presente en todo ser humano.
(Basado parcialmente en El dolor invisible de la infancia, de Jorge Barudy).

89
DESCENTRALIZACIÓN
La autogestión es el mejor remedio contra el centralismo.

90
POR UNA ADOPCIÓN RESPETUOSA
He tratado en psicoterapia a muchos niños y niñas adoptados que han sufrido una
desvinculación radical y abrupta con antiguas figuras de apego que han sido
significativas, benignas y no maltratadoras (una abuela o un abuelo, una tía o un tío,
una vecina o un vecino, una «tía del hogar», una psicóloga o un trabajador social,
etc.). De un día para otro, se impone por mandato institucional que estas figuras
desaparezcan de las vidas de los niños y pierdan entre ambos todo contacto e
información. La familia biológica se vuelve un tabú en la historia del niño o la niña:
algo de lo que no se puede hablar, ni averiguar, ni saber, al menos por varios años.
Todo en pos de que «no se confunda», cuando lo que verdaderamente los confunde
(según revela la experiencia clínica) es la desaparición de una persona medianamente
amorosa, de un día para otro, por mayor «preparación» que exista. Ojalá que en
algunos años la práctica de la adopción facilite (y no obstruya) la posibilidad de
mantener el vínculo con estas figuras de apego benignas (excluyo a figuras
maltratadoras), en paralelo a la nueva familia. Basta con escuchar el llanto de los
niños preguntando por su abuela, por su tía o por sus hermanos. Una adopción más
respetuosa es posible.

91
RESPONSABILIDAD DE EXPRESIÓN
La responsabilidad de expresión es tan imprescindible como la libertad de expresión:
responsabilidad sin libertad es moralismo; libertad sin responsabilidad es despotismo.

92
EL ARTE DE LA PSICOTERAPIA
El arte de la psicoterapia es poder encontrar en un problema una oportunidad de
desarrollo emocional.

93
LA MAYOR GENIALIDAD DE FREUD
La mayor genialidad de Freud: comprender que un síntoma es la expresión de un
contenido reprimido que busca salir a la luz y no un mero signo de patología. En otras
palabras: que el síntoma es una manifestación de salud y no de enfermedad. En lugar
de sofocar o extirpar el síntoma, escucharlo e interpretarlo como un fenómeno
provisto de un profundo sentido emocional, encarnado en la historia de vida y en el
contexto relacional de la persona.

94
DE GENEROSIDADES Y PRIVILEGIOS
En la sesión de hoy del taller literario, agradecí a Cristián Warnken por el prólogo
que escribió para uno de mis libros: «Es casi más largo que el libro, ¡te pasaste!». Me
respondió: «Yo te agradezco a ti. Me pasó con tu libro que me entusiasmé y después
me embalé con el prólogo. Eso me pasa muy poco. Me encantó tu libro, son escasos
los escritores que han poetizado a Santiago, eso es valioso. Y además es muy afín a la
poética urbana que estamos explorando en el taller, y eso que lo escribiste antes. Fue
una sincronía increíble. Seguro va a seguir teniendo muy buena llegada». Ojalá esta
generosidad se multiplicara en el mundo de las letras y también en las relaciones
humanas en general.

95
INTENTO DE SUICIDIO
Un intento de suicidio no es un acto de cobardía: es un pedido desesperado de ayuda
y un signo de profunda depresión. En lugar de juzgar con rabia, se debiera acompañar
con amor, además de apoyar con un tratamiento farmacológico y psicoterapéutico.
Un intento de suicidio puede llevar a morir o a nacer de nuevo.

96
NIÑOS
—Niños, ¿qué les gusta más, ir al museo de trenes de Quinta Normal o ir a Disney?
—les pregunto.—¡A Quinta Normal, papá! —me responden.

97
PERSONA ACELERADOR Y PERSONA FRENO
Hay personas acelerador y hay personas freno. Las personas acelerador tienen
empuje, avanzan, suelen llegar a sus metas; pero también son impulsivas,
atropelladoras y con frecuencia dejan heridos o enemigos en el camino.
Las personas freno son más contenidas y empáticas, evitan entrar en conflicto y
suelen ser consideradas personas amables, respetuosas y amistosas; pero también son
inhibidas, les cuesta decir que no, expresar su molestia, definir sus objetivos y
avanzar hacia ellos.
Dos personas acelerador pueden entrar en sintonía adrenalínica, potenciarse en
proyectos, aunar fuerzas para lograr metas ambiciosas; pero también suelen competir
y enfrentarse con bastante roce, incluso chocar y resultar gravemente heridos.
Dos personas freno pueden entrar en conjunción armónica, sin demasiado
conflicto, en espacios de diálogo tranquilo y respetuoso; pero también pueden
aburrirse una enormidad, sintiendo que no pasa nada apasionante entre ambos.
Una persona acelerador y una persona freno con frecuencia entran en un buen
complemento: la persona acelerador aporta el empuje y la persona freno, la mesura.
Entre ambas pueden lograr un buen vínculo, ya sea de pareja, de amistad, laboral o
familiar. Los problemas vienen cuando los polos se vuelven rígidos o extremos, y la
persona acelerador no puede acceder a su propio lado freno ni la persona freno a su
propio lado acelerador.
Parece ser, a final de cuentas, que de lo que se trata es de poder conectarnos con el
acelerador y con el freno que todos llevamos dentro. De cambiar el «o» por el «y»:
acelerador y freno.
¿Y tú?, ¿eres predominantemente persona acelerador o persona freno?
P. D.: Advertencia: esta es una caricatura intencionalmente reduccionista. Las
realidades humanas son, indudable y afortunadamente, mucho más complejas.

98
TRES HERRAMIENTAS CLÍNICAS
Tres herramientas clínicas útiles para las entrevistas preliminares en la psicoterapia
con adultos:
1) Entrevista complementaria (EC): herramienta interpersonal que consiste en
concertar una reunión con una persona significativa que el propio consultante
(mujer u hombre) escoja.
2) Dibujos narrados (DN): herramienta gráfica que consiste en solicitarle al
consultante (mujer u hombre) que relate una historia o un cuento a partir de un
dibujo propio que haya desarrollado libremente (dibujo narrado libre), y luego
pedirle un dibujo y una historia opuestos a los primeros (dibujo narrado
opuesto).
3) Carta focal (CF): herramienta narrativa que consiste en identificar a la
persona con quien el consultante (hombre o mujer) manifiesta el mayor nivel de
conflicto y solicitarle que le escriba una carta, no para ser entregada a esa
persona, sino para ser leída en sesión.
Al menos en mi experiencia psicoterapéutica, el uso conjunto de estas tres
herramientas clínicas (que integran las dimensiones interpersonal, gráfica y narrativa)
potencia enormemente el diagnóstico psicológico, entendido este último no como la
detección de un «trastorno mental», sino como la exploración del personaje con el
cual se identifica una persona al interior del guión relacional de su historia de vida
personal y familiar. El tratamiento psicoterapéutico posterior tendrá como objetivo
contribuir a liberar a la persona de dicho personaje rígido, doliente y alienante,
permitiendo su integración más flexible, auténtica y consciente.

99
CONFIANZA BÁSICA HACIA LOS NIÑOS
Terminé de preparar el material para la jornada sobre abuso sexual infantil. Me
encanta enseñar, porque aprendo mucho de quienes asisten a mis cursos y porque, en
el esfuerzo de estudiar más para hacer una clase, siempre descubro el triple de lo que
creía saber. Respecto al abuso sexual infantil, por ahora, solo diré una cosa: no repita
usted el error de Freud. Créale siempre a la niña, al niño y también al adulto que le
revela una experiencia de abuso. Siempre. Mucho se ha hablado de lo importante de
la confianza básica de los niños hacia los adultos. Mucho menos, por desgracia, de la
confianza básica de los adultos hacia los niños.

100
MENTIR, SOBREEXIGIR, POLARIZAR:
TRES ERRORES EN LA CRIANZA

Tres principios de crianza respetuosa que me enseñaron mis pacientes, recientemente,


a partir del dolor de haber sufrido lo contrario:
1) No mentirles a los hijos: si cometemos un error, por grave que sea, asumirlo,
pedir disculpas y reparar. Jamás sostener una mentira a lo largo en el tiempo.
2) No sobreexigir a los hijos: especialmente al hijo o a la hija mayor, cuidar de
no adultizarlos.
3) No polarizar a los hermanos: evitar asignar roles rígidos y opuestos a los
hermanos (por ejemplo, explotar en uno de ellos el rol de «maduro» y en otro el
de «infantil», o cualquier otra combinación de extremos).
En lugar de mentira, sobreexigencia y polarización, honestidad, flexibilidad e
integración.

101
EL PUDRIDERO DEL ALMA
Hoy ha muerto Manuel «Mamo» Contreras, personaje que encarna lo más nefasto y
doloroso en la historia reciente de Chile. Me pregunto: ¿habrá psicoterapia que pueda
liberar a dictadores y torturadores de su arraigo en el lado más sombrío de lo
humano? ¿Qué infancia terrible ayuda a explicar el pudridero del alma? ¿Será Manuel
Contreras una excepción siniestra en nuestra especie o habrá un aspecto «mamo»
latente en cada ser humano?

102
AUTENTICIDAD RESPONSABLE
Uno de los principales aportes del psicoanálisis relacional e intersubjetivo
contemporáneo es introducir la autenticidad del terapeuta en el corazón y en la
médula del psicoanálisis. En lugar de la neutralidad, la abstinencia y el anonimato
que pregonaba el modelo clásico, los psicoanalistas contemporáneos han descubierto
—por fin— que la implicación personal, la reciprocidad emocional y el
involucramiento comprometido son factores ineludibles de una psicoterapia que
aspire a un encuentro interpersonal genuino y profundo. Pero esta autenticidad no
puede ir sola: necesita conservar un marco de actitud profesional, de responsabilidad
terapéutica que oriente nuestras intervenciones al servicio de las necesidades
emocionales del paciente, para que no queden expuestas al arbitrio de una
espontaneidad salvaje y desbocada, movilizada menos por los requerimientos del
consultante que por nuestras propias heridas afectivas abiertas. Y para lograr una
actitud de autenticidad responsable, es necesario un trabajo personal de parte del
psicoterapeuta: su propio espacio de psicoterapia, ya no para ser él quien cuida a otro
(como ha sido la mayor parte de su vida personal y profesional), sino ahora para ser
cuidado, para dejarse cuidar por otro. Al mismo tiempo, también son necesarios
espacios continuos de autocuidado, que permitan al terapeuta estar con la disposición
emocional necesaria como para sintonizar con el paciente en un espacio de encuentro
interpersonal y mutual, aunque también asimétrico. El psicoanálisis clásico enfatiza la
asimetría, el encuadre y la responsabilidad; el psicoanálisis relacional destaca la
mutualidad, la espontaneidad y la autenticidad. Es en la mutualidad asimétrica, en la
espontaneidad encuadrada y en la autenticidad responsable donde acontece el arte de
la psicoterapia y del cambio.

103
DE PSICOTERAPIA Y ESCRITURA
Los mejores psicoterapeutas son aquellos que se atreven a ser honestos sin dejar de
ser respetuosos; los mejores escritores son aquellos que, sin por ello volverse
agresivos, se animan a ser valientes.

104
EL VALOR DE LAS COSAS «OBVIAS»
Hay tantas cosas que ahora tenemos y no valoramos porque las damos por obvias:
poder escuchar, ver, oler, degustar, palpar; estar vivos y que las personas que
frecuentamos también estén vivas. La palabra «obvio» significa, originariamente,
«frente a la vía» o «delante del camino» («ob-vius»), en el sentido de indicar algo
claro, que no presenta obstáculos. En nuestra vida cotidiana, solemos lamentar las
dificultades, pero rara vez somos conscientes de los caminos despejados que están
bajo nuestros pies, aquí y ahora. Suele suceder que, cuando transitamos por una calle,
solo somos conscientes de la superficie cuando hay un bache, y no cuando está lisa.
Hay tantas cosas que ahora tenemos y no valoramos porque las damos por obvias. A
abrir los ojos y apreciar lo que está allí, ahora, en nosotros y frente a nosotros. Que el
tesoro de las cosas «obvias», por obvio no se olvide.

105
JUEGO, CREATIVIDAD Y BELLEZA
1. La espontaneidad y la flexibilidad son las mejores compañías del juego.
2. El desorden es una de las fuentes privilegiadas de la creatividad.
3. No hay belleza que no emerja del caos.

106
ATERRIZAJE EMOCIONAL
¿Cuándo terminar una psicoterapia? En mi experiencia, muchas veces el primer paso
viene de parte del paciente, cuando él o ella comenta que siente menos necesario que
antes seguir viniendo. Si esto coincide con un logro suficiente de los objetivos
planteados al inicio o durante la terapia, es señal para comenzar el «aterrizaje
emocional», que puede significar algunas sesiones adicionales para hacer el balance
terapéutico (lo logrado, lo pendiente) y preparar la despedida. Muchas veces
planificamos con mis pacientes unas pocas sesiones de seguimiento posterior al
cierre, separadas por algunos meses, para asegurarnos de que el estado emocional
adquirido se mantenga en el tiempo.
Otras veces, no son los pacientes quienes sugieren comenzar el cierre, sino yo
mismo: en especial, cuando tengo una sensación de que en las últimas sesiones no ha
habido demasiado por trabajar, y que ello se debe a que el conflicto que motivó la
consulta ha sido resuelto (siempre y cuando cuente con la confirmación por parte del
consultante).
El cierre de la terapia es, idealmente, un acuerdo entre terapeuta y paciente, y un
movimiento iniciado por este último. Personalmente, prefiero sentir que soy «dado de
baja» a pensar que estoy «dando de alta»: que ya no soy necesario como figura
terapéutica, que la vida seguirá con sus idas y vueltas, con sus bajadas y subidas, pero
que la terapia ya es prescindible. A veces esto se expresa en que los pacientes dicen
que tendrán que interrumpir por asuntos económicos, siendo que esto refleja más
profundamente que ahora ya no es urgente «invertir» en la psicoterapia, lo cual es
señal de cierre más que de interrupción. Otras veces, los cierres son motivados más
bien por razones externas, como un cambio geográfico o una repentina situación de
desempleo. Cuando es así, de todos modos ofrezco al menos una sesión de cierre,
para que la terapia no quede tan en el aire.
En definitiva, me gusta pensar en un proceso psicoterapéutico como un vuelo en
avión: hay un despegue, que coincide con las entrevistas diagnósticas o preliminares;
hay un vuelo en velocidad crucero, que puede ser corto o largo, a veces con
turbulencias incluidas, que es el proceso de elaboración y sus vicisitudes
emocionales; y hay un aterrizaje, a saber, la etapa de cierre, que tiene por doble
objetivo el balance o síntesis y la despedida, que puede traer ribetes de duelo y reabrir
conflictos previamente trabajados. El cierre o el término de una psicoterapia es un
aterrizaje emocional que requiere ser pensado teóricamente y experimentado con
tiempo suficiente (aunque no exagerado) en la práctica de la relación terapéutica. No
todas las psicoterapias llegan a destino: ocasionalmente los pacientes pueden
interrumpir el viaje a poco de iniciado. Otras veces, las psicoterapias son como un
vuelo tranquilo de inicio a destino. Y la mayoría, son experiencias interpersonales en
las cuales acontecen cambios de rumbos, y tanto paciente como terapeuta llegamos,
transformados, a puertos inesperados y sorpresivos.

107
EL SENTIDO DE UNA PSICOTERAPIA
¿Cuál es el objetivo común que subyace a toda psicoterapia? Probablemente ninguno,
porque la irreductible singularidad del ser humano es infinita e inagotable. Ahora
bien, es innegable que todos los psicoterapeutas tenemos principios clínicos,
explícitos o implícitos, que nos orientan hacia alguna ética terapéutica. Para algunos,
la psicoterapia conduce a la adaptación del sujeto al mundo «externo»; para otros, se
trata de la autorrealización o actualización de las propias potencialidades de la
persona; unos señalarán que basta con la supresión de los síntomas; otros, en cambio,
argumentarán que se trata de lograr un nuevo equilibrio, más funcional, en todo el
sistema en que se inserta el consultante y no solo un ajuste individual aislado; algunos
hablarán de acceder o de acercarse a la felicidad, en tanto estado de máxima plenitud
imaginable, etc. Sin pensarlo demasiado, me doy cuenta de que mi ética terapéutica
es más o menos la siguiente: contribuir a la liberación de una persona respecto del
«personaje» o rol rígido que constriñe su subjetividad y la aliena en la posición de un
objeto, adherida a expectativas ajenas y también propias, en tanto internalizadas.
Liberación que facilita el contacto de la persona con su propia creatividad,
autenticidad y flexibilidad, imposibles de ser previstas o dictadas por el
psicoterapeuta.

108
ABUSO SEXUAL Y SEXUALIDAD INFANTIL:
EL PÉNDULO DE FREUD

La primera hipótesis psicopatológica de Freud, a la cual no por azar se refirió con el


eufemismo de «teoría de la seducción», aludía a que en el origen del sufrimiento
emocional de sus pacientes (la mayoría mujeres adultas) se hallaba una experiencia
de abuso sexual, por lo general intrafamiliar o incestuoso, con frecuencia de parte del
padre. Por razones débiles, tales como la sorpresa y suspicacia de Freud ante la
amplia casuística de abusos sexuales, tanto como la incredulidad respecto a que su
propio padre debiera haber sido abusador sexual para explicar su propia neurosis,
Freud decide desechar su teoría y descreer de sus pacientes. Es sabido que este giro
permitió que Freud desarrollara una nueva hipótesis, referida ahora a las fantasías
sexuales inconscientes de sus pacientes, que le condujeron a su concepción de la
sexualidad infantil y del complejo de Edipo. Ciertamente, el reconocimiento de la
sexualidad infantil y la exploración de las fantasías inconscientes han sido enormes
aportes a la investigación de la psicología humana. Lo que me parece, no obstante,
más que discutible, es la polarización de Freud: ¿por qué no podían convivir ambas
hipótesis, la del incesto y aquella de la sexualidad infantil? En mi experiencia clínica,
nada hay más enloquecedor para una niña (o un niño) que la coincidencia de una
agresión incestuosa con la naciente y tierna sexualidad del infante que explora su
propio cuerpo y la corporalidad ajena. En su afán por construir una teoría universal
única y generalizable, Freud sobreestimó el papel de la fantasía infantil y desestimó el
valor del abuso sexual cometido por los adultos. Bastaba con decir abuso sexual «y»
sexualidad infantil, en lugar de «o». Pequeño y gigante cambio que han tenido que
realizar los psicoanalistas posteriores a Freud, desde el genio pionero de Ferenczi
hasta las corrientes relacionales e intersubjetivas en nuestros días.

109
SER HUMANO
1) Más que un organismo biopsicosocial, el ser humano es un ser:
A) Sociopsicobiológico
B) Psicosociobiológico
C) Biosociopsicológico
D) Psicobiosocial
E) Sociobiopsicológico
Punto extra:
El orden de los factores ¿altera el producto?
Fe de erratas:
Esta pregunta será eliminada por pretender reducir lo inconmensurable de la
experiencia humana a disecciones fragmentarias.

110
ADOPCIÓN Y PRUEBA DE CONFIANZA
Una vez que un niño (o niña) adoptado llega a su nueva familia, suele haber una
breve luna de miel: todo parece funcionar de maravilla y, por algunos días o semanas,
el nuevo sistema familiar vive como en las nubes. Pero al poco andar, el paraíso
temporal suele devenir infierno: el niño recién adoptado comienza a manifestar
severas conductas disruptivas e intensas regresiones emocionales, que envuelven a
los padres adoptivos en una corriente de dudas, confusiones, angustias y martirios.
Esta etapa bien merece ser llamada la «prueba de la confianza»: si los nuevos padres
resisten y sobreviven a esta turbulencia emocional, entonces el niño puede sentirse un
poco más seguro de que esta vez sí puede confiar en su nueva familia como base
segura. La prueba de la confianza, entonces, es menos un problema que una
oportunidad que les entrega el niño a sus nuevos padres, para que estos le demuestren
su disponibilidad incondicional y su fortaleza afectiva. Luna de miel, prueba de
confianza y consolidación familiar: las tres etapas de la constitución de la familia
luego de la maravillosa y compleja experiencia de la adopción.

111
SEGURIDAD, PROTECCIÓN Y CONFIANZA
Madres y padres controladores y sobreprotectores transmiten inseguridad en sus
hijos. Se trata de una cadena intergeneracional: esos mismos padres y madres suelen
haber sido hijos de madres y padres controladores y sobreprotectores, cuando no
negligentes y abandonadores, caso que explica la activación de la ley del péndulo.
Madres y padres del mundo: en lugar de control, seguridad; en lugar de
sobreprotección, protección; en lugar de inseguridad, confianza. Muchas personas
llegan a psicoterapia con la esperanza de una segunda oportunidad de desarrollo
emocional, buscando en el espacio terapéutico la seguridad, la protección y la
confianza que no recibieron o no han recibido de niños.

112
VIVIR CREATIVO
La creatividad es comprendida, comúnmente, como la actividad de crear, como el
proceso de hacer algo creativo: un objeto, una obra, un producto. Ahora bien, junto
con el hacer creativo, también podemos pensar —como lo adelantara Winnicott— en
un ser creativo o vivir creativo.
¿Cómo dar cuenta de la creatividad en la psicoterapia? Del lado del psicoterapeuta:
no por medio de la imposición de una técnica estándar, sino de la adaptación flexible
a las necesidades singulares de cada consultante, estando presente como persona real
y no refugiado en un método o una teoría. Del lado del paciente: hay algo del vivir
creativo en el tránsito gradual desde el acatamiento inauténtico e impersonal de roles
impuestos y autoimpuestos hacia el vivir auténtico, personal y significativo. Del lado
del encuentro terapéutico: en la apertura a la novedad y a la sorpresa, en el dejarse
ambos influir recíprocamente por el otro, conservando lo propio, construyendo un
«nosotros» o un tercer espacio intersubjetivo e improvisado entre las dos
subjetividades. Del lado de las instituciones que forman psicoterapeutas: evitando
reproducir un molde de un presunto psicoterapeuta estándar y facilitando el
despliegue de los estilos personales y únicos de cada psicoterapeuta, en un marco de
autenticidad responsable. Del lado de quien lee esto: no tomar estas palabras como
aseveraciones dogmáticas, sino como propuestas a ser pensadas, dialogadas y
discutidas.
En la crianza, me parece que el vivir creativo está asociado al ejercicio de una
parentalidad respetuosa y amorosa, centrada en acompañar y satisfacer las
necesidades emocionales y relacionales de los niños, y no en imponer los deseos,
expectativas y necesidades de los adultos.
En definitiva, la creatividad, en el sentido profundo del vivir creativo, tiene que ver
con la posibilidad de desarrollar la propia diferencia, en un ambiente respetuoso,
amoroso y facilitador.

113
FLASHBACK
Hace más de quince años hubiera sido surrealista imaginar que llegaría un día en que,
en lugar de leer el diario (o a Freud) en la consulta por largas horas y durante tantas
tardes, tendría que responder varias veces por semana «estoy sin horas disponibles, si
quieres y puedes esperarme, escríbeme por favor en algunas semanas más». Gracias
por la confianza a los cientos de seres humanos (tan humanos) que he escuchado
llorar y visto sonreír frente a mí en estas más de 25 mil horas de vuelo emocional: a
los que estuvieron, a los que están, a los que estarán. Como dijo un maestro en
psicoterapia: ustedes pagan por enseñarme. No saben cómo amo mi trabajo (o quizás
sí lo saben). A quienes están empezando el largo y sinuoso camino del oficio
psicoterapéutico, dedico estas dos palabras que resumen las enseñanzas milenarias de
los antiguos sabios: ¡voh dale!

114
PSICOTERAPEUTA 3D
Tres dimensiones del psicoterapeuta en el oficio clínico: 1) el terapeuta como objeto:
recibe proyecciones y transferencias que ayudan a comprender e iluminar la historia
relacional del paciente; 2) el terapeuta como función: contiene las angustias y
transforma las ansiedades del paciente en verbalizaciones empáticas que contribuyen
al alivio de su malestar emocional; 3) el terapeuta como sujeto: está presente como
persona real y auténtica, dispuesto al encuentro genuino, honesto y creativo con el
otro.

115
CONTRA LA CORRIENTE
Si tus padres fueron violentos, la corriente podrá llevarte a la violencia. Si tus padres
fueron depresivos, la corriente podrá llevarte a la depresión. Si tus padres fueron
ansiosos, la corriente podrá llevarte a la ansiedad. La repetición no es un
determinismo (abundan casos de resiliencia), pero sí una fuerza sumamente intensa.
La psicoterapia es un remo emocional que ayuda a navegar, en el río de la vida,
contra la corriente.

116
MANDATOS DE GÉNERO
Una mujer entra en mi consulta y me dice convencida: «Tú sabes, las mujeres somos
más débiles que los hombres, eso es ley general». En la hora siguiente, un hombre
entra en mi consulta y me dice convencido: «Tú sabes, las mujeres son más fuertes
que los hombres, eso es ley general». En la hora siguiente, otra mujer entra en mi
consulta y me dice convencida: «Tú sabes, las mujeres somos más estables que los
hombres, eso es ley general». En la hora siguiente, otro hombre entra en mi consulta
y me dice convencido: «Tú sabes, las mujeres son menos estables que los hombres,
eso es ley general». Conclusión: lo que muchas veces damos por ley general, suele
ser expresión de una ley familiar, que define un rol para mujeres y otro rol para
hombres. Los géneros son construcciones sociales y familiares: cada sociedad y cada
familia en particular tiene su propia definición respecto a qué es ser mujer y qué es
ser hombre. Estos introyectos operan con frecuencia como «pilotos automáticos»,
fuera de la conciencia, determinando la propia identidad y la relación con el otro.
Cuando esos mandatos familiares son demasiado rígidos, suelen traer problemas, ya
sea por la vía del acatamiento sumiso o de la rebelión rabiosa. ¿Y en tu familia cómo
son los hombres y cómo las mujeres?

117
EL MEJOR LIBRO
—Estimado profe: mi hijo de 11 años está pasando por un momento difícil, está
enojado con el mundo. Ha pasado por varios cambios: de colegio, de ciudad y el más
difícil… de familia. Trato de interpretar, de comprender, pero me siento confundida.
¿Algún texto que me puedas recomendar? Te lo agradezco enormemente. Creo que
está en período de preadolescencia. Le he dado tantas vueltas… ¿Qué me
recomiendas para leer al respecto? Mil gracias».
—¡Hola! Quizás en lugar de leer, conectarte emocionalmente con él, escucharlo. Él
es el mejor libro. Cariños.
—Gracias… Quizás me falta paciencia para esperarlo… Seguiré haciendo lo que
estoy haciendo hasta ahora y estaré menos ansiosa y más calma… De verdad me
siento más tranquila… ¡Gracias!

118
MENSAJES QUE JUSTIFICAN LA ESCRITURA
Hoy, en nuestra sección «Mensajes que justifican la escritura»:
«Querido profesor, quiero contarle una anécdota que estimo le será valiosa: Yo soy
colombiana, fui alumna suya en la universidad hace varios años ya. En mayo del
presente año fui de vacaciones a mi país y me encontré con que a mi padre debían
operarlo, ambulatoriamente, de la próstata. Lamentablemente, se complicó mucho su
cuadro, teniendo que ser ingresado en tres oportunidades a la UCI y estar por más de
un mes hospitalizado. Mi padre es un intelectual. Ha leído desde Freud hasta lo más
gestáltico, mezclando filosofía, pedagogía, derecho, en fin. Estando una vez en la
clínica con él, usted posteó los títulos de sus libros y a mí como profesional me llamó
mucho la atención el que está por terminar. Pero a mi padre, todos le llamaron la
atención. Leímos los comentarios sobre cada título, y me pidió tener cada uno de sus
ejemplares. Al llegar a Chile, hace poco tiempo, y dejándolo más recuperado, ¿cómo
me voy a negar a darle esa felicidad? Pues bien, ya le compré el primer libro, El lugar
del padre en psicoanálisis. Obviamente, por temas monetarios (estoy embarazada
además), no pude comprarle los demás, pero lo haré mientras va «devorándose» el
primero. Pero debo decirle que todos los días me pregunta cuándo llegará su libro.
Quería compartir esto con usted, porque veo que usted mira realmente la experiencia
humana con sensibilidad. Muchas gracias por darle una alegría a mi papá».

119
REFLEXIÓN AL PASO EN NUEVA YORK
Vivir de tal manera que la libertad sea mucho más que una estatua.

120
PERSPECTIVA
Lo inalcanzable solo es cuestión de perspectiva.

121
DE HOGAR Y DE VIAJES
La palabra «hogar» significa originariamente «fuego», en alusión al fogón —de
carácter sagrado— que solía abrigar y reunir a los primeros clanes familiares. De allí
la expresión «calor de hogar»: el fuego de la cocina, y en su extensión el rito del
comer compartido, continúa siendo la médula de la experiencia familiar. La palabra
«viaje», por su parte, remite a «vía» o «camino» y alude a la aventura de alejarse del
calor del hogar para descubrir caminos y experiencias novedosas. El hogar es el
centro íntimo y único del mundo personal y el viaje es la atracción que ejerce la vía
hacia lo inexplorado, en sus múltiples rutas y destinos. El hogar es la calidez de lo
propio, de lo viejo y conocido; el viaje es el vértigo de lo ajeno, lo nuevo y
desconocido. El hogar es núcleo y el viaje es periferia. El apego excesivo al hogar
conlleva el riesgo del encierro en lo repetido y la amenaza de vivir una vida
asfixiante, mientras que el riesgo del viaje continuo es la pérdida del calor del lugar
propio y la amenaza de vivir una vida fría. Parece deseable, entonces, habitar el
mundo manteniendo en tensión la experiencia centrípeta del hogar y la experiencia
centrífuga del viaje (no necesariamente costoso, ni exótico, ni inabordable). Dicen,
también, que cuando amas volver al calor del hogar luego de andar por los senderos
del viaje, sabes que tu vida es suficientemente feliz.

122
«TRABAJOBBY»
Trabaja en algo que te haga olvidar que es trabajo y te haga sentir que estás
practicando un pasatiempo.

123
LA CULPA
«Perdóname. Te amo», dice la carta junto al frasco vacío.

124
CAMPO ADENTRO
Anochece. Él seca el sudor de su frente. Ella respira agitada. Los gemidos se mezclan
con el sonido de los grillos. Él la acaricia con su mano áspera. Le dice al oído, como
en secreto: «Cabra rica». Un perro ladra.

125
EN LA MITAD DEL CAMINO
Ahora que estoy en la mitad del camino
—o acaso al inicio o esperando el final—
he cambiado mis respuestas por preguntas,
trocado certezas por incertidumbres,
transado convicciones por precariedades,
permutado recetas por perplejidad.
Voy por la vida como danzando en un trapecio,
como niño que recién abre los ojos,
como caminante ebrio de asombro.
La belleza es mi lazarillo ciego.

126
ILUSIÓN DE ALTERNATIVAS
Ni consumidor que reduce vitalidad a entretención ni «intelectual» que confunde
inteligencia con amargura.

127
LA PARED QUE VOLVIÓ A SONREÍR
Érase una vez una pared cuyo papel mural fue arrancado por los niños. La pared se
sentía muy fea y abandonada, hasta que un día a la familia se le ocurrió transformarla
en un lindo mural hecho por los niños y los adultos, todos juntos. Cuando la ajada
pared vio que se iba transformando en un colorido grafiti casero, se puso muy feliz, y
ya nunca más se sintió fea y abandonada.

128
LAS VUELTAS DE LA VIDA O LA SUPERVISIÓN COMO «INTERVISIÓN»
Desde hace casi 15 años que tengo el agrado y el privilegio de realizar supervisiones
clínicas a estudiantes de Psicología y a psicoterapeutas, estos últimos por lo general
principiantes o con algunos años de experiencia. De hecho, por varios años me
desempeñé como supervisor clínico en la Universidad de Chile y también en la
Universidad Diego Portales, además del trabajo constante en mi consulta. Pero por
primera vez (siempre en la vida es tiempo para una primera vez) tengo la sorpresa y
el honor de que un experimentado psicoterapeuta, quien fuera profesor mío en mis
años de pregrado, me solicite a mí, su antiguo estudiante, supervisión. Lo tomo como
un acto de generosidad de su parte y como una oportunidad para seguir aprendiendo
juntos. Esto me permite volver a cuestionar (como lo hiciera en mi libro Psicoterapia
psicoanalítica) la palabra «supervisión», que sugiere algo así como una «súper
visión» o «visión superior». Lejos de eso, lo que suelo ofrecer, o a lo menos pretendo,
es una escucha y una comprensión alternativas, que puedan facilitar que la persona
«supervisada» desarrolle su propio estilo psicoterapéutico. «Toma de mis palabras lo
que te sirva o te haga sentido, y dale tu propia forma. Lo demás, déjalo», es mi frase
habitual en el escenario de lo que bien merece el nombre de «intervisión», o visión
co-construida entre dos o más subjetividades, sin aspiración de una visión superior. P.
D.: Los experimentados músicos de Fulano, grupo chileno de estilo fusión, tienen por
costumbre sumar a músicos más jóvenes a la banda, para que la sangre fresca insufle
nuevos aires en sus composiciones y para que los jóvenes se nutran de experiencia.
Acaso el gesto de mi antiguo profesor sea de una clarividencia parecida. Mi próximo
supervisor será un psicoterapeuta más joven y con menos certidumbres que yo.

129
MENSAJES QUE SACAN SONRISAS
«Hola, no sé si me recuerda, pero fui alumna suya en la universidad, como hace 12
años. ¡Qué orgullo ir a una librería en busca de algo para leer y encontrar uno de sus
libros publicados! Lo felicito por todo lo que ha hecho, por dejar un legado. Es usted
mi mayor referente en lo que respecta al psicoanálisis y mejor aún ahora que ha
ampliado su mirada. Me alegra mucho que tenga una compañera con quien
engrandecer sus conocimientos. Un abrazo y mucho éxito, siempre veo sus
publicaciones y la de su señora… ¡y aprendo mucho!».
¡Gracias por tanto cariño! Soy yo quien más aprende de mis estudiantes y quien
más crece emocionalmente con mis pacientes. Y sobre mi señora, ella es mi maestra.

130
LA INFANCIA SECUESTRADA
Madres y padres del mundo: jamás deleguen el rol parental en sus hijos mayores, ni
en ningún otro hijo. He visto muchos adultos que, por recibir y asumir roles que no
les correspondían, no pudieron ser niños. Con los años, se transformaron en adultos
tan exitosos como infelices. No les secuestren la infancia a sus hijos.

131
CONFESIÓN ANTIMETODOLÓGICA
Confieso que pocas cosas me aburren más que la metodología de la investigación.
Personalmente, la psicología me parece demasiado humana, tan compleja y
profundamente humana, que la pretensión de reducir historias de vida o experiencias
personales a «datos» y «cifras» me parece de un reduccionismo abominable, fácil de
encontrar en revistas «indexadas», la mayoría de las cuales me genera un hondo
aburrimiento. Dejo para otros la insistencia en el carácter científico de la psicología.
En lo personal, solo puedo decir que mi trabajo clínico me hace descubrir cada día la
infinita, insondable, inconmensurable e inclasificable singularidad de lo humano.

132
ESTREMECER LOS VIEJOS SUPUESTOS
«No vale la pena vivir una vida no sujeta a escrutinio» (Sócrates). Acaso una
psicoterapia sea eso: el estremecimiento de nuestros viejos supuestos al ser sujetos a
escrutinio, para advenir a un vivir más auténtico, libre y significativo.

133
SAUDADE PSICOTERAPÉUTICA
La palabra saudade es una hermosa voz portuguesa que remite a una particular forma
de nostalgia: la nostalgia de lo que no fue o de lo que no será. Un ejemplo, que
recuerdo haber sentido cuando terminaba mis relaciones de pareja con antiguas
pololas en época escolar, universitaria o posuniversitaria, es el sentimiento de
saudade al pensar en los hijos que podríamos haber tenido y que no tendríamos.
Saudade por lo que pudo haber sido y no será. Hoy, quisiera poder recibir a todas las
personas que me piden ayuda psicoterapéutica. Lamentablemente, choco contra el
tiempo, rival y consejero. ¡Ay, límites, finitud, mortalidad! Barrera y a la vez sentido.
En algún momento llegué a escuchar a 40 personas por semana, pero resultaba
agotador y no era bueno ni para ellas ni para mí. Hoy, con no más de 35 horas
semanales (32 es mi número ideal), hay muchas personas que me escriben o llaman y
que debo referir a otros colegas, que afortunadamente conozco de cerca y me inspiran
justificada confianza. Pero también pienso (y siento): ¿cuántos encuentros
terapéuticos profundamente humanos no alcanzan a nacer en mi consulta? ¿Cuántas
historias no llego a conocer? ¿Cuántas transformaciones recíprocas quedan sin elevar
su vuelo? Saudade, duelo imaginario, nostalgia de lo que no fue: hoy abrazo a todas
las personas que no alcanzo a conocer. ¡Cómo quisiera escucharlas a todas! Llevo sus
ausencias conmigo.

134
EL PELIGROSO PÉNDULO DE LA CRIANZA
Un riesgo de la crianza tradicional es postergar a los niños, desde una mirada
adultocentrista. Un riesgo de la «crianza respetuosa» es postergar todo lo que no sean
los niños: pareja, trabajo, amistades, deportes, pasatiempos, etc., volviéndose padres
«helicópteros» que no pueden delegar nada y están siempre encima de sus hijos,
desde una posición extremadamente infantocéntrica. Llegado este punto, la crianza
deja de ser respetuosa para los hijos, para la pareja, para los amigos y para la propia
persona, y comienza a ser una forma de violencia. Nuevas madres y padres del siglo
XXI, sensibilizados con la crianza respetuosa: ojo con la ley del péndulo.

135
ELOGIO DE LA CRÍTICA
Sin pensamiento crítico, estamos expuestos a la tiranía del dogmatismo. No
cuestionar ni discutir nos vuelve fundamentalistas. En la falta de crítica crecen el
fanatismo y el sectarismo.

136
AMAR SIN LÍMITES, CONVIVIR CON LÍMITES
Muchas veces se confunde «crianza respetuosa» con «crianza laissez faire»: dejar a
los niños que hagan lo que quieran, responderles siempre que «sí», bajo el supuesto
de que cualquier tipo de límite es una expresión de desamor parental o una restricción
que coarta su «espontaneidad natural». Desde esta confusión, por ejemplo, la
preocupación mínima por la limpieza y el orden de los espacios compartidos serían
aspectos que responden a la rigidez adulta. Una vez más, estamos en presencia de la
ley del péndulo: inspirados por la buena intención de evitar el autoritarismo violento
y castigador de la crianza tradicional, muchos padres confunden «amar sin límites»
con ausencia de límites protectores y responsables, corriendo el riesgo de volverse
padres negligentes. Madres y padres del mundo: no cambiemos la violencia activa del
maltrato físico o verbal por la violencia pasiva de la negligencia. Hay una tercera
opción: el amor responsable. En síntesis: amemos sin límites, pero convivamos con
límites.

137
CRIANZA EMPÁTICA Y CRIANZA APÁTICA
El ingrediente fundamental de una crianza suficientemente buena es la empatía: la
capacidad de los padres para conectarse emocionalmente con las necesidades
afectivas que subyacen a las conductas de los hijos. El opuesto a la crianza empática
es la crianza apática, esto es, la indiferencia hacia el contexto afectivo y la primacía
de la corrección conductual por sobre la conexión emocional.

138
MALDITA PRIMAVERA
La primavera es una temporada peligrosa para quienes sufren algún tipo de depresión.
Si es tu caso, busca ayuda en familiares, amigos y profesionales de la salud mental.
La detección y tratamiento precoz son claves.

139
EL SUICIDIO: MÁS ALLÁ DEL TABÚ
Y DEL ESTIGMA

Hasta hace poco tiempo, la adopción era un tema tabú y un estigma. A los niños
adoptados se les ocultaba su realidad, bajo el supuesto de que el secreto era la mejor
solución. Hoy en día, ya no hay dudas de que la revelación temprana, con la actitud
más natural posible, es la mejor manera de abordar la situación de adopción,
alejándola del tabú y del estigma.
Todavía en estos tiempos, el suicidio es un tema tabú y un estigma. A los hijos de
padres que han cometido suicidio se les oculta esta realidad, bajo el supuesto de que
el secreto es la mejor solución. Sin embargo, y afortunadamente, cada vez hay menos
dudas de que la revelación temprana, con la actitud más natural posible (nunca exenta
de pesar), es la mejor manera de abordar la situación del suicidio, alejándola del tabú
y del estigma.
No agreguemos al dolor del suicidio el peso de la mentira, el hermetismo del tabú,
la marca del estigma y el agobio del secreto. La verdad —explicada de manera
respetuosa, adaptada a la edad y al lenguaje del niño, y acompañada de diálogo,
escucha y empatía— es el mejor de los caminos.

140
RECORDAR
Recordar (ya lo decía el viejo Freud) es un paso indispensable para sanar el dolor
emocional. Pero recordar no se trata de un mero ejercicio intelectual, sino de un
proceso fundamentalmente afectivo. Tal como lo revela el sentido originario de la
palabra, re-cordar es volver a pasar por el corazón.

141
DEL ACTIVISMO AL FUNDAMENTALISMO
Advertencia: entre el activismo y el fundamentalismo hay un solo paso.

142
CINCO PRINCIPIOS DE
PARENTALIDAD POSITIVA

1) Una relación de respeto mutuo y de conexión emocional es el eje de toda


interacción humana y en particular del vínculo entre padres e hijos.
2) Los niños son seres humanos dependientes, exploradores y creativos, no
malignos, tiranos ni manipuladores.
3) La conducta de los niños es una forma de comunicación de su mundo
emocional interno.
4) La parentalidad suficientemente buena combina ternura y empatía con límites
claros y protectores.
5) Los desacuerdos entre padres e hijos son oportunidades para desarrollar
habilidades de resolución de problemas y hacer crecer las relaciones familiares.

143
PARADOJA CAPITALISTA
Trabajaste mucho toda tu vida para darles a tus hijos lo mejor y que nunca les faltara
nada. Pero al final les faltó lo más importante: tu tiempo.

144
«A MÍ ME PEGABAN Y NO
QUEDÉ TRAUMADO»

«A mí me pegaban y no quedé traumado, al contrario, los golpes me sirvieron para


enderezarme y llegar a ser lo que soy».
Frase bastante común en el adulto medio chileno y que expresa la mayor de las
contradicciones, puesto que no hay mayor trauma emocional posterior a ser víctima
del maltrato que naturalizarlo, justificarlo y reproducirlo.
El mecanismo psíquico que explica este efecto postraumático está descrito desde
hace casi un siglo: se conoce como «identificación con el agresor», una manera en
que la víctima intenta sobrevivir afectivamente a la violencia poniéndose en el lugar
del victimario.
Sépalo: si usted dice esa frase, probablemente necesite ayuda de una psicoterapia,
para no repetir el horror de la violencia con sus hijos.

145
PARA PERSONAS OCIOSAS Y CON
MUCHO TIEMPO LIBRE

Insisto: que el tiempo libre y el ocio sean mirados peyorativamente, me parece una
secuela poco visible de nuestro sistema centrado en la productividad a ultranza y en el
rendimiento frenético. La cultura es ocio inútil, igual que el arte. Reivindico el tiempo
libre, maravillosamente ocioso e improductivo, mal mirado en nuestro Chilito, país
enfermo después de tantos años de capitalismo salvaje. Este desdén del ocio es otra
arista del mismo problema que las colusiones, aunque parezcan diferentes. Por eso, si
alguna vez te dicen «cómo tanto ocio, tienes mucho tiempo libre», sonríe y agradece
el piropo: no solo eres una persona privilegiada (ciertamente hay privilegio en esto),
sino también alguien que ha resistido el omnipresente mandato social del
trabajolismo.

146
SOBRE LAS AGUAS DE LA
PROPIA HISTORIA

Una psicoterapia te ayuda a poder descansar sobre las mismas aguas que antes te
ahogaban.

147
SALIR DEL CLÓSET
Gonzalo, 24 años: «Hoy es nuestra última sesión y te quiero agradecer por
acompañarme en este proceso de salir del clóset. Porque aunque suene cliché, eso es
lo que ha sido: dejar de ocultarme a mí mismo y a los demás algo que al principio me
costaba asumir, que me asustaba, pero que ahora acepto con mucho más alivio y
libertad de lo que imaginaba. Al final resultó que yo era el más severo juez de mi
homosexualidad, mucho más que mi familia (salvo mi papá, que no tiene caso), mis
amigos o la gente que conozco; la consideraba algo amenazante, pero ya no. Despedí
de mi mente a mi propio Pastor Soto, a mi propio Pepe Grillo homofóbico. Me hacía
daño. Ya no lo necesito».
En el fondo, toda psicoterapia es un proceso de salir del clóset: desde el encierro
temeroso en la propia coraza o rigidez del personaje que encarnamos hacia la apertura
liberadora a nuevos caminos y posibilidades.

148
UN ALTO CARGO ACADÉMICO
Chochera: me acaban de ofrecer un alto cargo académico en una importante
universidad (con incentivos económicos no menores), oferta que he rechazado: pesa
más la pasión, libertad, independencia y creatividad que me inspira el trabajo clínico
en mi propia consulta. Agradezco a la vida y, en especial, a mis padres, por
entregarme una educación que me permite sentirme realizado en lo que hago. PD:
¡Educación pública gratuita y de calidad, para que esto deje de ser un privilegio!

149
CAMBIAR EL MUNDO
Una crianza amorosa, centrada en las necesidades de los niños y no en la imposición
de los mandatos e ideologías de los adultos, puede contribuir a cambiar el mundo.

150
WORST SELLERS
Un amigo ingeniero me dice que deje de escribir y publicar libros, porque no es
rentable ni económicamente productivo, salvo que escriba con sentido comercial
buscando un best seller. Yo le respondo que tiene razón: las cosas más
profundamente valiosas de la vida no son rentables ni económicamente productivas.
¿O acaso alguien escoge vivir en pareja o tener hijos como negocio? Parece que
seguiré escribiendo worst sellers.

151
SOLIPSISMO IDEOLÓGICO
Sospecha de todos los «ismos», pues en ellos suele latir el germen del
fundamentalismo.

152
MENOS ETIQUETA, MÁS PERSONA
Tip minúsculo (aunque mayúsculo) para psicoterapeutas que reciben un «paciente»
rotulado con alguna etiqueta diagnóstica, especialmente si esta última alude a una
condición grave o presuntamente intratable: poner el diagnóstico entre paréntesis y
conectarte con la persona, su contexto, su historia y sus recursos.

153
UN PSICOANÁLISIS MÁS HUMANO
Después de participar en un ameno coloquio sobre psicoterapia y creatividad en una
universidad, camino desde Santiago Centro hacia mi consulta en Providencia. A la
altura del metro Pedro de Valdivia, me detengo a ver unos libros pirata que venden en
la calle. Grande es mi sorpresa cuando me topo con uno de mis libros, Psicoterapia
psicoanalítica. He aquí mi diálogo con el joven vendedor:
— Hola, ¿cuánto sale este libro?
—En librerías sobre 20, pero acá a 15.
—Pero es pirata, po…
—Es idéntico al original, te lo puedo dejar en 12.
—12 lucas…
—Es de un psicoanalista chileno, de hecho se parece un poco a ti, mira (me
muestra la foto).
—Pero él es más guatón eso sí…
—Y tiene más edad yo creo, si igual tiene su trayectoria. Yo sé que él como que
propone un psicoanálisis más humano, más cercano, si incluso se terminó saliendo de
la Sociedad de psicoanálisis donde estaba por eso. Ellos eran más tradicionales…
—¿Y cómo sabes eso? —le pregunté intrigado.
—Es que yo estudio Psicología…
—Ah, ¡qué buena!—Yo estoy acá hasta las siete por si te quieres llevar el libro, es
el único que me queda.
—¡Gracias! Lo voy a pensar.
Así que ya sabe: afuera del metro Pedro de Valdivia, mi libro más barato e igualito
al original.

154
UN PSICOTERAPEUTA
Un psicoterapeuta no es el lazarillo, sino el ciego; no hace los goles, sino que da los
pases; no es un maquinista, sino un artesano.

155
EL SECRETO DE LOS PSICOTERAPEUTAS
El secreto de los buenos psicoterapeutas consiste en hablar con la oreja y escuchar
con la boca.

156
EL CAMINO DE LA PSICOTERAPIA
Winnicott dejó la pelota boteando: la psicoterapia es un camino que transita desde el
acatamiento hacia la creatividad.

157
CONTRA EL CULTO A LA PERSONALIDAD
EN PSICOANÁLISIS

El psicoanálisis —especialmente en sus versiones más ortodoxas y doctrinarias—


tiene como tarea incumplida liberarse del culto a la personalidad de sus figuras. El
desafío pendiente para el psicoanálisis, como lo adelantaba Kohut, sigue siendo pasar
de la adoración casi religiosa a Freud o a Lacan (patente en muchas formaciones
psicoanalíticas y en no pocos profesores universitarios de psicoanálisis) al interés por
la profunda riqueza y diversidad del ser humano, inasimilable en los estrechos límites
de un par de autores, por brillantes que sean o parezcan. Freudismo y lacanismo: dos
«ismos» que corren el riesgo (como también ha sucedido con el kleinismo) de tapar la
singularidad de cada persona que consulta con el pesado manto de una teoría asumida
como dogma. Menos culto fanático a la personalidad de un psicoanalista, más
adaptación creativa a la irreductible particularidad de cada consultante.

158
AUTOTERAPIA EN TRES IMPOSIBLES PASOS
1. Identifica tu principal característica psicológica.
2. Busca la característica opuesta.
3. Desarrolla esta última tanto como la primera.

159
LA PSICOTERAPIA COMO TRABAJO
DE LIBERACIÓN

Ser el «hijo fracasado» pesa. Ser el «hijo exitoso» también pesa. Todo rol rígido pesa.
La psicopatología es a la rigidez como la salud mental a la flexibilidad. La
psicoterapia, cuando funciona, libera y aliviana. Un tratamiento psicoterapéutico se
trata, en definitiva, del tránsito psicológico del determinismo al libre albedrío.

160
EL VOLANTE Y LA BENCINA
La psicoterapia nos ayuda a conducir nuestra vida hacia el rumbo que nosotros
elegimos. Pero a veces ya no podemos conducir, aunque queramos, porque de pronto
quedamos en pana. Allí entra el rol de los psicofármacos. Los medicamentos son la
bencina que nos ayuda a volver a encender el motor vital cuando estamos
biológicamente empantanados, mientras que la psicoterapia es el volante que nos
permite pilotear el vehículo de nuestra vida en la dirección o el sentido más propio,
auténtico y significativo.

161
ADVERTENCIA PARA PSICÓLOGOS
Y ESTUDIANTES DE PSICOLOGÍA

La mayoría de los psicólogos y estudiantes de Psicología, hombres y mujeres, cargan


o han cargado con el peso de ser los «hijos que no dan problemas», los «hijos
responsables» o «hijos modelo», los hijos «parentalizados» y «buenos estudiantes».
Entran a Psicología para perfeccionar un rol de psicólogos (de familiares y de
amistades) que han tenido desde hace mucho tiempo. Suelen tener un familiar
(hermano, madre o padre) inestable de quien hacerse cargo. Si es tu caso, todavía
estás a tiempo de recuperar tu derecho a tener problemas, tu derecho a dejarte cuidar,
a ser irresponsable o a estar enfermo, tu derecho a soltarte, a chasconearte y
conectarte con tu imperfecta humanidad.
Otro buen número de psicólogos y estudiantes de Psicología cargan o han cargado
con el peso de ser los «hijos que dan problemas», los «hijos irresponsables» o «hijos
enfermos», los hijos «oveja negra», «inestables» e «inmaduros». Entran a estudiar
Psicología como autoterapia, para poder comprenderse un poco más y entender a sus
familias. Suelen tener un familiar (hermano o hermana, por lo general) que ocupa el
rol inverso, el de «hijo o hija modelo», «estable, maduro y responsable». Si es tu
caso, si eres un «hijo problema», todavía estás a tiempo de recuperar tu derecho a
sentir que tus sentimientos son válidos, que no estás loco, que tu familia (tu madre
y/o tu padre) te la ha hecho difícil, que no eres un cacho, que tienes muchas
fortalezas, capacidades y virtudes.
Muchas veces, una crisis emocional puede ser la oportunidad (la dolorosa
oportunidad) para liberarnos de dichos pesos, en especial si contamos con el apoyo de
una psicoterapia.

162
LA CORAZA PROFESIONAL
«Estudio Psicología y vengo a psicoterapia por interés profesional, como parte de mi
formación».
A muy poco andar, afortunadamente, las defensas ceden y aparecen las heridas y
los miedos, las angustias y tristezas, las rabias e inseguridades. Poco a poco, va
cayendo la coraza profesional y va emergiendo la persona, en su maravillosa,
auténtica y frágil vulnerabilidad.

163
NIÑO MATEO
—Le hice dos preguntas a mi mamá y ella se quedó pensando y me dijo que se las
hiciera al psicólogo, o sea a ti —me dice Mateo, de 5 años.
—A ver, cuéntame… —Una es: ¿quién le hace regalos al Viejo Pascuero? Y la otra
es: ¿a quién le reza Dios? ¡Qué bueno que tú tengas las respuestas! —Mm… No sé si
yo tenga esas respuestas… A lo mejor tú me puedes ayudar, porque son preguntas
súper difíciles: ¿qué responderías tú? —Yo creo que ni el Viejo Pascuero ni Dios
existen, pero no le digas a mi mamá, porque ella sí cree en ellos, así que shhhhh —me
confiesa Mateo hablándome al oído.

164
NUESTROS PERSONAJES ENCARNADOS
Carolina llegó como la «hija exitosa» y con dolores de estómago intensos y
habituales. Durante la psicoterapia aprendió, por ella misma, a darse permiso para
fallar. En sus palabras, «desde que puedo cagarla sin culpa, dejé de tener dolores de
guata».
Jorge llegó como el «hijo complaciente», con dolores de espalda recurrentes.
Durante la psicoterapia aprendió, por él mismo, a darse permiso para decir que no. En
sus palabras, «gradualmente, dejé de sentir el dolor de espalda, en la medida en que
me iba sacando de encima el peso de cumplir con las expectativas ajenas».
Conclusión: la psicoterapia es un espacio privilegiado para liberarnos de los roles o
personajes rígidos que hemos asumido en nuestras vidas. Estos personajes están
encarnados en nuestros cuerpos y, cuando una psicoterapia funciona, el bienestar
físico suele acompañar el desasimiento del malestar emocional.

165
LA AUTORIDAD DE LOS PADRES
La palabra autoridad proviene de la voz augere, que significa promover, facilitar el
progreso, aumentar. Las personas que poseen autoridad, entonces, son aquellas que
tienen la capacidad de facilitar o promover el desarrollo de algo o de alguien.
La autoridad parental, por tanto, no consiste en la imposición violenta de una
voluntad adulta rígida e inamovible, asunto que solo genera efectos adversos en los
hijos, tales como temor, desconfianza, rabia y/o rebeldía oposicionista, cuando no
identificación con el agresor y justificación del maltrato. La verdadera autoridad de
los padres es el respeto que se logra en el compartir cotidiano a través del amor, la
presencia y el ejemplo, y se encarna en una comprensión empática, un diálogo sereno
y una protección responsable.
Esta autoridad amorosa y no violenta nada tiene que ver con perder la asimetría del
rol parental: por el contrario, implica precisamente el arte de saber conjugar la
verticalidad de la responsabilidad con la horizontalidad de la empatía. Ni pura
autoridad vertical (violenta y castigadora), ni pura autoridad horizontal (que corre el
riesgo de confundir los roles y volverse irresponsable): mutualidad asimétrica.
En definitiva, la autoridad parental, tal como sugiere su sentido originario, no es el
autoritarismo dictatorial e intransigente, sino la capacidad de los padres para facilitar
y promover el desarrollo emocional de sus hijos por medio de la contención, la
conexión, la comprensión y el diálogo.

166
LA EDAD EMOCIONAL
Jorge tiene 45 años. Lo trae su madre porque «Jorgito no hace nada: no tiene trabajo,
no tiene pareja, no tiene amigos. Es un adulto, pero parece un niño».
Martín tiene 37 años. Lo trae su mejor amigo: «Estoy preocupado por mi
compadre. Se quedó pegado en el carrete, las minas y los pitos. Es un adulto, pero
todavía parece un adolescente».
Tanto la psicoterapia con Jorge como con Martín tienen por objetivo común
ayudarlos a encontrar un lugar en la vida adulta, probablemente por la vía de resolver
heridas del pasado que siguen abiertas.
Martín tiene 17. Llega con su papá. «Martincito está muy desanimado, ya casi ni
come. Todo partió cuando no le dimos permiso para ir a la gira de estudio, porque esa
cuestión es puro desenfreno y nada de estudio. Yo prefiero que se quede en la casa
jugando con su consola y su pelota a que se junte con esos cabros que fuman y toman.
Nosotros queremos que siga siendo nuestro buen niño de siempre».
Josefina tiene 15 años. Ella misma pide su hora. «Últimamente he estado más
estresada. Yo hago todas las cosas en mi casa. Mi mamá murió cuando yo tenía ocho
y mi papá se deprimió y empezó a tomar. Yo trabajo desde los 9 años vendiendo ropa
en la feria, además de ir al colegio. Tengo promedio 6,8. Yo también llevo las platas
de la casa. Soy adolescente, pero llevo una vida de persona adulta desde hace varios
años y eso me está pasando la cuenta».
Los procesos terapéuticos con Matías y con Josefina apuntan a ayudarlos a vivir su
etapa adolescente, sin extraviarla por fijación a la infancia o por adelanto acelerado
de la adultez.
Fernanda tiene 8 años. Su mamá la trae porque la pilló fumando marihuana con sus
amigos del barrio. «Yo sé que ella se ha criado bien sola… Es que somos nosotras
dos y yo tengo que trabajar. Entonces en las tardes se me arranca y se va a la calle. Es
bien agrandada esta chiquilla. Es una niña, pero parece adolescente».
Rodrigo tiene 9 años. Sus padres lo traen porque en el colegio lo han notado
ansioso y porque ha bajado las notas. Rodrigo me dice: «Mis papás son muy
inmaduros, pelean todo el día, discuten mucho, a veces se han llegado a pegar. Yo
tengo que ayudarlos a que puedan conversar. Yo no quiero que se separen. He dejado
de preocuparme por el colegio, porque me preocupa más ayudarlos a ellos. Mi
profesora dice que soy como un viejo chico, un niño que parece adulto».
Los encuentros clínicos con Rodrigo y con Fernanda tienen por finalidad común
evitar que pierdan su infancia por ocupar un rol adulto o adolescente de manera
prematura.
En conclusión, un asunto es la «edad cronológica», otro la «edad emocional».
Siendo ambas «edades» construcciones sociopolíticas (lo cual importa explicitar para
evitar caer en un discurso naturalizante, normalizador y adaptativo), la edad
emocional es una manera simple y para nada académica de hablar de la edad que no
responde al calendario (como la cronológica), sino a la experiencia subjetiva e
intersubjetiva de una persona, al interior de su contexto relacional o interpersonal.
La salud mental puede ser descrita, desde este ángulo, como una relación
suficientemente congruente entre edad cronológica y edad emocional, sin perjuicio de

167
la creatividad, vitalidad y autenticidad personales.

168
CUATRO PALABRAS A EVITAR
EN LA CRIANZA

«Manipulador», «mañoso», «intruso» y «tirano»: cuatro calificativos hacia niños y


niñas que evitan aquellos padres que ejercen una parentalidad positiva, es decir, las
madres y los padres suficientemente empáticos, respetuosos y conectados con las
necesidades emocionales de sus hijos, que entienden que los niños no son individuos
aislados, sino (al igual que los adultos) personas cuya conducta solo es posible de ser
comprendida al interior de contextos relacionales.
Los niños no son «manipuladores», sino exploradores.
Los niños no son «mañosos», sino sensibles.
Los niños no son «intrusos», sino curiosos.
Los niños no son «tiranos», sino demasiado pequeños como para autorregularse.
Téngalo presente.

169
CUANDO LA ENFERMEDAD
ES LA MEJOR TERAPIA

Alejandro tiene 33 años. Es psicólogo. Lo es, como muchos de sus colegas, desde
mucho antes de estudiar Psicología: ha sido el «psicólogo» de sus padres, mediando
en sus conflictos, así como el de sus amigos, ofreciendo siempre oreja y palabras para
sus problemas. Se casó con Trinidad, una compañera de colegio con quien mucho
tiempo ha funcionado, según sus propias palabras, como «paño de lágrimas».
Alejandro consulta, justamente, por sus problemas de pareja. «La Trini siempre
está ansiosa, llena de miedos, incapaz de enfrentar la vida sola. Y otras veces es
agresiva e impulsiva. Yo siempre he sido su sostén. Pero me cansé de ser su
psicólogo. Ella tiene su terapia, también psiquiatra, pero nada es suficiente. Yo
siempre me he buscado minas a quienes contener. Todas mis ex pololas han sido
mujeres medio frágiles o inestables, cuando no francamente loquillas. Pero ahora
necesito una compañera, una partner, no una paciente».
A los pocos meses de terapia, Alejandro empieza a sentir fuertes dolores en el
estómago. El chequeo médico es implacable: se trata de un tumor maligno. Alejandro
no tolera la noticia y su ánimo decae. Entra en un estado depresivo. Alterna
psicoterapia y psiquiatra con oncólogo y quimioterapia.
Durante estos duros meses, Trinidad se vuelve una compañera fuerte, cariñosa y
leal. Le digo: «Parece que los roles se han invertido: por primera vez, ella es quien te
cuida a ti». Alejandro esboza una tenue sonrisa y señala: «El cáncer, que ha sido una
pesadilla, también me ha enseñado a dejarme cuidar. A darme permiso para que la
Trini me sostenga y me apoye. Desde niño aprendí que yo era el que debía cuidar a
los otros. Nunca le di la oportunidad a la Trini para demostrarme que ella puede ser
una leona con quienes ama».
Cinco meses después, Alejandro es dado de alta por el oncólogo. Su tumor ha
desaparecido. No pasa mucho tiempo para que él mismo me dé de baja a mí, lo cual
es tomado por ambos como una muy buena noticia. En su última sesión, dice:
«Gracias por acompañarme en este doloroso aprendizaje. Con el cáncer y la
depresión, y con ayuda de la terapia, pude dejar de ser el fuerte, el Superman, el
psicólogo del mundo. La caída fue fea. Pero sobreviví. Y ahora vivo sin el peso de la
capa de superhéroe. Aprendí a dejarme cuidar. Mi relación de pareja cambió mucho.
Ya no me siento el papá de la Trini. Se siente raro vivir tan liviano…». Le sonrío, nos
abrazamos y nos despedimos.

170
EL HISTÓRICO SÍNDROME
DEL DOBLE OPUESTO

Gabriela tiene 36 años y consulta porque Andrés, quien hasta hace poco era su pareja,
decidió terminar con ella. «No sé en qué me equivoqué. Yo vivía para él: le cocinaba,
lo cuidaba cuando estaba enfermo, lo regaloneaba. Vivía para que él fuera feliz y eso
me ponía contenta. Quizás ese fue mi error…». Un año después, en su última sesión,
me dice: «Ahora me estoy centrando en mí. Andrés pasó a la historia. Aquí descubrí
que yo me tenía postergada, que sentía que los demás solo me iban a querer si yo
dedicaba mi vida a complacerlos, tal como lo sentía de niña con mi papá. Ahora es
distinto. No se trata de ser egoísta, sino de valorarme más, de quererme más».
Muchas mujeres (y algunos hombres) llegan a psicoterapia porque han vivido
pensando excesivamente en los demás y muy poco en ellas, y terminan la psicoterapia
desarrollando una mayor autoafirmación y reduciendo su exagerada complacencia.
Gabriel tiene 36 años y consulta porque Andrea, quien hasta hace poco era su
pareja, decidió terminar con él. «Yo me equivoqué. Yo vivía mirándome el ombligo,
sin pensar en ella: le puse el gorro mil veces, salía con amigos y la dejaba esperando,
la trataba de manera prepotente. Dejé de lado a mis hijas, he sido un pésimo padre.
He estado viviendo para mi propio placer, repitiendo el ejemplo de mi papá con mi
mamá: él fue un hombre mujeriego y bueno para el trago, vivía de jarana en jarana».
Un año después, en su última sesión, me dice: «Ahora me estoy centrando más en los
demás. Mi preocupación central son mis hijas: desde hace meses que vengo
reparando mis errores. Siento que soy un padre mucho más presente. La Andre la otra
vez me dijo que había cambiado para bien, que estaba más empático con ella y mucho
más preocupado de las niñas. Con la Andre ya no es reparable, ella tiene razón de
desconfiar de mí, no quiere volver a estar conmigo. La entiendo. Pero yo al menos ya
no soy el hombre infantil, irresponsable y egoísta de antes. Eso lo tengo claro. Me
puse las pilas. Más vale tarde que nunca».
Como un doble opuesto de la primera situación, muchos hombres (y algunas
mujeres) llegan a psicoterapia porque han vivido pensando excesivamente en ellos y
muy poco en los demás, y terminan la psicoterapia desarrollando más empatía y
amortiguando su pensamiento egocéntrico.
Esta doble descripción, que puede sonar a un estereotipo de género reduccionista,
efectivamente lo es, y por razones históricas. La pareja parental tradicional de Chile,
originada en el mestizaje, está compuesta por la figura de un padre irresponsable y
egocéntrico (el español que viola a la india y se va) y por la figura de una madre
sacrificada y autopostergada (la india que se dedica a criar sola a sus hijos
«huachos»). Esta definición de roles (no exenta de raigambre religiosa) se ha visto
reforzada por el predominio de una cultura patriarcal, falocéntrica y machista.
Romper con el peso de estos estereotipos, mandatos o clichés psicosociales
internalizados, es uno de los objetivos de una psicoterapia: que la persona que se ha
postergado toda su vida a sí misma (por lo general mujer) pueda por primera vez
mirarse y valorarse; que la persona que ha postergado toda su vida a los otros (por lo
general hombre) pueda por primera vez mirar y valorar a los demás.

171
EL CORAZÓN DE MAGDALENA
Magdalena tiene 47 años y consulta, en sus palabras, «porque hace unos tres meses
que vengo sintiendo fuertes dolores en el pecho, con una sensación muy fea, como si
me fuera a volver loca o a morir, es algo que no puedo controlar. Me vienen ataques
con palpitaciones muy rápidas, sudoración y temblores, como si se me fuera a
arrancar la cuchara. Me revisé el corazón y el cardiólogo me sugirió ver un psicólogo,
porque no era algo cardíaco, sino que podía ser tensional».
Le pregunto cuándo empezó a sentir esto, si lo asocia a algún evento o situación
que lo gatillara. «Yo creo que se me juntaron dos cosas: problemas en la pega, con mi
jefa, que es una inepta, y conflictos con mi exmarido, otro inútil. Yo me oriento
siempre a la acción, a resolver las cosas, y cuando no las puedo resolver porque
escapan a mi control, siento frustración, rabia, mucha impotencia. Algo así me pasó
unos días antes del primer cucharazo».
Exploramos juntos si recuerda alguna situación, quizás cuando niña, en relación
con su mamá o con su papá, o con alguien cercano, en que haya sentido frustración,
rabia e impotencia. Magdalena suspira, mira hacia la ventana un largo rato, en
profundo silencio. Me la imagino retrocediendo la película de su vida, buscando
imágenes, explorando archivos polvorientos. Con voz más lenta, tenue y algo
quebrada, me responde: «Claro que sí… Era la ley de mi vida… Desde que tengo uso
de razón, yo me encargaba de cuidar al Gonza, mi hermano cinco años menor que yo,
mientras mis papás carreteaban en mi casa con sus amigos, con mucho alcohol y
también drogas. Cuando yo tenía doce, tuve que administrar el negocio familiar, una
tienda de ropa usada, porque mi papá se peleó con mi mamá, se fue con otra y ella
estuvo internada por intento de suicidio por dos meses en un hospital psiquiátrico…
Fueron tiempos duros…». Yo mismo me percato que, mientras la escucho, he cerrado
mis puños y me he puesto tenso, como sintiendo en carne propia la misma rabia e
impotencia que ella me está contando.
Magdalena llora y rápidamente me pide disculpas por llorar: «Perdona, no fue mi
intención llorar, no quiero hacer un show». Le respondo: «Parece que desde muy niña
has sentido legítima frustración, rabia e impotencia por la desprotección a la que te
sometieron tus papás, y al mismo tiempo te has obligado a no llorar, a no quebrarte, a
ser fuerte para sobrevivir. Y ahora de adulta, cuando sientes que otras personas se
muestran ineptas, inútiles o descuidadas contigo, todos esos sentimientos guardados
se despiertan y explotan tan fuerte que te hacen sentir que te va a estallar la
cuchara…».
Suspira. Otra vez. Varias veces. Me dice, con voz suave, como de niña: «Siento
ahora un relajo tremendo… Es algo muy raro… Nunca había pensado que esto podía
tener que ver con la rabia que tengo guardada desde cabra chica hacia mis papás…
¿Así funciona una psicoterapia?».

172
Q
¿ UÉ NECESITAN UN ESTUDIANTE DE
PSICOTERAPIA Y UN PSICOTERAPEUTA?

Un estudiante de psicoterapia necesita terapia personal para elaborar su historia,


supervisión clínica para acompañar sus primeros casos y seminarios teórico-técnicos
para desarrollar su pensamiento y habilidades terapéuticas.
Un psicoterapeuta necesita sensibilidad para aplicar la empatía, creatividad para
poner en práctica la flexibilidad y humor para ejercer su trabajo de modo auténtico.
Letra chica: Ambos también necesitan plata, el primero para pagar su formación y
el segundo para pagar su consulta.

173
CON PERMISO PARA SER PERSONA
Usted tiene permiso para:
- Fallar
- Tener miedo
- Deprimirse
- Necesitar que lo cuiden
- Enojarse
- Angustiarse
- Ser débil
- Ser cobarde
- Ser frágil
- Equivocarse
- Confundirse
- Entrar en crisis
- Defraudar
- Enfermarse
- Enloquecer
- Tomar pastillas
- Internarse
- Pensar primero en usted
- Reírse de usted
- Salirse de sus casillas
- Decir que no
- Decir que sí
- No cumplir expectativas ajenas
- No hacerles caso a estas palabras

174
«QUIERO QUE MIS HIJOS SEAN FELICES»
Toda expectativa rígida depositada por madres y padres sobre sus hijos se vuelve una
carga pesada, un mandato potencialmente asfixiante para los niños. Incluso el deseo
de que ellos sean felices, si este deseo o expectativa es lo suficientemente inflexible
como para transmitirles que no tienen derecho a pasarlo mal o a fallar, que no hay
cabida para sentirse tristes ni para estar en crisis.
¿Qué hacer entonces? El problema no son las expectativas parentales (finalmente
inevitables), sino que estas sean muy rígidas y gobiernen inadvertidamente nuestra
conducta. Una alternativa a las expectativas rígidas e inconscientes que depositamos
en los hijos es hacer el esfuerzo por volverlas más conscientes y flexibles,
preguntándonos qué esperamos de nuestros hijos y distinguiendo nuestros deseos,
carencias y mandatos de sus propias necesidades, sentimientos y contextos.
Acaso la expectativa parental más saludable no sea desear que los hijos sean
felices, sino esperar que ellos sean lo que quieran ser, y nosotros estar ahí para
ayudarlos amorosamente en ese continuo proceso.
En definitiva, se trata de ejercer una parentalidad un poco más despierta y lúcida,
consciente y respetuosa de la singularidad y diferencia de cada hija e hijo.
El esfuerzo no será en vano.

175
EL TURISTA Y EL SABIO
Se cuenta que en el siglo pasado, un turista fue a la ciudad de El Cairo, Egipto, con la
finalidad de visitar a un famoso sabio.
El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en una pieza muy simple y llena de
libros. El único mobiliario era una cama, una mesa y una silla.
—¿Dónde están sus muebles? —preguntó el turista.
—¿Y dónde están los suyos…? —preguntó de vuelta el sabio.
—¿Los míos? ¡Pero si yo solo estoy aquí de paso! —respondió el turista.
—Yo también… —concluyó el sabio.
(Relato anónimo)

176
LOS CUIDADORES DESCUIDADOS
La mayoría de las personas que ejercen o estudian profesiones vinculadas al cuidado
de otros (Psicología, Trabajo Social, Enfermería, Medicina, etc.) han sido niños que
han cuidado demasiado a los adultos y/o que han sido insuficientemente cuidados por
los adultos a su cargo.
En psicoterapia, estos «cuidadores descuidados» tienen (acaso por primera vez) la
oportunidad de soltar la coraza, dejar ir los cuidados excesivos hacia otros (parejas,
familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc.) y vivir la novedosa y sanadora
experiencia de sentirse cuidados.

177
JORGE: DE AUTÓMATA A PERSONA
Jorge, 42 años, informático. Primera sesión. Le pregunto qué lo trae a consultar.
«Vengo para que me evalúes. Nunca he tenido pareja, ahora estoy conociendo a una
chiquilla y quiero que me pases varios test para saber cómo soy, para medir mi
personalidad y también necesito tips para conquistarla. No tengo mucho tiempo, ojalá
todo sea rápido. Me cuesta venir para acá, porque en mi tiempo libre cuido a mi
mami».
Jorge, 43 años, informático. Última sesión. Le pregunto qué recuerda de cómo
llegó a psicoterapia. «Me da un poco de risa… Estaba en una parada muy de
autómata, buscando quién era yo en mediciones y cifras de test, súper inseguro,
recién saliendo con la Feña, asustado. Quería recetas rápidas. Me tomó un tiempo
tomarme las cosas con calma y darme cuenta de que yo soy harto más que un número
o que el resultado de una evaluación. La Feña me ayudó cuando me dijo que lo que
más le gustaba de mí era mi cara roja de vergüenza y mis titubeos cuando trataba de
hacerme el galán. Me saqué de encima el rol de niño obediente hijito de su mamá.
Hoy me siento más libre…».
Conclusiones:
1. Lo que nos hace personas es aquello singular, único e irrepetible de cada uno
de nosotros.
2. Lo que nos hace más queribles suele ser nuestro lado más frágil y vulnerable.
3. Lo que nos hace libres es liberarnos de los roles rígidos que hemos ocupado
desde nuestra infancia.
4. Los seres humanos, en nuestro núcleo más personal y profundo, no somos
medibles ni evaluables.
Afortunadamente.

178
MIRAR PARA EL LADO
«Comencé yendo a terapia por un motivo totalmente distinto al que finalmente se
trataba. Mi motivo inicial eran ‘los cambios que estaba teniendo en mi vida (cambio
de pareja después de 3 años juntos y cambio de casa después de 15 años en la misma)
y mi necesidad de siempre mirar para el lado teniendo una pareja’ (no es un motivo
de consulta muy llamativo o urgente que digamos). Sin embargo, luego de tratar esos
temas con mi terapeuta, salió otro que pensé que nunca iba a salir, se trataba de un
asunto que juré nunca contárselo ni a mi sombra, y al ver que estaba saliendo al
lenguaje, me aterré por completo: el enfrentamiento de ese terrible tema se estaba
volviendo la verdad agonizante. Falté a terapia la sesión siguiente porque
genuinamente se me olvidó… Fue la única vez en mi vida que eso ocurrió porque
siempre estuve contando los días para las sesiones.
Después, ese tema ya no fue tema, porque se convirtió en algo que tenía totalmente
en la base una situación conflictiva no resuelta desde la niñez: estaba ejerciendo la
prostitución. Ahora no era ‘tema’, sino ‘prostitución’, algo más aliviante en la medida
en que por lo menos tiene nombre. Esto venía siendo arrastrado por varias
generaciones atrás de mí, siendo siempre algo aceptado, naturalizado, pero no muy
hablado en mi familia. Además del concepto de mujer siendo valorada más por lo
físico que por lo realmente importante.
Con el paso del tiempo, esto que estaba haciendo se fue convirtiendo en una
película muy clara y consciente: estaba viendo la terrible disociación que estaba
teniendo en mi vida, al punto de no poder conectarme con las personas que más
quiero, o de no poder ser auténtica ante personas que me importaban, por tener medio
pegada esa barrera de algo que no puedo explicar, que es la disociación.
Igual, y a modo de chiste, entender the real disociación es heavy, pero por lo
menos voy a poder empatizar con las personas que lo hayan vivido. O quién sabe,
poderle reflejar a alguien si en algún momento lo está haciendo sin querer,
obviamente, jaja. Porque agrego acá lo que he aprendido en educación: la importancia
de un mediador para aprender es fundamental (Vygotsky).
Al final me di cuenta de que mi motivo de consulta real era que el tema de los
cambios y mi rechazo hacia ellos era un síntoma de mi necesidad de estabilidad
mental. Y mi mirada para el lado con mi pareja era el reflejo de una búsqueda
constante de aprobación y seguridad que alguien a cambio de sexo me daba:
estabilidad económica, lo cual me di cuenta de que tenía que ver con la necesidad de
ser protegida y contenida ante momentos en los que me siento mal o me encuentro
medio perdida.
Creo que me queda bastante por aprender de mí misma, pero también creo mucho
más que ayer en la psicoterapia. Creo que verdaderamente sí ayuda a que las personas
vivamos más tranquilas, más conscientes y, después de eso, felices. Nada mejor que
ver la vida desde la realidad. Aprendí con esto a ver también las necesidades de los
demás: con la actitud que estaba teniendo, no estaba mirando las necesidades de
quien era mi pareja en ese momento. Y sí, con esa pareja terminamos, pero gracias a
eso también desperté y hoy conocí a alguien que me quiere mucho, a quien pude
contarle esto y que me ha apoyado en este momento. Qué rico poder escucharlo y

179
tener una relación sana desde la base y sus inicios. También se lo conté a una
hermana, la cual desde ese momento también me ha apoyado, y yo a ella en sus cosas
también.
Como lo dije antes, me queda mucho por aprender. Pero hasta ahora, después de
casi un año de terapia, puedo decir que lo recomiendo totalmente, jajaja.
Gracias una vez más, Sebastián, ¡saludos!».
Nota: Publico esto, con datos y contextos modificados por confidencialidad, por
expresa petición y con autorización de quien lo escribió, a quien llamaré Anita. Lo
hemos hablado, Anita: cuando llegaste, me sorprendió que siempre «miraras para el
lado» en nuestras sesiones, sin poder yo encontrar tu mirada con la mía. Luego que
abriste conmigo tu secreto, que después compartiste con tus personas de más
confianza y que ahora tú misma me pides publicar en redes sociales (acaso como una
suerte de ritual virtual para terminar de espantar las trampas del ocultamiento), tu
mirada cambió: empezaste a poder mirarme de frente. Porque ya tú misma podías
mirar de frente tu historia y a ti misma. Hoy ya no miras para el lado, ni a tu vida, ni a
tu psicólogo, ni en tu relación de pareja. Te repito lo que te escribí por correo, cuando
recibí este texto tuyo: me emociona tu lucidez actual, siendo testigo de tus valientes
avances. Ahora miras tu vida de frente.

180
CONTRA LA IDEALIZACIÓN
Juan, papá de Antonio, niño de 5 años a quien el colegio lo envía a evaluación por su
extrema timidez, me dice en la segunda entrevista que tengo con él: «Yo estoy acá
solamente porque el colegio lo exigió; si no, jamás vendría. Quiero que Antonio sea
hombrecito, fuerte, no el pollito débil que es ahora. Seguro tú eres un farsante, como
todos los psicólogos, que se creen consejeros y son puros chantas. Hazme el informe
rapidito y me voy de acá, no estoy dispuesto a mantenerte». Yo, que ya había visto a
Antonio, me enrabio y le respondo: «Ahora entiendo mejor el retraimiento de tu hijo,
que a todas luces es una reacción a tu modo violento y despectivo». Sin pensarlo, ya
había entrado en el «gallito» de poder con Juan, que luego de volver a insultarme,
interrumpió la entrevista y las sesiones con Antonio.
Marcia, de 23 años, llega atravesando un estado depresivo. Me cuenta que pasa
encerrada en su pieza, que ha dejado de ver a sus amistades, que ya no hace deporte,
que tiene pensamientos negativos y de muerte. Junto con sugerirle una consulta con
un psiquiatra para evaluar posible medicación, le dejo rápidamente como tarea llamar
a un par de amigas y retomar el deporte. La sesión siguiente, me dice: «Yo no vine
acá para que tú me digas lo que tengo que hacer, como todo el mundo, sino para que
me comprendas». Le digo que tiene razón, que quizás yo mismo me angustié con su
profundo desánimo y en lugar de empatizar con ella, me puse en actitud de imponerle
acciones. Marcia no volvió a consultar conmigo.
Josefa, de 27 años, me cuenta que siempre se ha llevado mal con su hermana, que
no soporta lo agresiva que es ella, siempre hablando mal de las personas. Acto
seguido, empieza a hablarme de su mamá, de su vecina, de su jefe y de su primo,
descalificándolos a todos, con gruesas palabras. Yo atino a decirle: «Recién criticabas
a tu hermana por hablar mal de las personas y ahora tú estás haciendo lo mismo…».
Su cara se pone roja y con mucha rabia e ironía me dice: «Qué lindo venir al
psicólogo y sentirse juzgada…». Esa fue nuestra última sesión.
Como persona y como psicoterapeuta, soy humano, falible y me equivoco. Nunca
he dejado de fallar. Siempre hay algunas personas que padecen mis puntos ciegos, mi
falta de empatía, mis reacciones fuera de lugar, mi cansancio, mi insuficiente tacto.
Algunas lo soportan, algunas no. Escribo esto porque me doy cuenta de que muchas
historias clínicas que comparto son demasiado «felices» y «exitosas», y se prestan
para la fácil idealización. Y este oficio (como todo trabajo) no es Disneylandia: está
lleno de sinsabores, de amarguras, de equívocos, de desilusiones.
Queridas personas que acuden, acudieron o acudirán a consultarme: les pido
perdón. No soy un psicoterapeuta infalible, sino alguien que abunda en
imperfecciones. Intento equivocarme cada vez menos, pero nunca dejo de fallar. A
veces estas fallas son leves y una vez reconocidas y elaboradas, nos permiten
avanzar; otras son más severas y provocan rupturas en procesos terapéuticos en curso.
Suelto toda idealización y los invito a caminar juntos por este camino cubierto de
baches: los de ustedes, los míos, los nuestros. Somos humanos. Demasiado humanos.

181
MINUTO 39
Minuto 39. Vamos ganando el partido. Algún gol nos han marcado, pero más han
sido a favor. Todo ha sido trabajo en equipo. Gracias a todas y todos quienes han
formado parte de este plantel. Ya termina el primer tiempo y el juego ha valido la
pena. Con toda la motivación para empezar el segundo lapso. O el tiempo que el
destino me depare dentro de la cancha. ¡Ahí vamos!

182
NO PODER SEGUIR
Me dice que no puede seguir porque le complica el dinero. Que lo siente tanto. Le
digo (advertido por los años, esos sabios que los incautos evitan) que antes tenía el
mismo dinero y que venir le parecía urgente. Que quizás no puede seguir porque ya
no es necesario seguir. Y que eso es bueno. No me dice nada. Solo suelta un suspiro
leve como un pájaro y me regala, casi sin querer, una sonrisa de despedida.

183
LA DEPRESIÓN O EL DOLOR
DE LA ORUGA

Cuando llegan, apenas, como arrastrándose, dicen que sienten un dolor enorme, que
sienten que van a morir. Que ya no duermen como antes. Que ya no comen como
antes. Que ya no ríen como antes. Que les cuesta tanto salir de la cama. Todo eso es
cierto. Lo que todavía no saben es que, como la oruga, están naciendo de nuevo.

184
AUTOAYUDA SEGÚN FREUD,
WINNICOTT Y LACAN
1. Toma conciencia del dolor que has pretendido apartar de ti, para no repetirlo.
2. Vive de manera auténtica y creativa, no por acatamiento a las expectativas
ajenas.
3. Reconoce tu propio deseo en lugar de desear el reconocimiento de los demás.

185
NAVIDAD EN FAMILIAS CON PADRES
SEPARADOS: LA ILUSIÓN DE LA
«FAMILIA FELIZ»

Madres y padres separados: si ustedes no se están llevando lo suficientemente bien


con sus ex parejas, eviten pasar Navidad juntos, como si fueran una «familia feliz».
Lo más probable es que les salga el tiro por la culata: los hijos correrán el riesgo de
confundirse con falsas expectativas de reunión y es altamente factible que la velada
se arruine por la activación de conflictos parentales y/o conyugales no resueltos.
Mejor dos Navidades: la de la mamá y la del papá, con los respectivos tíos, abuelos y
amigos. Más realista que la ilusión de la happy family.

186
AUTOAYUDA SEGÚN NIETZSCHE,
HUSSERL Y HEIDEGGER
1. Dile que sí a la vida: libérate de las amarras de la excesiva moral y de los
esclavizantes imperativos sociales.
2. Deja de lado tus prejuicios y ábrete a las experiencias del mundo como si las
vivieras por primera vez.
3. Asume tus límites y tu finitud, y vivirás una vida más auténtica y
significativa.

187
PERSONAS ANTES QUE ADICTOS
Psicoterapeutas que trabajan con personas en situación de adicción a sustancias
(alcohol, drogas, etc.): en lugar de enfocarse en la adicción de manera aislada y
descontextualizada, escuchen y comprendan a la persona como un individuo total,
cuya adicción es un aspecto más de su vida, que aparece como un emergente de sus
vínculos, sus heridas y sinsabores. No olviden lo singular de cada historia de vida, lo
particular de sus dolores y de sus alegrías. El primer paso para ayudar a una persona
en situación de adicción es reconocerla como un sujeto, con historia y contexto, con
fortalezas y vulnerabilidades, con esperanzas y temores, con opiniones y
sentimientos.

188
ASUMIR LA PROPIA HISTORIA
Antonia tiene 27 años y hoy es su última sesión. Le pregunto qué ha podido sacar en
limpio de su terapia. Me dice: «Ahora soy más consciente de mi historia: puedo
asumirla en lugar de proyectarla en los demás, como lo hacía antes».

189
CULTIVAR EL «SENTIPENSAMIENTO»
Hay personas, las «totisintientes», que llegan agobiadas por la dictadura del sentir: no
pueden pensar, todo en ellas es sentimiento. Exudan emociones como municiones en
permanente descarga.
Hay personas, las «totipensantes», que acuden saturadas por la dictadura del
pensar: no han aprendido a sentir, todo en ellas es pensamiento. Construyen con el
intelecto murallas que los aíslan del cuerpo.
Totisintientes y totipensantes pueden, en psicoterapia, cultivar el sentipensamiento.
Descubrir, como avizorara un tal Galeano (¿psicoterapeuta uruguayo?), que es
posible dejar de separar la razón del corazón, que es posible sentir y pensar a la vez,
que es posible sentir pensando y pensar sintiendo: sin divorciar la emoción de la
razón ni la cabeza del resto del cuerpo.
¿Y tú?, ¿eres totipensante, totisintiente o sentipensante?

190
AUTOAYUDA SEGÚN GADAMER,
MERLEAU-PONTY Y LÉVINAS
1. Nunca asumas que tu «verdad» es única y definitiva: tus «certezas» son
siempre interpretaciones al interior de tradiciones y prejuicios.
2. No pienses que tu conocimiento es «objetivo», «neutral» o «impersonal»: tu
percepción está situada en contextos y tu experiencia encarnada en tu cuerpo.
3. No intentes dominar, poseer ni clasificar al otro: cada ser humano es
incognoscible e inapropiable.

191
AUTOAYUDA SEGÚN MELANIE KLEIN,
WILFRED BION Y DONALD MELTZER
1. Abraza tu propio odio e integra tu lado destructivo, en lugar de proyectarlo en
los demás y en el mundo.
2. Aprende a vivir en la incertidumbre y en el vacío: la verdad habita en lo
desconocido e incognoscible.
3. Rutina e inspiración son necesarias en tu vida: sin inspiración, tu vida sería
plana y monótona; sin rutina, confusa e impredecible.

192
PILAR SORDO ES MI COPILOTO
No le cuenten a «naiden», pero ya van varias veces en que algún académico
apolillado y acartonadito, cuando no algún tierno estudiante intelectualoide, me tilda
de «el Pilar Sordo del psicoanálisis». Siempre es lo mismo: me acusan de «hacerle
daño al psicoanálisis», de haber abandonado la sagrada jerga de la secta de Freud y
Lacan, de ser objeto predilecto del pelambre en jaurías universitarias y
psicoanalíticas, de ocupar las herejes redes sociales y las impuras palabras comunes
para seducir a insípidas masas. Masitas imberbes y piñuflas, incautas y virtuales. ¡Ay,
ultrajada metapsicología de los iniciados! Una sola vez recibí, por las mismas
razones, el hiperbólico piropo de «presunto antipsicoanalista, un Nicanor obeso que
jura que insufla con su tufo mesiánico aire nuevo al psicoanálisis». Pero yo, como
narciso insufrible e incurable (qué duda cabe, en esto mi psicoanalista fracasó), me
quedo con lo primero: Pilar Sordo es valiente. Ella aguanta, estoica y aguerrida, el
bullying impío del «shileno shaquetero». Como toda una superhéroe posmo. Lo digo
y qué: Pilar Sordo es mi copiloto. Bienvenido dolor.

193
AUTOAYUDA SEGÚN BORGES,
CORTÁZAR Y GALEANO
1. Vivir bajo la amenaza inalterable de la muerte es un alivio: la verdadera
pesadilla es la inmortalidad.
2. Busca, busca siempre, no pares de buscar, no importa si no sabes qué: la vida
es búsqueda.
3. Vive la vida con tanta pasión, ardor y ganas como para convertirte en fuego e
incendiar, por contagio, a quienes te rodean.

194
LO MEJOR QUE PODEMOS OFRECER
COMO PSICOTERAPEUTAS

Favorecer una relación humana, auténtica y adaptada a las necesidades emocionales


del otro: he allí lo mejor que podemos ofrecer como psicoterapeutas.

195
RICARDO O EL INCONSCIENTE
EN ACCIÓN

Ricardo tiene 27 años. Llega por inseguridades en su relación con Paulina, su pareja.
Lleva cuatro sesiones conmigo. A las cuatro ha llegado con bastante retraso, en
general de una media hora, siempre con una razón «comprensible» que lo explica: el
taco, una reunión de última hora, la búsqueda de un cajero automático, una llamada
urgente.
Luego de su última demora, le señalo: «Entiendo tus atrasos y valido las
situaciones que me has comentado: no es fácil moverse por Santiago a esta hora. Al
mismo tiempo, se me ocurre preguntarte, casi como jugando: ¿te pasó alguna vez,
quizás cuando niño, sentir que no había tiempo para ti? Te lo pregunto porque esa es
mi sensación con nuestras sesiones: que finalmente no hay tiempo suficiente para
ti…».
Ricardo abre los ojos y repite varias veces la frase: «No hay tiempo para mí… No
hay tiempo para mí… No hay tiempo para mí… Sí, po… Nunca hubo tiempo para
mí: mis papás vivían para el trabajo. Y sus tiempos libres eran casi siempre para sus
pasatiempos o sus amigos… Yo siempre me sentí postergado… Crecí sintiendo que
no era importante… En el fondo, no me sentía querido… Y es lo que me pasa en mi
relación de pareja: siempre dudo de que la Nina me quiera…».
Ricardo me mira con una expresión de extrañeza y sorpresa. Le respondo: «O sea
que tus atrasos, siempre razonables y justificados, también nos están comunicando
una verdad dolorosa, que no habíamos explorado hasta ahora: tu sensación y tu
experiencia de que nunca hay tiempo suficiente para ti».
Ricardo suspira. Sonríe, murmura un «qué heavy…» y me pregunta: «¿Esto es lo
que ustedes los psicólogos llaman el inconsciente?».

196
EL SÍNDROME DE
SOBRECOMPENSACIÓN PARENTAL

Jenniffer tiene 38 años y consulta preocupada por Nicole, su hija adolescente: «Voy a
partir por el principio: yo viví en la pobreza cuando niña, no teníamos nada. Me
trataban a correazos. Nunca tuve vacaciones: desde muy chica, tuve que trabajar y
estudiar. No tenía permiso para nada. No lo pasé bien. Tenía buenas notas, eso sí. Salí
adelante sola, con mucho esfuerzo. Por eso a mi hija, a la Nicole, le he dado todo: no
quería que pasara por las privaciones que yo pasé. Desde antes que ella naciera,
empecé a comprarle toda la ropa, todos los juguetes. Nunca le pegué y de eso me
enorgullezco. Pero tampoco le puse límites, nunca le dije que no a algo. Ha tenido
todo en bandeja. A sus once años, compartió conmigo su primer pucho. A los trece,
fumó conmigo su primer pito. Yo me sentía una mamá liberal, buena onda, qué sé
yo… Una mamá moderna, progre, cercana: pensaba que así era la mejor forma de ser
mamá, hacer todo lo contrario a mis papás. Pero ahora que la Nico tiene quince, ya no
sé cómo frenarla. Fuma marihuana todos los días, incluso en el colegio. Ha perdido el
interés por estudiar. El fin de semana llegó súper borracha a la casa y vomitó todo el
pasillo. La reté y me empujó, amenazando con pegarme. Yo me saqué mi cinturón
para asustarla (nunca lo había hecho) y terminamos a garabato limpio entre las dos.
Mi hija se me fue de las manos. Siento que es como la ley del péndulo: porque yo no
tuve nada, quise que ella lo tuviera todo. Ahora recién entiendo que compensé en
exceso con ella mis propias carencias y traumas. Solo faltaría que si la Nicole llega a
tener hijos, los trate a correazos buscando no repetir los errores de su mamá…».

197
EL TRABAJOLISMO COMO MECANISMO
DE HUIDA

Usted, que trabaja tanto, usted que siempre anda corriendo y nunca tiene tiempo: ¿a
qué le tiene miedo? Respóndame: ¿de qué está escapando? ¿Qué vacíos intenta llenar
con su trabajolismo?

198
RESOLVER EL COMPLEJO
DE PANCHO PUELMA

«Seré lo que tú quieras, con tal de que no me dejes caer», reza nuestro desamparo
originario. Y así vamos aterrizando en un mundo que nos asigna un lugar, antes que
nosotros podamos elegirlo. Lugar cargado de expectativas y temores extraídos del
pozo de las historias familiares y de los mandatos sociales.
Una conocida canción chilena de los ochenta, «Esperando nacer», de Pancho
Puelma, lo retrata con claridad:
«Será un ingeniero, dice el abuelo.
Un gran arquitecto sería perfecto.
¿Y si es un artista? ¡Qué horror, un bohemio!
Mejor una niña que cumpla mis sueños…
Que siga la huella de Jesús Nazaret.
No, no: mejor empresario, será millonario.
Un doctor famoso, un físico loco…
Y yo solo quiero aprender a respirar».
Desde antes de nacer, advertida o inadvertidamente, hay un lugar preparado para
nosotros: un rol, un guión para encarnar un personaje dentro de la trama familiar y
social. Nunca nacemos en el vacío de expectativas: siempre hay una preconcepción
allí para alojarnos, más o menos amorosa u odiosa, más o menos idílica o infernal.
Resolver el complejo de Pancho Puelma es una tarea o desafío que todos tenemos:
se trata de «metabolizar» este lugar, rol o personaje, en el sentido de extraer de allí lo
que nos sirve y eliminar lo que no, mediante un proceso de desidentificación y
reapropiación.
La etapa crucial (aunque no exclusiva) para esto es la adolescencia. Si en la
infancia recibimos un «tú serás esto» (el personaje de turno, como puede ser «la niña
responsable», «el niño infantil», «la niña guerrera», «el niño enfermo», «el hijo
maridito», «la hija oveja negra», etc.), la adolescencia es una declaración de ruptura
respecto a las expectativas parentales, un «yo no soy eso que tú quieres» (no es casual
que los adolescentes hagan marcas y cortes en su piel, en su pelo, en su rostro, en su
ropa, en su pieza, en su música, en su ideología, como bastiones de subjetivación),
proceso que a veces resulta en un sano efecto de decepción en los padres. Acaso la
adultez, finalmente, sea un momento de síntesis dinámica (nunca resuelta) entre el
personaje donado por el mito familiar y la rebelión reactiva.
Resolver el complejo de Pancho Puelma es otra manera de decir que pasamos de
ser objetos a ser sujetos, de estar alienados (a la vez que anidados) en las expectativas
parentales a poder escribir nuestra propia historia. Resolver el complejo de Pancho
Puelma es el objetivo más general y más ambicioso de toda psicoterapia. Resolver el
complejo de Pancho Puelma es el fin de la espera y el comienzo del nacer. Resolver
el complejo de Pancho Puelma es aprender, por fin, y como dice la canción, a
respirar.

199
AUTOAYUDA SEGÚN WALTER BENJAMIN,
MICHEL FOUCAULT Y JACQUES DERRIDA
1. No busques reproducir de manera inauténtica el modelo de otra persona:
rescata y desarrolla tu propia aura, esto es, lo singular e irrepetible, lo original e
irreproducible, lo sagrado e incalculable que hay en ti.
2. Libérate de las categorías y etiquetas que crees que te definen: no son sino
construcciones históricas que un grupo de personas poderosas ha impuesto como
«verdades».
3. Subvierte y descentra la «historia oficial» que tienes de ti, de tu vida y de tu
contexto: no asumas una «identidad» presuntamente fija y central, que excluya
tu diferencia y restrinja tus posibilidades.

200
DIÁLOGO ENTRE UN PROFESOR
Y UN APODERADO

—No puede ser que tantos niños del curso tengan «déficit atencional»: son tus clases
las fomes —dice el apoderado. —Fome es tener que recibir un sueldo miserable por
trabajar 60 horas semanales, en condiciones precarias y educando a 45 niños por sala
—responde el profesor.

201
REGAR LA PLANTITA
Los padres discuten. Mariana, la madre, dice que ella ha cambiado para bien y que
Gustavo, el padre, no; que él no se ha preocupado por la relación de pareja. Gustavo
dice que se siente amenazado, que Mariana siempre está dándole advertencias.
Los escucho y les señalo: «Ustedes llegaron pidiendo hora para Macarena, su hija
de ocho años, porque era muy descuidada en el colegio. Ahora que la Maca está
mejor, noto que los dos están hablando de cómo cada uno siente que el otro es
descuidado en la relación de pareja».
Mientras esto sucede, en la misma sesión pero en el suelo, la Maca juega a ser
jardinera: «Estoy echándoles agua al pastito y a las flores, para que no se sequen».
Sonrío y les digo a los padres: «Parece que la Maquita es súper sabia y les está
mandando un mensaje a sus papis. ¿Qué mensaje escuchan ustedes?».
Mariana se queda mirando el juego de su hija y responde, con la voz quebrada:
«Nos está recordando que para que el amor no se seque, es importante regar la
plantita». Gustavo mira a Mariana, le sonríe a su hija y toma la mano de su mujer.
Ambos padres, junto a Macarena, pasan el resto de la sesión jugando a regar las
plantas, el pasto y las flores.

202
ESLOGAN PARA UNA PSICOTERAPIA
¡Abraza tu síntoma!

203
EL PIQUERO DE DIOS
Aquí el cielo es el mar.
Estoy en el mundo submarino.
Pero de pronto ocurre lo peor:
Dios se tira un piquero.

204
ANTONIO O LA COMUNICACIÓN MUSICAL
INCONSCIENTE

Antonio, 55 años: «¿De qué sirvió dedicar mi vida a tener mucha plata, si terminé
solo, sin amigos, separado y peleado con mis hijos? Estar arriba, en la cúspide del
poder, o estar abajo… al final, ¿qué diferencia hace? ¿Qué es ‘arriba’ y qué ‘abajo’?
A mí lo único que me quedó fue mi colección de vinilos de Pink Floyd».
Sabiendo que a los dos nos gusta esa banda, mientras lo escucho con atención
tengo una súbita evocación musical y le digo: «¿Te acuerdas qué dice la canción ‘Us
and them’, de Pink Floyd, a propósito de estar arriba y estar abajo?». Antonio pone
cara de sorpresa y se queda un par de minutos en silencio, como cantando para sus
adentros. Sus ojos se ponen brillosos y me responde: «Arriba y abajo… Y al final es
solo circular y circular… He estado pegado con esa canción toda esta semana…».

205
RECORDATORIO FENOMENOLÓGICO
PARA PSICOTERAPEUTAS

1. No impongas una teoría rígida a la persona que tienes al frente.


2. No impongas una etiqueta diagnóstica a la persona que tienes al frente.
3. No impongas una técnica mecanizada a la persona que tienes al frente.

206
VOY A GANAR
Manuel, 27 años. Primera sesión: «Siempre he querido ser el mejor en todo lo que
hago. Pero siento que nunca lo he sido. La única vez que saqué el primer lugar en
algo fue cuando era un espermio».
Última sesión: «Cuando llegué acá, me desvivía por querer ser el mejor en todo.
Era súper autoexigido. Ahora no le doy tanta importancia a eso: entendí que esa
presión venía de mi historia familiar y la pude soltar. Hoy vivo más liviano y más
tranquilo».

207
SABIDURÍA RURAL
Mario, agricultor de 51 años, me dice: «El campo es una escuela de vida». Le
pregunto qué enseñanza ha extraído de la sabiduría de la tierra. Me responde: «Que
quien te caga no sabe que también te abona».

208
BONG
Pliegue y repliegue
despegue merengue
carroza gozosa
I want I want
Titutí
Cale calefacto
Espacio despacio
en el acto
forzosa carroza
Titutitutitutitu

209
TRES TESOROS DE LA NIÑEZ
Pasión, creatividad, asombro: tres tesoros de la niñez a no perder en la vida adulta por
la costumbre, la ambición y la codicia.

210
TODOS SOMOS JOAQUÍN
El niño, que llamaré Joaquín, tiene unos diez años. Llora cuando empieza el
concierto. De emoción. Su abuela lo abraza.
Lo veo y pienso: ¿llora simplemente porque es su cantante favorito? Pero aun si
fuera así, ¿por qué es su cantante favorito? ¿Lo aprendió de su abuela? ¿Evoca a su
padre, que murió en un accidente? ¿Lo conoció por el amigo que se cambió de
colegio? ¿Empezó a gustarle por un programa de televisión? ¿Es el cantante que
escuchaba la mamá en el auto, antes del maldito cáncer?
¿Cuál es su historia? De pronto comprendí: su historia puede ser cualquier historia.
Su historia son todas las historias.
Ese niño es Joaquín, pero no es solo Joaquín: es los otros niños, es todos los niños,
es todos los seres humanos. Todos, allí, reunidos y palpitando en Joaquín.

211
DESTINOS DE LA VEJEZ
Dice mi amigo Pato Araya que hay tres tipos de viejos: los viejos choros, los viejos
verdes y los viejos culiaos.

212
STAR WARS: UNA HISTORIA DE APEGO
La Guerra de las Galaxias es también «El trauma del apego»: el núcleo de su historia
relata una situación desafortunadamente habitual, a saber, cómo un trauma severo en
el vínculo de apego primario puede hacer pasar a una persona, por brillante que sea,
al lado oscuro de lo humano, sin sacrificar por ello su entera sensibilidad.

213
EL DERECHO A FALLAR
En nuestra cultura exitista y perfeccionista, muchas madres y padres olvidan
transmitirles a sus hijas e hijos que tienen derecho a fallar y a expresar sus humanas
imperfecciones.

214
ANA, LA ENFERMERA DEL MUNDO
Ana tiene 31 años. Es enfermera. No solo desde que estudió Enfermería en la
universidad, sino desde muy niña: su padre era alcohólico y diabético, y Ana fue su
cuidadora hasta su muerte, cuando ella tenía 23 años. Ana, desde la adolescencia, ha
buscado parejas a quienes cuidar, como aprendió a hacerlo con su padre: hombres
alcohólicos, hombres infantiles, hombres inestables. Está casada con Marcelo, quien
cumple con esas tres características. Pero hoy, a sus 31 años, Ana es madre de
Benjamín, un pequeño de 3 años, y me dice: «Me cansé de ser la cuidadora de quien
no me corresponde. Solo quiero cuidar al Benja. Perdí mi infancia y mi adolescencia
siendo la enfermera de mi papá, y no quiero desperdiciar mi adultez siendo la
enfermera de mi marido. Me siento sobrecargada…».
La escucho con atención y le digo: «Siento que hoy, frente a mí, estás renunciando
oficialmente al rol que has desempeñado durante toda tu vida: no quieres seguir
sintiendo y creyendo que debes ser la enfermera del mundo para sentirte valiosa y
querida…».
Ana solloza y mira la caja de pañuelos. Se los ofrezco. Después de unos minutos
en silencio, me pregunta: «Si esta renuncia me duele y me caigo, ¿tú me puedes
cuidar?». Le sonrío y le señalo: «Tienes todo el derecho a dejar de cuidar a los demás
y empezar a permitir que otros te cuiden…». Ana suspira. Varias veces. Yo siento
como si en cada suspiro Ana estuviera botando un enorme peso alojado por años en
lo más profundo de sus entrañas.
¿Y tú?, ¿a qué rol sobrecargado necesitas renunciar?

215
Table of Contents
Cubierta
Portada
Créditos
Nota preliminar
Nuestros «pilotos automáticos»
Jacinta, el dinosaurio y la hormiga
Lo que puede el sentimiento
Javiera o la niña del macetero
Llegar tarde
Cuaderno de terapia: un diario de vida emocional
Cuando estar «mal» está bien
Ser padres: una oportunidad para sanar la infancia
Las funciones de los hijos
Mis siete psicoterapias
Tres notas mentales para psicoterapeutas
Psicoterapia: crecer juntos
Teorías: puentes y no murallas
El truco
Soltar la autoexigencia
Del maltrato al buen trato
Buen trato a la infancia: aceptación incondicional
La infancia robada
Prioridades
Uno
De fútbol y psicoterapia
Esguince emocional
Las cartas en psicoterapia
El amor según mi hijo de cuatro años
Lo verdaderamente importante
El padre de hoy
El «Día del Padre Ausente»
Principio psicogástrico
Mi manera de entender la psicoterapia
La paradoja de la psicoterapia
Sujeto supuesto saber
La belleza de morir
Elogio del pluralismo
Acá
Contra el dogmatismo teórico
¿Quién es el paciente y quién el psicoterapeuta?
Rigidez por flexibilidad
Cura de amor

216
Relación de pareja y carencias afectivas infantiles
No existen los depresivos
Buen trato infantil y felicidad adulta
Crianza natural
Los hijos no son pañuelos
Hijos torbellinos
Disciplina empática: el tercer camino
¿De qué se trata una psicoterapia?
La mayor felicidad
El chipote chillón y la rueda de la fortuna
Una y la otra
Una pregunta difícil
Carlo de Gavardo
La ruta de la Roja
Un mejor país
Pensamiento excluyente y pensamiento incluyente
De fútbol y cambios sociales
Ser y estar en el mundo
Cinco remedios caseros y ancestrales para hacer dormir a tu guagua
Cuando interrumpir la terapia es el mejor cierre de un ciclo
Pequeñas acciones para grandes cambios
El terapeuta como ciudadano: la política cartas hacia arriba
El privilegio de hacer lo que me gusta
Seres socio-psico-biológicos
El aburrimiento como fuente de la creatividad
Intensa-mente
Diez cosas difíciles y diez cosas gratificantes de la crianza
Tres mitos comunes en la psicoterapia con adultos
Como, luego existo
Recorrer la ciudad
El secreto
Manual de safari urbano o el arte de perderse
Para crear hay que seguir en la lucha
Todo momento es un momento nuevo
De running y walking
Reflexiones desde la psicoterapia relacional, a propósito de El bosque de Karadima
La actitud psicoterapéutica: de la neutralidad a la influencia significativa
«Mi casa es un campo de batalla»
Veinte tesis sobre la psicología del maltrato
Descentralización
Por una adopción respetuosa
Responsabilidad de expresión
El arte de la psicoterapia
La mayor genialidad de Freud
De generosidades y privilegios

217
Intento de suicidio
Niños
Persona acelerador y persona freno
Tres herramientas clínicas
Confianza básica hacia los niños
Mentir, sobreexigir, polarizar: tres errores en la crianza
El pudridero del alma
Autenticidad responsable
De psicoterapia y escritura
El valor de las cosas «obvias»
Juego, creatividad y belleza
Aterrizaje emocional
El sentido de una psicoterapia
Abuso sexual y sexualidad infantil: el péndulo de Freud
Ser humano
Adopción y prueba de confianza
Seguridad, protección y confianza
Vivir creativo
Flashback
Psicoterapeuta 3D
Contra la corriente
Mandatos de género
El mejor libro
Mensajes que justifican la escritura
Reflexión al paso en Nueva York
Perspectiva
De hogar y de viajes
«Trabajobby»
La culpa
Campo adentro
En la mitad del camino
Ilusión de alternativas
La pared que volvió a sonreír
Las vueltas de la vida o la supervisión como «intervisión»
Mensajes que sacan sonrisas
La infancia secuestrada
Confesión antimetodológica
Estremecer los viejos supuestos
Saudade psicoterapéutica
El peligroso péndulo de la crianza
Elogio de la crítica
Amar sin límites, convivir con límites
Crianza empática y crianza apática
Maldita primavera
El suicidio: más allá del tabú y del estigma

218
Recordar
Del activismo al fundamentalismo
Cinco principios de parentalidad positiva
Paradoja capitalista
«A mí me pegaban y no quedé traumado»
Para personas ociosas y con mucho tiempo libre
Sobre las aguas de la propia historia
Salir del clóset
Un alto cargo académico
Cambiar el mundo
Worst sellers
Solipsismo ideológico
Menos etiqueta, más persona
Un psicoanálisis más humano
Un psicoterapeuta
El secreto de los psicoterapeutas
El camino de la psicoterapia
Contra el culto a la personalidad en psicoanálisis
Autoterapia en tres imposibles pasos
La psicoterapia como trabajo de liberación
El volante y la bencina
Advertencia para psicólogos y estudiantes de Psicología
La coraza profesional
Niño mateo
Nuestros personajes encarnados
La autoridad de los padres
La edad emocional
Cuatro palabras a evitar en la crianza
Cuando la enfermedad es la mejor terapia
El histórico síndrome del doble opuesto
El corazón de Magdalena
¿Qué necesitan un estudiante de psicoterapia y un psicoterapeuta?
Con permiso para ser persona
«Quiero que mis hijos sean felices»
El turista y el sabio
Los cuidadores descuidados
Jorge: de autómata a persona
Mirar para el lado
Contra la idealización
Minuto 39
No poder seguir
La depresión o el dolor de la oruga
Autoayuda según Freud, Winnicott y Lacan
Navidad en familias con padres separados: la ilusión de la «familia feliz»
Autoayuda según Nietzsche, Husserl y Heidegger

219
Personas antes que adictos
Asumir la propia historia
Cultivar el «sentipensamiento»
Autoayuda según Gadamer, Merleau-Ponty y Lévinas
Autoayuda según Melanie Klein, Wilfred Bion y Donald Meltzer
Pilar Sordo es mi copiloto
Autoayuda según Borges, Cortázar y Galeano
Lo mejor que podemos ofrecer como psicoterapeutas
Ricardo o el inconsciente en acción
El síndrome de sobrecompensación parental
El trabajolismo como mecanismo de huida
Resolver el complejo de Pancho Puelma
Autoayuda según Walter Benjamin, Michel Foucault y Jacques Derrida
Diálogo entre un profesor y un apoderado
Regar la plantita
Eslogan para una psicoterapia
El piquero de Dios
Antonio o la comunicación musical inconsciente
Recordatorio fenomenológico para psicoterapeutas
Voy a ganar
Sabiduría rural
Bong
Tres tesoros de la niñez
Todos somos Joaquín
Destinos de la vejez
Star Wars: una historia de apego
El derecho a fallar
Ana, la enfermera del mundo

220
Índice
Cubierta 8
Portada 9
Créditos 10
Nota preliminar 11
Nuestros «pilotos automáticos» 12
Jacinta, el dinosaurio y la hormiga 14
Lo que puede el sentimiento 15
Javiera o la niña del macetero 16
Llegar tarde 17
Cuaderno de terapia: un diario de vida emocional 18
Cuando estar «mal» está bien 19
Ser padres: una oportunidad para sanar la infancia 20
Las funciones de los hijos 21
Mis siete psicoterapias 22
Tres notas mentales para psicoterapeutas 23
Psicoterapia: crecer juntos 24
Teorías: puentes y no murallas 25
El truco 26
Soltar la autoexigencia 27
Del maltrato al buen trato 28
Buen trato a la infancia: aceptación incondicional 29
La infancia robada 30
Prioridades 31
Uno 32
De fútbol y psicoterapia 33
Esguince emocional 34
Las cartas en psicoterapia 35
El amor según mi hijo de cuatro años 36
Lo verdaderamente importante 37
El padre de hoy 38
El «Día del Padre Ausente» 39

221
Principio psicogástrico 40
Mi manera de entender la psicoterapia 41
La paradoja de la psicoterapia 42
Sujeto supuesto saber 43
La belleza de morir 44
Elogio del pluralismo 45
Acá 46
Contra el dogmatismo teórico 47
¿Quién es el paciente y quién el psicoterapeuta? 48
Rigidez por flexibilidad 49
Cura de amor 50
Relación de pareja y carencias afectivas infantiles 51
No existen los depresivos 52
Buen trato infantil y felicidad adulta 53
Crianza natural 54
Los hijos no son pañuelos 55
Hijos torbellinos 56
Disciplina empática: el tercer camino 57
¿De qué se trata una psicoterapia? 58
La mayor felicidad 59
El chipote chillón y la rueda de la fortuna 60
Una y la otra 61
Una pregunta difícil 62
Carlo de Gavardo 63
La ruta de la Roja 64
Un mejor país 65
Pensamiento excluyente y pensamiento incluyente 66
De fútbol y cambios sociales 67
Ser y estar en el mundo 68
Cinco remedios caseros y ancestrales para hacer dormir a tu
69
guagua
Cuando interrumpir la terapia es el mejor cierre de un ciclo 70
Pequeñas acciones para grandes cambios 71

222
El terapeuta como ciudadano: la política cartas hacia arriba 72
El privilegio de hacer lo que me gusta 73
Seres socio-psico-biológicos 74
El aburrimiento como fuente de la creatividad 75
Intensa-mente 76
Diez cosas difíciles y diez cosas gratificantes de la crianza 77
Tres mitos comunes en la psicoterapia con adultos 78
Como, luego existo 79
Recorrer la ciudad 80
El secreto 81
Manual de safari urbano o el arte de perderse 82
Para crear hay que seguir en la lucha 83
Todo momento es un momento nuevo 84
De running y walking 85
Reflexiones desde la psicoterapia relacional, a propósito de El
86
bosque de Karadima
La actitud psicoterapéutica: de la neutralidad a la influencia
87
significativa
«Mi casa es un campo de batalla» 88
Veinte tesis sobre la psicología del maltrato 89
Descentralización 90
Por una adopción respetuosa 91
Responsabilidad de expresión 92
El arte de la psicoterapia 93
La mayor genialidad de Freud 94
De generosidades y privilegios 95
Intento de suicidio 96
Niños 97
Persona acelerador y persona freno 98
Tres herramientas clínicas 99
Confianza básica hacia los niños 100
Mentir, sobreexigir, polarizar: tres errores en la crianza 101
El pudridero del alma 102

223
Autenticidad responsable 103
De psicoterapia y escritura 104
El valor de las cosas «obvias» 105
Juego, creatividad y belleza 106
Aterrizaje emocional 107
El sentido de una psicoterapia 108
Abuso sexual y sexualidad infantil: el péndulo de Freud 109
Ser humano 110
Adopción y prueba de confianza 111
Seguridad, protección y confianza 112
Vivir creativo 113
Flashback 114
Psicoterapeuta 3D 115
Contra la corriente 116
Mandatos de género 117
El mejor libro 118
Mensajes que justifican la escritura 119
Reflexión al paso en Nueva York 120
Perspectiva 121
De hogar y de viajes 122
«Trabajobby» 123
La culpa 124
Campo adentro 125
En la mitad del camino 126
Ilusión de alternativas 127
La pared que volvió a sonreír 128
Las vueltas de la vida o la supervisión como «intervisión» 129
Mensajes que sacan sonrisas 130
La infancia secuestrada 131
Confesión antimetodológica 132
Estremecer los viejos supuestos 133
Saudade psicoterapéutica 134
El peligroso péndulo de la crianza 135

224
Elogio de la crítica 136
Amar sin límites, convivir con límites 137
Crianza empática y crianza apática 138
Maldita primavera 139
El suicidio: más allá del tabú y del estigma 140
Recordar 141
Del activismo al fundamentalismo 142
Cinco principios de parentalidad positiva 143
Paradoja capitalista 144
«A mí me pegaban y no quedé traumado» 145
Para personas ociosas y con mucho tiempo libre 146
Sobre las aguas de la propia historia 147
Salir del clóset 148
Un alto cargo académico 149
Cambiar el mundo 150
Worst sellers 151
Solipsismo ideológico 152
Menos etiqueta, más persona 153
Un psicoanálisis más humano 154
Un psicoterapeuta 155
El secreto de los psicoterapeutas 156
El camino de la psicoterapia 157
Contra el culto a la personalidad en psicoanálisis 158
Autoterapia en tres imposibles pasos 159
La psicoterapia como trabajo de liberación 160
El volante y la bencina 161
Advertencia para psicólogos y estudiantes de Psicología 162
La coraza profesional 163
Niño mateo 164
Nuestros personajes encarnados 165
La autoridad de los padres 166
La edad emocional 167
Cuatro palabras a evitar en la crianza 169

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Cuando la enfermedad es la mejor terapia 170
El histórico síndrome del doble opuesto 171
El corazón de Magdalena 172
¿Qué necesitan un estudiante de psicoterapia y un
173
psicoterapeuta?
Con permiso para ser persona 174
«Quiero que mis hijos sean felices» 175
El turista y el sabio 176
Los cuidadores descuidados 177
Jorge: de autómata a persona 178
Mirar para el lado 179
Contra la idealización 181
Minuto 39 182
No poder seguir 183
La depresión o el dolor de la oruga 184
Autoayuda según Freud, Winnicott y Lacan 185
Navidad en familias con padres separados: la ilusión de la
186
«familia feliz»
Autoayuda según Nietzsche, Husserl y Heidegger 187
Personas antes que adictos 188
Asumir la propia historia 189
Cultivar el «sentipensamiento» 190
Autoayuda según Gadamer, Merleau-Ponty y Lévinas 191
Autoayuda según Melanie Klein, Wilfred Bion y Donald Meltzer 192
Pilar Sordo es mi copiloto 193
Autoayuda según Borges, Cortázar y Galeano 194
Lo mejor que podemos ofrecer como psicoterapeutas 195
Ricardo o el inconsciente en acción 196
El síndrome de sobrecompensación parental 197
El trabajolismo como mecanismo de huida 198
Resolver el complejo de Pancho Puelma 199
Autoayuda según Walter Benjamin, Michel Foucault y Jacques
200
Derrida

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Diálogo entre un profesor y un apoderado 201
Regar la plantita 202
Eslogan para una psicoterapia 203
El piquero de Dios 204
Antonio o la comunicación musical inconsciente 205
Recordatorio fenomenológico para psicoterapeutas 206
Voy a ganar 207
Sabiduría rural 208
Bong 209
Tres tesoros de la niñez 210
Todos somos Joaquín 211
Destinos de la vejez 212
Star Wars: una historia de apego 213
El derecho a fallar 214
Ana, la enfermera del mundo 215

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